Texto digital de El juez y reo de su causa
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El juez y reo de su causa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/juez-y-reo-de-su-causa-el.

EL JUEZ Y REO DE SU CAUSA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Siendo quien eres, señor, aunque al Rey pintan severo las Historias de Aragón, que de él se están es cribiendo, no es fácil que te castigue. Solo miro que es toy preso, Chapín, y que en esta torre las guardas que sabes tengo: el delitó ha sido honrado, pues anduvo poco cuerdo en darme ocasión el Conde de Luna a tan grande empeño, por tener a cargo suyo la Caballeria; y viendo que iba yo por General del Campo; y cuando los ecos de las trompas Militares nos incitaban soberbios, sobre ordenarle al de Luna, que cérrase a un bosque espeso la entrada con mil caballos, porque no ocupase un puesto la enemiga Infantería; me respondió tan resuelto, tan arrogante, tan vano, que me obligó, sin respeto del oficio Militar, de la ocasión, y del tiempo, a olvidar reputaciones, y desconocer empeños; y dejando los Cuarteles, entre los mudos silencios de la noche, le saqué donde los dos cuerpo a cuerpo dimos al valor envidia: Y doy gracias a los Cielos, pues de lance tan preciso me libró, mas que el esfuerzo, la dicha, dejando al Conde de Luna a mis plantas muerto. Mira tú, si a este delito podrá excusar escarmientos el Rey Don Jayme, a quien llama Aragón él Justiciero; pues aún en su propio hijo castiga los desaciertos de la juventud briosa, dando al mundo claro ejempló de la severa justicia, con que administra sus Reinos. Lindamente lo has parlado, propia condición de presos, que a quien entra a visitarlos, luego le encajan el pleito; pero aunque el Rey se esté grave, le ha de suplicar el Reino que te perdone. . Chapín, la parte, y el heredero del Conde, piden jus ticia con tanto rigor, que temo alguna fatalidad. Pues qué heredero tan fiero ha de haber, que no se ablande, sí por ti ha venido a serlo? Y quién es? . Blanca su hija. Mujer te sigue? Murietur: bien te puedes confesar, ahorcados moriremos, que una mujer enojada (quinta esencia del Infierno) mas con el ruego se ensancha. Admira en años tan tiernos su constante indignación. Salió, Chapín, de un Convento, adonde estaba seglar, para pedir con extremos de crueldad, y de hermosura justicia al Rey. . Ya la tiemblo: y espero al verme racimo, ahogado en los greguescos del Verdugo, pasar hoy desde chapín a sombrero. Hasla visto? . Yo jamás, porque yo ya estaba preso cuando salió ardiente rayo a fulminar sus incendios contra mí, sin que la aplaquen las lágrimas, y los ruegos. Pues si no te basta ser un tan grande Caballero de la Casa de Aragón, y un clara, un heroico espejo de la Milicia Española, que ha dado al Rey más troseos de los Moros fronterizos, que tiene truchas el Ebro; no le encuentro más camino, que ordenar mi testamento: el alma la mando a Dios, si no me lleva primero el demonio, por mis muchos, y honrados merecimientos: El cuerpo mando que sea entregado a un Bodeguero, que si se entierra entre cubas, resucitará al momento, porque el olor de lo caro resucitar hace a un muerto: Mando:: . Calla, no me aumentes, temerariamente necio, mis pesares. . Ay señor! si tu aceptaras un medio para escapar, que era lindo. Infame, no hables en eso: si sabes los agasajos, que a nuestro Alcayde le debo, dejando entrar su familia a verme, y a su aposento permitiéndome pasar; cómo quieres, que aún pudiendo librarme, haga con mi fuga, qué resulte en él mi riesgo? El pensamiento es honrado, señor, pero es majadero: Tiene el Alcaide una moza con no muy malos ojuelos, esta se va a acomodar, porque su tío ha dispuesto en casá de una señora doncella, y de nobles deudos, ponerla, por resguardar aquel signo tan funesto, que es dudoso en las mujeres, y solo es fijo en el Cielo. Cógele la vuelta al tío, y me visita trayendo de socorro algún condumio, y ahora, si no sos pecho mal, entreabre la puerta; que no me espantes te ruego la caza. . Pícaro, tú faltas a tantos respetos: Mi respeto es manducar, y tener divertimiento: usted se esté quiero, y calle. Chapín? . Belísimo dueño, cuyos ojos garabatos, cándiles de mis deseos, arañan mi corazón, y deslumbran mis afectos; qué es esto? . Esto es visítaros. Yo por mi parté lo aprecio, que a uno solo le fue cualquiera compañía gran consuelo. Bien sabe Dios, que me pesa en aqueste estado veros, que tengo buenas entrañas, y es mi corazón muy tierno. Más tiernas son tus cazuelas, que guisas que es un portento; y más que alegre quisiera verte siempre hacer pucheros. No faltará, Capinillo, aunque ahora al instante vuelvo. Dónde? . En casa de mi ama, que pone su casa creo, pues acá envió unos trastos, y su retrato entre ellos: Pareciome tan bonita, que quisé por complaceros mostrárosla. . Hermos a lonja de pernil para un almuerzo. No he visto igual hermosura: sin duda riñó el bosquejo el pincel en los colores de los influjos diversos de las estrellas, pues causa tan dulce, tan blando objeto respetosa inclinación, y medroso atrevimiento: sin mi he quedado al mirarla. Ahora tenemos eso? cumpliose el refrán de pobres enamorados, y en cueros; aún si fuera una empañada. Señor Don Juan, tan suspenso vos? . Ay Elvira! Si puede feriarme a cualquiera precio esta copia, pide, pide los tesoros más inmensos, pide que tuyos son. . Pide, que una blanca no tenemos: Darla no podré: prestarla, eso vaya, como luego la volváis; adiós, que es tarde. Aguarda, Elvira? . No puedo; adiós, Chapín; para siempre. Adiós, que solo me quejo:: De mi amor? . De tus gigotes, estofados, y buñuelos: que como comiera yo: Qué dices lloroso y tierno? Mas que te comieran grajos, mas que te picaran cuervos. Mal añó para tu alma. Absorto he quedado, Cielos: Chapín, viste igual belleza? En ella mi pensamiento se embebe. . Y mi hambre en Elvira, que he de máscarla el tozuelo. La puerta abren de la torre; qué será? . Ya lo veremos. Señor, el secreto importa, que temo al Rey. . Ya lo veo: más mereciendo Don Juan este, y mayores excesos de mi amor, aunque hoy los culpe, mañana ha de agradecerlos: Idos, y dejadme. . Al punto que en este oscuro hemisferio vi la luz, distinguí el Sol: Vos, Señor, Príncipe, y dueño, a un preso abatido, y solo visitáis? . Mayor extremo debe a la fineza vuestra la inclinación que profeso. Muy piadoso es vuestra Alteza, pues viene a enseñar el Credo a dos ya medio ahorcados. Chapín, pues tú tienes miedo? No señor, el miedo a mí es el que me está teniendo de los calzones asido; quien lo dude, llegue a olerlos. Inejorable mi padre, ni la intercesión que he hecho, ni los ruegos de los Grandes ha estimado. . Yo lo creo; mi desgracia, y su justicia no se contentan con menos. Yo soy tan vuestro, Don Juan, que aún a este remoso centro vengo a fiarmo de vos. Parece que este es misterio: Decid, que yo no podré más, que ayudar con consejos. Antes quisiera apuntaros, para quedar satisfecho, de cierta sos pecha mía un bien creído recelo. Si el Rey hubiera pensado, por más ajustado medio, entre Blanca y vos, tratar vuestra unión y casamiento, la acetatáis vos, Don Juan? Bien pudiera responderos: no ha un hora, que no era en mí imposible ese concierto; pero de instantes a instantes, contingencias, y sucesos de suerte mudan los hombres, (ay copia del Sol más bello!) que os digo, que antes muriera que lo acetara, supuesto, que solo en mí hay libertad de decir que soy ajeno. Enamorose de golpe. Mucho, amigo, os lo agradezco. Pues en esto a vos qué os va? Corazón, disimulemos, nada más que vuestro honor, y que no digan los necios, que el miedo de aventuraros consiguió Don Juan venceros: a hacer cosa que no sea interés, y gusto vuestro. Ahora conozco, señor, que es mucho lo que yo os debó. Tanto, que habré de perder la vida, el Padre, y el Reino, o no habéis de peligrar, esta palabra os ofrezco. Oh Príncipe! Merecías ser obligado del sevo, para verte poderoso. Y desde hoy correspondiendo a la confianza vuestra, también Don Juan os confieso, que es mi libertad ajena, y que el divino sujeto, que me la robó por prenda de mi desvanecimiento, os le tengo de mostrar. Cuándo, señor? . En pudiendo; y a Dios, que me aguarda el Rey. Con qué os despedís tan seco? No, Chapín, que para ti gasto yo estos cumplimientos, aquí tienes cien escudos. Cortés Príncipe por cierto: hazme de estas reverencias, que otra urbanidad no quiero. Vive Dios, pícaro: Vive, y vivirá; qué tenemos? para que los dos vivamos, Dios vive, y vive el dinero. Adiós, amigo Don Juan. Gran señor, guardeos el Cielo. . A hablar vienes al Rey? Eso deseo, pues desválida mi justicia veo: y de su rectitud en confianza vengo a lograr, no digo mi venganza, que no cabe en mi pecho, sino es dejar mi agravio satisfecho. Ya sabes con el gusto que te sigo: y con razón lo digo, pues viendo mi hermosura festejada del Príncipe, viviendo enamorada, si bien a tan antiguo galanteo mi honor ha recatado mi deseo; por lograr verle, a acompañarla aspira mi cuidado, que al ver que él se retira, presumo que en él Príncipe ha cabido una tibieza que parece olvido. No es Palacio, señora, dónde estamos? Sí, Elvira, hablar al Rey solicitamos: y pues el primer día es hoy, que te admití en mi compañía, disculpa tienes para ser curiosa. Si empiezo a ser criada vergonzosa, haré cierto el refran en este espacio, dé que el demonio me metió en Palacio: y así el que calla es una acción severa, que ha de ser atrevida y bachillera. Por qué? No ves que es vicio? Por cumplincón las leyes de mi oficio; y aún falta otro por qué. Di, qué te inquieta? Este es un lausis lingue de alcahueta: Yo sé un hombre, señora, que te vio, y ino te vio, pero te adora: porque para estimarte, te miró sin la costa de buscarté, y bastó a que en un punto se rindiese. Y cómo es eso? Él lavsis lingue es esé: que como eres hermosa, enigma eres de amor; y cosicosa. Bien empiezas, Elvira. Pues no es nada, en un mes he de estar alicionada. Pues con otra palabra repetida, mi casa perderás. . Quedo advertida. Ya es hora de que entremos. Si acaso ver al Rey conseguiremos? Aunque yo le perdone, no hay clemencia que abone el yerro de negarles a las leyes favores juntos que les dan los Reyes: : Doña Blanca es la parte que le vigue, como ella los rigores no mitigue, yo le he de castigar. Pues algún medio será justo, señor, que dé el remedio, que Don Juan de Aragón es gran Soldado, y deja con su nombre acreditado el valor Español. . Fue gran delito: pero por vos remito, Príncipe, a la clemencia el castigo, con una conveniencia, (ra que Blanca ha de aceptar, con que pudie. templarse la severa ley del justo rigor, que siempre guardo. A Doña Blanca aguardo, y envío por Don Juan, que determino, para buscar a la piedad camino, que se casen los dos. Válgame el Cielo! Cubriose el alma de un medroso hielo: cómo sí a Blanca adoro? Y de casaros perdérele el decoro a mi padro, que intenta mis agravios, Rompa el silencio, los medrosos labios, quejándome a los Cielos, y anticipando furias a los celos: Ortuño, yo me abraso, (paso. de extremo a extremo en mis acciones Señor, qué dices? Quel furioso, y ciego se quema el corazón en vivo fuego: verasme despeñado. Pues no adviertes, señor:: Don Juan casado con la imagen que adoran mis sentidos! Hoy se verán perdidos respetos, obediencias, y temores. Don Juan viene, señor. Hay más rigores! Chapín, qué será esto? (puesto. Que perdonarte el Rey habrá dis- No seá maquinar contra mi vida? Don Juan; vuestra fortuna no se olvida de los méritos vuestros: mi cuidado a mi padre ha obligado liz a que os perdone; mas por dar en todo un medio, la justicia busca un modo cruel contra mi crédito; y tan fiero, que ha dado la palabra a un Caballero de casarle con Blanca; y él ordena, que con ella os caséis. Oh nueva pena! Oh bárbaro linaje de tormento! Mas que la muerte, siento remedio a mis deseos tan ingrato. Cómo podré olvidar de aquel retrato el bello original? Blanca perdone, y que el Sol la corone con las Diademas de sus rayos de oro: sola la estampa adoro, que se imprimió en mi pecho. Qué respondéis? Que fuera el mundo estrecho, a ser yo dueño de Provincias tantas, para ofrecer, Señor, a vuestras plantas, por la vida que os debo. Y de casaros con Blanca, qué decís? Que por no daros el disgusto menor diera mil vidas, al cuchillo ofrecidas. Pues yo estoy de por medio, y buscaré el remedio para que sin cásaros libre os vea, quien vuestro bien desea. Sois mi defensa vos. Qué ha respóndido Don Juan? Que estoy rendido a vuestros pies Reales, que al humano valor faltan iguales. méritos para el bien de haberos visto: Ya será baja empresa si conquisto, en vuestro nombre Olimpos coronados, mongíbelos armados de Pirros, de Alejandros, y de Áquiles, pues sue claras empresas serán viles, cuando pretenden, entre adornos fieros, vencer las honras que recibo en veros; pero::: . Decid. Señor, el casamiento es el linaje de mayor tormento, (to, que inventó la crueldad con modo injus. si la elección no la consulta el gusto. Nuevas tengo, señor, acreditadas de prendas celebradas de virtud; calidad, y de hermosura de Doña Blanca; pero no es ventura, que el Cielo me ha guardado: no puede haber espíritu forzado, libre en la voluntad, y el albedrío, y no es tan poderoso el riesgo mío, a que viera la muerte más sangrienta contra mi vida atenta, que me oblígase, de rigor vestida, a dar el alma por salvar la vida. El perdón generoso no ha de ser tan costoso: Escuchadme, señor, si ha merecido quien tanto os ha servido::: En los nobles (llevad esta advertencia) casa más que el amor, la conveniencia: Yo entendí que os libraba, y os honraba, (niega pero no que os faltaba gusto de obedecerme. . Quién os natural obediencia? . Blanca llega, que en sabiendo el desprecio, sabrá daros por necio, mas que por homicida la pena merecida, si acaso hay en la muerte igual castigo. Los Cielos sean conmigo: el dueño del retrato es el que veo; a si es imaginación de mi deseo! A vuestros pies, señor, vengo obe Blanca, ya está presente (diente. Don Juan, vuestro enemigo. El perdón, o el castigo le dejo en vuestra mano; y pues tenéis poden tan soberano, os pido que me honréis. Yo había tratado, aún sin a vos haberos consultado, que con vos se casara Don Juan; pero él con una injuria clara de los méritos vuestros, cuando sabe, que el delito más grave es negarse a mi justo mandamiento, responde que no acepta el casamiento: pero verá este día, si la clemencia mía, cuando más la pretenda, le socorre; pues volverá a la torre, adonde ha de morir dentro de un hora: Venid, Don Juan, ahora. Señor, ya os obedezco. Imagen soy de Dios, y lo parezco: un hora os doy en que elegir la suerte, o el desposorio vuestro, o vuestra muerte. Qué cassigo hay que darle, si es lo propio casarle, qué ahorcarle? Que una mujer de mi honor haya oído (estoy sin alma) su desprecio! . Bien Don Juan ha cumplido su palabra. Habiéndome entretenido en hablar con una Dama de Palacio, mi parienta, en busca vengo de Blanca. Es muy gallardo Don Juan: no supe que peleaba con tan amable enemigo, porque al dolor se le añada de mi desaire, no sé si diga el sentir, que haya de perder al que aborrezco, o al que ya estoy inclinada. De tu suspensión presumo, divina hermosa tirana, tu pesar, y aún la alegría, que a mí tu pena me causa. Válgame el Cielo! Qué escucho? Esta es otra zalagarda. Mira, bellísimo objeto de mis repetidas ansias, si habrá otro afecto en el mundo como el que obliga y agravia, Siendo dicha en mí el dolor de ver ultrajar mi Dama? Cielos, qué es lo que escucháis? ya por lo que sé ocultaba de mí el Príncipe, descubro. Quién os oyere palabras tan libres, presumira, que os he dado confianza para hablarme así. . No, injusta, ni aún la más pequeña causa; pero si el mayor motivo en esa beldad tan rara, para afianzar a un tiempo tu despique, y mi esperanza; pues haciéndote mi dueño, podrás lograr coronada satisfacer en la vida de Don Juan ofensas tantas. Hasta aquí pudo llegar su delirio y mi desgracia. Quién creerá, Cielos, que voces, que otro tiempo me adularan Satisfaciendo mi injuria, hoy para mí sean extrañas! No respondes? . Gran Señor: como he de encontrar palabras, que ha dos semblantes me apliquen ofendida, y obligada, quejosa, y agradecida? pues en acciones contrarias, atendéis mi honor a tiempo, que intentáis burlar mi fama. Burlaros yo? . Quién lo duda? Pues aunque no es la distancia, de vos a mí tan gigante, vos Príncipe, y yo vasalla, es, señor, la suficiente, para conocer, que cuantas voces la pasión explique son delirios, son fantasmás del deseo, y como tales, o son burlas, o son chanzas: que yo ni puedo ser vuestra, ni se acostumbra en España casar los Reyes, si no es con quien a su estado iguala. Solo esto debo a mi suerte. Gran majadera es mi ama. Bella Blanca, dulce hechizo de mi fe, si no lograra vencer Amor imposibles, débiles fueran sus armas. Solo un si pretendo tuyo; deja a mi cargo la hazaña de vencer cuantos estorbos se opongan a mi constancia que más una mano tuya aprecia rendida el alma, que del trono Aragonés la Diadema hereditaria. Y puesto que Don Juan vuelve, déjate, amable tirana, despreciar, y corresponde a su grosera arrogancia con las iras de tu ceño, que yo me quedo a escucharlas oculto en un cancel de estos. Señor, oye, espera, aguarda: pero qué es esto que veo? Tú estás en acecho, Laura? Sí, y con el gusto de oír cuanto la fortuna varia mejora la condición de tu suerte, pues hoy ganas, con perder un enemigo, mano, Cetro, culto, y gracia de un Príncipe. . También tú misteriosamente me hablas? Cielos, qué Laura me oyó! Quieres ser la primer Dama, cuya hermosura no tenga envidiosas, cuando alcanza triunfos, qué rotra no consigue? Parece! que espiritada está la prima de celos. Como en ti esa envidia nazca de que el Príncipe me quiera, yo te feriaré barata esa fortuna que ca mí no me desvanece nada. Ah cruelll Yolte lo creo. Pues te tomo esa palabra, y aDios. . Dónde vas? . Afuera te espero:. O si ver lograra al Príncipe, para hacerle. cargo de su infiel mudanza: que mientras: sales, la vista de estos jardines me agrada, y me divertiré en verlos.v. A esto me resuelvo. . Vaya, rescata nuestros gaznates, y por donde quiera salga. Divina Blanca, quisiera que unas voces se encontraran tan nuevas, para explicaros los afectos que batallan en mí:: . Que no me ofendieran diréis, y que me agraviaran: qué podéis decirme más, que lo que el Rey me declara de vos? Añadir queréis, a ofensas tan declaradas, desprecios de mi persona? Son acciones tan villanas, que solo se satisface:: Cómo? . Volviendo la espalda. Oíd. . Albricias, y deseos! Que ya la frasel está hallada de hablar, sin hablar con vos, logrando que me deis gracias, cuando quedéis convencida de veros desengañada. Esta hermosísima copia que robó, para estamparla en lámina de clavel, la rubia diestra del alba al día, apurando en ella nieve, incendio, luz) y naca? antes, Blanca, que a yo os vieso me tiranizó y al mirarla los sentidos: Vos veréis, si estando, oya esclavizada mi voluntad de su robjeto; le puede quedar a un alma que la adora, arbitrio libre para no verla, y amarla, ni ser suyo, pues la suerte su propia fortuna labra. Felice soy, que él la mira con odio, y con repugnancia. Vedla, y ved si mi teson pudo rendirse con causa. No veré tal; Solo siento, que en mí solo instante haya, en que no anhele a que lave vuestra sangren derramada. las manchas de mis ofensas. Suspende la destemplanza, Blanca hermosa, que quien tiene ilustrel sangres, no engaña; y si a esta adora Don Juan, fuera el mentiros infamia. Y mayor el oír eso. Advertid: . Voirabrasada de cólera; un mongíbelo el pecho en iras exhala. Callaré, que yo el retrato le di, no sea que a la cara me salga mi bobería. No sé que en mi voces! haya, Don Juan, para agradeceros, que dejéis desempeñada la palabra que me distóis; y pues sin duda se halla gran, perfección en la imagen, por quien Blanca se desaira, verla intento, mas qué miro! Señbr:: . Oír es trella inhumana! Cuando. . O mienten mis ojos. aup Os dije que idolatraba. Oh es de Blanca este retrato. A una beldad soberana. Ciego me tienen mis celos. Ena esa copia gallarda el dueño de mis centidos, sin saber que era de Blanca; con que nada os ofrecí, pues lo que ofreci ignoraba. Vos a Blanca me ofrecisteis no acetar; porque ya dada mi palabra a otro tercero de conseguirla, y lograrla, no quédase desairado. Por qué entonces no pactabáis, que como no fuese el dueño de aquesta copia, se daba la excepción, no la pusistéis? Pues siendo así, la ventaja la tengo yo; y en su fuerza ha quedado la palabra: el originalltes mío, y vuestra la semejanza. Aquí un grave mal recelo. Si fuese esa circunstancia precisa, también, señor, en vos fuera necesaría; pues como yo entonces dije, que una belleza estimaba, me dijistéis vos que a otra, y aún me ofrecistéis mostrarla. Esto sobra a mi respeto, que en sabiendo en quien recaiga vuestra inclinación es fuerza, como vuestra, respetarla, Sin que después haya regla, que quebrante, o que deshaga la ley de nuestra atención. Yo he de ver en lo que para. Muchó estimo que deis vos la sentencia eno vuestra causa. Es verdad que os declaré, que era dueño de mis ansias una hermosura; y os dije, que os la enseñaría: si bastan a que vos no la miréis aquestas dos circunstancias, vedla sin salir de aquí. Ar nadie miro en la sala. Muy corto de vista es, Don Juan, el que no repara, que está esta copia presente, y no hay con que equivocarla. Caigan sobre los montes; Os turbáis? Pues no es forzoso? Acabaramos mañana de saberlo: a Blanca quiere Don Juan, pues por qué la agravia. Respetad, como decís, la propia que me avasarla. Siendo la que a mí me rinde, no es la propia, que es extraña. Pues yo ya me he declarado. También yo; y el Rey me manda, que la acepte por mujer. Ni de eso se me da nada, ni de otros inconvenientes. Vuestra alteza tenga a faya su pasión, y mil retrato me vuelva. . Antes esta espada, que os de el retrato. . El retrato:: Ya están en mi mano esta alhaja. Señor: . Señor:: . Está bien Si vuestro ceño me amaga, si el respeto que los debo, pues me asusta, pues me espanta, da lugar a la razón: Que no conocéis. . En tanta duda, de vuestros enojos: Nada se os dará; bien clara. vuestras voces lo expresaron. A saber que me escuchaba, quién:: Puede vuestra cabeza poner, Príncipe, a sus plantas. Jayme soy el justiciero, así mi Reino me llama: no os fieis en ser mi hijo, que porque en mi acreditada quede la justicia mía, sabré yo propio ilustrarla con el matiz de mi sangre. Si las voces se me atajan: No habrá causa; idos de aquí. Guardeos Dios edades largas. Don Juan, cobraos, donde mis brazos aguardan daros mil enhorabuenas de ver la duda aclarada de vuestro afecto, y lograr, 1o cuando dos pechos se enlazan, el perdón de vuestra vida, y el premio a, vuestras hazañas. Señor, yo a Blanca quería antes de verla, y tratarla, por ella me escusé a ella: pero ya a otro extremo pasa mi temor, pues, sí su Alteza sé, y sabéis, vos! que la ama, como he de aceptar mujer a tanto embate arriesgada? to Al Rey busco, y con él quie. estrechar la viva instancia de que de Don Juan me vengue. Si en Aragón no Reinara yo, y si no fuera quien es Blanca de Luna, bastarán esos miedos a impediros; mas siendo así, no embarazan: a Blanca daréis la mano. Señor, ved que aventurada ya mi honra. . Ingrato, aleve, aún ese ultraje te falta que decir de mí? . Yo tomo a mi cargo vuestra fama. Ya sufrir más es bajeza: Señor, si una desgraciada mujer halla en vos justicia, que el menor vasallo alcanza, satisfaced mis injurias. Pues no bastando que haya muerto Don Juan a mi padre, y destruido mi casa, cuando mi teson vencisteis a que con él me casara, sin respeto a mi decoro, rostro a rostro me afianza con un retrato en su diestra, que otra hermosura le arrastra: justicia lograr deseo. Pues ya la tenéis lograda, que yo estoy de parte de él, y quiero, viendo la estampa, que él adora, que por ella Señor, los tiempos se mudan. a vos os deje: tomadla Quién podrá ser hermosura, que a mi altiva opinión vana se anteponga? Mas qué miro! Estáis ya desengañada? Cielos, esta es copia mía: qué mal hices en arrejerla! Veis ocómo vos! por vos! sola, Blanca, podéis vser dejada? Don Juan, ya mi error conozco; mas como (el pecho selpasma) esta copia, qué era mía, llegó a vuestras manos? . Basta Saber, que lllego, y que antes que os conociera, ni hablara, os adoraba mi pecho. Hay ventura más extrañal Pediréis, justicia ahora? Injusticia era intentarla, pues ya mudan las estrellas en clemencias las venganzas. Pero el Príncipe: . Me estima, ya lo sé; mas nací hidalga, nací noble, nací yo: todo eso qué importa? . Nada; soy de ese propio dictamen. Era hora que te encontrara? Ya Don Juan, prima, es mi dueño; dame las albricias, Laura. Por muchas razones soy en que dicha interesada: del Príncipe me vengué. Pues hay boda, hay cuchipanda. Don Juan, ahora acabo de recibir, esta carta, en que el Moro Avenyuses talando entra mi comarca: vuestra persona me piden, que al opósito le salga; hoy os habéis de casar, y habéis de partir mañana. Señor, ved lo que decís. Lograré (como él se parta) mi intención. . Pues tan de pronto de mis brazos le separan vuestras ordenes? . Aprisa vuestros enojos ese ablandan: tan luego pide piedad quién por justicia clamaba? Señor, los tiempos se mudan. Iré a prevenir mis armas, y del perdón que me dais dejaré desempeñada la deuda. . Proseguiré en servirla hasta postrarla. Ya el Príncipe será mío. Rendiré las Africanas fuerzas. Viviré dichos: con quien sé que me idolatra. Estaré violento ausente, sin temor, y amor batallan. Diré que sé me perdió, Si del retrato me habla. Parará en un desatino, sin orden, forma, ni traza, comedia en que ya casados empieza por donde acaban las demás; pero hasta verla no es posible sentenciarla. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Rara ventura ha sido, que esta puer- falsa, de su jardín esté ahora abierta. Cuál pueda ser la causa no lo infiero. Descuido de criado, o jardinero, que como cae al campo, salir pudo tal vez, y aún está fuera. No lo dudo: pero mal haces en entrar. . Querías que este alivio no dé a las ansias mías? Blanca todas las tardes sé que baja (apenas Febo en cristalina caja del marino panteón su luz esconde a ser de este vergel Aurora; donde la divierten cantando, sus criadas, y pore sí da a mis ansias desveladas el aire algún consuelo, con solo el eco de lo que habla; suelo sus paredes rondar; y hoy que consigo la ocasión de encontrar este postigo, abierto casualmente, di, no fuera cobardía en mi amor sí le perdiera? Y dentro una vez ya, qué emprender tu pasión invencible? (trata De esa ingrata, con la violencia si desprecia el ruego, abrasar las tibiezas en mi fuego. Cuando Don Juan su esposo, vencido Avenyuser, vuelve glorioso de marciales trofeos coronado, en alas de su amor, y su cuidado, sgura, a gozar la ventura, que el Rey con premios, y honras le asé que de Blanca en los brázose se merece, y Aragón le previene, me parece, (sobrándote uno, y otro desengaño en su esquivez) que es este arrojo extraño de tu decoro, y que añadir consigues desaires a tu amor si en él persigues: una mujer, señor, que es tan constante de su esposo en ausencia, y del amante, imposible más bien se considera cuando por puntos a su dueño espera. No sé como he tenido sufrimiento al oírte; te he traído para que me aconsejes, y acompañes? Vive el Cielo, traidor, que haré que bañes (pones: con tu sangre el verdor en que el pie esto, mas qué prudente, es ser cobarde, y así ya no hay que aguarde tu susto; déjame, que no me ajustó a más ley, ni dictamen; que mi gusto. Sí por celo, o lealtad en algo excedo. No la llames lealtad, llámala miedo Y hasta perder? las vida la everás ofrecida al peligro a que puedas arrojarte. Pues conmigo te oculta acía está parte, que el sol viene acercándose a la fuente, los celujes lo dicen de su oriente. Prima, en tus melancolías miró un fingido temor, que también suele el amor vestirse de hipocresías. Cartas recibiste ayer de tu esposo, que hoy vendría; y pues aún la noche fría de la tarde al rosicler no se atreve, en confianza tus tiernas ansias esten, que pierdes el mayor bien si aventuras tu esperanza. Ay Laura! Ordinarias penas piden limitado amor, que así en su breve rigor están de consuelos llenas. El rato que amor advierte, que Don Juan a mí se niega, imagino que me llega la noticia de su muerte. Pero al punto que le espero como alegre vencedor, sacudiendo mi temor el susto en que vivo, y muero, te baña en nueva alegría, no atreviendo a despedir los extremos del sentir, por si es que fallece el día, y crueles embarazos me le ausentan de mi vista. Mientras en dulce conquista triunfa su amor en tus brazos, con música tus criadas (que yo la hice prevenir) te desean, divertir. Ya estamos todas templadas sin el enfadoso ruido de templar, que eso es gruñir, que a un Músico se ha de oír después de que está tosído. Ay Príncipe, cuanto en vano acuso tu tiranía. Que canten, Elvira mía. Vaya un tono Castellano Músico, sin que te metas en Arias, que a esta ocasión, ni en Castilla, ni Aragón se avisaban las Arietas. Empiézale tú. Contiento a estos canceles de hierbas, cuando pájaros humanos la Aurora saludan bella, hebamos sus rosicleres, y escuchemos sus cadencias. Has de llegar cuando hay gente. No puede más mi fineza. Pajarillos clarines del Alba, que liras de pluma trináis en la selva, al Sol le decid, que despierte, y que venga, que el prado no puede sufrir tanta ausencia. 1. Huyan las sombras. 2. Corran las nieblas. 3. Soplen las auras. . Ría la Esfera. 4. Y violines de plata las fuentes, y los arroyos clarines de perlas, al abanzar los primeros reflejos, toquen a marcha, que el día se acerca. Bien podéis por el jardín ir despojando de estrellas de nácar al verde cielo de rosas, y de azucenas, mientras yo sola contemplo como aquella fuente tersa, de aquel: olmo enamorada, la robusta planta besa. Pues te quieres quedar sola, temo que ese efecto sea de tú, gran melancolía. Pídote que te diviertas tú, que estar tristes entrambas, ni a ti, ni a mí nos remedia. Hárelo, pues tú lo quieres: Ay amor! Mejor dijera por repasar a mis solas las ya olvidadas ternezas de aquel último papel, que cuando dichosa era el Príncipe me escribio; que como si hoy la experiencia no fuesé al reves no hay, hora que no le mire, y lelea: seguidme todas. . Adiós. Y digan las voces nuestras. 1. Huyan las sombras. Corran las nieblas. 3. Soplen las auras. . Ría la Esfera. 4. Y violines de plata las fuentes, Apacible fuente pura; que tu corriente ligera al llanto de tus cristales consipue en correspondiencia, que abrace el tronco robusto, bañando en ti su corteza; dime si soy tan dichosa cómo tú? Dime siquiera sí como tú soy querida. No lo dudes, y aún más que ella: pues si ella, Blanca divina, el ser dichosa le cuesta el anhelo de buscar el tronco a quien galantea; tú eres de mi idolatrada con tan cruel diferencia, como huir de mis extremos, y anhelarte mis finezas. Válgame el Cielo, señor! Pues como así se atropellan los fueros de este sagrado? Y como a esta fortaleza, porque le falta el Alcaide, las murallas se atropellan? Porque no hay monstruosidad, ni hay rigor, y no hay violencia, que una pasión no ejecute, que a no hacerlo, no lo fuera: conozco, Blanca, mi yerro, Don Juan está en la defensa de lo que es mío, aumentando laureles a mi Diadema: Ingratitud, tiranía, infame correspondiencia, y cuantos horrores juntos puede acumular la idea, es atreverme, a su, honor, a tu casa, y su nobleza: Mas no es esta culpa mía, que es tuya, si consideras, que fuera yo más atento, a ser tu menos perfecía. Vive Dios, que he de morir, si es que el Príncipe atropella la honra de Doña Blanca. No es justo, que en argumentos me meta, cuando en semejantes lides el huirlas es vencerlas: vuestra Alteza me perdone. Eso es querer que te pierda el decoro de una vez. . Cómo? Viendo qué me niegas lo menos, cuando en lo más se contiene mi impaciencia: contento estoy con tu vista, si no me concedes esta, harás que desesperado a más extremo me atreva, y entonces es culpa tuya. Sofistería es bien nueva: antes peligra en lo mucho quien a lo poco se arriesga, y ni uno, ni otro ha de ser: quedad con Dios. . Considera: Nada considero. . Advierte:: Nada advierto. Que me empeñas: En ver quien soy. . En seguir- Señor, mirad: . Tú deseas, villano, impedirme? . Sirvo, si no a vuestra conveniencia, a vuestro honor. . . Para dar a mi ama las dulces nuevas de que llega mi señor, me adelanto, y por la puerta falta entré; pero qué miro? Oh injusta aleve sospecha! Qué veo? Ay amo infeliz, que te enduran la mollera. Daré voces si no trata de dejarme vuestra Alreza. Saldrán contra ti, poniendo en duda tu resistencia. Clori, Nise, Elvira; Laura. Aunque Dafne esquiva seas, es más que rayó mi amor, y ni aún el Laurel venerá. Laura, Nise, Elvira, Clorí. Seguirle, y templarle es fuerza. Dónde estáis, que no me oís? Traed luces a estas piezas, que andan en ellas ladrones. Hay Dios mío, que me cercan. Que me matan. 3. Que andan hombres por aquí; malditos sean. No os! creo, que os asustara mas el que no los hubiera. Aquella voz (ay de mí!) tan sin sentido me deja, a tiempo que repasaba las mentiras lisonjeras de este papel, que en dos partes le dividió la evidencia de mi enojo: que sin vida, sin sentidos, sin potencias, sin corazón, tropezando mi susto en mi sombra misma, huyo sin saber de quien. Laura, Laura, otra: embustera. Ladrones, ladrones. Qué oigo! Chapín, qué voces son estas? Los demonios que me lleven tas tu honor, que se le llevan. (go! Ladrones. . Qué es lo que oi- acudiré a la defensa de mi casa? . Ay Señor mío, que no es tu casa la presa por quien los ladrones vienen: que del pastel de sus cercas (pella: no acuden por el gígote, sino es:: . Por qué? . Por la El Príncipe: . Ten la voz, villano, para la lengua, mira lo que dices. . Digo, que el Príncipe a hacer cosecha de amores, viene a segar tu heredad; y porque veas Si es cierto, mira en el suelo los relieves de tu siembra. Mientes, mientes; mas qué digo? que importa. (ha cruel estaella. que te engañes tú, si no es posible, que unidos mientan tantos despojos, señal de batalla harto diversa de la en que yo gané fama, para venir a perderla. Oh qué cerca (ay de mí, que esto miro, y no muero) o qué cerca peleó enemigo, que hizo tal destrozo! Qué tormenta debió de correr la nave, que arrojando sus riquezas al mar, hasta en él sembró en esta batida vela el úíltimo desperdicio de su ruina, y de mi afrenta! Leerele; mas qué me paro, viendo que Troya se quema! apagaré ahora la llama, que aunque quede medio muerta, ella resucitará, y al horror de las pavesas leeré mi, desdicha, si aún dudos a lumbre reserva. Vive Dios, que ha de morir El que me lo impide muera a mi furia. . Mal herido, señor, prosiguen mis venas los recos de mi lealtad. Y qué importa que se vierta mi vida, como ella estorbe que tu honor, y Reino pierdas? Gran señor, pues vos mi casa hacéis injusta palestra de vuestras iras? Creí, que la honraráis en mi ausencia, y la venís a manchar, señor, de tantas maneras? Qué es esto? . Esto es castigar lealtades torpes, y necias: es entrar en vuestra casa a honrarla más que a ofenderla, crealo vuestro discurso, o si no, que no los crea. Que si quedare dudoso, también yo estoy con la queja de que mi Dama os mostré, me ofrecistéis no quererla, y me faltasteis a todo; con que no estoy en la deuda, a quien a mí me hace agravios, de satisfacer sospechas. Espera, bárbaro injusto, que las distancias inmensas, que hay de a ti a mí, aqueste acero: Don Juan, aguarda, qué intentas? No sé, que estoy sin sentido. Pues porque a cobrarle vuelvas, sabe que Blanca es espejo de honestidad y pureza: el ponerme de su parte, la vida (ay de mí!) me cuesta: pues yo, sí, cuando: . Chapín, ayúdame a que a esas piezas le entre. . Aqueso no, que es hacer públicas las faltas ciegas del Príncipe, si en tu casa me ven; aunque a costa sea de mi salud, nos importa, que aprovechando las fuerzas que me van faltando, obremos, como a los dos aconseja nuestra sangre. . Dices bien; vete, y pues te creo, espera, que en mi eternamente viva mi agradecimiento; ea, corazón, que tu desgracia no es tan grande como piensas. Estos despojos, aquestos indicios que me atormentan, señas son de tu fortuna, pues son evidentes señas, que por salvar lo más noble, lo más inútil se arriesga: El guante salvó la mano, el lienzo se echó a la fiera, para que en él se cebase; claro está, que quien pelea con valor, para lisliar desembarazarse es fuerza: y aunque a los brazos se llegue, no ofenden; cuando se emplean en resistir; muchas veces dos enemigos se estrechan para quitarse la vida, por más que amistad parezca; y si aún la duda le ofusca, (pensamiento, que te inquietan varios vientos, y en un solo dictamen no te sosiegas) este testigo hablará, él lo dirá, cuando adviertas (pues letra es de mi contrario) los lamentos, las endechas con que llora su desprecio. Dice así, o así se queja: y Cuando logro, Blanca hermosa, tu favor, qué mayor prenda? Ay desdichado de mí! Partida víbora fiera, que aún dividida, el veneno, y el espíritu conservas, no estás rota? Sí, el papel partido está (oh dura pena!) por en medio, y a lo largo: Pues cómo (ay de mí!) le queda ponzoña para matarme? acabemos de beberla. Mi pasión durará en mí: finge tú que me desdeñas, mas yo siempre seré tuyo. El Príncipe:, qué te dejan que dudar estos indicios? mal digo, estas evidencias: Oh celos desesperados de amor, y honor, que se mezclan! Muera Blanca. Qué oigo, Cielos! No es razón que yo consienta: Esposo, señor, mi bien, Blanca (encubramos el etna del corazón) dueño mío, qué es esto? Cómo no llegas a mis brazos, viendo que anticipando mis tiernas ansias el tiempo, a tus ojos vengo con tal ligereza, y silencio, que ya creo, que hay pensamientos que vuelan: qué extrañas? . Esposo mío, dos acciones tan opuestas, como oírte, muera Blanca, que no es razón: . Suerte adversa! ella me oyó. . Qué tolere:: y aquí sé quedó sus pensa tu voz; mira tú, notando voces de ti tan ajenas, y acciones de un tan propias, como darme finas muestras de tu amor, si es bien que dude tu amenaza o tu fineza. Tienes tú por qué dudar? No, que soy quien soy, y aún es: pregunta me ofende. . Pues no es posible que dijera no es razón, que dilatando yo los instantes de verla otro rato, muera Blanca ausente, y yo lo consienta? En este sentido hablaba. Y así es razón que lo crea, porque con ese convienen las ansias con que te espera mi corazón, que sin ti en mudas intercadencias, solo conservó mi vida porque tú no fallecieras. Válgame el Cielo! Hay mujeres que digan esto, y que mientan? Válgame Dios! Hy culpadas, que descansan y sosiegan, cuando mi vida inocente sin tener motivo tiembla? No vienes, dueño adorado? Ya voy, estimada prenda. Poco contigo estaré, que es preciso que al Rey vea. Qué hora habrá contigo larga, ni breve, si tú me dejas? Puede ser esto ficción? Si sabrá que hay quien se atreva, ausente a su casa? Creo que estás mudo. . Y tú sus pensa. Qué ha de hacer la que te mira? Lo que aquel que te contempla. Ven, esposo. Voy, bien mío. . Fiera duda! Extraña ofensa! Mas yo honrada: Mas yo cuerdo: Aclararé tantas nieblas. Apuraré mis desdichas. Patente haré mi inocencia. Ruidosa haré mi venganza. Porque:: . Porque: Pues no entras? Sí; atú no vienes? . Bien dices: vamos; yay Cielos! Voy muerta. . Permíteme, honor, un rato, que crea (ay Dios!) y no crea mi desgracia; Blanca es noble, es quien es, no te resuelvas fácilmente, que estas cosas se han de dudar hasta verlas. 1. El Rey tan de mañana se levanta? 2. El sueño apenas, como veis, quebranta, que como imita a Numa y a Trajano, el ocio de su edad se queja en vano: compite su cuidado a su gobierno. 1. El nombre será eterno de Jaime en Aragón en cuanto baña el Sol la margen, que termina España. Anoche trujo un hombre a Ortuño herido, supolo el Rey, y preso lo ha tenido, hasta que ha ambos ha dos nos ha mandado qué apenas raye el Alba, con cuidado le traigamos cubierto a su presencia. 2. Diay noche en él son horas de audiencia: y ya sale. . La persona que mandé se resguárdase, dónde está? . Aquí está, Señor. Nada dé esto sepa nadie, y retiraos. . A quién no turbará su Real semblante! Dónde estaré, cantos Cielos? Si es hora de que me saquen a requebrar la escalera, y a dar de coces al aire. Porque veas cuanto importa lo que voy a preguntarte, hombre, yo mismo seré quien a tu vista desate el tejido, impedimento de este cendal. Dios te pague, o tú quien quiera que seas, la piedad; mas yo di al traste, que es el Rey, y le he tratado con más llaneza que a un Sastre. Oh tus señales me mienten, o eres:: . Ay triste gázuate! Criado de Blanca tú? Al reves según mi hambre: criado de Blanca, no: criado sin blanca, pase. Turbado estás. . A mi siempre me turban las Majestades; y es vuestra Alteza tan tieso, que no hay palo que le iguale. No temas, que a todo cuanto a la casa le tocare de Don Juan, estimo yo. Pues si es la amistad tan grande entre vos y yo, mandad que nos traigan chocólate. Buen humor tienes; yo haré que se te premie y regale, como la verdad me digas. Yo soy cuerpo de verdades, porque siempre son mentiras las que por mi boce salen, con que de verdades tengo hecha la tripa un estanque. Me la dirás, o haré al punto que te hagan dar en la cárcel un garrote. . Aún un palillo bastaria para ahogarme: verdad protesto decir. Pues yo sé que tú lo sabes; qué pasó en casa de Blanca con el Príncipe ayer tarde, que le obligo a herir a Ortuño? Gran Señor, fragilidades; hombre mozo, Blanca moza, él pretende remozarse, y la va a hacer la mocita; pero ella, que es como un jaspe, del Príncipe resistió los amorosos embates. Siguiola a fuer de Tarquino, pusose Ortuño delante, y sacudiole las liendres: llegué yo vatiendo hijares a una mula anotomia, en cuyo magro cadáver, de mi amo me adelanté, y entrándome antes con antes al jardín, vi que allí andaban Sarracinos, y Aliatares. Aún no es esto lo peor, sino es en el propio instante llegó mi amo supo el cuento, y le dio un gusro notable. Solamente le enfado que el Príncipe no aguardace, pues gusta de su mujer a que con urbanidades de vasallo se la envíe de plata en un azafate. Porque en fin, Señor: Ya basta. Vuestra Alteza no me ataje, que empezando a ser chismoso, los demonios que me aguanten. Y ya que me abre la vena, deje que salga la sangre. Retírate. . Bien está. Por dos distintos parajes el Príncipe y Don Juan vienen: yo haré que los bronces graven del premio y de la justicia el simulacro y la imagen. A tus pies, gran Señor: Señor, ahora alcanzándoos a ver::- Oh cuanto ignora la ambición que pretende dignidades! Lejos se miran bien las Majestades. Quitad, no me embaraces. Mi error confieso: si ha sabido mi padre mi suceso? Su rigurosa vista me entorpece. El Príncipe enmudece mi voz entre mis labios: heridas son del alma los agravios. Sin mí estoy. Proseguid; basa y columna adonde estriba mi mayor fortuna, y llegad a mis brazos. Vuestras plantas, adonde mira el Sol victorias tantas, que le sirve de eclipses como sombras, estandartes hollando por alfombras, son las que me han de honrar. Saber querría (mia, vuestro feliz suceso. . Dicha es y logro del honor de la victoria, que ocupe, gran Señor, vuestra memo. (iia. Marché, con las banderas, de la fertil Cavilla a las fronieras, adonde Aven yus er midiendo un valle, pudo a su espacio fresco coronarle de tanta Infantería, que población de fresnos parecía, pues tanta lanza junta, del encuentro a la punta, árboles son a quien dejó el Enero una hoja sola de brillante acero: en bárbara feroz Caballeria a la selva, media tanta campaña en ultrajadas flores, que en piélagos de plumas, y colores presuman los Cielos, que eran los escuadrones paralelos, según de plata, y oro las centellas afrentaban la luz de las estrellas. No así Tilecuón y Etonte sobre la verde clin de crespo monte, impacientes esperan, y espumosos con impulsos fogosos, que les avise el latigo de Febo para correr la Eclípiica de nuevo; como con escarceos repetidos los Andaluces brutos con busidos, en, las arena cabando, y la inquieta cadera manejando, pedíán que la seña el aire rompa, grave la caja, y bélica la trompa. Salí al encuentro yo con mis ginetes, cuyos no bien bruñidos coseletes (da, las oscuras, celadas, más horrorosas cuando más mancha- los petos mal bruñidos, de la enemiga sangre reteñidos, mostraban en su pausa, y su fiereza, no tanto adorno, pero más destreza. Y aún hasta los caballos tan hechos, que sin costa de junallos, ellos propios se unían, marchaban, se esperaban, y volvían, mostraron que a un ejército lucido mas adorna el esfuerzo, que el vestido, viendo a una y otra parte galas allí de Apolo, aquí de Marte, Poco duró, Señor, el duro encuentro, pues rompiendo su centro cuatro escuadrones mios abanzados, divididos se vieron, y turbados. Suben al aire las astillas rotas de las lanzas, y suben tan remotas, tan espesas, que el Sol que mudo ar- la batalla miro por celosía. (dia, Avenyus er valiente, del reten con la gente ya todos empeñados, intenta socorrer los desmandados, y sobre una montaña, hija del Betis, mide la campaña, Siendo, su espada en fuerza repetida, cada golpe destrozo de una vida. Búscole yo atrevido, póngome enfrente, la digtancia mido, chocan los dos caballos tan veloces, que el viento por mirallos se adelantó violento, y ellos llegaron antes que no el viento; húrtele el cuerpo al golpe en la carrera, y el mío, que más diestro y dócil era, revuelto sobre el suyo, el lugar que el ocupa sobstituyo; con que el siniestro lado, una vez ya ganado, por un costado le pasé mi espada, cayó sobre la hierba desplomada su robusta persona, que de caliente sangre la corona; huyen sus gentes, el alcance sigo, gano tiendas y tren del enemigo. Llévome a Benyuser, mando curarle, dícenme al registrarle, que aunque es grave la herida, no es tan grave el peligro de su vida. Déjole recobrar, y que en mi tienda a su salud se atienda, y a pocos días (oh cruel agravio!) cómo dará mi queja con mi labio? que la sangre se hiela; is digo, que a pocos días se consuela; porque de Avenyuses (pierdo el sen- Tanto os ha divertido (tido) el suceso de un Moro? Compadécime de él, sus penas lloro. Mas solo os digo, Señor, que entre cortados suspiros, vertiendo cristal los ojos, a. Avenyus ef me dijo: Yo tengo una ilustre esposa, que me la dio mi Rey mismo y en la última batalla, adonde fuisteis vencidos, mientras coronaba yo los sagrados obeliscos del gran templo de la Fama de timbres esclarecidos; hallé (con qué sentimiento, con qué dolor lo repito! que mi Príncipe Amurates, de mi Rey único hijo, mientras yo le aseguraba de todos sus enemigos, ultrajaba de mi honor los fueros, y que en el limpio espejo donde debían, como en centro cristalino, (retratase las hazañas, se miraban los delitos, veome preso (oh Cristiano!) mas que de ti, de los grillos que me pone aquel respeto, que a una Deidad le es debido. Lloro mi afrenta, y no sé en cual extremo hay peligro, en decirlo o en callarlo; pues no puedo cuando aspiro, ca vengarlo sin vengarlo, ni callarlo sin decirlo: con que sin alma, sin voz, sin aliento, sin sentido, todo asombro, todo espanto. Ya penetro sus designios. No sé qué hacerme, no sé, viendo premiar beneficios con desdoros, qué he de obrar. Yo si que siempre he sabido como se trata el honor del contrario, y del amigo; y aún vos, Príncipe: . Señor::- Sé qué seréis de mí mismo dictamen. . Es tal el vuestro, que a él desde luego me aplico. Pues déjese en libertad, a Avenyus es, y a su arbitrio, sin pena de ser traidor, el manejar el cuchillo contra el hijo de su Rey, cuando la culpa le hizo desmentir lo soberano con el baldón de lo indigno. No sois vos de esta opinión? No Señor, porque es principio de traición, que haya vasallo a quien se dé tanto brío contra su dueño. . El honor con que el vasallo ha nacido, no tiene más dueño que él, ni está de nadie al arbitrio: si su dueño se le quita, que mate a su dueño digo. Yo soy. Rey, yo lo pronuncio, yo lo quiero, yo lo elijo; y si le faltare espada, esta víbora que ciño de acero, puesta de parte del que es mejor hijo mío, pues fecunda los laureles, que despedazan los vicios, del que nació monstruo ingrato venenoso basilisco, contra los suyos hará, vive Dios, el propio oficio de la justicia, supliendo por el infame ministro de la ejecución. . Señor, ya me postro, ya me rindo a vuestros pies; advertid que esa voz no habla conmigo. Decís bien, Príncipe, alzad, que de la sangre, y el juicio vuestro no creeré jamás, que me podáis dar motivo de hacer con vos un ejemplo, que escandalice los siglos. (pasa? Ni yo: Qué es lo que me Podré:: . Idos, Príncipe, idos. Guardeos el Cielo. :̱. Suspenso entre mil dudas vacilo. Descansad de la jornada, General, pariente, amigo, y no el suceso del Moro altere vuestros alivios: gozad los brazos de Blanca, y ahora enlazad los míos: vuestra casa es mía ya. Advertid, que yo os la fío, y tantas honras, Señor, venero, adoro y estimo. Con qué os ponéis en mi mano? No es bien seguro el asilo? Mirad que me enojaré, si no intentáis divertiros. Con pesarés cómo puedo? Ya es de mi cargo el sentirlos y remediarlos. . Son grandes. Pues yo a vencerlos me aplico: venid conmigo, y creed que no soy tan bien sufrido, que si le importa a mi honor, (pues el vuestro es todo mío) no sabré, viven los Cielos, dar muerte a mi propio hijo. Oh gran Rey! feliz mil veces quien tu vasallo ha nacido. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Elvira, qué tenemos? Apretados nos vemos: brava melancolía se gasta en casa! El Príncipe porfía, y ahora le he visto hablar al Jardinero. Amor hace la guerra con divero; mas cómo en ella fue, Chapín amigo? Harto tuvo que hacer por mí, y sin todo Barbero, todo Cirujano; (migo téngame Dios de su vendita mano, qué colérico soy. . Será en tu tierra. Yo no tengo ninguna. Y en la guerra, cómo jugaste al esconder? . Sería estratagema mía. Qué ardides puede haber huyendo un hombre? Eso es bien que te asombre? travose la batalla, siendo yo de opivión que puedan dalla, Luego tú no la das? Esa es la treta; dejo a todo Cristiano que arremeta, y métome en un bosque verde oscuro por donde corre un arroyuelo puro. Y si no hay arroyuelo? Linda flema! con arroyo ha de ser mi estratagema. Eso es lo que yo ignoro. Llega sudando un Moro. Y si acaso no suda? Es caso llano, que siempre se pelea de verano: siéntase a descansar. . Si no sé sienta? Él no sentarse fuera acción violen- y por esto mi Moro, (ta: viendo la margen del cristal sonoro, para gozar de su corriente mansa, tendrá poca razón si no descansa. Está bien dicho así. La sed le a rieta, pues aquí entra mi treía; dirá el Moro entre sí (nadie lo ignora) yo estoy sudando ahora, si bebosin comer, ha de matarme, pues más vale sudar, que resfriarme. Pues como sabes tú que ha de deci- Entendéralo un grillo; (llo? pues tan tonto ha de ser, aunque le mueva la sed al Moro, que sudando beba, sin comer un bocado? pues yo muy paso a paso por un lado Ya de pensar tu riesgo me alborotas. Dejo caer un puno de bellotas, y a ellas se tira el Moro haciendo cercos pues son todos los más como unos puer- bebe, y le sabe bien, y va tendido, (cos, cuando en la verde hierba está dormido: salgo, y átole intrépido, y espero que le venga a buscar el compañero: hago con él lo mismo, y con los otros, porqué también querrán beber esotros, y a todo el campo Moro hecho un ovi- o le paso a bellotas, o a cuchillo. (lio, Siempre tú fuiste un puro dispárate. Moro no ha de quedar que no le ma- sin costa mía; pero (oh lance fiero!) (te después de haberla vendido. no es el Príncipe aquél? Ahora me vendes con ero, Y el jardinero pero no habrá quien me compre. (do. que con él viene hablando. Mostradme lo más es peso Algún buen cochífrito estan trazan- del jardín, lo más oculto. Chapín, yo pienso que esto va de Id la vereda siguiendo Elvira, en la antesala, (mala. de ese arroyo, encontraréis que forman estos árboles floridos, de álamos, chopos y fresnos, ambos escucharemos escondidos, a quien las hierbas confunden por si el despique el hado me promete los archos robustos cuerpos, de adquirir los honores de alcahuete. tanta copia, que no es fácil Aunque por esa razón me es condería, ni hallaros, ni conoceros. que eso de alcahuetear es plaza mía. Bien está. Vágame Dios! Esto habéis de hacer por mí. Qué diamantes tan perfectos! Pues el oro pesará Señor, aunque soy sujeto humilde, es el pundonor cuatro libras por lo menos. de mi amo lo primero. Yo tengo un contraste, amigo, Quién os ha dicho que yo y ese nos dirá, si es cierto. con otro motivo entro , o a este pensil delicioso, que al de tratar con secreto Qué, queréis hacer, demonios? un negocio con Don Juan? Indigno, pícaro, puerco, Y si él no viniere a tiempo, cilantro y alcamonías, bastará con su mujer, a mi amo sirves en esto? Señor, desazonar temo Tú por cadenas le vendes? a mí Señor; si tomáis Vive Cristo, que un platero mi disculpa a cargo vuestro, la ha de trocar a doblones; yo por mí no hallo reparo. y si llegare a doscientos, Yo os lo estimo, y lo prometo; en un borrico he de hacer y en fe de que os sabré dar que te dé el verdugo el premio. la satisfacción, valeos Tú que solamente tratas del precio de aquesta insignia. en ajos; coles y puerros, Alhaja le da? Qué bueno! sin mirar quien soy, te atreves y dirán que el de alcahuete a usurparme mis derechos? es oficio sin provechos? Suelta la joya, o te mato. Para mi es sin ejercicio: Es mía, y yo no la suelto. es verdad que llave tengo, Quién siente agravios no pero es mi llave capona. es mucho inco Hoy salgo de jardinero, que a todas horas inquieto cameniaado que diamantes, y oro son, en parte alguna sosiegue. y vale según el peso. Soltad la alhaja. . No quiero. Este sí que medra bien: Ni, yo: y antes me dejara Qué sea yo tan vil, tan perro, quitar las muelas ha hecho, que de hilbabar voluntades, que soltar en la venera ni aún sepa echar un remiendo! la riqueza que venero: Mas pillaré la cadena. dejala. . Qué es lo que escicho! Pillémosla, y partiremos, De esta manera veremos n de quien tes. Ay, que en poblado me roba un ladrón casero. (ta. Ah pícaro! . Suelta. . Suel Apartad, que pues que tengo la alhajay yo seté el Juez, que sentencie, vuestro pleito. Yo no le pido a Chapín nada, porque ya confieso que es esa cadena suya. Por altos merecímetos da cien palos, esa prenda que no me toca protesto. De Elvira es, Señor, no es mía, ni en tales cosas me meto, que a Dios gracias, juego limpio; y si pretendes saberlo, ellos lo dirán. Oíd, tened, esperad; mas Cielos, ya que su valor reparo, y su materia contemplo: mucha alhaja es para hallada: ay de mí! Pero qué es esto? No es venera (estoy sin alma) de Montesa la qué veo? Y si en las señas reparo, y en los vislumbres no ciego de sus crecidos diamantes, no es (de dircurrirlo tiemblo) la insignia (abe sos pecha vi!) que el Príncipe trae al cuello? No hay duda; apretad, indicios, los córdeles al tormento. Un papel, aunque rasgado, con el sentido perfecto contra mi honor, que no puede decir más, hablando menos; y este indicio que también es dudos amente cierto, seña de que habiendo entrado, o la ha perdido aquí dentro el Príncipe, o comprar quiso mi deshonor con su premio: qué dices, honra, qué dices? Podrá contra tan tremendos testigos una inocencia, que ni la dudo, ni creo, con solo decir, yo soy hija de un recato honesto? Todas las sos pechas mienten, solo es verdad lo que alego, desmentir la acusación, que la estan juntos poniendo tantos indicios en boca del siscal qué llaman? Quedó, lengua mía; no le nombres, que todos cuantos afectos hay se nombran sin agravio, y sin injurias, no hay celos. Vive Diosy que he de apurar de una vez todo el veneno: muera Blanca; mas qué miro! Un hombre (ay Dios!) encubierto en mi jardín? Esió más? Matarele aunque mi dueño sea, aunque al Príncipe oculte el embozo; en qué tropiezo? Quién eres, hombre atrevido, que ciegamente resuelto en mi casa te me encubres? Quién el cargo viene a haceros de una queja, que de vos tiene. Saberla pretendo, y verte o matarte. Verme, y matarme, no lo creo; que en viéndome, y enojado, - vos seréis quien quede muerto. (. Válgame el Cielo! Vos sois, gran Señor? . Yo, que cumpliendo el encargo de quedar por míos vuestros desvelos, no era razón que estuviese, mientras vos veláis, durmiendo. Y de qué la queja nace, que expresasteis? . De no veros descuidar, en confianza del seguro que os ofrezco: tan mal supiera cumplir como Rey, y Caballero mi palabra, que dobláis la centinela vos mismo? ? o c n mi oferta? . Yo lo confieso; pero es grande el enemigo. Vuestro parcial no es pequeño. Una insignia en la muralla (y aún de los muros, adentro) llegó a ponerme el contrario de vuestro aviso ha despecho; ved como guardáis la Plaza, y si sobra el compañero. Qué insignia es? Este collar, que hallé en manos: Yo estoy bueno. De un criado mío. Sería, querer contrastar por medio de su avaricia, la puerta que le cierran: argumento de que el dueño no la abre, pues que cohecha al que es siervo. Eso jjuzgo yo también, que en lo contrario, primero era herir, que imaginar. Herir? Era fácil, eso? Así se hiere, Don Juan, estando yo de por medio? También está el pundonor, que es como vos, Rey supremo. Vos dijistéis, que a las leyes no está el vasallo sujeto, si le tocan en la honra, y, que goza el, privilegio aún contra su Soberano. Límites tiene el Decreto, hoy se sospecha la injuria, a remediarla atendemos: querer culpado por fuerza a su Señor, es un nuevo delito, que el buen vasallo debe hacer un buen concepto de la opinión de su Rey; y aunque vos no le hayáis, hecho del Príncipe, habéis fiado a mi advitrio su escarmiento: se pública la venganza lo que ha callado el exceso; vos os quitáis el honor, y de dos maneras, siendo de vuestro Rey enemigo, de vuestro mal pregonero. c n Señor, entráis, a arguirme, o a resguardarme? Yo, temo la imprudencia de mi hijo; y de Blanca satisfecho, mas vengo, a estorbarla un susto, que a libertaros del un riesgo. El jardinero segundo me dio entrada por dinero; si el primero les como él, que haya tomado, sospecho. del Príncipe esa cadena, eso vos podéis saberlo. Sí, que en tu mano la halle, iré a buscarle, resuelto a darle muerte. Don Juan, ese es delirio más ciego: dar muerte, sin dar razón del por qué, no cabé hacerlo; si la dais, aún es peor, que es avisar con estruendos al enemigo; y así, se pierde el uro de lejos: no estéis, tan apasionado, que os he menester más cuerdo. Mucho me apretáis, señor, y habré, ya de conoceros. Podreis? . Y muy fácilmente; y aún daros a entender, pienso cuan a raya me ha tenido vuestro divino respeto. Si habéis de explicarlo vos, el tiempo, Don Juan, perdemos. No pudiera yo decirlo, que antes al dolor seyero muriera, y no sé Si caben las frases, en el silencio. Tesigo hay que hable por mí, ved este aleve fragmento de mi agravio. Ya le he visto; y en el criminal proceso contra él, Príncipe, es, un fuerto testimonio de sus hierros: pero no prueba acía Blanca; y aún él, sí lo considero, como habla medias, razones, es un testigo imperfecto; q y una verdad tartamuda no ha de creerse por entero. Y si entre unos desperdicios de guante, cinta, y pañuelo, perdidos por Blanca, en lucha con el Príncipe le encuentro, qué diréis? . Que era peor haberle visto en el seno hallado, que no perdido, que ya era culpa en el misterio: señal fue de resistencia dar tantas prendas al viento. Vos me arguís de manera, gran señor, que aún a despechos de mi cólera, intentáis introducirme el consuelo: un vasallo os debe tanto? Imagen de Dios contemplo que sois; bien dice que tiene el Rey dos Ángeles buenos, uno para su dictamen, y otro para su gobierno. Creed, que deseo en todo vuestro Valedme Cielos. Espera, dame la muerte. Qué es esto que estoy oyendo? Lo que agradecer debieras: mi hijo, y tu esposa son esos que hablando acía aquí se acercan: de estos troncos encubiertos los podemos escuchar, pues sin llamarlos, los vemos venir a hacer confesión en sumaria de este pleito. Señor:: . Esto habéis de hacer. Sin sentido os obedezco. Qué osadía tan ajena de quien sois, es la que advierto? Cuando os he dado ocasión para el atrevimiento? Vos , sin mirar que esa casa tiene tan heroico dueño, su sagrado profanáis? (reo Juan, del juzgado la declaración bien sale. La del otro es la que espero. Ahora te haces de nuevas, amado imposible bello, de las causas de un delirio, a que tú has dado el somento? Tú tienes la culpa, tú. Y ahora qué dices a esto? Que aún no ha acabado, callad. Tú, otra vez a decir vuelvo, has dado todo el motivo al desesperado arresto de que me arroje a tu casa; y pues el sentido pierdo, yo me iré, pero gustoso de que en tu mano te dejo, o proseguir mis locuras, o remediar mis tormentos. Sin vida, sin alma estoy del susto, y del desaliento: Laura, Isabel (ay de mí!) Dio sin sentido en el suelo; yo tomaré este papel. (ton, Yo también. . Ved, que lo oye- volved conmigo a ocultaros. Acia aquí sonó aquel eco; más Blanca aquí desmayada? Aquí, Elvira, acude presto. Hay, señora, que algun flato, pues le dan de tiempo en tiempo, se le ha encajado en las tripas. Si no es dengue, porque pienso, que esto de las pataletas, son por moda, y no por riesgo, Ay Isabel, con las amas cuanto de esto padecemos! Ayudádmela a llevar. Soy yo acaso mete muertos? Que la lleve su marido. Yo te ayudaré,y ven luego, que dejarla, es tiranía de esta suerte. . Pues protesto, y pido por testimonio la fuerza que aquí me han hecho; y otra vez, si se ofreciere, tendrá entendido el ingenio, que no tenemos las Damas costillas de esportilleros, Ay de mí! Que ya presumo, en el continuo despegó del Príncipe, los indicios del mal que callo, y reservo; mas yo procuraré verle. Fuéronse ya? . Ya se fueron. Veamos ahora ese papel, él confesará de llano, pues dijo: deja en su mano quie su daño, o remedio en él: con ella hablará sin duda, pues esta, es la propia letra, u que en el otro se penetra; qué aguardáis? . Su voz es muda, pues solo un pedazo es de otro billete rasgado, para ser yo desdichado. Cómo? . Como el interes de poderla disculpar no nos deja tener; llegando en su mano a ver papel que no pudo hablar, y es letra de mi enemigo, y aún la mitad del billete. Eso un indicio promete del dictamen que yo sigo. Muchos simples hay que son tosigos por sí, y mecelados forman triaca templados en fuerza, y en complexión; quizá del que vos guardáis el miedo que falta es, leedlos antes, y después veremos (si le juntáis) lo que nos dicen los dos. En vano (si lo habéis visto) con vergüenza lo resisto. Leed, y acabad por Dios. (mosa , Cuando logro, Blanca her- tu favor, qué mayor prenda? mi pasión durará en mí, finge tú, que me desdeñas, mas yo siempre seré tuyo. El Príncipe. . En eso queda: ahora habemos de juntar (pues según yo los encuentro, las líneas de ambos a un centro parece que van a dar estos dos medios papeles. Medroso se atreve el labio a tanto hablar! en su agravio, Cuando no fueron crueles remedios de tanta herida? Leeda, que a ambos toca en rigor, si a vos, Dono Juan; elhonor, a mí des mi hijo la vida. Cuando? logro ver copiado, Blanca hermosa, mano tersa, tu favor al papel liso, qué mayor prenda deseas? aun Hastás aquí lo mismo es Leed: yo y tened paciencia. Tus favor al papel liso, qué mayor prenda desea mi pasión? O Laura! Firme durará, en mí esta fineza, finge tú deidad, y veo que o me desdeñas, y alientas, mas yo siempre girasol seré tuyo Laura bella. El Príncipe . Ahora, Don Juan. ved si mejorando estrella, dice, más claro que el sol: Mas yo siempro, giras oí seré tuyo, Laura ibella. Qué me tenéis qué decir? Que como pudo llegar medio papel a tomar, ni el entero dividir Blanca? . Como le rompió Laura, para quien venía, esa la causa sería. Como un sentido formó el medio papel perfecto, yr otro después corejado? Como es un cargo impensado, que os tiene sin vos de inquieto. Y haberlo hallado por mí el medio papel dos días antes? . Ya esas son porfías. Y la otra mitad aquí tener Blanca? . No seve, que es todo casualidad? Con Laura habla en realidad. Y en fin, qué presumiré que obre en vos tabides engaño? Acia! Blanca, ya he creído, que en nada culpa he tenido. Y es menos por eso el daño? Yo no lo sé; gran Señor. Pues yo sí, Don Juan, que intento castigar atrevimiento; que de vuestro pulidonor! a pasado ya a ser mío; pues segúnelo que sos pecho, dos culpas mi hijo ha hecho; una, atreverse al desvío de vuestra esposa, sin que ella tenga parte en esta acción; y otra, engañar sul traición a una Dama noble y bella, que es Laura; y puesto que yo sino os he asistido en todo, pagaréis del mismo modo? No os puedo decir de no. Vuest lo honor no está seguro? Sí Señor, no podía ser jilfamle, noble mujer; sin ser de linaje oscuro: Pues! yo! quiero hacer justicia, vos me la habéis de pedir, y yo en público he de oír clami contras la imalicia de tan indigno heredero de mi sangre y mi persona. En quien ule iual blasona, de fino, y descaballero, como es posible acusar a su Príncipe, y Señor? Cómo antés por vuestro honor me le quisistéis matar? Muda, Señor; de semblante con lo que habemos tocado.) Si no queda escarmentado, vnnvuestrol riesgo adelante. Ved que será mancha en mí. Y el que calle, en mi lunar. Yo . Esto se ha de ejecutar, porque yo lo quiero así Y no podéis su erron feo Castigar sin mí? . En la vida, sin haber parie que pida, e de vio delncuente el Reo La justicia, solicito que obre sola? . Muy, bien puede, pero que haya parte, excede, circunstancias al delito. Si el agravio vuestro fuera cierto, el llegars el a quejar, pudiendo le vos vengar, una infamia pareciera; mas no habiéndole, no es sino darme a mi motivo para reprender, lo altivó de su natural; ea pues, no me repliquéis, Don Juan. Pues digo, gran Señor: . Qué? Que pues, lo mandáis, lo haré. Así mis Reinos verán el más tremendo castigo, que eternizará la edad. Mire vuestra Najestadr- Callad, y venid, conmigo. . En el jardín te encontre desmayada, prima mía, con que a mi amor no es posible que le, niegues la, noncja de la causa de accidente, que del sentido te priva, Y jano, que austentando tu persona en mis costillas, quisiera tener tu peso de varas de longaniza, que no me saliera mal. Yo también, señora mía, te tuve acuestas un rato, y en verdad, si he de decirla, que pesas bonitamente. Aún no, estás restrvida en tú, ser; cómo podré Saber si allí la seguía el Prínope, y si aún prorigue sus delirios? . Tú me incitas cuando más, quiero callarlo, a que a tu pesar lo diga? A pesar mío? . Sí, Laura, pues desmayada me miras por tenerme, sin sentido, ver en si acciones indignas: bien adivinar pudieras oraun en lo propio que maquina zzón que de cualquiera accidente eres la causa precisa, y anticipada a saberla, me excusabas el decirla. Yo te oigo; Blanca, y no sé u si discurres, o deliras. La que delira eres tú quien acusa tu malicia es un perdido fragmento de un papel, que áspid de Libia, entre las flores se oculta del jardín, en que partidas las razones, Laura, dicen prenda, amor y alevosía; del Príncipe era la letra, y es el templo donde habitas de mi casa, tan sagrado, y de inmunidad tan limpía, que bastan a profanarle los pensamientos; pues mira, qué harán delitos, que siembra mano que los desperdicia, para que crezean sos pechas a ser evidencias fijas. Dio todo el secreto en tierra, y un busca pies en la mina. Dejé al Rey, y ya infor- de la baja acción indigna (mado que el jardinero: mas, Blanca, oculto estaré hasta oírla. Pensarás que con veñirme muy severamente altiva la culpa, que no recato, tú de otra culpa te libras? Mas para hacerte yo el cargo, te confesaré la mía, que aunque es notable, no tanto como la que en ti sé abriga. Prima, si tú eres perfecía, no por eso a mí me privas de que tengan mis altares oblaciones que me sirvan. El Príncipe me estimó, yo a su galantería di aquel oído que cabe en mi sangre esclarecida; libre estoy, y soy tan noble, que no falta en mi familia; ni Real sangre que la ilustre, ni hay defecto que me impida, no haber pensado ocupar del Regio Trono la Silla: si es esta locura, es unay noble fantasía, que gana mucho lograda, y no me ofende perdida; pero del Príncipe excesos, rendimientos y osadías por ti, que ya estás casada, alver que sé los permitas, no sé si en no remediarlos, mucho más que yo peligras. Qué es esto, Cielos! Qué oigo? Tanto tu acento me irrita, que no sé qué responderte, pues la lengua entorpecida con la cólera, deshace las razones que fulmina. Aquí ha de haber gaznatada: mas que se cascan las primas. Puedes negar que el papel, que roto entre la florida alfombra del jardín vi, era para ti? . Imaginas que el haberle roto yo fue casualidad? Pues hija, fue de mi indignación, ver que ya era su idolatría a tu culto verdadera, y a mi adoración mentida. Yo jamás le di esperanza, ni siendo ajena, ni mía. Basta que un error se aliente, basta un desdén que permita. Tú, Laura; has perdido el juicio, o de quien yo soy te olvidas? Peor obras tú, pues conoces lo que ultrajas, y me indignas. No sé qué discurra de esto, pero ya es: acción precisa, pues al Rey di una palabra, que todo el juicios remita a que él de este laberinto mis confusiones reprima. Señores, de que a arañazos no peguen; quién no se admira? Si sucediera conmigo lo que con mi ama se estila, de la guitarra de Laura presto faltará la prima. En busca de mi amo vengo, que el Rey! ar llamarle envía. Chapínl, adónde has estado? He ido a buscar la justicia, y ya dejo una querella en cinco pliegos escrita. Querella tu de quién, camueso? Ahí es una niñeria; señora; el Príncipe, bestía, Soque tu casa escandaliza, que ni el sol aquí le espanta, pues lebrel de casta fina, mientras más palos le dan, mas colea yomas ocica; con una cadena en mano le vino a hacer la engañisa al jardinero, que es hombre de virtud tan conocida, que no tiene falta alguna, sino solo una puntica de borrachoy de sopión; y de alcahuete, cosillas, que entre otras habilidades quiso aprender de una tía, que fue Colegiala en Cuenca, y fue en Andujar Obispa. A este, sabiendo que trata en secundar hortalizas; pidió el Príncipe sembrase (por la cadena ya dicha) entre si, y él, unas pocas de verdes alcamonías; y como estuviese entonces escondido con Elvira, oílo yo, y hecho un lobo, (como suelo todo el día) la cadona le quitamos: vino mi amo, y nos la pilla; y viendo que así quedaba mi honra manca y indecisa, me fui a quejar des este exceso; y si justicia administran, mucho teno que a los dos nos colgarán de una encina. Ya he sabido todo el hecho, y sé que no lo sabia, Blanca. Ya llegó al extremo la temeraría, la impía locura del que a perderme tan osadamente aspira: si a Don Juan lo recataba, era porque desmedidas las armas en la distancia, le aventuraba, y, perdía; mas ya primero soy, yo. Blanca, fuerza es que me Pues dónde vamos, Señor? Vernos el Rey solicita; y ven, tú, Laura, también. De enojo he estado perdida. . También seré yo sujeto de Palaciega visita? Sí, que en Palacio las monas en gran manera se estiman. Vernos el Rey, a qué fin? Según él me participa, del Príncipe los excesos, que todo el Reino abomina, han sido tan declarados, que en público hoy los castiga; temo que le desherede, y aún no sé si está su vida Cielos! segura. . Qué escucho Laura, yo te pido albricias. Ah cruel! Qué bien te vengas! Vamos. Tú, esposo, nos guía. Válgame Dios! No parece que con buen gusto se miran. Ah pobre Príncipe! Hoy te meten en la capilla. Miren, para sus intentos, de quien su Alteza se fía; si él me hiciera su alcahuete, le cantará otra gallina. Pues Chapín, tratas tú en eso? Siendo este tu oficio, Elvira, que encajarás un billete por delante de una tía, que suelen ser las que celan casi siempre a las sobrinas no he de entenderlo yo? . Ay tonto! de pretensiones te olvida, Damas bellas, cuando me tienes a mí un tanto cuanto propicia. Aunque su Majestad no habla conmi- La verdad, a cuántos quieres? Si desnuda he de decirla, contigo, a nueve no más. Don Juan y Blanc. aquí? Qué será es- Y a qué tantos en la lista entro yo? . El nueve eres tú. Pues tu amor viene a ser, hija, fuera de los nueve nada: horror es lo que me estimas! Pues no cuento el repostero, el mozo de la cocina, y seis mozos de caballos. Calla, porque ya sabia que tu amor había de ser como de caballeriza. (uela. Vamos, Chapín. . Ven, chi- Qué bizarro! . Qué pulida! Oh qué galeras te amagan! Oh qué azotes merecías! . , u - Hoy ha de ver el mundo en mí jus (ticia mi sangre castigada. Mirad, Señor, que la razón airada ve la inocencia en traje de malicia. Así se beneficia la tierra que ha de dar Regios laureles. Forzoso es que del Pueblo te receles, Señor, si ve su Príncipe ultrajado. No habléis en eso vos; hanle llama- (do? Ya llega a tu presencia. Centro son vuestros pies de mi obe- (diencia. Está bien. Ay de mí! Su enojo temo, y me pasma el furor de que me quemo. (pido. Ya Don Juan ha venido. Vuestras plantas, señor, humilde Y nosotras con ellas pretendemos honrarnos. Damas bellas, alzad, dadme la mano, que no impide a lo Rey lo cortesano. Aunque su Majestad no habla conmi- de tanto honor a recibir me obligo, (go, que soy mujer; y suele hacerse mona, si en chapines se pone una fregona. Don Juan y Blanc. aquí? Qué será es- Vasallos, y a mi idea os manifiesto: (to? Bien sabéis cuantas fatigas, cuantas penas y trabajos por haceros venturosos, he sufrido, y he pasado. Opinión tuvo de Reyes valientes, nobles y sabios Aragón, cuyo Real cetro perdió jamás este aplauso; hoy a mejorarle aspiro, pues yo inútil y cansado, ni ya estoy para regiros, ni ya puedo adelantaros: Mi hijo el Príncie Don Pedro es generoso; es bizarro, es valiente, es jus ticiero, y en fin, en sus pocos años su verdor os dará el fruto, que ya os malogra un anciano, Hoy le cedo mi laurel, hoy pongo el cetro en sus manos; qué decís, vasallos míos? Quel viva por siglos largos c y Don Pedro, Rey de Aragón. (. Hijo, ya estás aclamado; abrázame, y sube al Trono, vestido del Regio Manto: toma el cetro y la corona, y mira en hecho tan arduo, @Bige puesto que tanto les debes, como obras con tus vasallos. Cielos, el Rey me burló! De lo que miro me espanto! Muy buena justicia es esta, yo me andaré a picos pardos, como me hagan Rey después. Aquí hay misterio encerrado. Pues esto casí es lo mismo, que quien agasaja al gato, que estando en el asador se escapó con medio pabo. Cuando creí que intentaba castigar mis desacatos, a la corona me eleva! Enigmas son, que no alcanzo, Señor:: . No me repliquéis, el Reino y yo lo mandamos. A vos obedezco solo. Viva por felices años Don Pedro Rey de Aragón. Ya que estas entronizado, lo primero que has de hacer es escuchar ciertos cargos: pedid justicia, Don Juan. Blanca, por qué estáis callando? Mirad que se agravia el Rey de que iole vuestros labios ningún respeto, a la vista de su aspecto soberano. Ca penetro lo que intenta. Qué es esto que está pasando por mí? Mas ya soy listinto, de otro espíritu me inflamo. Si es fuerza, en qué me detengo? Señor, pidoos de un agravio justicia. . Y de quien, Don Juan? Es el sujeto muy alto. Podrá ser mayor que el Rey? No señor? . Pues declaraos, que de Aragón los Monarcas guardan justicia. Yaviceno es del Priceipel alro? Qué importa? No estéis dudando, no receléis, que os prometo por la vida que han guardado los Cielos para mi ejemplo, a cuyas aras consagro la mía, que habéis de ver como castigo culpados, sin excepción de personas. Pues señor, menos ingrato es escucharlo en mi voz; el Príncipe temerario solicitó mi hermosura, despreciole mi recato; marchó mi esposo, a la guerra, yi él,e alevoso, y tirano, escandalizó la casa del que estaba peleando por su causa. . Proseguid. Sucedieron lances varios, y todos contra mi, honor; él sobornó a mis criados. Buen testigo es esta insignia, que a vuestras plantas restauro. A Ortuño le hirió en mi casa porque quiso refrenarlo. Era mi Príncipe, estaba para la venganza atado, Siendo su Soberanía quien puso ley a mi brazo. Hay más cargos? . No señor, Pues si yo he de sentenciarlo: El Cielo tus voces, guíe. Anduvo desalumbrado, anduvo ciego, y obró como Príncipe inhumano, que de un honor tan supremo debiera ser el resguardo, y la intención del delito ya es, haberle ejecutado yo le sentencio a destierro, adonde ha de estar diez, años Sirviendo al Rey, y hasta que corone con los lunados estandartes enemigos de los Moros comarcanos ese milagroso templo en que está el divino mármol! sobre, quien dejo MARIA viendo, su simulacro, no vuelva a vista del Rey: Ortuño quede premiado, porque se opuso a suegusto leal can su honor, gozando seis mil ducados de renta: Laura sé quede en Palacio, para que a la Infanta sirva, que al Príncipe dé la mano; y a Blanca no vuelva a ver jamás; pena de que cuando lo intente, de, la corona pierda la acción: ya me hallo, de la sentencia que di, gran señor, notificado, Volved a ocupar el Trono, que ya, señor, soy vasallo, y a cumplir voy mi destierro. s Yo te déspido llorando, más de gozo, que de pena, tú serás afortunado, y glorioso: vete luego. Ay Tarragona, soldados. El Rey, y el Príncipe vivan. Estáis satisfecho? . Y tanto, que sobra vues ro rigor! Don Juan, eso es necesario: abrazad a vuestra esposa. Ya las nieblas se aclararon. ̱. Contentémonos, fortuna. Elvira, no nos cásamos? Por qué no? Tona, bribón. Daca, que habra pocos casos en que se acabe con boda de fregatriz, y lacayo. Es ya pensión de comedia, que sin entrar el Vicario, sinalicer en mnatrimonio. Y este verdadero caso, en Aragón sucedido, a vuestros pies dedicamos. Pidiendo perdón, y un vitor la Comedia, en que uno entrambos, Juez, y Reo de su Causa, hizo justicia el culpado.
