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Texto digital de Judas Iscariote

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Atribución tradicional
Antonio de Zamora
Atribución estilometría
Antonio de Zamora Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Judas Iscariote. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/judas-iscariote.

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JUDAS ISCARIOTE

JORNADA PRIMERA

Porque se ausenta el Estío queda marchito el laurel, dándole para llorar perlas el amanecer. Mi bien, Cibórea, esposa, qué es esto? pues contra quien disparan tus ojos esas flechadas perlas, si no es que al arderse en tus mejillas los pácares de suetez, desperdicias el cristal, por templar el rosicler? Ay amo, que a todas horas llora más que un viudo, que tiene que volver al padre el dote de su mujer. Cómo ay, adorado esposo, como ay, querido Ruben, mi mal dudas, pues perdiendo la mitad de mi placer, padezco, lloro, suspiro, ardo, gimo, y muero, bien como anteviendo su ruina. en el más ardiente mes. , . Porque se ausentae Estío queda marchito el clavel. Si lo dices porque habiendo perdido un hijo, que fue tierno motivo de tanto malogrado parabién, (pues en solo un día unió el espirar, y el nacer) ya eso se olvidó, y amor a los ruegos de mi fe apiadado, dará en otro las lisonjas, que en aquel: demás, de que habiendo ya sucedido ese vaivén bien cerca de cuatro lustros, no discurro, que ahora esté tan vivo el dolor, que no haya, para el exceso que ven, en tu tristeza otra causa. Cómo la pudiera haber, si siendo tú de los más principales de Israel, rico, afable, atento, sabio, y enamorado también de mi beldad, que esto es más de todo lo mucho, que es, para mi melancolía, qué motivo puede ser bastante ocasión? Señor, no se descabece usted, que esto es dengue. Pues estar en igual duda no es bien, idos todos. Que nos place, por más que a su vista esté. , . Dándola para llorar perlas el amanecer. Ya estamos solos, ya puedes, o Cibórea, romper los grillos de tu silencio, y sepase de una vez tu mal. No sé si te dije, a pocos días de haber conocídose la alegre novedad de mi preñez, que en los fantasmas de un dulce vago letargo soñé (estremecida al asombro de su oscura palidez) que pariría (hado injusto!) a quien (tormento cruel!) sería (infausto destino!) ruina de Jerusalén, hijo de la perdición, y ignominia de la Ley. No, pues quizá cuidadosa de no darme a mi después igual pesar, lo callaste: bien, que dando a conocer desde entonces un disgusto, que no sabe ser desdén. Pues oye ahora: Viend cuanto testigo abonado fue de este amago el mismo Cielo, pues en el Oriente, de él temido, aunque hermoso fante, que di a luz, se vio volver su celeste raridad en pálida amarillez; siendo en impensada, oscura, rígida borrasca infiel muchos truenos a gemir, muchos rayos a encender, más crédito di al presagio con que (no sé si podré proseguir) entre las vagas dudas de creer, y no creer. Engañándote previne, que Navor, a quien fie mi secreto, supusiese, que muerto de su primer crítico accidente, era sombra la que estrella fue; y en fin, marchitada ruina su reciente rosicler: Él, pues, en fin, una noche:: Prosigue, prosigue. En quién con nubes se cegó el Cielo los ojos, para no ver; metiendo el recién nacido parto, en tan frágil batel, como una de urdidos mimbres leve cuna, sin poner más seña, que una Judaica leve Gasa, en quien no bien envuelto, desmintió al aire su inculpable desnudez, le eché al Mar. Qué es lo que has dicho, mujer! pues has puesto al pie un lazo, un áspid al pecho; y a la garganta un cordel! por una supersticiosa aprensión, sin atender a que es unir culpa a culpa, un hijo pierdes, y en él la esperanza de mi Casa, el Jordán de mi vejez? Por el alto Dios: Mi vida pague, Señor, a tus pies mi delito. Mas qué enmienda, hecho ya el yerro una vez, mi cólera? Dueño mío, alza, alza; a mis brazos ven, a que tu contacto infunda segunda vida a mi ser. Qué bien hacía en callar! No llores, pues cómo estés tu gustosa, nada habrá, que no sea en mi placer: Pues ya:: Pilatos, Señor, te envía a llamar. Iré a saber lo que me quiere, pues no hay favor, no hay merced, que no deba a su cariño: Mas yo, mi bien, volveré presto a buscar en tus ojos el ídolo de mi fe. El Cielo te guarde. Penas, mucho tenemos que hacer con mi pensamiento. Sustos, que no hay en mis penas, ved, valor para discurrir, si le hay para padecer. , l s. Huye, Andronico. En vano me procura tu ruego detener, ni tu hermosura, Teútila piadosa, neciamente tu inadvertencia intente a Judas disgustar. Como no trate de sacudirme a mí, mas que a él le mate Hermano. Yo tu hermano? Príncipe. Soy Tirano. Señor. No de tus lágrimas me obligo. Pues para que se evite su castigo, como te ha de llamar, demonio de hombr Llámeme su enemigo, y sabrá el nom A tus plantas rendido me ves puesto, Mas su humildad me irrita. Huye. Qué es esto? Esto es vengar ofensas de un villano; pero pues tú has llegado, Tesaliano, ya se aplaca el rencor de mi fiereza. Pues, Señor, Vuestra Alteza con Andrónico airado? quién, quien pudo de sangre, y amistad romper el nudo: Pero por qué lo extraño, si sé la causa, porque sé el engaño. Mucho a Teútila miras, y si el viejo, aunque le teme a Judas por bermejo, sabe la maula del disfraz, y el trato, nos ha de echar el cascabel al gato. Mal el volcán de mi furor resisto. Señor, aunque he callado lo que o tal vez, que hasta tu cuarto me han entra licencias de Maestro, y de Criado, no ignoro cuanto a Andrónico maltratas, pues rara vez piadosas, siempre ingratas, halló su poca edad tus atenciones; y así no has de extrañar, que mis razones atar pretendan el cariño vuestro. Es verdad, que tú has sido mi Maestro; he visto, do ro mal piensas, si por eso piensas mis iras atajar, y sus ofensas. Qué prolijo, y caduco consejeto! De suerte, que mi amor:: Es ya grosero. Mi edad:: Está cansada. Ni mi ruego, Señor, merece nada contigo? De mí solo me aconsejo. Este viejo no quiere morir viejo. Pues que me oigas a solas te suplico: Esto ha de ser lealtad. Si él abre el pico, ha de andar malo el cuento. Dejadn os solos, que saber intento secreto a mío razón tan importante. Esperand tu aviso, no distante de la puerta estaré. Ya te obedezco. Tú también te retira. Si merezco tu precepto, responda mi obediencia. Yo no tuviera ya tanta paciencia. Ven, Barrabás. Tus brazos mientras llama, lecho serán, mi bien, de quien te ama. Y yo también me voy? A fuera espera. la traviesa fue Doble va el juego Ya que cerradas las puertas están, y nosotros solos, óyeme atento. La ira se está vertiendo a los ojos. Este del Tirreno Mar, poblado lunar frondoso, es la celebrada Isla Iscla, a quien llamaron otros Iscara, y los Naturales Iscariot, por cuyo propio nombre, Judas Iscariote Cona. osa tú te llama la voz de todos. Dejemos de sus grandezas los no apurados elogios, y vamos, a que como es siempre en los humanos logros el cuerpo de la tristeza, sombra del bulto del gozo, pensión de tantas venturas fue en sus Monarcas heroico? Aricidia, y Tiberino la falta de un Real Pimpello, que coronase de triunfos el laurel del matrimonio. La Reina, pues, a quien más acometió poderoso este pesar, por vencerle, puso de su parte todos los medios, que al disimulo vistieron del alborozo. Y una mañana, entre cuyo primer brujuleado asomo, salió a ser el Alba, peine de las guedejas de Apolo; pisando a la parda orilla del Mar el tapete tosco, para gastarle en suspiros, se fue a beberse el Fabonio: En este errante ejercicio, apartada del hermoso Coro de sus Damas, pudo adelantarse de modo, que a poca tregua de alivio, y a muchos instantes de ocio, nos arrebato la vista poco bulto, que el undoso cristal cortando a báibenes, borrasca era de si propio, hasta que ya de más cerca vimos, al llegar a bordo de una estacada, que puso mordazas de pino al Ponto, que en una úrdida cestilla de mimbres, venía ansioso, tierno, fatigado infante, cuyo palpitado ahogo, creyendo encontrar el néctar, se tragaba el aire a sorbos. Este, pues, de las espumas adoptado parto hermoso eres tú: no, no te alteres, que aún es menester, que docto reserves aliento entero para segundo socorro; y así, para no tenerte más confuso, más dudoso, dice (abreviando el informe) cuanto en los dificultosos empeños sabe la industria abrir cáminos al logro: pues sellando al Pescador el secreto con el oro, y haciendo con la cautela la Reina creible a todos la sospecha, y la preñez, vino a lograrse de modo, (teniéndote oculto yo) el engaño, que al sorzoso plazo del parto llegando, te admitiese por su propio Príncipe el Reino, engañado en términos de dichoso. Y al fin, como ignoran muchos, secreto, que guardan pocos, por más que creciste avieso, injusto, y vanaglorioso, fuiste amado, que es el miedo fama de los poderosos. Apenas a los dos lustros llegaste, cuando piadosos los Dioses, quisieron das legítimo fruto al Tronco de su coronado Estirpe en Andrónico, ese enojo continuo tuyo, pues nunos te miró apacible el rostro, De suerte, que tú, ignorado hijo del centro espumoso, como Príncipe heredero de Iscarior, pisas su Solio; y él, a quien precisamente pertenecia glorioso de su Primogenitura el Augusto Patrimonio, adonde pierde la herencia, es donde gana el oprobrio. Y pues a poner remedio en abuso tan dañoso te llamé a solas conmigo, tratémonos sin embozos. Qué cosa es, que advenedizo, intruso Príncipe ignoro, al legítimo heredero le trates con tanto encono, que es quitarle la Diadema lo menos de su desdoro? Sin duda (según las iras, que en casi todos nosotros empleas) Hebreo Áspid, eres de Orientales Troncos, en continuada ojeriza del Gentil, en cuyo apoyo es testigo la derrota, que traía el vagoroso buque, en que alscariot lle- gaste; pues a nuestro Promontorio costeando el margen, sin duda al Tirreno Mar undoso, el Mar muerto te vertió, ni bien hombre, ni bien mons- truo, sin más señas, que una leve gasa Judia, que a soplos del viento, unas vecesera, ya velamen, o ya adorno. Qué en Androníco te ofende? Es por dicha ser piadoso; galante, afable, y modesto? Si: yo por ti lo respondo, que para quien es altivo, injusto atrevido, y loco, como tú, son las virtudes, poco halago, y mucho estorbo. Yo no quiero, ya una vez constituido en el Solio, que el Solio pierdas; mas quiero, que ya que no sea propio a Andrónico, a quien no quieres tratar como hermano, como amigo le trates; pues si absurdo tan pernicioso no enmiendas, yo que el secreto de tanta cautela escondo, le revelaré, causando en públicos alborotos, que el propio Príncipe admitan, emancipado al impropio. Y así, Judas, desde hoy has de trocar cariñoso, el despego en agasajo, la ingratitud en soborno, y en fin, el odio en amor, (tros, pues no hay más medio en voso- que, o tratarle con cariño, o vengarme yo con odio. Cielos, puede ser verdad lo que miro, y lo que oigo! Sí, que contra mi jamás salió el hado mentiroso. Yo no soy el Soberano legítimo dueño heroico de Iscarior? A mí me pudo hacer el arbitrio loco de la fortuna este engaño? Y en fin, si quiero ambicioso conservarme en la grandeza, que ha nacido para otro, me ha de tener este amago puesto el pie sobre el enojo? De qué has quedado su penso? No respondes? Pues es poco morivo el asombro! Mira. qué resuelves? Ea, glorioso ánimo mío, perdido el dosel, piérdase todo. Qué he de resolver? pues dudas cuanto estoy de mi quejoso, de haber dado en mis defectos materia a vuestros enconos? Mas pueslo que hasta aquí he errado fue parto de lo que ignoro, desde hoy lo que enmiendo, sea hijo de lo que conozco. Salga Andrónico a mi vista, y en dulce lazo amistoso, recíprocos los cariños, se enamoren con elogíos. Ciego, Tesaliano, estuve, es verdad, mas ya tu docto noble aviso ha despertado por los oídos los ojos. Ahora sí, que una, y mil veces rendido a tus pies me postro, en albricias de tal dicha. Llámale, pues; sepan todos la mudanza de su trato. Con la obediencia respondo: Rameses, Lebrón, amigos, Barrabas, entrad. Absorto su voz me dejó. Pues qué hay, para tan grande alboroto, de nuevo? Veraslo presto. De Judas leo en el rostro alguna traición: Fortuna, hal cuan a mi costa adoro! Vinieron vesugos frescos, hombre, o convidas a pollo por barba, para llamar con más prisa que da un mozo, acabado de heredar, por abrir los escritorios; Ya Andrónico, y Judas son amigos, y ya aquel roto lazo de su amor; ha vuelto a unir los distantes trozos. Mucho dure, y bien parezca, Tentila, dificultoso se me hace, que en Judas ceda aquel natural arrojo. Andronico? Qué me mandas? Que salgas a ser dichoso, logrando en Judas cariños, que te malogró su antojo. Qué temes? llega a mis brazos. El diantre del mozo es corto. Temo en lo que no merezco, perder presto lo que logro. Y bien presto; pues si en ellos te abrazo, en ellos te ahogo, siendo dogal de tu aliento el puñal de tu destrozo. Ay de Qué has hecho, Judas? Rara crueldad! Esto solo no querer un desdichado sufrir que haya venturosos. Pues para qué, si a él le matas, me dejas vivo? Este es bobo, pues lo que le está mal pide. Ah de la Guarda. Al asomo menor que de ruido hicieres, verás mezclarse dudosos tu helado rubi sangriento con su ardiente clavel rojo. Callar, importa vivir. Callo: por Dios que no es tonto, pues lo que le dan notoma. Aunque con aliento poco, vive: Príncipe? Pues Judas le había de dar de modo, que te respondiera? bueno! A qué aguardamos, si somos reos de tanto delito? Dice bien: huyamos todos. Uno de tantos ligeros aprestados Barcos, como de la Islapara el comercio guarda el Muelle, sea socorro del peligro. Y para que no pueda contra nosotros dar tan aprisa el aviso, cerrado en aqueste propio cuarto quede. No es mejor matarle? Yo le perdono la vida, para que pueda de esa tragedia, y este odio ser Coromista. Pesares, quemadlos con los sollozos, Cierre el último, que yo voy delante por si importo, No te pares. Ya te sigo. Fortuna, Deidad, o Monstruo, a quien en vanos inciensos ahuman traidores votos, a ti me encomiendo, pues si de tus plumas en hombros me albergaste, deuda es tuya favorecer en mi abono de este tu adoptado alumno los influjos prodigiosos. El paso me cierras? pero no importa, que el Cielo otros dará a mi venganza; pues este callejón angosto, que los dos cuartos divide, será quien me lleve al Trono de Tiberino, con este herido joven malogro; y si él a tanta venganza de su brazo poderoso el poder no esfuerza, yo, traidor Judas, en apoyo de mi lealtad, pisare de los Climas más remotos la Región, si antes no apago lo que ardo con lo que lloro. Bien venido seas, Rubén. Cuando a verte, Señor, vengo, de la fortuna no tengo que temer ningún vaivén. Cómo tanta ausencia? Un día en una estrecha amistad parece una eternidad. Siendo la ventura mía, nadie más que yo, a poder, la quisiera conseguir. Celos tengo de pedir en no viniéndome a ver; mas si logra tu fineza vivir de tu esposa al lado, ya quedas bien disculpado. Aunque adoro en su belleza por singular perfección de amor la mayor beldad, no puede mi voluntad desairar mi obligación: Bien, que la melincolía que padece Cibórea, me embaraza que te vea, tan siempre como querría mi noble agradecimiento, pues de su belleza al lado, toda la edad del cuidado me roba la del contento. Pues lisonja te será mudar de conversación, presto de tu pretensión el logro se llegará, que yo de mi parte he puesto cuanto de mi parte ha estado. Mucho debo a tu cuidado. Nada, Rubén, hago en esto, que hacer (por ver a su amigo premiado) mi afecto fiel, mucho más, que hacer por él es querer cumplir consigo. Quién a vista de ese honor, a pesar de los ingratos, no confesara, Pilatos, que el ser te debe? Señor! Anás, pues qué novedad a mi casa te ha enseñado? Embajador del Senado vengo con su autoridad a hablar en secreta audiencia, materia que es de importancia. De cuando acá a la ignorancia ha consultado la ciencia? Pleitos de jurisdicción entre uno, y otro derecho, que necesitan sospecho de toda esta prevención. Pues no quiero dilatar el darte mi parecer; y tú, Rubén, sin volver otra vez conmigo a estar, no te vayas. Aguardando tus favores estaré, como a quien más bien le esté conseguirlos, y más cuando ya los empecé a lograr. Añas, en este retrete, por la quietud que promete su retirado lugar, hablar podemos. Tras ti voy, sombra de tus pisadas. . Que no sean las esperadas venturas que conseguí, bastante motivo, para que echar de mi idea intente esta pasión inclemente, que tiranamente avara tanto de mí se apodera, con fiera violencia esquiva, que no hay instante, que viva, sin imaginar, que muera! Pero si infeliz perdí un solo hijo que logré, sin esperanza de que noticia alcance (ay de mí!) de donde encontrarle pueda pues en él Mar moriría, o él mismo le arrojaría por la inconstante vereda de sus ondas, a Región tan distante, que jamás mi amor vuelva a verle más) que mucho, que mi razón, fingiendo en su frenesí las señas de su semblante, con él hable cada instante, como si estuviese Aquí, Cortesanos Pasajeros, podéis esperar un rato, pues aquí, luego que acabe de hablar con Anas, Pilatos, fuerza es que salga. Si fue, Cielos, misterio el acaso! Pero es ilusión creerlo. No sabre deciros cuanto, noble Hebreo, agradecidos avuestra fineza estamos. Quién serán los que en el traje de Vándidos, a este cuarto ha conducido Achior? Mucho, dueño mío, extraño, que donde eres conocido te atrevas a venir. Cuando servir a un amigo importa, Teutila, no hay embarazos, ni peligros que lo impidan, y después de tantos anos se habrán ya en Jerusalén de mis hechos olvidado, Ah señor, qué te parece el garbo con que me mando? Lindo condutero haces. Sí: mas lo que será malo será hacer buen Vandolero. Dónde? En la ene de palo. Llegar a hablarlos intento, pues aquel joven bizarro no sé con qué influjo, arrastra mi atención. No mal libramos escapando de Iscarior. Fuenos favorable el hado, y el viento. Hecho un basilisco quedará el buen Tesaliano. Aténgome a que del Asia habiéndonos amparado en la distante Región, camino de Roma vamos con los tributos. En qué tan suspenso, y admirado estás? En mirar aquel galán Hebreo, en quien hallo atractivo aspecto. Pues puedes pedirle el retrato, y entablar el galanteo. Yo me llego. Yo le hablo. Más Pilatos sale. l responderás al Senado. Nunca pude esperar menos. Este es Pilatos, hidalgos. Bien lo ha dicho su presencia: lleguemos. Yo voy temblando. Generoso Presidente de Judea, si de cuatro rendidos pechos aceptas el rendimiento, los labios deja que beban las huellas que imprimes. Joven gallardo, aiza del suelo, y vosotros también, no arriesgue (ignorando quien sois) medir al sujeto la noble atención del trato. Estando a esos pies rendidos, ya estamos, Señor, premiados. Yo no; y pues usted lo manda, pie de ganso, que me canso. Lisanías, Tetrarca Grande de Tiberina, Archelao de la Judea, Vitelio de Siria, y en fin el Magno Philipo, a quien por la muerte de Herodes su padre, el mando de Traconitides goza, en fe de qué feudatarios al Romano Imperio, envían los tributos quejuraron; a mí, y a otros Compañeros, a quien hoy se ha adelantado nuestra prisa, de su entrega fiar quisieron este año la seguridad; y habiendo (por ser Jerusalén paso para Roma) de entrar dentro de sus Muros, fuera agravio de su cariño el no haber prevenidonos, que dando muestra de su amor, te ruegue veas, antes que salgamos, (sin las porciones del oro) las aves, y los caballos, celas, aromas, y piedras, que a Tiberio de regalo envían, después del feudo; con cuyo motivo entremos a que honrándonos por ellos, nos admitas por criados. Mucho la atención estimo de los Tetrarcas, no tanto porque los tributos vea, como por haber logrado hablarte, y verte; y pues vienes discurriendo, y penetrando las más distantes Regiones, saber solo de ti aguardo el informe de ese nuevo Predicador celebrado, a quien Cristo, y Jesusllaman, por lo mucho que al Estado de la Sinágoga importa, pues nunca de los lejanos ecos de su fama, pude con certeza averiguarlo. Tampoco con evidencia podré informarte; Mas si hagó obsequio a tu gusto en esto, diré lo que he oído en varios Lugares por donde él ha pasado predicando. Gusto de todos será tu informe. Señor, andallo, haz la salva del escucha, y ruede. Ya su cuidado, procurando en los caminos atar las noticias, de algo se habrá servido. Por eso yo, Teutila, no me canso en averiguarlo que no me toca. Escucha un rato. Tan discreto es como airoso. Dios nos dé un victor alcanto. Yacen a la amena falda del Libano, ese helado Monte, en cuya verde grama toman del Sol los caballos el primer pienso, para ir al luciente afán del carro, las dos celebradas Fuentes Dan, y Jor, de cuyos claros raudales, humor que suda la pesadez de un peñasco, formado Río, el Jordan baja a pararse en un lago esférico, vidrio undoso del mudo reloj del Prado, desde donde mal sufrido con el inútil descanso, al Asia que fertiliza, corre ciento y veinte estadios, hasta que al lago mayor Tiberiades llegando Balsa de Genezarer, oh Mar Galíleo, tanto el curso acelera, que al muerto Mar despeñado de sus pestilentes aguas le enferma el traidor contagio, tan sin remedio en la siebre líquida de su contacto, que es el mezclarse corriendo confundirse agonizando: En una de las frondosas alamedas de su espacio, mudo desierto del siglo, L poblado Mundo del campo; Juan, a quien el Precursor no sin misterio llamaron, viva voz de sus Campañas, habita el tosco Palacio de una gruta, en cuyo centro apacible monstruo huma no, de mal colocadas pieles compone el buriel manchado, con que a pedazos vestido, como desnudo a pedazos, siendo en el pellico manchas las que en su cuerpo son ampos, por las roturas del jaspe se trasluce el alabastro. Primer Compañero suyo en el ejercicio Sacro de un nuevo Bautismo, que es ablución de los pecados, un Nazareno Varón le sigue, de cuyo raro semblante (según me dijo la advertencia de un retrato) no he de informarte, pues fuera error, si razón te traigo de su origen, que estorbe un milagro a muchos milagros; para cuyo docto informe con mayor causa te llamo a más atención, y más cuando al componer el lazo, para que se estreche el nudo le voy asiendo los cabos. Octaviano, Augusto César; de cuyos eternos lauros testigos de piedra son los coliseos Romanos, después de haber hecho por Cirino, Cónsul del ancho Dominio de sus Dominios, descrición, solicitando que fuese el ansia de verlos, razón para conservarlos, a generales tributos redujo de sus Vasallos el número, siendo una circunstancia del mandato, que a empadronarse en el feudo partiese dentro de un plazo cada uno a su patria; sobre cuyo Edicto promulgado, hubo en el Pueblo Judio muchos sediciosos Bandos, en fe de que no les era lícito dar voluntarios a Seculares Monarcas feudó, sino a los Sagrados Pontifices suyos; pero dejemos en este estado el motivo, y del motivo a las consecuencias vamos. A la precisa obediencia del común Edicto Sacro de Nazareth (en donde era Peregrino Ciudadano) a Belen, su Patria noble, partió con su Esposo allado, la Divina Madre de este Predicador Soberano, tan en los últimos días de su preñez, que del parto, sin los dolores, la dieron premisas los sobresaltos. Era la medrosa noche, cuyo confuso aparato, porque a Belén no llegasen, desdobló con prisa el manto, embrión de nieve, y viento, en cuyo horror duplicado heladas flechas arroja el Cielo, que sirve de arco, blancas mariposas rondan la actividad de sus rayos; átomos de nieve pulsa el nuevo Sol embozado; Diáfano polvo levanta el pie silvador del Austro; cándida borrasca intiman mil jazmines desojados: Y en fin, con ser cada copo vaga flecha, átomo blanco, leve mariposa, instable polvo, jazmín disparado, constante a uno, y otro soplo, el amante Esposo anciano al humilde Palafrén le iba avisando los pasos, contemplando castamente los muchos copos cuajados, que en el rostro de su Esposa, por guarnecerla el tocado, se ardían entre la gasa del bello embozo gitano. Así vagaban, cuando un mísero Portal, que acaso con misterio dejó al tiempo, el olvido de un Palacio, pobre albergue les ofrece, en quien el heno tumiado, mal de su lunado Huésped, era algodon de un Establo, sobre cuyo lecho el mundo vio venirse el Cielo abajo. No bien de catorce Auroras despertó al Sol el temprano celaje madrugador para otros catorce Ocasos, cuando tres Reyes del Norte, de hermosa Estrella guiados, le adoraron Rey, de cuya nueva visita al espanto (por lo no esperada, como al de venir preguntando per el Rey de los Judios) Herodes (a quien llamaron el Escalonita) entró en desconfianza, tanto, de que el Cetro de Judea pasase a mejor Reinado, que a cuantos Infantes niños, de los dos años abajo, hubiese en su Reino, hizo degollar, en cuyo infausto sangriento destrozo, no hubo calle, que no fuese lago de inocente humor purpúreo, bien como el aire, teatro de tristes quejas, en cuyos efectos equivocados, las silabas de la sangre eran heridas del llanto. Mas como en el Superior Tribunal de los humanos se revocan los decretos al arbitrio de los hados, no adquirió Herodes el medio, por más que logró el estrago, pues a Egipto huyendo, pudo su hermosa Madre, y el cano amante Esposo, la vida de Jesus poner en salvo; en cuyo viaje no hubo huella sin portento, paso sin admiración; y en fin, movimiento sin milagro. Dígalo el que en los Desiertos de Tebas, en cuyo espacio era de sus moradores Ídolo del monte un Árbol, sin que le hiciese el escoplo costa para Simulacro, al pasar por juntó a él, se fuese inclinando tanto la copa verde, que fue cimera de su penacho, que el suelo tocase; y como doblado quedó aquel rato, (do, (que aún cuando huían, temien- pasaban los tres triunfando) Iris de un solo color se mantuvo, hasta que ufano, por volver a la primera forma, que tuvo en el Prado, volvió a engreirse saeta, cansado ya de ser arco. Y en fin, dígalo el que siendo, como sus obras han dado a entender, el prometido Mesías, en tantos rasgos, cuantos incluyen las líneas de los profeticos Cantos, tan ajustado a la Ley viviese, que a los siete años de los Gentílicos Pueblos saliese, volviendo al patrio nido de Israel, en fe de no permitir, por varios pretextos, la Ley Escrita, que ningún Hebreo osado fuese a vivir en las viles Ciudades de los Gitanos. Pero para qué pondero su ciencia, si todos cuantos Rábinos incluyó el Templo, el día que en el Teatro de su Academia arguyó los escondidos arcanos de las Ciencias, convenciendo aún antes que disputando, Testigos vivos apoyan la verdad de sus aplausos: Desde cuya edad, que entonces era Abril de doce Mayos, hasta los treinta, que hoy tiene, siempre de Joseph al lado, (putativo Padre suyo) humilde vivió, ayudando su afán en pulir los troncos, a quien mordieron sus manos, a porfías del escoplo, con las violencias del mazo; en cuyo pobre ejercicio fue no menos reparado, que en hacer Cruces gastase los pocos ociosos ratos, que al éxtasis del desvelo, pidió hurtados el descanso; así por no ser el ocio parentesís del trabajo, como porque insignia, que era cruzado infame Cadalso de ajusticiados Ladrones, fuese para él tanto halago, que a colocarla en los hombros la condujese en los brazos. En fin, Pilatos, este hombre, con tantas luces de Santo, es Jesús, que en el Desierto (habiendo ya a los treinta años llegado, sin cuya edad, a nadie hasta ahora fue dado el título de Maestro) venciendo va, y predican- do. Sus obras son admirables, sus prodigios celebrados, sus palabras amorosas, y sus hechos soberanos; tanto, que yo, que jamás (envidiosamente avaro de aplausos ajenos) hice buen rostro a no vistos actos, de sus obras persuadido, de su fama enamorado, sin argüirlé, le creo, y fin mirarle, le amo, El Pueblo, que en voces bebe su noticia, ya indignado con él, en pechos rebeldes, le va ganando contrarios. Y así, si acaso su enojo causas le hiciere, cuidado, Pilatos, con la sentencia; porque si ha mentidos cargos oídos das, y contra él procesos fulminas, y autos, serás desprecio, ojetiza, enojo, castigo, espanto, escándalo, sedición, injuria, cólera, y pasmo de Jerusalén, de Roma, el Cielo, el Mundo, y el Hado, Polos, que mueve la sacra jurisdicción de su brazo. Con admiración te he oído; pues aunque sabia ya algo de sus maravillas, nunca las atendí tan despacio. Si son verdad los portentos (to que cuentas, ese hombre es San Aunque dice es Nazareno, no es si no Samaritano, y en virtud de magía obra. Para cuando llegue el caso podemos dejar el juicio; y así, a otra cosa pasando, di, cómo es tu nombre? Judas. Pues, Judas, aficionado a tu gala, a tu discurso, discreción, despejo, y garbo, que en mi compañía quedes, resuelvo, donde premiando tus nobles prendas, conozcas mi amor. Si merezco tanto favor, no ya del destino me quejaré, pues me ha dado cuanto pude desear. Los compañeros, que a cargo suyo las conductas llevan. podrán ir a Roma. Andarlo; pues motivo de los premios, son ya los desembarazos. De que se quede a mi vista me alegro. Porque a tu sacro poder conozcas, que empiezo agradeciendo, y rogando, estos tres amigos. Ya te entiendo: quieres no darlos el pesar de ir con ellos; pues para ovviar ese daño ellos se queden contigo. Bienes son participados los de Judas. En su dicha, por ser inmenso el espacio, caben las nuestras? . Venid. Daré aviso en el Senado, . de lo que te he oído, moviendo los ánimos, para cuando castigarle importe. Judas, vuestro amigo soy. Yo esclavo vuestro, mandadme. A que veáis la pompa de mi Palacio os llevo. A cualquiera parte (como a la Cárcel no vamos) iré yo de buenagaña. Recelo, ánimo, y cuidado? Todo lo tengo, Teutila. Si habrá de llenar el pancho alguna forma, que tengo mas hambre, que un Noviciado. Ea, estrella, ya me has puesto en segunda altura, veamos si el elevarme, es querer despeñarme de más alto,

JORNADA SEGUNDA

segunda jornada Qué a propósito es la noche! Vistiose de sombras pardas, tanto, que solo por uso se acierta a mover la planta. Mas oscura es, que la boca de una vieja. Lebrón, calla, pues del jardín de Ruben ya hemos llegado a las tapias. Aunque si viniese solo Judas, no te preguntara donde vamos, una vez que Teútila me acompaña, fuerza es saberlo, pues solo su peligro me acobarda. Pues quién te ha dicho, que yo no tengo un Áspid por alma, un monte por corazón, y muchos rayos por armas? Bien lo creo; pero pues me facilita la entrada allí un tronco, en quien podrá asegurarse la escala, dámela, y silencio. Quién pudiera creer, que costara todo este aparato, entrar a robar unas manzanas! Qué has dicho, borracho? Yo, si, cuando. Si no mirara, que tu castigo podrá ser estorbo, y no venganza, hiciera. Pues yo contigo tengo de ir, en qué te tardas? Eso no: Tú con Teutila me guardaras las espaldas, que importa más. A tu arbitrio estamos los dos. Avara complejión mía, en tus manos pongo toda mi esperanza. Qué es esto, Lebrón? Esto es, que al ver desde una ventana en el huerto de Rubén, que está contiguo a su casa, unas manzanas, Pilatos, por si acaso le dio gana de comerlas, viene esotro lisonjero de moatra a hurtarlas, aunque no es él el primero camarada que en la Corte, solo a cuenta de lo que roban regalan. Pues no era mejor pedirlas? A la inclinación malvada de su genio, no le gustan pedidas, si no robadas. Raro hombre! Es un bravo sastre. Pues yo quedo, hasta que él salg a la vista del empeño: Vete tú. Cómo me tratas de ese modo? Pues no sabes, que ya en suerte, ya en desgrac he de morir a tu lado? Pues el silencio declara, que ya está de la otra parte, de aquesta puerta nos valga el escondite. Bien dices. Eso importa. O tú, detantas, o ya frutas, o ya flores, nuevo Tempe, en que las ramas movidas del viento, fingen apacibles las borrascas, dime, pues la oscuridad de la noche lo embaraza, dónde está el tronco que busco: Mas ay de mí! que con causa distinta (sino es que el aire le ha parlado mis pisadas;) pero celador del coto con leal impaciencia ladra; pero si aquel es el árbol, como ya algo más cobrada la vista dice, despecho, por qué el conseguir retardas el logro de mi deseo? Sin duda en el jardín an gente, pues las roncas voces e su vigilante guarda lo avisan. Ya le han sentido; pero aunque el perro ladrara del infierno, y contra mí se conjurasen sus parcas, esto ha de ser. Achior, Malco, criados, mirad, que baja Rubén al huerto. A ninguno ha menester mi arrogancia, (do, que yo, si es que alguien ha entra sabré castigar su audacía por mí solo. Por aquí. Hombre, que osado profanas. la quietud de mi retiro, quién eres? Suerte contraria, qué haré! Mas sin responderle, a buscar el sitio vaya por donde entré. En vano huyes, pues te ha de seguir mi planta. hasta que tu intento sepa. Todas las sendas me ataja la fortuna: Que el descuido me hiciese venir sin armas! pues mal puede este puñal defenderse de su espada: Reniego de mí! O si hallase, (pues es preciso haber tantas) una piedra, a quien fiar mi última defensa. Aguarda, de este florido Vergel desconocido fantasma; y pues yo te sigo. Ya la piedra hallé. Cómo tratas embarazar tu castigo? Así. Los Cielos me valgan! Dichoso tiro. Venid todos tras mí; Pues lograda mi intención, llevo la fruta, y para tomar la escala nudosos pendaños son los puntales de esas parras. la fuga me ampare. Espera, traidor, pues aunque desmaya la vida, en mi poco aliento mucho que vencer te falta: Mas cómo, si tropezando, y cayendo van mis ansias en sí mismas, lograr puedo mi cólera? Acia esta ta apia el ruido se oyó Allí un hombre sin duda herido se arrastra por la tierra. Con la luz. saldremos de dudas tantas en breve. Dónde estará nuestro amo Rubén? Aparta, que habiendo oído esas voces, arguyo, que ya alterada la familia, necesita de mi valor Judas. Vana es tu intención. Déjale, que pues Barrabás se llama, haga en defensa de mi amo alguna Barrabasada. Espera, que desde lo alto de esa corta pared, baja un bulto. En su misma prisa, mal desentedado, hasta aquí se despeña, El Cielo te ayude. El diablo me valga. Amén. Judas? Sí. Echad presto al suelo la puerta falsa. Qué es esto? No sé: Mas pues ya he conseguido la instancia, embaraza el que me sigan, y a Diós. Buena va la danza. Advierte. No es tiempo de eso: Ven, Lebrón. Santa palabra! Fuéronse ambos: Ah cobardes. No temas, pues ves que basta mi valor contra dos mundos. Estos son, mueran. Canalla, tan fácil es? En mi pecho un escudo te resguarda, Tropece. Tirale. Dale. Pues ya es imposible, hazaña defenderle, no en vida se pierdan las esperanzas, (si prenderle solicitan) s de su libertad. Mi saña inútilmente se esfuerza. Muera. No muera; pues para que sea su muerte ejemplo en una pública Plaza, mas su prisión solicito. Atadas las manos vaya, donde pague su delico. Ah Judas! bien recclaba Ah Judas! bien recelaba de ti, que habías de ser motivo de mi desgracia! Y pues muerto ya Rubén, mi esposo, solo en su falta el consuelo me ha quedado de hacer que se satifaga con esta ruina mi pena, con este estrago mi rabia, a pedir justicia iré a Pilatos, mientras vaga mi imaginación, discurre, qué debe hacer en tan rara tragedia, quien ser desea ejemplo de la constancia: Venid vosotras conmigo. Ay amo mío de mi alma! Si me pidieras albricias, corta demostración fuera, cuanto mi poder os diera, en pago de las noticias de que Caisás haya sido el Pontifice nombrado. Obró en justicia el Senado, que Caisás lo ha merecido; y si aqueste Nazareno, que en Samaria, y Palestina de su ignorada Doctrina verter pretende el veneno, viniere a Jerusalén; nadie mejor que él hará pesquisa, y castigo. Ya estoy informado, y bien, Anas, de su fiel cuidado. No menos celo ha tenido Eleázaro, que ha salido ahora del Pontificado; pues porque el riesgo anteviste remediado a tiempo sea, si acaso entraste en Judea este ya Jesús, ya Cristo, cartas remitidas tiene a las Sinagogas ya, para ver, que informe da cada una, en lo que conviene hacer de él, si predicar su nueva Doctrina intenta. Prevención ha sido atenta; pero pues hasta llegar el caso, no hay que argüir lo que de él se debe hacer, dejemos al suceder los actos del discurrir. Qué hay de nuevo en la Ciudad? Que a Dimas, y Gestas, fieros salteadores Vándoleros, prendieron ya. La crueldad de sus iras castigada, será público escarmiento. Qué más? Aunque darte intento parte, de otra desgraciada novedad, por saber, que lo has de sentir, no me arrevo, Cosa puede haber de nuevo, que sienta yo? Sí. Quién fue? Si no me ha mentido quien dijo, que anoche lo vio, atrevida mano dio violenta muerte a Rubén. A Rubén? Cruel pesar! Pues como él fiero agresor no está ya preso? ̱ Señor, preso está ya; pues lograr su familia pudo, al verle puesto una vez en huida, hacer, que fuese una herida rémora para prenderle; y en su prisión se ha logrado otra circunstancia más. Cómo? Cómo es Barrabás aquel Vándido afamado, que de Isra el fugitivo estuvo. Notable acierto! y más para verle muerto el haberle preso vivo. Pagárame en esta cuantas ofensas hizo a los dos, por el adorado Dios del Cielo. Dame tus plantas. Judas, bienvenido seas. Cómo puede bien venido ser, quien te encuentra enojado. No hay iras para contigo: no estés así. Tus favores son el alma por quien vivo. Ve, Anas, y dispon alpunto, se examinen los testigos, abreviando de la ley los plazos para el castigo de quien dio a Rubén la muerte. Qué he escuchado! Rubén dijo? Sin duda al duro contacto . del pedernal despedido del arco de mi coraje, falleció. Mas que el maldito de mi amo, por conseguir hacer el manzanicidio, le dio en la nuca? Bien presto conocerás que te sirvo. Ea, cautela, a esforzar . la malicia con que finjo. Señor, si de mi atención el postrado sacrificio no desmerece por corto las gratitudes de digno, estas manzanas, que ayer aplaudiste en el ópimo huerto de Rubén, de quien el trágico fin he oído, grato admite, pues al ara del Simulacro Divino llega el culto satisfecho con la razón de votivo. Mucho, Judas, agradezco la fineza, aunque no ha sido bastante causa un antojo, para querer el capricho complacerle tan aprisa. Quién en lo poco ha servido, a darle otras ocasiones la piedad de su destino, sirviera en lo más, Ya sé, que eres verdadero amigo. De esta me hace Fariseo. Oh necio abuso del siglo, en cuya edad los engaños . pasan plaza de servicios. Llega otra vez a mis brazos, pues lo mucho que te estimo mayores demostraciones aconseja a mis cariños, Abrácito? Fariseo ya es poco, seré Rabino. Y ahora dime: Esa sabrosa ofrenda, en quien se han teñido de ramalazos purpúreos los arreboles pagizos, te dio Rubén? No señor, pues tratable el oro le hizo la venta de un jardinero. Está bien. Por si ha traído la pregunta intención, no es muy malo este pegadillo: Con que en fin. He de entrar, aunque lo estorbe el mundo. Qué ruido es ese? Que Ciborea, al ver muerto a su marido, llena de luto, pretende hablarte. Pues al proviso la dejad entrar, que el Juez no ha de negar los oídos, ni a la razón, ni a la queja. Si descubre algún indicio, que revele mi secreto, esta mujer, soy perdido. Detrás de aqueste cancel os retirad los dos. Lindo, pues éncima, esta bandeja, pondré de aquel bufetillo. Ya te obedezco: pendiente va toda el alma de un hilo. Mas qué va que las manzanas se convierten en pepinos. Gran Poncio Pilato, en quien sostituyó su domino el Romano Imperio, para políticas del Judio; Cibórea soy, aquella:: Mas para que solicito, si me conoces, gastar en más voces más gemidos, Anoche, Señor, anoche (no sé como lo público, sin que sea de lo que habló síncope lo que agonizo) Anoche, en fin, cuando el mudo, helado silencio umbrío de sus mismas sombras, dos negros parentesís hizo: Mi esposo (ay de mí!) Rubén? (ha! quien hubiera tenido, sin memoria al acordarlo, algún modo de decirlo) en mis brazos recostado bebia el blanco tranquilo céfiro, que a mi jardín hurtaba avaro un postigo; y cuando en tiernos abrazos mantenia dos cariños despiertos, amor, a cuenta de tantos ojos dormidos; un perro, que centinela de los silencios del sitio, jamás mintió a su sosiego el ladrón por el latido, a rocas inquietas voces, que fue adelantando a gritos, pobló el aire, despertando los huéspedes de sus nidos. Rubén entonces llevado de aquel natural altivo con que el alma a la nobleza dio el mayorazgo del brío, por la secreta escalera, cuyo caracol torcido paso era al retrete amable del frondoso laberinto, sin luz, pero con acero, con ira; pero sin tino, bajó noblemente ciego, llego ciegamente altivo. Yo, que turbada vagaba los helados parasismos de un susto, que impuso al pie la torpeza de sus grillos, di voces, a cuyo estruendo acudiendo mal vestidos los criados, al jardín bajo, y apenas le piso, cuando pisándole apenas, encuentro (tormento impío!) agonizando (qué ansia!) a mi esposo (qué martirio!) a cuyo horror; pero deja que corte a la voz el hilo; porque si a contar me paro sus ansias, y mis gemidos, he de morir; y no quiero, si a pedir justicia vino mi dolor, que sin haberle vengado, le ha ya seguido. En fin, rompiendo a una puerta la cerradura, que la hizo más fuerte en la poco usada tenacidad de sus quicios, a la calle salgo, adonde siendo una escala el testigo del homicidio logrado, y el hurto no conseguido, en ella hallan mis criados a Barrabás, que aún herido de ellos, en el suelo estaba pisado áspid de sí mismo. Pero para que molesto a tu atención con mi aviso, si el vulgo lo dice, el día que a la cárcel conducido de Jerusalén, a voces le está pidiendo el suplicio. Mi esposo es muerto, Pilatos, su sangre clama en mis gritos, el metivo es otra culpa, tu justicia tiene oídos, y en fin, considera, que tú la haces, y yo la pido. Gran cosa es oír un hombre los heroicos hechos que hizo. Cuanto tengo, y cuanto valgo, y cuanto el laurel invicto del Orbe, ocultó en la avara profundidad del Abismo, diera, Cibórea, por la vida de tu marido. Mas, pues, la venganza es; ya que no remedio, alivio, lograrela con la muerte de ese alevoso caudillo de tantos, torpes vivientes escándalos foragidos. Nunca de tu rectitad lo he dudado. Ya he salido de mi temor. El compadre, que dejaste en el peligro, qué dirá de esto? Que pague, la culpa que no ha tenido, A Teutilatemo. A esa, el acallarla es preciso, por mi propio. A una mujer hacerla callar? me río. Y ya que en cuanto a la causa, Cibórea, he respondido, responda también en cuanto, al recíproco cariño, que entre mí, y Rubén mantuvo amistoso lazo antiguo. Y pues una vez muriendo, mal dártele puedo vivo, su perdida substituya; o Cibórea, otro digno segundo esposo, que dado de mi mano, sepa fino obligarte con halagos, como yo con beneficios. Adónde irá a parar esto? Mira, y calla. Callo, y miro. Y así, sin que en tu melindre disculpa haya, pues yo afirmo sus méritos, sabe que es el novio a que te dedico, Judas, a quien encubierto tuve con este designio. Y pues en esto empeñado estoy, siendo su Padrino, el si ha de ser la respuesta. Por Baco, Deidad del vino, que si no habla presto, pienso que la iba a casar conmigo. La novedad de lo que oigo, (como no esperada ha sido,) se ha pasado a turbación Ya es novio sin ejercicio. Galán joven! Mujer bella! Parece cuando le miro, que para quererle tengo, otro segundo albedrío. Lo que amo no cabe en tod do el rato, que ha que le he visto. Aquí hay superior influjo! Aquí hay segundo motivo! En ti, Judas, ya está dado por aprobado designio: Mas tú qué respondes? Quiero responde; pues no está dicho. Pilatos, habiendo muerto mi esposo a noche, es indicio de veleidad en la pena, y ligereza en el juicio, admirir segundo esposo. Aunque el empleo es tan digno, no te digo, que te cases tan presto; solo te digo, que en admitir el consorte, que a tu viudedad destino, harás a mi amor lisonja, y aún a tu mismo albedrío también, pues sus prendas son, más abonados Padrinos. Y yo, porque merecerte, mas pueda desde hoy, le aplico de Subdelegado Juez mío, en Judea el oficio, que para Ruben guardaba. Con qué violento atractivo, (bien, que honestamente grave, y gravemente benigno) me arrebata el corazón! Pues ya confiesas tú mismo, que ahora solo es tiempo propio de lágrimas, y suspiros, queda en paz, pues decir basta, que va a cuenta de mi arbitrio no olvidarme, de que en ser mujer de Judas te obligo: Venid: Siguiéndote vamos. Pues el rato que le miro le amo, y le huyo, pensamiento, entiéndete tu conmigo. . Con discreción a mi intento se ha negado, y concedido. Por razón de estado solo no ha dicho sí, que es un siglo en una viuda, el instante, que no busca otro individuo. Pues oíste su respuesta, en tanto que me retiro a mirar unas consultas, despacha, como es estilo, para tomar posesión del puesto, en el mismo sitio que doy yo audiencia, y ahora a Dios, mientras al divino Sol de Cibórea vuelas, Ícaro desvanecido. Qué dices de esto, Señor? Qué es de belleza un prodigio su rostro; pero no sé con qué repugnancia lidio. Aún no estando bien casado, estás bien arrepentido? Deja locuras; y tú, Achior, mira quien ha habido que hablar a Pilatos quiera. Un anciano, que ser dijo Romano, es solo el que aguarda audiencia: Pues dale aviso de que en su sala le aguardo: Cielos, para algún no visto caso reservas la vida de este racional propigio. Voy por él. Con que en efecto, según Pilatos ha dicho, se ha de casar? Mucho temo, que al primero caramillo la gaste el dote, como hace cualquier hijo de vecino. Entrad, Gentil. En mi empeño ayudad, Cielos benignos, la piedad de mi viaje. Con la prisa eché en olvido decirle, que el que le oye es Judas; pero es preciso, que en viéndole le conozca, o él se lo diga. Mi altivo genio, con la Dignidad ha cobrado nuevos bríos. Pilato, cuya ciencia, Grande Presidencia, uras;) Sabio Poncio de Judea en la asegura en Tiberio las nobles Tetrarquias de su Imperio, yo soy ::: pero qué miro! Alza del suelo (yo también me admiro, pues el que está a mis pies es Tesaliano) y lo que se te ofrece di, Romano De Judas es retrato su semblante; pero que hay que me espante, si es Pilatos quien me oye, y cada día confunde natural fisonomia señas de un rostro, y otro: Hablarle quiero. Como en mi poca edad me vio primero, aún no se ha persuadido viendo el traje: Qué quieres, pues, Gentil? En mi viaje de Tiberio esta carta te asegure. Veré qué dice. Mi lealtad procure dar venganza de Andrónico la muerte. Carta de creencia es solo, en que me advierte Tiberio, que tu intento facilite, y así a tu turbación decirpermite en lo que he de ayudarte. Óyeme atento: Ánimo, compasión. Valor, aliento. Judas, un vil Hebreo, (a quien el hado, aunque engañosamente Coronado Príncipe de Iscarior, Isla abundante de Calabría miró,) tan arrogante, tan infiel, tan traidor, tan atrevido a la Corona fue, que había tenido por engañoso influjo de sus bienes sobre la infame esfera de sus fienes, que al legítimo dueño a quien hurtaba la Primogenitura que gozaba; dio la muerte a mi vista contan fiera crueldad, como no solo hacer que fuera desheredado del laurel altivo; sino yerto cadáver, porque vivo no tu viese en las penas con que lidia el vil consuelo de tenerle envidia; y aunque seguirle quiso mi cautela. dentro de un Vergantín, que nada; y vuela, tan veloz cortó el Mar, que en mi conquista, ni le vio el Sol, ni le alcanzó la vista; mas como la razón de mi venganza nunca perdió de hallarle la esperanza, a Roma parto, donde mi ansia encuentra quien me dé nuevas. Nadie estorbe que entre, donde a Pilatos mi impaciencia pida, contra un traidor justicia. Ay de mi vida! pues contra ella se arma otra evidencia: Cómo así, Ramases, hasta la Audien se entra precipitado tu despecho? Presto verás con cuanta causa lo he he pero qué veo! donde la piedad busco, la traición se esconde. Grande ocasión sin duda le ha movido. Cómo, di, Ramases, te has atrevido a romper el secreto al sitio, en cuyo Real Tribunal, las veces substituyo a Pilatos, por más que en iras luches? No tarde lo sabrás, como me escuches; y tú, anciano, perdona la acción mía, que no entiende el dolor de cortesía. Traidor, cobarde, injusto, infiel, tirano, y en fin Judas. Qué escucho! Pues en vano busco, infamando viles procederes, mayor oprobrio, que decir quien eres. Si a tu amigo llevaste al riesgo que tuviste, como en el riesgo (ay triste!) a tu amigo dejaste? Si no es que a la disculpa tuya baste, el miedo, el susto, y el horror, pues cuando te fuiste huyendo, él se quedó lidiando. Así pagas finezas que le debes? Pero cuando, (ay de mí!) menos aleves corresponden ingratas atenciones? Mas no importa, que yo, si a mis razones atendiendo, no estorbas el exceso con que en Jetusalén le tienen preso, diré, poblando el viento de fatigas, quien solo fuiste tú, quien:: No prosigas, que si yo sé quien eres, no es preciso saberlo todos, y estará indeciso mi valor al mirarme con paciencia. Si lo has dicho por mí, mal a mi ciencia estar oculto pudo; y pues ya veo, que eres, como creí, traidor Hebreo, Judas, a quien busqué, y en fin he hallado, en cuya semejanza equivocado, dudoso estuve al ver este testigo, de ti me he de quejar, Judas, contigo, pues ya el tener es mengua callada tu maldad. Detén la lengua, atrevido Romano, que para obrar tan bárbaro, y villano, no hace ejemplar la queja que os he oído; y para que lo veas, solo os pido el poco rato, que a este rasgo ofrezco. . Yo la infiel paga que me das merezco, pues arriesgué mi vida en tu servicio. Mal con tu voz satisfacer mi juicio espera tu razón. Veraslo ahora: Mujer, cuya altivez mi honor desdora, por serlo te perdono, y esta orden te entrego para abono de cuanto el sejo respetar es justo; ningún Ministro ya contra mi gusto prenderte intentará, pues yo lo mando; y en cuanto a ti, por responder callando; la carta de creencia que traías átomos hacen las crueldades mías, porque testigo no haya que en mi daño apadrine las voces de tu engaño; y así hollando mi planta la cerviz de tu bárbara garganta, ulso de mis brazos, im grimas mojes los pedazos Esto Jove consientes? pero como mis cóleras valientes no satisfacen iras tan sañudas, Judas te agravia, di ahora mal de Judas. El matarte es más fácil. Que me arreste a darte muerte harás. Qué ruido es este? Ese caduco, ya que dio el motivo, podrá decirlo. Qué a mi costa vivo! Alza, Gentil, del suelo. Huir de aquí pretende mi desvelo, pues ya el seguro llevo con que pueda parar el curso a la inconstante rueda; pues si aquí estoy de su ira en el extremo, que diga Judas mi secreto temo. Qué es esto, otra vez digo? Castigar un traidor a un enemigo; y pues me ha dado el puesto tu caricia, culpar no puedes, que haga yo justicia. Pues si justicia hubiera, vivieras tú? Cómo de esa manera hablas en mi presencia? Echadle presto de Palacio; y aún no es castigo esto de tanta demasía; desterrado del Reino salga luego. Si yo estoy injuriado, tú estás ciego; pero aunque tanto estrago me suceda, yo volveré a vengarme, cuando pueda. . Harás bien, si pudieres, y no por eso has de pensar, que alteres mi quietud, pues de amor en tanto extremo, como yo a Judas tenga, nada temo. Saray, ya es imposible el tirar con esta vida. Dices bien: Que haya mujer, que a un mes de estar viuda em- bista al segundo casamiento! Cómo dio Pilatos prisa, fue imposible el dilatarle. Ella hizo una bobería en casarse con un hombre, por quien el refrán avisa. Qué? Que de su pelo, Teuca, ni gato, ni perro. Mira si están cabales las joyas, y vámonos a vestirla, pues ya es hora. Cantaremos? Pues eso preguntas, niña, sabiendo que gusta de eso? Yo me alegro: No eso digas, que cantar una a disgusto, es rabiar en armonía. Qué se ha de hacer? Irdiciendo, pues hizo el diablo que sirva. 4. Para sostener del viento la vaga Región vacía, por cuatro Montes por hombros es nuevo Atlante Sicilia. Que hubiera de ser porfuerza para acrecentar fatigas, quien dio asunto a la cadencia el centro de mis desdichas, y el origen de mis males. A qué, antes del medio día por esta excusada puerta vuelves a casa? No miras, que puede pensar tu esposa, si acechas, qué desconfías? Por si viene, como suele, a esas horas los más días Pilatos a verme (a cuyo fin en la pared contigua a su jardín, otra puerta hizo abrir) entra mi fina amistad a desfrutar el favor de su visita. Tuego no es tu intento ver a Ciborea? Su vista me atormenta. Presto has dado con la boda en la ceniza; pero aguarda, que en aquesta cuadra tienen prevenidas las forzosas zarandajas del recado de hacer lindas; y no es lo peor, que entre ell hay unas joyas. Las mismas son que le di. Advierte, que e la distante melodía de esas voces, dicen, que como a estas horas estila, sale al tocador: mas qué haces? Guardar las joyas. Si aspiras a dar chasco a las criadas, bien haces. Mal imaginas, Lebrón, pues es el tomarlas para no restituirlas: Demás, de que de este engaño quiero ver si se origina desazón, que sea motivo de no hacer con ella vida. A ti mismo, pues es fuerza, que la des otras más ricas, te hurtas la hacienda. Es verdad, mas no por eso me quitan, pensando, que son ajenas, el gusto de hacerlas mías. Sabes lo que digo? Qué? Que apuesto, si se averigua, a qué fueron despenseros tus padres, y tu bendita mana, por tener siempre hecho el hábito a lo que pilla, trae en la uña su pescante Gatuna Genealogía: Mas mi ama sale. Detrás de este cancel te retira, donde lo que has de hacer sepas: En qué has de parar codicia, . si ya no es que tu violencia pare en costarme alma, y vida. Está prevenido todo? Nada de cuanto nos pidas te hará falta. Pues cantad. por si la melancolía, que padezco desde que vivo con judas, se auvia. Qué intentas? Veraslo presto: Déjame, memoria impía, y un rato consuela, en tantos siglos como martirizas. Gilgerillo, que amando deseas la Aurora vecina, cómo no cantas? como no hechí- zas? sin ver, que penas calladas no pueden ser entendidas. 4. Y pues te alientan señas de él día, enamora, suspende, gorjea trina. Es ya hora? Sí. Pues a ellos. Cantaremos más? Si estriba mi alivio en vuestra cadencia, aliviarla es divertirla. Gilguerillo. Ciborea? Mi bien? Judas? Tú en tú misma casa, enmudeciendo cauto el ruido con que la pisas? qué traes? que en tu rostro veo algún pesar? Que así finja mi ama, queriéndole como a un mismo dolor de tripas! Cuando yo tuviera muchos, borrara cualquier fatiga la dicha de verte. Así tengas las muelas. No viva yo ignorante de tu pena. Pues si saberlo codicias, ha jugado, y ha perdido; pero fue a paro, y a pinta, que es juego de gente honrada. Y eso te melancoliza? No vale tu gusto más, que cuanto avará en sus minas la tierra oculta? Yo solo siento, Cibórea mía, el haber de ser preciso, que sobre tus joyas pida dinero con que pagar. So pena de Alicantina. Cuántas tengo, no son tuyas? pues manda sobre ellas mismas, como dueño; y si es que bastan de las que me sirvo, mira, para el desempeño: Teuca, en qué piensas? saca aprisa, sin que ninguna reserves, las que estaban prevenidas para esta tarde. No ha un punto, que entre el cairel, y las cintas dejé el lazo de diamantes, el adrezo de amatistas, los brazaletes de perlas, los broches, y las negritas, sin botones, y collar, chispas, clavos, y sortijas. Agárralas por la cola. Mas no parecen, Caídas sin duda estarán. Así de mis alhajas se cuida? Señora, aquí estaban todas. Aay tan rara picardía! Qué es esto; así de mi hacienda el caudal se desperdicia? Joyas de tanto valor errad amente se fían a criadas? Vive Dios! Yo, Señor:: Señor, yo:: Mira, Judas, que no sin causa, de sus lealtades desconfías: no parecer, no es faltar. Faltar es haber malicia, de que parecer no puedan; y así, porque no en prolijas reprensiones me detenga, antes, que de aquí mis iras se aparten, las joyas vengan, o a la cárcel conducidas, la verdad confiesen. Tú, Judas, sin duda te olvidas, pues de esa suerte las hablas, de que son criadas mías? Tú también, pues de su parte te pones, harás que diga ser cómplice en su traición. Nunca aprensiones más diga nas creí de ti. Ni de ti yo más verdades. S Podías, pues las dudas; no buscarlas. Yo no te busqué, que impía la fortuna, con tu mano hizo mayor mi desdicha. La que perdió en el contrato, fui yo, pues loca, y sin vista, por esposo admití a un hombre; de cuya desconocida ascendencia, no hay más señas, que cóleras, y ignominias, patrimonio, que heredaste de la saña vengativa deel; y pues de una en otra réplica empeñados, quitas la vergüenza de que te hable en plática tan indigna: No has de salirde esta cuadra, sin que primero me digas Patria, vida, y nacimiento. Qué hay que saber de mi vida nacimiento, y patria, mas de lo que la fama grita por mí; pues dice mi fama, que a Iscarior, fecunda Isla, una de las que Calabría Enotrides apellida, el Mar me arrojó furioso, lástima recién nacida, de sus ondas, siendo cuna una enredada cestilla de frágiles mimbres, donde solo una gasa Judia, malrebujada a dobleces, y bien taraceada a listas, el frágil abrigo era de las desnudeces mías; en cuya::: Detén la voz, no prosigas, no prosigas, que cada acento; que formas es un pasmo, que respiras. Oigan lo que lo ha sentido! Saray, yo estoy tamañita. Yo también. Calla, y escucha. Y cuanto ha (a espacio fatigas) que sucedió (qué recelo! el asombro (qué desdicha!) por quién vives? Según tengo el informe, y las noticias, seis lustros habrá. Cayose el Cielo sobre mi vida. Por qué con tantos extremos de escuchar te escandalizas mi origen? Porque según computos, tiempo, y divisa (a hablar no acierto) tú eres:: Acaba. Judas. Prosiga tu horror el acento. Mí::: pero como solicitan la venganza, y el dolor, que sin que muera lo diga? Tú eres Judas, mi hijo; ya lo dije, y ya estremecida la región del pecho a sustos, leve el corazón palpita. Qué has dicho mujer, qué has dicho? Ay es una niñería. Tenca, lo has oído? Sí. Aquí ha de haber gran volina. Elada estatua de nieve soy Ya hace la mortecina esotro también, Qué dudas? yo fui, quien con las premisas de que hijo de perdición a ser estrago nacias de Israel, al Mar te eché; pues tiempo, y señas confirman la verdad. Suspende el labio, que aunes mayor, que imagi la pen Pues yo fui. Suerte enemiga! Quién en el huerto:: Prosigue. Di muerte:: A espacio agonías. A Rubén. Di, que a tu padre; pero no, no, no me lo digas, que cada memoria muerta es otra lástima viva. Ya escampa, y llueven delitos. Tenca, yo estoy aturdida. Vámonos de aquí. Habrá quien en toda la succesiva edad de los tiempos, haya, sino solo mi malicia cometido tales culpas? Sí. Quién? Quién trueque a las sillas los frenos, o al revés haya, matando a su madre misma, casadose con su padre. Pues Judas, démonos prisa al remedio. Qué remedio? Penitencia. Y disciplina. No al Cielo le malogremos la peneza, quebenigna en nuestro castigo ha puesto. Ay, que temo su justicia. Bien haces, si es el temerla el camino de impedirla. A Jesus buscar pretendo. La soledad me convida, Queda en paz. Adiós te queda, Pues como sin mi noticia lloroso, Judas, te partes? Y tú, di, donde caminas, Cibórea, humedeciendo con el llanto lo que pisas? Cuando a veros vengo, hallo tal novedad? qué os obliga a esta acción! Hablad, qué es esto? Ser infeliz; y pues libra en Judas mi voz tu informe, él lo dirá, que la activa llama de mi pecho, busca donde verterse en cenizas. . Nada Pilatos, preguntes, y en tanta ansia, tanta grima, la última fineza deba a tu amor, en que estas ricas preseas vendiendo, y cuanto vistosamente autoriza mi casa, en limosnas gastes, que yo de las maravillas del Nazareno, arrastrado a ser voy en su Milicia vivo retrato de aquella amante oveja perdida. Sin ajustarme la cuenta se va. Tú, Lebrón, descifra esta duda. Mientras tú dispones de la familia, te lo contare; ven. Vamos: Cielos para nunca vista empresa, para algunalto misterio, alguna divina disposición se manejan las mudanzas peregrinas de Judas y Ciborea Oh, no los astros permitan, que mudados desesperen pues amorosos confinan.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Teuca mía, dónde vas? Lebrón, a pedir por Dios. Pues pide para los dos. Y en pidiendo? Partirás. Aquel diablo perdulario, que en casa mi amo dejó, con todo el caudal se alzó. No ves, qué es Testamentario? Mas di, con tantos arapos, qué es de tu vida, Lebrón? Soy pobre capigorron del Colegio de mis trapos: Desde que mi amo salió huyendo de aquella boda, en que fue esposo de toda la madre, que le parió; a pobre me entré de cuenta, y el empobrecer de antaño, me ha valido cada un año dos mil ducados de renta. En saber ser pobre hay mucha dificultad, a mi ver. Pues si quieres aprender, en esto consiste, escucha: La primera carantoña es conservar poco a poco en la nariz mucho mozo, en las manos mucha roña. Síguese el parar la pinta al vestido con troneras, a trapo, y trapo, y terceras, parche en cuarta, y parche en quinta; hablar por boca de fuelle, y traer de día, y de noche una talega por broche, y una ortera junto al muelle. Dos muletas a porfía tray, una fingiendo potra a silla de tronco, y otra a la mano de la guía. Jamás envistas cobarde, y aunque el contrario se entone, si él te dijere perdone, di tú: dice usted, qué aguarde? Con esto, y con ser molesta con los buenos, y los malos, y con no dejar a palos dormir a, nadie la siesta, con un chisme disoluto, causando a todos enojos, con andar sembrando piojos contra las capas de luto, lograrás la feliz treta, para que todo te sobre, de ser por el día pobre, y por la noche pobreta. Deja locuras, y di, qué hay de Judas? Qué ha de haber, metiose al instante a ser, así que me dejó a mí, Discípulo, y Compañero de Jesús, ese que fue buscando el Pueblo, porque con aplauso lisonjero, triunfante en Jerusalén, viniese a entrar, como entró. Testigo de eso soy yo, que todo lo vi muy bien: Mas él viene, de él aquí limosna mi llanto espere. No doy yo por lo que él diere tan solo un maravedí. Enviste tú antes, Lebrón, por ver lo que a tite pasa. Tenca, es mi fortuna escasa. Qué me quieres, corazón? Ya en el mundo deje infiel riquezas, que apetecí, pues si lo mejor perdí, qué tengo, que esperar de él? Discípulo soy amado, (no mucho menos que Juan) de ese a quien el nombre dan del Mesias esperado; pues si tanto beneficio hace su piedad, que goce, dándome a mi entre los doce de Mayordomo el oficio; no es baja acción discurrir, su poca hacienda robar, usurpándome el quitar el mérito de pedir? Claro está, pues ser alcanza la mastraidora injusticia, valerse propia malicia de la ajena confianza. Pues no ha de ser, desde aquí nada he de usurparle ya; mas como hacerlo podrá mi ambición? Quién está Un pobre, que en el tirano mal de su desdicha fuerte, llega a pedir de esta suerte limosna. Perdone, hermano. Présteme tu mano franca (si acaso hubiere lugar) siquiera para comprar un cuarto de pan. No hay blanca. Muy bien despachó Lebrón. Aún no se olvidó el mal trato? No porfíe. Dame un plato a cuenta de mi ración. Qué ración? La que me debes. Pues quién eres? Linda es esa: No conoces a Lebrón, tu criado por más señas? Dónde has estado? Buscando modo de comer a medias. Y le has hallado? Sí. Cómo? Aprendiendo a echar soletas? Qué dice de mí la fama? Eso podrá decir Teuca, que como es mujer, se aplica mas a saber. Tenca, llega, y dime si sabes, donde la infeliz Ciborea, huyendo de mi delito, arrastró su penitencia. La voz que corre, es, qu una de esas apartadas cuevas, que al lado de la Picina superior, junto a la puerta del Real Huerto, estantirando de bocados a la tierra, con un saco por camisa, a quien sirve de abujeta un silicio, que se ataca con erretes de cadenas, hace una vida ejemplar al mundo. Dichosa ella, en cuyo sejo aún ha sido la fragilidad defensa; y infeliz yo, en cuya siempre loca cabilosa idéa hay otra segunda frágil instable naturaleza. Parece que se te olvida (si a mi mal no se me acuerda) la limosna. Qué queréis que os dé, que no sean penas? Idos de aquí. Lebrón, vamos, que una sortija de piedras (que de aquel tiempo pasado reservé en la faltriquera) venderé, si hay quien la compre. Y qué me has de dar? Las nuevas de en cuanto la he despachado. Pues por esa diligencia te daré:: Qué? A los demonios, que te lleven, y no vuelvan. . Ya que hemos quedado solos, ven a cuenta, ven a cuentas, necia, delirante, infame, injusta, traidora idea, Yo al Príncipe de Iscarior di la muerte, y no contenta con una vida la saña vengativa de mi estrella, sin saber que era mi padre, maté a Rubén, porque de esta antecedente malicia fuese injusta consecuencia aquella lasciva, torpe, mal representada scena, en que a un tiempo hijo, y esposo de la incauta Ciborea, estudié los dos papeles de amarla, y de aborrecerla. De estas culpas, y de cuantas en sus monstruosas cabezas se engendraron succesivas, para acreditarse inmensas, pedí perdón: si le pude lograr, dirá la clemencia con que Jesús, mi Maestro, me busca, me ama, me premia, haciéndome, que en la sabia Catedra de sus Escuelas, Discípulo suyo, el arte de su imitación aprenda. Yo he vencido, aunque a pesar de mis altivecessea, al monstruo de la lascivia, al pabón de la soberbia, de la gula a la carcoma, de la envidia a la firena, de la ira al Basilisco; yen fin, porque con mi enmienda no quedase vicio a vida, atenta mi diligencia al carro unció de su triunfo los topos de la pereza: solo (ay de mí!) la avaricia, infiel calentura interna del alma, arraigada siempre as potencias, rdido de vista, en las aguas tersas del desengaño, me han dado los baños de la pobreza. Pero qué discurro, si es tan imposible, que ceda en mí este deseo, como no culparme el que le tenga: y pues no hay remedio al daño, demos rienda, demos rienda al desenfrenado bruto de mi avaricia, que ciega, del yerro del freno labra la persuasión de la espuela. Pero si en tan desvalido estado me hallo, que apenas las mal tratadas sandalías, o se atan, o se remiendan, para llegar a la antigua dicha de mis opulencias, qué puedo hacer? Vende al justo precio, mujer, si deseas, que la sortija te compre. Las voces fueron primeras, que percibí, vende al justo; y aunque accidente parezca la persuasión, estoy tal, que vivo yo, que he de hacerla verdad, entregando al Pueblo la Sangre del justo. Esa es maldad, es injusticia. También es verdad aquella: Cruel, indignada ojeriza de mi vengativa estrella, qué acero entre dos imanes, que pájaro entre dos cuerdas, tan neutral estuvo, como mi pensamiento en aquesta aunño vencida batalla, entre ambición, y conciencia? Pero qué dudo? mi propria ganancia es primero. e que no has de llevarla, A mí, Judiote de la legua, engañisa? No me hagas:: Qué ha de hacer? ay qu pega: justicia de Dios. Qué es eso? Qué tratando de la venta de esa sortija, ha pedido tanto dinero por ella esa mujer, que porque a otro no engañe:: Se queda con ella de balde, mira si es razón, quedando expuesta a haber de meterme a novia. No la vuelvas, no la vuelvas? pues si con necesidad estás, y a tu casa misma viene el bien, fuera locura el arrojarle a otra puerta. Ah buen consejero! Y tú, cansada mujer molesta, vete. Plegue a Dios Judio, que en mal quemadero mueras, pues me has dejado tan pobre, que pudiera ser Poeta. Jamás de quejas cansadas hagas caso! Así aconsejan de Jesús los Compañeros? Y dime, quien con más fuerza en la junta Patriarcal del Senedrín, se confiesa de mi Maestro contrario? Aunque entre los Jueces de ella hay algunos de ese palo, Caisas es el que desea prenderle, y matarle; y yo, que le sirvo desde aquella muerte de mi amo Rubén, le he oído, Judas, diversas veces hablar de ello. Pues si alguna merced intentas hacerme en pago de cuanto te he defendido, la prenda sea el que con él me pongas. Par Dios muy en hora buena Mas si a defenderle vas, Judas, mal recado llevas. Qué engañadamente juzgas! pues a concertar su entrega voy solo, que aunque pedían mas tiempo tales materias, arrojos como este, nunca se ejecutan, si se piensan. Asombro penitente, detén el paso, y a la luz consiente el ocultado bello rostro, entre los eclises del cabello; pues si es preciso, que a la fama crea de tus memorias, tú eres Cibórea. Esa fui en las edades del pecado; mas otra soy desde que me he enmendado; y pues en esa gruta, pardo bostezo a la pereza bruta, muriendo vivo, y lamentando canto, del mundo aleve el lisonjero encanto, no, siguiéndome, alteres su callado silencio. Pues no quieres, que te hable, ni te siga, déjate ver, porque al mirar consiga, del mudado semblante, que contemplo, muertas lecciones de animado ejemplo. Eso no, que ni ver, ni ser mirada consiente mi razón desengañada; ver, porque no se vuelvan mis antojos al antiguo peligro de los ojos; ni ser mirada, porque ajeno acento no me apague la luz del escarmiento, que un desengaño hermoso. Basilisco es mortal tan cauteloso contra el ejemplo ciego, que conquisto, que muere, y mata, viendo, y siendo visto, Pues ya que en la aspereza, que en el Arroyo del Cedrón empieza, te hallé, mujer, acaso, tuerce, tuerce a tu gruta el levepaso, y vete, que no quiero disuadir tu razón. Dime primero, si Judas, si mi hijo; pero ay infiel acuerdo! ay mal prolijo? ay vil memoria! hay flaca resistencia! Penitencia, mortales, penitencia. Raro ejemplo de amado desengaño, borrar el daño, con llorar el daño; pero en qué pienso, infiel hado inconstante; si triste, ausente de mi preso amante, ni con un corto alivio me socorres en tanta pena! Oh qué veloz, que corres, tiempo, para el delito, pues ya en su luminoso sobre escrito se mancha a impulsos de un oscuro velo el pliego azul, que escribe al mundo el Cielo? Ya la venta ajustada con Caisas queda, con que poco, o nada temer la sombra puedo, pues su horror hace espaldas a mi miedo; pero allí ún hombre creo que me mira con alguna intención, y mal mi ira lleva al ver añadir dudas a dudas, conocerele: Mas Teutila? Judas? Feliz quien te ha encontrado, pues de ti confiar quiero un cuidado. Dime, haciendo a tu voz pequeña pausa, en qué estado la causa de Barrabás está? Qué logra, infiero de la projima Pascua del Cordero, el indultro, que a un reo se apercibe. Viva Teutila, pues su dueño vive. Tendrás valor? A todo estoy expuesta. Pues sabe (el ir a pronunciar me cuesta unir para la voz todo el aliento) que a Caisas (qué me quieres, pensamiento! acabó (mal respiro!) de vender (no hay aliento sin sus con informe siniestro, la persona:: De quién? De mi Maestro. De tu Maestro? Sí. No sé qué susto me ha causado la voz! Justo, o injusto, ya queda entre los dos hecha la venta. Y en qué dineros le has vendido? En treinta. A bajo precio has dado de esa suerte su Sangre. Bien reparas; pero advierte: Si el oleo, que María Magdalena al verterle enajena, hubiera cuerda dado a su Maestro amado, en trecientos dineros se vendiera; con que si uno de diez mi rabia fiera le hurta, como las obras lo declaran, de trescientos dineros me tocaran treinta, y por eso en treinta le he vendido; que aunque veo, que más haya valido, como ya hecho tenía el ánimo a esta infiel usura mía el consentido afán de mi ardor necio por lograr la intención, bajó del precio. Y en fin, qué de mí quieres? Que tú seas el que a las asechanzas Fariseas le entregues, y señales, que yo temo sus rayos Celestiales. Pues no es de los Ministros conocido? Sí; mas siendo Jesús tan parecido a Diego, con quien es fuerza que al Huerto vaya esta noche, es necio desacierto, que los Sayones vayan, sin quien dando el ósculo de paz, esté mostrando, que es aquel a quien buscan. Bien reparas; y aunque sus luces claras me deslumbren la vista, ser prometo, quien consiga la acción. De tu discreto valor lo fío todo; y pues dispuesto el modo de la acción tengo, y en partir consiste a la Cena en la casa donde asiste, presto vendré a buscarte. Aquí te aguardo. Ya me parece, corazón, quetardo en lograr la traición, aunque me asusta de injusta venta la venganza justa Si aún yo siendo Gentil la acción extraño. como, ya que una vez se unió al Rebaño, de el que quiere hacer creer, que es el Mesias, esperado en sus raras Profecias, a una acción tan aleve, oh intrépido, o sacrílego se atreve? Ya anocheciendo va; lo que he ofrecido, cumpliré. Den limosna a este tullido, a quien un día se baldó una oreja del mal aire del beso de una vieja: Oh Lebrón! O amígote, o amiguita, dicción con su diprongo hermo frodita. Si quisieras entre tanto, que aquí cierto aviso estoy esperando, un breve rato tener de conversación, te lo estimara. Me place, pues ya sabes tú el amor, Teutila, que te he tenido toda mi vida: Ah ladrón! Siéntate ahí. Siempre traigo mis asentaderas yo. Qué hay de Judas? Es un Santo. Si él supiera su intención! Pero en cuanto a dar limosna, no hay que hablar. Con qué feroz violencia pretende el sueño ahogar la imaginación! Te duermes? Ve prosiguiendo: Si haré; mas por sí, o por no, a estos puertos regoldanos, y a este zóquete ramplón, quiero decir mi atrevido pensamiento: Ya cayo. Cuál ronca! Ni una carreta la iguala. Infernal ardor, pues por Lucifer me toca celar la conversación del Imperio de las sombras, demos traza con que no venda Judas a Jesús; pues sí, como temo, es Dios de Cielo, y Tierra, lo que a mí me estará peor, es que muera, haciendo una universal redención. A quién digo? A esor puerta. Y así toma posesión de este cuerpo, o tu infernal ira mía, porque yo, en él hablando, disuada a Judas la ejecución de la entrega. Aunque no hay duda, que duerme como un lirón, a lo que permite ver de la Luna el resplandor, hace unos gestos, que es plaga! Mujer, engerta en varón, en qué piensas? En mi rabia, mi ira, mi indignación, y en fin; pero no respires tan presto el volcán, furor, que si arrojas todo el fuego, arderá de noche el Sol. Loca se ha vuelto: a Dio juicio. Mas qué haces tú, picaron, aquí? Cómo va esa danza? Pues qué piensas, hablador, que no sé, que son tus plagas fingidas, tu exclamación estudiada, tu ropaje engaño del interior, y que por no trabajar, te has metido a ser bribón? Mujer, pues tanto adivinas eres el diablo? Ese soy. No pararé aquí, ni en cien leguas al rededor. cien leguas al rededor. Si teméis envidias mías, y no con poca razón; que Hijo de Dios verdadero sea este hombre, que llegó del Establo de Belén hasta el Trono de Sion; si para más fuerte prueba, en la cima superior del Pináculo (a quien fue llevado en rapto) venció mis tres veces repetida diabólica tentación; como no estorbas, que Judas le entregue, y:: Mas ya el comvoy de armada gente, con que marcha a lograr su traición, sin duda se acerca: Ahora, astucias. Malco? Señor. Pues de la Cena legal acabada la función, a Jersemanicamina por el oculto verdor de esa selva, con la gente síguele tú, que ya voy tras vosotros. Está bien; pero allí se recató un hombre: Quién va? Tentila. De qué te asustas? yo soy. Un amigo es, no os paréis. Vamos. Mientras me vivió mi amo, creíser Tetrarca, y he parado en ser Sayón. No vienes tú? Antes quisiera, que mirasemos mejor lo que vas a hacer (cautela, prestame tu persuasión) Parece, que no te hallo, Teutila, con el valor, que te dejé, No te espantes, porque es tu resolución enormemente traidora. A buen puerto vine yo. Y así advierte:: Me predicas? Qué es ya desesperación la que emprendes Ese es miedo. Judas, no es si no razón, y si me oyeras, quizá mudaras consejo. Yo? no es posible, Óyeme. Di, mas sea breve la oración. Pues no he perdido la ciencia, esforcémonos, ardor. Aunque no has de lograr nada, pregunta, que atento estoy. Tienes a Jesús por justo? Sí, y aún por eso le doy al Pueblo; porque si áaspiro a hacer mi maldad mayor, a no ser tan bueno él, no fuera tan malo yo. Tiénesle por Dios? También, pues los milagros que obró lo dicen. Pues cómo dud que frustrando tu intención, si le vendes como justo, se liberte cómo Dios? Porque si a padecer viene, lo que desea le doy. Eso es bueno que él lo busque, mas que tú lo alientes, no. Y de aí, qué arguyes? Arguyo, según tu genio es traidor, que has de ser aquel previsto hijo de la perdición. Si está de Dios, no hay remedio. Si ay, pues ser puede en su amor condicional el decreto. Quién tener me permitió avaricia que me ciegue, a querer, pudiera, con querer, hacer que la venza; luego, por qué al ver mi error, ha deculpar el delito, que me puso en la ocasión? Porque aunque por si podía salvarte, quiere su amor, dándote el merecimiento, obligarse al galardón. Yo más galardón no quiero, que venderle. Ah! cuán atroz debe de ser tu delito, pues te le disuado yo. Cuando fueras el demonio, tuviera fuerza menor tu razón, que mi locura. Pues ya que por Jesús no te apartas de tu maldad (aquí la respiración al ir a nombrarla tiembla) apártate de ella, por su Madre. Pues qué la debo? El que por su intercesión te admitiese. Y a qué heroica Comunidad me admitió sino al humilde Congreso de uno, y otro Pescador? El puesto de Mayordomo, para ti no le pidió a su Hijo? Sí, y aún por eso me he de vengar, pues si vio mi avaricia, y me dio el oro, perderme quiso, y yo con perderme cumplo, pues cerca del áspid puso la flor. Ya no te persuado más. Por qué? Porque si la voz de María no te ablanda, de piedra eres, pecador. Claro está, que soy de piedra, y piedra de tan traidor natural, que no responde a ruegos del eslabón; y si de miedo no vienes a darle el ósculo, yo se le daré, que esto, y más, la vez que se resolvio la acción, cabe en este aleve sacrílego corazón, Yo lo creo; pues el hombre, que ciego se despechó, más demonio es que yo mismo; y pues no queda el menor viso a la enmienda de tanta necia desesperación, dejemos el Cuerpo libre de esta Mujer: Ea horror, extremezca igual aviso la pavorosa región del abismo, pues ya llegan las afrentas de Dagón, Bel, Baalín, y Belcebú, Bal, Belial, y Astarot. Yo no he de firmar, Anas, la Sentencia. Pues te expones a que en formadas legiones, como previno Caisás, Pontifice, sea Tiberio, haciendo malla la Toga, quien vengue en la Sinagoga los desprecios del Imperio, después de que hayas perdido de Sion la Presidencia, no firmando la sentencia. Pues ya que a verme has venido del Senado Patriarcal a la Sala, y que esos son los Autos (ay ambición, qué no harás!) de su legal sumaria informarme quiero, viendo los votos, a quien debo seguir. Dices bien; pues pío, ni justiciero obras el día que Juez sentencias, según se ha hallado lo alegado, y lo probado Pues pasa (ya que esta vez ver solo los votos quieres) a este segundo volumen. pues este incluye el resumen de todos los pareceres de las Sinagogas, que Eleázaro pidió, siendo sola la que no firma, que muerte se dé al Nazareno (ay de mí!) la de Toletot, extraña antigua Ciudad de España. Primer voto dice así. Ahora mi razón verás. Pues a todo el Pueblo engaña, bien merece, que su saña le dé muerte. . Bien sentencia. Ay ansias mías! Reo con desconocida causa, no puede la vida perder sin probanza. . Bien discurre, pues no es reo, Pues es alborotador contra su Patria, mejor es desterrarle. . No hay medio en causa tan fea. Como no haber se consiente quién defienda un inocente? Ese Juez es lisonjero. Aunque sea justo, muera, pues a todo el Pueblo altera con sus pláticas. . Que prosigas te suplico. Con que pena un sedicioso castigan? . Eso ignora? Aún no me aplico, ni a absolver, ni a sentenciar. Veamos de qué crimen es ese hombre reo, y después le condenemos. . Es ya muy tarde. A qué fin, ni Repúblicas, ni Reyes ponen leyes, si esasleyes no se observan? . Queda razón de dudar a vista de esta razón? Sí, porque hay contradicción en los votos. He de entrar. Qué es esto Judas, aquel Discípulo, que ha vendido a su Maestro, atrevido hasta aquí se ha entrado. Infiel sacrílego vulgo, advierte la satisfacción que doy a la culpa, de que soy quien le da a Jesús la muerte. Dónde vas de esa manera? A hacer dentro del Senado penitencia del pecado que cometí; y pues no espera perdón mi culpa, tomad, arrojado de mi mano, ese dinero inhumano, motivo de mi maldad. Yo fui, yo fui el delincuente mayor que en el mundo ha habi- pues sacrílego he vendido, (do, la Sangre del Inocente. Miraraslo antes del susto que te causa. Pueblo infiel, pequé, entregando a Israel, tan injustamente al justo. . Oye, espera. No su acción te ofusque: Resuelve, presto, mandando; que muera puesto entre uno, y otro Ladrón; pues ya libre Barrabás, de la Pascua del Cordero logro el indulto, que fiero a él le negó el Pueblo. Hay más confusiones! Mas si estoy del César amenazado, por no verme despojado, he de firmar, si bien doy la disculpa, de que en esta maldad no he tenido parte. No esbastante a disculparte, Pilatos, esa propuesta. Pues si esa no basta, baste, que lavar mis manos quiero. Tu conciencia es lo primero. En fin, Pilatos, sirmaste? Sí; y a no oír el rumor de su muerte me retiro Logrado mi intento miro. Muriendo voy de dolor! . Aunque tuve a mi ven- ganza tan suspendido el impulso, creyendo que Judas fuese, como dijo el Pueblo, justo; el día que tan enorme delito ejecutó, argugo cuan vanas fueron las nuevas que dio de su vida el vulgo; y así, no olvidando aquel pasado despecho suyo, de mi Príncipe la muerte, y el oprobio en que me puso, la acción de ultrajar mí siempre valiente gentil orgullo. le he de dar la muerte; y pues tan buena acasión me trujo a la maño la fortuna, (el día que ese concurso Popular huyendo, es fuerza, que a la habitación que tuvo en Bethanía, salga) ahora lograr mi intención procuro: disimúleme el verdor de esta Selva, Aleve, injusto cañamo tenaz, en cuya cuerda aprisionado estuvo mi valor, sal arrojado a ser en el bosque inculto áspid torcido del torno, para avenar sus frutos; y pues condenado a muerte, conseguir logré el indulto de la Pascua, y a esta amena florida soledad huyo, porque de Dimas, y Gestas, compañeros en mis hurtos no quiero ver él castigo, mientras a Teútila busco, para pagarla en cariños, lo que la debí en influjos: A Judas busquemos, iras, para darle muerte, en justo castigo de que cobarde, siendo el delito tan suyo, en manos de la justicia me dejase: Mas ya el vulgo (si el ronco clamor del triste funesto parche confuso no me engaña) al inocente reo, desde el centro oscuro de la Torre de Estratón. donde aprisionado estuvo, por la Puerta judiciaria, costeando la senda al Muro, hasta la neblosa Torre conduce al bárbaro injusto suplicio, que en la cerviz del Gólgota se dispuso: Retirarme quiero, no haga reparo en mi disimulo quien aquí me viere. A causa de mis infortunios, déjame ya. Judas, hijo, no desesperes del Sumo Divino Amor. Ya no tengo, mujer, que esperar refugio. Si tienes, que a cualquier hor- hallaras piedad, No busco ya piedad, si no justicia. Tu madre soy, y procuro tu arrepentimiento. Oh antes que a ver las luces del mundo me arrojases, compusieses de mi cuna mi sepulcro. Haz penitencia. Si haré; y pues este cordel trujo a mis manos el acaso, instrumento ha de ser rudo de ella. Sebrenatural penitencia es la queb no la natural, porque esa cualquier racional la tuvo. No me mates, no me ahogues: Mas hay que de aquí descubro el monte, en cuya cimera es tosco penacho adusto aquel tronco, a quien ya veo con vislumbres de purpúreo. No miras por sus cortezas correr caliente a diluvios sangre viva, fecundando los retoños de sus nudos? Y aún eso te alienta, pues quien por ti muere, dispuso. para que abraces el Árbol, ponerte delante el fruto. No ves, que la tierra se abre en bocas? Sí; y aún arguyo, que te busca penitente, quien te retrata caduco, Habrá más peligros! Sí, que pues logré, estando oculto, haberte visto, con darte irritada muerte cumplo. No le mates, porque importa muchos siglos un minuto. No le detengas. Mujer, como no ves, que es tu impulso flaca defensa? Qué importa, si cuando distante pudo ver mi valor lo que intentas, le defiendo de tu orgullo, para darle muerte yo. Hebreo, el empeño tuyo no será ofensa. Si lo es, o no, Gentil, yo no arguyo; pues solo sé, que yo tengo de vengarme antes. Ni uno, ni otro lo lograréis; pues valido entre tantos sustos, de vuestra disputa, yo me matare; porque el mundo vea ya, que el cordel llevo, que mi destino me puso, el delito en el Manzano, y la pena en el Sauco. . Seguirele, aunque según lo ligero de su curso, en vano pienso alcanzarle. Y yo, que en su muerte fundo mi desempeño. Esto es querer, anciano caduco, que en ti se quiebre mi enojo. Aún tengo, joven el pulso para castigarte. Habrá quien me diga de un perjuro Judillas, de mala mano, ojo verde, y pelo rubio, para darle mil patadas? mas qué es esto? Triste luto el Cielo se viste. El Aire a torbellinos sañudos, en culebrinas de fuego, dispara vívoras de humo. Habrá quien me donde se ha ido A los profundos. Qué universal parasismo es este, en cuyo difuso negro horror, es lo viviente imagen de lo difunto? Ira de Dios, que los muertos se levantan. En los rudos peñascos hacen los truenos otro estrépito segundo. Barrabas? Lebrón? Teutila? Tenca, si no engaña el bulto, el que está ahorcado de un árbol. patitieso, y cejijunto, es Judas. Nunca esperaron sus continuados absurdos otro fin. Para matarle, quisiera mi ardor sañudo verle vivo. Mas que luego dicen, que cura el Sauco las secas de la garganta? Él no era pelí rubio? pues qué podía hacer bueno? Mas pues al infierno juntos van cuerpo, y alma, buen viaje. Dar cuenta de igual insulto es fuerza al Imperio, para que venga a vengar su orgullo los desagravios de Cristo. Tomando otro nuevo rumbo de Jerusalén salgamos, Teutila. No temo al mundo contigo. Ni yo, que vuelvo (aunque padezca infortunios) a la Vandolina. Y ahora, o generoso Concurso, pone la pluma postrada a vuestras plantas sus puntos.