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Texto digital de Juan Sánchez de Talavera

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Atribución tradicional
Juan Bautista Diamante
Atribución estilometría
Juan Bautista Diamante Probable
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Juan Sánchez de Talavera. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/juan-sanchez-de-talavera.

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JUAN SÁNCHEZ DE TALAVERA

JORNADA PRIMERA

Rast. Ase recogido Juan? No Señor, que es muy temprano: y tu ahora te recojes? Yo ando en diferentes pasos; a nadie, Sancho, ocasiono: y a ese báculo arrimado, tan seguro ando de noche como de día: mis años respetan ahora aquellos que mi valor respetaron. Cuchilladas. Pues qué importa? Todos sois pocos. Villano, pagarás tu atrevimiento. Ahora lo verás, Hidalgo. Conoces a este que hablo? Si Señor. Quién es? Mi amo. Es un mendrugo. Por qué? Porque el tiempo que los labios se ocupan cuando se riñe, están ociosas las manos: pero alcánzame la espada y el broquel, que están colgados a mi cabecera, mientras abro la puerta: volando. Ya voy. . Plegue a Dios Juan Sanchez, que al cabo de tantos años no os vuelva el amor de un hijo a la edad de los muchachos. , n Señor, buscándote vengo. Pues ya, hijo, me has hallado; mas qué vida es esta, Juan? No te he menester airado, sino atento. Atento? Sí. Ya tienes aquí los trastos. , l A buen tiempo los traías. No los ha traído a malo. Según eso, en este lance mucho que hacer has dejado. Para eso, Señor, te busco. Pues, Juan, no nos detengamos. Óyeme primero. Da la ocasión de hablar despacio? Si Señor. Pues habla, hijo, que ya te estoy escuchando. Óyeme, no como padre, ni como a mi; suspendamos las deudas de padre y hijo por este pequeño espacio. En Escalona nací, y en la esfera de hombre llano; crieme (por excusar episodios dilatados) hasta la edad de tres lustros, en aquellos ordinarios ejercicios que permite la curia de pocos años: bien que labrador, no como labrador, ni como hidalgo, sino en una medianía para no ser mur murado. Entre otras muchas pendencias que tuve, por ser del caso de una haré mención, que fue con el valiente Luis Bravo, Muestro de armas, Extremeño, que a Escalona vino ufano; vile un día alicionar a unos mancebos hidalgos, y noté que a uno le dijo (llegándole con la mano la zapatilla a su pecho) desde ahí soy alcanzado, y yo no alcanzo; a que yo dijes; si no tiende el brazo, como ha de alcanzar, Señor Maestro? y es caso llano que le tenía encogido: sintiolo el Muestro tanto, que me dijo no se qué; respondile, y esperando a que saliese a la calle, (porque allí no me dejaron saque la espada, y sacola; pero en muy pequeño plazo, dos estocadas de puño le dijeron a Luis Bravo, que para si no sabia lo que quería enseñarnos: vio este suceso una dama; y esta vióndome cercado de la justicia (que toda al ruido había llegado y que al umbral de su puerta me cercaban mis contratios, notó que cerrada estaba, y compasiva dejando la ventana, desde donde mi riesgo estaba mirando, abrió un postigo en que yo con la espada forcejeando estaba; y volviendo a echar el golpe, a un tiempo quedamos, yo seguro del peligro, y mis opuestos burlados. No paró aquí la hidalguía de Laura; poco avisado dije el nombre; mas no importa, si ha de ser forzoso tanto, que después hayas de oírle, que le oigas anticipado. Cóbreme, y mirando a quien debía tan noble amparo, vi que era un Sol, que era un Cielo un peregrino milagro; viéndome Laura sin voz, y creyendo que desmayo era, no amor, mi silencio, tomándome de la mano me guió a un huerto florido, que al verle, prodigio tanto perfumó el aire de aromas en reverente holocausto, que no reservo fragancia de cuantas le debió al Mayo. Por él a un falso postigo me acercó, y antes mirando la calle a donde salía, me dijo: Poneos en salvo por aquí, y creed que siento que no esté en casa mi hermano, para que de él asistido fueráis más asegurado: la Iglesia hallaréis muy cerca; pero mirad que os encargo, que en llegando a ella me deis aviso de haber llegado; porque quedo: y dejó aquí los acentos destroncados; aunque según las finezas de después, no temerario fue mi juicio, en presumir que iba a decir, con cuidado. Paso el discurso prolijo aquí de aquel tiempo largo; que su amor tarda en decir una mujer de recato, noble y discreta; y también por poco importante, paso el que no tardé en librarme de la muerte de Luis Bravo, (merced que debí al gran Duque de Escalona, que empeñado en mi libertad, mostro cuanto ampara a sus vasallos.) y voy a que cuando Laura, y yo, a la gloria llegamos en nuestros tiernos amores de creernos asegurados; de Flandes, lleno de plumas, de trofeos y de aplausos volvió el Capitán Centellas a Escalona, y reparando en la hermosura de Laura, quedó de ella aprisionado con tanta fuerza:- (no culpo su elección, si no mis hados que con amor impaciente se la pidió a Don Fernando por esposa a pocos días; que este es de Laura el hermano: oyó Don Fernando bien la proposición; y dando noticia de ella a su hermana, dejó al Capitán colmado de esperanzas, cuyo aviso (que nunca tardan los malos) llegó a mí tan brevemente, de Laura no recatado, que entre su dolor y el mío casi no se vio intérbalo: resolvimos finalmente (después de rodeos varios) que yo a Laura le pidiese a su hermano. Apresurado llegué poco ha, y de un corrillo a Don Fernando apartando, en que acompañado estaba de otros dos, o tres hidalgos, no muy lejos de los otros, que cuanto ser escuchados mis acentos no pudiesen, le dije con tono bajo; Señor Don Fernando, yo quisiera que mis pasados hubieran sido muy nobles, por llegar sin embarazo pues en mí no hallará otro mas de el de ser hombre llano) a mereceros la dicha de poder llamarme esclavo de vuestra hermana; mas como esto no ha estado en mi mano, sino en la de la fortuna, y yo a honrarme esté obligado en lo posible, os suplico: y él mis acentos cortando, me dijo: ya yo os entiendo, y os perdono el desacato presumido, de atreveros a logro tan soberano; porque no se sepa nunca que a mis oídos llegaron acentos tan indecentes sin que vuelvan castigados; merecéis a Laura vos? cuanto a ella es caso llano respondí fuera de mí) que no la merezco; y cuanto a vos, distinta respuesta llevar había pensado; pues si da el valor nobleza, en nobleza os aventajo, cuanto en mérito ella a mí: mientes (me dijo) villano; dile un bofetón; no aquí entra la duda que traigo: la extrañeza que previne; el temor con que contrasto; aquí pido no te inquietes porque aun no ha llegado el caso del lance a que te prevengo que este fuera poco extraño; porque él darle el golpe yo, y decir el recio y claro, toma, fue tan uno todo, que aún mismo tiempo sonaron en mi oído sus palabras, y en su mejilla mi mano. Fieros nos acometimos, y poniéndose a su lado sus camaradas, dijo uno, (que a saber cual fue no alcanzo mátale, no dejes vivo a un hombre que has agraviado, Don Fernando: no hice aprecio entonces del engañado dictamen de aquel, y solo de defenderme tratando, de entre todos me salí, pero con tan lento paso, y tan firme el rostro siempre, que quedo por mío el campo. El suceso es este, de él nada quito, nada añado a la verdad; mira ahora de tu experiencia enseñado, de tu valor asistido, y de mi duda informado, lo que debo hacer; y no como padre, pues no en vano te previne me aconsejes: depón el cariño, en cuanto al riesgo que en mi presumas, y la pasión olvidando, no al precipicio te arrojes tan poco desenfrenado; consúltate a ti contigo, advirtiendo que este caso, no le quiero errar por mí, ni acertarle, reparando en que lo que determines verás de mi ejecutado: ya sea esperar valiente, ya acometer temerario, ya precipitarme altivo, ya suspenderme templado, que a dejar estoy resuelto (ya muriendo o ya matando sin escrúpulo mi honor y mi vida sin reparo. Oiga el diablo del embuste: ahora de entenderlo acabo, que llevó el Sopapo, y dijo toma el que llevó el Sopapo? ya estoy en el punto. Hijo, aunque atento te he escuchado, tanto que acento ninguno he perdido de tus labios, has tanto que discurrir en el lance que has contado, que resolverse de prisa fuera querer no acertarlo; y así es bien que entre los dos memoria otra vez hagamos de todas las circunstancias que en el suceso pasaron, para que advertidos de ellas, pasemos: pero han llamado? . Si Señor. Mira quién es por esa ventana, Sancho. Abrán aquí a la justicia. Ya no hay para que mirarlo; el Corregidor. Qué haremos? Lo que importa en todo caso es, que no te prendan, hijo, que será atarte las manos; y a toda ley, desde afuera no son los pleitos tan largos. Bien dices; Saucho, abre tú, que yo resuelto y osado por entre todos saldré. No abras, que no es acertado añadirte otro delito mientras puedes excusarlo: y supuesto que el suceso porque te vienen buscando está ya póblico, hijo, no hay si no ponerte en salvo. Pues por dónde? Abrán aquí. Ya escampa, y llovían guijarros. Hechad las puertas al suelo. Por este postigo falso, . . que a casa de Serafina, tu prima pasa, quitando , qu - este trillo que aquí puso la advertencia y no el acaso, a otra calle salir puedes: y vaya contigo Saucho, paraque me, avise adonde quedas; aprisa muchacho: ahl sí; toma este broquel, que es un amigo callado, y no te dejará, mientras tú no le dejares. Vamos aprisa. No te detengas. Ay Laura! por desdichado te he perdido. Serafina sino ve por donde entramos, pensará que son ladrones, y ha de alborotar! el barrio. . 2 A tapar vuelvo la puerta, capa y sombrero dejando sobre esta silla, porque piensen que estaba acostado; mas la espada tomaré resuelto, porque si acaso el postigo descubrieren, no han de entrar por él, en tanto que lugar no haya tenido Juan para ponerse en salvo. Acabad de derribar esa puerta. Ya yo la abro; no hay para que derribarla: por saber quien sin reparo con tanto ruido alborota la casa de un hombre honrado; tan olvidado de mí que no se acuerde de cuanto sabe mi valor hacer mis umbrales respetados. Yo soy Juan Sancha. Vos sois? perdonad el desacato de recibiros así; y también lo que he tardado en abrir, porque ya estaba recogido; pero extraño Señor Corregidor, veros en mi casa, acompañado. de tantos ministros. Vengo a vuestro hijo buscando. A Juánico? pues por qué? No sabéis lo que ha pasado? Yo como puedo saberlo, recogido y acostado? qué fue? De otro lo sabréis, que yo no pretendo daros mas disgusto que prenderle; y creed que me ha pesado de venir::- (porque os estimo a esto: tiempo no perdamos, y llamadle. No se yo si estará en casa el muchacho, porque ahor a ha anochecido; mas por si o por no, le llamo: Juan Sanchez de Talavera? pues que no responde, es llano que no ha venido. Mirad bien toda la casa. Franco:- como no lleguéis al trillo) . tenéis, Señores, el paso; tomad una de esas luces, y atadle de pies y manos si le hallaréis; no se os suelte, que es mal acondicionado. 1. Ya lo sabemos. . Por eso lo digo, entrar con cuidado; si aquí lo hubieran de hallar hubieran ellos entrado? y que poco? pero al trillo le agradezco en este caso no perderme. ; Porque estáis aún con la espada en la mano, Juan Sanchez? De dónde estaba la descolgué, imaginando que la hubiese menester; y como ha tiempo tan largo que no la uso; receloso de que se me olvide acaso, de la mano no la dejo para volverla a su clavo. 1. No hay nadie en toda la casa. Que presto que la han mirado: estos no tentan gana de hallarle, y yo no me espanto, que no era hallarle seguro. Está todo registrado? 1. Si Señor. Adiós Juan Sanchez., Guardeos Dios. Cerrad y vamos, que esta noche he de prenderle, pues donde hallarle he pensado. . No prenderéis, si yo puedo; y así la puerta cerrando, y apartando el trillo, voy a saber si se ha escapado, pues su prima lo sabrá; porque me dio este recato del Corregidor, no poco que pensar, en el pasado suceso; mas no acerquemos con los temores los daños. . Sosiégate. Ay Serafina! que vengo fuera de mí. Pues qué ha sucedido, di? No lo se; pero adivina el alma un mal muy tirano. Padecer por presunción no es razón. La prevención que he visto hacer a mi hermano, presunción no puede ser; que fueron de sus enojos mis oídos y mis ojos, testigos; y así a saber vengo, pues de lo que pasa nada ignoras en mi amor. Gente hay aquí y luz, Señor; que grandísima es la casa. Aguarda, que no salir forzoso, Sancho será, hasta que se vayan. Ya se deben de despedir. Enviarás como te digo, algún criado a saber: Laura es. Y la otra mujer, Iuesilla, y yo testigo. Qué será esto? Porque así menos mi susto será, si tu primo en casa está. No, Laura, que estoy aquí. Pues cómo? Tú? Mi noticia os sacará del cuidado, sabiendo que aquí he llegado huyendo de la justicia, por una puerta que abrió mi padre, que oculta pasa desde la mía a tu casa; secreto que hoy supe yo. Y que si quiere decillo, porque lo sabe muy bien, nadie puede como::- Quién? Mi compadre Pedro Trillo; Y puesto que sabéis ya como y porque aquí llegué, sepa yo ahora porque Laura aquí a esta hora está? La justicia te buscó? Sí, Laura. Vive mi hermano? Si vive. No es tan tirano, el mal, como temí yo. Pues qué temiste? La muerte de uno de los dos, y así vine aquí a saber de ti; y pues vivo llego a verte, y vivo llego a entender que está mi hermano, a olvidan vuelvo a mi casa el pesar que aquí me pudo traer. Cuál ha sido el fundamendo que a ese temor te obligó? Decirme mi hermano: yo por ti, Laura, me he perdido; y verle que reparado de armas, prestas las acciones, titubeando en las razones, con paso desconcertado, de casa volvió a salir. Creer le hizo a mi temor que obligado de su honor iba a matar, o a morir. Contra mí el enojo fue de tu hermano, y con razón. Ay de mí!; pues que ocasión le diste? Solo diré por lo que te estimo yo, que a tu hermano te pedí; que se ofendió, y que de aquí la causa, Laura, nació; conque ya podrá Centellas feliz tu mano lograr. Qué es lo que oye mi pesar? A qué aguardan mis quererlas? Pues sugún del lance arguyo, igual desdoro sería en ti aspirar a ser mía, que en mi anhelar a ser tuyo: no estoy bien en tu presencia, pues te miro con temor, y así añado a mi dolor el tormento de la ausencia. . Qué le pasó con mi hermano? Lance fue de tomo y lomo con cinco testigos, como los deditos de la mano. Dilo, acaba bestia. Hermana a mi amo siguiendo voy, mas lo que yo callo hor artos lo dirán mañana. Muerta estoy; ay Serafina! El mal debe de ser grave. Yo le tengo de saber por no morir de dudarle. Hay traidor Centellas! Ven Inés. De quién informarte podrás a esta hora? No sé. De los vecinos que saben lo que pasa, y mucho más. Y si acaso te encontrase tu hermano en la calle, Laura? Perdido una vez mi amante, ya no le queda a mi vida peligros en que repare. Adiós, Señora. . Centellas ha pretendido casarse con Laura? válgame el Cielo! Espérate, y sabré antes si se ha ido la visita. Qué visita? aquí no hay nadie. Qué es esto? Yo soy, que hallando una novedad tan grande, como ver que hay en tu casa quien el paso me embarace, vine con una, y es fuerza volver con dos novedades. No saber la casa bien, y haberme apagado el aire la luz, detener me ha hecho; pero aquí está:- (y no es Juan San chez un hombre con Serafina. Disimulemos, pesares: con novedad a mi casa Señor Don Pedro? Y bien grande. Bien grande? Sí, Serafina. Qué más ha de declararse? sin duda en su casamiento atrevido viene a hablarme; mas no adivinemos, penas: decidla. Muy familiares son estas palabras; quiero::- (pues que estor aquí no saben) oír la conversación; porque dejar de importarme no puede, habiendo quedado por denda en lugar de padre de Serafina; que Juan ya habrá salido a la calle. En qué os suspendéis? No pienses que es, Seráfina, muy fácil que un hombre noble se atreva sin que el dolor le embarace: no pienses (vuelva a decir mi pena) que se hallan frases para que un amante diga (bien que desdichado amante a su dama cara a cara::- Su dama dijo? escucharle resuelvo hasta el fin, que ya estar aquí es importante. Que otro la quiere, y no solo la quiere, si no que la hace (sin que resistirlo pueda) de su amor tercero infame; mas ya sin querer decirlo lo dije, que los pesares los éxplica el sentimiento aunque la atención los calle. Cuanto al Duque de Escalona debo, por mi mal lo sabes; sabes que sor su vasallo; pues ahora (ay infeliz!) sabe que a tu belleza rendido y de tu hermosura amante:- Prosguid. Se hiela el labio. No tiene para que elarse. Pienso que no oyes con gusto. No os detengáis; adelante, que mi respuesta es de quien vuestra duda ha de informarse. Rendido el Duque a tus ojos, buscando de quien fiarse para que su amor te diga, quiso mi estrella inconstante, que a mí me hallase; mas cuando la senda erraron los males! declarose finalmente conmigo, y viendo que tarde era, para que el aviso de mi amor le reportase, pues una vez declarado en nuestras desigualdades, advertirle de mi amor fuera antes precipitarle, que templarle, pues los celos son del amor acicates; aquel tormento a lo menos quise a mi vida quitarle, ya que te ame, de que sepa que en ofensa mía te ame. Mándome en fin, que esta noche, sin que excusas me bastasen que otras veces me valieron, te díjese de su parte que te adora: y yo lo digo sin alma, por disculparme contigo y conmigo, pues no puede ofender a nadie voz que arroja la violencia por los labios de un cadáver. En que te adoro, no hay duda, y en que es preciso olvidarte tampoco la hay, pues que sería faltar al Duque, y faltarme a mí, pues se fía de mí, proseguir en adorarte. La obligación que te debo no hay para que la declares, pues no niego Serafina, por más que el dolor lo mande, la palabra que te di antes de partir a Flandes. Tu esposo fuera yo si este accidente no cortase el paso a mis esperanzas; pero pues esto no cabe, lo que al Duque he de decir me di, sin que aquí repares mas de que soy un criado que a ti viene de su parte. Señor Don Pedro Centellas:- Ya al menos no ha de casarse con Laura este Caballero; pero quiero reportarme, y oír un poco más. Bien juzgaréis, que pudo darme vuestra embajada cuidado; pues no, (aunque le tengo grande) nace de saber que el Duque me quiere, como quien antes de vuestra noticia pudo de sus ojos informarse: quien estaba aquí conmigo, muy poco antes que llegaséis era Laura. Quién es Laura? Pues lo ignoráis, declararme fuerza será un poco más: (quién vio traición semejante!) . Laura es aquella Señora, con quien trata de casarse Vuesamercad, que esta noche de esto he podido informarme; pero vuelvo a la respuesta del Duque, porque no ataje lo que casi nada importa, a lo que es tan importante. Esa daré yo por ti, que no quiero que te falte la atención de responder cortés a un hombre tan grande, ni que su grandeza ofendas, creyendo que satisfaces a otros: y puesto que yo he oído bien el mensaje, y me toca responder, quiero, sobrina, sacarte de este cuidado ahora, y luego de los que de el resultaren. Señor, pues como tú aquí? No se lo que en este lance . haga; pero portareme sigún él me aconsejare. Quién diblos trajo aquí al viejo? . Si me oíste, que repares te suplico:: Serafina, en esta especie de males bien se que son provechosas las medicinas suaves; curar el achaque quiero, y no empeorar el achaque: y así al Duque mi Señor, decid que dice Juan Sanchez de Talavera, no el mozo, (pues si mozo os escúchase, para vos no hubiera sido la respuesta tan suave) sino el viejo, que su hacienda, y su vida, y cuanto vale, a sus pies lo rinde todo; pero el honor no que es parte del alma, y no de la vida, y no es vasallo de nadie; y así, que la bizarría de sus afectos amantes, honrándome como a todos sus vasallos honrar sabe, de al olvido por si propio: y si acaso os replicare (que de su juicio lo dudo que el amor hace igualdades, (pues no fuera la primera vez, que milagros tan grandes la ceguedad hubiera hecho decid, que tan poco cabe; porque a Seráfina tengo casada. Qué oigo, pesares! Qué escucho, dichas! con quién? Con quién? pues lo preguntasteis, con quien no la merecía es forzoso que la case. Quién es? Don Pedro Centellas. Pues hay otro que se llame como yo? No sé. Pues cómo? Cómo porque no os espante Señor Don Pedro, sois vos quien con ella ha de casarse. Yo? Sí, vos; yo no os obligo a que la deis al instante la mano, porque no quiero que piensen que me obligasteis a poneros con violencia en logro que tanto vale: y pues no ignoráis la deuda, y que oí lo que aquí hablasteis, sin violencia, como dije, (pues las violencias no caben) con todos sus requisitos la boda ha de celebrarse, en sabiendo que está el Duque desengañado; pues antes no fuera razón meteros en un peligro tan grande: mas para este fin, Don Pedro, la palabra habéis de darme que a Seráfina la disteis, que esto para mi es bastante. Mucho aprieta este testigo . ; Cómo he de poder negarme delante de Serafina . sin que a su estimación salte, aunque mi riesgo desprecie a lo que me persuade? mas cómo adorando a Laura? pero pues camino me abre él, con el inconveniente de el Duque, no siendo fácil que el Duque deje su intento, en el puedo asegurarme, que otra palabra no es mucha paga de deuda tan grande. Lo que tarda en responder. Mi muerte o mi vida aguarde de su respuesta. Sí dice nones, eerrada la hace, que el viejo es un satanas. No juzguéis, Señor Juan Sanchez, que tardar en responderos en mí de tibieza nace, sino de temor que el Duque::- Eso nada os embarace, que como lo que yo os dije le respondáis, lo restante tomo yo por cuenta mía fiado en que más su sangre le obligue, que su cariño, que es un Príncipe mui grande. Pues como el Duque en su amor cese, y en tanto no pase a escándalo su porfía, yo::- Ved lo que decís, antes de decirlo. Os doy palabra:- A mí? A vos, de declararme esposo de Serafina. Acabáronse mis males. Boda en casa? Respondisteis lo que podía esperarse; recojete, Serafina: y vos de aquellos umbrales os despedid, hasta el tiempo que sin que os lo note nadie los podáis pisar. No es eso . lo que más falta me hace; mucho mejor se ha dispuesto, que yo lo pensé este lance::- Qué dichosa es la pendencia . que se acaba bien sin sangre. Pues la palabra no importa. Pues si oí no quiso arrresgase, tampoco querrá otro día. El Cielo, Señora, os guarde. Guardeos Dios. Salió tu primo? Si Señor, Voy a buscarle; vamos Señor Capitán, que en dejándoos en la calle tengo que hacer. Pocas cosas hay, que tanto desease como salir de aquí. Mira, porque otra vez no te hable en este suceso, cuanto tu honor y el mío arriesgaste; pues hor perdidos se vieran si yo naciera cobarde: no sepa nada tu primo: y a Dios, que se me hace tarde. Has de volver por aquí? Muy bien puedes acostarte, que aunque he cerrado mi puerta traigo conmigo la llave. 2. Lindamente se ha dispuesto. Ven, Luisa, que asegurarme debo de mi tío tantas veo las dificultades, que de sobresaltos llena, no cesan de atormentarme. Por no ser reconocido de unos hombres he dejado la calle, donde he esperando a Centellas prevenido, de que si me conocieran en el sitio que dejé, fuera fácil cosa que ser el motivo creyeran Seráfina, del cuidado que pretendo recatar: y así vengo a dar lugar de que se hayan ausentado: que una labradora deba a mi ser tanta atención! pero es de su perfección, y de mi fineza prueba. Andemos, que llega ya. Que nos haya conocido, por imposible he tenido. Ahora nos conocera. No hará tal, que aquí hay un hombre, y para no ser seguida de él me valdré prevenida: Caballero? Bien mi nombre sabéis; decid,; que queréis que de esta suerte llamáis? Pues el serlo aquí mostráis, os suplico me ocultéis, por noble y por ser mujer, que me importa honor y vida, no ser aquí conocida de aquellos hombres, que a ver se alcanzan. Vida y honor? Y aún más, si más se aventura. Pues id, Señora, segura. El Cielo os guarde, Señor. Quién será? Este, Inés mía, es el Duque. Ya, Señora, sobre estar solo a esta hora el buen olor lo decía: válgate el diablo el hermano, que te hubimos de encontrar. . 2 Ahora entra el considerar que si hablo, es caso llano que me hayan de conocer estos hombres, y si son los que yo vi, la intención han logrado de saber lo que pretendí ocultar. Mas dejo de discurrir pues llegan, que con reñir. puedo excusarme de hablar. 1. Ya van muy lejos. Seguirlas hasta alcanzarlas resuelvo. 2.. Qué os importa Don Fernando seguirlas con tanto empeño? Mucho me puede importar si son Don Luis, las que pienso. 2. Vamos; pero aquí hay un hombre:- Ya esto no tiene remedio, y la calle es algo ancha; más cumpla con lo que debo, y venga lo que viniere. 1. Que sin hablar, puesto en medio de la calle, da a entender que no quiere que pasemos. Buena pretensión sería, y a buen tiempo; Caballero, yo he de pasar por ahí; respondéis con el acero? Juan Sanchez debe de ser pues tan valiente le veo) que por ocultarse no habla; muera el que el honor me ha muerto. Muchos son; pero no importa. Ya lo que buscando vengo hallé: ea amigos, muera. Tropecé válgame el Cielo! No se levante, matadle. Buscando: pero qué veo? a un hombre solo maltratan muchos: sin hablar resuelvo para no ser conocido favorecerle. A buen tiempo este socorro llegó. Reñir con tanto silencio, gente honrada significa; pero al lado de los menos me pone mi obligación. Hacia aquí se oye el estruendo, seguidme. El Corregidor es el que habló, y con extremo sentiré que me conozca. Un poco más apretemos, Hidalgos, antes que lleguen, y acabaremos más presto. Esta voz me da cuidado; solo a mí puede el recelo de la justicia ausentarme. . 3. De las armas el estruendo hacia esta parte nos guía. Aún que a saber a quien debo la vida, me detuviera, pudiendo después saberlo por no aventurarme a que aquí me hallen descompuesto, guardo para otra ocasión mi justo agradecimiento. z Fuese uno, y quedó otro. El uno se fue ya; pero el que llegó se está aquí. Pues dejarle yo en el riesgo puesto una vez a su lado, ni será razón, ni quiero. Dejar a quien yo valí en el peligro, no puedo, ni quiero. Pero así sea. Pero sea así. Cabullero? Caballero? Hijo, Juan Sanchez Señor? Pues qué ha sido esto? Valer a un hombre de bien; y esotro que fue? Lo mismo casi;y sabes ya quién es? No. Qué poco importa creo como se haga el beneficio, no saber a quien se ha hecho: pero no nos detengamos. Aquí que anda el diablo suelto; mi amo debe de andar. Sin duda alguna por yerro mi capa se lleva el hombre, que allí: . No importa eso, que esa no será mur mala. Hacia aquí tiene un remiendo. Tampoco importa. Mis dos amos son los que oigo: presto, que el Corregidor se acerca, seguido de todo el pueblo. Volvió ya Laura a su casa pues te quedaste a saberlo? Ya está en su casa. Y su hermano? Aún no; más peor es aquesto? Qué es Sancho? Qué? la justicia que habiendo alcanzado a vernos, se desgalga hacia nosotros. Por aquí nos retiremos, que el respeto no es temor. Muy bien dices, Señor, pero si nos sigue, y nos alcanza, qué es lo que entonces haremos? Pensar que una fincopal no dio; menear los dedos, y apretar muy bien los puños para no dejar prendernos. Y dónde vamos? Después lo pensare; que tenemos mucho antes que discurrir, en el pasado suceso. Aquí están. Por aquí, hijo. Ay Laura, que voy muriendo! . No los perdamos de vista. . Nosotros les perderemos. .

JORNADA SEGUNDA

Bravo regalo es vivir entre peñascos, Señor. Quién por aclarar su honor padece no ha de sentir Sancho, descomodidad, si es acaso la que mira a vencer una mentira que porfía en ser verdad. La astucia de Don Fernando fue brava cuando llevo. No reparé entonces yo lo que ahora me está matando. Y en fin que hacemos aquí metidos a cazadores? Asegurar dos temores forzosos. Cuáles me di? El uno es ver si este ciego error se juzga de suerte, que me obligue a dar la muerte a Don Fernando. Sí; y luego? El otro es asegurarme del Duque y su indignación en otra jurisdición; porque no pueda culparme, ni prenderme. Conveniente es el sitio y necesario, si vienes a ser templario al puerto de San Vicente; mas acomodado está Don Fernando en San Míguel, dentro de Escalona. A él eso le parecerá; pero a mi padre y a mí, esto nos ha parecido. No te he pedido que no me hables de ella? Sí, pero he llegado a entender, Señor, que lo que se manda contra la ley del deseo no pide obediencia tanta: que hay de Laura, di, Señor? Ay Sancho! que adoro a Laura! Hablaré de ella? Bien puedes. Contra tu precepto? Acaba. Me das licencia? Prosigue. Te enojarás? Ya me cansas. Pues Laura. Qué dices de ella? Dígote que Laura es Laura. Lo más que hay que decir dices, pensando no decir nada, que de Laura es Laura sola la explicación soberana. Y cómo te va en su ausencia? Como al que vive sin alma. Paciencia y echar por otro puesto, que este amor dio en Canta lapiedra. Yo amar a quien Laura no fuera? esa varia clavazón que adorna el Cielo, se verá desencujada primero de los engarces turquesados que la esmaltan, que yo olvide a Laura; pues aunque puedan mis desgracias hacer que la pierda, no harán que pueda olvidarla. , Y de qué sirve ese amor? De tenerle. Linda alhaja! Al monte, a la sierra, al bosque. Qué es esto? Ruido de caza, no lo oyes? El miedo suele trocar tanto las palabras, que me pareció que hoía de un ejército la marcha; ;pero quién cazara aquí! No es aquel mi padre? aguarda. Señor, es: y a la tordilla la viene dando zarazas por los hijares. Su priesa mucho cuidado me causa. Embóscate bien, Martín, en esa espesa entramada con las yeguas, pues he visto a mi hijo, y allí aguarda. Ya se apeó. Yeguas dijo? Sí, que Martín trae la Vaya. Qué será esto? Esto es venir cuando tú no le aguardabas. Hijo? Señor, tú de prisa no se que adivina el alma: qué hay de nuevo? Preven hijo el valor y la constancia, para lo peor, y piensa que es prevención acertada, pues un corazón dispuesto al mal, todo lo que halla menos de lo que presume, le quita a lo que esperaba. Luego no es lo peor? No. Dime, Señor, perdí a Laura? Sí; Juan Sancheza Qué mal hizo mi cobarde confianza en fiar de otro valor el peligro de mis ansias! casose Laura en efecto? No, ni la verás casada con quien recelas, y de esto te vuelvo a dar la palabra. Bien dijiste que es cordura del discurso en barajadas fortunas, esperar siempre la peor; pues en mí se halla con esta desdicha menos desmentida mi desgracia. Pero porque me dijiste que perdí a Laura? Si aguardas a oírme, lo sabrás, hijo. Él nos va sangrando a pausas. Ocho días ha Juan Sanchez, que di a estos riscos la espalda, dejándote aquí seguro a la forzosa amenaza de la justicia, intención de que libre te encontrara cualquier suceso que a mí la noticia me informara de como se habla entendido acción tan mal explicada, que entre dos pasos, sin más testigos que una palabra, y el ruido que hace una mano sin voz él, y ella sin habla: llegue a otro día a Escalona inmediato a la desgracia, y hallé en el juicio de todos tan confusa y ignorada la verdad del lance, que repartida en dos escuadras de pareceres la villa, unos contra ti juzgaban el suceso; y otros contra Don Fernando, que su extraña cautela no pudo verse en todos aprovechada. La parte de la nobleza el agravio te achacaba, y a él la parte del común, con una prueba tan llana como decir; pues que vive Don Fernando, es cosa clara, que en el honor de Juan Sanchez está la calumnia errada, pues si le hubiera ofendido, a Don Fernando matara: esta opinión desmentían los hidalgos, con la falsa prueba de que no se atreve al valor la gente llana de la gente noble; como si siendo parte del alma el valor, hubiera Dios desigualado las almas: en un fiel algunos días estuvieron las balanzas del honor de Don Fernando, y el tuyo, hasta que la maña de sus parientes y amigos esparció la voz tirana de que tu ausencia, hijo mío, tu venganza declaraba, y tu venganza, tu agravio: y aunque se opuso a esta infaia la voz de muchos, diciendo, que es efecto del que agravia, guardarse, siendo tan cierto, quedó esta voz sepultada en otro acento que dijo a la común ignorancia, que Don Fernando, que había ofendido, sustentaba a rostro firme la ofensa, y que tú que te ocultabas, aunque agraviado le hubieras a él, a la circunstancia faltabas de mantener el agravio cara a cara. Crecio este error de manera que sin que le contrastaran mis prevenciones pasó a que los más declaraban por tuya la ofensa, tanto que con ceño me miraban mis propios deudos: discurre como habrán sido mis ansias; y como ahora serán; pues vive Dios, hijo, que cada acento que el labio arroja es un pedazo del alma. Solo en Laura, en Laura sola hallaron ayer mis canas compañía en el dolor, pues encontrándola en casa de Seráfina tu prima, me dijo con mal formadas razones, que entre el decoro y el labio se embarazaban; yo, Señor, para con Dios con vuestro hijo casada estuve, y estuve digo; porque muriendo su fama, es lo propio que haber muerto el para mí: mi desgracia y mi fineza, panteón fueron de mis esperanzas; quísele, su opinión viva; y muerta, solo me falta dar a entender que le quise; y pues solo se declara con el llanto un sentimiento, estas corrientes amargas de mis tristes ojos digan hasta que la muerte haga verdad mi pena, cuan grave es el dolor que me causa perderle tan para siempre, pues har en mi amor constancia para morir, y no le hay para padecer su infamia: a proseguir iba; pero con demostraciones blandas de ternura embarazaron sus ojos a sus palabras. Por esto, que la perdiste te dije, pues quien repara para ser tuya, en que está tu reputación ajada, mas reparará (si acaso la verdad el tiempo aclara) en que a su hermano dejaste el honor lleno de manchas: que se case con Centellas no temas, porque el palabra me ha dado, y la cumplirá de dar la mano a otra dama; y sobre todo, hijo mío, lo que ahora importa es que vayas a Escalona a desmentir con tu presencia la vana opinión de que corrido del agravio te recatas: en San Míguel Don Fernando tiene su segura estancia; tenla tú en Santa María, donde vean que no faltas de la justicia al respeto, ni al reparo de tu fama: una es nuestra honra, hijo: nuestra vida una; una espada la nuestra; una nuestra hacienda; pues sea nuestra desgracia y nuestra ventura una; pasemos nuestra borrasca en un propio bajel; justa fue tu indignación y honrada, y asistirte yo por esto es justo, cuando negara el padre la obligación; que las desdichas honradas sin las deudas del cariño debe el valor ampararlas. Tomen lo que cundió el toma. Qué te suspende? Pensaba cuanto neciamente hyerra hombre que teniendo espada, de su enojo el desempeño a la mano se le encarga; pues no hubiera ahora cuestiones (mal sean oh bien fundadas) si yo a Don Fernando entonces le diera dos estocadas; pues ellas fueran dos bocas, que del suceso informaran. Ya eso no tiene remedio. Eso siente mi desgracia; que en fin está persuadida a creer mi deshonor Laura! Esto paso que te dije; por ella poco importaba. No importaba si no mucho; mas yo haré que se persuada (si otro remedio no encuentra por su amor mi tolerancia) ella y todo el mundo, a que pudo una cautela rara poner en duda mi honor; pero que sabrá mi espada lavar el más leve indicio que le haga sombra a mi fama. Seguidle por esa senda, que al llano el jabalí baja. Gente se acerca a este sitio; parte en la hyegua alazana, que yo porque no me vean aquí, batiendo la estrada iré delante; ah, si; entra por la puerta de la parra, que es la que mi prevención te ha dejado asegurada. Oye Sancho. Qué, Señor? No olvides aquella capa. Cuál? La del hábito, pues si mi juicio no se engaña, y es de quien pienso, algún día nos podrá ser de importancia: Voy por ella. Sígueme, hijo. Solamente en la alterada borrasca de mis fortunas llevo por consuelo, Laura, ir donde puedan templarse en tu hermosura mis ansias. Socorred al Duque amigos Qué miro! desdicha extraña! que el cerdoso bruto hiriendo el caballo, desencaja al gran Duque de Escalona de la silla; leal le valga la destreza, donde no dis de llega el valor ni la planta: acierto feliz! rindió la vida con arrogancia el bruto al plomo; y el Duque de la tierra se levanta; y viéndome, hacia mí viene; quiero cubrirme la cara con este lienzo, porque no esperarle es arriesgada acción habiendo tirado; y también es confianza desvanecida esperar, cuando buscándome anda su justicia cuidadosa, sin que me recate nada. De aquí salió el tiro;, sois vos el que mi vida ampara? Fingiré no conocerle; si, Caballero. Y qué causa de mí os recata? De vos ninguna. Porque la cara encubrís? Por abrigar una coz que esta mañana me dio el arcabuz en ella. Conoceisme? Son extrañas para mí todas las cosas de esta tierra. Y que jornada hacéis? A Escalona voy. Cómo os llamáis? Si algo falta en que yo os sirva, decid, que me espera un camarada. Mi agradecimiento solo imagino que faltaba al beneficio que os debo. A mí no me debéis nada. No es nada darme la vida? Y eso puede tener paga? No; pero puede tener econocimiento. Basta para mí, que os acordéis algún día de la hidalga atención que me debisteis de estos riscos en la falda. Esto tiene enigma, y no será razón descifrarla porque no halle a quien debo la vida, en mi repugnancia. Daisme licencia? Si doy, pero llevaos esta alhaja, para que sepáis por ella (ya que no preguntáis nada en cuanto a quien soy) quien es quien os debe deuda tanta, para cobrarla ese dia que vuestra voz me señala: y advertid que en Escalona no hay con quien equivocarla. No por su valor la tomo, aunque no excuso tomarla por el vuestro. Pero ved, que me habéis de dar palabra de buscarme. Y vos a mí de valerme cuando os haya menester. Si dol. Y yo de estar siempre a vuestras plantas. Id con Dios. Guardeos el Cielo: ya que dejo asegurada aquí la gracia del Duque, sin susto mi valor vaya a Escalona, donde acuda de amor y honor a las causas. . Desgraciado ando estos días, aunque no es mucha desgracia verme en dos riesgos, y hallar quien en entrambos me valga: raro suceso! . Aquí está: denos a besar las plantas Vuecelencia, con albricias de su hallazgo. No llegara a buen tiempo esa atención, si otra aquí no me librara de un riesgo tan conocido, como estar en mi cebada la fiera, en el suelo yo, y el Caballo muerto. Alas calcé yo a mi diligencia. La pluma no aprovechara, sino me valiera el plomo. Y quién logró dicha tanta? No lo se; vamos, Don Pedro, a Escalona, que no basta nada a divertir la pena que me cuesta la tirana belleza de Serafina. Señor, mientras no se halla modo de obligar al viejo Juan Sanchez, su temeraría condición ha de estorbar el logro de vuestras ansias. Y como se obliga a un hombre honrado para que haga a su pundonor ofensa? La grandeza soberana no halla estorbo nunca. Yo quiero guiar mi esperanza por vuestro consejo, honrando a Juan Sanchez con la vara de Corregidor, que oí en Escalona está vaca, y no es la primera vez que la ha servido. Si alcanza tal favor de Vuecelencia, no habra duda que lograda se vea su pretensión con atención tan bizarra. Qué hay de Don Fernando? Está la materia declarada, en que Don Fernando fue el que agravió. Duda har harta; más basta eso para que vos os caséis con su hermana? Hoy esa ventura espero. Hoí? Si Señor; y porque extraña Vuecelencia las violencias del amor? No las extraña mi amor aunque las envidia; mas no quiero dilatarlas: lléguenme un caballo. Ya, Señor, el caballo aguarda. Ay Serafina!; qué poco mi amor debe a mi esperanza! . Ay Laura! qué cerca veo el fin feliz de mis ansias! Si no templas el dolor, qué remedias con llorar? No lloro, Inés, en rigor por aliviar el pesar sino porque sea mayor: siente el alma mis enojos; sientelos el pecho ardiente, y son de mi pena antojos, que cuando todos los sienten lo sienten también los ojos: ay amor! Señora mía, trata de vivir por Dios. Eso me aconsejas? Sí. Dime, sabes qué es amor? Ni Dios lo quiera. No extraño que me aconseje tu voz; que es muy propio del que libre se halla, Inés, de una pasión, decirle al que la padece, que no sienta su dolor; pero en tomar el consejo hay dificultad mayor, que el doliente siente el mal, y el que le aconseja no. Muchos melindres son esos, Señora, para un amor como tu pintas el tuyo; más perdóname, que o no es tanto él, o tus reparos mur impertinentes son. Que puedo hacer, si adorando su fineza, su atención, su brío, su gentileza, ve mi desesperación: Que a Juan Sanchez le dieron con una cosa, que aún que esté mui lavada, mancha la honra. Ay de mí! qué escucho! mientes, falsa, cautelosa voz: mientes, concepto villano, hijo de padre traidor; mientes, que si se atreviera a empañar el mismo Sol el limpio honor de Juan Sanchez, le apurará su blasón las luces incendio a incendio, rayo a rayo, ardor a ardor: y yo cuando a él le faltara altiva resolución; en defensa suya:: , Laura qué es aquesto? Qué se yo? Señora, témplate. Fuerza será por mi pundonor. Contra quien salió a tu labio airada tu indignación? quién te ofende? Quién procura oscurecer tu valor, valiéndose de artificios que la cautela invento, para desmentir la nota que se opuso a tu opinión, como si a ti te faltara acero y reputación. Cómo? Diciendo con arte bien ajeno de tu ardor:- Que a Juan Sanchez le dieron con una cosa, que aunque está muy levantada mancha la honra. 2. Y fue en la cara, donde solo con sangre sale la mancha. Es esto lo que te ofende? Sí, Fernando, y con razón. La razón la sabrás tú, pero no la encuentro yo; pues declararse en un lance que la noche oscureció; ser mi honor el que fue siempre, y el que fue siempre su honor; no se que te deba dar disgusto; y más cuando son los que cantan mis criados, y yo quien se lo mando: sino es ya que pretendieses que yo fuera entre los dos el ofendido: No, hermano. Pues que era tu pretensión? Que no lo fuese ninguno, que es lo que estaba mejor. Ya sucedió así en efecto. Y eso es lo que siento yo Por qué? Por el riesgo tuyo, y por mi amante pasión. Pues no temas mi peligro. Cómo? si dijo la voz::- Que fue en la cara donde solo con sangre sale la mancha. Cómo sabiendo que atento al peligro sabre yo matar al villano, Laura. Esa será sinrazón mayor que todas: Y esa pienso que demostración parece de:: mas no quiero pronunciarlo, Laura, yo; entiéndolo tú, y pasemos a lo que aquí me obligó a venir, sin que el peligro mire, que temiendo estoy en la justicia. Ay de mí! Ya, hermana, el día llego, en que de muchos cuidados que tengo por tu ocasión, tengo de salir; Don Pedro Centellas: Válgame Dios! Atento a que ya el agravio dudoso, se declaró contra Juan Sanchez, ha vuelto a hablarme en su pretensión; oí te has de casar con el que así se lo ofrecí yo: a tu honor y al mío importa; que tomes resolución, y que sea esta: a tu vida le importa: en muriendo el Sol para que la sombra nazca, vendremos aquí los dos: haz contigo de manera que gustes de mi elección, que esto ha de ser en efecto: y hasta entonces, Laura, adiós. . Don Fernando. Ya, Señora, hacia San Mígel marchó por la puerta del jardín. Viose desdicha mayor que la mía! No por cierto! Ay infeliz! que haré yo? No hallo aquí yo más remedio que consentir; o afusón. Consentir? matarme antes. Pues escapar. Tengo honor: Pues no consentir y estarse. Y cómo? Eso no se yo. Yo sí, que lo he oído todo. Si lo oyó tu discreción Seráfina, si has oído mi mal, y en la dilación ves el peligro, que aguardas? alma, vida y opinión te confesaré deber, si reparas mi dolor. Mus poco te ha de costar el remedio. Hable tu voz. , Fiaraste de mí, creyendo que nos importa a los dos que Don Pedro no se case contigo? A ti te importó? Ay Señora! Sancho. Quién? Sancho. A que mala ocasión llega; despídele tú, que allí me retiro yo. Si el otro está en San Míguel, de que tengo yo temor? Qué buscáis, buen hombre? Ya, Señora, se te olvidó mi nombre? Decid aprisa que queréis, o idos con Dios, Despache, acabe. Juesilla, tú también? Pues porque no? Qué aguardáis? Ya he visto ser cierto lo que me obligó a que a tu casa viniese de parte de mi Señor. Pues qué os obligó a venir? La desparramada voz de que esta noche te casas, que es la que hallamos los dos media hora que ha que llegamos picando él, y andando yo. Pues esa curiosidad que le importa a él, ni a vos? A mi nada. Y solo a mí no faltar a la atención de que anticipado veas el parabién que te doy. Llévoselo el diablo. Pues como aquí::- Laura, ya no tiene mi amor que mirar perdido una vez tu amor. No tengo de oíros. Mira:: Ved vos, que es resolución contra vos y contra mí- Conmigo seguro estoy, y tú también ese rato. Volveos. No haré por Dios, sin que me oigas. Pues así miráis por mi pundonor? , Pues digo, Laura, has mirado tú por mi vida mejor? Dejareos aquí: (ay bien mío!) Entráreme tras ti yo. Mirad que vendrá mi hermano. No hará bien. Hablad, que no quiero que de la porfía motivo a la dilación. Oyesme ya? Sí, Juan Sanchez: que pueda hacer un temor, . que con tibieza reciba a quién adorando estoy! No a embarazar que te cases viene mi resolución, que si excusarlo intentara bien supiera mi valor:- Salte tú a esa puerta, Sancho, para avisar. Si Señor. Ponte tú en la del jardín, y está con cuidado. Voy. No a embarazar que te cases vengo (como dije) no; ni a decirte que fue falsa, o mudable tu afición; que esto ya tú lo sabias aunque lo ignoraba yo: a que sepas que lo se vengo; porque tu traición no solemnice otro engaño a costa de mi dolor: di, las lágrimas de ayer Laura, de que me informó mi padre, como en tus ojos están tan enjutas hoy? si por vengar a tu hermano del agravio que su voz desmentir quiso, buscaste la cautelosa invención de llorar mi honor perdido; dando por satisfacción de tu mudanza, mi agravio; imagina que mi honor seniendo tu hermano vida, no olvidará su blasón. Y quédate porque acaso, la memoria del favor que te debí (aún que engañoso fuese) no te dé ocasión de creer que no te olvido, no te aborrezco, que no hago gala de perderte notando tu sinrazón, tu falsedad, tu mudanza; quedate. Esperad. Ya no tengo a que esperar. Oíd. Ya el engaño se acabó. Pues será de esta manera: que ahora que queréis vos ausentaros, aunque el riesgo tan igual sea en los dos, que igualmente peligremos, quiero olvidar el temor de honor y vida; porque la que todo lo olvidó por su amor no será justo que en defensa de su amor cuando le ve maltratar no tenga resolución: testigo de mi fineza tengo bien cerca más no ha menester más testigos que mi verdad mi pasión: que ayer perdido os lloré es cierto; que os lloro oí perdido, también: y aunque el llanto no es; es temor oí como ayer no por eso menos verdaderas son lágrimas disimuladas que vistas; pues no arguyó no haber en los ojos llanto, no haberle en el corazón: pero en cuanto a que me caso, verdad es que resolvió mi hermano que oí fuese; pero falta resolverlo yo: ya os podéis volver que ya habiendo vuelto mi voz por la opiión de su afecto, quien el paso os impidió, os le deja libre ya; libraos de la indignación que a vuestra vida amenaza, pues si morimos los dos quedará sin quien le llore nuestro malogrado amor. Rara especie de pesar! viose desdicha mayor, que dar más fuerza al dolor lo que le debe aliviar? no; pero en mí se apadrina la peligrosa verdad de hacerse la enfermedad mayor con la medicina. Laura;:- Qué aún estáis aquí? Si en cualquiera parte muero, a tus ojos morir quiero. Crees mi fineza? Sí. Consideras la razón justa de mi sentimiento? La considero y la siento. Pues qué intenta tu pasión? Perderte por ser forzoso destino de mi desdicha, y hacer que otro no te logre llamándote yo perdida. Cómo? Matando a Centellas; que si en el ahora peligra mi esperanza, muera el; porque mi esperanza viva . Sej. Ay de mí! qué escucho, males! Y pues ya la noche::- Mira, mi bien, lo que haces. Tu bien me llamas, y solicitas que duerman mis celos cuando los despierta tu caricia. Muera Centellas, que pues tanto el riesgo se avecina, dolor que pronto amenaza, el remedio pide aprisa. Ya le importa embarazar a mi honor esta desdicha. antes que todo: y así::- Repara:- Daré noticia al Duque:- Muera el aleve que me mata. Sin que impida ninguna razón mi intento: De mi amor el riesgo fía Que aún que su pasión es grande, será mayor su hidalguía. Esto ha de ser. A qué aguardo? quien soy, Laura, no le digas que a estorbar este peligro va la diligencia mía. Quién es, Laura, esta Señora tan recatada? Una amiga. Pues como no reparó tu riesgo en que nos hoía? Como no importa. Ay Señora. Qué tienes, Inés? Aprisa, que viene mi amo y el novio. Salte por ahí. (Aquí finja mi cautela) si haré, Laura; pero advierte que se fía de tu firmeza mi amor. Que llegan. Mi se te anima. Tu padre a la puerta queda, y me manda que te diga que blajes. Llego a buen tiempo; dile que suba acá arriba . . Qué aguardas? Ya te obedezco; no era mala bobería fiarme de Laura, estando conmigo las manos mías! desde aquí vea el suceso, y asegure la salida Fuese? Parece que sí. Como el no arriesgué su vida en defensa de mi amor; Inés, pierda yo la mía. Di, que prosiga la copla. Si haré, Señor. Que a esta dicha venga yo con sobresalto! Laura, hermana. Ea desdichas. Ea valor, en ti solo ganar o perder estriba lo que adoras. Ya Don Pedro, Laura, sin que se resista a mi precepto:- Ay de mí! Con tu silencio acredita su obediencia: como estáis mudo? Cómo la osadía que da la ventura, se halla de la ventura impedida. Pasad a darle la mano Ved, Don Pedro, que no es mía; y pues sois noble, librad vuestro honor de una desdicha. Qué le habra dicho? Qué oí? Aquí de encontrarte había cuando te busqué en la Iglesia. No te ofendas de que pida, que mi casamiento, hermano, no sen a la primer vista con hombre que no conozco. Para decirte que había honradome con la vara de Escalona:- No prosigas que hoy te has de casar. El Duque. Qué haré? Y piensas admitirla? Ya di la palabra. Aún bien que hasta ahora no eres justicia, y puedo de ti fiarme. Pues qué hay? Veraslo aprisa. Ya sin verlo lo presumo: pero hijo, a nadie digas que contigo me halle en esto, que importar mucho podría; cubríreme con la capa. Desdén en Laura sería. Pues cómo, Don Pedro, está vuestra fineza tan tibia? Cómo ha de estar cuando sabe Don Pedro de mis fatigas, que no es tuyo mi albedrío, que mi libertad es mía, y que no ha de ser estorbo a mi presunción altiva. . . Que a Juan Sanchez le dieron con una cosa que aunque este muy lavada mancha la honra. Hijo. Señor? Fiero lance! Qué dices? Qué determinas? Matar o morir. Pues cómo? Por tu honor, Juan Sanchez, mira, pues no hay duda en que te agravia quien que te agravia pública: Muera Don Fernando. Muera. Da voces porque colijan que ahora llegamos, y Laura no peligre. Ah de allá arriba. Que sube, que sube. Quién? Quién tu cautela averigua, y quien antes de matarte cobarde, a voces pública que fuiste tú el agraviado, y que a matarte me obliga la cautela de querer hacer la deshonra mía. Morirás. Yo a vuestro lado. Has aquí quien os lo impida; mata tú a ese, y a esotro déjale por cuenta mía ñe. . Ay de mí! Juan Sanchez. Mo ya no hay reparo en mis iras. Muerto soy. Bien se hizo aquello, repárate hombre y mira, que pudiéndote matar, guarda mi intención tu vida. Ya lo he visto, pero debo morir por la opinión mía aquí. Sacárete yo de aquí aunque más te resistas, que aunque me importa matarte me importa también tu vida. 2. Qué has hecho traidor? Dejar sin duda la opinión mía. Ay de mí infeliz! Tomad todas las puertas. Aprisa Señor, que ha llegado el Duque, y con toda su justicia cerca la casa. Y mi Padre? Ya habrá doblado la esquina. Puedo salir? No hay por donde. Pues ea, Laura, tus iras venga ahora, que contra el Duque no hay en mi aliento osadía. Llegad a esa sala. Cielos! pero mi valor me asista. Muera yo porque te adoro, Laura. No, Señora mía. Retrraos a ese aposento, y tú, Inés, a nadie digas, que está aquí este hombre. Si intentas vengarte, porque me obligas a esconderme? Ved que llegan. Entremos pese a mis tripas Cumpla ahora con haber sucedido la desdicha por mí, y después mi venganza sea puñal de mi vida. Pésame, Señora Laura, que llégase la noticia tan tarde a mí, que estorbara a la diligencia mía la ocasión de vuestras penas, aunque la juzgue distinta de la que hallo. Si el llanto al paso que informa explica, respóndanle a Vuecelencia las tristes lágrimas mías. Que no salió el delincuente de vuestra casa se afirma, y en ella solo este cuarto falta ver. Cosa es fija, que quien dio muerte a mi hermano donde yo estoy no estaría; por esa puerta salió Juan Sanchez. Ah buena hija Visteislo vos? Yo lo vi. Y yo también. La Juesilla es una perla. Que en Laura todo este valor perdía! Fingiendo no saber nada por si mi hijo peligra, no habiendo salido, vuelvo a que una fortuna misma pasemos los dos. Juan Sanchez? Tuve, gran Señor, noticia de que a esta hora Vuecelencia de su Palacio salía, y me trae la novedad a ver si har algo en que os sirva, pagándoos el favor de hoy. Aunque mañana quería daros esta vara, (oy la necesidad precisa de no haber Corregidor en Escalona,) me obliga a no esperar a mañana; a buen tiempo Sarafina me informó de su suceso, que era culpa muy indigna hacer de mi amor soborno la vara de la justicia. Yo hice mal en volver; pero quién esto pensar podía? hay hijo mío! Juan Sanchez, dentro de su casa misma mató a Don Fernando. Pues que vuestra voz determina? Que no se pierda un instante en castigar su malicia: tomad. Yo contra mi hijo? A no tener elegida vuestra persona, este caso a hacerlo me obligaria, pues quien vuestro punto sabe y conoce la osadía de Juan Sanchez, solamente de vos fiarse podía. Contra mi hijo, Señor? ̱ Queréis ver con cuanta prisa no es vuestro hijo? Quisiera, porque la obediencia mía vieseis. Tomad esta vara, que ahora a tomarla os obligan vuestra palabra y mi gusto. La mano tiembla al asirla. . Ya sois Ministro del Rey, y por esa razón misma ya no sois padre, Juan Sanchez, que es a todos ley sabida, que el buen Juez, al delincuente como delincuente mira, y no como hijo; atended a vuestra obligación misma, y a la mía, que desde hoy Juan Sanchez, de vos se fía; buscadle y prendedle. Aquí, Señor? Pues estar podía aquí (esto importa pesares) . sin que a las venganzas mías diese muchos escarmientos, y todos juntos serían? Ya tienes el padre Alcalde. No es ninguna granjería. Por qué? Porque su opinión mirará más que mi vida. Guarde el Cielo a Vuecelencia. Y alivie vuestras fatigas Justicia os pido. Yo, Laura, os ofrezco hacer justicia. . . Guárdate de mí, Juan Sanchez, ya que la suerte enemiga esta obligación me acuerda, y la de padre me olvida. Saca esos hombres de ahí. Deja que a tus plantas rinda mi vida, mi obligación. Esta fue deuda precisa en mi sangre; por la puerta del jardín salid aprisa; pero sabed que en saliendo de sus umbrales, mis iras han de vengar mi dolor. Si tienes aquí mi vida, y en tu mano, porque a otra, Laura, tu venganza sías? Por no desdorar con un desenojo una hidalguía: salid presto, que sois nieve a quien mi piedad enfría; fuego que enciende mi enojo; viento que mi pena aviva. No sor si no desdichado. Pues llorad vuestra desdicha aprendiendo de mis ojos, si saben llorar la mía Y en qué queda nuestro amor? En que mi deuda persiga vuestra vida, hasta perderla para llevarla perdida. Pues ya por lo menos: Qué? No dirás que no está limpia mi opinión. Está manchada con la noble sangre mía. Si me has de matar de celos:- Solo a mi venganza mira mi dolor. Dame otra muerte, que esa será mur esquiva. Vete, hombre, que me matas. Adiós alma de mi vida. Adiós vida de mi muerte. Qué tormento! . Qué desdicha! . Qué sientes de esto? Que todo se acabará en cuatro días, ay del muerto! El muerto, hermana, no diera en hacer coplitas.

JORNADA TERCERA

Atajad porque no tome el puente. Todo este río es puente para mí; Sancho arrojate. Señor mío no se nadar y está hondo. Recibid cristales fríos la vida de un infelice a quien persigue el destino; tanto que ha sabido hacer de su padre su enemigo. Arrojaos tras él. Ninguno se determina al peligro. Yo sí; que mi opinión vale mas que mi vida y mi hijo; Juan Sanchez. Padre? No soy tu padre, pues te persigo; guárdate de mí si salgo de entre estos raudales vivo. Vamos por el puente todos. Que está seco como dijo el Abad, viendo que el vado estaba un poco crecido. Vencí la corriente undosa de este monstruo cristalino burlando a todos, y aquí nada recela mi brío. Que me anego. Nas qué escucho! podre yo, Cielos Divinos esperar, viendo a mi padre morir por el riesgo mío, y no por el suyo? Cielos? Ya otra vez al claro abismo . me arrojo a sacarte, padre. De mí te asegura hijo, déjame morir. No tengo. el corazón tan impío como tú, y cumplir resuelvo con mi afecto enternecido. . . otra vez se arrojó al agua. No intente algún desatino con su padre; corred todos. Desmienta así mi cariño vuestra malicia villana: cóbrate. Señor. Ay hijo! que mal has hecho en librarme del último parasismo. Ponqué? Porque si he de ser ingrato a este beneficio, esta vida que me has dado me servira de martirio. Pues no seas ingrato. Cómo si peligra el honor mío a vista de tantos? Siendo a mi amor agradecido. Soy tu Juez. No eres mi padre? Sí, mas mi desgracia hizo, que no pueda parecerlo. No me asudaste al delito? Como tu padre mire de tu opanión el peligro, que fue allí mi obligación, y aquí la obligación miro, en que mi oficio me ha puesto, pues si allí te dio mi brío consejo y amparo, aquí me manda también mi oficio, que cumpla la obligación de perseguir tu delito, y ojalá que se supiera, que estuve entonces contigo, pues antes quisiera verme del Duque ahora perseguido como tú, que ser del Duque contra tu vida Ministro. Y qué resuelves? Llorar. Si te veo compasivo, no te temo riguroso. Mal mi llanto has entendido, pues lloro, hijo, haber de ser hoy tu Juez, y no tu amigo: porque a Escalona volviste? Antes, Señor, no he salido de Escalona. Pues por qué? Porque mi fineza quiso que de vista no perdiese a Laura, aunque en ti averiguo cuan desesperado debe estar mi amor, pues si miro que la obligación te olvida a ti del amor de un hijo, como en Laura pensar puedo, que no haga el efecto mismo, la obligación de su sangre para ofender mi cariño. Cómo Laura (ay de mí!) tiene solo que cumplir consigo. Y tú? Con el Rey, y Dios, que son antes que yo mismo. En fin qué resuelto estás a prenderme? No hay camino para dejarlo de hacer. Si hay. Cuálles? Venirte conmigo, Si va conmigo mi infamia, de que riesgo, di, me libro? Pues quédate sin mí. Eso ni lo condeno, ni admito; librate tú por ti solo; esgrime ese acero limpio, y pues yo soy tan mal padre, no seas tú tan buen hijo. Eso me aconsejas? Sí. Llegad todos. Hijo mío que llegan; aquí no aguardes. Antes aquí determino aguardar, y porque tú no ejecutes el indigno acto de prenderme, dando a que se queje, motivo la naturaleza, ni otro logre triunfo tan altivo, yo propio me prendo; yo a tus pies arrojo el fino temple de ese acero, rayo en mi mano vengativo. logra tú los dos aplausos de padre y de Juez conmigo, pretendiéndome librar, el de padre compasivo: y creiendo que me prendes, el de singular ministro con el mundo, porque quede a los venideros siglos de ti, como Juez y padre, yo como delincuente he hijo, de mí en lagrimas de acero puesto que son uno mismo tu nombre y el mío a ser de nuestras obras testigo. Ay infelice, que llegan, y ha de ser hijo preciso, pues ya librarte no puedo, admititir ese partido. Ya le debe de haber preso pues ya en el suelo hemos visto la espada. Valor, Juan Sanchez. Nunca a mí me falta el mío. Hallas en mí en este caso algo que no sea preciso? Si hallo. Qué? Tomar la vara. Habialo ya ofrecido. Busearme para prenderme. Tuve en público el aviso, y fue de parte del Duque. Haberte arrojado al río, que a esto nada te obligaba. Fue, hijo, el intento mío, que me siguiesen, y nadie embarázase el camino por la puente. Pues si a todo disculpa para contigo has hallado, nuestra queja sea de nuestro destino. Rara entereza de padre! y rara obediencia de hijo. Juan Sanchez? Aquí Señor, preso tenéis:- Ya lo miro. A Juan Sanchez. Ya lo veo; y también el modo he visto de su opinión; igualmente . los dos me han compadecido: buen Ministro sois, mas no sois buen padre. De vos mismo oí, Señor, que los Jueces no eran padres de sus hijos siendo delincuentes. Ese encarecimiento hizo la ley, mas no tan sin glosa como la habéis entendido. Mi amo pensó que era suegro. Y que vos habéis sentido de esta acción de vuestro padre? Qué atender primero quiso a la obligación de Juez, que no de padre al cariño; y que como Juez debió hacer, Señor, lo que hizo. Uno y otro son asombros, que otra vez no se habrán visto Preso Juan Sanchez, Señor, a Vuecelencia suplico, que la dejación me admita de la vara. Y que motivo para dejarla tenéis? Que habiendo ya procedido como Juez con ella, puedo sin ella, llamar mi hijo, al que ahora delincuente llamo; porque con mi abrigo tenga en la prisión alguna defensa para el peligro. Por qué antes no la dejasteis? Porque si vuestro designio me la dio para prenderle, hasta prenderle, sabido es, que cumplido no había con vos, Señor, ni conmigo. Ya está preso, y esta gracia ahora, Señor, solicito, para que conmigo cumpla, pues ya con vos he cumplido. Juan Sanchez, aunque quisier conceder el beneficio que pedís, a vuestro ruego por la fineza que he visto, que habéis mostrado en ser virme con tan extraño principio, quiero que hasta el fin seáis Juez de esta causa, y no admito por eso la dejación; pero tened entendido que no habéis de resolver sin consultarlo conmigo, nada por vos solo; y no presumáis que desconfío de vuestra rectitud, que antes por conocerla lo digo: que la pasión olvidéis de padre con vuestro hijo, os encargo; mas no os mando, porque a la justicia miro, que en su delito os mostréis apasionado, que es vicio cualquiera extremo en el Juez, seáis cruel o benigno. Llevadle al castillo, pues le tenéis preso, y si esquivos os parecen mis preceptos, quejaos: De quién? De vos mismo. Por qué? Porque me enseñáis:: A qué? A no ser compasivo. Muy bien hemos negociado: por lo menos, amos míos, estáis frescos: quien tubiera así un par de palominos? Juan Sanchez de Talavera, qué haremos? No ha discurrido Juan Sanchez de Talavera nada en este caso. Lindo. Por qué? Porque está el discurso de más en lo que es preciso. Mus severo el Duque está. Puede ser que esté propicio algún día. Yo lo espero. Y yo también. Vamos hijo, que cuando todo nos falte no nos faltará haber sido siendo los dos desdichados, yo buen Juez, y tu buen hijo. No creyera ser verdad Laura, tu extraño rigor. Si procede de mi honor Serasina, mi crueldad, porque extrañas que le pierda a mi fineza el decoro, y que pierda lo que adoro, porque mi honor no se pierda? ; Y qué resuelve cruel con lo que adora tu exceso de ti perseguido y preso? Que muera, y morir con él; pues porque pueda el pesar muriendo él, ser de mi vida veneno, y mi prevenida muerte, se llegue a lograr, justicia pido. De quién? De Juan Sanchez. No te entiendo. Por qué? Porque estás pidiendo lo que temes que te den: siente un mal::- Ya yo le siento. Y no dos. No puede ser; mató a mi hermano mi amante. Ya la desgracia culpé del aviso que di al Duque, por ti y por mí; pero quien una desdicha esperara cuando a embarazar dos fue! y pues el remedio ya solo, Laura, tu amor es, de tu dolor y mi pena no le disimules; pues viéndote amante Don Pedro, acabará de perder la esperanza de ser tuyo, y yo así restauraré mi perdido honor. No pases adelante, que si es tu intento, que desengañe a Don Pedro, yo lo haré sin costa de mi opinión y ahora lo verás: Inés? Señora? Si ves pasar a Don Pedro, dile::- Qué? que ahora en la esquina le he visto. Que tengo que hablarle. Iré, que esto me huele a aliviar el luto, y harás muy bien Qué intentas? Aquí te oculta, y lo verás: Cuando se tu amor y tu amistad, Laura, nada tengo aquí que hacer. Gusto de que estés aquí. Porque tu gustas lo haré. . Aquí está el Señor Don Pedro. Tan admirado de ver esta novedad en vos, que lo que mis ojos ven se lo deslumbra a mi dicha vuestro continuo desdén. Conocéis bien esta sala? Se que a ella vine a ser dichoso la infeliz noche; que el traidor:- De aí no paséis, que no hubo traidor aquí, sino honor. Por el volvéis? La verdad es la que vuelve; pero esto del caso no es. Sabéis lo que os dije cuando pasabáis a pretender mi mano? Como un pesar puede olvidarse? Y qué fue? Que era ajena vuestra mano. Pues que ahora pretendéis a la esquina de mi casa? Esta ocasión. Para qué? Para saber (pues hasta ahora de hablaros modo no hallé) si fue de vuestro rigor aquella excusa, o si fue de mi desgracia verdad; pues aunque pudiera ser bastante haberlo yo oído, los quilates de su fe acrisoló mi fineza entenderlo por desdén y no por verdad, que suele trocar una buena ley los sentidos de manera, que al mal hace soñar bien. El Duque ha entrado en la calle, y acá se encamina. Qué habrá Cielos, sucedido? avisa si llega. Iré. Retirareme? A qué efecto? Albricias, amor, que esto es . estar ya resuelta Laura, a casarse; bien pensé que rigor y no verdad aquella amenaza fue: a efecto de que con vos no me halle. Yo quitaré a la sospecha el peligro. Que más elara puede ser . mi ventura! cómo? Así, que ya el Duque sabe a quien estando aquí Serafina, buscar Don Pedro podéis; y para que en este caso nada quede que saber, si os dije entonces que no era mía mi mano, otra vez y otras mil veces lo digo; que aunque ya no pueda sen del dueño que ser debía, volviendo a ser mía, es ahora más imposible para vos que núnca fue, Buscaréis más desengaños? El Duque: y ya ha puesto el pie en la escalera. Si aquí me halla, y le dan a entender que es por Serafina, todo se destruye de una vez; que haré que sin que me vea salir, imposible es; esto elijo; a mí me importa retirarme. Para que, si sabe más de mí el Duque de lo que aquí puede haber? Pues qué sabe? Vuestra infamia. Que así me arriesgases. Fue por defender vuestra vida. Que llega ya. Sufra pues en presencia de dos damas quejosa una, y otra cruel, la queja de la que ofendo, de la que adoro el desdén. A ver si hay mujer que pueda vengarse en quien quiere bien me trae la curiosidad; pero si dije mujer, mayor novedad sería que una no hubiese cruel; mas veré como en un alma cabe amar y aborrecer; Serafina aquí y Don Pedro? pero disimule aunque lo sienta el dolor; pues yo primero que yo he de ser. No repetir las visitas, Señora Laura, no es en mi falta de atención, sino atención. Ya yo se el favor que a Vuecelencia debe mi casa. Pues bien, no fuera dar que pensar dónde no tenga que hacer? Siendo vuestro ese reparo, zcómo justo no ha de ser? Y aún hoy si juzgara hallaros acompañada, no se si a veros me resolviera aunque tan forzoso es. Seráfina, y yo, Señor somos tan amigas, que somos una. Y con Don Pedro corre esa razón también? Don Pedro con Serafina::- De aí, Laura, no paséis; que no se si tendré aliento para oírlo aunque lo sé. De la indignación del Duque solo librarme podré ausentándome. Don Pedro, dejadnos solos, y ved, que aunque está aquí. Serafina, lo propio que no estar es, porque a buscar vengo a Laura; ya juzgo que me entendéis; más debedle a mi respeto esta advertencia cortés, no por vos si no por ella; y de camino sabed, que habéis dado una palabra a un hombre, hombre tan de bien, que por cumplir con su punto, prendió a su hijo; mirad pues si hará que se la cumpláis; notad su empeño, y creed que no le hago mío yo por no desatrarle a él. Yo, Señor, por vos: Centellas, ya nada quiero saber; dejadnos solos. La ausencia solamente podrá ser estorbo de los peligros que en mi amenaza se ven. Aguardad, Señor Don Pedro, porque ausente vos no es bien quedarme yo donde está quien que me quiso sabéis; que a esto el Duque mi Señor dará licencia. Si haré, que aunque no habla advertido lo mejor, lo mejor es. Guardeos el Cielo. Y a vos. Ah vengativa! . Ah cruel! Vaya usted con Dios, que va muy bien despachado usted. Si hace ausentar a Don Pedro . el temor, no lograré mi hidalguía, ni podrá Serásina quedar bien; pero ya se me ha ocurrido como estorbarlo podré sin que parezca acción mía; de esta manera ha de ser: llamadme al Corregidor aquí. Voy Señor por él. . Pues para que aquí, Señor? No, Laura, cuidado os dé, que es para un negocio mío de que ahora me acordé. Sin mí estoy! Paciencia amor: Laura, yo vengo a saber si es verdad (porque Juan Sanche lo declara así) que fue pediros a vuestro hermano el movimiento de que nació el primero disgusto. Hacéis Señor como Juen esa pregunta? No Laura, que de esta causa lo es Juan Sanchez de Talavera. Pues a el responderé con vuestra licencia: Cuerdo es vuestro reparo, aunque responderme a mí, de algún alivio os pudiera ser. Pues aunque ninguno espero en mi desdicha cruel, y aunque mi recato rompa la siempre observada ley, a vos, como a gran Señor, y no como a Juez, diré que no solo fue verdad la causa inmediata ser de este suceso pedirme a mi hermano; pero que fue sin repugnancia mía por no deciros que fue a mi instancia) también digo; aunque allá discurriréis que no parecerme mal dijo parecerme bien: de pedirme a Don Fernando Juan Sanchez, resultó aquel deshonor tan mudo entonces como hoy retórico es; y resultando el temor en mi pena de saber del lance poco informada las circunstancias, pase en casa de Serafina aquella noche, que fue la propia en que Vuecelencia si me quiso conocer, tuvo ocasión al volverme, porque a valerme llegué de su valor, de mi hermano seguida; y pues dicho he mas de lo que Vuecelencia solicitaba saber, lo que calla mi dolor, (porque mi labio no esté licencioso en su presencia) lo diga mi llanto fiel, cuyo idioma aunque no habla no se deja de entender. Siendo verdad el amor, mayor el empeño es de averiguar su crueldad: que Laura fue la mujer que yo valí? quién el hombre que a mí me llegó a valer sería, tan recatado que hasta ahora no lo se? Sentado, Laura, que disteis motivo al lance, también forzoso os será sentir lo que ha resultado de él contra Juan Sanchez. Lo siento tanto, que diera a poder mi propia vida, Señor, porque no muriera el Pues por qué pedís que muera? Para morir yo también. No fuera mejor pedir que viva, habiendo de ser a costa de vuestra muerte su muerte? No Señor, que si pido que viva, ofendo de mi obligación la ley en remitir mi venganza; y aunque parezca cruel en solicitar que muera, no tanto lo vengo a ser con ninguno de los dos, pues muriendo entrambos, ni él sin castigo quedará, ni yo que sentir tendré. Rara entereza! ya he visto que fue posible caber en un sujeto crueldad y amor; pero si no es para mi extraño, que en mí juntos se lleguen a ver amor y templanza, ya de nada me admiraré. Ventura es que aquí me llame: ya, Señor, a vuestro pies tenéis al Corregidor que para su mal lo fue; a búscaros iba cuando vuestro criado encontré. Y qué me queréis? Tres cosas (si así despierto veré en Laura la compasión! que veáis este papel es la una; y es la otra advertiros, Señor, que habiendo pasado todos los términos de la ley:- Tan presto? Esto no es mucho: que en el tablado se ve de una escena a otra pasar la edad de Matusalén. Cumpliendo con la justicia, a que por vos me obligué, he condenado:- Decid. Si pudiere, no diréis? a Juan Sancheza: Ay de mí! acerente más, Inés, que la luz falta a mis ojos y la tierra huye a mis pies. Nada Señor. Hola, cuidado no des contigo en el suelo. A muerte. Ya no caeré, pues ahora no he caído. No obstante, tened, tened, que hacéis pinitos, Señora. La única prueba es la ley que digo de que rigor donde hay amor puede haber: mal ejemplo dais a Laura Juan Sanchez. Cumplido he con mi obligación, Señor. Pues yo también cumpliré con la mía. Vos sois dama piadosa, y yo airado Juez. También sois padre, y yo soy parte ofendida. Así es; pero dejando esta vara que es la tercer cosa que a buscaros me traía, pues ya fenecido veis el interito a que la tube, mis sentimientos haré que digan que lloro padre la muerte, qué Juez firme: Tampoco ahora os la admito. Pues ahora, Señor, porqué? Acercaos. Que me mandáis? Porqué quiero que llevéis preso a Don Pedro Centellas. Mirad Señor::- No penaséis que no os entiendo, Juan Sanchez. Que le dirá? No lo sé. Pues qué os importa prenderle? Impórtame el no perder un vasallo como vos, o que no se ausente él. Pues se ausenta? Lo recelo. Y quedaremos muy bien Seráfina y yo. Esperad, que si acaso este papel importa:: Y cómo qué importa? La respuesta llevaréis. Si hace el efecto que debe, libre, hijo, te veré. , Del propio hábito que , tiene la venera que un Caballero me dio en el puerto de San Vicente a un día, hay en mi poder una ca- paque se trocó por otra la noche as del suceso que me ha ocasionado as la muerte: a Vuecelencia suplico mande saber cuyas son una y a otra prenda; para que lo que a mí as no me sirve, se restituya a su du- o eño. Juan Sanchez de Talavera. No en vano era la pasión . que hasta ahora recate; que haré sin que a la justicia falte, Laura, tan cruel, y tan obligado yo? Efecto debe de ser este de su admiración. Qué discurso será aquel. Pero ya lo he prevenido, . y si no pudiere ser librarle de esta menera, tan de parte me pondré de quien sol:: Pero el suceso lo dirá mejor después: Corregidor? . Qué ordenáis? Lo que os he mandado haced. ̱. Y que deéís de Juan Sanchez? Que luego confirmaré la sentencia que le espera. Ya con mi vida acabe. Hijo, si es desgracia nuestra, . que el Duque olvidado esté de dos tales beneficios; Laura tan en su desdén, que no aproveche mi llanto, ni haga efecto tu papel, muere de infelice tú, y yo también moriré. Cuán cercana está la muerte de Juan Sanchez, ya lo veis, Señora Laura, y que yo aunque quiera no podré librarle sin que a mi fama nota de injusticia de: en vuestra mano que muera esta, o que no muera: ved, que si resolvéis su muerte, la habéis de sentir después, y ya no tendrá remedio: lo más que yo puedo hacer es daros secreto modo de librarle si queréis, compadecido de vos, cuanto lastimado de él. Esta es la llave maestra del castillo, y al vergel cae una puerta en que nadie os verá aunque a ella lleguéis; si le libráis de este modo, ningún peligro tenéis de nota en vuestra opinión, pues yo a nadie lo diré, que os di de librarlo el modo, callar sabéis; con vos propia consultad vuestras pasiones, y haced de modo que hoy elijáis, que mañana no podréis. Para ver que efecto sale de esto, a la vista estaré, que por ser amante Laura no deja de ser mujer. Qué podré hacer? Ay de mí! Yo, Laura, te lo diré: que volviéndote a buscar oí al Duque::- Dilo pues. Librar a tu amante, puesto que nada vas a perder para con el mundo, y vas para contigo a tener el blasón de haberle dado la vida a quien quieres bien. Y si se sabe? Yo a nadie diré palabra. No es discurrir mucho en los lances, querer lograrlos. Inés y qué me aconsejas tú? Si pides mi parecer, que no seas embustera, que aunque ahorcado llegue a ver por ti a Juan Sanchez, ni ahora ni en mi vida lo creeré. Laura mía, a tu nobleza le acrecienta este laurel: viva mi primo. Por ti mi venganza olvidaré, mas no mi ofensa; tu primo viva y no mi amante; pues desde que a librarle voy, le comienzo a aborrecer. Quién no te las entendiera! Vamos. Vamos. Modo hallé sin arriesgar mi opinión de no malograr mi fe. Qué es lo que haces? Ensayar para el día señalado: para el alma de un menguado que sacan a ajusticiar. Porque así me llamas? Pues como llamarse ha debido un tonto que se ha venido a la muerte por su pie? tu padre te condenó a muerte. Débiolo hacer. Laura no te puede ver. Eso es lo que siento yo. Desde el día que contento la vi en tu prisión mostrar, la quisiera atenazear. No hizo ningún sentimiento? Una media carcajada les dio a sus labios; y a mí porque albricias la pedí, me dio::- Qué? Una bofetada: mas yo al ver que me desloma un carrillo, con la mano aprendiendo del hermano, le dije a la hermana, toma; pero no me aprovechó a mí este entredo de entredos, pues todos los cinco dedos señalados me dejo. y viendo que salió vano mi intento, me vengué allí con decir, oye uste, así fue el suceso de su hermano. Mal hiciste. No hice tal: queréis que sea como::- Quién? Cómo tú que quieres bien a quién te está haciendo mal? es una::- La voz refrena, y en su respeto repara, que te cortaré la cara::- Con qué? Con esta cadena; . y vive Dios si hablas más::- Ya queda Don Pedro preso, hijo, Juan Sanchez, que es eso? Nada, pues ya tú aquí estás. Qué ha sido? Fue la ocasión; porque matarme ha querido Laura, vea uste aquí, esto ha sido. Tubiera poca razón. Por qué? Porque Laura olvida tan del todo la piedad que no venció su crueldad mi llanto. Es linda partida. Aún no callas? y el papel? viole el Duque? Ya le vio, mas solo del resultó decir severo y cruel, que a confirmar la sentencia que te espera vendrá aquí. A bien que no hallara en mí si hacer pretende experiencia de mi valiente denuedo seña de inconstancia, no: pues quien nunca conoció la infame cará del miedo; quien tan de alivio blasona, no quedará mal contigo donde pueda ser testigo todo un Duque de Escalona: y vive Dios, que si el Duque sacarme de aquí quisiera por cumplir la obligación de su sangre con mi deuda; si tu olvidando el aplauso, que de mi muerte te espera, quisieses, Señor, librarme cuando librarme pudieras, ni al Duque ni a ti mi amor el intento consintiera de querer darme la vida queriendo Laura que muera. Voló el póquito de juicio. que le quedaba. Pues fuera traición en mis nobles ansias, sinrazón en mis finezas, queriendo Laura mi muerte, que yo mi vida quisiera. Qué dices hijo? No soy sino delincuente; trueca toda la piedad de padre por la indignación severa de Juez; vénguese en mi Laura; el Duque de su nobleza, olvide la obligación. Tan poca queréis que sea mi nobleza, que se olvide fácilmente de su deuda? Yo, ilustre Don Juan Pacheco primer Marqués de Villena de los Pechecos, y Duque de Escalona, a Vuecelencia de la obligación absuelvo, que estas memorias acuerdan. Pues le basta a mi lealtad, gran Señor, por recompensa de haberos dado la vida dos veces, veros con ella: mandad que al digno lugar que antes ocupaban, vuelvan; que aunque es verdad que recuerdo quisieron hacer mis letras a vuestra memoria, fue no creyendo en la fineza de Laura, que a su venganza soltara tanto la rienda, que mi muerte no estorbase viendo mi muerte tan cerca; pero pues la solicita, no quiero que halle defensa en mi corazón amante; firmad Señor, la sentencia, y muera vengando a Laura quien no ha muerto de perderla. El hombre está endemoniado. Hay locura cómo aquesta! Si por no querer cobrar vos::: mas abren esa puerta? Si Señor. Laura es fin duda; venid, porque no me vea aquí el Alcaide, que él es: veré el efecto que tenga su venida retirado. Qué resuelve Vuecelencín? Que si Laura no le libra, Juan Sonchez, vuestro hijo muera Muera quien ofendió a Laura, muera quien a Laura bella por desdichado perdió; pues sin Laura, quien desea vivir, y contra su gusto, tiene el alma muy grosera: muera yo por Laura. Laura viene solo a que no mueras. Qué es esto, Señor? No sé. Abierta tienes la puerta de la prisión, y un caballo con que te libres; qué esperas? Pues cómo? Callad, Juan Sanchez, pues yo callo. Vuela, vuela, huye huye de la muerte; pero advierte que no sepas de mí; ni tu labio injusto mi nombre a repetir vuelva: pues habiendo ya cumplido de que te quise la deuda, cumplire con mi venganza, y esta haré (ay de mí!) que sea aborrecerte de modo, que de tu nombre me ofenda, de tu memoria me agravie. Laura mía, aguarda, espera. Tuya me llamas? Dictaba el corazón a la lengua, y lo que él le prevenía fue lo que pronunció ella; perdona y dime a que vienes? Pues mi Señora gánguea? No lo has oído? a librarte. Quiero que a decirlo vuelva. A librarte de la muerte. Pues has errado la senda, que si por darme la vida a tu olvido me condenas, vivir y perderte, Laura. no hay como posible sea; y si así te ha parecido piadoso tu intento, sepa tu crueldad que ahora es cuando mas de mi vida te vengas, pues quieres cruel que viva, porque de perderte muera; pero no lo lograrás, que a cargo de mi fineza está mi muerte, y así tu falsa piedad te lleva contigo; y déjame a mí morir de mi fina pena. Notable amor! No Señor, que ya es bobería aquella: No se cansen, que ha de ser él ahorcado por fuerza. Mira, Juan Sanchez:: Ya, Laura, mi mal remedio no espera. Pues no te quejes de mí Si haré tal, que si me dejas morir en tu tirana, tiene motivo mi queja. Yo que te libres procuro. Pero es para que te pierda. Es ya forzoso. Y también es forzoso que yo muera. Primo. Señor. Amo. Nada habrá que mi intento tuerza; y porqué lo veas, Laura, vuélvete y la puerta cierra, no te halle conmigo quien que te vea aquí no quieras que el Duque y mi padre están en esas salas de afuera. En fin qué resuelto está? a morir? Si ha de ser fuerza perderte, di,; para que quieres que la vida quiera? Pese a mi alma, para muchas cosas que puede ser buena. Si aprieta más la clavija, él hará saltar la cuerda. Pues quédate a morir. Malo. Pues vete a esperarlo. Abierta dejo la puerta. Por ti juro no salir por ella. Pues por esotra saldréis: pues viendo que os da licencia Laura de libraros, que es su permiso con vos seña de que os perdona la parte que le pertenece a ella en vuestro delito, yo cumpliendo también la deuda de haberme dado la vida dos veces, la una es fuerza que perdonándoos os pague, y de la otra que queda mi obligación a deberos, si mis ruegos aprovechan, pido a Laura, que por mí os la pague. Bien quisiera sácaros de tanto empeño, mas no se de que manera. Dándole la mano, Laura, que segunda vida sea de Juan Sanchez, solamente la pagaréis. Vuecelencia lo manda? Yo os lo suplico. Qué ventura! Porque queda solo así bien vuestro honor; y para que ejemplo sea de la vuestra, mi templanza en más sensible materia como obro yo reparad: llegad Don Pedro Centellas. Puesto a vuestros pies:- La mano dad a Serafina bella: No réplico a la razón. Dichoso fin de mis penas. Esto, Laura, es obrar bien. Pues obrar bien, Señor, sea que a la vida de mi hermano prefiera la vida vuestra, dando la mano por premio mi lealtad de vuestra deuda. Gracias a Dios que acabaron tantos sustos, tantas penas. Ahora la vida me das. Y aquí fin dichoso tenga, si ha merecido agradaros, Juan Sanchez de Talavera.