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Texto digital de El job de las mujeres

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
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Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El job de las mujeres. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/job-de-las-mujeres-el.

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EL JOB DE LAS MUJERES

JORNADA PRIMERA

CEA bien venida la nuestra Duquesa, la Flor de Alemania, y el Sol de Lorena. Estos Jardines amenos, alegres porque los miras, verdes por lo que te esperan, floridos porque los pisas, son del Duque de Lorena, tu esposo, apacible Quinta de ese río, hermosa Irene, que con plumas cristalinas bordan de plata, que al mar él se escribe, y él se envía, es el caudaloso río del Alpe, espejo, y envidia, en cuya margen amena puedes descansar. . Prosigan mis triunfos, que hasta que llegue a la Corte, pues dos millas solo faltan, y vea el Duque mi esposo, solo es fatiga la detención: la lítera llegad. . En tanto que avisa, su Alteza me ha dado orden, que no pase de la quinta, que para hospedaje breve de un Sol está prevenida. Bien está, la orden se cumpla, que el Duque querrá por dicha, en Vel. Flor verme primero, que no me ha visto en su vida, y amante, por siglos cuento las tardes, horas prolijas, desde que salí de Neurís, Ciudad suya, y Patria mía. Al fin, ha querido el Duque en su condición altiva casar con una vasalla! Cantad, proseguid mis dichas, porque el nombre de Duquesa en vuestras luces festivas sea hálago del oído, mientras que viene a la Quinta mi esposo que ya con Carlos le avisé de mi venida. Sea bienvenida la nueva Duquesa. rene? . Carlos? . Señora, no sé cómo lo repita. Qué ha sucedido? . Un error, una pena, una fatiga, el desaire, y el engaño mayor, que trazó la ira de algún cauteloso Ulises. Necio estás, pues me anticipas la pena antes de saberla. Escucha, señora. . Dila. Esa Ciudad, que entre flores parece Alcázar del día, cuyos capiteles altos, que mal formados divisas, son en maravilla Efesia, y en vanagloria Corintía, es, engañada señora, Lorena, del Cielo cifra. Allí hablé al Duque tu esposo, si palabras lo acreditan; hallele ocupado en ella en prevenciones distintas, competidores los artes, donde es gloriosa la envidia. Anegaba un alazan soberbio en su espuma misma, hijo del viento Español, aunque era el monstruo de Frisia; larga la clín, breve el cuello, ancho el pecho, el anca hendida, corta cabeza, gran cola, el pie fuerte, la piel lisa, rayo corre, y monte para, tasca el freno, el suelo trincha. arcos las manos, él flecha, nieve arroja, y llamas pisa, ciega el Sol, debana el campo, fuego bebe y aire aspira. Animado de tu pliego llegué, y en viendo la firma, bizarro me recibió con majestad, y con risa. Hízome preguntas varias, que además de ser antigua costumbre en Príncipes, quiso lisonjear tu venida. Regalome, y despachome, que aunque fue todo con prisa, pudieron caber en ella sus favores, y caricias. Mas de la Ciudad apenas discurrir pude una milla, cuando vi tropas de gente en confusiones distintas. Y en una carroza luego, que seis frisones la tiran, tan blancos, que eran con alma cometa de nieve riza, venmía un Sol, General de una luciente familia de Estrellas, que a ser sus Damas del Cielo se participan: luego dos carros triunfantes con la carroza caminan, sembrando el campo, y el viento de celestial armonía; y si quieres ver las señas de su imagen peregrina, oye su retrato en ecos, verás su copia más viva. Atención, que en un retrato, trato, de que dé a la tabla, habla, el pincel, y elocuente, cuente de esta Deidad gracia. El pelo, cuya madeja, deja al Sol sin su luz clara, ara en surcos de cristales, tales son sus manos blancas. Sus cejas sobre ojos zarcos, arcos son que los dispara para todo cuanto mira, ira de amor lo que mata. Por boca un solo rubí, vi, cuya breve muralla, halla en sus dientes menudos, nudos de perlas, que guarda. La nariz baja derecha, hecha en medio, porque a raya haya en mejillas rapaces, paces en guerra de nácar. Su garganta de cristal, tal es, que en blancura iguala a la perfección del pecho, hecho de su bella gracia. De su talle, heroico hechizo, hizo, al ver esta Zagala, gala al Sol, y en su donaire, aire Amor para sus alas. Su planta en breve desdén, en la hierba que bordaba, daba al prado en cada huella, ella flores como el Alba. En su bosquejo agradable, hable, pues, Venus más casta, hasta con su vista honesta esta albedríos arrastra. Pregunto quien es a muchos, y en tal confusión, y grita, fud hallar respuesta milagro, como ignorancia pedirla. Mas uno me dijo a voces: Esta admiración divina, este espanto, este prodigio, en quien los hombres se admiran, es la Princesa Isabel, hija de Andres, Rey de Hungria, ya de Lorena Duquesa, con cuya unión solicitan estos Estados la paz, que en tal señora se cifra. Y Ludóvico Lansgrave, nuestro Duque, tan servida la trae al tálamo, en quien estas gloriosas Provincias, dando espíritus a Imperios, y Cetros a Monarquías, tantos sucesores logren, que con la arena compitan: dijo, y dejome sin alma, porque en pena tan precisa, fue al sentimiento lisonja para que el dolor resista. Esta es, señora, la causa de volver necio a tu vista, pues para volver discreto, habla de ser sin vida. Tarde a Lorena has llegado, Dúquesa de Lorena miras, y esta carta, de consuelo, ui desengaño te sirva. Carta me das de un ingrato! icarta me das de un cruel! rompe el escrito papel, despedaza el falso trato: Átomos del viento seas en sus desperdicios sabios, tantas letras, como agravios, el Sol en los aires lea. Mas quién habrá que lo crea, que use el Duque este rigor contra sí, y contra mi honor? Yo, que el agravio público, porque es hombre Ludovico: ifuego en el hombre mejor! Duquesa Lorena tiene en Isabel (ah cruel) dejando burlada a Irene! aquien dirá que se mantiene solo de engaños tu amor, cometiendo tal error? Yo, que el agravio público, porque es hombre Ludovico: ifuego en el hombre mejor! Vive Dios, que aunque lo diga Carlos, que no he de creello, pues puede engañarse en ello, o algún agravio le obliga al Duque. . Yo le defiendo, que estas no serán traiciones del Duque. . De que le abones, mas, que del trato, me ofendo; acomo disculparle quieres, sin condenar el intento, si no que este casamiento quiera hacer con dos mujeres? Abre esa carta, señora, pues es suya. . Para qué? Cómo podré darle fe a quien no la tiene ahora? Mas quiero leer el engaño, que por escrito confiesa. Sobreescribe a la Duquesa de Lorena. Caso extraño! La firma dice: Solo estas son palabras sin corazón en labios de un mentiroso. Escarmientos de antiguos agravios, que ha hecho Hungria a Lorena, me ha obligado a traer engañada a su Prince- sa Isabel, con nombre de mi esposa. Vuestra beldad, bella Irene, con satis- facción de serlo, la trate con desprecios, como a mujer, que viene a servir de al- sombra en nuestras bodas, y de instru- mento en mi venganza, volviendo de estos vituperios a su padre despreciada, corrida, y sin honor. Guárdeme Dios esa belleza, a cuya divina vista remito los logros de mi esperanza. Mira cómo se ha engañado Carlos. . Entre dos mujeres hacer cuerdo al Duque quieres? a Cuándo fue Amor recatado? e cuándo secretos guardó? a cuándo tuvo cortesía? (cuando no ardió en nieve fría? cuándo promesa cumplió? a Mas yo de qué estoy quejosa? de las dos, la más dichosa en el tálamo verán, y a mi animando me están los privilegios de hermosa. Prosígase mi jornada, pues no hay riesgo que lo impida, que yo he de ser la elegida, y Isabel la despreciada. Advierte:- En vano previenes razones a mi razón, que esos miedos, Carlos, son del mucho amor que me tienes. Que des crédito a un papel porque tu enojo templó! No es más lo que he visto yo, que lo que está escrito en él? Qué has visto, Carlos? Desvelos del arte, y de la escultura, que aguardan una hermosura. Esa seré yo. Los Cielos lo permitan. Ellos son testigos, que el Duque tiene en ti el corazón, Irene, que lo demás es ficción. De Carlos puede haber sido este engaño, y lo sospecho, porque sabe, que a mi pecho inclinación le ha debido desde que en mi Patria fue Virey por el Duque, adonde solia verme; vamos, Conde: venid vos, Carlos, que aunque habéis estado dudoso de las glorias que pública en su papel Ludovico, afirmando, que es mi esposo; salid del vano temor de esa Deidad sin igual, que a vos no os puede estar mal verme en fortuna mayor. Mi afecto, de otra esperanza del Duque avisarte quiso. Sí, Carlos, más fue el aviso con muchísima alabanza. Señora, yo::- Bien está, yo sé que el Duque me estima. Presto saldrás de este enigma. Vamos, que allá se verá. . Hermosa está la Ciudad. Dos son, porque vuestra Alteza, para que dure dos horas, hizo fundar otra en ella. A la madera la ha dado el Arte tal excelencia, que arrogante solicita desmentir bronces, y piedras. Y en aqueste arco primero, cuya altura es tan innmensa, que primero que el Sol salga, le va a buscar a su esfera, está Isabel a tus pies, y a tu lado Irene bella, coronada, y vencedora. Quiero que junten su afrenta, y sus desprecios los arcos. Venganza ha sido discreta. Tuyo es el acierto, Enrique, bien es que te le agradezca. Hoy el Rey Andres de Hungria verá en ellos mi fiereza, y más cuando despreciada su hija a su Reino vuelva. Señor, mira que aventuras:- Nada hay, Senescal, que tema. Aquel, que un daño no evita, abre a otro daño la puerta. Andres es Rey poderoso de Hungria, y con nuevas guerras puede alterar la Alemania. Como ya el amparo venga del Emperador mi primo, no serán pocas mis fuerzas. 3 Quién le mete al Senescal en aconsejar prudencias al Duque, cuando yo he oído la causa de que aborrezca tanto a Isabel, y a su padre, de que no case con ella, de que a Irene su vasalla elija, por la belleza, para su esposa, por ser para mi más conveniencia, que Isabel goce un Convento, por ser única Princesa de Hungria, pues ya su padre pisa la línea postrera de la vida? Y si casara con el Duque, en contingencia ponia yo la esperanza, teniendo sucesión de ella, de entrar en esta corona, que por la línea derecha de hijo segundo de Astolfo, tengo de ella precedencia a los demás sucusores. Tanto es Isabel? Sobre estas virtudes que he referido, caritativa, modesta, discreta, santa, piadosa, llana, afable, y limosnera; es hermosa, sin ser vana, y luce como el Planeta, que es en monarquías de oro majestad de las Estrellas. 3 Tanto luce? . Tanto admira. Senescal. . Señor. Ya aumentas con tu alabanza mi enojo: Enrique. . Señor. No vuelva a Palacio el Senescal; haced que le saquen fuera de la Corte y mis Estados. Por alabar la Princesa merezco, Señor, castigo? El que es mi vasallo, entienda, que ha de gustar lo que gusto, y no hacer cosa a mi opuesta. Ah de la guarda. Así lo ha ordenado. Volvió las espaldas. El Cielo no me las vuelva, para que conozca el Duque cuantos engaños le cercan. Albricias, Señor, albricias. 3 De qué son? De una grande nueva. . Cuál es? Que ha venido un santo con la Dúquesa a sus tierras. 3 Y quién es el santo? . Yo, que tengo el alma muy fresca. ? Cómo os llamáis? . Espinaca. a Espinaca? linda tema! 3Y es ese nombre de pila? No, pero es nombre de huerta. El gasta humor. . Y dinero. 3 Y a qué has venido a Lorena? A curar locos. . Hay muchos? Sí, que en un palmo de tierra hay dos. . Cuáles son? Yo, y vos, lo dicho dicho: unos hay, que tiran cantos, y otros, que tiran Duquesas. : De qué servís a Isabel? Con pobres gasto su hacienda. 3Sois limosnero? . Queque. Así haréis milagros. . Etiam. En el camino me vian levantado de la tierra media vara en alto. . Cómo? Sobre una mula bermeja; pues esto no es nada: un coche quebró una pierna a una dueña, llamáronme a santiguarla, y quebrela la otra pierna, con que la evité ir coja. Aparta, loco. Tu Alteza me dé los pies. En mis brazos es bien que descanso tenga tal vasallo, porque así tales servicios se premian: a Llegó mi esposa? . Ya aguarda en esta Quinta licencia para verte, señor, cuando Isabel lo mismo espera en otro cuarto hospedada: no sé lo que el Duque intenta. Ve a acompañaría, y tú, Enrique, a Isabel de Hungria. Que entran las dos el aplauso dice. Desde un cancel quiero verlas. Fingiré que hago las partes de Isabel, para que entienda que yo no he sido la causa de que el Duque a Irene quiera. Yo he de ver cual de las dos vuelve a su tierra doncella, que es la mayor pesadumbre: entrambas vienen contentas. Hola, a su Alteza avisad, que le aguarda la Duquesa. A su Alteza le decid, que la Duquesa le espera. Dónde vas? detente, aguarda, y advierte, que en mi presencia no hay más Duquesa que yo. 3 Qué es esto, Enrique? Fierezas de Ludovico. Las iras se vencen con la paciencia. 3 Dúquesa es esa mujer? Qué esto, señora, consientas! Mujer soy y si me dice lo que soy, en qué me afrenta? Dúquesa es mi ama, y es con tres erres Reduquesa. Duquesa? Dúquesa. Luego hay dos Dúquesas en Lorena? Una hay solamente. . Y sabes, que en la Católica Iglesia una esposa se permite, y que yo vengo a ser esa? Sé, que vengo a ser esposa de Ludóvico. . Que seas su esposa, yo lo ignoro; desengáñete esta letra, y esta firma. . Aquí, Dios mío, mis aflicciones comienzan. El papel besas? bien haces, que en él tus agravios besas. Amar los agravios, es la caridad más perfecta. Aquí el Duque mi señor te hace su gloriosa prenda, bien lo que elige conoce, y bien ve lo que desprecia. Tú le gustas, yo le enfado; tú eres discreta, yo necia; tu amable, y yo aborrecible, tú eres hermosa, y yo fea; tú eres piadosa, y cruel yo; tu apacible, y yo soberbia; tu santa, y yo sin virtud; perfecta tú, y yo imperfenta: pues siendo así, es bien que el Duque, Sin que la justicia tuerza, a mí me deje por mala, y a ti te elija por buena. Con tus fingidas razones, bárbara, afrentarme intentas, mezclando esas humildades en arrogante soberbia; y aunque las partes me faltan, que me ofreces sin tenerlas, vengo a ser la que él elige, y tú la que se desprecia. Ya sale su Alteza. Ahora verás en mi frente puesta la Corona. Inmensos años la goces, y la poseas. Qué es gozarla? a mi señora la he de ver en la cabeza una Corona, y de Misa, porque reine, aunque es Duquesa. Aquí piadoso, y cruel, vengativo me previene mi honor, ilustrando a Irene, y despreciando a Isabel: Cuál es aquí Irene? Aquel sol que admiras. Mas quisiera, que Isabel, Irene fuera, que después que la miré, ni es una la que antes fue, ni es otra la que antes era. Dadnos los pies. Levantad. Levántese la dichosa, que merece ser tu esposa. Oh peregrina humildad? Yo lo soy en propiedad, y así me levanto aquí. Vengado se ha Andres de mí, cuando de él pensé vengarme: levantad, señora. Para humillarme, vuestro acento obedecí. Dadme la Corona. Ahora me corona. Este Laurel reciba::- 3Quién? . Isabel, que ha salido vencedora. 3 Qué dices? . Que se mejora así la Corona bella, pues cuando quise ofenderla con tanta riguridad, pongo en ti la voluntad, y la ejecución en ella. Causa hay superior en mí pues ofenderla pretendo, y la premio, y no la ofendo, siendo el premio para ti. Isaac vengo aser aquí, y tan sin ojos estoy, que a Esau tentando voy con deseo de no errar, y oyendo a Jacob hablar, él Mayorazgo le doy. Secreto debió de ser del Cielo, Isabel, sin duda, pues ya en otro ser se muda el que te quiso ofender. Ángel eres, no mujer, y alguna oculta deidad tienes en tu honestidad, que cuando en soberbio arrojo, me busqué para el enojo, me hallé para la piedad. Sin mi estoy porque te vi, que hasta verte, y adorarte, en mi estaba, y sin amarte, era culpa estar en mí. Dichoso yo, pues en ti dejé el alma, y albedrío, Isabel; cielo, en quien fío, que en tu ser me restituyo, me huelgo de no ser mío. Señor, si daros pudiera dos almas para serviros, una saliera en suspiros, y otra en mi llanto saliera; porque os amo de manera, que si tuviera almas dos, entrambas (testigo es Dios) gran Señor, después que os vi, dejarán de estar en mí, Solo por estar en vos. Expliquen en tal contento dos almas una razón, dos llamas un corazón, y dos voces un acento: dos vidas, un solo aliento me dé Amor para quererte; que quisiera en feliz suerte tener, por solo agradarte, una vida para amarte, y otra para merecerte. Llega, querida Isabel, a mi solio soberano. Saliome mi intento vano. Templó el Duque lo cruel. Pisa, Isabel, mi dosel, y este día el Cielo escriba con Estrellas. . En él viva en paz unión tan dichosa. Vasallos viva mi esposa. Viva la Duquesa, viva. Todos partid a Lorena. Efecto fue celestial su mudanza. . Y yo te pido perdón de haberte ofendido. Llega a mis brazos. Neutral está el alma en lance igual. Si no elige a la de Hungria, de esta vez yo me volvía de Espinaca en verenjena. A la Duquesa asistid, Irene: Enrique, decid, que libren al Senescal. Nací en hado desdichado. Todos mi esposa alabad. Qué agrado! . Qué honestidad! iqué atenta! . Qué enamorado! y Feliz prisión! .! Fiel cadera! De gozo el alma está llena. Qué firme amante! . Qué amor! no hace el Cielo más favor, que dar una mujer buena. Por Limosnero aguardando estan mil pobres por mí; pero etelos aquí, todos vienen zancueando: vamos. 1. Aguarda, Espinaca. 2. A mí me ha de oír primero. 3. Yo a solas hablarle quiero. Hay pobres de más mala raza? 4. Oiga la desdicha mía su Merced. 1. Su Caridad. 2. Su Excclencia. 3. Su Eternidad. 4. Su Alteza, su Señoria. Oigan con qué raros modos me tratan los pobrecitos? A espacio, a espacio hermanitos, que Espinaca hay para todos. 1. Duélase del pobre ciego. 2. Mire este Soldado cojo. 3. Al pobre que perdió un ojo. 4. Dele a este manco, le ruego. Primero el ciego ha de hablar, y el segundo ya le he visto. 2. Yo el segundo. El segundo no jurar. 1. Yo soy un ciego señor, que por mirar hermosuras me vine a quedar a oscuras. De qué cegaste? 1. De amor. Y aqueso qué fue? balazo? 2. Mas ha sido: en un sitio me quitaron esta pierna, y me la asaron. 3 Cómo fue? 2. Estando dormido. 3 Dormido? 2. Sí. . Bravo empeño! 2. Un Soldado de hambre nera me comio pierna, y cadera. Debéis de tener buen sueño: Y quien era el tal Soldado papa piernas hasta el hueso? 2. Lin camarada. . Por eso llego a comeros un lado. Diga el tuerto su conflieto. 3 Un hombre, por cierto enojo, me sacó, hermano, de este ojo una niña de Lórito. . Y cómo fue? 3. Una ventana, por var un lance amoroso, asómeme, y por curioso, me pegó con ser ventana. 3 Acechabas? 3. Soy vecino, viame de cerca él, mirdme. Lance cruel! 3. Apuntome. . Bravo tino! 3. Por apuntarme, he quedado sin luz. . Por acechador, tuerto, no apuntó mejor el apuntador de Prado. El manco diga su afán. 4. Un carabinazo fue de aira, de él manco quedé. Manco? 4. Como el gabilan, por un aire estoy baldado. Fue corrupto? 4. Aún fue peor: fue el aire de un hablador, que me pedía prestado. De esos malos aires suelen correr muchos por la Corte. 4. Deme Usted. . Usted se reporte: todos a Lorena vuelvan, que su Alteza me ha mandado, que a todos junte. 1. No es nada. 2.3 Y habrá sopa? Más dorada, que los hierros de un menguado: hoy tendrán bravo socrocio. 3. Dios le dé lo que desea, Si no se sabandijea, está perdido el negocio. 1. Dios le haga rico. Yo serlo espero y que todo me sobre, pues desde hoy más cada pobre me valdrá mucho dinero. No ha habido fiesta mayor, ni miró la antiguedad con tanta celebridad sus triunfos. Todo el primor de la pintura en Lorena se juntó, y han parecido sus calles, en lo florido ríos de oro en selva amena. Qué os pareció la elección de Isabel? . Que fue importante a la paz. . Si en mi semblante leyeras mi corazón, no dijeras, que había sido tan buena: El Duque la tiene sumo amor; pero yo a Irene me holgara hubiera elegido. Isabel tiene piedad, y a los pobres con grandeza socorre. . Tanta llaneza desluce la Majestad. El dar con liberal mano, condenas, cuando el dar es oficio del Cielo, pues su ejercicio es soberano? En ejercicios como estos su pompa Augusta marchita, pues para el pobre se quita los vestidos que trae puestos; y si da tan sin compás a los pobres importunos, hará pobres los demás. Qué es hombre Énrico ambicioso siempre de él lo he presumido; pero ahora lo he creído. El Duque sale. A mi esposo este día celebrad con tan alegre armonía. Solo a mi esposa alabad, decid, que Isabel es mía; proseguid, cantad, cantad. En los apacibles nudos enlace Amor esta vez, de Isabel, y Ludóvico la azucena, y el clavel. Decid, que al Cielo llegué, que sus luceros toqué entre sus celajes rojos, ni más bellos que sus ojos, ni más firmes que mi fe. El Sol espere las luces cuando quiera amanecer, porque se corone el día a rayos de Soles tres. Denle a este pobre llagado, que no lo puede ganar. Cese, señor, de cantar, que el pobre me ha lastimado, y es fuerza irle a remediar. La armonía, y el gemido del pobre, música son con diferente sonido, que una pasa al corazón, y otra queda en el oído; y así, entre uno, y otro acento, oír al pobre es contento, y es música a que me ajusto, que esta me ocasiona un gusto, y estotra un merecimiento. Por eso un pobre afligido con llanto me ha suspendido, que es mejor en dulce calma el dar gusto a toda un alma, que divertir un sentido. Ya obedecí tu mandato. Qué te mando? Qué júntase a cuantos pobres hallase, porque con Real aparato quiere darlos de comer. Perdonad mis demasías. Esto hace todos los días. Oh peregrina mujer! Si no os da gusto, me pesa. Qué es pesarme? yo el primero he de ir sin capa, y sombrero a servirlos a la mesa. Qué amante la solicita! Qué fino que la enamora! Como a la Duquesa adora el Duque, en todo la imita. Vamos, y vuelve a cantar, mientras los necesitados comen. Pues ya están sentados a la orilla del máscar. Ahora me ha parecido, Flora, el Duque más galán. Todos juntándose van en orden. . Ya prevenido está todo. . A tu cuidado se debe. Yo lo dispongo: para empezar hay mondongo, y para acabar asado. La disposición alabo. Porque comen como lobos, para los pobres más bobos, hay mucha carne de pasto. Hay después de una taberna, que serena los enojos, gígote para los cojos, porque no les falte pierna. Porque de todo se trate, después de gente ahita, si una pobre me visita, también tengo chocólate. Coronados de favores. como en espejo se ven, dos corazones cautivos, él en ella, y ella en él. No ves, señora, no ves como a los pobres postrado sirve el Duque? Y humillado a todos besa los pies. En el yugo más dichoso un Cetro solo a dos manos, y a dos frentes un Laurel. Contento fui, y triste vuelvo a tu vista. . Esposo mío, qué tenéis? . Una fatiga, y un dolor, que no resisto. Apenas, señora, apenas me ocupé en el ejercicio de socorrer a los pobres, cuando dos cartas recibo por dos correos a un tiempo. 3Y qué contienen? decidlo. Una, un pesar todo vuestro; y otra, un sentimiento mío: el Rey vuestro padre es muerto, Paciencia, Cielos Divinos, vuestra voluntad se cumpla, y haga la sangre su oficio. 3 Lloras, Isabel? Piedades. son de un corazón rendido; a Dios infinitas gracias le doy: No veis, Ludovico, cuán bueno es servir al Cielo? Murió mi padre, y propicio, apenas con humildades os vio servir al mendigo, cuando os pega de contado con un Reino el beneficio. Yo también de sus favores en el perar participo, pues siendo vuestra, me envía las penas con los alivios; que si he perdido un buen padre, también gano un buen marido. Estotra carta es, Señora, del Papa, en como a hijo de la Iglesia me convoca de Jerusalén al sitio, para hacer la redención de los Lugares cautivos, con la Sangre salpicados de aquel Cordero Divino. La Bula de la Cruzada concede en afecto vivo a cuantos en esta empresa mancharen su acero limpio, a todos de culpa y pena les absuelve, y hace dignos del Cielo, si con Fe siguen el Estandarte de Cristo: yo solo en fación tan alta piadoso estoy, y remiso. Servir a la Iglesia es justo; y a un mismo tiempo me miro su Soldado, y vuestro amante. Si os dejo, soy poco fino; si allí el valor me da alas, aquí me pone amor grillos. Vuestro soy, mirad, señora, qué haré en lance tan preciso, pues cuando un Reino me espera, y en Jerusalén un sitio, si mucho gano en dejaros, mucho pierdo en no asistiros. Servid, señor, a la Iglesia, que el dudarlo fue delito, cuando para la victoria vuestro brazo espera invicto; partid a la guerra, quede yo sola, que si el desvío es por servir vos a Dios, fuerza es, que él quede conmigo: este es, señor, mi consejo. Tu consejo, Isabel, sigo, y mis vasallos, señora. Todos decimos lo mismo. Pues mañana he de partirme, y vos habéis de partiros a Hungria, y Enrique, y Carlos han de ir en vuestro servicio. Carlos, demás de mi Corte; de vuestra presencia fío la paz de nuestros Estados. Yo lograré mi designio, pues quedando Isabel sola, esta Corona a que aspiro, veré ceñida en mis sienes. Y yo prometo asistiros, hasta que triunfante vuelva a Hungria el Rey Ludovico. Yo os doy palabra de ser a todos agradecido. Sentís, Isabel, mi ausencia? Tanto, que del llanto mío formaré espejo en que os vea, por tener para mi alivio, señor, más retratos vuestros en el dolor repetidos. Cómo puede ser, señora, aconsejarlo y sentirlo? Antes ha sido fineza, porque en trofeo tan digno, no querer aconsejaros, fuera querer desluciros. En fin,; yo he de estar sin veros un instante? Esposo mío, al Cielo ese merecimiento le ofreced en sacrificio. Él me vuelva a vuestros ojos. De oírle me ha enternecido. De mirarla estoy suspenso. Qué hermosura! Qué cariño! ! Qué pena! Qué amor! Qué muerte! Qué voluntad! Qué martirio es vivir dos que se quieren amantes, y divididos! Apenas pronunciar puedo, que las palabras que digo un acento las comienza, y las acaba un suspiro. Vamos, amada Isabel. Vamos, esposo querido.

JORNADA SEGUNDA

jornada sEGUNDa Flora, con tu permisión quisiera a la Reina ver. ; Pues qué la puedes querer? Acá es cierta permisión. Esa es cosa de concierto, y no la sabrás hacer. Pues pregunto, gel pretender es más, que hablar cabiztuerto, y decir, yo siempre espero favores de esa presencia, y tener una paciencia hecha a prueba de portero? Pues qué pretendes, cuitado? No hay quien mi intento interprete. Regimiento? Soy ginete. Comisión? Mas dejando aquesto, Flora, e parécete a ti ocasión de intentar mi pretensión con la Reina mi Señora? cuando ha tan poco, que el Rey murió, cuyo gran valor hizo la prueba mayor en defensa de la Ley; pues desde que le rompieron en aquel encuentro airado, jamás, Flora, le han hallado, por más que buscarle hicieron. Eso no te dé inquietud, que según lo que yo toco, ella lo siente muy poco. Todo eso, Flora, es virtud. Pues yo tal vez lo he sentido, por projimo, y lo he llorado. Mira,; no está averiguado, que sea prejimo un marido? De puro santa no siente. Siempre me lo ha parecido. Pues aún tú no lo has sabido: es mujer muy penitente, siempre en santos ejercicios los ratos tiene ocupados, y trae al cuerpo pegados unos rallos por silicios. Rallos trae? . Muy lindo es eso; yo doy de ello testimonio. Bien hace, por si el demonio se la quiere armar con queso. Dando ella cuanto adquiere a pobres, que a eso se ayuda, por los pobres se desnuda, y por los pobres se muere. Tanto a los pobres se inclina? Es una cosa muy rara; tanto ha dado, que no tiene caudal ya para hacer bien. Ánimo, porque también me dará; pero ella viene. Vos, Soberano Señor, Sabio, justo, y Poderoso, me quitastéis a mi esposo, ya si es ofensa, es dolor. Yo os le ofrezco, y en mi pecho contradicción no hallaréis, porque lo que Vos hacéis mira al humano provecho; y no es dejarle de amar, como ya lo conocisteis, mas como Vos me le distéis, me le pudisteis quitar. Venga el trabajo mayor, y la más fuerte crueldad, que si es vuestra voluntad, yo le tendré por favor. Llega, el miedo no te ataje, por si algo tu industria saca. 3 Qué haces tú con Espinaca? Quiere hacer de mí un poraje. 3 Y tú qué quieres? . Señora, yo, viendo tu gran bondad, si he de decir la verdad, (pienso que me pierdo, Flora) vengo hoy a favorecerme, como a centro soberano, de ti: yo tengo un hermano, (aquí es fuerza enternecerme) cautivo está, y a decir me envía ahora en un pliego, que si no le libro luego, el Moro le ha de freir, y en él mi casa se empieza, porque es mi hermano mayor, y será grande dolor el freirme la cabeza. Y así, con suspiros mudos, os pido, como vasallo, me deis para rescatarlo tristes doscientos escudos; que aqueso es lo que violentos piden los Moros; y es dado, que el mozo frito, y quemado vale más de cuatrocientos. 3 Y te parece que está firme en la Fe? . Si le dieran dos mil muertes, no le hicieran renegar (famosa va) si le ponen como un lirio, estara firme y contento. Pues yo quitarle no quiero la corona del martirio. Harás que me vuelva Moro, si el dinero no haces dar. Yo no le quiero quitar un tan inmenso tesoro. Pues acude a otra quererla, que es una obra muy piadosa; dentro de mi casa posa una muy santa doncella, y está con trabajo, harto enferma, y tu ayuda implora. Y es doncella? . Si Señora. 3 De qué enfermó? De un mal parto. Qué dices? . Perdí la china: dijo, esta vez me destruyo, que el mal parto no fue suyo. Pues de quién? . De una vecina: porque este el suceso es, que en mi casa malparió una dueña, y se bajó la doncella en guardapies, y hacia unos fríos extraños, y le baldaron un hueso, y en la cama, de este exceso, ha que está quinientos años. Qué locura! . pues yo haré, pues lo que dices no entiendo, que Carlos, tu dueño, entienda de aquesa pobre el remedio. Ella no habla con mi amo, que es recatada en extremo; pero él viene con Irene; y de mi hermano, qué haremos? Si él está firme en la Fe, dejadle ganar el Cielo. Él no reniega, mas tú me haces renegar con eso. Carlos, la muerte del Rey estorbó el tratado efecto de nuestras bodas; mas ya que vive con más consuelo la Reina, de que se logre nuestro amor tratar podemos. Plegue amor, que así suceda, porque amor a un lazo estrecho nuestras dos almas reduzca, y vivan con un aliento. Carlos, yo tengo que hablaros, y me excusastéis con veros, el que os llámase; dejadnos solos. . Ya yo te obedezco: u tantos favores a Carlos! con Carlos tantos secretos! más ignorancia de amor. La Reina es humano cielo, y en veneración se quedan los que empiezan a ser celos. Vete tu fuera, Espinaca. Que la saquen el dinero a esta Señora los mancos, y yo no! el juicio pierdo. Carlos, ya presumiréis lo que yo quereros puedo. Vos sois de quien yo me fío, y vos sois mi Limosnero; para socorrer sus pobres os toma por instrumento Dios, ya que aquesta piedad en mí lo murmura el pueblo, y he dado cuantos tesoros depositaron mis Reinos en mí, que como prestados me acusa el verse sin ellos. Ya ni joyas me han quedado, que vos con piadoso pecho, para socorrer sus pobres las vendistéis a mis ruegos. Y no os pese, no, de ser la mano con que le ofrezco a Dios aquestos regalos; porque es preciso, y es cierto, que de llevarlos a Dios, os toca gran parte de ellos: que aún en lo humano está en uso, que al que en nombre de su dueño lleva un presente, le den algo del presente mismo. Pues si esto es así,; quién duda, que Dios, que es Señor Inmenso, si yo le envio estos dones, y vos sois el mensajero, a vos os dará también parte del merecimiento? Ya, Carlos, no me ha quedado mas joyas, ni más dineros, que estos retratos, que son, los que al hacer los conciertos de nuestras bodas, el Rey, y yo, nos dimos a un tiempo, que un solo engaste los ciñe como lo estaban los pechos. Los diamantes que los cercar sin duda serán de precio, pues con valor, y extrañeza se labraron a este intento. Quitadlos de las pinturas para que podáis venderlos, y repartirlos a pobres, siempre, Carlos, prefiriendo la mayor necesidad; y no os excuséis de aquesto por respeto de las copias, que aunque os ofrezcáis de hacerlo de vuestro propio caudal por atender al respeto, yo no os de consentir, que vendré a ser la que pierdo, pues me quitaréis a mí aqueste merecimiento. Yo, señora, sabe Dios lo que siento más supuesto que vos gusfáis, no os replico. La Reina está aquí, yo quiero oír lo que habla con Carlos. Pues Carlos, esto os ordeno; mi retrato, y el del Rey os doy aquí, haced con ellos lo que os digo, y no os impida el decoro, ni el respeto, que no puedo dedicarlos a más ajustado empleo. Su retrato, y el del Rey le ha dado ahora,; a qué efecto puede ser esto? amas yo por qué averiguo el intento, si el verlos en su poder me puede servir de medio para dar mejor calor a la traición que pretendo? Vendedlos, y dadlo a pobres, como advertido os lo tengo. No importa, llévelos él, que nada añade el pretexto: yo haré que el Reino sea mío, más mejor lo dirá el tiempo; yo disimulo: Señora? 3 Enrique? A deciros vengo lo que vuestro Reino todo en vuestra ofensa ha dispuesto. Yo como no acierto en nada, no puedo admirarme de eso. Si no se sigue la emienda, a qué sirve el conocimiento? El Reino, pues, ya cansado de que no sirve el consejo con vos, y vuestro descuido por instantes va creciendo, ha resuelto, que las cosas del Estado, y del Gobierno, pasen todas por mi mano consultándolas primero con vos, porque de este modo lleguen al debido efecto. También se ha determinado, que de las rentas del Reino no podáis vos disponer, porque gastáis sin concierto lo que después hace falta en los mayores aprietos. Esto es con tal desperdicio, y estó es con tan grande extremo que habéis consumido ya cuanto el Erario secreto depositó en vuestra mano para sus propios empeños. El dar limosna a los pobres, vos por vos misma, es gran yerro, y es contra la Majestad, que debéis a tanto Imperio. Y por aquesas piedades, que en vos desatenta veo, si algunos os quieren más, todos os respetan menos. Ningún mendigo ha de entrar en Palacio, ni a sus ruegos habéis de hacer incecencias de que se avergüence el Cetro. Y en fin, el Reino os encarga, que hemendéis algún exceso: que vos pensáis, que se ignora, por oculto, o por secreto, porque si no le emendáis, os vendrá a costar el Reino: Venid, Carlos. . Sabe Dios, que de cuanto habéis propuesto, el carecer de los pobres es solo lo que yo siento. Vamos, Carlos, porque a solas que comunícaros tengo una novedad, que pide venganza, y castigo a un tiempo. No sé qué juzgue de Enrique; guarde vuestra Alteza el Cielo. Carlos, no dejéis de verme. Todo esto ayuda a mi intento: . yo el Reino la quitaré, porque ambicioso, y soberbio, a costa de una traición he de ser de Hungria dueño. Señor, pues mi corazón tenéis en vos, bien sabéis, que aunque más penas me deis, glorias apacibles son. Por vos no quiero reinar, por vos quiero padecer, porque por vos es placer, lo que sin vos es pesar. Solo he sentido, mi Dios, el limitarme el poder, que los pobres no he de ver, porque os retratan a vos: como podré yo vivir sin pobres? pena cruel! No te aflijas, Isabel, que yo te vengo a pedir. Pues cómo, Niño, hasta aquí te entraste? que la crueldad ya impide aquesta piedad. No hay estorbos para mí. Verte solo me da pena: sin duda no tienes padre. Padre tengo, y tengo Madre, y es una Madre muy buena. Grande lástima me das, pero mi afecto es en vano. Mírame una, y otra mano, y más te lastimarás. Ya esos rayos conocí, que en mi pecho reverberan. Grandes trabajos te esperan; padeceraslos por mí? 3 Qué me podrás enviar, que no parezcan favores? Mil afrentas, mil rigores, Isabel, has de pasar. A cualquier rigor se humilla el que sigue vuestra luz. Isabel, esta es mi Cruz, quiero enseñarte a sufrirlos, pasa por mí su impiedad, con amor, constancia y fe. Contigo queda mi Amor, aunque a tu vista me ausento. Pues yo ofrezco obedeceros, y ahora para gozaros, en pobre voy a buscaros, para no dejar de veros. Ea, intención mía, hoy doy a mi intento principio: Carlos, para un grande empeño vuestro valor apercibo. A cualquiera noble hazaña me encontraréis prevenido: Ea, decid. Es tan extraña la novedad, que yo mismo me embarazo al pronunciarla, cuando al decirla me animo. La Reina; (pero dejadme, ved si alguno puede oírnos, que aún el aire no quisiera que fuese en esto testigo:) La Reina, entre la virtud, que afecta en traje, y estilo: (no sé por donde comience a decir su error: que indigno!) libremente deshonesta contra el decoro debido a la Majestad, se entrega al amor torpe, y lascivo del Conde Arnesto. Callad, porque es un Ángel divino la Reina y lo que deéís, aún escucharlo es delito. Ah, Carlos, que con aquel engaño falso, y mentido de la virtud, cubrir quiere los sospechosos indicios! El Conde (no lo dudéis, que pues yo llego a decirlo con la lealtad que profeso, todas las dudas os quito:) El Conde a deshora entra a verla, y en repetidos hálagos todas las noches logran su torpe aperito. Él no consentir la Reina nadie en su cuarto, ha nacido desta traición, y la cubre con el pretexto fingido de encubrir las penitencias, cuyos aparentes visos hacen hipócritamente espaldas a su delito. Y porque no lo dudéis, vos con vuestros ojos mismos lo habéis de ver esta noche dentro en su cuarto escondido; porque vos para esta empresa tenéis medios más precisos que los demás, porque Irene os pondrá en cualquiera sitio que la digáis, y veréis, que es verdad lo que os he dicho; porque buscarle cuando entra, Sirve de abrirle el camino a la disculpa, y no queda en su traición convencido, pues puede decir, que mueve sus pasos otro designio. Muera el Conde; pues viviendo el muerto Rey Ludovico también le quitaba aleve el honor más noble y limpio. Vos sois el deudo del Rey más cercano, y lo que os quiso, merece, que aún en cenizas volváis por su honor perdido. Muera el Conde, si os parece, que quede en eterno olvido aquesta afrenta, el silencio se lo fie al artificio. Que aunque es ley, que aqueste Reino le pierda la que ha incurrido en cualquiera liviandad, yo que se calle permito esta traición alevosa, aunque sucesor preciso soy del Imperio de Hungria, porque se libra a los siglos del Rey la heroica memoria. Ea, Carlos, yo os animo; a vos la venganza os toca, haced leal, y atrevido lo que os digo, o juzgaré, que no os atrevéis remiso a fiar de vuestro esfuerzo un empeño tan altivo. Válgame Dios! puede ser, que sea verdad lo que he oído? spero yo en examinarla, qué pierdo? y así me libro de la nota de cobarde, que si es falso y lo averiguo yo cobraré de su sangre este engaño fementido. No os resolvéis? . Ya me esfue ya mi lealtad se ha vencido; yo en el cuarto de la Reina entraré esta noche altivo, y de dos cosas, la una, que yo granjee es preciso, desempeñaros a vos, o castigar el delito. Eso sí, de aqueste agravio sed el sangriento ministro, y postuma la venganza tome a su cuenta el castigo. Del Rey, y del Reino a un tiempo vais a vengar atrevido la ofensa, ayuda el valor a dos notables motivos. Pues yo voy a hablar al Reino, y desmintiendo el principio, haré, que en parte me ponga donde castigue mi brío al Conde, y el Rey me deba la ley que le sacrifico. En fin, Carlos, qué animoso os exponéis al peligro? No hay duda en que yo le emprenda. No en balde de vos lo fío; aqueréis que yo os acompañe? Así la duda le quito. Nada mi valor recela. Y vuestro esfuerzo examino. Muera el Conde, si es verdad. Verdad es, pues yo lo afirmo. Adiós, Enrique. . Él os guarde. Si mala Isabel ha sido, bien pueden faltarle al Sol sus rayos puros, y limpios. Ya puse la primer piedra en mi engañoso edificio, y para quitarla el Reino, tengo asentado el principio: que aunque pudiera esperar, pues soy al Reino admitido, muerta la Reina, ceñirme el Laurel que solicito, es mucho aguardar a un pecho tan altivo como el mío. El Conde, y el Senescal a este engaño persuadidos::- ero ellos vienen, en ellos el fin de mi intento libro. Digo, Conde, que fue muy acertado a todo aqueste Reino, y al Estado de las cosas, hacer que interviniese Enrique a los despachos, y tuviese la Reina en su descuido, quien la diga a lo que el peso del reinar la obliga. Enrique es nuestro amigo, y en su aumen- nuestro cuidado ha de vivir atento: (to pero aquí está.; Oh Enrique! habeisle dado cuenta a la Reina de lo que ha ordenado aqueste Reino, que su olvido llora? Dejemos eso, porqué importa ahora daros noticia al veros sin testigos: Mas decidme los dos sois mis amigos? 3 Eso habéis de decir de nuestro celo? Pues con ese seguro, sin recelo os diré (aunque la voz lo dificulta) cuanto en el pecho mi temor oculta. La Reina quiere a Carlos, y ha llegado su deshonesro amor desenfrenado a tanta ceguedad, y a tanto olvido, que de noche en su cuarto entra atrevido. Mas para qué es ahora encarecerlo, si los dos esta noche podéis bello? en su mismo aposento la evidencia a los dos ha de darles la sentencia, Y viven en su amor tan sin recato, que Carlos de la Reina trae un retrato, y otro del Rey, que por infiel trofeo se le entregó su bárbaro deseo, como lo podéis ver cuando en su arrojo castigue su delito nuestro enojo. (ofensa Pues, Enrique, si es cierta aquesa como de tu verdad mi fe lo piensa, el Reino a ti te toca, pues por su liviandad bárbara, y loca le perderá la Reina inadvertida, porque es de Hungria ley establecida, y yo a que reines desde aquí me obligo. Yo no aspiro a reinar, sino a castigo. Pues ya la noche viene, dinos ahora, qué es lo que previene tu cuidado? que a todo lance expuestos, estamos a tus órdenes dispuestos, Que vamos a juntar de la Nobleza alguna parte, porque en tal vileza no lo puedan dudar, y sean testigos nuestros deudos, y amigos. Y volviendo a la hora que os prevengo, en el cuarto entraremos, pues yo tengo llave, por el gobierno que me han dado, y de repente Carlos asaltado pagará su delito, contra cuya traición el brazo irrito. Pues Enrique, a emprender lo que previenes. Vamos, Enrique, pues aquí nos tienes. Sois mis amigos, y os preciáis de leales. La noche baja en sombras desiguales: Vamos donde tu pecho nos abona. Vamos, porque me ciña esta Corona. Cobarde entre tantas dudas muevo los confusos pasos; y ya por aquesta parte que me guíe Irene aguardo. Aunque me mandó quedar, hasta aquí tras de él me he entrado, solamente por no hacer lo que me mando mi amo. En fin, se quedó Espinaca, que hoy más, que nunca, cansado, dio en no apartarse de mí. Es posible, Cielos Santos, que en la Reina haya podido tanta virtud ser engaño! Puede ser? no puede ser: viven los Cielos Sagrados, que es traición, y que es ofensa en mí el llegar a pensarlo. No es tan limpio el Sol y miente el pensamiento villano, que sacrílego presume oscurecer tantos rayos. Pero qué presto veré de mi duda el desengaño! quiero ver: más acia allí hay gente; de verlo trato. Quién va? quién es? Espinaca. porque hoy por servirte rabio, solo porque tú no quieres. Pues huyo de ti, y te hallo junto a mí? estoy por volverme. Pues oye un cuento a ese caso. En una casa había un duende, y haciales muchos daños a los que en ella vivían: ya les daba con un jarro, ya les quiraba la ropa, ya les tiraba los platos. Los pobres, para librarse, mudarse de allí trataron a otro barrio; y aquel día, que ellos se estaban mudando, viniendo el dueño de casa ya por los postreros trastos, al duende vio, que bajaba por la escalera cargado con todos ellos y el hombre le preguntó muy despacio: Dónde vas? Y el duende dijo: Allá; pues no nos mudamos? A que él replicó: si es eso, y has de seguirnos los pasos, quedarnos aquí es mejor, y excusarnos el trabajo. Hazio tú así, quédate, y te saldrá más barato, que yo tengo de ir contigo, aunque fueras de aquí al Cairo. Nada te oigo, porque ahora soy todo de mi cuidado. 2Y adónde vas de ese modo? A un empeño muy extraño. Si buscas un grande empeño, vámonos a tus Estados. Anda, y calla. Pues si el miedo, que tengo en aqueste caso, tuviera yo de bayeta, pudiera tomar hogaño la obligación de los lutos. 3A eso veniste menguado? acuanto va, que sí me enojo, te rompo todos los cascos? No podirás, que soy Poeta, y darás el golpe en vigo. Ven sin temor, Espinaca. Grande me parede, y cuanto encuentro; y es que estoy hecho a vivir entre garbanzos: a Diós, que he visto una luz. Pues la luz te causa espanto? de manera, que lo oscuro temes, y temes lo claro? Mi miedo es de dos colores. Temiendo estoy, y dudando: Irene es esta; sin duda, que este es de la Reina el cuarto, Carlos, yo vengo a buscarte, agradecida al cuidado que te ha traído, aunque yo, ni lo entiendo, ni lo alcanzo; pero de cualquiera suerte el verte conmigo, Carlos, viene a ser de la fortuna el más alegre agasajo. Irene, yo en tu hermosura a todas horas me abraso, y en este cuidado mío por verte, soy el que gano; y ahora, pues no te ofendo en nada de lo que trato, ponme en parte donde vea a la Reina. . Este es su cuarto, que si no es a mí, a cualquiera (como ves) está negado; y si ello ha de ser preciso, sígueme, y pondrete, Carlos, donde la veas; y advierte, si es que pretendes acaso examinar su virtud por causas, que yo no alcanzo, que es tan grande, que al dejarte con ella con tal recato, Siendo yo quien más te quiere, llevo el pecho asegurado. Ven, Carlos; y tú, Espinaca, te quedarás aguardando acá afuera. . Si es posible, ponme lejos de los palos. Vamos, y el Cielo permita que desmentido el engaño, quede el Sol de su virtud más puro, luciente y claro. Mil gracias os doy, Señor, de que pobres me habéis dado, y hoy los he visto, y hablado a escondidas del rigor de quien cruel me los quita, pues por aquesta ventana vuestra Mano Soberana el verlos me solicita. Por ella algunos he hablado, y les he dicho que vengan a verme, y que se detengan, por si tiene mi cuidado algo que darlos; y espero, que Vos me lo habéis dar, que en balde no se han de estar haciéndome a mi terrero. Pero más el amor mío movió una pobre mujer, que me obligó a enternecer, pues desnuda al hielo frío, me decía con voz muda, y con ansia repetida: Isabel, tú estás vestida, no es bien que esté yo desnuda. Díjela, que me llámase, porque el vestido partiese, cuando la noche me diese lugar, sin que se notase. Y así, con atento oído estoy, por si oigo nombrarme, que no es mucho desnudarme por Dios, pues él me ha vestido. No la oigo, y se aflige el pecho: sin duda desconfíó; epero qué mucho, si yo soy de tan poco provecho? De aquí puedo sin recelo, en la duda que resisto, ver a Isabel sin ser visto: todo me parece Cielo. En aquel pecho traición tan grande pudo caber! O, qué malo es de entender el humano corazón! no es posible, es infiel quien lo llegare a pensar. Ya no tengo que esperar a mi desnuda. . Isabel. Esta es sin duda. . Sintiendo el hielo desnuda estoy. Ya desnudándome voy, porque abrigaros pretendo; con aqueso os abrigad: ya lleváis más que os poner. Mas desnuda te has de ver. Nobles vasallos, entrad. Entremos. . Qué gran rumor! mayores dudas resisto. Ay de mí, si aquesto han visto, y castigan con rigor el que a los pobres acuda! Hungaros nobles, entrad, y el delito averiguad. Mucho siento estar desnuda. Aquí está Carlos. . Si estoy, mas no he visto al delincuente, y es todo engaño evidente. Clara su traición os doy: la Reina está sin recato, Carlos está en su aposento, y es el mayor fundamento el que hoy le ha dado un retrato suyo, que unido al del Rey, hace más su ceguedad, pues con tanta libertad falta al respeto, y la ley. Decís bien, así es verdad, yo de encubrirlo no trato, dadle uno, y otro retrato, Carlos, y mi voluntad se estorbe, si es ley precisa, que contra mí se declara. Pues ya qué prueba más clara, si ella misma lo confiesa? Yo los tengo. . Porque necio se los entregó su error, el uno para el amor, y el otro para el desprecio; y así Carlos muera. Ah infame! logrose tu alevosía; mas yo haré que entienda Hungria cuando tu sangre derrame. Ea, matadle. . Deteneos, no porque me tenga amor, es razón. . Ay tal error! que aún no encubre sus deseos! Muera el traidor Carlos, muera, Bien mi amor lo recelo. Ea, señor, aquí estoy yo, que es como si no estuviera. Viles, todos sois traidores. Muera. . Esta vez le dan volo: miren que ese hombre está solo, ténganse ustedes, señores. Hoy la vida perderás. Bien tu traición se concierta. Pues yo cerraré esta puerta, y así librarte podrás. Derribaranla mis pies. Aquesto es librar la vida, para matarte después. Seguidle: más ocultarso no puede su fe traidora, porque aunque se libre ahora, después no podrá librarse. Pueblo, y Nobleza de Hungria, ya habéis visto de Isabel la liviandad tan infiel en la virtud que fingía: Ya entendistéis la indecencia de sus livianos antojos, y así vuestros mismos ojos hoy la han de dar la sentencia. Depuesta del Reino quede, pues es ley establecida, que la Corona ofendida ninguno excusarla puede. Salga del Palacio luego para vivir despreciada, afligida, y maltratada, y nadie acuda a su ruego. Padezca en tanta crueldad, viva en lágrimas deshecha, hasta dejar satisfecha la ofendida Majestad. Caiga del sagrado Imperio, y a tanta desdicha llegue, que el sustento se la niegue: muera al común vituperio, su gran liviandad iguala al castigo que la doy. Dios sabe que mala soy, pero no he sido tan mala. Espinaca, su delirio procura aquí resistir. Yo no la quiero impedir la corona del martirio. Dejadla todos al fiero desconsuelo que merece. Su culpa el enojo crece. Pruebe el castigo severo. Voy a cumplir la forzosa ley, que de amparo la priva. Como yo entre pobres viva, yo viviré muy gustosa. Pues con ellos has de estar. Eso aliviará mi pena. Hazte tú una llaga buena, y riete de reinar. Ea, amigos, asistid a mi causa, y mi derecho. Ya conoces nuestro pecho. Y el Laurel te has de ceñir. Hoy lograrás tu intención. Vencio mi industría al poder. Ea, mi Dios a padecer, que aquí está mi corazón.

JORNADA TERCERA

JORNADA tercera Tú la viste de esa suerte? Sí, Flora, yo vi a Isabela desnuda, pobre, abatida, pidiendo de puerta en puerta, de tosco sayal vestida. Su hermosura, y gentileza, y sin artificio el talle, con rudo cáñamo estrecha, el pálido rostro ilustra de una compostura honesta, sin que la altere el semblante, ni el contento, ni la pena. Constante en el sufrimiento, bien hallada en la miseria, humildemente apacible, la vista en el Cielo puesta. El Cielo hizo más hermoso con sus dos luces serenas, pues clavando en él los ojos, le añadía dos estrellas. Por Cetro en la diestra empuña un tosco bordón, que alienta de aquel humano edificio la frágil naturaleza. Confiésote, que no tuve más ánimo para verla, pues me enterneció de suerte, que me olvidé de la queja. Y según lo que imagino, no creo que en Isabela pudo caber tal delito; y lo que más me atormenta, es ver, que inocente Carlos, si este tirano le encuentra, harde pagar con la vida la culpa de su sospecha, pues solo para este efecto le buscan con diligencia, para que en suplicio infame vea el mundo su tragedia. Viva Enrique, Rey de Hungria. Pero qué voces son estas? La aclamación con que a Enrique la Corte aplaude, y festeja, pues el día se ha llegado en que coronarle intenta. Conmigo aquí te retira. Ay, Carlos, lo que me cuestas? De Hungria el Laurel dichoso ilustre al Sol la Diadema, porque más altos blasones Enrique en su frente vea. Viva Enrique, decid todos. Viva Enrique, viva. . De esa aclamación será el premio el amor, y la fineza con que estimo vuestro aplauso. Y solo se desempeña el mío, con procurar que vuestra alabanza crezca; vuestro Estado se mejore, y mi razón se engradezca. Ya veis, vasallos, y amigos, como esta Corona hereda mi valor por tantas causas; y aunque ha sido la primera por muerte de Ludóvico, y el delito de Isabela, que por ley de esta Corona suceder no puede en ella la que en adulterio infame haya incurrido; no es esa la causa, que más me obliga, la razón, que más me fuerza a solicitar ser dueño de tan ilustre Diadema, sino ver las disensiones a que quedaba sujeta, por ser hoy blanco, a quien tiran Polonia, Parma, y Lorena. Y aunque a tantos pretendientes toca por partes diversas, debo de ser preferido por ser de línea más cerca de varón, que es a quien toca esta legítima herencia. Y toda, aunque ya a tus plantas hoy te dará la obedencia, rindiéndote el vasallaje con lealtad, y con fineza. Ya la Nobleza, y la Plebe para coronarte esperan; ven, y ocuparás el Trono, que previene a tu grandeza. Flora, el ver glorias sin Carlos, me cuesta insufribles penas. Sígueme, que es ya imposible el tener gusto en su ausencia. . Senescal, Roberto, amigos, de mi memoria es ya deuda el premiar vuestro cuidado. Con tu sombra a los dos premias. ̱. Mira que el Reino te aguarda, que hoy, Señor, jurarte intenta. Vamos, Senescal. . Vosotros repetid la misma letra, dando en ecos a la fama, y al mundo la enhorabuena. De Hungria el Laurel dichoso ilustro al Sol su Diadema, porque más altos blasones Eunque en su frente vea. Deten el paso. 3Quién eres, mujer, ilusión, u idea, que me has turbado al mirarte? Una sombra de mí misma, una memoria con alma, sin fruto una rama seca; y en fin, para no cansarte, un eco soy de Isabela. 2 Pues cómo te has atrevido a ponerte en mi presencia, Sin temor de que mi enojo castigue tu injusta queja? No te espantes, pues me obliga la nevesidad extrema, que como has mandado tú que nadie me favorezca, todos te han obedecido; que nuestra naturaleza más fácilmente se inclina al rigor, que a la clemencia; y así te pido por Dios una limosna. . Si hiciera: (fingirme enojado importa por justificar su pena) si hiciera, digo otra vez, a no ser tan torpe y fea la culpa por que padeces ese oprobrio, esa miseria. Mas porque no tome ejemplo ninguno en mí, hoy te niega mi piedad el alimento que pides, porque en ti vea el mundo un vivo escarmiento de tu maldad, pues la tierra que pisas aún no mereces; Dios castiga la insolencia de una mujer, que es tan mala. Dios puede hacerme muy buena: ino basta el no socorrerme, sino que también me afrentas! jasí mi aflicción alivias cuando a coronar te llevan! Oh engaño de la fortuna! jo como el camino yerras! porque si el pobre mendigo a todo un Dios representa, quien le ultraja, o le baldona, no a él, a dios hace la ofensa; y no le toca a ninguno juzgar si es justa la pena del que pide, o si es injusto el favor que en él emplea, que la piedad generosa del delito no se acuerda. Y así, Enrique, al pobre humilde, por más pecador que sea, ya que el mal no le socorres, no le ultrajes con afrentas. Y advierte, que es este mundo una Fábula o Comedia, adonde todos a un tiempo a hacer su papel comienzan; uno hace el pobre, otro el rico: Yo aquí hice el de la Reina, y ahora hago el de mendiga, que en las jornadas se truecan los papeles, por las muchas personas, que entran en ellas; pero pasado aquel tiempo que duro la alegre fiesta, todos se quedan iguales. No me desprecies, y haz cuenta, que vendrás a ser después lo mismo que de antes eras, y que dura una jornada el papel que representas en esta farsa, y que aquí solo está la diferencia, en que es un poco más larga de esta vida la Comedia. Ya sé tus hipocresías; pero mujer deshonesta, que a su esposo:::- Ten la voz, que a ti mismo te condenas. Aún obstinada en tu error te opones a la evidencia! de arrepentirse está lejos quien lo que es público niega: dejadla. . Qué, en fin te vas sin remediar mi pobreza? Enrique, primo, señor::- ; Primo has dicho, y no revienta el volcán de mis enojos? contra ti mintió tu lengua, mintió tu voz como infame, que no es posible, que tenga una adúltera mujer sangre mía. . Él paso enfrena. Nada te puedo otorgar. No puedes? . No. . De eso arguyo, que no debe de ser tuyo, pues que no lo puedes dar. Del Cielo este mal te viene. . 3 Del Cielo viene? pues venga, que mal que viene del Cielo, no es posible que lo sea. Todos me han desamparado; pidiendo de puerta en puerta he andado lo más del día, sin escuchar más que afrentas, ultrajes, penas, injurias; si bien, Señor, todas ellas se me han hecho muy suaves en memoria de las vuestras. Su ignorancia los disculpa; no son, no, dignos de pena, que como tienen creído mi delito, es cosa cierta, que ha de ser aborrecida maldad, que ha sido tan fea. Mucho más merezco yo, polvo soy, nada me altera, ello me conviene, pues vuestra voluntad lo ordena. De MARÍA, vuestra Madre, haced que imite las huellas, que con ser Reina del Cielo, y aún más, que ser Madre vuestra, se partio peregrinando a Egupto: yo, que fui tierra, y solo Reina en el nombre, aqué mucho, que en mí se vean estos trabajos, si a quien nacio de todos excepta, por timbre de su corona gloriosa la injuria ostenta? Den al pobre, a quien un rayo, y fulminante centella le abrasó todas sus carnes un día andando en la siega. Allí aquel pobre criado de Carlos también se queja, que como es leal, padece la misma fortuna adversa. Socorran al pobre manco, tullido de pico, y piernas, que de limosnas benditas cinco criaturas sustenta, enfermas en una cama con sarampión, y virvelas. Por las tres necesidades, que pasó la Virgen bella al pie de la Cruz. . Callad, amigo, y tened paciencia. Qué es paciencia? que si no es desta manera dando voces, no es posible cobrar un hombre su hacienda. Hacienda os deben? Sí, bien; porque si tiene cualquiera obuigación de hacer bien al pobre, y este me niega, claro está que me la debe, y he de cobrarla por fuerza, y a puros gritos, y voces le he de romper la cabeza. , Y os va bien con esa industría? No me va muy mal con ella. Eso es irritar al Cielo, Espinaca. . Que tú eras luego al instante lo dije al verte desta manera. En qué lo echaste de ver? En que siendo recoleta conociste la espinaca. Amigo, ya mi flaqueza ser de algún débil ultraje de la vil naturaleza, muestra: hoy muero. Qué es lo que sientes? Dos días ha que no entra en mí el natural sustento. Si no hace la diligencia, Reina mía, no se espante: cuerpo de Dios, pues es nueva en el oficio, alce el grito, que le ponga en las estrellas, y si el bramo la es molesto, use de aquestas tres piezas. La encorvada, la temblona, y la de la boca tuerta, son fijas, y no es muy mala la que llaman la Tudesca, que es fingirse alegre, y simple, y es fácil, pero es zorrera. La de su padre cautivo, no es mala para el que empieza, como sea forastero, con todos tenga gran cuenta, importunando, y moliendo en las calles, en la Iglesia, en el campo, en los caminos, en bailes, juegos, y fiestas, en tabernas, en sigones, en terrados, y azoteas; y en viendo a un hombre parado con alguna dama bella, embístale como un rayo, que cuando no le suceda bien, hace una buena obra, que al ver, que no trae moneda para dar limosna al pobre, la dama al punto le deja. Item, tendrá de memoria las diversiones ajenas, que en dándoles en la nuca, es fuerza sacar la cherpa. Los cuatro tiempos del año ha de pedir por vereda, por el Verano en el río, por el Invierno en las huertas, por otono en el Barquillo. y en las Cruces la Cuaresma. Todo lleno de remiendos, manto capitular tenga, que decienda trozo a trozo del solar de la trapera. Y cuando salga a pedir se le ponga como beca, que con esto en pocos días, si dura la estratagema, puede dejar a sus hijos dos mil ducados de renta. Válgame Dios, en qué errores la vil codicia tropieza! Y con toda aquesta industría, tienes pan? . Veinte fanegas tengo sembradas. Pues cómo? Con un rico una pendencia tuve, y pidiéndole campo, me dio un pedazo de tierra, en que sembré. . Según eso no reñiste? . Es cosa fea; yo, cuando pido campaña, es para sembrar en ella. Y en fin, amigo, a no tienes algo que darme? . Ay tal flema! miren lo que son mujeres, que con ser santa, y ser buena, no olvida las malas mañas de parecer pedigüeña. Busquemos todo el contorno: cadónde estás, Isabela? 3 Qué ruido es este? Allí veo de pobres una caterva, que te buscan. . Lleguen todos. Aquí está, amigos, la Reina. Disfrazado en este traje he logrado mi cautela, pues de Enrique he conocido designios, armas, y fuerzas: presto, Isabel, tu venganza se logrará. . Ya os espera. 1. Señora, los pobres todos, conociendo tu verdad, tu grande nocesidad socorren por varios modos. 2. Cobra valor, no estés triste, que hoy, a pesar de la suerte, vienen a favorecerte los que tu favoreciste. Parabienes infinitos les dad; recibid los dones, que ofrecen los hermanitos; cada uno en su favor me entregue aquí la obra pía, por cuanto en su compañía me hizo a mí su cobrador. 3. Guárdela este panecillo que la traigo. Hambre provocas: qué blanco! 3. Es pan de la boca. Yo se lo haré del carrillo. 4. Señora, cuanto tenemos, y hallare la industría aquí, todo ha de ser para ti, que al edicto no tememos. Válgame Dios!; qué esto miro! pero aquí importa el silencio. Amigos, al Poderoso no irritéis, que esto del Cielo es disposición divina, ello debe de ser bueno. De vuestro socorro humilde la fineza os agradezco; de Dios, para sustentarme, habéis sido el instrumento: aunque a mí solo me basta para el natural sustento este pan, dámele, amigo, que con el cristal deshecho de aquella fuente que corre, será el regalo que espero tener en esta jornada. Come algo, Señora, de esto. No es posible. Qué te ha dado? Amigos, mala me siento, no sé qué oculta violencia de dolor me abrasa el cuerpo: quedaos con Dios, hijos míos, que allí retirarme quiero. 1. Pues arrímate a nosotros. Las plantas apenas muevo, la salud me va faltando. Por eso te llevaremos a la silla de la Reina. Los brazos me dad: contento me da, Dios mío, el mirar, que ando con los pobres vuestros, que si de vuestra grandeza son retratos verdaderos, no puedo esperar más gloria, pues vengo a ser uno de ellos: vamos, hijos. . Tente, amigo. Qué es tente, amigo? es un puerco quien me tiene por detrás. No me conoces? . Qué es esto? e tú aquí, señor? Carlos mío, salto, y brinco de contento. Calla. . 3 Tú aquí, cuando corre tu vida tan grande riesgo, y en este traje? . Sí, amigo, yo he venido de secreto con este disfraz, a ver las armas, y los pertrechos del tirano, para entrar en la Ciudad a sangre, y fuego, que el de Bohemia, piadoso me dio gente, con que vengo a emprender la acción más grande, que ha de ver el Orbe; y puesto que eres leal, hoy te importa asistir con todo extremo a la Reina, no te apartes de su lado, porque en viendo la victoria por nosotros, me has de dar aviso luego, porque a su amparo acudamos todos juntos. Bueno es eso; que además de hacer lo que dices, pienso juntar un tercio de pobres, y he de ser Capitán de ellos, con que Enrique, y sus secuaces han de llevar pan de perro. Calla, y mira, que importa el no gastar tiempo, ni que nos vean hablando. Ya a tu orden me sujeto. Pues queda a Dios. Él te guarde. Hoy mis enemigos venzo; mira que a Isabel te encargo. Ya sé que eso es lo primero. De tu abrigo necesita. Vete, que yo te prometo de darle lindo capote, siempre que gane a los cientos. Ya veo, Hungria, tus muros, mas antes pluguiera al Cielo, que cegara en esta ausencia, o ensordeciera a los ecos de la noticia que escucho, de la sinrazón que veo, de la desdicha que extraño, y del peligro que temo. A quién habrán sucedido tan desusados, tan nuevos prodigios de la fortuna? Yo me salí de mi Reino a la piadosa conquista de Jerusalén; su cerco me tocó de la batalla, al Turco su prisionero quedé en ella, y de cautivo a Constantinopla luego me llevaron: callé el nombre por correr mi vida riesgo. Doce años estoy cautivo, tiéneme Hungria por muerto, en el Ganje me rescato como hombre ordinario vuelvo a mis Estados, y hallo, que Enrique, como heredero, se ha subido a la Corona, porque en infame adulterio Isabela: aqué? qué he dicho? máteme mi propio aliento: paquesto conozco, y vivo! ue esto pronuncio, y no muero! a Cómo al rigor de mi enojo no me acaba el sentimiento? Carlos, mi mayor amigo, de la lealtad vivo ejemplo, pudo emprender en mi ansencia tal error? no, no lo creo; mas si es público mi agravio, para qué busco al despecho disculpas? caigan los montes sobre mí, sepulte el centro a un infeliz: , Que me importa la Corona, el Mundo, el Cetro? De qué me sirven de Rey soberanos privilegios, si siendo como ninguno en el poder y el Imperio, mi honor como los demás vive a la ofensa sujeto? Yo tomaré la venganza, que en este traje encubierto nadie podrá conocerme, y apuraré de secreto los que traidores han sido, o los que leales fueron, pues vengo de armas ocultas prevenido para el riesgo. Oh pesia a mí, y al aleve, vil, y enorme atrevimiento del que intento:: amas qué digo? cartigo ha de ser sangriento de mi furia, de mi rabia, su vida, su infamia, siendo un átomo de mis iras su menor destrozo al viento, y bebiéndole la sangre, le he de sacar con mi aliento el alma, que a poder ser divisible, a los incendios de mi rencor a pedazos la hiciera también, y aún eso la sed, la sed no apagara del torpe honor de mis celos. Mas esto pronuncio yo? iesto a publicar me atrevo? Miente la voz que tal dice, y si soy yo, también miento. Mi esposa, Cielos, mi esposa pudo cometer tal yerro! En tan honesta herno sura cupo un tan bajo defento! jeclipse en el sol más claro! imancha en el cristal más bello! la beldad a quien más quise, la perfección a quien tierno adoro, pudo agraviarme! no es posible, no lo creo. Mas si el mundo lo pública, cierto ha sido: no fue cierto, tengaño fue? no fue engaño, la fama no miente: Cielos, quitadme la vida, y sea un piadoso rayo vuestro alivio de mi desdicha, y fin de mis sentimientos. Ya he sálido de tus muros, ingrata Patria, y te dejo hasta tomar la venganza de ese tirano, ese fiero monstruo de Hungria: A esta parte retirarme ahora quiero, hasta que sea de noche, para que pueda sin riesgo incorporarme en la gente, que he conducido. Qué veo! de la Ciudad sale un hombre, y de él informarme espero de la novedad de Hungria. De este Peregrino intento . saber algunas noticias. Peregrino forastero, que al parecer lo mostráis, venís de Bohemia? No vengo sino de Jerusalén, porque después que en su cerco me hallé, en Turquia cautivo estuve. . Pues según eso, de todo tendréis noticias? De todo noticia tengo. Qué en fin al sitio os hallasteis de Jerusalén? . Es cierto, y al lado del Rey de Hungria fue conocido mi aliento. , Y el Rey de Hungria murió en la batalla? . Eso mismo corrió, más nadie le ha visto después, ni vivo, ni muerto. Notable desdicha ha sido! Yo más que todos lo siento, pues de su mano esperaba de mis lealtados el premio. a quién sois vos? y Un Soldado, que le he servido, y espero remuneración de Enrique, pues él sucede en el Reino. el Amigo, de ese tirano no fieis. . 3 Por qué respeto le dais tal nombre? Por muchos. y. Decidme, algunos. El primero es, que levantó a la Reina un testimonio, diciendo. que era adúltera. 3 Pues cómo? Fue por entrarse en el Cetro. 3 Testimonio fue? . No hay duda: amigo, pluguiera al Cielo pudiera yo publicarlo. 3 Qué deéís? de vos espero saber la causa, y mirad, que soy leal, y verdadero vasallo de Ludovico, y desde ahora me ofrezco a morir en la defensa de Isabela, si eso es cierto. Todo ha sido testimonio, por el más raro y más nuevo ardid, que han visto los siglos. Referidlo. . Ese soberbio Enrique, le dijo a Carlos:- (y porque arvirtáis primero quien era Carlos, sabed, que era un leal Consejero de la Reina, y muy valido) Proseguid, que ya lo entiendo; mucho estimo esta noticia. Díjole con gran misterio, que él sabia que la Reina cada noche en su aposunto entraba un hombre a deshora. Respondió Carlos: No creo, que en Isabel pueda haber yerro alguno, cuando vemos, que honesta, santa, piadosa, asiste atenta al gobierno. Yo lo vi (réplico Enrique) y porque sepáis que es cierto, disimulado en su cuarto puedes quedarte encubierto esta noche, y verás como a su esposo hace adulterio. Acepto el partido Carlos, y estando junto a su lecho oculto: Enrique, que vio asegurado su intento, tirano, traidor, aleve, llamo a los Grandes, diciendo, que era adúltera con Carlos. Entraron en su aposento, y como en su cuarto oculto públicamente le vieron, quisieron matarle, y él, sacando el bizarro acero, pudo escapar con la vida. Quién duda que fue del Cielo prodigio, qué fué piadoso, por su inocencia volviendo! Hizo público el delito de Isabel Enrique, haciendo, que con rigor, e ignominía la despojasen del Cetro, y que ninguno la diese albergue, amparo, y sustento; enferma, pobre, abatida anda Isabel por el Pueblo. Enferma, abarida, y pobre? Y tan enferma, que pienso, que de incurable da horror, pues de lepra todo el cuerpo cubierto el Jobla apellidan de las Mujeres. . 3 Qué en eso para Isabel? pay de mí! Pues no es más andar pidiendo limosna de puerta en puerta? y Limosna ha pedido! Es cierto; y aberrecida de todos, porque engañados creyeron su delito (uvil cautela! o infame rebelde pecho de codicioso tirano!) Pero no importa, que presto se ha de llegar la venganza; que el Rey de Bohemia, sabiendo esta verdad, ya sus armas entrega a Carlos resuelto, y me incórporo con él, porque a su sombra deshecho caiga este aleve atrevido, quedando a tan noble empeño restituida la fama de Isabel, y de su dueño. Esto te digo, porque si entrares en ese Pueblo, pues eres leal, publiques esta verdad a su tiempo. . Cielos, sin duda este es Carlos, que en la voz: tente, aqué es esto, fortuna, que me sucede? No sé que oculto secreto hallo en aquesta noticia, que me alivia el grave peso de mis dudas, y discursos, y que ha sido traición creo de Enrique. Oh infame tirano, vil traidor, que a no ser eso, tan presto con este aviso no se conformara el pecho! Cielos, mi esposa abatida estando inocente! o fiero pesar! mas, jválgame Dios! si hay algo más, que no entiendo? No es posible, Carlos, Carlos sin duda es leal, supuesto que convoca el de Bohemia de mi agravio al desempeño. Pero quién tendrá valor para ver tanto improperio? Iabel en tal desdicha! mi esposa en tanto desprecio! yo he de verla en tal miseria! cieguen mis ojos primero. Como con esta memoria el aire a voces no enciendo? ala vida a llanto no exhalo? de bronce soy, pues no muero. Mas estos son de la fama vanos encarecimientos; no será tanto: aqué escucho? de la Ciudad gente siento. Echadla de la Ciudad, no quede en ella, que es fuego la lepra, y los que la miran inficiona con su aliento. M Salga fuera la Leprosa. Válgame el Cielo, qué veo! Con menos rigor, amigos, me arrojad, que todo el cuerpo me habéis lastimado al golpe de vuestro enojo severo. Sobre aqueste muladar estaré, para tener un espejo en que mirar el lodo vil, que he de ser: que si todo ser humano será en esto convertido, para no quejarme en vano, hago cuenta, que he venido al sepulcro más temprano. A vuestra Deidad Sagrada dedico en ofrenda cierta, Señor, mi humildad postrada, y aquesta carne llagada con tantas bocas abiertas: si bien juzgo a este compas, viendo que en mí son tan pocas, que fino entre las demás, para que os alabe más, me habéis dado tantas bocas. En las penas que me dais veo lo que me queréis, y de ello indicios mostráis, pues en el bien que me hacéis, como a Job me regaláis. Cielos, aquella es mi esposa! zqué haré en lance tan penoso? a a quien habrán sucedido tanto género de ahogos? Lastimado, y ofendido, homicida de mi propio, tengo la vida pendiente entre la voz, y los ojos. Camina por esta parte por no topar con el rostro de la apestada Leprosa. De mí van huyendo todos. Los ecos de aquel desprecio son para el alma sollozos. Mas no importa, Dios me ampara, él me dará socorro. La infeliz Reina de llungria, sin Corona, y con oprobrio, dice, que abatida vive, porque ofendió al Rey su esposo. No dice bien, sabe el Cielo, que fue traidor testimonio. Voz, que de puñal sangriento desde la punta hasta el pomo el corazón me atraviesas, ten el acento, el oprobrio. No me acuerdes mi desdicha, que aunque el engaño conozco, es tan pesado el agravio para quien siente su oprobrio, que aún fingido solamente, en ecos da el mismo asombro. Mas ya que apurar no puedo si es verdad, o testimonio, puesto que Isabel lo llora, haga mi afecto lo propio. Por adúltera la niegan todo el humano socorro, siendo por delito suyo común desprecio de todos. De todos común desprecio dinen que he sido! es notorio: O necios, que no sabéis el triunfo que en eso logro! Por delito suyo! Cielos, a qué haré en mal tan riguroso? Si la miro, me enternezco; y S. lo escucho, me enojo; y en dos atectos distintos, ira, y llanto, voz, y asombro, a lo que el uno me obliga, me está suspendiendo el otro; mas al que vive inocente se inclina mi afeeto todo: sin duda en esto hay oculto algún secreto que ignoro. Lin hombre aquí cerca miro, y con cuidado piadoso parece que se enternece de mi mal. . Si es, que de modo, que en nada se diferencia del mismo que siento y lloro. 3 En qué está la semejanza? En vuestro tormento propio. Pues a vos os toca el mío? Mucha parte. De qué modo? No lo sé para decirlo. Luego lo ignoráis? No ignoro. 3 Pues por qué no lo decís? Porque en algo estoy dudoso. De qué? De vuestra desdicha. No la veis? Ya la conozco. A qué aguardáis? A apurar un enigma misterioso. Quién le ocasiona? El honor. 3 A quién le toca? A vuestro esposo. Qué es lo que escucho? decidlo. Es, Señora que este enojo no le ha de decir la voz. Quién puede explicarlo? El rostro. 3 Con qué voz? Con la vergüenza. ; Y sí es muda? Con los ojos. De su esposo Ludovico no siente el sin lastimoso, pues con olvidos profana de su honor el nombre heroico. Quién eres, hombre que así admirado, y pavoroso, con equivocas razones dejas mi pecho dudoso? Si te sigue de traerme a la memoria mi oprobrio, ya sé que es grande mi afrenta, y que ofendido mi esposo estaría de este agravio; spero si fue tustimonio, qué culpa en mi pudo haber? Si de su fin lastimoso dicen, que el caso no sientes, no es ese delito poco. Miente la voz que eso dice: miente el tirano alevoso; cierto que me iba a enojar de ese horror más que de todos. Amigo, de cuantos males, trabajos, penas, ahogos he padecido en la adversa fortuna, que infeliz lloro, ninguna he sentido más que la muerte de mi esposo. Con él fuera mi tormento suave: este mal que toco fuera gloria en su presencia; y como él viviera, todo para mi fuera alegría. Cielos qué admiran mis ojos! tanto le amáis? . En el alma su dulce memoria adoro. No es posible, que esto sea engaño; el pecho amoroso de escucharla se enternece. Pues sabed, que vuestro esposo es vivo. . Qué dices, hombre! no con ese engaño loco pretendas martirizarme mas el corazón. . Estoy pronto para enseñárosle aquí. No lo digas, que ese gozo podrá quitarme la vida. No hará. Vete poco a poco, y da lugar que el placer de si arroje lo penoso: atú me le has de enseñar? Sí. . Pues dime adónde? En mi propio. Eres tú acaso? . Yo soy, Isabel, tu triste esposo; dame los brazos. . Ahora, que eres mi esposo conozco. En qué? En que estando aquí llagada de aqueste modo, para llegar a abrazarme no te ha dado horror, ni asombro. Es, que como te he mirado a la vista del enojo, los celos con el dolor se olvidaron de lo hermoso. El Rey de Bohemia viva; muera el tirano alevoso. Amigos ya que los muros asaltan con alboroto los de Bohemia, primero que den a Isabel socorro, acabadla de matar, porque no consiga el logro de verla quien la defiende: hechadla en aquese arroyo. No haréis, que yo la defiendo. 3 Quién eres tú? . Soy su esposo, villanos: el Rey de Hungria a pesar vuestro me nombro. Matadle. Será imposible, porque le ampara Custodio. Amigos, decid que viva vuestro Rey, acudid todos. Cielos, quien tuviera plantas para seguirle animoso! Pero qué es esto que miro? edios mío, qué es lo qué toco? sana estoy, libre me hallo, milagros son prodigiosos, Señor, de vuestra grandeza. Mi bien, Ludóvico, esposo, aguarda, que el Cielo quiere, que llegue sana a tus ojos. Ahora, canalla, infame, probarás mi justo enojo. Ah buen Carlos! vive Dios, que eres Don Carlos Osorio: Amigos pobres, a ellos, porque aquí no somos cojos. 1. Yo le he de cascar las nueces. 2. A este coletillo intenso. Por nuestro el campo ha quedado: viva Isabel y su esposo. Muere, tirano, a mi acero. Ya tu valor reconozco. Tirano, confiesa aquí la verdad. . Muero rabioso, que Isabel vive inocente, y que es falso testimonio. Victoria por Ludovico. Quién eres, joven brioso, que a tu brazo, mas que al mío, debo este triunfo glorioso? Primero que te lo diga, quiero que en aqueste trono veas a tu casta esposa triunfante de un testimonio. Prodigios son que no entiendo. 3 Qué es lo que miran mis ojos? Esposa, llega a mis brazos. Mi dicha en los tuyos logro. De esta suerte premia el Cielo, Isabel, el nombre heroico de tu paciencia constante, para ejemplo de los otros. Y yo viendo este prodigio, he de premiar venturoso a Carlos hoy, con que a Ireno la dé la mano de esposo. Yo solo aqueso esperaba de mi lealtad por apoyo. Conque el Jobde las Mujero aquí tiene fin dichoso.