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Texto digital de La jarretiera de Inglaterra

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Barcelona, Francisco Aviñò librero, s.a.).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La jarretiera de Inglaterra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/jarretiera-de-inglaterra-la.

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LA JARRETIERA DE INGLATERRA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Al triunfo de Eduardo el Tamesís aneguen a vagas poblaciones, Góndolas, y Jabeques rompiéndole la tez a las espumas los clarines, que músicos gorjeen. Llega a tierra, que hacia aquí del Rey la vatida viene. Tomemos todas venablos siguiendo confusamente el estruendo de la caza, Al llano el bruto desciende. Seguidle hacia la Ribera. Alellano. Cielos, valedme. Mas a mano están mis plantas, a ellas mi temor apele. Si yo en mi miedo cupiera en él pudiera esconderme, . Un monte mueve la planta en cada paso que mueve. . No hay quién me socorra? Bruto, la furia veloz suspende; pues ya la vida derramas en roja espuma, que viertes. Monteros acudid todos, que allí voces de mujeres, sueñan. Ay de mí! Que en vano aún para quejarse quiere el pecho alentar, si el susto acentos, y pasos prende, y tanto aún para las voces el aliento se entorpece, que entre los labios del pasmo, se me ha cuajado el ambiente. Suspende prodigio hermoso la planta, de cuya breve huella la estampa en un solo Jazmín, que brota se pierde; y alienta, que ya el cerdoso Bruto, que aljaba viviente volantes flechas sacude de el rizo arqueado copete: su vida vertió a las flores, a quien tu peligro tiene del susto pálidas; hasta que a su púrpura enrojecen; pues regadas con su sangre florecerá allí su muerte. Quién si no tú, Enriqué mío, tan veloz a socorrerme llegara; y quien si no tú, pudiera hacer, que perdiese el metito de elegirte al destino de no verte. Ay mi bien, esa memoria guarda para defenderme; con ella de mi discurso, viendo que a tus ojos vuelve vitorioso el Rey, y viendo, cuanto sus ansias corteses le acreditan de tu Amante. Si ves mi desdén, qué temes? Que esquiveces apuradas dejan de ser esquiveces; pues poderosas porfías, hasta cuando cansan, vencen Gente en mi socorro acude, y aunque no importa, que viesen, que en tal peligro me hablabas, habiendo logrado siempre tan oculto nuestro amor, que entre mil inconvenientes; no solo, no hay quien lo sepa; pero, ni aún quien lo sospeche: desmayada he de fingirme en tus brazos, ya me tienes en ellos, esta mentira . tantas verdades te premie. Qué flicieran prenda adorada en mi cuello reverente tus verdades, si aún así, tus mentiras favorecen. Hacia aquí fue; mas qué miro! Hacia aquí; mas Cielos, este prodigio, no solo el paso; pero aún la vista detiene, divorsiándome el asombro lo móvil de lo viviente. Volved todas (pues ya a nuestro socorro gente) (acude y el dejarla, ya que así no se disculpa, se enmiende. Aquí está, y bien asistida, no hayas miedo, que viniesen tan prontos a mi socrro. Esto es querer que se afrente mi valor con su temor cuando mi acero acomete; más válgame Dios! El Rey. Mas a mi fuga se debe que a su amor. Qué es esto Enrique? Señor, grosero accidente, aprecio de una desgracia a hacerme feliz se atreve. Tan gran costa a la fortuna las dichas de uno triste tienen. Desmayada al susto yace. Prima? Ay de mí! Ya amanecen dos noches en sus dos ojos, y en sus majillas enciende la sangre otra vez las Rosas, que el susto apagaba en nieve mal agüero es de mi entrada. Ay de quien todo lo siente, para otro vive, si vivo, para mí muere, si muere. Dónde Cielos, estoy? Dónde a tu vista convalece en todos, Condesa hermosa, el alma; puesto que al verte ni bien muerta, ni bien viva en nosotros se detiene la vida, como confusa, mas que dudosa pendiente; entre el susto, con que alientas, y el temor con que enmudeces. Vuestra Majestad, Señor, yo, sí. Aún turbada parece más bella hermosura, como tu imperio evitar se puede; si hasta los mismos peligros son de tu peligro afeite? Glorioso Rey Eduardo de Ingalaterra, en cuyos breves Jovenes años, las altas esperanzas de tus gentes madrugando el tiempo; aún más fructifican, queslorecen; pues tus primeras azañas han sido tan eminentes, que a la fama, y la memoria no les deja ya que esperen, y tus prendas de excesivas desde que nacen no crecen. En esta hermosa Alquería, cuyas Torres desparecen las piramidales puntas de sus altos capiteles en las ábulas de tanto Ciprés, como la guarnece, y más que guarnece, asombra: pues siendo fantasmas verdes de sombras de gualda, visten negro verdor sus Cipreces. En esa hermosa Alquería que sediento de las fuentes, y ambicioso de las flores, que bordando sus ribetes, transforman en aguas de ambar sus bulliciosas corrientes en lugar de retratarla, el Tamesís se la bebe. El General Parlamento el hospedaje os previene donde estéis, en tanto que perfetas en Londres queden las prevenciones del Triunfo, con que recibiros quiere, cuando volvéis victorioso de tantas Armadas huestes; como el Rey David de Escocia por nuestras Campañas tiene, por nuestras cumbres derrama, a cuyo peso eminente todos los Montes se exprimen, y de su impulso proceden los minarales que brotan, los mananciales, que vierten Mi Prima Enriqueta, y yo ocupavamos la fértil vaga población frondosa de sus confusos Vergeles esta Primavera; donde Enrique, cuyos pinceles tanto a la naturaleza, en lo que imitan, exceden, que parece, que a los dos producen lo que les mienten. Pintaba una Galería, cuya historia a sus paredes en coloridos idiomas voz para los ojos diese. Viendo pues, que en este bosque la inclinación os detiene de la caza, como son las Cortes tan impacientes, con la pereza, en aquella noble ansia de ver sus Reyes; se despuebla Londres toda, porpue el Tamesís se pueble de nadantes Galerías en Góndolas, y Jabeques, que al aire sobre las velas errantes Pensiles tejen, de quien fueron los matices Tendales, y Gallardetes. En ellos todas las Damas la undosa tez transparente del Río rompen, y bordan de blancas espumas leves, o ya la quilla las rige, o ya el aire las encrespes de músicas, y Clarines se pueblen, acordemente los aires, haciendo, cuando ecos, con ecos se encuentren, que hiriendo como impelidos, alaguen, como cadentes. Mi Prima, y yo, en quien a nadie la lealtad nativa cede, en una Góndola entramos tan ascua de oro, que temen aún los cristales del Río a sus luces encenderse, según herida su popa a tanto resejo ardiente, cuando al Sol concibe en visos al agua en incendios vuelve. De vuestros Monteros vimos vagar confusos tropeles por la Ribera, y creyendo, que con ellos estubieseis, terciando todas Venablos, cuyos acerados temples, aún más el temor adornan; que el ánimo fortalecen; salimos a tierra, cuando de aquel Ribazo deciende, como que precipitados tras si los montes trajese en los hombres que le acosan, y en los canes, que le muerden; Un Espin tan erizado, que su giro le defiende serrado escuadrón de picas, y saetas, con que suele dar muerte, cuando sus puas a cuantos se le opusieren, o ya vibradas enristre, o ya disparadas fleche. Sediento; y herido al agua iba, y yo pasmada al verle di primero voces, luego ni aún de ellas pude valerme, y enmudecí, porque el susto hizo, que a un hielo rebelde, aún el aliento cuajado la respiración estreche, y en nudo de bulto acabe por más que en suspiro empiese: Huye al corazón la sangre vistiendo de palideces el miedo en el rostro, y tanto la turbación en mi crece, que hizo, que aún para la fuga las plantas se me congelen, prendiéndome el paso, con qué haciendo que el riesgo espere el no resolverme a huirle pareció, que era atreverme a esperarle cara a cara. Oh cuantas, o cuantas veces del cobarde ha parecido la inresolución valiente! Todas me dejaron, cuando llegó Enrique diligente llamado de mi peligro, y bien que el bruto esgrimiese, ya de su greña las puntas, y ya el Márfil de sus dientes, escupió en sangre la vida, sonando el viento a los fuertes impulsos de su venablo; porque al furor, que le impele, aún antes del viento gima, que el bruto herido se queje. Acudiome luego, cuando al pavor, que me estremece haciendo, que aún con la planta el aliento títubee: socorriendo al corazón los sentidos desfallecen en un desmayo, de quien cobrada llegó a ofrecerme a sus plantas, desde donde en festivos parabienes de su victoria en sus manos mi lealtad rendida selle. Alza del suelo, divino prodigio, que está indecente a mis plantas tu hermosura por mucho, que ella me aleve, hasta donde a humanos ojos la altura me desvanece. Mal hubiese, amen la caza, y mal el afán hubiese que en el ignorado acaso a su costa me divierte; pues robó el susto a los ojos en sus labios, y en su frente los ampos a los Jasmines, la púrpura a los Claveles. No más caza, no más monte, y nadie a mi vista quede con las venatorias armas, que su peligro me acuerden; pues fuerza es, que a mi amor tanto el susto le represente, que siempre que se repite (do reselaré, que sucede. No en vano Enrique en mi agra- tanta estimación adquieres, no en vano tu habilidad peregrina pudo hacerte Pintor de cámara mío, por más que extranjero eres, en mis dominios, no en vano mi inclinación mudamente me avisó, que tu valor se reservo, para hacerme tan gran servicio; porque naturaleza prudente a gran de fin un sujeto sus altos dones previene. Toma esta Joya, no tanto por imaginar, que premién tantos luminados Astros, como su esfera guarnecen tu acción; como porque viendo cuanto ella a mi premio excede, que es superior tu hidalguía a mi Grandeza, confiese. Señor que sea forzoso que a fuerza del poder ferio mis finezas, permitid, que lo excuse; pues no puede ser acihedor vuestro aquel que ejeruta lo que debe. Cualquiera que allí se hallara era forzoso, que hiciera lo mismo. El llegar más presto no es hazaña, si no suerte: y de una fortuna bien e premiado está el que la tiene. Tomad, y no repliquéis, que compite con los Reyes, quien sus favores no admite, y en cierto modo los vence cuanto va de que del rico aquel que no lo es, desprecie. Viváis dilatados siglos. Hombre toma, y no aconsejes que el primero que inventó, que los Príncipes de allende solo con palabras paguen, es digno de que le quemen. Por qué? Porque este introdujo moneda falsa, si adviertes, que palabras de Señores con ser moneda corriente, tienen poca ley; pero ninguna más liga tiene. Ya que vos por ser en fin magnánimo solamente os mostráis agradecido, no extrañaréis que se muestre deudora la interesada. (Ocasión es de que temple con este favor los celos, que en dones el Rey envuelve) Enrique está Joya mía, (el decir mía os empeñe a no excusarla.) Esta Joya mi afecto es bien, que os entregue, no en premio, sino en señal, que mi ingratitud ostente; pues quien empiesa a pagar, parece que ya agradece. Porque vuestra mano. Enrique esa Joya, ya me entiendes, Esposo he de ser de Juana, cortés, y discreto eres. Esto solo me faltaba. En vano resuerves tomar prenda de otra Dama. que, no sea para offrecerme a mi . otro escollo? Tomad. porque vuestra mano dejo premiado aún más el deseo de mis rendimientos fieles, que la acción, la tomo en fe de que en su valor se infiere, que quien os queda deudor, también obligado os quede. Por vuestra tomo las Joya, y porque, ocasión me offrece de competir de un Monarca heroicas explendideces, sin que, ofenda el Competirle. De qué, suerte? . De esta suerte: Esta Joya, gran Señor, en pago a daros se atreve mi amor de la que me disteis, ved como rehusar puede vuestra grandeza el tomarla, ni quien dirá, que no vence mi dadiva a vuestro don, sinque vuestras altiveses de que yo os pague una Joya, puedan, Señor, ofenderse. Solo tu cortesanía pudo hacer, al excederme obligarme, astro brillante, cuyos cárbunclos ardientes, sin duda de sus dos ojos diáfanos rayos aprenden. Desde hoy vendrás a influirme vos Señora, pues, me tienen vuestro Galán declarado las libertades corteses, de nuestra nación, en donde nos permiten los desdenes, de las más Illustres Damas, que en saraos, y banquetes, en paleos, y alambleas, nuestro afecto las corteje, sinque el melindre al recato los escrúpulos afecte, pues, nunca lo cariñoso, olvide lo reverente. Permitid, que de Galán, cumpla con todas las leyes: Pues un joven Rey Marcial, cuyo espíritu se enciende, en las militares glorias, que le dan tantos laureles; No esta airoso, sin amor, que sus empresas fumente. Y así tomad mis Carrozas, porque volváis brevemente, a la Quinta a repararos, del susto, en tanto que llegue, yo a señir de un bruto airoso, el furor en los borrenes, porque por el viento unido. a vuestro estribo me lleven, Dadme un caballo (ay amor!) Cuando juzgue, que supiesen los aires de la Campaña este ardor desvanecerme, a sus ojos más vencido, después, que vencí me vuelves? La Joya dio al Rey, amor deja los celos crueles, que entre las cortesanías del Rey, me has hecho, que encuetre; Y desde el discurso al alma, son ensortijadas sierpes. Que una Joya de su Dama, al Rey, Enrique le diese sin mí estoy. Que mi amo sabe su poquito de Alcahuete dando la Joya, en fin no hay ninguno, que no se ingenie, pues ellos llaman amigos, a los que este oficio ejercen sin que haya de estos a estotros, cosa que los diferencie, sino el mal nombre, que sirve de infamar a los Pobretes. Morgan, de mi Ama un recado, tengo para ti, si puedes escápate de él. . Si haré. Porque en otro coche entre, donde llegar, puede Enrique bien será, que a ellos me acerque, antes que llegue mi Prima. No crehí, que vos hicieseis, (mucho será, que delante de Fenisa, no reviente mi enojo! Mas de la cifra me valdré; si se ofreciere cosa oculta.) no creyera, que el desdoro en vos cupiese de dar prenda, que yo os di, con acción tan indecente, como dársela a mi vista. Ni yo creí, que tuvieseis en eso, mas que reñirme Señora, que agradecerme. Jo agradeceroso? . Sí; porque bien claro se infiere, que si me quiso pagar el que yo la vida os diese, con una Joya, que airado me obliga el poder, que acepte, y hacer a tan poco precio mi fineza, suya quiere; quien a costa de otra Joya bien, que Joya vuestra fuese la rescata, da a entender, que en ningún precio la vende; y así Señora, por más que vuestro seño se altere, quédeme a mí la fineza, y la Joya al Rey le quede. No es más que una prenda mía, vuestra traición enagone, que no, que el Rey de pagar vuestra fineza me alegue la fineza? . No Señora; porque si mayor se advierte es una alhaja la Joya, que aunque por prenda se tiene mas de dádiva en su precio, que no de favor envuelve, y no importa tanto, que él una dadiva conserve vuestra, como una fineza, que a vuestros ojos hiciese: y pues la Joya, la paga, nada el cariño le debe. Ya tengo que sepa el Rey, Ya tengo cosa que cuente a Enriqueta; pues de mi Amo por mis ciertos intereses, espía a latere soy de cuanto hablare, y dijere. Mucho se declaro en esto solo mi decoro siente, que al Rey se diese mi prenda, y no el ser vos quien la dieseis: porque, que me importa a mí, . que vos seáis lo que fueréis: ay de mí! Que iba a decir, ingrato, fallo, y aleve. El Rey, Señora, os aguarda. Ricardo. . di. Luego verme puedes. . Si haré. Pues lo pagan parlaré cuanto supiere, y aún de cuanto imaginare le bordaré su ribete. vamos, y en honor del Rey, a quien el orbe se estreche; a ser en su redondez digno círculo a sus sienes. otra vez en los cristales los dulces coros alternen. Al triunfo de Eduardo Astros bellos. Soliloquio? Yo escapo como un cohete, en tanto, que en sus ideas extático se divierte, a parlar, cuanto aquí he visto, y a hallado mi caletre de Euriqueta en los oídos; paraque más me recree la piedra Filosofal, ignorado tantas veces; pues las palabras destotro, ella en plata me convierte. Astros bellos. Solo a fin de verte esperé encubierto a que dejasen desierto, todo este monte. Cerbín? A mis brazos bienvenido seas. . Requiebros amí? No pararé más aquí. Por qué? . Porque he colegido, que me espera gran trabajo, pues mi lealtad sufrirá el gran chasco, que traera a las ancas tu agasajo, que, cuando se llega a ver, que trate con mucho amor a un criado su Señor es, porque le ha menester. Siempre de humor has de estar? Desde, que las asusaste, y de Escocia te ausentaste, no me quedó, que gasar otra cosa Y pues llamado vengo, y cartas recibí, cuando ignoraban de sí todos, que puerto has tomado que, fortunas has corrido, ni a donde estás, di a que fin Necesitas de Cerbín? Oh a que efecto, soy venido. Desde que, quiso mi suerte darme con injusta ley por mi enemigo a mi Rey por una trágica muerte, que disculpar quise en vano por ser en un lance, donde enogé también al Conde de Monrgomerí mi hermano de un Monarca perseguido, y de un destino ultrajado, de deudos desemparado, de Patria destituido; me vi obligado a la ausencia, haciendo en mi adversidad norte la casualidad, destino la contingencia, que a Ingalaterra me condujo, donde me suspendió el paso; porque fue quisa este acaso consultado con mi influjo. Ya sabes cuanto en mi edad primera, el arte ejero; de Pintor, donde adquirí tal grado de habilidad, que por si sola se hacía ella estimar, de manera que, para ser la primera, no hubormenester sen mía. Aquí pues con ocasión de hacer en su Corte asiento lo que fue advertimiento, antes hice profeción, y en tan noble habilidad, con que, he adquirido riqueza desnuda de la grandeza hago inmensa vanidad de ser honrado por mío, sin que nada haya heredado; pues para estar estimado me sobra lo que nací. Pintor de cámara he sido del Rey, y por el primor, de mis líneas a este honor entre todos escogido. No pienses, que ejercitara mi generoso ardimiento este puesto tan contento, si amor no me disculpara, haciendo al más alto honor los ejercicios capaces (que en noblecen los disfraces los disimulos de Amor) La hija del senescal, que en Escocia embajador fue, y el milagro mayor prodigio más celestial; pues amor, porque despojos suyos los mortales vea, cuanto aún no cupó en la idea supo abreviar en los ojos. Un día en Escocia yendo de nuestra Quinta al Jardín, aún prevenido festín por ir los coches, corriendo: el Cochero, que en enojos a los demás atropella volcándola el coche a ella, les quebró a todos los ojos. Llegué al socorro el primero uniendo en el trance esquivo ternezas de compasivo a leyes de Caballero, donde rompiendo embarazos entre horror, y confusión del riesgo la precisión, hizo corteses los brazos; que del puerto la sirvieron en el golfo de sus llantos. (Oh, cuantos dichosos, cuantos riesgos de Damas hicieron;) porque, cuando más sañudo el desdén, en ellas crece, la desgracia favorece a quien la suerte no pudo. A la Quinta la llevé, donde cortés la asistí en el riesgo la serví, del susto la reparé, aún sin llegarme a inclinar; pues tan niña erara mi ver, que entonces fue amanecer, lo que ahora es abrázar, Vila en Ingalaterra ahora, y en el Zenit de su vida la perfección ya crecida, que le apuntaba a la Aurora, hoy de la casualidad renovada aquí la gloria; lo dulce de esta memoria se hizo luego voluntad, que de veces imagino por cuan ignorados pasos, aún de olvidados ocasos, e influjos hace el destrino! Yo en efecto la serví, ella en fin me conoció, y aquello que, se acordó, supo interceder por mí, porque, para la victoria de su esquiva libertad halló ya mi voluntad sobornada su memoria. El secreto le encargué de quien soy, fiando de ella lo inflejible de mi Estrella mi adversidad le conté: y así vencí su rigor; pues con tierna falsedad, aún se paso la piedad a la banda del amor. A causa de esta hermosura mi grandeza disfrazada está, ofreciéndome entrada el arte de la Pintura. Para ver la gloria mía con libertad, y a este fin, ahora estoy en su jardín pintando una galería. No tengo de quien fiarme, que en cosa tan arriesgada ni ha criado, ni ha criada he querido declararme en mi secreto constante; porque hay el inconveniente del Rey, que públicamente hace gala el ser su amante: y aunque este es afecto ocioso, que no puede subsistir no es cordura competir, la pasión de un poderoso, en cuya suerte importuna siempre en su opinión sería contra su soberanía delito el tener fortuna. De más que, capitulado de Norflorcia el Duque está con ella, y su Padre ya el casamiento ajustado. Dejo; aunque, por adversión ella el dilatarle es fuerza; sin que la obediencia fuerza su severa condición. No ha habido cifras extrañas, ni ocultas cintas a habido, con que, no hays introducido con cáutelas, y con mañas los papelos, y cobrado respuesta al tiempo oportuno, sin fiarme de ninguno; porque, Morgan un criado que, en Londres he recibido, si su genio conjeturo, poco callado, y seguro a mi amor ha parecido con acciones naturales, que, en una conversación poco reparables son, por ser a todos casuales. Una cifra he discurrido, con que sin sospecha hablemos; aunque cercados estemos de todos, y persuadido de tu nativa lealtad te llaman las ansias mías. Ya te acuerdas que tenías peregrina habilidad en fingirte mudo, pues para este fin te he llamado: leal eres, y Callado cuanto valgo, tuyo es, mudo, pues te has de fingir, y si la cautela pasa en Palacio, y en su casa, te podrás introducir con tu industria a ella podrás hablar de mí, y como así no se guardarán de ti, creyéndote sordo; oíras cuando de ella el Rey hablare el estado de su amor; cuanto el poder: o el rigor para mi ofenza intentaré, ya la cifra te daré, porque en un riesgo preciso me puedas dar el aviso, sin hablarme, y sinque dé sospechas de ti el cuidado, que mis recelos mejora. Vamos a la Quinta ahora, donde el Rey, habrá llegado, sin que, traición haya sido la que intenta mi valor, que en la guerra, y en amor todo ardid es permitido. Pues vamos allá Señor que mudo me fingiré para tu intento, y seré un mudo tan hablador, que aunque tú por tus locuras, a mi voz silencio pones hablaré enjestos, y acciones por todas mis conyunturas, Yo con ella te daré introducción; mas primero que todos te vean quiero fingirte mudo; porque no den sospecha el entrar en su casa por mi mano. Anda, que es recelo vano mi entrada, Señor, dudar has cuenta, que está lograda que en casa de la grandeza jamás aquíen va a ser pieza le pudo faltar la entrada. La última cifra de Enrique, después que tengo estudiadas tantas, como en el discurso de nuestro amor hizo, y tantas como en tintas invisibles en equivocas palabras, y en oscuros caracteres nuevos avisos disfracen. La última cifra de Enrique es esta, que en la ordinaría cifra, que me escribe; cuando de darme papeles halla ocasión escrita, viene: y su clave aquí explicada, quiero repasar a solas en esta florida estancia en tanto, que, de la Corte besamanos embaracen al Rey, y que en el concurso mi Prima está embelesada. Todo cariño, que quieran decirse Galán, y Dama será, componiendo el pelo, y todo desdén, o rabia será tentarse las sienes, como que acaso se haga jugar con el abanico o, estusilla descuidada, será acción de pedincelos; y en el Galán los señala alzarle un poco el sombrero. La cinta, o pluma, que traiga satisfacción de los celos, será el pasar por la cara toda la mano al descuido; como que es illusión vana. Preguntarse, si se quieren será en acción alternada la Dama en el abánico; y el Galán en la corbata. Él no, se dirá en la oreja; él sí, se dirá en la barba; en la nariz, se pregunta si enojado, o, enojada están, que tiene, en la seja; que está malo, o esta mala, refregándose los ojos, toda pregunta, que en laza como, quien, porque de que en la cabeza se haga, discurriendo la pregunta, conforme lo que se habla. El Rey, se explica en la frente: el Duque, tocar la manga; al decir Ricardo, el pecho, y Enriqueta la garganta, en el dedo más pequeño, la persona esta cifrada, el criado en la muñeca, cualquiera de mis criadas: el dedo del corazón; a la Dama nos declara; y el dedo Índice, al galán no leo más; porque es muy larga la cifra; y muy ingeniosa, y en cortas señas abraza cuanto la conversación de amantes más dilatada puede ofrecer sin sospecha; pues reducida se halla a acciones que por casuales, no pueden ser reparadas. Solo lo que es menester, es ingenio para hablarla, supliendo a veces el verbo con que se unen las palabras. Él vendrá ya a proseguir las pinturas empezadas de esta Galería, que se discurrió por dar traza de vernos. Que una vez que un hombre, que parlar traiga, no haya encontrado a Enriqueta por Jardines ni por salas, si más el hablar detengo, me han de dar más de mil bascas, porque un secreto es guzano que royendo las entrañas, con un oculto bullicio hasta vomitarle escarba, válgate Dios la Enriquera; pero ay de mí! Aquí está Juana este encuentro tiene azar, yo escapo. Morgan, aguarda; para que a Enriqueta buscas? Espacio desconfianzas. otra nueva tentación! que tenga un hombre esta falta de no poder callar cosal Dilo. . Mucho aprieta! Acaba. Señores, ya no es posible; porque meva dando arcadas, y un secreto es grande mi seria que con todos no se parta; pues podrido a nadie sirve, y se podré si se guarda: Señora, busco a Enriqueta, porque tan enamorada está de mi Amo la pobre, que de celos no descansa, y porque le diga, cuanto hace, dice, y piensa, gasta en lo que, porque ella oyera quisa yo se lo pagara, sino que entre dos deseos el suyo más se adelanta. Muerta he quedado: y que vienes ahora a decirle? . Ya escampa a eso no me detendré, quede aquí la loja doblada, que a moler voy los colores pues ya para pintar tarda, y si es que viene, y contigo en secréticos me halla; puede ser que siembre en mí mil chichones a patadas, y no quiero, que esa fruta entre mis costillas nasca; que mi espinazo no piensa llevar fruta de sus plantas. . Ay infeliz! Que en amor tranquilidades no haya? A quien dé una voz al aire no baste para borrasca; muerta me ha dejada este hombre. Prima, tú tan retirada del concurso de la Corte; que en cuadrillas desmandadas viene a esta Quintal, qué es esto? Mucho a los ojos agravias, a quien tu retiro esconde belleza tan soberana? Triste estás, qué es lo que tienes? Esto solo me faltaba: . No sé triste estoy, y a un triste todo bullicio le cansa Diviértate en la pintura que ahora de llegar acaba Enrique a la Galería, y a mí en extremo me agrada el ver pintar. ibr A traidora! Qué dices? ci Vamos; que falsan . me lleva a lo que yo deseo, cuando juzga que me engaña. , h - Tarde habemos, hoy venido. Si tú te fuisten la caza, quien tiene de eso la culpa? Aquí estamos retiradas mejoro pues ya desde aquí a verle pintar se alcanza: retírate aquí conmigo, con verle mi amor descansa. . No le ha de hablar si yo puedo. Allí se han parado a verme; aquí lao industcia me valga de la cifra que le di pues ya la tendrá estudiada: que tienes, mi bien, en ceja y pelo digo enojada me repondió en la nariz, la Joya, será la causa. Preguntarele, porque e la cabeza? Pedrada Ce los dice el Abánico, confusión es bien extraña. Que te parece lo Noble de este Arte? Noble le llamas cuando es su primor mentir, ya bultos, y ya distancias? Sí que es noble la mentira que a la verdad aventaja. Misteriosas las Señoras están, y tiemblo al mirarlas; ay señores, que un secreto tantos sustos en si traiga, que detenido se pudre, y vomitado amenaza. otra vez en la cabeza. Lo que mi Amo se rasca. Le preguntaré, porqué? Así explicaré mi saña. En la cabeza en el dedo el abánico, y garganta, porque tú a Enriqueta quieres, me ha dicho en acciones claras. Quien se lo dijo en cabeza, y boca he de preguntarla. Qué haces? Qué he de hacer, que tengo do esta sortija apretada, Mal tu inquietud disimula tu mal humor, o tu rabia. Si bien lo supieres: Bien el dedo inferior declara, que este pícaro lo ha dicho. Qué me miras? Muele, y calla, que si a vista no estuvieres . de quien tu traición ampara, yo te hiciera que otra vez a la Condesa conturas los extremos de Enriqueta. El Flos Sanctorum me valga, este hombre tiene demonio, . porque ni de allí se aparta la Condesa, ni con otro le ha podido avisar nada, no pararé aquí un instante; Demoñuelo de Moatra, que en llevar chisme empleas toda tu diablura, aguarda, verás, que en agua bendita toda mi boca se baña, porque de ella no te atrevas, a coger ni una palabra. Con la mano por el rostro procuraré asegurarla de que es mentira. El Criado hizo señas de que vaya siguiéndole, algo hay que sepa: ya vuelvo. Traidor Repara Antes que pierdas el tiempo en necias sospechas vanas en que un mudo que verás un Criado es, que en mi Patria me sirvio, tengo experiencia de su ardid, y confianza de sus secretos, y así recíbele tú en tu casa, di que gustas de él. No quiero, Aleve, falso, pensabas, que tercera de mis celos había yo de ser causa de que en mi casa estuviese, quien pudiera con sus trazas, dar recados, y papeles a Dama tu ya? Qué Dama. Enriqueta, yo lo sé. Plegue a los Cielos. Te cansas. Mi Bien, mi Dueño, mi Esposa. Qué oigo? El Duque, viva estatua ob soy. El Rey, todo soy hielo, pero la industria me valga: mi Cielo, mi Amor, mi Gloria; mi dulce Prenda, mi Alma, y no mi Vida, pues ya está en las postreras ansias; si tales celos te di- Desdichas, él declara. Celos; esto va perdido. Cielos Enrique me agravia. Y si sé de quién los tienes supuesto, que es aire el aura a quien llamo, porque temple mis fatigas en sus alas, no vivas más, que será en mí la mayor desgracia; puesto que mi muerte empieza, por donde tu vida acaba dijo Céphalo, más Pocris entre sus brazos éxhala la vida, y en perpetua noche, sus dos luceros apaga. Ahora podréis la pintura atender, pues ya explicada la fábula está, de donde dijo un proverbio a la fama; que si el aire diere celos, celos aún del aire matan. Oh cuanto engaña el oído. Cuanto la aprensión engaña. Cielos, él sin ver al Duque, porque le estaba de espaldas desvaneció lo que dijo. Qué hay Enrique? Que aquí estaba el Rey? Cielos muerta estoy. Señor. Duque, que se trata? Viendo estaba estas pinturas. A la Condeesa explicaba, yo esta Fábula de Pocris, y Cépalo, a cuya tabla hoy está dando la brocha las últimas pinceladas. Y está con gran valentía, la terneza allí explicada de Cépalo, allí de Pocris, el desmayo con gran alma. corrido estoy, que yo hiciese . tan necia desconfianza. Que se atreviesen mis celos, a una sospecha tan baja? Ba,ba, baq Detente Qué es esto? Ba, ba, . Que ba, ni que baaba. Este hombre ha dado ensentrarse haciendo mil pataratas hasta aquí. Parece mudo? La Cifra tengo estudiada, . y antes de entrar, hizo mi Amo, que viese todas las caras de las primeras personas, que hacen papel en su farsa por conocerlas, puesto que hablando el criado estaba cuando entré con Enriqueta: con la industria comenzada se lo avisaré, ba,ba,ba El dedo inferior señala, y la garganta, y los labios. Esto es, que Morgan hablaba con Enriqueta. Haced. Duque que den; si a eso fue su entrada; a ese hombre, alguna limosna, y vamos, que despachadas, han de quedar las consultas. o Majestad ignorada, que explendida servidumbre es la vida de un Monarca. No quiero otra vez quedarme, con él; fortuna tirana, cuando dejará de sen una ansia el fin de otra ansia. Por señas diré que venga. Baba, ba Ya le da las gracias. con ba, balleva el dinero, por cierto, que es linda! maula. Pícaro, como te atreves, faltando a mi confianza a ser hablador. Señor, yo no le he dicho palabra de ti a la Condesa. Ahora con Enriqueta; no estabas hablando de mí? Eso más? a él le dice cuanto pasa el Diablo, Jesús mil veces! Si tú de aquí no te apartas, cómo lo sabes? Villano, en ti mi cólera airada vengaré. Señor, Señor, que me ahogas, que me matas; que me quemen si aquí; otro secreto a voces no anda. Amor duélete de mí, vuelve una vez por turcausa, no haga siempre la fortuna a las verdades desgracias. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Absorto quedé de oírte. Lo que te he contado es cierto, y así al Rey puedes decirlo no pude por más, que he hecho, saber, quien sea de mi Ama este galán encubierto, mas que ella está enamorada; es sin duda. Quién siguiendo nuestros pasos viene? El mudo. No importa a nuestro secreto, pues es sordo Scalo el Diablo, que a muy buena ocasión llego para oír esa consulta. Prde que sabes tú eso; que aseguras. de señales, que acá muestras tenemos: mira cuando una señora trae los discursos inquietos, cuando tiene suspensiones, cuando se enoja sin tiempo, cuando está alegre, sinque nadie sepa, porque, y luego desvanece su alegría arrebatada de un ceño, cuando no quiere tocarso su poco gusto encubriendo, con una pereza mansa envuelta en un dulce dejo. Cuando otra vez se compone con un estudiado aseo, haciendo en mudos idiomas de los colores miste ríos, que me quemen, si el amor duende de sus debancos espiritando sus niñas anda en sus ojos bulliendo. De más de esto gusta mi Ama de Comedias, y de versos, que es otra mala señal; pues parecidos afectos se buscan allá en el alma cierto oculto parentesco. Ella escribe papélicos y los lee, aunque no veo quien los lleva, ni los trae; porqué algún diablo casero debió de hacerles sin duda, pasadizo por los vientos; por no pagar a Criadas de su registro derechos. Ella tal vez afligida está, y si acaso lo vemos, envaina a medio suspiro la contera, de un resuello: De tantas contradicciones, con juita razón infiero, que tiene diablo, o amor, porque en el humano cuerpo de uno, y otro suelen ser parecidos los extremos. Que diestra es la picarona, puede de casos como estos, según es la dueña hacer relación en un Consejo! Mucho ha de sentirlo el Rey si esa noticia le llevo; que es Monarca, y es Amante, y con justa razón temo, si aún ofendido se junta lo amante con lo soberbio, no quisiera, esa sospecha decirle. C Pues tú qué riesgo tienes en decirle al Rey, lo que te ha mandado él mismo, que averigües. . Ay Fenisa! Nada aborrecen tan presto, los Amantes poderosos, como a quien fue el instrumento, de quien supiesen su mal, aunque fuesen con buen celo; porque la soberanía juzga tanto atrevimiento hacerle la ofensa, como decírsela; y en su genio les deshace aquella vana fortuna, que aprendieron, quien la dicha, que imaginan, les borra de su concepto. Muy moral está Ricardo, y aún olvidadizo; puesto que de balde se ha llevado la noticia; mas qué veo? Esto tenemos ahora? Señitas, que yo no entiendo, por cierto, que gusto yo de ver Amantes jesteros. Muda de una parlesía. quedes tú plegue a los Cielos, que habladora de futuro aún el pronóstico has hecho de su intención, y vendidos tus discursos por sucesos; pero aquí viene mi Amo. Decidme, fragantes bellos, purpúreos Astros floridos de estos Jardines amenos, de quien el viento a invisibles, alas sus Auras moviendo, el Ámbar liba en suspiros, que esperesáis en bostejos:, decidme, si por aquí pasó mi bien; mas ya advierto, que me respondéis, que no pues sus plantas este suelo a diluvios no anegaran de flores, que produjeron, ni marjitaran sus ojos las que brotaron sin ellos. A Señor que soliloquio es ese? Preguntas, necio, lo que no puedes dudar. Cómo no puedo? Si puedo; pues de tu soliloquear, solo loquear comprendo. Pues, Cerbín, todas mis dudas, mis pesares, mis contentos, retiros, y suspensiones pueden tener otro objeto, qué Juana? Que me preguntas, si de mí estoy tan ajeno por no estar sin ella en mí, que absorto, mudo y suspenso, no hallando descanso el alma sin que tenga en sus efectos; por patria mi voluntad, y su memoria por centro, a los humanos discursos me escondo en mis pensamientos, ya que eres tú tan feliz, que introducido te veo en su casa ya, ay Cerbín, y quien para estarla viendo, vivir pudiera en sus ojos? Linda casa de aposento, a no estar junto a las nubes que llueven a este isquierdo; mas no era malo el partido, que al mirarla yo de lleno siendo terceras mis niñas, estuvierais los dos dentro. Ya que tan feliz has sido a decirlo otra vez vuelvo, otra vez, y aún otras mil con envidia lo contemplo, que estás en su casa ya válido del fingimiento; que hemos discurrido, dime que habéis hablado? Prometo Señor, que aún todo el día, sus pasos andé siguiendo, no encuentro ocasión de hablarla, según la trae su respeto de Criadas asistida, sino es al descuido haciendo las señas de aquella Cifra, que en mí se reparan menos, que en otro, pues todo soy, señas, visajes; y gestos; y aunque pueden las Criadas en alguna ocasión lejos, porque el murmúreo no escuchén, a pronunciar no me atrevo como me tienen por mudo, y solo a dar me resuelvo tus papeles, y aún ahora, puesto que ocasión tenemos de hablar, pues si viene alguno, fuerza es en lo descubierto de este Jardín verle antes, y a nuestras señas volviendo no advertirá, que pronuncio, como no escuchen los ecos; te he de decir, que Fenisa es enemigo casero, y Espía del Rey, que a Ricardo, estaba ahora diciendo: que su Ama está enamorada, según ve por los efectos; aunque no sabe de quien. Pues porque no has ido luego a avisárselo? Porque en su tocador no puedo entrar; y porque a Palacio me envían, que el Rey sabiendo, que la Condesa gustaba de mi humor, le hace el cortejo de gustar también de mí: por lo cual, señor, te ruego, que aún que con ella te cases, no descubras el secreto a nadie, de que sé hablar, que perderé mi remedio, según lo que esto me vale; y en los gastos de estos tiempos no trueco ser sabandija por ser hombre de provecho. Pues mira entre algunas Cifras, que yo le he dado, me acuerdo de una de flores, en que de una flor solo leemos la letra, conque se empiesa, componiendo el alfabero; pues a su seña, alela azar, y Aroma sirvieron, de explicar la A la Bara de Jesé, la B,siguiendo la Cael Clavel, y de todas; un ramillete compuesto, poniendo adonde se ompiesa a leer un Junco en medio, que el Ramíllete divida los renglones va tejiendo en cada círculo suyo: y pues Jardines excelsos que en su variedad ostentan la grandeza de su Dueño, S están siempre matizados de flores de todos tiempos: Yo iré componiendo un ramo, en que ese aviso encubierto vaya, y la misma criada a de abrigar en su pecho, llevándosele a su Ama el áspidide su veneno. Brava es la Cifra por Dios, porque si mal no la entiendo hasta ocho, o nveve renglones se pueden enviar impresos en un ramo a cualquier Dama sin que sea el embeleco sospechoso, y más aquí, a donde el recato es menos, que otras partes: mas dudo que haya hallado tu desvelo para todas letras flores. Pues aguarda, que aquí tengo la llave, y a ti, ni a otro dejar esa duda quiero. Aroma, Azar, Azusena, Alelí, y Amaranto: de la A, la B, la Ba- ra de Jessé, y la Bonino; la Crel Clavel, el Cinamomo, la Citronela, el Caracolillo, la Don la Damasquina, y flor de Don Diegor la Eola Escomilla de Am- bar, la Espuela de Caballero: la F. la Filopéndola: la G. la Ge- mela: la Aa el Hisopillos la 1. el Jacinto, sirviéndole el jasmínpa- ra la J. Por ser esta casi una letra: la Lel Lirior la Ma la Maravilla Mosqueta, y Mosco Greco: la N. el Narciso, y el Nardo; la Od la flor de ojo de Cristo; y la P. Pensiés: la Ra Rosa. la Soel San- dolo, la Tel Tulipan: la J. y la Z. no sirven con la Carse expli- can: y la Ve la Violetar Solo lo que no hay es Que, y se suplirá con poner en el ramillete una ojado hierba olorosa; donde quiera que haya de decir, que, para unir la Oración. Linda Cifra; pero en tanto que vas, señor, componiendo tu Ramillete hablador, una objección me resuelvo a preguntarte, que me hace mil cosquillas acá dentro, si son en la Gran Bretaña tan cércanos los dos Reinos de Ingalaterra, y Escosia; y se profesa en ellos el Arte de la Pintura con tan excesivo aprecio, que de Flandes, y de Italia hacen conducir los lienzos de los mayores Pintores, cuando tú llegues a serlo del Rey, y tan celebrado: como dime los más diestros de Escocia no han adquirido uno obra tu yay en que temo, que si la mano conocen, no por ella seas descubierto. Muchas soluciones hay a la objección, que me has puesto, la primera son las guerras, que embarazan el comercio; es la segundas, que yo esta habllidad no ejerso, sino en Palacio de, donde no es fácil salir tan presto ningún lienzo a otras Provincias. La tercera, que advirtiendo ese inconveniente mismo prevenido ese suceso mude colores, y estilo, y cuado hiciesen cotejo, no dirán, que soy yo propio; sino que a mí me paresco; mas vete, que hacia aquí viene on Bingo? Fenisa. Pues yo me ausento, no porque perderé el metal de los doblones, que adquiero, si sabe esta, ni otro alguno el metal de voz que tengo. . Señor Enrique Fenisa? ap Tan solo aquí? Sol uana Divirtiendo estaba la soledad de estos pensiles hibleos con las extrañas acciones del mudo. . Estraro sujeto, yo no sé porque mi Ama gusta de él, que no le encuentro gracias: flores cogéis? Quejosas las considero de no haber en las mejillas, i frente de vuestro dueño encendido sus matices, o candidos, o sangrientos, y así pues se está tocando, que vos la digáis os ruego, que este Ramo, que mis manos artificiosas rigieron de las flores, que la aurora vertió del cándido ceno, o de los dorados rizos omé al destrenzar su cabello, dedón que se esparció el ser ensondas! risa temuestad del viento. Llegué a encender en sus ojos sus flores; porque luceros de nacar aprenden rayos de la Esfera de su pecho Y es a mi! Ama, o a Enriqueta, porque a exponerme no quiero a errar quisa la embajada. Es para quien os le ofresco, la Condesa mi Señora de Salisburegh; ya con esto no podréis equivócaros, np y que es necesario creo distinguirla, porque juzgo, que servís a dos a un tiempo. Mosca le dio la pregunta, quice averiguar el cuento, que Nise me contó, y el se ha recatado de cuerdo. Que tenga yo este mal vicio, a mí que me va el saberlo, si nada de Enriqueta toca al Rey de quien yo profese ser espía, pues aún cuando le llevaba su denuedo, a la Campaña a Ricardo dejó en Londres a este efecto, pero aquí vienen mis Amas, ojo a vista, y silencio. Esto prima he de deberte. Una cosa en mi cordura, es estreñar tu locura, y otra es obedecerte; porque dime, en un Pintor particular Caballero, que puede (dolor fiero?) . que sea digno de amor. El Amor; aunque ha fundado su imperio en su tiranía, iguala en su monarquía E no los méritos al estado, ni él atiende a la Nobleza, ni a grandesa aunque más hables que de las prendas loables, fábrica allá su grandeza; en su imperio singular a ningún Monarca cede, y que Rey es quien no puede, ya abatir, y ya elevar. sus prendas consideré, su gala, y talle advertí, quisa noble le creí, porque yo lo deseé. Miente con tal frenesí el deseo lisonjero, que se engañó a si primero, y me engañó luego a mí Él en fin con mi grandeza se excusa, y con su humildad haciendo con falsedad veneración la tibiesa; pero de ma conocida su noblesa fue en su modo, que no puede estar del ltodo una gran alma escondida. Mi dospecha confirmó todo lo que me ha contado de sus cosas, el Criado pues me dijo. Aquí entro yo, y nunque ando tan aturdido, que en nada es bien, que me meta porque anda un diablo estafeta entre mi voz, y su oído; y tan diablo, que a estirones si parlo lo que aconsejas, o trae acá sus orejas, o lleva allá mis razones. Si es que vas a referir lo que yo te revelé, un nuevo gusto tendré en volvértelo a decir, que aunque se sigue el medrar enriquecer, y lucir, no se quien puede servir adonde no hay que parlar Conté que ocultas tenía joyas de precio excesivo, que en lo que ha, que con él vivo mil señales en el via de una incognita nobleza en el modo, y en el mandar, en reñir sin ultrajar en romperme la cabeza con una gran seriedad, en sentir con suspensión, dando rasgos, cada acción de una oculta gravedad, que puso de la alta cuna la naturaleza rara; un carácter en la cara, que no borra la fortuna. Este Conde, y aunque digo, que por mi suerte infelice todo, el diablo se lo dice, yo no puedo más conmigo, y va en la complexión mía; porque señora en efecto de lo recio de un secreto me dieron una ablopejía; a no ser, que en mis enredos, el Cielo me quiso dar facilidad de arrojar, aún sin meterme los dedos, ya dije, y hoy no es penosa su venganza, aunque llegase: y si ahora me matase no me queda acá otra cosa. Sintiera en mi suerte ingrata no hablar en mi muerte; pero si es que con mí habla muero, yo parlaré, que él me mata. Pues uste otra mujer tomé que casar no me conviene con un criado que tiene mala ley al pan, que come; ni me hable más en su vida, ni haya miedo, que la quiera; para mi natural era esa muy buena partida. Criada eres, y has de ser, como yo. . No hay que tratar. Como no pierda el hablar pierda cuanto hay que perder Qué mandas pues? Que por mí no se enoje tu amistad, de que con más libertad puede Enrique entrar aquí: No son mis intentos vanos, puesto que en nuestra Nación poco reparables son, visitas de Cortesanos; y menos lo serán de él a cuya introducción, ya tan grandes disculpas da lo valiente del pincel; y aunque el discurso se ofrece reparo en la libertad la misma desigualdad, las sospechas desvanece; Desde que ese hombre acabó de nintar la Galería de Cuinta, y desdel día, que el Rey en Londres entró, no le he hablado, y enfadada, en este Jardín le vi; aunque sabes que aquí jamás se niega la entrada en Jardines a ninguno. Porque con él tanto enfado? desde aquel riesgo pasado, le miro como importuno. Porque te dio su valor vida en sus pasos veloces. Ay Prima, ahora conoces cuanto cansa un Acredor. Yo que nunca le debí con gusto viéndole estoy Yo prometo que desde de hoy gustaré de él, más por ti su entrada permitiré, como con él te declares le hablarás, cuando quisieres y aún yo por ti le hablaré; llegándose a declarar con todos, que es por ti todo; porque yo halle de ese modo linda trasa de pagar. Dios te guarde; que al Jardín vendrá, y yo le pienso hablar, porque le quiero mandar que entre por mí en el festín. El por el Jardín venía, donde me dijo turbado, que en él para tu tocado, de todas flores tejía este ramillete, que con mil concertos me dio. Con un junco dividió sus renglones, yo veré si es la Cifra, él se ha de hallar con muy mala recompensa, que esta engañado, si piensa que ha Enriquera le he de dar. Yo sí, que se lo diré. gracias a Dios que hallé ya que cantar. . No hay ba,ba, ya con el Morgan. . y por qué? Por hablador (cuerda Y podrás dejarme? . Si que soy Como yo el hablar no pierda, pierda todo lo demás. Que tú estas enamorada aunque de quien ignoro con Ricardo al Rey envió a decir esa criada. Mil vueltas al Ramoda, y me mira; y me remira; ya se acerca, y se retira? válgame Dios? qué será? Fenisa. . Señora mía? Ponme ese Ramo.o Si aré. edenol dónde? . Traidora, a la fe faltas de criada mía? Yo Señora. . Qué le ha dado? En que mi ley desagrada Que yo estoy enamorada a Ricardo le has contado. Jesus mil veces, echizo trae el Ramo entre los dos. Cómo es esto, vive Dios, que este diablo es pegadizo. Ay que me mata. Uste tome s Marido, que no conviene Mujer para mí, que tiene mala ley al pan que come. Si tú de aquí no faltaste cómo saberlo podiste? También uste ignora el chiste. Yo te haré. El enojo basta, que no hablaré más. Preciso. es no darme más a entender. Yo el Ramo volveré a hacer; y enviaré en el otro aviso. Ni me hable más en su vida, ni haya miedo que le quiera, para mi natural era esa may buena partida. Aquí anda el diablo sin duda, Lo mismo, amiga, he pensado, quién pudiera ser callado? A quién pudiera ser muda? Tráeme de alhajas, dotales chismes cuando nos casemos. Si pero los partiremos, como chismes gananciales. Puesto que a parlar me enseñas y a tisbar mil desatinos en ti he de engendrar vecinos. Y no de tu parir dueñas. Pues me permite la entrada ay hermoso ameno sitio; esfera verde de tantos caducos astros floridos, que la noche apaga en sombras, y la aurora enciende en visos: pues me permite la entrada sin nota el común estilo; no solo vengó a beber con los ojos el echizo, que inficionándome el alma me deleita los sentidos, sino a quejarme, en estas flores, que a lo ardiente del gemido, cuantas producen sus plantas agostarán mis suspiros. El Conde de Salisburg Padre de Juana, y mi Tío la ordena en su testamento, que se casase con migo; no solo por conveniencias de ser mi Estado tan rico, sino por volver su casa (quedando en embra) al antiguo blazón de su Baronia, que respetaron los siglos conservando su asendencia en mi Casa, y Apelido. Juana, ay amor, que al nombrarla el corazón ha latidos, invidioso de los labios del pecho se me ha movido, a beber, si quiere en ecos de su nombre el desperdicio. Juana repugna estás bodas sin manifestar motivos mas que una aversión el Rey (con que dolor lo repito, pues aún de ignorarlo, no puedo fingirme el alivio cuando está a lo que discurro dismintiendo lo que miro.) El Rey a Juana festeja, y aunque, hasta aquí no hemos visto mas que aquel amor, que es Gala, y más que, elección capricho; pues solo en públicos actos Donde es empeño preciso festejar a alguna Dama su afecto se ha concedido, sin extremo que desdiga de su Real ánimo invicto, y sin que ella de este coto el límite, haya excedido. Con todo eso en un celoso inventor de sus martirios; pues en mi imaginación produciéndome infinitos lo que no deseo espero, Y lo que más temo finjo a ver vuelvo: aquí esta Enr, De su vista me retiro . por no encontrar en sus ojos mis Celos. Enrique amigo, porque de mí te retiras? Porque viéndoos divertido con vuestra imaginación, mi veneración no quiso, que arrebate lo Ruidoso él gusto a lo suspendido. Antes te he buscado yo, que una pretención contigo he de hacer . Vos pretenció? Ya sabes, cuanto rendido vivo al imposible bello, al soberano prodigio de Juana, de quien esposo he de ser. Cielos divinos abrá valor para verlo, en quien no le hay para oírlo? Para engañar sus ausencias bañar de luz determinó mis ojos, que entre las sombras de los rasgos coloridos de su belleza, en un retrato suyo te pido pues tan alto alunto no es de menos pinceles digno su amante soy, y soy yo discreto eres; arto digo. A quién, Cielos, pudo. Enrrique ya que antes de hirme te he visto te quiero avisar, que el Rey que te dijese, me dijo, que le lleves el retrato de Juana, que te ha pedido y adiós. A quién pudo, Cielos. Enrique? Este laberinto buscándoos entre sus cuadras he pascado, y he corrido Enriqueta mi Señora me ha mandado preveniros que no os ausentéis sin verla, ya mi embajada he cumplido. otro embarazo, Señor, todo el día ando perdido en tu busca. A muy buen tiempo vendrás con tus desatinos paraque te de mil muertes, Tantas no podrás conmigo, porque no soy fimenterio, ni caben en mi distrito, y de una me sobra el terció, si tú no guardas el quinto. Vive Dios, que aunque Criado, soy criado bien nacido, y que ahora no he parlado; paraque me agas ocico, y este demonio embustero con rezabios de vecino que con cosquillas de chismes te anda escarbando el oído. Miente, si algo te ha contado; y pues me anda en cuentecillos, salga este diablo; si es hombre que le rezo, y desafió. Calla; si no quieres, que todo el furor vengativo contra ti reviente. Ay Dios! Callo, que me ha confundido, y me ha atado de la sangre las palabras con un grito. A quién pudo, Cielos, otra, y otras mil veces repito suceder en tantas penas estar a todas remiso; confundiendo el sentimiento lo varió de los motivos. Pidiome un retrato el Rey, a cuyo poder resisto en vano, y otro retrato me pide desvanecido el Duque. Yo de mi Dama he de entregar a otro arbitrio, ni aún la sombra? Yo poner su copia en otro dominio producida de mi mano? Que diestra contra mí mismo mis mismos celos me vaya dibujando en lo que pinto creciendo mi estudio propio la ofenza en lo padecido. Mal haya la habilidad, pues a su dueño a vendido: mal haya. Amén, el disfraz, y mal haya mi delirio, que está aumentando en mi idea de mis males lo excesivo, pues contra si misma solo de sus mismos desvaríos la idea de un temeroso va produciendo enemigos, y con saber engendrarlos, no es bastante a resistirlos. Aquí está Enrique. Ay, Señores, un Ángel las a traído que al verle entre si furioso, estaba yo tamañito, sin que en mí mismo cupiese con estar tan encogido. Enrique? nr. Señora? Tanta tibiesa, y tanto retiro? No es tibieza, es suspensión; pues con verdad os afirmo, que el rato, que fuera de estas paredes estoy, no vivo. Aunque lo dice por mí, mal mis sospechas resisto, porqué aún les duele a mis celos de Enriqueta en los oídos aquella falsa alegría, con que se engaña de oír. Enrique ya declarado me alegra el Saber, que os sirvo en esto, y si ese ramo me embrasteis con el designio de que ami Prima le diece, según de este amor colijo, os le vuelvo; porque vos dársele podáis más fino; pues se que de vuestra mano también quedará admitido. El mismo es que yo le di. Tomadle: hah falso! Ay bien mío? Pues me le vuelve, sin duda que vuelve ya respondido, al descuido he de leerle. Temblando los aires miro, por firanda aquí este demonio y por si al tiento le pillo. También que tú tienes Joyas con otros muchos indicios de tu nobleza a Enriqueta ese criado le dijo, otra miradita. Enrique una cosa he de pediros, y es, que declaréis quien sois, porque muy cierto he sabido, que sois más, que parecéis. Sí creéis lo que os ha dicho este pícaro, de que tengo Joyas Jesucristo. Y de otras locuras que inventan sus delatinos, que culpa, Señora, tengo. Un Pintor flamenco he sido de moderada nobleza. Ese Demonio anda listo yo, guarnecere de cruces orejas, boca, y vestido. válgame Dios, este ramo tiene Diablo. No me animo, Señora, a darose, habiendo ya de otra mano venido, que en vos no puede sor prenda lo que en otra es desperdicio. Bien se ha excusado de darle. Esta noche prevenido público festín tenemos, porque aún dura el regosijo de la victoria del Rey, y en bailetes aplaudimos todas las Señoras, vos vendréis a él, que yo os convido Si haré, pues vos lo mandáis Juana con el abánico me ha dicho, que tiene celos asegúrate, bien mío dice en la cara, y el pelo. Mal mis sospechas reprimo, pues traigo al pecho corbata, y ahora es uso, y ha sido de querer el Galán seña la corbata, y el vovillo seña de querer la Dama. Así veré si me explico no los tengo, de que quieres sino de que eres querido. Que no los tiene de que yo quiera juzgo, que dijo, sino de que a mí me quieran yo tengo también en los mismos del Duque, y del Rey diré. Los tuyos son desvaríos diré. , . Y los tuyos también yo te adoro. Yo te estimo. Qué silencio, será este que a todos a suspendido? El Rey, Señoras ha entrado ahora al Jardín; porque vino a ver el festín, y aguarda. Vamos, Enrique, advertido quedáis. Si Señora. Enrique aDiós. Enrique a pediros vuelvo también el retrato si está ya acabado. Oídos, que tal oyen. Ya lo está, apelar será preciso pues me aprietan a la industria, de que vino prevenido ya lo está, y corrido yo también de lo mal que sirvo; pues no acierto lo que importa pensión es de mi ejercicio. este el retrato es de Juana. Retrato de Juana he oí- y nadie a mi vista puede (do, llevarle sin que mis tilos castiguen su atrevimiento. Quede el recato conmigo por lo que importare. Pues qué intentas? Dar el Castigo a quien intenta en mi ofenza llevarle, y no me irrito con ese pobre Pintor; porque en fin habrá atendido el interes de su oficio. Cualquiera, que imaginaré, que cabe en mi genio altivo mandarse del interes, ni que puede mi capricho dar retrato de esta Dama. Si no a quien me le ha pedido se engaña; y pues tan bizarro muestra vueselencia el brío el retrato está en mi mano; y aunque por tan abatido me tiene, si ha de cobrarle no es a propósito el sitio. Enrique, qué es esto, al Duq. respondéis tan atrevido? Al Duque, y a vos. El otro lo mismo es que un torbellino. Dejadme dar la muerte. Eso no, que si le riño, fue, porque os perdió el decoro; mas no, porque no me animo a defenderle, supuesto, que aquel retrato se hizo por mí, Pues en vos, y en él a vengar mi ofenza respiro. . Deteneos, que Ricardo se engaña, el retrato es mío y echo para mí, quien quiera cobrarle riña conmigo, pues que yo soy dueño de él. Hombre has perdido tu Juicio. El Diablo del hombre piensa que de todos es querido. Muere a mi acero. Eso no. No tenéis que preveniros a mi defenza, que yo así aún tiempo me despico de los dos, Teneos. Qué es esto? Cielos, qué habrá sucedido! Cómo se pierde el respeto no Solo al Sagrado digno de esta casa, sino a tiempo, que yo dentro de ella asisto vive Dios. Señor Que fue el caso referidle. antes que el mismo silencio sirva también de delito. Fuerza es, pues qué temerario se arrojó a tanto peligro; Yo Señor te lo diré: Enrique; habiendo traído el retrato, que mandasteis me le daba, cuando vino el Duque, y oyendo el nombre irritó lo vengativo contra Enrique en su defenza me opuse, y Hay hombre maligno calla, no lo digas todo. Pues qué sientes? Eso es lindo. que salen todos a verlo y no queda a quien decirlo. Para el Rey era el retrato. Del Juito apenas respiro. Mostradme Enrique el retrato, porque en habiendo sabido, que yo me quedo con él, nadie tendrá que pediros. Turbado llego, Señor aquí está. Deidad, qué miro? Qué es mi Retrato imagino el que le da. Él es Señor. En toda mi vida he visto más desemejante cosa, Menester era artificio, para que tu errases tanto, o te ha dado algún delirio, pues un retrato me traes, ni hermoso, ni parecido No pude más. Cómo no cuando en este arte no ha habido más destreza que la tuya? Discúlpeme lo infinito de la hermosura de tal original, si averiguo, que de parecerse a ella tan distante, Señor, miro lo feo, como lo hermoso: Y que extrañáis, que indeciso hacer otra semejante el arte no haya podido; cuando aún la naturaleza en tan dilatados siglos no supo producir otro sujeto tan peregino. Buena es la disculpa; pero mas hubiera yo querido la obediencia, haced Ricardo, pagar a Eurique, a quien libro seis mil ducados de plata porque confesó rendido su acierto a las perfecciones de tan celestial prodigio, y porque en fin fui yo quien lo mandó, y es muy distinto, que yerre él, o yo no premie, puesto que el estudio mismo le costó el hacerlo errado, que el haberlo conseguido; pero advertid, que de hoy más que a pintar volváis os privo esta belleza, y la copia a en átomos inducidos entrego al aire; porque cuando ser retrato quiso, solo fue de su hermosura un agravio colorido y de que sirve el primor, que no acierta en mi servicio, vamos al festín, vos Duque quedad también advertido de que Enrique me obedece, aunque no acierta, y que envío la copia al aire, del aire cobrad vos los desperdicios, Ay de mí? Pues que celoso sin saber con quien me irrito. Lo que me contó, Ricardo me trae fuera dosentido, Vamos, que el Rey nos espera, Ay do mí! Cuanto me aflijo, pues cuanto es en mi belleza, es en Enrique peligro? . Ay infeliz! que en agravios, mis celos se han convertido. . Y ay infeliz! que pendiente de los seños del destino, que persuade voluntario a lo que influye preciso, mi vida está respirando por alientos, paracismos. . Mudo oye lo que ha pasado, pues todos lo han sabido: mi Amo, y el Duque han reñido sobre quien le había mandado hacer un Retrato; pero entró la misericordia, porque caso de discordia llego el Rey a ser tercero. válgame Dios, descansado ha quedado mi capricho, si aquino lo hubiera dicho hubiera ya reventado. . Pues tan hablador te noto, cuando tu secreto apuro, anda que yo te aseguro. que no ha dado en sacó roto, y menos riesgo hubiera si en la materia más grave el hablador lo que sabe solo a los mudos dijera. El viento todo es dulce cuando su esfera rompen- de dulces consonancias las cláusulas acordes, que la fama pregone se vienten a la esfora no cabiendo en el orbe. Qué importa amor, que esta mano de esperanzas me corone si otro con Juana es felice. Amor qué importa, que logre la mano de Enrique viendo su tibieza en mis ardores. El viento todo es dulce, Suya es la Liga. Esta liga es suya. Nadie la toque de Dama, que va conmigo hay ninguno que se arroje a alzar descuidos? No hagáis, que mi incendio brote seáis quien fuereis. Oh mal haya descuido, que en tal me poné pero negaré que es mía. Y harás muy bien si conoces la gran flogedad que arguyen descuidos tan interiores. Así se toma esta prenda, y así es bien, que se coloque dándola el mayor aprecio: mas qué es aquello? . Son voces del pueblo, que está presente, que como quien sois ignore la acción, Señor, ha extrañado de ver que se ciñe un hombre al cuello una liga. Pues aleves, viles, traidores conocedme, que yo soy, yo soy, y temed, que aborte del pecho el volcán centellas, si irritáis más mis furores. Yo soy vuestro Rey, aquel a quien en mil ocasiones de lides vencedor siempre de enemigos tan feroces le coronaron de Dafne los siempre castos verdores; que queréis que mis azañas esta terneza desdore? Pues quien no estimó mujeres, cuando supo vencer hombres? Hizo la naturaleza en la fábrica del orbe algún prodigio más lleno de admirables perfecciones, que la mujer? Ay especie, en quien tal delicia gocen los hombres en sus aceos sus caricias, sus amores? Pues bárbaros, que extrañáis, que la atención las adore, que los hombres las veneren, y los Monarcas las honrene Juzgáis indigno de un Rey, que a la hermosura se postre? quien da a la Nobleza leyes si no el centro de lo Noble? Si hombres son también los Reyes, que mejor modo disponen de haceros comunicable, lo que tienen de conforme? que el rendimiento a las Damas, en cuyas adoraciones, sin perder lo soberano, su humano ser reconocen: pero, para que vos enseñe con cuantas estimaciones el descuido de una Dama debe ser tratado, oye lo que dispone tu Rey- Nobleza, y plebe de Londres, de esta liga os instituyo un nuevo Militar Orden de Caballeria, que la Jarratiera se nombre por la Liga dedicado a nuestro Patrón San Jorge. Sea un instituto suyo entre otras constituciones, después de las Generales, que la Religión apoyen la defensa de las Damas, servirlas con más primores; ol y no consentín jamás. que ninguno las baldone, aunque le cueste la vida, que a sus obsequios se expone. Toisón ha de ser de todos los Reyes mis sucesores, pendiente al cuello esta liga. Que ha trechos siembren, y adoren las Rosas, que a Ingalaterra dieron antiguos blazones. Una lamina estará pendiente en ella de un boche, donde San Jorge a Caballo se verá, y porque no noten, que en el dueño de esta prenda (sea quién fuera!) hay más razones de estimarla, que el ser Damas, y dirá en su circo, un mote: infame es quien piensa mal; y a ninguno más se otorgue, que a los grandes de mi Reino los Duques, y los Milordes; pues de Eduardo Tercero la fama pública a voces con esta Religión, cuanto dio a la hermosura de honores. Y tu ingrato, dueño mío, en mis extremos conoce, quien tratalasí tus descuidos, que hiciera con tus favores. El Rey Eduardo viva JORNAD vencedor de vencedores. Oh cómo le aplaude el Pueblo. Digno elogio es de su nombre. Que yo trajese tan fuertes ( mis ligas. Amor, el golpe suspende; pues contra Enrique son estas demás traiciones. Cielos, pues ya son agravios sed Tosigo, que me ahogue Amor, si no hay en mi pecho, lugar para tus arpones, deja a los celos la zaña de sus injustos rigores; pues no hay vida en que seiempleén: el arco a la cuerda aflogen. A ERCER

JORNADA TERCERA

Morgan qué es esto, que te ha sucedido que has hecho Via Sacra tu vestido? Clla, coda pobrete, aunque Paeayo puede hucer un Calvario de su Sayo: No ha de llegar a mí, si es que yo puedo aquel diablo, a quien tengo tanto miedo; pues porque mi Amo contra mí se enoje, cuantas palabras se me caen las recoge; y aunque estemos los dos muy divid idos, al punto las trasplanta en sus oídos. Lo mismo me sucede ello, por ello, con mi Ama, que pendiente de un Cabello traigo, Morgan la vida. Pues si acaso han tenido los dos Amos un diablo parecido, Su yo temo que los dos. ba ol Y yo lo he pensado, ovene pero trae galanteo declarado tu Amo con Enriqueta Ay quien tal crea, no la puede tragar. No la puede tragar. aunque eso sea, Mi Ama no gusta de él, ni ver le puede, y enfadarle mil veces le sucede, de que Enriqueta le haya introducido tanto en casa; demás que yo he sabido, que ella está enamorada, y el tal galán de noche le da entrada, o hable con él, y aquesto barrunto; porque estas noches no dé todo punto desnudarse ha dejado, y del cuarto las puertas ha serrado para que no acechemos. Mire usted, y esta es la que hace extremos, de creerlas no trato no hay mayor alcahuete que el Recato. Temblando toda estoy, como azogado que este chisme a Ricardo le he contado y que lo sepa luego ella no dudo. Quién estaba delante? Solo el Mudo. Pues cómo ha de saberlo de ese modo? Como ese diablo se lo dice todo. Hoy vengo seguro, pues mis Cruces le sirven de conjuro a Enriqueta le traigo un chisme bravo que de verás traer acabo y por no perder el ocio, amiga cada cual a su negocio. Mi Amo, a tu Ama envía este libro de versos, que tenía, en que estas, noches divertirse puede; que si este no le gusta, otro le queda, dice también. Sin duda le ha pedido ella; pues tantos libros ha leido, que en casa no le quedan; más ahora muerta es por leer versos la Señora; pero si es, que mi flema no te enoja todo el libro he de ver oja por oja; porque quisa no oculte algún billete, En este estado me hallo. que escarmentada estoy del Ramillete: Bien haces, que yo un hombre conocía que un papel escondía en el hueco; que atrás el Pergamino hace al abrir el libro. No imagino, que hay reparable nada en él, si no tal cual oja doblada. Serán apuntamientos de los versos notables. Mil tormentos, nos cuesta cada cosa que hablamos. Es, que hablan con el diablo nuestros Amos, pero no hay gente, si es, que lo examines más Noble, que habladores, y Gallinas. De qué lo infieren tus extraños modos? De que es gente, que piensa bien de todos mira: del que es ladrón, el Refran cuenta que de todos lo piensa; pues su afrenta consuela así consigo, el Caballero más cabal, y cortés, siempre severo piensa, que nadie llega a su sapato, que sabe más que el otro. El mantecato: piensa que el bravo aunque nadie se le rinda. que a todos se los traga como guinda. Temeroso el cobarde solamente a todo el mundo tiene por valiente: el hablador en serlo confiado a cualquier hombre tiene por callado; pues de él fiar intenta, y aún lo que tiene gran peligro cuenta, creyendo idalgamente, que cual mudo el otro callará lo que él no pudo. Pues di si el pensar bien de otro es grandeza que gente puede haber de más noblesa, que gallinas, chismosos, y habladores, que a los demás los juzgan por mejores. Ellas salen retírate al momento No que para Enriqueta traigo cuento. considera prima mía, cuando con sus rendimientos de mis ansias se retira, cuantas veces mi elección con mi grandeza se irrita. miren a que alma tan tierna se queja la pobrecita. Qué dices? Cuánto mi afecto De tu pena se lástima. De ti lo creo. Bion puedos. que soy yo muy compasiva. Este libro con Morgan ahora Enrique te envía. Será el que yo le pedí. Muestra, en él viene alguna cifra para escribir angeniosa; pues en ún libro se mira, que huy palabras, para todo cuanto quisieren, que diga un papel, y a la que quiere que hable conmigo, de tinta; como que scayó en descuido, le pone una dild encama, y entresacando palabras de tantas ojas distintas, que son las que trae dobladas, para nuestro intento, unidas van formando otra razón. Las letras, grandes explican también de esta farsa todas las personas conocidas; como la RaGrande al Roy: la Don el Duque significa! y así todas las demás que de puntos se salpican, Con que puede uno, o más libros ir, y venir sin malicia. Como que sus versos leo, quiero ver lo que me avisa juntando palabras sueltas. Morgan, porqué te desvías? Porque quiero hablarte a parte Dipues, esta divertida. Juana, en el dlibro. Mi bien mucho el temor me fatiga de lo feliz, que me has hecho con permitir mis visitas de noche, que la fortuna para despertar su envidia no halla en los amantes más enemigo que la dicha. Eso es leer, oh ojear? pues pasando tan aprisa las ojas vas? Qué me cuentas? Lo que vieron estas niñas, que son niñas de mis ojos? Parleras de cuanto atisvan. Dígalo el que nuestro mudo, hoy escuchó, que Fenisa contando estaba a Ricardo. Válgume, Dios! que eme mira, por aquí, imanda el Diablo, toda el Ama me irrita. Que tus mí cielo estas noches te habías quedado vestida, y que con un hombre hablabas, que ella en fin no conocía, mirá como estará el Rey; y como estará mi vida. ya no hay más ojas dobladas. Ah Cielos! Que en su familia alimente una a su costa sus mayores enemigos. Qué es lo que sientes, Señora? Ven acá a quien le decías hoy, que hablo yo con un hombre de noche a deshora? Chispas y eso ojcabas? Vive el Cielo. traidora vil mal nacida, que has de morir a mis manos. Que mis pies no lo permitan. he menester, a enserrarme voy haciendo de sus iras: las ojas dobladas hablan? aquí hay gran hechiseria. Con la vida ha de pagar sus traiciones. Hoy prima mis dichas; pues tu amistad de ellas tanto participa, que hasta que tú las aplaudas no puedo llamarles mías. Pues qué hay de nuevo? Morgan dice, que Enrique tenía sobre un bofete una carta, a quien a responder iba; cuando pidió de beber: suele a servir muy aprisa atento Morgan entonces; y entre tanto, que bebía leyó acaso, que empezabas ya pudo mi amistad fina sacarte perdón del Rey; y luego pasó a la firma en que halló: tu hermano el Conde sin que pudiese su vista comprender más porque Enrique acabo de beber. Mira si fue cierto lo que acá la interior astrología del pecho a ocultos presagios, tan mudamente media, que cuanto palpita anuncia, y cuanto pulsa vaticina. Toma, Morgan, por la nueva este reloj en albricias, que es lo que hallé más a mano. Venturosa es la noticia, Esto se va declarando, . y este golpe necesita reparo. A avisar a Enrique quiero ir en la forma misma que él me escribe, amor, no dejes vencer tu soberanía. De la fortuna, que adversa en tu imperio introducido para ser sucesos suyos. Los triunfos tuyos te quita Toma el Reloj. No, Señora; Porque es tanta la idalguía de mi natural parlera, que tan solo al gusto aspira de aquel ablar por ablar, que se malogra, si pica en interés; porque entonces no es chisme, si no codicia: con que me oigáis, me contento, que el Guzano me pellisca de la conciencia acá dentro, y conozco, que aunque diga cuanto sé según mi genio. en esto se engolocina: no hago mérito, en que pueda llevar alhaja tan rica; y así el alma es lo primero. Toma, que en vano porfías Protesta que tú me das la alhaja, sinque yo pida data de usura, sino que es para galantería Como el Socarrón le toma, fingiendo con picardía, que le rhusa. Morgan muestra. Él es de campañilla, y no de muestra. D En mi mano le quiero ver. . Yo en la mía, que señala, mas no da. Pues qué de mí no confías? No, amiga, porque un reloj nunca fue alhaja de lindas, que amenaza por minutos la hermosura más pulida, como uno que pasa; pues darte así no es visarría quien a su costa en tu muelle te esté tasando la vida. Con una, industria a escribirle voy, diré, que conocida su persona está, y que el Conde su hermano así nos lo avisa. Puede ser que se declare con esto, amor, no te rindas; pues ya amas noble elección, el influjo te destina. Notable pena me has dado. Aquí orejas prevenidas os he menester más largas, que de un becino, que atisva. El Rey viene yo me escapo. - Que Juana de mí se olvida ( por otro, y no por sí? Cielos? Esto me contó Fenisa, Y quién juzgas tú que sea! mal descanza una fatiga, pues ver al Rey con Ricardo, mis sospechas resucita: y pues los sigue Cerbín él me dirá por la cifra a lo lejos cuanto hablaron. Señor, si es, que mi malicia, se ha de creer, que es Enrique Juzgo. ten, lengua, maldita que ya para lo que cortas, En su garganta te afilas un hombre particular ha tan alto asunto aspira, y ella le admite? Señor, esto mi discurso indicia, no solo de la asistencia a su casa tan continua; sino de tan recio empeño, como en el Duque hacía sobre aquel retrato, y ver que le erró. . no me lo digas, que desde entonces está mi estimación con el tibia; y no fue acaso el errarle no sacando Parecida la copia, quisa por celos, que de su mano tenía: que otros pintan como quieren, y él no quiere como pinta. Que hablan Ricardo, y el Rey diré a Cerbín, pues me mira. Respondérele; Ricardo dice al Rey (aquí nos pringan) como Juana, y tú os queréis. Puede haber mayor desdicha? ya todo se sabe. Y que. (Válgame Dios! Se me olvida, que seña es la de la noche mas ya la sé la mejilla) y que ella de noche te habla En fin todo se averigua amor, en gran riesgo estamos. Enrique, allí se divisa, no quiero que algún extremo al verle quisa desdiga de mi grandeza, detenle. que yo en esa galería un breve rato estaré con las Damas en vista, mudo sígueme. Baba. Porque, Enrique, terdesvías? Caballeros como vos, Señor Ricurdo, no estilan asegurar a los Reyes en duda, alguna noticia, que senren daño de tercero, y la gracia mal valida debe tener los Palabras junto al poder muy medidas. Por que lo decís? Lo digo por lo que ahora al Rey decíáis, asegurando imprudente, que yo a la Condesa servía, y que de noche le naviaba. Estatua he quedado fría . acabando de hablar solos el Rey, y yo, no imagina el alma, como pudiese el Saberlo, tan aprisa. De mí que digáis no importa, pues todo para en mi vida; pero en cuanto a la Condesa infame será, quien diga cosa, que desdecir puede de su opinión pura, y limpial Y yo sabré castigarlo. A tanta descortesía, no hay otra respuesta. Así. desatenciones castiga mi acero. Tened, qué es esto; que este arrojo se repita aquí otra vez; porque entonces mi cólera no os fulmina consecuencia a la segunda, fue la primera osadía. Todo es sustos, todo es penas. Si yo te ofendi ejercita, Señor, en mí tus rigores descomponer determina mi industria esta confianza, que a mi dando se conspira. a hablarme llegó Ricardo, diciendo, que me quería tanto, que aún no reservaba de mí la más escondida confianza vuestra, y que esta verdad atestigua ver, que ahora le dijisteis con mil ternosos enigmas, que tengo correspondencias. con una beldad divina, en quien, en mucho el de hermosa, excede el Blazón de esquiva de noche hablando con ella, y escribiéndola de día. Que matarme le mandabáis presto añadió, y corrida mi lealtad, y mi nobleza de ver que en una acción misma del decoro de una Dama una falsedad pública, y una indignidad de vos intente con saña impáa darle el castigo, y la muerte, y aún entregar sus Cenisas quisiera al aire porque de traición tan atrevida; porque no queden memorias no era bien dejar las mismas, Abuen hijo ese fue doble con que destreza está urdida. Señor si crehéis. Pues yo de que saberlo podía si vos no me lo contaráis. Yo? Callad que, mas se irrita mi venganza a los dos presos lleven por la grosería de sacar aquí las armas. Mi rendida se os suplica, Señor, que a los dos mi casa hoy del sagrado les sirva Aunque vuestra casa fue, principalmente ofendida; y en ella yo; con todo esto le servirá a mi justicia de un duelo vuestra presencia. Tu Ricardo te retira de aquí, que quien Traidor falta a su Rey, que de él se fía no es digno de su presencia. Mi vida veré perdida, o asegurado tu engaño, o, superstición maligna. Ay aquí secreto grande. que averiguar necesita, mi industria, porque sino la gracia de el Rey peligra. Aún traidor, un alevoso. Bien despachado le envía. Hoy los dos, por vos Señora el induelo han merecido, y más en lograrle ha sido, siendo vos la Intercesora; pues el alma que os adora sentir debe en pena igual, que sea condicional, y no común el desdén, y que podáis, querer bien a quien os pinta tan mal. No os entiendo. Yo bien se que ya os he entendido a vos. A solas hablan los dos, que te dicé el Rey . Con ello responderé, que él tiene celos de ti. Que os desveláis mucho hoy. Y que por noche ablamos: Señor, esta que tratamos no es plática para mí. fineza queréis hacer La ruindad del sospechar de cuando acá el infamar, fue crédito del querer? Como llegáis, a ofender a Vuestra Majestad así no estemos, Señor, aquí en tal plática los dos que pensáis muy mal de vos, y mucho peor de mí, a Morgan voy a entregar el libro ya respondido. El Rey quedó suspendido. Qué mal hice en declarar celos, hasta averiguar a quien mi enemiga bella ama, y por quien atropella tantos decoros reales, que en celos tan desiguales antes me ofendo yo, que ella Enrique? Aquí retirado, Señor esperando estoy, que de mi fe quedes hoy seguro, no habiendo hallado lo que de mí te han contado Pues tú, di, te has persuadido a que yo hubiese creído tal locura. A mí me pesa pues que dirá la Condesa de Celos que le has pedido. Yo celos? Celos Señor. Hombre estás Fuera de ceso, y aunque yo lo estoy confieso porque él no pudo en rigor oírlo, loco, Traidor, tú te atreves de esa fuerte a decirlo? . transe fuerte. Pues di, si yo lo estuviera, que distancia, aleve, hubiera de mis celos a tu muerte? cuando se queja el poder pues si se llega, a irritar aún juzgo que el castigar, es primero quel saber? Señor, a, mi parecer celos fueron los que oí, mas quisa mal lo entendí Aquí hay ardid, viva Dios, pues lo que hablamos los dos no pudo oír desde allí prevenida la criada está, y por el interés, para averiguar quien es, me dará esta noche entrada: tu osadía anduvo errada en haberse declarado; porque al poder enojado lo más difícil ha sido el darse por entendido, y tú lo has facilitado. Válgame el Cielo. Yo aquí contigo, a hablar me resuelvo, pero a ser mudo me vuelvo que viene Morgan allí. Todo el día ando tras ti: Espera, espera. Ya Espero. Qué es esto? Un amo echicero me obliga así asantiguarme todo entero por librarme de su Demonio enbustero. El libro otra vez te envía la Condesa mi Señora, que este no le gusta ahora segura está la fe mía; pues el Diablo se desvía de las Cruces del Vestido Muestra. Brava industria ha sido traer las Cruces sembradas. otras ojas trabe dobladas Vo que na respondado: Mi bien, esta noche espero, porque remedio busquemos, no solo por los extremos que ha de hacer el Rey Severo; sino porque lisonjero ese criado villano, que de un Conde Eres hermano a Enriqueta le contó, porque ella un reloj le dio. Veré a que hora está la mano. Culpa es mía, pues sufrí tanto a un pícaro hablador muere Villano, Traidor. Ay desdichado de mí! Señor, en que te offendí; que así me has descalabrado dos cochilladas me has dado. Cuando ocultar me prevengo, que un hermano Conde tengo a Enrriqueta le has contado. Jesús el Diablo no ha huido de la Cruz, no es Diablo ya, mudo tenle, bueno esta la cabeza me has rompido, no estes más enfurecido. Menester es ya mediar Ba, Ba. El reloj me has de dar. Hasta eso el Diablo contó más habladon es que yo, por él me, quiero trocar. vese aquí. Dónde este? Aquí: Mucho a esta por hablador seale quita mi furor, y porque callas a ti te le doy. Pues pesa a mí, con mi maas de promiar que este otro no sepa hablar? Así el mostrarte consigo, cuanto ganaras conmigo, si aprendieras a callar. Tú sel relojme has de volver, mudo, que no quiere, dice, hay hombre más infelice! A curarme he menester ir, y podréis aprender criados todos de mí, en hablar se medra así, pues sin reloj he quedado, y me voy descalabrado, desdichado hablador fui. Yo la noticia he tenido de que un hombre suele entrar de nocho, y averiguar si es verdad, o no, escondido he de estar, y así te pido, que me abras. Si haré, pues cuando no fuera yo de tu bando: en que pecho singular, hay valor, para negar lo que se suplica dando? Yo la puerta te abriré puntual en obedecerte, y también para esconderte sitio oportuno tendré, y a Dios, no nos vean; porque lo sospecharán: Amor, suspende un poco el vigor en tanto que mis desvelos se averiguan que estos celos van tocando en el honor. En mí esta liga es baldón cuando en todos honor fue, pues por el Rey profesé su militar religión, diola a todos por blazón, y a mí por oprobrio, cuando su dueño estoy adorando, y ella misma, si lo atiendo mi casa va ennobleciendo; pero mi amor infamando. Pues dejo serradas todas las puertas, y prebenidos todos los inconvenientes, dejadme, necios delirios; pues pasáis a ser dolores, desde que sois vaticinios, que empezar desdel temor a inquietarse, del peligro es anticipar los males con ansia de resistirlos, por una noche, no más, que queda, ha de ser preciso que le vean? Pues que susto, que inconveniente prolijo me está anunciando en presagios el corazón ha latidos? para ausentarnos mañana llamo a Enrique, que infinitos sobres altos, que nos cercan unos de otros producidos la desesperación solo es quien puede hallar camino. En este cuarto, que está tan apartado del mío, y del ruido de la casa por ser del jardín vecino le quiero hablar; y estará en sus cuadros escondido Enrique, pues tiene llave de aquel secreto postigo. la seña haré. Ya esperando estará entre tanto abismo de sombras la blanca seña de este tremolado aviso. Mi bien, mi Señor, mi esposo, con que ternesa lo digo ay si este nombre durare al pronunciarle mil siglos, porque es ya dejar de serlo acabar de repetirlo. Con mil ancias te he esperado porque acá desfallecido el corazón escondiendo lo asustado en lo remiso me anuncia vanos temores, de que recelosa vivo. Ay de quien no ya temores padece, puesto que han sido los míos. Riesgos declarados con que ni aún deja el alivio la Evidencia de poder dudarlos al discurrirlo: En más venturoso estado estás puesto que te miro vivo, y padecido el riesgo, que a lo menos del Martirio te librarás de temerle con haberle padecido. (sospechas,) Ya no hay que dudar supuesto que a Enrique he visto corazón ni aún lo irritado me dejó lo suspendido. Nise me conto, que en casa a entrado el Duque mi Primo de cierto hombre receloso con que otra vez me he vestido asosegar, mas qué veo? Considera si es distincto aún padecido mi mal si hierto, pálido, y fijo vertiendo la vida en mares desatando el alma en Ríos a nunca más ver te vengo a decir que te he perdido Bueno es esto? Calla, calla, que de hielo un Basilis- de Carámbanos un Áspid (co, esa vos a introducido el Alma, que el corazón me muerde por los oídos. a nunca más ver qué dices? ay de mi Cielos divinos? ya será eterna la vida que me ha sobrado al oírlo, El Rey, Señora, te adora, él nuestro Amor a sabido, y yo falto a ser quien soy, si en offenderle prosigo, que más temo en mí lo infame, que no en él lo vengativo; y porque mi rendimiento quede, Señora, bienquisto o, airoso conmigo; pues disculpa no necesito, que ver cuanto fue tu amor en cuantos te ven, preciso me pareció destinado mucho más, que persuadido; no quiero de esta disculpa valerme aún para contigo, que es necio quien con su Dama intenta desvanecido que suplirle algo hacia el garbo gasta nada del cariño mi amor al del Rey relleva mucha ciencia en lo antiguó, pues en sus primeros años tubo su origen el mio, cuando tu Padre en Escosía estuvo aciertos partidos de límites que pararon en las discordias, que vimos: demás de eso nunca el Rey mostró en su amor más designio que del público cortejo en la nación bermitido. porque supo bien su intento disfrázar con el estilo. Hoy muestra fines mayores y aún que soy en sus dominios extranjero, mal pagara las honras que le ha debido la apariencia de criado. con que a su grandeza asisto, si bien entre las penciones de un desigual excercicio con ofenderle en el gusto en carra que ha recibido de Escocia el Conde mi hermano de Monrgomerrí me ha escrito que estoy de él perdonado Absorta estoy Sin sentido ánimo . Y puesto que es fuerza. Calla aleve fementido, mal caballero Traidor no prosigas, que hay delitos, en que no es ejecutarlos más offensa, que decirlos. Sí, porque estas en tu patria perdonando, ya has querido buscar tan acosta mía ocasión a tu retiro, si el tiempo, que aquí has estado, como ausente. En fin conmigo solo estubiste lo Amante, que basta a lo divertido. No te valgas de ocasiones que demás de dar motivo a mi amante sentimiento, den al mi desdoro indicio por ti del Duque las bodas, hasta ahora he resistido. Por ti el Rey experimenta desaires más que desvíos. Jesús! Y que de finezas sin haberlas yo sabido. Sin atreverme a irritarme temblando estoy de mí mismo Mas no, no es esta la causa sino, que abras advertido de Enriqueta las finezas, y querrás atento, y fino pagárselas no es verdad? de qué te acuerdas? Dilo, Callas? sin duda concedas sacarme de este conflito o confiesa, o niega tibio. Solo faltaba, que ahora, me pidan tus desvaríos celos, de quien aborreseo, Señor Enrique pasito, que hay valor para saberlo en mí, mas no para oírlo. Cielos, otro lusto más! Ya por lo menos he visto, en que Erique venga a casa cuanto prima, te he debido. Y que no hay en un Pintor. cosa, que le hiciese digno de mi Estimación. que quieres, que con eso, que me has dicho me turbe mucho de verte, y pregunte a, que has venido, y no sepa responderte con malindroso artificio, solo por ti; pues no quiero, que mujeres, que nacimos obligadas al acieto nunca vemos elegido cosa en secreto, que pueda en público desucirnos, y pues yo no tuvo culpa, de que voba hubieses sido; por tu vida no me hagas mala obra, que es preciso hablar a Enrique. Pues falsa: tan vil juzgas mi capricho que con él he de dejarte? No; pues hi deeso me aflijo nunca has visto Requebrarse con mil anciosos cariños a dos Amantes? Yo no. Pues todo quiere principio siéntate aquí; y lo verás, porque va largo el camino, y por ti no he de perder la ocasión, y así prosigo, aún más de tu desenfado que de tu traición me admiro Enrique poro ti laborresco tanto al Rey y es tal. Pasito. Que hay valor para saberlo también más no para oírlo, Este si que es susto Cielos, Amor este sí, es pilgro. Cielos, ya sobra venganza No habéis, Enrique sabido que contra lo soberano el tener dicha, es delito? yo por otro despreciado? Rayos, y incendios respiro. Solo se, Señor, que en este amor me ha dado el destino sin arbitrio de evitarlo el mérito de eligirlo. Y yo solo sé Traidor o has de quedar conocidó, o muerto. Saber quién eres tengo, o no has de quedar vivo. Qué es aquello! muerta estoy, ̱ prana Aguardad no vais, que yo lo veré! Solo os suplico Señor no salgáis, no piensen que estabais aquí escondido. Enrique está satisfecho. de los demás imagino, que no se os da nada a vos. Ya se acercanla este sitio Digo, que he de conoceros Con ese mismo motivoo os traigo a la luz. Qué es esto? Duque, Ricardo, atrevidos reñís aquí. Él, Rey ya Cielos ocioso es la que averiguo? Qué ha sido esto? Señor, hoy Enrique os dejó conmigo enojado yo en venganza de la falsedad que os dijo averiguar este amor, tomé por empeño mío, y de la misma criada, que vos sabéis, me he valido, que ignorando vuestro enojo juzgo, que entraba mi brío a guardaros las espaldas un bulto al entrar distinguo, y empeñado en saber, quien sea este galán escondido embesti con él. . A tiempo, que yo, cuenquisa movido del mismo intento, con más razón, buscara ese indicio: también lo mismo intentaba saber conque conducidas de un mismo fin las razones transladamos a los Eilos Bien ena: pues que licencia tienen vuestros desatinos de averiguar aquí celos sabiendo, que yo aquí asisto. Señor. Qué él asiste aquí? Que más claro ha de decirlo. Fenisa; llámame, a cuantos a acompañarme han venido, pues sabes donde quedaron. Temblando Señor, te sirvo Yo despreciado? No siento tanto haberme visto abatido lo Rey, como lo Gasan: que hará si a lo presumido de cualquier hombre se junta de la Majestad lo altivo? Qué es, Señor, lo que nos mandas? Que a los tres llevéis os digo, a Palacio bien guardados, en habiendo amanecido, señores también espero; porque habéis de serotestigos de como venga Eduardo el haberle competido, que espero que al mundo quedé memoria de, tu castigo. Esto, sin duda es por mí, hados crueles, e impíos, porque me guardáis la muerte si contra mi fama vivo. Contra mi fortuna airada vas esgrimiendo, el Cuchillo; pues pasa por delincuente en mis ansias lo influido. Cielos, ni sé lo que temo, ni aún sé lo que ha sucedido. Cielos, donde, yan mis penas de un abismo, en otro abismo. Gran cosa es tener, reloj toda esta noche, he pasada con el ruivo del volante; no solo me despertaba pero ya con darle cuerda, ya con mirar si se para. ya si anda, bien con el otro, y ya en que ocasión, se atrasa aún no he pagado mis, ojos. que haya quien tenga esa, maula Qué es para cuanta engañosa, y enfadosa paral alhajas? vamos a Palacio en fin, Al mudo, atisbando, anda mi valor; pues aún que, tenga, la cabezan entrapallada, y aunque haya manester unos remiendos de calabaza yo he de cobrar mi reloj, y pues él no trae espada y yo sí, puesto que ahora le voy cogiendo de espaldas quien da luego da dos veces. zas. A traidor! Que me matas, hay pobre de mí, que hablé. Cómo, que los mudos hablan? Sin duda tú eres el diablo, que cuanto yo digo parla, Deja, ladrón, mi Reloj, o te esconderé en la pansa el letreto de esta oja y haré de tus tripas vaina Toma, Morgan el Reloj, pero por la Virgen Santa, que a nadie digas que hablé. En vano en eso te cansas, que no perdiera yo el gusto de decirlo a cuantos pasan. Si me dieras más relojes, que puede haber de aquí a Francia, Ven a Palacio conmigo Mira. Son excusas vanas Pues mira, que a tu Amo sirvo, callalo. Miren que tacha el ser de mi Amo el secreto le da otro tanto de salsa. Llevóselo todo el diablo. Aquí sale el Rey tu calla hasta que lo diga yo. Descubriose la maraña. Temblando a sus ojos llego. Oh cuanto la vista agrada de un Rey poné horror! Oh cuanto su semblante me ocobarda! Enrique toda la Corte presente está convidada a ver tu castigo, amor mira que el poder se ultraja con su victoria, si fuiste pasión, ya has de ser asaña. El haberme competido pidiendo está mi venganza. Injustamente, Señor; competencia tuya llamas el rendimiento, si oíste, que mi lealtad inventaba vencerse, por si cediendo a tu respeto mi Dama. En eso me competiste, no en quererla, no en amarla, que para eso en su hermosura tuviese la misma causa, que yo, y aún sin la disculpa de aquella real constancia, que nada el ánimo inmuta en las pasiones numanas e amor, y la fortuna, respetando los Monarcas lo que el muy diestro que juega con un Príncipe las armas, hace, que para mostrar cuanto su poder alcanza, y por donde herir pudieran si con otro batallaran no ejecutan las heridas solamente las señalan. En quererte vencer tú me competiste ignorabas que la más heroica acción queda siempre reservada para el pecho más heroico. Bueno fuera, que contaran, que tú te venciste a ti, y yo no pude, y quedarás tú con la gloria de haber hecho, la cación más hidalga, Los Reyes son Reyes siempre, y las acciones más altas, al mayor poder las tiene, el destino decretadas. vencerse es lo más difícil, y gloria más soberana es vencerme yo, que tú, pues es si bien lo reparas mas difícil la victoria, que al mayor poder contrasta. Rey es, quien así se vence, y no el que a los otros manda; que el valer contra si mucho es más digno de alabanza en los hombres; pues porque ambicioso imaginabas usurparme tú una gloria por dejarme una eperanza? este tu delito ha sido, que de castigar hoy trata) mn grandeza, y no mi enojo, explicándose mi saña con hacer hoy beneneficios a quien hacer intentaba a mi fama tal injuria, porque no hay mayor venganza para una ingrata nobleza, que convencerla de ingrata. El tiempo que libres fuimos, amé serví, y quice a Juana con la libertad cortés, que permita nuestra patria. Y no siendo justo a un Rey Origen de quien dimanan toda nobleza ofender la suya, ni aún con mis ansias solamente he de acordarme, que la quice para honrarla; pues quien debe honrar a todos que debe hacer con quien ama. Traedme una liga aquí de quien penda la medarla de San Jorge; porque Enrique cuando con Juana se casa, hecho de mi mano quede Caballero de la banda, que en honor de su Mujer instituyó cortesana mi atención, Señor, que dices cuando no consideraras, quela Condesa quedó conmigo capitulada casarla con un Pintor, a quien no hará repugnancia? , Enrique de Mongomerrí es de tan ilustre casa como vos, y demás de eso por nobleza no bastaba el ser de mi Jarratiera? Aún no acierto a hablar palabra de confuso. Ya está aquí. no es esa la que señala mi afecto a Enrique, sino la misma que el pecho esmalta mío, ponedme a mí esa. Tu Enrique, llega, y repara en que es la que te echo al cuello la liga tan celebrada de Juana, que restituyo con tanto honor, gloria tanta, y en ella pendiente aquella joya suya; porque en arras se le des, y de esta acción a voces dirá la fama, que no el traerla yo al cuello no el hacer de él tanta gala, ni el dársela a la nobleza por illustre circunstancia; sino el volverle a su Dueño, cuando la miré casada es el aprecio mayor de el descuido ide una Dama. Quién si no tú de sí mismo tan alto triunfo lograra. Señor aún falta otra cosa saber que este mudo habla y que el parló cuanto oyó Ya no importa? Tu contabas cuanto yo hablaba, traidor? Harto castigo me alcanzo pues pierdo el ser sabandija cosa hoy de tanta importancia Pues Señor con tu licencia perdida la esperanza, en Juana, pueda Enriqueta restituir a mi casa la sangre de vuestro tronco. Feliz soy aquí me valga la cordura. Y aquí puesto, que la Comedia se acaba, y no hay que parlar en ella, solo os contaré que aguarda a la piedad el ingenio, que le perdonéis las faltas.