Texto digital

Texto digital de La isla Bárbara

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Miguel Sánchez
Atribución estilometría
Miguel Sánchez Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La isla Bárbara. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/isla-barbara-la.

Logo BICUVE

LA ISLA BÁRBARA

JORNADA PRIMERA

1. Tened, despacio, aguarda, aguarda, espe- no os mováis en confuso desconcierto, (ra, ya que nos ha dejado la mar fiera; tened no perezcamos en el puerto: con más silencio, no de esa manera, que es gente peligrosa, el ojo alerto, no nos sientan los bárbaros, aviso: Gracias a Dios que tierra amada piso. Qué es esto? dónde estamos? qué hacemos, Rey, y señor? qué es esto? dónde vamos? cómo, por tal amigo no volvemos? vease quien es el que en la mar dejamos; si ponerte a ti en salvo pretelidemos, permite; ya que en tierra te saquemos, que volvamos nosotros a dar puerto al cuerpo de Vitelio vivo, o muerto. No hay un batel? no hay hombres? no hay cordu (ra para mirar lo que se está perdiendo? dádmele, que yo iré: que desuentura es aquesta que estamos padeciendo? pues que nadie el remedio se procura, arrojarme a la mar a nado entiendo; lo que por un papel Vitelio ha hecho, razón es que por él lo haga mi pecho. Emilio dónde vas? aguarda, aguarda, no seas imitador de liviandades, que aunque ahora Vitelio no se tarda, sin razón el remedio persuades. que su pecho feroz no se acobarda, con aire, cielo mar, ni tempestades, es cuerdo, y no se crea, que se ha puesto en cosa de que no saldrá muy presto En punto está, que a aquel que le socorra perdonará ese agravio por mi cuenta; Que no, que será hacer con que se corra: como es posible, que tal tu pecho sienta inconveniente alguno? él nos ahorra del temor, porque nada le amedentra, con la buena opinión que del tenemos, de que en este peligro le ayudemos. Por quién eres, señor, que me permitas que vaya a socorrer a aqueste amigo; No ves la hazaña que con ir le quitas? quédate Emilio, quédate conmigo: Señor advierte, . A esotro loco imí- que aunque a la mar ninguno llegue digo, (tas, tan obligado como tú me hallo; si allá tienes tu amigo, yo vasallo. Sabes dónde estás? sabes qué es esta una isla de bárbaros poblada; a mi lado te pon, la espada apresta, la parte principal sea más guardado: si la mar con tormentas me molesta, y esta tierra temida, y deseada tormentas me amenaza, porque quieres. irte, y dejarme? poco cuerdo eres. De vosotros, por dicha, vele alguno? lí. desde aquí no se ve, Dode alguna entena se puede ver, . 2. No hay en la mar ninguno que le vea; . 1. Imposible es; No tengas pena: Perdona si te soy, Rey, importuno, que aquello que a mi oído más bien sueña es siempre lealtad, y no te espantes, que duelen mucho cosas semejantes. Un gran amigo pierdo, Dios lo sabe, y tú un vasallo de tan firme pecho; y porque en breve de alabarlo acabe, basta lo que hoy en tu servicio ha hecho: leías un papel, y de la nave le dio el viento a las aguas, y el derecho, tras él se arroja; por haberte oído, que habrás mucho en aquel papel perdido. Si por solo un papel, que de la mano se te cayó, por no mirarte triste, con noble pecho, y pensamiento sano, echarse al mar al buen Vitelio viste: no como caballero, ni Cristiano, mas como en hombre de razón consiste: desear la vida no era caso justo, de aquel que tanto deseó tu gusto? Emilio mucho aprietas argumentos; no vi yo su arrojar impertinente, y después, pude detener los vientos, que se nos levantaron de repente: sabe el cielo mis buenos pensamientos, mas mi vida, mi armada, y tanta gente, querías que toda ella se perdiese por un papel, si un necio tras el fuese? Viose tal crueldad? sin duda alguna gusta el Rey de su muerte, pues le deja? Que muera quien mis gustos importuna, pues tan buena ocasión se me apareja: muerto aqueste hablador pena ninguna a mi esperanza y pretensión aqueja, ya sin estorbo gozaré su hermana Vio el mundo condición más inhumana Gracias a Dios, cuya mano a mi flaqueza dio ayuda; que lo que su fuerza ayuda contrasta la humana en vano. Ya de su furia espantosa, dentre los contrarios vientos, y revueltos elementos ya dentre el agua espumosa, Dentre las blas turbadas. de aquel bravo mar que truena; ay Rey; cielo en seca arena estampe plantas mojadas. Gracias a Dios, que salí donde puedo descansar, o quedar vivo, a pesar de ellas todas, y aún de mí. Que queda bien conocida su intención de aquesta suerte, pues me desea la muerte quien no procura mi vida. Ves aquí Rey el papel, de quien confesado has, que sientes perderle más que al vasallo más fiel. Roto, quizá, le daré, y mojado, cual yo estoy, mas cumplo con lo que doy de la suerte que le hallé. Ambos de una misma suerte a tu presezcia venimos, mas no importa, que salimos, el más frágil, yo más fuerte. Descubrio aquesta quietud en todos la lealtad, inhumana? porque es el adversidad el toque de la virtud. Cada uno en este rato, descubierto ha su caudal, y hallámonos, yo leal, este traidor, y tu ingrato. Como el ser quien soy me honra, de tanta agua, y mar esquivo, hallarás hoy, que más vivo sale el fuego de mi honra. Y por esta razón me hallo a hablar con tal soltura, que no es Rey quien no procura la vida de su vasallo. Mi lengua en esto no hyerra, ni quebranta alguna ley, pues que ya no eres mi Rey, ni hábito tu Reino, y tierra. Tu papel toma en efecto, y no por quien le escribió, sino por lo que costó, le estima, si eres discreto. Toma aqueste lisonjero, que tras haberle dejado te dará el mismo recado que te hiua dando primero. Y déjame a mí, que salgo de otro parecer y acuerdo, que al fin mudanza es de cuerdo, y declararse de hidaldo. Vitelio el medio mejor de condenar tu insolencia, es el tener yo paciencia, y no condenar tu error. Hasme dicho que no imito Reyes piadosos, y entiendes mal la verdad, pues me ofendes y la vida no te quito. Quieres que desee más la vida de mi vasallo, pues te oigo, sufro, y callo, y te dejo como estás. Si cortar tu vida y cuello hubiera yo deseado, no me habías aquí dado harta ocasión para ello? Pero aunque más enojoso aquí me has sido, no quiero verte morir verdadero, mas que vivas mentiroso. Ya lo he dejado de ser después que te conocí, y quizá algún día lo fui por solo darte placer. Tan deseoso corazón de hacerte servicios tuve, que toda mi vida anduve transformado en tu opinión. Y puédote confesar, que solo en aquesto erré, que algún día te adulen por solo no te enojar. Que este es el pecado en quien cae el vasallo más justo, que por dar consejo a gusto deja de aconsejar bien. Disculpada falsedad, que si con razón se mira, que espera si no mentira quien oye mal la verdad. Para acertar, esto es lo que me ha traido a esto, verdades me tienen puesto en el extremo que ves. Pedirte que me guardases la honra que pretendías destruir en cosas mías; Paso, adelante no pases. Bien me acuerdo; Vuelve en ti, Je sus Vitelio, estás loco? Fáltale para ello poco: no importa, Vitelio, di. Dejadle, haga su oficio; (no, Pues de entre harta agua vi Pues sí, que no solo el vino es el que saca de quicio. Deves: De parecer muda: Dime, Harto he estado mudo: quiero, pues estoy desnudo, decir la verdad desnuda. Bárbaros de aquesta tierra, isleños, venid a ver (ra. toda cuanta pudo ser la crueldad que un pecho encier- Hartarme quiero de hablar, que en el pecho me revienta toda la furia y tormenta que he padecido en la mar. Bien haces de no enojarte, Rey, con esto que me escuchas, porque no dar quejas muchas ya de ti, fuera enojarte. Hablote tan claramente porque te amo, y soy fiel; y en poco se estima aquel que de agravio no se siente. Emilio, hay quien le dé ropa, que suda de predicar, y se podrá resfriar? un pecho tan sano arropa. Denle aquí una capa, y ven adonde tomes vestido. Soile a aqueste agradecido, y quiero tratarle bien. Hárame mal, por ventura, por el calor de la mar, y este me ayudó a librar de la pasada locura; Y a que pudiese salir, haciéndome poco peso: aqueste bien del confieso, y otro no quiero vestir. Tras eso otro bien encierra, porque no le olvidaré, y es, que con el andaré al uso acá de la tierra. Vitelio acabemos ya, que es esta mucha experiencia del Rey, y de tu paciencia; Vitelio, que bueno está. Lo pesado no os contenta, Do queréis que vaya yo, no veis que se levantó por mi ocasión la tormenta? A mí me pide la mar, pues en ella me dejastes; lo que una vez acertastes lo queréis volver a errar? Escuchando a un loco estamos sin avertir lo que hacemos; amigos, qué mar tenemos? podemos navegar? 1. Vamos. Que antes el tiempo nos llama, y la mar nos asegura, y esta islad, e mal segura tiene de ordinario fama. Alto todos a embarcar, Emilio trae tú ese loco, y no piense que hago poco con tanto disimular. Pero a la corte lleguemos: Poco te temeré en ella: Con razón es tu quererla Vitelio, ya lo entennemos. Pero disimula, y ven, que si has sido el ofendido del agravio recibido, (nos: está ya vengado bien, Voy, que el Rey me echará me- Id tras vuestro debaneo; que el galardón que yo veo veréis en fin los más buenos. Dos virtudes he notado siempre en ti, con muchas verás, conociendo, que eres, y eras más sufrido, y más honrado. Que ambas estas cosas, vedan en uno compadecerse; que ninguno ha de oponerse a más que sus fuerzas puedan. Bien puede uno sustentar toda fuerza hasta morir, y puede también sufrir, y en ocasiones callar. Qué agravio puede haber echo (no digo tu Rey) cualquiera, que hablando de esta manera no quedes ya satisfecho? Aquesta verdad te digo, Vitelio, para consejo, no como cuerdo, o más viejo, pero como más tu amigo. La vida que el cielo quiso librarte de su poder, porque la quieres perder en manos de poco aviso. Vístere ya, embarca, vamos, reporta un poco la furia, que si puede haber injuria, por satisfecho te damos. Emilio, sin para que tu reprensión empieza, ya yo he dicho al que es cabeza el intento que tome. En el que es cabeza oirás lo que a todos dije en él, porque quejándome de él, me quejo de los demás. No se que puedo exceptar en lo que debo sentir, pues a todos vi huir, y a ninguno vi quedar. Hoy he sido yo testigo, de que se guarda mejor la privanza del señor, que la amistad del amigo. Espánteme de escuchar lo que al Rey aquí dijiste, aunque para lo que hiciste, tuviste en que te fundar. Pues si de aquel pensamiento, cual dije, me admire mucho, que haré de aqueste, que escucho tan sin causa y fundamento. Bien que no pudiste ver lo que hice en tu socorro; mas con todo eso me corro, que lo debieras creer. Adios pongo por testigo, que se halla en todo presente, a toda esta armada, y gente, hasta al que me es enemigo. Al ciclo que anublar viste, y furia de viento suelta, y a toda el agua revuelta, en cuyo seno anduviste. De mis voces, de mis gritos, de mi dolor y pasiones, y de cuantas persuasiones, por medios, a Fen, infinitos, Para poderte librar, y buscarte algún remedio, hasta que no hallando remedio, tras ti me quise arrojar. Si la piadosa crueldad de este tirano violento, no hiciera estorbar mi intento atando mi voluntad. Emilio, no quiera Dios que yo haga agravio a tu fe, no dudes de lo que fue siempre entre nosotros dos. No digo que tan cruel fuiste, ni tan mala fe guardaste, que mi muerte procuraste, pero que no la temiste. Y si quieres acordarte, que si harás, pues es verdad, de toda esta enemistad del Rey, eres mucha parte. Sabes que esta fuerza insana, con que el Rey tanto me aflije, nace de que contradije pretensiones con mi hermana? Y aunque es verdad, que en serlo ella y aquesta sola razón, me ponía obligación de que mirase por ella. Con todo aquesto atendía aquesta mi guarda honrosa, a mirar que era tu esposa como era hermana mía. Que aunque eras tú a quien aprieta aquesta obligación más, de hablar impedido estás; por ser la boda secreta! Aqueste celar yo tanto a mi hermana, y reprender claro al Rey su parecer, ha hecho esto, y no me espant Que el Reicomo enamorado, se querrá desocupar de quien le querrá estorbar el gozar de su cuidado. Aunque la furia inhumana de su crueldad me dejó cual quiso; y no me mató, él me matará mañana. Por esto quiero quedarme, y que te vayas te ruego, que yo en este pueblo ciego es mejor aventurarme. Amo al Rey; en que mostrar puedo mejor mi afición, que en quitarle la ocasión que puede tener de errar? Lo que como a hermano mío, y honrado, a tu cargo dejo; lo que, amigo, te aconsejo, y de tu pecho confío, Es, que en llegando a la corte con mucho cuidado vivas, y al Duque mi padre escribas, dando en lo que importa corte. Sacando de ella a mi hermana, y llevándola a su tierra; que el que en esos casos hierra por cuidadoso, más gana. Que al fin en palacio habita mi hermana, y aunque es honrada, nunca pierde de honor nada quien las ocasiones quita. Tantas razones me pides, y tanto se me encarece lo que pides, que parece que de verás te despides, Estoy en tiempo de hablar otra cosa? más me espanto, de que quien me quiere tanto no me sepa aconsejar. Que se pretende por ti, que tan poca honra en mi haya, que me pides que me vaya tras quien va huyendo de mí Que estés tan desacordado, y furioso tan de veras, que la vida perder quieras por una tema en que has dado? Vamos Vitelio de aquí; dejemos impertinencias: Cansarete mil paciencias, si hay mil paciencias en ti. Mira que alzar velas quieren, mira que te dejarán, porque te aborrecerán cuando ser mi amigo vieren. Vayan, que si tú no vas, yo no tengo de partir, contigo quiero morir; Muy sin causa morirás. Vete, y creeme: Por un Dios que enojos dejes a parte, Eso es, Emilio, cansarte; Pues quedémonos los dos. Al Rey le voy a decir como es aqueste tu intento; No creas, mi pensamiento es de quedar por morir. Yo confío en Dios que hará que de aquesta tierra salga, y de otra ayuda me valga que su piedad me enviará. Alguno habrá por vernura, arrojado aquí del mar; con quien me pueda embarcar, si no, acá auta sepultura. Espérame aquí: Una espada solo pido que me dejes: De este lugar no te alejes, que luego te será dada. En tanto que vas me quedo solo, y ya podría ser que la hubiese menester; Darte la que traigo puedo. Toma, harete traer vestido, No se usa acá, Ahora, yo voy bien está, mudarás de parecer. Al momento vuelvo, En duda dame los brazos; Darelos, y conmigo volverelos para darte en todo ayuda. Adiós, lo que te he encargado se tenga, hermano, en acuerdo, O no eres, Vitelio cuerdo, o has mucho disimulado. Que al fin porfías yo quiero no dejarte, que te irás, quedarme aquí vale más, serte he en todo verdadero. Fía que esperaré aquí, de ello palabra te doy, que ya tan resuelto estoy, que nada temo de mí. Ni que me pueda mudar ninguno de aqueste intento: Ni mudes de pensamiento, ni tampoco de lugar. Digo que no haré; Pues luego yo soy aquí: Importará: mi pensamiento estará, de muy alumbrado, ciego. Ley engañosa, confianza humana, inconstante albedrío, fin incierto; hay edificio sobre arena vana, mudable bien, cuando más humo, muerto: gusto; que de la noche a la mañana has mil contrariedades descubierto, mal haya el gusto, y quien por el se guía, mal haya el hombre que del hombre fía. Condición miserable, que no basta hacer de la lealtad un hombre muro, si no que allí la envidia le contrasta, y de la ingratitud no está seguro: el que más años de servicio gasta, el pago que hoy recibo le aseguro: dad voces a estos montes, lengua mía. mal haya el hombre que en el hombre fía! Vitelio errádolo has sino es que la muerte quieras, pues que te sale de verás eso que pidiendo estás. El Rey se parte, y no deja a Emilio que vuelva a hablarte, y de irte, y de dejarte, al cielo, y al Rey se queja, Diciendo que le dejase quedar a morir contigo, este verdadero amigo, mas llévanle preso, y vase. Esto te vengo a decir, y pues tienes tanto pecho, sufre lo que ya está hecho, pues lo has querido sufrir. Domicio yo te agradezco el aviso, y el consuelo, que conozco que es tu celo el que en el mío merezco. Y no nos digamos más, pues poco espacio se ofrece, vuélvete, que me parece que miras mucho hacia tras. Vete, que esta es ruin posada, mira no se vaya el Rey, que se guarda poca ley, y no hay que fiar en nada. De lo que pasa me corro, mas a Dios, y ojalá veas, muy como tú lo deseas, venir del cielo el socorro. Dejadme con mi dolor, que ni os espero, ni os sigo, que no hay mayor enemigo que es el amigo traidor. Heme aquí solo, y adonde es la habitación terrible, y la salida imposible, que es lo que esta tierra esconde, Entremos a conocer este trato, que es forzoso, que aunque sea peligroso, ya no tengo que temer, Por más que sean enemigos, que más mal que muerte espero, a sus manos morir quiero, y no a las manos de amigos. Si muero a manos del Rey, aunque sea por malicia, dicen que es mucha justicia, pues al fin su gusto es ley. Solo por mi hermana ire, que debiera procurar de llegarla a aconsejar, pero allá su esposo fue. Y de entrambos a dos fío, que no me echarán menos; quede cuevas, quede senos hace este peñasco frío. Sobre el parece que sueña de voces, y armas tuido; para lo que he pretendido hallado e ocasión muy buena. Qué extraña visión es esta? esta no es mujer? qué haré? llegaré? o esperaré? gran confusión es aquesta. Que aún toda via estoy viva? qué es una vida tan fuerte? cuan despacio llegas, muerte, si hay gusto que te reciba. Que tras estar como estoy, tras aquesta peña dura, bajó mi vida segura? que desdichada que soy. Bajáis, traidores tras mí? habéis buscado, alevosos, caminos no peligrosos? esconderme he por aquí. Ay, que moverme no puedo, do fue tal desdicha oída, que ni hallo muerte, ni vida? Cómo es esto, y estoy quedo? Amiga ved en que puedo seros un hombre de amparo? qué hasta el morir vendéis caro? quien hay que la gloria os vede? Acabadme de matar, y viva no me llevéis, con esto me pagaréis mucho que debéis pagar. No soy quien pensáis, señora, soy quien vuestro bien procura: Conózcote, por ventura? Solo me has visto esta hora. Deseas mi bien? Como el mío: Quién eres? Quién de la muerte escapa que aquesta suerte de un quebrantado navió. Pobre de ti, a que mal puerto te ha traida tu fortuna, donde no hay piedad ninguna, piensa que escapaste muerto. Fortuna en esto se ve que tanto me perseguiste, pues hubo de ser tan triste un solo amigo que hallé. Fuérame pena menor no haber tu amistad hallado, pues hallándola me has dado doblada pena y dolor. Mira si hay remedio al tuyo, y del mío no te duelas: Muy en vano te desuelas, que yo misma del bien huyo. Huye pobre forastero, de guardar la vida trata, lo que pudieres dilata el amargo fin postrero. Mas sin remodio es tu mal, morirás, que aquí me mata, cual ves esta tierra ingrata; con ser de ella natural. Vive Dios que has de vivir, o que he de morir contigo: Tan tarde tan buen amigo? ya me pesa de morir. Esa amistad ofrecida no hallo con que pagar, ni se con que la estimar, sino es en darte la vida. Y solo de aquesta suerte que te dije, ser podría, que de aquesta tierra mía huir pudieses la muerte. que es solo en dármela a mí, que puedes tener por cierto, que por solo haberme muerto te darán la vida a ti, Con lo que puedo te pago, no dirás que ingrata soy, que hasta la vida te doy, aunque poco en darla hago, Que ella está ya tal que harás en quitármela dos bienes, que aseguras la que tienes, y harasme no penar más. Por mal camino me mandas lo que tu alma desea, si quieres que tan cruel sea, porque el corazón me ablandas? Curemos de las heridas que ya recibido has, que otras, antes las verás en mi pecho recibidas. Qué gente viene tras ti? El Rey, mi fingido erman que por ser señor tirano de este reino que perdí, Y por más se asegurar de su injusta posesión; traición añade a traición, y me pretende matar. Remedio tendrás: Adolo? que remedio mi mal tiene? si el Rey en mi busca viene; cierto es que no vendrá solo. Y como has tú de poder resistir a tanta gente? tenida fui por valiente, y al fin no pude vencer. Sobre este cerro di muerte a muchos que me acosaban, pero tantos me apretaban, que al fin me rendí a su suerte, Dejándome despeñar, por no morir en sus manos, mas los hados inhumanos, aún no me quieren matar, Y no sé como bajé sin llegar hecha pedazos: Pues has llegado a mis brazos misterio del cielo fue. Cómo no te siguió gente? Serán idos a buscar camino para bajar, que se halla difícilmente. Que el que yo quise seguir es de peligro tan lleno, que puede solo ser bueno para el que se echa a morir. Pues sabes qué se ha de hacer? pero ya la gente sueña: Amigo tu suerte es buena, si me has querido creer. A cobardes, que ocasión de las manos se os haido: Ninguno culpa ha tenido, No me aumentéis la pasión, Cobardes, que respondéis, pues sabéis que tantos hombres, indignos de aquestos nombres, una mujer no vencéis? Qué de nadie fue seguida? por dónde podría ir? Ella se arrojó a morir, y es la muerte aborrecida. Que te da pena, pues ves que es imposible escaparse: Antes imposible hallarse, pues ya hallada no es. No os acordáis del lugar pordo se arrojó? Ah de ser por aquí, a mi parecer: Este medio he de tomar; Vesla, señor, está aquí: Desuiaos allá, y mirad si es muerta: Aún no, acabad lo que pretendéis de mí. Ved si armas tiene: A cobarde, antes me temes de suerte, que al fin no hay pecho tan fuerte, que su maldad no acobarde. Bien has mostrado, villano, que no hay en el mundo cosa tan cobarde, ni medrosa, como el Pecho de un tirano. Llega tirano, que ya, ni armas ni vida tengo: Escuchándote me vengo, tu futia rendida está. Quién es este hombre? Señor, un máreante arrojado, por furia del mar echado, o por celestial rigor. Del modo que me estás viendo a este Reino llegué, donde en entrando hallé cosas en que irte sirviendo. Hallé que aquesta mujer por estos riscos bajó, y luego se levantó pretendiéndose esconder. Como si de bronce fuera bajó sin hacerse mal, y cual si fuera inmortal, luego se movió ligera. Diciendo: huiré de tus manos, invicto Rey enemigo, hasta que te de castigo ordinario entre tiranos. Y oyendo que contra el Rey eran sus voces, y viendo que ir a los Reyes sirviendo manda la natural ley, Púseme delante de ella estorbándole su huida: y aunque ninguna en mi vida vi tan fuerte como ella. fue tal el honroso fuego que puso tu nombre en mí, que en efero la vencí, y vencida te la entrego. No es bien que nada, te huya, toma, pues que la mereces, esta vida que me ofreces, en rescate de la tuya. Murieres, a no tener tan buen escudo presente, que la forastera gente así se suele acoger. Tu valor se ve desnudo, y no es bien dar a la muerte un pecho tan firme y fuerte, que a Troila vencer pudo. Bajaba hecha pedazos; Harto fue con todo eso; Que estaba en duda confieso, mas no se la vi en los brazos? Vino con armas? Yo fui quien se las quitó: Harto fue: Por aquí las arrojen; Alto partamos de aquí. A deseo de vivir, a cuanto los hombres pones: posible es, que estas traiciones sepa este hombre fingir? Que quien tanto sentimiento mostraba de mi dolor; tuviese pecho traidor? a cobarde pensamiento. Extranjero, no me pesa de que hayas usado aquí de la traza que te di: aunque contra tu promesa. No quiero desearte mal, ni tu cuento contradigo, que una vez te llamé amigo, y he de tratarte por tal. Porque la tuya guardases dije a tu mal condolida, que me quitases la vida, no que el honor me quitases. Que me pudiste matar; pero vencer no pudieras, si palabras no tuvieras que yo te supe escuchar. Díjele que yo haría que le dieses libertad, como que a tu voluntad pudiera obligar la mía. Estas las palabras son que me está pidiendo ahora: Parécete a ti traidora, que te puedo darperdón? Paréceme que fue engaño lo que de este hombre juzgue; cuan otro te imagine: Ella dirá que te engaño Para vengarse de mí, y si la crees muerto soy; Mas tarde crédito doy a quien por tal conocí. Nunca a esta tierra has llegado de tormentas impedido, mas porque a ella has venido de tu tierra desterrado, Dudaba entre gentes tantas como en el mudo ay, que huiese uno que tan malo fuese como este, mas tú me espantas. Y con todo eso, al Rey pido te galardone, y te crea: y si mi alma te desea mal, en mí se vea cumplido. Qué humilde está la tirana, alto, llévese de aquí: No mandes llevarme ansí, advierte que soy tu hermana. Y si aquesto no te obliga, baste que sea mujer; si te he podido ofender, en la vida me castiga, Y no en la honra, pues ves que tienes en ella parte: Cómo tienen de llevarte; en hombros, o en un paves. Súbela arriba, que allá se mirará en lo que ha de ir? Pues más le quiero advertir aquien la vida me da. Todo se lo he de contar a quien tanto bien me ha hecho, descubriéndole mi pecho cuenta de todo he de dar. El amado suelo caro de mi propia patria olvido, quiero contarme nacido en la que me da su amparo. Sabe que en aquesta orilla, está entre peñas cubierto un havio medio abierto, que al mar se rinde y humilla, Procuran se reparar los que vinieron con él, para luego fiar de él, y encomendarse a la mar. Y envianme solo a mí para hacer por aquí espía, si alguna gente tenía, y al fin do soy para ti. Es de gente desarmada, sin capitán, ni cabeza, y tiene mucha riqueza, presto es Rey, por ti ganada. Con que envies la mitad de aquesta gente que tienes: Enviado del cielo vienes, si es que me dices verdad. Avidio esa gente toma, y do este dice camina: Aquí luego en la marina está, casi de aquí asoma, Quiéreste, señor fiar del que espía se confiesa? Antes ocasión es esa para nada recelar. Hay más de quedarme yo en reenes de la jornada, y si te mintiere en nada, mata aquel que te engañó: Así quiero que se haga: Cincuenta hombres batarán? Y treinta los vencerán, que es poca gente, y mojada. No podrá hacer resistencia, Yo me quiero aquí quedar, Yo señor bajo a la mar a hacer esta experiencia. Quede gente aquí contigo en duda; Tú, y esos queden: Bien tan seguros ir pueden, como que no hay enemigos. Pues la gente llevo, y voy: dices que aquí en lo primero? Digo que sí: Aquí te espero; Con lo que hay luego aquí soy. Temeroso, señor, quedo; De que pues no vas tú allá? y este hombre aquí no esta? de qué puedes tener miedo? Aurá de querer matarse? Haya cuenta no se huya: Gran cobardía es la tuya: do ha de parar a ausentarse? Tanto aficionada estoy de tus primeras razones, que siento más tus traiciones que la miseria en que estoy. Tan por tu amiga me di en aquel propio momento, que como muy propias, siento las fealdades, que hay en ti. Tanto mi alma no siente que me hayas a mi engañado, cuanto que te hayas mostrado traidor a tu propia gente. Que tan enemiga seas de mi bien, y mi provecho, que porque le busca un pecho de aquesta suerte le afeeas. Por los dioses que estoy puesto en término de que yo te mate aquí: . Eso no; ni a subrillo estoy dispuesto. Antes traidor morirás con tus pensamientos locos: ahora sí, que sois pocos: Mira a quien creído has. Loco mentiroso, aquí como faltar hombre pudo contra uno solo, y desnudo? Huiré yo, mira por ti. De vosotros, luego uno a llamar a Avidio vaya: Un Rey tan presto desmaya, no ha de escaparse ninguno. Estoy muy suelto, y podré alcanzar a quien más corra; Que mi brazo no socorra a tal amigo? si haré. De la suerte que pudiere, que armas dejó el enemigo con que socorra a mi amigo; Solo a ti mi intento quiere. Señora, con armas, dónde? A amparar a quien me aúpara; No es la victoria tan cara, a los más la muerte esconde. Y otros huyen, que no sigo, por no déjaros a vos: aquí venimos los dos, vuestro enemigo y amigo. Tráigole para quitarle la vida en vuestra presencia. Revóquese esa sentencia; aquesa quiero yo dalle. Que si con pecho cruel, cual él a mí me tratara, y ahora yo me vengara; tan baja fuera como él. Ved pues qué queréis hacer, do queréis llevarle preso Ni tampoco ha de ser eso, libertad ha de tener. Pues que es lo que hauré yo hecho? No en balde lo trabajastes, pues mi cuerpo rescatastes, y cautivastes mi pecho. Con todo eso fuera bueno gozar de aquesta ocasión, pues tras esta rebelión queda el tiempo de ella lleno. Que con vuestra compañía más victorias os prometo; el tiene de ir, en efecto, do vuestro gusto le guía. Matarle fuera crueldad, que el ser mi hermano confieso, y para tenerle preso no tengo conmodidad. Dejémosle, y vámonos, que yo os llevaré a lugar do seamos malos de hallar: Dónde no iré yo con vos? Osaréis yr con aquel que llamabades traidor? Ocasión tuvo mi honor, Muera quien no fuere fiel. Vamos, que ha rato que siento, aunque no os he dicho nada, veros la ropa mojada: Excusado sentimiento. Antes os puedo jurar, que andando tan divertido, hasta aquí no lo he sentido desde que salí del mar. Vamos adonde se quéis, puestos al sol, los despojos: Volved hacía mí los ojos, y todo eso ahorraréis. Allí consultan mi muerte, viose traición semejante? Lo que ha mudado un instante! cómo se trueca la suerte! Do fue tal desdicha oída cómo aquesta? pues que muero, pues que un falso forastero viene a ser juez de mi vida. No estés temeroso herma- que no te quiero matar, (no, sino en las obras mostrar que soy Reina, y tu tirano. mas no quiero decir tal, ni agraviarte con razones, que es de bajos corazones tratar a sujetos mal. Menos de fortuna fía, que es mui mudable su rueda, y en tu libertad te queda, que yo me voy a la mía. Hazle primero jurar de que no irá contra ti: Para qué? el verá en sí lo que le obliga a guardar. Por si la gente volviere vamos ahora de aquí; Vaya yo siempre tras ti, y sea donde se fuere. Qué sueño es este? qué es esto, que pasó en tan breve espacio? arrepiéntese despacio quien se detérmina presto. Pero qué es esto que digo, digo, de mi disparate? siempre tiene este remate quien fía de su enemigo. Aún harta ocasión había de fiarme del mozuelo, pero quiere el justo cielo castigar mi tiranía, Que al fin tengo el reino ajeno; mas quien deshacerse quiere de lo que una vez adquiere, sea por medio malo, o bueno. Que quedaría con Inopia, y es menos mal dar la vida, que no la hacienda adquerida después d hecha sagre propia. Que al fin yo tengo usurpado aqueste Reino a mi hermana, hermana a mí tan tirana, que vivo aquí me ha dejado, Viviendo yo con intento de quitarla a ella la vida, la verdad fue conocida de mi loco pensamiento. Veo que la razón le sobra; toda su justicia vi: pero no hay fuerzas en mí para ponerlo por obra. Caminad apriesa amigos: Oh señor! Do vais tiranos? tras dejarme a mi en las manos solo de mis enemigos? Muciano, tú te quedaste por guarda y amparo mío, con razón de ti me fío, bien tu corazón mostraste. Señor vite en tal aprieto, que tuve por mejor medio llamar socorro, y remedio: A tiempo llegó, os prometo. Si me quisieran matar, a tiempo llegó el socorro; que ciertamente me corro solo en que me oséis mirar. Siempre yo verdades digo; bien temía aquesto yo: y al fin, quién te defendió? La piedad de mi enemigo; Y dónde están? Yo qué se? por bien tuve verle ido; Por dónde, señor, han huido? sigámosles: . Para qué? Tan valiente gente llevo? Solo los quiero buscar; Para que los has de hallar? Solo a vencerlos me atrevo. Que si yo fuera creido, no llegara esta ocasión, que bien vi que era traición que había aquel fingido, Que no hay hombres, ni hay navió; Cómo mis voces no oiste luego que de aquí saliste? Tal era el cuidado mío. Luego partí como el viento, no me había de alejar? o cómo os pude escuchar? mas de coraje reviento. Sigamos aquel traidor, deseles tirana muerte: No les tratéis de esa suerte, que me han tratado mejor. Déjese aquese cuidado, que mal galardón sería darles la muerte en el día que ellos la vida me han dado. Llevadme a casa, que estoy herido: Qué es lo que escucho? adónde, señor, y es mucho? Ya de armas indigno soy, Vamos con priesa de aquí; Cómo irás? Cómo pudiere: Dichoso el que una vez muere por no ser traidor ansí. Tienes, Ardeo, de ser, el que debes, a mi pecho, pues del tuyo me aprovecho en tan grande menester. Mira que mucho te honra la ocasión de mi ofrecida, pues aseguta mi vida, y satisface mi honra. Ahora que está el Rey ausente, no puede estorbar mi gusto, yo haré vengar mi disgusto, y mi quietud se acreciente. Ya sabes que me la quita Nisida esa infame dama, a quien el Rey suya llama por una afición maldita. Ya sabes que aquesta adora a mi marido, y por fuerza me ha de aborrecer, que es fuerza, que harto mi alma lo llora. Antes que el Rey venga, quiero procurar mi quitud, y esto ha de ser en virtud de tu celo verdadero. Tú me tienes de ayudar, y ha de ser por mi manera, que a mi ver, es la postrera que se puede imaginar. Has de embarcarte con ella para llevarla a su tierra; porque ya la misma guerra no quiero recibir de ella. Di que a su padre la llevas, pero más ha de haber que esto, no me contento tan presto de desvergüenzas tan nuevas. Tú la tienes de matar, y podrás bien fácilmente; yendo con amiga gente, podrasla al mar arrojar. Afondárase el navio de suerte que tú te escapes, porque de esta suerte tapes cual fue tu intento, y el mío. de suerte que ahogada quede, quedando tú con disculpa; y echando toda la culpa a lo que fortuna puede. He sido de ti escuchada qué es lo que pensando estás? mira que me dejarás bien vengada, y obligada. Ya yo te tengo, señora, escuchada, y entendida, Pues tras d haber sido oída que me respondes ahora? Qué es la más dificultosa que me pudieras mandar, y no la quiero dudar por ardua ni peligrosa. Ojalá fuera ofrecer yo por ti mi corazón, y no fuera con traición dar la muerte a una mujer. Qué respondes en efecto? Que lo haré, o moriré, ya que tu voluntad se; fiándome tu secreto. Ya que la desdicha mía fue tal, que te encaminó, a que fuese el hombre yo de quien tal hecho se fía. Que puedo hacer, si no estar a lo que mandas sujeto; yo lo cumpliré en efecto como acabas de mandar. Si no lo piensas hacer, dime luego la verdad: Que fin de esa falsedad pudiera yo pretender? En lo que te escucho aquí; dos veces me has agraviado; una en lo que me has mandado, otra en no fiar de mí. De fiarte yo este hecho, di, qué agravio recibiste? En que a mí solo tuviste por el de más duro pecho. Ni jamás en la hidalguía bien la crueldad se asienta, antes es siempre parienta cercana a la villana. Neciamente has recebido lo que he fiado de ti, harta más honra te di, que la que tú has merecido. Pues te tuve por discreto, por leal, y por constante, hallote falso ignorante, heme engañado en efecto. Aquesto se quede aquí, y guarda secreto, o guarte; No debes de mi quejarte, pues tan preto dije sí. Señora, yo no pretendo huir lo que me has mandado, sino haberte declarado, que bien lo que hago entiendo. Sin duda yo lo he de hacer, da orden en la partida: Encomiéndote mi vida, que más honra puede ser? Digo que por tal lo tengo, y que te obececere, y cual lo mandas lo haré, y al camino me prevengo. Mira que la has de matar; Será el mar su sepultura, y la traza más segura, es la que acabas de dar. Yo haré afondar el navio de manera que se crea, que fue suceso, y que sea solo para el pecho mío. y que ninguno lo entienda: Pues más ay, que ad ser luego la partida: Oye te ruego: Esto más se te encomienda. Todo lo tengo ya a punto y has de partir al momento: Pues porque tal pensamiento me descubriste a tal punto? Porque fuese más secreto, y no haya habido lugar de poderse declarar: yo me hallo en grande aprieto, Ya has dicho sí, y a de ser, havio, y recaudo espera: La resolución postrera, es que te he de obedecer; Y que desde aquí he de ir a la mar, Ansí conviene; Alto, si de hacerse tiene; que sirve contradecir? Nisida sábelo? . No: Pues voyme yo a aderezar, aquí puedes esperar: No harás lo que digo yo? vestido, ropa, y sustento, digo que en la mar te espera: Que se haga de esa manera, que partamos al momento. Ya sale, esa puerta cierra, porque no nos oiga alguno; Suceso tan importuno, que no le ha visto la tierra. Qué es en lo que eres servida de mandarme? Lo que quiero, es, Nisida, lo postrero que te mandare en mi vida. Será por la falta tuya, antes que no por la mía, di en que servirte podría. Nisida, porque concluya, Quiero comenzar mi cuento: desde el día que tú sabes, que en ocasiones más graves das guerra a mi pensamiento. Siento todos estos días, cual verás, si lo mirares, principio de mis pesares, y fin de mis alegrías. De vergüenza decir no oso de la manera que andaba, no cual Reina, cual esclava de un pensamiento celoso. Bien sabes que el Rey te ama, y son testigos los cielos de su amor, y de mis celos, de quien esclava me llama, Qué darme ese nombre es bú e- y el que más me satisface, (no, si el Rey (quien guerra me hace) no era suyo, si no ajeno. Pues donde hay tantas razones, tu misma has de confesar; que la tendré de buscar remedio a aquestas pasiones. El que en esto más me aplace, y es el último remedio, es el quitar de por medio la ocasión de donde nace. Que enviándote a tu tierra a la casa de tu padre, no hay medio que más me cuadre ni puede haberle en la tierra. En esto, no te destierro, Nisida, ni agravio en nada, que antes estás desterrada; y quiero alzarte el destierro. Confieso de mi inociencia, no se si diga inorancia, que nunca de aquesta estancia esperé aquesta sentencia. Cree, que mi fe, a la clara, se hubiera bien movido, como aquella que ha traido el corazón en la cara. No lo debiera entender, pues todos a entender llegan, que ojos a quien ojos ciegan, una luz no pueden ver. Esta disculpa tendrás en lo que conmigo usares: pero si bien lo mirares, culpa no me hallarás. Si cual digo, el Rey me quiso, mira si le di ocasión, o si su vana pasión escuché con poco aviso. Has sabido que yo fuese a algún lugar por hablarle? o que llegando a encontrarle, hablándome, que le oyese? Has sabido que escuchase recado que suyo fuese? has sabido que me diese dádivas que yo acerase? Hubo cuento, ni ocasión, que no diese cuenta de él, en señal de que era fiel mi alma, y mi corazón? Nada de eso contradigo, no hay de que disculpades, ni se que culpada estés, ni quiero darte castigo. Que no es castigo enviarte con tu padre; . No lo es, que no hay más bien que me des, que ponerme en esa parte. Solo siento; que se tiene de andar murmurando al fin, que de algún indicio ruin aquesta mudanza viene. Cuando la verdad se sepa como dices que se sabe, poca deshonra te cabe: Y hay pecho do verdad quepa? Quien más en mi favor ande dirá allá en su corazón, que hubo muy grande ocasión para mudanza tan grande. También podré yo decir, aunque des de mi quererla, que algo la detiene a aquella que siente tanto el partir. Mejor opinión tendrás: De qué quieres que la tenga? Luego que mi hermano venga, con el enviarme podrás, Que nunca esperé de ti que se me hiciese este agravio: Amiga, cerrado el labio comiencera partir de aquí. Harto disímulo, y baste: No me hables de ese modo; yo quiero que digas todo lo que contra mi hallaste. A no estar ya conocida, lo que dices a quí sobra, difícilmente se cobra una vergüenza perdida. Siempre me trataste bien, nunca me tuviste en poco; pues porque por este poco quieres borrar tanto bien? Si bien mi vida se nota. es tal, según buenas leyes, que no me vencerán Reyes. ni Reinas me pondrán nota. Desuergonzada arrogante, quién te bastará a sufrir? tal te atreves a decir teniéndote aquí delante. Mas no me quiero espantar de la soberbia que enseñas, que como Reina te sueñas, paréceslo en el hablar. Di, cuantas veces soñabas en el sueño que has dormido, que enviudaba mi marido, y que con él te casabas? Quede obras habías fundado en cimiento tan pequeño; conoce, pues, que era sueño, y que de él has despertado, Ahora hallarás por cierto, que iuan tus glorias erradas, que siempre glorias soñadas causan tristeza al despierto. Ardenio un paje me llama: No creí de tu sentido, que culpas de tu marido atribuyas a mi fama. Lloraré mi desuentura, que la culpa he de tener, pues que no la puede haber en tu nobleza y cordura. Ves, señora el paje aquí; Pide un manto, y tráemele. yo las cosas trazaré mas a gusto para mí. Deja lágrimas sin fruto; No pienso sacarle de ellas, pero animal, y quererlas, se le debe este tributo. En una cosa he mirado, que me quedas obligada, en ir bien acompañada de Ardenio, y de su cuidado. El mismo te llevara; Por cierto la compañía es más que yo merecía; La que podré se os hará: Pero por mejor tuviera; como a ti te contentara, que a mi padre se avisara que luego por mi enviara. Fuera ansi contenta yo, y tu segura quedaras, pues de esta arte me entregaras a quien a ti me entrego. No hay ahora espacio tanto, que viene ya el Rey, Con él vendrá mi hermano, y a el me entregarás, y a mi llanto. No miras que el Rey venido estorbará mi intención? Fía de mi corazón; que siempre leal te ha sido. Que dentro de cuatro días, después que llegue mi hermano, me iré, y es medio más llano, que aqueste que tu ponias. Con tu gusto; y con mi fama cumplirás, si de él me fías, pues no dirán que me envías, mas que mi padre me llama. Aquí está el manto, señora, Tómele Ardenio, y tú vete, dásele, que me promete en vano; y en vano llora. Cubre ese manto, y al punto por aquesa falsa puerta que sale al mar, de la huerta, ve, que todo estará a punto, Cómo, que de esta manera quieres que parta? Si quiero: Déjame que hable prmero a mis amigas, siquiera. Déjame que me despida; No es eso lo que pretendo, cúbrete: El fin no entiendo de semejante partida. Siquiera para el camino, qué vista no he de llevar? Luego te lo haré enviar; Hay caso más peregrino? Quién tal cosa te aconseja? do se vio tal confusión? es tanta mi alteración, que lágrimas no me deja. Ea Ardenio caminad, partiréis solos los dos, con vosotros vaya Dios; bien lo que dije notad. Haré lo que me has mandado: mas quien nos ha de llevar adónde hemos de embatcar? De todo tuve cuidado. a la puerta de la huerta tendréis quien os será guía, y allá en el mar compañía. Fío que tu ingenio acierta. Nisida a buen puerto vas, con solarte es lo más sano: Pues quieresme darla mano, que ya no te pido más. Concedáseme esta gracia, aunque yo no la merezca, siquiera porque parezca que no parto en tu desgracia. Mano, y brazos te daré, y dete el cielo alegría, y una honrada compañía; Cual la tuya, no hallare. Ardenio guíeos el cielo; Él en tu defensa quede: Si en lo que mando se excede, no habrá disculpa, o consuelo. En todo seré leal: por la huerta habemos de ir? Por ella habéis de salir; Tán de presto? tanto mal? Es sueño esto? Ea, que es tarde; Porque, señora, te quejas, si para siempre me dejas, que un poco en partirme tarde. Por un Dios que me perdones los enojos que he causado, aunque en ellos no haya dado, mi voluntad ocasiones. Y queda, señora, en paz, que te cansa mi fatiga: Ve con Dios, Nisida amiga, y como quien eres haz. Guárdete Dios, Con el vayas. allá irás tormento mío, anda ve, que yo te fío, que el fin que mereces hayas. Ved si se le hizo de mal dejar aquesta ocasión, como de su corazón ha dado clara señal. Lágrimas me lloras, loca; qué pretendes por ahí? para el fuego que hay en mí es aquesa agua muy poca. Erradas tus trazas andan, mas por llorar te mejoras, porque lágrimas traidoras más endurecen que ablandan. Bien se que el Rey sentirá lo que hago, mas no importa, que con dificultad corta lo que es justo advertirá. Hágase mi voluntad, que no temeré a sus iras, que no han de faltar mentiras, cuando me falte verdades. Esos pies me dé tu Alteza; Pulciano, seas bienvenido, qué es lo que acá te ha traido? Qué pregunta tu grandeza? Es tan pequeña ocasión venir a besar los pies de mis Reyes? tú no ves ser forzosa obligación? Tanto, que el que en ella nace que preguntará he creido, que es lo que me ha detenido, y no que es lo que me hace. Que no hablo del amor de los hijos que acá tengo; a esto, señora, vengo: No fue mi pregunta error, que Vitelio, con el Rey está fuera de la corte: No es tardanza esa que inporte, a la hija tengo ley. A Nisida vea yo, que es la que me da cuidado: A haber poco antes llegado la vieras pero ya no. Tú has venido de tu tierra bien en vano: yo he de hacer como a este entretener mientras su hija se destierra. Adónde está el Rey, señora? Despacio te lo diré: Si das licencia, veré a mi hija: Cuándo? Ahora. Sospecho que no podrás, que yo la tengo ocupada: Sido está, no importa nada: Ocasión después tendrás. A ella, y entrambas a dos por tu servicio daré: Pues a descansar te ve:) El cielo te guarde: Adiós.

JORNADA SEGUNDA

acto segundo Queriendo disimular el humor que habéis traido estos días, lo he sufrido, mas ya no puedo callar. Pesaos, Rey, de haber llegado, a vuestra casa tan buena? en la mar tan bien os sueña el soplo del viento airado, que estáis tan triste, y mohíno? no os acabo de entender, sin duda os debe de ser de mucho gusto el camino. Aunque no se en que os podéis haber tanto disgustado, sino es por haberme hallado, y porque me aborrecéis. Claro quiero hablar, que ya no hay paciencia que lo lleve: Mejor paga se le debe a lo que en mi alma está. Si mi pena y descontento de aquesta suerte curáis, juraré que deseáis que vaya siempre en aumento. Pensad lo que os pareciere, que yo pensaré también, y aún acertaré: Está bien, mas mi fe se considere. Verdad es, que algunas cosas tocantes acá al estado, me traen algo disgustado: pero no tan peligrosas, Que se ponga en tanto punto la pena que ahora muestro: O en fingir es poco diestro, o muchos males barrunto que si es tanta la razón, como la pena mostráis, en muchó peligro estáis, pues es mucha la pasión. Por mi vida que se deje de dispurar mi tristeza, que ni es tanta mi extrañeza, ni hay tanto mal que me aqueje. Mas podríaos bien jurar, que el Duque Pulciano hoy, tras que yo triste me estoy, mi tristeza hizo doblar. Diciéndome, harto enojoso, con infinitas locuras, y muchas desenvolturas, que le escuché muy cansado. Diciéndome, que le diese su hija, porque venía a bella, y que no la via, que la verdad le dijese De si era viva, o si era muerta, o en que lugar estaba: confusión para mi brava, no hallando respuesta cierta. Vi que le movía afición de su hija, an si callé, y demás de esto mire, que no le falta razón. Díjele, pues, que haría que vos su hija le diesedes, y ansi yo, que me dijesedes lo que hay en esto; querría. Y porque no le dejáis que a su Nisida hable, y vea, porque se asegure, y crea que es viva, y no se la hurtáis. Dalde a su hija, señora, porque no nos mate aquí: Toda la tristeza vi, que era de eso, luegosa la hora. Muy sin juramento os creo, que me habéis dicho verdad, que con gran dificultad la disimula un deseo. Por Nisida habrá de ser pordo empieza la disculpa; y al fin, de la propia culpa queréis la disculpa hacer. Esa ceguedad condeno, mas por disculpado os den, que lo que se quiere bien; para todo se halla bueno. Faltábanme más dolores? faltávame más afrenta que pedirme que os dé cuenta de vuestros mismos amores? Si crece con tanta priesa esa ceguedad tirana, y desvergüenza, mañana querréis sentarla a la mesa. Mas idos más poco a poco, medio habrá por donde os venga el bien, sin que el mundo os tenga por tan declarado loco. Esperad, que poco falta para que mi vida acabe, pues ya esta fuerca tan grave tan por momentos me asalta. Yo acabaré, y vos podréis conocer por Reina a la hora esa dama, a quien señora de vos, y de mí hacéis. La sangre y vida daré, porque vuestra pena enmiende, que pues mi vida os ofende, Yo misma la quitaré. Pero villana, qué digo? tan poco estimo el honor que le doy por el amor que tengo a mi falso amigo? Contento había yo de dar a quién me da dolor tanto? comience de aquí tu llanto, que bien tienes que llorar. Ya tus gustos acabaste, no la verás, vengate de mí, que te la quité, y de ti, que te ausentaste. Hay desdichado de mí si es lo que sospecho cierto; Reina dime si la has muerto, toda la verdad me di. Sin duda Nisida es muerta, que el dolor de aquestos días de estas desuenturas mías, me daban nueva muy cierta. Qué haré? preguntarela? no me lo querrá decir, a buscarla tengo de ir; dirámelo, o matarela. Seis días ha, señor, que de mi tierra; por largo mar, por tempestades muchas, cargado con el peso de mis años, llegué a tu Corte, a dar principalmente, muestra de mí a mi Rey besar la mano, reconociendo, lo que mis pasados con fidelidad tanta obedecieron, como los tuyos, Dios, y todo el mundo, conoció de ellos, y de mi conoce: tras esto, vine a ver dos hijos míos, que yo mismo te di para servirte, y me hiciste merced de recibillos; no se que tales son, que como parte no puedo juzgar bien de tus virtudes; se que te has confesado muchas veces de su ficelidad, por bien servido, sean al fin aquellos que se sean, al fin son hijos, y es la fuerza grande de la naturaleza en este caso, tanto, que hasta en los brutos puso leyes, mira que será en los hobres racionales, y sea Dios servido que conozcas esta verdad por experiencia larga, dándote amados hijos de que goces con aumentos de Reinos y grandezas. Pedí a la Reina mi señora, fuese servida de que viese yo a mi hija, supliquéselo ina, y muchas veces, y con ser piadosa mi demanda, hoy está por cumplir, entreteniéndome con causas, que ninguna es aparente: pregunto a todos, nadie sabe nada, se que no está en tu casa, por lo menos, causa bien eficaz de sentimiento. Llegaste, en efeto, tú de tu viaje, de cuya vuelta estaba yo esperando, ver a Vitelio; pues que fue contigo, y hallo que como a bárbaro le dejas, ya en la mar, y a entre bárbaros desnudo; en esto no hablo; porque tú lo hiciste, no es menester información ninguna para tener por cierto que fue justo, y que una ofensa pediría castigo; dejémosle que muera como bárbaro, pues lo debió de ser en enojarte, que un hombre, como quiera vive, y muere; mas la mujer no es justo que se olvide tan fácilmente: otro es su castigo; que se debe aplicar a sus descuidos: ansí te ruego, que si algunos ha habido, según que lo merecen mis pecados, que yo lo sepa, y sepado la tienes, que si es culpada, yo seré el ministro más fiero ejecutor de tu justicia; si es muerta, vea yo su sepultura, el oído a mis ruegos no me ascondas, como Rey tan justo, me respondas, como En lo que queréis saber, esa misma confusión veréis en mi corazón, que en el vuestro puede haber. Por Nisida he preguntado con más voluntad que vos, y por gusto de los dos la quisiera haber hallado. De Vitelio se decir, que sin ningún fundamento se quedó por su contento, aunque a mí me vio venir. No por mi gusto ha quedado; sino por el gusto suyo, que no soy yo de quien huyo, sino el quien me ha dejado. No cometión culpa alguma, que solo en aquesto erró, en que a mí me atribuyó lo que hizo la fortuna. Mas de esto no le corrijó, ni a mí me culpo tampoco; y si me culpó algún loco, no supo lo que se dijo. No os admiréis de queos mire cuando esto estoy diciendo, Emilio, que yo me entiendo: Fuerza será que me admire, si es que sospechas de mí, que de nada te he culpado: Se, que en todo lo pasado demasiado amigo os vi, De Vitelio, que no mío, y de ambos lo podéis ser; Tal de mi pudes creer? Yo me entiendo, yo os lo fío. De donde Pulciano aquí tan presto las nuevas tuvo? Tan pocos testigos hubo, que me echáis la culpa a mí? Sin razón a Emilio, culpas, que es quien más busca tu gusto, más fuese, o no fuese injusto, haya o no tenido culpas, Este muerto, o esté vivo, Vitelio, yo del no trato, que un consuelo muy barato de aquesta parte recibo. De mi hija sepa yo, que es del intento que llevas: Deos Emilio aque llas nuevas, como las otras os dio. La verdad te he dicho ya, si lo quieres conocer: Lo que deseo saber, es donde Nisida está: No se qué respuesta de a la pregunta que has hecho, que dudarás de mi pecho si digo que no lo sé. Y si respondo otra cosa, ha deser por fuerza error, porque no lo se: . Señor da respuesta más piadosa. Advierte que está mi vida en saber esta verdad: Pues por ella me esperad hasta que sea sabida. La Reina sola lo sabe, y de ella yo lo sabré, y al momento os lo diré: Vio el mundo maldad tangra- (ve? Nisida del alma mía, quién te me robó, que esto? Y sabrémoslo tan presto? Que fuese al punto querría. Creed que nadie desea mas que yo lo que deseáis, que la amo como la amáis. Bien hallarás quien te crea, Traidor, que la estás negando, triste, qué haré? qué espero? si también callando muero, quiero ya morir hablando, Y diciendo la verdad; , qué es lo que, Emilio, murmuras? Despierta muchas locuras ver tan grande novedad. No era menester ninguna para estar en ti despiertas: (tas, Cómo mejor, Rey, lo advier no me echarás culpa alguna De que me admire de ver que te está este caso oculto: pero en el pecho sepulto lo que se puede creer. Villano, que no aprovecha mi presencia y sufrimiento? como, traidor, de que intento llegas a tener sospecha? No te halles injuriado de que en sospechas te culpo que yo propio te disculpo, si te llamo enamorado. Qué fuerza de voluntad es irreparable fuerza; mira cual es, que me fuerza a decirte la verdad. Por menos extremos halles, según lo que nos obliga, hacerme a mí que la diga, que hacerte a ti que la calles. No se como me reporto, Emilio, que es demasía, vuelve en ti por vida mía; Según la ocasión, soy corto. Qué ocasió puede moverte, que para ti no sea poca? en que este caso te toca? ni en que el Rey llega a ofenderte? Fía, que lo que me mueve es más, que la amistad tuya: No se de que suerte huya a quien tanto se me atreve. Matárete: pero quiero mirar respetos pasados; Ya todos son acabados, márame, que ufano muero. Tras haberte descubierto lo que mi corazón siente: Desleal, loco, insolente, falso, villano, indiscreto, No he de mirar lo que valgas, sino miro a quien yo soy: mándote, que en todo hoy de aquesta mi corte salgas. De mis cortes te destierro, a tu amigo ve a buscar, pues le quieres imitar en las desvergüenzas: perro Parte a la hora de aquí, no te vean más mis ojos: No serán esos enojos los primeros que te di. Yreme como lo mandas, el destierro cumpliré, y algún día pediré más atrevidas demandas. Todo tu fin es quedarte con esa prenda encubiertas con tu gusto te concierta; que algún día ha de ser parte, Cuando con mano briosa; con pecho, y serviz exenta, te venga yo a pedir cuenta de mi honra, y de mi esposa. Y en tanto que yo me vengo, mire su padre por ella: anda Pulciano tras ella, mientras yo por ella vengo. Mira que el Rey te la asconde; procurando hacerte agravio: pues eres honrado, y sabio, a lo que debes responde. Que no tienes que temer, que a tu venganza me obligo; cobre yo ahora el amigo, que yo cobraré la mujer. Por Vitelio voy ahora, porque no pierda la vida, que de su hermana querida tú darás cuenta a la hora. l Viose desvergüenza igual? Hola, criados, . Señor, Id a prender un traidor, fementido, y desleal. Prendedme a Emilio, o matadle si os hiciere resistencia: viose tan grande insolencia? idos tras él, alcanzade. Adónde es ido nos di; do le habemos de seguir? Que no le vistes salir en este punto, de aquí? Seguilde: Pierde cuidado: Do se vio tal desvergüenza? Mayor confusión comienza de las nuevas que he escuchado. Como mi hija casada, señor, sin licencia mía? quien de ti su honra confía la tiene tan bien guardada? Y aún no es esto lo peor que escuché de estas razones, pues dicen, tus pretensiones son contrarias a mi honor. Tanto la honra procura mi celo, como está claro, que debajo de tu amparo la puse por más segura. De mí mismo no fie, y hela fiado de ti, como tan al reves vi de aquello que imaginé? Mi hija, señor, casada? cuando, o con quién, qué es aquesto? que en ocasión me haya puesto el cielo tan apretada? No me atormentes Pulciano, mi pena y doror me baste: traidor, qué te me escapaste? que te me fuiste villano? Tú de Nisida marido? esto me estaba encubierto? primero te veré muerto? Que me digas esto pido. Que quieres, que vive el cielo, que más que tú no lo sé: ahora esta pena hallé, esta nueva, y desconsuelo. Lo que has escuchado escucho, solo se lo que has sabido, y que hayas dolor sentido, conforme al mío, no es mucho, No me mates, que reviento de coraje, y de pasión; y no tanto la afición, ya, como la honra siento. Si todo el mundo rodeo he de procurar que sea, que a Emilio y Nisida vea, o muera con mi deseo. Qué es aquesto? ansí se guarda el honor de tal vasallo? cómo tan vendido me hallo? qué es esto que me acobarda? A mi tierra partiré, y con lo poco que tengo, si de este Rey no me vengo, a sus manos moriré. Do Pulciano tan airado? Si me espolea el dolor, y si caigo de mi hovor, no debo ir apresurado? Huyo de quien me deshonra, huyo de esta tierra dura, pues ha sido sepultura de mis hijos, y mi honra. Pero los aceros buenos, que aún en este pecho están, fía que los cobrarán, o la honra, por lo menos. En todo tu enojo cierra, que también le cierro yo, pues por uno que me dio envie tu hija a tu tierra. Por haberte sido amigo, y por ocasiones graves, que pues que ya tú lo sabes, no importa que yo lo diga. Con Ardenio la envié a su tierra; y a tu casa; esto es todo lo que pasa, a buscarla allí te ve, Ya sin duda habrá llegado: Pues siendo aquesto verdad a que fin tu voluntad hasta ahora lo ha callado? Dime, Reina, la ocasión? No hay que preguntarme más, en tu casa la hallarás: Que no me das más razón? Pues al camino me entrego, de congojas agravado, por ver mi congoja, y hado encendido cual el fuego. Y como en mi casa esté, quedaré allá sosegado, y a ti de nuevo obligado, si no, yo la buscaré. Y si no, yo te haré ir adonde cierto la halles, y las osadías calles que me acabas de decir. No te quise aviso dar luego que Ardenio partió; porque no pretendí yo que lo fueses a estorbar. Pagó pues tu fe traidora con olvido mi deseo, y a Nisida cual deseo, ve búscala, viejo, ahora. A perezosos cobardes; muy buen despacho traéis: Mira señor; Qué queréis? que nos escuches y aguardes. En el punto que bajó tomó un caballo al momento; y cual anda el pensamieno, corriendo a la mar llegó. Adonde un batel ligero, que ya aprestado tenía; para un viaje que hacía un cosario marinero, Le recibión diciendo él, que a negocios tuyos hiua, metiose la mar atriba: No hubo quién fuese tras el? No hallamos en que seguirle: Pues quién esa nueva os dio? Quién se que partir le vio; No pudieran impe dirle? A un tuyo, quieres decirme, quien no le ha de obedece? Que aún haurá allá de tener valor para destruirme? Si tan grande prisa os dais a ya desterrando vasallos, podriades apocallos: Vos sois quien los desterráis, Pues que les quitáis los hijos: Antes se los he yo dado, su hija Pulciano ha hallado, vuelvan vuestros regocijos, si estabades triste desto. Qué es verdad que halladola a? Sí, pues en su casa está; la verdad clara os confieso. Yo se lo dije, y partió a su tierra muy contento; sosegad el pensamiento. Quién, decidme, la llevó? Ardenio, aquesto dudáis? alegre, y sin pena alguna. El cielo, tú; y la fortuna en mi daño os conjuráis. Algo sabia el traidor, pues que se arrojó tan presto, echare en seguille el resto; rabio de pena y dolor. Pues hete de perseguir; Emilio rebelde ingrato, no te ha de salir barato el bien que vas a seguir. No aura ya emienda que suelde tu engañoso proceder, pondré todo mi poder contra un vasallo rebelde. Pero yo te daré en parte el castigo que mereces, Cómo, que de tantas veces no quieres desengañarte, de que te persigue el cielo, y castiga tu malicia? No sería sin justicia no vengarme? matarelo. que es de importancia la fama; que te debes de engañar: mira si vas a buscar al vasallo, o a la dama. Piense el mundo lo que quiera, he de seguirle en persona: Cómo, que asiente corona en cabeza tan ligera? Pues parte en buen hora, vete, que yo te iré a perseguir adonde te quieras ir, síguela tú, y seguírete. Que tal manda la cruel? Ya tu puedes advertir, que fin podría seguir, soite, Nisida muy fiel. Y no solo serlo quiero, sino lo que puedo y oso serte también piadoso. De aquí, qué piedad espero? Pues dejar tú aquí de hacer lo que tu Reina te manda, justa, o injusta demanda, que hay si no obedecer? Sujeto mu cuello ofrezco a la muerte que desea, pero Dios, y el mundo vea que yo no se lo merezco. Si yo la ofendí jamás, (uas, aunque hubo en mi hartas prue- ruego a Dios que no te muevas del propósito en que estás, No solo no le ofendí; mas antes mi corazón, del Rey, y su pretensión se ofendía: . Bien lo vi. No hay que dar satisfacción a mí, que te he conocido: bien lo sé, mas no he podido huir esta comisión. Bien se, Ardenio, cuanta fuerza tienen voluntad de Reyes, que hacen de gusto leyes, a las cuales nadie fuerza. Ni la has de torcer, acaba, ejecuta la sentencia: Ya he dicho, que su inclemencia matarte en la mar mandaba. Que ya dices que ha de ser; y pues que te dejo aquí, y allí muerte no te di, mudaré de parecer. No soy tan de bronce, o peña, que a tal se ponga mi pecho, un triste camino he hecho; tarde la pied me enseña. Mi voluntad condolida, halo trocado de suerte, que ni bien te doy la muerte, ni bien te dejo con vida. Pues que te quiero dejar en aquesta sierra esquiva, adonde, Nisida, viva te he venido a sepultar. Bien se que a morir te dejo en aquesta isla, adonde ningún corazón esconde algún piadoso consejo. La isla bárbara es, si la has oído decir, donde quedas a morir, no puedo más, ya lo ves. Ardenio amigo, bien veo que es muy piadoso tu celo, y an sí pido premio al cielo para tu honrado deseo. Halles en todo piedad, líbrete Dios de traiciones, y en todas las ocasiones. conozcas fidelidad. Qué es la bendición mayor que nadie te puede echar, que nada hay que recelar, como un corazón traidor. A mucho veo me obliga la piedad con que me tratas, pues hallo que no me matas, como mandó mi enemiga. Pero advierte Ardenio amigo, que este medio trabajoso, en lugar de ser piadoso, antes me es cruel, te digo. Matándome, cual mandó la crueldad de aquel juez, acabaré de una vez, i y dejándome aquí no. Pues mil veces moriré; se amigo a la Reina fiel, y seme menos cruel, mátame, y acabare. Nisida afligida piensa para hallar algún consuelo, que queda a cargo del cielo tu consuelo, y tu defensa. Qué sabemos si él ha sido quien movió mi corazón a esta piadosa intención, y a socorrerte ha acudido. Bien se del cielo fiar, que del todo amparo viene: pero se que es justo, y tiene mucho que me castigar. Como lo muestra el proceso: desdichada, a que he venido, que sin duda de él ha sido hecho contra mí el suceso. Como con justicia reina de esta mi muerte le plugo, y ha tomado por verdugo la sinrazón de la Reina. Demás, que sea de suerte, aunque en mi nunca hubo yerro, si el quiere darte destierro, para que pides tu muertes Para que mi honra quedo con mi muerte más segura, que en aquesta tierra dura estar segura no puede. Por un Dios que no me niegues aqueste bien que te pido, así te dé atento oído a todo cuanto le ruegues. Mira la amistad que debes a mi padre, y es razón, que en semejante ocasión ser honrado amigo pruebes. Este bien de ti reciba, que es amistad más gravada darme sepultura honrada, que desampararme viva. Verá que tu celo le honra, cuando por razón se rija, pues le mataste la hija para guardarle la honra. Esta es la traza más cierta, y lo que debes hacer, porque ha de estar la mujer, o bien segura, o bien muerta. Asegura su vejez con este rigor piadoso, siquiera porque mi esposo pueda casarse otra vez. Pues no le sirve mi vida, no le ofenda acádo estoy, y pues mujer no le doy su honor otra no le impida. Descúbrote este secreto de como yo estoy casada, porque veas cuan errada va la Reina en su conceto. Aunque bien de ti se fía, con quien no quiero mostrarte, porque no le cuepa parte de la desuentura mía. pues que quedara ofendido de esta sospecha fingida: ay Emilio de mi vida, ya para siempre perdido. Con Emilio estáis casada? Cómo? con Emilio yo? quién esas nuevas te dio? Tieneos el dolor turbada. No le acabáis de nombrar? Hallome ya de tal suerte, que quien ablo ahora, es la muerte, porque yo no puedo hablar. Pero ya que lo sabéis, d nuevo a estos pies me arrojo. Gente viene, al mar me arrojo, de Dios amparada estéis. No hay quien hoy amistad guar- cómo, tú eres caballero? (de: por una parte tan fiero, y por otra tan cobarde? Que tengas pecho tan duro, que mi voz no te enternezca, y porque un hombre se ofrezca buscas la mar por seguro. Vénguenme de ti los vientos, que con soplo recio, y vario hagan tu viaje contrario de lo que son tus intentos. La mar, piadosa a mis quejas, a pesar de los pilotos, vuelva tus navios rotos al puerto que huyendo dejas, Y sin consideración, por cáminos más seguros, den en peñascos más duros que tu propio corazón. O si pudiese llegar de modo que no me viese, para que de mí no huyese, y yo la pudiese hablar. Mas debiéronme de ver; esta gente no la entiendo; pues los hombres van huyendo, y me espera una mujer. Viose falvaje tan fiero! mas para qué es este extremo? para que la muerte temo, si es la muerte la que quiero? Pues todo falta a su fe, y muestra contrario fruto, quizá hallaré en este bruto lo que en un hombre no hallé. O yo traigo el seso a escuras, o falto de la cabeza, o sacó naturaleza de una estampa dos figuras. Amigo, de que te extrañas, llegue tu corazón, fiera, que ya veo por de fuera lo que serán tus entrañas. Ven que a mi necesidad serás tu más importante, que en hábito semejante es muy propia la crueldad. Si a todos quitas la vida, acerca a mí tus pisadas, de cuantas quitas amadas, quita aquesta aborrecida. Llega bárbaro, pon paces entre mi y este pesar, mas no te quiero engañar, tente, mira lo que haces, Que si haces bien tu oficio, y a ofender vienes aquí, quiérote advertir, que a mí es el morir beneficio, No engañes tu condición, mira lo que haces, y a quien, que no por hacerme bien rompas de tu profesión. Di que quieres, no te asombres de tus leyes y estatutos, que quien hizo de hombres brutos puede hacer de brutos hombres. Solo te quiero pedir, que me des fin presuroso, que en la muerte es lo gustoso el acabar de morir. No hay otro bien que te pida, apresta tu brazo fuerte, pues la piedad de la muerte, es quitar presto la vida. Válame Dios! que hay aquí, es mi hermana la que veo? oféndola si lo creo, y si no lo creo, a mí. Mas si es, ella dará indicio, y si no es ella, estoy loco, y el daño será más poco el estar yo sin juicio. No hablan en esta tierra, di, porque no me respondes? porque el rostro de mi escondes? es porque algún bien me encierra? Es porque me representas la imagen de un buen hermano, a quien me llevó un tirano; y mi desuentura aumentas. Que eres su retrato fiel, y parécesle de arte, que casi estoy por hablarte como si hablara con él. Ay hermano de mis ojos, ay mi señor, hay mi amigo, de mi inocencia testigo, consuelo de mis enojos. Bien sabes si guarde ley. y si en mi lealtad se encierra, pues la Reina me destierra celosa de mí, y del Rey. Mientras vos y el Rey ausentes de aquestas trazas traidoras, hermano, como no lloras, cómo mis males no sientes? Mas ay, como han parecido quejas, de sentirme dejo, pues como a hermano me quejo a un bárbaro sin sentido. No os qáis, sino a un ermano con razón, de vuestra pena; abrazadme hermana buena, llegue a mí ese pecho sano. La muerte te pido yo; que brazos no te pedí, para que me mates sí, mas para abrazarme no. Nisida porque huis, de Vitelio os desuíáis? porque de mí os apartáis si a darme vida venís? Que hay en vos tanta prudencia; que mi habla no me abona; creed más a la persona que al vestido y apariencia. Creerlo he? si porque no? que tengo yo que dudar, si el cielo, en tanto pesar; tanto consuelo envió? Armano del alma mía, Hermana de mis entrañas: Pues por aquestas montañas venir ahora le via. El echo hacía este lado: mas ay, esto que será? triste, velo allí do está de una mujer abrazado. Hermana decí, qué es esto? No me da el gozo lugar, volvedme hermano a abrazar: Que siento en mí, qué es aquesto? que furia, que rabia abrasa mi corazón, que las venas todas de fuego están llenas? qué es esto que mi alma pasa? De que nace aquesta llama, aqueste coraje, y furia? quién me mata? quién me injuria? quién a las claras me llama? No es este Vitelio, aquel a quien más que alma precio? pues de que mi pecho necio pretende venganza del? Esta mujer infernal, quién es, que daño me ha hecho, que nunca jamás mi pecho quiso a persona tan mal? Cómo fue aquesta ventura? Dime tú cómo has venido? A desleal fementido, de infame sangre, y perjura. Matárete aquí a mis pies, mas será venganza poca; mate primero mi boca tu honra; si alguna es. Resistiendo a mi dolor, cual mereces, no te mato, porque siquiera este raro oigas llamarté traidor. n Troila: No son antojos, no hay disculpar tu fe poca: traidor quieres poner boca adónde ves que tengo ojos? Es este el término honrado? es aquesta la hidalguía? es esta la cortesía que has de tu tierra contado? Esto es lo que escucho yo, y tantas veces dijiste; si allá no lo deprendiste, acá quien te lo enseñó? Fuy yo acaso, o viste en mí cosa que tenga este nombre, ni miré nunca a otro hombre después que te conocí? Mas solo a ti te condeno, no a las leyes de tu tierra, que pues de sí te destierra, nunca te tuvo por bueno. Pues que de si te enajena, de mal hubo en ti gran copia, no te sufriendo la propria, mal te sufrirá la ajena. Esta bárbara aspereza no consiente tal abuso, ni quiebra leyes que puso la misma naturaleza. Nadie que te sufra siento, si no es mi ceguedad, que siempre la voluntad es fuerza del sufrimiento. Mas no te fies en eso, que no en todo te perdona, que la misma que te abona es la que te hace el proceso. Y que no me escucharás, pues yo te he escuchado a ti? Que hay que me digas a mí, sola una razón tendrás, que es echarme a mí la culpa, pues semejante mujer vino tal hombre a querer, esto solo te disculpa. Acusa mi liviandad, pues tanto en mi pecho pudo, que a un forastero desnudo llegó a tener amistad. Que de no ser tu constante, que razón hay que se pida, mas que viste a asta perdida, y más a ti semejante. Mas como tanta insolencia tan mansamente he llevado? quien ha mi pecho enseñado a saber tener paciencia? Vengareme, vive el cielo, y será en esta mujer; por ella me vi ofender, ella me será consuelo. Matarela, guarte, guarte; Troila, Guarte traidor: Mátame, y será mejor, porque acabes de vengarte. Ella tiene de morir: Hermano defiéndeme: A Troila, escúchame, que no me quieres oir? Mira que es mi ermana, advierte que das culpa sin razón: Hermana tanta afición, y abrazarte de esa suerte, No se usa por acá, no traidor, no más engaño: pero no quiero hacer daño a quien medio muerta está. Ella queda en buena parte, para que no falte quien me vengue bien presto, ven. vamos traidor, de aquí parte. Vamos al albergue, vamos, ve de aquí, en qué te detienes? No me vengo ya; y no vienes? quieres que nos entendamos? Quieres que una hermana deje sin amparo, y de esta suerte? Quieres que le de la muerte porque de eso no se queje? Aurételo de estorbar; Estorbarme nada, quién? Mira que te quiero bien, y no te quiero enojar. Visto he tu voluntad, vila, por eso sufro, y escucho; y porque te debo mucho: Qué tal escuehas Troila? Que tan soberbia razón no llegara yo a escuchar a quien pudiera matar sin matarme el corazón. Pero pues no puedo en ti, en mí de vengarme tengo, ya que de ti no me vengo, yo me vengaré de mí. De aquella roca mayor me verás bajar de un salto, caiga el cuerpo de tan alto, como ha caido mi honor. Mi Troila, mi querida, espera, porque te alejas? Por qué, Vitelio, me dejas? Porque me deja la vida. ven tras mí, . Espera, No puedo: Pues cómo te he de alcánzar? como he de poder andar si los pies me corta el miedo? Ay desdichada de mí: hermano aquesto que fue, como tan presto te hallé, y tan presto te perdí? Nunca de ti fuera hallada, sino de la fiera muerte, pues no sintiera el perderte, ni el verme menospreciada. Puede haber otra manera de dolor más inhumano, que ver dejarme un hermano por una bárbara fiera? Mas ay Dios, si no era el, si es sombra que me ha engañado? mi hermano fuera hallado. a su sangre tan cruel? Cobarde gente huid, volveos a entregar al viento, y el cobarde pensamiento de vuestra sangre seguid. Que no solo no queréis salir a acá a acompañarme; mas aún ya, solo a esperarme al puerto, no os atrevéis. Llevad vuestro navichuelo, gente al fin de bajos nombres, desampárenme los hombres, como me acompañe el cielo. Por lo menos se cumplio en aquesto mi deseo, que en la tierra, al fin me veo, donde Vitelio quedó. Puédale yo vivo ver, y dejadme en hora buena, que no será tierra ajena la que le pueda tener. Dios mío, en que estado estoy? estoy muerta, o estoy viva? qué región es esta esquiva? cómo me llamo? quién soy? Señales vi tan ajenas de lo que puedo pensar, que aún de mí puedo dudar, que ya me conozco apenas. Nada entiendo, nada creo, sombras forma el aire vano, pues ahora vi a mi hermano, y a Emilio mi esposo veo. En que razones me fundo, son verás, o desconciertos? si estoy muerta; y están muertos y los veo en otro mundo. Si soy espíritu ya, que del cuerpo se partió? debo de ser, pero no, mi mismo cuerpo aquí está. Aquesto que puede ser? ea Emilio, no te asombres, vas a buscar tantos hombres, y espántate una mujer. Y mujer de tal figura; que antes debes de adorarla, que temerla, y recelarla, qué temes de esta ventura? Mas con razón es dudada esta suerte venturosa; que ordinario es sospechosa la ventura demasiada. Cómo me contempla y calla, pues hablárame si el fuera: Si aquí Nisida me viera, pudiera hablarme, y hablarla. Mas veola, que está muda, y veome a mi temblar: esto es quererme engañar estos bárbaros, sin duda. que al fin, como tales, deben de engañar de hechicerías, tomando estas formas frías, que de mi perdición prueben. qué haré, atrevéreme a hablar, ay, que el remor me endurece: qué es esto, que me enmudece? quien es le he de preguntar. A ti, quien quiera que seas, o fuere tu ser primero, por solo un Dios verdadero, creas en él, o no creas: Por la ley que tu sustentas, y por la que tiene y ama aquella Cristiana dama, cuya imagen representas, Te pido, te ruego y mando, que me declares quien eres, que es lo que buscas, que quieres? y lo que en mí estás mirando Por ese Dios que invocasto, en cuya ley más se cree, y por la Cristiana fe de esa dama a quien amaste, Y por ti, que eres la cosa más cara a mi voluntad, juro que digo verdad, que soy Ninda tu Esposa. Y pues te conozco, baste, conozcanme ya tus ojos: Afuera vanos antojos, y temor que me cegaste. Sombra de mi alma viva esposa mía, y consuelo; Seguro de mi recelo, dueño de esta alma cautiva. t Puerto de mi libertad, posada de mi destierro, perdonad, mi bien; el yerro que hizo mi ceguedad. En tal bien, la deuda de él disculpa mi juicio loco; que fuera estimarte en poco, no haber puesto duda en él. Mal podéis, señor, culpar el yerro en que yo caí, pero siempre temor vi adonde vi desar. Mas como ya nos hablamos sin admiración ni espanto, y la ocasión de un bien tanto, ni damos, ni preguntamos. Llegue pordo haya llegado contento tan singular, que solo quiero gozar la gloria de haberte hallado. Con todo eso me decid quién os trujo por tanta agua? Gran sospecha en mí se fragua, mucha gente viene allí. Mi señora fiad en Dios; no tengáis, alma, temor, yo estoy con vuestro favor; y en mi socorro está Dios. Lleguen aquestos tiranos, que de vencerles tenemos, pues que contra ellos pondremos, vos las fuerzas, yo las manos. Y quizá entre ellos haurá alguno que nos sea humano, que a Vitelio, vuestro hermano, se que tenemos acá. En caso que no sea muerto: Muerto no, pero peor es, que ya nos es traidor. Y sabéis qué es vivo cierto? Todo lo que he dicho se, pues que le vi, y me ha dejado, mas mucho se han acercado, y muchos son por tu fe. Por tu vida que no intentes a tantos acometida, que será perder la vida, que son infinitas gentes. Intenta primero el medio de rendirte; y humillarte: y si esto no fuere parte provarás otro remedio. No quiero oir tu consejo, que si no fuera tirano, no levantara la mano; En la de mi Dios confieso. Un hombre, y una mujer son no más los desdichados: Ado aportastes cuitados, Mas se deben de esconder: Todo este monte mirad, Este lo puede decir, Y lo más cierto es morir, que en aquesto no hay verdad. No estáis bien escarmentados del que con Troila hallasteis: cómo a esta tierra llegasteis? Fuimos del mar arrojados. Tan contrario el mar se muestra a nuestra prosperidad, que huimos su impiedad por fiarnos de la vuestra. Buen acuerdo habéis tomado, como solos dos llegáis, de qué suerte navegáis? Hannos los demás dejado. En un cansado navio llegamos muchos perdidos, ya sin remedio, ofrecidos a la mar, y su albedrío. Aportamos a este puerto, desembarcamos en él, viniendo del mar cruel al mar de bronce, mar muerto. Y los dos por esta tierra con el daño no advertimos; muy adentro nos metimos no nos hartando de tierra. Cuando volver a cordamos era el navio partido; ves aquí, señor, que ha sido el porque solos estamos. Aquesto debió de ser: Es aquesto verdad? di: Sin duda, que pasa ansí: Quién te podrá no creer. De ellos, que mandas que hagamos? Qué? lo que de los demás; vengan las manos atras: Ea dama, no acabamos. Villano desconocido, Traidor mira lo que haces, con el cielo rompe paces, pues has su Dios ofendido. Esto hay más que padecer? este día me retrata; porque sin duda me mata si sabe que es mi mujer. Decid gente sin ventura, los ojos no levanteis, que mirar no merecéis a semejante hermosura. Hombre, dime, es tu mujer? es divida, o es humana? quién es? Es, señor, mi hermana: Tal pudiste merecer? Aunque más merecí yo, pues tiene de ser mi esposa: Hay suerte más rigurosa? Do tal desdicha se vio. Naces por dicha de Reyes? antes d hombres sin provecho, Mas que Reina eres sospecho, pues a Reyes pones leyes. Mujer este Reino reina, que guardado a ti te estaba: Obedezco como esclava, Antes manda como Reina. Ven amiga, y tu contento, que has buena ventura hallado; Eso no hauré confesado, ni llega a mi pensamiento.

JORNADA TERCERA

acto tercero Ay Troila, y que molesta fue tu dura condición: sosiega tu corazón, ay que caro que me cuesta Tu crueldad tan inhumana, que cara que me ha salido, pues que por ella he perdido una tan querida hermana. Conoce solo de aquí, si te guarda mi alma fe, pues tal hermana dejé por irte siguiendo a ti. Solo este consuelo he hallado, que con la desgracia mucha, y al fin, aunque a costa mucha, heré mi fe declarado. Vitelio; y cual sentimiento no da pena a mí, y a ti? que lo que es perdida en ti, es en mi arrepentimiento. Muda ya el fingido indicio, y ciega imaginación, que a mi loco corazón trastornarán el juicio. Mas no se que se era aquello que acá en el alma sentía, que tal crueldad me ponia, punta al pecho, soga al cuello. Nunca pusieron los cielos mi vida en tangrande estrecho: Disculpado está tu pecho con decir que fueron celos. Celos llamas a este mal, infiernos le llamo yo, El nombre es que mejor dio de sus efetos señal. Pues puede hacer un recelo con verdades aparentes, las cosas tan diferentes, como son celos de cielos. Mas hay Nisida, ay de mí, adonde se podrá hallar; No me cansará buscar prenda que te toque a ti. Busquémosla, trastornemos por valles, sierras, y llavos, que aunque sea de las manos del traidor, la sacaremos. No es viva, no hay que seguilla, que viéndose despreciada, se echó al mar desesperada: Pues busqué mos la en la orilla. Procuremos la verdad de lo que se pudo hacer: a quien llegase a tener de esa mujer amistad. Gastaré toda la vida en servirla como esclava; que la que gusto me daba ha sido de mi ofendida. Aunque tu hermana no fuera, bastara ser de tu gusto, para que fuera muy justo, que yo mi sangre le diera. Mal haya mi inadvertencia, amigo perdoname, que no me faltó la fe, aunque faltó la paciencia. Y ansí, tú has perdido hermana por mí, yo por ti he perdido la ley que hasta aquí he tenido, pues ya por ti soy Cristiana. Y aunque la ganancia cuento ser más, este cargo estrecho, porque junto a mi provecho mire también tu contento. Mi Cristiana mi alegría, que pena habrá que me asombre, pues que puedo daje nombre ya de Cbristiana, y de mía. Yo vengo de paz Troila; Di lo que quieres, y ven; Nisida me envía: Quién? Vistela en mi ciudad? Vila, Y diome este que trujese, y por señas que me ha dado, entiendo que me ha mandado que a este hombre se le diese, Gran ventura aquesta ha sido, Oh que contenta que estoy: A ti el parabién te doy. de esta dicha que he tenido. Muestra, qué es esto que envía? y aqueste para qué es? Tú lo entenderás después; No vi tal por vida mía. Ay árbol que aquestos lleva? Cosa allá de nuestra tierra, que un grande misterio encierra, de que aquí verás la prueba. Es media carta de alguna que habrá consigo traido, y zumo de hierba ha sido tinta sin duda ninguna. Reina Nisida, qué es esto? vuelvo en llanto el regocijo: Pues quién aquesto te dijo? Ya tú lo sabes tan presto? Remedio pides a mí? cómo te le puedo dar? Qué es lo que te da pesar? qué es lo que quieres aquí? Reina mi hermana? Qué es de ella? ves aquí tu Reina alguna? Tanto rigor de fortuna, tanta inclemencia de estrella. Y qué te ama el Rey? Adolo, está aquí el Rey, ni aúmpintado? Aquello se lo ha parlado, si, pues que lo sabe, hablolo. Quereisme decir qué ha sido? Dírete, Troila amada, una gloria desgraciada en que tu socorro pido. Sabe, que donde quedó mi hermana, y yo la dejé, tanta allí su dicha fue, que a otro su hermano halló. Quiero decir que es su hermano Emilio, y no su marido; pues aquí me lo ha advertido: Deja el sospirar en vano. Y apenas visto se hubieron, cuando tu hermano llego. y a entrambos los cautivo, y ellos al Rey se rindieron. Mas ya tienen libertad, y es, porque mi hermano viendo, se comenzó a ir midiendo con su propia voluntad. Y comenzando a mostrarla, no cual rey, mas como amigo, a entrambos lleva consigo, y en fin ha dado en amalla. Quiérese casar con ella, y Reina la llama ya, mira si obligada está mi alma a una gran quererla. Esto es verdad? Así pasa del modo que lo ha contado: Háselo aqueste parlado? El diablo le tenga en casa, Que sin hablar dice tanto: fuego malo en él se atice: Muestra, cómo te lo dice? que es cosa de grande espanto. Solo yo puedo entenderla; ahora te paras a eso escuchando este suceso? Pues que hay de que temerla, no estima tu corazón el verla mujer de un Rey? Si por el deja su ley, no lloraré con razón? Y más ocupando el Reino, que es de derecho tan tuyo: Yo me huelgo que sea suyo porque reinando ella, reino. Yo no quiero más que a ti, goce del Reino tu hermana; Y no miras que es Cristiana? qué medio darás aquí? Cuanto más, que yo no quiero la ley que tengo perder, que siendo tú mi mujer yo soy el Rey verdadero. Troila, yo he de buscar a mi ermana, que me importa; Por donde quisieres corta, mas hete de acompañar: Cómo, delante tu hermano, te has de poner? Tú no vas? al mismo peligro, y más, no te aborrece el tirano? Pues venga una misma suerte por los dos, iré contigo: como en la vida te ligo, he de seguirte en la muerte. Cuanto más, que ya habrá paz; siendo tu hermana el tercero. Pues yo a mi Reino quiero, lo que te parezca haz. Vamos que me va la vida en poner remedio aquí: @ Emilio, triste de ti, que hará tu alma afligida, Viendo a tus ojos tal daño? ya si la verdad dijeras, yo sospecho que murieras sin ver tan penoso engaño. Primero quiero tomar de mi hermana el parecer, y en fin me podré atrever, quiérola luego avisar: Cómo? De la misma suerte que ella este aviso me da, este hombre le llevará? En todo tu dicha acierte. Hazlo como te parezca: De qué suerte escribiré? de mi sangre tinta haré cuando otra no se me ofrezca. Ven amigo, y llevarás aqueste mismo recado: Llevarele con cuidado, nada que yo hable oirás. En este mismo papel responderé, ven señora: No muestres tal pena ahora: Soy a lo que debo fiel. Reina de mi corazón, de qué es este sentimiento? cómo? yo a daros contento, y vos a tomar pasión? Es mi pensamiento injusto? téngoos en algo ofendida? mi voluntad no es medida por la ley de vuestro gusto? Qué queréis? qué deseáis? en que luego yo no vengo? pues las vidas entretengo porque vos de ello gustáis. Que aquesto es enlo que crezco; y ved si quiero agradaros, pues que por no disgustaros espero sufro, y padezco? He podido más hacer? aurá más que se me pida. pues sois Reina obedecida antes de ser mi mujer? Toda esta merced confieso, mas, señor, no os espantéis, si algo turbada me veis tras el pasado suceso. Porque al fin me veo ausente de mis padres, y mi tierra, y aunque cruel alma encierra, aquestas perdidas siente. Si vuestros padres deseáis, mirad si es posible habellos, que yo os enviaré por ellos, porque contento tengáis. Y tú, Emilio, qué es aquesto? un hombre está de esta suerte? viene, por dicha, la muerte? en que peligro estás puesto, Qué muestras tal sentimiento? Déjale triste, señor, que para aqueste dolor tiene harto fundamanto. Tú, que habías de animar a tu hermana, estás de esa arte? Mas es el toda la parte de mi dolor y pesar. Del proce de la ocasión de toda esta pena mía; que importa la compañía, si es para mayor pasión? No hablas, que es lo que tienes? Que quieres. Rey, que te diga, que la fortuna; enemiga me quita hoy todos mis bienes. quieres d mi mal más prueba, si por suerte nunca oída, pierdo una esposa querida, y ajeno esposo la lleva. Era el pobre desposado, y siente perder su esposa: Suerte fue bien rigurosa, conmigo estás disculpado. Y más si tú la querías como yo la mía quiero: Si fue mi amor verdadero, decildo lágrimas mías. Mira si puedes cobrarla, toma todo mi poder: Siente cualquiera el poder, no querrá su dueño dalla. Pues tiene ya nuevo dueño? Está cerca de tenerle; Y no podrás tu vencerle? Pesar remediarme es sueño, Que es Rey mi competidor: Tanto de sí se enajena, que toma mujer ajena? Halciengañado mi error, No sospecha que ofende: Pues decirle la verdad; Queda gran dificultad, si aquesta verdad entiende. Mátale, . Débole mucho, porque la vida le debo: Nunca vi caso tan nuevo, como aqueste que te escucho. Mira si quieres partir a cobrar esa mujer, pide lo que has menester: Será acabar de morir. Disímula hermano más, calla con la lengua y cara, no vea la verdad clara el Rey, que le anojarás. Solo siento tu pesar, y no verle remediado; Eso me da gran cuidado, no me deja solegar. Amada esposa, goza el nuevo asiento, solo a tus grandes méritos debido la vuelta de los hados te ha subido, y aún no ha igualado tu merecimiento. Si te da el nuevo estado algún contento, y pesar el haberme a mi perdido; también estoy, pues te perdí efligido; y pues puedo mirarte, estoy contento. Hagamos pues, si quieres, un concierto, pues tengo males yo, si tú los tienes, y en los bienes enamos casi iguales, t,a cada uno oficio cierto, a gozar entrambos bienes, llorar entrambos males. ve teno cero yo me ofrezo a Qué sufrimiento podrá tener la rienda al dolor; el morir será mejor, y acabar de una vez ya. Casi estoy para ayudaros: Según siento tu gran pena, hermano de mi alma, ordena; Quién pudiera consolaros. Ordena, señor, y amigo que traza se ha de seguir, que cuando sea morir, moriré alegre contigo. Esa fuera ahora aquí la más venturosa suerte; pero huyes de la muerte, por no me llevar tras ti. No quiero hagas concierto, ni traza que te sea esquiva, que aunque te seguiyo viva; no quiero me sigas muerto. No es también a mi mejor a estos males poner fin? Tiene mal consuelo al fin, Nisida, nuestro dolor. Eres Reina, aunque te duele. el mal, no lo sentirás, y al dolor que duele más, la ganancia le consuela. Quieres hacerme dar gritos que los oiga tierra; y cielo, porque así daré consuelo a mis males infinitos? Quieres que con voz exenta rompa mis miedos infames, porque consuelo no llames a lo que el dolor aumenta? sabes Rey, que este no es FIFI mi hermano? . Señora pas es por matarme este caso, (so; que me destruyes no ves? No eres su hermano? Señor, dice, que ser no merezco su hermano, pues no obedezco y no olvido este dolor, Por no la dar a ella pena, Y en parte tiene razón; que es gran yerro dar pasión a una hermana tan buena. Nisida esperemos más, que podrá Dios remedianos, no queramos despeñarnos, Mil consuelos me hallarás, y todos para aumentar mi suerte dura importuna, que aún delitos de fortuna los tengo yo de pagar. Desatíname el dolor; tú mis desatinos llora; Luego volvemos, señora, Emilio mira, Señor. Ay Dios, si lo habrá entendido, si a matar a Emilio lleva? pero no, no es cosa nueva hablar con él, que habrá sido? Ay Dios qué voces son estas? hay terrible confusión parece mi confusión que trae todo el mudo acuestas. qué es aquesto? Aqueste hombre, Reina, y señora, traemos, que preso en el puerto habemos; Ay a quién no esto asombre? De suerte el viento congoja al mar con su fuerza, y brío, que no navega navio que a nuestra isla ya no arroja. Cielos, no es esta mi hija, es engaño, o fue recelo? Es este mi padre, cielo? vestro favor mi alma rija. Débense de conocer, que atentos se están mirando: Reina mi hija, de cuándo? no no debe ella de ser. Si es mi padre, que acá el pecho diciendo está que si es? como le dejo a mis pies, y yo a los suyos no me hecho? Padre, que suerte siniestra estas desdichas os guía, o es desuentura mía, o es la clemencia vuestra? Es para que de esta muerte y prisión me liberteis, o porque me atormentéis mas en veros de tal suerte? Hay estrellas conjuradas en mi dolor y pesar, que no me viene a librar quien trae las manos atadas. Mas desatarete yo, pues el hado de mi ajeno, para solo esto hizo bueno este poder que me dio. Llegue la mín a soltarlas, y pues las mías os doy, dadme las vuestras vos hoy, hartáreme de besallas. Padre de mi corazón piadosa muerte me da el cielo, pues hasta acá me trae vuestra bendición. Dádmela, padre al momento, que la vida se me acaba, y solo aquesto esperaba para morir con contento, Levántate padre amado; Déjame ira del cielo, que bien parece en el suelo un padre tan desdichado. Que tal viniese yo a hallar? que haya yo llegado a verlo, que no pudiera creerlo, y me pudiera engañar? No sintiera haberte hallado, pues en busca tuya iua, aunque te hallara cautiva del bárbaro más airado. No es aquesto lo que llora mi alma, y lo que me acaba, que ojalá te hallara esclava, y no te hallara señora. Mar cruel, no me tragaras, pues a ello estás dispuesta, y a una desdicha como esta a tierra no me sacaras, Dura inclemencia de viento, que tal daño me presenta; escapén de una tormenta por venira este tormento, Qué Reino, que gloria es esta que tan barato has comprado? más bien caro te ha costado, pues vida y alma te cuesta. Sierua honrada, o Reina ruin, cual por más ventura quieres? Reina de bárbaros eres, más Reina bárbara al fin. Qué furia? qué error? qué infierno hace que tanto te vitrajes, pues por Reino de falvajes quieres perder el eterno? Que leyes, o que estaturos pondrás? por mejor no sientes ser gobernada de genaes, que no gobernar a brutos? Que argumentos te obligaron a que dejases tu Fe? poca tu cordura fue, pues bárbaros te engañaron. Fuiste de temor vencida, porque te querían matar, cual era más fácil, dar alma, y honor, o la vida? Pues descendemos los dos de hombres de tantas leyes, que la han dado por sus Reyes, diérasla tú por tu Dios. No quieras sufrirme más, callo, pues que te hallé sin honra, sin Dios, sin Fe, también sin padre estarás. En lo que has visto aquí; te puede indicio haber dado, que me ha todo eso faltado, no de que te falto a ti. Pues has visto la obediencia con que te he estado escuchado, muchas disculpas tragando, que te envía mi inocencia. Las cuales no quiero darte, sino pedirte que esperes, que lo que tú mismo vieres bastará a desengañarte. Vosotros todos callad, no digáis de eso al Rey nada; Callaremos: Declarada no veo ponti la verdad En estas palabras feas? Ya ese es término loco, que no esperarás un poco? tanto matarme deseas? Qué viste a Toroila? Paso: Quién nos oye? Paso digo, no lo oiga este testigo, que nos descubrirá el caso. mira no te oiga: Quién? . Este: Pues por qué? Sabe hablar; y todo lo irá a parlar: Viose donaire cómo este? Mejor cuenta lo que pasa que tú lo puedes contar: Este cómo puede hablar? Mi ciencia en eso es escasa. El como; yo no lo sé, pero se que es muy parlero, ponerme acá lejos quiero, ni nos oye, ni nos ve. Qué te quería? . que fuese con el hasta su aposento; mostrome extrañezas ciento para que me divertiese. Mas soy a mi mal fiel: no es este tu padre? . quedo: Cielo, cómo es este enredo, Jesús, no es Emilio aquel? Sabe ahora que tu hermana casa con este extranjero; que te hirió, aquesto quiero decirte por verdad llana. Tras esto se ve, que él es hermano de esta tu Esposa: Qué dices? No miento en cosa; y tú lo verás después. Y porque lo puedes ver, harto cerca de aquí están, conmigo venido han; De que lo pueden saber? De que la Reina me envió en busca de aqueste hombre, dándome señas, y nombre, y aquello también me dio Que le diese, hallele, y dilo, cóntole la historia clara, mejor que yo la contara, todo por el propio estilo. Con el pues, tu hermana estaba, y ella allí me dio a entender como era su mujer: Nunca el secreto se acaba? Podremos todos oir? Ya yo llevaros quería unas nuevas de alegría que me acaban de decir. Dio el recado el Rey, o yo? a quién la respuesta das? Aquí ahora lo verás Dijísteselo al Rey? . yo no, Como lo puedo saber, porqué es este el que lo sabe? Oigo un suceso tan grave, que estoy por no lo creer. Por aqueste sabré yo hasta el pensamiento humano? díceme este, que mi hermano con tu hermana se casó. Mira allí si sabe hablar: Que este ha hablado, señora? Dejemos aquesto ahora; a mi hermano ve a llamar. Mas dice que te ha enojado, mira si le das licencia; Yo he dhablar en tu presencia todo en ti me he trasformado. Y si tu hermana viviere con él? . Ya digo que vengan, Ve, y di que no se detengan; Sea tu gusto, y sea el que fuere. Casi conmigo vinieron, bien presto estarán aquí: Enojeda estoy de ti, falsas tus promesas fueron, No dijiste que era tuyo el Reino que me habías dado, pues cómo me has engañado? como no es tuyo? Pues cuyo? De tu ermana; y de mi erma? pues es su marido ya: (no. Quién ese aviso te da? todo eso me es ya muy llano. Pulciano; Emilio qué es esto? Peleamos con la muerte; Cómo me tratas? advierte será el desengaño presto. De rabia me salta el pecho, y esto, Nisida te fío, que le hará la fuerza mío cuando no pueda el derecho. Y si de perderle huyo, es por guardarte esa fe, que yo le defenderé, no por mío, mas por tuyó. De tu mano no le quiero, si es verdad que tuyo no era: seré Reina verdadera si tú eres Rey verdadero. Todo esto es entretener hasta que la muerte llegue; No sea que enojo le ciegue, y lo echemos a perder. (no, He de hacer Rey a mi herma o poco podré, y después fácil la salida es, Quedará el remedio llano. Tras de qué intentos me arrojo, mataré aquella enemiga: Seguro diste, y obliga a reportar el enojo. Por no dártele, si haré; Lo que estimo es esa ley; por honra, que no por Rey, cree señor, que te amaré. Que no porque el Reino des, dejaré de darte gusto, antes dándome ese gusto te tendré amor más después. A ver tu pecho que encierra vine: . Es hora que nos veamos? Tente allá, que no llegamos bien de paz, ni bien de guerra. No es este mi hijo? . Calla, tu hijo es, y disimula: otro mal se me acumula, tantos mi fortuna halla? Debajo de tu seguro venimos, Rey, si lo eres, a ver que es lo que hacer quieres, que es remedio más seguro. Un poco las armas cesen, valgan ahora razones, y los nobles corazones lo que es la verdad confiesen. Lleguemos a definir, que es lo que hacerse puede, porque llano el medio quede que se debe de seguir. Que para que no se diga, que de ella parte no soy, casado con Troila estoy, causa que a ello me obliga. Según esto, bien me toca el defender su derecho, mostraré la mano, y pecho, cuando no pueda la boca. Bien sabes que el Reino era de Drusila, que casó con tu padre, que enviudó de otra mujer primera. De la cual tú has sucedido, y después pario Drusila, (como sabes) a Troila, murió habiéndola parido, Quedó en el Reino tu padre, no que cual suyo le rija, mas poaque ya de su hija heredó lo de su madre. Murió con ánimo injusto, desheredo a la heredera; quizá porque la primera mujer le fue de más gusto, O por ser mayor tú al fin, o porque usintento fue, mas pues quebrantó la fe, no puede tener buen fin, Quedástete Rey, y cuando pequeña Troila era, aunque ella era la heredera, tú le entraste gobernando. Ha comenzado a pedir lo que de derecho es suyo. mas como en posesión tuyo, quiéres lo contradecir. Y para te asegurar has su muerte pretendido, de lo cual se ha defendido con ánimo singular. Sola siempre, hasta ahora, que ha hallado socorro en mí, lo que respondes, aquí puedes decirlo a la hora. Y con todo eso, mira que es lo que puedo hacer: Hete ya de responder? Cómo quisieres: . Sin ira, Y con paciencia y respeto, por ser de Nisida hermano, por esta parte te hallano mi amistad, y lo prometo. Por esto no contradigo tus vodas, que es cosa llana, que pues caso con tu hermana que mereces ser amigo. Tanto, que si a tu quererla al punto llano no estoy, y si el Reino no te doy, es por quererle para ella. Y no hay razón que me cuadre, sino está en que me confío, el porque este Reino es mío, porque me le dio mi padre. Pudo tu padre quitarle a cuyo era? . Que se yo: yo tomé lo que me dio; diómele, he de renunciarle? Esto no ha así sucedido, Troila? deja el callar: Para que tengo de hablar adónde está mi marido? Pues se, donde el estará, ya yo en mi corazón Reino, pues tú le darás el Reino, o él te le quitará. Para estar en mi poder muy libres andáis os juro: Si viven en tu seguro, agraviarante en temer. Pero escúchame a esta parte; esto que ha dicho mi hermano es verdad! áblame llano, que si no, podré culparte: Cuanto aquí ha dicho es ver- de decírtela no huyo; (dad, Pues aqueste Reino es suyo sin que haya dificultad. En mi ley no se permite poseer lo que es ajeno, y en ninguna ley es bueno que la hacienda a otro se quite. No le puedo yo poseer, y en tanto que tú le tienes, y en dársele te detienes, no puedo ser tu mujer. Gozosamente recibo esas nuevas que me das, espera pues, y verás si te soy fiel cautivo. Verás en que estimación te tiene mi alma hoy, pues por no perderte, doy mi Reino, y la posesión. Troila este Reino es tuyo, desde aquí desisto de él, serete hermano fiel por la que me llama suyo. Reine tu marido, y reina, que yo no quiero otra cosa sino el gusto de mi esposa, sea yo sujeto; y tu Reina. No filo de tu mudanza, que él si has dado muy presto: Mira Rey lo que hay en esto, no burles nuestra Esperanza. Ved que certeza queréis, que luego os daré cualquiera; Bueno es de aquesa manera, palabra de un Rey tratéis, él la da, y yo le aconsejo, porque conforme a mi ley, tú eres Reina, y él no es Rey, Al fin cual tu fue el consejo, Abrázame, . Aqueso no, el Reino te doy por ella, déjame solo con ella, que bien cara me costó. Pues no es mi hermana, que im porta, Seguros abrazos so, No hallo satisfacción, nada a mi temor reporta. Usamos acá esta guarda; Vitelio, que se te da? Qué es lo que pasado ha? Nuevo dolor me acobarda. Nisida, porque te obligas tanto, que has después de hacer? no te ha de convencer, que tienes ya que le digas. Haga yo Rey a mi hermano, que así aseguro el suceso: Dejará de ser por eso grande el poder del tirano? Ahora que Rey me veo lleguen a Emilio mis brazos; Y seranme estos abrazos más buscados que el deseo. No os hablé, por esperar la traza que ha sido dada: Y vos, dos veces cuñada, a mí quereisme abrazar? Y como a Reina servir: Traelos tales su cuidado, que adonde estoy no han mirado, y me he podido encubrir. Qué gente es esta, que es esto? Cautivos, Rey, que aportaron ado este hospedaje hallaron, Ya estoy del reino depuesto, No me llamen Rey a mí, obedece, como es ley, a Vitelio por tu Rey: Qué es esto que veo aquí? No es este el Rey? El Rey no es? Qué es esto, quítole el cielo a vuestra injusticia el velo? Rey mío dame esos pies. Cómo están estos aquí? Juntos tantos enemigos de mi miseria testigos: Vitelio, qué haces ansí? manda, y mira que Rey eres: Conóceslos por ventura? Al fin no hay fuerza segura en los humanos poderes. Alza del suelo, Rey mío: Alzaos mi Reina y señora; Tan mi Rey eres ahora como siempre, yo te fío, Que aunque dizque acá lo soy, sujeto me hallo a tus leyes, que puedes ser Rey de Reyes, y ansi a tu obediencia estoy. Sujeto estoy a tu ley, que aunque en la tierra que hallo no me quieren por vasallo, Yo te quiero a ti por Rey, Que si me dejaste aquí, debístelo de hacer, porque en este menester hallases amparo en mí. Y los cielos sean testigos que lo hallas cual deseas, que en esto quiero que veas que importa tener amigos. Aquel de cuyo regalo y amparo está más ajeno, siempre es para amigo bueno, y para enemigo malo, Que suceden cosas tales; porque viendo estás mudanzas, ni se confíe en bonanzas, ni se desespere en males. Sino; velo en este mal, pues que temías en el hallar un tirano cruel, y hallas un vasallo leal. De donde vendrás a hallar en aqueste trance esquivo, que es mejor tenerme vivo que no ahogado en la mar. Por ese mismo camino vengo yo a entender ahora, que ha sido, Reina, y señora, tu entendimiento adivino. Que viendo que desterrada habías de ser, desterrarme quisiste, y acá enviarme a apercibirte posada. Dárela con alegría, y con voluntad sin tasa, que aunque me faltó tu casa, no te faltará la mía. Solo quisiera una cosa. que sola a ella vinieras, para que en ella estuvieras regalada, y no celosa. Mas en este temor piensa si fueres tentada de el, que una ofendida tan fiel no procurara tu ofensa. Podré decir con razón, que me fuera muy más sano hallar aquí un Rey titano, que no tanta confusión. Y ansí estoy por persuadirme, a que más sano me fuera verte cruel, pues tuviera menos de que arrepentirme, No me niegues tu amistad, ampararme aquí pretende, pues la crueldad no me ofende no me ofenda la piedad. Álzate Ardenio del suelo, no soy desagradecida; bien se te debo la vida, No la debes, si no al cielo. Cómo encontraste tan presto al Rey? Hallele en la mar, Por veniros a buscar ha sucedido todo esto, Supe que os había traido, y como sin vos le hallé, el engaño sospeché como había sucedido. La Reina se halló también en este destierro aquí, porque se partió tras mí, culpa tiene, piedad ten. El que se quiso poner por buscaros en todo esto, haos en obligación puesto; Sábrelo yo agradecer. Troila a mi Rey te ofrece si te llamas mi mujer: tiénesle de obedecer, aunque a servirte se ofrece. Yo lo tendré a gran ventura, No señora tal consientes Vitelio? no más me afrentes; Tu servicio se procura. Y vos Reina? Yo soy quien os debe aqueste respeto: Pues yo Rey, vuestro sujero por fuerza seré también; Pues que Nisida lo es: Tan grande amistad recibo, que dos veces soy cautivo: Y a mi padre no le ves? Él será el que no querrá verme, que estara enojado: No dice bien al criado el nombre que se le da. No hay culparte, Rey, en nada, que en nada puedes errar: Si erré, véngolo a pagar en esta triste jornada. Uio padre es? . Señor sí, Nuestro lo será también, Por sierno tuyo me ten, Hijo humilde halláis en mí. Vos solo no me halláis, Emilio, ser vuestro se: Por no os enojar callé: Pues cómo tan triste estáis? Pues, Emilio, qué pensáis? como en aquesta ocasión mostráis tanta confusión, y triste y suspenso estáis Habiendo a Nisida hallado, vuestra esposa, y vuestro bien? Nisida esposa, de quién? De Emilio: Aveisme engañado. Nisida es tu mujer? . Sí, aquesta es la verdad llana: No la llamabas hermana? Llámelo porque temí de será tus manos muerto; viéndote a ella aficionado: En cuanto peligro he estado de hacer un desconcierto. Dadome has inmortal pena, no por escucharte aquesto; mas porque a pique me he puesto de tomar mujer ajena. La cosa con más rigor en nuestra ley defendida: Si te ha enojado mi vida, puedes quitarla, señor. Nisida es esto verdad? Dígalo mi turbación; Pues no tuviste razón de engañar mi ceguedad. La misma disculpa doy, te mi perder mi marido: Antes le hubieras perdido de esa suerte: suspenso estoy: Pero quísete, y te quiero, y no he de hacerte disgusto, que en el desear dar gusto se ve el amor verdadero. Pues no permitas te pido, que de mi esposo me aparte: Cómo puedo yo quitarte de aquel que es ya tu marido? El goce de su ventura, y tú te goza con él: Séate el cielo fiel; Goces tu vida segura. Que un bárbaro sepa hacer lo que yo mismo no se: Tu licencia se nos de; Para que aquí es menester? Y si lo es, yo la doy, pues aquí me han enseñado todo aquello que obligado, en ley de razón, estoy. De mí, bien entenderéis, que me es suceso gustoso; Eso le hace más dichoso; Muchos años os gocéis. Padre vuestra bendición, Esta licencia nos falta: Si de gozo el pecho os salta, que os dará mi corazón? Estas lágrimas alegres por mi hablen a los dos, y hagaos venturosos Dios; Suceso es de que te alegres. Yo me debo de alegrar de que vuestro hermano soy, bien que en posesión estoy, Que hay en eso que dudar. Que amistad tan conocida. ha el camino asegurado; A abrázaros soy osado, (da; pues que no hay quien me lo impí- Pudiera impedirlo yo de corrida, y enojada, pues me vi desesperada: Impedislo? . Señor no. Que tuvistes ocasión en una mujer tan bella, que dejarme a mí por ella, fue justísima razón. No dirá tal mi osadía, ni tal mi hermano dirá, que tan afligido está que nos agua el alegría. Tengo ocasión para ello; Sin duda compensarelo, por si os puede ser consuelo, que mi esposo viene en ello. Volved el Reino a tomar en pago de lo perdido: Yo con más verás le pido que ansí le quiera aceptar. Poco consuelo me das, tengo más palabra en mí; que el Reino una vez te di, y no he de volver a tras. Al fin es tuyo, y yo hice aquello que era obligado; Rey en el pecho he quedado, y un Rey nunca se desdice. Si consolarme deseáis, procurad que se me de la verdad, la ley, la Fe que vosotros profesáis. Qué sospecho que es el cielo solamente el que no hyerra, y ya que pierdo la tierra; no querría perder el cielo. Eso es darnos gozo nuevo, Danos a todos los pies, Para mí es el interes, pues pago lo que a mi debo. Y ruego a mi hermana, quiera seguir mis pasos en esto: Yo lo comencé más presto, Cristiana soy verdadera. Pues ya dentro de mi pena me siento muy consolado; El Reino cierto has hallado, sea mucho en hora buena. Y en buen hora halle en vos el verdadero marido; ya no quiero estar corrido Nisida, . Ordenoso Dios. Lo que nuevo Rey, os ruego, es, que a toda esta isla deis la ley que cierta tenéis; Cumplírase al punto luego. Que eso es lo que estimo en más que ese poder que me han dado: Vitelio, muy descuidado de los huéspedes estás. Mirá que es ya menester que se trate de hospedarlos; A vos quiero encomendarlos lo que pudierdes hacer. Lo que es menester hagáis, los navios prevenir en que nos podamos ir, Ya tan presto prisa dais? Bueno es estar aprestado, veamos que orden se ha de dar; Quién se ha de ir, o quién que- Eso ya está cocertado. (dar? Todos iremos: Y vos, Y vos, señora, también; Yendo con vos, astá bien; Pues el Reino? Es para vos. Este a vos os quedará, señor, en vuestro poder, que ya no le ha menester Troila, ni os le pedirá. A hacer, obligado estoy, del Reino lo que hicisteis, mío es, pues me le disteis, y como mío os le doy. Y pues que ya se concierta esta amistad tan honrada, se da fin a esta jornada la isla Bárbara desierta.