Texto digital de Iris de paz en la Europa y soledad en la corte
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Iris de paz en la Europa y soledad en la corte. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/iris-de-paz-en-la-europa-y-soledad-en-la-corte.

IRIS DE PAZ EN LA EUROPA Y SOLEDAD EN LA CORTE
JORNADA PRIMERA
Quí, Duque, determino, que la Reina, mi señora, a quien estimo, y venero, haga su dichosa entrada, que la juzgo muy en breve en esa Adea cercana. Muy bien merece, señor, tal favor Guadalájara. Quién muriera antes que ver a mi Label en España! Que esto permita mi suerte, para mí siempre contraria! Rabio de ira, y de enojo, Etna soy, volcán el alma. Aunque no ignero en Don Carlos, de su tristeza la causa: templadle, y que a divertise, a caza a esos montes salga, pues no ignoráis las razones s Also que ha habido, para que se mi Esposa Isabel, que a Carlo en breve casarle aguarda mi cariño; y también, que no tenga que envidiar nada; y pues ya la Reina viene; fiestas le prevengan varias, con un sarao, la noche primera de su llegada, por si templan los festejos la pena que la acompaña en la muerte de su padre tan fatal, y desgraciada: y a Diós, porque ya el despacho pensión precisa, me aguarda. Quedaos. Obedeceros, señor, es deuda del Duque de Alba. Príncipe, y señor, qué es esto de vuestra prudencia? Extraña mi entendimiento, mostréis los sentimientos del alma. Solo me falta que el Duque me venga a cansar; ya basta Duque; seguid a mi padre, que cuando el pecho se abrasa, son materia los consuelos con que se avive la llama. Si sabes, Príncipe Excelso, que cuando Europa abrasada en guerras, y sediciones, ya su ruina lamentaba; solo el Pontifice pudo, y el Gran Card nal Garrafa, de su Santidad en nombre, que firmes paces se hagan, de saciendo los tratados de las bodas concertadas con vuestra Alteza, y que el Rey con la Infanta se casara, que siendo de la Paz Iris, sea la gloria de España; en el Magnánimo pecho no ha de hacer impresión tanta, que los ánimos Reales lucen en acciones arduas: divertios, gran señón, en la música y la caza, y en los demás ejercicios; decentes a vuestra fama, que el Rey, mi señor, os tiene Consorte tan exaltada, que dándole envía a Venus; es ultraje de Diana; Venid acá, Duque, amigo, (oh si descansara el alma!) no pudiera, Si? mi padre dejarme en Flandes, pasara yo con gusto, y no sujeto en España, (pena extraña!) a la aspereza intratable de su condición: por las venas se derrama todo un hielo, el frío es de la cuartana. Príncipe, y señor, Criados: ola. 1. Qué nos mandas? Que llevemos a su cuarto a su Alteza mientras pasa el rigor del accidente, que hasta un León avasarla: Llegaste a Madrid? Y viste No señor. Por qué ocasión? Direte en breve la causa: y es la novedad que hallé, de que su tío la manda, que luego al punto pasase a ser de la Reina Dama; ocho días ha salió a la gran Guadalájara, donde con fiestas, y triunfos. esperan que haga su entrada, la muy Augusta Isabel, de Francia. Lis soberana. Gracias al Cielo, que al cabo de tres años vuelvo a España, a ver el imán que adoro, que aunque en mi pecho se halla su retrato, es muy distinto lo que sus luces alcanzan. Haz al Postillón que llegue, que ya mi lealtad se tarda en diferir el camino, puesto que llega mañana con la Reina todo el lngro del Rey, del Orbe; y de España. Señor, por Dios que deseo que se acaben las jornadas, que ya paciencia no tengo, con Postas y malas camas. Deja Poltrón; desvaríos, que quien sirve no descansa. . Al bien que si no descanso, como bien; la sisa anda; de cuando en cuando me huelgo, y en mi faltriquera hay plata. . Cómo está el Príncipe, Duque? Señor; pasó la cuartana, y a divertirle al jardín se salió al reír del Alba. Notable es su condición, y es fuerza tenerle a raya, que le inquietan los Flamencos; y son pretensiones canas: ay algunos Memoriales; o alguien para hablarme aguarda? Señor, es tanto el cuidado, el acierto, y vigilancia, que tenéis continuamente, que por ahora no hay nada, y al presente el Secretario solo está cerrando cartas. Con todo eso, ya en Madrid, otra vez Corte nombrada, deseo estar, que ha mucho tiempo: mis dilatadas jornadas, las dependencias me tienen a España muy atrasada; y el Templo que a San Lorenzo le fábrico en Guadarrama, con mil ansias solicito sea maravilla extraña; y estando a Madrid cercano, logro lo que deseaba, continuamente asistiendo a cumplir mis esperanzas. Pero, qué clarín es este? Si la vista no me engaña, es Don Fadrique, señor, de Portugal, noble rama, Caballerizo mayor, y a cuyo cargo fue dada la orden de que trujese a la Juvicta. Noble, y Clara Doña Isabel de Valóis, hoy nuestra Reina de España. Dadme, gran señor, los pies. Y a mí, señor, dad las plantas. Mis brazos tenéis, Fadrique, decid; como está la Reina. Su Majestad trae salud, y manana en esa Aldea, que dista dos leguas, solo espera para llegar la orden, que a recibir vengo de tu Majestad. Y siente mucho la muerte de Enrico, que es natural; o de España? la divierte la fecunda amenidad, que pues en Francia os hallasteis, de orden mía, en la embajada, gustaré mucho el oiros, qué sintieron de la Paz? y la desgracia de Enrico, Cómo fue? Relación va. De lo que en Francia se dijo; aunque Vuestra Majestad lo más sabe, contaré guerras, novedad, y paz, y hasta estar a vuestros pies, lo que ha pasado escuchad: Tres años ha, gran señor, que hizo llenar de terror el Almirante de Francia a Duay, cuya arrogancia resistió aquesta Plaza, de tal suerte; que ella fue la guadaña de la muerte; pues que se defendió con tal braveza, que hizo abreviar el sitio con presteza, pues cuando los Soldados son tan buenos, no son los más, los más; los más son menos, y en esta coyuntura, Duay les dio a muchos sepultura; sintiendo tal acción tu Majestad, al ver faltar a la fidelidad, de las tieguas, y paces ajustadas, por Énrico, y por Carlos efectuadas; mandaste desplegar los tafetanes, y Españoles, Flamencos, y Alemanes, lucida, y valerosa Infantería, con excogida, y gran Caballeria; a San Quintín marcharon, y osados, y valientes la sitiaron: guerra dice la caja, el clarín guerra, y lo mismo pública Inglaterra, que unidos con España, con sus montes de pinos el mar baña: el Duque de Saboya valeroso, fue nuestro General, llegó brioso, y a el Almirante que dentro gobernaba; desde el Folo bizarro saludaba. dícele que se entreguen ha partido, (do; o que tiemblen del bronce el cruel gemi- respondiole soberbio, y animoso; y el estruendo se empieza belicoso; acude a socorrerle el Condestable, (oh fortuna variable!) que habiéndolo logrado, nuestro Duque arrestado; a cinco mil caballos, y siete mil Infantes, con siete mil Pegasos, que constantes, los montan con desvelos; Españoles, Borgoñones, y Herreruelos, le envistió temerario, fue el día (gran señor) ex traordivario, y en fuega, en humo, confusión, y espanto mas de diez mil murieron, y otros dos mil los prisioneros fueron; siendo de Francia, la primer nobleza, honra de España toda su grandeza, y en lance tan prolijo, preso fue el Condestable con su hijo, causando asombro en trance tan valiente el morir de los nuestros solos veinte; era el día en siglos venerado. del Español Sagrado, Laurencio, a quien devoto; hizo tu Majestad rendido voto, de hacerle en Castilla. un Templo hermoso, octava maravilla, y prudente, y osado, bizarro, y arrestado, porque nada resista, os hallasteis, señor; en la conquista; diose, en fin, el asalto; prendiose a el Almirante hecho bien alto fue el saco tan terrible, que mayor no se ha visto en lo visible: Rindiole Catellet, Han, y otras Villas, temiendo victorias las cuchillas de los fuertes guerreros, y entrances tan severos, se entregaron quemadas las dos Plazas, siendo del enemigo todas trazas, y por entrar ya el Eolo furioso. se suspendió la guerra, y lo horroroso; y estando ya la gente acuartelada, como es siempre costumbre la invernada por lograr su valor hechos más grandes, Énrico valeroso se vio en Flandes, y con Vasallos fuertes, y leales, el sitio puso a Cales; tomándola por trato, a Guíns le dio mal trato. A Teonbila, asaltó, logra victoria, mas costó mucha sangre aquesta gloria: Monsiur de Termes, General famoso, pasó a Gravelingem, y sin reposo, no haciendo de él la caso, a Dunquerque guió el paso, y pegándole fuego; en Bergas, y en Ánscote, sin que el ruegn de tanto miserable le doliese, quiso que Troya en ellas hoy se viese, y toda la campaña; ; en vivas llamas baña, más saliendo a el encuentro, de Marte el vivo centro, el gran Conde de Egmonde le cierra el paso con prudencia, y valor; que no fue acaso. Probocble a vatarla, y a Termes, con su gente le abasalla, a los más prisioneros su brazo hizo, logrando cuanto quiso, mil y quinientos muertos, según Autores ciertos, sirvieron a la Parca de despojo, siendo la verde hierba, Clavel rojo, y en tales desvaríos, de purpureo coral; los llanos, ríos. Tu Majestad entonces, (hecho osado) junto a Dorlan su Ejército ha sentado; se componia el Campo prodigioso, bizarro, y portentoso, de hombres cincuenta mil, pi retrato del Abril, que con diez mil caballos, era en suma, un mar todo de espuma. Énrico, heroico, y fuerte; cuatro leguas de allí, también se advierte pues con igual poder, y fuerza mucha, pífanos, y clarines nos escucha, y haciendo escaramuzas repetidas, la parca fue segur de muchas vidas. Mas nuestro Paulo Cuarto, Santo Padre que gobierna la Iglesia nuestra Madre, entrando de por medio; ea tan sanorientas lides dio remedio; este año de quinientos y sesenta, y el como, daré cuenta, que de una a la otra parte libremente, se devuelvan las Plazas francamente, (digo) las que en la guerra se han tomado, del uno a el otro lado, dándoos también, Énrico, a la preciosa Isabel (hija suya) por esposa; y a su hermana Madama Margarita, prenda más que infinita; por mujer al gran Duque de Saboya, y excudos muchos con tan bella joya; siendo estas paces Reales, oeen todo el Cristianismo universales, l uniéndose en la Liga los mayores eñores, de la Europa Monarcas, y Se ñjor) es deilatarme, que el nombrarlos (señ cuando tanto me queda en que explayarme; publicadas en Francia, y en Castilla las paces en que el gusto tanto brilla: Éntico por motrar su bizarría, en rnuelira de alegría, justa en Paris pública. en que destreza, y fuerza al brazo aplica. diciendo que ha de salir puesto que él solo la puede mantener de Polo a Polo; muchos le suplicaron que no salga, mas diestro embraza la lanza, y el adarga rompieron lanzas muchos Caballeros, osados, valerosos y ligeros. y el más bizarro que último se aguarda, el noble Capitán es de la Guardía, de Mongomerí Conde, y al ver que sale, Apolo se le esconde, esperole el gran Rey que mantenía, con tan notable, y heroica gallardía, que en pintar su persona no culpado, he de ser, gran señor; si, disculpado. Sobre un monte de nieve, cuyos ojos, dos anterchas parecen de la esfera, Delphín con alas ave en la carrera, Pabón hermosos León en los arrojos. Armaslo muestra Énrico sus enojos, Marte le tributaba su bandera, y para que mayor su aplauso fuera, los demás Astros eran sus despojos. Hector más formidable, y más veliente, Narciso en lo galán, y lo brioso, Alejandro en lo grande, y eminente. A vatarla provoca velicoso, de Júpiter la lanza es el tridente, de Palas el escudo prodigioso. Hizo seña el clarín, tocó al combare; y cada cual la espuela derecho bate, y tan veloz partieron, que el primero, no distinguio la vista, ni el postrero; mas al segundo vote; (fiero lance!) a Mongomerir el Rey, (terrible trance!) mortalmente le ha herido: cayó el Rey en tierra sin sentido; pues la lanza rompida; leve astilla, (extraña, y portentosa maravilla!) desenlazando el yelmo su despecho; fatal el Rey, perdió el ojo derecho; viéndole en breve instante; de la varia fortuna lo inconstante, cando el gusto en confusión, y llanto, todo horror, todo grimas todo espanto. Llevan al Rey al lecho, y en diez auroras que vivió su pecho se empleó en prevenirse a la partida, desechando inconstancias de la vida, dejándonos ejemplo tan notorio, de lo que es este mundo transitorio, lo pues lo dirán sutiles, taréas de las plumas, y buriles; escribiendo del tiempo en los Anales, lo trágico de fiestas tan fatales. Muerto el Rey se negocia, que venga el Rey de Escocia; Francisco, que es del Rey hijo mayor? que aunque de gran valor, por su corta salud, a toda Francia tiene en inquietud, y no enjugado bien el llanto, y pena, la jornada se ordena de la Reina de España, mi señora, retrato del Aurora, tan bella es, tan virtuosa; que se puede decir que es prodigiosa, pues su grande talento; es un profundo mar de entendimiento; consiste, entre su pena, su alegría, en contemplar la Celestial MARÍA, cuando al pie de un Madero, vio el Cándido Cordero estar Sacrificado, por redimir a todos del pecado, trayendo su Retrato Soberano, del pincel, que es afrenta del Ticianos su devoción es tanta, que envió a la Tierra Santa su Confesor; a que la visitase; y en su nombre rendido la adorase, dándole horden que a la Corte venga, sin que en otra función no se detenga, solo porque elocuente, la informe de lo visto; ciertamente, de aquel Lugar dichoso; de nuestra Redención, punto Glarioso. Aquestos, señor, son de vuestra esposa, atributos excelsos de que goza: Esta es la Lis brillante, Rosa preciosa, Luna no menguante, que Tórtola amorosa, amante mariposa biene a ser rutilante, Perla, Estrella, Flor, Cielo, Diamante, por su virtud, que en el Impireo topa, feliz Iris de Paz en toda Europa. Mucho estimo, Don Fadrique, vuestra relación puntual. Sois Cronista famoso, y pues el saber premiar consiste en que al buen Vasallo se le dé en que ejercitar, nuevamente sus deleos: decid, Fadrique, a la Reina, que yo a recibirla salgo, de mi grande afecto muestra, para demostrar en parte de mi pecho la fineza. Si a mi Vuestra Majestad me preguntara, supiera, con narrativa mejor, discurlos de mi mollera. De qué servís a Fadrique? Gran señor, de embarazar, no hacer nada de provecho, preciándome de alegrar. Frío sois para busón. La gracia no medrará a vuestra vista, señor, que nunca de gracia está. Duque, manana temprano, digno aparato estará a la entrada; prevenido, feliz de su Majestad. Cómo lo mandáis, señor, procurará mi obediencia acreditar sus deseos, dando de mi celo muestras. . Ay dulce divino hechizo! Donde tus soles están, que ya a tu beldad deseo de nuevo sacrificar? Ay Laura de mis sentidos. que Poltrón muriendo está, por jugar pizpirigaña con tu deidad frejenal. Mucho extraño que Fadrique no me escriba. Será, señora, o que llegará muy breve, o no saber donde estás; pues no pudiste avisarle de tu impensada mudanza? Laura, cántame aquel tono que algo me suele aliviar. Desde un balcón de mi cuarto, vi bajar a este jardín una Dama, que hermoséa este vergel del Abril: mas aquí está, oírla quiero; por si puedo percibir, si iguala con su belleza su discurso en lo sutil. De tal suerte llego a estar, que no llego a conocer, entre el pesar, o placer, cual es placer, o pesar. Oh cuanto el rigor violento, de mi pesar infelice! Bien aquesta letra dice, pues parece que su acento habla por mí en el tormento, que me llega a enajenar de mi misma, y a ignorar, entre el morir, y el vivir, si en mi es vivir el morir. De tal suerte llego a estar, y aunque este activo, y severo pesar estoy padeciendo; cual es la causa no entiendo, aunque a sus afectos muero; y por más que inquerir quiero de que pueda proceder, menos llego a emprender: o qué tirana porfía! Cielos, qué pena es la mía? . Que no llego a conocer, si alegrarme solicito con algún divertimiento, a donde busco el contento, es donde el pesar milito; de suerte, que mi apetito, frustrado se viene haber, sin que llegue a conocer en mi infelice fortuna, que haya distinción ninguna. . Entre el pesar, o placer, enajenada, y vencida, en esta penosa calma, no sabe el alma del alma ni el sentido del sentido, por vivir tan oprimido, si vivir se ha de llamar, vida que llega a ignorar, aún por natural distinto, en confuso labirinto. Cuál es placer, o pesar. Encanto del mismo amor, cuyo vistoso lucir, con tu mirar halagüeño matas en tan dulce herir; quien eres, que duda el alma, que no seas Serafín? Señora, el Príncipe es este, trata afufar del jardín. Yo soy de la Reina Dama, a quien espero servir; y si mi vista os ofende vuestra vista, sabré huir. Detente, bella homicida, duélate el verme morir. No los límites paséis, que el Palacio permitir suele a los nobles. Ais señora! Don Fadrique biene allí. Ay infeliz! Caballero; retiraos presto de aquí. Válgame todo mi aliento! caiga el Cielo sobre mí! Que venga el Príncipe solo; y hallándose Laura allí, no tenga en que fundar celos un Lacayo Paladin. No receléis que conmigo muy segura estáis: oíd. Yo salgo a impedir mi muerte, su impulso he de resistir. Idos, señor; yo os lo ruego; que otra ocasión, ay de mí! Pues temple tu mano el fuego, que en mi pecho concibí. Esta mano tiene dueño. Señor, buscándoos aquí: casi sin alma respiro! Qué queréis? A Vuestra: Alteza decir, que os llama su Majestad, empeño salí: albricias alma, y pues veo una fuentecilla allí. que entre sauces y laureles me convida su reír: desde su cristal podré, si algo sucede, acudir: guarde el Cielo a vuestra Alteza. Él os guarde más que a mí. . El Príncipe quiere solo llegar, lograr; y huir. Fadrique, cuándo venisteis? Ahora llegué, ay de mí! Pues, y la Reina mi madre, cuando llegará, decid? Señor, mañana en la tarde. ilustrará ese Cenit. Dios os guarde: esta cruel . me ha condenado a morir. Poltrón, tú que sin pasión ves lo que llego a sentir, puede ser casualidad lo que pude ver, y oír? Él es, señor, y galán, y pretende conseguir Laura, tercero papel: poco tiene que argüir. Loco, como tú te atreves? No preguntar u no oír. A mis manos morirás. A mis pies he de acudir. No harás, que hay quien lo defienda. Pues que de aquesta salí; no quiero con usted fiestas. Ingrata, tirana, di, salsa, cruel, y engañosa, es bien que pajes así mis finezas, ni mi fe? Sabe el Cielo, siempre fui la que era, dueño mío. Y se conoce, eso sí: atengome yo a mi Laura; que anda de aquí parallí. Dime, Circe cautelosa, Pues me niegas lo que vi? Si me atiendes lo verás, .. y sabrás lo que hay en mí Misa Laura: escuche Vssía. Oye no me trate así; pero no con la llaneza que profesaba hasta aquí. Pues qué digo, ya no somos? que no eres ya Fregatriz? Dame una mano. . De baca. Pues no te quiero? Yo ni. Rebózate tu hermosura. Oye, vayase de ahí. Mañana se hace el Sarao, en él tengo de asistir, yo llevaré verde Vanda: a él puedes acudir pues ay permiso. Ay, señora! no se que llego a sentir. Si te adoro, de qué temes? Temo a mi estrella infelia. . Digo, Laura, en qué quedamos? Que se vaya desde aquí. A Dónde? Muy noramala. Para quién? Para él, el Pelandrín. . Hermano Pitimina, dele gracias al Señor, que hemos llegado a Madrid, y en mi Sagrado Convento, que se empieza ya a fundar, nos albergan con amor: mi Dios alabado sea. Mire, Padre, yo soy malo, yo mucho mejor me hallara la hora de esta en Palacio, que aquí siempre estoy con hambre, y de allá siempre vengo harto. Pues en esta Santa Casa no tiene lo necesario? No entiende su Reverencia: yo se lo diré cantado. Cuando usencia a confesar va a la Reina, yo aguardando me quedo en la primer sala, Y como yo no he almorzado, y bienen allí Mondongas, es digo, que me desmayo, y el las de caritativas, como comen de pescado suelen traer la gallina, el choricillo, y el pabo; y con aquestas migajas, no solo como, que guardo. Pues si en eso no se enmienda; viviendo muy arreglado, a demás de penitencia, no irá conmigo a Palacio. Padre, si rabio de hambre, y me sobrebiene un flato, y no puedo acompañarle, no es mejor, el remediarlo? Mas digo, Padre, la Reina, sabe Usencia si ha llegado? Aquesa noticia, ya por momentos esperamos: quiera Dios que presto venga a consolar sus Vasallos; que desde que de Paris, a la Tierra Santa fuimos: forma de recibir carta, bien sabe; Hermano, no ha habido, Ya sé, Padre, que la Reina, a Usencia, y a mi envió a visitar, en su nombre, donde nuestro Redentor puso sus Sagradas Plantas, porque trujera de todo la relación muy exacta; y que habiéndolo cumplido, su Reverencia la aguarda, y que fundador le han hecho de esta Venerable Casa de la Vitoria, y que el mundo, espero ha de ver a Usencia: pero en este punto callo. Dios lo que convenga haga. Soy un humilde gusano, a quien este Ábito ampara, y engrandece, porque siendo del Gran Francisco de Paula, sus Mínimos hijos son, a quien la humildad ensalza al fin, como Padre nuestro. Pues mientras la Reina biene, hora es, Padre, que comamos. (cias Templese, Hermano, y dé gra- antes de comer, adiós. El Diablo lleve mi alma si hasta que haya manducado a Dios le hablare palabra, que voy al Reficolero a darle con la campaña, con un rebato, un asalto, contra el abadejo al arma, dando al garbanzo saqueo, al vino carga cerrada; y haciendo del pan el taco, disparar por mi garganta, a mis tripas trabucazo, y después a Dios las gracias. Venga en hora muy dichosa, siendo el Iris de bonanza, a dar logro a mi esperanza, vuestra Majestad, que ansiosa, soy de su luz mariposa. Señor, en ventura tal, soy vuestra sierva leal, logrando tanta fortuna, que no iguala otra ninguna, en prosperidad igual. Mis brazos, Reina, y señora, os han de servir de Atlante. Con ventura tan gigante, me alegrara ser Aurora, con las perlas que atesora, cuyo néctar Soberano, os rindiera, o Sol Hispaño! Príncipe, Duque, llegad, y a la Reina le besad, su inclita, y augusta mano. En tan dulce posesión: el Príncipe Carlos es, holocausto a vuestros pies. Mis brazos, Príncipe, son, muestras de mi corazón. Aunque es Isabel hermosa, es Mariana más preciosa: yo la doy por bien perdida, que fuera el bien de mi vida, si viniera por mi esposa. De ver aquesos reflejos, con que lucis soberana, intenta brillar Diana; será por estar tan lejos, pero son vanos cortejos, pues sois Perla, Estrella, Norte, en quien se mira la Corte. Siendo valiente, y discreto, sois cortesano, perfecto. Que así mi dicha se acorte, que rabiando por hablar, no pueda en esta ocasión! soy desgraciado busón. De la gloria del amor, en continuo batallar, Mariana, en quien vivo, y muero? dame el premio, que no espero, pues de mi adversa fortuna, no espero dicha ninguna. Si consigo lo que quiero de Laura, que es un aviso, a seña con que esta noche, que Paetón vuela en su coche: a mi Mariana diviso, pues el que salga es preciso, al festín: diré mi pena, y como en dura cadena, adorando su rigor, vivo muriendo de amor; si afable no me despeña, perderé vida, y sentido. Ten la banda prevenida, Laura, por ser conocida. de Fadrique, que advertido le tengo, (ay dueño querido!) . porque puede conocerme, y con la seña atenderme. Ya yo estoy con el cuidado, como lo tienes mandado, que mi desvelo no duerme. Vuestra Majestad, señora, entre un rato a descansar, que las Damas, festejar os intentan, por Aurora, con un Sarao, que ahora será el primero festejo de su amante, y leal cortejo. Nací para obedecer vuestros preceptos, y hacer vuestro gusto, en quien lo dejo. Cierto que a lo palaciego, señor, sin gana me ajusto, tanta seriedad es susto, solo aquí priba el despego; de tal seriedad reniego. Es Palacio una mansión, que todo es adoración, a Majestades, y Damas, y holocausto en dulces llamas, rinde todo corazón. Querida Doña Mariana, aquesta noche por mí has de hacer. Prosigue: di. Una fineza, en que gana libertad mi ilusión vana, con las bandas que traemos, nunca nos desconocemos al entrar; luego a danzar, bandas hemos de trocar: no extrañes estos extremos, que me importa honor, y vida, y algo más, si hay más que ser, no me puedan conocer. Cielos, mi suerte es perdida, sin hallar el daño huida! A quien le habrá sucedido lo que a mí me ha acontecido? pues de descubrir mi pecho, no sé lo que me sospecho: digo, que ya concedido está, señora Condesa, todo lo que me mandáis. Hay corazón! si lográis, que Fadrique: pero cesa, que es dicha, y no espero esa. . De secreto concertaron no se qué, que se apartaron, porque yo no lo escuchase, que temen desembuchase: y en verdad que lo acertaron. Laura. Señor. Por tu vida, cuando mi mal me despeña, por a donde conocida, sea mi dulce homicida: porque ya empieza el festín, toma ese diamante al fin. En tomarle, qué se pierde, señor; una banda verde lleva puesta; (abrá mal fin, que me culpe codiciosa, . cuando ablanda corazones, el oro, y no las razones) mandáis, señor, otra cosa? No, más pues eres piadosa, Laura, de ti he de valerme. . Que los sentidos adverme, volsillo, caja, u cadena, no es dudable, yo soy buena, y en esto yo he de perderme: hombres, si alcanzar tratáis, no desconfiéis de sirvientes; regalaldas muy frecuentes, y veréis lo que alcanzáis, si estas luces atizáis, que aquella que es más leal, al ama, mas Doña tal, la ha de embestir, Circe astuta; y aunque esté verde la fruta, ella la pondrá cordial. Al Sarao venid Caballeros, que todas las Damas, envidia de Abril, en el Cielo de aqueste Emisferio, Estrellas brillantes salen a lucir. Ya conozco por la banda el dueño de mi albedrío. Amor, duélete de mí, pues ves que apenas respiro. Dame ocasión; o fortuna! de hablar a mi dulce hechizo. Fadrique ha de equivocarse. Quién me viere aquí, dirá que el Alba a el Sol se ha encendido, Bravo entredo hay en la banda, el Príncipe va perdido. Sí, Laura, que es medio Dama, entrará en este ejercicio. Solo el acaso podía hacer, que a el incendio mío, de vuestra mano, la nieve le conceda algún alivio. Lo que hace el acaso, nunca estiméis, que es desvarío, y lo que en vano esperáis, aperecerlo es delirio. Este es Fadrique, no hay duda! tuya es la mano, bien mío. Emplead las azucenas en Real Clavel, que imagino, que en tanta altura estaréis en el Lugar, a vos digno. Qué habrá sabido; ay de mí! que vida, y ser he perdido. Aunque soy nieve, señora, a vuestros rayos divinos, ya que encenderme no pueda; a lo menes me derrito. Con adular, y no amar, sin fundamento; hoy os miro; pues si el Sol no ve a la nieve; la nieve no ha derretido. Es Usuria Marquesa? que lo dice el olorcillo, y el contacto de las cinco salchichas, es asperito. O sois Poltrón, o Truan, que a mi castísimo bulto, Bufón, o Lacayo inútil, pudo hablar descomedido. y Jesus mil veces! Yo aquí seré adlante a tanto Cielo. Este pañuelo, señora. Suelta aleve. Es vano intento. Qué es aquesto, en mi presencia? quitad de la vista el velo. Señor. Señor. Callad, ya basta: luego al punto ese pañuelo, a la Condesa entregad; y a no ser, si, vive Dios, que está aquí la Reina, vierais los filos de mi rigor: al Príncipe, Duque de Alba, retiraréis a su cuarto. Señor, el Príncipe. Gran señora, la condición de Don Carlos ignoráis: esto conviene. . . Vamos, Duque, vive el Cielo, que ya pasa de crueldad, con las penas, y desvelos; que dentro en mi pecho están, de Fadrique lo soberbio, del Rey la riguridad, y empeños de aqueste engaño, para acrecentar mi mal, mucho que discurrir llevo, sin que me pueda aliviar. . Extraño ha sido el acaso! A qué nunca falte un hazar con que se turbe un festejo! . Hjos; sentir, y morir, para aumentar mi dolor, pues el callar me da muerte, y el hablar muerte me dio. . Cielos, qué diré a Fadrique! que aunque sin culpa me advierto; sin duda enojado está, yo quiero huir de sus ojos. Aguarda, aleve, cruel, vil cocodrilo engañoso; como traidora a mi fe, con la Condesa trocó, la banda tu deslealtad? si era por verme celoso, pues intentabas hablar con el Príncipe, tu engaño podías disimular, sin haberme dado aviso, ingrata; al fin desleal. Fadrique, no es ocasión de que te pueda dar cuenta, cuando acompañar, precisio es, a la Reina, mañana te lo diré por escrito: solo considera, que es tuyo ya el albedrío. Con satisfacción muy corta te creeré, pues que te adoro. . Adiós Sehora Escárapela. Adiós Seor Inflamación.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Si amar es gemir, si amar es llorar, yo solo sé, solo sé que es amar. Quién compuso aquesta letra? Un Portugues es su Autor. Muy bien explica su amor, cuando su dolor penetra. La espada? 1. Aquí está. Volved, volved a cantar: o si mi mal apartar pudiera! pasión molesta. Si es amar hacer fineza, que no se pueda imitar, excediendo el Don, a toda humana capacidad. Yo solo sé, solo sé que es amar, Mi amo vino a Palacio, y cansado de esperar; por no haber con quien hablar, vengo a buscarle despacio. Mas el Príncipe. Poltrón. . Señor. Solos nos dejad: Poltrón, de tu habilidad, espero en esta ocasión el alivio de mi mal. Pues, qué tiene vuestra Alteza? que a costa de mi cabeza, sabré servirle leal. Yo adoro a Doña Mariana, y en este ardiente penar, tú me puedes despeñar. Lo haré de muy buena gana, que me precio de muy fiel, y en esto de corretajes. tengo fundados mis gajes, Pues toma aqueste papel, dale a Laura de mi parte, y que te dé la respuesta. Es la mozuela dispuesta, lo que toca en este arte: más, señor, es una Harpía, y es menester regalarla, que si no todo lo parla. Toma, y le darás, y fía de mí, si logro bonanza, largo premio de mi mano. Señor, pues sois soberano, no hay que perder la esperanza. Su Majestad me ha mando, que venga por bustra Alteza: mitigad el aspereza. En que la tengo, no he estado en mi cuarto retirado, mi padre es el rigoroso: vamos, Duque; qué penoso es el mal en un desdichado! Poltrón, no dejes de verme. . Tu Alteza vaya contento, que volveré por el viento, (por lo que puede valerme.) . Que aqueste interes maldito haya podido conmigo, con qué vergüenza lo digo! ponerme en tan gran, conflicto; la Condesa me pidió, le dé a Fadrique un papel, yo no sé que dice en él, pero bien sé que me dio: a Poltrón he de engañarle, y decir que es de mi ama, si el póbrete se la mama, yo quedo bien, pues le doy; ya el regalo está tomado; y si él fuere el apaleado, será crítico el día de hoy; si conmigo atestiguare, satisfago con negar, pues no puedo remediar las coces con que se hallares mas él está allí, Poltrón, como no llegas a hablarme. Las gracias que había de darme, si supiera mi intención: Laura, dale a tu señora este papel de mi amo, (o que valiente reclamo ha de dar la pecadora!) pues es decir que no tiene su ama una condición, que a pellizco, y bofetón, la dará lo que conviene. Yo también tengo aquí otro; de mi ama a tu señor: vesle aquí; no es mala flor el tomar uno por otro: a se que vas bien medrado. Pues tengo buen corazón, ya me causa compasión haber a Laura engañado: pero más vale el bolsillo, que a mí no me ha de doler. Pobre, cuál te ha de poner; achaque de garrotillo. Señora, pues ya en Madrid, y en su Palacio mostráis las luces con que brilláis: siglos eternos vivid, lucid, señora, lucid, y con nuestro gran Pilipo, emulación de Lisipo, la gran Corona cenid. Don Fadrique, Dios os guarde; yo os estimo vuestro celo. Si querrá propicio el Cielo, templar la llama en que arde, amor en mi fino pecho. Laura, diste ya el papel? Yo espero, Fadrique, de él, esté ya muy satisfecho. El Padre Diego Valbuena, pide licencia de entrar. No se detenga en llegar, decid que entre en hora buena. Señora, los pies me dad. Y a mí, indigno Compañero, Con mis brazos os espero: Fray Diego Valbuena, alzad: contadme vuestro viaje, y de aquella Tierra Santa, que honró el Señor con su planta; porque mi duda se ataje, decidme muy por menor las más mínimas pisadas de las piedras, salpicadas con sangre de mi Señor. Era preciso, señora, si lo hubiera de contar, de la verdad discrepar, y seros molesto ahora; y así, porque a solas, sola podéis mejor contemplar: este libro podrá hablar las verdades que acrisola, verídico, en él veréis todo lo que vi, y noté; si a serviros no acerté, lo que erré perdonaréis. Señora, esa obra sucinta; por mi mano la escribí, y ni un cuarto que recibía de cañón, papel, y tinta; por la Majestad Divina, mandad me lleguen a dar, tal cual cosa que mascar, que tengo hambre estudiantina. Parece que mi intención sabíáis cuando escribisteis, anotando lo que visteis, para que en contemplación, premediten mis deseos; y así, Fray Diego, pedid lo que quisieres, pedid. No andemos por arrodeos, Padre, pídale a la Reina, aquel cuadro de MARÍA, que de Francia aquí traía su Majestad, y pues peina canas, no sea medroso, que para nuestro Convento, si le llevamos, yo siento que ha de ser miraculoso. No sé qué me lo conceda? más fiado en la ocasión, me arriesgo a la pretensión, suceda lo que suceda. Señora, si mi humildad llenáis con tantos favores, en dichas tan superiores, con que vuestra Majestad, me honra con tanta gloria: sabed que se está fundando en la Corte, y fabricando, Convento de la Victoria, de Minimos Religiosos, a donde estoy hospedado, y con cariño tratado, de sus afectos celosos: aquel Retrato, señora, en que MARIA llorosa, al pie de la Gruz reposa, Cándida, eclipsada Aurora, me conceded, que logrando mi Convento dicha tanta, a los Cielos se levanta. Grata os estoy escuchando: pero ya sabéis, Frayo Diego, que es su vista mi consuelo, sus lágrimas mi desvelo, y que cuando sin sosiego, toda la Europa lloraba, ardiendo en fuego; y quebranto, solo en desconsuelo tanto, su vista me consolaba; y así, no he de permitir que falte de mi Oratorio, hasta que a lo transitorio, falte yo a esceno vivir; pero por la deveción, que a vuestro Abito prosaso; y que estimaros confiso, os concedo el galardón de que se saqué una copia. Llamad el Pintor más diestro, el más único Maestro, que os ofrezco el ser yo propia quien al Témolo la coloque. Señora, Gaspar Vecerra, es hoy él solo en la tierra, a quien está dicha toque, siendo en bútil, y pincel de Michael, Ángel trasunto, con él aprendió, y ni un punto le excedió en la ciencia aquel. Llamadle, y de Escultura saque el Retrato Divino. Contémpsole Peregrino, y la vestimenta Pura, de la Imagen Soberana; al llorar su Candidez, más propria es la Viudez: yo su Camarera indigna he deser, y toca, y manto, muevan los pechos a llanto, en su Soledad Divina. Pues yo he de ser sobre estante en casa del Escultor, que fui Aprendiz de Pintor: voy a llamarle al instante. . Gran señora, el Cielo os guar- vivid del Fénix la edad. (de, Fray Diego, la brevedad del celo que con vos arde, a tal fábrica se aplique, porque logre la Victoria, tener por vos nueva oloria, que eterna se multiplique. . Ingrata, bien has escrito; ha falsa! lo que ofreciste, creíste, cruel, creíste, que yo ignoro tu delito? Ya tu queja considero: tienes Fadrique razón; dueño eres del corazón, y como a tal te venero: yo no he podido escribir, a las doce en el Terrero, aquesta noche te espero. Yo iré, más será a morir. . Al arma, al arma, Espíritus impuros, salid de las cabernas en que oscuros habitáis, lóbregueces del abismo, que me abraso, y me hielo aún tiempo mismo. Vuestro Príncipe os llama en sus congojas, no queden plantas, flores, troncos, ni ojas. que a todo el furor mío, les deje, ni el más mínimo rocío, tiempo caduco, y viejo, para el curso veloz dame consejo; supuesto que violentas. entre los dos causamos las tormentas, y el Divino Decreto, ejecutamos ambos con efecto: Dónde estás, no me escuchas? Ah Cielos! que son mis penas muchas, y en tan grande tormento, no explica lo que siento! Mas, cómo se acobarda el valor mío! la ciencia la perdí? no, mi brío, del celeste zafir, no conspiró legiones, que al seguir de mis pasos las huellas, les hizo ser Demomios siendo Estrellas? De Salomón el Templo majestuoso, no hice que pereciera pavoroso? El Farol que dio luz a Alejandría, no apagué con intrépida osadía? El Coloso de Rodas admirable, a polvo no reduje miserable? El Maúseolo famoso de Artemisa, no lo reduje a pálida ceniza? La elevada Pirámide de Egipto, ay ya de sus memorias, ni aún escrito? El alabado Templo de Diana, no es ya una sombra vana? De Babilonia los soberbios Muros, de mi rabia, y furor fueron seguros? De Roma el celebrado Anfiteatro, no es del olvido ya claro teatro? Ester, Abigail, Judic, Susana, Tercia, Emilia, Jaél, y Potenciana, y otras muchas mujeres celebradas, no se miran de todos olvidadas? Pues cómo, ay de mí triste! en vano tanto mal, mi mal resiste? Como hoy dispone el Cielo añadir más desvelo, a mi desvelo? No hay en Madrid Esigies veneradas, que son por todo el mundo celebradas? de aquella que me ollo, pese a mi furia que repito en mi oprobrio aquesta injuria! Pues como hoy una mano aleve intenta, copiarla nuevamente? Sienta, sienta, de mi poder tirano, pribar de aquesta Luz el suelo Hispaño, dejándole, aunque es diestro, en esto torpe voto el escoplo, y sin acción el golpe. Ayudadme parciales, que ideo de esta Copia muchos males. Al arma otra vez digo, al arma, guerra, obstentad mi poder contra Vecerra; y pues que ya me miro en su Obrador, empiece a confundirle mi valor, y a su destreza, y ánimo constante, contúrbele mi astucia cada instante, Hermano, esa herramienta, pues que su devoción, y celo aumenta, póngala de tal modo, que se halle pronto todo. Seré aprendiz tan diestro, que me admire en lo agudo el Seo Maestro todo está por su horden. Pero sin duda, hay Duende con desorde, porque todo se mueve, sin ver el como, el Diablo que lo pruebe: oye el Seor Duendecillo. (lio; mas vive Dios que me quitó un colmi- ha pícaro menguado; pues como a un Lego honrado, andas con zancadillas? Ay, ay, hay mis costillas: San Lesmes, San Acasio, San Antón, que me matan, señores, Confesión, Si los dos aquí estamos solamente; quién le puede causar que se lamente? Pregúnteselo usted a mis calzones, que más provisión tienen que Galeones, a mis espaldas, dientes, y colmillo, la maldad de un infame Duendecillo. Deje, Padre, quimeras, siendo las burlas, burlas, y hable en ve- y ya que deligneado (ras tengo en este madero aquel traslado, del Alba que llorosa, Madre es de pecadores afectuosa: póngame aquí el compás, la azuela, y lo demás que necesito, a mano. Dadme, Señor, auxilio Soberano, para que al fabricar esta Escultura, adelante el primor de la pintura. No lograrás tu intento, que yo confundiré tu entendimiento, Cielos, qué me sucede? que ya el brazo no puede seguir las líneas, porque aqueste tronco, para lo que pretendo está muy bronco, dibujarelo en este, aunque nuevo trabajo ya me queste; pero no es de provecho, llévele, Hermano, al fuego por desecho, Que me place, y el ir a cocina me replace, donde hay un jamoncillo con quien jugar un poco de colmillo, que como es de manana, de almorzar tengo una famosa gana, y a mi hermana la bota, la quitaré la enfermedad de gota. (sente Pues se logra mi intento, aquí me quedo, aunque de aquí me au- Dos veces quiso mi obediente celo, en dos distintos leños dibujarte, y dos veces confuso se vio el Arte, Soberana MARlA, a tanto celo. Tercecra vez lo intenta mi desvelo, en la tosca madera trasladarte, logre, Señora, en este el animarte, mereciendo mi pena tal consuelo. Amor Divino, purifica al hombre, por borrar lo imperfecto de lo humano, y en su explendor Sagrado le acrisola. Materia en que ha de hallar el Ave nombre, inflúyame el Espíritu Soberano, porque perfecta saque la que es sola; y para aquesto intento, ir al punto al Convento, a pedir a sus santos Religiosos, que humildes obsequiosos ruegos, al Cielo impetren, que su zasir penetren, porque tenga eficacía, para copiar la Madre de la Gracia. (bia, Señor Gaspar, la Reina aquí me em- porque a su devoción se tarda el día de mirar el Retrato Soberano, de vuestra insigne mano, pues en tanta destreza, es causa de extraneza, Ah prodigios del Cielo! el humano desvelo, muy poco, a nada alcanza, cuasi perdida tengo la esperanza, de que logre, señor, mi inútil ciencia, la Sagrada influencia, de trasladar la copia, de quien solo ella propia es dichoso trasunto, no estoy ocioso un punto; mas por alto no la sacó, en efecto, y aunque más mi saber en arte fundo, con una, y otra hechura me confundo; varias veces he hecho, y ni estudio, ni mano no aprovecho; y así vuestra piedad, con su Real Majestad, porquien es, me disculpe, para que en la tardanza no me culpe. Remitid, sin embargo, las que hechas tenéis, que yo me encargo de di cúlparos con su Majestad. Adiós. Vivid tan larga edad como mi amor desea. Sea Dios alabado. Y el vino bueno con jamón asado. En hora buena, Padre, a consolarme llegue vuestra presencia, y aliviarme, pues ahora pasaba a suplicaros, que pues que son de Dios amigos caros, los santos Religiosos, piadosos, y celosos, rogativas hicieran, en que a Dios muy de veras le pidiera, en hacer está obra me dé acierto, pues el juicio me quita, cuando advier- que con varios modelos, C dibujos, y desvelos, todo me sale en vano, errando torpe con cincel, y mano. No hay que desconsolarse, que espero en Dios ha de facilitarse, la hechura prodigiosa de su Madre, aunque Astarot más ladre, que estos son sus entredos. Cómo estos de esta mano cinco dedos. Si viera, Padre mío, la sotana, que me sacudió el perro esta mañana, pues me puso el pellejo, como ya remojado el abadejo, dándome luego un hambre Poetina; que me fino, sino voy a la cocina, donde solo con pan, vino, y jamón, me consolé de la vapulación. Hermano, temple la guía. (me atríbula. Qué he de hacer, Padre, si el hambre, Viva, señor Gaspar, con la espera que tras la tempestad es la bonanza, no sabemos secretos del Arcano, pues incomprensible, es Seberano, mas para su consuelo, implorarán al Cielo, en rogativa triste, y lastimera, que penetre la Esfera, los ecos Religiosos, de Mínimos espíritus celosos: quedese en paz, que voy a mi Convento. Vuestra voz me da aliento, esperando la gloria, de perpetuar mi nombre en la Victoria. Infame, Truan, aleve, pues como, di, tu maldad, tu traición, tu deslealtad, Señor, el Diablo me lleve si Laura no me le dio, diciéndome que su ama, de amor ardiendo en la llama, ese papel te escribió. Aún me niegas la verdad? Si es papel de la Condesa; como tu maldad no expresa tu culpa con claridad? quitáteme de delante, que si a mi vista te pones. Señor mío, no hay razones, pues págueme usted al instante. Pues que te de yo yo, di, no has manejado el dinero? Sí señor, tu despensero fui, y por ti me perdí: he aquí la cuenta en rigor, en mil reales alcanzado estás, y que no he sentado los corretajes de amor, ni los dulces, y bebidas, que a embestidoras de coche, una noche, y otra noche, diste veces repetidas; o pagarme, o no me voy, aunque me des mil patadas, que mis prendas empeñadas, las tengo de sacar hoy. Villano, viven los Cielos, que has de probar mi rigor! No quiero nada, señor, dejam Pues si aquí otra vez te veo, yo se lo que haré contigo. . Jesús, Jesús sea conmigo, que se fue ya, no lo creo, que Laura así me engañase, haciendo su picardía, tan grande bellaquería, para que por mí esto pase; pero solo me consuelo, que su ama es un Barrabás, y le habrá dado un cis tras en pago de su desvelo: mas el papel que a mi amo le truje de la Condesa, aquí está; cojo la presa, y acudo a dar el reclamo, que ya el Príncipe me espera: el papel me ha de valer, y con él tengo de hacer que caiga en la ratonera: mas aquí sale su Alteza. Poltrón, dime, vivo, o muero; que en ti mi consuelo espero: obró Laura con fineza? Hablela en el nombre tuyo, dila el papel, y la di, volví, a buscarla, y la vi, y el desembarazo suyo, que hace a dos manos discreta, por un papel dos me dio, mira lo que el Diablo uidio ̱r de esta maldita estafeta; el uno de la Condesa, por quien mi amo pena, y muere, y a quien ella firme quiere, como este papel confiesa; el otro era para ti, y yo que no se leer, todo el cuento heché a perder, y a Fadrique se le di; diome el porte de alcahuete, que es puntillón, y patada, mucha palabra pesada, y lo de mi casa, vete, díjome Laura también, que al jardín de la Priora, la Condesa y su señora; esta noche antes que den las doce, bajar intentan; y pues la noche es oscura, (estos engaños inventan terceros, que son sutiles, que es casual que al jardín bajen, y así discursos te atajen, si al cuento le hecho perfiles,) que del Parque por las rejas, pues ella está con cuidado, acudieses disfrazado. Aunque enfadado me dejas, por tu necia inadvertencia, sin saber lo que has hablado, me has quitado un gran cuidado; Cielos, sanó mi dolencia, no teniendo competencia: tengo de ver lo que escribe, la que por él muere, y vive, por ver si hallo evidencia: dame ese papel Poltrón. Aquí está, y aunque va ajado, es de puro estar guardado. Ya que en el Saran estorbó la casualidad, lo que mi amor desea- ba favoreceros, está noche a las on- ce bajaré al jardín de la Priora, con Doña Mariana de Mendoza; que en caso de que mi precisa asisten- cia con la Reina me estorbe, haré que me avisen con algún pretexto; y así, por las rejas que caen al Par- que os espero: Dios os guarde. Alienta ya el corazón: corté Faetón con tu coche, que en el Terrero confío ver, y hablar al Dueño mío. O si viniese la noche! Con mosca el Príncipe va, hoy se acabó mi pribanza; desdichada suerte alcanza; quien gusto siempre no da. Amiga Doña Mariana, sabrás que muero de amor; y en ti mi amistad confía, alivio en el mal que peno, que es un volcán que me hiela, es un hielo en que me enciendo, pues comunicado el mal, tal vez suele hallar remedio: yo quiero bien a Fadrique. A espacio, penas, a espacio: y correspóndete él? No, que de aí mis penas nacen. Vivid corazón de nuevo. Procuré que se ocultasen, muchos días en mi pecho, las ardientes llamas, que introdujo el rapaz ciego, y del Sarao la noche, que con tu banda, prevengo el hablarle disfrazada, se malogró mi deseo: mas cuando amor, y fortuna, parejas igual corrieron; determiné que un papel declárase mis intentos: fieme de Laura, y ella, dando a mis males consuelo; a su Criado le entrega, en él digo que le espero, del Parque en aquesas rejas; y por si acaso en su cuarto me detuviese la Reina, el que tú estarás, le advierto; aguardando en mi lugar: a ti esta fineza quiero deberte, y que por mi acudas con Laura, que pase luego, y me avise con presteza, para que acuda yo al puesto; y pues eres tan discreta, espécule tu cuidado si mi favor agradece, que adelantado este paso; el corazón, si me estima renacerá, y animado, la Reina me favorece, y lograré lo que amo; y pues se de quien tú eres, mi suplica has aceptado: a Diós amiga, a las once es la hora. Así quedamos: si no tuviera yo aquí el papelito gu de Fadrique, con mi ama; samoso lance había echado. Vil Criada, como, di, te atreviste: fuego exalo, a ser infame tercera de mi muerte, cuando amo tantos tiempos a Fadrique? Sí señora, aún por lo mismo, pues conmigo declarada, y deseosa que a Poltrón, su Amo el polvo sacuda, le di el papel, y aseguro, de que ya puesto le habrá un jubón de veinte y cinco, y más, que cayó el pobrete, como dicen, en gárlito, que dándome clara, y yema, le entregué huevo podrido: de Don Fadrique es, señora, que dártele no he podido, pues desde ayer nunca a solas has estado, ni un minuto. Agradece a este papel, lograr de mi gracia indulto; pero qué miro! traidora, delito sobre delito! Tú del Príncipe papel a mis manos has traído! Como rabiosa leona te despedazaré. Yo grito, ay, que me mata mi Ama. Qué causa, amiga, o motivo, contra Laura, tan cruel, a tu prudencia ha movido. Leyendo aquese papel me excuso de referirlo. Si el adoraros es delito, cul- pad a vuestra hermosura; y así, tened piedad de un Príncipe infelice, que ren- dido os suplica le deis, en los permiti- dos sitios de Palacio, lugar en que os manifieste parte del incendio que le abrasa, pues morirá contento explican- do su dolor, aunque no logre vuestre agrado. No ignoro Doña Mariana, que es justo tu sentimiento; pero hallándome yo aquí, que la p Señora, por esta Cruz, que culpa ninguna tengo, si de Poltrón no es cautela, al momento, y al instante me lleven diez Diablos Sastres; los más viles del infierno: pero él me lo pagará, por el siglo de mi Avuelo. Vete al punto de mi vista, que arde un volcán en mi pecho. Mucho siento tu pesar; pero a suplicarte vuelvo el que esta noche no faltes, si yo no acudo, del puesto. Muy poco sé de tercera, por mi mal entendimiento; pero solo por servirte, a tu gusto me sujeto. Oh si a Poltrón encontrase! Mas el tiempo dará tiempo, en que su peluca vil la traiga yo al redopelo. Pues tendió la noche el capuz, por la ausencia de Febo, y de su luz, acuda mi fe amante, como firme constante, por si logro dichoso, el ver al dueño hermoso de todos mis sentidos, por ella bien perdidos: amor, hazme feliz, olvídate esta vez de lo infeliz: solo miro el Terrero, que como soy amante soy primero; cual será de estas rejas la dichosa, donde la bella Diosa, la Anajarte tirana, Aurora salga a ser de la mañana? Si será el dueño mío: mas de qué desconfío, pues que ciega le adoro, llámele mi decoro, que si acaso no fuese, muy corto engaño es ese. Ce, ha Caballero. Solo esa voz espero; pues que firme, y a os adoro constante, que no pudo engañarse el corazón, (mías, que os rinde adoración: el papel que os dio Laura a instancias me hizo adorar aquestas celosías, y pues he merecido vuestro piadoso oído, tened piedad señora, del que amante os adora. El Príncipe es, ay Cielos! mas cesen mis desvelos, habladle claro intento, que es noble, y mudará de pensamiento: mucho extraño, señor, que vuestra Alteza humille su grandeza, a quien según su sangre, y su nobleza, fuera el corresponderla gran bajeza, que a vuestra Real persona le corresponde amar una Corona; y supuesto que no ha de ser mi esposo, no pierda reposo; y prues sabe mi lustre honor, y fama, ya abe que soy mucho para Dama. Aguarda, escuchas advierte, mal haya amen mi suerte; oh cruel Anajarte! que te ofende el amarte; si en mi mano estuviera la Corona, yo igualara contigo mi persona, pero, pues, no es posible, mi furia tema todo lo visible, y pues no soy favorecido, y desgraciado he sido, no ha de lograr ninguno, para poder hablar tiempo oportuno, y hasta que el Alba perlas desabroche, no he de dejar el puesto aquesta noche, y osado, y atrevido, León enfurecido, (res impediré favores, y pues muero de amor, mueran de amo- Infame, no te he dicho que me dejes? Qué así de mi lealtad, señor, te que- (es! pues tú pan he comido, no quieras que me llamen pan perdido. Qué hora será? Señor, las once han dado. Pues aquí con cuidado guárdame las espaldas. Oh qué malas, señor, son esas guardas, porque yo tengo poco de valiente, y al huir lo ejecuto lindamente; pero en fin, sé formar una intentona, acude presto si oyeres peleona. Un bulto hacía allí veo, mas será galanteo; si acaso me siguiere ponte al paso. (. que voy a ver el sol en que me abraso. Señor, señor, no hay más de que no pase; y si acaso el Demonio lo entredase, y este tal es algún descabezado, o por ventura biene algo almagrado, que hay muchos que enteniendo una chispi menean como un rayo la chiquilla, (lla- y me pone este cuerpo vareado, como encina que el fruto le han quitado; pero, pues, no hay remedio, (dio, la espada saco, y póngome aquí enme- y con fuerza arrojando la saliva, me pongo de matón de prespectiva. Dos vinieron, y el uno se ha quedado, este me ha de pagar todo mi enfado. Quién va? Ni va, ni biene. Quién es? Decillo no conviene. (punto. Pues desocupe el puesto luego al Cuanto va que lo hago a usted difunto, que soy un barrabás con la tizona, y si viera de día mi persona, huyera solo en verme, como ahora si llegara a holerme. . A tanta desvergüenza, y osadía. Tenga usted en cortesía, estriba aquesto en irme, pues ya me he ido por donde suelo irme, y si en esto le enfado, el puesto queda ya desocupado. . Hombre ruin es, sin duda; pues se fue con la espada ya desnuda, Aunque la seña he hecho, ha sido desvelarme sin provecho: ha falsa ingrata! como a mi fe tú sin razón maltrata? y esperando me des satisfacciones, engañan a mi pecho tus traiciones? Si volvéis del huir arrepentido, y loco, y atrevido, estáis mal con vos mism precipitado iréis hasta el abismo. De tan bárbaras razones, castigará mi acero sin razones. Valor tiene notable. Es su fuerte reñir incontrastable. Ruido de espadas sueña en el Terrero; salid todos, llegad. Muere primero. Muerto soy; válgame el Cielo! Ese hombre que infeliz yace en el suelo, no se quién es, remedio se le aplique, Desdichado de mí, que es Don Fadrique, ayúdenme a llevarle, que no ha muerto, que yo no hago el papel de mete muerto. Siempre opuesto a mi gusto le veía; y en fin, llegó, ya de vengarme el día. Es posible, señor, que Vuestra Alteza, no se ha de templar algo en su fiereza. Qué es esto que ha pasado? Su Alteza. Proseguid. Temo enojado ver a Vuestra Majestad; y así, el que no lo diga perdonad. Yo lo diré, pues la causa he sido: un hombre que no había conocido, le dije se quitasa del Terrero, obedeció ligero; y sin duda, de hacerlo arrepentido, le volvió a mi atrevido: reñimos, (y muy bie) aquesto es cierto, dejele medio muerto, sacaron luces, y viose que el herido fue Don Fadrique; aquesto ha sucedido. Ah Príncipe atrevido! pues en un corazón dos has herido; plegue a Dios, que de España la Corona, no llegues a lograr en tu persona. Ay de mí triste! pues que di motivo a desgracia tan grande, en vano vivo. En tal fatalidad, inclinaos, señor, a tu piedad. Pensáis, Carlos, que vuestras osadías a los Cielos no llegan a mil días, no os acordáis lo que debéis al Cielo, y que ya en Alcalá cortado el vuelo, tan por muerto os tuvimos, que aún viéndoos vivo apenas lo creimos, y a no alcanzarlo el ruego del Glorioso San Diego, hubierais perecido: pues, como así atrevido, a los Santos, y a Dios desconocido, dais tales veneficios al olvido? todo soberbia, y vanidad impía, no teméis nunca el día, pues si os fíáis en vuestra edad temprana, es confianza vana, que el cierzo rigoroso de la muerte, al Joven, y al Anciano; de una suerte iguala su guadaña, y puede ser que no heredéis a España: Duque, en su cuarto poned preso, hasta ver en que para este suceso, al Príncipe, que si muere Don Fadrique, a la justicia es fuerza que me aplique. Venid, señor. De ira, y de enojo rabio! que es gran desdicha tener un Padre Sabio? más sufrid corazón, que así conviene, tiempo tras tiempo biene, que si logro ir a Flandes, entonces lucirán mis hechos grandes.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ya Señor de Cielo, y tierra, pues que a mis suplicas veo no os servís de conceder, labre mi mano el diseño de Vuestra Sagrada Madre, lo que por mí no merezco, por vuestros Siervos alcance, que desean con anhelo, para mayor gloria suya, tener tal joya en su Templo; y Vos, Francisco, el más grande, de Paula, extraño portento, con el Sunno (interceded) Señor Soberano Inmenso, que este vil gusano logre ilustraciones del Cielo, para sacar de esta gloria, este asombro, este portento, maravil la de la gracia, un Retrato Verdadero; deshora es ya de la noche, y aunque descanso no tengo, mientras no logro la dicha, y favor que firme espero, la fragilidad humana me rinde al común sosiego: parentesís de la vida he de hacer; sentarme quiero, o pensión de los mortales! a pagar el común feudo. 1. Oh tú que entregado al sueño vives solo lo que alientas; oye de mi voz los ecos, atiende de sonoras mis cláusulas tiernas ̱. 2. O tú que en prisión suave, le das al desvelo treguas; escucha de mis acentos, canoros gorjeos de acordes cadencias. 3. Escuche tu oído. 2. Tu cuidado atienda. 1. Que el Señor piadoso. Te concede seas. Quien logre el copiar. 2. El Alba entre perlas. 2. Que no es la vez primera, que el Sol de justicia sus grandezas muestra. 1. Sacude ya de Morpeo, la deleitable violencia, y de su cadena afable, la eslabonada con mixtura quiebra. 2. Sacude ya del Veleño, el yugo que te sujeta, y de sus mudas prisiones, rompe las ligaduras halagüeñas. 1. Escuche tu oído. 2. Tu cuidado atienda. Que el Señor piadoso. Te concede seas. 1. Quién logre el copiar, 2. El Alba entre perlas. 2. Que no es la vez primera, que el Cca Válgame Dios! que armonía mal percibida advirtió, del letargo en las idéas, ofuscada en mi discurso mi atención; sin que conceda mi pecho de mi cuidado, prevenir quien aquí pueda ocasionarla; mas como inadvertida mi lengua pronuncia? sin duda fueron especies, que bagas muestran en mi juicio siempre vario, fantásticas apariencias; y así, pues el sueño pudo interrumpir de mi diestra las líneas, con que pretendo emprender; pero no es esta ocasión, prosiga el brazo, que el empeño que me alienta, no permite a tanto empeño darle dilación alguna. 2. Espera. Pero qué he oído? mas mi confusión se aumenta, dos voces, que dicen, oigo. 2. Espera. 1. Escuche tu oído. 2. Tu cuidado atienda. Que el Señor piadoso. Te concede seas. Quién logre el copiar. 2. El Alba entre perlas. 2. Que no es la vez primera, que el Sol de justicia, Señor, de vuestras piedades, hoy mi advertencia ha notado, qué rémora me detiene, cuando me da nuevo aliento? Voces, como producís en mí aquesta oposición? Decidme, como uniformes, sois dilatando el deseo? 1. Anda, ve al lugar del fuego, y hallarás que en el humea un tronco, de quien saldrá, de María la copia más perfecta. 2. No desconfíes, no, que hoy el Señor te alienta, y a influjos Soberanos, Soberana tendrás del Cielo ciencia. 2. Que no es la vez primera, que el Sol de justicia, No es sueño este? es evidencia. Válgame Dios! qué he escuchado! en el alma están sus voces, pues hallo en el corazón una suave dulzura, una Inmensa comprensión: Hermano Pitiminí, salga presto, que es preciso. Quién es el que me da voces? sueña usted, señor Maestro? qué quiere que a media noche me levante ya acostado? Salga, Hermano, que mi dicha el que es ya cierta imagino. Los zapatos, y las medias, donde las hallaré yo? Salga de cualquiera forma, y no gaste tanto espacio, mire que mi bien retarda. Aguarde, hase visto esto; señores, habrá paciencia para que en tiempo de frío salga de aquesta manera? a quien me parió maldigo. Dígame, Hermano, qué leña en la chimenea echó? Y así mi quietud inquieta? diga, y solo para eso, sin más alma me despierta? es un vergante el bribón que anda fuera de su Celda. Dígalo; y no sea cansado. No es mala cansera esa: un tronco eché, que ha mil tiempos que anda rodando, porque era inútil para labrarlo, ni que salga cosa buena. Pues vaya, y si está encendido, apáguele, porque vea, en prodigios del Señor, de su auxilio maravillas. Gana me da de cucallo, oír lo que considera usted, ceno demasiado; y lleno la tembladera, pues es bueno que en un año; con la madera escogida, preciado de oficialazo, no ha sacado cosa buena; y ahora de inútil tronco quiere hacer obra perfecta: usted se vuelva a su lecho, que a lo mismo es bien me vuelva, Pues si no quiere el Hermano, yo voy por él. Ay tal quimera! digo que voy como un rayo. Anda infame, vuelve atrás. Jesús, San Cosme, y Tadeo, ay mis dientes, hay mis muelas! que me las han machucado, y me huelen a pajuelas. Raro humor gasta el Hermano, voy por él, puesto que es fuerza. . Si en mi ciencia no me engaño; válgame aquí mi poder! no se en el leño, que extraño, que llora a un tiempo, y humea, que de mirarle, asombrado, ya todo mi esfuerzo tiembla; pero tengo de estorballo, evitando lo que intenta, a pesar de todo el Cielo. Huye, Dragón infame, porque el poder Divino esgrime contra ti, tumidos, trémulos, rápidos, giros, Qué mi valor no me valga! mi poder, ni mi desvelo. qué mi saber no me ayude! pues en mis ansias furioso, a mi palacio invencible, en trono de eterno fuego voy a presidir, en él bibrar mis ruegos soberbio. Leño feliz, sin duda Fénix fuiste, pues de la llama que causó tú he a más gloria, a más ser, a mejor vida, con Divinos alientos renaciste. Mas no, que a sus rigores no moriste, antes cual Mariposa prevenida, el mismo afecto que logró atrevida, para mayor ejemplo reprimiste. Oro has sido, en el fuego acrisolado, saliendo de la fragua más luciente, a sufrir del cincel el golpe diestro. Y a más preciosa forma colocado, me manda el Cielo hacerte reverente: yo soy el Oficial, Dios el Maestro, Harmano, conmigo venga, que espero de este madero, ahora que raya el Alba, dar el logro a mis deseos, con la gracia Saberana, copiar una perfección; cuyas lágrimas Sagradas repriman del fuego incendios. Si de aquesta vez la saca, será en la Puerta del Sol, donde el Buen Sucelo campa, la Soledad el concurso, y siendo su Manto copa de los Mínimos, tendremos, con una Viudita en casa, tanta gente, si no ruido, que vengan a vesitarla, que no se pueda, a lo menos, tener noche, ni mañana, jamás cerrado el Convento: ojalá sea en tan breve, como desea mi cuerpo, pues habrá ochavos mollares de donde sisar, si puedo. Qué me quieres sombra fría! la vida te quité yo? no fue el rigor de mi Padre quien, te pribó del aliento? si yo te llamé de Flandes para ayudar mis intentos, sabiendo lo que me aman todas los Flamencos pechos? y para ocultarte más, siempre te tube en mi cuarto, de tu suceso infeliz, tube culpa en el acaso? No, solo vengo a avisarte, que no corras delvocado, que el Altísimo ya tiene número determinado, a tus años veinte y tres, siendo ejemplo a lo mundano: en el Escorial serás entre todos olvidado; y así, deja ociosidades, pon los ojos en el Cielo, aprende del Quinto Grande, el Grande Carlos tu abuelo; casarás a Don Fadrique, sin impedille su amor, pues en vencerte ejecutas la hazaña que más lució: A esto vine, queda en paz, y este aviso que te doy, al Altísimo agradece, y pribe en ti la razón. Todo mi aliento me valga! válgame todo mi esfuerzo! cuando del balcón caí en el abismo, confuso, o letargo en que me hallé, no vide que el Cetro mío, un Felipe le ocupaba! pues esto no es desvarío! vivamos con más templanza, cese aqueste orgullo altivo; siendo Madrid, para siempre, sepulcro en que me retiro: un breve tiempo me falta que vivir, según me ha dicho esta sombra, de quien fue promotor de mis orgullos. Eas corazón, enmienda, pues tengo libre albedrío, venceros procuraré, y que lo logre confío. Señor, pues tan demañana, ya Vuestra Alteza vestido? Sí, que es otro tiempo, Duque; y si hasta ahora he vivido como Fiera en las venganzas, como León en el rugido: desde hoy comienzo a saber lo que me toca, advertido, no me preguntéis la causa, que no tengo de decirlo. Extraña novedad es esta! pero me alegro de oírlo: o lo que estamara el Rey de saber que haya podido vencerse el Príncipe a sí! Duque acaso habéis sabido cómo se halla Don Fadrique? Señor, la herida no ha sido tan grave como mostraba. Me alegro mucho de oiros: visitadle de mi parte, y decidle, que he sentido su fatalidad, que en mí tendrá desde hoy un amigo; y de que esto será así, pongo por testigo al Cielo. . Una pasión que se vence, que es el mayor enemigo, solo en los pechos ilustres, con excelencia, lo admiro: el Rey sale; buenos días son con los que le recibo. De la herida de Fadrique, Duque, con cuidado estoy. Señor, aunque peligrosa, no hay accidente de nuevo de que peligre su vida. A respirar pecho mío, que como Fadrique viva, con su mismo aliento vivo. Albricias, alma, pedid, al corazón, y sentidos, pues si él vive, en mi revibe, la esperanza de ser mío. Pues otra gustosa nueva tengo, gran señor, que daros, que a fe mía que la estime Vuestra Majestad, y no poco. Decid, que hay de nuevo, Duque, que de vos así lo espero. Con su gran capacidad, el Príncipe tal vuelta de natural, en tal brevedad de tiempo, ha dado que es de admirar del modo que se ha vencido: esta mañana le vi, y me ha dejado admirado su afabilidad jovial, que solo su entendimiento pudo hacer efecto tal; y ahora, señor, confirmo el Proverbio no vulgar, de que aunque inclinan los Astros, nunca llegan a forzar: el Príncipe, al fin, señor, será del mundo ejemplar; pues de los Astros, a influjos, triunfo su capacidad. Siempre de su gran talento la llegué a conjeturar; pero ahora lo confirmo. Mucho es en su natural, Duque; permítalo el Cielo, y que yo le llegue a ver, como a mi padre; y su abuelo, para que llegue a reinar, mas que de España en los Reinos, en pechos, y volundad de Españoles, pues con ellos no sirve, no, la aspereza. Merezca, señor, mi ruego, con Vuestra Real Majestad, que el Príncipe de su cuarto, Entre piedad, y justicia, si Don Fadrique está bueno. Señor. Señor. Bien está. Señor, el Padre Fray Diego de Valbuena, os quiere hablar. Decid que entre. A los pies vuestros, el alma de gusto llena. Alzad, Padre, alzad del suelo. Oiréis, señor, maravillas de Dios, si atendéis mi voz. Su Majestad (Dios la guarde) en su nombre, me mandó visitar la Tierra Santa, donde sus Plantas Dios puso, cumplí con su Orden Real; llegué a Madrid al Convento de la Victoria, que ahora se fabricaba de nuevo, y sus Religiosos pobres, me hospedaron, con efecto: trujele a su Majestad, escrito lo que observaron, mis sentidos, y mi vista; honrrome con grande exceso, magnánima, y liberal, a mi humildad levantó: mándame pida mercedes, pedí un precioso Retrato de la Soberana Reina, de los Ángeles amparo, que su Majestad, de Francia trujo a España, y mereciendo; que a mi suplica conceda, el que primorosa mano, de Escultura saque copia, de aquella que ella a sí solo, puede retratarse sola. Gaspar Vecerra, que es hoy el único que se halla con ciencia, primor, y estudio, se aplicó con fe devota, y un año, señor, ha estado, por obra miraculosa, sin que acertase su mano: oh María prodigiosa, que después de novenarios, que se hicieron a su instancia, de un tronco, que ya en el fuego era pasto de la llama, por Divina inspiración, la Sagrada Copia saca; cuya tristeza, y dolor, cuya angustia, cuya ansia, promueve, señor, al llanto, Retratos de la Hermosura, de la Madre del Señor; todas sus Copias demuestran, mas no su angustia; y Pasión, que mueve más a las almas, el pesar, llanto, y dolor; si es que acierta mi rudeza, os explicará mi amor. En nuestra humana flaqueza, que fiel llora, y frágil siente, es la alegría accidente, y natural; la tristeza para en llanto, en llanto empieza la verde, y caduca edad; y así, infunde más piedad, esta Imagen de María, que está la melancolía hallada en la Soledad. Qué será que objeto, tanto inclina a la devoción? sin duda la suspensión mueve el dibujo del llanto; quien descifrará este encanto, que en dos afectos insiste? pero ya sé, en que consiste es, que como se entristece, en el semblante parece más devoto el que está triste. Y pues la primer moción, del ánimo es el pesar, sin duda suele causar lo triste más devoción; que a la pena, a la aflicción, el alma se entrega pía. y en la Imagen de María, más devota es la belleza, representando tristeza, que no obstentando alegría. Su hermosura Soberana, cuando a triunfos se destina; allí la miro Divina, y aquí me enternece humana; de suerte, que cuando ufana, la miro en el tronco Santo, su luz no me arrastra tanto, como su Pasión llorosa, que siempre es más poderosa la hermosura con el llanto. El Sol luminaria hermosa, aunque nace cada día, entre llanto, y alegría, solo en el cristal reposa; el Alba más misteriosa, se vio en afectos neutral, y entregándose al raudal, de alegría se enajena; luego es más noble la pena l. en el sentir del crusta Quiere la Aurora lucir, y encuna de Rosicler, llanto comienza a verter, antes que llegue a reír, Alba del mejor zafir; vierte María raudales, sin dar de risa señales; pues aunque en dulces desmayos, la corona el Sol con rayos, no se enjugan sus cristales. La Rosa entre Clavellinas, sobre el trono del Rosal, esconde púrpura Real, y se corona de Espinas, providencias son Divinas, que en María se atesoran, flor de cantidad la adoran, entre alegría, y rigores, y como vive a dolores, solo espinas la enamoran. El Sol con el negro manto, cuando parte al mar avisa, y el cristal que nace en risa, le recibe como llanto, entre alegría, y quebranto hace elección del pesar; luego es más de ponderar en este Mar de pureza, el afecto de tristeza, por Alba, Sol, Rosa, y Mar. Aquesta Prenda Divina, ya señor, hemos logrado, y el corazón, en ofrenda, le rinden obsequiosos, mi Religiosa familia, a quien ha favorecido el grande Obispo de Cuenca, Ilustre, Fray Bernardino de Frefneda, que la Imagen, su Ilustrísima vendijo; y ahora su celo ardiente, para logro de su anhelo, la Colocación desea, y ha destinado su celo el día ocho de Septiembre, que su feliz Nacimiento, celebra la Santa Iglesia; y para llenarlo todo, os suplica el asistencia, pues con vuestro poder Regio se colmará la grandeza, y será pleno el festejo: esto mi humildad os pide; a vuestras plantas postrado. A mis brazos levantad: Yo, y la Reina asistiremos, que es deuda en la Casa Regia. Salto, y brinco de contento en considerar la Fiesta, el tambor, clarín, y fuego, las campañas haré rajas, a todo Madrid pretendo aquel día alborotar, como hijo de vecino, cuando se sale a buscar, de noche la flor del berro. El Cielo, señor, os guarde, y sean siglos los años. Guarde, y resguarde, a pesar de enemigos de Cristianos. . Gracias a los Cirujanos; que esta vez contigo usaron de piedad pues restauraron tu salud, y liberales de manos, su nombre de mata sanos, borraron de mi memoria; y pues ya estás de vitoria, y a Palacio hemos llegado, dime si bienes llamado de la ninfa de tu historia. Por un papel, satisfecho hoy he quedado, y gustoso, y como amante animoso, arrojado, y con despecho, vengo a declarar mi pecho al Príncipe, de quien fío, se duela del amor mío, pues que sé que el ofenderme, sin llegar a conocerme. Fue. Extraño tu desvarío, pues sin que le dieses celos, te puso bien el pellejo; si ahora le das cordelejo, aumentando sus desvelos, te echará por esos Cielos: pero él sale de su cuarto, ahora te pone a parto. A vuestros pies, Don Fadrique; dejad que su labio aplique, Planeta del Cielo cuarto. Don Fadrique, con mis brazos, a tal Vasallo sublimo; pedid lo que gusteis, Primo. Agárrate de esos lazos, pídele sin embarazos. Seis años ha que miré, tantos, pues, ha que admiré. perfecciones de una Dama, de quien amor en la llama, como me hirió no diré; pero sé que los Harpones tan dulce herida nos dieron, que de un aliento vivieron, en sus gustosas pasiones, ambos a dos corazones: esta Deidad soberana, señor, es Doña Mariana de Mendoza, a quien adoro; por quien gimo, peno, y lloro; y supuesto que se humana, Vuestra Alteza, a ser mi amparo, haced con sus Majestades, que alcance de sus piedades, de su belleza el Sol claro. Desvocado, y sin reparo, cuando adoro su beldad, me cegaba la crueldad: más venza el entendimiento, como precioso talento: quiero usar de la piedad. Parece que el Principito no le ha hechó muy buen jesto. Al fin, me resuelvo en esto. Él le mira de hito en hito, no doy por su vida un pito. Venid, Fadrique, conmigo, a donde seréis testigo, que vuestros gustos intento, y estad en conocimiento, que un Príncipe es buen amigo. . Yo pienso que estoy sonando, el Príncipe tan humano, tan piadoso, y buen Cristiano: más hacía aquí va llegando, lo que yo estoy deseando, muchos días ha en mi mente; a Laura es, qué lindamente que la he de salpimentar, Como se atreve aquí a estar, el muy pícaro insolente? Cierto que tienes razón: corredora de Cupido, buena galá habrás tenido. Y a él le dieron la ración; que, que fue la satisfacción? Oye, no porque sea Mondonga; de disimulo se ponga, ni piense, aunque se ve moza, escapar de una coroza. Que un malandrín se me oponga! ahora verás lo que soy. Mujer, traes algún Demonio? libradme aquí San Antonio. Si dada al Demonio estoy, aquí lo has de pagar hoy. Qué es esto, Laura, Poltrón? Es que yo tengo razón, y ella lo mete a barato; y en fin, me tocó a rebato, Oye mi satisfacción. Y Fadrique, dónde está? Como vengan mis albricias, te daré grandes noticias, pues por traerlas me cuesta, haberme puesto así esta. De mi mano las ofrezco, Señora, yo lo agradezco, y por excular la parola, como te quedes tú sola, verás como las merezco. Vete, Laura. Alcahuetillo. Mujer, quieresme dejar. No me tengo de alejar, todo tengo de oírlo, y abrá otra vez garrotillo. . Mi amo hoy vino a Palacio, habló al Príncipe despacio, en el cual hay tal mudanza, que le admitió a su pribanza, sin saber de que nació, él logrando la ocasión. porque le mandó pidiese, todo aquello que quisiese: aceptó la comisión, y te pidió, en conclusión, y cuando pensé enojado el que le hubiese arrojado de su gracia, con desgracia, le cayó el pedido en gracia, y le llevó como ahijado; de los Reyes hacía el cuarto, a quien pedirle ofreció, y aquí el cuento seneció; y así, señora, me parto, y de volver más me aparto; si Laura no tiene juicio, que llevo fuera de quicio, dientes, muelas, y costillas, no con ella más tencillas, que es Tundidora de Oficio. quebranto, hacia el cuarto, Quién ama sin esperanza con vive muriendo a manos del tormento, pues le falta razón, y entendimiento, solo sí, por consuelo tiene el llanto. Qué importa que Fadrique me ame tanto, si hay mano poderosa, que violento, ya que no alcanza, apura el sufrimiento, dejando los sentidos en encanto? Pero si de lo noble usa piadoso, y a sus pasiones supo ya vencerlas, de qué vive mi pecho cuidadoso? De qué? de que aún las dichas vistas no creella oh amor! si al corazón haces dichoso, envídieme la Luna, Sol, y Estrellas. Que ya llegó el alegría, gracias al Alto Poder. Padre, y en que lindo día ha vestido a suceder esta dicha tan notoria, no me la dará a entender? porqué tocó a la Victoria, tal fortuna merecer, con nombre de Soledad? porque del Alto saber, engrandezca la bondad, de su Ínclito, y alto Ser. Porque Francisco de Pavia, hoy de la Soledad goce, pregunta; porque María, méritos da a quien escoge; porque a él la Soledad, albergue le dio entre Robles; y así a la Soledad, él paga albergue de entonces, porque si el fuego a esta Imagen, dio materia más conforme, y es fuego de caridad, es preciso que le toque, porque el más Mínimo es, que aprendió de los Menores; y al más Mínimo, María levanta a cargos más nobles, porque amó la Soledad de Dios, logrando favores, Y hoy su Madre enamorada, la deuda le reconoce, porque siempre en la Pasión fueron sus contemplaciones, y aquí María le da memorias donde las logre. porque en Viernes Santo, Cristo padeciendo por los hombres, dejó a su Madre, y Francisco, faltó a sus hijos entonces, porque en este Simulacro, consuelo sus hijos gocen, y en otra Soledad, tengan compañía sus dolores; porque si les faltó Padre, cuando su perdida lloren, hallen Madre en quien contemplen, la Soledad, que conocen, porque perfecta abstinencia, perpetua Pasión dispone, y María aviva el fuego, y enciende sus corazones; porque en la Puerta del Sol, Templo la construyen, donde espera que a salir vuelva el Sol que faltó a las doce, porque profesan el voto de pobreza, y porque en orden de naturaleza, él solo es el que vive más pobre, porque en el mayor concurso, mas la Soledad se note, que en la oposición, más bien se alivian los resplandores; porque en razón de humildad, Victoria lleva por mote, y biene María a hacer de los Minimos Mayores, porque Cristo padeciendo, Victo ría alcanzo de donde la Sole dad ha tenido, a la Victoria, por Norte; y porque tiene está más, que todas las Religiones, por timbre la Caridad, y la Humildad por renombre. Dios pague su claridad, de ad vertirme de ese modo, que yo también me acomodo a contarle en puridad, los fuegos que a noche hubo; pues Usencia retirado, no vido lo que ha pasado, le diré lo que contubo: Cometas atroche; y moche, la Esfera, cohetes, rompían, y era gusto cual subían sin brazos, aquella noche. Tocarón Campañas luego, y vino la gente al punto, que hay de todos gran conjunto, cuando oyen tocar a fuego; Y con muy buen sobresalto; los Polvoristas Moinos, haciendo mil desatinos, lo echaban todo por alto. De un cohete la acción resuelta, llegó al Cielo, yo lo vi, que San Pedro estaba allí, como entramos, a la vuelta. De las luces la porfía; al Sol ganan lo luciente, tal, que salió el aguardiente, pensando que amanecía. Dio un cohete a un pobre en la testa, y dijo con escozor, hay semejante mayor, en el mundo cosa que esta. otros buscaban las piernas, camulcando hasta los codos, con que dijeron los lodos: para qué son las linternas? Viendo tantas variedades, y tan tremendos tronidos, dijo un amigo; estos ruidos pueblan estás Soledades. Un buscapies que a compás, buscaba un chis garabís, dicen que estuvo en un tris, apique de dar un tras. Y varios cohetes después, carretillas, y baretas, me parecieron Poetas, que andan siempre a buscar pies. En fin, causaban tal rila, que a uno que se le quemó el pelo, se consoló con que no era la postiza. Algunos fueron en Cruz. de la Fiesta, y un malvado, viendo el fuegó algo eclipsado, despavilaba la luz. A un hombre que allí se halló, un cohete ardiente, y cruel le dio tan tremendo aquel, que le como se llamó. Estábase otro quemando, muy pulcro; y cuando lo vio; tan grande risa le dio, que iba el pobre renegando. Duraron hora cabal los conetes y por postreza, pasáronse a la otra cera, a morir al Hospital. Aquí la Fiesta resumo, en esto que voy contando, porque el fuego en acabando hizo la ida del humo. Los Reyes llegan ya; salgamos a recibirlos. Sí, que los atabalillos lo avisan gran rato ha, y la. Hermosa Aurora del Sol, al mejor rayo vestida, en quien como luz el llanto, dolorosamente brilla. Celestial Aurora, que en esas mañanas mismas, no consintieron la sombra, tan resplandecientes días. Pues toda sois claridades, Sagrada Excelsa María, si lucientes por la gracia, por la dignidad debidas. Pues qué claridades toda, siempre os adora, y admira mi vista, que es al miraros adoración, mas no es vista. Esta vez, Sagrada Luz, os suplica el alma mía, de tantos Divinos Rayos, un átomo me permita. Por el título que gozas, la devoción se levanta, que es crecimiento del fuego, del amor que el alma abrasa. 1. Francisco, manda el Señor, que rompiendo Esferas bagas, donde veas te traigamos, la Soledad que tu amabas. Mira en la Puerta del Sol. que es de Cielo, y tierra un Mapas pues Victoria, y Buen Suceso, la Soledad acompañan. 1. Mira lo favorecidos, que tus hijos hoy se hallan, pues la del Cielo, y el mundo, Majestades los ensalzan. Será esta copia por siglos, en el Orbe venerada, y refrenará del fuego las soberbias arrogancias Ángeles bellos, Gloriosos, al Señor le doy las gracias, pues a mis Minimos hijos concede dichas tan altas; pues para que nunca, olvido tengan de la Soledad, les da en este claro Espejo, la Luz en que contemplar: y así Ilustres Ciudadanos, alabad a el Alba Pura, y en dulces suaves cantos, cantad, gorjead, trinad. 1 Sola la Soledad con mueve su disgusto, gusto, gusto, por Madre de piedad, pues es, aunque llorosa, Abril, Mayo, Clavel, Rosa. La culpa rompa aleve, de su influjo las flechas, hechas, hechas, solo para quien debe; y pues hay quien se exima, sufra, clame, llore, gima. No teme sus rigores. que Alta mano lo impide, pide, pide, con claros resplandores, gloriasa en la Victoria, fama lauro, timbre, gloria. 2. Aunque Luzbel osado, éxhala lo que siente, siente, siente, verse precipitado, pues la fe verdadera, triunfa, vence, reina, impera. Señor, lo que os supliqué, y concedió vuestro agrado, en este, sitio Sagrado, es bien que su gracia aplique. Don Fadrique; dad la mano de Espolo a Doña Mariana. Dichoso quien tal bien gana! dulce dueño, esta es mi mano. Venturosa la que vio lograr su deseo al fin. Y aquí el Senado da fin, el que osado se atrevió, dándole la piedad. Norte a escribir, por si la topa, Iris de paz en la Europa, y Soledad en la Corte.
