Texto digital de Ir por el riesgo a la dicha
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Diamante Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto, modernizado con posterioridad por Adrián Velasco, procede de TESO.
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Velasco, Adrián. Texto digital de Ir por el riesgo a la dicha. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ir-por-el-riesgo-a-la-dicha.

IR POR EL RIESGO A LA DICHA
La divina Margarita, tan bellos sus años cuenta, que cuando se los aumenta, parecese que los quita, con festivos aplausos muchos se logren, adonde un año cumple mil perfecciones. Celebren (mal finjo) atentos (ah Porcia cruel) primores vuestros, parleras las flores, y sosegados los vientos, tantos logréis sin mudanza, en hermosa perfección, que deje la posesión envidiosa la esperanza. Que bien suenan, generoso dueño mío, y de Milán, las finezas de galán en las licencias de esposo. Ha cauteloso! Mi fe os adora: Aun no me mira. Porcia! Témplese la ira. Constante. Ya yo lo sé. Los dos te miran. Temor confesarán mis recelos si al mirarme esta con celos me viera aquel con amor. Témplate señor. No sé. Disimula. Ya lo intento. Hasta lograr. Que tormento! Lo que procuras. Si haré. Carlos tarda. Porcia estás firme en ser su esposa? Pues? que es gusto tuyo no ves? Pues cuidado. Tú verás. Bueno es rogarte. Aun así está el amor receloso, que es el Duque poderoso, y conspira contra mí. Manda que canten. Bien dices, por disimular lo haré: cantad. Mal paga da fe. Ay finezas infelices! Bien pueden vuestros años, mudando estilos, parecer corteses, más no cumplidos. Carlos, Duque generoso de Milán, Carlos Ursino. Ya llega Feliz destino. Llego a Milán vitorioso, y yo como interesado, en gloria que no es ajena, vengo por la norabuena de lo que él os ha ganado. En mis brazos, que es razón que así a los dos satisfaga, halle su padre la paga, y él deje la obligación. Pues hoy no hay razón que impida que a todos, señor, honréis, si a mí una merced me hacéis os quedaré agradecida. Decidla, que de no hacerla estuviera disculpado, porque me habéis dilatado el gusto de concederla. Carlos, pues, que de Ferrara vitorioso a Milán llega, por mi intercesión pretende, señor, las mercedes vuestras. De tan grande intercesión es mérito (ay Porcia bella) sin saber lo que pretende Carlos, darle a V. Alteza la autoridad necesaria, para que sin mi le pueda premiar; y pues la tenéis, honrada Carlos con ella. De honor tan supremo, sola es digna vuestra grandeza; pero yo obraré con él lo que conveniente sea, que aunque en diferentes casos la curia falta me hiciera, mucho acierto en el presente me ofrecen las experiencias. No se ha aceptado el Duque. Bien urdida va la tela. Lo que debe a Margarita mi hijo! Que estás suspensa? Temo a mi fortuna, Nise. Pues hay más que no temerla? Pero pues hice la gracia, no será razón que sepa que es la merced? Si señor; mas puesto que Carlos llega, la noticia del oído a la vista se reserva, que la que toca a los ojos es la noticia más cierta. Entra con el pie derecho. No sé qué el alma recela, aunque hoy a Porcia ha de darme según dice la Duquesa; pero será de la dicha este sobresalto. Llega, y venga lo que viniere en casándonos con ella. A vuestras plantas señor. Señor a las plantas vuestras. Quita necio. Necio quita? Divertido el Duque, apenas mueve la vista. Ay de mí! Pues de que agora te quejas. Quiero mucho a Carlos, Nise. y temo que la sospecha de nuestro amor, en el Duque causa el efecto que muestra. Si el secreto ha sido tanto, Qué temes? Mi mala estrella. Rara pasión! Mi hijo Carlos Mirad que Carlos. Violencias qué me queréis! Y Arrumaco con quien son, aunque más sean, valientes los Rodamontes, bravos de primer tijera, valientes de la dotrina, y tremendos de la legua: parece que está elevado. Qué decís Carlos? Él juega Que a vuestras plantas invictas, en una ofrecer quisiera más vitorias, que la fama con mudos aplausos cuenta, y no por la gloria mía, que civil interés fuera, sino por veros, señor, de cuantas pobladas selvas de espuma escasea el mar a surcos de quilla exentas, y de cuantos dilatados climas esconde la tierra. Aunque a mí vuestra lealtad me obliga, no la respuesta, puesto que entre Margarita, y yo las lealtades vuestras partidas, me toque a mi oírlas: pero a su Alteza premiarlas, que esta lisonja ha querido que le deban, el premio, y servicio, y pues yo con oír, de mi deuda salí, salga de la suya, con premiaros la Duquesa. Pues si ha de ser de ese modo, señor con vuestra licencia da Porcia la mano a Carlos. Válgame el Cielo! pimienta. Que este es el premio mayor que Carlos de vos espera. Y gusta Porcia? Señor. los que tienen la obediencia por albedrío. Ah tirana! Con gusto viven en ella. Y vos Carlos? Para mí no hay dicha, señor, que pueda igualarse a la de ser esclavo de Porcia bella. Ni para mi hay más tormento que sufrir en mi grandeza, y en mi amor, que la enemiga que yo adoro, y me desprecia, porque Duque de Milán nací, de otro dueño sea, que es política del uso mal introducida, y necia por el ejemplo, querer que el superior siempre tenga igual el semblante, firme la constancia, la modestia en su punto, el sufrimiento vasallo de la impaciencia, y en fin todo como debe ser pero no como fuera, si este uso vil no tirara a las pasiones la tienda. Qué es esto señor? no se Carlos. Mire vuestra Alteza que me convierte en agravios las que tuve por ofensas. Pues si sabias que yo aleve, rara imprudencia! digo, cobrémonos males. Como es justo que os entienda, os entendí, llega Porcia. Porcia mira. Soy ajena. Celos también. No estorbéis, señor, la palabra vuestra. No, pero Porcia dilata mi muerte. Qué es esto? Era mandarme el Duque, señora, que vuestro gusto obedezca, dándole a Carlos la mano, que merece su fineza? Que dices falsa? Ya voy señor, Carlos, a qué esperas? Carlos. Yo solo señor aguardaba esa licencia. Feliz fortuna! Dichoso premio! Rigurosa pena! Disimula. Estoy sin alma! Sobre ser cordura es fuerza. te has casado? esta pregunta, Para ignorante la lengua, que esta pregunta no tiene nada más de lo que suena. Señores, vamos de aquí, que pues dama, y galán quedan casados aquí, sin duda se ha acabado la Comedia. Carlos, aunque yo os logre esta dicha, fue su Alteza a quien la debéis, testigo es este gusto que muestra de vuestra suerte, llegad por los dos a agradecerla. Por este favor. Dejadme. Zarazas en nuestra ausencia tuvo principio este amor del Duque. Que es esto penas? Señor. Si ya me habéis muerto, Qué me queréis? La prudencia manda al dolor. Pero suele el dolor no obedecerla: Porcia? Gran señor. lograd que esto mi dolor consienta, y vos Carlos, sí, vos, Carlos con Porcia, la voz se yela. Mucho daño de este mal previenen mis experiencias. Pues sin saber la vitoria así os vais? Esto es saberla, o intentarlo, ven Otavio. Guarde el Cielo a vuestra Alteza. Si este dolor que me mata no halla en el despecho enmienda, no te quejes de mi Carlos, de tu desdicha te queja Ya Porcia tienes marido. Que en eso decirme intentas? Que yo salí de mi empeño, pues te di a quien te defienda, mira por ti. Que te paga ventajosamente, muestra mi atención, con no tener por agravio esa advertencia. Ven te dejaré en tu cuarto. Ya voy. Casada ya es fuerza que atienda en Carlos el Duque los blasones que atropella. Ya que los estorbos, Carlos, no me impiden la licencia de verme en tus brazos. Porcia al abrazarme tropiezas? No, Carlos, me precipito para llegar más apriesa. Y yo agradecido al ver lo que me obliga esa deuda, pongo los brazos; porque antes de llegar a mí los tengas. Es hora señora Nise? no abraza usted? Si me ruega. Te ensancharás, y no quiero que por mi te pongas fea, Qué hay en esto? Calla, y oye, que yo no sé nada. Ah perra Dobla para luego. Qué? La hoja de nuestra arenga. La Duquesa aguarda. vamos, Hoy Carlos esa tibieza, mérito es de mis desdichas; pero no de mis finezas. Pues Porcia. enmudece Carlos. y advierte que esta es materia, donde la satisfacción suele empeorar la queja. Bien dices. Por qué callaste? Porque decir Porcia bella que te adoro, es muy común a tu oído; y así enseña mi suspensión, dio a mis ojos el oficio de mi lengua; porque lo que oías antes, ahora Porcia lo veas. Discreto eres! Y tú hermosa? Soy tuya. Dichosa estrella! No digo esto Nada digas. Pues tu concepto me enseña, ya que tienen tus oídos de lo que soy experiencia daré lugar con los labios a que los ojos lo sepan, no vienes? Sí, ya te sigo. Mucho aquí se discretea, aquí anda el no sé qué, Nise, y el no sé cómo por señas, al no sé cuándo me envía; porque el no sé qué me lleva a no sé dónde, el juicio que al no sé por dónde vuela. No seas malicioso, Aguarda señor. Qué quieres? Espera. Voy acompañando a Porcia. Primero es oírme. Suelta. Mira. Nada hay que mirar, ya esa locura que altera tu quietud, ponle hijo Carlos por Alcaide tu presencia, por guarda tu estimación, tu respeto por cadena, que en cárcel donde el honor juzga, para que a la puerta del dolor, que son los labios, no se atreva la indecencia de parte de la cordura, es bien que hagan resistencia, prudencia, y estimación; porque al respeto le deban, Alcaide que los asista, guarda que nunca los pierda, prisión que los asegura, y quietud que los defienda. Ya te entiendo. eso procuro, mira que Porcia se aleja. Vamos padre. Vamos hijo. Ay de aquel a quien su incierta fortuna dentro del puerto le asusta con la tormenta! Bien estás, Carlos, casado; porque Porcia es muy honesta: pero pienso que soltero mucho mejor estuvieras. Aquí te manda esperar el Duque. Su sentimiento tiene a Milán descontento. Nunca fue cuerdo el pesar: pero es Carlos tan bien quisto, que del Duque la pasión culpan todos. Y es razón. Solo en tu hermano no he visto señas del dolor de Carlos. No te admires, que es discreto, y los que ocupan lugares preeminentes, si son cuerdos políticos, han de obrar de manera con sus dueños, que, o la amistad no les deje reparar en los defectos, o les niegue la lealtad el uso de conocerlos. El Duque, señor. Enrique, vete Julio. Ya obedezco. Busque remedio la vida, Enrique, Octavio, yo muero: pero no muero, pues hallo en el dolor que padezco un mal, a donde la muerte fuera agradable remedio: Carlos, sin querer me mata, o para acertar queriendo me ha muerto Carlos: pues nace de su amor mi sentimiento: diréis los dos, claro está, (yo propongo, y yo resuelvo) diréis que si las pasiones se sienten en los atentos, es obligación sufrirlas como padecerlas, puesto que a los hombres diferencia, no el dolor, sino el efecto, del dolor con voz en unos, pero en otros con silencio; a que yo responderé, viendo cuan sin él padezco, que entre los otros alivios se me perdió el sufrimiento; pues si el valor se ha acabado para sufrir, y el despecho es quien obra, no os admire que se a injusto el decreto, que la impaciencia dispone, si quien la obliga al despeño es un amor, y un amor auxiliado de unos celos. Carlos ha de morir hoy, que no tiene culpa veo, mas yo tampoco, y me mata, con que habiendo de ser cierto que ha de morir de los dos el uno, su muerte apruebo, que es razón entre dos males, que avisan precisos riesgos curando el que importa más dejar el que importa menos. Oiga mis quejas el Duque. Muera Carlos. Que ya es tiempo. pero qué escucho! Avisarle me toca, ya que no puedo embarazar su desdicha, valiéndome de otro medio. Con su muerte, mi fortuna asegura los recelos, que los méritos de Carlos peligrosa la tuvieron. De qué os suspendéis? Ha injusto No contradecirle intento para lograr el aviso. Oír a Enrique pretendo. Que decís Señor. Señor. Cuan detestable, cuan fiero debe de ser el delito, que tiene a Octavio suspenso! Que resolvéis? Muera Carlos No muera Carlos. qué es esto? Enrique amigo de Carlos dice que muera, y opuesto de Carlos Octavio, dice que no muera; no lo entiendo: pero si entiendo, que Octavio émulo de Carlos, viendo el peligro de su honor, quiere que viva muriendo, y Enrique quiere que muera por dejar su honor sin riesgo iguales para su muerte, y su vida, en los dos veo los votos, pues encontrados votasteis los dos opuestos, que muera el uno, y que vio, el otro; y cuando pretendo dar semblante de razón, sino razón a mi intento: ya que a votos se reduce mi alivio, para que efecto tenga en la muerte de Carlos, a tu voto añado el fuego de este volcán que me abrasa, mis penas, mis sentimientos, mi amor, mis ansias, mis iras. Y añadid también mis celos, que solo ellos pueden ser disculpa de muchos yerros. Señora yo. Yo señora. Callad traidores. Infiero que vuestra Alteza se olvida de su modestia. No es eso, sino imitaros, pues cuando recibo de vos ejemplo, no puedo yo estar modesta estando vos desaten, o; y pues me llego a este punto mi dolor, sufridle, puesto, que el dolor tiene licencia de no parecer modesto: lo case a Porcia, juzgando, que de vuestros devaneos la aseguraba; no aquí me valgan mis sentimientos, sino la razón, que cuando es tan grande, señor creo, que se ofendiera, al mirarse valida de otros esfuerzos. Para asegurar a Porcia se la di a Carlos; su aliento, su calidad, sus aplausos, y sus lealtades, al tiempo que empeñan vuestros favores, motivan vuestros despeños; no por mi interés, si acaso lo presumís, le defiendo, sino por vos, que es tirano, y más fi hay más el pretexto de vuestra resolución; y cuando dos veces dueño os miento, me aflige más ver es faltar a vos mesmo, que ver que a mí me faltéis, que si de mi ofensa puedo absolveros, perdonando mi ultraje, no puedo el vuestro, que este está en mí como mío, y este está en vos como ajeno. Tener el dolor no os culpo, que sois humano más debo culparos no resistirle por el casi parentesco que un Príncipe soberano tiene a lo divino, puesto que a su adoración nos mueve el engaño de creerlo, que es muy penoso el achaque, yo lo sé, pues lo padezco con las mismas circunstancias, Federico, aunque con menos alivio; pues cuando vos os entregáis al despecho, desde el amor a la ira trasladáis vuestros afectos, y yo solamente paso desde mi amor a mi ruego. Pues querer vos, Duque invicto, a Porcia, más que yo os quiero, no pueden ser mayores vuestros celos que mis celos. Tampoco, pues, en que estriba poder, menos vuestro esfuerzo, que el mío, vencerme yo, y vos no poder venceros. Pues si lo ignoráis, yo no; porque es, si queréis saberlo, que como son en mi justos los sentimientos, los tengo de mi parte, y como están de mi parte, los sujeto: mas como en vos son injustos, y torpes los sentimientos, os ponéis vos de su parte, y hacéis lo que mandan ellos. Ea, señor, Margarita Gonzaga; pero troquemos méritos que fueron míos, por honores que son vuestros. Vuestra esposa casó a Carlos, por encubrir un defecto, en vos por honrar a Porcia, que en los antojos del pueblo peligraba su opinión, no con poco fundamento; de suerte, que interesados nos vimos en el empleo de Carlos, vos, Porcia, y yo, vuestro lustre, mi respeto, y su honor, dándole a Carlos, valiente caudillo vuestro, en Porcia un premio, que suena, más a castigo que a premio. Ea, señor, que es injusto; y al mirar que os reprehendo, no yo, sino vos en mí, suspended vuestros despeños; volved en vos, imitando mi fineza en lo que os quiero, mi constancia en lo que os sufro mi ley en lo que os enmiendo, mi lealtad en lo que os callo, y en todo mi sufrimiento, sin que de ningún traidor llegue el cobarde pretexto conspirado contra Carlos a ofender lo que defiendo; que si al Duque mi señor de esta manera agradezco la templanza de sus iras, a otro cualquiera le advierto, que entre esta modestia guardo para inobedientes freno, venganza para traidores, y enojo para soberbios. Oíd, esperad. No aguardo, señor, porque lo que debo oír de vuestras palabras, de vuestras obras lo espero. Carlos, fuerza es avisarte, sufre por huir el riesgo la sospecha del aviso, y al verte afligir; consuelo halle tu tormento injusto, en mis injustos tormentos. Enrique, Octavio. Señor. Mirad cual es el incendio, pues lo que intenta apagarle, es lo que da fuerza al fuego. Razón tiene la Duquesa, pero amor tirano, y fiero troco en iras los agrados, las blanduras en estruendos, la razón en tiranías, las ternezas en despechos, en violencias los halagos, discurso en devaneos; Carlos quiere lo que adoro, Carlos goza lo que pierdo, Carlos; pero muera Carlos antes que vuelva mi acento a ofenderme los oídos, muera Carlos, pues yo muero: bruto soy, nada me impide, ya me desboqué, y advierto, que a un caballo desbocado sirve de acicate el freno. Enrique, del superior se ha de observar el precepto justo, o injusto. Si Octavio avisaré a Carlos, luego que pueda, y después al Duque asistiré, que así puedo compasivo, y obediente cumplir con amigo, y dueño. Qué hay de nuevo honor de Abril? No mientas. Por esta Cruz que eres linda a buena luz, y no a moco de candil; y Porcia? Porcia me mata. Persevera en el retablo de angustias? Me lleve el diablo si no es todo patarata, cuando atendiéndola estoy, por ver de que su mal nace, según los gestos que hace, juzgo que juega al rentoy: las manos con mil enredos encrucija, y no repara, que es menester peine para desenredarle los dedos: suspirar quiere, es donaire mirarla, y llorar a prisa, mas llorar la otra es risa, pues que suspirar es aire. Luego miente. No arguyamos mas, las que mujeres fuimos, que yo no lo soy, sentimos de manera, que engañamos; y allí está quien con enojos, a peligro de cegar, un día para llorar se echó tabaco en los ojos. Ah buena gente. Y tu amo Qué hace? Dices Carlos? Si Pues a quien me sufre a mi yo mi criado le llamo. Qué hace, pues? Con mucha maña cuidadoso de sus medras para tirar después piedras, presumo que las apaña; y como yo estoy temblando, cuando dispara el bendito, me he quedado tamañito de andarme siempre agachando: Pero sus cosas dejemos, y a las nuestras, Nise, vamos, que es lástima que perdamos este rato que tenemos: quiéresme tú mucho? Mucho. Qué tanto? Mucho. No más? Oye bobo, y lo verás. Di discreta. Escucha. Escucho, Como quiere al aceite la lechuza, Como al Verano quiere la chicharra, Como el vinoso al zumo de la parra, Como el Balón calzones de camuza. Como el caballo manso ama la bruza, Como el músico malo a su guitarra, Como a la noche el cuarto de Navarra, Y como a Zaida el derretido Muza. A ti de esta chicharra fiel Verano, De esta lechuza aceite, blanco buzo De esta perla, quererte es caso llano, Quiéreme tú, pues ves que me espeluzo, Y serás, si te tengo de mi mano, Mi chanflón, mi chicharro, y mi lechuzo. Poco me quieres. No estás contento? eso es golloría. Oiga, oiga usted reina mía, verá que la quiero más. Como el grullo que grazna por la grulla, Como el que cacarea por la polla, Como el aquel que por la burra atolla, Y como el tal, que por la perra aúlla. Como el gazapo que la sancha arrulla, Como el polluelo que la garza empolla, Como el pichón, que la sin hiel arrolla, Y como ama en Enero el que maúlla: Te quiero yo, que en tu beldad me atollo, Gimo por ella, cacarco arrullo, Rebuzno, ladro, y con tu luz me arrullo. Quiéreme tú, seré si te rebullo Todo junto jumento, gato, pollo, Aguilucho, conejo, gallo, y grullo. Quiéresme? Como a mil cosas, y tú? No oyes mis razones? Pues deja comparaciones, que en efecto son odiosas, Carlos. No encuentre conmigo que anda muy preguntador. No me haces algún favor? Toca, y a más ver, amigo. La mano me das? Es llano; pero debes advertir, que así no podrás decir que me has tomado una mano. Qué honestidad tan atenta! qué recatado desdén! mas oyes, aquí entra bien ser lo mismo, ocho que ochenta. A Dios. A Dios. Arrumaco, Qué haces? Un poco de gana de dormir, cerrar los ojos, y desplegar la bocaza. Llega esa luz. A esta hora te pones a leer cartas? Recatado este papel me dio un hombre Es cosa clara. si el hombre no era da estofa, que el papel será de estafa. Válgame el cielo! Señor, mira bien si dice casa, o celda, donde se lleve la cantidad señalada, y ahorra de admiraciones, que estos piden la amenaza y a quien no da lo que dicen, le dan ellos lo que mandan. Pon ahí la luz, y vete. Pues tan despacio te hallas te diré yo lo que dijo a un hombre que visitaba muy despacio una señora, a quien el dicho enfadaba: pues como el tal una noche lugar diese a las criadas de irse a costar con su flema, viendo ella que no quedaba quien le cerrase la puerta, dejando las almohadas, dijo a su visitador; esta es la llave de casa, cuando usted se vaya cierre, y échela por la ventana: cierra tú, y a Dios, que yo voy a cerrar con la cama. Qué es esto ilusiones; pero como ilusiones se llaman? verdad es. A Carlos buscan mis temores, que aunque el alma, está segura por mí; pero él no está asegurada; por aquí está, y un papel toda la atención le embarga. Que mueras: Válgame el cielo! Intenta el Duque. Él me mata! Pues por qué? Por infelice. Sin culpa. Culpa es desgracia Porcia. te adora. No tiene. Más logro que ser tu esclava Culpa. No es culpa quererte Pero. mi muerte declara El Duque. Si el Duque aleve Tiene poder. Yo constancia. Y Octavio, y Enrique, aleves te han de matar; pues que aguarda mi despecho, que no irrita, no contra el Duque venganzas, sino contra Porcia (cielos!) pero si no está culpada; por qué ha de morir? Responde, que porque soy desdichada. Entre todas las fatigas, que fieras me sobresaltan: esta excede a todas, pues, es la mayor, más tirana sin razón de la fortuna, dar ocasión necesaria en tales casos a un noble, para perderle a sus ansias el respeto, publicando las pasiones que callaba. No, Carlos, tú has de enseñarme ese papel, y repara, en que si tienes razón, para que yo muera, es vana en la fuerza de tenerla la prevención de ocultarla de ti, de mí, y del papel salga, Carlos, consultada la resolución, y piensa, que si el papel se declara en mi desestimación, y eso mi muerte adelanta en tu voz; yo que pretendo dejar mi opinión sin mancha, por ti, y por mí, solicito, que demos a la amenaza el valor tú de emprenderla; pero yo el de ejecutarla: aunque también quiero, Carlos, que si ese papel no empaña, como no hará, el esplendor de mi siempre pura, y clara opinión, de quien codicia, limpios candores el Alva, sino la empaña también, quiero que sombras no haga en tu ofuscado discurso la ceguedad, pues si falta luz en ti para mirar, la luz que a mí me acompaña, aunque sea en mí la luz natural, si en ti es bastarda, no verás la que yo tengo para que el temor no salga, en mi verdad de tenerla, de tu razón de dudarla: quitémonos los embozos. Qué dices? El Duque. Calla que si a decir vas que el Duque es injusto en lo que agravia su estimación, mi lealtad ofendes, como si pasas a escrupulizar mi pena, injurias mi confianza; y puesto que dos materias sean las dos tan sagradas, que a quien las oye, y las sufre, igualmente agravien ambas, porque no discurras, ni hables en cosas tan arriesgadas; toma el papel, que no quiero que adelantes temeraria el juicio, ni que acortes el reparo, porque es llana consecuencia en las acciones, donde es acierto el callarlas, que el prevenirlo que sobra, suele decir lo que falta. Yo Carlos. Eres mi esposa. Celoso. Qué te acobarda! Nada. Así lo creo, Porcia. Si al rumor de estas palabras, teme la que está sin culpa, qué hará la que está culpada? que mueras intenta el Duque, Porcia (ay de mí!) Pasa, pasa, adelante, que no tienes culpa, prosigue. Y me agravia. que quien dice que no tengo culpa, mal asegurada creyó que puede tenerlas y todo el tiempo que gasta en la infame duda, debe restituirle a mi fama. Para lograr lo que emprendo, dicha es que no esté cerrada la puerta, porque el ruido mi recato embarazara: Carlos. Falso, aleve amigo. Ay de mí! Detén la espada, Carlos, y advierte que sufro los baldones que me infaman, por proseguir el intento, que me ha traído a tu casa; pues cuando a guardar tu vida vengo, si ha sido contraria tu presunción, la desmiento, porque es consecuencia llana, que quien no fuera tu amigo, de tu vida no cuidara: la razón ignoro, Carlos; pero el Duque, Qué más clara evidencia de ser cierta su amistad, que ver que calla atento a su buena ley de mi desdicha la causa, por librarme los oídos del peligro de escucharla? El Duque. Si es la noticia común, por qué tiempo gastas en oírla? Porque es fuerza que Enrique se satisfaga, de que saber mis desdichas ocasionó mis palabras: toma Enrique de tu ofensa la enmienda en mi confianza. Quien motivó esta apariencia, fue la prevenida traza de mi amistad. No prosigas, Dices bien, que nos infaman las dudas, gaste el remedio el tiempo que el ocio gasta. Pues qué remedio hay? Discurre, en que es riesgo la tardanza, y en que te importa el secreto, y a Dios, que aunque está pagada la deuda de mi amistad, la de mi lealtad aguarda. Fuese? Sí, Carlos. Pues, Porcia, luego que se asome el Alva a los balcones del día, con mucho secreto a Parma se dispondrá nuestra fuga. Vamos, donde la amenaza de tu muerte, no me asuste. Donde la fuerza tirana de un torpe deseo; pero demos treguas a las ansias. Nise. Señora. Arrumaco. Señor. Puertas, y ventanas cerrad. Esta noche todos la habemos hecho cerrada. Ay Porcia! de tu hermosura nace toda mi desgracia. Yo quisiera ser muy fea, Carlos, como te agradara. Cierra por allá, Arrumaco. Cierra, Nise, y cierra España, cierra la puerta de en medio. Ya está. La del lado vaya, Dejad abierto. Señor El Duque a estas horas: mala. Y retiraos. Sí señor. Qué hacéis? Yo mucho. Yo, nada. Por un lado el Duque, quien a mi amo se lo chismara, cumpliendo con mi lealtad! mas quien me mete a mí en danza que cuando para mejor, en paloteado para; pero yo haré tal ruido, que todos los de la casa despierten. No hagas rumor. Es que esta vela tomaba. Quien creerá después que el Duque a estas horas a esta sala, pudiese llegar, sin culpa de criado, ni criada? No os vais? Yo, a hacer mucho ruido. Y yo a hacer la retirada. Ya sin disculpa, pues no la busca quien no la halla para delitos, a quien las pasiones acompañan resuelto, ya no a que muera Carlos, sino a que la ingrata Porcia, en mi poder alivie mis fatigas con sus ansias: el medio eficaz, Otavio, de que se vea lograda esta intención, pues la hora, y el sitio el intento amparan, es que tú al tiempo que yo ruido haga en esta cuadra, forzando a que a ver quien hace el ruido salga, con quien te acompaña entres a donde Porcia descansa, descuidada de mi amor, y de su mal descuidada, y desde el lecho, ocasión de mis tormentos llevada, Porcia, a mi quinta con ella, me aguardes hasta que vaya, o a disculpar mi violencia, o a agradecer su constancia. Los inconvenientes mira, Pues son tantos Quien repara la dificultad Otavio, hace más que repararla, para decir que la entiende, se aventura a no hacer nada, que cuando todo se yerre, no puede errarse la espada: haz lo que te digo. Y mueran, Carlos, señor, y su fama; porque tu gusto es primero. Así mi ambición descansa sin discurso, pues no quiero ver lo que el amor me arrastra, sino dejarme llevar de este engaño que me alaga la fantasía; dispongo así mi dicha. Ola, faca luces Saca luces, ola. Quién; pero el cielo me valga! Quién; pero válgame el cielo! Cubrirme, y mal, es a causa de que el respeto me vean, y no me vean la cara. Sombra de un cuerpo que acuerda una apariencia que engaña, pues siendo lo que parece, no eres lo que retratas: descubre el rostro. Qué dices, Carlos? el su muerte labra; no descubráis tal, hidalgo, solicite aquí la maña desmentirle la sospecha de excusarle la desgracia: hidalgo, no os descubráis. Atento mi padre trata el lance mejor que yo, con la pasión le tratara. Débaos yo estar encubierto, que esa vergüenza declara, vuestra nobleza, y no es justo, que cuando indecente os halla vuestra sospecha, sepamos quien sois, sin ser temeraria la sospecha, pues quien obra bien, nunca el rostro recata. Pero advertid, Caballero, que hay honor en esta casa para defender de vos la más inútil alhaja, la más olvidada prenda, la más. Basta, Carlos, basta. Por no arriesgar la intención le consiento la arrogancia. Y vos volveos. Traición. Ya es tiempo. Inés, Celia, Laura. qué escucho, Cielos! Esposo. Porcia, ya llevan mis ansias, mi valor en tu defensa. Porque no puedas lograrla te estorbaré yo. Eso no, que quedo yo a que no vayas. Mira que soy. Por no verlo mato las luces. Canalla, Carlos Ursino os castiga. El Duque. Tendré la espada. Muerto soy! Esta es la puerta, yo haré Octavio te venganza. Carlos. Porcia. Luces, ola. Venlas aquí. qué fantasma! Es Octavio el muerto? Si. Amigos, no quede sala, que no registre el enojo. cierra esa puerta. cerrada. Y tú Carlos, a qué esperas? Carlos mío esa ventana que cae al Parque. Ella piensa, que está sucio pues le vacía. Sea asilo de tu vida. Porcia, eso me dices? calla; y el peligro de mi honor? Con morir no le restauras. Líbrate tú, hijo, que Porcia queda muy asegurada conmigo, y con su valor. Pues eso, padre, me mandas? Yo te lo mando, y tu vida se aventura en lo que tardas. Romped la puerta. Qué esperas? Viendo ya que es necesaria mi fuga los brazos tuyos, y tu bendición El alma te doy yo en ellos. Yo en ella la de Dios, porque te caiga. Vamos, que cerca está el suelo. Mi honor, padre, esposa. calla, que me enterneces. Al Parque, se ha echado por la ventana, seguidle. El Cielo te libre. Vuelva el Cielo por tu causa. No llores. Déjame, Nise, que aunque yo excusarlo quiera, no puede dejar el llanto de tener parte en mis penas. No añadas ociosamente esta más a tus tristezas, pues el llanto en las desdichas, más aflige que remedia. No lloro yo por hallar descanso, ni porque sea remedio el llorar, haciendo la fatiga conveniencia, sino porque se publiquen de mis ansias las querellas, que penas que no se lloran, parece que se consuelan; y también lloro, por ver, que a mi fortuna acrecientan del Duque las tiranías, nuevos linajes de ofensas; y como del poder vive acobardada la queja, no te espantes que las voces en lágrimas se conviertan, que quien no puede quejarse, hace de los ojos lengua. Si pero llorar arreo tanto, es tempestad, no es pena; y más que pesar denota humedades de cabeza. Las rosas de tus mejillas en tanto cristal se anegan, y de milagro se escapan a nado las azucenas; y si hacer no quieres una sopa de agua tu belleza, será menester ponerte dos carrillos de vaqueta. Pues me consuelas de burlas, no sientes mi mal de veras, o te parece que puedo burlarme de la violencia, con que mi desdicha apura mi sufrimiento? No creas, que no siento tus pesares; pero consolarte es fuerza para que al remedio acudas, que si a tus ansias te entregas, solo es forzoso que faltes, señora, a las diligencias conque mejorarse puede esta fortuna. No hay senda, Nise, que al remedio vaya, si en la muerte no se encuentra. En buena parte la buscas. Por eso hallar no se deja. Pero no es mejor camino aflojar algo la cuerda al sentimiento, y abrir a la esperanza la puerta? Todo el tiempo o mejora, y aunque hoy, señora te veas tan afligida mañana, puede ser que estés contenta; y si tú quisieras Basta, no prosigas, que sospecha de tu ignorancia mi enojo, si a ser malicia no llega, que no es, ni sé lo que quieres decir lo que yo quisiera. Yo señora, como veo, que por la muerte violenta de Octavio, vienes a estar sin marido, sin hacienda, pues toda la ha confiscado la justicia, sin que de ella te puedas valer, y veo que el Duque. Otra vez lo yerras? necia eres, pues necesitas, Nise, de dos advertencias; pero para que lo aciertes, cuando consolarme quieras, y si en su atención lo ignoras, porque en la mía lo aprendas: Sabe, que el Duque es quien hace mayor mi mal, con su ciega obstinación, pues no siento tanto de Carlos la ausencia, de mi hacienda el desperdicio, de mi casa la tragedia, la talla que ha publicado de Carlos por la cabeza, y el verme al fin reducida a las comunes miserias, cuanto que el Duque (ha tirano!) me tenga en Palacio presa, por cómplice de la muerte de Octavio, como si fuera el ser yo quien soy delito; pero cuando es cosa nueva, que sea la razón culpa, si ha de juzgarla la tema, conque en aquesta prisión, no solamente se arriesga, el gusto; pues si yo libre en esta ocasión me viera, con seguir a Carlos, todo fuera alivio en vez de pena, y más cuando los intentos de mi prisión se enderezan a las locas esperanzas del Duque, mal le aconseja el poder del agasajo; sin duda el designio yerra, pues cuanto al riesgo camina, tanto del favor se aleja. Piensa acaso que al examen de la opresión de la fuerza, con que la necesidad mis atenciones aprieta ha de flaquear la constancia, ha de ceder la entereza: aquesta al deseo frágil, y cobarde al riesgo aquella? pues engañase, que al paso que su sin razón me apremia, con invencibles socorros mi ilustre sangre me alienta; y yo le aborrezco tanto, que sin que de mi nobleza me valga, en mi condición me sobran muchas defensas, y así otra vez; pero mira, quien entra por esa puerta. Yo podré poco, o el Duque vencerá sus resistencias. A criadas! de las honras, víboras, que al pecho fieras, que os agasaja en veneno le pagáis lo que os calienta. Esto me dio para ti, y esto es para Porcia. Venga, que engorda una pretensión, si con dádivas se ceba: yo haré Julio de las mías. Mejor es de las ajenas, facilitando de Porcia la obstinación. Por mi cuenta queda ya. Y por la del Duque quedará la recompensa: dónde está Porcia? Vi entrar a un hombre cargado, con gran deseo quisiera saber a qué viene aquí: Quién es? Del Duque un criado, que quiere hablarte. Que intenta de nuevo contra mí el Duque? Ya sabe quién eres, llega, lograré esta diligencia. Señora, el Duque atendiendo a que la justicia tenga su lugar, ya que ha dejado que te confisque la hacienda, y la de Carlos también, porque las leyes lo ordenan: en este cofre te envía, en joyas, dinero y letras la cantidad, que podrá por agora hacer que sea menos molesto el embargo, queriendo de esta manera, lo que quita su justicia, que lo supla su grandeza. Decidle al Duque el enojo; casi entorpece la lengua, Toda mi atención esta pendiente de su respuesta. Decidle al Duque que yo, no he menester más riqueza que mi opinión, y que excuse apurar más mi paciencia, creyendo que con regalos mis sentimientos se templan, sin atender a quien soy; pues en la gente plebeya, solo la dádiva hace que disimule la queja de su grandeza, o mi estado, piedad, no peligro fuera, si viniera el agasajo, sin achaques de fineza; y así pensando que da, a quitarme más no venga; pues en la galantería disfrazada está la ofensa. El quitar dando, señora, solo del reloj se cuenta, pues ya nos tiene quitado, lo que da cuando a dar llega: no del Duque, que pretende con tan generosas muestras, dar a entender su piadoso deseo. Que aún no te enmiendas? Pues tus desaciertos dudas, yo haré, Nise, que lo creas. Como un tigre está. Y vos ya a qué esperáis? A que veas que este presente es del Duque. Y qué importa que lo sea, si el ser suyo solo basta para que yo no le quiera? Pues yo no le he de volver, porque con orden expresa me mandó, que le dejara, aunque tú no le admitieras. Volveos con él, que os está muy bien, que si no resuelta a él, ya vos una ventana os enseñará la puerta. O, Porcia, mil veces Porcia! No os vais? No hay burlas con ella: yo voy a decir al Duque lo que su atención desprecias. Y aun no sabrá bien como es, por más que se lo encarezcas. Oyes. Ya voy tras ti. Nise Todo embarazarlo intenta. Dónde ibas? Iba a cerrar, porque a enfadarte non vuelvan con más presentes. Ya entiendo. Vete. Yo daré la vuelta. Qué es eso? Qué ha de ser? nada. Nada? Nada, por más señas. Ya que su constancia he visto, ir a hablar al Duque es fuerza, por ver si el ruego o la industria tanto peligro remedia, si es que el poder desbocado, ay razón que parar pueda. Tu condición me perdone, que no has andado discreta en desestimar del Duque la generosa largueza: viendo que por tantas partes la necesidad te cerca, para lo cual el presente, muy bueno al presente fuera. Cómo te daré a entender que del Duque las finezas, son veneno para mí, pues que me mata con ellas? Admitiendo sus regalos para socorrer tus penas: yo que le quieras no digo, solo digo que te quieras. Y te parece decente en mujeres de mis prendas, admitir que la regale, quien sus favores desea? Ese, señora, es melindre: quieres tú que su grandeza de lo que da la piedad, quiera hacer el amor prenda? Amor loco, ciego, y niño, en todos, Nise, se muestra, sin diferencia, y en todos, si como ciego tropieza, como loco se apasiona, y como niño se queja; y así el Duque sin mirar quien es, lo que da hará deuda, furioso querrá cobrarla, y llorara si la niegan. Y es mejor morirse de hambre? En mi es mayor conveniencia el morir de mi desdicha, que el vivir de su fineza. Eso se entiende contigo, que la religión estrecha sigues de tus pundonores, y en ella morir profesas, mas no con quien tiene menos honradas impertinencias como yo, que por comer renegaré de mi abuela. Tú Nise puedes buscar, ya que la fortuna llega a ponerme en este estado, donde ese mal no padezcas, y para curarte a ti enfermarme a mi pretendas. Mira una cosa, es que yo con buen celo te encarezca el aprieto con que estamos, por ver si así se remedia y otra, que de mis lealtades esa ingratitud entiendas, y más cuando a mí contigo el Duque me tiene presa. Eres muy leal. El perro de San Roque no me llega, menos el pan, al zapato, menos el Santo a la media. A Carlos voy a escribir, tú Nise, entre tanto espera aquí Arrumaco, y avisa en viniendo. Norabuena, si dura el cerco, de hambre se ha de entregar esta fuerza, no habiendo quien la socorra, y teniendo quien la venda. Nise. Arrumaco. Y mi ama? Ahora escribiendo está a Carlos. Y cómo va? Yo estoy muy mala en la cama. qué tienes? De hambre canina a estar mortal casi llego. Pues haz que te pongan luego un emplasto en la cocina. Aun de yerbas ningún daño me hiciera. Yo me mantengo con ellas, desde que tengo los achaques de Ermitaños que entre robles, y quejidos, siempre Carlos, y yo estamos, y por disparate echamos el sueño por esos trigos. Buena suerte nos tocó. Ya Carlos, y Porcia piensas que hace menores ofensas? Solo mi mal siento yo. Y qué hay del Duque? Que fruto de su amor no llega a ver. Por eso vienen a ser, si ella Porcia, Carlos bruto: pero aunque el Duque no alcanza favor, ya de su cuidado habrás alhaja tocado por cuenta de la esperanza. Así se desacredita mi entereza en lo constante, soy yo como otras, bergante? Sí, tú eres muy honradita, que afectas mucho el ayuno hipócrita de atenciones, y tomarás dos doblones de mejor gana que uno. Tú siempre eres atrevido. Y tú eres muy vergonzosa. Yo había de tomar cosa? No te la habrán ofrecido. Sí han hecho. y por ti ha quedado? Si por mi lealtad no fuera, harto dinero tuviera. No habrá sido de contado, que yo por mi cuenta tomo, Nise de tu buena fe, que en dándote un buen porqué, tú darás un cuándo, y cómo. Pícaro. Ten por tu vida el enojo. Mal podre. Partamos, y callaré el que eres linda partida. Pues quieres que satisfaga de tu hablar mal la intención, he de ser como el ladrón, que lo que le azotan paga? No sino que me socorras: pues sabe Dios que no puedo, aunque en el campo me quedo andar a caza de zorras, mi sed anda vagamunda, tu Nise, pues eres cuerda, para que no se me pierda dale de vino una tunda, redimir mi vejación con lo que adquieres podrás: pues que no te cuesta mas que cumplir tu vocación. Para mí me lo quisiera. Deja un poco para mí. Avisar que estás aquí, voy a Porcia. Ni se espera. Que no lo quiso tomar? Antes por una ventana, dijo que lo arrojaría, y a mí si la porfiaba. Busca a Nise. Voy. Que así mi amor, mi atención, mis anos desprecie? de sus rigores aprenderán mis venganzas Enrico. Señor. Conoces a Lelio el bandido. Extraña pregunta! solo señor le conozco por la fama. Pues él muy bien te conoce, y en el camino de Parma te espera, con el seguro, que le ha dado mi palabra a él, y a cuantos forajidos su atrocidad acompañan, tres millas de Milán, darle en llegando allá esta carta, que ya yo le he dado aviso que eres tú el que ha de llevarla, y haz cuanto antes que ejecute lo que en ella se le manda; porque importa a mi servicio, y a más el recelo pasa. Aunque obedecerte es fuerza será preciso que parta confuso, que rigurosas parecen las circunstancias. Así conviene, y a ti te importa también: qué aguarda? Otra duda. Haz lo que ordeno. No sé qué me dice el alma. Pues con desprecios, y celos aun tiempo Porcia me mata, mueran mis celos, quizá vivirán mis esperanzas. El Duque. San Timoteo. Ya te ha visto. Santa Eufrasia Nise. Señor. Quién está contigo? Caí en la trampa. Es. No lo digas. Quién es? Su madre, y ya se va. Aguarda, no eres criado de Carlos? Aun peor está que estaba, yo, señor, yo. No te turbes. Pues desvergüenza tiene harta. Qué le diré? cuando niño fui criado de esta casa, matáronme de hambre en ella, y vengo como fantasma a pedir en cortesía sufragios a esta muchacha. Si habrá venido Arrumaco, Mas cielos! Porcia. no es nada, ya con esto mis preguntas dejará por sus demandas. Qué busca aquí vuestra Alteza? tampoco le desengañan mis firmes resoluciones, que a más experiencia pasa? no sabe que inútilmente en mi los deseos gasta, y que sus estimaciones menos obligan que agravian? pues qué pretende? Ser Fénix, Porcia, de tu hermosa llama. Se abrasa? Si. Resucita? No. Pues para qué se abrasa. Para que el amor no diga que de tu amor no me mata, que en tu esquiva condición, ya sé que encuentran mis ansias, primero con las cenizas que no con las esperanzas. En qué parará esto? Amar contra el gusto de la dama, solo esas penas consigue, y más cuando se declara contra la opinión también, con demostraciones tantas, déjeme con mi desdicha vuestra Alteza, mi desgracia no haga mayor, que es fineza, que está mal aconsejada: pues quien ofende, por donde imagina que agasaja, y perdone que mis quejas ya atropellan mis palabras, y serán modestas menos, cuanto más atropelladas, ven Arrumaco. Detente. Conmigo. No sino el alba. Y llevarás a tu amo Esto sufro? Aquesta carta. Detenla Nise. El demonio que la detenga. Mi rabia la seguirá, aunque la preste plumas su esquivez ingrata. A dónde va vuestra Alteza? Que siga al amor, y salgan a embarazarme los celos con pena tan impensada! Vos aquí? Qué la diré? Mucho esta pasión le arrastra. Vine a que supiese Porcia, que con su rigor me mata, que mi justicia (ponzoña alienta el pecho) no pasa los límites de lo justo; porque sus quejas no hagan injuria lo que es razón: pues no es ofensa adorarla, y apenas se lo propuse, cuando, dura pena! agrada, dando crédito a su enojo mucho más que a mis palabras, se fue. Y quiso vuestra Alteza seguirla, que es circunstancia que acredita su justicia, y su grandeza no estrague. Corrido estoy, y no acierto a responderla. Que tantas mercedes no estime Porcia, ella es poco cortesana si oye una satisfacción, como si fuera amenaza. No haga burla vuestra Alteza, ni con cautelosa maña creyendo lo que presume encubra lo que declara. Disimule vuestra Alteza mejor, y no dará causa a que sus satisfacciones burlen mis desconfianzas: pues hallarle en este cuarto casi la color turbada, descompuestas las acciones, torpe la voz, y las plantas presurosas, y decirme, que ostentar solicitaba su justicia, y que por esto vuelve Porcia las espaldas al favor, atropellando por la atención de vasalla, o es querer volverme loca, o creer que en mi ignorancia, no han de disonar razones, que están tan desacordadas. Que diré cuando mi enojo, el discurso me embaraza tanto, que a menos razón resistirse no acertara. No responde vuestra Alteza? Siempre las quejas se engañan, si de parte no se ponen, de lo mejor: pues se labran de la razón, a pesar su misma ofensa, y pues nada satisface a vuestra Alteza: deme licencia que vaya a no escuchar contra mí sospechosas acechanzas, y a ver si puedo templar este fuego que me abrasa, sin estorbos que me impidan, y sin quejas que me enfadan. Señor, cuando en vuestro cuarto, Esto solo me faltaba. A buscaros va mi ruego, aquí mi temor os halla? Alejandro ha entrado, o como me huelgo de ver que halla a cada paso un quejoso, el Duque! mire cómo anda, que su sinrazón le acuerdan: pues porque en sus yerros caiga es bueno que quien ofende tropiece con los que agravia, aunque sus celos confirme Margarita; pues los halla tan declarados, es fuerza que Alejandro satisfaga. La Duquesa viene haber a Porcia solicitada de lo mucho que la quiere, y yo vengo acompañarla, y ya a mi cuarto quería volverme. No sobresalta tanto mi sospecha, el ver la Duquesa aquí No es mala ocasión para excusar los recelos que me causa el que esté Porcia tan cerca, acreditar yo su falsa intención: a ver a Porcia venía, y solicitaba que el Duque también la viera, porque el favor dispensara en su prisión, más volviendo a mi ruego las espaldas, a su cuarto se volvía, haced vos segunda instancia, que lo que no hace por mí, puede ser que por vos lo haga. De mi disimulación querer se valer su maña, disignio tiene. Eso mismo suplicaros deseaba, representándoos que Porcia no es en la muerte culpada de Octavio, y en su prisión puede peligrar su fama; pues pensará la malicia que la ocasiona otra causa. Váyase con su marido Porcia, señor, que las ansias de su amor no echarán menos los cariños de su patria. Mis celos me acuerda, y quiere que olvide mi amante llama, mal hace; porque los celos antes encienden que apagan: pero por satisfacer de entrambos sospechas tantas, sin apartarse mi amor de lograr sus esperanzas; pues podrán ser más posibles de la Duquesa, apartada Porcia, ya que a todas horas mis intentos embaraza, esto ha de ser, porque tanto ruego despachado salga en algo, ya que no en todo, Porcia a su cuenta se vaya con vos, siendo de estar libre indicio el mudar de casa para con todos, más sea con las mismas circunstancias para mi justicia, puesto que aunque Porcia no es culpada para prueba del delito, conviene el asegurarla, y esté en parte donde puedan mis deseos alcanzarla. Eso señor es dejarnos en el mismo estado. Basta que no le parezca, si es en lo que el riesgo topaba. No era mejor que con Carlos. No prosigas; que me matas. Se fuera? No, pues así el delito se quedará sin ningún castigo. Advierte. No tenéis que advertir nada. Que esté más lejos del Duque, ya es alivio. Asegurada quedará así la Duquesa. Aunque el riesgo no se hallara de todo punto mi ofensa, estará más desviada. Alerta cuidado mío. Deseos míos alarma; porque consiga una fuerza, lo que un halago no alcanza. Este es el sitio sin duda, por ser fragoso lugar, a donde Lelio ha de estar, para que a buscarme acuda: lo que de este bandolero pretende el Duque, imagino que es contra Carlos Ursino, que su loco amor infiero, que vengar la resistencia de Porcia en él solicita, o juzga que facilita su favor con su violencia: que es contra Carlos colijo del Duque, puesto que a mi cuando el rigor le advertí, que me estaba bien me dijo, y aunque dio muerte a mi hermano por más que mi enojo altera esta traición, no quisiera que corriera por mi mano, que cuando vengarse de él solicita mi valor el no querer ser traidor, no es dejar de ser cruel, que haré si pasa a obediencia, mi recelo en esta acción, sin que falte a mi opinión, ni del Duque a la obediencia; no dar la carta es faltar a la orden del Duque, dalla es ponerme a ejecutarla de mi crédito a pesar: pues qué haré donde no hay medio? ver el suceso, quizá en él le hallare, pues ya no tiene esto otro remedio. ya tarda Lelio Un cuidado que mal sosiega. Si erré el sitio. Hasta el llano a pie desde la cumbre he bajado, por si acaso encuentro en él Arrumaco. Yo imagino que este es de Parma el camino. Cielos no es Enrico aquel? él es, si a buscarme viene? Sí, que tres millas están estos bosques de Milán. Sin duda noticia tiene, de donde estoy, ocultarme quiero por ahora, y ver lo que intenta que ha de ser, muy a su costa el hallarme. Pero si acaso las señas no me mienten. Caballero: De aquestos enmascarados debe de ser uno Lelio. Vive Dios que le han salido al paso unos Bandoleros. Pues ya me habréis conocido, descubríos. No conocemos a nadie. Yo me he engañado, y he dado en manos del riesgo: pues qué queréis? que las armas nos entreguéis, y el dinero, y las joyas que llevareis. No han de lograr el intento. Tomad estos cien escudos, y dejad las armas. Bueno, o las armas, o la vida. Para que andáis por rodeos, matadle? No será fácil. Y más teniendo este acero a vuestro lado. Huyamos, que son dos rayos del cielo. Dejadlos, no los sigáis, pues huyen; pero qué veo? Qué os admiráis? Carlos soy. No me admito, sino siento que os vengo a deber la vida, cuando mataros pretendo. El haberos socorrido, fue de mi valor empeño, bien podéis no haceros cargo de lo que yo a mí me debo. Aunque vuestra bizarría obre por si no por eso de embarazar a mi enojo, deja el agradecimiento. Ved lo que os está mejor, que lo que me toca en esto, es no reusar el lance, ni ocasionarle de nuevo. En que repara mi duda, si yo he de entregarle luego a la muerte con la infamia, que ya presumida temo, no será más noble acción matarle yo, pues que tengo obligación de matarle, por haber mi hermano muerto, sin que por lo agradecido quiera abandonar lo atento? sí, que esto será valor, y será vileza aquello. Qué resolvéis? que tiñamos. Pues riñamos. Llegad presto, que aquel es Enrico. Ahora este debe de ser Lelio, pues me ha conocido. Carlos tu vida tiene gran riesgo, porque estos son mis amigos, y con ventaja no quiero lograr mi venganza, y más cuando a tu valor confieso obligación, y así quede para otra ocasión el duelo, vete. Si me voy creerán que es más que obediencia, miedo; pues podrá pensar que huyo quien no sabe que obedezco. Es que quiero de esta suerte hacer mi obligación menos. Eso no ha de ser a costa de pensar que yo huyo de ellos. Matad a quien se le opone. Si pudieren. Deteneos, que es deslucir mi opinión, no suspender los aceros, este duelo a los dos toca no más, y si le fenezco con vuestra ayuda, es preciso quedar mi valor mal puesto, y cree que nunca te quise matar, pues ahora no quiero Tu mira lo que hacer debes; porque lo que yo hacer debo es obedecerte solo. La fineza te agradezco, yo te buscaré. En buen hora, y pues ya sin nota puedo de este embarazo salir, y acompañado te dejo, yo me voy. No es este Carlos Ursino? Válgame el Cielo! por qué lo dices? No más que por saberlo de cierto, que dicen que es muy bizarro. Por si tiene otro pretexto, hasta que Carlos se vaya no daré del Duque el pliego. Yo me voy hacia Milán por ver si Arrumaco encuentro; a Dios Enrico A Dios Carlos, y mira que te aconsejo que no asistas estos bosques, que te va la vida en ello. Yo te agradezco el aviso. No tienes que agradecerlo que lo hago, porque ninguno te dé la muerte primero, de muchos que lo desean. Con todo guárdete el cielo. Enrique, ya que has quedado solo, el disignio deseo saber del Duque, pues sé que yo de ti he de saberlo, para lo cual te esperaba con el seguro que tengo en este sitio. Esta carta, (si estará ya Carlos lejos) te dirá lo que has de hacer. Pues con tu licencia leo. Teniendo a Carlos Ursino en las manos y teniendo obligación de matarle y orden del Duque, que intento tienes, que de esa manera le dejas ir? Yo no vengo informado del disignio del Duque, y hacer no quiero por mí, infame una venganza, que hacer honrada pretendo. Pues yo, que aguardo? seguidle, porque en mi ha de ser primero el obedecer al Duque. Siempre temí este suceso. Repartíos en el camino, y el bosque Vamos. Recelo, que ya no habéis de alcanzarle. Sospechoso es tu consejo, seguidle aprisa, y matadle. Mucho que le alcancen temo, que su valor me ha obligado, aunque me ofendió su acero. Que dijo, Nise, que esta noche abierta a mi amor del jardín la tendrá puerta de esta quinta, a donde hoy se ha retirado Porcia, para dar fin a mi cuidado? pues aunque no lo sepan sus favores, hoy tengo de triunfar de sus rigores: Y dijo que vinieses sin ruido, solo de tus de seos asistido. Ya he mandado a las guardas que se retiren. Y en las sombras pardas una Música fuese, seña para que Nise conociese que estabas esperando, y bajé a abrirte, cuando dejé toda la casa recogida. Y la Música está ya prevenida? De esos olmos se encubre entre los huecos. Con eso solo lo sabrán los ecos; es Julio del jardín esta la puerta? Sí señor. O quien ya la viera abierta! los Músicos avisa, que da mi amor a mi esperanza prisa? Quiéres que hagan la seña? Que aun segura no esté la que desdeña? sí, y di que estén cantando aun cuando yo esté dentro deslumbrando, así tantos recelos: pues pensarán que son tiernos desvelos de quien sigue, y no alcanza, y no de quien da fin a su esperanza, Yo voy a que se logre tu cuidado. Y yo quedo a esta puerta recatado. Arrumaco, gran dicha fue encontrarte. Y mayor dicha fue señor librarte de los que te siguieron. Aunque alcance sus pasos no me dieron sus voces sí. Son mucho más veloces, y andan menos los pasos que las voces, el suceso, según me lo has contado, es notable. Por dicha me ha escapado. La noche te valió. Su sombra ha sido la defensa mayor que yo he tenido: que el Duque de esta suerte solicite mi ofensa con mi muerte? pues me advirtió su intento riguroso de Enrico aquel aviso misterioso, y no lograrle al tiempo que me vieron, sería que después me conocieron; mas volviendo al estado de Porcia, pues es todo mi cuidado, ya que leer su carta no he podido, por encontrarte habiendo anochecido, que al fin ya está en la quinta? aunque de paso tu padre me lo dijo, y es el caso, que el Duque lo ha dispuesto. Algún disignio tiene el Duque en esto, que en quien desengañado amar procura ni es la crueldad, ni es la piedad segura: pues alerta honra mía. que aunque de Porcia mi atención confía, cuando ostenta piedades lo quejoso, se debe temer más al poderoso. Ya estamos en la quinta, si es que la obscuridad no la despinta. Lleguemos con recato. De quién? Haz lo que te digo mentecato. No hay nadie, y son ociosos tus desvelos, Jamás hay soledad, donde hay recelos; pero no es instrumento este que suena? cuando erró los pronósticos la pena! Ahora digo señor que hay gente mucha. Parece que cantar quieren, escucha. Al arma, al arma Cupido, que arrogante, y vitoriosa, de rayos de nieve armada, corre la campaña Aurora. Bien cantan, y bien publican sus acentos mi deshonra. Harto es que con el sereno no tengan las voces roncas. Si no me engaño, a la puerta del jardín esta una sombra. Bulto es, y será postema, y más si la abren agora. Llega a conocer quién es, porque a mí no me conozcan. Yo. Sí. No conozco a nadie. Qué temes? cualquiera cosa Pues esconderé en la yedras que esas paredes embozan. Eso de esconderme, vaya. Parece que a cantar tornan. La tierra, el agua, y el aire te obedecen, y ella sola montañas de nieve opone a tus llamas vencedoras. O lo que tarda una dicha cuando más presto se logra! No escuchas que abren la puerta? falsa, para mi honor. Sopa. debe de dar de favores Nise por allá a estas horas. Ce. Es Nise? Es el Duque? Sí. Miren la perra traidora, que predicaba lealtades, lo que le habrán dado! mosca. Entrar puede V. Alteza, ya está recogida toda la casa. Y Porcia? En su cuarto, desvelada, pero sola. No perdamos la ocasión. Sígame. Amor vitoria. Ay tan gran bellaquería! miren esta bergantona lo que hacer sabe! esta ha sido quien tiene la culpa toda. Calla y ven tras mí, Arrumaco que infamemente blasona de aliento mi vida, pues no me mata esta ponzoña! mira si cerró la puerta. Y muy cerrada. No importa que yo tengo llave, vamos. Mas que de esta vez me ahorcan A quien le dio la fortuna estrella más rigurosa! Para cuando es el veneno, que tanto rayo enarbola, si hoy el arco de marfil sereno la cuerda aflojas. Desde que escuché estas voces, que blandamente ruidosas, alimentar solicitan una esperanza animosa. Aún más desvelada que antes me tenían mis congojas, pues cuando solas las dejan, tal vez las penas reposan. Con esta luz de mi cuarto he registrado la corta estancia, y en ella a Nise no he encontrado, y recelosa el alma no sé qué indicios allá dentro la alborotan, mas no siempre las desdichas tienen unas señas todas. No puede ser que en el cuarto este de mi padre agora, asistiendo a la prolija pensión de su edad penosa? sí; pues sosiéguese el pecho, no todo ha de ser zozobras, que quien el daño se anuncia, es quien los daños se dobla. Porque cuando tu poder de tantos triunfos blasona, una esquivez por ser bella, ha de infamar tus vitorias. Ya yo, señor, he cumplido lo que ofrecí, aquí está Porcia. Quiero llamarla, y dejar luz aquí: Nise. Señora. Vos aquí? pues como, a penas me respondéis. Qué te asombra, Porcia, siendo tú mi dueño, que yo a tus voces responda? Muerta estoy: ha infame Nise! justamente me ocasionan mis confianzas, sabiendo tus traiciones alevosas. Dejé a Arrumaco, porque haya menos un testigo que oiga mi desdicha, y a estorbarle, ciego mi valor me arroja. Porcia, yo te adoro, y pues contra el poder se malogran las resistencias, procura hacer a mi amor lisonjas. Qué poder? pues hay poder, a quien torpe reconozca jurisdicción mi entereza, si cuando faltasen todas las fuerzas de mi constancia me daré muerte yo propia, primero que de mi altiva fama la atención deponga? O gloria de las mujeres, y de mi pundonor gloria! Pues si el ruego no te obliga, el rendimiento te enoja, y el alago te enfurece, por ver si el poder te postra. Al arma, al arma Cupido, que arrogante, y vitoriosa, de rayos de nieve armada, corre la campaña Aurora. La música me provoca. Valedme, cielos. Ya es tiempo que mi valor la socorra. A pesar de tus desdenes. Quien en mi casa a estas horas da voces? Si es Alejandro pero muera quien me estorba. Siguióme. Carlos aquí! Vos, señor! Aliento cobra, que ya sé lo que te debo. Mis desdichas se mejoran. Con el acero en la mano, y aquí? Hay aquí quien me enoja. No lo ocasione una ciega pasión. En vano me exhortas cuando Porcia; pero ya convirtió su Sol en sombra. Qué aguardas? A que se vaya. Estar esta cuadra sola, y el Duque enojado, alguna confianza me ocasiona. Ya que esta ocasión perdí, vamos, donde mis congojas soliciten mis venganzas. Y yo iré con esta antorcha a alumbraros, mientras lo hace el desengaño con otra. Ah Porcia ingrata! Ha tirano Áspides mi pecho aborta. Carlos, qué habemos de hacer? Aventurar mi persona. Pues no hay otro medio? No, porque si es forzoso, Porcia, ir por el Riesgo a la Dicha, o ir por la muerte a la honra. Cruel pirata del viento, por más que tus plumas vuelen, airado el fuego castigue, cuanto el viento favorece con presunción de tus alas, sangriento te desvaneces; o crueldad! que corto imperio tus propias iras te ofrecen. Si eres Monarca de cuanto en vuelo el aire suspende, no apures de tu dominio el vasallaje que tienes. Reinar, es tener vasallos; porque la corona, siempre en la lealtad se sustenta, mucho más que no en la frente. O infeliz imperio aquel donde mérito no tiene el rendimiento y es culpa, como si delito fuese, la fineza avasallada, que aunque brutos resplandece, A esto fulminado aborto tu pompa se desvanece, que de la injuria del plomo ser pluma no te defiende. Digo que seis mil cofrades brujos del mosto me lleven, pellejos, que de lo caro. son guardas de lo que beben, como cuatrocientas cubas. desde S. Martin, a Yepes si de correo de a pie mas a mi amo sirviere: jurar de rocín sin freno? Qué dices? Si pintas fuesen fuera famoso ejercicio correr alegre a las veinte. Y Porcia. Ricas ampollas guarnecerán mis juanetes; hasta los pies, por el vio, se bajan los pelendengues. Que dices? Con esta carta puedes darte un bravo verde; y cuidado algún amigo montaraz no nos aceche! Desde la noche infeliz que la multitud aleve de los criados del Duque me apartó de ella; no pueden sosegar mis ansias, pues más sospechosas me ofenden. Hijo, yo estoy viejo. Sí. Tu esposa pobre. No miente. Poderoso el Duque. Zape. uñazas el caso tiene. Fiera noticia, que abrigas en tu embozo tantas muertes, desnudando al corazón, porque más herido quede. Lacónico escribe el viejo; pero en tres dicciones tiene más tierra que desde Parla hay sin viñas hasta Ostende. El refugio de la duda a la atención no le niegues, no quiera con el amago darme sangriento la muerte; templa el rigor, si hay rigor que contra el honor se templó. Templanzas buscas? al arpa de David que te consuele; o válgante los Templarios. Mi honor ha de estar pendiente del poder de mi enemigo? cuando la vida se arriesgue, qué importa? muera, y no viva, quien con tantos accidentes vive, si llamarse vida la de un desdichado puede. Quieres tomar de memoria la carta que tantas veces la repasas? Porcia amada tu pobre. Aquesto le duele. Viejo mi padre. los padres son los más de aquesa suerte. Poderoso el Duque, hay triste! Los Duques aqueso tienen ultramarinos. Al pecho veneno abreviado vuelve a repetir el tormento de la ponzoña que viertes, pero qué importa el poder? El pero mil agrios tiene, que el poder todo lo rinde. Tu labio, villano, miente. Que roca hacia mil escudos no bailará el zarambeque? El oro a la noble sangre, mas que acaricia, la ofende. Lo que alegra al corazón, al semblante no entristece. Solo en los villanos pechos el oro ha topado albergue. Que de nobles que tomaran hallarle en su casa siempre. Porcia. Mi ama, señor, es ejemplo de mujeres, que no hay quinientas como ella, va un cuartillo de sorbete. Viste a mi esposa? Eso dices? así tú, señor, la vieses hacer calcetas, que en esto fundado el sustento tiene, y en Milán estas alhajas, casi de balde se venden, que en medias, masque en calcetas gastamos los Milaneses. Y cómo queda? Muy pobre mas tan linda como suele. Muy pobre? Y con tanto estreno, que desde el Lunes al Viernes no ha tenido un panecillo que llegar a los claveles de sus labios, y se quedan con bella fragancia alegres los claveles, y jazmines dándose diente con diente. Ay de mí! qué es lo que escucho! que ya resistir no pueden los ojos del corazón la parte que el llanto vierte, Que culpa, dueño querido, para que te ofendan tienes? los delitos de tu esposo, como a tanta costa quieren que los pague tu belleza? De ordinario eso sucede; pues hay en el mundo muchos que pagan lo que no deben, y los que deben no pagan. Que me confisquen los bienes, y que Milán me pregone porque a Octavio di la muerte obra en esto la justicia, como la justicia debe; pero querer que mi esposa, y mi padre, que inocentes están padezcan mi culpa, no cabe en humanas leyes. Si cabe, y como que cabe golpe en bola de corchetes. Los amigos de mi padre tampoco le favorecen. Amigos hay de provecho, mas no hay amigo que preste. Y mis parientes. Señor, son vasallos obedientes; y como el Duque ha mandado, el que su socorro os nieguen, como algunos toreadores, que yo tengo entre mis dientes, en negarse a los socorros son muy finos los parientes. Para que quiero la vida. Para aquello que se quiere. O muera yo de una vez! Nadie muere de dos veces. Asegure mi fineza dos vidas con una muerte. Errado vas en la cuenta. De qué suerte? De esta suerte: Setenta y seis Navidades tu padre cumplió en Diciembre y ya declina en la vida, pues va por brevis, et breve. Tu esposa, que es una santa, en vigilias penitente, ayunando, se irá al cielo derecha, porque no tuerce. Doy que vuelvas a Milán, y doy, señor, que te prenden, sobre una mula mohína se la caran diligentes con gorra, capuz, y chía de bayeta de Alconcheste, vanguardia de pregoneros, retaguardia de Olofernes: Al son de las campanillas, que son lenguas de las fuentes, Frailes, que se desgañitan, y que tú no los entiendes. Un cadalso levantado, y que el buen lugar te ofrece la justicia, pues la silla te da en lugar preeminente; que con pasos de pavana a tomarla osado llegues, y que te sientes de modo, que es el modo que se siente; que te ponen una liga, y que no es la liga verde, que te alabe todo el pueblo el gran valor con que mueres, que aun de morir, vanidad hacen muchos inocentes; que es tu cuchillo el verdugo, y que el grito de la gente repita, Dios te socorra, que descabezado quedes, que vas a gozar de Dios, o a donde mi Dios quisiere. Si haces este disparate si la cuenta no me miente, es cortarte la cabeza aun antes que te degüellen. Que lejos de la razón fueron tus discursos siempre. Vamos a España, señor, que en Madrid a cuatro meses nos haremos poderosos en el aire, si tú quieres, porque sopla la fortuna al buen trato de los fuelles. Pascual, y Menguilla se casan alegres, él por ser un asno, y ella por ser siete. El ruido de aquella quinta, que es nuestro piadoso albergue contra tantos bandoleros. a boda, señor, me huele. Pues dónde vas Arrumaco? A ensuciarles los manteles. A Milán parte conmigo. Lléveme un asno si fuere, hasta meter en la plaza socorro para cien meses. Deja locuras. Señor, permite que del banquete saque diez apoplejías; al convite no te niegues, mira que hay sopa dorada, gigote, carnero verde, gallinas como unas pavas, tan mal peladas, que temen los que las ven en los platos, que al gallinero no vuelen. Porcia querida, a tus ojos amante tu esposo vuelve, aunque aventure la vida otra vez por socorrerte. Y yo que a la dicha boda disparado como un cohete me parto, y en dicha mesa como un templo he de ponerme: riesgo, y mesa me convidan; pues mesa digo me fecit, que por el riesgo a la dicha solo se va de esta suerte. Con la licencia que tengo de salir de la prisión, que esto no se entiende con la libertad que mantengo. todo Milán he corrido para vender las calcetas, y rompiendo las soletas las calcetas no he vendido. Poco importa, que Importuna se muestre más irritada con sus bienes la fortuna; a mi corazón amante no le asusta su poder, pues cruel no ha de torcer lo firme de mi semblante a su tirana violencia, en repetido rigor le está diciendo el honor, que es mayor mi resistencia. Señora, que hemos de hacer, que no he podido alcanzar un huevo para cenar? Poco importa no comer. No comer? rica receta; desdichada es la criada que sirve a mujer honrada, que es peor que a mal Poeta; cuando el Duque tan galante. Qué dices? Con gentileza. No le nombres. A una Alteza No le nombres. A una Alteza Nise. Desprecias amante. Ya te he dicho. Este bolsillo. Como, atrevida. Atestado de doblones. Le has tomado? No es peor un tabardillo? Como Nise, dime infiel, me maltratas de esta suerte? con él te daré la muerte, Toma, y mátame con él. Ha criados! siempre avaros. Para tu defensa agudos, embrazando estos escudos, haremos dos mil reparos. Sombra de la falsedad, de mi ese engaño retira, que visos de la mentira, to empañan a la verdad. Y quién por el oro anhela? Muchas. Cómo puede ser? Si presto lo quieres ver, arrójale en la cazuela. Enemiga de mi honor, que con torcedor sangriento atropellas el decoro de mi sangre, vuelve luego ese peligro esa injuria con que ultrajas el respeto de la opinión que me ilustra. Que fatigado que vuelvo, de discurrir por Milán, para asistir como debo a Porcia con el reparo preciso. Si el Duque ciego pretende. Que es lo que escucho Ultrajar. Apenas llego a ver a Porcia, y el paso me priva rigor tan fiero! Vuelve presto, no dilates ese escandaloso riesgo. Peligros de los criados, cada día sois más fieros. Con repetidos engaños no apures mi sufrimiento. O que lindo! este bolsillo medió el Duque con secreto. Eso importa remediar: para volverle a su dueño este veneno engañoso que alaga con su veneno. Disimula Nise. Así me arrebatas el dinero? calla. Sí haré, aunque por pobre sea sospechoso el viejo. Pues disimula Alejandro, yo disimular pretendo. Hija querida, estas cosas se han de gobernar con tiento, porque achaques del honor piden suaves remedios; sino es público el agravio gobiérnese con secreto, de suerte, que la prudencia castigue más que el denuedo. Con la sombra de la noche, mascara de mi tormento, por Milán he discurrido buscando en los nobles pechos la limitada piedad, que suele alcanzar el ruego. Toma, Nise, el natural afán, enmienda violento, y no desconfíes, Nise, otra vez, que es caso cierto, que deudas que al cielo tocan, corren por cuenta del cielo; repara la causa justa que te movió a tal empeño. Temblando estoy, lo que puede una reprehensión a tiempo. Verá mi razón el Duque: a Dios Porcia, que no puedo resistir de la fatiga el ya común rendimiento; pues torpe muevo la planta; mas ay, que si considero, que es el peso del honor el que oprime con más peso, que me admira el que me oprima si conmigo el peso llevo? A Dios Porcia. De su rostro, más que de sus voces, siento las ansias de su dolor, repetir los desconsuelos que siempre la noble sangre, recatándose al acento, explica con la mejilla, del alma los sentimientos. Mas que con esto: doblones se vuelve a casar el viejo? Lo que la atención no enmienda enmendará el escarmiento. Esto primerito es pan, y lo segundito queso, lo tercero rabanitos, y lo cuarto lo tercero. Ricos platos. Son muy malos? Así fueran ellos buenos. Tu amante memoria, Carlos, alivia lo que padezco. Amante camaleón, que te sustentas del viento; sé cortesano avestruz, y sabrás gastar los yerros. No vencen resistencias a los amantes pechos, que el desdén acrisola la voluntad más fina en el despecho. Qué música será esta? De algún Príncipe secreto, que derrama su caudal en los oídos ajenos, pues le cuestan cuatro tonos sustentar seis majaderos, que yerran en una noche, cuanto en un año aprendieron. Común alivio, los ojos descansan al blando sueño, halle el dolor un letargo, para alivio de un tormento. Quien no adora imposibles, le acusa lo grosero, que no es amor aquel que tiene por más justo el rendimiento. Esta es la seña del Duque; con grandísimo secreto los Príncipes galantean, ellos salen, cuando menos, con dos coches de cantores, diez rocines de respeto, gran cantidad de broqueles, machos lacayos Gallegos, que callan por la librea, y la rompen los cocheros. Porcia se durmió; que haré? que al Duque faltar no puedo, ni a mí, viendo que obro mal; pues aunque ya me arrepiento de lo que al Duque ofrecí, si no se lo cumplo, temo su enojo, y un Duque airado es peor que cien infiernos. Ello ha de ser de esta suerte; abierta la puerta dejo, y la luz quito, y así viendo el cuarto oscuro, es cierto que el Duque se volverá, sin faltar a lo propuesto. Estar abierta esta cuadra, y sin luz, tengo por cierto, que es para que en ella aguarda a Nise. Carlos. Qué es esto? Carlos mío. No es de Porcia este mal formado acento? según conjeturo aquí, entregada al blando sueño debe de estar, Carlos dijo: ea fortuna, logremos algún hurtado favor; que aunque no fuese mi intento tan atrevido, el acaso disculpa el atrevimiento. La puerta he topado abierta, Qué será? Topar abierto. Descuido será de Nise. Por S. Rorro que lo creo, que Nise, sin ser discreta, tiene descuidos muy buenos. Qué oscura que está la pieza? Oscurita, y huele a queso. Que la ceguedad del Duque, sin más razón que su imperio. prosigue en atropellar mi honor? Ay Duques traviesos! Ay Porcia lo que me cuestas! Ya llegué al hermoso cielo de Porcia. Dichoso yo, que a ver a mi esposa vuelvo. Imitar la voz de Carlos procuraré. Vamos dentro. Porcia adorada, mi bien Carlos soy. Carlos. Qué es esto? Mal haya querido Carlos quien maltrata nuestros pechos, que importa que el Duque intente con tan engañosos medios atropellar mi cariño, si en el corazón te tengo Carlos mi bien, dueño mío. Otro demonio tenemos. El corresponderte amante, es pagar lo que te debo Porcia querida. Tomates. Porcia dijo. Caramelos. No es tiempo de discurrir en quien es; porque no quiero que una venganza tan justa se embarace en el respeto. quien con mi nombre se atreve cruel, airado, sangriento a profanar mi decoro. Válgame todo mi aliento! terrible lance! este es Carlos. No le mates. Calla necio. Sin luz, por si el que te ofende es traidor de cumplimiento. Carlos esposo, ay de mí! quien con tu nombre. En tu pecho villano. Déjame a mí. Por Dios que se tiran recio. Las ordenes que di a Enrique mal las dispuso con Lelio. Yo Carlos a quien te ofende pedazos haré. Mi puesto guardaré como Roldan. No mandarán sacar hachas de piedad los mosqueteros? La puerta encontré. San Lesmes, las quijadas me han abierto. Padre, señor, Alejandro, Nise, Nise, acudid presto. Porque no pueda librarse con la dilación resuelvo, no gobernar este lance como yo, sino prendiendo a Carlos, lograr venganza, que me cuesta tanto empeño. Riñan hacia las ventanas. Luces. Enemigo fiero. No escaparas de mis iras, que rumor es este cielos! Señor que soy Arrumaco, mira que tiras derecho. Donde enemigo te ocultas? Carlos, Porcia qué es aquesto? Muere villano pues diste paso a mis ofensas. Nego, que a mí me abrió más cabeza, que no puerta el que va huyendo. Hijo, qué es esto? Ay de mí! Porcia. Sin voz el aliento. Carlos. Repetida injuria! Dime tú. Para que Cielos quiero la vida. Señor, rompe mi inocente pecho, si mi verdad ocasiona en tu duda algún recelo. No, Porcia, que en tu inocencia el mejor recurso tengo, para quietarte mis iras las fatigas que padezco. Que confusiones son estas, hijos, decídmelo presto. Señor. No lo digas Porcia bástele a mi desconsuelo no castigar el agravio sin doblarme los tormentos. Señor, en aquesta sala estaba un hombre encubierto. Hombre disfrazado aquí! como, cuando, pudo cielos, entrar! Nise, tú le viste? Señor, yo estaba durmiendo, por aquesta Cruz bendita. Pues que juras, no te creo. Hijo, por dónde escapó? Por aquel postigo viejo, que nunca ha sido cerrado. Vamos en su seguimiento. Retírate, amada Porcia. Esto es tocar a degüello. Tú también señor. Qué dices? Registrar la quinta quiero. Mas que el Duque, tres de bastos fue el que nos salió al encuentro? Pues tan fuera de la ofensa, y del agravio tan lejos estoy, que quieres quitarle a mi enojo menos ciego la dicha de que a tu lado castigue un atrevimiento Sígueme Arrumaco. Vamos, di Santiago, ya ellos. Siga mi enojo tus pasos. Tirana Nise, que has hecho? Nise, Nise, ni he sabido lo que puede ser aquesto. Fue el Duque a quien diste entrada Quieres que eche un juramento? yo al Duque? mal me conoces, sabiendo lo que te quiero; tomar algunas cosillas de muchísimo provecho para darte, es la verdad. Lo mismo expreso que muerto prendedle, matadle, muera. Volvedme a romper el pecho, ay infelice de mil Buena por Dios la tenemos. Carlos, Carlos. Muera, muera. Esta es voz de Fariseos. Antes que a Carlos deis muerte a mí me quitad primero la vida, muera a tu lado. Con tener tan buen aliento las dos vamos al socorro con malas bocas de fuego. Aunque por otro cobardes me tenéis, en mi denuedo habéis de hallar arrestado vuestro castigo en mi acero. Muera, pues a tanta costa se defiende. Deteneos, dejadme que me levante. Muera. Esperad, caballero, levantad, que a vuestro lado a quien sabrá defenderos tenéis. Pues entrambos mueran. Sea sin daño de tercero. No vi aliento más bizarro. Lo mejor es que escapemos. Aguardad. Que es aguardar, cuando corren más que un censo. Puesto que os debo la vida, no me diréis caballero quiénes sois? Aqueste es Enrique. Buena por Dios la tenemos. Un hombre noble, que acaso. pasando por este puesto le dispuso la fortuna, la dicha de socorreos. Carlos. Si Enrique. San Lesmes. Lo mismo que a vos os debo me debéis, que si en el bosque vos me librasteis de un riesgo, yo encubriendo vuestro nombre excusé que os diese Lelio la muerte, y pues que pendiente quedó entonces nuestro duelo, aquí, pues, ya estamos solos, como noble Carlos quiero la venganza de mi hermano satisfacer, que no apruebo perder ninguna ocasión, dando reparo al atento. Yo me doy la norabuena de hallaros en este puesto, que porque vos quedéis bien, le doy gracias al suceso, y aunque aquel riesgo me avisa, cumplir conmigo es primero. Tomadas quedan las calles, embestí todos a un tiempo, porque no se escape Carlos. La justicia caballeros. Peligroso estáis Don Carlos. El reparo ha de ser vuestro. Que se acercan, y me zurran la badana del coleto. Don Carlos en, este lance hagan treguas los aceros, pues, ya veis que la justicia a vos os viene siguiendo, y en mi fuera mucha culpa el no libraros del riesgo. Enrique con esta, ya dos veces la vida os debo. No es noble el que su venganza fía del enojo ajeno, escapad por esa parte que yo les salgo al encuentro. El mismo peligro a vos os amenaza. Yo puedo librarme, diciendo el nombre. Más que nos dan pan de perro. Pues no puedo en mi fortuna hallar para el mal remedio: pues por cualquier parte se halla cercada de tantos riesgos, hoy he de hacer una acción que quede inmortal al tiempo. Que intentas. Sígueme, y calla, que tú has de ser instrumento del arrojo que he pensado. Para todo estoy dispuesto. Enrique a Dios. Él los libre. Alto señor acabemos. Corona de aquel risco la fugitiva plata, del Sol a los incendios deshecha al valle baja. Dejadme, no cantéis más, que mis repetidas ansias a cada acento se doblan, y en cada acento me matan. Cantad por si su tristeza, la templa la consonancia de vuestras voces. Señor. Mal el que adora descansa, de que me sirve el poder, si de mi poder me aparta una sombra siempre opuesta a mis tristes esperanzas? De su Imperio se olvida; y así en despeños paga mirar de ajena pompa la corona injuriada. Aquesto a mí me sucede. Aquesto al Duque le pasa? Ay Porcia! adorado dueño. Mal disimula quien ama. No cantéis. cantad. Parece pasión de semana Santa, que anden, y ténganse dicen. Por vos. yo quedé sin alma. El que prosigan les digo. Ella la lleva trocada, la Duquesita señores, es grandísima bellaca. Jamás el Duque a los nobles negó en su cuarto la entrada. Qué es aquesto? Gran señor. Qué decís? A vuestras plantas tenéis a un vasallo noble, a quien la fortuna airada atropella con sus iras los honores de mi casa. Alzad del suelo. Primero que a veros llegue la cara, permitid que el corazón que en lágrimas se derrama, respire de la congoja, que con violencia tirana hiriendo solo al honor, más fieramente maltrata. A Carlos, hay hijo mío! le pregonan por las plazas por traidor, culpa que ignoran las lealtades de mi casa, que haber señor incurrido en tan vergonzosa Infamia de Carlos, fuera verdugo cuando verdugo faltara. Que por la muerte de Octavio (aquí la atención me valga) la justicia le castigue conforme las leyes mandan, no es pedir que le perdonen, sino mirar por su fama, muera, porque mató a un hombre, cuando no es otra la causa; pero señor, que le Ultrajen con editos que le infaman, de cargos que su inocencia libre sabéis que se halla, no es razón que lo permita vuestra piedad soberana: para que muera señor la muerte de Octavio basta, culpas que no ha cometido le ilustran más que le ultrajan, y solo el que las fulmina cruel debiera pagarlas. Que nos confisquen la hacienda, y nos vendan las alhajas, y que su esposa, y su padre Ileguen a miseria tanta, que me obligue a que pidiendo ande yo de casa en casa, esto no importa, hay de mí! que el ser pobre a nadie agravia. Que ministros poderosos de noche a mi casa vayan, y que sin hacer su oficio faciliten las entradas, y con capa de justicia quiten a mi honor la capa, haciendo mayor la ofensa con aquesta circunstancia. Estos testigos lo digan, que ellos mi ofensa declaran; muevan a vuestra piedad estas venerables canas, espejo, en que airado el tiempo sus desengaños retrata. Y vos, bella Margarita, así el cielo edades largas os guarde, y veáis del Duque la sucesión dilatada, que el amor, vasallo vuestro, os desea, que esta causa amparéis, puesto que Porcia con Carlos está casada por vos; y pues que dichoso logro fortuna tan alta, si quiera a Porcia, señora, honrad la como a criada. Enternecida me deja. Cuánto, Alejandro, me cansa. Siempre quise bien a Porcia, yo seré vuestra abogada. Y serán sus peticiones en derecho bien fundadas. En qué Alejandro os ofende, que así le volvéis la espalda? Si otra vez de mis Ministros se atreve vuestra ignorancia a hablarme, sin el respeto justo. Señor. Basta, basta Baste, pues gustáis; y vos no me entendéis? Di en la trampa. Y vos, tomad, y decidle; ya me entendéis, sin palabras, a quien ya habréis entendido, al Duque, díjolo el alma, decidle, pues, que de vos recíbalo que me infama; y otra vez no procuréis ver la puerta de mi casa, aunque el Duque os ocasione, porque entre dos que la agravan si hay para el Duque atenciones, habrá para vos venganzas. Mal año más con el oro se ha de dorar la amenaza. Mal están con las espías los soldados de la guarda. Qué es esto? Yo lo diré en menos de cien octavas: Vuestra Alteza, señor Duque, es hombre de su palabra? Qué decís? Lo dicho dicho En los nobles nunca falta. Las palabras de los nobles son como fiestas quitadas, que se guardan las votivas, y las otras no se guardan. Decid que queréis. Señor, los cuatro mil de la talla; malas lenguas dicen que, muy de contado se mandan a quien entregare a Carlos. Ay hijo de mis entrañas! si a venderte este traidor por el interés se pasa? Eso es cierto. Y más mi muerte. Pues sí es cierto, santas Pascuas y si se dieren por peso, un cajero camarada tengo, que para recibos tiene famosa romana. Infiel criado! Arrumaco, no me dirás lo que trazas? Tragaranla estos señores, si es que no saben la maña. que no ofende a su amo quien obedece lo que manda. Y conocéis quien a Carlos ha de entregar? Linda gracia, como a mí. Le conocéis? Eso señor, como hay plata. Quien le ha de entregar decidme Quién? un amigo del alma. En todo Milán, señor, la voz fija se dilata de que ha parecido Carlos. Ya la venta está ajustada, por un Judas, que su pan comió cuatro mil semanas. Decid a donde está Carlos. Adonde, señor aguarda que vos. Qué miro! Hijo mío, Que has hecho? Sus culpas paga. Ceguedad! Arroyo extraño! A su juventud malograda: ay triste padre infelice! Sola esta vez no te engaña mi lealtad, yo le vi entrar. Primero la fiera parca norte cruel de mi cuello con su mano siempre airada, ni vida que Carlos muera. Pues el justiciero os llaman, el que hagáis en mi justicia misma justicia os manda que ni yo al cuchillo me entrego. Muera yo, pues fui la causa. Muera yo, señor, primero. Si un padre puede ser paga de los delitos de un hijo. Bravos pasos de garganta. Su hermosura me enternece. Mucho esta piedad me llama. Con morir pago la culpa; mandad luego a vuestras guardas que a los ministros me entreguen y porque contento vaya, a mi padre, y a mi esposa haced que les den la talla que ofrecen vuestros edictos; con mi vida, los dos salgan de la opresión en que miro a su nobleza ultrajada. Haced me esté bien, en premio de servicios, y de hazañas, que en más dichosa fortuna debieran ser envidiadas: la muerte os pido por premio, no haga, señor mi desgracia, que porque la solicito me falte vuestra palabra: cumplid muera yo, y con eso de tantos tormentos salga. Cómo es esto? por su honor, la muerte a Carlos le agrada, y yo por mi honor no olvido una pasión que me arrastra? Ea ceguedad despierta, que pues la razón te llama, no es bien que duerma en su imperio disimulada mi infamia; pero amor, ya es tarde, honor sírvale a tus nobles aras, reducido a luces, cuanto la ceguedad empanaba. O quien pudiera vencer del Duque la destemplanza! Señor si con una vida aquesta vida se paga, muera yo. Alejandro muera. Que va que vamos sin blanca. Porque de acción tan famosa quede memoria a la fama, yo, como Duque os perdono, y mando que a vuestra casa restituyan los honores que antiguamente gozaba; porque Porcia, y vuestro padre Iloréis de Carlos la falta, mas no la falta de bienes; que así premia quien agravia. La vida le conceded. Mal vuestra Alteza me trata; yo cumplo con lo que puedo, que cuando parte se halla la justicia no perdona. Pues Enrique a vuestras plantas, como parte, señor, pide, que viváis por tantas causas. Yo a Carlos, señor, perdono, porque es acción más hidalga dejar sin venganza a Octavio, que vengarle con infamia. Le perdonáis? Sí señor. Hablarais para mañana. A costa de mi corona la noble acción os feriara, y a tan noble deuda sirvan estos abrazos de paga. Dichoso yo, que he salido de tan sangrienta borrasca. Y porque premiado que des, permito, Carlos, que a Parma partas con tu esposa, donde te asegures de que acaba mi porfía. En tus favores a nuevo ser me levantas. Siempre he sido vuestro amigo Con las manos doy el alma en premio de esta fineza. Y aquí la comedia acaba, casándose los galanes, pues no se casan las damas. Y Ir por el Riesgo a la Dicha logre el fruto a vuestras plantas
