Texto digital de La infeliz aurora
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La infeliz aurora. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/infeliz-aurora-la.

LA INFELIZ AURORA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Temerario atrevimiento! soldados, matalde, muera, Villanos, de esta manera lograréis el vencimiento. Dadle las belas al viento. Señor, Alexandro, mira. Ya, Aurora hermosa, te sigo. Dadle por pena la vida, Ya es mi esperanza perdida, pues navega mi enemigo! Cielos, que aquesto miráis, mares, que me resistís, desdichas, que me oprimís, como así me castigáis? Naves, que el bien me lleváis, tened el curso violento; pero para que lo intento? antes volad con bonanza: y pues pierdo la esperanza, muera a manos del tormento. Aurora; esposa querida, deten el curso veroz, sea rémora mi voz, de aquesa nave atrevida. Mas, pues, no pierdo la vida al examen del dolor, muy poco, Aurora, es mi amor; Mas, esposa, aguarda advierte, porque veas con mi muerte acreditado el dolor: Sea sepultura el mar. Tente, quieres arrojarte? antes de de sesperarte dime si sabes, nadar? Quita. . No te he dejar; hombre, estas endemoniado, que intentas desesperado hacer tan gran desatino? Advierte que solo al vino le es ganancia estar aguado; mas aguarda, y me dirás la causa que a esto te obliga. No me pidas que la diga, en muriendo la sabrás. Mira, señor, que no es hora de que se ahogue un Cristiano. Dame la muerte tirano, pues me robastes a Aurora. Tente; pues quien te ha llevado la bella Aurora, señor? Pide treguas al dolor, te diré lo que ha pasado. Ya sabes, Rocín, que Aurora; ay de mí! qué triste pena, anudando la garganta, sirve de freno a la lengua! Ya sabes que de Saboya; ay Aurora! . Aguarda, espera, que estás muy apastionado: Y así yo con tu licencia diré todo cuanto sé, sin que le falte una letra. Lo primero es, que tu padre, que viva edades eternas, ciñe el sagrado laurel. de esta Monarquía excelsa de Ungría, y que por estar agravado de dolencias, y por sacudir la carga, que de Alcides pide fuerzas, quiso casarte en Saboya con su divina Duquesa: Que viviste enamorado, que oculto llegaste a verla, por ver si con su retrato conformaba su belleza. Que triunfaste en un torneo, manteniendo en su presencia, que era el más bello prodigio, que crió naturaleza. Que correspondió a tu amor, que te pagó las finezas con favores de su mano; que en fin veniste a tu tierra enamorado, y dichoso; que el casamiento conciertan tu padre, y el Duque Astolfo; que fue el Armada por ella, que con próspero viaje tocó de Ungría la arena: Que mientras se prevenía con triunfo su entrada Regia, a esta Quinta te veniste, porque con solemnes fiestas se celebrasen tus bodas; que ayer me mandaste apriesa, que a Palacio me volviese a hacer cierra diligencia; que fui, que vine, y te hallé. Pues escucha, porque sepas si puedo con justa causa sentir, y llorar mis penas. En este Olimpo Alcazar soberano, que es ya de las Regiones Ciudadano, embarazó del viento tanto soberbio portento, que de sus torres las pizarras bellas rompen el pabellón de las Estrellas. En un balcón, que cae al Occidente, miraba con Aurora la corriente de ese piélago undoso, que inquieto de un Fabonio bulliciosa, las olas le peinaba, y cándidos árminos le rizaba. Mi esposa me pidió, hay prenda querida! que la bájase al mar; pierdo la vida! por mirar de más cerca los raudales de nevados escollos de cristales. Gozabamos los dos de esta frescura, cuando haciendo el Ocaso sepullura, el mayorazgo de la luz del día, por su muerte de lutos se cubría. Reclinado en los brazos de mi esposa, girasol de su luz, o mariposa, absorto con la dicha que poseo, dichoso con la gloria del trofeo. Unidos con recíprocos abrazos, donde formaba amor dichosos lazos, contemplando de ver que tuvo en calma en dos distintos cuerpos sola un alma. Bebiendo estaba el néctar de su aliento, cuando rumor entrelas olas siento; reparo en quien causaba el alboroto, miro una nave, en cuya forma noto ser de enemigos, y que en tierra echaba dos lanchas de Soldados: y yo estaba alentando a mi esposa, que turbada del susto temerosa; desmayada quedó sobre el arena, doblándome el peligro mayor pena. Retirarme al Alcazar pretendía, y a mi muerta hermosura conducia a mis brazos en tanto que el destino de mi fortuna me anuló el camino. A mi valor se oponen atrevidos cincuenta Ingleses, de armas prevenidos; dejo en la Playa mi adorada Aurora, y la escuadra traidora, como sacres se arrojan a la empresa, cuando en medio mi acero se atrabiesa, causando muerte, asombro, horror, desmao siendo guadaña a trueno, flecha, y rayo. Socorro de mi gente pretendía, y nadie escucha la fortuna mía, que como dibertidos, y alejados, de nuestra gente estamos apartados, solo escuché con queja dolorosa articular suspiros a mi esposa; diciéndome: Alejandro, esposo, dueño, socorro, que me roban: Y al empeño me arrojo, como suele el león, fiero, el toro herido, el rigre carnicero. No has visto el rayo, que la nube aborta, que deshace, que rompe, abrasa, y corta? pues yo así en este ensayo, fui león, toro, tigre, nube, y rayo. Envisto con violencia, mas hallé en su poder grande resistencia, que como tantos son, se dividieron, y unos por las espaldas envistieron a darme muerte, que a la cobardía, la ventaja le presta valentía. Tan rodeado estaba en la batalla, que el discurso no halla medio de socorrer a la Princesa, a quien miraba presa, llorando en la barquilla, que amarrada tenían en la orilla. Rompí el humano muro, mas no hice el asalto tan seguro, que una espada atrevida, no pretendiese dar fin a mi vida. Séntime mal herido, y es, que la punta me privó el sentido: caí en la arena por entonces muerto, y ellos teniendo el triunfo ya por cierto, se embarcan brevemente. Pero yo; que volví del accidente, almareme arrojo, y a la lancha tengo, y a defender mi esposa me prevengo: Y ella amante, resuelta, y atrevida, por medio de sus armas, de mi asida, conmigo al mar entonces se arrojara, si la fortuna no lo contrastara. Llegaron a la Nave, y la que antes Delfín con alas ave, tendiendo las de lino, al sagrado cristal abrió camino. Yo en el mar espumoso; impelido del viento proceloso, quedé entre penas tantas, que son tales, que cuando juzgué dar fin a mis males, dándome el mar sepulcro, no hallé suerte de encontrar con sus paramos la muerte; que siempre a un desdichado, si acabar con la vida ha deseado, es cosa conocida, que a pesar de rigores tiene vida. Este es mi sentimiento, esta mi pena, aqueste mi tormento; estos mis males, y estos mis dolores, y estos de la fortuna los rigores. Señor; asombrado quedo de la nueva referida, y tienes por justa causa grande razón de sentirla. Desdicha es de más de marca; pero, señor, las desdichas, tolerarlas, y buen pecho; mas dime, que determinas, cuando vendrán a buscarte del Alcazar, y sería bien que vamos a atajarte la sangre de aquesta herida? Antes, Rocin, no pretendo nada de lo que me aplicas, porque no hay mayor salud, que es aborrecer la vida. otra pena mayor siento, y es, que cuando Aurora diga al atrevido Pirata, que es del Príncipe de Ungría esposa, la han de matar. Hay amor! y qué desdicha! hay mi bien! que ya estarás en las hondas sumergida de ese espumoso elemento! o a tu garganta divina echado un estrecho lazo, sin que haya quien por tu vida quiera aventurar la suya. Pues, señor, no irá cautiva, oh prisionera? porqué una pena tan crecida la han de dar sin más delito? Lo causa, Rocín, la antigua enemistad de los Feinos, que como con guerra viva, opuestas las dos Coronas, ha tantos años que lidian, es la guerra a fuego, y sangre: Y más des creció la ira, cuando mi padre en las costas del Prásil, yendo a la India, al Príncipe degolló: y agora por mi desdicha harán lo misme en Aurera. Calla, señor, que pedría ocultar quien es. . Rocín, a esto se determina mi amor en aquese barco, que barado en esa orilla está, nos tenemos de ir. Pues, señor, donde caminas? A Inglaterra. . Por Dios, que es jornada peregrina, (mos? Vamos, Rocín. . Como va- pues no haremos la mochila? he de ir sin desayunarme? he de llevar yo las tripas vacias? eso no, hermano. Acaba, Rocín. . Da priesa a que almorcemos, y luego vámonos a Berberia. Aurora, a buscarte voy, pide al cielo, esposa mía, que te acompañe en la muerte, o te merezca en la vida. Mar, recibe estos menguados en tus aguas cristalinas. Deme vuestra Majestad los pies. Primo, alzad del suelo, llega a mis brazos, que no será bien que tanto tiempo esté postrado, quien es Atlante de tanto Imperio, columna de este edificio, y el amparo de mi Reiro, áspira a mayor grandeza. Cuando tan altos, y excesos favores, señor, me hacéis, qué mayor gloria pretendo? ni a que áspira mi fortuna? Mayor lauro te prometo. Por la Princesa lo dice. Sí, Fabio, el intento entiendo; pero ya otro Norte sigo. Primo. . Señor. El afecto de tu padre espera hablarte. Señor, si acaso merezco besaros la mano. . Hijo, cuanto de verte me alegro! cómo vienes? . Victorioso, señor; pero con deseos de imitar vuestras hazañas, y de verme en vuestro espejo. Qué es esto? tan divertido Ricardo, y tan desatento? Qué novedad tendrá el Rey, que aún a mirarme no ha vuelto? Qué peregrina belleza! absorto estoy, y suspenso! Perdonad mi inadvertencia, que divertido me veo a tantas glorias. . Andad, Ricardo, que ya sospecho, que os ponen las mismas honras a peligro de grosero. No por los lauros, y apiausos, señora, me desvanezco. . Basta, Razón ha tenido, que ocultar no puedo el fuego, que de los ojos de Aurora se ha introducido en el pecho. Teodosía, no os había visto: no sé que divertimiento me privó de vuestra gloria. Veros cuidadoso siento, y no me tengáis quejosa, si en algo aliviaros puedo. Buen estilo de reñir! hermosa Teodosia, el tiempo no muda la Majestad, siempre en vos está mi afecto, Así lo creo, señor; no sé si los llame celos, los que padece mi amor. Ricardo, el Marqués Alberto me hizo relación ayer de vuestros heroicos hechos, y lo que a vuestro valor debemos yo, y todo el Reino. Obligado me tenéis, cuando en Irlanda habéis puesto, a pesar de los rebeldes, en su antiguo Estado el feudo, tremolando mis pendones en sus castillos soberbios. Señor, todas mis victorias, no a mi valor agradezco, si a tu poder sin segundo, pues si logro el vencimiento de la batalla; o asalto, es porque tomo por medio apellidar vuestro nombre, y hago con él tal efecto, que en oyendo aquesta voz, da al enemigo tal miedo, que hace al campo más estrago, que no el valor de mi acero. Ya en fin Irlanda, y Escocia vuelven otra vez sujetos, como vasallos humildes, a ofreceros ricos feudos. Esta parte de Bretana, que conjuró el Parlamento, también rendida a esos pies esa, y los rebeldes presos a Londres los he traído, porque vuestro arbitrio Regio de castigo a su soberbia. La Armada queda en el Puerto, porque solo en un havio las costas fui recorriendo; y en la que mira al Poniente de España cogí este bello despojo de la hermosura, a quien defendió un mancebo, que dijo, que era su hermano, con valentísimo esfuerzo; pero después en la playa quedó mal herido, o muerto. Malas nuevas te dé Dios! hay Príncipe, amado dueño! esposo del alma mía, que no feneciste es cierto, que si tu vida es la mía, y a pesar de mi tormento estoy viva, es cosa clara, que no debes de haber muerto! Española me he fingido, no porque a la muerte temo, mas por ocultar mi nombre, y que se escusen con esto las guerras, que con mi ausencia fueran con mayor aumento; que si supieran que soy sucesora del Imperio de Ungría, y que el de Saboya es mi hermano, fuera cierto que el Rey con mi muerte diera venganza al Príncipe muerto. Cese, Española divina, el llanto, y el sentimiento, y no empañéis las Estrellas con la nube de ese lienzo. Serénese la tormenta, no eclipséis los soles bellos de esos ojos: No es en vano lo que temió mi recelo, sin duda que el Rey la adora. Qué es esto que escucho, cielos! mal hice en traerla aquí, que al Rey parece que siento enamorado. . Turbado . quedó Ricardo al extremo con que el Rey a la Española encareció el sentimiento. La Espáñola es prodigiosa, y al Rey le lleva el afecto. Hermosísimo prodigio, perdone el poco respeto Teodosia, pues a su amor tan publicamente ofendo. Olvida ya tus pasiones, mira que estando en mis Reinos jamás serás prisionera, que antes tienen tanto imperio tus ojos, que de albedríos son piratas verdaderos. Poderosísimo Rey, a quien eternice el tiempo los siglos, que en el Arabia goza aquel pájaro eterno. A vuestras plantas está un monstruo de sentimientos, un examen de desdichas, un piélago de tormentos, una infelice mujer, con quien la fortuna pienso, que ejecuta sus rigores, al paso del sentimiento, que áspira a vuestro sagrado, en cuyo favor espero, que empeñaréis la palabra de defenderme del fiero tropel de tantas desdichas, guardando mi honor del riesgo de cualquiera poderoso, que aspire bárbaro, o ciego, a deslustrar de mi fama. Levanta, que yo te empeño mi palabra de ser Argos de tu honor, y te prometo de defenderte, aunque sea de mis mismos pensamientos? mucho he dicho. Esa palabra te pido. Yo la concedo, aunque estoy arrepentido de darla, cuando te quiero desuerte, que es imposible poner rienda a mi deseo. Y así, Ricardo, esta dama deja en Palacio, que quiero que le asista a la Princesa. Tu gusto es en mi precepto: . Hay qué te he perdido, Aurora! Mucho, señor, agradezco las honras que a vuestra esclava hacéis. Yo también me alegro de tenerte en mi servicio. Señora, con el silencio respondo a tanta fineza. Hecho volcán tengo el pecho? rayos engendra mi enojo! . el corazón mongibelo parece, que con la nieve quiere ocultar tanto fuego! Yo también, noble Española, (no se como así me templo) de que os quedéis en Palacio tengo mucho gusto. Cielos, en Palacio queda Aurora! qué pena! qué desconsuelo! qué mal nice en no gozarla, cuando pude, cómo dueño! aunque hallé en su resistencia diamante, bronce, y acero. Aunque esta mujer me ofende, no es tanto mi sentimiento, que en fin queda en mi poder, donde no ha de tener tiempo Ricardo para ofenderme. Pues con la Princesa quedo, ya parece que estoy libre de los bárbaros intentos de Ricardo, aunque también el Rey, para más tormento, me festeja; mas no tiene. de su palabra hecho empeño, que ha de defender mi honor aún de sus mismos deseos? Es cierto, y por más seguro no eligió el prudente medio de asistir a la Princesa? A (cosa es clara) pues qué temo, cuando su palabra, y Fénix. aseguran mi respeto? Vamos, Fénix; vos, Ricardo, vedme después, porque quiero salir a caza con vos. Solo serviros intento. Aurora, os vais? Si señor; que me mandáis? Ya que os pierdo, digáis a quien os adora. Mucho, señor, lo agradezco; quedaos a Dios. . El os guarde; que todo mi atrevimiento a sus ojos se refrene! y que siendo mi amor fuego, al mirar este prodigio me quede estatua de hielo! Salta, Rocín, que tocó p ya en el arena la quilla. Lleve el diablo la barquilla, como no la lleve yo: lo rénego del viaje! Ya bien puedes descansar. Léjeme usted renegar; reniego de mi linaje! Ya sé, Rocín, con las verás que en la ocasión has bogado. Mas quisiera ser forzado, y remar en las galeras, porque aunque al rigor me queje de su Comitre inhumano, será Comitre Cristiano, pero tú Comitre hereje. Que por falta de rebenque, cuando cansado me vistes, con un garrote me abristes mas de una cuarta de frente! Y en galera alguna vez para pasar su camino, les dan su porción de vino, mas yo vengo pez con pez: Y si puedes dar la voz, es, porque yo en la barquilla, con dos dedos de polilla, me hallé una saca de arroz: Y aunque al echar provisión en tierra contradecias, veo que en el mar comias mucho más que un sabañón, porque tu hambre era tal, que a cualquier hambre excedieras, pues temí que te comieras a mí, al arroz, y al costal: y plegue a Dios no sospeche tu hambre, si a ser mayor pasa, que yo soy arroz con grasa, y el costal arroz con leche. Mil desdichas he pasado en este viaje atroz. Aqueso es teniendo arroz, mira si hubiera faltado. No te dije al embárcar, mira, señor, que se hierra, que es mejor fortuna en tierra, que bonanza por la mar. En esta desierta tierra mucho, Rocín, me alegrara, si a quien preguntar hallara, si es costa de Inglaterra. Dime tu intento profundo; como la piensas buscar? Rocín, con peregrinar hasta hallarle, todo el mundo. Pues, señor, no era mejor valerte de tu poder? Eso sería perder Aurora, vida, y honor, y por eso vengo yo disfrazado como ves, por conocer que era Inglés el bajel que la robó. porque si en poder de Moros mi esposa (ay triste!) se hallara, muy presto la restaurara, acosta de mis tesoros. Pues señor, tan desigual condición tiene el Pirata del Inglés, que a todos trata con sana tan infernal? Al Ungaro solamente le causa tan fiero daño. Tente, que si no me engaño parece que viene gente. Dices bien, y es un caballo desbocado en la carrera, que del monte a esta ribera se precipita. . Atejallo no puede el que va en la silla. Pues yo socorrerle espero. . Ya desenvaina el acero. Socorro. Cran maravilla! de la primer cuchillada al caballo le cortó las dos manos, y libró, sin que peligrase nada el ginete. A tu valor debo la vida que hoy tengo, a pagarte me prevengo, que yo soy el Rey. Gran señor, conmigo será excusado, pues cuando noble nací, solo en saber que os serví quedo contento, y pagado. Yo también hice mi parte señor. . Qué? Mil cosas raras, porque no me atropellaras, me pasé destotraparte. Yo agradezco el agasajo, también te satisfare. Cuerpo de Dios, esto fue medrar a poco trabajo. Quién sois? Español nací, he servido al Rey de España seis años en la campaña, Un mes habrá que salí de Flandes, donde he asistido, y el mar con fatal ruina me condujo a esta marina, y a vuestros pies me ha traído. Mi fineza agradecida os está por esta hazaña, pues que venisteis de España a Londres a darme vida: quién sois vos? Bien es que os cante quien soy, sin que os alborotes Es mi amo Quíjote, y yo soy su rocinante, y sirvo con tan mal fin, que no medro, y en conciencia reparo, que en su asistendia voy de rocín a ruin. Venid, pues; porque mi gente conozca vuestro valor, y acrédite mi favor lo que os debe justamente. Muchas dichas en vos hallo. Quien tendrá más feliz fin, tú que veniste a rocín, o el Rey, que vino a caballo? Tu honestidad, y recato, tu discreción, y hermosura, todo agasajo procura, del proceder más ingrato. Señora, serviros trato, y correspondo al honor, que me hace vuestro favor, pues fuera en mi inadvertencia no tener correspondencia a deudas de vuestro amor. Aunque puede su virtudo asegurar mis desvelos, los accidentes de celos traen infernal inquietud. Pero mi solicitud. sabrá, si Aurora me ofende, que cuando un Rey la pretende, movido de su belleza, es mujer, y habrá flaqueza. Teodosía, qué te suspende? Siéntome, prima, estos días desazonada, y sin gusto, y me causa este disgusto notables melancolías. Pues, Teodosia, si porfías en ocultar tu dolor, mira que le harás mayor, y así se le has de aliviar: dame parte del pesar, que lo tendré por favor. Sin duda que estos desvelos Aurora los ha causado, porque del Rey el cuidado le da ocasión a sus celos. Juro por los altos cielos, que me he de vengar desuerte, si Aurora mi amor divierte, que enojada, y atrevida sepa quitarla la vida, si con celos me da muerte! Tanto a sentir he llegado, señora, vuestro pesar, que ya he venido a olvidar las desdichas que he pasado; Solo intenta mi cuidado medios para divertiros, cesen ya vuestros suspiros, no me tengáis en tal calma, que quisiera con el alma consolaros, y serviros. Mucho estimo la fineza de ese tu afecto leal, mas la causa de mi mal es la continua tristeza. Pues alegra la belleza, usa de la bizarría, y luzga la gallardía de ese divino arrebol; que en saliendo alegre el Sol, es mucho más bello el día. Mucho se deja llevar, Teodosía de aquella pena, cuando a las dos nos condena la causa de tu pesar: pues vengo a experimentar, que a su donaire gallardo quedó prendado, Ricardo: y que la idolatró ciego, mas el volcán de mi fuego, en mi corazón le guardo. No sé qué podáis temer al tiempo, ni a la fortuna, pues sin zozobra ninguna felices venís a ser, pues tan presto habéis de ver, a pesar del tiempo tardo, en un tálamo gallardo, cumpliendo de amor la ley, Teodosía esposa del Rey, y vos, Fénix, de Ricardo. Aurora, aunque la esperanza te parece estar segura, no es constante la fortuna; que está sujeta a mudanza. Y aunque mi fortuna alcanza: ser Reina de Inglaterra, es cierto que aquí se ierra el estadado; si ha de ser Reina para padecer de desprecios una guerra: al Rey le miro mudado en las finezas de amor. Prima, advierte que es error, que fábrica tu cuidado, y las pensiones de Estado no le han dado más lugar: Dos días ha que a cazar se fue con Ricardo al soto: Señora, grande alboroto lo noble, y lo popular traen, y en Palacio han entrado Viva el Conde de Arle, viva y el tiempo su nombre escriba, porque quede eternizado. Noble Español, pues me disteis esta vida que poseo, gozad de aqueste troseo, pues también le merecisteis. Vuestras plantas, gran señor, es la gloria a que yo áspiro. Válgame el cielo! qué miro? Levantad; y aqueste honor, y mucho más, merecéis. Cómo, mi bien aquí estáis? . Mas qué es esto que miráis? . ojos, qué es esto que veis? Si esta gloria es ilusión del bien que allí estoy mirando? Cielos, si estaré soñando; esta dulce elevación? Pero cómo? . De qué suerte Alejandro. . Gran señor. Qué os admira? Vuestro amor, y mi dicha me divierte. Aurora es por Dios, el día de mis dichas ha llegado! Miren si Aurora ha mostrado al ver al Rey alegría? Aurora. . Qué me queréis? No se que en tu rostro advierto? Señora, es que me divierto con las honras que me hacéis, Sea vuestra Majestad, hermano, muy bien venido. El veros, señor, ha sido mi mayor felicidad. Guardeos Dios, hermosa Aurora, como en Palacio os halláis? Muy bien, señor, y vengáis de aquesta caza en buen hora. Fénix. . Ricardo. Ya veo todo cuanto deseé También de mi amor la fe ha logrado su deseo: como en la caza te haldo? Muy mal a todos nos fuera, si el Rey libre no viniera del peligro no advertido. Qué dices? . A este Español que me socorrió en el monte, le debo él no ser Faetonte de los Caballos del Sol: pues siguiendo un jabalí, en alcanzarle empeñado, con el bruto despocado en tal aprieto me vi, que no pude la violencia del bruto feroz parar, hasta despeñarme al mar desde el monte en la eminencia. . Ay, Alejandro querido! Y cuando ya al recipio violento me despeñaba; el cielo, que lo miraba, hizo su piadoso oficio: Pues con valor, y presteza sacó Alejandro la espada, y a la primer cuchillada postró al bruto la fiereza. Las dos manos le llevó; y con valor arrogante, arrojándose al instante, del peligro me liaró. Y así, pues me dio la vida, obligado, y satisfecho, hoy Conde de Arle le he hecho, por ser paga merecida a su valor. . A esos pies, que estimo, y que reverencio, os responda mi silencio, pues más retórico es. Dalde, pues, al Conde afable el par bien del dictado todos. . Goce el nuevo Estado, la persona de Ricardo! sin que le sea mudable la fortuna. V Excelencia. Y vuentra Alteza tendrá en mí un esclavo, y podrá ocuparle en tu asistencia. Gozad con aplauso fiel do eternamente. el Éla- Y el cielo de a vuestra frente del mando el mayor laurel. Triunfos, y aplaasos os den estos Reinos por despojos. Ay, Auror de mis ojos, . y qué dalce parabién! Dulce esposa, en quien e lresto hechó el cielo en tu beldad, disimulemos; mandad en mí, Aurora, como vuestro. es posible que te veo, y que mi amante deseo mi fortuna me ha camplido! Gozad las felicidades de vuestro Estado, señor, a medida de mi amor, y del Fénix las edades. Siempre tendréis en mi pecho con toda seguridad, una firme voluntad, si en algo os soy de provecho. De este singular aumento a mi el parabién me doy, que soy vuestro, y siempre estoy pera serviros atento. Mucho estimo le fineza, y ruego al cielo, señor, que de parte de mi amor este siempre vuestra Alteza. Qué discreto, y que gallardo el Conde de Arle procede! qué galán! en todo excede ! Si de amor la justa ley forma aparentes antojos, el Español a mis ojos es más galán que no el Rey, Ay. Alejandro querido, y qué trabajos me cuestas! y hasta verte, que molestas horás ausente he tenido! Ay, Aurora de mi vida, que el corazón, norte cierto, me ha guiado al feliz puerto de mi esperanza perdida! Luego que Aurora robé, y sus bellos ojos vi, toda el alma le rendí, el corazón le entregué: y pues la diel albedrío, Fénix podrá perdonar, porque es imposible dar lo que no tengo por mío. Después que a la bella Aurora la he entregado el corazón, es sola su perfección la que amante el alma adora. Bien conozco que no es justo; Teodosia, negar tu amor, mas si me arrastra el dolor, antes que todo es mi gusto: Gran señor, aunque es mal hecho que yo a esta ocasión acuda, perdonad, que de una duda quisiera estar satisfecho. Ella, señor, es en fin; cuando el susto del caballo, que sin poder remediarlo, os valisteis de un Rocín: Y él tal venía alquilado, y lo tengo de volver: y así quisiera saber. si tu Alteza lo ha pagado. Mucho a estimar he llegado tu gracia, y la he de premiar. Y es lástima que un lugar me tenga así arrinconado. Toma esta cadena. En vuestro valor mil honores hallo, ya me tratáis de caballo, cuando me basta un cabestro. No sé qué nuevo accidente a Alejandro me ha inclinado. Qué es esto que me haforza a amarle tan brevemente Aurora, tu rostro hermoso amante idolatro ciego. Dichoso seré si llego a nombrarme por su esposo. Perdone el amor del Rey, pase a Alejandro mi ardor. Antes que todo es mi amor. Solo aquí mi gusto es ley. Este es medio de honestarle a Aurora mi firme fe; mas después se lo diré. A lejandro, llega a hablarle. a Aurora, que es Española, y ha poco que a Inglaterra; ha venido de su tierra. Pero mejor es que sola Alejandro encarecer le pueda mi condición, mi grandeza, y atención, mi fineza, y proceder. Vamos, y tú la pasión templa, y de Aurora la pena, que extraña la tierra ajena, y en sin sois de una nación. . Háblale a Alejandro, Aurora, y dibierte tu pesar, con esto vendré a alcanzar que sea mi intercesora. . Se hanido? . Sí. Esposa mía danme en albricias los brazos. Es posible que a estos lazos. volvió la fortuna mía! Da lugar también, señor, que Rocín llegue a abrazarla, pues me cuesta a mi el hallarla muchas gotas de sudor: Y también por más fineza, por buscarla con ardid, he tenido más de mil quebraderos de cabeza. Aurora, qué llego a verte! Que estoy contigo, señor! Ya no le remo al rigor. Ya será feliz mi suerte. Ay, esposa, y cuantas penas sin tu belleza he pasado! Ay, mi bien, y como he estado sin verte, en tierras ajenas! quieres escucharlo? Dí. Famoso asunto, o concepto, señora, encaja un Soneto a pedir de boca aquí. No has visto nave, siempre combatida, a quien azota riguroso el viento, padeciendo en el lóbrego elemento, con mucha tempestad, con poca vida? Ya se ve de las hondas sumergida, y ya el velamen toca el Firmamento, y buscando entre horrores salvamento, se mira la esperanza ya perdida? Pues así he sido nabe, que engolfada, con cuidados, con penas, y tormentos, con ansias, y pesares fatigada: Con afliciones, dudas, sentimientos, me miro de desdichas rodeada; pero siempre constante en mis intentos, Escucha, mi bien. . Detén, señor, que si tu discreto la pagas con un Soneto, otro me toca también. Cómo suele Castillo estar sitiado, en plaza rasa, de escuadrones fieros, y de vombas, de piezas, y pedreros, mosquetes, y arcabuces rodeado: A quien las prevenciones de cuidado libra de tantos enemigos fieros, que en multitud compiten los luceros del manto azul, que el cielo vio estrellado? Así se ha visto la esperanza mía entre angustias, pesares, y temores, sintiendo la mortal artilleria: De cuidados, tormentos, y rigores, y en tan confusa, y triste bateria mas firme, y más constante en mis amores. No visteis un borrico en la faena, de una noria bogando todo el día? no habéis visto tahona, o herreria, un trapiche, o batan de asnos estrena? Que amarrados los pies a una cadena, son sus costillas vancos de crujía, sufriendo del verdugo la porfía, gimiendo más que gime una suegra. Yo así, con las desdichas que público, buscándote he surcado esa marina; y mi amo el primero ticotaco. Me dio con el garro de una encina mas palos que llevar puede un borrico, con más hambre, que niño de doctrina. Yo te pagaré algún día, Rocín, la amante fineza. Si señora, y escribildo. en mi libro a buena cuenta. Alejandro. . Aurora mía. A Dios. . Qué te vas? Es fuerza, que volverán a buscarme. Y qué favores me dejas. Los brazos, y toda el alma. Eres mía? . Eso pudieras excusar, pues no lo ignoras. Es que es forzoso que tema al verte en tantos peligros. Qué importa, si en mi fineza soy roca opuesta a las aguas? Pues a padecer, y vengan diluvios de tempestades. Para que conocer puedas, a pesar de la fortuna, en mi heroica resistencia, la fineza acreditada. Yo espero, mi bien, que vuelva tanta tormenta en bonanza. Esa dicha es muy incierta, que soy la infeliz Aurora. A Dios. . A Dios. Linda flema, acaben con mil demonios, no nos rompan la cabeza:
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Cansada imaginación, que con dudas desvelada, con temores asligida, me das continua batalla. Llorando la triste ausencia de mi esposo en esta cuadra, ha dos meses que mis ojos le usurpan la luz al Alba. Fue mi querido Alexandro por Capirán de la Armada, a socorrer dos Ciudades, a quien el Turco infestaba. Y en este tiempo, ay de mí! el Rey con violencia trata de ejecutar su deseo, derogando la palabra, que me dio de defenderme: Y cuando ve que no bastan a vencerme sus promesas, sus finezas, y sus ansias, mudando ya de pretejto; con diversas amenazas, y con rigores, pretenda, a pesar de mi inconstancia, el triunfo del vencimiento: Y para mayor desgracia, Ricardo también intenta, con no menos esperanzas, pedirme al Rey por esposa, o con violencia tirana, si el Rey no viniere en ello; deslustrar mi heroica fama. También miro en otra parte a Fénix enamorada y a Teodosía de Alexandro, y a mí, que su amor me trata cada una de por sí, y del amor olvidadas del Rey, y Ricardo, quieren que su tercera me hagan para mi esposo; quien vio tantas desdichas contrarias! También sucede lo mismo a Alejandro, pues alcanza la pribanza con el Rey, a título de que haga conmigo que yo le quiera: y él alienta su esperanza con cautela, hasta tener ocasión aparejada en que podamos dejar sus intenciones burladas. Ocho días ha que Fénix, que ya a Alejandro idolatra, me pidió que le escribiese, que a Palacio se llegara de secreto cierta noche, porque hablarle deseaba. Yo lo hice, y sabe el cielo, que fue por verme entre tantas confusiones, y peligros, como a mi honor amenazan, y que dista de mi esposo. Ay, esposa de mi alma! a mí me nombró, y pretendo saber lo que a solas trata, pues fingiendo otro accidente, desde el cuarto de la Infanta, donde estaba detenido, he llegado hasta está cuadra, por ver mi adorada esposa, y oí que a solas hablaba conmigo, si no me engaño. Para que en tantas borrazcas mi Alejandro me defienda. Así lo promete el alma, prodigio de la firmeza, y asombro de la constancia. Ay esposo, y quién te viera! Aquí estoy; mas en la salan un hombre ha entrado; ay de mí quién será? Quién en mi estancia se atreve a entrar a estas horas? Quién perdida la esperanza, de la noche se ha valido, que podrá su negra capa amparar a un desdichado, para deciros sus ansias Porque como a tanta Aurora el Rey es Sol y la saña, no puede lucir mi amor a sus rayos, y así aguarda a valerse de las sombras. Pues vuestra Alteza se engaña si imagina que aún el Sol, de los Planetas Monarca, pueden deslustrar sus rayos las las luces que le acompañan a esta Aurora, porque soy Águila, que con bizarra vista le agoté las luces, sin menear las pestañas: Y para vos, si atrevido os valéis de sombras pardas, para asaltar de mi honor la no vencida muralla, sabed que soy centinela, que en continua vigilancia, en la torre de mi honor vivo segura, y guardada. Oh ejemplo de las mujeres! o roca sopuesta a las aguas, no temas, que mi valor labrá matar quien te agravia! Imaginar, bella Aurora; que de una ocasión tan ardua, de tan oportuno tiempo, y dicha tan deseada, he de salir, sin llevar de esa mano soberana favores es imposible: porque el dolor que me mata, me obliga a elegir el medio mas difícil, y arrestada el alma está a no morir de cobarde. Y si tú, ingrata, a mi pena correspondes, para conseguir la palma, he de pecar de atrevido: y así elige. . Basta, que se corren los oídos de razones tan libianas. Quien le ha dicho a V. Alteza, que cuando ciego intentara ese intento temerario, que en estos brazos no hallara valor, brío, y resistencia, y aún juzgo que le arrancara B16 el corazón a pedazos, cuando ofenderme tratara: Y así trate de volverse vuestra Alteza. Tus palabras. son en vano, pues ya apelo a que la fuerza me valga. Reportese. . Alteza, y mire. . No miro nada, esto ha de ser. . Ay de mí! favor cielos! Esta espada. castigará tu osadía, la sombra esta vez me valga. Mi acero sabrá también defenderme. Quién me ampara? sin duda es el. Rey, y juzgo que dentro de él cuarto estaba: todo es riesgo, y confusiones! que he de hacer? . Aquí me valga el ausentarme, que el Rey es quien riñe. . Espera, aguarda, porque veas con tu muerte castigada tanta infamia. Este es el cuarto de Aurora, y ha de morir quien la agravia. De tan loco atrevimiento tomaré justa venganza. Del incendio de mis celos fulminaré ardientes llamas. Rayos esgrime mi enojo. Centellas vibra mi saña; muere traidor. . Tú verás tú fin sangriento en mis armas. Siguiendo a Alejandro vengo, el alma toda turbada, a esta sala, porque en ella imagino una desgracia. Cielos! Alexandro es este, que su voz me desengaña; quiero ver si le reporto. Aqueste es sin duda; aguarda mi bien, Alejandro espera. Esposo, Alexandro, aparta el acero. Vive Dios, que en este brazo me alcanzó una herida; ahfalsa Aurora! traición, aquí de la guarda. Qué es aquesto? Quién da voces? Quién a V. Alteza agravia? Qué miro! Válgame el cielo! Ay desdicha más extraña! Hay traición más conocida! Señor. No me habléis palabra: mal herido estoy, Ricardo. Pues traidor, como tu espada se atrevió? Ricardo; ay cielos! qué hede hacer? Espera. . Basta, su traición he conocido. Ahora, ahora desgracias! Ahora, ahora desdichas! Demos fin a tantas ansias! Acabemos de una vez con la muerte! Qué contraria se ha declarado conmigo la fortuna! . Aquesta banda apretar puede la herida. Eso intento, mientras halla mi enojo medio de dar la justicia más extraña, y el castigo más atroz, que en las edades pasadas, de crueldades, y rigores, nos da ejemplares la fama. Alejandro, aunque el poder, y la razón le dan alas a mi enojo, templaré el furor, porque las causas conozcas de tu castigo: Y aunque ardiendo en viva saña vibra volcanes el pecho, y éxhala rayos el alma, he de reportarme, en tanto que a tu ingratitud tirana hago los cargos traidores, que tu aleve pecho fragua. Será bien hecho, Alexandro, que del polvo de la nada te levante mi valor, hasta la Región más alta, y que tu desvanecido con altivez soberana, tan soberbio correspondas, que intente tú aleve espada pagarme tantas finezas con ingratitudes tantas? Será bien hecho también, que cuando mi amor te encarga el amparo de estos Reinos, y que el bastón de la Armada te entregué, sin conocerte, ingrato a fineza tanta, que ha causa envidiado a cuantos Príncipes acreditada tie tienen su sangre, a pesar de las Lunas Africanas, me pagues de esta manera: y que con cautela falsa vengas oculto, dejando al arbitrio de las aguas Armada de tanta estima, en quien mi Corona sacra tiene cifrado el valor? Y que esté nenospreciada tanta fineza en tu pecho, y que para mayor causa, y más inorme delito, cuando mi afecto te encarga secretos del conazón, que solo registra el alma, . dándote parte en mis penas, por si puedes aliviarlas; movido de mis finezas, al mismo tiempo que alcanzas, lo más íntimo del pecho; que es la más grave pribanza, no solo no correspondes con cautela, sino tratas de oponerte a mis deseos, hasta ser tanta tu infamia, que cuando te hago tercero, te levantes con la dama, ofendiendo mi decoro, y burlando mi esperanza, derogando de Palacio la inmunidad, ley intacta, te hallo escondido en el cuarto, desatento, y con las armas en las manos, y una aleve mujer, engañada, o falsa, pretendiendo reportarme, da más motivo a mi saña, pues esposo, y dueño mío, para aplacarme me llama; y luego, reconociendo su engaño, queda turbada? También miro en otra parte, contra el valor de mi fama, a la Infanta en este cuarto, que cariñosa intentaba sosegar tu ira. . Señor, yo en el cuarto vine, estaba; toda me ha cubierto un hielo! Yo no acierto a hablar palabra, que balbuciente la lengua, en desdicha tan extraña, soy un caos de confusiones, y me hallo en todo culpada! Yo, señor; buscar no intento disculpas, porque no halla el discurso en evidencias tan ciertas, y declaradas, razones, que me disculpen. Acabe mi vida! caiga el rigor de tu justicia sobre mí, pues que son tantas mis desdichas, que la muerte elijo para aliviarlas! Presto verás tu castigo. Almirante. Qué me manda V. Alteza? A aqueste monstruo en la torre de este Alcazar poned preso, y tú, Teodosía, para que tomes venganza de tus celos, y mi enojo, en esa torre cercana de tu cuarto, te encomiendo, que en continva vigilancia tengas en prisión a Aurora, que Londres verá mañana en afrentosa justicia trocada tanta pribanza. Válgame el cielo! ay de mí! ya llego el fin de mis ansias! ya el examen de mis penas! ay Aurora desgraciada, que voy a morir sin verte! Almirante, esta es mi espada, ya está a vuestros pies rendida. Orden es, ejecutarla me es preciso, a mí me pesa. A mí más, pues las entrañas me parte aqueste dolor; qué es esto que por mi pasa? bien sabe Dios que el suplicio no siento, aunque en él me aguarda. tanto tropel de tormentos, solamente llora el alma despedirme de mi esposo. Espera, señor, aguarda, me despediré de Aurora; mas cómo, si me traspasa el corazón el dolor de perderla, y de mirarla? Cielos justos, que miráis su inocencia, y su desgracia, yo muera, y no muera Aurora; defendelda, y amparadla; pero si no has de ser mía, si no tengo de gozarla, mejor es morir entrambos; mas no, que no está culpada: yo solo pase la muerte, que aquella hermosa garganta es lástima, que un cuchillo trueque en lirio nieve tanta. Aurora, a mí me es preciso, hacer lo que el Rey me manda, sabe el cielo que lo siento. También lloro tu desgracia, mas la sangre de mi hermano me incita a tomar venganza. Vamos, Alejandro . Vamos, señor, no quiero mirarla. Señor, Alejandro, amigo, pues te vas, y no me hablas? Aurora, quédate a Dios, que ya la pena me acaba. . Ni yo te quiero mirar, porque el verte es circunstancia de alibio para mi vida, y no quiero dilatarla. Vaya, señora, al suplicio Aurora a gozar la palma de morir con Alejandro, pues podrá con esta hazaña lograr la infeliz Aurora la fineza acreditada. De aquella intención taimada de mi amo, es bien me queje, porque es burla muy pesada, que el Rey una Armada deje a quien se la lleve armada: y que a mí, porque he intentado disuadirlo de esto infierno, muy soberbio; y muy sobrado, con el bastón del gobierno me dejó desgobernado. Antes de ayer;a la hera que la Armada hizo la salva, partió a ver a mi señora, l y es cierto que con Aurora estará; no si no el Alba! que él se está holgando se infiere: Y así el señor General hoy a decir se prefiere, mate Moros quien quisiere, que a mí no me han hecho mal; aunque pienso que es peor, porque al verle tan amargo, dije, mas que mi señor teme que el Rey con amor a Aurora le de algún cargo. El partió como una bala; y en esta acción, que no es boba, colegí que iba de mala, él a ser Maestresala, y mi ama maestra alcoba. . Yo bien pudiera librarte, Rocín Celia, . Dónde vas? Vengo a Palacio, y confio que el Rey ha de darme un cargo . Pues, Rocín, haz memorial, por lo bien que le he servido en la facción, y después, si quires en mi servicio quedarte, haz un memorial. Rocín, has perdido el juicio? estás borracho, demonio? Hola, Celia, ese es estilo de hablarme? Pues no ha de ser, cuando a tan grande peligro hoy has venido a meterte. Pues dime, que ha sucedido? No has pasado por la plaza? . Sí. Y en ella, di, no has visto estar haciendo un cadahalso? También. . Pues aquese sitio es de Alejandro, y Aurora. Cuerpo de Cristo conmigo! Pues dime dónde has estado? Yo, en la armada. . Tu amolvino y no sé lo que pasó, que el Rey está mal herido; y Alejandro sentenciado, y Aurora; con que al suplicio sacán mañana a los dos. Ay Celia! que es lo que has dicho, que desde la espina abajo me siento con calor fríos mortales, pues huelen mal? Qué he de decir? lo que digo: y si a ti también te ven, harán lo mismo contigo. Acabose, aquesto es hecho: qué hede hacer, pléguete Cristo, , . Vive Dios, que el calor está en las bragas, y en el estomago el frío? y diera un famoso arbitrio. Pues dalo, Celia del alma, que yo estaré a tu servicio. responderé por escrito. Ay Celia miarlas chanzas escusa por Jesu Cristo, Pues digamé, negará el amor que me ha tenido? Jesús! no lo negaré, que fuera grande delito. Sabe que Fabio me adora, y que yo le desestimo? Y como que yo lo sé, por señas que él me lo dijo. Y si te libro, Rocín; has de casarte conmigo? Qué dices, Celia celeste! aunque fuera con Longinos. Qué hará Celia con Rocín? desde aquí quiero escondido saber todo lo que pasa. Pues en fe que es mi marido, dame la mano. . No más? Jesús que poco has pedido! toma las manos, los pies, el menudo; y entresijó. Eres mi esposo? . Sí, Celia, lo soy, lo seré, y lo he sido, antes, y después del parto, por los siglos de los siglos. Pues, Rocín querido ahora vente a mi cuarto conmigo, que en él estarás oculto. Con harto miedo te sigo; vamos, Celia. que el estar aquí escondido ha sido brava cautela! y pues estoy ofendido de este pícaro, y de Celia, he de hacer que en un pollino salga a dar a la Ciudad un paseo muy lucido. Y pues se ha entrado enel cuarto yo de Alguácil revestido, le he de dar un santiago, pues es propio de Ministros el correr tras el que huye, y buscar al escondido. Oscura prisión, tenebroso seno, estrecho retrete, y fúnebre encierro, adonde del Sol los claros reflejos, jamás registraron tu lóbrego centro, escucha mis quejas, oye mis lamentos, atiende a mis voces, y advierte a mis ecos. Yo soy la infeliz Aurora, que un tiempo coronó mis sienes de Ungría el Imperio. También de Saboya el Ducado excelso a mi ilustre sangre le dio el ser primero, Renombre de hermosa alcancé, y lo creo, pues tantas desdichas. me dicen que es cierto, Príncipes, y Reyes de diversos Reinos, me solicitaron con nobles deseos, Y solo Alejandro, mi adorado, dueño, Príncipe de Ungría, me llevó el afecto; que alegre, y gustosa, con tal dulce empleo, rendí la cerbiz al casto Himeneo. Que unión tan dichosa fuera, si los cielos no la contrastaran con varios sucesos! Qué grave delito cometí naciendo, para estar pasando tan graves tormentos! Mas, ya de la muerte el plazo es pequeño, y quizá tendré descanso muriendo. Pero entre mis penas solamente siento, no ver a Alexandro en trance tan fiero, Hay esposo mío! qué dolor eterno es el de una ausencia! y que desconsuelo! Hombres, aves, peces, fieras, elementos, fuente, campos, riscos, flores, y arroyuelos, llorad mis desdichas, sentid mis sucesos, lamentad mis ansias, gemid mis tormentos, Afligida, y triste, por ahora espero ver en mi garganta cuchillo sangriento. Acabe mi vida, Anude mi aliento la tirana mano de un verdugo fiero, y sea el cadahalso teatro funesto, tálamo dichoso de amantes perfectos: Y muera contenta, pues que no merezco mayores grandezas de las que poseo. Y bien sabe Dios, que el plazo deseo, por ver Alejandro, aunque en tal extremo, que es para mi amor bastante trofeo, ver faltar de un golpe un alma, y dos cuerpos. Y en fin, es mi amor tan grande, que ofrezco, Alejandro mío, adorarte muerto, (verdadero, que un firme amor constante, y no le acaba la muerte, ni el tormento. Favor a la justicia, que se ausenta, que un preso se me ha ido. . A mi cuarenta: alego que soy novio, y exceso, que el día que me caso vaya preso. No hay leyes, que reserven tu delito. A Bártulo, y a Baldo me remito. Vergante, de eso procedio mi agravio. No digo que soy novio, señor Fabio? Esa mentira arguye tu malicia. Verdad es que me quejo de injusticia, Aquesto es apurarme la paciencia; favor a la justicia, resistencia. Deje de perseguirme, estese quieto. Huyes en vano. . Me pilló el coleto. Venga, pues, a la cárcel. . Mi obediencia granjea de su afecto la clemencia, y si es Celia la ocasión de aqueste enfado, digo, amigo, que ya la he renunciado: desde hoy en vuestras manos servios de ella, que el demonio me hizo conocella. Fortuna rigurosa, y inconstante, signo infeliz, tirano, y homicida, estrella desdichada de mi suerte, pasa con tus rigores adelante, acaba de una vez mi triste vida, y cesará el tormento con la muerte. Pero deten, y advierte, que es más de mi dolor el sentimiento, y no remedio con morir mi pena, si dejo en el rigor de una cadena a mi alma, a mi Aurora en un tormento; con que es error, si elijo en esta calma librar el cuerpo, padeciendo el alma. Tantos son mis delitos cometidos, o justos cielos! tantas son, y atroces, mis culpas, que os mostráis tan enojado, pues cerráis a mis quejas los oídos, y no escucháis mis penas, ni mis voces, ni un alibio les dais a mis cuidados? Dejad de estar airados, miradme con clemencia, y si soy ocasión de esos enojos, a mi Aurora volved, volved los ojos, y veréis su hermosura, y su inocencia, que es lástima que paguen igualmente, una pena culpado, y inocente: Aurora de mis ojos, prenda mía, tan infeliz en todo, como bella, ya el tiempo se ha llegado de tu suerte, no el de jurarte Emperatriz de Ungría, que bien contraria te salió tu estrella, pues se ha trocado en tu temprana muerte! Qué ya llegué a perderte! qué ya me he despedido de tu vista! qué pena! qué rigor! qué desventura! qué bronce habrá que a este dolor resista, cuando llegue a mirar el que te adora, eclipsado tu Sol, sin luz tu Aurora! A Dios esposa amada, a Dios querida, a Dios milagro hermoso de fineza, a Dios prodigio de valor constante, que ya el último vale de tu vida acrédita del todo tu firmeza, muriendo juntamente con tu amante. Ea, pasa adelante, no temas del cuchillo el golpe fiero, pues me promete más felice suerte, que no ahora, la hora de mi muerte; pues que llego a mirarte cuando muero, con que será del verte tanto el gusto, que llegará la muerte, sin dar susto. Pero qué rumor es este? parece que abren la puerta de aquesta oscura prisión; sin duda que ya se acerca el término de mi vida, ea valor, resistencia. Quien este caos tenebroso, con lento paso atraviesa? si es por suerte a referirme el fallo de mi sentencia, es tiempo gastado en balde, y excusada diligencia, cuando deseo morir, por alivio de mis penas? Aunque pudieran los celos irritarme, a que sangrienta, diera venganza a mi enojo, con la muerte que te espera. He venido a que conozcas, que olvidada de mi ofensa, te perdono mis agravios, y te pago con finezas. Yo te he querido, y procuro, que lo publique mi lengua, para que tenga disculpa la acción que mi amor intenta. Yo soy Fénix, Alexandro, que también quiero que sepas, que me pongo por tu vida, a peligro de perderla. Fénix soy, digo otra vez, pues sirven a mi vergüenza de terceros el amor, y estás confusas tinieblas, No vengo de tu peligro a darte las tristes nuevas, sino solo darte vida, determinada, y resuelta. Esta llave que te entrego, es de esta pequeña puerta; goza, pues, de la ocasión, baja hasta el Parque por ella. Y sea sin dilación, antes que el día amanezca; porque ese solo es el plazo, que de tu muerte te espera. Llega al jardín, y en la fuente del laberinto de yedra te espero, con un caballo, donde sabrás lo que intenta una mujer arrestada, con una pasión tan ciega. Fénix hermosa, y divina, lo agradecida que queda el alma, será imposible, que la lengua lo refiera. Confieso mi obligación, y lo que a tanta fineza debo, hermosísima Fénix; mas si quieres que te deba la vida de todo punto, y el mayor bien te agradezca, hazme sola esta merced. Las rodillas en la tierra, como mi Reina te pido, como a señora te ruega el alma, que en dos arroyos sale a los ojos deshecha: Así vivas. . Alejandro, levanta, no te detengas; qué me pides, cuando sabes que imposibles atropella mi amor? . Ruégote, señora, que el ser mujer te enternezca, que mis suspiros escuches, que mis lágrimas te muevan, para que des libertad a Aurora. . Detén la lengua, dame la llave, Alejandro, que es bien que así me agradezcas. el darte vida, y ponerme, a los riesgos que me cercan. Mal haya mi amor, que es causa de que ultraje mi grandeza un ingrato, y que por darle. la vida, salga sin ella! dame la llave. . Señora. Dame la llave, que es fuerza que mueras, porque testigo ninguno de mi flaqueza, ni de mi desprecio quede. Tómala, para que adviertas, que quiero morir por no vivir sin mi Aurora bella. Quién vio constancia mayor! y quién vio mayor ofensa! que he de hacer, cuando en mi pecho siento la batalla fiera de mi honor con su desprecio? Venza el amor esta vez, y válgame una cautela. Alexandro, por saber cuanto de amante te precias de Aurora, yo que te estimo, no te anticipé la nueva de su muerte; ayer murió, sabe el cielo que me pesa. Qué dices señora? ay cielos! válgame vuestra clemencia. que he de hacer? . Oye, Alexandro; no des voces, no nos sientan las guardas, mira el peligro en que estoy, nada remedias con extremos; si quisieres hacer lo que te aconseja mi amor, toma aquesta llave, y te dirá lo que intenta hoy mi voluntad. De Escocia, que soy única heredera, ya sabes, salva tu vida, y pues un caballo espera, vámonos, y en mis Estados coronaré tu cabeza. Todo es cautelas amor! puede ser que no sea cierta la nueva que me da Fénix que amando miente cualquiera. Yo quiero tomar la llave, y agradecer su fineza, y registrar la prisión de mi Aurora, que si es muerta, siendo mi vida me excusa de morir la diligencia. Dame la llave, señora, que la aflición de la noche me privó el conocimiento de tu amor, y tu grandeza. Tómala, y mira que espero en la fuente; voy contenta. . Y yo quedo en la mayor confusión, en la tormenta más grave, que el corazón ha llorado en tantas penas, Ir a la torre pretendo, que quizá desde sus rejas veré mi vida si es viva, o me mataré, si es muerta. . Qué imposibles facilita, qué temeridades traza, quien en las llamas de amor continvamente se abrasa! Esta es la torre, en que Aurora, entre horror, y sombras pardas, funebre retrete encierra; sepulcro viviente guarda. La oscuridad de la noche, y estar durmiendo las guardas, me han facilitado el paso: y pues Teodosia mi hermana, me dio la llave, pretendo que mi Española adorada que de libre de la muerte, que el Rey tiene decretada: Porque viendo mi fineza Aurora, aunque ha sido ingrata a mi amor, ha de pagarme, al verse tan obligada. Y supuesto que en el Puerto ha dado fondo la Armada, a la imitación de Paris, pretende mi amor robarla; que los rigores del Rey, asegurar puede Irlanda, que después que mi valor postró su altiva arrogancia, sigue mi facción, y intenta coronarme, y que mi espada valiente libertar pueda la opresión con que la yitraja el Rey mi primo; mas está, si la oscuridad no engaña la vista, es la puerta, y quiero abrirla, sin asustarla: Qué dolor llamarla intento. Aurora, Aurora. Quién llama? Ricardo soy, que movido de mi amor, y tu desgracia, pretendo darte la vida. Válgame el cielo, y que extraña desdicha! y que gran peligro es el que a mi honor le aguarda! Mas me valdré de dar voces, para despertar las guardas. Qué pretende vuestra Alteza? no bastan, señor, no bastan mis penas, y mis desdichas, que así pretendéis doblarlas? Suspende, Autora divina, la, turbación, y recata la voz, que yo no he venido a ofenderte, y mi palabra te empeño de no agraviarte; que de mi venida es causa el ver el pequeño plazo, que a tu vida le amenaza. Sentenciada estás a muerte, señora, el día es manana, tu peligro es conocido, ya juzgo que llega el Alba; toma esta llave, que en ella está tu vida cifrada: yo te aguardo en el jardín. Por esta antigua muralla tienes, paso hasta la parte adonde mi amor te aguarda; ve, que el tiempo es oportuno, que brevemente en la Armada podremos salvar las vidas; que desde aquí doy palabra, y mano de ser tu esposo, y de la famosa Irlanda coronarte por su Reina: Y si Alejandro me hallara, del mundo, y de muchos mundos por Reina te coronara. Tanto agradezco, señor, la resolución gallarda de vuestro pecho, que siento el verme tan obligada a una deuda, que es preciso conocerla, y no pagarla. Pues qué ocasión tan precisa es la que así le defruada a mi amor, el no lograr tan honestas esperanzas. Ay ocasión muy bastante. Y ya la adivina el alma; sin duda que es Alejandro el que mi amor embaraza; mas valdreme de un engaño, y a la verdad no la engaña mi amor, en decirque es muerto, cuando lo ha de ser mañana. Aurora, señora mía, no en circunstancias repara, cuando es tan grave el peligro, que en tu honor asegurada vas; advierte que un cuchillo amenaza a tu garganta, y que viviendo podrás buscar remedio a tus ansias. No des lugar, bella Aurora, que yo llore la desgracia en ti que vi en Alexandro ayer tarde ejecutada. Qué dicés, señor? espera: ya la prudencia me falta! es muerto Alejandro? Sí . Cielo santo! Aurora, calla, no des lugar con tus voces a que nos sientan las guardas. Si será verdad? ay Dios! o si es cautela trazada de su amor, para vencerme? Mas yo sabré si me engaña; y para ver la verdad otra cautela me valga. Ricardo, yo he conocido de que no remedio nada con mi muerte, y así elijo premiar vuestras esperanzas, valiéndome del seguro, que me da vuestra palabra, de no ofenderme entretanto, que con vos no este casada: Y así para conseguirlo, pues la noche nos ampara, dadme esa llave, y al punto os id, y donde me aguarda vuestro valor me esperad, que ya yo voy. . Dicha extraña! felice mil veces yo, que consigo dicha tanta! toma la llave, y a Dios Aurora. . Él le dé bonanza. en el mar de mi desdicha, al bajel de mi esperanza. Apure, pues, mi cuidado de la noticia el error, aunque es bastante el dolor para morir asustado. Jamás vi dicha segura, si mis desdichas advierto, el mal en mí está tan cierto, cuanto incierta la ventura. De Fénix el amor fino, de mi fineza aparente, in burlada queda en la fuente, y yo he rorcido el camino: Quiera el cielo que propicia, fortuna mis miedos borre, y que desmienta la torre el temor de mi noticia! No puedo en la oscuridad conocer la parte donde está la prisión, que esconde mi desgraciada beldad. Para mi muerte no aguardo, lleno el corazón de enojos, mas que conozcan los ojos las noticias de Ricardo: Porque si su muerte es cierta, mi triste fin solicito, y mi fineza acrédito, pues le imito estando muerta. La torre vengo buscando, entretarto que engañado Ricardo me está esperando; hallarla, ay Dios! dificulto. Que siento rumor parece. Allí un hombre se me ofrece. Allí se me ofrece un bulto. En grande peligro estoy! Yo temor ser conocido. Gracias a Dios que he salido, y a Celia también las doy, que es de virtud conocida, y hechicera muy honrada, pues de cárcel tan cerrada. me ha buscado la salida. Mas yo procuro andar quedo, que mi peligro es notorio: Ánimas de Purgatorio, sacadme de tanto miedo. Un hombre, o yo me engañado, juzgo que se acerca a mí. Un hombre se llega aquí; y otro miro allí parado. Jeses mil veces! no es nada! hay pobre de mí! qué espero? de un lado me espera Duero y de otro Peñatajada. Válgame Dios! qué he de hacer en medio de este fracaso, que quien tiene corto paso, no puede echar a correr? Yo intento escurrir la bola, que es tarde; en qué estoi rehacio? . Mujer dijo, es evidente cuerpos, y con tanto espacio, serán del ánima sola. No hablar son indicios malos, evidente cosa es. Si no respondo en Inglés, ellos me matan a palos. que a mi esposo me ha ocultado, . Yo no sé el medio que intente en confusión tan vecina! Señores, siendo gallina, si me mostraré valiente: Si recatando las voces conocerán mi persona! Y si haciendo la intentona me darán quinientas coces! Mi traje es muy conocido, y no me atrevo a dar paso. Si ellos vinieran al caso, ya me hubieran enbestido. A un lado, amigos. . Ya habió el uno en acentos quedos; vive Cristo, que diez dedos son más gallinas que yo. Caballero, he de poder pasar sin que agravio intente? Señores, yo soy valiente, y no lo echaba de ver. De no responder se infiere, que siguiéndome vendrán. No responde? pasaran cuando a mí me pareciere. Ah hidalgo, no ha merecido mi ruego el hacer más caso? Ya he dicho que daré paso cuando yo fuere servido. Oh qué pena es no tener armas en esta ocasión! O las dos mujeres son, o está sin duda es mujer; pasad, pues, que no persigue mujer mi brazo valiente. que está es Fénix que me sigue: Ea, pasad, que es angosta la calle. . La suerte es mía. Me hacéis merced. Y como que hago, cred que me tiene más de costa. Ricardo me ha parecido el que allí miro presente; no sé el remedio que intente, cuando ya me ha conocido! Fénijes, y es fuerza hablarla, que parece que recela de mi intención la cautela, y así podré asegurarla. Hablarle quiero, no entienda el engaño, que he trazado, que después a mi cuidado le dará el cielo otra senda. Sois vos, señora? Yo soy. . Es engaño? Es fantasía? Parece que a Aurora oía? Si con Alejandro estoy? Mas no, que de mi memoria son aparentes antojos. El deseo dio a mis ojos vana ilusión de mi gloria. Pero si su fin fue cierto, y aquí se me ha aparecido? De mi Alejandro ha venido el espíritu, si es muerto. Pero tengo de apurar mi desdicha, o mi ventura. Tengo de ver si es segura mi suerte en tanto pesar. Aurora. Alejandro. . Es cierto que vives, prenda querida? Alejandro, tienes vida? es verdad que no eres muerto? No mi bien. . Ni yo tampoco, qué ventura! Qué alegría! . Qué suerte! Pierdo el juicio! Yo estoy loco! Dame los brazos. Si haré. . Dueño mío. Te estoy viendo? Quién te trajo? No lo entiendo: cómo veniste? . No sé. Quien son llego averiguarlo. Quién es? Señor, Rocinante. Rocín. Rocín, y no ha un instante que te pareció caballo. Ya en glorias están trocadas mis penas. Quién tal ha visto! Si no me habláis, voto a Cristo, que os hago dos mil tajadas. Dónde vienes? He rompido un calabozo a esta hora. Y tú, mi querida Aurora? Lo mismo me ha sucedido: y tú como hallaste medio en tu prisión? cómo fue? Después te lo contaré, vamos ahora al remedio, que solo estriba en que vamos a buscar algún bajel al puerto, por ver si en él las vidas aseguramos. Vamos, pues, que allá en la playa no faltará en que embarcarnos. Tratemos de menearnos, señores, haya, o no haya. Fa, pues, de aquesta tierra salgamos con brevedad. A Dios tirana Ciudad. ̱. Queda a Dios Inglaterra.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Recelando estoy la causa, que así a Alejandro detiene; triste del que su esperanza a la fortuna la entrega, y la remite a la suerte! Qué dilatado es el tiempo! qué prolijas le parecen las horas de la esperanza, aunque sea el plazo breve, al que adora! qué confusas imaginaciones tiene! qué embarazos no anticipa! y qué riesgos no previene! No sé que adivina el alma, que la dicha desvanece de mi esperanza? mas cuando hay amante que no teme? Mi hermosa Aurora me dijo, que entre estos verdes laureles la esperase, quiera amor, que logre tan alta suerte! Desde el parque, hasta el jardín entre, porque me parece, que he de hallar mi bien perdido en su laberinto verde. Ecos pienso que he sentido, si no es que fue la corriente de ese arroyo. . Los acentos de una voz, si no me miente el oído, escuché, y son los cristales de esta fuente. Si no me engañan los ojos, un hombre juzgo que viene a esta parte. . Una mujer es la que miro presente: eres tú, mi bien? . Yo soy, y prometo que impaciente me tenía la tardanza. O qué dicha hallé en perderme, cuando he logrado un favor, que toda el alma agradece! Yo también en esta ausencia, entre penas diferentes, sentí la desconfianza darme rigurosa muerte. Siempre fue norte dichoso la desconfianza. . Y siempre en el que es amante propria. Y en el discreto, y prudente. Mucho estimo, dueño hermoso, esas finezas corteses. Afectos ciertos del alma. Luego afirmas que me quieres? Si el corazón lo pública, no es mucho que lo confiese. la lengua. Felice soy! aunque temo. . Di, qué temes? Que has querido. . Solo a ti, y lo demás no lo mientes. Serás firme? . Seré roca. Serás mía? . Eternamente; mas una cosa te pido. Dime, mi bien, lo que pides? Qué has de olvidar a. Tente, aguarda, no miras que es ofenderme, nombrarme a quien aborrezco? Qué es olvidarla? desuerte la olvidaré, que aún su nombre dudo ya que se me acuerde: Y así, dulce prenda mía, no malogremos la suerte, que la noche, y la fortuna a mi esperanza promete. Y pues juzgo que del Alba se ven señales alegres, y los dulces Ruiseñores la están cantando moretes; ejecutar lo tratado es solo lo que conviene. Sí, dueño mío, que todos los riesgos, y inconvenientes los atropella mi amor. Pues vamos, y porque empiece el bajel de mi esperanza a navegar felizmente. Tomen los puestos, y acuda toda la guarda a la fuente. Válgame el cielo! qué escucho? Ay de mí! qué ruido es este? Cercados por todas partes nos tiene infmita gente. Qué hemos de hacer? Ocultarte, entretanto que valiente mi espada repara el daño, que ha causado el verte ausente. Tu riesgo es mucho mayor, y así procura esconderte, que quiz á podré estobarlo. Imposible me parece. Registrad todos lo oculto de este laberinto verde Aquí las voces se escuchan, Aquí los bultos parecen. Llegad luces. Aquí están. Quién es? pero que aparente engaño es este que miro! Qué es esto que me sucede! no es Ricardo aquese, cielo! No es esta que miro Ténis! Qué de hacer que estoi corrida? Yo estoy sin vida! Al que huyere tiralde. . Daos a prisión. Aguarda, señor, detente, que los que mirando estamos son solo Rieardo, y Fénix. Qué dices? Lo que es verdad. Qué extraño suceso es este! Fénix, Ricardo. . Señor; Qué hacéis aquí? Si merecen s disculpas hierros amantes: Aquí decir me conviene, . que el hallerme con la Infanta no ha sido por accidente, que fuera mayor delito, si mi engaño se supiese. Con vuestro ingenio, señor, mi atrevimiento bien puede ser menos, pues conocéis que soy amante, y que Fénix, siéndolo de la hermosura, también disculparme puede. Yo por gozar la frescura, que este ameno sitio ofrece, bajé a tiempo que mi primo en él también se divierte. Fuerza es llevar adelante, . la cautela, que pretende Ricardo, que era peer, que la causa se supiese, que así me obliga a fingir. Y encontrándonos por suerte, me ha divertido este rato con mil finezas corteses. Ricardo, cuando podéis galantear libremente a Fénix, con el seguro que mi palabra os promete, es agraviar mi fineza, y estragar con indecentes acciones la autoridad, y el respeto que se debe a vuestra prima, pues cuando podéis lograr libremente, con el título de esposo, reciprocos intereses, y que salgan a lucir las glorias de vuestra suerte; es ultraje que os valgáis de los medios, que os ofrece la soledad de estas sombras. Y vos, Fénix, si os divierte, el jardín, para gozarle hay horas más convenientes, que hay peligro en el decoro, si en la ocasión oscurece. Yo, señor, soy. . Claro está que sois quien sois, más se advierte, que el vulgo se ve compuesto de opiniones diferentes. Yo en medio de mi pasión, vuestra razón me convence; Hay confusión más extraña! . y que este lance me fuerce a mostrarme amante, fino, de quién el alma aborrece! Pues me declara su engaño, por la parte que me ofende, cielos, sin duda es aquesta la vez primera que puede haber celos sin amor! Que esté yo dando aparentes indicios de agradecida, . cuando a mi amor le divierte otra pasión, y Ricardo por la misma causa miente! Hay laberinto mayor! que cuando juzgue que Fénix, y Ricardo fuesen causa de que la prisión rompiesen Alejandro, y la Española, pues indicios evidentes me dieron de sus cuidados, sus finezas imprudentes, hallo en este desengaño tan contrarios accidentes, que quitan a mi sos, echa las presunciones más leves! Y así embestigar la causa imposible me parece, y en tanto que la averiguo mi enojo el remedio intente. Ricardo. . Señor. Al punto los más ligeros bajeles, que en las galeras se hallaren, sin un punto detenerse, examinen de sus mares los más ocultos retretes, en la busca de un traidor, y de una mujer aleve, que aquesta noche han rompido de aquestas, dos torres suertes las prisiones, y se han ido. Quién son, señor? Quién ser pueden si no Alexandro, y Aurora? Qué decís? Lo que os advierte mi voz. También el criado ha hecho fuga. . No se puede saber quien así a los tres pudo librar de esta suerte. No lo alcanzo. Pues, señor, mi cuidado a obedecerte va; no son si no mis celos los que así mi enojo encienden. Pues, Ricardo, tu cuidado sea quien mi ofensa venza: No sé, por Dios, al mirarte, lo que de esta acción sospeche, cuando las llaves tenéis? Tu Majestad no recele de mi lealtad tal traición, y que es mi sangre le acuerde, y que tengo acreditadas estas canas muchas veces, con créditos muy antiguos, en empeños diferentes. Tenéis razón. Pues, señor, qué aparcebimiento es este de armas, y estruendo enel parque? Fue, porque esta necia gente, además que su descuido; dio ocasión a que se fuesen los presos, alborotaron el Palacio, y imprudentes me dan cuenta de su fuga, y que en el jardín intente prenderlos, porque los vio Julio en el jardín meterse. Aquesta fue la ocasión, y así ven a recogerte. Vamos, pues. Vamos, señor. Vamos, porque ya amanece. Pues ya saltamos en tierra, en aquesa cala quiero mirar, si en aquesta Isla puedo hallar algún sustento. Descansa, mi bien en tanto que el laberinto penetro de este arbolado Páis, en él tapete que el suelo te ofrece, de mil colores, al margen de ese arroyuelo. Ay, Alejandro! ay esposo, y que cansada me siento! Pues mi bien, siéntate en tanto, que cobras algún aliento, que el desmayo, y el cansacio te rinden, que yo pretendo buscar, mientras tu descansas, algún alivio, que espero, de caza, y frutas, que ofrecen estos árboles espesos. Oh maldita sea la estrella de mi signo en los infiernos, esta hora menguada en que fue mi nacimiento! Señores, quien habrá visto mis trabajos, mis sucesos, mis fortunas, mis desdichas, mis hambres, y mis empeños? Ya soy Inglés, ya Español, ya Aleman, y ya Flamenco, ya soldado, ya la cayo, ya amigo libre, ya preso, ya sentenciado a ahorcar, puesta a la vista el tormento, y en fin la mayor fortuna, que pudo ofrecerme el tiempo, fue salir para galeras, adonde ados manos remo, sin comer a dos carrillos, que casi ya no me acuerdo el día que comi pan. Solo con dos elementos me conservo tan nautral, entre agua, y entre el viento, que a mí mismo me pregunto, muy indeciso, y suspenso, si soy carne, o soy pescado, camaleón, o cangrejo? Ten sufrimiento, Rocín, que ya más piadoso el cielo se muestra, cuando a la vista ofrece este sitio ameno, donde podemos buscar, que comer, pues padecemos la misma necesidad todos tres. . Por mí lo siento, que estoy desde que salí, no solo asido de un remo, si no de dos, y tú estás, siendo amante, tan contento, tan pagado, tan gustoso, tan harto, y tan satisfecho, como Soldado alojado en casa donde ay dinero, y es el amo Ginoves, que hace ostentación del miedo. Pues logro yo más regalo, que tú, porqué dices eso? O tú eres necio, o yo tonto: porqué lo digo? eso es bueno! no eres amante? . Si soy. En un vaso que está lleno, puede entrar otro licor? Si no es de más grave peso, no puede verter al otro. Tu amor no es fino? Confieso, que sus quilates podrá tener un mundo de precio. Pues si es tu amor como el oro fino, y pesado, y tu pecho está lleno de este amor como puede dejar seno para encubrir de bituallas, que te sirvan de alimento? Además, que siempre tienes por regalado sustento, al instante que amanece, chocólate de requiebros, y entre mil dulces finezas, plato de asados afectos, ensalada de favores, y no te faltan pucheros: y al mismo tiempo te brindan tus dos niñas vino añejo, Rocín, Aurora parece, que rendida del tormento del camino, se ha quedado dormida, con gran silencio la asiste, en tanto que yo aquesta selva requiero, por ver si pudiese hallar, quien pueda darnos sustento: y por descubrir la tierra, quiero salir a esos cerros. Mientras él va, de rendido en este lado me tiendo, que estoy cansado, y en fin soy hombre de mucho peso. A tierra, a tierra, que miro en esa cala una vela. Y es el barco que Alejandro se trajo de Inglaterra. a Cercad todos la Marina, y el que se ausentare muera. Guardad la huida del monte en lo espeso de la selva. Hacia esta parte parece, que se encaminan las huellas. Si la vista no me engaña, dos bultos entre la hierba de ese prado miro echados. Dices bien, de más cerca procuro ver si son ellos. La que en la hermosa ribera, que guarnece de esmeraldas aquese arroyo de perlas, está dormida, es Aurora. Gran ventura! Aurora es esta, y el otro Rocín, que al sueño le pagan la común deuda; adónde estará Alejandro? No sé, más muy bien pudiera no venir aquí Alejandro, Esta presumo que es la parte donde aunque en una noche misma se ve que los tres faltaron. Dices bien, y es cosa cierta, que si el Rey hubiera venido, aquí también estuviera. Llamemos la gente. Aguarda, que parece que se queja entre sueños. Tente, aguarda, porqué perseguirme intentas? Ricardo en que te herofendido? detén la espada sangrienta, déjame, señor, y basten los rigores de mi estrella: porqué tu enojo atropella así una mujer rendida? Ay Dios, qué triste apariencia! pero que miro? ay de mí! toda mi desgracia es cierta. Desmayose al despertar. Esta marchita belleza, Fabio, de aquesta deidad, pon en mis brazos, pues ella de la muerte de Alejandro nos da anticipadas nuevas, y demos la vuelta a Londres, para que con su presencia el Rey conozca, que es antes Soldados, esta hermosura llevad a mi Nave apriesa. El bergante de Rocín, como duerme a pierna suelta, como ignora aquel refran, en que avisa que no duerma quien tiene enemigos. Tente, te burlas, hermano Celio, no sabes que el ausentarme es porque me han hecho fuerza? Ya sé que me favorenes, y sé que a Fabio desprecias, que es un pícaro gallina, y si ahora le cogiera al borracho, con un tronco le abriera media cabeza. Pues despierte, a ver si es hombre para cumplir la promesa. Basta que es muerto mi esposo, . Yo hable por boca de ganso, maldita sea mi lengua. Digo, mi señor Don Fabio, que soy un puerco, y no crea de mi voluntad, que yo he hablado mal en su ausencia, que puede ser que el demonio le haya puesto esa apariencia: y si yo lo he dicho miento, y me desdigo en presencia de todos estos señores. Tal creo de su fineza; mas venga, que ha de pagarlo con un reenque en galera. Ha señor Fabio, se burla. que no mi amor, mi obediencia. . Vaya. . Déjese de arengas, que no soy hombre con quien ha de haber vaya, ni venga. Esta presumo que es la parte donde dos soles una hermosa Aurora esconde, sirviéndole de noche en tal empeño, sumiller de su luz, un breve sueño: examinar pretendo todo el prado; mas ay de mí! qué es esto, que estampado está de tantas huellas, que apenas se ven ya sus flores bellas? Daré voces: Rocín, mas son en vano; qué es lo que miro, cielo soberano? tres galeras no son las que zarpando de esta cala, se parten, y volando parecen a la vista exhalaciones, que giran encontradas las Regiones? Aurora, esposa mía; mas ya advierto, que este golpe mortal ha sido cierto! Las galeras que miro son de guerra, del Armada del Rey de inglaterra; qué he de hacer, ay de mí! que ya no alcanza el corazón consuelo, ni esperanza? El barco las galeras se llevaron, con que mis esperanzas se fustraron; buscar pretendo si hay en esta tierra en que seguir mi esposa a Inglaterra. Si habemos de hacer aguada, en aquesta Isia, amigos, ofrece el cielo refugio, en arroyos cristalinos. Qué el Rey hiciese jornada, aunque viejo, con tal brío! Que os admira, si le obliga saber que han presó sus hijos Piratas de Inglaterra, que así un pescador lo dijo. Los achaques le obligaron, que son los anos prolijos a retirarse, ordenando que prosiga su destino el Armada, y que Alexandro, que es nuestro Príncipe Invicto, busquemos, aunque se arriesgue el Reino Qué es lo que miro? amigos, qué tierra es esta? Decídmelo, así propicios los cielos os favorezcan; y qué Armada es la que miro, del mar hermosa arboleda? O están ciegos mis sentidos, o es el Príncipe Alejandro quien nos habla. Bien has dicho. Da, señor, a tus vasallos los pies, que el cielo ha querido, que viniendo a hacer aguada; ayamos dado contigo. oravio, ya te conozco, y tus servicios estimo, con la voluntad de todos; decidme con qué motivo habéis llegado hasta aquí? Buscándote hemos venidos tu padre, el Rey mi señor, informado del peligro de que te robó un Pirata: de Soldados escogidos. juntó Armada poderosa, y llegando hasta este sitio, enfermo se ha retirado, y ejecutando el motivo, orden de que te buscase. dio al ejército lucido: Sesenta Naves abollan del mar los cristales ricos. Cierto es que en esta ocasión los cielos os han traído, para cobrar a mi esposa. A embárcar, soldados míos; espera Ricardo, espera, probarás el valor mío: Ay de ti, porque va un rayo hoy contra tilvamos, hijos. Viva el Príncipe Alejandro, y mueran sus enemigos. Qué salgan a mi paciencia tan varias las diligencias, tan inciertos los motivos, que no pueda mi cuidado hallar el menor indicio, aunque cautelosamente templado los averiguo! V. Majestad, señor, no se canse en varios juicios, que me parece imposible, que hubiese quien en peligro tan evidente intentara favorecer los disignios de Alexandro, sin tener de vuestro brazo el castigo. Fénix, me da que pensar ver faltar a un tiempo mismo todos tres, y quebrantar las prisiones, que han rompido, que aunque Alejandro lo hiciera, valiéndose de sus bríos, ya parece que el valor de un hombre, pudiera altivo emprender la libertad; mas una mujer, de un sitio tan fuerte, salir sin darle favor algún atrevido, es imposible; y supongo, que cuando hubieran salido acaso, o por buena suerte, de calabozos distintos, se juntaran tan aprisa, y sin poder ser sentidos, todos tres hicieron fuga. Viven los cielos divinos, que es traición, y he de saber quién mi valor ha ofendido! Ay pobre de mí! qué haré si sabe el Rey que yo he sido quien sacó de la prisión a Rocín? . Hola, qué ruido es ese? . Señor. Ricardo entra a verte, y ha traído, según parece, los presos. Entre, pues. Gran señor. . Primo, dadme los brazos, en fe de lo mucho que os estimo, y lo que a vuestro valor me confieso agradecido. Ya, señor, tienes presentes de tres, que te han ofendido, los dos, que allá con la muerte pagó Alejandro al delito. Vive el cielo soberano, . que he de vengar los desvíos, y la ingratitud de Aurora, porque de mi amor lo fino, se trocó en odio al instante, que no fue correspondido! justa venganza es la mía, cuando burlado me miro, además que en esta acción mis lealtades acredito con el Rey, que es mayor gloria, que el gusto de un apetito. En nuevas obligaciones me ponéis, cuando lo fino de vuestralealtad mostráis en tan heroicos servicios; soy vuestra hechura, y procuro agradaros, y serviros. Ay Alejandro! hay mi bien! ay esposo, y dueño mío. y que presto la fortuna, y la fuerza de mi signo experimentó tirana lo que en tristes baticinios temí de un sueño aparente los efectos sucedidos! A vista del homicida. suelen del cadáver frío verter sangre las heridas: y así quiero prevenido no mirar el agresor, que ejecutó el homicidio en mi corazón, que aún temé de sus ojos el peligro. Vence, la razón, y cesen los efectos atractivos del imán de su hermosura, de la fuerza de su hecho: Esto ha de ser, Almirante, a ese criado. . Qué he oído! Se ponga luego a questión de tormento. San Remigio! Porque confiese quien fueron cómplices en el delito. Señor. . Qué queréis? Quisiera, que si el potro no es preciso, lo excuséis. Pues por qué causa? Porque el Rocín va conmigo. Venid, Ricardo, no quiero que el llanto de un cocodrilo me estorbe la crecución de la venganza a que áspiro. Vamos, señor. . Qué dolos me ha causado haberle visto! Ricardo, llevad a Aurora a la prisión, y vos mismo seréis su guarda entretanto, que otra cosa detérmino. Venid, Aurora. . Obedezco? El verla me ha enternecido. Ay triste de mí! qué haré, que Rocín descubre el hilo de mi fineza, y me dan hasta docientos tocinos! Fabio, preven al instante aquí el potro, y dadle aviso al berdugo, porque traiga lo que falta. . Señor mío, son excusados por Dios todos esos requisitos, para un póbrete que no merece tanto servicio. Pues confiese bien a bien, sin engaño, quien han sido los que la prisión rompieron, y de adonde ha conocido a Alejandro, y si es Aurora su esposa, y quien les previno, después de su libertad, el barco para el camino. Pues, señor, si es eso solo lo que me pedís, suplico a usted, que se escuse el gasto, y al punto estaréis servido de mi voluntad, que tengo el estomago podrido de tener este secreto en la asadura escondido, siendo criado, que es cosa para darme un tabardillo; allá va, parece purga? a la boca se ha venido. Sabréis, pues, Jesús mil veces que asco! . No prosigues? Digo, que mi amo es Alexandro, Príncipe de Ungría Invicto, sucesor de aquel Imperio, que por extranos prodigios, buscando a su esposa Aurora a Inglaterra venimos, con el nombre de Españoles, que Ricardo en el retiro de Ungría a la Emperatriz la robo con un Navio, estando solo Alexandro: Hasta quedar mal herido la defendió, mas fue en vano, que al instante nos pártimos en su seguimiento, donde llegamos al tiempo mismo, que saliendo a caza el Rey le libró del precipicio Alejandro; lo demás que pasa ya lo habéis visto; y como por accidentes de la fortuna nos vimos con harta necesidad, metidos en el garlito de una prisión todos tres. Pero que de ella salimos, yo, porque Celia me abrió, por medio de un diablo pio, Como salieron mis amos. no lo sé, que ha haberlo visto, también te lo confesara, pues no gasto titulillos, que acaso nos encontramos, y cuando nos conocimos dimos mil gracias a Dios. Y en un instante, y dos brincos nos plantamos en el Puerto, donde a un Marinero amigo, que acaso estaba durmiendo dentro del barco metido, se le quitamos, y a él le rompimos los hozicos. Que por el mar caminamos casi dos días perdidos, donde la hambre fue tal, que después de haber comido cera, pez, sebo, alquitrán, que en el barco recogimos, nos comimos los zapatos, en vez de pan, y tocino. Y apenas, señor, cansados del trabajo referido, a cierta Isla llegamos, cuando fue Alejandro mismo a buscarnos que comer. Aurora, y yo nos dormimos, y estando bien descuidados, Ricardo a la Isla vino, donde nos prendió: y no sé si acaso a Alejandro a visto, mas pues él dice que es muerto, él sabra lo que se dijo. Extraño caso! quién vio en los edades prodigio más rato? ya la venganza a las manos se ha venido del Rey, para despicarse del agravio recibido, del Rey de Ungría, que dio injusta muerte a Camilo nuestro Príncipe: Rocín, ven, y todo lo que has dicho lo referiras al Rey. Venga, pues. Pléguete Cristo! ya me pesa. . Qué te pesa? Qué me pesa? buscar ruidos, y andar en cuentos, que todos proceden en infinito. Señoras, vuestro sagrado me valga en esta ocasión. Pues, Celia, porqué razón así, Rocín te ha culpado? Por librarlo de la muerte, de la cárcel, con trabajo, lo saqué, y este agasajo me lo paga de esta suerte: Tube lástima de verlo, y no es grande maravilla, que una mujer con mancilla intentara socorrerlo. Ahora Pabio entró, y muy grave me dijo: Celia, he sabido de Rocín, como habéis sido la que me hurtasteis la llave; y si yo puedo, os prometo, que hoy os tienen de azotar; mirad si yo puedo estar, señoras, en poco aprieto. Pues sosiégate, que no me admiro, que fue así, ni que te suceda a ti, cuando a mí me sucedió. Pues sosiega tu temor, y no te cause vergüenza, que es muy fácil que se venza una mujer con amor. Mas dejando, prima mía, esto a una parte, y volviendo a las nuevas de Ricardo, sabe el cielo lo que siento la desgracia de Alexandro, pues de verdad te prometo, que sin ofender lo altivo de mi decoro, y respeto, niereció su bizarría algún cuidado en mi pecho. Ay de mí, qué ha de decir un alma, de quien fue dueño, aunque me burló el ingrato? que es Alejandro confieso la causa que me divierte, pues desde el instante mismo, que le conocí, ha tenido mi amor mil desasosiegos. Pluguiese a Dios, y muriera cuando llegué a conocerlo, pues sin tenerle yo amor, de tan extraños sucesos los aparentes engaños han fulminado los celos de tu hermano, si no han sido buscar a mi costa medios de disculparse, logrando en Aurora nuevo empeño. Es engaño conocido el que padecéis, supuesto, que si Ricardo quisiera a Aurora, como has propuesto, nunca la hubiera traído al peligro manifiesto del Rey; o cuando su amor se engendrara con el tiempo, queriéndola no partiera airado en su seguimiento, segunda vez a exponerla a la evidencia del riesgo, pudiendo lograr amante, como dices, su deseo; Pero qué rumor es este? Fabio viene, y de este estruendo os puede dar la noticia. . Fabio. . Señora. Qué es esto? Un prodigio el más extraño de las edades del tiempo. A Rocín, aquel criado de Alejandro, trajo preso, como sabéis, con Aurora; Ricardo, el cual por el miedo que tuvo de verse ya puesto a cuistión de tormento, confesó como Alejandro era Príncipe heredero del gran Monarca de Ungría su padre que fue aquel me mo que injustamente dio muerte a Camilo, que en el cielo goza pacificamente de más soberano cetro. Qué dices? . Y que es Aurora su esposa, porque en él mismo día que tuvo Ricardo la suerte de su trofeo, fue el que en tálamo feliz se celebró el Himeneo, y en el que quedó aclamada Reina del Ungaro Imperio. Pero como la fortuna trocó en tan vario suceso la dicha, vino Alexandro a Inglaterra encubierto. Esto es lo que confesó, y el Rey airado, y sangriento, luego que supo quién era, y que Alejandro era muerto, quiso vengar en Aurora todo el rencor de su duelo: Y condenándola a muerte, la entrega a un verdugo fiero, y yo con vuestra licencia me voy, que faltar no puedo a Rocín, para asistirle en este paso postrero. Raro caso! . Triste suerte. es la de Aurora, prometo que me mueve la noticia a dolor, y sentimiento. Vamos a ver si aplacamos los rigurosos extremos del Rey. . Ay Fénix! su enojo como su venganza temo. Ande, pues. . Vamos a bodas? no dé, por Dios prisa tanta, que hay bastantísimo tiempo, y muero de mala gana. Dos mil demonios me lleven, si quisiera hacer jornada al otro mundo. . Recín, este no es tiempo de chanzas, disponte para la muerte, pues ya tan presto te aguarda. Fabio, para cualquier cosa es menester tener gana, y yo no la tengo agora, porque me falta la gracia: y si mi ama se acomoda a morir, a mí me falta para salvarme una cosa de no pequeña importancia. Que le falta? . Confesión. Se la darán Camarada los pecados, que yo tengo son reservados al Papa, déjenme llegar a Poma, para ciertas circunstancias de mi conciencia, que ofrezco, empeñando mi palabra, de ir como un rayo al negocio, y volver, sin que haya falta: Porque sino mil demonios han de cargar con mi alma; y si me mataren hoy; me he de condenar mañana. Presto le daré un garrote, haber la flema que gasta. Mal garrotillo te dé, que te anude la garganta. De ese prisa; mas que escucho? que estruendo es este de cajas? Ea, soldados valientes, a tierra la gente salga, que hoy será segunda Troya Londrés para mi venganza. 1. Echad al punto el rastrillo, y avisad al Rey. Mis ansias convertirán en cenizas toda la Ciudad; dispara, porqué si mi bien ha muerto, se consiga su venganza. La voz de mi amo es esta, y ya todos desembarcan. Qué novedad es aquesta? La más poderosa Armada, que vio el mar en sus cristales, selva de árboles, y jarcias, a toda prisa en el Puerto entra, y en él desembarca tanta gente, que no hay tierra para que ponga las plantas. Armada es del Rey de Ungría, las banderas lo declaran. El Rey Alejandro viva. Qué escucho? desdicha extraña! qué he de hacer, cielos divinos? Ya la vista nos declara la verdad de nuestra duda. Mueran todos a mi rabia, si murió mi esposa Aurora. Señor, si pueden mis canas aconsejarte prudentes en pena tan impensada, da de mano a los rencores, que hay lances en que se abraza el riesgo, siendo mayores, las desdichas, que se aguardan, Tú no consigues la vida de Camilo en la venganza de Alejandro, y él no tiene culpa de tan gran desgracia; sola la vida de Aurora de esta tormenta es bonanza, ofrécela generoso, y para tus Reinos gana a Ungría, y las dos Coronas vivan en paz dilatada. Almirante, yo os estimo, que me templéis en mi saña, Alejandro, vuestra esposa es vina, dejad las armas, porque entregándoos a Autora, nuestra amistad se afianza, Abrid las puertas, soldados, Si son verdan tus palabras, un esclavo, y un amigo en mi sujeto se hallan: Cielo, es cierto? Sí, mi dueño, que viva el cielo me guarda para lograr esta dicha. Ya conseguí mi esperanza. Arrodillate bergante, y con tiento me desata, que te he de hacer gigote. Señor, de muy buena gana? Voto aDios, que aquestos perros, sino vienes nos empalan. Nuestra amistad se confirme, que con dulce unión enlaza de Inglaterra, y Ungría las dos diademas sagradas, a eterna paz; y Teodosia, que dueño de mi esperanza ha vivido, se corone por mi esposa. Soy tu esclava. . Ricardo. Señor. . Al punto le da la mano a la Infanta. Pues murieron mis sospechas, no tengo porque negarla: ya obedezco. . Soy dichosa! esta es la mano, y el alma. Ya se logró mi deseo. Celebre con fiestas varias mi Corte los desposorios. Puesto que todos se casan, no habrá para mí una novia? Celia. . Ven acá cuitada, te casas con condición, que has de ir a Ungría? Casada iré donde tú quisieres. Aquí la Comedia acaba de las Fortunas de Aurora, y Fineza acreditada. FIN.
