Texto digital de Industrias de amor logradas, Juanilla la de Jerez
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- Juan Bautista Diamante Probable
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Industrias de amor logradas, Juanilla la de Jerez. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/industrias-de-amor-logradas-juanilla-la-de-jerez.

INDUSTRIAS DE AMOR LOGRADAS, JUANILLA LA DE JEREZ
JORNADA PRIMERA
Yo hay traje, que no te esté como si nacido fuera P para ti. Qué lisonjera estás, Inés. . A mi fe haces ofensa, señora, si presumes que te engaño, cuando el mejor mes del año te debe llamar su Aurora; pero dime, ya que hoy partimos, si puede ser, no será razón saber donde vas, y dónde voy? por qué a mi lealtad esconde tu secreto tu cuidado, supuesto; que me has fiado el cuando, finme el dónde? A la Corte voy, Inés. No te quiero preguntar, habiendo oído el lugar adonde vas, a qué es a la Corte tu jornada, pues no hay duda, de que sea a triunfar sola, y no fea, noble, recién heredada; pero, qué jérez dirá, si le escondes tu hermosura? voz de su poca ventura, cualquiera acento será; mas, a qué fin el secreto con que este viaje ordenas, ha sido? . Fue de mis penas; Inés, amiga el afecto. Amiga me llamas? . Sí,) que siendo fuerza fiar, en lo que me has de escuchar, mi honor hoy, Inés, de ti, porque nada contradiga, que no te reserve nada, mudo el nombre de criada en el renombre de amiga. Ahora llegó la estafera, y esta carta hay para ti. Cómo, Nuño, para mí? Cómo? cómo se interpreta en el nombre, que previene, tu nombre, como solía, pues dice a Doña María, aunque a Doña Isabel viene. Dadme la carta. , . Ahí está el Literero, señora, para saber a que hora vuesa merced partirá. Decid que al anochecer, porque menos registrada. sea, Nuño, mi jornada. Y eso es lo que debe ser, pues según el calor siento, que está la tierra brotando, pienso que se están asando los pájaros en el viento. Tiene calor? . En rigor lo siento grande, y no lejos. Pues, diga, Nuño, a los viejos no seles muere el calor? Qué es morir? por esta Cruz, Inés, que en viéndote a ti; siento allá dentro de mí más calor que un Abestruz. Gracioso está, aunque atrevido. Bien correzas de pan como. Decid, Nuño, al Mayordomo, que esté todo prevenido, para que sin duda parta adónde el discurso vuela, que me apresura la espuela, que me ha traído esta carta, Voy señora. . Y que me vea luegó, también le dirás. Si haré. Para qué queréis, temores, qué infeliz sea? hay suerte más rigoresa, que la que da en perseguirme! mas si blasono de firme, cómo he de ser venturosa? Ay Inés! . Mortal estás, qué tienes? . Ocasión harta; oye amiga ahora esta carta, que después la entenderás. Ya os dije en la pasada, generosa pro- téctora de mis adversidades, que así os debo llamar, por lo que os debo, como a la convalecencia de una en- fermedad, que me puso a lo último de la vida; luego que llegué a esta Corte, se siguió la noticia de la muerte de Don Pedro mi enemigo, cuya forma supe de vuestro aviso, accidente que me obligó a suspen- der el viaje, que con secreto abí determinado a Jerez. Una pronta enfermedad le torció el valiente intento de volver a Jerez, donde quedó el juicio suspenso de su pundonor, a causa de haberle enviado preso el Gobernador, por orden que le vino del Consejo; estás bien en este punto? Ya no lo voy entendiendo. Y entiendes que no volver ajerez, estando bueno, o convaleciente, fue por saber que había muerto a su enemigo? . Eso sí, señora, ni más ni menos he entendido lo segundo, que he entendido lo primero. En mi convalecencia, por los indicios que de allá vinieron, resolvió el Consejo de Ordenes, recluirme en el Convento de San Gerónimo; en cuya aliviada prisión hoy me hallo, por no haber parecido a estos Seño- res, bastantes las sospechas, que contra mi resultan, de este delito, que ni he confesado, ni negado en mis declaraciones. Esto es lo que yo a Don Juan de Castro, en este suceso, Inés, le advertí, que así se llama este Caballero. . Don Diego de Ayorla, que esto es lo que ahora tengo que avisaros, a fin de que se estreche más nuestra amis- tad, por medio de mi señora Doña Leonor su hija, ha tomado tan por su cuenta el cuidado de mi soltura, que brevemente espero conseguir- la por medio de su autoridad; pero siendo su fin el que arriba dije, me ha parecido forzoso no dar la ulti- ma respuesta a Don Diego, sin la li- cencia que aguardo, de quien sin sa- ber que sea, me ha puesto en obli- gación de no tener más albedrío, que su voluntad. No escribe corto. . Ni largo, que no tengo por discreto un papel, que no se explica por el ahorro del tiempo. Y se explica? . Sí, Inés. Pues, para mí viene en Griego. Entenderas le si me oyes? Comienza, que ya te atiendo, y así no sentirás tanto lo que tarda el Literero. Pues conoce en lo que oyeres, de tan extraño, y tan nuevo suceso, la poderosa fuerza de amor, conociendo también, que en ningún recato halló amor impedimentos. Vino a Jerez a unas pruebas, de la Corte un Caballero, a quien los Condes de Castro, su antiguo lustre le dieron; en esa posada, Inés, quie hace frontera el terrero de mi casa (a quien no llamo Pallacio, porque no quiero) se apeó de un Alazan, (si de pintártele dejo, no es porque yo no quisiera, sino porque fuera yerro divertir con la pintura del Caballo, la del dueño.) De verdes, y rojas plumas, sobre un Cisne, o un sombrero de Castor, traía un árbol, con tanto primor dispuesto, que siendo las cortas, verdes, y las rojas langas, dieron C que presumir a los ojos, con bastante fundamento, que eran las verdes las ramas, y las rojas los renuevos de aquella copa, que ya Liba las flores abriendo. Era un broche de esmeraldas, y rubies, fundamento de este árbol portatil; y era su cifra, o mote, compuesto de una Lay una. cuyo no oscuro concepto, que era una Leonor, decía, de aquella esperanza el dueño, Una roja tomacina, recamada de los mismos, color, y mote, era basa de una verde Cruz, que haciendo consonancia, le adornaba el noble lado siniestro. Mirele una vez acaso, y muchas curiosa, luego, y aún más que curiosa, pues reparando en el exceso de las cifras enlazadas desde la rodilla, al cuello, aún sin saber, que era Amor, presumo, que tuve celos. Bien quisiera yo librar de aquel peligro primero los ojos, pues dil ojistada conmigo, de aquel del velo que me ocasionaron, hice a mi recato, atendiendo, resolución de no ver de aquel cuidado el objeto; pero al querer apartarme del mirador, me pusieron unos inies grillos, tan graves, y tan estrechos, que no pudieron las plantas ysar de susmo vimiento Aquí fue la batería de discursos, aquí el recio batallón de variados pareceres, resolviendo quien dentro de mi mándaba mas que yo, en mispensamiento, que no era delito ver, A2 ni mirar, como con esto se contentase la libre república del deseo. Descansó en esta opinión aquel recatado anhelo, que Áspid astuto, mordía la mejor padte del pecho, tan sin dolor, que al herirme, el corazón halagüeño; quisiera sentirle más, por no padecerle menos; qué mal hice en consentir los errados devaneos de mi ignorancia! mas como extranjera en los efectos de amor, amaba el peligro, teniéndole por remedio. Di más licencia a mis ojos de ejercitarme en su empleo, y ellos hidrópicos, cuanto más bebían el veneno apacibleya que cegaban, se mostraban más sedientos. En este tiempo a Don Juan, que ya, Inés mía, me acuerdo de que su nombre te dije, los usados cumplimientos retiraron a su cuarto, quedando yo como el Cielo queda, cuando nube oscura cubre del Sol los reflejos. De está locura, la causa, si este nombre darle debo, ni yo, ni nadie la sabe, de cuantos amor supieron, pues los que más advertidos cursaron estos sucesos, saben, que fueron amantes, mas, no por que amantes fueron. Verdad es, que un talle airoso, un brioso movimiento, un apacible semblante, y un aseo sin aseo, pueden ser de amor principio, y sobre principio, medio: Mas la razón con firmada, de amor es alma de un cuerpo; y el que la averigua más, es el que le ha visto menos. Confiésote, que pasé con un cuidado tan nuevo, de aquella tarde la noche, que era a mi descanso, el lecho, duro potro, en quien me daban las confusiones, tormento; y asegurote también, que no confesar al fiero torcedor de los discursos, que era amor, o que eran celos, mi delito, o mis delitos, consistió en no conocerlos; porque según me apretaba la mancuerda del desvelo, entre los demás alivios, se perdiera el sufrimiento. En fin, repitiendo aquel corto alivio, que me dieron las ocasiones de ver de mi mal el fundamento, pasé algunos días, bien, que tan mal, Inés, que creo que a nadie debió el decoro mayor, mas que a mi silencio, confiderando, que no era delito amar; porque siendo natural pasión, o dura violencia, a quien se rindieron tantas nobles atenciones, y tantos sagrados fueros, no podía en mi ser culpa lo que en nadie fue defecto, sino primor, pues no cabe en el recato más cuerdo, mas que tener que sentir, y callar el sentimiento. Determiné en este estado infelice, buscar medio para mejorar de aquella enfermedad, embeleso, oh violencia; mas por qué frases le busco, pues veo, que diciendo amor defino en él todos los tormentos? y pareciéndome fácil, y si no fácil, al menos posible, por la experiencia, de que no hay pocos ejemplos, que en Don Juan no conformase el amable entendimiento del alma, con la compuesta exterioridad del cuerpo; porque es común ser la gala; y la discreción opuestos; resolví oírle, juzgando templar mi pasión, que es cierto, que le hubiera aborrecido, si lo hubiera hallado necio. Valime, para este fin; de una Esclava, que trajeron a mi casa, de Sevilla, poco antes, por sujeto no conocido, ojérez, y encargándole el secreto, le enseñé a Don Juan de Castro, desde el mirador, y luego le di un papel; que decía: mañana a las diez espero para daros un aviso, que os importa, en el Convento de San Francisco, iréis solo, y podréis ir sin recelo. Matadle si se resiste. Nadie profane el respecto de esta casa, esperad todos. Señora, qué será esto? Yo lo diré, disculpando, señora, el atrevimiento de llegar aquí; por causa de que me viene siguiendo la justicia; si amparáis a un infeliz Caballero, lograréis la semejanza de la Deidad que contemplo en vos, y si me dejáis morir, sabiendo que muero en vuestra presencia, no desmentiréis el concepto tampoco, de ser Deidad, pues yo moriré contento. Valer a quien se ha valido de mi; por mi sangre debo, y así, Inés, por el postigo del jardín, dispon que luego este Caballero salga; y puesto que está tan lejos de la puerta principal, bien podrá salir sin riesgo, y sea apriesa. . Vamos pues. No sé si estimara menos mi peligro, a veres visto, que vuestra piedad. Ni quiero entenderos, ni escucharos. Pues, digo, señora. . Presto, que llega el Gobernador. a esta sala. D . Ya lo veo. Y si os halla aquí, y pretende, como parece, prenderos, yo que no he de consentirlo, forzosamente me arriesgo. Pues, solo por no arriesgaros, ya, señora, os obedezco, aunque sin alma. Id apriesa. . Vamos. Lindo majadero, así, en el papel quedamos. Anda, que luego habrá tiempo. El señor Gobernador licencia pide de veros, señora. . Cuando el señor Don Alonso Marmolejo, licencia hubo menester; siendo de esta casa dueño? Cuando, como Don Alonso; señora, a ella no vengo, sino como Juez, pues fuera un olvido muy grosero, no acordarme como yo, de los honores que os debo, heredados del favor que me hizo el señor Don Diego de la Cerda, vuestro padre, que Dios tiene. . Estoy en eso, mas como Juez, qué me manda Vueseñoria? . Direos, no lo que os mando, señora, porque, no se estiende al Cielo mi jurisdicción, sino, a lo que obligado vengo por mi oficio, y con que me oiga Vueseñoria, pretendo haber cumplido las leyes de Juez; y de Caballero. Volviole la Señoría, . cuales son entrambos, fuego! Ya está el tal hombre en la calle . Qué me mandáis en efecte, que porque estoy de partida, que os sentéis, señor, no os ruego, Pues, por notorio sabréis, que mató al noble Don Pedio de Caceros, según dice aquel papel, que en su pecho se halló, con otros indicios, Don Juan de Castro. Qué es esto? Y que para esta probanza faltan requisitos. . Cielos? valedme! . Diréos la camse porque venigel empeño, no puse excusar, señora, de entrar, donde pude veros. Ay infelice de mí! si se sabe, que yo; pero no puede ser. . Ay señora, que te has puesto como un yeso, qué tienes? . Nada, componga mi turbación, con mi esfuerzo: que tiene que ver (quisiera saber) entrar aquí dentro con que matase Don Juan de Castro, a quien puso a riesgo de opiniones su opinión? Templaos, señora, y sabreislo. Pude ocultar el delito, pero la pasión no puedo. . Un tal Con Fernando osorio, que está en Jerez, sin pretexto, según está averiguado, es, o muy amigo, o deudo de Don Juan de Castro, a este, hoy se le ha cogido un pliego de Madrid, en que Don Juan le encarga, que con secreto haga alguna diligencia, aunque cual sea no entiendo, por no decirlo la canta, sospechoso, de que en esto puede haber algo, que acabe de probar, como, pretendo, el delito; prender quise a Don Fernando, y él ciego, o culpado, su defensa quiso fiar de su acero: Siguiéronle mis Ministros hasta esa puerta, que siento ser vuestra, por obligarme sobre el primer fundamento, que para prenderle tu ve. Y será mucha razón; soseguémonos recelos; . . es cierto, que salió ese hombre? Cómo si es cierto? y muy cierto, Pues, señor, Vueseñoria puede: . A Don Fernando vieron salir por las asesorias de esta casa, dos Porteros, rato ha. Pues, cómo ahora avisan? Porque dicen, que están lejos. s, Vamos, perdonad, señora, y creed, que voy contento de haber hallado camino de no parecer grosero. Yo también. El Cielo os guarde. Guardeos, Dios. Luego entendieron sacarle de aquí, bonito era Nuño, para eso. Calle Don Matusalén. Veslo Inés, aunque estoy viejo, donde yo deje la capa, que no la ha de alzar entiendo, otro. . No, que no habrá quien por ella se baje al suelo. Holgárame de saber lo que Don Juan en secreto le encargaba a Don Fernando, mas no hay lugar de saberlo. Todo está ya prevenido. Pues vamos, que en escribiendo partiré. . Y aquel papel, en qué quedaste? Sucesos, y palabras, Inés mía, te advertirán a su tiempo. Ea, Amor, desde aquí corren por tu cuenta los progresos de mi vida; amante voy a litigar unos celos, y aunque voy sina a sentirlos, voy noble, a no padecerlos. . Ea, vejetes, si allá se usan también Escuderos, allá va Nuño; a enseñar mil cosas de esto, y aquello. . Ea, Cortesanas Ninfas, Beldades dél entresuelo, que allá va Inesilla, a ser:: bueno está, allá nos veremos. Estu viste con Lucia, Calendario? . Sí señor, y supe, que tú Leonor hermosa, a Misa venía, a San Gerónimo, mas por verte, en resolución, que no por la devoción de la Misa. . Loco estás, di, que a gozar la mañana, del Mayo, alegre vendría a dar mejor luz al día; Quued. Lerado Diana. Di, que vendrá con primores soberanos, y evidentes; a prestar risa a las fuentes, y a dar cuidado a esas flores. O di, que al ver los enojos de mi abrasada pasión, viene a mudar mi prisión la la cárcel de sus ojos. Todo eso digo, y pregunto, ya que este punto tocamos, señor, cuando nos casamos? que tu dilación da asunto a la malicia molesta; cóncluielo de una vez. Solo aguardo de Jerez, Calendario, una respuesta. De Don Fernando? No. . Pues de quien, que digas procuro. Que la aguardo te aseguro, pero no sé de quién es. Y tardará en conclusión? No lo sé, pero imagino, que estará ya en el camino. Leonor, y Lucia son. Pues calla. Hermoso milagro, a cuyo altar agradable llegan mis adoraciones, de reverentes, cobardes; si habíais de amanecer, por qué amanecéis tan tarde? Cuando, señora, el Aurora primero que el Sol no sale? Pretendiste, que por sombra auviese la luz brillante. del Sol? ya lo conseguiste, que mi corazón amante, vivió entre oscuras tinieblas, hasta que tú me alumbraste. Señor Don Juan, no a escucharo vengo esta vez, falsedades; la deciros sentimientos vengo; pues fuera ignorante quien sabiendo que mentiras son las que ahora pronunciasteis, (dada al partido de oíros, de oírlas no se cansase: No presumí yo, que hubiera, (según era mi amor) lance, en que algo el vuestro, por vuestro, pudiede a mi disgustarme. Qué engaño creyera yo de quien fue risco allejamen del viento, roca al Mar, firme, y mármol al golpe fácil? Mas, pues dice la experiencia, que en todo pude engañarme, blasone ahora de infelice la que de dichosa antes; mas no de infelice, pues, un desengaño tan grande, aunque cueste un sentimiento, todo un albedrío vale: Solo os digo, que busquéis, pues, para faltar hallasteis a mi fineza razones, razón, para que mi padre no piense, que la tibieza que de vuestra culpanace, pudiera, de más motivo que mi atención, fabriearse; que supuesto que en Jérez, señor Don Juan, os mudasteis, según a voces lo han dicho tristezas, y enfermedades, no será justo, que yo, culpa que no tengo, pague,, herida que no di, cure, ni mal que no causé, sane. Oye, Leonor. No hay que oír. Pues tú también, badulaque? Oye, y luego a tus desprecios muera yo. No he de escucharte. Pues, no has de oír las disculpas de los cargos que me haces? Qué disculpa puede haber, a poder usted casarse, y estarse soltero? Mas, ay señora, que tu padre llega a los árboles ya! No hay más remedio, que entrarse en la Iglesia, y bajar yo para que a verte no alcance, a recibirle; mas dime, en lo que quedamos antes, porque no muera yo al golpe de creer, que te apartaste de mi enojada. No mueras como sepas disculparte. Ni se lo asegura. . Velo aquí, hecho vino un áspid, y va como una cordera. Pues si yo guiara el lance, fuera otra cosa. . Mujer, mira que te oigo, no hables. Y qué importa que me oiga? Díréselo en otra parte. Tápate bien; que no vaya a dónde a este hombre no halle? Esta es la mala fortuna, que se halla en todas partes. Im Aguardando a que esas Damas, señor, Don Juan, se apartasen, ha rato que estoy. . Decid lo que tenéis que mandarme, pero si no es muy de prisa, dadme licencia que hable Prímero a aquel Caballero, por obligaciones grandes que le debo. Antes me alegro de que a esta ocasión llegase, porque importa que me vea con vos, señor Don Juan, antes para lo que oiréis después. Sea como vos mandaréis: Señor Don Diego de Ayorla, si yo pudiera apartarme mas de este sitio, no hubiera esperado que llegaseis. Ni yo hubiera permirido, aunque fuera por honrarme, que solo el señor Don Luis de Tolado, se quedase, Caballero a quien estimo por la amistad de su padre, tanto como a vos. Las honras, que me hacéis os sacisface mi afecto, con desear demostraciones muy grandes en que ser viros. Debeis lo que os estimo pagarme: Cómo va, señor Don Juan? aunque no hay que preguntarle a un preso, como le va, que aunque tan piadosa cárcel sea la vuestra, es prisión finalmente, y no ha de hallarse alguna que buena sea, que es la libertad amable. Las favores que me hacéis, señor, pueden olvidarme de muchas molestias. . Todo brevemente ha de acabarse, que el pleito va en buen estado, y para facilitarle, quiero escribir, si os parece, (que esto hoy a veros me trae) a mi deudo Don Alonso ̱ Marmolejo; que hace mucho, que su informe venga propia en aquella parte que a la gracia pertenece; y sé que no ha de excusarse de hacerlo el Gobernador, que es mi amigo; y es mi sangre. Cómo de mí, disponer podéis, en lo que tocare a mí. . Sabed que deseo; que ni tengáis qué buscarme, ni yo que búscaros tenga. No entiendo eso. Pues es fácil; viviendo juntos los dos, no tendrá que buscar nadie. Besoos las manos por esa honra. . Y ahora, dadme licencia de entrar a Misa. Malo es esto. Ve delante, y di que en una Capilla se entren, para que al instante que pasemos, salir puedan, y prevenlas que se tapen muy bien. . Ellas se tendrán buen cuidado de taparse. . Dónde vais? A acompañaros. Vuestra prevención no pase de aquí, que yo oigo las Misas muy de espacio, y los galanes son coléricos en esto. Eso que tenéis que hablarme, importa más que sea ahora qué después? . No: porque antes importa que yo a Don Diego corteje aquízy acompañe hasta su casa; otro día os diré en que habéis de honrarme. Qué será esto? No os quedáis? No señor. Vamos . Si vale, Don Juan, a mi presención, . ventura será, pesares de una esperanza, que muere todas las veces que nace. Qué haya mujer infernal que esto intente? De demonio pienso que da testimonio, quien piensa, y quién hace tal. Qué habla, buen hombre, entre sí? Buena mujer, yo decía, que Juanilla serviría muy bien. . Creolo yo así; porque si bían se repara en el refran, claro está, que buenos hechos tendrá quien tiene tan buena cara. Ni yo sé, que sierdadoro fezadoz es la señora Marcela; pero qué virtud no apela mujer acomodadora? No murmure. . Yo de qué? si ella es una santa madre; llamaré a Juanilla? Padre, de aquí a un poco lo diré. Amiga Márcela, ya sale mi señora aquí. Agradecida de ti, can servida de mí está, y ella lo verá; pues no hay en el mundo criada; ni más fiel ni más honrada, de la que le traigo yo. Y no la ha visto en su vida, mas todo esto lo ha abonado, por tres reales que le ha dado. Ya en casa esta recibida, que basta traerla tú, para, que muy buena sea. Pues, luego que es ella, fea, y que poco! . Ay Bersebú tan flemático! por Dios, que de despeñarme acabe, que la muchacha; no sabe si se queda. Ah infame toz! De qué recibida esté, no lo dude. Pero dígame si es hija suía? . Y de vuesa merced. Mía? . Las canas que peino; disculpan la grosería; que en Jerez, señora mía, así hablaba yo. . Buen Reinos De Jerez es? . Sí señora. Ay Lucia, que así aguardo averiguar de Don Juan los sentimientos callados. Dices bien, señora. Y dónde está su hija? Esperando con su hermana está. Pues vaya, y traigala aquí volando? Volando? . Quiero decir, que vaya aprisa. . Y si caigo? Acabe ya. . Ya yo voy, ya en el cebo va picando; como el sedal no se quiebre, este pez está en la mano. . Ah buen Jesús! dicha ha sido, que acertase así el acaso, con mi deseo. . Verás, señora, en ella un milagro. Y sabe, que la recibe mi señora, para trasto de dentro, y fuera de casa? Todo eso está deslindado, Así como oyó jerez, se alegró. . Bien comenzamos, mas, ay Inés! . Qué, señora? Que es el empeño muy arduo; en que me ha puesto mi amor. Cómo? . Cómo es el contrario tan difícil de vencer, que eligusto a Don Juan alabo. Pues, volvernos a Jeren. Eso dices? ya intentado, aunque se arriesgue la vida, donde se arriesga el recato; no he de salir de Madrid sin darme Don Juan la mano. Cuál de estas es vuestra hija? Entrambas. La que yo aguardo, pregunto, cuál es? . Juanilla, que yo ya me he acomodado con una señora, que es de nuestra tierra, y dos pasos tiene su casa de aquí; y me manda traer manto, aunque yo no me acomodo, Y pero habrá de ser al cabo. Y cómo se llama, pues dices, que vive en el barrio? Doña Isabel de la Cerda. A quí en la calle del Prado vive? . Sí señora. Nombre es, que hasta ahora no ha llegado a mi noticia. . Señora, que ha poco que se ha mudado. Sí, a la casa de dos puertas, que estaban aderezando el otro día? . A la misma. Pues, Lucia, no incurramos en faltar a esta atención, lleva a esa Dama un recado de mi parte, en que disculpes, no habérsele anticipado, por faltarme la noticia. de que vecinos seamos, y ofréceme a su servicio. Todo esto se va entablando. como yo lo imaginé; estorba eso. . Es excusado, que vaya ahora, pues no está mi señora en casa; cuando llegar viere un coche azul, es señal de que ha llegado. El coche? . Y mi Ama en él. Oyes, está con cuidado, y tú llégate, Juanilla. Así, señora, me llamo, para serviros; mejor dijera, para mataros; pero ella no tiene culpa; mas, qué celos hay hidalgos? Muy bonita cara tienes. Bonita? Mucho me ha honrado. vuesa merced, si es verdad lo que dijo un Cortesano. Qué dijo? . Que lo bonito no está de lo feo un paso. Gracia, tiene. . Es discretica. Has servido? . Sí, a un tirano dueño, que a que ande por él (me ocasiona) en estos pasos. Dónde? . En Jerez le serví, y rauy bien. . No te ha pagado? No, más que me pague espero, señora; pero dejando. esto para otra ocasión, hay marido, o hay hermano en casa? Hay niños chiquitos? quiero fingir ignorando. . No hay más hombre que mi Padre en casa, aunque presto aguardo. que a ella se venga mi Esposo. Esposo? Ay de mí! . Así llamo al que lo ha de ser muy presto. Yo haré por embarazarlo: . Aún bien, que para la boda, en mí, señora, has hallado todo lo que hallar podías, que tengo desembarazo. para todo. Así parece, y me voy aficionando a ti. . Bien te lo merezco. Supuesto, que te ha agradado. la criada, yo me voy, y ella se quede. . Sepamos, quién la fía? . Mi señora la fiará. . Y en todo cuanto le entregaren a Juanilla, me obligaré yo a pagarlo. Y a vos, quién os fía? A Ale fiará en cien mil ducados, Doña Isabel, mi señora, que me favorece tanto, porque de su Señoría es mi Juanilla un retrato tan parecido, que solo cuando alguna vez las hablo a entrambas, los perendengues las diferencian en algo. No será fea. . Es bonira. Y tu graciosa; el cuidado. de Márcela, satisface Lucia: que en el salario de Juana, yo le aseguro, que no nos desavengamos. Pues me quedo desde ahora. Ah días, que encomendado, le había a Márcela, yo una criada, notando la gran falta, que me hace: y supuesto, que hoy la he hallado, y tan buena como tú, no esperar, será acertado a mañana, quédate hoy, si no tienes embarazo. Deseando estaba yo lo propio, que me has mandado; pero a mi padre, y mi hermana, de hablar sobre cierto caso, me dad licencia. . Si doy. Pues está esto ajustado, quédate con Dios, señora. ̱ár. Primero saber aguardo, cómo esta mujer hallaste? ̱̱. A mi casa, preguntando por mí, llegó a medio día; informada de mi trato, y buscando a quien servir, hacia la calle del Prado, pc (según aquí averiguamos) de su hermana; dile aviso de que tu ándabas buscando criada, así de su porte, de que se holgó: tomé el manto, trajela al instante, y esto es todo lo que ha pasado, asegúrate, y a diós, que anochece ya. . Vos, cuando oigáis mañana las nueve, con disimulo, y cuidarlo daréis la carta a Don Juan, que os di, sabiendo, si acaso querrá recibir un paje; que en Jerez os encargaron. Tú Inés, vete a casa al punto, por si llegare el recado de Leonor: y porque no me echen menos los criados, diles que estoy recogida. Oigan, lo que va enredando, Así, y el vestido de hombre? De todo lo necesario, vengo prevenida; cuenta con lo que os he encomendado, que ya la dificultad mas al logro me ha empeñado. Fía de mí. . Y de mí y todo. Pues, idos no haga reparo. Señora; con su licencia de su merced. . Qué? Nos vamos. . Id con Dios, y bien podéis ir los dos muy descuidados; tú trae luz, y luego al punto, irás a lo que he mandado, informándote también de esta mujer, no metamos algo en casa, que nos prse. Primero es asegurarlo. Sí, más si viene Don Juan, que es hoy el did aplazado de aquella satisfacción, que tú tanto has deseado, no ha de verle esta mujer? Muy atento es tu reparo, mas si ha de verle otro día, no verle hoy, no es excusado? has lo que digo, y despacha a Márcela. . venga. Vamos, que ya yo estuviera lejos, si me hubieran despachado. Ay Don Juan lo que me debes! Suspiro, Juana? Es descanso; más, señora, por adonde se va por luz, que cerrando va ya la noche? Por allí, mas ya la traen. En su cuarto queda mi señor, y yo voy a lo que has ordenado. . Quién es este mi señor? Mi padre. Si hay que hacer algo; mándelo vuesa merced. Estate aquí, que esperando al que mi Esposo ha de ser, estoy, para que cuidado tengas, de ver si mi padre sale; y nota en esto, cuanto te quiero, pues ya (omienzo emprezo a fiarte mis cuidados. No es mucho lo que me fías, porque lo que es bueno, y santo, de nadie se ha de esconder. Ya presumo, que oigo pasos, si no me engañó el deseo. Terrible examen aguardo. Aquí está, señor. Pues vuelve a esperarme, Calendario, en el zaguán, de manera, que no hagan en ti reparo. Mas, mira que no es Lucia con quiien está. con cuidado llegaré. . Abajo te espero. . Decidme, si es este el cuarto. Válgame el Cielo! . Señora? Pero, como yo desmayo? Del señor Don Diego. No tenéis que recataros, señor Don Juan; que criada mía es la que estáis mirando: Salte Juana a esotra pieza, avisarasme si a caso:: Muerta estoy! pasa mi padre, desde su cuarto a mi cuarto. Cómó, si no lo conozco? Es un Caballero anciano. Ah Don Juan! pero, ea, Amor, veamos, que fruto saco en favor de mi fineza, con lo que ahora he pensado. . Bellísima Leonor mía, supuesto que no hambastado satisfacciones, a que conozcas que te idolatro, a darte la que presumo que pides, determinado vengo. . No pueden mis celos sufrir lo que están hablando, vuelvo resuelta a no vielos, y si puedo; a embarazarlos. Solo Don Juan, de ese modo no estará desconfiado mi amor. . Mañana, señora. confirmaré con tu mano, mi fineza, y mi ventura. Si yo me hubiera tardado, cual quedaba mi esperanza? Y pues es tan corto el plazo, te suplico: Ay infelice! Que el afecto que has mostrado en ser mía:: . De ira tiemblo. Le muestres:: De furor rabio. . Dime, en qué? En asegurar mi esperanza con tus brazos. Ay quien lo estorbe. Ay de mí! . Quién es, que hecho dos mil pedazos no salga de aquí? . Quién ya, . que con la puerta ha encontrado, desmentirá la sospecha, como el riesgo ha embarazado. Dónde estás cobarde? o Cielos, valedme! Don Juan? Ah falso Cocodrilo! Aunque se pierda mi vida, al enojo airado de mi padre, satisfecho has de volver. . No lo aguardo. Luces. . Aquí están, señora. Hola, quien ha ocasionado este ruido? . Don Juan? Ya conozco; dueño falso, tu peligro. . Y mi ignorancia, pues yo; porque no culpado quedase mi amor, di voces. Y el hombre, que recatado salió de tu cuarto? . El Cielos: No jures más, porque tardo, sabré si salió a la calle, y si no, hasta el día claro le esperaré, ay Leonor falsa, que mal mi amor has pagado! Oye. Ni ahora, ni nunca. Por no haber antes hallado la espada, antes no he salido. Aviala yo tomado. Qué ruido ha sido este? no hablas? . Yo? Ay de mí, señor, si acaso no habla vuesa merced recio, sin duda, que dos Soldados, que hasta este mismo aposento se entraron acuchillando, a mi señora, y a mí nos matan: Ayuda algo. Vilos, señor, y di voces. Cómo atrevimiento tanto en mi casa? Alumbra aquí: Luego al punto se bajaron por la escalera, que yo hasta la calle he mirado. Que no me acordase yo a donde había dejado la espada! recógete, hija, y manda, que los criados; a cerrar vayan la puerta. Pierda su merced cuidado. Has recibido esta moza? Sí señor, hoy. . Desenfado tiene, y muy buen parecer; tu nombre? Juanilla. Vamos. Ay Juana! Esto bien se ha hecho, pero con mucho cuidado, me me tiene el anojo justo de Don Juan. . No haberle dado ocasión, fuera mejor, que sentirlo! . Qué, has pensado que yo se quién era este hombre? Pues estaba por encanto allí dentro? . Leonor? Hablaremos en el caso. Si Juana. Y Don Juan mañana estará desenojado. Hágalo amor! No haga tal; pues esto se ha comenzado tan felizmente, no pierdo la esperanza de acabarlo. .
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Lo que tarda Nuño, y yo toda me estoy deshaciendo, pues, como se haga, no entiendo lo que mi ama mandó; más etele; en qué ha tardado tanto? . No riñas Inés. Notable pelmazo es. Pues, yo no me he descuidado, mas si ha venido, me di, mi señora; o dónde está? Pienso; que no tardará. No, porque ya estoy aquí, toma este azafate, Inés, que es regalo, que mi Ama, conmigo, me envía a mí. Y a mí, esa será la causa de venir con manto. Sí. que hubo, Nuño, de la carta? Que el tal Don Juan, duerme mucho, pues a las doce, aún no estaba despierto. . Toda la noche, le hice yo, que se paseara. en la calle, según dijo. a Leonor, esta mañana, después de haber registrado dos veces; toda la casa, después que salió Don Diego. Pues, qué ha habido? Mucho, y nada. mucho, porque di principio a que en los celos entrara, con demostración bastante en su corazón; y nada, porque temo; que volvió el señor Don Juan, con gana de satisfacerse, a menos costa, que yo deseaba; mes, si yo puedo, yo haré, que el deseo no le valga: Y qué respuesta os dio, en fin? En este papel se guarda. . y en cuanto al paje, me dijo, que luego se lo llevara, porque, para recibirle; ser de jerez le bastaba. Dice así el papel. Señora, . a mí me escribe una Dama, a quien debo obligación tal, que no consiente paga. que de su parte os visite, y como para esto falta vuestra licencia, os suplico, que me la deis, porque vaya a cumplir con el precepto que me ha traído esta carta. Está bien; volveréis, Nuño, en dejándome aquella arca en la otra casa, diciendo, que es mi guarda ropa, y vayan dentro dos camisas viejas, y otros dos pares de enaguas del mismo porte; un vestido de rasilla; una toalla, un peine, y un espejito, de estos que se usan de tapa; pero sin tapa ha de ir, dos sarserillas quebradas, medio papel de alfileres, dos medias deshermanadas, y sin hilonen una cesta, una calceta empezada, que estos comunmente, son los trastos de las criadas. Buenas alhajas; mas digo, para eso, no bastaba un arquilla de dos palmos, y no un arcón de dos varas? No repliquéis, y poned cuidado, en que la tal arca quede abierta, sin que allá reparo en esto se haga. Y si miran lo que hay dentro? Eso quiero yo. Aquí hay manla. Y luego, como decía, volveréis, y sin tardanza diréis a Don Juan, que yo esta tarde estoy en casa, y podrá venir a verme, con las cortinas echadas de su coche, y si quisiere el mío, avisad que vaya, para que no le conozcan. Qué es, señora, lo que trazas? y el Ama de anillo? . Hoy, Inés, no me estorba nada, que sabiendo que esta tarde estaba determinada a visitarme, pedí licencia, fingiendo causa para ir a San Bernardino. Aí os estáis? . Esperaba, si pregunta por el paje, la respuesta. . Qué mañana le llevaréis. . Lindamente, algún diablo me dio esta Ama, . Jesús, qué de embustes juntos son los que la mujer traza! Y ahora, qué se ha de hacer? Qué? ponerme en esta sala el Estrado, y mientras yo me visto, amiga, de gala para la visita, tú un azafate de plata compondrás de niñerias, pues de ellas tengo abundancia, de costa, y de gusto, el cual llevarás luego a mi Ama, diciendo, que me parece, que ya su visita tarda, según lo que la deseo. Pues, Señora, no reparas en que si viene Don Juan, y Leonor está aquí: Calla, que así importa que suceda. Tú tienes tan linda maña, que todo se te hace bien, digalo de la jarnada la facilidad, la suerte de haber hallado esta casa tan junta a la de Leonor, andar uscando criada ella, en ocasión, que tú ocasión solicitabas de introducirte, con ella, y aún que todo esto me espanta, lo que más me admira, es ver que se halle tan bien hallada, una señora, en ser moza de mantillina; en ser Juana Doña Isabel de la Cerda, y aún ser en un tiempo entrambas. Pues más tengo de ser. . Qué? Doña María de Estrada. Y quién es esa señora? La que escribia las cartas a Don Juan, desde Jérez. Y pregunto, está en el mapa? No, que fue nombre supuesto, para que disimulada fuese la correspondencia, y a su tiempo; de esta Dama criada tengo de ser, y paje, según se traza, de Don Juan de Castro. . Y digo, todo eso con una cara? Pues tengo yo dos? . Si logras invenciones tan extrañas, digo, que contigo, fue niño Pedro de urdemalas: Mas cuando se acabará, señora, la comenzada relación, que dio principio a demostraciones tantas? En qué quédamos entonces? Quedamos, en que llamabas por un papel a Don Juan, que le llevó aquella esclava a San Francisco. . Es verdad, pero de más importancia es hoy lo que say importa, pues, para esotro hay mañana. Pues vuelvo a doblar la hoja. Tiempo habrá de desdoblarla; has lo que digo, entre tanto que yo entro a vestirme. . Vaya: Cristinilla? Esa soy yo. Has que saquen almohadas, y alfombra, aquí presto, presto. Voy al instante. . Ah de casa? Quién es? Quién saber quisiera, si una forastera, Dama:: Entre acá dentro. Si haré; vive aquí? Cómo se llama? Doña Isabel de la Cerda, ahora recién llegada de jérez? . Y qué la quiere? Válgame Dios! preguntaba por su merced. . Señoría dirá. De muy buena gana; vive aquí su Señoría? Quién era quién me buscaba? De un andante Caballero, un Escudero fantasma. Y qué quiere? Pero aguarde: Es posible, que no hagas a tiempo, lo que te digo? Cómo tú en el aire andasos, te parecerá, señora, que en todo los otros tardan. pero voy. Toma esa llave, . y pruébala en la antesala de Leonor, que sola esta era la que me faltaba. Voy, y vaya Dios conmigo. . Cristinilla, no te vayas; mas, qué quiere el Escudero? Decir, que ahora se hallaba Don Fernando osorio. . Quién? Don Fernando osorio, en casa de Don Juan de Castro. . Dónde? Casa, señora, se llama donde se vive, aunque sea prisión. . Adelante vaya; este es aquel Caballero, que yo libré, y deseara saber, qué diligencia era la que Don Jnan le encargaba en Jérez, Prosiga, amigo. Digo, que mi Amo estaba con Don Juan, cuando llegó la licencia, que esperaba, a Don Juan, de visitaros esta tarde, y como se halla tan obligado de vos, como él dice, a cuya causa, desde que a Madrid llegó con diligencias extrañas, de vos saber no ha podido, licencia solicitaba de acompañar a Don Juan, que son dos cuerpos, y un alma, a esta visita, señora, para rendiros las gracias de la merced que le hicisteis en Jérez; puesto, que nada la Deidad desacredita el sacrificio en las Aras. Vos sois muy buen relator, por aquí el discurso entabla otra májima, que importa, y no poco; aunque ignoraba que ese Caballero, a mí tenga por que verme, basta que sea amigo de Don Juan, para no mostrarme extraña hoy con él: Decid que hoy venga, mas que no vuelva mañana. ( Direlo así. . Andad con Dios, Ahora, discurrir me falta, como podré yo llegan antes que Leonor, a casa, a desmentir la sospecha que le ha de causar mi cara: supongo; pero no quiero cansarme, que es cosa llana, que quien lo discurre todo; no suele discurrir nada. . Todo se ha hecho, señora, lindamente, ya probada traigo la llave, y después de haber hecho mi embajada; siendo muy bien recibido tu agasajo, con mil ganas Doña Leonor viene a verte, y ya llega. . Para, para. Pues, oye, Inés. . Secreticos? seis días ha que estoy en casa, y hasta ahora, no he podido saber, que es esta mi Ama; mas que cuidado me da, yo estoy bien acomodada, como, como un cabador, y tengo muy buena cama, sobre muy poco trabajo. Harelo como lo mandas, que ya llega. Muy perezosas. son las horas del que aguarsa, y más cuando es el deseo de una dicha soberana. La dicha, señora, es mía. Ay, señora, que esta cara es de Juanilla. . No sabes, que dijo el padre de Juana, que eran las dos parecidas? Aunque veros descaba, mas la visita, señora, presumo que dilatara, si cierta melancolía, o tristeza (pues con causa la tengó) para el alivio los medios no apresurara. Tristeza? Pero hola, Inés, quita ese manto, y sentada me diréis de que procede vuestro mal, que el que se trata; con quien se cree que le siente, en los acentos descanza, y en cuanto a sentirlo, yo os prometo, que no hallaráis, quien como yo lo sintiera, que soy muy interesada en vuestro dolor: Qué linda sois? . Lo lindo se guarda . para vos. . Qué tez de rostro! Pues una noche muy mala he pasado por mi vida. Dio gracias esta mañana. No tengáis ninguna buena si esto hacen en vos las malas. Cómo estáis? . Para serviros, Y qué ocasionó tan larga pornada? . Un Pleito. Y qué estado tiene? Ayer con una trampa legal, pienso que en cuidado, puse a la parte contraria. La asistencia de los pleitos, es de muy grande importancia. No faltar yo a esta os prometo, hasta que en mi favor salga. Eso es lo cierto. . Lucia, entrémonos mientras hablan allá dentro, que deseo muchísimo, regalarla, y mi hermana ha de venir por aquí (antes que a casa vuelva) a merendar conmigo. V Vamos, por ver a la hermana mas que por treinta meriendas voy; que aunque diga mi Ama, que esta no es Juanilla, es, aunque no quiera su cara. . Es un mal el mío, en que tiene apariencia una culpa, ándelito sin disculpa, aunque delito no fue, rombra que mancha una se, y en suma, sin que sea nada, es una herida formada de apariencia tan profunda, que solamente se funda en ser yo muy desgraciada: tiene un cuerpo tan sin él, que parece fantasía, una verdad que se fía de una mentira infiel, un hijo, es en sins cruel, que sin padre se engendró, una forma, que se vio sin que nadie la formara, y un monstruo; que solo para len ser infelice yo. No os enriendo (si hago tal) a. o noto de ese rigor, que es un dolor, sin dolor, nacido de un mal, sin mal; y si no me dices cual su nombre es a tú severa condición; en vano espera templar vuestro frenesí, mi amistad; fiaos de mí, como yo de vos hiciera. Pues sentando que en mujeres, como nosotras, no hay nada, que la amistad asiance, mejor que la confianza, sabed: El señor Do Juan . de Castro esta en la ante sala. Quién, amiga? Sí, señora, Don Juan. Y licencia aguardan otro Caballero, y él. Pues de qué te sobre saltas? Don Juan es de Castro, vuelve a sentarte. . Ay de mi Ama! No puede ser, qué Don Juan de Castro es este que aguardas El mismo? es un Caballero: (Pruebe usted de esta Atriaca, . que ha tanto que como yo) y está aguardando una Dama de Jerez, a quien debio allá obligaciones llartas. No es muy grande este dolor, supuesto que no me mata. Ah traidor? Pero qué haré? . que si aguardo cara a cara este golpe, es insufrible. Si de esa inquietud es causa Don Juan, eso se remedia, diciéndose que mañana vuelva, no te sobresaltes. Cómo, si me has muerto el alma? apuremos el veneno, y de él todo averiguada quede su traición. Qué hacemos? Disimule mi desgracia, no estorbar yo la visita. Pues, cómo? . Aquí retiradas, Lucia, y yo esperaremos, amiga, hasta que se vayan estos. Caballeros, porque no me vean. Qué te clavas! Esto es lo que yo quería, . sea como tú lo mandas, di que entren. A ver, señora, (qué beldad tan soberana!) con vos la bella mañana de la más hermosa Aurora: a notar cuanto atesora un Sol que alumbra, y no arde, ya reconocescobarde, la vista en vuestra belleza, la singular extrañeza de amanecer por la tarde: Bella eráis en la noticia que Don Fernando me dio, mas aunque os encareció, no os hizo poca injusticia; pero qué labio no vicia lo que es imposible al labio? pues, no hay, señora, tan sabio pincel, ni tan elocuente, que dibujaros intente sin reconocido agravio. Sentaos, y responderé, paciencia, amiga Leonor, que de este plato, el sabor, ya por vos yo le probé. . Ciego a sus ojos hen No sé, y si vivo, o muero, ay de mí! Óyeme, doncella? . Sí. Y a mí? . También. Pues los dos. Quedo, que ni vos, ni vos, sois alhajas para mí. Veis; poca, o mucha hermosura, esta que miráis, sin ceno, pues, de otra como esta, dueño os hizo vuestra ventura, y si os cifro su pintura en esta que miráis, no le hago ofensa, pues notó cuerda en esto mi amistad, que sería vanidad alabarme en otra, yo: y dejando esto; qué os dice, señor Don Juan, en su carta, mi más, que todas amiga, Doña María de Estrada? Díceme, que a veros venga, con intención tan errada, como mandarme, que ciegue, cuando que os vea me manda. Ah falso! Indiscreto anduve, en no fiarle la llama de mi amor a Don Juan, pues estos celos me excusara. A mí me dice:: . Ay de mí! Que estará en Madrid mañana, y que a cobrar de vos viene una fineza tan rara, que aunque yo no sé cual sea, debe de ser muy extraña, según ella la encarece. Ya son estos celos rabia! Saludarse. Yo os confieso, señora, que imaginada, fuera tan grande, que aún no pienso que se imaginara. Esto tenía encubierto este falso! . Pues, qué causa tenéis para conocerla, que os excuse de pagarla? No haber precio para ella, y no saber, aunque es llana la deuda, a quien se la debo, porque aunque yo:: Él se declara, y me echa a perder ahora. De Doña Leonor de Ayorla, el padre, licencia pide que qun no se cómo le llama) de ver a vuesamerced. ̱ . Viene a ocasión extremada visita es de cumplimiento; y supuesto que paraba lo que me inandó deciros, en que venía a mi casa Doña Miría, a hospedarse, y el plazo es breve, no haga la malicia (de que aquí os vea Don Diego de Ayarla) sospechosa mi opinión, y así por la puerta falsa guiad a estos Caballeros, Nuño. De mucha importancia es para mí; que no me halle aquí: ved que voy sin alma. Ya viene Doña María; de vos, señor, me importaba, saber no sé qué. Pues, yo volveré, No estaré en casa, aunque volváis. Ya se entra. . Adiós, adiós. Leonor falsa, de tu amor me vengaré. Ay Isabel soberana, que si vine amante, vuelvo lleno de celosas ansias! Adiós, trasto de alfeñique. Adiós, brinquiño de plata. Dis al señor Don Diego, que entre, qué visita tan cansada ha sido está para mí; pues verte me embarazaba; perdona por vida tuya. Peor fue para mi Ama. Yo lo creo, según muestra la amistad con que me trata. De corrida, o de celosa, no encuentro con las palabras. Qué tienes? No estoy muy buena. También yo me siento mala. z Contándole he estado cuentos. Ya es hora, hija, de que a casa vayas, si nos da licencia, como tan gran Cortesana, mi señora (mas qué veo!) Doña Hlabel. Ya repara en mí. Jesús, qué prodigio Ec an to! . Yo estoy sin alma! A no sentirme, señor, de un mal que me da, tocada en el corazón, hay triste! que os sentéis os suplicara. Este es otro embuste? Pero, Inés, saca dulces, saca chocólate, a mí te arrima, Cristina, el Cielo me valga! Ayúdame, Inés. . En esto es menester ayudarla, que esto es lo que me previno. Llévenla al punto a la cama, a esa señora. Qué pena! . No ven que se despedaza? Si hay quien las sepa, por Dios, que le digan las palabras. Qué palabras? Como un hielo se ha puesto. . De prisa vayan, y acuestenla. Avísame, en dejándola acrostada. Sí señora, más Lucia, te pido que no se vaya, por si fuere menester algo; y mándale a mi hermana que acá se venga esta noche, que este mábsuele dejarla, de modo, señora mía, que no hay con qué consolarla. Todos aquí quedaremos, si es necesario. . Con Juana basta, que luego en volviendo, diré a mi Ama las gracias, que os debe dar. . Tú, Lucia, aqueí te queda, y en yendo a casa, a Juanilla enviaré. Padre, traiga usted esa hacha, y acompañe estos señores. Aquí está ya. . Esta desgracia siento de Doña Isabel, aunque es de mi dolor causa, pero ella no tiene culpa. Infinito, hija, me holgara, de no haber visto está pena. . Señor, que no será nada. Ah falso aleve Don Juan! de esta fuerte me engañabas! . Entra conmigo, Lucia, que en volviendo luego, llama. Oyes, ni hemos merendado aún, ni ha venido Juana. Vendrá ella; y nierendaremos a la salud de mi Ama. , , , s ̱ Toda la casa esta abierta, cómo este descuido pasa? Lo mismo hay en cualquier casa donde no cierran la puerta; quién está acá? Y quién ahora da voces sin para qué? que estoy aquí no se ve, aguardando a mi señora? Yo dol veo, juro a Dios, y no entiendo esta embustera. A no verlo, no creyera, que no eran una las dos. Ay de mí! Voy a mi cuarto, que está es noche de escribir. . Y para mí de morir. Quito el manto? Tiempo hay harto. Pues, qué traes, señora? Ay ln Inés, diréis que luego su hermana irá . Buenas noches Juana. . adiós; señor. . Esto es morir, esto es revantar, esto es penar, es arder! Si así empiezas a correr, dolor, dónde has de parar? No me quitas este manto? Cuál está la pobrecita! Si señora. . Ve, Juana, y quita mi vida de dolor tanto; pero vete con tu hermana. Pues, me despides, por qué? No Juana, no te despido, mas porque Doña Isabel está mala, me pidió que allá te enviase, Inés, ve, y no me oigas suspirar, sollozar, ni padecer; una traición no esperada, de una ingratitud cruel. Lloras, señora? . Ay de mí! Pues, ahora empieza usted; . vayase muy poco a poco, que tiene mucho que hacer: Que a Doña Isabel asista por tu gusto, justo es, mas que a ti, por su pesar, te deje, no será bien; y así si quieres que vaya, solo te obedeceré, dejándote sin el mal que sientes, a el parecer. Eso es imposible, Juana, Posible pudiera, ser, il si tu fiaras de mí el remedio, que tal vez hace la experiencia más, que la ciencia suele hacer. Qué experiencia, tienes tú? Mucha, señora, porque, por obligarte a que hables, a no callar me obligné, Ay, que para mi tormento, no hay remedio! . Di cuál es? (como, si yo lo ignorara) y que le haya, puede ser. Es imposible. . Veamos. Don Juan de Castro:: . Ya sé lo que a noche pasó, y vi esta mañana también, todo lo que sucedió. Pues, sabe:: . Di. C Que después, estando yo de visita en la casa de Isabel, entró él a visitarla. De eso, solo admiraré que tú lo extrañases. Cómo? . Cómo, siendo como e notorio, que son amigas muy estrechas en Jerez, Doña María de Estrada, y ella, siendo, señora, él de Doña María amante, quien duda que la iría a ver. De Doña María amante. Y es notorio que lo es? Sí señora. . Y por qué tú me lo has callado? . Porque de hablar en esto, no ha habido ocasión, mas que esta vez. El remedio ha sido, Juana, como yo le imaginé. Quién te da el dolor, pudiera darte el alivio también. Cuál alivio? . El desengaño; que sabe mal, y obra bien. Curar dolor con dolor, cura a mucha costa es. 4. . Para qué, para qué, procura vivir quien muere tan bien? Quién canta? En esos Valcones de enfrente es, al parecer. 4. Para qué, para qué, si morir amando dulce muerte es? Mal lo sabe quien lo dice. No lo sabe si no es bien, y si licencia me dais, puesto, que de no poder sufrir mi pasión, señora, rompí a la atención la ley, entrándome en vuestra casa; hoy que la ocasión hallé, os diré, que quien la sabe soy yo, porque averiguéis:: 4. Para qué, para qué, protura vivir, quién muere tan bien? Si morir amando, dulce muerte es? Lo que yo saber quisiera, señor Don Euis, era quien licencia os dio a la osadía de que así en mi casa entréis? No basta que seáis mi sombra en cualquier parte que esté? que donde voy os encuentre? Y en fin, no basta que deis, que murmurar en la calle? El lance aprovecharé. Sin que piense la ignorancia, que entrar os viere, que fue con permiso mío, en vos este libre proceder? Señora, si es culpa; pero, qué me dirá esta mujer con las señas, de que sufra, y de qué quedo me esté; si es fingido este disgusto de Leonor? . Que no haces bien, si me atreviera, señora, te dijera yo. . Por qué? Porque si así como así a Don Juan has de perder, piérdele, señora, pero rea vengándote de él. Qué es perder a Don Juan yo? Qué secreto será aquel? Ni qué venganza, que igual sea a la ofensa, hallaré? Qué calle? ya callo, Cielos! alguna ventura es la que espero. . Óyeme (celos, que tan agaigado esté Don Juan, es su corazón mas yo se lo arrancaré: Este hombre, es noble, según lo que parece? . Está bien, Y galán. . No he reparado; pero qué tiene qué ver esto, con vengarme yo de un traidor? . No me iré. Deseas vengarte mucho? Mucho. . Pues, yo dispondré, que te vengues muy apriesa; si tomas mi parecer. En yéndose Don Luis, Juana, me lo dirás. . Pues; sin él no podemos hacer nada; vete tú, porque no esté tu modestia aquí arriesgada; como licencia me des a que de tu parte alguna tibia esperanza le de. No doy tal; señor Don Luis? Pues, yo me la tomaré. . Qué, bella Leonor; mandáis? Entrate hija a recoger. Nada os mando! Entra, señora; apriesa, no sea que salga mi señor? . Don Luis, solo os digo, que miréis por mi crédito, excusando demostraciones, tu ve, y a Lucia harás que venga, porque mañana ha de ver, (pues fuera dé la clausura vive mi enemigo) que es una mujer ofendida, enemigo muy cruel. Ella lo va disponiendo, como yo lo he menester; señor Don Luis, porfiad, sin pensar que este es desdén, sino recato, que yo vuestro intento aindaré, y tomadme esta palabra. Mucho de ti espero, pues, sobre está, cualquier ventura a ti te la deberé; mas qué palabra me das? La de qué seguro estéis, que a mí, tanto como a vos, me importa que llegue a ser vuestra, Leonor, y ha de serlo, o yo quien soy no seré. Toma esta cadena, solo por esa esperanza. . Y es de oro? Pues quién lo duda? Solo por no parecer grosera, la tomo. Adiós, que mañana te veré, mejor con este esperanza hablar a Don Juan podré. . Quién de mi creyera esto? pero, la vez que intenté parecer tercera, en todo lo he debido parecer: Vamos celos, Amor vamos, a ver lo que se ha de hacer mañana, pues ya de hoy habemos salido bien. Calla, que tu bobería me cansa. . Digo, señor, que silfue falsa Leonor, nétima Doña María, que aunque yo no sé quién es, lo doy por sentado yo, según te lo ponderó ayer el Ama de Inés. Doña Isabel es muy bella, y yo la vi; en ocasión, que pudiera mi pasión procurar su alivio en ella; vengando la alevosía de Leonor, falsa, y cruel. Si es buena Doña Isabel, tan buena es Doña María, y esta sobre su belleza, si la memoria renuevas, tiene, señor, que la debas aquellan grande fineza de que ella solo es testigo; y tú, sin saberlo yo; solamente porque no estuve en Jerez contigo. Tan grande es, que por poderla pagar, diera el corazón. Y sabes en qué razón se fundó? . Solo en hacerla. Ello saldrá en la colada; o solo tú, a mi entender, hallaste, en esa mujer, mujer desinteresada. Deseando estoy, saber quien esta Dama será, que en nada el discurso da, para poderlo entender; mayormente, cuando nada Don Fernando averiguó en Jerez, aunque intentó de Doña María de Estrada, adquirir, por orden mía, alguna noticia allá. Ella, pues viene, dirá quién es la Doña María. Del paje que espero, aguardo tener alguna noticia. Siendo de jérez, bien puede ser, señor, que de ella diga, y étele, que con el viejo sube la escalera arriba, y es galán el dicho paje. Di que entre. Que esté advertida le diréis a Inés, de entrarse, si puede ser, sin ser vista, en viendo que Leonor llega. Harelo así; buenos días dé Dios a vuesamerced, por esta mujer maldita, recelo que han de molerme a garrorazos un día; ya está aquí el paje, señor, que aunque ya buscado había otra casa, mi palabra havía de ser cumplida. Y así es razón; esta cara pienso, que he visto? . La mismo memoria estaba yo haciendo. Con el cuidado que miran! Si se descubre la maula, negociaron mis costillas. No temáis. . No; pero tiemblo, Cómo te llamas, quisiera saber. . Don Diego de Trajes. . Y has ser vido? Yo, tervía a un Caballero, y por otro me dejó. No fue justicia. Ni injusticia, porque antes que a mí; a el otro conocía. Y eres de jerez? . Si soy. Y dime, si conocías, a Doña María de Estrada en Jerez? . Si era vecina de mi casa (esto va bien) de conocerla no había? Y quién es esa señora? Es una señora; rica; honesta, noble, y hermosa, Y di, hacia dónde vivía? Frontero de la posada, que vuesa merced tenía en Jérez. . Pues, me conoces? Vios en Jerez muchos días. acá se entran dos tapadas. Dise lo que dije aprisa. Así, señor, mi señora, a preveniros me envía; que ya a Madrid ha llegado la propia, Daña María, por quien preguntáis a Diego, y que esta mañana a Misa a San Gerónimo, vino por veros. . Ventura es mía: quién esas Damas serán? Si no me miente la vista, aunque más se tapen, son Doña Leonor, y Lucia. Visita es que deseaba, Don Diego se quede, y diga de mi parte, a mi señora Doña Isabel, que le estima el aviso, mi cuidado, y callela la visita de esas Damas. . Sí, bonito, soy yo para parlerías. Tome. . Bien corrí esta lanza, pues me llevé la sortija. Enséñale tú la casa a Don Diego, y baja aprisa a la Iglesia, por si acaso llegare, Doña María, para avifarme, y aguarda. Simo la he visto en mi vida, Aquí está el padre de Juana, y un paje. Ya se avecinan, dadme ese envoltorio. . Fuerza es que si en busca mía viene, pregunte ponmí. Vamos. . Cuenta. . No te aflijas, que todo se hará, señora. Vos en la escalera misma me aguardad con esta capa, y este sombrero, ea aprisa. Voy. Tápate bien, señora, no te conozca. . Lucia, o no nos ha visto, o hace que no nos ve. . Si propicia me es la suerte en este enredo, la victoria será mía. , - Ya el paje se fue. . Salgamos. Que no la conozco finja. A quién aquí buscáis, Damas? Muerde el manto, porque finjas la voz, para la cautela, que imaginada traías. No respondéis? A Don Juan de Castro. Pues, Reina mía; no le conocéis? la voz extraño. . Muy bien podía conocer a quien me debe una fineza, tan hija de mi noble amor, que nada satisfacerla podía. Engañose Calendario, que esta voz, es cosa fija, que no es de Doña Leonor; sin duda es Doña María. Ah si vos me conocierais! Cuidado que te deslizas, muerde bien el manto. Ella es. Por aquella puertesilla has de entrar. . Y silme ven? Decir alguna mentira de parte de mi señora; mas la gente divertida está, bien puedes entrar. Quién fuera ahora golondrina? mas ya estoy acá. Inés entra. Vuelvo a la escalera. Enigma fuisteis en Jerez, señora, de la mayor suerte mía, pues debí a vuestro valor lo que aún no paga mi vida, y puesto que allá lo fuisteis, que no lo seáis os suplica mi ruego, en Madrid. Traidor, aunque tu traición sabia, no lo creía, mas ya que no puedes desmentirla, ni negarme que la sé, sabe ahora, que ofendida, todo el amor que te tuve, convertido en justa irá, es odio, es rencor, es muerte, y así, lo que has de hacer, mira:: Leonor. . Para deshacer lo que tratado tenías:: Qué este yerro hiciese yo? así le enmiende; querías que ignorase que eras tú con quién hablaba? Esa es, Linda. Pues, no lo creas, que yo en venganza de la indigna traición, que en tu casa hallé, no conocerte fingia; y sino, de Calendario, sabe, si cuando subías por la escalera, me dijo, que eras tú la que venías; en la Iglesia está él, y yo no le puedo avisar, mira si es esta bastante prueba de la cierta verdad mía; así tú, aleve, pudieras satisfacer las mentirás, que en desalumbrar mis celos, dijiste! . Tu boca misma, por otra me habló. Y mis ojos vieron tus alevosías. Ya sé que en Jérez, debiste a aquella Doña María, finezas, y sé también, que por ella me tenías poco ha; y a esto se añade ponderaciones de almibar, que ayer a Doña Isabel dijiste, y yo las oía. . Yo, un embozado, en tu casa vi. Aquí entra la mía: Con mujeres como yo, no se usa la grosería de hacerlas esconder, cuando son los pretextos, mentiras, anda Antonia. Oíd, mirad, pero yo:: . Seguirla querías? pues no ha desser. . Eso no. Déjame. Ya habrá otro día. Si no sé quién es, Don Diego? Señor. . Qué buena carilla tiene el paje, aunque a Juana se parece algo. Por dicha, viste bajar dos mujeres? Bájar las vi, y conocilas muy bien a entrambas ha dos Quién eran? si pudestelica, Btir saber quien s dilo presto La una era Doña María de Estrada, y la otra Antonia. Pues, conocerla podías? Qué dices? Lo que mandaste, que yo, señor, no sabía que erraba. Bien sucedió . Quién miente Don Juan quien fía de hombre, si tú eres traidor? como si en toda tu vida me hubieras visto, te acuerdes de mí. Aguarda. Ven, Lucia. Pues, tú no vas satisfecha de mi verdad, Leonor, mira, como a mí me dejarán satisfecho tus mentiras? Yo tengo razón. Yo, y todo. Qué espera Doña María:: Pensar, como allí pudiese estar, el juicio me quita! En la Iglesia, me mandó que te dijese. Mi vida se acaba adiós para siempre, aleve. . Adiós enemiga. . Señor paje de alfeñique, adiós. Adiós, Reina mía, que ya estach que esto hech esperan coger aprisa el fruto de mis finezas. l los disfraces de Juanilla. . PO
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA No andes tanto, Inés, que yo no me puedo menear, trasnochar, y madrugar, quién tan mala vida vio? Lleve el diablo esta mujer, y llévete el diablo a ti, que me traes fuera de mí. Vejete de Lucifer, a él solo le llevará. Sobre qué, es esta porfía me digan, por vida mía. Qué ay Márcela, por acá? Vine, buen Nuño, a esta hora, a saber de un Religioso, que hay aquí, muy virtuoso, si sabe alguna señora, que haya acaso menester una doncellita honrada, hacendosa, y enseñada a hilar, bordar, y coser, mas al madre tuvo, y fuera de casa le he hallado ya, y como el comer me va en esto, aguardar quisiera, por si algo consigo. L Élla es doncella, o lo ha sido? Sus descuidos ha tenido pero dice que es doncella, y yo se lo creo así, que hay lenguas poco seguras, y aunque tiene dos criaturas, nadie ha de perder por mí, haya, o no haya pareceres. Aquí para entré los dos, ella es una alma de Dios. Trabalos son de mujerel. Eche esa mujer de ahí, que nos ha de embarazar. Márcela, no hay que esperar, sino, vaya desde aquí, que mi señora, se casa muy presto, y podrá ser que ella la reciba esa doncella. Moy bien, Nuño, sé la casa. Puelga Voy, pues me apresuras, y pagaré. . Nada debe. pero aN(doncellalle te, con su paNde criaburas, Aa vellaco. adiós, Inés, y no porque traigas manto, conmigo te extrañes tanto; que aún no tiene el manto un mes. Y pregunto, dejando esto, en que han de parar, Inés, tanta máquina de enredos cómo esta señora hacer intenta, sobe los heclos? esta mañana fue a casa, escribió un papel, y luego, de sus galas más costosas hizo un envoltorio, y puesto en el coche, le mandó que le trajese el Cochero, y para guarda, viniese de vista, Cristina dentro, y que echadas las cortinas, entre esos árboles, quedo (y étele allí) se estuviese; mandome a mí, que singiendo, que le repetía aquel mal de corazón supuesto, fuese a sacarle licencia de Leonor, para más tiempo; y esto dijo que lo hacía porque no la echasen menos, si acaso la detenía la multitud de embelecos, que para hoy tiene pensados; díjome también, que viendo a Don Juan, le suplicase; que de le a ver a unos deudos, esta mañana la diese permiso; a ti, que este puesto no dejases, mientras yo a ver a su amo me entro para lo dicho, y que aquí a ella le esperes; y luego que entre yos saldrá a buscarte, y aunque me vuelve todo esto loco, más loco me vuelve la sacilidad de hacerlo, pues, el la señora, es señoras criada luego, es tan criada, que parece que ha fregado mucho tiempo: pues paje, qué no lo finge! por el siglo de mi Avuelo, que parece que ha diez años que conoce los tinelos. Está descansado? qué ha murmurado, buen viejo? Vaya a lo que le han mandado, que necesidad no tengo yo, de que me acuerde a mí, nada de lo que hacer debo. No es esto murmurar, voy. Oye, y cuidado con ello, no haya pelliscos. . Pelliscos, Inés, fuera lo de menos, no hubiera ello mojicones, y pescosadas, y aún esto no era mucho, si no hubiera cosas peores. . Embustero, qué cosas peores? . Qué? pues, después de haberme puesto como un pulpo el otro día, porque olvidé un embeleco, de estos que traza, hecha un áspid, no echó la mano a un llavero, VUIRAD y en tedando s cadena, emos cimtarmos gados, (dijo Nesto ha de ser úsí, bajaos Nuño, los gregüescos que los habéis de llevar; y que me los bega, as cierto, si el Cochero no me quita: Ay qué enredo! No es enredo, qué, bien sabes, Inés, tú, que es un diablo tan resuelto esta nuestra Ama, con todas aquellas señas de Cielo, que en Jérez, sobre otras obras, de guapo, a unos Caballeros, que una música la daban; (verdad es, si bien me acuerdo, que cantaban mal) cansada de oírlos, muy en secreto, con un broquel, y una espada bajó, y cerrando con ellos, les dio tantos cintarazos, que quedó todo el terrero limpio; menos cuatro capas, que se hallaron en el suelo: no sabes: . Despache, Nuño, no se haga tarde, que temo, si se descuida, que haga llabezo se verdad, lo de sgregueseos. Dios me libre, voy volando. . Calendario es, y no quiero, que me conosca. . Esta dicha; C tan de mañana, a lo menos, si lo que la nube esconde, (esto dicen los discretos) es como ellarte, y el garbo, también suelen decir esto) piadosa es vuestra hermosura, cuando la mitad del riesgo les quitáis a los que os miran, pues, los que murieran, viendoos creciente, viéndoos menguante, se quedaran medio muertos. Entiende de Lunas? Algo. Pues que se mude le ruego, el nombre. Por qué, señora, quisiera saber? . Direlo; porque son los Calendarios, los que de eso entienden menos, Si Calendario no agrado, pronóstico ser prometo: Y será como los otros, ignorante, y majadero. Pues, ni uno, ni otro seré, Y hará bien, que solo estos trastos, sirven de quebrarnos las cabezas, al venderlos, de dar cuidado lo malo, y ser mentira lo bueno. Y siendo lo que mandáis, podré, mi Reina, ofreceros chocólate, que vivo en clausura; aunque en Convento; Ya le he tomado; mas digo; como le va con Don Diego de Trajes? El paje? . Sí. Y venir a darme celos con un paje, no es maldad? No, que me importa saberlo, y no le conozco yo. Pues, digo; sentado aquesos que de día me va bien, aunque no mucho le veo; pero de noche, al tal paje, darle un alcance no puedo, porque en dejando a mi Amo, se zambulle en su aposento, y a fuer de doncella, al punto la llaveecha por de dentro; tiene un slamired, mas qué saber? Orro pesadito. . Presto, Voy que alun recado. . Dónde? que eso es lo que saber quiero? S En casa de mi señora Doña Leonor. . Ya se entiendo, vaya con Dios. . Y qué vale lo desbuchado? . Habrá tiempo de que me vea la cara. Prometeslo? . Si Prometo. Pues, si como eres curiosa, eres limpia; me contento. Diome el permiso Don Juan, que le entró a pedir el viejo; con que por un rato, Inés, libre, y descuidada vengo. Pues, cómo de mujer sales? Cómo cae mi apolento en la escalera, al salir me pude mudar, que luego he menester este traje. Buena andas, señora, pero de tan grandes tropelías, de saber no acabaremos el fundamento, que aunque, siendo amor el fundamento, era bastante, y sobrado, presumo con todo eso, que hay más que amor, en la mucha confianza que en ti veo, de casarte con Don Juan, siendo tan grande el empeño, qué hecho tiene con Leonor? mira, que habrá mosquetero, que hasta aquí no haya entendido de aquella darta el concepto no oscuro, que apresaró tu venida, a estos enredos. No dices mal, y pues hoy hay lugar, sacarte quiero de ese duidado, y también, porque se acerca ya el tiempo de llegar al deseado sin de mis raros sucesos, y así, atiéndeme. El papel decía? (que yo me acuerdo) que a Don Juan llevó la Esclava: Mañana a las diez espero en San Francisco, iréis solo, y podéis ir sin recelo. Hizo la esclava el mensaje, y surtió tan buen efecto, que en la Iglesia nos hallamos Don Juan, y yo a un mismo tiempo, Gración hizo, y mirando luego a todas partes, viendo que nadie le hablaba, y que salía una Misa, atento. la oyó, y acabada, todos de la Iglesia se salieron, menos él, y yo, que ya arrepentida del yerro, que cometer intentaba, y no segura del riesgo de poder ser conocida, (aunque el disfraz me dio aliento) volverme resolví, cuando tomando Don Juan asiento cerca de mí, que mi traje le daría atrevimiento, me dijo, con apacible acento: Si un forastero errare el estilo, Dama, con que preguntaros debo, perdonadme la ignorancia, por la disculpa de serrlo. Preguntad muy en buen hora, le respondí, que no es yerro preguntar; ni responder es tampoco desacierto, como uno ni otro pasen de las líneas del respecto. Sois vos, (prosiguió) pues sola quedasteis en este puesto, quien a él me ha llamado? Soy, y no soy (dije) pues vengo de parte de quien os llama, sin ser quien os llama. Pero sabéis lo que me tenía, que mandar ese sujeto? dijo: y yo a él: No sé más de que un curioso deseo de saber, si vuestra gala, sin más que querer saberlo, tiene aquel empleo digno, que merece; porque cierto; que fuera lástima grande, no tener muy buen empleo. Si usan en Jerez, hacer burla de los forasteros las Damas, saber quisiera, para poder responderos, (prosiguió) y yo proseguí: Lo que se via no sé, y creo, que quien informarme manda, aunque ser Dama confieso, es Dama de Jerarquía tan superior, que os advierto, que el estilo de las burlas no cabe en su pensamiento; ni en vos ay, señor Don Juan, tan pocos merecimientos, que sin respecto os tratara, quien os mira con respecto. Y porque veáis, que nada se ignora, y que yo pretendo cumplir con lo que me manda, como legal mensajero, decidme a mí, por mi vida, que yo os juraré el secreto: Qué estado tiene el amor en vos, de aquel brinco bello de márfil, de aquel hermoso pedazo de cristal terso, de aquel cópito nieve? hablaros más claro quiero, de la señora Leonor, nombre, que os conoció impres allá en el centro del alma, por los avisos del cuerpo. Coloreó Don Juan (ay triste!) al oírme, y respondiendo, ya cobrado, a mi pregunta, me dijo: Dama, supuesto, que pretendéis, que yo deba, que habláis de verás, creeros, aunque yo pueda dudarlo, me preció de tan atento, y tan fino, que pensara, que ofendía los afectos de mi fineza, niegando, que el ídolo reverencio, que nombrasteis; aunque estoy de merecerle tan lejos; y así a esa deidad decid, que de su curioso empeño salga sabiendo que yo amo, idolatro, venero, tan sin ventura, que solo en mi amor la dicha tengo, de que sepa quien me mata, la fineza de que muero. Cubrime mejor el rostro a este que juzgué desprecio; porque no hubiera en el mundo tan vano hombre, o tan grosero, que aunque brujuleando fuese, mirarme tuviera aliento para decir que a otra amaba, y que yo le estaba oyendo, Discurre tú, a esta tormenta de alrados contrarios vientos, como quedaría el pobre barquillo, en que mis afectos embarcaron su esperanza? y juzgarás que los remos rindio al duro desengaño, las velas: al escarmiento el timonzal imposible, y a todo junto, el esfuerzo? Pero no juzgarás bien, si discurres los empeños en mi vanidad, tan grandes, como vencer a un soberbio, de su fineza; y a un hombre tan extraño en estos tiempos, que blasonaba de amante, quebrantando aquellos fueros, que al olvido dio la ausencia, por usados privilegios. Despedime, tan sin mí; como mandaba un severo dolor, compuesto de dos males, como amor, y celos, pero no desconfiada; porque me dio más aliento para intentar la victoria, el difícil vencimiento. Y en fin, de aquel mismo día la tarde, estando yo viendo un partido de pelora (que Don Juan había hecho) desde el mirador (ay triste!) con el osado Don Pedro de Caceres, vi (al decirlo, de ira, y no de susto tiemblo) que sobre si era, o no era falta una pelora, ciego Don Pedro, para Don Juan levantó la pala; duelo, que dicen los que esta ley profesan, que hizo el infierno, que pasa a agravio, y así lo entendió Don Juan, pues fiero, ya con la espada buscaba a su enemigo, que puesto en defensa, le esperó; bien que entre amigos, y deudos; pero el valiente Don Juan, solo, como forastero; osado, como ofendido; y como noble, resuelto: cerrando con todos, rayo pares pareció, que deshaciendo a la parda oscura nube el caliginoso ceño, hasta que en el centro para, vibra culebras de fuego. Llegó a Don Pedro, a pesar de cuantos le defendieron, he hiriéndole de dos puntas el acobardado pecho, el suelo le hizo medir; motivo con que sus deudos, ya enemigos declarados, a Don Juan acometieron, tan alevemente, que a no socorrerle el Cielo, su muerte hubiera llorado yo, que en mi coraje ardiendo, desde el mirador, dos veces me quiserarrojar al suelo, para defenderle: En fin, defendido del respecto del Gobernador, Don Juan quedó libre, aunque fue preso, A pocos días después, por él envió el Consejo de Ordenes, vuave pezo de las heridas Don Pedro, para que de sus amigos apadrinado, soberbio publicase, que Don Juan, quedaba agraviado, puesto que él squedaba vivo, y bien que hluvo opiniones sobre esto. Yo, que ya a Don Juan mi raba, por mi elección, como dueño, aunque imposible, notando, que cuando pudiese serlo, a mi honor le convenía, no dejar el suyo expuesto a pareceres, resuelta, y amante, habiendo primero con mi aliento consultado mi amor, por hacer el premio de mi fineza, posible, considerando, que enfermo Don Juan en Madrid estaba, como supe, sobre preso, y cuanto imposible le era, sacar su opinión de riesgo, por ti propio, resolví, que Don Juan, pues en mi pecho vivía, hiciese mi mano, de su venganza instrumento. (pero, qué no hará un amor, si llega a ser verdadero?) Seguro Don Pedro estaba, su enemigo ausente, pero sabiendo yo su descuido, pude aprovechar mi intento, pues, una noche en el traje de hombre, mi ser desmintiendo, esperándole en su casa, (ahora es, y me estremesco de pensarlo, pero ahora no hay cólera en el aliento, y antonces la había) pues, que era él, reconociendo un bulto, que se acercaba a mí, le salí al encuentro, y haciendo un puñal ministro de mis iras, al orimero golpe, sobró el segundo, pues cayó al primero muerto. Asegureme, y sacando un papel, que para esto traía escrito, le puse sobre el cadáver sangriento, en cuyas, letras decía, Don Juan de Castro le ha muerto. Retíreme felizmente, pues, sin que me echase menos mi familia, entré en mi casa; público se hizo el suceso al otro día, y yo dando aviso a Don Juan, fingiendo ser Doña María de Estrada, de su venganz a instrumento, con este nombre firmé la carta, que fue el primero que me ocurrió. Ya fuera Don Juan (Inés) de aquel necio escrúpulo; que intentaba ser de su nobleza opuesto, y vestida yo de mí fineza extraña, resuelto, venir a Madrid había con mi amor, y con mis celos, cuando llegó aquella canta que te leí, y ahora creo, que habrás entendido, y pues, nada más que decir tengo; porque lo demás se ha visto; solo que ponderes ruego, lo que hace un constante amor, lo que hace un amante pecho, pues venciendo inconvenientes, pues atropellando riesgos, menospreciando peligros, inventando fingimientos, sufriendo incomodidades, y despreciando respectos, nombres mudo, casas sirvo, trajes fingo, trazo enredos, para sacar a mi amor del peligro de mis celos, y para que una fineza tan extraña, tenga premio. Tan raro, tan no ordinario, es, señora, tu suceso, que aún de ti no lo creyera, si no supiera el esfuerzo de tu corazón bizarro, pero, señora, apostemos, que ver a Don Juan valiente, te remató. . Yo confiese, que es el valor en los hombres, Inés, muy grande tercero; pero ya sale Don Juan, dale ese papel, y luego . ve al coche, que en él te aguando. Venga. Y mira, que te advierto, que aún para contigo misma no te acuerdas del secreto, que te he fiado. . Jesús! Que te va la vida en ello. Sobre galán, y discreto, es puntual. . Inésica, qué haces aquí? A buscar vengo al señor Don Juan. A mí? qué me mandáis en efecto? Ese papel lo dirá. . Aquí hay algún embeleco. Doña María de Estrada, que os tiene que hablar en cierto negocio, señor Don Juan, os previene, que irá a veros, no estéis tan embarazado esta vez, señor, os ruego, como la pasada; adiós. Que no he deseado prometo, en mi vida, con tanta ansia, dicha, como la que espero: esperad, responderé. No es menester, que poniendo se quedaba el manto, cuando el papel me mandó traeros, Y decidme, es muy hermosa? pero, recibid primero esos excudos. . Señor? Tómalos muchacha. . Harelo, solo por obedecer a mi padre. . Y partiremos, es hija muy obediente. No haré yo tal, y volviendo a lo que me preguntáis, para poder responderos, qué os pareció mi señora Doña Isabel? . Para el Cielo no hay explicación alguna. Pues ella er, ni más, ni menos, Doña María de Estrada mi señora, y pues que presto la habéis de ver vos veréis, que en nada, señor, os miento. Qué tan linda es? Eso sí, y porque podáis creerlo, callen cartas, y hablen barbas. Ve a casa de Leonor, presto; y el vestido más costoso de los míos, con silencio, en el Arcón meterás, como que buscas, fingiendo, algún trasto para mí; y dile, que yo iré luego, porque a buscarme no vayan. Estoy en todo. a Ahora es ello. Pues, señor Don Juan, es hora para quien desde tan lejos os viene a ver, de lograrla? Señora (válgame el Cielo!) . esto es sobre natural: quiero informarme primero, perdonadme, con quien hablo, me decid, que no me atrevo, si vos no me lo decís, a creer lo que estoy viendo. Pues, qué extrañáis? Qué seáis, señora, la, que yo pienso. Ya yo entiando vuestra duda, y nace de que primero visteis a Doña isabel, y no sois solo el que en eso la admiración ha gastado, que se parece en extremo conmigo; Doña María Estrada soy. Cómo es esto, un nombre allá, y otro aquí? La que a pesar del molesto recato, que a mi nobleza mis atenciones debieron, por vos mi patria dejé; y por vos, sin conoceros, mas, que de haberos mirado, hice, porque no mal puesto vuestro crédito quedase, mío vuestro honor, haciendo lo que vos sabéis, Don Juan, para que tenga todo esto el premio de que seáis de Leonor, cuando ella; pero, esto no me importa a mí, pues ya se ha pasado el tiempo en que por mirar por vos puse mi opinión a riesgo. Para qué fue preguntarme, si daríáis el postrero si de casaros, Don Juan, con Leonor? si aún no teniendo respuesta mía, a su casa fuisteis amante, resuelto a asegurar sus temores, traición que allí hubierais hecho, a no impedirlo el galán que salió de su aposento: mas tampoco esto me importa, pues solo a deciros vengo que por vengarme de un falso desagradecidó, y necio, tanto como despreciar la dicha de ser mi dueño: Hoy dar la mano, sin gusto; a Don Fernando resuelvo, sed vos de Doña Leonor, que yo, Don Juan, os absuelvo de lo que allá imaginado tenían mis devaneos, pues; pero esto sobra ya, a dios os quedad. Primero, generosa protectora, (que este fue el nombre que os dieron allá en mis adversidades, justos agradecimientos) a vuestras gloriosas plantas me habéis de ver por trofeo, bien, que no digno, a tan grande deuda, como la que os debo. Qué hacéis? Venerar, señora, de mi pundonor el templo, rendir al ídolo gracias, la primer vez que le veo. Dejad el suelo. . Diré, si así me apartáis, que el Cielo dejo dos veces en vos, por lo piadoso, y lo bello; y en cuanto a que yo faltase:: Hacia acá viene Don Diego de Ayorla, y si no me engaño, Don Alonso Marmolejo. El que en Jerez Gobernaba? Sí señora. A qué mal tiempo! pues, que no me vea importa. Desdichales mía. Yo veros ofrezco, antes de casarme, tápate, niña, y pasemos. Mirad, que me va la vida, en que quede satisfecho vuestro enojo. . Yo os veré, Don Juan, y en todo hablaremos. Dónde? En casa de Leonor esta noche. . Iros ofrezco. El Gobernador llegó a medida del deseo; quedaos vos, Nuño, y oíd. Adelantado a Don Diego, señor Don Juan, porque hoy logre la dicha que espero, viendo que a veros venía, a pediros, señor, vengo, que a Don Diego le roguéis, como tan amigo vuestro, que me dé a Doña Leonor, por quien vivo, y por quien muero. Y sabed; que la pedís con bastante fundamento; porque, según he sabido, ella: mas, pues llega; quiero que no me vea con vos, ved, que para él más supremo bieno me he valido de vos, y que soy amigo vuestro. Oíd. Haced lo que os pido, que detenerme no puedo. . Buen modo de negociar. Sispuede suceder esto; por que a las fábulas dan nombre de fábulas? Cielos, qué haré? que casarme yo con mujer, que otro a mí mismo me ha dicho, que quiere, y que ella no se ofenda de saberlo, sobre; mas este discurso se quede para otro tiempo, pues llega. Don Diego ya. Mucho que contarla llevo. Señor Don Juan, que estáis libre, y porque gran parte en esto tuvo por su buen informe, Don Alonso Mármolejo mi primo, que hoy ha llegado de jérez; que venga a veros le he pedido, y vos procuro que le deis las gracias. Tengo, sobre esta, muchas que darle, por las mercedes que debo al señor Gobernador, en Jérez. . Tened por cierto, que a no aberme embarazado el oficio, al lado vuestro me hubiera el suceso hallado, como amigo, y caballero; pero vos, señor Don Juan, obrasteis en el suceso, tan bien, que sobraba todo lo que no fuera vos mismo. Por lo que me honráis, señor, os beso las manos. . Quiero, primo, pues llegó ocasión de preguntarlo; deberos, saber, quien es una Dama, que se llama, según creo, Doña Isabel de la Cerda, y es dé Jerez? porque pienso, que es, a quien Don Juan debió tanta asistencia en su pleito, que en pocos días le puso en el estado que vemos. Qué escucho! Es una señora, a quien conozco, y prometo, que en cuanto a noble, y honesta, no me acuerdo de sujeto, con quien compararla; es rica, y de tan extraño aliento, que con un hermano suyo, que ha pocos años que es muerto, hicieron mil travesuras en Jérez, de chiste, y riesgo; es hermosa, y por la muerte del padre, que fue Don Diego de la Cerda, un mayorazgo heredó, y que pasa entiendo, de más de diez mil ducados de renta. . Bien está en ello. Y a Doña María de Estrada, conocéis en Jerez? . Creo, que en Jerez no he oído nunca tal nombre. . Qué será esto? Vamos, señores, que ya prevenido el aposento en mi posada tenéis; si vos, primo, como deudo, vos, señor Don Juan de Castro, como quien espera serlo, . Qué haré? mas lo que he de hacer lo han de decir los sucesos; aguárdese, Nuño, aquí para que lleve a Don Diego, Rg. . Ya yo lo entiendo, y escapo a dar cuenta. . Cielos! Doña Isabel ha agenciado mi pleito; sera quien debo mi opinión, Doña María, y ser con tan grande extremo semejantes una de otra; t mucho que averiguar llevo. En fin, no le respondiste? Antes rompí su papel. Cierto, que estás muy cruel, aunque harta razón tuviste, que fue grande atrevimiento, tener Damas encerradas, señora, cuando tan cerca de darte la mano estaba. Darme la mano? eso no, pues para que lo excusara, era bastante motivo, saber, que desconfianza llegó a tener de mí, puesto, que ya una vez declarada la desconfianza, es reconocida desgracia del hombre que la concibe, y la mujer que la causa; pues nunca él queda seguro, ni ella queda asegurada: pues luego agravio sobre esto, prometote que ya es saña, lo que era amor; la fineza, es deseo de venganza. Fácil fuera, a no tener empeñada su palabra mi señor. Los padres, no tienen dominio en las almas. Es verdad, pero tu ahora estás, señora, enojada, luego otra cosa será: dime, si hay que hacer en casa? que Doña Isabel, sin mí, solo un punto no se halla, desde que tan mala está. Frométote, que me causa harto disgusto no verla, mas desde que acompañada está de Doña María, resolví el no visitarla, por no ver a esta señora, Doña María de Estrada, motivo de mi disgusto. Pues, ay, que no me acordaba, que ella me mandó pedirte licencia, y como tu estabas con tu enojo, me olvidé, de venir, si tu gustabas, a pagarte la visita, pues Doña Isabel se halla enferma, que a ella la hicisteis. Esto solo me faltaba. Y no puedes excusarte, que es Doña María, Dama de muy grande calidad, y sería desairarla. Y dio te el recado a ti? Sí señora, y a mi hermana Inés también; porque no saben acá sus criadas. Sí señora, a mí también; no lo entiendo, pero vaya. . A costa de un sentimiento, quiero ver a quien me causa tantos; dirásle que venga, y vamos a ver si falta s, algo en el cuarto, Lucia, que los huéspedes aguardan, Vamos, señora. TúImes. Vengo echando el alma de cansado. Qué traéis? Albricias. De qué? De nada, si nada es, que Don Luis, le haya dicho cara a cara a Don Juan, que ama a Leonor, y que ella no lo desama, a cuyo fin le rogó, que el casamiento tratara con su padre. Mas, Fortuna, me das de la que esperaba; tú, Inés, ve, y a Don Fernando osorió, puesto que aguarda esta respuesta; dirás, que Doña Isabel se allana a ser suya, si Don Juan con Doña Leonor se casa. Qué dices? Esto es decir lo mismo que decir nada, pues Don Juan no ha de casarse con Leonor, y que a esta casa venga, donde le hallará. Voy. Vos, Nuño, sin tardanza, buscaréis luego a Don Luis, y diciéndole que Juana le llama, aquí le traed. Voy. Y pues solo me falta hablar a Don Juan, y él ya de Don Diego se aparta, que con el Gobernador en el cuarto bajo entraba, hacia acá viene, sin duda, por ver si halla en esta sala a Leonora hablarle quiero. A que sepa esta tirana, que sé todas sus traiciones:: Señor Don Juan? Quién me llama? Quién obligada de vos, de dos cosas necesarias quierg advertiros, Decid, pero, quién sois? mi La criada que sacó las luces, cuando aquel hombre oculto estaba, de mi señora en el cuarto. Si yo entonces reparara, no me causaras ahora el asombro que me causas. Qué haces Juana, aquí? Señora, el Señor Don Juan estaba preguntándome por ti. Yo, Leonor, no preguntaba por nadie. Ve a lo que dije. Puesto que usted me embaraza lo que me importaba, yo también sabré embarazarla. Saber solo solicito, señor Don Juan, si pensada tenéis forma, que os excuse de cumplirle la palabra que a mi padre disteis. Yo, no hube menester pensarla, pues sin pensarla la hallé, Pues, para qué ahora me llamas? Para que te estés aquí, y luego, cuando yo salga, poco a poco, la escalera te bajes, muy bien tapada. La hallasteis? En Don Luis. Que no es tiempo de demandas, y respuestas este; ved que Doña María de Estrada, si sois el señor Don Juan de Castro, que os diga manda, que esta tarde, de visita ha de venir a esta casa, y que en ella la esperéis, Responded, que en eso estaba. Adiós, señor, adiós, Reina, Id con Dios, no es esta Juana? no es esta, la mujer, que me habló aquí, como criada de Leonor? Verelo así, ha Juanilla; Qué me mandas? No es, que está aquí, y la otra por la escalera se baja, La otra va por allí, y Juanilla está aquí, rara semejanza! pues, Don Juan, supuesto que no hay ya nada que hacer, en lo que tenía que escrupulizar, mi fama dejad bien puesta, y adiós para siempre. lino Él con vos vaya, y haga que de Don Luis gocéis edades muy langas. Así las veáis vos, con Doña María de Estrada, Las dos advertencias, que estorbó daros mi Ama, la primera es, que esta noche resuelve, quedar casada. Doña Isabel de la Cerda, si sus finezas no paga vuestro amor, con Don Fernando Osorio; y la que ahora falta, es, que en el mundo, no hay tal Doña María de Estrada, y que con estos dos nombres es Doña Isabel, entrambas, el paje os dirá lo que hay; en esto, y muy bien callada me tened la parlería que os hice, como criada, Aguarda Juana, oye, mira, puede ser; pero ignorancia fuera dudarlo, pues ser una las dos, fuera extraña obra de naturaleza; pues ninguna semejanza, en cuantas ha celebrado la extrañeza, se igualara a esta, si fuera verdad, pero qué razón hallara no siendo dos, y siendo una, para que ser dos trazaran, que ha el aedardo; mas puede ser que la haya, aunque yo no la discurra; pero el paje, con qué causa me diría que era ella la que salió de mi casa? Aquí entra otra tropelía: Pues, señor, no me avisaras, siquiera con Calendario, de la parte donde estabas, que me has hecho todo el día buscarte? hoy A hora extremada llegas, si verdad me dices. Pues, cuándo mi amor te engaña? Tú me dijiste, Don Diego, que a Doña María de Estrada conocías. Sí señor. Y también que era ella misma la que se ocultó en mi casa, aquella mañana. Yo, pensando que no importaba hacer lo que mi señora Doña Isabel me mandaba, que era la que estaba allí, lo dije. Don Diego, basta. Que no hay tal Doña María en Mérez. Toda la casa nos habéis hecho buscaros, y pues ya la hoche baja:: Nada hago aquí, y allá dentro hago muchísima falta. Ya, señora, Don Luis viene. Y ya Don Fernando aguarda. Venid conmigo. Y razón no habrá, que disculpe en nada traeros a mi casa, sin que podáis estar en mi casa, como mi hijo; esta noche quedará Leonor casada. Antes que de ahí paséis, señor, permitid que os haga. dos preguntas. Qué preguntas? decid. . Si vos a una Dama, señor Don Diego, debierais finezais de honor, y fama, y se las pagaráis, solo con que con ella os cosaráis, qué hicierais? Casarme al punto. Y si a vos, señor, llegara un amante Caballero de la Dama a quien antabáis, si saber que la queríáis, a deciros cara a cara, que a su padre le pidieseis, que con ella le casara, asegurándoos finezas, qué hicierais? Me perdonara la tal señoras que yo sabiendo que otro la amaba, no mescasara con ella, sin las demás circunstancias. Y vuestra opinión cualles? La mía está conformada con la de mi primo. Pues, quede esta hoja doblada. Si la pieza de mi estrado me tenéis embarazada, como queréis, que reciba a Doña María de Estrada, que ya en la antesala espera? Supuesto que son de casa mi primo, y Don Juan, Leonor; no impedirán que esa Dama agasajes, y cortejes, ya que en noche que te casas viene a visitarte. Quién es, señor, la que se casa? Tú, Leonor. Gracias a Dios, que te hallo ya. Si avisada está ya vuesamerced, go a saber? que ya aguarda eñora Doña María. porque a recibirla salga mi atención, no le pedí que antes su merced entrara. A dónde queda Don Luis? En la pieza de la cama de Leonor, que abrió la llave lindamente. Quién se casa, señora Doña Leonor, Drle, y vos, creo de queréis ser avisada; ambién yo me caso hoy. Alentemos esperanza. trae, purda que a Don Fernando conmigo Leonor. Señora, todos se han quedado en babia. Ay Lucia, esta no es Doña Isabel? no creyera yo otra cosa. No señon, que esta es sin falta Doña Isabel de la Cerda. Veamos esto en que para. No os sentáis? No, que esta noche, es noche muy ocupada: Señor Don Juan, no le dais la mano a esta hermosa Dama? Esta Dama tiene esposo. Como vos no seáis, se allana a mi padre la obediencia. No paséis de ahí, que basta eso, para que yo deje mis finezas declaradas. Doña Isabel de la Gerda soy, jerez es mi patria. En que sois la que decís, no puede haber duda humana. A Don Juan en ella amé, y con cierta circunstancia obligué a Don Juan, de suerte, que a su nobleza faltara si se casara con otra. Supe cuan projimo estaba con Leonor, su casamiento, dejé resuelta mi casa, llegue a Madrid, y Márcela me acomodó por criada de Leonor; fui de Don Juan paje, a intento de que nada lograsen en sus amores, porque todas las fantasmas que se vieron, fui yo siempre; fui galán en esta casa, y Dama en la de Don Juan, Doña María de Estrada me fingí, siendo esta tarde de Doña María criada. Si estas no usadas finezas merecen Don Juan:: Que el alma os de la mano, señora. ̱ . Pues, Cómo? Tened la Espada, que lo que no hicierais vos, no es razón, que otro lo haga; que no os casaráis dijisteis con mujer que otro llegara a deciros que quería. Es verdad. Pues, en mi cara me dijo Don Luis a mí, que a Leonor idolatraba, y para él os la pidiese. Pues, donde Don buis se halla Eso es lo más acertado. Oculto está en esta cuadra, aunque por industria mía. Señor Don Luis? No aguardaba mas qué oírte; mas qué es esto? Yo, señor Don Luis, soy Juana, que así la palabra os cumplo. Hija, tú no estás culpada, dale la mano a Don Luis, porque finezas tan raras Doña Isabel aproveche. Lo que hiciera antes venganza, haga ahora ventura. Mía es, señora, sobetana. ̱ Paciencia, Amor. No sé, como tantos enredos trazaba? Es demonio. Y cómo, qué es! Y pues se han visto lograd de mi fineza, y amor, las transformaciones varias, ohoy tenga aquí sin venturoso, si a divertiros alcanza, Juanilla la de jerez, perdonad sus muchas faltas.
