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Texto digital de El honrador de sus hijas

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Francisco Polo
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El honrador de sus hijas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/honrador-de-sus-hijas-el.

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EL HONRADOR DE SUS HIJAS

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA AlbarFañez? . Rey Inuicto. Mirad, que la brevedad os encargo: de mi intento al Cidle dad cuenta. . Ya del viento para el uso busco la velocidad. . Ya, Diego, y Fernan. Gonzalez, a AlbarFañez, a quienda mucho crévito mi Imperio, y mi amor mucha amistad, de vuestros nobles deseos, cuidadoso embie a avilar al valiente Don Rodrigo; cuya prompritud leal, obediente en mis preceptos, a mi gusto atenderá. Ya, Condes de Carrión Nobles, en una, y otra beldad, os previene mucho honor el valor de aquel que más. supo merecer triunfante. el aplauso Militar; Invicto Rey Don Alfonso; en quien la Barbaridad hizo en tu mano, y constancia experiencia de mortal, que honores nuestra nobleza, que aplausos nuestra lealtad, que blasón nuestro decoro, mas dichoso alcanzará, que con ser yernos del Cid? pues así principio da la venganza, que yo espero; . Y la que señor es más, la intervención para serlo. de tu heroica Majestad. Con la quietud, con el sueño, la noche convida ya, y es hora de que descanses. p. Hay mucho que despachar, y no me es lícito el sueños, Bien podía dispensar tu Majestad con el sueño, esta noche. . Así es verdad; pero aún un instante fuera al cargo de Rey faltar. Siempre ha de rener los ojos; abiertos la Majestad ni un punto, sí, con el sueño, los tiene de embarazar; que el León, a quien conoce la obediencia montaraz de las fieras por su Rey, nunca los llega a cerrar; porque un Rey, es solo Rey para ver, para velar. Y porque veáis, que no dejo, a este ejemplo irracional, fiado el Regio decoro, volved los ojos, mirad a la antigua ceremonia, que se llega a celebrar allá en las Sagradas letras, donde el curioso hallará; que el Holio con que se ungían los Reves, a deslizar de la cabeza empezaba su transparente humedad, hasta parar en los ojos; porque este licor es tal, que de eslos destierra el sueño: ceremonia muy capaz de un Cetro; porque el oficio de Príncipe, se ha de hallar con ojos, sin embarazo para el gobierno: y si errar pueden muchos, sin disculpa, sin dormir sin descansar; dando licencias al sueño, mirad Condes, que será. . Prudente Numa te áclame feliz tu posteridad. Con el respeto de Augusto, hace su decoro igual Ya nuestro suegro es el Cid. Pues sabe, que lo será para mi venganza. . Cómo? Escúchame, y lo sabras: En el cerco de Zamora, sin armas me vi acosar de un contrario, haciendo fuga la defensa natural. Viole el Cid, que en aquel sitio obraba siempre neutral, por ser su Patria Zamora: y llegándome a alojar junto el Real, donde asistía, me dijo su vanidad: Conde; con dos de Zamora vale el huir, y no más. Ofendido de este agravio, el rencor supe guardar, tanto, que de una venganza, la más fiera, mas sagaz, que el mundo ha de ver, la idea tengo revestida ya. Al Rey pedimos las hijas del Cio; pero esto será para vengarnos en ellas: y. . Tente, no digas más; que me corro vive el cielo de oírtelo pronunciar: en mujeres hay venganza? Fernando, muy mal estás. con tu valor; y tu sangre, Si yo me llego a casar con hija del Cida Fernando, es para estimarla más. . Pues no importa, que mis iras venganza me dispondran para vengar este agravio, que áspidabrigo mental. . Hola, Doña Jimena, Doña Elvira, Doña Sol! Don Rodrigo? . Mal respira el pecho. aqurio olo! Padre? ̱u Con asombros lucho. Qué es aquesto, señor? Prodigio mucho. (tos? Qué accidente, perturba tus acen- Qué te inquieta, señor? Éstame atentos, Al dulce poder del sueño pagando estaba tributo, en fantásticas ideas, del sosiego el ocio mudo, cuando de la espalda al pecho, violento, sutil, y duro, el aire, como de un soplo, tirano cuchillo juzgo, animado del dolor, desalentado del susto, dejando el lecho, la causa entre mis ideas busco. Y haciendo del brazo espada, formando del pecho escudo; entre admirado, y resuelto, entre alentado, y confuso, toda la estancia registro, todo el espacio discurro; donde según lo que advierto, estaba este asombro oculto. Y viendo, que de mi examen, quieto el ánimo, y seguro el pecho, resulta todo, imaginario tumulto de aprensiones, que fábrica, sin licencia del discurso, aquella especie, o imagen, que el Filósofo introdujo. Nueva quietud solicito, nuevo descanso procuro, menos alterado el pecho: si el récelo más profundo, que hay quietudes, que festejan solo en apariencia el gusto. Apenas segunda vez hago del lecho sepulcro, donde ve la vida poco, y enseña la muerte mucho, cuando vi en mi fantasía este trágico dibujo, en lo intrincado de un monte, dando iastimoso susto al cielo; porperezoso, en vengar tan grave insulto, Vi dos mujeres hermosas, acuyos rostros, el rubio Ofir, que de su cabeza se despeñaba confuso, era cendal, que en el Sol halló de lo rojo estudio. Ados árboles atadas las miré, siendo verdugos dos fieras en forma de hombres, de sus cuerpos, que desnudos en el jazmín de su tez, y en los lirios del impulso mostraron un maridaje, hermoso, cuanto oportuno, por hacer queja entre sí, lo blanco con lo cerúleo. Llevado de esta pasión, viendo rigores tan duros; que los Nobles, aún en sueños, mueven su afecto a lo justo: desperté, para vengarlas, pero halleme más confuso; porque la plaza en que estaba, de las tinieblas al luto, vestida de claro adorno, fue transparente coluro, donde avecindó sus luces ese diamente caduco, vida, y muerte de los astros, luz, y tiniebla del mundo, y a breve rato de asombro, me dio el esplendor un bulto. No habéis visto, no habéis visto, cuando el vaporoso muro de una nube rompe el Sol, cuyos celestes influjos, lustre del Mayo, apellida todo el vejetable vulgo, todo el racional anhelo, y todo el aliento bruto? pues no de otra suerte, abriendo claros celajes, y puros víriles se dio ami vista un hombre, en quien se dispuso sin cuidado la hermosura, y el aliño sin estudio. En la candidez del traje, mi asustado disimulo, para lograrse a la pena, logró pacifico anuncio; desuerte, que mi atención, curiosa, y alegre, pudo granjear para la memoria de su fama este trasunto. Era todo esplendor de sus luces bellas, con que el aire funesto iluminaba, lo que en sus ojos clara envidia daba, al que apaga, y enciende las Estrellas. Poblaba dulce copia de centellas, la cabeza, que a rayos inundaba, y lo apacible en ellos resultaba, vistoso adorno de la luz en ellas. Grave el rostro, el aspecto agradecido, con vislumbre de afecto soberano, a una piadosa acción, que en mí fue olvido. Y en fin, de nieve su vestido cano, se dio a mi vista, se mostró a mi oído, entre señas divinas, muy humano. Llego junto al lecho, en donde aguardar no dificulto el fin de aqueste accidente, que aún con la evidencia dudo, y entre apacible, y severo, entre amoroso, y ceñudo; porque hay vez, que la sospecha, toma de lo alegre asunto, Duermes, o velas Rodrigo? me dijo: yo le pregunto; quien eres tú, o Cortesano de los Palacios Ceruleos, que entre quietudes alteras, y aseguras entre sustos? Yo soy Lazaro, responde, aquel pobre, que refugio halló en tus piadosos brazos: (y hizome con este anuncio acordar, de que era un pobre, que de un valladar oscuro saqué una noche en mis brazos, siguiendo un incierto rumbo: Prosiguió adelante, y dijo: Rodrigo, de Dios al lumo, y sabio poder, tu acción tanto agradó, que redujo su amor en esta fineza, premio a los méritos tuyos. Nada empezarás Rodrigo de tu vida en el discurso, que de tu intento, no sea Polo atento, a imán seguro, en consecucian del logro de tus victoriosos triunfos: ya adquiriendo reverencias, o ya sujetando orgullos, gloria serás del Cristiano, terror, y asombro del Turco: causando al uno respeto, y a otro poniendo yugo. Honrosa será tu muerte, M porque después de difunto, vencedor de treinta Reyes te aclamara lo futuro, honor serás de tus hijas. Y aquí admirado, y confuso, le repliqué: pues mis hijas, si lo natural discurro; pueden tener mal honor, que haber sido padre luyo yo? Sí, me volvió a responder: y esto del tiempo el discurso te descubrirá con pena; si después será con gusto, dijo: y a la imitación, de un breve exhalado curso; que en poco tiempo era fuego, y en un instante aún no es humo, el aire midió, dejando, entre gozo, y infortunio, lo admirado en lo que veo; lo asombroso en lo que escucho. Dejo con el miedo el lecho, voces al aire artículo, testigos os solicito de aqueste prodigio augusto, ya le oís; ya le toqué; y aunque con dos causas cumplo, ni bien por una lo creo, ni bien por otra lo dudo. Mi amo esta noche pasada no debío de cenar mucho. N. Todayo soy confusiones: esposo, dueño absoluto de un afecto todo mío; de un corazón todo tuyo, no des tanto al sobresalto, el poco debido culto, que en aras de la inquietud, se ofrezca víctima el susto: el sueño, señor, sería de ello intencional dibujo No señora; porque había dulce en mis sentidos uso. Confusa estoy de escucharle. . De oírle toda me turbo. . Tráeme la capa, Tostón. Que crea me espanto mucho . en tales sueños mi amo, sin ser nadapelirubio. . Conmigo entre mi peleo. . Con dudas secretas lucho. . Idos las dos, y tú y todo. Es nuestro Norte tu guiio. Mi bien, mi dueño, mi esposa, de quien hermosura exhala con dulce pompa la gala de tu perfección hermosa; ya de la inquietud reposa mi corazón; quien lo duda, si tu bello ser me ayuda, tan contrario a mi pasión, que adorna mi corazón, de lo que al miedo desnuda? ̱. De tal modo mi cuidado aquí, esposo, ha discurrido, que en lugar de agradecido, deja mi amor agraviado; porque un pecho enamorado, con tal fineza; y primor, se ha de alentar al favor, que cuando su fe le llama, D le encuentre de lo que ama, no de su propio valor, Quien procura encarecer, siempre deja que sentir; que es alma del discurrir saber dejar que oponer, deseando encarecer con el encarecimiento de un amor firme: no siento, que aunque anime una apariencia, de por eso con violencia; a un deseo descontento. Si da, que aún de lo aparente amor se sabe quejar; una quimera llorar sabe, como un ser presente; que cuando firme, y decente vive en un pecho que adora, en idea el susto llora; no porque sea, si no es porque puede ser después aquello que no es ahora. Más que afecto, terquedad, de poco satisfacerme, fuera querer oponerme a tu ingeniosa beldad. Contra mí la necedad me opusiera la memoria, de haber perdido la gloria de mi amor vencido; pues quien se rinde a lo hermoso, es el dueño de la victoria. Tan cortélana fineza, mi amor tanto al rendimiento da, que a ser capaz de aumento, le aumentara en mi belleza. No puede ya mi firmeza ser más, ni mi amor tampoco: y asi en vano me provoco a admitir nuevo favor, que alimento de mi amor, ni de mi firmeza toco. Nada tu hermosura iguala. Nada tu valor compite. No hay quien tu belleza ímite. No hay quien se oponga a tu gala. Milagros tu ingenio exhala. Asombros es tu valor. Qué belleza. . Que primor. Que afecto. . Qué bizarría. Nunca muera la se mía. Y viva siempre mi amor. . Pero qué ruido es aqueste? Albar Fañez, que del Regio blasón del Rey Don Alfonso, viene a ser el mensajero. Valeroso Don Rodrigo, que por tu invencible esfuerzo, el nombre de Cidgranjeaste entre el valor Sarraceno: en cuyo Arabigo Idioma, de Cid el nombre, o acento, Varón significa heroico, en noble sangre, y en hechos, Mi señor, dueño, y amigo, el Rey Don Alfonso el Sejro, que siendo Dios de la tierra, es Sacro agrado del cielo. A mí, como al más dichoso privado suyo; que en esto, después de honrar a su padre, pues le aprobó un Consejero, imitando a Vespasiano, el que en el Romano Imperio, con Gentílicos aplausos, obró piadosos aciertos: a su prudencia hizo un gusto, y un agasajo a su Reino. Si porque quiso ilustrarme, (no porque yo lo merezco,) o porque es perjudicial Política siempre a un Cetro mudar sin licita causa cabezas para el Gobierno. Que en fin, por más que el que empieza a gobernar, sea discreto, para que sepa portarse en él, es fuerza primero estudiar las atenciones Políticas de su puesto: y en este ensayo, parece las contigencias el Reino del acierto en la ventura, o en lo cierto el desacierto, bien como de aquel que empieza en el Médico desvelo a estudiar en muchas muertes, la salud de un solo enfermo. La República. Rodrigo, no es más que un míxtico cuerpo, cuyo todo se compone de Nobles, y de Plebeyos: y si aquel que ha de aplicarle medicina en el consejo, está falto de experiencia, es evidente argumento, que ha de llegara alcanzarla acosta del daño ajeno: lo cual se excusa, dejando al que está versado en ello. Digo, dejando esto aparte, que a mí, como al más afecto el Rey mi señor me envía, Ni me ha dejado el recelo, ni de mi curiosidad puedo sosegar el ceño, hasta saber la ocasión, que a AlbarFañez con secreto a mi casa le hatraido: aquí están, desde aquí puedo escucharlos, sin ser vista; dejadme desasosiegos. A deciros de su parte, que dos nobles casamientos previene a vuestras dos hijas; pues os quieren suegro presto los dos Condes de Carrión. Los Condes son majaderos, que si enemigo dijeran, dijeran menos que suegro. Bien me dijo el corazón, lo penoso del suceso: yo a los Condes de Carrión, dar mis hijas? yo por yernos he de tener a dos hombres del odio común ovieso, o de mi aversión, que basta para estorbo a sus intententos? mas hasta oír a mi esposo, reprime el pesar el pecho, moderese el sobresalto, siga la lengua al silencio. Qué me respondéis! mas antes que deis una forma al viento de vuestra voz, como amigo, que de esto el Rey gusta advierto. Y cuando gusto no fuera, el Soberano decreto de su Majestad, en mí no era suficiente empeño, con gusto, o sin gusto suyo, imponerme suprecepto? Pues a Requeña me manda, que partáis Rodrigo luego, para que allí se celebren las bodas, y los conciertos. Parece que me ha pesado, . y no se porque acá dentro. De el corazón de este sí, . qué sufrá mi amor aquesto? Qué he dado al Rey; mas que dudo? poco leal, que recelo! no es mi Rey quien me lo mandas pues primero, pues primero se aventure todo, si, quese ofenda su respeto: de los Condes son mis hijas. No lo serán, si mi aliento en reciprocos cariños satisface a mis afectos: perdonad, señor, esposo, aqueste arrojo grosero, pues nace de la disculpa, que da el alma al sentimiento: que fiera, que pez, que abe, quito el natural derecho de la libertad preciosa a sus hijos? qué decreto ay de la riguridad, para castigo tan fiero, que lo que es capaz de un bruto, se niegue a un humano pecho? Es bien que un hombre Cristiano, o por decoro, o por miedo, quiera una prenda del alma forzar, lo que no hace el cielo? Ni aún Dios, con serDios, lo hace, que por eso, que por eso; porque libre el alma obra, la da el castigo, o el premio. Pues esto, fenor, conoces; no era bueno, no era bueno saber primero en tus hijas el deliberado intento, para que después obrases, cómo padre, y cómo cuerdo? Yo sé, señor, que mis hijas no gustan de los afectos de los Condes: pues mirad, si questa advertencia oyendo, queréis violentar tirano, o queréis obrar discreto? Lo que dice mi señora, esta en la razón muy puesto; y lo sabré fustentar en el campo, o en el Pueblo, en poblado, o despoblado, en sala, o en aposento, en la calle, o en la casa, en el cielo, o el infierno, y hasta en casa de un Poeta; porque aquí, según lo advierto, el sustentar cualquier cosa, seratriunfo manifiesto: de los Condes, de los Condes, mis amas? . Aparta necio: quejas de vos, y mis hijas, no señora, yo no apruebo contra mí; contra el Rey solo se ha de formar su concepto, pues obra aquí como padre, cuando yo dejo de serlo. No va fuera de razón Doña Jimena: bien creo, que su temor es tan justo, como enidente el recelo, que de los Condes explica su amoroso sentimiento: que en fin, son hombres a quienes tiene en ojeriza el Pueblo. Rodrigo, a Dios, yo me parto, por dar la respuestapresto. . Decid, que de mi obediencia, del Rey es Norte el precepto: no sé si podré templarla. . Los Condes son Caballeros, en quien concurren nobleza, riqueza, y valor a un tiempo. Pero miente aquí mi lengua, . si me acuerdo, si me acuerdo, que en el cerco de Zamora, de los dos vi al uno huyendo; pero agora aquesto importa. Digo en fin, que son sujetos Ilustres, y no hay razón para que puedan (es cierto) no admitirlos por esposos mis hijas. No siempre aquello, que de la razón se abraza, tiene victoria en sus fueros: que razón habrá que diga, que no es justo, que no es bueno el seguira la virtud? y tras todo aquesto vemos, que no la siguen los más, sin tener razón para ello. Yo no digo que los Condes, no son de linaje Excelso, no son hombres de riqueza, y de valeroso acero; esto, porque tú lo dices, . que otra cosa saben ellos. Solo digo, que tus hijas, no se inclinan; y para esto, que más razón se ha de dar, que disponerlo así el cielo? Mucho merecen los Condes; mas de amor en los trofeos, mas que méritos, negocia de los Astros el empeño. Aquesto es gusto del Rey, y ha de ejecutarse luego, sin que dilación alguna embarace. . No por esto, señor, habéis de enojaros; porque importa mucho menos esposo; mil penas mías, que cualquier enojo vuestro, No es enojo, por mi vida, ten entendido mi dueño, que si de mucho marido, de más amante me precio. Ea, cásese todo el mundo, no es boda ajena, rebueno, cómo yo no entre en la danza, bien desde fuera me huelgo. . En fin, señor, te resuelves? Aquesto es lo que hacer debo; aunque la pena interior de mi pecho sabe el cielo, Mira primero, señor. Todo mirado lo tengo. Que tus hijas. . Me obedecen. Son pedazos. . De mi pecho. De tu corazón. . Lo digo. De tu vida. . Lo confieso. Y que los Condes. . Son Nobles. Son, si adviertes. . Caballeros. Con quién? . Yo gano mil honras. Los peligros. . Son inciertos. Pruevienen. . Mucho resguardo. Presunciones. . De modestos. De ingratos. . Esfantasía. Es certeza. . No la apruebo. Vuelve, vuelve en ti. Rodrigo; qué es esto señor? qué es esto: Esto es ser leal vastallo; es ser con mi Rey atento. . Necias razones de Estado. que de hierros habéis hecho; plegue a Dios, que no exorimenten mis temores vuestro efecto.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA s , ; s Este día enfelice Himeneo, que ilustra de Alfonso el sacro poder, se afiance logrando un deseo con tal proceder, que se cuenten a instancias los siglos de amor tan dichoso, y reciprócafe. Nunca más felice día a mi contento le he dado, que este solo en que he logrado, ser atal grandeza mía, con bodas tan de mi gusto, tan solo me hadado pena el ver a Doña Jimena con asomos de disgusto; que grosero accidente osa a turbar vuestro semblante? Que su disgusto adelante . con tal claridad mi esposa? Penas, llegue el disimulo, . con decoro a tal decencia, lo que es pena en la apariencia, efecto del gozo adulo; esta tristeza antes nace de conocer el placer, señor. . Cómo puede ser? Mi razón lo satisface: si uno el peligro conoce, de la prevención se vale, porque la defensa iguale al riesgo que reconoce. Yo el peligro he conocido, que causa tanta alegría, y así la prevención mía de la pena se ha valido, luego es porque el placerpiensa, conocido mi sentir, pues me llego aprevenir del disgusto por defensa? A vuestra sutil belleza razón no se halla imposible. Mi mal hace más terrible . disimular su flereza. Don Diego, Don Fernando Doña Elvira, Doña Sol, a cuyo hermoso arrebol la luz está agonizando de aquese cuarto farol; mas que mucho, si advertido conozco que habéis bebido la luz excelsa del Sol de mis Castellanos, dad a la lengua algún indicio, que haga el venturoso oficio de agradecor. . Perdonad, gran señor, que en esta calma de amor felice envebido, haya faltado a un sentido, por satisfacer a un alma. Yo, señor, por rumbo opuesto el disculparme negocio, cuando de mi acento el ocio atenciones me ha dispuesto, Bien noté tan superior fineza, que reverencio, pero entreguela al silencio, por poder quedar mejor. Si ha templado la pasión de su venganza Fernando? Mi pecho está zozobrando por vengar mi invignación. Disculpa del que ama es, gran señor, lo inadvertido. Y también del que ama ha sido cualquier respeto interés. Por hierros de amor, señor, disculpa digna merecen, Vuestras razones me ofrecen a una Academia de amor asunro, que gozo tal, parece no se lazona, si el ingenio no corona su sertientaos. Con igual cuidado seremos jueces, Albar Fañez, pues lo media la ocasión de esta Academia. Siempre, señor, me engrandeces Doña Sol con Don Fernando primero dispurará lo que es amor, y dirá de ingenio a fuerza lidiando, cual es su ser, que aunque es cierto que muchos amor confiesan, no saben que es, y profesan en lo más claro lo incierto. De amor la fuerza suave al ser de la luz imita, su claridad acredita, y que es la luz nadie sabe. Por eso de un sabio el labio digo con razón segura ser la luz clara, y oscura. Digno reparo de un sabio! Con Doña Elvira Don Diego. si después de ser alcanza. capacidad de alabanza, de amor el helado fuego resoluera, que aunque a amor, siempre se le ha dado culto, tras todo eso dificulto de su alabanza el honor. Vos Don Rodrigo, si errores (pues proposición fue vuestra) con vuestra esposa (bien diestra en discurrir) por amores dignos son de perdonar con el contrario sentir, después habéis de argüir, porque hay que dificultar, y no poco en este punto. De mí no se acordarán, pues vengados me verán al acabar de su asunto. Ea, pues, de amor el ser se comience a disputar. Su ser defiendo. . Negar le intenta mi parecer: Amor, según el sentir de aquel que más le acredita, no le da esencia, pues quita que se pueda definir. El que mejor discurrir quiere en amor, si se excede, es bien que la esencia vede de amor al noble supuesto, claro es que no hay amor puesto, que definirse no puede. No es suficiente razón para negarla su ser, a una cosa carecer de toda definición, pues nace esto de que son de su ser muy superiores los no advertidos primores; luego amor no definirse, no a que no es ha de atribuirse, sino a sus altos honores? Son de amor los conceptos tan singulares, que es quien más los ignora, quien más lo sabe. Ya esencia de amor tenemos, cuya superioridad está en la dificultad de su nobleza, pasemos a si es capaz de alabanza. Yo lo admiro. . Yo lo niego. Esta razón a que entrego mi discurso, lo afianza. Varias enigmas hicieron en alabanza de amor, del vasallaje el primor; de lo que le conocieron todos a alabarle fueron, los que más se acreditaron de prudentes, lo intentaron, luego esta empresa seguían, porque a amor a quien servían capaz de alabanza hallaron? Contra todos me da palma la razón, pues invisible pasión del alma, imposible es su elogio sino al alma; luego alabarle en la calma material de la torpeza, de los sentidos vileza, fuera de su proceder, pues lo noble de su ser agraviaba en tal rudeza? Alabar una cosa con corto ingenio, es un cortés linaje de vituperio. ̱. En nuestro humano desvelo, Doña Elvira, ya afianza, que es incapaz de alabanza de amor el fogoso hielo, veamos ahora si son. . Mas que yo mis ansias pueden. Yetros que de amor proceden, dignos de todo perdón. Fácil es de examinar. Yo lo niego. Yo he de ser del contrario parecer. Así lo intento probar: Quien ama con sino amor, a la razón no se niega, luego sin disculpa llega a perdonarse el error: no ciega si con primor la ley de amor se introduce en el alma, antes produce lauro en riesgos que previene. De vista, y razón carece aquel que de afectos lleno, de amor al dulce veneno la vida, y el alma ofrece, luego crueldad parece el castigo en los arrojos, que fueron de amor antojos, porque el castigo es perjuicio en quien obra sin su juicio, y tropieza sin sus ojos. Quién no perdona hierros, que amor engendra, mas que aqueste en el mundo ninguno yerra. Con duda decir podría quien el premio mereciera. Si tu Majestad me oyera, yo solo le sacaría presto de esa duda. Necio aparta. . Es vuestro criado? Si señor, y de Soldado como de ingenio me precio. Pues decid, que gustaré de oír vuestro desempeño. Digo que del premio dueño yo solo fuera, porque tengo de probar aquí, que jamás amor ha avido, y que vano el tema ha sido de la academia, es así. No falta en lo que no envidio autoridad de un Poeta, de amor llamó a la saeta solo fábula de Ovidio: luego contra todos lidio los mis amos, y señores, probando que no hay amores; pues así ninguno alcanza, ni elogios a su alabanza, ni perdón a sus errores. Habéis os desempeñado. Y por conocidos modos. De mí se olvidaron todos, . pues de todos me he acordado: aqueste es mucho favor, que tu Majestad me ofrece, que mi ingenio no merece tan eminente honrador. Sin mezcla alguna de azar, gustoso rato he tenido. . Cuando el contento no ha sido la víspera del pesar? A darme voy al sosiego, vos solo venid conmigo, pues Doña Sol, Don Rodrigo, Doña Jimena, Don Diego, todos donde vais? . Cuidado de la obligación nos guía. No, Don Rodrigo; este día es día previlegiado de Albar Fañez la prudencia, de cuyo amor no me aparto, basta desde aquí a mi cuarto: Tu gusto es nuestra obediencia, La tizona, y colada traeme luego: Doña Jimeña, hijas, a Don Diego, y Fernando mis hijos tengo que hablar aparte. Deseosa de esta ocasión piadosa mi pena estaba, para dar al llanto también a solas lo que pide tanto. Las tres tu gusto sin disgusto haremos, mis fingidos extremos mienten, que ya tu gusto he sabido alentar con tu disgusto. Lágrimas, yo os veré desempeñadas. Ya están aquí, señor, las dos espadas. Pensaréis, Condes amigos, que en todas cuantas alhajas mi amor os ha dado, alguna hay más preciosa, mas alta, que las que agora pretendo. dará vuestra sangre hidalga: pues ninguna estimo tanto, si mi afecto lo declara, como las que veis presentes, pues nada más se adelanta que las que miráis, por ser alhajas que en la campaña gane al sudor, y al trabajo del esfuerzo de mis armas; en esto os muestro mi amor, desceñid vuestras espadas, porque ocupen vuestros brios en vos tigoda, y cosada, en vos, Don Diego Gonzalez, prendas invencibles ambas del Rey de Marruecos (como la memoria se regala con la idea de estos triunfos, y imagen de estas batallas!) y el Conde de Barcelona, y mirad como las trata vuestro brío, porque es cierto que las venero con tanta estimación, que a mis hijas estoy por decir que igualan en cariño, y las exceden, si, pues son, razón es clara, hijas de mi vida unas, y otras hijas de mi alma. Yo sé que tan bien las traten, . que de su colera, o rabia, por más que incitadas sean, no se vean maltratadas, antes de dos pares de hijas de maltratar tienen traza a las que van por mujeres, no a las que van por espadas. Quién honor tanto merece? Quién una acción tan bizarra? Por quien sois vosotros Condes; y ahora mientras descansa mi inquietud, entre en consulta vuestro valor con mis armas. . Mientras más me obliga, mas mis iras logran su saña. Si habrá olvidado Fernando . con esto su destemplanza? Guarda el León. Mas qué es esto: Un León confiera rabia suelto hacia nosotros viene. Válgame Dios qué desgracia! Válgame el diablo que miedo! Barrabas que lengua saca. Huyo hasta buscar amparó. . Yo huyo también de su saña. Y yo he de seguiros, porque aquel que al miedo acompaña, va muy lejos despeligro si es que es ligero de plantas. . Por aquí, por allá va. 1. Hacia el cuarto del Cid, guarda el León. . Qué es esto, Condes? mas no están aquí? Inhumana fieral el Palacio alborota; sin duda valientes andan en su alcance, acudo presto a reprimir su amenaza. Su irracional arrogancia ha de castigar mi acero. Este Sagrado nos valga. Ya vais solo a desluciros gran Señor, porque a las plantas del Cidvaliente, rendido, el coraje de sus garras, como a más fuerte León, parece que le agasaja. A tu valor aún los brutos, Cidnoble, honores consagran. No estaban allí los Condes; sin duda que los ultraja su cobardía, señor. Valiente Hércules, levanta, que se han hecho vuestros yernos? Si ustedes por ello pasan, yo lo diré brevemente en brevísimas palabras. Al Leon los tres temimos, corrimos sin parar hasta lo indecente de Palacio, que es permitido en la fansa, donde los tres nos metimos, y nada nos valió para salir limpios el llevar con nosotros la colada, adonde ustedes reparen las colas, que el miedo entabla, pues huyendo temerosos con apresuradamaña de un León, fuimos adonde muchos Leones estaban. Mirad, mirad, que maridos os ha dado el Rey. . Bastarda fuera de las dos la queja, señora, si declarada en ofensa de los gustos del Rey, y mi padre hablara. Y ser vosotras diser etas es cosa, decid, que basta para dejar de seguir mi sentimiento su instancia? . De haber oído tal bajeza mi mismo ser se embaraza. . No sé qué hacer vive el cielo, en vivo incendio se abrasa de pesar el corazón, mas la prudencia me valga. A mudar fueron los dos en aqueste instante galas. Infame, tú vive el cielo, sabes mentir? esa infamia, que los Condes a mi lado, con el valor de sus armas, pluguiera el cielo así fuera, daban asombro a la saña del León. . Digo, señor, que eso será; pero. Calla La cordura de Rodrigo; busca resguardo a su fama, disimulaepor él quiero. Que esto consientan mis ansias: Después sabrá mi pasión a solas vileza tanta reprender, porque el enojo en materias tales falta muchas veces con las iras al logro de la eficacia: sosegad el sobresalto, pues ha cesado la causa, venid. Albar Fañez quien . de los Condes tal pemara? . Buenos yernos tiene el Cid para entarlee batallas: ha cuerda Doña Jimena, bien sus bodas rehosadas! e Aquí esta el Cid, y sin duda no ha llegadrs saber nada de donde habemos estado. Aquesta es malicia clara, que el Cid usó con noletros. Allí los mira mi rabia, dejadnos solos, Jimena, idos las dos. . Excusada es tal prevención a quien con la soledad descansa. . Cielos, que hierros hicimos, que así castigáis a entrambas? Vete allá fuera, Tostón. No lo hago de buena gana; . que por oírte este rato, diera un pedazo del alma. . Para acciones semejantes, sin mí estoy, quien tal juzgaras para empresas como aquestas, no acierto a decir palabra, que en la garganta a la voz mi justo coraje embarga. En fin paratales hechos empeñado habéis la sacra Majestad del Rey Alfonso, para que a los dos casara con mis hijas? para esto os di, Condes, mis espadas, tan hechas a beber sangre de la Morisca canalla, que apenas daba el clarín, formaba apenas la caja entre Marcialas acentos la seña de la batalla, cuando dogos insensibles de acero en la horrible Plaza de Marte, para cebarse entre la sangre Africana, parecia que ellos mismos se salían de la vaina? Es posible que unos hombres de tan ilustre prosapia hayan dado tal asunto a las voces de la famar Que dirán los que supieren tan infame destemplanza, tan basdonable temor, tan tímida circunstancias Morad esa pasión, dan al corazón más alas, correspondiendo a la sangre que heredáis de vuestra Casa, y advierta vuestra nobleza, que si esto adelante pasa, que si es que en otra ocasión acción notare tan baja, que puede ser que os halléis sin mujeres, y sin armas, que de uno, ni de otro es digno quien de cobarde se vitraja. . Que más claró el menosprecio. Que más notoria la infamia. Puede ser? . Puede mirarse? Her mano Don Diego, traza ha sido aquesta del Cid, por ver nuestro ultraje. Es clara evidencia, que la acción del León así lo allana. El sufrir tan grave injuria, es un desaire que mancha el honor de nuestra sangre, y medras de nuestra fama. Venganzápide el baldón. Si pide. Mas que venganza puede haber, que en tal ultraje mas a los dos satisfaga: Esta. . El Rey. Pues disimula. En buena ocasión los halla . mi atención, solos están: Condes, Condes, no pensara que en vuestra sangre cabia cobardía tan extraña, sabed en breves razones, que el Rey Alfonso estorbara las bodas que él mismo ha hecho, si viera acción tan bastarda de lo que es vuestra nobleza: cuerdos sois, aquesto basta. . Qué dices de esto, Don Diego: Fernando, que cuanto hagas para vengarnos de Cid, tendrá en mis iras constancia. Harás tu antiguo reparo? Ya nada mi mal repara: dime, que venganza es la que el coraje te encarga: Esta: no nos ha agraviado en el honor? pues airada nuestra indignación se vengue con crueldad, sino ventaja, en el corazón le hiramos en sus hijas, que esto basta para vengar nuestro enojo, para vengar nuestra rabia. Ya la cólera en respetos naturales no repara. Pues a ejecutar, Don Diego. Ya la ocasión se retarda. Serás firme? . Tengo agravio. Tendrá piedad: Tengo infamia. Si hay estorbos? . Llevo furias. Si hay defensas . Llevo rabias. Si hay ruegos? . No tendré oídos Si hay razón? . No tendré alma Si hay llanto? . Seré de mármol Si hay amor? . Ya ese me falta. Pues viva el enojo. . Y muera a manos de la venganza.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA , z Vos señor tan descompuesto? vuestra Majestad Augusta de una pasión ultrajada, y abatida de una furia de la púrpura indecencia. la alteración se regula. Pues cómo, señor; se rinde vuestra prudencia a su injuria? reportad la indignación, que tanto desdoro os busca, no os deba tanto el enojo, que en vuestras desmedras luzca: señor, qué es esto, qué es esto? Que estos aleves se sufran? no se ha hecho al Cid esta afrenta; contra mi poder resulta. su villano desacato. No me espanto, que son justas . sus iras; quien en el mundo tan indigna acción, tan dura crueldad ha visto de hombres? mas porque no se presuina, que una pasión puede tanto, que el Regio decoro turba, el reportarle es preciso. Vive esa Antorcha caduca, transparente imán de todas. las luces, a quien ilustra con lobreguez de sepulcro, y claridades de cuna, que he de dar a mi Corona, y a las edades futuras tal ejemplo de castigo. en estos aleves, cuya traición sin ejemplo ha sido, que baraje, que confunda con el rigor la justicia, y la equidad con la furia; ha infumes, ha viles Condes! decid, que culpa, que culpa tuvo para vuestra infamia la inocencia en la hermosura? Repare tu Majestad, que ya es demasiada astucia. de tu pasión el enojo; ha Ordoñó! mas que nunca hubieras dado a mi oído. esta trágica fortuna, o fuera para callarla a quien tanto le disgusta; que no ha de mostrarse un Rey, tan airado, que presuma el castigo ejecuciones. en su Regia compostura. Yo mismo, sí, vive el cielo, en cruel venganza, en dura: satisfacción, castigara tanta traidora calumnía en sus alevosos pechos, si como estorba, o repugna su ausencia a mi justo enojo, diera ocasionada ayuda a mis iras su presencia. Con razón mis años dudan; si es que sácaros de vos vuestras pasiones procuran; vos, señor, dais al acento razón que tanto deslustra la Regia serenidad: en vuestras manos Augustas la ejecución al castigo con tanto agasajo adula? No, señor, no advertis bien (vuestro decoro me supla este atrevimiento, puesto que solo a mi afecto busca) ya es natural evidencia, al que polírico estudia, la República siluestre. de las havejvelas; cuya dorada vida la Aurora sobre las plantas tributa; desde el saludable nardo, hasta la mortal cicuta (qué bienes que el cielo envía, al bueno, y al malo buscan) que el que la naturaleza la da por Rey sin la punta con que las otras ofenden, su Majestad insinva, porque teniendo Ministros. un Monarea que le cumplan. con castigos sus decretos, acción de cruel se juzga ol remitir a sus iras la pena justa, o injusta, porque en un Dios de la tierra,, no es bien fierezas se arguyan. Bien decís; pero tal caso, discurrir con más cordura no permite a la prudencia. Así es, mas quien disimula. en el golfo de las penas, el sobresalto se excusa de lo afectado en la ira, lo descompuesto en la furia, y de una, y otra manera siempre el decoro fluctua en Scilas del que aborrece, Caribdis del que murmura; que no son menos peligros los que una intención oculta; Es cierto, pero que ruido es este? s El de mi dolor. Yo te lo diré, señor. Tuyo aqueste oprobrió ha sido Ya (apesares!) colegido de mi mal la destemplanza tiene lo que a mí me alcanza de vuestro dolor, y ofensa, mas presto por recompensa tendrá la traición venganza. Conforme la voluntad de mi esposa, y de mi fe, mis dos hijas entregué a tu sacra Majestad: cumplí con mi lealtad, si, a costa de mi tormento, vasallo noble, y atento; pues quien a tanto se ofrece, si esto venga, bien merece asistencia en lo sangriento. Desde que (opuesta mi madre) para casarnos, a vos mi padre nos dio a las dos, fuisteis, señor, nuestro padre. Luego mal será que os cuadre en agravio tan sabido lo piadoso, o lo sufrido, por clemencia, o por blasón, que en semejante traición, sois vos el más ofendido. Tengo razón para estar de vuestra parte, Rodrigo, no hayáis miedo que conmigo tenga la piedad lugar. J. A tu vista mi pesar, y tu agravio por despojos han traído mis enojos, de mi dolor advertidos, porque más que los oídos mueven pasiones los ojos, De este modo, gran señor, porque su infamia colijas, pagaron a ti; y mis hijas los honores, y el amor los Condes. . Oh qué rigor! Qué tirana alevosía! . Palpitando está a porfía. s el corazón en el pecho, que herido, y no satisfecho. solo azozobras se fía. Presagio mi llanto fue de este efecto en el contento de las bodas, cuando atento dení un reparo a tu fe, que aunque allí le disculpe con aparente porfía, mi corazón bien decía a mi pesar tal despecho, pues dentro del mismo pecho le era el rigor profecia; mas pues ya, señor, tus ojos de este mal se han informado, de tu oído al Real cuidado sobornen ya mis enojos. Ya los aleves arrojos de Albar Fañez he sabido, pero infórmese mi oído luzgaron los Condes, ah tiranos! como infames hermanos, que el ser de aquel ultraje honroso, de tu llanto, y de tu acento, para ayuda; o para aumento de lo airado, o lo sentido! Antes que me oigas advierte, que escuchas a una mujer ofendida. Rley Sabré hacer viva idea de tu suerte. Que la pasión. . Será muerte en lo que acada enemigo vuestro toque. . Que Rodrigo. Es vasallo que amo mucho, proseguid, que ya os escucho. Pues oíd, que ya prosigo. que con tan indecente sobresalto dio a sus cobardes hechos vil asalto, haber sido malicia de mi esposo, como si infamia tan indigna, y rara, como a ellos, a mi esposo no tocara; pero aquel que es aleve, a sus infamias los pretejtos debe. Dando, pues, a sus iras confianza, exponen el rencor a la venganza; quien, gran señor, oyera; quien invencible Alfonso, imaginara, por mucho que a la infamia conociera, por más que a la vileza lisonjeara, que su traición; o estrago vengativo, los límites pasara a lo excesivo, con tan grande inclemencia, que buscasen la culpa en la inocencia, la pena en la hermosura con vil ejecución: hah suerte dura! Mas no es la vez primera, si atento mi dolor lo considera, que traidores arrojos acreditan sus bárbaros enojos en el que está inocente, que el cobarde desmiente sg traiciones, en para no peligrar en sus acciones, y ejecutan el golpe donde alcanza menores resistencias la venganza: A sus esposas los dos Condes piden, damosselas en fin, y se despiden con ellas, gran señor, de tu presencia, no de mi corazón sin gran violencia, porque como el rigor adivinaba, cuando el respeto fiel las entregaba, quejoso en sus latidos me decía: así me entregas a una alevosías Mi esposo agradecido, si bien ya receloso; mas no fuera mi esposo; si mirándose herido. mi pecho del recelo, no franqueara lugar a su desvelo, que en humanas acciones han de ser los amantes corazones del alma tan ardientes instrumentos, que los golpes, o tibios, o violentos, que en él uno respondan, a un mismo tiempo al otro correspondan. Mi esposo, pues, señor; hacruel destino! a despedir sus yernos de camino. salió dos leguas, como ya le heria el pecho del recelo la porfía, despidiéndose de ellos, se previno de Ordoño su sobrino; enbiando a su cuidado en seguimiento de sus amadas prendas; que tormento! que dolores impíos! que nunca traen forzados albedríos menores los cuidados, aún cuando escusan lances desdichados. Volviose Don Rodrigo luego a casa, adelante avisado Ordoño pasa, y a lo lejos confusas, y veloces, con ecos lamentables, tristes voces informan sus oídos, por norte los sollozos, y gemidos de sus pasos concibe, ve la atención, y espada se apercibe, sigue el cristal del Tormes desatado, entra en el laberinto enmarañado de su Robledo, en nadase divierte, y halla a sus primas solas de esta suerte: Permitid, gran señor, que el llanto mío, un paréntesis haga aquí al dolor impío, porque la voz recobre, y satisfaga con más claranoticia, al recto proceder de tu justicia, que con mi muerte puede esta memoria alcanzar de mi acento tal victoria, que para más dolor, mas nero susto, antes muera, que diga mi disgusto. Ados robles atadas vio de las dos las manos delicadas, donde con el dolor torpe se mueve, equivoca la púrpura en la nieve: salpicadas el soto vio sus hojas, de cándido coral; de perlas rojas, sin vestidos sus cuerpos; que martirios! de congelados lirios al matiz competían, donde los fieros golpes se ofrecian, descompuesto el aliño de su pelo, gajes tirando de su adorno el suelo; y como algunas matas encontraban cuando sus inocencias maltrataban, de matas de supelo; que rigores! se adornaban las matas de las flores. Ya habrás visto en la selva a un tigre fiero hacer presa en lo frágil de un Cordero, adón de maltratando la violencia de esta fiereza airada, su inocencia, suele dejar cuando huye, y la maltrata un copo de vellón en cada mata? Pues así, cuando airado cada Conde, a su alevoso trato corresponde, en mis amadas hijas; que fiereza! dejaba de la selva en la maleza un pedazo crecido cuanto bello del dorado vellón de su cabello. Aqueste es el agravio que he dado a mi dolor, como a mi labio; aquesta es la traición, y modos fieros de los viles, y infames Caballeros, aquesta la evidencia, ve su injusta inclemencia; porque esta, gran señor, es la noticia, que con excesos busca tu justicia, la compasión te mueva, irás a mi dolor tu afecto deba. Cómo noble te ruego en la injuria penosa en que me anego; Como mujer te pido, en llanto que a mis ojos ya no impido, que de este agravio, que también te alcanza, tu justicia se ilustre e n mi venganza. Alzad del suelo, señora, que por esos Astros fijos os juro que habéis de ver en los Condes tal castigo, que; pero la ejecución dirá lo que yo no he dicho; Bien pudiera, gran señor, vengar de mi acero el silo el alevoso denuedo de tan infame delito. Bien pudiera sin dar cuenta a tu justiciero asilo, hacer que el vulgo supiese antes que el daño el castigo. Y bien pudiera, señor, hacer de este modo mismo, que no fuera afrenta casi aquello que ya lo ha sido. Pues satisfecha la infamia, antes que de ella haya indicio; para el crédito se dice, se acuerda para el olvido. Bien pudiera, pero como a mi nobleza remito aplaulos de mi valor, y lisonjas de mi brío? Sin la intervención ilustre de tu poder siempre invicto, no se avino mi decoro, mi respeto no se avino con la ejecución debida a mi anhelo vengativo, porque una satisfacción delante de un Real testigo, aún sobra para desquite de un agrauio en lo infinito. Y así porque logren tanta felicidad mis disignios, vengándome como noble, campo a tu justicia pido en el patio de Palacio, ha de tu elección el sitio, adonde con rectos jueces, con caja, y clarín, que heridos al vencido por traidor publiquen con ronco estilo a los Condes de Carrión llamo, reto, y desafío uno a uno bien pudiera la ira con que me irrito, la furia con que me enciendo, y el valor con que me animo reñir con entrambos juntos, pues aqueste era un peligro, en que me dio la experiencia de las lides libre aviso. Pero no, señor, que el hombre que con más que un enemigo festeja, o busca el encuentro, ni es valiente, ni entendido, pues o busca en embarazo, o festeja en desatino. Oh suerte de cobardías! o temeridad de filos! quedándose desairado vencedor como vencido. A cada Conde alevoso en el campo solicito de por sí, para vengar en su traición mi perjuizso. Rey eres, justo te aclaman, acuérdate que rendimos a Dios por Dios de Venganza reverencia, y sacrificios. Pues ved, señor, lo que os toca, cuando a venganzas áspiro hacer a vos, que en la tierra tenéis de Dios el oficio. Mi justicia os lo concede como lo pedis, Rodrigo; en el campo de Palacio campo os doy, cuyo distrito, siendo yo con Albar Fañez, jueces, señalo, y límito, sin la circunstancia ociosa de asistentes, o padrinos, que están demás ceremonias don de no faltan los bríos. Pena de traidores a los Condes a enviar voy aviso, de que vengan a cumplir las leyes del desafío, con término limitado. Venid, que presto, Rodrigo, vuenta intención tendrá efecto y mirad que aquí propicio os advierto, que salís por vuestro honor, y aún el mío, que miréis como obráis, porque si aquí me veis vuestro amigo, vuestro juez público allá, si reconozco, si miro que me debo condenar, me condenaré a mí mismo. e De vuestra desconfianza, señor, quedara ofendido, si esta advertencia no fuera récelo de honor precilo. Poco hay que dudar del lauro, si el que pelea es Rodrigo. . Ya el tiempo me ha descubierte lo que Lazaro Divino no me descubrió en él sueño en que me habló; y ayo miro, que el ser padre de mis hijas, no es el honor que examino, pues injuriadas, es cierto que es honor más excesivo ser padre de su venganza, que padre de su ser mismo, porque arendiendo a su honor en la venganza que éxcito, me llame para más gloria, y en renombre más invicto, el Honrador de sus hijas la memoria de los siglos. Volver a llorar desdichas, volver a sentir martirlos, de una injuria ocasionadas, y de un ultraje nacidos, fuera ya tesón grosero; agravio fuera prolijo contra el valor de mi esposo, pues atento mi cariño, se predice la venganza en lo heroico de su brío. Aunque es justo el sentimiento, que a los rayos, que a los visos de tu amor, señora, atenta, como ofendida, examino, el pensamiento, la idea de que nuestro padre invicto es quien vuelve por su honor, convierte en gloria el martirio. Ya no es afrenta, ni injuria la que tirana nos hizo de los Condes la traición, que desde que airado dijo, que la había de vengar mi padre, dio claro indicio de haber perdido su ser, porque en su acero temido es lo mismo la venganza, que el rigor ejecutivo. El cielo logre mis ansias. Muévanle ya mis suspiros. Compadézcale mi llanto. Porque airado. Porque activo. Porque jnsto. A todas vengue de tan infame delito. En fin la carta es del Rey? Y en ella un aviso miro, de que pena detraidores nos partamos al groviso, para cumplir con las leves, Don Diego, de un desafío con que el Cidnos ha retado por la venganza que hicimos en sus hijas de su titato. Mas que no la viida, estimo la satisfacción que el monte. vio de los dos al castigo. Qué te parece que hagamos? Que parta nuestro disignio al iniante al cumplimiento del reto. . Será delirio, porque el que nos amenaza es de masiado enemigo. Fernando, viven los cielos, que si en esto estás remiso, que más que hermano, contrario pruebe contigo mis bríos; dime, es más que un hombre el Cid? si allá una fiera temimos, mas fue cordura, que miedo. Pues si ha de ser, detérmino que vamos al punto. . Vamos alustentar lo que hicimos. . Todo es ruido, y alboroto, todo voces, y rumor, todo clarín, y tambor cuanto en este sitio noto. A los Condes cada instante están aguardando ya, pero mientras vienen, va un soliloquio importante. Sale de allí un mosquetero preciado de historiador, y muy importuno, error en esta Comedia infiero, dice, en cuanto a lo historial, porque a los Condes sé yo que el Cidno desafió, ni la historia dice tal. Noticioso impertinente, que mucho follaje entablas, sabe que suplen las tablas mucho más al que más miente Y si es que queror apura tu juicio lo literal, muy medido, y muy cabal, escriba de la Escritura, consuita con el demonio lo que tu historia promedia, porque, amigo, la Comedla es ficción, no es testimonio. Mas volviendo a la traición de los Condes, sé decir, que hay mucho que discurrir en la especie de su acción, pues si pienso en tal baldón, me echo a pensar que juzgaban, que mis amas ayunaban, pues las dieron colación. Por la acción, y los aliños con que hicieron el pesar, se pueden ya graduar para maestros de niño.s Mas al patio de Palacio he llegado sin pensar, no llegara ahora atrocar por un Reino aqueste espacio. Mas la caja, y el clarín son ya bien notorias señas de que han venido los Condes, ya se mira en la palestra el Majestuoso trono, donde darán la sentencia el Rey, y Albar Fañez, ya todos a este sitio llegan. De odio, y castigo al mirarlos en el corazón se alteran justas pasiones, mas no es bien la pasión me venza, que en estando en este puesto, las roctitudes me acuerdan que han de morir las pasiones, y vivir la indiferencia. Los afectos de Rodrigo el corazón me goniernan, pero quien sube a ser juez, a toda pasión se niega. Con dos valanzas iguales viene el juez a la suprema dignidad de la justicia, en entrambas su prudencia ha de hallar desembarazo. para que así no se entienda, o que ya el rencor inclina, o que ya el afecto lleva. Los jueces son de su parte. Eso, Fernando, no temas, ver que en tales sitios nadie su fama, y honor arriesga. Ea, comience la lid. Escúcheme tu Grandeza: las espadas que los Condes traen a sus lados, son prendas mías, porque aunque es verdad. que las di, fue con protesta de que con ellas obrasen como nobles: bien ajena de ellos esta condición visto habéis por la experiencia, y así mandad, gran señor, entregármelas. Esfuerza, si las dio con condición, y no se ha cumplido aquesta. Los Condes al Cidentreguen sus espadas. La obediencia es debida a la justicia: estas son. . Ah como se echa de ver, que alientos cobardes os ceñlan. . Dad las vuestras, Nuño, y Peláez a los Condes: dé principio a la contienda D Diego. . Así te obedezco. Ahora, aleve, tu insolencia así castiga mi honor. Así tu arrogancia intenta también resistir mi enojo: pero en vano, que la tierra mal herido me recibe. Muere. . Tus iras suspendan tu nobleza: yo confieso que me has vencido. . Pues sea, porque vivas con infamia, lo que me has pedido: ea, Fernando, ya con más causa te provoca la palestra, pues ves tu hermano vencido, y herido. . De esta manera ados ofensas acudo. Y yo deestotra una ofensa. Ay de mí! Tente, Rodrigo, no le mates; ya confiesa sin sentido el rendimiento. Basta que su sangre misma diga que ya está rendido. Mi sentir nunca lo aprueba. No basta, si él mismo no lo dice. Detente, espera: vencido soy, no me mates. Ya lo dice. . Mi clemencia le perdona; pues mi honor con tal acción no se arriesga. Pues ya victorioso el Cid ha sálido de la empresa, en que su injuria ha vengado, pronunciemos la sentencia: por traidores los condeno, díganlo las voces vuestras al son de caja, y clarín. Todos los del Reino tengan por traidores a los Condes de Carrión. Hay tal afrenta! de mí mismo voy huyendo. mi mismo ser me avergüenza. Donde iré con tal baldón, que no me afrente la tierra? Dame los brazos. Rodrigo. A llevar voy a Jimena las nuevas de nuestra dicha. Y perdonad al que intenta entre humildes rendimientos gustosas correspondencias,