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Texto digital de El honrador de su padre

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Juan Bautista Diamante
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El honrador de su padre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/honrador-de-su-padre-el.

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EL HONRADOR DE SU PADRE

JORNADA PRIMERA

Este papel de Rodrigo es para tu ama, Eluira. Dámele Nuño, más mira (sión, que llega el Conde. Conmigo acaba en esta oca. quisiera yo estar de mí mil leguas. Qué hacéis aquí? hablad. . Y es mucha razón, aquí me manda empalar. Di tú, qué quiere este hombre? Es criado. Dijo el nombre? De Rodrigo de Vivar. No señor, pintor he sido, y a ver cuadros entré aquí. Nunca de vos lo entendí. Por enfalmo lo he aprendido misterio tiene el dislate, que envíar mi amo ordena, en mi lugar a Jimena un pintor que la retrate. A Rodrigo le diréis, que lo que le estimo crea en esta acción, cuando vea que de mi casa volvéis. Eso de volvéis me huele a libertad. Libre os vais, pero otra vez no volváis. La reprensión no duele, no mandáis en conclusión que me vaya? Idos en paz. De estos meneos nunca nos levantará chichón, esta es la primer vegada, el señor Conde Lozano, que pegó blanca la mano, non fago yo otra vegada. Mensajes, que te parece, que gentil rapaceria. Aquí entra agora la mía, oye lo que se me ofrece; así sabré su intención, pues Jimena me ha mandado, que lo intente con cuidado, baldreme de la ocasión. . Entre todos los amantes, que hoy procuran el amor de Jimena, con ardor de enamorados constantes. Nodrigo, y don Sancho han sido, los que más se han esmerado, y que con mayor cuidado, su favor han pretendido. No porque Jimena al uno; ni al otro, muestra alagueño el semblante, que ella es dueño, y no lo es de ella ninguno. Tan recatada, y prndente, que ni les da confianza, ni les quita la esperanza, con que vive iniferente. Y así no estéis sospechoso de algún capricho libiano, que tolo por vuestra mano espera tener esposo. No hace Elvira demasiado, en cumplircon su desdén. Muy bien se le echa de ver lo que de vos ha heredado: ambos parecen sujetos de primor. Y las esmalta, sangre tan antigua, y alta, que los hace aún más perfetas. Rodrigo en particular, no tiene ademan, ni acción, que no sea de lufanzón, de esperanza singular. Y no es mucho, siendo él de una Casa (que esto basta) cuya belicosa casta, le está guardando el laurel. Que su padre ha conseguido a fuerza de guerrear, yo le vi en lides entrar, y nunca salir vencido. Y así yo de los dos digo; (así pienso examinarle. el pecho) que para honrarle, más me aficiona Rodrigo, porque hoy me tengo de ver con Diego Lainez, por; mas esto será mejor, que no se llegue a entender, Sabe su intento de espacio, sin darle del mío parte, que yo Elvira vendré ha hablarte en volviendo de Palacio. Que hoy el Rey sale a nombrar Ayo, que sepa regir al Príncipe, o por decir mejor, me sale a premiar, con puesto tan preminente. Que en lo que obra cada día en su servicio, se fía mi mérito justamente. . O qué nuevas que les llevo a estos dichosos amantes, y como en todo les es la fortuna favorable. Pues Esvira, que alegría tu semblante manifiesa? que parece, que los ojos, no pueden con lo que saben. Podre esperar dicha alguna de lo que a mi padre hablaste? que algo os escuché, aunque no entendí la mayor parte. Qué has colegido en su gusto? di qué te dijo mi padre? Díjome, que ama a Rodrigo, como tu puedes amarle, y aún que me dijo, que solo el pecho te escodriñase. sin descubrirte su intento; primero eres tú que nadie. Qué dices Esvira mía? podré algún credito darte, o es ilusión del deseo? Y aún pasa más adelante, que aprueba vuestros amores, y hoy se ha de ver con el padre de Rodrigo, según dice, y es sin duda, para hablarle en razón de esta allanza, que no están mal a su sangre, ni al Estado de Goimaz, los Lainez, y Bivares. No obstante, el alma indecisa, teme llegar a anegarse en ese profundo abismo de gloria, y felicidades. Que en un día, en un momento, muda el hado de semblante, y después de una fortuna, suele llegar un desastre. Pues presto verás el mar en calma, sin fuerza el aire, y el cielo en lugar de nubes, recamado de celajes. Vamos, y venga el suceso, como la estrella ordenare, que dos veces el disgusto se siente con esperarle: Pero no es aquel Rodrigo? Cosa que te embarace el ina vor a la Infanta. ̱. Por si a caso me tardare, ve Eluira, y dile a su Alteza, se sirva de perdonarme, que en despidiendo a Rodrigo. Ya entiendo, voy al instante. Rodrigo, pues tú en mi cuarto? que atrevido es un amante. Causas hermosa Jimena tengo para visitarte, y no es la menos de todas, que habilidad le faltase para remitirte, u darte un víllete, que olvidó sobre un búsete, mi padre, donde intentava que vieses, las ofertas que le hace el tuyo, y los cumplimientos, con ocasión de juntarse en Consejo, y de pedirle haga con el Rey sus partes. Y que después de este logro, tiene un negocio muy grave, que comunicar con él, que es a los dos importante; no puede más claro hablar. Qué tu tan claro me hable; es lo que extraño, Rodrigo. Con nada puedo obligarte? esto es hermosa Jimena, lo que a tu cuarto me trae, después de adorar el Sol, en tus ojos celestiales. Dulce encanto de los míos, mira si hay razón bastante, y si esto supuesto es justo, que de atrevido me trates. Todo está bien, pero advierte, que mujeres de mi sangre, aún con toda esta decencia, tienen mucho en que arriesgarse, Que es antojo la malicia, cuyos molestos cristales, es la apariencia, Rodrigo, y hay argos, y linces tales en casa, y la vecindad, que haciendo las cosas grandes, son como esotros antojos, que de un punto ciento hacen. Pues qué haré yo, si no puedo verte, señora, ni hablarte, lleno de mis confusiones, sin adorar tus umbrales, Tanto te ofenden mis ojos, que te enoja mi semblante, tan poco pueden mis penas, que te pones de su parte. La vida de la esperanza, si hay vida entre tantos males, solo en mí tiene de vida lo que tiene de durable. Entre si muero, o si vivo, me detienen mis pesares, porque aunque quieren que muera, no se atreven a matarme. Dales fuerza tú, si quieres de mi corazón vengarte, o cobra la que les diste, si te obligan mis piedades, si te lástima mi pena. remedia la favorable, mas si te cansa mi vida; no consientas que te canse. Bien sabes que eres hermosa, y que tus divinas partes arrastraron mi albedrío al precepto de adorarte. Disculpas doy de quererte, aunque es la razón tan grande, que aún los aciertos, por míos han menester disculparse. Tu belleza es mi delito, sin tener más de culpable, el empeño de rendirme, que el buen gusto de mirarte, Bien sé adorada Jimena, que no has de poder negarme esta razón, mas de que me sirve, si no me vale. Si valdrá. Prosigue. . Digo, más recójase a la cárcel del silencio mi pasión. Sin duda que el que empezast era algún favor, señora. Pues no lo es el escucharte? Sí, pero si otro merezco. ̱. Y cuál es? . Qué retratarte permitas, para que yo, sin el riesgo de enojarte, pueda adorarte a mis solas. Pero si el retrato sale. parecido en todo, temo, que sin voces nafurales, por señas me reprenda, que me tienen tan cobarde, o mi amor, o tu respeto, que aún temor tendré a tu imagen. Eso de retrato, es para personas Reales, o para damas, que gustan, indiscretas, o arrogantes, que su belleza enamore: fuera de que es yerro grande, porque nunca vi retrato, que al original llegase, que forma, y color se pintan, mas no la gracia, y donaire: y esto baste por visita la primera que me hacéis. Si me atrevo a la segunda te ofenderás? Es constante. Pues qué esperanza me dejáis? ̱. Solo la de asegurarte, que si algún cuidado en mí, a ser cuidado llegare, será el de tu amor, Rodrigo, y a Dios porque se hacetarde, y he de ira ver a su Alteza. Jimena a Dios. Duro tranze. es dividirse dos almas, que juntó amor en su cárcel. Confuso queda Rodrigo, y es injusto en mi tratarle tan cerca de verme suya, con aspereza tan grande: pues Rodrigo tan suspenso, que es eso? . Aa sido olvidarme tu ausencia de mí, señora. En ese olvido es constante, que peligrata Jimena. Tal pronunciáis, fiero un áspid se alimente en mis entrañas, antes que llegue a olvidarte, sin honor mi casa vea, menosprecieme tu padre, y tu propia me persigas, y cuando entraré en las lides, tema del Turco el alfanje, o este pecho me atraviese, la hazagaya de un Alarbe. Qué dices? Qué Dios te guarde. Hay amor, mucho te debo, Jimena favor me haces, mis esperanzas alientas, de acuerdo están nuestros padres, todo está de nuestra parte, o si fueses esta voz fortuna en el bien constante. . Humilde tus plantas besa, Elvira, ya pudiera tu señora Diviértela por esa galeria, que cay sobre el jardín; pero repara, que hay causa, y yo tristeza la llamara. suya pudiera llamarla, Dices bien, y Jimena solamente, pues le estima, y me desprecia. es quien puede aliviarme este acidente . Pero mi hija está allí, Y aumentarle también, pues al infiante Infanta, Don Diego, llega, que estás con ella, y hablas de su amante dale tu del nuevo cargo, preguntando el estado de su pena, la debida norabuena, cómo propia la sientes siendo ajena, Ayo del Príncipe es ya. y en vez de dar consuelo a sus enojos . Por muchos años lo sea, las lágrimas se asoman a tus ojos, y aun iré a darle a mi hermano, Con razón debo preguntarle ahora por sus fortunas, puesto que la autora fui de mi mal a infame medianera yo casi la he forzado a que le quiera. y en fin como he foriado sus cadenas parcial sola sus glorias, y a sus penas E no ostante muestras en su buen suceso cierta pasión, que llega a ser exceso, ese amorque a los dos de gloria llena como te firve a ti solo de pena, (ta mas yo peco en curiosa, y en disere que es la maldición más grave, la aficio habla cuando más secreta cumpla conmigo yo, y aún mismo peso enferme el gusto, y convalezca el seso pero el Rey sale de Consejo agora. Por aquí ha de pasar, vamos seño Librete el cielo, bien mío. . Difícil será, ya llega mi padre, (ra que buscar sabré excusa que nos cuadre, para dejarle, y retirarnos luego. Así supieses excusarte al fuego, que el corazón te abrasa, y te atormenta Quien le intenta apagar más le fomenta. el plazo que aguardo es breve, , , La elección salió a mi gusto. un vasallo que hoy ensalzas a dignidad tan suprema. venirme haber, y a divertirme ahora . Rabio de envidia, que el Rey de esta grave, ay de mi! melancolía. me haya echo tal afrenta. . Hoy tendrá mejor partido Rodrigo con mi Jimena, que con tal maestro es fuerza, que no solo acciones grandes, pero altos hechos aprenda. Por tan gran favor os pido la mano. . Dejad la tierra don Diego, que en mí tendréis. otra más en vuestra escuela, y si licencia me dais. señor, en mi cuarto espera Jimena, y verla deseo. Ya tencis hija licencia, y aún yo os quiero acompañar. Guarde el cielo a vuestraAlteza. que hoy por su padre granjea. , , , No así le cortéis el vuelo, En ausentándose el Rey hablar a solas quisiera con vos. . El Rey se ausentó, hablad Conde enorabuena. Vos en efeto os llevasteis. el cargo, y la preminencia. que ya gozáis, y que solo a mi dárseme debiera. En esta marca de honor, que da el Rey a mi experiencia, muestra, que es atento; y justo, y que su mano Realenga, sabe premiar en servicios pasados tantas proezas. Como el Recino le han guardado, no será una cosa mesma, haberlas echo en aquel, o en aqueste tiempo hacerlas. Señor fuera por las mías tarde llegaran las vuestras. Por grandes que sean los Reyes, son de la propia matería, de que son los demás hombres, y engañarse pueden. . Sea como decís, ya está echo, y muy bien, Conde paciencia, a este favor que al Rey debo, añadid otro que pueda desenojaros mi casa, unid Conde con la vuestra, pues lo desea Rodrigo, y no lo excusa Jimena, y aún el papel que escribisteis, me da a entender, que no os pesa que con tal sagrado, Conde, nuestra amistad será eterna. A otro más alto empleo Rodrigo aspirar pudiera, después del nuevo esplendor, y en tanto vuestra experiencia. muestre al Príncipe a regir, Provincias, a que le teman los malos, y a que los buenos. a sus leyes se sometan. Y juntad a estas virtudes otras marciales empresas, dignas de un gran Capitán, a que las ardientes fiestas pase a caballo, y las noches. sobre la grama, o la arena, tome el natural descanso, armado de todas piezas, a asaltar un fuerte muro, y aquel solo se le deba el laurel de una victoria, a conquistar nuevas tierras, que ensanchen su Monarquía, y advertid también, que es fuerza, confirmar con el ejemplo lo que la palabra enseña. Para instruirse a despecho de la envidia, el libro vea de la historia de mi vida, que bien hallará que aprenda, sabrá como es menester regir una Armada entera, poner su hueste en batalla, bien formadas las hileras, dar las ordenes en tiempo, que los Cabos le obedezcan, tomar ventaja en el puesto, enbestir cuando convenga, y sobre heroicas hazañas, labrar una fama eterna. Los ejemplos vivos son, de más crédito, y más fuerza, más que habéis hecho en los años, que en tan larga edad se os cuentan, que de los míos un día, no le iguale, o no le exceda? Hable España, y por mi hable. la fama, pues toda es lenguas. Vuelvo a decir, que os llevasteis lo que dárseme debiera. Quien lo ha llegado a alcanzar, de que lo merece es prueba. Quién ejecutarlo puede, mejor gozarlo pudiera. El haber sido excluido, no esconde muy buena seña. Por antiguo Palaciego merecisteis con su Alteza. De mis hechos la memoria me valio en esta contienda. Hablemos claro, el Rey hizo este honor a la edad vuestra. El Rey más que a la edad, mira el valor, y la prudencia. Fáltanme a mí esas virtudes? No haberlo alcanzado es muestra de que no se merecía. Yo no lo merezco, o pesia el necio caduco; yo. Vos, si vos. De tu insolencia, para excusar de palabras toma aquesta recompensa. Para que quiero la vida, después de tan grande ofensa. Qué intentas hacer con tanta debilidad, y flaqueza? Perdí la espada, y mis plantas pesadas raices hechan, u del peso del agravio, u de lo que la edad pesa. Tu espada es mía, mas no quiero que pase a mi diestra, tan deslucido trofeo, añade está nueva empresa al libro de tus hazañas, para que el Príncipe lea. Ha, rabia! ha injusta razón del tiempo! a rigor del hado! que la vida haya guardado, solo para esta ocasión, sobre un agravio un valdón, y que aún la muerte me niegue, llegue a despeñarme llegue, y si rehusa llegar, consumame aquí el pesar, o el llanto al menos me ciegue. Vos instrumento glorioso de mis hazañas, que hacéis ay, pero no queréis estar en mi puño ocioso, aquese hacero lustroso, tiempo hubo que introducía terror en la Andalucia, en Portugal, y Aragón, mas que no acaba el tesón de un día sobre otro día. Venid, y más no tengáis, el uso antiguo de espada, de hoy más a mi edad cansada de cayado le sirváis, o qué lustroso os mostráis; pero que miro, no quiero, que compren mi agravio fiero, tanto es lo que siento tanto, ni el cristal de aqueste llanto, ni de esta espada el hacero. Qué retratarse ha dejado Jimena? En Palacio ha sido, que es dónde el pintor la vido, al pasar con tal cuidado, que aire, y color le ha copiado, como ves. Grande pintor. Pero tu padre, señor, y el talante non me agrada, en la una mano la espada, y en la otra el mocador. Ay de mí! pero que miro, es ilusión de la idea. Señor pues tú de esa suerte? Ay Rodrigo. Qué te inquieta? Hay hijo. Qué te disgusta? Hay honor. Tu voz espera, mí nido. . Tendrás valor? Cualquiera otro que no fuera mi padre, y tal preguntara, bien presto hallara la prueba. Que a mi gusto ha respondido, que bien Rodrigo me sueña esa indignación tan justa, falte tu Nuño allá fuera, que no te hemos menester. Soy gracioso de comedía, que en llegando un paso grave, le despiden, o le arredrán, porque en los severos casos, siempre las chanzas disuenan. . Si tendré valor preguntas hoy, pues de mi aliento prueba, y verás padre que obro, como quien tu sangre hereda. Ya está hecha del valor, hagamos otra experiencia del sufrimiento, que aunque tan debil esté mi fuerza, saldrá el intento acertado, pues aunque poco le duela, al apretarle la mano, si corresponden las señas, es fuerza que no lo sufra, pues tengo por cosa cierta, que el que dispensa en lo poco, para lo mucho se enseña, hagamos las amistades, dame la mano. . Darela de rodirlas, como es justo, para besaros la vuestra; pero que hacéis, soltad padre? Pues de esto no más te quejas? Soltad, padre pesea vos, o si no pedazos hecha vercia la vuestra a mis dientes. Basta, hijp. . Pues me dejas si hará. Que me has lastimado, derramando sangre empiezas? tú satisfaras mi agravio, bien me ha salido la prueba. Perdonad, si mal os hice, que a nadie el dolor reserva, y si me ofende mi carne, comeré mi carne mesma. Mi juventud resucita, hay honor! dura contienda, ea Rodrigo, a vengarme. De qué? . De. Cuando en tu lengua aguardaba, el instrumento de la venganza que intentas, embarazado en el llanto te detienes, Providencia son las lágrimas que miras de sabia naturaleza, pues pretendo que has de oír la causa de esta tormenta: juegando que a dos sentidos no podrás hacer defensa. Y como la mancha injusta está en mi rostro tan frusca, porque al verla no peligres en dos avisos, ordena este llanto, que en raudales la infame me silla riega, para labarla, sin duda, y es piedad, pon que es tan fea, que harto valor será oírla, sin la desdicha de verla. Idos padre poco a poco, que si para que no vea esta mancha, prevenís del llanto la diligencia, cuando en hombres como vos, tengo el llorar por flaqueza. Y cuando el llanto es remedio, según decís, cosa es cierta, siendo el alivio tan grave, que es muy grave la dolencia, que no se hace a poco mal, remedio que tanto cuesta. Pero acabad, pronunciad esa injuriosa sentencia, contra vuestra estimación, que es lastima que se pierda tiempo de tanta importancia, que ya el corazón revienta para tardar en vengarla, lo que tardare en saberla. Pues hijo roma esta espada. otra circunstancia es esta, para que el daño sea grande, pues sangre pide la enmienda. Mírala bien que es la propria, que yo hube por herencia de Mudarra, aquel valiente guerreador, y si tu diestra la empuña, podré esperar de ti aún mayores empresas: muere, o mata, Ya es mayor la confusión que me espera pues muerte pide. Y repara, que no se lava una ofensa, qué ofensa? un agravio hijo, si no es con la sangre mesma de quien ha sido el autor, y si en matarle te empeñas, no guardes a tu enemigo, porque a sus manos no mueras. Mira que es tan gran soldado, que yo le he visto en la guerra fabricar de los que ha muerto, contra el Moro una trinchea. Y para irritarte más, sabe que ha sido la afrenta, (sufra este dolor el labio) que de su mano (qué pena!) sobre el papel de mis canas, imprimio las cinco flechas, que el corazón me traspasan. Atad, suspended la lengua, válgame Dios! qué decís padre? pues no me diceráis el nombre, antes que el agravio, ea presto, que se anega el alma en un mar de fuego. Decirte algo más, es fuerza, mas que ser bravo soldado. Presto, ay de mí! no me tenga mas confuuso vuestro aviso. Sabe que es el padre. Sepayo quien es. Es. . Acabad. El padre de tu Jimena, Rodiigo, en tales sucesos, donde el honor se atraviesa, quien sin él ama la vida, es indigno de tenerla. No tengo más que decirte, el ofensor, y la ofensa sabes ya, Dios te encamine, y con una facción mesma vanga a tu padre, hijo mío, y a ti Rodrigo te venga. Bueno quedo. Ay dolor puesto en balanza con tal ofensa! A infausto deber mío! si la vengo, mi honor cobra su brío, si la omito, mi amor cobra esperanza. Qué hoy estorbarme pueda una venganza, cuando más me creifavorecido? Ha rigurosa pena! golpe fatal, mi padre el ofendido, y el ofensor el padre de Jimena? O qué duros combates! nuevo modo de matar, salga amor pues condenado, fuerza es vengar un padre despreciado, y perder a Jimena es fuerza y todo. No sé como a juzgar tal me a comodo, fiero trance de amor en que me obligo! que fatiga! qué pena! o a dejar un agravio sin castigo, o a vengalle en el padre de Jimena. Que decís vos objeto de mis males, dadme consejo en lance tan esquivo, porque estáis semejado tan al vivo, que no os faltarán voces naturales. Mas ya me habláis por esos celestiales bellos ojos, pidiéndome serenos, que no les de tal pena, así lo haré, muramos a lo menos sin anublar los soles de Jimena. Mas tal digo en presencia de este hacero, morir yo sin dejar mi honor en salvo, bien miro por la sangre de Laun Calbo. Mas ay, que ya me miras con severo semblante, vuelve al pecho, que no quiero . juzgar con la pasión del desvarío, confírmesela pena, y salvando el honor del padre mío, piérdase amor, y piérdase Jimena: Demás que será infamia, y civil trato, que en la esperanza de servir prosiga; y aún es fuerza que sea mi enemiga, si de cobrarle, o de morir no trato. No juzgara yo así viendo el retrato, mas ya es tiempo que a furia me provoque, mi honor salga de pena, el Conde muera, o muera yo a su estoque; si así que así, se ha de perder Jimena.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Vuestras disculpas son vanas. Tiene gran parte os prometo de violencia el proprio efeto en las acciones humanas. No está el Rey bien satisfecho de vos. . Antes del agravio pudiera como hombre sabio templarme, mas ya esta hecho: y así el Rey que os ha enviado, decir don Sancho podéis, que él, ni vos, no desaréis. un golpe ya ejecutado. Mas es bizarra que cuerda, Conde esa resolución. No mudaré de opinión. Os perderéis. Qué me pierda. Qué responderé a su Alteza pues mi intento salió vano? Que mi vida está en su mano, que me corte la cabeza; Es Rey, y bien podrá hacello, que el golpe es digno de muerte. Pues ya está hechada la suerte, no volváis a hablarme en ello. A Dios pues. O qué cruel pintáis del Rey la entereza, perder en mí una cabeza, que ciñó tanto laurel. Ese laurel os prometo, que debe temer el rayo. Le aguardaré sin desmayo. Sí, pero no sin efeto. Y con eso quedará el Lainez satisfecho del agravio, que le he hecho; pero allí su hijo está. Busque el viejo en dos Castillas, los más bravos lidiadores, que en los aprietos mayores hace el valor maravillas. Para que cumpla el valor, con lo que el rigor concierta, amor se quede a esta puerta, y no entre más que el honor: Conde escuchad dos palabras. Decid, que ya estoy atento. Sacadme aquí de una duda, conocéis bien a don Diego Lainez. . Linda ignorancia. Sabéis que es mi padre? . Selo. Pues aunque en toda razón, del escrúpulo, del duelo, pudiera Conde mataros sin advertencia, no quiero, que piense mi bizarría en algún cobarde medio, para restaurar mi honor, que no tengo por acierto, mientras hay posibilidad de satisfacción, que necio, cometa yo un yerro proprio, nor enmendar otro ajeno. a así, en campaña, en poblado, de noche, si de día, al cielo claro, o a la sombra oscura, a caballo, apie con peto, o sin él, a espada, o lanza, a vuestro aobitrio. Qué bueno, pues me retáis? que gracioso mozuelo. . Yo lo confieso, mozo soy, pero los años, no son jueces del aliento. Es verdad, pero tú a mí? hombre te has hecho muy presto. Basta una ocasión don Gonez, para conocer al bueno, y para ensayarme yo, comenzar por vos pretendo, y yo sé que en el ensayo os pareceré maestro. No saldrás de ese cuidado. Retado al dictamen vuestro está el eligir las armas. Pues si no tiene remedio, y hemos de lidiar Rodrigo para mí todo es lo mesmo, escoge las armas tú. Conde obrar más, y hablar menos. Cansado estás de vivir. Vos de vivir tenéis miedo. Vamos que haceislo que debes, que un hijo obediente, y cuerdo como lo eres tu Rodrigo, si sobrebive un momento al honor que perdió el padre, pone el suyo a grande riesgo. . Perdonaamor, honor vamos. vengar a un padre preteado, esto me toca por hijo, lo demás hágalo el cielo. . Que tan fuera de razón sea el Conde con trance igual, que piense que ún golpe tal tan fácil tunga el perdón. Yo he disputado con él, pero nada he conseguido, mas que haberme respondido, que es vuestro vasallo fiel. A cielos! que tal vasallo tan poco tema mi nombre? qué mi nombre no le asombre? confuso por Dios me hallo. Que a mi más favorecido agravie, y no tema un Rey? que en mis tierras de la ley, confuso dije, corrido estoy, tratele primero con blandura, y mi intención, fue templar la presunción de tan osado guerrero. Mas por más que ufano viva, ya que tan necio se ve, las alas le cortaré de su condición altiva. Y aunque lo llegó a sentir, le tengo de castigar, solo por disimular lo que he querido sufrir. Gloria es de vuestra Corona, que alguna extrañeza aguarda. su con gente de mi guarda, y asegurad su persona. Por amiga de Jimena, debo a su padre amparar, y también por alibiar, a vuestro enojo esta pena. Vuestra Alteza me perdone, que perder un hombre tal. Ya se hace criminal quien de su parte se pone: Pero qué podéis decir? Que un valor hecho a lidiar, a conquistar, y a triunfar, tarde se llega a rendir. Porque hombre de tal valor, de sí mismo satisfecho, ya que el error esta hecho, sustentar debe el error. Y no por temer el mal de morir, o ser retado, acogerse hoy al sagrado de la Majestad Real, que es aventurar su honor. Que lo dejemos te pido, que aunque este enfado es crecido, otro me inquieta mayor, pues hoy me ha llegado aviso, de que ya el Moro se ha entrado por mis Reinos, y robado. mis tierras, tan de improviso, que sobre el aviso aguardo que a Burgos llegue. Eso no, que al el Conde bien sé yo, que hará un esfuerzo gallardo. No así los brazos me tuerza. Llegue, acabe, llegue presto. Aguárdese usted, que esto más quiere maña, que fuerza. No quedará sin castigo, quien hizo agravio tan cierto. Gran Señor, el Conde es muerto a las manos de Rodrigo. Y por complice, y sequaz preso traigo a su escudero. No hay en todo un gallínero poneguenos tan de paz como yo, pero aquí a posta, parecer valiente intente, porque parecer valiente, tiene poquísima costa. Tu complice fuiste? . No, y es gran sin razón. Por qué? Porque aunque yo le maté, no he sido cómplice yo: que es cómplice? he de perderme con quien tal tenga por cierto. Y después de haberle muerto donde irás? A retraerme. Y por qué (el reír resisto) cortaste su noble estambre? Vi que el Conde tenía hambre, y le envíé a cenar con Cristo. Tu valor me matabilla, que herida le diste? . Brava, porque desde que mamaba fui inclinado a la terilla. Lindas oraciones rezo para mí, si el Rey cruel, pasar me hiciera el cordel de las manos al pescuezo; que fuera susto evidente: él me ahorca, quien lo ignora, maldita sea la hora en que me metia valiente. Señor yo mentí. . Soltalde, que no creo de Rodrigo que le llevase consigo. Él se lo riñó de valde, sin asesinos ni ayuda, matar yo por interés? Así lo creo, idos pues. Y quien lo pusiere en duda salga al campo a combarir, véngase a reñir conmigo, que al que saliere, me obligo que se vuelva sin reñir. Señor mío no desata. Ya está hecho, el hombre esfelto. Diré a mi amo lo del salto, pues ya él sabe lo de Mara. . Qué Rodrigo mato al Conde, mayor mal para Jimena. No se ha de extrañar la pena, que al delito corresponde, que ofensor, y no guardarse, es dar fuerza al enemigo, pues aunque es mozo Rodrigo, mirad si supo vengarse, más quien os dío esa noticia? Muerto le vi en la campaña, de mis desdichas presaga, y Jimena el suelo baña, pidiendo señor justicia. Mucho he de sentir su pena, y de su padre la muerte, en una ocasión tan fuerte, pero ya llega Jimena. Justicia buen Rey justicia; pide Jimena postrada a vuestros pies, sola, y triste, ofendida, y desdichada. Yo Reyos pido el perdón de mi hijo; a vuestras plantas, venturoso, alegre, y libre del deshonor en que estaba. Mi justicia es quien os busca. Mi razón es quien os llama. Castigad un homicidio, como las leyes lo mandan. Ocasiónolo un agravio, y en su favor ley no falta. Mató a mi padre Rodrigo. Vengó del suyo la infamia. Quién mata, muera, señor. Muera solo quien agravia. Matole, y aún hay quien diga, que le atraveso una lanza. No haría tal, que es mi hijo. Bastan las réplicas, bastan, seventad los dos del suelo, y primero su demanda ponga Jimena, y don Diego, no le estorbe las palabras, que tiempo abrá para él. Solo el ser dama ballara, cuando no dama tan noble, para ser de mi estimada. gran señor, mi padre es muerto, y yo le hallé en la estacada, que me dio el alma el aviso correr en arroyos vi, su sangre por la campaña, su sangre que en tanto asalto defendió vuestras murallas, su sangre que en tantos riesgos, por vos se vio veces tantas, su sangre señor que en humo su sentimiento explicaba, por la boca que la vierte, de verse allí derramada, por otro, que por su Rey, en defensa de su patria. Tópele señor vestido, de van palidez amarga, perdido el vigor, los ojos con acciones deshusadas, torpe el labio, el pulsoquedo, de polvo, y sangre la cama cubierta, como el que cae al foso de una escalada, que mal hicieron mis ojos, pues fabida la desgracia, no era necesario verla, saberla llorar bastaba. En llegando a esta memoria se me anuda la garganta, el pecho tiembla, el dolor crece, la razón desmaya, gime el espíritu triste, y deshunida la trama de la vida en mis suspiros, la voz muere, el dolor lo habla. Quien no llora con Jimena de peñasco tiene el alma. Cobrad el perdido aliento, hablad hija confiada de mi amor, y mi justicia, que por el que ahora os falta; padre, y Rey, os queda en mí, de esto os doy mi Real palabra. Tópele en fin como he dicho, que por aumentar mis ansias, con pluma roja escribia, en la arena que regava. Venga a tu padre Jimena, esta si es justa venganza; y para mayor avito, por las heridas me llama. Su corazón, que aún difunto, pienso que barío las alas, para salirse del pecho, y acusarme la tardanza. Si con tan vinas razones, si con tales circunstancias, no me hacéis señor justicia, pasaré mi vida infausta. Cómo viuda tortosilla, querellosal, y solitaria, que huyendo del ramo verde, codicia la leca rama. Mas si levantado viese un cadahallo en la plaza, y allí la aleve cabeza de Rodrigo derribada, a mano de un cruel verdugo, mis lágrimas se enjugaran, que con ser grande la pena, el castigo la templara. Muerte con muerte se venga, sangre con sangre se lava, no permitáis gran Fernando, que vuestra piedad le valga a tal culpa, que es dejar, vuestra justicia infamada, alentados los delitos, cobardes las confianzas; premiada la sinrazón, y la razón castigada, mas por el interés vuestro, que por el mío, os encargan justicia mis tristes voces, guardadla buen Rey, guardadla. Si guardaré, y vos don Diego, defended ahora la causa de Rodrigo, si hay defensa, que una muerte satisfaga. Oh cómo es para envidias un transito sin infamia, y como al fin la prolija edad de vivir cansada, a los hombres acarrea, infortunios, y desgracias. Yo que otro tiempo ceñía, mis sienes de yedra, y grama, honroso laurel en triunfos debidos a mis hazañas, por haber tanto vivido. Ha nunca fuera tan larga mi vida! mi rostro vi, con tan injuriosa marca, ya demás inútil fuera, de mi puño aquella espada; quien vuestra defensa fue, de victorias coronada, ministro de vuestro gusto, u de la muerte guadana. Estos que cabellos eran entonces, y ahora son canas, que me dio el tiempo sin verlas debajo de la celada. Este brazo no vencido, y esta plateada barba, que guarnición de los días a los hombres desengaña, de que es gala muy preciosa, con naturaleza tanta, que cada instante sus ebras pesan lo mismo que gastan. Siendo su hechura la vida, o costosísima gala, estas canas finalmente, y mil honrosas hazañas. Fueran a la sepultura, todos cargados de infamia a no haberme dado el cielo, un hijo de prendas tantas. Que el honor me restituya, y la opinión me restaura, él me ha prestado la mano, el mató al Conde en campaña. Cuerpo acuerpo, hacero ahacero no como dicen con lanza, y si se valio Rodrigo allá de alguna ventaja, Fue solo de la razón, que de su parte llevaba, si el mostrar valor, y esfuerzo, vengando una bofetada. No sé como lo pronuncio, horror me pone nombrarla, si el reparar en un padre, el honor que le faltaba. Merece señor castigo, que queda para una infamia? mirad contra quien juzgáis, pesaldo con fiel balanza. Que yo soy el delincuente, yo fui la principal cabsa; y así el rayo, y la tormenta, sobre mí es justo que caigan. Lo que el brazo cometío, la cabeza es quien lo paga, yo soy señor la cabeza de mi hijo, y de mi casa. Rodrigo el brazo, y los miembros, la cabeza es quien los manda, perded la mía, que en ella, ya perderéis poco yo nada. Pues por instantes el golpe fatal de la muerte aguarda, perezca yo, y viva el brazo, que os puede ser de Importancia Conservalde, que aún podría suplir del Conde la falta, y en lo que de él se querella, Jimena vive engañada. Que él nunca hiciera la muerte, si yo no se lo mandara, o si por mi propia mano pudiera yo ejecutarla. Aquí tenéis mi cabeza, gran señor, sacrificalda a las honras del difunto, y de su hija a la saña. Que no formaré disculpa, dad la sentencia, y firmadla, que desde ahora la aceto, y lejos de rehusarla. Loaré vuestra justicia, aplaudirá mi desgracia, quedará vengado el Conde, Rodrigo con esperanza De serviros, y esta vida señor, de vivir cansada, dejaré honrada, y dichosa, para el templo de mi fama. No está fácil de juzgar. El caso es tan de importancia, que merece, que en Consejo pleno se mire la causa, y allí ocupe la justicia su trono al determinarla. Sancho a Jimena, Gomez acompañe hasta su casa. Y será el primer servicio, que acete. El Reyos lo manda, agradeceldo a su Alteza, que es quien os hace la gracia La Ciudad tenga don Diego por cárcel, con fe, y palabra de no quebrantarla, pena de cuer en mi desgracia. Yo hos hago pleito omenaje de obedeciéndoos guardarla. Rodrigó se busque luego, y quede preso en su casa, fuero, y privilegió antiguo, que a tales hombres se guarda. Justo es, gran señor, que muera. Muera si culpado se halla; guerfana quedas, Jimena, vuélvete ahora a tu casa, que acabadas las exsequias del muerto Conde, la Infanta te recibirá en su cuarto por huéspeda. Por criada lo tendré a grande favor. Quizás podré consolalla. Para mí no haurá consuelo mientras no tome venganza. No tomes venganza tú, y haya consuelo, o no haya, y así buscar a Rodrigo para ofrecerle las gracias de su valor, y mi suerte, y para que luego salga de Burgos, que la prisión, no es cosa muy acertada, Mas si no fuera por él, como quedaba mi casa, honrada de tantos años, y en un punto deshonrada? librete Dios hijo mío, y mi bendición te calga. Pues aquí me traes, señor? a que volvemos aquí? Ya que con mi honor cumplí, vengo a cumplir con mi amor. Rodrigo, qué es lo que has hecho? donde bienes despechado? A morir de desdichado? Que a tanto obligue un despecho, donde damos por tributo, lágrimas a tal pesar, en un cuarto vas a entrar que tú has cubierto de luto? Vienes a caso a perderte? tan poco el morir te asombra, o a desafiar la sombra del mismo a quien diste muerte. Sombra dijiste, mujer, ya empiezo a pisar abrojos, si habéis de versombras, ojos mas os baliera no ver. Sombra tu descuido nombra con ese remifasol, más que nunca hubiese sol porque nunca hubiese sombra, ya de la sombra imagina la forma, el temor por puntos, sombra tienen los difuntos, hay señor! . Calla gallina, Vrece en esta ocasión. Que rece bien imaginas, porque es propio de gallinas recogerse a la oración. Su vida mi afrenta ha sido, su muerte fue mi reparo. Sí, pero buscar amparo en casa del ofendido, ni se ha visto, ni se oyó. Ni tu auras visto otra vea, que el delincuente al Juez se ofrezca; como hago yo, mi Juez es mi Jimena, y mi Fiscal fue también, pues quien provó su desdén, no extraña ninguna pena. Y así por bien soberano tendré, pues morir me toca, la sentencia de su boca. y el suplicio de su mano. Vamos pues señor. Rodrigo, a los impetus primeros no te expongas, que son fieros, y al fin eres su enemigo. Como entendida, y prudente, ha dado Eluira en el punto. Que aún está en casa el difunto, y aún la herida está caliente. Difunto en casa, cosquillas no te hace el miedo, que esperes, aún difunto más que quieres. sacarle de sus casillas. No recelan tus cuidados, señor, que si aquí nos ve, a ti te asirá de un pie; y a mí de estos afollados? Vete tú. Lo haré de grado, mas me ha cortado el temor, y aún de otra cosa peor, presumo que me he cortado. Pero poco a poco dejo la sala, que me apresura la gana, y de esta locura iré a dar noticia al viejo. . Jimena en llanto bañada fue a Palacio, y ya vendrá, quien duda que volverá de Nobles acompañada. Y si te encuentran aquí, su honor arriesga, Rodrigo, mi señora, y del castigo, caera el rayo sobre mí: mas ya viene. Qué haré en fin? Si ahora sales, es forzoso el verte, trance penoso! entra en ese camarin presto, que llegando van. Diligencia es ya precisa, no por lo que el riesgo avisa, sino por el que dirán. . Honrad el deseo mío. Al Roy llegara a ofender, que es quien me ha ofrecido hace justicia, y de él lo confío. El castigo, por las leyes. cámina con lento paso. Así don Sancho ha de ser. No os pretendo replicar, que quien intenta obligar, e en nada sabe ofender. Fuese, y cumpliome el deseo de hablar a solas contigo. No ha de ser contra Rodrigo. Cuando sin padre me veo, tal Esvira me aconsejas, cuando aún está muerto en casa; mi dolor será sin tasa, eternas serán mis quejas. Hay dolor, que se apresura el llanto, ea ojos llorad, que hoy del alma, la mitad tenéis en la sepultura. Y ambas mitades, ignora. el alma; pues ha querido, vengar la que ya he perdido, en la que me queda ahora. Procuro, ay de mi! clemente, templarme, y luego me írtito, que aunque persigo el delito, amo Elvira al delincuente. Aquese rigor ignoro, si es fingido, amor le llamo. Poco es decir que le amo Elvira, porque le adoro, y treguas al amor doy; más ay que lo que es más cierto, es que yace el Conde muerto, y que yo su hija soy, venganza pido. De quién? De Rodrigo. No te entiendo. Venganza, ay de mi! pretendo, y temo que me la den. Luego está su vida en ti? Si Eluira, y su perdición. No lo sufre el corazón, quiero escuchar desde aquí. Pues qué pretendes? Cruel, hacer buscarle, prenderle, perseguirle hasta perderle, y morir luego con él. A quitarte ese cuidado, viene, señora, Rodrigo. Pues Elvira, qué es aquesto? dentro en mi cuarto, escondido de mi padre el matador? o es su sombra la que miro. Bien dices pues ya me olvidas, sombra soy de lo que he sido. Ay de mí! Con triste llanto respondes a mis suspiros? Quién se ha visto en trance igual como yo, ay de mí! me miro, allí de un difunto padre, me llama la sangre agritos, la pena aquí enamorada de un amante que he perdido: ya voy padre. Escucha, espera. Ya vuelvo a escuchar Rodrigo. Oye señora. Qué presto, aunque era fuerte el litigio, de las dos esta razón venció, pero no me admiro, si me tiene de su parte, que me trujese consigo: después. Oye, y después muera de aquesta espada a los filos. Ay Dios, que intentas, que haces? Rendir el hacero mío a tus pies, dame la muerte, empaña su cristal limpio, rómpeme con él el pecho, mas que no toques te pido al corazón donde vives, porque no mueras conmigo. Limpio llamas ese hacero, cuando le creo teñido de rojo humor, y de aquel, a quien el ser he debido. Esconde ese aborrecible obleto a los ojos míos, manchado de sangre mía. El perderá lo teñido, si con la mía le lavas. Quedará de un color mismo. No que esa fue de un airado, y esta será de un rendido. Vuelvo a decir que la dejes, o sino ojos; y oídos cerraré, por no escucharte, ni verte, pues has querido como tu hacerme cruel. Template, que ya te sirvo, vuelve que ya obedecí, y escúchame te suplico. Di pero pocas razones. Una sola es la que elijo, y bastará para darte satisfacción, si no alibio. Con ún golpe irreparable, tu padre, le quitó al mío el honor, y tu bien sabes, pues Española has nacido, cuan precisa es la venganza, en el que vive ofendido. Si la infamia de mi padre, di con la mía al olvido, fue por adorarte honrado, que de otra suerte, era incigno de merecerte, señora, culpas fueran mis servicios, que quien me amó generoso, me aborreciera ofendido. Rodrigo, razón te sobra, que aunque aquí por enemigo me tienes, no culpo en ti, lo que en mi jezgo por digno. Vengando a tu padre, tú me has dado ejemplo, y motivo, para que lo propio haga. Solo aqueste brazo, hizo la venganza, y solo el tuyo es bien que me dé el castigo. Yo soy tu parte contraria, y aunque al Rey tu muerte pido, no soy tu verdugo yo, a sus manos te remito. Morir a las tuyas, fuera para mí el último alibio: y en fin en que te resuelves? En perseguir tu delito, vengando mi padre apenas, que no es este mi designio, vengarle, sí, pero no, con la muerte de Rodrigo. Y si no se compadece, vengarle, y quedarte vivo, muere Rodrigo, y al punto muera Jimena contigo. Nuevo milagro de amor! Pero lleno de martirios. De cuántos males la causa nuestros dos padres han sido. Quién Rodrigo lo creyera. Y quién lo hubiera entendido tan cerca de tomar puerto, de nuestro amor el barquillo. Junto al puerto acechan siempre las peñas, y los bajios. (fo, Que más cabe en puetro, o gol si en fin en fin nos perdimos, Y aquí me pierdo otra vez, si me detengo, ruido siento en aquella antesala. A Dios cruel dueño mío. Aunque dije que te adoro, guárdate de mi Rodrigo. Qué dices, oye Jimena, señora. Lo dicho dicho. Elvira. No me detengas, que llegan ya, y el que miro es, Quién Elvira? Tu padre. . Mi padre? Lo que te digo. Corrido estoy bive el cielo, de que aquí me encuentre. Die.ijo, cuando en toda la Ciudad te he buscado, agradecido de ver cobrado el honor, que sin ti hubiera perdido: y cuando el Rey enojado. Yo, señor, no se lo he dicho: mal ano, y como me mira. Manda buscarte ofer dido, te encuentro tan descuidado, en casa de tu enemigo. Si tú te olvidas tan presto de haber hecho el beneficio, yo no Rodrigo que soy quien de ti le ha recibido. Pues padre, así me corréis, yo os confieso, que el delito de allarme en este lugar. Calla traidor. Jesu Cristo. Es culpa, mas no tan grave, que no tenga algún indicio de forzosa, porque amor: perdonad si inadvertido. No te disculpes ahora, que yo de nada me admiro, y vamos a lo que importa: quiere en buenora Rodrigo, que yo no puedo estorbarte, un amor que es casto, y limpio. Pues como eso no me impidas, desque llegué? obediente a tus avisos, solo esperaré tu voz para obedecerte. Digo, que el Rey te manda prender, y aún que es tan prudente, y pío, mejor es que no estés preso. Y esto se entiende hijo mío, mientras la orden del Rey no llegare a tus oídos, para que a prisión te des, que entonces será delito. Y pues la ocasión es tal, que puedes con dos sentidos aprovecharla al instante, que te partas detérmino, a embarazar la Reina de Burgos, y su distrito, cuando noticia tenemos, que los pendones Moriscos, llegan hasta Montes de Oca, Carrión, y Santo Domingo de la Calzada, robando los pueblos, y los caminos. La ocasión llegó oportuna, de con esos nobles bríos, desenojar a tu Rey, mira, ve, y vence Rodrigo, que no lo dudo de ti. Y si estos perros cautivos traes al Rey en alabanza se convertirá el castigo. Ven te armaré de camino, qué dices? No he respondido, porque ya está la atención, toda dada al ejercicio de vencer. . Así lo creo, vamos pues. Vamos. . Que olvido, hete dado alguna cosa Esto es lindo. No señor. Pues este abrazo te traía prevenido, y el alborozo de verte me ha tenido divertido. Aprende en aquesta cifra, lo que merecéis con migo por honrador de tu padre, para que estés advertido de saber agradecer, cuando te honraren tus hijos. Vamos a que partas luego. Vamos, ay Jimenal fijo caracter en mi memoria, tu dolor llevo esculpido, más será eterno mi amor. A qué aguardas? Ya te sigo, en tu casa el alma dejo. Templar al Rey es preciso para todos. Ya lo veo. Con la esperanza le animo, que por templara Jimena, hará en la guerra prodigios. ven Nuño. . Yo también? Pues. . Hay amor. Hay miedo. Hay hijo, lo que te debe tu padre, ven, y vaya Dios con tigo.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Cierto es señora el rumor que corre por la Ciudad. El bulgo; por novedad, a brazar suele un error. No hay gran novedad en eso, ni las hazañas que hoy dicen, al sujeto contradicen, aunque hablan con tanto exceso. Todo es contar maravillas. hechas contra el enemigo, más quien conoce a Rodrigo, no se admirará de oírlas. Su primer hazaña ha sido, darme este funesto luto, y estos suspiros, tributo de un corazón afligido; no le nombres. Pues yo hallo, que en una; y otra ocasión, cumplió con la obligación, de buen hijo, y buen vasallo. Es verdad, pero la entrada. hizola ya? . No he sabido eso hasta ahora. . Ha sentido. La color tienes mudada. Yo, pero de qué se esconde? Del Rey, y tu indignación, mientras consigue el perdón. Qué, de la muerte del Conde. mi padre? de esa manera. juzga el perdón alcanzar? bien podrá el Rey perdonar, pero yo. . Señora espera, que la Infanta llega aquí. Desde que en su cuarto estamos, si a solas las dos hablamos: o llama, o llega? Es así. tanto como tú a estar llega ciega de amor. Y aún podría despeñarme. Gentilguía, una ciega, de otra ciega. No vengo a estorbar, Jimena, suspiros que al cielo envías, que antes vengo a que las mías se mecclen hoy con tus penas. Pena, señora, recibes, debiéndote hoy alegrar? Mal podré yo alegre estar, mientras tu llorando vives. Cuando tal nueva ha llegado te aflije ya la pasión, que ha sido restauración de la patria, y del Estado. Tú pudieras aliblarte, con lo mismo que me arguyes, tú, que como sol, influyes vitorias al nuevo Marte, a tu Rodrigo. Ofendido. mi oído, escucha señora; venció el Moro, y hasta ahora a mi rigor no ha vencido. De mi padre fue homicida, y su sangre he de vengar. Tu amor le puedes quitar, pero dejanos su vida, y sepas si no lo entiendes, que es especie de traición, pretender tu indignación, matara quien nos defiende: y en esto es bien querepares. (lo ̱. Que la Infanta, ha injustos cie a mis conocidos celos. aumente tantos pesares: pues no, aunque me pierda, no ha de lograr la centella, pues porque le pierda ella, he de aventurarle yo. Qué respondes? . Qué pesar, que pues canso a vuestra Alteza, señora, con mi tristeza, me retiraré a llorar. Rigor extraño. Ella tiene costoso, y terrible empeño, pero con rostro risueno el Reya este cuarto viene. Pues prueben sillas. Si haré, que a un Rey, y viejo, señora, es culpa, que nadie ignora, tenerle un instante en pie. Hija, justo es que te dé tal nueva, oíste el rumor que corre? . Padre, y señor. Sentado os responderé, toma también tu ingar. Séla victoria, y la pena, que aquí me ha dado Jimena, el placer me hizo pesar. Ya con Dn Diego he trazado un medio de descubrir su intento, en que ha de fingir aspereza mi cuidado, y ya la ocasión se ofrece de desmentirla cruel: mas que ruido es aquel? Caja de guerra parece. Gran Fernando, esos pendones os traigo, y debo así hacello, pues tres ganamos en ello: vos glorias, y yo blasones para mi casa, y Rodrigo, que al Moro los ha ganado, el renombre de esforzado, y el que hoy le da el enemigo. Decid por marca de honor, con que a todos aventaja, que en su bárbaro lenguaje, es lo mismo que señor. Y al vencedor, confianza se falta para con migo? de mí se esconde Rodrigo, cuando tal victoria alcanza? habeisle comunicado nuestro intento? . Si señor, pero con grande temor. Ya Dn Diego estáis cansado. Es mi amor con nuevo exceso. Más es mi palabra Real, y así fe remedia el mal. No quisiera verle preso. Los temores son prolijos, de mí no os aseguráis? Por qué señor me culpáis, si sabéis lo que son hijos? mas ya os sirve mi cuidado. Entre pues. Voyle a llamar. Y yo entre tanto, contar te podré lo que ha pasado, haciéndote relación, de como acompañé al Cid, dentro, y fuera de la lid, y sin pedir atención, que en un sujeto derisa, fuera necedad solemne. Calla loco. Mientras viene; pasó el caso de esta guisa. . Pero ya a mí no me toca, que él llega a linda ocasión, Jesús, y que relación me han quitado de la boca. En un trono, y coronado de laurel, venir debiera, y con mi amor no cumpliera recibiéndole sentado. Que un Martecontemplo en él, y así es digno en mi persona, que se acerque mi Corona a unirse con su laurel. Ven generoso heredero del valor, ven maravilla del esplendor de Castilla, la de todo el mundo entero, llega a mis brazos Rodrigo. Tus plantas llego a besar. Bien me puedes abrazar, por tu Rey, y por tu amigo. Soy tu esclavo, y solo siento, no saberlo merecer. Menos tengo de poder, que tu de nierecimiento. El merito que en mi crees, no es mío, si considero, según la victoria es, que otro peleo primero, lo que yo triunfe después. El fue el que venció la inerta turba, señor inclemente, con tal valor, y esto basta, para saber que es valiente, que venció con sola un hasta. Este el que ha favorecido tu gente, fue en los civiles trances, aunque condolido de otra batalla de infieles, sacó el pecho mal herido. A este se debe el honor. Dónde está mis brazos ciertos, le reciban el favor: El con los suyos abiertos te está esperando, señor, este es por quien merecí; de la vitoria el laurel; no por mí, pues conocí, que no pude hacer sin él, lo que el supo hacer sin mí. Con este para ganallas, vitorias juzgo tener, sin peligro de arriesparlas, pues conmigo irá a vencer el Cristo de las batallas. A esté se debe el cuidado de mis victorias, cual ves, porque es quien las ha logrado en honor suyo, y después, a san Pedro mi Abogado. Nombre de valiente ufano mereces hoy dignamente. que contra el poder pagano, no puede ser muy valiente, quien no fuere muy (ristiano. Dios como decín venció, pero de aquesta victoria, que por tú medio nos dío, a Dios se debe la gloria, y a ti porque te eligió. Y pues mi atención espera, para saberte premiar, por menos saber quisiera esta victoria. Escucharla puedes de esta manera. Salí de Burgos, Fernando, o por huir la severa queja de Jimena airada, o tu enojo, pero en esta noticia, es de mi respeto no más, porque la que es cierta, es que salí con ducido de una atención alagueña, que acá en el centro del alma, con una voz lisonjera, me llamaba a los aplausos, como quien dice, no pierdas, por tu descuido Rodrigo, lo que a tu valor le espera. Respondió al aviso hidalgo el corazón; pero apenas supe señor, que en Carrión se alojaban las banderas Moriscas por placa fuerte, reservada a su defensa, cuanto con pocos soldados, si son pocos los que llevan en el riesgo de la espalda, el pecho para triochea. Parti en busca de Celín, Rey de Merida, y cabeza de otros cinco Reyes Moros; pero con tanta presteza llegué a verle, que contento, quedé de mi diligencia, a sitiar a Montes de Oca, salió una mañana, y esta fue, cuando le descubrí, si aquí el riesgo no temiera, de encarecer ponderara una confusión inmensa, deturbantes, y marlotas, de adargas, lanzas; y flechas; pero durome tan poco, que una indiscreción hiciera, casi en decir lo que vi; pues luego que mis trompetas, dieron al labio el metal, intimáandose la guerra. Un celo frío un temor, vistio las cobardes venas, de aquellos que de hombres solo, conservaron la apariencia. Y fue, que al invocar yo, de San Pedro la asistencia, para el trance en sus oídos, tuvo este nombre tal fuerza, que inmobles quedaron tanto, que la atención no dijera, si era campo de guerreros, o si era de estatuas selva; no porque fuese común el temor, que poco hiciera en vencer muchas escuadras; si las hallara indefensas. Vencí, si no porque hallé, en Celín tal resistencia, que él solo me dio a entender lo que una victoria cuesta. A recibirme el gallardo Moro salio, en una yegua, hija del Boreas sin duda, pues con tanta ligereza, pisaba el suelo florido, que con desprecio a la tierra, fiaba la airosa mano, pareciéndole indecencia, que otro que el aire gozaba, la que hija del viento era. Si ya no fue, que a la clín, larga de que se hermosea, pagase alguna atención, y por no pisarla hiciera, habilidad el melindre, y cortesía la deuda. Negra era la hermosa piel, de blancas manchas cubiertas, para desmentir del vulgo la opinión, de que la negra color, no recibe otra; pues aquí vio la experiencia, la nieve sobre el carbón, o conjelada, o impresa. Hermoso era el bruto, pero el dueño que le gobierna, tan a su elección le mueve, con tal gala le trastea, que al freno, y la espuela aúntiempo, movido de esta, y aquella, daba a entender, que sobraban de las dos dos advertencias, pues templándole sinfreno, se encendia sin espuela, tan pronto al pie, y a la mano se inclinaba, que no fuera posible reconocer, cuya era la obediencia, si del Moro la osadía con amenazas soberbias, desde lejos no avisara a su sentir la pereza, del animal volador, o ambición de fama eterna, llegar al riesgo el valor, y presumir que no llega. Puesto sobre los estrivos, me acometío, si pudiera caber temor en el Cid, sola aquella vez temiera. Recibi el furioso golpe de la lanza, y con destreza ejecuré mi intención, pero sin fruto, pues echas las hastas átomos breves, subieron a que la esfera, o los tuviera por Astros, o por rayos los volviera. Aún tiempo los dos volvimos a batalla más estrecha, con las espadas, y en fin, porque lo que el hado ordena, tiene dominio en la vida, con un rebes la cabeza corté al valeroso Moro. Pero en ocasión que fuera arriesgada la tardanza, pues aún golpe suyo viera, mi peligro, si en la vida, no le quitara la fuerza. Murio Celín, y los tuyos a mi ejemplo, como fieras los enemigos herían, con tal valor, y tal priesa, que en un momento de sangre, se vio inundada la arena, mar de su destino, adonde todos corrieron tormenta. Cinco Reyes prisioneros hice, cobré de tus tierras lo perdido, rescaré tu opinión, seguí la empresa; y dejé el Reino seguro. Esta es la victoria, esta la leatad con que te sirvo, la razón con que me premias, la causa con que te muevo a perdonarme la ofrenda, que mé indulta de tu enojo. Esta es mi cabeza, y está la mano que te ha de dar, fiada en quien la gobierna, vitorias, triunfos, aplausos, honores, logros, defensas. Viva siempre en tu servicio, y nunca en las lides muera. Vuelve otra vez a mis brazos, Rodrigo por recompensa. Digno es señor del perdón. Parécele a vuestra Alteza, que puede suplir Rodrigo la falta del Conde, llena toda el alma de alegría le he escuchado, que bien suenar en mi oído sus aplausos, en una acción como esta, cobra el cuidado de un padre todo lo que un hijo cuesta. Podré hablar, pues todos callá Quita. . Dejalde. Qué intentas? Que sepa el mundo, señor, que esta victoria me cuesta, más trabajo que a Rodrigo. Cómo? De aquesta manera, de una sola enchillada mataba el Ciéa cualquiera, y yo no di, niunrasguño, con tirar más de cuarenta, hasta que me resolví, a buscar para mi empresa un Morillo enamorado. A qué fin? Para que fuera fácil el descalabrarle. Enamorado? Pues esa es la maña, si le hallara. Por qué? Porque se trujera lo mas andado él, o su quebradero de cabeza: topé a un celoso, y al ir a cascarle de su pena, acababa de espirar. Y porque creíste, que era celoso? Porque traía azules las agujetas. Quita loco. Esto fue más, mas de dos horas y media reñí con un Moro anciano, sin que posible nos fuera herirnos. Pues cómo? . Estando los dos en postura recta. Gracia tienes. Que el que así gobernare sus pendencias, vivirá para ejemplar de las vidas de las suegras. Doña Jimena, señor, para hablarte pide audiencia. Entre, don Diego, a Rodrigo, porque cuidado no tenga de mi entereza, diréis, que es fingida la apariencia, como hemos comunicado, para cumplir con Jimena. Pues qué intentáis, gran señor, que prevenís la entereza? Salir de aqueste cuidado. Mirad. . La réplica sea hacer lo que ordeno yo. Señor con vuestra licencia. me ausentaré. Sí señor. No, que es conveniencia para el examen que aguardo, que esté presente. Confiesa mi valor el sobre salto, pues tanto el pecho me inquieta, que una mujer teme airada, quien venció una Armada entera. Señora, mira lo que haces, que es lo que irritada intentas? Hacer si pierdo a Rodrigo, que todo el mundo le pierda. Míralo primero. Estoy celosa Elvira, y resuelta; perdonadme, gran señor, de que a interrumpiros venga, día tan digno de aplausos, la porfía de mi queja. Siempre Jimena los Reyes tienen con razón atenta, en una igualdad constante, prevenidas las orejas; habla que licencia tienes. Qué hermosa es. De eso te acuerdas, cuando ella viene a pedir, que te cuelguen de una pierna. Pesada carga de honor en tal día. . Vuestra Alteza, ha tirana! se disgusta, gran señora, de que venga a los triunfos de Rodrigo, a añadir nueva matería, yo vengo Rey de Castilla, y de León, a que sepas, que desde aquí dé tu fama siempre desvelada lengua, daré al mundo la noticia de la sinrazón que intentas, no castigando delitos, de tan grave consecuencia. Hija del Conde don Goñez nací, que no te lo acuerda mi voz para su venganza, pues tan sin provecho fuera, sino porque sepas Rey quien soy, prudente advertencia, que mi desdicha ingeniosa, fábricó para que veas, de un corazón ofendido el mérito por la ofensa. Yo vengo atrocar Fernando, esclavitudes a ofensas, rendimientos a rigores, gustosa, alegre, y contenta, a ofrecerme por tu gusto, de Rodrigo a la soberbia. Yo me confieso señor, desde aquí su prisionera, y ya por ti injustamente, soy triunfo de su cadena, pues mató al Conde Rodrigo sea su esclava Jimena, que es ley muy puesta en razón. Ha Rey como no te acuerdas! que Rey que no hace justicia, o reina mal, o no reina; por una victoria tantas olvidaste, que pudieran oscurecer las memorias de Numa, Alexandro, y César pero para que te canso con voces, que ánimo apenas tan estorbadas del llanto. que con lágrimas se mezclan, si este llanto, y estas voces, que infructiferas se muestran, no sirven más que de dar de tus injusticias señas. Mucho aprieta vive Cristo. Sin mí estoy de oírla. Fuerza es obrar de aqueste modo, para lograr mi experiencia, Jimena, el Rey nunca falta a su deber, oye atenta: Rodrigo. Señor, que mandáis? Aquí la ficción comienza. Don Diego. Si señor, ya. Qué es lo que mi padre inte.a? Qué has hecho? Ay de mí! no sé. Yo Rodrigo, bien quisiera perdonarte, mas no puedo, si la parte no dispensa, Jimena es hija del Conde, ella te persigue, de ella pende Rodrigo tu vida, en esa torre primera de Palacio, asegurad al Cid, y con advertencia, que hoy Jimena, hah de quedar confirmada la sentencia. Ay de mí! Por no mirarle me quito de su presencia. Vamos Rodrigo. Ya voy a morir por ti, Jimena. Antes la lleve el diablo. De llanto el alma se anega, Estáis contenta, señora, ya en su semblante de muestra su dolor. Pues yo don Diego, que puedo hacer, hay más penas? Pues no podréis perdonarle, pidiendo al Rey que suspenda el enojo, que por vos contra mi Rodrigo muestra, en ocasión tan injusta. ̱. Quien más que yo lo desea; pero la vergüenza ya de mi porfía molesta, me ha de estorbar. Qué decís? Hay locos celos, si es fuerza que yo pida al Rey su vida, mucho peligro hay en ella. Pues aún no lo sabéis bien, que consolada que fuera mi vejez a haberle preso, llevándola aquesta nueva, Dios os guarde, si del Rey fuera el enojo de verás. Fuese? . Ya se fue. Ay, Elvira! Qué hay señora? Una tormenta, en que el vajel de la vida, corriendo sin remo, o vela, a Bracanes convatido de la rizada mareta, un bajio es cada anhelo, cada esperanza una peña. Hay que este relox humano, desconcertadas las ruedas, tan apresurado corre, tanto a los fines se acerca, que según el corazón se mueve, que le gobierna, avisa que de la vida, se va acabando la cuerda. Ay que peligra, Rodrigo. Pues señora, que remedias ahora con afligirte? templa el sentimiento, templa en esas demonstraciones el riesgo de tu modestía. Tú no le quisiste? tú a fuerza de diligencias, no le trujiste a este estado? pues de qué ahora te quejas? Dices bien, yo le prendí, yo le perseguí, mi pena es hija de mi rigor, culpame para que pueda la evidencia de mi culpa, oponerse a mi vergüenza. A quien adoro persigo, que intenta mi amor, que intenta mi rigor, perder la vida, de la mitad que me queda: no muera Rodrigo, vamos. Donde, señora? A qué veas: pero el suceso lo diga. Ya te sigo. No parezca libiandad del albedrío, la que del amor es fuerza. ; n . N, . Mi mayor seguridad es mi lealtad en rigor, y después de ella mi amor. Solo por tu autoridad nos manda el Rey asistirte, no, señor, para guardarte, pues nada puede estorbarte como tu palabra el irte; demás que el pleito homenaje asegura tu prisión mas que un armado escuadrón. Sin duda fue algún salvaje el primero que mandó, que guarde un hombre su vida, luego hiciera caso yo de ulo tan extraordinario. Pues qué hicieras tú? Escurriera, que si es pleito, estando fuera, se hiciera pleito ordinario. A fuera podré esperar, si gustáis. Id norabuena, hay adorada Jimenal Por Dios que es mucho apretar, que con tanta inclinación, pida con ansias tu muerte; lindo modo de quererte. No miras que a su opinión, son las crueldades precisas, y que yo muera en rigor? Bueno, y entonces su amor se podrá decir de Misas. Yo vuelvo por si importar puede, a deciros que entró Jimena en la torre. Y yo lo estimo, Esto es avisar. Por Dios que te ha perseguido. en culparme, que con eso Cómo el la quede gustosa, que suerte mas venturosa. Bien hasta aquí ha sucedido. Ay Jimena! Me ha nombrado? No le oíste. Si el deseo no me ha engañado, el aviso que tuve ha salido cierto, Jimena me está escuchando; veré si obligarla puedo, pues escucha lo que digo, con decirla lo que siento. que el pleito homenaje impida, . Sabes señor que imagino, y es mucho si no lo creo, que te aborrece Jimena, que tales ansias, y extremos, pidiéndole al Rey justicia, sin grande aborrecimiento nunca se ha visto. Es verdad, pero por eso deseo, que el Reyme quite la vida. Qué dices, estás sin seso? Que si he de vivir sin ella, para que la vida quiero. No escuchas? . Sí. Pues ya el Rey lo ha remitido al Consejo, diciendo que haga justicia. Ay de mí! qué escucho cielos Y puede ser sin milagro, que te empeoren de asiento la cabeza. Sin Jimena, para que la vida quiero. Tú has dado en graciosa tem Mira en el trance que has puest a tu amante. Qué bien haces hace en mi tu acusación disculpable lo que intento. Pues a fe, que si es verdad que te quiere, es grande hyerro el que intenta esta señora. Por qué? Porque yo recelo, que el Rey viendo que Jimena pública por todo el Reino, que no le hace justicia, ejecute sin remedio del Consejo la sentencia. J. Ay de mí! si fuese cierto. Y aunque ella pida tu vida. Buena la hubieramos hecho. Ese fuera para mí, mucho mayor sentimiento, que morir. En que lo fundas? En que si morir deseo, es por ofrecer la vida, a quien de mi vida es dueño. u Famoso martir de amor eres, no hay sino buen pecho, y morir muy consolado, que ya te están previniendo; entre Píramo, y Leandro, un lugar en el infierno; más mi señor. Quién? . Tu padre. Que querrá ahora n Diego? Escucha. Rodrigo, hijo. Padre, y señor. Qué hay de nuevo? Escuchanos alguién? Sí. Pues vaya de fingimiento, hijo el Consejo. Prosigue. Vive Dios que me enternezco, . Vive el cielo, como si fuera verdad. Parece que llora el viejo? Sin atendera tan grande vitoria. . Antes muera yo, Rodrigo. Malo. . Aa resuelto condenarte a muerte, y solo falta para el cumplimiento, que firme el Rey la sentencia, ya sabes que es justiciero; y en fin ya en aqueste estado, huir el peligro tengo por acertado, Rodrigo; y advierte, que ha de ser luego, que después será imposible. Vamos diciendo, y hacier Como se ve que es común, de la muerte el sentimiento, pues con saber que es engaño, se ha sobresaltado el pecho. Qué dices, no me respondes? Mas que fuera, si quetiendo, no le pudieras librar? Fuera morir, y en efeto, fuera pagar con la vida la locura de mis celos: mas oye. Vamos, que aguardas? A perder estoy resuelto mil vidas, si mil tuviera, que si yo sé qué muriendo, queda Jimena gustosa, fuera mi amor muy grosero en quitarle está alegría, que desde luego le ofrezco, víctima de sus rigores de su victoria trofeo: muera yo, pues ella gusta. No lo permitan los cielos. Nunca de este tema sale. Qué pierda el juicio temo. O si se fuera su padre! Mira, hijo. que si el Rey me perdonara me diera muerte yo mesmo. Basta, no con tanto afecto, que parece que has creído. Él se declara, contento la muerte señor aguardo. Tu vida guarden los cielos, aunque pese a mil Jimenas, que muerte, di, si es concierto? Si ella gusta, que más dicha. El muere, que es un contento. Que no me entienda mi padre? Si le privó el sentimiento de la crueldad de Jimena? Eluira, yo me resuelvo a salir. Mira que el Rey. Deja que se vaya el viejo, Mira. Porque la aborrece, también mi vida aborrezco. Voya decir lo que pasa al Rey, Rodrigo ya vuelvo; esto me faltaba ahora. . Sal, que ya se fue Don Diego. Rodrigo. . Quién es? Yo soy. Quién ha de ser tu Santelmo; pero antes de la tormenta. ̱. A morir contigo vengo, ya satisfecho mi amor del trance en que la pusieron unos celos mal nacidos de cobarde fundamento, causa de hierros tan grandes, a morir contigo vengo, diciendo que soy tu esposa, que no hay humano respeto en llegando a tales lances. Déjame vesar el suelo que pisas más gente viene, retírate. . Y a que efeto solicitas que me esconda, si ser tu esposa confieso, no he de apartarme de ti. Do. Rodrigo, mas qué es esto? Yo soy, pasad adelante. A notifícaros vengo la sentencia. . Llegó tarde, que si es la de casamiento ya se la han notificado o ha un instante, Calla necio. La que yo traigo es de muerte Y estotra también. Volveos, y decilde Secretario al Rey, que guarden los cielos, que al reo, y la parte hallasteis. aquí, de modo que es cierto, que son una cosa misma, y será fuerza muriendo el uno, que el otro muera, y fuera injusto pretesto el castigar a la parte por no perdonar el reo. Señora, mucho gustara de poder obedeceros, pero esta es orden del Rey, y también traigo decreto de llevar de aquí a Rodiigo de Bivar, y aunque lo siento es forzoso ejecutarlo. Ay de mí! Peor es esto. Dónde le queréis llevar? Perdonadme, que no tengo orden de poder decirlo. Si le llevan, volaverunt la cabeza. . Pues de aquí no ha de salir vive el cielo, ni yo he de apartarme de él, hasta saber el intento del Rey. . Señora, Jimena, yo tomo a mi cuenta el riesgo. Yo no me sío de nadie, no he de apartarme un momente de ti, ni te han de sacar de aquesta torre. . Pues eso como lo habéis de impedir? Como, matando al primero que se atreviere a intentarlo; llegad villanos. Teneos señora. Mi bien aguarda. Santa mujerao? Llegad presto, Jimena, pues vos aquí, y con espada, qué es esto? Querrá matar a Rodrigo. Qué siempre piensen los suegros lo peor. . Qué os admiráis? No he de admirarme si os veo con quien mató a vuestro padre. Eso no tiene remedio, demás que en cualquiera tranze, mi marido es lo primero. Don Diego, por vida mía. Ya gran señoros entiendo. Y quién es vuestro marido? que os parece, surtió efeto? Rodrigo mi esposo es. Ahbra salís con eso? No puedo tener la risa. Pues cómo ha de ser, si tengo firmada ya la sentencia. Cómo ha de ser? bueno cierto. queréis dejarme también sin marido. Ahora bien puedo, que decís que es vuestro esposo, por vos perdonarle quiero, dadle la mano, Rodrigo. Guárdere, señor, el cielo. Qué dichoso día. Vamos, que la Infanta, y yo seremos padrinos. Beso tus plantas. Y pues no hay más casamiento, aquí acabe la comedía de este caso verdadero del Honrador de su Padre, perdonad sus muchos hierros.