Texto digital de El hombre de Portugal
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Alonso de Alfaro
- Atribución estilometría
- Alonso de Alfaro Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XVI de Nuevas escogidas (1662).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El hombre de Portugal. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hombre-de-portugal-el.

EL HOMBRE DE PORTUGAL
JORNADA PRIMERA
h . Válgame el cielo! que tiene . el Príncipe (ay Blanca bella! en esta calle, que a ella las más de las noches viene? Jorje, aunque os he traído a esta calle, y a estas rejas muchas noches, ni mis quejas, ni la causa habéis sabido, Que aunque la causaos disculpa, le pareció a mi memoria, que siendo el silencio gloria, el hablar pudo ser culpa. Pero juzgo que es error, que mal remediara un grave arcidente, el que no sabe hacia donde está el dolor. Y así en tanta contingencia mi afecto os he de explicar, que es empezar a sanar el declarar la dolencia. Señor, que vapor, que nube (siendo vos Sol, que le espera Portugal) a yuestra esfer tan locamente se sube? vos con tanto entendimiento os sujetáis a un ardor? Don Jorje, siempre el amor ha sido conocimiento. Y así si atiendes verás, que a este letargo dormidos son siempre los entendidos los que se sujetan más. Señor, lo que estáis diciendo aún lo ignora mi lealtad. Pues mi cuidado escuchad. Con cuántos sustos le atiendo! . Yace a la parte de ese mar hinchado (adonde en cama azul de aguas marinas se duerme el Sol, y alivia su cuidado corriéndole la noche las cortinas:) ((do; unaquinta, un jardín, vubosque, un pra cuyas flores en todo peregrinas a un siglo, que anda el mar solo porberlas, y cuanto ve en clavel, lo paga en perlas. Mas que mucho, si es dueño soberano de aqueste albergue Blanca, que atesora en sus pies las primicias del Verano, y en sus ojos las luces del aurora: madruga el mar a hallarla más temprano por ver si con álagos la enamora, o si madre de amor, pretende en suma volverse de sus flores a su espuma. A aquesta quinta pues llegando un día, que de la caza la fatiga ardiente templarla en una fuente pretendía, o porque de su cielo desatadas, que es espejo a un Narciso siendo fuente; luego al instante que su luz las toca, tan bello se miraba, que quería arrojarse otra vez a la corriente: lbaa beber al fin, cuando volviendo. los ojos hacia un ruido, que sonaba; cuando menos corría, mas volaba, en el rostro de Blanca soberana un corcillo veloz iba siguiendo, que mirando sus ojos se paraba, y en mirando su acero los huía, y así ni se paraba ni corría, que debiendo de Blanca la belleza, cual suele en noche escura peregrinos de palmas, y firmezas dibujada: pregunta a algún telámpago el camino? pendiente de él una luciente espada, perdí mi libertad, y en la extrañeza mis potencias llevadas del destino a los claveles, que sus pies nevaron por la Aurora de Blanca preguntaron: un sabueso, que el bulto considera A pocos pasos le encontró mi suerte rendido ya el corcillo a breve herida, me tuvo Blanca por alguna fiera: pagando vanidades de su muerte en estrechos alientos de su vida: me oculto para verla a una espesura; Conociome, túrbose, llegué ciego, el cucha el traje, atiende a su hermosura. embárgola mi vista las acciones; Su cabelle (que el aire se dilata, le apartaba del rostro con decoro su mano; que bajel de fina plata zoz obraba en su piélago de oro: un son brero le prende, o le desata airose Pote si de aquel tesoro, cuyas plumas con leve movimiento Este es mi amor Delorge esta es mí Pi nácar de su frente en dilatadas futigas a sus perlas no provoca, que su Oriente las tiene encomendadas, esta su casa, a cuya breve gloria, a la púrpurca concha de su boca: aunque por campos de coral madruga, los rayos de sus ojos las enjugan. ( y yo porque la acción no repitiera, No has visto cuando arroja a un arroyue! le quité la ocasión con la vidriera. las flores del almendro la mañana, que parecen (cuajándolas el hielo) por de dentro cristal, por fuera grana a Blanca vi, que con airoso estruendo, no de otra suerte el trasparente velo ostentaba con luces superiores, cristal su tez, y sus mejillas flores. Era su traje un baquerillo airoso de una tela de nácar bien cuajada; y la pollera de color celoso, que perdiendo el camino en la maleza, cruzaba el pecho un talahi costoso, quien ha visto en un traje tan unido de caza al Sol, con galas a Cupido? Viéndola estaba de esta suerte cuando hacia la parte donde está ladrando el arco apriesa al pasador juntando; salí de donde estaba, y dije: espera por no inquietarla (si mi vista advierte, cazadora gentil que a estos despojos que es Blanca muy veloz para seguida) bastan los arcos de tus bellos ojos. ella animada nieve, y yo de fuego, ni halló palabras, ni encontré razón en mi busca mi gente llegó luego, dejáronla en la quinta mis pasiones volví sin Blanca aunque el amor ha hedo que la traiga en el concabo del peco las dora el Sol, y las eriza el viento. esta la causa, la ocasión la pena, (too que divierte, que aflije la memoria que la alienta, la ánima, la enajena; a solo verla mi atención se ordenas busca tu ahora el medio más suave en que mi vida, o mi esperanza acabe Señor, Blanca no es posible, que se rinda a algún cuidado, que es noble. . La habéis amado, que la llamáis imposible? No señor (estoy perdido!) sino que según su fama toda Lisboa la llama hermoso compuesto, unido de rigor, y de belleza. Pues para aquese rigor, tengo yo poder, y amor. Mucho puede vuestra Alteza. Cielos, mi pasión es ciega. Ya es mi pena declarada. . Qué es esto? . No será nada, que en esa casa se juena, cada noche que aquí he estado ha avido ruido. . Que esto pase, y esta casa no se abrase: y que habiendo yo mandado, que se quite este garito, no haya remedio de hacello; que dirá quien llegue a bello, sino que yo le permito. Pues eso es de presumir de vos? . Sí, que el vulgo es ciego, y en cualquier desaflosiego, no se para a discurrir la causa del movimiento sino el error que le obliga; aquesta verdad os diga un símil, estadme atento. Es un reloj, nadie ignora, que para cualquier volante contándonos cada instante, nos avisa en cadahora. Tiene ruedas que disponen su movimiento mayor, y luego en otra menor unos muelles le componen: que aunque en el moverse imitan a las ruedas superiores, las ruedecillas menores de estos muelles necesitan. Sucede al fin, que los vence del tiempo la oculta mina, o algún peso los inclina, o alguna cuerda los fuerce. Van a mirar, que hora es en aquel círculo breve, y está la mano a las nueve, y la hora da las tres. Que dice el más atinado, que a todo advertido manda, este reloj bueno anda, todo está desconcertado. Es verdad, no que es engaño; porque si se considera la mano se mira entera, en la campaña no hay daño. De dentro en el ejercicio, grandes, y pequeñas ruedas, unas, y otras no están quedas, cada cual hace su oficio. Pues quien con tal tiranía aquel desconcierto obró? un muelle que se quebró descompuso su armonía. Y aquesta culpa veloz, (que ceguedad es decirlo) teniéndola el mueliecino, se la achacan al reloj. Reloj es un Rey, que mide por ministros superiores, (que son sus ruedas mayores) la justicia, y esta pide otros menores, que tiene con el nombre de justicia; a estos, o ya la malicia. o el interés les detiene. Díspara el gobierno, que que dice el que más disculpa, de aquesto tiene la culpa tan solamente quien manda. Luego en aqueste delito, permitido en esta casa (que ajuramentos se abrasa, y a blasfemias su garito) quien pasa, y oye su voz echará la culpa al velle, a un ministro, que es el muelle, o a mí que soy el reloj. . Que me piden Caballeros, que es poco lo que se gana. para dar barato atres no hay cien reales de ganancia. Señor Don Jorje. Quién es? Machado señor, que estaba esperando en esa esquina, y oyendo en aquella casa jugar, como soy tentado, entre, y plantando en la tabla. mi dinero, un fullerillo infamemente me daba, cuando el naipe le venía con la compuesta en las barbas, barájele, y entendiome el albañil de mohatras, haciéndome un tejadillo me supuso; y yo que estaba como un tigre, la postrera pinta que echó, que fue larga, no alcanzando mi dinero se la pagué en manotadas: y echando por aquel suelo luces, dinero, barajas: el demonio que no duerme, que de gentil gusto estaba, lumbrera (quién lo pensara? de un pajar de las cocheras de Don Vasco, y Doña Blanca. y como el tal garitillo está encima, y es de tablas, cobrando fuerza el incendio en la madera, y las pajas, apenas tomé las puertas, cuando subiendo la llama. Por aquesa esquina echó. Mas ya tras mí se desgalgan todos. Qué es esto que he oído? Señor, en aquesta casa os podéis. . Estáis en vos? cuando yo he vuelto la espalda a los riesgos que yo precio en cualquiera acción bizarra de ser hombre más que Rey; que en las acciones humanas el poder siempre fue dicha, pero el valor siempre es alma. Que nos quemamos señores, salgamos apriesa. Salgan. . (dido que aquese hombre ha emprens el fuego. . Mentís canalla. Pues muera. . Señor Jorje Ya estamos contigo, calla. que no hay quien nos favorezca contra quien puso a esta casa el fuego? . Yo estoy aquí, que por lo que a mí me alcanca, mataré a cuantos le han puesto. Bravo valor! . Gran destreza! Qué bien las puntas ataja! Qué bien se defiende, y tira! Este cobarde quedaba, cuando los más han huido? A mi nunca me acobardan los que huyen, que yo obro siempre por mí, y por mi espada. No le matéis, Caballeros. qué es matar? buena arrogancia, Mas el Príncipe no es este? si, que es su talle, y la habla. Caballero, vive Dios, que el valor que os acompaña me ha aficionado de suerte, que como noble estimara conoceros. . Y yo a vos, aunque ya os conoce el alma, que no es posible haber puesto el incendio que os achacan. Discurris como prudente; mas si la vista no engaña, este no es Don Duarte? El es, no hay duda, señor: ocasión se ha ofrecido. Según de mi se recatan, parece que me conocen. . Caballero, yo gustara saber quien sois, que ese brío es de estimar: bien disfraza mi intención no conocelle. . El valor que en vos se halla me obliga a que yo os pregunte vuestro nombre. No excusara decir mi nombre, si fuera el decille de importancia. Pues aqueso mismo es causa para callaros el mío; y perdonad, que no vaya sirviéndoos, como en mi es deuda porque un empeño me llama de cierta dama, que puede peliorar en esta casa, donde pretende ese incendio, sino vencerla, escalarla. En fin no decís quién sois? Si vos calláis, qué os espanta? ay Blanca! el Príncipe aquí con disfraces, y con armas . en tu calle? no lo entiendo, celos no me digáis nada. . Vive Dios, que es muy brioso Duarte. . Cómo se engañan vuestras piedades en eso; él os conoció, y tiraba a mataros. . No es posible, que aunque tenga algunas causas de aborrecerme, si él en aquestas cuchilladas me conociera, eso es cierto, yo sé que a hablarme llegara. Quizá aqueso fue maña, por si vos le conocíáis; que yo sé lo que se trata! entre el Duque de Viseo, y él. . No me habléis palabra de mi hermano, que algún día yo agostaré su esperanza: vamos. . Ay de mí! y hay amor, cuanto me arrastras, pues me obligas a que finja en Don Duarte una infamia, Esperad: quién de la casa de Blanca sale. . Ella es. Vamos. Aguardad, ya pasan. Muerta vengo! Ea bien mío, id sin pena, que ya aplacan ese incendio. Advierte, sías que un rato, que os ven mis han- me le quitan mis fortunas. soy yo mi bien, quien os ama. Dónde está el Conde? Ya llega. Vienes inés? vienes Constanza? Aquí vienen, vive Cristo. Quedaos; aquese criado basta. Solo vuestro gusto manda en mi voluntad. . Adios; mi padre se va mañana, y en mi quinta nos veremos, que allí divierto mis ansias con la música, que inés, (ya vos sabéis cuan bien canta. Es que ve en vos el Aurora) Conmigo a la quinta vaya. no va a su cuadra? . así dice, y que tiene una criada muy gran música. Esta bien. A Dios Duarte. A Dios Blanca. . Amor, Blanca va a su quinta, y pues la ocasión me llama, donde robaste mi vida, . trata amor de remediarla. Temores, ya no sois míos; que aunque el amor tenga alas, es muy ciego, y Blanca noble, y no hay que temer mudanza, que aunque el interés las peine, sabrá el pundonor cortallas. Quién dirá, que entre un querido, y un poderoso que ama le puedendar mis intentos . luz alguna a mi esperanza? quien sabe lo que es querer? pues celos míos al arma, que aún rendirse a la fortuna en el amor es infamia. Vamos, yo buscaré medios, amor, tened confianza. . Celos, buscad ocasión, pues es mi disculpa Blanca. . Toda aque sta mañana esta encerrado el Rey con el Consejo; que cuidado es este de su Alteza? pero ya sale el Rey a aquesta pieza. gran señor. . Aún no sosiego; no me diréis quiem puso a noche el fuego a vuestra casa? cuyo ardor extraño. Mas fue el estruendo, gran señor, que algún criado poco prevenido (el daño causaria el incendio. e Yo he sabido que fue mi hijo. . Ay cielos! celoso Esto pasa. Su Alteza (Dios le guarde) es muy de la justicia. No me digáis nada, y pues para partirnos, el armada en ese puerto está ya prevenida, y el tiempo nos convida: andad, llamad al Príncipe, que quiero que nos partamos luego. Que severo Alfonso esta! algún caso previene. No vais, Don Vasco? Ya su Alteza viene. Dadme, señor, si en la tristeza mí mas qué es esto? ay de mí! vos en el die que solo me dejáis (ay suerte avara!) con las espaldas me negáis la cara? Dejadme solo, dadme aliento cielo Padre y señor, que engaños, que desve haced, que Duarte en esa pieza (lo nos espere. Está bien, mas la grandeza (tano de un Monarca, de un Príncipe con cual rrpresenta a Dios en el semblanto Hijo, vos estáis así? Padre, y semor, en el suelo me he de estar, y avuestras plantas rendido. . Ea, alzad. Primero me habéis de decir la causa de ese enojo que contemplo en vuestro seblante. . Alzad; yo os la diré. . qué es aquesto, Cielos! . Ya sabéis Juan, que Enrique Cuarto el enfermo, mi hermano, Rey de Castilla, y León (que está en el Cielo) a Doña Juana su hija, la dejó en su testamento por su heredera; aunque antes (bien público fue el pretejto) había jurado en Corres por heredera en sus Reinos, a Doña Isabel su hermana scasada ya (grande acierto con Don Fernando su primo, Príncipe en todo perfecto. Huérfana en fin mi sobrina, aunque algunos la siguieron, vino a ampararse de mí; y yo sin perder el tiempo, entré luego por Castilla, ganándola a sangre, y fuego ocho Villas, tres Ciudades; hasta que en aquel encuentro de la batalla de Toro, (dígalo yo, pues fue cierto) me venció el Rey Don Fernando; ya no ser por vuestro esfuerzo hubiera yo peligrado. Al fin gastado, y deshecho (do (pues Francia no me ha envía- ni el socorro, ni el dinero que me prometio; ni ha entrado por Ruiselión) he dispuesto para abrasar a Castilla la venganza cuanto hoy temo irá pedirle en persona a Paris! y también quiero dejar primero en Arcisa, munición, y bastimentos: para lo cual esa armada me está esperando en el puerto Y así, viendo que vos sois prudente, entendido, y cuerdo, capaz para gobernar aún más dilatado Imperio: ayer en vuestra persona renúncle todos mis Reinos, tanto, que os podéis jurar, como si yo hubiera muerto. Y vos a tan gran fineza, (con qué doloros lo cuento!) ingrato a mis mismos ojos, andáis Juan tan inquieto, que a noche airado? . Señor. Aprendistes aquel fuego, que escandalizó a Lisboa: No me digáis que fue celo de remediar un delito, que fue crueldad, que fue exceso de vuestro brío arrojado. Hay hijo! vos con incendios empezáis a gobernar? mirad, mirad, que andáis ciego, y seréis aborrecido. Aborrecido por eso? la justicia no es un acto por si solamente bueno? Es verdad, mas la justicia hace a muchos descontentos. Luego un Rey porque le amen no usa de justicia? . Es yerro, que si es justo ha de tener justicia, y piedad a un tiempo. Pues como ha de seramado, si causa aborrecimiento la justicia, y la ha de obrar? Pues eso ignoráis? poniendo la justicia en sus mininros para ejecutarla ellos: y obrando solo por sí, ya la piedad, o ya el premio. Y así viendo los vasallos en la mano de su dueño, ya el perdón, ya el beneficio, y en su ministro el acero le han de amar, porque hace bien: luego puede ser a un tiempo por sus ministros temido, y adorado por si mismo. Vive Dios, que Dn Duarte . me conoció a noche, es cierto; y le ha contado a mi padre el que yo puse el incendio, Don Jorje me dijo bien. Ea hijo ese silencio me dice vuestro pesar de lo que hicisteis sois cuerdo, yo os lo estimo: ea, abrazadme, que parto con gran consuelo en dejarle a Portugal un Príncipe tan perfecto como vos. . Señor, vos solo sois su Príncipe, y mi dueño. Y así Don Juan, hijo mío, en esta ocasión no tengo, que déjaros encargado, si no solo el cumplimiento de un deseo que he tenido. En todo he de obedeceros. Mirad, yo tuve tratado con Do. Vasco el casamiento de Doña Blanca su hija. con quién? amor, que es aquesto? Con Don Duarte. Ay de mí! Estas guerras lo impidieron, él está pobre, y sabéis cuanto los dos le debemos en la batalla de Toro: que le hagáis merced os ruego, servios de él, que es leal, ajustad esos conciertos con Blánca, pues queda sola, porque a su padre le llevo en mi servicio. . Señor: hay tan desdichado empeño! Príncipe, no os acordáis de aquellos rancores vuestros con el Cardenal su tío, que fue mi amigo? sospecho que los Reyes no los guardan: Don Vasco. Señor. . Ay Cielos! . Haced que entre Duarte. Aquí esta. De quién me quejo, . si puedo yo remediarme. El Rey me llama, no entiendo lo que pretende: señor. dadme vuestros pies. Ya os dejo en servicio de mi hijo: besadle la mano luego al Príncipe. . A tal merced dadme la vuestra primero. Ea, alzad. . Y vos señor. Alzad Duarte del suelo; yo me acordaré de vos: que un hombre de tanto esfuerzo viniese a dar a mi padre . (contándole aquel incendio) tal pesadumbre! . Fortuna, yo no alcanzo tus intentos, . tú me vuelves a Palacio, donde es cada paso un riesgo. Don lorje, pues emos de ir halta el mar (oh como muero!) acompañando a mi padre, y está tan cerca del puerto Blanca, en su quinta quisiera verla esta tarde. . No apruevo que vos visitéis a Blanca de día. . Vamos, que es tiempo de embarcarme: da Don Juan, abrazadme, que si el cielo favorece mis acciones nosemos de ver muy presto. Ruego al cielo gran señor, que tengáis feliz suceso. Dejaré al Rey en la plaza, y meire a mi quinta luego a despedir de mi hija. . En dejando al Rey me llego hacia la quinta de Blanca hayer si a Burrajo encuentro. inés. . Señora. Fuese Burrajo? . Qué es ir, aquí estoy a ver salir en tus ojos el aurora. Y Duarte? . Le he dejado en Palacio a acompañar al Rey, y me ha de buscar en dejándole embarcado a saber muy prevenido si puede verte. . Qué amor! toma, y dile a tu señor, que mi padre no ha venido adespedirse de mí; y porque el vernos no impida el susto de su venida, sabrá que ya no está aquí: conoír cantar a inés oyendo su voz suave podrá entrar con esa llave haberme. . Qué propio es esa seña a tu arrebol, porque siempre he visto en fin, que es el Ruy señor clarín de la venida de un sol. Bien me alabas, y me engañas, ives, dígote verdad, estimo tu voluntad; pero escurécenme tus manos. y. Constanza, inés, no es dudar sino querer que osasombre: habéis visto en algún hombre tal rendimiento de amar, tal fineza, tal ardor como en Duarte? mi vida, no es muy poco agradecida, si le tengo el mismo amor. Señora, aunque yo lo diga, y la voluntad le sobre; en fin es amor de pobre, que con amar solo obliga. Aqueso mismo me abona, que no he menester ti queza. Señora, al fin la baleza, lo es más con una corona. Mas si la vista no engaña por entre esos verdes olmos se apean de dos caballos dos hombres. . Así parece, inés, mira si es mi padre. No señora, que aquí vienen. Señor, vuestra Alteza aquí? decidme pues como pueden: turbada estoy! Blanca hermosa. Pues señor, en este albergue, que mandáis? . No os alteréis, que viniendo con mi gente de haber dejado a mi padre embarcado, y al volverme, descubrimos una garza, y con Don lorje empeñeme en seguirla hasta esta quinta, que entre sus árboles verdes la perdimos; y sabiendo, que vuestro buen gustó tiene una entre vuestras criadas muy gran música, por vermo cerca quise entrarme aquí a veros, y solamente por oír esa criada. Vos aquí señor, a verme? y a oír cantar? qué decís? pues no fuera más decente mandar vos, que mis criadas todas a Palacio fuesen a serviros, que venir a esta quinta de esta suerte? turbada estoy! . Está bien; aunque es disculpa aparente para entrar aquí, no importa . con ella, ya Blanca entiende mi intención. . Señor, mirad, que si mi padre viniese. No es posible ea, sentaos. No me mandáis que me siente, que no es justo. . Ea Blanca, pues no gustáis, de esta suerte estaremos. . Gran señor, siéntome por no tenerle en pie a vuestra Alteza: hay triste! qué me sucede? . qué hermosa, y cortés es Blanca! Jues, si cantar pudieses, su Alteza gusta: ay de mí! Si señora, pues que quiere su Alteza honrarme. . qué dices? Pues decidme, qué previene? Esta indispuesta; y yo loca! . no puede cantar? . Si puede; pero si canta me mata; que esta es la seña, que tiene. Don Duarte; que desdicha, para entrar, y para verme! Que vine determinado . (ay amor, la culpa tienes! a decir mi pena a Blanca; y que al punto que la viese el ser quien soy me acobarda tn respeto, y me enmudece. algarne Dios, que desdicha los de graves puestos tienen, han de sentír como hombres, y han de callar como Reyes! Juan no me da cuidado, . que es Príncipe muy prudente. Bien podéis cantar. Constanza, ponte a esta puerta, ya entiendes Quejándose está unarosa de un arroyo fugitivo, qué gozando poderoso las alas calza de vidrio. Muy bien cantáis, más el alma del concepto? . Qué os parece? Que no es como el Poetadice Tal vez, señor, aunque suelen fingir, dicen la verdad. Pues es verdad, que no puede amar mucho un poderoso? Si señor. . Cómo? Atendedme. Gran señor, a mucho incendio con agua se alivió siempre, grande avenida le ahoga, copioso raudal le vence. Luego si un Rey es raudal, es avenida es corriente, que aun hasta su afecto inunda: como queréis vos, que deje la majestad de sus aguas, sino puede compreienderle? inés, cantad, que de Blanca a este argumento aparente le responderá algún día un poderoso, que tiene los raudales que ella dice tan finamente corteses, que respetan a las llamas, cuando ellos no las encienden, Qué vuelva a cantar, qué es esto? cielos contra mi crueles. Yerta, y deshojada yace a sus brazos cristalinos, porque abrazos de un ingrato, cuando no fueron cuchillo? Llora la rosa, huye el arroyo, huyendo de guija en guija, lágrimas de gozada, siempre son riía. Esperaseñor. . Constanza, pues cómo tú me detienes? Mi señor aún no se haldo. No es posible. . Señor tente No era la seña cantar para entrar yo? qué en mudeces? aparta. . Quién está al? Constanza, que ruido es ese? Yo soy más que es lo que miro? Valedme cielos, valedme! Gran señor (a Blanca ingrata!) yo he venido aquí:aún no puede la congoja echar la voz. prhablad pues, que os enmudece? Señor, vine a despedirme de Don Vasco, mas él viene, y así con vuestra licencia. no os vais Duarte; hay más fuerte desdicha! ah Constanza cierra apriesa esa puerta. ha aleve! Señor en aquese cuarto os suplico, que os sitváis Vuestra Alteza ha de esconder mi adseñor. . . Abre inés. Pésame que de esta suerte me haya hallado Don Duarte, no se como lo remedie. Blanca, manda abrir aquí. Señor, toda soy de nieve. Ya mi padre está enterado, que hay en esta pieza gente; entraos, que aquí quedará Don Cuarte, con quien pueden . Yo calarme (ay enemiga!) disculparse sus indicios, Señor, no es justo que quede aborrar yo. . Qué decís? si aquesto Blanca previene, no es porque en ella haya culpa, ni de mí pueda entenderse, que el entrarme (aqueso es cierto) es porque Blanca lo quiere, Intentos ya vais logrados, o suceda aquesto siempre . Dime ahora, hay enemigal Duarte, mi bien detente; abre ives. . Pues como inés te tardaste? aquí quien puede estar? o señor Duarte pues vos aquí. . Trance fuerte! A despedirme de vos vine; y como me dijese mi señora Doña Blanca, que os aguardaba; atreverme quise a esperaros aquí: delito, que otro comete . le ha de disculpar un hombre, que con el mismo le ofenden? sin duda he perdido el juicio! Ese afecto os agradece mi amor; señor Don Duarte, ya sois mi hijo, ya pueden. deentrar, que mi padre. (se, . Qué decís señor. . qué el Rey (Dios le guarde) atento siempre a que vos queréis honrarme, ya que yo gusto de hacerle esta lisonja a mi hija como emos tratado, quiere que el Príncipe en esta ausencia os case a los dos. . Qué fuerte empeño! dadme señor por nuevas si tan alegres: a que mal tiempo han venido! . Todo aquesto me enternece. cuando el Príncipe: mas mies mis celos. . Ea, abrazadme, hija, no es razón que espere el Rey, muy contento voy en que en esta ausencia os quede tal esposo, y tal amparo. En todo oseré obediente. Vamos hijo, que es muy tarde. Esto es peor: a crueles desdichas! que esta escondido el Príncipe, y Blanca puede. No venís? . Ya voy, señor, pues mis furtunas pretenden que amid, (ay tal crueldad!) con quien me mata la deje. Muerto va, y a mí me deja sin vida! . Ha Blanca, fuese vuestro padre? . No señor, pero vuestra Alteza puede irse, que ligo a mi padre. Espera Blanca, y advierte. Perdóneme vuestra Alteza, que le dejo de esta suerte, que está aguardando mi padre, y solo busco mi muerte! . . Pues a pesar de mis celos sabré yo mismo vencerme, que el vencerse a si es de hombres, y a otros vencer, es de Reyes. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Suéltame. . Ea Machado. No te vayas tan apriesa. Suéltame, que aqueso es risa El dar yo aqueste recado no es posible. Auda, que es mengua, que hay criad, (y no de fama) que da un recado a su ama por debajo de la lengua, Qué recado? cuando sabes, que no sale mi señora de un retrete, ni aún ahora llorando sus penas graves. Pesia a mi voz, que ha causado tan desdichados desvelos, pues arresgando unos celos no me valio, ni un tocado. Pues dime, a tan gran pasión Blanca no le ha satisfecho a Duarte? . Ahaberlo hecho no ha sido satisfacción, sino desaire, esto pasa, pues yendo a buscarle, (ah infie!!) para darla en un papel mil vidas estando en casa, se niega; y luego Burrajo me dijo, no hay que cansarte en buscar a Don Duarte, que es muy ocioso trabajo el querer a un entendido satisfacer en su afán, cuando la ofenden galán a la vista de un marido. Yo no me atrevo, es cansarte Pues voyme. Mas qué extrañeza! entrate en aquesta pieza, que tengo en ella que darte un régalo. . Aquese estilo me mueve a entrar (no te asó que en regalándole a un hombre(bre, le llevaran con un hilo. Ha Burrajo, dónde vas? Señor, tú vienes tras mí? Pues cómo te atreves (di) a venir aquí? . Sabrás cogiome vino) que tengo pues nos emos de partir aquesta noche) a pedir dertas camisas que tengo empeñadas. Tú aquí? a quien, Alnes. . Bien te previenes. Y tu señora que vienes? A impedírselo. . Está bien, Burrajo, al Príncipe vi con Blanta, soy desdichado, y aunque disculpa he buscado, aún no se la he hallado en mí. Señal cierta de su culpa, que el prodigio más severo, es el que encuentra primero en su dama la disculpa. Y así aunque me adviertas ciego, no entres a ver alnes, pues sabiéndolo después piensa Blanca que la ruego. Que en cualquier mujer verás, (no te parezca donaire) que para hacer un desaire nunca escusó las demás. Tu discurres con pasión, Esta es evidencia clara. Ea yo sé qué tomara cualquiera satisfacción de Blanca, aunque la maltratas a dos manos tu cordura: yo sé que aunque fuera dura, teabía de saber a natas. Deja disparates vanos. . inés, quien está contigo. Barrajo. . Señora mía, Pésame que me hayas visto. Pues tú la cara me niegas? que gentilmente la he brdido. . Tú en esta casa, a que efecto? Señora, a verte vénimos. haberme tú, con quien vienes? Vive Dios, que iba a decirlo: yo solo vengo. . Tú solo, Mi afecto viene conmigo a ver si me mandas algo, que esta noche nos partimos a Castilla. . Porque? como. con tu amo? . Buen aliño; él me lleva. . Ay de mí! ves inés, como han salido verdaderas mis sespechas? que ese mi amante fingido me olvido. . Quedo, señora, que eso no he de consentillo, mi amo olvidarte? bueno! Pues como (di) no me ha visto un hombre? mas estoy loca, que tal siento y que tal digo! Señora Quién es aquí el celoso, quiebre el hilo por adonde ha de quebrar; que por Dios que pierde el juicio mi amo; y a vueltas de él se me ha deslizado el mío. Porque ha seis meses, señora, no comemos ni dormimos, a todos tiempos hablando de tus hermosos hechizos. Tanto, que dehablar de día, sueña de noche contigo, y tienes ojos rasgados, con pestañas de dos filos, boca de nácar, y perlas, cuello de plata, y de vidrio, manos de nieve, y aún sueña también con unos oícos, que dizque tienes en ella sepultura de los vivos. Ayer al amanecer de aquesta calle venimos, y desnudando a mi amo, después de haber respondido a sus preguntas, que son: no me dirás que vestido se pondrá mañana Blanca, de qué color? cuántos rizos sacara en aquel tocado, donde es siempre Abrilflovido? y otras preguntas, que son de este tono, y su jvicio me pregunto: mas que atenta la señora al cuentecillo está, se le cae el alma tras cada razón. . Que dijo Duarte? qué preguntó? en que te diviertes? dilo. Si me lo paga primero, que lo que falta es muy fino, y no lo he de dar de valde. Pues aqu a Blanca no he visto, y a dos horas que le aguardo a Burralo; mas qué miro? Quién es? más señor Duarte, vos aquí? . Cuerpo de Cristo cerradita la emos hecho. Cómo tú te has atrevido a tratarme de esta suerte? Señor, pues que tú has venido este ha de ser gentil rato. Señora, aún no tiqne brío para echar la voz el alma. Duarte, señor. . Corrido estoy de aqueste suceso. Qué es esto, señor? qué estilos de noble, y enamorado son los vuestros? y qué indicios habéis hallado en mi fama, o en mi fortuna habéis visto para. . Yo no he visto nada: a ese criado le he dicho, que no ponga en esta casa los pies: por que siendo mío os puede causar enfado, y él despreciando este aviso se ha atrevido ahora. . Estabién; ya sé lo que os he debido de noche en esos umbrales. Este pícaro ha mentido, si os viene a contar; mas yo a que aguardo, a que examino, Blanca perdonad en mí este atrevimiento indigno, y dadme licencia ahora, que esta tarde: ven conmigo Burrajo. . Qué dices, qué? vos sin escucharme iros? inés cierra aquesa puerta. No hay para que. Pierdo el juicio, yo gusto de ello, y la cierro. Ay de mí! que no he podido ir a avisar a Machado, y a Constanza, que peligro, pues si salen acá fuera. Lindamente ha sucedido. Ahora habéis de escucharme, aunque no queráis. . Oíros (mas que consuelo) es ya fuerza: pero primero os aviso como cortés, no arresguéis las razones, ni el estilo, en mi crédito dudoso en mi daño, y vuestro alivio, que si a escúcharos me esfuerzo a creeros no me obligo. Vuelva yo por mi ignorancia, y no me creáis. . Que vicio es este de los celos, siempre incrédulos, y tibios, y a cualquier satisfacción alargan tantos oídos Digo, pues, señor Duarte, que para vencer indicios, que en vos son ya desazones, y en mí no fueron delitos. He menester acordaros de aquel nuestro amor antiguo, que en fezando de nosotros en mí no tuvo principio. Pues criándome con vos, fue natural el cariño, fue la voluntad primera, un amor tan sucesivo, que le empezó la ignorancia, y no le aprobó el arbitrio. tanto que en vuestras finezas todos los efectos míos temerosamente cuerdo, viéndoos galán, y tan fino, pensaron, que eráis entonces mas que amante agradecido: envidia fue aqueste engaño, hablar en vos albedrío, mi voluntad sus cuidados, oimitados, o excedidos; yles buscaba este achaque por no igualarlos conmigo, que aún en un duelo amoroso parece desaire esquivo siendo gloria el vencimiento hallarse en esto vencido. Bien como la mariposa, que pudiendo al ardor tibio de la luz tender las alas a calentarse en sus visos, envidiosamente ciega de que breve ardor lucido para apagarle, o vencerle de aquellos tomos, o giros, hasta que entrega a la llama con su envidia su cariño; que amor hace las finezas tan a colta de sí mismo; que anda buscando sus riesgos aúnen sus propios alivios. Aquestos eran entonces (con que ternura lo digo) nueltros apacibles celos, nuestros afables desvíos, nuestras porfías guitosas, y nuestros tiernos suspiros; hasta que trujo mi suerte (envidiosa de haber visto un amor en tanto tiempo sin celos también sentido) a mi quinta, y a mi cuarto al Príncipe (como dijo) a oír a esa criada; en cuya voz discursivo podéis hallar mi disculpa; pues fuera errado disignio hacerle la misma seña de que estabais advertido para entrar, y para verme. Si acaso con gusto mío el Príncipe allí estuviera, luego el cantar, y el oíllo, entrar, y ver a su Alteza nunca pudo ser delito, que ilustraba mi ignorancia hasta mi propio peligro. Bien como sucede al oro, que ciegamente envestido del más alentado incendio con la misma acción activo, con lo que piensa le vence le está volviendo más fino. Aqueste ha sido el vapor, la nube, el viento, el granizo, que al día de mi fineza, que al sol de mi honor lucido, que a la flor de mi cuidado, que a los pimpollos crecidos de mi esperanza y mi fe ha seis meses, o seis siglos, que las luces le han dejado, que los rayos le han impedido, la púrpura se ha deshecho, el verdor entumecido. Cuando no ha valido más en el más severo arbitrio la verdad de una experiencia, que sospecha de un juicio; que este suele ser pasión. Luego son más fidedignos sentidos no apasionados, que apasionados sentidos. Ea Duarte, señor templad el rigor altivo, que a pesar de más ardores, tanta sombra ha introducido. Salga el alba, y salga el sol, por cuyo breve rocío alienta el Otoño fértil cuanto ha secado el Estío. Vuelva en fin la Primavera de aquel nuestro amor florido a desatar en verdores cuanto el Invierno deshizo. Los conciertos de casarnos, ya los dejó concluidos mi padre; solo nos falta, como a los dos nos previno la licencia de su Alteza; pedidla, señor, yo fío, que el Príncipe os la dará; que en fin en todo es invicto, y olvidará sus rancores por vuestros muchos servicios. Mas que importa la dilate, si a la voluntad rendidos los dos esta misma noche nos desposamos: que he dicho? seáis vos señor mi esposo, y veaos yo dueño mío, y culpe el Príncipe entonces nuestro Inobediente estilo, que no nos ha de faltar rústico alberque pajizo, donde mejor que en las Cortes gocemos nuestro amor limpio. Allí si serán las aves las que al albor Matutino, eplaudiendo nuestros lazos, Imiten nuestros cariños. Las alfombras de los campos, teniéndoos señor conmigo, parecerán a mis plantas costoso Imperio de Tiro. La vanidad que en las telas muestra milán, es prolijo, adonde el oro en los lechos se está desgajando a rizos. Serán jazmines, y rosas, que con mejor artificlo, y con más costoso alarde galán el Mayo ha tegido. Los arroyos, y las fuentes, estas plata; aquellos vidrio serán los aparadores puestos siempre, y siempre limpios. de suerte, que las Ciudades, las Cortes, los regocijos, las telas, la plata, el oro, la vanidad, el aliño, sin vos será todo sombra, disgusto, pena, martirio: y con vos las soledades, campos, cabañas, retiros, hierbas, claveles, y rosas, arroyos, fuentes, y riscos, serán día, serán gozo, serán gloria, serán digno descuento de mis pesares, pues es de mi amor aviso, que cuando no os veo, muero, y solo con veros vivo. Ay Blanca! cuál facilitas nuestro amor, y tus disignios: hay Blanca, imposible hermoso! con que dolor lo repito. pues el no verte (qué pena!) no solamente ha nacido del ciego horror de mis celos, nunca para mi creídos, si no de un dolor, de un ansia, de una sospecha que ego, de una desazón que infiero, de un desagrado que miro. Vos desazón? vos sospecha? os me llamáis, que desvío, imposible (estoy mortal!) que es esto, señor, decidlo apriesa por Dios, que el alma solamente por oíros hagran rato, que la tengo pandiente de los oídos. Blanca, nuestro Rey Alfonso, cuando se partió, a su hijo le mandó, que nos casase: y el desazonado, esquivo cada vez que le hablo en esto, lo más que me ha respondido; bien está, yo cuido de eso: y otras veces desabrido muda de plática (ay cielos! y hay Blanca!) que estos avisos me dicen. . No os digan nada, ni lo creáis, dueño mío, que aunque el Príncipe no quiera que ni siento, ni examino razón porque lo dilate, sino porque en lo que obligo soy tan desdichada siempre, que más quiere. Ya lo he advertido: mas que veo? Qué es aquesto? Aquí Machado? . qué miro? muerta estoy! Dime Constanza. En la trampa me han cogido. Blanca, en tu casa un criado de don lorje, y escondido? qué es esto ingrata, qué es eso? Señor, Iunes (pierdo el juicio!) Constanza, qué hombre es aqueste? No le conoces? qué has dicho? dime Blanca, finge ahora hierbas, claveles, y lirios, adonde ocultas el áspid siempre en tus flores temido. Hombre; ilusión, o quién eres, dime, en mi vida te he visto? Señora, por Dios que no las tengo todas conmigo. Constanza, inés no hablaréis? qué es esto? . ha en mudecido Machado, mas de esta suerte a este busón mete ruido, yo le abriré tanta boca. Pícaro, infame, atrevido, no está diciendo a que viene? que es menester más indicio; aparta inés. . Ha señor, toda soy un hielo frío! Tú me detienes? . Os vais? A huir de estos basiliscos, engañosamente afables, y tiernamente fingidos: a no aguardar, a no ver en el Príncipe desvíos, en tu casa sus recados, y a mis ojos tus delitos, y a morir, que es lo más cierto; pues es efecto preciso, que quien cierra los ojos a un aviso halle su muerte en su propio ali- dio. Fortuna, buena he quedado: hombre, dime a que has venido a esta casa? estoy sin alma! Señora (estoy tamañito!) el que sirve no es culpado, y ansí señora, yo sirvo a don Jorge; él me ha mandado, que él está a tus pies rendido, que entrase adarte un recado, halleme abierto un postigo, tu voz, entre a dalle, pésame de haber yo sido la causa de este alboroto. A mi recado, que has dicho? a mi Don lorje? ah infiel! quítate insame enemigo de mis ojos, sino quieres, que airados, o vengativos con el incendio que encierran. Ya señora me desvío. inés, dónde fue Duarte? Constanza que ha sucedido? cielos, qué es lo que ha pasado? honor, porque no me explico? Constanza, pónganme el coche, inés ven tu conmigo, dame el manto; estoy mortal! del susto apenas respiro. Coche, y manto, bien está, lindo pesar dejo urdido; vamos a darle a mi amo la cuenta de este servicio. . Aquí está el manto. . Ea, pole: a quien esto ha sucedido? vamos a hablar a su Alteza para que sepa el peligro de mi honor, y de Don Jorje los pensamientos indignos, la a usencia de Don Duarte; para que como entendido, como Príncipe perfecto remedie los parasismos, que ya mi amor, y mi fama tanto tiempo han padecido. Vamos al remedio presto, no se peore este indicio, ni una dilación cobarde le vuelva en ejecutivo. Bien como suele un arroyo, que siendo cristal torcido, que mansamente regala, ya troncos, y ya tomillos con las aguas del Diciembre, o ya con los torbellinos del Agosto, tanta fuerza cobra su honor cristalino, que el que arroyo fue ayer solo, ya se desdeña de río. Y así inés, vamos apriesa: cielos, miradme propicios, amor muevanta mis ansias, celos ya no tengo bríos, fortuna, ya estoy postrada, esperanza ya yo os sigo, (nos sedme en aquesto todos más benig no halle mi daño en manos de una ,̱ . (livio En sujeto si no en mí se ha visto, amor no te resisto acerca del Imperio, y de un cuidado ser a un tiempo dichoso, y desdichado pues procurando en todos mis desvelo darle a Duarte celos. con su Alteza le di tales enojos, que le he quitado a Blanca de sus ojos ya seis meses, que logro aqueste intento más buscando el alinio a mi tormento pues casi siempre no es el juicio extraño empieza el propio blen de ajeno daño y pensando, que Blanca en las ribiezas de Duarte, admitiera mis finezas, para culpa si quiera en sus errores tan desdichado soy en mis amores, que. Señor. . Machado, has estado con Blanca? qué ha pasado Esto es saber servir, estame atento que en dos palabras te diré mi cuento entré a dalle el recado de tu parte, y estaba allí, no es nada. . Quién? Duarte. . Do. Duarte con Bland Sí, allí estaba. echas las paces ya de que gozaba, aplaudiendo aquel rato tan gustoso, ella muy tierna, y él muy cariñoso, Y vieronte? Soy bobo? hallé una puerta, no bien cerrada, pero bien abierta, y plánteme delante del uno, y otro amante; y así como me vieron cayóseles el gusto de los labios, renovaba Duarte sus agravios, y Blanca hierta, y fría preguntaba, quién era, que quería. o Yo turbado, medroso (cosa extraña!) niga del no poder hablar aún hice maña: con lo cual conociendo mi venida, vio Don Duarte la vista embravecida, dejó la cuadra, y se llevó la pena. Dame los brazos, y di, que te de luego con valiente paso ado el y denescudos amigo. . Buen dinero! se esta precipitando en el Ocaso) o vivas gran señor: mas lo primero, a casa de Duarte vaya al punto, y lo mejor del cuento se me olvida. si yo a los tres les junto; pendiente de tu voz. . Y así le obli es preciso, verás el gran cuidado a los dos importa lo que digo el manto, y que pusieran el coche: mira ahora lo que en esto discurres, que hasta ahora Luego el salir de Blanca, que ya piensa aún en pesares su sálida extraño, plegue a Dios que no salga por tu daño. Si aqueste intento ajusto, no es posible, que sea en mi disgusto, ha de ser por su daño, y por mi gusto. porque si ello es pesar, yo lo haré gusto. . vive Dios, que discurres como un lo Eso sabes hacer? Mira Machado, es eso que me has dicho, le he buscado que pienso, que es su Alteza. con un extraño medio a mi esperanza el último remedio. Su Alteza (Dios le guardo) es tan dueño de sí, que aquella tarde del lance de la quinta, que tuvimos, cuando los dos venimos me dijo, que se hallaba pesaroso, de dejar a Duarte tan celoso, y de dejar (quién hay que aquesto alcance) el crédito de Blanca en aquel trance. Mas después que Duarte le ha pedido licencia de casarse, desabrido le responde: señal que me asegura, los dos hechos de mármol parecieron: que aquel incendio aún en su pecho dura, Ella va ahora en casa de su amante muy fina, y muy constante solo a satisfacerle, a rogar, a llorar, y a detenerle, a esto sale, no ay duda, que es razor natural, y no se duda: que en los amantes, que el disgusto deja, siempre se va a buscar el de la queja. llamando ingrata a Blanca a boca llena Pues con hacer, que el Príncipe esta noche (pues ya el luciente coche Dimelo presto, porque esta mi vida que el ir su Alteza con lo que he pensado ego, de Blanca, de Duarte a su despecho que al irme dijo Blanca, que la dieran (viendo el Príncipe allí) todo deshecho, y al de su Alteza más lo que previene un envidioso, o muerto si le tiene! su temor, y a salido por mi ofensa. mas quien abre esta puerta? co: Aguarda un poco, Mucho temo mi nuez, y tu cabeza Jorje. . El Príncipe aquí? . gran señor, no hay que dudar, mi intención he de lograr. Estáis loco? . Señor sí: pues Machado. . Quién espera en un señor bien le abona: digan, y no soy persona? Esta bien, salios a fuera. Salgome. Don lorje engañado yo, siempre creí en esta parte, que fue solo Don Duarte el que a mi padre contó aquel incendio que puse, y juzgándolo verdad, culpando vos su lealtad a creeros me dispuse. Y ansí habiéndome pedido muy leal en la obediencia diversas veces licencia de casarse; he respondido, mal hecho: con mucho enfado, quizá fue por reportarme, o porque sentí abrasarme de Blanca en aquel cuidado. Pues ya no amáis (ay de mí!) a Blanca? . Aunque yo la quiero, es mi crédito primero, que mi amor. . Qué bien temí. Ya sabéis con que razones a los Grandes he quitado, y a mi Consejo de Estado todas sus apelaciones, en lo cual tanto se ofenden tan ciegos en la ambición; que andan buscando ocasión, y casi todos pretenden con el Duque de Viseo mi hermano por heredarme, o ya prenderme, o matarme, cosa que apenas la creo. Quizás, porque mis anales no cigan de mí, que he sido tan infesiz, que he tenido vasallos tan desleales. Hoy en sin habiendo de ir a Belenantes que fuese, y de Palacio saliese, me llegaron a advertir, que en el acompañamiento estaban los conjurados, ya todos determinados de lograr allí su intento. Y juzgando en sus alardes sus más confusos temores (porque todos los traidores son casi siempre cobardes) Ya visteis como salí, y que me puse delante de ellos, y con el semblante les culpé, y les adverti, que siempre la Majestad es luz, que en las ocasiones a sombras, que son traiciones las vuelve serenidades. Y como vos me dijisteis, que Don Duarte era de ellos, reparé al conocellos si estaba como advertisteis con mi hermano, y no le vi, aún en tan fieros enojos hechos dos linces mis ojos, con que a todos conocí. Y ansí es cierto, que fue sueño lo que en él habéis culpado, que si fuera conjurado, no faltara en el ompeño. Qué decís señor? no estaba con el Duque? que me osusco, si esta es la ocasión que busco. . Don lorje, aunque lo dudaba en Don Duarte hay lealtad. Eso señor puede ser, pero si vos queréis ver de su empeño la verdad; id esta noche a su casa, y hallaréis vuestro cuidado en ella desengañado. qué me decís? . Lo que pasa. Ahora ese habito dejo, que en mi crédito no abulta, que he hallado aquesta consulta que hizo a mi padre el Consejo; donde le avisa, que yo puse el fuego, a cuya parte, por la lealtad de Duarte aqueste papel volvió. No he tenido mejor rato después que empecé a reinar; que es gran desconsuelo hallar agradecido a un ingrato. Que os confieso, que no hallo mayor pensión en un Rey, que andar a buscar su ley defectos en un vastallo. Yan sí a Duarte he llamado en su crédito ya firme, para que venga a servirme, como me dejó mandado mi padre, aquí ha de venir: avisadme, que yo voy alter estas cartas, que hoy acabo de recibir. Yo os advierto ahora humano, que el vasallo, que sin ley, no trata verdad a un Rey, levuelve de Rey tirano. . Señor; pero que procuro con tan ardientes desvelos, si con amor, y mis celos, yo me engaño, y me aventuro. Señor, ahora. . Qué quieres? Que en este instante se apea de un coche. . quién, di Machado? Blanca. . Que apriesa en mi daño mis desdichas, unas con otras se encuentran. Por Dios, que por adivino te pueden dar. . Quien dijera que Blanca: mas ella viene: ha te visto? . Gentil flema, no señor, que no me hallo tan su servidor, que pueda alegralla con mi viva. Está bien, vete, que entra. vive Dios, que el buen don lorge discurre como su avuela. . Señora mira primero. inés, aguárdame a fuera, . señor dolorje; ha enemigo! . Blanca hermosa, que es aquesta novedad? vos en Palacio, que nos mandáis? Ello es fuerza disimular: Dios os guarde, venía a que vos me hicieráis un favor. . Qué decís Blanca? cuando toda el alma es vuestra. Guardadla, que os hará falta, y no necesito de ella. Preguntadlo a vuestros ojos. Unos ojos nunca fuerzan. Mirad, que son mi disculpa. Si vuestra disculpa es ciega, está bien; hacedme gusto de que hable ahora a su Alteza para dalle aquesta carta de mi padre, . Si quisierais no esperar, yo la daré. Yo aguardaré, porque es fuerza hablarle para pedirle. se sirva de dar licencia a mi padre de venirse. El daros ahora audiencia lo tengo por imposible, porque yo dejé a su Alteza leyendo ahora unas cartas, de que aguarda la respuesta un correo: hay en emigo como tu intención no es esa! Servios señor don lorje, aquesto mi afecto os deba, de que yo agora le hablé: ha traidor! aunque te esfuerzas, no te ha de valer tu engaño. Muchos peligros me cercanl. y tanto se empeña Blanca, que si el Príncipe la intenta me echa a perder:no se como lo disponga. . Qué respuesta me dais? en qué os suspendéis? No me divierto, quisiera; mas como en esta ocasión, o se acobarda, o se templa . con mi ingenio mi osadía, fácil es esta cautela. Blanca, yo voy a pedir, que vos habléis a su Alteza, entrad en aquesta cuadra, porque mientras doy la vuelta, los que entran a despachar aquí de noche no os vean. Haciesme un favor muigrande: guardeos Dios. La cuadra es esta. Ha enemigo! aquesta vez tú mismo sabrás tu ofensa. Eso si, quite yo ahora a Blanca de aquesta pieza, que después con otro engaño sabré despedilla. . . Entra con el pie derecho, y luego santiguate, que están llenas estas cuadras de fantasmas. Señor Duarte de Almeida. Guardeos Dios seño? lorje: ida avisad a su Alteza, que estoy aquí como manda. Aguardad aquí a que vuelva, que voy a avilar: Machado trae luces a aquestas piezas: cielos que habemos de hacer, pues no puedo? amor que intentas sacar de esta pieza a Blanca, cuando Duarte en aquesta está; mas yo he pensado un medio para esta pena. . Que un hombre como yo haya tenido paciencia para hablar a este cobarde. Ah señor, que te deguellas, mira señor, que estás cuadras tienen oídos, y lenguas. También yo tengo sentidos, para quejarme a las fieras, para enternecer los montes, y para ablandar las peñas. Cuando al Príncipe (ay de mí! como mi desdicha es cierta, y como Blanca: ah enemiga!) le ha avisado de mi ausencia, de mis celos, y del lance pesado: más que cautela! él me ha llamado sin duda para templarme las quejas, para casarme, que digo? Calla, que el Príncipe entra. Mirad que está aquí Duarte. Y está Blanca en esa pieza? Si señor, yo la detuve para que pudieses bella. Y no os quiso dar la carta? luzgo señor que desea hablaros, con ocasión de alguna carta supuesta. Válgame Dios! qué decís? hay amor mucho me aprietas. Con esto, aunque ella le hable, hago a un delito fineza. Yo rendirme? estoy en mí? Es señor, a qué esperas? Turbado estoy. . Do. Duarte, Deme señor vuestra Alteza la mano. . Seáis bien venido, ea alzad. . Sin aspereza el Príncipe me recibe: . Burrajo mi duda es cierta. Dn lorje, aquesto es ser Rey; decid a Blanca se vuelva, que ahora estoy ocupado, y no puedo darla audiencia: porque si la ven mis ojos ha de rendir mis potencias: de grande aprieto he salido, amor templemos las velas, . que el mar anda alborotado, y es cada susto tormenta. Todos se van, yo me escurro: ha buen Duarte, ya quedas en las manos del Señor Don Juan, él te favorezca. . Yo os he llamado, Duarte, para culpar la extrañeza, que mostráis siempre conmigo. Yo señor con vuestra Alteza? Si pues apenas me veis, cuando mi padre me ordena, que os ocupe en mi servicio, vos con sequedades vuestras, malogrando estos deseos olvidáis tan justas deudas, sin reparar que soy yo quien vuestras dichas fomenta, de esta suerte le aseguro. . Ay Banca! cómo de aquestas fortunas eres la causa, pues más que me honran me afrentan Yan si yo he tenido aviso, no sé que tenga cerreza: no me ha avisado mi padre, acalo en la carta vuesira Don Vasco os escribe algo de esta novedad? Respuesta no he tenido de Don Vasco en este correo. . Cierta es su venida, Duarte, y así mirad cuando venga, si acaso no os ve a mi lado, que dirá; pues mi obediencia no ha querido coronarme, aún respetando la ausencia. Señor. . Vos lo merecéis, que no es sola aquesta queja por lo que yo os he llamado. Aquí mis desdichas entran . Do. Duarte, a mí me han dicho que vos sabéis la secreta conjuración, que mi hermano el Duque tan loco intenta, y sé que de ella no sois: decidme (porque proceda contra el Duque) lo que en esto sabéis. . Si yo lo entendiera no habiáis menester llamarme para daros tales nuevas; ha señor, como os engañan, que el Duque es sangre tan vuestra, que es vuestro hermano, y la envi- en sus lealtades se ceba. día Mirad, que algún lisonjero (a quien le dais las orejas) destruye el Reino, y a vos con esta traición que intentan. Mas que bien dijo, señor, el que comparó la cera al oído de un Rey. . Cómo? Escuchad, de esta manera: La cera acá en el oído, (y esta es verdad, y evidencia) cuando él cuerpo vive sano está sien pre amargaerla: pero si en algún exceso sucede, que el cuerpo enferma, si acaso se vuelve dulce, es señal de muerte cierra. La República es un cuerpo, de quien un Rey es cabeza, escera, por cuyo oído todo su Imperio gobierna: suele algún caso informarle, pero si aunque se destempla sucera Real amarga, no morirá: mas si llega el lisonjero, y la endulza, le álaga, y no la remedia; que peligre el Rey no es mucho, y con él el Reino muera, si la lisonja, y el gusto le han endulzado la cera. Esta bien; mas quien os dice, que yo atiendo a las cautelas de la lisonja? . Pues quien engañosamente cuenta a vuestra Alteza, que yo se sus traiciones sangrientas, que vive Dios, no sé como lo ha pronunciado la lengua. Mirad que estoy informado, que. No acabe vuestra Alteza, con la razón le suplico, en mi injuria, o en mi afrenta, que vive Dios, que es engaño; y que si acaso supiera el cobarde, que os ha hecho de mi información tan ciega, que le hiciera más pedazos, que tiene airadas centellas el. . Quedo, estáis en vos? como habláis en mi presencia con ese brío? . Señor, a una injuria tan violenta: mas no estoy en mi! Pri templaos no sé, que el alma recela, despavilad esa luz. Turbado estoy, quien dijera, ay de mí! Qué hacéis? qué es eso? Maré turbado la vela, Matad esotra. . Si haré, porque siempre los Almeidas obedecen a sus Reyes en cualquier cola que ordenan. Qué habéis hecho? ola Jorje: pero yo muestro flaqueza? Don Duarte ya sabéis, el susto impide la lengua! Cómo ha gran rato que aguardo a Don lorge en esta pieza y no ha venido, y oyendo algunas voces en esta, que del Rey me han parecido; salgo a ver si aquí pudiera hablarle; mas ay de mí! Ah traidor! si acaso intentas. Quién, cómo? sin alma estoy! , de , Si aquesta luz mi obediencia la mato; pero que miro? Cielos, qué desdicha es esta? Blanca, yos aquí? . Ay de mí? señor, si mató esta vela mi obediencia, ya la traí mi lealtad con luces nuevas, porque veáis sus quilates, aunque yo ciegue con ella. Ha cruel Blanca. . Señor, (el alma apenas se alienta!) yo vine. . Ya yo he sabido, si ella lo declara, es fuerza, . que se sepan mis cuidados. Sabed señor. . La respuesta os dará de eso Don lorge; y vos Duarte de Almeida. Hay hombre tan desdichado! Que aún quejarme yo no pueda Sabed que tienen los Reyes unos preceptos, que ordenan, que es más obediente, quien sin obedecer los deja. Señor, pero estoy sin vida! Esta bien: ay Blanca bella, para mí siempre imposible! Dime ingrata, Yo estoy muerta! Pri no me alumbráis? , si señor: mas que de dudas me cercan. Duarte ha estado muy libre, pues antes que el día venga nadeir a su misma casa, para que uno, y otro entienda, que soy hombre en Portugal mas que Rey, pues en cualquiera traición lo sabrá vengar, mas mi valor, que mi fuerza. Cielos, ya yo voy sin vida. Fortuna, ya yo estoy ciega. Amor, Blanca no es posible. Pues no me rinden las penas. Pues satisfaré a mi amante. Pues el amor no me venza. Pues con no ver mis desdichas. Pues deseos con no verla. Pues con buscarle fortuna. me ha de remediar la ausencia La han de obligar mis cuida Le han de vencer mis ternezae JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Ea, sácame un vestido decolor, ponme un caballo, que esto sufro? qué esto callo? Por Cristo que lo ha sentido. Blanca en el cuarto escondida de don lorje? mas yo miento con tan loco atrevimiento, favoreciendo la vida del Rey, que a voces me infama: que en su duda, y en mi mal, V siempre don Jorje es leal, y sospechosa mi fama. No es mucho que facilita todo el cuidado de un Rey: mas Blanca contra la ley de amante, que se permita a otro amor tan ciegamente, que sin causa, ni razón le busque al Rey la ocasión, cuando a mí me la consiente? ca, vamos a Castilla. Que Blanca admita el cuidado del Rey, es tan gran bocado, que cualquiera mujercilla le gustara sin desdén, pero. . Cómo dices tal? tú te atreves a hablar mal de lo que yo quiero bien? vive Dios, que haga un castigo en ti. . Temblándole estoy: haz cuenta que un eco soy, y lo que tu dices digo. Mas tú te quieres partir cuando en Liaboa se halla el Rey don Alfonso. . Calla, que no te puedo sufrir: a don Vasco, y al Rey has visto? no es posible que tal veas. Si para que tú me creas he de echar un voto a Cristo. Tú has mentido, y esto solo he de creer. Oye usted no me hable mal de lo que yo quiero bien: mas quién se atreve? Blanca, tú aquí? a engañosa? No os admire Don Duarte, que una mujer a estas horas de mi sama; y mi nobleza venga a veros, tan a costa del vuigo, que lo murmure de mi honor que la ocasiona, si vale para conmigo en acción tan peligrosa, quitaros una sospecha mas que aventurarme otra. Yo sospecha! no te entiendo: dime Blanca, pues que importa, que del cuarto de don lorje salgas resuelta, y furiosa, favoriendo una vida, que en mis lealtades zozobra, y que te quedes al verme sin color en la congoja, sin aliento en la osadía, sin palabras en la boca, esto puede ser sospecha? no Blanca, que en tus heroicas partes. . Bueno está, Duarte, templa esa pena celosa, que si de ella no nacieran palabras tan vergonzosas, que te las dicta tu queja envueltas en mi deshonra, vive Dios, que por no oíllas te perdiera yo que es cosa, que mi honor me la aplaudiera a pesar de mis congojas: Yo perderte Blanca mía? (llamarte mía perdona, que le estaba bien al alma, debe de haber pocas horas, y aunque no es propio tiempo juzgaba, que eras la propia) yo perderte, y tú lo sientes? yo ausentarme, y tú lo lloras? Deja Blanca, deja ingrata, tan repetinas lisonjas, tan mentirosos alagos, que son para mi memoria doblada muerte, no es mucho, que el aspidmate en sus rolas, que el rayo hiera en tus luces, que el Sol se apague en tus sombras, cuando escondes en tus labios áspid de mayor ponzoña, que a un amor tan bien nacido, que en sus atrullos le ahoga, cuando en tus ojos despliegas rayos, que a la tierna pompa de mi esperanza le quitan flores, alientos, y hojas, cuando a tu sol le ha cubierto la noche tan tenebrosa, en cuyo error mi cuidado, dos veces ciego se nombra. Si al Rey en Palacio sigues, si con don lorje lo abonas, para que me buscas Blanca en mi casa? y aún te arrojas a delvanecer delitos, que has publizado tú sola. Sigue de un Príncipe el gusto, y entre tan tiernas lisonjas, no despiertes sus venganzas con mis esperanzas locas, pues te importan sus alagos, y mis celos no te importan, que para un Rey es ofensa lo epara mi congoja: yo no he de creerte. . Deja estos cargos que pregonas, que a una mujer de mis prendas mas que la templan la enojan. Yo al Rey? extraña locura! cuando a título de esposa, aún no inclinara mi frente a recibir su corona, cuanto más de dama suya espuestas a las licenciosas lenguas del vulgo, que a ellas mas que se encubre se arroja. Pero si yo fui a Palacio a hablar al Príncipe, en otra acción de mi sangre ilustre, pormás que mi amor la apoya a que impidiese tu ida, cuando su amigo te nombra, no fue mucho, que la suerte fineza tan licenciosa le trocara en tus sospechas, pues no es novedad impropia, que quien se expone a los riesgos a los desaires se exponga. Y pues de mi fe has creído cuanto constante te adora, tal infamia, tú verás, que la que áspid la nombras, que la que rayo acreditas, que la que de sol desdoras, sabrá guardar el veneno para matarse ella propia, sabrá templar en sus ojos la preñez abrasadora, para que vuelva hacia el pecho en el corazón se rompa; sabrá retirar las luces, para que ellas no descojan vapores, de cuya niebla siempre triunfan ventedoras: mas quien ha llamado? ha enemigo! . Ah traído Respondo, señor? Qué aguardas? (ras? Quién nos llama así a estas ho. Burrajo, Vasco soy, abre, . La llamada es boba, tu padre, señora. . Quién? Mi padre no está en Lisboa. Señor, ves si yo soñaba. Abreme apriesa, que importa Retirémonos aquí. Ha Blanca, cuán a mi costa han salido mis sospechas, que no creyeron mis glorias. Duarte, no puedo hablar, que mis desdichas me postran: despacha apriesa a mi padre, que estás cuadras ya están otras, porque si en más feliz tiempo divirtiera mi memoria, su dueño las ha trocado de suerte que ya me ahogan. . Abre Butrajo. Duarte. Señor, pues vos en Lisboa? y su Alteza cómo queda? Al aguarda. . Toma, toma esa luz, vamos apriesa. No quiere que le conozcan: retirad ese criado mientras sube. Que a esta hora viniese el Rey! dile a Blanca que en esa pieza se esconda. Estás solo? . Si señor. Pues cerrad aquesa pieza. Señor, sea vuestra Alteza bien venido; tal favor? dadme los pies. . Levantad Duarte, aquí están mis brazos, que os negocian estos lazos mi amor, y vuestra lealtad. Gran señor, como venís (después de ausencia tan fiera cuando un Palacio os espera) a mi casa? . Bien decís Duarte, como quien viene de la fortuna rendido. Qué decís? qué ha sucedido? pues vuestro valor no tiene vuestro poder, vuestras leyes a sus pies a la fortuna? La fortuna, no es ninguna, que Dios castiga a los Reyes, y así en mí no se maravilla que el castigo sea inmortal, pues empeñé a Portugal, por alterar a Castilla. Y así Reyes soberanos por mi sobrina en su tierra les introducí la guerra, y les quité de las manos aquella fe denodada, que con valientes cuchillas armaba las dos Castillas. contra Málaga, y Granada. Y pues yo les impedi aquel Carólico celo, no es mucho que en todo el cielo las volviese contra mí. En fin vencido, y corrido, pues Francia me incitó a mí; por mi Embajador pedi su socorro prometido. Dilátele, y aún se abona, y por moverle mejor a su Rey (pero qué error!) le fue a pedir en persona. Mas su favor siempre es sueño, que hay Provincia acostumbrada a hacer, que toma la espada, y a dejar en el empeño. Y como aquesto advertí, y supe (válgame Dios!) que Don Juan mi hijo en vos me desestimaba a mí; pues cuando os dejé encargado sabiendo vuestra lealtad. Señor. Aquesto es verdad, ciegamente os infaldó, con no traeros consigo, dije, no es pasión muy ciega, que cuando un hijo me niega, me falte en Francia un amigo. Con lo cual determinarme procuro en aquestos daños a lo que debo a mis años, que es Duarte a retirarme. Pues somos tan desleales, que siendo Dios bien tan fiel, siempre el volvernos a él dejamos paralos males. Pero si aquesto consigo, no será mi dicha escasa; y así vengo a vuestra casa para llevaros conmigo, sin que el Príncipe lo entienda, porque mi intención no impida, que en fin renueva la vida quien en vivir la enmienda. Gran señor, quien de su Alteza os ha escrito esa crueldad, desluciendo mi lealtad, acredita su grandeza. Pues hoy por diversos modos, tanto en Portugal le aman, que con una voz le aclaman, Príncipe perfero todos. Luego el que escribió el desvío; tacitamente conviene, pues su Alteza no le tiene, que será el defecto mío. Y así su malicia ha hecho la sís con gran rigor al a ríncipe mi señor, mas el tiro fue a mi pecho. Y pues el mundo le aprueba; cuando la envidia lo calle, dadme licencia de dalle a su Alteza tan gran nueva, tan gustosa, si pudiese (turbado estoy, ay de mí!) retirar al Rey de aquí, para que Blanca se fuese. Duarte, esperad, no os vais, que aunque ese discurso os cuadre habláis delante de un padre, y como entendido habláis: mas mi hijo. . Don Duarte, abrid, que yo soy. . Quién es? El Príncipe mi señor. Pues mi hijo os viene a ver? Señor, yo no sé que diga, si dais licencia, diré que estáis aquí. . No hagáis tal, donde esconderme podré? Esa pieza está cerrada. Abrid, no me conocéis? Burrajo. Señor, qué mandáis? Entrad gran señor con él: lleva a su Alteza a mi cuadra, no encuentre a Blanca. . Si haré Mirad Duarte, que os mando, como amigo, y como Rey, no le digáis a mi hijo, que estoy aquí. . Está bien; quién llama aquí? mas señor. No oístes que yo llamé? Señor, quien pudo pensar, que en mi casa tal merced, que a estas horas vuestra Alteza, turbado estoy. . no os turbéis, que he venido a vuestra casa a apurar de aquesta vez sospechas que son delitas en mi amor, y vuestra fe. El Príncipe esta celoso, . válgame Dios! qué diré? si sabe que está aquí Blanca? gran señor, yo. . Ya labéis, que en aquestas ocasiones me valgo de mi altivez, pues siempre vence la envidia el valor más que el poder. Decidme con quien estabáis, cuando a la puerta llamé; a quien habéis escondido, cuyos pasos escuché por aquesa cerradura; decidlo, no me enojéis: vive Dios que aquí se trata . (Don lorje me dijo bien) alguna traición oculta. Celoso viene, que haré? . Señor, mirad que en mi sangre heroicamente se ve mi lealtad. . aunque la estimo, ya Duarte la dudé, decida quién escondisteis? Ay aprieto más cruel! . si descubro al Rey, no cumplo con la amistad, y la fe de su vasallo; pues si digo, que aquí está Blanca (ah ir fiel!) doy al Príncipe un pesar; y cuando la llegue a ver, público en Blanca un delito, que no me puede estar bien. Cielos, entre aquestas dudas, un infeliz que ha de hacer? Pues vos no queréis decirlo, dadme esa luz, yo entraré, que valor tengo. . Señor. qué os suspendéis? . si el entra descubro a Blanca, y al Rey: . vive Dios, que pues me aprieta, que tengo de anteponer mi lealtad a mi cuidado; y he de acabar de esta vez con el Príncipe, y con Blanca. Qué decís? . Yo os lo diré, Blanca, bien podéis salir, esto señor reusé sl oesachastis a mi padre, que es lo que mis ojos ven? Blanca, Don Vasco está aquí? Ella me ha echado a perder. Señor. Yo estaba escribiendo. a don Vasco, y a traer un pliego vino aquí Blanca, tuvo que añadir en él. entro a esa pieza a escribir, y así como la llamé, salió agora preguntando, si a su padre despaché, bien lo remedio. . Qué es esto? Don Duarte, está muy bien: don Vasco está en Portugal, pues de Francia supe ayer, que había venido mi padre; Blanca. . Señor. . ha cruel! mucho os debe vuestro padre, pues vos venís atraer las cartas. . Señor, yo vine a mi honor, no le culpéis, que yo, más no puedo hablar. Eso sí, ardan también en los celos que me abraso. Qué has hecho ingrato? Esto es publicando tus delitos querer morir. . No penséis (ella adora a don Duarte, y me tengo de vencer, pues sé yo reinar en mí) Bianca, que si aquí os hallé he de culpar vuestra fama, que sois noble, y demás sé, que tuvo gusto mi padre de casaros. . Pudo ser, más ahora. . Que decís, Duarte? yo os casaré. Señor. Blanca lo reusa: cielos, por satisfacer al Príncipe. . Yo he de dab la mano a un hombre, que creo de mi amor tan grande infamias Sin duda que aquesto fue . la traición de que don lorje me avisó, y no hizo bien en no darme declarados los celos; yo emendaré este arrojamiento mío. Duarte de Almeida, sabed, que a vuestra casa me trujo una queja, que tendré de vuestro amor. No la dudo, pues de mi queja tenéis? El Príncipe se declara. Si Duarte, pues os ven, que no me asistis vasallo, y amigo apenas me veis (con aqueste medio quiero . emendarlo) al punto haced de manera, que en Palacio con vuestra casa esé esta noche. . Qué decís? ay de mi honor! vuestros pies me dadpor tan gran favor; mas mirad. . No repliquéis, con no dejalle de ellado, . (demás de honralle) sabre si está mi padre en Lisboa, pues no se puede esconder, sino en casa de Duarte; mas si después que se fue se ha arrepentido de darme la corona, bien se ve, que el no verme es desazón, y el huir de mi temer; mas yo apuraré estás dudas: venid Blanca, os dejaré en el coche. . Gran Señor, suplico que me escuchéis antes. . Pues qué decís Blanca? ya don Duarte no es suestro esposo? qué pedís? Primero se ha de entender la ocasión con que yo fui a Palacio. . Ya la sé: aquesto es contra Don lorje, y así contra mí ha de ser: venia Blanca. Hay tal crueldad! Cielos, por mi honor volved! Dejad la luz, y mirad, que no me recogeré hasta que vais a Palacio. En fin he de obedecer? veáis señor de la India vuestro invencible laurel, coronado de las perlas, que el Sol madruga a beber: Blanca me lleva los ojos! . Hadón Duarte, ha mi bien, mucho siento tus pesares, mas yo los satisfaré; muerta voy! Sin alma quedo! . Mucho tengo que temer del retiro de mi padre, mas yo lo descubriré. Aunque le pese a mi amor, al fin cumplí con el Rey: Burrajo. Puedo salir? Si señor, que ya se fue lu Alteza. Pues qué os quería? Vino a hacerme la merced, que culpáis en su obediencia, y la envidia duda de él. Vino a que fuese a Palacio aasistille, aquesto fue. Si sabe que estoy aquí? No señor, no puede ser; que ha sido Blanca la causa. . No Duarte, no estoy bien con ese favor que os hace. Esto yo lo juraré: . mas bien podéis descubriros a su Alteza. . Yo he de ver primero con que intención os ha honrado. . No se ve? porque soy hechura vuestra. Idos Duarte, y haced, que vuestra casa se lleve, que a la mañana estaré en vuestro cuarto. Pues cómo? Don Vasco, vos no traéis aquella llave Maestra? Si señor. Pues yo entraré por el jardín de Palacio, que nadie me pueda ver: a que aguardáis yo me quedo esta noche aquí. Aquién tal confusión le ha pasa dol pues eso, señor queréis, dadme la mano. . Ea, aDios, que con el día os veré. Yo he de apurar en mi hijo, si este favor es doblez, para derramar la sangre, porque la quiero yo bien de los Almeidas, que tanto la ha dado en aborrecer. Tapada, y con Machado, mas lo tapado no me da cuidado, sino aquella basquiña, porque infiero, que tiene la color de mi dinero que una como a ella la compre a Inesilla: ha infame! ella es, no es maravilla, que antes de bella el corazó lo entienda, que la balquiña me costo mi hacienda, y el llevarme los ojos, no me asombre, que es el dinero el corazón del hombre: ella viene de mala. Aguárdate un instante en esta sala, porque don lorje se quedó vistiendo. desde aqueste cancel la estoy oyendo que Burrajo lo viera. Vesle allí a aquella parte el Rey le ha señalado. Pues traigo yo a que diera este papel al Rey. Buena quimera, el dársele es en vano, Don lorje a noche confesó de plano. . Qué es esto? cómo hacéis? No lo dudo, que aquellos rasgos rojos . Yo soy perdida! mas espera Tomos que tu amo viene. sin el papel, Duarte. Mándome darte este mi señora, a su Altece. . En fin arde en el fuego y cuando Blanca es mía, de Don Duarte? Aquesto me ha mandado. El dárselo a su Alteza es excusado, . Él es para su Alteza, que aquí le escribirá Blanca en la culpa del salir de mi cuarto la disculpa. Esa es su pena grave. que como tanto el corazón la ama, voluí por mi opinión, y por su fama, y así el papel. Acaba, qué me quieres? Habla paso, señor, terrible eres. Sabes que el Rey Alfonso. Ve de espacio. Por aqueste jardín que está en Palacio rebozado, y cubierto de su rama entró aquesta mañana Desátame, señor esta quimera, cuando por Blanca su desdén te abrasa, . Vos demudado? a esto te traigo, mira lo que pasa. Válgame Dios! qué veo? Cumple a Blanca señor este deseo, Vengo a darle un papel, y no quisiera . Vuelve el papel, que el darle es ocioso Vive Dios, que aunque el lance es tigua aunque no es medio sabio, Lroso, que he de saber la causa de mi agravio. Este papel Don lorje, no es posible que sea para vos. Lance terrible. que el Príncipe Juan muestra en los ojos apelo mi temor para mi huida. publicando el ardor que el alma tiene, . Escuchadme Jorje. . yo no pue (ra? . Oh tengo miedo, inés, pues tú en Palacio, y a esta ho. o ha de haber mógico aquí no es nada, pues Tomas (que está allí) no trae espada y que me hagas merced de darle luego . Doilorje este papel Blanca le en (bia y sabe ya su Alteza, que es mi dueño, el quitársele a lnes no ha sido empeño y el dejarosle avos será bajeza: dadme el papel, sino queréis primero Dejad el blasonar para el acero, Pues de mi boca el Príncipe la sabe; que si es para su Alteza, ya le tengo, y yo se le daré, y me prevengo en cualquier ocasión a defenderle, que no le tomé yo para volverle. Pues yo os le quitaré. Idos de espacio. yo no miro que estamos en Palado que aquí el pesar se me hace, y así mi honor aquíle satisface. Don Duarte, Don lorge? Tride Soy perdido! hasta mi cuarto, y que en él me espera. . Si el Príncipe (ay de mí!) nos has Este papel señor. Le tomé a ese criado, porque es de Blanca, y cuando a vosa envía, parece grosería, que hasta que vuestra Alteza se le diera que con pasos desiguales un sujeto tan bajo le tuviera, o, Don orje se pidio, yo me excusaba. ̱. Aquesto es gran señor lo que pasaba, quení en talles, ni en vestidos Dadme el papel, Duarte está celoso, pude conocera nadie. ̱ Aunque ha andado Duarte tambrioso Adelantose uno de ellos, el contar es suceso con templanza, parece que ha excusado mi venganza: ahora resta el Príncipe que entienda, que quiere a Blanca, y que me está ofendiendo, . Señor, válganme los cielos! dlico lo cual (que bien hice en arriesgarme que ha de querer casarme, aunque mi estrella con rigor lo intente que infamemente se valen que soy noble, ella fácil, y él prudente. Tomad este papel, y aunque estáis de la novedad del traje, lcedle después, y luego dcspondeta por mí vuestro albedrío, que su respuesta a vuestro juicio fío. (los? para; mas vos lo diréis, A mí me da el papel: qué es estos cie qué es afrentar vuestra sangre, co el papel ha de culpar sus celos: . Señor, yo no sé qué diga y vos don lorje en tanta resistencia, mima que viais muy mal de mi clemencia leviese entrar; que he de hacer? y si no reprimís vuestros cuidados. o señor. r dejadlo ahora: esos criados a confesados descuidos, retirad. . Qué querrá? Despelad, oía. Juro a Curisto, que aún hay más ca- Pues vámonos Butrajo. Vamos a echar abajo a cólera, aunque en estas orasiones la suelo votener en los talones. . . Señor: hay más fuerte lance! No penséis que me he vestido tan de mañana Duarte si ocasión. . Ya yo sé señor, que a las Majestades divino impulso las mueve, y más avos. . Escuchadme El abrir esta mañana de esas ventanas, que caen qa ese jardín una de ellas, para que la luz entrase; vi en el jardín a dos hombres, venían entre sus hojas tan cubiertos los semblantes, y abriendo con una llave entraron por esa puerta, que hasta vuestro cuarto sale. Y así he venido a informarme que hombres son estos Almeida, de la quietud de las horas, ciego, de lo oculto del jardín, del imperio de una llave, válgame Dios! que a su padre Mirad Almeida, que saben daroídos mis piedades. Trámbola. . Vive Dios, que vuestra Alteza a mi lealtad inculpable la apura tanto. . Qué en esto? pues vos osáis replicarme, dadle la espada a don lorje. mirad. . Acabad. . Primero vuestra Alteza ha de escucharme para que veaz quien culpa con sospechas tan infames. Yo soy (señor invencible, que el cielo mil años guarde, para terror de los Motos, y gloria de estas edados,) Yo soy Duarte de Almeida, cuya esclarecida sangre la vio el África vestida, y derramada el Algarbe; si bien invencible siempre, llevando tus Quinas Reales, donde el Sol recién nacido se está mirando en el Ganjes. Apenas diez años tuve, cuando Alfonso vuestro padre me honró, con que yo os sirviese de menino en esta parte ya se acuerda vuestra Alteza como llegaba a agradarle en aquellos rendimientos, que supiese yo imitarle; cuando el caballo veloz, que la grama al Tajo pace, que el fuego le viste el pecho, y los pies le calza el aire, la primera vez valiente tan diestro le manejasteis, que se miraron ociosos en tu diestra, y tus hijares. la Castellana baqueta del Andaluz acícate. Crecisties vos, y crecieron en vuestras heroicas partes tantos briosos alientos, que pasando vuestro padre, que a la conquista de Arcila. también a ella pasasteis. Y siguiendo vuestro Sol, Águila siempre constante, no bien nacidas las plumas, dejé el nido, y al ajamen uestro, sin cerrar los ojos en las trincheras me nuisasteis, Ya os acordáis, gran señor, como en el fiere cómbate me atrutén ada cargría siendo caso inexpugnable por esta? Cienguarnecida de nuntas hombres, y sacres: y envistiendo con cien Turcos (que con valiente coraje la defendieron) les hice (matando de ellos gran parte) retirar, y de sus cuerpos (que fueron estorbo antes) forme escalones, haciendo aquella subida fácil: con lo cual vuestras banderas Arcila las vio triunfantes en la guerra con Castilla, cuando por su raya entrasteis. Quien ganó a Rebolo? quién subido en su balvarte de Castellanas cabezas fue Cierzo, que en un instante derriba al suelo las flores del almendro, y hacen escarmiento las que eran dulces lisonjas del aire; quien sino yo, fue el primero, que aquel rujido espantable de Toro, por ser tan fuerte, no mudó, ni aún el semblante; antes cercándole todos, yo le puse la suave coyunda vuestra, y le hice siendo tan fiero domable. Tomamos luego a Zamora, y a no haber los estudiantes en Salamanca trocado las ródelas por los vades, Salamanca fuera vuestra; que es valor incontrastable el de un mozo cuando deja los libros, o los reparte en el pecho por defensa, y ansí a la campaña sale, que con libertad, y estudio pocos han sido cobardes. En la hatalla de Toro, no halle a vuestro heroico padre peleando casien el suelo, muerto el caballo delante, defendiéndose valiente del valor del Almirante, del señor de Hita, y Bultrajo, cuyos aceros brillantes, pretendían generosos prenderle más que matarle. Púseme delante de ellos, divertidos en tirarme (que era yo fiero enemigo, si etan enemigos grandes) pudo entonces con mi ayuda el Rey mi señor librarse. Viendo retirado a Alfonso por impedir el alcance me fui a la puente de Toro, y halle el Castellano Marte, al Conde de Alba, y de Liste, que llevaba el estandarte del Guión vuestro en despojos, habiendo muerto al tomarle vuestro Alferez, y envestile yo, porque no le llevase: tan recio le quité al Condo el Guión, que al arrancarle vine al suelo, y recogiendo albraco sus tafetanes, le defendí de rodillas, porque el Conde por vengarse, no me dio lugar su prisa, que más defensa buscase, seis heridas me dio el Conde, y luego otros Capitanes, lanzándose sobre mí (este fue valor notable) con las manos, con los dientes tiraban para sacarle. Yo todo el cuerpo sobre él, cual suele en es nido el ave, por defender sus pollvelos de las Águilas rapantes que encrespándose al peligro entre la pluma suave del pecho oculta los hijos; y a las garras penetrantes con las alas los defiende, con el pico las abate: y aunque el Águila no lleva presa en que pueda cebarse con el ardor de la ira el nido a golpes deshace, derriba al suelo los pollos, sus plumas al viento esparce. No de otra suerte, señor, tenía vuestro estandarte debajo del pecho mío, defendiendo con mi sangre vuestras Quinas, aunque el Conde, Águila más arrogante tiraba de él, no podía, tiraron otros, fue en balde; y ansí aunque le deshicieron, nunca pudieron llevarle. Con vuestra gente a este tiempo donde estaba yo llegasteis, peleando en mi defensa, esta es acción memorable. Vos mismo al Conde pudisteis, y llevado del coraje, que pocas veces se vence en aprietos semejantes. Matarquisisteis al Conde. y viendo en tan fiero lance, que era descrédito vuestro, y era fuerza que os pesase después, bienos acordáis cuando el acero e puñasteis, como la diestra os detuve, para que no le maraseis. Este ha sido gran servicio, que abultará en los Anales vuestros, que el seguir el gusto, siempre de las Majestades por aumentar los favores son políticas vulgares, pero impedir lo mal hecho pocos vasallos lo hacen. Yo soy el que os ha servido de esta suerte, y se perivade vuestra Alteza, que es posible en mi lealtad inculpable hallar sospechas tan viles, que a su pureza la ultrajen, que a su fernor la destemplen, o su candidez la manchen. Ha como la envidia es fiero mal nacido áspid, que entre flores de lisonjas, sino se encubre, se abate! Haz como un Príncipe mira las acciones por cristales de aquellos, que para el gusto se forman triangulares, y ansí nunca ven las cosas como son, porque allielarte a lo oscuro da colores, a lo pequeño hace grande, a lo imítil da valor, y así es fuerza que se engañe, que el mirar por instrumentos, aunque gustoso se llame, en la elección será yerro, porque fue en la vista achaque. Yo os confieso, que los hombres, que entraron por ese parque esta mañana, conozco; pero aunque en Palacio entrasen, segura está vuestra vida, porque soy yo quien lo sabe. Y no se ha de presumir, que quien en riesgos tan graves se pulo por defenderla, si ella ahora peligrase lo había de callar; y así vuestra Alteza no me mande decir lo que no le importa que le diga, o que le calle, y a mí sí, que quizás tengo hecho algún pleito omenaje de callar, soy obediente, soy noble, y así no es fácil el faltarme yo al secreto, sin que a mí mismo me falte: mirad vos allá quien puede a tanto imperio obligarme. Pero si vuestras sospechas de secreta causa salen, de otros impulsos se mueven; de extraños intentos nacen: yo no sé qué responderos, aquí está mi vida, acabe vuestra Alleza con su aliento, pues se ha atrevido a enojarle, que vida que enoja a un Rey, está viviendo de balde. Ea empuñad ese acero, y en repetidos corales, sacad la sangre a mi pecho, para que pueda templarle, que sangre tan inocente, bien ablandara un diamante, con lo cual los dos saldremos, vos de tan fieros semblantes, yo de miedos tan injustos, vos de sospechas tan graves, yo de penas, vos de riesgos, yo de ahogos, vos de lances, yo de culpas, vos de ofensas, yo de angustias, vos de males, yo de afrentas, vos de engaños; que en fin es fuerza que acaben con la muerte, las desdichas, y ansí a mi lealtadle vale un morir, que le asegure, mas que un vivir, que le infame. Levantad; vos no decís, que los que por ese parque entraron esta mañana encubiertos los semblantes conocéis? . Si gran señor. Hicisteis pleito homenaje de callar? . Señor, fue fuerza Pues en mi Reino hay quien man- si no es yo? (de No sé que os diga. Ea, llegad, abrazadme, sin decirlo lo habéis dicho, sois obediente, Duarte: sois leal, y sois mi amigo. Cielos, aquí está mi padre, y he salido con mi intento, fortuna, en esto ayudadme. Doi lorje, haced que mi guarda todas estas puertas guarde de mi Palacio, y por ellas no dejen salir a nadie. Y pues juntos en Lisboa están el Reino, y los Grandes en Cortes, haced al punto (pues para aquesto no es tarde) que en mi Capilla se junten, que quiero por Rey jurarme; y vos al papel de Blanca responded luego Duarte. Esperad, señor, qué hacéis? que es vuestro intento, ay de mi! que está vuestro padre aquí, mirad, mirad, no lo erréis. Que será un dolor prolijo, que aún a vos mismo no os cuadre ver que a los ojos de un padre su laurel le ciña un hijo. Estos eran los recelos de Alfonso, yo le he traído a que lo vea, y he sido la cansa de sus desvelos. Cielos, qué pasa conmigo? como he de guardar la ley de un Príncipe, que es mi Rey, y de otro mi Rey, y amigo? Mas busquemos al dolor nuevo torcedor cruel; veamos si este papel me le puede dar mayor; que un afligido se deja llevar de cualquier tormento, cuando quita el sentimiento los alivios de la queja. Hay papel! cuanto se aplaca el dolor de que estoy lleno, pues te lei por veneno, y me pareces triata. , ; a i , Blanca. Ay Blanca, en todo civina, pues cuando yo ciego amante te acusaba de inconstante, eras entonce más fina. No es cautela este papel, ni en el Príncipe hay cuidado, que el que dar asegurado fuera descrédito en él. Ay! cuando un Príncipe es justo, como aún con el ceño obliga, pues pensando que castiga, se vuelve el castigo gusto. Vamos, pues, a responder a Blanca mi bien querido, tantas veces ofendido en las dudas del querer. Y vamos a consolar a Alfonso, porque en su Imperio debe de tener misterio el querer se coronar su hijo, que no creí que un Príncipe sin sospecha puede hacer cosa mal hecha, obrando solo por sí. Deja la llave. . Es del Rey don Alfonso. No haga extremos, que aquesta orden tenemos. Miren que aquesta no es ley. Pues no deja las porfías, dejte apalos el intento. Tenga usted señor Sargento, que esas costillas son mías. Ea, váyase, que aguarda? Palos a mi? buen alarde, juro a Cristo que esta tarde no ha de tener la alabarda. Y Duarte? muerta vengo! No lo sé, la guarda a mí. Barrajo, qué tienes di? Pues dime, que sucedio de aquel empeño cruel de don lorje, y mi paral? inés lo dirá. . Pues yo tuve la culpa? No fue nada, de estas costillas me siento; juro a Cristo, que el Sargento tiene la mano pesada. Mas mi amo vendrá luego, esperad en esa silla, que ditá ahora en la Capilla en la jura, o el reniego, y a Dios. . Ay Jues! yo vengo (pues sé morir, sepa hablar) yo misma a desengañar a Duarte, que no tengo otro medio, y será mengua, que entre tan precisos daños acrediten sus engaños los silencios de mi lengua. Pues más moverán en suma a Duarte en mi aflicción, las voces de mi pasión, que los rasgos de mi pluma: mas el Rey, yo soy perdida! Cubrios en esa antepuerta. Que mi desdicha no acierta con los riesgos de mi vida. Burrajo, puedo salir? No señor, que vengo muerto. Dime, como no has abierto? Ahora vengo de abrir (que esto señor me ordenases!) ese demonio de puerta, para que hallándola abierta por allí las afufases. Luego al abrir encontraron mis ojos con una escuadra, que en ella estaba de guarda, y la llave me quitaron. Pidieronsa mis quererlas, y dijo el Sargento grave, denle de palo la llave, y dio me un manojo de ellas, que sin hacerme cosquillas, rompieron sin embarazo las guardas del espinazo, y me abrieron las costillas. Qué es esto cielos? qué es esto? como mi hijo Don Juan, tanto tiempo ausente yo no se quiso coronar? y ahora que él ha sabido que yo estoy en Portugal, a mis ojos (estoy ciego!) se ruiere por Rey jurar? ya las puertas de Palacio guarda ha puesto, que será? pues me quitas el Imperio, déjame la libertad. Viva Don Juan el Segundo, Rey invicto en Portugal. Brava pildora es aquella, mas no la puede tragar Alfonso. . Ha Don Duarte! que por ti vengo a escuchar ingratitudes de un hijo. Viva el invicto Don Juan, Rey del Algarbe, y la India. Viva mil años. . no más? que cortos andáis vasallos; viva mi hijo la edad del Fénix, y aquelte Imperio míl siglos le goce en paz con mi bendición. . Mas como del afecto paternal se dejo llevar Alfonso. Señor. . Qué queréis? Mirad, que el Príncipe viene aquí, como es cospuimbre al sitial a que le besen la mano los Grandes no lo espucháis? Retirémonos aquí. Voy a mi amo a avisar que está aquí Blanca. Hay hijos! cuanto a un padre le costáis. Señor, Blanca mi señora, en aquella parte está. Qué dices? ay Blanca mía! inés, yo quiero llegar pues es ocasión ahora a hablar al Rey. . No hagas tal. Que esto pueda ver un padre? Pril Nobles del Reino, escuchad: por renunciación que en mí llizo mi padre, que ya hquéis visto, he recibido la corona: ea llegad a empezar la ceremonia, que aquí se suele acabar. Qué es elto cielos? qué es esto? Que de ellos me culparán . esta acción; pues vea el mundo, que nadie puede alcanzar los secretos de un Rey, por lo que tiene de deidad. Gran señor, pues hoy es día (así lo he de remedia:) de hacer mercedes a todos. Blanca, vos aquí? aguardad, que tiempo aura para vos: Duarte de Almeida, sacad al Rey mi señor, y padre, pues vos sabéis donde está. Seño. Haced lo que os mando. Quien vio tall señor, aquí a vuestio parra, cinga. Rey mío, padre, y seño? pues vos de mí os ocultáis? que os ha hecho mi obediencia? Hio, señor, levantad, Yo señor? vos sois mi Rey: ea subid al sitlal, que el haverme coronado, no es ambición de reinar, sino un afecto amoroso, cuando un Reino me dejáis. Hacerme propio este Reino para volverosle a dar, que siendo vuestro era deuda, y tomarle en propiedad, para volvelle me ha hecho, siendo deudor liberal: veis aquí vuestras sospechas finezas de voluntad. Que yo culpase a tal hijo! de gozo no puedo hablar! Ea señor, que aguardáis, subid: Lusitanos nobles, nuestro Rey Alfonso está en Lisboa, veisle aquí; el juramento que ya hicisteis de obedecerme le absuelvo a vuestra lealtad. Mas quiero ser (esto es cierto) hombre solo en Portugal, que Rey viviendo mi padre, cual yo por Rey lejutad. Yo aceto el Reino, hilo mío, por ser vos quien me le dais, y le tendré por haceros aquesta acción inmortal; que en fin Don Juan solo vos sois el hombre en Porrugal: llegada mis brazos hijo. Muchos años le gozad. Qué Príncipe tan perfecto! Qué ternura! Qué piedad! Don Duarte, respondisteis al papel de Blancaya? Señor, con vuestra licencio (pues responderla mandáis) con mi mano a sus finezas esta respuesta la dan. Con licencia de mi padre la mía os responderá. Belad la mano a mi padre. Don Duarte, Conde, alzad. Y vos Don lorje partios a Árcilla por Genetal. Esto es quitar sabandijas. Mucho gran señor me honráis Y aquí senado discreto nuestras faltas perdonad, se da fin a la Comedía del Hombre de Portugal.
