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Texto digital de El hijo pródigo

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José de Valdivieso
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José de Valdivieso Segura
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El texto (preparado por Germán Vega) procede de BVMC.

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El hijo pródigo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hijo-prodigo-el.

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EL HIJO PRÓDIGO

Hijo, toma tu porción; que negártela no puedo. Alegre con ella quedo. Con él parte, Inspiración; que recelo que, en su daño, su juventud necia y flaca de entre estos brazos le saca para el reino del engaño. Ven con tus galas costosas, siervos, caballos, vestidos, a pisar prados floridos y a coronarte de rosas. Con el tiempo me alboroto, que florece en mí el verano. Voyme a romper. Tú vas sano, y tienes de volver roto. En el abril de tus días, cuando tu apetito ciego te hace guerra a sangre y fuego con lisonjeras porfías, ¿dejas el puerto seguro por la borrasca del mar? ¿Vas desnudo a pelear, pudiendo estarte en el muro? Padre, vuestra diligencia es por demás; yo me alejo. Hijo, a tu albedrío te dejo, que no he de hacerte violencia. Adiós. Pues, ¿quién va contigo? El gusto y curiosidad, el deseo y libertad, y el oro, que es lindo amigo; ninguno hay que más importe, porque es mi llave maestra del gusto un perro de muestra y una guía de la corte. Pasa el mar, el monte allana, violenta la más esquiva, honestidades derriba y fuerzas rebeldes gana. Con el oro me acomodo, porque es amigo de ley; llevo en mi servicio un rey, porque el oro es rey de todo. Ese metal engañoso en tus manos vendrá a ser belleza en fácil mujer y espada en hombre furioso. Piensas que te ha de vestir, y es quien te ha de desnudar; sin él pudieras mandar, con él vas a servir. Piensas que todo te sobre con él, y yo certifico que sin él vivieras rico y que con él vivas pobre. Padre, adiós; abrázame. Pródigo, vamos de aquí. Aunque te apartes de mí, de ti no me apartaré. ¡Qué esperan nuestras comadres con hechiceros placeres! Haz como hijo de quien eres, pues lo eres de buenos padres. Busca buenas compañías y mira por la virtud. Vamos, verde juventud, a gozar tus lozanías. ¿De entre estos brazos te vas? Donde mi gusto me espera. Hallarás quien bien te quiera, mas no quien te quiera más. Inspiración, no le dejes. No haré. Pues que te destierras, vámonos a lueñes tierras, que es bien que de esta te alejes. ¿De ir camino te resuelves? Pues sembrarele de espinas, que volveré clavellinas si aquestos brazos te vuelves. Y aunque en caballo ligero vas al Deleite a buscar, teme que he de derribar al caballo y caballero. Despídete. Padre, adiós. Hijo, adiós, y témele, mira que todo lo ve y castiga como Dios. Juventud, dame el caballo del Amor. ¿El Gavilán? Sí, Puesto en él te dirán: no hay hombre cuerdo a caballo. La Vanagloria me ensilla. Despeñarte es muy posible. Ensíllame el Irascible. Nunca aquese sufrió silla. Ensilla el Deleite. ¡Hola! Corre bien, pero mal para, que si tiene buena cara, nunca tuvo buena cola. Encima el caballo ponte del Deseo. ¡Lindo paso! En sus alas es Pegaso, y tú en él, Belerofonte. Pródigo, de Dios te acuerda; mira que a peligro estás. Juventud, ¿de loco vas? ¿Qué juventud hubo cuerda? ¡Olvido de Dios! ¡Olvido! ¡Hola, Olvido! A esotra puerta. ¡Olvido de Dios, despierta! Mal despierta un bien dormido. ¡Hola, Olvido! ¡Zapaquí! El Placer soy que te llamo. ¿Vos sois el Placer, nuesamo? Sí. ¿Pues qué se me da a mí? Mira que soy el Placer. Ábreme, Olvido. ¡Oh, mal muerto! Pues si yo a mi placer duermo, no he menester más placer. Levántate. ¡Porfiad! ¿Hasme también olvidado? Placer que es tan porfiado cerca está de ser pesar. ¡Bien conmigo te regalas! Buenos días. Alegrías, ¿para qué son buenos días, si nos dais las noches malas? ¿De qué gruñes? ¿Qué te azora? ¿De qué es el zuño y la queja? De que dormir no nos deja siquiera quinientas horas. Vuelve en ti. ¿Cómo podré, si yo nunca estoy en mí? Pues si tú no estás en ti, un mozo haré que en ti esté. En ti le he de aposentar. ¿Quién es? Es un pisaverde que de pródigo se pierde. Pues de Dios le haré olvidar. Olvido, de ti me fío. Bien puedes, Placer mundano; que yo le daré la mano, mas para echarle en mi río. En el caballo Deseo, que es desbocado y furioso, a buscarme viene hermoso y tiene de hallarme feo. ¿Corre la posta? Sí, advierte; Juventud es postillón, como el joven Absalón va por la posta a la muerte. ¿Qué haremos? Llamar al juego, y harémosle de este loco; la Lascivia no hará poco con sus lazos y su fuego. Llama a la hinchada Ambición, que se suba a su cabeza, y bríndale la Belleza, que él deshará la Razón. Llama a la Gula; no harta, hará que coma de todo, que tras ponerle del lodo... Le hará hacer, cócale Marta. Hazle casa de placer, que vendrá a ser de pesar si sobre él viniere a dar, como lo sueles hacer. Prevenle un jardín de flores, donde este David se pierda; una caza nunca cuerda, donde cace Esaú dolores. Pon mesa a este Baltasar, haz a este Sísara cama. Trae a este Amón una dama y haz a este Nabuco altar. Ya viene el galán novel loco entre una y otra gala. Venga muy en hora mala, decid los dos, para él. Con canciones y con danzas a recibirle salid; no damas, como a David, mas quien haga sus mudanzas. Echad mano a la bolsa, cara de rosa. Echad mano al esquero. El caballero. Echad la mano, ¡ah galán!, como al árbol la echó Adán, que aquí una manzana os dan tan bella y tan engañosa, cara de rosa. Vos seáis tan bien venido como fuiste deseado. Vos seáis tan mal hallado como venís bien perdido. Quitadle espuelas y botas y dadle aguamanos luego. ¡Para apagar tanto fuego los océanos son gotas! Hola, Placer, dadle gusto. ¿Quién es aquéste? Un chocante. Más manchado que un pedante y más frío que un disgusto. Hola, dime algo de bueno. De bueno no puedo yo, que todo se me olvidó con el asombro de un trueno: atronome de manera que, tras ponerme del lodo, lo he olvidado todo. ¿Todo? Todo cuanto bueno era. Por descartarme del bien y buscar vida más ancha soy vecino de la Mancha y soy quien mancha también. Soy un manchego truhan, que, aunque con aqueste traje, puedo manchar un linaje tan grande como el de Adán. Para sacarme las manchas el cielo, con harto enojo, todo el mundo echó en remojo y aun hizo a la mar ensanchas. ¿Duermes bien? ¡Oh, pese a San...! Antes que me despertéis descostillarme podréis como a vuestro padre Adán. Duermo hasta dejarme asir en las faldas de mi amor; duermo como un pecador, que es cuanto puedo dormir. ¿Comes? Como una ballena. Los hombres vivos me como, y ollas, alguna con plomo, y alguna de fuego llena. Como carneros y vacas harto mejor que Baal, y un becerro de metal hecho de dádivas flacas. Como ajo, cebolla y puerro, con estiércol de paloma, y jamones de Sodoma con polvos de aquel becerro. Eso a comer no me deis, que hace rechinar los dientes. ¿Pues qué? Unas pollas recientes de entre quince y dieciséis. Mozas digo como un oro. Buen gusto tiene el loquillo. Vengo a ser un gomecillo y a disipar su tesoro. Bien es tus brazos me des. Tuyo soy. ¡Bulla moneda! Pon tus pies sobre mi rueda... Que tú caerás a sus pies. Haya música, haya baile, mientras la Lascivia viene. Que ésta en su servicio tiene alguna..., como un peraile. ¿No más de una? Una docena, y mil más si quisieres. Tiene jardín de mujeres. Mas sin tener yerba buena. ¡Quedo! La Lascivia asoma. Sí, que siempre está asomada. Del Deleite acompañada. Familiar de su redoma. Sube con riqueza suma, hecha de espuma del mar. ¡Mira en qué podrán parar gustos nacidos de espuma!... Al son de dulces laúdes, cítaras, arpas, vigüelas, suenan hechiceras voces de hermosísimas sirenas. Con afeitados matices, cubierta de oro y de perlas, porque hace bestias los hombres, viene encima de una bestia. Un cáliz lleva en la mano, adonde sus gustos lleva. ¡Mas son las heces del cáliz arrepentimiento y pena! Amón la lleva del freno; la falda el cantor profeta con sus dos famosos hijos, uno en beldad y otro en ciencia. Son doncellas de labor de Lot las dos hijas bellas; Dina, Bersabé y Tamar, de honor (sin tenerle) dueñas. Son alcaldes de su corte, que acompañan su grandeza, dos viejos jueces, que un día intentaron cierta fuerza. El capitán de la guarda es Sansón sin su guedeja; veinticinco mil soldados de la flaca Gabaa lleva. Salomón es mayordomo, Cenobia la camarera, y tú, Pródigo, tendrás a tu cargo la despensa. Es su cazador mayor, que caza con calderuela, la beldad que resplandece y resplandeciendo ciega. Es Sodoma la cocina, que siempre da fuego y leña; lleva la caballeriza... Ella, que lo es de sí mesma. En fin, madama Lascivia camina como una reina; ¡toquen pífanos y cajas, chirimías y trompetas! ¿Qué hay, Olvido? Un olvidado, que lo está tanto por vos, que tiene olvidado a Dios y de sí viene olvidado. ¿Trae qué gastar? Gastará la flor de la juventud y el fruto de su salud, que almendro al cierzo será. ¡Oh, qué bonica que es, tía! ¿Parézcote bien? ¡Y cómo, que es moza de tomo y lomo! Donaire tiene, a fe mía. Toma, bésame la mano. ¿Enojarse ha si le muerdo? El loquillo ha estado cuerdo. ¿Pues no, si esta mano gano? Envidioso estoy no poco de la merced que le hacéis, que a un loco cuerdo volvéis y a este cuerdo volvéis loco. ¡Qué! Mano habrá para vos, y más si ganáis la mano. ¡Darte mano es echar mano porque des de mano a Dios! Si os empezáis a soltar, enfadareme a fe mía. Brazos tiene; áteme, tía, y seré un loco de atar. Pues que ya te di la mano, bebe de este cáliz mío. Harás que me beba un río dese vino soberano. Pródigo, de ello bebed. No te podrá hartar jamás, pues mientras bebiereis más, matara menos tu sed. De su dulzura me espanto. ¡Qué alegre gusto que tiene! Él está como conviene. A lo menos no es del santo. Tu buen gusto me conquista. ¡Amor, gran gusto me das! Hoy mi privado serás. Mas seraslo de la vista. De la privanza que os dan hasta ver su privación tan pocos los pasos son... ¡Que en dos los anduvo Amán! Tía, venga otro polvillo. ¡Todo es polvo y en él para! Una Angélica gozara. ¡El gusto es como su anillo! ¿Quieres la belleza extraña que vio Troya y que honró Grecia? ¿Quiés de Roma la Lucrecia, o quiés la Cava de España? ¿La Campaspe de Alejandro, la Semíramis de Nino, la Egipcia que a Roma vino o la Ero de Leandro? ¿Quiés a Najarte piadosa más humana y menos piedra? ¿Quieres la lasciva Fedra o la Flora licenciosa? Todas las quiero; y a ti, que con todas me acomodas, pues en ti las tengo todas si eres toda para mí. ¿Qué me darás? ¿Qué? Mis años para servirte y quererte; la memoria de la muerte y el olvido de mis daños. Al que es vuestras alegrías dadle alguna cosa buena. Placer, toma esta cadena de eslabones de mis días. ¿Y al Olvido? Estas memorias, porque sé que bien me quieres; y a ti, que mi cielo eres, el alma para sus glorias y el cielo diera. ¿Por mí? Si le das, pues de él te alejas; que el cielo das, pues le dejas, y al que le hizo para ti. ¡Dadme sarao, dadme gusto! Dadle gusto; haya sarao. Viento en popa va mi nao por el ancho mar del Gusto. Haya damas rebozadas y rebozados galanes, entre desnudos Adanes con Evas mal antojadas. Entre Bersabé desnuda y haga hacer a un rey mudanza Dina revuelva la danza y dela Jacob su ayuda. Rebozada entre Tamar y haga del suegro marido; Jael sacuda al dormido con el mazo de apretar. Échese sobre las faldas de Dalila su galán; no Josef, que se las dan y las vuelve las espaldas. Pródigo, venga la mano, que contigo bailar quiero. ¿Qué quieres? El Caballero. Mas volverante Villano. Toma aqueste corazón de diamante de mi fe, en cuyos rayos se ve que él y el dueño tuyos son. ¡Hágame la vita-bona, el zampapalo y tambico, que, pues os han hecho mico, quiero bailar como mona! ¿De qué es esta capa, amores, que es rica, por vida mía? Pues que te cubre, diría que es capa de pecadores. El gustillo me alborota. Toma; aunque fuera del cielo. Mi poco a poco le pelo hasta dejarle en pelota. Si haréis, si en vos le dejáis. ¿Soy pelota? Como quiera: peloteada y pelotera, que peloteros armáis. Quiero que el Pródigo vea al Juego. Viene a buscarte. ¡Mira que quiere jugarte, y tripularte desea! Con músicas y alegrías a recibirle salid, pues trae cartas. De David, porque mueras como Urías. Del infierno, que en su corte es una estafeta el juego, que en las cartas trae el fuego, y de las cartas el porte. Con mi hermosa jugare. Será hacer mayor mi triunfo. Si el juego fuere del triunfo. punto callado seré. Tú, Juventud, la espadilla, que le des carta de lasto; Placer le dé con el basto. Y vos seréis la malilla. Mas una cosa se nota, que es de aqueste juego ley; que siendo el Pródigo el rey puede ganarle la sota. Métase mucha baraja, y barajemos el juego. De barato le doy luego, o le dejo en la baraja. Yo quiero jugar con tantos. Con tontos dirás mejor; qué tontos hace el amor, que ha vuelto tontos a tantos. ¡Helo, helo, por do viene todo cubierto de naipes, desde los pies del caballo hasta sobre los plumajes! Parece una primavera de mala mano de Flandes, o fuente hecha de azulejos de algún derrotado parque. Con barajas descortadas lacayos lleva delante; con otras menos traídas le siguen fulleros pajes. Lleva hileras de soldados que con él dicen y hacen, y con sus espadas juegan mejor que con las de Joanes. Lleva pícaros tras sí, que es quien más pícaros hace, a quien brinda con sus copas para que los embriague. Lleva grandes caballeros, que alguno hizo casi grande con sus oros y más oros; que los oros, oro valen. Por guarda de su persona van con bastones salvajes, que hace salvajes y bestias los que siguen su estandarte. Las sotas lleva consigo, damas que en su corte ganen; caballos que el resto tiren, y no haya quien los alcance; los ochos y nueves son los puntos que menos valen, que son los pobres del juego, pues no hay quien los descarte. El juego sienta a sus tablas los latrocinios, los fraudes, las mentiras, los perjurios, iras, afrentas, maldades. Lleva fulleros, tahúres, gariteros y truhanes, aportadores de nuevas y hidalgotes de a dos reales. Lleva a cursar en su escuela jugadores estudiantes, que en su libro toman puntos, y son en ellos pasantes. Lleva mozos de cocina que juegan en sus zaguanes; suplicaciones os lleva y turroneros alarbes. Pródigo, ya llega el juego. Pues toquen los atabales. ¡Si lo fuesen sus espaldas y yo quien se los tocase! La bucólica está a punto. Ved que rabio por yantar. Cuanto hay en tierra, aire y mar, todo te lo daré junto. Pues haya juego en cenando. Y mientras el juego viene, bien es que mi amado cene con quien le está deseando. Voy a hacer una mudanza, de la cena al mismo son, con el laúd de un jamón, que tocará Sancho Panza. Vas como la simple res, siguiendo tu desatino. Yo con el trilungüe vino voy a hacerle dar traspiés. ¡Antojadizo hermano, que con tus pocos años te aconsejas, y a nuestro padre anciano, mal persuadido, dejas, y buscando tu mal del bien te alejas; dejas la rica casa del padre nuestro, que abundosa toco, por servir en la escasa del fácil Gusto loco, que siempre vino tarde y duró poco! ¿Qué te aflige, justino, pues es tu tierno sentimiento en vano? Siento que en su camino mi mal logrado hermano llegará tarde y llorará temprano. Dejas estos vergeles, donde la primavera deleitosa, con sutiles pinceles y mano artificiosa, pinta el lirio, el jazmín, clavel y rosa. Dejas este arroyuelo, espejo de cristal de luces bellas, donde el Narciso cielo, enamorado en ellas, se alegra en ver su sol, luna y estrellas. Dejas el abundancia de la segura, cuanto limpia, mesa, un pan todo sustancia, miel dulce, leche gruesa y vino alegre de quietud traviesa. Y dejas el sonoro acento de las aves religiosas, que cantan en su coro a Dios laudes gloriosas, siendo órganos las aguas sonorosas. Dejas esta rudeza, mejor que la afectada cortesía sin arte la belleza, con verdad la alegría, sin sisa el gusto y sin pensión el día. Dejas aquesta tierra, cuyas entrañas son copiosas trojes adonde el trigo encierra que en abundancia coges, para que a tu codicia desenojes. Dejas aquesta viña, de cuyos ramos fértiles cogimos, en la puericia niña, los preñados racimos, adonde en tazas de oro miel bebimos. ¡Y con ingrato modo dejas un padre que de ti se queja, en quien lo dejas todo; que el que de Dios se aleja, lo deja todo, pues a su Dios deja! En vano no corrijas a un ausente, mas vuelve a tu labranza, Justino, y no te aflijas; que su mala andanza le podrán reducir Fe y Esperanza. Volvamos, pero siento sus placeres, Labricio, y mis disgustos. Antes te dé contento; que a los malos sus gustos no duran, ni las penas a los justos. ¿Qué le has ganado? La hacienda, y al pobre he dejado en pelo. ¿Tú? Las memorias del cielo, que es harto más rica prenda. Gula le puso una venda, con que cegó la razón, mientras que su perdición le di en mi vaso a beber; porque el vino y la mujer le hurtas en el corazón. Tú, Gusto, ¿qué le has ganado con tus breves alegrías? La frescura de sus días, pues se los he marchitado. No llego, cuando he pasado; que soy centella, humo, viento, y entre mis gustos sedientos, como Tántalo quedó. Dile a beber y bebió amargo arrepentimiento. Jugando tres el mohíno, habrá revesa famosa. ¿Qué hace el Pródigo? Reposa, embriagado con mi vino. ¿Quién vio mayor desatino que dormir un pecador? Otro suceso hay mejor. ¿Y qué es el mejor suceso? Que amor le tiene sin seso. No hubo seso con amor. Digo que está de sí ajeno, y que anda fuera de sí. Hale transformado en mí el gusto de mi veneno. Pues denos un rato bueno por los que le dimos malos. Jugando tres el mohíno, cuestan mucho y duran poco, al más cuerdo vuelven loco. Pues volverle cuerdo a palos. Él viene; su daño entabla. ¡Borracho! Gracia has tenido. ¿Cómo no me quieres ver? Sor pícaro, ¿con quién habla? ¡Borracho! Gracia has tenido. Dime alguna que me alegre. Harto lo está el que está alegre, habiendo a Dios ofendido. ¡Si asgo una estaca!... La risa me has retozado, bufón. ¡Hola! Darasle un jubón, debajo de la camisa. Di al juego que me entretenga. Dad gusto a este casquivano. Juego, mantenedme mano. No hallarás quien te mantenga. De mi Juventud no sé, al faltarme su virtud. ¡Pródigo, tu juventud como se vino se fue! ¿Pues no hay memoria de mí, Olvido, pues te he querido? ¿Memoria pides a Olvido, cuando te olvidas de ti? Mi bien, llega a regalarme, pues ves que todo soy tuyo. Bergante, sepa que huyo de quien no tiene que darme. ¿No te harta lo que te he dado? Necio, pensarme de hartar es querer hartar la mar, que diz que nunca se ha hartado Dame barato. ¿De qué? De lo que te di en amarte. ¡No sé, barato qué darte, si ya no es que a ti te dé. ¡Pase el pelado pelón, que cual bestia le he dejado! ¡Suelta el perro! ¡Haya salvado! ¡Haya manta y pescozón! Yo le quiero amantear; venga la manta. Placer... Harto te di, y mi placer en esto viene a parar. ¡El cielo te dé su luz! ¡Haya grita! ¡Haya matraca! A la vergüenza te saca. ¡Démosle peluz! ¡Peluz! ¡Pase, pase el pelado que no lleva blanca ni cornado! Pique la venta. ¿Qué espera? Bien es, pues le desnudamos, que de palos le cubramos; pues que no hay hojas de higuera, vaya a la infernal galera a ser eterno forzado. ¡Pase, pase el pelado! ¿Qué has de hacer? Desesperar en tamaño desconsuelo, Eso es estorbar al cielo que te pueda remediar. Aquéjeme la hambre fiera que en toda esta región dura. Quien deja de Dios la hartura es justo que de hambre muera. Vuélvete a tu padre. Estoy tan otro del que me vi, que no parezco a quien fui, ni conocerá quien soy. Sí hará; tu esperanza cobre aliento; llama a su puerta, que amor te la tendrá abierta aunque estés más roto y pobre. ¿Qué bien habrá que me cuadre en el mal en que me aflijo? Ver que las llagas de un hijo las tiene en el alma un padre. Llévete a su puerta yo, que yo sé que estará abierta; que mal cerrará la puerta quien por ti al pecho la abrió. De tus culpas te avergüenza. Ven conmigo y di: ¡Pequé! Que yo te apadrinaré. No me deja la vergüenza. Mas, pues crece en esta tierra la hambre mal persuadida, y por dar muerte a mi vida toda en mi pecho se encierra, de servir a alguno entablo, pues no me han de conocer. ¿Servir quieres? Por comer, digo que serviré al diablo. El que en las culpas tropieza y cae, pida a Dios su lumbre; que en las culpas la costumbre se vuelve en naturaleza. Tras ésta se sigue luego el desprecio del perdón; tras ésta la obstinación, la desesperación luego; y tras aquesta, una soga con que ahorcado el triste muera, y últimamente una hoguera que entre fuego y humo ahoga. ¿Vuélveste? Sí, a preguntar si acaso sabéis de mí, que dicen que me perdí y no me he podido hallar. Vos, ¿no me acabáis de ver ahora? El seso ha perdido. Preguntad si he parecido, que soy mucho menester. ¡Mísero de ti! ¡Ah de casa! ¿Estoy en casa o adónde?... Pues que nadie me responde, no debo de estar en casa. Pues si de casa me fui, ¿viviré yo en mí? Mas no si vivo yo, y ya no yo. ¿Cómo vivo yo sin mí? ¿Si estoy muerto?... Podrá ser. Alma tengo, aquesto es cierto; pues estar con alma y muerto ¡no puede ser, señor bachiller! Mas ya no está que la palma; ya he dado en la cuenta. ¿Pues? La gracia, ¿vida no es del alma? Pues murió el alma. Como del alma se huyó la gracia, que era alma bella, dejó el alma, y entró en ella la culpa, que la mató. Muerto estoy; ¡oh, qué mal huelo! No olió Lázaro peor. Por no oler tan mal olor, las narices tapa el cielo. ¡Este es de la culpa el fruto! ¡Cielo! ¿No me diréis vos si somos deudos los dos, que en mi muerte os ponéis luto? Todo os habéis enlutado; su luz blanca el sol me niega, la luna en sangre se anega, los astros se han eclipsado. La ira de Dios airada vibra un rayo, y si me acierta... ¿Para qué pone a su puerta un ángel con una espada? ¿Espada es justo que esgrima contra un hombrecillo bajo? ¡Hola! ¡Apártate de abajo, no te eche un diluvio encima! La tierra quiere tragarme, como a Abirón. ¡Ay de ti! Y Fineés, como a Zambri, quiere airado alancearme. ¡Guerra, guerra! ¡Al arma, al arma! Su auxilio el cielo te dé. Contra mí, porque pequé, el orbe todo se arma. Si al cielo quiero volar, allí Dios premia y castiga; si al mar, allí a Jonás liga, y anega a un rey en el mar. Si en la tierra me escondiere, los muertos saca de allá; si en el infierno, allí está, que hasta allá su espada hiere. Si por el aire sutil huyere de sus prisiones, allí de los cabezones me sacará su alguacil, Si quieres que no te saque, éntrate en la iglesia y di: ¡Iglesia! Y fía de mí, que ella su rigor aplaque. Ya Jeremías me ronda con sus cadenas; también Ezequiel con la sartén me da vuelta a la redonda. Ya David la honda apercibe contra aqueste filisteo; la mano en la pared veo, que la sentencia me escribe. Mas Amán me ofrece lazo, Judas desesperación, encima el mozo Absalón y Joab traidor abrazo. Tu melancolía es profunda; no desesperes, y advierte que, tras la primera muerte, ha de venir la segunda. Encina el mozo Absalón ¿Una en que el alma murió, está donde muera yo, y otra eterna? Mira allí, que de esta nadie se escapa. Triste visión, ¿qué me quieres? Esta es tu muerte; esto eres, esto es el rey, esto el papa. Resuelve en la sepultura salud, donaire, nobleza, gala, gracia, gentileza, fuerzas, aviso hermosura. ¡Oh qué amarillez, qué horror! ¡Oh qué hediondez, qué fealdad! Pues la de la eternidad viene a ser mucho peor. Vuelve allí, que allí se ve del alma la muerte viva, adonde muriendo viva, y viva muriendo esté. Es brete de encarcelados, donde no entró redención; de ingratos justa prisión, la galera de forzados. Hagas justicia aquí, hermano. Yo te le daré clemencia, como hagas penitencia. ¡A la mosca, que es verano! ¡Mal cantazo que os aturda! ¡Que en oyendo el cuerno bronco, que parece a mí, si ronco, luego dejáis la zahúrda! Mera cómo tasca y trota el ganado ringurrín; siempre vi al puerco más ruin comer la mejor bellota. ¿Refunfuñáis? ¡Voto a ños, que alguno su mal desea! ¡Quien me hizo porquero sea puerco delante de Dios! En el lodazar se enloda el otro... ¡Entra más adentro! En el lodo está en su centro, y para honrar una boda. ¡Come y calla, doos al diablo, que siempre heis de estar groñendo! ¿Aun no callaréis comiendo? Pues yo si como no habro. Mira cómo al otro muerde. ¡Pasa allí, rabi-cortado! ¡Coche, acá! Vertió el salvado; con él la algarroba verde. ¡Pese al puto de mi amo y al bellaco que me escucha! ¡Que esté una persona ducha a escochar este reclamo! Pues en esta hambre importuna, que tien las gentes chupadas. no me ha dado dos nelgadas. ¿Qué es dos? ¡Voto al sol!... Ni aun una. Mi amo debe pensar que son mis tripas de alambre, pues, ¡voto a san, que tien hambre!, que pueden de hambre matar. Él no es oficio de pro para un hombre bien nacido. ¡Pardiez! De esta me despido, y que a mejorar me vo. ¿Qué hay, Chaparro? ¡Ya lo ve, amo! El hambre como el puño. ¿Siempre has de gruñir? Si gruño, háceme siempre por qué. Yo so craro. ¿So su escravo? Libre eres. ¿Pues qué hay de nuevo? Págueme lo que le debo, que me quiero ir a otro cabo. ¿Así me niegas? ¡Mera! Y an yo os voto a non de Dios que es bien renegar de vos, porque el alma me lo da. Pues ¿por qué? Porque es un diabro, y no le puedo sofrir, y hace a los hombres servir como a bestias del estabro. Al que más servidor le ha le somormuja en un brete; ni cumpre lo que promete ni harta con lo que da. Y acortemos de razones, porque yo so corto en todo, si no es en cieno y lodo que me pegan sus lechones. ¡Chaparro! Yo no he de ser de los que el diabro empeñó, y dicen que no quitó; a Dios me quiero volver. ¿Paréceos, villano, a vos que, por mi paga no escasa, no habrá mil que por mi casa dejen la casa de Dios? Pues con sólo hacer dos cercos y interpretar mal dos leyes tendré porquerizos reyes, y aun reyes tendré por puercos. Andad muy en hora mala. Esa ha sido, para vos, desde que un mozo de Dios os arrojó de la sala. Pienso que a tiempo he venido. ¿Faltarame a mi criado? ¡El oficio es muy honrado para ser muy pretendido! Quisiera entrar a servir, si en vuestra casa hay lugar. Entrar, bien podéis entrar; no sé si podréis salir. Las armas trais destrozadas; ¿venís de la guerra? Sí. En toda mi vida vi calzas más bien acabadas. Vos debiste ir por lana, mas volvistes trasquilado. En lugar de este criado entrara de buena gana. ¿Sois del diluvio figura, que os quedástedes fiambre, o retrato de la hambre, que es mal que aquí no se cura? ¿Habrá un pedazo de pan? Sí; mas es pan de mentira. ¿Y vino? Con heces de ira, de la que trasegó Adán. ¿Darme han agua? Del olvido. ¿Carne? Que comáis en viernes. ¿Y cama? La de Holofernes. ¿Y gustos? Los de un dormido. Entrad donde os vestirán. Sí, con la piel de un lechón. ¡Porquerizo rezongón, ¡dos donde os hartarán! Iranse con Dios al menos; no con vos, patas de gallo. ¡Necio! Los cuernos, no callo, que son dos no más, más buenos. ¿Queréis servirme? Está a diente. Esos puercos guardaréis. Honrados puercos tendréis, no quitando a lo presente; y hay alguno como vos. El cuerno le da, importuno. Con éste me desayuno, pero nuesamo con dos. Toma la gaita por cuna que os da el señor Ciegayernos, que tiene armería de cuernos, y dos como de la luna. ¿Quién sois? Un desengañado, que, aunque encenagado y roto, voy a cumplir cierto voto al cielo, que me ha alumbrado ¿Quiés un bastón militar? Entregarete el bastón. O vara de porquerón, para poder vatear. ¿Quieres una señoría? Con, ¡coche allá! y ¡coche acá!, porquería te dará, porque todo es porquería. Si tu gusto deseare ser rey, reyes entronizo. Seréis rey o porquerizo de los puercos del lugar. Tomá el zurrón norabuena, aunque ninguna tendréis; mas quizá aquí asesaréis, que cuerdos hace la pena. Dásele y vete, villano. Más villano es su mercé, pues dándole Dios el pie, quiso él tomarse la mano. ¿Cómo el abismo no abro, y hago sorberte al abismo? ¡Hola! Quedaos con vos mismo, que es quedaros con el diablo. Venidvos; daréis por cuenta la algarroba y la bellota. Mi miseria va de rota, pues los bocados me cuentan, Mal aquí sacaré el vientre, como dicen, de mal año. Podrá ser que el desengaño en tal miseria te encuentre. Vuelve, ovejuela perdida, al hombro del buen pastor, al aprisco de sus brazos, a las redes de su amor. Vuelve a la miera del pecho, vuelve a la sal de su voz, al cayado de su cruz, al agua de su pasión. Vuelve al pasto de su cuerpo, que en aquel blanco zurrón es de los ángeles pasto y ellos los ganados son. Vuelve a aquel pan y a aquel pasto que pronosticó Jacob, todo de rocío del cielo, todo de harina de flor; al pan que cantó Isaías, al que a Elías confortó, que ofreció Melquisidez y celebró Salomón; al pan a quien hizo fiestas el esposo de Micol, que en el arca de la Iglesia hizo fiestas a Dagón; al que espigó, con su dicha, Ruth, la mujer de Booz; vio en el lago Daniel y hizo fuerte a Gedeón. Vuelve a aquel pan saludado, que a mil enfermos sanó, que es hartura de los cielos, aunque nunca los hartó. Mira que perdido vas, siguiendo ajeno señor, que por pan te dará piedras, por vino hiel de dragón. Mira que estás más llagado que estuvo leproso Job, y que tienes más heridas que el hombre de Jericó; más que Lázaro mendigo, pues ese rico Epulón te negará las migajas, pero los lebreles no. Advierte que a la raíz del árbol está la hoz, y cortado serás leña de la chimenea de Dios. Sal de la noche de Egipto a la rubia luz del sol, y de entre bestias cerdosas al Cordero, que es pastor. Deja aquese ciudadano que a Jerusalén dejó, en la sombra de la muerte a Babel edificó. Vuelve a los paternos brazos y conoce, pecador, que no hay culpa sin castigo ni lágrimas sin perdón. ¿Conjuraisos unos y otros para venirme a morder? Dejar a un triste comer, como a uno de vosotros. ¡Coche aquí! ¿Mordéis la mano porque la bellota tomo? Si su comida les como, que me han de morder es llano. Pues su comida ha de ser la mía, nadie se enoje. Sucio salvado recoge, que aún no le dejan comer. ¿Aun no me dejáis hartar de algarroba y de salvado? Quien no quiere ser salvado, salvado le ha de faltar. ¡Hagan bien, por caridad, señores puercos, a un pobre, para que reparo cobre su extrema necesidad! De limosna se lo pido. ¿Decís que Dios me provea? Gruñidor plegue a él que sea, aunque lo he desmerecido. En cas de mi padre amado, ¡cuántos gañanes están a quien les abunda el pan, y a mí me falta el salvado! Considero en mi tormento a mí ausente, a ellos queridos; a mí roto, a ellos vestidos; a ellos hartos, a mí hambriento. Pues ya mi sutil estambre corta la hambrienta Flaqueza. La rebelde fortaleza quiere tomar Dios por hambre. Animales sucios guardo, que representan quien soy; y tan asqueroso estoy, que en mis ascos me acobardo. No temas; aliento cobra, que Dios suplirá tu falta; mira que aquí todo falta, mira que allí todo sobra. Levanta, rompe los lazos de aquesta obstinación fiera; que es tu padre el que te espera con tiernísimos abrazos. ¿Cómo podré alzar los ojos a los de mi padre, airados? De lágrimas arrasados, le arrasarás los enojos. Tengo temor. No desmayes. ¡Ay de mí, que os ofendí! ¡Pequé, señor! ¡Ay de mí! Su pecho ablandan tus ayes. Con tus lágrimas sobornas la justicia en tus pecados, porque son ruegos callados con que de cera le tornas. ¿Quién será mi intercesor? La misericordia suya, que le ató, porque no huya los ascos del pecador. ¿Quién es? Paz de la discordia, que contra el hombre desnudo hizo al mismo Dios escudo, y le hizo Misericordia. Mírala, a una cruz atada, el pecho y brazos abriendo, sus entrañas descubriendo, cual pechiabierta granada. Posa en casa de tu madre la Iglesia, que allí te espera, y es quien sola hará de cera las entrañas de tu padre. Trae el vestido nupcial que de su casa sacaste cuando, errando, le rasgaste entre las zarzas del mal. Mira el anillo precioso donde el que es piedra se engasta, anillo de su fe casta, que te dará, como Esposo. Mira las sandalias bellas hechas de ejemplos de santos, para que, imitando a tantos, subas a pisar estrellas. Mira de leche el becerro en su pecho alimentado, en su sangre salpicado, aunque sin mancha y sin yerro. Dejose sacrificar en fuego de su afición, y después, como un león, le vimos resucitar. Con el perdón te convida; allega por él, y advierte que fue tu perdón su muerte, y su muerte fue tu vida. Para comer te le tiene tu padre tras tu destierro; llega a comer del becerro que a todo el cielo mantiene. Ven, pecador, al pelícano de amor, que en sus heridas ofrece cielos y vidas. Si temes en tu malicia que trae vara de justicia, hoy te declara cómo arrimen ya la vara, en tu discordia es todo misericordia. Levantareme y iré a mi padre. Aqueso sí. Mi padre es, si le ofendí; su hijo soy, si pequé. Diré: Padre, tan mal hijo no es digno que hijo le nombres; hacedme uno de los hombres que sirven en tu cortijo. Repararás mi salud y dejaré en tu piedad esta servil libertad por tu libre esclavitud. Vuelve al pasado sosiego, vuelve al paterno regalo; ase de la cruz al palo. Será en mí palo de ciego; si en las torpes ocasiones de los vicios tropecé, como ciego aprenderé... ¿A qué? A rezar oraciones; y si en ellas salgo diestro, mi padre podré aplacar. ¿Qué oración piensas rezar? La oración del Padre nuestro. Hijo, muy grande falta me hace tu desvío: no sé qué en ti me falta, que, con ser todo mío, me haces falta de modo, que en ti parece que me falta todo. Rompí por este cielo (no dejando a mi Padre); tomé el rosado velo de mi virginal Madre, y fue mi amor de suerte, que di la vida a quien me dio la muerte. Quedé en la nube espesa del Pan sacramentado; dite el mejor bocado de amor, que amor le hizo, por hechizarte con tal dulce hechizo; después que como amante a mi mesa te asiento, me hace representante a Amor y represento ya un amante celoso, que de una ingrata quiere ser esposo; ya me introduce dama, que la casa trastorna por la perdida dracma, que, hallada, en sí la torna; ya, por la margarita, un mercader que hallarla solicita; ya un pastor represento, con que al teatro asombro, viéndome entrar sangriento con la ovejuela al hombro; y hoy, de un hijo perdido, un padre represento enternecido. Deja los gozos vanos, hijo: vuelve y veráste escrito en estas manos con sangre que sacaste; de su rigor no huyas, pues, tras que estas heridas son muy tuyas. De mi casa te fuiste, y yo salgo a buscarte; eres quien me ofendiste, yo quiero perdonarte; vuelve, no estés más ciego; tu Padre soy, y con el perdón ruego. Si te has acobardado porque tus culpas veo, ¿quién hubo a quien lo amado le pareciese feo? Vuelve, y vuelve lloroso, que en mis ojos serás el más hermoso. Vuelve al pastor, oveja; al dueño vuelve, dracma; Pródigo, al que se queja, y perla, al que te llama; que amor te solicita, Pródigo, oveja, dracma y margarita. ¡Ay, mi Josef vendido, de volverte resuelve! ¡Vuelve, Tobías querido; vuelve en ti, y a mí vuelve! ¿No es él el que viene? ¡Oh brazos! ¡Sed alas para darle mil abrazos! Vuelvas en buenas horas a aqueste Padre tuyo... Que es tuyo, si así lloras, ya que ese dolor suyo. Aquestos ojos mira, que son clemencia; si los temes, ira. Darte quiero mil besos y mil tiernos abrazos; que amor todo es excesos, dulzura, gozos, lazos; llora, que me enamoras, que son flechas las lágrimas que lloras. Pequé, Padre divino, contra vos, contra el cielo, y sé que no soy dino de que me nombre el suelo hijo de tan buen Padre, que es Hombre y Dios y que es virgen su Madre. ¿De mí, sin vos, qué fuera? ¿Quién, sino vos, me amara? ¿Quién, sino yo, me huyera? ¿Quién, sino vos, me hallara? ¿Y quién, Padre querido, a vos sin vos me hubiera reducido? El vestido bordado le traed y el anillo, el precioso calzado y el virginal novillo; que hallé la margarita, y hoy el que estaba muerto resucita. Suene el salterio alegre, suene la sinfonía; mi familia sea alegre, y brotando alegría, pues mis gustos profesa, versos le cante; sírvale a mi mesa. ¡Ya pareció el perdido! ¡Ya pareció! ¡Que ya ha parecido! ¡El mozo que, como mozo fue a buscar el falso gozo, y halló su gozo en el pozo, donde estuvo sumergido! ¡Ya pareció! ¡Que ya ha parecido! ¿Qué es esto? Zapateadores que con una alegre danza quieren hacer la mudanza que hace el hombre a tus amores. Celebren mi regocijo con alborozo y placer; que hoy mercedes he de hacer en hallazgo de mi hijo. Padre y señor, ¿esto pasa? ¿Posible es que a un hijo ingrato Pones mesa y haces plato con abundancia no escasa, y que a mí, que siempre fui, Padre, obediente a tu gusto (pienso que cumpliendo al justo lo que ordenaste de mí), no me distes ni un cabrito para que me lo comiese con mis amigos? ¿Y a aquese, que ya le lloré precito, con ver cómo ha desipado tu sustancia en tanto yerro matas el mejor becerro y das el mejor bocado? ¿Hay salterio y sinfonía, baile, juego y regocijo?... Siempre conmigo estás, hijo, y tuya es la hacienda mía. Celos tienes, esto es cierto; no culpes mi amor crecido; que hallé al que estaba perdido y resucitado al muerto. Serénense tus enojos, dale amorosos abrazos; que para todos soy brazos y para todos soy ojos. Cúmplase tu voluntad, como en el cielo, en la tierra. Hermano, ya tomé tierra desde de la tempestad. Aquesa humildad me vence. Tengo lo que deseaba; la parábola aquí acaba, y aquí el perdón se comience.