Texto digital

Texto digital de Hijo de la virtud, San Juan Bueno (segunda parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco de Llanos y Valdés
Atribución estilometría
Francisco de Llanos y Valdés Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hijo de la virtud, San Juan Bueno (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hijo-de-la-virtud-san-juan-bueno-segunda-parte.

Logo BICUVE

HIJO DE LA VIRTUD, SAN JUAN BUENO (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Ay de mí! , i - t. Den a este pobre tullido; mísero; y tuerto, una limosna por Dios. En qué desdichas me veo! mas no soy tan pobre, que una familia sustento que como sarna me come, y pica como hormiguero: Pero ya que aquí me hallo, y el boquirubio mancebo, de la ingrata Dapine amante, tiende el dorado cabello, quiero la raspa render, pues me ha de venir a pelo; según estoy de pelón, y no han de decir por esto, que yo soy quitapelillos, pues él se queda con ellos, alibiaré de familia, pues en esta parte advierto, que me lastiman sin cuenta, Del Capitán Don Franciso y me molestan sin cuento: mas esto aparte dejando, la vida del pobre, cierto que viene a ser descansada, pues después que doy en serlo, o esta que llaman fortuna en tal estado me ha puesto, por seguirá un amo, que por castigo me dio el cielo, no tengo ningún cuidado, pues a pierna suelta duermo, y entre la chusma de pobres, a todo el mundo gobierno. Y como en fin me han hallado todos ellos algo acedo, teliquia, o rezagos, que me quedaron de Sargento, todos me llaman Agraz, y Agraz me llamo en efeto. Pero no es cosa notable, que después que fue al desierto mi amo, del no he sabido! . Ay de mí! Pero qué es esto? suspírito: guarda fuera; que será piadosos cielos! Este Juan, este prodigio de penitencias, y espejo de santidad, tan rendido me tiene ya en el tormento, de ver que en las tentaciones, con que postrarle pretendo, cuanto adelante camino, tanto más atras me quedo en contrastar su constancia. O pesia mi enojo mesmo! no se contentará Dios con haberle hecho tan bueno, tan justo, y tan virinoso, que de las honras vuyendo, con que el Duque de Ferrara quiso (terrible tormento!) ilustrarle, las dejase, haciendo de ellas desprecio? no bastaba, que después que el Duque, rato suceso! gozase en su nombre a Este la, Dios por premiar sus afectos, y porque el nombre de Juan tuvo intervención en ello, milagrosamente hiciese tan extraño casamiento? y no le bastaba ver, que apartándole su celo de las glorias de Ferrara, se fuese de ella al desierto, por ejércitar mejor, sin ningún divertimiento, el ayuno, y la oración, martirizando su cuerpo? no le bastaba, que en él, por instantes, y momentos, los Ángeles le asistiesen? sino que para más pienio, Dios, la Virgen, y los Santos, tuviese por compañeros? no bastaba? no bastaba? ya que estaba en el contento? dejarle abí, y no mandarle, que a Mantua, vienese luego, para ser freno de vicios, y de pecados remedio? Pero para que me canso en darle quejas al viento, aqueste (pesamiento!) no es en cuyo nacimiento las campañas repicando, milagrosamente fueron de su virtud, consecuencia, y anuncio en el mesmo tiempo de su milagrosa vida? 486 Segunda parte, El hijo mas no importa nada de esto, si mis iras, mi soberbia, mi venganza, y mi ardimiento le sigue, para alcanzar de su humildad, de su afecto, descanso, alivio, victoria, palma, triunfo, y vencimiento: Pero otro pobre está aquí, de aqueste valerme quiero, porque a tan dichoso fin, el haya de ser el medio; y así alcanzaré lo más, valiéndome de lo menos, y más seguro, pues el fue en el siglo su escudero. Si fue ilusión del sentido? Mas aquí está un Caballero, quiero pedirle limosna con desensado, y despejo, que aunque llegue sin vergüenza, al menos no voy sin miedo. Pobre, humilde, desdichado, que haces en ese suelo postrado a los pies de tanta miseria? Como no tengo quien me dé la mano, Toma la mía, que te prometo hacerte rico, y dichoso correspondiendo, a mis ruegos. Haré cuanto me mandaréis: Pero soltad, soltad presto, y no me hagáis este daño, que me abraso, y aún me veso: Tenéis calentura, o sarna; porque no sé qué me huelo? Mas decidme que he de hacer, señor, en servicio vuestro? Quiero que a ese desdichado, que en ese mí sero lecho tanta copia de desdichas tienen postrado, y sujeto, a que deje sus miserias lo reduzgas con consejos, diciéndole, que un amigo tienes, que galas, dineros, y que aún salud le dará, porque siente mucho verlo así. No será mejor, y tendrá mejor efecto, que pues eres tú su amigo, que tú se lo digas mesmo? No, que no quiero que sepa que yo ese bien le prometo, porque aunque yo soy su amigo, él me odía con tal extremo, que si me llegara a ver, se malograta mi intento, porque huirá de mí; y así, tú tienes de hacerlo: Pero si tus persuasiones, con carimosos afectos no lo pueden reducir, lo has de tratar de enbustero, hipócrita, haciendo chanza de sus locos debaneos, podrá ser que de esta suerte nuestro disinio logremos; y para que des principio, solo amigo Agras te dejo. En todo tu gusto haré. En la plaza en fin te espero, donde para ambos a dos, como amigo verdadero, te daré cuanto quisieres, no faltando a lo propuesto. . Ay de mí! Aqueste quejido. fue el mismo; ya estoy contento, pues de aquesta suerte ya, miedo, ni vergüennza tengo. , . . Ya se lo he dicho, O soberano Señor, suma dicha, bien inmenso de mi esperanza feliz, descanso, alibio, y sosiego; dadme a padecer más males, pues conforme yo merezco, males son los que me faltan, y bienes los que poseo! Que compasión! qué terneza! lástima me ha dado verlo! que penitente que está! Pero qué miro? qué veo? este es mi amo; mas darme por desentendido quiero, pues estoy pobre, y a un pobre quien tiene de conocerlo? Ha codicia lo que puedes! pero mi discurso empiezo. Hermano? mucho me pesa verle enfermo, y sin remedio! Quién es? Un pobre tullido. O qué dicha! qué consuelo! si un pobre a Dios representa, a Dios en mi casa tengo. O quién tuviera que darle! Pero amigo, si deseos pueden las obras suplir, esos son los que le ofrezco. Mas Simón? hermano? amigo? como hallegado a esteextremo? . . Dígame cuanto quisiere, mayor es ya mi dolor! No soy Simon, ni por pienso. . Qué mogigato que está! No es Simón? tengo de parlar en Griego? Mas que un hierro soy Auras! l. Muy bien dice, así lo entiendo. Ni quiero que me de nada, antes compasivo, y tierno, de verle en esa desdicha, hacerle mucho bien quiero: salga de tanta miseria, porque yo un amigo tengo que le dará hacienda, gusto, descanso, quietud, sosiego, y aún salud. Espere hermano, qué dice? Que aquesto es cierto. O qué engañado que vive! Pues porque ese consejo no lo toma para sí? Mire hermano, advierta en esto; el mayor bien, la riqueza mejor, y de más aprecio, es servir, y amar a Dios, en él todo lo tenemos, solo él puede dar salud, todo lo demás es hyerro. Pues si buesarced se agarra de las aldabas del cielo, el Demonio que lo envista. Mas que gentil majadero me parece buesarced, hipocritonazo, y necio! Tiene razón, soy niuy malo, eso yo se lo confieso. Mas que querrá hacer milagros el santurrón enbustero con su fingida virtud, y con esos embelecos? que eso, y mucho más merezco. eca Nacional de España Oye 4 Segunda parte, El hijoo Óyeme? pues si me emperro, con esta muleta, mire, le he de dar algunos muertos. Qué bien, hermano, que hiciera! Más gente viene, y supuesto que aquel Caballero aguarda, quieroverle, y volverluego. Piadoso Redentor mío, que poco por vos padezco, cuando solo por mis culpas. en esa Cruz estáis puesto! Ya Rícela estás logrando el gusto, el bien, el deseo de ver a aquel hombre, a quien por su virtud, por su ejemplo, y sus penitencias; mas que por su apellido mesmo, con justa razón le llaman a un tiempo todos, el Bueno: Vesle allí miseramente, en lo humilde de aquel lecho postrado, Rícela, donde sus penitencias le han puesto. El que en la virtud se extrema, Astolfo, todo es extremos, en la penitencia halla; alago, gusto, y consuelo; porque como en Dios está, Dios le está favoreciendo con sus aujilios, y Dios está en él a un mesmo tiempo. Que alegre que tiene el rostro! Al mirarle da respeto! Démosle, Astolfo, limosna, y vamos, porque pienso que es ya tarde, que otro día de espacio a verle vendremos, si te parece, Astolfo. No la quiere, porque el cielo, en la caridad de Irene, le tiene un vínculo puesto con que lo sustenta; y dice; que lo demás es superfluo. De un acto tan viriuoso, envidia de Irene llevo! Pero ya llega a traer el ordinario sustento, con que a Juan Bueno socorre. Vamos, Rícela, que Sergio, . si la vista no me miente, la viene, ay de mí! siguiendo, y he de volver, para dar con este bruñido acero, (si a hablarla llega, y si tiene aquese atrevimiento) fin a su loca porfía, y principio a mi sosiego. Que te ha dado, Astolfo, que el semblante mal compuesto se te ha turbado en el rostro? Vamos, Rícela. No entiendo estos accidentes, más parece que celos llevo. A Irene, cuya deidad es prodigio de estos tiempos, pues suspende su hermosura, y pasma su entendimiento; adoro sin esperanza, y sirvo, ay de mí! sin premio; porque veo que me gano en lo mesmo que me pierdo. Llega, y veremos a Juan, Laura, aquel raro ejemplo de virtud, i penitencia, y de comer le daremos. Pero si mal no lo miro, a Astolfo juzgo que veo, y pues aquí no he de hablarla; esperar que salga quiero. Hay vana esperanza mía! hado impío, cruel incendio, no me basta con amor; sino matarme con celos? . Hurmano Juan? Mi señora? Cómo se halla? Como puedo, con los regalos de Dios, y con los favores vuestros: Muy bien, señora, me hallo, pues más que merezco tengo, Como sé cuán poco come, no le traigo más que aquesto, por no disgustarle, hermano: coma, que yo se lo ruego,; S Solo un bocasto de pan basta para mi sustento, porque ya sabéis, señora, (como experiencia habéis hecho) que mi estómago es tan débil, que al acabar de comerlo, como no me lo consiente, luego al instante lo vuelvo. Yo estimo la caridad, y advertid, que en algún tiempo podrá ser que yo os lo pague: Mas no quisiera, os prometo, que fueran tan solamente movidos estos extremos de la lástima de ver la miseria que padezco, si no de agradar a Dios, y tener en sin con ello señora, a Dios obligado, que es lo justo; y lo perfecto. Qué santidad! Qué virtud! Ese, Juan, solo es mi intento; coma en el nombre de Dios, porque si deja de hacerlo, será imposible que viva. A Dios, y a vos obedezco. Desde que en la cama está, con amor, y con afecto de su régalo he cuidado, y haré adelante lo mesmo todo el tiempo de mi vida, que a mi casa no le llevo, porque al quererlo hacer, siempre se ha excusado de ello. Quédese ahora con Dios. Id con él. Prodigio inmenso! Más brabo salgo que Andujar, mas galán que Gerineldos. Digo que este hombre es un hombre. como caído del cielo; luego al instante le vi, y como así me lo quiero, este vestido que traigo me ha dado hecho, y derecho, y esta poliza, que es para un mercader. Yo leo. Gracias, Dios de las alturas, te doy. Amigo Juan Bueno, Dios te envía la salud, levántate de ese lecho, que quien obliga tan bien, bien merece aqueste premio. 4oo Segunda parte, El hijoo Espera Nuncio Divino. Mas mi Dios, que bien tan nuevo me envía tu Majestad sin llegara merecerlo? Ya libre, y sano me hallo, quien no te sirve con esto? pues si así premias al malo, que dichas gozará el bueno? En este papel cerrado me ha dado crédito abierto aquel Caballero, en un Sergio, que es mercadergrueso: Mas él viene aquí, y también Alfonso en su seguimiento. A una vista retirado a Sergió vengo siguiendo, y no he de pasar de aquí sin que quede satisfecho. Sergio, ya en otra ocasión os he dicho, y muy resuelto, que al Sol divino de lrene no oseis aleve, y grosero alzar los ojos, porque os mataré, vive el cielo! A mí? Si: pues quien sois vos? sois más que un hombre plebeyo humilde, a quien vuestra hacienda da tan altos pensamientos? Advertid en adelante, que si otra vez hablo en ello, tiene de ser casticando vuestro loco atrevimiento. . Tan tuera de mí he quedado, tan absorto, y tan perplejo, con un agravio tan grande, que duda el entendimiento, confuso en sus evidencias, si es verdad, o no el suceso. Lleve el diablo su venida, pues me embaraza con esto que la poliza le de. Hay mayor desdicha, cielos! yo muero de desdichado, pues con agravios, y celos, a pesar de mis fatigas hallo imposible el remedio. Este hombre es un gallina, pues cuando tan grande duelo satisfacer pudo loco, él lo ha dejado por cuerdo. qué he de hacer? sin juizo estoy! porque Aliónso es Caballero, de quien el Duque, ay de mí! hace notables aprecios, con que la satisfacción ya me embaraza el respeto. Que no sacase la espada! A mí tales improperios! vive Dios que estoy sin mí! Mas vengareme si puedo, sin que deje de seguir aIrene por su respeto, que amor es todo imposibles, por eso lo pintan ciego. . Hay tal desgracia! que no pueda cobrar mi dinero? válgate el diablo por hombre! Mas aquí viene Juan Bueno. Qué hay amigo bobarrón? ve como tomé el consejo para mí, y me ha válido aqueste vestido nuevo, y más aquesta libranza? A desengañarle vuelvo. . No me responde? se eleva? vaya un poco de embeleco. Déjame ya, que me quieres? porque me estás persiguiendo? que te he hecho? Hermano mío, yo no puedo más, ni menos, que soy mandado. . L. Mandado? pues de quien? De un Caballero, que sacándome de pobre, lucido, y rico me ha hecho con este cargo; y así, si no te persigo, temo, por faltar a mi palabra, que me ha de dejar en cueros. ̱. . Válgame Dios! del Demonio son todos estos enredos. Llégate acá, y yo veré si puede, echándote al cuello aqueste rosario. Ay Dios! parece que he estado ciego! Ya vuestra virtud conozco, Santo mío, y os prometo no perseguiros jamás. Qué diferente me siento! las gracias os quiero dar postrado, padre, y suspenso, por tanto bien, y no os pago, cuando tal favoros debo. No seáis ingrato a Dios, alzad, hermano, del suelo, y advertid, que solo al hombre, la acción se debe en efecto: pero el beneficio a Dios. Id, y a Dios agradeceldo. Qué piadoso sois, Señor, pues no obstante los defectos, de mi miseria, me honráis con favores tan supremos. Vos sois toda mi esperanza, todo mi amparo, y esfuerzo, pues cuanto mi ingratitud acobarda mis alientos, me esfuerza, y a legra más, Señor, el conocimiento de vuestra inmensa bondad, y de vuestro ser inmenso. Juan Bueno, en nombre de Dios te mando que vistas luego mi habito, y mi correa. Que celestial mensajero! decidme, padre, quien sois, porque pueda obedeceros. Soy el Doctor de la Iglesia Agustino. Que consuelo! Y tanto me has agradado, que con celestial acuerdo te he escogido, para que seas esplendor, y ornamento de mi Religión sagrada, Juan, en todo aqueste Feino, y tenga nombre de Congregación de Ermitaños de Juan Bueno, para dicha de los hombres, aquí mi regla te entrego: Para que al Duque le pidas, que al sostituro de Pedró el criva, que califique tu fundación. Qué portento! para lograr esta dicha, me faltan merecimientos. Lo2 Secunda parte, El hijo 1. Qué me ahogo! 2. Qué me ahogo! Mas que escucho? 2. Piedad cielos! l Dos hombres se están ahogando, ir a remediarlos quiero. s, Anda apriesa Laura. El nombre merece de impertinencia. Ya me falta la paciencia, Laura, con aqueste hombre. Disculpa tiene el error, que así en mi lleva la palma, porque se imprime en el alma, como caracter amor. Irene, señora, advierte, siquiera de con dolida, que sin ti no quiero vida, óyeme, y dame la muerte; Premia en aquesto el cuidado de mi desvelo celoso, para que muera dichoso, quien vive tan desdichado. Nos os canséis, porque es error más culpable, Sergio, en quien siempre ha hallado un desdén, solicitar un favor. Y más no siendo decente, conforme habéis hecho alarde, que no es bien venza un cobarde lo que no puede un valiente. Pues para mí, fuera ofensa empeñarme, y declarada, con quien trae cual vos la espada, por gala, y no por defensa, De fuera Ireve ha llegado, más Sergio aquí? que tormento! ya me falta el sufrimiento: hola, ya no os he mandado que aquí no lleguéis grosero? no porque celos me dais, si no porque os atreváis a mirar lo que yo quiero. Ya es falta de presunción en mi digna de culpar, de tan con tinuo pesar no tomar satisfacción, Astolfo, de aquesta suerte Respondo a vuestra porfía, porque a tan grande osadía, aún no es castigo la muerte; y aunque tan gran caballero seáis del Doque válido, de tanto agravio ofendido, ha de vengar el acero. Pues yo así castigaré de tu embanecido aliento, villano, el atrevimiento. Su Alteza viene, que haré en lance tan apretado? aunque a mi valor afrente, pues me ha de prender su gente, retirarme es acertado, y a Nise la he de hablar, diciéndole lo que pasa, porque sientan en su casa también mi propio pesar. Astolfo? Astolfo? Señor? válgame Dios que pesar! que me llegase a estorbar el Duquel extraño rigor! Qué es aqueso? Un forastero, hombre bajó al parecer, trató mal a una mujer, en sus palabras grosero, y como solo me hallé lo quise así castigar, y al llegarlo a ejecutar, señor, me dejó, y se fue, como ha visto vuestra Alteza. Hiciste como quién eres, que defender las mujeres, es propio de la nobleza, cuyos discursos ajenos, de ti no han sido jamás, ni pudiste lograr más, ni de ti esperarse menos. Jesús, Jesús, que portento matavilla! asombro, espanto; digo que este hombre es un santo, conforme siento que siento. Hola, quién sois? El brevete. del gusto en cualquier guisado, soy, señor, bien reparado, de los pollos el salnete: soy Agraz, y sin enojos, conforme he dado a entender, pues no me puedo ofender, aunque me caiga en los ojos. De qué traes aquese espanto? Señor, no es justo me asombre, verá un Santo como un hombre, y a un hombre ver como un Santo? Juan Bueno, aqueste desvelo, señor, en mi afecto fragua, pues le viandar por el agua, como yo por este suelo. Qué dices? Digo, señor, que dos hombres forasteros, al parecer caballeros, en sus talles, y valor; quisieron (gran desvarío!) el río a bado pasar, sin su raudal reparar, y llevoselos el río. Dieron voces, y Juan Bueno. a pie enjuto caminando, por las aguas se fue entrando, y aquesto de bueno a bueno. Y al llegar (qué maravilla!) cogió a los dos de las manos, y poso buenos, y sanos, de patitas en la orilla. Y no es aquesto muy agro de su virtud, y fervor; porque todo esto, señor, lo supo hacer de milagro. Con que mi discurse fragua, sin otra duda ni error, que este milagro, señor, fue tan claro como el agua. En fin, los dos que salieron, y otros muchos a llegados, todos al Santo postrados; gracias de aquel bien le dieron. Y él a Dios agradecido, luego al instante se fue de allí al Arzovispo, que lo halló manco, y tullido, y el habiro le pidió del gran Doctor Agustino, que con un fervor divino luego al punto se le dio, sin admiración ni espanto, sino con aliento fiel de divino amor; y el lo recibió como un santo, y los dos sin pesadumbres, humildes a él se volvieron, y el habito le pidieron 464 Segunda parte, El hijo para mudar de costumbres. Hízolo el Santo, obligado de su celo, y devoción, por ser tan justa la acción, y esto es lo que me ha admirado. Grandes prodigios he oído, Astolfo, de aqueste hombre. De su gran virtud, el nombre satisface el apellido. Si tan de noche no fuera, Astolfo, lo había de ver. Mañana lo auré de hacer, pues mi afecto considera en él su sobro mayor, con que a ayudarle me inclino; a demás, que su padrino fue mi padre, y mi señor Ser más que el Sol reluciente, bien de su nobleza infiero. Él es muy gran Caballero; muy Santo, y muy penitente. Sí, señor, pues sin ultraje llegaron a conocer todos, que había de ser él, uno de su linaje. Que llegue a tanto el aliento de un villano, estoy sin mí! que así se atreviese aquí a tan grande arrojamiento, sin que a costa de su vida, para quedar satisfecho, expenencia hubiese hecho de acción tan inadvertida? Y que su Alteza llegase, para más desdicha mía, a tiempo, que su osadía sin castigo se quedase? Mas en tan extraña suerte, y en tan penosa fatiga, yo haré que alibio consiga mi desvelo con su muerte. Pero de aquí he reparado, aunque mi mal me enajene, que de la casa de Irene ha salido un embozado; por si es el esperar quiero. Sin pagarme? extraña acción no tiene Irene razón. El parece, a lo que infiero. Ya dos tercios han corrido del censo, y no me ha pagado, y ya estoy tan enfadado, que ejecutarla he querido, y mañana lo he de hacer. Digo qué es él; feliz suerte! aquí le he de dar la muerte pues no me han de conocer. Muere villano traidor! Jesus! aleve homicida; porque me quitas la vida con tan extraño rigor? que ocasión te di, ay de mí! que con mil fatigas muero. Encontré a aquel Caballero luego que salí de aquí, y hoy mi cuidado descansa en aquesta pretensión, si llego a la posesión de tan dichosa esperanza, pues dijo que por aquí Sergio había de pasar; hará, yo pienso cobrar al pie de la letra así. También que al Santo persiga, dijo, y es cosa de juego; cobre yo la plata, y luego poco importa que él lo diga. Jesus! Que? tirana guerra hace el eco a mi desvelo! Jesús, es cosa del cielo; mas él es cosa de tierra. Saco la espada, aunque no tenga valor suficiente, que bien puedo ser valiente, y puedo ignorarlo yo. Aquí está un hombre herido; hay cosa más desdichada! que apenas saqué la espada, cuando dejo a uno tendido! Pero, pues, el lo consiente, aprovecharme quisiera; manos a la faltriquera. Aquí parece que hay gente. Quién es? De miedo remblando estoy! . pago mi codicia. Diga, quién va a la justicia? Qué piensa? Estoy me acordando. Quítenle la espada. Aquí un difunto está con él. Pues, señor, llevenlo a él a enterrar, déjenme a mí. Llevenlo a la cárcel luego, que allá dirá la verdad, y al difunto retirad. He de ira la cárcel? fuego. Allí diréis en un potro la verdad. Aqueso no; pues tengo de pagar yo, señor, la muerte del otro? 1. Qué delito tan atroz! 2. Allá os haremos cantar. Pues auran me de dejar, porque tengo mala voz. 3 Ande, y no se haga reacio. He de ir? 1. Linda flema es esa. Pues no se dé tanta priesa, que esto se ha de hacer despacio, que no he de llegar cansado. si he de cantar, 2. Linda chanza. Qué bien cobré mi libranza? yo voy muy bien despachado. No nos dé tantos enojos. Ya voy, señor. Ande, pues. Pobre Agraz, aquesta vez me habéis caído en los ojos. Llegad ministros feroces del imperio inejorable, que víncula sus contentos en dilubios de pesares. Llegad otra vez, llegad, que con el seguro traje de la hermosa, Estela, hoy hemos de quedar triunfantes, y hemos de vencer a este, que con tan varios ultrajes. ha vencido mis soberbias, solo con sus humildades. En oración le hallaréis, llegad, nada os acobarde, que en el abrasado lanto, hoy habéis de sepultarle. (vil, Que un pobre, un humilde, un pueda con las voluntades de todos tanto, que apenas 4u6 Segunda parte. El hijo de solamente mías, llegase a los pies del Arzovispo a pedirle, fuerte lance! el habito de Augustino, cuando con carno afable se lo diese, y el después a otros dos, que en los cristales . . A ti me acojo, Señor, de aquese soberbio río libró de que se ahogasen; y que después, pesia mí! le diesen los circunstantes todo (en incendios me abraso!) cuanto en fin necesitase, y hasta el Arzobispo Iglesia, con que en un tan breve inslante, un hombre mísero, y pobre, se halló reformador, y Fraile acosta de mis fatigas, de una congregación tan grande: pero ya conoce a Esteia, Ya se admira, ya le hace ella cargos de su amor; iras, furias infernales, cantad victoria, pues hoy. está tiene de alcanzarse: mas ya se retira, y ya resistiendo este combate, llega a un natanjo, que rabia! y quitando, que pesares! las espinas, que disgustos! en sus afectos constante, por las yemas de los dedos se ha clañado, duro trance! ya la señal de la Cruz, Le ha hecho, con que deshace la ambición de mi deseo, las iras de mi coraje, y yo a ordenar nuevas trazas, para rendirle, y postrarle, vencido, y corido voy, porque vitorioso sale. s, Cuya piedad inefable, mi desconfianza alienta para que tu gracia alcance: o amado principio mío! no venzan, no, mis mardades, Señor, tus misericordias ni tus clemencias atajen. o suma sustancia mía! no sean mis culpas más parte para castigarme, que tu amor para perdonarme: aqueste dolor te ofrezco, en reverencia constante de tu sagrada pasión, señor, su valor me alcance. El estruendo que se ha oído donde asiste nuestro padre, para saber la ovasión con admiración nos trae. Pero todo es una gloria; padre Fr.Ruperto, aguarde. Juan tu fineza, y constancia, es de tan alto realce en mi estimación, que excede (cuando más se satisface) a todo mérito humano; y así vengo yo a premiarte. Llega a mis brazos. ̱. Señor? tanta dicha? bien tan grande? Yo las espinas te quito, porque conmigo te abraces. ̱. . Con tales brazos, señor, quien no ha llegado a abrazarte? Y pues por la castidad firme derramas tu sangre con tanto martirio, cobra, para que a ti no te falte la perdida, en mi costado bebe Juan de sus raudales. l. Qué soberano deleite! O qué nectar tan suavel cuando merecí este bien! Pero tu piedad lo hace. ̱. Libre de esas tentaciones, quiero amigo Juan dejarte. 1. Mucho mi humiidad ensalzas, los Serafines te alaben. Gran prodigio! ̱. . Caso extraño! Gran santidad! ̱. . Admirable!

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Irene, mi bien, advierte, que es faltar al sufrimiento, querer que sea un tormento despertador de la muerte. No esté en ti la pesadumbre tan hallada, que es rigor; porque con eso el dolor se ira pasando a costumbre, haz que el llanto divertir pueda algún seguro medio. A quien queda sin remedio, solo es remedio morir. Vuelve a casa, y viste galas; vuelve, y luzga tu hermosura, no pueda una desventura cortarle a tú ser las alas: Que yo, que tan tuyo he sido, y hoy a ser más tuyo vengo; cuanto valgo te prevengo tuyo, por lo que has perdido: Hágase alarde dichoso, de que nunca vez alguna se rindiese a la fortuna el imperio de lo hermoso: Empiecen tu nueva dicha galas, y joyas, que es justo que eligidas por tu gusto disimulen tu desdicha. Déjame, Astolfo, que dar el remedio tan costoso, es doblarle misterioso el tormento a mi pesar. Pues si admiro tu favor, dirá quien las llegue a ver, viéndome tan pobre ayer, que hoy me las compró el honor, que es la gala en la pobreza, un lunar disimulado, que dicta en lo más honrado consecuencias de bajeza. Aquesto, Astolfo, supuesto, y más siendo tu casado, no me culpes. Mi cuidado siempre servirte ha propuesto. Vete, pues, porque a Pr. Juan he de hablar. Obedecor es ley, si en saberlo hacer todas mis dichas están. . Señora, cuando el hablar a Astolfo, nada desdora. Basta Laura, que el consejo, cuando no es decente, es cosa que le admite lo preciso, y escarnece la memoria del delito, que le mira remedio, y después ponzoña: Porque el honor (si lo adviertes) con ser (como sabes) joya de valor incomparable, como prenda tan preciosa, es tan de vidrio, que apenas el menor riesgo le toca, cuando (aunque en él no se quiebre, la malicia escrupulosa tan por quebrado lo da, que con vista (bien que impropia) desde el ser, hasta el no ser, lo juzga una mesma cosa. Aquí una mujer está, triste, asligida, y llorosa al parecer; qué tendrá? mi Dios, solo a vos os toca consolar al afligido: Decid, qué buscáis, señora? quién se baña en vuestro llanto? quien de esta suerte os congoja? que os aflige? qué tenéis? Mas qué miro? ya muy otra de la que pensé es mi pena! Vos tan triste, y tan penosa, y con traje tan humilde? decidme quien lo ocasiona? La inconstancia de los tiempos, y la fortuna envidiosa, mi Padre, de aquesta suerte me rinde, avasada; y postra. Ya supe, como del río la avenida impetuosa, vuestra quinta destruyó, talándola con tan pronta desdicha (sin perdonar de la raiz a las hojos) que no quedó en un instante amago, sombra; o memoria, siendo en sus destrozos, vivo documento entre las cosas, que olvidadas de su fin, ostentando vanaglorias, hacen vanidad constante lo que es humo, nada, y sombra Esto es en cuanto al estrago sucedido, mas ahora vuestro llanto, y vuestro traje nuevas desdichas informan; que os obliga a tanto extremo Esto ha sido, porque corra toda la línea del mal mi desdicha por la posta, dando a entender, que no es pene la pena que viene sola, y allá para serlo empieza, lo que aquí acabó con otra; Pues anoche (qué desdicha!) mi casa, galas, y joyas, ardió en dilubios de fuego, y niufragando en sus olas, yo, mis hermanos, y Laura escapamos de esta forma, mi padre sin un alibio, y sin hallar en mi cosa que no sea una tragedia, un pesar, y una discordia. Quién duda, Irene, quién duda, (que mi pobreza tal oiga!) que vendréis (que tierno lance!) a cobrar (qué triste cosa!) aquel bien, aquel regalo, aquel cuidado; y limosnas que me hicistes cuando enfermo; no es esto verdad, señora? Padre, gran locura fuera, y acción de Cristiana impropia, que lo que a Dios en el pobre le ofrece un dima piadosa, por contrato se conrase del hombre, a quien tanto monta dar limosna; si es de Dios la causa, y así no cobra si no es de Dios, el que sabe cuanto el darle a Dios importa. l. O qué bien qué discurris! Yo os aseguro, señora, que oiga Dios vuestros suspiros, que quien tan bien se conforma con su voluntad, granjea de su amor muy grande copia. Mas ahora que queréis? ̱. Que a Dios pidáis me socorra, y que me dé fortaleza para llevar la penosa carga de tantas desdichas como a un tiempo me apasionan. Yo osofrezco, Irene, hacerlo. Con eso alegre, y gozosa, iré, Padre, consolada. Y yo con veros tan pronta a la constancia entre tanto que Dios dispone otra cosa, Irene, lo quedaré, A Dios, pues. Ju en buen hora. Dulce Jesús, Sol divino, que con luces generosas ilustráis los corazones que tiernamente es invocan. Y vos, soberana Virgen, de aquel Sol cándida Aurora, que toda os bañó de gracia con los rayos de su gloria. Percursor Bautista; yos que con lealtad amorosa palabra sois de aquel Verbo, que sus grandezas pregosa. A mis ruegos atended, y advertid que mis congojas no las engendra el dolor que mi estomano apasiona, si el desconsuelo con que vive el alma que os adora, de no poder comulgar tantos tiempos ha, es costosa privación, para un afecto que enamorado os informa, para que vuestra piedad, y vuestra misericordia me conceda aqveste bien. Virgen, sed mi intercesura, coma, aunque indigno, el pan blanco, que en Sacramentada forma, debajo de blanco velo, todo el ser de Dios se goza. eca Nacional de España - El mérito, Juan amigo, de las virtudes que adoran tu corazón, es tan grande, que merece mi corona. Con ella a premiarte vengo, cina tus sienes dichosas. Y en fe de la castidad que guardas, en mi memoria recibe también de mí esta azucena olorosa. Triunfador del enemigo, y sus trazas cautelosas, aquesta palma recibe a tributo de vitoria. Mucho alientan mi humildad tan no merecidas honras. A Sena te partirás, a que a tu Regla dispongas. los Ermitaños que están en su Religión sin forma: Y de tu mal te aseguro a que seguro te expongas a comulgar, desde el día de mi Ascensión misteriosa; sin que el rigor de las ansias del estomago, se opongan. a dos tan finos amantes, Seguro, pues, quedas, logra la gloria de contemplar. ser tu pecho mi custodia. Mi Padre. . Juan? qué miro? que claridad! que grandeza! No repara vuestra Alteza? Con justa causa me admiro! Si me ha visto el Duque? Sí; O que costoso favor! Padre mío? Gran señor? disimular quiero así. Qué dicha tan singular! Ahora estaba. Que fervor! Con aquesta palma, y flor. aderezando mi Altar, como vuestra Alteza ve, que es mala la ociosidad. O que profunda humildad! . enojado vengo a feo. Si al rendimiento me acojo, desenojado estaréis; a vuestros pies ya tenéis, la causa de vuestro enojo. n. No es esto sin fundamento, porque he llegado a saber, que ha faltado que comer, Padre Er. Juan al Convento. Que no deis cuidados quiero al cielo, al Convento, y vos, que sé que costáis a Dios el ser vuestro despensero; pues mandáis con prevención poner las mesas ayer sin que hubiese que comer; y que con gran devoción, después que juntos se hallasen los Frailes, a Dios le diesen gracias, como si ya hubiesen comido, y porque admirasen cuanto en Dios habéis podido, con asombro bien notorio, se halló todo el refectorio de luz divina encendido, y que visibles entraron dos Ángeles, repartiendo la comida, que sirviendo fueron, hasta que acabaron; mirad, pues, con que ocasión de vos quejarme pudiera, si el milagro no me hicera callar con admiración. Por mí cuenta desde hoy corran los gastos de este Convento, Allolfo, y mirad que atento se reparen, y socorran, que no es bien que miréis vos mi Majestad, y grandeza, sin que yo a vuestra pobreza socorra, y lo mire Dios. Señor, tanta deuda, es llano que pagarla no podré y así me remito a que la pague Dios de su mano. No le bastó a mis desvelos los melinares del honor de Irene, sin que el amor celos añadadiese a celos? pues quererle dar la muerte a Sergio, y en su lugar hallar otro que matar, es desesperada suerte: pero ya de mi pesar cesarán las experiencias, que con ruegos, o violencias la tengo de contrastar. No se partira el corco, que esta noche ha de salir, hasta que vos escribir podáis. Que está escrito creo, porque así está prevenido; luego el pliego cerraré, y luego os lo llevaré; porque no esté detenido. Mas que estruendo numeroso es este? Ay Dios! que será la causa no se verá de concurso tan penoso! Todo este tropel, advierte, que al suplicio van llevando una vida, que pagando va la deuda de una muerte; al difunto se enterió aquí. Cruel enemigo! Bien merece este castigo; por robarle lo mató, Mi Dios, aunque más, y más merezca ereno tormento, tenga en arrepentimiento la contrición eficaz, que si pecó contra vos, el ser hombre le disculpa, que lo menos es la culpa adonde es lo más un Dios: pero esperad. Qué es aquesto? Un prodigio rebelado por Dios. Soz Segunda parte, El hijo Y estimonio es manifiesto. Hablad, padre. Que he de hablar? Que tal la malicia esté! Digo, que sin causa sé que a este hombre van ahorcar. El confesó, que portento! que ha sido solo el culpado. Ya cuantos han condenado los rigores del tormento? Si quisiera vuestra Alteza ver desnuda está verdad, yo ofrezco la claridad: Tráíganle aquí. Grave empresa! Y si entonces disculpado no queda. . Fiero rigor! . Sin culpar al agresor, no le valga lo sagrado. Astolfo, mandad que impida mi guarda que entre la gente, y entre solo el delincuente, basta que Fray Juan lo pida. Al instante, gran señor, a vista de un desengaño, veréis absuelto un engaño, y redí nido un error. Iglesia, Iglesia. Qué quiere? ya el dársela es cosa justa. Déjenme ver si me ajusta, por si acaso me viniere. Mía es ya, no hay que tartar, no a quitármela se atrevan, porque si a intentarlo prueban, por ello me han de ahorcar. lela virtud, . Juan Bueno, Iglesia vengo a pedir, pues según llego a querella, yo sé muy bien que sin ella ni un hora podré vivir. Quede, mi Dios, declarada. esta causa a que me inclinio, sed su protector Divino, por vuestra Pasión sagrada. Ya, Señor, sois de este empeño el deudor, bien lo sabéis, pues empeñado me habéis, salid yos al desempeño. Ya sé, que por que me honráis, instrumento me elegís, y en lo mesmo me advertís lo fino con que me amáis. Haced que el alma, Señor, vuelva al cuerpo del difunto. Jesús, san Triburcio; al punto le obedeció; que temor! Jesús otra vez, S. Blas, San Jlario, San Magín, San Lupersio, San Crespín; escóndome aquí de tras. De parte de Dios parezco a deciros como erráis en la culpa que a este dais; otro me mató, y le ofrezco perdón, pues le he merecido de Dios, aunque nunca hubo causa; pues otra no tuvo, más que de enojo encendido, después de cobrar yo un censo, llegarme a matar, pensando que otro fuese; mas errando, pormitió Dios, por su inmenso . . Un afecto tan cortés, saber, que a mí me acertase, porque allí un hombre maté, y juicio de Dios fue, que allímesmo lo pagase. Fuese? ya no hay que esperar, pongo en sus pies mi cabeza Aparte, porque su Alteza se humilla. Qué es apartar? en estos pies me desgajo, porque Agraz más dulce viva; abraze el Duque allá arriba, mientras yo abrazo acá abajo. Padre a vuestros pies. i. . Señor, considere vuestra Alteza que se corre mi bajeza con tan extraño favor. En los de un Santo, gozoso siempre rendido estaré. Mucho, gran señor, haré, si acierto a ser Religioso. Cuando tantas honras gano, no os excuséis, padre, así, que no he de alzarme de aquí, si no me dais una mano. Bien, que mano que ha podido ser de Dios tan allegada, merece aún no ser tocada. Aún bien, que yo los pies pido; tanto en ellos me acomodo, que aunque lodo en los capatos tuviera, mi boca a ratos yo la pusiera de lodo. y un amor tan singular, Dios que lo puede pagar, os lo pague. A vuestros pies, humilde, y agradecido de este bien, a Dios, y a vos, con inspiración de Dios, el habito, Padre, os pido, para que acierte a vivir quien ha andado tan errado, que el que traigo es tan pesado; que es cosa para morir, pues con tan grandes enojos al desengaño he llegado, de que ya el mundo me ha dado con el agraz en los ojos: Advirtiendo en mi fervor, si empiezo a vivir de nuevo, que si en los ojos lo llevo, siempre lloraré mi error. Si daré, y con ese llanto en Dios ponga su esperanza, y tenga gran confianza que le ha de hacer un gransanto. Mi Padre P. Juan, ya es tarde. l. Llevaré el pliego almomento, O lo que apartarme siento de su lado! Dios os guarde. Bella Irene, si ami amor, a mi afecto, y voluntad ha de vencer tu crueldad, y ha de rendir tu rigor; de una vez, dusce homicida, puedes la vida quitarme, que será mejor que darme esta muerte repetida: con ros Segunda parte, El hijo c con que en desdén tan severo, hallaras, pues lo apercibo, que muero del bien que vivo, y vivo del mal que muero. Cuya pasión amorosa, tanto en mí lleva la palma, que te sacrífica el alma, aún cuando más rigurosa. Yo estimo vuestra atención, y si estimar es premiar, premio no os puede faltar en aquesta estimación. Pero cuando en tal empreza tanto imposible se ve, siempre, señor, Sergio fue, un desengaño fineza. Esos imposibles son los que yo siempre he notado. Siempre vos auréis hallado que han sido mi presunción Bien decís, si Astolfo fuera la presunción enefeto. Eso es perderme el respeto, sois hombre de humilde esfera: Idos luego, y advertida vuestra pasión llegue a estar, que si aquí volvéis a entrar, no habéis de salir con vida. De vos me sabre vengar. Quserá dificultoso. Desesperado, y celoso a Rícela voy a hablar, que es el más seguro medio en esta pena fatal, para que de tanto mal se acierte con el remedio. . Donde hay pesar como el mío? que de fatigas, que de ansias suspenden mi corazón, y ns sentidos maltratan! El honor padece riesgos, porque ya a sus luces claras nieblas se le oponen, que si no lo eclipsan, lo empañan. Sergio, mi recato ofende, celoso Astolfo lo causa, y Astolfo a mi honor también con su pretensión infama: Porque como la pobreza en este siglo es infamia, siempre en el pobre (ay de mí! ) no hay acción que no sea mala. Pero en aquesta porfía no sé que se siente el alma, que aunque Astolfo así la ofende, de aquesa ofensa se paga. Mas en aquesto la lengua no articule más palabra, que es el honor quien se ofende, y quien lo paga la fama. Esto ha de ser de esta suerte. . Bella Irene, a quien consagra el alma víctima, que tiernamente te idolatra como a soberano dueño, como a deidad soberana, si a mi amor no correspondes, piedia, y no mujer te llama. Vuestras finezas estimo, y si pudiera premiarlas, creed, Astolfo, que lo hiciera, según me hallo obligada. Si vos quisieráis, pudieráis. Mi honor es quien en mi manda. También pudiera mandar la razón. La razón falta a quien se deja vencer del engaño, Eres ingrata. Esta no es ingratitud, mejor atención la llama. Mis desvelos no te obligan? Mi honra no te embaraza? Tú estás pobre. Dios lo hizo. Yo te daré hacienda tanta que estés rica. Esa riqueza, más emvilece, que ensalza. Tu tiranía me ofende. Mejor dirás mi constancia. Pues la fuerza? No podrá cuando mi honor la contrasta. Muchas veces la violencia, aún más que el amor alcanza. Matáreme yo primero que logre tu impulso nada. Mas que llamaron entiendo. Será Sergio. otra vez llaman. Celos sin duda lo traen! maráreló! Suerte extraña! Que miro? válgame el cielo! todo soy de hielo, El alma se me ha turbado de hierle! Mi delito me acobarda! Rogando a Dios por Irene . en oración ahora estaba, y en ella (qué gran favor! su Majestad soberana me reveló aqueste caso, porque yo lo remediara. Mi Padre Fray Juan, si yo cuando, si en aquesta casa. Cóbrate Astolfo, que mucho con tu turbación me hablas, mucho con ella me dices, vuelve a su lugar la espada. Avergonzado, y corrido, no le acierto a hablar palabra. Bien haces, porque la culpa que la conciencia te agrava, te ha puesto providamante el sobrescrito en la cara, con que no se necesita para llegar a alcanzarla, de que la nema le rompa el aliento a las palabras. Vete, pues; pero advirtiendo, (si bien en ello reparas) que los pecados que tienen semejantes circunstancias, (como tocan al honor, de donde pende la fama, luz hermosa de la vida miseramente se pagan, Mi Padre, yo no. Ya sé que tu pobreza es la causa de aquestos atrevimientos: Mas yo vengo a remediarla; hoy quedarás con hacienda, quedando en algó premiada la caridad con que al pobre en amor de Dios regalas. Mira, Irene, cuando el trigo con mano prodiga, y franza siembra el labrador, allí donde lo siembra lo hallá. La limosna que se siembra con caridad pura, y santa en las manos de los pobres, en el cielo se consagra; y así se coge en el cielo con bien crecidas ventajas, para darnos a entender con evidencias tan claras, que es lo mesmo, Irene, que si en el cielo se sembraran. Mi Dios, mi señor, mi amigo, no he de salir de esta sala sin que socorráis a Irene: Esta parece arrogancia, mas si lo fuere, Señor, vuestros favores lo causan. 1. Querido amigo de Dios, . Ya que mi familia toda Dios te envía este presente, porque acudas fácilmente al empeño de los dol De Irene la caridad premia con este tesoro, que noventa libras de oro te envía su Majestad, Tanto la limosna alaga, y tan cerca de Dios vive, que el pobre es quien la recibe, y Dios es el que la paga. . Ya remediada, y lucida te veo con este bien, Dios es quién lo envía, y a quien has de estar agradecida, viviendo con gran cuidado, pues Dios con este favor los peligros de tu honor tan provido ha reparado: Obra es de su Majestad, con murallas de diamante de fender tu castidad. Con padrino como vos, no temo en ninguna parte; pues teniéndoos de mi parte, tengo de mi parte a Dios. Ay las gracias le da también, para que suban más bien, pues sois escala del cielo. 1. A Dios, a Dios, no te apartas? que hago falta considera, porque su Alteza me espera con este pliego de cartas. prueba a minorar el peso de la tarca del día con los alibios del sueño. Ya que Astolfo a los negocios del Duque estará asistiendo, como tiene obligación, esperar que venga quiero en aquesta sala, pues logro en verle mi deseo, que cada instante que tarda, me está un siglo pareciendo. Noche, cuyos bellos ojos son luminosos luceros, más peñas padece el alma, que rayos fulminan ellos. No condenes mi dolor, que a los silos de un desprecio, como es la pasión del alma, no hay humano sufrimiento. bien debes firme, y constante, . Mas quien se ha entrado en mí quieneres di, que encubierto (cuarto dictándome un imposible, lo imposible considero? Habla, si ya no es que solo solicitase tú miedo, que mi decoro te hiciese tan viva estatua de hielo. Quién er Soy. un desdichado. No entiendo, si a lo que vienes más claro no dices. Escucha atento. Yo soy Sergio, un mercader, a quien del mar los aciertos, muchas riquezas le han dado, señora, en muy poco tiempo; cuya ocasión solamente, tan conocido me ha hecho, y tan estimado, que su Alteza, que guarde el cielo, en este ilustre Palacio me ha dado al hablarle asiento: que si la hacienda heredada tiene nobles privilegios, con más razón la adquirida podrá más bien gozar de ellos. Ultimamente, dejando, señora aquestos rodeos, a lo que importa voy solo, pues a lo que importa vengo. Yo vi en aquesta Ciudad una mujer, cuyo extremo de perfección, con decir que es Irene está propuesto, porque para comparar su hermosura, considero, que si no es con ella misma, con otra cosa no puedo. Rindiose en fin mi albedrío a tan soberano dueño; encarecile mis penas, manifestele mi pecho, y aunque no en el todo, halló mi inquietud algún deseo; pero el señor Astolfo con tanto empeño, hace empeño en ofenderme, estorbando mi dichoso casamiento que después de algunos lances, ya por último remedio vengo a avisaros del caso, para que estéis advirtiendo, que si vos no remediáis tan inadvertido intento, entre su vida, y la mía; corre, señora, gran riesgo. Tan divertido está Astolfo con Irene? Aquesto es cierto. Bien lo acreditan mis ansias, bien me lo han dicho mis celos: Ha falso! cuando te adoro, y cuando tus pensamientos idolatran mis potencias, como soberano objecto de mi voluntad, a quien estimo, adoro, y respeto, de aquesta suerte (ay de mí!) me dejas por otro dueño? Cielos? qué es esto que escucho? que es lo que miro? qué veo? no es esta Ricela? si; este no es hombre? es muy cierto; no es posible! como no, si mis ojos lo están viendo? Pues Astolfo no ha venido, ha de quedar satisfecho vuestro cuidado esta noche; de tan fino amor, en premio al Duque hede ira avisar. . Todo cuanto valgo es vuestro. Primero castigará tanta infamia aqueste acero: Así pagarás villano. Muerto soy! Tú atrevimiento hoy tú de mi honor tirana, falsa, alevosa, en quien veo disfrazada la virtud, a mis manos muere. Cielos! Esto es restaurar mi honra, pero que miro? que advierto? mayor novedad me admira; no es este que mate Sergio? mas como (nada discurro!) ha podido? no le entiendo! pues a vista de un asombro, en una enigma tropieco. Este es el cuarto de Astolfo mi padre, él hará el pliego, y al instante partirá sin dilación el correo: pero que trájico fin tan impensado contemplo, qué es esto, Astolfo? no habláis? acabad, decid que es esto? Si con verdad, gran señor, Debo responder, os ruego que me deis lugar a que me informe del caso mesmo porque yo he quedado tal, que de confunso, y suspenso, ni a lo falible me ajusto, ni a lo infalible me niego; y pues yo me ignoro a mí, pero por si acaso hallaires algún escrúpulo, ofrezco la garganta, ya el cuchillo mivida, y al instrumento. q. Qué desdicha? Qué pesares! Qué asombro! Qué desconsuelo! en la determinación. a rosolverme no acierto. Otro muerto hay en la sala y no lo han visto; no miento, que también me mata a mí, quién me quita mi dinero: hay libranza más notable, pues cuando cobrarla quiero, lo enojan, y se agallina, me ahorcan, o le halló muerto: quiero ver si está algo vivo, porque me pague, yo llego; Como dormidos están, y callan como unos muertos: ha, señor; a esotra vida, porque lo que es esta es sueño. Vuelvo a rogaros mi padre, que en nombre de Dios Eterno, la señal de la Cruz santa forméis sobre entrambos cuerpos, 1. . Hágola en nombre de Dios y mando en su hombre mesmo, que a vivir volváis al mundo, pues sé que a Dios sirvo en clio. ha, Astolfo, como me pesa de ver vuestros desaciertos! quien en tales pasos anda, nunca espere otros sucesos; vuestra vida corregid vuestro gusto reprimiendo. respondaos por mí el suceso? . Válgame el cielo! qué miro? Donde estoy? válgame el cielo: mi padre . Juan, la vida, y a un también el alma os debo; y así a vuestros pies postrado. También yo postrada a ellos. Busco protección, y amparo. Amparo busco, y remedio. Dalde las gracias a Dios, que lo demás es exceso. El habito padre, os pido que me deis, porque desprecio las vanidades del mundo. Darosle amigo prometo. Primero me ha de pagar aqueste vale que tengo suyo, mi padre, de que donación hago al Convento. Yo vale, hermano? qué dice? Vale, y revale, o sobre eso nos tienen de oír los sordos; aqueso no, mi dinero pido, y barras derechas. Deme la libranza. Fuego. Todas las cosas del mundo, si, Er. Simón, son lo mesmo. Y yo, padre FraJuan, que me de licencia ruego, para que en reclusión santa edifique un monasterio, pues es fácil de entender, que habiendo me Astolfo muerto, como habéis visto, no pudo volverme como primero la vida que me quitó; con que, pues, a vivir vuelvo por Dios, solo soy de Dios, por tan milagroso medio. Tenéis Rícela razón, justo, y santo es vuestro celo. Esto pide más espacio; vamos, Rícela, que ordeno que os quedéis con la Duquesa, hasta que quede resuelto. S Voyme con vuestra licencia. Id con Dios. Guardeos el cielo. Ahora me has de pagar de una vez, todos aquellos pesares, que veces tantas en el descrédito fueron de mis poderosas iras, Suéltame enemigo fiero. Qué es soltarte, si a las nubes hemos de llegar. Qué es esto? yo me escurro, yo me escapo, yo me agacho, ya de redro, yo me escondo, y yo me campo, porque anda aquí el díab lo suelto. De esta vez no te valdrán ni aún los favores del cielo, pues asido de mi furia. he de levantarte en peso hasta las nubes, de donde. te précipete resuelto en átomos que no estorben ni aún la vanidad del viento. s - Virgen, ayudad me vos; socorredme en este aprieto. Suelta dragón infernal. Qué es soltar? cuando le tengo me pago de este deseo, tan rendido a mi poder, tan sujeto a mis alientos, y tan postrado a mis iras. Dios lo manda. Ya lo suelto porno verte, que el mirarte tengo por mayor tormento. Seguro quedas Fr. Juan, vamos hasta tu Convento. Reniego de tu poder, y aún de mi poder reniego.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Fuego. Fuego. Fuego. Al viento las quejas dais bien en vano, que es poderoso tirano el poder de ese elemento. Gima la necesidad, la fatiga se estremezca, y porque todo perezca; ensordezca la piedad, Contra todo un Dios conspira su poder el fuego airado, no dudo que si ha empezado, llama le sirva de Pira. No porque esto pueda ser, pero porque lo parezca, perezca Dios, si perezca, si quiera en el parecer. Bien sé que vano el deseo este imposible pretende, mas como tanto me ofende Que con él descansarán mis iras, pues me ha negado la dicha de haber logrado mis enojos contra Juan. Fuego. Fuego. Inaccesible: ya todo el Templo se abrasa, los capiteles traspasa el fuego, caso increible! El cansancio no me deja aún para hablar aliento. Tiene poco sufrimiento. Y tengo muy justa queja. 1. Ya, hermano, habemos llegado Poco el alibio lo siente. Es un hombre impertinente. Qué quiere; soy un cansado, y aún es más la pena mía. Pues otra puede tener. Iten otra, no comer un bocado en todo el día. Bien declara su fatiga. Sepa, Padre, aquesta vez, que barriga lleva apies, no llevan pies a barriga. La virtud no se conserva en mí con austeridad; soy yo su patervidad, que se sustenta con hierba? S 1. Ese, hermano, es grandeyetro. Yo no se si yerto ha sido; más en habiendo comido, me azoto yo como un perro. Fuego. Qué. Qué podrá ser? La Iglesia el fuego traspasa. Será de amor, si se abrasa. En él ha de perecer. Vamos, pues que dirigidos todos a la Iglesia van. Advierta que nos dirán que somos entremetidos. Que corazón ha de haber que se niegue a este suceso? Eso es queter ser travieso mas de lo que es menester Justo será que socorra tan grande necesidad. Sí, pero es temeridad querernos entrar de gorra. Qué dudo, pues que no llego? Padre, si vuestra virtud. Nunca Dios te dé salud! Mira las iras del fuego, sus milagros, para cuando los reserva, si está viendo la Iglesia en llamas ardiendo, que toda se está abrasando. Vamos: ay Dios que dolor! mi amor su llanto previene. Pues si tanto amor le tiene, donde ha de lucir mejor? Por Dios daré yo mi ser, y daré también mi vida: Mas di está tan encendida, que remedio puede haber? Aunque todo está encendido, a la custodia el rigor, como que espera favor, el fuego no se ha atrevido. que en tanto aprieto se advierte? Sí. ues yo la he de sacar, Pues cómo es posible entrar? 1. Cómo, hermano? d esta suerte. No se aplaca su furor? Qué desgracia tan terrible! Hh sido el fuego invencible. No se vio tanto rigor! Ya ha apagado sus arrojos sin duda. Hermano, y Fr. Juan? Mis lágrimas lo dirán. Porqué llora? Por los ojos. Después, señor, que ha fundado más de treinta y seis Conventos, le han llevado sus intentos a que perezca quemado. Vino ya? Y está escondido en las llamas. Qué tragedia! Y si Dios no lo remedia, a chicharrón se ha metido: Porque a la custodia luego, sin prevenciones, ni trazas entró a escapar de las brasas, si no es que ha dado en el fuego. Pero el fuego que le vio entrar con tanto donaire, entendiendo que era el aire, en el aire se encogió. De milagro (cosa impropia!) se se fue el fuego apartando, y de milagio fue entrando como por su casa propia. Pero por Dios que se entrase, no es mucho por vida mía; yo, sin ser Santo lo haría como el fuego se apartase. La custodia (cosa rara!) saca, como si entre flores pisara; tales favores le han de salir a la cara. Para que soy yo Luzbel? si la Iglesia no desgajo, y que la bóveda abajo cayendo, le coja a él: nada el poder dificulte, y arrebata la traiga, para que toda se caiga, y en las brasas le sepulte. Cayó, mas nada consigo, por afrenta de mi horror. . Salga, padre; ya, señor, a Dios se lleva consigo, y lo pone, que consuelo! del partido en un altar, con afecto singular, dando alabanzas al cielo. Alabe el cielo esta gloria, que al hombre no le es posible, viendo que a tanto imposible canto por vos la vitoria. De mi indigna insuficiencia se valió su Majestad, mas si fue necesidad, ya en mi fuera irreverencia. Y así, como indigno, ruego reciba nuestro pastor este triunfo del rigor de los incendios d el fuego. De pies, y manos tullido, ya sabéis, padre, que está, y tenerie no podrá Si podrá, si es Dios servido: en nombre vuestro, Señor, bien mío, amado Jesús, por vos formando esta Cruz, le sanaréis. Qué favor! o prodigios soberanos? Alabo vuestra bondad; ya estoy sin enfermedad en los pies, y aún en las manos: de milagro tan notorio a Dios las gracias le demos, y en procesión le llevemos, señor, hasta mi oratorio. Vamos, pues en procesión. Qué merced tan singular! Virtud digna de estimar con grande veneración. Ya el concurso popular, y toda la clerecía, en procesión a porfía empienzan a caminar. Pisa quedo, y no me canses, Laura En todo te obedezco, pues piso con miedo tal, que aún no lo siente mí miedo. Toma, y guarda ese papel. Papel? para que? A su tiempo Ya yo le guardo hasta que pueda saberlo: Mas viendo que tus arrojos hacen lisonja del riesgo, agasajo del peligro, y gala del desacierto; quiero darte un no se que a manera de consejo. Ya es tarde, Laura, ya estarde. Mira. Suspende el aliento. Tu riesgo. No le conozco. Tu peligro. No le temo. Tu desdicha. Pues qué importa? Tu vida. Ya no la quiero. Tu desgracia. Vengan muchas. Y tu muerte? Esa pretendo, esa busco, y esa sigo, solo la muerte apetezco; porque quien sin honra vive entre honrados, de un desprecio, o un desaire, ha de morirse; porque si no, ten por cierto que no sabe que es honor, o no tiene entendimiento para saber ponderar de sus fatigas el peso. A toda ley, el vivir es gran cosa. No lo apruevo. Gran medio es buscar atajos a la muerte. Son sin tiempo. Luego por falta de atajos vamos echando por modio? No hay más medio que matarle, ni atajo más verdadero, que no esperar en quien hizo con la ingratitud empeños. Eso bien puede ser malo; pero no parece bueno. Pues si sabes que mis ansias, (ay de mí! qué mal empiezo! si sabes que poco fino, (eso fuera lo de menos) si sabes que mi constancia, (o que cansados rodeos!) si sabes que de mi honor, (esto si es lo verdadero) hice dueño a ese tirano, a ese ingrato, a ese soberbio, a ese traidor, a ese falso; no le nombré? si, lo mesmo es Astolfo, pues lo es todo; a ese, por quien padezco, desde que dueño le hice de mi honor. Aquí el aliento pasa plaza de cordel, y embargando mis esfuerzos, puesto al cuello como lazo, sirve de lazo a mi cuello. Ya en fin sabes, que gozada me olvidó (qué desconsuelo!) no lo acierto a pronunciar! no sé como lo refiero! ni sé como me lo diga. Por lo menos es bien nuevo, que quien supo hacer lo más, se embarace en lo que es menos. Bien se que su doble trato tan malas obras te ha hecho, como las que estás llorando; y que enamorado, y tierno, palabra dio de poner por obra tu casamiento; y que entre palabra, y obra, solo las obras se hicieron; porque como la palabra se compone de un aliento, que es viento, ya se ha llevado. aquella palabra el viento. También sé, que te desprecia desde aquel instante mesmo, que su dicha, y tu desgracia infelizmente se unieron. Sé, que le adoras, y sé que con aborrecimientos. nunca vistos, te aborrece, y que no tiene remedio reducirle a ser tu esposo. Mas que tiene que ver eso, (perdona si lo pregunto) cuando sobre ti lloviendo están dilubios de penas, querer con tal aguacero entrar dentro de Palacio, como quien dice, acá meentro, que hace un Sol que rabia Dime, para que traes ese acero? Luego le has de coger solo, y cuando le cojas, luego le has de dar por la tetilla, sin decir Dios valme? y quiero que suceda muy bien todo, escaparnos por lo menos no es posible, y por lo más, lo más es que no escapemos. Mucho más seguro fuera, (señora, a lo que yo entiendo) que al Padrefr. Juan le hablaras, pues vino ya, y su respeto venciera lo que no pudo tu amor, tu honor, y tu empeño. Mas gente, señora, viene, y es el Duque, y Fr. Juan Bueno: Qué hemos de hacer? Retirarnos hasta asegurar mi intento; y tú, sin hacer discursos, ni prevenirme los riesgos, obedecer, y callar. Pues ya callo, y obedezco. Llegar en tal ocasión, Padre Er. Juan, he advertido, que fue su acierto regido de divina inspiración: Por nuestro mayor sosiego, en tan extraño pesar, que es digno de ponderar, no aquellas iras del fuego, que tal descuido causó, ver libre, si, y ver segura. la custodia, que ven tura! que vuestra virtud sacó. Oh cuanto a la Majestad de Dios debéis, y debemos, pues por vos tal bien tenemos, Qué escribe su Santidad? Vadre, de la reclusión de Rícela en su Convento, vino el despacho, al momento se pondrá en ejecución los Ermitaños, con gusto dice el Papa que le escriben el bien que de vos reciben en orden más santo, y justo. Erémíticos preceptos a nuestra regla estrecharon, y con tres votos quedaron profesando, mas perfectos. Padre Fr. Juan, mucho os debe toda Italia por tal bien. Señor, solo Dios es quien todo lo rige, y lo mueve No os vais sin ver la Duquesa, aunque es tarde. Tal favor, si corresponde a mi amor, también a vuestra grandeza. Pues vamos, que no es razón deteneros. Ya se van. Todas mis dichas están en lograr esta ocasión: Llega, y dete amor la suerte que no espero. Llego, pues: Qué torpes tengo los pies! mira que no llegue a verte. Ya me vuelvo a retirar. Aquí fue Troya, yo empiezo. Quién es? Yo soy. Pues qué es eso? Un papel que os vengo a dar. Papela mí? Si señor. No sabéis (ay tal porfía!) que de vos, y quien lo envía me ofendo mucho. Ha traidor! Que mal qué sucede todo! . pero la vida le cuesta. Mas dádmele, y la respuesta le llevaréis de este modo; y ahora, sin más tardanza, de mi presencia os partid, idos al punto, y decid, que no espere otra mudanza. O qué cansada mujer! La palabra. Mal, señora, ha sucedido! Con esto tendrá entendido que la llego a obedecer. Terrible anduve, y de necio a ser grosero he pasado! No entiéndo lo que me ha dado, que la quiero, y la desprecio! Ha falso! a ingrato! ah cruel! Pues quedó abierto el postigo, mientras vengarme consigo, tú me has de esperar en él. Harelo de mil amores. . Honor, tus penas aumenta, y a vista de tanta afrenta, sean mis iras mayores. Solo está todo; valor, ahora, ahora de honrado os preciad puesto a mi lado, contra un aleve traidor en quien mi deshonra admiro. Antes que vaya al Convento, a Astolfo hablarintento, pues que quedó aquí: Mas que miro? Muere, tirano. Detente. Señora? vos? cómo? cuando? De hielo soy! Pues? callando me respondéis, evidente es la respuesta: Ay dolor! Ese tirano! Esa aleve! Airada mueve. Niega. (16 Segunda parte, El hijo e El acero. A mi honor. Y atrevida. Qué tormento! Quise. . Se arroja. Matarle. 1. Basta, no más, que ya es darle garrote a mi sentimiento: ay de mí! y hay de los dos! de mí, pues no he merecido que Dios se dé por servido de mis ruegos, y de vos: porque a Dios (de quien os veis favorecida) agravias; y de vos, porque os quedáis con la deuda que debéis, Yo padre, ay de mí! No dudo, Irene, que la violen cía de una dañada conciencia, tan grande error hacer pudo. Yerro será detenerme . a escuchar su reprensión, cuando no ha de haber razón que no sirva de ofenderme. . Así te vas? Lance extraño? Bien manifiestas tu culpa, que huir de la disculpa, es acreditar el dano. Padre, de mi agravio mismo. Calla, que ya sé en rigor, que un error, llame a otro error, como un abismnaotro abisimo; no te repriendo nada, ni tal intento esta vez, Irene, porque ya es la repiensión excusada, no sé que me dio elegir en tan penoso cuidado, que un corazón obstinado, mal se deja persuadir: pero yo lo intentaré en cuanto posible fuere, con los medios que pudiere; y a Dios lo encomendaré: vete, y pídele piedad, y ponso todo en sus manos, porque los medios humanos; penden de tu voluntad. , s s El diablo es aquesta hambre, según me tienta, y entiendo que me ha de hacer caer; porque sufrirla no puedo: pues en esta conclusión; si reparo en sus efectos, halla mi discurso, que es tan pesado, como el sueño. La experiencia la acredita, pues él anoche molesto, me rindio sin más ni más, y hoy ella ni más ni menos; supo de Irene mi padre, como Astolfo (raro hecho!) de su honor siendo Tarquino, le ha dado con la de rengo: pero consolola en fin, y dando vuelta al Convento, de campañas, y de Frailes, hubo repique, y festejo: y preguntando las cosas que en su ausencia seofrecieron, le dijeron, que su amigo Rodulfo era va muerto: sintiolo, lloro, afligiose, y como en lazos estrechos, fue extremada su amistad, lo sintió con todo extremo. Pero para que en discursos, y en arengas me entretengo, si la señora ocasión me está el cópete ofreciendo, en estas limosnas, que para el Convento me dieron? Par Dios vaya, y si ha de ser, aprevechemos el tiempo. El piececirlo me agrada por lo sazonado, y tierno; y aunque hace alarde de limpio, bien se yo que era de un puerco. El pan es como unas flores, y según ahora advierto, hombre de muy buena masa es aqueste panadero. Aquestas son aceitunas, y no es el peor falmorejo, por Dios que son gordas, más yo las dejaré en los huesos. Los rabanos me contentan; qué lindo gusto! qué tiernos! un poco pican, mas yo pienso picar más en ellos. El queso me ha parecido sazonadillo, y por serlo, a la hermana compañera he de armársela con queso, También esta razatraigo, os mas aun lado la arrimemos, que no he de bober con tasa, pues beber sin tasa puedo. No tiene mal gusto a fe la botilla; y así pienso, aunque parezca indecencia, que la he de dejar en cueros. Aquestos son requesones, desengrasaré con ellos, pues a nuestro Padre, no pueden hacerle provecho. Esta es comida de viejos, y en verdad que estan tan buenos, que puedo jurar, que están como una leche de frescos. Pero mucho me descuido con nuestra hermana, ya es tiempo de darle otro cintarazo. 1. Hermano, Simón, que es esto? Desventurado de mí! pagué el pato; que de presto he caído en el garlito, y en la trampa me cogieron! 1 De esa suerte, hermano, acude a cumplir con los preceptos del ayuno; y penitencia? De esta vez, que contar llevo. . Y con ese espacio está, cuando cuidadoso espero la respuesta del papel que para Astolfo. Esto es hecho. S1. Le dí, y encargué el cuidado? Padre, conozco mi yerro; mas es el diablo la hambre, y que me engañó confieso; pero yo me enmendaré. 1. Y espapel? . Llévelo luego, y a la vuelta los devotos estas limosnas me dieron; 1 Segunda parte, El hijo y como necesitado está, mi Padre, el Convento, de buena gana las traje. Y se las come por eso? Como del Convento soy, y está, mi Padre, primero la camila, que no el sayo, mi hambre iba socorriendo, pues bien ordenada empieza la caridad de sí mesmo. Qué me dice del papel? Que fui a Palacio, y quetiendo ver a Astolfo, con el Duque de manos a boca encuentro, a quien di el papel, porque me lo pidió. Mucho siento que lo viese el Duque; en fin leyole? Luego al momento. Y qué dijo? Que el traería también la respuesta luego, muy a su satisfacción. Pues no le adverti primero, hermano, que se lo diese a Astolfo solo en ecreto? Todo se ha echado a perder; claro está, porque supuesto que aborrece Astolfo a Irene, es evidente argumento, que para más desventuras se hace así mayor empeño; por cuya causa escogí este más suave medio, porque los medios suaves, tienen más seguro acierto, pues hablándole, pudieran persuadirle mis consejos, enternecerle mi llanto, y obligarle más mis ruegos. Parece que divertido está mi Padre, yo quiero ir con esto a la cocina, aunque en la cocina temo que he de tener con los mozos, sobre ello algún pelotero. O poderoso Dios mío! apartad de mí os ruego esta penosa aflicción, este mal, este tormepto, esta inquietud que me aflige, y en fin aqueste desvelo, y sea de modo, Señor, que quedéis servido en el lo. Ver al Duque me es preciso antes que venga, supuesto que de Irene de esta suerte aseguro su remedio. Mas otro nuevo dolor tiene mi espíritu inquieto: Ay Fray Rodulto! hay amigo! cuanto vuestra muerte siento! Amigos fuimos, y ahora lo ne de ser con más afectos, pidiendo a Dios, que gocéis; de su celestial imperio. Mal Fruile, que me persigues? Qué miro, piadosos cielos! No pidas a Dios por mí, que aumentas más mis tormentos; déjame ya, pues estoy condenado en los infiernos. Válgame Dios, que prodigio! recto vi como Fray Rodulfo (ay triste!) condenado? qué portento! Lágrimas, como os tardáis! suspiros, ahora es tiempo! Para cuando, para cuando el sentimiento se ha hecho, si falta en esta ocasión? Ay de mi! raro suceso! Er Juan, vuelve en ti, sosiega, y advierte, que todo esto es ilusión del Demonio, que con tan grandes enredos quiere tenerte impaciente, estremándose en aquello donde más la caridad con amor de Dios has puesto; pues estando, . Rodulto gozando el Impireo cielo, con tan contraria ilusión quiso inquietar tu sosiego; como también ahora tiene desesperado a Fr. Sergío, con mayores tentaciones, para que deje el Convento. 1 Y cuál es Nuncio Divino? (to, Le ha dado a entender por cier- que fuerza capaz no tienen para bajar de los cielos a Jesus Sacramentado debajo de blanco velo, las de la consagración, palabras que ordenó el mesmo. S O piadoso Dios! También para que te avise vengo, que hoy has de gozar de Dios en la muerte renaciendo. . O qué dicha! qué ventura! que alegría! qué consuelo! y solo es feliz quien merece vozar, Señor, vuestro Reino! Solo está todo; esta es buena ocasión para lograr el alibio a mi pesar, el desahogo a mi pena. No sé qué oculta pasión, o me sujeta, o me obliga a que este disinio siga, y deje la Religión! Pero si en ella malogro mi gusto, que me detiene, cuando a los rayos de Irene mayores venturas logio? Pues siempre de mí ha triunfado este amor con dulce palma, porque pasiones del alma nunca el tiempo ha contrastado. Y así esta ausencia he de hacer, pues disculpará este error el que supiere de amor, la fuerza de su poder. Mas aquí está nuestro Padre, todo mi intento fustre! válgame Dios! qué haré? No hay discurso que me cuadre, por más que aquí lo previene mi temeroso cuidado. Parece que se ha turbado! Padre Fray Sergio, que tiene? Donde va? no me responde? bien hace, que no hay disculpa cuando de su error la culpa su turbación no la esconde. Como a Dios. Terrible lance! Quiere, Fr. Sergio perder? de su castigo el poder, donde irá que no le alcance? Que sea tan desigual la recompensa al favor? que de esta suerte su error le quiera pagar tan mal? corrija su obstinación, y conozca en su inquietud, que huye de la virtud, quien deja la Religión;, y que le quiere tener; (padre Pr. Surgio) si advierte; el Demamio de esta suerto,. desano de sti poder. Podire, si yo. Dale. . A él. Este tizón me defienda. Hermano, que ruido es ese? Quién ha de tener paciencia con los mozos de cocina, mi padre? que porque en ella; sin repartir las limosnas, hice ligitima entrega, todos me envisten, y todos me ponen de vuelta, y me día; pero en aqueste tizón libro apenas la defensa, y esgrimiendo como un Etor su bien tostada correza, tirando a un lado, y a otro, con valor, y con destreza cuchilladas que se cruzan; estocadas que se encuentran, cuando los iba llevando, arrollados de manera, que le quitara mil canas si me viera en la pendencia, L. Deo gracias, hermano, calle; eso dice? Linda flema, y esto sé hacer si me enoso. Pues póngase en penitencia en Cruz; y deme el tizón. Mucho más merezco; sea Por amor de Dios, mi padre, deme besaré la suela de su zapato, que dicha! Levante hormano. Obediencia. 3. Padre Pr. Sergio, está ya con seguras evidencias? Si le querra dar de palos. 1. De que son trazas que intenta el Demonio; para que (con sus fingidas promesas, y sus vanas fantasía) el lo gane, y Dios lo pierda? la mayor felicidad del mundo, es falible, en ella nunca puede haber constancia, mil pensiones trae cualquiera, el más dichoso (F. Sergío) de infelice se lamenta; la vida, es un soplo leve, solo vive el que la emplea. en servir, y amar a Dios, no el que al deleite se entrega; que vivir para morir, es la vida más perfecta: pero en esta conclusión; Sergio, quiero que advierta, que aquel que en la Religión obediente persevera; procede firme; y constante, que en ella (amigo) florezca como este leño encendido. en mi mano, aunque imperfecta. por virtud de Dios a un tiempo flores, fruto, y ramas, echa. . O qué florido milagro! por Cristo que me contentan las flores de nuestro padre; el es una Primavera. O poder de Dios inmenso! mi padre, a sus pies merezca Este humilde pecador e perdón; y penitencia. que pide tan grande culpa. 1. La penitencia es la enmienda; porque Dios del pecador que mas le hiciere ofensas, no la muerte solicita, que viva, suy se convierta: mas no quedo satisfecho; que la duda que le inquieta, Sergío, con que el Demonio sus precipicios intenta, a pesar de sus enredos. tiene de quedar absuelta. S. Yo dudas? válgame el cielo! que confusión es aquesta? Sí, . Sergio, duda que no tienen poder ni fuerza las de la consagración palabras para que puedan traer del Imperio cielo, bagar de la gloria inmensa a Jesús, para que asista Sacramentado en la tierra, en las especies de pan, y vino, que nos enseñan? no es esto así? La verdad mal encubrirla pudiera ni la admiración con que, padre, su virtud me muestra, cuando Dios me favorece; pues mi pecho le rebela. Quiere salir de esa duda? Aunque está bien satisfecha; mucho mi padre me holgara por mí quietud. Pues atienda. Tenemos otro mila gro, porque aunque tan buenos sea, por muchos me han enfado. Hermano, basta. Qué flema! benedicite mi Padre. h. De aquella fuente risueña, que en alrombras de esmeraldas va desperdiciando perlas, me alcance una poca de agua. No es nada, miren si juega; quiero ir por un vaso: mas mi descuido en esta mesa me lo ofrece; aquí esta el agua mi cadre. Er. Sergio beba. Allá de el rayo. Qué dice? que esta pura, blanca, y fresca. Pues en el nombre de Dios otra vez a berber vuelva; que le parece? Qué es vino de fragrancia manifiesta. Jesús, y lo que ganara si una taberna pusiera! Tan puro milagro, es justo que en todo el Orbe se sepa; mas yo mucho más me holgara que la fuente bendigera. 1. Pues si un pecador. . Sergío, como yo, a quien alienta el celo del desengaño, es la duda que le inquieta, en las palabras alcanza poder para que convierta el agua en vinos mejor lo tendrán en esta prueba las de la consagración con seguras evidencias, dichas por el Sacerdote; segundo Cristo en la tierra. Y así con esta atención, saque amigo consecuencia, que Dios en sus maravillas, obra como Dios en ellas, Y que el hombre, que es más sabio, y mayor ingenio ostenta solo como hombre discurre, y así en errores tropieca: Por cuya causa, a la Fe nos pintan, . Sergio ciega, no porque ciegos vivamos, sino para que se entienda, que los secretos de Dios, que las Divinas ideas, ni las ven ojos humanos, ni pueden comprenderlas. A un desengaño tan grande, la más segura respuesta es él arrepentimiento, y con él la penitencia. Padre, si el cielo dispone que hallen remedio las penas, alcancen por vuestro medio, algún alivio mis quejas; porque según me contrastan, y conforme me atormentan, para resistirlas ya; valor me falta, y prudencia; pues ese Astolfo, ese ingrato, ese infiel a mis finezas, homicida de mi honor, tan de tirano se precia, que con nuevas amenazas, por un papel me aconseja, que pues no ha de ser mi esposo, con el Duque desvanezca esta obligación; porque, ay de mí! Bueno está, deja de repriminpesares, de manifestarme ofensas, ni Irene, porque si atiendes a lo que tu honor te cuesta, y a lo que estimo tu honor, hallarás con euidencia, que padezco más que tú, pues tengo en esta tormenta, yo el sentimiento, tú el llanto; yo el dolor, y tú la queja: Pero suspende el discurso, porque aquí viene su Alteza, y ten en Dios confianza, Irene, y en él espera, que si permite el agravio, también su amor lo remedia. Mi padre Er. Juan? Señor? Tanto mi afecto desea hacer alarde dichoso de lo que mi amor le aprecia, que el cuidado de saber la causa, conque indiscreta mente Astolfo le enoja, me ha traído a su presencia, advirtiendo en general, y Astolfo quiero que advierta, que en mi gracia no ha de estar quien sus cosas no venera, quien sus favores no estima, quien su virtud no respeta. Tantas honras, gran señor, a un pobre Fraile que alienta solo el celo de serviros? Considere vuestra Alteza, que como tan mal halladas en mi humi dad, me avergüenzan. Aquí está irene, ay de mi! . Ha ingrato lo que me cuestas! . qué hermo sal válgame el cielo. que esta mujer aborrezca! La cabsa, Astolfo, mejor, señor, decirla pudiera, pues él la sabe más bien. Señor, la causa es la mesma, que anoche, válgame el cielo! . No os turbéis, ved esas letras; que respondéis? Qué es verdad, señor, cuanto manifiestan, que debó a Irene su honor; pero con vuestra licencia, antes que darla la mano, antes, pues, que efecto tenga, a vuestras plantas, señor, ofreceré mi cabeza, Pues debiéndole su honor, y conociendo sus prendas, que os obligaa no casaros? que os estorba a no quererla? La causa dudo, mas sé que es una pasión secreta; señor, que con fuerza tanta me ha obligado, a aborrecerla. Esa no más es la causa? no hay otra? Ni puede haberla. Y si ese aborrecimiento os faltara? Luego fuera trofeo de su hermosura, despojo de su belleza. Dadme en agradecimiento los brazos, por esa nueva. Amparad, piadoso Dios, esta causa como vuestra. O que saludables son vuestros brazos! Qué os inquieta? Una admiración me pasma! y un prodigio me desvela! De qué suerte? Que me hallo ya con tanta diferencia, que todo el odio, mi Padre, con que a Irene hice ofensa, se ha convertido en amor, y ya me muero por ella. Aquí está, dalde la mano. Astolfo, esclava soy vuestra. Perdona, Irene divina, mis hierros. Quién los enmienda como vos, amado dueño, felizmente, Astolfo, yerra. Quien no admira este milagro! Quién a vuestros, pies no se echa agradeciendo este bien! No a mí, a Dios que lo ordena le dad, Irene las gracias, causa de causas eterna. 524. Segunda parte. El hijo Para colebrar las bodas, seré yo padrino en ellas. No como merezco yo, como quien eres me premias. Padre er Juan, por dos causas vive a verle, la una es esta; y pues ya se ha conseguido, la otra, mi Padre sea, prevenirle, para que vuestra Paternidad sepa, que hoy hemos de celebrar la reclusión de Ricela. No sé li será posible que yo vaya. En qué manera? 1En que tengo otro negocio mas preciso. Bueno fuera que vuestra Paternidad nos faltara de la fiesta? No es posible. Tanto importa? Cuanto encarecer se pueda. Dejarlo para otro día, Fuera vana diligencia. Yo lo estorbaré. Es causaros, no podéis, y si pudieráis. me hicieráis grande pesar. Cómo, saere? Vuestra Alteza no ignora, que cuantos gustos, glorias, bienes, y grandezas, deleites, y pasatiempos tiene el mundo, el Orbe encierra, como un instante de ver a la Majestad suprema de mi Redentor Jesús, a nontar tanto no llega? Juego si aquello es lo menos, y esto es lo más; quien perdiera por detenerse en lo menos; gozar lo más que desea? Por ir yo con nuestro Padre quiero ponerne aquí cerca, que no es para perder día de tan grande fiesta. Luego habéis de ver a Dios? Hoy sin duda, el alma tiembla! De qué suerte? Con el alma. Que conversación es esta? Luego os habéis de morir? Grave dolor! Qué tristeza! S Hoy ha de ser mi partida. Qué decís? Qué es cosa cierta, que en el tribunal de Dios hoy tengo de ira dar cuenta ante aquel Juez justo, y recto, él permita la dé buena: Pero qué es eso? lloráis? Si en una ocasión como está el dolor no da señales de sentimiento? Qué pena! Las lágrimas para cuando son, para cuando? Aquí ha de ser ello. Mis Frailes os encomiendo, como hijos vuestros merezcan, y por el amor de Dios, amparo en vuestra grandeza. Yo os lo prometo. Ay de mí! que ya siento por las venas discurrir un trasudor que me suspende, y me hiela. Retirarme amorir quiero. Del Capitán Don Franciso Hay de mi! Requién eeternan, que nuestro padre se muere, todos a ayudarle vengan; huerfanos quedamos ya, que desdicha! qué tragedia! Repórtese; hermano mío, no llore, no se enternezca, llame al Padre Er Ruperto; que es mi confesor, y es fuerza que porque acierte a morir, le tenga a mi cabecera. Qué es esto, señor? Esto es un desconsuelo que llega a lo más vivo del alma, pues nuestro Padrenos deja, yéndose a gozar de Dios. Cuando se pierde tal prenda, no hay corazón de diamante que no se vuelva de cera. No lloréis, Rícela hermosa: vuestra Ilustrísima quiera echarme su bendición. También nos echad la vuestra. Qué es esto mi Padre? Amigo, tener un pie; que tormenta! en el postrer escalón de la vida; y otro, hay penas! en el umbral de la muerte, y tro ezar no quisiera: El padre Fr. Juan Berona será Prior, que sus letras, y su virtud lo merecen. Hárase como lo ordena su reverencia, mi Padre: que fatiga tan inmensa! Vamos; a Dios os quedad. Dios de nosotros se duelal A morir se ha retirado. Qué virtud! Horrible fiera, huye al centro cabernoso, que son vanas tus quimeras. O, de mis ansias reniego! pues tú también me atormentas? vencido calgo al abismo, Ya de qué acaba dan señas. Qué música celestial! vuestra llustrísima atienda. 1. En tus manos encomiendo, Señor, mi espíritu. Hay piedra S23. Segundaparte, El hijo que aqueste dolor no rompa! A quien esto no atormenta! Oh de santidad prodigio! Celestial resplandor echa! Los Ángeles le cantaron el Credo. Todo lo alegra! Hay mi padre! De rodillas, después de muerto se queda. Vamos, pues, a celebrar la reclusión de Ricela, entre tanto que su entierro, y las honras se celebran. Vamos, señor. Con que da a tan generosa empresa, y a aquesta segunda parte, dichoso fin el Poeta.