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Texto digital de El hijo de la piedra

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
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Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El hijo de la piedra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hijo-de-la-piedra-el.

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EL HIJO DE LA PIEDRA

JORNADA PRIMERA

Padre, en mis brazos venid, y aquí donde el Sol calienta estaréis mejor sentado. Rara virtud! Hijo, suelta. . Señor, en el alma os tiene quien en los brazos os lleva. Aunque caduco, y cansado, no tanto, hijo, que no pueda, a este bordón arrimado, andar poco a poco: ea, bueno está; así a la muerte vamos pagando la deuda. Laura, saca a nuestro padre el banquillo, en que se sienta. Yo por ella lo he sacado, que como es día de fiesta, se está componiendo Laura, aderezando los trenzas. Con agua clara se lava, y como las rosas bellas de sus mejillas suaves, están de otro afeite ajenas, van creciendo a borbotones, como con agua las riega. Los Cortesanos la llaman la Aurora de nuestra y desde la Corte vienen por ver su cara de perlas. Mas por diobre, que a ninguno escucha. . Es Laura discreta, y virtuosa. Tú, hermano, con tus ejemplos me enseñas; pues, viendo que nuestro padre vive con tanta pobreza, con piadosa industria a entrambos nos amparas, y sustentas. Siéntate a milado, Felix. Señor, yo de esta manera estoy muy bien; pues ya sabes, que jamás en tu presencia ni me siento, ni me cubro; y no extrañes la fineza, que este es natural respeto de mi amor. . Rara obediencia! Quiero ahora que me des aqueste gusto. . Así sea. Páguete el Cielo, hijo mío, la piedad con que alimentas mi vejez. . De todo el Mundo ser dueño, señor, quisiera, Aldea; para ponerlo a tus plantas. De ti, hijo mío, me cuentan, que a los estudios te aplicas; y tengo de ti gran queja, de que no me digas nada: qué mutaciones son estas? Con qué traza, con qué industria te has dado tanto a las letras, que fama de sabio cobras, sin faltar a la tarea del trabajo? . Por sacarte, señor, de aquesta miseria, en que tan pobres vivimos, es toda mi diligencia: que es difícil conservar la honra con la pobreza. Así es verdad, no hay dudarlo? pues de qué suerte lo intentas? Cómo la ilustre Volonia viene a estar, señor, tan cerca de esta Aldea de Montalto, que poco más de una legua la divide, y como siempre llevo carbón, fruta, o leña, a vender a su mercado; porque el tiempo no se pierda, dejo a Gilote en el puesto, y trocando el traje en negra gala, de loba, y manteo, entro a cursar las Escuelas, sin que hasta ahora, ninguno de los Estudiantes, sepa quien soy; pues tomando el traje primero, que nos sustenta, me vuelvo disimulado, al tiempo que el Sol se ausenta. El motivo, que he tenido. para entregarme a las letras, es, que un Estudiante un día, comprándome de la Sierra alguna fruta, me dijo, reparándome en las señas. del rostro: Rara fortuna, hombre, en tu vida se encierra! Prodigioso es tu semblante. Pidiome, que le dijera mi edad, mi patria, mi nombre, y el día de aquel Planeta en que nací, porque veía en mi claras evidencias. de ingenio, y de gran fortuna: reime, pensando que era burla, que hacía de mí; pero con tanta modestia me habló después, que obligado. de sus razones discretas, a todo le satisfice: quedó suspenso, y las cejas arcueando de admirado, me dijo: Felix, tu estrella con el nombre corresponde: el rudo ejercicio deja, que en él no hallaras fortuna: estudia, y sigue las letras, porque en día ven turoso naciste, y por esta seña has de llegar a la cumbre de la dicha más suprema que cabe en un hombre, y mira, que tres Coronas te esperan. Fuese, y dejome suspenso; y aunque nunca a las Estrellas di crédito; porque todo son futuras contingencias. Desde entonces encendido con inclinación secreta, a los libros noche, y día, solo el estudio es mi empresa. Y confundido en discursos de arrebatadas ideas, entre sueños me parece, que con raras consecuencias de sutiles argumentos, venzo las infames fectas de la obstinada heregia; porque se me representa, que con un luciente acero vibrando en forma de lengua, defiendo el sagrado Culto de la Militante Iglesia. Quién más me obliga al trofeo es Roma, Roma me sueña en el oído mil veces, y que adornada de Estrellas me recibe en su regazo: mas deben de ser quimeras, e iluciones, con que el sueño. suele engañar las potencias. Al fin, señor ha léis años, que con esta estratajena sigo los nobles estudios. de Facultades diversas. Mis Condiscípulos todos me aplauden, y me celebran, tanto, que pienso oponerme. a la Catedra primera que vacare: esto de Dios sin dudas, que es providencia; pues sin faltar al cuidado de sustentaros, frecuenta mi afición dos ejercicios; de suerte, que en esta Aldea soypor villano tenido, y allá por docto en las ciencias. De Rústico, y Cortesano sigo atento dos tareas; pero como la más baja está de piedad compuesta, la estimo en más, pues ningune se ha visto en subida esfera, que no siguiese primero de aquesta virtud las huellas. Ninguno en Bolonia sabe quien soy; pero como es fuerza, que se descubra mi origen si prosigo las Escuelas, deseo, que me digáis, de mi humilde descendencia, el fundamental principio; pues también saber quisiera, por qué razón este Pueblo, me llama Hijo de la Piedra? que este nombre en mis oídos, hace armonía tan nueva, que cada vez que lo escucho, valor me infunde, y me alienta, que si acaso este apellido me le han dado por afrenta (como siempre he sospechado) yo haré, que esta piedra sea diamante, que me corone, columna, que me engrandezca, estatua, que me eternice, y escudo, que me defienda. Cuanto va, que esas coronas, que te han dicho que te esperan, son aquellas que hacer suelen en los centenos las bestias. Sórbete, para los hombres son las fortunas supremas, cuando el Cielo lo permite. También yo de esa manera tendré presto una Corona. De qué suerte? . Nuestra Aldea me quiere hacer Rey de Gallos aquestas Carnestolendas; y así sol de parecer, que en Astrólogos no creas. Pues por qué? . A mi padre un día le dijo un hombre de letras, mirando su nacimiento, que le hacían los Planetas hombre de lanza, y caballo: fuese a campar con su estrella, y vino a dar en Cochero. En Verdugo, peor fuera, Un Escolar muy garrido le proferizó a mi abuela, que subiría muy alto, y vino a ser cosa cierta, que un día con cierta untura voló por la chimenea. El hombre más sabio, nada de lo futuro penetra. Así es verdad, pues son todas con jeturas imperfectas, que hace el Docto, de observancias, que forma en su misma idea. Aunque también muchas veces, la Divina Providencia, por amagos nos avisa, y cuando lo que uno sueña va dirígido a fin noble, no es error, que le condena, seguir su rumbo, si acaso virtud heroica le empeña. Porque vanos pensamientos, Felix, no te desvanezcan: oye, y verás de tu origen la verdad clara en mi lengua. Tu madre, y yo nos casamos pobremente en esta Aldea, sin más hacienda, que un yugo de dos bueyes, cuya herencia, manejada del cuidado, y del rudo afán, apenas para el natural sustento era bastante defensa. Con que tu madre aplicada a la material tarea de lavar ropa, ayudada a ser menos la inclemencia; que esta es la causa porque te llama la gente necia, Hijo de la Piedra, no que por vituperio sea; que aunque es bajo el ejercicio, en él tu madre dio señas de la virtud prodigiosa, que ocultaba entre lajerga: Pues esta casa, que ves, fabricada entre dos peñas, de muchos pobres llagados era albergue, choza, o venta pues sin estipendio alguno trataba de su limpieza. De limosna al gran Francisco, veinte años con diligencia lavó las túnicas pobres de sus Religiosos: estás son las obras en que siempre se ocupaba: su nobleza fue sola la caridad. Mis pasados, con la misma virtud procedieron siempre, siendo por toda esta tierra la Casa de los Perotes gente llana, pero buena. Con que tú, Félix, no tienes mancha, que ofenderte pueda. Claro está, que ha de ser limpio, si es hijo de Labandera. Mas ya que del tosco traje dejar el disfraz intentas, y vas a seguir la Corte de Bolonia, y sus Escuelas: del modo, que has de portarte para ser bien quisto en ella, quiero darte unos consejos, que me enseño la experiencia. Primeramente, con todos trata verdad, nunca ofrezcas de ninguna suerte a nadie cosa, que cumplir no puedas. Nunca afirmes lo que hablares. con juramento, que es necia desconfianza, y parece, que no es tener de si entera satisfacción; y aún sospecho, que su opinión menosprecia quien anda buscando modos para que el otro le crea. Tacha, o defecto común, jamás en burlas, ni en veras le digas a nadie, puesto, que nunca de estas materias se saca fruto, antes siempre de ordinario para en queja; pues no hay, oyendo sus faltas, ninguno, que no lo sienta. Con los Príncipes, que son de mejor naturaleza, digo, de mejor fortuna, habla siempre con modestia; y entre encogido, y cobarde, no te llegues de muy cerca, que en el Mundo son deidades; y es menester que se entienda, que deben de ser tratados en todo con diferencia: Y no invidies el despeío de aquellos, que con llaneza los tratan, diciendo gracias, que ellos con rise celebran; pues después de aquel aplauso, C rtratad iferencia: s el despejo ve con llane ciendo gra cecorán e aquel a gusto, regocijo, y fiesta, los mismos Príncipes suelen tenerlos en menos cuenta. De lo poco, y de lo mucho, siempre liberal te muestra, pronto en prestar al amigo; pero no en cobrar la deuda, antes ponerlo en olvido, porque el hombre de prudencia ha de hacer cuenta que es dado, lo que a sus amigos presta. No has de hoblar siempre de burlas, ni siempre, Félij, de veras; antes mezclando apacible la alegría, y la modestia. Con igualdad del semblante, estima, agasaja, aprecia a todos, y nunca a nadie respondas con aspereza. Nunca delante de muchos parecer más sabio quieras, que el hablar con majisterio hace a los otros ofensa. Y aunque sepas más que todos, será menester, que entiendas, que de ello no has de hacer caso, para que bien quisto seas. Que no es sabio el que presume, porque yo ser más quisiera con humildad ignorante, que entendido por soberbia. Al que te ofendiere necio has de perdonar la afrenta; porque si tuvo razón, bien hizo en hacerte ofensa. Y si no le diste causa, entonces más digno queda de perdón, pues se conoce, que era loco a rienda suelta: Pues injustamente airado quiso ofender la innocencia; y vengarse del que es loco, no es acción que desempeña. Al mal, y al bien, has de hacer igual rostro: por pequeñas cosas, nunca has de enojarte, que es del ánimo flaqueza. Andar aseado, y limpio conviene; pero no sea tanto, que en extremo toque: huye de invenciones nuevas. En el vestir, lo más llano es lo que mejor asienta; que quien se engalanó mucho nunca fue hombre de prendas. Y en fin, lo más principal que aquí mi voz te aconseja, es la Misa cada día; cuidado de la limpieza del alma, que está, entre todas, es la virtud más perfecta. Al venturoso, no invidies los bienes, ni la riqueza; la virtud sí, que está sola es la más preciosa prenda. Lo demás hagalo el Cielo, que en esta humana miseria todo es vanidad, y solo el que sirve a Dios lo acierta. Padre, tan sabias razones siempre en mi memoria impresas quedarán. . Al valle, al llano. Qué es esto? . Por la maleza van siguiendo a un jabalí, sangriento horror de la selva; y quien con más ardimiento le va acosando es Don César, Hijo del Duque de Ursino, que de ordinario en Escuelas le veo todos los días. Es discreto: en esta Aldea algunas veces le he hablado. Quién a tu padre dijera, que por ti viene al Lugar. En vano su amor intenta rendirme, pues más estimo yo mi honor, que su grandeza. Ataja, al monte, al arroyo. Dejadle: qué mal sosiega quién ama! Guardeos el Cielo, Labradores. V. Excelencia, señor, sea bien ven ido. a honrar esta pobre Aldea. Por divertirme en la caza, he fatigado la selva tras un jabali cerdoso: bien que empeñado en la empresa, le perdí de vista, cuando mi dichosa suerte ordena, que hallase este breve al ibio en vuestra casa. . Sospechas, . qué es lo que escucho! . Señor, corrido estoy de que sea mi casa tan corto albergue para hospedar la Grandeza conque honráis estos umbrales. Ay, Laura, lo que me cuestas! . No es pobre, cuando se adorna de tan divina belleza. Quién es esta Labradora? bien finjo. . Criada vuestra es Laura, por hija mía. La misma hermosura afrenta su rostro. . Aquesas lisonjas, para la Corte son buenas, que aquí, señor, no gastamos mas adorno, que unas trenzas, más gala, que un sayal tosco; y no puede haber belleza, que luzca entre oscuras sombras; aunque de aquesta manera se estiman las Aldeanas; porque solamente llevan por dote la honestidad, y la virtud por riqueza. La rosa, discreta Laura, sin artificios es bella. Será, porque tiene espinas. Es verdad. De esa manera, bien hacen las Labradoras, cuando alguno las festeja, en ser esquivas, supuesto, que con desdén son más bellas. En la mujer viene a ser ingratitud la aspereza, que en la hermosura es ultraje, lo que en la rosa es defensa. Si las espinas la guardan, bien hace, aunque ultraje sea. Mal hace quien no agradece. Ya sé, que a Laura festeja: . yo estorbaré su cuidado. Que una rústica belleza . triunfe así de mis sentidos! Amor, deidad lisonjera, si de esta gloria me privas, de qué sirve la grandeza? Su luz me ha robado el alma, razón, discurso, y potencias. Yo estoy sin mí, yo me abraso, muerto estoy! . Si Va Excelencia con el cansancio, y fatiga siente algún dolor, o pena, entre a descansar. . No, amigo, un poco de agua quisiera. Ve, Laura. Si haré, señor; Perdonad, si soy grosera en déjaros, por serviros. . Aún sobre hermosa es discreta. Es su merced muy agudo? Por qué lo decís? . Quisiera saber si bebe muy frío. Y con extremo. . Oh, qué buena inclinación! Salvarase, porque la bebida fresca es retrato de la Gloria, y tiene infinitas señas de virtud, quien bebe fríos pues alzando la cabeza clava en el Cielo los ojos, señal, que de Dios se acuerda. Cómo os llamáis? Yo, Sorbete, y traigo mi descendencia de la casa de las aguas. Veamos. . Doña Místela casó con Don Leotario, mujer tan poco discreta, que se daba por un cuarto: de esta costumbre ratera se originó el Chocólate, que es por el juego, y la fuerza el coco de las bebidas: después vino la Cerbeza, que como acá no pasaba, dio luego a Flandes la vuelta: bebida, que se inventó por falta de la de cepas. Quedó sola Doña Aloja, que por las aguas modernas de guindas, y de limón, de hinojo, anis, y canela, viéndose tan perseguida, se ha retirado a la cueva, a hacer quizás por su dueño solitaria penitencia; que hasta el agua de otras aguas, corre en el Mundo tormenta. Y en fin, de las garapiñas, de leche helada de almendras, garrafitas limonadas, y ampollas de aguas diversas, declavo, agraz, y jazmines, desciende por línea recta el Sórbete, alivio ilustre contra el ardiente Planeta, que en fin, es bebida macho, como el incienso, y refresca mas que todas, a quien yo, por lo que a mí me contenta, el mismo nombre he tomado, por ser de las aguas Reina; y aquesto lo dirán todos, si es que se recibe a prueba. Rero humor gastáis! No hay duda, así gastara moneda. Aquí está, señor, el agua. No estéis de aquesta manera, levantad: por más que finjo, ap no puedo encubrir mi pena. Alzad, señora, o volved el agua, que yo quisiera daros el lugar que ocupo, y estar a las plantas vuestras. Ya mi atención no replica. Qué mal el fuego se templa . del amor! Con todo el mar no apagaré sus centellas. . Parece que con cuidado . mira a mi hija Don César. Mucho el favor agradezco. Por Dios, que apuró de veras toda la ponzoña al vaso. Qué descuido! Qué torpeza! Esta es, señor, la salvilla. Confieso mi inadvertencia: mas no es mucho, que esté ciego, mirando al Sol de tan cerca. Vos lo sois, y es menester, que alumbre vuestra Grandeza con tanta igualdad a todos, que con descuidos no ofenda, moderando las acciones, que justamente os condenan: que es también vidrio el honor, y como vidrio se quiebra. A mi gusto ha respondido. . Es Laura entendida, y bella . Con misterio me habla, Cielos, . que en una villana quepa tal discreción, y hermosura, y tan noble resistencia. Yo me doy por convencido, y reconozco la deuda del vidrio, que por ser vuestro, no hay precio que se le atreva. Y en senal de que agradezco, bella Laura, la advertencia, tomad aqueste diamante. Si no fuera aquesa prenda tan grande, yo la aceptara, por no parecer grosera: perdonad, que no la tome, porque hay dadivas que llevan consigo un cierto artificio, que pide correspondencia. Y quien por decoro suyo no solicita tenerla, lo que aceptare ha de ser cosa por si tan pequeña, que no obligue la memoria: y así no admito la prenda, por no obligar la razón al desquite de la deuda. Eso es desairar mi mano, y no os merezco esa afrenta. Tomadla por vida mía, bella Laura, y haced cuenta, que esto es una flor de el campo, que os la doy por la fineza del hospedaje, y del agua; y ved, que me hacéis ofensa en pensar, que puede haber en mí más que una llaneza. No quiero ser porfiada, ni que de mi tengáis queja. En ella quiere hacer casa, pues ya comienza a echar piedras. Y vos, Flora, recibid juntamente esta cadena, para que a Laura feriéis unos vidrios. . Mejor fuera, si ha de trocarla en bellón, comprar un hato de ovejas. Viváis, señor, muchos años. Bien hace su Reverencia en dar la cadena a Flora; porque es:- Qué soy, decid bestia? Sois: . Qué soy? Margaritona. Vos mentís. . Con mis finezas he de vencer esta roca. Bien su intención manifiesta quien prisiones de oro ofrece. Seré muda centinela . de mi honor. . Señor, advierte, que los Monteros te esperan. Bella Laura, el Cielo os guarde. Los siglos del Fénix vea vuestra edad. Con mis extremos. he de obligar su belleza. . Yo volveré por mi honor. Yo iré a lamentar mi pena. . Yo seguiré mis estudios; pero con tanta advertencia, que frecuentando a Volonia, no falte de aquesta Aldea, porque primero que todo es de mi amor la defensa. Yo también contigo espero ser Estudiante en Escuelas. . Posible es que no te obligue la gala, y la gentileza de César? Querer negarte, Flora, sus divinas prendas, es negar al Sol los Rayos; pero como su grandeza con mi humildad no se mide; todo el amor que pudiera tenerle, de mí le aparta, pues nadie de mi fineza ha de alcanzar la memoria, sino es que mi esposo sea. Famosa resolución! muy bueno queda Don César con su amor. . Con él no obliga. Y su voluntad? . Es ciega. Su galantería? . Es vana. Y su sangre? . Mas me afrenta. Su riqueza? . No la estimo, Dile, que si acaso intenta logra finezas de amante, que hable al Cura de esta Aldea, que él solo podrá obligarme a que yo le favorezca: que en amorosos delirios mi amor siempre pide Iglesia. . Tata ausencia, Pompeyo, me ha tenido con gran cuidado, por no haber savido vuestra indisposición, mas ya que os veo, el parabién le doy a mi deseo. De Venecia, mi Patria, desterrado. vengo, y de su República obligado, a seguir mis Estudios cuidadoso, que por ellos espero ser dichoso. Qué hay de nuevo en Volonia? Que ha vacado la Catedra de Prima, y convocado está todo Estudiante a dársela con celo vigilante, y literal asalto; a un villanejo de Castel Montalto; que con el comunuso, hoy a la misma Catedra se opuso. Leyendo le dejé con elocuencia: y como supe allí, que de Venecía habías oí llegado, el concurso, por veros, he dejado. Mas honras mi amistad de vos espera; pero no me diréis, de qué manera, o con qué varios modos, a un pobre vil anejo según todos? Amigo, la piedad fue la inventora de tan bizarra acción, pues nadie ignora, que él por su raro ingenio lo merece, y por su gran virtud, pues que parece, que en traje de villano sustentaba a su padre, y cortesano, el tiempo que al trabajo le sobraba, en los nobles estudios se ocupaba. Esto movió los ánimos, de suerte, que la emulación misma, si se advierte, de tan heroica acción queda vencida, y por asombro a Felx apellida. Confuso, y admirado, Márcelo, esa noticia me ha dejado; y aunque de haberle visto estoy remoto, desde ahora le doy también mi voto. Vamos, y le veréis; mas deteneos, que aquí de muchos sale acompañado, y del Duque Ursino apadrinado, que en acto semejante le quiso honrar; este es nuestro Estudiante. Don Felix, con la voz, que habéis cobrado, vuestro nombre dejáis acreditado; vuestro ingenio merece justamente el aplauso, que os ofrece esta Universidad. . Nuevo ser gano, cuando un Gran señor me da la mano. Vos lo habéis merecido, pues con tanta agudeza defendido habéis la Concepción Inmaculada, que hasta la admiración queda admirada. V. Ejelencia, señor, con su Grandeza honra mi afán, he ilustra mi rudeza. La Concepción sagrada de MARÍA, de suerte en vuestra voz resplandecía, que llevando tras si ojos, y oídos, a todos ha dejado suspendidos. A uno que arguía lo contrario, con un Latín vulgar de Jalendario, a puros mógicones, en el lance, se lo di a entender en buen Romance. Con docientos lugares de Escritura me atrevo a defenderlo . Qué locura! Pues tu lugares de Escriptura sabes? Y como que lo sé, muchos, y graves. Di siquiera uno de ellos. Lugares de Escriptura, son aquellos, que pagan los salarios, por no pagar a muchos Comisarios. Y estudiáis vos también? Con un Pasante estudio unas lecciones de Montante. En Escuelas no pasa esa doctrina. Es, gran señor, que aprendo Medicin Es un simple, S. . No extrañe aquest, que de un simple tambien se hace un compuesto y porque en todo la verdad entienda, yo no pretendo más que una Prevenda Cómo Prevenda, si el Latín ignoras? Muy poco importa, que el Latín no alcao, que también hay Prebendas en Romano Y cuando no saldré de estrafalario, con dar en Sacristan, o Boticario. De lo que habéis hoy, Felix, recitad una copia me dad, dadme un traslado; que de tan gran alabanza vive en mi devoción nueva mudanza. En un mar tan profundo, no hizo mucho mi lengua en probar, que MARIA no pagó feudo a la naturaleza. Si Dios crió a MARÍA para nacer él de ella, caer no la dejara quien la eligió por Madre, y la hizo Rein Si al que pierde la gracia Dios aborrece, es fuerza, que a MARIA librara de la caída, por no aborrecerla. Si honrar a padre, y madre, nos manda Dios por deuda: si el faltara a la suya, no nos mandara Dios lo que no hiciea Decir, que es preservada de culpa, es evidencia, que quien a otros la quita, también pudo en su Madre no ponerla Pues Dios tomó su sangre, bien clara es su Pureza, no pudo, tener culpa, sangre que vino a redimir la nuestra, Es digno vuestro ingenio de una alabanza eterna; pues tan divinamente convence la razón con lo que prueba. En nombre yo de todos os doy la enorabuena; y espero, que muy presto la Catedra de Prima ha de ser vuestra Mi voto os aseguro, Félix, pues no pudiera elegir yo sujeto, que más desempeñase mi fineza. Bien sé, que no merezco tanto honor; mas es deuda propia de pechos nobles, fuvorecer la parte más pequeña. Julio, ahora que Félix tan divertido queda, vamos a ver a Laura, que enternecer espero su dureza. . Félix, a dios: mi casa sabéis, en cuanto pueda he de serviros. . Todos estamos, Felix, de la parte vuestra. . No os olvidéis de verme, y seguid las Escuelas, que en todo he de ampararos. Señor, oígame un poco V. Excelencia. Decid, que ya os escucho. Bien entra aquí mi queja: . Señor, yo tengo una hermana, y no ignoráis, que la sangre, aunque sea humilde, tiene hacia el honor vanidades: es casta, hermosa, y discreta, y es los ojos de mi padre, en quien tiene asegurado todo el alivio a sus males; casada estuviera ya con esposo igual, si amante César de Urlino, hijo vuestro, no diera en rondar la calle, dando que decir al Pueblo; y aunque todos muy bien saben la honesta atención de Laura, y que es su desdén constante, puede murmurarlo alguno; porque de creer no es fácil, que desprecie al poderoso, la que humilde, y pobre nace. otra hubiera, que estimara en un Príncipe tan grande la inclinación; pero en esto son varios los naturales: que para unos es afrenta, lo que para otros esmalte. Y os suplico, que templéis su porfía en esta parte, haciendo, que no se acuerde de empleos tan desiguales. De Laura no ha de sacar más fruto, que desvelarse, que es Anajarte en dureza. Claro está, que es Ana Joarez, y César la solicita, como a la Paloma el Sacre: ella es Cordera, él es Lobo, y vosotros los Zagales; vos el Mayoral dormido: y si no la lleva, es fácil, que al punto ladre algún perro, y nos quedemos in albís. Félix, yo quedo advertido, y haré, que César se aparte de pretensión tan injusta. En seguir vuestro dictamen, como quien es hará César. Si como César lo hace, nunca lo hará como el otro. Y quién es el otro? En Flandes servía un Soldado, a quien llamaban César Fernandez; este era tahur, y un día ganó al juego de los naipes un gran montón de oro, y plata: uno que estaba delante, le pidió barato, y él como bizarro, y galante; metió todo el puño entero en el montón para darle barato; pero sacó solamente unos dos reales; tómolos el otro, y dijo: Por cierto que en este lance, vuestro empuñar fue de César; pero el dar fue de Fernandez. Lo mismo temo que sea en suceso semejante, que él, como César lo deje, y lo busque como amante. Por cuenta de mi cuidado hoy corren sus mocedades; y en esa principalmente será su enmienda constante: asegurado podéis quedar, que de vuestra parte he de ser, que en casos de honra, la razón vence a la sangre. Señor, con esa promesa no habrá dicha que no alcance. Ni yo lance, que no tema. . Ni yo cosa, que no masque. Vamos, Sorbete, a la Aldea. Id con Dios. El Cielo os guarde. Qué apacible está la noche! Esa es la razón porque con la Música he venido, solamente a entretener mis penas donde las oiga de Laura el duro desdén. Ahora podéis cantar: Paredes, que de mi bien sois dulce albergue, escuchad mi mal, si oídos tenéis. Guarda Corderos, Zagal; Zagal, tú no guardes fe, que quien te hizo Pastora, no te libró de mujer. Señor, la puerta, y ventana de aquesta humilde pared, vive diez, que hacen cerrados oídos de Mercader. Rara mujer! Ni aún resquicio han abierto. . Podrá ser, que esté asomada acía dentro. Ay, Julio amigo, ya sé, que amo una roca de acero, un basilisco cruel, un escollo de diamante! Y un imposible también sin esperanza idolatro: mas solamente por ver, si es aquesta idolatria, de mi cuidado cortés, son fuerza de mi desgracia, o tema de su desdén. Amante he de porfiar, que, en fin, es Laura mujer, y puede ser que decline su rigor, porque también, por accidentes, y acasos, se suele manchada ver la pureza del armiño, que tan celebrada es: Mas pues tan grande es la tuya, hermoso adorado bien. Vístela con el pellico, y desnudala con él. Yo estoy sin mí, yo padezco sin resistencia. . No ves, que abren la puerta? Sin duda me sale a favorecer. Señor Don César Urino, el favor que os vengo a hacer es, dar a vuestra esperanza un desengaño cortés. Afición, que solo nace a intentos de poseer, mas que fineza, es ultraje, y si cariño es cruel, para quien su honor estima; pues quien intenta poner en la opinión, desairado, no puede quererme bien- El amor que solamente es digno de agradecer, es aquel, que ha eternidades áspira con noble fe, que ni le divide el tiempo, ni le puede deshacer bastardas oposiciones: Por ser de tan buena ley, nunca la vid se enlazara al olmo, a no conocer, que era eterno su cariño, para descansar en él. Amor de esta calidad es el que busco, no aquel que a soplos de aire lascivo, se rompe al primer vaiven. Humilde planta he nacido, vos generoso laurel, y sin violencia no puedo subir a tanta altivez. La flor, lisonja del Prado, que nace de un tronco al pie, muestra la distancia que hay del uno al otro poder: esa soy yo, y vos ese: a la memoria os traed, quien sois vos, y quien sol yo; y como en cristal veréis, como amáis un imposibles pues siendo vos árbol fiel, y yo yedra sin arrimo, claro está, que no podré llegar a enlazarme al tronco, sin que la mano me deis. Esto lo tened por cierto, y por hecho lo tened: Cuando otra vez mi cuidado fuere con vos descortés, canten en la calle, o lloren, pongan sitios a mi fe, y asaltos al imposible escollo de mi desdén, que yo no me he de rendir al ruego, ni al interés, porque es diamante mi honor, de tan generosa ley, que está con el Sol al tope compitiendo el Rosicler de sus adoradas luces: y así os suplico, que deis al olvido esa esperanza, con que intentáis ofender de mi natural recato la atencion:: esta merced os suplico, por quien sois: que las finezas que hacéis, podrán pensar en el Pueblo, que yo las escucho bien. Dejad vanas pretensiones, que vive Dios, si otravez, contra este decoro mío llego de vos a entender la menor resolución, en defensa de la fe de mi honor, y vuestra sangre, que me mate, que me de ponzoña, que del acero invencible, que trahéis, me pase de parte a parte el pecho, para que de muestras al Cielo, y al Mundo, de mi resistencia fiel. Esto, señor, ya parece violencia, y si acaso es, con la queja, con las manos, con los ojos, que beber sabrán, hechos basiliscos llenos de hidrópica sed, sangre, y dar veneno al aire, y dar áspides por él, al que intentare mi agravio, tirano, osado, y cruel: que para mujer honesta, que se resiste al poder, es fuerte muro su honor, y flaco enemigo un Roy. . Espera, detente, aguarda, Laura, señora, mi bien. Echó la doble. . Corrido me ha dejado, aquesta vez me ha de valer la violencia, aunque del Mundo el poder se me pusiese delante, no me he de ir de aquí, sin que me lleve a Laura conmigo. Es posible que no ves, que es la puerta una muralla, y un peñasco la pared? Todo lo vence la industria: Volved a cantar, volved: Vive Dios, que en esta empresa he de morir, o vencer. Deja a las piedras lo firme, advirtiendo, que tal vez, a pesar de su dureza, obedecen al cincel. Esto ya pasa a desprecio: Sórbete, estoy por hacer, por intentar, aunque arriesgue mil vidas, y el interés de tanto aplauso, ganado a costa de tanta fe, un arrojo, un desatino; que fama immortal me de. Digo, que es aventurarte, porque son muchos. . De qué, si no defiendo mi honor, sirve el ser hombre de bien? Escandalizar el Pueblo a costa mía, es cruel acción, que debe sentirse; y es bárbaro proceder en Don César, cuando ya se lo he avisado otra vez. La pena con que estará mi padre a estas horas, es lo que más llego a sentir, que es darle mala vejez, ver a su puerta un agravio, sin poderlo defender. Aquella frondosa vid, que abrazada al Olmo ves, parte pampaños discreta con el vecino laurel. No canten más, y despejen luego la calle, si ver no quieren volar al aire los instrumentos, y a quien los trajo a cantar aquí. Váyanse a cantar a Argel; si es que cantan, o reniegan; porque a deshora no es bien, que venga con lo rasgado, las cabezas a romper. Locos vienen. . Lo borracho nos han hecho de merced. Hay tan grande atrevimiento! Qué es lo que aguardan? Sabéis quién ocupa estos umbrales? No me toca a mi saber, sino que esta casa es mía, y que soy hombre de bien. Váyase a dormir al acampo si se viene a recoger. Si habláis, porque venís muchos, con vosotros, y otros seis no tengo para empezar. Ni yo para demoler. Este es Felix. En el modo villano me parecéis. Hidalgos, si soy villano, de esta suerte lo veréis, Eso sí, pléguete Cristo; por Dios, que se van de pies, y al son del arpa quebrada van bailando el saltaren. 1. Muerto soy, válgame el Cielo, Aqueste yo le mate de la primer zambullida, porque esta jamás la erré. Cerquemos toda la casa. Aqueste es otro tañer, el Pueblo anda alborotado. Lo que ahora es menester, Sórbete, es poner en cobro a Laura: tú como fiel la has de llevar a la Quinta de mi tío, a donde esté oculta de este tirano. Al punto la llevaré. Yo voy por ella, aguarda. . Cielos, a donde hallaré este villano atrevido, que me ha estorbado cruél el feliz robo de Laura? De la pendencia es aquel, que viene a vengarse en mí, al punto me escurriré; porque primero que todo, es el ser conmigo fiel. Traidor, a dónde te escondes? Aquesto, Laura, ha de ser. Tu consejo, hermano, sigo. Qué es esto que llego a ver! No hay que detenerse un punto: este es Sórbete, con él vas más segura: id con Dios, que yo me retiraré de Francisco al Real Convento, cuya sagrada pared me servirá de muralla contra el injusto poder. . Guía, Sórbete, a la Quinta, Dame la mano. . Si haré. Cielos, sin pensar, hoy logro la ventura que esperé!

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA) Qué tienes, discreta Laura, que en ese claro Reloz de tu hermosura, parece que el llanto tus horas son; siendo sombra la tristeza, que señala tu dolor, desde que el Aurora nace, hasta que se muere el Sol? Bien al Reloj de mis penas hiciste comparación; pues siendo instrumento el alma; y Relojero el amor, las ruedas mis pensamientos, y volante el corazón; al compás de los sentidos, es la cuerda mi pasión, por quien se regula el llante de mí ya perdido honor, siendo para más desdicha de mis sentimientos hoy, de esta pena la memoria con tinuo despertador. Declárate más conmigo, que como rústica soy, no alcanzo de tus rodeos el ingenioso primor. Desde aquella infeliz noche, que con impensado error di en las manos de Don César, que con cautela, o traición (si es que este nombre merecen las interpresas de amor) nunca más he visto alegre para mí la luz del Sol; pues hasta de aquella queja, que se permite a la voz de la fiera el bruto, el ave, mi desdicha me privó; y solo el silencio ha sido testigo de mi dolor. Por qué de mí lo recatas, pues sabes, que entre las dos no hay secreto que peligre? Que ha mucho tiempo que yo sé, que idólatras en César, pues le busca tu afición. No le busco como amante, búscole como deudor; pues aquella misma noche que mi hermano me sacó (con qué pesar lo repito!) de casa (injusto rigor!) pensando que era Sorbete; seguí la planta veloz de César, que amante mudo, en la oscura confusión, fue norte de mis temores, y cauteloso farol, que en medio de la tiniebla para cegar alumbró. Ya, pues, al campo salimos, y la florida estación de esos olmos ocupamos, imitando a un Ruiseñor, que en un sauce articulaba dulces requiebros de amor, rendido, humilde, elocuente, dio toda el alma a la voz, todo el silencio al cariño, y nada de esto al temor. Qué acción no públicó fino! A qué afecto perdonó que de mi desdén no fuese amorosa adulación! Y después que con hálagos, ansias, ternezas, y amor de firmes idolatrias el rendimiento apuró; palabra me dio de esposo con noble demostración, haciendo al Cielo testigo de su promesa, a quien yo, entre obligada, y confusa viendo que en su prerensión rogaba como pleveyo, y amaba como señor, remitiendo a su palabra la segura obligación, hice dueño a su albedrío de la joya del honor. No extrañes, Flora, no extrañes, que espere, y pretenda yo ser su esposa, si es que miras a la altivez, y al valor en que precio mi decoro, cuya honrosa estimación, para mí no vale menos que la mano de un señor. Y aunque desigual parezca mi humildad de su blasón, mi estado de su grandeza, mi sombra de su esplendor, me ha de cumplir la palabra; que la joya de primor, siendo fiada, se da por más de lo que costo. Y no es la primera vez que gallarda se vistió la Púrpura de Sayal. y el Cetro de Labrado? En este apartado sitio, tercero de nuestro amor, espero a César, adonde en traje de cazador suele verme recatado; porque solo entre los dos pasa, Flora, este secreto; y de tus lealtades hoy le fío, para que veas su fineza, su atención, y el modo con que asegura la esperanza que me dio de ser mi esposo; y hasta que yo logre la posesión de sus amantes promesas, fuerza es vivir con temor, por lo que va de él a mí. Y aunque asegurada estoy de sus nobles bizarrías, y su hidalgo corazón, estar sin desconfianza, fuera necia presunción; y es la tristeza que ves efecto de esta pasión: que en semejantes sucesos, hasta ver la posesión, no es justo que alegre viva la mujer que tiene honor. Palabras, y plumas, Laura, el viento se las llevó, y no es segura promesa; que los tahures de amor, que juegan sobre palabra, suele cumplirla el mejor, en vez de las veinte y cuatro, a los años veinte y dos: y si tu padre llegara a saber tan doble acción, ninguno estaba seguro de su cólera, y furor. Después que Felij mi hermano. Flora, el Ábito tomó del Seráfico Francisco, y después que con valor, por no encontrarse con César, tan santa vida eligió, no tengo de quien guardarme. Mira, señora, por Dios, que te guardes de Sorbete, que después que es Motilón del mismo Convento, ha dade en grandísimo hablador: y sienpte que viene a casa, anda con grande atención, para llevar que contar a Felix: ojo a visos. Jo, burra, maldita sea el alma que te parió. Cogionos en el garlito. Antes, Flora, gusto yo de verle, deja que llegue. Por la misma senda echó, y es fuerza que nos encuentre. Sea alabado el Señor: jo, burra. . Hermano Sorbete. Lego de mi corazón. No me abrace, mire, hermana, que soy un gran pecador. Deme el Abito a besar. Bese con más atención, que cierto me escandaliza con uno, y otro chupón. Que no puede estar parada! Hay tal vestia! Harre acá, jó. Hay tal tema! Hermano, atada está, no le de temor. Han de saber, hermanitas, que estuve en la Ciudad hoy, y fue a tiempo que el Verdugo, para azotar a un ladrón embargaba los borricos; y mi burra, por mejor, escogió para el suplicio: pues que hacía el picaron del azotado, llevaba palmo y medio de espelón, con que la burra picaba, que de carrera partió mosqueándose; con que el Verdugo al tal ladrón casi que no le alcanzaba para asentarle el jubón, que en fe de la espuela, anduvo en un Credo la estación. Después subí en mi pollina, y pensando que era yo el azotado, cual trueno, conmigo arrancó veloz, sin que pudiese pararla, hasta el lugar donde estoy, que por eso tomé el tema de invocar el santo jó, que con este nombre paran los que desbocados son. Y a qué ha ido a la Ciudad? A predicar un Sermón. Pues no es Lego? . Nunca vido ser uno Lego, y Doctor? Y quién le ha dado licencia? Esa me la tomo yo, porque de escalera abajo soy Sota Predicador. Mucho me holgara de oírle. Y a qué siesta predicó? Hermana, a los Pasteleros, que es cierto que todos son gente de muy buena masa; y es lástima, si por Dios, que traten con picarillos: esta fue la exhortación. Qué Santo es el que celebra ese Gremio? . Qué sé yo; pero pienso que será algún santo toreador: mas no es, no, por alabarme, que les hice un gran sermón, no quitando lo presente, que a todo el Mundo pasmó. Por darnos gusto, siquiera diga la salutación. Yo a ninguno saludé, que no soy Saludador. Del principio no se acuerda? Yo les dije en alta voz, persignándome primero, vayan conmigo, atención: Pasteleros de mi vida, vivid en paz, y en unión. De ningún modo tengáis uno con otro rencor, pues todos sois uña, y carne: obrad bien, que Dios es Dios. Aprended de los de España, que solo por cuartos dos. dan, sin embuste ninguno, carne, azucar, y piñón. Echad lastre a los barquillos, en medio, y al rededor; mirad, que llevan a fondo cuanto más ligeros son; y aquel que en ellos se embarca, luego al primer destapón da de ocicos en el suelo. Emendad aqueste error, que como nada es gígote, y todo en suma es piñón, sin escrúpulo, con ellos se puede hacer colación. Haced los pasteles llenos, porque llenen el gergón. ahunque para aquesto hagáis de las tripas corazón. En cierta Pasteleria he comido un pastel yo, que era de rocín, y vaca: diréis que dé la razón porque lo supe; fue cierto, que como el rocín veloz vio junto a si la vaqueta, al instante relinchó. No lo digo por vosotros, que sois varones de honor; pero aquesto del rocín es antigua tradición. Y dado caso que useis del rocín, era un error de que estabáis disculpados, pues por uso, y por razón, naturalmente se inclina al caballo el picador. Tened cuenta, hermanos míos, con grandísima atención, que nunca el besugo ajeno troquéis por otro peor. Cada cual lo que le toca ha de llevar por razón; que el ser uno hombre de bien, no es cazuela con arroz. Añadid a las ojaldrés mas hojas, y más sazón; pues bien vemos, que en sus hojas es adonde está la flor. Mirad, que las herraduras sean con más perfección, pues las hacéis mui pequeñas, y el clavo es mucho mayor. Dad limosna al pobrecito, dad sobre prenda el doblón; a todo el Mundo fiad, distribuyendo el calor, que Dios da ciento por uno; y a vosotros ciento y dos: que con esto el pan de gracia vendrá sobre el pecador: Qué les parece? . Muy bueno. Pues no se lo dije yo? Qué le han dado? . Nada, esa es la tema de mi sermón. Quédense con Dios. . Aguarde: dónde va? . Al Convento voy. Cómo está Frai Felix. . Ese es, hermana, un gran Varón, aunque todos le persiguen después que al li profesó. Pues por qué? Porque entre todos es el sujeto mayor, y la invidia puede mucho. Quién le persigue? . El Prior Frai Reinaldos, que como es de Teología Lector, y Frai Felix lo es también, llevan contraria opinión, y esto los hace enemigos; si bien Frai Felixllevo ya la Catedra de Prima, a pesar de su rigor. Entre los Frailes hay bandos, que se cruzan; más pardios, que nuestro Felix bizarro resiste la oposición. Reinaldo intenta vengarse de Félix, pues le privo la salida del Convento; y esta, Laura, es la razón, porque no ha venido a verte: si bien en su nombre yo con tu padre ahora estuve, que esta noticia sintió, y llorando le dejé; pero cuando, Cielos, no fue la virtud perseguida? No os enternescáis las dos, que algún día querrá el Cielo volver por él, y por vos. . Enternecida he quedado. Templa, mi Laura, el dolor, que el mal cesará; si César cumple con su obligación. Ay, Flora, penas del alma no resiste el corazón! Volvámonos a la Aldea. Espera, soberbio alcón: Pero qué escucho! Este es César, Que aunque al orbe de zafiros, pirata de sus estrellas, remontes el vuelo altivo, . serás sangriento despojo de este arcabuz: mas qué miro! Bellísima Laura mía, dulce, glorioso motivo de mi esperanza, qué es esto? Querer ganar con lo fino, pues esperándote aquí, gustosa el tiempo anticipo. Menos cruel con las fieras estás, César, que conmigo, pues cazador me dilatas la gloria de haberte visto. Rigorosamente, Laura, haces el cargo a mi olvido; pues si fatigo los bosques, y los vientos examino, es, porque en todas sus ayes tu hermoso retrato miro; tu blancura en la Paloma; tu voz en el Gilguerillo; en la Tórtola amorosa los arrullos, y gemidos; tu cuello airoso en la Garza; cuando en el Pavón tu aliño; en el Águila tus ojos; y en el sayal el Pardillo. Solo al Fénixno comparo tu hermosura, y bello hechizo; Porque si es verdad que hay Fénix, es tu rostro el Fénix mismo. Si de leves plumas formas tan bien pintado artificio, no está segura esta copia del Cazador a los tiros; pues dibujado en el viento, corre el retrato peligro, si hay contra mí, que soy ave, la pólvora del olvido. Yo, Laura, te respondiera, a no estorbarme un testigo. Si es que por Flora lo callas, yo toda el alma le fío. Bien sé, señor, que le has dado la palabra de marido, y la tardanza es la causa de la tristeza que has visto en Laura. . Aunque mi fineza cuenta las horas por siglos, y los instantes por años; yo, señor, no desconfío de tu amor, mas noble afecto vive en mí, pues solo ha sido, querer ver un día alegre, que pueda llamarte mío. Pues cuando no he sido tuyo? Antes me siento ofendido de ese temor mal fundado: poco quieres, o amas tibio; porque enfermo está el amor; que desmaya a los principios. Los propósitos jugamos, y son tan firmes los míos, en materia de quererte, que por causa tuya olvido parientes, obligación es, que en derecho más antiguo me proponen igualdades, que si las oigo, no admito. Esto acredite el amor, que si hasta ahora, bien mío, en ejecutar promesas te parezco algo remiso, es política discreta, por no ocasionar motivos de novedad en mi padre, hermanos, deudos, amigos: sobre todos he jugado la voluntad, no he perdido, que el amor echó la suerte al ganapierde contigo. La hermosura te hizo noble, amor me iguala contigo; pues el alma me has ganado, el crédito tengo rico, y no son ditas quebradas, pues cumple a plazo cumplido el que es noble, cuando juega por palabra, o por escrito. Qué importa que tu belleza vista ahora desaliño de esos rústicos adornos, de ese bastardo artificio, si de hidalgas pulideces te corona mi albedrío? Perdone ahora tu pena de esta tardanza el desvío, hasta mejor ocasión: que brevemente es preciso, que me declare, y te pague los cambios de amor tan fino; y entre tanto vive cierta, que ni vuelve atrás el Río, ni retroceden los Cielos, ni al viento es veleta el risco, ni en mí que le aventajo, y a la eternidad dedico troseos de mi firmeza, mientras su constancia imito? Bronces, aceros, diamantes, Sol, esferas, tiempos, Ríos, robles, cedros, lauros, palmas, muros, torres, peñas, riscos, mientras que amor te rindo, tendrán valor constante igual al mío Si deseos dilatados hallan en ti tal alivio, noble empleo de mis ojos, poco tiempo he padecido. Mas valen las esperanzas que en ti logro, los suspiros que en ti alegro, los temores, que en ti asegurados miro, que las posesiones de otras. Liberal premias servicios, piadoso remedias penas, prodigo haces beneficios. Infustas mis quejas fueron, perdón, humilde, te pido. No trocaré desde hoy aquestos campos floridos, este Aldeano ropaje, estas fuentes, y este sitio, por la silla del Imperio, por los tesoros del Indio, por los brocados del Persa, por las púrpuras del Tirio. Labradora soy de amor, mis esperanzas cultivo, mientras que méritos siembro, galardones pronostico. Ven, y harete un ramillete de mátices, que distintos te interpreten mis afectos; que flores tal vez son libros, que explican, por los colores, de un firme amor los motivos. Mi padre, Laura, me aguarda, que a ese Convento ha venido, y no podré detenerme. Tu copia queda conmigo. Meperdonas? . Amorosa. Me quieres? Cómo al más digno. Mepagas? . Castos deseos. Me Llamas? . Amante mío. Nunca he visto tal terneza entre mujer, y marido. Padre Frai Ángel, no extrañe en mí aqueste sentimiento, que es natural en los Doctos sentir heridas de ingenio; y el mío en Italia tuvo tan grande aplauso, que creo, que en mi Religión ninguno tuvo más, ni logra menos. Pues después que este Frai Felix es mi contrario, es mi opuesto, desvaneciendo ingenioso la doctrina que defiendo, mi nombre desacredita en la Catedra, en el puesto; y hasta en el Púlpito, en que fui singular, su talento se descuella de manera, que desde el noble al plebeyo, se lleva todo el aplauso, mis estudios desluciendo, y la opinión asentada, que alcance en tan largo tiempo. Qué se me atreva un villano! Padre Frai Reinaldo, el Pueblo suele aplaudir novedades, que se desvanecen luego: y vuesa Paternidadad siempre en lo grande es lo mismo. La competencia, que me hace, me pagará, y el desprecio. . Qué raro monstruo es la invidia! que se la tengo confieso. . Deo gratias. Qué quiere, hermano? Deo gratias. Entre acá dentro. De qué tiene tal temor? . Padre, no es temor, que es miedo; Ya sabe su Reverencia, como yo a mi cargo tengo el cuidar de la cocina, y descuidar del puchero, que para bueno, y gustoso, algo ha de tener de puerco. Y qué tinen que comer hoy los Padres? . Mucho, y bueno; porque en la olla eché cuanto de limosna nos trajeron. Cómo hizo olla, si es Vigilia? Qué importa, si tiene dentro de pescado para sanos, y de carne para enfermos? Por no hacer apartadijos, todo está junto. Qué ha hecho?? Cada cual pude comer lo que le estuviere a cuento. Qué tiene la holla? . Tiene tociño, vaca, carnero, seis palomas, una liebre, media arroba de abadejo, cinco, o seis libras de truchas, tres de ánguilas, dos conejos: y para hacer colación le eché también unos berros, con lo cual estará, que la pueda comer un muerto. Carne, y pescado juntó? Es un loco desatento. Pues no es carne, ni pescado, porque no para aquí el cuento. Pues en qué para? En que estaban diez gatos allí, y diez perros, trabáronse de palabras, y entre dientes se dijeron yo no sé que pesadumbres, que furiosos se envistieron, de suerte, que trastornaron la holla, y en un momento se llevaron las porciones, sin que quedase ni un pelo, sino solamente el caldo, que ese a la holla le he vuelto con grandísimo trabajo. Vaya, hermano; y tome luego una muy gran disciplina. Si haré: triste del Lego, . que encuentre, porque por Dios, que ha de llevarla de recio. Qué dice? . Su Reverencia, en verdad, que no ha un Credo, que me mandó tomar otra. Qué piensa que hice? Al Portero le puse las faidas largas por babador del pescuezo, y le casqué lindamente; porque si dice el precepto, que como a mí mismo, yo ame al projimo, al que encuentro, como yo le quiero tanto, le azoto como a mí mismo. tirí Eso ya toca en malicia, y castigarle pretendo. De aquí no salga. . Esto me . huele a vuelta de podenco. Mas qué miro! . Excelencia en mi celda? Este Convento, siempre a la casa de Ursinó debio cariños, y afectos. Padre Frai Reinaldo, tome vuesa Reverencia asiento; y bien puede darme ahora el parabién de un Capelo; i que a César, mi hijo segundo; remite el Papa. . . El acierto de elección tan bien fundada, por sí lo estaba pidiendo. Por muchos años, señor, logre un honor tan supremo. Aquesto de Cardenal no es para mi buen agüero. El Secre tario del Papa me avisó por este pliego, de que su Santidad quiere ver de esta Orden un sujeto Predicador suyo, y que de entre todos los Maestros elija al de más virtud, para ocupar este puesto, Bien que el Cardenal Colona, mi primo, con grande afecto se inclina al Padre Frai Felix, y que se holgara en extremo verle en la Curia Romana. La inclinación le condeno; pero debe de ignorar el humilde nacimiento de Frai Felij, pues ayer le vimos por esos cerros andar guardando ganado; y tan preeminente puesto es indigno de un villano, haviendo ilustres sujetos en mi Religión. . Frai Felix es noble, grave, y discreto, y toda Italia pública sus letras, virtud, e ingenio. Debe de calificarle el Sayal. . Yo, Padre, apruebo su virtud, no su linaje, y de humildes nacimientos se originan en el Mundo tal vez blasones supremos. Y la nobleza adquirida, que la heredada no es menos, eso lo acuerdan los años; mas pues a mi cargo tengo esta elección, no quisiera errarla de poco atento. La invidia es bruto invencible; y así, mi Padre, le ruego, que acerca de esta materia me diga su sentimiento. Solo aquí, señor, me obliga, mas que la invidia, el deseo de ver premiar nobles canas, capaces para el consejo. Qué sujetos hay aquí, que puedan ser, sin defecto, Predicadores del Papa? Muy muchos, señor, y buenos, a quien aplaude la fama por sus insignes talentos. El Maestro Tolentino: El elegante Cursieto, que llaman segundo Pablo: El sutil, y agudo Anselmo, que apellidan el Apostol: Frai Antonio de Espeleto: El Florentín, que es asombro hoy del Púlpito, a quien dieron el renombre de Admirable: Y yo, que no desmerezco, aunque menor, ese cargo; pues ha doce años que leo. Y yo, que habrá muchos más, que soy docto, aunque soy Lego, A ninguno se ha de hacer agravio, que es desacierto, por preferir a uno solo, hacer a muchos desprecio. Echar suertes es mejor. Téngolo por justo acuerdo: Padre Frai Ángel, escriba los que he nombrado en un pliego, y haga vayías cedulillas. Ya, Padre mío, obedezco. Mire que me ponga a mí. Aparte, hermano: hay tal necio! que quiere? . Que me haga el Papa no más que su despensero. A mí me parece, Padre, que puede también entre ellos entrar Frai Felix. . . Señor, que entre en suerte, no lo apruebo; y pues ama a las Escuelas, lea ahora, que es mancebo; que es atajar sus estudios empeñarle en este puesto; porque estos Varones grandes tienen ganado, por viejos, en el Púlpito el aplauso. Yo me conformo con eso; no entre Félix norabuena. Pues los demás ya están dentro, ̱. Cualquiera de estos que salga, yo me daré por contento. Yo les daré un baratijo contra el estilo fuliero. Vuesa Reverencia saque, que el que saliere primero al Papa predicará. Gobierne mi mano el Cielo. La primera que he topado saco, desdoblarla quiero, por ver, quién es el dichoso a quien le toca el derecho. Válgame el Cielo! . Quién es? Frai Felix dice: qué es esto? Mas si en las suertes no ha entrado, cómo ha salido? . Es encuentro; velvamos a barajar. Sin duda, Padre, que el Cielo favorece la virtud de Felix. . Quizá fue yerro de Fray Ángel. . . Yo no he escrito su nombre. . . Pues cómo es esto? Cielos, que hasta aquí un villano se me oponga a mis intentos! . En vano, Padre, es el susto, que aunque es tan grande sujeto, no ha de ir Frai Felij a Roma. Rasgadla, y volved de nuevo a sacar otra. . . Es muy justo, señor, aquese pretexto, que al que en la suerte no entró, no puede tocarle el premio. Por ver si alguno ha faltado, quiero mirarlos primero: Cabales están. . Al punto a barajarlas me vuelvo: hemos de ver por donde alza: el tejad illo le he puesto. otra saco: O, si acertase . la mano, con el deseo! Que si del Púlpito Sacro empuño el cargo, muy presto verá abatido su aplauso aqueste villano necio. Por lo menos no será de Frai Felix esta, presto lo veremos: mas qué miro? Hay tan desusado empeño! Veamos quien ha salido. Un volcán respira el pecho! . Frai Felix dice otra vez. según saca el naipe mismo, parece que las empalma. Aquí sin duda hay misterio. Casi sin alma he quedado, . y aún dudo lo que estoy viendo Ya que sin haber entrado . Frai Felix, salio primero, con admiración de todos, Padre mío, no apuremos mas los secretos de Dios, pues con tan raro portento el Cielo le ha señalado para que goce este puesto. Sería error de la pluma, porque otra cosa no creo. Llamadle, que quiero darle el parabién. . . Si yo puedo, . la opinión ha de perder, pues descomponerle intento con el General, y el Papa: vierta la invidia el veneno. A darle el aviso vamos: a este hombre le ampara el Cielo. . La suya vino debajo, y el caudal los dos perdieron: vayan, por otra armadita, y tomarán pan de perro. El Guardían, qué ojos me echaba! Mas su disciplina temo, y por no ver a Cascáis, me quiero pasar al Puerto. Por las tapias de la Huerta tomo las de Villadiego, y a meterme voy Soldado, ya que no soy para Lego. Julio, dijístele a César, que le esperaba aquí dentro? Sí, señor; mas él por mí te ha respondido, supuesto que ya llega a tu presencia. Obediente a tus preceptos, pues siempre ha sido tu gusto norte de mis pensamientos. Dame un abrazo, hijo mío, que solo con eso quiero que me pagues las albricias del bien que te ha dado el Cielo. Cardenal eres de Roma, que a Pio Quinto este afecto debe la Casa de Ursino: hoy te honra con un Capelo su Santidad. . Qué he escuchado! Ay, Laura! Pero qué empeños . no atropella quién bien ama? Mi palabra es lo primero, y lo segundo mi amor. Ay, Laura, el honor te debo? La Púrpura me perdone, porque más honrado quedo cumpliendo aquí mi palabra, que no aceptando un Capelo. Qué dices de esta ventura? Triste has quedado, y suspenso. Hijo mío, no te alegras? No me respondes, qué es esto? Mi suspensión no te admire, porque solo es sentimiento, señor, de verme imposible a un bien que gozar no puedo. Cómo que no puedes? Quién puede estorbarte el efecto? Un imposible. . Y cuál es? Es que estoy casado. . Cielos! Tu casado, atropellando de la obediencia el respeto? Cómo, sin mi gusto, osado te resolviste a un despecho, desairando el beneficio con que el Pontifice nuestro, a ruego de mi cariño, quiso honrarte? Será bueno, que despreciando el favor, le vuelva al Papa el Capelo? Tu casado! . El amor solo pudo disculpar mis hierros. No es amor, si no bajeza de tu infame atrevimiento. Quién es tu esposa? Quién es? A decirlo no me atrevo, por no irritar tu furor. Ya quien puede ser, sospecho, mujer, que tú te avergüenzas de decir que eres su dueño. No me avergüenza; antes puedes inferir quién es, supuesto que, por lo mucho que vale, una Púrpura desprecio. Quién es? . No puedo decirlo, Al punto lo llevad preso a un Castillo, que yo mismo castigo he de ser sangriento de su delito, hasta que diga quien es el sujeto, que baraja la fortuna, y deshace mi respeto. Ea, qué aguardáis? Llevadle. Ay, Laura, por ti padezco . rigores de un padre injusto! Mas ya la cárcel no temo, que ha mucho tiempo, que amante estoy de tus ojos preso. . Que así un hijo, mal mirado, me haya turbado el contento! No os vais vos. . Qué es lo que mandas? Cogiome de medio a medio. . Vos no acompañáis a César? Sí, señor. . Pues según eso, bien sabréis todos sus pasos. Sí, señor. . Quién es el dueño, que eligió para su esposa? Sí, señor. . No tengáis miedo. Bien está, señor: el dío palabra de casamiento a una Labradora hermosa de Montalto; y en fe de esto, amante la corresponde con finísimos extremos, diciendo, que la ha de hacer de todo tu Estado dueño: Laura es su nombre, y herman. de este Frai Felix. . Qué espero! Mi sangre con la villana quiere mezclar desatento? Y tan villana, que dicen, que de este mismo Convento fue su madre Labandera. Qué aguarda mi sufrimiento! No ha de quedar en Montalto casa tosca, humilde techo, que no se postre, y se abrase hoy de mi venganza al fuego. Marido de una villana un hijo mío! Yo mismo he de ser de su castigo estrago, horror, y escarmiento. Haced alto, Soldados, y entre los verdes álamos copados de esta estancia frondosa, dad tregua a la fatiga presurosa, mientras con menos ira ofende el Sol, y el Céfiro respira. Pompeyo generoso, pues hoy fui con mi estrella tan dichoso, que de este monte en el confuso centro casualmente os encuentro: Referirme a que vais, señor, a Roma? Y porqué vuestra acción a cargo toma, de Minerva olvidando el Estandarte, el ser Caudillo del invicto Marte? Aunque me veis en traje de Soldado, mis estudios, Márcelo, no he dejado: La ilustre Señoria Veneciana, verde en aplausos, y en prudencia cana, hoy un Tercio me fía, de noble Guarnición, con que me envía a llevar de presente una Tyara, de precioso valor, y hechura rara, a Pio Quinto, de immortal memoria; con la cual adornando la alta gloria de el laurel de su frente, como Padre, bendiga el Estandarte heroico de la Liga, de quien es General, con celo santo, el Español Don Juan, del Austria espanto. Será admirable pieza. Como Corona, al fin, de la cabeza del Vice Dios Romano. Y ofrenda del valor Veneciano; cuyos hechos no nombro, pues siempre fue, y será del Turco asombro. Fra. Fel. Piedad, Señor Divino! Mas qué es lo que en el golfo cristalino, zozobrando un esquise miserable, sordo el mar a su ruego lamentable; contra estas peñas cierra? El golpe de las ondas le echa en tierra. A ún hombre desde el mar arroja al suelo: hombre, válgate Dios. Válgame el Cielo O, tierra, o Patria dulce, venturosa, del hombre, pues en ti vive, y reposa? Con el Ábito Santo de Francisco se adorna. No me espanto; que por él le respete el mudo abisino. No sois Frai Felix vos? Yo soy el mismo; Félix soy, no os asombre, aunque más de infeliz merezco el nombre. Pompeyo, veis aquí el que ennoblece con sus letras a Italia; el que merece llamarse de la Fe firme columna, por su virtud. Es poca mi fortuna. Dadme, amigo, los brazos, Hoy de nuestra amistad son firmes lazos, que a entrambos, igualmente, debí en Bolonia aplauso diferente. Qué causa (oh gran Varón!) os ha traido de esta suerte, tan solo, y perseguido de mares, y de vientos? Cosas del mundo son, estadme atentos, que de todos mis naufragios os daré breve noticia; si es que también no me falta, para contar mis desdichas, la voz, que en un infelice es con suelo el repetirlas: mirad qué remedio escoge, pues que del aire las fía. Después que al Divino norte, en la Sagrada Familia de aquel Serafín humano fie el rumbo de mi vida; y después que con estudios, desvelos, ansias, fatigas, crecí aplausos a mi fama, la ciega tirana envidia (que también como es villana, vive de sayal vestida) oponiándose a mi suerte; me desvaneció, atrevida, las alegres esperanzas, que al afán, y a la porfía de trabajadas tareas, capaz del premio me hacían: que esta fiera, alimentado su veneno de ruinas; se alegra de propios males, se ofende de prepias dichas, Del Papa Predicador me hicieron, mas fue enemiga mi suerte, pues provocando a desprecios, y a ignominias a los de mi Religión, de la Catedra me privan; claro está, que fue bien hecho, que sin razón no lo harían; pues mirando mis defectos, yo mismo reconocía ser incapaz de estos cargos: y el que contra mi publican, es decir, que soy villano: sin ver, que adquiere hidalguía la virtud con el ingenio: Pero de aquí se originan tumultos, enemistades, entre los que me seguían, y los del bando contrario. Y llegando esta noticia a mi General, mandó, que me prendiesen, y el día, que de intenciones segundas reconocí la injusticia, desde el breve humilde encierro, por una estancia sombría, que daba al campo, fui abriendo, con aplicación continua, un hueco capaz, por donde me escapé, hasta la orilla del mar, adonde encontrando esa mísera barquilla, me entré en ella apenas, cuando la violencia embravecida del Euro azotó las olas, que castigadas gemían; de suerte, que en la chalupa quisieron vengar sus iras, y barajándola el curso, de aquí, y de allí combatida, en el trinquete espumoso, que a soplos el aire hacía de la baqueta del agua, era pelota impelida. Ya toca el Sol con la entena, ya barre el mar con la quilla, ya sobre montes de vidrio oscala esferas divinas; cuya vela a un mismo tiempo, equivocada en ruinas, se vio en estrellas, y espumas apagada, y encendida; sucedió lo que habéis visto: Sin duda, que alguna dicha, o mayor desgracia encierran los peligros de mi vida. A Roma voy, porque sé, que al Papa a atusarme envía mi General, donde espero, que se me guarde justicia, como Tribunal sagrado, de quien la innocencia mía ha de ser Fiscal severo contra la tirana invidia. Ya el Pontifice tendrá de vos bastante noticia. Así lo pública Italia. Venecía a Roma me envía con los Soldados que veis, para alistarse en la Liga. En mi compañía iréis. Razón será que la admita, pues me honráis. Márcelo, vamos, veréis la Corona rica, que os encarecí, después que descanséis. Vamos Dicha ha sido haber encontrado a Pompeyo, a quien estima mi amistad; mas cuando el Cielo, en la aflicción más precisa, no ampara piadosamente al que a su senda camina? El gusano, el bruto, el ave, de su providencia misma se alimantan, no del vuelto, ni de natural fatiga, que sin ella fueran todas las diligencias perdidas. Mire, Padre, que le aguardan a comer. . Qué es lo que miran mis ojos! Sórbete hermano? Conociome por la pinta. . Pues cómo en aqueste traje? Miré, Padre, que le avisan, que a comer vaya. . No como, que exhortarle es mi porfía; básteme ahora por plato aquesta oveja perdida. Si come oveja, valdra más barata la hortaliza. Perdida de su Revaño vuelva al Redil. . Ay tal tirria! Por su vida, Padre mío, si oveja soy, que me diga a donde tengo el bellón; que por esta Cruz bendira, que me hallo sin un ochavo. Qué hiciese acción tan indigna! Cómo el Ábito ha dejado? Ahorcándole. . Esa vida no es de hombre si no de bruto. Padre mío, es cosa antigua, que puede un hombre mudarse de la Religión, el día que escoge otra más estrecha; y puesto que la Milicia es más recoleta, es cierto, que muy bien pude elegirla: si hay allá cilicio, y cerdas, aquí también no hay camisa; si allá un Lego a casa trae pan tierno, en alforja limpia, aquí un Soldado pobrete, cuando carga es de fagina. Aunque en la Orden se tenga eterno ayuno, y vigilia, allá se come pescado, y aquí se queda en la espina. Todos ayudan a un Fraile con su limosna bendita: y si allá los virtuosos seciñen, aquí se sitian. Allá se azotan de noche, aquí de noche, y de día; alla celda, aquí barraca, allá Coro, aquí Campiña. Si bien, cualquiera Soldado es de la Orden Francisca también hijo, en todo aquello, que toca a la Infantería. Si allá tocan a Maltines, aquí centinelas vivas, siendo campaña el mosquete, al arma también avisa. Aquí se gasta bizcocho, allá se comen rosquillas; aquí le bebe cerbeza, allá un licor, como hay viñas. Allá achaques se padecen, aquí una bala perdida mata al punto: mire ahora cual es más estrecha vida. Deo gratias, aguarde, hermano, que aunque es alma tan sencilla, es una Cordera errada. Qué hace que no me trasquila para paño de melendez? Seguiré su planta esquiva, estorbándole piadoso el despeño a que camina. . La Tyara, que Venecía por Pompeyo a Roma envía, hurté, con que de esta vez vencí mi suerte enemiga: con que ya, salí de pobre, si me aseguro esta dicha. Los rubies, y diamantes de que está tan guarnecida, bastan para hacerme rico, y hartar mi hambrienta codicia. En cada paso que doy, un miedo, un temor me priva de la razón: qué cobarde es de un Ladrón la osadía! Entre estas piedras, y ramas quiero dejarla escondida; y para no dar sospecha, me vuelvo al Cuartel aprisa: que después podré volver, que así mi honor no peligra. Pues no he podido alcanzarle, y fue en vano mi porfía, con Pompeyo dispondré, que a Volonia se remita: Mas, válgame Dios! Qué sueño tan profundo me fatiga, que a resistirle no bastan mis desvelos, y desdichas! Aquestas ramas; y peñas, de blando lecho me sirvan, mientras el alma hace treguas, con las potencias dormidas. , e- Duerme, o Varón dichoso! Sobre esas piedras frías, que de ellas serás una, sobre quien fundaré mi pompa altiva. Quién eres, Deidad triunfante, que sobre la injuria riza del viento, airosa, trémolas el mismo Imperio que pisas? Con dos llaves en la diestra, sobre quien constante estriba una Corona, te ofreces noble, y risueña a mi vista. Quién eres, di? . . Ro má soy, que con esta heroica insignia he de coronar tus sienes, porque en alabastros viva tu memoria, pues serás mi cabeza esclarecida. Con un Capelo te espera el Papa; y después que rija seis años la Silla Sacra, succederás en la Silla después de Gregorio Octavo; y en fe de esta profecia, esta Corona te ofrezco, adelantando tus dichas. Aguarda, Deidad hermosa, espera, mujer divina, dame la insigne Corona: Qué es lo que mis ojos miran? t . Quién me ha dado esta Diadema? Mas entre estas peñas mismas, cuando desperte la hallé: Qué sombras, qué fantasías son estas, que ha tantos años, que en mis discursos vacilan? Válgame el Cielo! Quién pudo ocultar joya tan rica entre estos rudos peñascos? O, fortuna, oculto enigma, a cuantos Corona has dado, y a cuantos los Cetros quitas! O, lo que oprime tú adorno, cargado de piedras finas! Si tanto en la mano pesas, qué harás en la frente misma? Cerquemos todo el contorno. Examinad la campaña rama a rama, y tronco a tronco. Qué voces el pecho avisan? La Corona hurtada, Cielos! qué es lo que veo, iras mías? Ay tan vil robo! . Pensó, que robaba la espadilla, y siendo de oros, no juego. Pues, Frai Félix, qué osadía es esta? Como en vos cupo robar la Sagrada Insignia? Soltadla, que aquesta infamia de otro castigo era digna. Amigo, yo:- Que aún tengáis, en tan enorme malicia, lengua para disculparos! Ya no me espanta, ni admira, viendo en vos tan vil bajeza, que los vuestros os persigan. . Ocasión les habréis dado; mas por lo mucho que estima mi amor este Abito Santo, haré, con la industria mía, que no os lleven preso a Roma, que este error lo merecía. Escuchad, señor. . No escucho a quien (mi furor se irrita!) a una acción tan descompuesta la baja sangre le inclina. . Mire, es perdida oveja: que hiciese acción tan indigna! Cómo el Ábito ha dejado? Hermano mío, esa vida no es de hombre, si no de bruto oye? Sepa a quien predica. Ladrónfico me es el Fraile? Alón, que la uva pinta. . Yo de esta suerte afrentado con oprobios, e ignominias, sin que me escuchen? Aquí de la tolerancia mía! Todos mis discursos fueron sombras de mayor ruina; pues si lo que de mi juzga Pompeyo, en Roma pública, contra mí el veneno injusto de mis contrarios confirma. Mas cuando en un infeliz no son soñadas las dichas? Todos me han desamparado, y la noche oscura, y fría, baja de aquel monte: estrellas, guiad mi planta indecisa. Ay de mí! Piadosos Cielos, valedme en tantas desdichas. Qué queja es esta, que escucho? Válgame Dios! Juraria, que era la voz de mi padre. Pastores, no hay quien me diga el camino? . Él es sin duda: qué nuevas, y extrañas líneas junta en un punto la suerte! Seguid la estancia florida de esos olmos, y hallaréis la senda. Quién me encamina? Un infeliz pasajero, que en veros su pena alivia: Adonde vais por aquí tan solo? . A buscar me obliga el rigor de un poderoso nueva patria. Qué desdicha os mueve a tan tierno llanto? De qué sirve, qué os lo diga? Dejadme, amigo, llorar: Ay Laura! Hay honra perdida! Ya es mi cuidado mayor. Mirad, que de esa fatiga me toca a mi grande parte. De qué suerte? Es también mía. Pues cómo? No veis mi llanto? En vos de qué se origina? De veros llorar a vos. Conoceisme? . Ser podría. Pues quién soy yo? Sois mi Padre. El alma me lo decía: según eso, tú eres Felix? El mismo sol. . Ansias mías, ya no hay mal que me acobarde. Ni a mi dolor que me rinda. Templad, padre mío, el llanto, y dadme entera noticia de ese suceso. . Sabrás; como Laura (hah suerte impía!) de su honor ha dado a César la joya de más estima, solo en fe de la palabra de que su esposa la haría. Su Padre el Duque de Ursino, viendo, que César quería dar la mano a Laura, al pueto de la libertad le priva, prendiéndole en un Castillo; y en venganza de sus iras, diciendo, que yo le infamo, fuego a mi cala pajiza ha puesto, cuyas paredes, sin resistencia encendidas, por ser de paja los techos, se han convertido en ceniza; breve hoguera ha sepultado cuanto la fortuna esquiva en mi albergue miserable, por poco, olvidado había; y hasta las pobres alhajas, viendo tan grande injusticia, para quejarse a los Cielos, en forma de lengua ardían. Huyendo de su rigor, para escapar con la vida, vengo buscando los montes; y aunque la postrera línea de ella fenece en las ansias de esta edad larga, y prolija, no lo siento tanto, como el ver mi honra perdida. De bronce soy pues no muere: Aquí de la valentía, Cielos, de mi sufrimiento. Padre, y señor, las desdichas se han de tomar como halago, como favor, y caricia del Cielo, que el Padre al hijo, porque le ama, le castiga. Templad, Padre mío, el llanto; porque yo: lágrimas mías, romped la presa a mis ojos, salid de una vez aprisa; pues sé, que no costáis menos lloradas, que detenidas. Dices, que no llore, y lloras? No lloro, que a Dios pedía socorro, y ya nos le ha dado. En esa Aldea vecina vive Alejandro Colona, con quien tengo ha muchos días amistad, que un tiempo oyó en Bolonia mi doctrina: en su casa quedaréis, mientras el Cielo encamina mis pasos, que a Roma voy; donde, a pesar de ignominias, oprobrios, robos, y afrentas, y culpas que me acriminan, querrá el Cielo, que veamos la serenidad tranquila. Nuestra humildad nos defiende, nuestra innocencia nos libra: Dios volverá por nosotros. No sé, qué oculta alegría siento en aquesas palabras, que me consuelan, y alivian. Dame a besar esa mano. Goce yo tu compañía, y más que se pierda todo. Vamos. . Padre, a mí te arrima; Qué gustoso voy contigo! Mas le quiero, que a mi vida. p Muchacho, más poco a poco. Si haré, señor: de mi fía todo el cuerpo, porque vayas con descanso. En ti se mira la piedad del grande Eneas, pues del incendio me libras.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Madrugad, Pastores, a coger la flor, antes que sus hojas las marchite el Sol. Trébole, que la Aurora amanece: Trébole, que despierta el amor. Pues todos te acompañamos, prevenidos de instrumentos de caza, di tus intentos, y adonde por aquí vamos en traje tan desigual, que nuestro decoro afrenta? 1. Lo mismo saber intenta Camorro, Gil, y Pascual. Quién al amor pintó ciego, amigos, no se engañó; pues sin mirar imposibles, a un tan frágil corazón, como el mío, presta alientos, para intentar, sin temor, una acción, que de mi fe ha de ser gloria, y blasón. Pero cuando la fineza de quien bien ama no dio licencia para emprender transformaciones de amor? El Duque de Ursino, amigos, tiene metido en prisión en ese Castillo a César, con tan extraño rigor, que este bosque está con Guardas, temiendo, que pueda yo venir a verle a la torre: y como el hijo mayor le ha faltado, intenta ahora, que César, por sucesor, a Doña octavia Colona de la mano de esposo hoy, por motivos, que le obligan de calidad, y valor. Pero César, arrastrado de la grande inclinación, que me tiene (o sea dicha, o destino superior, que le mueve a hacer conmigo tan noble demostración) ricos tálamos desprecia, diciendo, que solo yo he de lograr de su mano la amorosa posesión. Esto me obliga a romper la honesta jurisdicción del respecto de mujer; y así, en el traje que estoy vengo a darle libertad, pagando la obligación de tan amantes finezas; y despreciando el furor del Duque, que contra mí pública su indignación iras, venganzas, castigos, como sí, al fin, fuera yo delincuente en ser querida, culpada en tener amor. El modo para librarle es este, ya la invención entenderéis, que es fingir con simplicidad, y voz, que vamos a cogernidos del Castillo al reededor, con estas cañas, y redes; y llegando la ocasión de verle, podremos darle toda aquesta prevención de limas, cuerdas, y escalas, con que podrá, sin temor, facilitar la salida de tan áspera prisión. Salga, por mi industria, libre César; pues por mi perdió la libertad, pague el alma la deuda de su afición: porque no es justo que él muera preso, y quede viva yo; padezca mi amor por él lo que por mi padeció. Viva yo presa, y él libre: que cuando de aquesta acción resultara este castigo, fuera alivio su dolor; que, en fin, la naturaleza en nosotras vinculó por costumbre la clausura, y por uso la prisión. 1. Pardiez, que hemos de librarle, que es famosa la invención. 2. Ojo a vizor con los Guardas. Por lo menos, de tu amor tienes la caza segura: que hay muchas, que salen hoy a caza de motilones, y encuentran con un moscon. Ya estamos juntó al Castillo: Repetid otra canción, por ver si sale a la reja mi esposo, oyendo el rumor. 1. Camorro es bravo Organista. Al Sacristan de Belflor le levantaba los fuelles. 2 Eso es llamarme soplón. 1. Ea, vaya una letrilla, y sigan todos mi voz. Que llamaba la Tórtola, madre, al pájaro suyo, que estaba en prisión, con el pico, las alas, las plumas, que fueron reclamo de su dulce amor. Pajarillo triste, tu dura prisión, en las dulces redes de pestañas dos. 1. No llores ausente tu dura prisión, porque también preso canta el Ruiseñor. . Que llamaba la Tórtola, madre, Oscura prisión, adonde apenas el Sol entró, que aún pienso, que entre cadenas teme de estar preso el Sol: Crcel, que a la muerte excedes en desdicha, y aflicción; pues matas, y resucitas para doblarme el dolor: Esta es la primera vez, que en esta soledad, yo escucho apacibles ecos: qué miro erranos son, que su rústica taréa lisonjean con la voz. Dichosos volotros siempre, pues que lográis, sin temor, la libertad de los campos, que la suerte os concedió, templando el duro trabajo con el acento veloz: triste de aquel que padece de un Padre injusto el rigor; y sin que el pecho le ablanden disculpas de una pasión, aumenta, infeliz amante, con sus quejas el dolor. Ay, Laura! Ay, dueño querido! Por ti padeciendo estoy, con gustoso sufrimiento, los hierros, que amor doró. Oh, tiranía cruel del Mundo! Quién jamás vio castigar severamente por culpa lainclinación? Ya que es imposible el verte, ausente adorado Sol, en suspiros, por consuelo, te remito el corazón. Ya a las rejas ha salido, la Música le avisó: qué triste está, y pensativo! Por si acaso reparo en nosotros, celebrad su firmeza, y mi afición. Si de tu firmeza las cadenas son, no podrán ser duras las del Cazador. Ah de las rejas? Qué escucho! Quién me llamó? La piedad os agradezco, pulido, y bello Pastor. Quién sois? . Un Zagal, que siente lo mismo que sentís vos. En nuestra Aldea se ha dicho, que estáis preso por amor: y como de aquese achaque adolezco también yo, por consolarme con hieros, me trahe la inclinación. Es esto verdad? . No hay duda; la fama no se engañó. Queréis mucho a vuestro dueño? Gracia ha tenido el Pastor. Mas le quiero, que a mi vida; pues quíen por ella perdió la libertad, bien se infiere, cual puede ser el amor, que por ser suyo, padece voluntaria la prisión. Y vos, que lo preguntáis, amáis mucho? . Mas que vos; pues vos deseando estáis la libertad, y yo no; pues la que tengo quisiera trocar por esa prisión. Mirad si en amor os vence mi fineza, pues estoy, como vos la libertad, apereciendo el rigor, No os entiendo. . Ni tampoco me conocéis. . Ciego estoy: lo que los ojos afirman negando está el corazón: regocijos forma el alma de los ecos de esa voz; mas como nuevo en las dichas, no se asegura el temor, pues dudo lo que estoy viendo. Qué presto que ejecuto, sus efectos el olvido, descuidado preso, en vos, pues de las finezas mías las memorias os borró! Válgame el Cielo. Qué escucho? Eres Laura? . Laura soy, si es que el dolor de tus males fortuna no me trecó. Ay, bien mío! Ay dulce dueño! Ay Laura. Corrido estoy de no haberte conocido, que la sombra, y confusión de mis pesares, y penas, me impidió la luz del Sol. Yo castigaré mis ojos; y entretanto, que este error perdonas, el viento abrazo en tu nombre, que veloz llevará lo respirado en pago de este favor. Para merecer los tuyos, mi bien, mi esposo, señor, vengo a darte libertad; y aunque arriesgue en esta acción la vida en defensa tuya, he de empeñar mi valor: que no acaso el Cielo en mí noble espíritu infundió. Con aquestos instrumentos puedes romper la prisión de esotra parte del bosque; con cuya resolución, de la invidia, y la fortuna podremos triunfar los dos: Ea, César, yo te aliento. Celebren tu firme amor cuantas mujeres la fama en bronces eternizó. Cuando en mis brazos te vea, mereceré ese blasón. Sin ti no quiero la vida. Contigo está el corazón. Preso, y con Guardas dobladas ha de quedar, mientras voy a Roma. . Mi Padre es este. Pues entrate. Adiós. . Adiós. . Ea, fingid, que cazamos vencejos. . Daca el Hurón. Pon las cuerdas, y la caña, 1. No está mala la invención. De vos, Ludóvico, fío su guarda, mientras que voy, del Papa a Roma llamado; y no dejéis llegar hoy persona alguna al Castillo: que hasta que su obstinación se venza en obedecerme, ha de vivir en prisión, o dar la mano de esposo a Octavia Colona. . Ay Dios! Ya conoce V. Excelencia mi lealtad. 2. Con este son mas de mil los que he cogido, 1. Esos son muchos, y no caberán en la cazuela. Meterle un apretador. Estos Villanos me ofenden: por qué aquí los consentís? Echadlos luego. . Hola, oís; Verá lo que se defienden. Ah, Villanos, estáis sordos? Arralla: qué diabros dais voces, que nos espantáis los vencejos, y los tordos? Rústicos, no veis que está presente el Duque? . Ah tirano! 1. Jesús! Válgame el alano de San Roque! Rite acá. Pues bien: amos de comer su insolencia, cuando así mos halle? . Qué hacéis aquí? Oiga, y podralo saber: Tienen aquí los vencejos nidos en los muros fijos, sin dejar sacar los hijos, porque los guardan los viejos. Yo deseando cazar uno, que en esta ocasión guardando está el vencejón del padre, que pernear le vea yo, pregue al Señor, porque así su enojo pierda, vine a cogerle con cuerda; y cuando más a sabor se asomaba a la muralla, salió su padre al encuentro, na tiose el vencejo a dentro, y déjonos de la agalla. Buen caso! . Que el padre viejo el vencejo os ha quitado? Sí señor (desvencejado le vea yo) de eso me quejo. Gracia tiene: aunque esta gente aborrezco, este Pastor me ha dado gusto. . Es, señor, un pobrecito innocente. Vení acá, que os quiero hacer una pregunta, buen viejo: Si quiere bien un vencejo, y recibe por mujer a una venceja, que ha sido quien la enamora, y quillotra, es bien casalle con otra, porque nació en mejor nido? Porque en los Palacios vive, y estotra entre peñas pobres, y entre castaños, y robres tosco alimento recibe? Porque de pluma mijor se adorna, y son más valientes los vencejos sus parientes, es justo estorbar su amor, y hacer, porque está más lejos, en ella violento estrago? juzgadlo vos, que yo os hago Alcalde de los vencejos. Gusto me da el Pastorcillo. Ea, la vara arrimad, o este pleito sentenciad, que me importa concloillo, Digo, gracioso Pastor, que a la venceja primera, aunque más humilde fuera, es bien pagarle su amor, por más que el padre lo impidas y sentencio, que la amada le logre, y que desterrada la venceja aborrecida, aunque alegue más consejos; luego al instante se vaya, porque yo no sé que haya nobleza entre los vencejos. Contra vos es el proceso; de esta vez os he cogido, decid: Vuestro hijo querido por qué ha de estar por vos preso; Si él a una paloma adora, más blanca que el propio armiño, y no quiere otro cariño, porque de este se enamora; dejadlos, que de amor llenos, se arrullen como palomos, pues todos pájaros somos, plumas más, o plumas menos. De aquí estos necios echad. Pues lo mandáis, casaranse, Idos, Villanos. . Iranse, que no son bestias: cantad, Qué llamaba, . Ahy semejante osadía! Mucho debo a mi prudencia en sufrir de estos Villanos la maliciosa simpleza. Antes de partirme a Roma, como el Pontifice ordena, quiero entrar en el Castillo, por ver si puedo a esta fiera pervertirle de su intento: que una villana le venza! Señor, no tienes que entrar en la prisión, porque de ella falta tu hijo. . Qué escucho! Por una pequeña reja, que cahe al bosque, escapó, limando con diligencia los hierros, y las prisiones; dicen, que una Serraneja de Montalto, dizfrazada de villano, con cautela, le trajo los instrumentos para romper las cadenas. Sin duda fue la que ahora se apartó de mi presencia. En su alcance van los Guardas. Cercad el contorno, y mueran estos Villanos. . Qué miro! Huyendo con ligereza de mis Guardas, un Zagal hacia esta parte se acerca. 1. Matadle. . Tened: qué es esto? Vana fue mi diligencia, pues con mi enemigo he dado, 1. El Zagal, que en tu presencia tienes, señor, fue la causa de que se escapase Cesar, pues le dio los instrumentos; y aún se tiene por sospecha, que esta es Laura, dizfrazada. Aquí es menester prudencia. Laura soy, no he de negarlo; mas antes que la sentencia contra mi error se fulmine, ha de escuchar V. Excelencia, pues nunca el dar su descargo al delincuente se niega. Vuestro enojo, Gran señor, tuvo en la prisión a César, porque esposa me llamaba, fundado en una promesa, que hizo de darme la mano, por heroica recompensa de una obligación forzosa: mas no lo diga la lengua, sino el papel del semblante, adonde con rojas letras la escribel, a rasgos más vivos, el pincel de la vergüenza. Por esta causa, a una Torre condenasteis su fineza; y cuando todos los padres a sus hijos desempeñan, vos, al contrario, impedis a que no pague la deuda, por ser humilde la parte, y sin armas mi innocencia. Este desprecio, entre todos, mas que os ilustra, os afrenta; que no es triunfo de buen aire, señor, en vuestra grandeza, atropellar rigoroso a una mujer sin defensa. Y dado caso, que en vos fuera blasón, menos pesa ser cobarde en el castigo, que ofender sin resistencia. Si él por su asposa me admite, y por mio se confiesa, en levantar a una humilde, en qué comete bajeza? Yo bien sé, que no merezco ser suya; mas si su estrella le inclina a darme la mano, no es mía la diligencia. No tuve la culpa yo de parecerle tan bella: su vista pague el engaño, pues no me tuvo por fea. Si le he parecido digna, qué importa, que no lo sea? Ah de estar el gusto siempre pendiente de la grandeza? Y asentado, gran señor, que hay en los dos diferencia, y que embaracen mi dicha dos fortunas tan opuestas; qué piramide robusto, qué escollo, qué fortaleza, qué permanente columna, qué estatua de bronce hecha, qué sublimado edificio, qué alcázar, qué torre excelsa no tiene su firme asiento en lo humilde de la tierra? También el Sol se oscurece, y no porque nubes densas se le opongan, pierde el precio de la luz, que lo hermosea; antes, si bien se repara, veréis, que sus rubias trenzas esparcidas por las nubes, varias formas representan. Ya un dragón finge animado: ya sobre la azul Esfera espolines de oro, y nacar borda en bastidor de Estrellas: y no le hacen menos noble impresiones extranjeras, pues su esplendor poco a poco le va limando la ofensa. Vapor soy, y sombra humilde, imaginad que es Sol César, y que con su luz matiza lo oscuro de mi bajeza: y aunque parece, que muda su explendor forma diversa, es engaño de la vista, pues siempre como es se queda: que aquellas bastardas sombras no manchan, que lisonjean, pues tal vez hace un lunar más hermosa la belleza. Usar con César rigores, porque me quiere, es vio lencia, es sinrazón, es ultraje, es ceguedad, es fiereza, pues va contra el Cielo mismo obstinado en sus ofensas, Quien de ser agradecido la demostración condena? Dejad, señor, que me cumpla la palabra; no os ofenda la desigualdad humilde de que mi sangre se alienta. Pues el más soberbio Río, que se juzga de la selvas Rey, coronado de espumas, a quien con hojas espesas, verdes archeros los olmos, le dan frondosa defensa, si se examina el origen de su undosa descendencia, de una humilde fuente nace. Considerad la primera línea de vuestros principios, y estimaréis mi rudeza: Que si ahora caudaloso, con el poder que os respeta, olvidáis la propia cuna, es porque estáis lejos de ella. Y advertid prudente, y cuerdo, que si yo con esta jerga no os igualo, es porque estoy de mi nacimiento cerca, No ha de estar la voluntad apolítica sujeta, cuando lo que falta en sangre, suplen virtud, y belleza. Todas las almas son unas: el diamante en su corteza la misma calidad goza: solo está la diferencia, en que al uno pule el arte, y que el trabajo, y taréa le da valor, no quilates, que esos los debe a la tierra; y puede ser muy posible, que con el de vuestra esfera tenga fondo igual el mío, aunque tan bruto os parezca. Si este amor, si este cariño, este lazo, esta firmeza, que César intenta, borra el lustre a vu estra nobleza, no herede vuestros Estados, porque solo se contenta con la dicha de ser mío: viva conmigo en mi Aldea, pues vivira con más gusto sin fausto, y sin opulencia, que el haber menester menos también viene a ser grandeza. Y respondiendo a los cargos, que contra mí se presentan, de que yo le di instrumentos para romper las cadenas, es verdad, una, y mil veces lo confieso, que esa misma culpa ennoblece el delito; pues le quiero de manera, que el no haber hecho por él demostración tan resuelta, fuera entre todas mis culpas el cargo que más sintiera. Ahora vengan castigos, iras, venganzas, ofensas, rigores, furias, estragos, que en mi hallará su violencia valor, para resistirlas, despecho, para vencerlas, corazón, para ultrajarlas; porque se conozca, y sepa mi amor, mi fe, mi osadía, mi ser, mi razón, mi queja, y sobre todo, mi honor, que es justo, que en esta empresa, como villana porfíe, y como noble agradezca. Aún mismo tiempo el rigor, . y piedad miro en mi diestra, y entre los dos confundido, no sé a lo que me resuelva. Ahora bien, ya yo he pensado una industria, que con ella, ni queda Laura ofendida, ni manchada mi nobleza. Ludóvico, esta mujer, con gran recato, y cautela la habéis de tener oculta, y corra la voz que es muerta: porque al instante que llegue aquesta noticia a César, a Octavia dará la mano, y con esto se re media la ceguedad de este mozo; que después con diligencia daremos estado a Laura, que igual con su sangre sea. La disposición de todo queda, señor, por mi cuenta. Venid, Laura. . Gran señor, vuestra piedad mire atenta por mi honor, pues tengo un padre, y un hermano, que profesa virtud ejemplar, por quien merezco vuestra clemencia: por él, no por mí, lo haced, pues aquel Ábito afrenta quien mi honor deja burlado. Cuando vuestro hermano sea Pontífice en Roma, entonces será vuestro esposo César. . Pues esa palabra acepto, que aunque imposible parezca, a quien sin consuelo vive, cualquier esperanza alienta. Vamos, Laura. . Ya te sigo: mas dime, dónde me llevas? Voy a morir? . No señora, que a una prisión os condena el Duque, y no será larga. De su condición severa no temo el rigor, que el Cielo volverá por mi innocencia. . Frai Ángel, bien se dispone nuestro intento, pues al Papa nuestro General me envía a delatar de las mañas perniciosas de Frai Felix, y de la acción temeraria de haber dejado el Convento, apostata de la Sacra Religión del Gran Francisco, cuya acusación, cerrada me remite en este pliego, para que le entregue al Papa. Ya es hora de der Audiencia. Y para eso, en esta sala entrando va por sus turnos toda la Curia Romana. Gran Señor, pues me habéis hecho de vuestra Iglela la Vasa, permitid, dulce) Esús, del Mundo, y Cielo Monarca, que la mayor acción mía resulte en vuestra alabanza. Santísimo Padre, el Orden nuestro, celoso en la Sacra Familia de su Rebaño, lo principal; que me encarga es, que a Vuestra Santidad de cuenta de la observancia, que algunos, bárbaramente, sin ley, ni razón quebrantan; entre los cuales, Frai Felix es, Santo Padre, el que trata con más desprecio el sayal, pues que temerario: . Basta: ya de aquese Religioso tengo noticia, y la fama con gran renombre, encarece su virtud en toda Italia; y también sé, que la invidia, a sus méritos contraria, le hace odioso con vosotros; y si por aquesta causa le perseguís, yo le estimo: que para mí solo basta ver perseguido a un ingenio, para amparar su desgracia. En esta carta, que escribe nuestro General, hay larga materia, en que se conozca cuan gran sujeto, y sin tachas es en la virtud Frai Felix: pues le tienen gentes varias por sospechoso en la Fe. En la Fe? Solo eso basta para que quede sin lustre su opinión, renombre, y fama; yo mismo el pliego he de leer, que en materia tan pesada, no he de fiar de otros ojos el examen de esta causa: mejor informe tenía de él: así dice la carta. El Maestro Frai Felix, por Católico, o. so de nuestra Santa Fe, y el más doctod nuestra Religión, merece, que Vuestra Sap. tidad le premie con el cargo de Inquisido de Venecía, que está ahora vaco; y en confie mación de esta verdad, lo firmamos, yo, y la infrascriptos, por testigos de su abono. Maestro Frai Pablo, indigno General desa Francisco. Frai Ángel. . Si l vestre Respigio En su abono no firmé; pues el por quien yo firmaba era Vuestra Reverencia. Puede haber cosa más rara! Por aqueste Abito Santo, que se trocaron las cartas. Decid, son estos los cargos, que contra Frai Felix hablan? En vestra turbación misma se conoce su alabanza: de castigo os sirva ahora la vergüenza que os ultraja. Gracias os doy, Gran Señor, pues libré de la borrasca, este Sacro sitio llega a pisar mi humilde planta: Pero estoy en mí? Qué es esto? Divertido, hasta la sala del Soberano Pastor me entré: Supremo Monarca, Sol de la tierra, permite, que sea mi labio estampa de este pie, que humilde beso. Hijo, levantad: qué extraña admiración en mis ojos este hombre pone, que el alma, o le respeta, o le atiende con algunas circunstancias! Quién sois? Un tronco abatido sin fruto, una seca rama sin virtud, un hombre inútil sin tiempo, una flor cortada, una hyedra sin arrimo; y para excusar palabras, de una vez lo digo todo, con decir, que no soy nada. Beatísimo Padre, este es Frai Felij. . Dan señas claras de su ingenio: mucho estimo el conoceros, pues basta para sospechar, que han sido capitulaciones falsas las que contra vos se oponen. Son tantas, señor, son tantas las imperfecciones mías, que cuando alguno me abata, censurando mis costumbres, no dirá todas mis faltas, pues muchas más tengo ocultas, luego en eso no me agravia; antes yo, casi obligado, le debo de dar las gracias, no de aquello que murmura, sino de aquello que calla. A buen tiempo habéis venido a Roma, pues esta carta vuestros méritos pregona; y así yo, por esta causa, Inquisidor de Venecía os hago. . De honra tan alta incapaz me reconozco. Esa humildad os levanta: vuestro General es muerto. Válgame el Cielo En vos halla mi inclinación partes dignas de ocupar tan grave carga; y así, por su General aquí mi mano os señala. Son mis fuerzas: De esto gusto. Mi labio pongo en tus plantas: Mas ya que para este puesto me halló la elección, que es carga bien pesada para mí, porque conozco la mala condición del siglo, y esta jerga me sirvió de tabla, para escaparme sobre ella de las tormentas del alma: ha de ser con las siguientes condiciones, que estas bastan a asegurarme de todas contingencias, y borrascas. La primera es, que no tengo de tener otra posada, sino la de mi Convento, en una Celda ordinaria; y que he de acudir a todos ejercicios de mi casa, como cualquier Religioso, sin que me reserve en nada la dignidad preeminente; y que cuando necesaria fuere el hacer a otro Reino algún viaje, o jornada, he de ir a pie, con un Lego, como mi Regla me manda. La segunda, que jamás he de sufrir, que me hagan por esto gracia niguna de las que en el Mundo pasan. La tercera, que en mi Orden hombre no ha de entrar de malas costumbres, ni sangre infecta, que conmigo, en esta causa, no han de bastar a torcerme intercesiones humanas. La cuarta, y última, en fin, es, que me ha de dar palabra Vuestra Santidad, de que me ha de decir cara a cara, y en público, mis defectos, imperfecciones, y faltas, que en mi hallare de ambrición, y de codicia; ordinaria enfermedad, que se pega, por contagio, en la mudanza de puestos, y dignidades, que la humanidad arrastran: que con estas condiciones, querrá el Cielo, que yo salga buen General de Francisco Seráphico Patriarca. En este hombre reconozco gran talento, y virtud rara. Cuanto habéis dicho, Frai Felix, os concedo: mas qué exraña voz de clarín hiere el viento? Hacia esta parte, en bizarras hileras, vienen marchando, llenos de plumas, y galas, Soldados, cuyo caudillo llega a tus heroicas plantas. Digno sucesor de Pedro, cuya Majestad Sagrada, substituyendo del Mundo, todo el Imperio avasarlas; porque el Estandarte santo de la Liga soberana bendigas con justo celo, como de ti la Fe aguarda, esta Tyara te ofrece la Corona Veneciana. Mas que el don, el celo estimo, que con él la Fe se ensalza, y crece el sagrado Culto la veneración Cristiana. Mañana, antes de partiros, responderé a la embajada; y a vos, de tan gran servicio, sabré publicar las gracias. Ese premió a mí me toca, pues defendí la Tyara de unos Vándoleros, que se la llevaban hurtada; y perdí en esta pelea una mano. Acción bizarra! Mas las dos tenéis cabales, si la vista no me engaña. Es, que yo tenía tres, y perdí la que me falta. Aquí no tiene lugar el despejo, ni la chanza. Dejadle hablar. Es un loco. Yo digo la verdad clara: mas la mano que perdí, fue jugando a las cargadas. Quién sois vos? Un Caballero de lo mejor de la Italia: Sórbete soy, aunque frío, Sórbete el Mundo me llama? mire si soy noble, pues mi descendencia es Garrafa. Mui roto estáis. Es, que soy Lego de capa, y espada; y por aqueso ando lleno de puertas, y de ventanas. Lego sois? Sí. . Y de qué Orden? De aquel Santo más de marca; que ha sido el pobre primero, que sin mosca tuvo Llagas, De aquese voto os absuelvo, por incapaz. Santas Pascuas. Ahora llegad más cerca la Corona, que mirarla quiero, por ver su primor. 1. Esta es: El Cielo me valga! . Tened, tened, que no es justo, que en el suelo humilde caiga la que ha de servir de adorno a la cabeza sagrada. No hará, Frai Felix, que vos la tenéis, y es cosa clara, que un buen súbdito sustenta la Corona más pesada. Con tenerla, me aseguro de toda humana desgracia; porque nunca el rayo ofende a quien del laurel se ampara. Válgame Dios! qué presagios a son los que mi pecho asaltan? Qué insignia es esta, que tanto en mis discursos batalla? Cuando huyo de ella, la encuentro; cuando la encuentro, me falta. Vamos, pues, a bendecir el Pendón, cuya Cruz blanca ha de arbolar contra Infieles el Marte Español del Austria. Al caher, en vuestras manos dio, Frai Felix, mi Tyara; traedia, que os he cobrado tanto amor, y afición tanta, que he de premiar vuestro ingenio Si el Pontifice le ampara, vano salió nuestro intento. Gran dicha! Fortuna extraña! No hay que espantar, porque, en fin todo aqueste Mundo es Farsa. Yo muero de amor, Zagales, mi desdicha no digáis; que el vivir es accidente, y el morir es natural. No cantéis más, idos todos? dejadme, que si mi mal es sin remedio, y no puede aliviarse mi pesar, en vano mi Padre intenta de aquesta pasión mortal librarme con los alivios; pues desde que sé, que ya es muerta Laura (ay de mí!) es tan grande mi pesar, que el vivir es accidente, y el morir es natural. Tristes memorias, dejadme, o de una vez acabad mi vida, si no queréis hacer mi pena imortal. Ay, Laura! Ay, dueño perdido! Ay de mí! Vivo volcán de los sentimientos míos, tened la llama esicaz. Ojos desatad en lluvias el llanto, para templar este incendio, que me abrasa: agua, ojos míos, llorad; pero detened el curso, no tanta, que me anegáis. En las tristezas de César he conocido el pesar, que le ha dado la noticia falsa, que he mandado echar, de que había muerto Laura, que otro remedio no hay para estorbarle el intento de su loca ceguedad: y si aquesto no bastare para suspenderle el mal, ya yo tengo prevenido remedio a su enfermedad. Hijo mío, pues conoces el gusto que me darás en verte alegre, suspende tus melancolías ya: un dolor, que es sin remedio no ha en el cuerdo de durar. De Doña Octavia Colona la hermosura, y calidad, eu Roma es bien conocida; adonde con gusto igual te he traído, por mandado del Pontífice, que honrar pretende la Casa Visina, y de su amor señas da, pues en su sacio Palacio nos hóspeda: la beldad de Octavia tu pasión venza, con que darás a mi edad este alegre regocijo, si es que la mano te da; pues para este fin, con ella ya capitulado estás, y en ello una dicha logras. Mejor la muerte dirás, . pues sin Laura es imposible tener contento jamás. Señor, aquí la elección no rige mi voluntad; que solo es precepto en mí tu gusto; aunque mi pesar lo resiste, solo intento obedecer, y callar. (zos. Dame, hijo mío, los bra- O, quién pudiera explicar . su dolor! En mi alvedrío tú solo puedes mandar. Aquí el Pontífice sale: tu retirarte podrás a prevenirte de todo, y a ponerte muy galán, para ir a ver a tu esposa. Cíhare si no es que mi mal ap. primero en mí triste vida no ejecute su crueldad. Válgame Dios lo que obliga el puro amor paternal. Ocultamente he traído a Laura a Roma, por dar alivio al dolor de César; por si el frenesí mortal de su gran melancolía crecía; mas como ya su pena se va templando, lo que ahora importa más es, meter en un Convento a Laura, y asegurar hoy las bodas con Octavia; y después César verá lo que me debe, que en premio de que obedece leal, en él todos mis Estados hoy los pienso renunciar, Los cargos decid ahora, que contra Fral Felix hay; no os estorbe su presencia, pues capitulado está, que ha de escuchar sus defectos. Toda la Orden Claustral a vuestra Santidad pide, para su sosiego, y paz, que al Padre Fray Felix prive de el cargo de General. Por qué razón? Porque usa con tanta riguridad del castigo, que no deja la falta menor, el más breve descuido, que luego no castigue la impiedad de su extraña condición. La clemencia es la que más suele asegurar los Reinos con gusto, y tranquilidad; porque el rigor demasiado, siempre ocasiona fatal ruina en las Monarquías, y en nosotros, pues está la quietud; y la concordia vinculada en la pieda Fuera, que los principal es Religiosos llevan mal, que los gobierne un sujeto sin sangre, y sin calidad; y en fin, un pobre Pastor de Montalto. Así es verdad. Luego en calidad, y sagre también vosotros miráis: Si porque me hizo la suerte, con fortuna desigual, hijo de unas peñas toscas, soy de este cargo incapaz: Yo me precio de ser hijo de un Pastor, que al duro afán del arado, vínculo su pobreza, y humildad. Esto solo quiero ser, que no pretendo ser más pues cuando el Ábito humilde tomé, pensé, que era igual para su precio mi sangre, juzgando en su calidad, que no había diferencia de un sayal a otro sayal. Y pues que soy de este indigno, pido a vuestra Santidad me absuelva de él, porque pueda a mis principios tornar, que allí viviré contento en mi centro natural; que el camino para el Cielo no estriba en solo un lugar. Para el Cielo la virtud es la nobleza esencial, que la que en el Mundo corre es una opinión no más: Mas si el Orden vuestro siente que vos su mando rijáis, y contrá vos todos juntos tan grandes quejas me dan, hoy del Ábito os absuelvo, y os privo de General; mas ha de ser de esta suerte; Vos fuisteis en la Ciudad de Bolonia Pastor pobre, Pastor os quiero dejar, en castigo de estas quejas; y así, Frai Felix, sois ya Arzobispo de Bolonia. Entonces castigarán con más rigor, pues los Fraíles de toda aquella Ciudad están sujetos a él. Pues para que no tengáis cosa que contradecirle, yo le hago Cardenal; veamos si contra aquesto alguna objeción halláis: Ya sois Cardenal de Roma, Fral Felix. Deme a besar vuestra Santidad los pies; pues cuando con mi humildad me abaten todos, vos solo del suelo me levantáis. (dado! Cielos, corrido he que Extraña felicidad! Vuestra virtud lo merece. Pues de esta suerte me horáis Vice. Dios del Mundo, ahora licencia me habéis de dar de que por mi Padre envíe; que el día que la Real, sagrada Púrpura vista, quisiera yo verle entrar triunfando en Roma, vestido del tosco, humilde sayal en que nací; porque vea la envidia, que cuanto más me engrandece la fortuna, me precio de la humildad. Yo haré, que de toda Roma la Nobleza principal salga luego a acompañaros; y el Duque convidará a los Títulos de Italia para esta acción, que es piedad honrar siempre al más humilde: que para el mando ocupar de la Iglesia, solamente es la virtud calidad. Eso a mi cargo lo tomo; y de honra tan singular a vuestra Eminencia doy él parabién. Amparar en V. Excelencia no es mucho a los humildes; y más, cuando por muchas razones siempre me ha debido honrar. Venid, Fray Felix, conmigo, de mi lado no salgáis, que enfermo, y malo me siento. EL AI Fel Guarde a vuestra Santidad el Cielo felices siglos, con gloria, y prosperidad, como ha menester su Iglesia. Hace su oficio la edad. s. A mi persecución debe que le hiciese Cardenal. Pues vuélvale a perseguir, con eso Papa le hará. . Esto es lo que en Roma pasa Todo el popular aplanso la ventura de Fral Felía celebra, y estima en tanto, que habiendo la Santidad del Gran Pio Quinto honrado su virtud con un Capelo: con hallarse enfermo, y malo, a todos los Senadores, y Caballeros Romanos mandó, que a recibir salgan a su padre, cuyos años han merecido llegar a ver, de pobre Serrano, Cardenal de Roma, un hijo de las peñas de Montalto. Oíd, que según las voces del vulgo, y pueblo voltario, aquí llegan ya. Gran día! Oh, venturosos Serranos! (estribo. Yo, Padre, os tendré el Hijo, aguarda, que ya bajo un Cardenal no ha de hacer esta acción. Si por honraros me honra el Cielo de esta suerte, no es mucho, mi padre amado que teniéndoos el estribo, estrive en él mi descando (sar. Dame la mano a be Levanta, y toma los brazos que no es justo; que a mis pies esté un Cardenal postrado. Si como hijo vuestro, aquí gozara yo el Trono sacro de San Pedro, ya os he dicho que os besara, arrodillado, esa venerable diestra. Sepan los que me llamaron villano, lo que me precio de este sayal tosco, y basto: porque de esta suerte debo honrar al que el ser me ha dado, Viva Felix, Felix viva, nuestro Pontifice Sacro. Cielos qué es esto, que escucho Pontifice os aclamaron, Oíd: el Papa murió, y todo el Pueblo Romano, con voz de los Cardenales. al Cardenal de Montalto, con grande gozo, y contento. vienen por Papa aclamando: vuestra Santidad me dé las albricias. Caso extraño! Ludóvico, tráeme a Laura. Iré, señor, como un rayo. Viva Felix. A qué aguardan mis regocijados años? Aquesta es obra del Cielo. Las albricias, que yo aguar? son, que de César al punto (do de esposa a Laura la mano. Pues no es muerta Laura! No, que oculta vive en mi cuarto, que esa voz eche, por ciertas cosas, que sabréis deespacio. Pues cas ense en hora buena, Aquí está Laura. A mis brazos llega, Esposa de mi vida. Esta, señor, es mi mano. Hija mía, de mis ojos. Los parabienes, y abrazos allá dentro se darán; y de suceso tan raro tenga aquí fin la Comedia, que humilde os ofrece Matos