Texto digital de La hija del mesonero
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Diego Figueroa y Córdova y José Figueroa y Córdova
- Atribución estilometría
- Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La hija del mesonero. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hija-del-mesonero-la.

LA HIJA DEL MESONERO
JORNADA PRIMERA
Si estudias ansí, medrados saldréis del curso los dos. No se puede más por Dios. Atentos, y desvelados, con cuidado, y promptitud, sin cesar nuestra porfía, estudiamos noche, y día. Mejor tengáis la salud. No hay di culpa que me cuadre; pues una ley no sabéis. Los dos, bien los conocéis, no tienen sey con su padre. Pichardo, y Don Closón, c. la facultad que estudiáis, no hay libro que no tengáis de ciencia, y crudición, y a mi por vuestro Maestro. Lindo salume por Dios. Estudiad, lograd los dos las excelencias que os muestro, que a poco tiempo instruidos, de mi ciencia ejercitados, seréis hombres consumados. Mejor dirás, consumilos. Un mes habrá que llega de Burgos a esta clledan, insigne Universidad, donde ya de afrion: Apenas fieos tiempo de ver sus grandezas; y ya enojado tropiezas en que no hemos aprendido todo el Derecho Civil? Curiosidad no ha de haber, donde venís a aprender. Eso lo hará un Alguácil: Señor mío, usted esfuerza sus consejos con sus gritos, y esto de hacernos peritos, más quiere maña que fuerza. Para el que estudiante es, sin el primer fundamento, voluntad, y entendimiento, y esto nos falta a los tres. De que sirve la disputa de las leyes que arguimos, si cuando mejor salimos, no nos entra la Institura. Ponganos vusted delante, si en vernos doctos se alegra, dos liciones de la negra, y seis leyes de montante. Que aquí, sin mucho trabajo, nos verá con maña activa, estudiar uñas arriba, y argüir unas abajo. Porque en esta ciencia alcanza, con primores manifiestos, nuestra habilidad más tejtos, que Pacheco, y que Carranza. Él tiene famoso humor. Ya con tan buen consejero, que saldréis los dos espero con el grado de Dotor. Dejalde, que es maña vieja ser frío, sobre busón. Yo sé que al dar la lición se verá quien es Calleja. Dila tú, pues te desvela er lo bien que en ella estás. Él me pesco por San Blas, que la se como mi avuela. La Institura traigo aquí no siéndome de provecho; pues con tenerla en el pecho está cien leguas de mí. Sácola para dar cuenta de lo que núnea he sabido. Qué es eso? Yo soy perdido: es el libro de cuarenta. Pues como sacas villano naypes en esta ocasión? Para dar bien la lición quetría probar la mano. Esta locura se ataía con despedirle. . Es rigor, si erré la lición, mejor será meterme en baraja. Salga el muy desvergonzado de casa. Ese oficio es nuestro, vos venís a ser Maestro, no a despedir el criado: idos con Dios, que los tres la lición repasaremos, y después os la daremos. Datos gusto es mi interés, por vos mi enojo le deja, Don Juan, más el picaron estudie, u de un repelón le he de arrancar una oreja. n . Fuese el Licenciado? Sí. Mira si alguien nos escucha. Nadie, que el ama Carducha está muy lejos de aquí guisándonos la comida; y apostaré la cabeza, que el caldo muestra flaqueza, con darnos la olla podrida: porque en ella de ordinario verdura, y garbanzos trueca, con la estopa de la rueca, y las cuentas del Rosario. Juan, yo tengo que hablaros. Lo mismo quise advertiros; pero hablad vos. Ya sabéis, que desde Burgos venimos a estudiar a Salamanza, y que mi padre advertido, procurando darme estado, casarme en Toledo quiso con Doña Leonor de Ayrala, que en donaire, gala, y brío, virtud, y nobleza, es, según informes, y avisos, del Alba, hermoso milagro; del Tajo, bello prodigio. Ya sé que estuvo la boda muy adelante, y que vino el re rato de esa dama, a Burgos, tan parecido, que fue del pincel milagro. Yo os cofieso, que en su hechizo luego que miré el retrato, cebado el afecto mío, bebió el alma aquel veneno, aquel imán atractivo, que al desvelo de los ojos brinda en penados cariños la hermosura siendo a un tiempo, si sus alagos admiro, si sus crueldades contemplo, di culpa, engaño, y aviso; horror, escarmiento, y siendo al rebés del vasilisco; pues él mata lo que mira, y ella mata a quien la ha visto. Mas como mi inclinación siempre ha ignorado el camino del amor, y de su imperio tan extranjera ha vivido, que ni siente sus efectos, ni conoce sus motivos. Y viendo que el matrimonio es un confuso peligro, donde tiene la experiencia, tan arriesgado el capricho, que tal vez se acierta un yerro, y con diferente estiso, tal vez se yerra un acierto, me pareció cuerdo aviso, no aventurar neciamente de sus ondas al arbitrio, en tanto golfo de dudas la nave de mi albedrío. Ya se que nunca admitistes, poco hallado, y menos fino, el tratado casamiento disculpando este capricho, con decir, que en vuestros años fuera vio ento martirio tomar estado, ciñendo las leyes del albedrío, a Religión tan estrecha, Mi padre en fin, persuadido de la razón, conociendo, que no era prudente aviso violentar mi inclinación, atento, y cuerdo previno, no aventurar mi obediencia, y los conciertos deshizo, disculpando en mi ignorancia la dicha de no admitirlos. Y sabiendo que es su intento sacarnos de los peligros del ocio, cuyos alagos tiranamente atractivos, usurpana la memoria aquel directo dominio del discurso, y la razón, aquel principal motivo del alma; el entendimiento, que ciego, torpe, y remiso de la voluntad esclavo, sin porencias, ni sentidos vive tan hijo del sueño, y del desvelo tan hilo, que duerme como despierto, y vela como dormido. De conformidad trataron, por ser los dos muy amigos, enviarnos a Salamanca. Y finalmente, salimos de Burgos los tres, llevando por Muestro, y por ministro del estudio, y la despensa al Licenciado Zerrino; hombre en Canones, y Leyes tan sabio, y tan erudito, que a no ser porque no sabe latín, y ser tan ladino, que apenas habla en romance, ser vano, y ser presuido, miserable por el cabo, y necio por el princio, fuera en entrambos Derechos un Lurero, y un Calvino. (ra Digo, pues; mas vuelve, y mi- si nos oyen. . Ya te he dicho, que nadie puede escucharnos, aunque lo digas a gritos, si no es Dios, y estos señores; acaba ya de parirlo, que reviento por saberlo. Sabed que el intento mío no es de estar en Salamanca, ni proseguir el camino de las letras. . Pues Dn Diego el mismo intento he traído desde Burgos; porque es mengua que siendo nobles, y ricos nuestros padres, y teniendo mayorazgos tan antiguos, de que somos sucesores, muy preciados de advertidos, quieran que estudiemos leyes, siendo este noble ejercicio para los segundos; pues los que primeros nacimos, como en las letras humanas estemos algo instruidos, y con mediana experiencia de las armas, y los libros, sacultad en que tenemos los dos bastantes principios, no hemos menester más leyes; pues le basta este ejercicio, para ser un Caballero Cortelano, y advertido. Hojó al margen, tened muchas trampas, y pocos amigos, y seréis más Caballeros, que Bamba, y el Conde Dirlos: Mas decidme, que intentáis entrambos? . . Yo determino. ausentarme, y ver el mundo. Cuando no fuera ese mismo mi intento, nuestra amistad me persuadiera a seguiros. Pues yo no puedo déjaros, aunque fuesemos al Limbo: ea Don Diego, y Don Juan, salgamos de ser púpilos de este Maestro Holofernes; de este avariento, y no rico; de este Judas, que nos tiene las muelas sin ejercicio, y las tripas con alforza; pues sacando un aforisino de que los manjares son de la memoria enemigos. nos dapor onzas el pan, por adarmes nos da el vino. y el estudio por arrobas; pero digan, Reyes míos, donde vamos sin dinero? De todo estoy prevenido; pues con unas llaves falsas, que en Burgos mi industria hizo, mil escudo; hurté al vielo. Yo, aunque no vengo tantico, ayudaré con quinientos. Pues yo a pesarle me obligo al Licenciado el dinero, que para el curso ha traído, aunque le tenga en la sima de Cabra. Falta advertiros, que para ver en España los lugares más lucidos, empecemos por Madrid, Toledo, y Sevilla. . Digo, que en todo he de obedeceros. Y en traje humilde vestidos andaremos más ocultos, y también el diverillo sin gasto, ni ostentación de lucimientos prolijos, nos ha de durar más tiempo. Es tu ingenio peregrino. Pues Diego a ejecutar tan bien dispuestos motivos. Pues Juan a hacer mudanza de profesión, y vestidos. Pues señores, a engañar al Licenciado Cetrino. Fortuna, en los brazos tuyos se arroja el afecto mío. Fortuna, a tus pies se ofrece mi esperanza, y mis designios. Fortuna, hoy pongo en tus manos el dinero que conquisto del Maestro; pero no, que eres mujer, harto he dicho. Notable condición en todo tienes: no me dirás, señor, a lo que vienes, cuando apenas el Alba ha amanecido, suspenio, pensativo, y divertido, las calles de Toledo paseando, de Visagra la puerta a ravesando, hacia este padro ameno, de varias plantas, y de flores lleno, sin darme parte del intento tuvo. De mi silencio ta cuidado arguyo; mas pues conmigo Fabio, te he traído, recatarme de ti no he pretendido: con dos culdados el amor injusto, uno de conveniencia, otro de gusto, a este sitio me trae. . Ya los espero. El de la conveniencia soye primero. Doña Leonor de Ayala, cuya hermosura a su nobleza iguala, su sangre a su riqueza ha competido, su discreción a todo ha preferido; pues en todo, y por todo decir puedo, que la aclaman el Fénix de Toledo. Es el obieto de las ansias mías, y tan necias atienden mis porfías a la esperanza de lograr su cielo, que solo la pretende mi desvelo, sin aspirar al bien de su belleza por la comodidad de su riqueza. Que sale estás mañanas he sabido, a este sitio que el Mayo ha florecido, con el contacto de su pie ligero, a andar las estaciones del acero; y aunque yo en la elección de su cuidado estoy más admitido, que olvidado. En la apariencia vengo muyatento a verla; no de amor, de cumplimiento; pues solo ha de obligarla mi asistencia, por matería de estado, y conveniencia. De tu intención estoy bien informado, y sé qué Ines terciando en tu cuidado persuade el casamiento a su señora: Dime el cuidado de tu gusto ahora. Escucha, aunque al decirlo me convenza el recelo, y confiese mi vergüenza, que dejo al mismo Sol por un Lucero; la Primavera, por el tardo Enero; por una flor, una luciente estrella, que amor que los discursos atropella, como al rendir las almas por despojos obra sin luz, faltándose los ojos, nunca se goberno su imperio injusto, por más ley ni razón, que la del gusto; y así al ver la bajeza de mi empleo, culpa al amor, no culpes mi deseo. Conoe, Costanza, una doncella de humilde nacimiento, aunque tan bella, que el prado en sus matices vive ufano, hila del Mesonero Sevillano, que tiene su posada de la puerta a la entrada de Visagra? Muy bien la he conocido, y sé que su hermosura ha conseguido, traer muchos galanes desvelados de los muy presumidos, y peinados, no solo de Toledo; más de Madrid asegurarte puedo, que han venido tal vez de camarada muchos por solo verla, a su posada. Mas ella, con rigor, y pecho ingrato, muy ceñida a las leyes del recato, de ninguno ha admitido el galanteo. Pues esta Fabio, es de mi amor empleo, esta quiero, esta adoro, y esta ha sido la dulce suspensión de mi sentido; aunque con ella tal fortuna tengo, que cuando más finezas la prevengo, ingrata presumida, y rigurosa, me desdeña tan libre, como hermosa, sin que tengan con ella en tanto fuego, las dadivas lugar, ni fuerza el ruego. Señor, estas mujeres ordinarias, de la nobleza son siempre contrarias. Vesla que no te admite, y se defiende de tanto Caballero que la emprende? pues verás como para, a lo que infiero, en un mozo de mulas o un cochero. Necio, si es tan honesa, y virtuosa, que burla tanta suventud ociosa, porque la ofendes? Mas decí te trato, que con grande recato sale al amanecer todos los días, por excusar locuras, y porfías de tantos pretendientes, como dan en seguirla impertinentes. A este Hospital, que llaman el de afuera, donde oye la primera Misa, y después oculta, y recatada, se vuelve a la posaa. que está de aquí muy cerca, como sabes. Por Dios que son tus pensamientos graves. Más Fabio, no es Constanza la que llega, y sale de la ermita de la Vega, Tapate bien, Dominga, que no quiero, que nos vea Don Lope. . En vano ha sido, cuando lince mi amor te ha conocido, Costanza hermosa, recarar tu cielo: corte pladosa aquese negro velo, parentesís grosero de la Aurora, verás como tus luces enamora el prado, el Sol, la fuente, el cielo, el ave; y con acentos de ambar más suave, ostentando lozana sus primores, le festeia la Reina de las flores. La rosa que en sus nacares sedienta, de tus ojos al fuego se alimenta, y Fénij en la cúrpura que emprende, se apaga entre sus rayos, y se enciende, Permite, que en la nieve de tu mano, este arroyuelo que le imita en vano, aprisione su hielo fugitivo; y yo que a cuenta de adorarte vivo, merezca sin recelo de ofenderte, sola esta vez, Constanza, hablarte, y verte. Nunca fui descortés, aunque fui honrada: ya me tenéis, Don Lope, de estapada, . qué me queréis? . Quererte. Ya os he dicho, que esa tema dejéis, o ese capricho, tan indigno de un hombre de vuestra sangre, vuestra fama, y nombre; pues siendo vos Don Lope de Mendoza, cuya nobleza tanto aplauso goza del Corregidor, hijo, de Toledo, como queréis que no me ponga miedo (si las distancias mide la cordura) vuestra grandeza, y mi humildad. . Procura, ay dulce dueño de las ansias mías! agradecer piadosa mis porfías; pues mi amor otra cosa no aperece. Cerca vive de amar quien agradece, y yo ni tengo amor, ni lo he pensado. Y usted, señora ninfa del fregado ímita a su señora en lo mohino, que también es fregón a la divino, con una honraza basta, y testaruda, del tiempo de Doña Alda, y la Barbuda, y es más blanda, tratable, y juguerona? Y usted señor Rodrigo, fondo en mona, gestero de los vicios de su amo, que siendo en ellos cómplice, y reclamo, ejerce su papel por tales modos, que no se pierde, con hallarse en todos: cuando pregunta lo que no le toca, busca respuesta, o quiere un rapaboca? Señor, aunque mujer de humildes nombres, no soy de las que engaña a los hombres, por interés, aplauso, o conveniencia; esto es en mi respeto, no violencia, pues siendo vos tan grande Caballero, y yo hija de un pobre Mesonero; a que puede aspirar vuestra fineza? Máteme amor, si intenta mi nobleza nada contra tu honor, Costanza mía. Pues yo os agradeciera esa porfía, solo con una cosa. . Pues qué aguardas? dila acaba, por Dios, que te acobardas? pídame sin recelo tu decoro, del Sur diamantes, de Arabia el oro, del Potosi la plata, que en venas cristalinas se desata, del Ganje perlas, del Zeilan rubiés, y de Tiro las granas carmesíes. Que amor que a lo imposible se dilata, me dará los diamantes, oro, y plata, y aunque vaya a tu boca a recogerlas, las granas, los rubies, y las perlas: y yo rendido en tan felice calma, te servire con todo, y con el alma. Pues Don Lope, agradeciendo, hasta que disponga amor, lo que me habéis obligado, que os lo pague mi cuidado, y mi voluntad pretendo. Mas ha de ser advirtiendo, que reservo este favor, que seamos los dos primero,, vos hijo de un Mesonero, y yo de un Corregidor. Espera. Es cansarte envano, pues ya en la Ciudad se ha puesto Ay desprecio tan honesto! hay desdén más cortesano! Al ver su necio decoro, me da tisa tu desvelo. Socorrednos santo Cielo! Guarda el toro. Guarda el toro, que ha dejado la vacada celoso, y desesperado, y va discurriendo el Prado. Valednos Virgen Sagrada! Qué es escucho? mujeres son, y es preciso defendeerlas: vamos Fabio, a socorrerlas. Ya fue vana tu intención, pues con aliento bizarro, se les pusieron delante tres hombres, que en este instante se han apeado de un carro, y el toro han desgarretado: pero ya llegan aquí. Sin alma estoy, ay de mí! Desmayo es, no os de cuidado. Esto es una niñeria, no tengas de ello disgusto, pues cuando mucho, del susto, quedará con perlesía. Vuelve en ti, pues ya señora estas segura de el miedo. Diselo un poco más quedo, que duerme sobre ello agora. Ay de mí! . Albricias temor que ya ha cobrado el sentido. A quien la vida he debido? Vive Dios que era Leonor. Los dos hemos procurado serviros. De pena muero! que no llegase primero, hay hombre más desdichado? A mí se debe el laurel, de librar vuestro decoro, pues aunque no maté el toro, me puse una legua de él, y ansí el premio he merecido de vuestra hermosura. Cielo! el desvelo, o el retrato me ha mentido, o esta dama es Leonor bella, con quien mi padre intento casarme en Toledo? y yo por influjo, o por estrella, el casamiento estonfé. Vive Dios que estoy corrido. de no haverla socortido. Mas quiza yo me engañó, Hermosa Doña Leonor de Ayala, perdón os pido de que a tiempo no ha venido a serviros mi valor, pues en el riesgo presente, no fue en mi mano esta acción. Yo agradezco la intención, y no culpo el acidente. Ella es, pues su nombre oí. Y agradeciendo a los dos, la vida que os debo, ay Dios! quisiera mostrarlo aquí: como os llamáis? Qué belleza! yo Thomas Podro. Al mirarle, me obliga el valor, y el talle. Mueno temo mi firmeza, no es su retrato tan bello: amor de mí te has vengado. Yo Lope. Y que me ha hechizado, desde la planta al cabelio. Yo Frisón, y al publicarlo la vergüenza me aniquisa. Pregunto, es nombre de pila? No señora, de caballo. Pues en Toledo estoy cierta que me veréis; escuchad: como entráis en la Ciudad, por esa primera puerta, pared en medio es mi casa del Meson del Sevillano; vedme en ella. Dieg intento vano fuera, en suerte tan escasa, querer señora págaros este favor. No es de el traíe, la presencia, y el lenguaje. Yo tengo de acompañaros. Dón Lope, el coche me espera, y no estoy buena del susto: quedaos. Qué obedezca es justo. Cómo este mozo quisiera los hombres, y no tan bellos, como unos lindos muy vanos, que se aderezan las manos, y se rizan los cabellos. Discreta es Leonor, y hermosa. Buena mujer has perdido; que ya la hemos conocido. Sin alma estoy! Venturosa ocasión fue, haber librado de este peligro a una dama, de tanta nobleza, y fama, y yo como interesado, pues la pretende mi amor, a fin de ser su marido, la acción os he agradecido, y os he invidiado el valor. Don Lope soy de Mendoza, Corregidor de Toledo, es mi padre, y si yo puedo (pues tanto el alma se goza, de lo que debo a los dos) valeros en algo, espero cumplir como caballero: a Dios máncebos. . . A Dios. Cielos qué es lo que escuché? perdone mi inclinación, que he de mudar la intención, conque a Toledo llegué: que habiendo competidor, fueran necios mis desvelos, si en mí no obrasen los celos, lo que no pudo el amor. Y si yo a Leonor no obligo, de mi amor haciendo alarde, será dejarle cobarde la campaña al enemigo. y en mi es más precisa acción, cuando noble a ver no liego; aventurar mi sosiego, que olvidar mi obligación. De oledo mi albedrío no ha de salir, y en rigor ha de conquistar mi amor, lo que ya pado ser mío. Esto ha de ser vive Dios: más quiero disimular, que el tiempo dará lugar, de declararme a los dos, De qué os habéis suspendido? pareceos bien para esposa Leonor, Don Diego? No hay cosa que me obligue a ser marido. Es famoso pensamiento hablar con tal claridad, y en prueba de esta verdad, ove a propósito un cuento. Propúsole una Doncella, criada de un gran señor, a un su amigo, un hablador, para casarse con ella. Díjole ser cuantioso el dote, pues su Excelencia, de sus negocios la agencia, daba a quien fuese su esposo. Y yendo a la conclusión, del casamiento tratado, el otro muy ponderado, le respondió el vellacón: no quiero plaza de agente, novia, dote, ni interés, señor mío, si después, la he de tener de paciente. Siempre esperé una frialdad de ti. . Juraralo yo, porque el cuento sucedio en Flandes por Navidad; mas con la conversación hemos entrado en Toledo sin sentir, y en la posada del Sevillano nos vemos, que es la mejor que hay en él, y vive pared en medio Doña Leonor, según dijo, D . Pues si os parece posemos Don Juan en este Mesón. Mi gusto solo es vuestro, aquí podemos quedarnos. Esperad, que el Mesonero, sale hablando de lo caro, y bostezando, sin sueño: a Polan. a San Martín, coca Esquivias, y Aláejos. Qué perdones nuestras culpas, y que nos libres te ruego de todo mal. Es un Ángel, que devoto esta, que atento, con el resatio en la mano, y con el diablo en el cuerpo: loado sea Jesucristo. Bien venido seor mancebo. Hay posada? Para quién? Para los tres. Traen dinero? No faltan unas blanquillas. Vienen solos? Como el puerto. Quieren camas, o pasar? Camas, y blandas queremos. Pues piquen luego adelante, que este no es Meson de arrieros, y aquí nunca recibimos, gente de apie. padre nuestro. Y para eso nos pregunta, los padres, y los avuelos, las vidas, y las costumbres? este es Meión, o Colegio? Mas ya llegaran los amos, y yo por vengarme pienso llevarlos a otra posada. Qué dice pesia ami avuelo, amos tiene? . Si señor, cuatro Mercaderes gruesos, que vienen a esta Ciudad, con cien mil escudos, Bueno. A hacer un empleo en monas. No hagáis caso de este necio, porque siempre habla de chanza: proseguiré aqueste enredo, . para que nos de posada: la verdad es, que tenemos por amos tres Mercaderes Sevillanos, que a Toledo vienen con gruesos caudales, en cédulas, y en dinero, a hacer un empleo en sedas. Y por quedar indispuesto el uno en Ciudad Real, su mandaro obedeciendo, nos hemos adelantado, a prevenirles de asiento, en Toledo la posada. Yo os estimo, y agredezco, que hayáis la mía eligido: vengan esos Caballeros, que aquí serán regalados, y servidos por extremo. no es de perder este lance. . Hla, Dominga, trae luego, del vino de la persona, que beban estos mancebos: Costanza sal acá fuera. Ya, señor, te obedecemos. No es muy diablo la Gallega. Qué miro? válgame el Cielo! que peregrina hermosura, Qué buen talle de mancebo, tiene el de las medias blancas. El hombrazo barbinegro me gusta, y no estos mocitos, de alfeñique, y caramelos. Brindís a vuedtra salud. Dejelo venir, aceto, y ago la razón de todos, porque pienso darle un beso, que lo deje boqueando. Dominga, adereza luego la sala de las tres camas, que cae junto al aposento del riucón, y tu Costanza, saca de aquel cofre nuevo ropa limpia, y reservado que yo de mi mano quiero, alojar a vuestros amos. No perderéis el cortejo, porque son muy liberales. Ven Dominga. Seor mancebo, un a palabra. Ya escucho. Ah de estar mucho en Toledo busted? Porque lo preguntas? Porque su talle me ha puesto como un guante, y yo quisiera que campe por mi respeto, en la Ciudad. Todo es uno esto, o Constanza. Laus Deo; Dominga. Qué manda hermano? Tiene cuyo? Ya ando en eso: porque lo dice? . Lo digo, porque si bien le parezco, que en efeto soy galán, seré suyo. Esos requiebros, vaya a la caballeriza, y dígalos a un jumento, que hallará a mano derecha: todo es uno, este mostrenco, o aquella boca de perlas. A Dios, después hablaremos. Costanza, es vuestra criada, o es hija? Pluviera a el Cielo, que yo tuviera esa dicha, mas su ilustre nacimiento, se ha de saber algundía: Costanza, a el servicio vuestro, es mi hira. Y muy hermosa, absorto he quedado, y ciego, sin sus ojos, hay amor! en fin mi muerte has dispuesto en un Meson. 1. Ese estrivo ten. 2. lo mula de el infierno. Como ha olido la cebada, salta, y brinca de contento. Aplacer que no soy diablo. Tengameidalgo esos frenos, mientras acomodo el hato. 1. Gracias a Dios, que nos vemos en la posada. . Tronera, señor Don Luis, Don Lorenzo, moy bien venidos seáis: pues como dejáis tan presto a Madrío? 2. Porque Madrid, nos dega a nosotros, Cierto, que os juzgué allá más despacio. 1. Gastose presto el dinero, y nos vamos a Sevilla sin blanca, mas con intento de hacer un par de moatras, en nuestra hacienda este invierno, para volver el verano. Y qué hay en Madrid de nuevo? 2. Lo ordinario, unos amigos, al temple de los espejos, que hacen diferentes caras, hay unas viejas que fueron mozas, y ahora son muchachas, siendo su jordan el tiempo, pues con él se van quitando los años; vive muy lejos el desengaño de todos: y en las damas de estos tiempos, está el amor muy dormido, y el interés muy despierto. A 1, Dejad las novedades, que de proseguirlas, temo que habemos de malquistarnos: y si tenéis que tratemos de comer. Ah de fáltaros en mi casa? entremos dentro, y os ha é asar una polla, dos perdices, y un conelo. 2. Me recomendo patrón. Quién son ellos Caballeros, hidago? . Dos cortesanos, que al Andalucia lleno desde Madrid, en mis mulas, porque yo al servicio vuestro, soy mancebo de el camino. Linda pesca, según eso graduado en las escuelas, de Ventas, crivas, y alneros, seréis bachiller en puisas, y licenciado en reniegos. No es muy blanco camarada, cualquier gerigonza entiendo; mas como estáis ensillado, habiendo ya tanto tiempo que llegastis a el Mesón? Esperaba un magadero, como vos, que me enfrenase. Pues venid conmigo a dentro, y os aflojare las cinchas. Dejadme comer primero, que no quiero resfriarme. Vamos, no que de por eso, seréis huésped de mis mulas, que voy a echarles un pienso. Y nosotros no tratamos de comer? porque yo tengo más hambre que diez púpilos. De que estáis Jua suspenso? que tenéis, que habéis perdido el color? . . No vengo bueno, del cansancio del camino. Cómo ha sido tan violento el movimiento del carro, te habrá molido los huesos; descansa un poco señor. i. . Ven Frisón, y dispondremos camas, y comida a Don Juan. Ay bellisimos luceros! cuando os han de ver mis ojos? Ya queda, señor, dispuesto: mas aquí no está mi padre, voyme, que este forastero me mira con atención, y si la verdad confieso, el mozo tiene buen talle, y no he de ponerme a riesgo, de que me cueste cuidado. Aguarda prodigio bello, de el amor, y la hermosura, que pues me cuesta el desvelo de verte, rendirte un alma, no es mucho que mis afectos, te deban una atención. Bien se conoce mancebo, que no sabes bien quien es la hija de el Mesonero. Ya sé (ay de mí!) que contigo. es el Aurora, un bosquejo de tu luz, el Sol, un rasgo de tus hermosos cabellos, el clavel, marchito adorno de tu planta, y tan sediento, busca la muerte en su huella, que anticipándose al tiempo, sale a vivir más temprano, por ofrecerse más presto; a ser de tu piedivino, purpureo hermoso trofeo; y sé también que te adoro. Pues no sabes según eso, quien soy; porque soy mujer, de tan altos pensamientos, tan vana, y tan presumida, que cuando fuera muy cierto lo que dices, y no fueras un mancebo forastero, que te has de ausentar mañana, no admitiera esos afectos del mayor señor de España. Ay Costanza de los Cielos! quien podrá habiéndote visto, salir jamás de Toledo? Luego no te has de ausentar? Cómo, si vivo en mi centro, Quién eres? Lope, es mi nombre, lo demás lo dirá el tiempo. Qué intentas? Solo adorarte. Que no te has de ir? Eso intento. Que en fin me quieres? Te adoro. Para mi punto era bueno, el capote de dos aldas, pues muda sus pensamientos, que esta empresa es imposible. Mas me enamora el desprecio; si al mostrarme inclinación, yo te adoraré, aunque muera, Será aprisionar el viento, conquistar mi voluntad. No es mi afeto tan grosero; sin esperanza he de amarte. Él es galán, y discreto, pero venza mi altivez: yo no estorbo los deseos, pero sabré despreciarlos. Qué importa el desdé violento? si lucen las osadías mas a los visos de el riesgo. Pues Lope: pero mi padre viene, a Dios. Guárdete el Cielo: que hermosura! Qué buen talle! Qué gala! Que entendimiento! Válgate Dios por Costanza! Válgate Dios por mancebo!
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Amor, en que ha de parar tanto penar, y sufrir? déjame un rato vivir, para volverme a matar. Y pues siempre ha de triunfar Leonor, de mi desvarío; permítele a mi albedrío, cuando su hermosura arguyo, que solo para ser suyo, no se acuerde de que es mío. Amor, que en dulces despojo usurpaste a mis sentidos, la vista, por los oídos, y la atención, por los ojos. Pues Costanza, a mis enojos crece el riesgo, y la pasión; me ha de ofender su mudanza, o ciégame en la esperanza, o alúmbrame en la razón. Amor tirano, y agudo, que me das palo de ciego, amor basto, amor gallego, en lo terco, y testarudo. Ramplón amor, yo no dudo que Dominga es mi pesar, y pues al llegarla a hablar, tira coces, y respinga; haz que me quiera Dominga, que es mi fiesta de guardar. Don Diego? Amigo Don Juan, porque os habéis levantado tan temprano? A mí coldado ningunas treguas le dan los ojos. Cómo os ha ido estos días con Costanza? Aunque mi loca esperanza, honestamente ha admitido, es tanta su vanidad, que nunca pasa de aquí, Pues yo Don Juan, ay de mí! vido en mayor ceguedad, sin saber como a Leonor, le declare mi cuidado celoso, y enamorado. El discurso, y el amor, os han de ofrecer lugar, y pues ya de acuerdo estamos, y en Toledo nos quedamos, ocasión no ha de faltar, de averiguar los desvelos de Don Lope. Ese es mi daño, que me falta el desengaño cuando me sobran los celos. y mientras este no llega, ardo, y peno. . Pues señor, también yo tengo mi amor, con su punta de Gallega, Dominga me trae rendido, adorando su desprecio, que enamora por lo necio, como otras por lo entendido. El Huésped viene, y sospecho, si por los amos pregunta, que la tramoya bartunta cuidado. Falta me ha hecho el mozo que he despedido, solo el Mesón ha quedado: Lope, Thomas. Bien llegado, seor huésped. He discurrido, pues vuestros amos no vienen, la ocasión, y no quisiera, que engaño en aquesto hubiera, Notable ventura fuera, Las mejores salas tienen ocupadas de el Meson, y hacen falta como veis: decidme lo que sabéis. Cierta fue tu presunción. Y sepayo. Estamos buenos? Si han de venir, Señor, sí, ellos estarán aquí, cuatro meses más a menos. Gentil despacho par Dios, si hoy no vienen, camarada, os iréis de la posada. Escuchadnos a los dos, pues a Frisón conocéis. Con la tropa que se aído, una carta hemos renido de el amo, donde veréis, como adelante pasó, del Mercader la dolencia, y es precisa su asistencia, mientras el achaque no de lugar a su jornada, y por estas dilaciones, nos envía unos doblones, para pagar la posada, y si por esto no fuera, que hubieran llegado es llano. O si hay unto Mejicano; me pondréis como una cera, venga el dinero. . . Tomad albricias, pues mi esperanza, no se aparta de Costanza. Y en el Meson os quedad. Bien se ha hecho. Así apercibe mi amor saber de Leonor, si a Don Lope tiene amor, pues pared en medio vive. pues el mozo se ha ausentado, y yo tan solo he quedado, si alguno de estos quisiera servirme; Lope. . . Señor. Ya sabes como se fue el criado. . . Ya lo sé. Quisiera. Pierde el temor. Que me sirvieras. No puendo dejar en esta ocasión a mi señor: más Frisón, que ha de quedarle en Toledo, podrá serviros. Prosigue aqueste enredo, pues ves que nos importa a los tres. No hay cosa que más me obligue, que un amo cortés, y honrado, y ansí servirte prometo, con pereza, y sin secreto, que esto hace el mejor criado. Aquí los provechos son grandes, pues los Caminantes, siempre les dan para guantes, a los mozos de el Meson, sin las prendas olvidadas, que dejan a la partida, que están por peso, y medida, en mí están depositadas, y para que no haya quejas, todas por memoria están, y el tercio de ellas me dan. Ese les toca a las viejas. Basta que con rectitud, yo las reparto de oficio a todos. . Por Dios que es vicio, usar de tanta virtud: más decid los ejercicios a que tengo de acudir? Tu Frisón, has de servir en diferentes oficios, y ha de correr por tu cuenta, el traer agua de el río, con liiereza, y con brío, Ese oficio me contenta, a ser Aguador me inclino. Porque, si es tanto el trabajo? Por irle agotando al Tajo, lo que nos bautiza al vino, Tú has de comprar de comer. Si ese oficio no me mudas, tendrás en tu casa a Judas. Mira que en Zocodoner, has de encontrar con exceso, regatonas a millates, que jugando los pulgares, quitan la mitad de el peso; alerta. . Soy gran bellaco, no entiendo lo que no quiero; no me ha hecho usted despensero pues yo hurtaré más que Caco. Y en este libro por cuenta, con gran cuidado pondrás, los celemines que das, de cebada. Amor, que intenta tu locura? cuando airada, a tal acción nos convida? Y advierte que la medida vaya hueca, y cercenada, y si pudieres clavar, en la cuenta algún almud. serán Misas de salud. Y aquí te puedes quedar por si cebada pidieren, mientras voy a disponer Frisón, lo que han de comer, los huéspedes que vinieren. Aquí me dijo Costanza que la espere, y no quisiera que vuestra presencia fuera de embarazo a mi esperanza: y ansí os podéis lr los dos, un rato por el lugar, mientras la procuro hablar. ̱ . Pues a Dios Don Juan. A Dios. Buenó me tienes amor! mas qué importa esta bajeza, si adoro a Costanza hermosa? y ella firme cuanto honesta, corresponde a mi cuidado. Leonor me manda que venga, en busca de los mancebos, que del Tajo en la ribera, nos libraron de aquel riesgo. Porque agradecida intenta, regalarlos, y asistirlos, y yo soy la mensajera, porque de ningún Criado, fia aquesta diligencia. Mas Lope es aquel, ya estoy con más amor, que vergüenza, que el mozo me hace cosquilias. A quién buscáis dama bella? A vos os busco. . . Quién sois? Conoceisme? Ya me acuerda mi obligación vuestro nombre. Cómo viviendo tan cerca, se os olvida nuestra casa, os vengo a ver en la vuestra: mi señora me ha mando, que os busque con diligencia a vor, ya los cámaradas. Los dos han salido fuera. Y que en su nombre admitáis, aunque cortedad parezca, estos ducientos escudos para el camino. No acierta, el de pagarnos Leonor, pues nos compra la fineza, de haberle dado la vida, con el precio de la afrenta. Volved señora el dinero, pues bastan las nobles muestras de quedar agradecida, para que en nosotros tenga, el mismo grado esta acción. Y decil de que agradezca, por camino más honrado; la obligación que confiesa debernos, pues al valor le desluce; quien le premia. Ah de sentirlo en extremo, y también que os vais sin verla. Ya en Toledo nos quedamos, y en esta posada mesma. Qué decís? Buscando a Lope, me traen amor tus quimeras: más que miro? hablando está con Ines, la Camarera de Leonor, nuestra vecina; no me agrada la llaneza: quiero escuchar desde aquí. Pues Lope, si no te ausentas, y somos ya tan vec nos, aunque me queste vergüenza, no he de negar que te adoro, desde que en la estancia amena de el Tajo vi tu valor. No fue vana mi solpecha. Esta es ocasión de hacer, por Don Diego una fineza, porque Ines es de Leonor, la criada que más precia, y he de fingir que agradezco su amor, para que ella sea, tercera de el de Don Diego. Ines, en vano quisiera encubrirte lo que estimo tu favor, si lo confiesa el corazón por los ojos, Jesús que tierna respuesta, ella es amistad de aliento; ha grosero! amor paciencia. Luego agradeces mi amor? No lo ves? miente la lengua. Pues dame en señal los brazos. Perdona Costanza bella, que solo por un amigo, te ofendiera mi cautela. Ya no lo puedo sufrir: sea muy en hora buena, la recíproca amistad; del abrazo, y la llaneza. Yo señora como, cuando, Ines. . Porque te recelas? que Costanza es muy de casa, y los más días en ella, hace labor con nosotras, y nada importa que sepa que nos queremos los dos, siendo amiga verdadera. Qué es lo que pasa por mí? Siempre he sido yo muy vuestra, pero agora más que nunca. ̱. Óyeme Costanza bella. Hablad con Ines, buen Lope. A Dios que mi ama me espera, y no puedo desenerme, más pues vivimos tan cerca lo dicho dicho mi bien, a la noche por la reja. Buenos habemos quedado, señor Lope; yo estoy muerta! cierto que sois muy mañoso, pues habéis estado apenas, en Toledo cuatro días, y ya tenéis por la cuenta dos damas, y tan vecinas que las divide una puerta, No buscaréis la segunda, para engañar la primera, si quiera un poco más lejos. vos renéis poca experiencia, aunque sois amante al iso. Si me escuchas, bien apriesa tendrás Costanza divina, satisfacción de la ofensa, que presumes en mi agravio. Ya estoy Lope satisfecha, de que en efecto eres hombre, pues cuando yo, que en la esfera de el Sol, a par de sus rayos, puse mi altivez soberbia, burlando tiernas caricias, despreciando la nobleza de tan ilustres amantes, como en mi hielo se queman. Olvidando mi capricho, admiti las nobles muestras de tu amor, y bien hallada, entre la hilaza grosera, de ese capote que en oro, mas que verdades, cautelas, me mostraba agradecida, al ver piadosa, y atenta, mas de una vez en tus ojos, que son con muda elocuencia, fieles testigos de el alma, también sentida tu pena, tan amantes tus suspiros, y tus lágrimas tan tiernas, que para aliviarte el ruego, no fue menester la queja. Tú me ofendes? tú me agravias tú me olvidas? tú me dejas? falso, aleve, descortes, por una mujer que es mengua, de mi vanidad. Costanza, mira que engañada piensas, que te ha ofendido mi amor. Ya sé traidor, tus quimeras; pues yo le dire a mipadre, tu intención, y mis ofensas, para que te eche de casa, no has de esar un punto en ella Óyeme. No he de escucharte. Advierte. Envano lo intentas. ̱ . Qué te adoro. Ya lo he visto. Mi bien mi gloria, mi esfera, muera yo, si te he ofendido. Mi mal, mi infierno, mi pena, muera yo si te creyere. Si tan airada no dejas a mi amor: pero tu padre, es aquel, y por si llega a este puesto, a Dios Costanza, que después daré la vuelta, y sabre desenojarte. Quedaos todos allá fuera, porque yo solo he de entrar: quien tiene hijos, no sosiega, y a mi Don Lope mi hilo, me desvela de manera con sus locas travesuras, que quiere que el juicio pierda, He sabido que anda ciego de amor, por una doncella, hija de este Mesonero, y para que no se atreva, quizá en fe de que es mi hijo. a hacer alguna violencia este mozo, loco, y ciego, donde mi opinión padezca, Vengo a avisar a su padre, que con recato, y prudencia excuse aqueste peligro, y si ansi no se remedia, pienso ausentar esta moza, que dicen que trae inquieta la nobleza de Toledo, aunque de prudente, y cuerda, le ha dado opinión la fama. Qué no ledad es aquesta? el Corregidor en casa, que querrá? Saber quisiera, si está en casa el Sevillano? No se si ha salido fuera: mas yo señor, soy sa hija, que mandáis? Rara belleza! sois Costanza? . Sí señor, y como criada vuestra, me tenéis a vuestros pies. Alza, que fuera indecencia, permitir mi groseria, que baje el Cielo a la tierra: muy enojado venía contigo, y mi enojo cesa al verte, que en esa cara, es imposible que quepa acción que no sea decente, y con razón te celebra Toledo, por virtuosa, por honrada, y por atenta. Vos, me honráis como quiensois: más permitidme que sienta; pues ocasión no os he dado, vuestro enojo. No os de pena: cosas son estas de Lope. Cielos! qué enigmas son estas? si habrá sabido que Lope, con industria, y con cautela, por mí se ha quedado en casa? Pues siempre estás diligencias le tocan a la justicia: y viene aquí mi prudencia, a sacarte de un empeño donde tu opinión se arriesga, porque este mozo es travieso, y es cierto que te festeja con intención de engañarte; y siendo quien soy, es fuerza, remediar este peligro. Cierta salló mi sospecha, el sabe todo el suceso: ay Lope, lo que me questas! y ansi es mejor declararme. Señor, aunque con vergüenza, confieso que me pretende, me obliga, y me galantea, pero si culpa he tenido. Basta ya. Costanza bella, que bien se yo que mi hijo te persigue, sin que seas parte en su recio cuidado. Albricias amor, pues ciega creí que de Lope hablaba. Y ya disculpado queda Lope viendo esa hermosura, pues yo si en su edad me viera, hiciera también lo mismo, que aunque ya los años templan, con la nieve de estas canas, el fuego que el pecho engendra: también de amor he sabido, guan quedan en mi pavesas, para conocer Costanza, cuando en sus ojos se emplea, d . A Dios Costanza, el buen gusto de mi hijo. Mas pues fueron tan diversas. su nobleza, y tu humildad, y no es posible que tengas más fruto de sus caricias, que un agravio, y una afrenta. Vengo a pedirte, pues eres, tan virtuosa, y honesta, que no admitas sus engaños, y que tu recato sea, quien le aparte de el intento, que solo sigue en tu ofensa: y advierte que hemos de ser, muy amigos. Siempre atenta, seguiré vuestro consejos, sin dar lugar mi modestia, jamás a el señor Don Lope, para proseguir la tema, de arectos tan desiguales. Eres honrada, y discreta; y en fe de que tu palabra, me cumplirá esta promesa, dame esa mano Costanza. Fuera parecer grosera, si la negara a esas canas, mi respeto, y mi obediencia. ̱. Buscando a Costanza vuelvo: pero que miran mis penas? con un hombre, y de la mano, ha traidora! Yo soy vuestra, y en todo he de obedeceros. Eien merece esa fineza, el amor que te he cobrado. Ya se apuró mi paciencia: Costanza señor, te llama: vive el Cielo que me deja por un viejo. y pues sois prudente, y cuerda, no me deis pesar con Lope. Ya mi dada es enidencia, pues de mí le pide celos. No hayáis miedo que os ofenda, Y bien señora Costanza, estará usted muy contenta, de haber vengado su agravio, por los filos de su queja: cierto que tiene buen gusto. Y tu moy poca vergüenza, en volver Lopea mis olos. Bien sus favores empiea, tan cariñosa, y tan fina, en este galán, si apuesta las finezas con los años. Nunca de malicias necias, hago coso. . . Razón tienes, porque darle tú muy tierna la mano, y pedirte celos de mí mismo, en mi presencia, no son cosas de importancia. Este Caballero, era el Corregidor, y yo, aunque tú al reves lo entiendas, no pude hacer otra cosa. Famosa disculpa es esa, debe de usarse en Toledo, que no nieguen las doncellas la mano al Corregidor: pues ingrata aunque yo muera, sabré olvidar tus traiciones. Como las tuyas son ciertas, metes a voces el plelto. Yo haré de Toledo ausencia, y de tus ojos, traidora. Yo lo creo, donde puedas ver a lnes sin embarazo. Mas me ofendes, cuado piensas que me humillo a una criada. Y eres tuslinda soberbia: algún principe encubierto? mas Don Lope, por la puerta ha entrado, y viene hacia acá: a Dios, y ved que os espera Lope, la señora lues, a la noche por la reja. Oye, aguarda. d. . Lope amigo, era tiempo que te viera? poco mi amistad te debe, pues no te has válido de ella, sabiendo mi obligación. Mi cortedad no me deja cumplir la mía y ponerme señor, a las plantas vuestras. Dónde están los camaradas? Poco ha que salieron fuera, mas ya vendrán, . Yo venía aberos, por si pudiera seros de provecho en algo, y temía vuestra ausencia, juzgando aberos partido. Por este Verano es fuerza asistir aquí en Toledo, y en esta posada mesma, nos tendréis para serviros. Luego posaréis en ella los tres? . . Si señor. d. . Pues Lope; amor mi ventura ordena, de este mozo he de valerme, para proseguir la empresa de Costanza: si te obliga, darte de mi pecho cuenta, tú has de hacer por mí una cosa. Solo en que serviros pueda consiste el obedeceros. d. . Bien mi dicha le concierta, . sabe que adoro a Costanza. Qué es esto, que escecho penas? d. . Y pues quedas en su casa, tú has de servir con fineza de tercero a mi cuidado. No le basta a mi paciencia tener celos de supadre? sino que el hijo pretenda también hacerme alcazuete, notables son tus quimeras amor. Y pues esta noche, es la vespera, y la fiesta de San Juan que con aplauso tan general se celebra en Toledo, y se permite a casadas, y doncellas, asistir en las ventanas con devoción muy atenta, a escuchar de los proverbios, revelaciones diversas. Le has de decir a Costanza, que haciendo oriente su reja, me oiga en ella dos palabras. Vos veréis la diligencia conque os sirvo. Así lo creo, tu vida en mis manos queda. Y tendréis muy bien suceso, corriendo ya por mi cuenta, vuestro remedio. Pues Lope, esta niñeria sea principio en mi obligación, de satisfacer la deuda, que he de pagarte algún día. Por Dios que esto va de verás, el me soborna, sin ver el mal pleito a que se arriesga, y si agora no lo admito, será darle una sospecha. Por no parecer grosero; de vos recibo esta prenda, que lo será en mi memoria, para que serviros pueda, mi afecto con más cuidado. Y plegue al Cielo que tenga, vuestro amor señor Don Lope, pues ya me tocan sus medras, el suceso que deseo. Ay Lopelpues si eso fuera, que le faltara a mi vida? Todo el tiempo lo granjea, A Dios Lope: aqueste mozo, ha de remediar mis penas: mira que te fío el alma. En buena parte la deja vuestro amor. Eres honrado. Soy quien serviros desea. Ay Lopel lo que me obligas. Ay necio lo que me aprietas: mucho le debo a este hombre, cierto que tuve advertencia, en declararme con él, no he hecho cosa tan discreta. Notable su duelo ha sido, casi creerte no quiero. Si no ha tomado el dinero, si el bosillo te he traído, que más evidencia quieres, de vanidad tan cortés? Deja que me admire Ines, pues tú la primera eres, que extrañas su pundonor. Aunque de pardo capote, el mozo es un Don Quíjote. Ella es gente de razón; pero no viste a Thomas? No señora. . . A Dios pluviera que yo tampoco le viera, el día; mas donde vas pensamiento divertido? vuelva al pecho tu cuidado, y disfraza en lo callado, la nota de mal nacido. Reprima mi afecto ciego, este incendio que consumo, y quédese solo en humo, lo que comenzo a ser fuego, No se que camino Ines, de regalarlos tuviera; porque agradecer quisiera lo que les debo a los tres. Sin duda en el mal que siento, no me ha inclinado en rigor, a un hombre humilde el amor, si no el agradecimiento; y nacen mis desatinos de agradecer, no de amar. Bien lo podemos pensar; pues los tienes por vecinos, que a servir al Sevillano se han quedado en el mesón; más pasando a otra cuestión, que te está muy bien, es llano, de Don Lope el casamiento; pues su gallarda persona, su sangre, y nobleza abona. Ines, aunque así lo siento. a tu intención no me ajusto, que fuera necia violencia obrar por su conveniencia contra los fueros del gusto. Bastale a Don Lope agora permitirle que me crea honestamente, y que sea mi obligación acreedora de su amor, que quiero Ines, experimentar primero, si es fingido, o verdadero, y resolverme después. No oyes las voces que dan, el regocijo, y la fiesta? Ya lo escucho, y pues aquesta es la noche de San Juan: pongámonos a esta reja. Vamos, señora, por Dios, y de aquí oigamos las dos; pues el yso lo aconsela, por las respuestas, y nombres, quien ha de ser tu marido. Aunque es burla, está admitido. No hay que fiar en los hombres. Mal fuego abrase al mejor. Mi cuidado me ha traído. a ver si Lope ha venido a las rejas de Leonor; pues lnes le espera allí. En fin celosa quedó, como os dije; y vengo yo a averiguar desde aquí, si Don Lope acude al puesto, y ver si sale Costanza a la reja. Mi esperanza también Don Juan ha dispuesto traerme a la calle agora, por ver si Don Lope viene a ver a Leonor. El tiene, pues dos a un tiempo enamora, resabios del Alcorán. Gente en la calle he escuchado, En esta reja han hablado. Hablando en la calle están Dominga. La voz es esta de Costanza. . Bien podéis llegaros; pues no tenéis embarazo, que la fiesa lo permite, y en rigor, todo la ocasión lo alcanza; por aquise va a Costanza, por allí se va a Leonor: habladlas, que no se adquiere la dicha, estándose aquí; y si esto no fuere ansí, será lo que Dios quisiere. Temblando llego Frisón. Si me queréis escuchar; pues la noche da lugar ahonesta conversación, quizá os serán manifiestas las astrellas que os inflayen; pues los sucesos se arguyen esta noche en las respuestas. Si es Lope, a mal tiempo viene. que de este accidente grave, Eso, aunque tuerror lo apoye, llora un bruto, y gime un ave. se entiende en lo que se oye, y no en lo que se previene. Mas quien eres, que atrevido a mi reja te has parado, tan necio, y tan confiado? Soy un enigma, que ha sido infeliz, por ser dichoso, y con afecto distante; antes de celoso, amante; y antes de amante, celoso. Soy sombra, idea, y ilusión, de un bien que perdí imprudente, y soy Tomas finalmente, el vecino del mesón. Tomas, Pedro, pues tú eras, como haberme no has venido? . Oye a mi amor, muy poco te hemos debido: . en vano son tus quimeras a mar, si mi honor constante ha de burlar tu intención. A vuestros pies mi atención estuviera cada instante; pero es tal mi cortedad, que me embaraza en rigor. En fin Tomas, que de amor . Yo no te digo, que es bueno, sabes? Aunque mi humildad cobarde en su desvarío, se recata a mi disgusto: no tengo tan necio el gusto, que le falte a mi albedrío el discurso, y la razón, para saber advertido, que el amor se ha introducido por la vista al corazón, y que en sus triunfos, y palmas, g Pues vénimos prevenidos, aunque por diversos modos son sus prisioneros todos, que amor no gradua las almás por la nobleza, si infieres, Que más desengaño quieres, Costanza, que verme aquí, y estar un hombre en la reja de Leonor; pues si le deja mi descuido hablar allí, cierto es, que no quiero a Ines; pues a causarme desvelos, lo embarazarán mis celos. Aunque el argumento es, descrédito en la apariencia, como disculpar podías el decir que la querías, y abrazarla en mi presencia? Ves como intentas en vano persuadirme? que pues al Corregidor le diste también la mano, y he creido tu disculpa. fuera rigor descortés, no admitir la mía; pues no muda especie mi culpa. En fin, tu crueldad me niega? Querer a un Frisón condeno. mas peor es ser Gallega. Ya me cansan tus extremos: por Lope mi amor se muere, aunque él a Constanza quiere. s. 1. En esta esquina paremos, que aquí hay Altares lucidos, y damas de muy buen gusto, y les daremos un susto. vaya un tono, que después tendremos harto lugar, para poderlas burlar. Cantar quieren. Oye Ines. Famosa leera. Extremada. El tono fue de primor. A mí, como sea de amor, cualquiera letra me agrada. 1 Mujeres son las que oí. 2. Digamos algunos nombres ridiculos. De estos hombres, . si atiendes, sabrás aquí, el que tu esposo ha de ser: escucha con devoción. 1. Olofernes. a Zabulón. Ya seré de parecer, si has de tomar mi consejo, que no te cases. Lucidos proverbios. Estos maridos son del testamento viejos. Vamos Diego, y n Juan- todo el lugar discurriendo, hasta llegar a la orilla del Tajo. Don Juan. . Don Diego. El proverbio fue engañoso. Engañoso fue el proverbio. Porqué? el tiempo no pudiera. Porque? no pudiera el tiempo. Casarte con un Don Juan? Casarte con un Don Diego? No; porque está de ese nombre mi pensamiento muy lejos. No: porque están muy distantes de este hombre mis afectos. Si ya el cielo no dispone, que fuese aquel Caballero de Burgos; mas no es posible, que el deshizo los conciertos estando ajustados. Fabio, amor me trae a este puesto, por ver si veo a Costanza, o a Leonor. . Siguiendo vengo a mi hijo, por saber si acude obstinado, y ciego, a la calle de Costanza; y pienso que sus excesos han de quitarme la vida, Pues bien podemos volverno porque ya están ocupadas sus ventanas. Vive el Cielo, que están hablando con otros: que haré, cuando dos extremos de amor, y de conveniencia están luchando en mi pecho? aquí me llama en Costanza el amor? y a un mismo tiempo, allí me obliga en Leonor la conveniencia: mas yerro del pundonor fue el dudarlo, venza el más hidalgo afecto, acudamos al amor. Esa reja tiene dueño; y ansí os pido la dejéis. No vine aquí con intento de dejarlareste es Don Lope. Perdonadme, que no puedo faltar agora a un amigo. Lo que no ha podido el ruego, lo dispondrá la violencia: Ánimo, que hal lado vuestro tenéis Don Lope un amigo, Ciertas Santiago, y a ellos. Ay, señora, que se matan! Muerta voy! Sin alma quedo! Raro valor! Yo he perdido la espada. Alzalda del suelo, que no riño con ventaja. Perdonadme, que no puedo agradeceros la acción, morir, o matar pretendo, que este duelo es por amor, y son villanos los celos. Pues volvamos a reñir. La justicia, Caballeros. d. . Teneos, y decid, quien sois. Yo soy, callad: así intento sacar de un riesgo a mi hijo; pues no ajustando este duelo han de volver a reñir. Yo estoy en notable riesgo si me conoce Don Lope, valerme de él mismo quiero; pues mi valor le ha obligado, para salir de este aprieto. Caballero, a mí me importa; porque ando con gran recelo de la justicia, encubrirme; y ansí os pido que del puesto la despidáis, sin que pueda conocerme. Ya obedezco, por lo que os debo, y por mí. que aunque en el pasado empeño falté ingrato a mi decoro, ya es diferente este duelo; pues allí obré como amante, y aquí como Caballero. Don Lope soy de Mendoza. Pues Lope, que ha sido esto? Vive el Cielo que es mi padre! Por Dios que nos pescó el viejo. Que a tan mal tiempo viniese? más disimular intento: al pasar por esta esquina, unos hombres pretendieron quitarle a Fabio la capa; llegamos a un mismo tiempo estos hidalgos, y yo: ellos cobardes huyeron al tiempo que vos llegasteis: esto ha sido. Y yo me alegro, que no haya avido desgracia; ansi deslumbrarlos pienso, de que me hallé en la pendencia, que en mis canas, y en mi puesto, fuera indecencia notable. Decidme, por dónde fueron, para seguirlos? No importa, dejaldos. . Todo derecho, y por diferentes calles iban todos juntos. . . Necio, quieres callar? Ven vustedes la tienda de aquel Barbero, que está vacia? . Sí. Pues yo no sé por do fueron. Vos gastáis muy buen humor. Ved, si somos de provecho, para serviros, y a Dios. Esperad, saber pretendo quien son, y hacerlos amigos, aunque la pendencia creo, como Lope la ha contado, en un padre los recelos, no os espantéis, son precisos; y ansí como Caballero, no como Corregidor, os suplico que a mi ruego os descubráis. Fuerte lance! Y que de yo satisfecho de que no fue con mi hijo el disgusto. No podemos: (ay lance más apretado!) descubrirnos. De este empeño nos saque vuestra palabra. (dlo: Ya es fuerza usar de otro me. como que no? así perdéis a la justicia el respeto: llegad, y sabed quien son. Advierte, señor, teneos, y apartad la luz. Pues Lope, llegad aprisa, qué es esto? tu embarazas la justicia? Tened, a este hidalgo debo la vida, y le di palabra de que nadie en este puesto había de verle el rostro; y en esta ocasión es cierto, que toca igualmente a entrambos, siendo de honor este empeño, no faltará mi decoro; pues para ser yo hiso vuestro, y vos para ser mi padre, hemos de quedar bien puestos. A inque es travieso, es mi hijo, . Doilos tres seremos muy vuestros. cumplió valiente, y discreto con la obligación de noble. Retiraos, pues, Caballeros, si os importa el encubriros; porque yo esté sin recelo, dad le la mano a mi hijo; pues aunque estéis encubiertos, el que es noble, siempre cumple su palabra. Vive el Cielo! que procura un imposible; porque celoso, y resuelto he de conocer quien es. Nada con dársela arriesgo; pues los dos no me conocen, y podré volver a el duelo, siempre que ocasión se ofrezca, por mí; y por mis compañeros os doy la palabra, y mano. Advertid, que yo la aceto por mi padre, y no por mí, y que mañana os espero en el Hospital de afuera, para acabar este empeño, cuando amanezca. A esa hora os aguardaré en el puesto: ya es preciso que me vea. Yo os estimo, y agradezco la acción; y si este disgusto ha sido, a lo que yo pienso, por el dueño de esta reja, yo sé, qué prudente, y cuerdo dejará la pretensión de tan humilde sujeto Lope, y será vuestro amigo. De su intención, yo lo creo, que nos lo debe, por Dios. Dios os guarde: vamos Lope, esto queda bien dispuesto; yo voy sin ningún cuidado. Hay mi Constanza! cuán lejos de mi pecho está mi padre? Hay mi Constanza! cuán ciego vive el que te llama humilde, si compites con los cielos. Ay Leonor! cuán justamente, pues te desprecié, padezco. Hay bobos! y cuál os trae la hija del Mesonero.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Al campo sale mi amor, cuidadoso, y desvelado, al desafío aplazado, donde me llama el honor. Y aunque tan preciso sea en mi cumplir este duelo, vengo con grande recelo, de que Don Lope me vea. Pues si me conoce agora, por Lope su presunción, se declara mi intención, y mi opinión se desdora. Mas pues vestido he mudado, y con este que he traído de Salamanca, he venido al puesto disimulado; y no he estado en su presencia mas de dos veces; espero, que ha de dudarlo primero, que sepa con evidencia quien soy; pues el traje ayuda, cuando más repare en mí, aque se disfrace aquí, la evidencia con la duda. Y en fin, si me conociere Don Lope en esta ocasión, cumpla yo mi obligación, y venga lo que vinere. Entre dudas, y desvelos sale al campo mi dolor, muy cobarde, con mi amor; muy valiente, con mis celos. En busca de mi enemigo a este sitio, donde espero, que ha de conseguir mi acero, mi venganza, y su castigo. Mas un hombre miro allí, él será, llegarme quiero, que buen talle! ha Caballero. Qué mandáis? Cielos! qué vi? no es Lope? Ya ha reparado; disimularé constante. No vi cosa semejante; mas como el traje ha mudado, y tan bizarro, y lucido le veo, parece encanto, y cosa de sueño. Oh cuanto mira el traje, y el vestido! que me queréis? Escuchad. Si sois vos quien me ha llamado al campo desafiado, sacad la espada? Esperad, y no extrañéis mi atención; porque sois tan parecido a un hombre, mi conocido, que es grande mi confusión? Y así; pues no es de importancia, que os conozca mi desvelo, decid quien sois; pues al duelo no importa la circunstancia de saber quien sois primero, si hemos de reñir después. No he de négaros cortés, que vo sor un forastero, que anoche llegué a Tosedo, y porserio de San Juan, cuando las damas están sin nota, recato, o miedo en sus ventanas; salí, bien finjo, por el lugar, y acaso llegue a parlar a la reja, donde os vi a echarme de ella dispuesto; y esto os lo dice mi fama, no por vos; mas por la dama que estaba allí; pues en esto no fue parte su atención, y en ley de noble no ignoro, que debo por su decoro dar esta satisfacción. Pues en la campaña estamos, donde el duelo nos espera, y ya de cualquier manera es preciso que riñamos. Mayor mi sospecha fue con oírle, aunque en el traje. el pundonor, y el leguaje tan desemejante fue a Lope; mas ya es preciso reñir, estando en campaña, que después por si me engaña, con prudencia; y con aviso, le iré siguiendo advertido. Con averos escuchado nuestro empeño había cesado; pero habiendo ya salido al campo, es fuerza reñir, Pues nos llama el pundonor, hable callando el valor. Que no me basta venir a Misa al amanecer, sin que encuentre; mas que es esto? no es Don Lope. Llega presto, Si el ruego de una mujer obliga; pero que veo? Hermosísima Constanza, O miente la semejanza, o este es Lope. . O el deseo presume lo que no entiende, o es grandísimo enbustero Lope, o este Caballero es brujo, demonio, o duende. Hay hombre más desdichado? que llegase agora, Cielos! Costanza? Sin duda es él. Nunca a tomar el acero con tan buen tiempo he salido; mas no es Don Lope el que veo? y con la espada desnuda. . Señor Don Lope, qué es esto? vos el color demudado, y en la mano el limpio acero? Ya son muchos los testigos, yo estoy en notable riesgo. Señora, no ves a Lope mas galán que Getineldos? Confusa estoy; yo os suplico, si no es de honor este empeño, le dejéis por mí. Señora, si este hidalgo gusta de ello, por mí el disgusto ha cesado: ya es preciso hacer aquesto; porque no entienda Leonor, que fue por Constanza el duelo, Hbiéndolo vos mandado. fuera parecer grosero, si yo no os obedeciera. La fineza os agradezco, En todo parece a Lope. Yo he de salir de Toledo luego; y porque en la posada me esperan los compañeros, me voy con vuestra licencia. Hay tan extraño suceso! Seguirele con recato. Por si me fueren siguiendo mudaré luego vestido. Oye Lope. Estas sin seso? Juan de Prado es mi nombre. Iré a la posada luego, para averiguar si es él. Yo salí de grande aprieto, lindamente me he escapado. Id con Dios. Guardeos el Cielo. Mucho me alegro Constanza, de que llegases a tiempo de estorbar este disgusto, aunque muy poco te debo; pues no me ha visto estos días. Con vuestra licencia tengo un negocio de importancia a que acudir; y ansi os ruego me la deis para ausentarme. . e . Yo estoy con grande recelo de la inquietud de Don Lope, que vuelva obstinado, y ciego en busca de su enemigo; y ansí detenerle letento, mientras el otro se parte: señor Don Lope, yo quiero, que me acompañéis agora: de esta manera pretendo excusar una desdicha. El favor os agradezco: hay hombre más desdichado! ella me embaraza a un tiempo hablar a Costanza, y ver, si es Lope aquel forastero; mas pues he de acompañarla, y aspiro a su casamiento, y Constanza ha de ausentarse, podré hablarla en mis deseos, con que no se pierde todo. Desde mañana prometo, no faltar de vuestra casa; por ver si es Lope me muero aquel hombre, a Dios señora. Aguárdate, y andaremos juntas el prado, Conftanza, de aquesta manera quedo más decente con Don Lope. No es posible obedeceros, que hay mucho que hacer en casa. Pues tan vecinas nos ve nos, yo le avisaré a tu padre, que te has quedado a mi ruego con migo, aquí. Hay tal mujer! ya señora, os obedezco. Bueno quedo entre las dos? echó mi fortuna el resto. Perdí el tiempo, y la ocasión. , Perdí la ocasión, y el tiempo. Pues me quedo con mí duda. Pues con mi duda me quedo, y sin hablar a ninguna. Yo cumpli con lo que debo a mi sangre, ven Constanza, vamos Don Lope. Yo muero cercado de un imposible, entre amor, dudas, y celos. De aquesta manera paso; nunca me vi tan perdido. Extraño suceso ha sido, y debo quejarme yo de que os hayáis recatado de mi en aquesta ocasión. Yo cumpli mi obligación, pues siendo desafiado de un hombre solo, en rigor, si parte del caso os diera poner un estorbo fuera, y saltar a mi valor; y pues bien ha sucedido, si me vienen a buscar, importa disimular. Diré que no habéis salido de el Meson en todo el día. Cómo con Leonor os va? Suspenso mi pecho está entre el miedo, y la osadía, sin saber que medio elija mi amor. Y no habéis sabido, si Don Lope es admitido? Aunque esa pena me aflija, ya estoy Don Juan informado, que no pasa su deseo, de un honesto galanteo, Y quisiera mi cuidado, antes que a empeño mayor, llegara este inconveniente, prevenir el accidente, declarándole a Leonor quien soy: pero el huésped viene, después Don Juan hablaremos. Costanza toda es extremos, y ya mi enojo previene, quitarle la devoción de que salgan sus porfías a Misa todos los días, pues deja solo el Mesón, llevándose la Gallega, y hoy con lo que se ha tardado, me tiene desesperado. Gracias al Cielo, que llega mi cuidado a averiguar, si Lope aquel hombre ha sido, aquí está, o mudó el vestido, o me debí de engañar; confusa estoy. . Es buen modo, Costanza, dejarme aquí tan solo, y venir ansí, cuando está por hacer todo a medio día. A las dos, Doña Leonor nos detuvo, y en esto la culpa estuvo. Y no pudierades vos, Gallega, venir a casa, cuando a Costanza, Leonor la quisiese honrar Señor, esto que te digo pasa; de miedo estoy tamañita: y Costanza es buen testigo de todo. También contigo querría estar de visita: pues yo os sabré cercenar la devoción; de manera que no salgáis nunca fuera. 1. Aquí podemos parar, que este es mejor Meson. Gran gente viene de tropa, Costanza, ve a sacar ropa, y pues se tarda Frisón, que está en la plaza, podrás Thomas venirte conmigo alladentro . Ya te sigo. Y a quitar me ayudaras las malerar, y cogines, de las mulas. Bien se emplea Don Diego . Y porque yo vea, que a dar mi gusto te inclines, Dominga, como una plata pondrás el Meson; así la obligo; vamos de aquí. No es la ocasión muy ingrata, sola con Lopehe quedado; él es un oro de Tivar, ya yo estoy como un Alminar. Hablarele en mi cuidado, y meteré el pleito a voces; aunque desprecia mi ruego: amor pues eres Gallego, hazle que me quiera a coces; Lope mío, si te obliga mi amor. Ju. Linda impertinencia, para apurar mi paciencia. Porque de ti no se diga, que un barbado se ha escapado, del ruego de una mujer, pues siempre toca emprender, el galanteo a un barbado; más tratable, y advertido, hazme si quiera un favor. Ya sabes lo que mi amor a Costanza le ha debido, Dominga? y que te ha fiado, como amiga este secreto, que a no haber este respeto, tu amor hubiera pagado. Y de más de esto, Frisón que te quiere bien infiero, y siendo mi compañero, no es bien hacerle traición; y ansí te cansas envano. Costanzilla le trae ciego, pues yo apagaré este fuego, yo me vengaré tirano, diciéndole a mí señor, que a Costanza solicitas, y pues con celos me incitas, sabrá vengarse mi amor, traidor. Advler te Dominga, que tu locura te ciega. Si pican a una Gallega. mas que una mula respinga; yhoy a decírselo. . Espera. Tarde vengo; mas que miro! de mi paciencia me admiro, Don Juan de aquesta manera con Domingal amor, y honor, escuchemos desde aquí. Yo bien te quisiera a ti, mas sé que te debe amor Frisón de esla suerte quiero engañarla, porque calle. Aunque se hallara en la calle no alzara ese majadero, no me des con él molestía, que me abochorna, y me mata su necedad. Bien me trata. Yo a Frisón hermosa bestia. Luego no le quieres? No, Lope, a ti solo te adoro, que eres como un pino de oro. Pues como averigue yo ser verdad. Amor me abona. J Agradecidos serán mis deseos. El Don Juan, no la escupe aunque es gorrona. Pues Lope, como yo entienda que tú me quieres a mí; no habrá Canonigo aquí, que tenga mejor prevenda, mi ración en conclusión, y mi salario a porfía te daré, Esa Canongía, mas me parece ración. Tuyo soy. Acero el pasto, el tiene con modo injusto, a Costanza, para el gusto, ya Dominga, para el gasto. Y pues eres mi respeto, y campas ya por mi hombre en la Ciudad, en mi nombre te has de poner un coleto, que aquí dejo un Caminante, La Dominga está perdida, con su ajuar se convida, y le da por postre el ante. Y una ungarina muy fina. Mujer del diabso, a que efecto si te ha pescado el coleto, quieres dalle la ungarina? Siempre este necio ha de ser quién me estorne? A Dios Dominga, Si mi enojo no la pringa, no soy hombre, ni aún mujer. Que con porfías cansadas, este necio se me incline. Que yo no me determine, y le de de bofetadas. Que tan atrevido ansí hizo que Lope se fuera. Que la ungarina le diera, sin darme el coleto a mí; vengareme de los dos. Mi venganza se previene, seor prisón; pero allí viene el corregidor, a Dios, Don Juan de Auendaño, y Don Diego Sarmiento, nuestros hijos, inducidos de un Criado que se llama Frisón, se han ausentado de Salamanca sin gusto nuestro; hemos sabido por aviso de un Confidente, han estado en Ma- drid con intento de ir a Sevilla, y y siendo ese lugar el paso, y tan. ta nuestra amistad, os suplica mos que si llegaren a Toledo, es- cuséis esta travesura, y los em- biéis a Burgos: Dios os guarde. Aquesta carta me dieron pasad por el Mesón, y tan mis amigos son, si afe, los que la escribieron, que dilatar no he querido la diligencia; hablaré al huésped, y le diré que esté del caso advertido, para avisarme si vienen a él Meson estos rapaces, que ciegos, y contumaces, tampoca obediencia tienen, a sus padres. . Que querrá el viejo? Decí hermano, está en casa el Sevillano? En Misa pienso que está, y yo le encontré al salir, que en efeto no hay ladión, que no tenga devoción. Y quién sois vos? Discurrir quiere el viejo: mi señor, si lo he de decir aprisa, yo soy quien todo lo sisa en casa. Famoso humor tienes decid de que modo? Él me pregunta sin tasa, porque lo hago todo en casa, y ansí se me pega todo. Criado sois de el Meson? Si señor, y aquestos vicios, los tengo por mis oficios, y no por mi inclinación. Conoceisme? Ya he sabido, señor, que sois en Toledo. el Corregidor. Bien puedo. pues es de casa, advertido. dejarle agora encargado. este negocio. Qué intenta? Mirad que por vuestra cuenta corre el rever gran cuidado, si llegan dos Caballeros a tomar posada aquí, y avisarme luego a mí. En todo he de obedeceros: el nombre saber intento: Llámanse, si no me engaño, uno Don Juan de Avendaño; y otro Don Diego Sarmiento. Mis amos son, vive Dios, Por esta carta he sabido, que sin gusto se han partido de Salamanca los dos, de su padre, y un criado, que según lo que yo infiero, es un pícaro embustero, a los dos los ha engañado, con enredos, y quimeras, Hay tan gran vellaqueria? por cierto que merecía que lo echasen a galeras: temblando estoy de escucharlo. Pues porque sepáis su nombre, Frisón se llama. Ese hombre, tendrá un alma de un caballo; que tal hiciese el bergante? Yo os prometo, si le cojo, que ha de pagarme este enojo, Si llegan aquí al instante aún que sea media noche, avisaré, . Así quedamos. No es Frisón? si le pescamos, le hemos de poner a un coche. Estad con mucho cuidado. Será el castigo severo, porque en poder de un cochero, pagará bien su pecado. A Dios. . Descuide Vusia: en grande peligro estamos, voy avisar a mis amos. d. . Aquí me trae mi porfía, para saber de este modo, si es Lope con quien reñí: pero mi padre está aquí, hoy ha de estorbarme todo. Pues Lope, como venís, a esta casa si os he dicho que lo excuséis, tanta veces? que este mozvelo atrevido, obstinado loco, y ciego, burle los consejos míos? yo he de perder la paciencia. Vive Dios que estoy corrido, que aquí encotrase a mi padre; señor, Callad, más me írrito, con más fundadas disculpas, cuando vuestros hierros mismos: más salgamos allá fuera, que no es decente este sitio, y tengo mucho que hablaros. Ya en este Templo vecino estamos; qué me queréis? Venid acá, sois mi hijo? Sí señor. No lo parece; pues necio, inadvertido, nunca tomáis mis consejos. Siempre obediente me miro en ellos, para imítaros, Si en su espejo cristalino, que es maestro sin lisonja, y amigo sin artificio, miraráis vuestras acciones, yo sé que más advertido, borraráis de la memoria, esa idea, ese delirio, que apesar de la razón, entre afectos tan invignos, os tiene sin vista el alma, y sin ley el albedrío. Vos sois noble? vos Don Lope de Mendoza? yo imagino que se os huyo la memoria: pues quien se falta así mismo por un antojo liviano? por un engañoso hechizo, que lo pública el discurso, si lo disfraza el cariño? Ni es noble, ni es Caballero, ni aún racional, si advertimos que solo un bruto se arroja, sin elección al peligro. Y vos obstinado, y loco, seguís este ejemplo mismo, tan torpe en vuestros deseos, tan ciego en vuestros motivos, que para advertir el riesgo, y excusar el precipicio, negáis al entendimiento, el uso de los sentidos. Por una mujer tan baja, han de escuchar mis oídos, vuestras locas travesuras? vuestros necios desvaríos, pendencias, músicas, versos, sin otros medios indignos, que hasta un padre los condena? Ea Lope, corregildos norámala, o vive Dios, si no basto a reduciros, que os he de envíar a Flandes, que aunque os quiero, y os estimo, (tierno estoy) más que a mis ojos, en ley de noble, es preciso aunque lo sienta el amor, castigar vuestros delitos, para que en vuestras acciones, se conserve el honor mío, pues no he de ser vuestro padre, si no obráis como mi hilo. No sé por Dios que decirle, cuando en sus cuerdos avisos, la razón vence a mi culpa: a vuestras plantas rendido, confieso, señor. Levanta, que ya en tu humildad confirmo tu arrepentimiento Lope. No estoy muy arrepentido, más disimular importa. Y de tu prudencia fío, que has de olvidar a Costanza. Si señor, ya determino obedeceros, amor, bien sabes tú que lo finio. Pues dame agora los brazos, y vente Lope conmigo. Veré a Leonor esta tarde, por si en sus ojos divinos, divierto aquesta pasión. Llevarele de este sitio, que ha poco que se ha enmendado, y está muy cerca el peligro. Costanza, seas bien venida, es posible que te veo en mi casa? aún no lo creo. A vuestras plantas rendida cada momento estuviera, logrando tanto favor, hermosísima Leonor, si cánsaros no temiera, que en tan desigual empleo, la cortedad me disculpa. Cómo has de negar tu culpa conociendo en mi deseo, lo que tu virtud estimo, tu honestidad, y recato. Ya de obedeceros trato, y con tal favor me animo, a venir todos los días, señora con mi labor a serviros. Hay amor? que neciamente porfías violentar mi inclinación con tan humilde sujeto, pues mi honor, y mi respeto, han de burlar tu intención: yo olvidaré a tu despecho, tu malicia, y mis enojos. y lo que hicieron los ojos, sabrá de hacerlo el pecho. Y pues Don Lope me adora, y áspira a mi casamiento, favorecere su intento, más afable desde agora: Ines, trae las almoadillas, y sentémonos aquí: mi pena divierto ansí. Serán nuevas maranillas, ver cuando asiente la tanda, de tu mano el ampo ufano, la olanda, imitar tu mano, tu mano, afrentar la olanda. Requiebros bella Costanza, cuando el amor asegura, sus triunsos en tu hermosura? Ya sabes la confianza, con que yo te he enamorado, y que tu galán he sido. Ya sé lo que te he debido: más dejando aquesto a un lado, canta alguna con Ines, y divierta tu primor enfados de la labor. Sin instrumento? No ves que cuando la voz humilla a la almbadirla su acento, no ha menester instrumento. Pues va un tono a la almoadilla. De la dulce mi enemiga nace el mal que al alma hiere, y por más tormento quiere, que se sienta, y no se diga. Esto sucede a mi amor, pues burlando mi esperanza aún no permite Costanza, que se entienda mi dolor. O si pudiese el rigor, conque su desdén me obliga, borrar mi amante fatiga, y Leonor discreta, y bella, apagase esta centella, de la dulce mi enemiga: más ay! qué siempre a vivido mi amor ignorando el puerto, para la pena despierto, para el alibio dormido. Y cuando más prevenido salir de este engaño quiere, mayor el tormento adquiere, pues creciendo su violencia, más grave en la resistencia, nace el mal que al alma hiere. Lince el amor, aunque ciego, por la vista ha introducido un riesgo, que aún prevenido, no lo recela el sosiego. Temple el desengaño el fuego, que a matarme le prefiere altivo; mas bien se infiere, si amor mi intento desvía, que por más pena porfía, y por más tormento quiere: viva Leonor, pero miente la lengua, Costanza viva. Mas si del vivir me priva, como sigo este accidente? Ciego amor no me consiente, aunque la razón me obliga, saber que afecto prosiga, y solo en mi pena intenta, que se diga, y no se sienta, que se sienta, y no se diga. Mas labrando está Leonor, que airosa en sus dedos junta, cuando la olanda pespunta, los arpones del amor. Sola está con sus criadas, que dudo? quiero llegarme, pues nadie puede estorbarme: Si entre quejas bien fundadas, señora mi fe os merece; mas aquí a Costanza veo, siempre estorba mi deseo, nunca me le agradece: ue he de hacer entre las dos? Sentaos, y vuestra esperanza, no la embaraza Costanza, pues venís a tiempo, ay Dios! que será bien admitida vuestra razón; esto es hecho, salguesta llama de el pecho, que me quita honor, y vida, y más prudente mi amor, busque en Don Lope su igual Solo porque me está mal, me favorece Leonor. De qué os receláis? hablad, Hay tan extraña mujer? ella ha de echarme a perder. Sola nuestra cortedad, pudiera hermosa Leonor, discusparnos a los tres, de no estar a vuestros pies cada instante. Ya mi amor, porque yo padezca más, con los celos he encontrado, pues aquí a Dón Lope he hallado. Pues Lope, Frisón, Tomas. A muy buentiempo han venido Era tiempo de qué os viera? cuando sabéis que quisiera mi cuidado agradecido. dar a entender lo que os debo: amor ya llegaste tarde. Siempre la lengua cobarde, entre el respeto, y el miedo, no acertará a ponderar señora, tanto favor. Yo bellístima Leonor, si al caso tengo de hablar, pues libré vuestro decoro, de aquel fracaso violento, o premiad mi atrevimiento, o haced que me den el toro, que no será novedad. Hay tan grande majadero? Y vendido a un Pastelero, le gastará en la Ciudad. Quieres callar? No senor, nadie me vaya a la mano no dejarán a un Cristiano, que coma de su sudor? pues me costo mi trabajo, y nadie me ayudó allí, solo el premio meredí: y ansí os pido en un trabajo, que alguna cosa me deis. Yo, aunque no me hallé delante, te doy aqueste diamante. En esta casa hallaréis, a la divina Costanza; hay hija de el alma mía! llegó de mi muerte el día. No lloréis, pues la esperanza del premio os ha de alegrar, Allí está Doña Leonor, llegad a hablarla, señor, Mal podré disimular, señora el venir aquí, a deciros: mas que veo? o me ha engañado el deseo, o juntos están allí, Don Juan. Don Diego, y Frisón O es que me lo finie el vino, o el Licenciado Zetrino, nos cogió sin redención. Pues Don Diego, qué es aquesto? Don Juan como en ese traje. afrentáis vuestrolinaje? Qué escucho? Malo va esto. Que nos encóntrase aquí. i Hay más rara confusión? Ciegare tu Santantón, porque no me encuentre a mí. Vos pícaro mal nacido. Engaño, y moy grande es, porque yo nací de pies, Sois quien habéis inducido a los dos. Esas rencillas dejad, porque vive Dios, que pueden sacar los dos, a un Santo de sus casillas. Si habéis venido engañado, hidalgo tened respeto a esta casa. . Yo os prometo, que estoy tan alborotado, hermosa Doña Leonor, con lo que en ella encontré, que a mí obligación falté; y porque entendáis mejor la causa, estos forasteros, sabed. . Pesia mi linase! Que os engañan con el traje, porque son dos Caballeros, de Bargos. . Vivid memoria Don Lope me perdone, que como la sangre abone a Thomas; que mayor gloria que ser suya? Este es engaño, Lope? Es verdad infalible. Ya encubrirme es imposible; yo soy Don Juan de Auendaño. Yo Don Diego Sarmiento, Yo de mi padre he sabido, por cartas que ha recibido de los vuestros, el intento con que os habéis ausentado de Salamanca. . Ya fuera negarlo mayor quimera. Y por eso os ha buscado. Aquí acabó mi esperanza, pues de Don Juan la nobleza, ha de olvidar mi bajeza. Vos bellísima Costanza, dad los brazos a Don Diego, que es vuestro hermano. Qué oí amor! si es aquesto ansí, amante, rendido, y ciego la pediré por mujer? Con mil pensamientos lucho! no lo creo, aunque lo escucho: Eso como puede ser, si es mi padre el Sevillano? Todo parece ilusión. Y nací en este mesón? Ya fuera negarlo en vano, esto es cierto, hila querida. Hermosa Costanza, advierte, que no es de perder la suerte con que el cielo te convida. Que estoy turbada confieso. ̱ . Amor, cierta es mi ventura, si esta dicha se asegura. Escuchemos el suceso. Ya mi cuidado le espera. Ya le atiende mi sentido. Referidnos, como ha sido. Escuchad: de esta manera. Don Pedro Sarmiento, padre de Don Diego coya heroica nobleza; en Borgos su patria, la fama a voces pregona. Allá en sus primeros años tuvo amor a una señora, noble, hermosa, y desdichada: quien fue feliz, siendo hermosa? Solicitó sus favores, aplicando en sus lisonjas, aquel exterior cortejo, que la juventud ociosa miente en fingidas caricias, finge en mentidas congosas; y más que el amor, el ocio, le afecta, si no le apoya Escuchó Violante el ruego (annesta dama se nombra) de Don Pedro; y aunque entonces firme, honesta, y valerosa, fue dos años a su afecto, lo que al mar constante roca. Persuadida, en sin mujer, con la palabra de esposa, le hizo dueño de su honor; y apenas Don Pedro logra de la inocente ofendida, experiencias amorosas, cuando faltando inconstante a obligación tan notoria, dio a entender en la mudanza de su intención cautelosa, que la posesión entibia, lo que el desprecio ocasiona. Faltó a su palabra en fin, y ejecutando otra boda, dejó a la hermosa Violante, cual queda purpúrea rosa entre los soplos del Cierzo, y los embates del Boreas. Y porque aquesta desdicha en su honor no fuese sola, se sintio en cinta, y mirando, que la evidencia por horas, daba en parentes indicios señales de su deshonra, por deslumbrar a sus deudos, singio que estando achacosa, por su salud, ofreció ir a Toledo ella propia, y asistira una novena en la Virgen milagrosa del Sagrario; y disponiendo con una criada sola el viaje, y un anciano, que fueron de su deshonra testigos; llegó a Tolado, donde afligida, y llorosa en este mesón se apea, y su umbral apenas roca, cuando del soturo parto dan indicio sus congojas. Llévanla a un cuarto apartado, donde con le altad piadosa la desnudan sus criados; y sin más fausto, ni pompa, que un pobre, aunque limpio lecho, entre angustias, y zozobras, dio a luz una bella infanta, que desde su tierna Aurora tropezó con la desdicha en los peligros de hermosa. Llamó al huésped, y con llanto le pidió, que en cobro ponga aquella vida inocente; y con mano generosa, le dio quinientos escudos, y una cadena, que adornan a trechos esmaltes verdes, de que en su presencia corta seis eslabones; y a un tiempo, en un pergamino forma de su letra, y de su mano, con prevención misteriosa, el nombre que han de ponerle; y dejándole en custodia la mitad del pergamino, le previno cuidadosa, que solo entregue la niña, a quien le dé por memoria la otra mirad, y los trozos, que la cadena eslabonan. Convaleció, y volvió a Burgos, donde su afrenta la postra, de suerte, que en pocos días, tanto un agravio apasiona, pasó de esta a mejor vida, dejando en dinero, y joyas, en poder de aquel criado, de quien sió su deshonra, más de treinta mil ducados, y un papel en que su historia a Don Pedro le declara, rogándole, que disponga, como padre, y Caballero, de aquella prenda amorosa, que en un mesón, sin amparo, quedaba inocente, y sola. Mas el aleve criado, faltando a acción tan piadosa, por la codicia del oro, que no hay lealtad que no rompa, nunca declaro el secreto, ocultándole hasta agora, que ya ofendidos los cielos de su traición alevosa, le dio una grave dolencia, tan mortal, que en pocas horas le fue acabando la vida; y antes de su muerte informa a Don Pedro del suceso, que con lágrimas piadosas recibe el papel, y señas, la plata, dinero, y soyas. Quiso venir por su hija; pero sus años mal logran su intención; y ansí me ordena, que sin detenerme un hora, parta a Toledo, y la traiga con ostentación, y pompa. Este es tu padre, Costanza, Doña Violante de Rojas fue tu madre, su nobleza compite a la más heroica. Tu viejo padre te espera, contando a siglos las horas, logre Burgos tu hermosura, y el Tajo undoso deponga sin tu nieve, sus cristales, sin tu planta, sus anomas gu Y Toledo, aunque en tu ausencia, tantos aplausos mallogra; mas alegre que ofendido, repita al tiempo tuistoria; pues aunque pierde en tus ojos su majestad, y su pompa, la hija del Mesonero le dará eternas memorias. Dame hermana de mis ojos; pues soy a quien más le toca esta dicha, aquesos brazos. A vuestras plantas se postra, hermano del alma mía, quien vuestra esclava se oombra. Y vos hermosa Leonor; pues trataron nuestras bodas vuestros deudos, y mi padre, si os merezco por esposa, en mí tendréis un esclavo. Amor mis dichas apoyas: la mano os doy con el alma. n. Y pues mi amistad no ignora, que honestamente has querido a n Juan, Costanza hermosa, dale la mano, Mi amor logró su esperanza toda. Tu esclavo soy, dueño mío. Don Lope queda sin boda; porque quien todas las quiso, es bien que las pierda a todas. Confieso que lo merezco. Y aquí da fin a su historia la hija del Mesonero, dadle un vitor de limosna.
