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Texto digital de La heroica Antona García

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Madrid, Antonio Sanz, 1755).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La heroica Antona García. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/heroica-antona-garcia-la.

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LA HEROICA ANTONA GARCÍA

JORNADA PRIMERA

De cuantas en el Duero, que estos egidos moja, sus carirostros mira en las sus vagas ondas, sois la más agraciada pólida Labradora; pues aunque valgan mucho, más valéis vos, Antona. Tenéis unas miradas, que las almas retozan, y un perjeno más g que una Corregidora: Por ser solo la Patria de tan garrida moza, vale Tágara Buena mas que la Corte toda, Mas valéis vos, Antona, n mas que la Corte toda. Vizarra Antona García, pues a asistir a tus bodas desde Toro, esa Ciudad de quien, soy Gobernadora en ausencia de mi esposo el Ilustre Juan de Ulloa, quien del Marqués de Villena la ilustre Tenencia goza; a Tágara Buena vengo, esta Aldea, que en la hermosa margen del Duero, es Narciso, que se retrata en sus ondas: este rato, que las armas con que a Castilla albororan en bandos que la dividen, sediciones que la ahogan, o se suspenden remisas, o se duermen perezosas: Bien es, pues, el valor tuyo tanto en mi espíritu copia las hazañas de Tomirís, los aplausos de Cenobia, que en justa correspondencia reverbere un alma en otra; y así, pues siendo Madrina, mandar esta vez me toca, volved a bailar, amigos. A la fe, que la señora tiene razón que la basta. Y yo gana que me bonda de que al tambóril repitan con brincos, y cabriolas: Mas valéis vos, Antona, mas, mas que la Corte toda. Qué tengo ya de valer? malos podencos me coman el mijor de mis corderos, si cuando amor me enquillotra, dejo de ser Marimacha, enguizgada en mujer propia: Madrina, yo os engrandezco todas estas cerimonias, aunque algo mijor me estaba andarme por esas rocas, adonde llevando apenas pan, y queso en una alforja, con osos, y jabalines me iba a acachetear yo sola, que no verme con chiquillos fuciadera, y hacendosa, con una mano en la cuna, y otra espumando la holla, y luego dar teta primero me iré a la horca. Antona? . Marido mío? La mujer se enmatrimona, como el Cura mos lo ensena, para ser misma persona del mismo marido. Y bien? Dígolo, porque esas cosas de hazanas, y valentías, al hombre son a quien tocan; y puesto que él no las hace, en lla mujer son impropias. No asamos, y ya enpringamos? Tempranito la enliciona. Marido mío, sabed, que desde que esta pinzona de estos bandos de Castilla nos traen estas testas locas, en el majín se me ha puesto, que nuestra Reina, y Señora es Isabel, que a Fernando por Rey de España corona. Esta es cierta incrinación altanera, y cosquillosa, que anda conmigo, a pesar de las vanas carantonas de Portugal, cuyas armas por tantas partes mos cocan. Diréis, que siendo mujer, que mala rabia me toma de andar en cosas de guerra, ni meterme en pro, ni en contra de este Rey, ni esotro Rey? Y a eso mi genio os responda, y el macho espíritu mío, que para altas quesicosas nació, anda retozando prodigios en mi memoria; que aquesto de la lealtad, es llama, que generosa, en todas materias arde, en lla sotil, y en lla tosca. Y así, no tocando en esto, ni que en oyendo lla trompa aldas en cinta, a dar vaya a mi Rey una victoria, muchucando Por gueses como quien apaña moscas; en lo demás, como en Misa, estaré obediente, y pronta a vos, que yo soy honrada. No como llas picaronas, que el zaraguerle se calzan, y al marido dan lla toca; esto ha de ser, y si no, id al Infierno por novia, que lla boda se nubló. Mi mujer, mi bien, mi Antona. Mi demonio, qué me quiere? Querrá decirte, que otorga cuanto pidieres, aunque no sé, en la senda que tomas, si vas errada. Por qué? Porque a la que el Cielo nombra Reina de Castilla, es Juana, la Portuguesa Amazona. Arre allá, Marí Sarmiento, vos mi amiga? ni lla sombra, si sois de ese parecer, andaremos a las morras. Poco a mi brío espantaran armadas valientes tropas, mira qué hará una villana. Mucho más que una señora; y a saber tu incrinación, antes me metiera Monja, que acuciar tu madrinazgo. La boda mos alborotan. Si a Antona pican, yo creo, que una buena mazamorra han de hacer. La que juzgare:- Mas qué cajas belicosas el aire asustan? Ay Dios! que la sangre se abichorna con esta trompetería. Por la cima, que es corona de aquel risco, que a la mar el Cielo, y la tierra abrocha, armadas tropas al valle van bajando. qué hermosas! Ay los pies me hacen cuchichi- Las divisas que trémolan, Castellanas son. . Mijor. Volved la cara hacia esotra parte. Con los Clarineros me vuelvo de placer loca. Vanderas son Portugüesas. Mala polilla las coma. Bien dices, de opuestos campos son dos abanzadas tropas, que en contrarias salvas dicen: Viva Isabel valerosa, viva Fernando. Soldados, decid en salvas canoras: Viva Juana, y Portugal. Dadme las plantas, Belona Castellana. Seor Don Basco. A Toro pasaba ahora en busca de vuestro esposo, cuando una espía me informa no estaba en ella, y que vos honrabáis aquesta corta Aldea; y así este pliego::- Hablad paso, no nos oigan estos villanos, en quien hay lealtades maliciosas. Portugueses, secrético, . y papel; que va que Antona, que ya está medio abispada, todo el cortijo alborota. El Aragonés Fernando con Doña Isabel su esposa, a ocupar a Toro vienen; y aunque es demás en la heroica lealtad vuestra, el preveniros, que como hasta aquí, se oponga vuestro brío a sus intentos, siguiendo la voz que toma de la Reina Doña Juana; porque no su cautelosa astucia acaso os disuada, os prevengo, que en persona ey también Alfonso i P (que llegará en breves horas) viene marchando, este pliego con que a vuestro esposo honra, es la creencia. Dejad, (que cuando Alfonso no ignora en el pecho de mi esposo las lealtades que acrisola, como también en mi afecto) por agravio reconozca, mas que por favor, aquesta prevención, pues poco importa, que Fernando a Foro llegue, cuando sus muros tremolan de las Portuguesas Quinas las siempre triunfantes pompas: y en su defensa mi brío asegura la victoria. Pues con esa confianza, a dar respuesta tan propia de quien sois, ire a mi Rey. Decidme antes, estas tropas (ay antiguo afecto mío!) no las gobierna en persona de Penamacor el Conde? Sí. El corazón se alborota con tal nueva; pues seguro id:: . De qué? De que las obras acrediten mis palabras. . Y pues vuestra atención nota, que de Caballos, y Infantes las Escuadras numerosas de Fernando, y de Isabel ya ocupan la verde alfombra de ese prado, y que es preciso, antes que el paso me cojan, entrar en Toro, ya que esta diversión gustosa de vuestro humeneo, Marte impide con sus zozobras; retiraos también vosotros, hasta que el Cielo disponga, que la paz que en brave espero sea Iris de estas discordias) me dejen de vuestro afecto recibir muchas lisonjas: Dice su merced muy bien; vámonos a ver la holla, primero que mos la espumen estos Soldados. Mi Antona, venid. . Qué es venid? idos vos: Qué condición tan flemosa tenéis, que sin ver siquiera en qué paran las hestorias, de unos que por allí vienen, de otros que por acá asoman, como gallina con pollos, a quien el milano asombra, queréis va correr a casa, porque yo so más curiosa, y tengo de verlo todo, aunque no fuera por otra razón, que por ver despacio la Reina nuesa señora: Y aún a vos fuera mijor, pues por su vasalla os toca quedar a besar sus patas, que no, altanera, y briosa, iros a ser muy finchada de Toro Gobernadora, quizá en deservicio suyo. Presunciones son muy propia; de tu malicia, a mi esposo le ha encargado su custodia el Marqués, y sé a quien debo servir. Pues si por la colla ese magín me pasase, os parece a vos, que Antona déjara ir a su Madrina sin comer pan de la boda? Pues como tú::- Agradeced, que a mí el saberlo no toca, y id con Dios, pero cuidado no seas engañifadora. Aunque castigar pudiera sel disimulo me importa) tus disparates, ya veo, que son lealtades que aborta tu pecho, y el desengaño verás a muy breves horas; adiós El diabro me tienta por verla tan orgullosa, agarralla hasta que lleguen los Reyes. Te has vuelto loca, mujer? Desde que el Fidalgo miré, que la habraba a solas, y aquello de Reina, y Juana dijo, Bercebú me toma. Ven a casa. Váyase él, que yo, aunque esté de esta forma, al Campo marcho. Ay Dios mío, que tengo una mujer hombra. Pues la fiesta no concluyes? Muchísimo tiempo sobra para casada, y si pierdo el hacer una famosa hazaña, llevose el diabro toda la opinión de Antona. . Andar, ella es un Sargento. A reducirla vosotras id tras ella. Vaya un galgo, que no sé yo, aunque más corra, que la alcanzará. Yo tengo por mujer una Leona. En hora mala dijeron esas voces guerreadoras: Viva Isabel, y Fernando. Toca a marcha. A marcha toca, y pues al muro llegamos de Toro, invicta Isabela::- Y pues la verde cautela del monte que penetramos, nos trae, Fernando animoso, a vista de la Ciudad::- Que entra Isabela aclamad. Decid, que llega mi esposo. Que la robusta cadena del puente desprendan. Que la puerta abran. Eso haré. Ah del muro? Ah de la almena? Oh tú de piedra gigante, que al Cielo empinas la frente::- Oh tú, obelisco eminente, que al globo sirves de Atlante::- A tu Rey, y a tu Senor::- A tu Reina, y a tu Dueno: Rinde el invencible ceno. Postra el antiguo valor. Isabel triunfe por él. Guarda a Fernando el decoro. Qué es lo que quieren en Toro ni Fernando, ni Isabel? Que rinda a nuestra obediencia su puerta el Gobernador. Yo soy quien goza ese honor de mi marido en la ausencia. Tú eres, mujer valerosa, la celebrada Sarmiento? Tú, cuyo heroico ardimiento tiene a la fama envidiosa? No hay de ti bien que no arguya, pues tú::- No el elogio acabes, porque no es razón que alabes a la que es contraria tuya. Contraria, cuando en ti espero ver, que me des la Ciudad? A un pecho todo lealtad apenas le abre el acero. Es mi Reina soberana, y mi Señor natural, Alfonso de Portugal, y su espola Doña Juana: hija es del Rey Don Enrique, que a Castilla hereda, y es su fiel vasallo el Marqués, y deuda el que yo me aplique a él, pues por él gobernando, sustituyo su bastón; y así, yo no sé quien son, ni Isabela, ni Fernando. Bárbara, loca, atrevida, que ese error has pronunciado, el haber de paz llegado, antes de ver combatida esa rebelde Ciudad, fue porque en la dilación mereciese, en su perdón, la gloria de mi piedad. Pero ya que me provoca, y a la clemencia no falto, ceniza la hará un asalto: Toca al arma. Al arma toca. A todo hace mi valor. Tened; qué es esto? a qué aspira armada toda la ira contra un femenil error? Mujer, que sigues leal la fe del difunto Rey, mío es el Cetro por ley de derecho natural. Pues siendo Enrique incapaz de prole, en tirana acción, con mentida succesión perturba Juana la paz. Y es justa deuda forzosa, que más este Reino quiera, la hermana que es verdadera, que no la hija, que es dudosa; y pues llego a concluir tu opinión, ya qué hay que hacer? Ay, que os tratéis de volver, porque yo no os he de abrir: Esa objeción fementida puesta a mi Reina, es trazada, de quien la tiene usurpada la Corona merecida: y así injurias no la añadas, que todo lo sufriré; pero su honor, le sabré defender a cuchilladas. En eso tu ardor se encierra? Mi razón tu ley desarma. Pues presto verás::- Arma, ar Ya el eco rep Guerra. j Pero qué vago rin la esfera del aire rasga? El Cielo, que aún agraviado de vuestra injusta demanda, hace que a mi voz los montes tropas escupan armadas: Desde esta eminente veo tremolar en la Vanguardía, de Ejército numeroso las rojas Quinas. Te engañas, si equivocas con las Quinas los Castillos, y las Barras; cuantas Tropas se descubren desde esas almenas altas, en mi salvaguardía vienen. Te miente tu confianza; pues presto oirás::- Qué he de oír? Arma, guerra, viva Juana, Verdad es, señor, pues ya contrapuesta, y abanzada la primer línea, de aquel Ejército, que en batalla marcha a este sitio, despide de la nube, que levanta de polvo, en un corcel bruto viviente, rayo con alma, un uracán, a quien joven airoso oprime la espalda. Blanca insignia, que en su diestra parece que hace nevada seña de paz, el seguro, después de haber a distancia echado pie a tierra, pide. Conducidle, Conde de Alba, a mi presencia; y vos id, . . o Marqués de Santillana, a que formado mi grueso espere sobre ordenanza, la crisis de este impensado accidente, invicto Rey de Aragón, bella Isabel Castellana, de Penamacor el Conde está. . Mis brazos le aguardan; y pues ya a la urbanidad dejamos hecha la salva, decid, qué queréis? Alfonso el Quinto, heroico Monarca, que e desde Miranda a Lagos, y del Mino a Guadiana, rige el belicoso Imperio de la antigua Lusitanía, se desposó, como sabes, con la hermosa Doña Juana, hija del Rey Don Enrique el Cuarto, que ya descansa, para inquietud de la Europa, para ruina de la España. Por su muerte, es heredera de las Provincias, que enlaza Andalucia, Castilla, y León, en cuanto bana del Mediterraneo undoso, hasta la espumosa playa del Occeano, en su rayos esa inextinguible llama, que en la joya de los Orbes ardiente el rubí se engasta. Con ella, pues, a tomar posesión, de herencia tanta, ha entrado en Castilla, donde ya los afectos le aclaman de tantos leales Pueblos; y así, a coronarse pasa a su Corte de Toledo: Y ahora sobre la marcha, teniendo acaso noticia de que a las fuertes murallas de Toro hoy has dado vista, intentando sujetarlas, con pretextos, que no quiero controvertir, porque ata mi voz el justo respeto, de quien tan interesada está en ellos, que es forzoso, al responder, desairarla. Solo te digo, que Alfonso por mí te avisa, que extraña el que le alteres los Reinos: en que por derecho manda, así de sangre en su esposa por succesión continuada, como por el testamento de su Padre, en que la llama su heredera única hija, y que como tal, jurada, la besó el Reino la mano. Y así, te íntima que salgas al punto de sus Dominios, dejando desocupadas a Castilla, y a León, o a la menor repugnancia, los valerosos Fidalgos, que festivos le acompañan a su aclamación, trocando las plumas en las celadas, la seda en el duro peto, y en el acero las galas, el trono en que le coronen, harán de las destrozadas reliquias de tus Pendones, tus Escudos, y tus Lanzas. A este efecto, en esa verde colina, cuya esmeralda de la Plaza de Armas suya es rústica empalizada, mandó hacer alto a sus Tropas, que puestas sobre la marcha, esperando del clarín, cuando guerrero señala, ya la furiosa embestida, o ya la festiva salva, o bien repitiendo el viva, o prosiguiendo el abanza, con igual semblante, solo tu resolución aguarda. Conde de Penamacor, aunque a tan propias jactancias de vuestra Nación pudiera responder con despreciarla. ya que os ha valido el fuero de Embajador, a que haya acabado de escucharos, es justo también que os valga para que llevéis respuesta; y así, en más breves palabras, decid a Alfonso, que deje el litigio de esta causa al juicio de sus Letrados: que a mí como Rey me basta, que haciendo de mi derecho tribunal esta campaña, traigo en treinta mil testigos mi razón tan asentada, que aún lo que posee, pierda quien pretenda disputarla. Y de camino también decid de mi parte a Juana, que si quiere hacer, que al mundo conste la prueba más clara, de a cual de las dos la sangre de Juan el Segundo esmalta, mi heroico Padre, y de Enrique mi hermano, que ya descansa; no desde la quietud muda del Palacio, como Dama, la dispute, sino es que Amazona Lusitana salga a campaña, que en ella decidiremos la causa. En su ausencia ay, si a mujer retáis, mujer, que bizarra acete tu desafío. No en vano sois vos, gallarda Sarmiento, quien a mis triunfos los lucimientos esmalta. Ya sabéis cuanto mi afecto interesa en vuestra fama. Pues atento a las respuestas de los dos, haciendo de ambas, en consecuencia forzosa, la distinción cortesana que debo; a vos el sombrero en la mano, aquella salva os hace mi rendimiento, que a una Princesa tan alta debe un hombre como yo; y a vos, desnuda la espada, la que a la lid os provoca: A vos, porque puesta en guardía, sepáis, que armas Portugüesas aún temen asustar Damas; y a vos, para que mandéis, como yo, tocar al arma: toca el arma. Al arma toca. Dadme un caballo, que osada mi cólera, no ha de ver lidiar, sin lidiar. Abanza, señor, que yo a socorreros mantendré la retaguardía. Arma, arma, guerra, guerra. Fernando Quinto de España, y Isabel vivan. Alfonso viva, y nuestra Reina Juana. Ya se mezclan ambos gruesos. Ya se dan la primer carga ambas líneas. Ea, Españoles, muera, muera esa arrogancia, nuestro es el día. Soldados, Dios defiende nuestra causa. e Guerra, guerra. A bello tiempo, ya ordida lla zalagarda, llego, y en la camosquina tengo de entrarme de patas; pues ya que espada no pude tomar, por lo que tronara, aunque le pese a la puerta, acá me traje su tranca. Castilla viva. Arma, guerra. Amigos, ya se declara por nosotros la fortuna, pues deshechas las Corazas enemigas, la victoria ya es de Alfonso. Miente el mandria: que mientras Antona vive, no está Castilla postrada. Divina mujer, hermosísima villana! Quién del Rey Fernando el Quinto mijorar piensa la causa, lidia seboso, que tengo de despachurrarte el alma. Cómo cuando empiezas, Conde, a vencer, así se para tu valor, dando al contrario tu pereza otra ventaja? Y como ella la madrina, que en otros bodijos anda, por los Portugüeses lidia? Cómo es hora de que salga a luz la verdad, de quien obra mejor. . Pues batalla. Señora, ten. no la ofendas. Qué es esto pues tú la amparas? Conde, es piedad, o es afecto? Compasión es. Pues aparta. Llega, y verás si te pego. Ten, rústica, la amenaza. Dos contra uno? más no importa, que dos somos yo, y mi estaca. Castellanos, que la Reina peligra. . Qué oigo! esas vagas voces mi coraje impelen a lograr mayor hazaña. Antes que la logres tú::- Divina hermosura, aguarda. Te iré yo a dar pan de perro. . Fuese burlando mis ansias: Ay amor! mas qué me paro? antes que todo es mi fama. Seguidme, pues poco importa ver la suerte mejorada al choque, si no parece Isabel. . Abanza. Abanza. Señora, no así al peligro os precipitéis bizarra, cuando adversa la fortuna le os opone. . Y aún no basta, para que postre mi orgullo. Qué es esto? tened las armas, no advertís que es la Princesa? y a personas tan sagradas, una acción es no seguirlas, y otra acción es venerarlas: Dadme, señora, la mano, y en nombre de Doña Juana mi Reina, el acero. A vos? . A mí. Traidora vasalla, quien te da contra tu Reina tanta osadía? . Las varias mudanzas de la fortuna. En reales pechos no mandan; y así, mejor es que muera Reina, lidiando en campaña, que no vasalla rendida. Qué es de mi Reina, canalla? pero aquí está, morid todos. . Rayos su furor desata. Ten, Antona. Qué es tener? Ángel, que en forma Aldeana me favoreces, quién eres? Ahora lo verá, muesama, que pues los diabros machuco, ell Ángel soy de su guarda. 1. Muerto soy. 2. No hay quien resista su furor. Victoria, España. De qué sirve la victoria, si aún no: pero albricias, alma: Divina Isabel? . Señor? Prisionera no os llevaban? Sí; pero aquel rayo vivo, aquella flecha animada, aquella tosca Belona, aquella rústica Palas, que entre aquellos batallones, con tan desiguales armas, lidia, me ha dado la vida. Heroica mujer! . Gallarda. Ya esto es hecho, Reyes míos, aquí les dejo a sus patas en esas rotas Vanderas, de Antona la Castellana las propias señas: y a Dios, que tengo que hacer en casa. Vizarra mujer, espera. No quieres que te dé gracias de mi libertad? Señorá, quien sirve a su Rey, se paga a sí mismo, con hacer lo que es deuda en sangre honrada. Cien Portujeses he muerto, los demás huyen que rabian; yo tengo que rastrillar, que soy de hoy recién casada, y si acaso mi marido viene y la cena le falta, dará, con mucha razón, a llos diabros la batalla; y así, besándoos las manos, con que reverencia os haga, quedad con Dios, y estad ciertos, que mientras Antona haya en Castilla, no ha de haber otros Reyes en España, que vos, y vos o sobre eso, habrá porrazo que caiga. Se ha visto mujer igual! Haced que la sigan, hasta saber donde vive, a fin de premiar tan noble hazana, como la de hoy. Ya deshecho el enemigo, la espalda volvió, cobarde. . Sigamos su alcance. Victoria España. Con que a Gila havedes dicho vueso amor? . Por comparanzas: y ayer cerniendo unas granzas, lla declaré mi capricho; además, que fue al Molino, y yo tras ella antiyer, y acabado de moler llegué a cargarla el pollino; y cuando el costal lle pongo, no sé por dó resolló, y Gililla, que lo oyó, dijo. Pápate ese hongo; yo, como lla vi burlar, las manos la así, y beselas, y aruñómelas, y aruñeselas, y tornómelas a aruñar. Tirome una coz después, pronóstico de una potra, y yo tirándole otra, jugamos ambos de pies; y durando el retozar, volviome dos, y aparéselas, y tirómelas, y tíréselas, y volviómelas a tirar. No han malas coces tirado llas gentes, que en ese egido a porrazos se han molido. Alto, Bártolo, al Ganado; y mi Juan? . Hh ido al pradillo, y en él los cardos arranca. Pues quítame allá esa tranca, y alcánzame aquel tri y Gila? Aquí Gila está, que ha estado sola, esperando, toda una mazorca hilando. Gila del diabro, Gila: pellízcola? . Y si es que us ven? Dirán que es mi endilgamiento rebueno de casamiento. Que vos recojáis es bien los dos, que eis de madrugar para ir al campo manana, que las dos, aunque sin gana, a Juan hemos de esperar. Vamos, pues; ay qué mirada! ell alma llevo atordida. Ay Antona de mi vida! de miedo he estado estrojada con llas cosas de hoy. Callem S, Gila, y alto a trabajar: dime, no sabes cantar? Sí, qué quieres? . Que cantemos, que así el sueño se amilana. Escompieza a ver si sigo. Toso, y Dios vaya conmigo. Rastrillábalo la Aldeana, o qué bien que lo rastrillaba. En la batalla perdido, de mi gente abandonado, la noche habiendo cerrado, pequeña luz, norte ha sido, que a esta rústica Alquería me conduce y según creo, de este portal: mas qué veo! es sueño, o es fantasía? No es aquesta la Amazona villana, que peleó con tal brío, que excedió las hazañas de Belona? pues como tan sosegada se está en su quietud? . Quién es? Un Capitán Portugués, que de la fortuna airada, que hoy el triunfo le quitó, viene huyendo a vuestra Aldea. Quién contra razón pelea, qué victoria consiguió? A vos vengo, o soberana Deidad a vencer mi pena. Vengáis muy enhorabuena. Rastrillábalo la Aldeana, o qué bien que lo rastrillaba. Pues yo el más dichoso he sido, cuando amante. . Fidalgón, en eso de amor chitón, y ved que tengo marido. Marido? Esta voz os cierra cuanto ibáis a disbarrar. Pues en qué tengo de hablar? Cuerpo de Cristo, no hay guerra? decid, con lo que os pasó, qué hará Portugal? . No sé. No sabe, pues, a la fe, que hará lo que juzgo yo, besar la mano a Isabel, y a Fernando, en nombre el Quinto. A Isabel? . Cómo os lo pinto; y si no, hay del mundo, y de él, pues si Antona es de este bando, con todos ha de acabar, y por vos he de empezar. Reine Isabel, y Fernando: sosegaos, que yo no quiero más, que lo que vos queréis. Portugués, no me engañéis. . Así obligaros espero; que si os amo, de este modo, cuando vuestro gusto sigo, no tendré por enemigo al vuestro Ya yo soy todo de la opinión Castellana. Reine Isabel. . Soy contento. Pues con eso va de cuento. Rastrillábalo la Aldeana, Ay rústica más preciosa! Y cómo os llamáis, señor? Conde de Penamacor. Vos sois Cónde? huerte cosa. Penamacor soy, en fin, que mi escasa suerte ordena, que empiece mi estado en pena, y que tenga en cor su fin; porque con este blasón sea, en tan confuso avisino, pena me cor, que es lo mismo, que péname el corazón. Y diga, señor penado, la mano no besará a Isabel? . Si es que me da audiencia, a sus pies postrado así su mano besara; pues por vos no lo resisto. Qué es lo que hace? vive Cristo, que le rastrille lla cara. Pues ya merecí tocar tu mano, ya he de besarla. Digo, no quiere dejarla? pues yo se la haré soltar. Ay infelice de mí! mujer, que me la deshaces. (. Así suelo yo hacer paces. Antona? pero qué vi! Tu marido. . Suerte dura! mas yo lo remediaré: Acabe, pues, dígame mi buena, o mala ventura, pues es Portugués Gitano, que sabe la ignorancia. Albricias, estrella mía, que ya no me huye la mano. otra cosa presumí. Dichas la estrella pregona. Qué es esto? pues vos Antona alargáis la mano así! Por qué no? Aquí hay una ruina. Quién es este Caballero Portugués, que de hechicero a la habilidad se incrina, y por la mano te está cosicosas expricando? Aquí te estaba esperando cansada de esperar ya, cuando este Fidalgo entró, que en la batalla perdido de casa se ha guarecido: a conversar se llegó, y diciendo que entendía de rayas, y de señales, le mostré yo tales cuales las que en la mano tenía: entraste en esta ocasión, y si eres escrupuloso, para marido celoso tengo mala condición; y aunque te cause fatiga, no has de verte satisfecho, que lo que yo hago es bien hecho, y sobra que yo lo diga. Quién dice, Antona que no? qué satisfacción alcanza a más que a mi confianza? Con otra causa la dio: ella, al paso que valiente, es discreta. . Por aquí le buscad. . Qué infelice fui! Tome los pasos la gente, . que dicen en esta casa el General Portugués entró. . Ay de mí! , . Qué es aquesto? Aquesto sin duda es, que viendo los Castellanos, que de la fuga el tropel libró algunos prisioneros, vienen con orden del Rey a prenderlos. . Pues, y a eso, qué es lo que habemos de hacer? Qué hemos de hacer? cuando un aunque enemigo se ve, (hombre, toma asilo en nuestra casa, librarle entra tú con él en ese corral, por donde escalando su pared pueda escapar. . Y los que entran, no nos seguirán? . Yo haré, que de este portal no pasen. Mi vida, heroica mujer, es tuya; y pues que me libró, a Toro ampararme iré de mi deshecha fortuna. Venid, señor y creed, que un Castellano en libraros, no hace poco en buena fe. Abierta la puerta está. Qué es esto? pues qué queréis en mi casa? . Dónde oculto está un Caballero, que no ha un hora que ha entrado en ella? pero qué pregunto? ved toda la casa. . Miradla, que no lo resistiré, como a este puesto que yo defiendo, no me toquéis. Tened, no miréis ya nada, que pues o por interés, o por miedo, esta Aldeana resiste ese cuarto, en él está el General. . Y digo, qué le quiere su merced? pues yo, En lo turbado da su malicia a entender. Mirad que es un buen pobrete, y que no ha sabido hacer cosa mala él en su vida. Villana, pues contra el Rey te opones? . Ya habrá escapado, . ahora bien puedo ceder: Contra el Rey yo? Señor mío, cuanto quisiereis, haced. Entremos. Aunque el Pastor es un hombre muy de bien, y por eso le llamamos Caballero. . San Andrés, San Agápito, San Lesmes, y el Santo Zorobabel me favorezcan. . Qué es esto? 1. Señor, en el cuarto entré, y si no es este villano, que estaba a más no poder durmiendo, no hallé otra cosa. Tú me has burlado, mujer. Yo no soy mujer de burlas: no es un Caballero a quien buscáis? . Sí. . Pues ese mozo es un Pastor. . Que yo esté de esta suerte! . A quién le llaman en todo el Lugar, por ser mal mandado, y perezoso, el Caballero Ginés. Busco a un General, villana, y me da tu rustiquez un Pastor? . Aún eso tiene, que según sus mañas, es general en todas cosas, pero no las quiere hacer. Perdimos el tiempo, amigos, venid a reconocer del Lugar todas las casas. . Bravamente le escapé. Y yo, qué hago aquí en camisa? Acorrúcate otra vez. Aunque por la lealtad mía darle la libertad, fue mal hecho, ya se valió de mi yo sabré después en campaña aprisionarle, si en mi casa le libré: y cuidado con Antona, que por mucho, que la veis por su Patria ejecutar, aún queda mucho que hacer.

JORNADA SEGUNDA

JORN r. 2. Alfonso de Portugal, y Juana su esposa reinen. 1. 2. No reinen, si no es Fernando, e Isabel. . Rústica Plebe, qué hacéis? . Morir en defensa de lla josticia y sus leyes; y no se ha de proseguir la aclamación que pretenden hacer de Alfonso los Nobles, sin que, dándonos la muerte, con los Plebeyos acaben. Presto en púrpura caliente vera anegadas las calles Toro, si a eso se resuelve. Bárbaros, que sin discurso, en desordenadas huestes, siendo desvocado vulgo. no hay persuasión que os enfrene: qué rústica ceguedad con descáminos os mueve, a despeñaros injustos, y a destrozaros crueles? Entendéis lo que aplaudís? conocéis lo que os conviene? qué derechos estudiasteis? qué escuela os dio pareceres? juzgáis, que al supremo Libro del derecho de los Reyes, los surcos del tosco arado son cláusulas suficientes? Sabéis quién es Don Alfonso? la justa acción que le impele? el valor de sus vasallos? los Heroes de quién desciende? Pues sabed que Doña Juana, a quien juró dignamente Princesa España, es su esposa; por hija suya la tiene Enrique el Cuarto, jurada por los mismos que la venden: Si a las Portuguesas Quinas, con que el Cielo favorece a aquel Reino, pues bajaron de sus esferas lucientes, los Leones, y Castillos se juntan, qué Imperio puede contrastarnos? qué Nación ha de haber que no nos tiemble? Abrid los ojos, amigos, no injusta pasión os ciegue: abrid los ojos, amigos, vuelvo a decir, Alfonso, y Juana dominen; y ya que los hados quieren, que Juan de Ulloa mi esposo haya rendido a la muerte su leal orgullo, el consuelo a mi vanidad le quede, de que aún de la lealtad suya duren en mí las especies, y de que sea el gran Conde de Penamacor quien viene a succeder en su cargo. No digáis que a suecederle, ni que quien viene a rogar, a mandar, o amigos, entre. Yo un instrumento soy solo, por quien Alfonso os concede universal privilegio, en que por diez anos quiere haceros francos y libres, sin que los de Toro pechen, como hizo ya con Zamora, que se le rindió obediente. Cabeza de esta Provincia hace a esta Ciudad, y ofrece de cada diez de vosotros, al que le toque la suerte, armarle de Caballero fijo de algo, sea quien fuere; esto es, porque conozcáis, antes que lleguéis a verle, su amor, su magnificencia: foro entre, ni habrá merced que no os haga, ni conveniencia que os niegue: Qué decís de Alfonso, y Juana, Castellanos? Ya qué tienen que decir, sin tantas honras anticipadas, merecen que reinen Juana, y Alfonso. Eso no, los Portugüeses mueran. . Muera quien se opone a la razón torpemente. 1. 2. Fernando, y Isabel vivan. 1. 2. Juana, y Don Alfonso reinen. Quién ha de reinar, cobardes, bárbara canalla, aleve, que entorbiando llos honores acucias llos intereses? Qué endiabrada fantasía vos pinta halagüeñamente llas lejanas apariencias de esos mentirosos bienes? Cuidáis, que el que es enemigo, y que a sujetarbos viene, es cariño el que lle guía, para que tan francamente, solo por hacerbos libres afane, gaste, y pelee? En Isabel, y Fernando tenéis naturales Reves, que con la paz vos mantengan, y que en lla guerra us defienden: Ya están experimentados, benignos, mansos, prudentes; pues como buscáis en otros, llo que halláis naturalmente en llos que ha elegido el Cielo, como él salbe que conviene? Ay de vosotros, si acaso dejáis torticeramente el bien que está asegurado, por el que en duda us prometen! Contrarvos quiero aquel cuento, que ya cuido que sabedes del Canca al agua llego, con lla presa que hurtó alegre; y reparando all pasar, que ell espejo transparente dell arroyo lle ofrecía en lla fugitiva especie de lla sombra, otro pedazo mayor, que el que asido tiene, engañado y cudicioso abrió, por trocar llas suertes, lla boca, para agarrar ell otro; pero pardieces, que ell pedazo que soltó llevado de lla corriente, sin ambos ha dos lle deja, que eso, y mucho más merece, quien por la sombra desprecia lla realidad que posee: Yo no me meto en derechos, que llos Letragos entienden, solo sé que este Rey tengo, y que debo defenderle; y vos, Mari bachillera, quien en discorrir vos mete, mas que en planir vuestro esposo, si es que ya no hay otro en cierne? Que quien a su Rey lle falta, no es mucho que fácilmente trueque llas tocas en cintas, y el monjil en arrambeles; y vos, Portugués finchado, que venís a estos pobretes a engañarlos, como a niños, con diges, y con presentes, si aún vive Antona García, como llograr se vos puede, que otra que Isabel, en Toro se aclame, ni se festeje? Este es su Pendón, aquestas sus Armas, que solo deben, por los que fueren leales, aplaudirse, y defenderse. Cómo, rústica grosera, tienes tal resolución? suelta, suelta ese Pendón. Haceos, Sarmiento, ancia huera, si no queréis que os espete: ved llo que us esta mejor. Si ella muere, ay de mí a No así, señora, os inquiete el error de esa villana. Segunda vez estorbáis que la mate? no aclamáis, amigos, a Alfonso, y Juana? 1. 2. Vivan, pues ya la Ciudad por sus Reyes los recibe. Isabela solo vive, y Fernando. . La lealtad nuestra, eso solo pregona. A ellos, pues, Caballeros. . Ánimo, mis compañeros, que aquí tenéis vuesa Antona; y pues el Pendón codicia vuesa loca sinrazón, con lla vara del Pendón us tengo de hacer josticia. Aquí tienes quien socorra la razón que se ventila. A ellos, Antona, que Gila también se ha vuelto machorra. El diabro se le reviste, a golpes llos despedaza, ni un novillo hace más praza por donde quiera que enviste; mas ay Dios, que llos Soldados, como en guerra sabidores, destrozan llos Labradores, que ya están deso denados. Qué hacéis, amigos? volvez, por qué me desamparáis? no huyáis, cobardes. . No huyáis despacio, si nos correz; tan bien lles va con el ajo, que el demonio ha revolvido? A huir, que nos han vencido. Aquí llegó mi trabajo: hay mísero Labrador, si me cogen estos fieros trogolditas Caballeros! No rústica, tu furor, a te empeñe a ser mi homicida roto ese instrumento acaso, o advierte, que solo un paso ha de costarte la vida. Lla mortecina hacer quiero, a ver esto en llo que para. Qué te detienes dispara, que a rostro firme te espero; mas si la bala me hyerra, bien te puedes prevenir, porque te tengo de undir siete estados en lla tierra. Aún viendo tanta ventaja, lidiar tu ardor determina? No puedo yo ser gallina. Ya la paciencia se ultraja, y ya no es desaire aquí la desigualdad que advierte, quien solicita su muerte. No te dio lumbre, ay de ti, que mueres despachurrada. Villana, ten el acción, no adviertes, que no es razón, a quien está desarmada, dar la muerte? airada estrella! Dice bien, eso le valga; y mire lla Marihidalga quien obra mijor, yo u ella: ella del fuego valida me quiso dar cruda muerte, y trocándose la suerte la doy de balde lla vida; y es, que me queda esperanza de darle muerte mijor, sin que se tizne el valor al humo de lla venganza. No obstante (ay rústica bella!) mi prisionera seréis. Después que la protegéis, Cónde, queréis ofenderla? Conocido su valor, al bando contrario ciño. Con demasiado cariño la vais cobrando temor. Si ella escapa, yo a su lado escurro como una bola. Yo soy de esta opinión sola; hay de mi amante cuidado, si mi intención no consigo! Pues otro es mi parecer, que yo no tengo de hacer aprecio de ese enemigo; qué batallón invencible se os opone frente a frente, sino una mujer valiente? Ay adorado imposible! Y valerosa mujer, qué falta puede hacer hoy, en plaza donde yo estoy, ni fuera, en que ha de ofender. Vete, villana, segura, de que a tu esfuerzo no ha habido quien en Toro haya temido, sino es solo a tu hermosura; y así, distantes tus ojos, remoto el peligro está. Ya me voy pero quizá para llograr llos despojos, que menos no habéis echado. Pues qué es lo que tú has vencido? Aunque el Puebro haya perdido, cierta alhaja que he ganado, que ella declare confío el valor que osada muestro, pues el que era triunfo vuestro gané por despojo mío; y es verdad, pues si se advierte, aunque no lo han reparado, su Pendón les he quitado, y al Alferez di la muerte. Imaginad de qué modo lla enigma cos pinto es, pues de Fernando a los pies de vuesas armas el todo llevo, en tanto que otro día pinta otro número el dado, y en el interín, cuidado, que aún vive Antona García. Vive y vive con Camorro, que llo mismo os pintipara. Oye, espera, mujer rara. Qué hacéis? Si el juicio recorro, temo que el Pendón se lleve nuestro. No en tanto descuido pienso yo; pero si ha sido, antes darle gracias debe Toro por tan justa acción. Por qué? Porque en eso muestra, que para la lealtad nuestra sobraba la aclamación; y si el Pendón se ha llevado, no es trofeo el que ha adquirido, sino por ver que admitido su dueño, le era excusado aquella formalidad; y así de Fernando sea, para que las armas vea con que se honra esta Ciudad. La discreción soberana vuestra lo discurre así. Cónde, lisonjas a mí? debo de ser Aldeana. Pero qué ruido Marcial la región puebla vacía del viento? Ahora una espía, que es afecta a Portugal, avisa, que el Rey Fernando viene a acamparse a esa vega, que el Duero espumoso riega, y se descubren marchando las Tropas de su Vanguardía. Ea, bizarra osadía, si en la vega aloja hoy día, aunque de Jerjes la guardía le asista, valiente Conde, he de hacerle prisionero. Cómo? Decláraros quiero el como, el cuando, y el donde; pero me habéis de fiar la empresa a mí. Todo es vuestro. Pues de Romano Maestro, antiguamente labrar se dejó esa pena bruta, que hasta la vega camina, y en ella rústica mina, que empieza encallad a grita; hace adorno a la muralla encubriendo su inverción el cubo de un torreón, en que un carácol se halla, que por su oculto cimiento llega en proporción igual al aposento, en el cual tenéis vuestro alojamiento; y si entrando yo por él, dejando atrás mis cautelas, a Guardías, y a Centirelas, a la Tienda de Isabel, oh Fernando llegar puedo, acompañada de vos Don Basco a uno de los dos podré prender, sin el miedo de ser en el Campo hallados, pues en la mina embebidos aún no seremos sentidos, cuando estemos sepultados en el centro, a quien disfraza la maleza que le cierra; y pues en tiempo de guerra no es bien que quede la Plaza sin Cabo, y sin General, vos, Conde, no hay que argüir, de ella no habéis de salir. Y mi esfuerzo en trance igual, permitirá que se cuennte, que a mujer tal acción fía? Aunque tan hermmosa hoy día no pueda ser tan valiente, quiero ver si me hizo el Cielo, como quien tanto os desvela. O, lo que hace su cautela . por declarar su desvelo! Donde estáis vos, no hay belleza, ni hay brío que sombra oscura no aprenda en vuestra hermosura. Pues si os debe mi fineza, Conde, alguna estimación, no impidáis a mi deseo la gloria de este trofeo. Vuestra es, señora, la acción. eni Pues Do n Baso ciento y cincuenta Soldados tened, los más esforzados. De tu valor influidos, no hay que temer en la tierra. Todos a vuestra orden vamos. Pues si la empresa logramos, mas que el eco diga: Guerra, guerra, guerra. . Valerosos hijos de Marte bizarros, reprimid el fuerte orgullo; y pues a vistas llegamos de Toro segunda vez, victoriosos del contrario: para lograr nueva empresa descansad, y el celebrado festinal acredite, Castellanos, de que el prudente valor se ha de apresurar despacio: Ya Zamora se rindió, y aún escapó de sus manos Alfonso por alta dicha, que a no ser por este acaso, hoy se hubieran fenecido las competencias de entrambos: A Pedro de Mazariegos, que por la Puente dio paso a mis Tropas, y al valiente Juan de Valdés, mi vasallo, debo este nuevo blasón, que confío ha de ser fausto vaticinio, de que Toro ha de ver también postrado su tenaz rebelde orgullo. Ya, Católico Fernando, nuestro el triunfo hubiera sido, a no haber antes llamado Zamora a nuestra atención. No hay que ponerme embarazos, que a Rey, y a Reina he de habrar. Qué es eso? . Que los Soldados de tu guardía, a una resuelta villana impiden el paso. Dejadla llegar. Pardieces, que quieran, o no me zampo, que llos Reyes nunca tienen para leales vasallos cerradas llas puertas ahora pido llas patas a entrambos, y me huelgo que estén buenos. Qué es esto, que estoy mirando! No eres tú la Labradora, a cuyo esfuerzo en el Campo debí libertad, y vida, el día que del contrario me miré ya prisionera? Lla misma bravos porrazos me llevaron llos sebosos, porque estaba dada al diabro con su prisión no es verdad? Pues por qué a servicio tanto aún te negaste a las gracias? Deben de estar trascordados: no lles dije, que mi Juan andaría pescudando por su novia, y sin cenar? además, que gran millagro fuello que tanto encarecen. Entrarse por los armados Escuadrones, no fue hazana? Qué mal conoce, muesamo, a Antona! pues enojada, y con lla tranca en lla mano, el quedar ninguno vivo ha sido mayor espanto; pues poco menos ahora, mas no tan afortunado fue llo de Toro. . Qué ha sido? De enojo vengo que rabio: algunos del Regimiento, y Nobreza, sobornados de promesas, que de viento hinchen altaneros cascos, salieron con mucha bulla, y gran gala muy ufanos a aclamar al Portugués, llamándose sus vasallos; y lla Sarmiento, lla viuda del Gobernador pasado (mal fuego de Dios lla tueste) mos hizo un sermón muy llargo sobre esto; (que también tiene su Prendicador el Diabro) mas como llos Labradores leyes no hemos estudiado, no tenemos por más Rey, que aquel que una vez juramos, y pues que Dios mos le dio, lle bendiga el Padre Santo: Y así, yo que estaba ya avichornada del causo, sacando vueso Pendón, y repitiendo Fernando, hice de su vara lanza; con que ensartaba Fidalgos, como suelen en mi Aldea llos madroños en esparto: Pero, en fin, como eran muchos, deshicieron nueso bando, y quedaron victoriosos, aunque bien descalabrados: Arrojáronme de Toro, pero no se me da un cuarto, pues he llogrado con eso el venir a vueso Campo, adonde os ne de servir, hasta que mire postrados a esos pies a llos rebeldes; y en senal de eso, entretanto de su Pendón llas insignmias, que también lles quité, traigo, para que de alfombra sirvan a vuesos Reales zapatos. Notable mujer! . Heroica! Antona, llega a mis brazos, que bien tal premio merece tanto valor, celo tanto. Llo que es por lla voluntad, a estar de Antona en lla mano, ya fuerais Corregidora. Dónde, decid, ha quedado vuestro marido? . Yo cuido, que también lle aprisionaron. Haced que vaya un Tompeta luego a pedirle. . Despacio; no está por vos? pues estese a lla sombra aunque sea un año, que llos trabajos se hicieron para llos hombres honrados. De capricho es la villana. Por ser mi esposo, no es craro que lle han preso: pues a quien si no a mi toca el llibrarlo? Por vos tomo yo la causa. No me diera más cuidado haberme en estas revueltas hecho pedazos el sayo, que me dio Juan en lla boda. De eso tampoco haced caso; pues supuesto que conmigo desde hoy habéis de quedaros, porque veas lo que os estimo, y no por decir que os pago, sacad un vestido mío para Antona. . Cielo santo, yo vestido de mi Reina? Sí, Antona, el propio que traigo te has de poner, porque andes a la moda de Palacio. c. 1. Aquí está. Vestidla al punto. Por mí vaya, que rabiando estó ya por ser siñora: Ay, ay. . Qué es eso? Llos brazos, que no llos puedo mover, que metida entre estos palos pecho, y espalda, parezco armado de Jueves Santo. 2. Aquesta es la cota al uso. No hay uso más estirado, que yo; y aquesto que arrastra? 1. La falda. Gentil despacho! buena estaba Antona ahora si tocaran a un rebato. Qué quepa en tal rustiquez un valor tan esforzado! Del Gran Cardenal de España dando está con un una posta. . Pues ya el Sol se sepulto en el Ocaso, llevadle a mi Tienda. Antona, después he de hablar despacio contigo: en mi Tienda quedas; vestidla bien. Eso aguardo; y no me ponen coloñas? 2. Este es el mismo tocado, que su Majestad ayer se puso. . Parezco gallo con todo aqueste copete. 1. Qué bien ostentas tu garbo! 2. Hermosa estás a fe mía. Pues yo os juro a non de antano, que mi Juan, aunque con grillos, no esté más embarazado, que yo con estos arreos. 1. Aquí espera, mientras vamos a ver si la Reina llama. Id con Dios, que paseando quedo por desentomirme: . Venlo aquí, por cuatro trapos mas, o menos, es ya Antona dama de todo boato; si me vieran en mi Aldea crugiendo seda, y brocado, creyerán que era lla Reina. Sin que ningún embarazo me hayan ponido, par diotro, que hasta lla Tienda he colado de llos Reyes, por decilles todo el cuento: pero paso, Camorro, que está es lla Reina, y pues se viene a llas manos lla ocasión, mijor será, que añadiendo al cuento algo, lle diga yo mil hazanas, como hacen muchos Soldados, que en lla Cuerte sin servir echan rebeses, y rajos: Craro está, que me dará un bolsillo; y pues es craro, yo llego en nombre de Dios: Señora, a su real mandato tien aquí su jamestad a Camorro. . Qué he mirado? por lla Reina me ha tenido: yo disimulo, veamos llo que quiere. . Ah de saber, que llos de Toro, bellacos, se han vuelto Portugueseros; y aunque yo, como un bizarro Capitán llo defendí a cuchilladas, dejando muertos trecientos y tres, y heridos dos mil y cuatro, cuando son más que llos buenos, diz que pueden más llos malos: Dígalo Antona García, que también su sepan cuantos llevó, maldita ella sea, que me cuesta hartos porrazos el querer ser marimacha. Tan mala es? Es un retrato de lla Tarasca bárbuda; y ve su meste llos pasmos cace? pues son, porque yo, y otros buenos lla ayudamos. Pues Camorro::- Ahora me premia. Ello es fuerza::- Brinco, y salto. Premiar vuesos hechos. Lindo. Y más cuando sois criado tan leal de vuestra ama. Cierto. Y así, que muráis ahorcado dispondré. . San Jesucristo; pues para ser espantajo de higuera, tengo yo talle? No hay medio. Ya que llegamos desde el paboroso centro de esa mina, hasta el espacio que su boca nos franquea, a quien las brozas, y ramos ocuitan la oscura entrada: pisad con tiento, Soldados, hasta saber: pero esta, según el regio aparato, es la Tienda de los Reyes. Y aún allí con un villano habla una Dama. Fortuna, qué fuera, si es que reparo en el adorno, que fuese Isabel. . No he de dejarbos, mi Reina, sin que el decreto revolquéis. Quedo, Don Basco, que ella es, al punto esas luces apagad, y no perdamos tiempo. Pues yo: mas qué es esto? Un arrojo temerario, de quien despreciando el riesgo viene a buscar el aplauso. Cómo? Tapadla la boca. Guardías, Centinelas, Cabos, que en la Tienda del Rey anda suelta una legión de Diablos. Por más, traidores ocultos::- A la mina; qué esperamos? Qué intentéis::- No os detengáis. Que yo:- En la Tienda, Soldados, de la Reina, es el rumor. Fortuna, ya se ha logrado la empresa, a tu cargo queda lo demás, venid cerrando la boca a la gruta. Quién, temerariamente osado, así alborota la Guardía? Yo, señor. Pues di, villano, qué hacéis aquí, y a qué fin llamas con estruendo tanto? Señor, si a mí me dejara formar voz el sobresalto, yo dijera, que a lla Reina en este instante ha robado un Duende a mata candelas. Qué decís? Lla verdad habro. Cómo puede ser, si estaba su Majestad, poco rato ha, en la Tienda del Rey? Digo, que con ella estaba habrando. Quizás, sin verlo nosotros, volvió a la suya, no hagamos desprecio de lo que dice. No decís mal, todo el Campo se examine. Dónde vais? A nada, habiendo llegado vuestra Majestad. . Qué es esto? yo debo de estar borracho. Traidor, pues cómo nos mientes? No miento, por San Hilario, que lla vi por estos ojos. Qué dices? Que se han llevado a lla Reina. Pues no es la que estás mirando? No señor, que era lla otra. Qué otra? Lla que se llevaron. Anda, necio. . Si lla vi. Ese rústico ha juzgado, que era yo Antona García, la que de dejar acabo en mi Tienda, y ella ha sido la que dice que robaron: todos los pasos se tomen. Al monte, a la cumbre. . Al llano. Si digo que yo la vi; soy hombre de tres al cuarto? . Oh, como siempre es tarda al que impaciente una fortuna aguarda! y más cuando al peligro corresponde, a que se expuso la Sarmiento. Cónde? . Señora? Ya a Isabela logró hacer prisionera mi cautela: (to aún no la he visto el rostro, pues no quie- mas que el peligro, porque solo espero, que de tanta victoria sea vuestra la gloria; además, de que siendo Castellana, fuera acción muy tirana, que a una vasalla vea que se humilla la que en fin es Infanta de Castilla: Don Basco por la gruta la conduce, que a esa boca su término reduce; vos la recibiréis, pues entretanto a elegir su hospedaje me adelanto. . Un Soldado soy vuestro solamente. Aquí Isabela está. Pues con la gente os retirad, Don Basco. Dónde ha sido, donde con tanta bulla me han traído? descubrirme deseo. Deme tu Majestad: pero qué veo! Cómo a mi Majestad? pero qué miro! con más causa me admiro. Antona? pues qué es esto? Traidoramente vos, hasta este puesto me conducís, y hacéis admiraciones? Tú en este traje? Ahorremos de razones; a qué fin es, si libertad me has dado, segunda vez haberme aprisionado? No me preguntes, Antona, la causa, ni los designios de este engaño, cuando en él, por tenerte a ti, consigo la fortuna a que anhelaba; y por tenerte, he perdido la ventura que poseo, sin que en tanto laberinto sepa qué hacer, pues yo solo feliz desdichado he sido. Por qué? Porque si te dejo donde te trae tu destino, tu muerte es cierta, al airado furor de tus enemigos; y de mi amor, la primera piedad, malogro. Pues qué resuelves? Cumplir con los dos oficios de Caballero y de amante; y así, Antona, te suplico, que supuesto que el conducto de esa mina has advertido, por él vuelvas a librarte: siendo de tal beneficio paga, el que me des palabra (pues de ella por tuya fío) de que a nadie le reveles ese ignorado camino. Aunque poco importa, que le sepa, si yo al proviso, haciendo cegar la mina, cualquier escrúpulo quito. Aunque lla Praza importara ganar, te ofrece mi brío no revelar el secreto, y mi libertad admito; mas con una condición::- Prosigue, que pues me rindo a apartarte de mí, nada por más imposible miro. Pues es que Juan de Monroy, mi esposo, venga conmigo. Ya te lo ofrecí: ha Don Basco? Señor. Al instante mismo decid a Juan de Monroy, que venga aquí; ya habrás visto, que en nada te dificulto. Mas no llevaré sabido, qué ha sido esto? . Para qué? Pues el hospedaje digno a tal senora va queda dispuesto, pero qué miro!) Cielos, esta no es Antona? Basta so hermoso prodigio de belleza, y de valor!) el que sepas como sino, por darte a ti libertad, mi libertad sacrifico. e escucho! Y así, no expongas, divino imposible mío, dos vidas a un riesgo, vete. Adónde ha de ir, fementido, cruel, injusto, alevoso ese traidor basilisco? de quien huyendo, parece, que por ese caso mismo te traen conmigo mis hados? Pues si la habéis conducido vos misma, y vuestra es la culpa, por qué extrañáis el delito? Callad, callad, Conde; y tú, monstruo, o mujer que has venido de dos modos a ofenderme, quien te ha puesto tan distinto traje, de quien eres, para que mis alientos altivos se malogren en tu engaño? Pues cuando traer he creído por prisionera a Isabela, a ti te traigo? . Qué has dicho? a lla Reina a prender ibas? Guerra, arma. Qué intempestivo rumor es este? Señor? . Don Basco? Ahora han dado aviso los Centinelas del Campo, de que en tropas divididos hasta las mismas murallas, se acercan los enemigos. Pues a las armas; y en tanto que yo, lo que es averiguo, aguardadme aquí, señora. Ya Juan de Monroy me ha dicho, que venía. . Vamos presto. . Bastaba haber tu venido, para que nuestro sosiego alteres. . Yo te lo fío: con que en fin, a nuestra Reina quisisteis (raro delirio!) traer prisionera a lla Praza? Y lo hubiera conseguido, a no haber en ti trocado las senas el hado esquivo. Que me esperaba en su cuarto el Conde, ahora me han dicho, y así vengo, (mas qué veo!) Antona aquí en tan lucido traje? . Y lle pesa de verme? Si frustrando mis designios vienes a doblar mis penas con tu engaño, no es preciso? No es por eso. Pues por qué? Porque aunque no lo ha entendido, el corazón allá dentro lla avisa de su peligro. Qué peligro? . El que lla espera: Dígame, era mal capricho, que lla que con tanto orgullo pasó por ese escondijo de lla tierra a aprisionarme, por ese conducto mismo vaya presa, por lla propia que hacer prisionera quiso? Raro arrojo. . Y como piensa tu despecho conseguirlo, si yo con dar una voz estorbaré tus designios? Ah de la Guardía. Qué madas? Juan, a buen tiempo has venido, cierra esa puerta. . Qué intentas mujer, asombro, o prodigio? Ya está cerrada. . Que veas, qué aprisa trueca el destino el semblante, pues besando llos pies de Fernando el Quinto, prisionera de Isabel, pagarás el atrevido intento de ir a prenderla. Antes, villana, mi brío te hará pedazos. Ah pobre! qué intentas doblar un risco? Ay infeliz! que otro Anteo casi en los brazos espiro de Hércules. . Juan, ve delante. Absorto obedezco, y sirvo. Y tú, paboroso centro, recibe en tu oscuro abismo un monstruo, que nació a ser el asombro de los siglos. Piedad, Cielos Soberanos. Allá voy, Dios sea conmigo. B

JORNADA TERCERA

Marido, no más Palacio, no más Corte vamos presto, antes que acaso me busquen, de su confusión huyendo. Cada instante, Antona mía, tus cosas entiendo menos: cuando mayores servicios haces a llos Reyes nuestros, y por quien esperar debes mayores gracias, y premios, es cuando ocultarte intentas? Dios me entiende, y yo me entiendo: Si lla vez que huy señora pagué lla pena de serlo, vendo por sotos, y cuevas a parar a llos Infiernos: Ya que conseguido el triunfo, a llas Reales patas dejo de Fernando, y de Isabel la presumida Sarmiento, a quien sin quererla ver el Rey, la ha mandado a Olmedo llevar presa no es razón, que dé una vuelta a mi Puebro, Tágara Buena, a cuidar de lla hacienda que perdemos? Craro está, que el de Sueldado, siendo oficio tan arriesgo, bien puede dar mucho honor, pero muy poco provecho. Máteme Dios con mi hornajo, mi amasijo y labadero, y coman en pratos doro cuertesanos avarientos, pito. que a mí no se me da u Mi Juan, mientras de más llejos se tratare al poderoso, se asegura más el cuerdo. Tú ya te has vuelto discreta. Si a fe, todo es dar en ello, y lla guerra como da hambre, aguza el entendimiento. Y con el Conde de Pena- macor, que ayer quedó preso en la salida, qué harán? No sé porque solo puedo decir, que aunque agradecida de su piedad, y su esfuerzo, cuando en Toro me libró, hallándome en el encuentro, quisiera haber evitado su desgracia, fue el empeño tal, con que ciega y rabiosa iba rajando, y hendiendo, que no viera yo a mi padre aunque lle encontrara enmedio, del tamaño de una bestia; cuanti más un Caballero con tanta pluma de gallo, que camina por el viento. Ya hemos llegado a la Venta, que viene a caer enmedio del Campo, y de nuestra Aldea. Antona, no sé si entremos. Por qué? Porque está a la raya de Portugal, y si dentro ay Portugueses, el diantre te habrá de llevar con ellos. No metiéndome con nadie, tiene muy fácil remedio ese temor. . Ay Antona, tienes mal humor y creo que no has de poder contigo. Ya verás, Gila, si puedo. Pues esta es la Venta. En ella cuido, que mansión haremos. Lo demás. Ah Ventera. o trato: e m er? Ay que co un conejo hay. . No seagato. Si le comes, mayarás. Do está el huéspede? A Medina partió ayer por una carga de vino. . Bueno. No amarga. Pues asad una gallina, y la olla apresurad, que hay hambre capigorrona. Portugueses son, Antona, llo que hermos de haced, mirad, que si paramos aquí, temo vuesa condición. En posadas no hay cuestión. Advierte::- Déjenme a mí: loado sea Jesucristo. Por siempre jamás amén. El Corpo Santo también, o seja entra detro disto. Cuyo es ese Cuerpo Santo? San Pedro Gonzalvez he. Ese Castellano hué, harto es que lle queráis tanto. A renegon de Castela, e enjéréonse en Portugal, y poriso, faz caudal dele. . Que in reña, Isabela, o Doña Juana? . Señores, aquí no somos Soldados. Pois? Labradores honrados. Oh pus lindo Labradoires, na on facemos de les conta, que soún de viva que in vence; ne sun peleja comence, que con gente ruin e afronta. Volvámonos a falar Castellano. . Aquelso sin, que tuda esta e gente roín, e non sabe pelejar. Buena guerra? Ay buena gana, y la cena es lo derecho. Qué va, que de esta vez echo lla Venta por la ventana. Antona? Ya estás prolijo. Por amor de Dios, con tiento. Yo en este banco me siento. Pues yo el contrapuesto elijo. Es, que fuera maravilla yantar vos con nuestra gente. Mijor esta frente a frente Portugal contra Castilla: huéspeda, habrá que cenemos? No, hermana, ya está embargada la olla. . Ni una tajada de vaca? . Si nos queremos, bien os la podemos dar, mas no sufre ancas la olla. Pues que maten una polla. No hay pollas para matar, sino para poner huevos. Polla vos, y en ese traje? No las probó su linaje, Soseguémonos, mancebos, que cada cual es persona para comer llo que Dios lle ayudare. Y sois lobos? Tened sufrimiento, Antona. No bonda llo que he sufrido? No el comer os dé cuidado, que os sacarán un bocado. Y ahora he de callar, marido? Sí, que es chanza. Pus callar. De dónde sois, Aldeana? Soy de Toro, y Castellana, que cuido os ha de pesar. De Toro? no sé qué Antona de allá nos venden guerrera, mucho más que la fornera Portuguesa. Es gran persona. Conoceisla vos? Conmigo ha dormido más de un mes. Dizque el nombre Porgués persigue. . También llo digo. Pus por qué? Porque es leal, y mientras que ella viviere, en Castilla nunca espere coronarse Portugal. . Antona. Ya os entendido. Esta tela se va urdiendo. Una ruina estó temiendo. Notable mujer ha sido! pero ella qué saca de eso? Llo que en esotro os va a vos. La culpa, yo se por Dios, quien la tiene. . El poco seso de mujer, que se ha metido en lo que no la va, o viene. Hile, o barra. No la tiene sino el tonto del marido; si ella fuera mi mujer, un roble descortezara en sus costillas. . Y es para callar esto? . En mi entender, no sé yo en tu sufrimiento, mi Antona, cómo te va? Pero lo que es por acá, algo enfadado me siento. Ya huelo lla chamusquina. Ya está Antona perdigada. Una mujer que es casada, en vano a mandar se inclina, que usurpar lo que le toca al hombre, es mundo al revés, y hacer la cabeza pies. Y tienelos una loca? A muchos dicen que ha muerto. Cuentos de camino son: que no es tan bravo el León, como le pintan. . Es cierto; pero hablar mal en ausencia de llas mujeres, no ven que no es de gente de bien, y que es cargo de conciencia? si ella llo oyera, qué haría? Sufrir una, y veinte yeces. Pus fanfarrones, soeces, yo soy Antona Garría, de esta suerte contarán llas costumbres de mis manos. Demos fin de estos villanos, Apártate a un lado, Juan, que yo sobro a llos que son. Ay, qué me ha muerto! Ay! . Al cabo conocerán, si es tan bravo como se pinta el León: tomad llas de Villa Diego, y desocupar lla Venta presto. . Hay semejante afrenta! Pero ya volvemos luego, que bien cerca hay compañía, que castigue injuria tal. Pues cuenten en Portugal llo que es Antona García. Lindamente te has portado. Huéspeda. Decid; de miedo temblando estoy. Ved, si puedo cenar arriba? . Un terrero hay en la Venta famoso, lla cena allá subiré. Vaya en gracia. Por mi fe, que ha sido cuento gracioso. . , ; e Huéspeda. . Huéspeda. Aún hay otros diablos que me llamen? Quiero saber: mas qué veo! Conde, pues cómo distante tanto del Campo del Rey, os hallo en este paraje? Lo mismo iba a preguntaros yo, pues el Rey, que Dios guarde, habiéndome (sin querer que le viese, ni le hablase la Sarmiento) hecho la honra, de que en fu del homenaje su Alcaide me constituya: no quise fiar de nadio la condación de persona tal, y así salí esta tarde de a Armada para Olmado, donde prisión, y hospedaje la sea mi casa, y os hallo en la Venta, en que se hace noche en el camino, cuando os imaginé en los Reales? qué es esto, Marqués? Lo mismo que a vos os sucede, en parte, y aún en todo, pues habiendo del rencuentro, que se sabe, quedado en prisión el Conde de Penamacor su Alcaide me nombró el Rey, dándome orden, que yo mismo le llevase al Castillo de la Mota; y así, estando de ambas partes distante esta Venta, un mismo camino a los dos nos trae a concurrir. en su espacio; y pues, enados tan iguales empeños, la acción es una, sepa a qué os adelantasteis. A cumplir mi obligación, registrando estos parajes. Lo mismo vine yo a hacer; y así, mientras se reparten Centnelas en las Puertas, con orden de que embaracen la entrada, y salida a todos, menos a los que en el traje conozcan ser de la tierra Labrador, o caminante: queaos aquí. No hayas miedo, que yo de este puesto falte. Dadme, señora, licencia de que las órdenes pase a dar a mi gente. . . En todo debo hacer lo que ordenaréis. Pues si mi estrella inclemente::- Pues si mi suerte inconstante::- Tormentos crece a tormentos::- Males múltíplica a males::- En vano contra el destino. Contra la fortuna en balde::- El espíritu::- El valor::- . Lidia. Batalla. . Combate. Pues: pero qué es lo que miro! Vos, Conde, en tan miserable fortuna, haciendo imposible el recurso a mis pesares, qué es esto? . Es acreditar toda la razón de amante; pues cuando intenté restado libraros a cualquier trance, habiendo en una salida llegado hasta los ataques del enemigo y no habiendo conseguido mi coraje su idea, no era razón, que el destino se jactase, de que libró al prisionero, dejando al libre en la cárcel. Con que vos quedasteis preso; la manana que el avance disteis al Real? . No os lo dijo la fama, que tanto sabe preciar una mala nueva? Hallábame yo distante del Campo; pues para hacer experiencia del desaire de mi estrella, no quisieron que a sus plantas me postrase, ni Fernando, ni Isabel; y hicieron bien, pues la fácil mudanza de la fortuna no ha de vencer el dictamen de que solo a Juana rinda legítimo vasallaje: siendo::- Aquel es vuestro cuarto, señora, cuando gustaréis entraréis en él. Al punto: qué así la suerte me ataje el tiempo, en que disponer librar al Conde, y librarme! Mas yo, en discurriendo a todos recogidos, a buscarle volveré. Oh, cuanto el rigor de las estrellas fatales apura mi sufrimiento! Por más que Juan me regañe salir de mi cuarto, oyendo a lla huéspeda el notable aparato, con que un preso con toda una Escuadra traen a lla Venta, en donde solo cercada por todas partes, diz que entrar, y salir dejan a quien asegura el traje de paisano, a fe, que pus hallé forma de escaparme, he de ver pero qué es esto? Conde? . Antona? Extraño lance! Decidme, sois vos el preso, que con cirimoñas tales todo un batallón conduce? Sí, Antona, el que tu arroganto espíritu ha reducido a tanta mudanza. . Calle, Conde, pues yo en que lle prendan he podido tener parte? A no haber hecho la hazaña temeraria, de llevarte prisionera a la Sarmiento por la mina, nunca el trance de una arriesgada salida se hubiera expuesto el que sabe cuanto una cercada Plaza, se arriesga, cuando a un combate sus esfuerzos aventura: Mal, Antona, me pagastes la libertad que te di. Y tendrá de qué quejarse, cuando en lla misma moneda, cómo es tan justo, lle pague? Tu esclavo soy. Pus mire, yo no puedo declararme contra mi Rey, peleando contra su Real Estandarte: faltar a lla obligación, que lle debo, es disparate imaginarlo yo misma por mi persona, sacarle de donde está, tengo esposo, y no es decente que ande en esas tracamondanas. Pues tantas dificultades, parece imposibilitan mucho más, que persuaden. No hacen, si repara en que no hay ya quien vivo cadáver del sueño, no esté en lla Venta el tributo inexcusable pagándole a su cansancio, y solo llas vigilantes Centinelas, como grullas, no permiten arrullarse: Estas burladas están, como a vos os fuera fácil (pues solo lla confianza us deja de aquel que os trae) el poneros un vestido de paisano, en un instante; pues si tienen orden fija de que el paso no embaracen al que fuere Labrador, que us escapéis es probable. No dices mal: solamente el que yo ese disfraz halle, es dificultoso. . Espere, que, quédese el que quedare sin vestido, como esté en este sitio, me es fácil (pus en lla cama están todos) pillar el primero que halle, y envíársele, pero yo, por lla acción se disfrace, quedaré a hacer la deshecha. No habrán visto los annales mujer más bizarra! Cielos, si ella logra su dictamen, felice soy. Cómo, Conde, aquí os mantenéis tan tarde? A un triste, no hay otro lecio adonde mejor descanse, que el de su imaginación. Decís bien; pero no obstante, venid conmigo. Yo os ruego, que aquí me dejéis que aguarde a la Aurora, que aliviar con sus hermosos celajes, de prisiones, al saldrá presto. No se canse vuestro afligido discurso, que tengo de acompañarle por aliviaros. Qué es esto, destino fatal? si salen a buscarme con las señas del vestido, a declararse llega todo, si me voy, pierdo la acción de librarme: Fortuna, un instante solo les costaba a tus crueldades tanto! . Qué determináis? Irme con vos, a que acabe mi dolor conmigo. Apenas siento, que en el sueño yacen, cuando salgo a ver, si al Conde diviso en estos parajes. A una persona me dijo Antona, que lle entregase esta capa, esta montera, y este gabán, sin nombrarme, ni distinguirme lla que es; solo dijo, que bajase al patio, que allí esperaba, y hecho un duende nocturnante pisando mantecas vengo. A la escasa luz, que arde en aquel velador, veo un bulto hacia mi acercarse; quién es? Señora, persona yo soy quien viene de parte de Antona, a que usted se ponga ese vestido y se escape. Qué es esto, Cielos! Que ya lla palabra de librarle ha cumprido, y que así vaya, vuelva, y torne venga, y ande, as me dijo. o sé qué m La fortuna favorable trae a mis manos el medio de ponerme en salvo, a darme vestido, que con el mío trueque, supuesto que a nadie, en aqueste traje salga, es posible que reparen las Centinelas, según las órdenes, ea, ayudadme, amigo, a vestir. Soy yo camarlengo, dueña, o paje? Tome esos adornos míos, y dígale, a la que hace públicas con esta acción las májimas que disvade, pues ya poco más, o menos, penetro, a lo que se esparcen, cuan por su mal, y mi bien trocó este acaso el semblante, pues el que pensó librar, queda en la prisión como antes, y la que presa quería, burlar los ierros infames: Conde, a darte libertad voy o permita agradable la suerte, que pues algunas Portuguesas Tropas baten esta campaña, consiga, (antes que tu desampares este sitio) hallar las que, de mi acaudilladas, basten a la hazana que imagino; preciso es, que esta luz mate, porque el rostro no divisen. Duénde, o dimonio, qué haces? quédeme ascuras; por donde me volveré a mis desvanes, que cargado de basquinas parezco oficial de Sastre? Ay, Dios mío! sosiega mi discurso, hasta informarse de si salió el Conde. Viendo, que repetida vez falte de su cuarto la Sarmiento, vengo en su busca. A esta parte siento ruido; es el Conde? El Conde soy, quien nombrarme puede con voz de mujer, Cielos! . Pues por qué no sale, si ya ha trocado el vestido? Esto es ya de otro semblante. Quiere, que viniendo el día, su libertad se dilate? Sin escalera, y con bulto, doy vueltas como un salvaje. Por si vuelvo a hallar a Antona, mi cuarto dejo. Al examen de las Centinelas salgo. Pero estos pasos cobardes me dicen que es ella, Antona? Qué oigo, dudas! Dónde el traje está, con que libre salga, las Centinelas sagaces burlando? Aquí hay traición, Cielos! Con que puede ya escaparse, que ya está vestido? . Sí: finjo, para que declare e todo el hecho. Pues qué aguarda? vaya; y pus llos Generales de Portugal, tal vez obran generosos::- Traición grande. Sepan, que también Antona su obrigación satisface. Si sabrán, pero de suerte que te pese: hola, no traen unas luces? Qué oigo, penas! Guardías. Confusión notable! Luces, y armas. Aquí están. Un mármol soy! Soy un jaspe! Antona. . Cónde? Qué es esto? Dio todo el secreto al traste. Tú no librabas al Conde? Vos, engañado, no hablasteis conmigo, por un vestido preguntando? . Qué maldades:- Qué cautelas: . Han trocado tus pensamientos leales? Nuestra confianza injurian? Yo, Conde::- Yo, Marqués::- Si alguien os dijo::- Si yo he sabido::- No paseis más adelante: Villano, qué es lo que ocultas? ven acá. . Señores, traten de no hacerme mal, por Cristo, que soy un pobre vinagre; y si el vestido, que Antona me dio, para que entregase a un hombre, di a una mujer, ella es lla que del potaje tiene lla culpa, pues no me supo dar llas senales: este vestido::- . Tened, que no hay quien mejor declare, que este conocido adorno, toda la serie del lance. Librar intentaste al Conde, Antona, y la suerte erraste, pues libraste a la Sarmiento. Son aquestas tus lealtades? Estas tus hazanas son? Sí, pues es fuerza que pague alguna acción, que por mí hizo en caso semejante: no soy en esto traidora; que quien a llas prantas Reales trae del Rey más enemigos, que llos que osan esperarle, a la que libró un engaño sabrá prender. No es bastante esa disculpa a que no vengas presa. Y hay quien baste a tanto? . A tu lado estoy de cualquiera suerte. Date a prisión. Tiene eso mucho que hacer. Ninguno se salve, sitiad la Venta. Arma, guerra. Dichoso seré el que alcance dar muerte a Antona García. Qué es esto? por todas partes:- Escuadrones Portugüeses nos cercan. Sin duda saben, que está aquí su General. Pues no le lleven de balde: Al arma, amigos. All arma, que ahora veremos llo que hacen llos que mis hazañas culpan. En armas lla Venta se arde. Qué es esto, Antona? Ay de mí! Mueran todos. Ah cobardes. Antona, mira a quien diste libertad. Presto quitarte lograré lo que te di. Ya es forzoso retirarse, cediendo a número tanto. . Pues logré que me dejasen solo con la confusión, ella es la que ha de salvarme. Cónde? . Señora? Estáis libre? . Sí. Pues seguirme al instante. Ah villanos, no me huyáis. Quién el designio que tra logra, no huye. En vano quiero impedir que no se escapen, por más que llas voces digan::- Arma, guerra. Al monte, al valle. A retirar, Castellanos. Portugueses, al alcance. Si es probable la opinión de heredar el Reino Juana, mucho la clemencia gana, y es necesario el perdón; concederle solicito, que en una acción, que es dudosa, seguir la menos dichosa, es desgracia, y no es delito. Bien decís, que la piedad vence cualquier diferiencia, y en hombros de la clemencia estriba la Majestad. Pero ahora, al cerco volviendo de esta Ciudad obstinada, su dilación, de mi espada esta el triunfo deteniendo. Presa ya Doña María, por fuerza se rendirá. No quise verla, que está de vuestra soberanía el respeto, con su error ultrajado, en tal defensa, y yo perdono mi ofensa, mas no la de vuestro honor. Pero habiendo ella faltado, y el Gobernador, que ayer quedó preso, es mucho haber su rendición dilatado esta Plaza. En caso tal, grande arma es su desaliento. Viva la heroica Sarmiento. Viva nuestro General. Qué es esto? Esto es, gran señor, a vuestras plantas invictas, por sácaros de un engaño, daros dos malas noticias. Antona, aquella villana, de quien tan sin razón fía vuestra Majestad, faltando a la lealtad que es debida, nuestro desaire causando, esos aplausos motiva. En Antona caber puede traición! La lealtad vencida de Antona! aún no oso crello. Esa aclamación lo diga. Ese aplauso lo declare. Pues conduciendo a Medina al Conde yo::- Pues llevando yo a Olmedo a Doña María::- Cómo tú, señor, mandaste::- Como tú lo determinas::- Al hacer noche en la Venta, que Portugal, y Castilla divide:- . Al tomar descanso en su rústica Alquería::- Valiéndose de la noche, y a su traidora malicia dando Portuguesas Tropas el favor que solicita, al Conde, y a la Sarmiento puso en libertad. No tibias procedieron nuestras armas, que a pesar de muchas vidas logró el Portugués la acción; y así por esa enemiga::- Esa traidora::- Esa aleve::- Dicen las voces festivas:- Nuestros Caudillos heroicos vivan, Lusitanos. . Vivan. Bien discurro yo, en Soldados de sangre tan conocida, que a poder más, no dejaran presa tanta, en quien estriba de esa Ciudad la defensa; pero yo haré, que mis iras de una villana escarmienten las infames osadías. No obstante, si a mis pies llega, pararé el juicio hasta oírla. Señor, no es leal Antona. Se engaña quien tal afirma, que no es Antona mujer de traiciones, ni engañifas: si di libertad al Conde, fue porque lla fantasía Portuguesa conociese, que Fernando no cudicia para vencer con llas armas llos acasos de ella dicha: Si desprendí a lla Sarmiento, o fue por lla razón misma, o porque cuando en lla praza entrase yo a escala vista, tenga con quien pelear; que harta lástima sería, que falte quien lla defienda, habiendo en mí quien lla rinda. Estos llos motivos son, que mi heroica bizarría movieron; y si hay quien piense, que lla entrada imposiblitan en Toro, manda que taña, señor, tu trompetería, y tus tambores a el arma, verás, y cuan presto encima de aquellas murallas fijo tus vencedoras insignias. No con fantásticas voces, villana, tus atrevidas acciones defender juzgues; y si tanto te imaginas lo que las voces abultan, haz que las acciones digan. . Lo que se ha visto hasta ahora, es, que a dos traidores libras, y esto no es mucha lealtad. Esto oye Antona García? Mas valiera haberos puesto de parte de quien debíáis en la pasada ocasión. Quien a disculparse aspira, no está libre del delito. Caigan sobre mí llas cimas de llos montes, y arrancando sus craras Estrellas fijas, el Cielo abollen sus Orbes lla triste persona mía: Yo, que a Isabela idolatro con lealtad heroica, y fina, tal oigo de ella, y su esposo? o palabras vengativas! Estos son Reyes, Antona? con solas dos razóncicas así asustan, así espantan aún a quien no atemorizan armadas Huestes guerreras, Marciales Tropas unidas? Antona, qué hemos de hacer? Tú, mientras que dures viva, estás sin honor, y el que es buen vasallo, no se indigna contra su Rey, por razones que aiga de ultraje, u de envidia, sino es contra llos que son motivo de sus desdichas: No sé si desesperada, pus tan cerca llas orillas del Duero están, en sus ondas sepulte mi triste vida, pus no podré de otra suerte mi infausta estrella enemiga borrar Si podrás. Qué escucho! Si podrás, si bien caminas, vencer el vado, Bartolo. Válgame llas Letanias, que en el Río me zampuzo. De lla contrapuesta orilla se arroja un Pastor a llagua. Bártolo, Bártolo, arriba. Ya luchando con las ondas, que anegarle solicitan, a tierra ha salido. el Cielo te ampare. Santa Casilda sea conmigo, mas qué miro! no eres Antona? Lla misma; Pus qué es aquesto, Bártolo? Qué ha de ser? fortunas mías, y pagar pecados míos. Cómo? Como desde el día, o lla noche, que Don Basco, que es quien nos dio lla noticia, que prisionera te trujo, y que luego tú, atrevida, por el mismo escondidito llevaste a Doña María, a cuya venganza el Conde hizo otra infeliz salida, en que también quedó preso: Irritadas las Melicias Portuguesas, con llos probes Pasanos que dentro habitan, diciendo que son traidores, los hacen cien ignominías; por illo que todos aunados, a salir de estas fatigas por su Majador al Rey, a dalle cuenta me envían, de como lla Praza tiene una Guarnición muy chica, y que si la da un avance, sus personas prevenidas, también se levantarán con armas a lla hora misma, y le abrirán una puerta: Yo por venir más aprisa, por un boqueron que tiene la muralla ancia alla riba, me arrojé al Duero, y par diobre, que aunque ellagua hasta la cinta me ha llegado, vengo acá para que al Rey se llo diga. Ya eres hombre de caletre, Bártolo, pus que te fían empresas de Campitanes; no sabes tú llas fatigas en que se ha visto Camorro. O estoy soñando mis dichas; o el Cielo mi rudo ingenio para altas grorias inspira: Ven acá, con que ese muro tiene conducto y salida al río? . Es un abujero a modo de redendija, por donde yo con mis crabas, cuando era Pastor, salía, y entraba, mas como caí sobre las puntas erguidas de tanta quebrada pena, que con el río confina, es como si tal no hubiera, y así de él ninguno cuida, ni hay guardia hacia aquella parte: por llo que yo, que sabia lla uronera, me escapé, y me atrevo a entrar al día, y a salir quinientas veces, ya que del vado vencida está lla dificultad, que por imposible afirman. Luego si por ella yo entrase en Toro? Tendrías todo el Puebro de tu parte, que por ti hará maravillas. Pus Bártolo; pero antes que llo que intento te diga, aguarda: ilustre Monarca, heroico honor de Castilla: Quién da voces? Qué es aquesto? Como otra vez, atrevida, vuelves al campo? Isabel hermosa, señora mía: Ella está loca. Mis Reyes, a vuesa Antona García oíd. Qué es lo que pretendes? Que olvidando las rencillas, pus dijisteis, que en llas obras llas lealtades se acreditan, hagáis llo que us supricare, Prosigue. Pus ya rendida está Toro. De qué suerte? Moved llas Huestes altivas, y sin que tiempo se pierda, asaltad a escala vista sus muros, que yo entre tanto uis franquearé lla subida. Qué dices? Ese villano, del causo us dará noticia; y a diós, que yo voy a Toro a teneros prevenida lla puerta por donde entréis, y nadie, nadie me siga, que mía ha de ser lla enmienda, pues que fue lla culpa mía. . Notable mujer! Al río osada se precipita. Déjenla, que es buena pesca. Ya, aunque lejos, se divisa, que de las ásperas penas huella las incultas cimas. Qué intentará? Entrar en Toro. Por allí? Sí, que hay subida, y bajada. Pues tras ella pase algana Infanteria. Yo iré, señor, a guiarla. Y como lo consigas te premiaré. Mas no quiero, se nos que pues me apellidan Bártolo a secas, me llamen Bartolomé de lla guía, en tal memoria. Está bien; y pues se halla prevenida la gente, amigos, a Toro. Fernando, y Isabel vivan. Ya gracias al Cielo Santo, que de tal riesgo nos libra, estamos en Toro. Y ya su defensa confía, que fin vos dificultaba. No pudo temer su ruina, Don Basco, quien la experiencia, y el valor vuestro tenía en su amparo. En vano ya Fernando intenta rendirla, cuando Alfonso con sus Tropas a socorrerla camina. Pues en nuestro favor Conde, sin duda el Cielo milita, no hay que recelar. Al arma, guerra. Mas qué intempestiva alborada toca el campo enemigo? Es, que en seguida, como acelerada marcha, a un tiempo en partes distintas puente, y muralla acometen. No importa, si defendidas están de nuestro valor. Vamos a dar las precisas ordenes. Arma, arma, a ellos. Conde, esta es mayor desdicha, pues los Paisanos también ya contra nosotros vibran las armas. Quién atrevido será el que los acaudilla? Viva Antona. Eso no, amigos, Fernando, e Isabel vivan. Cielos! Antona, pues cómo puede ser? Qué se fatigan; de esta suerte Al arma, guerra. Arma, arma. Seguirme todos, que va estamos acá arriba. Viva nuestro Rey Fernando V Esa puerta abrid aprisa para que entre, pues Antona ya con su guarnición lidia. Entre vuestra Majestad, pues aún antes de rendida Toro, sus puertas franquea. Fernando, e Isabel vivan. Vivan infinitos siglos para gloria de Castilla; y vos Sarmiento, y vos, Conde, pasad, doblaz lla rodilla a su legítimo Dueno. Ya lo público rendida. Vuestras Reales plantas beso. Qué es lo que mis ojos miran! Aquesto es, señor, cumplir lla palabra prometida; aquesto es, segunda vez a vuesas prantas invictas, restituir llos prisioneros. que llibró mi bizarría, y daros de más a más de una Praza lla conquista: y si esto a desenojaros no bastare, todabía vez, en qué queréis, señor, que mis lealtades us sirvan, porque de lla misma suerte arrojada, y atrevida entraré por Portugal, y no dejaré en sus Villas Gobernador, que no traiga, ni Soldado, que no rinda. Y llo hará como llo dice, porque lla Antona es maldita. Labradora prodigiosa, con cuyo valor se olvida el de Romanas, y Griegas, donde habrá mercedes dignas a tan gran servicio? Pide, que ya te están concedidas las que dijeres. Pus solo, ya que del valor son mis acciones, al valor el premio es bien se dirija; y así, solamente pido, que para memoria mía, para eterna gloria vuestra, cuando lla Historia llo escriba, franca de pecho, y derecho hagáis mi casa, y familia en todos mis descendientes. Privilegio de Hidalguía tienen todos, que en Zamora, después la vulgar noticia, y en Toro, los libertados llame de Antona García. Escrava vuesa soy siempre: ea, Juan, mis valentías di ahora que son locuras. No haya miedo que tal diga. Ya semos todos Hidalgos. Vos, pues valor os indigna contra femenil contrario, más desaira, que acredita; salid luego de mi Reino, adonde Juana se sirva mejor de vuestra lealtad. También vos, Conde, en de este triunfo, libertad tenéis. ̱. Vuestra esclarecida piedad, perfecciona el triunfo; y vos, señora, si el día que perdéis la Patria hay prenda que esa desgracia compita, mi mano a vencerla aspire. Mejorose con tal dicha el ceno de mi destino. Pues para mí no se endilga lla honra sea el provecho. No basta, que a mí me sirvas? Ahora que eres Hidalga, morirás de hambre en dos días. Dichoso quien tal mujer tiene. Y tú, qué dices, Gila? Que esta es mi mano. De puerca; más venga. Y las voces digan, celebrando triunfo tanto: Fernando, e Isabel vivan, y aquí, Senado, da fin esta historia peregrina de la conquista de Toro, Heroica Antona García.