Texto digital de La hermosura de Raquel (primera parte)
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Luis Vélez de Guevara
- Atribución estilometría
- Luis Vélez de Guevara Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto ha sido preparado por Ana Belén Hidalgo González, Inés Izquierdo Archidona y Ana Ortega Gutiérrez.
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Hidalgo González, Ana Belén, Inés Izquierdo Archidona y Ana Ortega Gutiérrez. Texto digital de La hermosura de Raquel (primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hermosura-de-raquel-la-primera-parte.

LA HERMOSURA DE RAQUEL (PRIMERA PARTE)
JORNADA PRIMERA
Con tu bizarra altivez eres solamente tú. El amor es muy buen juez, querido hijo Esaú, báculo de mi vejez. Tú eres mi apoyo, y arrimo. Sin ti cayera en el suelo este edificio que ánimo, y por Abraham tu abuelo, qué es lo que más estimo. Tú y Jacob juntos nacisteis de mi querida Rebeca, a quien recio parto disteis, y siendo una sangre trueca con la estrella que tuvisteis Amor las inclinaciones, que Rebeca a Jacob ama, y yo a ti, sin más razones del influjo que nos llama a diversas intenciones. Antes de nacer sentía Rebeca de ambos a dos una trabada porfía, secretos que guarda Dios por algún dichoso día. Parece que en las entrañas estos a Rebeca traía confusa, porque el azote temió del cielo, y un día declaró esta profecía Melchisedech Sacerdote. Diciendo que habías de ser, corriendo los tiempos varios, con espantoso poder, cabeza de dos contrarios pueblos que se han de ofender. Esto es secreto del cielo, que con el tiempo tendrá el fin que pensar recelo, que en los secretos de allá no puede meterse el suelo. Llegado el parto temido, fuiste el primero que dio luz, de cabellos vestido, y luego Jacob nació de tu pie derecho asido. El parto fue prodigioso, aunque dio a Rebeca gusto, y a mí de veros gozoso. Naciste tú más robusto: pero Jacob más hermoso. Sacaste rojo el cabello, y crespo tú; y lo demás del cuerpo lleno de bello, de que ahora muestras das desde las plantas al cuello. Rebeca se aficionó a Jacob, como mujer, porque más bello le vio. Y yo a ti; por entender que el cielo te señaló. Tú te inclinaste a cazar, a abrir la tierra, y sembrar las semillas provechosas. Él a domésticas cosas y a los cultos del altar. Pudieron tanto los daños del tiempo con los enojos, del humano ser extraños, que me han quitado los ojos, porque son cuervos los años. Hoy cumplo ciento y sesenta, y ya me caduca la edad. La muerte me representa, que es pesada enfermedad la vejez. Mira que intenta tu padre Isaac, Jacob mío, a solas con Esaú sin que nos sientan. Ya el brío que gozas tú, tengo helado muerto y frío. Ya la mucha edad me avisa qué va este edificio ya desmoronándose aprisa, y aunque apuntalado está besando el suelo que pisa. Con la frente helada toco el pecho donde se encierra sangre fría, y vigor poco, que va buscando la tierra la cabeza poco a poco. La muerte está tan cercana, que casi a tocarla llego. Sin defensa, y muy mal sana mi muralla, el foso ciego, en tierra mi barba cana. Rendiré a su brazo fuerte la humana naturaleza, agravada y de tal suerte, que bajo ya la cabeza para el yugo de la muerte. Quisiera. Madre escuchad. Echarte la bendición antes que mi mucha edad impida igual ocasión con muerte, o enfermedad. Y así a solas te he llamado, porque Rebeca no quiero que lo sepa, y a su amado Jacob bendecir primero me obligue que ya han pasado con ella extrañas porfías sobre esta misma razón, diciendo, que no tenías de primogénito acción, porque los pasados días, viniendo tú de cazar, cansado, comer le viste no sé qué humilde manjar, del que parte le pediste, y no te lo quiso dar. Si primero no le dabas el mayorazgo, y hambriento: cómo comer deseabas, dijiste con juramento que tu acción lo traspasabas. Esto dice que bastó a quitártela, y yo digo que su hijo te engañó y así a dártela me obligó, porque soy tu padre yo. Parte al monte el cazador de mi voluntad, y mata. Que coma con tu valor, pues tu mano, nunca ingrata, a las obras de mi amor. De regalarme ha dejado siempre que del monte viene. No quedara padre amado entre los brutos que tiene seguro corzo, o venado. Haré de su caza alarde con el venablo vistoso, y las flechas esta tarde desde el jabalí cerdoso hasta la liebre cobarde. Que ya han sido tus umbrales testigos de este valor, que he adornado en casos tales, dando a mis brazos honor, de cabezas de animales. Y tantas que cuando pasa gente y ve el estrago fiero, los troncos cuenta y repasa. Dice que este monte entero he trasladado a tu casa. Otros que de hazañas tales ocupan los horizontes. Dicen, viendo tus umbrales, que como a Rey de estos montes tengo guarda de animales. Y yo al salir, y al entrar, viendo estos umbrales llenos, me entristezco por pensar que mueren quedando menos en el monte que matar. Ya sé, con la inclinación, qué quiere, Jacob, mi madre, que es con notable pasión, pero tú eres mi padre. Me darás la bendición. Para merecerla parto al monte a matarte caza que comas, y pues me aparto de ti hasta que vuelva enlaza mi cuello. El alma reparto en dos partes, cuando partes, y así cuando partes tú vive tu padre en dos partes, si partes con Esaú va Isaac, porque a Isaac repartes. Yo entretanto en oración pedirte postrado al cielo que asista a esta bendición, y que, de Abraham tu abuelo, propagues la sucesión. Dame tu mano señor, partiré. Toma la mano, mi querido cazador, y adiós. Ya parte mi hermano. Tu daño dirás mejor. Lleno de llanto me dejas. Madre causa de mi miedo que en mi daño te aconsejas, no te he de valer, si puedo, la escudilla de lentejas. Si valdrá, tuyo ha de ser el mayorazgo, pues hoy puedo por obra poner este intento. Jacob soy, y te habré de obedecer, ¿Qué mandas? Que, en conclusión, hoy le tienes de hurtar a la bendición, que mientras que va a cazar tienes lugar y ocasión. Parte Jacob al ganado, y dos cabritos traerás, y déjame a mí el cuidado, en todo lo demás, que hoy te verás hijo amado. De Isaac tu padre bendito, antes que vuelva tu hermano, y, pues, es su sobre escrito el cuello, en brazo y en mano, tú de una piel de cabrito las tuyas podrás cubrir, y un vestido el más preciado de Esaú, te has de vestir, y así tu padre engañado hoy te podrá bendecir. Antes que vuelva del monte: Esaú, al ganado parte, y a obedecerme disponte, que ya el Sol con rayos parte la mitad del horizonte. Yo le guisaré de modo el cabrito que trajiste, que pueda obligar a todo. Eres sol de mujeres, a tu intento me acomodo. Que, con tu ayuda, no habrá cosa que no intente yo. Ya es tarde, parte ya. Dame tu mano. El que dio luz al sol, y al campo da el aljófar del rocío te bendiga, y enderece tus intentos, Jacob mío, porque en ti su luz comience a resplandecer. Hoy frío en el cielo, que ha de darme mi padre la bendición. El cargo puedes dejarme, que, si gozas la ocasión, no hay que pueda recelarme. Adiós. Los cielos que están: viéndote permitirán, que tanta ventura tengas, que a ser la cabeza vengas que la casa de Abraham. Imposible cosa ha sido que se me escapara el venado, yendo por el pecho herido a este arroyuelo argentado entre las guijas dormido. Bajo: no parece aquí, o no tengo vista yo, pues tras él tanto corrí, que antes mi aliento llegó que el suyo al arroyo, allí aquellas ramas se mueven, si entre ellas muerto ha caído haré que a casa le lleven, todo el árbol sacudido al suelo esmeraldas lleven. Un corzo sale ligero al agua de la espesura, que no es él, tirarle quiero, hay tan notable ventura, que se escapase, no espero. Llevar hoy ninguna caza, pues según los lances tengo suerte, infeliz me amenaza, con mal pie a este monte vengo, fortuna algún mal me traza. ¡Qué no hay acertado tiro! No entiendo qué puede ser, de mi desdicha me admiro, hoy es contra mi poder todo el celestial zafiro. Una cabrilla montesa viene al arroyo abrasada, su fin en las aguas es, sintió el arco, y espantada se ha escapado por los pies. No haré tiro de provecho, día desgraciado ha sido para mí, según sospecho el de hoy, estoy sin sentido, nada en dos horas he hecho. El día que más tenía necesidad de llevar caza, la fortuna mía me impide el bien que alcanzar puedo con ella este día. Que será tanto rigor del cielo, pues nunca fui desdichado cazador, una liebre viene allí, encontrará su furor. El acero de una flecha, se volvió con el ruido, iba a los perros derecha, en el bien que he pretendido ¿La industria que me aprovecha? No hay que porfiar, yo estoy desgraciado, y de correr el monte cansado voy, aquí me he de detener, y si del cielo no soy enemigo entre estos ramos provocar quiero mi ventura, que este es paso de los gamos y corzos de la espesura, es donde los aguardamos. Aquí sentado podré ver, y oír, sin ser sentido, que el sol en el mar se ve ya de arreboles teñido, ya es tarde, y volver podré. Para que mi padre coma, con alguna caza presto, ya un corzo en el agua asoma, y el arco está en orden puesto, si el baja de aquella loma. No habrá sido el lance malo, paciendo la grama viene, en el pecho le señalo, que dos blancas manchas tiene, blanco a quien el rico igualo. Gana me da de dormir ahora, suceso extraño, no me puedo resistir, para más fuerza a mi daño me quiere el sueño rendir. No me sucedió jamás tal cosa, ya el corzo llega, ¡Sueño déjame!, en qué das, si con su licor me ciega resistirle es por demás. Échame tu bendición, pues ya tu gusto cumplí, y la caza traigo aquí, no se pase esta ocasión. Cómo tan presto has hallado caza en el monte. Señor fue del cielo este favor, que tiene de mi cuidado. Y el cuidado es muy veloz, Llega y veré si eres tú. Las manos son de Esaú, pero de Jacob la voz. Cómo señor, que soy yo, y tu bendición espero. Dame, y comeré primero. De Esaú temblando estoy. En alcanzando a saber, que con la traza que he dado la bendición le he quitado. Ya he acabado de comer. No quiero más, llega y toma mi postrera bendición, que más en esta ocasión no es bueno que tu padre coma. Estando loco de gusto por ver tan alegre día, porque la mucha alegría suspende como el disgusto. Llega y te daré primero, el beso de paz así. Que suave olor de ti despides, un campo entero de flores es tu vestido, comenzando a amanecer, cuando le empieza a poner abril bizarro y pulido. Te de Dios eternamente de la grosedad del suelo y del rocío del cielo abundancia suficiente. De rubio vino, y de pan se sirven los pueblos todos y con diferentes modos las tribus te adorarán. Serás con santo valor por bendecirte tu padre, de los hijos de tu madre, y tus hermanos señor. Herido va ese venablo, seguidle. ¿Qué voces son estas?, extraña visión, dormido he visto, y soñado. Parece que a Jacob vi, que con mi traje engañaba al viejo Isaac , y me hurtaba la bendición, si es así. Le daré muerte al ingrato, pero no se atreverá. Mil sobresaltos me da, el alma fuera retrato de otro Abel, y de Caín, nuestra encontrada hermandad, mas no puede ser verdad. Sueño vendrá a ser al fin. El mismo venado herido de mi mano, venir veo, esta vez de mi deseo, a la medida ha venido, quiero salir a encontrar. Que por este cerco asoma, y podré para que coma mi padre, caza llevar. Ya tengo la bendición, madre, de mi padre, ahora temo a Esaú. Y con razón, porque es ingrata y traidora en toda su condición. Y sabiendo que le hurtaste la bendición, trazará tu muerte. Tú que trazaste mi bien, de mi daño, ya al remedio te obligaste. Tú, madre, me has de librar de Esaú, porque a sus manos no venga a morir, y a dar de los primeros hermanos nuevo ejemplo. Con no estar cerca de él, podrás librarte. ¿De qué manera podré, sino hay más segura parte? Con mi hermano te enviaré. Labán al Asia parte mejor, podrás en su casa estar, mi Jacob , en tanto que el enojo se le pasa, quedándome en este llanto, rigor de fortuna escasa. En Mesopotamia vive de Siria provincia hermosa, que si una vez percibe que eres mi prenda dichosa, verás que bien te recibe. Tiene ganado, y labor, donde podrás sin contienda entretenerte mejor, porque heredó grande hacienda de nuestro abuelo Nacor. Hijas tiene, con quien puedes casarte en este destierro, para que también le heredes, no aguardes que de este perro si rabia, mordido, quedes. Huye a Esaú, pues ya llevas del amor que te he mostrado a Siria bastantes pruebas, darás a mi hermano amado, con salud, estas nuevas. Esto te conviene al fin, antes que el rigor cruel de Esaú, trate tu fin, siendo el inocente Abel de este segundo Caín. Ya pienso que en casa suena. Dadme vuestra bendición madre, y quedad enhorabuena. Me lleva allá el corazón. No os dé mi partida pena, pues voy a casa de Labán, que es vuestro hermano, y mi tío donde los vuestros están. Quiero hacerte, Jacob mío, la alforja de carne, y pan, y darte joyas algunas para las necesidades que se ofrecen importunas. El oro en adversidades es escudo a mil fortunas. Vamos madre. Yo he llegado a casa al anochecer, y aunque he puesto gran cuidado, no ha podido menos ser. Esaú, Jacob ha entrado. Temblando estoy de mirarle. Vámonos de aquí, señora, qué espantosa vista, y talle. Tan lleno de sangre ahora por monstruo pueden juzgarle, sangrientas manos, y brazos trae, que la caza que mata hace con ellos pedazos. Aquí está mi madre ingrata y Jacob, que en dulces lazos siempre su herida hecha está: pero antes que llegue a colmo mi brazo, derribarás por tierra, si puedo el olmo que, subiéndose al sol, va. ¿Dónde está mi padre? Aquí viene ya, guárdate el cielo. vente tras mí. Injuria, madre, recelo. Si me has vendido, ¡ay de ti! Gracias al cielo, que el día vi de todo mi consuelo y gocé tanta alegría, gracias a Dios que dio el cielo colmo a la esperanza mía. Dadme, padre, vuestra mano, que ya caza os he traído, para que comáis ufano, de alcanzar he merecido bien, que pretendió mi hermano. Vuestra bendición espero, ya el día alegre llegó. ¿Quién eres? Pródigo fiero, ¿Quién puede ser, sino yo? Mi retrato verdadero. ¿quién, Esaú? Esaú. Hijo amado, ¿Qué quieres? Tu bendición. ¿No eres tú a quien se la he dado? Sin duda que con traición hoy Jacob me la ha usurpado. Luego no eres tú a quien di la bendición. No señor. Rebeca me engañó aquí. El cielo, hermano traidor hoy me he de vengar de ti. Yo soy Esaú, que vengo padre, con la caza ahora, y de comer te prevengo. Venza su industria traidora la acción principal que tengo, bendíceme. Ya no puedo que se le he dado a tu hermano y en el empeñado quedo. Si él me ganó por la mano, ya ves que soy quien te heredo, échame tu bendición. La que a tu hermano le di, no tiene contradicción, y sin duda el darla así fue celestial permisión. Desde hoy estarás sujeto a tu hermano, y cuantos vengan de su sangre. Tuvo efecto mi sueño, mis males tenga la venganza que prometo morirá Jacob, si puedo. Esaú, sosiégate, y ten a los cielos miedo. ¿Cómo en mi vida podré, viendo del modo que quedo? Entra, y otra bendición de tu hermano diferente te daré. Por dilación del bien que tuve presente gozó Jacob la ocasión, yo sujeto he de vivir a un vil y menor hermano. ¿Esto tengo que sufrir? Vive Dios que, por mi mano, como Abel ha de morir. Aquí, aún no pienso que estoy seguro hermano de ti, y como huyendo te voy pienso que estás sobre mí a cada paso que doy. Tu imagen me representa la tiniebla en tu favor, y con sombra me amedrenta, porque la noche al temor mil imágenes inventa. Mas va de mi parte el cielo, no temo cosa ninguna, que siendo Dios en el suelo la verdadera fortuna, otra ninguna recelo. Cansado estoy del camino, porque en poco tiempo he andado muy grande espacio, imagino que es un medroso cuidado caminante peregrino. Esta es Luza, una ciudad, no pienso entrar en su muro, mejor es la soledad. Y este campo es más seguro pues hay en él más verdad. Este es sitio acomodado para dormir, y pasar la noche, y el sol dorado me podrá aquí despertar, una peña está a este lado. Sírvame de cabecera ya que me sirve la grama que tejió la primavera, con otras flores de cama para que de campo fuera. Sueño, que me estás haciendo mil caricias, y llamando, porque descanse durmiendo, pues mis ojos te voy dando en tus manos me encomiendo. Duermo o velo, velo, o duermo, que soberana visión, como si se puso ahora tan presto ha salido el Sol. Una escala de cristal, de milagrosa labor, pende del cielo a la tierra sustentada entre los dos Espíritus celestiales, vestidos de resplandor, suben y bajan por ella, ¡Qué extraña revelación! Allá miro en lo más alto donde ninguno alcanzó que está mirando a la escala el sol de justicia Dios. Ahora se han puesto atentos el cielo, y tierra a su voz, y parece que me habla mil veces dichoso yo. Yo soy el Dios de Abraham y de tu padre, Jacob, no temas, pasa adelante, que mi seguro te doy. La tierra en que ahora duermes, daré a tu generación, dilatándose en el mundo con tu sangre, y mi favor. Como el polvo de la tierra será el número desde hoy, como la arena del mar, y los átomos del Sol. En ti, Jacob, y en tu sangre, benditas las tribus son, naciendo la Aurora madre que ha de ser Alba de Dios. Que esta escala es la figura de la palabra que oyó tu abuelo, en conformidad de esta verdad que hoy es hoy. Tocar el cielo, y la tierra, la escala, señales son de las dos naturalezas que se han de juntar en Dios. Con esto parte seguro, que la palabra te doy de que a tu patria te vuelva despierta, y parte Jacob. ¿Qué es esto que he visto, cielos, quién tanto bien mereció? Verdaderamente está en esa parte el Señor, ¡Oh cuán terrible lugar es este!, pues le escogió para su casa Real, el Rey de los Reyes, Dios. Quiero levantar la piedra en que he dormido y al son que los pajarillos hacen con la venida del Sol. Reverenciadla y ponedla por señas de la que vio el alma durmiendo el cuerpo, y despierta la razón. Llamándose este lugar Betel, que es casa de Dios, y haciendo voto solemne que es el primero desde hoy. De reverenciar su nombre haciendo en el corazón sacrificio, y trabajando, esperanza, fe y amor. Y dar de lo que ganaré décimas al que me dio esta palabra que llevo para seguro y blasón. Por acá manso, rito, acá, que subes, llevando a despeñar todo el ganado a coronar de tu bellón las nubes. Mirad donde se va descarriando ahora por las peñas, más que veo que tengo de enviar allá el cayado. Él va sin mirar más tras su deseo, al fin bruto que el daño no le espanta, que se ha de despeñar el valle, creo. O lo que el ganado se adelanta, harto debe de estar, y busca modos de entretenerse, a los demás levanta. Por aguas, por pantanos, y por lodos atravesando su derrota, siguen. ¡Oh mala roña, amén, os manche a todos! Yo haré que su propósito mitiguen, si me quito la honda, con dos guijas, como cuando los lobos los persiguen. Allá va la primera, las vedijas el manso, del vellón, dejó en los riscos que en él fueron de plata antes sortijas. Los demás, tropezando en los lentiscos bajen tras de él al valle presurosos, mucho importa el castigo en los apriscos. Ya del día los rayos calurosos, a la mitad del cielo van llegando, y la siesta a estos árboles umbrosos. Los corderos, rindiendo al sueño blando, con el calor del sol, los miembros flojos, se van unos en otros recostando. No me darán ahora más enojos, pues después de bebidos y comidos será el sueño la llave de sus ojos. No sé, plantas, si dais pasos perdidos, que la tierra que piso no conozco, aquí hay ganado que escuché balidos. Y si mal desde aquí no reconozco, de aquel humilde monte un pastor baja. Este pastor que miro desconozco. Forastero será, que acaso ataja, por aquí alguna parte, que es camino para todo ese valle, y tierra baja. Llegar a preguntarle determino qué tierra es esta, y quién es dueño de ella. Que el paso guía para mí, imagino. Buen traje trae, y la presencia es bella. Guárdate el cielo. Él os prospere amigo, y os dé dichosa y favorable estrella. ¿Adónde camináis? Dios es testigo que no sé de la tierra que atravieso, un palmo a penas, un viaje sigo. Forzoso por mi vida, que os confieso, que desde que nací le he caminado, aunque aguardo en el fin un buen suceso. ¿Qué tierra es esta? Desde aqueste prado y este pozo que con esa peña entre esos sauces, dos, miráis cerrado. Hasta aquel monte, cuya frente enseña llena de nieve, tierra es de Arán toda de la Siria, provincia no pequeña. Por aquí sus ganados acomoda Labán, para dos hijas solamente, fruto dichoso de su alegre boda. Es Lía la mayor mujer prudente, sabia, y sagaz, que trae la casa en peso, aunque fea, por Dios extrañamente. Raquel es la segunda, de igual seso, sabia, sagaz, prudente, y recatada, y en talle y rostro hermosa con exceso. Aunque no he detenido a jornada, larga cuenta os he dado, porque creo, que lo que voy contando os agrada. Si me he engañado, perdona el deseo que de serviros tuve. He recibido muy grande gusto. Dárosle deseo. Porque mostráis en talle, y en vestido ser hombre noble y no pastor grosero, mucho os habéis conmigo detenido. Decidme adónde camináis, que quiero mostraros el camino, y adiestraros. Ya, pastor, he llegado donde espero. Ya los cielos que nunca son avaros en dar lo que prometen, me trajeron donde pienso algún tiempo acompañaros, mis padres, que viniese me dijeron, a servir a Labán, por diferencias que entre mí y un hermano mayor, vieron. Que a veces suelen ser las competencias de los hermanos, causa de algún daño, viniendo a ser sus treguas las ausencias. Y así dejando al mío, al reino extraño, vengo por esta causa. Vuestro nombre saber quisiera, que si no me engaño. Fuera de ver que sois principal hombre, sangre sois de Labán, el dueño mío, y de que lo adivine no os asombre, que lo mostráis en vos. ¿En qué lo muestro? En vuestro talle, y en haber venido solo a buscarle desde el clima vuestro. Que vuestro nombre me digáis os pido. Jacob me llamo. Dadme esos brazos y seáis a estos campos bienvenido. Pues me recibe Siria con abrazos. Dichoso en ella pienso ser. Los míos, de inmortal amistad sirvan de lazos. De mi hermano Esaú, los desvaríos. Hacen, que la hermandad, conmigo trueca en agravios injurias, y desvíos. Cómo es hermana de Labán, Rebeca, vuestra querida madre, los pastores que de este valle hasta esa tierra seca. Con su ganado ocupan los alcores, escuchan vuestros nombres cada día, y crecen, escuchándolos las flores. Y a vos, principalmente se os tenía por esta tierra inclinación notable, viendo lo que de vos Labán decía. Que sois más generoso, más afable, más sosegado, más prudente, y cuerdo y al contrario Esaú, que es intratable. Si mal de lo que dicen no me acuerdo, en este pozo que miráis cerrado, donde el enojo y la tristeza pierdo. Cuando le doy brebaje a mi ganado y veo los sedientos corderillos llegar el uno en otro atropellado. Que ahora repartidos en corrillos callan, sin que el mastín del hato ladre, durmiendo entre romeros y tomillos. Eliecer vio a Rebeca, vuestra madre, la primera vez cuando Abraham le envía a buscarle mujer a vuestro padre. Parece que la sangre me decía, cuando entre en estos montes, que ocupaba el señorío de ellos sangre mía. A nadie de los dos nos engañaba el corazón. Espera, ¿qué pastora es la que dar a luz al monte acaba? Es tu prima Raquel. El sol del día y al mismo sol da envidia, y enamora. ¿No te parece hermosa? No podía el pincel del deseo retratarla. Pues es más que ella hermosa, fea Lía. Que el sol también poniéndose a mirarla. ¡Qué hermosos ojos, qué divina frente! No creo el marfil pueda igualarla. El cabello que al oro más luciente afrenta puede dar, suelto le esparce sobre la espalda de su Sol Oriente. No hay alma que le ve que en él no engarce ni hay rama que la toque que, en su falda, para más detenerla no se enzarce. Ya con los pies el campo de esmeralda, y con sus ojos es zafir el cielo, despreciando mil soles por la espalda. Enamorado estás. Pues soy de hielo, que no me ha de abrasar belleza tanta por Abraham mi generoso abuelo, que si Labán al cielo me levanta de su divina luz, con merecerla, y su belleza a mi humildad no espanta. Siete años de pastor sirva por ella, y catorce también y un siglo entero, porque es corto el vivir para quererla. Habla a Raquel, que yo entretanto quiero ir a pedir de tu venida albricias, pues de Labán muy grandes las espero. Y si a Raquel para mujer codicias, sirve, y verás que te la da tu tío, que lo echarás de ver en las caricias. Y queda a Dios Jacob. Amigo mío, pues mientras en quietud queda el ganado ¿Tendré del gran Labán lo que confío? Él queda en su Raquel embelesado. Con la peña está cerrado el pozo, y no puedo dar agua al sediento ganado, desde aquí quiero mirar si hay un pastor en el prado. que la pena me levante, allí hay uno y forastero parece en talle y semblante, con todo llamarle quiero antes que pase adelante. Pastor amigo, ¿con quien hablo? Qué suspenso está. ¿Qué he sentido tanto bien? Esto me suspende. Ya respondió. Y llegó también. Mandarme verla es sustento. Hacedme tanto placer, porque en este pozo intento como veis dar de beber a mi ganado sediento. De levantar esta peña, con la cual está cerrado, que para mí no es pequeña, y este monte, y este prado otro pastor no me enseña. Y el trabajo perdonad. No hay trabajo que lo sea mirando a vuestra beldad. Me tiene el Sol ya muy fea. Será de envidia. Acabad. De amor podrá ser primero. Levantad la losa, pues que a dar de beber espero a mi ganado. No ves, que ver tu muerte no quiero. ¿Cómo? Mirándote a ti, pues que tu hermosura viendo te enamorarás de ti, y gozarte pretendiendo, vendrás a matarte así. No entiendo estos desvaríos, alzad la losa o dejadla. No me paguéis con desvíos, que es ingratitud. Alzadla. Con los pensamientos míos. No quiero más os guarde Dios, que yo el agua sacaré. No he de permitir que vos la saquéis. Parece, a fe, mal estar solos los dos, y así quisiera que os vais. Seguro con vos estoy. Conmigo os aseguráis. Si porque extranjero soy, Raquel de mí os receláis. Aseguraos que podéis muy bien serviros de mí. Hombre noble parecéis. Mirad si noble nací, pues mi sangre tenéis. ¿Cómo? Después de sacar el agua podéis saberlo. ¿Dónde la tengo que echar? En esa pila. ¡Qué bello rostro! Acabad de tirar, ya que placer me habéis hecho de sacar el agua vos. Lo mismo fuera del pecho, haciendo los ojos dos fuentes, ha ser de provecho. Que si los alzo a mirar, ciego de vuestro arrebol , luego los vuelvo a bajar, que como quien mira al Sol, me hacéis serrana llorar. Tierno sois. Estoy deshecho al Sol que esta sierra abrasa, y tengo de cera el pecho. Ved que he de volver a casa, con él, y, según sospecho, no tenéis talle en verdad de sacar agua en el día que queda. De esta beldad nace la esperanza mía, que me suspende. Acabad que está sediento el ganado y balando por beber. Yo de haberos mirado más sediento, que ha de ser, hidrópico mi cuidado. Porque cuanto os miro más crecen vuestros antojos, que enfrenar es por demás y estar bebiéndoos los ojos, no mata la sed jamás. Filósofo estáis a fe, y en detenerme cansado, vuestra diligencia fue rodeo para el ganado. Presto a beber le daré. Así le dirá el amor a mi sediento deseo, de estas manos un favor, aunque con mayor rodeo lo esperará este pastor. Así de tanta beldad, como en vos miro, pastora; un rato de voluntad mereciera el que os adora, después de un siglo. Acabad, ¿Hemos de estar aquí un año? Acabadlo vos con vos, que vos os hacéis el daño. Por qué? Porque os hizo Dios de beldad milagro extraño. Y viendo vuestra belleza, la adoro tan divertido de los pies a la cabeza, que de mi propio me olvido con nueva naturaleza. Sin duda eres Gitano, que me vienes a engañar del Nilo, que baja ufano, de Mesopotamia, al mar, con su blanca plata cano. Porque tus palabras son de pastor que habita el Nilo, y los de aquesta región, aprenden del Cocodrilo el engaño, y la traición. Que no son esas palabras de humilde pastor serrano, que guarda ovejas, y cabras, y si con las de Gitano , piensas que en mi pecho labras. Engañado estás que el suelo que pisas, hembras encierra, que andando al rigor del cielo, han tomado de esa sierra, ser de peña, y ser de hielo. Yo os agradezco el placer que me habéis hecho, pastor, y a Dios, que no ha de menester palabras de falso amor una serrana mujer. Porque son más verdaderas por acá nuestras serranas, cuyas entrañas sinceras, no admiten de las gitanas apariencias lisonjeras. Son acá nuestros pastores más firmes, más verdaderos en la fe de sus amores, y todos los extranjeros, mentirosos, y traidores. Líbreme Dios de creer de ganaderos extraños, palabras, porque han de ser el fruto de los engaños cuando se llegue a coger. Andad con Dios a engañar en otra parte, a quien quiera vuestra falsa fe estimar, y verá que sementará vuestro amor le viene a dar. Vuelva la razón por mí, contra vuestra sin razón, aunque si pudiera aquí ser testigo el corazón que por despojos rendí. Testigo abonado fuera que viéndoos a vos en él, satisfacción de mí os diera, más yo juraré por él, de que esta fe es verdadera. Sabed serrana que soy, Jacob vuestro primo hermano, Rebeca menor hermana de vuestro padre Labán, que por gracia soberana fue elegida de Abraham mi abuelo, en su edad anciana. Para Isaac mi padre, como sabéis también por acá. Ya gusto en mirarle tomo. Que ambos a la muerte ya caminan con pies de plomo. ¿Es mi madre vuestra tía? No más bien se echa de ver Jacob, que sois sangre mía, puesto que ha venido a ser el corazón me decía. Dadme los brazos. Que gloria el cielo me ha apercibido. Amor, victoria, victoria, ya mi desdicha ha vencido. Y es mi ventura notoria. Con Raquel le deje aquí. Y los brazos le está dando, déjame llegar: así estáis Raquel abrazando ¿A quien no visteis decís? A un pastor, a un forastero buenos los abrazos van. Que me disculpéis espero, este es mi padre Labán. Pedirle la mano quiero, dadme generoso tío, para besaros la mano. Levantaros sobrino mío, y abrazadme. No hay serrano de mayor donaire, y brío. No he visto gracia mayor, ya me comienza a agradar, que bien talle pastor, a quien le diste a guardar las esperanzas de mi amor. ¿Cómo mi hermana quedaba? Muy deseosa de verte, y con salud aunque estaba temerosa de la suerte con que el cielo me aguardaba. En la jornada que he hecho, a Siria, por el furor de Esaú, contra mi pecho, porque de hermano mayor le quité todo el derecho. ¿Cómo? Húrtele la bendición a mi padre, por estar ciego ya en esta ocasión, y esto pudiera causar mi muerte, acaso a traición. Y por evitar el daño que me amenazaba luego, y excusar el desengaño cumplo de mi madre el ruego y me ausento como extraño. Para servirte Labán, me envía a Mesopotamia, y hoy llegué a tierras de Arán. Aquí de muerte, o de infamia, los cielos libre os tendrán. Y entreteneros podréis hasta de los enojos de Esaú, no os receléis, haced cuenta que en mis ojos a vuestra madre tenéis. Que por vos pienso mirar como Rebeca mi hermana. Tanto se venga aumentar de tus vellones de la lana, como la espuma del mar. Y parezca aqueste prado, con mi innumerable fama, de vellones ocupado mar, imitando a su espuma más que campo de ganado. Pareciendo olas mayores que las que en el sobresaltan, cerros de la mar menores los corderillos que faltan retocando con las flores. Nieve parezca al mirarle, que arroja el cielo a la tierra, tanto que lugar no halle, y tenga envidia esta tierra, de ver más nieve en el valle. Y fin que una cría peche al lobo fiero, de tal modo el pasto le aproveche, que en vez de llevar cristal, lleven los arroyos leche. Tírense en las ocasiones de siestas, cuando amor mueve juveniles escuadrones, como con perlas de nieve, con natas, y requesones. Y las ovejas iguales en dar frutos opimos para tantos recentales, que cuelguen como racimos de los pechos maternales. El pozo agoten de Aran, y faltándoles corriente les brote por vos Labán, cada peñasco una fuente, y cada fuente un Jordán. Vayan de tales riquezas nuevas a reinos extraños, por prodigios y extrañezas y al fin viváis tantos años como apacentéis cabezas. Os guarde Dios, Jacob. Señor por premio de mi servicio, solo te pido un favor, para dar bastante indicio de tu sangre y de mi amor. Te seré pastor fiel y en lo que quiero pedirte. Habla, amor he visto en él. Siete años quiero servirte porque me des a Raquel. Jacob siendo mi sobrino no te la puedo negar, sirve que yo determino dártela. Dame a besar, por favor tan peregrino los pies. Levantad del suelo. ¡Oh Labán piadoso tío!, te de mil bienes el cielo. Esta es deuda Jacob mío que debemos a tu abuelo. Vamos y descansa ahora del camino. Que mayor descanso que ver que adora un extranjero pastor, una divina pastora. Que tiene de merecer fino es más corta la vida, que su ventura. El poder del cielo este bien no impida. Comenzad tiempo a correr. Volad a las perezosas, que sois alas de los días, para veros más dichosas, y lleguen las dichas mías como llegan otras cosas. Para que podáis volar seguid a mis pensamientos. Siete años han de pasar para gozarte momentos, y siglos para esperar. Vamos que la noche fría, ya con arreboles rojos señala el reloj del día. ¡Ay serrana de mis ojos! ¡Ay pastor del alma mía!
JORNADA SEGUNDA
Siete veces vistió la primavera este desnudo monte, y este prado y tantas veces ofreció el ganado, el dorado vellón a la tijera. Siete veces de rubia sementera, se vio el ardiente Agosto coronado y Octubre de racimos variado, siete vendimias dio de una manera. A esta montaña el erizado enero, siete veces le dio blanca camisa, y de gozar no acabó él que bien esperó y hasta llegar a lo que amor me avisa, tan pesadas las horas considero, que se fueron los años más aprisa. Cielos, ¿cuándo ha de llegar la gloria de mi deseo? ¿Cuándo el bien que cerca veo podré atreverme a gozar? Siete años tengo servidos, guardando el invierno helado, y al Julio ardiente ganado, mis pensamientos perdidos. Y en siete años nunca un día, Raquel hermosa deje de que creciese mi fe, hiedra en la esperanza mía. Se pudieron, al final, pasar, aunque solo deseaba, y la gloria que esperaba nunca acaba de llegar, Día venturoso aquel, que es justo el mundo pregone, en que Labán galardone, mis servicios con Raquel. ¡Oh dichosísimo día!, mis víctimas te prometo, si llego a ver el efecto de mi esperanza tardía. Con una piedra te juro señalar para memoria de tan esperada gloria de alabastro, o cristal puro. Una estatua hacerte pienso para memoria mayor, y derramar en tu honor humo de precioso incienso. Mas, ¿qué es esto? ¿Cómo estoy un momento sin Raquel? Como de mi amor fiel tan pocas señales doy. Ojos, ¿cómo veis sin ella? Lengua, ¿cómo os desatáis? Pies, ¿cómo a buscar no vais el bien que tenéis por ella? Como amoroso cuidado, en semejante ocasión, ¿no os ha dicho el corazón dónde está con el ganado? Si ha salido a apacentadle, sombroso monte, decidle, que Jacob o su amante humilde baja con el suyo al valle. Y así el abrasado estío de las ramas no os despoje, ni cuando Aquilón se enoje mirando al diciembre frío. Y así, excediendo su sala la Primavera compuesta, para hacerle el año fiesta os dé vestidos de gala. Y así contra el tiempo fiero verde estéis siempre, y sombrío, que le digáis monte mío, que loco de amor la espero. Con el aire de la sierra tórneme morena. Qué dulce acento levanta, es espíritu con él, o es esta voz de Raquel, o es Sirena la que canta. Pero todo lo será, porque es Sol del Horizonte, y Sirena de este monte, a quien mil Abriles da. Su ganado por aquí debe al valle de llevar, otra vez vuelve a cantar, Raquel es, estoy sin mí. Con el aire de la sierra torneme morena, y de la campiña, torneme morena sien de blanca niña, porque el Sol de envidia la tez me quema, torneme morena. Con el aire de la sierra torneme morena. Parece que baja el Alba entre nubes de arrebol, trayendo en brazos al Sol a quien hace el campo salva. ¡Oh Sol!, ¡Oh Abril!, ¡Oh pintura de soberana belleza! Donde la naturaleza exceder casi procura, vengáis al prado en buena hora, que espera alegre, y florido, porque con vos le ha venido Primavera, Sol, y Aurora. Llegad divina Sirena, y darle muerte podéis, a quien dormido tenéis en vuestra amorosa pena. Que bien pudiera deciros este monte, y este prado lo que ya me habéis costado de lágrimas y suspiros, dejadme besar el suelo en vista tan venturosa, que vuestras plantas de rosa convierten, serrana, en cielo. ¡Oh Jacob! Dame tus brazos, que buscándote venía con mi manada. La mía hagan los lobos pedazos. Si en la misma diligencia no venía tu pastor, que siente mi grande amor mucho la más corta ausencia. Que mientras que no te encuentro no puedo vivir conmigo, porque hasta que estoy contigo estoy fuera de mi centro. Y yo hasta llegarte a ver ojos no tengo. Los míos eran ya en ausencia ríos. Nada te pienso deber, que aún me han quedado mis ojos con ese mismo cuidado, de lágrimas que he llorado, Jacob algunos despojos. Y cantaba como oíste, de pura melancolía. Aunque fuera a costa mía, quisiera escucharte triste. ¿Por qué? Por solo escucharte, porque cantando Raquel, el monte encantas, y en él los pájaros, que sin arte. En la venida del día, al cielo a Labán sin fin, venciendo a Tubalcaín, padre de la melodía, y mal haya yo Raquel. si como tu he visto amante ruiseñor, que tan bien cante en álamo, ni en laurel. Ya los encarecimientos, Jacob cesaron, el día que merecéis la fe mía con tan lindos pensamientos. Si esta mi amor satisfecho del tuyo, como el cuidado de esta fe, nos ha mudado las almas de cada pecho. Que sujeto el albedrío, que libre al cielo nació, en el tuyo miro yo, lo que tú ves en el mío. Viendo estás como te quiero, y yo que me quieres miro, y juntamente me admiro de un amor tan verdadero. Si de mi parte estuviera la paga, Jacob, también, saben los cielos muy bien si tu amor quejas tuviera. Labán mi padre es la causa, de alargar el bien que veo, que nuestro mismo deseo en ella tardanza causa. No te aflijas, que el vendrá a conocer la razón, pagando a nuestra afición que voces dando le está. No desmayes, si porfías que tengan fin nuestros daños, y quien esperó siete años, no desespere en dos días. Tuya he de ser, no lo dudes, darte esta palabra puedo, porque contra tanto miedo tus esperanzas ayudes. Presto ha de llegar el día, firme puedes confiar, que está cerca de dejar la empresa, al que desconfía. De tu amor, y de mis bienes haz cuenta en tu pretensión, que llegó la posesión pues que tan cierta me tienes. Que amor causa pensamientos cuando más triste se ve, piensa ofendiendo tu fe que son arrepentimientos. Y así a veces el ganado, dejando atrás sus antojos, me traen, pastor de mis ojos estas sombras con, cuidado. Serrana más hermosa para mis ojos tristes, que el Alba cuando sale vestida de jazmines. No es justo que esta suerte de mi amor desconfíes, cuando es razón que todos mis venturas envidien. Ni es bies con pensamientos mi fe desacredites, son las que tú me dices. Pues mudar no han podido mis esperanzas firmes, las mudanzas del año, de siete que te sirven. No las heló el invierno, ni el abril apacible, de variedad de flores tornasoles las hice. Ni las secó el Estío, ni el Otoño, que oprime con lluvias estos campos, las anegó infelices. Mudaron se estos montes después que a verlos, vine, como los cuatro tiempos los desnudan, y visten, y Raquel siempre en mi memoria vive. De homenajes de nieve estas tierras se ciñen, que en la guerra del tiempo con el cielo compiten. En cadenas de hielo, prisión desapacible, por espías pérdidas prenden arroyos libres. Campos de escarcha lleva el invierno terrible, y con granizo se va, montes que se resisten. El medroso ganado se encoge en los redile, y escuchándose balidos, temerosos, y humildes. De quejidos, y robles, hogueras aperciben, para la oscura noche los ganaderos tristes. Viendo imitar las plantas sus desnudas raíces, las esperanzas mueren de ver nuevos Abriles, y Raquel siempre en mi memoria vive. Viene la Primavera, que el cano invierno sigue, y de esperanzas verdes los locos campos viste. Ejércitos de plantas, victoriosos reciben al Sol, Rey del Verano, con flores de matices. Banderas son las hojas, que en señal que se rinden, con el peso del fruto besan la tierra humildes. Los vestidos ganados blancos vellones rinden, y obligan para el que esto que cabañas fabriquen. A la dorada Aurora verdes campos se ríen, y para remarse blancas perlas le piden. Libres los arroyuelos, mil caracoles fingen, haciendo al mar de plata pasadizos de miembros. Fuentecillas risueñas, al Sol de espejos sirven, en cajas de esmeraldas, y en marcos de amatistas, y Raquel siempre en mi memoria vive. Ya pasa el galán Mayo, y el Estío insufrible, las verdes mieses dora que las hoces dividen. Oh las espigas de oro para que le mar imiten, soplando en ellas hacen los vientos apacibles. Cuyos rubios manojos puestos en parva piden para colmar las trojes que el labrador los trille, con el Sol las ovejas, para agostar envisten los arroyos que he hecho la nieve que derrite. Cansancio, sed y sueño, la siesta ardiente impiden, que las aves no vuelen, ni los hombres caminen entre escondidos olmos las tortolillas gimen, y amantes ruiseñores dulces quejas repiten, y Raquel siempre en mi memoria vive. La vendimia se acaba, agua el cielo despide, y en señal de la tregua, las nubes borda el Iris. Surcando los arados, los codiciosos lindes, con nuevas esperanzas el mundo al fin se viste. Pasta el agosto, y luego el pardo otoño asfixie, tirano de las plantas a despojas las vides. El labrador alegre el esquilmo feliz de racimos, y mosto, lagar y cubas hinche. Guárdale reposado en bodegas insignes, siendo, como amor, dueño de los sentidos libres. Siembran los labradores con bien, luego, y remiten a las manos del tiempo lo que al doble les rinde, y Raquel siempre en mi memoria vive. Todo lo muda el tiempo, yo solo vivo firme, porque de ejemplos solo sus mudanzas me sirven y no podrán del alma borrarte, ni encubrirte, que es bronce la memoria cuando el amor es firme. Labrador soy de penas, en tierras imposibles, que el fruto de siete años no han querido rendirme. Ingratitudes cojo de servicios humildes, entre desdichas hierbas, por más que las cultive. Que tu tirano padre, riguroso, y terrible, tiene entrañas de arena, y sembrada, no rinde. Esto hermosa serrana, me atormenta, y aflige, y en lo que toca a amarte soy siempre el que te sigue. Esperará mil siglos serrana, a ser posible juntar amor inmenso con años que se miden. Que aunque estoy confiado, esto me trae sin seso, esto me tiene triste. Esto desesperado, esto amante insufrible, y Raquel siempre en mi memoria vive. Serrano más bizarro que el Sol cuando al Aurora con paños de oro enjuga, de su llanto el aljófar, y más galán que Mayo, cuando estos campos borda, de flores diferentes, enamorado de Flora. Más vistoso, y robusto que este monte se asoma, por entre tantos tejos, la cabeza vistosa. Más airoso, y compuesto que este laurel que moja esta fuente de perlas, quedándose en él todas. Más discreto que el manso, que mis ovejas locas guía por las veredas, más seguras, y solas. Más animoso, y bravo, que el mastín que a deshoras, del lobo las defiende en la noche medrosa. Y al fin más agradable, a la vista, y la boca, que el queso en las encellas, y la nata en las roscas. No os entristezca nada, ni os aflijan congojas, que gobernáis dos almas, con una sola. Aunque a mi padre pese, he de ser vuestra esposa, y aunque el alma os he dado de esto os doy mano ahora. Y palabra, que pago vuestro amor con las obras que sabe sola el alma, que más que a si os adora. No me lleváis ventaja en ser firme, en ser roca, pasan por mis firmezas mudándose otras cosas, los años, y los meses, los días, y las horas, y Jacob siempre vive en mi memoria. Capillas diferentes, de avecillas cantoras, para llamar al Alba, se perciben y entonan. A la entrada del día, cuelga alegre y vistosa las calles del Oriente, de arreboles la Aurora. Con el Sol que amanece las fuentecillas todas, entre guijas y Atenas, vierten perlas, y aljófar. A las verdes lagunas los ánades se arrojan, lloran las tortolillas, arrullan las palomas. Los corderos saltando, con la hierba retozan, y lo que fue antes cama, sirve de pastor ahora, y Jacob siempre vive, en mi memoria. A la mitad del cielo, llega el Sol con las horas, medida de los días, y de la vida posta. En hora el mundo enciende, y a su calma furiosa, del valle huyen buscando los ganados las sombras. La estrella de la noche, y el Alba anunciadora, da señal que viene la tiniebla medrosa. El Sol que en el Ocaso las nubes arrebola, se le atreven estrellas primero que se ponga. Cuidadosos pastores con silbos, y con hondas, manadas esparcidas por cerros, y por lomas. Los arroyos de plata, parecen de oro ahora, y topacios las fuentes de esta florida alfombra. Llega a comer cañado el pastor en la choza, alegre a sustentarse de rústicas cebollas. Come el pobre, y el rico, que la mano piadosa al pobre no le falta, cuando al rico le sobra, y Jacob siempre vive en mi memoria. Pasa la siesta ardiente, en señal que la roja madeja de Sol huye, van creciendo las sombras. Ya se descubren fuegos sobre las cumbres solas, que parecen estrellas según al cielo tocan. Un medroso silencio cubre la tierra toda, y muerto con el sueño el mundo está seis horas. En día, en noche, en sueño. En prado, en monte, en choza, en arroyo, en fuentes, siempre el alma te adora. Tu nombre tengo escrito en las cortezas toscas de estos olmos salvajes que sin lenguas se nombran. Y ayer en la de un mirto, estando sin ti a solas, puse muerta primero, que olvidada pastora. Llenas tengo serrano para salir vistosa, de cifras de tu nombre mis patenas, y ajorcas. De mí, cansado el viento, tu retrato le adorna, donde se gana el alma cuando ausente te llora. Todas las cosas pasan por mí, sin que interrumpan un punto de firmeza, un átomo de sombra. Penas enfermedades, desventuras, congojas, prolijas esperanzas, ausencias rigurosas, pesadumbres, agravios, estorbos a mis glorias, tristezas, alegrías, sospechas misteriosas. Envidias, malas lenguas, jamás para el mal cortas, mañanas, tardes, días, noches, sueños, y Auroras, y Jacob siempre vive en mi memoria. Dame, besaré tus manos, serrana del alma mía, bastaba dar mi porfía envidia a tantos serranos. Sin hacerme estos favores, que han dejado mi sentido tan solo en vuestros amores, que ya de desvanecido no cabreé entre otros pastores. No me deis tanto serrana, que para los que me ha hecho vuestra lengua soberana, tengo el aposento estrecho, aunque entran de buena gana. Soberbio me habéis dejado de puro favorecido, a perder me habéis echado y no podré de perdido guardaros vuestro ganado. No deis así los favores a quien tan poco merece, siendo para vos mejores, que todo en vos bien parece, Sino díganlo estas flores. dígalo esta fuente clara, que entre ellas corriendo aprisa, fuera bien que os murmurara que les dan color y risa vuestros pies y vuestra cara. No quiero tanto favor, ser de vos basta, admitido un extranjero pastor que solamente ha venido a conquistar vuestro amor. Mas vuestro amor mereció. Ya no puedo estar más loco. ¡Ay Jacob! Serrana mía, llegando va poco a poco el Sol a partir del día. Y para que no te ofenda, a casa será razón que te vuelvas por la senda del sauce, y ten atención, que por ningún caso entienda. Tu padre como nos vemos a solas, pues queda ahora conmigo en tantos extremos, y allá a la tarde, pastora, en el baile nos veremos. Que allá voy a apacentar mi ganado. Enhorabuena, no me tienes que encargar. Así entretendré mi pena con el sufrir, y esperar. Y para que nuestro amor cueste mayores desvelos, y tenga gusto mayor, procura pedirme celos, o yo a ti con el rigor. Que si verdaderos fueran, la primera vez Raquel mía, que nos veamos que esperan al desengaño un gran día de gusto aunque al gusto alteran, con los celos los amantes, que ayer me dijo un pastor sobre casos semejantes que no hay celos sin amor, y suelen ser importantes, para su aumento, y después, de mi mano da un carnero allá al valle del ciprés con otro, celoso, y fiero, arrancando con los pies, la verde grama, y la tierra, vi, que a un lado se apartaban a la falda de la sierra, las dos frentes se midieron, y las cabezas temblaron, y al golpe no se rindieron, que otra vez se retiraron, y otra vez acometieron. Partí allá con el cayado, y antes de llegar, le tiré, puso paz, mal de su grado, que es cetro que regir suele todo un reino de ganado. Y aunque otras veces había visto esta misma porfía, pensé, acaso, que riñesen. Sin saber que celos suelten, hasta entonces, Raquel mía. Porque miré con cuidado, y vi que una blanca oveja, la más bella del ganado, que de una crespa guedeja cubría el lomo dorado. Fue recibido uno de ellos, el que vino más ufano, y entró vencedor entre ellos, y como tu blanca mano componerme los cabellos pudiera, ansina lo hacía con las manos y la boca, que racional parecía, trocando la pasión loca de celos en alegría. Y no, no hay duda que los celos, dando primero pesar con envidias y desvelos, venidos a averiguar, que tengan nombre de cielos. Enséñame cómo son, para que pueda agradarte. No sé su definición, ni apenas podré enseñarte lo menos de su pasión. Porque de su mal ni bien tuve jamás experiencia, quien los conoce más bien, dicen, que son de la ausencia hijos, y otros del desdén. Otros, que de la ocasión, otros del amor al fin, hay en esto confusión. Gente debe de ser ruin, pues no se sabe quién son. Lo que más vengo a pensar de estos es, que deben ser quejas, llegando a envidiar, que uno alcanza a merecer lo que otro llega a alcanzar. Y no debe consistir siempre en alcanzarlo todo. Si no en ver, hablar, reír, Con otros, y de este modo se los podemos fingir. En la primera ocasión, tomándola de cualquiera, con razón, o sin razón. Finjamos, más no quisiera que amargase la invención. ¿Cómo tiene de amargar, siendo todo fingimiento? Que en burlas ha de parar. De un conocido intento suelen muchos resultar, y yo fuera de opinión, que pasar nadie emprendiera vado a un río en confesión, que primero no le hubiera pasado en otra ocasión. Que el búho no convidara, hambriento, con el cordero, que a una víbora abrazara, y que del viento ligero firmeza alguna esperara. De la mentira verdad, de la oscura noche día, ni hacer en conformidad con un traidor compañía, y con un loco amistad. Creer al mar sin razón, y pedir a sus locuras constancia, que en conclusión, esto mismo hacer procuras no sabiendo lo que son. Deja celosas porfías, que a nuestro amor les añades, pase como estos otros días, que en dando en curiosidades hará dos mil herejía. Pues ¿te puedo yo ofender? ¿Ni tú a mí? No pastor mío, pero puedo hacer un celoso desvarío. No hay son los dos que temer. Pues haré tu gusto así. A ver quien, a quien engaña primero. Serás tú a mí, porque mi fe es tan extraña que o podrá contra ti. Aun de burlas intentar engaño. Ni de la mía pudieras esto dudar, allí se aparta una cría, al monte voy a atajar. Luego vuelvo a despedirme. Raquel de ti hasta la tarde. No tienes de que advertirme, que un siglo harás que te aguarde, siempre amante, y siempre firme. Desde el prado de los olmos vengo, Raquel en tu busca, herida el alma de agravios, porque de amor fue ventura, y porque espero el remedio de estas blancas manos tuyas, y de este divino ingenio, con quien el mayor se ofusca, pudiendo enseñar de amo, amor, y firmeza a muchas de las zagalas, que el valle con tus ganados ocupan, y ausente hayas a todas en belleza, digo, a algunas, porque no es razón que agravie de mi ingrata hermosura, perdóname, que las leyes de amo aquí me disculpan, y me mandan, que al Sol mismo aumenta, al que presuma, y al fin, porque de ti espero remedio a mis desventuras, porque podrás con Elisa, como al fin señora suya, y porque también te toca la causa de que me culpa, hacer de una vez dos cosas en mi amor, y en la honra tuya, a que me remedies vengo. Suspensa estoy y confusa, prosigue Lauro adelante, habla ¿qué aguardas? Escucha. Ya sabes, Raquel, del modo que a Elisa he querido, nunca faltando a la fe de que debo, ni tan poco a lo que gusta con honrados pensamientos, que Liseno, por ventura su padre, Rabadán vuestro, que en nuestro amor se descuida, me la diste en casamiento, siendo igual la sangre suya a la de mi padre Alcino, que hacer lo mismo procura, me hallo ahora acabando este collar en las murtas, que este arroyuelo coronan, entre espadañas y juncias, para su querido manso, en el hurtando la industria los colores a los campos, cuando el Abril los dibuja, me dijo, que para el tuyo labraba el collar sin duda y que eran, sin engañarse, todas las colores tuyas, y que adoraban tus ojos, mira Raquel qué locura, para quien no es a su sol, águila, a quien no deslumbra, y añadió a este disparate, que buscaba coyunturas para verte, y para hablarte, diciéndome mil injurias, quise yo satisfacerla con razones y cordura y huyó de mi vista al monte lleno de celosa furia, ha tenido de ti siempre. Estas sospechas injustas. Porque ve, que como a dueño mi fe servirte procura, vengo a buscarte afligido, para que dándoles culpa a sus locos pensamientos, de mi amor quede figura, desengaña, Raquel bella, a Elisa, en estando juntas, porque mi amor, y tu honor tantos agravios no sufran, así a Jacob o largos años goces, y el fin que te anuncian siete años de pretensión vuestras esperanzas cumplan. Déjame a mi Lauro el cargo, que pues me toca la injuria yo sabré satisfacer a Elisa quien celos busca pudiera en ti aborrecerlos y en ti viera su figura, y si dan tantos pesares, es cuerdo quien los escucha. Ya me esperará Raquel. No hay que encargarme, descuida pues me va a mi tanto en ello. Dame estas manos que hurtan a los rayos el poder, y a la noche la blancura, y las besaré por tantas mercedes. ¿Qué es lo que escuchan, y ven mis sentidos, cielos? Toma el collar, y procura hacer las paces con él. Muestra. Tantas penas juntas las manos le ha dado y luego ha tomado de las suyas un collar, y dijo al darle, para hacer las paces, ¿mucha paciencia tengo? ¿Qué es esto? Es sueño quise de burlas probar los celos, y ahora de veras mi fin procura. Con esto voy yo llegando. Te guarde Dios. A perjura a falta de enemiga ingrata, te mereció estas injurias mi amor, más quizá me engañó, con pasión el alma juzga, pero si lo que vi aguardo Esta es, celos, vuestra furia, pluguiera a Dios no os hubiera deseado, porque nunca gustará vuestro veneno, que tanto el alma disgusta. No sin causa de los celos me hizo tantas preguntas Alfeo ayer en el valle, mi agravio saqué sin duda y a mí me lo han escondido los cielos. Aquí se escuchan, voces, no es Jacob, ¿qué es esto? ¿Qué ocasión mi bien perturba vuestro pecho? La ocasión que me ha dado mi fortuna. Lloro una fe de siete años mal empleada, una injuria contra un inocente amante, lloro unos celos, que turban la serenidad de un alma, que muere ya en noche oscura. No te entiendo. No me entiendes. Así sin duda procuras pedirme, Jacob, los celos que concertamos y buscas ocasión de esta manera. Raquel estas fueron burlas y estas son ahora verás. Que bien lo finges escucha te satisfaré. Mejor sabes tú fingir, perjura, a dónde se fue el pastor que estaba contigo injusta, ¿con quién has hecho las paces por este collar? Qué aguda ocasión tomar supiste. Que con falsa risa encubras la vileza de tu pecho. Mi bien no me pongas culpa, que no se fingir respuestas a tus celosas preguntas. Antes de tus fingimientos serrana ingrata me injurian mudanzas, celos y agravios, que mis esperanzas burlan, ya se que era toda engaños, y que dilatas, sin duda, con tu padre el calentamiento, y en esto, mi bien procuras, pretendí con falsos celos acrecentar mi ventura, y no tome sus consejos, que en desengaños mudan. Parece que hablas de veras. Hoy lo verás, cuando acudas a ver mi muerte. ¿Qué dices? Enemiga lo que escuchas, goza el villano pastor que favoreces, y suba al cielo de tu belleza y a mí celos me estaban. Aguarda mi bien, aguarda que rigor de estrella injusta va llenando mi inocencia a tan grandes desventuras, aún no merece mi amor que esperadles las disculpas, que pueden darte verdades, tan claras, y tan desnudas. Hay celos que me habéis muerto, mala haya Elisa tu burla, mal hayan Lauro tus quejas, y las esperanzas tuyas, hacerme pedazos quiero. Collar mal fuego os consuma, sin que la ceniza apenas aire, ni tierra la sufran, a buscarte voy, espera mi bien, porque aunque se suba al cielo, subiré al cielo de mi amor sobre las plumas, antes que baste a olvidar tanto amor tanta fe junta, el destino, el rigor, de una celosa locura ay celos quien os busca, al mar se arroja, y tienta a la fortuna. Así no falte a tu manada Alfeo paso jamás, en medio del estío, y déjate el enero los arroyos para dar de beber a tus ovejas, y alcances de Narcisa el bien qué esperas, y sin celos que es mal desesperado, puesto que abonas este mal por feo, que me digas, por Dios, que fue la causa de aconsejarme que tuviese celos ¿esta otra tarde que anduvimos juntos? Sabías algo de mí, ¿que en mi ofensa intentaba Raquel? Herido bienes de la hierba de celos rigurosa, esto has de imaginar de una serrana, la más prudente, más honesta, y bella que mira el Sol en todo lo que alumbra, ¿y después de siete años que la quieres? Te aconseje aquello, discurriendo sobre cosas de amor, ¿qué has sospechado que te alborotas? Solo tus consejos. Celoso estoy. Hoy corre mal de celos, hoy a Lauro encontraré también furioso, porque celosa Elisa le dejaba sobre un collar, que para el manso suyo, labraba en el arroyo de las murtas. Ciertos mis celos son, que el collar mismo le dio Lauro a Raquel. Sin duda alguna que Elisa, al final como mujer celosa, te habrá dicho, que Lauro a Raquel quiere siendo imaginaciones de sus celos, que todas son fantasmas y quimeras. Más se descubre la desdicha mía. Porque ve que la sirve diligente, como Criado, al fin, del padre suyo que yo le aconsejé, que a Raquel fuese, viniendo a mi desesperado Lauro, porque Raquel desengañarse a Elisa, y cesasen sus males temerarios, y le diese el collar junto con esto para las paces de sus celos locos, porque mirando que ella se le daba tuviera fuerzas más el desengaño, y con esto partió de ti mí a buscarla, como corzo con flecha, al cristal puro del bullicioso arroyo y no he sabido el suceso después. ¿Ha mucho, Alfeo, que esto pasó? No debe de haber mucho. Alfeo de las rabias de mis celos me has sosegado el alma, Dios te guarde, estos fueron mis celos, estos fueron mis males, mis sospechas, y mis penas, con qué facilidad que me has sanado, este collar hallé que Lauro daba a Raquel, y decía juntamente Y como estaba lleno de los celos, de que tantas lecciones me enseñaste, salí tan buen discípulo, que loco yéndose Lauro, dije mil injurias a mi amada Raquel, sin esperarla que me diste disculpa. Extraño hierro. Que podré hacer, Alfeo, que he ofendido la honestidad mayor que tiene el suelo. Idle a pedir perdón que dos amantes que se han querido mucho, fácilmente se desenojan. Tu consejo tomo, quiero a Raquel buscar. Búscala y luego que las paces hagáis, veréis que dulce fin tienen vuestros celos, que habréis dado por bien sufrido todo el mal pasado. Esta es, Elisa, la verdad y agradece a mi cordura, que tu celosa locura, que es más que temeridad. Como es justo no castigo Y mira lo que tu antojo celoso cuesta al enojo que desesperada sigo. Por un pastor, que el ganado apacienta de Labán mi padre, entre los que están con este mismo cuidado. Por un Criado en efecto el que puede igualar, tan gallardo, y tan discreto. Por mi sangre un pastor pobre, Criado, al fin, de mi padre, y que le parió su madre, quizá al tronco de algún roble. ¿En qué humano entendimiento puede caber cosa igual? Causa ha sido de tu mal mi celoso pensamiento. Perdonad Raquel, que amor hace iguales desvaríos. Llorarán los ojos míos de tu locura el rigor. O mal haya tu collar, que ha sido en desdicha tanta cordel para mi garganta. Yo le iré a desengañar, contándole la ocasión de su engaño, y sus recelos. No le han dejado los celos para la razón, razón. qué mal me has hecho. Triste con razón estás, pero no pensé jamás. Desasosegar tu pecho. A buscar a Jacob voy, y verás que presto estáis en paz, y que os abrazáis o no seré yo quien soy. Imposible me parece, según fue desesperado. Yo voy, y pierde el cuidado que quien cela no aborrece. De la gloria de amor, celos, e infierno, celos, del mar de amor, tormenta extraña, celos, traidor que vende al que acompaña celos, veneno de la vida eterno. Celos, reino confuso sin gobierno, celos, serpiente que en la hierba engaña celos, pared que estriba en débil caña, celos, del Mayo amor, helado invierno, celos, papel de mentirosa historia, celos, quimera de la fantasía, celos, del sueño del amor desvelos celos, guerra civil de la memoria, celos, nube del sol, niebla del día, celos, que me matáis, dejadme celos. ¿Dónde vas Raquel? ¿A dónde? Tras el celoso rigor que de mi vístase asconde, qué falso, Jacob, tu amor a mi verdad corresponde. Aún disculpas no esperarás de una mujer que has querido, cuando en mi mal te engañarás. Ahora en que engaño ha sido, Raquel,¿los celos reparas? ¿Ahora echaste de ver que fueron burlas? ¿Así quieres disculpas tener de mis injurias? Aquí vuelvo a dártelo a entender. Cuidadosa que quedabas creyendo mis burlas. Bueno, así de burlas hablabas, cuando, Jacob, al veneno de ellos, muerta me dejabas. Cuántas veces te advertí si eran burlas, y tú loco formabas quejas de mí, mi valor teniendo en poco y echando rayos de ti. Eso era engañarte más. Pues Jacob, con pruebas tales alguna vez me hallarás muerta, a tiempo que mis males ya remediar no podrás. Que si más tarde vinieras pudiera ser que me hallaras ya con las ansias postreras, porque son las burlas caras que parecen tanto verás. De hoy más a los celos fieros puedes ir de mano dando, basta, Jacob, los primeros que si atormentan burlando podrán matar verdaderos. Yo os prometo Raquel mía de que no los nombre más que me han dado, a fe, mal día dame esos brazos, si estás sin enojos. Cual podía. Viéndote durar en mí, abrazos, y alma te doy. ¿Eres mi esperanza? Sí. ¿Y qué más? Tu esclava soy. ¿Y me quieres? Vivo en ti. ¿Me olvidarás? Jamás. ¿Serás mía? Y más que mía. ¿Cuándo? Presto lo verás. No sé. En el cielo confía. Mucho te quiero. Yo más. ¿Te perderé? Son antojos. ¿Y tu padre? El miedo olvida. ¿Por qué? Porque es darme enojos. Ay serrana de mi vida. Ay serrana de mis ojos. Abrazaos otra vez, bueno es Elisa, que enredes con tus celos temerarios el monte, el valle, el prado, y todo el mundo, ¿os parece, que al no haber Jacob hallado un pastor como Alfeo en tantos celos, que erais causa de pocas desventuras? Eso es celos Alfeo, y en la mano de los que quieren bien, no está el poderse refrenar, ni excusar quimeras tantas, Larga experiencia tengo de sus cosas, corrido estoy, a fe, que haya pensado de mi bajeza tan notable ahora, siendo el primer amigo que estos montes de Aran le vieron cuando vino a Siria, y siendo mi humildad tan diferente de la nobleza de Raquel. Los celos son ciegos, y no miran más que sombras, lo que tú, como cuerdo, has de hacer, Lauro, es no darle a entender cosa ninguna que después de pasados unos celos avergüenzan al dueño las personas que se los pudieron dar, refiriéndolo. Ese es consejo de tu entendimiento. Ya estarán más amigos que la hiedra y el olmo, en tiernos lazos abrazados, que, como os dije, se partió al pedirle del engaño perdón. En busca suya, iban con pensamiento de informarle de la verdad del caso, cuando Lauro llegó contigo, y me avisaste, Alfeo. En las paces de dos enamorados mejor se avienen los que son las causas, y entre ellos son terceros ellos mismos. ¿Qué hacéis aquí de esta manera? Timbrio, ¿qué os ha sucedido? Está la caseria de Labán atestada de pastores, y de serranas de gallardos tales, con músicas, y bailes diferentes. ¿Y qué es la causa, Timbrio, de esa fiesta? Determina Labán dar esta noche, cumpliendo la palabra prometida, a Raquel a Jacob. Dichosas nuevas, ¿por qué, di Timbrio, no has pedido albricias? Ya me las da mi alegre pensamiento. Voy a ponerme el sayo gironado, y a traer hacia acá las castañetas, que he de bailar hasta caer. ¿No has visto a los novios? Raquel vino de fuera con el ganado, como siempre suele, y con Labán se entró dadas las manos, y no ha salido más, sin duda alguna deben de estarla componiendo adentro, y su amante Jacob, loco de gusto, del más galán pellico se compone para la boda, dando al cielo gracias, que de sus esperanzas llegó el día. Sin pensar vino siempre el alegría. Quedaos a Dios, que pienso volver luego, como os he dicho. Lauro, Elisa, vamos a la boda, ¿qué hacemos? No estéis tristes, que también llegará la vuestra, cuando mas descuidados estéis. El cielo premie el amor que a Elisa tengo. Lauro, Jacob sirvió siete años, y hoy le premian, también podrá llegar vuestra ventura, y hoy puede ser, que viéndola Liseno a Elisa os dé también, porque una boda suele llevar tras sí, como cerezas, otras catorce, y no parar en quince. Yo os juro, que Raquel sola no sea. Haga fortuna lo que amor desea. Como os he dicho Liseno, con aquesta traza mía me importa casar a Lía primero. No estaba ajeno de ese pensamiento yo y me parece acertado. A mi hacienda, a mi ganado sumamente le importo. Que Jacob viniese a Aran, porque parece, después que puso en casa los pies, que creciendo siempre van. Porque es grande su cuidado, y parece que en el suelo cuanto ve bendice el cielo, y las palabras que ha dado. A su abuelo, y a su padre, se van ya cumpliendo en él, yo le prometí a Raquel por ser mi hermana su madre. Si me servía por ella siete años, que se han pasado, a sus ojos agradado contentándose con bella. Y hoy, que el amor le promete el bien de que queda ajeno, he de obligarle Liseno, a que me sirva otros siete. Porque viéndose con Lía, y no dándole a Raquel, acabará amor con él el fin de la industria mía. Señal la música da de que Jacob ha llegado. Y se regocija el prado del bien que esperando está. Arroyuelos corren de plata y marfil, porque viene mayo, porque sale abril. Arrojan las sierras la nieve de sí, de cristal haciendo arroyuelos mil. Comiénzase el día, y el alba a reír, porque viene mayo, porque sale abril. Aquí vuestra esposa aguarda, entrad a que el premio os den. Aún teniendo cerca el bien pienso, Labán, que se tarda. Ya no hay que tener temor. Gracias a la suerte mía, que llegó el dichoso día, merecido de mi amor. Vuelve a cantar y tañer, pase adelante la fiesta, mientras la cena se apresta. Pedazos me pienso hacer. Arroyuelos corren de plata, y marfil, porque viene mayo, porque sale abril. Pardiez Liseno, este es día de hacer merced, si a la fe. ¿Por qué lo decís? ¿Por qué? Porque aumentéis su alegría, dando a Elisa a Lauro ya, pues veis que se quieren bien. Si ellos lo quieren también, él si de mi parte está. Merécelo Lauro cierto, y habéis Liseno escogido a Elisa un muy buen marido. Llegué de mi dicha al puerto. Dadme vuestros pies, Labán, y vos Liseno también. Y todos el parabién. ¡Qué alegres en verlo están! Para esto ingrato tío, dueño tirano del trabajo ajeno, ladrón del sudor mío, abrasado del Sol, de nieve lleno, en la noche, en el día. siete años de pastor servía. Toda Mesopotamia supo, que lejos de ser vil partido. ni codicioso infamia, sirvió mi amor los años que he servido solo por merecerla, al padre de Raquel, serrana bella. Sirvió a su padre ingrato mi amor, al Sol, al hielo, vigilante, más que el mastín del hato, sin que se le pusiese por delante peligro, ni quererla, mas no servía al padre, servía a ella. No pretendí tirano Labán, que de esto doy bastante indicio mas premio de tu mano, después de tantos años de servicio, sino a Raquel, que es mía, que a ella sola en premio pretendía. Hecho idólatra amante de mi bien, cuando el día deseaba, siempre firme, y constante, adorando unos soles, adoraba con la misma porfía los días, en memoria de aquel día. Mi orgulloso deseo, lo que el plazo tardaba en los siete años hasta el dichoso empleo, venciendo miedos, y animando engaños de gozarla, o perderla. Pasaba contentándose con bella. Y cuando llegó el día después de tantas penas desiguales a la esperanza mía, paga la ingratitud servicios tales, que esta deuda atropella el cauteloso padre en lugar de ella, que habiéndole servido, cuando no fuera hijo de Rebeca, como Siria ha sabido, por su Raquel amada el premio trueca y llegándose el día, por su amada Raquel le daba a Lía. Vendrá a perder la vida, viendo el triste pastor, que con olvido pasa su fe crecida, y en el lugar del premio merecido, le pagan los siete años con cautelosas trazas, con engaños. Tu desconocimiento, tu ingratitud, tu nueva tiranía, tu alegre pensamiento, tu avara mano, y la desdicha mía, a una fe verdadera le niegan a Raquel el bien que espera. Porque a mi amor ardiente, abrasado en la llama del deseo, donde es Fénix de Oriente, niegas trocando el victorioso empleo a Raquel querida, como si de él fuera merecida. Jacob, ya es nuestra usanza a la hija mayor casar primero, mas si de tu esperanza quieres gozar el bien que darte espero y reparar los daños, vuelve a servir de nuevo otros siete años ¿Y será Raquel mía? Sí, Jacob. Ese si tendré guardado, Labán, desde este día, que ese sÍ que remedia el no pasado, mi amor un siglo espera, y mil sirviera más, si más tuviera. Quede esto de esta suerte, y vamos alegrar el casamiento. La vida hasta la muerte te ofreciera a servir mi pensamiento, si fuera igual medida, para tan largo amor tan corta vida.
JORNADA TERCERA
Haced poner en orden los camellos, y pasemos delante caminando, porque esta noche he de pasar en ellos el Éufrates de plata, que rogando va de tierra de Edom, los campos bellos, siguiendo al que de mí se va burlando, porque contra mi gusto no pretenda llevar mis hijas, y usurpar mi hacienda, Jacob ha de morir viven los cielos, y toda su traidora compañía, que aunque de mi furor va sin recelos, le tengo de matar antes del día, y puesto que el amor de sus abuelos le saca de Najor, no le debía este furor que muestro, y por su madre, le he de dar muerte en casa de su padre. Mas antes llegaré, que el ladrón llegue a ver a Isaac, de su traición ufano, cuando el cielo se enoje, y el Sol ciegue, para encubrirme, al bárbaro villano: No hayas duda, que el cielo a Jacob niegue lo que le prometió su padre anciano, pues cumple su palabra siempre el cielo, y fue palabra que le dio a su abuelo. Antes siempre, Labán, fue mi consejo, que no siguieses a Jacob, pues sabes, que del gran Patriarca Isaac, espejo de nuestra edad, Jacob, ríen tan graves prendas en su favor. De furia dejo de responderte. Puede ser que acabes en la empresa, Labán, que airado sigues, pues a Jacob, como a ladrón persigues. ¿Pues no tengo razón? Qué razón tienes, si Jacob te ha servido tantos años, acrecentando el colmo de tus bienes, como tenemos tantos desengaños, y cuando después de esto a saber vienes, que queriendo dejar reinos extraños a su casa, en la amada compañía quiere volverse de Raquel y Lía. Le impides, le detienes, y le engañas contra la voluntad del justo cielo, que según conocí de sus entrañas, le manda que se vuelva al suelo patrio. ¿Para esto, di Liseno, me acompañas? Labán tu daño, y nuestro mal recelo, que injustamente lo que intentas culpas. Cómo, a un ingrato Rabadan disculpa. A un ladrón fiero de la sangre mía, y la segunda que es la hacienda, alabas, que no contento con el mal que hacía, llevándose mis hijas como esclavas, los ídolos sagrados que tenía, también me llevan hurtados, ¿y no acabas de persuadirte a la razón que tengo? No me quedé en Aran, contigo vengo, Pero yo te aconsejo lo que importa, haz tú lo que mejor te pareciere. A que le mate mi furor me exhorta. Será, si el cielo no lo defendiere. De aquí el Éufrates la jornada es corta, Los camellos aguardan. Jacob muere si le alcanzo mañana, a subir vamos. Todos en los camellos te esperamos. Comienza a caminar, que vive el cielo que ha de morir Jacob a nuestras manos, rabio de furia, y no me sufre el suelo de ver mis pensamientos inhumanos. La tierra tiembla al parecer, recelo, que estos montes que están de nieve canos quieren caerse sobre mí, ¿qué es esto? Un notable temor me ha descompuesto. Todo mi pecho se arde en viva llama, ¿qué es aquesto fortuna? ¿Qué me quieres? ¿Qué voz es esta que me llama? Labán. ¿Quién eres voz? Yo soy. ¿Quién eres? Soy el Dios de Jacob, que a Jacob ama, y mira que te mando, si le vieres, que no le digas ásperas palabras. En mí, Dios de Jacob, con fuego labras, siendo de hielo juntamente, digo que airado a penas mirare sus ojos, que de tu mano ya temo el castigo, siendo ejemplo a los hombres mis despojos. Y a verle solo sus pisadas sigo, desde aquí refrenando mis enojos, temblando voy con desigual tristeza, voz del Dios de Jacob, de tu grandeza. Aquí descansar podemos, hermosísima Raquel, pues de tu padre cruel ningún recelo tenemos. ¿Sabes cómo viene Lía? Buena, que sus hijos vienen con ella, y cuidado tienen de su regalo aporfía. Rubén, Simeón, Leví, Isaacar y Zabulón, y Judas, no hay ocasión que se aparten de ella. Así a Dios y a mi agradaran. Y Dina del mismo modo le acude Jacob a todo desde que salió de Aran. Hermosa viene en extremo, y más parece a su tía Raquel, que a su madre Lía. Su grande belleza temo. Joseph, ¿Raquel, cómo viene? Como muchacho ha sentido el camino, aunque ha venido siempre en mis brazos. No tiene ninguno donaire tanto, ¿a mi Joseph cómo va? Creo que dormido está. Y no será mucho espanto. Ya despertó. Padre mío, ¿qué quiere? Póngame madre en el suelo con mi padre, si hemos ya pasado el río. Dormido le habéis pasado. ¿Adónde, quiero saberlo, le llego el agua al camello? Pasó el río casi a nado. Oste, si cayera en él, dígame madre querida. ¿me sacará? Sí, mi vida. O yo me asiera a un cordel, y luego arriba subiera. O cayeramos los dos, o no cairías vos, Pues alguno lo quisiera. Y más de alguno hace. ¿Quién? A Judas diera alegría, y algunos hijos de Lía, porque no me quieren bien. Que esa otra tarde, Isaacar con Judas me amenazó, porque estaba solo yo, que me tienen de matar. Nunca se logren, si tienen en vuestro mal, y en mi daño, pensamiento tan extraño. En viéndome solo vienen, a mal tratarme, y me dan pellizcos, y torniscones, y unos que llaman capones. Pues desde hoy conocerán de qué suerte han de trataros. Ríñalos padre muy bien, porque otra vez no me den. Mil veces quiero besaros, que aún en quejaros tenéis Joseph, donaire. Señor, ahora de mi valor. Decid, hablad, no os turbéis. ¿Qué ha sucedido? Labán, el río se ha descubierto, ocupando ese desierto, de ganaderos de Aran. Perdidos somos sin duda, que él viene a darnos, la muerte. No temáis contraria suerte, mientras el cielo os ayuda Jacob con vosotros va, y aunque Labán viene insano de cólera de su mano, mi Dios os defenderá. Que el que mandó salir de tierra de Aran, pretende defendernos, y al que entiende en nuestra ofensa venir. Si no le ataja los pasos, le quitará los intentos de sus locos pensamientos, y porque de adversos casos. No temáis ofensa, quiero salir a recibirle. Yo le saldré a recibir padre, que a mi abuelo espero. Yo solo desenojarle, y hacer que os abrace luego. Viene mi Joseph tan ciego, cubriendo de gente el valle. Que apenas os podrá ver, sino es, que como a elefante os ponen a vos delante, porque suele suceder. Cuando más furioso está, poniéndole un niño, hacerle, que mil hombres no atropelle. Así mi abuelo será. Dejadme padre salir, y veréis como le amanso, saldré como sale el manso cuando ve al pastor venir. Contra su manada airado, que echándole a los pies se los abraza, y después se los lame. Ay hijo amado, no veis que es lobo el que viene que teniendo os manso allá beber la sangre os querrá, aunque vuestra sangre tiene. Mejor será que os quedéis con el ganado, y mejor será que salga el pastor, y vos no os aventuréis. Con vos he de ir. Prenda mía guardaos del lobo cruel. Ya llegó Labán.[......] Vete a la tienda de Lía. Y déjame el cargo a mí de hablar a tu padre. Estoy, temblando, a la tienda voy, quédate Joseph aquí. Claro está. Extraños extremos. Déjale. En esta ocasión, solo señora es razón que los hombres nos quedemos. Vete Raquel. Mire el cielo por ti, y por Joseph también. Por Dios, si no os trata bien que me enoje con mi abuelo. Aquí está Jacob. Aquí quisiera hacerle pedazos, mas me ha puesto en los brazos. esposas el cielo. Así verás que le favorece y que está Dios en su pecho. Jacob, no ha sido bien hecho, si bien hecho te parece. Haber mis hijas llevado de mi casa a ajena tierra, como despojos de guerra de algún lugar saqueado. Sin que mi intento supiera, de quien miro los defectos, y a mis hijas, y a mis nietos últimos abrazos diera. Saliendo como es costumbre en toda tierra de Aran, los que a las ajenas van, con música pesadumbre. Notable, Jacob, me has dado, y agradece al Dios que adoras, que ayer, Jacob, a las horas que se puso el sol dorado. Me dijo al pasar del río, que no te tratase mal, que hoy vieras castigo igual a tu loco desvarío. Pero ya que haber la casa de tu padre te partías, entre tantas prendas mías como me llevas, me abrasa. Ver que me llevas allá mis ídolos, ¿qué se han hecho? Que pues no son de provecho para ti, pudieras ya. Volvérmelos. Sabe el cielo que no los tengo, Labán, pero yo quiero, si están en nosotros que recelo. El ser posible que muera por ladrón de tus altares, en cuyo poder hallares esos dioses de madera. Delante de todos, luego, mira lo que llevo todo en mis tiendas de manera, que el viento escombres, si ciego. De la furia con que vienes a mis entrañas piadosas puedes distinguir las cosas, y si entre mi hacienda tienes. Alguna cosa Labán, tuya, licencia te doy, que te la lleves. Ya voy, que sé, por cierto, que están. Mis dioses entre la gente y buscarlos quiero. Ven. Si dice que quiere bien mi abuelo a sus nietos, miente. Ídolos y dioses vanos, que de mi padre os hurté, porque con esto pensé verme libre de sus manos. Con mi Joseph y mi esposo, viendo que Dios le mandaba dejar su casa, y pensaba que mi padre cauteloso. Como otras veces solía, para saber vuestro engaño, os consultase en el daño de mi amada compañía. Alcanzando de vosotros a saber nuestro camino, porque el furor con que vino desde Aran contra nosotros. Pudiéramos detener, parece que desde acá le disteis aviso allá, como acostumbráis a hacer. Espías sois que llevamos entre nosotros, y así os he de quemar aquí, porque más seguro vamos, y porque mi padre ingrato, Joseph a todo correr viene acá, ¿qué hay hijo? Trato, madre un caso he de avisaros extraño. ¿Qué es hijo mío? Mi abuelo. Algún desvarío intenta. Viene a miraros. Si en vuestra tienda escondéis unos ídolos. Primero al fuego darlos espero. Mirad si vos los tenéis. Porque le ha dicho mi padre, que si los halla, dé muerte a quien los tuviere. Ocasión fuerte. Pues diga madre, ¿los tiene ella? Yo no, esconderlos me conviene. Ya mi abuelo madre viene con mi padre. Triste yo. Puesto os habéis amarilla. Con ellos me coge aquí, pensamiento extraño allí, de un camello está una silla. Quiero ponerlos en ella, y encima de ellos sentarme, sin procurar levantarme lo que aquí estuviere de ella. Qué achaque no faltará en la ocasión, y a mujer. ¿Qué es lo que quieres hacer, madre? Un desmayo me da. y sentarme un poco quiero. Ya llegan mi abuelo y padre. No le digas nada. Madre, con ella aquí los espero. No hay hallar lo que procuro en cuanto los he buscado. Ya estarás desengañado. Sí, pero jamás seguro. ¿Pues no te asegura el ver que no los hallas? ¿Aquí quiero mirar que hay allí? Aquí sola una mujer. Si también merece nombre de tu hija. Raquel mía ya te eché de menos con Lía, abrázame. No te asombre. Estar sentada, Labán, sin levantarme a tus brazos, que ordinarios embarazos, a las mujeres nos dan. Dando cada vez tributo, a naturaleza impiden, que me levante. No piden de mi amor amado fruto. Los abrazos paternales, forasteros cumplimientos, estate así. A tus intentos fueron mis trazas iguales. Jacob yo estoy satisfecho, volverme pretendo a Aran. Yo he de pasar el Jordán esta noche, que sospecho ver a mi hermano mañana, y hacer las paces con él. Su pensamiento cruel trocará la soberana Mano, Jacob, de tu Dios es piadoso e inefable, y en amistad perdurable os enlazará a los dos. De la manera que a mí me trocó los pensamientos. Muda el cielo los intentos injustos. Vamos de aquí. Y escuché de ti las nuevas que de tu abuelo Abraham. Vivas mil años Labán. Yo voy contento que llevas a mis hijas. Dios te guarde. Adiós Raquel. Padre a Dios. Siglos os gocéis los dos. Váyase abuelo, que es tarde. Abrazadme nieto amado. Envíeme, ¿lo hará? Hágalo. Natas y quesos, abuelo, cuando ordeñen el ganado. Ya os regalaré, abrazadme, Jacob. Sois mi padre al fin. Encomiéndeme al mastín del hato. A Dios y mandadme. Y yo adelantarme quiero Raquel, pues se va Labán, luego esta noche al Jordán, adón dé a mi hermano espero. Que ya le envié avisar de mi venida, no sé de qué modo lo hallaré, que los días y el mudar. De tierra pudieron ser causas de haberlo mudado, y de la gente, cuidado mi Lía podrá tener. Que solo esta noche intento, pues llegué a tierra de Hedon, hacer al cielo oración, porque trueque el pensamiento. A Esaú, como trocó al de tu padre Labán. Olvidados estarán los enojos. Pienso yo que ya estarán olvidados, o lo acabarán los cielos, con que en medrosos recelos no me puedan dar cuidados. Vamos Raquel, que de Lía despedirme determino. Vamos sabrás de camino una invención. ¿Cuya? Mía. ¿Cómo? En esta enfermedad que a mi padre le fingí. ¿Fingida fue? Jacob sí, porque fue necesidad por mí, y por ti. Sutil eres. Importó de esta manera. No será la vez primera que saben fingir mujeres. Dice Jacob que tu amistad desea con las verás que es justo desearla, y para confirmar las paces gusta que le mandes, haciéndote un presente de camellos, ovejas, y carneros, de lo cual viene rico y abundante, y a sujetarse con sus hijos todos, y sus mujeres, a tus pies humilde, que esta noche, sin duda, el Jordán pasa, y llegará mañana a vista tuya, cubriendo de ganados y camellos, de Edom los campos, y desiertos valles del dorado Jordán. No se le acuerda a Jacob del agravio que me ha hecho. Perdón de eso te pide, y te asegura ser leal hermano eternamente, y su amistad te importa, porque es hombre. Jacob de amables partes, y la tierra, de Aran deja envidiosa su partida, que era el pastor que honraba aquellos campos porque a su entendimiento no igualaba el mejor de la sierra, ni a su talle el más galán pastor, ni a sus costumbres el más compuesto, a su valor extraño, el mayor al más generoso, ánimo, el zagal más valiente; cuando había, en corro de serranos y pastores, baile, conversación, el solamente se llevaba la gala: si tiraban a la barra, pasaban con diez pasos al más fuerte serrano; si había lucha, llevaba premio, siendo de manera, que era ya condición que se ponía, en no luchar Jacob, porque era extremo, sin estas excelencias tiene muchas, que le envidian y quieren juntamente, naturales pastores y extranjeros, y para la mayor era bastante haber sido en el mundo único amante. Basta villano, basta que me enojo de verte alabarle, dile a ese ingrato que se guarde de mí, si vivir quiere, y no llegue a mis ojos; aunque venga más lleno de ganados y pastores que tiene arena el mar, y el cielo estrellas, que dádivas no tienen de borrarme de la memoria eternamente, el hurto de aquella bendición de Isaac mi padre, que llorarán mis ojos para siempre, vuélvele su presente, y de mi parte le dirás, que mañana en esos campos le saldré a recibir con cuatrocientos vasallos míos, y verá del modo que le aguarda la muerte en mis brazos, y a ti que me has traído la embajada no te mato, porque eres mensajero, vete con esto. Obedecerte quiero. Gracias al cielo Jordán que otra vez os he pasado, y si con solo un cayado, yendo a servir a Labán. Os pasé entonces ahora vue estas aguas plateadas os pasarán tres manadas, cuyo vellón el Sol dora. De ovejas y de carneros, aumentando con sus crías espuma, a las ondas frías de estos cristales ligeros. A su blancura se atrevan compitiendo, y ruego a Dios, que otra vez volviendo a vos os agoten cuando beban. Pero qué es esto que ver, ¿esta no es nube? Parece que de ella el sol amanece, si no se engaña el deseo. Mas cerca se va allegando, que notable resplandor, en ella miro un pastor, que al suelo viene bajando. Ya llega al suelo no vi tan bello pastor jamás. ¿A pastor dónde estás? Responderle quiero, aquí. Pues apercibe los brazos, que vengo a luchar contigo. Pastor bizarro de amigo os daré primero abrazos. Tengo fama de que luchas fuertemente, y probar quiero tu fuerza. El lugar primero me dieron siempre en las luchas. No hubo pastor de Labán que no le rindiese yo, y tanta opinión ganó mi lucha en tierra de Aran. Que nadie se me atrevía a los brazos. No me espanto de que tengas valor tanto, llega a ver la fuerza mía. Si eres hombre te venceré. SE TRABA EL UNO CON EL OTRO PARA LUCHAR. No sé pastor si podrás, aunque lo sea. Ya estás arrogante. LUCHAN. No promete. Hombre menos mi valor. Pues enlázame estos brazos, y verás si entre sus lazos puedes alentar pastor. Aprieta bien, y verás como mides con la espalda la tierra. Si esa guirnalda llevas preciarte podrás. Que al más fuerte luchador de toda Siria has vencido, y hasta ahora no he perdido el premio de vencedor. Que aún no siento que me tienes ventaja. Gran fuerza alcanzas. Ya tengo más esperanzas de vencerte, si previenes algún arte, no podrás valerte de él. No prevengo artes, porque fuerzas tengo para vencerte. No das señal ninguna hasta ahora. Fuerte eres, del arrebol queda por señal el Sol se viste, pastor, la Aurora, y no puedo derribarte. Soy pastor luchador fuerte. No puedo pastor vencerte, del muslo pienso aferrarte, y echarte por la rodilla en el suelo que me afrentas. No te valdrá lo que intentas corcovos, ni zancadilla. Si valdrá de esta manera ya que no pueden los brazos. El muslo me haces pedazos y no he de dejarte, espera. Hombre suéltame, que el día llega ya, partirme quiero. Si tu bendición primero no me das de mi porfía. No he de dejar la intención, que ya conozco quién eres, irte luchador no esperes sin darme tu bendición. ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Jacob. De aquí adelante sea Israel, pues bastante ha sido en el mundo un hombre a luchar conmigo. ¿Y qué ese nombre significa? Príncipe de Dios. Publica gran valor. Y grande fe. ¿Eres Ángel de Dios? No, mi nombre es más admirable, queda a Dios. Lucha notable mil veces dichoso yo. Qué más puedo pretender que la gloria que conquisto, dos soles juntos he visto comenzando a amanecer. Ya no me impide el temor de Esaú, pues he tenido tela, sin quedar vencido a un celestial luchador. ¿Pero qué es esto? El presente que le envié vuelve aquí, no hay duda, que contra mí Esaú salir intente. Salir a encontrarle quiero, y el nuevo intento sabré, con todo el cielo luché, vencer todo el mundo espero. Nadie se mueva hasta tanto que yo dé aviso, hoy verá Jacob mi furor, si ya antes no muere de espanto. De verme que le recibo de esta suerte, a ingrato hermano Jacob, por mi propia mano el castigo te apercibo. Llegó de mi gusto el día con la noche de tu muerte. Ya llega Jacob a verte con toda la compañía. De unos pastores que vienen cantando delante de él. ¿Y sus hijos, y Raquel , y Lía? Atrás se detienen. Que dos mangas han formado para resistir su furia. Hoy en todos de mi injuria tengo de quedar vengado. La música sueña ya. Para su desdicha sueña, que, puesto que es de Sirena, darme sueño no podrá. Por Isaac que ha de morir y morir cantando espere, como el Cisne cuando muere, bien se puede despedir. Que sus amados despojos con el abrazo postrero que con la muerte le espero para cegarle los ojos. En la primera lumbre que dio al campo el Sol, a Esaú su hermano vuelve a ver Jacob. No me ha de agradar tonada, que estoy agraviado al fin, que hoy resucita Caín en los filos de mi espada. Dame tus pies Esaú. Abrázame hermano amado qué es esto quien me ha trocado, tú has de darme la mano. Mejor parece los brazos. Aunque parezca mejor, y soy tu hermano mayor, primero que los abrazos quiero que me des tu mano. Sin duda le mudó el cielo. Que soy otro hombre recelo ¿cómo vienes? Bueno hermano, con hijos, y con hacienda para servirte con todo. No sé cómo de este modo, sin que mi brazo le ofenda. Le escucho y hablo, no sé quién el alma me mudó, no parece que soy yo, ¿cómo con Labán te fue? Es larga historia. La fuerza de la bendición me tiene las manos atadas, ¿viene buena tu casa? Que tuerza, su condición y su intento permite el cielo, sin duda, que a Jacob su hermano ayuda. Dios le mudo el pensamiento. Otra vez viene preñada mi Raquel. Y mi sobrino Joseph, ¿cómo vino? Peregrino, es la prenda más amada de mis hijos. Con razón, porque ya han contado de él que es muy bello. De Raquel tales los retrataron. Apercibido tenía antes de salirte a ver, en mi tienda de comer, y me has de hacer compañía. Ven Jacob y comeremos juntos, porque nuestras paces se celebren. Satisfaces de mi amistad los extremos con tantas mercedes juntas. Todo esto debo al amor que te he cobrado. Señor las esperanzas difuntas de agradarte resucitas con tantas mercedes hoy. Después que te vi no soy el que fui. Doy infinitas gracias al cielo de por todo. A darte muerte salí furioso, y luego que vi tu presencia, fue de modo. La mudanza de mi pecho, que en vez de hacerte pedazos, te di el alma con los brazos, mucho al cielo has satisfecho. Pues de esta suerte procura tu vida sin duda importa al mundo que no sea corta, goza Jacob la ventura de la bendición hurtada sobre la cara del suelo, que fue per permisión del cielo, porque de ti más se agrada. Ya está en orden la comida. Siete años ha de pastor Jacob servía al Padre de Raquel, serrana bella, mas no servía al padre, servía a ella, que a ella sola por premio pretendía. Los días, en memoria de aquel día pasaba, contentándose con bella, y el cauteloso padre, en lugar de ella, por su amada Raquel le daba a Lía. Viendo el triste pastor, que con engaños le niegan a Raquel, el bien que espera, como si de él no fuera merecida. Vuelve a servir de nuevo otros siete años, y mil sirviera más, si no tuviera para tan largo amor tan corta vida. Vamos Jacob a comer, que hoy en mi pecho el poder de los cielos te convida. Siéntate en la cabecera. Ocupa el lugar mejor, que eres mi hermano mayor. A ser Rey lo mismo fuera, que tú eres mayor hermano con la bendición que tienes, hoy a gozar tu acción vienes, ya mi vida está en tu mano. Porque obedecerte espero hago lo que me has mandado. Notable mudanza. Ha entrado por medio el cielo primero. Porque a las paces que hacemos se acreciente mayor gloria, cantad algo de mi historia entretanto que comemos. Firmeza extraña de amante. Es su hermosura mayor que pudiera ser mi amor, aunque pasara adelante. Ya la bebida está aquí. Hoy mi amistad has de ver. Mas, porque hemos de beber en la misma copa. Así como lo mandas se haga. Tienes de qué beber primero que yo. Obedecer te quiero. El cielo se satisfaga de mi amor, y me perdone todo el enojo pasado. Bebe ahora hermano amado, y esto la fama pregone. No se vio tanta amistad proceder de enojo tanto. Pone admiración y espanto de Esaú la voluntad. Después de tantos enojos, obras del cielo en efecto, a quien todo está sujeto y mira con tantos ojos. Alzad la mesa, y después quedemos solos los dos. Aumente tus años Dios, Esaú, y la rubia mies. De tus tierras y sembrados, dándote inmenso tesoro, y como los granos de oro tus hijos, y tus ganados. Esa bendición recibo como de mi padre ahora de terneza el alma llora viéndote próspero y vivo. Cuéntame cómo en Aran, después de tu amada prenda, en lo que toca a la hacienda, te fue, Jacob, con Labán. Después de los catorce años, que por mi Raquel amada serví a Labán, como escuchas, que mil sirviera a esta causa. Conmigo Labán concierta, que le sirviese por paga, porque entendió que conmigo sus ganados se aumentaban. Le quedaría como gustaba en su casa, más con una condición, poco a su hacienda contraria. Que fue Esaú, de este modo, que de sus blancas manadas fuesen míos los corderos que le naciesen con manchas. Labán aceptó el concierto y de una industria extraña usé, para acrecentar la hacienda que me faltaba. Tomando de los almendros, y de otros árboles, varas descortezadas a trechos, y a las presas de las aguas a donde iban a beber los ganados enramada con las varas sus orillas, en cuya vista las mansas ovejas, luego se hacían, como acontece, preñadas, porque cuando a beber llegan conciben de mejor gana. Y como estaban mirando las varas llenas de manchas, parían de aquella vez todas las crías manchadas. Las quitaba otras veces, por dar a Labán ganancia, y de esta suerte, ¿parece qué duermes? O viva tabla. De la muerte, él se ha dormido con el cuento y la pesada digestión de la comida, el sueño también me carga. Con el peso de la noche pase hasta mirar el alba con el luchador divino, o sueño ya os rindo parias. Jacob mirado de Dios, Jacob santo Patriarca, mientras duermen los del cuerpo, abre los ojos del alma. Aquel luchador divino, con quien el Aurora blanca te vio, es el Verbo, segunda persona de las tres altas, y la lucha fue figura de lo que la sangre humana, por el pecado primero, para su remedio aguarda. Que de ti permite el cielo, que venga la línea santa de la madre que ha de ser del Sol Aurora sagrada. Irá de ti descendiendo por sagrados Patriarcas y santos hasta Jesé. de quién es esta planta. Pasando desde Jesé, por Reyes y por Monarcas, a otro Jacob llegará después de edades muy largas. Que tendrá hijo del nombre del que tanto Jacob amas, que será casto marido de la madre soberana. Del Verbo que ves encima del árbol por la más alta fruta que el cielo sazone, remedio de la pasada. De esta suerte el cielo quiere, Jacob regalar tu casa, teniéndote santa envidia las Jerarquías sagradas. Dame Patriarca santo a que te bese las plantas, pues tantos bienes mereces, pues tantas glorias alcanzas. Levanta, Esaú; del suelo, que así de esta manera los cielos levantan a los humildes. Tú has sido el blasón de nuestra casa. ¡Oh soberana visión! Ya Raquel, tu esposa amada, y Lía llegan, Jacob. Ellas sean bien llegadas, salgamos a recibirlas, y aquí Senado se acaba el más amante pastor y dichoso Patriarca.
