Texto digital de Los hermanos encontrados
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Agustín Moreto y Cavana
- Atribución estilometría
- Guillén de Castro y Bellvís Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los hermanos encontrados. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hermanos-encontrados-los.

LOS HERMANOS ENCONTRADOS
JORNADA PRIMERA
Justamente celebrado. es tan general contento. En lo visto al pensamiento suspende lo imaginado: con razón llaman la bella a Nápoles. . Con razón, na opinior compite su buena estrella. Pues tú lo eres, sería pequeña hazaña vencer compitiendo. . Agradecer lisonjas es cortesía. Esta silla, vuestra Alteza ocupe, pues le ha tocado el dar lo que tiene al lado; y el coronar la cabeza Carlos, i de Fadrique, sin que fuerza, ni razón de ninguno, a su elección se contraponga, o repliques ya vuestra Altega ha mirado bien la causa que ha tenido esta extrañeza. Y ha sido apurada en mi cuidado; mas porque ninguno esté en duda, en público quiero, que me la escuchen primero, y así verán que la sé. Guillermo, el último Rey de Nápoles, que en el Cielo goza gloria, a compás que en la tierra dejó ejemplos; de su esposa, hija del Duque de Lorena, le nacieron dos hijos juntos de un parto, en cuyo trance, teniendo, o con malicia, cuidado, o descuido, con extremo; no conocieron cualera, para que fuese heredero, el que primero nacía, su felice nacimiento, o porque luchando entonces, nacieron los dos a un tiempo, no echaron de ver cualera el legítimo heredero. Viéndose en aquel estado el Napolitano Reino, aunque en lo presente altivo, en lo por venicincierto; Pidió al Rey, que para cuando cobrase en su vida el censo, lo que a nadie no perdona, le señalase heredero; con el discurso previno, y ordenó su testamento, un modo de proceder, tan honrado, como cuerdo; y fue, que después que fuese el a gozar de los Cielos, a Francia fuesen por mí, que tengo igual parentesco con los dos, por haber sido de los dos común abuelo. El de Lorena, y con quien haciese mi casamiento, a ese diesen la Corona de Nápoles, donde vengo para hacer esta elección, que a todos tiene suspensos: esto he visto en sus papeles; no es esto Marqués? Lo mismo, aunque mejor en tu boca, perfeccionado, y dispuesto. Carlos, aunque entre los dos no hay mayoria, bien puedo hablar yo. . El ser más cortes nunca ha sido el valor menos; y así, aunque vean que yo el primer lugar te dejo, no tendré para el segundo, menores merecimientos. a, que en ocasiones Supuesto el ser veró de lograr pretensiones; con justas esperanzas, tienen lugar las propias alabanzas; por darte en mi favor valientes bríos; te quier o referir meritos míos de que tengo en la mano, y en el pecho, para no recelar al mismo Marte, a la gente de guerra de mi parte. Fadrique, en sinrazones te has fundado, si la fe que has jurado, bajamente has rompido, e. merecerá ser Rey un fementido? y el quebrantar con serlo, la obediencia de un padre, es valerosa di igencia? pero para que veas fácilmente, que sobre el ser prudente, e cuando el ser fuerte importa, se esfuerza mi valor, mi espada corta, contra tu agravio, yo seré el primero que de a la mano el vengativo acero. Nápoles, viva Carlos. Carlos viva. . Teneos; hay suerte esquiva! Nápoles. . Tente, espera. Viva Fadrique. . Viva. ̱. Y Carlos muera. Marqués, parte a obligarlos, a que muera Fadrique, y viva Carlos. Incultas asperezas, que por balles, y cumbres, lleváis mis pesadumbres, y aumentáis mis tristezas; cuando en todo contemplo, de mi vida un retrato, y un ejemplo, pues os parezco tanto, sabed del alma mía, que antes con alegría, como ahora con llanto, dichoso amante he sido, y un hombre soy, en fiera convertido. Esta es la cárcel dura, y este el tirano yerro, que fue fúnebre entierro, de la misma hermosura, pues ya la vista incierta, e quien viva lo ve, parece muerta. Ah Cielo soberano! si apenas los despojos. alcanzo con los ojos, que alcancé con las manos; como entre brasas frías, he podido vivir tan largos día Qué despierto está el oído del que espera con cuidado. Sol para mi de eclipsado, ahora recién nacido. Dueño mío, en poca suerte, perdona tantos empleos: cómo estás? Con mil deseos de merecer una muerte. Qué dices? apenas llegas, cuando saetas me arrojas, en tus quejas me congojas, y en tus lágrimas me ciegas. Señora, quien tiene loca el alma, y llena de enojos, que puede dar por los ojos? que puede echar por la boca? que he de hacer, pues no amoroso, ni firme amor te tuviera, si estando así, no estuviera de mi fortuna quejoso? Antes agradezco tanto lo que padeces por mí, que excusar quisiera en ti, siempre quejas, siempre llanto; muda de estilo, por Dios, y dime, si no te pesa, que hace aquella Montañesa, común prenda de los dos? Es un milagroso empleo del Cielo, por quien la admiro. Aunque en el alma la miso, gos d días ha que no la veo. Cómo de ella no he fiado este secreto cobarde tantos años, logras tarde tu deseo; y tu cuidado. Hola, hao, hola. Ay de mí! a quien responden los ecos? escóndete por los huecos de esa peña. . Harelo así. Hola, hao, oyes, espera: no he de parar hasta ver si esta es Eco; esta mujer es hermosa, aunque parlera? Cla, por aquí responde; hola, y también por aquí: voto al Sol que estoy sin mí de villa, sin saber donde, cuando llego por buscarla a las quiebras de estas rocas, que pienso que son las bocas, por donde responde calla: hola, hola; y cuando estoy apartado, sin ver donde, hola, hola, me responde: a cuantas voces le doy: Holazola. Quién da voces? Si es ella? Tan atrevidas, de los ecos repetidas, y por los vientos veloces? Ay Jesús! y qué feroz baja, no son de un linaje, lo rústico de su traje, y lo blando de su voz. huir quiero, mas no puedo. Oye, espera. . He de morir. No temas. . Pues para oír me impide, mi protio miedo? Que te obligo, a la locura de esas voces? oye, espera, y mira que no soy fiera. Eres la misma hermosura: Hoy salitras, de una hyegua desde la cabaña mía, y dando voces, habría andado más de una legua, cuando llegué entre estas rocas, tan altas, como ferocos, y oí remedar mis voces, a los huecos de sus bodas; acórdeme que oí un día, a quien lo debe saber, que era el Eco, una mujer que en las cuevas se escondías diome deseo de bella. uo Graciosa simplicidad! Y si va a decir verdad, para casarme con ella; porque no es para perderse una ocasión, de tener por esposa una mujer tan amiga de esconderse: y que al gordo, y al delgado, ola, o hela, siempa esa sido tan cuerda, que, ha respondido. al tono que la han llamado: con este cebo hasta aquí, entre locuras feroces, llegué ronco de las voces, y de los silbos que di; si por dicha la escondida Eco eres, que apiadada de mí, quieres ser casada conmigo? tuya es mi vida, y mi mano. . Quiera estoy, no soy yo esa imaginada mujer, mas por si te agrada el ser mío; oye quien soy. Yo soy, aunque soy mujer, de todas tan diferente, que puedo atrevidamente serlo, y dejarlo de ser. Hija soy de estas muntañas, y con su misma fiereza, conservo la fortaleza que saqué de sus entrañas: Por estos montes cazando, a los vientos excediendo, alcanzo un gamo corriendo, y mato un ave volando. Después de hacer un bastón pedazos, que un roble es, mato un oso a puntapies, y a puñadas un León: y si algún risco al pasar inconvenientes me enseña, a coces rompo una pena, y doy con ella en el mar; esto soy, si así te gano la voluntad, y doy brío para ser esposo mío, no tiembles, dame la mano no me quieres? Pardiezno, bella eres; mas tener quiero, aunque sea mujer, que pueda menos que lo quiero esposa valiente, pues si la que antes gozaba, siendo cobarde, me daba pesadumbres en la frente, tú que hicieras? guarda fuera. Ya por tu donaire, estoy bien contigo. . Tuyo soy, y ser tu sombra quisiera; mas no ves un jabalí que correfuriosamente? Para ver si soy aliente, y ligera, ven tras mí. Si haré, que no soy cobarde tan del todo. Hay prenda mía! Notaste la gallardía de tu hija? Dios la guarde, que me deja con temor, viendo el peligro en que va. Ninguno le temo ya, pues la escapé del mayor: mas oye que puede ser? entre esas peñas tajadas, rumor de voces, y espadas. Todo para mi es temor. Ay de mí! y es a la espalda de ese risco, en quien volando vi a nuestra hija: rodando baja un hombre hasta su falde, que le persiguen sospecho; socorrerele. Oye, tento. La piedad no lo consiente, que es generosa en mi pecho. . Y yo entre pena, y piedad, sin corazón he quedado, pues los dos me habéis llevado cada uno su mitad: Hy hija mía! ay mi esposo! que me costáis de temores? Estáis herido? . Rigores son del tiempo. Es riguroso. Voyme muerta de cuid por no ser vista. No enseña ser grande herida? Es pequeña, porque yo soy desdichado. Cuéntame, si puede ser, quien eres, para esperar, que a lo menos con callar te pueda favorecer. Tuvo dos hijos, Guillermo, de Nápoles Rey insigne, yo soy el uno, a quien llaman Carlos, y al otro Fadrique. Nacimos los dos de un parto, en un punto, y fue posible (no se conoció) haber sido el dicho, y yo infelice; pues habiendo de nombrar en Nápoles, donde asiste, a uno de los dos por Rey; Aurora, que así se dice, un Ángel, a quien tocó este cargo, al elegirme a mí por Rey, y su esposo, mi hermano lo contradice: yo lo esfuerzo, y en un punto, entre rigores terribles, quedó en Nápoles la tierra, brotando guerras civiles, Pelee yo cuanto pude, todo cuanto pude hice; pero mi hermano, teniendo, o fortuna más felice, o más prácticos soldados, tuyo la espada más firme; Y yo al cerrar de la noche, viéndome cercado, vime con tan pocos al valerme, y tantos al perseguirme, que con hasta diez, no más, surque los mares, y dile, si no de César la suerte, la prudencia de Ulises. Pasé el golfo de Salerno y sin que pudiese asirmo a las Playas Calabresas, por Palinuro infelices, llegué al Faro, cuando estaban, quizá para no admitirme, por encontrar sus corrientes, bramando Scila, y Caribdés. Al fin, peligrosamente, pisamos la tierra firme, yo, y mi gente, arrepentida ya de valerme, y seguirme, por parecerles que tuve culpa de sus naufragios tristes, o porque el estado pobre, es de suyo aborrecible. Leiles los corazones, recéleme, y encogime, y ellos viéndolo, atrevidos, que han de prenderme me dicen, para llevarme a mi hermano, pues su remedio consiste en tan villanas traiciones, y en diligencias tan viles: y sin esperar respuesta, me acometen, yo que quise mas el morir animoso, que acobardado rendirme; con solos dos, que leales murieron por asistirme, me defendí, mas sin ellos, hubiera sido imposible. Si un Ángel entre unas pielos. no llegara, conocile, en que los largos cabellos tendía a los aires libres, esta, y un tesco villano, que valeroso la sigue, con el ardo, y con la honda, flechas, y cantos despiden, con tal brío, que aún ahora imagino que persiguen a mis cobardes contrarios. Yo que agradecido, quise seguirlos, en aquel risco tropecé, y cayendo, vine. al lugar donde me hallaste; donde si ahora me dices, después de saber de mí, que desdichas me persiguen, que manos me favorecen, no dudaré que me alibien los trabajos que me ofenden, y las penas que me afligen. Después de ofrecerte el pecho, y de besarte la mano, en buena correspondencia, te debo, famoso Carlos, fiar los secretos míos. El Duque soy de Montalto, Marqués de Orense, y Señor de tan importante Estado, que si del Rey de Sicilia no fuera leal vasallo, como le hubo en los montes, me le opusiera en los campos. En el tiempo más florido de mis jubeniles años, admitió mis pensamientos, y agradeció mis cuidados. La Princesa de Sicilia, cuyos efectos, llegaron darme secretamente, de esposa palabra, y mano; pero como la fortuna, para mudar los estados, se vale de evidencias viles, supo, al cabo de ocho años, decirlo a su padre el Rey, tan ciegamente indignado, que a no tener de su enojo quien me avisara el agravio que formaba de mi amor, ya en mí le hubiera vengado; pero salí de su Corte. en el peligro, fiando a las tinieblas la vida, y a los temores el paso. Supe después de tener entre amigos, y vasallos, menos cobarde el peligro, y más inquieto el trabajo, que el Rey en su hermosa hija, su sangre no derramando, porque piadosos consejos sus rigores limitaron. Esta fortaleza, a quien ves fundada entre peñascos, que baten mares soberbios, y defienden montes altos, le dio por cárcel injusta, donde apenas entran rayos del Sol a verse en sus ojos. Yo entonces, como a los pasos. que amor apresura ardiendo, nunca caminos faltaron, vine a vivir estas cuevas; y aunque en tiempo dilatado, pude disponer el verla, tras aquel hierro villano, pues la impide, y no perdona el suyo, de amor dorado; inte años, señor, y esto ha ve sin que su padre, aún pensando que estoy muerto, haya querido admitirla, y perdonarnos; juzga ahora quien merece nombre de más desdichado entre los dos, mientras yo de vergüenza oprimo el llanto. Dudosamente lo advierto; pero tomarte la mano quiero, y dártela, de que pues nos parecemos tanto en las dichas, que el primero que contraste el tiempo vano valdrá al otro. . Esa palabra doy, y tomo; desmayado parece que estás: y no? puede esta herida causarlo? En este lado yo estoy mal herido, porque ha rato? que siento la sangre fría. Y hasta el suelo está bañado? animate. Aunque me animo. . Siéntate. Me desmayo. A buscarte algún remedio voy, y volveré volando. . Mientras yo con una muerte tantas desdichas acabo; hay fortuna! cuando siento lo que he sido, en lo que soy, de verme morir estoy, aunque afligido, contento: pues si el contrapuesto asiento, siempre en ti se ha de temer, menos daño viene a ser, por salir quien ha salido, de cuidado haber caído, que estar temiendo el caer: valedme Ciel Ah osadas! Bien castigados se fueron. Calabazas parecieron, en sus cascos mis pedradas; más valen piedras que espadas. Ay Dios! . Escucha, que oí. Ay Dios! . Son suspiros? Sí. Ve llegando, que será? Si es la Eco, que estará enamorada de mí? No es el mancebo gallardo a quién valimos? él es. A la muerte no le ves? Ten valor. No me acobardo, no la temo aunque la aguardo? quién eres? Quién a vengarla te ayudó. . Por alentarla, y obligarme a no temerla, pienso que vienes a bella? No vengo sino a llorarla; y será la vez primera que he visto en mis ojos llanto. No quiero deberte tanto, porque pagarte quisiera. Dónde estás herido? espera, que ya a prevenir el modo de valerte me acomodo: ay triste! en mi libertad; esto es amor, o piedad? mas pienso que es uno todo: pero qué haré? . De qué tratas? Qué haré entre esperanzas tales? Cuando piadosa me vales, por qué afligida me matas? Son estas peñas ingratas, pues no dan hierbas con que Pues hallé mi yegua, tú en ella irás a mi cabaña. Podrás ayudarme? . Si podré. Qué haré, tiempos inhumanos? si el primer hombre que veo, medido con mi deseo, no le curáis en mis manos: vas bien? En tus soberanos. ojos, mi esfuerzo asegura tu valor, y tu hermosura. Cúrele ella. . Alienta el brío Que del mancebo yo fío, que la pague si le cura.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Y murió Carlos? Yo espero, que el Cielo mejor lo hará; mas la relación que da de su Estado un Marinero, cuyo veloz vergantín le redimió de la mano vencedora de su hermano, nos pronóstica su fin. Ay Carlos! prenda queridas ay dueño de mi albedrío! si en ti pierdo un bien tan mío, para qué quiero la vida? Consuélete el acordarte que es obligatorio, y cierto, que si Carlos fuere muerto, con Fadrique has de casarte; que aunque pudiera tirano, aplicarse la Corona, por no perder tu persona, la pretende de tu mano; y pues en esto su fineza agradecer se la debes, hasta ver si es cierta en Carlos la muerte. Pues ya que me das, Marqués, consejo, dame favor. Siempre alenté mi valor, con tu obediencia a tus pies. r. Tú mismo, con carta mía, que busques a Carlos quiero, llevándote al mavinero, que dio la nueva, por guía. Escribe, que yo apercibo al momento mi partida. De ti he fiado la vida. De solo servirte vi S Aurora soberana, con más razón divina, siendo humana; pues soy tu amante firme, no muestres tu poder en afligirme, que nunca hazaña ha sido, omplear la venganza en un rendido: y si ver quieres mi verdad patente, advierte, si vencido Carlos, he pretendido, supuesto que pudiera fácilmente, de Nápoles ponerme la Corona, luego no aspiro más que a tu persona. Esa es razón de estado conocida, pues si no hay quien te impida, por no quedar con nombre de tirano, quieres legitimarte de mi mano. Por no premiarlas, niegas mis verdades; pero un medio me queda, con que tu obstinación negar no pueda mis finezas, señora, a tus crueldades. Cuáles? Porque me des tu hermosa mano, el primero seré, que la Corona en la cabeza ponga de mi hermano; pues Reinos tiene el mundo, y en razones, más apartada harán mis escuadrones, que me apelliden Rey otras naciones. Mas otra como tú, divina Aurora, a quien el alma adora, ni el mundo puede dalla, ni poderes a humanos conquist on esto, aunque me tienes ofendida, estoy agradecida: mira que dices. . Digo, que mil vidas daré por la belleza, que en ti adorada, con el alma sigo. Pues pon en tu esperanza esa firmeza, que podrá ser, Fadrique, que algún día te pida esa palabra. . Tú la fía por mí; pues ya soy tuyo, y damé ahora. tus pies. . Adiós, Fadrique. Adiós, Aurora: alcance yo su voluntad forzada, de esta suerte su mano deseada, que después con las fuerzas de mi mano, el Reino quitarésele a mi hermano. s Si vive Carlos, de esta suerte espero hacerle Rey primero, y después con Fadrique cautelosa, ser de Carlos regalada esposa. os regala Nércida, no echas de ver que hacen, tras ser novedades, tus rústicas libertades, libiano tu proceder; y a los dos, y a los tres días, es posible estar ausente. de mis ojos? Mansamente. oye las disculpas mías. Padre, a la caza inclinado, el gusto, ya por estrella, o ya por costumbre en ella, tanto divierto el cuidado, y tras las fieras, de suerte. me lleva mi poco acuerdo, que entre esos bosques me pierdo, y tardo en volver a verte; pero ya a mi enmienda fío el merecer tu perdón: que diferente ocasión me detiene; ay Carlos mío! Un perdón, y mil perdones. en mi terneza has de hallar, Nereida; el verte enmendar. tus rústicas condiciones; pero, hija, nunca hallaste, ni muerto, ni vivo viste, entre bosques que corriste, ni entre cuevas que habitaste, aquel mancebo gallardo, que valiste, y dejé herido. También le hallé, que en mis entrañas le guardo. Qué dices? Por más que vueltas. di a los desiertos, hallar no le pude. . No hay dudar, muerto está. De amores míos. Qué desdicha! Qué ventura! valor tan mal logrado! Fieras, y aves le habrán dado en sus vientres sepultura. Cuando desmayarle vi, mal herido, aunque bolé por ir a buscar con que curarle, tarde volví; pues ya, ni vivo, ni muerto le hallé entre las peñas duras, donde ciertas desventuras, me prometen fin incierto, que es donde empleo el rigor de mi ordinario cuidado: hija mía? . Padre amado. 1. Ten cordura. Tengo amor; ay Carlos! tan tuya soy, que echo brasas el deseo; los ratos que no te veo, fuera de mi centro estoy. Acá estamos todos; no me oye? está divertida? Y Carlos? . Busca su vida en ti, y ayudole yo pordo vas, que con los pies udo en cuando desapareces? Cazando voy que comamos los tres. Come tú, y él, para dar más sustancia a vuestro amor, porque a mí me está mejor que el comer, el ayunar: pues si hay solo en mi cabaña la madre de mi mujer, y los dos, yo que he de hacer con ella? desdicha extraña! Calla, loco, Yo quijera hablar, pero viene ya tu Carlos: que bien le está mi gaban, y mi montera. Mi Néreida, pues estoy sin ti, como el Cielo Santo sin luz clara, porque tanto estás sin mí? . Yo me voy, pues me alborota, y me alegra tanto su amor, que si es que más los miro, después corre peligro mi suegra. Yo mi Néreida, cuando no te veo, entre estas soledad es afligido, ciegamente abrasándome el deseo, estoy, como en los aires suspendido; pues como apenas mis venturas creo, por ser tales en ti, pienso que han sido, cuando en su ausencia el alma la hermosea, hijas del sueño, o sombras de la idea: Y así desvanecido entre favores, que me llevan a partes diferentes, marcitando lo fresco de las floros, y enturbiando lo claro de las fuerites: a los rayos del Sel pido favores, na ve habíos diferent hasta que menos ciega mi esperanza en mi cuidado culpa tu tardanza Yo mi Carlos, cuando dejo deshaciendo amantes lazos, de ser presa de tus brazos, y de tus ojos espejo; es porque le quiero dar vigilante al prevenir, sin lo que causa el seguir, lo que promete el cazar: demás de esto, aunque con llanto, el ausentarme me toca, cuando al volver de tu boca se que tú lo sientes tanto; tal gloria siento el volver a obligarte, y merecerte, que quise dejar de verte, por solo volverte a ver. Bien del alma! . Iza, iza: De un esquise. . Leba, remo. Desembarcan. . Con extremo temo en la fortuna mía, lo que te importa me advierte: quieres retirarte? . Espera, que amigos son Mas quisiera que vinieran a ofenderte que a valerte, pues sospecho, que querrán, rompiendo lazos, sacarte de entre mis brazos. Cómo, si estoy en tu pecho? Qué haré yo cuando me fías el ver si me lisonjeas? Escóndete, donde veas Néreida, finezas mías. Harelo, y veré después si el corazón me ha mentido . Grande causa abba tenido la venida del Marqués ni esper u tardanza. Si es él? . Sí, Marqués, yos Señor, qué estás vivo? el fuel que pisas beso, y al Cielo mil bendiciones le doy. Abrázame; tu venida a esta parte fue extrañeza. Es dichoso vuestra Alteza. Ay de mí! yo soy perdida, pues siendo Carlos señor tan alto, cierto ha de ser, que en él habré de perder, ya que no el alma, el honor; pues ya en lo que miro, siento que fue desleal amigo, disimulando conmigo su principal nacimiento. Mucho la debo. Es Aurora como la que el Sol envía por precursora del día, de tus dichas precursora, adora tu sombra. Ay Cielo:! ya no faltan sobre daños; de cautelosos engaños, sino abrasadores celos. Ay mi Nererda! ay mi hermoso Cielo, del alma adorado! Pues no respondes? turbado parece que estás dudoso; en qué reparas? disponte. Ay de mí! Qué hay que te impida? Ay mi bien! debo la vida a las yurbas de este monte: lo esto Marquás. . Muerta so Háblame claro. . No pued porque a mí me tengo miedo Y pues tal estoy; léjame un poco, Marqués, mientras yo. . Tu gusto sigo. Mientras consulto colmigo mi pena, y vuelve después. Señor? . Ve que ya le doy prisa al alma. . Porqué muerto hallo a Carlos, pues es cierto que está loco, y yo lo estoy. Ay de mí! en tal desventura con qué vergüenza me veo. C. Con dos contrarios peleo, has ya vence esta hermosura, porque las perlas que llora, son vilas que me dispara, mi gloria, mi prenda cara. Ay Carlos! Carlos? e Señora, por que después de mirarme entre ternezas, y enojos, elo bajas los ojos, via y lloras para matarme? Porque tu grandeza admiro, y mi bajeza me advierte que de vista he de perderte, cuando tan alto te miro: pero tú de esta crueldad me excusarás a ser hombre e quien yo como tu nombre, Tpiel a tu candad? pues mi loco debaneo, a tan superior esfera ni aún con la vista fubiera, cuanto más con el deseo Nererda? . Decame Extraña, e y poca razón estas, qui ien es tu yo siendo m e, hoteche qué pel porqué culpas el antes de haberte dejado? Porque he visto que has en el irte, o el quedarte, Mira, mi bien. Pues añades a tus tratos asperezas, ve a gozal de tus altezas, y deja mis humildades: vete a ser Rey, y mejora de gusto, si no de fe en otra amante, ve, ve a ser el Sol de esa Aurora? Tú eres mi cielo adorado y yo, pues arrepentido estoy de haberte ofendido, merezco ser perdonado, enmendando mi locura, con despreciar la Corona de un Reino, por tu persona, de un mundo, por tu hermosuras entre grandezas que adote, haya Alejandro Segundo, que sea señor de un mundo, y por muchos mundos llore; y yo entre tiernos despojos, vea alegre, y satisfecho las finezas de tu pecho, a las luces de tus ojos. Podré fiarme de ti, cuando conmigo has tenido el crédito tan percido? Sí, que tienen para mí mucho imán tus ojos bellos: y si temes que los lazos he de romper de tus brazos, átame con tus cabellos. Cadenas de obligaciones son más fuertes, de ellas fío. padres A Nereda? . A A Nercida? En que me pones: s ercida? Él me ha menester, pues tanto me llama, mucho. Tu nombre en el aire escucho, si es verdad, que puede ser? Oh amado padre a qué obligas! Qué dices? Yo lo veré, por los aires volveré. no me sigas, no me sigas. Qué es esto, sueño? estoy loco? Nereida así me ha dejado, que advierto con el cuidado, y que con el alma toco, tras decirme (infeliz hombre!) que criada en esta tierra, era hija de esta sierra: oigo en los aires su nombre, me deja, y se va siguiendo la voz que la va llamando: quise seguilla volando, pero dejome muriendo; mas ya para ver por donde guía los pasos, me enseña aquella cumbre una peña. A quién la llama responde Nereida; ay tal! por aquí corría: notable exceso. Ligereza he dado al peso de mi sospecha; ay de mí! Que este cuidado me aflija, no es mucho. A, señor, no esperas? Como si ahora nacieras, te pongo en mis brazos, hija. Qué estoy mirando? yo debo esieom Ay cosa igual? . Estoy los Pese a tal, dos yemas tiene este huevo. Cómo vi llegar galeras, y gente vi en tierra, anduve loco, porque miedo tuve, de que tú en sus manos dieras. Qué habrá que yo no te deba? Gritos te di como loco: ven subiendo poco a poco a la boca de mi cueva, y escúchame. . Ya te escucho, y sigo, aunque es tal mi estrella, que me mataras, si en ella, padre, me detienes mucho. Bien, por Dios. Ay mi Ángel bello! quién de mis ojos te aparta? . Aquí cerraron la carta, y acullá pondrán el sello. Qué he visto? tan ciego, y mudo me desvanezco en mis daños, que acredito los engaños, y las evidencias dudo: o quien pudicra volar, para matar, y morir! Por allí podrán subir, pero no podrán bajar, pues van subiendo, trepando por las montañas. . Es posible? Y el bajar es imposible, si no es qué bajan rodando. Dónde poy? dónde me llevan mis pasos tan ciegamente, que entre los rayos del Sol, cómo entre nubes se pierden? Es verdad que me ha ofendido un Ángel, un Cielo breve: entre montes hay engaños, donde sin vergüenza pueden desnudarse las verdades que huyen de los poderes: loco estoy, valedme Cielos! Ahora los vi meterse en una cueva tan alta; que si la boca se vuelve hacia el Cielo, ella, y la Luna no dudaré que se besen. Puede ser! Señor? Escucha; viste a Nereida? . Y de suerte la vi. . No me digas más, casla, calla, vete, vete, que ofensas declaradas, ofenden más oídas que miradas. A traidora! espera, espera: A Alibiana! vuelve, vuelve; cuando dejaba el ser Rey, por no dejarte, y por verme en tus brazos, y en tus ojos, no menos que eternamente, he visto en tus ojos libres, y en tu corazón aleve tan grande traición, tan grande, que habiendo sido evidente, las ilusiones me engañan, y las dudas se me atreven: por dónde, por dónde fue? matarela; y matareme; pero dejarla es mejor. Piensa primero si puedes. No he de poder ofendido? más bien has dicho, pues suelen haber agravios que atraen, al mismo peso que ofenden. Señor, a tus voces vengo. Marqués, a buen tiempo vienes; lleva, llévame contigo, Par vamos, vamos: y si vieres que el hechizo de estos montes, como loco me detiene, llévame atado, Marqués; pues aunque el alma reviente en mi pecho, he de partirme para que en ellos se queden escondidos mis agravios, y olvidados mis deleites. A Néreida fementida! t queda en paz. Señor, qué tienes? Adiós, adiós. Estas voces, deseosas me prometen: Carlos, Carlos, dónde vas? dónde vas? e Tú misma puedes, pues finalmente dejaste excusarme, y responderte: ha cruel! . A Carlos mío; espera, y sátilfarete de esa culpa que me pones. No quiero que me abergüences calla, calla . Espera, espera. Pues cuando historias revuelves, públicas satisfacciones, sabidos agravios crecen: que ofensas declaradas, ofenden más oídas que miradas Pues espera, y al oído te la diré. . Qué consiente esto mi paciencia? a falsa! quédate para quien eres. Tuya soy, espera, espera; espera, o arrojareme. No hagas tal, aunque ofendido estoy de ti; tente, tente, que tu muerte ver no quiero: quísete bier pues cuando arrojarme quiero, con tus voces me detienes; pero fingiste ofendido. por dar honestos afeltes, al partirte, y al dejarme: esto es traidor, vete, veré, a, ese Reino que te espera, y a esa Aurora, que amanece para ser tuya; y a mí, pues me dejas, no me afrentes, Eso dices? ya no falta sino que de mi te quejes, siendo el ofendido yo, Pues, Carlos, Carlos, advierte, que si no me das palabra de esperarme, hasta que llegue. adonde estás, por la espalda. de esta montana, que tiene mas seguido, más seguro. camino, aunque menos breve, me arrojaré desde aquí, donde en mi sangre inocente. veas las disculpas mías: qué dices? arrojareme? Que te espero. Voy volando. Qué haré Cielos? tanto pueden entre celos que me abrasan, ternezas que me detienen. Señor, tu valor vencido. miro lastimosamente. Quizá aquel hombre sería algún alma, o algún duende, ya que el brazo no me importa. Ya te he dicho que me lleves atado, Marqués; ay Cielos, en este villano pueden, mas mis menguas referinas, que en mis ojos evidentes, que ofensas declar ofenden más pidas, que miradas, Pardiez, aunque yo no fuera tan tonto, que ha entontecerme hastara lo que hacer veo a este viro tero alove. Iza, iza, boga, boga, otro torbellino vuelve, Hay cuitada! Carlos, Carlos, ya en el esquise se mete, con las salvas que le hacen: ya las galeras previenen mi desdicha, Carlos, Carlos? qué me quieres? qué me quieres? Que me escuches, que me des si quiera un espacio breve: Garlos, Carlos, en que puedas matarme, o satisfacerte; no me diste la palabra de esperarme? . Tanto puedo traiciones tuyas. Las somoras de tus celos mienten, mienten: espera, espera, enemigo; mas ya las velas que tiendes, hacen de plomo mis ansias, y de pluna tus bajeles: qué he de hacer? Tener paciencia, Quita; que tú me aconsej falta, no más, Ay de mí! quién entre locos me mete? Espera . No quiero, Amigo, sácame piadosamente a Carlos del pecho, si deja que por los aires me lleven estas furias que me incitan, tas penas que me vencen; que pena! que a bramidos: no soy yo quien tantas veces, con tigres, y con leones, rendí las manos crueles? pues que espero de mi pecho? a pedazos sacarele, dejando con roja sangre teñida la blanca nieve; ven. Ya voy; mas dónde vas? A que los mares, si sienten mi fuego, me den lugar a que los pase, o los seque: ingrato amante, mujer soy ofendida, prevente, que has de pagarme en venganza, lo que en deshonor me debes . No es ya voluntad forzada la mía. Ni yo he podido, por mostrarme más rendido, tenerte más obligada: castillos, fuerzas, poderes de este Reino, prenda amada; puse en tu nombre, y mi espada, pondré en tu mano, si quieres. Mi obligado corazón, me dice en lo que dispone, que acierta mucho, quien pone la fuerza en la obligación; y así, porque en esta tierra donde hay varias opiniones, se excusan las ocasiones, que amenazan con la guerra: y porque veas que yo, en la forma que tú a mí, te quiero selo por ti y por la Corona no sa la cabeza a tu hermano, apenas se la pondré, (plega a Dios) cuando te dé a ti la vida, y la mano. Veale yo Coronado una vez, que aunque engañosa venga a ser, seré su esposa, y tu quedarás burlado. Apenas de su persona seré dueño, aunque de infiel me den nombre, cuando a él le quitaré la Corona. 1. El Marqués con dos galeras que corta aguas saladas, en los remos reforzadas, y en los bajeles ligeras, ha llegado, y con él viene Carlos, cuya novedad, de Nápoles la Ciudad, confusa, y alegre tiene: ya va entrando, prevenido de las paces, y el concierto con su hermano. Yo soy muerto de ver que engañado he sido, pues su alborozo en sucara, alan varios colores muda. Ay Carlos imío! sin duda yo miriera, si el tardara. El disimular adra, será en mi trato extrañeza. Vega con bien vuestra Alteza. Dame limano, señora. Dete el Cielo poderoso lo que para ti le pido, Seas, hermano, bien venido, pues vienes a ter dichoso. Ya que el tiempo con dos haces dueño de sorrmana vida, con aplausos nos convida, y nos pronóstica paces, deciros quiero. Apartad, no ofendáis rostro tan bello Son espadas. . Qué es aquello? Marqués, miradlo, llegad. 1. En una barquilla, hecha de pocas tablas, que al dar surcos de harado en el mar, parece en el viento flecha, llegó una mujer, señores, monstro de naturaleza, porque con tosca belleza, da lisonjeros temores; llegó a Palacio, el lugar todo tras ella, indeciso, y entre la Guarda, que quiso dificultarle el entrar, de suerte esgrimió un bastón, que fueron, sin duda alguna, como golpes de fortuna los suyos. . Pesados son. 1. Hiriéronla en la cabeza; yo que vi. . Desdicha es mía. 1. Que con la sangre crecia en su rostro la belleza, quise piadoso ampararla; mas ya entra, que no ha sido posible el haber podido detenerla, y sosegarla. Gran Fadrique, bella Aurora, y los demás que suspensa tenéis en mí la esperanza, admirando la extrañeza: Sabed que el Príncipe Carlos, de entre las olas soberbias, en un perdido dio al trabes en unas peñas, dende yo le hallé arrojado a la imposible defensa de diez traidoras espadas: Y con piadosa nobleza, no tan solo le ayudé, pero después que mis flechas gaste en sus contrarios viles, imité su ligereza, y le pude dar venganza de tan desleal ofensa. Busquele después, y hallele tan mal herido, que apenas daba aliento a los suspiros, para articular las quejas. Llevele sobre mis brazos, donde con ansiosa pena le dejé, y con tierno llanto busqué por el monte hierbas: dos veces le di la vida, pluguiera a Dios se la diera, sin darle también el alma; sabe Dios con que vergüenza lo digo, que apasionada me dispuse a ser ligera. Quise a Carlos, adorele, en cuya correspondencia, pude fundar confianzas, para no tener afrentas. Testigos de nuestras almas, fue el Cielo, y aquellas selvas, que nos miraban sin ojos, y nos hablaban sin lenguas: Seguíanlas los abrazos, y a pesar de las tinieblas, en nuestro dichoso albergue nunca fue la noche negra, Así en dos pechos vivía, solo una alma, cuando llega mas, y entonces Carlos, le vanidades alienta, atropella obligaciones, s mías perdió: y si fuera que se fundara en razón el desechar mi belleza, e por acudir a su estado, ya que no le consintiera el dejarme mansamente, al menos, no tan sangrienta me dejara la desdicha, y me obligara a la queja; mas porque quiso el traidor, corrido de la vergüenza, dorar sus ingratitudes a costa de mis afrentas, me levanta testimonios; sin ser agravios, forma quejas, con que me deja burlada, así me dejara muerta, pluguiera a Dios, pues porque seosa justa, que tenga Nápoles, Cetro en la mano, Corona en la cabeza, lon quien fassas verdades dice, quien viles tratos intenta, y a quien yo llamo traidor, y en esta campaña puesta, defendere a más espadas, que doy al Cielo querellas, que no merece ser Rey; queo, y tu Aurora, si dispuesta por su amor, le das la mano, antes, antes que lo veas, te le mataré a tus ojos, que la razón, y la ofensa, tiene invencible el valor, y ponderosa la fuerza. Gran volor! . Gran desvén Esperad, que la respu quiero dar por todos yo, ya con el alma en la lengua: y pues veis, pues miráis todos, con tan segura evidencia, el ejemplo que me obliga, y el enojo que me ciega; cuando a Fadrique (estimando tan con el alma mis preudas, engañaba agradecida, y despreciaba soberbia, por solo ponerle a Carlos, la Corona en la cabezas en un monte me ofendía, con mudanza tan ligera, adorando a una mujer, tan salvaje, aunque tan bella; qué puedo esperar? y así; no es mucho que me resuelva en no dar la mano a Carlos, porque de ingnato se precia, ni a Fadrique, porque implican; nuestras dos naturalezas; proponiendo desde aquí; que en este Reino suceda, no ya el que quisiere yo, sino el que fortuna quiera. Remítanse a sus espadas; enarbolen sus banderas, den voces a sus amigos; hierba la sangre en las venas; háganse pedazos todos; y ojalá que hacer pudiera de las dos partes del mundo dos batallas contrapuestas, para que miún solo hombre quedara, aunque seneciera la generacién del mundo, en quien tan mal la conserva. Señora . Marqués, Marqués, mi resolucción es esta, Este Reino ha de perderse. Pues, Carlos, viva quien venza; guerra, guerra, al arma toca. Toca al arma, guerra, guerra, contrastaré mi desdicha. Emplearé mi fortaleza. ouimiré desosperdda Y unimorite contenta. .
JORNADA TERCERA
jornada tercera a Quien en un estado tal temiera pena importuna? Pocus veces la fortuna up es del todo liberal, o pues casi siempre mostro, cuando más prodiga está, que da a pensión lo que da, S o quita de lo que dios así en nosotros ha sido, pues antes de habernos dado empleo tan deseado, y estado tan merecido, nos quitó una prenda amada, en quien perdimos los dos i la mirad de una alma. A Ay Dios! que hijatan desdichada! y que no ha sido posible buscándosa, saber de ella? No ha sido, porque en su estrella fue la inclinacion terrible: yo anduve, cuando adverti su perdida; de afligido por buscarla, tan perdido, por hallarla, tan sin mí, que las selvas, las ontañas, rtentas a mis pasiones, me abrieron sus corazones, me mostraron sus entrañas: mas fue vana diligencia. Del todo morir me siento pues en mí este sentimiento, es grande; con tu presencia: que será de mi cuidado, si es que el avientarte ahora no se excusa? . No señora, pues Cerdeña está en estado que es ciertó el verse perdida si le falta mi persona. Qué pesada es la Corona que hace infelice la vida! A los Reyes he de hablar. 2. No le deis. . Déjenme, 2. Tente, que es mentecato Y valien teneos y dejadme entrar? Di, qué quieres? . Yo, seño advirtiendo cuando araba, que la tierra me pagaba escasamente el sudor? Y viéndome alborozado de las cajas, y el vollicio, quise mudar de ejercicio, para mejorar de estado. Y así resuelto de estar debajo la labrandera, fui a pedirle que me diera recado de pelear: Trajerosme, y yo le tomo uno, que en otro sentado, todo cuento más pesado, mas ligero escupe el promo. Y poniéndome en postura, un ojo abierto, otro ciego, le pegue a la cola luego, ome con la herradura, par Dios tan guande patada, que del trueno me atordí: Yo luego, cuando me vi sin molledo, y sin quijada, del mosquito, o el moscón, blasfemando prometía, que mejor pelearía con la honda, y el bastón. Dijeron los soldaderos, no ser uso de esta tierra, haber hombres en la guerra, peleadores, ni pedreros; y entonces, como un león, advirtiendo que de mí se rían, vive aquí a alcanzar dispensación; démela él por su vida. Si daré, mas tú. . Eshonrado, ̱. No estuviste enamorado de una mujer escondida? De la Eco? . De la Eco. Sí, más cansome su trato, y ya otras mujeres trato. perdóneme Dios si pezo; pero quien le dio a saber eso? mas no estoy en mí: en otro traje le vi abrazando otra mujer. . Oye. Perdone su Alteza Llégate, llégate más; di, por ventura, sabrás tú de aquella Monranesa que por la Eco, la tuviste cuando del monte bajaya? La que su merce hablaba? que yo lo vi. . Pues lo viste, de ella sabrás; porque el día postrero que la abrace, me dejó. . Y como que sé, pues por helle compañía me perdí. Cómo? Esa es historia muy larga, Notable mengua! Y no la daré a la lengua, como la di a la memoria: mas ella, y yo. Pena extraña! Hallamos herido a un hombre, que Carlos tenía por nombre; Curámosle en mi cabaña, y enamorose del Carlos tanto; que yo no podía, ni de noche, ni de día desasirlos, ni apartarlos; y tras otras cosas mil que no sé decir, después, andando en esto los tres, fue el dimonio tan sutil, que porque la vio abrazada él desde lejos contigo, dejando de ser su amigo, se hue, y la dejó burlada: ella, hecha un barrabás, me hizo ir con ella, huí; mas pues ella viene allí, pregúntele lo demás. Válgame el Cielo! he soñado? 2. En sus senas pude ver, que era esta la mujer que mandas con tal cuidado puscar, y trájela ahora, que siguiéndola venía mucha gente, Hay hua mía, tan desdichada! . Señora, disimulad, no se sienta desdicha, en ella tan loca, hastadaber de su boca, con más secreto su afrenta. No es este mi padre? temo que soñé, o con modo extraño, es en mis ojos engaño, o en naturaleza extremo. Quién eres? Gran semejanza? Tú que das a tosco traje una hermosura salvaje, que da curiosa esperanza? Qué es mi padre, hace que crea hasta su voz; qué he de hacer? mas si es Rey, como ha de ser cierto que mi padre sea? una sierra Yo soy una mujer, que en me produjo la tierra, dando con el rocio del Cielo, paz al nacimiento mío: y así, habiéndome dado, como al monte, y al prado, ser desigual, con desigual ventura, bestí de rustiqueza la hermosura: de esta suerte he nacido desdichada, fui de un hombre burlada, aborrecí sus nombres: Y viendo en mi valor, de muchos hombres tantos hombres, y más matar quisiera, que da rayos de luz la cuarta esfera; y queriendo lograr esta ventura, sin que fuese locura, en el modo aparente, sabiendo que juntabas tanta gente para tan gran jornada, vine determinada a servirte con plaza de Soldado, y esto tus Capitanes me han negado. pero que Dárete esa licencia, examinar primero el valor; salios fuera. Buena es la moza. El corazón se altera; amenaza el respeto; cansa tiene el efecto; pero mi padre Rey? es imposible. Qué miras? . Muerta soy! Todo es posible, Nereida. . Ay padre! ATRIAR9 Pero quién creyera de ti el ser tan ligera? He sido desdichada, sé tu piadoso. Y tanto, que abrazada te aguardo; hay prenda mía! que en la ciega porfía de amor, si no se mira con terneza, parece la desdicha ligereza. Señor, del Príncipe Carlos engañada, y ofendida, como los celos, y afrentas, tanto abrasan, tanto obligan: guiada de aquel pastor, que mis desdichas sabía, salí de entre aquellos montes, y en la primera barquilla de pescadores que hallé, mis pasiones, mis porfías, pudieron tanto, ayudadas de amenazas, y caricias, que me embarcaron en ella, y tal, que apenas podía juzgar, si era tabla, o pluma: Llevada, y favorecida de los vientos por las aguas, dio conmigo en la marina de Nápoles, y fue a tiempo, que pude sola aquel día, revolviéndola, dejarla, entre dos bandos divisa, bomitando sangre, y fuego; pero escapé perseguida, no sé si del mismo Carlos, y de Aurora, que quería, celosa de sus amores, ser cuchillo de mi vida. Líbreme de su crueldad en mi barca, a quien tenían: mis leales marineros, reforzada, y reprimida. y el viento en popa, lleguen- a lis costas de Sicilia, con la ofensa que lloraba, y la intención que tenía, cuando me puse a tus pies: ahora, pues, es mi dicha tal, que tú me has engendrado: esos poderes aplica, esos mares alborota, y esos leños encamina, donde en Carlos satisfaga, con venganzas, o con dichas, la palabra que me debe, o la honra que me quita, Verá Nápoles mi agravio. Hasta mi persona misma autorizará esta guerra. 2. Señor, el ver con la prisa con que una embajada llega de Nápoles, nos obliga a no dilatan tu aviso. Entre luego; ser podría de Carlos esta embajada. Nueva esperanza me anima? este es el mismo Marqués que dio causa a mi desdicha, sacándole de mis brazos. Deme la mano, y reciba esta carta vuestra Alteza. Vuestra persona acredita, Marqués, a vos se remite. El Príncipe que la envía, que es Carlos, ha sido siempre tan inconstante en la dicha, que dejando la campaña él, y su gente, vencida por su hermano, a la Ciudad! de Nápoles se retira. Fadrique le cerca, Aurora que en sus palacios habita, pudiendo mediar entre ellos, en su obstinación porfía: y se hubiera vuelto a Francia, a no verse detenida por los señores, que tratan de obligarla, y persuadilla: Y Carlos, viéndose ahora sabidor de vuestras dichas, pues por la muerte del Rey, heredastes a Sicilia, me envió, para acordaros, que entre unos montes un día, os disteis los dos palabra de valeros con las vidas el uno al otro, si el tiempo con mudanzas esquisitas trajese las ocasiones, contrastando las desdichas. Basta, Marqués, ya os entiendo, y gusto de que averigua Carlos, así que ser debe una palabra cumplida, aunque entre montes se dé, partiré a cumplir la mía; donde después será justo, que otra palabra le pida que dio entre montes también. Aquesta es la mujer misma que vi con Carlos, no sé que espere de estas enigmas. Esas naves, y galeras que estaban apercibidas para diversa ocasión, por instantes impelidas de los vientos, por las eguas, serán aves que los sigan. Y más si en mi nombre llevan plumas de esperanzas mías. . Los instrumentos de guerra me animan. 1. Ya esta Ciudad le pierde, y de esta crueldad se queja el Cielo a la tierra; pues no quieres, mas piadosa, con este Reino escoger, de uno de los dos esposa. El que venciere, ha de ser de Nápoles heredero; porque yo, ni al uno quiero, ni al otro puedo querer. 1. Eres mujer obstinada. Ríndete. . Estoy ofendida. Antes perderé la vida. Fadrique, detén la espada. Déjame, pues siempre aspiras, siempre a ser señora vienes, rémora que me detienes, vasilisco que me miras: que me quieres? cosa es recia, que favorezcas, señora, contra quien tu sombra adora, a quien tus soles desprecia. Gran Fadrique, si has pensado que yo detuve tu acero porque no te estimo, y quiero a Carlos, aste engañado; porque en él han descompuesto mi razón sus sinrazones, y en ti las obligaciones son cadenas que me has puesto: déjale piadosamente preso, y porque esté seguro, pon a este Palacio un muro de mi Guarda, y de mi gente, para que así no te impida la Corona que deseas de Rey justo, sin que seas riguroso fatricida: y si ves que a tu quietud, yo mi esperanza no aplique, ra en mi es culpada la ingratitud. ̱. Tanto alientas mi esperanza, que dejo en ti confiado, a Carlos aprisionado en sola tu confianza; y después para obligarte, en tu nombre me pondré, la Corona. . Y yo seré, sino tuya, de tu parte. 1. Señor, una gruesa armada, llegando a Nápoles va, que aunque por tu causa está rendida, y no saqueada, se alborota si no vienes. Justo será que lo impida: contigo dejo la vida. Muy obligada me tienes. La inconstancia de mi estrella en tal estado me halla, que ha poder considerada, ac9406 de tenerla; pero tiéneme incapaz, señora. . Callando apura. tu ordinaria desventura, en la guerra, y queda en paz. . Pardiez, gran soldado soy, pues entre bulla, y bullicio, como bruja por resquicio. me he zampado donde estoy. Nicorn. . Mas abultado tengo el nombre, y fanfarrón, pues me llamo Nicolón, desde que ha que soy soldado. Oye di sabrasme dar cuenta de Néreida? . No muy buena. . Cómo? . Voló vaba y dio en el mar. Escuchas subió e Jestobo a las puntas de unas penas, que dan al mar, y las greñas, despedazándose, abrome, y dijome. Nicolín, que yo entonces aún no era Nicosón, pues mi postrera hora es esta, en viendo el fin, vete a Carlos, y le di, que el hombre que me abrazó era mi padre, y que yo en mi vida le ofendí: y en diciendo (cosa brava!) esto, a Dios, se echó a rodar por la peña, y vi que al mar hecha pedazos llegaba. Con mi sangre he de llorar tan gran dolor, tan gran daño. Qué válido está el engaño, pues yo he sabido engañar: mamosa. Ay mi bien! culpado sin razón; desdicha extraña! que fácilmente se engaña un hombre, si es desdichado: qué es esto? Brava grandeza viene. A dejarme corrido. Si desconoce el bestido, se engañará en la cabeza. Qué a la Princesa reciba de Sicilia, me ha ordenado Fadrique. Al yerle he qu da piadosa y no vengativa ay Carlos Del modo y suerte que me mandaste, probe a Carlos. . Calla. Si haré; mucho llora tumuerte cuantos discursos Desde que ha que la vi; propongo, me desmienten lo visible. No es el de la Princesa el rostro mismo de la dama salvaje? extraña cosa! deme la mano vuestra Alteza, Deme vuestra Alteza la suya. Alza los ojos. . Jesús! Mira si es batro tanta Alteza. Mo llega a verme Carlos? . Un vencido. está encogido; pero ya obligado llega a tus pies. . Levanta. Ay Dios! que siento; pues me dice que es ella hasta el aliento. Los Reyes de Sicilia, en su armada, dando seguro, a Nápoles llegaron: a la Princesa recibí en el Puerto, que para asegurarme la envlaban, de que entrarian de paz en Nápoles: que la pusiesen entre mí, y mi hermano, dejándonos a entrambos satisfechos; y así, señora, a la Princesa traigo, como ves a Palacio. . Soy dichosa en que tengamos prenda tan hermosa. Yo, con vuestra licencia, a solas quiero dar a Carlos una embajada. que de mi padre traigo. que de mi padre traigo. Ven, Fadrique. Tu gusto ha de ser ley, no hay que replique. Oye, Carlos, mi embajada; alzá los ojos. . No sé e si levantar los podré que es mi desdicha pesada, y está en ellos apoyada: no es este su rostro hermoso? Parece que vergonzoso estás? . Tan inteliz soy, que como sin alma estoy entre corrido, y dudoso, dudoso estoy, por estar sin creerme a mí, y corrido de que ante tus pies caído, no me puedo levantar. Quién se ve en bajo lugar, viendo tan alta la mano que pide con pecho humano oleno osa mirar por ten der que lo hu milde ha de pe de vista a lo soberano. Esas razones que veo en tu boca, te escuché otra vez, en cuya fe estos imposibles creo: tú eres Nércida? . El deseo debe de engañarte ahora, si la Princcia Leonora soy, qué dices? . Qué perdones en mis ciegas confusiones, engaños míos, señora. Pero a pretender tu estrella, que fuera Nercida; di, qué pretendieras en mí? Lo que pretendía en ella, que fue esforzar la querella de su ligera mudanza, y y con resuelta esperanza dejarla, y con cuerdo labio, aunque es de fuego el agravio; edar al viento la venganza, porque yo no la dejé por humilde, y por villana, sino porque fue libiana, y porque traidora fue; y así de mi pecho sé, que en estado superior, culpara más su ya or, pues cuanto en más calidad aierá mayor su el saldad, me hiciera agravio mayor. Y por qué diste en tenella por mudable, y por traidora? Porque lo vi Y como ahora. dudaste en si yo era ela, no pudo entonces al bella, en tu vista haber engaño? Nunca a mí me miente el daño, y hubo en él otro testigo. en por ella, contigo no alumbró ti desengaño? Quiso, más es por demás; pues como verdad incierta fue el decirme que era muerta, lo habrá sido lo demás. Ay Carlos! terrible estas. Néreida, ya no dudando Y estoy, si no en ti admirando un milagro. Y otro espero. Calla ahora. . Y después quiero satisfacerte callando. Es tener celos, Aurora? Es Fadrique, hacerme agravios el pensar eso de mí; pero es bien prender a Carlos, porque no es bien tratar bien a quien tiene tan mal trato. Haré lo que tú me ordenas. Vengareme de usi villano que con tan poco respeto, trajo a mis ojos mi daño. Perdóneme vuestra Alteza; y tu Carlos, cierra el labio, y ven preso. . Ya lo estoy. Nunca descorteses tratos entre pechos bien nacidos, son sufridos, ni logrados: asistiendo a Carlos yo, estando conmigo Carlos, siendo el prenderle a mis ojos, sacármele de los brazos, es descortesía, es mengua, A es locura, es agravio, y mentirá quien me niegue! está verdad, si yo salgo mirándola, como el Sol, a defenderla en el campo. Tu Princesá, eres mu en quien nunca desacatos con deshonor ofendieron, ni con venganza obligaron. Qué importa que mujer sea, si por muchos hombres valgo, y depongo los respetos, y renuncio los recatos, que como a mujer me debes. Aún de esa suerte obligado. Calla, Fadrique, que es mengua, que tu opinión, y tu brazo, con una mujer admitan un contrapuesto tan flaco, sin que tenga otra mujer el suelo Napolitano Napolitana, o Fraucesa, que se oponga al brío hinchado, de esta Siciliana: yo, aunque en Franceses Palacios, ni las armas me instruyeron, ni los montes me criaron, sangre tengo, y tengo brío, para ejercer por milagros, el valor, y la destreza: con el corazón, y el brazó, saldré a la campaña, donde pienso dejar castigado, en pecho tan montañes, tan soberbio desacato. Ese desafío acepto, con tal, que salga a tu lado Fadrique, y conmigo sola podáis pelear entrambos. Contra Fadrique, y Aurora, probaré también la mano, yendo a tu lado, Princesa; mas son injustos los Bados, y estoy preso. . Para eso te daré con pecho franco l libertad, y la espada, Yo lo acept Pues ya el campo nos esper Vamos luego. Vamos. Vamos. Verás tu hermano quien es. Provarás quien es tu hermano Sicilia. . Francesa, En la estacada. . En el capo Tú verás si tengo bríos. Tu morirás a mis manos. 1. Ya los Reyes de Sicilia, temerosos, y avifados, como por los vientos mismos, entran en vuestro Palacio, y a vuestra presencia llegan. Mal haya tan corto plazo! Mal haya tan veloz tiempo! Forzoso será esperarlos. Tiempo nos queda después. Con ese acuerdo quedamos Al mejor tiempo del muña vuestras Altezas llegaron. si veces bien venidos. Sean m Para hajer siglos los años. Grandes son estás morcedes Después de estimarlas tanto, y abrazar a Carlos, quiero dar a mi hija un abrazo; porque como he sido, y soy padre, que la quiero tanto, cada vez que vuelvo a verla, vuelvo a ponerla en mis brazo Velo, que le dije yo? Y mis venturas alabo, que pues me vi con el Duque entre los mismos peñascos donde Néreida vivía, y es su padre: con su abrazo, callando me ha satisfecho; que dichoso desengaño! Fadrique, Carlos, Aurora, fácilmente averiguaros pienso; porque si ha de ser para verse Rey jurado, uno de los dos, esposo de Aurora, yo sé que en vano puede Carlos pretenderlo; y así a Fadrique, la mano es justo dalle, y ser Rey, pues también sé, que esperando le está a Carlos otro Reino. No lo impidas. Pues es claro que callan, obedecer será lo más acertado. Tuyo soy, y el más dichoso, Y yo, con darte la mano que te debo, daré fin a este prodigioso caso.
