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Texto digital de Hércules furente y Oeta

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Atribución tradicional
Francisco López de Zárate
Atribución estilometría
Francisco López de Zárate Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hércules furente y Oeta. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hercules-furente-y-oeta.

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HÉRCULES FURENTE Y OETA

JORNADA PRIMERA

En fin es ya señor de Tebas Lico, en fin Llegó a ser Rey de Ciudadano que, cerca está de la corona el rico! que, en la región se ve de soberano! Hoy por el buen gobierno, sacrifico a Júpiter Olimpo: ya el Tebano pueblo concurre alegre, y numeroso, Mejor decir, Fudseras, temeroso. Francisco Lopez de Zarate, Cómo no es popular el sacrificio? Sí. Pues ahora Sacerdote santo, adviertes, cuando el pueblo hace este oficio; no trae al templo el gusto, si no el llanto! has visto acaso, a Júpiter propicio, o servador sacrifltado tanto, como no favorable, ni abundante, lo que le hace más Dios, es; ser Tonante. Dame; que siempre truene, jamás llueva, de oro verás su vulto; no dorado: verás; cómo, ese templo se renueva, aún a ti te verás más estimado. Consigo la malicia humaña lleva, ser el Dios de los hombres su cuidado: mas se de esto, que tú, pues decir, puedo; que es autor de sus aras nuestro miedo. Mas, que necesidades, que temores puede haber en república festiva? Pueden ser más angostas, ni mayores? si de la amada libertad se priva? No aprobaron al Rey los Senadores? No rinde a yugo la cerviz altiva? . Bien. Pues, lo que es error calificado, santifícalo el voto del Senado? Califícalo sí; yo lo confieso. Siempre la plebe al que gobierna, infama: Quejase más, quien lleva mayor peso, y si calla la voz, el pecho brama, un leño, si le cargan con exceso, quebrándose, da voces; y la llama, aún con ser tronco, le hace dargemidos: para sentir se hicieron los sentidos. Y, a no sentir, que a los oídos toca depositar en sí, lo que escucharon: si de esta calidad fuera la boca, muchos vivieran, que su muerte hablaron: siendo polvo veloz; por no serroca. en callar, lo que oyeron; o miraron: imite, pues, tu labio a tus oídos; que sabiendo sentir, no son sentidos. s. Hay causas; para abrir las peñas labios, Biblioteca Nlaeo as Tragedia de ti ércules, de y podré yo callar? callen los muertos, exentos del dolor de los agravios. Quéntame esos misterios encubiertos. Por medicina, recetáis los sabios sufrimientos, antidotos inciertos, Descubre tu dolor; que aún la perfecta medicina por sí, solo es receta. En Tebas vive Lico, no dice mal, que vive; pues solo vive el poderoso, y rico. Después, que el valeroso, después, que el generoso; no le quiero nombrar, porque ya veo, que un raudal en tus ojos nace Alceo. Es su memoria penetrante herida más, nombrarlo, repárame la vida. Después, que Alcides, a quien diste nombre, bien, que sus hechos le negaron hombre. No pases adelante, que es bien, que la verdad sus glorias cante. no (como el mundo piensa) fue Alcides sangre mía; que a lla Deidad inmensa de súpiter su esfuerzo se debía. Diole naturaleza humana de Alcumena la belleza; que fue prisión de Júpiter hermosa, y la que a Juno tuvo más celosa: y por esto, se llama Alcides; de Alcumena, no de Aleco. Hércules a que título? La fama a los que de altos hechos se coronan, da este renombre: ya mayor trofeo, ya mayor; con habérselo el llamado: y yo, con ser su padre putativo, después de muerto quédare más vivo. Encárgose el secreto a mi cuidado; que luno con sus celos, Prancisco Lopez de Zarate. él con su fortaleza ha publicado: y pues, de ella seguro está en los cielos, el cielo con gozarle, asegurado; manifestar al Orbe determino; que era divino, el que juzgó divino; goce debido honor de aras, y templos el que a los Dioses pudo dar ejemplos. Mas; porque ya los vientos resuenan en Campañas, y en tantos, y tan qulces instrumentos; que dejan las regiones de servanas: (señal, de que se acerca ya el Tirano, el Rey, que siendo malo, todo es uno. Ya parece entre un bosque de alabardas, que el vicio, y el temor todos son guardas, y es forzoso llamado de mi oficio, asistir en la fiesta, y sacrificio. prosigue. Ya es en vano; que mi queja no es más que ser Tirano. De quién mató a su padre, y fue sangriento esposo de su madre (maldad almas plebeyo no escondida) del que fue de dos hijos patricida. Quieres tú; que no crea, que lo que pobre fue, Reinando sea? Bien se, que dicen; que con viles modos (para poner en obra su deseo, desvaneciendo, y engañando a todos) con la maña dorándoles lo feo, virtudes, y gobierno ha corrompido; haciendo con cautelas, y con dones un gusto, de diversos corazones. Cómo, viviendo en soledad, Alceo, estas ocultas máquinas no ignoras? o con tu santidad, no las mejoras Con la experiencia de la edad las ve que, como, casi son unas las leyes. con diferente nombre unos los Reyes; uno a4 Tragedia de Hércules, de unos los casos; bien; que repetidos en diversas personas, teatro funesto al mundo llamaron de los hombres; que viste un caso de diversos nombres; a humildades abate las coronas: el que ayer fue primero, es hoy seguuno, y consolando a todos, representa de el que antes afrentó; después la afrenta. Di, cómo tu bondad no lo mejora? Ausencias de tan alto semiDeo con que mérito humano se reparan! si no necesitará de la Aurora el mundo, y las estrellas alcanzaran la luz del Sol, que llena aún al deseo; su venida los hombres no estimaran; ni las aves sus rayos saludaran. Donde Alcides llegó, ninguno alcanza, Alcides es el Sol; sombras, no estrellas los que aquí; parecemos luces bellas: no eches a mal, en otros, su alabanza que tengo (advierte) por castigo justo del mal (que ya en el mundo se codicia, que a la ausencia de Alcides suceda la malicia; suceda el mal, la sombra; y el digusto; falte el bien, huya el Sol, y muera el gusto. Sin duda, o compañero de los Dioses conoces; que si hablo mal del Rey; es, porque muero por Deyanira; a quien, como yo, adora: sin duda tus conejos me dan voces. Ninguno el mal común, el propio llora; que, si bien, reconozco los atroces daños de este Corsario de la tierra: no siento, no, su cabilosa guerra, no siento, lo que a Reino, y cielo toca; mas siento, que los daños, su deseo. e Francisco Lopez de Zarate. Qué sabiamente, Alceo, en que poco, me dio a entender tu boca mi maldad, mi traición, y tiranía; o lo colijo, como delincuente, que en su daño interpreta; cuanto siente. Matar a sangre fría. (sacrilegio nefando) hijos y padre, ser marido incestuoso de su madre, mas que el infierno, ser facineroso; es tanto, es la mitad, ni parecido, al pretender un siervo, ser esposo, de la que Alcides tuvo por marido? más, el cielo perdone; pues ha dado. al mundo beldad tanta, que los sérviles ánimos levanta: con que; viene también, a ser culpado; que ya he de dar alcance a mi cuidado, o morir; que la muerte es el dolor postrero, no el más fuerte. ̱m . Ya advierte con son trémulo la trompa, y con horror la caja bulliciosa, y con soberbia pompa la guarda, aunque festiva, temerosa, y el concurso frecuente; que Lico cerca llega, el campo en populoso mar se anega; y los árboles tiemblan oprimidos. a sombra, y con el peso de la gente; y los montes se mueven escondidos; uno del precipicio está pendiente, otro casi; del viento; que la curiosidad es su elemento. No vive, quien no Reina; y vive en vano quien no sabe, Reinar, Reinar es vida; pero Tragedia de Hercules, de pero saber, Reinar, gloria se llama. Llámenme Rey, y llámenme Tirano; que el serlo, da corona, si no fama, de muchos alcanzada, no entendida ha sido esta sagrada preheminencia; no entendida, si vino por herencia; aquel la entiende; que por sí, la alcanza; y llega a la deidad de Providencia si prendio con las manos la esperanza: sírvale la blandura, o la violencia. Ay, quien dice; que el cetro se asegura, ligero, y no pesado: Siendo leve, lo tuerze su blandura, pues, queda al menor viento derribado: siendo grave, en su peso se sustenta, el que heredó, procure, ser amado, el que ganó, temido: lo adquirido, se guarda; y acrecienta con unos propios medios; que usados aprobechan los remedios. Con rigor, determino, sustentarme; pues, ya por él, mi patria me obedece; con temor, de peligros repararme; porque un Rey muere, siempre que anochece; y así, renace siempre, que amanece; y advierta, que si es cuerdo, está guardado de sus escuadras; y sino, cercado. Del amor solo aprovecharme, quiero; para con Deyanira; por quien muero; porque, si ella me admite a su cuidado; vendré, a ser Rey temido, Rey amado: pues siendo ella adorada, por su esposo; si la admito a mi Reino, y compañía: amable vendrá a ser mi Tirania, y vendré a hacer razón del apetito. A Licas, que con premios solicito, para que esfuerze el caso, quiero, llamar; pues, se me ofrece al paso; que, aunque ha de ser el Príncipe severo; la humanidad con arte simulada Francisco Lopez de Zarate. parecer, le hace, a todos menos fiero. Licas. Señor, y Rey, que, que me mandas? Señor, y Rey no son palabras blandas . a los reales oídos? qué suaves! cuanto a los labios, que las forman graves. mas las estimo de este; porque siente, que es libertad, y yugo; que la gente que al Rey, por solo Rey, no más venera: pues no venera con entendimiento, pues no le rinde absorta y lisonjera; con ceguedad adora; idólatra del Rey lo corpulento, el bulto, el nombre, el cetro, la corona; estelo coronado, la persona. Hablaste a Deyanira? Tu mandado ejecuté al instante. Ya contemplo en ella imagen digna de mi templo: mal he dicho, en decir solo del mío (amo sin fin, y he sido limitado) de cuantos se levantan en Boecia, que he de hacer templo suyo a toda Grecia. La dignidad de Rey habrá podido, lo que mi amor no pudo: justamente estimaré el Reinar; pues soy querido: ella un Rey por amante, y por marido. Qué preciado, de Rey, que satisfecho, . que olvidado de Lico está; ocultamos todos los hombres con la frente el pecho, y escondemos el vicio, en que pecamos. Como tu amor lascivo, el conjugal desprecia Deyanira. Piensa, acaso, qué Alcides está vivo? que soy su Rey, no vee; cuándo lo mira? piensa; que cuando Alcides hoy viviera; mas Tragedia de Hércules, de mas no quiero; pensar, lo que temiera. Que cuando estaba en duda la muerte de su esposo, que Ciudadano vil me despreciara, que a mis gemidos estuviera muda; fuera desdén, respeto fuera horoso,o gracia tan dulce, que me enamoraras más, despreciarme Rey; es sospechoso, cuando está seco, y debe estarlo el llanto. es mujer, s Es honesta No está viva? Viva está. Viva, Viva. (va, Pues, me espanto, que siendo honesta, a un Rey se muestre esqui- el ser ajena de razón la priva. No es suya, pues en Hércules adora. La mujer, que más tiempo ausencias llora, humedece los ojos no el semblante. Ella, en fin, te aborrece. O, tiene este pasión, o es ignorante: . pues, se atreve, a decirme esto delante. Ninguno, por amor, odio merece; que, antes aprueva gracias el amante, y quien no corresponde, lo agradece; pues, si ella misma no me lo dijera; y este no es necio, alguna cosa espera. Por si espérate, o fuere consejero; desesperarlo, y advertirlo, quiero. Licas, cuando yo amaba con solo el apetito a Deyanira, con razón mi cuidado despreciaba; ya, que mi amor a fin lícito aspira, común es el provecho; pues a dar sucesión al Reino, mira; el provecho común hácese fuerza; y con ella, aún lo ilícito se es fuerza. De tu lealtad estoy bien satisfecho; mas también se, que tienes para al pecho de Deyanira llave; lo que con ella puedes, bien se sabe. Parte, dile, qué dejo dos te ñ Francisco Lopez dezarate. dos horas, de poder a tu consejo; que la violencia ostenta poderío y yo no he de perder, de lo que es mío. si no importara, no mostrar flaqueza, Disculpando mi intento; dijera, que culpara su belleza, o mi amor, que parece atrevimiento. s. Señor. Vuelve al instante. . Seré marido de quien soy amante, La gente ha tanto, que aguarda: que de templo, y devoción hace ya, conversación, y apenas, los de tu guarda pueden con la confusión. que tan numerosa ha sido la multitud comarcana (a demás de la Tebaña) que el sacrificio ha tenido ya principio ensagre humana Están los campos tan llenos, que, para poder, romper, ha sido fuerza, ofender, Veinte brazos, mas, o menos c que falta pueden hacer? ya se aparta del bullicio con Licas mi Deyanira A esta parte se retira. De mi empieza el sacrificio que es víctima, cuanto mira. Tú, que por mi vigilante Argos siempre te has mostrado vela, como enamorado; pues, velas por un amante, Mis ojos son tu cuidado los pasos les contaré palabras, ojos, oídos, hareme todo sentidos, Seré marido de quien soy amante, Y yo premios de tu fe. No des el alma en gemidos Muestra, que eres digna esposa de Alcides en la paciencia, Es golpe sin resistencia, La hermosura valerosa, y femenilla prudencia! No hay prudencia, ni hermo a tan inmenso dolor, (sura Parece, que en mi favor vierte sombra esta espesura: de aquí escúchare mejor Oh cielo, permites, que con mi flaqueza se manchen de Alcides las altas empresas. De aquel, cuyos brazos fueron tu firmeza, y ya con las plantas (quizá) te sustenta. Tú, que agradecidos: Biblio Tragedia de Hércules, de justamente premias, tan deudor, tan noble; ingrato te muestras! Posible es, que tanto, mi desdicha pueda; que altera del cielo la naturaleza. Que eres insensible, vese en tu dureza; el globo de bronce, los astros de piedra. Niego, que te mueves, y tú lo confiesas; pues, que siempre influyes tan constantes penas. Vuelve poderoso, vuelve a tus afrentas semblante con ceño, de que Dioses tiemblan. Hércules te llama; suyas son mis quejas; Él, en mí, se agravia; a ti, en él, afrentan. No adviertes la parte que tienes en ellas? o no eres su padre, como el mundo piensa. Date a ti este honor, cuando no lo seas: si lo eres; advierte, que tu agravio vengas. Donde están tus iras, freno de soberbias? mas eres piadoso en propias ofensas. O te faltan ojos, porque no las veas; y si no los rayos, te faltan las fuerzas si. Contra Tiranos tan flaco te muestras, Tragedia de Hércules, de flacó rayo vasta para mis exequias. Repara tu honor Júpiter, con ellas, porque te socorras, Deyanira muera. No te llamo padre, que es palabra tiema: y te quiero airado, ya, contra mí misma. Cubran mis cenizas tu culpa, o flaqueza: pues, faltando yo no hay, en que te ofendan. Haz arco del brazo, de las llamas flechas; que en mi pecho tiene blanco la miseria. Pues, perdonas hierros, castiga inocencias, de ti los Tiranos a pecar aprendan. Feliz, será Lico, que ya desespera, y ofendido el cielo, venzerá la fuerza Júpiter responde con golpes a quejas; y nuestra salud es nuestra paciencia. Obliga su amparo penosa modesta: El Consejo es fácil; yo curar, quisiera. Aplica remedios! Ailos, que defiendan del poder tirano? Mañosa prudencia. Con bien propio ejemplo Hércules lo inseña, cuando al hijo fuerte ven- Francisco Lopez de Zarate. vencio de la tierra, Parece, que ahora se me representa, Los pies estampando en las duras peñas, El pecho en el pecho, de aquel todo fiera; con que le quitó vida, no fiereza. Postró con la mano su naturaleza: sacole del centro, que le daba fuerza Usando del aire contra su firmeza, vino a ser su muerte, lo que nos sustenta. Pues bien- Significa advierte, que en Tebas Lico vencera por ser donde Reina. Haz tú de su patria, de su Reino ausencia: Pues más va en tu fama que en dejar tu tierra. Sí; mas, que dirán maliciosas lenguas? Présumes librarte de ellas siendo honesta? Contra un Rey amante en la virtud misma niega la razón, que haya resistencia. Cuando no lo niegue, habla la apariencia; y los maldicientes dicen, lo que sueñan. Licas, asi propia la virtud sepremia: Para solo dichas Francisco Lopez de Zarate. son las más sentencias, Quién huye de un Rey? Quién? La diligencia: porque, si bien, tiene los brazos de alegua, el que huye con tiempo aún con miedo vuela, Déjare mis hijos? Con vida no quedan! Y la fuga es fácil? No ves esa sierra tan alta, que tiene las demás sujetas, y es la mitad, cielo, y la mitad selva; cuyas confusiones persuaden la nuestra, Pues sagrado ofrece su inculta maleza; a sus mismas sombras como lisonjeras, Parece, que dicen, que ya nos esperan con piadoso abrigo, pues le da a las fieras. Termina este Reino su frente, soberbia, que los montes son límites de fuerzas, Alta división de la Providencia. Principio es del cielo si es fin de Boecia. si, más, dondeiremos A salir de Grecia Quién se dolera de nuestra pobreza? No sabes, quien eres; Ni lo que, en ti llevas. la virtud más viva en su patria es muerta. Tragedia de Hércules, de a72 No sabes; quien eres, ni lo que en ti llevas, con tantas virtudes, y ser extranjera, y con ser esposa, de aquel, que no hay piedra, que con su renombre preciosa no sea. Ni árbol sin trofeo, ni inconstante arena, que dé su alabanza no de firmes señas. Reinaras: si quieres en todas las tierras, y alivio será para Li tristeza, Pues, sí, por tu espeso, tu gusto, es tu pena, reinar no podrás y vivir contenta. Bien dice, quien eres a voces sin lengua, tu beldad divina, o tu beldad bella. Bargonzosa pide, quien tuvo riquezas. Para cuantos nacen se hizo la vengüenza: Que Águila tan agil que nave tan presta, habrá, que me saque de golfo a ribera? Mi veloz caballo, que paga a la tierra. el darle sustento, pues el aire huella, con fogoso aliento suplita las velas, las rápidas plumas con la ligereza El honor de Alcides Tragedia de Hércules, de a ti se encomieda, muera yo mendiga, como el no perezca. Al nombre de Alcides aún el alma tiembla de aquel, que no hay piedra, mi traición es grande, mas tu amor la aprueba. No pude bien advertir, aunque, de alguna razón interpreto su intención que es natural; ver; y oír, por señas el corazón. A donde un caballo está. con aderezo de escarlata, que oro enfrena; y pisa plata, Licas presuroso va, de un álamo lo desata Y aliñándole la acrín, y alagándole la cara: le pone el freno; declara Con la mucha prisa el fin. Mi espada se lo estorbara Mas pues ella no se atreve, por ser Licas esforzado, en fin de Alcides criado; haga la voz lo que debe, que te llevan tu cuidado Lico, que tu bien se ausenta Señor, oye; advierte, mira, que tu gloria se retira: Rey, que un vasallo te afrenta, Llevándose a Deyanira. A Deyanira, o a Rey, Levanto el rostro inquieto; Francisco Lopez de Zarate. y el sacrificio imperfecto dejando, viene. e ̱ . La ley de amor deroga al precepto: que has visto en mi daño? qué voces son estas? que en tus ecos tristes mis pesares sueñan? Tu mandado hacía. Mátame con priesa. Portimirar, puedes, lo que oír, deseas, Tu pena va huyendo; Licas se la lleva. Cómo es tan del alma, huyendo, se acerca. Aunque huyes, ingrata, conmigo te quedas: que, de quien te adora, en vano, te alejas. Y así, me detengo: mas no, que te llevan, y es agrio el camino. No adviertes, que vuelan Qué importa, qué vuelen? En plumas de flecha, En alas de rayo, en rapto de estrella; Si contra el Rey son las plumas de cera, las alas de miedo, el rapto sin fuerza, los brazos, de aquel. que en otros impera, sonbrazos de mar, que todo lo cercan. Los súbditos hacen pies en su flaqueza. Francisco Lopez de Zarate. justificar quiero con estas mis quejas. No os cause, no, espanto, viendo, que no queda lleno el sacrificio, las víctimas muertas. Que, si la costumbre los ritos altera, las leyes divinas, la humana insolencia. Vuestro Rey soy, quise (viendo lo que Tebas debe al gran. Alcides que ya illustra esferas) En su honor partir mi sacro diadema, con su casta esposa, causado con ella. Licas o traidor, o amante, la lleva (quiérolo dudar) Degrado, o por fuerza, Yo hago lo que debo En memoria eterna de Alcides; vosotros consentís su afrenta. Pues sufris que un vil un traidor suceda en su casto lecho con su amada prenda. Que me estáis mirando, hechos mudas piedras? id, prended, matadle, muera; Muera, muera, Del culto violado Será recompensa: sea víctima el lobo vivan las ovejas. No, no le matéis Tragedia de Hércules, de a4 o herildle de cerca; porque le reparan mis propias ofensas Un Rey indignado, cuerdo se gobierna si hace sus agravios comunes afrentas. Tu apresta caballos, que, aunque, lo parezcan, Tragedia de Hércules, de nieguen, que lo son, con la ligereza, Y tú en tanto Alceo los cielos inciensa, los vientos inflama el suelo ensangrienta, Aplaca los Dioses con votos; y ofrendas; que yo solo adoro en mis diligencias. , l , n , s Ahora me aprovecho de los daños, Con que se califica la experiencia; miro con capa de verdad engaños, en Lico amor, en Licas imprudencia; a todos niegan crédito mis años; sirviéndome de norte la prudencia: al mal doy fe no al bien; que son iguales por humanos, los bienes, y los males. Que, Licas, siempre bueno, malo sea, puede ser; porque, tarde se conoce el bueno; mas que Lico, aunque se emplea en lo justo, en lo injusto no se goce, no se si lo creere, cuando lo vea; siempre el malo sus obras reconoce caudal es no creer; pues se asegura, lo que el crédito fácil aventura. Jole, Jole, Señor. Oh cuán prudente eres, y cuanto aumenta tu belleza el serlo, pues, en no ser obediente A amor, eres mujer con fortaleza cuanto el cettro levanta al sol la frente mostrando su odorifera grandeza. Entre las más, hermosas te levantas; tú eres el cedro; ellas humildes plantas Glorioso fue de Alcides el desuelo, Francisco Lopez de zarate? pues fue por ti; tu más honor le has dado con tu casto desdén, que le dio el cielo, menos ensí, que, en él, asigurado: Lo que el llamaba hielo, no fue hielo, resplandor sí, del cielo derivado: que le alumbró a sacar de si victoria juntando a sus hazañas mayor gloria. No ya sacerdotisa, Deidad eres, o puedes, serlo, de este sacro templo: Ídolo, aunque mujer de las mujeres, de las más castas virgines ejemplo. Con palabras no dignas de mí, quieres, correrme. No mi Jole, que contemplo en tu virtud, aún más, de lo que digo, déjame, descansar de mí, contigo. Amote Alcides, y tan blandamente, que dejo de ser el, cuando te amaba, ocultando; en lo amante, lo valiente, rueca vil hizo de espantosa clava. Con rizos viste su temida frente la misma, misma libertad tu esclava torcer, por verte, y por, amarte el uso el amor, que lo quiso, lo dispuso, De ti lo se; tu propia no has contado, que le invidiabas de mujer vestido. que aún estorba la gracia al desdichado pues el fue, por hermoso, aborrecido. Pídiote por esposa, y su cuidado de ti, ni de tu padre agradecido, engendro tantas iras en su pecho, quese mecelo el amor con el despecho. con causa amante con razón quejoso, ciego, o fuera de esí, todo sería: vencedor de un ejército copioso convirtió la victoria en cortesía: que mostrándose en todo poderoso (Sin usar del poder con tiranía:) porque le amases, se valió del llanto. más, aunque puede más, no pudo tanto. Trújote aquí, y haciendo, como fuerte, haciéndo le violencia con lo justo, Ca Tragedia de Hércules, de Caso con Deyanira; fue quererte, Puso quiso más tu gusto, que su gusto, por ser todo mi bien; ablarte, y verte, cuando se ofrece caso de disgusto, Como viejo me valgo de tu historia, píctima de contento a la memoria. Padre, y Señor, que todo está en Alceo; Pues, lo mismo, qué honoras, agradeces; déjate, responder de mi deseo; que yo no alcanzo lo que tu mereces: en ti mi Padre; enti mi Reino veo; en alabarme solo desmereces: pues aventuras crédito, y dibiera, ser yo mejor, si tanto mereciera. cuanto en mi puede haber, que sea alabanz detí como de fuente se deriba! Cielos, no me dejéis sin esperanza, muera mil veces yo; como ella viva: y pues, tan digna, y justamente alcanza dolor de este suceso a la más viva peña (aunque esto no es mucho) a la más muerta como no muero; si mi muerte es cierta? El pensamiento lleva por caballo, vuela sin alas; tanto se retira, que no alcanzan los ojos a alcanzarlo: podrá librar el cielo a Deyanira; la diligencia no. Para esperarlo podrá tener valor, el que lo mira? podrá mal: que es indicio de flaqueza, No doblarse al dolor la fortaleza Los Dioses (que de errores, demudazas de Lágrimas; sollozos, y gemidos Componen sacrificios, y alabanzas) Francisco Lopez de Zarate. vuelvan a mis clamores sus oídos. Desfalleciendo van mis esperanzas. Al paso, que le faltan los sentidos. Tú, y yo con nuestro oficio cumpliremos Dándoles el honor, que les debemos, Más ignorante soy; pues que no advierto, que por mi declarada la fortuna, Me da, agozar lo vivo entre lo muerto: pues, ya, ningún Tirano me importuna: de temores el monte esta desiertos, desalentado el Sol, parece Luna; siendo me favorabies sus desmayos; para mirar, para adorar sus rayos, Solo el Cielo me ve (mas que no mira: que no sufre, y no calla, aunque lo siente y el templo (aunque a mis ojos se retira, también me ve con torres eminente. quién pues, de mis intentos me retira? que el Cielo si lo mira, lo consiente; y el templo como en fin región del cielo es sagrado de culpas, no recelo, No es muerte por si muere; gozarquiero la parte de la vida, que tubiere: si vive, gozare, lo que no espero; pues a su esposo, cómo esposa quiero divinos labios; pues de rabía muero, haré, como el que de esta causa muere: será mi enfermedad mi medicina: permite, que te adore, pordivina. Mas ay, mas ay, que la beldad, que enmienda todas las hermosuras: se transforma en el Hercúleo horror: porque defienda el esposo a la esposa con su forma; y la razón me exhorta, que suspenda mi traición: el amor, que no deforma: Tregedia de Hércules, de si hace al leal traidor, y da el semblante (como el alma) al amado del amante! pues, con el pensamiento te profano, con acciones soldaré de servidumbre, lo que pecó en sacrílego, y Tirano; discúlpese el amor con la costumbre. adorare, no besare la mano: toco la nieve, abrásame la lumbre: bese, adorando; hallo cautela el gusto; disculpando lo injusto con lo justo. Mano, prenda depaz; o si os besara sabiendo, vos misma, que os adoro: mi pena en el contento se alegrara, como avaré, que mira su tesoro: bien se deja entender, lo que os amara; pues, de lo que os amara me enamoro: mano que harás despierta, si dormida me aprietas en el pecho, y en la vida! Mas, que rumor, o que tropel se acerca, Lico parece; no me da cuidado por hombre; mas por Rey, miedo me cerca que solo, se halla un Rey, a compañado; Ay de mi desdichada, y triste Cerca estaré y a la mira asigurado, yo pondré, defendiendo a Deyanira: si no bastaré la razón, la ira: Gruta ocúltame tú Montaña altiva. dónde, subir, no puede: quién no vuela: atalaya a mi gloria fugitiva, que pareces del mundo centinela: que estas si en riscos muerta, en cristal viva (pues Francisco Lopez de Zarate. (pues, vista, y voz son alma del que vela) tus aguas preiten lenguas a congojas; así, te entolden siempre ramos, y ojas, Da en breve, da razón de mideseo, aunque por ecos. Ay Si no me engaño quejas oigó. Ay de mí. Tanta luz veo que me parece la verdad engaño. dichoso es el penar, cuando el empleo de las penas es tal; y cuando el daño de provecho tan grande se acompaña, ella es que a nadie la verdad engaña Quien como sabe amar camino hallará de saber persuadir? Cielo clemencia. Cómo en esta ocasión me aprovechara, diera, la majestad por la elocuencia mas, la misma retórica su cara; que con beldad, persuade a reverencia: con beldad mueve la razón a gusto; y pues ella lo causa, todo es justo. Guárdare los respetos que encomienda esta inferioridad, de ser amante: más: caso, que a humildades se defienda volvéreme a vestir el real semblante: usaré de la fuerza: amada prenda, que aún adoro de ti lo repuguante, siendo aún más, más amada: mas esquiva: hermosa, aún asta en ser tan fugitiva. A s ̱ , Como al medroso triste el temor va siguiendo: porque el objeto horrendo de lo mismo, que mira, se reviste huyendo de la muerte, en una; y otra forma il d c ña Tragedia de Hércules, de el medio se transforma: que es el cuidado estímulo, que advierte, por agudo, y pesado; como carga a quien de ella va cargado. la pacífica oveja (con mostrar miedo en túmulos bálidos) meparece, al balar, que dabramidos, y su blanco bellón roja guedeja: todo en forma tirana, a Lico representa, los árboles se visten forma humana: aún hasta el agua corre turbulenta y da con olas voces. Deyanira, mi bien no me conoces. Más fiero, más cruel, mas espantoso, que a la muerte, que aLico, y su deseo oigo al fiel compañero de mi esposo; a Licas convertido en Lico veo: y quien, si a Lico no se pareciera, a la mujer de Alcides se atreviera? más negar, quiero crédito al oído, interceda por él lo bien servido, Reservaré lo tierno; y amoroso, para cuando me tenga a mi por Lico; mientras por Licas, la violencia aplico, que por ajena mano el Rey si es sabio) ha de hacer la injusticia; y el agravio; por la suya las gracias, y favores. deja para los Tigres los rigores. si hicieres resistencia al fuego, que inflama, rendírase el respeto a la violencia. Licas, no ves, que tu lealtad se infama, El honor a volver por mí me llama. si bien, el ser mi Rey (aunqué tirano) como en prisión, mi lengua; y armas tiene. D. Francifeo Lopez de Zarate. Cómo, que tu lealtad no te detiene tú, tú eres Licas, tú? Menos, para servirte, y adorarte; si dejases, quererte; si no, Lico seré, para forzarte. Para impedirlo yo, seré mi muerte. De los celos, que Dicas pado idarme; satisfacerme, es huevo enamorarme. Será mi fin, y túmulo esta peña. La mujer por el gusto se despeña mas, no, por ser forzada; que la fuerza es disculpa, que la agrada. El aborrecimiento: y fantasía tiene tanto poder, que desconoce. lo mismo, que se toca, y se conoce. como, el que se ama mucho, o se confía. Esta presa ya es mía. aunque es flaqueza, no decoro justo, que entre a la parte Licas de mi gusto por mi merecer, quiero, Deyanira. Lico soy: no desprecies por esposo un Rey. . Tirano infame Ingrata, mira- que en hacer voluntario lo forzoso, Serás cuerda: . Confieso que me cegó la ira; pues, pude; conocerte en el exceso de ninguno sufriera ofensas de mi esposo, sin matarme pero de todos menos las sintiera que de ti. El irritarme y no favorecerme, es obligarme a la fuerza; es pedirla. Oh vil tirano. o. Dame sola una mano, con ella el alma toca. La que (aún solo mirándola) manchares: dividire del brazo con la boca, Dioses, pues veneré vuestros altares, tan pura tan fincera, Bibioteca Nacional Tragedia de Hércales, de que toda, toda yo torazón era, o, no, negaréis a lástimas semblante, o no piedad a voces, oíd, mirad, y socorred veloces. Siendo tan poderosos los Tiranos que alcanzan los intentos con las manos usurebran Deidad con tiranía Vencerá los respetos mi osadía: que el poder hace de lo injusto gusto y es el Monarca superior el justo, Hércules, si es, que allá en el cielo, atiendes, como en el mundo, a deshacer agravios; respondan tus favores a mis labios. si,; como te agradaron, los entiendes. Oye; que en Deyanira te defiendes. Sabrás, lo que es, ser Rey, no digo esposo; porque es, a vuestros ojos, más hermoso el pecado más feo; y así, os llama a lo ilícito el deseo. Registrare, si acecha algún testigo, desde está peña, que remata aguda, de solo nieve, y Águilas abrigo; que tiene el gusto calidad consigo; que invidiosos le vayan a la mano, y Venus quiere soledad desnuda. Si ha sido este tirano, de Licas homicida? Siempre está Licas, y estará contigor) que depende su vida de tu vida: al buen vasallo, sigo, que hasta no poder más su Rey venera: mas; si lo ofende en el honor, o, el gusto, niega su ser, y convertido en fiera excede en la venganza de lo justo. con Lico llegó ya mi tolerancia, hasta donde su flaca resistencias va, que con arrogancia hiere tan en lo vivo mi paciencia: por Francisco Lopez de Zarate. por la razón, me opongo a su insolencia: que el Rey con su desorden, e ignorancia los basallos incita a inobediencia, Oh traidor, sogiaas Lico, si lo fuere, advierte, que mi traición se soldará en tu muerto Osas sacar contra tu Rey la espada? Del capitán, o Rey es embaiñada, del súbdito, y soldado cuando pasa a la diestra desde el lado: es fuerte la razón, y, si indignada; no respeta la frente coroñada: y menos yo que estoy aconstumbrado, a ver de Alcides a los pies triunfantes coronas, estrelladas de diamantes y cabezas de Reyes sin coronas. Oh traidor, rin Si lo soy, tú me ocasionas a que te desestime tu vasallo, quien el golpe se da, de quien se queja? De furor tiemblo, debergüenza calló, morirás a mis manos, No me deeja el miedo; que esos pasen adelante así; quiero, ponérmelos delante. Lico, no eres tan Rey, como tirano, tan hombre como amante. Que si vien, Licas es tan esforzado, mi suerte limitada le hará cobarde, flaco; y desdichado. Licas deten la Eespada Cortasme a mí la mano, ial mai no- al Reino la cabeza, y das contra ti misma fortaleza. oh Júpiter, o tú, que soberano ti? Biblioteca Nación a Tragedia de Hércules, de título te atribuyes, por piadoso: soberano eres ya por riguroso: pues faltas a la paz, y a la defensa, manifiéstate poco poderoso; y esfuerzas; tolerándola, tu ofensa: está de Alcides es la recompensa? así pagas, haberte, descansado, en el mundo? En el Cielo asigurado? a que ocasión los rayos de tus iras reservas, que no sientes, lo que miras. Ya, que venci al infierno, ya Teseo di livertad, librándole despeñas; haciendo fuerte, lo que humilde Orfeo, que el rogó a puertas, yo rompicadenas: ya, que en honor con Baco lgual me veo: restituíreme al mundo por las venas, y minas de los más duros metales: dejando los sepúlcros infernales. Hare nueva salida, como entrada hendiendo riscos, cumbres humillando. Parece que la tierra está preñada de viento, y terrómoto amenazando mi planta fija, mal asigurada, sin temer, ni temblar, está temblando; que olas de sierras miro vacilantes y montes por los campos navegantes. Ufana de escuchar; apenas puedo darme los parabienes al oído: bien, que el placer equivoco en el miedo con un sentido altera otro sentido. Cómo es señal del ánimo el denuedo: de Hércules esta vez indicio ha sido; y aunque no fuera suya; lo parece! que la tierra a sus ecos se estremece. Francisco Lopez de Zarate, -o. Dio muestras de ser Dios. Soberbia roca, contumaz a mis brazos dilatados, harete, abrir (quejándote) ancha boca. trastórnare los montes en los prados. Ya el Sol con rayos el abismo toca, los infernales monstruos, espantados, se ocultan de su lumbre por las quiebras, y se enroscan culebras con culebras. Ciego de luz, opor naturaleza el abisio rebelde; ya procura, infernar de los cielos la pureza, de las amenidades la hermosura: pues, a mis brazos, a mi fortaleza deben, estar su máquina segura? Cerrar, quiero este paso, de tal suerte; que no le tenga, por aquí, la muerte. , s, O Jupitérpiadoso, quiente ofende pagando las ofensas con favores? pues tu diestra, encendida se suspende, tu piedad abergüenze los errores. Liro Júpiter si tu mano la defiende templar querra; con ella tus ardores: pues me impides la dicha, de alcanzarla, dame, al menos, favor, para olvidarla. JORNA Biblios aN a Tragedia de Hércules, de

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Este apacible valle, templado en los rigores del estío que nace de montes calle: (así, como nos lleva al mar el río) irá contigo a Atenas; sirviéndote de Norte sus almenas. Adiós, adiós Teseo. o Gracias al Sol, que con su luz me alumbra, y a Júpiter; pues veo, lo que en el mundo menos se acostumbra hecha por un amigo la amistad; a que, en fiéndolo, me obligo. Derogué los fatales estatutos, y leyes del infierno; las penas inmortales suspendieron, cesando, el daño eterno, mientras, que del abismo libré, al que ya era sombra de sí mismo. Oh amistad; profanada, desde, que reina el interes Tirano: si de algunos usada, harto más con la lengua, que la mano: religión corrompida, pues no se observa, el repartir la vida. Lo más rico, y precioso es común, nuestra madre, nuestro aliento, el agua, el Sol hermoso todo común, cuanto vital sustento) (aunque con varios nombres) (o Fran cisco Lopez de Zarate. y solos, solos suyos son los hombres. Con quién es más avaro, con quien más pobre el rico, qué consigo? cuando niega su amparo, no digo no, al amigo; al enemigo? no hay más alta corona, que la del generoso, qué perdona? Si con invidia, o con amor sigundo, para agravio de cielos, y campañas, el rector infernal deja el profundo; que se apartan, y parten las montañas! o, si en dos mundos se divide el mundo, qué descubre el infierno las entrañas! o la tierra, tragando, de sí, parte: quiere, o Lico, en su daño, aconsejarte? Quiera, lo que quisiere; mi consejo es, ya, mi amor por cuya tiranía, por cuya voluntad corter, me dejo; así, el se gobérnase por la mía: más, o cielo! este es Hércules, espejo del Sol; pues, como en él, se mira el día en ti, su luz se aclara, y perfecciona; cual laurel, que en tu frente se corona. Tú pudieras ser Rey. Yo que pudiera lo he dejado, de ser; mas Rey (oh Lico) es, no el que Reina; el que Reinar, dibiera Luego, es tan grande el pobre, como el ri- La virtud a ninguno desespera: (co? yo, que a seguirla, sin mandar, me aplico, no soy Rey de los Reinos, qué desprecio? Siempre el esfuerzo hipócrita fue necio. . Ninguno, aunque más pobre, desespere: que, es la virtud imperio dilatado; y llegará, a imperar, quien la tuviere, de púrpura desnudo, o adornado: Rey será aquel, que en la virtud lo fuere: que no consiste, en verse coronado; pues se viniera, a dar; que la corona esae oteca Tragedia de Hércules, de pesa más, que el talento, y la persona. Las letras, la virtud, el valor, puertas son, que admiten a Reinos diferentes; siempre las tiene Júpiter abiertas, aún a los más famosos delincuentes; que en ellos adormidas, y no muertas. las virtudes están, mas eminentes: así el Clarín sonoro de la fama despierta malos, cuando buenos llama. Mas esto aparte, Lico, del Tebaño pueblo, que me dirás; después, qué ausente de su amparo, y gobierno está mi mano? Que bien tendrá; no estando tu presente. No, no prosigas; que de algún Tirano nuevas me está ya, dando un león valiente, que de flacas ovejas se apacienta; a los ojos de Alcides grande afrenta. Dónde, dónde sin armas? Tengo manos; y donde voy, sin armas, me preguntas, estos brazos son hoces de Tiranos, os Estas diez flechas de diamantes puntas: hartos robustos robres no hay cercanos? este monte no es muchas rocas juntas? todos dan instrumentos a la muerte: la razón, y el furor arman al fuerte. Cómo Garza, de Alcones perseguida, mas allá de los límites del viento; antes del miedo, que del pico herida, sube a pedir favor al firmamento, y anticipando quejas a la herida, a voces, manifiesta sentimiento, siendo Cisne del aire; cuyo canto es pronóstico cierto de su llanto, Así, el León adivino de su muerte, tiem- Francisco Lopez de Zarate, tiembla en el cuerpo; mas, que en la guedeja, reconociendo el fuerte, al que es más fuerte; no brama fiero, temido se aleja. Donde esará mi bien? que de la suente, que al rústico la nuve alegre deja, con la voz de la lluvia embajadora, su voz, aún temerosa, me enamora. Me alegra, me alboroza, y resucita; como, el Sol a los climas, que amanece, que paga en flores lo que en Astros quita tanto, que el mundo sal parecer) florece; y a música las agias solicita, cuando el hielo los pasma, y enmudece porque, unido su coroal de las abes, alegren dulces, si suspenden grabes, u, No hay, quitainga sus paso? tanto vuela, o tanto sabe, amar porque, quien ama, hace del freno de razón espuela, es poco espuelas, alas de su llama. Oh fue hartura el temor, o fue cautela; corrido vuelve, al que le sigue, y llansa? y ocultando en horrores lo cobarde, uñas, y dientes son mortal alarde. Ten lástima a tus pies; aunque las peñas al honor del contacto agradecidas, de su cortés respeto se harán señas, librando tu dolor, en sus heridas. Con tu rigor, no adviertes, que despeñas a quién, te quiere bien? Ay cuantas vidas de los errores penden de su planta! t Sobre los pies la fiera se levanta. Levanta el brazo Alcides, esperando. que no aplica al asalto la destreza. Tragedia de Hércules, de Ara temiendo, la que busca, amando reparara en el pie, ni en la aspereza? Saltó el bruto veloz: mas, en llegando: de tal suerte le hiere en la cabeza con el brazo; que más, parecio clava, Antes, de perezosa, me culpaba. Pedírele en voz alta a esas pizarras, para llegar, mas presto, a sus oídos. Hércules. Son sus brazos tenaces dos amarias; con que le tiene boca, y pies prendidos, no es dueño de sus dientes, ni sus garras; y sus bramidos lánguidos válidos; que, espantos, uñas, dientes, garras, quejas en los brazos de Alcides, son de ovejas. Con las manos mordiéndole los dientes, en la enemiga fuerza reforzado, firmes los pies, los brazos diferentes, le tiene lo feroz disfigurado. No miras al Tirano, no lo sientes? No, que estoy muerta; porqué le he mirado Hízolo todo boca, gran portento! con el aliento le quito el aliento. Lico? que deudo tienes con las fieras que te duele su sangre detramada? Huye. Como pod e que temblo. Esperas, a ser, cuando dichosa, desdichad a dlis brazos te pondrn alas lgeras Feliz, grande ocasión tienes, o espada. en que de este traidor puedas vengarme y con quien tanto temo, acreditarme, 20lSb Queda (si mato a Licas abrazado con Deyanira) oculta mi venganza. Con su muerte mi crimen disculpado; aunque también mi amor sin esperanza: mue. Francisco Lopez de Zarate d e l muera un testigo; quedará tachado, el que, en mi contra puede, hacer probanza, en brazo, que tanto me desvela, ceda la atrocidad a la cautela. Será también soborno a su hermosura él no ser, a sus ojos tan sangriento, o e No entréis en el error de la espesura: Presuma, de qué tuvo el firmamento Hércules en sus brazos, y sigura la fábrica estrellada yo, contento presumiré, que el mismo Sol me abraza, que pesa más, y menos embaraza! a . Enlos buzos de Licas beyania! diera por su ventura mi corona. Quién no muere de celos que lo mira? Este peso mis ansias galardona. Lico viene, ya llega: Que me, admira si el peso, a quien le lleva, le perdona el cansancio, causándome, a mi enojos que él lo lleva en los brazos, yo en los ojos. d e l Lio Deyanira, aunque muy tuyo, más señor de mis deseos o, en tu honestidad templados, o, en el crisol de tu hielo. No con fatigas amantes, ni con maritales ruegos; más pagando a la razón, lo que, por hombre, le debo. que él lo lleva en los brazos, yo en los ojos. Y mereciendo el perdón, que te pido en el consuelo, que te traigo. Por tu mano ni puede, ser, ni lo quiero. Pues por mi boca será. No viste montes, soberbios, hendidos, en tu defensa, desde la cumbre al cimiento. No viste, abrirse la tierra de la superficie al centro; que él lo lleva en los brazos, yo en los ojos. Tragedia de Bércules, de En llegando a la espesura, ay2 y (aunque sin nubes el aire hecho nube hermosa el cielo? No viste, rayos de flores, Licas, tu amigo seré relámpagos sin incendio, llover rosas, granizar jazmines, en vez de hielos? No sentiste melodía, organizados los truenos? pues, todos fueron; debidos. Perdona; si lo, que debo, como admirables portentos. De nuestra felicidad, del glorioso advenimiento de Alcides. De estas verdades algún engaño recelo. L Ahora de mí se aparta, para el olímpico templo; llevado de su costumbre santa; de adorar primero A Júpiter, que a tus labios: ceremonia de aquel tiempo, que antepuso al ámbar, y oro la sencillez del incienso. De aquí descubrirlo puedes, no; que lo estorben los frenos: más; cerca va. Con los pies alcanzaré los deseos! h . Li Cerca tienes mi caballo. Tambien está cerca el nro. Fiaré yo, en esta ocasión, de un bruto el entendimiento, Tragedia de Bércules, de En llegando a la espesura, el camino torceremos; que, advertencias enemigas tienen el lazo secreto. Licas, tu amigo seré por lo que debo no hago Lo que es a temer un bueno. Que no hay interés humano, pues, todos fueron; debidos. Perdona; si lo, que debo, que le aparte de lo recto; el malo hace granjeria, de venderse al gusto ajeno. Lo que no alcanza el poder, facilitará el ingenio con la gente de mi guarda, (que dejo escondida a trechos) No tendrá dificultad. el cercarlos, el prenderlos, ella vivirá, por mí; Licas morirá por necio. Hércules vuelve en mí busca todos los brazos sangrientos, todo el semblante Tirano, todo espantos, todo miedos. Conviene descaminarle; para asegurar mi intento; y en cabeza de otro, hacer relación de mis sucesos. Porque, lo que ha de saber, con ver, que yo lo confieso, le parezca menos grave, salirle quiero al encuentro. Francisco Lopez de Zarate. Oh blasón de nuestra edad, título del nombre Griego, Deidad. Deja, de alabarme, no usurpes glorias al cielo. Ni hagas menor mi alabanza; (si, por algo la merezco) que, a ser esas ojas mostruos; no igualarán, los que he muerto. Oblígame, con decirme, lo que hay en Tebas de nuevo; porque, sí, es bueno me alegre; si malo, ponga remedio. Un Rey. Qué dices? en Tebas, (que yo en libertad hepuesto no reina la libertad? es tirano, o es electo? Electo. Cien Senadores son pocos a su gobierno, y ha de poder uno solo, lo que no pudieron ciento? No niego, que (a imitación del soberano, y eterno) el gobierno de uno solo es más firme, más perpetuo. Bien; que tan dificultoso, el ser hombre, y Rey perfecto; que es necesario, que reine Júpiter, para ser bueno. A quién culpas de los dos, al pueblo; o al Rey? Al pueblo, pues humilla la cabeza, rindiéndola a yugo, y freno. El hombre debe atender Francisco Lopez de Zarate. 25s Lícitamente a su aumento, y si llegó, a coronarse; no es culpa, lo que fue premio. O patria, que, como, patria me pegas el cautiverio, de que te libre, quien vio el libertador sujeto! No puedes tú con tusfuerza, quedar del dominio exento? Y será decente, Lico, hacer todo, lo que puedo? Fuera tirano, en quitar su establecido gobierno, Deuna enfermedad sane, . si de dos estaba enfermo. Líbrame de la sigunda, oh Júpiter, y te ofrezco una lámpara de oro, que pese; lo que tu templo, Este Rey, pues, agradado de lo digno, de lo cuerdo de lo grave, de lo airoso, de lo prudente, y honesto. De tu esposa Deyanira, depositaria de cielos en la perfeción del alma, y en la belleza del cuerpo. No, envano yo recelava . algún golpe de este cetro, cuchillo; que antes ofende en el corazón, que el pecho. Breve historiador prosigue, no retórico, no tierno; que lo tierno toca al Rey; yd sé, lo que, en ella, tengo, Lico luzgándote por deidad del estrellado hemisferio y aunque no puedes, morir, tiniéndote; en fin, por muerto. Y acreditado este engaño, o esta duda; con que el suelo (en Tragedia de Hércules; del osea calamidades suyas) te invocaba, con incienso. Y calificando tú el error con los remedios; pues, antes de nacer humo, apagabas los incendios. Pretendiola. Pretendiola? Por esposa; no quitiendo, que mujer, que lo fue tuya, obedeciese otro imperio. Y pues fue veneración, merece agradecimiento, Lico aboga por el Rey, . disimular con el quiero. Y cuando, la pretendiera, como amante; siendo cierto; que ella es, quien es, como dices; y que yo por tal la tengo. Piensas tú, que me agraviara? ni yo me agraviara de ello? hay en mí más corazón; capaz, en fin; de pecho. No me rige la costumbre, por la razón me gobierno. Declaráreme con él. Pretendientes semejantes solo pierden el respero. Cobardemente al marido; y si bien, matan ascelos; ellos no merecen muerte, no siendo amigos, o deudos. Que; por faltar a la sangre, es justo sacarla de estos, y la amistad ofendida, digno verdugo de aquellos. Muchos ignorantes pecan, queriendo, tener con freho los ojos, de los que miran, las alas de los deseos. No está pendiente la fama de los hombres, de un cabello: Tragedia de Hércules; del como la espada del Rey, lobo, y no pastor del Reino. Persuádese la ignorancia arrojando sumo imperio a las mujeres por ser, por ser las almas de afectos? Que lo son de lo mayor: y, aunque almas son de los cuelo alma de las almas no, (pos, el honor sí; propio emplo: Que lo aumentán mis virtudes, hoy lo gastan mis defectos: no, la femenil flaqueza; quej así, como no merezco. Por sus virtudes blasón; por sus faltas vituperio. . Aún no me deja decir, que soy el Rey, el contento. Deverle tan de mi parte. No fuera Júpiter cuerdo; si cosa tanta; y tan fácil, la prendiera de los vientos. La fijara en el arena, la encomendara a elemento; que cuando se ve sin olas; está fuera de su centro. Declaráreme con él. Yo soy el Rey. El Rey? Tiemblo. (to: Si el Rey, y el amor fue jus- para que, tanto supuesto? @ Lico cautelas conmigo? No. Calla, vete, que pienso; por lo que de ti conozco, y en verte en este desierto. (Lugar indecente a un Rey) que asaltas los pasajeros. Y advierte; que, no te mato, solo, porque no te creo. Y por. Francisco Lopez de Zarate. Y porqué, tu vida, y culpa te sirvan de más tormentos, lo que tardaré en matarte, quiero que vivas muriendo. Y porque, nunca, ofendí, sin ser el delito cierto, y sin consultar mis iras con la clemencia, y el tiempo. lustificando tu causa. abogaré por ti mismo: y no me ofendera tanto mi agravio,, como el ajeno. Mas, si fueres muy culpado, desde luego, te sentencio; Francisco Lopez de Zarate. muerto estás, pues me ofendis quéntate ya con los muertos. (te Que no hay para mi defensa en el polo contrapuesto, a la sombra de Flutón, de Júpiter en el seño: Con que, te doy a entender, que despreciando los Reinos, y estimando la virtud, en todas las partes reino. Yo parto, yo parto a Tebás, a saber lo más secreto, y a regular tus disculpas con la relación del pueblo. a , . Grave pensión, vivir; pues, no aprovecha la vida para sí; cuando esperaba de mis trabajos, y labor cosecha, y es el infierno templo de mi clava; cuando su potestad dejó desecha, y a Tebas mi valor eternizaba; con servidumbre humilde me recive: el valeroso hasta morir, no vive. Mi ordinaría estación, las oblaciones he de hacer, que acostumbro, cuando llego, de dar descanso, y paz a las naciones, porque solo con Júpiter sosiego, y bien que por dudosas confesiones mirando incertidumbres, estoy ciego: el cielo, de mi bien, tendrá cuidado, y por su honor, mi honor asegurado. , u - Dejado el llano se entrega del monte a lo más espeso: qu siempre asombra las sombras y atemoriza los miecos. iecea Tragedia de Hercules, de Favoreciome la suerte, pues, usustada a mi intento, se han dividido los dos; que el va a Tebas, ella al Templo. Persevérate en mi engaño, que si alcanzo lo que emprendo, barata compro la muerte, que el gusto es el mayor premio Mi gente me avisará, y a Deyanira siguiendo, daré fin a tantas penas, viviré, de lo que muero: Robarela, aunque aventure, estado, corona, y cetro. Lico, señor, Rey Ya el Sol- los rayos va recogiendo. Alcánzole con los ojos, y con las voces no puedo: mas, forzoso es dar con él; porque meviene alencuentro. . Lo que matan sus bellezas, ha de padecer con celos. Aquí puedes, reposar, que este músico arroyuelo llama a descanso con olas La distancia de las dos compone de flores lecho. Licas esta causa había paravenir siempre al templo? sole no Júpiteres, a quién dédica trofeos? Cuado Júpiter no ha sido, de liviandades tercero. Para que le sacrifica, Tragedia de Hercules, de el que le hace sordo, y ciego? Hay triste de mí. No sientas lo que no tiene remedio. Con la pena me consuelas? Consuélote como puedo. Yo soy la que de mi esposo mas dignamente me quejo. Pues, como la más dichosa, soy tambien la que más pierdo. El cansancio me aprisiona, los pies, los ojos, el sueño. Si ha de ser el de la muerte noche, a tus brazos me entre. (go. Bien, que por algún espacio, se afila el amor con celos. si perseveran, lo entivian, con que renacen desprecios. Deyanira se detiene, y Lico llegará a tiempo. Entonces, cómo, en venganza halla entrada el amor nuevo, que, si bien, suele encenderse con el agua más el fuego. En comenzando a templarse. poca le sirve de hielo. La traición ha sido, amarla; no descubrir el secreto. Que se disculpa la culpa, cuando sirve de remedio. La distancia de las dos no me acobarda; pues veo historias, que favorecen con mil Reinas a mil siervos; y de lo que más agravia, suele, valerse el despecho. Pues, llevo nueva tan grata, detenérsela; no quiero. Que estasenda me encamina, a lograrle su deseo. Francisco Lopez de Zarate. S esa dormida? Si bien muesra el día poniéndose en tus ojos, que depende la luz; de que ellos tengan alegría; no, porque muera, no; donde se enciende que antes, en ti descansa, y se refuerza: pues, abrasas dormida con más fuerza. Perdonad ojos, perdonad; si llego tan cerca; porque el alma, que os adora; es mariposa natural de fuego, que abre los ojos más, al que enamora: así; aunque, mas en vuestra luz me abraso, por mar de llama a puerto dulce paso. No duermes, aunque duermes: porque velas en la bri llante luz de tus facciones: aún con el mismo sueño me desvelas. Bien son del cielo, bien, tus perfecciones; bien son del cielo; pues, si en mí lo advierto, estando el Sol dormido, está despierto. Boca dormid boca corred los labios, y no tratéis mi amor con aspereza: de los pactos de amor, quién hizo agravios? qué culpa no disculpa esta belleza? pues, no os puede faltar el don de hermosa. Seréis, enajenada, más sabrosa. , as ̱- Esposo, señor, amigo. Ay boca; que a mano tienes; que en los labios los desdenes siempre, y asolas, conuigo! no hay aquí ningún testigo: amigo solo, es mejor, que lo que causa dolor (bien, que medicina sea) aún, cuando más se desea, no se tiene por favor. Quiero, esta vez acabar, lo que intentó tantas veces. ̱. Solo tu esposo mereces, tanto sufrir, y penar. Si me quiere aconsejar? y con tan cuerda razón ataja mi pretensión, que palabras tan medidas dan muestra, de prevenidas. Tragedia de Fércules, de í . Mas la dicha es la ocasión. Solo tú, solo tú. Quiero desistir aconsejado, y de nuevo enamorado: pues, sabe, de lo que muero. Que el desdén, que es consejero indicio da de piedad; y en tan grande honestidad, será favorable medio, mientras se aplica el remedio consolar la enfermedad. Noche, cuyo oscuro velo no guarnecen luces bellas, que, no brillan las estrellas, por no despertar al cielo: vela, en honor del desvelo general de los nacidos: las fieras nieguen bramidos; calle el agua, pasme el viento, imitando el firmamento; que forma de ojos oídos. Fiel centínela seré de su sueño, y de su vida; y en estando bien dormida, sus labios adoraré. Gente siento; impedire, que ninguno la despierte. En ti es hermoso lo fuerte. Echad por otro camino. Tragedia de Fércules, de Valiente es tu desatino; pues te vienes a la muerte. Muerto eres Licas. Primero, tendrá fin tu tiranía; que, antes de la muerte mía ver la tuya, Lico, espero. Contra tu Rey? El severo Rey (faltando a la razón) justifica la traición; y donde, Alcides está, que los Reinos quita, y da: los Reyes súbditos son. Dónde está? De sus temores, y lo que habla Deyanira; fabrícare una mentira. Míralo entre aquellas flores, desmintiendo sus horrores, en los brazos de su esposa. Ahora estara la rosa entre espinas, en su Oriente: entre flores la serpiente; y la beldad peligrosa. Cielo, que quieres de mí, por amante me atormentas. Con tu nombre me sustentas no hay bien para mí, sin ti, Que, con los ojos oí, o, que vi con los oídos, juraré; que los sentidos, confusos con el temor, sienten más, si no mejor; con el recelo advertidos. Francisco Lopez de Zarate. Mirad bien, que aunque la vida a mí me puede costar, la vuestra os ha de quitar la misma voz de mi herida: pues, no será tan medida Francisco Lopez de Zarate. (si en la misma alma no toca, que no reserve a mi boca un ay, un triste gemido; con que Alcides advertido os hecha encima esa roca. Hércules, donde vas, donde te alejas, solo con Deyanira no piadoso? si es, que te lleva Jole, si me dejas, llévame por su esclava, amigo, esposo; mostruo quisiera ser: pues me abrazaras en tanto, que la vida me quitaras. O si lo que fue sueño, verdad fuera, aunque yo mostruo horrendo. Tu enemigo parece, que se mueve, y que se altera. Hércules, y no esposo eres conmigo. Solo en el hombre tiene fuerza tanta, que aún en la boca del agrado; espanta. A celebrar mi alegría, o por darme el parabién; de que se hiciese también, viene apresurado el día. Licas? Ven, señora mía. (tera, Mucho el verte así, me al. Acometiome una fiera, mas; como el Sol despertó con sus rayos la espantó. Temerario quien espera, r. Lico, armado, en desierto, y adesora? Almpedir una fuerza, que se hacía, rigoe Temerario quien espera, Tragedia de Hércules, de nl saqué la espada, como ves, ahora. A hacerla me parece, que sería. Volviendo en busca tuya, por contarte la nueva; de que Orempo me dio parte. Quéntalo Orempo tú. Ya que la sabes, tú la dirás mejor. Con ptro amigo haré, Licas traidor, que no te alabes de tu cautela, causa de mi daño. de que, así, me engáñase, estoy corrido; que no sufre el ingenio, servencido. La gente de Licaonia juzgándote ya en el cielo, pu todo encarecimiento, cómo, si los que allá viven, disminye, no exagera. se contasen con los muertos. . No en los casos verdaderos. Sentidos, de que matases a Euripo, su Rey soberbio, menos por Rey, que por padre . Yo a nadie ofendo, castigo; de Jole, tu hermoso incendio: Unidos con los Centauros, que no sufre el ingenio, servencido. en los caballos tan diestros, llaman agravios ajenos. que muchos piensan; que vamo . Gozosos de la ocasión, cuando acaballo, en sí mismos Estos sentidos también de los daños sin remedio, que les dio, a sentir, tu mano; acompañando a Teseo. la Cuando, alpodamia libraste, asegurando en el pecho de Pírito el corazón; pues solo robaban ellas. Cuando en la sangre de tantos, que forman cumbres, de huesos muchos montes se anegaron, que, arrebatados, corrieron: Cuando tan Hércules, fuiste, que, siendo tus voces truenos y muchos rayos tu diestra, por Júpiter te tuvieron. Prosigue, deja lisonjas, juzgándote ya en el cielo, pu todo encarecimiento, cómo, si los que allá viven, disminye, no exagera. se contasen con los muertos. . No en los casos verdaderos. Con estas naciones, otras, que tus ofensas sintieron. menos por Rey, que por padre . Yo a nadie ofendo, castigo; quito yugo pongo freno. Los hombres a sus delitos que no sufre el ingenio, servencido. en los caballos tan diestros, llaman agravios ajenos. que muchos piensan; que vamo . Gozosos de la ocasión, y gozándola, en efecto. A Tebas han asaltado reduciéndola al extremo, a Tebas, tu patria, Alcides, magnifica por tus hechos. Por tus hechos, perseguida; viva, no muera por ellos. Lo que das a los extraños, no lo hiegues a ti mismo. Si a Tebas vuelves los ojos, volverás los pasos luego. Tebas tu patria parece, que te dio cuna, y da templos. Si al Olímpico te llama tú siempre piadoso afecto? allí se quedan sus aras, vivo está tu padre Alceo. Francisco Lopez de Zarate. que Lico se ingañe, y yo 3o1 Lo que la Trompa causa en los oídos del caballo animoso, en mí han causado. estas voces, de Tebas alaridos; que aunque la escuche ocioso, y desarmado, se arma de llamas en vientos encendidos, y haciendo campo de batalla el prado, corre, y con sigo en círculos pelea, y con varios furores se hermosea. las llamas por ventura no engendradas) a mí me encienden; y aunque no las veo: me parecen tan gran des, escuchadas; que en mi alienta Plutón, si no Tifeo: mis iras, de infinitas, apretadas no salen; con que dentro en mi peleo: y aunque, mis pies están, como clavados; todo en Tebas me tiene sus cuidados. Pues Tebas enajenó su libertad, y gobierno: el Rey, Lico, curar debe de sus vasallos, y Reino. Duélate tu esposa. . Licó agradézcote el consejo: más, nadie aconseja pena. Es tu dolor mis remedio: todo en Tebas me tiene sus cuidados. Los enemigos pretenden. aunque, decirlo, no quiero; porque no digas después; que dolores te aconsejo. Qué pretenden No sé. Dilo. Tus hijos, esposa, y deudos, como en pago de sus daños, por vengarse de ti; en ellos. Dioses, mas monstruos, mas penas has de subir hoy; si ajustas más generos de tormentos: Haré todo cuanto pueda, porque, aún cabe en mi paciencia, Tú, Orempo, sigue mi dicha, perder almas, sufir celos. Mas, permitidme, decir, que es digno mi sufrimiento; que Lico se ingañe, y yo os merezca algún soliegó. Qué dices. Que no estarás tu Lico, en Tebas tan presto, como yo: porque no pasa, porquien sacrifica, el tiempo No aprietes tanto, que rompa; todo en Tebas me tiene sus cuidados. ni des algún nudo ciego; porque la mano de Alcides es mañosa, y es de hierro, Lo más, de lo que has oído, ha de salir verdadero. dadme al instante caballos, partamos, partamos luego. Qué intentas? Oye inón. de vasallo a compañero Dioses, mas monstruos, mas penas has de subir hoy; si ajustas tu cautela a nos intentos. Haré todo cuanto pueda, ya que no, cuanto deseo. Tú, Orempo, sigue mi dicha, y aguardárasme en el templo. Que toca aoalada Tregedia de Hércules, de 3o1 que hoy he de volar sin alas, he de a ventajar al viento. Tregedia de Hércules, de seré, ya, que no en la fuerza Hércules en el ingenio. Seguir a Deyanira, es ser sombra del Sol, tiene consigo el premio, quien la sigue, pues la mira: pero ya, que con Hércules la sigo ando solicitando mi castigo. Todo lo que es ser súbdito es peñoso que en ellos aún el gusto está forzado. este es el bosque, sin temor humbroso defieras esención, de haves sagrado, y noche, atrechos, en mitad del día; su amenidad me sirva de reposo; que ando tan desuelado, como súbdito, en fin, a la porfía de un Rey constante, en ser enamorado. Si no me engaño, indicio son ardientes centellas de algún cercano, y grande sacrificio, que nacen, cuando mueren las estrellas: y a suplir suben, lo que falta en ellas, Jole, no responden mal las aves a mis deseos, Grande bien me pronostica y los vivos corazones de los animales muertos: Son sus palpitantes a más caracteres, en que leo, lo que las aves afirman con su canto, con su vuelo. Admita el coro celeste tus ofrendas, y mis ruegos: Hércules vuelva a las tierras, y ponga a tiranos freno Trasfórmese en clara estrella Deyanira, antes de tiempo; será el mundo siempre día; con dos soles en el cielo. Grande bien me pronostica y tan grande, que le temo Por qué? Porque está cercano un extremo de otro extremo. En recelar del bien grande, Es tu parecer pleveyo; que haces a Júpiter pobre, dador de bienes inmensos, No hace menor su poder, lo que de mi propio temo. Francisco Lopez de Zarate. mas, qué novedad es esta? que variedad de instrumentos Sacrificio fue; bien dije, estos son Jole, y Alceo: al aplauso, que resueña estare oculto, y atento, anonde Cuando está el organo mudo y cuando el clarín suspenso, y la lira es de cipres nos sobresalta el contento? S Grande es la causa, pues da manos, y bocas al viento; hastá el reloj se soltó, y corre sin cuenta, el tiempo , end Todo, en fin, es melodía; con relámpagos, sin truenos, se abre el Cielo porque escuchen los Dioses de el son los ecos; El Cielo vaja a la tierra, s. o l tierra sube al cielo Salve Alcides, salie, salve, Salve Alcides repitieron Yde álamo coronado vene, buscándote. Creo, qe, si todas son verdades, le de morir de contentord . Detente que el corazón Francisco Lopez de Zarate. No es es Sol, el qu amanece; que el Sol es sombra, cuando Alcides viene. Quédate, Licas, aquí; que conocidos seremos, y quiero ver, lo que pasa cubriéndome con el velo. Padre, amigo, Señor, Dios? Detente, detente Alceo. El nombre de Padre olvidas? Conozco, que te le debo, Mas, cuando tú me las quitas juzgo, que no lo merezco. Eres de Júpiter hijo Yo, que a humillarme ativengo Que, aunque eres hombre divino, eres hombre, y tus pies beso. fingesme acaso estos nombres para ser tú, en mí, soberbio. Que el hijo del mayor Dios te besa los pies diciendo? acaso me desconoces, porque en nada te parezco? le de morir de contentord . Detente que el corazón No es el Sol, el que amanece, Tragedia de Hércules, de bate con golpes tan recios, de alborozo; que imagino, que ha de salirse del pecho. Si ignorara tu prudencia. digera, que estas muy viejo. ofende más lo sagrado el Sarcedo blasfemo. Hijo de Júpiter yo! más cerca estoy de mí mismo y no hallo en mi parte digna aún de la sangre que tengo. Hijo de Júpiter yo? si es que por amor, o miedo tanto atributo medas, en tal caso, lo confieso: Por otros méritos, no; que, hombre soy, y cuando veo a Jole cerca de mí, si hay menos, que ser soy menos. Que no mirándola, esté sepultado, en mí su fuego, No es el Sol, el que amanece, Tragedia de Hércules, de y en viéndola, resucite! hombre soy, y el más enfermo. Tu Padre soy en amor, no, en lo de más, y ya es tiempó. que a Júpiter restituya, lo que le hace mas imenso. que a podernos, ayudar, de los méritos ajenos con sobras de tus virtudes, fueran, ya, los malos buenos. Delante del grande Alcides corred, virgines, los velos: no le tengáis, no por hombre, veneradle, como eterno. . Bien dicen, que la maldad halla sagrado en el templo, la injusticia, en la justicia, lo disoluto en lo honesto. Todas adora en él, mientras mayor culto apresto; que hoison cuerdas las locuras anla limitados los extremos, No es el Sol, el que amanece, Que el Sol es sombra, cuando Alcides vuelve. Alceo ha merecido algún cuidado En ausencia tan larga mi memoria? La misma, que te debo, te he pagado. Por eso en el infierno tuve gloria. Si en el infierno Alcides has estado donde tu fama no será notoria? Jale, volviera yo sin mil trofeos, a no ser, para ti, los suyos feos? Dirás, ya de mis ojos lo es el cielo, que mis claras bellezas debe el día, más corre, corre el tenebroso velo, que suspendes el Sol, que amanecía, cuando no fuera (advierte hijo del suelo, el ser Dios sobre todo estimaria, para poderte, ver sin embarazos; Francisco Lopez de Zarate. que fuera, Jole, merecer tus brazos; Si hablaras, como Dios, obedeciera; mas en tanto, que hablares, como humano; de lo que has esperado, desespera, no te hagas, no, tú mismo a ti profano. obligarte mi término pudiera: que, lo que impide tu deidad, allano; que, no te quiero amar por adorarte. y en tu divinidad asagurarte, Tus palabras, y hazanas sean iguales Esto es ser valeroso? ser prudente? mujeres, y hombres todos son mortales que cierto es, que el que escucha, su mal siente, dichosa yo, si óyese tantos males; que me acabasen, de acabar, presente viene a ser pena el gusto a los sentidos, quien los tuviere muertos, o perdidos. Quien se volviera cielos a la ausencia, para no ver patentes sus agravios. condenome a escuchar. La diferencia, que hay, Jole, de las rosas a tus labios; es, que de ellas no nace la elocuencia, con que poder hacer amantes sabios, y si púrpura, y miel, ninguna, o poca; y esto, y más es lo menos de tu boca. Persuádete a ti misma, o me permite persuadirte, bellísima elocuente; si es algo un Dios; porvíctima lo admite, que dice aún menos, del dolor que siente. no a tu desdeña tu beldad remite el responder: que tu piedad con siente, agradecer mi amor: porque es forzoso, que nazca de lo hermoso lo gracioso. Qué Deidad puede haber como adorarte, oh cómo, si en tus méritos reparas, puede; con justa causa abergonzarte que no esté el orbe lleno de tus aras. si, obras milagros, solo con mirarte: que de milagros, con mirar, obraras como el sol que aunque ausente, causa efectos jos jos Tragedia de Hercules, de presente, mus hermosos, más perfectos, Hércules, tu sacrílego? tu humanas con tan terrestre afecto el soberaño? la Majestad de Júpiter profanas, del culto, que deudor le eres, turano? Siempre mis penas son contigo ya mas Que mucho si es también tu intento vano! siente, que una mujer, que la flaqueza triunfe de tu divina fortaleza, No te higas inferior a ti. No acierto, a dejarte, de amar; que me aconsejas contra ti misma, Si tu amor despierto, quiero, dejarte, . Jole, así me dejas? Mayor pena me da, lo que no advierto: que la imaginación máquina quejas; porque, donde es intérprete la duda: todo el temora su opinión lo muda, Pierden su ser los Dioses; porque amaron haciéndose a los hombres semejantes? Por eso la Deidad aventuraron, y se la niegan tantos, . Ignorantes. Sí, lo serán, mas dicen, que faltaron a la divinidad, con ser amante; pues a viles pasiones se rendían, los que nuestra flaqueza se vestían, Pues te es dado, eximirte de pasiones humanas, y apropiarte las divinas; no sujetes los labios a razones aún de los hombres infimos indignas, a unos blasones junta otros blasones: serás hombre Deidad. Tú, que encaminas a Alcides, a postrarse a tu belleza, eres de superior naturaleza. Confiésome rendido de tus ojos, de tu divinidad desengañado duplicados te rindo los despojos; conque, vengo, a quedar más encumbra cesen pues, con la causa tus enojos. Francisco Lopez de Zarate. Hércules, un perfecto enamorado No se ama tanto así; cómo, a quien ama. Abrasome, y sustentome en la llama. No pueden ya los íntimos ardores, no pueden ya, no puedo más conmigo: que exceden a las fuerzas los rigores, y la violencia de las furias sigo. Virgines cantad himnos, verted flores, pues que de Jole el pie las trae consigo; Jole de honestidad es digno ejemplo, Jole es la imagen; Hércules su templo, Jole es la imagen, Hércules su templo? ya no divino, bárbaro te nombre: pues, siendo a los mortales firme ejemplo rindes a lamayor flaqueza el hombro. un blasfemo del cielo, en ti contemplo; o enemigo feroz: de que me asombro, si a Júpiter ofendes: que me ofendas. Porque el furor es justo, le doy riendas. No vencedor te llamen de las fieras, vencido de ellas sí: pues, que pusieron en ti sus calidades carniceras; ellas, Hércules, ellas te rindieron. No son tus alabanzas verdaderas; lisonjeros pinceles las mintieron pues, te alaban, que agravios deshacías y eres causa, y autor de ofensas mías. Y tú, que muy amada, y muy amente, contra tu profesión, y castorrito, tienes la honestidad en el semblante, el alma dedicada al apetito. Virgen de Venus, en guardar constante lascivas leyes. . Calla, que es delito no hablar de Jole bien: que no pecara Júpiter si a su culto se humillara. Apenas, por tu hielo, tan mortales, no apliques hueva nieve, nuevo invierno. Bien muestras, bien que de él infierno sales, o que contigo sacás el infierno. Mis celo? son las furias infersales, Va jos Tregedia de Hércules, de mi amor tan grande que parece eterno: cuando arde tanto mi encendida fragua aplicas viento, y alquitan por agua? Débete, quien te adora (aunque con ira) lo que (por ser mujer le era debido? débete (a caso) o fiero, Deyanira, débete algún abrazo, aunque fingido? débete una verdad, ni una mentira? débete la apariencia de marido? si no por agradable, por esposa; tan monstruo soy, y Jole tan hermosa? Bien, que es tu mal mi agravio, Deyanira me duele, por mirarte apasionada, mas: pues tienes discurso, con el mira; que, estoy al alto Olimpo consagrada: el responda por mí; temo su ira, por eso estás con Hércules casada: a quien ultrajas, debes el marido: de mi estimado fue; mas no querido. Superior a todos son los sabios por la paciencia, como por la vida: teme al cielo: no vengue mis agravios: bien, que yo te perdono y advertida queda (para mover cuerda los labies) con que, si yo te viera perseguida, de un Rey en un desierto; no creyera nada, que de tu honor ajeno fuera. De tu padre me espanto Ven al baño. para purificarte, . De ti Alceo. que haces con religión sombra a mi daño: un ministro de Venus, en ti, veo, que siguro en el tiempo está el engaño; siguro está en el templo, aunque más feo: como, en lugar esento de sospecha, hace Cupido, en sl, mayor cosecha. Mujer de muchas vivoras compuesta, mujer, para decir mejor, quien eres. Dale, dale los brazos por respuesta; que amores apaciguan las mujeres: ya mí más me lástima, que molesta: Francisco Lopez de zarate a pesares responde conplaceres; que no hay ninguna, cuando más airada; que no se humane, viéndose abrazada. Deyanira, si luno, si Diana Diosas, que por tan castas celebramos, se dejaran, mirar en forma humana Al templo todos, todos, que ya vamos. No es exageración verdad es llana (tan justamente a Jole acreditamos) que te ofendera mas Diana, y luno. Perdóname, que amor es importuno. Deyanira, mi bien. Déjame ingrato. He de hacer del amor yo cumplimiento? portí misma responda, el ser retrato de lo mejor del alto firmamento: brava, y hermosa estás. Lo que dilato, Darle los brazos en el Alma siento. Cuanto poder conmigo más, quisiera; mas quien podrá ser bronce siendo cera. Oh quien sin sobresaltos te abrazara. mas quién puede gozar del cielo, en vida? que cómo, yo te viera, y escuchara, bastárame, querer; sin ser querida. esto para la gloria se quedara que, si amando, ser, puede merecida, amándote, alcanzara tanto gusto; o, Júpiter dejara, de ser justo. No tienes que temer. Ay dulce esposo, en quien es tan amable lo valiente que, conpiten lo tierno, y valeroso; pues, con todo enamoras igualmente. Siento la nueva, y dársela es forzoso. Entra que hierbe el agua de caliente. 39y Tragedia de Hércules, de Qué dulce, y fácil borras con los labios las iras, los desdenes, los agravios. Vamos Licas, Señor guárdete el cielo, que en ocasión parece, que te envía. Qué se ofrece? Oye aparte. Ya recelo alguna intercadencia en mi alegría. En un caballo a quien la espuela vuelo; Tesalía, dio soberbia bizarría, Sinón acaba de llegar de Tebas Quién duda, que será con tristes nuevas. Tuvo, para volar, atrevimiento, y no, para decirte dolor tanto: más, direlo, aunque calme tu contento. Bien sabes, que de males no me espanto, y que me sirven, casi de sustento; apercibido estoy: cese tu llanto. Son los males presentes más prolijos: a los Centauros Tebas dio tus hijos: Por redimir su vejación, vinieron en partido tan vil, tan vergonzoso! Hércules vamos. Ven querido Esposo, De quien tan grandes bienes recivieron se olvidan! Que le has dicho Temeroso es de mirar su rostro los Tebanos han de probar las fuerzas de sus manos. A tus secretos Júpiter remito tanta penalidad; y por favores de tu piadosa mano les admito: que también son mercedes tus rigores; pues, cuando, yo tus glorias solicito, tus desdenes, o padre, son amores: amores son, que siempre eres piadoso; aún, cuando, te nos finges riguroso. Ya mi voto cumplí, con adorarte: y si dilato el sacrificio ahora: menos es, por vengarme, que vengarte. o. Francisco Lopez de Zarate. Pronosticando ausencia el alma llora. Deyanira, el partirme, es, obligarte, Aún con lágrimas solas enamora. Cómo, después, sabrás tuya es la instancia. a Tebas voy, no es grande la distancia. En buena parte quedas alma mía, pues quedas en el templo, y con Alceo. Más presto, que se acerca, se desvía el bien solicitado del deseo. Hércules, se, que adonde vas, te invía el cielo a si cuando partir, te veo; consuelome. Ya no me llamas hijo? Es nombre, por muy tierno, muy prolijo. Adiós esposa. Adiós mi bien. Espera, y dime amigo, dónde va mi esposo? Quién, como yo, decírtelo, quisiera? Es largo el viaje? No, pero forzoso. . Y el peligro? Pasado, Mas quisiera. que fueras criminal, que no dudoso. Di que es grande el peligro, y el camino: que no será mayor, que le imagino. Mas de mis celos enfermar, me siento; y así, quiero, aplicar la medicina, que el Centauro me dio. Licas, intento, Tú ley obsérvare como divina. da por ejecutado el pensamiento: no solamente ordena, determina, Lléss, yo te hablate después Mis brazos. ischan de fortalecer con tus abrazos. Biblioteo Nacional Tragedia de Hércules, de esto quede al desdichado,

JORNADA TERCERA

TERCERA JORNADA , i, , , Ligera pesadumbre es la corona, cargando, no en cerviz, si no en talento; que, como todo es leve en su elemento, no agrava, no, si ajusta, galardona. El peso, que a la frente no perdona, aligeran valor, y entendimiento; que asienta, como estrella en firmamento, cuando en el coronado se corona. Cuando carga en un bulto sin cabeza: la más suave, en peso convertida, hace al Rey, con la pena, delincuente. Engañase quien tiene, por grandeza la corona del orbe mal regida; que es llevarla, en el hombro, no en la frente, Sinón amigo? . Señor, Toma en premio de tu engaño? Más, que el leal en un año, medra en un punto el traidor. Siendo rico, fue avariento, pobre es liberal. Advierte, que, cómo, seve, a la muerte hace aprisa testamento Toma Orempo tú, que cierto es, que este, ya, murmuraba, de lo que daba, y no daba. Ya callare, como un muer- dejare de ser criado. (to. . El que llegaré a Reinar; no de, por tener, que dar: esto quede al desdichado, Que, cómo, menesteroso, compra dando (infame oficio) con el don el beneficio, con el desvelo el reposo, Y aunque el liberal oculta, en el medio, eterna fama: que el prodigo la derrama, el avaro la sepulta; es de invidiar, y advertir, que el Príncipe es liberal, con Francisco Lopez de Zarate. con no hacer a nadie mal, y con dejarse servir. Tomad vosotros amigos El cielo tu dicha aumente. Bien muestra ser delincuente, en solicitar testigos. Si bien, un Reino aventuro guardado tengo un tesoro: donde es lo menos el oro. de estos así me aseguro . Que la cudicia hace engaños tan ciegos, que, el que imagina oro hacer, o sacar mina, gana crédito con daños. Que, como, ya, la nobleza no es virtud, si no opinión: hace de la estimación de rico el cauto riqueza. Tanto: que está el avariento en fe, de lo que guardó, y otro quizá le robó; dos veces pobre, contento. Esas vecinas montañas (porque no cupiera en menos) en los dilatados senos lo guardan de sus entrañas: Lo guardan para vosotros, y daros más, no pudiera: (ra. cuando, el Reino en paz tubie Tu mal sentimos nosotros Los favores, y desdenes de fortuna, son iguales: hoy, hace de bienes males; mañana, de males bienes. No mostraras más talento, si en Tebas Reinaras hoy? Confiésolo, que no soy ni más teliz desdichado, Francisco Lopez de Zarate. tan falto de entendimiento Mas tenerle, es lo esencial; que el gobernador prudente perdido, por accidente, no hierra en lo principal. Si el infeliz labrador siempre está sobre la tierra; y después el año yerra, no es culpa de su labor, Culpa de fortuna sí, o voluntad de los hados, con los dignos poco hallados Sí, mas yo culpa halló en ti. Qué culpa? Haber indignado al pueblo, a Alcides mentido. a su esposa perseguido, y en fin sus hijos robado. No vivir conforme a ley los Príncipes, no es delito? Lo que hierra el aperito, hiérralo el hombre, no el Rey Mi presente perdición nace de la humanidad: mas, no de la majestad: que los Reyes hombres son. El Reinar tuve por medio, para conseguir mi amor: yo curab a mi dolor, (dio mas, no aprovechó el reme- Y mi Reino principal, mi afición; empíe se queda: que la inconstancia en la rueda de fortuna, es natural. Y si adviertes, descontado mi amor no has visto gobier mas digno, de ser eterno, (no Confiésolo, que no soy ni más teliz desdichado, Tebas, patria de Alcides, con muró de cien puertas adornada: que Al templo llegamos, ya, Tragedia de Hércules, de que con almenas las estrellas mides, Babel multiplicadas; pues, con mil torres subes, a poblar cielos penetrando nubes, Ciudad tan eminente, que tu grandeza vence a la distancia. pues, estando apartada, estas presente: crezca, en ti, la arrogancia; pues, gozas de mi esposo: y vuelva presto, afable, y victorioso, Al templo llegamos, ya, abrevia la diligencia. Ya se opone a mi violencia Deyanira Dónde está? y vuelva presto, afable, y victorioso, No la ves en esa torre, con tan divina beldad; que bien parece deidad; que su abitación socorre! Este es Lico; cielo santo, tanto pequé Jole, Alceo cerrad el templo que veo. Qué ves? La muerte, el espanto Y la muerte menos fuera, pues, viéndola, me acabara, y vuelva presto, afable, y victorioso, y; como no te mirara, por alivio la tuviera. Cerradlo, cerradlo bien. que en fin tanto me aborreces? Mira el odio, que mereces, en él, verás mi desdén, Hermosura monstruosa, monstruo hermoso, con tu aborrecimiento, y resistencia, he de hacer mi deleite más sabroso; gozare más de ti con la violencia: y advierte, que no esperes a tu esposo; el porque, yo lo se; ni la clemencia del cielo: que si bien, le agrada esquiva la honestidad, le ofende vengatiba. Hoy, a pesar del mundo, quiero hacerte: matricida, y adúltera, conoces (na tus dos hijos: tú les das la muerte, y ellos, por mí, en el alma te dan voces, ques eres de corazón tan duro, y fuerte; que dos veces a ti te desconoces, tus hijos son, conócelos por madre: dales, con ser piadosa, vida, y padre. Todo lo seréyo, sí, más humana, aplicas a mi ruego los oídos, Tirano Carnicero, La Tirana eres en él, verás mi desdén, Francisco Lopez de zarate. eres tú de ti misma, y mis sentidos. por ti, si se profana, se profana con pedazos de tú a lma dividos ese templo; conócelos por madre, dales (con ser piadosa) vida; y padre. Ay de mí tienen padre, y padre dices? El porque, yo lo sé, mas no lo digo. ̱. Con callar, de quién eres, no desdices: pues eres, como hablando, mi enemigo. hijos, si estáis sin padre, que felices: pues, da la muerte al más desnudo abrigo, vuestro daño mayor es mi recelo. y así, veros, morir, será consuelo. Y también lo será, verte forzada. Por torpe, y por sacrílego te dejo. Tal vez, la fuerza, por excusa, agrada. Oye. Qué dices? . Toma mi consejo. Esta que ves de estrellas coronada: que al sol retrata, y es del cielo espejo, te excusará la fuerza: se prudente, pásala de mis manos a tu frente; Dije mal de mis manos a tu frente, de mi frente a tus plantas: pues con ellas adornarse, pudieran dignamente, cuantas son por sus méritos, estrellas, esta es, por quien lo ilícito es decenté, y por quien las acciones torpes bellas: de quien no hay vida, ni razón sigura: bien parecida, en esto, a tu hermosura. Ríndate, lo que ha tantos ha rendido, ríndete, si en tu pecho hay cortesía: a que no es malo un Rey para marido, a que te ruega, quien mandar, podría. a que puedo, tomarme, lo que pido, a que porfuerza, en fin, has de ser mía: aunque, a pesar de Júpiter. Dlasfemo, calla, Tragedia de Hércules, de calla: que por cercana a ti, me temo. si me dejara el cielo de la mano; antes diera; no digo, no, la vida: el alma tierna aún Tigre; que la mano atí: Pues, tu crueldad es matricida. Es posible, es posible soberano cielo, que vivo con tan grande herida! mas, ya son dos; y el alma a entrambas biene y en el salir dudosa se detiene. Recividme (si ya, no con abrazos) hijos del mejor padre, y más ansiada madre, en la sangre, entrañas, y pedazos. a , , e. Aguarda, espera estas desesperada? ayuden a mis brazos vuestros brazos ayudad todos. Dadme franca entrada, o con el campo igualare las torres. Qué remedias sin vida? a quién socorres? Socorrome a mí misma con la muerte. Derribad esa puerta, esa muralla Como es del templo, Lico, esta muy fuerte conque, será ofenderla, asigurarla. Desmáyose, llevadla al lecho. Advierte, que será en tu cabeza derriballa. havierta está; mas, no del todo havierta, que la veneración sirve de puerta. Ya, Sacerdotes son los Poderosos en no temer los bultos adorados. Los Sacerdotes son los religiosos. Entrad. Francisco Lopez de Zarate. Su presencia nos tiene atribulados Entrad. Tú primero; que; en trances peligrosos, precede el Capitán a los soldados. Hombre, que al cielo asalta al descubierto, que recela de un hombre, casi muerto! Algún necio ministro, cerraría la puerta, cuando havierta más cerrada, contra la más disforme tiranía, contra la más cobarde, y loca espada. Como si fuese aquella sangre mía me tiene el corazón; y el alma helada. Imitas, y no imitas los Titanes: más, que no exhortan montes, y volcanes? Si es, que temes de mí; yo desamparo la puerta; que ella misma se defiende. Cobardes, vuestro miedo es su reparo. Quien a ti te suspende, los suspende. Es el temor de Júpiter su amparo: qué atemoriza mucho más que ofende? y bien se conjetura; pues son menos de ordinario sus rayos, que sus truenos. Tienes razón; como valor, Alceo; que ahora más cerrada está la puerta. No un hombre solo en ti; mil Dioses veo, mayor defensa, cuanto más avierta. A quien lo malo no parece feo; sin vida está, o el alma tiene muerta. Júpiter se defiende; ya recelo, que bajo a pobre; pues que temo al cielo Si no disuena el trueno al inocente; y cual del rayo; de la luz se altera el que consigo es solo delincuente, de alguno daño, y galardón se espera. Tragedia de Hércules, de Si se espera, y se teme: de eminente lugar será, de superior esfera: Señor es de la luz, y de los rayos, el que manda consuelos, y desmayos. Solo el pesar me queda de estos daños. Y no es poco el provecho, que te queda. Son las mayores culpas desengaños; con que, salir de la menor se pueda; A buen tiempo. Este es Licas. Sus engaños pagara. No hay, por donde escapar, pueda, Seguid, prended, matad ese insolente. Son títulos, que das al inocente. Lico, no como indignado me sentencia, como Rey: parécete justa ley condenar al no culpado? debiera ser castigado, cumpliendo tu voluntad, que ofende a la Majestad el que sirve al apetito, que dejas para el delito, Oh cómo es la razónfuerte! . si castigas la bondad? Con que, puedes disculpar, que contra mí te opusiste? Con que, tú la causa fuiste, procurándome matar; merecí, por evitar con mi defensa tu ofensa, diferente recompensa; pues te excuse una injusticia; dejo aparte; que en justicia, es licita la defensa. Burlarme, no fue traición? Discúlpanse los engaños, cuando, sin ajenos daños, en nuestro provecho son. y aunque, se, que la razón ya; no me puede valer; digo, que ayuda, a caer al Rey, quien le sirve a gusto: y quien le sirve en lo justo, que sustenta su poder. De aquí puedes colegir, si merezco vida, o muerte. Oh cómo es la razónfuerte! . Además de esto, el morir, es lo mismo, que el vivir en un pobre sin abrigo. En que valiente enemigo corta tu acero indignado? en un triste desdichado que, algún tiempo, fue tu amigo? En esto Licas es necio: porque nunca al encumbrado se le ha de acordar estado, de que pueda, hacer desprecio. Qué llevas aquí? Remedio, que enemiga sangre escribe, Francisco Lopez de Zarate. Celosa Deyanira de su esposo, y con afecto amoroso, no se si diga furiosa. De un remedio se acordó que le dio el Centauro Neso ya hauras sabido el suceso) como Alcides le mató. Porque, la quiso robar. No lo ignoro; disculpado estoy yo, de haberla, amado: Remedio, que enemiga sangre escribe, Francisco Lopez de Zarate. pues, de fieras se hace, amar Por mostrarle su afición, le dijo aquel bruto amante por ventura, no ignorante de su celosa pasión. Que si su esposo vestía una camisa vañada en su sangre, asegurada de sus celos viviría: Inbiome por ella a Tebas, y según pienso, va aquí. Si ello se juzga por mí mas celos, que olvido llevas, Remedio, que enemiga sangre escribe, menos tiene de sangre, que veneno. O, yo me engaño, o penas apercibe: no solo a muerte a Licas, no condeno; le perdono; que el don del enemigo algún secreto daño trae consigo. Perdonando, mejoró mi venganza: que este pobre en las manos se me queda; y con el abro puerta a la esperanza: Júpiter lo que espero, me conceda. Este vino de Rey a bandolero, ni el último será ni fue el primero. El Águila tal vez no dio a la flecha alas, con que vólase, a darle muerte? animen los ejemplos mi sospecha. No da el ciervo, tal vez, el arco fuerte; que suele de su fin ser instrumento con que se ve, de muerte, herido el viento! Quien puede ser de Alcides homicida, si no Alcides? de heridas de su mano no puede estar segura, ni su vida. Libre estás, que no soy tan inhumano, que olvide, al que en un tiempo fue mi amigo: aunque yo soy, quien puedo esto conmigo. Tus pies beso. En la espesura, mas celos, que olvido llevas, mas seguros estaremos, ya la miro, Tragedia de Hércules, de Que tememos: si la pobreza asegura? Los miedos son comunes profecías, la pena del delito, haber pecado; no goza el delincuente de los días, que en presencia de el Solanda asombrado. Quieres fácilitar sus tiranías? No si no darles fin, que un indignado, corazón se redime de flaqueza, y la razón es toda fortaleza. Qué es esto? Lico bárbaro sangriento le ha muerto los dos hijos a sus ojos; lo demás, decir puede ese cimiento, cuyos mármores blancos miras rojos, Si la venganza aplaca el sentimiento, modera, si no lágrimas, enojos. Sosiégate, y escúchate vengada. Si es cierto; ya te escucho consolada. Aunque dime primero si mi esposo. está con vida, y cerca. Cerca viene. Ayl solo falta al suyo, y mi rejoso, solo en bienes ajenos se detiene. Viéndose Lico poco poderoso contra, quien tanto esfuerzo, y fuerzas tiene, máquinó traza, de llevarlo a Tebas, de su misma traición haciendo nuevas. A entender dio, que siendo acometidos de vasallos de Jole los Tebanos (en venganza, de agravios recibidos con otros enemigos comarcanos; habían sido, por fuerza, reducidos; a poner sus dos hijos en sus manos; habien. Francisco Lopez de Zarate, habiéndolos robado él cautamente, sin que den alcanze a su intención la gente. Por medio de Sinón, tan conocido por sus cautelas, vino la embajada: cuyo fingir, bien queda encarecido, pues, que pudo engañar, sin decirnada: porque engaña, con solo haber nacido; la verdad en su pecho está forzada es mil formas distintas su semblante; astuto imitador de un ignorante. No valió a Lico, el ser disimulado, porque, sabiendo el pueblo, que volvía su libertad, Alcides; fue privado, de lo que el ya llamaba Monarquía: huyo; llegó tu esposo; que informado de sus robos, amor, y tiranía, dio gracias por desgracias a los cielos consolando en el culto sus desvelos. Decirte la grandeza, el aparato; con que de la ciudad fue recibido; falta comparación para retrato si puede ser contado, no creído, Si no la honestidad, dejó el recato la que perdió la luz en el marido; y si no desnudó de todo el luto, en parte sí, mostrando el rostro enjuto. Con diversos renombres aclamado el grande Alcides, ocupaba el viento: y mostrábase más asegurado, o más alegre el alto firmamento. Vio dos veces al Sol Tebas clavado, la primera confuso, y esta atento: abno desojaron a Mayo las doncellas o vajaron en flores las estrellas. Mas, pasando al castigo, de la fiesta. Alcides fue al Palacio del Tirano: dejó de ser la fábrica molesta a los cimientos, por la Herculea mano. No es la llama en talar mieses tan presta (después de sazonadas del verano con este brazo techos sustenta, y con y con este colunas abaría. Algunas más rebeldes, por cargadas, de su mano tan rápidas salieron; que con las precedentes encontradas, nube de polvo; sí, antes, mármol fueron. Y que mucho! si no solo arrojadas; antes bien fulminadas parecieron. Con el golpe del aire de las unas, vimos, temblando, trastornarse algunas. Con infernales manos, y divinas volvió en esteril campo el edificio; tanto, que arruinó sombras, y ruinas. más veislo aquí, que vuelve al sacrificio. Por las más duras venas de las minas (oh hidrópica cudicia, común vicio! La tierra desangrada de metales aún no apaga la sed de los mortales. Pues, me manda, prevenir, lo importante al sacrifcio, y el que sirve, tiene oficio; quiero a mi oficio acudir. Evítare la ocasión de celos a Deyanira; porque, si Alcides me mira; luego vuelve a su pasión. Si el viento, que aves torpes represaban, si los mares sangrientos, y no canos; si despejé las tierras, que inundaban en fines, en Dragones, en Tiranos. Dónde, los que en el mundo están, estaban? huyeron al infierno de mis manos; y como en aquel clima me sintieron; de mí a la tierra tímidos vosvieron. No le des tan triste nueva, esto quede para mí. hallé algún consuelo en ti, alégrese el Sol, no llueva. Yo procuraré esconder, cuanto pudiere el dolor que disimula el amor, todo, lo que no es, querer. Mi bien, Padre? Ya me veo, Francisco Lopez de Zarate. A sus manos las casas, sus parientes lo que él tiene, que sertir? Al sacrificio te llama la víctima con bramidos. Cuanto rinde sus sentidos a sentimientos quien ama! . Vamos. No estáis olvidados hijos, antes tan en mí, que descuido; porque en sí os tiene el alma guardados, Ya que mi dolor represo, solo en fe de la venganza. (sino a manos del tormento) Logra Licas mi esperanza, por lo que de nuevo, siento: poniendo fin al suceso. Francisco Lopez de Zarate. ( de mis años aliviado. A sus manos las casas, sus parientes Yo de todo mi cuidado. Yo cumplido mi deseo. Que de noches han corrido, desde, qué ayer me partí! Anos fueron para mí. Para mi siglos han sido. Mis lágrimas bebere, por evitarle el pesar. Oh quién la pudiera dar mejores nuevas. Podré triste, dejar de morir, . (sino a manos del tormento) Logra Licas mi esperanza, por lo que de nuevo, siento: poniendo fin al suceso. A sus manos las casas, sus parientes A las deciudadanos perecieron; todos (aunque con modos diferentes en el morir, conformidad tuvieron. Hasta los más pequeños inocentes (cual si pecaran con nacer) murieron: siendo sepulcro el pecho de las madres, y delito el delito de sus padres. Y Lico no murio? Cómo, si estaba ausente entonces! aunque ten por cierto, que le viste, morir, cuando mataba. Diera mi vida, pormirarle muerto. La llama de sus daños le avisaba; porque con ella el cielo vi cubierto: que ambiciosa de estragos, se atrevia, en medio de la noche, aformardía. por lo que de nuevo, siento: poniendo fin al suceso. Que cuanto Alcides dejó por sus manos, de talar, el concurso popular, con fuego, lo consumio. Ves ese incendio, mayor es, el que ha causado en mí Jole, Quiero entrar Mas, encubriré el dolor. l d c ñ Tragedia de Hércules, de Previniendo a su recelo, desamparo el sacrificio. Jole. Tragedia de Hércules, de Si de algún servicio, soy, manda. Guárdete el cielo. Celos pena inmortal, infernal pena, como al amor sirviendo de sustento, lo mismo, que le sana, le envenena? a quien sirve la muerte de alimento! bien mostráis del infierno ser comida, Guárdete el cielo. pues mantenéis la muerte con la vida. Si es pena, siendo amante, estarceloso, que será estar celoso aborrecido! dicen, que no da celos el esposo, déjara de ser hombre por marido? la pena por continua, por forzosa; pormás cercana, pierde el ser dañosa? Muero, de verla de su esposo amante, y muero, de lo mismo, que vivía; pues, que muero, teniéndola delante: luz es serena; pero luz, que enfría. Vese el Sol tan hermoso, tan brillante. en el supremo Tribunal del día? aunque no alumbra tanto, como asombra. Hércules, cubre mis espantos sombra. Cuando me los dio el Cielo, bien sabia, que eran de gusto, y lágrimas empleo; que van juntas la pena; y alegría. apercebido estoy, a lo que veo, y aunque, es verdad; que en ellos dos tenía puestos los ojos; lleno mi deseo; mis propias ansias mi penosa suerte, mi vida me consuela de su muerte. miiona Francisco Lopez de Zarate. , s -̱ Mas ay! qué es esto, que en el alma siento? yo me quejo, yo peno, y doy gemidos! yo en la flaqueza del dolor consiento? más, que mucho, si toca en los sentidos! No des tanto poder al sentimiento; siente, y no lo declares con bramidos, Culpa fuera; pues ya los soberanos de mi apartan, o en mi ponen las manos. Sabe el triste caso ya? . Sí? Casi estoy consolada, tiniéndome, porvengada, pues tan impaciente está: Rendirse al cielo, es victoria; que por esto, se concede, al que vencerse así puede, la más soberana gloria. Yo no me rindo a mí, si no al precepto; que de mí no pudiera, ser, vencido; ay! que cuanto el dolor es más secreto, tanto menos permite, ser, sufrido. Qué es esto? Confesar, que estoy sujeto, a penar, con vivir: pues he nacido, Esposo? . Si me has muerto, a que me llamas? del pecho, en el aliento, arrojó llamas. Yo te he muerto? Algún engaño colijo. . Dímelo amigo. Remedio, que dio enemigo, cuándo dejó, de hacer daño? Quiera Dios, no venga a ser la camisa (oh falso bruto) mortaja en él, en ti luto. Ay desdichada mujer. Cielo dame constante sufrimiento no pido, no, socorro a tanta pena, que ofenderte, será mayor lormento, yla Tragedia de Hércules, de y la rabia la boca desenfrena. Protesto, que no digo, lo que siento: y aunque, el furor absuelve, no condena; pondré (por evitar dudas de agravios) mordaza de mis dientes a mis labios. Cortáreme la lengua; o esta mano (como aplicada siempre a tu defensa) impedirá al espíritu profano. Repararé tu ofensa con mi ofensa. Qué puedes tu sentir? Que soy humano, que Júpiter con muerte recompensa, que recompensa mi vivir prolijo; y siento en el rigor, que soy su hijo. Y en el dolor también; pues no cupiera en alma angosta, en vida limitada; siento de monstruos una Libia entera, de lo mejor del pecho alimentada: la infernal fiera (aún referida fiera) con cabeza, y con rabia duplicada; y si bien, la dejé presa, y con freno, siento, en mí, su mortífero veneno. Siento cuantos vencí de mi vengados el Orco horrendo, padre de ballenas, de quien libré los piélagos salados, y en quien, cabiendo el mar, el cupo, apenas. Colmillos en mi cuerpo encarmzados, serpientes dilatadas por mis venas; y aunque, a tantos, parece el mundo estrecho, caben en mi dolor, si no en mi pecho. En mí está la camisa encarnizada, que debio ser convívoras tejida; sientosa con el alma incorporada Con la punta de la flecha, Bien es que diga el suceso, Francisco Lopez de Zarate, La enfermedad es leve, conocida. Ay de mí que celosa, y engañada osé, aplicar a mi salud tu vida. yo te mordí rabiosa, yo; tus brazos apliquen por remedio mis abrazos. Quítate, mujer fiera, de mis ojos, causa despertadora de mi furia, que pusiera (sigún son mis enojos) las manos en la boca de la injuria, Dos incendios sus ojos son, de rojos. Mas tu dolor, que tu rigor, me injuria. Desnudadle, que en esto está el tormento. No ves, que llega al alma; pues lo siento, El corazón me arranco, cuando tira mi mano de la túnica molesta; al paso del ardor crece la ira; y los sentidos el dolor infesta. nunca tan fuerte he sido! A quien no admira en medio de su rabia, su protesa? Quién tosigo engendró tan pestilente; prestotelo de Lerna la serpiente? Cual, cual será el dolor de los culpados si a el nacen los piadosos condenados. Bien es que diga el suceso, porque sabida la causa; . los remedios aprobechan, y no sabida se infaman. Cuando tu mataste a Neso; del rigor de sus entrañas, del centro de su fiereza, de su muerte, de su rabia. El pestifero veneno que ofendiéndonos te mata, preparó para este día, funesto, con tu desgracio. Viendo a tu querida esposa, si a el nacen los piadosos condenados. celosa, de enamorada: tu dolor le recetó, oh, cuan ciego está, quié ama! Con la punta de la flecha, con que le sacaste el alma, le dijo, que una camisa de las tuyas, retocada; Vestida, desnudaría de otra afición tus entrañas, oh falso, pues fue veneno, lo que yendió por triaca! Que mucho; qué dolor tanto poga en duda mi constancia, si está el infierno en mi pecho! bien lo publican mis ansias. Aquel Dragón portentoso, si a el nacen los piadosos condenados. Nilo, en las muchas gargantas, tan crudaloso en veneno, como el Africano en aguas: Aquel Baidle Tragedia de Hércules, de Aquel bosque de serpientes; de cuyas horrendas matas, bien que asombraron al Sol, fue sigur mi diestra airada; Laberinto de sí misma, aún, para el infierno, infamia; retrato de los delitos, Idra en fin, que el nombrevasta. (alma Esta me arranca, esta me arranca el tan feroz, que vencida, y muerta ma- Pues de qué suerte? (ta. S En su sangre mis flechas inficionadas, comunican el infierno; que fue el infierno su patria. El Centauro conociendo los efectos, en sus ansias; en facilidades locas aseguró su venganza. Ya, ya, nefandas arpias, estaréis de mi vengadas: pues arpia vengo a ser; que la muerte nos iguala y aunque, el Dragón me inflama, (ta; tan feroz, que vencido, y muerto ma- Tragedia de Hércules, de que de otra suerte no me consolara. Triunfe, como de la vida, de la muerte tu constancia. A ser capaz de mi pena, aún Júpiter se quejará. El consiente en mis ofensas. Júpiter, a quien tus aras con víctimas acredita, y perfuma con Arabias, das causa, para que diga, que incienso, y sangre derrama: tu justificas, blasfemias: pues te adendas, y no pagas, Tu blasfemas de ti mismo, como tus rayos descansan en tus pies cuando se atreven los Tiranos a tu cara? Ya no me espantó, que oprima a la virtud la desgracia: ni que premien a los malos, cuando, a los buenos se ultraja. Véngome de ti en ti mismo; pues tu calidad se estraga; pues yo muero, y Lico vive; grandes daños te amenazan. yo muero por mi mano, y con mis armas tan feroz, que vencido, y muerto ma- Tu Alcides, tú también de los profanos tú, tu desmientes con la voz las manos? Lo que de mí, y en mí la voz condena, disculpan mis pesares mis dolores; que no obliga ascallar, infernal pena: a Dios templo, que temo mis furores: y como la razón se desenfrena, temo, que no te ofendan mis rigores; y porque, todo es frágil a mis brazos, temo, hacer estas fábricas pedazos. Quiero, Clvar a Júpiter; siquiera, para enseñarle gratitud: desierto, allá va Alcides, convertido en fiera; restitúyote en mí, cuantas he muerto. Detente. Francisco, Lopez de Zarate. Amado esposo aguarda. Espera. Ya solo a mi furor rabioso advierto. Detenle dlceo, Jole, Jole amiga, Élamo, a que me socorra mi enemiga? Sí, en tu pecho hay piedad, mi dolor siente: pues, no mujer; si no Deidad te inoco. . mi esposo enfurecio Triste accidente. Puede con él; pues yo puedo tan poco, con quien igual rigor usan los cielos. que solicite yo mis propios celos! Dónde, tú estás, yo sobro: mas, la vida ofrezco en tu favor. Que haga yo escudo, del instrumento, que me da la herida! quien vivir, y sufrir mi dolor pudo? y aunque Jole, también, es mi homicida; al mayor mal con cuanto puedo) acudo: que siendo tan forzoso el enemigo, menos me ofendera, yendo conmigo. ̱ r Asió de un roble, y arranco la sierra, y sin duda arranzara (a no afirmarse con sus pies la tierra, que el solo de si solo le aspara Nueva formada al mundo confundiendo con montes las campañas, menos fuerte, que horrendo engendra (al parecer) nuevas montañas, arrancando del centro las entrañas, La fábrica celeste se asigura menos en su firmeza! que en su altura: precipicios despeña, aoque en sus manos es leve toda peña. Be N a Tragedia del Jércules, de 33o Poco aprovechan los pies porque les faltan las alas. Al monte Sinón. Con daños desde lejos nos alcanza. Valor es, poder, huir: no temer, es ignorancia; y victoria, el escapar, como de incendio, o borrasca. l Cayóseme la corona; aunque, de más importancia y la corona pesada es la vida, en tales casos, quiero buscarla muerte en al Cuando el soberbio Tifeo, cuando hace la elección el albedrío Tragedia del Jércules, de para sacudir la carga, espesa el aire; arrojando de la tierra las entrañas. Bien, que soberbio graniza, al cielo infernales brasas; no es tan dañoso a la vista, ni tan incendioso espanta. Aún defenderse, no pueden las más opuestas montañas, unas confunden sus manos, otras sepultan sus plantas. No parece, que Plutón, con el mundo se levanta? quién vio tempestad de tierra? quién vio dilubio de llamas? Huyendo de el, doy con él, selvas quema, riscos tala: donde iré; si es, como el mar, que toda la tierra abraza? (gurio es la vida, en tales casos, quiero buscarla muerte en al en algún precipicio; que es piadosa cuando hace la elección el albedrío porenemigas manos igurosa, Qué es esto! a mayordaño me desvío cierta la busco no tan espantosa! Es precipicio la mayor altura, así, el que sube; al riesgo se apresura. O, si cuantos en cantas dulze daño estas voces sonasen lal oído: más, en que se estimara el desengaño si, cuando importa; fuera conocido? o mal; qué causas el mayor engaño, en las mismas grandezas escondido; dando antojos, no vista; porque vean, no, lo que está mejor, lo que desean. No corona, cuchillo eres pendiente; nne porenemigas manos igurosa, Francisco Lopez de zarate. que si adornas; el filo es homicida, dichoso desdichado el que lo siente; que, no hay, usar de ti; sin darse herida, mortal es, aunque largo, tu accidente, que en esto te pareces a la vida, de oro fingido, y piedras te compones, mejor diré mentiras; Sediciones. De ti, mis pasos impedidos veo, feroz Dragón, aún con los pies tirano; si te levanto; ayudo mi deseo; pues tomo yo la muerte, por mi mano. con que será más fiera: ueno creo, que para el bien, te muestres tan humano: quien no sabe, quien eres, no se aspante, itb el que no te conoce, te levante. Ya con asombro a mí llega Alcides; ya, me descubre: cómo, esta sierra, que cubre con su sombra aquella vega. Pues, la dejó dividida (te; el monstruo, el horrendo, el fuer será sepulcro en la muerte, sino reparo a la vida; Y es consuelo; pues, seré uno, en fin de los famosos; el que no te conoce, te levante. que cuerdos, y recelosos o traidor Lico. pudieron, darte del pie. hro con mi muerte tus hazañas. , l . Calla infame, que inficiona no a la tierra el mentiroso. , , . Lico Como al cielo el poderoso, , cuando ofensas no perdona. Solo es señor del perdón el cielo; y así los Reyes, que en esto alteran las leyes, No del inflerno el escudo, ni la peñascosa roca, (que ya le sirve de boca) escaparlo de mí, pudo. Aún en las mí más entrañas el que no te conoce, te levante. de Plutón, no te socorres, o traidor Lico. No borres hro con mi muerte tus hazañas. , l . Calla infame, que inficiona no a la tierra el mentiroso. , , . Lico Como al cielo el poderoso, , cuando ofensas no perdona. Solo es señor del perdón el cielo; y así los Reyes, que en esto alteran las leyes, le usurpan jurisdicción. Él, que, sabe, castigar, sufriendo, perdonar, puede; que No del inflerno el escudo, t, a , , - que a mí solo me concude, siendo tú su corazón; dolerme, no perdonaro vaunque borre mi blasón, Haré más dura esta sierra,vlvr, a juntar la tierra. t, a , , - o , , . La víctima mejor es el Tirano, cuando le ofrece la piadosa mano, oh cielo, si esta (acaso) re fue grata, porque yo no te ofenda; mi ardor mata, o del todo lo aviva; porque tu ofensa, en mi dolor no viva, oh cielo; sí, te agrada mi tormento, : crezca la llama, y dame sufrimiento, o permite; que diga; que a mis brazos. debes, no ver tus globos en pedazos: pues, cuando los abortos de la tierra máquinaron su muerte con tu guerra; bien, que tú voces fulminaste! y rayos, yo, solo con mirarme, sus desmayos, y sepulcros; en cumbres que hoy son piras de su ceniza, y glorias de mis iras. Siendo victoria mi valor, y siendo (aunque en su ayuda) a Júpiter horrendo. Y tú, que no me das parte en el cielo, pudiendo yo decir (a estar furioso! que todo el cielo es mío: antes; por aumentar mi desconsuelo, trasladas el siluestre venenoso ejército, que yo vencí, a la esfera; sin dejar infernal, o humana fiera, que no hallé honor en luz, en cielo abrigo más pareces, que padre, mi enemigo. O mueran mis dolores, o en los dientes me concede lugar de las serpientes. En fieras sostituyes tu gobierno, no siendo dignas, aún del mismo infierno? resplandecen, por ser de mi vencidas, y con estrellas sanas sus heridas? sin duda temeroso, te recatas, pues, con luz las alagas, y retratas. S sube también a Dioses los Titanes, y oprimanme sus montes, y volcanes. No guárdara mejor yo tus murallas? quien osara embestillas, ni mirarlas! para el Tirano menos sospechosos son los vencidos, que los victoriosos; y temes tú (como Tirano has sido) al vencedor, y alagas al vencido! Cuando se rinde el Reya su flaqueza; cuando está la corona por el suelo, que imperio no perdió su fortaleza? si no le asiste superior desvelo? mas, cual por firme, y grande a la belleza, que contrapesa la beldad del cielo, a Deyanira en fin, no se postrara? Júpiter, silla viera se quejara. Con el alma te adoro, si blasfemo. Traes, flicas, mas veneno en la corona! Parece juntos Etna, y Polifemo. No basta, eel que la muerte me ocasiona, Oh cómplice en mi mal, huyendo esperas. Sube a ser compañero de las fieras. Volarás a morir. , s, , Jipiersanto. dame, muerte de mar, no demontaña, aunque dilatas el castigo tanto, tu rigor remisiones acompaña. Yo apagare su llama con millanto. Esto es hacer de la flaqueza hazaña. Un borrascoso cielo es su semblante. Temes lo que procuras? Soy amante. Estoy por arrojar la tierra al cielo, o su solido glono levantando; el firme asiento confundir del suelo, a esta luz los antipodas sacando; y si es el daño ajeno de consueso, con los mares los montes anegando; en la muerte común quiero enterrarme: mas es vengar al cielo, no vengarme. Feroz se va acercando. El inocente libre vas cuando al caucaso se entrega y en sirtes; con escrúpulo evidente, como por mar pacífico navega. Sol, aún al corazón resplandeciente. Hércules, que furor loco te ciega: Si me falta la luz de tus favores; que mucho, que me cieguen mis errores? O tú, de la honestidad no retrato, si no ejemplo, imagen digna del Templo de la misma castidad, ostenta divinidad, socorriendo a quien te aclama; pues de ti nació mi llama, obra el úítimo misterio, aplica al ardor cauterio, no se corrompa mi fama. Idolatrar en amor consigo trae el tormento: pues paga el entendimiento, que mucho, que me cieguen mis errores? con su perdida, su error, el más terrible dolor sufrido, es mortal, Sleve; lo que a tu valor se debe, tu furor lo tiraniza! lo que tu vida eterniza, no lo borre un penar breve. Cuanto más vivo, hallo más causas, para no vivir: pues, que puedó colegir, Jole, que inocente estás, y que tú a la muerte vas. Lágrimas del corazón, no lavarán mi traición; pues, penas, lo que pequé que mucho, que me cieguen mis errores? si bien, lágrimas con fe la sangre del alma son. y so Y solo, con que matara de tu ardor una centella, por apagarla con ella, el alma a sangre comprera: aunque sin duda aumentará aí! con mi sangre tu fuego: porque en mi desasosiego, mis ansias llamas parecen: y creciera, como crecen los árboles con el riego. Y ya, que mi corta suerte descubrir, no puede, o edio; que me sirva de remiedio, junta mi vida a tu muerte: pues; aunque tu llama es fuerte será menor dividida. Si me consuela tu vida; no me aumentes el dolor. ni hagas (detente) menor mi constancia repartida, Vive, y no solo vive, el rostro aclara; no manchen nubes tan sereno día; no me falte el consuelo de tu cara, que vuelve la tristeza en alegría: no me ocultes la gloria, que apetezco, exórrete (siquiera) que padezco en mi ardor, yy él dilubio que derramas, incendio en olas, y naufragio en llamas. Deja, que obre el destino. Yo consiente en mi fin alos hados obediente, esta sierra será mi monumento, y Pira, con tl llama propia ardiente: tu amor, tu vida debe consolarte; pues, todo vivo en ti, su muero en parte, Adiós, mi Jole, a Dios mi Deyanira, Voy a morir con él. Escucha, mira. Si los mismos remedios, por elados o cálidos, molestan a la herida, que han de venir, a dar salud, usados; siendo el dolor el medio de la vida, si suelen aliviarse los cuidados, sirviéndonos el llanto de bebida; no apliques tan sin término el consuelo: deja, que me consuele el desconsuelo. Déjame ser prudente, honrada, honesta, deja, que me enfurezca; adomos vanos, como os consiento en mi tiniendo manos? No desojes la rosa. Qué mal lo consideras, pues me llamas hermosa; siendo más fiera, que las mismas fieras: mira, si más fiereza, que ellas, tengo; pues, a las que mató mi esposo, vengo. Con mi ferocidad las resucito; que las excedo ya, no las imito. Juno estaras segura, y no celosa, pues logré tu esperanza. en mi dolon te juzgo, ya gustosa, y en el dulce sabor de la venganza: si no sientes, que usurpe tu alabanza, pues llegué a ser madrastra, siendo esposas armas iguales halla tu deseo. Quién dirá, que no he sido, adúltera pues mató a mi marido? quien, si no yo, pecará contra el gusto? O, escándalo de viudas, y casadas. Tu sentimiento excede de lo justo. En mi quedaréis todas infamadas. Pisando en mis dolores propios vengo más muerto, que rendido, de la pena animado, no de los pies del ánimo traído. Es tanto, y pesa tanto mi cuidado; que cuando me detengo, a descansar; me siento más cansado: que el viejo de la vida va cargado. Mi Jole? Deyanira? que me dices del alma de estos ojos. Cielo, si acaso, te ofendí con ira venga en mí, con tus rayos, tus enojos. A qué risco no admira, ver, con las sobras de su incendio rojos los vientos; y humilladas ya, de ardor, las montañas encumbradas. Solo en mi sufimiento, perseverar, pudiera mi tormento, si este es crisol, en que me purifico; a más, y más ardor me sacrifico; seré, como en vivir; en penar fuerte. Vivo mira gran parte de su muerte. Solo r esta servir de leña al fuego; seré calificada delincuente; comprando con mi muerte mi sosiego. , s Adónde vas, detente. A descansar, bañándome en la llama. no ves; como echa lenguas, o echa manos me solicita, y llama? amorde arder, mi corazón iuftama. No uses remedios vanos. Si alguno aprovechara, con la muerte del alma lo comprara. e ̱ y el o Yo la fama mayor de ti nacid que tú eres el origen de la fama, de tu inmortalidad haciendo vida, pues no mueres, afinaste en la llama; vengo a llevarte a esfera merecida, Clarín de luz en ti, a los hombres llama. e Aprended, aprended en el, mortales y seréis imitándole, inmortales, conal de Es Yo consuelo mi pena en tus mejoras; pues, viene a ser tu galardón tan mío, sus méritos agravias pues le lloras. Qué haré, si es ya mi llanto mi albedrío Su triunfo con lágrimas minoras. Mi vida lloro, de ella desconfío; porque, sin él; es ya mi muerte cierta, y no siento, el morir; el no estar muerta, Si se va de la vista en la memoria se queda, Deyanira, no le llores; que la pena es invidia de su gloria; no te sirvan sus premios de dolores: no hagas humana tan divina historia, Cómo a deidad, es justo, que le honores. no con llanto, con risa le venera; que en fin murio, como si no muriera. Su vida de la muerte resucita auemosemael que viue, y no lemna