Texto digital de Hércules de Hungría
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Ambrosio de Arce
- Atribución estilometría
- Ambrosio de Arce Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XII de Nuevas escogidas (1658).
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hércules de Hungría. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hercules-de-hungria.

HÉRCULES DE HUNGRÍA
JORNADA PRIMERA
No consuele con porfía ni pesar vuestra rudeza, que se aumenta mi tristeza, sicrece vuestra alegría. Is mi dolor singular, como es solo mi querer, ya vista de este placer, se esfuerza más mi pesar. Juan Uniades, mi primo, aquien por su bizarría Hércules le llama Ungría, está en el monte, y le estimo tanto, que sin su presencia, temo el más fuerte dolor, que para sanar de amor no es mal remedio la ausencia. Solo de su brío armado, y de tosca piel vestido, de una clava defendido, y en si propio asegurado, RIMERA está en ese monte, adonde tal vez, entre la fiereza de los brutos, la belleza armada de si se esconde. Allí el Hércules, que el mundo llamó primero, ofendió a su esposa, y seré yo a quien ofenda el segundo. Deyanira, Ninfa airosa, fue bella, y afortunada: yo no soy más desdichada, aún con ser menos hermosa? Si, pues yo no he de temer, si ausente llego a penar, que el que me llego a adorar, ese me llegue a ofender. Fuerte, alentado, y brioso, en monte, en selva, y en prado ofrece la muerte airado al tigre, al león, y al osto. Su ausencia causa el desdén que os muestro, y la causa ignoro, pero es fuerza, si la lloro, que llore celos también. Deja, señora, que en lazo vuestras dos almas unidas, logren a igualdad queridas la dulzura de un abrazo, Deja que sagrada unión os una santa, y perfeta, y verás como se quiera el miedo en la posesión, Tú mismo padre no es el que intenta con verdad hacer una voluntad de dos apartadas, pues Solo aguarda su alegría, que venga a aqueste retiro el Príncipe Casimiro, que es el que gobierna a Ungría. Por Ladislao nuestro Rey, niño, que la vida aumente, hasta que ciña su frente la Corona, como es ley. Que en viniendo su obediencia, de su lealtad testimonio, para hacer el matrimonio no ha de pedir la licencia? Verás como tu afición tiene entonces más consuelo, que nunca llegó el recelo a alterar la posesión. Dice mi Julia muy bien, Fénix discreta, y hermosa, no seas escrupulosa, cuando no tienes de quien. Quien resplandeciente estrella. con resolución airada, ha de comprar una espada para matarse con ella; Yo apuesto, que con cuidada tu esposo, sin mala raza, hoy en la selva te caza un rigre para el estrado. Deja, pues, de hacerte fieros, no aflijas tu corazón, y deja para Alcorcón, señora el hacer pucheros. Julia, Porcia, a mi temor justa causa le desvela, no sale al monte Clauela, con hermosura, y valor? No es la que aumentando el toda esta campaña dora? no es la más divina aurora, y prima del Rey de Ungría? No es la que con desvelo enseñó todo su amor, y pagaba aquel ardor Unlades con un hielo? Pues porque su amor reporte y porque él verme desea, se vino huyendo a la Aldea de los riesgos de la Corte. Hizo de quererle aprecio, y Uniades, con prudencia, hizo de su vista ausencia, que es disfrazado desprecio Esto para mi es rigor; que no puede estarme bien, pues siempre un grande desd fenece en un grande amor. Y para que este afligido mi corazón, que lo inquiere, basta saber que le quiere, si sé que el no la ha querido. De esto me acuerdo, constante indicio de mucha fe, y solo me olvidaré de esto viéndole delante. Acaben, denme lugar de hablar, pues periona soy, que juro a Cristo, que estoy reventando por hablar. Pues cuando hablabáis con flema, de pesar, y de alegría, por no hablar yo se me hacía acá dentro una postema. Aunque me haga las narices en algún roble sin par: a mi amo he de llamar. Torrezno, qué es lo que dices? Digo, que tu pesadumbre es sin qué, ni para qué, y digo, que apostaré con cualquiera media azumbre, Que no hay mujer más querida, y de su amante estimada, que pasas de venerada, y llegas a encarecida. No en cázar tigres se empeña como Porcia dijo aquí, si en cázar un jabalí, para vestirle de dueña. Te trairá su amor severo sin más, ni más, un venado, y es para un enamorado pulla aforrada en agüero. Traírate. . Torrezno tente, y no hables aquí sin cuentas, que si por hablar revientas, te morirás de repente. Déjame, Porcia, en mi tema, pues que ya empezado está, y con hablar se me va deshaciendo la postema. Vamos por esta florida estancia, que el Mayo viste, porque no pueda la triste pena triunfar de la vida. Divertido el pensamiento verás, si la quieres ver, Yvanse viendo en tropas los horres combatidos de rayos de centellas: ibanse a su fatiga los Pastores que este gustoso placer quitará aquel sentimiento. No os alarguéis sinrazones, temed al tigre, y al oso, que en este monte fragoso hay fieras como leones. No derribarás de verás las fieras más prodigiosas. Yo derribo las hermosas, pero no, Porcia, las fieras. Verás fatales desmayos, aunque firme como roca, hagas volcán de tu boca, y hagas de tus uñas rayos. Con un león desigual abrazado. . Que aflición. Es fiero bruto el león, y mi amo otro que tal. Uniades. . Quetormento. Por más que el león se irrita unido con él le quita el aliento, con su aliento. Sí, de la fiera despojos será o vencio su poder. . Pues no había de vencer si me miraban tus ojos. qué haces? . Olerle. . Ay tal. Por si el león que se ve es como los otros, qué manchan bien, y huelen mal. Como lograste su muerte, cuando la tuya intentaba? Vaya de pintura, acaba, que reviento. De esta suerte. con presurosas, y alentadas huellas iba apagando el cielo ardientes flores: porque encendiese el valle sus estrellas. iba el Sol ilustrando lo que dora, y anunciando su luz iba el Aurora. Cuando pisé del valle la llanura, y vi entre muchas flores una rosa, por nacer entre espinas más segura, y con el susto de ellas; mas hermosa. dije, cuando la vi. Esta es pintura de Fénix, aunque es Fénix más airosa, y no es mucho, si nunca tanto ornato como el original, goza el retrato. En esto estaba, cuando vi una fiera, de grave aspecto, y de melena riza, con el bramido asusta la ribera, y con el pie la tierra atemoriza: luz que abrasa, en sus ojos reberbera; si abre la boca cuando el cuello eriza, en su concavidad, con ira fuerte. se mira la armeria de la muerte. Miré, mírome, y de la diestra mano arrojando la clava, porque ultraja a mi valor, por grande, y soberano, acometer al bruto con ventaja. nos abrazamos ambos, y él en vano se irrita, se enfurece, y se encoraja, porque le di el abrazo tan estrecho, que le junté la espalda, con el pecho. En acero mi diestra convertida, por su costado izquierdo la entré fuerte, y al golpe solo de esta sola herida. puerta le abrí, por donde entró la muerte: llegué por dentro al cuello, y ofendida. de mi mano, su lengua la así fuerte, y tirando después más reforzado, la lengua le saqué por el costado. Con furor, que aún asusta solo el bello, riza la crin al aire la trémola, quise con más rigores ofenderlo, y que muriese a mi constancia sola, y alargando la cola hasta su cuello, le ahogué con los cordeles de su cola, junté después sus labios impacientes, y le mordí sus dientes, con sus dientes. Murió el León, que mucho si asistía con interior valor en mi memoria la que fundando en almas Monarquía, es digna de más lauro, de más gloria: la inspiración fue suya, la acción mía, pero en mi consiguió mayor victoria por ser menos, y dar menor renombre triunfar de un bruto, que rendir a un hombre. Aún más dulce que un confite está, si tu ardor admira, mira si te quiere, y mira si por ti no se derrite: de leones, un enjambre matará, y matará el al tigre, y eso cruel, mas no matará a mi hambre. Señor, si por la alegría de que vencido le hayas, en esa guerra te ensayas, sale tan a tu porfía: que es tanto mi sentimiento de ver la victoria incierta, que en venciendo tú, no acierta al corazón el contento. Tiene un cristal un licor encarnado, y alguien fragua llenarle de agua, y el agua se vuelve de aquel color: que como la cantidad es más que la que se echó, la una a la otra volvió de su misma calidad. Y el que era blanco licor, que con el cristal le igualo, por mezclarse con el malo, pierde hermosura, y color: así mi pecho, que lleno está de angustias, dolores, de penas, y de temores, de tosigo, y de veneno, Tu vencimiento le quiere echar alegre licor, y como el mal del temor fue más grande, le prefiere: y de aquí se viene a dar, si lo quieres conocer, que va tomando el placer todo el sabor del pesar. De las fieras los rigores no temo, aunque en ira crecen, porque a mí me fortalecen hasta tus mismos temores. Plega a Dios, que seáis casados con muchísimo placer, y no lleguéis a tener suegras, tías, ni cuñados. Que viváis siempre contentos, sin cuentos, que es lo que mata, y que contar oro, y plata sean solo vuestros cuentos. Qué tengáis el gusto eterno, y que os acosteis temprano, porque se vea el Verano, que no holgasteis el Juvierno. Suelta a Cerbino, y a Enonte, porque se consiga, a sí la presa del jabalí, al valle, a la selva, al monte: Casimiro, y la Princesa son, con voluntad no escasa, a prevenirles la casa, vamos Porcia. . Que no cesa mi temor, que yo conmigo sea cruel, que esto ha de ser: pero ay de mí, que he de hacer si está cerca el enemigo? Porcia, a darme de comer, porque hay gana de yantar. Ni esto, ni esto has de probar. Dios dirá lo que ha de ser. . Quién es aquella que el monte florece, porque le pisa de estas árboledas Diosa, y de estos contornos Ninfa. Con ligera planta sigue al jabalí su osadía, y segura del acierto le mata, porque le mira: el bruto, con tanta ofensa en vano, en vano se irrita, cólera en espumas vierte, rayos en bramidos vibra, incendios en sangre arroja, flechas en alientos tira, el venablo que en su diestra empuña, rige, y anima, fuente le abrió, y sus raudales. no fecundan, que marchitan las flores, porque los beben los olmos, porque los miran, que aún derramada su sangre destroza, porque acaricia; quien serás, que en los alientos me excedes, porque me imitas? quien serás, que a tanto ardor se advierte inhábil mi vista? El bruto, que de las ramas hace verde celosa, de este venablo al impulso verá la muerte en la herida. e Verás. . La mayor bellez poco, o nada encarecida, verán mis ojos unida la hermosura, y la fiereza: mas ay de mi! vuestra Alteza perdone el rudo concepto, pues no os conocí indiscreto con vos, y conmigo atroz, hasta que embargó mi voz señora, vuestro respeto. Bruto fuera en la verdad si en mi intento prosiguier como dijistis, mas fuera bruto con urbanidad: ver del Sol la claridad. a ninguno le fue dado, y así quiere mi cuidado tener, sin ser atrevido, el galardón de advertido, no el vituperio de osado. El Águila no alcanzara a ver sin temer desmayos, del Sol encendidos rayos, si sus rayos no mirara: ni ella tampoco gozara tanto cándido arrebol. de ese luciente farol, sin llegársele a ofrecer; que el Sol no puede enceno a quien no se atreve al Sol: mucho declaro mi agravio, y mi ser desacredito: pero de amor el delito siempre le confiesa el labio. Ah como su amor no es sabi pues se declara atrevido. En qué os habéis suspendido En atenciones que os deb despreciadlas. . no me atrev Pues porqué? . Yo estol perdí porque ya cautiva el alma. (do, Por ti el Príncipe me envía, Que a mala ocasión entraste. Esta es la primera dicha, que en buena ocasión me ofrece diestra la fortuna mía. El Príncipe Casimito con tu tío, y con tu prima te aguardan. . Ya voí salero Qué poco dura una dicha. Mira que el Príncipe espera. Espera el Príncipe, diga. Claro es que espera. Y es pera vinosa. Que, bufoniza pa Juan Uuriades repara en los ojos que te miran; y mi voluntad en ellos verás, con luces escrita. Apartarme del peligro es estorbar la desdicha. Huir el remedio, es dar a la dolencia más iras. Quédate con los ardores, que te abrasan, y me entibian. Vete, porque mi dolencia se aplaca si no te mira. A este Príncipe que espera voy a ver con mucha prisa, solo por mirarle antes que se vuelva en golondrina. . Ya estamos solos, señor, diga ahora vuestra Alteza la causa de su tristeza, la ocasión de su dolor: y si a su dolencia es medio, que yo escuche su dolencia, bien puede de mi obediencia alegurarse el remedio. No en vano, Conde, no en vano sé que a tu medio prudente cenirá el laurel mi frente, y tendrá el cetro mi mano, Y porque de dos intentos sepas las resoluciones, pintados en mis razones té he de dar mi pensamientos. Es esta parte segura, no escuche alguien con cautela. Si es, porque está Clauela con Fénix, rara hermosura, y a Juan Uuiades vi con su tío. Tu pesar bien se puede declarar Bien puede, escúchame. . di. Emperador de Alemanía era ya el Príncipe Alberto cuando murio Sigismundo Rey de Ungría, cuyo esfuerzo juntó el Reino de Boemia a este dilatado Reino: murió sin hijos, por cuya ocasión se convinieron los Electores de Ungría, unidos con los Boemios, de eligir Monarca invicto, que ya afable, y ya severo, de la piedad, y justicia juntase los dos extremos: después de considerados con prudencia los aciertos, en dar al Emperador la Corona convinieron: vinó Alberto de Alemanía, y coronándose Alberto en Alba Real, fue aclamado con regocijos del pueblo: tanto en pocos días supo dar indicios de su ingenio, que era temido de todos; y era venerado a un tiempo: pero aún no había cumplido el Sol su círculo entero, cuando el cielo le llamó para reinar en el cielo, y dejando de dos meses a Ladislao, niño tierno, y desdichado: pues antes. de nacer en el tremendo borrascoso mar del mundo, zozobra vivienteleño: Viéndose, pues, los de Ungría. sin Gobernador, quisieron buscar quien los gobernase. hasta que fuese creciendo Ladislao, para ofrecerle de Ungría, y Boemia el cetro: Tantos pretendientes hubo. de los señores del Reino, que los Ungaros medrosos. a eligir no se atrevieron Gobernador de los suyos, y así prudentes, y atentos quisieron buscarle afuera, por la desunión de adentro: Al Duque de Austria, y al Duque de Moscovia, propusieron algunos, y otros a mí como Príncipe heredero de Polonia, Reino insigne: pero, en fin, prevaleciendo los amíos entre en Ungría, aunque algunos mal contentos, o políticos de estado estorbarlo pretendieron: Era el Conde Federico el más principal de aquestos, y Uniades su sobrino, si bien esta vez atentos, sin mostrar la oposición, a esta Aldea se vinieron donde habitan retirados, y fue ejecución de cuerdos: Cinco años ha, que de Ungría la invicta Corona tengo; que es la edad de Ladislao, portándome en su Gobierno con prevenida prudencia para ruturos sucesos; He acariciado a los Nobles, con dadivas, y con puestos, por no cargarles tributos me estima, y me adora el pue Ea, que ya sin decirse, te he dicho mi pensamiento pues el que junta manoso para atrenidos efectos de la plebe, y la nobleza los dos distantes extremos, aunque su intento no diga, bien da a entender sus intens Aquí he menester tu amparo mas que prudente, resuelto. Entra que allí está. acaba. . Espera Torrezr no está hablando con Edvaro Edvardo es todo entero. Dando muerte a Ladisla he de adquirir este cetro, y porque el modo no ignore atiende. . qué escucho cielo primero. . Tente, señor, que hay otra cosa primero, escucha lo que disponen estos traidores modernos con atención, y después puedes darles pan de perro. Juan. Uniades Corbino es en lealtad tan perfecto, y su tío Férico tan amado Can que si ejecutara yo (lleto este designio sin ellos, pudiera ser, que tuviera mi persona mayor riesgo: primero que lo ejecute, que estén de ini parte quiero, porque cómplices del daño me somenten el remedio. No lo verán tus traiciones, ha desatención del Reino, que busca para su estrago Governador extranjero, donde es preciso que habite, como en ambicioso centro, la ira con mucha llama, y el amor, con poco incendio. Porque vayan a la Corte con algún justo pretejto los he de dar en Palacio los más superiores puestos, y por tener más cercano aquel soberano obleto de Fénix, en cuya llama sin abrasarme me enciendo. Ha, señor, de aquella herida curate con este guebo. Pues qué importa que la quiera? No lo sientes? . no lo fieto, que la pena de que esté mi Rey al peligro expuesto, ocupo, como tan grande, todo el ámbito del pecho, y para entrar a ofenderme no tienen lugar los celos, que entre amor, y entre lealtad, lalealtad es lo primero. En fin, Edvardo, a su padre se la he de pedir resuelto, y en casándome con ella. Este ya lo da por hecho. Descubriré a Federico lo que ejecutar pretendo, porque viéndome casado con su hila, amante objeto, patrocine mis designios, de cuyo amparo estoy cierto, si rindo la fortaleza de la ambició, que en los viejos es muralla que se rinde a la dadiva, y no al ruego, y no es poca bateria una Corona, y un Cetro. Siempre, señor, está pronto para tu gusto mi esfuerzo, mas ya vienen, gran señor, obrar, y disimulemos, pues solo está repartido, entre los dos el secreto. Y no más que entre mi amo, entre mí, y los mosqueteros? Salgamos, que ya a mi ver están allí, que pesar! Quién os pudiera tostar. Salgamos a padecer. Ya que a este florido espacio, que el Mayo a vestir empieza, esta haciendo vuestra Alteza con su presencia Palacio. Aunque por término breve, pues que para irse aguarda, que menos activo arda el Sol, con incendio leve. Reciba en firmes empleos de intenciones ajustadas, entre obras limitadas sin límite los deseos. Y a sus plantas humillado, permita que preferido, cuando esté más abatido, parezca más sublimado. Alzad, Senescal. . Eso es. Ya empieza a obrar su codicia Así encubro mi malicia. . Para postrarme a esos pies. Eduardo me tiene amor, cuando su amor aborrezco, y en Uniades apetezco un hielo por un ardor. Ahora temo precipicios grandes de sus intenciones, que para coger traiciones se siembran los beneficios. Mira mi afición constante que me enciende si te hiela, divina hermosa Clauela, retratada en mi semblante. Que haya yo de acariciar al que me intenta ofender? Qué tenga yo de tener paciencia para callar? A vuestras plantas rendido por la merced recibida, me tenéis (fiero homicida) sujeto, y agradecido. Levantad, que vos también con ocupación igual iréis a la Corte: el mal introduzgo como bien. Vuestra promesa agradezco, hah Fénix! ha pena! ah mal! mas yo (accidente mortal) la soledad apetezco; en ella seguro Norte sigo, y en ella se ve menos peligros. . Pues que halláis de malo en la Corte? Hallo en su centro horroroso confuso batel de gente, que se viste el delincuente el traje del estudioso. Hallo a la solicitud, que arde en ambicioso fuego, que marchitan el sosiego, que florecen la inquietud. Que es mérito la grandeza, que es frenta el no tener, y que está siempre el poder sediento de la riqueza. Y en aquesta soledad, reino en su constancia eterno. miro más firme el gobierno, más fija la majestad. El que gobierna advertido, Agricultor soberano, este monte, y esté llano de claveles guarnecido. Deja renar a la rosa, que en activos resplandores nace Reina de las flores, y por eso más hermosa. Arrancar el otro día un pimpollo el hortelano quiso, en su modo tirano, y le dije, que osadía, o que acción, es ofender al que le toca reinar por que le quieres cortar antes de su amanecer? Infante pimpollo crece, y a este campo satisface, si para ser su Rey nace, en que tu ofensa merece? Hoy no puede su presencia defender tu tiranía, mira que no es valentía ofender sin resistencia. Deja, deja impulso vano, y gobierna su verdor, si apagas su resplandor, quedas Rey, mas Rey tirano Dije, y cesando advertido, no prosiguió con su intento, mira si estaré contento, donde estoy obedecido. Y mira si he de querer, aunque me intentes honrar, para llegarme a un pesar, apartarme de un placer. Si este me hubiera escuchado, por esto que ha referido; . juzgara que había sabido mi más secreto cuidado: Vamos, pues, que menos arde el Sol de su llama exento, y el fresco, y el blando viento ofrece apacible tarde. Fénix, tu ardor soberano; si puedo, he de conquistar, aunque le llegue a alcanzar a costa de ser tirano. En mi silencio constante; he de estar con sufrimientos, hasta que oiga los acentos que pronuncia mi semblante. Clavela, si a competir llegamos, te he de vencer, mas que tú en aborrecer, hago en callar, y fufrir. Mucho Casimiro mira a Fénix. . Déjale mirar; que la quiere retratar. A quien su beldad no admira. Bien puedes mi fortaleza dercar con tu amante vista, pero no harás la conquista; que la guarda mi firmeza. Vamos, Fénix, a la Corte, vamos a Alba Real, sobrino, pues gozamos el favor del Príncipe Casimiro. No vamos; que nos hará. Que nos ha de hace?? Coritos; n quitándonos los cogotes a los cuatro, y a los cinco. Ah señor, que mal entiendes sus cautelosos designios, pues a las que son ofensas das nombre de beneficios. Antes de ponerte al riesgo, oye en mi voz su disignio porque pueda tu discurso dar a tu prudencia aviso. Di lo que sabes, no hagas más riguroso el martirio con la amenaza del golpe, sin la ofensa del cuchillo. Dilo porque con la duda se hace mayor el peligro. No es nada, sino que quiere el que espera, ser pepino, que es buen nombre para Rey, y se llamará el Rey Chico. Estos favores que ha hecho, estas caricias, que ha dicho tan contra su natural, contra el vuestro, y contra el mío; porque no se las morece quien siempre le ha resistido. Son industriosos efectos, que hacen traidores montivos, porque estemos de su parte, para el caso más impío; que cupo en pecho traidor alevoso, y vengativo, pues pretende: qué es aquesto? ha pena! ah dolor! qué el brío que tuve para escucharlo me falte para decirlo. Di, Uniades, lo que oíste, di lo que sabes, sobrino. Adaba, que tus temores están creciendo los míos. Voto a Dios, que en dos palabras se lo hubiera yo ya dicho, porque es jeringa irles dando el pesara bocaditos. Tirano de Vugria, intenta dar muerte a Ladislao niño, que no puede a sus agravios, responder con sus castigos. Compañeros de su intento quiere hacernos atrevido, no fuera tan malo el malo, sino pretendiera activo su enojo, hacer a los buenos cómplices en su delito. Yaunque es mucho lo escuchado, es más lo que no has oído, pues este traidor aleve, de Fénix, amante fino, pretende que en firme lazo entrambos cuellos unidos logre su afecto el halago a que yo constante áspiro. Esto primero que aquello, intenta en sus ansias fijo, para que estés de su parte, aún más que prudente, activo. El remedio de este daño allá consulta contigo, que es tanto mi sentimiento de verme desposeido de la deidad que idolatro, de la hermosura que estimo, que no encuentra mi discurso para tanta pena, alivio. Ha qué pesares! qué asombros! . qué desdichas! Qué peligros! Qué es esto? tú te sujetas a un pesar? tú te has rendido a un golpe, que de amenaza tiene más que de peligro? Y tú, señor, con silencio dentro allá de tu retiro, estas creciendo la angustia con te primir los suspiros? No se diga que dos penas, para confundir han lido dos bizarros corazones, cuando está constante el mío? Una mujer os anima, oíd, oíd sus avisos, que el primer consejo nuestro es del prudente admitido. No tiene nada de riesgo el que teméis precipicio, y aquel que parece golfo es el puerto más tranquilo: Ya sabéis sus intenciones, ya penetráis sus motivos, pues no estáis mucho mejor para estorbar sus designios, que apartados del contrario cerca de vuestro enemigo. Fingid caricias que tengan los enojos escondidos, y haciéndoos dueños del daño estorbaréis el peligro: Si quiere matar a aquel antes infeliz, que niño, aplaudidle sus intentos, porque queden desmentidos los vuestros, y la lealtad obre con mejores bríos: Ya sabéis lo que pretende, sabed como resistirlos, quien aguarda los pesares, busque o piense los alinios: Por leales a vosotros, no sin prudencia, ha eligido, y os premia, porque conoce que seréis agradecidos. No os quiere mal el que os pone, (aunque con traidor estilo) cerca el blanco, porque acierte la lealtad el noble tiro. Qué importa, pues, que os mireis en tan ciego laberinto, si para que de el salgáis os da la razón el hilo? Y si pretende abrasarse en llama que no ha encendido, ya mí me pretende, en orden de su intento vengativo: que importa que él me pretenda cuando con desdén le miro? Estimarme a mí, por mí, es él afecto más fino, luego amarme por un Reino, es interés, no cariño? Ofrecerme una Corona, no me rinde, pues he visto, que el que usa ardides, no es amante, si no enemigo. Esto fuera cuando no estuviera ya rendido mi alcázar a más imperió, mi gusto, a mejor dominio. Permite, señor, que hable de aquesta suerte contigo, pues que estime a quien me estima tu propio lo has pretendido. Vamos a Palacio, sea nuestra liden aquel sitio, porque salgan vencedores los que se juzgan rendidos. Porque tus lealtades tengan mas cercano el ejercicio, porque tu valor se muestre a vista de tu enemigo, y porque mi afecto logre noble atributo de fino. Y porque no nos deguelle a nuestro inocente niño, degollarle a él, aún antes que de en Herodes novicio. Quién ha de haber tan cobarde que a las razones que has dicho, cuantos empezaron miedos, no acaben valientes bríos? Vamos a la lid, que ofrece. encubierto el enemigo, y General, la prudencia. gobierne el terclo escogido de la razón, porque ponga a la tiranía el sitio, y los temores triunfantes queden, cuando están rendidos, Vamos al peligro, vamos para salir del peligro, a la campaña, que espera el contrario prevenido, y le abremos de vencer; o no seré Federico. Contigo no temo al mundo. Ni yo al contrario contigo. Ni yo a un Tudesco, si tengo hasta seis votas de vino. Pues a ofenderle bizarros. Pues a conquistarle altivos. Que la victoria. Que el triunfo. Por tu valor. . Por tu brío. La pronóstico a tu esfuerzo. Yo al tuyo la pronostico. que a un niño como una perla quiera matar Casimito, y digan todos, que no ha venido el Antecristo? JORNADA I.
JORNADA SEGUNDA
En una banda dispuesto el contagio, y prevenido está, porque obedecido esté tu Alteza con esto. Medio parece acertado para poder efetuar el intento, por andar Uniades de soldado; como General de Ungría, cargo que le di prudente, por ser lo más conveniente esto a la cautela mía, muera, mas siendo de suerte, (por no dar en mayor mal) que se juzgue, natural, y no violenta, su muerte. Pues para mi pensamiento, como he visto en su altivez, puede servirme esta vez, su vida de impedimento. Si esto llegas a lograr, y a Federico mi aliento, habla en lo del casamiento será menos, mi pesar. Para decirle mi afecto, le aguardo, con esperanza de que si a saberlo alcanza, he de lograr el efecto. Tú, pues a tu cargo tienes, que Uniades muera, sea sin que en tu rostro se vea el efecto que previenes. Yo, que más lauro pretendo, haré, pues a esto me aplico, que no juzgue Federico que premiándole, le ofendo. Granjear con medios humanos amigos, es la prudencia, y primera diligencia que hacen todos los tiranos. Fáltame pensar la suerte que en dar la banda tendré; pero yo el modo hallaré, porque deseo su muerte. El tosigo con cuidado está, sin ser receloso, que no ofenda presuroso, y que ofenda dilatado. Dos efetos ha de hacer a un mismo tiempo, abrasar el corazón, y turbar el juicio, vienen a ser. Decirte un riesgo quisiera, y es, que si la llego a dar, y no le llega a cruzar el pecho, que es la manera con que el pacto se dispuso, se pierde nuestro cuidado. Si hará, que siempre el soldad se la pone así por uso: bien está; vere, y dispon tu intento. a eso me aplic Que ya viene Federico, y he de lograr mi intención: Voy a hacer lo que previen pues que mi celo me abona. Por ti tendré la Corona. Yo la fijaré en tus sienes. Clauela, tus luces sigo águila de altivo vuelo; por ver si encuentro en tu cie o la piedad, o el castigo. Ea lealtad; ya en el campo el enemigo os espera, si me amparáis, mis temores en vano en vano recelan. Conde. . Señor, ya rend a tu gusto mi obediencia está, para que la mande, a tu voluntad sujeta. En que puede un pobre viejo serviros, pues ya se acerca de la muerte a los umbrales, pues me va dando por señas estas canas, repartidas en el rostro, y la cabeza, a quien temblando mi mano bronca, aunque se llama diestr si las prende, las arruga, y ella juzga que las peina. No solo a una Monarquía Federico la sustenta de la mocedad el brío, que obra casi siempre a ciega La vejez es la coluna en quien su edificio asienta, pues no importa para estar su grande fábrica eterna, si falta quien la gobierne, el haber quien la defienda. Premiar intento esas canas, y ilustrarme yo con ellas, y para que mis motivos en pocas razones sepas, Toma el asiento, y escucha. Aa tiranía violenta, como pronuncias hálago, la que concibes ofensa: No reuso el asentarme, pues que de Ungría suprema, legitimos Reyes suyos me dieron esta grandeza, Como rama de su tronco, y rama tan opulenta; que por hojas, y por frutos, Coronas, y Cetros lleva: Con atención, y con miedo le escucho: diga tu Alteza el cuidado que le aflije, o el pesar que le atormenta. Primero, Conde, has de dar a mis preguntas respuesta: Si algún Monarca de Europa, doy que más hijas tuvieras que Fénix, cuyo discurso compite con su belleza, para ser su amada esposa te pidiera alguna de ellas, juzgando que acrecentaba con aquesto tu nobleza, y que te hacia más grande lo hicieras tú? . no lo hiciera Si su vanidad me ampara, yo le rendiré la fuerza. No lo hiciera, que mis hijas, por ser mías, nacen Reinas, y ellas ilustran el Reino, que no ilustra el Reino a ellas: que es juzgar que acrecentaba con aquesto mi nobleza? mi sangre le engrandecia, cuya admirable ascendencia Peyes coronados tuvo en Ungría, y en Boemía. Y si hubiera otros Monarcas que a tus hijas pretendieran con el intento contrario, solo por darse grandeza con la posesión amante, se las dieras tú? . Si diera, ya en aqueste caso toca . su intención otra materia: si diera, y entonces yo con humildé recompensa, hablémosle a sus intentos, . antes que me los refiera, si pudiera de Alemanía darle la Imperial diadema, o con valor alcanzada, o adquirida con violencia, se la ofreciera rendido, que hace el beneficio ofensa, el que con el beneficio ingrato siempre se muestra: bien le aliento a que me diga lo que su traición desea . Bien responde a mis preguntas, venceré su fortaleza: Tercero yo de mi propio, que acierta mal, o no acierta a conseguir el efecto la voz donde amor no reina. Abrasado en el incendio de la mujer más perfeta, pretendo que en firme lazo Polonia la áclame Reina, y a mí su mano me premie, porque honrándome con ella el mayor laurel consiga, la mayor Corona tenga. Pues quien, señor, en Ungría, hay que tanto honor merezca, ha como con mi ignorancia . mas sus intentos se empeñan. Y si la ay, que puedo hacer, porque ejecutado veas, aún antes que lo pronuncies, lo que por amante intentas? Si la hay, y en su voluntad, como en la tuya gobiernas. Disimulemos, cordura, que ya el declararse es fuerza: acaso es la que pretende tu amor, la hermosa Clauela, del Rey prima, y de Sajonia la legítima heredera? que si es esta, yo te ofrezco, señor, hacer cuanto pueda. Tan noble es, y más hermosa la que mi afecto desea. Más hermosa es, y tan noble? no sé que diga a tu Alteza: pues si no es Fénix, mi hija, no hay en Ungría quien pueda preferirla en la hermosura, ni igualarla en la nobleza. Pues Fénix es la que adoro, para que en unión perpetua logre el desvelo de amante, la caricia, con decencia. Y pues que llegó mi labio a declararte mi pena, aplica sabio el remedio para estorbar la dolencia. Estoy con tanto contento del motivo que te alienta, que la alegría me embarga en mis labios la respuesta. Digo, señor, que ya es tuya, que donde la dicha es cierta dilatarla no es cordura, y es desatención no creerla. Aa como de la ambición . le cogí todas las sendas. Ah como por este medio le he de sacar lo que intenta, haciéndome dueño yo de la traición que desea, para librar a mi Rey, deme la lealtad sus fuerzas: Ya es tuya, señor; mi hija, pues con ser tuya granjea ella más estimaciones, y yo mayores grandezas. Y ya que es tuya, mi brío a otra victoria te alienta, con voz de traición, lealtad, l has de salir con la empresa: No gobiernas en Ungría con justicia, y con clemencia? Amado, y temido me hacen estas virtudes supremas. Uniades, mi sobrino no es General de la tierra? Sí, y a su valor se debe que Ungría la paz posea. Yo no soy Gran Senescal? y por esta preeminencia, no tengo a mi cargo siempre de todo el Reino las fuerzas? Sí, Federico: han que presto, que en sus preguntas me enser el blanco donde las tira, logré, logre mi cautela. Ladislao, Príncipe niño, no está sin brío, y sin fuerzas para resistir el Reino? Bien su niñez lo confiesa. Pues que aguardas cuando tien ya la Corona tan cerca, que en tus sienes no la fijas? ca, Casimiro, ea. que al nombre de tiranía, le borra la conveniencia. ̱. Su intento he de desmentir, . por si es la suya sospecha: que dices: Conde, tan presto te olvidas de mi grandeza? Mirad, señor, mas he de apretar la cuerda, . porque con dolor confiese su deseo cuanto niega: Mirad, señor, que es buen celo el que aquí rige mi lengua, y que si no es vuestra Ungría, que no será Fénix vuestra. Qué atiendo? ya esto es verdad que Federico se empeña . mucho para ser fingido el intento a que me esfuerza: Doy, Conde, que con tu amparo intentara yo esta empresa, no era tirano, y quedara deslustrada mi nobleza? No señor, que el adquirir mas Reinos, es conveniencia que deben desearla todos, y aunque deben empreenderla. Esto que digo de burlas, cuantos lo dicen de verás . a sus Reyes, y inficionan con aquesto sus proezas. Si quedaramos vencidos por tiranos nos tuvieran, porque venció en la Farsalia César, le aclamaron César, que al vencedor justifica lo que al vencido condena. Con título de adquirir os llamo a la noble empresa, hoy mi cordura os anima, y Uniades os alienta, no temáis, pues os ampara el valor, y la prudencia. Conde, a imaginar los medios, bien le engaña mi advertencia. Señor, a pensar el modo, o vil tiranía ciega! que aplaudes con las verdades las mentirosas cautelas. A Dios, Conde, hasta que ilustre a Fénix sacra diadema. A Dios, señor: pero escuche un instante vuestra Alteza. El Príncipe Ladislao está hoy en la edad tierna, en que ha menester Maestros para las primeras letras. Este cargo podéis darme, y llevándole a mi Aldea, con pretejto que mejor en su soledad aprenda, tenemos lo más andado para salir con la empresa. A Belgrado he de llevarle, por ser Belgrado la fuerza mas importante del Reino, y por defenderle en ella sin tantas dificultades como en Palacio nos cercan. Bien me parece, ejecuta tu intento de esta manera. Pues luego le he de llevar. Cuando tú quisieres sea. Rey, si de este laberinto . te saca mi diligencia, tu triunfarás de un tirano, que por niño te sujeta. A Eduardo voy a avisar, que lo tratado suspenda de dar a Uniades la muerte, que es su vida mi defensa. Señor, al arma, que agora la mayor batalla empieza. Al arma, pues con tu esfuerzo no es posible que no venza: Mucho puede la ambición, pues que rinde a la prudencia de un viejo, por él conugo un Reino, y una belleza. Yo he de darle la Corona. A quién, Conde? A quien la hereda, a ti, señor, porque pague mi obligación tantas deudas, Pues la fortuna me valga. Y el cielo a mi Rey defienda. Solo el silencio, testigo ha de ser de mi tormento, y aún no cabe lo que siento en todo lo que no digo. Muero de vivir callando, vivo de morir, sufriendo, y es muerte de lo que vivo la vida de lo que muero. Entre sufrir, y callar, entre amar, y padecer oigo penosa un placer, escucho alegre un pesar. Que tenga armónico acento, para ofenderme osadía? que vea en él mi alegría, y mire en él mi tormento? No estéis más en mi presencia, que es desapacible medio, que os busque como remedio, y os halle, como dolencia. Idos, porque son mohinas cuanto cantáis, cuanto hacéis, idos presto, y no paréis desde aquí a las Fllipinas. Vamos: que tenga pesar Clauela, con tantos bienes? O que buen gusto, que tienes en no dejarlos cantar. Gente que todo lo manchan, y que toda fiesta acogen, sino los ruegan, se encogen, y si los ruegan, se ensanchan. Gentes que andan con asunte y se parecen severos, a todos los calceteros, en que andan cogiendo punte Gentes, cuyas intenciones, por ser más, dan en ser meno pues por ser cantores buenos se hacen. . qué se hacen? . capo pero dejando esto a un lado en que el mal ha consistido? dilo, porque referido no es tanto como callado. Yo que le llego a sentir, soy quien le llega a dudar, sé que me causa un pesar, pero no le sé decir: no fuera tanto su agravio, si como sabe su ardor ofenderme con rigor supiera salir al labio. Por que con sabias razones no das a tu dolor pausa? Para deciros la causa decid los dos las canciones De mi pena, y de mi amor es el silencio testigo, pues sabe bien, que de honor nace mi pena, y mi ardor, que es el silencio enemigo. Solo el silencio testigo ha de ser de mi tormento, y aún no cabe lo que siento en todo lo que no digo: era la canción primera, que la música, cantó. Y la otra que entonó decía de esta manera: Muero por vivir callando, vivo por morir sufriendo, y es muerte de lo que vivo la vida de lo que muero. Mi labio ignora el ardor del mal que en mi pecho abrigo, porque para más rigor, es de mi oculto dolor solo el silencio testigo: de aquí se está originando el mal que estoy padeciendo, pues contraria del que amando vive de morir diciendo: muero de vivir callando. No he de declarar mi acento, pues teme la suerte mía que si digo lo que siento, la causa de mi alegría ha de ser de mi tormento: y más mal, considerando en decir el mal tremendo, que está al alina atormentando, por no morir pronunciando: vivo de morir sufriendo. Lloro porque este elemento de lugar a mi pesar, en que quepa su tormento, desocupole el lugar, y aún no cabe lo que siento: sobra el conragio nocivo, y vertido su veneno juzga mi rudo motivo, que es vida de lo que peno, y es muerte de lo que vivo. Es, pues, tan cruel conmigo, que si quiero pronunciarle no explicaré su castigo, que aún no llego a exajerarle, en todo lo que no digo. Y así con hablar, no espero sanar de mi ardiente herida, y callando considero que me sustenta la vida la vida de lo que muero. Yo la he de ofrecer gusto remedio para su dano con un verdadero engaño, . y un alivio mentiroso. Si por tu bien sobrepujas, el callar, un documento te daré, funda un Convento. De que? . de Monjas Cartujas, y en esta solicitud hallarás tu beneficio, que si es tu silencio vicio, le harás entonces virtud. Habla, divina Clauela, así la he de dar placeres, pues si tú a mi amo quieres, mi amo por ti se desvela. Decirte su amor desea, pues para ganar renombre, se entretiene con tu nombre, y diez horas Clavelea. Tiene en su casa verjeles, de flores con gran cuidado, y solo por ti ha comprado doce tiestos de claveles. Pues cómo? Que linda historia. No se liega a declarar? No se debe de acordar, porque es flaco de memoria. De Fénix enamorado. Oh como la engaño ahora. No la estima? . No señora, que ya Fénix ha volado. Dime, dime sin cautela, si se ha mostrado amoroso. Fingiéndome cariñoso he de engañar a Clauela: allí está, y esto conviene, porque de mi parte esté, para los intentos qué hoy mi discurso previene. Mi amo viene allí, que truenos, pues si se descubre el como, sin ver otra carta, tomo tener una oreja menos. Que ya Uniades valiente me quiere, estima, y adora? Él te lo dirá, señora, pues que le tienes presente. Si iré, aunque temeroso, que a tus rayos me he encendido, pues me absuelve de atrevido el confesarme amoroso. Todo lo que he dilatado mi afecto, creció en caudal, como líquido cristal, que el paso le han estorbado. Cuya corriente gozosa, halla en la prisión su apoyo, pues si antes fue umilde arroyo, es ya balsa caudalosa. Cambiando cuando le ofrece el caudal que le socorre, la pena de que no corre, por el gusto de que crece. Mi amor, así agradecido, está al silencio obligado, que todo lo que no ha hablado, es todo lo que ha crecido. Que no soy Fénix, mirad; creed, que en vuestra conquista el engaño de la vista. sentirá la voluntad. Qué escuchos pierdo mi tino, mi amo la requiebra hoy, válgame Cristo si soy sin saberlo yo adivino? A Uniades vi pasar: pero allí está, que severo dolor me atormenta, quiero aunque padezca, escuchar. Clavela, a mi amor desvela sin que haya en su incendio tas solo Clauela me abrasa, cuando Clauela me hiela: solo a Clauela desea mi amor, pues templo la eriga Ha, señora, no te dije lo mucho que Clauelea? (do Válgame Dios, que he escucha válgame el cielo, que he oído que aún no me deje el sonido el alivio deducado? Para empeñarle en su amo puesto que firme le adoro, y se ajusta a mi decoro, lo he de mostrar el rigor. Porque en mis angustias cest y cobre en mi amor aliento, no respondes a mi acento? Responde a prueba, y estese No sé fingirme amoroso aunque importa a mi cautela, ya en tus ardores, Clauela, hallo el peligro gustoso. Pues mirad que si os cond vuestro amor a afecto injuste que cuando busquéis el gusto encontraréis con la pena. Como, cuando os quiere todo mi amor, sin rigor? Para todo aquese amor tengo yo todo un desdén: Si engaño el rigor no fuera ni voz no le pronunciara. Si yo de verás la amara, mucho el desprecio sintiera Esto ha venido de recio. Ella le muestra rigor: que dejes todo un amor; y busques todo un desprecio Si no se quiere obligar, con lo que en mi voz ha oído como es mi afecto fingido temo que se ha de cansar: cuando toda el alma os doy, porque no pagáis mi fe? ̱. Que esto mi paciencia ve. Por no pagarla me voy. ̱. Pues siguiéndoos mi osadía ha de templar su dolor. No hace muy mal vuestro a porque vence el que porfía. (mor, J. Vos mi porfía veréis, pues que licencia me dais. Si ese remendio tomáis, puede ser que mejoréis. . ad. Seguire vuestro destino, mucho fingen mis acentos. . Mas que me han de dar docientos, porque he dado en adivino. . Con ella va, que desdichas! con ella va, que pesares! y los digo? sí, que pueden si los repito matarme. Mas yo me rindo a un agravio cuando mi experiencia sabe, que aún más que a quien le padece atormenta arquien le hace? Morir por no padecer, da a entender ánimo frágil: padecer, y no morir, indicia valor constante: Pues quien, si a un tiempo le ofre- un diamante, que complace, (cen y un pedernal, que lástima no ha de escoger el diamante? El me desprecia, es verdad, y yo le estimo, es constante, estimación, y desprecio, o nobles, o viles hacen. El que el desprecio mantiene aún a pesar de su sangre, será vil, yo que le estimo seré noble, pues más vale una virtud que me ilustre, que no un vicio que me ultraje. Curemos esta dolencia con remedios más suaves, si él me da celos, los celos son los que han de desquitarme. Que aunque los míos engaños sean, los suyos verdades, él no sabrá si la industria, o la caricia los hace. Pongamos este remedio, y si con él no sanare, en aras de la firmeza he de hacer voto inviolable. O no querer, o querer arriesgada a todo trance, uno ha de ser el querido, si este se pierde, ganarle, o con celos que le obliguen, o caricias que le ablanden. Que viendo a la despreciada entre el desprecio constante, puede ser que su firmeza todo su desdén aplaque. Ea industrias, a valerme, ea celos, a ayudarme, para que pueda poner todo el remedio a mis males, por fenecer de valiente, y no morir de cobarde. O si hallara mi desvelo medio para ejecutarse: allí está Fénix, y traigo la banda, con que si hallase modo de dársela y ella se la ofreciera a su amante, no sin fortuna salía con victoria de este lance. Que fueron mentidas voces todas cuantas pronunciaste? que fue el hálago engañoso, que tu voluntad fue fácil. Qué es esto, divina Fénix, tu rendida a los pesares, con muchas sombras tus ojos, con poca luz tu semblante? Que ha de ser, si no que ingrato. mi falso fingido amante, por Clavela me desprecia, aleve, cruel infame: pero ay de mí! a quien he dicho. mis penas? ah que ignorante es un dolor, pues a todos se dice por aliviarse. No te pese de decirlo, pues conformes en los males, si tú mueres a un desprecio, también yo muero a un ultraje, o sí mi engaño pudiera . con una verdad lograrse. Yo muero del mal que mueres, pues en mi riesgo constante, amo en Clauela un desvío, y quiza su desdén nace, de que Uniades la quiere, mira si estamos iguales. Ya para su muerte tengo . a los celos de mi parte: pero si quiere tu enojo de sus desvíos vengarse, por aquí he de conseguirlo, . o la fortuna me ampare! yo sé que si ve Clauela en el poder de tu amante esta banda, que ha de ser remedio de nuestros males, pues ofendida del caso, que es bien que yo te le calle, a preguntas del carino responderán sus desaires. Qué nices? y si él la banda mira en mí, puedo cansarle celos? Si Fénix, y tantos; que todo tu dolor sanen. No puedes tantos misterio aquí, Edvardo, revelarme? Si puedo, pero allí vien y no es bien que aquí me hal Dices bien, dámela, y vete, amor, si es díos, te lo pague. El remedio tu dolencia, salí de esta vez triunfante: Casimiro, ya venciste, pues tu deseo lograste. y El mostrarme allí su amante para que pueda su amor, darme en la ocasión favor, fue a mi designio importante, Y la habías hecho buena, si Fénix nos escuchara, pero que está allí repara. Lo que atormenta una pena Fénix. . Señor, no he de de ni los menores recelos, porque no entienda mis celo Qué ocasión, o qué pesar puede a bastardos rigores apagar la antorcha pura de tu divina hermosura, mitigando tus ardores. Mira que de tu alegría, o tu mal, está pendiente el gozo de aquella fuente, el contento de este día. Ya por mirarte penosa en ese ameno con fin, pálido vive el jazmín, marchita muere la rosa. Mira si por tu pesar pierde una planta el contento que hará con conocimiento mayor, quien te llega a amar? Qué así se llegue a mentir, al ha fiero, enemigo, atroz, que pueda sola una voz todo un engaño fingir. Quien siente mortal congoja, indicia, que es grave mal, en que su incendio mortal ninguna señal arroja. Quien siente más leve agravio, que poco en su ardor se empeña conoceras, en que enseña las señales en el labio. De estos dos la vista diestra, conoce el bien;o el dolor, en que uno muestra el rigor, y en que el otro no le muestra. Así conocerás sabio, claro, como luz del día, que no es mucha la alegría que ofrece el indicio al labio. Y en consecuencia constante, verás, si miras atento, que no es poco mi contento, pues no sale a mi semblante. Buena la caricia anda. Con eso cesa el temor: pero que miro, es favor el favor de aquesa banda? Aa como me da a entender mucho más que lo que ha hecho, pues malicioso su pecho, . teme lo que sabe hacer. No es favor el que has mirado, gala que amor me dictó es solo, que estimo yo. cualquier seña de soldado. Y porque no receloso sospeches contra mi amor, tómala, que ya es favor, y no saldrás mentiroso. Tomo el favor, y a la ofensa mayor, mi amor se previene, pues por tu contacto viene a ser de gala, y defensa. Ya el temor me favorece, pues que con este pretesto, su providencia tan preso alivio a mi pena ofrece Cuando llegará aquel día, que venciendo las traidoras intenciones que nos cercan, por cuyas insames olas, sin llegar, de amor al puerto nuestras dos naves zozobran, te mereceré constante, mas ya juzgo que se acorta nuestra pena, pues tu padre se fue con aquella joya, de quien su lealtad es piedra, pero piedra tan costosa; que si esta le falta, pierde estimación su Corona. Háganse estos desposorios, y holguémonos en las bodas, haya cena, mas no haya capones si hubiere pollas, que gentes sin ejercicio es pulla para la novía. Ya, Fénix, llegará el día en que aclamemos victoria, po el amor y dos almas se reduzgan a una sola. No todas han de ser penas, ni angustias han de ser todas, su lugar tendrá el contento, su tiempo tendrá la gloria de vernos en firme lazo que alegra, mas que aprisiona. Entonces: mas ay de mí, que materia rigurosa me enciende en llamas el pecho, que abrasan en lo que tocan? Entonces, Fénix, que mal que las palabras se forman, entonces, más ha, tormento como creces la congoja. Qué nuevo accidente puede, ay de mí, con tanta copia de rigores afligirte? pues en distancia tan corta, de un contento que te alegra, pasas a un mal que te ahoga? Este accidente es mortal, dénmele luego una arroba de vino, y que venga el vino en una vota redonda, y sanará luego al punto que en su mano se la pongan; denle la vota; que yo sé los milagros de la vota. Todo el infierno me ofende, toda la crueldad, y toda la furia de las serpientes que el agua al Nilo inficionan Este pesar, que el alma va sintiendo, rompen todas las entrañas. Déjalas, señor, que rompan, pues fuera mucho peor, que dieran en otra cosa. Para todos los rigores que me afligen, y congojan, ya mi paciencia no alcanza. No alcanza? pues dale soga. Válgame el cielo, si Edvaro con industria cautelosa, como parcial, como amigo del Príncipe de Polonia hizo traición a mi afecto. Qué nuevo accidente postra. tu valor nunca vencido, quien el dolor ocasiona dímelo, señor, que pena: más quién el pesar ignora? y este pequeño mundo conquistando, este incendio que crece destruyendo, y esta luz que a otra luz la va apagando me hiela más, si más me va encendiendo, y porque más me enciende, me va helando, y así decir no puedo quien me agravia, pues no sé si es ardor, si es celo, o rabia. Todo será, que todo con porfía, procura darme rigurosa muerte, que se hizo mi diestra valentía? dónde, dónde se fue mi ánimo fuerte? no me nombra su Hércules Ungría? mas ay de mí! que la precisa suerte. quiere para ganar otro renombre que ímite en muerte al que imite en el nombre. pues que ya estoy vencido al accidente, y el vencedor de fieras se ha postrado, el adorno me falte más decente, ni en señas quiero parecer soldado: no parezca valiente el no valiente, no esté el brío con miedo equivocado, fálteme, o muerte, porque más consumas, las alas del valor en estas plumas, Fálteme la defensa en este acero, en esta banda fálteme la gala, no me queden indicios de guerrero, sea cobarde el que al cobarde iguala? fálteme la influencia del lucero, que rayos vibra, y resplandor éxhala, fálteme de sanar, seguro modo, fálteme Fénix, faltarame todo. Sóbreme a mí; pues vistiendo lo que usted va desnudando, como he de dar en Cartujo, daré desde hoy en soldado. Aunque me afligen los celos, puede en mí más mi cuidado: señor, si entre tantas sombras que te ofuscan, algún rayo a cuya luz se conozca todo el dolor ha quedado, mira con él, que la vida que te suftenta, es de entrambos, no se alabe el accidente, que el sufrimiento ha postrado: no son piadosos los cielos? no hay mansedumbre en los astros? pues confía, que el remedio te ha de dar, quien te dio el daño. Tu acento, Fénix, sin duda, que fue antídoto al contagio, pues ni me ofende atrevido, ni me atormenta villano: ya sin aquellas congojas estoy mejor. . Yo muy malo, juro a Cristo, que esta ropa es ropa de contrabando. Válgame Dios, yo arrojé las insignias de soldado, vuelvan, vuelvan a su centro, que si un dolor temerario las despreció, una advertencia hará aprecio del caso. Di que tienes? . que me quemo. Pues que te da? . que me abraso, sin duda que se han metido en mi cuerpo Citujanos, y despedazan sin miedo, pecho, tripas, y espinazo. Válgame Dios mi recelo no teme, no teme en vano, que estos peligros los causa alguna traición de Eduardo, que sin tiempo la atención ofrece remedio al daño. Por Dios, que él tal dolorcillo se hallaba mal con mi amo, y quiso ver si le hacía mejor partido el criado: ay, no burlemos dolor, que andas en forma de trasgo, sal a fuera si eres hombre, aunque muerdes como galgo. Siempre has de estar de un umor De humor estoy, pero malo. Un aviso de importancia no sin temores te traigo, sabe; que el Príncipe quiso, (convenido con Eduardo) darte muerte, siendo el medio una banda, con contagio, de no ofender presuroso, y de matar dilatado, y agora, que en la antesala los estaba yo escuchando, sin recatarse de mí por ser considente de ambos, dijo a Eduardo, que no hiciera lo que tenían trazado, y él respondíó, que ya estaba sucedido todo el daño: porque hallando muy quejosa a Fénix, que había escuchado lo que hablaste con Clauela, la dio con notable engaño la banda, diciendo que era remedio de su cuidado: mira agora lo que intentas, pues en peligro tan arduo has menester de tu brío todo el aliento bizarro. Válgame el cielo, que escucho, tu fineza estimo otavio, y porque te deba todo el logro de mis cuidados, haz que tengan prevenidos luego al punto dos caballos, hijos del viento, en la puerta por donde se va a Velgrado. ot. Respóndate mi obediencia. . Yo te mataré Eduardo. Uste piensa que me burlo, juro a Cristo, que me aso, que me frío, que me cuezo, que me quemo, y me achicharro. Daca esa banda: ya Fénix llegó, que dolor, el plazo en que he menesterme todo, Pues que es, señor, tu cuidado? , , s Vamos, señor, por si puede tener remedio este daño, Si tendrá, pues vuestras vidas al impulso de mi brazo feneceran, sin que animen traidores pechos, ingratos: y porque no me calumnién de que al que juré postrado la obediencia, inadvertido al noble precepto falto: digo, que niego el injusto homenaje de vasallo, porque acaba de ser Rey, el que empieza a ser tirano ya están todos tus intentos Casimiro descifrados, y así, pues que Federico puso a nuestro Rey en salvo déjame ir libre con Fénix, si no quieres ver tu estrago, pues aquella reverencia. que yo te juré, observando no la perderé ofendido, y la quebraré irritado. Prendedle, y a tanto arro responda el castiño airado. Y a esa respuesta repliqo todo mi valor, obrando. Tente Uniades. . que es ten dales, y pegales amo, por traidores de poquito, y aunque es esdrújulo, matal Sin duda, que esto lo causa lo que aquí le dijo oravio: con resolución valiente iré aponerme a su lado. Eso sí, como los saca a estocadas de Palacio, sus puntas no van al aire, que van a cuerpos humanos. Las puertas de la ciudad cerrad, porque aprisionado no pueda escaparse vivo este asombro, o este rayo. No importa, que mi valor toy sus quicios arrancando; a pesar de tus traiciones, Que lindamente los casca, ymas, que ya sus aliados le favorecen con Fénix, cuyo valor soberano le ampara, con una espada que quitó a todo un lacayo: con la espada les ofrece muy donosos sepan cuantos, y con los ojos les da muy lucidos cintarazos: ya animosos se retiran los leones, hembra, y macho, y a esta puerta, que va a dar a la ciudad de Velgrado salen con unas saetas, y llegan como unos dardos. Puesto que a los que nos siguen y así me como al martillo hace resistencia otavio, junto con nuestros parciales puedes venir sin cuidado, que su valor tendrá modo de librarse, y de librarnos; vamos Fénix, que se alienta mi valor contigo. Andallo. . Vamos. es Torrezno? . Y magro, . Ni yo a la carne, ni al diablo. vamos, señor, porque vienen corriendo como unos gamos! Aa si fuera de la puerta estuvieran los caballos, porque no se canse Fénix. Déjala; que está en zapatos, y a la silla de la Reina la llevaremos entrambos. Más ayde mí? . triste suerte La puerta nos han cerrado. Seguidlos pues que se fuero por la puerta de Velgrado. hará por los montes paso. . Que no pueda por la puerta sacar a Fénix. . Cuitado, si no puedes por la puerta, fácala por el Vicario. Aquí de mi fortaleza, pues si óprimo sus candados, a pesar del bronce duro, que hace resistencia al mármol, he de quebrar sus cerrojos, y he de abrasar sus reparos. Qué haces, señor, no lastimes tus manos, pues en tus manos mira el contrario un asombro, teme una muerte el contrario, Que se resista a mi fuerza este bronce, y si le agarro pues nos hace resistencia, por Dios que he hacerle cuartos, a los golpes de mi mano. Gima el; porque nosotros si nos cogen, no gimamos. is Ya he abierto, pesía el metal que se ha resistido tanto, Fénija huir el peligro. Señor, a buscar amparo. Todos estamos acá Ferquién es, . Contigo no temo al mundo. Vitoria por el amor. Vitoria, y pierdo doblado. Que no haré si tú me amparas Y que no haré yo a tu lado? Vamos amada hermosura, Amado. Uniades, vamos. Vamos, y los enemigos quédense para borrachos. JORNADA1II.
JORNADA TERCERA
Esta es la prisión, y el centro donde a Uniades has de hablar, que solo con su pesar está en la sala de adentro. Y este es mi voto, señor, Ya no vengo a ejecutarle. Pues ya estás adonde hablarle puedes, y no tu rigor Se muestre con él airado, cuando le tiene rendido, que premiar al ofendido es justa razón de estado. A Federico mataste, y al Rey Ladislao trajiste a Palacio, y conseguiste todo lo que imaginaste. Allí está Uniades preso, y va entrando por Ungría el socorro que le envía el Rey de Albania, y con eso Los parciales, que en la tierra el tiene, se juntarán, y unidos todos, te harán cruel, y sangrienta guerra. Si él a tu intento se ajusta, al vulgo ganas en él, y sin parecer cruel haces a tu causa justa. Si le das la muerte airado, tienes mayor enemigo, que el Rey de Albanía su amigo en su amparo está empeñado. Y así si tú le persuades, y a tu intento le dispones, si a políticas razones las das fuerza de verdades. Con la pretendida gloria, que deseas te verás, y victoria alcanzarás sin pelcar, que es la victoria. Dices bien: no le llamaste? Sí señor, y sale ya. Vete, porque importará no estar aquí. . Pues llegast a ponerte en la ocasión, obren estas persuasiones, y no le falten razones. Casimiro a tu razón. Allí está ya, sal, y dale, pues en prisión nos agota, y si juega a la pelora, y él te envida no hagas vale qué querrá? . qué ha de quee el salero lo primero. Que ha de hacer con el saler Qué, salarnos, y comer. A tu precepto obediente vengo a ver lo que me manda. Mira no te dé con banda, porque es una arma valiente. Salte, Salero, allá fuera. De la prisión, es razón. No puedes de la prisión. Mejor fuera que pudiera. Ya Uniades, que mi intent en estas acciones sabio, abre la puerta del labio, para que salga el acento. Quisiera fuera escuchado para llegar a creído, y que con mi ardor unido viera a tu valor osado. Como no contra mi honor, si me quiere perivadir, sea lo que has de decir, dí, que me sobra valor. Sabes que no hay en Ungría quien haga a mi brío exceso. Si lo sé, porque estoy preso, y solo hazerle podía. El pueblo no me venera? J. No hay quien su intento reprima. La nobleza no me estima? Es opinión verdadera. No tengo en Palacio al Rey? Sujeto está a tu rigor. No puedo apagar su ardor? Sí, más será injusta ley. A Fénix firme no adoro? Esa es mi mayor ofensa. Y tú no estás sin defensa? Eso oprime a mi decoro. No puedo darte la muerte? No te puedo resistir. No viste al Conde morir? Ese es el pesar más fuerte. La vida casi perdida? No puedo darte la fama. Y puedo darte tu dama? Eso será darme vida. Pues si en designios iguales el ampararme previenes, gozaras de aquestos bienes, pero no de aquellos males: Y si resistir procuras lo que en mi voz escuchares, tendrás aquellos pesares, pero no aquestas venturas. Di, porque pueda al oillo, con la atención de escucharlo, si no es bueno, reprovallo, y si lo fuere, admitillo. O en tu vida, o en tu muerte, aunque sea injusta ley, he de dársela yo al Rey para asegurar mi suerte. Reí de Ungrishan de aclamarme, la Corona han de ponerme, Boemia ha de obedecerme, y Albanía ha de respetarme. Sin que tú me ampares puedo. salir yo con mi intención, que estando tú en la prisión no me da tu valor miedo, Pero porque no se diga, que no pongo al mal remedios, y que con algunos medios hoy mi atención no te obliga. Si me amparas valeroso; y si me ayudas osado, has de mirarte premiado antes de verte quejoso. La Alsacia gobernarás pues tu brío se acomoda a aquella tierra, y en toda mi Corona mandarás. Y porque veas, que quiero cuando a tu gusto me ajusto; mas tu gusto, que mi gusto, tu amor, al mío prefiero. Tuya es Fénix, en famosa hoguera de incendio leve, el antiguo ser renueve por el nuevo ser de esposa. Y si de lo que has oído, y de lo que has escuchado, lo mejor has acetado, que es hacer lo que te pido. Tendrás (si me has de ayudar) una vida que ofrecer, una esposa que querer, y un Reino que gobernar. Y si en ti está preferida la otra acción por más piadosa, ni tendrás Reino, ni esposa, ni ser ni aliento, ni vida. Válgame Dios, que he de hacer, menos pena es el morir, lo mejor he de elegir. No acabas de responder? En esto que has referido juzgo y en lo que has hablado, que quien soy se te ha olvidado, y que no me has conocido. Aquesto no es responderme? Yo llegaré a declararme, y primero de escucharme. Qué he de hacer? Qué conocerme? Pues si el partido desdeñas. No se asuste tu razón, que oíras mi resolución, si atendieres a mis señas. Su brío a mi brío enciende, di lo que has determinado. Oiga atento tu cuidado. Pues empieza. Pues atiende. Antes que el Sol con ardiente claro imperceptible curso contara sobre mi vida número de cuatro lustros: antes que en mi labio escrito se viera el ringión oscuro, gala que se pone el rostro, porque ha nacido el discurso: veinte batallas campales conseguí, siempre seguro, que para ilustrar mis sienes se anticipaban los triunfos: admiré a los Alemanes, puse a los Tártaros yugo, horror ofrecí a los Persas, y miedo causé a los Turcos: diez veces la ardiente línea celestial el Sol anduvo sin que me vieran sus luces del grave peto desnudo: nunca artificial adorno mi diestra al cabello puso, que el bago molde del aire la riza en mejores surcos: leal siempre a mi Monarca no permití que ninguno los rayos de su Corona empeñara con oscuro denio vapor de traiciones, que levanta el ocio astuto, materia que crece en llam y se desvanece en humo, ligera fácil coyunda mi Rey en mi cuello puso aunque me cueste la vida no he de sacudir su yugo: este soy yo, mira agora si sabré en lo que te escuch entender, que tu traición quiere hacerme de los suyo si no lo soy, una muerte me ofreces, que no reuso, y si lo soy, una vida asaltada de infortunios: mas muerte es vivir traidor que morir leal, si juzgo, que aquella es durable siemp y esta se acaba en un punto: que Fénix será mi esposa dices; si al caso te ayudo, y está que parece dicha, es en la verdad disgusto, pues al mirarme en sus braz sin el claro blasón puro de la lealtad, su desprecio será cierto, y será justo viendo que sé ser traidor, entenderá su discurso, que sé sufrir más infamia, cuando la más grande sufro ya verás que te respondo, si entiendes lo que pronunci y porque oigas lo que inten oye en pocas voces; mucho: Tú pretendes adquirir el laurel, que no fue tuyo, justo es áspirar a más, y esto más, nunca fue justo: el título de Monarca quieres usurpar astuto, y quedándote sin él, te quedas con el de injusto: quietud quiere tu deseo, yes tu deseo tan rudo, que aprende como quietud, lo que en la verdad es susto: que más susto, que tener uno lo que no fue suyo, si el propio Reino da pena, que me dará el que yo usurpo: mas traición hago que tú si te ampo, o si te ayudo, y estoy a más pena expuesto, como encubridor del urto: y así, la vida, la esposa, y el Reino, que no procuro, me quita, ofendo siempre, ya irritado, o ya iracundo: que constante en lo que digo, y firme en lo que artículo, he de estar, porque a mi Rey adorne el laurel que es suyo: porque admire el Norte helado una piedad, en un triunfo, y porque leal me aclamen las cuatro partes del mundo. Eso resuelve tu aliento. Esto es lo que aseguro. Y tu vida? . No la estimo Y tu dama? . No la busco. Y tu honor? . Siendo leal y es el correo hecho a posta. estará mi honor más puro. Pues vive Dios, que a tus ojos . Sí, pero me le has corrido. has de ver, que el cetro empuño, que la Corona me ciño, y que a tu dama te usurpo, y en esta torre que habitas verás también tu sepulcro. Si muero siendo leal, vivo estaré, aunque difunto, Pues el morir será cierto. Ni lo temo, ni lo excuso. Quédate con tus temores, Mayores serán los tuyos. Pues no me quieres piadoso? Nunca es piadoso el injusto. Voy a disponer tu ofensa. En un rendido no es triunfo. Fuese? . Ya se fue Salero. Pues albricias, y atender. Dilo, si es algún placer. Las albricias lo primero. La fortuna me condena a no darme de sus bienes. Que estando preso no tienes que darme alguna cadena? Sí; porque el pesar que siente el alma, sea remiso. Ya te ha venido el aviso que deseabas sumamente: pues para que Casimiro sienta en su muerte su agavio, viene conduciendo otavio gente de Albania, y de Epito: y con tanta brevedad caminaron sus legiones, que están ya sus escuadrones muy cerca de la ciudad: al campo la gente agosta, que es conforme tu deseo, esto me dijo el correo, Mucho el aviso he estimado. Pues en que lo has conocido? En que no le has pagado: Casimiro que quería? Que a la traición le ayudara. Y lo dijo cara a cara. Y que le entregara a Ungría. Entregarle, por Dios vivo, señor, que no has de hacer tal, no has de entregarle ni un real, san que haga. . qué. . Un recibo Quién a aquella puerta llega, y abrir con llave previene? El Casimiro es, que viene a que le hagas la entrega. A ver quien se atreve voy, pues si intenta mi pesar. No tienes que recelar, ni que temer, que yo soy: Y porque en la dilación algún peligro prevengo, a darte libertad vengo. Y es esa buena intención. Libertad, como si airado de aquí el Príncipe salio. Lo que él de tu labio oyó esta acción ha originado. De aquí salio proponiendo darte la muerte cruel, porque no te unes con él en lo que está pretendiendo: Miré su resolución, y acordándome de ti, a mi voluntad, así habló cuerda mi razón. Tú a Uniades has querido, aunque a tu amor ha engañado, y un día, que enamorado le escuchaste, era fingido. De prisión puedes sacarle, y libertad ofrecerle, no ha de ser para quererle, ni menos para obligarle. Que la que sin desperdicio, por el beneficio piensa tener premio, hace una ofensa, parecida a un beneficio. La que en su afecto inconstante, sin brío, y sin pundonor, vende el amor, por amor, mercadera es, y no amante. La que llega a reparar quien la ha llegado a ofender, para no hacerle un placer, se hace a sí misma un pesar. A Fénix quiere su amor, y darle tu libertad, por mudar su voluntad, no es fineza, y es rigor. Pues ofrécele, atrevida, una vida que desea, y sin paga, porque vea, que le da tu aliento vida. Esto mi razón me dijo, y yo viendo la razón, como escuché su traición, y como tu mal colijo, Por no hacer mi pena grave, con descuido, o flegedad, tu amparo, y tu libertad te traigo en aquesta llave. Ella hace a todas las puertas del Palacio, y el primero que ha de salir es Salero, porque en las primeras huerr te aguarde, con un caballo, que tengo prevenido, y para ver conseguido, yo lo que bastó intentallo. Segura está la salida. del Parque, por esa puerta, pues no hay nadie que lo advierta ni ninguno que lo impida, y a Dios, que la dilación puede quitarme el placer, y no quisiera perder lo que dijo mi razón. En lance tan impensado mi gozo ha desvanecido, no poder agradecido mostrar, que estoy obligado. Toma la llave, y dispon tu libertad. . A tus pies, pues no tengo otro interés. ̱. Vamos a hacer la razón. Fénix, a mi cargo queda después el vengar tu agravio, y juntarte con Oravio. Que mi voluntad no pueda. No quiero tu voluntad. Hacer que esto satisfaga? Aquí solo hay una paga. qué ha de ser? . Tú libertad, pues si en el campo te miro. Pues si en campaña me veo. Conseguiré mi deseo, ̱. Triunfaré de Casimiro. Vete, vete, que el desvelo de alguna acción sucedida. El cielo guarde tu vida. Yampare la tuya el cielo. . A su afecto, vuestra Alteza, o le corrija, o le temple, que no alcanzará un rigor, lo que un cariño no puede. No te rinden mis caricias? Son fingimientos aleves. En qué lo miran tus ojos? En la infamia que pretenden, pues no saben o no aciertan a obligarme, ni a vencerse, pues cuando dicen amantes, que vuestro afecto me quiere, entonces vuestro rigor en mi padre, me da muerte, que sin hacerle cenizas de aquesta crueldad me acuerde. No te ofrezco una corona? Puedes dar lo que no tienes? Pues no sol ya Rey de Ungría? Solo Ladislao merece ese título, pues vive. Hoy le daré yo la muerte. ̱. Hoy le librarán los cielos. Si la caricia te mueve. Por el postigo del Parque, sin que ninguno le viese, se fue Salero, y al ir a salir yo, miré gente, y así por aquesta parte salir, mi brío pretende: mas que veo, Casimiro está alli hablando con Fénix, que he de hacer, grave desdicha! que he de hacer, peligro suerte! que he de hacer, matarle osado, mas las armas me suspenden, y es, el que se expone a un riesgo temerario, y no valiente. Pues si un Reino no te rinde? pues si mi amor no te vence? vencerante los rigores constantes, y fijos siempre, vencerante, pues que tengo poder, y amor para hacerme dichoso, siendo infelice: el que no hace lo que puede mi enojo ha de acariciarte, mi rigor ha de ofenderte, mi desdén ha de rendirte si no miras, si no adviertes, que mi valor ofendido esté, sin que puedas defenderte. Nuevo modo es de querer a principales mujeres, el rendirlas con estragos, y haciendo del muy valiente, conbatirlas con rigores, asaltarlas con desdenes, y cercarlas con injurias: vuestro afecto que pretende, conquistar las hermosuras, como conquista los fuertes? no señor, que otros soldados, otras tropas, otras guestes gasta la guerra de amor, que sale vencida, y vence: esto fuera a no tener en el alma quien me aliente, quien esfuerce a mi valor, y quien a mi honor esfuerce, pues de suerte a Juan Uniades estima el alma de suerte, que no es fácil el rendirme, y es imposible el vencerme, y así su amor se reprima, que he de ser agora, y siempre volcán desatado en llamas raudal ofrecido en nieves, rayo prevenido en truenos, incendio prendido en mienes, flecha amenazada en arcos, y furia anunciada en muertes. Aa Fénix, como no en vano mis afectos te pretenden. Pues vive mi amor, ingrata, que aunque a mi nobleza pese, hoy ha de hacer la violencia lo que el cariño no puede. Pues vive mi amor también, que si intentáis ofenderme animosa, por honrada, os daré, y me daré muerte. Las cinco hojas de tu mano, que a su cristal se florecen, he de conseguir amante, porque mi esperanza alegre. Que le falte a mi valor espada para ofenderle. n. Mirad, señor. . qué desdicha! Pues no es posible vencerte con el álago, la fuerza ha de obrar. . que esto consienten los cielos. . Llama a tu amante que te ayude, o que te vengue, pues por él esto ejecuto. Pues él te dará la muerte. qué miro, ha traidor. Esposo este me ofende, y te ofende. Detén, deten el acero en ti más resplandeciente, no me mates sin defensa. Aa como un tirano teme, no te mataré, que solo aquí mi brío pretende. el librarme de un peligro, y sacar de un riesgo a Fénix, que la obediencia jurada a ti, mi lealtad mantiene, y si te quito el acero solo es para detenderme. Quién te sacó de la torre dónde tu culpa te tiene? Una piedad generosa, que lo que ejecuta puede. Yo sabré, quien atrevido, dispone, intenta, o pretende. Eso no es de la materia, deja que a Fénix me lleve, y que me libre, y después obra tú lo que quisieres. Como librarte, hah criados, ha guardas. . Si el cielo lluevo hombres tantos, como arenas el claro Danubio tiene, no me ha de impedir ninguno lo que mi valor pretende. Pero que clarín escucho. Este será de la gente que el Rey de Albanía me envía, mira si hay quien me defiende. Vamos, señor, que en el camnp verá el tirano quien eres. En la campaña verás, que es muy fácil el vencerte. Pues salla campaña. Pues advierte. Que siempre he de sujetar Y que he de vencerte siempre Vamos Fénix, que a tus ojos, ni el valor, ni el brío teme. Ya miramos seguros de Alba Real los fuertes muros donde un traidor aleve a profanar se atreve la Majestad jurada, donde vive guardada la persona de Uniades, Caudillo que no es dado a ninguno resistillo pues si el peto bruñido sepusiera si el espaldar gravado se ajustara si el acero brillante se ciñera, si la fuerte visera se calara, si la lanza enristrara sería este, que prodigio os nombro, Más que miro, señor. . otavio amigo. a que libréis a este os he traido, yen el al Rey obrad lo prometido y pues ninguno de valor es falto ea fuertes soldados, al asalto. 1. Subir prometo el muro. 2. Y yo morir en la defensa juro. Pues es justa la causa que ampara (mos embistamos amigos. Enbistamos. Pero si no lo finge mi deseo, de la ciudad, al campo venir veo en dos caballos, confuria airados dos valientes soldados, y que los sigue gente, conveniente ha de ser el librarlos nuestra gente. 1. Ya los amparan, (gan. y al valor se entregan. rayo que se fulmina con asombro, . Los otros se retiran, y estos lle Con este gusto ya, el mayor consigo, pues en Fénix, y en ti se mira agora el Sol brillante, y la luciente Aurora: a Uniades libró vuestra osadía, al Hércules de Ungría, y porque gloria grande os aperciba, viva vuestro Caudillo. . Viva viva. Toma el bastón contra el cruel tirano, pues se ilustra en tu mano, y no en mi mano. Tómole para dar a mi enemigo escarmiento; y temor; miedo; y castigo. Qué gente en el ejército conduces, cuando a la empresa tu valor induces: sabe las prevenciones, que traen, y tienen estos escuadrones: sabe la artilleria, y más seguro, si es suficiente, asaltaras el muro. Sóbrame, Fénix, para darle enojos la fuerte artilleria de tus ojos, pues fecundan dos floridos Mayos, vibran saetas, y despiden rayos. Cosa te de cuidado, que yo que desde niño fui potroso, y por esto so con brío fuerte, y ánimo brioso haré, si tengo fuerza reservada. Pues qué has de hacer Salero? Dilo. . Nada. Diez y seis mil infantes Albaneses tienes, que agostan en el campo mieses, los cuatro mil primeros, diestros arcabuceros, y los seis mil, porque tu brío quietes, que afirman en horquillas los mosquetes: tres mil, porque animoso lo acometas, que ponen en los arcos las saetas. dos mil también, porque al valor te aplicas, que empuñan con la diestra fuertes picas: tres mil caballos, cuya ligereza compite con el aire en la presteza: y dos mil de corazas escogidas, que ofrecen muertes, porque quitan vidas, este número tienen tus soldados, pero son más, que vienen bien pagados. Pues con ese seguro acometamos el cercano muro. No es conveniente agora, pues el coche. luciente, que el Solguía, para que reine la confusa noche se ausenta, porque muera el claro día, y puede resultar en nuestros daños, que originan las sombras los engaños: mejor será, que se combata en hora, que amanece el Aurora, y en hora, que las aves hacen salba a la risa del alba, porque tenga el contrario con espanto riyendo ella, mas penoso al llanto. Ese parecer seguimos, tómense todos los puestos, pues con tal luz, en la noche. nunca peligrar podemos: a recoger mis soldados, sea el descanso el primero, que haga al enemigo guerra, y al despertar ese incendio, ese Planeta, que siempre está vivo, y está muerto, combatiremos el muro, y de la victoria cierto, aún antes que la emprendáis, la victoria os agradezco. Vamos, señor, a tu tienda. vamos Fénix. . quiera el cie que alcances lo que pretendes. lo. Si haré, que me das alientos. No habrá para mí una cama? todo aqueste campo es vuestro No puedo dormir en duro. Pues por que? . Porque sol tierno Pues duerma sobre unas armas No haré en mi vida tal yerro. 1. No ha de entrar. Déjenme entrar, que es un aviso. . qué es eso? Un hombre que hablarte intenta. Yo soy, señor, un correo, que voy a Albanía, y ahora preguntándome primero si te conocía, esta carta en la puerta me dieron de la ciudad para ti, y que te la diera presto, porque el dilatarlo un punto era perder mucho tiempo. Si te da furia, y la arrojas no la alzaré yo del suelo. Conociste al que la dio? No, porque estaba encubierto. Válgame Dios, si será alguna traición que temo, pues es de ánimo cobarde andar sospechando riesgos. Tiene firma? . Si señora. Fe de quién es? . del Conde Alber Leela, y salgamos del susto, (to Escuchadla, que ya leo. Antes de mediar la noche quiere este traidor soberbio dar la muerte a Ladislao, y en la ciudad no hallo medio para estorbar su traición, solo lo que hacer podemos los leales, es abriros (si logramos el intento) las puertas de la ciudad, para que entre con los tercios repartidos en hileras, con recato; y con silencio. ejecutadlo, pues no os da más lugar el tiempo. Qué desdicha! . Qué pesar. qué pena. . que mal. . qué riesgo El da en que le ha de matar, mas no ha de salir con ello. Qué detérminas, señor? Que dos mil soldados viejos me des, y a la deshilada advertidos entraremos, que he de salir una vez de pesares, y de miedos. Siempre he de estar a tu lado. Antes, señora, te ruego, que te quedes con Oravio, porque es conocido el riesgo, y llevándote conmigo hago mayor el empeño. Pues el cielo te de amparo. Quién me ampara si no el cie vamos Otavio a intentarlo. (lo Vamos, y lo dispondremos. Más ha de hacer mi valor, pues esta llave que tengo con que salí del Palacio ha de ser el instrumento de mi venganza, y ni dicha si está de mi parte el tiempo. Ea, señor, a la ofensa. Ya a tus dos soles me aliento A castigar a un tirano. Yo le mataré, si puedo. Todo el espacio del aire está de sombras cubierto. Ya es de noche, y es constanto pues de tus luces me anso No temas Conmigo la razón llevo. Yo no, por haber más de dos horas que no la he hecho. O sí mis ojos te vieran con victoria. . Yo lo espero. A Dios señor. . A Dios Fénix A Dios, y vamos a ellos. Aquí en esta sala dijo Casimiro, que la luz. pusiera, y por esta Cruz, que al verte triste me aflijo. Saldrá presto? . No señora. Porque a Edvardo he avisado, que me hable, y ya ha tardado. Pues con el estaba ahora. Ponte Porcia a aquella puerta por si Casimiro viene, y avisa. . Eso previene mi atención, que esta despierta. A tu obediencia postrado, viene mi afecto rendido. Ya Edvardo se han unido mi cuidado; y tu cuidado, como la mía, tu vida. quiero ver asegurada, y no quiero que sea hallada, solo para ser perdida. Hoy, señora, tu dolor. A ti, para ti, te ruego. Dilo, para hacerlo luego. Que no ampares a un traíor Mira si estimo mi pecho, pues queriendo asegurarme, mucho antes de mandarme, está lo que mandas hecho. Después que Unlades fuerte del Palacio se libró, y a la campaña salió, dispuso del Rey la muerte Casimiro, y atrevido. aquesta noche la intenta, al Conde Alberto di cuenta de todo lo sucedido, Porque a Uniades avisara, y con su gente escogida amparara aquella vida; y antes en Palacio entrara, Pues de la ciudad las puertas, con modos al caso iguales, han de tener los leales, porque ellos entren; abiertas Para hacerlo más preciso no quise el aviso hacer, porque en mí venía a ser escrupuloso el aviso, Y ya estará ejecutado, si Alberto lo ha conseguido, mira si está obedecido tu acento aún no declarado. Que esta noche con rigor la muerte del Rey pretende. Si Uniades le defiende será mi dicha mayor. No he de decirle que yo fui quien le entregó la llave. Si ya Uniades lo sabe, mi prevención se logró. Pues que veo. . Pues que miro Tu voluntad. . Tu belleza. Señora, mire tu Alteza, que ya sale Casimiro. Pues Eduardo yo me voy, que no quiero que me vea. Si el alma lo que desea conseguirá? . Tuya soy. . Pues ya logré mi deseo, porque mi esperanza mire un premio que la realce, y una fe que la acrédite. Edvardo. . Señor. Qué haces? A ver que me mandas vine. Ni este ha de saber la hora, porque querrá persuadirme en que ha de dar al Rey muerte. Mira si en algo te sirve mi atención. . Edvardo vete. Ya obedezco, si permite el cielo, que Uniades entre antes que el Rey infelice muera a sus manos, gran dicha hoy toda Ungría consigue. . Ya estoy solo, y lo que intento quiero que se comunique entre todas las potencias, que son consejeros libres: la voluntad, que en la Sala de este gobierno preside, que la Corona me ciña de Ungría, y Boemia dice, que si junto con Polonia estos dos Reinos felices haré mi poder supremo, pues ninguno me lo impide: mi entendimiento asegura, que quedo esclavo, y no libre, y mi voluntad responde, que es esclavitud más firme el saber que se ha intentado y el ver que no se consigue: mi entendimiento réplica, que el que una traición concibe si la razón la reprueva, queda entonces más insigne, y mi voluntad afirma, que es forzoso el que peligre, porque me darán la muerte ya descubiertos los fines, y si una vez lo consigo con poder que lo acrédite, me temeran poderoso cuando en el trono me miren, Venciste al entendimiento, voluntad mía, venciste: escribir quiero a Polonia, porque socorro me embien, pues aún no es hora de hacer lo que mis desvelos piden. En esa Sala, que es en la que el Rey niño vive no hay nadie, porque he dispuesto, que ninguno le visite, y ya juzgo, que del sueño el grave peso le rinde, sea eterno, porque ciña mi frente el laurel insigne. Ayudado de la noche salió mi intento felice, pues he llegado a esta cuadra sin que ninguno me mire, todo el Palacio está oscuro, mas si el deseo no finge, allí hay luz, y un hombre miro, que sobre un bufere escribe, Casimiro es Aa traidor, que descuidado que vives: para ir donde está el Rey esta es la puerta, si impide mi valor su tiranía, el mayor lauro consigue. Aunque no lo he ejecutado no importa que les avise, que ya a Ladislao he muerto, pues no hay nadie que le libre, y pues puede aquesta acción ya tan presto conseguirse. Alberto dijo, que a Edvardo debo el aviso, posible será, que sus atenciones de amparar a este se libren. Ya de escribir he acabado, y ya es hora que se afile el acero en el enojo, para que corte en humilde cuello de un niño que muere, porque para ser Rey vive: la luz apago, advertido. La luz ha muerto, hah terrible. principio de tiranía, y como entre sombras vives. Voy a ejecutar su muerte, el valor mis pasos guíe. Ya se acerca este tirano, los cielos a mi Rey libren. Su muerte ser? segura. Mas lo es esta que recibes. Traidor, traidor, sin defensa. En vano esa voz repites. Muerto soy. Guardas, soldados, porque Uniades no peligre entrad todos, pues a tiempo de ofrecerle amparo vine. qué es esto? . Este es castigo justo, que un traidor recibe, ya Ungría por mi valor estás de un tirano libre: y pues toda la nobleza está en el Palacio, oídme: En esa sala está el Rey a quien guardar prometistís vasallaje, y aquí muerto el traidor, que le compite, y según miro, mi gente toda en la ciudad asiste: queréis darle la obediencia a quien otra vez la distís. Si queremos, viva, viva el Rey Ladislao insigne. Pues amigos entrad todo y pues mi afecto consigue la mayor dicha, tu mano la asegure, y la acrédite. Porque por fuerte, y amant hoy mis afectos te estimen. Y agradecido, y humilde a ti, señora, suplico, pues la libertad me diste, de este modo te respondo, que yo por leal lo hice. No pide, diga Salero, él la mía? . No porcierto. Porque? . Porque no me tice Y aquí el Hércules de Ung tiene fin, si a quien os sirve le perdonáis los errores, pues para agradar escribe.
