Texto digital de Héctor y Aquiles
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Cristóbal de Monroy y Silva
- Atribución estilometría
- Cristóbal de Monroy y Silva Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Héctor y Aquiles. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hector-y-aquiles.

HÉCTOR Y AQUILES
JORNADA PRIMERA
Soldados, nadie me siga, dejadme todos, dejadme, los pífanos enmudezcan, cese el rumor de los parches, Troya invencible, qué es esto? cuando yo vuelvo triunfante a coronar de banderas tus almenas Imperiales: Cuando rico de despojos Hactor viene a entronizarte, repitiendo la victoria tremolados tafetanes, belicosa me recibes con prevenciones Marciales, publicando a voces guerra en destemplados compases? Por qué ocasión los clarines, y las cajas arrogantes de armonía el viento visten, pueblan de sustos el aire? Y escandalizando el Orbe con en la yados combates, armas publican, asombros cantan pregonan pesares, sangre vertiendo los golpes de los dárdanos alfanjes, y ecos formando los gritos de los cóncabos metales. O estás agraviada T roya, y solicitas vengarte, a anticipas la defensa de que osada agraviaste. Diomedes, y Laudemón fueron motivos cobardes de que te vieras dos veces bañada en púrpures sangre. Dos voces te han destruido: o, quiera Apolo, que baste alpún Reino a repetirte tregedias tan lamentables! Quiero entrar: heroica Patria, recibe, Mas que sonantes acentos, con dulces quiebros, acordas cuanto suaves, de juvilos, y alegrías son festejosas sañales? O, que mal se compadecen los festines, y pesares, las la grimas, y los gustos, las calmas, y huracanes. Si hay guerra en mi patria, como los instrumentos de Marte divulgan, porque gozosos mezclán blasones, y ultrajes? Y si hay regocijos, como a voces los canta el aire? porqué el dolor no suspenden de los clamoras fatales? guerra, paz, infierno, y gloria, cuando en una esfera caben? cuando en un globo se abrevían? Pero por aquesta parte entraré, Detente, Hector, oye, porque sepas antes de entrar en Troya la causa de esta guerra, si a informarte basta el dolor, el abogo, la angustia. Calla, no habler, harto has dicho, Policena, Escucha, y sabrás. No pases adelantero, triste Troya! Pues no quieres, Fuerte lance! Qué refiera. Es afligirme, La ocasión. Será cobarde. De la guerra. No prosigas: quiero por estotra parte entrar, para dilatar el dolor con no escucharte. Hermano, Hector. Oh, Cielos, de esta confusión sacadme. Seas mil veces bien venido, entra, hermano, a festejarte, con la gloria, que yo gozo, pues tanta parte te cabe: escucha, y sabrás. . Aguarda. Pues no gustas. . Es matarme, Cuando llegas. Qué distintos. . De saber. Déjame, Paris. Hector, armada está Troya, hermano, atiende a sus males. Hector, en Troya hay festejos, hermano, ven a gozarles. Aquí una hermana me incita valerosa a los combates, aquí un hermano me llama para que haga las paces; aquí hay guerra, paz aquí, como podrá a conformarse con los cariños de Venus los alborotos de Marte? guerra, y paz en dos hermanos, paz, y guerra en una sangre, como hay paz en dónde hay guerra? Pues no puede originarse esta guerra de esa paz? Sí, mas de qué suerte? Es fácil sabarlo, como me escuches. Ya atiendo, y por las Deidades, que quisiera a un mismo tiempo escucharte, y no escucharte. Hércules, aquel milagro de Tebas, aquella imagen de Palas, acualla copia del original de Marte, caminando con Jasón por campañas de cristales, en dos postas de madera, que fueron aves, y naves, que desvaratando espumas corren, y vuelan iguales, con los remos en el mar, con las velas en el aire, padecieron un nanfragio, porque a soberbios Levantes, colérico el mar entonces cubriendo escollos de jaspe, junta, enfurece, y fabrica, para contrastar la nave, obeliscos de salitre, y de espumas baluartes, Llegaron de la tormenta derrotados, a la margen de esa provincia de peces, de ese imperio de cristales, juzgaron hallar en Troya grato, y seguro hospedaje; ya sabes, que Laudemón, mal aconsejado, sale, y del Puerto los arroja, sin permitir que descansen, Sintió Hércules la ofensa, sintio Jasón el ultraje, y previnieron armada, con intención de vengarse. Con ejército vivieron contra Troya, y de la sangre Troyana sedientos llegan, y tan dichosos convaten, que la destruyen, la vida no reservando de nadio. Estaba de Troya ausente Priamo el Rey nuestro padre, y volviendo a celebrar las exequias funerales de su patria, clamó airado, gimió triste, lloro amante tanto carmín derramado, porque fue tanta la sangre, que por más de cuatro millas corrieron rejos raudales dentro del mar, y así el Rey antes de llegar, los mares le informaron la tragedia, y sin poder consolarse, ondas de grana navega, sulca golfos de corales. Cuatro hermanos le mataron a nuestro invencible padre, y a nuestra tía Ansiona, que cautiva en Grecia yace, le robaron: él entonces, con brío nada cobarde, reedificó la Ciudad de mármoles, y de jaspes. Y viéndose ahora rico, y poderoso, a los Grandes del Reino junta, y refiere los no vengados ultragas de su hermana, ellos se animan a que heroico la restaure. Y antes que contra los Griegos Troyano ejército marche. fue el Conde Antenor a Grecia, llevó, cartas de mi padre, pidiendo libre a su hermana, niegánsela, y él se parte de los Griegos ofendido: entonces más vigilante el Rey, de su armada altiva hizo General a Paris. Pue Paris a Grecia. Aguarda, que a mí me toca informarle ahora, pues fui el autor del suceso más notable. Mientras tú, Príncipe, en Perfía, siendo emulación de Marte, has dado asuntos valientes de la fama los metales, llegué a Grecia, tomé puerto en la Isla donde yace el sacro Templo de Venus, del ciego Dios bella Madre, Celebraban a la Diosa los comárcanos Lugares, solemnes fiestas, deje por ver el Templo las Naves, y los Marciales arneses troqué en pacificos trajes. Entré en el Templo, vi a Elena, y fui a adorarla al instante, pensando que era la Diosa Venus, de aquel Templo imagen: qué mucho, si invidia Venus sus Celestiales donaires! Es tan hermosa la Reina: mas como intento insormarte su beldad? Escucha a ver si amor pintártela sabe. Candido el rostro, y el cuello, negros los divinos ojos, Etiopes son despojos las cejas, oro el cabello, el cuerpo galán, y bello, tanto, que apenas la vi, cuando el alma la rendí, porque la naturaleza dijo al formar su belleza, cuanto puedo he puesto en ti, Descubre en su perfección con despejo, y sin desaire, un alma en cada donaire, un donaire en cada acción; el Sol con emulación miro el rosicler, que encierra su rostro, del Orbe guerra, y dijo cuando lo vio, o tengo dos rostros yo, o hay otro Sol en la tierra. Es Elena esposa ilustre del Rey Menelao, cobarde para aspirar a su cielo me tuvo amor un instante; mas animado después con mil hálagos suaves le informé mi amor, oyome tierna, apacible, y amante, paseándose en su rostro vergonzosa al escucharme, dos maceras de claveles, con su púrpura fragrante. junté en el mar a Consejo los Tróyanos Capitanes, y aquella noche acordaron, que todo el Templo robase, y cautivara a la Reina. Aprobé el acuerdo, amante, y después que por las cumbres de las montañas más grandes se despeñaron las sombras para borrar los celajes. Entré en el Templo, matando todos los Griegos cobardes a la punta del estoque, y a los silos del alfanje. Cogien los bracos a Elena, y tras ládela a mi Nave, mientras de un dulce desmayo sus colores restaurase. Robé el Templo, volví a Troya, y recibiame mi padre alegre yo enamorado de la belleza de un Ángel, con galanteos corteses la adoro idólatra amante. Diame Elena él si gustosa, cuento mi dicha a mi padre, convida para las bodas los Príncipes naturales, y coronados a noche de amorosos arrayhanes, rendí al yugo de himeneo el valor incontrastable, Alegrose la Ciudad, huyo fiestas, galas, bailes, lidiaron toros, y fieras: y por los muros, y calles trasladando en luminarias el firmamento radiante, sonoras músicas. Tente, no es bien que adelante pases, sin que refieras primero de los Griegos el coraje. Encendiose Grecia en ira, viendo robada por Paris a Elena, y Agamenon con Menelao se parten convocando a cuantos Reyes sintiendo están sus desaires. Como furiosa Leona, que del abrigo de un sauce fia el tostado cachorro, y cuando vuelve a buscarle, sin que en el tronco le mire, sin que en el bosque le halle, con rugientes ecos forma bramidos que airada esparce, y las fieras convocando, hace del valor examen, aquí desgaja los chopos, allí los robles deshace, aquí destroza los frasnos, y allí rompe los tarajes. Así enfurecida Grecia, toda se arma en un instante, previniendo a la batalla picas, ballestas, montantes, lanzas, bombardas, estoques, ródelas, escudos, guantes, cascos, golas, jacos, peros, hielos, simeras, brazales, paveses, escudos, grevas, coceletes, y espaldares. Navegaron coronadas de flámulas, y estandartes sobre los hombros del mar mil ciento y ochenta Naves. Ochocientos y sesenta mil Griegos solo a vengarse vienen del robo de Elena, ya a vista de Troya yacen, ya ocupan nuestras campiñas, mira si es bien que los parches, las habebas, los claranes, los pífanos, los metales, tocando a guerra la acuerden con acentos vigilantes. Y como sucede a un tiempo descubrir sus celestiales rayos el mayor Planata, cuando las nubes se parten, y se rasgan las entranan para granizar cristales; Así Hector, la tormenta de esta guerra, en las paces mezclada está de mis bodas, pues aunque el Griego arrogante esta a la vista de Troya, porque primero descansen sus ejércitos, no enviste; y así en alborotos tales gusto, y pena estén unidos, porque animen, y desmayen los Tróvanos corazones guerra, y paz en un instante. Hoy llega a Troya el armada. Hoy llega el Orbe a tavidiarme. Ya Grecia amenaza a Troya. Ya gozo el laurel de amante. Por eso las roncas cajas. Por eso cantos suaves. En belicosos acentos. En acentos agradables. Están repitiendo guerra. Están suavizando el aire. , , y Hector. . Gran señor. Hermano. . Reina ilustre. Que llegases con tanto silencio a Troya! Tuve ocasiones bastantes. Cómo vienes? . Vencedor. Llegue a Persia lnexpugnable; y tu valor, de sus muros rompie las dificultades. Ya el Persa te ofrece feudo, ya te rinde vasallaje de los tesoros que abortan las venas del Indio Ganjes. Dame mil veces los brazos. Balo tus plantas Reales. Has sabido que los Griegos; Ya de Policena, y Paris lo sé, y con razón, señor, vienen de Grecia a vengarse, pues faltándoles Elena, qué gloria puede quedarles? El favor estimo. . Soy vuestro Esclavo. Qué afable! por ser vuestra prisionera honores gozo más grandes, que en Grecia adquirí, pues vengo a ser esposa de Paris. No es prisionera quien prende con su beldad libertades. Poco debe a su atención quien en dicha semejante de Paris no está invidioso. El Cielo, Príncipe, os guarde, Sea, señor, vuestra Alteza bien venido. Éneas, dadme los brazos, Tu hechura soy. Vamos, porque Hector descansa Con tu valor soberano, victoriosa Troya aguarde los ejércitos de Grecia. Entra en tu patria triunfante. Decid todos, que Hector viva. Diva Hector nuevo Marte. Oh, hermosísima Maula! Oh valiente Triquitraque. cómo te fue en Persía? . Bien, fui, vi, y vencí, que a faltarles a los Tróvanos mi espada, anduvieran muy cobardes. No preguntas de qué suerte en tu auscucia? . Tente, baste, que ya yo sé que en mi ausencia, Maula, no pudo faltarte la horma de un Zapatero, o el retazo de algún Sestre. Qué malicioso que vienes! pero dime qué me traes? Una aljaba, y treinta flechas. Que las entrañas te pasen, eres un menguado. Aguarda, no te ausentes, no me mates, que mientras que no te veo es imposible mirarte. Mal el furor, y cólera resisto, Capitanes valientes, cuando he visto en la tostada frente de este monte, piramide imnortal de este Horizonte, con intentos honrosos, si crueles, los dorados de Troya capiteles. Juno divina, Palas soberana, muera esta gente bárbara Troyana. Ágamenon valiente, Júpiter de laurel ciña tu frente, que con tal General la gente Grieg de Troya vencerá la ambición ciega Heroico Uliles, guardente los Cielos. Un volcán soy de celos. Menelao, de Elena la belleza es sola la ocasión de aquesta empresa sus luces cobrarás, pues los soldados Griegos con ensangrentados si los de los aceros de la muerte, es cada uno un rayo esado, y fuerte. un celoso león embrabecido, un toro cuando herido esgrime sangriento, y diligente la media Luna corba de la frente. Denme a Elena, a vive el Cielo que verán sus muros por el suelo. Que Paris vil la haya obligado a ser su esposa! . Aquíles disfrazado a ver en la Ciudad entré curioso las fiestas con que a Paris alevoso festeja Troya, esposo ya de Elena. Mi afrenta lucha con mi pena, Qué es aquesto? Que Áquiles ha llegado. Vamos a recibirla. Es exculado. Seas, ilustre Aquiles, bienvenido, Refiere lo que en Troya ha sucedido Es verdad, a mentira fabulosa, que mi esposa de Paris es esposa? El vulgo está muy festejoso, porque ha llagado Hector victorioso? Prestadme atención, y cuidado, contaré lo que en Troya me ha pasado. Bañose de arrebol el Occidente, túmulo siendo de quien cuna Oriente, y después que huyendo de la noche el rubio Febo en su dorado coche, despeña al mar su ardiente argenterín a y en el mar sus caballos a peafín tascan espuma cándida, y en luma, tanto con el mar mezclan su espuma, que se ignoró al mirarlos las del mar, o la de los caballos. La noche con el mar a lentos pasos, para luchar trabaron de los brazos, y tanto se estrecharon, y se unieron, que los dos uno solo parecieron, y el Orbe apenas distinguir sabia, si era de noche entonces, a de día. Vencié la noche, desplegó su velo, el rosicler se desmayó del Cielo, borro Flora matices a su alfombra, murió la luz, resucitó la sombra, encapótole el monte vistiose de silencio el Horizonte, salió buscando al Sol la noche bella; y sacó una linterna cada Estrella, argenta el Cielo globos surquesados, hajose lo lindo de los prados, embebieron las floras en sus mustios capullos sus colores, enmudecieron las canoras aves, cantaron las nocturnas no suaves, con acento confuse, que son las señas de que el Sol se puso; cuando en Troyano traje disfrazado en la Ciudad entré disimulado, De las fiestas, y músicas colijo su alegría, festijo, y regocijo, (o aunque por otra parte sus Soldados previene, hijos de Mar Entré en Palacio esta misma noche, que pudiera servirle al Sol de enche, hallo a Paris, y a Elena: qué trofeo! unidos con el lazo de himenco. Mil galanes, y damas le asistían, que estrellas de su esfera parecían, cantando dulces, y alternando grave sonoros mores, músicas suaves: mas entre todas sus deidades una rémera bella fue de mi fortuna, una Troyana hermosa, Ninfa de nieve, adoración de rosa, me ha muerto, mariposa de su fuego, fueron la vida, el alma, y el solciego, hermana de Hector, es Policena la ocasión de mi pena, cuya belleza es tanta, que de atenderla el Sol se espanta. Pasó la noche, y la siguiente Aurora de púrpura, y de nieve el Cielo dora de claridad el Orbe se entapiza, vencidas sombras pisa, en rojo árbel bañado madruga el verde prado, coronado de olores, no bien despierto gremio de las flores ya el Sol amaga rayos refulgentes, cantan las aves, riense las fuentes con cristalina, y líquida armonía, que son las señas de que nace el día, cuando en la plaza alegre dilatada, de innumerable gente rodnada, lidiaron Toros, Tigres, y Leones, y otros brutos de bárbaras Naciones. Quedo un Toro en la plaza solamente con dos rayos por armas en lafrente, e cuan do Autenor, y Encas o caballos, que Marte tuvo invidia de mirarlos, llegaron a la fiera, (rera, y aunque era el bruto pasmo en la car te, en el herir encanto. asombro en embestir y en todo tanto que era por lo brioso, y diligente, asombro, encanto, pasmo juntamente, Los dos, que los aceros esgrimieron, cuatro heridas le dieron, y aunque a cualquiera herida le era forzoso al bruto dar la vida, es fue el aguardar a tantas con aliento de las propias heridas cumplimiero, pues viendo cada una su victoria, por rendirle la gloria a la otra mano (qué cortés motivo!) unas por otras lo dejaron vivo, hasta que el Toro, cuya furia espanta, no pudiendo bastar a herida tanta, con angustia importuna, aunque pudo morir de cada una, dando a los dos lauro en estas bodas, por igualarlos se murió de todas. a Salió Paris en un castaño airoso, a, arrogante, y fogoso, los pies, y manos cuando hollaba, con galán demasía las doblaba. Fue de la plaza este bruto encanto, y en levantar los pies, y manos tanto, que al pisar con arrogante estruendo se centellas en las guijas encendiendo, levantaba las manos a porfía, como huyendo del fuego que encendia, Después huyendo, sin que se resista, entre las nubes se perdid de vista, y al bajar el que fue rayo de pluma, nieve bajó en la boca como espuma, y esto fue porque el vulgo no creía, que a las nubes llega cuando corría, y él con aquella que desciende nieve, a decirles se atreves Si dudei. que mi aliento al Cielo sube, veis aquí os traigo señas de una nube. Llego Parir a un Toro diligente, y el Toro velozmente, todo espumas, y fuego, cerró los ojos, y embistiole luego, y fue que en profecia su muerte conocía, y así quiso apagarlos, que si en muriendo había de cerrarlos quiso cerrarlos antes con acierto, por no tener que hacer después de muer Cesaron el festejo, y alegría, (to. porque Hector entró aquel día de los Persas triunfando, su valor los Tróyanos aclamando: qué aguardáis? embistamos a los muros, que yacen mal de mi furor seguros; dese principio a la sangrienta guerra, al arma, Grecia viva, cierra, cierra: ochocientos mil hobres gobernamos, no a lances de honor remisos vamos. Ea, Griegos valientes, brillen al Sol las armas refulgentes, al arma. . Detente, espera, aguarda, Aquiles famoso, que primero que las armas dore el resplandor de Apolo, a Troya a pedir a Elena el uno ha de ir de vosotros, pues sin avisar, la guerra, que es injusta sabéis todos, y no es razón que atropella de la malicia el decoro, el furor de la venganza, o la pasión del enojo. Bien dices veyan primero, requieran al Rey, y a todos, que los preceptos de Marte no ha de romperlos el odio. Yo soy de ese parecer Pues yo con él me confrmo. Quién ha de ir a Trova? . Yo. Vaya Aquiles. . Porque adoro a Policena, y an Troya podré mirando su rostro poner límite a mis ansias. Ve, y dile al Rey nuestro enojo, y que si de bien a bien nos vuelve a Elena, gozosos daremos la vuelta a Grecia; mas si intenta en nuestro oprobio sustentar su tiranía. verá estremecer los Polos. q. Yo me parto. . Adiós, Aquiles Adiós Griegos valerosos, Aguarda, adorada Jtanta, en cuyos divinos ojos vínculó el Cielo fulgores, para ser del orbe asombro: que aunque hermana de mi opuesto eres, no es, señara, impropio, que lo que es en tu hermosura voluntad, sea en Hector odio, ni que yo aborrozca, y ame dos hermanos de este modo, pues quiero matar al uno, porque a mí me ha muerto el otro. Viote mi padre? . No sé. Pues si agradarme deseas, guarda con recato, Entas, el alma que te entregué, que la firmeza, y la fe de mi voluntad y amor, podrá perder su valor, si atropellas mi decoro, pues aunque mi amor adoro, adoro más a mi honor. Siempre al esplendor atento de tu deidad, dueño mío, ni aún del pensamiento fío misterios del pensamiento. Manifestar nuestro intento fuera ofender tu epinión, que si la reputación de divina has de lograr, podrá el amor eclipsar la luz de tu estimación. El retrato que pediste vesle aquí. . Amante atrevido. toda el alma te he rendido, vivo alegre, y vivo triste, alegre, porque quisiste dar aliento a mi esperanza; triste, por el bien que alcanza; porque llegando a gozar el más supremo lugar, quien no teme la mudanza? Mas este retrato ahora, bello idolatrado dueño, prenda será del empeño en que me quedas deudora: el corazón se atesora con amoroso recato, pues es bien que en dulce trato, y en correspondencia igual, donde está el original, esté también el retrato. Cuando salga a pelear, si me das licencia ahora, en el escudo, señora, el retrato he de fijar: porque al llegarte a mirar alcances Griegas despojos, vencerán nuestros enojos al enemigo tirano, yo con la lanza en la mano, tú con la luz de tus ojos. Aunque tu ilustre valor vencimientos asegura, de mi pequeña ventura tengo recelo, y temor: mas, siempre te haré un favor, que al campo salgas armado. Y es? Desde el muro encumbrado verte. . Mi dicha aseguro, porque estando tú en el muro, no habrá seguro soldado. Adiós, que mi padre viene. Guárdete el Cielo, mi bien. A verme esta noche ven. e Tróyanos, esto conviene, a Hector por General obedeced, que a su aliento, a su brío, a su ardimiento será su experiencia igual, A los Persas sujetó, ganoles mil estandartes, arruiné sus valvartes, su preunción abatié, de donde infiero, y arguyo, que quien sin traición, ni engaño vencer sabe un Reino extraño, sabrá defender el suyo. Ha sido justa elección. Gran señor, tus plantas beso; y obedecerte confieso, que es precisa obligación. El bastón de General goces un siglo, y en vano contra su valor ufano Grecia aspire desleal. Su gente tu nombre asombre, tema, Hector, tu poder, que basta para vencer solo repetir tu nombre. Aquiles, Embajador de los Griegos, quiere hablarte. Pues solo quiero dejarte; respóndale tu valor: ostenta, Príncipe, el brío, descubre la majestad, y con la severidad castiga su desvarío. Soy tu hechura; Paris, Conde, los dos os quedad aquí, que si Áquiles contra mí soberbio, y vano responde, quien temple habré menester mi furiosa condición, para que de algún balcón le erroje. . He de responder? Di, que entre: harele un desdén, que los que nombre tenemos de bravos, cuando nos vemos, nunca nos llevamos bien. Quién es aquí el Rey? Yo soy. Pues tan mozo es el Rey? . Sí. Dónde está el Rey? . En mí. Llamad al Rey. . Aquí estoy. Yo a buscar solo he venido a Priamo. . Qué queréis? Que al Rey Priamo llaméis. Que yo soy no he respondido? en los vasallos de ley su Rey por alma asistió, y así está el Rey donde yo, pues hoy en mí vive el Rey: que habláis con el Rey os digo, decid lo que pretendéis, que con el Rey hablaréis, cuando hablaréis conmigo, Arrogante, y descortés entró Aquiles. Vive el Cielo, que del Príncipe recelo castigos de su altivez. Daros quiero mi embajada, ya que a Palacio he llegado de Agamenón enviado, como a Rey, a como a nada. Dice al fin mi General, que le entreguéis luego a Elena, motivo de nuestra pena, porque ha de estaros muy mal si atrevido la negáis, pues armado de poder solo viene a Troia a hacer que el robo restituyáis. Pues si Ansiona oprimida, y presa en Grecia se ve, no ignora nadie que fue en justa guerra adquirida. Mas Paris villanamente fue solo a Grecia a vencer, y robar una mujer. Por Júpiter. Calla, tente, decid. Fueron procederes viles, aunque de esto entiendo, que a los hombres no pudiendo, venció; y robó les mujeres. A Elena habéis de entregar, si de bien a bien queréis, la batallu excusaréis, si no, volvad a mirar al resplaudor de los fuegos nuestro ejército Greciano, que para cada Taoyano hay más de cincuenta Griegos. Entonces puesto el arnes, y con la lauza en la mano, siendo cathedra ese llano, os enseñaré a cortés. Vuestro estilo me ofendió; pero yo os haré advertir como habéis de recibir a los hombres como yo. Pues cuando no por mi aliento, por mi nobleza, y valor, por ser hoy Embajador, me debéis silla, y asiento. Habéis acabado? . Sí. Tenéis más que decir? . No, Pues os he atendido yo, escuchadme vos a mí. Con cautela, y con traición los Griegos a esta Corona le robasteis a Ansiona, y vive en Grecia en prisión. Paris, a quien vos culpasteis, robó a Elena, ya se ve, y si acción justa no fue, vosotros nos la enseñasteis, Y así de este robo infiero, que si en él os ofendimos, de vosotros lo aprendimos, pues empezasteis primero En cuanto a lo que decís, que a las mujeres venció Paris, y a los hombres no, si algo atento discurrís, me vendréis a confesar; que fue ocasión nada necia, el no haber hallado en Grecia hombres con quien pelear. Decisme, que os vuelva a Elena, que solo a Troya venisteis a cobraría, mal pedisteis, vuestra demanda os condena. Pues si intentáis donde estamos cobrarla a nuestro pesar, poco tendréis que cobrar, si nosotros os la damos, Que para cada cincuenta Griegos vengáis, es acción con que ilustral nuestro valor soberano. Pues ni valientes, ni diestros nos dais a entender vosotros, que cualquiera de nosotros vale por cincuenta vuestros. Y aún con tal número es llano, que volveréis con afrenta, porque son pocos cincuenta para vencer un Troyano. De descortes me imputáis, porque no os di silla aquí, fuera igualaros a mí; pero porque no volváis tan mal despachado en todo, y no me podáis culpar, mi silla os tengo de dar, mas ha de ser de este modo. Tente, Hector. Qué furor! Estoy de cólera ciego. Repara. . Gobarde Griego, vete, y si no, mi rigor, a quien de tu injuria apelo, más piezas te ha de formar, que tiene peces el mar, y tiene Estrellas el Cielo. Mil vidas te he de quitar si entre mis braces te cojo. Reventando estoy de enojo, y quisiera suspirar por desahogarme, y retiro la pena, que en tal extremo no suspire, porque temo matarte con el suspiro; si yo en mis brazos te viera. Si yo en los míos te hallara, Tal golpe contigo diera. Con tal fuerza te tirara el Cielo, que conducido janto a las mismas Estrellas, y de las nubes, a de ellas pudieras quedarte asido. Pues yo en la sangrienta guerra tan recio te he de tirar al suelo, que has de bajar mas de una legua de tierra. Qué respuesta he de llevar? La diche. . Pues aperciba armas Troya, Grecia viva. Viva Troya, a tu pesar.
JORNADA SEGUNDA
JORNada segunda ráne ̱eA. Capitán vencido, aguarda, detente, cobarde Eneas, no huyas cuando te sigo, mira que a tu patria afrentas, por qué las espaldas vuelves? porque batiendo la espuela los hijares de aquel bruto, con líquida grana riegas? poco tu opinión te debe, poco tu fama te cuesta, pues cuando a voces te incito, niegas el rostro a la guerra. Qué quieres. Griego arrogante? dichoso Aquiles, qué intentas? no basta herir con la espada, sino agraviar con la lengua? no te bastan los aplausos de ver desde la palestra volverte herido la espalda, cuando victorioso quedas? No huyo, que solo intento, retirado en esas breñas reducir aquesta sangre a la prisión de una venda. Que como el bruto furioso? a quien en el coso encierran, colérico, y vengativo, ya con escárbar la tierra previene las sepulturas de los que matar intenta, ya escupe espumas, y sangre, y de la furiosa testa con los montantes enlaya los golpes, que dar espera, y ofendido de los silbos, sale rompiendo las puertas, porque oprimido del coso no puede vengar su ofensa. Así esta sangre agraviada, Aquiles, de tu soberbia, por vengarse como el toro, sale rompiendo las venas, que no son heridas tuyas las que tengo, si no puertes, que ha hecho mi sangre misma para salir acá fuera. Pues blasonando arrogancias de valeroso te precias, a mis palabras de acero dales de acero respuesta. Válgame el Cielo! Qué miro? qué peregrina belleza! un retrato de mi dueño es, si, que nadie pudiera, sino es la Infunta, estorbas de mi rigor la violencia. Qué bien imitados ojos! que bien copiada belleza! hasta el alma trasladaron los pinceles. . A qué esp ras? A que hable ese retrato, aunque si le considera con retórico silencio, que te perdone me ruega. Levanta Éneas, levanta; porque la vida agradezcas a la imagan de tu escudo, que a su dueño adora atenta el alma, y quiero que ahora esta lisonja me deba. No pienses porque piadoso a los rigores te niegas, que me has obligado, Aquiles, pues antes más me atormentas. Primero al sangriento filo de tu ardiente acero muera, que me acabe de los celos el dolor, y la violencia. Ya, Aquiles, me has dado muerte, no hay nada que te agradezca, pues si los celos al alma matan, qué importa en la empresa que vivo el cuerpo me dejes, si muerta el alma me dejas? Según eso al dueño adoras que adoro. . Con tal firmeza, que dentro del alma mía el alma su ya se alberga. Dos almas tengo en el pecho, dos vidas juntas me alientan, dos sujetos hay en mí, con dos personas peleas. Por eso te advierto, Aquiles, que en esta celosa guerra, si dos veces no me matas, as imposible que venzas. Muerte me dan tus palabras, volcanes son, y son etnas, que me abrasan. . Tanto adoras a la Infante? . No sintiera, a no amaria, los incendios de celos, que me atormentan: dame el retrato, o la vida. Si haré, como tú me venzas. Qué aguardo que no te mato? No podrás, aunque lo intentas, Áquiles, que es muy valiente el que con celos pelea. Balvamos a la batalla. Volvamos. Por no ofenderla, por no herir los matices a quien el pecho respeta, y a quien adólatra el alma. No puedo matarte, Éneas, Policena te defiende, vive Dios que a no tenerla en el escudo fijada, a no ser ella defensa de tu pecho, que mil muertes mis locos celos te dieran. Qué importara que el escudo humilde esfera no sea de la Infanta, si en mi pecho vive su hermosura misma, y has de herir a la Infanta cuando a mí el pecho me hieras? Sacarétela del alma. Alguna deidad te alienta. Yal te he ganado el escudo; aguarda, detente, espera, si contigo van mis celos, para que el amor me dejas? Por donde podré escaparme, cuando sobre aquesta selva llueven Griegos como chinches, que Griegamente pelean? Los Troyanos van vencidos, dando a la Ciudad la vuelta, a nunca a probar las armas ez a la campaña salieran, No ha de poderme escapar sin que los Griegos me vean, quien descubriera en el campo siquiera una madriguara, para que a fuer de gazapo yo me agazapara en ella. Victoria por Grecia. . Malo, la victoria dan a Grecia. Ay, ay, que me mata, aguarde, Muera Troya. Troya muera, que es una grande bellaca; hay que me horada: tenga. Muera Paris. Muera Paris: sin usar de una cautela no es posible que me libre, que es el mudar de librea; el vestido de aquel Griego, que yace muerto en la hierba me he de poner, y cubrir el rostro, porque no puedan verme; que todos los Griegos, cuantos por aquí atraviesan tiran a mojar la olla en mis tripas sin clemencia. s Esperad, viles Troyanos, porqué cobardes huis? porqué osados no esgrimis los aceros en las manos? No deis a Grecia la gloria, volved con furia, y enojo, no temáis el ser despojo del triunfo de la victoria? No advertís, no reparáis, que con este vil temor deslucís vuestro valor, y a nuestra patria afrentáis? No temáis a sus alardes, que son siempre diferentes muchos los poco valientes, pocos los mucho cobardes. Ya los Griegos perseguidos huyen del campo, y si antes blasonaban aarogantes, ya se retiran vencidos. Ya con victoriosos bríos restaurado el campo está, Hector con vosotros va, ánimo, Troyanos míos. Del primer Griego que vi de aquellos que yacen juntos en la campaña difuntos, estas armas me vestra Ha sido traza advertida, y sin desdoro, ni ultraje, pues con renegar del traje, vengo a escapar con la vida. Famosísarma tramoya, todos los Griegos que vienen por uno de ellos me tienen, y yo. Victoria por Trois. Malo, y bueno, bien, y mal, los Tróyanos se han rehecho, y su agravio satisfecho, y viéndome en traje tal me juzgan por Griego aquí, y me matan, y avergüenzan, y aunque deseo que venzan, temo que venzan por mí. Pues digan que me podré desnudar muy fácilmente; mas aquí he sentido gente. e es Griego. . No me T Muere, traidor. Tenga, aguarde, que soy Troyano le advierto. Mientes. Pues doyme por muerto; señores, yo estoy cobarde, congojado, y afligido, que aunque no me die estocada, siento la ropa mojada, y pienso que me ha herido, Muera este Griego. Mentís, raidor, que soy Troyano. o hoy veréis de mi valor el brío si os resistis! Ay, a huir me apercibo, ay, que matándome estáa, de mala gana me dan, pues todos me dejan vivo? muerto me finjo Troyano, ten el brazo. Di quién eres. Pues en valor me prefieres, será negártelo en vano: Menelao soy. . Oh Cielos? que Paris te mata advierte. Si eres Paris, ya la muerte me has dado con darme celos, Robaste a Elena mi esposa, de aquesta guerra ocasión, y has rompido mi escuadrón con tu espada poderosa. Pues mi gente va vencida, y me usurpas mi mujer, conténtate con vencer, y perdóname la vida. Darte la vida es error; que ciego no has reparado, que es mejor morir honrado, que vivir con deshonor. Es él tuyo sin segundo, y así a matarte me incito, que con darte muerte, quito una deshonra del mundo. Tente, no le has de matar, ni mi piedad lo consiente, no sabas que no es valiente quién no sabe perdonar? En dar vida te das gloria, y das a tu patria aumento, que del mayor vencimiento será mayor la victoria. Y aunque se llegan a ver los campos de Griegos llenos, mientras mataremos menos, tendremos más que vencer. Vete. Tu valor alabo. Hector, por ti le perdono. Y yo tu obediencia abono. En mi tendréis un esclavo. . Toquen luego a recoger, que ya del Cielo el faval, en túmulos de cristal sepulta su roficler. Ven a recoger conmigo nuestro campo vencedor, cuyo invencible valor no tiene igual. Ya te sigo. Siendo de un muerto tra sunto con vida, y libre me quedo, aunque me muero de miedo de haberme hecho difunto, Miedo mío vengo a ser, pero gente viene aquí, quien tiene miedo de sí, de quién no le ha de tener? Busead el cuerpo invencible del Capitán más valiente, a quien la infelice frente huella la parca terrible. Buscad mi mayor amigo, ved a Patóclo famoso, cuyo cadáver penoso en golfos de sangre sigo. Ya en la Ciudad los Troyanos se han entrado como veis, seguramente podéis descubrirle entre esos llanos. Por las armas, y el escudo es este. Este es, ay de mí! muero de mirarle así, porque la muerte no pudo borrar de nuestra amistad los antiguos esplendores, hijos son estos rigores de alguna airada deidad. Quién, Patoclo valeroso, te dio inhumano la muerte? quién eclipsé de esta suerte tu resplandor luminoso? por qué homicida tirano lastimosamente mueres? pero qué es esto? quién eres? Griego, afortado en Troyano. Si es ilusión la que encuentro, di quién eres, qué te altera? Soy un Griego por de fuera, y un Troyano por de dentro. Sin duda que eres espía, y pretendes disfrazado vendernos. . Haste engañado? con el temor que tenía, de un Griego el traje vestí, y difunto me he fingido. A quién sirves? . He servido a la Jufanta hasta aquí en Palacio. . A Policens? a la Jafanta? . Sí señor. Pues deja, amigo, el temor, no tengas ninguna pena, que yo a tu señora adoro, libre por ella te ves. Beso, gran señor, tus pies Merécelo su decoro: conoces este retrato? Ese es de la Infanta. . Amigo, si con la vida te obligo, si no te precias de ingrato, llévame a Troya encubierto, que quiero esta noche ver esta divina mujer, que idolatro de amor muerto, Palabra te doy, señor, de llevarte donde veas la belleza que deseas. Dichoso mil veces soy. Haz de tu valor alarde, Aquiles, vente tras mí. Fiarme quiero de ti, aunque te juzgo cobarde. Por qué? . Por qué con temor muerto te estabas fingiendo. Con esas sombras pretendo disimular mi valor, pues soy tan valiente, altivo, tan bravo, tan alentado, tan jarifo, tan osado, que un hombre me como vivo. Y en la más sangrienta lucha, más bravo, y más fuerte estois quieres saber lo que hoy he hecho? . Sí. . Escucha, Con un Griego peleé, y huyome al embestir, mas yo viéndole huir, él estoque le tiré. Tan derecho con presteza por las espaldas entró, que todo al pecho faltó, y como con tanta priesa de pasos precipitados corría, en el primer toque en sartó él en mí estoque algunos siete soldados. Aquíles. . Agamenon. Treguas a Troya pedí. Y halas concedido? . Sí. Ah sido justa elección. Por un más paces tenemos. Fue la ocasión advertida, porque a los cuerpos sin vida noble sepultura demos. Y prevengamos más gente, que hoy solo Hector osado a mil Griegos muerte ha dado. Es el Príncipe valiente. Es Hector segundo Marte, Mis armas le han de matar. Vámonos a desarmar. Escúchame, amigo, a parte, De ti me fío, Troyano, vamos luego a la Ciudad, perdone nuestra amistad, Patoclo, que por mi mano te buscaré: a Dios, amigos. Cautela la guerra encierra, no hay traición adonde hay guerra los Treyanos enemigos, con las treguas descuidados, esta noche han de dormir, vamos luego a prevenir con secreto los soldados. Su muerte sabré vengar, Tente, repórtate, esper Suelta, Elena. . Considera, Válgame Dios qué pesar! Qué tienes? qué ha sucedido? Un sueño, divina Elena, siendo ocasión de esta pena, tormento del alma ha sido. Belleza al enojo das, mas pues ya te reportaste, cuéntame lo que soñaste. Escúchame, y lo sabrás. Cuandó en el Ocridente arrugaba su luz Febo luciente, escondiendo, bañado en escarlata, bosques de oro en piélagos de plata, cansada de escuchar cantos suaves de lisonjeras aves, de atender enfadada a las corrien- tes de las murmúreas fuentes, melancólica al fin, penoso el pecho, me trasladé desde el jardín al lecho, y en él toda afligida dormida me quedé medio vestida, cuando sueño, que susto, que des velo! oye lo que soñé: válgame el Cielo! Sueño que Hector mi hermano, ese rayo viviente, ese Troyano, el que alentado, heroico, y peregrino es del valor epilogo divino, sale a la guerra en un castaño bruto, blancos los pies, y manos, porque astuto en la veloz carrera se levanta del suelo, de manera, que pisa nubes en los vientos vanos, y el color blanco de los pies, y manos es de cuando corriendo al Cielo sube, y le pega su nieve alguna nube. Era proporcionado, ancho de ancas de tercio relevado, abierto de nariz, corto de cuello, deella cola, y la clín crespo el cabello: los ojos, el que al verlos se repara, juzga que se le saltan de la cara, los pies estrechos, todo al sin airoso, siendo la boca un piélago espumoso, y la lengua bajel que la rompía, de quien ancora el freno parecía. Hector en él galante, vestido de las armas de diamante, y en su escudo dorados tres sangrientos leones estampados, derecho el cuerpo, firme la cabeza, el rostro igual, los ojos con viveza, los muslos ajustados, los pies batiendo el hacícate armados, el diestro brazo con la lanza fuerte, y el sinestro, que embraza de esta suerte el escudo que dije, la rienda biora con que al bruto rige. Sonó el clarma penas, ecos formando en grutas, y almenas cuando salió Griegos matando, escuadras con la lanza atropellando exárcitos rompiendo, allí hiriendo va, y allí venciendo, tomba arueles, y espadas, granizando mortales cuchilladas, y con marcial porfía, nube lloviendo aceros parecía, tal, que a muchos soldados considero que los mato su miedo, y no su acero Soñé luego, que Aquiles diligente, el Griego más osado, más valiente, en un gallardo overo, digno de tan lucido Caballero, que cuando corre, tan ligero sube que en otra esfera se introduce nube y trayendo bordado un juez de oro, y perlas recamado, del Gaujes, y del Sur bello tributo al ir corriendo el bruto, como del viento tan galán pendía, arracada del aire parecía. Entró rompiendo los Troyanos Áquiles con impulsos soberanos, y los muertos que arroja sobre el prado con la sangre le tienen anegado, y por entre la sangre, y los arneses, sale ha nado el caballo muchas veces. Ya la enristrada lanza, ya la espada, con destreza, y valor enarbolada, una fue confusión otra fue rayo y de verle, con ansia, con desmayo, con invidia, con pena, la muerte se muriá sobre la arena, y al morir dijo a todos de esta suerte: Dónde está Aquiles, para qué es la muerte? Con furiosas venganzas se encontraron los dos, rompen las lanzas o en el golpe violento, sembrando las astillas por el viento; coléricos desnudan las espadas, de valor, y destreza gobernadas. atravesose en medio otro enemigo, Hector al fin, con qué dolor lo digo! revolvió con presteza, y mientras en cortarle la cabeza se detuvo qué bárbaras, qué viles hazañas! por la espalda le dia Áqui- les. Mató a Hector, y Hector revolcado en su sangre, y del bruto atropellado, la fuerza ya perdida, el alma de los miembros desunida, divorciado el aliento, todo (ay de mí!) mortal todo san- griento, e agonizando en lastimosas quejas, las acciones perplajas, ,sin almas los enojos, desbaratado el brío de los ojos, sin color el semblante, lo jarifo, abatido, y lo galante estaba, cuando ya con ansia fiera a Aquiles injurié de esta manera: Capitán rigoroso, Aquiles arevoso, Aquiles. Infanta hermosa. Es ilusión del sentido? Enamorado, y rendido de tu beldad milagrosa viene a servirte dichois en una vida una fe. Cómo, si yo te llamé refiriendo un sueño triste, tan presto, Aquiles, veniste? Eso yo te lo diré, porque el alma me ha traído. Fuera de que el Dios mayor, que es amor, pues rinde al Cielo, alas tiene y yo de un vuelo vengo en las alas de amor; si merece algún favor este osado atrevimiento, borra de mi pensamiento dudas de desconfianza, porque aspire la esperanza a tanto merecimiento. Peleando, este retrato quité a Éneas del escudo, hablele, y él aunque mudo no ha correspondido ingratos vengo a que con dulce trato me correspondas igual, pues será agravio mortal, y ofensa desconocida, que a quien da el retrato vida, dé muerte el original, Confusa estoy. Yo turbada. Que mi retrató perdió, y vivo Éneas quedé, con causa estare agraviada. Qué respondes? . Injuriada me ha dejado tu osadía. No ha sido injuria la mía. Para ofenderme bastante. Yo te he de adorar constante, Será vana tu porfía. Mira que tu padre viene, y es el peligro notorio, ascóndele en ese cuarto, Ya que temerario, y loco, profanando mi pureza, y ultrajando mi decoro, te has entrado donde estoy, porque no presuman todos los que te vieren, que he sido la causa de mis oprobios, escóndete en ese cuarto. Por darte gusto me escondo, y no por temor de nadie, que en cuanto ilúmina Apolo por bóvedas de zasir, y por páralelos de oro, el alma que te he rendido, no teme, sino a tus ojos. Elenas Infanta querida, Padre. Monarca piadoso. El dilataros las nuevas de los blasones que toco en la batalla de hoy, fuera a mi voluntad impropio. Hoy nuestro campo Troyano, que Hector rije dichoso, hizo retirar los Griegos. De su ardimiento supongo mayores triunfos. Mi hermano es del enemigo asombro. Si escucho tales lisonjas, y tales favores oigo, no aguardo premio mayor. Refiere, Hector, el modo con que fuiste en la batalla de los contrarios destrozo. N. Obedecerte pretendo, escuchadme atentos todos. Para ayudarte en la guerra; con que ilustre, y poderoso de las Griegas amenazas defiendes tu Reino heroico, Oh del furor convocados, a avisados del enojo, o de la piedad movidos, o prevenidos del odio. Aplaudiendo la defensa, y apadrinando el socorro, vinieron a nuestro Imperio de los Reinos más remotos veinte y seis Reyes insignes, hijos de la guerra propios, a cuya sombra militan cien mil soldados famosos, que juntos con los Troyanos, serán por número todos trecientos y ochenta mil, más valientes, aunque pocos, Los penachos de colores, las plumas, galas, y adorno de los morriones fuertes, en número tan copioso son, que al retozar en ellas no puede el jéfiro solo averiguarse con tantas, y de un escuadrón en otro las va tremolando a tiempos por contentarlos a todos. Salimos esta mañana, cuando la Aurora en su trono los rosicleres de Babo pronuncia con labios rojos! Cuando en rubios esperezos el Oriente luminoso la púrpura mal despierta madruga en arrullos de oro, el ejército dispuse, fiando el gobierno en todo de la marcial experiencia, marchamos por los contornos. Paris luego en un melado, que ostentaba belicoso martillos en vez de manos, y dos hogueras por ojos, soltando la elín rizada con remozones al Noto, volaba sobre Amalten, hollaba sobre Fabonio. Llega Paris a Diomedes denodado, y animoso, y con una fuerte lanza, de cuyo hierro lustroso pendía un tafetan blanco por banderola, y adorno, le pasó el pecho, y la espalda tanto, que el taferan todo, que entré por el pecho blanco, saliá por la espalda rejo. Pero qué cajas son estas? Quién causa aqueste alboroto? Los Griegos, Priamo noble, traidores, y cautelosos nos han rompido las treguas, y con el silencio sordo de la noche, solicitan una traición. . Oh alevosos? Acudamos al remedio, Amigos, seguidme todos. Adiós, Policena. Aguarda. Tú me detienes? Yo te estorbo. Cuando ves que tanto importa el acudir al socorro. Pues qué falta hará en la guerra un Capitán afrentolo, que el retrato de su dama mirando en poder de otro, que se lo quité a estocadas, se atreve a mirar su ojos? Eres un cobarde. Eneas, eres de Troya del loro. Vete, y por el Sol divino, que si se atreven tus ojos si se mueve tu osadía a solo mirarme el rostro; que es mirar? ni imaginar de mi luz un rasgo solo, que he de quitarte la vida, que quien con viles oprobios mi recrato ha despreciado, a mí me desprecia, y todo. Señora. . Vete, villano. Oye, escucha. . Nada oigo. Por darte gusto me voy: Amor mitigue tu enojo. Ni Amor, ni el tiempo podrán. Bella Infanta, a quien adoro, si a tus luces no me niego, nuestro peligro es notorio: los Griegos han asaltado la Ciudad, los parches roncos en sus repetidos golpes lo publican con asombro. Y porque aquesta fineza, fuera de las que supongo, debas a mi amor, prometo sosegar el campo todo, y alzar el cerco de Troya, consulta el pecho piadoso, que si me estimas, verás. como mis promesas logro. Y cuando el cerco no alcen, rebeldes los Griegos todos, yo con mi gente te juro, que de aquellos promontorios, eo la parda retirado, no haré a tu ejárcito rostro. Si amante, Aquiles, lo cumples, tú serás mi dueño solo. Baso tus pies soberanos, cuya beldad me postro. Aquíles, al arma tocan. Adiós, celestiales ojos: no me das algún favor, para que vuelva gozoso? Qué más favor que la vida? Me das la vida? . Es notorio, pues si supiera mi padre, que yo en Palacio te escondo, matarme mandara; y cuando tus soldados alavosos nos han rompido las treguas, las de tu vida no rompo. Dices bien. . Adiós, Aquiles? Qué me aparto de tu rostro? Ya me pesa que te ausentes. a, Ya el dejarte amante lloro.
JORNADA TERCERA
jornada tercera No adviertes que es deshonor de nuestra Nación valiente, insigne Aquiles? detente, adónde está tu valor? Mi valor asiste en mí, y yo sus impulsos sigo, alzar el cerco que digo, no es por temor, que si aquí vivieran de Troya fuerte más soldados sin recelo, que antorchas enciende el Cielo, yo solo les diera muerte. Y si de cada difunto volvieran a nacer dos, sa arruinara, vive Dios, todo el ejército junto. En sola razón de estado se ha fundado mi opinión, pues cuando nuestra Nación ayamos ya convocado para dar justo castigo a Troya, basta llegar, y sus muros asaltar, siando horror del enemigo. Si intentamos por traición ser de Troya vencedores, no se pierde en ser traidores más fama, y repuración? Luego es a Gretia insufrible nuestra ciega rabedía, cuando sin alevosín es el vencer imposibles quedaremos más lucidos, alzando el cerco piadosos, puesto que el ser alevosos es peor que el ser vencidos. Pues dieramos a entender al mundo de esa manera, que si con traición no fuera, no pudieramos vencer. Diferente esunto sigo. otra opinión es la mía, que alzar el cerco sería dar la gloria al enemigo. El cerco no se ha de alzar Troya ha de quedar vencida, Grecia constante, y lucida, la victoria ha de gozar. Yo sigo mi parecer. Y yo al mío me acomodo. A General sigo en todo; Pues solos podréis vencar con brío constante, y firme, que yo no he de pelear, y voy a juntar al mar mis naves para partirme. A guarda, espera, detente, qué recela tu valor? No hay recelo, ni temor en un corazón vanente, y si excusa el pelear: mas qué rumor es aquel? Algún Troyano cruel será, que nos quiere hablar. A vosotros los de Grecia Capítenes, que al confuso tropel de parches, y trompas, de la fama sois asuntos. A vosotros, Caballeros, que por lo osado, y robusto aspiráis a una victoria, y solicitáis un triunfo. Escuchad cuando en campaña vuestro parecer consulto, que un Capitán soy que os llamo, un Troyano soy, que os busco. Seis años ha que de Crecia, desamparando los muros, incitados de un agravio, que lo habéis sentido mucho, en obeliscos de pino, rompisteis el mar profundo, a contemplación de un Astro, siguiendo diverses rumbos. De sembarcasteis en Troya con arrogantes impulsos de postrar sus valvartes, y desbaratar sus muros. Mas os habtís engañado, pues con ser nobles, y muchos, no habéis rompido en seis años una almena, ni un tabuco. Vrinte veces esa antorclía, esa lámpara del mundo, esa alcuade las esforas, aquese Planeta rubio, el Cielo e hoguera eno a sus Astros uno a uno nos ha visto pelear, tan turbado, y tan confuso, que desatinado a veces retrocedia su curso, V iba al Oriente a ponerse, dejando al Ocaso oscuro; hasta después, que por no dejar sin luz medio mundo, y el otro medio dos veces alumbrado, volvié mudo a que anegara sus rayos el marítimo sepulcro. Veinte campales batallas nuestra discordia dispuso, derramando a petición de los aceros desnudos, sobre un diluvio de flores, de humor rojo otro diluvio. Muchos Griegos han perdado la vida, y lo siento mucho, por no poder ya vencer a los que yacen difuntos, Ojala resucitaran, que al matar os aseguro, como solo cuando os venzo gozo los laures, y triunfos, que como os vais acabando, se me va acabando el gusto: y vive el Cielo, que siempre más cuidadoso pregunto por los muertos Griegos, que por los Troyanos difuntos, porque aquellos me hacen falta, y estos no, que aunque no muchos, mientras les viviere yo siempre vivirán seguros. Pero dejando esto a parte, aunque sin pasión lo juzgo, la consulta que pretendo, la nueva palma que busco, el lauro que solicito, y la racción, que procuro, es, que se concluyas el duelo solamente de uno a uno, Redúzgase a singular batella el honroso triunfo, que corone al más valiente, y celebre al más robusto, Ea, Príncipes de Grecia, prevenid en los futuros siglos honor a la fuma. siendo de su trompa asuntos, Esta es famosa ocasión, logre el esfuerzo, y orgullo sus amenazas, y amagos, no refresquéis los confusos arroyos de ardiente sangre, muera solamente uno, para que de aquesta suerte se evite el dolor de muchos, Y de no venir en esto, os llamo, reto, y pronuncio traidores, viles, cobardes, si entre tantos hay alguno, que la venganza pretendan del agravio que procuro, decid, que yo los aguardo uno a uno, o todos juntos, en aquel monte, que yace a las espaldas del muro. Notable resolución! Por arrogante es molesto. Si se ha de seguir en esto, como en todo, mi opinión, no es bien que en una persóna sola se cifre el vencer, poniendo a riesgo el perder, o granjear la Corona. Dices bien, y pues nos llama, su ejército atropellemos, porque peleando demos nueva materiaa Vamos pues Haen nuestro denuedo, y valor, juzgándose vencador. Toca al arma, al arma toca. Gran firmeza. Esto es amar, adoro a Aquiles el Griego más gallardo, y más galán, que conocen los Imperios, atenta a su bizarría, no vivo, si no le veo, y por restaurar la vida, que en su triste ausencia pierdo, disfrazada a lo Amazona, a mirarle al campo vengo. Si los Troyanos, señora, no nos conocen seremos dichosas. . Al sol de amor no noblan sombras de miedo; Infanta bella, que guarde felices siglos el Cielo, para ser deidad de Troya, y paral magen de Venus. Partime, como mandaste, por el Real de los Griegos, que ya al son de los tambores quieren embestir soberbios, buscando a Aquiles tu amante, y aunque le he buscado atento, no he podido descubrirle; pero ahora me dijeron, que con sus Meridiones, de aquel monte en el repecho, negándose a la batalla, yace a los Griegos opuesto. Si quieres verlo, a su tienda te sabré llevar rompiendo por bélicos escuadrones, pues tan de bravo me precio, que de solo oír las cajas estoy temblando de miedo. Si la fineza ignorando que dices, a verle vengo, con más causa le veré. Pues por este valle ameno me seguid. Júpiter logre mis amantes pensamientos. Ánimo, que cerca estamos: ves aquellos Caballeros, cuyas matizadas plumas las encrespa el blando viento, pues son sus Meridiones, que le dio Peles su suegro de Merida donde reina, y por la patria les dieron nombre de Meridiones, son Españoles soberbios, que el ser Españoles basta para sujetar mil Reinos. Aquella tienda que miras, en cuyos varios espejos brilla el Sol es de la Diosa Tetis, que la dio a tu dueño, y de sus encantos cuentan mil prodigiosos portentos: ya a la tienda hemos llegado. A la sombra de esos fresnos os retirad, porque yo el hablarle sola que sero. Aa de la tianda de Aquiles, el más valeroso Griego, que a Marte le ha dado invidia, si cabe invidia en el Cielo. Ah del pabellón lucido, piramide de reflejos, ha de ese escollo de seda; mas ay de mí, qué es aquesto? Vuestros honestos amores infelices han de ser, pues habéis de padecer de los hados los rigores. Turbada estoy, y confusa de mi loco atrevimiento: durmiendo está, y el amor es Argos de ojos despiertos, Si me quiere, como no le causa mi amor desvelos? Mas ay de mí! que el amor, apacible, dulce, y tierno; grillos me pone en las plantas; si no me amara, no es cierto que salieran la batalla? de aquesta suerte pretendo despertarle. Quién se atreve? mas ay de mí! qué es aquesto? Qué te suspendes, Aquiles? yo soy Policena. . Pienso que es fábrica de la idea, o ilusión del pensamiento; a qué vienes? . Solo a verte. Grande favor. . Digno prem de la afición que ponderás. Al abrigo de ese cerro, sobre alcarisas, que pinta el más galán de los tiempos, yacen mis Meridiones. que no pudiendo con ruegos, ni amenazas suspender de tus murallas el cerco, por obedecer al alma, y por cumplir con el duelo de amor, me negué a la guerra, Reconocida agradezco tu fineza. . Entra mi tiendas Que es lucida te prometo. Porque sepas que no es solo el exterior lucimiento, escucha, y sabrás, señora, sus más ocultos misterios. Este obelisco de rosada nieve, que a competirle Febo no se atreve, fábrica es de la Diosa Tetis, del globo azul Deidad hermo- que es mi madre divina, (sa cuya ciencia eternizan peregrina con aplausos sutiles, ya pinceles heroicos, ya buriles, Contra el fatal destino, los futuros sucesos me previno, y esa Águila dorada, del pabellón corona coronada, esa del viento coronada Reinas cuando las plumas peina en golfo de caracteres escrito, le bebe al Sol la luz de hito en hito, cuando al menor engaño busco en su simulacro desengaño, si mi vida amenazan alevosas traiciones que me trazan, al consultarla luego sale del corbo pico ardiente fuego; siendo al causar desmayos, o erna de llamas, y volcán de rayos; mas si en dichas mayores las que temi cautelas son favores, trueca los secos campos en vergeles, desperdiciando rosas, y claveles, que por el pico exhala, 2g con que a la Primavera iguala. Y porque en la experiencia libres conocimiento de su ciencia, oye, y verás ahora cómo consulto nuestro amor, señora? Ave Imperial, a cuyos bellos ojos, son los rayos del Sol tibios despojos, banderola de plumas, que al Cielo cortas de zafir espumas, cuando esgrimiendo el vuelo, cuentas los Astros láminas del Cielo, y en pacifica calma, o ya eres Nuncio del favor del alma, a triste varicinio de su pena, es constante el amor de Policena? dame respuesta, que saber espero si el amor de la Infanta es verdadero. Poco crédito te deben las finezas de mi amor, si tu agasajo, y favor por un agüero se mueven, No pudiendo penetrar el Águila el corazón, al descubrir la intención, muchas veces puede errar. Y si ella aquí fabulosa fuego, y no flores brotara, ya en tu estimación quedara mi voluntad sospechosa. Luego bien claro se ve, que no es tu amor verdadero, pues no dudas de un agüero, y pones duda en mi fe: qué es esto? . No te alborotes, que los golpes de las cajas, señales son de que Grecia mide con Troya las armas. Veinte veces nos temió peleando, la campaña, sin vencer Troya, ni Grecia, mas quiera el Cielo, que hoy salga victoriosas tus banderas, muera Grecia, pues me matas, aunque el honor me lo riña, pues no me lo riñe el alma. Valiente Aquíles, qué esperas? Griego invencible que aguardas? mira que huye vencida Grecia, ven a la batalla, vuelve por tu hohnra, Aquiles. Dices bien, toquen al arma, muera Troya, Grecia vivar dame el acero. . Oye. . Aparta. Mis ruegos no te enternecen? mis cariños no te ablandan? contra mí las armas tomas? así premias, así pagas mi amor? . Ay. Infanta hermosa! con tus lágrimas me encantas: venza Troya, a Grecia apague los volcanes que me abrasan, porque si el alma he rendido a tu beldad soberana, como, dulce prenda, como podré reñir contra el alma? Ya, Infanta, a tus ojos vuelvo, murmurémelo mi patria, pues dirá si en su defensa no esgrimo las fuertes armas, servía Aquiles a Grecia con veinte mil fuertes lanzas, y con el alma, y la vida a una gallarda Troyana: y el mismo amor de disculpa me sirve cuando no salga. pues es la Troyana a quien mi albedrío se consagra, tan noble como hermosa, tan amante como amada. Noble Áquiles, favorece a los Griegos, que desmayan, cuando vencedora Troya, victoria a voces aclama. apitanes, Ánima tus y lo perdido restaura, mira que te dan por culpa de no salir, esa dama, con quien estabas hablando, cuando tocaron al arma. Hector, y Paris nos siguen, de este vencimiento causa, que los rayos del Sol puros descubrieron las adargas, las adargas avisaron a las Griegar atalayas. Ya te aviso, sal Aquiles, de los brazos de tu dama, oye el militar estruendo de las trompetas, y cajas. Al arma, Españoles míos, toca al arma. . Pues ya faltas a la lealtad de tu amor? ya me dejas, y te apartas? aquella Águila agorera no te ha dicho en voces claras mi amor? Áquiles, esposo, dueño adorado del alma. Parece que a las Sirenas amitas cuando me llamas. Válgame Dios! qué he de hacer? aquí me llama la Infanta, allí me llama el honor, gusto hay aquí, y allá fama, espuelas de honor me pican, y freno de amor me para, no pelear es afrenta, despreciar la Infanta, infamia, no sant es cobardía, ingratitud es dejarla. Del cuello, Aquiles, pendiente, viéndote tomar la espada, con lágrimas, con sulpiros, que son del alma palabras, te digo, esposo, que al campo a darme la muerte salgas, ponte las armas y vete, que tu General te aguarda, y te hago yo mucha sobra cuando tú a él mucha falta. Bien puedes salir desnudo, pues mi llanto no te ablanda, pues mi dolor no te mueve, pues no amansan mis ansias, que tienes de acero el pecho, y no habrás menester armas. Aquiles herido vengo, como no esgrimes la espada en defensa de tu honor? vuelve. Aquiles, por tu patria, Aquíles Escucha a Hector, que afrentando con palabras tu valor, te llama a voces, diciendo, que a la batalla no sales por cobardía. Aquiles. Hector, aguarda. No en encantos mujeriles dejes hechizarte el alma, sígueme. Señora, adiós? Héctor tu hermano me llama, el no salir es afrenta, mas porque yo quede y vaya, a los Troyanos va el cuerpo, y contigo queda el alma. Detente, famoso Griego, amante cruel, aguarda: mas qué miro? sin poner el pie en el estrivo salta el caballo, que la priesa no en ceremonias repara. Si se ha de verificar el sueño, ay de mil turbada estoy: ya llama los suyos, ya le siguen por la falda del monte, ya llega a Hector; mas hay, traidor, por la espalda a Hlector acomerro derríbole, que desgracia. muerto está mi hermano, ay, triste venganza Cielos, venganza. . A traición villano Aquiles, me has muerto, las luces claras del Cielo testigos son de aquesta alevosa infamia Oh, traidor, vil Caballero! ya, ya la sangre me falta, ya ya faltando el vigor: Trovyanos, a la venganza de Hector vuestro General, animo, amigos, al arma. Hector, hermano señor, ya los sentidos me faltan, y de la eclipsada vista los dos luceros se apagan. Aa, ingrato, y cruel Aquiles, muerta me tienen mis ansias, la sangre, que al corazón se recoge me desmaya, y en debilitado aliento congojas previene al alma. Adónde estás, Policena? dónde estás, divina Infanta? mas aquí, de ver cadaver al que fue gloria Trovana, haciendo estrado de flores, yace muerta, o delmayada, vuelto en ceniza el jazmín, turbado la tez hermosa, toda marchita la rosa, todo cardeno el carmín, muerto el rosicler al fin, faligado el tornasel, desmiente el bello ar rebol, que fue tesoro del suelo, huertano quedara el Cielo, pues yaza muerte la Sol. Sin su color el semblante, a sin su furor los enojas, muerta la vida en los ojar, abatido lo galante: sin cólera lo arrogante, lastimado lo llora el Cielo, que lo miraba por celestial claraboya huersana quedara Troia, pues su Ganeral muria. Volviendo a cualquiera parte con cuidado superior aquí miro muerto a Amor, y aquí miro muerto a Marta: el corazón se reparte, que atendiéndolos está, en con siderar que ya son los dos que miro aquí, este, a quien la muerte di, y esta, quien muerte me da. Él es: muera, Troyanos, Aquiles traidor. Mentía, villanos, no con injurias vilas infamen mi valor, que soy Aquiles, con el acero os digo si maté por traición a mi enemigo, (mide; El ejército pide, que pues Hector difunto el campo que de despedarado, y a vista de los suyos arrastrado, (te; por vengar de esta suerte a tanta muerte su injuriosa muer- qué respondes? . Qué atallo a la cola podréis de ese caballo, y el ejército logre su deseo en el sangriento, y mísero trofeo. Sin duda la Infanta es esta. Como a Hector muerto vio, a su dolor se rindio. Algún desmayo molesta su corazón tierno nora: válgame el Cielo! . Ay de mí. Parece que vuelve en sí. Ah bella Infanta, a señora. Adónde Hector está? Ya le han llevado de aquí. Si es el que miro, ay de mí! que atado a la cola va de aquel caballo feroz? que rigor, que atrocidad, que venganza, que crueldad! Aquíles, el más atroz de los Griegos! de esta suerte mi amor constante has premiado? como, ingrato, no ha apagado tú sed rabiosa la muerte? No compres con padecer tanto tu dolor, la muerte, a Troya puedes volverte, pues tocan a recoger ambos ejércitos ya. Bien dices, vamos. Señora, Infanta, hermana, detente, porque a nuestro honor importa vengar la muerte de Hector antes de volver a Troya, y para dar muerte a Aquiles nos importa tu persona. Cómo será? . Yo he sabido, Policena, que te adora Aquiles, y que al principio de la guerra rigorosa no quiso salir por ti, que veniste a verle sola a su tienda, disfrazada en el traje de Amazona. Bien quisiera castigar tu liviandad, más ahora no es ocasión conveniente, y así lo remito a otra. Toma ese papel, y escribe. Hermano. I fanta, esto importa, tú ya la letra ha de ser, y mía ha de ser la nota. Todo lo ha sabido Paris, no hace nada, si no azota a los dos por alcahuetes. Triquitraque. Señor. . Toma aqueste papel, y advierte, que darlo a Aquiles importa al instante. . Iré volando. Volved a Troya vosotras, A Aquil es he de librar, si fortuna no lo estorba, mudando el traje, ven Maula. . Una traición alevosa, para quedar satisfecha, ha de vengarse con otras cuantos soldados trajiste? Cincuenta. Con menos sobran. No sin causa Policena despreciaba rigorosa mi voluntad; mas ya el Cielo su ingrato intento malogra. Quede Grecia sin Aquiles, pues sin Hactor queda Troya. Dejadme solo, Españoles, nadie me acompañe ahora, triste estoy, no sé qué penas me afligen, y desazonan. Sin duda que Policena se volvió enojada a Troya, después que ausente el desmayo venció las pálidas sombras. Ya su amor murié con Hector, quién lo duda? pesarosa imaginación que quieres? como tierna el alma adora a Policena, y ve muertas sus esperanzas heroicas, estos pesares me causa, estos sustos me ocasióna, en mi tienda recogerme quiero. Aquiles. Quién me nombra? Este te envía la Infanta, aquí aguardo a que respondas. A . La Infanta a mí, si es traición? toda el alma se alborota. Aquiles, mi padre sabe que yo soy tuya, y me adoras, y que fui esta tarde a verte: Paris mi muerte pregona con mortales amenazas, aunque el rigor me lo estorban, que has usado con mi sangre, aguardando quedo sola en este Templo de Venus junto a los muros de Troya, librame de este peligro, pues sabes que soy tu esposa. Policena. Estoy confuso qué sospechosas lisonjas son estas, Amor? si es falsa esta fineza amorosa? Mas habiendo muerto a Hector su hermano, no es cierta cosa, que su firme amor borraran de mis crueldades las sombras? De esta confusión me saque el Águila misteriosa: Ave insigne: o, Cielo santo! un volcán ardiente arroja; sin preguntarle responde, esta es venganza traidora de la muerte de su hermano. Mas una deidad hermosa puede mentir, ni engañar? aguárdame, Infanta hermosa, que aunque matarme pretendas, como el Águila pregona, quiero morir a tus ojos, y no morir sin tu glo la. Ya está todo prevenido, No sé como se reporta el corazón, padeciendo angustias tan lastimosas: ay, hijo del alma mía! Padre ir victo, deshoga el pecho, a Troya te vuelve, que si mi traza se logra, hoy de la sangre de Aquiles verás regar las alfombras. Este es el Templo pisando norrores nubes, y sombras he llegado, en este Alter V Saera Diosa, madre insigua. Muera. . Muva. Oh traidores! o, alevosas espadas! pues venís tantas para vencer una sola, muerto estaré y no randido. Venus, que mis ansias notas, favorece mis deseos? si veré a Aquiles ahora, antes que le den la muerte, que es perdí da muy costosa, perder, demás de un hermano, un esposo, que me adora, llamarle pretendo: Aquiles. Ya me acaba la congeja a instrumento de mi agravio, ha infame, vil, engañosa. Cielos, qué miro! . Quién eres? qué aguardas? qué te reportas? mátame, y dile a la Infanta, si acuio la ves en Troya, que muero alegre, pues ella gusta de mi muerte. . Ahora penas, ahora pesares. Ay. Aquiles! . Quién me nombra? Yo soy. . Quién eres? Ay. Cielos! yo soy. Quién? . Yo soy tu esposa. Pues cómo me das la muerte? Pesia a la pluma traidora; no soy yo quien te ha ofendido, mi bien. . Ay, Infanta hermosa, yo muero, recibe el alma, pues sabes que es tuya propia, Ya murió o fiero tormento! o, rigorosa ponzoña del almal desde esa risco, desde esta empinada roca, al mar tengo de arrojarme; recibe, golfo en tus olas la más infeliz mujer, que ha visto en sus tiempos Troya, Ya murió Áquiles. . La parca su aliento infelice postra: volvamos a la Ciudad, porque tenga de esta forma fin la primera Comedia del Cerco insigne de Croya
