Texto digital de El hechizado por fuerza
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Zamora
- Atribución estilometría
- Antonio de Zamora Segura
- Género
- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El hechizado por fuerza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hechizado-por-fuerza-el.

EL HECHIZADO POR FUERZA
JORNADA PRIMERA
Me vio entrar tu hermano? No; pues aunque tan de mañana se viste, aún de su aposento está la puerta cerrada. Cómo es la hora en que toma cuenta de lo quie se gasta a nuestro Rodnigo, ahora estará desde la dama ajustándonos la vida. No quisiera que llegara a verme, antes que viniera el Médico, Pues ya tarda, que es puntualísimo siempre, que mi señora le llama. Por qué si me galantea, el ver que me sirva extrañas? Porque yo conozco alguno, que pretende, y no agasaja. En fin, Doña Luisa mía, solicita cara a cara tus favores? Sí, Leonor, y de quererme se pasa a celarme. Eso consientes? Sí, porque disimulada para divertirme, hago de su atrevimiento chanza. El Doctor Carranque es hombre de raro filis, y mi ama debe estarle agradecida. Por qué? Porque por amarla, gualdrapa, y peluca compra. Y de fineza tan rara, qué le has dicho? Qué le he dicho? que yo espero ver, que traigan la mula la cabellera, y el Médico la gualdrapa: No de Isabel las locuras oigas. Antes con su gracia divierto mi sentimiento; mas dime, como se halla tu hermano Don Claudió? Anoche no estuvo bueno; y como anda melancólico estos días, por las raras circunstancias, que en ellos has visto, siendo tú, y Don Diego quien las causa, se acosto temprañó, Aunque yo sola la interesada parezco en el cuento, debe ser el empeño de entrambas; pues si tu hermano conmigo, Luisa mía, no se casa, mal con mi hermano Don Diego tú te casarás, pues ambas bodas ajustó, el prudente consejo de quien las trata; y queriéndoos con tan nobles finas recíprocas ansias los dos, debéis concurrir a que se logre mi traza; porque si un nudo se rompe, dos coyundas se desatan. Tú sabes cuanto a Don Diego estimo, desde que grata rendí a su ruego la activa, generosa repugnancia de mi desdén; pero creo, que son diligencias vanas las que emprendes. Ya conozco el raro genio, la extraña condición; y en fin (perdona, Luisa, aunque seas su hermana) la terca simplicidad de Dun Claudió; pero cuantas de esas porfías se vieron persuadidas, o engañadas de la industria discursiva; de la sutileza humana! Nadie más que yo, Leonor, por ti, y por él se alegrara de que el medio se consiga; pues la cosa, que me agrada mas en el mundo, es un chisto, de habilidad cortesana, en quien el garbo compite con la discreción. Te engañas, si piensas, que es chiste, el que es tan propio empeño del alma; que cuando Don Luis, mi tío, antes de pasar a Italia, trató nuestros casamientos, mostrase su repugnancia (bran tu hermano; aún cuando me so- tantas razones de dama, fuera desaire, y no ofensa: mas; que estando ya ajustadas ambas bodas, y el ajuste público en Madrid, se haya de arrepentir caprichoso del contrato, y la palabra; es ofensa, y no desaire, y más con tan ruin, tan baja disculpa, como teniendo patrimonio, que le basta no querer dejar la corta renta, que le rinde en Parla no sé que Capellanía, por cuyo motivo anda de hábitos largos, metido a Estudianton de la Mancha; no dudo yo que en mi boca es la instancia desairada, al ver que ruego, mas quiero yo, repitiendo la instancia, cerrar la boca a la siempre mordaz malicia villana, de quien al ver que ha tenido Don Claudió en mi casa entrada, discurra, que quizá pudo averiguar en mi casa algún algo, que desmienta los créditos de mi fama. El que el motivo sea justo, Leonor, si bien lo reparas, no quita el que sea la empresa difícil; pero tu esclava. Buenos días. Luciguela, a buena hora te levantas. Isabel toca esos huesos. Qué ay, Lucia? Que ahora pasa la calle el Doctor Carranque, acicalado de barbas, punzando con los vigotes el embozo de la capa. Qué te dijo? Que al instante venía, porque pasaba a una junta, en que le habían de dar el dinero en natas. No murmures de él, Lucia, que en efecto soy su dama, y lo siento. Vamos claros, él es Médico de chapa, y en su vida ha errado cura. Por qué? Porque siempre mata; pero señora, en qué estado estamos de nuestra traza? Ya le he dicho a Luisa, como valiéndose nuestra maña de la aprensión con que siem- pre vi ve Don Claudió de que haya quien le hechice, pues jamás) mordió pan, que no acabara, gastó cinta, que no queme, ni tomó dulce, ni alhaja de mujer, que consiguiese, que uno muerda, y otra traiga, he pensado en que después de obligarle cortesana, si a mi razón se resiste, le he de amenazar airada con mi razón, y contigo, de quien verdad sea, o chanza, desconfía, pues Criolla, venida de Guatémala, le has hecho creer, que en las In días hacer hechizos es gala; de suerte, que concurriendo el Médico, que se halla pretendiente de marido con Luisa; hacerle creer que anda hechizado; y tú, esforzando con tus enredos la traza, según es poco avisado, será posible que caiga en el engaño; y ya que al fin no se logre nada, qué se pierde en intentar u na acción, que cuando salga a la calle, pasará por chasco, y no por venganza? Como el Médico me ayude, Doña Luisa me haga espaldas, tu finjas; y Isabel calse, catale hechizado. Es tanta la fineza con que sirvó a Leonor, que por lograrla, al Médico he reducido a que por su parte haga espaldas a nuestra industria. Pues las manos en la masa tenemos, señora, no hay sino echarla recio. Calla, que ya de su cuarto a medio vestir sale. En esta cuadra nos entremos, hasta que sea ocasión de que salga. Con él viene Pincha Ubas. Qué va que hay en esta sala Montescos, y Capeletes. Ven, Leonor. Andad, muchachas, que yo os he de hacer mujeres. Pues está la quenta errada; volvamos a ella? Por un cuarto vuelves a tomarla? Pues digo, es moco de pabo un cuarto cada mañana? Sea por Dios! Pan, y carné, son treinta, y entra la vaca. No son si no treinta y dos, pues porque no sea mala, doy un cuarto más en llora. Cuárto dé más? eso es farda, que al Carnicero le sobra la sisa, sin la alcábala: adelante seo Pincha Ubas. Doce máis de ensalada. Verde, o cocida? Un cardo es. Los cardos no cuestan nada. Cómo? Cociendo las pencas, que se arrojan en la Plaza: mas vaya por esta vez. Cuatro cuartos de una carta. No entiendo de esas; pues tengo yo de poner de mi casa el que al otro se le antoje darme desde allá las Pascuas? Si es la carta para usted, quién la ha de pagar? Mi hermana. Ya la leyó, y vio que en ella os envían cuatro cargas de erraj para los braseros: Erras trujo? vaya en gracia: hecho las cuentas, y a otra. onza y media de Goajaca para mezclar. Gnza y media? Para dos gícaras basta. Y aún para catorce sobra. Si a mi traerlo me mandan, qué he de hacer yo? No traerlo, cuerpo de Cristo con su alma. Y si mi ama gusta de ello? Que no guste de ello su ama. Soy mandado. Es un sisón; y a no tener esas canas, hiciera que le bajasen al calabozo del agua. Nadie de los que he servido me ha dicho tales palabras. Pues yo soy uno, y las digo. Usted, si de mí se enfada, me ajuste la cuenta. Nolo. Y en pagándome:: No ai blanca:: Me iré con Dios. Quién le ha dicho, qué gusta Dios de fantasmas? Soy yo esclavo? Ya le he dicho, que es un sisón, y me cansa ver, que hecho tierra se emplee en sisarme las entrañas. Yo soy un Gallego honrado, y pudiera en toda España vender honra. Y a estos precios quién quiere que la comprara? Vive Dios: Claro es que vive. Que a no mirar:; No mirara. Hiciera:: Le que ha de hacer, es tener conciencia. Vaya que es un miserable Venga, que es un sisón. Pues qué causa; Don Claudio, tanto os altera, que así alborotáis la casa? Pinchaubas, qué ha sido esto? Doña Leonor, aquí estabáis? Si aquí estaba, y ya que poco melindrosa, o poco vana me hice el desaire de entrar a hablaros cuatro palabras, no me he de ir sin que me hagáis la lisonja de escucharlas. Si son en razón de boda, venís mal. Ved, que soy dama, y os suplico, que me oigáis, Y digo, seréis muy larga? Según vos fuereis atento. Ahora, señor, vaya en gracia, y se llamaba Lucrecía; hola, idos vos noramala; hasta que entréis a peinarme. Que sirva yo a este panarra; o pobreza a lo que obligas! Detrás de aquesta antipara podré mos oír si pega la intentona. Pues no hagas ruido, y atiende Lucia. Ya estamos como manda: Doña Leonor, qué se ofrece? Qué escuchéis. Aí que no es nada. Pues quién os habla soy Bravo puñado de tarjas Don Luis de Horozco mi tío, cuya nobleza heredada le dio un Mayorazgo en Burgos, y en Milán una Vengala. Viniendo a Madrid en esta retirada de campaña a sus pretensiones, dio principio a que se trataran nuestra boda, y la de Doña Luisa Rangel, vuestra hermana, con mi hermano, y su sobrino Don Diego, atento a que entre ambas familas, para vivir dentro de Madrid, sobraban en el lustre la nobleza, y en la hacienda la abundancia: ajustáronse en efecto ambos contratos; y a causa de serle fuerza a mi tío dar una vuelta a su Patria, nuestras capitulaciones dejó antes de irse firmadas; en cuya fe a vivir juntos pasamos, siendo esta casa capaz de que en sus dos cuartos, bajo, y principal, lograra nuestra unión tener más cerca de la dicha la esperanza; y cuando creí, que vos (atento a lo que ganabáis en mi mano) dieseis prisa para vencer la tardanza; caprichudo, temerario, necio, o loco, huis la cara a la ventura de ser mi marido, sin que os valga mas disculpa (si es que la hay) que no querer dejar vaca una Eclesiástica renta, tan corta, que apenas pasa de cien ducados, sin ver, que si por simple os agrada, cuanto vos tenéis, es ya simple por concomitancia; Dejo de decir las muchas diligencias, aunque vanas, que por venceros hicieron nuestros parientes; y para no cansaros, voy a que, como estas cosas sagradas del honor, no son materias, que las ajusta la espada, cuyo reparo a Don Diego le mantiene sin sacarla, a nadie más que a mi toca advertiros cortesana, sin que discurráis, que yo os busco de enamorada, pues tenéis vos de galán lo mismo que yo de humana; que mi punto está mal puesto, vuestra hermana desairada, Don Diego irritado, vos sin juicio, y todos sin fama, hasta que al fin conociendo vuestro yerro:; Leonor, basta, que ya de oíros estoy como Dios quiere las almas; mas para que de una via estos dos mandados se hagan: Pinchaubas? Señor? Los peines. Ya están aquí. El desbarata ahora como siempre. Escucha. Veme peinando esta mata. Si La tohalla está como unoro. Peina, y mátame la caspa. Señora Doña Leonor, ya habréis conocido en mí, que yo, a dios gracias, nací dos mil leguas del amor; jamás por divertimiento, ni por el bien parecer, hice cosa, y más mujer, que es muchas cosas: con tiento. Es verdad, que yo engañado, di un sí, que me fue pedido; mas si en eso ha consistido, ya digo no, y he enviudado. Casarme por apetito, no es cosa, porque en efecto en pescándome el coleto, aspacito. Mi hermana no me da enfado, que se quede sin casar, pues miren que gran pesar me hace, en quitarme un cuñas do. Demás de que la Luisica, ni por todo el mundo entero se casará: majadero, ráscame bien, que ahí me pica: Ya sé, que esla renta mía corta; mas aquí de Dios, menor renta tenéis vos para ser Capellanía. Don Diego, que es un pobrete, no me dará; y si lo intenta, y me matare, hago cuenta que me he casado: el copete. Yo, en fin, no he de sujetar mi libertad a tener ama, que satisfacer, ni chiquillos, que criar. Y pues, que por mí, y por vos hablar en esto me irtita, ya que me he peinado: quita: quedad a la paz de Dios. Eso no, que aunque no deja ya vuestra voz esperanza, habéis de oír mi venganza, pues escuchasteis mi queja. Venganza de mí? eso es bueno, Sí, porque en ofensa igual, sin fiarme del puñal, ni permitirme al veneno, que la vida han de costaros, creed, dentro de pocos días las fieras ofensas mías. Digo, digo, vamos claros, cómo es esto? Cómo está en mi arbitrio desde aquí el que viváis, o no. Sí? Y presto lo veréis. Ya. Y pues sentir es preciso el que os pierda de esta suerte, para embarazar la muerte, aprovechad el aviso. Qué muerte, o qué acá Voló. Ahora entro yo en mi lugar. Matar? no hay más que matar? No hay más, como quiera yo. Lucia mía:: No hay Lucia; y ved, Don Claudio, que os hablo de parte de Dios: vuestra vida, si porfía, vuestro genio, contra toda la atención de un noble estilo, está pendiente de un hilo: amigo, o morir, o boda. Yo, quien os ha de matar soy, mirad lo que os espera, que si de hoy pasa, aunque quiera no lo podré remediar. Pues qué hacer podré indeciso en un empeño tan fuerte? Para embarazar la muerte, aprovechar el aviso. Oye, Lucia: en el pecho brincos me da el corazón; mas voy por mi refacción. Ah hermano! qué es lo que has hecho? Qué sé yo, qué respondí a Leonor, y me amagó Lucia, que lo escuchó. Aay desdichada de mí! . Ah Luisa, tú lloras? Siento el haberte de perder. Qué es lo que dices, mujer? Claudió; o luto, o casamiento, Pues a qué miran crueles estos enojos postizos? A vengarse con hechizos. Pues digo, somos pasteles? Hechizos a un Licenciado? linda gravia por mi fe: Evisa, yo los curaré todos con papel mojado. Yo solo sé, que la tal Lucíguela es una fiera enredadora hechicera. Qué sabes de eso, animal? pero vámonos de aquí. En fin, cuando el riesgo ves buscas el riesgo? Sí. Pues hay desdichada de mí! A vencer tanto enemigo solamente basto yo; mas juro a Cristo, que no las llevo todas conmigo. A casa vuelves? Procuro, Picatoste, ver si acaso logro entrar a ver a Luisa luego que salga Don Claudio. Mucho temo, que ha de estarse en casa, como anda malo. Conforme viniere el viento, porque él es loco. No tanto como parece, pues dio, aunque el matrimonio es santo en que más santo es no haberle; y loco, o no loco, al cabo lo ha conseguido. No de eso me hables; porque aunque to- marlo. debo como de hombre, que hace gala de ser mentecato, no obstante de Leonor siento el desaire. Vamos claros, nada más que esto has sentido? Siento, estando enamorado de Luisa su hermana, haber de perderla por el raro, ridículo genio suyo. Y bien, en qué estado estamos? En el de que no he podido hablarla, desde que airado, para cumplir con mi queja, le negué el habla a su hermano; pero espera, que él, si no miente el traje estrafalario de Clerizonte Volonio, viene por la calle abajo, qué haremos? Estarnos quedos en esta esquina, y en dando él la vuelta, entrar allá. Bien has dicho. Van dos cuartos que te habla? Mucho me temo, según estoy irritado. Si aspiras al parentesco, no mates al Mayorazgo, hasta que le heredes. Fiera tirada hay de aquí al Vicario; pero vale Dios, que son corredores mis zapatos. Hablando viene entre sí. Pero ingenio, discurramos en el caso de hoy. Parose. Ara, señor, vamos claros: la mujer tiene razón, porque si yo la he engañado de meche a meche, y por mí está echando los livianos, es fuerza que el panadizo reviente por algún lado. En este cuento hay dos cosas; la una es, que yo soy un asno, y lo erré; la otra es, que ella se muerepor mis pedazos. La Leonor es un demonio; la Lucíguela es un diablo; y esto de decirme Luisa, (después de lo que ha pasado) Claudio, luto, o casamiento; me va oliendo a chincharrazo; demás de que estás Criollas de la otra parte del Carco, por quítame allá esa boda, hechizarán a un Cristiano; vive Dios, que el caso esrecio! Acá se viene acercando. Pero allí está el Cuñadillo; Buenos días, Don Santiago. Don Diego para serviros. Es verdad, tendré cuidado para otra vez. Dios os guarde. Él os la dé muchos años. Gran mozo para Pariente. Bello hombre para Cuñado? Allá vayas, y no vuelvas? Pues no puede ser reparo el entrar en nuestra propia casa, Picatoste vamos. Déjame ir delante a mí, para que a Isabel llamando, sepa si puedes entrar. Dices bien. A paso largo va por la calle, que vuela, el Domine Licenciado. . Suerte injusta, quien cre- hiera, después de tantos cuidados como de Luisa el amor me cuesta, que por el vano capricho de un hombre necio, hubiese de malograrlos! Mas si porfías undosas saben ablandar peñascos, bien podrán quejas rendidas sobornar pechos ingratos; y pues hoy es en mi pena la primera vez que la hablo, después que cerró la puerta la repuguancia al contrato, hoy veré con qué semblante me recibe, por si saco alguna razón que pueda servirme de alivio. Al caso, Isabel. Desde que no nos vemos, no nos hablamos. No es tiempo ahora de eso, sino de que veáis si mi amo puede hablar a tu señora. Hablarla? para eso estamos. Pero él viene. Picatoste, querer hablarla es en vano, porque está hecha un basilisco. No estará si no un milagro. Señor? Isabel? Pues cómo, después des ceño pasado, en que solo tuvo culpa el pollino de mi amo, te humanas tanto? No creas en ceños de enamorados, Isabel, porque el despecho parece ira; y es halago: qué hace tu ama; y mi dueño? Tocándose está en su cuarto. Podré hablarla? En el portal mete la mula, muchacho, y espera. El Doctor es este, que como Don Claudió ha estado malo, viene a verle. En viendo que ha salido tan temprano, se irá. No obstante es preciso que te escondas, y en entrando al cuarto de mi ama, salgas. Bien dices. Yo por criado no seré tan conocido, y así pianpián mebajo al portal, aunque me encuentre. Ya los tacones de palo sueñan cerca. Que ahora hubiese de venir este embarazo! Dios sea aquí. Oh señor Doctor. Niña, quién es este hidalgo? Un criado del vecino. De Don Diego? ansias aspacio Y muy servidor de todos los Galenos de este Barrio. Bien está. Adiós, Isabel. Da a Lucia mil recados. . Mi señora Doña Luisa, qué se hace? Se está tocando: queréis entrar? Isabel? mas quién está aquí? Quién blanco de vuestras saetas, yace en los últimos desmayos; pero si cognirio morbí, inventió este remedij, estando de mi parte lo rendido, en vos cesará lo ingrato: Señor Don Fabian, era hora de que nos viesemos? M va esto, si escucha Don Diego; pero así he de remediarlo. Qué haces? Cerrar esta puerta, porque entra el aire colado. Siempre, cuando sale el Alba, tírita de frío el campo; pero presto vuestros ojos en los temblores del prado, cuanto egrotaron durmiendo, subsanaron alumbrando. Dejemos por vuestra vida lisonjas, que estimo; y vamos discurriendo en nuestro empeño Si ayer os dije, que no hago nada en serviros, y os di la palabra de ayudaros, como hoy dudosa volvéis a recatar el mandato? Porque no penséis, que tiene otro motivo el mandaros, que concurráis a que crea mi hermano, que está hechiza- do, sabed:: Perdonad, que ignore la causa, que os ha obligado, cuando a mí para serviros, me sobra la de adoraros. Ya por acá está dispuesto todo lo que es necesario para el chasco. Os daré yo principio a lograr el chasco, pues Don Claudió no está bueno. Ya sin duda habrá pasado al cuarto de Luisa; pero con ella está aquí. Oiga el diablo del aire. Isabel, qué es eso? Cielos, un hombre embeza do no fue quién abrió la puerta? Andar, viole el Esculapio. Fiero empeño! Poco a poco, pues es preciso el recato, volveré a cerrar. Qué gustes de entrar en aqueste paso con este aire! Ah perra! y quién te diera ducientos palos; pero conocerle es fuerza, y aún matarle. Qué os ha dado? Una sincopal de celos. Diaforético es el caso. Estáis en vos? , Pinchaubas abre esta puerta. Mi hermano:: Disimulemos, cordura. . Sacadme de este cuidado: decid, qué habéis visto? He visto:: Saca el brasero, muchacho, Se está pasando, señor. Don Fabian? Señor Don Claudió? Cómo tan tarde, sabiendo; que yo os estaba esperando? Dábame prisa otro enfermo. Señor Doctor, vamos claros, que no son de perder cada visita doce cuartos. En efecto, qué se ofrece? Deciros como me hallo mal dispuesto, porque siento un lapsus lingua en el vazo, y en el higado otra cosa, a manera de entusiasmos. Estoy triste, que es contento, y me parece, que traigo millón y medio de Duendes en el desván de los cascos. En fin, amigo, yo estoy, como dicen, espirando, sin saber de qué. Pues puede haber padecido engaño, o ser de Isabel traición lo que vis hasta averiguarlo obedecer quiero a Luisa. Qué os parece, Don Fulano, qué respondéis? pues para eso me curara mi Lacayo. Esas manias son humos de algún humorcillo craso, que mordiscante exaspira los sucos atraviliarios. El pulso. Isabel has visto hombre más desalumbrado? Debe de ser loco. Esotro. Si ella supiera el gazapo . que está escondido? La lengua. Digo, están limpias las ma- nos? Al marcial del guante huelen. No huelen si no a estofado, del que cenasteis anoche. Las cejas arquiéa, palo. Más mal ay del que pensáis. Qué decís? Que estáis muy malo, porque el volante del pulso, los ojos desencajados, la boca áspera, el color pálido, el aliento tardo, y en las articulaciones la trepidación del pacto, son malas señales todas. Andarlo, de esta volamos; qué va que me dan virvelas, y me hago astillas a araños. Os parece, que podrá ser este algún resfriado, que con la cama se cura? Señora, pica más alto; yo tomara por partido fuese dolor de costado. Pues, señores, que he hecho yo para todo este aparato? Ay, hermano, que en los mozos Vivo como un Hermitaño, y me riñes? Bien pudieras entenderme, que claro hablo. Al Doctor, y al Confesor, señores, se ha de hablar claro: sepamos qué hay: Qué quejosa una mujer, le ha amagado con que se ha de vengar de él. Es verdad; mas yo no hago caso de eso. Pues, amigo, vos estáis maleficiado. Malesique? voto a Cristo, que si me maleficaron, haga:: No es ya tiemp y mientras yo más de espacio estudio en esa materia, traigan de escribir recado, recetaré una bebida. Desácoto purgas. Cuando lo fuese, en esto consiste el ir atajando el daño; esta es un agua tipsana hecha de hierbas, que un sano la puede tomar. Pues id a recetármela al patio, que ni escrita quiero verla. Yo, en casa del Boticario la enviaré. Buena ocasión es para explicar mi agravio, pues tal purga no ha de haber. Ah vil mujer, en qué estado has puesto a este pobre hombre! mas no te irás alabando. Qué lástima me hace el verle! No pegó mal el emplasto. Señora, esta bebidilla la ha de tomar muy temprano, y tomada, haga ejercicio dentro de su mismo cuarto, hasta que yo venga: ingrata, . en este papel declaro mi dolor; y hasta la vista. Isabel, lo has escuchado? (. Sí señora: hay tal jumento! La visita va de espacio, y yo:: mas, Don Claudio es este. Ah Doctor, en qué quedamos? En qué mañana sabremos los hechizos, que os han dado: rabiando de celos voy. . Yo hechizado por ensalmo? de esta la Capellama vuela con ducientos diablos. Voy a acostarle. Ya puedo salir. Señora, veamos que recera es esta. Cómo lo hemos de saber; estando en Latín. No creas eso; porque según lo que ha dado a entender, quejas ha escrito? De qué, si atenta le pago la fineza, que por mí está haciendo. Qué he escuchado! Pero en su genio no es nuevo el estar celoso. Andarlo; si los oye Don Diego, aquí anda la de mazagatos. Celoso dijo: hay más penas? Abre el papel. Esperando a que se fuesen estuve, para saber en qué estado estamos de nuestra industria, Isabel, tenemos algo dé nuevo? Tengo el que hay un miedo, que parece cuatro, Leonor, no es buen sitio este para que hablemos de espacio en lo que al Médico debo. Sí señora, en el estrado estaréis mejor. Y allá podremos reír un rato de las quejas que me escribe. Yo las veré, pues las causo. Vos aquí, cómo, Isabel? Yo no sé por donde ha entra. do. Ay tan raro atrevimiento! Hay tan manifiesto agravio! Qué papel es ese, Diego? La receta que ha dejado el Doctor. Ya lo veremos. Pues leedla, y desengañaos. Falsa, si quieres saber la causa de mi cuidado, pregúntala a quien tenías dentro de tu propio cuarto. Eso recetal? Oiga el diantre. Toma si purga. Es encanto lo que me sucede, Cielos! Ya, ingrata, has visto:: No osado prosigáis, y ved, que yo ni ofendo, ni satisfago. Lo uno es verdad; mas pues no es tiempo ahora de pararnos en quejas, si no de que le haga yo dos mil pedazos:: Ay mi Doctor! de esta mue? re. Quédate a llorar su estrago, ingrata. Tenle, Leonor. Deja que le dé un porrazo. Buena anda la tremolina. Tras él bajaré, aunque en va no imagine reportarle: Lucia, ve tu volando a detenerle: Isabel, sígueme tú. Lindo paso de celos. Qué dices de esto? Que el Doctor es arrojado; más guárdese de que haya menester al Boticario.
JORNADA SEGUNDA
segunda jornada Yo, hijo mío Picatoste, pues no es fácil, que nos oiga nadie de casa, te llamo, para fiarte mi honra: vienes de prisa? No cierto. Pues tanto el secreto importa, cerremos aquí. Oerremos. . Hijo, así Dios te de gloria, cuando de esta vida vayas, que me digas una cosa. Y aún ciento, si las supiere. Ven acá, en cuanto a chismosa, y hablando sin miedo, en cuanto a estupenda enredadora, qué sabes de Luciguela? Si no me hubiera ella propia dicho el cuento, y prevenido, lo que es fuerza, que responda, . de esta se desbarataba el juego de la tramoya: nadie mejor, que yo puede decir de esta picarona las malas mañas; pues cómo ha que sirvió a mi señora tantos años, he podido averiguarla las drogas; demás, de que como yo al principio quise boda con ella: y quien galantea, todas las acciones tonda, en pocos días vi mucho. Dilo así Dios te socorra; de esta suerte sabré, si es Lucíguela encantadora, Sí dijera, pero el punto de hombre de bien? Dale bola; no hay punto de bien; que valga, para que no se conozca de quien debemos guardarnos. Ofreces callarlo? Oiga: dígole a usted, señor mío, que no saldrá de mi boca. Tragándose va el anzuelo. Hecho estoy una ponzoña. Es soprimero creer que todas estas Criollas son inclinadas por uso a supersticiones. Moscas! Lo segundo, que Lucia es hechicera samosa con pacto explícito ad intra en la Majia negra. Toma! Lo tercero es, que según las acciones lo denotan, no te mira bien Lucia, desde lo de su ama. Sopla! Y lo último, que ella mira a hacerte algún daño. Soga! Las pruebas que tengo de esta es haber visto, que todas las noches en su aposento saca decierta redoma un ungüento, y después que según su pirtud se arroba, se va por las bobedillas. Jesucristo! y quedan rotas? No señor, que es por ensalmo. Qué salmo, ni qué salmodía. Ensalmo es tercer especie de superstición, que consta de sanar sin medicina. Vale caro? No se compra. Es que yo de mi dolencia quería, sanar sin costa. Lucia fue, quién chupóe niño del Letrado, y quien con sola una voz, de una baraja de naipes, harto roñosa, hizo, que la Sota de Oros requebrase al Rey de Copas; y otras mil cosas. Señores, no hay en el mundo corozas? Nadie se atreve a acusarla; pues si alguno la deshonra, dará con él en Turquia, o le convertirá en mona. Si tu callaste; incurriste. Eso a sus amos les toca; mas también los tiene a ellos insensatos. ozon ola Linda moza! en buenas manos di yo: Dios mío, misericordia. Lo peor es, que hacer suele para matar, si se enoja, hechizos irremediables, y los hace en esta forma, que yo por las redendijas de la puerta lo vi ahora. Cuándo, hijo? Ahora. No doy por mi vida una alcachosa. Pone sobre un velador una lamparilla mohosa, en quien, cuando hace el con- juro con las raras ceremonias de oraciones, y visajes, hecha, invocando a Mahoma, un poco de aceite, negro, como el color de tu loba. Hermoso atar de rocín, y atábale por la cola. Aquí es, según razón; cuando el dicho pacto otorga con el Familiar, y como se va gastando por horas eue el aceite, va muriendo el hechizado; de forma, que en ahumando la torcida, se cae muerta la persona. Luego, luego! Luego, luego, Hermosa ayuda de costa! pero vamos al remedio. Ya tragó el cebo; mámola. De suerte, Picatóstico, que ahora, según lo que informas, hay lamparilla en campaña? Anoche la vi a deshora; porque despertando al ruido de unos ahullidos de zorra, que sonaban, como cuando rechina mucho una noria, vení, vidi, fugi. Pues yo soy (el llanto me ahoga!) el pobre (ay triste de mí!) que en muriendo (qué congoja! la lampara (ay hijo mío!) ha de (mal haya la boda! ( caerse muerto. Requiescat; mas por qué esta infame toma contra ti las armas? Eso, amigo, pica en historia: son cuentos largos. Pues no hay sino prevenir tus cosas, y hacer buen ánimo. Que desdichada fue la hora en que nací! pero dime, la pobre vida, o la alforja del hechizado, no dura lo que el aceite, que moja la torcida? Claro está. Luego si hallasemos moda de entrar, cuando ella se ha ido, y echar, sin que lo conozca, cada noche una panilla, durara la vida, contra el gusto de la hechicera? No hay duda. Pues a la obra; (to. tú has de entrarme en su aposen- Primero fuera a la horca: no hay que hablar de eso. Hijo mío, . esta fineza, entre otras, te he de deber. Cuánto puedo hacer, si a tanto te arrojas; es dárte la llave, y una reliquia mara villosa. Qué reliquia es? Un hueso del Catalán Sertallonga. Santo mío! mas llamaron? Sí. Pues vete por esotra puerta de la despensilla, hasta después. En fin, osas entrar en el aposento de Lucia? Somos Monjas? claro está. Dios quiera, que no te quedes por las costas; voy de cuanto me ha pasado . a dar cuenta, porque importa. Quién es? Yo soy. Pincha Ubas? Ya tienes aquí la polla, vino, pan, y servilleta. Bienvenido seas; ponla en esta mesa, que como me dan a comer poronzas con esta cura, o esta acá, rabio de hambre. Usted la coma, que yo atisvaré, si vienen. Pero escucha, que allí tocas una vihuela. Isabel, que se precia de cantora, querrásolfear. Ve partiendo, y déjala con su solfa. Trincho? Trincha, porque ya se me hace agua la boca. Por los enojos de Arlaja, beldad de Constanti nopla, muriéndose está de hechizos el mísero Bárbarroja. Todo cuanto miro, y oigo son imágenes, son sombras de mi desgracia! mas venga esta pechuguilla, y corra. No he visto cosa más tierna, Que no me deje esta boba comer con gusto! maldita sea el alma de las coplas. Porque faltó a su palabra, estando para ser novia, le va quitando la vida, como quien no hace tal cosa. Ya escampa, y llueven he- chizos. Ah infame! Tente, señora. Huye, Isabel. Hacia aquí se acerca la vataola: (hueso. Pues no he de darlas ni un Qué es esto? quién alborota el cuarto de mi señor? Yo soy; nadie se me ponga delante, que he de matar a esta pícara sin honra; pues cuando mi pobre hermano muriéndose está, con poca atención, donde él la escuche, canta lo que todos lloran. Yo, Luisa, así Dios me guarde, que me hallo como en la Gloria, y ahora iba a desayunarme. Y con una polla sola, que yo la truje. otra infamia! pues esqueleto con gorra, sabes, que apenas un caldo pasa de doce a doce horas, y aún ese en su astio, mas que le brinda, le provoca; y con una polla entera, en desgaña tan notoria, quieres que se desayune? no fuera yo tan dichosa: quita esa mesa, vejete; suelta esa guitarra, loca; y por no afligirle más, agradeced, que no os rompa la cabeza. Usted perdone. Sin causa te desazonas. De música, ni comida gusta quien en su penosa enfermedad solo tiene el padecer por lisonja. Hermana, por esta Cruza Tienes razón, que te sobra. Yo quería:: No comer vas a decir? pues no comas. No es mal chasco por mi vida Cazuela, pan, y candlota vayan fuera. Vayan fuera. Este es martirio de toca. Llega tú ese vidrio, Juana. Aquí, señora, le tienes. Luisa, con esa te vienes? No has de tomar la tipsana? Tipsana? bravo regalo, cuando en el mundo hay sorvetes, Que aún malo no te sujetes! Quién te ha dicho que estoy malo? lía, Cómo que n que tu hipocondría fragua. Señores, qué tiene el agua, que ver con la hipocondría? No mal la desecha se hizo. . Mira, que esta es la primer diligencia para ver la eficacia del hechizo. Yo la tomaré, después de almorzar a mi sabor. Después de almorzar? qué error! Mírala, qué linda es! Qué será, Sagrados Cielos, esta bobida cruel! Un poco del agua miel, . que sobró de los buñuelos. Para cuándo son los bríos? bebela Don Claudio, ea. Señor, en descuento sea de tantos pecados míos: cómo huele! Hacer extremos, si es preciso, es dispárate. (. Mas qué sabe a chocólate? Tómala tú, y lo sabremos. Tomarla yo es por demás, si a mi mala no me ves. Pues para cuando lo estés, tomada te la tendrás, Ya con el delirio empieza a irritarse; hay tal trabajo! Tómala, perra, o te encajo la tipsana en la cabeza. Modera, Claudio, el exceso de tus locos procederes. Con que en efecto no quieres tomarla? pues al ba eso, Ay Jesús! Qué ruido es este? Que por más que se lo diga, y aún se lo ruegue, no quiso Claudió tomar la bebida. Qué hizo pedazos el vidrio, Y me manchó una basquiña, Eso es ser incorregible, y nadie sin medicinas sano hasta ahora. Seo Doctor, si tengo una hambre canina, hecha de las dos mitades de Colegio, y de Poesía, he de hartarme detipsanas en tiempo de longanizas? Andad, señor, que eso es ya declararse la mania; y si dais en ser inquieto, traere para que os corrijan, tres, o cuatro Platicantes, A mí? Sí, a vos. Dale guindas! lo mismo será, aunque vengan, los Niños de la Doctrina; y usted no se canse, que por vida de Doña Luisa: qué he de almorzar? Sosegaos; y pues el hambre os irrita, concertémonos, En cuánto? En alguna conservilla, agua, y chocólate, Corcho! Pues sean dos higadillas de pollo. Poca manteca! Pues qué queréis? Carne frita, y alborotaré la casa, si me bajan de dos libras. Esto es cansaros en vano: démosle cuanto nos pida, y muerase. Ea, Isabel; ea Juana, a la cocina. 2. Vamos; mal provecho te haga; Pues démonosmaña, hijas, que allá en mi cuarto os espero, que conmigo alicantinas; y en cuanto a la culta no, si bucólica talía. Aunque ir tras él es preciso, deja infiel, deja, enemiga, que de paso mi tormento salga a sufocar mi vida. Si le desconfío, temo, que en la industria no prosiga: Avisa, que estoy aquí; ya que tu acaso subías a ver a Luisa. Yo creo, que vienes, según la pinta; por atún, y a ver al Duque. No sin razón lo malicia; pero espera, que el Doctor con ella está hablando. Chispas? Qué va que el Médico ahora se va cómo una canilla? Digo, que fue aprensión. Nunca fueron mis penas ficticias; y ved, que aunque por vos hago finezas tan repetidas, en la sesión de mi enojo, ninguna es de más estima, como irme, sin saber, quien en vuestro cuarto teníáis; porque en fin, como el humor colérico predomina, en el celoso, y yo estaba sebricitante de envidia, en el pulso del cariño daba latidos la ira. Haslo oído? Sís mas esto, mas que cólera, da risa. Creed, que si ya no es que fuese ilusión, o fantasía, escondido algún criado (que es curiosa la familia) daría, viéndole vos, causa para esa malicia; y que a lo mucho, que os debo, responderé agradecida; y ahora, porque a visitar bajo a Leonor, mi vecina, quedad con Dios, y cuidado con la junta discurrida. Mis dos Pasantes, y un mozo, Platicante en Cirugia, del Hospital General, para que en el todo os sirva; están ya avisados. Pues Don Fabian, hasta la vista. Ireme, en viendo a Don Claudio: qué beldad tan peregrina! Dios te libre de viruelas, sarampiones, y alfombrillas. . Mas quién está aquí? qué miro! Nosotros; de qué te admiras? Pues como, señor Don Diego, estando tan ofendida de vos, osáis, poco atento, repetir la grosería de hablarme? No tan airada os jactéis desvanecida, de que os busco. Pues este hombre para que así le despidas, irle hizo más, que querer da al seo Doctor una pisa, porque no recete quejas, yendo a dar mi norativas? y así, que mi ama, y yo le asimos dar por vencida su cólera a tu respeto? Quién te mete a ti, Lucia, en hablar en lo que ya mis desengaños olvidan, sabiendo que vuestro hermano no está bueno, y que sería en mi poca urbanidad rusarme a esta visita? A saber como se halla vengo por cortesanía, no por interes. Si es eso lo que a subir os motiva; Lucia, dile a mi hermano como a verle en cortesía esta aquí el señor Don Diego. Yo llamare a Isabelilla, que no entiendo de Don Claudio a solas. Por qué replicas? si aún para eso no querrá hablar con criadas mías. Y el recado que de mi ama traigo para ti? Ella misma me le dirá, pues a verla voy desde aquí. No permitas, Dios mío, que al tal Don Claudio le halle con la enfurecida. . Aquí podéis esperar, si no venís muy de prisa, del recado la respuesta; y adiós. Esperad, que aunque iba sellando al labio la ofensa, revento el dolor la mina. Qué intentáis? Quejarme, ya que solo el pesar me alivia. Ved, que vos en esta casa entráis por cortesanía, no por interes. Dichoso soy, pues aún no se ha ido Luisa; mas Don Diego? o quién hubiera oído lo que la decía. Bueno fuera que callase insensible mi fatiga, que entrando a veros ayer, fue fuerza (porque venía el Médico: quién supiera su intención, y mi desdicha!) esconderme en esa cuadra, y que cerrando advertida la puerta Isabel, a tiempo que yo abriéndola salía, vio el bulto, Cómo qué, usted era el de la agachadiza? (me, Que yo, volviendo a esconder, di tiempo a que desmentida la sospecha, o no vengada, cuando mi hermana subía, cogiese el papel. Ah ingrata! a uno amas, y a otro asesinas? Ojalá, como a él me hiciese mi sentimiento cenizas. Don Diego, si yo:: Turbada ahora, entonces atrevida? Pues la ocasión, y el paraje son unos, cólera mía, juguémosla de su palo, ya que por la escalerilla, respecto de estar sin armas, puedo escapar. Nada digas, que pecho todo traiciones, ha de ser todo mentiras. Embozome hasta los ojos, y haciendo la gigantilla, salgo, y toso. Perra, aquí lo has de pagar, vive cribas. No hay quién me socorra? Allí parece que anda paliza; mas no importa. Quién tosió? Ahí es una niñeria! Qué veo? un hombre embozado es, que de esa cuadra iba a salir; darele muerte? Don Diego, repara, mira. Quita, aleve, que no siempre has de embarazar mis iras. Qué será esto, Cielos! pero en el cuarto de mi amiga Leonor, de uno, y otro acaso me encontrará la noticia, que aquí mi vida se arriesga, y mi pundonor peligra. Que me mata. No haré más que romperte una costilla. Ay de mí! Cobarde, espera. Mientes, que no soy gallina, y ahora verás si sé, sacudir el polvo. Aprisa. Tente, señor. Qué es tenerme, que la he de abrir, por S. Dimas, cuatro palmos de cabeza. Ay Dios, y qué vientemia! Por qué huyes, si ocasionas:: Ténganse aquí a la Justio Don Diego? Don Claudió? Hombre, estáis en vuestra camisa? donde vais con esa daga desnuda? No sé qué diga; pero la acción en que hallo a Don Claudió, y a Lucia, me disculpe, entrando a veros. Ya lo sé todo. . Me avisa la queja de esa criada, su riesgo, y: Bien por mi vida; entrabáis a socorrerla. Claro está. Pues ni una rima de Don Diegos ha de hacer, que me sosiegue una pizca, porque he de matarla. No es tan fácil como imagina vuestro error, que estoy yo aquí. Pues pese a vuestra barriga, por qué tenéis vos criadas hechiceras de obra prima? Eso decís? Bien sabéis, que me tenéis en la espina. Vuestra locura, a no daros otra respuesta me obliga, que está: ve delante. Oís? pues antes de muchos días he de dar cuenta a la Santa, si es que suelto la maldita; y ella, vos, y Leonor, todos habéis de ir en retaila. Está bien: quién será, Cielos, quién mi sospecha motiva! . pero esta noche veré, siendo de mi honor espía, si hallo luz, que aclaretantas dudosas nieblas impías. Bueno queda; pero luego con la industria prevenida verá lo que se le espera. Si ahora anda esta tremolina, qué queda para la noche? . La Lucia es brava hija. Pincha Ubas? Señor? temblando estoy, no le dé la tirria. Ven, te daré para el gasto seis reales en calderilla; y llámate a Picatoste. Ahora estaba en nuestra esquina. En qué estado, Santos Cielos, estará la lamparilla! Bien pensado está, Leonor, el chasco que le han de dar. Si nos le ayuda a lograr, Luisa, el sazonado humor de Picatoste, no dudo que hemos de tener buen rato. Es tan raro mentecato mi hermano, que solo él pudo sujetarse a miedo igual; y aún de ti me admira el ver, que así te empeñes en ser esposa de un animal. Ya conozco cuan injusto es mi deseo, o mi error; mas por salvar el honor quiero maltratar el gusto. Yo; a ese error agradecida estar debo, si se advierte, que el pretender tú una muerte, me hace posible una vida: que amo a Don Diego, y sintiera, que otra su mano lograra, aunque la fortuna avara, sin saber de qué manera, con mil acasos procura desconfiar su atención. Hijos son de su pasión los celos de tu hermosura; y si es verdad, como él dijo, que en tu cuarto su cuidado un hombre encontró embozado esta mañana, colijo que a tener motivo viene. Bien de mi creerás, que ignoro quien pudo ser, aunque lloro la justa causa que tiene; si bien le desengañó, como nos dijo Lucia, ver que a nadie hallado había; y pues él, cuando volvió a casa, fuerza es que hiciese público su frenesí, di, qué te dijo de mí? Qué quieres que me dijese, nada; pues solo aturdido, y con turbadas acciones cumplió las obligación es de todos los que han reñido; pisó reció en la escalera; entró triste, hablóturbado, arrimó la espada a un lado, arrojó la cabellera, habló entre sí, suspiró, sentose a comer sin vida, dijo mal de la comida, comió mal, o no comio; le vantose, y importuno salió al punto a pisar lodos, después de reñir con todos, sin responder a ninguno. Qué me cuentas? Cé, señoras. Picatoste? Sí, yo soy. Y Claudió? Con él estoy en la antesala ha dos horas, y vosotras a estorbar venís lo que yo tracé; pues hasta que el cuarto esté a escuras, no quiere entrar. Si ese es el inconveniente, sola esta pieza dejemos, que luego a acechar saldremos. Está ya a punto la gente? Ahora lo sabré: Lucia? Señora? Qué hay por allá? Todo prevenido está. Pues mata tú esa bugia, y cuidado. Fía de mí, y de las que están conmigo. Adiós luz. Ven. Ya te sigo. Oyes? oyes? Es a mí? A ti es. Pasa adelante. Es menester:: Di tu intento. Que en el primer apolento le detengas un instante, mientras cuelgo yo en el mío, para que vamos seguros, las tablas de los conjuros. Está bien. De verme río, que aún miedo me pone a mí, lo mismo que yo tracé; más voyme. Pues ya se fue, voy por él; estás aquí? Sí, y entre dos mil desmayos del susto de verme acá: y la reliquia? Aquí está. Para cuando son los rayos! . Al cuello, como tu dices, te la echo; llégate, pues. Quédito, que eso más es colgarla de las narices; de su gran virtud espero, que darme auxilio prometa. Una piedra es de escopeta . en un bolsillo de cuero: como tu ingenio previno, traes la alcuza? Ay tal perenne! con el aceite que viene puede freirse un cochino. Pues vamos entrando. Y tú no has de acompañarme? di. A enseñarte el cuarto, si. Y después? Un Bercebú. Pues no por eso el valor del empeño ha de cesar; presinome para entrar, y encomiéndome al Señor. Pisa quedo. Pues ya es bien colgar aquí estas pinturas, cuyas extrañas figuras espantoso horror le den: démonos prisa. Cada una la suya cuelgue de un clavo. Tu raro discurso alabo. De mi ama la fortuna estriba en que se consiga. A disfrazar, y a esconder. Nosotras, qué hemos de hacer? Lo que Isabelilla os diga. Pongo la lampara aquí? Sí, mi Juana. Ruido sueña. Truenos, estatua, y cadena están prevenidos? . Sí. Pues vámonos, que después Picatoste pasara por esotra puerta acá. Ya hay Moro en campaña. Esta es de Lucíguela sin fe, Don Claudió la habitación. Válgame Dios, qué mansión tan como que sé yo qué! Qué te parece? Lo mismo que en Salazar dicho admiran: boca es por donde respiran las gargantas del abismo. El hueco de esta escalera sea tu escondite hoy, que yo allá fuera me voy. Allá fuera? guarda fuera. No hables de eso; pero ya no ves la lampara allí? Y no miras (ay de mí!) a la escasa luz, que da? pintadas dos mil visiones de diablos, y matachines. Trastos son espadachines para tentar San Antones; su espíritu los gobierna. De distinguirlos no acabo. Para eso tengo aquí un cabo, que sobró de la linterna. Enciéndele en dos instantes. Si apagase la luz yo! Mira lo que haces, no me mates antes con antes. s Vesle aquí. Lindo retablo el de esta figura es: yo conozco un Ginoves, que se parece a este diablo; aqueste es un mascaron con mil vestigios horrendos, y está una sierpe: estupendos santazos de devoción. Mientras haciendo visajes los mira, escurrir intento. . Cierto, que el tal aposento parece cuarto de pajes; una danza aquí se alcanza a ver, aunque no muy bien, de bórricos; yo sé quien pudiera entrar en la danza: en Arabigo a ver llego, en todas letras sin fin; si estuvieran en Latín, lo entendiera como en Griego; pero Picatoste infiel se escapo, sin más, ni más; ea, ahora es ello. Detrás os quedad de este cancel, que yo sola he desalir. Miedo, tu rigor modera; pero allá va la aceitera. Hijas, ver, callar, y oír, (. Lámpara descomunal, cuyo reflejo civil, me va a moco de candil, chupando el oleo vital, en que he de vencer me fun- tu traidor influjo abieso, (do velís nolís, pues para eso hay alcuzas en el mundo; otra panilla por mí arda, y aunque airada estás, si vivo ocho días más, ay de Lucia! , h. Ay de ti! Válgame aquí la piedad de Diáconos, Exorcistas, y los cuatro Ebánjelistas, Fe, Esperanza, y Caridad. Ya la cadena sono. Llega sin ruido. Pues ya temblando de miedo está, ahora sí, que entro bien yo. Apenas acierto al cuello; pero ya el bolsillo hallé, escóndome, y por lo que tronare, alcuza, y a ello, (do, que aunque el aceite he verti- algo en ella habrá quedado. Pero qué es esto? Cuidado con la estarba, y el vestido. Oh vosotros comuneros genios, que airados vivís al diabólico desván el postrerzaquí, zamí, venid, pues, rompiendo el aire al encantado jardín de Falerina, en quien es Asturiano Paladín Don Claudio, ese miserable Eclesistiástico adalid: la Mágica Luciguela os llama, no venís? Sí. Eso tenemos ahora, si venís, o no venís? Adonde, pues, de Don Claudió la estatua tenéis? Aquí. Y yo detrás de ella, para dar más fuerza al ardid. Justicia del Cielo! aquel no soy yo? Sí, voto a Cris; pues que quiere hacer conmigo esta mujer, entre mil demonios, que se la lleven? Ea, pues, chisgarabís, Proto diablo, pues te ayudan Pie de Gallo, y Zascandil, la última experiencia hagamos, pues nos llegamos a unir, de la nigromante cueva en el trágico sivil, de si ha de casarse, o no, para dejar de morir, con Bradamante Rangel, alíás Leonor. (diencia San Dionis! 3. Que aguardas, si a tu ober nos tienes. Empiezo? Sí. Luisa, cuál está su alma? Señor, esto consentís? Don Claudió, cuyo error ha venido a Madrid a casarse en romance, y a enviudar en latín, de paz a hablarte viene Lucíguela gentil, peinando de culebras la endemoniada crín: los partidos escucha. Para que al elegir, mueras, si dices no, vivas, si dices sí. Las vistas, que te esperan, son un medio escarpín, y un jubón de gerguilla, aforrado en terliz. Los dulces, y el refresco serán en el festín, una libra de aloja; y una azumbre de anis. Del dote no se habla. Porque para lucir nunca podrán faltarte veinte maravedís, Todo este bien te aguar- mas si galán civil (da; la desprecias, por ser Cura en Vacía. Madrid, cuando te calaveres, serás, con triste fin, pie de Cruz, si ahora eres figura de tapiz. Resuélvete, y sea presto? Porque en este con fín el desecho Himené se trueque en Parce mí. Parce mi hí! esa es parda, porque yo he de vivir, aunque le pese al diablo. Luisa, en mi vida vi chiste de mejor gusto. Espíritus, qué decís, que ha respondido? Nada. Ya responderá; En fin ser esposo no quieres, para vivir feliz, de Doña Leonor? Nones. Ah buen hijo! eso sí, si acierta a decir pares, le doy con un mentís. La Estatuas, lo que él hubiera de decir, dijo; mas para que de trato tan ruin Bradamante se vengue de este Rugero vil, el tono, que adormece los sentidos, decid. 4. Ay Domine infeliz! porque si no te hielas, te han de velar a ti. Esto es malo; mas Cielos, desde que llegue a oír el tono, un trasudor me ha dado en la nariz. 4. Ay Domine infeliz, Ansias, qué mal es este, que no sé distinguir si va por musa muse, o va por quis vel qui. 4. Ay Domine infeliz, Pues ya en su estatua muere, quitémosla de ahí, y apagando de un soplo la luz de aquel candil, demos con él en tierra. Vestiglo femenil, eso no. Suelta. Agarra. Y a ese asombro que vi en tu pecho, agradece a mi impulso no ir volando hasta la gruta del Mágico Merlín. Qué asombro! No me sueltas? No, que soy contra ti Licenciado de presa. Pues hombre baladí, mi aliento empañe el velo del celeste zafir: tronad, tronad, Esferas. Muerto soy; ay de mí! Escapemos ahora. Quién se quejaba ahí? Don Claudió? Hermano? Ay, que me he muerto un pernil! Quién se atreve en mi casa? Mas qué veo! Venid, que en mi cuarto se oculta? Vos sois? Ya no soy, ni seré de aquí adelante. Aquí está. Bien decís. Levantémosle. Alza del suelo, Juan Guarín. Quítame allá esa perra, que ella me ha puesto así. No sabremos que ha sido? Que por lo que hoy reñí con él, entró a matarme, y por querer seguir mi fuga, tropezó. Es muy mal hecho, y:: Miente, así Dios me guarde, Hermano, qué sentís? El que si no me velo, me han de velar a mí. Mil disparates dice: Quién, diablos, a vivir trajo conmigo este hombre? Llévenme, por San Gil, a la cama, y sabed: Logrose. Hay tal mastín! Qué? Que si no me velo, me han de velar a mí.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Fuese el Doctor? Ya se fue; y aunque vino hecho un Netón, se fue más blando, que un guante. Sin duda sabe el amor de Don Diego, Aí finca opunto; porque desde que le oyó darte quejas, ha creído. como cree en la Fe de Dios, que el escondido fue él. Lógrese nuestra intención, y diga lo que dijere. Y en efecto en qué quedó cerca de la junta? En que cumpliendo su obligación, vendrá con sus dos Pasantes, y el Platicante Muñoz, que ha sido criado suyo. a hacerle creer al simplón de mi amo, que está enparaje de darle la Extrema. Unción. Y Lucia? Allá en mi cuarto, (como dijo mi amo, que hoy, para divertirse, quiere comer en San Blas: al Sol) me pidió, que la dejase el vestido de color, que ha de llevar. Algún nuevo embuste traza, aunque yo pienso, que no es menester. Es verdad, que la invención de anoche casí le ha hecho creer, que es verdad, lo que vie Si él no se cásare, quiero que mar mis libros. Mi honor, y el amor, que Luisa tiene a Don Diego, en esto son quien se interesa. Pinchauvas, sácame a este corredor el recado de escribir, Claudio es este. Ya nos vio. Pues qué haremos? Esforzar con nuestra conversación su engaño. O yes, no es aquella Leonorcilla? Como soy corto de vista, no bien la encandilaré. Hablador, ponte gafas. Aún no alcanzo. Pues súbete otro escalón: es ella? No la distingo. Daca esas gafas, bribón, que yo soy más alto, y puedo descubrir campo; to, tó, ella es, y está con Luisa; direla en resolución lo que hace al caso. A la puerta escuchando se quedó; en qué pensáis? Esto importa para engañarle mejor. Mucho, Leonor, he sentido, que una vez que declaró mi amor su queja, te halle tan de parte del rigor. Nadie más que yo ha culpado la injusta desatención de Don Claudió en no casarse; pero que él haga un error, no es causa para que tú hagas una sinrazón; y sinrazón, que le cuesta la vida, pues al rigor de su mal ha de perderla. Miren la buena intención de mi hermana! Aunque pudiera, para cumplir con los dos, negar, que le doy la muerte; no lo he de hacer; porque son tan públicos mis agravios, que para que hagan menor mi ofensa, es preciso esta pública satisfacción; yo soy quien su ruina trazo, Lucia quien lo hechizo, y él quien ha de morir. Eso, como quisiere el Doctor. Ya es esa mucha osadía. Ah, buena Luisa! Y no por que él sea un simple:: Es mentira. Has de hacer ostentación de su riesgo. Él también hizo gala de mi deshonor. Yo no debo nada a nadie, como debo el alma a Dios. Pues ya que has dado en hacer tema de lo que es rigor, no faltará quien por él vuelva. Quién? La Inquisición. Su misma inocencia; y vamo de aquí, Isabel, que no estoy para oír locuras. Mira, que hablas conmigo, y que no sufro atrevimientos. Pues ya está dicho. Esto volo. Quién pensare;: Ah, Caballeros! así mi reputación se arriesga? Qué es esto? Nada, habiendo llegado vos. Mucho, habiendo tu venido. Luisa, desde aquel rincón (testigo de ello Pinchaubas) oí todo lo que pasó, y lo de la callejuela. Y bien, qué decís? Que sois una mujer infernal, y que ha un mes, que estoy por vos con el alma entre los dientes. Si no fueráis vostraidor, no fuera yo vengativa. Ea, Isabel, expulsión; exsi foras, Pincha Ubas. 2. Veyme, pues lo mandas. Oj, porque quisiera tratar con Leonor una cuestión, párrafo de maleficiis. Yo también, Claudio, me voy. Luisa, por lo que tronare, no es malo, que estemos dos, y toma un abrazo, porque te has portado con valor. A qué aguardas? Escuchad un púntico del sermón. Harto será que la risa no me desmienta el furor. Señora, yo soy un hom- bre tan como Dios me crió, que diré mi sentimiento al Gallo de la Pasión; y así perdonad que os diga lo que siento; vos, Leonor, porque con vos no he querido contraer desponsación, me habeis hechizado adrede, por la imaginaria, y por la enor mísima después, luego por un montón de cosas, siendo Lucia la que sin ton, ni sin son me hechizó, y hechizará al padre que la engendró; porque ella, toda su casta, toda su generación, y toda su descendencia, han sido, serán, y son hechiceros lamparistas del aceite de Astaror: Decir por fas, o por nefas, que me case en conclusión, es cosa que no se hiciera ni con el Cid Campeador. Morirme de parte a parte yo, sin tener mal humor, por vuestro gusto gustillo, es estelionato; y soy yo mucho hombre, para que me muera sin sarampión; y pues ya la lamparilla, con que allá en el obrador de Lucia me hacéis hay te, estará sin algodón, Doña Leonor, haya medio de que sin que demos hoy que hacer al diablo, seamos amigos a parte post; y es, que para vuestro dote eche yo alguna pensión sobre mi Capellanía, y tendréis de dos en dos novios, así así, que vengan a tomar la colación. Miradme, así Dios os guarde por vuestra contemplación, necho un almario de huesos, con rehumatismo, y contos. No os da lástima, que un hombre que gracias a Dios vivió sano como una manzana, y gordo a fuerza de arroz, se haya de morir en seco? Fiera cosa! ea, Leonor, pelieos a la Mar, y haya dulzaina, agua de limón, y almondiguillas, que canten, para que mi succesor sea vuestro novio, y por se case plana rengión. Qué respondéis? A tan necia infame proposición ya respondí. A quién? A Luisa. Qué fue, que se me olvidó? Qué habéis de morir. Mujer, sabes, que si cuenta doy a mi Cabildo, te ha de cantar una excomunión? Nada de eso me persuade. Nada? ni el saber que estoy ordenado de grosura, que soy Clerigo Menor, y traigo aquí una corona, redonda como un melon? Don Claudio, no nos canse- mos, que si esperáis de mi voz consuelo, no hallaréis otro, que, o boda, o Ririeleisón; quejaos, acusadme, haced cuanto sea en vuestro favor, que cuando acudan ya habréis vos dado cuenta al Señor. . Por vida de:: Aguarda, hermano. Luisa, déjame, aunque muera, darla cien coces siquiera, como del codo a la mano. Repara, que es indecente, que a una mujer que has amado ajes de caso pensado. Pues ajarla de repente. Señora? Qué hay, Isabel? Que ya los cuatro Doctores están en casa, Señores, de esta daré yo la piel. Pues a que la junta se haga vamos, antes que sea hora de ir al campo. Ven, señora. Digo, Luisa, Y quien lo a? Yo. Eso vaya, porque ya no se ha de lograr de mí ni un solo maravedí; pero vamos hacia allá, que quiero en la dicha junta oír lo que dice Galeno, porque no me siento bueno de anoche acá. Voy difunta. De qué? De que no has tomado el casarte por partido. Si he de morir de marido, lo mismo es así, que asado. Por postre te has de casar con ella. Aún está por ver, aunque pienso que ha de ser preciso el enmaridar. Toma este papel, Lucia, pues en él los polvos van, De qué son? De algunas hierbas, cuya virtud natural, causa frío, hipo, y sudor; y si se pueden echar en caldo, o en chocólate, mucho mejor. Bien está. 2. Nosotros, pues se ha dispuesto el que nos salga a escuchar, haremos la cama al cuento. Y a quién se los he de dar? A Isabel, por si pudiere hacer la droga en Sanblas, donde hoy va a comer. Ya entiendo; y pues Luisa sale acá, y con ella ha de venir a la sala Doctoral el Hechizado por fuerza, adiós, que voy a entregar a Isabel los polvos: de esta se le lleva Barrabás. Ea, señores, cuidado con lo dicho. Don Fabian? Señores, en hora buena vengáis esta casa a honrar. 3. Besoos los pies. Su semblante es de mi pena cordial. Desde aquí podré oír lo que dice de mi enfermedad el Proto. Martirologió de esta salud Clerical. 2. Señora, a esotro aposento, por un rato, os retirad, mientras se confiere. A nada imagino replicar; quedad con Dios: ay Don Claudio, y qué malograda edad! Cuatro son, las tres Marías, Ea, señores, tomad asientos, que yo que sé el mal estado en que está la enfermedad de Don Claudió, hablaré primero. 3. Andar. Dios te dé tiento en la len- gua. Lo que puede una beldad! . Todas las indicaciones, que en la poca facultad del egrotante, declaran, que el accivente es mortal, prater naturam, coadiuban, teste Avicena, el que hay maleficio supurante, ahito, y calor vital, como lo dijo Riverio en su Prajís singular, de fame canina, siti morbosa, sebri letal. Si habla más en latín, temo que le he de descalabrar, Ahora, señores, la prueba, es, que a veces suele estar frenetico chacoquimio, sintomato contumaz, emuntorio canceroso, putrido, y corrutio. Hay más? hermosas especias para sazonar un pepian. Los líquidos nutrimentos apenas puede pasar en pistos, o gargarismos; porque como al paladar fluye la pituita, y está es espongiosa, le ha con el quilo sufocado la orgánica cabidad; de aquí nace, el que privado de alimento, haya de dar en maniaco; porque como el somes natural al cerebro participa el estomango, y no hay en él virtud nutritiva, es fuerza que al delirar, claudique extenvada toda la facultad racional. Claudique? qué más dijera de la Burra de Balán El remedio que hasta ahora a muerte, o vida, se leha aplicado, solo ha sido una tipsana de agraz, llantén, y sangre de drago porque como su frialdad repercute la fluxión del maleficio humoral al pecho, que es donde tiene el hechizo, así no hará gangrena; y aunque ya estuve resuelto a mandarle echar una ventosa sajada en el cogote. Arre allá. No me atreví, porque rapto. del humido radical mordícante, no corroa, llegándose a apoderar de la cabeza, algún hueso criboso, u occipital, dañando la tabla vitrea del séptimo vasilar. 1. Soy de esa opinión. 2. Zacunto, en sus Farmacos, lo trae. No obstante, pudiera hacerse, como al llegársele a echar la ventosa, le estuviesen tirando a todotirar del dedo gordo del pie. No si no del carcañal: fiero aso es el tal Doctor! 1. Ahora, señor, aquí no hay que discurrir, sino en que cuanto ha obrado Don Fabian, ha sido todo acertado; pero aunque la parvidad del sujeto, no permite que se le pueda aplicar medicina digestiva; no obstante eso, cuando está contuso en el espondil el músculo intercostal, soy de parecer de que se le haya de sangrar ligeramente, hasta unas catorce veces. 2. Mirad, que sin más indicación de urgente necesidad, no es la evacuación segura; porque como dijo allá Zamudió en su Diatrea discretamente, ante cuam sangraverís videritís, aur sit nefas, aut sitfas. Pues a Caisas, quien le mete dónde no le llaman? va un cuarto que salgo, y todo se lo lleva Barrabas. Yo, que soy el más moderno, tengo por muy principal, que por estenso sepamos los accesorios, pues lam difficilé estadhibere médicamenta, sistar oculta egritudo. 1. Tose? Y es el esputo mordaz, sanguinoso, y coagulado, 2. Malorum: y el respirar es intercadente? Y con notable dificultad, con palpitación interna del espíritu animal. Tú lo eres, por si me enga- ñas. Manduca? Cómo? si están las fauces intemperatas, Denme a mí de manducar, veremos si están, o no. 1. Delira? Como un Reduan. 2. Y dormita? Toties cuories. (dar 1. Pues para qué es bueno an- en misterios; este hombre ya está muerto. No está tal, 1. Cómo que no? si después del escirro, el zaratán, equimosís, y ancurisma, que padece, no ay, ni habrá medicina equivalente, que pueda la actividad vencer del hecizo. Yo mandara hacerle un sedal, por donde eyacuase toda la porción escremental del humor viscoso. 1. Cómo? si no hay en él facultad. 2. Echándosele a un criado. 1. Nego. Probo. 1. Es por demás; y mi voto decísivo es, que si le llega a dar singulto:: Singulto dijo? Muere de necesidad. Singultio, singultum amar sepelire, dijo allá Nebrija. 2. Yo digo, que le entrará una sincopal, con frío cadente. Yo, un sudor, que le ha de entrar diaforetico. Tú mientes, y toda la vecindad. Qué atrevimiento es aques- te? Yo singulto? Voto a San, que en mi vida he oído cosa que me haya enfadado más, Yo di aforetico? Bueno! 2. Sosegaos, y mirad, que habláis conmigo. Ah, Don Claudio! Don Fabian, fuera de atrás, que yo soy hombre de bien, y se, que no me dará frío cadente, o singulto. Pinchaubas? Isabel? 3. Qué hay? Qué ha de haber, que ese Doctor me ha dicho una atrocidad. Don Claudió, el singulto es hipo. Sea hipo, o sea costal, yo no sufro desvergüenzas; y hombres de mi calidad no mueren de porquerías. Idos, pues, Don Sebastian, antes que se precipite. 3. Ya nos vamos, y serás pues este hombre está loco, para no volver acá. . Hermano, es posible que ha- gas i estos hierros? Pues si da en que ha de darme singulto, Luisa, no me he de enojar? Ya os he dicho, que esto es hipo, y no os tenéis que cansar, que el frío, el sudor; y el hipo, antes de mucho los darán, y con ellos moriréis. Sí? pues vamos a San Blas. Ya está al el coche alquilado. Pues vámonos a mudar vestido: Singulto a mí, que he nacido Capellan de Parla, que es más que ser Sacristán de Santorcaz? . Doña Luisa, qué tal se ha hecho? De pasmo; pero pues va airado, iré a sosegarle. Ah mal haya tu beldad, pues así de ceca en meca, o me llevas, o me traes! En fin hablar solicitas a mi ama? Como un Roldán. Pues vete a San Blas, y sea, llegándote a disfrazar, para que no te con ozcan. Ya he discurrido un disfraz famoso. Allá nos veremos. El Hospital General me valga, que allí Muñoz un vestido me dará, con que si allá lo veredes dijo Agrajes, no será mucho, que allá lo vere les diga también Don Fabian. , , n Bello día de campo hace, Lucia. Con Sol claro en Febrero, no hay mal día. Donde su luz alcanza, va ya reverdeciendo la esperanza del Abril; mas qué mucho, si en la Esfera, que ha de sercatre de la Primavera, dérrite brilladora, llanto, que conjeló noche, o Aurora. Dejemos ahora eso, y vamos, para el logro del suceso, discurriendo en lo que hoy hacer conviene. Qué hemos de hacer, si viene Claudió a este sitio, donde se entretenga, mas que esperar tapadas a que venga, con la disculpa de que tanta gente tomando está aquí el Sol? Cuando se siente ha de haber fiesta doble. Pues qué ha habido? Que trae entre el aforro del vestido, hacia la faltriquera, metido un niño, que hice yo de cera, lleno de agujas, vidrios, y alfileres; porque ya que se clave en que tú eres quien le hechiza, se clave el majadero en creer, que allí está el daño; y si primero le da los polvos Isabel, y empieza a darle el hipo, el frío, y la flaqueza, ha de creer, como el Doctor le dijo, que va llegó su hora. Ya colijo como ha de hallarse en uno, y otro caso el pobre simple de Don Claudio. Paso, porque es tu hermano aquel, que por la cuesta con Picatoste viene, y no habrá fiesta, si nos conoce. No importa nada, sabiendo, que esusada devoción el que a Atocha a Misa venga; mas porque si nos ve, no nos detenga, tapate bién, y vámonos poco a poco. Señor, de puro alegre vienes loco: qué traes? Qué he de traer, si me ha citado Isabel a este sirio a que el cuidado de mis recelos satisfaga Luisa. Cuidado da un Doctor, que sin camisa, y con pera pretende ser esposo. Pues no puede un indigno ser dichoso? Si puede; pero espera, y tengamos siquiera, con estas dos tapadas de tontillo, lo que llaman ún rato de palillo, Garyo tiene por Dios. Qué testimonio! el Demonio! garbo por Dios! Pues qué dirá Entre negras tinieblas hoy solo arde el Sol con más incendio. Dios le guarde. Fámula vos; tenéis lindos apaños de ser gran perfección. Viva mil años. La seguimos, señor? Calla, ignorante. Ves como aunque pasamos por delante, no nos han conocido? No poca dicha ha sido. Mas no es aquel el coche? En la librea dice, que es al quilón. Que no me vea Don Claudió importará; y así, pues miro que están solas las tapias del Retiro, a ellas arrimados, demos vuelta al Altillo, pues poco nos molesta del Sol ardiente la influencia activa. Un coche sube por la cuesta arriba. Él será, aquí te queda, y en saliendo de la Hermita, a llabel senas haciendo del sitio donde me hallo retirado; podrás guiarla allá. Ven sin cuidado. Ya tu hermano se fue; y en mi repara Picatoste. No importa. Para. l. Para. Ya; señora, se apean. Pues porque no nos vean retirémonos más, que tú en rezando en la Hermita, podrás de cuando en cuán? dar un paseo, y ver lo que sucede. 1. No has dicho mal; la Cielos, lo que puede la obediencia servil, pues por mi amo, tórtola, que a Isabel hace el reclamo, no voy tras las palomas de medio ojo; mas si la vista no lo ha por enojo, este es Don Claudio. Licenciadillo, Cabra del Tacaño, así se sirve a un hombre de mi esfera? Si no las quiso hacer la Cocinera, tengo la culpa yo? Claro es que tiene; sin un costal de sopas se me viene a esperarme a San Blas? si no mirara: Que esto se diga a un hombre cara a cara! Vaya, y diga a Isabel, y no me muela, que a mí solo me haga una cazuela de panecillo y medio en rebañadas, que hoy he de hartarme de sopas abadas: Mal provecho te hagan: Buenos días. Tú por acá? Sabiendo que venías hoy a comer al campo con tu hermana, vine a tomar el Sol por la mañana, por lograr verte a ti, y a ella servilla. Dime, cómo le va a la lamparilla? No pasará de hoy Eso me dices? quieres que te deshaga las natices? Pues qué culpa hay en mí, para ese pago? Has dicho bien; ya no te las deshago; y si quieres que hablemos en el cuento, ven a almorzar conmigo, Soy contento. C Verás qué vino con cuatro costillitas de adobado, me enboco mientras muero. Señor? Qué ay, Isabel? Ya del puchero calé las sopas, cómelas aprisa. Primero es comer sopas, que oír Misa. Y si el hipo te da comiendo a bulto? Aunque me dé un arroba de singulto, me he de hartar, Isabel. A buena cuenta, los polvos he de echarle por pimienta. Oyes, hacia las tapias está mi amo. Diviertemele tú. Voy como unigamo a no dejar en pie corteza, o miga, porque me quepa más en la barriga. Llega tú, y dile a Isabel, que estoy yo aquí. Y dónde esperas? A la sombra de la Hermita me hallarás. Ah buena pieza! Lucia, válgame Dios, a qué lindo tiempo llegas! Pues qué hay? Que voy con Don Claudio a envocarle en la cazuela los polvos de Don Fabian; y así, amiga mía, es fuerza, que en el interín por mí hagas tú una diligencia: tu amo Don Diego es aquel, que a las tapias se pasea; Luisa vendrá ahora a este sitio, con que haciéndole una seña:: Ya estoy en el cuento; vete sin recelo. Hasta que vuelva, cuidado con el cuidado. . Señores, esto es comedia: Mi ama de acecho, y tapada; mi amo celoso, y en vela; Luisa atisvando a su hermano; su he mano muerto de pena, porque se tardan las sopas; Isabel dándole en ellas mas de mil hierbas en polvos; Pincha Ubas echando arengas; Picatoste haciendo espaldas, y Lucia centinela: ay tal retablo! Ya ha entrado al cuarto de la Santera Claudió; y podré sin recelo, en el interín que almuerza, ver si Don Diego: Señora? Tú aquí, Lucia? Esa es buena! más vamos a lo que importa. Sabe que mi ama encubierta está en San Blas, y Isabel me mandó que te dijera, que mi amo:: pero él, habiéndote visto, llega. Pues ten cuidado si sale Claudió, y avísame, mientras hablo con él dos palabras. No ves que mi ama me es- pera? No repliques. Por saber quien aquesta mujer sea con quien está hablando Luisa, dejé el paseo; y pues esta es buena ocasión, lleguemos, amor. Muy en hora buena, señor Don Diego, vengáis. Fuerza es venirlo quien llega a ver menos irritados vuestros ceños. Pues la puerta de la Hermita no está lejos, mientras ellos se requiebran, voyme a saber como va a Isabel, de estratagema, y a dar aviso a mi ama. Si Isabel no me dijera, que teníáis que mandarme, nunca se hubieran mis quejas puesto en paraje de oírlas quien da motivo a tenerlas. No me espanto; sois tan lindo, que si las damas no os ruegan, no os dais ha partido. Celos, pues os vale la cautela del disfraz con que llamado de Isabel, según la cuenta, vine a este sitio, veamos, si es que haciendo la deshecha, oigo lo que este traidor habla con aquesta fiera. Ya os he dicho, que es Lucia esta tapada, que acecha, si sale mi hermano. Pues por qué se recata? Esa es cuestión para después; y así en lo que ahora es fuerza que sepáis, prosigo. Quién, Divinos Cielos, tuviera oídos de larga vista! Bien estoy en que ese sea el motivo. Albricias, alma, que bien oigo. De qué crea Don Claudio, que está hechí: zado; pero esa intención no deja disculpada la malicia de que un Doctorcillo tenga atrevimiento de hablaros. No habléis en esa materia, que es asco aún imaginarlo; y creed, que si no hu viera sido preciso el valerse de él para la industria nuestra, hubiera hecho ha dos Lacayos, Don Diego, que en mi presencia le derrengasen a palos. Ya mi dolor me derrienga, aún antes, que tu paliza. Y pues sabéis que soy vuestra, y os constan de mi cariño las repetidas finezas, id con Dios, hasta que más despacio hablemos. Paciencia mira, que ya eres infamia! Idos, pues. De esa manera me despides? Diola el tú: pluguiera a Dios, que la diera un tabardillo primero. Diego, mi bien, considera, que nos miran muchos. Y uno, que os ha de dar cantaleta. Luisa, dueño mío, adiós. Me quieres? Mas que a mí misma vida; y tú? Mas que tú a mí. No es fácil. Dóndo vas, perra? Iré donde yo quisiere. Mi hermano es este, a qué esperas? Adonde primero estaba me retiro. Para esta. Siempre, Lucia, has de estar de humor. Tirana embustera, no es Lucia, si no quien rabiando de celos queda. Sin duda de Don Diego es alguna dama encubierta, que le cela; ay tal traición! Oye, Doña Melisendra, para esta, y para estotra. Cómo habla de esa manera? váyase la picarona noramala, y agradezca el que no hago, que al instante la bajen a la Galera. Fuese; pero tras Don Diego ir quiero, para que entienda, que le ha oído el Doctorcillo: para esto, tirana estrella, me disfracé, haciendo falta a más de cuarenta enfermas! Mas yo me vengaré. quién a una mujer defienda? Acoto, que la he cogido, Suéltame. Cómo qué suelta? piensas que ha de haber ahora el ruido de la cadena? no, amiga, aquí has de morir. Quiéres que empañe la esfera? Como no empañes la holla, haz lo que quisieres. qué es esto? Picatostillo? Qué hace, señor? Una, y buena; quieres, porque estoy sin armas, prestarme tú unas tijeras para matar a Lucia? No las traigo, Pues espera: ténmela de manifiesto aquí para cuando vuelva, que en un brinco voy, y traigo el cuchillo de la mesa. Mas qué será esto, que pica aquí hacia la faltriquera? Qué ha de ser, el envoltorio, Ve, pues. Ahora, Luciguela, lo pagarás todo junto. . Qué es lo que ahora hacer in- tentas? Qué escapes Dios te lo pague, porque el Don Claudió es un bestia, y hiciera algún desatino En qué te detienes? vuela. Ya me voy. Ahora conmigo anda la marimorena. Consejo muda el prudente, dijo un Sabio; y pues tan cerca el Hospital General de aquí está, y en él me esperan los amigos, una espada traere, para que haya gresca en San Blas. Una mujer de poco porte se acerca, y Don Claudio viene, pues haya engañisa: Cé, Reina. El criado es de Don Diego; qué querrá? Mas por si piensa que habla con Lucia, le escucho. Ea, Picatoste, tenla con valor, porque he de darla diez puñaladas en letra. Aquí te la tengo. Cielos, qué es esto que miro! Deja afilar, para matarla, el cuchillo en esta piedra. Suelta, picaro. No quiero, pícara. Ay tal desvergüenza! Preciso es ya descubrirme. Ea, Lucia, encomienda tu alma a Dios, y vete en paz al infierno por más señas. No es Lucia. Jesucristo! Don Fabian es. Hechicera, ya te entiendo, que has mudado el rostro; pues aunque fueras todo el Proto Medicato, te he de matar. Que no es ella; tente, señor. Todo esto con la espada se remedia: luego lo veréis, villanos. se escapa, resistencia. es gritos. justicia? id. glesia. Favor al a i ̱, Amigo? Qué, ya vuelves? 4. Qué te inquiera? Vive Dios, que en este lado me pica, que me revienta; qué ha de ser, que muda formas, Lucia, como materias; y ahora se me apareció, queriendo darla una vuelta, en figura del Doctor. Ya con manias empieza. Jesús, y qué testimonio! Qué, hija, ahora Jesuseas? habiéndome tu hechizado? Mas qué es esto? Ay qué tragedia! el hipo le ha dado. Ahora hacen su efecto las hierbas. Bien dijeron los Doctores; ay infeliz! que esta era señal mortal, pues la cara pálida, amarilla, hierta; avisa, que ya fallece. Que, ya huelo a carne muerta? mas que frío, o qué demonio Quieres, que vea si encuentro quien le confiese Cuando se confiesen ellas. señores, échenme ropa, que tiemblo como una bestia. Ve volando. Ahora sabréis, quien padece, y quien se venga Aún tiene gana de soda la tal Leonor, ni por esas; pero hay que se me anda. 4. Qué se te anda? La melena. Qué le ha dado a mí se Una sincopal. No mientas, que algo menos es, hermana. Mucho el trasudor le aprieta. El amansará. Entre todos, para que descanse mientras viene el Confesor, le echemos en el suelo. Vaya de esta. Agarra bien, Pinchaubas. Aspácito, y buena letra; pero ay de mí! Qué te ha dado? Qué hacia aquesta pierna iz quierda me pica un áspid, que muerde a modo de sanguijuela. Hermano, eso es la apren- sión. Luisa, que me atenacea; no habrá quien de caridad descosa esta faltriquera? Un bulto hay entre el a Bulto? pues, será apostema. Desgarra, y sacale. Saco. Qué hará el pobre cuando vea el envoltorio! Lucia, yo no he visto igual novela. Hombre, qué has hallado? Un niño de cera, con más de treinta agujas. Ese soy yo, menos el hipo. Ya es cierta tu muerte, Claudio, si no te deshace Luciguela los hechizos. Cómo es eso? antes, para que lo crea, aquí delante de todos, le he de quitar la cabeza, para que él se caiga muerto. Lucia, pues a qué esperas? acaba con él. De suerte, que este cuento va de verás, y que ya llego mi hora. Ahora te vienes con esa? Pues Leonor de mis entra- sabe Dios cuanto me pesa (ñas, de haber de casarme, en Martes de Carnestolendas; mas si me importa la vida, esta es mi mano derecha: vayan, pues, los cien ducados a espulgar un galgo, y venga ese montón de cristales. Don Claudió, ya no aprovechan ruegos; yo me he de vengar. Ea, mi Leonor, clemencia. No hay remedio. Isabel, Luisa, llegad con las manos puestas, y rogádselo, así Dios os dé un buen dolor de muelas. Amiga? Leonor? Señora? Una amiga te lo ruega: hazlo por Dios. Qué respondes? Que por ver, que la Comedia esfuerza, que acabe en boda, le doy la mano. Pues ea, hechizos fuera, Lucia. Eso ahora no corre prisa. Cómo que no? Ahora verás si riñen los que recetan. Yo, que castigo osadías. Cómo que? en boda pe dencia? téngase ahí. He de matarle. Dotorcillo de la legua, mira lo que hablas. Qué es esto? (tas: Qué ha de ser? celos, y afren- Don Claudio, Luisa, Leonor, y Don Diego, pues ya llega el tiempo de hablaros claro, os han hecho creer por fuerza, que estáis hechizado, por obligaros a que dierais la mano a Leonor, y Luisa con su hermanito; os la pega: esto es verdad. A buena hora os venís con esa media espada, Doctor, que ya me he casado hasta las cejas; pero pido nulidad desde aquí, y hasta que vengan los Nazarenos. Don Claudió, no hay que replicar; y esta, Don Diego, es mi mano. Amor, tanta aventura agradezca. Don Fabian, métase Fraile. Bien Isabel le a conseja. Qué es Fraile? He de dar al Rey cuenta de esta desvergüenza. Pues se va, démosle vaya: ha Doctor, échale fuera. Luego lo veréis, canalla. Y yo, que he sido tercera de estas bodas, qué he de hacer? Irte a hechizar a tu abuela: mala venta te dé Dios. Y pedir, que tenga venía los hierros, a que dio asunto el Hechizado por Fuerza,
