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Texto digital de La hechicera del cielo

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Atribución tradicional
Antonio de Nanclares
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La hechicera del cielo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hechicera-del-cielo-la.

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LA HECHICERA DEL CIELO

JORNADA PRIMERA

, . Solo obedecerte ordena Vano asombro! Suerte incierta! Temo lo que vi dormida. Viviendo la lloro muerta. Mas como a un sueño le he dado que infatigable navega tanta credulidad? Tan lejos de la verdad halla en mi crédito el hado? De mi discurso me ofendo. Su influjo una estrella muda. En mí pone un sueño duda. Yo antevisto el riesgo atiendo la noche, y en calma fijo, Verele, porque mi error de mí tome desengaño. Iré a avisarla del daño, Eufrasía. . Padre, y señor, donde el color demudado, Donde tu beldad turbada, Mueves la planta alterada? Diriges el paso osado? Di tu mal. . Dime tu pena. Saber tu cuidado quiero, Dime tu dolor primeros el alma. Di mientras lucha con tu atención mi pesar. Si halla en la tuya lugar. Qué soñado! . Qué temida! . Prosigue. . Mi pena escucha Luego que bajel errante, el Sol Fénix de sí mismo, el piélago de zafiros, buscando el golfo salobre de tanto afán repetido, apagó el fanal de rayos, surto en su puerto de vidrio. Desplegó el manto de horrores todo el ámbito del Orbe quedó a su imperio tranquilo. Huyó a la gruta la fiera, al poblado el peregrino, el pez se retiró al centro, el ave se acogió al nido, salió a sus hurtos el lobo, la traición a sus delitos, a su logro los engaños, y las sombras a encubrirlos, solo de noturnas aves eran ecos mal distintos, acentos que desvelavan de los canes los latidos. Todo en profundo silencio, cuanto animaba rendido, estaba enquieto letargo del sueño al callado abismo, si no es yo, que desvelada entre los cuidados míos, era rémora al descanso, tu precepto obedecido. Campo de batalla el lecho que yo elegí para alivio, era solo en que lidiaban mis quejas, y mis suspiros, y en el duelo de mis ansias batallando yo conmigo. Si el paterno poder tiene violencia injusta en los hijos, juzgaba impulso tirano (perdóname, padre mío) que a mi disgusto me obligues a casarme con mi primo, y entre la duda, y la queja del desvelo combatido, el discurso dio a lo humano tributo en un parasismo. Y apenas, ni firme el alma se equivocó en lo dormido, y el volante de la vida paró el mortal ejercicio, cuando en fantástica idea soñe (que aún al repetirlo, el corazón, siendo engaño, late del dolor vencido. Soñé que tu Padre amado a un vergonzoso suplicio desnudo el anciano cuello entregabas al cuchillo; y al conocerte, asistida, vhemente al dolor me oprimo. Voy a hablar, ahógame el llanto, y obra la voz en gemidos; y en mi perfectas acciones, pesadamente en su oficio oprimidos del letargo, obraba ningún sentido. Tanto la pena se esfuerza al lastimoso castigo, que el intentar el remedio paró en sollozos, y gritos. Desperté, y dejando el lecho, desordenado el aliño, sin dar crédito al engaño, el buscarte solicito. Pues desde que di a lasciencia de los engañosos libros justo desprecio aquel día dichoso de mi Bautismo, las vanas credulidades de sueños, como delirios burlo; y así te buscaba, no mi error, sino mi alivio. Esta, señor, fue mi pena: y aunque mi queja he querido contarte por tu cuidado, a otra ocasión la remito. Dime agora, que es la causa que le ocasiona advertido, que a su remedio mi vida daré humilde en sacrificio? y pues es una la sangre, que comuniques te pido tu dolor, para que sea entre los dos uno mismo. (sía No en vano (ay querida Eufra. de mi edad a lo prolijo es tu beldad, y tu ingenio, dos veces descanso mío. Comunica tus pesares. Porque veas que resisto justamente el renovarlos, a contártelos me animo. Ya sabes que Diocieciano, nuestro Emperador invicto, vencedor llego a Bitinia del Persa, habiendo elegido por su Corte a Nico media, adonde le llegó aviso, que Armenia negó al Imperio la obediencia; con auxilio de las Romanas Legiones de Cristianos forajidos, a cuya causa irritado, por un Imperial edicto mandó, que muriesen todos los que a los Dioses divinos negasen el culto sacro, y confesasan a Cristo. Ya sé que fiero, tirano, bárbaro, cruel, impío no perdonó atrocidades, que inventó nuevos martirios, y de su impiedad buscados, con tormentos exquisitos diez y siete mil Cristianos acabaron sus ministros. Huyendo de sus rigores Gayo con su hermano vino, para ampararse de mí, a quien yo tuve escondidos. Gayo, a quien llamáis vosotros Fontifice, o Vice. Cristo, contrario en la ley al César, siendo el César su sobrino, el que ingrato a mis favores pagó tantos beneficios, haciéndote que adorases del Nazareno los ritos. Yo sabiendo esta maldad y justamente ofendido, le despedí de mi casa, y por no poder contigo, que a tú ley natural vuelvas, resuelto ocultarte elijo en este templo de Apolo, Adónde de inducido, en cuya estatua responde por diabólico artificio, que a mi Dios niegue, me fuerzas, y a casarme con mi primo. Que ley divina, ni humana da tirano poderio al padre, para que pueda sin razón a un tiempo mismo violentar el cuerpo, y alma, si aún Dios cuando al hombre hizo, siendo su Autor, hizo dueño al hombre de su albedrío? Aunque son sofisterias Cristianas, no te réplico, por pasar a lo que importa oye lo que no has sabido, excusando que no tenga Diocleciano algún indicio de tu error, pues de tu vida pende, Éufrasía, lo que vivo. Traté con orden del César que se casase contigo Valerio, a quien el Imperio venera como a valido; pero en ti tal haversión a este matrimonio miro, que por excusar violencias, apurar he pretendido en las causas naturales, y en mi ciencia los motivos, que entre tantas conveniencias resultan en impedirlo: Y esta noche, cuando el peso de su curso dividido partia a horrores las sombras, empañada a negros giros, la suerte de mis aciertos a la doctasciencia fío, y en todo contrarios hallo temerosos vaticinios de las soberanas causas los efectos prevenidos. Busque a los hados, y en ellos solo desdichas consigo: o nunca de las estrellas ese encuadernado libro cuyos caracteres leo en el Pampolturquí escritos, en su folio me enseñara! si tu casamiento impido, un mortal riesgo a tu vida en su movimiento fijo. Dejo el Astrolabio, y paso, valiéndome del hechizo, al conjuro, y al apremio, y agüero, y suerte investigo. Noto por la Hidromancia el agua, y su cristalino espejo en rubicambiado se denota en sangre tinto. Hallo en la Piromancia el fuego, y de esplendor limpio la purpúrea voraz llama, extínguida de improviso. Al cerco el caracter formo sobre la tierra que piso, es voz de impuro esqueleto del centro asombró mi oído. Salgo al aire, y los agüeros de infaustas aves avisos infelizmente anunciaron con el vuelo, y los gemidos. Desuerte, que en agua, y fuego tierra, y viento solicito, sciencia, suerte, apremio, agüero, conformes para el peligro. Y últimamente apelando al oráculo divino de Apolo para mis dudas, estremeciéndose, dijo: Anastasió, si no casas a Eufrasía con tu sobrino, su fatal riesgo amenazan infalibles los prodigios, yo. . No pases adelante; padre, y señor, que me admiro, como he podido escucharte, ni tu engañarte has podido. Tú das crédito a una estatua, cuyo engañoso artificio responde en voz de un demonio con oráculos ambiguos? Que fuerza tiene una estrella mas que a influir, cuando ha sido cierta la suerte, o agüero si son acasos los juicios? Ya di a su engañosa sciencia ratos que lloro perdidos, y solo vanos engaños aprendí en sus falsos libros. La suerte siempre es incierta, las estrellas, y los signos solo indican los acasos, no los efectos precisos. En cuyas constelaciones el sabio tiene dominio, que predomina en los Astros, o contrarios, o propicios. Mas si al volumen del cielo el ente de Dios Divino dio inevitable el suceso en el inmortal registro. En vano excusar intenta el loco humano delirio alterar ordenes suyas, que han de ejecutar los siglos. Si es acaso, venza el sabio, si es forzoso sucesivo, le aguarde el valor, temiendo le espere el temor con brío. Porque prevenido al riesgo, se avasalle en el peligro con freno la voluntad despeñada en su apetito, pues es cierta consecuencia, que el Planeta más activo no puede forzar al hombre, solo le inclina al destino. Dios es causa de las causas, de su decreto al arbitrio está todo, solo en él no son falibles los juicios. Tan absorto, y consolado me han dejado tus avisos, que a las luces de tu ingenio discurro más advertido. Dioses, qué nueva mudanza en mi desengaño he visto, que en vuestra ley tirúbeo, y a aquesta verdad me inclino? Señor, y Autor soberano, favor en mi celo os pido, para que estás ceguedades alumbren vuestros auxilios. En fin, que has determinado? Guardar mi ley detérmino. Y tu esposo? . Dios es solo. Y Valerio? Adoro a Cristo. Es poderoso. . Es eterno. Quiérese bien. Es más fino. Y el César? . Es un tirano. Qué aventuras? . Su castigo. No le temes? Le deseo. . Por qué? Por qué sacrifico en una vida que ofrezco, ganar la eterna al martirio. Y el riesgo que te amenaza? Quién con Dios riesgo ha temido? Y la ciencia? Es vano engaño. Y la suerte? Es falso hechizo. Que ya estás resuelta al daño? Yo a la verdad me encamino. Pues a padecer constante, cansados años prolijos. Pues a esperar animosa los tormentos, y castigos. Si antes no muero a la pena. Si tanta dicha consigo. Oh ruego al cielo que salga mentiroso el vaticinio! O ruego a Dios que conozcas el engaño en que has vivido! Esta, señor, la selva es celebrada de Apolo; y a su nombre consagrada: Bitinia en ella su deidad venera, tanto, que yace la siluestre fiera, el tímido conejo, el suelto gamo, el ave, el bruto, el tronco, cuyo ramo de Dafne esquiva da verdes memorias, vinculado a trofeos, y victorias, en su sitio sagrado más seguros, que de su templo en los cerrados muros. En esta amenidad, señor, adonde en cada tronco en ronca voz responde dudoso el eco en pavoroso ruido, El oráculo sacro repetido, el templo suyo en ese risco yace, a quien saluda el Sol luego que nace, y en él Eufrasía vive peregrina, cuya ciencia, y beldad juran divina dos veces su hermosura, y su decoro, y su desdén tan infeliz adoro. Aunque no es para mí menos senera, celoso estoy, que a sus desdenes muera. Infeliz os llamáis siendo mi amigo? hoy será el mundo de mi amor testigo: y aunque el cielo se oponga a Diocleciano, viven sus luces que os dará la mano Éufrasía, sin que mi palabra estorbe el mudar la armonia todo el Orbe, que es ley que observan aún los mismos cielos. Acaben con mi vida ya los celos. Dame tus pies. Los brazos son, Valerio, justo premio al Atlante de mi Imperio. Vencio una vez la dicha la porfía. Antes que llegue a fallecer el día volveré de cázar, y de camino cumplirse mi palabra detérmino: está la gente toda prevenida? Ya te aguarda en sus puestos prevenida. Y en la selva las tiendas de campaña, porque mientras el Sol la ardiente saña esgrime, descansar puedas la fiesta en el eterno Abril de esta floresta. Qué caza elige agora tu grandeza? La montería; porque su fiereza me entretiene, imagende la guerra, su semejanza su ejercicio encierra: vamos, Valerio. . Yo, señor, prevengo otra caza mejor, para que tengo de tu guarda escogidos cien soldados, con que he de registrar los retirados concavos huecos, que en su centro encierra el sagrado dístrito de esta tierra, que oculta a Gayo, Gayo del Cristiano Vice. Dios, o Pontifice Romano, que del Imperio a profanar se atreve las sacras leyes a su culto aleve. Todo el honor que su laurel me ha dado; Valerio amigo, es poco comparado al gusto de esa nueva, pues si fueras tan dichoso, que hallarle consiguieras, corto premio partirle era contigo, por vengarme de un bárbaro enemigo. El que mi nombre, y mi poder ofende, quien los Cristianos junta, y los defiende contra los Dioses, cuya ley ánula, y Pontificefalso se intitula. Vivo yo, se profana mi respeto? así burla el edicto, y el decreto? parte a buscar, Valerio, a quien infama mi sangre, y tronco a tronco, rama a rama; de la tierra la gruta más oculta, de esa selva la valla más inculta, tu cuidado examine, y tu desvelo hasta hallar el traidor, pues vive el cielo si vuelves vencedor, que sus tormentos pasarán de castigos a escarmientos. Yo, y Constantino, si nos das licencia, por otra parte haremos diligencia de buscar al Cristiano. . No, sobrino. que en vos, y en vuestro amigo Constantino seguridad no admite mi recelo, pues en él de piedad le culpa el celo, para con los Cristianos evidente, y en vos por mi sobrino; y por pariente de Gayo a entrambos hace sospechosos. Con tu favor algunos cautelosos. La cortedad, señor, de mi fortuna. Basta, no me digáis disculpa alguna. Dirán Estorba a los servicios míos. Ese valor, esos bizarros bríos Armenia es para el mar tránquilo llama, al soldado la Corte siempre infama. Vos Majimino, que al laurel sagrado, mas por vos, que por mí estáis destinado; partida castigar su atrevimiento, ya las Águilas pardas dan al viento terror, y en dos lucidos escuadrones su General os llaman las Legiones. Vos Constantino, a quien el Parto, y Medo al repetir el nombre asusta el miedo, por mar ayudaréis aquesta guerra: quien le dómina, es dueño de la tierra, esa Armada, que en quieta mansedumbre bruma del mar la dura servidumbre, haciendo lecho en su nevada espuma. del Águila Imperial la rica pluma. Solo tu voz aguarda Constantino, tu por mar, tú por tierra, Majimino, manana antes que el Sol luces reparta, cada cual a ocupar su puesto parta, porque los dos asistiréis conmigo, ti de Valerio a la boda por mi amigo, por esposo de Eufrasía, y por mi gusto. Obedecerte es ley. . Hh cielo injusto! no bastaba una guerra a mis desvelos, sino asistir a honrar mis propios celos? Así sus esperanzas desvanezco. . Solo morir a este rigor ofrezco. . A qué aguardas, Valerio? Tu licencia. . Y mis brazos. Pasquín, con diligencia a mi tío Anastasió di que venga con mi prima. . Ya entiendo, y que prevenga a la novía la cena, y la bebida. De burlas has de estar toda la vida? que aguarde al César di, que a la floresta volverá de cázar. . Pues dime, hay fiesta? sin comer más, ya parto como un galgo, y a Rufina en mi amor diremos algo. . Valerio, a Dios, que parto confiado, que ha de darme un gran gusto tu cuidado. . No perdonar ofrece mi desvelo solicitud, si no le oculta el cielo, BIIA por volver a tus plantas victorioso, a ser de la beldad de Éufrasía esposo, ueenm cuya dicha contigo me asegura, del orácalo sacro la voz pura de Apolo, a quien en paga ofrecí el alma en sacrificio, por trofeo, y palma, y otra vez se la ofrezco, y la prometo a esta selva en su nombre. Yo la acero. Si fue ilusión del sentido. esta voz que escuché agora, o la deidad de esta selva en su oráculo la forma? Eterno Padre del día, que de rayos te coronas, dándole tu ausencia al mundo mortal pompa. Mortal pompa. Que previene. . Que previene. Tu deidad. . Deidad. Que ignora mi sentido, si fue airada. Airada. La voz qué asombra? Qué asombra. En las dudas que padezco, quién eres, me informa? Informa. O si engaña el eco! El eco. Mis razones dice propias, pero en tu aviso. En tu aviso. Mi enojo así se provoca, que si no me huye. . Huye. Quién te ánima es quien me enoja, será escarmiento tu muerte. Tu muerte. . Voz engañosa, si no es deidad que la finge en las rocas. . En las rocas. Confuso estoy, y admirado pues aunque son voces todas que forma el eco, repiten, impresas en la memoria: Mortal pompa te previene, Deidad airada, que asombra, informa el eco en tu aviso, huye tu muerte en las rocas. Pero en vano mis disignios así presume que estorba algún Cristiano hechicero, porque entretanto se esconda, o pueda escaparse Gayo; mas no hara, que ya mis tropas, y mis soldados me esperan, y aunque el cielo le socorra, si no le sepulta el suelo, volveré con la victoria: allí un pastor se descubre, E quizás de lo que me importa me dará alguna noticia: A zagal, a quien digo? Hola. Qué me mandáis, Caballero? No vi en mi vida persona de que tanto me agradase: su gentileza enamora; quién sois? . Soy un infelice pastor, que por esas lomas con mi ganado perdido penas repasto, y congojas. Bien digo infelice, pues mi Ángelica esencia postra la perdida de la gracia en que fui primer antorcha. Sabéis esta tierra? . Cuanto en maraña la piel tosca de esas breñas, y hermosea en esa campaña Flora. tengo a distancia medido: y aún cuanto incluyen las Zonas, . Medi desde el cielo al suelo en mi tragedia afrentosa. Tenéis noticia hacia donde habita Gayo, a quien nombra su Vice. Dios el Cristiano, o Pontifice de Roma? Ninguno mejor que yo te dirá donde convoca esa canalla a sus juntas, y secretas ceremonías, porque me tiene ofendido, que de mis rebaños toma las reses endaño mío, y mi ganado me roban. Yo te daré la venganza. Una oveja lloro agora, que era todo mi regalo, por lozana, y por hermosa, y que a mi pesar la ha puesto la marca cándida, y roja, que sus ganados señala, si a la querencia no torna. Guíame tu donde asiste, y verás como no logra el hurto. . A tu precipicio solo guiarte me toca; pues a despeñarte solo mi venida es cautelosa, con orden del cielo, y luego a introducirme en tu forma. Hoy caduco vil entiendo. Hoy Éufrasía mi ponzoña. Volver vencedor contigo. He de verter en tus bodas. Pues tu muerte. Pues tu daño. . Es mi vida. Es mi victoria. Dando mepor premio a Eufrasía Quitando a Dios una esposa. Guiame zagal. Qué errado en tu ceguedad ignoras, que sin precio a los mortales los guío a su ruina sola! Dicha en encontrarte tuve. Presto lo dirán mis obras. A buscar a Gayo. . Vamos a darte muerte en las rocas. . Qué responde? Dice en fin, que ya con Éufrasía viene. Y vuesarced no previene pagar su amor a Pasquín? Diga, de qué habilidad campa uced en conclusión, para que yo de antubión admita su voluntad? A decir quien soy me ensayo, Venus de lo fregonil. Sea el informe sutil, y breve, señor lacayo. Pasquín es mi nombre. Pase adelante ve. Mi humor estima el Emperador. Por bufin de prima clase? Si he de informar, no me estorbe la relación en mi agravio: Doyle prisa, porque Fabio, que es un mozo que se sorbe un hombre a una miradura, a quien mi beldad agrada, temo que venga. Pedrada: Fabio no es aquel figura, de Majimino criado? El mismo. . Y te galantea? El ser mi cuyo desea. Cascaras, y qué alentado! y le favoreces tú? De miedo de su rigor, digo que le tengo amor por valiente. Bercebú. . Que te lleve. Cuchilladas da con tan fiero tesón, que abre un hombre. Es requesón? tómara estar dos jornadas de esta selva. Hay miedo? . Agravio es que haces a mi valor; que no me diera temor el mundo, cuantoy más Fabio. Y en fin me quieres? No ama lo lisonjero al señor, la enfermedad al Dotor, al espejo hermosa dama, al invierno el sabañón, al vino Greco el pernil, al delito el Alguácil, al rascar la comezón, a los pleitos el Letrado, a su pozo el tabernero, al tahur el garitero, y que haya guerra el soldado, el ausente la estafeta, el barbero la guitarra, y al verano la chicharra, y a sus versos el Poeta? Como yo, Rufina hermosa adoro tu bello empleo, y en fregonil galanteo soy picaril mariposa, siendo tu airoso despojo un todo para mi amor, dueño, sabañón, Dotor, pernil, Alguácil, espejo, pleito, sarna, juego, guerra, delito, opinión, engaño, guitarra, pozo, bien, daño, y verano: con que cierra el echar por esos trigos mi amor, encarecimientos: admite mis pensamientos, antes que vengan testigos, que a lo platónico trato tu voluntad merecer. Platónico, a mi entender, es el cuotidiano plato; esa condición me agrada, con que ya es suya Rufina por el gasto, y por gallina; toque vusted. Oh taimada! toco, mas no de por vida, sino aprueba el matrimonio. Y este abrazo en testimonio de posesión adquirida. Bendiga Dios tanta paz. Ay qué Fabio nos ha visto! Qué es esto? Si me resisto, él me hiende por la faz. Tú le abrazabas? No debo pagar una rica joya? Si no acierta la tramoya, él me sorbe como huevo. Que me envía su señor para vistas de esta boda? Aquesta es la verdad toda; no he visto embuste mayor, pero cuando eso no fuera, mienta el temor una vez: quien le llama a uce por juez de los abrazos? Qué espera? Uced, señor Fabio, por agora se reporte, que el crédito aventuramos de esta dama, y esos ramos guardan las tiendas de Corte, y a su vista es desacato vengar la furia, y la saña, que esta selva no es campaña. Yo espero tener buen rato. Cómo dice, vive el Sol, que aquí luego hemos de ver de quien Rusina ha de ser. Muero como el caracol. Y le he de hacer la mamona por cobarde de contado. El lance viene rodado, pero vaya la intentona. Hombre, resuelto en efeto estás que hemos de reñir? sin poderte persuadir el sagrado, y el respeto del gran César Diocleciano, el peligro de la vida, de la dama pretendida la opinión? Todo es en vano; saque la espada. Ello es hecho; Protesto para quererla, que hace fuerza una doncella. Hombre, que tiras derecho. Ay, y estocadas; no ves que hay panza, y gargüero, y uñas a bajo? . Eso quiero. Estas no son cuchilladas. Calle, y riña el muy lebrón, que así mi honor satisfago. Ya lo procuro, pues hago de las tripas corazón: mujer, que aguardas, que en medio a poner paz no te pones? Temo algunos mojicones. Tenga ucé; pues no hay remedio, digo que a Rúfina largo, y que es su amigo Pasquín; embaine. . Es gallina. Y ruin, de mi vida por descargo. Es un vinagre. Y acedo. . Un busón, Con mucho frío. Un hombre vil. d Señor mío, eche uce la culpa al miedo. Llevo a Rusina. Eso es justo. A No me ha de hablar más, No haré. ap Y si lo hace, le pondré como nuevo. . Hará su gusto. Ven, Rufina. . Vamos Fabio. Veedes, y yo a otros dos. No lo impide? . No porDios, que entre amigos no hay agravio. Valedme, sagrado Apolo. Así los cielos castigan, bárbaro, tu sacrilegio. Ah traidor, que me engañaste! Válgame el cielo! qué es esto? de esos eminentes riscos sobre los hombros del viento un hombre baja rodando. Valedme, divinos cielos. Aquí cayó. A mi pesar te obedezco. En polvo, y sangre bañado, el último aliento parece que dio a las flores. Estrellose como huevo. Ay Dioses, qué es tu señor! Quién dices? . Tu amo Valerio Acabose; fue su hora; no respira? . Ni por pienso. Pésame por el salario, que me debe desde el tiempo que le sirvo, y por el luto, que falta en su testamento. Voy a pedir a mi amo albricias de este suceso, pues estando Eufrasía viuda, volverá a alentar de nuevo. . Quiero dar de esta desdicha cuenta a Anastasio mi dueño, aunque pienso que su pena será en Eufrasía consuelo. . Así le van, y me dejan con un muerto cuerpo a cuerpo, y más con un desalmado? oye usted, estese quedo, que ya sabe que he servido muy puntual; pero aquesto en vez de obligar, le irrita. Si no me estorbar a el miedo, por Vaco que yo excusara cuenta con los herederos, cobrándome de mi mano; mas dejándome de cuentos, pues que no parece nadie, lo que tienen registremos ies las faltriqueras: aquesta todo es papeles, y el lienzo; el pañal de enamorado, y dos mil vanos concetos. Este es volsillo, el sonido es de gusto, y aún el peso; quitósele, porque puede el oro dar vida a un muerto. Esta es cadena, a la nobía la llevaba el buen Valerio; mas yo por esclavo suyo, sus eslabones merezco. Esto está bien concivido, mi amo, y yo parecemos en una fiesta de toros el bolteado, y yo el pueblo. Mirad por aquesta parte. Gente viene, llanto miento; ha quien tuviera cebolla! San Apolo, San Mercurio, que me mata, que me ha muerto, miren lo que el miedo fragua, pues jurara que me dieron, y es tal la imaginación, que el dolor del golpe siento. Que así me persiga el cielo, eststorbándome los pasos con esta muerte a mi intento? pero a su pesar, mi engaño cará al peligro el remedio. Pues en su helado cadaber permisión tengo del cielo de introducirme: hoy Éufrasía de mi poder los efectos verás, o para tu gloria, o para mimas tormento. A esta parte le dejé. No hay para mi mal consuelo. Murió . Como un pajárito. Faltó la basa a mi Imperio. Ay infélice sobrino! aquestas las fiestas fueron prevenidas a tus bodas? Faltó la causa a mis celos: de absorto, y de suspendido a discurrir no me atrevo. Gran desdicha! Infeliz caso! . Feliz suerte! Agora entiendo porque la visión me dijo diese la mano a Valerio. Faltó mi mayor amigo. De que me sirvió soberbio oponerme aDios, si aún Dios castigando justiciero mi atrevimiento, la gracia le quitó a mi atrevimicno, no la ciencia, ni la gloria de intentar lo que padezco; pues en la ciencia aún sus juicios me han de servir de instrumento. Obren, pues, ciencia, y engaños, No se qué nuevo veneno en el alma se introduce, que a mi pesar. . Ahora infiero, Me dicta lo que pronuncio. Es que yo te doy aliento. Eufraña. Señor. Los Dioses opuestos a mis decretos, a Valerio dieron muerte. Yo fui ejecutor del cielo. Más para que entienda el mundo, que más que los Dioses puedo, lo que le prometí vivo, tengo de cumplirle muerto: dale de esposo la mano. Señor, estáis tan severo, que aún para daros disculpa, me embarazo en el respeto. En que sigio se habrá visto, que con un helado cuerpo el lazo que el fuego enlaza, tímido le aflije el hielo? Dices bien. Oh pesía a mí! de que te sirve el Imperio, si aún más allá de la muerte no pasan tus privilegios? Mi palabra. Que aventuras en dase la mano a un muerto, si esto mismo te previno mi engaño en mi ser primero? Digo, Eufrasía (un volcán soy) que así logro desempeño de mi palabra: la mano le da de esposo a Valerio, por él la tomo. Qué dudas? Alzadle, acabá. Obedezco al cielo, y a tu elección, aún más de norror, que de riesgo. En su forma introducido a obrar mi cautela empiezo. Esta, señor, es mi mano. Amigo el más verdadero, que conoció Diocleciano. (to? En que dársela recelo si esta muer- Oye mis voces: allá en el Elisco eterno víctima sea a tu sombra la hermosura que te ofrezco. Qué pesado es un difunto! En este infelice cuerpo, ya en humana forma asisto. Parece que pesa menos. La vida, y la muerte junto, porque el volumen del tiempo cuente, que de muerte, y vida de aquesta suerte soy dueño. Valedme sagrados Dioses! Ay de mí! que dando a un hielo la mano, parece agora todo el ardiente elemento: suelta, pasmo prodigioso. Esto es ilusión, o es sueño? Éufrasía. Suelta, enemigo, Dónde estoy, señor? Qué veo? De qué os suspendéis turbados? Que estás vivo? . Sin aliento me dejó aquella caída después que a Gayo mi acero dio muerte con mil heridas. Volvió la causa a mis celos. Dame mil veces los brazos: y advierte que aunque por muerto te juzgué, ya es tuya Eufrasía. Mi engaño, señor, protesto pues di la mano a un difunto. Agora no es tiempo de eso, Danos a todos los brazos. Veré si a pesar del cielo le quito a Dios una Esposa. Que vuelva a vivir un muerto solo porque yo no tenga ni cadena, ni dinero? Anastasíó, pues estamos tan cerca del sacro templo de Apolo, y de mis venturas la mayor parte le debo, guiad a él, que en sus aras han de ser a un tiempo mismo por un muerto, y por un vivo sacrificio, y casamiento. Antes perderé mil vidas, si el cielo no da remedio a mi yerro. . Yo te haré que no te libres del yerro. Guiad Anastafío. Vamos, que ventura! Sin mi entiendo que he obrado, y vuelvo sin mí. Qué desdicha! Qué tormento! Ea eterna sciencia mía a perar de mi escarmiento obren cautelas, y engaños, aunque de Dios sean trofeos.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Dos meses ha que dejando la selva por la Ciudad, hace aquesta novedad, con que se va dilatando la boda, que la censura diga que el Emperador, a tu ama tiene amor y no miente quien murmura, y Valerio tan mudado, con estas cosas está, que quien le trata dirá, que se ha vuelto endemoniado. En Palacio quedó agora, y me mandó que viniese delante, porque dijese que a ver viene a tu señora, y mientras llega, este rato mi amor ha de aprovechar, pues me da el tiempo lugar a quejarme de tu trato. Sobre que cae esa queja, si yo nunca te he engañado? o a que dadiva obligado me tienes el gusto? . Deja, y verás de aquí adelante como mi amor te regala, que en lo generoso iguala mi bizarría a lo amante y hasta agora nunca pudo mi necesidad lucir; hoy tengo, y podrás decir, mas da el duro, que el desnudo. De qué Indias has llegado? que censo te han redimido? que raíces has vendido? o qué cepo has descorchado? Sin nada de eso, un tesoro tengo. . Y hemos de tocar? Pues hay gusto cómo dar? Eres como un pino de oro; que cara! solo una vez que se la lava el barbero al cabo de un mes entero, todos envidian su tez; que manos! . Con ellas como. Pues los pies! Son de Poeta. Qué boca! . No tiene jeta. Pues la gracia! l Sin ser romo. o Qué asiento! De Ginoves. Luego el talle no es airoso? ay que lindo, y qué donoso! Mira que soy Portugues: Y dime, que me has de dar? Luego vi, a fe de bellaco, tras de uno, y otro arrumaco, adonde ibas a parar; mas porque de mi afición rompo al secreto el pestillo, . tentarás este volsillo: . mira. . Qué tiene? Doblón es todo aquesto que suena. Vida puede dar á un muerto: y es tuyo? Y más lo encubierto: es barro? No, que es cadena. Todo para tu hermosura lo tengo ya dedicado. Quién te lo dio? Lo he heredado de un muerto sin sepultura. Y agora que me has de dar? Guárdolo, Rúfina mía, ur en tu nombre para el día que nos podamos casar. Yo mejor no lo tendré? No fiar de mi es agravio, yo os haré olvidar a Fabio, taimada; o poco podré. . Dírete lo que he trazado para dejar de servir, porque no puedo sufrir aqueste amo endemoniado. Y es? Emplear el dinero en tabaco, que será empleo que me dará sin riesgo a como lo quiero, que es trato en que no se hierra sin polisla, y sin carcoma, y en que lleva el que lo toma ladrillo molido, y tierra: ganancia tan excelente, que falta lo aventurado, y su gasto tan soñado, que sin él ya no hay valiente, sin su profesión crudeza, sin su curso ociosidad, uso que engendra amistad, y da brío a la belleza, con que no habré meneste: asistir a este menguado, que si no me le han trocado, no sé lo que puede ser. Según lo que con él pasas, y yo con mi ama padezco, si se casan, yo te ofrezco que no se dañen dos casas. En dos iguales extremos son distintos nuestros amos. Pues ya que a solas estamos, de sus faltas murmuremos: cuenta de tu amo tú, según la ley de criado, y yo luego de contado seguiré. Este Belcebú, hombre, o demonio, que como sin que ninguno le vea: y ya que esto oculto sea, no he visto donde descome (dele Apolo hambre canina, y unas camaras con pujo) sospecho que es medio brujo, lo que pienso me adivina: de complexión tan caliente es, que aún hasta en el vestido se le muestra bien que ha sido tocando a su fragua ardiente. Truje un día mi ración, vaca, tocino, y carnero, y al ir por lumbre, el puchero (porque no hallase ocasión de soplármelo algún gato en sus rapiñas experto) con sus calzones cubierto; dejé en un bufete el plato, y volviendo en dos instantes con mi puchero, y mi lumbre, a poner sin pesadumbre la piñata donde antes, la cubrí con los calzones: al levantarlos, hallé todo cuanto allí dejé en harina de carbones. Buena lumbre! Es toda brasa. No vi prodigio tan nuevo. Pues a noche con un huevo te contaré lo que pasa; como yo siempre he entendido que matancenas, y penas, no tomo estás, y en las cenas ando siempre muy medido, ceno solo un hueno, y cuando a noche asarle quería; con una voz que aturdía, oigo que me está llamando: en su capato metido, porque no se me quebrase, y sin cena me dejase, le puse, y ya concluido lo que mandaba en razón; vuelvo en brevísimo rato por mi huevo a su capato, y hallo solo un chicharron. Mi amo ha topado buen yerno. Murmurando están de mí Rusina, y Pasquín aquí. Es un hombre del infierno. Bien decís, si todo junto asiste, aunque sin provecho, en el cadaver estrecho de este infelice difunto Pues luego es muy dadivoso, pretendiéndose casar? Esto importa remediar. No será de Eufrasía esposo si puedo, porque a mi ama la sabré yo persuadir que sepa bien resistir. Serás criada de fama. Así pueda la firmeza suya vencer mi malicia, como en tu fácil codicia me da entrada su flaqueza; vengarme en los dos espero, Piensa que por si merece. Pues, Rúfina, si no ofrece, que perezca. Salir quiero; Rufina, Señor; siloyó lo que hablaba, soy perdida. ̱. Él me quema la comida, si lo que hablé imaginó: hay que ojos! para pajuelas pueden servir sus despojos, dos brasas son con sus ojos, no necesito de velas. Castigaré a este villano; que hace Enfrañia? . Sola está. Está más tratable ya? El persuadirla es en vano; por más que siempre porfío, encareciendo tu amor. Teniendo tal valedor, el ser dichoso confío, le persuádela; que te ofrezco si por ti alcanzo su gloria, el pagar a tu memoria, si su voluntad merezco; y por prueba de lo mucho que darte mi amor ordena, Pasquín, dala mi cadena. Válgame Apolo! qué escucho, . A Rufina. Aquesto es hecho; yo que cadena, señor, tengo tuya? Lindo error! la que guardas en el pecho. Este es hombre, o Satanas? si te estás burlando advierte. . Quieres qué te dé la muerte? acaba. . No puedo más; aprended los que lo ajeno usurpáis. Vil hombre, así acabarás. . Ay de mí! con las manos en el seno, quién si no tú ha castigado? De matarte me reprimo; toma Rufina. . Yo estimo la merced. Saliome aguado el empleo prevenido. Quítate, infame, delante; Runna, avisa al instante a mi prima. Ya ha salido. Di que ha amanecido el día mas luciente, más hermoso, y en sus ojos más lustroso: dueño mío, prima mía. Seáis, señor, bien hallado; hablaros solo quisiera, salte Rusina allá fuera. Si le quiere, y se ha mudado? Qué intentará esta mujer? No sé que horrores ajenos . de mi ser, hombre, me das al verte, que aún obran más en lo que aborrezco menos. Con él me he de declarar. Ya penetro mi pesar. De esta manera ha de ser: sois mi sangre? Nuestras venas un propio blasón anima. Quéréisme bien? Si os estima mi amor, díganlo mis penas: Es de un amante fineza forzar de la dama el gusto? Contra su albedrío, injusto es violentar su belleza. Fuera en ella acierto sabio, teniendo dueño primero, admitir otro? Qué espero? fuera de su sangre agravio. Pues antes que os diese a vos mi padre el sí, elegi dueño, mirad si es bastante empeño de no casarnos los dos. En envidia infernal peno, . mirando su Feconstante. Y así consulta galante. Disimularé el veneno. . Lo que nos esté mejor, puesto que no puede ser el ser yo vuestra mujer. Con mi sangre, y otro amor. hombre puede haber humano, que a competir con Valerio se atreve, si en el imperio mandó más qué Diocleciano? Viviendo yo, tu beldad ha de gozar, por dichoso, Éufrasía de ajeno esposo, a quien di mi libertad? solo puede Majimino mi dicha tiranizar. No tienes que imaginar, que mi Esposo es más Divino. Desentendido resisto lo que me pesa saber; Divino, quien puede ser tu Esposo en mi agravio? Cristo. Mujer, calla, no le nombres, que al pronunciar ese error, mienta el respeto el amor, . el riesgo hace que me asombres. Tú de tu sangre olvidada, contra el edicto Imperial pronuncias locura igual? Ya vengo determinada, que el César, y Nicomedia, sepan que Cristiana soy. Cierra el labio, o verás hoy de mi mano vil tragedia; Así infamas tu nobleza al riesgo de tantos daños? Ten lástima de tus años, Enfrasía; y de tu belleza; Porque amor tan verdadero quieres dejar malogrado con un fin tan desdichado? Porque mi Dios es primero. De los dioses la deidad no temes, ni su castigo? Al Dios verdadero sigo, que esotros son falsedad: Este es a quien ofrecida mi pureza le vote, y el darte la mano, fue juzgarte entonces sin vida. Que a entenderlo de otra suerte, el tormento más atroz aup de ese tirano feroz viera primero mi muerte. Pues sé que en ella la palma de la vida eterna gano, cuanto es bien más soberano el que va de un cuerpo a un alma. Y más, pues por su remedio solo, y por mi Redención padeció muerte, y pasión. No pudo dar otro medio ese Dios con su poder para poderte salvar? Siempre Dios le pudo dar; mas su infínito querer, para ostentar su fineza, y que el hombre satisfaga, quiso obligarse a la paga por el alma. Esa grandeza no ostenta lo que la estima: Es de Dios la mayor gloria. Dando a Dios una victoria de un alma es su gloria, prima. No digo que es la mayor. Pues supuesta esa verdad, hoy te da mi voluntad ocasión en que tu amor cumpla a un tiempo con lo fino, gloria mayor de tu Dios, con tu padre, con los dos, con lo humano, y lo divino. Aunque más discurso ignora mi ingenio; como ha de ser? Agora infernal poder, cautela engañosa, agora: la mayor victoria, y palma que a Dios dar puede un Cristiano, el trofeo es soberano del sacrificio de un alma. Acción que a su ser compite por aquella imitación que tiene a la Redención, y que más mérito admite. Errado mi entendimiento vive en la Genrilidad, de tu luz a su verdad llega mi conocimiento, Y aunque pudiera yo mismo satisfacer este error, tu Fe tú, beldad, mi amor hacen que pida el Bautismo. Cristiano seré gozoso, dando tú aDios el trofeo de un alma, y premio al deseo de mi amor, siendo tu esposo. Mira si mayor victoria se le adquiere a su Deidad. en guardar la castidad, que en darle su mayor gloria? Con tanto asombro te escuch que en las dudas que examino, cuanto más me detérmino, mas con mi discurso lucho, porque vale en mi concepto, que es de más virtud indicio, que ofrecer un sacrificio, el oblervar un precepto. Tu palabra no lo es, y aunque es mérito guardarla, es delito, cuando se halla para Dios más interés. En tu determinación está mi error, y salud; si observas esa virtud, faltas a mi salvación. Luego será mi delito en ti no admitir un medio en que haces con un remedio, Sacramento un apetito? Soberano Eterno Esposo, mi confusión alumbrad. No respondes? Dios, piedad. Ea engaño cauteloso. Favor, cielo. Infierno, ayuda. Tu auxilio, señor, invoco. Yo haré que te valga poco, y que se esfuerce tu duda. En la oración pediré que Dios mé guie a lo cierto. Majímino llega al puerto, a él, y al César les haré que turben con un engaño tu intento. Válgame el cielo! Qué me respondes? Rocelo nonqde aup mi perdición, y tu daño; vete, y esta noche vuelve, porque pueda resolver mi duda lo que he de hacer. También mi engaño resuelvo tus designios estorbar; tuyo soy. Dios es tu dueño. El alma dejo en tu empeño. Dios lo ha de determinar. Deme ventura mi amor. En mi Fesolo me aliento. Iré a ejecutar mi intento. Pedité al cielo favor. . Mucho, señor, aventuras en que Diocleciano sepa nuestra venida, si alguno se adelanta con las nuevas, habiendo en dos meses solos que nos pártimos a Armenia, ido, vencido, y venido, como se cuenta de César, y más si lo que te han dicho, que quiere a Eufrasía, y no deja que con Valerio se case, fuese cosa verdadera, con que es fuerza que la asista, y que nos encuentre es fuerza, si esta noche la visita. No pronuncie tal tu lengua; el saberlo no es posible, porque Constantino queda con aviso, que a persona no deje saltar en tierra, hasta que los dos volvamos, y yo el desengaño vea; porque si es ajena Eufrasía mi esperanza, y mi amor mueran; nadie me ha de echar la pierna. en su casa hemos de entrar. Mira, señor, que lo hierras, y somos muy conocidos. Qué importa todo se pierda? Pues alto, aquesta es la casa. Ay, Fabio, di que es la esfera del Sol, que luces, y rayos influye, alumbra, y dispensa. Pues volvamonos. . Porque? . No era cosa de importancia. Porque es fuerza que nos vea a esas luces todo el mundo, y Diocleciano lo sepa. Qué necedad! . Soy criado; suceda lo que suceda. . dame tú que lo dijeras, que todos lo celebraran por ingeniosa, y discreta. Aquí dijo que esperase mi amo. Un hombre pasea si es Valerio. Aquí me espera, que yo le conoceré. Dos son, y en mí miedo treinta, si sois hombres; mas si salen, y más agora que el uno paso a paso se me acerca. Quién va? Un hombre, que no ha sido nunca espada Ginovesa en el quedarse, aunque siempre . A Pasquín. . otro demonio sin quedarme, tomo vuelta. Este es Pasquín, vive Apolo; pues que hace aquí? Una Princesa del fregado de gigante me tiene hasta dar la queda. Diga el nombre. O! pus si importa, el de mi padre, y mi abuela diré, que por cortesía Pesía tal con el gallina! . Valga el diablo su manera de reconocer; para eso fue menester tanta arenga? Váyase. . De buena gana, y antes que uste lo dijera me fui, que por bien soy hombre, que no dejo que me venzan. Fues entremos. Mucho arriesgas. Como yo me desengañe, Afe que he andado bizarro, pues dos el puesto me dejan, y se van; mas esto es malo: cómo? se escaparon? buena la hacen Eufrasía, y Rufina, tras aquellos, penitencia? la calle. . Pues conozcamos . Yo he de enterarme de todo, Valerio, que vuestra ofensa la siento yo como mía. Hombrecillos, salid fuera que va que me capatean? Este, señor, es Pasquín mi criado. . Es linda pieza: llamadle, que tendré gusto en que un rato me divierta. tenemos? Quién llama? Llega, que está aquí su Majestad. Pues mala ocasión es esta, que estoy enojado. Cómo? He tenido una pendencia. Con Majímino ha encontrado. Y con quién? Con un tronera de un hombre, en quien lo preciso del antubión tan de priesa jugó de golpe lo zaino, que no hubo una diferencia entre un quien va, y asentarme dos tantos en la cabeza. Y tú qué hiciste? Aturdirme; mas saqué la espada apenas, cuando con los dos cerrando. Ya eran dos? Pasquín, no mientas. Desampararon la calle, dejándome señor de ella. Bien anduviste. . Señor, yo quedé mejor; mas piensa que ellos mejor anduvieron, porque anduvieron más tierra. Dadle a Pasquín cien escudos por mí, Valerio. . Y no sean para quitarlos después, como hizo con la cadena: vivas, señor, tantos años, que de tus tataranietas tengas choznos, que se vayan por maduras a las brevas. Y en fin, no los conociste? No señor; mas cuando fuera menester saber quien son, en casa de Eufrana bella se entraron. Pues qué aguarda mi valor, que la sospecha que a tu Majestad he dicho no apuro con la evidencia? Amor, y celos me abrasan, y oculta causa, y secreta; cuanto más lo disimulo, mas del alma se apodera; pues que pretendéis? Entrar, porque tu Majestad vea por quien mi amor, y tu gusto ingrata Eufrasía desprecia. Pues entremos: mal resisto, . por mal que encubrirlo intenta la Majestad, está llama que arde callada en las venas. Por más que de mi recata el pesar, soy quien alienta su incendio; ven, Pasquín. Vamos: qué temo, si voy con César? . Dicha, Rúfina, tuvimos en encontrarte, pues era forzoso no ver a Eufrasía, si tu cerraras la puerta. Yo estimo salir a tiempo, que servirte, señor, pueda, como siempre he deseado. Yo pagaré esa fineza. En esta cuadra escondido puedes aguardar que sea hora que pase a su cuarto, que siempre a solas en ella, gran rato sin recogerse mi ama de noche se queda. Repasará los conjuros. Fabio, como fue en la guerra? Yo te lo diré de espacio, que agora estamos de priesa. Señor, yo me voy, procura el que ninguno te sienta hasta que venga mi ama. . No saldré de lo que ordenas. Absorto, Valerio, vengo; como cerradas las puertas, sin que las abriese nadie, hemos entrado? Esa misma admiración arrastrando, señor, me trae, y aunque intenta mi temor volverse, cuando lo procuro, me hacen fuerza. Los Dioses, señor, sin duda misteriosamente ordenan algún misterioso caso en que importa tu presencia; Mal sabéis que mis intentos . os conducen con cautela a irritaros con engaño a violar una pureza. Confuso estoy. Yo temblando, señor, que aquesta hechicera tiene fama muy bellaca. Qué hechizo, cual su belleza! Lo qué temo de mi amo, digo de Eufrasía. Ya llega gente con luz a esta sala que diviso; vamos. Que entran. Pon la luz, Rufina, allí, y hasta que yo llame, espera a fuera, sin que entre nadie. Harelo como lo ordenas; mal sabe lo que la aguarda. . A solas, señor, se queda. Calla. Éufrasía es la que ha entrado. Aguardemos lo que intenta. Agora, Esposo Divino, que estamos solos los dos, resignarme toda en vos en mis dudas detérmino: cuando acertar imagino, queda mi ignorancia en calma, a quien se deba la palma en que os dé mi voluntad segura una castidad, o libre el logro de un alma. En mi ignorancia, y rudeza cierto es el yerro, Señor, vuestro Divino favor enseñe mi rustiqueza. Yo consagro mi pureza por poderos merecer, vuestra un alma quiere ser, mas vos me habéis de enseñar en lo que vais aganar, y en lo que voy a perder. Vuestra Fe pide un contrato, que interesa su salud; en mi falta una virtud, cuando de su efecto trato; si la observo, hago un ingrato, que pierde por mí el Bautismo; si falto al voto, a vos mismo rompo la palabra: Dios, luz sois, alumbradme vos en lo ciego de un abismo. Venid, Esposo querido, mi Fe, y mi llanto os aclama, cuando a quien llorando llama, no le dais piadoso oído? Sin duda os tengo ofendido, si ignorante presumí, que hubo méritos en mí de llamarme vuestra esposa. Ya voy, no estés temerosa, que no me olvido de ti. Éufrasía. Señor. . Tu llanto me trae a tu desengaño. Cielos, qué es esto? Mi engaño lograré. Aqueste es encanto! Pues en la esencia gloriosa de Ángel de luz celestial, un espíritu infernal es la visión cautelosa. Sin duda alguna que sueño. Mas si acaso estoy dormido? Mi ración solo he bebido. Éufrasía, Divino dueño, Aunque lo soy por salvar un alma, tu juramento conmuto en el casamiento; no tienes más que dudar. Matarble. Aunque susciencia le libre, le daré muerte. Si es cierta mi ofensa, advierte. A qué espera mi paciencia? Esposa, ven a mis brazos. Irritelos mi furor. Antes morirás, traidor. Primero os haré pedazos. Valedme, Divino Esposo. A esos riscos la despide. La sombra hallarle me impide No te valdrán, alevoso, los hechizos de esta ingrata. El César es, Fabio. . Sí. . Traigan luces. Que me mata. Villano. Pues yo, señor. Por dónde, o cómo han entrado? Vos César, tan enojado? Ah embustero, encantador! adónde está Éufrasía? Advierte que no la he visto. Su hechizo solo pudo ser quien hizo este engaño. Con su muerte, y del adúltero infame, a quien su encanto escapó, me he de vengar, por Júpiter soberano. Señor, yo. Su sangre vil se derrame. Y así le vengo a estorbar, que no llegue a ser Cristiano. Oye. . Mas mi enojo irrito Muera. Es justo tu consejo; llevadle. Infelice viejo! Venga a pagar su delito. Éufrasía, pide a tu Dios, que sin Bautismo no muera. Temblando voy. A qué espera Pasquín? . Que vengáis los dos, que temo de lo que he visto, no me haga medir los vientos, Caminad. Ya mis intentos voy logrando. Favor, Cristo. Caiga despeñada a ese valle desde la eminente cumbre de ese monte. Jesus mío, valedme. En vano presumen nuestras fuerzas contra el cielo, que ya a su favor acude. Librome el sagrado nombre del Señor de las virtudes: válgame Dios! dónde estoy? que a un falso espíritu pude dar crédito en mentirosa forma Ángelica de luces? que asombro esparció en la noche, los elementos sacuden sobre la tierra a su espanto su esférica pesadumbre. Desquiciándose sus ejes, el armonia desunen los cielos, o al suelo bajan, o el centro a su globo sube. Los relámpagos, y truenos tanto alumbran, cuanto crujen, que se miraran los Astros, a no cegar su vislumbre. Oprimidos los dos Polos tirubean, sin que pulse a la pavorosa sebre turbado el mortal volumen. Todo en horror espantoso, del primer caos se confunde, no habiendo Poro celeste que con el susto no sude. El sobrecejo del cielo, de tanta tiniebla arguye, que eternidades la noche con sus tinieblas infunde. El Aquilón desatado, ronco en los cóncabos ruje, de cuyo horrisono acento hace que el eco murmure. Prodigios son cuantos veo, mas no es posible que duren, si infernal rigor los causa, porque el sentido me turben. Que con mi Dios nada temo, por más que sombras vinculen parasismo a parasismo todos los globos azules. Ya parece que se esparcen las sombras, y se descubre de aquel Horizonte el alba, bañada en purpúreo lustre. Ya el velo negro arrebuja la noche, que del Sol huye, y en nieblas que desmaraña, dora a los montes las cumbres. Esta es la selva de Apolo, ya con el día producen su antigua pompa las flores, porque a su ausencia caduquen. Emblema es de nuestra vida, que a su duración alude, por más que falso letargo su conocimiento mude. Mas que destemplado acento hace que alterada escuche los ecos con sobresalto, porque de nuevo me asuste? Un tropel mal ordenado un hombre atado conduce al suplicio; si es Cristiano? Con brevedad ejecuten en ese caduco infame la sentencia, antes que use de viles encantamientos, y nuestra venganza burle. aquerá sin que a Dios conozca, y mi saña en este ofusque la Fe, sin que sus intentos consiga, porque yo triunfe. Un anciano es el que aguarda la ejecución, y aunque oculte la distancia las especies, y esté de espaldas, se arguye de la anciana cabellera, que por los hombros le cubre; piedad lastimosa el verle onsbo me da El Dios de Enfraña ayude mi aflicción, ya que en su Iglesia lavar mi engaño no supe, Qué aguardáis, que su garganta no destroncáis? . Que se aguce esta parca de gaznates, y que el brazo me desnude; hinque la rodilla en tierra, y a un sayón novicio, vuste (por no haber otro) perdone. Acaba ya. No me turben. Ay cielos! qué es lo que veo? ha bárbaro! no ejecutes su muerte: mi vida pague su delito; que no escuchen? eterno Dios no su muerte siento, sino que os usurpe el alma su ceguedad: un auxilio eficaz use vuestra piedad, con que estorbe su perdición, y no funde infernal dominio en ella tiranas esclavitudes: agora, Divino Esposo, me ayudad. De entre sus fustes ese risco desgajado se miente terrestre nube. El cielo a todo se opone. . Gracias te den los Cerubes, Eterno Rey de la gloria. Éufrasía. Manda que escusen la ejecución tus Ministros, y contra mí se promulgue tu rigor: viva mi padre. Ya para pegarle estuve. Su muerte causó tu ausencia, y para que me asegure, y tu noticia me informe de tanto que me confunde: caminemos a Palacio. Padre. Éufrasía, siempre puse en tu Dios mis esperanzas. Pues paga, sin que ejecute. Confuso voy; y admirado. Volcanes mi pecho escupe, Llamas hecha por los ojos, y sahuma con azufre.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Esto importa prevenir. Así lo he de remediar. El César lo ha de estorbar. Yo no le quiero servir. En lo que ha dudado tanto del suceso milagroso, le he dicho ya cauteloso, que fue efecto de su encanto. Señor, suspensión es mucha. El riesgo la hará temer. Oye usted. . Esto ha de ser. Agarrole, pues no escucha. Voy a ejecutar mi intento. Que me oiga vuste espero. Pasquín, qué quieres? Yo quisiera decirte mi pensamiento: y aunque sé que es excusado porque ya le habrás sabido, si estás contento, te pido que a mí me dejes pagado. De que, si no has dicho nada? Yo sé que sabes que estoy resuelto de irme, y me voy; y así en lo que es mi soldada, haz luego con pago cuenta, y sea moneda usual, que no quiero ver mi real en peligro, y en afrenta. Porque tus locuras son? Harás quejar a los mudos: ves aquí los cien escudos vueltos tarias de carbón: tu moneda no es segura pues si no la gasto luego, parece tantos de juego, que solo un instante dura; y aunque en servirte atesora mi profesión calidades, no tengo tantas frialdades, que huya de la cantimplora: Ya que te sirvo, no sea mi ración, y mi cuatrín humo, como si Pasquín sirviera una chimenea. Por ollín, señor, quien vende que ha de dar si se amohina, sino un garrote de encina, a una moneda de duende? No entra en la gracia el descoco, que desvergüenzas no gusto. Pues, señor, si te disgusto, pagame. . Villano, loco, tú me hablas con tanto exceso? Mira que me haces pedazos, y caen aquesos porrazos sobre hombre de carne, y hueso. De tierra vil eres, perro. Y tu cuanto el tacto topa parece a la mano estopa, y al pegar es todo yerro. Y no es pensamiento vano lo que de ti el alma entiende, pues las obras son de duende, y lo confirma la mano. Tanto el furor enemigo obra del odio infernal, que atormentan al mortal, es de mi envidia castigo: Quiero el error enmendar; y pues ver a Éufrasía yo no puedo a lo que mandó el César, este ha de entrar, porque Éufrasía defendida de un Divino Relicario, a todo infernal contrario ahuyenta, y hace que impida asistir delante de ella, huyendo el mortal desmayo: ha cielos, que aún muerto Gayo mis designios atropella! Pasquín. Qué ojazos de fuego! Dile a Eufrasía, que manda el Emperador, que a su cuarto vaya luego. Ditelo como lo ordenas. Si darme gusto codicias, entra apriesa, Sus albricias no pienso que serán buenas. Veré si este engaño vale a contrastar su pureza. Ella viene a aquesta pieza. Pues yo huyo porque sale, que he cobrado tanto miedo a la Reliquia Divina de aquel Aguús, y la espina, que aún solo verla no puedo. Al Obispo has de buscar de esta Ciudad, porque el mismo te dará luego el Bautismo. Ya no podrá sosegar, Éufrasía, mi pena grave de mi yerro al escarmiento, hasta que en su Sacramento mi error, y mi culpa lave. Dichoso será tu error, padre, en tan glorioso fin. No habla ucé más, seor Pasquín? A Enfrasia el Emperador me envía con un recado por Embajador de fama; llega, y avisa a tu ama, que me reciba en su estrado. Pícaro busón, que tal debe de ser la embajada que a ti se fía? Criada, non fabledes ende al, que lo mismo que con ella el Embajador con vos mandara hacer juro a Dios. Qué? Privaros de doncella. Pasquín. Hermosa señora. Adónde está mi sobrino? Ya mi peligro imagino. Con el César quedo agora, que a mandarte por mi envía vayas luego a su presencia, y temo alguna violencia de mi amo en la porfía. Toda me ha cubierto un hielo. No puedo hablar de turbado. Para lo que he imaginado, socorro divino cielo; señor, ya resuelta estoy, allí puedes aguardar, contigo he de consuitar mi intento, tu hija soy, y esposa de Dios; advierte en el riesgo que me espera, tu elección cual eligiera, mi deshonor, o mi muerte? Tu muerte, pues de lo humano es el honor la deidad, porque en la posteridad vive eterno, y soberano. Su vanidad, o locura se acredita en la memoria; pasemos su instable gloria a la que Dios asegura. En su divina grandeza solo es eterna la palma al faltar la vida, el alma, que es suya, a vivir empieza. A Dios la tengo ofrecida de mi pureza por dueño, yo aventuro es este empeño perder su gloria, o mi vida. Mortal, ni humano delirio irrí la distancia no te advierte, que vida pierde tu muerte si es vida eterna el martirio? Solo tu resolución faltaba a mi pensamiento. Hija, al tormento te aliento. Pues porque tu bendición me alcance siendo Cristiano, luego a bautizarte has de ir, porque no pueda impedir esta dicha Diocleciano, y en el interín daré, si es casarme la propuesta, de obedecerle respuesta, y de una duda saldré. De Dios tus aciertos fío. El nos ayude a los dos, y vaya, padre, con vos. Volver otro en Dios confío. Si es cautela, o si hay misterio he de averiguar así: Pasquín. Qué me mandas? Di al César, que yo a Valerio, pues tanto en la dicha gano obedeciendo el precepto, por mi esposo luego aceto, do y en Feque le doy la mano, la joya nupcial es esta. Qué es esto que oigo, señora, tanta mudanza en un hora? Esto darás por respuesta: ansí averiguar pretendo su engaño, vamos Rufina: Quién presto se determina; que ha de arrepentirse entiendo. e Ay dicha como la mía! pues cuando pensé llevar bno (url a mi amo un gran pelar, se le ha vuelto en alegría. Qué albricias dará? presumo que toda su hacienda es poco, si ahora no se vuelve loco, duplicara lo del humo. Pasquín, qué te ha respondido? Daca, y toma, y llevarás la señal del nucial rito, si pagas el sobreescrito, lo que está dentro verás. Hombre vil, que me has traído? aparta infame villano, quita, o en viles despojos vengaré en tu infame vida esta traición atrevida, o me sacaré los ojos por no ver ese veneno, que al mirarle me atormenta, cuyo respeto me afrenta, y en cuya presencia peno. Qué demonios te ha picado, o de qué es la resistencia? Temblando estoy su presencia. La tarántula le ha dado, oigan, oigan los potajes, que ahora de sus manos hizo; si trae esto algún hechizo; que le obliga a hacer visajes? ello es cierto; mas que fuera, si me ha dado esta mujer hechizos? bien puede ser, que ella es muy grande hechicera. Ni a huir, ni a quedarme acierto, penando con inquietud. leon Si en esta joya hay virtud, en ella lo dirá de cierto: señor, toma, que no quiero que por ella me des nada. Quita esa punta bañada y en púrpura del Cordero que tanta virtud encierra, que me atormenta su horror. El suelo muerdes, señor? ahoradas en comer tierra? Pasquín; pues que ya conoces que da miedo, haz de las tuyas, estate quedo, no huyas, o lleva este par de coces de camino. . Infame, así te me atreves? yo a tus plantas? . Condos le pago otras tantas como veed me pegó a mí; tome. . Qué furia me sobre, y no lo pueda impedir! Oye, no ha oído decir, por esto, dale, que es pobre? pues tome. Que mi grandeza así trate un vil humano? Oye usted, también hay mano, visitese la cabeza. Matarete. . No se enoje. En la cabeza? qué agravio! Ignora siendo tan sabio, que nunca a quien dan escoge. Vengareme. Me amenaza? vaya a cuenta ese cachetes mas pondré sobre el bufete la joya que me embaraza, para pegarle mejor; reciba con gran paciencia por amo esta penitencia. Agora, perro traidor, pagará tu vil garganta atreverte así a tu amo. Ay de mí! joya me llamo, que me ahoga, joya santa, en mal punto te dejé. No has de escapar de mis manos con vida. . Señor, Son vanos tus ruegos. . Ay qué agarré la joya! veamos si llega agora usted a pegar. Huyendo quiero evitar lo que a tanta luz me ciega. Váyase con Satanas, si no es él según presumo, y haga la ida del humo, porque no vuelva jamás. Yo me vengué lindamente, quiero la joya esconder; si la diera en alquiler, no hubiera ningún sirviente que no viniera al reclamo, solamente por probar a que le sabe cascar de cuando en cuando a su amo. Sacro Emperador de Roma. Monarca excelso del mundo. Deidad que el Orbe venera. Copia del divino Augusto. Tú que desde el Belga helado. Tú quedesde el Indio rudo. Hasta el Etiope torpe. En cuarenta bajeles, como sabes, Hasta el Español orgullo. Rijes sabio. Leyes pones. Mejor Numa. otro Licurgo. Admite victorias tuyas. Recibe tus propios triunfos. En que a la posteridad. En que a los sigios futuros. Tu nombre el tiempo consagre. Lo inmortal te erija culto. Basas firmes de mi Imperio, cuyo peso sustituyo en los dos, sin los acasos de los aciertos seguro, llegad, llegad a mis brazos, que en vuestro valor no dudo, que dejaréis castigados del Cristiano los insultos. Armenia llora su estrago. Tumba el mar, señor, profundo es del rebelde pirara en monumento caduco. Su Provincia de belada. Ardiendo en llamas sus muros. Referidme los sucesos. Pues atended. Ya escucho. las cohortes, y tropas vencedoras, juntas en seis Legiones en las naves embarcó Majímino en breves horas, al militar gemido de suaves clarines, y al acento de sonoras cajas, el gran Neptuno ya propicio al mar, y al viento hicimos sacrificio. Leva el ferro el Armada, el puerto dejo, el cerúleo cristal el peso bruma, rompen las proas por su azul espejo, gime a las popas la rizada espuma, huye la tierra, y la que fue bosquejo a la vista capaz, ya es breve suma, y en un instante sus celajes sorbe, y el cielo, y mar se engazan en un orbe. Portátil selva era embreado el pino, de flámulas, peñoles, banderolas, o errantes sacres, que al batir del lino se remontaban por las crespas olas: el golfo corta el pájaro marino, picos las quillas, los timones colas, cuerpo la travazón, las alas velas, y el mar descubren libres depihuelas. Presago el Alción cantaba, cuando la noche en brazos de la sombra huía, y en la fragua de Ofir centelleando, Infante el Sol enoro puro ardía. Y al irse la tiniebla arrebujando, y el manto desplegando el claro día, en Armenia del viento a los embates, dimos fondo en la boca del Eufrates. Saqué la gente informado, que el enemigo dispuso su ejército ventajoso en un lugar oportuno. Y por la margen del río, que fue cristalino muro, de mi ejército al contrario con el alba llegué junto. Estaba el soberbio Armenio en su bárbaro tumulto tan confiado, que al vernos en gozo nos pagó el susto. En la eminencia de un monte en tres cuarteles compuso su infantería, abrigando los dos costados, el uno las tropas de los caballos, y el otro el rápido curso del Tigris, foso de plata, que le cerraba seguro. Di la señal de batalla en un clarín, substituro de la muerte, a cuyo acento el eco respondió en muchos. Desperezose la saña, hirió el suelo el noble bruto, castigado sonó el parche, el bronce animó lo mudo, llamó el corazón la sangre, tembló el cobarde al impulso; venció la vergüenza al miedo, y Marte embrazó el escudo. A la invasión asustado, el enemigo se opuso, tan valiente, rechazando de tus gentes el orgullo, que de su misma arrogancia llevado, dejó un reduto, que fue de nuestra victoria después el primer asunto. En mal seguida ordenanza los auxiliares retrujo lo oibo hasta el Águila dorada, oontupó recinto de los tributos; a ocasión que las Legiones con alarido confuso a un mismo tiempo cerraron desuerte, que no se pudo retirar a incorporarse con su batallón ninguno. Gocé la ocasión, cortando su vuelta, haciendo al perjuro Rey, que venía al socorro, frente con el choque mío. Tembló al conflicto la tierra, cubriose el cielo de luto; inundo en coral el campo, el aire se volvió oscuro. Mezcláronse los dos campos, heria el enojo a bulto; la ira logró el amago en los aceros desnudos. En igual balanza el duelo, Marte indiferente tuvo, y la fortuna dudosa paró de su rueda el curso. Indecisa la victoria, bien así como en el Junio los ejércitos de mieses del viento al émbate puro a un lado, y al otro inclinan de sus aristas el vulgo, o como en el mar airado, a la ráfaga sañudo, combatido de dos vientos, mueve su campo Neptuno. Ya se abanzaban los nuestros, ya rechazaban los suyos, hasta que por nuestra parte el tesón consiguió el triunfo. Desmayó el rebelde Armenio, mirando su Rey difunto, que a tu justicia, mi brazo fue a su delito verdugo. Cedió el denuedo al castigo; o cuanto alevoso culpo lo bizarro! pues malogra del valor los atriburos. Proseguimos el alcance tan crueles, que lo injusto de su error causó primero el honesar lo segundo, Que es delito lo piadoso en lo tirano, pues juzgo, que aquel que al traidor perdona, se esta labrando el sepulcro. Dígalo ingrata la yedra, terreno vapor inmundo, áspid traidor abrigado, voz de cocodrilo astuto, que lisonjeros, y humildes, rama, nube, ardor, o culto, son ruina si los perdonan, del Sol vida, pecho, y muro. La muerte pasmó al estrago, viendo de sangre un diluvio, que al castigo, y la venganza fue monumento purpareo. Su multitud, y sus armas ya sin defensa, y sin fruto, eran pesados estorbos solo a embarazarse muchos. Faltó el día, cesó el duelo, su propio cuartel ocupo, di a saco todas sus tiendas, por rebelde le pronuncio. En pocos días el Reino a tu obediencia reduzgo, no perdonando a Cristiano, que a los Dioses no de culto. Quemé una Ciudad entera, con hombres, mujeres, brutos, donde aún hasta los cimientos volví en cenizas, y en humo. Esta es, señor, la victoria, en que de tu nombre Augusto número das a los Dioses, y nueva deidad al mundo. Vuestro heroico vencimiento tanto he llegado a estimar, que es imposible premiar, según mi agradecimiento, y aunque el mayor premio en el de mi voluntad se abona, pues me alirmáis la Corona, vuestro es de hoy más mi laurel, y aún corto en daros me muestro, dándoos lo mismo que soy, pues juzgo, aunque tanto os doy, que os vengo a dar lo que es vuestro. Vuestros hechos soberanos premiar así detérmino; Majímino, y Constantino vivan Césares Romanos. . Basa humilde de tus plantas te servirá mi desvelo. Tu hechura soy, aunque al cielo con tal honor me levantas. Así aseguro mi Imperio: Pierde, señor, el temor. Aquí esta el Emperador; yo llegó. Enfrasía, Valerio, que causa, que novedad en tan felice ocasión os turba con suspensión, suspende vuestra beldad? pedid, que haceros codicia hoy mercedes mi grandeza. Y yo que me haga justicia. Oír en justicia trato igualmente hoy a los dos; justicia me pedis vos, y aunque oíros no dilato, me llama lo justiciero, y así esperad, que primero he de oír esta quererla: decid Valerio. Mi engaño a un tiempo ha de conseguir su castidad deslucir, y que no muera en mi daño. Enfrasía, gran Diocleciano, en tu divina presencia, por tu gusto, y su obediencia me dio de esposo la mano; hoy que el cumplimiento pido de tu merced, soberana, me responde, que es Cristiana, y que otro Esposo ha elegido. Y aunque mi razón pudiera tantas causas alegar, solo vengo a delatar, que tus edictos altera, que de tu Majestad lesa en su ciego barbarismo, los ritos del Cristianismo sigue, y a su Dios confiesa. Sacros Dioses, puede ser verdad este atrevimiento? De oírlo estoy sin aliento. Dime, ignorante mujer, si mis castigos no ignoras, el Dios del Cristiano adoras? Quien le cree, nunca le niega; Cristiana soy. m. Dudo, y peno. Y en su Fe. Qué confusión! Yo pido que oiga tu Alteza. . He de morir. . Qué traición? Por mí Dios. . Fiero venenol Y así ordena. Gran delito! Martirios. . Rabió de enojo! Muertes. . Vólcanes arrojo? primero en mí, Eufrasía, bella, . Qué padezca. Mas me irrito! viven los Dioses que sea sino niegas ese error, hoy tu castigo un horror, cuyo asombro aún no se crea. Tu castigo no me altera, antes alegre le espero. Yo también. Vil hechicero, tuya ha sido esta quimera, tu encanto a Éufrasía engañó, y por Júpiter sagrado, que como el crucificado has de morir. Feliz yo, pues recibido el Bautismo, aunque es indigno mi ser, la muerte vendré a tener donde la tuvo Dios mismo. Llevadle. No haya mudanza en tu Fe. . Firme seré. Confía en Dios. Moriré contento. Ten esperanza. Llevadle de aquí, villanos. A Dios, padre. Éufrasía, aDios. Dividid presto a los dos, taladre sus pies, y manos del acero la dureza; clavadle contra el madero, quebrad sus huesos primero, y coronad su cabeza, porque como el Galileo muera en Fede su memoria. Qué dulce muerte! Qué gloria! solo imitarle deseo. Y esta infelice beldad. Mi amor, y su rigor temo. Si de Júpiter supremo no adorare la deidad, para que sea escarmiento a quien sigue sus errores, en los tormentos mayores muera con el más sangriento. A una vil estatua, a un bulto de metal, barro; o madero yo adorar? al verdadero solo Dios he de dar culto; y así luego prevenida me dispongo a tu rigor, que en mi es el logro mayor perder por mi Dios la vida. sian V Viven los Dioses. Advierte, gran señor. . Loca mujer, que tu encanto, y su poder no te han de excusar la muerte: quitádmela de delante. Qué sentimiento! Qué pena! Valerio, su muerte ordena. Qué gusto! Infeliz amante! Si das licencia, señor, que te aconsele. Hh enemigo! Yo ejecutaré un castigo contra suDios, y su honor. Si es cruel le ejecutad con violencia, y con presteza. Ella a su Dios por fineza ofreció su castidad, votándose por su esposa, y de esta gente el delirio, en la pena del martirio esperan vida gloriosa: con que constantes padecen, si no es encanto, o engaño, y al rigor, tormento, y daño, la vida a la muerte ofrecen. Oye, pues, lo que imagino: muriendo, lograr espera su castidad, pues no muera, y agraviando su Divino Esposo, ya que tirana tu precepto, y Dioses niega, por desprecio vil la entrega a la juventud Romana, en cuyo lascivo error, su castigo viene a ser venganza de tu poder y oprobio infame a su honor. No oí castigo más justo. Hay más horrible violencia? Yo confirmo la sentencia. Antes, señor, que a lo injusto de ese puesto abominable lleven a Eufrasía, permite que con ella solicite, dándome lugar que la hable, que excuse lo vergonzoso de su infamia, pues si puedo persuadirla con el miedo, me ofreceré por su esposo. Por ti suspendo el castigo. Cielos divinos, piedad. Sola esa mujer dejad con Majimino. Ya os sigo. Venid conmigo los dos. Dónde está un enamorado no hago falta. Dios vendado, dame favor, si eres Dios. A vuestro cuarto pasemos, que es orden de Diocleciano. Aunque es cánsaros en vano, ya obedezco. Pues entremos. . Que puede haber sucedido, que no viene mi señora? mas pues anochece agora, las luces he prevenido, porque si el Emperador vuelve con ella de paso, no falte luz para el caso. Este es mi cuarto, señor. Mandad que aguarde allá fuera un instante esa criada. Con mi Dios no temonada: Rufina, a fuera te espera. Cerrada la hacen los dos, . quién los pudiera escuchar! Hoy mi dicha he de lograr. Hoy he de morir por Dios. Aunque en el riesgo presente, bellísima Eufrasía, es antes tu remedio, que mi amor, importa que me declares, quien fue la pasada noche a quien esposo llamaste, en cuyos brazos después te vi discurrir los aires? porque obre en este peligro, satisfecho de aquel lance, sin recelo de una duda como noble, y como amante. Mi Esposo es solo mi Dios: y aunque allí pudo engañarte causa sobrenatural, para que te desengañes, y no padezca mi honor, que Cristo es mi esposo sabe, y aquel suceso que viste fue una mentirosa imagen. Supuesto que he de creerte, y me importa, porque pase a tu remedio, y mi amor, oye agora. Di adelante. Del delito convencida de Cristiana, sin qué baste tu ciencia, ni tu hermosura, tu nobleza, ni tu sangre, el César hoy te condena a que en lascivo certamen seas hermoso despojo de la juventud infame; si este horror, esta vergüenza quieres excusar que manche en el lupanario vil tu pureza con ultraje, deja esa ley, en que ciega con vanas credulidades al sacro César ofendes, y a los Dioses inmortales, y en dulce casto himeneo, antes que muera tu padre, te daré mano de esposo, y las insignias triunfales del laurel Romano, que estimo solo para coronarte. Agradecida te escucho; mas antes, señor, que falte a mi Dios, ni sacrificio dé a sacrílegos altares, la vida a varios tormentos daré gustosa, y constante, sin el temor de la injuria, ni el indicio de cobarde. Que en fin no tiene remedio? La Fe es divino caracter. Ser mi esposa no te obliga? Palabra a Dios le di antes. Pues ya que tú misma ruina, loca, ciega, y ignorante labras tu propia, y me obligas a que lo cortés estrague, los Dioses supremos viven, que el primero que profane tu honor he de ser agora, porque veas cuan en balde de mi amor; y tu castigo piensas, ingrata, librarte. Mira, señor. Nada veo. Ten piedad, Tú me enseñaste a no tenerla. . Dios mío. Di que contra mí te amparé. Estas lagrimas. No siento. No te obligan? Soy diamante. Pues ya que con mi ternura no te obligo a que te apiades, como seguro mi honor dejes agora inviolable, con mi ciencia te prometo esta obligación pagarte, demodo que reconozcas, que a la deuda satisface. Qué interés igualar puede a la dicha de quitarme por lo que doy un Imperio? Pues escucha. No me engañes. Yo sé la virtud secreta de una unción tan admirable, que adonde se comunica, no hay acero penetrante, ni fuerza humana que pueda herir en aquella parte, dura una luna su temple; y porque veas que es fácil la experiencia en lo que digo, en mí has de hacer el examen. Mira si hay cosa en el mundo con que esto puede igualarse, ni un apetito tan breve lo que una eternidad vale? Dudoso, Éufrasía, te escucho, y aunque imposible se me hace, quiero creerte hasta verlo. Pues primero has de jurarme si es cierto lo que te digo, que no has de ofenderme. Marte permita, si te ofendiere, y el juramento quebraré, que muera a traición, si tengo propósito de guardarle. Pues dame un hora de tiempo para hacerlo. Sin que faltes de esta sala, aguardo afuera, hasta el tiempo que me llames. Yo haré que no esperes mucho. Pero advierte, que si sale falsa la experiencia, haré. . Todo lo que tu gustares; que haré en tantas confusiones? o como podré librarme de una afrenta que me espera, u de una violencia? Dadme, Esposo Divino, luz para que libre consagre mi pureza a vuestro nombre, sino yerro en mi dictamen. Dios poderoso, Dios fuerte, Uno, y Trino, y inefable, temido, Señor excelso, favorecedme, amparadme. Eufrasía. Nuncio Divino. Tu Esposo, para que alcances de castidad, y martirio en la púrpura de Martir las coronas que deseas, esta azucena fragrante, y esta granada te envía, misteriosos ejemplares de virtud en sus efectos, que tus dudas te declaren. . Quién, Señor, ha merecido con los ojos corporales tan celestial gozo? como en gloria me dejó el Ángel: que misterio significan esta flor, y fruta, que hace Divino Emblema a mi duda, pues temo más ignorante? Por ti casta flor empieza a examinarse mi duda, a mi pensamiento ayuda tu color; y tu belleza. Símbolo son de pureza las cinco cándidas hojas, y en la pompa que deshojas, en cinco verdes, ignoro, porque coronadas de oro, su pálido esmalte arrojas. Con distinta variedad simboliza tus colores glorias, gozos, y dolores, Fe, Esperanza, y Caridad. Misteriosa es tu beldad, y verdadera figura de la más bella criatura; y quince Misterios son los que incluye tu botón, como su corona pura. En ti hermoso fruto veo luz ya que mi intento abona, pues no en vano la Cornna de todos te dio el trofeo. Tu alusión a mi deseo es el más cierto ejemplar, sola tu para reinar tienes mérito, y derecho, que quien por dar rompe el pecho, solo se ha de coronar. En los dos la inteligencia de mi duda, dice Dios, pues hallo ejemplo en los dos con que la Fees evidencia, clara se ve la experiencia, que tu castidad me advierte, tú me enseñas de que suerte al martirio de la vida, con que ya tengo entendida la castidad, y la muerte. Éufrasía, que suavidad olorosa es la que siento de esa fresca flor, que extraño por prodigio en este tiempo? Son flores del Paraiso, que para la vnción que he hecho, de adherentes principales. para el remedio sinuieron. Y está acabado? Y tan fino salió su temperamento, que en ti he de hacer la experiencia. pues tres veces desde el suelo Dame esa espada, y primero la parte donde he de herir unta, y verás como el hierro, al golpe resurte el filo, enbotando los aceros. Viven los dioses que dudo, y temeroso no creo tu ciencia, porque en mi daño tus experiencias recelo. Pues porque de mi verdad ayuda, señor, mi intento, no temas ningún engaño, mira como baño el cuello y a la experiencia me expongo; y si no saliere cierto, a tu voluntad dispuesta mi beldad, y mi honor dejo: saca esa espada. Qué dudo? Yo te aseguro. Qué temo? Qué aguardas? Huyo tu daño. Y en él está mi remedio, pues con soberano hechizo mi honor, y mi Fe conservo, ganando eterno renombre de la hechicera del cielo, Mira, Eufrasía, tu peligro. El silo corre violento, y verás en mi garganta un asombro, y un misterio. Los Dioses mi brazo guien. En tus manos encomiendo mi espíritu, Jesús mío. . Válgame Apolo! qué he hecho? dividi al más bello tronco al golpe airado, y violento la cabeza más hermosa, que adorno el pinc el perfeto. Venganza pide a su injuria, quiso volver a mis manos, mas yo propio por mi pecho, pues creyendo sus palabras, ignorante, loco, y ciego la di la muerte, mi vida sacrificaré a mis hierros. Agora, acero cobarde; mejor Píramo pretendo por más bella Tisbe daros venganza de un desacierto. Majimino. Señor. . César. Amigo, por que? Qué es esto? Es el haber muerto a Éufrasía. Válgame todo el infierno! pues le venció, y mis engaños la Hechicera de los cielos. Y querer con mi venganza darme en mi muerte consuelo. Estás loco? Ya que aguardo? Quitadle la espada: necio, por una infeliz Cristiana quieres privar el Imperio de tanto Laurel Augusto? Pues solo ocupé este cuerpo por los engaños de Éufrasía, a mi infernal pena vuelvo. Qué prodigio! Horror profundo! A Valerio tragó el centro. El suyo es. Todo es asombros. Golfos bomita de fuego. otra novedad. Encantos de Cristianos hechiceros, en la tierra, y en el aire de muestran los elementos. Bello espíritu. o Alma pura. Este triunfo. Este trofeo. De Martir. De castidad. En los claveles sangrientos. En las blancas azucenas. Que coronen tu cabello. Que tu casta frente adornen. Te envía tu Esposo eterno. . Huyamos estos encantos. Porque a la Historia le demos glorioso fin con un vitor, por la Hechicera del cielo.