Texto digital de Hay culpa en que no hay delito
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- Atribución tradicional
- Román Montero de Espinosa
- Atribución estilometría
- Román Montero de Espinosa Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hay culpa en que no hay delito. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hay-culpa-en-que-no-hay-delito.

HAY CULPA EN QUE NO HAY DELITO
JORNADA PRIMERA
Mi infeliz bajel, naufrago, y roto, al ímpetu colerico del noto, yace, donde Neptuno le avasalla. Agarrate a ese risco, trepa, y calla. En el refugio que nos da el destino, no se registra senda, ni camino. Para estardonde estoy, y tan turbado, no sé si era mejor haberme ahogado. Esfuerzate a subir. . Nadie deslice. Ten valor. . Daca un poco. . Ay infelice! Di hay infelices, aunque más te pese; no te olvides de mí, por una ese. Aquí de este penasco en la aspereza, un tránsito formó naturaleza, donde las plantas afirmar podemos. Ay que desde aquí el mar otra vez vemos. Qué estruendo es el que escucho? . Eso ignoras señor? . Pues di que es? . Mucho. Por entre los jarales, escuadrón bagaroso de animales. viene, enviste, preben la espada. Aquel bramido, . causa respeto, que es de algún marido, Un León me amenaza. . Cómo bobo pido, yo al cielo que me toque un Lobo. Enviste. . Ay! Tened, tened en esa, triste, infeliz, y derrotada presa, no ensangrienten las garras vuestros bríos, brutos feroces, y vasallos míos. Cielos! qué oigo, quie me favorece? Ya se retira la manada bruta. Como a una voz humana, y absoluta la montaraz república obedece? No es la voz la que impide su fiereza. Pues qué es lo que ser puede? . Su limpieza: están hechos ha andar entre la grama, el cantueso, el tomillo, y la retama, y como este peñasco huele mal, con el miedo, se van de asco, Mi voz a requerir la que oigo vaya. Esa es buena. . Ah del monte. Hh de la playa. Dónde esta voz se escucha? Un hombre miro. . Bájar intenta. Agarrate a esas ramas, A quién llamáis? Aquién a donde estamos nos diga. . Estáis en la región de Epito: quienes sois extranjeros infelices? Para que lo preguntas si lo dices. Acaso ese bajel a quien dio el viento, salobre monumento, fue vuestro albergue? . Sí, y al dar entierra, del buque el choque nos monto en la sierra. Pues por dicha mayor ha de estimarse salir del monte que del mar librarse. La causa di. . Primero, permitid que os pregunte lo que espero saber para salir de un susto grave, el Príncipe de Acaya en esta nave, ha padecido? . No. . Seguramente. Calla. . Dadme los brazos, que desmiente vuestra adversa fortuna (en las noticias que me dais ylo que os toca en las albricias; venid a donde el daño se restaura, que el Duque Ricaredo (de Lidaura padre, y señor de Epito, a esa quinta que veis (qué es el retiro, de Cebtis Griego, aquel pintor os nombra mi voz, cuyo pincel al mundo asombra) a esa quinta, pues, hoy su Corte inducen, Ricaredo, y Lidaura, y los conducen tres májimas, cualquiera, justa, grande, y precisa; es la primera ver un retrato, donde el arte apura a la naturaleza la hermosura: en este Ceusis la facción más propia que hay en cada beldad, en una copia; y todo lo mejor que se reparte en todas las mejores une el arte, en un lienzo de modo, que en él se ve lo que se admira en todo; quedando de sus líneas al asunto, lo ajeno propio, y lo distinto junto. La segunda es, que el Duque en esta playa recibir quiere al Príncipe de Acaya, Artremidoro, cuyo casamiento efectuó con su hija, y el intento con que la trae con sigo, es de embarcarla en llegando su esposo, que entregarla, sinque al tiempo dilate el aparato, es el primer ajuste del contrato. En Acaya se dijo lo que vos referis, y no colijo la causa que ay, ni la razón advierto. Andad, y oíd, que yo lo sé de cierto En qué consiste brevedad tan mucha? no me eches ha perder calla, y escucha. Es con tan grande extremo aborrecida Lidaura de su padre, que en su vida le ha debido un agrado, muere por apartarla de su lado, y en el Duque no culpan el despego Por que? . Porque es tan ciego el discurso en Lidaura, las pasiones tan comunes, tan libres las acciones, que a su sangre desdice, y la desprecia, siendo desaliñada, loca, y necia. Lindos poderes diste. . Ya lo veo. Doite la norabuena de tu empleo; . pues por mujer te toca, la que es desaliñada, necia, y loca. La májima tercera con que viene, al campo Ricaredo, es que previene una vatida, que confunda el monte, asuste al mar, y empañe el orizonte: de orribles brutos población inculta, es la sierra que veis, donde se oculta una fiera que en todas predomina, con voz humana, y presunción Divina: esta el siluestre imperio manda, y rige, que es la razón porque al principio dije que por dicha mayor ha de estimarse salir del monte, que del marlibrarse: y a esta (que atemoriza la región, y el sosiego, tiraniza, o viva, o muerta el Duque hallar procura, entrando a fuego, y sangre en la espesura. Será gran caza. . El corazón me advierte que este prodigio me escusó la muerte. . Ya mis noticias son bastentes muestras de que deseo que me deis las vuestras; y antes sabed que Hipólito es mi nombre, por si hubiere en que os sirva; gentil hombre soy del Marqués Teobaldo, que es pariente del Duque, y pretendiente fue de Lidaura, que heredar quería, y su ambición la voluntad suplia; y aún hoy le dura el ansia, que en el hallo oposición al nombre de vasallo. No fui yo tan dichoso. Que no haya rica, a quien la falte esposo; y solo el interés forje maridos. Nosotros, a quien sois agradecidos, somos dos mercaderes sin caudales, cuyos bienes el mar nos volvió en males. Somos dos miserables mercaderes, que hemos empleado mal nuestros poderes. Ya el tropel de la Corte se avecina a la quinta de Censís, la marina. se puebla de carrozas, ya es ninguna la molestia que os hace la fortuna: llegad al Duque, porque del no ignoro, que al saber que no es muerto Artemidoro, os ha de socorrer con lo basante. Dalde la nueva vos, idos delante, que nunca dan los tristes alegría. Dice bien, que el suceso de este día nos tiene ablortos . Un audaz recelo . he de apurar, aDios. Guardeos el Cielo, Cuando llega la muerte a un desdichado. Cuando lo llega a ser en postrer grado. Gente que albricias no busca, no es gente necesitada, porque ninguno desprecia el socorro que le falta. Linda esposa Artemidoro te dio tu padre. . De Acaya es el Príncipe uno de estos; pero como están de espaldas los dos, y tiempo no tuve para distinguir el habla, no se cual es. . Ten Pansilo (esto ha de ser) esa carta. Esta no es la que tu padre escribe al Duque, y te manda que la des en mano propia? . Sí. Pues vuelve tú atomarla. Tú la has de dar, tú has de ser hoy Artemidoro. . Extraña alevosía. . Yo quieres que me case con Lidaura? Ni loco, ni busón quiero que eso pronmincies, repara en que si es lucura, es necia, y en que si es gracia, no es gracia. Pues que motivo to obliga a este disfraz? Tengo el alma temerosa, de que sea como la pintan Lidaura, y quiero hacer el examen en cubierto, que si es tanta su imperfección, aunque vuelve mi estado a ejércer las armas, y aunque a mi padre le irrite la inovediencia, no basta ni este enojo, ni aquel daño, para que no sobresalga mi libertad, sacudiendo el iugo que la amenaza. O quien las señas llevase de este que el engaño entabla! Pues dado caso que rompas el ajuste, y que deshagas el contrato, de que sirve este género de trampa, si a la postre se descubre, quién eres cuando te vayas? De no cometer la culpa civil, que en la sangre hidalga no cabe, que siendo fuerza el ofender a una dama con un desaire, se debe excusar que cara a cara haya de ser, que su nombre, el que es Caballero infama, todas las veces que a rostro firme una mujer desaira. (go Vengo en tu embuste, y me pon de Príncipe. 1. Quita. 2. Aparta. Ya llega el Duque a la quinta, y esta caute losa traza, antes que entre he de contarle; que aunque en mi noticia falta el conocimiento fijo de Arremidoro, me basta poder decir, que el criado es quien le ha de dar la carta. . Cin mil palos más, o menos: Hacte aquí desentendida. ponte de fámulo. - . Derrotados extranjeros Aguarda, que otro inconveniente estorba Si tú llegas con mi nombre al Duque, mi ser le agravia civilmente con la burla, que su autoridad profana; siendo yo quien soy, se valga mi proceder de un engaño tan repetido en la faesa. Luego a pícaro me torno? Sí. . Pues toma allá tu carta Venga. Y como cumpliremos, con la atención cortesana, de excusar a rostro firme el desaire de Lidaura? Cómo se pudiere, al tiempo le toca lo que no alcanza mi confusión. Pues advierte que ya el tiempo está en campaña, que dejando las carrozas. hacia los dos se desgalga toda la Corte de Epito; y junto a un señor con canas, y una señora ojí alegre, aquel nuestro camarada viene chismando algo que nos toca, pues nos señala. Este es el Duque. . Ya sé que quien me ha de dar la carta es el criado. . Mi hombre, entra con chancharas mancharas. Ya estoy hecha lo que mandas el Duque de Epito os llama. Está bien. . Artemidoro, viene a ser el que se aparta. la primera intención. . Vaya. . Deme los pies vuestra Alteza. Quién sois? Mucho en mi reparan: si se me ve la camisa, o me han puesto alguna maza? y no es justo que en las verás, . Antes, señor, estas líneas lo expliquen, que mis palabras. Qué turbado llega el necio. Cielos, que cuerpo sin alma es aquel, donde envilece el desaliño las galas. Si mi padre se hace bobo. Tente. Con migo no hay manlas. Aún los barbados me miran, Primero que mi arrogancia, a un extranjero avasalle, he de aventurar la gracia del Duque, y mi vida, opuesto a Artemidoro en campaña. Primero que yo efectue el concierto, la garganta, daré al cuchillo. . Algo tosco es el Príncipe; Lidaura le merece, pues a entrambos los desméritos igualan. Hasta el Duque se pasea por mí como por su casa. El disignio de su engaño he de apurar, mi templanza . (hasta saberle) permita la cautela que me agravia. Lo que os pregunte responde Artemidoro esta carta de creencia, vuestros brazos me dad, y después. . Aguarda señor, que si después quieres, que pase a los de Lidaura, es antes lo que has de oírme. De esta culpa se recata. Escucharle importa. Atento me tiene tu voz. Pues salga del labio donde se forma al viento en que se derrama. De Acaya, y de Epito (en Grecia Regiones dos, que separan los términos de la Europa, de los confines del Asia. Por la enemistad antigua, de sangre en sangre heredada, (que en los vínculos del odio, son mayorazgos del alma.) De poder a poder puso el azar de una batalia en el fin de la porfía, el logro de la esperanza. Ganastela tú, perdiola mi padre, vencida Acaya quedo victoriosa Epito; por cuya suerte contraria tu Estado cantó los triunfos, y las obsequias mi patria. Siguió tu campo el alcance, y puso sitio a una plaza, que fue de nuestras reliquias, custodia donde se guardan. En las fortificaciones de afuera tu gente acampas, cegaste el foso, y estando las minas en las murallas: Al tiempo que ya la brecha te pudo ofrecer la escala, que la pólbora fábrica del lienzo que desvarata. Compasivo (oh receloso del efecto) una llamada mandaste hacer, ceremonia común que piedad se llama, y es conveniencia, pues nunca es más gloriosa una hazaña militar, que cuando amenos costa de sangre se alcanza. Recónocimos el riesgo, y antes que te pronunciara el valor, que era la muerte lauro de nuestra constancia. A mi padre le escribiste un papel, donde señalas los pactos conque del sitio que concluyes te levantas. Capitular en la forma que ha de rendirse una plaza, altercando en el ajuste, por más, a menos ventajas, siempre se ha visto; mas nunca sucede que quien la gana proponga al último trance, los medios que la restauran. Quién vio, que al infeliz pida el feliz, sin que se valga de su autoridad, volviendo en ruegos las amenazas? Cuando el vencedor inquiere la paz? Cuando la arrogancia busca advitrios? Cuando nace la suplica de quien manda? No juzgues no, que exajero la novedad con fe ingrata, porque en tu acción es la forma de agradecerla, aomirarla; y más cuando los conciertos tan en mi favor declaras, que por tu hijo me adoptas; casando me (en la garganta sirve de nudo el aliento) con la Princesa Lidaura: y para que mi fortuna, sin dilación logre, mandas que el Mideterranco sulque, y en arribando a la playa de Epiro, quela la Princesa embarque, tan sin distancia que al mar vuelva el propio día, que aferre en tu puerto el ancla. Llegó el tiempo en que Neptuno adlante fue de mi armada, y hóspedé mi heroico pecho, sobre su cerúlea espalda. Apenas perdí de vista la costa, cuando se empaña el Sol, el cuidado nace, crece el mar, y el viento brama; intempestiva tormenta todas las naves aparta, quedando el fanal, que alumbra, ocioso en mi capitana: en esta el belamen rompe colérica la borrasca, y el árbol que no se agobia al temporal, se quebranta. El marinaje se aturde, y equivoca lo que afana, que el eco responderiza, si la voz pronuncia amaina, El manejo de las cuerdas, duda el Grúmete en las jarcias; la aquilla su silo embota en el cristal que no rasga; irritado el timon rinde a las fuerzas que le mandan; el Piloto mayor pierde con el rumbo la esperanza: en la vitacora ignora la aguja lo que señala; la confusión contradice los avisos de la carta; uno los cielos invoca, otro los Dioses infama; con lo que el noble se anima, el plebeyo se acobarda: cuálgime, cual en mudece, este alienta, aquel desmaya, y en tanto incesable dura el riesgo, que en pena tanta, fieros petardos del buque eran los golpes del agua, y las rafagas del habré, efimeras de la gabía. Hasta que airado (oh benigno el Cielo, que cuando acaba un suste, aunque sea la muerte quien le concluye, descansa el afan, y participa de clemencia la desgracia. Hasta que airado, o benigno el Cielo, en las penas altas de ese promontorio, ordena que choque el bajel con tanta furia, que se pierde, y solo a los que ves a tus plantas nos sirvió de pasadizo el viento, que nos traslada en el áspero refugio de esa inavitable estancia. Quien duda señor, quien duda, que si perdonó la parca mi vida, el último efecto obro la primera causa, para mayor honra tuya; porque si yo me anegara, sin que una suplica hiciera a tan dustre heroica, y magna piedad, en mi ser perdías otra ocasión de mostrarla. Esta nace en mi albedrío, y vive en tu confianza; en tu clemencia se funda en mi natural se labra: y está en fin es declararte la inclinación que me arrastra, a cuyo poder Divino, no ímplica la fuerza humana. Desde que en mi edad primera para salir de la calma dieron paso a los sentidos los umbrales de la infancia, aborrecí el casamiento con opinión tan contraria, que siendo el que me aseguras de las Provincias de Acaya y de Epito unión a donde es mi herencia la visagra, primero que retroceda la aversión que me separa del matrimonio, la vida verás que despide el alma. Sacrifiqué la obediencia a mi padre, porque estaba el peso de su Corona pendiente de mi palabra: allí oculté el imposible, que aquí mi lavio declara, que es la suplica lisonja, y era la réplica infamia. Que me favorezcas menos es mi ambición, no te valgas de mi para colocarme en cumbre tan soberana: guerras tienes con el Ponto, Introdúceme en tus armas, y mi persona acreciente el numero a tus escuadras: o mi esclavitud ocupa en la más humilde, y baja de las servidumbres, como el nudo nupcial deshagas; porque osada, firme, ciega, mi voz, mi fe, mi constancia, resuete, éxplica, asegura, sin luz, sin razón, sin causa, que el Cielo, el hado, el destino, me impelen, me atraen, me llaman o a consentir lo que enmiendes, o a revócar lo que mandas. Ya la causa que al embozo obliga al Príncipe infiero. . Qué bravo faramallero es él mozo de mi mozo Vuestro delito el perdón solicita en mi clemencia, que fingís por obediencia, y explicáis con discreción: ya lo que dudaba sé, que en el disfraz que adverti la cautela conocí, pero la causa ignoré: y pues ya estoy del empeño de Artemidoro enterado, volved ha ser el criado, daré la respuesta al dueño. Quedecís? . Callad, o haré que os den la muerte en la playa; señor Príncipe de Acaya escuchadme. . Princi qué? Mi rotal remedio miro en dejarle con su engaño. Ya de vuestra Alteza extraño, No beben mal en Epiro. Que me prosiga la ofensa con proceder tan sinistro, si le conozco, y lo muestro, qué es lo que emprende? en que Aquí entro yo. (piensa? De está trova me saque el Cielo. HAy tan lindo, como dicen, pie de guindo. Calla necia. . Soy yo bona. Cuando, donde, como, da, si, que, yo, tú. . El imprudente yerro que os turba. . Detente, señor, y pues sabes ya, que no soy Artemidoro. Esta es otra. . Justo es que yo publique a tus pies, la causa con que el decoro te perdí; fue la intención del Príncipe no casarse; y temiendo al excusarse, declarar su imperfección (que no sabe mucho) quiso que yo fuese disponiendo, tu voluntad, no creyendo que tuvieras el aviso: llegástele a declarar, que nuestro engaño supiste; y la turbación que viste se la debes disculpar; pues antes será desprecio, de tu lustre, y de tu nombre, que tu enojo no le asombre. Que Arremidoro es tan necio; pues tanto de vos confía con justa razón su Alteza; habilitad su simpleza, impedid su grosería, para que en volviendo en sí le pueda yo responder. Que va que empieza a llover, y cae todo sobre mí. . Señor. Buena la tenemos Ha Padre. . Hafiera, En que estamos? . Estas loca Nos calamos, o nos imos; o qué hacemos? En todo has de convenir con lo que él te propusiere. Yo convenirme, si el quiere que me maten con morir. Aquí estoy yo. . Importará mucho. . En tal tema no des. Pues qué importa que tú estés aquí, si yo estoy allá. Esto ha de ser. . Y el reparo de no hacer tu heroico pecho, lo que en la farsa se ha hecho; como tan de claro en claro te le engulles? . La verdad dice, el Duque se engañó, con que vengo a tener yo disculpa en su ceguedad. Vamos a más no poder. Corrido el Príncipe viene a tus plantas. . No conviene, a mis brazos ha de ser, y en ellos a V. Alteza le he proponer, no en vano, que dé a Lidaura la mano, o al verdugo la cabeza. Del casamiento se trate, que aunque le tuve aversión, quiero que mi inclinación se queje, y no mi gaznate. En tanto que yo os prevengo embarcación, pues la Armada. vuestra yace derrotada, en casa de Ceusis tengo de alójaros, donde habéis de estar sin la compañía de vuestra esposa, hasta el día que los dos al mar os deis. Convinose en el tratado vuestro padre de este modo al ajuste; y quiero en todo cumplir lo capitulado. Ya da tiempo el tiempo. . Ya estoy promto a tu obediencia. Qué graciosa impertinencia. es dejarme el novio acá Haz un cortés cumplimiento a Lidaura . Fuerza es. Señora. . qué hay? . A tus pies Callad, y advertid atento, que si mostré mi piedad cuando el sitio levanté, y en mi herencia os adopté, no fue liberalidad. Fue buscarme algún consuelo . para que a mi ser no aflija ese monstruo que por hija, o castigo me dio el Cielo. Mi fe tu recelo extraña, que entró al consorcio con bríos. Contradirante los míos . vive el Cielo, en la campaña. En mi fuga será norte . fijo el más supremo Dios Venid a descansar vos, id vos delante a la Corte; y vos Teobaldo advertid que voy a sitiar mañana en el mónte la inhumana fiera, el campo prevenid. Creo que me he de casar. Casique me he enamorado. Cumplité lo que he pensado. Entra. . Voy. Vienes? . Andar. Hay como me busca hacia mil palos este delito. Ay comó él es morénito, mas desde este aposento sale; morénito con gracia. . , y divierto cada tarde , ee, en este retiro, donde Ya pues que el perfil postrero dio mi pincel al ropaje montaraz, justo es que Censis, en lo que admire descanse. Copia al natural de aquella mujer peregrina, hoy sales a luz con supuesto origen: para introducir su imagen que de muchas partes formo, tú ser he fingido; nadie aunque es engaño lo juzgue, que en ti se ven muchas partes. Permita el Cielo que logre tu perfección el dictamen con que a la naturaleza ampara esta vez el arte. En el corazón del Duque tu vista alumbre la sangre, y los odios en alagos con mudos avisos cambie. A tu original persigue Ricaredo, haz tus las paces, dejará de ser contrario, en advirtiendo que es padre. Yo a Leonida, aunque me debe (desde el infeliz instante que fue su primer aliento el último de su madre) La educación, la defensa, el secreto, y las mortales ansias de que deje el monte, y al trono que hereda pase. Aunque por la oculta senda de una gruta, que a la margen del mar (donde desemboca) la comunico, aliciono, llega cuando en los umbrales del Occidente amortigua su luz el farol radiante. En fin, aunque yo la corta vida que puede quedarme la renunciara en la suya, la encubro quien es; y el frande en mi culpa con el tiempo va acrecentando el gravamen. Es de natural violento, y compasivo, es afable, y rígida, sus pasiones las comunica al semblante; promta ejerce la clemencia en cuantas adversidades ocasiona la fortuna, y promta el rigor esparce sobre el que juzga delito, sin aguardar el examen. Yo al Duque (traición parece) pudiera bien declararle que su hija no es Lidaura; mas ay! que es fuerza que calle aqueste engaño enidente, y aquella verdad constante. Por un temor compasivo, infalible, justo, grande, natural, y tan fundado en la razón, que si cabe en ser cobarde disculpa, me disculpa el ser cobarde. Mas hay triste! oh vil memoria que vez aura que no faltes cuando convienes! el Duque me ha mandado que le aguarde en mi Quinta, donde quiere ver este retrato; y nace de aquí la mortal congoja que me desalienta; es tarde, y puede venir al tiempo que Leonida a visitarme. Sacarle a otra cuadra quiero, y cerrar esta, o cuán grave susto ocasion un olvido, Ceusis, por huésped os trae al Príncipe Artemidoro el Duque. Pues? . Ya delante los tenéis. . Júpiter sacro, tu piedad mi suerte ampare. Ceusís. . Gran señor. La Quinta vuestra, cuyo deleitable; y ameno sitio la ilustra, ha de ser el hospedaje del Príncipe, en este cuarto ha de estar, y que descanse es justo; por esta causa será preciso excusarme de ver hoy vuestra pintura: mas despacio ha de tomarse la ocasión de celebrarla, que en obra tan admirable, no será bien que se ofenda con la brevedadel arte. Cielos, que prodigio humano es el que miro! Aunque inhabil será tan humilde albergue para Príncipe tan grande; mi obediencia es mi disculpa. Aya cosas que se masquen, que en mi no hay que reparar agora, si no es el hambre. Tanrudo es como su es posa. Qué asombro tan agradable. Guarde el Cielo a V. Alteza. Antes que el Cielo me guarde, os he de salir sirviendo. No, no hagáis tal. Es dislate. . No réplico. Yo tampoco. . Vamos. Id. . Andad. . Iguales Hay peligro más urgente! esta novedad no sabe Leonida, si no la aviso ha de venir; arrojarme a la gruta, no es posible estando este hombre delante: pues aventurese todo, por la marina al rémate, que al pie del monte la gruta tiene, iré; mi afan trabaje en el logro; que consiste en que el tiempo no me falte. . Doónde hay fiera tan hermosa! dos extremos tan distantes como unirse pueden; Cuando bruto disfraz tomó un Ángel? En los Artifices tuvo este género de engaste principio, que sobre el plomo luce mejor el diamante. Copia, que el alma me llevas, el aire al pincel no pagues; mas debes a quien el alma te da, que a quien te dio el aire. Ya estamos solos, huyamos sin esperar que nos casquen, o nos prendan. . El alivio es el aumento en mis males. Vámonos de aquí, eres sordo; mas ya sé para que andes, cuando estás hecho un borrico como has de entenderme: arre. Insensible dueño mío. Hombre, u demonio qué haces? te emvovan seras de un lienzo? eres motólito amante? Déjame Pansilo. . Cómo? que te deje. . Calla infame. Si entro donde Artemidoro está, puede penetrarle mi designio, su criado tiene discreción bastante para decirle a la hora que le aguardo, y en que parte. Si podré no verte? Hh Hidalgo. . Quién es? Teobaldo, escuchadme aquí fuera dos palabras. Siguiendo os voy. Ya me traen algún regalo; mas hola, quién anda en mis carcañales? Ira de todos los Dioses; pues como esta cuadra hacen albergue de forasteros, siendo nido de salvajes? Quién eres hombre? Animal, que hay en mí con que te espantes? Si hay en ti conque me aturdes? Quién eres? . Príncipe casi qué Príncipe? . Artemidoro Y tiemblas? . De miedo. Darte la muerte es justo. . Pues dime no más que así, un poco antes, porqué? . Porque se malogra en tu vileza tu sangre: viendo un plebeyo valiente, me pago de su coraje; y me irrito de su infamia, viendo un ilustre cobarde. Doña Quíjote de sierra, si eres animal andante, que los Príncipes castigas, y perdonas los bergantes. Mátame un amo que tengo, y cometele de balde, con pebre, que entí, y en mí tienes pimienta, y vinagre. Quién es tu amo? El que yo dije que era yo. . Censis no sabe que estás aquí: Yo no entiendo de nada, mi señor sale, habla con el. . Si no quieres que te dé la muerte, a nadie digas que me has visto. . Como que duermo he de agazaparme. Temor fuera en mi volverme hasta que con Ceusis hable. Qué es esto que me sucede? que Teobaldo a reñir llame al Príncipe Artemidoro, siendo la playa, la parte donde le cira; y la hora, cuando el Alba de luz bañe el Horizonte, y reserve para el sitio en que ha de hallarse la causa, sin que a mi brío que me quiso empeñar antes le diese lugar; pues cuando por no dilatar el lance, le dije, que luego era mejor salir al combate, (aguardando en su respuesta la ocasión de declararme;) respondió, que era imposible hasta desembarazarse de la gente, conque cerca el monte por todas partes: y así, viendo yo sin fruto el desengaño, adelante llevé la cautela entonces, por no aventurar que ataje la noticia el desafío, que un inconveniente es fácil de suceder, y no quiero ser quien pueda motivarle. Alli Pánsilo durmiendo está, no hay de que espantarse. Si hay tal luego lo veredes, . que así diz que dijo Agrajes. Antes de dormirse anduvo atento, pues a esta imagen que idolatro, la cortina corrió. . Que te quemás, tate A tu adoración rendido, y absorto vuelvo. . larabe. Leo? Qué oigo. . Qué veo? Tu voz. . Tú ser. Me asusta. . Me asombra. Pues tu acento. . Pues tu sombra. Libre infiel. . Deidad feroz. Llega a mí. . Busqué veloz. Y confusa. . Y admirado. Escucho el pricipitado amor que me ofende ya. Reconozco lo que va de lo vivo a lo pintado. Con tu amor no está segura tu vida. . A morir me inclino Quién te fuerza? Mi destino. Quién te obliga? Tu hermo sura. Dónde me has visto? En pintura. . Vete. Fuera acción ingrata, contra un ser a quien le mata dejarte. . Tú ser mintio. Cómo puedo mentir yo, si eres tú quien se retrata? Que hay en ti conque merezcas en mí el inusado olvido de quien soy, pues te despido con temor de que obedezcas? que hay en mi para que ofrezcas el rendimiento que vi? Como no sabes de ti, sin saber quien puedo ser? Oh como antes de saber quién eres, no sé de mí? No te ofenda disfrazado mi ser, pues el tuyo adoro: el Príncipe Arremidoro soy. . Y aquel? Es mi criado. . Levanta. Pues perdonado estoy, yo soy Juan Guarin Aún tiemblas? . La genteruin tiene gran fuerza, y valor, para llevar un temor desde el principio, hasta el fin. Quién más te asiste? ninguno que en un temporal cruel dio a mi naufrago bajel alvergue infeliz Neptuno. Él es otro, y yo soy uno que nos dejamos de ahogar. Cómo os pudisteis librar los dos de fin tan violento? Arrojándonos el viento hasta el monte desde el mar. Eres uno de dos, que hoy cuando en el peligro os vi libré de las fieras? . Sí. Yo ribás, que el otro soy. Al Cielo las gracias doy. Yo a ti sola. . Tu desvelo es contra el Cielo; y recelo su enojo, . Engañada vives, que si las gracias recibes tú, no se las quito al Cielo. Hombre, al raro poder que tengo, debes la vida. Deidad, que eres homicida del propio a quien das el ser. Acaba de disponer el fin a mis confusciones. Absortas ponderaciones no embarazen la atención Obre libre la razón. A. Cesen las admiraciones (tro Como en la Quinta te encuen de Ceusis? . Por un engaño que sabrás después ryo extraño por donde entraste aquí dentro Por él atajo del centro. Fuerza es decirte, hay de mí! quien soy (si soy la que fui) mas recelo que me vea quien te buscare, y que sea mi riesgo mayor en ti. Pánsilo. . Señor. . Divisa con vigilancia despierta quién viene, desde esa puerta, y antes de llegar, avisa. Misusto reduce en risa, lo que tu locura emprende. . Ya tu dilación ofende a mi esclava voluntad. Oye, pues la brevedad importa. . Prosigue. Atiende. Ceusis Leonida me llama, y este nombre a mi persona puso, porque fue una Leona en mi nutrimento el ama. Por madre tengo la fama, por padre el Sol, su horizonte por mundo, y sin que remonte mi altivez, por vasallaje el campo, por hospedaje la gruta, por patria el monte. Allí el sonoroso acento de los pájaros fatiga el aire, cuando le obliga; pues hiere, y adorna el viento. Yo en el gusto, halló el tormento que mi instinto natural luz ga que hay artificial música, de mi ignorada; conque al tiempo que me agrada me ofende la irracional. De mis potencias la calma que tuvieron despedí, oyendo a Ceusís, que en mí fue diamante bruto el alma. Débese a quien es la palma, y a da activa inclinación que tuve a su educación, pues en mi grosero estilo se fue adelgazando el hilo al uío de la razón. Son de Ceusis mis sentidos, que para ser sus despojos, desde que al mundo los ojos, abría su voz los oídos; sus estudios advertidos de mí me sabe mostrar, por que el Sol puede alumbrar, porque es vago el firmamento, porque se desata el viento, porque se refrena el mar, porque es fecunda la tierra, porque los campos florecen, porque las espigas crecen, porque la luz se destierra; mas ay triste que la guerra que tengo dentro de mí, desde el punto que te vi, porque la tengo no sé: y no sabiendo porque, porque se lo que aprendí, disculpe en lo que relato, cualquiera este libre error, que a quien le coge el amor de susto, olvida el recato. En ti pudo mi retrato solo, introducir el nombre de idolatra; pues no asombre a nadie el llegara a ver, que ame a un hombre una mujer, si aún retrato adora un hombre. Mas ay que tu fe, y lamía, ande morir en su infancia; que han de tener sin distancia cuna, y sepulcro en un día; no es natural simparia de amor la que no es igual, tú eres de sangre Real, hija soy de la fortuna, luego fuera el logro una acción sobre natural. Oye. . Deja ese desvelo, que si advirtiendo quien eres, sin saber quien soy, infieres que es justo lo querecelo, y prosigues cuando el Cielo te arrojara en sus radiantes hojas, mis iras constantes, al Cielo con otro asalto, causaran el sobresalto, que le dieron los Gigantes. Si de sangre superior fueras, y la envilecida me tocará a mí, la vida perdiera antes que el amor; su imperio es libre Señor, a Ceusis columbro, y gentes del Duque, con mil presentes de ropa, y cena. . Ay de mí! quédate. . Para irtras ti hay muchos inconvenientes. (y el mayor mi desafío) . Si quedas con mi cuidado, di que venga tu criado a ver donde estoy. Merío. Entra infame. Señor mío si me voy al traste das con todo el embuste, . Hay más que decir yo que durmiendo quedas. Y en amaneciendo por la manana vendrás, Escusa las dilaciones. Ceusís viene, habla con él en todo. . Soy yo Daniel, que entro al lago de los leones, . Haré lo que tu dispones. Que del que idolatro huya. Porque mi pena concluya, da esperanza a mi porfía. Hombre si ya no soy mía, como ignoras que soy tuya. .
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA Este, ilustre Artemido, es el último aposento de mi quinta, aquí no llega rumor del fervil comercio. Nuestra conferencia anude el hilo aquí, sin el riesgo de que nos oigan, y estorben su disposición al Cielo. Se quien eres, la ignorancia en que está el Duque, el empeño. de Leonida, y el acaso que dio materia al suceso. Hasta aquí sé, y hasta aquí cumpliste con el precepto de Leonida, pues dispuso que yo llegara a saberlo. Mira si hay más que advertirme, antes, sí, que los reflejos del Alba toquen las cumbres, o escucha mi voz, que aún tiempo el silencio nos defiende; y nos ofende el silencio. Como cuando tu volviste a la quinta, entraron dentro con el presente del Duque los criados, el recelo de los registros fue entonces la pausa de mis alientos, despídolos, persudidos a que el Príncipe dermiendo queda, de entre las alhajas tomo este capote, y vengo condueldo de esa antorcha, donde asegurado puedo discurrir en lo que ignoro, y hablar en lo que resuelvo. Que la brevedad importa segunda vez te prevengo, que mi Leonida en el monte peligra con el asedio. Esa prevención sin duda te dicta mi pensamiento, (que Teobaldo a la campaña. . no ha de llegar el primero.) Pues al caso Artemidoro. Oye el mal. . Y tú el remedio Ya en la tempestad sangrienta que mi Estado, y este, a un tiempo fatigó, sabes que ha sido el iris mi casamiento. Ya sé que a cumplie veniste la palabra a Ricaredo. Sabes mal. Pues a qué vienes? A deshacer los conciertos. Pues a la hija del Duque menosprecias? La aborrezco con tan pertinaz impulso, que antes que mude el intento perderé el alma. . No digas lo que no as de hacer. . Primero Júpiter el rayo vibre sobre mí, quedando muerto el honor, cuando la vida, que barvaro, loco, y ciego, él si cumpla con la mano (como dice el Duque mesmo) a ese monstruo, que por hija, o castigo le dio el Cielo. Luego dispones la fuga para librarte? . Ese el medio pudo ser, más ya no puede. Por qué? Porque está en mi pecho el original divino de tu primoroso lienzo. No esposible que me aparte de su he mosura, y supuesto que he de morir si la sigo, y he de morir si la dejo, morir, por morir, mas vale, cuando sin Leonida pierdo el ser que al rigor expongo dedicar mi fin violento al castigo del agravio, que al desaire del deseo. Yo daré Príncipe invicto disposición que al sosiego te reduzga, sin que el odio contradiga el privilegio de la voluntad, ni faltes al debido cumplimiento de tu palabra. . Qué dices? cumplir la palabra puedo correspondiendo a Leonida. y a pesar del odio interno amando a Lidaura? . No, y sí. . Pues, no, y si, lo creo; si porque tú lo aseguras, y no, porque no lo entiendo. Por el poder no es tu esposa la hija de Ricaredo? . Sí. Lidaura tu consorte ha de ser? . No. Estas resuelto en ser de Leonida? . Sí. Es fácil mudar de intento? No. . Pues si a Leonida adoras, y a Lidaura no, en sabiendo que está no es hija del Duque, y aquella sí; el desempeño de mi razón, tú le formas amando, y aborreciendo; aborreciendo a Lidaura, y amando a Leonida, luego si tu inviolable palabra cumpliras, correspondiendo a Leonida, y en Lidaura fuera tu amor desacierto, provados quedan, y unidos el no, y el sí, contrapuestos. Ceusis (Dioses amparadme!) quien dices (valedme Cielos!) que es la Princesa? Leonida. . Pues cómo? Prosigue. . Quedo, no alces la voz, considera que puedes quitarme un sueño tan deleitoso, que el alma he de perder si despierto. La verdad, no es fantasía. Pues como ignora su regio ser, quién idolatro? como esa mujer que aborrezco la usurpa el nombre? y el Duque como tan injusto yerro padece? cuando es la causa de su engaño tu silencio. En tu pregunta conozco el cargo, mas el descuento hallaras en mi respuesta. No la dilates. . Primero en el papel de la honra se ha de firmar el secreto, y la nema de la mano le ha de cerrar (qué es el sello de la fe) sin que se rompa la cubierta, hasta que el tiempo traduzga en líneas del logro los caracteres del riesgo. Asi lo aseguro. . Atiende al más extrano suceso, que ser merece en el Orbe de la admiración compendio. Lloras? . Es fuerza, que siempre que a la memoria revuelvo esta causa, por los ojos se me esparcen los efectos, Mirilene; gran Duquesa de Epito, raro portento de virtud, y de Leonida infeliz madre, saliendo alcampo. . 2. Los cazadores estén alerta en los puestos. Ay de míllas avenidas han tornado al monte, y temo que peligra quien adoro. Ya amanece, y si no entro en la gruta, y a Leonida. escondo, su fin recelo. De tus noticias pendiente queda el alma; y porque espero mi criado, di por donde saldré a la marina? . Abriendo ese portillo, en la playa te hallarás. . Cotra mi aliento se conjura el susto, dime cuantas surtidas (ay Cielos) dan paso a lo inexpugnablesdo del monte? . Dos que en salien- de aquí verás, porque entrambas son de esta parte. . Bien puedo reñir, y estar a la mira del daño en un sitio mismo. Heroico Príncipe, aguarda de mi ciencia, y de tu es fuerzo el fin más próspero. . Ceusís pararnos en los consuelos, es darfuerza a la desdicha, y quitársela al remedio. ADios. , . Echa el golpe: cuanto me asombra lo que penetro. y. A la tibia luz que enciende el primer albor, padezco la duda de si es Teobaldo un hombre que hacia este puesto viene; él será, pues conozca, saliéndole yo al encuentro, el ansia con que le aguardo: (ya que me afirma el sosiego que fue el rumor arma falsa, y estoy en parte que atiendo a la ocasión del asalto) De más cerca he descubierto que es Panfilo, retirarme de su vista es justo acuerdo, hasta que pase, no llegue Teobaldo, y juzgue que vengo con otro. , . Si he visto un bulto, robusta salud el miedo tiene en mí, pues no se cansa de estar en pie tanto tiempo. Quién pudo ser este hombre; Mas ya lo sé; muy bien pienso, él es capeador sin duda, y se fue viéndome en cuerpo. Ya de la Quinta estoy cerca, a su refugio me vuelvo, que aunque es malo andar en quintas, es mejor que en grutas, bueno. Iten más. . Arremidoro . es bizarro caballero, antes que yo en la campaña asiste. . A Teobaldo veo. Príncipe de Acaya heroico. Quién sois? . Enemigo vuestro Si vos tenéis este nombre, que le dejáis a mi suegro? Qué haré, si al estar Pansilo delante salgo, recelo que esté de mi sospechoso Teobaldo. Y bien, qué tenemos? Lo que al haber madrugado os obliga. . Me recreo siempre en el campo a estas horas. Si queréis que antes que el duelo se comience, la ocasión os diga, eligid. . Qué es esto? Responded. . El mayor daño es el estarme encubierto. otro, otro. . Pues calláis, reñid. Quedo, quedo, quedo, que aunque salgo de mañana, no es a tomar el acero. Yo sí. . Para obrar con honra al ver tu traición, advierto que no basta buena sangre, donde hay mal entendimiento. Mas aunque sois dos . despacio; Pansilo. . Señor. Que atiendo. Retírate, y no te apartes. de nuestra vista, ese puesto ocupa, inmóvil atodo. Molde seré de estafermos. y Para dar el desengaño. de quien soy, cuando procedo como veis, vuestros oídos no han menester mis acentos. Quién llamáis desafiado, tenéis delante, rompiendo por cumplir lo que me toca las cláusulas de un secreto. Ya con su temor Pánsilo quién es dice, y le detengo; porque los que no en las manos, . Aguarda. tienen en la lengua el riesgo. Oh explicadme, siendo breve la ocasión, o no lo siendo, reñid, que es lo más la fuerza, y la ocasión es lo menos. (do. Que el Príncipe sois, no du- con la experiencia establezco el desengaño; decidme por que el disfraz? No es del cuento, lo que es del cuento, es la prisa con que estoy. Pues el empeño nace de que con Lidaura no has de hacer el casamiento, sin darme la muerte. Espera. . Van horros? Estás resuelto a ser de Lidaura? . Solo por mi ambición me gobierno, Infeliz eres. . Por qué? Por que cuando yo aborrezco de forma a Lidaura, que antes pondré en un cadahallo el cuello que ser su esposo, es preciso reñir contra mi deseo. Concluye Teobaldo. . Aguarda que ser tu esclavo pretendo, pues dos estrellas contrarias nos disponen un pretejto. Estás firme en no casarte con Lidaura? No es más cierto que alumbra el Sol. . Y permites que yo la sirva? . A tu intento ayudaré con el alma. Los brazos, no los aceros han de acabar la porfía injusta del valor nuestro Qué intentas? . Ya olvidas quien soy? Abiendo salido al campo, presumes que volver sin tenir puedo? O que no alcanzo, si exculo la obligación que profeso, el ostáculo a que expongo el renombre que conservo. Cumples con tu sangre, y falto a la ilustre que mantengo si réplico. Que haya quien ame a Lidaura. . Me huelgo de que le mates, pues tiene tan mal gusto, tira recio. Mi espada se quebró. . Esta es de un seguro maestro; yo tomo la de Pansilo, honra tú la que yo dejo Noble acción. Que vergonzosa está mi doncella en cueros. Por al haja de tu Alteza la levanto yo del suelo, que el olvido del enojo, es memoria del respeto. Ya sin escrupalo queda tu valor, y yo bien puesto, que el accidente en el fin de este principio es el medio. Cuando te debo la vida, no me permite el recuerdo, sin que haya ofensa pendiente que falte al conocimiento: y así a tus pies. . En los brazos te recibo, porque en ellos nuestra amista dasegure, y confirme lo propuesto. Así lo juro. . Pues antes que en esta materia hablemos, mi vaina toma, la tuya da a Pánsilo; dame presto ella, conque mejor lado tendrá mi espada. La acepto por la honra que consigo con tal favor. . Yo parezco mequetrefe de un embuste, pues mi media espada meto. Quien soy sabes, y quien soy has de callar con secreto tan cauto, que la memoria se te pierda en el silencio. sirve a Lidaura, y unidos los dos, en los dos extremos a que nos mueven; y obligan la ambición, y el odio a un tiempo, valiéndonos de la industria en los distantes afectos; tu conseguiras el triunfo, yo saldré del cautiverio. Dudas mi obediencia? . No Pues de asegurarla dejo, porque no la dudas; dime? 2. Cazadores, y monteros, a la surtida; que llega el Duque. . Ay triste! 1. Los perros prevenid. . Artemidoro, yo es fuerza que acuda al puesto que me toca. . A cuál el Duque ha de asistir? . Al primero A un tiempo por las dos partes se envista. 2. Teobaldo. . El Cielo quiera que Ceusis oculte a Leonida. . A Dios. . Tormentos acabadme! . Qué te aflije? Estar Leonida en el riesgo. No pudo tomar la gruta? No, que en la boca hay un cuerpo de guardía. . Pues muera yo. Al monte consuma el fuego. Detente, espera, qué aguardo? hombre arrojate al incendio. Arrójense los que fueren nefandos, o monederos. Voyme airme, y en la Quinta con el presente del viejo, como nuevo he de ponerme, no me pongan como nuevo.. Talaa el monte. Ay infeliz Leonida. Lavenida Quédé esenta del fuego esta Los brutos huyen. Esto es ser amante. (delante? Quien fue el que osado le pasó Dioses valedme. (me. . Al riesgo estaré fir. Ceusis peligra. . Socorred. (ofendo, Seguidme. De vuestra fuga vil brutos me morid matando, no viváis huyendo Qué oigo? . Aquí del valor 1. Esta es la fiera. . El arco vibro Disparad. . Espera. que en tan fatales plazos, antes he de morir. Entre los brazos lleva el monstruo aquel joven. 1. Y valiente, (gente por librarte de un riesgo tan ura se arroja al valle. En él se precipita, (evira. la muerte busca, y mi peligro 1. Digno es de recompensa. (sa. Bajemos a morir en su defen Ojepto de mi esperanza. Prisión de mi libertad. De la caída. Del golpe. . Qué sientes? Te has hecho mal? Solo es el que en ti me asusta el que me puede matar. Solo es el que temo en ti, del que me juzgo mortal. Aunque Júpiter piadoso en esta profundidad nos ampara, de un recelo se alimenta mi pesar. (monte Cuál es? . Ceusis por el entro nombrándote; y ya temo (ay triste) que le den muerte las fieras. . No harán que todas le reconocen, y el más sangriento animal por mi cariño a sus pies rinde la ferocidad. (acento Leonida. . Ya con su lo acrédito. . Iré a evitar su dolor: Dioses, clemencia, Júpiter sacro, piedad. Al Duque. . Aguarda Le envisten los brutos. . Muera. . Será mi fin. . Tú fin? . Si mi bien que tu ignoras. . Dónde vas? quédare, porque mi voz sola le puede librar. Contigo. . Espera Detente vasallaje irracional. (bra Tú me impides? . Si que so- adonde Leonida está (afesas Quién eres, que el alma a quien la vida le das. Quién eres, que en el decoro me ciñes la atrocidad. 2. Señor Qué miro? Qué escucho! vosotros! pues! cuándo!mas aquí del valor, sentidos la torpeza despejad: valiente jobena cuya osada temeridad, el ser debo? . Que por el . me quise yo aventurar, juzga. . Ceusis que obleruaste el no salir del umbral de tu Quinta? El verme aquí admira, y he de callar lo que importe? Humana Diosa, donde ha sido la crueldad temido blasón. Ya extraña que mi ejercicio boraz en quietud yace. Ya es tiempo de conferir, de explicar, este portento, este asombro, este prodigio, que da luz tan ciega, que no alumbra a la razón natural, Tú joven que te arrojaste a morir; para matar a quien me quiso dar muerte. Tu Ceusis, que a la ciudad desde que murió mi esposa Mitilene nunca vas. Tu monstruo, que las Provincias de Epito hiciste temblar con las escuadras feroces. Cómo en tan nueva amistad? Cómo en tan distinta parte? Como en tan violenta paz? Ni en ti prosigue el valor lo que empezo la lealtad. Ni en ti advierto porque dejas el retiro donde estas. Ni en ti conozco el rigor del estrago montaraz? A las garras, y a los dientes de este ejército brutal, los que me asistieron, y acen la misma fatalidad: récele, cuando tu voz fue mi custodia vocal; pues qué es esto? donde cabe tan con fusa novedad? el enigma descubrid porque es fuerza delitar, viendo, que a quien yo la vida quitarquise, me la da; y a quien me la da la deja, quien se la quiso quitar. qué diré en que acierte cuando . me confundo en lance tal. Señor, si quieres vencer tan rara dificultad, has menster dos informes, y una advertencia no más. Leonida. . Quién es Leonida? Yo. . Pues tú lo sabes ya? Niega el sentido al asombro para salir del afán, que se pierde la ocasión de atender con admirar. Prosigue. . Leonida es, porquien con la vida están el Príncipe Artemidoro, y este criado leal (niene de su Alteza. . Aún no con- que me declare. Excusar este joven, con el brío tu riesgo, fue principal acción. . Para con el Duque usa el Príncipe el disfraz. . La causa de que nos veas, a mi fuera del casar, a este hidalgo sin peligro, y a Leonida con piedad, sabras; con que tú le cuentes al Duque, sin discrepar . un átamo en lo que sabes de ti, y de mí, la verdad. Si en este sitio la oyes, . el susto dura fatal en tus vasallos, pues todos tu muerte han de recelar. Vamos a mi quinta donde al vivo señor verás el retrato, de quien es Leonida el original. Su voz, y esperiencia son, las que te pueden librar de la duda en que te ves, de la estancia donde estas. En llegando, de Lidaura la recamara abriran (que allí la tienes, creyendo que ayer se pudo embarcar.) Y Leonida, de una gala con el aire auyentará esta nube, que del Sol se opone a la claridad. Cuanto dispongo, es precepto a que obediente ha de estar mi Leonidar la advertencia que te ofrecí, tienes ya. La luz del primer informe no es de alumbrarte capaz, yo te daré en el segundo la satisfacción cabal. Deidad siluestre en quien mi vida admira Así conviene: la mano que tomo has de perdonar, pues me abona la razón, y me disculpa laedad. No te excuses a ir con él. Ese ruego está demás; obedecer lo contrario tuviera dificultad. Tan a tiempo respondiste el delito de admirar lo que se debe atender, que fue remedio eficaz la enmienda, pues reconozco, si no la facilidad en salir del laverinto, la cuerda que he de tomar. Está Teobaldo en el monte? No, que no pudo pasar con sus tropas adelante, por el fuego, y volvió atras. (do Y el Príncipe? . No ha sabi- tu risgo, y juzgo que está en la quinta. . Arremidoro oírá de mí la verdad. No me dejes, que ha de ser mi satisfacción igual a tu fineza. . Este anciano es de mi afecto el imán. Tu esclavo soy. Ve delante. norte, y comvoy celestial. aún lo que ignora más de lo que alcanza. Contrario ilustre; o tu! que a la esperanza, de que no lo has deser, la fe me inspira. Que móvil hay en ti, que en mi retira el odio a quien supera la templanza. Que numen hay en ti, que en mi venganza, con la veneración vence la ira. Hado. . Cielo. . Luz. . Sol, Estrellas. . Luna. A quién me sacrifico, A quién respecto. O es superior la causa, o no hay ninguna que retroceda el curso sin defecto. O en la sangre domina la fortuna, o la naturaleza obra el efecto. Con la rapa que he traído, que venga siempre a sulado vuestra Alteza me ha mandado, después de haberse vestido. Ponelda en ese bofete, quitadme este justacor. Pues os desnudáis señor otra vez? . Callad pobrete. Cuántas camisas ay? . Tres. Echádmelas una a una. Sobre el jubón? Yo ninguna me ponigo debajo. . Es poca limpieza. Lacayo, en vos hacen ley precisa los refranes, la camisa en mí no es antes quel sabo. Si puedo he de aprovechar . en la fuga los talones. Muy abrigado te pones, Yaún no dejo de temblar. Mirad, no hay persona franca de justicia, y por si caigo en la horca, siempre traigo entima la ropa blanca. Mandáis otra cosa? . Sí: buscadme un barco en que vaya a divertirme a la Playa. Iréis solo? . Y aún sin mí Dígolo porque si es tanta en vos la melancolía, hay música que ir podía a divertiros. . Quién canta? Seis capones. Lo perdono. Oirás celebres canciones. Más gusto de seis capones en un plato, que en un tono. A servirte voy. . Audad, Pero mire vuestra Alteza que Lidaura, y la nobleza llegaron de la Ciudad, en basca de Ricaredo. Yo de la quinta me voy, que como el Príncipe soy, a Lidaura ver no puedo hasta que cargue con ella; así el Daque lo mandó. Yo voy por el barco. . Y yo iré a campar con mi estrella. Tres camisas revestir, y en un barco, y solo al mar, este se quiere cafar, y yo lo quiero decir. . Con Leonida entre en la gruta y fruta seca previno que darme, sin haber vino conque remojar la fruta. Colación hubo por cena, y habiendo en la colación mucha castana, piñón, y nuez, no fue noche buena. Salí del nidal sombrío, con el miedo que era justo, y para quitarme un susto me esperaba un desafío. Artemidoro se entró a donde nunca saldrá, y si yo me quedo acá, acá me quedaré yo. Esta joya es rica pieza; de hambre no he de perecer, que como el irme, el comer se me ha puesto en la cabeza. ora sus, el soberano advitrio que me restaura pondré por obra, . . Lidaura os quiere besar la mano. No bese. . Burlas con ella no hay, y aquí os la besará. O qué prolija es, si da en besar una doncella! Tu rigor diré. . En un hilo tengo el alma, mas que aguardo? que por otra parte tardo en salir. . Oye Pansilo. Oh peseamí. . Ya llega el Duque? . Y mi amo? También. Voy a darle el parabién. Hás visto a Lidaura? No. . Escucha. Tu flema alabo. . No corras. Hay tan mal hombre, ven acá perro. . Ese nombre me toca; por ser tu esclavo. Ya son cosas acabadas en los dos los flautos pitos, no gastéis equiboquitos con las mujeres casadas, En vos miente el frenesí, que no estáis enamorado de mí, si no de mi Estado; a vos os queréis, no a mí. No es amor, lo que es codicia; ni es necedad mi argumento, que en el peor entendimiento es aguda la malicia. 1. Parece, que en juicio habla. No dure más el mal año. Con la fuerza de un engaño mi ambición su logro entabla: no me dices que el morir por alcanzar tu favor, es codicia, y no es amor? Y te lo vuelvo a decir, Luego si yo? No hay que hablar. Ya vuelve. . Oye. Es cuento largo. Mi fe admite. Hay un embargo. En qué estriba? En un cantar. No me digas amores Teobaldo loco, que no quiere mi padre, ni yo tampoco: El Duque os llama. Hay molestía como un padre, dónde está? Viendo un retrato. Pues ya cazaron la mujer bestia? En un camarin la asisten tus damas. . Buena fortuna! Y allí de tus galas una de las mejores la visten. De mis galas? . Lo mandó El Duque así. . Mandó mal y han de pagarme real sobre real, lo que costó. . Que en el infeliz secreto. . que a Ceusis oigo; sea injusta la nota, porque hay tan justa causa en su temor discreto. Ya Príncipe, que sería en mí la esperanza error, si no fuese tu favor auxiliar de mi porfía; oye lo que me desvela, y pues la fiera del monte irá a Palacio, disponte a establecer mi cautela. Lidaura, a quien mi pasión solicita, y desmerece, pues el alma le aborrece, y la busca la ambición, reconoce esta verdad, con torpe, o sutil malicia, y sabe que la codicia me suple la voluntad. Si con un ardid la obligo, (que engañarla fácil es) a que olvide mi interés, lo que pretendo consigo; pues dice que si creyera que yo sirvo su persona, sin pretender la Corona, a mi amor correspondiera. Y bien, que es lo que propones, (ay suceso como el mío. Entregarte mi albedrío hasta morir, si dispones que Pansiso haga por mí lo que te he de su plicar. Prosigue. . Yo he contar a Lidaura escucha. . Di. que el Duque a la humana fiera trae con noticia evidente de que es su hua. . Detente, pues lo sabes? . Es quimera que fin o yo. . Bien está. (sin alma quedé) En oyendo esto Lidaura, y diciendo lo propio Pansilo, da crédito a mí engaño; pues si ella juzga que no hereda, y ve que la sirvo, queda deslumbrado el interés, conque el susto que nos dio este recelo en que estamos se cocluye, pues que damos libre tú, casado yo. Sobre si error ha de ser el exponerte a un azar, te pudiera argumentar, mas te quiero obedecer Pánsilo harás que obediente esé a mi industria? . Pues no, y en declarándome yo, seré yo quien la fomente; y Leonida también: fía del empeño en que me fundo, que aunque se aventure el mundo Lidaura no ha de ser mía. Con tu amistad no se igualen cuantas ay que encarecerse en la antiguedad. . A verse Leonida, y Lidaura salen. Ya el informe de Leonida tengo, y su retrato vi; tu informe falta, y sin mí estoy sin él. . Concedida me tienes, señor, licencia de dejarte de informar, por un hora, hasta llegar el término, ten paciencia. Júpiter, cese mi encanto. . Corazón tu Gloria miras. Ay, ay. . Por qué te retiras? No más de porque me espanto Rayos sus pestañas flechan. Su vista el alma enamora. Dame los pies. . Por ahora no puedo, que me aprovechan. Leonida, esta imperfección que encuentras en tu hospedaje es de mis años ultraje, y de mis dichas pensión: mas ya en mi alivio forzoso está la ocasión cercana, que se ha de embárcar mañana con el Príncipe su esposo Su esposo el Príncipe? . Sí, casaronse por poderes. Alma, cómo no te mueres?. Ceusis me ha dicho (deseo Ay de mí! . que el ansia de tú en la música consiste. No hay un rayo para un triste! Nunca oyó cantar, y creo que es su inclinación, las aves en el campo divertian su ser, y la suspendían. Con ronos dulces, y graves hoy te quiero divertir. h Leonida. . Esto no es amor Celosa muda el color. . Esto Cantad. . Es morir, ha vil traidor, llegó el plazo! Leonida me ve, y se ofende. De arder, pues la que me enciende; como no le despedazo. 1. Terso; y bruñido cristal. No es posible. . Acudid pres Audacia favor. (to. Qué es esto? aTénganla; que la dio el mal. Esta es acción procodida de la música. . Qué hice? Válgame el Cielo! . Infelice . Eso no, soy . Qué causa das? Leonida oyó la voz, y veloz (como es novedad que agrada su sentido) arrebatada parte donde está la voz. Valdreme de esta disculpa. . Raro efecto! . Superior promptitud! . Hh padre mío, esta es loca vamonos. Detente. . Cantad. . Leonida que impulso fue aquel? . Señor siempre de la novedad resulta la admiración: suplicote que se quede la música, donde yo con su frecuencia habitue los oídos a la voz; para que reduzga en mí A ese canoro rumor el ímpetu escandaloso T en templada suspensión; siguiendo te luego iré con Ceusis. . Quedén los dos coros más lejos, que así sueñan las voces mejor. Por daros gusto me aparto de mí, quedándome en vos: Ceusis, a penas se cumpla el término que pidió tu voluntad, cuando llegue el fin de mi confusión. Pierde el cuidado. No he visto al Príncipe, . Se quedó en su cuarto, por estar aquí Lidaura, señor, que el excusarse hasta irse de su comunicación, es orden tuya. . Venid vos a la Corte. ll Aguárdate, que un papel has de llevar. . Ciego Dios, acábate de quitar la venda: mi bien. Traidor. . Dueño hermoso Vil tirano. . Qué novedad? Qué blasón? . Tienes? Consigues? . Que así dad me confunde tu rigor. Yo te ofendo? . No es ver la que el Duqué refirió? Qué fue? . Que tú con su hija (no faltes respiración) por poderes te casaste. Verdad fue. . Quién tal oyó? Qué dudas? . que lo confieses. Porque, si es en mi favor? Declárate más. . No puedo Que lo estorba? A ser quien soy Cuándo te descubres? Presto. . Qué te falta? La ocasión Has de ausentarte? . Jamás. Quién te detiene? . Tu amor Pues como si desposado estas, o con que intención me sirves? . Diralo el tiempo Primero lo diré yo; mas no diré, tente labio, que la ofensa del honor crece, si no es la venganza, antes que la explicación. Amor, a quien sacrifico el alma, si se rindió este esclavo a tu poder, si no ofende tu valor mi verdad, y lo asegura del silencio la razón; injustos son los arpones que despara tu furor, y las centellas que vibran tus ojos, ociosas son: luego puedo preguntar viendo en tu enojo el error: Para que es amor tirano tanta flecha, y tanto Sol? Hasta el acaso pronuncia mi queja, y tu sinrazón. Para advertir el engaño conque finges el ardor de tu pecho, desde el monte vine, con la presunción; pues cuando viste que al Duque mi voluntad se inclinó sin celos te vi, y sin celos no es perfecta la afición. Diras, que es tu amor tan grande que en un éxtasis cerró los sentidos, no dejando ninguna entrada al dolor; pues si el amor no da entrada al mal, de mi indignación: Para que se queja un hombre que dice que tiene amor? Mira si el acaso acude a la prueba con la voz. Ay Leonida! que en la honra es el empeño mayor el de la palabra, y dejo de darte satisfacción sin culpa, no desperdicie tu belleza, y tu valor Tanta munición de rayos, y tanto severo arpón. Miente quien sin celos ama, y si los tuviste, no cumples con tu sangre, pues degenera el que en rencor no vuelve la voluntad deslustrando su opinión: Si una ocasión que le dieron de cobarde la perdió. (ra? No hay piedad en tu hermosu- No hay ley en tu corazón? Pues yo viendo tu entereza. Pues viendo tu infamia yo. Diré al aire. Diré al viento. Por querella. . Por baldón. Para que es amor tirano tanta flecha, y tanto Sol, tanta munición de rayos, y tanto senero arpón? Para que se queja un hombre que dice que tiene amor, si una ocasión que le dieron de cobarde la perdió?
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Dónde vas? cómo que, escapas? Oye. . Déjame. En qué estamos? No asamos, y ya pringamos? Al primer tapón zurrapas? Mi bien, yo vengo a decir, que antes que fenezca el día verás. . Qué aleve porfía! no acábamos de salir de otra cuadra? . Verdad es. De mi allino te apartaste? . Sí Pues porque me dejaste para seguirme después, donde la furia prevengo con más rigor? Por que estaban muy cerca los que cantaban de los dos, y a verte vengo, donde se puede excusar que nos escuchen también los músicos. . Haces bien en no darlos que cantar. No es amor tu desvarío, y que es terquedad arguyo, de que cuando ves que huyo, no te cansa mi desvío. A tus quejas equivalen las llamas que el corazón me encienden, centerlas son de aquel fuego estás que salen a los ojos, sin que venzan el valor que debilitan, que con amor acreditan, y sin amor, avergüenzan. Esta razón te concluya. Cielos, hay más que sufrir! . no me bastaba sentir mi pena, si no la suya? No esés tantremenda, cuando tienes contra su decoro un Príncipe Artemidoro, en figura de Juan Blando. Fiera, cambién sus pucheros tus fieros en regocijos, o pues eres fiera, haz hijos, si es que quieres hacer fieros. Aparta. . En aspio se trueca; ay que cáchete, según por el ojo he visto, aún regalas confiita seca. Ya el papel: mas el semblante airado, aún dura en Leonida. En sin tu error, mi homicida ha de ser? . Injusto amante, dime si tienes disculpa opuesta a mi razón? . Sí, que no por haber en ti razón, en mi ha de haber culpa. Esa cauta obstinación, porque mi sepulcro labra? Porque hoy tiene la palabra mas fuerza que la razón. Qué palabra? . La que di. De esto resulta un ázar. . Que escucho. Y le he de estorbar. A quién se le diste? . . A mí Tú eres cómplice en la duda que me confunde? tú eres el que esta polvora blanca que mata sin ruido enciendes? tú sabes que Artemidoro con silencio, y voz me ofende? (pues lo que siento me oculta diciéndome lo que siente y en vez (cuando sus acentos están en cárcel tan fuerte, de ser tú quien se los libres, eres tú quien se los prendes? o no? no es posible, no, y si ser posible puede, vive el Arquitecto Sacro de esa máquina Celeste, que en átomos, con los ojos, con las manos, con los dientes. qué es esto? . Como una leona está. . Lomamo en la leche. qué es esto? . No ser Leonida pues en tu presencia crecen mis celos con amenazas a tu decoro indecentes: de donde arguyo (pues hay tiempo en que yo degenere de quien soy) que tú me agravias. Por que? . Porque si se vence en mí un imposible, otro también pudo en ti vencencerse. dejando de ser quien fuiste, que es consecuencia evidente si yo falto a ser Leonida, que tu faltas a ser Ceusis. Con el cortesano adorno tan irracional pareces, como pareciste humana. on el ropaje siluestre e extraño adminable, nuevo, y escandaloso accidente en ti el habito ocasiona. Esto las gorronas tienen en poniéndose una gala, al punto se ensoberbecen. Mis celos. . Espera, y mira que si dura lo impaciente, en ingratitud me pagas, lo que en voluntad me debes, El disfraz de Artemidoro no ignoras, ni que mantiene mi audacia este engaño, siendo el Duque quien le padece: hasta salir del empeño (que ha de ser hoy) no alimentes. los áspides que inficionan la reputación que muerden. Yo el rosigo labro, yo el díctamen que no entiendes, fábrico, yo te ocasiono las quejas conque envileces mi disposición, y cuando esta máquina, pendiente está de una industria, en cuyo móvil, es mi advitrio el eje: no es bien que desacredites por una culpa aparente, una fineza constante: en la Fe Divina aprende la humana, quien no penetra los Misterios, es quien cree; en el viso de tus males. está el logro de tus bienes: Ea Leonida, no estorbes en mi ofensa tan rebelde la ocasión al desengaño, tus dificultades vence; tus recelos abandona, tus conjeturas desmiente, y llegue le confianza donde el discurso no llegue. Yo entro a esperar que a la Corte cuando gustares me lleves, que tu correpción, en parte me constituye obediente, y en parte no no es posible que de confundirme deje la natural simparia que dentro de mi ser tienen tres contrariedades, todas unidas, y diferentes: amo, estimo, reconozco por la fuerza que en mi ejercen, sangre, obligación, y estrella, al Príncipe, al Duque, a Censis, Censis es al que más debo, y es quien menos me con mueve: a quien estimo es al Duque, y es quien me quiso dar muertes el Príncipe es quien me injuria, y es el que a los dos precede: si a Ceusis mi afecto acude, por mi obligación impele mi sangre a que se le postre al Duque, y mi estrella quiere aunque lo sabe, que para el Príncipe le reserve: y así voy a donde absorta inquiera, si no penetre en que estriba el fácil móvil de este error, de este afán, de este poder que mi afecto arrastra, ya que me equivocan siempre sangre, obligación, y estrella, el Duque, el Príncipe, y Ceusís, Aguarda. . No la detengas; toma este papel, y atiende d antes, que a lo que te instruyo a la condición que adviertes en Leonida, la experiencia que mi temor justo absuelve, has hecho con lo que has visto, considera si supiese quién es, sin las precauciones de que me valgo, cuan debil resistencia, en la venganza de su enojo, era la fuerte razón que te di esta tarde viniendo del monte. de . Cerqué la Quinta. . Quién es? Teobaldo, (ue. que con muchos hombres vuel- Yo voy a saber la causa. Pánsilo. . Señor. No dejes si Teobaldo, y Ceusis entran aquí, de fingirque eres el Príncipe. . Para qué si los dos noticia tienen de que no lo soy. . No importa, que aunque lo saben, entiende el uno que ignora el otro el disfraz, y es bien que piensen este, y aquel, que uno solo la confidencia me debe porque en aquel no peligre el favor que aguardo en este. Boca de titere llaman esa flor. Fue engaño aleve el aviso. . Así lo juzgo. Que hay Teobaldo, que se ofrece por aca? . Traigo una or de del Duque. Y bien qué contiene? Que en la torte de Palacio os ponga. Qué? No se ahere V. Alteza. De Pansilo remo que aunque está presente Teo baldo, ha de declararse. Pánsilo la color pierde, . y temo que se descubra, aunque esta delante Ceusis. El Duque mi señor, cuando, o como, o porque accdente se enoja? . Que queréis iros sabe Pues de que lo infiere? De que se lo dijo un hombre a quien vos mandáis que apreste un barco, de que decís que nadie en él con vos entre, y de que vais prevenido de ropa blanca, y resuelve su Alteza el asegurarse de vos mandando que os lleve con guardas. Traidor que as he- Lo que pago, qué me quieres: (cho? se ha visto en ninguna oreja tan donoso perendengue? No esté V. Alteza triste. Y de que he de estar alegre si voy a lo torre? . Esta no es prisión. Pues que, es banquete? Cásaros intenta el Duque Los Epitotas sois gentes al reves, porque en mi tierra cuando una boda hacer suelen, aquel día, no es al novio, a la novía es aquien prenden. V. Alteza con Teobaldo no se enoje, ni argumente, y escuchadme vos. Pánsilo, repara en que desvaneces nuestra májima, si ahora réplicas inobediente. Moriré por cortesía. Sabe ya que ha de valerme para engañar a Lidaura Fanfilo? En tiempo tan breve a solas no pude hablarle, contigo va, tú le puedes instruir, que yo la orden le daré de obedecerte. Ven señor. Sabed que el Duque me mando, que os advirtiese . el ansia con que os espera en la Corte. . Yo iré a verle cuando dije. . Por Teobaldo harás lo que dispusiere, que me importa a mí. . Y amí me importa que el diablo os lleve a ti, Teobaldo, Lidaura, el Duque, Leonida, y Censis. . Artemidoro, ya es tiempo de que no me desaliente el susto, y que de la cárcel que a errojó tu labio, suelte la palabra, comunica al Duque, sin que reserves. una circunstancia, todas las que ciñe, y comprende el caso, que no refiero segunda vez, por no hacerte agravio, pues desconfía de la ajena atención siempre, el que de un propio suceso hace memoria dos veces, en esta carta va inclusa la que dije, con que pierden todas las dificultades, el nombre de inconvenientes. Quién eres declara al Duque, porque sabiendo quien eres mi ofensa olvide, que estorban. al rencor los parabienes. Con Leonida voy siguiendo. tus huellas, mas aunque llegue he de aguardarme, hasta que llamado de tu voz entre Mi culpa a Leonida el Duque . A quién? declare, porque modere al enojo que la irrite, el respecto que la temple. Al fin en tu ingenio, y sangre fundo la esperanza, vete por mi Embajador, adonde por tu esclavo has de tenerme. Dame los brazos, mas antes de partirme, porque lleve un cuidado menos, deja que mi corazón sosiegue, viendo si el prodigio hermoso que amante idolatro. . Tente, 2. Tu cuento enojó al Duque. que el indicio de que adoras es seña, de que aborreces A Leonida. . Cómo? Vas a que su mal remedio tu voz contra mi dictamen? No. . Pues no se le acrecientes; quien agua niega a un enfermo, que la pide con la fiebre, si se la pone delante le redobla el accidente. A Epito voy. . La distancia veloz tu cuidado abrevie. Júpiter te guarde. . El Cielo tu edad juvenil próspere. 1. No es mentira, que irse el Príncipe quiso. . Entre la ira olvido la razón; a penas pierdo la memoria de un mal, cuando me acuerdo del que me irrita más, sin que este quede en mi discurso, que otro le sucede: y así para hacer guerra a mi sentido, se vale la memoria del olvido; siendo en mi ofensa, y siendo en su victoria, el olvido parcial de la memoria. El Príncipe de Acaya torpe, y necio, un beneficio paga en un desprecio? Lidaura (ay Cielo Santo! ) simple, y loca, con la vista el aliento me sofoca? Ceusis sin causa, o con cautela inorme, el término dilata en el informe? Y yo que su noticia me embarazo, me di la muerte, concediendo el plazo? Tan absorto quedé de la conquista que hizo el retrato en mí, que suspendido negué las evidencias al oído, con las admiraciones de la vista. Mas descífrese eguima tan incierta, Hola. , . Señor: no pases de esta puerta. ̱. Queda en la torre el Príncipe? . Primero venir quiere a tus plantas. . No se trate de lo que no es mi gusto. . Que severo está el diablo del hombre, a Dios gaznate. Llevalde a la prisión. . Secreto afuera, porque este es negócito de escalera. Dice que. . Basta, esa piedad me ofende; quien apaga mi furia, es quien la enciende. Yo obedezco. . Yo no. Cómo has entrado? Como un galán que es pobre, por un lado. Mas mi cólera irrito con tu arrojo. Si el blanco vengo a ser de vuestro enojo, no se haga con un blanco señor suegro lo que no puede hacerse con un negro. Llevade. . (Yo me vacio) que es llevalde, esa voz no es de Duque; que es de Alcalde; y así pues no hay proceso sin cabeza, la confesión me tome V. Alteza. Mas cómo, aquí estáis vos mi soplóncito? un otrosi me añadan al delito Viven los Dioses, que morir os haga. Ya dimos en el paso de la daga. Vos tan airado. . Escucha un manifiesto. Calla. . Perdido estoy. Señor, qué es esto? Atragánteme; vamos a la torre, que allí me para el riesgo, aquí me corre. Déjaros de responder me importa, por no morir. Pues yo os vengo a referir, lo que os importa saber. Hh llegado Ceusis? . No; la duda que os sobresalta cese, que no os hace falta Censis cuando llego yo Qué asegurais? La verdad. Y el informe que no oí, de quien le tendré? . De mí, quedad solo. . Despejad. Este papeles el centro del desengaño más firme, velde, y después hasta oírme no abráis el que viene dentro. Quien nunca habitado había esta Región, como sabe. lo que dudo? . Todo cabe en el término de un día. De Ceusis es el papel. Qué contiene? . Dice así: (quién este os lleva, por mí os habla) no hay más en él. El incluso sobrescrito a quien dice? A mí. . Guardad ese papel, y escuchad una culpa sin delito. Culpa sin delito? . Sí Explicadme la razón, y cese mi confusión. Antes de pasar de aquí es forzoso que se toque de Mitilene la historia, aunque la triste memoria al sentimiento os provoque. Yo he de referirla. . Vos Saber de Leonida intento quien es; al conocimiento de que le sirve unindos memorias? cuando no tiene inteligencia partida el principio de Leonida, con el fin de Mitilene. Si tiene, y si me ha de oír Alteza, ha de entender, que en mi verdad no ha de haber escrúpulo que argüir. Para llegar el deseo con brevedad donde asiste, el fin que busca, consiste el atajo en el rodeo. Está muy profundo el daño de la noticia que toco; y así alumbra poco a poco la antorcha del desengaño. No antepongáis impaciente el ansia a la conclusión, ni corte la admiración el hilo que está pendiente. No presumisteis jamás lo que en breve tiempo sé; cuanto mandáis os diré, y más porque queda más. Despacio os invoco atento a lo que hay que referir; que aunque os ha de concluir la prueba en cada argumento: La duda en que estáis ahora es grande, conque ha de ser difícil de disolver; que como no se mejora en los males peligrosos con los templados remedios, así no hay fáciles medios en fines dificultosos. Que me debiera yo a mí, . a no estar en mí? Esforzosa circunstancia, de mi esposa contaros la muerte? . Sí. Salió Mitilene un día al campo, donde la encuentra un peligro en un remedio, porque estaba en cinta, y era orden aquel ejercicio que dio la fisica ciencia, para que se conformasen fortuna, y naturaleza. Surprendiéronla del parto los vivos dolores, cerca de la Quinta, donde Censis en la soledad que puebla goza del mundo (que solo le goza quien le desprecia. A este tiempo desde el monte, una de las muchas fieras que le habitan en la playa, dejándose ver auyenta el sequito vil, que había de amparar a la Duquesa. Llegó a Ceusis el aviso, y con lealtad, y fineza, salió donde no encontrando al bruto, vio medio muerta a mi esposa, y en los brazos, entre su ropaje envuelta una criatura, a quien dio abrigo el ansia materna, y en quien el cielo encendia la luz que apagaba en ella. Compasivo, y asustado Ceusís, la criatura lleva a la primer casa, y torna donde inútil su asistencia fue, que ya de Mitilene, para dar ejemplo, era un desengaño la forma, un cadaber la materia. Murió mi esposa del parto, cuya ejecución violenta, nunca mi pecho la olvida, siempre la ignora mi lengua. Siento el mal, y no le digo, callo, y padezco la pena, sufro, y no éxplico el ahogo, siendo licita cantela del alma, sentir sin ruido, por no volver en ofensa el mérito, que en lo que obra la Divina providencia, es el dolor sacrificio, y sacrilegio la queja. La casa de campo, donde llevó Ceusis la Princesa, que dueño tuvo? . A Selevco, que anciano mayoral era del contorno. . De ese anciano. no fue hija Florisbella, con quien después del suceso mandó la rectitud vuestra casar a Censis? . Lo propio, que si mal no se me acuerda, a Floris bella debía Censis el honor, y atenta a la cobranza, dispuso con tra la omisión la fuerza; Florisbella dio a su padre la noticia de su afrenta, y su padre a mí, de modo que Ceusis en la quererla T dar no pudo sin la mano satisfacción de la deuda. Al principio del discurso volvamos: a vuestra Alteza la recién nacida Infanta, quién se la entregó? . A traerla fue Censis, y Censis vino a mi Palacio con ella. En la casa de Selenco a quien dio Ceusis la prenda? A Floris bella. . Y después quién se la volvió? La misma. Pues que hay culpa sin delito es evidente, y la prueba esta en mis noticias, cuando. recapacitáis las vuestras. Prosiguid. . Correspondía Floris bella a Censís, y eran en sus amores iguales el recato, y la fineza: Seleuco ignoraba el logro del amante, y la vergüenza temerosa, hizo en su hija, (estando con las sospechas. del natural embarazo, que descubre lo que en cierra) que disimulaste cauta, y artificiosa la muestra de su culpa, desmintiendo a los ojos la evidencia. Llego él día de postrarse a los dolores, y en esta yliima aflicción, previno el fiagir que estaba enferma. Dio a luz una niña, cuando, y al tiempo, que la Duquesa mi señora rindió el alma en trance igual (aquí tiembla mi voz, siendo cuando importa mas lo que pública) llega Censis con la infanta, donde juzga que en resguardo queda, y por acudir al campo en que a Mitilene deja, aún que a su dama en el lecho la ve, sin saber cual sea la causa, ni refetirla la ocasión que le acelera el paso; impelido parte de su lealtad, donde muerta halla a Mitilene, acude en tan infeliz tragedia, a retirar el cadaver; y en tanto, injusta, resuelta, cruel, y desesperada, detérmina Floris bella, con el temor de su padre, de su galán con la queja, el ardid más inhumano que de la crueldad se cuenta. Viéndose con dos criaturas, una propia, y otra ajena; (esta que puede mostrarla, que debe encubrirla aquella) compasiva con su sangre, inhumana con la vuestra, por quedar con la disculpa, y sin el peligro, trueca las dos, la ajenada al monte. La qué? . Y la propia reserva: volvió Ceusis por la Infanta, cuando la engañosa fiera no pudo darle noticia de su culpa; que en presencia de Selenco estaba entonces; Ceusis su criatura lleva consigo siendo inocente de la culpa que coopera, siendo cómplice en la injuria está su persona exenta, en la causa no, del fraude está libre, y le condena la ocasión, porque resulta del caso la vil cautela. Luego hay culpa sin delito, pues Censis incurre, y queda con la culpa en el suceso, sin el delito en la ofensa. Sin duda el Conclave Sacro me asiste, pues tan violenta noticia en mí no separa esta unión mortal; y eterna: hija, y esposa en un tiempo perdí? . No. Lidaura asientas que es hija de Ceusís, luego me alivias, y desconsuelas? Lidaura es hija de Cebiis, Leonida lo es tuya. . Espera, recátame el glizo, mira que puede más que la pena. Ejamina, mas no dudes, pregunta, inquiere, argumenta, y hasta el fin mi verdad viva sin escrúpulo. No temas lo contrario, que en mi pecho hay quien manda lo que ruegas. Siendo Leonida quien dices (que así el alma lo sospecha) quién te lo ha contado? . Ceusis. Ya Ceusis quién? . Blorisbella Florisbella a mucho tiempo que murió. . Qué ojepción esa puede ser? Grande, y en contra de la lealtad que profesa Ceusis. . Prosigue, El que oculta, la traición incurre en ella; Ceusis ha mucho que sabe, lo que ha poco que confiesa, luego ha sido traidor, desde que oculta, hasta que revela? Ya que la justicia tiene lugar señor la clemencia, sin apartarme del cuento, y siguiendo la materia, por Ceusis hablo. Oye su disculpa en mi respuesta, En aquel adverso día, de quien la memoria nuestra hace relación, nos falta mas que referir. Apenas te entregó Ceusis su hija por la tuya, cuando nuevas desdichas teme advirtiendo que en su dama la dolencia pudo ser, lo que fue, busca de noche ocasión de verla, y hallándola supo el trueque injusto, la culpa orrenda, la impiedad tirana, el torpe delito, y la vil ofensa. Aborrecio desde entonces la que adorana; influencia del honor, que predomina sobre todas las estrellas, que aquel fuerza cuando mueve, y estás mueven más no fuerzan, Con la oscuridad porguía, sin recelar que las fieras le despedazasen, Ceusís al monte se arroja, y entra solo a morir, no llevando para buscar a la tierna suceso;a de tu Imperio, indicio; rastro, ni seña, que a un no tuvo en la esperanza alivio la diligencia, hasta que alumbrando el día su ceguedad, en la quiebra de un risco, vio una leona que entre sus pechos hóspeda, la criatura, conque al tiempo, que la abriga la alimenta. Suspenso, absorto, y oculto detras de un árbol acecha. el veneficio, y le teme, que está del peligro cerca: indeterminable duda lo que ha de hacer, que recela si sale, irritar el bruto, si no aventurarla presa; el daño ajeno le estorba, el propio valor le esfuerza; llegar quiere, y se retira; irse procura, y se llega: al fin, por mejor acuerdo percive su docta idea detenerse, que arrojarse: bien hizo, que cuando muestra el Cielo que esta propicio, desmerece su clemencia quien con límite la juzga, quien sin poder la contempla. Desde la quinta de Ceusís, hasta el monte, se franquea el pasaje sin estorbo, por una gruta encubierta; por esta a la Infanta quiso robar Ceusís, y traerla; no pude en todo aquel tiempo que fue su albergue, y defensa la schona consolaba su aflicción llegando a verla, y esperando que algún día las guardas que la todean se descuidanen; sucede que en una ocasión la encuentra sola; detérmina el robo, y al tiempo que estaba cerca de la gruta, la leona (que volviendo a la querencia no hallá el recental) bramando con el sequito que lleva; sigue a Censís, y le alcanza, él que víctima sangrienta se juzga del sacrificio, solo teme ya que sea Leonida en el hara torpe, parte infeliz de la ofrenda; entre los brazos la oculta, mas la generosa fiera, (que no en vano es coronada de los animales Reina) para el curso, en quietud yace; mira el robo, el afan templa, suspende el paso, la furia pasma, y a Censis respeta: o fuese atenta a que alaga a la que estima yo atenta a que en sus brazos perece la propia si los estrecha, o sin atención alguna, que son vanas controversías, las que un prodigio averiguan, porque inútilmente emplean su discurso, los que buscan pretejto, a la providencia. Ceusis atento, aunque absorto, a la parte en que se alberga la Infanta vuelve, y los brutos. siguen sus tímidas huellas: dejola en el lecho humilde, por no encender la soberbia. irracional, que en la fuga estaba la contigencia. Desde entonces no extrañaron que la asstiese, él se empeña. en su educación, Leonida en la pueriledad muestra valor, y discurso; erece, y vive, sin que la advierta Ceusis quien es pasa el tiempo, en cuya distancia llega Floria bella de la muerte al umbral, y Florisbella, antes de morirte escribe ese papel, que comprueva su culpa, Censis le guarda con que la suya acrecienta, pues te encubrió lo que pudo declarar por mano ajena, y desmentir hasta entonces para dislumbrar tus quejas, su delincuente silencio con ignorancia supuesta. Cansase al fin de que el crimen su sangre noble envilezca, y apesar de las instancias, conque la naturaleza le obliga a proseguir, busca un advitrio de tal fuerza que la piedad te disponga, cuando te explique la ofensa. Hecha voz de que retrata juntando partes diversas en una hermosura, todas las perfecciones de Grecia, y copia a Leonida; ofrece a tus ojos su belleza en pintura; la pintura agrada siendo perfecta a todos, luego el dictamen hijo sutil de su ciencia fue, que si a todos agrada, que hará quien con mudas señas le dice quién es? hará el efecto que desea Censís, porque en el teatro del alma, nunca se hierra el papel, cuando la sangre apunta a quien representa: ayer tuvo prevenida, la infercesión lisonjera del retrato, y te exculaste de verle, yo no, que fuera rigor del Cielo, que el Cielo eclipsase más mi estrella. Róbome el alma la imagen que el corazón reverencia, sacrifíqueme. hombre aguarda como osado se descuella tu atrevimiento? Quién eres? Que a Leonida con tan ciega presunció amás? . Su esposo Quién? . El Príncipe. No emprendas segunda vez más qué es esto? La salva hace un bajel que en de los que ayer se apartaron (tra en la borrasca desecha de Artemidoro, y pregunta si se libró en la tormenta su Príncipe. . Id a la torre, y haced para que le vean que se asome a la ventana que al Puerto mira. . Esa prueba te agradezco, pues remites mi verdad a la experiencia. Dime el motivo que Censis tuno en callar? . Ya le encuentra el peligro de Lidaura conjetura; la paterna obligación le suspende el labio; grande es la ofensa; pero la disculpa es grande: qué padre con evidencia juzga la muerte de un hijo, que en vez de estorbarla, abrevia el término? Si responde alguno, que no reserva nadie al que un crimen comete contra la Corona, advierta que no ha cometido el crimen Lidaura, y no hay ley severa que obligue un padre a que entregue al castigo la inocencia. Al fin. No es Artemidoro el traidor que nos ensañan por Príncipe, este es Pansilo. Ya tu ver dad manifiesta la voz de los tuyos. . Ya en albricias de la nueva te pido el perdón de Ceusis. (ga Ha llegado? . Sí. . Pues ve- a mis brazos, mas advierte que a mi discurso atropella la confusión, de que en solo veinte y cuatro horas puedas tener el conocimiento, y las noticias que muestras. Manda que Leonida aguarde en aquesta cuadra, y entra conmigo, y con Ceusis, donde tus dudas queden deshechas, para que después llamando a Leonida, tu presencia la temple, por cuya causa padece absorta, y suspensa. Muera el traidor. Vulgo fácil No alteres la quietud. . Muera Pánsilo, por el engaño aleve que hacer intenta. qué es esto? . . Haber entendido al pueblo la estratagema del que Príncipe se nombra, y querer matarle. . Espera: señor, con verme los míos el tumulto se sosiega, pues conociéndome, en unos, y en otros la furia cesa. . Libra tú ese hombre, a este cuarto le baja. Aparta. . Qué intentas? Morir. . Déjenme. Señora. . No hay que hablar. Ya no reserva su nombre el Príncipe, ya la esperanza no me queda de su disfraz, ya es preciso que él se case, y yo me pierda. Escucha. . A mí señor padre he de contar la insolencia de Teobaldo, que da, y toma en que yo no soy Princesa. Si el Príncipe. . Si Teobaldo. Ceusís, quita. Trene, suelta. El Príncipe Artemidoro es el que el Cielo nos muestra en el valcón, viva, viva. Ceusis. . Señor. La prudencia me valga; venid conmigo; deteneos las dos, y atienda sin contradecir mi gusto al precepto la obediencia. Aquí está la ararantada. Que natural, o violenta . causa, ay Cielos! al decoro de este anciano me sujeta. Ya Leonida está apacible. Es loca, no hay que fiar de ella. Hablar a Lidaura intento . con mansedumbre supuesta, para saber su designio. Llegate. . Tengo vergüenza. Señora. . Para su alma. Lidaura está aquí, refuerza mi engaño, o viven los Cielos que te he de matar. . Hay tema como el de este hombre. No huyas de tu esclava. Bueno. . Espera que puede ser que a Leonida Arremidoro la tenga (así me lo ofreció) ya paro mi engaño dispuesta; y he de escucharla. . Sin duda las bodas de V. Alteza no se harán. Mira si entabla, como juzgué, mi cautela, Príncipe herosco es tu amo. Es buen amigo. . Esas nuevas me cojén de susto, cómo? Porque es razón que se ofenda el Luque del fraude. . Hay más que casarme con cualquiera que sea el Príncipe? Leonida el Duque te llama, entra, donde mi silencio salve el agravio en la fineza. Mucho ha de ser que se dore con la disculpa, la ofensa. No lo dificultes. . Hola, señor Príncipe de verás, no hay más hablar? Para qué? Si tú no eres la Princesa. Ingratitud es que el alma no rinda a tus pies. Qué intentas? Agradecer la palabra que me cumples. O que necia es la ambición, lo que hago por mí, no me lo agradezcas, Aquí no hay ine, ni abe. Señora. Ahorremos de arengas, o guste, o no Ricaredo, robadme, Oh qué linda hembra! Esta noche, mas aguarda que de palacio las puertas abren a todo el concurso del pueblo. . Y el Duque entra en esta cuadra. . Mas antes llorosa, y humilde besa Leonida la mano al Duque. Yo estoy creyendo que juegan a tira, afloja. Qué es esto? Quedó el alma satisfecha. Artemidoro, y Leonida vivan edades eternas. Tu castigo, o tu perdón, mi culpa señora espera. Ay culpa en que no hay delito; si no hay delito, no hay pena, ni hay perdón, porque no cabe el castigo, o la clemencia: y así Ceusis, estos lazos solo sirven de cadena que pongo a tu noble pecho, corta paga de tal deuda Qué escucho! Vasallos nobles, para admiración de Grecia, honor de Júpiter y honra de esta gran Provincia. Reina en Epito, A temidoro consorte de la Princesa Leonida. Válgame el Cielo! De cuya feliz, y adversa hiltoria, la clave es Censis; esta carra manifiesta la verdad, yo la público, nadie dude la evidencia: yo os daré parte vasallos por menor, de cuanto encierra este aparente imposible; más antes decir es fuerza quien es Lidaura, Lidaura hila es de Ceusis. Suprema deidad, mi ambición castigas. Hija mis brazos te esperan. Yo me huelgo, que me esta mas bien, que mi padre sea un pintor que me acaricie, que un Duque que me aborrezca Tú no cumpliste? Detente porque después no hay enmienda. La promesa fue dejarte a Lidaura, si te acuerdas, yo me caso con Leonida. luego cumplí la promesa? La mano os dad, y venid al solio, donde os espera mi Corte. Logré mi suerte Próspero fin. Que le tenga próspero, solo consiste en que algún victor le deba la culpa en que no hay delito, a quien la juzgue, y la avsuelva.
