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Texto digital de El hamete de Toledo

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Luis de Belmonte Bermúdez Probable yAntonio Martínez de Meneses Probable
Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte I de Nuevas escogidas (1652).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El hamete de Toledo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hamete-de-toledo-el.

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EL HAMETE DE TOLEDO

JORNADA PRIMERA

No se ha visto con luces más hermosas sobre tapetes de azucena, y rosas la Aurora coronada de claveles. Busca, necio Rustán, nuevos pinceles, para darla colores, cuando a sus luces yo, cuando a sus flores, con el aliento mío fuego, y sombras envío, y vea mi dolor (pues lo despiertas) mis ansias vivas, y sus luces y abrasadas al fuego de mi pena, con el clavel, la rosa, y la azucena. Porque turbada la confusa Aurora, llore cenizas, cuando perlas llora: si es del Bautista el día, hasta el Ocaso, desde el Alba fría, le hacen fiestas el Cristiano, y Moro, yo sin alivio mis desdichas lloro: estos campos de Oran, estas riberas, como la Libia fieras, vieron cautivo al Sol, morir me vieron, fueron testigos, y venenos fueron. El luminar mayor corrió tres veces del bellocino de oro hasta los peces, después que vivo de esperanzas solas, risa del viento, y burla de las olas; pues sin vengarme vivo, preso de amores, y mi sol cautivo: el mar, la fuente, el río, el monte, el prado, a rayos que despide el cielo airado, o serán los que arroja el pecho mío, no dejen hierba al prado, ni agua al río, ni pena al monte en sombras, ni en busquejos, al mar cristales, ni a la fuente espejos. El sufrimiento apuras. Oh felices de Orlando las locuras, por la hermosura que adoró el Oriente, si bien fue sombra de mi dueño ausente! Dónde Argelina estas? dónde señora? si te ha llevado el Sol para su Aurora, para su Ninfa el mar la más hermosa, o Chipre en su jardín para su Diosa? El seso las de perder. . Piérdalo, cuando es más bello sujeto, que el de Orlando furioso repetía, rayo en los troncos de la selva fría. Aquí gozó de Angelica Medoro, y aquí me robó el mar el bien que adoro; oh furioso elemento! para sufrir en fáciles espumas tanto agreste esplendor de la montaña, que en tres ondas se baña, volumen dilatado, de gabías coronado, balcones de sus velas, donde al Austro encárcelas: al más obediente, para que al limpio Sol rayos le cuente, mientras el puerto el robo le asegura, blasón de la embreada arquitectura. Perdí mi bien apenas, estando ausente yo de estas arenas, cuando feroz pirata rasgó al piélago azul la tez de plata, en cuatro galeotas, sin temer del Cristiano armadas Flotas; que como solo a la venganza aspiro, ni temo riesgos, ni ventajas miro. Haz prevenir la gente, que he de salir al mar; Oye, detente: Bien sabes ya, que fue costumbra mía cuando me embarco, ver que estrella guía mis fortunas (estilo que observaron cuantos Caudillos míos se embarcaron.) Tráeme, pues, al instante el libro de las suertes. . Cómo amante tan venturoso seas, y mil victorias en las suertes veas. y al Ya con luces más distintas por nuestro Horizonte nace el Sol rubricando espumas, con vanidad de celajes. O si les diese a la vista en ese piélago errante de albricias a los deseos alguna enemiga nave! Porque aunque el Águila fuese (que pone escalas al aire trepando al balcón del Sol, cuando más sus berjas arden.) Desatadas las píguelas, le echara marinos sacres, que huéspedes de sus rayos, mezclaran su fuego en sangre, y al despeñarse en espumas, temiera el mar en volcanes, viendo un escollo en sus ondas batido por cuatro partes. Mas con ser ya mis deseos, como la venganza grandes, son ya tantas las albricias, que no sé si en en ellos caben. Tres galeras se descubren, y como en lienzo e F muestran su primor en lejos, y el mar al suyo en cristales. Oh ruego al Sol, si me escucha, que cuantas luces infantes muestra al nacer, se las preste, porque sus banderas marque! Aquí está el libro, señor. Muestra, y mira hacia la parte de la tramontana. . Veo tres galeras tan iguales. en movimiento, y grandeza, que es menester que señalen con los remos lo movible, con lo imposible lo grande. Este temor. Es advertencia. Llega a tocar en cobarde. Cómo verdades se pintan. Cómo al que escucha le agraden vestidas, que son desnudas más ofensas, que verdades. Cómo ellas son te las pinto, si la lisonja ha de darles el vestido que ellos piden, de mis labios no le aguarden. Tres son, y a tierra navegan con palamenta, y belamen, cuyas banderas al tope, cuando las desdeña el aire, la espuma que alzan los remos, o la peinan, o la barren. Verdades son, que las miras? mas si te parecen grandes, bórralas con tu valor, para salir en su alcance. Abro para ver mi suerte: cielos, prodigios mortales muestra la Magia en sus hojas Qué ves? Pudiera turbarme, a no tener en el pecho por corazón un diamante. Un mar descubro sereno, y junto a su limpia margen horca, y fuego, y superiores. en vistosos tafetanes Cruces del Bautista. Tienes tan hecha el alma a pesares, que tres dichas te permiten, que en tu dicha las disfraces? Mira a tierra más vecinos los Cruzados estandartes de Malta, cuyo castigo quiere el cielo que señalen horca, y fuego. . Ya he creído (que lisonjas no sabes) que la victoria interpretas, para que la escriba, y cante la fama, siendo las plumas buriles, que bronces labren; siendo las voces clarines, que sueñen del Luco al Ganjes. Ya salta el Cristiano en tierra a robar los advares tan vecinos de las playas, que oyen del mar los embates. No han visto mis galeotas, que su arrogancia desmayen, cuando las áncoras suelten, cuando el cañamo desaten, ni saben que estoy en tierra, que ya no es bien que me embarque, que la batalla del mar la fío a mis capitanes; porque yo en tierra, que soy blasón de los Berenajes, acaudillaré sus tropas, Vuelve al mar, dile a mi gente, que está victoria les trae el Cristiano, inadvertido, pues que sus fuerzas reparte. Voy al punto. Dueño ausente, este campo tinto ensangre, entre Navales trofeos; ofrezco a tu hermosa imagen. Ea Cristianos valientes, que conmigo os señalastes en sangrienta escaramuza, bibrando limpios alfanjes, contra ginetes de Oran, la voz de un furioso amante escucháis, siendo este acero, espejo que los desmaye; mi aliento, vuestra victoria; su mismo temor, su cárcel; mi vista, su basilisco, para que matando obrase. . Ya no habrá contra su furia humano valor que baste, el retirarnos es fuerza. No huyáis Moros cobardes. Al bosque, a la selva, al monte. Rayos van en vuestro alcance. Ríndete valiente Moro, pues no tienes de tu parte mas de el valor, que te engaña. Téndrelo para matarme, que es bien (pues nace conmigo) que muera cuando él se acabe. Nuestra es la victoria, huyeron porque el bosque los ampare. Estando yo vivo, puedo de laureles coronarles. Este solo se defiende. Pues la muerte le señale, para que obstinado muera. Tened soldados. Ya es tarde. Mal podrá matarme el fuego, aunque dispares volcanes, que pues no me ha muerto el mío, los incendios son cobardes. Bizarro Moro, que intentas herido? . Yo? eternizarme. Mal podrás. Para este punto guardo las temeridades. Perder la vida es locura, cuando hay piedad que la ampare. A estimarla yo, bien dices. Pues qué quieres? Que me mate tu valiente acero. Es mengua en los vencidos mancharle. Quién te ha dicho que lo estoy? Tus mismas desdichas hablen, si acaso eres el Caudillo de tantas tropas Alarbes, ya su afrenta las retira, para que el temor las guarde. Conducidos del asombro, dejaron los advares al ádbitro vencedor, porque los ocupe el aire. El socorro es imposible, que no hay población que alcance tus noticias infelices: primero que yo me embarque de las cuatro galeotas las dos rompiendo cristales, mas su temor, que los remos quisieran para librarse. Ver en un Mapa las ondas, porque en lo breve se escaben, y las otras dos que miras, siendo trofeos Navales, por su popa mis galeras, ya remolcando las traen. Pues qué aguardas ya? qué esperas, cuando pretendo librarte. de tu misma obstinación? La vida quiero que guardes, porque me conozcas dueño, que con ella he de pagarte tus valientes bizarrías. Mis desdichas inmortales, mas que tu valor, me rinden. Muestra las armas. No cabe en mi pecho tanta injuria, en mi valor tanto ultraje, cobralas tú de la tierra, que es mi patria, y por ser madre tendrá femenil flaqueza, para ofrecerlas cobarde. Extraño valor! Oh cielos! para qué queréis guardarme? Ven, porque curarte puedas. Sobra el hierro, si hay pesares. Embarcar a Cartajena. Oh pronósticos fatales! tan falsos, como creídos, y en breves horas mudables; porque hasta las esperanzas me pierdan si me buscaren. Bato, no tenéis razón. Habréis mela vos quitado cuando entré en casa. Extremado tonto! . Lindo picaron! Yo qué os he quitado? Bien, tanto empiezo ya a temeros, que hasta la gana de veros me habéis quitado también. Con su flor (como vistes) traigo fruta a mi señor, pero vos con vuestra flor dos círvelas me comistes. Cuántas eran? Treinta y seis. Y cuántas quedan? Cuarenta. Bato, bien sabéis de cuenta. Bien sé la que vos tenéis. Yo tengo cuenta, y razón, que soy hombre muy cabal. No lo estará el cigarral, si allá va este cigarron. Malditas sean vuestras muelas. No le den con ese palo. otra cirvela, Gonzalo. Soy amigo de cirvelas. No lo seáis muchas veces, que no os saldrá muy barato: señor viene. Qué hacéis Bato? También so amigo de nueces. Yo soy vuestro camarada. Por nuestra ama he de sentir la falta, que envió a decir, que quería estar preñada con esta fruta, y entiendo (aquí para entre los dos) que queréis estarlo vos, según me la vais comiendo. Qué bulto tenéis aquí? mas si el secreto guardáis. No es ciruela, qué tentáis? Vuestro amigo soy, decí. Estó perdido de amores por la escrabilla de casa, como tiene huego que abrasa, siendo ella toda unas flores? su frente es hermosa estrella, que me alumbra, y enamora. Bato, no advertís que es Mora? Quiero teñirme con ella: Gónzalo, nuestra ama sale. Juana, qué hace Argelina? En sus penas imagina, no hay dolor que al suyo iguale, porque sus lágrimas son (siempre que está retirada) muestras, en que está cifrada la pena del corazón. Ve a llamarla. No digáis que yo a la fruta llegué, mirad que me enojaré. Enojaos, y no comáis: Señora, aquí os traigo yo estas círvelas de hogaño, las que faltan con engaño un tordo me las comió. Podía llevarme en el pico, según estaba de gordo, Gónzalo se llama el tordo. Y el hortelano borrico. Señora. Toma esa fruta. Dice Juana, que lloráis, y que por jamás mostráis vuestra hermosa cara enjuta. Pero ahora el amor mío mas vuestro llanto desea, porque llorando se vea sobre la fruta el rocío. No entiendo lo que decís. Queredme, y lo entenderéis. Pesares, poco podéis, pues sin matarme vivís. De qué estás triste, Argelina? fáltate en casa regalo, cuando a mi propia te igualo? a quererte bien se inclina. Mi piedad en mí has cobrado, como en Don Gaspar también, ninguna causa has hallado para tu pena inclemente, y si la hay, saberla quiero. lamás el remedio espero, porque está la causa ausente. Es tu remedio imposible? Tu voz, señora, me anima a decir que me lastima el alma un dolor terrible. Es verte cautiva? Fuera ingrata si lo pensara, pues si alguien me rescatara, a tu prisión me volviera: fuera alegre imitación del pajarillo (a él me igualo) que halla en la prisión regalo, y se vuelve a la prisión. Pues dime, amiga, es porque te he dicho que seas Cristiana? Fuera mi queja villana, señora, porque bien sé (aunque noticias me das de tu ley Ay dueño mío!) que la ley, y el albedrío no se forzaron jamás. otro es el dolor que siento, tan sin alivio en mi mal, que callado es inmortal, y dicho es atrevimiento. Tanto tu pena he sentido, que mi piadoso cuidado, por remediar lo callado, te perdona lo atrevido. Pues, señora, apenas tuve edad: Penas, qué decís? Ten este caballo. Oís? Mi señor es el que sube. . Luego me hablarás. Resisto apenas del alma el fuego. . Argelina volve luego por amor de Jesucristo. Necio, tu descuido pasa a no poderte sufrir, si tan mal has de servir, no estés un punto en mi casa. Señor. Hermosa Leonor? Turbado me tiene el miedo! . p. Aa prevenido en Toledo fiestas el Corregidor, y como sabes, salimos al mostrar esta mañana el Alba su luz temprana, y a escoger los toros fuimos, y a este necio le mande, que en el campo me tuviera otro caballo. Quisiera disculparme, aunque bien sé, que no merecen perdón mi descuido, ni mi olvido. Pues su culpa ha conocido, halle en vos mi intercesión. Basta Leonor que tus ojos s siempre con luces más bellas, que el Sol mirándome en ellas, son la paz de mis enojos. Es mi obediencia amorosa muy propio de mi alegría, como si fuese hoy el día de nuestra boda dichosa. Que amor que en la posiesión no es más puro, y más ardiente, no es amor, si no accidente de una bárbara afición. El Alba al Prado gentil regala con el rocío, bebiendo templado el frío en cada perla un Abril. Tan ansioso por cogerlas, como se ve tan florido, que presume que él ha sido el que ha llorado las perlas. Y tanto al fin se enamora, creciendo sus flores bellas, que se viene a hallar por ellas más sediento a cada Aurora. Y si alguna flor dormida, un descuido se permite, sus aumentos le repite, dejándola más florida. Y aunque posesión alcanza con tan reciproca unión, viene a ser la posesión con anhelos de esperanza. Señor, mayores trofeos, y con posesión mejor os da mi amor, pues mi amor aumenta vuestros deseos. Porque en tan puros amores, que lo que gozan desean, llenos de envidia se vean el Alba, el prado, y las flores. El cielo su amor aumente, como son los dos casados, se dicen enamorados resquiebros púbricamente. Son más dichosos que vos. Por eso a la escraba espero, porque resquebralla quiero. Cómo? En servicio de Dios. Cómo os habéis de casar, si es Mora? en eso habéis dado? Qué importa, si esto abrasado, que me acaben de que Entrad, porque descanséis. El alma descansa a marido. Y es bien, porque en descansando, lo que os truje le diréis. Bato, tan presto has venido del Aldea? Impertinencia! pues si estó en vuestra presencia, adónde me he de haber ido? porque os reis entre dientes? Pues tú me riñes a mí? Suelo yo reñir así cuando traigo los presentes. Pues qué trujiste? No quiero decillo otra vez. Por qué? Porque el que hace una merced; si la repite es grosero. Conmigo andas muy cruel. Decirlo otra vez es vicio, que se mengua el beneficio, si dan en cara con él. Bien pudiera mi señora decírselo al resquebrarle, aunque en ella no veo tarle de habrar cuando se enamora. Pero para que me quiebro la cabeza? . Simple estás. Pues diga, no vale más un regalo, que un resquiebro? En reñirnos te desvelas? Don Gaspar no lo sabrá? No, que después lo verá cuando coma las cirvelas. Vamos, que tiene razón. . No he visto simpleza igual. Qué dijistes? Dije mal? no habré a muy buena ocasión? Dónde mi señora entró? Esperándola esto yo, y no tardará un momento: no os vais, porque daros quiero las primicias de mi amor. Mas se aumenta mi dolor, . cuanto más sin fruto espero. Quijera en este pepino daros un cirio Pascual. Hay semejante animal. A recibir no me inclino regalo vuestro. . Par Dios; porque? Porque me cansáis. Dádmele a mí, si gustáis. Pues enamóroos yo a vos? yo os quiero bien; si no hay Cura que nos case a mí, y a vos, démonos los dos aquí la mano a Dios, y a ventura. Que sepa un simple de amor, y mi ausente dueño ingrato me olvide! . Merezca Bato un abrazo por favor. Y si viene mi señora? Cuanto ha que lo teméis, me hubierais dado ya seis. No puede ser por ahora. Pues no me diréis el cuando? Yo os avisaré. Argelina, sea presto, que la sobrina del Cura mesta rogando. Ay simplezas más extrañas! De vuestra verdad me fío. Ay ausente dueño mío! Hay perra de mis entranas! . No os sirve bien esa esclava, señora? que al gusto vuestro es bien que en mi voluntad tenga fuerza de precepto. Vendérela al mismo instante si gustáis, demás que espero por horas a vuestro tío, que nos prometió en Toledo (volviendo de la jornada de Levante, si los cielos le traen con bien) un esclavo. Tenga próspero suceso mi tío, porque yo pueda lograr las dichas de verlo; que en lo que toca a Argelina. Proseguid. Deciros puedo, que estoy con ella gustosa, si bien en el alma siento verla tan llorosa, y triste, aunque tengo por remedio de sus penas, el llamarla de ordinario, porque creo que las templa en el olvido, o las encubre en el pecho. Y así ahora la mande, que me trujese el espejo, porque esté en mi compañía. Vuestro cuidado agradezco, que porque vos la queréis la estimo, los sentimientos que muestra, serán de verse esclava; y pues sois su dueño, olvide con el regalo la infeliz memoria de ellos. Cómo la estimo, la trato Yo he de decillo primero. Señor. Vuestro tío, señora, ha venido por lo menos. Quién dices, Bato? El Baldió de San Juan. . Bailio, necio. Ya lo dije, aunque mal dicho. Las albricias te prometo. Ya sube el viejo Cruzado. Pues no avisara primero, si se hóspeda en nuestra casa siempre que viene a Toledo? Señor, culparos podrá. Ya lo que decís entiendo, pero tengo por tan propia vuestra casa, que sin riesgo de licencia, descortés sin avisaros he vuelto de la jornada. He servido a la Religión el tiempo que de Toledo he faltado, mas ya, por sentirme viero, con licencia del Maestre vengo a gozar de los pueblos de mi Encomienda, y os doy mi palabra, que por veros, ha un mes, que por mi descanso esta diligencia he hecho, de la licencia que traigo, de vuestra salud me alegro, sobrinos, que largos años la gocéis quieran los cielos. Y a vos os den larga vida, señor, para que gocemos los favores con que siempre nos honráis: Juana. Ya tengo lo que he de hacer a mi cargo, que no es el cuidado nuevo, voy a aderezar el cuarto. A tu diligencia dejo la prisa, porque mi tío querrá descansar. . Sucesos. dichosos han sido todos, si bien el mar con despecho (o envidia de las fortunas de nuestros Cruzados Leños) desde Oran a Cartajena fue el temporal tan deshecho, y tan soberbias las ondas, con la vanidad del viento, que aún no las pudo amansar el castigo de los remos, presumiendo las espumas, que ellas engendrar pudieron el viento que las levanta, cuyos cristales revueltos fueron eclipses del Sol, si fueron antes espejos. Y cuando el Sol (cuando muere, forma del mar monumento, y vio bañarse los rayos en tanto cristal soberbio, que hurtando soplos a el Austro, subió a apagar sus reflejos) entendió que se moría, y que los turbados Leños le iban a servir de tumbas sobre los dos elementos. Se sosego, en fin, el mar, ofreciéndonos el puerto, por coechar nuestro asombro con los ganados trofeos; pues en nos salieron al encuentro tantos escuadrones Moros, que las riberas temieron, que fundara otro bajel la confusión de ellos mismos. Pelcaron largo espacio valerosos, y resueltos, disputando la victoria con mortales argumentos, los espetidos canones, hablando el plomo por ellos. Al fin, huyendo a los bosques, dedicados al silencio, temblaron más que esas hojas, oyendo su infamia en ellos. Y nosotros vencedores, los despojos repartiendo, siendo las olas del fines: sobre los golfos serenos, en las playas Españolas echamos seguro el ferro. Y porque también nosotros gocemos el bien de veros. Interesada es la dicha, pues quiere que la paguemos las albricias con el gusto de tan próspero suceso. Y diga, señor, los Moros son Cristianos? . Calla necio. Pues no penséis que me olvido de la promesa que os debo, pues la cumplió mi cuidado, como la pidió el deseo. Un esclavo os prometí cuando partí de Toledo, y os le traigo, y tan bizarro, que estuvo el suceso nuestro brujuleando la victoria, mientras esgrimió el acero. Este escogí de la presa. las manos, ser Con obligaciones tantas será aumentar el empeño. Haced que suba el esclavo. Señora, aquí está el espejo. Ahora no es menester, aguarda un poco. Don Diego te ha enviado los caballos, y jaeces. A buen tiempo han llegado, si gustáis salgamos, señor, a verlos. Veréis también el esclavo, que cuidará de los vuestros, porque no hay mejor ginete en el Africano suelo. Vamos Leonor. Es mi gusto, señor, el obedeceros. ni Yo voy a ver el esclavo, y si es Moro (como pienso) dándole para un bonete, será mi alcahuete luego . Ni aún para sentir mis penas me dan ellas mismas tiempo: que de memorias me ofrece este cristal! pues me acuerdo, que en África, estando ausente mi ingrato amante, otro espejo con caracteres, y hechizos me comunicaba luego su imagen, con que mi amor templaba el rigor de celos. Mas ya perdiendo esperanzas, ni aún en brazos de otro dueño, como mis sospechas dicen, podrán mis desdichas ve Esperanzas imposibles, que me queréis cuando os pierdo? ya soy esclavo en España, mirad si podré teneros? Cielos, que advierten los ojos, fueran quimeras del sueño si durmieran los sentidos: pero bien puede el deseo formar su imagen, mas no, que faltan los instrumentos con que el hechizo dispone los cristales del espejo. Sin duda aquella mujer, con repetidos afectos, se enámora de sí misma; que hacer tan nuevos extremos con la copia que le ofrece el cristal, solo quisieron atribuille a Narciso tan loco encarecimiento. Llegad imaginaciones, afrisar con mis deseos, y tenga vida la estampa, al paso que viven ellos. Y porque escucharme pueda quejas de su ingrato pecho, a la sombra de su imagen, alma la infunda mi aliento. Hay locuras más extrañas? Dime, cruel, hubo riesgos, que en el papel del asombro firme la muerte por ellos, que te obliguen a olvidar aquel nuestro amor primero? a tu querida Argelina olvidas, ingrato? . Cielos, que estoy escuchando? Oh sombras de mis propios pensamientos! no tan activas os llamo, no tan vivas os deseo. Argelina, mas me asombra vernos en poder de un dueño, y que por tan varios casos nos haya juntado el cielo. Yo soy. . Sombra, o fantasía (que te compones de miedos, te fábricas de ilusiones) vuelve a tu vano silencio, que el deseo que te forma de tu repetido acento, tiembla en abismos de dudas, que las fantasías fueron imágenes aparentes, todo sombra, todo viento, sin que a las voces humanas llegase su mudo imperio, que aún voces repetidas no les imprimen los ecos. Pues me ves, y pues me escuchas, con tus razones pretendo sosegar tu pecho: Sabes (dichas son que no merezco, pues te he visto) que han traído (por disponer de los cielos) hoy a tu casa un esclavo? Bien lo sé. Pues qué recelos tienes por haberme visto en la luna del espejo, si entraba yo al mismo instante? No es tan capaz el deseo (aunque hechizos del amor te prestasen sus efetos) que el original copiase sin estar presente el mismo. Yo soy quien esclavo amante, presos de tus ojos bellos, vengo en alas de mi amor a ofrecer por voto al templo de tu hermosura, este humildo corazón, que en los incendios. de mis ardientes suspiros, está ya cenizas hecho. Dame, Argelina, tu mano, que por sus pasados miedos será ya de nieve pura, y podrá templar su fuego. Detente, que el verte ahora, ha mudado va mi pecho; ausente te deseaba, y presente te aborrezco, en tu ausencia disculpaba horas de tan largo tiempo, pues han pasado tres anos sin buscarme, y ya que tengo tan presentes tus olvidos, que te estoy mirando en ellos, te aborrezco, por vengarme de mi propio sufrimiento, pues guarda memorias tuyas en la lealtad de mi pecho. Y como dentro vivías, siendo toda sentimientos, y siendo esperanzas toda, para disculpar tus hierros, viendo que vienes forzado, viendo que vienes violento, y fue dicha, y no fue amor la que te trujo a Toledo. Del corazón donde estabas te he de arrancar, porque quiero castigar en mí el delito de tus infames desprecios. Luego en amor no hay disculpas? No, cuando agravia el deseo. Ya busqué imposibles. Cuándo? Desde aquel instante mismo que el mar eclipsó tus luces. Y faltabante remedios, para que yo le tuviese? Fáltome la mar, y el cielo. Y también la voluntad, que la juntaste con ellos. Qué puede hacer? . Para guía, arrancar el Firmamento, una estrella, si mis ojos, que un tiempo tus luces fueron, en mi prisión te faltaran. Y si el salado elemento se opuso a tus esperanzas hecho un abismo de riesgos, beberte el mar, o enjugallo, si es que hay suspiros de fuego. Cesen ya, mi bien, tus iras. No podrán mientras te veo. Pues cómo podré vivir? Con tú mismo sufrimiento. Qué intentas? No verte. . Cómo, sirviendo los dos a un dueño? Es imposible? Y muy grande. Facilítelo el desprecio, que amor para aborrecer, también le pintaron ciego. Y amor con vista, porque puedas ver, que amando muero,

JORNADA SEGUNDA

Tenle Bato. Ay tal correr! jo burro, pese a mi mal, él se va al cañaberal, ensando que es alcacer. Mátele. Es desatino. Ay de mí! Válgame el cielo! El dio con todo en el suelo, como muy gentil pollino. Oh pese a aquesta venida! Oh ruego a Alá (qué dolor!) no cumpla Doña Leonor otros anos en su vida. No digas eso, enemigo. Tú me haces enloquecer. Que me pudo suceder viniendo, ingrato, contigo? Tu sangre (pena inhumana!) en ese rostro de flores donde busca las colores, para salir la mañana? No bastaba en rayos rojos, sin ver nuevas maravillas, encender en tus mejillas, el pesteñar de tus ojos? Y cuando por mis agravios, esto les llegue a falces, color les puede prestar todo el coral de tus labios. Si no es que el cielo te tiene, (o tu beldad lo asegura) por diosa de la hermosura, y airadamente previene para desdichados fines, que vuelvas más rigurosas, como vences a las rosas, en púrpura a los jazmines. No es nada como caí. Esto contra mí se ordena. Entre las cañas. Qué pena! Con una caña me herí. Tú con caña, aunque presuma porque pluma puede ser! una caña ha de tener las vanidades de pluma? Vive Alá, que en mis congojas, pues se atrevió a tu arrebol, que como a Ícaro el Sol, he de deshacer sus hojas. Porque varias, y crueles, con la sangre que las bañas, no presuman de claveles. Hamete (el está loco) esa no es prueba defe, mira que Bato te ve: mas con mi voz le provoco. Todas las cañas las deshace. C Mira que arriesgas mi vida, de nada se satisface. Ya todo su argullo es vano, postrado queda su aliento. Pues, Hamete, con que intento traes esa caña en la mano? Esta entre todas salía, y tan soberbia se hallaba, que cuanto más la pisaba, mas locamente se erguía. Arranquela por despojos, juzgando con ciegos lazos, que quien resistió a mis brazos, puede atreverse a tus ojos. Y así la he traído aquí, porque vea su locura, delante de tu hermosura. En más piezas. Ay de mí! Qué tienes? Heme segado la mano. Ay de mí! qué has hecho? toda la sangre en el pecho esa tu sangre me ha helado. No es nada: fuerte congoja, . mi sangre aún a mí me altera! Toma este lienzo, esa fiera, ese basilisco arroja; porque caña (ah suerte avara! o sea el prodigio vano!) que te ha cortado la mano, y se ha atrevido a plegue al cielo. Nada espero, no prosigas, por mi mal, que de tan débil sañal, ninguno ha tomado agüero. A que es corta nuestra dicha, un achaque es accidente. Teniéndote yo presente, aún no temo a mi desdicha. Yo sí, que muy bien me hallaba sin verte. . Qué libertades! de libre las vanidades aún te las tienes esclava. Si yo, cruel, las tuviera cuando libre, mas tres años sin procurar. Son engaños, escucha mi amor. Espera, que viene Bato: ah infiel! Tengo de satisfacerte. Esto es perderme, y perderte. Qué más perdido! Ah cruel! Tú verás. Yo nada he visto. Que me mato, si tú aquí. Tú ya has muerto para mí. Loado sea Jesucristo. Que venga este mentecato en esta ocasión! Ay triste! Gentil animal trujiste, para que viniera Bato. Par Dios, Argelina mía, que es mi burro tan sin par, que solo puede tirar Hace algunos desatinos el rucio, no satisfacen, que muchos hombres los hacen, y aún no creen que son pollinos. Pues al punto que colije, que venías al Aldea (esto es fácil que se crea, que en un pienso se lo dije.) Empezó a repiquetear tan sonoro, he importuno, que aquesta noche ninguno ha dormido en el lugar. Cuando le subí con miedo en él, decía muy vano, nunca he visto tan temprano amanecer en Toledo. Como el viento, si le dejas, venía con tu hermosura, quítote el sombrero el Cura, y aún no abajó las orejas. Como tan vano viniese, par diobre que le envidié, tropezó, y no le enojé, si no es que en mi envidia fuese. Pero aunque tanto te estima, como bestia te arrojó, eso no lo hiciera yo, si yo te trujera encima. Vive, villano, que digo? A Hamete: fuerte embarazo! Qué es esto, señor perrazo? usted se pone conmigo? A Bato: yo estoy perdida! Deja. Que vienen repara. Para, Pedro, para, para. Agradece a la venida de Gaspar. . Si no viniera? Qué dices? No me haga extremos, que en otra ocasión yeremos cual de los dos. Considera: Señora? Argelina mía. En hora vengas dichosa a ser la Venus hermosa de esta tu verde alquería. Los años que hoy has cumplido, en vida de mi señor te los envidie el amor, y te los cuente el olvido. Mil siglos te goce aquí tan gustosos, y tan bellos, que pasando tú por ellos, ellos no pasen por ti. Guárdete Dios, bien se inclina a ti mi amor con mis quejas, muy bien mis años festejas, vienes bizarra, Argelina. Señora, en mí no presumas, pues mi señor. Qué pesar! Ya se que son de Gaspar esa grana, y esas plumas. Sí, mi Leonor, eso es justo, cuando es de tus años día, para mostrar mi alegría, vistase todo de gusto. Por hoy mis gustos quisieran, que aún tus esclavos lucidos, entre el oro divertidos, su esclavitud no sintieran. Porque cuando a mí me asiste de tu Abril el sol hermoso, estando yo tan gozoso, no ha de estar ninguno triste. Guardeos el cielo, bien mío, que ese afecto me debéis. Hamete. . Señor. Tenéis los caballos de mi tío prevenidos? . Sí señor, al campo podéis salir. No puede Leonor venir? No queréis venir, Leonor? Aunque el Sol nace, y no arde, luego se alienta en ardores: mejor oozo de las flores en las sombras de la tarde. Id vos, y el Sol riguroso guardad, que sale encendido. Pues a Dios, dueño querido. Guardeos Dios, mi dulce esposo. Ven Hamete. Qué desvelos me das amor, cuanto alabo! no bastaba el verme esclavo, sin verme esclavo con celos? Gónzalo, esta mujer no me entiende. Pues salvaje, si no hablas en su lenguaje cómo te puede entender? Pues cuándo saberle espero? Cuando le aprendas de mí. Pues sabrela hablar yo? . Sí, si quieres. . Quiero, y requiero; y si hubiera una gallina para poderla agradar. Yo te la sabré buscar. Amor, mía es Argelina. Vamos, pues, que aquestas cosas las tomo yo muy de ver A esto me mueve unas peras que tiene, por ser vinosas. . No se que miro en mi ama . entre una duda, y verdad. De mi amor la actividad, . aún no se ha pasado a llama. Parecen celos, si acaso yo la doy estos desvelos? Yo tengo de pedir celos a mi esclava, aunque me abraso. Mas si aquesto la maltrata, . satisfacerla es forzoso. Mas si el remedio es dudoso, . le pierde el que le dilata. Cuando tu inquietud no acierto tengo la vida empeñada. Una mentira soñada, haga un cuidado despierto. Ya es mi cuidado preciso. . Si en vano mi amor suspira, . no es mucho en una mentira ir a lograr un aviso. Pues que dudo, que no llego . a saber lo que la apura? Pues que aguarda mi cordura, . que no atiende a mi sosiego? De las desdichas soy centro! . señora: Ay triste! . Ay de mí! quédate Argelina aquí, y tu Juana vete adentro. Desde que anoche dormida quedastes en el estrado. Desde anoche es mi cuidado. Si yo puedo con mi vida remediar (conmigo lucho!) tus penas, si las supiera. Solo a ti te las dijera, escúchame. Era la noche fría, sepulcro de la luz, tumba del día; que bien sepulcro, y tumba la he hallado, pues naciendo en sus sombras mi cuidado, murió la luz de mi quietud primera con la de aquesta esfera, siendo a un tiempo la noche denegrida, tumba del Sol, sepulcro de mi vida. Estaba en el estrado (ya lo viste) sola, sin Don Gaspar, y en fin muy triste, que quien ama, y a solas se retira, discurriendo suspira, y es veleño bastante cualquier melancolía en un amante; pues al paso que crece, los sentidos comunes adormece: y así en estos empeños, cuanto gaste en suspiros, cobré en sueños, Dormida, pues, le pareció a la idea que estaba en esta Aldea, y que entre las paredes de esa huerta en un nido miraba mal despierta dos palomas casadas, al parecer en todo enamoradas; pues cuando ella gemia, su esposo con arrullos la engreía; cuando ella se apartaba, arrastrando las alas la buscaba: y cuando le negaba los rubies, los dos picos juntando carmesies. Y bebiendo su aliento repetido, la dejaba en el nido, yendo a buscar (quién esto lo creyera!) otra paloma amante, y extranjera, pareciendo en el viento el ave ingrata, bajel de pluma, y velas de escarlata. Recibiole con gusto la traidora, el agasaja, y ella le enamora, adórnala con paja el nido nuevo, compónela la pluma, busca el cebo, sin acordarse ingrato en tantan que aún se trae los arrullos en la lengua; que fingido, y prolijo a su esposa le dijo: Qué harán los hombres en amores tales, pues aún saben fingir los animales? Su esposa, que en el nido le aguardaba, saliéndole a buscar, como tardaba, pareciéndole el viento corta esfera, al nido fue, apartando la extranjera paloma, que la ofende, con su esposo la atiende, que hasta las aves quieren los desvelos, que en perdiendo su amor, hallen sus celos. No estaba allí su amante, pero asustada, atenta, vigilante, en las pajas del nido sospechoso, reconoce las plumas de su esposo: la novedad del caso la enajena, deja caer las alas con la pena, da vueltas con arrullos gemidores, eriza el cuello de turqui valiente, pareciendo en el brío diferente, que la habrá tenido a su despecho en las azules ansias de su pecho. Viene su esposo, crece la congoja; envístense las dos, fiero se enoja, empieza la batalla, airadas gimen, con las alas esgrimen, con los picos la muerte le procura, dura el reñir, porque el coraje dura, hasta que juntas en crueles lazos, la saña de las armas en pedazos, las rosas con espuma, torbellinos del aire con la pluma, al suelo se vinieron, y en mis faldas cayeron, bañándolas de sangre pavorosa: y acudiendo al remedio de su esposa el ave (causa de tan gran disgusto) me pareció que era con el susto me la embarga el dolor en la garganta) me pareció que era (ah suerte avara! en el cuerpo, en el talle, y en la cara mi Don Gaspar (qué ciega fantasía!) Argelina a mi esposo le veia, ofendiendo mi amor, y mi decoro, en sueños fue, pero entre sueños lloro. El susto los cabellos me erizaron, los sentidos se helaron: toda la sangre al corazón acude, di voces como pude, despertando con ansia acelerada; entra con una luz esa criada, entra Gaspar contigo, aunque callo el dolor, no le mitigo: pregunto por las aves, y me ofrezco, tiento las faldas, y su pluma busco; mas como era soñada, no parece. Este sueño, Argelina, me entristece, pues con un loco extremo, dudándole le temo, su hielo me traspasa, su apariencia me abrasa, su amenaza me asusta, su sombra me disgusta: juzga en las sombras de mis penas graves, si la guerra celosa de estas aves causarme pueden ansias dilatadas, que amenazas parecen soñadas, que hiciera la verdad de mi cuidado, cuando me aflige tanto lo soñado? Ese dolor, señora, en fin es sueño, (celosa está de mí, terrible empeño!) que mi señor en todo (Dios le guarde) hace bizarro alarde de su fe, de su gusto, y de su llama. Mucho Gaspar me ama, pero puede faltar, y no te asombre, que en fin Gaspar es hombre. Faltar puede? qué dices? no te adora? apuremos las penas; pues, señora, sabes si mi señor. Pierdo el sentido. En otra parte mira divertido? que mujeres acaso. . Calla fiera: si eso de mi Gaspar (Ay Dios!) supiera, no la hiciera a la infame entre mis brazos como a aquestas plumas) mas pedazos, mas átomos? qué he hecho? yo estoy loca. Señora muerta estoy. . Apenas toca el juicio lo que ciegamente ha obrado. Ya del campo han llegado mi señor, y tu tío: mas qué veo? Por esto lo ha ordenado mi deseo. Mi señora enojada, Argelina turbada, el sombrero, y las plumas por el suelo; que será aquesto cielo? pero ya tu rigor me lo aconseja, dasme el pesar, y quitasme la queja. Mi afecto me llevó, mas fue preciso, reconozca en mi cólera mi aviso. No bastaba, desdicha, en sus agravios, desembarázar sus celos de sus labios, cuando al contar el sueño presumida, de aquella ave ofendida, me dijo, que en el nido sospechoso reconoció las plumas de su esposo? Del suyo en mí las ve, y con congoja las quita, las deshace, y las arroja: mucho la temo, cielos inhumanos! Celos son estos, o mi pena miente. Ven Argelina. Ay Dios! si yo imprudente he tomado señora; qué tormento! El quitarte el sombrero fue ardimiento del pesar que mostré, nada te aflija. Si está culpada, cuerda se corrija. Sabe el cielo, señora, y es testigo, que mi señor me hizo (mas qué digo?) Qué es lo que dices? Yo (a lo que presumo) señora, estoy turbada. Cómo humo es mi sospecha, que en el viento crece, él la levanta, y él la desvanece: entra Argelina. . Ya yo voy, señora. Dime cruel ahora, quien es. . Ay triste! Con más doble trato, de los dos el fingido, o el ingrato, cuando tú fea mi olvido le culpaba? Solo aquesto a mis penas le faltaba, Hamete. . No venís? Ya voy, qué susto! Que sea el amor sombra del disgusto! Qué dé a mi ama, y a mi amante celos! . Que a evidencia se pasen mis recelos! . Mas ya he empezado a remediar el daño. . Mas inocente estoy, verán su engaño. . Mas un amor tan noble así se infama! . Sosiegue el pecho yo. Viva mi fama. Culpe su liviandad. Esto es fineza. Ap Ambos sabrán mi honor, y mi nobleza. Rayo me han de temer en mis ardores. . Mas consolada voy en mis temores. Hecha un volcán me llevan mis enojos. . Arrojando voy llamas por los ojos. No dirás que no te obligo. Si por cierto, estó obrigado, que el vestido me ha buscado, y enseñado el Arabigo. A un Moro de Don Fernando sele pedí. Ya lo sé. Así le vendimiaré la fruta. Qué estáis habrando? Vas en ello? Ya vo en ello. Sabrás hablar? Ya está ducho. Escúchame. Ya te escucho, Ahora habemos de bello. Examinad, eso sí, veamos si habro Moro, que cuando a Argelina adoro he de hablar Turco, Turquí. No me entiende Castellano, y si en Griego me entendiera, voto a mí que lo aprendiera en dos horas, y en verano. Que yo sé de cierto lego, corto de ingenio, y de vista, que anocheció romancista, y a la mañana habró Griego. Ea, como has de llamarme en Arabigo? . Bien sé. Dilo, pues te lo enseñe. A pracer, que puedo errarme; en Arabigo? Si Bato. Pus alcahueta se nombra. Qué dices? De qué se asombra? Eso es Moro, mentecato. Góncalo estas necedades me enseña. . Gentil capricho! Las mujeres (no me has dicho) que juntando voluntades, llevan, y traen las recetas, porque parecen Cristianas, en Castellano son Juanas, y en Arabigo alcahuetas? Yo te he dicho tal? Es mengua. Juanilia dije. Es fingir, Juanilla quise decir, pero fuéseme la lengua. Vete ahora. Ea, los dos me corregid, si no acierta. Voy a comer media huerta. Y Gonzalo? más par Dios que se haido, aparta. Espera, el fue . Yo me he perder. El baile que se ha de hacer a mis amos. . Es quimera. Digo que eres bestia bruta, que el baile es solo su fin. Juana, no es él bailarín, pues él me baila la fruta, y así ahora. . Bato, calla, mira a Argelina. Ay de mí! Voto al Sol que viene aquí, de esta vez tengo de habrarla. No se te olvide en lenguaje, pues le sabes. . Eso no, pero ya turbado estó. Que sea aqueste salvaje mi sombra! . De qué recelas? Ya yo me empiezo a animar. Bien se ha hecho, voyme a hartar de Gónzalo, y de cirvelas. De aquesta suerte la obrigo. Vestido de Moro está. Ya se ríe, bueno va, vaya un zancarrón conmigo. Argelina, no enojalde el disfracilio que ver, que querelde por mujer, he venir a enamoraldle. Ser tú el imán que atraelde, ser el norte que guiarme, sen ti no poder hallarme, y en no viéndote morerme. Que así me pierda el respeto un simple! cielos que haré? Escocharme vosansé, y estarme pota un poqueto. Mirar que perna, he mostacho, que talle, que sendo breo, he admitilde a mi deseo. Qué dices? Yo estoy borracho. Andalde por ti amarillo sen comer, he sen beber, e solo querer hacer mil cosilias, y un batilio. Ah villano: mas Hamete viene. . Es verdad vive Cristo; que he de hacer, que ya me ha visto? Vete aprisa, Bato, vete. Eso del irme ruso. Por qué? No so cortesano, y siendo amante villano, no he de ser galán al uso. Yo oí cantar. Ay de mí! Mas quién está aquí? Yo soy. Qué miro? Sin alma estoy. Contigo un esclavo aquí? Bato soy. Qué es lo que he oído? No me conoce. Salvaje, quién te ha vestido ese traje? El amor me la ha vestido, que con incansables lloros, cuando alienta a los humanos, vuelve a los Moros Cristianos, y hace a los Cristianos Moros. Y así, pues ve que embaraza, y hablamos aquí los dos (Hamete) vaya con Dios, que le espera la almohaza. Infame. Que no aproveche! Déjale. Fuerte desvío! Veamos si tiene brío un pimiento en escabeche. Villano, de esto te agradas? aparta. . No hay reportarle. Déjame, Argelina, dalle siquiera treinta puñadas. Ahora, infame, verás. Que me ahoga. Cielo Santo! No lo dije yo por tanto, Hamete de Barrabas. Cobarde, Qué llego a ver? Hametilio, o Abestruz, merar que como alcuzcuz. Eso no te ha de valer. Déjale por mi siquiera. Argelina te ha valido. Después que estoy bien molido, mas que nunca me valiera. Tus alientos son muy vanos. Yo en tu aprecio siempre yerro. Para galgo aqueste perro es muy pesado de manos. Válgame Dios, ya se irán; amor, no yo de provecho, pues por ti perder me han hecho el amo Tus disfraces son atroces, y mis suspiros te ofenden, de Cristiano no me entienden, de Moro me dan mil coces. Qué haré si no so manoso para vencer un desvío? mas ya lo sé, ser lodio, con lo cual seré dichoso. Y al perrazo, que inhumano me ha molido. . Qué porfía! Yo le pringaré algún día. Aún estás aquí, villano? déjame. . Adónde te vas? A no verte. Hablas de verás? Qué quieres? Que no me quieras. Si eso pretendes no más, ya tu proceder lo ha hecho. Es engaño, que mi fama. Pregúntáselo a tu ama. Fue ilusión, y fue despecho. Yo no te culpo. . Yo sí, y así ahora has de escucharme. Eso es cansarte, y cansarme. Pues daré voces aquí, que ha tres años, que en la calma del silencio que me aqueja traigo encerrada una queja en lo más vivo del alma. Mira no te oigan. No harán, que mis amos apartados, con músicos, y criados (guya) pasando la fiesta están. Pues di (aunque el dolor me ar- que hay en mí tal cobardía, que siendo la pena mía, y siendo la culpa tuya, no tienen en esta parte mis cuidados oprimido como para oírte oídos, aún quejas para culparte. Qué locamente me ofendes! Ah ingrata! Mal te disculpas en tu olvido. Tú me culpas? Tú lo verás, pues me atiendes; Ya sabes, ingrato amante, (perdona el que lo repita, que el decirte lo que sabes, es culparte lo que olvidas. Ya sabes, que en Tremecen nacimos de dos familias, la tuya de Berenajes, cuando de Azarques la mía. Que desde la edad primera unió el amor nuestras vidas, tanto, que yo retirada, por mi obligación precisa; Viéndonos de tarde en tarde, fueron brotando más vivas mis ansias, como cuidados, tus penas como caricias, mis sospechas como celos, tus quejas como porfías, hasta que te di una llave, o loca, o ciega, o rendida (que todo aquesto lo tiene la mujer que en hombres fía. Pues en sabiendo que ama, cual loca la desatinan, o como ciega la dejan, o como fácil la olvidan.) Yo te di, pues, una llave, que a una puerta falsa hacía de mi jardín, por adonde todas las noches me vias. Festejábame a este tiempo (siempre temí su porfía) un renegado, una f y estando, por mi desdicha, contigo una noche hablando, hecho el jardín todo envidias, sin tomarte más licencia, que aquella que permitían los descuidos de mi honor: de unas ramas que crugían, veo salir a dos hombres. Conozco, que el que venía era tu competidor, que por mi mal le tenían mi desvío, y sus sospechas entre unas hojas vecinas, oculto con un criado. Él te enviste, y tú con priesa, desenvainando el acero, se pobló el aire de iras, se llenó el jardín de estruendos, se anegó mi pecho en finas ansias, hasta que valiente, puesto el esclavo en huida, embestiste a tu contrario, dándole tantas heridas, que solo tuvo el aliento, lo que la cobarde vida estuvo un rato suspensa, por cual de tantas saldría. Acudió luego al estruendo. mi padre con su familia, defendísteme brioso: yo muerta, despavorida, dejé el jardín, salí al campo sola, sin senda, sin guía, hasta que al amanecer me hallé del mar en la orilla, donde viendo unos soldados, (que en una nave traían agua)les pido socorro. Ya era la luz más distinta, conozco que eran Cristianos, quédeme helada, indecisa, entre el riesgo, entre la pena, ni bien muerta, ni bien viva. No de otra suerte se queda prudente arroyo, que huía de ver su nieve entre penas, por ser cristal entreguijas, que juzgaba que bajaba libre de la tiranía del Enero, da en el valle con un cierzo que corría: y el que era nieve en la sierra, en el monte todo risa, en el prado todo adorno, se ve cuando más se erguía, preso entre grillos de hielo, que un desdichado camina, juzgando que huye sus males, para dar en más desdichas. Así yo, que en Tremecen, libre, señora, querida estaba, me vi en un riesgo; Y pensando huir su ira, en un instante (qué pena!) me vi de libre cautiva; de señora me hallé esclava. Ah mortales! quién confía, ni en el poder respetado, ni en la belleza aplaudida, habiendo tiempo que vuela, no siendo iguales los días, influyendo las estrellas, no habiendo ninguna fija! Que si la hermosura es flor, y el poder es avenida, no siempre ha de ser verano, viene el invierno, y se eriza, y el que es arroyo se hiela, y la que es flor la marchita. Préndenme, en fin, los soldados, y el Capitán que traían por cabo de una que en una cala escondida, en que estaba Don Gaspar Suarez, que de Oran volvia: consuélame, y con dineros mi esclavitud gratifica a los soldados Vluego aremo, y vela tendida, en pocas horas trocamos por las playas Berberiscas, los muros de Cartajena. Y Don Gaspar (que venía a casarse con Leonor, del Gran Bailio sobrina) llevándome por su esclava; llegamos en breves días a Toledo (centro airado de mis males, y mis dichas.) Tres años ha que en su casa (de aquí, Hamete, se originan tu ingratitud, y mis quejas) estoy sirviendo cautiva, sin haber en este tiempo procurado por noticias saber en que parte estabas, que aunque aquesto no servía para librarme, sirviera de alivio en las penas mías. Ya me acuerdo (no me atajes) que cuando me conducían del esquise a la galera; que lleganas a la orilla del mar, y que dando voces, a los soldados decías: Soldados, volved, prendedme, ha Argelina, ha Argelina. Yo te digo que hicieras por mi (aunque lo merecía) ninguna fineza loca, sino, pues que yo te via, que la intentaras no más, que amor (en que todo estriba) no desagrada en los hombres, lo que en los brutos obliga. Esta queja con el tiempo (que son tres años) derriba riscos, que el fuego deshace, montanas, que el viento arruina, me han arrancado del pecho tu amor, que en el alma ardía, que es lo quieren tus penas, dónde tantos ojos miran? Yo estoy contenta en mi estado, Leonor (mi ama) me estima, su esposo me favorece, Don Fernando me apadrina. Nome arriesgues, no me inquietes; déjame, Hamete, que viva con quietud: yo te he olvidado, esto una mujer pública, esto negocia una ausencia, de esto un ingrato se priva, esto un olvido lo quiere, y una dama lo castiga, que en medio de tantos males, su sosiego solicita; pues nunca dan los amantes, lo que los amantes quitan. . Argelina, aguarda, espera, mira que te han engañado tus ansias, ya te he escuchado, oye las mías siquiera. Bueno es eso, cuando altivo, aún pudiendo olvidarte, por quererte, por buscarte estoy dos veces cautivo. Ella se ha ido, y me deja con más pena, y más pasión, que tiene poca razón quien se adelanta a la queja. Muerto me tiene el pesar, sepa el mundo mis ardores. Mil siglos de sus amores gocen Leonor, y Gaspar. No gocen, cuando yo ignoro dichas que de mí se espantan. Qué es esto Alá? todos cantan, porque yo soy el que lloro? Y allí están (aunque lo impidan las hojas) dos ruiseñores. anidando entre las flores; que dulcemente que anidan! Y aún esta hiedra a mis ojos, con aquel olmo casada, la miro más apretada, para darme más enojos. Vive el cielo, que pues muero, que han de morir a mis brazos; nadie goce de sus lazos, pues aún gozarlos no espero. Muera aquesta trepadora iedra, pues está tan grave, y aquel ruiseñor suave no cante más a la Aurora. Hijo Hamete. Esto ha de ser. No tires. De mí me vengo, solo en mi fortuna tengo el no tener que perder. Qué es esto, Hamete? Señor, mis sentidos escuchaban los músicos que cantaban, y estaba allí un ruiseñor, que el oírlos me impedia; tírele, porque veloz, hipócrita con su voz, cuanto cantaba gemía. Pese a él, porque no exprime su afecto por su garganta? sí gime, para que canta? si goza, para que gime? Ea, Hamete, que procuras con ese necio cuidado? Este estaba enamorado. Pues hará dos mil locuras. Señor; yo (pero qué he hecho?) estoy loco. . Ea vete a tu estancia, deja Hamete discursos tan sin provecho. Sirve a Gaspar, que yo estoy apoyando tu nobleza. Qué importa? si la fiereza. Qué dices? Que ya me voy. Ah fiera! ah ingrata Argelina! . yo sabré culpar tu olvido. Mucho siento haber traído este esclavo a mi sobrina. . Esta noche nos quedamos aquí. . En riendo el Alba a Toledo volveremos, que aquesta noche amenaza con tempestades el viento, cubierto de nubes pardas. Mi tío a este cuarto sube, alumbrale, toma Juana esa luz, y tu Argelina el serénero me saca. . que aunque la noche turbada está con nubes, el viento templadamente se halaga en las hojas de las flores. Dónde mi esposo quedaba? En el jardín nos espera. Pues vamos: mas porqué causa daba aquel esclavo voces? Gónzalo era quien las daba. Aquí el serénero tienes. Por eso le descalabra Hamete a Gonzalo? Cómo? Entre esas yedras tiraba piedras a los ruiseñores, sobre si gimen, o cantan: afe que si a él le dieran cien palos. . Advierte, Juana, que Hamete es noble: Leonor, este esclavo era pirata de esos mares (ya lo he dicho) y habrá tres años que andaba en corso, buscando fiero por esas Costas de España una mujer, cuyo nombre no se con que intento calla. Cautivele, y me ha servido con puntualidad extraña: solo en aquese camino alguna vez se dejaba llevar de algunos afectos, que dizque tiene una dama, y como amante gemia, o como ausente lloraba. El cuida de los caballos de mi sobrino, y los trata con cuidado, y con limpieza. Qué es lo que escuchan mis ansias Lo demás importa poco. Eso olvidará mañana, que el tiempo todo lo olvida. Vamos, señor; ea daca el tafetan por si llueve, y tú. . Qué es lo que me mandas En doblando esos vestidos, ve al jardín, que no se halla mi amor sin ti. Aqueso temo: guárdete el cielo, así tratas a tu esclava? . Eres mi amiga: amor, tu ilusión me engaña, . que Argelina es muy atenta, y es Don Gaspar quien me ama: y donde hay tantos respetos, cualquiera sospecha es vana. . Válgame el cielo! qué he oído? tres anos hecho pirata Hamete? por mí tres años expuesto a las amenazas del mar, llevando en sí mismo, con más segura desgracia, el Oceano en los ojos, en el ausencia la calma, todo el Boreas en suspiros, y todo el amor en llamas? que las borrascas del pecho son más crueles borrascas. Como no he visto a Argelina, ni con Leonor, ni con Juana, bajar al jardín, me atrevo, solo por desengañarla, a subir aquí, que traigo con tanta inquietud las alas del corazón, que parece, según me las bate el alma, o que ya les falta esfera, o que el aliento les falta. Ay Hamete de mi vida! que vanamente culpaba tu olvido! Qué es lo que escucho? a solas consigo habla Argelina. . Ay Hamete! que loca, que ciega estaba cuando esta tarde te dije desesperaciones tantas! Tu cautivo por mí? Ay cielos! tu ausente por mi llorabas? Don Fernando lo pública, y yo en mí misma engañada, te pago aquestas finezas con quejas, y con venganzas? No las creas, dueño mío; más creelas, que han sido ansias del corazón; y si quejas, son quejas de enamorada, que pide lo que no quiere, y quiere lo que no habla. Qué es esto? parece sueño: albricias amor. Quién habla? aquí quién está? (Ay de mí!) Yo, Argelina, que escuchaba con mi dicha tus favores. Tú en el cuarto de mi ama? Hamete, mi bien, mi dueño, advierte por Dios, repara, que puede subir. . Primero déjame besar tus plantas como esclavo, y como a dueño. No me enternezcas el alma. Viva Don Fernando un siglo, bien haya éllóh bien haya el día que valeroso allá de Gran en las playas me cautivo! pues por él en un inftante se halla el amor lo que perdía, y mi fe lo que buscaba. Hamete, no se que diga: ya yo estoy desengañada, ya sé que te debo mucho, el tiempoto do lo alcanza. No se pan que nos queremos, y nos aparten mañana, y desena la fineza, lo que juntó la desgracia. Vete por mí, no te vean: vete, que ya se desata el cielo en lluvias, y puede. Ya me voy. Venir mi ama. Saca la luz, Argelina. Ves cómo viene? no salgas. Pues que he de hacer, que no es nuevo el peligrar en las aguas? Entra, que yo se qué haremos. No me alumbras? Ah tirana! entra en ese tocador mientras que la alumbro, pasa al cuarto de su marido. No se que tienes, que andas tan divertida estos días. Yo, señora más cansada vienes, dame el serenero. Es verdad, pero no es nada; entremos al tocador, toma esa luz. Qué desgrac Me de estocarás en él. Qué escucho? En aquesta cuadra puedes ahora (Ay de mí!) Lleva esa luz, a qué aguardas? Ya la llevo, yo estoy muerta, Cielos, qué he de hacer con tanta desdicha? mas aquí está aquel capote de grana que trujo Argelina. Adónde voy? . Qué haces? no acabas? esta es la luz. . Ya lo sé: Hay mujer más desdichada! No hay otro medio, fortuna? Qué tienes, que vas turbada? Señora (yo estoy sin vida!) Alúmbrame, pues, acaba: hombre escondido en mi cuarto? ha perra! El cielo me valga! Con el embozo, y dejar en otro cuarto esta capa, y entrar con luz aquí, queda oculta toda esta traza. Señora, advierte. Ah enemiga! Muerta salgo. Con la traza del embozo; mas qué miro? Ay Hamete de mi alma! Qué es aquesto? tú a mis ojos ofendida? caigan, caigan sobre mi todos los cielos. Aún te estás aquí, villana? Advierte: ya yo estoy ciego! Sin alma estoy! Quita, aparta, yo te haré errar, enemiga. Qué es herrar? si no mirara, vive el cielo. Pues qué dices? perro, cómo así me hablas? ha Don Gáspar, ah señor. Cielos, aún esto faltaba? Qué es esto? De qué das voces? Este infame, esta tirana. No soy infame, y quien piensa. Pues, perro, como ansi tratas a mi esposa? No soy perro, que el defender a esta esclava. No eres perro, eres traidor. Quién eso piensa, se engaña. Oh infame! como te atreves. Mejor soy. Hamete calla. Ya estoy sin juicio. Ah Hamete. Que aquí no haya un palo! Hay más fuerte aprieto! Pero aquí he hallado una cañ ahora, perro. Bien mío. Señor, sobra la amenaza, mira que soy noble. Ay triste! En ti lo noble es infamia. Mas qué haces? no me afrentes; palos a mí? saca, saca la espada, rompeme el pecho, que es piedad más inhumana el perdonar una vida, dejando en ella una mancha. Sobrina, que has hecho? advierte. El tratallos bien es causa de que se atrevan. Esposo. Yo a los ojos de mi dama ofendido? Hamete, mira. No me mires a la cara, ya tu Hamete se acabó. Ven, Leonor, que aquesta esclava yo la herraré. Ay de mí! Vamos, Gaspar mío, basta. Aún no te has ido? Señor, ya yo; pero estoy sin habla! Vive el cielo, que Leonor . tiene celos (o se engañan mis sospechas) de Argelina; que bien hice en no apurarla! Este esclavo fue (no hay duda . en el cuerpo, y en la traza) el que salió de esta pieza; mas que bien hace mi fama en callárselo a mi esposo, porque no sospeche nada. Vamos, sobrino: yo pienso . que he traído a aquesta casa, mas que su alivio, su pena. Mas con venderla manana, . se sollegará mi esposa. No se que le han hecho al alma . estos palos, que estoy muerta. Yo no sé dónde te hallas . fortunal tantas desdichas? Válgame Alá! que la caña, instrumento de mi afrenta, fuese yo mismo a arrancarla. Esto he de hacer. Esto temo. Esto espero. Esto me mata. Esto me aflige. Esto lloro. Pues amor a asegurarla. Pues recelo a no rendirme. Pues prudencia a no excusalla. Pues penas a no sufriros. Pues afrentas a vengarlas. Cielos, dadme vuestra ayuda. Error, tened confianzas. Paciencia, cielos, paciencia. Venganza, cielos, venganza.

JORNADA TERCERA

M. Podré tu luz, sin temores, ver en este Jardín? . Sí. Haya Aurora para mí, pues la hubo para esas Leonor con tristes rigores salió a templar su amenaza por el postigo, que enlaza la hiedra un muro frondoso, viendo provar a su esposo unos pájaros de caza. Hallar errada temí tu cara, aunque justamente no culpara el accidente, que traer el hierro en ti, siendo imán tu vista en mí, causar no pudiera enojos, pues sin ser vanos antojos, lo atribuyera mi amor, no a violencia del rigor, sino a fuerza de tus ojos. Mas del riesgo estás segura, pues por difícil se advierte, que hiere un rostro la suerte, que la acertó la hermosura. Y así, cuando cruel, he impura, quiera con trazas violentas imprimir letras sangrientas en tus mejillas hermosas, divertida en coger rosas, no sabrá escribir afrentas. Gaspar, el enojo enfrena después que vino a Toledo. Pues según eso ya puedo comunicarte otra pena. Es la que en tu pecho ordena el ultraje de ayer? . No, aunque en iras me encendió. Acuérdate de tu estado feliz. . El que es desdichado, el bien, ni aún en sombras vio. Celoso ardor te conquista. Ya borré ciegos bosquejos. Sientes ver tu patria lejos? Qué más patria que tu vista? e tristeza hay que r Q tu valor? . La que hoy empieza, Quién la causa? Una extrañeza. Tu silencio más cortés. Pues tu gustas, esta es la causa de mi tristeza. Bella infelice Argelina, que estilo es que se confronten la hermosura, y la desdicha en maridaje conforme. Bien pudiera en el estado, adonde este leño pobre de mi desdichada vida navega perdido el norte, afligirme la memoria de tantos aplausos nobles, y haciendo acá en mi ciscurso repetidas impresiones, acordarme que en las playas, cuyos arenales corren (greñudo el león con melenas, manchado el tigre a colores) conduciendo cien ginetes fijos sobre los arzones, blandiendo hastas de dos hierros, y embracando adargas dobles, tantos Cristianos piratas, huyendo mi fatal golpe, hice volver a embarcar con afrentoso desorden, haciendo que el crespo vidrio con la palamenta cortén, hasta que en el propio esquise, por más que la chusma bogue, los alcanzaba, logrando de mi lanza airados botes, Pues cual si fuera del fin olas nadando salobres del acícate al precepto sujeto, obediente, y dócil barbo sobre el embreado borde; y que Cosario temido, mas que el proceloso azote del Austro, bramaba el mar a los ecos de mi nombre; turbando Armadas de España, aunque en leños vencedores, al inquieto zafir brumen, la traviesa plata abollen: temiéndome a un tiempo mismo en Francia Felipe Astrocí, el Bayan en Cartajena, y Francisco Draque en Londres; llamándome en la Naval del mar de Lepanto, adonde entre los Moros, yo solo será razón que blasone. Pues aunque me vi abordado de dos galeras veloces, y que hasta la media Luna, osados los Españoles, me habían ganado, pudo de mi corbo alfanje el corte, volverlos a retirar. Y por más que tronadores los mosquetes Vizcainos plomo llueven, fuego broten, cuando sus tápidos velos desarrugaba la noche, a la Real de Don Juan de Austria mi galeota se opone, y esperé en ella saluden muchos Moriscos arpones, mientras Águila batiendo las alas de pino entonces, de hito en hito la bebia la luz de sus tres faroles. Pero no me causó pena, que la esclavitud desdore tantas hazanas, que son dignos asuntos de bronce, Ni tampoco me entriflece la aclamación que en las Cortes conseguí, logrando en ellas las bizarrías de loven. Con ser el que con más gala puse a la fiera Vicorne sobre la cerviz plumajes de rompidos garrochones. El que escribía en la adarga el más celebrado mote, el que bordado de cifras sacaba al jaez conformes la márlota, y capellar, a los demás Moros nobles, excediendo en la librea (dabasme tú las colores, y así las del Mayo callen, y las del Iris perdonen.) Nada de esto es lo que ahora, mas mi sosiego interrompe, ni el baldón de ese Cristiano, con ser, si por tus dos soles, lo que yo más he sentido, después que con más ardores el uso de la razón me empezo a servir de norte. Y lo que yo no he vengado, por temer que se malogre nuestro amor, que es tu presencia rémora de mis acciones. Pero dejando esto al tiempo, paso, porque de él te informes, al motivo principal de mis ciegas confusiones. Con los caballos, que están a mi cargo, atento al orden que me dio ese dueño injusto (de quien ya aborrezco el nombre) ayer salí puesto el Sol, y en las secretas mansiones de un verde bosque a se les declaró la noche, no muy ciega, pues sulcaba aquella deidad conforme, en poco bajel de luz, mucho Oceano de horrores. Con que tomando una senda (que aunque del uso se esconde, es barrena de esmeralda) que taladra todo el bosque. Llegué al Tajo (que a Toledo por su Reina reconoce, pues le da leyes sentada sobre el sitial de ese monte.) La amenidad de aquel sitio (aunque contra mi conforme) con la vejez de los sauces, la suavidad de las flores, del río el sonoro estruendo, y de un ruiseñor las voces, que al contrapunto del agua juntaba acentos acordes. Me incitaron al descanso (no extrañaré que lo notes, que en mí el sueño, de ti ausente, pecó en grosero desorden, y más debiendo aprender del ruiseñor atenciones; pues pudiendo hallar sosiego en la copa de algún roble, desvelado, amante, y fino, sintiendo tu ausencia entonces, con dulces quejas turbaba el silencio de la noche.) A dos troncos los caballos fío, y a la grama del bosque, que antes como alfombras piso, ya como lecho me acoge: y apenas me rindo al sueño, cuando él dispensa que informen a los ojos de la inea pavorosas ilusión Pareciome que caía sobre mis hombros el golpe de un manso raudal, que unido de agua, y sangre se compone, sin ver de cual vena sale, ni de que manantial corre; porque una nube me impide que lo penetre, o lo note. Aunque así, como entre nubes, tal vez rayo escaso rompe, por entre ella brujulcaba celajes, y tornasoles. Formaba el corriente hermoso un breve piélago, adonde sumergido yo, tenía preciosas inundaciones. Pero saliendo a la orilla, desvanecí mis temores, y sirviéndome de espejo el manchado cristal, viose tan trocado mi semblante, que pareció blanca entonces la tez, que en África el Sol me tostó con sus ardores. Qué fantasía es aquesta, que al presagio corresponde, que vi en el libro? Si al mar quiere el cielo que me arroje, para hallar mi libertad (pues hallo anuncios conformes siempre en agua) como puedo surcar sus campos salobres sin ti? pues será más fácil que primero se trastorne esta máquina terrestre, que de elementos discordes, con inmortales coyundas, enlazada se compone; que se arranquen las estrellas de sus celestiales Orbes, que sea humilde que al mismo cielo se opone; que ese río coja atrás todas sus ondas veloces, que camine a espacio el tiempo, que haya mudanza en los montes, que me olvide de mi agravio, y que el decreto revoque de mi desdicha, que son los imposibles mayores. Vencerás ese pesar, si es que tu atención observa, que al reclinarte en la hierba viste al río, y que el soñar dormidos en casos tales, entre reflejos inciertos, con lo que vemos despiertos, son afectos naturales. Es así el cielo mintió, que entre tanto inútil medio, cual podrá ser mi remedio? El agua. Quién respondió? Es Bato, que habrá venido del Aldea, y con alguno hablando estaba importuno: mas Leonor; medio advertido (porque Gaspar no despierte su enojo) el irte sería. El págara la osadía, a no ser por no perderte. Pues no agravia el dueño ya, porque tus iras te ciegan; mas qué aguardas, que ya llegan? ̱. Que mi remedio será el agua, dijo el accento; que quiere esta fantasía, que en perseguirme porfía, fundada en este elemento. . No has templado la pasión (mi Leonor) qué te desveía? ver quitando la piguela salir del brazo el halcón hecho del viento pirata, que galán viste, y gallardo de campaña el gaban pardo todo mosqueado de plata. Viendo que con giros graves, al mover su pluma riza, la turba se atemoriza de tantas plebebas aves? Aunque mi tristeza sea tal, me entretuve ese rato; y más escuchando a Bato, que (como ves) de la Aldea ha venido, la ocasión de un disgusto que ha tenido con Gencalo. Y cuál ha sido? Tien muy perversa intención, Apenas (ya que en tan grave reyerta otra vez discurro) apearme huí del burro, como su merced bien sabe. Cuando saliendo allá huera, me pescudo con cruel modo, que quien después de él mi enemigo mayor era? Yo (que siempre verdad trate) porque lo echase de ver, le dije, quién puede ser? el agua, respondió Lato. Sos un cuero, qué queréis? pues no heis de probario vos del que yo traigo, par Dios. Tragola, y dijo: trae! que beber?que si, reprico: y al decir, viendo hellamago, adónde está? tómo, y cago, alzo la cola al borrico Y a que a Toledo has venido? Cierto negocillo tengo, murió mueso Alcalde, y vengo. Ya, Bato, estás entendido: Querrás que Leonor, y yo pidamos que te prefiera Don Fernando. Eso quijera. Yo lo ofrezco. Bien pagó el gusto con que se emplea el serviros mi afición vuestra noble condición; pues cuando dejo ell Aldea, del campo os rindo los frutos, que como obediencia os damos, el Abril, y yo os pagamos siempre floridos tributos; y el que ahora traigo, espero que le admitáis sin desvío, y en nombre de Abril, y mío daros el recado quiero. Y porque esté confiado de que os sirvo con amor, en presencia del señor, os daré vueso recado. Un pañal, que es de manera, que están semejando en él, oro líquido la miel, prata por bruñir la cera. Dos naterones (que os jura mi fe, sin temor que os mienta) que hacen a la nieve afrenta, pues la vencen en blancura. Mas si vos (aunque estén vanos) los tocáis, juzgar se debe, que el agravio de la nieve, le vengarán vuesas manos. Y en fin hembra, y macho dos tórtolas, que un nido habitan, y en quererse mucho, imitan a vuestro esposo, y a vos. Allí está todo. . El presente estimo, ve tú, y recibe lo que has dicho. . Siempre vive mí te a tu gusto obediente. . Aunque de mí se retiran, he notado en su temor, que estos esclavos, Leonor, no sin cuidado se miran. Y si esto es así, estragado verás con defecto igual, el servicio puntual que en Argelina has hallado, y es si es justo. Vuesas muelas no han hecho al presente daño; pensabais que todo el año era tiempo de cirvelas? Bato, pues yo espero en Dios, que Alcalde nos has de ver. Yo espero que lo he de ser, y para ahórcaros a vos. Bien dices, probar podremos si es tu sospecha evidencia, haciendo alguna experiencia; y si es que lo conocemos (porque en ella no acreciente más culpa el secreto fuego) vender el esclavo luego, es menor inconveniente. Demás, que no sé porque en aborrecerle he dado. Ya una industria he imaginad en casa voz echaré de que a Argelina vendí a un mercader, que se fue a Valencia; y con que esté dos días fuera de aquí, y nos la oculte en su casa tu prima: de ver acabo, si es que el pecho del esclavo amoroso incendio abrasa; pues tristes demostraciones dará, viendo que se ausenta; y si es así, de su venta trataré. . Bien lo dispones, Cierto que vuelvo, señora, pesarosa de tal suerte. Con qué causa? A obedecerte partí, como viste ahora, y con mano inadvertida otra portatil morada, de agreste primor labrada, de verdes juncos tejida, que conducia en su abrigo amantes (aunque sencillas) las casadas tortolillas; abrí un pequeño postigo, y mientras via que atentas, para su orgullo amoroso, tálamo hacían dichoso, lo que fue prisión, contentas en su cautiverio impío (que aún en unave es menor, con la gloria del amor, la pena del albedrío) el alcón (que hoy con su vuelo templó tu melancolía, que esento aún no obedecía el precepto del señuelo) se abatió con fuerza suma contra la tórtola amada, de su consorte abrigada entre la halagüeña pluma, siendo a su pena cruel, pues déjola retorcida, segur del pico teñida en su líquido clavel. Diola muerte; quien dijera (señora) que el querer bien, aún en las aves también, trágicos fines tuviera? Que fue el ver ronco clarín al bruto esposo entre tanto teatro hacer de su llanto un árbol de este jardín. Y equivocando congojas entre el sentir, y el temer, del pudieran aprender a temblar todas sus hojas. Pareció que a los oídos se quejaba; o que al helado cadaver de pluma amado requebraba con gemidos, Y escuchando el triste acento el fiero alado agresor, por retraerse en su error, huyó al sagrado del viento. Hy pobre tórtola bella! si hoy so Alcalde en posesión: ante mi de aqueste alcón dad, Gónzalo, una querella, De este pájaro el dolor me obliga a que yo le sienta, pues su amor me representa el que yo tengo a Leonor. Tu lástima al pecho mío llegó también. Leonor, vamos, y por Bato intercedamos. Si está en su cuarto mi tío? Sí señora. Tú, Argelina, prevente, que hoy a Valencia te han de llevar. Qué sentencia contra mí se detesmina? Aún ella no ha de alcanzar que va en casa de tu prima. Señora, mi ruego anima. Es gusto de Don Gaspar. Presto a mi amante perdí! Su sentimiento exterior, mas me parece de amor que de lealtad. Si es así, mi dicha a envidialla empieza, pues ella sabe porqué triste está, mas yo no sé la causa de mi tristeza. Veis como mis amos gratos van a herme Alcalde, animal? Yo no gasto el tiempo mal, hablando con mentecatos. Yo en mis amos confío. Dél se burlan, cosa es clara; le habían de dar la vara, siendo tan cuerdo el Bailio? Sabréis proueer recto, y fiel una petición, tontón? Y qué es una petición? Medio pliego de papel. Qué prazo dan (saber quiero) para eso, antes de informaros? A vos, bien podemos daros todo un mes. . Pus, majadero, no he de proveer puntual un papel, que es niñera, en un mes, si en solo un día proveo todo un corral? Dónde el señor Bato está? Bato, y señor, cosa ajena. Sea muy en hora buena la vara, que aquí le da el Bailió mi señor: gozando alegre, y contento de Alcalde este nombramiento. Burlas? . La causa Leonor fue . Pues ya con más recatos soy vuestro amigo leal. Yo no gasto el tiempo mal, habrando con mentecatos. Estimad el amor mío. Dél se burlan, cosa es clara; le habían de dar la vara, siendo tan cuerdo el Bailio? Y qué respondéis al cargo? Decilde al Baldió por eso, que yo las manos le beso, y que, y que no soy más largo. Déjale, Juana, pues ves que es un bruto. Qué modillos! pus si yo os cosgo en Burguillos. Alcade de palo es, y amenazarme es en balde. Ya que so Alcalde de palo, guardaos, hermano Gonzalo, de un coscorrón del Alcade. La casa se ha recogido sin haberlo yo sentido, que en luchas de dudas llenas, el cansancio de mis penas, me dejó al sueño rendido. Pues si en su cuarto me siente Don Caspar me reñirá, y si me irrita imprudente, ausente Argelinda ya, no habrá traición que no intente. Pasar la noche así arguyo, que es más acertado, en cuyo silencio mi triste amor sentiré, cuando Leonor, y Gaspar logren el suyo. Dias ha que infeliz fui, y el bien por ellos perdí, y al ver como se aman, ciego su mismo amoroso fuego hace operación en mí. A ellos blando es incentivo, a mi es envidia violento, y así amortiguado, y vivo, a ellos les calienta lentó, y a mí me consume activo. Mas hacia aquel aposento, donde suele Don Gaspar retirarse, pasos siento. La luz me pudo apagar (mientras escribia) el viento, que entrada a su ligereza dio un postigo: a pedir voy otra, aunque el sueño tropieza; pero aunque a escuras estoy, y ay de por medio otra pieza, que vea me han dispensado dos bujias (cuyo ardor, aunque lejos me ha informado) que se ha quedado Leonor dormida sobre su estrado. Por no recordarla iré, con voz baja llamaré, que aquí para desnudarme, Gónzalo suele aguardarme: Gónzalo, hola. Esta voz fue de mi amo, con mudo paso me retiro, por te Quién hace ruido? es acaso Gonzalo? . Él no responder sospechoso es, y en tal caso me conocerá Gaspar: Si señor. Aunque me inquieta el sueño para acabar la carta que a la estafeta de Madrid has de llevar, en la cual vender intento el Moro. . En qué le ofendí? Me puse a escribir, y el viento me apagó la luz, y así tráeme otra, porque al momento se logre; pues he advertido que un inconveniente allano. Demás, que por lo atrevido me cansa el perro muy vano de que Capitán ha sido en la Africana campaña: y si es que imita mi saña, he de mostrar por su mal, en lo agudo de un puñal, lo liviano de la cana. Ve por la luz. De esta suerte nadie a mí me ha de ultrajar. Y que Leonor duerme advierte, (pues quiere esta tregua dar su tristeza) no despierte de tu huella al ademán. Y así, de las dos (que están su misma cuadra alumbrando) que ninguna tomes mando; entra donde te darán otra, y vuelve presto. Intento (mientras burla la espe ver si para mi venganza hallo algún fiero instrumento. Cómo si mi amante pecho necesitara rendido de este halagüeño cohecho, Leonor sin mí no ha querido ocupar el blando lecho. Que hermoso mundo abreviado! mas durmiendo al parecer, su vital curso ha parado, y como mundo ha de ser, sino parece animado. Pero bien la prueba fundo, pues la veo, que el profundo sueño ciega su arrebol, y como se pone el Sol, desmayos padece el mundo. Del tocado desprendida suelto el ropaje la veo, con estar destituida del sol, como del aseo, airosamente dormida. Sin licenciosas pensiones, ni descuidos del sosiego, lleno estoy de admiraciones, pues he visto, siendo ciego, el sueño con atenciones. Si aquel que pierde una bella prenda, mal se mira en ella, como ahora en mi Leonor, me ha parecido mejor, sin el temor de perderla? Gónzalo tarda en volver, yo mismo entraré a traer la luz. to nort pues me agravia, su castigo este cuchillo ha de ser. Esta tomé sin turbar el sueño, a que se consiente; porque no vuelva a matar el aire su llama ardiente, la puerta quiero cerrar. Volviose a entrar descuidado, De la caña hizo mención, cielos? y más me ha agraviado en blasonar de la acción, que en habella ejecutado. Y aunque autor no hubiera sido, solo habello referido, pide venganza sangrienta, pues también hace la afrenta, quien la dice al ofendido. Con la lengua, y con la acción, dos agravios me ha arguido, y más siento (y con razón) el que entró por el oído, porque se fue al corazón. Pues por Alá soberano, que a este atrevido Cristiano del pecho le he de arrancar, el que le pudo animar, para impulso tan villano. Mas ya son mal dispensados los discursos dilatados! cómo duermen fácilmente! la puerta correspondiente, al cuarto de los criados (poro pero como me olvidé franca, y abierta dejando la que va al de Don Fernando? Mas distante está, y pondré tan presto a este efeto fin, que huyendo al claro con fín del Tajo, librarme espero, pues podré salir ligero por las vedrás del jardín. Y con paso diligente. en la Aldea me aventuro a entrar, donde atentamente esconderme me aseguro, hasta la noche siguiente, con que a huir al mar me empeño, y si sobre el corto leño son sus aguas mi sagrado, será ver ejecutado el vaticinio del sueño. Yo entro abriendo lentamente, mas la puerta está con llave; o pesia al inconveniente! pero mi venganza grave ninguna tregua consiente. Allí incitan mis crueldades, Leonor, y su hijuelo asido a sus maternas piedades, con que veo dividido a Gaspar en dos mitades. Sola una muerte penosa quise darle, y ya en mi odiosa venganza más me dilato, pues que dos veces le mato en su hijo, y en su esposa. No ha de estorbarme, aunque quiera, pues por la parte de afuera pienso que hay con que cerrar la puerta: ya pude echar la aldaba, pues Leonor muera. Válgame el cielo! Es ya en vano tu queja. En que te ofendió mi hijo porque le matas? Esposo. Aún vives? pues yo te acabaré de matar. Que me mata este traidor. Pues me han cerrado la puerta, echarela a coces. . Veloz por las tapias del jardín saldré. Hacia aquí su voz escuché. . Mi cuarto dejo a las voces de Leonor. Mas qué veo! en vuestra sangre Leonor, revolcada vos? Quién fue el traidor? El esclavo. Pues el daño aún no paró en esto, la única prenda. Decid. Mas con esto os doy más pena. . Acabad. El hijo (que amabáis con tierno am muer Qué decís? hay prendas del corazón! ay Leonor! Entre la misma desdicha dichosa soy, pues me permite la muerte, que me déspida de vos. No estorbe, no, el sentimiento, lo que ha de obrar el valor: retiradla en vuestros brazos, y busquemos el feroz autor de tan gran delito. Cielos, venganza. Estos son nuestros ultimos abrazos. Pues ya que el cruel fundó su venganza en vuestra vida, no habrá industria que al rigor, al merecido castigo impida la ejecución, centro en que viva seguro, sitio en que su culpa atroz se defienda de mi enojo, aunque la ampare en su error el más apartado clima, la más remota región; pues para pedir justicia la sangre que derramó esa inocente ofendida, es una queja sin voz. Aunque le ánimo, hago mucho en resistirme al dolor. Ya no estoy seguro aquí, supuesto que contra mí todo el villanaje viene. A un molino llegué, y fiero, porque pudo conocerme, y osado quiso prenderme, di la muerte al molinero. Siguiéronme hasta el lugar, y contra mí se ha alterado; pero caro le ha costado: mas quierome retirar, que a esta parte el pueblo corre en tropel confuso, y ciego. 1. Acudamos todos luego, que se hace fuerte en la torre de la Iglesia. Presunciones conmigo? bueno en verdad, a él, y a la torre llevad preso de los cabezones. 2. Vos mismo habéis de llegar, por ver si le redocís con razones. Bien decís. Quién se acercaré ha de hallar su muerte en la rabia mía, huid canalla. 1. Qué hacéis? porqué os retiráis? No veis que me vence en cortesía? 1. Hablaldle resueltamente. Señor Hamete, pues sois discreto, así os guarde Dios, que no andéis impertinente. Bajad dando indicios llanos de como queréis rendiros, que lo que haré por serviros, será no más que añorcaros. Dan con este acero sangriento, mi vida vender intento a precio de vuestras vidas. 1. Pues armas todos traemos, ya que el esfuerzo no falta, y la torre no es muy alta, con escaleras podremos subir. Mi intención penetras. 1. Pues, Alcalde, armaos. Qué es eso? 1. Que os arméis, Yo no profeso las armas, si no las letras. 1. Vuestra porfía no tuerza la razón, no estéis molesto, Alcade. A pracer, que aquesto mas quiere maña, que fuerza. Id delante. Ansí le espanto: Morillo, yo he de prenderte. h - Ya os respondo de esta suerte, No lo dije yo por tanto. Pus a la Iglesia el decoro pierde, y tira temerario las tejas del campanario, no es buen Cristiano este Moro. Llos gatos acostumbrados están a tan simpre yerro, pero este es el primer perro que hecha a perder los tejados. 1. Pues no subís al trabajo, animad a cuantos fueren subiendo. Cuanto quijeren haré de escalera abajo. No os saldrá la acción de balde. 1. Quebrándome un ojo empieza. No es el mío. 2. Hay mi cabeza. Esa no es la del Alcalde; que en trance tan peligroso libre de un tejazo estoy; que hombre tan dichoso soy! más Bato no muy dichoso. 1. El riesgo miras presente, y es preciso el entregarte. Qué haré? que por otra parte ya en la torre ha entrado gente: mas yo el valor he perdido. Resistencia. Error villano, pero ya porfío en vano, pues que me veo rendido. . Gloria a Dios que le hemos preso, partamos luego con él a Toledo. Astro cruel, con este infeliz suceso, mas tu rigor se declara. Los cascos de esta prisión saco rotos, que estos son los provechos de mi vara. Ahora he tenido aviso de que fuerte se había hecho en la torre de la Iglesia, más contrastar todo el pueblo no es fácil, y así no dudo que le han de traer muy presto, pues que media legua corta la Aldea está de Toledo. Digno es de fieros castigos. Quién dijera, que el trofeo que ganó mi propia espada en el Berberisco puerto, que el esclavo (que a Gaspar le presentó mi deseo con título de agasajo) fuese el cruel instrumento de su dolor! o escondidos inevitables decretos de los cielos! tus influjos, que en los prósperos sucesos, por burlar nuestra esperanca, disimuláis los adversos! Esta plaza (donde asiste de la Ciudad el comercio) será público teatro de su castigo sengriento. Pues según lo que establece de las leyes el Imperio, arrancarán con tenazas ardientes; pero el efecto lo publicara en rigores, y lo dirá en escarmientos. Así sirve a Dios, y al Rey el Alcalde de su pueblo: Ya al señor Corregidor le entregué el Moro: y él viendo tantos delitos, sin darle el prazo que a todos, luego le quiere sacar, y es fácil, pus no habrá que gastar tiempo en confesalle, en ponerle bien con Dios, en traelle ejemplos, en ir por los Crucifijos, ni en que los demandaderos, que atruevan todo el lugar con altas voces pidiendo, para el alma de este hombre, que es pedir para sus cuerpos; que él no es hombre de demandas, ni respuestas. Agradezco, Bato, vuestra diligencia. Un Lucifer del infierno es el perro: vive Dios, que si yo no lo remedio, como langosta en los trigos, todo lo va destroyendo. De mueso Doctor mató el criado, que al encuentro le salió, llevando a herrar la mula: él anduvo necio, pues para herrar salió fuera, herrará en casa su dueño. lten, dio muerte a un zagal, que era aprendiz del Barbero: a mi Alguácil le pagó la decima con lo mismo. Iten (aunque se preciaba de valiente el tabernero) él le llenó las medidas; y aquesto no fue lo menos, pues hizo lo que no pudo ningún Alcalde del pueblo. Iten, no se le escapó por los pies el tabernero: mas si huía, no me espanto; porque no es caso muy nuevo, que mate una liebre un galgo. lten, dos que dejó puestos a la margen antes de irse, y cinco que yo refiero, sin infinitos heridos, son siete, señor, los muertos. También yo alcance mi parte, mas no importa, pues en esto se me atribuye la gloria. Alcade, prueba habéis hecho de ser gran cabeza. . Sí, muy buena cabeza tengo para descalabraduras. Mas decid, como en Toledo entráis con vara alta? . Ay mas qué bajarla? Majadero, no es eso. ̱. Que hasta mis varas persigáis? Gónzalo, cierto que por verme bien vengado de vos (ya que quijo el cielo que mataran a muesama, mirad cuanto lo encarezco) que diera yo un brazo al diablo porque vos la hubierais muerto. Lugar, fuera de aquí. Ya el tumulto va creciendo, y sobre un carro conducen atado al infame reo. Si es que puede ser alivio, a ver su castigo vengo. Por ver tan atroz delito castigado, mi deseo me trae aquí. Ya se acerca el espectáculo horrendo. s. No ha de faltarme el valor, aunque bíboras de fuego muerdan otra vez mis carnes esos encendidos hierros. Gran sufrimiento! Notable! Nadie en tan lícito intento me estorbe el paso. . Detente mujer. Que me oigáis os ruego. Gran cono pueblo, que ocupas atento el dístrito de esa plaza: y tu señor, que por dueño conozco, no me atajéis, permita vuestro silencio, lo que el agrado en discursos, que lo pronuncie en acentos: y tu contra quien pronuncia abrasadores decretos, en pena de tu delito, ese ejecutivo incendio: no extrañes el verme ahora, cuando ausente de Toledo me juzgaste, si no ya, que el venerado, y supremo culto, que en el dueño puso la disposición del cielo, sacrílego profanaste, y derribaste sangriento, sin las demás culpas graves, que con clamores funestos el triste pregón pública, cuyos repetidos ecos, invisiblemente agudos, son puñales de mi pecho, mejora tu suerte, anade un acierto a muchos hierros, y Fénix más inmortal, renacerás de ti mismo. En María he de trocar de Argelina el nombre luego, que el agua de Gracia labe la mancha de tanto tiempo. Tú (pues te advierten lo mismo, en este lance postrero, tantos prudentes varones, cuya Religión, y celo con piedad Cristiana labran ese endurecido pecho) la ocasión logra, a la causa en ti aventaje el y de temporales penas, premios resulten eternos. Pide el Bautismo, derribe sobre tus hombros el peso de sus sagrados raudales, no temas perderte en ellos, que en medio de aqueste golfo viene a estar cifrado el puerto. De esta suerte el vaticinio fantástico de aquel sueño con favorable sentido, en tu abono la interpreto. Esto es lo que me ha tocado hasta aquí, por el pretexto de ser Cristiana, y por darnos patria amada a un mismo tiempo. Mas lo que ahora me toca, por mujer de vil sujeto, para sufrir un dolor: y porque a todos confieso que te he querido constante. desde mis años primeros, es irme de tu presencia, por no verte en tan severo castigo (aunque merecido) con que soy a un mismo tiempo piadosa en lo que no aguardo, atenta en lo que aconsejo, Cristiana en las advertencias, y amante en los sentimientos. Qué decís Hamete? . Pido el Bautismo. . Pues yo quiero (ya que estaba prevenido, por si te inspiraba el cielo, todo el preciso aparato) ser tu padrino: lleguemos a tomar lo necesario, para que se mezcle a un tiempo una piedad Religiosa con un castigo severo. Todos os Forzoso es (pues ay Bateo) regalar los convidados; pero que regalo espero ya? pues cuando Hamete estaba en el campanario puesto repartió la confitura. Por la obligación de dueño, yo mismo soy tu padrino. Agravios pagáis con premios, y ya que el delito pago, que me perdonéis os ruego. Yo te perdono. Qué nombre eliges? . Bautista quiero llamarme. Pues aguardamos? tenga su intención efecto. Ya admite el Bautismo, y ya en el castigo sangriento prosigue el fiero ministro. Con justa causa padezco, Bautista Santo ayudadme, pues con vuestro nombre muero, Ya salió el alma dichosa. Y aquí, Senado con esto, las dos plumas ponen fin al Hamete de Toledo.