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Texto digital de Hacer fineza el desaire

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Diego Calleja
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hacer fineza el desaire. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/hacer-fineza-el-desaire.

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HACER FINEZA EL DESAIRE

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Hoy festejan las iras hermosas los pastores de Arcadia en aplausos a la Estrella de Venus divina, que ciega con luces, y alumbra con rayos Nobles Pastores de Arcadia, vosotros que enamorados sois de Venus, y Cupido los mejores tributarios. En este celebre día, que con festivo aparato celebra en honra de Venus la Arcadia todos los años. Bien como primero día de la menguante de Mayo, en que la casta Diana tiene el umbral de su Ocaso. Siguiendo el antiguo rito de vuestros antepasados, venís adara su templo sacrificios soberanos. Tu Salicio, tu Sirena, que de Himeneo sagrado el yugo vuestra esperanza por horas está aguardando, habéis de ser los primeros que en visibles holocaustos de la gran Deidad de Venos manchéis los altares sacros. A cuya imitación todos al Altar han de ir llegando, y en la Religiosa hoguera, que previno mi cuidado, ofrecer lo que su celo les concediere, hasta tanto que de los calientes humos se pueble del viento el claustro: cuidado pues, y vosotros venid tañendo, y cantando. Tiempo, que para mi dicha caminas con vuelo tardo, ven por aire a mis suspiros, para que vuelen tus pasos. Venus, porque mi ventura: le de a Salicio la mano, dos tórtolas en tus Aras hoy sacrificar aguardo. Hoy festejan, Suéltale. No has de quebrarle. Deja, Nisida. . Ya es necio tu intento, y para desprecio tuyo, basta el arrojarle. Descanse en la amenidad de ese verde ameno prado, pues para estar desairado, le basta la ociosidad. No divierte tus enojos la caza? . No soy yo, siento, de las que supensamiento se gobierna por sus ojos. Mira. . Déjame llorar, déjame la caza huir, porque intenta divertir, y no hace más que ocupar. Déjame adorar la gloria. de esta sombra de mi bien, a quien solamente ven los ojos de mi memoria. Déjame que más humana trueque en diserentes fines, de Venus en los festines, venatorias de Diana. Y en esos corros que veo, que de Venus son corona, no ha de faltar mi persona, pues no falta mi deseo. Muera Diana, y en mí Venus viva, y su hermosura, por si puede mi locura. disculpar su frenesí, Dices bien, que es impiedad, aunque es cartujo el intento, que todo el entendimiento se alce con la voluntad. Vaya Diana para una. Diosa recoleta, y fría, pues con su doncelleria. se ha de quedar a la Luna, Tú no eres la Zagala en la Arcadia más querida; festejada, y aplaudida, de ingenio, hermosura, y galal Bella sin pensión del arte, famosa por tantos modos, y luego exquisita a todos, que es otra hermosura aparte? Pues arde en los dulces daños. de amor, a Diana envía apasear, que es tan fría, que por eso criapaños, que no sabe aprovecharse: y si es que el Sol no la diera luz prestada, no tuviera un cándil con que acostarse. Ama, pues, y daa entender quien es tu dueño, señora, que quien te hizo Pastora, no te excusó de mujer: sigue esas tropas festivas, que al templo de Venus van Para quien desea están ocibies las persuasivas; mas que puede aprovechar mi sacrificio visible, que quien puede un imposible, pidiendo enseña anegar? Qué imposible puede amor tener contigo, que lloras? Ay, Nisida, como ignoras lo extraño de mi dolor! este tormento que alisto contra mí, me hace penar con tan no visto pesar: ay de mí, que nunca es visto! Que Pasor tu pena muda, Clarinda, ocasiona, di? Pues que me faltaba a mí, si yo: mas deje tu duda de provocar mi razón, que de mí te has de reír, como no puedes oír las voces de mi aprensión. Sigue, pues, mi errante huella tras la música que sigo; o Venusllea conmigo alguna luz de tu estrella, Tente: no es Cardenio aquel? Sí, Nisida, y está al paso del camino, atrás el paso vuelve: ah fortuna cruel! tanto rigor te merezco; que cuando en mis ansias lloro, me recatas al que adoro, y enseñas al que aborrezco? Cazando está, y descuidado de que por aquí andagente; muchísimo es que un valiente esté un rato sosegado, que no incline tu afición su valor? Bien sé su brío, mas, Nisida, el albedrío cautivo no hace elección. En un hombre el ser veliente, es la más amable prenda. Echa por esotrasenda, y calla; pero detente; que Pastor es este, pues yo nunca le he visto? Infiero que es un Pastor forastero, huésped de Cardenio. . Y es a Arcadia recién venido? Ayer dicen que llego. Leyendo está. . Presto dío a conocer lo entendido, pues han dicho que es muy sabio. Pues ni Cardenio, ni él nos han de ver. . Que cruel haces a tu ingenio agravio! vepor esa senda a efeto de oírle hablar. Hay más cansada plática, que la afectada de introducirse un discreto? No dices mal. . Por aquí podemos ir, que no hay gente. De un discreto, y de un valiente huyes? . Por ahora sí. . Pues disuelve, y no seas muda, cual es mayor perfección, que es una ciencia muy ruda el proponer la questión, y dejarnos con la duda? Montes, en cuya aspereza. Libros, en cuya lición. Halla alivio mi pasión. No halla ejemplar mi fineza, Aborte vuestra maleza fieras, porque sus enojos de a Clarinda por despojos. Dadme un ejemplar que sea, no digo alivio amiidea, si no más fuego a mis ojos. Ay Clarinda! Ay dulce sueño de mi vida! ay dueño ingrato! Ay adorado retrato! cuando toparé tu dueño? otra vez la vista empeño por ver si en lalición halla. Rompo otra vez la muralla del bosque, por si es que veo. otro ejemplar mi deseo. Triunfos con que festejarla. Sacristan soy de Diana, y en gustosa ociosidad tengo mano sobre mano las pasiones del amar. Voluntad no tengo, Zágalas, mirad, que quien me la hiciere, me la ha de pagar. Te alabas de no amar triste dichoso. Blasón ignominioso. Un Pastor es felice, grosero el traje, aún más de lo que dice. Rústico es el que canta, no me asombre; que quién siente tan mal, tenga tal nombre? Vuelva mi vista a ver lo que desea. Yo soy Sacristan de Venus, y es tanta mi voluntad, que queriendo a todas mucho, a ninguna quiero mal; a todas las amo, y mi ceguedad quiere a las de menos, como a las de más. No es menos la locura de este, que halla en lo vario la hermosura. Satiro es este; pero huiré su canto, por no mezclar su gusto con mi llanto. Huiré su voz. . Huiré su debanco. Pues, amigo Cardenio. Pues Danteo. Vos en las soledades apartado? Vos de esa alegre tropa retirado? Mi natural tristeza. . Mi fortuna. Pues, Sacristan menguado de la Luna, baja al valle. . Ya bajo, Sacristan de una Diosa de estropajo, tu conmigo? . Qué es esto? Dos necios, que andan uno, y otro opuesto: tente, Satiro; Rústico, detente. Pues Sacristan de Venus insolente, tu con Diana a competirte pones tu Diosa, que anda dando madrugones enemiga común de las doncellas. Venus es la mejor de las Estrellas. que sale con el día, toda ella es esplendor, luz, y alegría, y es Estrella, aunque no es escrupulosa. A la Puerta del Sol pon esa Diosa. Y es hija de la espuma, que es quilate, Esa señora es Diosa, o chocolate? Venus es muy hermosa, y no hay ninguna Diosa que haga más ruido estando ella delante. Es mujer de un herrero, no se espante. Si cojo al Sacristan; que así me enoje! Pues cuando usted un Sacristan no coge? Vaya para busón. . Vaya el menguado. Sobre qué es esta porfías Es que yo he dado en quererlas a todas. Yo a ninguna. Y hoy que de Mayo se acabó la Luna, y la fiesta de Venus se celebra, junto al templo me viene a darculebra, y alabar a Diana. . Es Diosa casta. Pero está en el infierno. Ea, ya basta: vete, Rústico, pues, Satiro, vete. Si con Venusse mete, le haré ver las Estrellas al menguado. Por lo menos no estoy enamorado. . Volviendo a nuestra duda, preguntaros quisiera, sin el miedo de cansaros, como el celebre día que se puebla la Arcadia de armonia, para todos festivo por mil modos, el concurso dejáis, que siguen todos? Si os he dicho que adoro despreciado, porque extrañáis el verme retirado de todo lo que es fiesta, y alegría: toda la pena mía me saca al campo, por si en él pudiera hallar alguna fiera, que sea cuando a mi valor se rinda despojo en la cabaña de Florinda. Y aunque en días festivos, es efecto salirse al campo, propio de un discreto; preguntatos espero, como la novedad de forastero hacia el Templo nos lleva, que tristeza Danteo, en vos tan nueva es esta? qué cuidado? desde ayer que llegasteis henotado que es verdad todo lo que me han escrito de Egnido, vuestra Patria: y ya es delito de mi amistad callarme lo que veo, no desairéis amigo mi deseo. Hay amigo! aunque más quieran deciros mis lágrimas, mis ansias, y suspiros, aquestos que os escriben, y que acechando mi tristeza viven, nadie podrá explicar mi sentimiento, porque el fuego que acá en mi alma siento, sin alumbrar abrasa. . Ya de celo se pasa acurioso mi afecto, pues un hombre, que de libre Pastor gozo el renombre siendo por no adorar belleza alguna, el asombro mayor de la fortuna suspirando confiesa, que ha querido? Y aún por eso ha querido su ceguedad, haciendo en mi reparo, del carcax me alestó el arpón más raro. Decidme vuestro mal. . De vos le fío. Consolado en que no es mayor que el mío. Hoy sabréis de mi voz mi dolor fuerte, si a un aliento indiciar puede una muerte. A apacentar el rebaño, cuyas blancas inquietudes, encareciendo sahierba, hacer que el monte caduque, salí una mañana, a tiempo que el Sol, porque el mundo alumbre, del abrasado cuaderno despliega el rojo volumen, libre de las flechas ciegas de amor, que las introduce, y si el descuido las clava; el cuidado las sacude. Como sin amor, muy mío, sin que el pensamiento me hurté, las inventadas venturas, que los amantes discurren, gozando aquellos que sueñan, como que no lo presumen liberte de los rédiles, las traviesas mansedumbres, porque quietas se alimenten, o alegres escaramucen a su arbitrio, y del instinto, que sin rumbo las conduce. Quebradas profundas bajan, ásperos fenderos suben, a la lealtad de los canes, que mi vigilancia suple. Fié su guarda, y rendidos a una extraña pesadumbre, que me afligia, muy otra de aquellas ansias comunes, que en el natural se aprenden, sin que en el dolor se estudien. Sobre la menudagrama reclinarme apenas pude, cuando vi que dos corderos trepaban por una cumbre, que en el espejo del Sol la erizada frente puse, sin que el silvo los enfrene, ni el cañamo los asuste. Empuñé el bastón nudoso, y haciendo que me apresure la piedad, de que a los dos el despeño no sepulte, rompiendo intrincadas breñas, llegar al copete pude, que es el primero que al Sol estrena las tiblas lumbres. En cuyo sitio fragoso hallé, ay de mil nadie dude al corazón por Profeta; pues ya os dije, como tuve aquel día unas tristezas, sin saber quien las produce, que Astrólogo de su pena, para que linces le juzgue, apesar de las distancias, penetro sus inquietudes; hallé un cielo en breve esfera: un Sol, que en sombras se luce en Abril en corto espacio: un retrato, donde incluyen el Cielo, el Sol, y el Abril, Estrellas, rosas, y luces. Tomé la copia en la mano, y como el pez, que introduce por el sedal el contagio, que en el corazón infunde. las venas, y las arterias, le sirvieron de arcaduces; por donde en mi corazón hermoso veneno escupe. Que a este tiempo, con las alas, dando latidos volubles, parece que el pecho alienta; y no es, sino que le huye, ay Cardenio! como hierra quien libre de esclavitudes ve una hermosura, y atento sus perfecciones discurre! Y ay de mi infeliz! qué mal hallado con mis quietudes, impaciente de mi riesgo le llamé, sin que él me busque! Porque tan a todas horas mirando el retrato estuve, que en la Troya de mi alma hermoso fuego introduce. Cuando el Sol en elocaso, tornos dorados concluye, encendia para verla teas, que en lentas vislumbres, en vez de alumbrarla, al Sol ventajosas sostituyen. Ya no era yo el que solía; y en macilentos capuces, embozaba mi semblante: ya no hay cosa de que gusten desalentados mis ojos, sin haber quien los enjugue. No hay Pastor, que no me extrañe; Zágala, que no murmure; festín, adonde me halle; concurso, que no me dude; soledad, que no me tenga; ni selva, que no me escuche. No hay peñasco, que no sea padrón de mi pesadumbre, en el gravando mis ansias: no hay corpalento acebuche, donde el montaraz cuchillo groloras letras esculpen: cuya corteza no sea voz, que mi dolor divulgue. Y en fin, me arrastró mi pena a que en secreto la busque, y ni en Chipre, Eguido, y Paso, ni otras Islas hallarpude, hay de mi triste! noticia de su hermosura, aunque anduve chozas, cortijos, cabañas; y cuanto la luz descubre. Hermosa Ninfa decía, como de matarme gustes, déjame ver el veneno, no de mis olos te hurtes: quien vio para matar antes, que alguno el puñal réhose? Cual Africano flechero, del ballestón que le cubre, aflojó la cuerda, antes que el pecho al contrarlo cruce? Y quien envainó la espada antes que el golpe ejecute? Y porque tantos extremos, vuestros ojos me disculpen; de vuestra amistad lo fío: este es el retrato: juzgue el más desapasionado, si habrá quien mi amor calumnle? Este es el dulce volcán, que al pecho callando sufre; este es el hermoso fuego, que mi corazón consume; esta es la hoguera que arde, sin que ventajosa alumue: este es el incendio. . Fuego, fuego. . Pastores ilustres, de Clarinda la cabaña, a manos de ese elemento perece desde elcimiento hasta la más frágil caña: entradla a favorecer, antes que el fuego la rinda. Bastaaber dicho Clarinda. Balla haber dicho mujer. . Ella está dentro, y presumo. Fuegó, fuego. . Qué pesar! que su sol se ha de apagar, en densas nubes de humo! Fuera, fuera. . A que se aplica esa ayuda? . Contra el fuego: y más que le mata luego, por ser cosa de bótica? Ya la choza está encendida. No me detengas el brazo, que he darla un cañonazo. Ay Rústico de mi vida, si el riesgo a tu cargo tomas, y entras allá, sácame. A tu ama? . No. Pues qué? La arquilla de las redomas. Alienta infeliz mujer; que ya mi valor, rompiendo montes de tejidas llamas, te sacaa seguro puerto. Ay de mi triste! . Rendida al susto perdió el aliento: por señas de su desgracia, se le conoce lo belso. Voya mirar por mis trastos. Voy a avisar a Cardenio. . Más esta, ay de mí! noes; ojos míos, que estáis viendo yo os creyera esta verdad a fáltaros el deseo. No es la misma del retrato? albricias, perdido afecto, albricias, que habéis hallado una vida por un riesgo. Hacia aquí Rústico dijo, que quedaron, hay Danteo! bien hayáis vos, que habéis dado dos vidas con el remedio de librar esta hermosura: que aunque me mate a desprecios echara menos el alma es rigor. . Válgame el cielo! Luego está, ay de mí! es Clarinda? Si amigo. Ayde mí! qué presto al umbral de la ventura, hubieron de estar los celos? Y ya que restituidos a la luz sus dos luceros, tienen cabal la hermosura; porque veáis, que mi tormento, nacido al fin de mayor causa, aún es mayor que el vuestro, vuestro retrato, que aquí guarde al escuchar el ruego, he de corejar. . Tened, tened, esperad Cardenio: yo confieso, ay de mi triste! que Clarinda. Anisias, qué veo? de Clarinda es el retrato! luego Clarinda es, ha cielos! la hermosura, qué buscáis? Muera, quién irrita a Venus, Pastores. . Muera Clarinda, Qué es esto? . Ay de mí! Qué es esto? Que ha de ser, pese a mi alma; a fuera, que es este riesgo de participantes. . Cómo? Cómo por devotapienso de Diana, que a Clarinda, la sigue todo este estruendo de Pastores, y se acercan. Los Pastores? Y los perros. . Muera. Muera de una vez: ha Pastores, vuestro acero quite el oficio a mis ansias; que por golpe mejor tengo la flecha, que el de un cuidado, que hiere de muy adentro. Aquí está, muera. Qué es muera? teneos villanos. . Teneos. No los impidáis, dejadlos, que miedo al morir no tengo. Pues a quién miedo no tiene, no le harán mal cuatro muertos: fuera, dejenme pegarla. Quita villano grofero, a ultrajar una hermosura, luego faltará lo necio. Porque defendéis la vida, tu Pastor, y tu Cardenio, de esa fiera humana, cuando debierias vosotros mismos solicitar la venganza de los ultrajes de Venus? Mujer, qué habita en la Arcadia, y rompe los privilegios del amor, sin que a su yugo abata el erguido cuello, muera, que no ha de haber alguien de nuestros ritos esento. Aunque a ti Olimpio te toca, por Sacerdote del Templo de Venus, hacer que a todos comprenda el suave fuero de amar, no es tu obligación el castigo, si no el ruego: invoca tú las venganzas de la Diosa, porque al pecho de Clarinda flecha de oro penetre, mas no de acero; y ojala, ay Dios! que la escoja de aquellas con que me ha muerto. Fuera de que aunque el motivo, sea Religioso celo, de ofender una mujer no hay razón que pueda serlo. Quién os embaraza el golpe, que contra ese monstruo fiero, irritáis, siendo al impulso, y no a la razón violento? Ea blándid los arpones, guiados hacia su pecho; y si acaso su hermosura os desarmare el aliento, no es nuevo cerrar los ojos para acertar el objeto. Aplaquemos a la Diosa con su muerte; sea trofeo de sus aras, la que ha sido escándalo de su Templo: pues desde que entro en la Arcadia, tanto nos olvida el cielo, que nuestros fértiles campos, se ha hecho reació el Ibierno. No hay selva que no sea Estío, y fatigado, y sediento, querelloso de las nubes, sin lágrimas llora Alfeo. Si esto causa lo indevoto de Clarinda contra Venus, que hará si a la indevoción se juntase el menosprecio? Pues ya no falta esta culpa, que eslabonar a sus hierros; ya la ha cometido, Arcades, bien visteis como viniendo al Templo en tejidos coros, ella, de acordarme tiemblo! irritada, grave culpa! sin querer entraradentro, en una pena, que ofensa! la lira, que sacrilegio! hizo menudas astillas: pues aquí de mis afectos, quien de la mi sericordia ultraja los instrumentos; o no la quieve, o la quiere, útil sin costa de riesgo. Si al cielo mueve apiedad es, alzar los ojos al cielo, el que se corta las manos gana tiene de su riesgo. Quien en tenebrosa noche se apaga la luz él mismo, sobornar quiere el peligro, por conseguir el despeño. Ya conocéis, que Clarinda, anda de su dicha huyendo: aún a los Dioses alcanzan sus rigores; pues qué es esto? De cuando acá las Deidades, tienen el rigor tan quieto? no veis que en nosotros prueban el fervor, la fe, y el celo? Pues no les demos motivo de que se vengen: ya vemos que con fuego las castiga la hermosa Deidad de Venus. Volved hacia su cabaña, y veréis como hace el fuego lamentable desperdicio desde el carrizo al cimiento. Pues prosigamos, Arcades, esta que es obra del cielo: ea, que esperáis? tiradla. Muera. . Esperad, deteneos, que aunque de vuestras desdichas soy causa, culpa no tengo: no es miedo este de morir porque solo tengo miedo de que penséis que mi culpa justifica vuestro intento. Entre no tener la culpa, y ser la causa; que medio puede haber? . Vuestra atención invoco. . Prosigue. Empiezo: A ser blanco de desdichas, nací en la Ciudad de Efelo, donde la casta Diana tiene aquel famoso templo, que es la mejor maravilla del jardín del Universo. Al culto de su Deidad, desde mis años primeros me di con tal devoción, me rendí con tanto afecto, que si en muchas ocasiones, el ocio de los discretos festejaba mi hermosura con músicas, y con versos, siendo mujer me pesaba, (bastante así lo encarezco.) Siempre de Venus, y a Amor, burlando el tirano imperio de su hermosura, y sus flechas, era venerado miedo de las Zágalas, que estaban tocadas de su veneno, despreciando a los Pastores. con desdenes tan soberbios; que más: basta decir que eran de mujer, cuyos desprecios, por burlarse de las otras, hacen la esquivez empeño. Tres lustros tendría, cuando una oscura noche, a tiempo que las tinieblas vencian ese de rayos incendio, ejército luminoso, que en las campañas del cielo capitaneando luces, conduce el mayor lucero. Ya recogida en mi albergue estaba, ay de mi! viendo el juicio de Paris, donde Venus alcanzo el trofeo: era hermosa, y en la sala de la pasión ganó el pleito. Triste, pues, de qué Diana no hubiera sacado el premio, me dormí, dando el tributo tan preciso al Dios Morfeo: buen Dios, pues que de una ofensa fabricar sabe un sosiego. Ya en los retretes del alma estaba el discurso muerto, cuando rompiendo los aires en un carro, a quien corrieron dos Cisnes, y dos Palomas, alados brutos del viento, ceñidas las blancas sienes de mirtos, y rosas, Venus venía, dando al discurso confuso divertimiento. Pasmé de ver su semblante, que una hermosura con ceño, aún a quien sentido fata, le sabe dar sentimiento. Clarinda ingrata, me dijo, tú, y aqueste joven bello, me vengaréis uno de otro; y para mayor tormento, te borraré las especies de su imagen, que aunque viendo le estés, no hallarán tus ojos claras señas de su obleto, hasta que te haga un desaire, que no hay castigo más cuerdo para una vana hermosura, como un amante grosero: un desaire te ha de hacer, y conocérasle luego. Esto me dijo la Diosa, y los tirantes volviendo de Cisnes, y de Palomas, se fue a ser Estrella al Cielo. Volví los ojos, y halleme: (aquí empieza mi tormento, fallece mi libertad, y nace mi cautiverio! un galán Pastor, que bien la culpa de amor empiezo, porque sea el adorarle delito, pero no feo! Estaba el gallardo joven con amantes rendimientos, al culto de mi deidad dando cariñoso incendio, con ansias tan ingeniosas; ya le confieso el ingenio, cuanto va que a poco rato lo querido se confieso? Amele en fin, ay Zagalas! aunque le armé, lo soberbio habrá escudo que resista flechas de un galán discreto? Felice la que apasiones tiene habituado el pecho! pues cuando la hyerra el golpe de laflecha, hace el efecto del rayo, cuando lo fácil embota el curso al esfuerzo. Dígalo yo al despertar, sintiendo el dolor por nuevo? y dígalo quien tuviere memorias de amor primero. Busco al joven por la estancia, dodo lo mismo que veo, lo que el sueño persuade, creyó el deseo sin sueño: que también hay en el mundo quien sepa soñar despierto. Ya, como Venus me dijo, apetecí mi desprecio, por hallarle: quien creyera tal extremo de mi extremo? Peregrinando regiones en su busca fui, trayendo acá en mi imaginación su retrato verdadero: ojala, que si le hallo, le tope cómo le tengo! Los desiertos examino, y solo hallo en los desiertos una soledad amiga, a quien mi dolor le cuento. Tres años ha que le busco, pero ha que no le encuentro tres mil: siempre ha sido mal Arismético el deseo. Vine a la Arcadia en su busca, adonde en mi seguimiento vino también mi memoria; y mis desdichas vinieron. Ea, famosos Arcades, que me queréis, si os confieso, que no gozo del olvido los particulares fueros; y que a la hoguera de amor avivo con mis alientos? Y si hasta agora he negado a Venus sus privilegios, fue temer de Diana el rigor, que ya notemo: pues no hieren más los rayos de una Luna, que un Lucero. Romper la lira impaciente; no fue, ay de mi! menosprecio; solo fue desconfianza de hallar con ella remedio: la distancia me disculpe, (do. que hay de una soberbia a un mie- Miedo fue, no fue soberbia; y pues lo más os confieso, claro está, que ya no había de mentiros en lo menos. Ayudad, Pastores míos, mis ansias con vuestros ruegos: pedid clemencia a la Diosa, si algo llorando os merezco. Pedidla, amigos, pedidla, pues cerca estamos del Templo, que ya que me da la herida, me deje ver el acero: Mas hay vanidad, que dices? yo mi desaire apetezco? como puede ser umbral de lo amante lo grolero? Desaire a mí, y solicito hallarle yo? que mal medio para buscar al cariño son las sendas del desprecio! Mas vale morir de amante, que al fin ya sé como muero, mas que digo? ay locas ansias! Pastores no oigáis mis ruegos: Médicos sois, no hagáis caso del frenesí del enfermo: quizá alguno de vosotros es causa de mi tormento. Desaires pido, Pastores, que al fin han de ser los medios de conocer al Pastor, que dentro en la idea tengo. Pedid que Venus le enseñe, que están de mis pensamientos muy envidiosos mis ojos, adorando a quien no veo. Mas si acaso en vuestras iras no hallan lugar los lamentos, y ya elocio del impulso acusa al arpón soberbio, hagan las cuerdas por flojas, armonías al denuedo. Desembarazad los arcos, flojedadsea el esfuerzo; que yo porque mi semblante, no os enjugue lo sangriento, encubriendo lo penoso, haré más fácil mi riesgo. Esto tenía callado la que de Diana en el Templo incienso solia quemar, porque era macho el incienso? De una sombra enamorada? ella me quiso, esto es hecho. Satiro, porque lo dices? Porque audándo la siguiendo el otro día, me dijo, que era su sombra . Que necio! Pues ea, hermosas Zagalas, rigores, y arcos depuestos, de rosas, y de jacnines a Clarinda coronemos, y al Templo de Venus todos guiad cantando, y tañendo. Qué ociosas están las flechas paradar la muerte a un pecho, que con tales circunstancias tal dolor está sintiendo! lástima es la que fue ira. Lo que fue enojo, ya es ruego. Ciña tus hermosas sienes la guirnalda. . Hermosa Venus, premia con últimos dones el agasajo primero. . A la estrella de Venus divina, (feo la hermosa Clarinda la da por mo- a pesar de Diana, unas ansias, que quiere seriras, y no sabén serlo. Válgame Dios, que de cosas perturban mi entendimiento! Válgame Dios, que de dudas me están asaltando el pecho! Danteo? . Cardenio. (ya? Amigo? . Amigo me llamáis Pues qué accidente podrá hacerme vuestro enemigo? Ser Clarinda, a quien yo sigo, la estrella que seguis vos. Pues aunque Venus, hay Dios! influya enemiga estrella, podrá apartar una estrella lo que ya juntaron dos: no amáis a Clarinda. . Sí: y vos? . En ella me abraso, providencias de un acaso, ni os culpan a vos, ni a mí: y pues iguales aquí somos los dos despreciados, hasta que quieran los hados descubrir su amante, demos un medio, para que estemos anigos, aunque encontrados, Pues vos ponéis la advertencia, el medio a mí me toco: vos sirviendo, amando yo, haremos la competencia amiga; y si la violencia. del hado hiciere dichoso al uno, el otro celoso, podrá quedar desdichado, mas no quedará quejoso: yo en vos la dicha colijo, mas no en mí. . Decid porqué? Atended, y os lo diré: Porque si a Clarinda dijo Venus tormento prolijo! que un desaire había de ser medio para conocer a su amante, claro arguyo, que no puede serlo suyo, pues nunca sele he de hacer. Sea infeliz mi destino, aunque yo sea el llamado, que me he hacer desdichado, a trueque de quedar fino. Yo un desaire al peregrino cielo de Clarinda bella? no, que aunque lo mande ella, distintos efectos son, cumplir yo mi obligación, y ser grosera su estrella. Y porque veáis que yo nada de atento perdí, dadme el retrato que os di, cuando el fuego se encendió: No tanto os le pido, no, porque fuera gran locura, déjaros yo su pintura, ni tanto por mi pesar, cuanto por no desairar; ni aún pintada su hermosura. Habrá algún discurso que haga lícito el vil trato, de dar yo mismo el retrato de quien amo, a quien esté amando lo que yo amé? Si, que yo hacerle pretendo: atendedme. . Ya os atiendo, Y veréis en mi razón, que con una conclusión dos razones comprendo. Clarinda no ha de tener alivio, hasta ver su amante: y aunque le tenga delante, no le puede conocer, si antes no le llega hacer un desaire; pues Danteo, yo le he hacer, porque veo que en él está la disculpa: pues aunque esto en mí sea culpa, a ella un gusto la granjeo. No puede ser, que al hacerla el desaire mi osadía, lo que es en mi grosería; resulte en alivio de ella? Y pues no llega a ofenderla, que no es groseria siento el desaire, antes le cuento por fineza; y con razón, que nunca es fina la acción, cuando no es fino el intento. Y para que en mí se vea, que a un es fineza lo ingrato, volveros hoy su retrato, su primer desaire sea. Tomadle; y pues que desea Clarinda, que quien la quiere la desaire: sea quien fuere, con su voz mi acción se mide: ella mire lo que pide, y haga yo lo que pudiere. Doy que a su amor satisfaga el ultraje que ando huyendo, no la he de estar ofendiendo el tiempo que se le haga. No ofende mano que halaga, aunque por acaso hiera. Es verdad, mas considera, que si hay peligro en la ncción, el ser fina la intención no la escusa de grosera; fuera de que en mi concepto desaire no puede haber, que no la llegue a ofender. Eso lo dirá el efecto. Vos valiente. . Vos discreto Y ultrajáis una belleza? Y obráis con tanta dureza? Sí; y diga a voces el aire. Que hay fineza en el desaire. Si hay desaire, no hay fineza. Que en fin, os determináis a no aliviar su cuidado? Que ya estáis determinado a ultrajar la que adoráis? Pues no advertís? No miráis? (za. Que este ultraje. . Estatibie Hh de obligar su belleza, diciendo a voces el aire, que hay fineza en el desaire, si hay desaire, no hay fineza. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Rústico? . Satiro, her mano? a tu Templo vete andar, que no me he de visitar yo con hombre tan liviano. Amigo, mi fe te llama; dame la mano. . Eso no; la mano había de daryo a un hombre de mala fama? Que con ruegos no te obligo? No, más mire desde afuera haré por él cuanto quiera. Pues óyeme un rato, amigo, yo adoro a Clarinda. A quién? . A Clarinda. Oh ahumana Heresiarca de Diana, Apostata del desdén. Mas ella a un Pastor, que ignora, como ya decirla oyó, adora. . Ya se que no le puede ver, y le adora. Él tal Pastor escondido, hasta que un desaire haga, ha de estar. . Qué buena paga de amor. . Es desconocido; y en fin, aunque te den rijas las locuras de mi amor, tengo de ser yo el Pastor unas pocas de premijas: y quisiera, pues tú eres tan esquivo. . No me alabes. Y tantos desaires sabes para todas las mujeres, aprender de ti uno ajeno de ansias enamoradas. Esto de las bofetadas, aunque no está en uso, es bueno. Bofetadas? qué inhumano! otro discurre. . Es cansarte; Satiro, no hallo que darte desaire más a la mano. Es Deidad muy estimada Clarinda. . No es labradora? pues vistela de señora, la tendrás bien desairada. Necio estás. . Con más razó de tu intento hago donaire: las mujeres de un desaire huyen, como de un ratón. Es posible, que no llegas a persuadirte muy necio, que el picarse del desprecio, es para hermosuras legas? Clarinda es la maravilla de Arcadia, y al obligarla con un desaire, cansarla podrás, pero no rendilla. Ella en su pasión pretende el desprecio, y grosería. Pues llámala Reina mía, y verás como se ofende. Ruítico, que de mi amor hagas burla? a Venus ruego, que te queme el dulce fuego de su apacible rigor. A Venus voy a invocar, que te enambre gentil, no de una, si no de mil, porque tengas que contar. Yo amar? lindo frenesí. Que de amor, y su venganza, vivas con tal confianza? Sé yo lo que tengo en mí. . Ruego a Amor, que te persiga. Nisida cantando viene. Qué hermosa cara que tiene! Qué fea es, Dios la bendiga. Delito es el cuidado, porque sabe ser muerte imaginado, De Clarinda, y su pasión, la fama tan estendida está por toda la Arcadía, que no hay Pastor que no escriba moretes a este asunto. Oigamos, que vuelve a sonar la lira. Menores enojos, Zágala sintieras, si amando debieras tu mal a tus ojos. Hermosa Zagala, desdichada eres, pues a lo que quieres le finges la gala. Pero tal cuidado, delito se advierte, pues viene a ser muerte aún imaginado. Delito es el cuidado, porque sabe ser muerte imaginado. Satiro, queda con Dios. Vesme, y te vas tan aprisa? Sí, Nisida, que estoy solo, y eres tu muy atrevida. Satiro no esta contigo? No fío de su malicia, que por tener que decirme, se holgará de mi desdicha. Desde hoy a Satiro adoro, porque es Sacristan de estima. Yo aseguro, que le pongas el bonete bien aprisa. Desde hoy has de ser mi espejo, Que va, que si en él te miras, que te hace de media luna? Déjale, que a la divina Venus he de rogar; que le enamore muy aprisa. Rústico, sola una cosa quiero suplicarte. . Dila. Ya sabes que está la Arcadía hoy tan llena de alegrías, por las bodas de Serena, y Salicio; y que festivas al templo de Venus, donde se celebran, tan lucidas han de irtodas las Zagalas, que al Mayo darán envidia; a cuya causa en la selva, ya en dulces tropas las miras, tejiendo de amor calenas, que arrastran, y no lastiman; y que todos los Pastores, con la permisión del día, van en cortejos bizarros, si ruiéndolas con seguirlas. No hay ninguno que no lleve, o ya de flores, o cintas, para ofrecer en el templo de Venus, alguna cifra, que con claridad oculta calle lo mismo que explica. Yo en fin, como soy criada de Clarinda, y ella esquiva no admitió hasta agora a nadie, tampoco a nadie admitia, desuerte, que de galanes hoy estoy tan desvalida, que no tengo más de cinco. Pocos son, que eres bonita. Hay tal desvergüenza, Y así, Rústico, quisiera que me siguieras tú en esa enamorada cuadrilla, y para ofrecer a Venus me dieras un lazo. . Quita, loca, presumida, necia, que has visto en mí, que atrevida el pájaro de mi honor quieres que caiga en la liga? Vete muy enoramala, y agradece, que a Clarinda he visto: por esto, y porque no me escuchen las vecinas, te dejo para grosera. . Oye ingrato. . No le sigas, pues tú verás como Venus de su desdén se desquita. . A esto se expone mujer que su amora un necio explica. Ya estamos solos, cuidados, hay soledades amigas! pues sabéis oír mis penas, porque no sabéis sentirlas? Hermosa Madre de Amor, primero rayo del día, suspéndanse tus enojos, y a mis ojos se permita este Pastor de su imagen, corrase ya la cortina, no haga la adoración la feya, si no es la vista: pues consigues que a un desaire se exponga la altivez mía; más últraje no pretendas, pues mi vanidad humillas: Nisida? . Clarinda hermosa? Por qué de mí te retiras? Porque el alivio de un triste, es no hacerle compañía. Compañía tan discreta, la mayor tristeza alivia. Qué es la tuya la mayor creo, de ver estendida tanto de tu extraña pena en la Arcadia la noticia; pues sabiendo tus amantes, que agradeceras tú misma, por conocer al Pastor, que dentro en tu idea habita, el desaire que te hicieren, andan todos aporfía, fabricándote desprecios, por ver si alguno la dicha merece de ser la imagen, que adora tu fantasía. Solo un Pastor forastero, que fue el que te dio la vida en el fuego; y de un retrato tuyo de Eguido venía ya enomorado en tu busca, es de opinión muy distinta. Cómo? . Cómo dice, que no te ha de hacer en su viva el desaire . No es Danteo, a quien me alabaste un día de entendido? . El mismo. Pues, aunque más me le acreditas, bien puede ser su opinión discreta, pero no fina. El puede alegar. No es tiempo de que quede decidida la questión, si no de hablar con mis locas fantasías, pidiendo, ay de mí! que no a todas horas me aflijan. Ven acá, imaginación, pintora de sombras vivas; quien te paga la lisonja; que con tantas gracias pintas? Quién te ha dicho que este jové a quien adoro rendida, me quiere a mí, y que los gajes de perfecto amante tira? Quégime, como que alienta; que llora, como que mira; que ama, como que sirve; que calla, como que olvida, y que ha de ser su desaire fineza, y no grosería? Pues que mucho que le adores, si de ese modo le pintas: si quieres para aliviarte aborrecerle, imegina que ama como que merece; que habla, como que confía; que ruega, como que manda, y sirve, como que obliga. Y sobre todo, si quieres aborrecerle, fábrica que no es celoso con causas, y verás como le olvidas. De nada sirve ultrajarle, si no es, ay de mí! qué sirva de que mi incauta memoria se lástime en lo que pisa. i. Oye, que los instrumentos para las fiestas avilan. Y Pastoras, y Zagales, al Templo de Venus guían. Qué has de ofrecer a la Diosa? Una guirnalda tejida derosas; y pues su sangre tiño su color, podría ser que viendo supasión, la compadezca la mía. Pues en tanto que las cortas de aquesta en ancia florida, procuraré con mi voz divertir tus fantasías. De este rofal, que a sus flores mas vivo nácar matiza, quiero tejer la corona. Habiendo visto a Clarinda bájar al valle, escondido vengo siguiendo su vista. En fe de ver esta selva mas alegre, que otros días, creo que Clarinda es nueva Aurora de sus risas. Cielos! cortando está rosas, cortés confianza albricias, que nunca miente lafe de una Deidad tan divina. Quién ha visto, que el Aurora quite a las flores la vida? Bien parecéis hermosuras, rosas cercadas de espinas, pues cuesta para lograros, en cadarosa una herida. Quien sabrá de la rosa decir la enigma, que empieza en esperanza, y acaba en ira? Qué hermosa que se descuella aquella rosa, que altiva, hace ventajas a todas, cómo imposible se mira! Pues para que no blasone de sola, y esenta a vista de estotras, cuya hermosura se haja, porque se humilla, la he de cortar, y no a Venus la he de ofrecer, sino esquiva hacer, que tenga grosero sepulcro en la arenafría. No ha de lograr altiveces, con las de su especie misma; sepa que las vanidades se escarmientan con las ruinas. Con que intento habrá arrojado aquella flor? . No adivina mi discurso los pretejtos de arrojar la flor Clarinda. Pero por hacer aprecio de lo que ella desestima. Porque vea que mis ansias siempre se precian de finas. Qué estimar a quien la ofende, especie es de grosería. Pues adorar sus desprecios, lejos está de ignominia. Lo que su hermosura ultraja saldrá a venerar mi dicha. Ay demí! qué es esto? Suelta, Cardenio. . Danteo, quita. Quién sabrá de larosa decir la enigma, que empreza en esperanza, y acaba en ira? Cardenio, Danteo; pues cuando mi amor me fuerza a que os pida; como lilonja, un desaire, finezas mar entendidas obráis por mí, en ocasión que amo el desprecio? Clarinda, si en cierto modo te ofende, quien lo que arrojas estima, cuando arrojastes la rosa, sin duda que te ofendía. Yo, pues, salí a venerarla, por ver que juntó la dicha mi fineza en tu desaire. Pues desaire es, si se mira, estimar lo que te ofende: y tanto en mí se acredita esta verdad, que las hojas que de la esperanza cifea son por verdes, el acalo hoy me dio, para que digas, que aún en tener la esperanza no falte a esta grosería. Tan en todo la razón, en mi contraria milita, que me pesa que el acaso fuese, y no yo quien elija en estas hojas de nácar el color que simboliza las iras, y las crueldades; que como la intención mía, es no hacerte ese desaire, con que Venus te castiga, viviré siempre contento con tus rigores, Clarinda: mas tan lejos de ofenderte, que está mi fe agradecida a quien tus iras me deja, y tu esperanza me quita. Esta fineza en mis ojos siempre vivira malquista; porque supongo que sois vos el que en mi fantasía estáis con otras especies de las que ahora en vos se miran; pues si no hacéis el desaire, cómo os lograra mi vista? Aunque supiera de cierto, que vos conocerme habías por vuestro amante, y lograr mi dolor, tan alta dicha, siendo el medio ultraje vuestro, no la lograré en mi vida. No la ultraja la intención, que solo a aliviarla mira. Ay caso en que a la hermosura, el que la ultraja la alivia? En este en que estamos. Señora, obligación es precisa procurar vos vuestro alivio; y esa obligación no quita, que os mate una herida, aún cuando deseabáis vos la herida. Pues porque veáis, que todas son vanas losisterias vuestras razones, contra esa májima, al parecer hija de noble afecto cortés, de grosera he de arguirla. De grosera? . Si Danteo. Pues qué razón habrá? Oidla. Que eres Dios Himeneo, muestras este día, si a Salicio, y Sirena das mejor vida. 1. Viva Sirena. 2. Salicio viva. Sin que turben sus glorias celos, ni envidias. Pero los Coros Nunciales, que al Templo de Venus guían, pasan por aquí, y es fuerza que a ellos convidada asista: hasta otra ocasión pendiente quedará la questión. Mira. que hacia aquí llegan las tropas. En ellas sigo a Clarinda. Ansias, yo os haré imfelices atrueque de que seáis finas. 1. Viva Sirena. 2. Salicio viva. Sin que turben sus glorias celos, ni envidias. Los Triunfos de fortuna una, y mil veces repitan las voces, si puede haberlas para explicar tanta dicha. Una, y otra vez al viento rompa la acorde armonía, si para ventura tanta trompa es bastante una lira. 1. Viva Sirena. 2 Salicio viva, Sin que turben sus glorias celos, ni envidias. Vivin felices, vivid, sin que al torno de los días rompa el yugo de Himeneo, del tiempo la sorda lima; y porque en el que ahora fasta, para lograr vuestra dicha impacientes los deseos, horas por siglos no midan. Al templo guiad, adonde ya las fiestas prevenidas están, de chopos, y sauces, pendientes motes, y cifras, al ingenio de Danteo las más discretas debidas, que no hay fiesta donde no hay ingeniosas Poesías. A cuyo placer di creto, se interpolará la altiva lucha, con que a los Zagales Cardenio los desafía. Feliz día os prometed todos hoy, que se examinan del valor, y del ingenio las amigables porfías. Caminad, pues, y las voces otra vez al viento digan, que eres Dios Himeneo muestra este día, si a Salicio, y Sirena das mejor vida. 1. Viva Sirena. 2. Salicio viva. Sin que turben sus glorias celos, ni envidias. Rabiando estoy ya por verme con Venus, para pedirla, que a Rústico se enamore. . Sin ser de ninguno vista me he quedado; porque estoy de la condición esquiva de Rústico más picada, que tahurque en una pinta pierde el dinero, después de barajar medio día: como al descuido, a su Templo he de ir por esta escondida senda, que es un buen atajo para llegar más aprisa. Ya estoy en el Templo, o lo que el deseo camina! en todo él no veo a nadie: mas que está con la almohadilla Rústico haciendo labor en alguna celosía. Mas él viene, y no me ha visto; junto al Altar escondida de Diana he de ponerme; y como yo la voz finia del Oráculo, he de hacer, que me pague mis caricias. Él viene, mas lo que alcanza, si un buen deseo se aplica! Con llaves, vela, y alcuza, a encender de Diana voy la lampara, porque hoy debió de entrar la lechuza: si el demonio la mato? pero es hablar de la mar, que el diablo suele atizar, cuando me descuido yo. Rústico. . Ya no lo dudo el demonio es según crece. Oyes Sacristan? . Parece, que no es el demonio mudo. Pastor, como eres ingrato a Nisida, y a su amor? Ya me habla, como Pastor, mas que me menea el hato? quién eres. . Diana soy. Y qué quieres? . Qué advertida mudes de estado, y de vida, quiere a Nisida desde hoy. Qué es esto tentarme infiero. Quiérela, pues que te adora. Yo la querré, pero ahora estoy como que no quiero. Que no hay más bello Pastor, dice ella, Que en eso das? pues no me lavo con más que mi agua de resplandor. El alma rigores bravos la roban tus ademanes. A. Diana, los Sacristanes hurtan en todos los cabos. Nisida ardiendo en su yerre esta, que muerepor ti. Pues no se muerapor mí, que ya sabe donde entierro; ya la enamora en razón Sativo. . Es un león fiero. Pues ella le hará cordero para quitarle el vellón. Yo naté con fineza ardiente que a ti sus amores tuerza. No quiero amores por fuerza, que me salen a la frente. No la calidad te aflija de Nisida, si te adora, porque aunque es pobre Pastora, de mi Sacerdote es hija. Pues puede, sin que señote, tener hija pastoril un Sacerdote Gentil? . Sí. Qué géntil Sacerdote! Ya tu ingratitud me enfada. Yo soy tan libre Pastor, que no pago feudo a Amor. Pues no has de tributar nada? Ya te ofrezco un vaso lleno de incienso, como es costumbre. Pues para echado en la lumbre es el régalo muy bueno; unas gallinas tomara mejor, si en darme imaginas. Si yo tuviera gallinas, otro gallo me cantara: quieres pollos? Sí. . Pues dos por amor de Dios tendrás, Yo pienso que mientes más que das por amor de Dios. Pierdo de gozo el sentido, pues a Venus llegué a oír, que a todas le ha de rendir Rústico. . Quién ha venido? Con quién hablas? . Con Diana Satiro es. . Ya yo la escucho. Pues di, que se vaya mucho de norámala. . Inhumano, yo me iré más satisfecho. . Ay? Qué tienes? ya ha pegado. No sé que flecha me ha dado en el corazón derecho: muy bella Ninida es, pero Clarinda es muy buena; hay que hermosa que es Sirena? Gánela en tres, y unatres. No se ha ido? Sus cautelas aquí, Diana, se están. Será el primer Sacristan que no se va con las velas. Ya me voy más consolado, que tu Sacristan Diana por mi Diosa soberana queda bien enamorado. . Se fue el Satiros . Se fue, y yo que agradarte espero, digo, que a Nisida quiero. Pues yo aquí te la traeré por mi virtud. . Con salud te goces. . Porque los dos os améis. . Cierto que Dios te hadado mucha virtud. Válgame Júpiter! quién, quien aquí me trais Cielo santo, Nisida es; oigan que tanto es de Diana el desdén: Nisida . El aire me trujo, y he de saber tu intención. Qué haces? . Inquisición contra ti, porque eres brujo. Diana, y su castidad te encantó . Son tus locuras. Que siempre en las hermosuras, es hija la honestidad, aque pagues mi amor fiel, que ya se muere por ti. De extraño susto salí, y ahora he de vengarme de él. Cuando ya me ves rendido, mi bien, escurres la bola? Sí, Rústico, que estoy sola, y eres tu muy atrevido. Véngose de mi rigor, pero siguiéndola iré, que esto en efeto es lo que arrastra un primer amor. . , , . no me defiendes? . No, Celia, Mientras que Salicio, a quien goces edades eternas, repartiendo está los premios, árbitro Juez de las fiestas, al ingenio, y al valor de la lucha, y la Academia, en el templo divertida puedes esperar. . 1. Y en estas. Poesías, que adornando estas paredes, y puertas del templo, todas podemos divertirnos con leerlas. 2. No todas, que yo en mi vida guste de versos. Tú, Celia, siempre te has preciado más de hermosa, que de discreta. 2. Ni de discreta, ni hermosa puedo preciarme, mas piensa que no porque al a no me incline, he de ser necia. Despreciar ciencia tan alta, no es ignorancia? 2. Si rena, ciencia que muchos alcanzan con poco estudio, suciencia no es tan alta como dices. 2. Mayor ignorancia es esa, imaginar que la alcanzan todos los que la profesan; y no porque no te incliné, o tu ignorancia, o tu tema. a la Poesía, hables, Celia, indignamente de ella. 2. La verdad es que no sé hacer versos, y quisiera, como hacen mil, la ignorancia. disculpar con la modestia; mas tú, Clarinda, que debes. de ser de mi opinión misma, pues desprecias a Danteo, que no desprecia el ingenio quien el sujeto desprecia, antes bien si de elegir mi ciego albedrío hubiera, que ya cautivo le tienen las prisiones de mi idea, adorando de una sombra la nunca vista presencia; entre el valor, y el ingenio, Celia, ten por cosa cierta, Qué? Que antes que al valiente, al entendido eligiera. 2. Es posible que tal digas? Esposible que tal sientas? Luego vi que la opinión había de hacer extrañeza; pero porque hierra el juicio el que sinoir condena, oídme, para que luego no digáis que en la propuesta duda hice la elección sin dar razón para hacerla 2. Ya la esperamos. Si iguales. . Vitor Cardenio. . En destreza, y valor se llevó el premio. 1. Y ya hacia el Templo se acerca, porque en el Altar de Venus se ponen todas las prendas, adonde el Pastor premiado siempre por la suya llega, porque el Oráculo diga lo que ha de disponer de ella. Feliz ventura! Que siempre haya de quedarpor fuerza pendiente mi razón? Tiempo habrá de darla, ahora atentas a Cardenio, que al Altar ya por el premio se llega: oigamos lo que responde el Oráculo. . A tu estrella llego, hermosísima Venus, con humilde reverencia por el pellico, con que los lueces mi valor premian, y para que quién me alumbre la luz de los rayos sea; dime, porque mi atención está atantas luces ciega, cómo lograré este premio? Dásele a la más discreta. Cielos, feliz ocasión para desairar con ella a Clarinda; pues si el premio a otra se le doy, es fuerza que sea hacer a Clarinda, y a su discreción ofensa, pues la niego a vista suya la prenda del alma; o quiera amor que de este desaire saque el logro mi fineza! pues es mi intento a Clarinda aliviarla, y no ofenderla. Hermosísimas Zagalas, ya habéis oído que ordena Venus, que el pellico en triunfo se le de a la más discreta, y será la que en mi juicio goce de la preeminencia de más entendida. . Quién? Vuestra gran discreción, Celia. 1. Qué mal gusto! Etrado intento! Noble Cardenio, aunque sepa tu intento, ser la elegida es fuerza que te agradezca entre todas las Zagalas. Y yo, ay Dios! sentir es fuerza, que ya hecho el desaire, solo como desaire le sienta, y no como alivio, puesto que no eres tú el que en mi idea está. Luego en vano han sido, ay de mí! las experiencias de mi intención? . Sí. Oh mal haya pasión tan loca, y tan necia, que pudiendo morir fina, quiso morir de grosera! pero pues tan a mi costa el suceso me escarmienta, y de poder ser tu amante, esperanza no me queda, desde hoy más mi te imposible dará cortés, dará atenta a entender, que mi desaire no fue en la sustancia ofensa. Solicito, solo, y firme, que es la última experiencia es el toque, es el crisol de la Feverdadera, ser tan cierto el desengaño, y no cejar la firmeza; y porque, ay de mí! estoy ya desairado en tu presencia, de ti me aparto a buscar, ya en el monte, o ya en la selva fieras que sean trofeo de tu cabaña a las puertas, estatuas de tus umbrales, por timbre de tu belleza. . Tras élire, porque va desesperado, y sospecha mi temor que ha de ahorcarse. . Victor Danteo. 2. Ya estás voces dan a entender que Danteo el premiado sea en el ingenio. 1. Un cayado, allí por premio le espera, que de evano, y marsi hace agradable taracea: ya a ofrecer el premio vienen No tanto el premio me alegra por ti cuanto porque en triunfo a Clarinda se le ofrezca. Hermosísima Clarinda, en cuya dusce cadena presa está un alma, que añade eslabones con finezas. Ya he sabido que al arbitrio de la gran Deidad suprema de Venus se dan los premios, y solo lo que me posa, es, que no cueste la vida. a quien estas leyes quiebra: Pues aunque ordene de Venua enemiga la influencia, que a otra en presencia tuya. le dé, no he de obedecerla. Y solo por ceremonia, en todos precisa deuda, a quien he de dar el premio, preguntaré a Venus bella. Dásele a la más hermosa. Inútil es tu respuesta, pues ya era de Clarinda. antes que tú lo dijeras; mas pues mi resolución sabe Clarinda, hoy intenta con Venus mi amor hacer lo preciso conveniencia. Y porque el parecer mío, también el de Venus sea, pues así la envidia en todas la dará mayor grandeza; a quien he de dar el premio, te pregunto, Venus bella? No se ledes a Clarinda. Cielos, qué enigmas son estas? mas que necia no discurro, que Venus piadosa intenta, que haga el desaire Danteo? y ojalá, ay de mí! que él fuera mi amante, porque la parte del ingenio prevalezca. en mí siempre. . Que de dudas por todas partes me cercan! 1. Afe que Venus está de gorja. 2. Estas son sus fiestas. No puede ser que piadosa. Venus con esto pretenda, que yo el desaire la haga, y que yo el dichoso sea? Pues que dudo, si consiste en esta leve experiencia un desengaño, que puede dar la vida a un alma muerta? Qué importa que yo confiese que otra Pastora es más bella dándola el premio, si luego lo ha de desmentir mi pena? Yo me resuelvo; mas donde, loca ceguedad, me llevas? que se hizo aquel fi no intento de morir, y no ofenderlas yo delante de sus ojos decir qué hay otra belleza? yo alabar otra hermosura de Clarinda en la presencia? necio corazón, que hacias? qué intentas, traidor, qué intentas? lágrimas el corazón embozar el interés con marcara de fineza? pues no ha de valerte, ingrato. Ya estás Zágalas esperan a quien has de dar el premio. Fácií está la respuesa; a la mías hermosa. Y quién ha de ser? Detente, espera, y antes que sino, o grosero me des, o no des la prenda, óyeme la razón que dejé pendiente en la selva. Si es persuadirme a que te haga el desaire, mal esperas. Podrá ser que mis razones ese dictamen convenzan: he presumido que quieres, razón, o capricho sea, darme el premio por lisonja, y aunque es bien que yo agradezca la fineza de aplaudirme por la más hermosa, es fuerza que le culpepor la parte de dificultar con ella, que se descifre esta sombra, que en mi fantasía reina. Cuantos Pastores amantes adoraban mi belleza, de mi desaire al ejanmen veo que ninguno sea el Pastor a quien adoro, solo vuestro examentesta: y pues tiene vuestra dicha tan poco de contingencia, y la crueldad del desaire ya mi dolor os dispensa, os pido, ay de mí! pues ya ha dado vuestra fineza bastante satisfución de ser, ay de mí! que en tiernas con mudas voces os ruega, que yo, porque vos. Clarinda, tu lloras? espera, espera, que temo que este diluvio toda mi constancia anega. Qué quieres: ibua pedirte el desaire, y dando muestras de mujer, he confesado cuanto un desprecio nos pesa, Pues si solo imaginarle de ese modo te atormenta; si ahora se atreviera a hacerle mi grosería, que hicieras? No, Clarinda, y a tu llanto ha hecho en mí la experiencia mayor, y pues no me obligas llorando a que te obedezca, que no está de amor, que siempre la mujer que llore venza. Ya será inutispedirme tu desaire, mas te ruega mi amor, que otra vez no llores cuando me pidas tu ofensa, que es muy valiente tu llanto para vencido. 1. Qué esperas, di? pues de quien ha de ser por más hermosa elaprenda? 2. Quien más hermosa en tu juicio ha de ser? . Clarinda bella, que con su hermosura nadie puede alentar competencias, 2. Muerta de envidia he quedado. Arrojos, que son finezas, bien es verdad que lástima, pero con mucha tibieza. 2. Pues, y el decreto de Venus, que mandó que no le dieras. a Clarinda? No la ofende quien hace lo que aconseja; pues si el Oráculo dijo, que a la más hermosa diera el premio, y le di a Clarinda, lejos estoy de ofenderla. Y si rigurosa luego mandó otra cosa ella misma; si ya el precepto me puso, no luz para la obediencia. Fuera de que que me importa. que sus rigores merezca, sus iras, y sus crueldades, ceños, ansias, muertes, penas, que contra mí de sus rayos arme las iras violentas, y que para mi castigo aún tenga pocos la esfera, que el Erimanto me anegue entre sus ondas soberbias, o que para sepultarme, bostece horrores la tierra: Si rayos, iras, castigos, muertes, ondas, y violencias no me han de quitar la gloria de no haber hecho una ofensa a Clarinda? y como nunca desaires por mi padezca, cumpla con ser fino amante, y lo que viniere venga. Pues qué esperanza, ay de mí! de alivio a mi dolor queda? No hay cosa para absolver culpas de amante que hierra, como la asistencia; pero que es estol lágrimas tiernas en los ojos de Clarinda, y Danteo en supresencia? quien dudará que él las causa, pues las ve, y no las enmienda? Qué es esto, hermosa Clarinda? tu lloras? qué es esto, Celia? 2. De esta manera me vengo de Danteo, y la fineza pago de Cardeniores, que locamente indiscreta, de Danteo la opinión, o ya de fina, o de necia, ha causado que Clarinda. lágrimas de dolor vierta, y es indigno que tú sufras que la otendanadle. . Cesa, que es más indigno, que tú lo que me toca me adviertas. Yo, Danteo, dispensar bien puedo en tu competencia, que al fin era ofensa mía, pero no pude en la ofensa de Clarinda, que por suya, y no por mía me fuerza a decirte, y apedirte por ruegos, o por violencias, que si otra vez en tu vida osas mirar su belleza: que es mirarlas imaginarla. aún dentro allá de tu idea, sabrá mi valor. . Cardenio, satisfacción pareciera decirte yo que su llanto no le ocasiono mi ofensa, pues llora de no ofendida. Esto no digo, mas piensa, que si tu por ti llevaste bien que yo te compitiera, yo por mí lo llevo mal, y desde hoy quiero que adviertas, que ya seré tu enemigo, si en amarla perseveras. Pues como (en iras me abraso) podrás tener resistencia con mi valor? . Tu arrogancia siempre de altiva se precia, sin ver que el valor no puede ser menos en mi nobleza. Pues porque los brazos son las armas de nuestras guerras, llega a mis brazos. . Los míos desengañen tu soberbia. . 2. Agora verá Clarinda cual es más amable prenda, el ingenio; o el valor. 1. Turbada estoy. . Estoy muerta. No pensé que tu valor tan grande, Danteo, fuera. No adviertes que noble sangre está animando mis venas? A de la Arcadia. No des voces. 1. Acudid apriesa. Qué mi valor no te rinda? Harto hará en que te defienda. Qué es esto? esperad. Cardenio, detente. . Danteo, espera. Mal haré en no venerar canas que todos respetan. Qué es esto? entre dos amigos . Aunque hay bien que responder tan irritadas pendencias? Pues cuando no hay esto entre amigos que galantean a una misma? . Docto Olimpio, Celia, Salicio, Sirena, hoy veréis satisfacer dos dudas una respuesta. Ya que el acaso en la lucha, que de amantes competencias se ha originado, disuelve por mí la questión propuesta entre el valor, y el ingenio, de cual más perfección sea en un hombre, pues Danteo, y Cardenio en la soberbia lucha anduvieron igueles, que como en igual esfera tienen la nobleza, y es efecto de la nobleza el valor, en el valor no se exceden; de manera, que en dos igualmente nobles error padece quien piensa, que uno es más valiente que otro, y esto no corre en laciencia, ni en el ingenio, porque siendo la sangre una misma, puede el alma ser distinta, su dígalo la experiencia. Luego si un hombre entendido hace lo que no supiera hacer el valiente noble, en cuanto a estudios, y ciencias el entendido al valiente esta ventáis le lleva, de ser en valor igual, y adelantarse en las letras; pues bien de estas dos premisas infiero la consecuencia, que es en un hombre el ingenio la más excelente prenda. a elección tan rara, y nueva, por ahora el omitirla, si no razón, será fuerza, y atendiendo a que este enojo a incendio mayor no crezca, acompañando a los novios idtodos hasta la Aldea, y vos con todos, Danteo, que yo por estotra senda con Cardenio iré, venid conmigo en verdad que fuera bueno, que por unos celos tales hombres se perdieran. Advertid, Olimpio. . Andad, señor, que queréis que adviertas. Y para que se baraje la duda de la contienda con la música, mi dicha vuelva aproseguir la letra. Viva Salicio, viva Sirena, sin que turben sus glorias. celos, ni ausencias. No seguis la tropa? . No,, hasta que vais vos en ella. Muy fino sois, . Corre igual mi amor con vuestra belleza. No es grande. No hay más que suba. Vuestra pasión. . Es inmensa. Creyeralo, a no faltaros. la parte de la obediencia. Ese es mi mayor quisate. No obedecer? . Sí, pues fuera la obediencia grosería, y considerad atenta, que puede haber caso en que no yerre quien no obedezca. Fineza es no obedecerme, y el obedecerme fuera desaire para mí; cielos, habrá, ay de mí! quien sepa decir, si debo a estaacción: sentirla, o agradecerla? JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Rústico, sin gana escucho. Qué importa que un rato esperes? No sabré lo que me quieres? Digo que te quiero mucho. Si otro tanto me dijera. Satiro, se lo estimara. Calla, que tiene una caras, mas que tu condición fiera, ñatiro es galán Pastor, Nisida me nombró fiel. Ella se muere por él, como otros por el Dotor: que tu voluntad confirme a quien es en puridad un tronco? . Así es la verdad, mas por eso será firme. Cómo? a los dos llegué a oír que mi talle es malformado? Es que nos hemos juntado a cortarte de vestir. No ha de mentarme su aliento. Y más diciendo que es tosco, y mal formado. . Pues en decir eso le miento? Ni sida, mi amor alienta. y me da un abrazo. . Palo: ven aquí por lo que es malo el ver un hombre su afrenta; Mas de que sirve afligirme, si traigo con que afrentarla hoy que me tocapintarla en la fiesta? que ni oírme, Nisida, te he de deber? presta atención a mi halago. Qué preste, dices? ya hago orejas de mercader. Váyase para menguado. Este hombre es un inocente, que no me tema valiente, ya que me ve enamorado? Déjale, que lo cruel en la fiesta pagará; Tráis el retrato? . Y está así como para él. Hablas del retrato? abelle. Aquí le traigo guardado; y le viene tan pintado, que una arruga no ha de hacerle. Yo le he de ver. . qué es hablar: ni imaginar, ni entender; Uitédmo lo deje ver, pues que yo lo he de pagar. Villanos, que a mis sentidos. robáis el dulce veleño de las lisonjas de un sueño; en que estaban divertidos a la margen halagueña de ese humilde arroyo frío, que huye temiendo el Estío en la sed de ave pequeña. Soñova que a mi afición Clarinda correspondía, y soñaba que tenía alegre mi corazón: De este sueño venturoso desperté a este padecer, ay de quien ha menester soñar para ser dichoso! villanos; idos de aquí. Fuego en su aspereza: yes este el entendido? . Pues que entendido no es así? Vámonos, pues, acercando. a la Academia. . Y allá el Rústico lo verá. Por cierto que voy temblando, que esta mujer me ha de dar de la mía otra figura; que en obras de lapintura es muy fácil de inventar. . Que avarienta siempre ha sido la dicha de un infeliz, pues para hacerme feliz, aguardó a verme dormido, Dichas soñaba? hay extraño. rigor de mi suerte dura! que no sabes ser ventura mas de cuando eres engaño. Al sueño intento volver; por si vuelve aproseguir que cerca está del morir el dejar de padecer. Mas aunque es fingida gloria, no volverá por ser mía; quiero que la fantasía se ayude de la memoria. Viendo el retrato halagueño me he de dormir? mas que errado) por la senda del cuidado quiero introducir el sueño? Pero de su perfección los ojos he de apartar, o quien pudiera cegar los de su imaginación! Amor ciego; siemprenecio, pues que huye tu rudeza las luces de la fineza por lo oscuro de un desprecio, no hay árbol que no esté escrito con las ansias de Danteo, y aunque corteses las leo, crueles las acredito; aquí dice: nunca en mí será el desaire fineza. Nunca estima la belleza el desprecio, dice aquí; en este: yo callaré mi delor hasta morir. Si entonces le he de decir, presto le publicaré en aquel; pero que veo? ya es especie de tristeza ir buscando su fineza, y hallar dormido a Danteo. Dormido está, y mi retrato tiene en la mano, que espero? y negará lo grosero? volverle a mirar dilato. Por si es el lance cruel, el Pastor que ver deseo, en él, ay de mí! no veo la imagen que espero en él. Las mismas señas el aire, que siempre tuvo me ofrece, y solo, hay Dios! le parece. en la crueldad del desaire. Dormir Danteo delante de quien adora! que necio! también se siente un desprecio de un aborrecido amante. En brazos de la pereza mi retrato, y del olvido? solo ahora el ocio ha sido en contra de la belleza. Si un retrato hace un amor, porque desvelos le hace, mucho sueño hay en quien hace veleño el despertador. Despertarle solicito, por ver si dora su culpa, ya deseo la disculpa, yo perdonaré el delito. La copia le he de arrojar por los riscos, no es desprecio, que ausentándola de un necio, no hallará peor lugar. Por no verla en un grosero, perder la copia conviene; mas si un indigno la tiene, que más perdida la quiero? Vanidad, el viento lleve el retrato, que más bien estará perdido. . Quién, quien a quitarme se atreve la vida? ay de mí! qué has hecho? Arrojar la copia. . Ay Dios yo la buscaré en los dos, en ti misma, y en mi pecho. Si por alguna razón con tu retrato te airaste, porque también no arrojaste, Zágala, mi corazón? Mas crecida vanagloria fuera, y más piadoso trato, si de paso del retrato me llevaras la memoria. No porque olvidarte espero, perder la copia rehuso, que está la vista sin uso, donde hay lo que confivero. Quién duerme grofiero, y tibio en presencia de su dueño, de que le queja, si el sueño le negociará el alivio? Quién duerme por descansar, nombre de ingrato merece, no quien al sueño se ofrece solo por considerar. De una sonada ventura un acaso me aparto, luego a su dicha volvió mi amor, y si tu hermosura tuve en la mano, no fue olvido, si no intentar mi amor volver a soñar lo que primero soñé. Y vuelvo a decir quejoso de tu errado padecer, que hay de quien ha menester soñar para ser dichoso! Luego, alma respirad mas que desaire, fineza esto ha sido? . Tu belleza duda de mi voluntad: Luego esperanza me queda de que seáis el Pastor que adora en sombras mi amor: Amor el bien me conceda. Pues si un desaire ha de ser medio para conocelle, y tu rehusas hacerle, cómo ha de ser? . Ha de ser sin hacerte nunca agravio, como amante el más perfecto he de adorarte secreto, solo, solicito, y sabio. Solo, porque nadie vea mi triste, o feliz estado, que repartido el cuidado, hace menor la tarea. En lo secreto no habrá duda, la experiencia tienes, pues solo gozo desdenes, y eso callado se está, Solicito en desear ocasiones de servir, y sabio en saber morir contento con mi pesar. Pues si es tal la dicha mía, que morirpor ti me miro, el postrimero suspiro daré envuelto en alegría. Contento de que aunque en calma quede todo el merecer, entonces te he de querer con la pureza del alma, Y en mi sepulcro no dudo. que este epitafío pondré: El cuerpo yace, porque tener esperanza pudo. Y al alma en justa bonanza el cielo se le concede, porque ama donde no puede caber jamás esperanza. Calla, que al ver la porfía de que con celos la ultrajen, se está quejando la imagen que tengo en la fantasía. Corazón, sin duda aquí de este amor te satisfaces; pues que llora lo que haces, quien está dentro de ti. Mas quizás no es el llorar porque los celos le irritan, sino porque le compitan cuando no puede estorbar. Ay. Venus! cuando mis males, aunque el desaire me asombra, la imagen de aquesta sombra verán? . 1. Hoy será, Zagales, el más festivo día de los nuciales. Ya que en este acaso leo, que hoy a su amante ha de ver; dime, Amor, quien ha de ser: 2. Tuyo será el trofeo, ven, Himeneo, ven; ven, Himeneo. O quiera Dios que a mis males siga el acaso que veo! 2. Ven, Himeneo, ven; ven, Himeneo 1. Al más festivo día de los nuciales Callad, Zagales, que aumentan vuestras voces mis pesares. callad, si ya no queréis aborte el seno del aire de músicas, y de llantos disformes mostruosidades. Y tú, divino imposible, tú, que cruelmente sabes, contra invasiones de fuego armar muros de diamante. Aunque debiera celoso sentir, ay Dios! el hallarte. con Danteo, tanto puede en mí el ansia de vengarme del desprecio, que al valor ayer hizo tu dictamen, que hallarle me huelgo adonde él propio te desengañe, de que no siempre el ingenio es el mejor para amante, u dígalo este retrato, que arrojado ahora en la margen halle de este arroyo, adonde Dantro pudo olvidarle. Blasone luego de que nunca ha de hacerte un desaire el que prendas tan del alma las deja perder tan fácil: mira, mira para fino cuan poco el ingonio vale, que bien dice la opinión que dice, que nunca sabe amar mucho un entendido, pues para cualquiera lance están del entendimiento muy lejos las ceguedades, Y si quiere rearguirme, que en lo mismo fui culpable, cuando le volví el retrato, errara el juicio, pues sabe, que entonces fue mi pretejto Hacer fineza el desaire. Mas ya que tan a mi costa, pude, ay Dios! desengañarme, de que nadie amando puede hacer mérito el ultraje. Ya le estimaré tan dentro del corazón, porguardarle, que si está en mi corazón gravada su misma imagen, las pondré juntas, porque acompañadas se guarden. En cuanto a si fue descuido no me toca disculparme, viendo que de aqueste acaso Clarinda la verdad sabe; pero en cuanto a que te quedes con él, no será muy fácil, pues ya obligación, y empeño me están llamando a cobrarle. Mucho siento que sea fuerza, que ya a la palabra falte de Olimpio, que fue quien hizo ayer nuestras amistades. A los dos ya nos disculpa la novedad de otro lance: y aunque recelar pudiera, que teniendo de tu parte ese retrato, que armado de sus rayos celestiales, aún más que de tu valor, has de salir del combate victorioso, mas me anima ver, que en tu poder le guardes, pues el peso de su cielo me ayudará a contrastarte. Renir ventajoso, es valentía de cobardes, y paraque no atribuyas, que lo que mi valor hace, hace su respeto, quede en las ramas de estu lauce, porque partido su Sol alumbre a los dos iguales. Ay de mí! mas de esta suerte he de intentar atajarles; oío, esperad, teneos, que si del retrato nacen vuestras disensiones, sobre de quien ha de ser, de nadie será: enamorado Alfeo, da sepulcro en tus cristales a su imagen, que infeliz ha de ser por ser mi imagen. Qué haces? detente, espera. Detente, espera, que haces? Que el fuego de vuestras iras entre las ondas se apague. Mal podrá, cuando a mi enojo segunda causa le añades. Ni a mí, que el verle perdido, hace mayor mi coraje. Acudio volando todos. Llegad aprisa. Zagales. Qué es esto? esperad, pues como hechas ya las amistades, a la palabra faltáis: Han visto cómo se asen? en mi vida vi enemigos mas amigos de abrazarse. Pues quien duda que Clarinda de nuevo volvió a empeñarles, y es cosa indigna, que cuando la Arcadia en tranquilas paz es yace en la quietud festiva de los ju vilos nupciales, una adve nediza siembre rencillas tan pertinaces, que común desafosiego sea de todos, Arcades? Y más cuando sus desdenes. son la causa. Y las Deidades por ella irritadas. . Cielos, la vida, empeño notable! de Clarinda corre riesgo, si crece el enojo. . Antes que a motín erezca este incendio ay Dios! pretendo atajarle, no corra riesgo la vida de Clarinda, aunque un desaire haga yo mismo a mis celos; Qué es esto? pues como fácil, se deja llevar la ira de vuestro errado dictamen, y lo que es enojo nuestro, delito en Clarinda hace? Qué culpa Clarinda tiene de nuestras enemistades, si ella no es quien las fomenta, aunque sea quien las cause? Pero porque vuestra ira de nuedro enojole vale para ejecutar venganzas. Si de nuestras lides nacen vuestras inquietudes. Doy palabra. Doy fe inviolable. Con la mano, de que nunca romperé las amistades. Que raras finezas debo a los dos! Pues al Certamen, que al feliz último día de mis bodas destinasteis, nadie falta, y el teatro ha de ser aqueste valle, pues ya de los dos advierto conformes las voluntades, dará la música principio a aqueste festejo Canten. Quien dijera que las voces son buenas para las paces? Ay, amor, lo que me debes! Tristes memorias, dejadme, puesto que perdí la imagen. 2. Tuyo será el trofeo; ven, Himeneo, ven; ven, Himeneo. 2. Hoy será, Zagales, el día más feliz de los nuciales. Donde hallaré tu hermosura, infeliz bello prodigio, para que te tope el rayo prevenida del abismo? Clarinda infeliz, Clarinda. Qué voz? . Qué rumor? Qué ruido? . Se escucha? Se oye? . Se advierte? Docto Pastor. . Sabio Olimpio Tu descompuestos. Clarinda infeliz, que has cometido contra Diana, que tanto se desvela en tu peligro? Qué riesgo! Prosigue, Olimpio, Prosigo. si la compasión no me hace de mis alientos suspiros. Estando agora estudiando dentro en mi albergue pagizo, dondeyo, como sabéis, en perpetua noche habito, tan dado todo a las ciencias, que de Planetas, y signos los movimientos penetro, y los acasos descifro, tanto, que con las noticias vivo los futuros siglos. Vi que el cuerpo de la Luna con mustios lóbregos visos, bien fuera de lo que suele, estaba en sangre teñido. Acudí luego a tomar el consejo de los libros, y hallé que estaba Diana tan irritada contigo, porque en ofensa de Venus dejaste su bando esquivo, que ha decretado violenta en su trono cristalino, que Cardenio, y que Danteo tus dos felices cautivos, hoy amenacen tu vida, y como fieros ministros de tu muerte, en su rencor han de mudar su cariño. Danteo te ha de poner en la garganta el cuchillo, infeliz Clarinda, y ya le admiro en corales tinto. Y Cardenio ha de arrojarte en ese profundo río, que de la esquiva Aretusa sigue el cristal fugitivo, a cuya tragedia infausta sucederá un torbellino, que en tempestad sediciosa tale montes, y cortijos de esta parte de la Arcadia, que es la desdicha un peligro tan contagioso, que siempro infesta los más vecinos. Yo, pues, temiendo el estrago, otriste, o compadecido, quise ver si otro Planeta en tu favor más benigno estaba, y hallé que Venus con aspecto más propicio trabajaba en que frustrase Diana sus baticinios, y dejándolos verdades, hacer que no sean peligros. Desuerte, que dos Deidades en tu amparo, y tu castigo están empeñadas, huye, huye al punto de este sitio, favorecete en el templo de Venus y en su divino resguardo, quizá hallarás hoy contra Diana abrigo. Guárdate, infeliz Clarinda, de la Luna, que aunque tibios son sus rayos, alumbrar te pueden al precipicio, Y en tanto, Nobles Arcades, invoquemos el auxilio de Júpiter, por si absuelve nuestro llanto supeligro. Mas vale aplacar las Diosas con su muerte. . Que habéis dicho aleves? . Que has pronunciado, vulgo, monstruo vengativo: Estrella ingrata, hasta cuando, hasta cuando, Astro enemigo, has de amenazar venganzas? has de ejecutar castigos? Montes, en vuestras entrañas el amparo solicito, porque los hierros de un hado sepa corregir un risco. Sea mi amparo la fuga, aunque en todas partes sigo las fugas de mis desdichas, los huellas de mi destino. . Espera, detente, aguarda, hermosísimo prodigio. Porque ha de temer la Luna un Sol con rayos más vivos? Yo matarte? . Yo ofenderte? No lo permitan impíos los Astros, que por su agravio. mi amor sabrá desmentirlos. . Detente, espera, no huyas, porque echen de ver los Signos. que está su fatalidad pendiente de ajeno arbitrio. . Qué es esto, Nobles Arcades: de cuando acá tan remisos en venganza de los Dioses tenéis vestro acero limpios. Hemos de andar cadadía temiendo los baticinios por una mujer de Arcadía, escándalo advenedizo? seguidme todos, y muera. este fiero cocodrilo, que mata de su hermosura el veneno más nocivo. Muera. oi Esperad, deteneos, que queréis de este prodigio de hermosura, y de desdichas, si ya siguiéndola miro a Danteo, y a Cardenios y según lo que colijo, hoy han de hacer sus puñales. verdades los baticinios; hay desdichada hermosura! . Seguidme, no oigáis a Olimpio. Yo por si puedo atajaros, también vuestros pasos sigo. Rústico. . Nisida, que hay: Porcierto buena la hicimos con los retratos. . Ya no es tiempo de eso; aturdido. me han dejado los rigores de Diana, y así digo, que me vuelvo a mis desdenes, y para hacer de camino las comunes carabanas de amantes arrepentidos, tómate all á tu retrato, y que mires, te suplico, cuando hables de mí, lo mucho que por amarte he perdido. Nisida, si en algún tiempo me sale el remedio mío, que no pases por mi calle, mira, Zaide, que te aviso. Demos a Júpiter algo de nuestra vida, y al mismo pluguiera, que antes de verte, a imitación de Narciso, la estrella me hubiera ahogado, en una fuente de vino, que tiene espejos más puros, aunque no tan cristalinos. Y mis suspiros: Son aire. . Y si lloro? Yo mo río. . Yu me arras. Por eso te estimo, ya en lo que piso. Y si me tienta el amor? Santiguarme con pellizcos; déjame, a Satiro busca. Por bien he de reducirlo; este camino sigamos, que él nos llevará al cortijo. No, Nisida, no me llama amor por ese camino; vete sola. . Que en efeto nunca has de querer ser mío: Digo que ya nos veremos . en pasándose el peligro. Fugitivas plantas mías, de que aprovecharos puede penetrar lo enmarañado de estos laberintos verdes? Si es que mi fortuna siguiendo me viene, y no ha de haber parte dónde no me encuentre? Por este funesto; ay Dios! pasadizo de cipreses, que son de esta selva oscura melancólicos doseles, el amparo solicito de algún pastoral albergue, en tanto que al suelo bajan sombras a enlobreguecerle, si no contra mí el orden previerten, y da luz la noche para que yo ciegue. Oh imiten ya las Estrellas, bien como flores celestes, el desaseado aliño de un deshecho ramillete! no tanto por si la noche puede en su manto esconderme, cuanto por ver cual estrella mi riesgo a su cargo tiene, para preguntarla, si mi triste suerte con rayos influye, o con luces hiere? Más oy de mí! que en el cielo el día se hace rebelde, sin duda se han de la esfera entorpecido los ejes, y hacia aquellaparte, hay triste? la tropa enemiga viene, cuyos vengativos ecos troncos, y peñascos mueven. Buscadla, Pastores, pero el que la encuentre, grato la reciba, cortés la venere. Adelantándose a todos, Danteo el primero vienes ya el baticinio me obliga a que supresencia tiemble; el corazón en el pecho las medrosas alas tiende a pesar de aquella imagen, que tiene dentro por huésped; mas no es la inquietud, sino porque al verle tan fino a Danteo, celoso lé teme. Pero en este aliso tronco, que hueco forma un albergue, mal herido de algún rayo, tengo, ay de mi! de esconderme. Tronco, si galán has sido, aunque más rudo, y siluestre, por afligida, y mujer, sabrás que ampararme debes. Permite, Zagala, si vivo me quieres, que mis ojos te hallen, o mi voz te encuentre. Hermosa homicida, aguarda, fugitiva luz, detente, que te llevas una vida, sin que una muerte me dejes. Decidme, flores, por donde ha pasado la que os vence? Árboles, en quien he escrito mis pasiones tantas veces, pues de rudos troncos os hice elocuentes, a lo que os pregunto, responded corteses. Aún para que no me engañe, el aire quieto en mudece, sin que estos verdes alisos la menor hoja los peine. los gorjeos de las aves, los rumores de las fuentes, en el hielo, y en el nido, o se esconden, o se duermen. Ay del que triste su engaño apetece, y porque los busca, engaños le nieguen! Árboles no habláis? mal haya la mano; que inútilmente quiso dar letras a un tronco, si ha de ser grosero siempre. Pero pues fue mi puñal quién os dio letras; intente el mismo puñal borralas, con que su delito absuelve. El acero saca, cierta es ya mi muerte. Perezcan por mudas. Danteo, detente: de que te sirve quitar la vida a quien no la tiene? tu ingenio, ay Dios! de ese modo quiere vengar mis desdenes? tu eres el fino? . Ay Clarinda! de muerte el enfermo debe de estar cuando las triacas en veneno se le vuelven. Mas amor albricias, pues que ya el celeste baticinio en mí frustado se advierte. Peligroso a decir vuelvo, está el mísero doliente de amor, cuando las finezas en desaire se conuierten. Ni supe, que en ese tronco estabas, ni fue ofenderte la acción de herirle, si no porque grosero enmudece. Loco herirle quise, mas amando suelen hacer los despechos locuras prudentes. Mas ya que desengañado de que mi pasión no puede hacer finezas por ti, que locuras no se truequen, a la más fina locura hoy mi dolor se resuelve. Y cuál ha de ser? . No amarte. De qué suerte? . De esta suerte: Viendo tu vista desde hoy para siempre, pues para no amarte, medio es el no verte. Y porque más conocida, esta fineza se esmere, te juro, que en mi memoria te adoraré eternamente, Y así lo que solo aparto es el servirte, pues puede ser, que otra vez el servirte sea causa de ofenderte. Hoy de mi amor la Arcadia diga, que pues tiene desaires lo fino, fino aún ser no quiere. Sola esta vez, ay de mí! me has de escuchar. Pues sea breve, porque temo hacer desaire el respeto de atenderte. La nunca vista firmeza de tus finezas corteses, a pesar de aquesta imagen; que adoro en la idea siempre, ha criado en mí un nuevo accidente, que parece agrado, y es lo que parece. Fuerza es que algún día salga a luz esta sombra, este amor, que a fuer de caracter, en mudar eternamente pues si ha de ser alguno, fuera dicha el que tu fueses; pues entonces no tendrá, que vencer este vehemente agrado, que en mí tan aprisa crece, que teme tu ausencia, señal que la siente. Di, no es fuerza, que aunque yo sea el dichoso, he de hacerte un desaire, paraque tú llegues a conocerme? Pues qué importa, cuando yo te absueivo la culpa? . Vuelves a eso? a Dios, . Oye, espera, así te vas? . Qué me quieres? Que mires mi llanto, que en líquidas fuentes, arrojando sangre, el campo humedecen; extraño mal, ansia grave, cruel pena, dolor fuerte, llorando me dejas? . Sí, que es más culpa obedecerte: a Dios para siempre, a Dios. . Ingreto, cruel, aleve, como puede ser fineza, dejar llorando aquien quieres? mas ay Dios! que al paso que huye, parece que va de sus señas mudando la especle. La más oculta cabaña sin regristarse no quede. Muera Clarinda. A las voces, Danteo a buscarme vuelve, y ya de más cerca veo, que es el que he tenido siempre en la idea: amor, albricias, mas que hay de que me alegre, viendo que el hallarle tal dolor me cueste como que grosero llorando me deje? No me han sufrido mis ansias ver tu peligro. . Detente, que no sé como te diga, hay Danteo! qué tú eres quien siempre en la ideatuve: mas que digo? el viento lleve lágrimas, que no pudieron amándome detenerte, no se a cual acuda, de extremos tan fuertes; sentir su desaire, o alegrarme el verte. Ni yo, pues aunque esa dicha, todo lo arrastra, y lo vence; y más cuando mi desaire, fue mira de no ofenderte: tanto siento haberle hecho, que en castigo de que hierre mi intención, he de arrojarme entre esa enemigagente: y muera de fino el que más no puede. Vive tú, y yo muera, Pues cómo, ansia fuerte! tanto te debe el amor de Danteo, que te debe anteponer a tu vida los peligros de tu muerte? Que mucho, si he conocido, que es el que adoro? . Luego eres tú el dichoso? . Qué peligros! hacer que lo niegues pueden? Ninguno: y pues tú confiellas quererme, riesgos de enojarte tu misma me absuelves. Cardenio, no mi ventura, tu pasión celosa ciegue, cuando ves que está Clarinda en peligro tan vrgente, del trato que antes hicimos esbien que ahora te acuerdes; pues aunque quedes celoso, no es bien que quejoso quedes. Pues también Clarinda me quiso sin verme, y no yerra quien es fuerza que hierre. Quién obra sin albedrío no es culpado, aunque no acierte los méritos, y las culpas de la voluntad dependen. Y puesto que no hay delito en quererla, ni en quererme: dejanos vivir aparte, donde tus celos no encuentres. Ampara la fuga de dos delincuentes, así la amistad te ciña laureles. Y pues yo el dichoso he sido. Calla; ay de mí! sino quieres que la nube de mis celos rayos de enojo reviente. Al río. . Al valle. Mas Cielos! Qué nos dices? Qué resuelves? Clarinda corre peligro, si embarazo que se ausente; si a Danteo adora si a mí me aborrece, que pierdo en perder a quien no me pierde? Para que veas, Clarinda, que lo erré de fino siempre, haberte hecho los desaires hoy mi bizarría enmiende, espaldas a vuestra fuga he de hacer, para que eches de ver, que amarte no ha sido, mirando mis intereses; que premio el amor podía ofrecerme mayor, que a quien amo darle lo que quiere? Ya veis, como los Pastores el monte cogido tienen desuerte, que no es posible ausentaros, sin que lleguen a veros: mas por el río mas fácil remedio tiene. Un barco yace en la orilla, que desde aquí deja verse: entrad, y la fortuna, donde quiera que fueréis, os ampare propicia aunque a mí me atormente, Déjame, o noble Cardenio, que el suelo que pisas bese. Permite, que en llantos pague mi pecho lo que te debe, Sin duda la esconde el centro. Ya no es tiempo de perderle: entrad presto, que ya el ruido mas cerca el oído hiere. Si te llevo conmigo. Pues que conmigo vienes, Ya cerraron las iras de mi felice suerte. Bibre el arpón a su pecho, el primero que la encuentre. Que haya forjado yo mismo el puñal que me da muerte? ya rompen el fácil cabo, que está de un sance pendiente; y quiebran del crespo viuro rojas montañas de nieve. Y ya el vaticinio cumplido se advierte, pues yo eché en el río mis mayores bienes. Oh pluguiera al cielo barco perecieras junco débil, antes que de mi desdicha si lvesire complicefuese. Cardenio. Feliz Danteo, que me llamas; que me quieres? A Dios para siempre, aDios. A Dios, a Dios para siempre. Deteneo suspiros, el viento no os lieve, que ayudáis al viento para que se aumenten. Voces escucho, logrará mi acero Diana misericordia. la venganza feliz de ser primero. Hay hermosa Sitena! todo tu alivio a menester mi pena; en la espuma, fuera sorda ves ese barco que surcando veo enamoradas ondas en Alfeo? pues no es si no suplicio, donde yo ejecuté mi sacrificio: Clarinda se va huyendo con Danteo. Ya apesarde mi enojo alos dos veo Clarinda le adoraba; Danteo es el Pastor que ella buscana. Pues como no impeniste que se fueran Y pún yo les di el arbitrio de qué hu- por que ya declarados (yeran, que ganaban en verla mis cuidados? Pero qué es esto? un nublado, intempestivo se forma. No ves Sirena, no ves como se alteran las ondas, y al mísero leño tratan cómo irritada pelota? Las nubes hurtan el día. Volcanes el cielo arroja. Al abrigo de estos sauces se acerca la gente toda. Júpiter talad los campos, pero guardad las personas. Sin doda al suelo se vienen las azules claraboyas. Los pobres me han de comer, porque vengo hecho una sopa. Luego dirán que soy pobre, y que nada se me moja. Voces se oyen en el río. El viento un barquillo azota, y montantes cristalinos les desjarretan, y cortan. Clemencia Dioses, clemencia: Aunque yo tuviera imperio a vuestras voces: a Venus podéis pedir que os socorra. Pues es tan mía su causa, yo apaciguaré las ondas de Alfeo, que enamoradas estaran a mis voz prontas, Que voces son celestiares, las que en el viento se forman? De mi triforme Deidad, a la modestia imperiosa, no habrá maritimo numero, que sus favores oponga, que deslcaltad repetida, contra el voto de una Diosa, por escarmiento advertido, aún en favores zozobran, contra ella se conjuren las Ninfas, como las ondas, siendo las venganzas de unas escarmiento de las otras. Al bando de mi coraje, los senos del mar respondan, que los que Diana intima, oyen, y respitan todas. Cristales del Sacro Alfeo, pues Diana un bien os roba, de vengaros de Diana esta es la ocasión más propia. Obedientes a mis voces, calmad las hinchadas ondas, tened, pues sabéis amar, lástima de quien adora. Si obedecéis otras nubes, mirad que estará celosa aquella nube, que fuente sus necios desdenes llora. Encaminad a la orilla, esos amantes, que invocan por el delito de un Dios, el sagrado de una Diosa. . Ya el viento que fue castigo, se restituye lisonja. Extraño prodigio, el río el barco a la orilla arroja, que a carreras le pespunta, y a caracoles le borda. Llegad felices, llegad a coronar vuestras glorias. Llegad, aunque a vuestras dicha haga mi dolor la costa. Nobles Pastores de Arcadía. Nobles, y bellas Pastoras. Si a los decretos del cielo, Si al mándato de una Diosa. Ninguno goza exenciones: Nadie libertades logra. Mi culpa fue su decreto. Venus mi culpa ocasiona. De nuestra culpa apelamos a vuestra misericordia. Quien se la podrá negar, a quien del cielo la goza? y porque con más razón la veneración debota luzga de Venus, Clarinda la fe, y la mano de esposa de a Danteo. . Solamente la mano le doy ahora, que la fe ya ha muchos días que en mi corazón la logra. Bien aya el feliz desaire, que me conduce a esta gloria. Pues los hinmnos de Himeneó cantad, y en alegres tropas: guiad cantando a su Templo, Solo yo soy el que llora. Airosos Zagales, púlidas Pastoras, hoy es triunfo de Amor, de Venus la gloria. Si la piedad perdona, la humildad se despide con victoria,