Texto digital

Texto digital de Guardar palabra a los santos

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Sebastián de Olivares
Atribución estilometría
Sebastián de Olivares Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Guardar palabra a los santos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/guardar-palabra-a-los-santos.

Logo BICUVE

GUARDAR PALABRA A LOS SANTOS

JORNADA PRIMERA

lamás hubo asombro igual, ni cupo en lo varonil, del que escucha por civil la sentencia criminal; ni es punto, con más razón, el que un secreto ha fiado de un amigo, y rebelado le oye en conversación; ni admiración semejante, el que advierte sin fortuna, hoy en sombras de la Luna, al que ayer fue mendicante, como la que tengo yo de hallar en torpes placeres casado con dos mujeres un amo que Dios me dio. Ven acá, hombre mezquino, y entre todos singular, que fin te pudo obligar a tan grande desatino! Cuando ya con parecer de Política que pasa, hay hombre que se descasa porque pene a su mujer? No ves que divino obrar, porser carga tan pesada, no te la dio duplicada, con serpara duplicar? Tanto, que aunque viene a ser quien tu flaqueza remedia, si te pudiera dar media, no te diera una mujer. El juicio pierdo en pensar que cuando Celia, su esposa legítima, y tan hermosa, que el Sol la puede envidiar, sin reparar que olvidado en cinco años de ausencia, de su yerro la evidencia, aún por cartas no ha ocultado, por más que la inmensidad de leguas lo reconvino, me hizo tomar el camino desde Nisia a esta ciudad de Usia, Corte dichosa a Nacional de Espaa de Mesopotamía, a efecto de saber este secreto, que la tiene tan penosa; a saber de Casimiro mi amo, y su dueño ingrato, sin disfrazar el recato, que es de lo que más me admiro, llegase luego a entender que estaba para parrirse, de este Templo a despedirse h . con hijo, suegro, y mujer. Mal corresponde en el modo de infamia, y de ingratitud, a la sublime virtud que isustra el nombre de Godo. Mas como de esto me espanto, si es tan malo Casimiro? Que engañar al cielo aspiro, y lo he de pagar con llanto? que ciega, y torpe ilusión! Casimiro es, y yo llego. Qué caduco, y que ciego ha estado en su pretensión Aurelio? Me importa a mí dar a los Santos palabra? Pero el quebran tarla labra la venganza luego? Sí. Qué escucho? Si te merece besar los pies un criado que por la posta ha llegado. Cómo, si en tu voz se ofrece, villano? Pero yo doy crédito a vanas quinieras? Así de verme te alteras? no adviertes que Arista soy? Arista, no llegas? Arista no llegas? Pues eso sí, cuerpo de Cristo. Cuanto ha que no te he visto Lo que ha que no me ves. Qué hay de nuevo? Qué tu esposa enigma fue del Dios ciego. Calla, no le des más fuego a mi impaciencia amorosa. Bien de sus extremos toco que es locura, pues se abrasa; pues quien dos veces se casa, que puede ser si no loco? Dime de Celia. No sé palabra. De mí se acuerda? No se nada. Harás que pierda. No será el juicio. Por qué? Yo lo sé. Grave pesar! sabe Celia? Ya lo sabe. Cierta a tu boca la llave. Por Dios que la ha de tragar. Que lo sabe Celia? . Sí Que de mi error tiene indicio! No señor. Pues como el juicio has dicho que falta en mí? Perder el juicio, no error supone, si bien se advierte, sino efecto de la suerte, por desdicha, o por amor; y así en tu amorosa estrella, es bien que el recelo acabe, pues tu esposa solo sabe que estás sin juicio por ella. Eso sí, vuelve a abrazarme por nueva de tanto gusto. No parara en eso el susto, . si yo pudiera escaparme. Queda buena? Y tan hermosa como Católica. En qué? En saber guardar la Fe que te dio de firme esposa, esta carta lo dirá que escribió su mano bella, que es al imprimir en ella tierna queja que te da. Tanto cristal derramaba sobre el papel que escribia, que lo mismo que decía, con el llanto se borraba. Si no que amor, cuyo arpón lo predomina sutil, suspiros de mil en mil forió al mar de su pasión, con que en diferencia igual sirvió al nombrar Casimiro, enjugar en un suspiro lo que humedeció un raudal. Calla Arista, no prosigas, que es tan extraña mi suerte, que me vas dando la muerte con lo mi mo que me obligas. Pese a mi ciega locura! pues ingrato a tanto amor, por gozar de otro favor, menosprecié su hermosura. Pese al loco pensamiento que la obligación olvida! y pese a mí que la vida! Dónde vas? Escucha atento. El gran Teodosio, que hoy rige de Oriente el supremo solio, como sabio justiciero, como valiente piadoso, viendo que con arrogancia de escuadrones numerosos, a esta gran ciudad de Edesa pusieron sitio espantoso los Citas, nación cercana a la Persia, cuyo modo de Político, diverso al que profesan los astros, crian de Sucitia el hielo, lo oculto con lo animoso. Mandó pronunciar un bando por el difuso contorno del Imperio, en que a ninguno reservó para el socorro. Yo, pues, que desde la paz vinculada con los Godos, residí en Usia, ciudad de Misia, donde espumoso el Danubio, el nombre de astro toma hasta el Usino: Ponto. Apenas el bando oí, cuando sin mirar estorbos del cariño, en la presteza fui un aliento de Teodosio; entré a defender sus muros, y el contrario temeroso levantó el sitio, a pesar de su atrevimiento loco, y al darnos cuartel, dispuso el destino riguroso, que me cupiese la casa de Aurelio, cuyos elogios de calidad lo supone su proceder, que amoroso, cuando el tiempo nos concede medio en su semblante solo, pues en agasajos tiernos de cortesano alborozo, fue Primavera su agrado, su largüeza fue el Oroño; Estio, y Invierno, fueron sus canas, en cuyo adorno, cuanto bellón para el hielo, para el incendio halle copos. Quien dijera, que al franquear de Amaltea lo copioso, de Flora la verda selva, de Ceres el campo rojo, que de Paris el aprisco, solo me negase, solo un jazmín, u na manzana, una oveja, y del Agosto una espiga? pues en Femia: con que afecto que la nombro hija suya! y a quien puso en el cáncel del decoro, desde que su huésped fui, en lo ipacible, en lo hermoso, en lo honesto, y liberal, fue manzana, espiga de oro, mansa oveja, y jazmín blanco; sino que amor envidioso, de que al filo de su flecha, se reserve aún lo más bronco. Por la voz de una criada me dio a entender el resoro, que a los recatos de Aurelio se me ocultaba, y curioso un día Onunca lo fuera inducido por soborno de esta criada! Llegué. dé su hermosura al embozo, a tiempo que girasol; un espejo de sus ojos, tan vivamente copiaba en su pureza lo hermoso, que solo con el reflejo que en él admiré tan propio, víctima fue; corto anduve, átomo a su luz, tampoco? porque el átamo a la vista, tiene apariencias de polvo; y yo quedé tan sin ser, que transformado en sus ojos, al mirarse me vio en ellos; con que llevada: aquí noto su recato, de un desmayo, como suele aleve soplo del Cierzo quedar la rosa así en dormido alboroto, quedando lo hermoso vivo, pareció eclipse lo hermoso. Mas yo advertido en mi afecto, hice un discurso amoroso, aún después de aviente el Sol, dura su arder en el fondo del cristal en qué imprimió sus rayos; luego es forzoso, que en el cristal del espejo, siendo luz su obieto tolo, aún después de flor marchita; viva radiante piropo: Y así logrando el discurso, anticipando al estorbo de Aurelio, que oyó suspiros, robe el espejo, que atornos era un mongibelo ardiente, donde su divino rostro tan al vino contemplaba, que en amorosos coloquios, hice verdad infalible. lo falible de un antojo; pues como el espejo era a su efigie centro impropio, yo al buscar su misma esfera, y el suyo su ardiente polo; lo que el cristal perdió en luces, ardió mi esperanza en logros. Resuelto en fin a gozara, después que por varios modos de la amenaza, y el ruego, fue a mi tormenta el escollo, ya mis incendios cl hielo, por esposa (ciego arrojo!) la pedía su padre Aurelio, el cual, aunque receloso de fi era casado; o no, como en omislo retorno, aún porcartas de mi esposa, desmentí lo sospechoso, condescendió con mi ruego, con que en infeliz despojo, dio en el Cierzo aquel jazmín, en el gusano aquel pomo, en la niebla aquella espiga, y aquella, oucia en el lobo, Un lustro, pues, a que vivo con el nombre de su esposo, y otro tanto ha que un hijo es de esta unión el aborto, tan retrato de mí mismo, y tan parecido en todo, que es en mi grave delirio, el opuesto más remoto: Mas descando volver al centro de mi reposo, a Aurelio pedí licencia, solicitando su abono con decir que a Eufemia llevo, para que en dulce consorcio goce en Misia de mis bienes: A lo cual en tierno enojo de su llanto, dio a entender algún recelo amoroso. Pero viéndome resuelto, por resguardo del desdoro que ya en su ofensa imagina, me persuadió, que ante el trono de Avido, Simón, y Urias, tres martires, que al destrozo de Diocleciano, y Lucinio, fueron de la Fetres Polos, le diese firme palabra: que mal resisto el asombro de no faltar a la unión que establece el matrimonio! Dila en fin, pues a su Templo hemos venido a eso solo, y a pedirles buen viaje; mira ahora, si el ahogo de verme en igual estado es preciso, que aunque formo ya el desempeño en mi idea, y en mi espíritu supongo que no hay daño que le impugne, viendo en Celia lo amoroso, en Eufemia la inocencia, en mi amor lo cauteloso, y en Aurelio lo engañado, irritado de mi arrojó, convencido de mi error, ciego, suspenso, y absorto, contra mi propio me vuelvo en pricipicios del odio. El suceso da ocasión a que a ti mismo te asombre porque aún el casarse un hombre una vez, es tentación: mas ya que en tal proceder de amor te cego el hechizo, y lo que una vez se hizo, no puede dejar de ser: consolar tu mal procura, si hay alivio en tanto mal, con el silencio leal que mi humildad te asegura, con que nadie de tu estado noticia ha tenido aquí, ni por vengarse de ti el Páis se ha rebelado: porque de extorsiones tales, a que la malicia inclina, se revuelve la pecina de vasallos desleales, donde si viene a caer, sea rico un Reino, o pobre, par a Nacional de España para que en salud se cobre, todo un Dios es menester: y en fin, con que has alcanzado licencia para escaparte, y de nada tiene parte Celia, que aunque por casado dos veces, ya te promete en pena tu desatino, como suele en su pollino, el que azotaron por siere. Pero dime, que es tu intento de llevar esta mujer, si ya no la puedes ver, y adoras el pensamiento de Celia? No era mejor dejarla aquí, y escapar? quien diablos te ha de buscar dentro de Misia? El honor, porque es tan celoso del Aurelio, que si lo hiciera, mil vueltas al mundo diera para vengarse cruel: cuanto más, que sabe ya la Ciudad donde resido, y de su agravio ofendido, como la justicia está en Teodosía tan escrira, le diera cuenta al instante, y mi vida a su semblante, gran escarmiento a su afrenta; y así, de otra suerte obra el remedio mi atención: No tengo en esto razón? Digo, señor, que te sobra. Ya salen del Templo. Pues que ordenas para el viaje? Que el instante el carruale me traigas aquí; ya ves que importa la brevedad. Dónde el carruaje tienes? En mi casa. Ya previenes, que no la ignoro es verdad. Pues repara lo que debo abremar con mi destino. Voy corriendo, y de camino a comprar belas de sevo para untar; no digo más, ya me entiende el caminante, pues sin ser disciplinante, traigo llagas por de tras. Ya, señor, es gozo en ti de mi ausencia el sentimiento, Ya Aurelio estaréis contento con la palabra que di. Sí, porque en ella adverti una divina esperanza que abona la confianza de la unión que hay en los dos, y que cuando falte en vos, hay en el cielo venganza. No digo yo, ni lo creo, que falte a la obligación quien con tanta estimación ha procedido en su empleo, quien por fruto de Imineo pradujo, tierno lo digo, esta flor, en quien consigo lazos a vuestra unidad, quien con fe de esta verdad pone al cielo por testigo, como suele el que ha estimado de un espejo la hermosura, que en la mano más segura le mira sobresaltado, recelándole quebrado; con más amante desvelo en vuestro poder recelo no se quiebre la belleza de un cristal, cuya belleza excede a la luz del cielo; pues la ley que insluye tanto la fuerza del matrimonio, es un puro testiionio de Cristo, y su gloria santa; sobre el fruto de esta planta, vuestra palabra ha cabido, con que ya mi pena olvido, pues en la fe que hallo en vos, no cabe negar a Dios, el ser que en los dos ha unido. Mal disímulo el pesar . que causa tu voz en mí. Ya está el carruaje aquí: que beldad tan singular! ya comienzo a disculpar de Casimiro el error. o . Qué tristeza! qué rigor! . Ea, llegad la litera a ser limitada esfera del mismo Dios del amor. No te déspides del viejo? Hasta que en el triste lazo se den el último abrazo, de proposito los dejó Si tomaras mi consejo. Que puedes tu aconsejarme, que el rigor pueda negarme? A esta parte te retira, y verás a lo que aspira mi engaño; no hay que enseñarme. Lloras avuelo? y tu madre Lloras también? no me habláis? Qué congoja! . No miráis que está esperando mi padre? Ea, vamos. Que esto cuadre al cielo? pena insufrible! Padre, y señor, no es posible dar razones al tormento. Ea, Enfemia, el sufrimiento venza el mayor imposible: esto el cielo determina, esto a mi vejez conviene; y pues remedio no tiene en la humana medicina, llamemos a la Divina, en cuya inmensa piedad libro la seguridad de mis recelos quejosos. Ea martires gloriosos, por estas prendas mirad; siempre, Eufemia, en la ocasión que más la pena te asombre, de estos martires el nombre invo ca en tu corazón; y pues vas en posesión de una palabra al empeño, adorá a tu esposo, y dueño; y si él al cielo faltare, cuando tu voz le invocare, le hallarás al desempeño. Dame, pues, en dulces lazos, principio en tan triste calma, y vos Faustino del alma, dadme vuestros tiernos brazos. Que fuesen tan cortos plazos lo que os gozó mi carino? Mas vos lloráis blanco armiño? Sí, avuelo, porque me voy a no verte más, y soy quien más lo siente, aunque niñor Eso dices, prenda amada? antes permita el Eterno, que en el decrepito Invierno se mire mi sangre helada; vuestra infancia deseada, consagro al cielo, y bendigo a los dos firme testigo de vuestra pura inocencia, con vosotros su clemencia vaya por piadoso abrigo. Sin mí me tiene el pesar! Llanto, volved a salir. Sin mi padre he de vivir? Sin mi hija he de quedar? Ojos, volved a llorar. Volved a sentir recelo; que volváis permita el cielo a mi presencia los dos. A Dios padre. Enfemia a Dios. A Dios para siempre avuelo. , . En amor, todo es posible, Nunca Fabio, aunque se anima . Si al darla el papel la vieras. tu voz a templar mi ardor, des por motivo el amor que tuve a Eufemia mi prima; pues apenas por la muerte que hice en favor de un amigo, de Misia el camín o sigo, cuando el logro de mi suerte rendí a otro dueño. Yo creo que quien lo dijo mintió, pues ni el nombre declaro del que mereció su empleo, ni supo decir. Ya sé que me informé por mayor, y que pudo ser error del mismo a quien lo escuché, pero en fin ya lo creí; y lo que es tan larga ausencia, no olvidará mi paciencia; tanto predomina en mí de Celia la perfección, que a su violencia rendido, fuera aquel amor olvido a la luz de esta pasión. Con mujer que estando ausente su marido es tan constante, no sé quien a ser su amante se atreve. . Qué impertinente estás en tu persuasión. Juzgo en vano tu porfía, puesto que necia te guía tu poca resolución; que esperanza puede haber a un desengaño evidente? Saber que no es consistente la firmeza en la mujer. En Celia mal se acredita de esa verdad lo infalible. con porfiar se facilita. Necio estás; que pudo hacer suspenderse, enmudecer entre pasiones severas de su cielo, que fue tal, aún previsto le temí en tormentas de rubí, naufragándose el cristal; y a imitación sus dos soles, en púrpuras occidentes, amenazando impacientes sombras en vez de crisoles, informarse en la región de su honor contra mi vida de esa nube, que impelida del rigor de su pasión, atenta como cruel, al desbrotar sus enojos, si rayos vibró los ojos, granizo exaló el papel; pues de mayor crueldad, y d espechos más esquivos, usa el amor por motivos de ostentar su majestad. Bien te aprovechó, Leonido. el consejo de Marcela. Es de mi amor centinela que el triunfo me ha prometido, y así, pues viene esta tarde, Cella hermosa a este jardín, como el clavel, y el jazmín, aguardo dichoso alarde. Dos damas he divisado, del Sol bella emulación. Celia, y su criada son. Pues qué has de hacer? Embozado de este jazmín; esperar la ocasión que amor previene. Con Márcela hablando viene. Desde aquí podré escuchar su conversación, Qué airosas! Celia a lo menos parece, no Aurora Sol que amanece a coronarse de rosas. Tu pena, Cella, divierte, suspende un rato el dolor, olvida un poco el amor, no te entriegues a la muerte, que si el morir no es tan fuerte como un ausente vivir, también te podré decir, que con vida, y esperanza, la más difícil se alcanza, y sepierde con morir. No dudo que tu pesar, como de ausencia procede, es en amor el que excede, a los que engendra el amor; mas no por eso ha de usar ser alivio en lo penoso, que amor aunque escrupuloso, tal vez promete el olvido, y más cuando está ofendido del que ha tenido tu esposo, Viste acaso un arroyuelo, que del Oiciembre obligado, quedándose desatado, se reboza con un hielo? pues así yo a tu consuelo obligada, si me olvido de la pena que he tenido, y admito alivio, aunque breve, lo exterior viene a sor nieve. y el dolor queda escondido. También viste despeñarse el arroyuelo ligero, y a la porfía de Enero, venir todo a conjelarse? pretende su amor negarse a olvidos que le acomodo; mas porfiando en el modo de divertir su cuidado, vendrá a ser arroyo helado, pues se suspende del todo. Elose por ser cristal. Nieve serás a mi ruego. Cómo, si toda soy fuego? También el fuego es mortal. Es invencible mi mal. Será eterna mi porfía. No es llama que se desvía. Ni mi porfía desiste. Toda el alma lo resiste. Todo el tiempo lo resfría. Soy más firme que el diamante, No es mi intento que tu olvides. Pues si no entiendo lo que pides. Que no te mueras de amante. No puedo ser inconstante. No es mudanza divertirte. Quiero Márcela seguirte. A eso áspira mi consuelo. Soy embozado arroyuelo. Soy Enero en persuadirte. Mucho a Márcela tu esp inz Es polo firme en que mi amor se mueve. Leonido? Qué beldad! Se cansa en vano: vencer un imposible, aún es más llano. No miras, pues, Márcela la variedad de esmaltes con que cela del Sol la luz fogosa, de este pincel lavariedad hermosa, que grata aquella vid en laza el olmo, y con su verde colmo este razmín: Mas cielos! quién os dijo? Ay de mí! (na, Dejad recelos, solo que me escuchéis, Celia divi- amor que mi esperanza predomina; (lo: con singular desvelo piadoso me condujo aqueste cier sosegad el jazmín, cobraos del susto, y templando el disgusto de esos divinos soles, libertando arreboles, a cuyo incendio leve, la púrpura que breve oculta con decoro el más rico tesoro, dividió en amagos de risueños alagos: solsegad en ardor de hermoso abismo, Aurora, y cielo a un tiempo mismo, permitid que mi amor. Tened el labio, porque ya que en mi agravio, cobarde, y atrevido, áspid entre las flores escondid violar; fuerte de pecho! (el intentáis el honor que enciendo el p sabre (qué miro?) Tu rigor es vano, si de tu hermosa mano. Ya Casimiro llega. Triste suerte! que fortuna acierte n a esta ocasión con la desdicha toda? Hay también por acá duplice boda? A recibirle voy antes que llegue No a mi esperanza tu beldad se niegue. Villano. Qué rigor! . Mal Caballero atrevido, grosero; sino mirara que a favor tuviera que es traición que severa, mi mano en ella su impiedad mostrara, y yo misma su delito castigaras y así para vengar mi pecho airado baste el impulso de ese fielcriado Siempre que por albricias me adelanto, me sucede otro tanto. Ea, llegad; mas no, que he de portarme con desempeño, ya que no en vengarme, con igualar la competencia al duelo, no de mi brazo he de humillar el vuelo; y así en satisfacción de mi cuidado, basta el impulso de ese fiel criado. . Ele aquí de la suerte que se matan los que con gente enamorada tratan: En que he pecado yo, ni aquel criado, para que por capricho, o por enfado de sus locas pasiones, nos matemos aquí como lechones? Aunque gran miedo tengo, ya una disculpa en mi favor prevengo, pues su braco no admite competencia. Aquí de Dios; es bueña consecuencia. en la ocasión presente, ser un criado fiel, luego valiente? Pero si mi temor no desatina, el contrarjo parece gran gallina, y en casos semelantes, aquel la vence que la come antes. Tened el brazo altado. Cosa raral luego lo dije en viéndole la cara. Oíd una disculpa. Ya la entiendo: Diréis que presumiendo que no era Celia, si no alguna dama, que con celo sa llama buscaba vuestro dueño entre las flores, al discurrir porsendas de colores, en confusos reflejos, él, y Celia se vieron desde lejos; que el amo de esta se valió del manto, y creyendo el encanto, con esta acción de sus rabiosos celos, por enterarse más, corrió los velos de Celia, y su criada, a cuyo arrojo con razón agrada; viendo que a tal sazón llegó mi suerte, remito a mi valor el darle muerte: No es esta la disculpa? De ese modo. Pues buen provecho o nte aga, ya s, Esposo, dueño, y señor; vos con desdenes? qué es esto? vos sin mirarme a la cata? en que os ofendió mi afecto? que novedad os altera? que al entrar en el recreo de esa Ciudad, cuyos muros circunda el Abril ameno de estos jardines, en vez de celebrar con festejos en ese centro la unión que en laza nuestros alientos, sin zozobras del camino, dichas logre del sosiego, con disgusto en el semblante, con inquietudes del pecho, al paso que yo os adoro, finjáis a mi amor despegos? Declaradme la ocasión, sirva de templar el ceño de vuestro enojo esta prenda. No prosigas. Ya obedezco. Pues para la ejecución de mi intento no es buen medio, cuando es todo obstinación, que interrumpa tierno el ruego, hasta llegar a la vista de mi patria, oculto el pecho la ejecución que ahora intenta; pues si llegara a entenderlo Enfemia, sin que posible viera su ofensa el remedio, o me obligara a matarla, o publicara mis hierros, Merezca saber. Escucha. Pendiente estoy de tu aliento Esa Ciudad que procuras, es mi patria, en ella tengo mi casa, mujer, y hacienda: con esta noticia creo que aurás la causa entendido que ocasiona mi desvelo; y así; pues la obligación del matrimonio perfecto es preferido al inútil de nuestro invalido empleo, esclava te has de llamar de mi mujer, o este acero. Tente padre. No me llames por ese nombre, o tu pecho. Pues cómo te he de llamar? Señor. Pues, señor, tencos; y pues ya no sois mi padre ni yo respetar os debo, sabed que corre este agravio por mi cuenta; y si os parezco poca defensa por niño, por eso el cielo, por eso sabe sufrir en varones de la inociencia el es fuerzo, Válgame el cielo! qué escucho? pero nada me enternezco! Ea, Elena; este es el nombre que para lograr mi intento has de tener como esclava: Resuelvete, o lo violento de este filo. Casimiro? dulce esposo? amado dueño? es posible que mis ojos? Mas cielos! qué es lo que veo? das cuando los brazos os pido, me dais desnudo el acero? No os alteréis dueño hermoso: que viniese a tan mal tiempo? que la causa de mirarle en mi mano, fue un exceso de esa esclava, que me cupo con ese pequeño hijuelo en un asalto que dimos al contrario; pues viniendo en su poder unas galas, que traigo para el aseo de tu divina hermosura: Apenas así lo enmiendo, . me vio entrar en la Ciudad, y de algunos de mis deudos recibo la norabuena, cuando con atrevimiento, dejándome divertido, hizo fuga hasta lo ameno de esta nuestra caseria; y no me obligara esto a querer darla la muerte, sino el verla sin respeto adornada con tus galas, que las del rapaz, yo mesmo las mandé hacer por mi gusto, y porque con lucimiento te sirva de algún juguete; y pues ya el cielo severo de esos ojos la han librado, logre mi amor el deseo suspendido en esta ausencia. Bien doráis con este afecto el olvido de escribirme. Ea, que aguardáis? qué el suelo donde pisa. A vuestras plantas me tenéis. Qué es lo que advierto? no es de esclava esta hermosura: A espacio tiranos celos! Yo tambié soy vuestro esclavo, aunque por mi padre tengo a mi señor Casimiro. No es poco no el parentesco, y aún no lo niega la cara. . Bronce soy en lo que emprendo! Ea, mi bien, pues la noche nos coge en la quinta, demos entre sus varios mátices el primer logro a Himineo; descansar intento en ella algunos días. Veneno es toda el alma. No vienes? en que reparas? No acierto a hablar de enojo: Reparo, en que es bella por extremo la esclava que habéis traído. Para tan alto trofeo, como es serviros, es poca toda la beldad de Venus. Bien está. Que confusión! La lisonja os agradezco; mas yo vengaré mi agravio. La esclava ha venido a pelo para el amor de Leonido; después le diré mi intento. Ea, acabe de llorar, y agradezca por lo hecho; ya me entiende. A qué mujer forzar pudo igual suceso, la ingrata estrella que influye tan inhumanos extremos? Es ilusión lo que pasa? es delirio lo que siento? es sombra lo que procuro? es mentira lo que advierto? Mas cuando un pesar dejó de ser verdad aún en sueños? Pues si es cierta mi desdicha, si en tierra extraña me veo, si esclava soy de un engaño, si he de vivir, siendo ejemplo de la más triste fortuna, como congelado el pecho, como cobarde la lengua, como indiviso el aliento, al proponerme la muerte, no respondí en el efecto? yo vendida por esclava? Porque, tirano, el más fiero de cuantos cuenta la historia, ya que engañoso, y soberbio tus deseos conseguiste, (propio estímulo al desprecio sin sacarme de mi patria, no hizo fuga tu escarmiento? Ay, Aurelio! hay padre mío! quien dijera a tu recelo, que las prendas más amadas, a quien en dulces requiebros, almas sois, decías mil veces de este ya caduco cuerpo? En las manos de un traidor, de un cocodrilo al encuentro, ya son cautivos despojos; más como decirlo puedo, sin que en golfos de congojas calme el labio al desaliento? Madre, confía en los Santos. Hay prenda del alma, y centro de mi vidal vos cautivo? vos esclavo, y no enmudezco? vos vendido, y la congoja no me sufoca el aliento? vos de un tirano? mas como no pido venganza al cielo? El madre te la dará, que así lo dijo mi avuelo. Pues si dél ha de venir, deme su piedad es fuerzo, deme valor mi inocencia, denme los Santos consuelo, para que a pena tan grave, para que a tantos excesos de impiedad un bronce sea, mientras su defensa espero. ise

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Que no está en la quinta? No, ni vendrá de la Ciudad tan presto. De tu verdad, siempre mi amor confió; mucho, Márcela te debo. Esto es ser agradecida. En ti consiste mi vida. Aunque ya la pena llevo de servirte, pues arrada Celia del lance pasado, me ha despedido, he tratado antes de irme, dar entrada a tu amor en su extrañeza, porque mi ama es mujer de estas, que con proceder esquivo, toda es fiereza, dan de mano; que el mirar divertido en otro amor, al que hoy es en su rigor, fue motivo de olvidar. No mude por condición, o vanidad capiichosa, en sujeción amorosa, la más libre presunción. Y así, pues Celia se alaba de Anajarte en los desdenes, bastante estímulo tienes para el caso, en una esclava que de la guerra ha traído su marido, pues es tal la heimosura celestial que el cielo en ella ha esculpido, que en mirarla se recrea el mismo Sol cuando nace: Y así, porque amor lo trace como mi afecto desea, he intentado que escondido en esa cuadra excusada, trayéndola yo engañad a del principio; mas perdido es por ahora el intento. Cómo? Celia viene allí. Pues qué importa? Pese a mí! quieres que sea escarmiento de su rigor si te ve? ̱. Pues que he de hacer? Esconderte. En tu ardid está mi suerte. Hasta vencer porfiaré, ̱. Qué haces aquí? Qué severa en esa cuadra miraba si alguna cosa faltaba de la cuenta. e Salte a fuera. Ya te obedezco. ̱. Señores, que intentará esta mujer? Dadme es fuerzo a padecer, Señor, y vengan rigores. Eo rma Auls tio lo consiente, sin duda conviene así. Ella quiere hacer aquí otro día de inocentes. Desde aquí podré mirar lo que Celia; mas que veo? si es esta la esclavarcreo que es ella; quiero llegar; pero no; que está con ella Celia, y Arista. No doy por mi vida lo que soy. Por más que procuro bella, como de espaldas está, no alcanzo el menor reflejo. Si aquí no dejo el pellejo, ha de ser milagro. Ya no cabe en el corazón de mis celos el enojo; y asiemprendo en este antojo apurar la pretensión; pues si es dé mi esposa amada esta esclava, es evidencia, que ha de uiar de resistencia Arista, aunque le persuada; y si resuelto lo admite más afable en mi pesar, sin permitirla ultrajar, haré que el daño se cuite- Ya se reviste. Admirado me tiene tal suspensión! Arista? Qué indignación! Mira que Celia ha llamado Elena. No digo a Elena. A Elenilla? Con vos hablo. Esta mujer es el Diablos Qué es, señora, lo que ordena esa beldad, mas preciosa que el mismo Sol al nacer? Para ablandar la mujer, no hay si no llamarla hermosa. Toma este punal, que en darme la venganza. Espera; ay tal! no hay más de toma el puñal? primero he de santiguarme: Dámele ahora. Eso es, sí el miedo. No tengo poco. A más ira me provoco. Qué es lo que quieres de mí? Si de morirte libratas con quitar a otro la vida, que eligieras? Conocida es la elección, La dudaras por el vivir? Cosa es cuerda. Pues tu vida he de acabar, o a esa esclava has de matar mientras yo guardo esa puerta. No es nada. Grave impiedad! Esto consentís, Señor, y no vibráis el rigor junto con vuestra piedad? Para que en tanto pesar me dais vida tan rendida? Quítame, Señor, la vida, si es que hay vida que quitar; Si obedece mi decreto, no he de consentirlo, no. Ello, primero soy yo: Válgame Dios, y que aprieto! Villano, no echas de ver, que en mi impaciencia te aguan la muerte que te acobarda? No poderte obedecer, mira, señora. Adelante, no temas, di la verdad. No adviertes, que la maldad de un delito semejante ha de causar embarazo a la más libre intención? y que con justa razón, sin dar el castigo plazo, ha de vengar tu cautela? Quién ha de vengarla? quién Respóndeme. Aquí entra bien: el intento de Márcela. Temes? declarate. No. Pues acaba. Ya lo digo. No lo dilates. Prosigo. Quien ha de vengarlo? Yo. De enojos duda el alma lo que veo. Si es ilusión del deseo? Si es presunción de los ojos? El caso está bien dispuesto, Si algún diablo no lo enreda. Que esto a mis ojos suceda? pero la puerta. Qué es esto? Ay de mí! Que el Diablo entró, Que viniese este tirano! ya sin gran riesgo, es en vano que aquí me declare yo: Leonido mi primo es; cielos! templad en cristales mi gozo, porque a mis males halle el remedio después. Notable empeño! mas ya una disculpa he previsto. Como el enojo resisto, que la muerte no le da? Tened, por Dios. Qué asicción! Que no es bien que la nobleza aventure una fineza pornegarse a una pasión. No digo que honor no apura con razón vuestro cuidado, pues me halláis aquí encerrado con una, y otra hermosura; pero fue tal la ocasión de venir donde me halláis, que es fuerza me agradezcáis lo que en mí fue obligación: Pues estando divertido en el golfo de sus flores, como quien ya en sus temores sabia el mal prevenido; se llegó a mí una criada, diciéndome, Caballero, seguidme, que en vos espero ver una dama amparada. Obedecila, ocultome en esa cuadra; esperé, entró esa dama, miré que cerró esa puerta, diome algún recelo; en efeto la causa de su cuidado, fue mandar a ese criado: No os admire su decreto, si de celos procedió, que diese muerte a esa esclava; y aunque de mí se excusaba la obediencia, entonces yo movido de la piedad, y a la sin razón opuesto, a amparar salí dispuesto su vida, y su libertad: y no solo de un acero, que en lo femenil, y airado de algún celoso cuidado, quiso vengarse primero; sino del mismo valor, si en él pudiera caber la ofensa de una mujer: Pero básteme el furor que en mí esta acción ha causado, decir, que en tan noble celo, me holgara que algún recelo en vos hubiera quedado; porque a vengarle celoso, como esposo de esa dama, y al defender en mi fama este agravio lo quejoso, al salir con el blasón de amparar una mujer, en vos viniera a tener la venganza a cada acción, pues tanto le toca al alma la sinrazón que padece, que en su defensa la ofrece mi vida honrosa palma; con mi sangre, vive el cielo! por más estorbos que hubiera, su agravio satisfaciera. Mas donde voy con el celo . de mi pasión, el fingir esto que el alma pública, cuando al amor se dédica de Celia, sin permitir instante breve al reparo de la beldad que desiendo; tan vinamente me enciendo, tan propiamente la amparo, que fue de esa perfección violencia, mi amor colige. Digo en fin; pero ya os dije lo menos de mi pasión; y así notad advertido. en la verdad que os déclato, si de tan piadoso amparo me debéis lo agradecido. Esperad, que ya desea mostraros mi noble pecho. Ya salimos del estrecho, plegue a Dios que por bien sea. Esto es usar de piedad . el cielo en mi triste estado! Esto es dejar provocado mi enojo a mas impiedad! Puede en esto haber recelo? no, que el honor me advirtió, que nunca el amor celó sin ser firme su desvelo; y de que en celos se abrasa mi esposa, bien mi cuidado lo tiene experimentado en los lisgustos que pasa; y así con satisfacción pude admitir la disculpa. Oh como siempre la culpa trae consigo esta pensión! Es posible dueño hermoso, que cuando a la luz divina de esa beldad peregrina, sol girasol amoroso, cuando el alma, atropellando su obstinada condición, solo en esa perfección está humilde idolatrando, cuando tengo diferentes testigos de mi alegría, convidados este día, y todos nuestros parientes, sin conocer la verdad de esta pasión amorosa, de una ilusión recelosa que singe la voluntad, te dejes tanto rendir, que proponiendo el decoro halle lugar el desdoro, donde no puede asistir? Tu vana ilusión olvida, divierte mi bien tu pena: Ea, Arista, y vos Elena, a prevenir la comida. que yo también, por templar de Celia el disgusto, quiero ser en servirla el primero; no haya régalo en el mar, en elaire; y en la tierra, que hoy no se rinda a su gusto, que lo demás fuera injusto, en quien contra el cielo hierra. El primer lance de amor ha sido a mi parecer, que haya acabado en comer; pero aún estoy con temor de que me vuelva a embestir esta mujer importuna: Elena, ya es launa. . y ateentiende Pues venir, que hay hombre que de un bocado se comerá con sus llagas un pobre, aunque esté con bragas. Harto lo has exagerado; tan gozosa el alma está? libertad es a su pena, que no olvida la cadena en que aprisionado está? Avisará mi esperanza a Leonido, con tal arte, que el darle de todo parte, no le incite a la venganza, sino que con la prudencia que para el caso se sigue, a que me vuelva le obligue; de mi padre a la presencia: No vienes? miren que cara tuvo sentencia de muerte? Nerón si llegara a verte, no dudo que se ablandara. Valga el Diablo la Pesar, que es lo que intentas conmigo? . Si me ha dicho, pues si a vengarte me obligo, no te permites vengar? Si las finezas que veo en mi esposo auran de ser causa de satisfacer las dudas con que peleo? porque en remila obediencia, . Así? no das lugara mi intento? acaba con este aliento, y no pidas la experiencia. Señora, i padre dijo, (mi señor, que nunca pueda perder está mala mañana, de llamar padre; a quien fuera mejor llamarle tirano? Digo, señora, que espera tu presencia mi señor, que está sentado a la mesa con todos los convidados. Que esto escucho, y no rebienta en venganza mi congoja! Pero la ocasión es buena para apurar la verdad; declareme la inocencia, lo que la malicia oculta: Ven acá. Qué es lo que ordenas? Un régalo te he de hacer, o has de llevar una vuelta; el regalo, si lo dices; y el castigo, se lo niegas. Porque siempre a Casimiro le llamas padre? no temas: Dilo, y seremos amigos. Cuando estemos con más flema te lo diré: Ven ahora a comer. Mira no quieras que me enoje. que de ninguna manera te lo diga, que he de hacer? Ay de mis despacio penas. . con no decirle que tú me lo has dicho, se remedia ese inconveniente. Quién lo duda? Pues enseña el regalo. Vesle aquí. Es de azucar? Mal penetras lo que en él está escondido: de azucar es una almendra. Pues, señora, Casimito, si lo quieres saber, era allá en mi patria marido de Enfensia, mi madre bella; y así selo, oí a mi avuelo Aurelio que está en Nidesa: tuvo un hijo, que soy yo, después nos trujo a esta tierra para ser esclavos tuyos, llamando a mi madre Elena, amenazándome a mí, si en ausencia, o en presencia le llamase padre: aquesto es causa, que con la fuerza de la maña que tenía lo llamé padre; no quieras negarme ahora el regalo, en vez de darme la vuelta, pues todo lo que ha pasado, te he dicho al pie de la letra. Ya no cabe el sufrimiento en tan declarada ofensa; ya la mina que en el pecho se suspendia violenta, en incendios de venganza, brota estragos de inclemencia. Tú verás ingrato esposo, si las mentidas finezas, en vez de pagar tu engaño, son motivos que en la queja de mi agravio: Mas qué aguardo? empiece el rigor, encienda la llama que me fulmina del veneno la violencia. No quede idolo alguno, que en el Templo de miofensa leve polvo no desmaye, no vuelva inútil pavesa; este rosigo embozado que previno la sospecha, dé princibio a mi venganza, cuya tirana inclemencia tan prestamente ejecuta, tan venenosa se altera, que aún la mano donde estuvo, si con el agua se meccla, es bastante a dar la muerte. Parece que no te acuerdas del régalo prometido. C Mal conoces mi impaciencia; . vesle aí, comele luego. . Pues no me darás licencia, para llevarla a mi madre? Por ser madre tuya Enfemia, le he de dar otra; y así comela al instante. Sea lo que ordenas; ya la como. Eso sí, pese a mi pena! vengue el veneno mi enojo, muera a su denuedo, muera, hasta acabar en el tronco el fruto de su inclemencia. Lindamente me ha sabido, voy a servir a la mesa; pero que es esto que siento, que parece que en la almendra he comido alguna brasa? todo el pecho se me quema, ya el corazón se me enciende, ya la vista se me ciega: Mujer. que es lo que me has dado? triste niño, Madre Eufemia; ya la voz me falta madre: que se abrasa, que se quema Faustino. Triste suerte! mi Faustino es quien se queja: Mas cielos! qué es lo que veo? Hijo, que tienes? Ha fiera. como tu engaño imagino, Qué has comido? Celia, Celia. Te dio veneno? Sí, madre. esos polos se lastiman, Ay de mi! su muerte es cierta: como tú, la más cruel hijo, amigo, no respondes? mi bien, mi Faustino: Apenas para sentir lo que siento, tengo ya sentido apenas; ya el corazón apurado de estas continuas tormentas, en vez de buscar alientos, hace cordel de la lengua. Duro mármol me congoja, en fin todo este compuesto que animaba su entereza, en fe del tierno cariño desmaya: Mas como acierta si ya cadaber le miro, a refetirlo mi pena? Pero es piedad de los cielos, es auxjilio, es providencia; porque a la voz de mi agravio, porque al eco de mi queja, el Sol despida venganzas, horror la Luna, centellas el fuego, truenos el aire, gemidos el mar, la tierra temblores, ira los brutos, panor las plantas, exequias las aves, temor los peces; y a suimitación las penas exhalen en vez del llanto de sus concabos las piedras; pues a impiedad tan horrible, ya tan bárbara inclemencia, quien duda que convocados en lastimosa tragedia, han de irrirar sus influjos, han de incitar su fiereza los elementos, los brutos, el Sol, la Luna, y estrellas. san sibla Pues si es verdad, quuie contra su naturaleza, se enternecen las esferas; de cuantas ardiente engendra la Libia fiera inhumana, gozando de la excelencia de racional, sin templar la saña que te alimenta, tu ceguedad no alumbraste a la luz de la inocencia, que te obligó a ser el Cierzo de la más pura azucena, o del más albo jazmín que ostentó la Primavera, aleve segur que opuso a lo débil su dureza? Acaso el verme engañada? acaso el verme en afrenta? Hay mi bien! hay hijo mío! quien pudiera? quién pudiera? ya que en el furor lo soy, ser Leona, que a la fuerza de los bramidos del alma, resucitara esas venas que esquiva te dio la muerte, que helada esa fuente intensa, si liquido por lo breve, de ese clavel inviolenta, que al tocarle lo encendido con rendida competencia, no derritió en leve fuego todo el temblor que la hiela. Mas ya que exprimio obstina da, sin respetar su belleza lo sutil que la inficiona, con ella mesma, con ella, pues en el tierno arcaduz dejó venenosas sendas, he de liquidar venganzas, y aqueste cendal enbeba en su trama las espumas que alteraron su tormenta; y pues va, sin que la muerte me disuada a la empresa de este agravio, el más tirano, a vengarme estoy resuelta: Apártese de mis ojos la ternura, no suspenda en lastimosos efectos, la ejecución que me alienta: Muera esta circe al veneno. Es posible que no adviertas, Elena, la falta que haces, cuando en tan solemne fiesta hay tantos a quien servir? Dices bien; qué es lo que llevas! A Celia este vidrio de agua. Bien mi venganza se ordeda: Pues porque no me eche menos, dámele, hermosa Marcela, que yo se le llevaré. Pues apriesa, que me esperan mil cosas a que ayudar. e Tú verás si me doy priesa. Símvolo de pureza, que retratas el cándido crisol de la inocencia; hoy del veneno la sútil violencia ha de envozar el nectar que desatas. Muerte dieron a un Sol con lo que matas, venébolo sin duda en la apariencia, disfrazó en el candor de su inocencia, la saeta fatal que ya dilatas. Venganzas son de una inocencia pura, apurando el cendal de los rigores, transforme su fiereza en la hermosura. Que es bien, si la malicia en sus errores, y la inocencia halló sombra segura, se vague la inocencia entre candores. te. Causado ya de mirar tanto mascar, y bever, siendo hora de comer, me salgo a desayunar; los despojos que han sobrado, con los que traigo en la cesta, yo quiero hacer una apuesta; que no falta convidado: Comerielo, dicen que es causa de melancolía; pero yo la compañía la quiero para después. En esta fuente se encierra la ensalada que refiero, sin la baca, ni el carnero, con el nabo de la Sierra; hay en diverso sainete, sazonado a marabilla, de un ganso la rabadilla, de un capón el caballere, la perdiz, el palomino; y lo más que en esto alabo, los entrecejos de un pabo, lardeado con tocino. Iten, la Inglesa empañada, torta Real, huevos hilados, lindos torreznos lampreados, gígore, y sopa dorada. Iten. Ay de mí! Cuidado. es menester con el vino, que anda grande torbellino entre tanto convidado. Muerta soy! Tened la esclava. Que gran crueldad! Qué traición! Arista, gran confusión! deja de comer, acaba, levántate que hay gran mal; Celia es muerta; porque Elena en la bebida, que pena! le dio veneno mortal; acuya acción impacientes, tanto a Elena han maltratado, que por muerta la han dejado Casimiro, y sus parientes. No tiemblas de caso iguar? no te mueres de asombrado? Esto es haber ya llegado. sin duda el juicio final. No acabas de lastimarte? Eso dices? voto a, Cristo que estoy por ser Antes Cristo, solo por atormentarte. Casimiro viene, hay triste! yo me escondo de su enojo. , , s Jamás que emprendo un arrojó, mi resolución desiste; bárbaro soy, y lo he sido; pero como Eufemia muera, librarse mi culpa espera del castigo merecido: Viva yo, pues ya no tiene recurso mi ingrata estrella, y en el juicio de su guella, o me absvelva, o me condene. La palabra que a los Santos sacrilegamente di, hoy puede cumplirse en mí siendo libre; mas son tantos los precipieios que inflama en mi de Celia la muerte, que en más odio se convierte la obligación que me llama; y así, porque en tantos daños. mi delito se ocultase, y la justicia no entrase a averiguar mis engaños, con la presteza mayor que pudo forar mi arrojo, incitado con mi enojo de mis deudos el rigor, previene sin reparar, que sea, o no cruel medio, el más eficaz remedio que pudo mi culpa hallar; ya le habrán ejecutado mis parientes, ay de mí! como el sentimiento aquí? Ni una gota que ha quedado. De verme sin Celia, en quien los excesos de amorosa, aunque anduvo rigurosa con Faustino; pero bien hizo, piedades olvido; sígueme. Aquesto es peor. Hoy he de ver tu valor. Valor sin haber bebido, no puede ser. No des voces, villano. Difunto voy; el piensa que Enfemia soy, y quiere matarme a coces. qué aurán hecho estos parientes de la esclava ya difunta? de averiguar la pregunta, se siguen inconvenientes; mejor es no lo saber, ni preguntarlo, ni oíllo, que saberlo, y no decillo, no es fácil en la mujer; pero también el dejar de saber lo que acontece, tan difícil me parece, como saberlo, y callar; que si cuanto el caso encierra se ha de saber a miqjuicio, de nuestra esclava el suplicio ha de ser echarle tierra; y pues ella este panel me entregó para Leonido antes de haber sucedido lo que quizá dice en él: llevar le quiero al instante, y referirle el suceso; si de esta no pierde el seso, no creo en ningún amante. No temas. Señor, que intentas? En esta bóveda escura, Hay mi Dios! No seas cobarde, pues tu valor me asegura el conseguir lo que intento. En esa, pues, fatal urna, y hace Celia, y juntamente, bien que no asiste difunta, la que en sombras de veneno. oscureció su hermosura. Esta, pues, ha de volver, de su desmayada angustia; y al verse en horrores tales, con las ansias que procura vivir, el que de esperanza aún no tiene seña alguna, hasta el favor de esos vientos ha de incitar a ternuras. Y así, porque sea la pena, según me enoja su culpa, aquí has de estar por su guarda, hasta que el llanto consuma su aliento, pues tres ocasos serán de guardar la tumba; mis deudos te asistiran, interpolando en tu ayuda las horas de día, y de noche; y en acabando, procura seguirme, porque los Citas han vuelto en mayor turba a siriar a la ciudad de Edesa, donde no duda mi entereza desmentir de que Aurelio lo presuma, diciéndole; pero allá lo sabrás; el cielo supla en este valor mi ausencia. e Yo me quedo, y él se afusa: Señores, yo centnela de ciminterios? si es burla? Ay de mí! Jesús mil veces! esta voz es de Espelunca, ya resurgen las fantasimas, los esquiletos pelulan, y aún yo parezco en el habla que soy alma tarrámuda; quien hallara como el miedo la puerta sin cerradura? Ya la llave. Cielos, valedme! Yo les doy licencia, Acuda vuestra piedad al ejemplo de la mayor desventura; no me olvidéis Santos míos, ahora es tiempo que insuya vuestra piedad al amparo de tan infeliz criatura. Eufemia, sal de ese abismo, tus voces el cielo escucha, deja esa escura prisión. Ya la dejo; quien pronuncia mi nombre? Del cielo soy embajador. toví Qué fortuna! A librarte vengo en nombre de Avivo, Samón, y Gurias tus abogados. Ya el alma del influjo que le ayuda, conoce la aquí esfera, pues absorta entre dulzuras, como indigna a tanto rayo, libra al ni no su ventura. No tu venganza le mueve a su Corte de esta angustia; ruegos de Aurelio tu padre te libran, y la fe pura con que hizo dar la palabra a un tirano, que no juzga que el romperla con los Santos es negarle a Dios la suya; conmigo vas a tu patria, ya por los vientos fluctua; que no hará una fe constante? cielo, y tierra a un tiempo muda.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Mil regiones de demonios solo entraron de un espanto a una mujer, donde siempre sus entradas tiene el Diablo, y al con jurarla en la Iglesia, viéndose el Diablo apretado de Exorcismos, dio en decir con acierto temerario: donde iré? y entre los muchos que a sus voces se llegaron, fue un soldado, que al oír el dondeiré tan porfiado, dijo, vente a mi trasero; allá voy, respondió el Diablo; y él temiendo que al instante se vendría como un rayo a entrársele donde le dijo, a toda priesa, quitando las aguietas de un vuelo, partió, diciendo turbado: la pila de agua bendita sea en mi ayuda; y de un salto se encajó en ella, demodo, que desués de grande rato que el Demonio había salido, por más que le aseguraron, dio en decir, no voto a Cristo, no ha de entraren mis palacios quien apenas le convidan, cuando se mete en el plato. Con esta tema se estuvo en la pila tan reacio, y tan encajado en ella, que después de asegurado, para sacarle de pila, le fue al Cura necesario buscar cincuenta padrinos, y aún fueron pocos, que cuando a tirar llegaron de él, en vez desacarle en salvo, dejandósele en la Iglesia, le arrancaron los dos brazos. Yo, pues, que por amenazas de los parientes malvados de mi amo, que ya es ido, adonde si no me engaño, ha de llevar pan de perro. De día, y de noche ando, siendo custodia de Requien, donde es fuerza que asombrado esté dispuesto al emboque de entrárseme un sepan cuantos de Demonios en el cuerpo, sin meterme de cuadrado, como el soldado en la pila; porque huyan de mis barrios, de la cabeza a los pies ando de pilas cargado. Grande asombro da la noche, y más estando en un campo siendo posta de difuntos; miren que viña, o cercado guarda el hombre, o que bodega, para divertir en tragos los desvelos de la nole. Ahora bien, en talesos, peor es penar en Clos Biblioteca Enfemia ya aura expirado, quien lo duda, pues no chista? Las armas estén a un lado, y procutemos dormir. Pero el temor hecho un Argos réplica al sueño, diciendo, que Mercurio en dulce canto, en jurar contra mi vista, dice el sueño, en eso andamos Ele aquí hecho, y derecho. Ya a la Iglena hemos llegado haz, Fabio lo que te he dicho, que a un empeño tan bizarro, las piedras darán ayuda. La música me ha elevado, rendido estoy, dice el miedo, dice el sueño, pues durmamos Mientras yo libro a mi prima has de mirar con cuidado, para poderme avisar si alguno de estos tiranos. No hubiera sido meror de esta maldad haber dado cuenta a la justicia? No; porque los deudos son tantos y era Celia tan querida en esta Ciudad, que cuando no fuera en juicio de todos de tan inferior estado, quien la mato con silencio, desde el menor al más alto, contra la misma justicia, se vengaran enbozados; y así, ya que sé quien es, pues al refetirme el caso Márcela me dio un papel, en que Enfemia de su agravio. me avisaba con más verás, en peligro tan extraño he de intentar rescatarla. Oh como nunca ha engañado el corazón! quien hubiera menos omiso, y más cauto averiguado el efecto con que me expuse a su amparo? Qué purillo estaba el vino! Esto has de hacer. Y si acaso me impidiese el dar aviso alguno de estos tiranos, que puedo hacer? Bien previenes; pero ya un remedio he hallado: Arrímate a aquesta peña, que sirve al Templo de palio, que hiriendo la voz en ella se forma un eco tan claro. Ya te he entendido: una voz daré por señas. Hablaron? parece que hablaron. Cielos, usad de piedad! Muy flaco tengo ahora este celebro; vaya otra vez. Tan airado me tiene, y tan lastimoso la inhumanidad que usaron estos traidores. Que tanto como es la causa, me írrito a vengar su agravio. No hay que hablar, ya pez con pez abota se me ha arrugado. Nadie por aquí parece, segura ocasión he hallado; más rodear quiero el Templo, no sea por retirado entre la hierba me aceche persona alguna, he notado, que después que estoy aquí un suspiro: Mas que aguardo, si puede ser que a la pena esté en el su último plazo? Espera, divina Eufemia. . Ahora, voto a mis cascos, venga todo el Purgatorio. Purgatorio? h , Qué es esto? me remedaron? si se ha soltado algún muerto? Oyes, hilo? Soy asno? No. Pues que soy, cuero? Cuero. Mientes como un espantajo. Ajo. Tedén entre pan, y nueces. Eces, Soy cuba. Uba. Esto aguardo? Muertecillo, aquí te espero, si eres hombre, sal al campo. Ahora durmamos destotrolado, , , Valedme pilillas! Este es Arista, criado de aquel tirano. Abernuncio. Mejor mi esperanza entablo Arista. No voto a Dios, no ha de entrar en mis palacios, quien apenas le convidan, cuando se mete en el plato. No me conoces Arista? No te conozco, ni llamo; Diablillo, tente allá fuera, no me encándiles. Villano, viven los cielos! Cogiome, ya me siento espiritado. No me conoces? Quién eres? Leonido soy, no en tu daño vengo aquí. Pues a que vienes? Ven acá, no temas tanto; tú amigo soy, no lo dudes. Aún no estoy asegurado de si eres Demonio, o no. Qué hacías aquí? Tomando estaba el fresco. A estas horas? Si señor, y aún es temprano. Pues entra conmigo. Adonde? A ese Templo. Guarda pablo. La boveda has de decir donde esta Enfemia, o lo airado de un puñal. Peor es esto que la pila del soldado. Qué respondes? Que las puertas están cerradas. Yo traigo llave para abrir. Pescome. Qué aguardas? Espera un rato; ves esta postura? Sí. Bien la ves, pues no la hago para echar la bendición. Pues para que la has formado? Para esto. Vive el cielo! que es lo que has hecho villano? Echar por arriba el miedo, en vez de irse por abajo. Por no perder la ocasión no le doy muerte. Aliviando se va el celebro con esto, Ea, no vienes? Mis pasos ve siguiendo. Ten valor. Caerá si puedo en el lazo. Qué te asusta? Un gran montón de calaver Que engaños finge el miedo! Ay Dios! Qué has visto? otro montón de espinazos. Donde la bóveda está? no llegamos? Ya llegamos. Es esta la entrada? Sí. h. Por esa trampa la echaron. O si la llave viniese! compasivo el cielo ha obrado; ya abrió. Juráralo yo. Pues alza de aí. Ya alzo. Arriba, pese a tus fuerzas; tenle ahora. Que tufazo respira el veneno! Enfemia; prima. Ha prima; siallá abajo no vas por ella, es cansarte. Dices bien, que aquel letargo . San Círilo. los sentidos la entorpece. Sí, señor, algún lagarto la muerde los intestinos. Toma esa luz. Ni aún pensallo; latrampa es fuerza tenerla. Pues advierte, que en resguardo de mi persona, allá fuera tengo cinco, o seis criados. Esta es droga sin más ver. . Y así Arista ten cuidado, y no la dejes caer: Ruega a Dios que en un espanto no venga la tentación: este es grande mentecato; cinco criados? ni aún medio. Ea valor, que aguardamos? caiga en la trampa mil veces, quien de trampa se ha fiado. Al te coman culebras, arañas, y escarabajos: hijo de un ladrón de muertos, con migo te burlas? vamos buen Arista, que lo has hecho como lo hiciera tu amo, que no hay más que en carecer; pero a escuras he quedado; mas que no he de hallar la puerta? pese al sacristan borracho que aquella lampara atiza! pues a pavesas suspirando, pinta luces como el Griego, las hallo, o no las hallo. Mucho se tarda Leonido. Ya del todo se ha apagado la lampara: Dios me guie hasta hallar la puerta. . Extraño fue el empeño que emprendimos! San Macario, Las nárices me he rompido. Las natices me he quebrado: Eres Leonido? No soy si no León por lo bravo. Ha, señor? Si este me pesca entre los cinco criados, supuesto que es uno de ellos: Pero a la puerta he llegado; buen majbélico me aorro. San Eustoquio. Arista, Fabio. Parece en la voz Leonido? Ah de allá arriba? Ah de allá abajo? Abre, Fabio. Qué he de abrir? Esta trampa. Hay tal encanto! quien te ha cerrado? Un traidor. Sin duda fue el que turbado encontió con migo: Ayuda a levantarla. Un villano que a tan gran bárbaro sirve, que ha de hacer sino otro tanto? Pero yo tuve la culpa, pues de él me fíe. En que andamos, señor? qué es lo que procuras? no sale tu prima? Ay Fabio! mortal vengo. Y yo lo estoy de verte tan asombrado: Qué has visto? El horror mayor que pudo formar lo humano, pues via Celia de tal suerte, acusada de lo incauro de un malogrado inocente, que a no en mudecer el labio, con no haber hallado a Eufemia, te dijera que en su ocaso, cada púrpura es un lirio, cada espiendor un desmayo, una sombra cada incendio, y cada luz un estrago. A ló cual el alma atenta, con inteñor desengaño, dije si aquesto adoré, si por esto al cielo agravio, por esto lloro, y suspiro: o ciego amor! ahora alcanzo que el vendarte, es porque el hombre no mire este desengaño. En fin, no parece Eufemia? El más escondido espacio de ese palacio bostezo, no perdonó mi cuidado, y no he visto aún señas de ella, Qué presumes? No lo acabo de entender; ni se si diga, que a Márcela han engañado, o que el cielo compasivo ha isado de algún milagro: Pero sea lo que fuere, supuesto que ya es en vano redimir su cautiverio, y la parte ha perdonado la muerte; por quien dejé retirado tantos años mi patria deudos, y amigos. Vamos al instante, vamos donde la justicia esenta del afecto inte resado des de esta ofensa la más torpe, ejecute el desagravio, hasta que el Sol por su Oriente ostente al mundo sus rayos: A Edesa, donde camina aquel bárbaro inhumano, he de partir; sepa Aurelio de su honor el menoscabo, las desdichas de su hija, y de todos el agravio: para que en justa venganza, donde incurrió en sus engaños, siendo escarmiento de injurias, muera en público teatro. la rubia trenza de su hermosa frente No el Sol por el Oriente en cambiantes dilata, y en campos de escarlata, lo que sembró de estrellas, coge por fruto de sus luces bellas; cuando por repetir en mi alegría aquel dichoso día que a Enfemia hallé abrazada de la urna sagrada, de estos martires Santos redimida, de la mano homicida de aquel tirano fiero: como al decirlo de pesar no muero! sin sosegar el alma a la ternura, de imaginar un tiempo en su hermosura, la muerte tan atroz que se la opuso, y el favor que dispuso en trance tan penoso, de estos martires Santos lo piadoso, o luidando del sueño la pureza, porque goce más tiempo en su belleza, la dicha de mirarla entre mis brazos; salgo del lecho, a que en gozosos lazos, con que unido le alaga este amor paternal se satisfaga: Mas luego que en sus ojos me reerco, y de Faustino la beldad no veo, en dos ansias mi llanto desatado, corre piadoso, y se suspende airado. Una carta he tenido, en que me admiro que me escriba el traidor de Caumiro, que hoy llega a la defensa de esta Ciudad, yo vengaré mi ofensa; o permitan los cielos, que este caduco es fuerzo, que en los hielos de tanto Invierno cano, fluctua de la vida al Oceano, hasta vengar de mi pesar la afrenta, navegue al soplo que vital le alienta, sabrá Teodosio de mi honor el duelo: Porque en el usto celo con que del cetro a la equidad seguía, vengue a los Santos, y la ofensa mía. A tirano cruel! Señor, que es esto? que nuevos accidentes se han opuesto a tu valor, y tu paciencia? . Hay hija, no admires que me asíía, por más que en esos ojos de la pena se templen los enojos, la memoria tan triste del estado infeliz en que te viste, de un traidor engañada, en púrpura bañada. Como en tus ojos bellos no hallé la luz que yo miraba en ellos? No hallé tu frente hermosa, de tus mejillas la encendida rosa? no hallé, si lirio deshojado al viento) como clavel seviento, el carmín de tu boca? Pues te vi inculta toca de estragos, de inclemencia, del traje la indecencia: y lo más (ay de mí!) que en esto lloro, defraudado el decoro, cuando te hallé en el Templo, yo te vi de impiedad rigido ejemplo: Que si es verdad lo que mi vuz refiere, ya que al recuerdo de pesar no muere, como es posible que remiso e labio venganzas niegue de tan grande agravio? Esto al cielo pedía, y nunca se lo intima mi porfía, que con impulso superior no halle nueva instancia en la voz porque no calle. Si tú, señor, lo sientes de tal suerte; que hará quien de tan cerca el daño advierte? quien al fiero semblante. No pases adelante, espera, que a la puerta no sé que enojo a mi pesar dispierta: Voy a saber quien es. Válgame el cielo! apenas vivo de un mortal recelo. Cielos! qué es lo qué miro? Ea, Enfemia? . Señor, A tu retiro entra al instante luego; no te detengas. . Qué desasosiego así te precipita? Oh como el cielo su venganza irrita! . en tu cuarto te encierra; que presto en el castigo da quien yerra! No me dices? Después lo sabrás todo. Mi humildad te obedece. . De este modo intento asegurarle. Que ha podido obligarle a una acción tan airada? Averiguar lo intento. Igual atrevimiento pueden hacer en la malicia humana? Oh sinrazón tirana! como en abismos de tu error te ofuscas? donde el agravio asiste, el puerto buscas? y con modo tan extraño, al cielo intentas encubrir tu engaño? Pero en alagos, desmentirme importa así el engaño que su pecho aborta: Notable empeño en el pesar procuro, portenerle a mi intento más seguro! Para aquí es el valor, Aurelio? Hijo? Casimito, que es esto ya collio, que a la defesa de mis canas vienes. bien de mi afectosa verdad previe nes. Ha traidor! Pues apenas, que sitiaron los Citas las almenas de esta ciudad, segudabec escucho, cuando en afectos deamor: que mucho si amor de padre te cobro mi pe- dejando el lazo estrecho (co, de tiernos embarazos, hasta llegar al centro detuabracos, porque en los tuyos mi defesa viva, seguide Martelaviosencia esquiva. Oh como ahora de tu pecho no- ble, finezas más al doble de lo que yo entendía. esperimenta en logros mi alegría! Vuelve, vuelve a mis brazos, que en ellos a pedazos el alma te quitara. Qué dices? Qué declara en ellos lo que estima el regociio, la suerte de eligirte por mi hijo: seguesto; por Dios que hepresumido. que en abrazos su engaño me ha Y así, como nodices, (infudido: porque en nuevas felices (sa: aumente el alma suquietud dicho Cómo queda mi Enfemia? Tan hermosa, que el Sol cuando amanece, a cuenta de sus ojos resplandece: Tan gustosa, y hallada. de mis parientes todos tan amada, que en contindos Rilejos, la pena de mirarte tan de lejo divierte de tal suerte, que pagada del gozo se lo adviene diciendo con ansor regocijad o siestuviera, quimipadreamad y decidme, en lojusto de eseze vos que decíáis? Que pluviera al cielo! Eso no, falso amigo! mejor estoy aquí para el castiga De puro gozo se suspende mudr que dicha! proseguid, que no lodudoo No hay jardín, no hay paseo; no hay fiesa, ni recreo; quiendo eentró de hermosuraig como el Sol cuando exhala en vistosos ardores, lluviade perlas en pensil deflore libertando deamorvivas centela no pasme a todos de abrasarse qué yerra vuestro pecho. (ella De tal suerte: O si pudiera amor encarecen u constantemente adoro de su hermosura el celestial te que por dar nueva luz a los candos de un jardín, que en olores al arre purifica, y el Ibril, con o dueño me desa portalamo escogiancetoen donde el clavel fogoso, la azucena, jazmín, mosquetas (roso y la turba copiosa de sonoras aves, que cantan dulces, y enamor an grave san cristalnas fuentes, en gozos diferentes, de un informe recreo, rodeando de Himeneo el tálamo dichoso. de Eufemia aclaman el oriente! g hay la dicha! quie estonocies si vino el desengaño no tuviera: Decidme, y mi Faustino? . Esal jabienque amor lechas previno porque a la herida de este amor suave, siendoinviolablearpón, sirvedellabe: mas que accidente en vuestro gozo ad De imaginarle muero! (vicrto? No el sufrimiento pudo, (do. en la voz, y en los ojos estar mu- Mas dejadme porDios, que estoy de que temo que en mi gozo (suerte, esté mi muerte: Descansad, que ya vengo. Pues dónde vais? . No tengo en casa mis criados, por tenerlos a todos ocupados, y voy a prevenirde aquesta tierra, cuantos régalos en ella encierra: No repliquéis. Vuestra obediencia sigo. Ha cruel enemigo, aborto de impiedades! V. pagarás con la vida tus maldades. Que seguro va el viejo! pero con tal despejo le cifré mis engaños, que siendo la ocasión de tantos daños este volcán que el corazón respira, aún yo propio dudé si era mentira. Solo estoy cuidadoso (ra de aquel primo piadoso; mas quien duda que en buena cojetu le darían mis deudos sepoltura? grande ardid tuvo Arista, y grancui- en haverme alcanzado! (dado O que feliz estrella tienes en todo, diera por tenerla. Porque Arista lo dices? Iba el viejo con tan grande festejo a prevenir regalos. que cuando de él temía algunos palos, a cuenta de su ofensa; vos me dijo, también a mi defensa vendréis con Casimiro, no lo dudo; las maletas quitad, mientras yo acu al regalo que pide acción tan alta: (do mira, para Judio no te falta si no es grande nariz. Fortuna ha sido, yo lo confieso; pero tal ha sido el desahogo que menti en el labio. Con todo eso no anduviste sabio en venir tan de golpe. Qué locura! la brevedad del tiempo no asegura ese amor que forma tu capricho? No puede alguién haberlo dicho? qué cobarde iluvión! si lo supiera, como en su edad pudiera, (mo, cuando le sirve un báculo de arri- del engaño que ánimo, (cabe; sufrir el peso grave? En eso mismo mi argumento pues que bárbaro llega a no semerse de una casa que está para caerse? Deja banas quimeras. (pejo, Ya las dejo. Entra conmigo, y tediré el es- en que a Eufemia mire la vez pri- (niera: Al paso me salió. Pues considera que es cristal. Ya te entiendo, y aún parece que en él están ardiendo, por más que se apagarón, (ron; los reflejos que ardientes me abrasa- cristal, en cuya pureza no cabe sombra de engaño; que nuevo ardor en ti extraño contra tu naturaleza! como admiro en tu belleza lo que mi incendio usurpó; como aún vive, porque yo hallé en ti testigo igual; la luz en que hallé mi mal, no murió la causa. No? Válgame el cielo! Señores, en el Purgatorio dimos. Si es engaño lo que oimos? L. Cómo engaño? andaos en flores del espejo en los ardores que finje su ceguedad penando está en puridad; pues las damas, es notorio que tienen su purgatorio donde está su vanidad. Ahora bien, quiero volver para ver si es fantasía que formó la tiranía de mi torpe proceder; luego verdad viene a ser, aunque no acrédito en ti la voz que en el viento oí, que para acusar mi error, de Enfemia el divino ardor aún vive en tuhielo? Sí. Ya escampa. Pues vive el cielo, voz que pronuncias mi mal, que pues eres de cristal, que te ha de borrar mi anelo! consuma su ardiente hielo la sombra de mis enojos, que temo de sus arrojos, aunque es cristal su porfía, den a mi culpa otro día con el acero en los ojos. Dicho, y hecho. Ay de mi triste! Si no me escurro, el espejo ha de serpeor que el viejo: el caguan me valga! Oíste mi voz, que me respondiste? Deten, deten el baiven; pero no, no digo bien, que el convertirse en acero, es dezirme, que severo vuelva a dar la muerte. A quién? Qué es lo que veo? detente aso noro, o ilusión, no dudo que te di muerte; que intentas, que en fantásticos anuncios. tus venganzas solicitas? Vuelve al centro, donde inculto yace en pálidos desmayos, de ese cadaber lo impuro: Qué me quieres? qué me quieres? Hasta cuando el más injusto, de cuantos en torpe incendio, el etna comprime adusto? Hasta cuando en lo rebelde de ese corazón sañudo, sin respetar a los cielos, has de obstinar sus impulsos? No soy cadaber, ni sombra, no soy aparente bulto, como imaginas, que el cielo ofendido a tus insultos, para vengar tanto agravio, me libró del seno oscuro, donde cruel: pero como al pronunciarlo en diluvios de venganzas no me anego? Como al filo más agudo no convoco, a que incitado de mis suspiros profundos, vibre en público cadahalso sus denuedos un verdugo? Pero quien duda, que el cielo indignado a lo perjuro de tu palabra, que inorme quebró el inviolable nudo, en alas de la verdad al castigo te condujo, que no hay acción en un pecho, . donde piadoso el discurso descuida de la venganza el incendio más oculto; que cuanto más en un riesgo su bárbaro aliento juzgo, sin reportarme en la faña, tanto más sufrir procuro: mas es causa de los cielos, solo en su justicia cupo este enojo que no aparto, y esta ira que no impugno: Qué intentas? Darte la muerte, porque ya que al cielo plugo que yo la mía buscase, me ha dado tanto disgusto verte viva, y tan conforme al denuedo del verdugo, que perder quise a la estrella que terminó tu concurso, y aquí un verdugo te vengue, si mi venganza concluyo. Valedme cielos! - que en escándalos del Orbe Qué es esto tirano infiel? Hacaduco! Prendelde. 1. Date a prisión. Hay tan indomable bruto! 2. Rinde las armas. Ha pese al corazón que en su argullo, cuando la muerte de Cella tan sentidamente obtuvo, al ver viva la agresora, remiso el cobarde susto, no la remitio mil muertes en el veneno que supo! Llevalde luego. Ha cobarde! Es este el llanto que el curso libertó al forcer la llave? No te respondo, ni arguyo, pues en público teatro verá mi respuesta el mundo. Ay de mí, señor! Qué intentas? Si es que la piedad. Qué escucho? tú te opones a los cielos? Mira que fue. No lo dudo; bárbaro, infiel, y tirano. No digo, si no. Perluro, sin Dios, y sin ley. Advierte. Que fue el hombre más injusto se ardio viviente besuvio. En fin no tiene remedio? Así el cielo lo dispuso. Ah de morir. Es piedad. No te lástimas? Es justo. Y mi honor? Así se cobra. Pues si el honor su recurso halla en que muera tal muerte, para no volver al yugo de otro tirano mi pecho, en el estado seguro de la Religión acaben del siglo los infortunios. Con grande alboroto está la Ciudad. Así lo advierto; que puede ser? No sé cierto, Aurelio nos lo dirá, Leonido, a buena ocasión os trajo el cielo. Sabéis vuestra ofensa? Vos veréis cumplida satisfacio. a Enfemia hallé, Que ventura! mas que tuido el viento altera? Muera el facrílego, muera. Todo el cielo se apresura a ver mi agravio vengado con destrozos de su vida. Muera el perjuro homicida? Muera, pero no el criado. Que voz, nueva al parecer, prorrompe del aire el velo? Sin duda que ostenta el cielo de su justicia el poder. Ciudadanos, que con celo de justicia os convocáis, escarmentad, pues miráis que sabe vengarse el cielo; por su decreto abrevió a este bárbaro la vida: La palabra que ofrecida a los Santos no cumplió, sea ejemplo a los mortales. este trágico protento: porque en debido escarmiento, de prodigios, de señales, y de confusión, de espantos, que a la verdad os exorta, sepa el hombre lo que importa guardar palabra a los Santos. Y porque en la admiración de caso tan prodigioso le dé su Autor fin dichoso, si es que os merece el perdón.