Texto digital de La gridonia
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- Félix Pardo de la Casta
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- No es posible No concluyente
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La gridonia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/gridonia-la.

LA GRIDONIA
MEDIA INTITULADA LA A ignorancia, el deseo, la obligación, y obe- diencia de un criado suyo la escribíán. Todas las leyes de las Fábulas, y todas las igaciones de la verdad están observadas ri- vosamente en esta invención, no la lea solo, hase la curiosidad de atenderla, y seale al Au- disculpa de la materia extraña, que se empe- escribir ignorante, la pureza, y decoro que tecutó obediente: estimarala el Salón, cuando la desdeñe el Teatro, y verase el amor tan servido en el Pa- lacio, como ofen- dido en la Corte. Para los encantos, y tramoyas. Dafnes, Anajarte, Filomena. i ḏ̱ de . NTRO. Las telas rompen Deja las horquillas. ̱. Pon la escopeta al Oso nico Cómo al Oso? que aún el numero las cuchillas, En agua, y fuego abrigo pavoroso, a las fieras da el aire. En triste agüero, las nuves tine el pájaro vistoso. J. Hacia el lado del príncipe un montero. Aquí los perros. To, To, To, Disponte al reparo, señor, de este aguacero. Qu A lo raso, a lo raso. Al monte, al monte, No hay cautelar defensas al destino, puesto está en armas tondo el Horizonte, en horrible precepto, si divino, rayos engendra el aire, el monte fieras, al riesgo va a parar cualquier camino, o tu deidad que en ojos reverberas de esta montana en el altivo ceno, que temores achaca a tus esferas, temple a tus iras el sagrado empeño, o muestra luz de las ofensas mías, si en su no libertad ofende el sueño, no me arrogue yo locas fantasías, que apenas las sentí, cuando vi el fuego, mal acusado en las cenizas frías, Ba dionmrib qué prodigio es este? o yo estoy ciego palos Dioses linda este boscaje, no experiencias a la fe le niego, omiente noticias el plumaje, imperial espacio en que desciende, es cambiando del vecino traje, a presa trae un Fénix, y no enciendo llama al blando son de amantes alas, en el rostro la esgrime, y no se ofende, pinoo le obligará el plomo de las valas, lar la prisión, o solar ave, nos bebes, como lumbre exalas. laonamitnos y la cárcel leve al peso grave y repite el mismo rumbo airoso, upor linos la animoda nave, a tu nido pájaro dichoso, le huyo, ni te buscó la muerte. he heredero a ti mismo misterioso, húrtate a la violencia de la suerte, vive los ocios de tu siglo oculto, sin que curioso error tu selva acierte, humano empero, o ya divino bulto, sucede al ave en mis turbados ojos o cuanto a la piedad le daré culto! pastor gallardo, que si no despojos, reliquia eres fatal a los rigores, en que algún Dios desata sus enojos, como en desprecio alegre, los horrores ratas, que admiro, y más galán que atento, tanta tormenta agravias entre fieras? como fácil triunfaste el elemento, de la volátil turba? Y si triunfaste, como obediencia, o ruina eres al viento? te dejó el ave hermosa, o la dejaste? echante acaso menos las estrellas? como el peligro a amparos obligaste? si a penas el monte confesó tus huella que impaciente milagro dio a tus manos, el puro aborto de esas flores bellas? y si alientos respiras soberanos, como en lo que un villano facilita nudos he intentos desperdicias vanos? que inadvertencia atar te solicita, con breve cuerda todo un haz fragante, o el lazo aumenta, o del volumen quita. de . e. Para asustado cazador, y errante, mucho me preguntáis, por vida mía, seréis, señor, que tal dice el semblante, yo (bien que entre estos montes) cortesía se, y se la verdad que se le debe, al que su acierto a las respuestas fía, un hombre soy, si bien mis pasos mueve deidad, a cuyo culto estoy atando, de estas vidas hermosas la hostia breve, mas vos que mis cuidados acusando. tan cuerdo os presentáis, por vano intento, el de los lazos que afecte juzgando, como no os reprende el pensamiento el error vuestro; por mayor que el mío? que al fin yo sondo el mar, y vos el viento, si verme solo que poner porfío, yugo a unas flores, os desmaya tanto, tomo a vendar el Sol os basta el brío? ̱. Ten que la admiración pasas a espanto, pastor esa respuesta no es humana, fueres más que hombre, o yo padezco encanto lor Velo envidioso, lumbre soberana lie- niega quien eres, que en burlar suspensa a ignorancia mortal, un Dios que gana mal avará tu imagen bien dispensa, sino luces, sospechas de que vives, en cerco corto, majestad inmensa, si mi castigo en mi víctima recives sepa yo a cuales aras mi mal debo, de que adore tus sañas, no te prives De tu bizarra presencia, adrino grato a tu voz, y de la piedad que envuelve, crédulo en superstición. ibligado cortesmente, te referiré quien soy, pasarás a los oídos, de los ojos el temor. o soy deidad, no pretendo de tu engaño adoración, consiervo soy de tus ansí o no sea trofeo! no! de las montañas que miras, ves un humilde pastor, solo mi nombre es Felicio, mis desdichas muchas son, Entre otras fragosas fieras, cuya eminencia, y horror, sino es descanso a los cielos, triunfo es, no emulación, le ccio parto de una peña, jací, siya no abortó, felizmente dichosa mí su riesgo mayor. jjamante heredé del monte, firmeza no obstinación, eví el lustre a las desdichas, las desdichas al valor. qui entre muchos conmigo, junca la fortuna oyó mis quejas, pues enverdad, que pude dar más de dos. en que sintió las venganzas, de mi modesta ambición, que estorbándome deseos, todo el poder la quitó. angre de Padres no oscura, me fue vida, medio honor, logrando en siglos no cultos, invidiada educación, spíritus, que aunque míos, mayores eran que yo, hasta tomar (me empeñaron) los cielos la razón. netré verdades suyas, sobre la vana color, de esas mentiras azules, cansancio nuestro, o ficción. Hy cuantos el Sol en luces, desvelos, me agradeció, usura hermosa al cuidado de mi ilustre ocupación. si apostaba en sus rayos, segundo riesgo, y mejor, cuando a más temidos ocios; fuerza dulce me obligó. lla entendida zagala, que a una, y otra adulación, cuantas no atendió alabanzas ictorias tantas pisó. il vez descuidó en mis ojos, dormido uno, y otro Sol, vidriera infiel de la alma, que hizo fuego el resplandor. y la llamó mi incendio, en quien tancandida ardió que antes que humos, dio cenizas ni obediencia, a su rigor, Ni a deseos, ni a esperanzas la llama el viento inclinó, padecer dude, temiendo, si era arrogancia el dolor. si en un éxtasis libre, sabrosa imaginación, aún no entendidos despojos, daba humilde al vencedor. dar ando un apacible estruendo, ofensa leve del Sol) y surpándome a la tierra, lairé de mi heredo. pulce embaraco de plumas, sino venda al corazón, pagó en esfuerzos las lumbres que a los ojos defraudó, landamente violentas pudo advertir mi temor, unas de un ave, que a brazos mas que presa ejecutó. parecía que oprimida, a imperio alguno interior, las distancias ajustaba, que hay del lazo a lallesión, entime dejar, y el pie, a penas fondo ganó, a un escollo, que fue pu del pirata volador, uando ambiciosa mi viste que eterna noche temió la ave conoció el Feni peligro en la atención. en esto el Olimpo santo, sobre brillante temblor se vio mover, y al abrirse, el quicio eterno crujió, En zafir manchado a luces, omnipotente Salón, pueblo permitió de dioses, si Dios más grande ocultó, Flamante trono ilustraba, honda niebla, cuvo error, rayos tropezaba tantos, que mis desmayos guio, ierna deidad descubrí en la dura confusión, y en mí más que en sus arreoe conocí, que era el amor. El que a sus pies oprimia, Júpiter me pareció, bien que en el suelo las vendas, fue mi ceguedad mayor. ob Mas el oro, el toro, el cisne, tejabomia que a la alfombra eran labor, norzno piloblo me informaron, que ellos, y e armaban triunfo, a más Dios Jo eres mortal, para humano, mi Mercurio desde hoy serás, en lengua de trueno me dijo, ardiente una voz. u, que en no advertidos años, toda grosera ilusión, supiste alejar de la alma, que a esencias puras se dio, Tú Tú, que esperanzas civiles ignoraste, y al rigor de soberanos temores, ni aún semblante se te oyó, Humano, y divino vive, de esta, y de aquella región, sirviendo al precepto mío, confidente Embajador. Ese Fénix que los celos, a las plumas traslado te servirá de talares, si tú a ella de prisión. éxamine al Sol las luces, supersticioso fervor, del Águila, yo amo al Fénix, porque en ellos se abrasó, El ministrará mis rayos, las que al mundo son terror, fulminenlos vuestras nuves, que artifices suyos son, Este hombre soy, lo demás que la deidad me fio, sabrás de muchos prodigios, que previene otra ocasión. Tanto que ignorar me has dado, que no acertare a saber, harto me queda que hacer, en creer lo que he escurchado. Sedienta en tu relación, si medrosa en mis oídos, por no acusar los sentidos, busca a la alma la razón. Milagro de estas montañas, qué afecto de mi pretendes? que tiernamente me ofendes si duramente me engañas, En que eficaces venenos, temple a tus palabras das? que me ha persuadido más, lo que he percibido menos, Mas ya quien quisieres seas, ministres, o no al amor, cuando inútil su favor, en estos bosques empleas. Pretenda; o no ofenderme, intentes, o no engañarme; fuerza ha de ser confiarme de quien es fuerza valerme, Dime la tempestad fiera, que en sus ecos se animaba, y en agua, y fuego obligaba. a desatarse la esfera. Del monte el crudo motín a que bruto no falto? en que le merecí yo, que así se empeñó a mi fin? i cuales divinas sañas, de un hombre no se aseguran? que contra su error conjuran los cielos, y las montañas. Si al ver contar de la luz, mas que de la pluma el viento, pusiste ya al pensamiento, sino al rostro, el arcabuz. contra la Fénix que a amor, sirve de ministro alado, de que extrañas admirando entre la ofensa el rigor? la tempestad que tu vida al riesgo expuso, es verdad, que en sombras de tempestad, fue venganza pretendida. Venganza del pensamient jamás inquietó enemigo. Si no venganza, castigo será de tu atrevimento. Atrevimientos se llaman. los que rompen en acciones, que las imaginaciones, no ofenden, como no infaman, En las lesas Majestades, y en los delitos violentos, le castigan los intentos, que son infidelidades, Delitos llaman las leyes, los que del efecto tratan, que nunca al pensar dilata su jurisdicción los Reyes. En deuda tan natural, como el amor del vasallo tanto crimen es pensarlo. como ejecutar el mal. Antes en cualquiera ofensa, si llega a ser la honra sabia, el que la hace no agravia, sino el que la dice, o piensa. No ofende el golpe del bruto, solo en el humano error, da a la desdicha el honor, este bárbaro tributo. esta injuria sin razón, y no la hay sin libertad, luego da la voluntad, no la mano, el boferon. No lo puedo saber yo, hasta verlo ejecutar, y así no puedo vengar, sino lo que el brazo obró, Que a darme el alma el aviso, y en el amago se ve, me cargo, cuando lo sé, pues me agravió cuando quiso. así debo al defenderme, sino vengarme, cargarle, porque debo castigarle, el deseo de ofenderme. No mancha el vidrio el aliento, del que copia su figura? pues la honra que es más pura, mánchese del pensamiento. lira si entre los humanos, los que no vulgares, sienten de la honra, se resienten de intentos, aunque sean vanos, de presumidas palmas se ha de ofender la deidad, que poné su auntoridad en el triunfo de las almas Vencesme en todo Felicio extrañas tus pruebas son, pues males del corazón los agradece el juicio, las en la ignorancia mía, que delito fue tan grave, dirigir valas a una abe, cuando ella el tiro me hacía? Ello fue tan leve antojo. pues aún no descansó en que otro misterio presumo, de las iras de este enojo des Y pues las leyes de amar, quiere amor que por mí estén, dime si amas, y a quién? podrete acaso quietar. Pregunta es la que me has hecho, sacro enigma de estos bosques, que sin poder decir nada, a decir mucho me opones. Pienso que amo, y no lo sé, ni a saberlo alientos coge el deseo a quien suspenden. ya respetos; ya temores. No viste al que temerario, la cumbre afectó del monte, dar las manos a las peñas, sin que los ojos las logren La codicia que en el mar, sed humana encargó al roble, no teme mirar las mismas furiosas olas, que rompe. Al que en servidumbre indigna, benignas constelaciones, vendas le ofrecen sagradas, recatos cuerdos no encogen. Yo pues, que a mayor objeto, riesgos consagré mayores, medroso de mis ideas, ando a ignorar mis pasiones. No me atrevo a ver la cumbre, no al mar le miro los montes, temo el puerto, y que mi frente, tanto laurel la corone, Vengamos empero al caso, que si admito suspensiones, venceré en calmas de amor; cursos del cielo veloces. De Nápoles heredero soy, más temo que te sobren mis noticias, y que tú, mejor que yo me conoces. priente ilustre fue el mío, bien que en su púrpura noble, parda sombra es mi fortuna; cuando Rosicler mi nombre; hoy aficionado al campo, son la caza mis amores, ocio menos condenado, de Reales obligaciones. las no el cobarde conejo, que de su ruido se esconde, ni el ciervo, que armando el rostro los pies alterado escoge, mi genio el jabalí, que cuanto furioso, torpe, en ardiente espuma, afila el corvo mársil que opone, oso que abraza dulce estudiosos alcornoques. cuando a villanos aceros, hidalgas iras descoge. Me llaman, mas yo obediente al gusto de estos rigores, nuésped suelo ser no breve del sitio que los acoge. Entre dos valientes ríos, que amigo cerco dispone labré palacio, a mi gusto, sino a mi poder conforme. Pintar quise las paredes al fresco, llamé pintores, que de Apeles dilatasen crédulas transmigraciones. Entre todos (que eran muchos pudo gozar Miraflores, un Griego de quien las vida andaban a hurtar colores, Amagos eran de Dios, cuantos miraba borrones lpuebo, que aún el mirar, hay con ojos quien lo ignore. ste que coloco el cielo, en sus eternos ardores, iluminar lo rozado, de algún eje dé sus Orbes. la duquesa de Ormedes, las tragedias pinto atroces, asta imitar de Gridonia, lasfemas emulaciones. sanse en Constantinopla de hijo, y padre vence dores, el primo, y marido muertos, o cuanto sufren los Dioses! gOrmedes se oían; si hay fe en los ojos) las voces, en que la viuda, el con suelo, con las venganzas compone. hermosura de su hija; que huérfana al siglo entonces, iempre adoptaron los cielos, para original de Soles, recía en casamiento, brazo, que en duro corte, de Primal con le diese la cabeza a feliz golpe! hua el Príncipe Griego, castigando pretensiones, uando a bellísimos sodios, ijustas servía ocasiones, ávase en otra parte. soberbio en los arreboles, por el señor de Claroncia targarse el aire pesidones. R; Cau Cautelando la Duquesa, mis envidiosos rumores, la luz de Gridonia inmensa, a esfera poca recoge. A un castillo, que a una roca, usurpó partida el nombre, avariento al Sol de días, prodigo al mundo de noches, ntes de entrar, la detiene una fuente, a quien las flores, por prevención del pincel, la vida no reconocen. Tan vivamente las aguas, el pintado campo corren, que es milagro no destiñan, lo que es natural que mogen, o lejos se descubría. hermosamente disforme, la corona de las fieras, el asombro de los montes, Un León que hacia Gridonia, no pasos movía conformes, arrastraba sí, las greñas, humildemente feroces Ya al incendio, no al baño parecía en los temblores, entendidamente bruto, imán, que al Sol hizo norte. lendido a los pies llegaba, no lisonjero, ni dócil, porque no deba acción libre, ni a las fieras, ni a los hombres. suidado dicen de un Sabio, que en guardas de mejor bronce a la mayor hermosura, la mayor fiereza opone, lo, que a todo el lienco entero, iba dando admiraciones, incrédulo de mis ojos, a tanto caso deudores. suendo en Gridonia los puse, los di el daño, a que se exponen expurios atrevimientos, que al Sol mienten esenciones, locamente los fie, de los vecinos candores, que son de sagradas luces, ofensas las atenciones, las ay de mí, que con verlas, no pude cegar, perdiose el castigo a mis deseos, o los de otro no le topen! lo merecí que atendiesen, a mi mal sus disfavores, que entre sus rayos, sus luces, que ruina no hicieran noble? R Caso empero prodigioso, que créditos descompone, la imagen consa pareo, a que era al lienco cuedro inorme, obnosib pareció, quedando miedo en hierros sudores, dibujándole al hacio, verdaderas ilufiones, Yo de suspenso, irritado, sin dar la vuelta a la Corte, a caza salí, a alcanzar, más fieras mis confusiones, Y en algún airoso enigma, que menos la fama note, matar a Primaleón, si al pecho el braco responde. De allí intentar de Gridonia, menos odios por favores, si puede ser que la obligue como que la desenoje. Vi el ave que te traía, quise tirarla, formose de brutos, aguas, y rayos escandaloso desorder Perdime al fin, y yo ignoro, Felicio, mis Horizontes, o es fantástica esta selva, como las hierbas que coges Mi. Mira de aqueste discuro, a que pena me propones que yo no se de mi amor, hasta que mi amor me informe, Suspenso me has tenido, o hijo de Parténope famoso, en lo que has referido, si bien no me has dejado cuidadoso, porque a saber me enseñan, las causas mismas, que adudar te empeñan, Respuesta más que clara, amor te ofrece, sin piedades mías, en novedad tan rara, que si las ocasiones desafías, con atrevidos ojos. como en la ofensa acusas los enojo mp Nunca el sagrado bulto; ver se permite con festivo agrado, su más debido culto; es el respeto ardiente en miedo helado, y sueña a no decencia, gusto que templa al fin la reverencia. ihasta con las paredes, culpó tus ojos la divina imagen, ya como afectar puedes dudas, que el sacrilegio humano ataje? idane ay Rosicler, tu amas, bien que al amor, no amor, si no se llamas. Y Yo pues pagarte quiero cuenta tan liberal como me has da y si al vuelo ligero, ausencia fiel te permitió el traslado y su respeto juras, pondrete a tiro de sus luces puras. ̱. Felicio, hombre, o deidad, luz sospechada de mí mebla oscura; mira de una verdad, Jual puede ser la prenda que en ella te prometo, consagrarme venganza al dudar, si me acuerdo de la copia, o el hurto de el sino es que en mí me pierdo, por dulce error de soberano paréceme que puedo, ostar al pincel aún con mi miedo. umamente era hermosa. (rara verdad que el brazo al tie y en gentil arte arrosa, tan émula a la gracia la hermosa que en sospecha sagrada. ardió entendida, si lució pintada iraré, que era el rizo de la color, y cuyas he! trofeos amo ni encendió más el pelo, por dejarle oro al mundo, Sol al cielo. La igual, y tersa frente, cuidado era, y acierto a un ceño blando? ni humilde, ni eminente, deciende de ella extremos declinando, a que atenciones rindo, aquel riesgo fatal de lo más lindo. en ojos, y purezas. blancas estas, si aquellos encendidos, entre varias finezas, se daban ya a batallas, ya a partidos, por ambas las mejillas, no flores, y una a otra maravillas, las cejas arqueaba flechada prevención a tanta vira, como en ociosa aljaba, sella el desdén sin fatigar la mira, de los arcos dudosos, menos atentos, pero más hermosos serdad nació en sus ojos, la color, que aún mentida honró los ciel cambiando los enojos, de azules rayos a flamantes velos, en porfía tan bella, que ellos tienen un Sol, cuando dos ella, dor majestuoso los labios rayaba copia breve, quien si numeroso, menor, y blanco pueblo muros debe, que si avaros se abrían, dar fragantes avisos parecían. La garganta, y las manos; cándida envidia a inútil diligencia, igualmente tiranos, condenan en traición la resistencia Deja el pincel ahora, da los ojos al Sol que tu fe adora, Vos sois la que a no amar no da licencia? porque huis imagen gloriosa? de un alma, en quien os veis tan poderosa; que es su temeridad vuestra obediencia. Si es porqué induce amor correspondencia? no del agradecer estéis medrosa, que en lo más fuerte del dolor no osa, pensar en si merece lapaciencia Mas halla estáis que os pueda humano oficio obligar, yo firos debo el ser querida m y mi amor, y pena os agradezco. O, permitid, puer ardo sacrificio vuestro, sin mi elección, que en dar la vida amor, no ofenda, ya que no merezco, No es eso lo ofrecido al amor, mal le importunas que está no es de las fortur que ayudan al atrevido, basta ya lo permitido, pagaras con no mirar la presunción de adorar porque acabes de saber, que cansas en padecer, cuanto ofendes en amar. Valgasme tú, que te ofendes de mí, con muestras tan clara amor si ensangrientas aras, clemencias tal vez enciendo y tu ministro que atiendes a sus preceptos fatales, si tanta sed de mis males, deshanela tu rigor, ven ven a gozar del dolor, que obran desengaños tales. Ven, y triunfa en mi memoria, infiel vecino, y ereron, qeu enciende más el infierno, con resísteros de gloria, ecos son de la victoria, que amor se obliga a intimar, cuando fue ofensa adorar? en que tablas está escrito, que si esperar es delito, pueda ser delito amar? Si es Dios verdadero amor, por más que se brañe oculto amor debe ser su culto, todo humano es su deudor, pues cuando el acreedor, de la paga se ofendió? que tirano desdeñó, los imperios ofrecidos? o que acero en los rendidos, los ocios no acredito? Pastor, pastor. Qué molestas el aire con quejas vanas? de y de injurias soberanas, buscas humanas respuestas? Cielos, qué voces son estas? Quién eres tú en quien mi pena; tan sabrosamente sueña? que deleita aún acusada. ̱2̱. La cuanto bien escuchada, mal oída Filomena. La cuñada de Tereo, la que es piedad que te acuerde, cuan locamente se pierde, cuando se arroja un deseo, menos crueldad en ti veo, con más riesgo Rosicler, no te acabas de perder, con tanto irritar tu suerte, que desde un laurel te advierte, errores una mujer. Antes he de procurar, hacer el laurel pedazos, reducir a mis brazos, los miedos de este lugar, oo Profano, como al altar de la constancia te atreves? si el Sol aquíen la luz debes, fue de este laurel vencido, que esperas cuando atrevido más obstinaciones pruebes? Dafnes soy, mira sipuedo decir al Sol desengaños. nono tamos sorval oblo! Válgame el cielo, que braños sitios va mudando el miedo, no niego amor, ni concedo, perplejo estoy, mis desmayos, tributo a aquestos ensayos. Pues ya se acaban las señas, y si no das fe a las peñas, darás venganza a los rayos. najarte soy esquivo; mármol honra mi firmeza, dando copia su dureza, de los desdenes que vivo, el gusto con que el altivo, lsis dispuso en mis rejas, el fatal lazo a sus quejas, la quietud turba en que estoy, donde sepulcro me soy, y tu aún la muerte me alejas. lo busques más ocasión, a repetidos espantos, que pequeñas, y árboles cuantos, viste el monte, humanos son, porque di? tu confesión, siquietudes solicita, nuestros olvidos irrita, en fe de tan vano intento? que aún perderás el tormento, que tu dolor acredita. En las tablas de los hados, no es arbitrio el Dios mayor, así en trofeos de amor, duran siompre transformados, los que honraron sus cuidados, escarmienta en las divinas señales, que peregrinas, borra tu inútil quimera, mira que en Grecia te espe mejor muerte que imagina A montaña prodigiosa! puedesme de ti apartar, mas no obligarme a mudar penas de que estás celosa, no amare, si es ley forzosa, que ya los hombres ino amen, porque afecto tal no infamen, más amaré el padecer, daño tanto, o Rosioler, los siglos más no me llamen, No amaré a Gridoma, cielos, pues tiene su crueldad, por igual temeridad, arder nostias, que armar vuelos, lo lograré así mis desvelos, y aunque tanta profecia, mis temores desuña, mataré a Primaleón, que es honra, no obstinación, la obligación que porfía. uedaos a Dios soledades, que entre estos yermos errores, mezcláis con blandos rigores, las más duras piedades, desperdiciad crueldades, en este; y aquel agüero, que harme al Ponto quiero, contra cuanto Noto sopla, llevando a Constantinopla, lutos, o luz en mi acero. Caballero, si leyes de tu estado, no escluyen el amparo de una dama, dale por voz peligros a tu fama, que si a Armelinda de Aragón Princesa librar presumes de la Real empresa, le darás tanto espíritu en que aliente, que descanse el Clarín, o le reviente, contra su voluntad, contra el decoro, de la deidad de amor majestuosa, va del Rey de la India a ser esposa, el gusto aún de su padre violentado, de una prima del Rey que lo ha tratado, dama a quien sirve entre excelentes partes, la májica ambición curiosas artes, porque cual otro fuerza dar pudiera, prendas de la alma a ausencias de otro mundo sobre la infame fe del mar profundo? cuando España a la India (si lo hallas) presentó casamientos, no batallas? cuando ostentó en desmayo de sus glorias, cuello yugo, el brazo no victorias? un temporal contrario amigamente, lisonjera discordia, fue a la armada, a diferentes puertos derrotada, tan trabajada, al suyo la Real llega, que no el viaje, aún la defensa niega, solicitando al cielo estos enojos, la tempestad serena de unos ojos. Deja las ilusiones de la caza, supersticiosa sombra a ardientes lides, que si ocasiones a tu brazo pides, inguna tal como ofrecer la vida, a la gloria de amor más ofendida. pues siempre tuvo a ofensa, no a trofeo, ser. crvirle en cuerda el lazo de Himineo. o quisiera español, que tal pareces, larte respuesta en este monte extraño, donde una, y otra máscara el engaño, se pone tan veloz, que a penas deja lugar al mismo error que me aconseja, ni se que aceros deban principales, ocuparse en cortar lazos nupciales, fuera de que me arrastra un dulce imperio, a lograr altamente, espada, y brazo, este (aunque ilustre) al fin es enva il cuidado, al decoro, al fin que llevo y al dolor, que a un divino enojo debo. No sino al aire, de quien fías grato sombras te restituya de un retrato. Cielos qué es esto? todo el mundo sabe mis afectos, y solo los ignora, el dueño amable que mi miedo adora. Rosicler, de Gridonia la hermosura no es número mortal, ni hay porque extrañes ver todo un mundo en ansias conjurado, de lo que a todo el cielo da cuidado. Aquí hay parte al valor, parte al aviso, y a tu fineza no pequeña parte, mira si engaños vengo a aconsejarte, una dama consuelas, un Rey vences, de aquí es bien que los méritos comiences, si a tanta esfera, Príncipe se atreve, eesta de esta grosera voz la impresión leve, servir por ti a Gridonia es vano intento, por el servir al merecer aspir y al presumir, no hay premio, si no ira. Consagrar a su altar una belleza digna también de aras, es fineza goza dé padecer el privilegio que pensar merecerle es sacrilegio, ve a obligar a Armelinda, no responde? guarda no pase el susto a cobardía que trae su esposo el viento en su porfía, y si la armada indiana toma el puerto, será imposible, lo que ahora es cierto. Ve, que al abrigo de ese hermoso muelle, te aguarda una galera reforzada, que es sola, y es recelo de una armada Ni temas los errores del viaje, que yo te llevare de este paraje hasta pisar de Grecia las arenas, as, de esperanzas llen mas que de es Ya no es posiole replicarte en nada, segundo, embajador del amor puro, en lo que me prometes voy seguro, robárele a la India, el Sol de España. que estos dudosos Horizontes bana, y será de su luz el cerco ardiente, a mis aras peana no eminente, cual senda tómo al monte? lo Esta derecha, rontan: que está ya con muelle de concierto. ̱. Al fin naufragios voy buscando al puerto. Vuela Príncipe, vuela, no camines, que los pasos de amor en las espumas, siglos a que se saben calzar plumas; solo sirve su calma a mis cuidados, plomo, en que sonden su rigor los hados, BIORDIT Así Delfín es verdad pilicio porque a despechos inientas, que hasta navales afrentas, ob oíob honren tu temeridad. DIV El ve disfraces? qué invenciones? oloulebabY confundes escandaloso, que al siglo más Fabuloso, aumentas transformaciones, v que es del ave a quien la suerte, a fuegos solicitados opiliaque e omos los miembros ya jubilados, reforma en fecunda muerte? Joblob ne es del retrato que adnuras, breve espejo del Oriente? cuya luz espira ausente q) el aire en que tu res oispotono no, porque el engaño no sigues de estas fantásticas cumbres hasta que divinas lumbres a humanos aires mitigues? Porque el mar placido irritas, contra las eternas leyes, y a los Antárticos Reyes las esposas de oro quitas? si en Francia, ya su heredero, pudo Grecia aprisionarte porque no intentas prendarte a acciones de Cabellero? irve, asiste, galantea, busca una, y otra ocasión, dale de Primaleón, la vida si la desea. (si sus desvelos sabios, no hallan posibles tus dichas no añadas propias desdichas, Cel fin de ajenos agravios. Deja la gala Española, como el pellico dejaste rma el arnes que olvidas desde la greva a la gola. Doren tu ropa France tantos Soles como lirios y no partas tus martirios, con otros, que no es fineza. so No ofendas tanto decoro, con menos noble ejercicio ni trueques al de Felicio, tu nombre de Artemidoro, Vuelve a tu región medrosa, esta se lua de mentiras, templa a Rosicler las ira deja a mi primo su esposa. ̱. Al fin a esas luces bellas generosa Felisalba, copiado su aliento la alba, miedo influven las estrellas Y debiendo a su hermosura cuanto a sus estudios palma dan, como a mis ansias calm tormentas a tu ventura. surtado te han del Oriente a mal seguras entenas, despreciando en duras venas del Sol, la atención luciente, por la plata del mal mas que cendrada espumosa, de Clorinardo la esposa, vienes en vano a buscar. eja las quejas, pongamos algún medio a estos extremos, como amigos nos tratemos, pues un arte profesamos. De o si De esta arte pues, a esta ciencia, cuan alcazas estoy cierto, mas a mí me ha descubierto, más misterios mi paciencia. Yo adoro (es verdad) yo adoro a Gridonia, tú lo sabes, y que no afecto en tus naves su dueño, ni su te soro No se si sabes, yo lo sé! para tormento mayor, que aqueste cielo de amor, obsido no llega si no la fe, oboro Se que el galán Clorinardo obnoriio vendrá a gustar de este robo bebiendo en gustoso arrobo, la misma luz en que ardo. Quiero a amor obedecer, y su decreto ayudar, lleguemos todos a amar, pretendamos padecer. No entiendo Artemidoro, que pretende tu dolor? Que en el más ardiente amor, venza a la llama el decoro, Que no ame ninguna dama, que adore todo galán, orbom nujio y que ni en leve ademan, zógime omos quien ama, diga que ama cuie ni tno etendo hacer un instante, que ocupe al tiempo las horas, si esto Felisalba ignoras, disimúlalo galante. treeme que amor impide todos estos escarmientos, y con hermosos torentos, humildes soberbias mide. eja los cielos airados, que su curso desenojen, y en nuestra obediencia arrojen, su eterno tema los hados. ve en las fatales sentencias, Felisalba no hay instancias, porque arrastran repugnanci tomo guían obediencias. Que una dama, con razón, no obligue, ni persuada? En suerte tan declarada, culpas los remedios son. que quieres obligar, aún no forzoso en efecto? y congojar el respeto, que no se puede guardar? delo así lo dispuso, perdonad, tú, y Clorinardo, que cuanto de cortes tardo, junto de amante me acuso, Artemidoro, no importa, despierta la niebla oscura, que no es larga tu ventura, cuando la nuestra sea corta. A Felisalba, Felisalba, prima. Que quieres nuevamente desdichado, que venciendo del mar la undosa grima, en la más dulce tierra has naufragado, Clorinardo respondes? ioque Ya me anima tu claro acento en mi confuso estado, vuelve allamarme. Primo. Ya parece, que mi noche a tus Soles desuanece, que monte es este (oh cielos) pavoroso? que mi error en sus nieblas acredita, y en bárbaro, paraje, si ambicioso, freno del mar, su furia no limita, muelle ayer mostró amparos delicioso pueblo de escollos hoy se precipita, afondo tal, que ofrecen sus señales, sino verdad, sospechas infernales. elisalba, que es de esta Astrología, que de los tiempos se arrojó las llaves, sino perdona el tiempo travesía, y el mar se agravia al peso de mis naves, en que estado la Luna padecía, de amiga, y mayor luz, ausencias graves, que burlando la sonda a mi destino, acecho entre la arena el menor lino. ve España es esta (dime) belicosa. dulce en el clima, en la nación bizarra, que hasta la abana, conducí a mi esposa, y me trae de San. Lúcara la barra, y ojalá que a su barra peligrosa, paso pidiera, y que la ociosa amarra, no dispensara en este monte el voto, tan ignorado del mayor piloto. Nación famosa a cuyo largo imperio, grata la eternidad siglos descoge, de cuyo cetro, aquel, y este hemisferio, rayos no huye, cuando abismos boje, cual causa grande? cual mayor misterio, aque tu trato fiel deudas enoje, pudo pudo obligarte en públicos pesares? a quién espuso entre latierra mares? Y vos del alma potestad divina, norte animado mío, en que os ofende, quien mares yerra, tierras peregrina, por luz, que ni le asiste, ni le atiende? si queréis que dé nombre mi ruina, a estos cristales que esta llama enciende, seanme leve mármol las espumas, bajen cénicas, las que suben plumas. Mi indignidad retraten esos ojos, omnipotente causa de mis penas, honren un pecho Real vuestros enojos, servirán al blasón sangre mis venas, pero no así desatendáis despojos; que les libréis el triunfo a estas arenas, desatad los milagros de este agüero, que un Sol me mata, y entre sombras mue donde estoy resaca, he inútil hecho, de la inquietud de la agua, entre dos bren mal menos es, un temporal desecho que el miserable puerto de estas peñas, Felisalba a más hondas da mi pecho, que hartas le duran de su fuego señas, no me dejes por boya a este elemento, que vine envidia, y quedaré escarmiento Ay Prícipe engañado, no es de España, poca fe, que nunca fue poca, ni Armelinda, ni el piélago te engaña; ni fue haber este muelle, ni hoy es roca; cuanto su vista al pensamiento extraña, a ignoradas vengancas te provoca, de Francia es el Delfín quien te ha agraviado, y mis sudores májicos helado. el gran Duque de Armedes la hijaberla peligro amable al mundo fatalmente) adora, y viendo en una, y otra estrella, cuyos aspectos observo eminente, que eterna ley prohibe el merecerla, por más que él tiempo a porfiar lo intente, ya que no envidia, bárbara impaciencia, a los monstruos le instiga de su ciencia, Aleja a todos, porque atodos llama amor, sin que en Gridonia un arpondore, pues como en cuantos ven del Sol la llina. no hay Clorinarda quien su incendio ignore, sin que él lo atienda, nadie oyó la fama, de esta deidad, que humilde no la adore, sin que las iras de sus luces bellas, dignos los juzguen de morir a ellas, en que no siempre, no: no siempre ha sido, la fama el dulce mal de estos errores, un pintor si, que diestros, no advertido, en sombras bastó a hurtar sus esplendores, bastó, si bien el hurto desmentido, en toda la ambición de sus colores, el no responder solo le traslada, en todo lo de más se ve agraviada. De este pues un pincel (que ardió las plumas flecha) iluminó el pecho a Artemidoro. Delfín de Francia, en quien cifró mil sumas de su Herebo, el Májimo tesoro, otro burlando al mar ceños de espumas, farol del Veneciano Bucentoro, a Nápoles rigor fue tan esquivo, que armó en pintado fuego, incendio vivo. De otro en Constantínopla la violencia, teme Primaleón, si no la huye, y bien (como del Sol la breve ausencia, luces en las estrellas sustituye) por las copias que al aire de esta ciencia, Gridonia permitio, rayos influye, con que a las viras que el amor dilata, émula de la hierba, la luz mata. No eres tu mal testigo a estas verdades, pues te obligó un retrato de Armelinda, a afectar en distantes amistades, que impere el Ganjes, loque el lebro alino a mí aque inflejibles voluntades, del Reino Aragones al tuyo riuda, más temo Clorinardo en lo que vemos, que en el acierto mismo nos perdemos. Porque la mira Artemidoro pone, estorbar unos, y otros casamientos viendo que el hado su decreto opone, al presumido fin de sus intentos, con esto pues, si no es que a más dispone, la turbación de tantos elementos, tu esposa roba en este despoblado, a fuerza de sus artes fabricado. Entre estos igualmente, varios casos, que ahora ofenderte pueden referidos, de Rosicler los más que errantes pasa lleva a esta indigna hazaña conducidos, su ciencia te ocasiona estos fracasos, estos montes que miras, son mentidos, la verdad sola es, que en este punto, honra te usurpa, esposa, y quietud junto. Viven los cielos, Clorinardo, viven mucho empero permiten, no a las quejas el tiempo des, que vanos las reciben en si los aires, mira que te alejas de tu deseo, y temo que te priven las mismas ansias, que a los ecos de en estas rocas, de mejor remedio, corre, que un mundo se te pone enmedio Vamos, mas vive el cielo, repetido de mal jurado, Felisalba hermosa, que si temeridades a atrevido, no a la prisión, al gusto de mi Esposa, sangres, y aguas en mísero alarido, dan han de faltar a su nación briosa. que mi brazo derrame, y den sus ojos, para alago cruel de mis enos. Presto Príncipe, presto, que ya siento moverse el monte, y temo nuevo engaño, Venced, no el aire solo, de pensamiento iréis a ver, mas no a evitar el daño, tu Rosicler, a quien gallardo el viento, lienzos dilata sigue el desengaño, verás estas riberas victoriosas, a donde vengo a obrar mayores cosas, Breve constelación me dio cuidado, ya pasó; ya Gridonia es imposible Rosicler, que sea tuya, cuando el hado, no hiciera al Griego Príncipe invencible, a todo mortal hoy le está negado, mas mas que el dolor, dichoso de insufribl ven mudarás el fin a tus intentos, y tu Primaleón verás portentos, Sirene, si me han nombrado? Sospecho Primaleón, que es lisonjera ilusión, que se finge tu cuidado. Siempre a vista de estos muros, emos de vivir hermano? nunca ha de ignorar tu mano pechos tiernos, fresnos duros? Siempre han de durar las prendas, de estos riesgos valerosos? los palacios siempre ociosos, siempre ocupadas las tiendas? Nunca la Alba madrugar podrá, sin que la prevengas? y en el peto espejo tengas, que la ayude a despertar? unca podrá saludarla, un pájaro agradecido, siempre del bronce el gemido, la ha de intimar la batalla? Bien necesitan las vidas, de sus lentos resplandores, si se hallan siempre las flores, de tus muertes prevenidas. Y el Sol, que en tu limpio acero, se aliña para lucir, cuando le piensas partir si apenas te basto entero? Mas si en las duras porfías, de que obligado blasonas, a las noches no perdonas, como has de librar los días Siempre el acero ha de arder? siempre el fresno ha de estal deja un día de matar, porque haya otro que venter. Sirene, hermana, y lamiga, que la sangre más Real, si el amor la enciende mal, desmayadamente obliga. Yo llegas bien a inferir, de tu amor la mengua mía, si el faltar es cobardía, no es crueldad el asistir, Antes temo que me aguarda, siempre una opinión dudosa que la asistencia forzosa, tiene poco de gallarda Y así en grandes accidentes. los que van desafiados, prue prueban bien que son honrado no tanto que son valientes. Jener honra es calidad, guardarla no es biza que quiere la valentí puntos de temeridad. Vivo al soberano enojo, de Gridonia en mis pesares, que a no ofender sus alta quisiera llamarle antojo. lo maté de lanza a lanza, al gran señor de Duazo tienen más culpa mis bra que tuvo su confianza? i padre por sin más grave, al Duque quitó la vida, que fue a causa merecida, quién Sirene, no lo sabe? Si se ofrece la belleza, de aquel amable tirano, al que con dichosa maño, diere a sus pies mi cambeza. No es mucho que tanto venga, número, a intentar vencer, que de ponerse a temer, lugar mi pecho aún no tenga. Mas si su crueldad es tanta, déjese ver, y verá, le que de sus voces no hará un paso atrás mi garganta Que yo no darla confío, (porque persuasiones huyas) ni a manos que no sean suya ni a acero que no sea mío, Quieran los cielos piado hacer tan feliz tu espada, que la fama de ocupada, talte a sucesos forzosos, Tantas victorias le des, tantos triunfos te presente que siendo un laurel tu frem besen dos mundos tus pies, Que yo hermano a tus deseos, bien noto el error que calla pues excusar tus batallas, es acortar tus trofeos. Dame ese arnés, y veremos, de este cristal a este acero, quien se retrata primero, siendo ambos de luz extremos. Qué es esto cielos? no veo mi imagen prodigio raro, que que espejo se mostró avaro, con lo hermoso, o con lo feo? de vez negó la figura, si tal del evano falta, hasta en la luz no le falta una sombra a mi ventura. sombras, y aún asombros sobran, los cielos contra mi apuestan, y una gloria que me prestan, en mil infiernos la cobrán, igua que del cierzo helado, luz granjeaste, y firmeza, en quien la mayor belleza, menos lisonjas ha hallado. omo en fuego te resuelves, vapores sudando extraños, y en lugar de desengaños, dudas al rostro mé vuelves? de oscuro velo te ofusca entre este sangriento horro que enemigo a mi valor, miedos en encantos busca? Yo no llámara enemigo, al que a avisos me defiende, a y parece que pretende, ser agüero, y no testigo. Que a un agüero fabricado, de lo que el discurso ve, ni se le debe dar fe, ni negársele el cuidado, Quebrose, con que el pensa en tus prevenciones dejo, que el agüero de un espejo, en esto viene a parar. quien una verdad tan clara, Sirene no considera, el agüero, hermana, fuera que un diamante se québí ̱. Sí, mas al valor recoge, la tienda a raya debida, no esta deidad ofendida, rayos tras lluvias arrog Mas ya los tiene delante, aliento Primaleón, mira de un crespo León el Real, si bruto semblante adlís ̱. Mira más leerás en él fianzas de mi cautela, pues es su pecho rodela, sus guedejas son cartel, Dice el blasón donde empieza, el fin, hermano, a que vas, Fanrcesas, Sirene, son estas lustrosas quimeras, no defrauden atus verás, las burlas el corazón, afama en igual clarín, da al mundo desde Polonia, la hermosura de Gridonia, y las ansias de Delfín, Para ser Rey de Romanos, juzgo este medio mejor, siendo el imperio de amor, saber morir a sus manos, Y ojalá el golpe divino, bibrar enojos quisiera, que naide le agradeciera, mas su riesgo a su destino. No se entre estas fieras trazas, a cual me incline más veces, o a ti, porque me pareces, o a ti, porque me amenazas, Hay cabeza retratada, como enseñas a mi vida, lisonjas de parecida, entre envidias de cortada, En que nueva crueldad, se pudo ver tal desdicha, que mereciese más dicha, tu sombra, que mi verdad, Tero aunque más representes, la suerte que al golpe esperas, que te importará que mueras, retrato, si no lo sientes. bre los ojos siquieres, gozar tu dicha al partir, pero como has de morir si estas mirando que muer didadosa el alma veo, de vivir, y de dejarme, por si pudiese trocarme, a esa espada, este deseo. édate alma, y pues padeces, lo mismo es ir que quedar, que no es justo desear, peligro que no mereces. acero, cuanto blasón, fueras de suertes más claras, i cruel no te estorbaras, con el efecto la acción. al al dueño satisfaces, piadosamente inhumano, porque siendo suyo, es llano, que estorbas lo mismo que haces, pruebes acero más, el daño que solicitas, que al dar la vida, la quitas, como al quítala, la das goeres si el, no espada, siendo Fénix mi fortuna, falso mármol, que la cuna, tienes en sombras sellada, Y tu coronada fiera, espejo a mi fe mayor, en cuyo mudo terror, estruendos libras la esfera Como en esa espada abonas tu majestad celebrada? una cabeza cortada, siendo León no perdona Hambre más noble solía, calificar tus empresas, que son tan humildes pre o temor, o tiranía. Primaleón, más turbada de ti estoy, que del León, pues para su perdición. te llega a sobrar la espada. Si no es que son simulados, dolores tan sin testigos; tus mayores enemigos, son ya tus mismos cuidad Mal de otro brazo temí, tu daño Primaleón, tu riesgo es tu corazón, a ti te temo de ti. ve justa aura, que no sea, mas que me droso el efecto. cuando primero que el peto, el propio pecho falsea, creditándose van. mis miedos en tu accidente; siempre te juzgé valiente, nunca empero tan galán, si tan cuerdo, que guardaba tu dolor silencio sumo; pues jamás me parló el humo, el feugo que te abrasaba. e es fuerza que se desmande, dicen, si es grande un empeño, pienso que es más ser pequeño, el pecho, que el amor grande. eve arroyo en larga vena, inunda el margen si llueve, y el mar que al cielo se atreve, cenrise sabe a la arena, flaca voluntad, fácil muestra el parojismo, caber, hermano, en sí mismo, es grande capacidad. una apretura gallarda, la verdad del caso inquiero, si es mal, para que le quieres? si es bien, porque no le aguarda? Trompa sueña a la marina, nuevo combatiente viene. Licencia una hermana tiene, con causa tan peregrina. Y hoy por ninguna ocasión te he de consentir armar, Pues no sabrá pelear, sin armas Primaleón. Mal por eso batallamos, llévense luego a la tienda. Temo que el espejo encienda, más fuego que el que miramos. Hermano, amigo, dejemos, las lides hasta mañana. Ya pasan de amor, herman esos celosos extremos. achaque de celar, El se le pega a ese temer, que con ansias de querer, no descansa hasta agraviar, Tanto aquietar porfía, que hasta inquietarse se infama por que no estima; ama, quien del otro desconfía. De donde vengo a entender, que que toca el desconfiar, no a los cuidados de amar, si no a los de aborrecer. se porque el entendido, se prohija afecto tal que pensar del otro mal, siempre de necios ha sido. iya no es (echando el sello, al mármol de aqueste abismo que lo que se de mí mismo, llego del otro a entenderlo. son que si opurando vas, el vaso de estos venenos, no hay hombre que quiera menos que el que llega a celar más. Tanto discurso provoca, una amorosa pasión, o es que ya tu corazón, halló el camino a la boca o es de temores mi extremo, amor es, hermano; el mío porque cuanto de ti fío. tanto de mi dicha temo. las otra ventura extraña, viene en tu acero a provarse, porque yo miro acercarse, por si misma una montaña, se llegara a creer, de de los gigantes la guerra, en los montes de esta tierra, menos tuvieran que hacer. Ya de un músico la Lira, violentó piedras a sí, mas la espada, como en ti, apenas cabe en mentira. Pues yo tanta novedad, Sirene, examinar quiero, porque al toque de este acero, se quílate la verdad. Breve parto, y no de risa, de admiración, sí, dio el monte ay Primaleón, disponte, a batalla tan precisa. Al fin te obligó a no armar, mi amorosa impertinencia, como aquel que en la pendene llega al amigo abrazar. Que pretendiendo estorbarle, el reñir, con torpe traza. mientras amigo le abraca, necio ocasiona el matarle. bran desdicha que tu mal, tenga por causa mi amor, a mí me falta el valor para ver suceso tal. Rojas colores me dejas, Sirene en pálidos sustos, pero yo espero ver gustos en ti, cuantas miro quejas, Eres tú el Príncipe Griego, el que diste al de Duazos, contra la ley del torneo, aleve muerte en el campo. hijo de Palmerín, de aquel Sol ardiente rayo, que al claro Oriente de Ormedes injustos, previno ocasos, Primaleón el valiente. Excusa renombres vanos, unos padres de lisonjas, como otros hijos de engaños. fiio soy de Palmerín, Primaleón soy, ya aguardo a merecer los enojos, de de la deidad que más amo. No por traición, por desdicha, si son desdichas los hados, que si son, pues que por ellos, parecen culpas, los casos. Maté al primo de Gridonia, quién pensara cielo Santo? que emparentaran los dioses, tan cerca de los humanos? A su padre mató el mío, hay cuanto al hacer son llanos, y que difíciles son, de desacer los agravios! Qué me quieres? ya pluguiera a aquel viviente milagro, que se templara en mi muerte, el rigor de sus cuidados. Aquí estoy, la lanza mide. Pase por primer desgarro, Primaleón, la soberbia. que deja el aire más vano, Pero ponte el yelmo, ponte el arnes, mejor tranzado, que no harán poco tus armas, en librarte de mis manos. No desprecio Caballero, tus méritos, que bizarros, llamarme al miedo pudieran, qu aque yo he obligado a tantos. tan apuestamente huellas, tan galán mueves el paso, que si no él miedo, el amor, triunfos te sirvira al carro, por un prodigio espantoso, mi hermana me ha conjurado, a que no me vista arnes, yo la obedezco, y la engaño. sobre esto, tú de una piel, las armas has afectado, que ofendiera antes del cielo, le azul que animan sus astros; Si al León, cuyas guedejas, el Sol enrubía el Verano, mientras restituye enojos, los que ya le bebió rayos, loca edad te adora estrella, y el recibio en cultos sacros, los mismos brutos que supo, perdonar tal vez airado, Del que a los pies de Gridonia; sin los achaques del año, es signo eterno a sus luces, dichosa estrella a su amparo; como no quieres que adore, los lejos de su retrato, si tan vecino del Sol, Va o- como yo disto, le hallo. Pues yo, que en su nombre vengo y de su blasón me valgo, daré al bote de este fresno a tantas finezas pago. Eso no que a fieras rudas, que no estiman cortés trato, no será está la primera vez, que yo las desquijaro. No hablas Primaleón? no prosigues la batalla? un hombre, pasmo en ti hal halló desprecio un León? Qué juzgas de esta ocasión? Están así mis sentidos, altamente suspendidos entre dudas, entre antojos, que por no agraviar los ojos, se quieren dar por vencidos. Quién eres me di, que aguardo nueva dicha en tu aventura? que es esta mucha hermosura, ara un hombre tan gallardo, de tu beldad me acobardo, yo que al León me atreví, eres por ventura, di? la alma de aquesta fiera, que bien por Real pudiera, gozar tanta vida en ti. Un Ingles soy, no te asombres, cuando el cielo te asegura, nación en quien la hermosura, no acertó a olvidar los hombres Cuando Ángeles los hombres, o me dirás cosa nueva Bien es, que cortés te deba, esa honra un extranjero, era mejor que tu acero, de tu gran corazón prueba. ingles soy, que adolezco epresumidas ausencias las suaves violencia le Gridonia, aún no merezco, sia las tuyas me ofrezco, abastarme a defender, tis quiero darte a enter, que aún no se yo sentir, e no me atrevo a reñir no y no te llego a temer. Vine tan determinado, ya a morir, ya a matar, que le pudiera prestar despechos a un desdichado, pero después que he llegado a medir fuercas contigo, tan misterioso castigo muestra un amoroso enredo que ni ser tu amigo puedo, ni acierto a ser tu enemigo. Mas vive amor, que he de ser al mundo nuevo ejemplar, y que he de dejar de amar, pues me estorba el padecer, ya llegue, o no Rosicler, ya Clorinardo arrojado, vuele en el abeto alado, tú que en riesgos no eligidos triunfas de tantos vencidos, a gran fin estás guardado. si humilde, y tierno te ofreces, al peligro que granjeas, hoy será razón que veas, lo que adorar no mereces, tan modesto resplandeces, entre pena tan inmensa, que mi cuidado dispensa in mostrarte tu ocasión, verás, que aún la adoración, le puede servir de ofensa. Un monstruo del mundo soy, que Gridonia galán, por uno, y otro desmán, fortunas tentando voy, mas tan obediente soy ya a la fuerza de los cielos, que han de purgar mis desvelos a mi engaño los indicios, y hacer tantos sacrificios, cuantos pensé tener celos; Yo se, que los hados niegan, a todo humano este caso, pues para que envidias paso, si otros a dichas no llegan? ya mis despechos sosiegan, ya que no solicitar, quien me acompañe a adora y en envidioso consuelo, andaré enseñando un cielo imposible de alcanzar. Primaleón, ya has oído, mi violenta confesión, pues te doy tanta ocasión, preciate que me has vencido y si es que estás persuadido. al rigor que amor te niega, a ver el milagro llega, de esta deidad peregrina que quien Soles examina, victoriosamente ciega, Cuanto dudoso, obligado me atormentas, Caballero, viendo en ornato tan fiero, pecho tan enamoredo, mas aquel grande cuidado a quien me inclina mi suerte, por interés de una muerte, (si esto ya no es presumir lo más fiero anda a rendir como el rayo lo más fuerte, Así entre ansias, y alborozos a responderte no acierto, Pues verás un cielo abierto, preven penas, preven gozos, que yo en ocultos destrozos, de este ánimo lastimado, mucho asistire a tu lado, en un infierno tan fiel, que llego a adorar desde el deidad, que me ha condenado. Pues llamemos a mi herr que goce el bello milagro, a cuyas aras consagro, mi vida en mi suerte ufana, Una suspensión tirana, la sepulta en grave sueño, por mi industria, déjala, y mira, que rompe ya, luces nuestro común dueño, Señora este es mi intento a tus venganzas sino satisfacción, descanso honroso, que el que ocasiona ajenas esperanzas es medio en propios daños riguroso, yo ardo en generosas confianzas, de venerar un dueño glorioso, a cuyo enojo en lumbres divertido quererse defender ofensa ha sido, Tan prodiga, si bien devidamente, naturaleza te esparció favores, que la fortuna en retirada frente, sacó a campaña envidias no menores, Primaleón te agravia, no valiente, ves pues no cortés se opone a tus rigores, y no menos da causas a tu ira, quien con matarle, a merecerte aspira, Esta es del sol desdicha soberana, aquesta injuria aún su deidad afina, que así le ofende el Águila que ufana, los átomos traviesos le examina, a su esplendor, como la nube vana, que oscuridades locas avecina, menos luciente fuera más dichoso, o, a cuantos riesgos que nació lo hermoso? De tu bizarro valor. Florisverla me prometo, el más celebrado efecto, a que dio causa el rigor. Ve, y del Griego arogante, consigue ilustres victorias, no dilate más las glorias, que campa de ser mi amante, Borra ya tantos trofeos, como encienden sus almenas, si bien menos dulces penas, merecían sus deseos. Torpes aceros villanos, pedía su presunción, sin que con nueva ambición, diese la vida atus manos. Mas ay cielos, por demás, huir hados forzosos; que los que han de ser dichosos, en la muerte lo son más. Beso tumano, a cuya fe confiesa, ya mi victoria, la razón que llevo, poco servicio ofrezco, en mucha empresa, tanto en dejarme peligrar te debo, de no llegar, y no partir, me pesa, en el amor, y en la venganza pruebo, que apartarse de la alma, no es mal fuerte, partirse entre si una alma es mayor muerte, Dejarte siento, y del servicio mío, parte no menos es, tan dura ausano de tu cuidado, mis aciertos fío, lo no si mis alientos debe a tu presencia, al pecho la razón, al brazo el brío, influye así, imperiosa tu obediencia, que no viene a enojarme el enemigo sino la dilación de su castigo. la hermosura breve tiranía, se número humano a voces llama, grosero error, que en leve fantasías menos llega apreciar, lo que más ama. porque si un rostro hermoso, en quien el día, depósitos abrevia de su llama, digno es de imperio en voto soberano, quien dignamente reina, no es tirano, o pues, en nombre tuyo, o grande dueño, de la beldad idea imaginada, a quien la naturaleza ordenó el sueño, para formar sus noches desvelada, a la ocasión de tan debido empeño, destino el brazo, si ofrecí la espada, por tu imperio dignismo batallo, muera traidor, quien nace mal vas Gallarda estás Florisvella, de oírte, y de verte gusto, que es bien que enojo tan justo, viva en presunción tan be Que en el mterior alarde que hacen al alma las hola quien está templado a solas será en el campo cobarde. Excesos de algún furor, al cuidado le han de dar porque tenga que gastar antes que llegue al valor. Que como a negar enseña, el que ruega temeroso, quien va a reñir cudadoso, al rendimiento se empeña. Si bien mejor medio alcanca, quien arrienda el corazón, que ni parta en presunción, ni corra a desconfianza, Guárdete, o Norte que mi amor conduces, el cielo que en ti halló retrato breve, no a la influencia sola de sus luces, sino a la inteligencia que las mueve, pues la destreza hasta el valor reduces, cuando sus pruebas la beldad te debe, mientras no sondan más mis alabanzas, ermite navegar las esperanzas, Dame la mano. Los brazos, y la alma, que diera quejas. A buena prueba me dejas, el pecho con con esos lazos. ̱. Príncipe, que te parece de la luz de aquel descén? has llegado a entender bien la ocasión que te le ofrece? No se entender ni sentir, que la alma en blandos enojos por estar toda en los ojos, deja lo demás morir. Mas si es (Ingles) dulce llama, mirar lo que se desea, mas dulce es razón que sea, mo- moria; por lo que se ama, Ni te espantes que el oír, estorbe tan puro ardor, que para verle mejor, aún me embaraza el vivir; Déjame no me diviertas. ya que me obligaste tanto, a darme vuelve a este encanto, cierra al sentido las puertas; Él sin, el atreviminto, Princesa, de Rosicler, llegó ignorante, a ofrecer, sacrificios a su intento. Yo pues, que del sacrificio, de todo humano me ofendo, con fieso estarle debiendo a Armelinda este servicio. No porque pueda obligar, de si no, su proceder, sino llama obedecer, lo que solo es desear. No es fineza el pensamiento, que a algún fin se destinó, ni al interés se debió imás agradecimiento, han fuera sus obras son de hidalga puntualidad, que si obró tu libertad, fue fue trazando tu prisión. pero al fin me ha ocasionado, otra a mí en tu compañía, con que de la ofensa mía, por lo menos se ha librado. El nombre de prisionera, trueca en el de amiga, y sabe, que en él, Armalinda, cabe, cuanto una alma de otra espera, Mas acaba de contarme, el caso, como pasó, porque en lo que el pretendió, llegues tú sola a obligarme. Ya hermosísimo cuidado, del Autor, que en ti al pincel, que omnipotente miraba, descuidos quiso temer. Puntualmente referia, aquella mar en través, que a las dudas de mi armada arbitrio se halló cruel, yudadas pues las hondas, del fiero bracán, a quien abatieron todos lienzos, de la mesana al vauprés. De los hombros sacudieron, el buco de mi bajel, que lastrado a mis pesares, mor inorme peso les fue. En cuatro escollos del mar, hijos, y tiranos de él, que si el espacio le usurpan, le heredan la poca fe. Llegamos de tantas aguas, dando a la tierra la sed, que el alternar los tormentos, pustos miente el padecer. el leño que ya a los vientos, no vida llegó a deber, resurrección, si, animado del lino segunda vez. De un pino, y otro cadaver, vino en la arena a esconder agravios, que libró a la agua, y que ella alaga después, Si bien sus miedos la orilla. no pudo al mar deponer, que le teme en fin arena, aunque le despracia ley, pero estampar mal atadas apenas permitió el pie, y los vientos, en los aires depositamos no bien. Cuando como breve escollo, se aparició Rosicler, si no nido alto trofeo de plumoso capitel. Desnudo el luciente ajero, en cuyos cortes miré mi turbación; y su ceno, dudosos resplandecer. Unos pocos Españoles, en mal atento tropel, a mi defensa acudieron; inútil defensa fue. porque entre unos, y otros de este, o aquel interés, poner paz quiso una nieul que miedos llegó a poner. pareció que de Silicia, conjelado el Mongibel a donde a la nieve el fuego buen vecino sabe ser) as azufradas entrañas, a algún ardiente vaibén, bosez? en humos, manchado del airé, el común dosel mli zo rnia del Sol, breva, que dos veces sino tres, pensando vencer su eclipse, su muerte pudo temer, ero en esta común noche, en regulado nibel toombo del pirata, a mi comienza, ar- Y barcialmente a amanecer, Alimentada en las plumas, llámale corona fiel, con que ilustre el poco espacio, me pudo, y le pude ver. Así al fondo, que en el mar, respaldo a las aguas es, para que espejos emule inútilmente su tez. En la boca lleva el día el buzo, cuando al verter el licor que a la luz sirve, los ecos del Sol se ven. Yo del prodigio admirada, no temerosa, guste, lo que comenzo valiente, verle proseguir cortés. Perdonad Princesa, dijó, la temeridad que veis, que os ofendo por serviros, vos mismas el testigo sed, error de España es norme, que el Moncayo Aragones, mejor metal que a sus miñas debe, al Porosí le de. El cielo causa tan grave la advoca como juez, y os deposita en Ormedes, dichosamente os perdéis. Ay del que ausencias adorá de tan imposible bien que si respira es descuido, y no piedad del cordel. Dijo, y yo entre sucesos que aún piensó que los soñé, muda oprimi levemente, las tablas de otro bajel. Cuando responder le quise, no le pude responder, que a pensamientos volaba, el leño a que me fie. lo caminó con los vientos, que ellos por llegar a él, la presteza entre el cuidado, al tropezar se les fue. somé el cielo en esta tierra, que por esfera tenéis, india mejor, cuanto debe al oro, el Sol exceder. o que he estimado el perder mas de espacio os lo diré, ahora que sois mi dueño, vuestro imperio defended. Armelinda, yo soy vuestra, por amiga me tenéis, común en ambas el riesgo, ja como la dicha ha de ser. Y pues no gustáis casaros, lograd segura el desdén, que igualmente al lado mío, libres rayos bibraréis. En Mi (y perdonad os ruego podréis rigor aprender, que a las quietudes del mundo pongo unversal cartel, Dadme señora esa mano, será interés la humildad. Yo Armelinda, en tu amistad juzgo, y confieso que gano. Prodiga es tanta hidalgía, Yo la tengo por avara. Pues logre merced tan rara una confianza mía, No hay merced entre las dos amistad si verdadera. Pide Armelinda. Quisiera, señora saber de vos. Como vivís tan quejosa, naciendo tan singular, pues no hay distante luga que no os sienta desdenosa. Y yo en vuestros ojos bellos, y en su azul, y ardiente llama, luz veo que ella derrama y agua que derraman ellos la de ser siempre verdad, que vive menos dichosa, la que nació más hermosa, aún en vuestra calidad. enhora, por vuestra vida, que os deba aqueste favor, comience yo en vuestro amor con deudas de agradecida. ̱. Dolor, Armelinda, cuanto injusto grave, pides que renueve, y el pide que calle. las si con saber, los pesados lances que mi vida forman, quieres consolarte. pien la memoria, se muestra cobarde, y huyen las heridas, que aún la voz las trate. segarles no quiero, que sangre derramen, porque más confirm nuestras amistades. Armelinda mía, esos cielos saben, j a qu a que fin quisieron crudos animarme, Antes que su luz primera usurpase, me previno el llanto risa será tarde. Mi cuna acecharon juntos los pesares, que siempre parecen en esto cobardes. Mató Palmerín en Grecia a mi padre, porque yo por joyas lutos heredase. Dicen que a traición. Y aún de engaños tale las verdades mismas, no quedan verdades. ̱. No es engaño amiga al primer instante, que discurrir pude, iglos vi de males. intió, cual debía, su muerte, mi madre, que es la ocasión sien del amor examen. Y viendo en mis ojos su ofendida imagen, quiso que también, venganzas copiasen, Dándome marido, que su enojo alague, y a mi intento libre, sus glorias defraude. Casarme por fuerza, no es daño más grande, que olvidar agravios, siéndolo el casarme, quien de sospechas, le sufrió quejarse? si ardiente adolece de mayor achaque. Pero mi paciencia, golpes paternales, sufre como al hierro el yunque constante. Bien que es triste suerte; que duren iguales, al dolor los hijos, al rigor los padres Yo conozco fragua de hermanos metales, que el martillo adora, y a los hielos arde. ̱. Arda, o no Armelinda, este afecto grande, Y que a mi madre obliga, no exceda a su margen, Mas al fin la ira, creció sus quilates, y a mi casamiento, permitió ribales, Mi libertad quiere, que sus premios pague, y que de sus sañas, méritos se labren. Que al matar a un hombre puede ser que baste, la dicha o la fuerca, y que el valor falte. Y es enojo indigno de pechos Reales, olvidar decoros, por cuidar en sangres, a cabeca pide, del Griego arrogante, que mato a mi primo, entre aleves paces. Para que la pide, si él a sus altares, víctimas ofrece, que el desdén consagre. No la quiero amiga, viva, y triunfos campe, hoy porque en sus victorias, mis miedos descansen, Selle antes mis ojos, sombra de diamante, y a las iras vuestras, ímpetus restañe. Antes Armelinda, el cielo dilate, luces a su vida, por eternidades. Será, fiador, que el tiempo no enlace la libertad mía, con nudos nupciales. Pues no es justo acierto, que la tema iguale, del cuerpo las fuerzas, del alma las paces. Si me ve con prendas, dignas de estimarse, por que me aventura a fortunas toles? (si no me precia, para que hace alarde. con violento empleo; del hierro en que cae. lo pues que no puedo su gusto estorbarle, ni pernar a ruegos, tan crespo dictamen, Al cielo le pido, que la vida guarde de Primaleón, por mejor vengarme, El irá señora solo a presen tarse, pordespojo inútil que el carro acompañe, ̱. No le quiero ver, no pues ha sido parte, que mi compañía, la persuma nadie, o son damerías los respetos graves, ni las deudas deben por excesos darse, Tomad pues Gridonia, este acero infame, que ofendió tal vida, y en mi muerte honradle, m. Tente que es fingido cuanto ves delante, si no (no, mira como lo heredan los aires, ̱. Qué es esto Ingles amigo, yo he soñado despierto, o mi de seo, entre premio, y castigo, así violento la alma amas empleo, que sin romper el nudo, frustrar los lazos que la estrechan, pudo, a vista no imagina, ni la imaginación por más intensa, colores determina. quien sospecha, no ve, quien ve, no piensa yo solo mismo antojos miré en la alma, imagine en los ojos, Vuelve despierto sueño, que a los ojos la sombra dispensaste, a acercar más el dueño, que en elevadas líneas fabricaste, que escaseas temores, temes que amor le gastes los rigores, Ya el siglo de mis penas, se venga del instante de su gloria, pues con su ausencia apenas se vio armada de bienes la memoria, cuando en trances fatales, se ha puesto de la parte de mis males, O escándalo sabroso, cuya sospecha sola satisface, un dolor temeroso, de mitigar las causas de que nace, si imaginado ciegas, no escondas luces, ya que incendios ie Escampa ya finezas, doliente generoso, que mi intento en estas extranezas alentar fue, no arder tu pensamiento, ya que el cielo envidioso, a ambos nos niega aqueste Sol hermoso, Qué importa que me impida, el merecerle, el verle, el adorarle, cuando acorte mi vida, celoso como azul, bástame amo con que podrá mi pecho morir, o padecer a su despecho. Yo pues, que a esta obediencia, número solo ocupo sus altares, te pondré en su presencia, sin que examines fe de tantos mas templa las ternuras, que te agradan extrañas aventuras Recogete a la tienda, con a. contarás a Sirene lo que viste, que a tan segura prenda, mal sus secretos el amor resiste, y bien te los merece, quien aún durmiéndo los cuidados crece, Yo dispondré entre tanto, lo que importaré a la jornada nuestra, Apenas el espanto, paso seguro a los deseos muestra Tueres el valiente? Amar, o pelear, no es diferente? Ya llega la galera de Rosicler al puerto, y el navio de Clorinardo espera, ya Felísalba del estudo mío, quedaras convencida, pues más lo has de quedar si tengo Aguarda, espera, Bárbaro Pirata, vela, y remo huyes en Realvaso, que ledijas de miedo a una fragata A los brazos, al lino en tibia el paso sufre aferrar mí nave a tu galera, que está en mi calma mi mayor fracaso, spera Rosicler, espera, espera, mas hay que hasta mis voces te dan viento que lleve mi desdicha más ligera, Ahora tus voces, y tus ansias siento, que al puerto llegar otra ya hemos ambos bajado que es tu intento? ̱. Quién de si propio agravio ajeno sabe, que le pregunta a quien vengarse intenta? si no es que así le quiere hacer más grave, Jaste arrojado a la moyor afrenta que el dolor, y las leyes han hallado, y de tu sinrazón me pides cuenta a Armelinda mi esposa no has robado? Tan galán de mi agravio estás, que esperas a mí irle en mis quejas retratado? mo yo que tantas al aire, di banderas estruendo triunfal que esconde mis desaires descubro a estas riberas Yo que gallardo a la fortuna mía pedí templanzas, ya favor le pido, leve aquel, que en sus álagos fía! Mas como indignamente, suspendido de mi dolor a tu soberbia llama? nas oscuro fin soy, por más lucid Ya el alado gusano la luz que ama ustó y en ella embebecidamente, halló su sombra, no manchó su Yo empero de mi fama al fuego ardiente, que estoy averiguando en sus cente nfamia, que de vista se consiente? Aún en las hondas no perdí tus huellas cuando en tierra mi dolor te alcanza asta el honor me envaucan las estre Lo que sudó en las aguas mi esperanza, arda en mi injuria, dime donde llevas uina ocasión de mi venganza? De mi bien, y mi mal te pido nuevas. dame mi espada, y dime, un noble a cuando en ajenas honras hizo pruen Mas qué aguardo respuestas? o que es sobre ofensas engaños de mi espada fiar más ciertas las verdades quiero. Ella Ella restituira, cuanto envainada peso fue al lado, siendo al brazo mío rayos de nuve a imfulias congelada Furias Indio gentil? serena el brío y no acuses la causa de un agravio. que quitr al ofensor el albendrío. A la verdad que te dirá mi labio, tu braco espere, que apurar la ofensa, hace al valiente en la venganza sabio. Armelinda robé más en tan densa confusión de misterios, que la vida, como la libertad dejó suspensa; antasma ingenuamente aparecida, así me impelió al robo, que juzgaras violentada mi mano no atrevina. como se que aún tú me disculparas consultado el dolor, si el caso vieras, tan apretado en circustancias raras. O son, Príncipe, sueños las quimeras o alguna deidad quiere poderosa, en nuestras burlas descansar sus verás Llegué a besar las manos a tu esposa, y ella de los alientos Españoles, cuantos tasó cortés, derramó hermosa. Por usurparla el mar, más arreboles, tantas repitió hondas en la orilla, que más que conchas travescaban Soles. Esta natural (fuera) maravill oye la que se sigue, si bastamos, tú al escucharla; como yo al decilla, Apenas su galera pues, dejamos y a otra que pagaba en lises de oro; al aire lo Turquí, nos acercamos, Apenas trasaladaba tu tesoro, al buco nuevo, atrás el pie en la plancha, las deudas confesando a su decoro. cuando entre mí, y el vaso, el mar se ensancha, y vuela el galeón, como pudiera, a resuelto bracán medrosa lancha. Yo bárbaro otra vez a la mar fiera quise entregarme, cuando halle a mis ojos jarciada como ves esta galera. Temí que por fiababan los antojos, a mi ilusión, salté por la crujía, a engañar en la chusma mis enojos. dando ella que a otra cosa no atendía, así se alarga a parte diferente, que alguna fuerza superior la guía. Vime buscar del Sol el limpio Oriente, cuando el depositario leno daba, al sonante Aquilón la errada frente. Y ahora Rey que de surgir acaba, mi galera en el muelle de este puerto, (hurtando abrigo de su playa brava.) se reconozco por esposo incierto, de aquel dueño, que en dudas mila grosas, nauti- nautico amparo le conduce cierto. Entre estas relaciones fabulosas, sin libertad, sin culpa te he ofendido, quejas darás injustas, si forzosas, Si de satisfacerte eres servido, mira que eliges, que en mi fe te ofrezco; pronta verdad, al medio más temido, Todo cuanto Rosicler te ha referido, es verdad, ya sabes de esta deidad, que piedras basta a mover Ya del monte en la apariencia que miedos instó al decoro, te avisé de Artemidoro. como las ansias, la ciencia confieso cuan vano ha sido, mi estudio a nuestro viaje, y que no solo él pa pero ni el viento he sabid han dueño de las estrella logra el Frances sus inten que ignoran mis pensamiento la sospecha de sus huellas Él con ardimiento infuso movió a Rosicier la espada intre una mebla obstinad tácil el robo dispuso. las de Armelin loria lo sirvió a su vencimiento, porque le escogió instrumento; y no autor de la victoria, Yo Clorinardo juzgaba, que en este leño venía y que con fe de que huía; a los vientos no esperaba, ero engañeme, que a Orm ya prisionera tu esposa, con que tu suerte injurios por común juzgarla puedes intes razones mayores, hacen en mi agravio in pues ha sido i signoran la causa de tus errores. La mía solo lo ha sido, y lo será de más daños, pues astrólogos engaño vano, y fácil he creído. O loco aquel que a tal ciene designios suyos construye, y de hijo libre, se huye esclavo, a la providene os momentos que poner la deidad quiso en su mer quieren licenciosamente, necios los hombres saber, viendo por calidad, que si es bien le vuelve engaño la confianza, y si es daño, el miedo le hace verdad. Y aunque mi enojo destruye, ciencias de este, y de aquel Polo; pienso que el cielo, no solo no fuerza, mas que no influye. Digo, allá en los pensamientos, a quien el alma ser da que en el cuerpo claro está, como en masa de elementos si su influjo eterno fuera, para debidos afectos, bien influencia; y efectos de Dios, en ellos crevera, Pero es indevido fin, que le atribuya mi fe, criar cielos para que me inclinasen a ser ruin, Yo he dado de ellos tal cú que tus desprecios admito, mas lo que ellos han escrito, por ninguno se violenta. Dejémoslo, y perdonad, Rosicler esclarecido ni el verme tan divertid os parezca novedad. Pues llego a tan desdichado, que me hace falta el morir. queriéndome persundir. que hasta el cielo me ha engañado, Y un Rey que en la arena encalla, de tan medrosos bajios, sin vasallos, sin havios, sin honra, y mujer se halía, En tan apartado clima, en nunca amigas regiones, solo por las persuasiones, de Felisalba mi prima. Vos mismo sin ofenderme, mi esposa me habéis robado, porque aún estando agraviado, no pueda satisfacerme. Pero en despechos gastamos, lo que puede ser remedio, y no descubro más medio, de que hacia Ormedes volvamos. Con esto podrá ser cierto, lo que ahora imposible lloro, sino es que este Artemidoro, nos aguarda en otro puerto. A mí que llegué a causar, bien, que ignorante esta ausencia; Rey, me habéis de dar licencia, de que os vaya a acompañar. Antes, Rosicler, os beso Y las manos por tal favor, que a mí me viene mejor, que me llevéis también preso Ire yo con menos pena de la que vuestra se admo pues desde Ormedes me tira el peso de la cadona Pues otra licencia os pid no me la habéis de neg Lo que tardáis de m os negáis de obedecido Así me lo prometéis Príncipe, así os lo Pues es Rey, que de mi suerte, me Que a Primaleón los hado émulo altivo me dan Ellos Rosicler el ontra los dos conjurados Pero yo os asistiré, o padrino, o comp Solo la fortuna quiero Feliz el cielo os la ̱. A lo menos la ocas aún al deseo no tarda, ves en la tienda os ajo nde Primaleón. que al cielo arruga la frente, la cabeza es del Oriente, él, y por si famosa. A Constantinopla miras, y a su Príncipe en la tiend perpetua y lucida prenda de la batalla a que as Brazo, y corazón ardiente, Rosicler, has menester, que esta enseñado a vencer tu enemigo, y es valiente. No puede ilustre Prince des lucírseme esta gloria que la muerte a la victoria em es para mi igu iendo justa la ocasión, ningún mal sucer porque, o logror o cumplo mí oo Tierra, que es a estos espaciosos que ha mucho, que a dor suspenso primo tenemos, a se que si no me e mi ciencia, Si enga Que en Rosieles causa lo muda Ya la gente de las naves se acerca, y dos Caballeros solicitan tus aceros. otros lejos más suave descubren en mayor llama, mis ojos bella Sirene, que acompañándolos viene con gentil arte una dama, ̱. Si será otra ocasión nueva. Mi honra en la suerte va. que para Gridonia, ya no hay pecho humano de prue en todos se me aparece, porque todos me aventajen, y siempre en mayor imogen, indignada se me ofrece. oun ans Mal se ha sabido vengar omi cielo con su poder, porque no pudo perder, in si me concede el mirar. Milagros son del amor, que en sus respetos se ha dispondrá la batal sin su ofensa, y con tu honor, La fama, y la ostentación, de aqueste ademan valiente, muestran prevenidamente, que eres tu Primaleón. Así es verdad, Caballero, Pues yo de Nápoles soy, heredero, y me hallo hoy solo a ver lucir tu acero. De aquel Reino valeroso, el dueño he llegado aser, es mi nombre, Rosicler, mas que mi fortuna airoso, Y vengo a desafiarte, más forzado de mi amor; que porque voz de traidor, con verdad, me atreva a darte, Bien, que si el caso de Ormedes, excusan ajenos brazos, de la muerte de Duazos, menos gentil salir puedes, El cielo justificado, siempre en sus obras se ofrece, pues Gridonia te aborrede, sin duda que estás culpado. el torneo fue sangriento, o seguro, no me toca, que dioses solos provoca, prio: la culpa del pensamiento. Deseo y temo vencerte, deseo, porque es vencer, temo, porque es merecer a Gridoma, el darte muerte, Con que ingenuo te confieso, tal duda de esta ocasión, que tengo Primaleón, miedos del mejor suceso. En efeto parecidos, se encuentran nuestros rigores y en llamas de vencedores solo hay humos de vencidos en mi crédito deseo vencer, y contra mi honor me está obligando el amor a rendirle este trofeo. ero pues ambos la amamos, intentémonos matar, quizá se vendrá a agradar con que todos nos perdamos Eso no he de consetir, que en los enojos de amor, no llega a amar el rigor, que hasta desear morir. Y pues los dos puramen a su altar os ofrecéis, es crueldad que usurpéis sangre al mundo tan valiente, Cortad en esos aceros, nuestras plumas a la fama si obligar puede una dama, tan géntiles caballeros. Antes tanto ha de obligar que debiera presumir, que no es lícito pedir lo que no es justo alcanzar. vien que sepa nuestro amor, y de nuestra sangre el lazo, no dirá, que este embaraco, nació de vuestro temor? exad a dos corazones, servir de iguales despojos, y quitemos sin enojos, a la deidad ocasiones, Cuando este monte eminente es tronco a vuestros trofeos mas os harán mis deseos, hermano, menos viliente avos por bravo, y cortés, no os deberé esta amistad? Tiéneme vuestra deidad divertido en mi interés, o que no temo el temor, tanto el atreverme cuesta, os doy por mayor respuesta no: no saberos respoder, Enémigos cortesanos, me van estos pareciendo, pues la lengua está supliendo la obligaciónde las manos En que imagina el valor, que tales puntos aguarda el ánimo nunca tarda, cuando le detiene amor. Grandes afectos del alma, que sirve esta cobardía, si en la mayor travesía, no hay más riesgo que la calma, afectad locos la palma, que vuestro fin solicita, acordaos, que el cielo os grita, de Anajarte en el protento, que he de mudar el tormento, que mi dolor acredita, lara mí muy conocida está vuestra pena ya, que el pulso del que la da, siente el primero la herida, ofrecedle pues la vida, oque toví pon que interés es que la lleve, y si sirve quien no mueve los labios al padecer, pues que se atreve a perder, algo sirve quien se atreve. Parece que divertido, y mucho, Príncipe, estáis Es que vos, no reparáis en lo que me ha sucedido, si estoy, Sirene, vencido, que respuesta puede dar, al no haber de pelear? yo caí sin resistencia, solo me falta licencia de poderlo confesar. Tampoco querrá mi herman que os ofendáis de cortés, No es ofensa uninterés, e que gracios de vos gano, que quieres amor tirano, que la diga que la quiero? ese término grosero, me pretendes persu adir? no es más fineza morir, sin que ella sepa que muero? formar procura otra traza, en que esté menos suspenso, que yo aún a los ojos pienso, amor, amor, echarles mordaza, ya me acuerdo de la caca, que dio en señales divinas, estas voces peregrinas, que ahora tanto su alma precia y te está aguardando en Grecia, mejor muerte que imaginas. Ya se ha cumplido la suerte, aunque en ignorante fe, pues cuando otra imagine, he alcanzado mejor muerte, que mucho que se halle fuerte, Sirene si hermosa asiste, y al que no se le resiste, antes le ofrece despojos en las luces de sus ojos, con armas dobles le envist Solo mudable perezco con Gridonia, y con razón, porque no ha sido elección, el nuevo bien que padezco, si un dolor, ni otro merezco, las lumbreras celestiales, no atienden los desiguales visos de noblecas furias, y en rigor no son injurias, las que no se juzgantales, Avisadnos si volvéis de vuestro enajenamiento? A su principio violento, mejor lo preguntaréis, Estará Gridonia lejos. Cómo se pregunten bien, por más distantes que estén, se responden dos espejos, Mas dejad ese cuidado, ya se acabó la batalla, que forzoso era dejarla, habiéndolo vos mandado, Y si de vuestro recelo, vuestro hermano está ofendido, con darme yo por vencido, queda ocioso todo el duelo, Yo lo quedo, Rosicler, de vuestra noble hidalguía, Y yo a mi justa porfía, quisiera prima volver. No me engañé Clorinardo, Solo te engañas con migo, Pues calla, que a ser testigo, de otras mudanzas te aguarda. Rosicler, ya que habéis dado sin dichoso a vuestro intento; y mudado el pensamiento; sino perdido el cuidado, Ya veis la razón del mío, y la fuerza también veis, lograd glorias que debéis a tan quieto desafío. Y dejadme a mí que inquiete, perdidamente estos mares, o que irrite los pesares, que su furor me promete, Dejadme buscar mi esposa; no me detenga este inuelle, la primera roca selle, mis huesos mal piadosa, Clorinardo, es tan divino, ese amoroso despecho, que no habrá causa en mi pecho, que altere lo que ha ofrecido. Vamos a Ormedes, vamos, perdone mi nuevo empeño, y en aquel divino ceño, humanas iras veamos. Príncipe insigne de Grecia, hermosísin. Sirene. mi fe en vuestra amistad tiene la fortuna que más precia, Mas esme fuerza partir con mi antigua compañía, a Ormedes, que este gran día, no le pude preveñir. Ya mucho que me empeñe, a asistir a un caballero, que es singular prisionero, de esta nuestra común fe. No hay a causa tan forzosa, justo estorbo, Rosicler, mucha lumbre vais a ver vista lleváis animosa, Yo os pienso también seguir, tan presto a su sacro altar, que gane con el llegar, el peligro de partir. Pues sobre ver la belleza de sus rayos soberanos, quiero poner en sus munos, mi espada con mi cabeza. No quiero que sus cuidados, en mi resistencia estriben, que nunca a despecho viven del cielo, los condenados, Amor, aunque escaso viene el aliento al fin respiro, pues menos durables miro; las ausencias de Sirene. Ni acuso tu sinrazón, en dejarla ahora de ver, que si es premio el padecer, es ventura la ocasión. Ni de aquel Sol, nos podía permitir un rayo el velo? Sirene, un gran desconsuelo; obstina aquella porfía. En Ormedes nos veremos, y sabréis tantas victorias, que apuesten en sí las glorias, a igualarse los extremos, Caso ha sido aqueste extraño, todo enigmas me parece. Y tanto que casi ofrece la verdad misma el engaño. Aquel Ingles entendido, no ha vuelto como ofreció, Sospecho que rehusó, ser de alguno conocido, i̱̱ El que a la ocasión asiste, no hace falta a lo demás, ahora Príncipe, verás, que fue nada cuanto viste. Sin que pierdas esa tienda, ni mudes de ella lugar, a Ormedes te he de llevar, de mi arte última prenda. Desde que vi la montaña, a quien diste humanos pies, no habrá cosa, noble ingles, que admire ya como extraña. Que trajes son los que mudas, con tan diversa apariencia, que a la más firme experiencia, le llegas a ofrecer dudas. Mas dudas que esas vencí, por el bien que tu fe adora, mas mira, y verás ahora, todo un mundo contra ti, y . No me causa eso recelo, lo que cuidado me da, es amigo ver que está contra mí también el cielo. , á̱a̱̱ Vistosa aventura, hermano, yo he recompensado el susto. Aquí con racón el gusto, gana al temor por la mano. El cuidado Griego insigne desahoga de las dudas, que entre ignorancia y respeto, pavorosamente luchan. Este mundo aparatoso, que pompa del aire muda, si ilustremente le anima, medrosamente le ilustra. No te abrevié el corazón entre apariencias confusas, que guardo para mis manos, toda la victoria tuya, Arco soy de luces nuevas, que entre volantes espumas, en vez de serenos aires, turbados tiempos anuncia, Un rayo soy de aquel Sol. en cuyas flamantes plumas, niebla de átomos luciente, arpones desata en llunias, Estrella soy de aquel cielo, que siendo fuerza que insluya, ningún nacimiento asiste, muerte perdona ninguna. Ministro soy de aquel templo, que en aras veneran puras, de los imposibles que arden, las venganzas que resultan, olo de la fe se sirve, que animosa le tributa, la sed, y dolor que ve, por por luz, y gloria que escucha. Una Dama finalmente soy, de Gridonia, que acusa tu valor, pues no te has muerto, viviendo en ofensa suya. es mi nombre, Florisverla, mira cuando la fortuna, a tanta diestra te postre, que poca gloria te usurpa. No vengo Primaleón, a la demanda importuna, si hijo, y padre, a padre, y primo, muerte trazastes injusta. Si lo fue, a los cielos toca el examen de esta duda, que las deidades de amor, humanas muertes no cuidan, Tampoco me trae la fama, que favores te acumula, a ver si en iguales ojos, tan varias lenguas promulgas Si de mi dueño imaginas, que tu muerte intentó cruda, soberbiamente te engañas groseramente la adulas, Sentimientos de su madre, en cuya condición dura, eternidades la ira, a los enojos vincula. Tu cabeza en arras piden, no la des, pleitos anuia, que es blasfemia ocasionar, méritos a su hermosura, Tu vida ignora Gridonia, vive, y los tiempos caduca, porque ninguno a su cuello, nupcial disponga coyunda. Mas sabe Primaleón, que vences, porque ella gusta; que no presta fuerza humana, si las divinas repugnan, Y porque mejor lo sepas, el fresno, y acero empuña, verás de los que has vencido, en mis manos la disculpa. No era bien, que tu cabeza, sangrientamente perjura, siendo de otro victoria, fuese de Gridonia injuria. Tus glorias, Primaleón, su cuidado te las busca, porque la sirves la ofendes, porque no te venzan triunfas, Y emperó, que desatento, tu propio amor te deslumbra, y mueren en ti ambiciones, las que nacieron locuras Yo que por mujer, y Dama de Gridonia, a estas calumnias libre estoy, vengo a que pruebes tu muerte en la primer justa. que el cielo que he de ver en nieblas de sangre oscuras, como vuestras presunciones a vuestras obras consultan. Basta, basta, gallarda Florisverla, que se ofenden de ociosos los enojos, cuando huye la materia a los despojos. rendido estoy, recoge tantos fieros, que se infaman sobre ocios los aceros. No te quisiera Griego tan humilde, que la caña que al viento más se entriega, ofende al rayo a quien su ruina niega el cedro, que a su trueno le bravea, la verdosa altivez le lisonjea, pues da ocasión que enojos satisfaga, si ya en su mismo incendio no se apaga. oda mi confianza has defraudado, como mi valor todo has ofendido, en no haberte gallardo resistido. Yo que te acusé tanto de valiente, ahora te desafío de cobarde. Ya la mudanca tuya llega tarde, si al bibrar de tu lanza más violento, por escudo me abriga el sufrimiento. Pues qué respuesta llevaré a mi dueño, de no haber castigado tu osadía, Que el castigo se debe a la profía, como el perdón a la humildad se debe, que es desairé que el cielo fuerzas pruebe contra el rendido, que el vencer no es gloria, con vencer al que errado, es la victoria. Hal prueba a defenderte, todo un mundo hemos turbado para sin tan leve, Deseo, pecho brazo, lanza mueve, que brazo, lanza, pecho en mi deseo, armas rendidas son a tu trofeo, veniste más que a convencer mi intento? pues no ignoras tú mismo vencimiento. Bella flor, Florisverla, no hay respuesta a tal resignación, que nunca espada, volvió a la herida misma de irritada, a un pecho roto en tan copiosa suma, que si luce exterior monte de pluma, arde inverior volcán a tantas flechas, que lugar nuevo, a nuevo golpe acechas: Florisvella gentil, bien reconoce, esta estas razones, tu divino ingenio, templa aquese víril bizarro genio, lleva a Primaleón a tu señora, venga a morir, si padecer adora, ella disponga el fin de este suceso, que más puedes hacer que darle preso? Fuerza es que ya esté presa, y convencida, quien se ve así rogar de fuerza tanta, si bien temo que llevo al dueño mío, poca nueva de tanto desafío. Yo te aseguro hermosa Florisverla, risa por ceno en tu mejor estrella. Pues sea señal mentada de mi hazaña, que nos partamos al monte a Ormedes. Llamarle con razón momento puedes, que en cumplimiento a una palabra dada, tan breve dispondré vuestra jornada, que el pensamiento mismo no la entienda, retiraos los tres solos a la tienda. Ya estás obedecido, que fortuna, pone mis ruinas hoy sobre la Luna? De mí os fiad, aunque os creáis al viento. Qué es esto a Ormedes ir en un momento? Siendo esencial propiedad, el amar, del ser mayor, no puede haber puro amor, si no en la misma deidad. Miente el galán que se llama amante atrevidamente, quiere bien por accidente, esencialmente no ama. ̱. El mundo de Florisverla, vuelve ya a nuestra región, y en el otra ocupación, del aire viene más bella. Aventuras prodigiosas, esta tierra, en frutos cría, halla, señora, en la mía, no sabemos de estas cosas. a más valiente ilusión, que a pasmar mundos bastara, es como duende que para iempre en alguna invención, Mágicas hechicerías solos ocios las derraman entre los libros que llaman halla, de caballerias Pues acá Armelinda amiga, las desprecia ya el recelo, según con ellas el cielo, o nos ama, o nos castiga. Yo en especial que esta roca, vivo por orden de un tío, que arrastra a si el albedrío, en quien el cielo aún no toca, Ime entregó a este León, para más segura guarda, jamás su amparo tarda mas que pide la ocasión, De Florisvella dispone el viaje del Oriente y entre deudas de pariente, cuidados de amigo pone. Fiame que no ha tardado, tiempo alguno, Ciencia extraña, una tienda de campaña, dentro del parque ha plantado, Mas toda aquesta ilusión, no trae de batallas señas, pues los nudos de sus greñas aún no sacude el León. Florisverla acompañada, hacia mí los pasos mueve. Qué poco trabajo debe de costarle esta jornada. Ya vuelvo divino dueño al cielo de tu poder, temo que satisfacer no he podido a tanto empeño. No atiendas la relación de lo que me ha sucedido, que harto refiere vencido a tus pies Primaleón, Esta es su hermana Sirene, de lo hermoso dulce ultraje, y este galán, del viaje; no la parte, el todo tiene. Yo soy Gridonia el traidor; el que maté a vuestro primo, el que ahora por vida estimo, muerte de vuestro rigor, Aquí tenéis mi cabeza, esta, señora, es mi espada pues no queréis de enojada; matarme a vuestra belleza. Y llegaos a persuadir, que a nada intento obligaros, pues el temor de enojaros, aún templa el gusto al morir, Cortad el cuello, señora. Gridonia, no provaremos, donde llegan los extremos de que más dice que adora. Jugad del acero airoso, haced verdad tanto amor, que piedad es no rigor, no sacarle mentiroso, Si por premio lo desea, su fineza lo merece, y si finge que padece, lcastigo es bien que vea. El consejo ejecutad, aunque por gracia se os dé, y de mi hermano en la fe, quilataréis su verdad. Y de cuanta verdad es, crédito me podéis dar, en que vengo a desear, su daño, por su interés. Yo Gridonia generosa, el Delfín de Frencia soy, que igualmente humilde estoy, a esa espada piadosa. Venerando ausencias vuestras, el Orbe todo he turbado, hasta el infierno ha admirado, de mi tormento las muestras, De vuestra madre al deseo, doy decente ejecución, y os traigo a Primaleón, para armar vuestro trofeo, escansad vuestros enojos; en quien vuestro rigor pide, que en la obstinación reside, al gusto de los despojos. Y pues Y pues nadie merecer puede la gloria de amaros, de vos podéis informaros, si merezco el padecer. Yo os ruego también que deis fin, al hecho que emprendí; que si yo le suspendí, es porque vos le logréis. Tantos esta confusión. visos hace al pensamiento, que a un cortes cumplimiento me embaraza la elección. Tu ruego Príncipe Griego, será verdad, pero infama del cielo la mejor llama, fiar sus lumbres al ciego. No has de ver en mi semblante, migratitud, ni desdén, ni humilde te miro bien, ni te miré mal triunfante. Muere en mí de satención, que de tus ofensas nace, que hasta de los odios hace lisonja la presunción. O vete a mi madre, que ella vengarme podrá, y en tu sangre premiará las finezas de tu fe. Yo no quiero de tus ojos a otras batallas salir, que me es más fácil sufrir mi muerte, que tus enojos, Adiós Gridonia, Aquí yace tu ofensa. Oh amante errado, quien obedece apurado, perdido, no satisface. sira que hay otra aventura, tu valor, Príncipe, aliente, que a más sagrado accidente, tú mismo error te asegura. Poco Ingles honra mi amor, tu condición lisonjera. A Pues un grande bien te espera, sino lo estorba otro error, Amada imagen del cielo, de quien usurpa la fama, en luz, que al aire derrama, plumas que descoge al vuelo, Aqueste joven gallardo, que humilde estará a tu ley, es el más dichoso Rey de la India, Clorinardo, Viene en busca de su esposa, algo alentado en pensar, no querrás ensangrentar causa en ti tan decorosa. Rosicler que te ofreció tan hermosa prisionera, es el primero que espera remedies lo que el erró, que hacer a su pena ruido, con servicios que te hiciese, no era justo se estendiese a un robo tan atrevido, Yo soy, señora, su prima Felisalba, que a este oficio, me mueve más tu servicio, que cuanto mi amor le estima, Pues las materias de estado te podrán dar a entender, que no es seguro tener un Rey tan grande agraviado, Yo debía comencar; señora aquesta embajada, pues alientos de mi espada la han podido ocasionar. Josicler soy, a quien llama Nápoles príncipe suyo, que a mis cenizas constauyo pirámides de mi fama, Pues de la vuestra han podido aún los más tibios rumores, dar materia a los rigores, que tanto mundo han corrido, No amor, respeto si puro, y limpia veneración, me han destinado oblación entre mi silencio oscuro. Estos, cuando nuevo ardor los cielos centelleaban, de aquel robo me obligaban Gridoma a tanto rigor. el cual sediento me aplico pena, en premio de victoria, mas que le volváis su gloria A a Clo- a Clorinardo os suplico. Príncipe, causa tan grave, como os obliga, me mueve a la respuesta más breve, que en la satisfacción cabe. Armelinda no me asiste, como os quejáis prisionera, que nunca manchó la esfera le la noche, el miedo triste. Sol es, que cuando al Poniente de España, mostró esconderse en el Norte, llega a verse con luz de mejor Oriente. Si bien es cierta verdad que ella con mayor deseo. que el más generoso empleo, desea su libertad, Sentiré mucho el perder su apacible compañía, mas ella es suya, no es mía ella os podrá responder. Yo con eso he respondido, pocas palabras me cuesta. pues aún a vuestra respuesta, Clorinardo a enmudecido. De las humanas acciones. que dirige el pensamiento, juzgo yo, que el casamiento, no no ha de admitir pretensiones El cielo a las voluntades, el consentimiento fía, que pretende la porfía, violentar las libertades? no no me pienso casar, con que el Rey podrá vosverse, y no tendrá que ofenderse, que no admitir, no es dejar. somp Es tan del cielo Armesa ese soberano imperio rosob lob que a otro libre cautiverio auno a quiere amor, que el pece Y tan lejos de intentar, Si otromp más gloria, que su cadena lo robano onon que de avarienta la per teme si podrá durar. verase mal vengado. mientras más riesgos previene, pues hay quien por premio tiene la licencia del cuidado. omo Antes humana deidad. me ofrece sin albedrío, fuerza de un destino mío, la ofrenda humilde acerad. A; los ofenda el presun si este respeto es amor que es tan severo el dolor, que aún niega el poder sentir, En cuanto nuestro tormento (os agrada) solo amamos, porque al fin solicitamos torias a vuestro intento. pero amaros no creáis que a tal soberbia se atro vien leves sospechas pru del dolor a que obligáis, Que en su dulce torcedor, tanta gloria viene a estar que no se empeña en ama por no perder el dolor. Oh verdad que a mis escuras ilustras por fuerza la alma, como das en nueva calma, segunda vez ondas puras? Que interior fuerza dispone otro golpe a mi paciencia? que antigua, y nueva violencia, a mis intentos se pon Gridonia, porque alejas, las victorias que no miras? si a tu libertad aspiras porque las muestras no dejas? Mas quien vio sagrado objeto, que pueda dejar de amar, aunque llegue a confesar, de la mudanza el efeto. Fuerca es que alguna deid en esta mujer esté, pues que ninguno la ve que quede con libertan Yo la amo; como podrá dejar de amarla mi herr o fuerza de amor tirano, tanto rigor basta ya Y ella viéndose adorada, se embaraca en los despojos, y no advierte que sus ojos, estorbo son de su espada, Qué es esto primo? Morir en prendas de tanta vida, que a la pena merecida, pena aumenta el no sentir. Felisalba, esto es perdido, Clorinardo elige dueño, de tan imposible empeño, A co como en el cielo has leido, osicler que lamó a Sirene, vuelve a Gridonia a adorar Gridonia no ha de mudar firme intento que tiene Primaleón divertido, en el éxtasis primero, duda de uno, y otro acero, al se le dará a partido. ni en más recio cordel, cuanto es más oculto el para ver mi desengaño, me es el escarmiento infie Qué haremos A que en mí el mismo efecto lidi y contra mi propia envidia siendo yo mujer la adoro Que pues disponen los hado contra tanto humano error, que en los servicios de amor, sean premio los cuidados. Pues que ya las esperanzas espiraron justamente y logra amor largamente la mayor de sus venganzas Pues ya los mortales llegan al favor de este dictamen, y del Sol en el examen, victo victoriosamente ciegan. Siendo Gridoma el Sol mismo, suya la mayor victoria, que entre desatenta gloria, sirvio ya luciente abismo. racemos algúnencanto, con que eternamente estemos, gozando la luz que vemos. Tú solo obrar podrás tanto, Hay misterio porfiado, válgame tu inmensidad, Gridonia es ya la deidad del cielo de amor vengado. EIN. TA.
