Texto digital de El gran químico del mundo
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- Francisco Antonio de Bances Candamo
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- Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
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- El texto procede de la transcripción automática de la edición en Obras cómicas, obras póstumas de D. Francisco Bances Candamo II (1722).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El gran químico del mundo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/gran-quimico-del-mundo-el.

EL GRAN QUÍMICO DEL MUNDO
Ran Providencia mía, O pues desde aquel feliz primero día, que en número tu voz dejó acordada ḻa̱, Ḏa̱m̱a̱. la cláusula del Mundo organizada de Cielo, y Tierra tienes el Imperio por alma tutelar de su hemisferio; hoy, que es el sexto día, coronado de aquella imagen mía, que para ser su dueño Soberano, último complemento de mi mano fue, pues tu voz es alma de la esfera, y a su blanda armonía lisonjera todo obedece, siendo tu concento el compás de su acorde movimiento; hoy, que informada la Naturaleza (extraña con su vida) a usar empieza funciones de Potencias, y Sentidos, tus acordes acentos repetidos harán, que cuanto vayan ejerciendo, vaya el común sentido distinguiendo, en fe de aquellas Ciencias naturales, que infusas le dejé. P̱ṟo̱v̱i̱ḏ. Ya que te vales (oh Sabio Soberano) por conservar las obras de tu mano, de mí, que Providencia tuya, de tu poder, tu amor, y ciencia primero rasgo soy, y a lo que arguyo, un atributo indivisible tuyo, que del Orbe los entes multiplica, produce, perfecciona, y vivifica; ya que de mí no en vano te has valido, pues todo con mi voz lo has producido, teniendo de mi acento Soberano en la organización del cuerpo humano, que de cuerdas, y nervios instrumento, la cláusula acompaña de mi acento un eco introducido, que a mi interior compás ha respondido de mi voz los armónicos primores, repitan los sentidos exteriores. C̱a̱ṉṯa̱. Ah de la viva República, que incluye dentro de sí todo el esférico ámbito, y termino de el dilatado Páis: atended, escuchad, oíd, te en cláusulas da sonora mi voz suspiro al Fabonio, gorjeo al Clarín. Ḏe̱ṉṯṟo̱ ḏe̱ḻ ṯe̱ṟc̱e̱ṟ C̱a̱ṟṟo̱ v̱a̱ṉ ṟe̱s̱p̱o̱ṉḏi̱e̱ṉḏo̱ ḻo̱s̱ S̱e̱ṉṯi̱ḏo̱s̱ e̱ṉ M̱ú̱s̱i̱c̱a̱ m̱u̱y̱ ḇa̱j̱a̱, c̱o̱m̱o̱ e̱c̱o̱s̱. M̱u̱s̱i̱c̱. Sentidos humanos, escuchad, atended, oíd, que en cláusulas da sonora su voz suspiro al Fabonio, gorjeo al Clarín. C̱a̱ṉṯ. P̱ṟo̱v̱. Sentidos, pues, que en la fábrica de la humana Emperatriz toda su máquina armónica, y música ilustráis, y dividís: atended, escuchad, y oíd, que en cláusulas, S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Escuchad, atended, oíd. P̱ṟo̱v̱i̱ḏ. En instrumentales Organos empezad a distinguir todo el esférico círculo diáfano del cristalino viril. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Escuchad, P̱ṟo̱v̱i̱ḏ. Responda en muda Retórica vuestra voz, pues a este fin de tanto artículo, número, y cláusula yo la supe construir. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Atended, que en cláusulas, P̱ṟo̱v̱i̱ḏ. Ah de la viva República, que incluye dentro de sí todo el esférico ámbito, y termino del dilatado Páis: atended, escuchad, oíd, que en cláusulas, S̱e̱ṉṯ. Que en cláusulas da sonora su voz suspiro al Fabonio, gorjeo al Clarín. s̱ṯṟi̱v̱i̱ḻḻo̱, q̱e̱ ḏo̱s̱ C̱a̱ṟṟo̱s̱; e̱ṉ u̱ṉo̱ ẖa̱ḇṟa̱s̱ e̱ṉ q̱u̱e̱ e̱s̱ṯa̱ṟá̱ ḻa̱ Ṉa̱ṯú̱ṟa̱ḻe̱ V̱i̱s̱ṯa̱ ṯe̱ṉi̱é̱ṉḏo̱ḻa̱ e̱ḻ E̱s̱p̱e̱j̱o̱ F̱u̱e̱ṉṯe̱s̱ ḏe̱ P̱ḻa̱ṯa̱, y̱ e̱ṉ e̱ḻ E̱ṉṯe̱ṉḏi̱m̱i̱e̱ṉṯo̱. f̱i̱ṉg̱i̱ḏo̱ u̱ṉ G̱e̱ a̱ḻe̱ẕa̱, Ḏa̱m̱a̱, ṯo̱c̱a̱s̱ o̱, ḻo̱s̱ ḏe̱m̱á̱s̱ c̱o̱ṉ ḻa̱s̱. Á̱ẕa̱f̱a̱ḻe̱s̱: E̱ṉ e̱ḻ o̱ṯṟo̱ C̱a̱- y̱ a̱c̱a̱ḇa̱ḏa̱ ḻa̱ s̱e̱g̱u̱ṉḏa̱ M̱ú̱s̱i̱c̱a̱, v̱a̱ṉ Ṯa̱ḇḻa̱ḏo̱, ẖa̱c̱i̱é̱ṉḏo̱ḻa̱ s̱u̱s̱ c̱o̱ṟṯe̱s̱í̱a̱s̱, ṯo̱ḏo̱ c̱o̱ṉ ḻa̱ m̱a̱y̱o̱ṟ p̱o̱ q̱u̱e̱ f̱u̱e̱ṟe̱ p̱o̱s̱i̱ḇḻe̱ i̱m̱i̱ṯa̱ṟs̱e̱. M̱u̱s̱i̱c̱. Ya a la voz alentada de Oráculo Divino, que de los aires rompe víriles cristalinos, la oculta consonancia de los cinco Sentidos, pues la fábrica humana en Música se hizo; responda en acentos de métrico ritimo, Ṉa̱ṯu̱ṟ. Entendimiento anciano, que en la prudencia cano muestras el primer día, cuan grande fue la infusa ciencia mía, que en ti se deposita, ya que el material cuerpo no permita comprender, sin que medien los Sentidos, que por la humana máquina esparcidos, varios Organos tienen, e instrumentos, a sus operaciones siempre atentos; puesto que en ti reside el Sentido común, que los divide, y que en tantos primores de Organos interiores, por sus distintos modos, las especies recibe en ti de todos, vemelas tu mostrando en su armonía, pues las ignoro, siendo el primer día, que obran en mí. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Naturaleza humana, de tanto Imperio Reina Soberana, i̱ṟá̱ṉ a̱v̱i̱ṉe̱ṯe̱. c̱o̱ṉ a̱ḏo̱ṟṉo̱s̱, y̱ u̱ṉ E̱s̱ṯṟa̱ḏ ̱ḏo̱s̱e̱; y̱ a̱ṟṟo̱ḏi̱ḻḻa̱ḏo̱s̱ ḻo̱s̱ S̱e̱ṉṯi̱ḏo̱s̱, I̱ṉs̱i̱g̱ṉi̱a̱s̱, q̱u̱e̱ ḏi̱ṟá̱ṉ ḻo̱s̱ V̱e̱ṟs̱o̱s̱, e̱ṉ Pa̱ṟṟo̱ e̱s̱ṯa̱ṟá̱ e̱ṉ u̱ṉa̱ e̱ḻe̱v̱a̱c̱i̱ó̱ṉ a̱ṉ ḇa̱j̱a̱ṉḏo̱ ṯo̱ḏo̱s̱ a̱ḻ ̱p̱o̱m̱p̱a̱ pues que tú adorno son estos Sentidos, y para tu servicio producidos, quien te crió sus dones, me ha dado a mí el dominio en sus acciones; atiende, que este día cifrará en lo exterior la alegoría, lo que a tu obsequio van contribuyendo, irás por mí sus obras distinguiendo. Ṯa̱c̱ṯ. Pues yo el Tacto, el primero Sentido de la vida, y el postrero, que ella ánima de modo, que cuando falta el Tacto, falta todo; ofrezco a tu dominio soberano el afán generoso del Gusano, que destila su vida en sus labores, en sedas, que matizan a colores del Universo bellas variedades; porque en tú adorno no toques suavidades, Manillas, y Sortijas me han tocado, que en la región del Tacto ha colocado el Cortesano ornato, yo a tu dominio le dédico grato. Ḏa̱ḻe̱ S̱o̱ṟṯi̱s̱a̱s̱, y̱ M̱a̱ṉi̱ḻḻa̱s̱. ,y Sortijas, frezco, o la memoria, y en otro el tiento. O̱ḻḏo̱. Siguiendo ese alegórico sentido, las Arracadas tocan al Oído; allá el Esposo ofrecerá a la Esposa dadiva Misteriosa, en Arracadas de Oro; y rojo esmalte bello, y pues no ignoro, que el peso en que la tienen suspendidos, denotan la igualdad en los Oídos, y el Oro en los Oídos la firmeza, toma, y mira, o feliz Naturaleza, Ḏa̱ḻe̱ ḻo̱s̱ P̱e̱ṉḏi̱e̱ṉṯe̱s̱. C̱a̱ṉṯa̱. Que guardes el Oído, porque con eso, no hagas las Arracadas despeñaderos. V̱i̱s̱ṯa̱. A la Vista le toca, de este Espejo, dibujar al reflejo tu beldad en lo frágil de la luna, mírate en él, y advierte tu fortuna. Ḻe̱ p̱o̱ṉe̱ e̱ḻ E̱s̱p̱e̱j̱o̱. C̱a̱ṉṯa̱. Cuán frágil se dibuja en este Espejo tu beldad, pues la borra tú mismo aliento. G̱u̱s̱ṯo̱. Mal el Gusto se atreve, pues no sirve si no se come, o bebe, a ofrecerle matiz a tu hermosura, y el color de los labios te procura ministrar, que tu adorno es bien repares, que dirán los Cantares, que tu labio es panal de miel sabrosa, más guárdate no seas tan golosa. C̱a̱ṉṯa̱. Que tras la miel te andes, advierte niña, que todos los panales tienen abispas, O̱ḻf̱a̱ṯo̱. Solo el Olfato queda reservado del hermoso matiz de tu Tocado, la variedad confusa, y deliciosa, la fragrancia olorosa de los Guantes, que ordena el Ámbar, que bomita la Vallena; la Goma, que el Oriente en troncos suda, y el Agua, que alambique ardiente muda en quinta esencia del sudor de flores; y advierte en los olores, o̱c̱a̱ḏ Ḻe̱ ḏa̱ G̱u̱a̱ṉṯe C̱a̱ṉṯa̱. Que aunque la buena fama te representan, guarda, que de sus humos te desvanezcas. P̱ṟo̱v̱. Ya que has visto, Señor, como viviendo de sus Sentidos, va reconociendo las funciones internas, y exteriores, baja, donde le adviertas los favores, que debe a tu grandeza, que pues de esta feliz Naturaleza Protectora soy, ya desciendo al suelo, adonde tan veloz será mi vuelo, que aún en lo que parezca contingencia, se oculte familiar tu providencia. C̱i̱e̱ṟ S̱a̱ḇi̱o̱. Ya desciendo a lo llano. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Al Artífice, ahora, Soberano, Gracias rendid. O̱i̱ḏo̱. Si haremos, pues a su gran poder repetiremos: M̱u̱s̱i̱c̱. El poder sea bendito de la palabra, que los Orbes hizo. P̱ó̱ṉe̱ṉs̱e̱ ṯo̱ḏo̱s̱ ḏe̱ ṟo̱ḏi̱ḻḻa̱s̱, y̱ v̱a̱ ḇa̱- j̱a̱ṉḏo̱ e̱ḻ S̱a̱ḇi̱o̱. E̱ṉṯ. Del hombre el Entendimiento soy, y pues que no ha podido Entendimiento criado conocer tu Ser Divino; sin que para tanta gloria se valga de los Sentidos, y más de la Vista, pues no puedes ser comprendido, sin aquel acto, que llama el Teólogo, intuitivo, en donde lo visual excede a lo discursivo: ellos, y yo, en tu alabanza, a tus plantas repetimos. M̱u̱s̱i̱c̱. El Poder sea bendito, S̱a̱ḇi̱o̱. Alzad, que aunque ya asentado queda, que hoy el regocijo en la alegoría me hace ser Personaje a mí mismo de representable idea, adónde hacer determino; pues dice el Texto, que hoy hago memoria de mis prodigios, que en Metasora sucede otra vez lo sucedido: para que nadie lo ignore, segunda vez lo repito; quien quiera atender, atienda, no en los reparos prolijo aplique el discurso ajeno los defectos de su Oído. Que en Parabolas había de hablar el Profeta, dijo; y en fin, que proponiciones diría, desde el principio; y desde el principio a ahora, cormo él dice, he pretendido entablar la alegoría? pues tanto me glorifico, en qué empecéis Pecadores, para acabar redimidos. Aunque de todas las Ciencias soy el origen nativo, de cuyo rayo dimana el Entendimiento en visos: La que hoy más aprecio, comó la primera que ejército, es, la Arte Chímica: bien con la experiencia lo han dicho, de estos seis primeros días, los portentos peregrinos. La Chímica es Arte, cuya profesión, y cuyo estilo es, separar las porciones elementales de un mixto, dejando en átomos puros su compuesto dividido, o formando otro, que sea quinta esencia, que en distintos extremos, curiosa sabe al fuego, y al artificio, lo líquido condensando, liquidar lo endurecido. Chímico eterno, no solo los cuatro Elementos crio, y en cualquiera mixto, sé mezclarlos, sin confundirlos; mas dividirlos sabré, cuando al fenecer el siglo, a tanta móvil Esfera, rompiendo el voluble quicio de aquel simpático lazo, con que contrarios, y amigos supo unirlos el amor, sabrá el poder dividirlos; y roto el Globo, crujiendo sus ejes al estallido, reventarán con el eco las bóbedas del Abismo. Pone el Chímico en un Vaso, que llama circulativo, cualquiera sustancia, a ella áplica en calor remiso el fuego que es el agente, en cuyo fervor activo separa los Elementos, cuando disuelve a su arbitrio, de los cuerpos naturales lo más solido, y macizo; aquellas sueñes partes, que le habían contribuido el Fuego, y Aire, se exaltan en átomos indistintos, la porción del Agua queda sobre aquel asiento mismo, y lo terrestre apetece la profundidad del Vidrio. Lo mismo hice yo en el Orbe, que haciendo Vaso infinito del espacio imaginario, todo el concabo vacíó, allá a la masa del caos, donde estaban indecisos de tantas distintas formas las materias, o principios; apliqué el calor innmenso de aquel Espíritu mio, que somentando las Aguas nadaba el golfo tranquilo, y desatando su aliento la informe unión de aquel mixto, elevo, precipitó, líquidó, condensó, y hizo esta inmensa arquitectura, este milagro continuo sublunar, quizá tan poco admirado, por muy visto. Porque no hay en los Humanos beneficio agradecido, si el uso liberal hace costumbre del beneficio. De las más sutiles aguas, que en átomos indivisos, y en purísimos vapores. elevó el calor benigno, forme Espíritus, y Cielos, y el mismo vapor elijo, para atenvar de las luces. aquel calor intensivo; la parte más vaporosa, después de aquella, sublimo a ser fuego elemental, de cuya niebla encendido, y lo algo más craso, mas caliginoso, y más tibio lo exalté a formar el Aire todos los espacios fríos; de la propia Agua, a lo más condensado, y más tápido, como a materia más grave el Mar señale por sitio; aunque Job afirmara, que puse puertas, y grillos, diciendo: Llega hasta aquí; y de la orilla, en los riscos roto en pedazos de espuma (Monstruo al fin enfurecido, por Monstruo encerrado) rompe sus cóleras en bramidos, lo impuro de este embrión aquel Pozo: así lo digo, súplase a la voz, lo poco curioso, por lo expresivo, ya que hablando con vosotros, me ajusto a vuestros estilos. Lo grueso de todo el caos, del mismo peso impelido, porque cóndense la Tierra al centro lo precipito, haciendo de ella, y del Agua un Globo, que guarnecido de todas estas esferas, ellas movibles, y él fijo, en el concabo del Cielo descansa en un equilibrio; de suerte en fin, que observando todo el decoro debido en la pariedad, cuanto hay de limitado a infinito, lo que el Chímico en un Vaso ejecuté en todo el siglo; y no en vano dije Vaso, si el Eclesiástico dijo, que la máquina del Cielo es un Vaso Cristalino; ni en vano Chímico; pues lo conjelado, líquido; y lo líquido conjelo: de que Jobserá testigo, al decir, que de las Aguas, como si fuesen fundidos los Cielos, dejé cuajados, habiéndoles concedido solideces de metal, y transparencias de vidro. Toco los Montes, y ahuman, como piel, el Cielo estiro, como Sal, derramo hielo, Cristal, como nieve envío, a un aliento, y a otro aliento en vapores le derrito: Sopla mi Espíritu, y llueve, ya conjelo, y ya destilo, todos son expresos Textos en paginas esparcidos del Volumen Sacro, y todos sus efectos examino, como señas de la Ciencia, que a mi Omnipotencia aplico de los átomos de luz, que por el Orbe esparcidos le anegaban, hice un Mar, que corazón de ese Olimpo se llamo Sol; cuyos poros, con un oculto atractivo, están bebiendo a las luces los átomos, que van limpios de los terrestres vapores, habiéndolos atraído, como no llevan materia, que pueda acá redacirlos, se quedan en la eminencia de ese Globo de Zafiros; pero los átomos gruesos, que suele exhalar unidos con alguna porción grave, llevados del peso mismo, sin elevación subieron, descienden con precipicio; con que subiendo, y bajando al movimiento continuo, perfeccionan, purifican, mas templados, o más vivos la Sal Celeste, que el Aire, como invisible rocío, guarda, destila, y esparce a todos sus Individuos; siendo el Ente universal de cuanto yo he producido, y hecho este Mundo mayor para regir sus dominios, de cuantas sustancias hay en Cielo, y en Tierra, crio un epilogo viviente, que a la imagen de mí mismo, en su portentoso extraño, organizado edificio de mis fábricas, conticne el primor más exquisito. A mi semejanza formo, para un oculto designio, la Humana Naturaleza; cuyo sejo no distinguo, supuesto que en los Idiomas Hebreo, Griego, y Latino, Hombre, y Mujer dijo a un tiempo, quien Hombre, o quien Adámdijo. Este, pues, compuesto en cuanto puede, es a mi parecido en el Alma, cuyas tres Potencias han referido mis tres Personas; al Padre el Entendimiento, al Hijo la Memoria, puesto que ella de entender ha procedido; y la Voluntad ardiente al Espírite Divino; siendo todas tres tan una, que al Entendimiento miro entender, que se ha acordado; acordarse, que ha entendido a la Memoria; y pasando a comunes sus Oficios, a la Voluntad querer, con un innato apetito, acordarse, y entender; de suerte, que siendo un mismo querer, un mismo entender, y un mismo acordar, han sido tres Potencias, y una Esencia, que con tres Actos distintos, dan dentro del Hombre un rasgo, una semejanza, un viso, una sombra, aunque imperfecta de Dios Uno, y de Dios Trino, y hasta en lo absoluto, pues tiene el Hombre en su albedrío un imperio de tan libre independiente dominio, que aún yo mismo dentro de él, a tener poder no aspiro. En la cabeza del Hombre, cuyo esférico distrito es la Región animal, tiene el eminente sitio la mente, pura Potencia; cuyo elevado ejercicio es recibir las centellas de luz, que Dios le ha esparcido, elevación en que el Hombre mas se asímila conmigo. Síguese el Entendimiento, que corresponde al Impirio, donde los Ángeles tienen su asiento; pues advertimos, que en la inteligencia, el Hombre, y el Ángel son parecidos. Reside más inferior la razón, en cuyo juicio se infiere, por consecuencias, corresponde al Cristalino Cielo, que diáfano deja penetrarse por indicios; La Potencia estimativa, y cogitativa, aplico a objetos del primer móbil, pues tiene en ellos arbitrio el humano pensamiento, móbil siempre, y nunca fijo. Es el pecho la Región vital, y ha correspondido al Cielo estrellado; pues de uno, y otro han recibido Mundo, y Hombre los influjos aludables, o nocivos. Corresponde el corazón Tom. Il. al Sol, y es también su oficio purificar en las sales los Espíritus benignos, demás de hacer, como el Sol, en los tornos repetidos del círculo de la sangre el movimiento continuo: de que allá el Eclesistes dio alguna luz, cuando dijo; que como círcula el Cielo el Sol por sus epicielos, el espíritu del Hombre el cuerpo rodea a giros, aquel balsámico néctar, que es el licor exquisito de que se ceba la vida con un ardor intensivo. Es el espíritu Etereo la Sal Celeste, que he dicho, la quinta esencia del aire, y el alma de todo el siglo: en nueve habitos Morales da nueve rasgos distintos de las Gerarquies, que en nueve se han dividido. De los demás Cielos, no hay quien ignore el señorio en varias partes del cuerpo, de Planetas, y de Signos. Las partes elementales, por ser vulgares, homito, y solo en la variedad de la Tierra le describo. El cabello, de las plantas toma lo vejetativo; Árboles juzgo los nervios en mil ramos repartidos, en lo fluido, las venas imitan Fuentes, y Ríos; los huesos, y sus medalas trasladan los escondidos minerales, y metales, que en los cóncabos umbríos venas de su opaco vientre este Globo ha producido; de suerte, que cuantas Obras, Maravillas, y Prodigios puse en Mar, en Aire, en Tierra, en Fuego Cielo, y Abismo; y aún en los Celestes Coros, en el Hombre depósito, como quien de mis grandezas ha de ser dichoso Archivo; siendo este un Mundo abreviado, y el otro un Mundo extensivo. Aunque te forme, o Hermosura! de barro tan quebradizo, que es corruptible materia, a preservarte me obligo de muerte, y de enfermedades; pues que mi Ciencia previno, porque fueses immortal, producir el fruto ópimo de cierto Árbol de la Vida, que en la sustancia propicio de tu bálsamo vital aumente el calor nativo; con que el principio asentado, de que en la mayeria ha sido mortal tu Naturaleza, como dirán excesivos lugares, y que mi Ciencia por tu gracia hacerla quiso eterna, en virtud de un Árbol, como remedio previsto. Mira si es Chímico el modo, no solo con que te crío, sino con que te conservo, te preparo, y eternizo. A toda planta le di virtud, para tu servicio, y en todas puse contrarias cualidades, advertido, de que lo opuesto conserva iguales los individuos. Y así, a oposición de este Árbol de la Vida, también hizo mi Ciencia Árbol de la Muerte, que es aquel, que con esquivo ceño, arrugado en cortezas, en medio del Paraiso, en arrevoladas pomas lo pálido ha desmentido. Además, que si de él comes, rompiendo el Precepto mío, en él la muerte del alma cifra el místico sentido: También contra el cuerpo tiene un veneno tan nocivo material, que si de él comes, en aquel instante mismo serás mortal, destemplando, para fatal precipicio, de tus cuatro cualidades el nivelado equilibrio. De Adámel Entendimiento, de mi Chímica instruido, entre sus infusas Ciencias te dejó en tanto peligro, para que de él te reserve en sus doctrinas, y avisos. Guarda tu vida, y tu gracia, en tanto, que me retiro a mi Alcázar, no bebiendo el tosigo a un basilisco, que esparce, quizá a esa fruta, los venenos de un hechizo; el Universo inficiones, desplomes ese Edificio, marchites esa Belleza, cuando en lánguidos deliquios, viendo en angustias fatales el último parasismo, la máquina; que hizo un soplo, me desvanezca un suspiro. V̱a̱s̱e̱. Ṉa̱ṯu̱ṟ. A su Ciencia, a su poder toda el alma he suspendido: qué de cosas he sabido de lo noble de mi Ser! E̱ṉṯ. Preservarte es menester del veneno. G̱u̱s̱ṯo̱. Referidos los manjares repetidos, que me causan hambre, creo, que bien dicen, que el deseo se manda por los Sentidos; soy Gusto, y no puede haber gusto, si no hay que gustar: empecemos a buscar, que comer, y que beber. O̱i̱ḏo̱. Siempre grosero has de ser en desear? G̱u̱s̱ṯo̱. Tu suspendido, Oído discreto, has sido de aquellos, que siempre en calma, dicen, que el pasto del alma se engulle por el oído: yo no sé más que tragar. O̱ḻf̱a̱ṯo̱. Yo estás fragrancias oler. V̱i̱s̱ṯa̱. Yo estás variedades ver. Ṯa̱c̱ṯo̱. Yo suavidades tocar. G̱u̱s̱ṯo̱. Pues cada uno ha de llevar a la Reina a su contento, a vario divertimiento, que no se puede sufrir, a todas horas oír, un podrido Entendimiento, Ṯo̱ḏo̱s̱. Vamos. Ṉa̱ṯa̱ṟ. Qué hacéis? Ḻo̱s̱ 5̱. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Advertidos, buscar tu divertimiento. Ṉa̱ṯu̱ṟ. No dejes Entendimiento, que me arrastren los Sentidos. E̱ṉṯ. Ah Villanos atrevidos! G̱u̱s̱ṯo̱. De qué los extremos son? O̱i̱ḏo̱. Sufrimos ese baldón, porque en tu estado florido no puede ningún Sentido rebelarse a la razón; pero algún día. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Qué día? Ṉa̱ṯu̱ṟ. Bien está, no haya cuestión; que a tomar voy posesión de esta inmensa Monarcía: obedezcan la voz mía los Brutos, cuando los nombre. E̱ṉṯ. Ven, porque David se asombre, al decir en Ritmos graves, que los Brutos, y las Aves sujetó a los pies del Hombre. V̱i̱s̱ṯa̱. Qué de él en fin nos llevamos? O̱i̱ḏo̱. Venid, dejad los extremos, que algún día le trairemos donde nosotros queramos. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Los Laudes cantando vamos, al Sabio, en Himnos rendidos. O̱i̱ḏo̱. Y en acentos repetidos de sonora melodía, diga la oculta armonía interior de los Sentidos: Ṯo̱ḏ. y̱ M̱u̱s̱. El Poder sea bendito, V̱a̱ṉs̱e̱, y̱ ḏe̱ḻ C̱a̱ṟṟo̱ ḏe̱ f̱u̱e̱g̱o̱ M̱á̱j̱i̱c̱o̱, c̱o̱ṉ s̱e̱ṉ̃a̱s̱ ḏe̱ Ḏe̱- m̱o̱ṉi̱o̱. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Ah de los lóbregos senos, ha de aquella estancia oscura, cuyo pavoroso espacio bastardas sombras enluta? Ah de aquel extraño fuego, cuya actividad impura enciende, sin que ilumine, y abrasa, sin que consuma? Ah de aquella Ciencia mía, que criada en las alturas del corazón de la Tieña, el concabo centro ocupa? Ciencia dañada? S̱a̱ḻe̱ ḻa̱ M̱a̱j̱i̱a̱. Quién llama? M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Cómo tú me lo preguntas, conociéndome? M̱a̱j̱i̱a̱. Cómo hoy, que te difinas procura la alegoría, no a mí, sino al Orbe, que te escucha, que en día, que es de Fe todo, aún hay Misterio en las dudas. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Yo soy, quien desvanecido de mi Ciencia, y mi hermosura, M̱a̱j̱i̱a̱. De Espíritus alterastes toda la Celeste Curia. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Plenitud en fin de Ciencias, como el nombre lo divulga de Cherub. M̱a̱j̱i̱a̱. La Ciencia guardas, aunque la gracia repudías. M̱a̱j̱i̱c̱o̱. No en lo sabido me atajes, que quizá en ello se oculta novedad, a intento, que no sabes. M̱a̱j̱i̱a̱. Prosigue. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Escucha: Ya queda probado, cuanto Dios, que se repitan gusta los prodigios de este día, ya en las ancianas figuras del Antiguo Testamento, y ya en las luces Augustas del Nuevo, en que cada día aquel prodigio ejecuta; que si mi Ciencia, y mi rabia, desesperación, y furia me mata, cuando lo entiende, qué hará cuando lo pronuncia? También queda ya asentado, cuanto a su grandeza adulan Parábolas, y alusiones; pues sabe, que no hay alguna alegoría, en que yo no me haya opuesto a la suya por los mismos filos, puesto que verás en la Escritura, que si él es Pastor, soy Lobo, que si él es Miel, soy Cicuta; si es Guerrero, soy Gigante; si es Prudencia, soy Astucia; si es Camino, soy Despeño; y en fin yo mato, si él cura. Porque no hay cosa en que yo (por vengar tantas injurias) ser por los términos mismos su Contrario, no presuma: Viendo, que en la alegoría de hoy su poder le introduzca, como Sabio, como Sabio para deshacer su hechura a ti, que eres Ciencia mía, mi rabia, y cólera busca; pues a ti no te perdí cuando deshechas las turbas de mis Tropas, fue mi rota precipicio, mas que fuga. Y no te perdí, por ser lo que más a mí me acusa, al comprender lo que pierdo; porque notes, y discurras, que a un infeliz, solo el bien, que le atormenta, le dura. M̱a̱j̱i̱a̱. Si yo, Ciencia, condenada vivo en las entrañas duras de la Tierra, alma de tantas concavidades profundas; y en fin, diabólica Ciencia, me has llamado Ciencia tuya, que puedo ser si no Magia, con alusiones de culpa, a quien David, en hechizos, ser encantadora imputa? y pues siempre he respondido al pacto, que me conjura, y más al tuyo, las plantas, que pálidas, y nocturnas letales rayos agotan: en los Montes de la Luna, confeccionarán venenos, que mi Ciencia le introduzca, del Árbol vedado, en tantas pálidas, y rojas frutas. M̱a̱j̱. Qué importa, si aunque su antojo todos los manjares gusta, se guarda de ese. M̱a̱j̱i̱a̱. Qué presto tu esperanza desahucias; pues Ciencia soy tuya como él de lugar a dispuras, no dudes, que mi agudeza sosística le concluya, dándosele por remedio. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Tú verás, que lo reusa su Entendimiento, adornado. de las Ciencias, que le ilustran. M̱a̱j̱i̱a̱. Mas sabe el Ángel, que el Hom- por más que con absoluta (bre, Mano, Dios le hubiese dado en tantas Ciencias infusas los aplausos del que sabe, sin las penas del que estudia; y pues ella hacia aquí viene, divertida en la espesura Tom. Il de esta máquina frondosa, más bella por más confusa: retirémonos. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Si haré, que siendo tú; Sierpe astuta, bien se conoce, que yo dicto lo que tu pronuncias. E̱s̱c̱ó̱ṉḏe̱ṉs̱e̱, y̱ s̱a̱ḻe̱ṉ c̱o̱ṉ M̱ú̱s̱i̱c̱a̱ ḻo̱s̱ S̱e̱ṉṯi̱ḏo̱s̱, e̱ḻ E̱ṉṯe̱ṉḏi̱m̱i̱e̱ṉṯo̱, y̱ ḻa̱ Ṉa̱ṯu̱ṟa̱ḻe̱ẕa̱. M̱ú̱s̱i̱c̱a̱. Cuidado con el veneno, alerta, cuidado, incauta hermosura, que lo dulce de un pomo dorado, ofrece sabor, y tosigo oculta. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Oh que bien interiormente, con una eficacia muda, me avisa mi inspiración, que al riesgo no me conduzca de aquel tosigo encubierto; cuya pulsación, y cuya interna voz en el alma me está sonando a dulzura, cuando en ocultas llamadas me dice una vez, y muchas: E̱ḻḻa̱, y̱ M̱u̱s̱. Cuidado con el veneno, alerta, cuidado, incauta hermosura. E̱ṉṯe̱ṉḏ. No desprecies el aviso, pues prosiguiendo asegura, (rado, É̱ḻ, y̱ M̱u̱s̱. Que lo dulce de un pomodo: ofrece sabor, y tosigo oculta. G̱u̱s̱ṯo̱. No ha de ser la prevención susto, ni el temor angustia, porque será el que se siente mas dolor, que el que se anuncia; si ese Árbol nos han vedado, hay tantos, que sostituyan su falta, que con no verle todo ese temor se excusa, sin que de Sabio te pases, y de molesto nos pudras. Ṯo̱ḏo̱s̱. Dice bien. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Qué variedad tan hermosa, qué difusa máquina, qué consonancia hacen a esta estancia oculta tantos compases de plata, tantos bémoles de pluma, como aquí los campos vuelan, como allí los aires surcan, en arroyos, que la cercan, en pájaros, que la cruzan? Qué hermosa el Águila parda en tantos tornos, y puntas, cuando a giros; cuando a cercos los aires escaramuza, volante noche del aire, a hurtarnos el Sol se encumbra? Qué travieso aquel arroyo, risas de plata murmura, y como allí se embrabece, y encrespa las ondas puras contra una guija, que estorba, que precipitado huya de la gruta, que le llora, o la roca, que le suda? Qué sediento el soñoliento Sol, que a esperezos madruga a los labios de una rosa, la risa de el Alba chupa? Qué invisibles alas mueve la Aura, que fresca susurra, y cuando mansa a estos sauces las músicas hojas pulsa, fragrancias al rostro esparce, porque a las flores purpúreas, por bañarse en Aguas de Ambar, el rocío las enjuga? O! qué dulcemente todo lo confunde aquella ruda música hundosa del Tigris, cuando bramando con furia, de ver, que a su imperio el viento las rizas ondas sacuda, por más que contra su esfera velas de cristal escupa, entre esas rocas se quiebra en mil átomos de espuma? República de Cipreses se mira allí, que disputan de vejetativas torres piramidales agujas, que obedeciendo a los soplos, a pesar del tiempo duran, por más que el Aquilón brame, y por más que el Austro cruja. Todo está diciendo a voces la Mano, que lo dibuja, y todo, que el Dueño de ello es la más bella Criatura de cuantas el Sabio forma; pues hecha a la Imagen suya, Señora de todas reina, y Reina de todas, triunfa. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. No es esta mala ocasión, Magia mía, si la juzgas tan desvanecida, cuando a su belleza consulta. M̱a̱j̱i̱a̱. Yo llego. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Quién anda hay? M̱a̱j̱i̱a̱. Sí, yo. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Sí, cuando. Ṉa̱ṯu̱ṟ Qué os turba? M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Cuando no fuera el respeto, que debemos a la Augusta Majestad de tan gran Reina, nos bastaba por disculpa, la Soberana belleza, que aún más que abrasa, deslumbra. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Quién sois? M̱á̱j̱i̱ṯo̱. Dilo tú, que a mí me suspende su hermosura. M̱a̱j̱i̱a̱. Si haré. O̱i̱ḏo̱. Discreto Extranjero! G̱u̱s̱ṯo̱. Y ella también, qué picuda! M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Cuidado, que habla mi Cien- (cia, aunque la Sierpe artícula. M̱a̱j̱i̱a̱. Este Extranjero, Señora, nació en mayores venturas, siendo, aunque le veis humilde, Trono eminente su Cuna. Fue tan dotado de Ciencias superiores, que ninguna crió Dios, que en su sutil inteligencia, no infunda. Los pensamientos penetra; y no lo tengáis a mucha exageración, sabiendo, que en las Escuelas, que cursa, con mirar, de unos en otros las especies se transfundan. Como siempre son las prendas desgraciadas, se conjura, porquerer sobresalir contra él, muchedumbre suma, de otros, que sufrir no quieren, que les excediese; en cuya desigual lid, fue obligado a hacer de su Patria fuga, desterrado para siempre, a volver a verla, nunca. Con la ausencia perdió cuanto fueron bienes de fortuna (que Dios los da cuando quiere, y los quita cuando juzga.) Sin más caudal, que sus Ciencias (quizá porque más le angustian) se vio obligado a hacer de ellas caudal, sin que se presuma, que hacer profesión el gusto, lo soberano desluzca, que el interés, queal ingenio la estimación le tributa, como aplauso se recibe, y como premio se busca. Sabiendo vuestra grandeza, solo serviros procura de Médico, pues estáis, aunque gallarda, y robusta, expuesta a algún accidente, que turbe vuestra ventura: en la Chímica es tan grande, que habrá después quien discurra, que él fue su inventor; y así yo, que en las desgracias suyas soy su hermana, pues su Ciencia, y su ambición nacen juntas, te suplico, que le ampares, y que a su reparo acudas, porque es imitar a Dios esto de tener echuras. O̱í̱ḏo̱. Qué discreta es, y qué hermosa! que bien dicen, que una aguda discreción en el Oído, aún lo que atosiga, endulza. E̱ṉṯ. Mira, que es Sierpe engañosa, recátate de su astucia. V̱i̱s̱ṯa̱. Si es Sierpe, como de hablarla una Mujer no se asusta? G̱u̱s̱ṯo̱. De aquí heredaran las hembras tener más desenvoltura para hablar con el Demonio, y para hacerle preguntas en conjuros; y veremos, que habrá más que Brujos, Brujas. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Si de mis curiosidades tu Ciencia, Señora, gusta, no habrá grosero acciden que a turbar tus luces puras E̱ṉṯe̱ṉḏ. Aparta, no creas, Señora, tales locuras; y pues sabes, que soy docto, y conoces mi cordura, no de Médico Extranjero te pagues. O̱i̱ḏo̱. Si tú le injurias, yo en favor de esta Belleza me pondré. P̱á̱s̱a̱s̱e̱ e̱ḻ O̱i̱ḏo̱ a̱ḻ ḻa̱ḏo̱ ḏe̱ḻ M̱á̱j̱i̱c̱o̱. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Tú me repugnas? O̱i̱ḏo̱. Sí, que me cansa sufrir tu potestad absoluta. M̱a̱j̱i̱a̱. De nuestra parte es su Oído, no salió vana la industria. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Cómo, traidor. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Deteneos; y tú, Entendimiento, escucha, y no tan rígido a todo quieras oponer tu adusta severidad, que ya mandas tanto, que no hay quien te sufra. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Mandar, Señora, me toca, toda la Familia tuya, por mi puesto, mi nobleza, mi autoridad, y cordura; y ay de ti, si permitieres, que esa desmandada turba, perdiéndome a mí el respeto, lo economico confunda! Ṉa̱ṯu̱ṟ. Con todo; calla. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Pues oye; por qué de todas las frutas comes, y no de esta poma? Ṉa̱ṯa̱ṟ. Porque al Precepto se ajusta mi ser, de mi Entendimiento, y él Docto me la revsa por nociva, y venenosa. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Bien la cualidad estudia de esa sustancia: no hay cosa, en cuanto el Orbe circunda, tan benigna, tan sabrosa, y saludable, pues chupa de la Sal Celeste, aquella primera sustancia pura, como más puro Mágnete; y es, la que aumenta, sin duda, aquel balsámico néctar, para que la vida luzca. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Eso dices? M̱ú̱j̱i̱c̱o̱. Esto digo. E̱ṉṯ. Sonstico, en qué lo fundas? G̱u̱s̱ṯo̱. Ve aquí, lo que el uno ordena, el otro Doctor lo impugna. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Porque contra la experiencia, no Philósofo me arguyas: Vista, mira esta Manzana. V̱i̱s̱ṯa̱. Qué dorada, qué purpúrea! buena es para comer. G̱u̱s̱ṯo̱. Eso, quién a ti te lo pregunta? a ti toca el que la veas, y a mi toca el que la engulla. M̱a̱j̱i̱a̱. Así el Texto lo dirá, que la Vista es la segunda, que a mi parecer atraigo. E̱ṉṯe̱ṉḏ. A una ignorante consultas, que en las distancias se engaña? del Sabio la Ciencia suma, dijo, que era venenosa; pues como puede haber duda en su fe? Ṉa̱ṯu̱ṟ. Bien dices, eso es fuerza, que me concluya. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. No es, y porque veas, que en otro Misterio se oculta, (el también te dijo, que hay Árbol para observar incorruptas tus cualidades, y hacerte eterna. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Así lo promulga. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Pues este es, y si del comes y por prevención te curas con su antidoto, estás libre de venenosas Cicutas, siendo como él immortal. E̱ṉṯ. Cuando esa doctrina tuya fuera cierta, di, dejará de ser necedad injusta curarse por prevención? bueno es, que al daño se acuda sucedido; pero antes, qué remedio no se frustra? M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Cuanto mejor es, que no suceda? y porque disputas excusemos, huele Oltato: Tacto, alcánzale tú una de esas pomas. Ṯa̱c̱ṯo̱. Toma. E̱ṉṯe̱ṉḏ. No la toques, que te apresuras a tu fin. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Siendo immortal, nada temo. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Eso pronuncias? O̱ḻf̱a̱ṯo̱. Qué fragrancia tan sutil! Ṯa̱c̱ṯ. Qué suavidad! qué lisura! E̱ṉṯe̱ṉḏ. Ya que los Sentidos todos, o se ciegan, o se ofuscan, yo, como leal Criado, puesto a tus plantas Augustas, te suplico, gran Señora, que tu vida no destruyas con ese veneno; y puesto, que de mejor gana escuchas, que a Leales, que te avisan, a Traidores, que te adulan; dame licencia, de qué me retire, pues no usas de mí, que inútil alhaja, mas que en tu familia abulta, en tu inclinación estorba: no dirá la edad futura, que fui cómplice en tu muerte. Ṉa̱ṯ. Pudierais con más blandura darme esas quejas: que a mí se advierte, mas no se injuria. E̱ṉṯ. Siendo tanto el parentesco nuestro, que hay quien dificulta, que el alma de las Potencias se distinga, ni desuna, bien la lealtad este arrojo me disculpa. Ṉa̱ṯu̱ṟ. No disculpa, que tengo libre mi imperio: quitaos. M̱a̱j̱i̱a̱. Oh cómo me asusta, el mirar de los afectos humanos, la interior lucha! E̱ṉṯe̱ṉḏ. No he de dejaros. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Ya es eso atrevimiento, y sañuda le haré castigar: Sentidos, quitadle. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Cómo ejecutas en mi nobleza este agravio? O̱í̱ḏ. Vaya, y pague aquella cruda aspereza, que nos muestra. Ṯo̱ḏo̱s̱. Vaya, y sus baldones sufra. E̱ṉṯe̱ṉḏ. No sufrite, que si en mí permitió Dios, que se incluya el honor, prenda del alma, yo os domaré. G̱u̱s̱ṯo̱. Deme zurra. Ṯo̱ḏo̱s̱. A todos nos vence. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Fuerza será, que tú los acudas. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Si haré; matadle Vasallos. E̱ṉṯ. Ay infeliz, que una punta c̱a̱e̱. me dio en los ojos, y de ellos apagó las luces puras; ciego me dejan, qué mucho, si contra mí los ayudas, engañada Reina? G̱u̱s̱ṯo̱. Ahora patearle, para que gruña. Déjame, que yo arrastrando le aparte, para que nunca te estorbe. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Y me arrastráis? S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Sí, cansada vejez caduca. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Pues de su Gusto arrastrado está ya, mi engaño triunfa, Ṉa̱ṯu̱ṟ. Para mi humor era bueno tener en mí, quien presuma mandar más que yo; bien eso con mi libertad se ajusta; y pues tomar tu consejo puedo, y ya no lo censuran mis Criados, Gusto, come, Ḏa̱ḻe̱ ḻa̱ M̱a̱ṉẕa̱ṉa̱. G̱u̱s̱ṯo̱. Así lo haré va de purga; mas ay de mí, que es peor su aspereza, y su amargura! Ṯe̱ṟṟe̱m̱o̱ṯo̱. muerto soy. Ṯo̱ḏo̱s̱. Qué es lo que sientes? G̱u̱s̱ṯo̱. El Mundo, que se columpía lo dirá: de hiel soy todo. M̱a̱j̱i̱a̱. Texto ay, que esa fruta imputa ser hiel de Dragones. G̱u̱s̱ṯo̱. Ral de bascas. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Qué desventura! V̱i̱s̱ṯa̱. Ay Cielos, que de los ojos rota la sutil clausura de aquel cristalino humor, todas las luces se anublan! ciego estoy. O̱i̱ḏo̱. Cielos, el aire, que en el oído atenvan las telas, se rompió, y sordo nada percibo. M̱a̱j̱i̱a̱. No huyas. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Tenle Magia, que su Oído cautivo va de la culpa, pues no se cerró a tu encanto. O̱ḻf̱a̱ṯo̱. Qué es esto? todo me inundan putridas llagas, que a vicios envejecidos aludan. Ṯa̱c̱ṯo̱. Arido el Tacto ha quedado, y si toca, le atribulan cambrones, en que se hiere; y espinas, en que se punza. U̱ṉo̱s̱. Qué pasmo! O̱ṯṟo̱s̱. Qué horror! O̱ṯṟo̱s̱. Qué asombro! O̱ṯṟo̱s̱. Qué pena! Ṉa̱ṯu̱ṟ. Qué ansia! Ṯo̱ḏo̱s̱. Qué angustia! V̱i̱s̱ṯa̱. Porque aún la Música, nuestra organización confunda, sueñe el lamento. Ṯa̱c̱ṯo̱. Será destemplanza, y no dulzura. C̱a̱ṉṯa̱. Ay de la Naturaleza, cuya fábrica caduca; tiene ojos, y no ve, tiene boca, y no pronuncia; organos tiene, y no huele; y tiene tacto, y no pulsa; y escultura informe su máquina ruda; ni vive ni alienta, ni oye, ni escucha. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Mil veces, ay infelice de mí! que absorta, y confusa estatua viva de hielo inanimada escultura, al ver, que un tosigo ardiente, por las venas se difunda; el aliento torpe, el labio balbuciente, la voz muda; pues mi Entendimiento docto, herido, y ciego me acusa, y que de sus facultades mis Sentidos destituya el veneno, que la tierra, abriendo sus pardas grutas, donde me previno el Trono, me amenaza con la tumba: a un frenesí, que me oprime, a un letargo, que me turba rendida: ay de mí, qué ahogo! ni bien viva, ni difunta a hacer mi sepulcro vuelvo la tierra, que fue mi Cuna. ḏe̱s̱m̱á̱y̱a̱s̱e̱. Ṯa̱c̱ṯo̱. Desmayada está. V̱i̱s̱ṯa̱. Pues todas sus Facultades la acudan: llevémosla. O̱ḻf̱a̱ṯo̱. Mal podremos, cuando nuestra voz clausula: Ṯo̱ḏo̱s̱. Ay de la Naturaleza! cuya fábrica caduca, tiene ojos, y no ve; tiene boca, y no pronuncia; organos tiene, y no huele; y tiene tacto, y no pulsa. ḻḻé̱v̱a̱ṉḻa̱. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Tú no vayas, pues por prenda de mi victoriosa industria, con su Oído he de quedarme; siendo ya propensión suya, oír de mis sujestiones el estímulo, y la lucha. O̱i̱ḏo̱. Nada siento, como vaya con tan discreta hermosura. M̱a̱j̱i̱a̱. Pues aún el Oído humano es amante de tu astuta, Ciencia, no temas. M̱a̱j̱i̱c̱o̱. No temo, y más viendo, que divulgan. M̱a̱j̱i̱a̱. Y más viendo, que repiten. Ḻo̱s̱ ḏo̱s̱. Las voces, que nos adulan. Ṯo̱ḏ. y̱ M̱u̱s̱. Qué escultura informe su máquina ruda; ni vive, ni alienta, ni oye, V̱a̱ṉs̱e̱. ni escucha. E̱ṉṯ. Cielos! ya moverme siento, aunque ciego, y maltratado, porque después del pecado vuelve en sí el Entendimiento; y pues condolerme intento, perezca, Señor, el día del año en la Monarcía, que el hombre fue concibido: Sea en sombra oscurecido, y envuelto en tiniebla fría. Su noche, por tantos daños, turben nieblas descorteses, ni haga número en los meses, ni haga computo en los años. Cubran vapores extraños las Estrellas, que atesora el Cielo, cuya luz dora, ausente la luz Pebea: espere el Sol, y no vea nacer la siguiente Aurora. S̱a̱ḻe̱ S̱a̱ḇi̱o̱. Qué es esto? E̱ṉṯe̱ṉḏ. Señor, tu voz, aún en esta oscuridad, penetra mi ceguedad con el acento veloz. Dolor fiero! Pena atroz! Tu voz temen los oídos, muevante, pues, mis gemidos a piedades, y no a enojos, que me ha quebrado los ojos un motín de los Sentidos. S̱a̱ḇi̱o̱. Oh noble Potencia humana, qué lealtad al hombre tienes! bien se conoce, que vienes de ascendencia Soberana: aquella injusta Tirana hizo contra ti tiranos a los Sentidos humanos: ha ingrata Naturaleza! que pusiste esta nobleza a los pies de unos Villanos. No tengo que preguntar: bien que el Texto lo expresó, en que parece, que aún yo, de piedad quise ignorar, que pudo, fiera pecar, y lo pregunté; pues siento, que todo lo experimento, cuando miro, que atrevidos, tienen fuerza los Sentidos de arrastrar su Entendimiento. E̱ṉṯ. Porque te mueva a dolor, de mi Reina, la querella, escucha, lo que por ella te diré con Job, Señor: Su vida es guerra, el rigor de tanto enemigo fiero la está asaltando severo, y entre tantas agonías, se han vuelto, Señor, sus días, como los del fornalero. Sembrada su carne está de tanta llaga cruel, y la blanca hermosa piel, arida, y enjuta ya. Por ventura, di, será bueno calumniar su acción, teniendo en tanta opresión a la echura de tus manos, ni que de tantos Tiranos ayudes tú la intención? De piel, Señor, la vestiste, de carne la circundaste, de huesos la solidaste, y de nervios la tejiste, y de repente quisiste precipitarla, y está enferma, y caduca ya experimenta el dolor; y si nace como flor, como sombra morirá. S̱a̱ḇi̱o̱. No más; que has enternecido con tu voz mi compasión: o como mi corazón se manda por el Oído! pues la Oración me ha movido, Hombres, qué tesoro os di en la voz, aún cuando herí a Job, la piel le quité, y los labios le dejé, porque se quejase a mí: de hechizo, y veneno hizo su desventura al gustar; pues yo le daré manjar, contra veneno, y hechizo. Criarla me satisfigo, aún sabiendo yo, cuan fiera me había de ofender severa, y mi Ciencia, cosa es clara, que el veneno no criara, si el antidoto no hiciera. Ḏa̱ḻe̱ u̱ṉ g̱o̱ḻp̱e̱ e̱ṉ ḻo̱s̱ o̱j̱o̱s̱. E̱ṉṯ. Golpe me dan tan violento en los ojos, tus enojos? S̱a̱ḇi̱o̱. Sí, que a mis golpes, los ojos abrirá el Entendimiento. E̱ṉṯ. Sano, y con vista me siento. S̱a̱ḇi̱o̱. Oh ignorante humanidad, por sanar tu ceguedad te da los golpes mi Amor, y te quejas del rigor, sin conocer, que es piedad! Entendimiento leal, supuesto, que ha sido a quien quebró los ojos el bien, y se los ha abierto el mal, a esa hermosura mortal di, que la salud me pida. E̱ṉṯ. Podrá alcanzarla rendida? S̱a̱ḇ. Solo puede en mal tan fuerte preservarla de la muerte, quien supo darla la vida. Disfrazado bajaré (buen testigo es Abrahan) y cuantos males la están oprimiendo curaré, mis Médicos enviaré en tanto, porque aliviada este. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Señor, si te agrada, ve tú solo, de ti fío. S̱a̱ḇi̱o̱. No, porque el remedio mío la ha de hallar muy preparada: pase ahora su hermosura de tanto imbierno el rigor, hasta que en tiempo mejor se ponga en perfecta cura: ve, pues, E̱ṉṯe̱ṉḏ. Servirte procura, Señor, mi resignación; mas que tiempo, qué estación habrá, que propicia vea? S̱a̱ḇi̱o̱. Yo aguardo, a que tiempo sea de una magna conjunción. V̱a̱ṉs̱e̱, y̱ ḏe̱s̱c̱ú̱ḇṟe̱s̱e̱ u̱ṉ P̱a̱ḇe̱ḻḻó̱ṉ, y̱ e̱ṉ u̱ṉa̱s̱ A̱ḻm̱o̱a̱ḏa̱s̱ ṟe̱c̱o̱s̱ṯa̱ḏa̱ ḻa̱ Ṉa̱- ṯu̱ṟa̱ḻe̱ẕa̱, y̱ ḻo̱s̱ S̱e̱ṉṯi̱ḏo̱s̱ e̱ṉ e̱ḻ s̱u̱e̱- ḻo̱; c̱o̱m̱o̱ e̱ṉf̱e̱ṟm̱o̱s̱. M̱u̱s̱i̱c̱. Ay de la pena fiera, ay del dolor cruel, de quien solo del bien sabia, y quiso saber del mal, y del bien, Ṉa̱ṯu̱ṟ. Ay de mí! no me bastaba de mis males la esquivez, llena toda de dolores, y toda de ansias, sin que viese a todos mis Sentidos distinto mal padecer; porque dijese Isalas, que no hay en la redondez de mi esfera, sanidad de la cabeza a los pies? G̱u̱s̱ṯo̱. Y estamos nosotros más aliviados? no nos ves llenos de plagas? y a mí hidrópico, que al beber, cuanto más quiero apagarla, se me enciende más la sed, volviéndose en fuego el agua con hastio de comer, sin hallar sustancia alguna, que el alimento me dé, sin darme también el daño? Ṉa̱ṯu̱ṟ. Qué mucho! si yo sembré en todos los alimentos, que tu gustastes, la hiel de Dragones, que comiste. G̱u̱s̱ṯo̱. La mía, Señora, echaré si me lo acuerdas, pus, pus. V̱i̱s̱ṯa̱. Mayor es mi mal, pues es, tener ansia de mirar, tiéndome imposible el ver. Ṯa̱c̱ṯo̱. Igual será el mío, cuando arido perdí también la sensible facultad por Paralítico; pues desde la espinal medula, la combulsión me hace ser inmóvil todo, embargando de mis males al tropel, el sensitivo animar, y el nutritivo crecer; y tanto, que en tantos años aún no me puedo mover: a ver si me mejoraban los baños de Siloé. O̱ḻf̱a̱ṯo̱. Todos os quejáis, Amigos, y todos razón tenéis, mas yo tengo la de todos, no solamente por ser Leproso, y que solo en mí llagas, y gufanos veis, sino porque de vosotros las enfermedades den, en aliento inficionado, tanto martirio al oler. G̱u̱s̱ṯo̱. Aquel Chímico Extranjero nos mató, fuego en quien cree a embusteros, que nos vienen sus secretos a vender: Mortales, por Dios, que nunca por prevención os curéis. Ṉa̱ṯu̱ṟ. No solo llena de Cancer tan universal quedé, sino que de aquel veneno, ya tarde, o temprano, es fuerza morir; ay de mí! que afligida moriré sin Entendimiento, y más viendo, que el Oído infiel se fue tras la culpa, donde podrán hallarse? E̱ṉṯe̱ṉḏ. A tus pies. S̱a̱ḻe̱ e̱ḻ E̱ṉṯe̱ṉḏi̱m̱i̱e̱ṉṯo̱, y̱ ṯṟa̱e̱ a̱s̱i̱ḏ a̱ḻ O̱í̱ḏo̱. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Cielos, qué miro? E̱ṉṯ. No solo a servirte vengo, pues no te puedo yo dejar, aunque me quieras perder; sino que arrastrando traigo al Oído, que se fue tras la culpa, y forcejeando se le he quitado: tal es mi valor, Señora, cuando no es contra mí tu poder. O̱i̱ḏo̱. Ya a tu obediencia me tienes, aunque inhábil. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Pues por qué? O̱i̱ḏo̱. Porque vengo sordo a toda inspiración. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Yo podré suplirte, pues al oír sobstituye el entender; y ya que vuelvo con vista, Sentidos, porque miréis, que solo el mal se conoce por las espaldas del bien, y que en la vida no hay ya doctrina sin riesgo, pues solamente es el errar estudio para aprender, donde puede una lección costar la vida tal vez, clamad, y quejaos, buscando Médico, que pueda ser de alivio. Ṉa̱ṯu̱ṟ. No lo eres tú? E̱ṉṯe̱ṉḏ. Si lo soy, mas quiero, que se haga junta, que yo solo, si aquí llego a suponer, que Entendimiento de Adám soy recetarte sabré sudor, y lágrimas, puesto, que siendo para expeler, son contrabenenos ambos; y así, el pan has de comer con lágrimas de tus ojos, con sudores de tu rez. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Mas qué remedio es dolor ese. E̱ṉṯ. Pues llamad, romped los azules Pavellones del transparente Dosel. S̱a̱ḻe̱ ḻa̱ P̱ṟo̱v̱i̱ḏe̱ṉc̱i̱a̱. P̱ṟo̱v̱. Mas será mi voz quien llame, pues le supo disponer Médicos, que templen, ya que no sanen, hasta que baje la salud; y en tanto de sus voces me valdré, para mi invocación, puesto, que a los Hombres, claro es, que aún voces para pedir la Providencia les dé. C̱a̱ṉṯ. Ah del Mundo, ha de la grande Esférica redondez? S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Ah del Mundo, P̱ṟo̱v̱. Escuchad, oíd, atended, S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Escuchad, P̱ṟo̱v̱. Ni el Aire susurre. O̱i̱ḏo̱. Susurre. P̱ṟo̱v̱. Ni el Ave gorjee. V̱i̱s̱ṯa̱. Gorjee. P̱ṟo̱v̱. Ni el Bruto suspire. Ṯa̱c̱ṯo̱. Suspire. P̱ṟo̱v̱. Si mira rasgar, y escucha romper O̱ḻf̱a̱ṯo̱. Romper. P̱ṟo̱v̱. Al aire mi voz, la diafuna tez. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Ni el Aire susurre, ni el Ave gorjee, ni el Bruto suspire, si mira rasgar, y escucha romper, al aire mi voz, la diáfana tez. P̱ṟo̱v̱. La Naturaleza humana, Reina de cuanto se ve, encuentra en el respirar, el riesgo de fallecer. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. El riesgo de fallecer. P̱ṟo̱v̱. De un veneno inficionada trocó su inconstante fe, la blancura original, en cardena palidez. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. En caderna palidez. P̱ṟo̱v̱. A cuantos Phisicos doctos, una, y otra excelsa sien, la Universidad del Mundo orló en pagizo Laurel. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Orló en pajizo Laurel. P̱ṟo̱v̱. Se busca para curarla, donde yo repartiré del estudio los aplausos, y los premios del poder. P̱ṟo̱v̱. Ah del Mundo, O̱c̱ú̱ḻṯa̱s̱e̱ ḻa̱ Ṯṟa̱m̱o̱y̱a̱. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Hecha ya la invocación, mi llanto diga otra vez: C̱o̱ṉ ḻa̱ M̱u̱s̱i̱c̱. Ay de la pena fiera, ay del dolor cruel, de quien solo del bien sabia, y quiso gustar del mal, y del bien. Á̱ḇṟe̱ṉs̱e̱ ḻo̱s̱ c̱u̱a̱ṯṟo̱ C̱a̱ṟṟo̱s̱ c̱a̱y̱e̱ṉḏo̱ ḏe̱ e̱ḻḻo̱s̱ e̱s̱c̱a̱ḻa̱s̱; e̱ṉ e̱ḻ p̱ṟi̱m̱e̱ṟo̱ ha̱ḇṟa̱ u̱ṉa̱ P̱i̱ṟa̱ e̱ṉc̱e̱ṉḏi̱ḏa̱, y̱ e̱ṉ u̱ṉ E̱s̱p̱i̱ṉo̱ u̱ṉ C̱o̱ṟḏe̱ṟo̱, p̱e̱ṉḏi̱e̱ṉṯe̱ e̱ṉ C̱ṟu̱ẕ, ḇa̱j̱a̱ A̱ḇṟa̱ḇa̱ṉ c̱o̱ṉ u̱ṉ C̱a̱ḻi̱ẕ; y̱ e̱ṉ e̱ḻ s̱e̱g̱u̱ṉḏo̱ ẖa̱ḇṟa̱ u̱ṉa̱ A̱ṟc̱a̱, y̱ ḏe̱ é̱ḻ ḇa̱j̱a̱ M̱o̱i̱s̱e̱s̱ c̱o̱ṉ o̱ṯṟo̱, y̱ u̱ṉa̱ V̱a̱ṟa̱, e̱ṉ e̱ḻ ṯe̱ṟc̱e̱ṟo̱ u̱ṉ A̱ḻṯa̱ṟ, y̱ ḏe̱ é̱ḻ ḇa̱j̱a̱ S̱a̱ḻo̱m̱ó̱ṉ c̱o̱ṉ u̱ṉ P̱a̱ṉ, y̱ u̱ṉ C̱a̱ḻi̱ẕ; e̱ṉ e̱ḻ c̱u̱a̱ṟ- ṯo̱ u̱ṉ M̱u̱ṟo̱, y̱ ḏe̱ é̱ḻ ḇa̱j̱a̱ E̱ḻi̱s̱e̱o̱ c̱o̱ṉ ḏo̱s̱ V̱a̱s̱o̱s̱ u̱ṉ P̱a̱ṉ, y̱ u̱ṉ Ḇá̱c̱u̱ḻo̱, ṯo̱ḏo̱s̱ c̱o̱ṉ s̱u̱s̱ Ṯṟa̱j̱e̱s̱ ḏi̱s̱ṯi̱ṉṯo̱s̱. A̱ḇṟa̱ḇ. Ya que de la Providencia llamado vengo de aquel Monte, que verde obelisco de Adamel Cadáver fue. M̱o̱i̱s̱. Ya que a esta cura llamado soy, y por venir deje la alta cerviz de ese Monte, donde recibí la Ley. S̱a̱ḻo̱m̱. Ya que de esta voz llamado a esta cura, me ausente del Alcázar de Sion, y la Gran Jerusalém. E̱ḻi̱s̱. Ya que a enfermedad tan grave, hasta el llano, penetré de la cumbre del Cármelo, tanta enmarañada red. Ḻo̱s̱ ḏo̱s̱. Aquí, Señora, miráis. Ḻo̱s̱ o̱ṯṟo̱s̱ 2. Aquí, Señora, tenéis. A̱ḇṟa̱ḇ. A Abrahan. S̱a̱ḻo̱m̱. A Salomón. E̱ḻi̱s̱e̱o̱. A Eliseo. M̱o̱i̱s̱. Y a Moises. G̱u̱s̱ṯo̱. No es mala la junta. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Calla. Ṉa̱ṯ. Aún no acierto a responder. S̱a̱ḻo̱m̱. Hable primero Abrahán, como quien tan docto es en la Astronómica Ciencia, pues que la aprendieron de él los Egipcios, y Caldeos, A̱ḇṟa̱ḇ. Ese lugar se le de a Moises, que fue en Egipto tan docto, como se ve, por las Obras, que dio a luz; y muy bien dije luz, pues no hay más luz, que sus escritos. M̱o̱i̱s̱. Cuando no deba ceder mi lugar a Salomón, por la Dignidad de Rey, le cediera por la Ciencia; pues que Dios afirma de él, que ninguno ha de ser más Sabio, ni antes, ni después. E̱ḻi̱s̱e̱o̱. Hable primero Abrahan, por más anciano, y por ser mas de la cuestión, y siendo el Gran Padre de la Fe. A̱ḇṟa̱ḇ. A esta cura soy llamado, mas no seré el escogido, porque a mí me ha prometido Médico más afamado, que a sanar vendrá este mal. Lo primero, que mi Ciencia asienta, es, que la dolencia precisamente es mortal; porque es constante opinión, que si el Árbol de la Vida tuvo virtud escondida para la preservación, por tener substancia tal, que en ella estaba incluida la resina de la Vida, o aquel bálsamo vital; en el Árbol de la Muerte, en donde su daño estuvo, en mi opinión también hubo material veneno fuerte, que la pudo destruir su temperamento igual, y desde entonces el m la está obligando a morir; pero un Chímico secreto, que de la Sangre el Arcano se llama, que por mi mano sea saludable prometo: hácese este, porque asombre, del más purpúreo coral del Hombre, o de lo Animal más nutritivo del Hombre, a quien la Ciencia ordenó toda la Sangre quemar, y aquellas sales tomar que el fuego no consumió: Tanto de mirar me aflije su dolor, y su tristeza, que por la Naturaleza, con la Sangre de mi Hijo, fui a hacer el remedio; pero el Cielo me lo estorbó, y en su lugar me envió la Sangre de aquel Cordero, que algún dictamen Divino, a quien crédito se dé, afirmará, que le hallé pendiente en Cruz de un Espino; sacrificole mi manó, y pues su bien solicito, en el Vaso deposito de aquella Sangre el Arcano; no en vano en Sangre fiado de ese Cordero Divino de las ramas de un Espino pendiente, y crucificado. S̱a̱ḻe̱ M̱á̱j̱i̱c̱o̱, y̱ M̱a̱j̱i̱a̱. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Has oído, Magia? M̱a̱j̱i̱a̱. Sí, y aquella alusión me abrasa. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Pues cuanto en la junta pasa escuchemos desde aquí. M̱a̱j̱i̱a̱. Ay infeliz! que no en vano To̱m. Il. tantos recelos me dan, viendo en la fe de Abrahan Misterio de Sangre Arcano. Ṉa̱ṯ. Sanar con Sangre no espero, hasta que, según colijo, sea Sangre de tu Hijo la Sangre de aquel Cordero. M̱o̱i̱s̱. Todo en el Sol, y en la Sal está: aforismo es sabido, como que la Sal ha sido aquel ente universal, que este Mundo vivifica con efectos tan iguales, que los mixtos naturales perfecciona, y purifica: ella disuelve, o ahuna los Elementos; de modo, que esta difusa por todo el concabo de la Luna; cuanto a los Chímicos cueste en materia preparada, atraer esta elevada purísima Sal Celeste, que el Sol sublimó es sabido; pues aún después que cayere, si impuro el mágnete fuere, en donde se ha recibido, se cotrompe: máguete es (porque en voces tan distantes, quien no las entiende antes, no las censure después) es cualquiera natural cuerpo, que docto apercibo, para que pueda atractivo chuparle al aire esta Sal: conforme el mágnete ha sido, la Sal, así se ha logrado, si es puro, se ha conservado; y si no, se ha corrompido. De esta, pues, Celeste Sal, si es puramente atraída, se hace el agua de la vida, la Piedra Philosofal, y agua Ángelical Divina: Atención os pido ya, que quizá el Misterio va envuelto en la Medicina. El Manna, que al Pueblo mío dio alimento natural, fue esta purísima Sal, que se cuajó en el rocío: congelose en miel suave la Sal Celeste; de modo, que como está en la Sal todo, a todas las cosas sabe. Dejo aparte tanta cura Chímica, en que hacer intento, del Cordero el alimento, de Lechugas la amargura; remedio contra mal tanto, si a ver en mis curas llego, usar la Zarza en el fuego, y en el agua el Palo Santo. Habién Rapidim, y Oreb; pero hoy solo hago alusión al Vino de Promisión, del Rácimo de Caleb, que en el Vino halla mi celo la esperanza de curarte; pues tiene el Vino gran parte de este bálsamo del Cielo. El Vino, pues, imagino, que a ser tu reparo acierte; porque en Sangre se convierte el espíritu del Vino. Vino te traigo, y Manna, y en el Manná mi desvelo, con aquella Sal del Cielo tu vida reparará, si tu discurso imagina, que aún a la Hebrea ignorancia esta Celestial substancia fue alimento, y medicina; y siendo el Manna de Sal de los Cielos atraída, es el agua de la Vida, y es el agua Ángelical. Pues Chímica Soberana la dispuso allá a su moda, por quinta esencia de toda la Naturaleza humana. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Magia, qué de penas siento, en que sea al Hombre mortal, la substancia Celestial medicina, y alimento! M̱a̱j̱i̱a̱. Que de cosas imagino, viendo, que Moises advierte, que en Sangre se le convierte el Espíritu Divino! G̱u̱s̱ṯo̱. Ya le pruebo, Moises, pero hastio al Gusto le da: mas que todo ese Manna las ollas de Egipto quiero. S̱a̱ḻo̱m̱. Puesto, que el Orbe me dio de gran Médico el Laurel, gracias al Dios de Israel, que sus Dones me infundió; y entre tantas Obras mías mi Ciencia hizo peregrina los Libros de Medicina, que quemó el Rey Ezequías, con religiosa prudencia; porque el Pueblo pertinaz, al ver mi Ciencia eficaz, llego a idolatrar mi Ciencia; y nunca su ingratitud, usando de humanos medios, por hallarla en mis remedios, le pidió a Dios la salud; pues soy Médico, y pues es sabido, que mi prudencia estimó tanto esta Ciencia, como allá en mi Eclesiastes digo, y a nadie es dudable, que entendí en lo natural los tres Reinos, Animal, Mineral, y Vejetable, que son los tres de que usar, en cuanto el Orbe crió debe el Chímico: bien yo en Chímica podré hablar. Conformome con Moises, en que la Celeste Sal es el ente universal, y el alma del Mundo es: mas mis intentos no van, ya que a la junta llegué, a que esa Sal se le de en Manna. M̱o̱i̱s̱. Pues en qué? S̱a̱ḻo̱m̱. En Pan; el Pan, según conjeturo, en su virtud natural de ese bálsamo vital, es el mágnete más puro: pruébase esto, pues es llano, que tributa, cultivada, esta semilla sembrada, diez granos, por cada grano: de aquí saco mi argumento, pues es justo, que repares, que partes elementares no pueden darle ese aumento, ni discurrir nos conviene, que de ellas se ha de aumentar, porque nadie puede dar la virtud, que en sí no tiene, y en ellas no hay seminal virtud: luego este alimento recibe todo su aumento de aquelente universal; luego bien mi opinión fundo, de que es el Pan en rigor quien tiene parte mayor, de aquel bálsamo del Mundo; y mi argumento se encierra, en que del Pan el sustento es el mayor alimento, que crió Dios en la Tierra; y por eso no te asombre, que en mis obras escribiese yo, que el Pan, y el Agua fuese primera vida del Hombre, si en esta junta advertí, pues me hice Médico ya, que porque lo escribí allá, vengo a recetarlo aquí. Y así, solo al Pan apelo, puesto, que para curarte tiene el Pan su mayor parte de la substancia del Cielo. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Ay Magia, cierto es mi mal! y bien será que me asombre ver, que ofrecen Pan al Hombre (plo, de substancia Celestial. M̱a̱j̱i̱a̱. Aún más Misterios contem- en que pueda a esta ocasión proponerlo Salomón, que es el que consagra el Templo. E̱ḻi̱s̱e̱o̱. En el Agua del jordán, por librarle de sus daños, mi Ciencia con siete baños, curó la Lepra a Naaman, y Chímico Celestial, como mi Historia asegura de las Aguas la amargura, quité en Jericó con Sal: homito la prueba ahora, del secreto conocido; pues aforismo es sabido, que Sal con Sal se incorpora, y como toda se ahuna en un cuerpo, aquí se ve, que aquella que yo arrojé chupo la de la Laguna: no digo que poca Sal bastó a aquel Piélago undoso, que el caso fue milagroso, pero el modo natural. En el cuerpo humano hay Sales de todos los Elementos, a su operación atentos: si estos están desiguales, enferma el sujeto, haciendo los humores destemplados, que unos Sales exaltados los otros van corrompiendo. Halla reparo este mal en la Chímica acertada, porque una Sal destemplada se cura con otra Sal. Aquel Árbol de la Muerte, nocivamente tirano, las Sales del cuerpo humano destempló en veneno fuerte: no solo lo pruebo yo en el alma, cuando siento, que contra el Entendimiento los afectos reveló, sino en el cuerpo; pues males ningún mortal ha tenido, que no le hayan procedido de destemplarse estás Sales; hoy, pues, la Chímica mía cura en el Hombre mortal Ciencia del bien, y del mal con Sal de Sabiduria; y pues el Holio aumente, quizá para esta ocasión, yo también soy de opinión, de que el Holio se le de; pues todos saben, que es bueno para mal tan conocido: haciendo el Holio bebido, que se vomite el veneno. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. A instantes crece mi mal, pues gran Misterio contiene, remedio, que se previene con Agua, con Holio, y Sal. M̱a̱j̱i̱a̱. Tormento más riguroso me ocasiona, cuando veo, que le ministra Eliseo, Sacerdote, y Religioso. A̱ḇṟa̱ẖ. Ya que habemos discurrido de la enfermedad las causas, y esencias de los remedios: solo el estado nos falta averiguar de la enferma. M̱o̱i̱s̱. Lleguemos, pues, a pulsarla, Ṯo̱ḏo̱s̱. Lleguemos. A̱ḇṟa̱ḇ. Ay infelice! M̱o̱i̱s̱. Qué tienes? A̱ḇṟa̱ḇ. De mí te aparta, no te inficiones Moises. S̱a̱ḻo̱m̱. Cielos, pegada quedó en mí su Lepra! E̱ḻi̱s̱. Cielos, su contagio a todos pasa! S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Qué es aquesto? Ṉa̱ṯu̱ṟ. Qué ha de ser, sino ser tal mi desgracia, que pego mi mal a todos cuantos mi remedio tratan; y a cuantos no tratan de él, si al contacto de su mancha esta inficionando a todos la Naturaleza humana. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Qué desventura! A̱ḇṟa̱ḇ. Qué pena! M̱o̱i̱s̱. Qué mal! S̱a̱ḻo̱m̱. Qué ahogo! E̱ḻi̱s̱e̱o̱. Qué ansia! A̱ḇṟa̱ḇ. Todos morimos. Ḻo̱s̱ 3. Que mucho, si al contacto de su mancha está inficionando a todos la Naturaleza humana! C̱a̱e̱ṉ s̱o̱ḇṟe̱ A̱ḇṟa̱ḇa̱ṉ, y̱ c̱ú̱ḇṟe̱ṉs̱e̱. E̱ṉṯ. Sobre el Seno de Abrahan cayeron. Ṉa̱ṯu̱ṟ. En él se guardan, hasta que a sacarlos venga algún Médico, que traiga de mi original veneno tan preservativa gracia, que ni contactos le ofendan, ni le inficionen las Auras. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Ah pesares, que esto escucho M̱a̱j̱i̱a̱. Calla aleve. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Injusta calla. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Cielos aquí mi enemigo, sin haberle visto estaba! V̱i̱s̱ṯa̱. Si tú tu pecado vieras, Señora, yo no cegara. M̱a̱j̱i̱e̱o̱. Qué Médico esperas, cuando a cuantos te curan matas? Ṉa̱ṯu̱ṟ. A quién llaman los Profetas salud, por antonomasía. M̱a̱j̱i̱a̱. Quién se llama salud? S̱a̱ḻe̱ v̱e̱s̱ṯi̱ḏo̱ ḏe̱ e̱ṉc̱a̱ṟṉa̱ḏo̱. S̱a̱ḇi̱o̱. Yo. M̱a̱j̱i̱a̱. Dudo (ay de mí!) que en ti haya, Peregrino, a quien admiro, sintiendo al verte mi saña, en un hielo, que me enciende, un incendio, que me pasma: dudo, que haya en ti, repito, tal virtud. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Y si adelantas el discurso, también dudo, que seas el que ella aguarda, viniendo sin los estruendos de Músicas, y de Cajas, y tan sin tiempo. G̱u̱s̱ṯo̱. Sin tiempo; pues si un poco más se tarda, sin que viniese el Mesias por poco el Auto se acaba. S̱a̱ḇi̱o̱. Visibles alegorías de siglos en siglos pasan, sin objecciones; y en cuanto a que sin músicas salvas llegue, no es de hoy ese intento, pues se mira trasladada a otro Jueves mi Pasión; y así, dejando las ansias de ese día, por las glorias de hoy, en que la Iglesia manda celebrar la institución con festivas consonancias, de aquel general remedio con universales plagas, veréis, que la idea un punto de ese asunto no se aparta. Provar, que Médico soy, no es mi intento, pues hay tantas sabidas alegorías, que lo prueban, y declaran, y de lugares comunes llenas las paginas Sacras están del Hombre, que enferma, y el Redentor, que le sana. El intento es hoy probar, que chimicamente trata mi Ciencia de dar al Mundo remedio, sin que se valga de cosa, cuya virtud no sea en la Chímica usada; y que el poder absoluto, con que obro, solo adelanta al de la Naturaleza, sin que se le oponga en nada, usando de instrumentales. medios suyos, que no hagan al humano Entendimiento imposibles repugnancias; pues si ellos tienen alguna virtud por sí, es cosa clara, que quien pudo producirla, podrá también aumentarla. En el Árbol de la Muerte quedó corrupta la masa de la gran Naturaleza; y aunque para repararla mis Médicos anteriores trajeron virtudes varias de aquel ente universal, como ellas por si no bastan, me toca a mí en sus virtudes excederlas, y aplicarlas. Ya está dicho, que en el Hombr, se depositán, y guardan substancia de Cielo, y Tierra, y que no hay cosa criada, de que la virtud no tenga con intensiva eficacía; y así, para tu accidente otro remedio no se halla, que el comer Carne de un Hombre, y que no esté contagiada del original veneno del Árbol. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Cielos, qué extraña proposición! M̱a̱j̱i̱a̱. No tan solo es exquisita, y es rara, sino tan dura, que puesto, que Ciencia infernal me llaman, y Ciencia, que en la Fe duda, será Ciencia condenada: a ella he de oponerme. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Yo en ti infundiré mi rabia: pues cuando fuera ese medio eficaz, donde se hallara Carne, del primer veneno original preservada? S̱a̱ḇi̱o̱. En mí, que nací de quien pura toda, toda intacta, de ese tosigo no supo. M̱a̱j̱i̱a̱. Luego tú, pena tirana! le has de dar tu Carne? S̱a̱ḇi̱o̱. Sí, y comiendo Carne humana, que libre de aquel veneno esté, como es la substancia mas pura del Universo, y no se halla inficionada. Siendo mi temperamento tan sano, que niveladas tiene en sí mi Cuerpo, todas las cualidades contrarias. En su espíritu, y vigor verás, como se restanta de su flaqueza; y no solo aquí mis prodigios paran, sino que usando un remedio, a quien los Chímicos llaman transmigración de la sangre, donde un Anciano se sangra, y un Joven, y al mismo tiempo la sangre, que este derrama al otro se le introduce, que de la infecta se evacua, y recibiendo la pura, los espíritus repara. Usando de este remedio, verás, que mi Sangre pasa de aquel bálsamo vital, a substituir la falta; y aquel espíritu recto innovará en sus entrañas: como David lo pública, o como Pablo declara, desnudando el Hombre antiguo, (to, le introduce la constancia de Hombre nuevo; con que es cier- que el milagro de mi Gracia, aunque a la Naturaleza todo el poder sobresalga, por un medio natural se ejecuta, si reparas, que en el Hombre, para el Hombre, la mayor virtud se halla. M̱a̱j̱i̱a̱. Y cuando eso sea, a quien asombro, y horror no causa gustar Carne humana? S̱a̱ḇi̱o̱. A quién mi poder se la disfraza en Pan, y la Sangre en Vino, con que al gusto no embaraza. M̱a̱j̱i̱a̱. Pero Cómo puede ser, que en Pan esté transformada la Carne, ni en Sangre el Vino? S̱a̱ḇ. Como el Pan, y el Vino alcanzan de aquella Celeste Sal la porción purificada; y así, siendo este alimento sacro, compuesto de Humana Carne, y Sangre de Divina, y simplísima substancia, y de naturales entes, que contienen en sí tanta parte del universal; lo que mi poder prepara, es el Agua de la vida, de los Cielos destilada, como rocío, es Mauna; es Holio, que se derrama; Vino, que Virgines cría; Miel, que en la piedra se labra; y de todas estas cosas, que la Medicina sabia da por saludables, hago a este alimento, cifradas, una viva quinta esencia, en que mi Ciencia se explaya, y ente universal del Cielo, que da, sanando tus llagas, mística, y naturalmente V̱a̱s̱e̱. salud al cuerpo, y al alma. M̱a̱j̱i̱a̱. Por más, que: M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Los labios cierra, no prosigas. M̱a̱j̱i̱a̱. Tú me atajas? M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Sí, que argumentos no sufro en materias tan Sagradas, donde el impugnarlas solo ha de servir de ilustrarlas. M̱a̱j̱i̱a̱. Pues a qué espera mi furia? M̱á̱j̱i̱c̱o̱. A qué mi furor aguarda? M̱a̱j̱i̱a̱. Que de mi saña oprimida. M̱á̱j̱i̱c̱o̱. Qué oprimido de mi rabia. M̱a̱j̱i̱a̱. No huye de este prodigio. M̱a̱j̱i̱c̱. De ese asombro no se aparta. V̱a̱ṉs̱e̱. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Dónde, Señor, tu remedio está? P̱ṟo̱v̱i̱ḏe̱ṉc̱i̱a̱ c̱o̱ṉ ̱ S̱a̱ḻe̱ y̱ u̱ṉa̱ H̱o̱s̱ṯi̱a̱. P̱ṟo̱v̱. En esta breve blanca Forma, que la Providencia suya te dispuso, para A que si dignamente llegan tus Sentidos a gustarla, lo que el Árbol de la Vida había de hacer, también haga, que es tu bálsamo vital reparar, porque quedaras mortal, por Naturaleza, pero immortal, por la Gracia. C̱a̱ṉṯ. Que esta substancia pura tu Autor prepara, para ser medicina de cuerpo, y alma. G̱u̱s̱ṯo̱. Ya la guste. Ṉa̱ṯu̱ṟ. Y solo pudo su dulzura Soberana darme la salud. S̱e̱ṉṯi̱ḏ. Y a todos sus facultades restaura. Á̱ḇṟe̱ṉs̱e̱ ḻo̱s̱ C̱a̱ṟṟo̱s̱, v̱i̱é̱ṉḏo̱s̱e̱ e̱ṉ e̱ḻḻo̱s̱ ḻo̱s̱ c̱u̱a̱ṯṟo̱. A̱ḇṟa̱ḇ. Que mucho, si se compone esa medicina Sacra de Sangre de este Cordero! M̱o̱ṉs̱. Y del rocío del Alba, que cuajó esté Manna. S̱a̱ḻo̱m̱. Y de este Pan la sombra, a luz traslada. E̱ḻi̱s̱. Y si el Agua del Jordán primero la Lepra lava, dándole la Sal, y el Holío, uno crisma, y otro gracia. E̱ṉṯ. Con que en naturales medios la Naturaleza humana, chimicamente se cría, se conserva, y se restaura. O̱ḻḏo̱. Tú no hables de este Misterio, que al Entendimiento falta, que para cerrar la idea cautive el Oído. E̱ṉṯe̱ṉḏ. Aparta, que eso está muy repetido, y mi condición bizarra no se deja cautivar. O̱i̱ḏo̱. La Fe lo manda. E̱ṉṯe̱ṉḏ. No manda. porque lo que a mí me dice, es una cosa tan clara, que aún discurriendo muy libre no me hiciera repugnancia: dentro del humano cuerpo la nutritiva substancia del Pan, y el Vino, por sí a ser Carne, y Sangre pasan; pues qué dificultad tiene, si su Potencia ordinaria el Pan en Carne convierte, y el Vino en Sangre traslada, que su Potencia absoluta lo haga, en virtud de Palabras, y que en un instante hiciese, que el Vino en Sangre pasara, quien también en otro instante en Vino convierte el Agua. (za Ṯa̱c̱ṯ. Ya el Tacto no ha de hacer fuer- ver, que el pasar no embaraza la cantidad de su cuerpo? E̱ṉṯe̱ṉḏ. No, que si es cosa sentada, que a cualquier Cuerpo glorioso la sutilidad alcanza, por qué no la tendrá en sí aquel, que a otros pudo darla? G̱u̱s̱ṯo̱. Ni al Gusto el ver, que no sabe a Carne? E̱ṉṯe̱ṉḏ. No, si reparas, que el Manna a todas las cosas supo; pues qué duda hallas, en que quien hizo un manjar, que a todas supiese, haga también de todas las cosas manjar que no sepa a nada? Ṉa̱ṯu̱ṟ. Con que dará fin, diciendo en músicas consonancias: toda la naturaleza puesta a vuestras reales plantas Que esta sustancia pura, su autor prepara para ser medicina de cuerpo y alma
