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Texto digital de Las glorias del mejor siglo

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Valentín de Céspedes
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las glorias del mejor siglo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/glorias-del-mejor-siglo-las.

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LAS GLORIAS DEL MEJOR SIGLO

JORNADA PRIMERA

Digiiaod by Gooolo Digtited by Google n d T Digiliced by GO Fugitiva luz, detento, que en alas de resplandores bajaste, de flor del Cielo, a ser estrella del monte. Tierna injuria del Aurora, cuyos hermosos albores mas son, que anuncios de un día, crédito de muchos Soles. Cuando el aliento te sigue los ojos te reconocen cándido copo en la selva, nevado armiño en el bosque. Eres centro de cuidado, eres del afecto norte, prisión de los albedríos, imán de los corazones. A tus rayos me conducen los alientos superiores. que excitan en mí los Cielos, que a seguirte me disponen. Donde vas, que con tal prisa mueves las plantas veloces, que o te animaste saeta, o al rayo diste liciones? Porque en retirada selva todas las luces escondes, cuando con tu ausencia el Mundo se inunda en oscura noche? Porque al concurso negada, con sientes, que se remonte tu Deidad hasta la esfera impenetrable a los hombres? Que al subir por esa peña (que en su aspereza disforme, obelisco de los tiempos, apuesta edades al bronce) te encombraste tan altiva, que entre Celestes Faroles corriste plaza de Estrella por el dosel de esos Orbes: Donde hechos conchas azules, parece que todos once, recibiéndote por perla, abrieron sus tornasoles: Donde vestida de rayos, calzada de exhalaciones, de tus vencedoras luces fue campaña el Horizonte. Cuando a ese encumbrado Olimpo, que al Cielo mismo se opone, hecha garzota del Mayo, le coronaste de flores. Cuando Deidad te aclamaron aún los más robustos robles, ruda pompa de la selva, silvestre parto del monte. Dime, cuando así te ensalzas, si es que piadosa socorres a todos siete Planetas, que desmayados entonces a la vista de tus rayos, o de corridos se esconden, o agonizando en sus luces mendigan tus resplandores? Que cuando te vi doblando por la falda, que descoge esa pirámide bruta, ese escándalo del Orbe; imaginé, que los Astros, al cristal, que en ti recogen, por mejorarse de Cielo, mudaban sus estaciones. Di, qué designio te oculta? di, qué misterio te esconde? si hay favor que te agasaje? o si hay desdén que te enoje? No pienses de mi esconderte, ni que tu presteza logre las diligencias que al viento causan empachos de torpe. Que tanto el alma me llevas, tan vivos son los ardores del incendio, que en mi pecho toda su fuerza recoge. Que aunque le quites al rayo la presteza con que rompe en su mayor precipicio esas etéreas regiones: Aunque a las Inteligencias, que mueven los Cielos, robes todo el impulso, que imprimen en el zafir de los Orbes: Aunque al pensamiento mismo, tan ligeramente noble, de lo inmaterial, que goza, para tu curso despojes: Aunque hipogrifo te encumbres, aunque garza te remontes, aunque te enciendas cometa, aunque exhalación te formes, no dejaré de seguirte, ni será jasto te asombres, siendo el imán, y yo el hierro, que te siga como a norte. Oh tu beldad peregrina! o sacra Imagen, a donde no se ocultan, si se humanan, las divinas perfecciones! A cuya blandura esquiva, a coyas libres prisiones, a cuyas floridas luces, a cuyas lucientes flores, todo ese Cielo de ondas, todo ese mar de arreboles, ese golfo de centellas, esa esfera de licores, esa máquina terrestre, que de elementos discordes, con immortales coyundas, enlazada se compone, te rinde en forzosos pasmos humildes adoraciones, haciendo, que a tu belleza toda su pompa se postre: que te aclamen por divina, por immortal te pregonen, por heroica te celebren, y siempre augusta te numbren. Pues todo el Orbe te debe, su luz las constelaciones, su plata rizada el mar, los jardines sus colores, su crespo orgullo las fuentes, su verde esmalte los bosques, su hermosura el prado, y todos numen te aclaman a vuces. Sola una luz de quien eres te deban mis confusiones, un alivio mis cuidados, un aliento mis temores, un sosiego mi inquietud, mis descáminos un norte, un Santelmo mi tormenta, y una centella mi noche. Paro, Ignacio, a tus acentos, deténgome a tus razones. que del afecto en que nacen sus verdades se conocen. En el fervor que te anima (ilustre fámoso Héroe) halla aliento la esperanza, y halla remedia el desorden. Advierte, que en sus decretos el alto Cielo te escoge, por el valor que en ti vive, para que el siglo reformes. Y puesto que tanto insistes en que de quien soy te informe, a mis acentos atiende, y mis maravillas oye. Corri veloz, juzgásteme saeta, rayo, hipogusto, exhalación, cometa, penetré el bosque, discurrí los valles, de las incultas selvas hice calles, ceñí la falda, y vi la cumbre al monte, atalaya de todo el Horizonte: dio en seguirme tu aliento, hurtando lo veloz al pensamiento: examinó lo ardiente de tu llama flor a flor, tronco a tronco, rama a rama, porque oculta violencia tu presencia conduce a mi presencia, y viendo que mi planta siempre a tu movimiento se adelanta, por eficaces más, o más veloces, remitiste los pasos a las voces: clamaste, al fin, logrósete el intento, fue remora tu acento, paré a tus ruegos, apliqué el oído, escuché lo amoroso, y lo sentido; y pues ya sabes estas cosas juntas, paso a satisfacer a tus preguntas. La Gloria soy de Dios, no te me alteres, que ya en esto te he dicho cuanto quieres: no te espante que viva por selvas, y por montes fugitiva, que mis luces triunfantes también supieron padecer menguantes sintiendo intercadencias entre oscuras tinieblas de insolencias, que si en mí misma sombra no introducen, por el mundo a lo menos me deslucen. Después, al fin, que con su brazo fuerte el triunfador glorioso de la muerte me dejó entronizada a costa de su sangre derramada, reliquias de rebeldes Fariseos, y tercos Saduceos, con profanos errores intentaron cegar mis resplandores. Simon Mago insolente, Querinto presumido de elocuente, Ebión, y Menandro, acompañados de los Nicolaitas obstinados, ofuscarme procuran; pero son nieblas, que a mi Sol no duran. Dividió mi cuidado. al Colegio Apostólico Sagrado, para que en todo el Orbe la luz derrame, y la impiedad estorbe. Quédase Pedro en Roma, Juan pasa al Asia, cuyos monstruos doma, la gran Jerusalén Jácobo emprende, Tilipo a Frigia asciende, Diego penetra a España, Simón a Egipto, a quien el Nilo baña, la Etropia es el blanco de Mateo, la Persía de Tadeo, de Andrés la Ecitia helada, de Tomas esa India dilatada, Bartolomé a la Armenia le encamina, a Judea Mathías se destina: los Gentiles por Pablo a Dios consiguen, Lucas, y Bernabé sus pasos siguen, y Marcos los de Pedro; Siglo donde triunfante en luces medro. Envidiosas, al fin, de Glorias tales, las pestes infernales, inficionando mundos volvieron a salir de sus profundos por Marción, y Montano, Apeles, Saturnino, y Severía Allí Clemente, Ignacio, Jeroteo, con Dionisio, justino, e Irineo, mi verdad defendieron, con que mi luz a descubrir volvieron. Luego los Novacianos, Manicheos, Valesios, Sabelianos, que a Paulo Samosata se juntaron, segunda vez mis rayos ofuscaron: contra niebla tan densa descogieron su luz en mi defensa, Cornelio, Cipriano, Hipólito, Lactancio Firmiano, Clemente Alexandrino, Gregorio el milagroso, y Victorino. El año de trecientos levantó torbellinos más violentos el infernal abismo, pretendiendo anegar el Cristianismo, con el rigor tirano de Decio, Diocleciano, y Majimiano, y el acero inclemente de Constancio, Juliano, y de Valente: allí mis resplandores padecieron Eclipse en los errores de Arrio, de Donato, y Macedonio, con Prisciliano, alientos del Demonio, que apestaron los Cetros, y Coronas, desigualando en Dios las tres Personas. Ocurrió a daño tanto el Concilio Niceno Sacrosanto, y aqueste fue mi Siglo más dichoso, por el valor famoso de Atanasio valiente, del gallardo Crisóstomo elocuente, del grande Nacianceno, de Basilio, y Niseno, de Gerónimo siempre venerable, y de Ambrosio admirable, prenuncio milagroso, del divino, pasmo de los mortales Augustino. Este arrojando de su pluma fuego, abrasa al insolente Herege ciego, con prisa tan violenta, enta. que más victorias, qu eb Viste algún día atento en la Región diáfana del viento hacer vistoso alarde a un escuadrón de pájaros cobardes, cuyo valor, en suma, no fue más que colores, pico, y pluma? Viste al Neblí gallardo con su capote de campaña pardo mosqueado de plata, cuando el vuelo desata rayo con alma, exhalación ardiente, que corre osado el campo transparente? Viste como al mover la pluma riza el ejército vil se atemoriza de las plebeyas aves, temiendo el golpe de sus iras graves? Cual pájaro del miedo poseído, antes de pelear se halló vencido; cual huyendo se encierra en el seno más hondo de la tierra; cual a un árbol acude en sus congojas, y de él aprenden a temblar lo hojas; cual se mira despojo miserable del furor de su garra formidable; cual con la sangre, que a sus venas falta, del Campión valiente el pico esmalta; ya el vuelo repetido, ya el mísero gemido, ya la sangrienta herida, ya la pluma esparcida con destrozos violentos, hacen teatro el aire de escarmientos: y el pájaro bizarro, con airoso desgarro, quieto en el vuelo, y hosco en el semblante se huella en la campaña triunfante? Así, pues, de Augustino el valor peregrino, con vergonzosa afrenta ese vulgo de Herejes amedrenta, porque al primer amago de su pluma su orgullo es viento, y su arrogancia espuma: que en su valor heroico, y brazo fuerte, hallan horror, azote, sangre, y muerte. Después que destruyó con su eficacía a Pelagio, enemigo de la Gracia, a Fausto, y Fortunato, con impío desacato hacen su error notorio Eutiques, y Nestorio; mas reprimen su ciego descamino el Concilio Efesino, con el Calcedonense, Romano, Arausicano, Arelátense, Allí me vi triunfante por el valor constante de Hilario, de Fulgencio, de Próspero, León, y de Vincencio, y otros innumerables, que adquirieron victorias memorables. Mas porque cada día de los impíos herejes la porfía levantaba pendones, instituyó en la Iglesia Religiones de Dios la providencias, reducidas al yugo de obediencia. Antonio fue el primero; siguió Basilio, Celestial Lucero de Monjes observantes, que hoy resplandecen Astros rutilantes. Floreció el gran Benito, con número de Héroes infinito, Familia generosa, siempre admirable, siempre milagrosa, que de la Iglesia (heroica maravilla) trecientos años ocupó la silla. Dio al gran Gregorio, que siguió el camino de Gregorio, Ambrosio, y Augustino, a Ildefonso, Anastasio, Beda, Ansberto, Pascasio, Anselmo, a Eugenio, y a Ruperto excelentes Doctores, Mártires, Patriarcas, Confesores, Príncipes, Reyes, cuyas glorias bellas solo el número falta para ellas. De aquí salió la luz del gran Bernardo, cuyo aliento gallardo, por timbre heroico de sus glorias, quiso convertir el Cistel en Paraiso: Romualdo la Camaldula instituye, Bruno del Mundo a su Cartuja huye. Gualberto a Valumbrosa, Norberto a su familia numerosa da principios gloriosos en los blancos Canónigos dichosos. Aquí ya los insultos, y heregias volvieron a ofuscar las luces mías, y viéndome acosada, me valí de la pluma, y de la espada, invoqué los aceros auxiliares de las Ordenes Nobles Militares, la blanca de San Juan, del Moro estrago, la roja Espada del Patrón Santiago, de Alcantara las siempre verdes glorias, de Calatrava ilustre las victorias, que en todas la piedad, y los aceros califican Cristianos Caballeros. Son hidras los errores, que perseguidas más nacen mayores, y aquí del Albígense malicioso sintió el eclipse mi esplendor hermoso: mas el Guzman valiente el Domingo Divino, rayo ardiente, con su Persona, y Religión sagrada, siempre de heroicas glorias coronada, acude al daño luego, y a la hidra infernal áplica fuego: Hércules fue de España, que al brotar las cabezas las restaña: Un siglo no bastara, si glorias de sus hijos te contara, de Pedro, de Jacinto, de Raimundo, de Antonino, y Vicente luz del mundo: pero por todos baste aquel divino Tomás, honor de Aquino, Ángel en Celestial sabiduria, que ha de ser siempre de la Iglesia el día: Este es la Torre Fuerte, que cuando el enemigo furias vierte halla en ella la Iglesia copia inmensa de armas en su defensa, la pica, el coselete, el pavés acerado, y el mosquete, la lanza, el hielmo, y el arnez tranzado, con que Tomas la alienta en su cuidado, que su pluma excelente no por lo sabio olvida lo valiente. Al gran Guzman de España el Serafín Francisco le acompaña, que al mundo en luz inunda con su prole fecunda, que en su misma pobreza ha vinculado la mayor riqueza: aquí el de Padua, aquí Buenaventura destierran la prolija sombra oscura del Herege insolente; y el Escoto sutil, siempre valiente, con su ingenio profundo da gloria al Cielo, admiración al mundo. Luego en Conventos, con fervor divino, se juntaron los huos de Augustino, y a su Padre imitando fueron siempre mis glorias augmentando, Tomás, Guillermo, y el Sahagún divino, con la admirable luz de Tolentino. Aquí de Europa al suelo se mostraron las lumbres de Cármelo, antes de los Cirilos ilustradas, y hoy tanto en su observancia acrisoladas, como lo han descubierto un Ángelo, un Corsino, y un Alberto. Las glorias peregrinas de la Merced, y Trinidad Divinas, mostraron sus ardientes resplandores con título común de Redentores. siguiendo los ejemplos más que humanos de Félix, y Nolasco soberanos. Los hijos de Geronimo en su Coro resucitan la luz del Siglo de oro; y Francisco de Paula, cuya gloria siempre en sus hijos cantará victoria. Con tales Protectores triunfaba yo entre luces superiores, en el mundo lucia el resplandor triunfante que esparcia, y despreciando toda competencia hallaba la perfidia, y la insolencia, abrasé en el Concilio de Constancia, de Juan Hus, y de Praga la arrogancia. Hasta que en este Siglo desdichado miro al Septentrión inficionado, por un Lutero, peste de Sajonia, que ha trocado a Alemania en Babilonia, e intenta su porfía anegar a la Iglesia en su Heregia. Adelanta su torpe desatino el nefando Calvino, negando la verdad del Sacramento; que es del alma sustento, introduciendo errores tan profanos, que ofuscaron mis rayos soberanos. Esta guerra sangrienta, esta peste violenta, esta malicia inmunda, con que el mundo se inunda. Este infierno de olas encrespadas, este mar de centellas abrasadas en los bosques me encierra, y de entre los mortales me destierra. Esto me determina a cruzar por las selvas peregrina: la maldad se entroniza, el vicio a la virtud escandaliza, blasona la osadía, vive el error, triunfa la Heregia: y yo triste, llorosa, lastimada, afligida, dolorosa, fatigo montes, selvas solicito, campos discurro, páramos hábito. Esta soy, esta he sido, con que creo, que dejo satisfecho tu deseo. Señora, el verte afligida es implicación notoria, porque es ver penar la gloria; como ver morir la vida: A que siga me convida tu voz, divina Sirena, el alma de afectos llena, que la mayor dicha mía, mucha más que mi alegría la quiero hallar en tu pena. Yo, mi gloria, aunque no llego a esos heroicos Soldados, que en tus mayores cuidados lidiaron por tu sosiego, pienso suplir con el fuego, que en mi pecho enciende amor, el defecto del valor, que para embestir constante el corazón más amante, lleva el aliento mayor. Ala vista de tu Sol (que es alma del pensamiento) del oro del sufrimiento será mi pena el crisol; mostraré pecho Español (pues triste te llego a ver) señora, en no apetecer si no tristeza, y desdicha; que morirá de una dicha quien vive de padecer. El afecto más constante con seguirte está premiado, que el mérito de lo amado es crédito del amantes mi firmeza de Diamante en esto se ha de mostrar, porque pienso trasplantar (ya que no excuso el morir) a un instante de vivir una eternidad de amar. Ignacio, bien significas en razones tan ardientes esos afectos valientes, con que el pecho me dedicas: mas si a seguirme te aplicas, mira que es grande la empresa. Es tanto lo que intetesa mi amor en tan dulce empleo, que la prisa del deseo es la carga que más pesa. Con tanto esfuerzo te hallas para pelear por mí? Romperé, Reina, por ti las más robustas murallas. Entrarás en las batallas con Española osadía? Oh si llegase este día en qué espero gloria tanta! Capitán eres, levanta, Ignacio, una Compañía. Levantarela famosa. Será grande? . Será fuerte. No temerá? . Ni a la muerte. Peleará? . Siempre animosa. Y la gente . Belicosa. Dutará! . Constante, y fina. Quién la guía? . Amor la inclina. Quién la alienta? . Mi afición. Y cuál será tu blasón? La mayor gloria divina. Francisco generoso, en cuya heroica alteza ensalza su cabeza tu linaje dichoso, y a tus grandezas sumas rayos ofrece el Sol, la fama plumas. Tú, que con la lumbre ardiente ilustras cada día el valor que te envía tanto noble ascendiente, pues en tu lucimiento, el tronco de Javier libra su augmento. La Gloria soy del mundo, que persuadir deseo un generoso empleo a tu valor profundo, dando en dulces amores lazos de perlas, a tu edad de flores. Esposa le previenes en edad tan temprana, gana, sin duda, hermana, de que se muera tienes. Ten respecto, Gracejo. (despejo? Pues cuando, Chanza, acusas tú el En lo que digo dudas? Si la vista repartes, no ves a todas partes máquina de viudas, cuyos mantos tendidos son un memento homo de maridos? Viendo una toca baja, con monjil, y Rosario, con sombras de sudario, en tono de mortaja, después de santiguado, digo: Jesús, allí murió un casado. De eso no las arguyas, pues su aliño, y cuidado el Requienn ha dejado, y visten Allelvias. No ves, que en los Conventos visten de gala ya los Monumentos. Al fin, si a la otra vida pretendes que camine, que ha casado se incline aprisa le convida, y dile por mi cuenta: recipe matrimonio, arrobas treinta. Gracejo, no comiences a arrojar tu veneno, tu mucho hablar condeno. Como mujer me vences. Yo solo te persigo, porque hablas con malicia. Hablo contigo? Gloria humana, el deseo a seguirte se aplica. y a tu elección dedica el logro de su empleo: yo te entrego cautiva mi libertad, porque en tus lazos viva. Indúcenme los Cielos a que en mi pecho imprima la gloria que sublima a mis claros abuelos, y mi valor fecundo se estienda por los términos del mundo. Entreguese mi pecho en un gallardo asunto, donde el bien de por junto me deje satisfecho; que es un heroico empleo alma del gusto, aliento del deseo. Llamaré a la Nobleza, Discreción y Hermosura, a ver cual más segura tus pasos en dereza. Ellas vendrán cargadas de mentiras, y todas afeitadas. Beldades soberanas, que en gracias peregrinas, con vislumbres divinas lucis prendas humanas, hoy a un Joben florido le mostrad el camino más lucido. Jabier ilustre, en quien viven todas esas luces claras, con que tus pasados dieron eterno honor a Navarra. La Nobleza soy, que viendo que ya el discurso preparas a elegir rumbo, que siga la nave de tu esperanza, vengo a exhortarte a que emplees tu noble aliento en las armas, coronando mis blasones del timbre de tus hazañas. Así vivirán tus glorias tan súblimes, que la fama les dé el aplauso en su lengua, y les dé el vuelo en sus alas. Concurrirán a porfía luces propias, y heredadas, con que el Sol de tu grandeza no sienta ocaso en España. braras fuertes columnas. para el Templo de tu Casa, porque tributen los Siglos veneración a sus Aras. Este Norte te encamina, a que entre fieras batallas ciñas triunfantes laureles, y empuñes gloriosas palmas. El yielmo cala, el bridon oprime, enristra la lanza, y en ti de Marte una idea reconozca la campaña. Con que si hoy del Pirineo recostado está en la falda tu solar, al Cielo suba en la punta de tu espada. Qué juzgas de esto, Francisco? Que mi inclinación bizarra mucho a estas glorias se inclina. Son las más acreditadas. A la guerra? no señor, yo quiero quedarme en casa, que esto de no matarás. es cosa que Dios lo manda. Bien pienso, que aunque yo fuera, el Mandamiento guardara; y aún me guardara, que soy Soldado yo de mi guarda. Mas, al fin, por sí, o por no, en esto de las batallas, ya que no saco mi hoja, al menos, saco mi blanca. Bravo aliento, lindo brío, o gallina. . Hermana Chanza, soy gracioso, y según veo no es la guerra para gracias. Si en ella a Francisco sigues, pienso yo, que en la campaña, si no fueres gran Soldado, serás grande camatada. Maliciosa, mas que limpia, quien me mete a mi entre balas, pudiendo andar entre peras? Tengo yo vidas guardadas? Si la que tengo en las carnes, a las veinte me despachan con una purga de plomo, qué es receta muy pesada? Cuando al cabo de mil años veo de Flandes, o Italia venir un Soldado viejo hecha aceituna la cara, con una pierna de palo, y con un brazo de lana, que parece Maniquín, o molde de hacer estatuas; y muy vano de que estando. de posta sobre una Plaza, dos mangas aparecieron de Mosqueteros de Holanda, que en vez de hacerle calcetas, le trataron de aborrarlas, pues le volaron las piernas, y concluyó con las calzas: que con esto, y roto el pecho, será sobre uua Peana medio cuerpo de Reliquias, para el Altar de la Bascua. Y en premio de estas frescuras. pretende un geme de grana (que en tiempo de substitutos. es una muy linda alhaja) con ella va muy contento, y pone sobre su casa, al rededor del Escudo. cuatro orejas coloradas: Y esto le cuesta, las piennas, cuarenta años de campaña, desnudez, cansancio, frío, hambre, piojos, miedo, y sarna. Abrenuncio de la guerra. Jabier, espera ha que salga quien más camino te muestre, y elige el que más te agrada. Famoso alentado Joven, por cuyas prendas felices viene a ser fuerza que todos, o te adoren, o te envidien. La hermosura soy, que traigo floridos lazos, que apliques a las bellas lozanías de tus años juveniles. Del galán Troyano Paris los pasos, Franciseo, sigue, que es bien, que como en la gala así en la elección le imites A Venus dio por hermosa el premio, que no consigue por noble Juno, ni Palas por discreta, y invencible. Frecuenta a las Cortes siempre, en los Palacios asiste, donde mil Deidades brillan. por entre humanos viriles. Donde lo airoso, y lo bello sin envidia se compiten entre nevados claveles, y entre purpúreos jazmines. Un tierno, hermoso, alentado, dulce mirar, apacible, mas que las guerras conquista, mas que las batallas rinde. En tu verde hermosa edad estas pretensiones pide aquella siempre adorada. bella lisonja de Chipre. Este será de tu agrado. el centro, que fertilice el campo de tus grandezas, que ha eternidades se miden. De aqueste hermoso atractivo, Jabier amigo, qué dices? Que cautiva mucho al alma. Qué mucho que la cautive? Este si que es buen camino; amigo Gracejo, brindes: los dos nos enamoramos con apretura terrible. No, Chanza, que somos fríos: no ves que no se nos ríen? Y si quieres que a casarnos nuestra afición se encamine, Paritas siempre Diciembres, con que mil mundos tiriten; aunque viviendo en Castilla, también parirás Abriles. Demás, que ha aquestos amores yo no les caigo en el chiste, que tengo una voluntad, que el Demonio la pellizque. Ella es vida de Lechazas, que entre las doce, y las quince al otro desventurano le toque amor a maitines? Y aunque gravice, aunque nieve, aunque hiele, aunque ventisque, aunque se acatarre el cuerpo, y el alma se arromadice, siempre enfadando balcones, y bolteando jardines, ayude a cantar al gallo, vuelvo divina Amariles? Lamentación, suspírito, con el divino imposible, y lo de vida enojosa, no hay muerte para los tristes. El cuidado de puntillas, y la atención en chapines, siempre a caza de desdenes, siempre a pescar de melindres. Estimar un guante viejo por favor inacesible, que le cuesta muchos nuevos, aunque la bolsa suspire. Los versos de Boticario, entre rosas, y alelies, estrujando las violetas, y esprimiendo los jazmines. Dando a músicos meriendas, y dando ha criadas dijes, al escudero doblones, y a las amigas confites. Entre celosas sospechas mil desvelos zahories, y sin esperar la gloria andan llorando los Riries? No, Chanza, busca otro bobo, que tu hocico solicite, que yo no quiero embelecos donde mi quietud peligre. Comer pretendo a mis horas, vivir descuidado, y libre; y en aquesto de las noches lirón me llamo, y no lince. Ay qué peñasco, qué hierro! entrañas tienes de Tigre. Pariome mi madre un Martes sobre un garfio, y dos badiles. Pues tengo de conquistarte. Quítate allá, no me tiznes. Yo te sigo. . Es que te vis a lo limpio, como chinche. Javier, aqueste camino no hay que tratar de seguirle. No hay otro? . otra Ninfa salga, que tu inclinación conquiste. Discreto florido Joven, cuyas grandezas ilustres. son dechados en que aprende valor Marte, Apolo luces. La Discreción soy, que vengo a que por ti te asegures de que tu elección el tiempo, ni la inquiete, ni la turbe. Parte superior del alma es lo entendido; en quien lucen de divinidad perfecta las más vecinas vislumbres. De las letras el camino sigue, que él solo sacude del yugo de la iguorancia la enojosa servidumbre. Así penetra los Cielos el ingenio, y tanto sube, que de la más alta esfera yfavo pisa las cumbres. Pretendo, que de las ciencias las doctas escuelas curses, para que tu fama altiva tenga por trono las nubes. Que un ingenio cultivado, hablando discreto, y dulce, hace de las libertades rennidas esclavitudes. El saber entre los hombres veneración se atribuye; no hay aplauso que no robe, estimación que no usurpe. Aquí el blasón generoso de tu esperanza se funde, porque del mundo, del tiempo, y de la envidia triunfes. Ya aguardo, noble Francisco, a que tu sentir pronuncies. Juzgo que es famoso empleo. Y es justo que así lo jazgues. Querrás estudiar, Gracejo, segan de cuerdo presumes, y aspirarás a Letrado. Díceslo tú, Matiembuste? pues algún desesperado, que en estos tiempos estudie, cuando en hambre se convierte todo cuanto se discurre, Si a la Grammática vamos, hay más fiera pesadumbre, que audar un triste temblando, que la badana le zarren? Y por más que el desdichado la consitura renuncie, sobre sus bienes mostrencos cabelones le vinculen? Imagíname un muchacho de los que al Estudio acuden, cuando ya besa el Noviembre los talones del Octubre. Rebozado con su capa, a quien da fajas de mugre la nariz, mientras la boca va mascando a musa muse. Precurando que la frente el sombrero le sepulte, y unos carrillos morados es todo lo que descubre. Arrastrando con los pies, que el sabañón le reduce a que un zapato enchanclete, y otro zapato despunte. No hay contra el pobre muchacho plaga que no se conjure: no hay piojo, que no le coma. no hay pulga, que no le chupe. Toda sarna le desuella, toda lepra le consume, toda postilla le labra, toda tiña le destruye. Finalmente, todo aquello que es forzoso que se unte le enviste, con que anda siempre entre el plomo, y el azufre. Con su tálego de libros, adobado de perfumes, decorando a marinomen, con que a gritos nos aturde. Y tras que siempre el cuitado. en basura se zabulle, donde coge menos polvo, es donde más le sacuden. Pues qué, si va a Salamanes a aquellos pastros ilustres, donde a darse baya salen las flores, y las legumbres? Cuál ponen al señor nuevo! cual le aliñan, y le pulen! haciendo a todo el manteo de gargajos un pespunte. Sin parar, hasta que al triste. toda la bolsa le estrugen, que se le va sin remedio entre pasteles, y azumbres. Pues qué, si a ser pretendiente llega? quien aquello sufre, hechas carabanas tiene para sufrir que le emplumen. Al gorrón, la bonetada, que medio estado se hunde: al manteista, hechaduras, aunque el copete se ensucie. Pues si una Catedra pierde, quien dirá lo que se pudre, si le dilatan la plaza, que la cámara no puje? Y dánsela muchas veces con maleta que le brume, y otras, con tal que se arroje al charco de los atunes. Y esto para juzgar pleitos, y meterse en pesadumbres, con carga de que después San Jesucristo le juzgue. Qué hablador tan sin razón! Qué embustera tan inútil! Qué te suspendes, Franciseo? Muchas dudas me confunden. Determínate a seguirme. En preferirme no dudes. Yo soy quien más te merezco. Dejadle, porque consulte de espacio las conveniencias, y la sentencia pronuncie. Las tres nos vamos. No encuentro camino que me asegure. Ignacio, aquí me importa, en tanto que a un Soldado el mundo exorta a seguir su bandera: darle de mí una muestra, aunque ligera: Virtud, juntas pasemos, que importa, que las dos le aficionemos. Yo siempre me encamino de tus empleos al valor divino. Iguacio, ven siguiendo, como quien va a mis pasos atendiendo. Qué es lo que miro, Cielo! aquí Deidades? Soles en en el suelo? Seguirelas. . No sigas: ay infeliz, que son mis enemigas! Sabré quien son. . No puedes, en tanto que no rompes esas redes. Luz peregrina espera. No puedo, si no dejas esa fiera. Quién es esa Deidad que va contigo? No lo puedes saber. Soldado, amigo, decidme, a quién seguís? Romped los lazos. No puedo desafirme. Hazlos pedazos, y dejando del mundo la locura, gozarás de la luz de mi hermosura. Gran disgusto me has dado. Pardiez, que los Celuchos la han picado. Y querías que yo me enamorara? voto a tal, que primero me ahorcara. Déjame, vavidad, que estoy perdido: no hubiera, y que seguido aquella lumbre hermosa. Ah fortuna enojosa! vamos, Javier, que tengo de ponerte nuevas cadenas. Esas son mi muerte. A nuesa ama apretad la guindaleta, que me huele a mudanza la veleta. Y él esa voluntad téndrala fija? Pues yo cuando te quise, sabandija?

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Qué pretendes, Gloria mía? Capitán, es mi cuidado ganar al mejor Soldado de tu ilustre Compañía. Aquel Joven excelente, a quien la Gloria Mundana solicita con su vana fingida luz aparente: Es Javier, de quien confío claras heroicas victorias, con que se augmenten las glorias del siglo dichoso mío. Este conquistar deseo. Pues, señora en tal conquista, quién habrá que se resista a tan generoso empleo? Quién dejará de rendir el afecto más ardiente (oh Gloria bella!) si siente que le quieres tu admitir? Quién podrá tener sosiego cuando mira arder su casa? yo no, porque ya se abrasa todo mi pecho en tu fuego. Ignacio, no es más fineza morir sin manifestarlo llegar tanto a declararlo no es asomo de flaqueza? Na, que en mi amor no consiento que nadie llegue a vencerle; y si le callo, es tenerle por mejor que el sufrimiento. Y el no puderle ocultar, aunque lo intente, es decir, que no llegará el sufrir a donde llegó el amar, Que fuera para mi honor deslucida competencia atreverse mi paciencia a competir con mi amor. Y así, excusadme las dos, que aunque se atribuya a mengua ha de estar siempre mi lengua a mayor gloria de Dios. Y si dilato el pagar algún tiempo tu cuidado, quedarás de amar cansado? Como causado de amar? Pasa a otra prueba mayor, y no me trates así, que amar por amar, en mí es la cartilla de amor. Suelen al amor llamar premio suyo, y yo quisiera, que aún así, no se admitiera nombre de premio en amar. No apetezco el ser querido, que da mi amorosa llama todo el cuidado a quien ama; pero a mí todo el olvido. Que en tan fino amor condeno, por muy tosco desvarío, querer algo para mío, cuando todo soy ajeno. Con que infiero bien de aquí (si aperezco el ser pagado) que a mí mismo no me he dado, pues cuido tanto de mí. Que de necio, y de grosero, señora, a mi amor infamo, si después de lo que amo vengo a saber lo que quiero. Y pues mi gusto está en ti; y ese no es más que adorarte, si de él quieres informarte no lo has de saber de mí. Que de mí ya no quedó nada en mí; y en una casa nunca sabe lo que pasa, quien fuera de ella salió. Y si acaso en esta vida te negase mi presencia? No tiene poder la ausencia contra aquel que nunca olvida. Para mí no será dura esa ley de ejecutar, que estimo más el mirar tu gusto, que tu hermosura. Que en no siendo en ti disgusto, es forzolo en mi ser dicha, porque muere mi desdicha, a donde vive tu gusto. A mi interés atropella, con tanta fuerza el amor, que me pareces mejor obedecida, que bella, Y así sabrá mi paciencia, sin que eso le cause enojos, dejar de mirar tus ojos, por mirar a tu obediencia. Que soy Clicie, que endereza siempre el movimiento a ti; pero es más Sol para mí tu gusto, que tu belleza. Gran fineza! Soy diamante, volcán abrasado soy. Desde aquí el nombre te doy de mi verdadero amante. Pero es menester ganar Jabier. . Intentarelo. Mucho fío de tu celo; mas hoy le ha de conquistar. esa vanidad mundana, con terrible batería Será siempre su porfía contra tus intentos vana. Tu virtud, aquí te queda, y procura deshacer sus nieblas, porque vencer el mundo a Javierno pueda. Vamos, Ignacio, los dos. Siempre contigo me tienes hasta morir. . Cómo vienes? A mayor gloria de Dios. Si hoy adquiriendo victoria a Javier llego a ganar, mucho se ha de adelantar el partido de mi Gloria. Hoy con gran solicitud mil lazos el mundo tiende, con que in solente pretende desvanecer la virtud. Por Nobleza, y Hermosura, y por Discreción humana, piensa la Gloria Mundana tener victoria segura, y yo acudiendo a este daño, por evitar tantos males, hoy a todos los mortales les doy este desengaño. he oscura, Entre tinieblas de una errando por el mundo el hombre ciego las luces sigue de un mentido fuego, que arde asombrado en frágil hermosura. Mil glorias la Nobleza le asegura, ofrécenle las letras el sosiego; más amanece el desengaño luego, mostrando que es vislumbre mal segura. De la Virtud la gloria nunca muere, que es sin menguas de humano su contento, y se debe lo eterno a lo divino. Pues si llegar al gusto el hombre quiere, es fuerza que se aparte del camino, siguiendo el humo, aperecien Qué aún Javierno se declara? Aún no descubre su pecho. Yo, amigas, doilo por hecho, como él me mire a la cara- ndo el viento. Mas la virtud aficiona. Quién es aquesta mujer? No lo sé. . Quién ha de ser, sino alguna pobretona? Qué pretende, por su vida? Quiero darles a entender, ln que no siempre ha de perder . la Virtud, por encogida. Soy la Virtud, y la palma pretendo a las tres ganar, que no se ha de comparar lo temporal con el alma. Por donde vengo a tener por segura la victoria, haciendo propia la gloria de conquistar a Javier. Reinas, apurar intento, cuál vale más de las tres? quién la victoriosaes? vaya de entretenimiento. Esa empresa soberana a mí sola se endereza. Señora Doña Nobleza, halla cuando ha de ser vana? Hay más desairada cosa, que una de noble preciada, siempre prolija cansada, presumida, y enfadosa? Si mi tío el Rey Perico, fue nieto del Rey Don Juan; si desciendo del gran Can, o si es mi avuelo el Rey Cico. q Si mis pasados se dieron mucho porrazo en la guerra; si por el mar, y la tierra 1u2 locas bravatas hicieron. Si al Moro, Rey Cordovés, mataron mil Elefantes; noma si revañaron Gigantes de la cabeza a los pies. Siempre de la ajena gloria se visten; y muy preciadas de tratar cosas pasadas, se hacen personas de historia. Mucho, Mundo, las perdonas; pues no las ves cada día, hechas de la cortesía vendederás regatonas? oancivlo o No es tan antigua la casa. de la Duquesa de tal, y quiere hacérseme igual: es vergüenza lo que pasa. A la hermana del Marqués no he de llamar señoría; O basta llamarlo a su tía, que es ya pecar de cortés. No le tengo de ofrecer a Doña Juana el lugar; y ella me ha de visitar, que es Condesita de ayer. Yo? yo he de dar Excelencia a quién así no me tratra? solo el pensarlo me mata: qué vergüenza! qué indecencia! Con las Graudas me vozeo, por evitar pundonores; y con las más inferiores hablo siempre por rodeo. No las llamo señoría, ni merced, ni vos, ni tú, ni entendera Bercebú tan pesada algarabia. Yo sé una Dama, en verdad, que a cierta señora un día, por no darla señoria, la llamó Paternidad. Era vieja, y con antojos, y corriose bravamente, que es muy sujeta esta gente a corrimientos de enojos. siempre cargan el cuidado en estos vanos asuntos, y todas tienen más puntos, que las medias de un Soldado. Ello hay sentencias mejores, y pleitos a todas horas; en estrados de señoras, que en estrados de Oidores. Haceles siempre jamás su loca altivez cosquillas, y al fin son, como morcillas, humos, y sangre, y no más. Mal Nobleza, te han tratado, vuelve por ti, por tu vida; parece que estás corrida, a fe que me das cuidado. No consiste la Nobleza (ya que no la conocéis) en esas que me oponéis, altiveces de cabeza. No me desvanezco yo, que la Nobleza lucida es buena para tenida, para presumida, no, No me ufano, no me entono por grandezas, ni victorias, publícanlas las historias, pero yo no las blasono. Fúcilmente me acomodo a hacer a todos favor; que es la Nobleza mayor, la que sabe honrarlo todo. Aténgome a mi beldad, como a prenda más segura. Miren, mádama Hermosura, lo que trata de humildad! Hay tormento más cruel, que una preciada de hermosa, con presunciones de rosa, y altiveces de clavel? Con su ceño, y con su agrado almas quita, y restituye, y a sus plantas atribuye las flores que brota el prado. Cuando se mira al espejo menosprecia al Dios del día, y a campaña desafía al donaire, y al despejo. Y si con ojos atentos está, le darán los años en lo breve desengaños, y en lo dañoso escarmientos. Que si lo quiere entender hoy por más linda que sea esta más cerca de fea una jorvada que ayer! Desengaños tan morales, y verdades tan costosas no son para las hermosas, que se juzgan inmortales. Ponderá el eterno enfado de si irá el testido así, si es bueno el azul Turquí, o mejor lo nuguerado. Si esta lama es más ligera, si parece más lucido el espolín, si ha salido de buen gusto la pollera. Si el pabellón de campaña tiene gran circunferencia. Si el tafetan de Florencia abulta más que el de España. Pues qué, si saliendo van las redomillas, y unturas? qué jarifas hermosuras son hijas de soliman. Es prolija eterna cosa decir lo que en esto siento, que jamás tuvieron cuento lo Pues sus melindres, y antojos, qué cosa se vio tan loca? por más que calle la boca le hurtan el habla los ojos. Ay, que me picó en la mano una pulga, abre la cama moza, y al punto me llama al Médico, y Cirujano. Ay Jesús! que un encontrón me deshizo dos dobleces, ayer me morí tres veces de ver pasar un ratón. El color tengo quebrado, voy a tomar el acero, ponerme quiero el ligero tafetáncico volado. Dejen tan vanas recetas, que yo con gana gentil envisto con un pernil, que es acero de discretas. Hermosura, como ahora consientes así ultrajar esa beldad singular, que todo mortal adora? No ha de llamarse enfadoso mi bello desdén altivo, que en las beldades lo esquivo es crédito de lo hermoso. Y es advertencia muy vana, si lozana, y moza soy, querer que me aflija hoy con las penas de mañana. En mis galas, y mis trajes ponerme tasa es locura, que es muy Reina la hermosura, y da al adorno esos gajes. También me atribuyen mal soliman, pasas, y mudas, que hermosura con ayudas no es limpia, ni natural. Bien haya mi discreción, que es la prenda más perfeta. No fuerades vos discreta, a faltaros presunción. Amigas, por vuestra vida, que os alentéis a decir cuan mal se puede sufrir quien se pica de entendida. Discursos una mujer? delgadezas, ni invención? teniendo de obligación solo el hilar, y el coser? Hay cosa más vana y loca? pensar que ella sola sabe estar con las otras grave, torcer a todas la boca. Irse oyendo, hablar flautando, dar en todo parecer, gobernar siempre, y querer ser consejera de estado? Ser críticas? ser Poetas las hembras? mejor están picadas de un Alacran, que picadas de discretas. Pues qué, si la discreción de Doña Fásula emprende, picada de que lo entiende, calificar un Sermón? Verla como lo gorjea tan presumida, y segura, y trincha aquella escriptura como un vidrio de jalea. Si aquella comparación vino a pelo, o vino en silla, si en el estilo se humilla, o si imita a Cicerón. Verla hablar de los Autores, de Argenis, y Poliarco, en una manga a Plutarco, y en otra a Ovidio de amores. Hablar siempre con misterio, leer a Horacio, y Ausonio, y disputar si Suetonio habló mejor, que Valerio. Gongora, Lope, Águilar, han de andar en la almoadilla, todo ha de ser liba, brilla, obstenta, explendor, campar. Que es estilo conveniente, para conseguir ahora toda discreta señora, el grado de impertinente. Eso del critiquizar es cosa que no se excusa, llamar Pieria a la musa, y singullo al boltezar. Metrificante al Poeta, gilido al que está muy frío, curso de licor al río, y a la fuente plata inquieta. Dad un aviso a esa vela: hola, que estoy sitibunda, traedme criltal en unda, en el que el aire conjela. Ministrad pápito en copia, que a metrificar me inclino; y en el vaso Cornerino echad licor de Etiopia. A los de la Academia haced ingresto patente, más vulgaridad de gente éxule por vida mía. Hay más graciosas locuras, ya, tiempo vano, hacer quieres baraja de las mujeres, y a las discretas figuras. Pues, Discreción cómo ha sido? como sufres esta afrenta? qué así te alcancen de cuenta? no quisiera haberlo oído. No me toca de eso nada, que en mi discreción lucida no hay sombras de presumida, ni cansancios de afectada. Una perfecta mujer muy bien acierta a juntar con la lisura en hablar el primor en entender. Nunca en lo que no le toca se mete la Discreción, ni hace en necia ostentación vanos alardes de loca. A la que es necia conviene la afectación imperfecta, que la entendida, y discreta nada de esas cosas tiene. La Virtud es oro, y plata; que el tiempo no la consume. Oigan, que también presume la loror Mari Beata? Tuerza el cuello por su vida, y levante el alma al Cielo, los ojitos en el suelo, y la boca muy fruncida. Adiós solamente alabe con su Rosario contenta, y dé buen golpe la cuenta, como si tirara un cabe. Saque las horas después de la santa comunión, y tenga mucha atención, que no las ponga al revés. Traer guardainfante, y moño nunca tal de ella se diga, Jesús mil veces, amiga, que tentación del dimaño! Todas las cosas divinas ponga en el primer lugar, y sobre todo, tomar muy géntiles disciplinas. Para tu apetito loco, nunca es la virtud buen plato, y no es poco darme trato, cuando me tratas tan poco. Basta, dejémoslo, amiga, yo, que soy la Discreción, quiero, que en esta ocasión nada a la Virtud se diga. Entre nuestras compañeras corra la chanza en buen hora, pero a la Virtud señora. ni de burlas, ni de verás. Dice bien la Discreción. Sí, mas yo por vida mía, que a sola la hipocresía encaminé mi intención. Pues en eso no se excede. De esa suerte se ha de hablar, que a la virtud no hay tocar. Aún así sufrirse puede. Es graciosísima cosa ver una Dama afectada, mas que de serlo, preciada. de parecer virtuosa. Esté la puerta, y ventana. cerrada perpetuamente, y vaya a Misa la gente a las tres de la mañana. Echen de casa a Juánica, porque un hombre la mirós como en la cama no echó agua bendita Inésica? Como tan sin devoción entráis vos en mi aposento, sin loar el Sacramento, ni la pura Concepción? Es punto muy meritorio decirlas tola, señoras, paco ruido estas dos horas, que me entro en el Oratorio: Que le llamiran mejur dormiterío muchas de ellas, que quieren ver las Estrellas. en el sueño del Señor. Estas ánimas benditas, que el parecerlo afectaron, aturdidas se llamaron, ya se llaman las maschitas. Hablan con gran melodía, rezan ya por Breviario, y ponen tal el Rosario, que es fuerza echarlo en legia. Encarámanse hacia arriba con devotos ademanes, por los más altos desvañes de la oración unitiva. Están dando bocuendas en los Templos, y trritan, y hacen de las que meditan los puntos de las moradas. Dan consejos muy seyeros, haciendo entre los avisos con los ojos paralsos, y con la boca pucheros. Y con dos mil cosas de estas siempre veo que ellas son con color de devoción las primeras en las fiestas. Bien merece esas razones. de hipocresía hazañera, que la Virtud verdadera, no se paga de invenciones. Alto, yo emprendo a Javier, y a mi afición le reduzgo. Yo también emprendo, y juzgo, que le tengo de vencer. Nuestra contienda comience. Yo os he de hacer guerra viva. Alto, pues, quien vence viva. Digo, que viva quien vence. Confusa turbación, cierto tormento me dio una gloria vista, y no mirada, y entre gozo cobarde, y pena osada se suspende dudoso el pensamiento. Van mis afectos caminando a tiento, guiados de una luz tan desmayada. que el gusto inquieto, y la razón turbada huyen, dejando el campo al pensamiento. Tengo en la idea el bien, y aunque en mí mismo me buscó, no me encuentro, que el desvelo me tiene de mi propio desterrado: Oh nuevo mal, o no entendido abismo, que me falte yo a mí para el consuelo, y sobre todo en mí para el cuidado. Llena el alma de quejas. vengo de tu desdén, Javier ingrato, pues cómo así me dejas? tú triste? tu dudoso? y no me mato? o ira, o rabia, o furia! a quien no abrala el fuego de esta injuria? Si con gusto pretendes correr al campo de la humana vida, en dejarme me ofendes, pues con tantos mi gloria te convida; Y si de mí te ausentas, no habrá desdicha humana, que no sien- tas, sufrirás, que se oculte el valor de tu pecho generoso? Será bien se sepulte el ingenio sutil, el talle airoso? y que el mundo se prive del aliento bizarro que en ti vive? Ensalza tu nobleza entre el estruendo belico de Marte: sigue de la belleza, con afecto amoroso el estandarte: o tu ingenio divino ilustre de las ciencias el camino. Qué haces? qué imaginas? qué dudas? qué ponderás? qué pretendes? acaba, a qué te inclinas? qué te diviertes ya? qué te suspendes? qué detención tan muda! desdicha es una gloria puesta en duda. Una gloria que has visto tan de paso, no es causa de este daño? Este pesar resisto engañando a mí mismo desengaño; y digo a mis enojos: miente su inclinación, mienten mis ojos. Fatigados pensamientos, tropa inquieta de cuidados, indecisas suspensiones, repetidos sobresaltos. De una parte la razón, y de otra parte el engaño, todo es campaña mi pecho, donde batallan entrambos. A tan fieras baterías, a tan prolijos asaltos frágil vidro será el bronte, y polvo menudo el mármol. Ya entre dudas me suspendo, ya entre alientos me abalanzo, ya me hielo entre temores, y ya entre esfuerzos me abraso. En esta mar de inquietudes forzosamente me embarco a ser vaiven de las ondas, a ser guedeja del Austro. En confesión de tinieblas es todo mi pecho un caos, donde elementos discordes están entre si lidiando. Todo entre contiendas vivo (si vive quien pena tanto) y para ser de mi parte aún a mí mismo me falto. Aquí la Gloria del Mundo muestra sus floridos campos por medio de un verde antojo, que hace los visos más varios. La Nableza me convida a que mis blasones claros augmente con las hazañas que empezaron mis pasados. La Hermosura, a que apetezca las vislumbres, que engañaron tantas libertades presas en blandos comunes lazos. La Discreción, a que siga las letras, en que fundaron esperanza los presentes, estimación los pasados. Todo el pecho receloso, el corazón palpitando, la imaginación confusa entre temores, y daños. Por otra parte en la idea tengo (aunque le vi de paso) un abiimo de infinitos imposibles soberanos. Prodigiosa inundación de perfecciones, un manso golfo de gloria, que alientan galanes céfiros blandos: Ameno jardín suave, de donde aprendió Lozabo despejo verde el Abril, donaire florido el Mayo. Dos Soles, que en un instante el mundo abrasan, flechando volcanes en vez dejaras, por los orbes de sue arcos: Confusión de sangre, y nieve, donde daban frente, y labios dudas de rojo al clavel, miedos al jazmín de blauco. De la admiración el templo, cuyas márgenes poblaron cautivas almas, pendientes. al divino simulacro. El centro de la belleza, el mayor de los milagros la luz. Detente, Francisco, ciego, desatento, ingrato: no adviertes que yo te escucho? Divertime: qué grisardo navegaba el pensamiento por el norte del cuidado! Estando presente yo, con estilo tan bizarro otra beldad encareces? Era un diluvio de pasmos. Tan bella te pareció? Ya que me lo has preguntado, si no quieres al bosquejo, ten atención al agravio. nosa, gallardo De todo lo florido a rosada Aurora en círculos de nieve, belleza dilatando licenciosa, guerra de luz a los sentidos mueve: partido imperio entre juzmín, y rosa, de majestuoso honor término breve, en tálamo juntaba placentero a sloreciente Abril, nevado Enero. Campo ofrecen dos cándidos cristales de purpúreos matices embeltidos (desprecio de celajes Orientales) a más puras escuadras de cupidos, de perlas dos ejércitos iguales, guardan de muro, de rubí ceñidos pequeña entrada, si es pequeña aquella, que la Hermosura toda entró por ella. De dos Iria dos Soles coronados iluminan de amor la blanca esfera, logrando en Horizontes matizados lucida obstentación de su carrera: vi en un campo de ceños, y de agrados pacifica batalla, y paz guerrera; vi con el de un mirar lazo amoroso prender un alma entendimiento hermoso. Diadema fue de luces, no cabello lo que su frente angusta coronaba, y al argentado límite del cuello en diluvios de ardores inundaba: la playa a su raudal límite bello en galán semicírculo formaba a golfos de explendor margen de espuma, a ejércitos de luz campo de pluma. Este de lo exterior es el bosquejo; mas quien podrá explicar el atractivo, con que de la memoria en el espejo dejo la imagen de que soy cautivo? Siento un ansioso mal, y no me quejo, siento una dulce muerte, con que vivo, siento una luz hermosa, que me ciega, y siento una inquietud, que me sosiega. Un refrigerio siento que me abrasa, y un peligro mortal que me asegura; ni descubrirse el fuego arde la casa, ni yo sé si es desdicha, o si es ventura: Es confusión lo que en mi pecho pasa, cordura loca es, cuerda locura; porque llego a mirarme de tal modo, que nada siento, y que lo siento todo. Qué desdicha! qué es posible, Yavier, que en tan corto espacio se sienta tu tierno pecho en tanto ardor abrasado? Aunque son recién nacidos, nunca niños mis cuidados, que siempre nace gigante, cuando es el amor hidalgo. No a pausas se fue encendiendo el dulce fuego, en que ardo, que no es la causa divina cuando mata tan despacio. Por el suelo va mi honor, disimulemos cuidados, que aquí del todo me pierdo, si a lisonjas no le gano. Ea, glorioso mancebo, cuyas prendas afectando, igualdad a lo divino, desmienten en ti lo humano; a cuya suerte dichosa concurrió el Planeta cuarto festivo en tu nacimiento, con lo mejor de sus rayos. No permitas se malogren tus prendas, no pongas lazos a las verdes lozanías de tus alientos gallardos. Descubre tu gala al mundo, fatiga tal vez los campos, verá la selva un Adonis, más dichoso, y más bizarro, Serás, si el acero vistes, y si oprimes el caballo, nueva admiración de Poluj, airoso olvido de Castor. Serán tus luces de Sol, que ofusquen menudos astros; y entre braveza apacible será valiente el agrado. En tu rostro, y talle hermoso, desde su luciente carro verá la antorcha del día su copia, si no agravio. Dulce tálamo, en que vuidos Venus, y Marte engendraron en bello alentado ceño tiernos fleridos halagos. Ea, pues, heroico Joven, ea, poderoso encanto de las voluntades, ea, de gala, y valor milagro: De mi fineza amorosa rinda tu pecho el asalto, pues que mis caticias fueron prisión forzosa de tantos. Pues eres sabio, prudente, galán, brioso, alentado, no te oscurezca lo tibio, ni te desluzga lo ingrato. No puedo, aunque más me aliento, responder a tus halagos, porque no me ayuda el gusto. Pues alto yo te le llamo, puerto de vida B , de vida la causa que me mata, y que me ciega y divertida la atención navega de su forzoso porte conducida: Despierto velo en suspensión dormido y la inquietud que sigo me sosiega en breve instante el corazón se entrega a una gloria aún no vista, y ya perdida. Cobarde en brío, y animoso en miedo veo en lo más seguro varienaces, hallo en cierta fe duda infalible: No por eso desmaya mi denuedo que es camino pasar contrariedades para quien busca un término imposible todo el mundo se guarde de sus engeños. El Gustillo, señores, sale al tablado Pues, Francisco, qué tenemos? Oh Gusto, qué Niño estás! di por qué no crees más? Poco los gustos creemos. Nunca has visto unos perritos, que crían las Damicelas, y les ponen alforjuelas para que queden chiquitos? Pues es justo que repares, que en esta vida al contento, le ponen cada momento alforjuelas de pesares. Mas sabe que darte quiero un mensaje de una Dama, que con fineza te ama. Siendo el Gusto su tercero, no es mucho negocie bien. Ella llegó en un momento, porque por hablarte, el viento le sirvió de palafren. La Nobleza, señores, sale a la plaza, porque no hay quien con fiese que ella le falta, Ya, Jabier, mas de veras te vengo a persuadir a que me quieras: Nobleza soy, que a tu linaje claro he sido honor, y amparo: sigue los pasos, ínclito mancebo, de tus mayores, con aliento nuevo. Augmenta tus blasones, siguiendo belicosos escuadrones: Qué haces? en qué dudas? qué reparas? Nable naciste, y tus hazañas claras, si las alienta tu esforzado empleo, conquistaran la gloria que deseo. Rindétele, Jabier, pues tu persona de tan alta nobleza se corona. Pues el Gusto me anima, yo me rindo. Dame los brazos. . Doilos. Oh qué lindo! Dichosa fui yo sola. Pues yo escurro la bola, que los gustos del mundo son malvados, aún no comienzan cuando son pasados. Ay, que el Gusto se fue: Gusto, qué es esto? como me dejas, y te vas tan presto? Cómo te vas, Francisco, de mis brazos? Ya, mujer, me molestan tus abrazos: faltome el Gasto, vete, vete al punto. Cánsote, o tú te cansas? Todo junto: o Gusto breve! oh Gusto fementido! Vete, Nobleza. Desdichada he sido. Oh vil principio de un funesto daño, oscuro gozo, claro desengaño! Francisco? Al primer envite te me vas de entre las manos? Sí, que los Gustos humanos jugamos al escondite. Pero otra Dama gallarda te traigo, que por ti muere: no la consientas que espere. Si tú no te vas, ya tarda. La Hermosuras señores, rayos esgri- quien no muere, no sabe lo que se vive. Francisco, pues solo, tus penas diviertes, la Hermosura humana permite que llegue. Mira que mis gozos son floridos bienes, sazonados frutos de tus años verdes. Esa edad bizarra lo que pide advierte, pues gozas Abriles, no busques Diciembres. Un hermoso agrado, un mirar alegre, voluntades rinde, corazones vence. No seas esquivo, pues no es bien me dejes, por glorias confusas, que miras ausentes. Ea, mi Francisco, vuelve, llega, atiende a una fe avimosa, y a un amor valiente. No es bien que la pagues con tibios desdenes, goza tiernas glorias en dulces deleites. Pues el Gusto afirma, que tendré placeres, con gozo de dulces, sin pensión de breves mi mano te ofrerzco. Con ella me vienen mis venturas todas. Yo parto a las veinte. El Gusto me falta: Gusto? Gusto! fuese. Tan presto me dejas? Vete, mujer, vete, mira que me cansas. Tan presto? . Eso pueden descubiertos males, y mentidos bienes. Yo me joy corrida. . Hay contento breve, pues tan tarde naces, y tan presto mueres? Qué mormuras? A De tu engaño, cómo te vas tan ligero? Solecitos son de Hebreto . estos gustillos de ogaño, todo es entrar, y salir; mas otra Dama gallarda licencia, Fraucisco, aguarda. Entre, si tú no te has de ir. Discreción, mis señores, es la que llega quien se tiene por necio sálgase fuera. Pues alcancé ventura de hallarte solo (joven generoso) pagar mi fe procura con afecto suave, y amoroso, la Discreción te llama, que pretende mil glorias a tu Fama. Haz en mi dulce empleo, mostrándote en las ciencias entendido; explica tu deseo en dulces ecos un hablar florido, y en discursos diversos gallardas prosas, y alenta dos verfos. Francisco, no la dejes, mira, que esta beldad excede a todas. Pues, Gusto, no te alejes. Aquí seré testigo de tus bodas. Dame, Javier, los brazos. Dulces son con el gusto estos abrazos. En buen punto los dejo, mosco de aquí. Mi gusto me ha engañado. De ti, Jabier, me quejo. Vete, mujer. Tan presto te has cansado? Vete vete enfadosa, que me matas. Oh suerte rigorosa! Adónde vas? Detente, que quiero ver si puedo abrir tus ojos claros, que el mundo tiene ciegos. otra mujer? no bastan? otra mujer? qué es esto? y sin gusto viene: ay qué terrible aspecto! Soy la Virtud, Franciseo, que aunque sin gusto empiezo, si mi trato comienzas, verás al gusto luego. Parecesme terrible, ay Cielos! no me atrevo, sospecho tus rigores, y tus cáminos temo. No temas, fuerte javen, camino suy del Cielo, fragoso en los principios, pero después ameno. Dame una mano. . Toma; más ay! ya me arrepiento, que del amor sin gusto es áspero el empeño. No hay quién mi causa ayude? Yo en tu defensa vengo, Joben ilustre, advierte, que te conquista el Cielo. Arréjate animoso: dónde está tu denuedo? rompe del munde vano los lazos lisonjeros. Mira que Dios te quiere para gloria del Cielo, asombro de la tierra, y azote del infierno. Quién eres, claro heroe? A quien rinde mi pecho, por una fuerza oculta, tributos de respecto? Con voces interiores me está el alma diciendo, por Capitán le sigue, y tenle por Maestro. Da a la Virtod la mano. Tómala, que ya siento . de tu verdad las luces. Si de la mano llevo tus obras, gran Fraucifeo, el mundo verá presto milagros que venere, prodigios, y portentos. A Ignacio reconoce, que Ignació es a quien debo en ti un Atlante firme, que lleve el Orbe en peso. Ya con esto, señores, no soy Gustillo, sino Gusto de verás a lo Divino. Sin ser el tercero yo otra mujer ha llegado, pues la mano le ha tomado, no me descontenta, no. Ya siento un gusto indecible, Y será más cada día. Al sin es promesa mía, y será siempre infalible. Qué sientes? . Siento un ardor. Qué te fatiga? . Un deseo. Quién te le causa? . Mi empleo. Y en qué se funda? . En amor. Y de quién es? De una Gloria. Hasla visto? . Muy de paso. Quién te la mostró? . Un acaso. Dónde vive? En mi memoria. Quiéras la ver? . Ay de mí! Y suspiras? . Qué me muero: Esperasla ver? ̱. Si espero. Por quién lo esperas? Por ti. Pues por él te tengo a ver, Oh Gloria Divina, y bella, que si antes fuiste mi Estrella, ya mi Sol vienes a ser. Hoy de la virtud vencer pudo la solicitud. Por eso de su quietud el todo seréis las dos, porque a la Gloria de Dios se encamina la virtud. Aquí yo soy el Saynete, que aderezo este guisado, que si el gusto es sazonado, es la falsa del banquete. Eternidad me promete la gloria que de ti espero, y al gozo con que te quiero es el alma estrecho vaso: si te me llegas me abraso, si te me apartas me muero. Pues tu corazón rendí, ven, que a mi luz has de andar. Yo nunca te he de dejar. Ni yo apartarme de ti. Mi Gloria, el alma te di. Ea, amigo verdadero. Echa por este seudero, y sigue de Ignacio el paso. Si te me llegas me abraso, si te me apartas me muero. V

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Rabioso salgo, y estoy por hacer un disparate. Y a fe que no será poco, que uno por hacer te falte. Pues no quieres que me pudra; que una jornada se pase, y que el tonto del Pueta al tablado no nos saque? Es, que como en ella tanto chancearon las comadres, no hicimos falta nosotros. Si yo estuviera delante, a fe, que colorearan mejor sus maternidades, que con todo el ajonuez que le pusieron sus madres. Pues dime, qué les dijeras? Mas de otras cuatro verdades, a las hermanas beatas, acerca del arrobarse. A las nobles presumidas dos quemazones mortales; y a las señoras hermosas tres cuentos de guardainfantes. Y aún les parecieran pocos. A las culpas cien pesates, y probarles que son tontas. Bien la merienda repartes. Mas pues ya se ha dicho esto, no es bien que otra vez se trate, y así, pues somos criados, murmuremos. . Que me place. Qué centenar es aqueste, que celebran estos Padres, que por más que lo discurro, no acabo de adjetibarle? El usado centenar no es este, que a fe de paje, que he consultado sobre ello todos los Escarramanes. Yo he visto el Martirologíó, y vendré, que en él se hallen, si, centenares de Santos, mas no Santos centenares. Si acaso él es Centurión? No, amigo, que ese no trae el bonetón, ni la ropa. Pues entiéndalo algún Sastre, porque un diablo será poco. Dijéronme la otra tarde, que en este tiempo la Orden cumple cien años cabales, desde que Paulo Tercero la confirmó, y estos Padres quieren dar gracias a Dios. de un beneficio tan grande, como haberla conservado con aumentos tan notables, tan estendida en el mundo, tan florida, y observante, tan entera en su gobierno, en sus misiones tan ajil, en sus letras tan lucida, y en su opinión tan constante. Hola, Ghaucilla, qué es esto, tú te metes a hablar grave? Pues no ha de llevar lo cuerdo siquiera un rato vergante? Advierta; que aunque garrona, las Pascuas, y Fiestas grandes, me confieso en San Iguacio, que hay ánima en estas carnes. Pues vuesa merted prosiga con su discurso elegante, confesadísima Reina; devota de centenares. Digo, pues, que como asisten en Roma los Generales, y allí desde el tiempo antiguo han usado el celebrarse las Centurias, este uso quisieron santificarle, haciendo que su ejercicio a cosas sagradas pase. Esta, según he entendido, es la causa de que manden, que esta piadosa memoria se celebre en todas partes. Allá en Roma, en hora buena, que esas fiestas saturnales se celebran; pero acá donde hablamos en Romance, y no hay hombre, si mujer. que entienda aquese lenguaje, como no han con siderado; que diremos los seglares; Fiestas, repiques, Comedia, chirimias, y atabales, luminarias, y cohetes, solo porque ahora hace cien años que hay Teatinos? Hay más lindo disparare? Pues aquí, qué se nos da, qué estén en Roma, ni en Flandes? Ni de que con sus bonetes los emplumen por las calles? O en un despojado día a lindo fuego les asen? Ya ellos tienen entendido, que dirán esos dislates otros tales como tú, que no son bobos los Padres. Mas ellos dicen, que es fuerza hacer lo que les mandaren, con estimación de todos, y sin ofensa de nadie. En Roma, también algunos, murmuraron, y estos tales, el mismo Papa ofendido los motejó de ignorantes, Diciendo, que era ocasión muy digna de festejarse, y concedió Jubileo para esta fiesta, a los Padres, Celebráronla a su costa sus Nopotes Cardenales, con magnificencia ilustre, y aparatos admirables. Fue el Papa a la Compañía, y allí, con afecto grande, a San Ignacio adoró en su Capillas no obstante, que casi nunta visita Altares particulares: dio limosnas, libró presos, y hizo finezas notables. Con que podemos decir, que viene a Canonizarse el uso de celebrar estos años Centenares. Y demás de esto, qué agravio se les hace en convidarles a la Comedia, al festejo, mu ficas, danzas, y bailes? Con eso me has convencido; ya tengo dos mil pesares de haber dicho lo que dije: a señores, no lo parlen, Que yo dije aquellos versos sin licencia de los Padres, y son en estas materias tales sus Paternidades, que me temo que si acaso por mis pecados lo saben, llegando a Fuenterrabía peguen en sus arrabales: Y puedo mucho temer, si venimos a estos lances, no ya que araquen la Plaza, sino que la desataquen, y hagan en ella gran riza, por seis, o siete ramales, con que por mí del ventura llegue a costar mucha sangre. Pues por las llagas de Cristo les suplico que lo callen, sino quieren que a este pobre, como a otro Cristo le llaguen. Cómo me huelgo, Gracejo, que temas el que te calquen. Y tu piensas qué tendrán respecto a tu guarda infante? Aunque más infante seas, no haya miedo que te guarde. Es, que yo no he dicho cosa porque puedan castigarme. Es, que podrá ser que alguno, por gusto de que esta tarde te levanten la polleta, testimonios te levante. Voy, que pienso que está hecha mi ama, dos mil volcanes, porque Javier la han quitado; mas él lindamente hace, porque ella es grande embustera. Murmuraras de tu madre tú, cuanto más de tu ama, Soy criada, no te espantes. Alto; yo sigo a Javior, con esto habrá de trocarse con disciplina la taba, como en si licio los naipes. . Deidad, más bella que el día, cuyo hermoso vulto ardiente al Sol quita lo luciente, sin sombra de tiranía: Después que tu fuego envía a mi pecho sus centellas, mil contrariedades bellas se ven en ti tan unidas. que estás produciendo vidas, y estás matando con ellas. Rigor piadoso, ejercita tu belleza, pues previene almas a quien no las tiene, y a quien las tiene las quita: que cuando tu Sol excita los rayos que a todos hieren, con su hermosa vista adquieren luz, sentido, vida, aliento, el agua, la tierra, el viento, y solos los hombres mueren. Bien, que mejoran de estado en siendo tú su homicida, pues en logar de la vida les sirve de alma el cuidado: Y en este gozoso estado no hay recelo de morir, ni llega nadie a sentir la muerte que tú le das, que es más vida, mucho más, el amarte, que el vivir. Deberte, mi Gloria, quiero esta vida que recibo, pues que solamente vivo, cuando por amarte muero. La vida sola que espero, es perderla, sin perderte; y así, no temo a mi suerte, porque entre cuidados tales, qué bien no hallara en los males, quién halla vida en la muerte? Gallarda, hermosa, celestial señora, cuya divina, ardiente lembre pura, es en el rojo imperio del Aurora. centro de luz, abismo de hermosura: tú que has podido siempre vencedora flechar valiente, fulminar segura alentado rigor, braveza osada, matando hermosa, enamorando airada. Tú, que en el fiero ardor de las batallas, con imperiosas municiones bellas, rindes bríos, orgullos avasallas, alientos vences, almas atropellas: rompiendo el lienzo azul de sus murallas, se abaten a tus pies cercos de estrellas, por mejorar en su lucido asiento, que es tu, planta más noble firmamento. Este es el Joven inclito, excelente, que mereció, señora, tu cuidado; ya le tienes rendido, y obediente, y ufano a mí de habértele ganado: no piense el mundo, que mi afecto siente el mirarle tu amante, ni tu amado, que solo en tus castísimos desvelos es si no amor, aunque le falien celos. Jabier siempre en la ley de tu obediencia, despreciara en los mares la inconstancia, en los furiosos vientos la violencia, en los altivos montes la arrogancia: midiendo en su mayor circunferencia de ambos polos sus plantas la distancia, émulas del ansioso pensamiento, velas serán del mar, plumas del viento. Es tanto lo que confío, si atiendo a vuestra fineza, que en su valiente firmeza descansa el cuidado mío. Serán mis dichas triunfantes con vuestro valor prefundo, que es poco peso el de un mundo para tan fuertes Atlantes. Ambos, sin celos, en mí gozaréis feliz victoria, porque el amor de una gloria admire a muchos en al. Y cuando recelo alguno de dos mi afecto tuviera, bien a los dos admitiera, pues que ya los dos sois uno. En cada mirar un rayo, y en cada acción un horror, hecha un Julio en el ardor, aunque en las flores un Mayo, un riesgo el ceño arrogante, un asombro el movimiento, un peligro cada acento, y un susto todo el semblante: Mostrando por varios modos su loca furia inhumana, viene la Gloria Mundana para retarnos a todos. Atended a mis acentos, que en almas de fuego vivo, o son volcanes, o infiernos, pues toda yo los respiro. Como tan injustamente me habéis quitado a Francisco, cuyo pecho ha tantos años, A que ambiciosa, solicito? Ese Ignacio, que a la tierra para mi desdicha vino, es la causa de que pueblen esos aires mis suspiros. Cantra justicia me quita lo que por derecho es mío, pues son para el mundo propios los verdes años, floridos. Por el mar de mi deleite navegan los albedríos, de tan generoso norte blandamente conducidos. Encierro las libertades en mis dulces laberintos, sin querer del desengaño llegar a buscar el hilo. Cuantos mi bandera siguen llamaron a mi atractivo hermoso mar, de quien fueron todas las bellezas ríos. De aquí me derriba Iguacio, intreduciendo atrevido inquietudes en mi imperio, y en mi sosiego peligros. Pero pues ya me quitaste, con engañoso arrificio, lo que más apetecieron mis malogrados designios. Desde este punto furiosa contra ti, contra Francisco; y contra tu Compañía mis ejércitos alisto. Y porque no se te oculte el enojo que concibo, por esta comparación todo mi furor explico. Viste al Águila valiente, cuando con vuelos altivos, por no dignarse del aire le sirve al Sol de obeliseo? Uájel, que bizarro surca. esos globos cristalinos, donde son gabias, y velas, alas, y penachos rizos? Vístela venir bajando a la alta punta de un risco, a donde exámina inquieta todos los senos del nido? Y hallando las pejas solas, echando menos los hijos, villanamente afaltados de robador enemigo. Tomando forma de rayo hace entre revueltos giros. fatal palenque de asombros. esa campaña de vidro? Toda la pluma erizada, en cada cañión un tiro, flechas volantes las alas, los ojos incendios vivos? Todas las garras destrozos, y entre espesos torbellinos, de su furor es de horrores, todo su aliento granizo? Vístela que vuelve al Sol, pensando que en el abismo. de sus puras luces guarda. sus hijuelos escondidos? Y sin que un átomo solo se escape de su registro. hasta que ve el desengaño no desampara el camino? Y luego rabiosa, y ciega acezando basiliscos, y de la lengua ayudada, tridente de fuego el pico. A cualquier abe que encuentra, con coraje ejecutivo, le enviste, sin querer darle aún a temer el peligro. Y de sus fieras nabajas, con el acerado filo, trincha un manjar sazonado o su furor desabrido? Pues desgarrándola, esmalta su pluma, y en sangre tinto queda de finos rubies bordado el prado vestido. Con que le sirven de galas. a su orgullo vengativo, de su venganza señales, y de su fiereza indicios? Pues así yo, y más sangrienta desde este punto dedico mis desvelos, mis cuidados, mis ansias, y mis suspiros: Mi indignación, mis furores, mis afanes, mis designios, mis máquinas, mis enredos, y el furor con que me irrito, A vuestra ruina intentando. afrentaros, perseguiros; y buscando eternamente vuestro mayor precipicio, Veréis, que vuestras acciones de tal suerte califico, que aún vuestras virtudes corran plaza en el mundo de vicios, Veréis, que en todo os calumnio, veréis, que en todo os persigo, y que en vuestra ofensa siempre todas mis furias excito. Que el coraje en que me enciendo, el furor con que me animo, la indignación con que rabio, la rabia con que me indigno. cp He de verterla a diluvios, he de publicarla a gritos; porque llegue a las Naciones, y no la olviden los siglos. Loca vanidad enfrena. tu necio arrogante estilo, y aunque a Ignacio le encaminas, advierte, que hablas conmigo, No sabes que soy aquella, que tantas mudanzas hazo en almas, que por el Cielo supieron dejar el siglo? Aquella por quien los hombres. hacen de los bienes mismos, que dejan gloriosa escala, que les lleva al Paraiso? Por Ignacio he descubierto a Francisco tus fálidos bienes, que el mundo idolatra con tan hambriento apetito. Corrió la falsa cortina, donde viven escondidos tus venenos que engañosos tiranizan albedríos. Ya vi allí que son tus gustos unos mortales peligros, tanto en la apariencia hermosos, cuanto en la verdad novicios. Vi que la riqueza engaña, pues ya con vulto propicio sigue al hombre, y ya le deja con desdeñosos retiros. Vi que el honor solo ofrece unos fantásticos versos; del vanecidas ideas de dibujos fugitivos. Vi que es un golfo alterado todo el mundano bullicio, donde los nobles alientos temen infaustos bajios. Y aunque nada de esto viera, un bello norte que sigo, a que aborrezca me obliga tus profanos desvaríos. Mira si en vano te cansas, Gloria humana, pues has visto, que de tu luz se conocen los fatales parasismos. Mira como yo no soy quien a Javierte conquisto (aunque no quiero negarte ese que llamas delito) Tú misma te haces la guerra, pues que tan mal has sabido a tus resplandores falsos dar apariencias de finos. No temo tus amenazas, que si a ti te desatino no podrán darme cuidado tus alientos vengativos. Ádpid te muestra en la lengua, y en los ojos basilisco; que ni en tus enejos muero, ni en tus agasajos vivo. Buena quedas, vanidad, ahora si que me desquito de tanto como me ultrajan tus desaires atrevidos. No hay ya quien no me desprecie, toda al furor me repito; a mis amenazas caigan hechos pedazos los riscos. Gima el viento, estalle el Orbe, brame el proceloso abismo, y salpiquen sus espumas esos globos cristalinos. En mi prodigioso incendio yo soy quien más participo de las centellas que exhalo, de los rayos que fulmino. Malicias, iras, venganzas, ved que invoco vuestro auxilio, pues contra mí se conjuran las Glorias del mejor Siglo. . Furores derrama ardientes. Enojada va. . En extremo. Vamos, que ya no la temo con Soldados tan valientes. . Según vuelan por el aire Gracejillo con Javier, algún León Africano les enseñó lo cruel: Y según está el Gustillo de poco asiento con él, pareca, como en Castilla, la plata del Genovés. Gastillo, si a mi Gracejo me conquistas te daré los bizcochos de la Monja, las conservas del Virrey. Mucho me obligas, Cancilla, porque yo te hago saber, que se va el Gustillo al dulce, como la mosca a la miel. Si a Gracejo me detienes, será el jarro, y yo el clavel, y tendremos al Gustillo por ollero, y por vergel. Yo con músicas y halagos le intentaré detener, aunque es bien dificultoso estar quieto un cascabel. El pícaro desdeñoso sabe que le quiero bien, y por eso se me ausenta: norámala para él. Pues yo voy a darle caza el fugitivo bagel, y le tendrás tan sujeto como al cazo, y la sartén. No hayan miedo, que tal tenga la fregona, en buena fe, porque no me verá más, por siempre jamás, amén. Detente, ingrato, detente, mira, que entre mil sollozos es un chicharon mi pecho, y dos Esgueras mis ojos. Por Dios, Chanza, que me llores mas limpio, y menos copioso, no mojes las zapatillas, que crecen mucho los hongos. Pues por qué me dejas? . Huyo del mundo, porque es ventoso como nabo de Galicia. y para al fin en un soplo. No más burlas, Canza mía, que aunque aprovechan tan poco las Canzas para este mundo, valen menos para el otro. Temo, que la muerte arroje el virorazo de plomo, y me zampe en el infierno, sin pasar por Purgatorio. Y así, con el gran Javier, a San Ignacio me acojo, el boneron me encasqueto, y con la ropa me aforto. Hame dejado esa nueva el ánimo tan ablorto, que toda, de puro helada, estoy como un caldo gordo. Picada estoy; a mi furia, a mi rabia atiende, tonto, que en esta comparación declaro todo mi enojo. Viste acaso una cebolla con guardainfante pomposo, colgando una liga verde, hecho de canas el moño? Vistela quitar el manto, que fue de su talle adorno, y arrancarledos basquiñas con coraje rigoroso? Y en dejándola en enaguas de un raso blanco lustroso, le rapan de la cabeza todo el pelo, y más que todo. Y allí para un salpicón de vaca, y si aqueste es poco, para un pebre de gazapos, o una cazuela de pollos; la pican, y la repican en tantos menudos trozos, que son los que hacen en ella no troces, sino destrozos. del acero impetuoso, de sus entrañas arroja rayos de fuego a los ojos. Con que azotando a sus niñas las llegas apurar de modo, que bajan hasta mezclarse las lágrimas con los mocos? Y esto con tal batería, que obliga al más animoso a soltarla de las manos, y dar al diablo el adobo? Pues así yo, y más picada has de ver, que me encebollo, y que a tus ojos saltando, a sus dos niñas azoto. Donde mi furiosa rabia, donde mi furor rabioso, la ponzoña con que apesto, la peste con que emponzoño, te arroje chispas ardientes, que te piquen como abrojos, para que llores dos mares, si no bastan dos arroyos. Alabado sea el Señor, que aunque me siga tu enojo, en su Majestad confío, que me sácara de todo. Pero no de la bodega. Allí estaré más devoto, y con más puros consuelos, porque en el mundo los gozos, Chanza, son aguados siempre. Vos seréis gentil modorro. Pues aunque modorra seas, no hemos de ser matrimonio. Pero qué ruido es aqueste? i Necias, que tan para poco hayáis sido, y que vencidas oséis volver a mis ojos? Gioria humana, no te canses, la virtud lo rinde todo, de hoy más de Ignació me alisto en el escuadrón famoso. Darele Príncipes grandes, en sangre, y nobleza heroicos, y que en mejores batallas sepan vencerse a sí propios. Yo también estoy rendida a la razón, y dispongo mejorarme, dando a Ignació de máncebos generosos un el cuadrón, que ignorando del mundo lascivos gozos, den castas flores al Cielo, y frutos de ejemplo a todos. Yo, que como más discreta, tus vanidades no ignoro, también me dédico a Ignacio, y discursos ingeniosos, trato discreto, y prudente, libros divinos, y doctos, tal su Compañía en el mundo será enseñanza, y asombro. . Oh qué linda gente llevo! adiós cebolla, yo mosco, quedare tu barajando, pues que lo has perdido todo. Qué buenas vamos quedando! qué hemos de hacer? Iral brodio, o aprender a echar soletas. Hay más civil indecoro? qué todos así me dejen? Hasta el pícaro piojoso del Gracejillo insolente, dice, que me vaya al rollo. Pues cierro que le expliqué, harto furiosa mi enojo, con una comparación bastante a rendir a un toro. Desesperada me voy, que no hay remedio? No hay otro, sino soplarnos las manos, aunque estemos en Agosto. Divina gloria; en cuya lumbre ardiente viven entretenidos mis cuidados: o qué mal se lograran empleados en esta luz vistosa, y aparente! Mas aunque con astucia el mundo intente acreditar sus gozos afeitados, con mirar esos globos estrellados al punto se conoce lo que miente. Ay Dios, qué poco gusto hay en lo humano! ay qué atractivo es todo lo divino! uno, qué pena! y otro, qué consuelo! Qué solido es aquello! esto qué vano! qué asquerosa! qué inmunda que imagino toda la tierra cuando miro al Cielo! Basta, basta, mi Gloria, que ya siento tanto fuego en mi pecho, que me abraso; bastay por que es el alma estrecho valo para tan gran medida de contento. Basta, basta, que llega a ser tormento, en vez de gusto, el grave ardor que paso, sed (oh Cielo!) en los guzos más escaso, o sed más lberaben el aliento. Basta, que ya las fuerzas desfallecen, ya es imposible más, mi Gloria bella, porque me auego en este mar profundo: Basta, porque aunque es mar, las llamas crecen tanto, que de este intendió una centella basta para abrasar a todo un mando, Ahora que de la noche la majestad tenebrosa prende al bullicio en sosiegos, y a los colores en sombras. Sin verse Ignacio, y Fraucisco sus afectos desahegan, que en los mates de sus pechos andan inquietas las olas. Ignacio, todo es decir, con fineza afectuosa, cuan vil le parece el mundo cuando contempla la gloria. Yavier de dulzuras lleno, del pecho el vaso tasborda, que son los consuelos tantos, que ya por muchos rebosan. A hacerles favores vengo, que solo el favor se logra donde el afecto por grande corre plaza de congoja. Llego a Javier, que aunque entrambos en esta vida me adoran pero es Fraucisco el primero que ha de gozarme en la otra. Franciseo? . Dueño del alma, luz peregrina, y hermosa, que estos aires tenebrosos, con cerdos de tayos doras. Ya tanto entre amores tiernos, y ternezas amoro sas a mi pecho te repites, que tú a ti misma te estorbas. Dulce divina belleza, o como conozco ahora los quilates con que excedes a la del mundo engañosa! Porque aquella solo sirve a sí misma de lisonja, de apetito a quien la busca, de desprecio a quien la goza. Pero tú, sacra deidad, para todos eres gloria, y tanta para mi pecho, que en dulces ansias lechoga. Tuya soy, y tú eres mío, Francisco, mi mano toma, , porque la Gloria de Dios dará la mano a tus obras. Ay de mí! no puedo más: basta, Celestial señora, basta, que se anega el alma, si en tan alto mar se engolsa. Basta, que falta el aliento, basta, que el pecho zozobra, basta, que con peso tanto todo el bajel se trastorna. Basta, basta, que me muero. Desmayose en tanta copia de dulzuras, y así es bien, que mis brazos le recugan. Si la vista no me miente, si no me engaña la sombra, este es Javier, que descansa en los brazos de la Gloria. Dichoso tú mil veces, y dichoso desmayo, que merece tanto aliento que no puede ser mal, que de tormento el que admite ese rato de reposo Que mayor bien, que en golfo tenebroso navegar en la luz? qué más contento, que haber de gobernar tu movimiento por el rumbo de norte tan glorioso Qué mucho que apetezcas el desmayo? que mucho que descuides del sentido, si tal descanso a tu fatiga espera? Más juzgo, que te ensayas para rayo, y a la fragua del Cielo te has subido que tal fuego merece tal esfera. Ay de mí! . Ya vuelve en ti Por vos, mi Dios, desde ahora los trabajos no me bastan, y los consuelos me sobran, Ahora me llego a Iguacio, qué dices, fuerte Loyola Fuerte? mas vale un desmayo, que mi fortaleza toda, dichoso el que desfallece: Celos? . No celos, señora, sin pesar de dicha ajena siento el faltarme la propria, Ay. Iguacio, Ignacio mío, tu envidias ajenas glorias, cuando sabes, que en tu pecho toda mi luz se atesora? Vi navegar en dos brazos a la Nave más dichosa, que en ondas de leche, y nacar discurrió campos de aljfar. Pues yo, Ignacio, seré Nave, y tu mar, en cuyas olas se engolfarán mis trofees, navegando viento en popa. Verás entre ti, y Javier las conocidas mejoras, que él en la Gloria descansa, y en ti descansa la Gloria. En tus brazos me recibe. E. Jesus! Celestial señora, mira, que soy flaco Atlante para esfera tan grandiosa. A la luz de un Sol dormido voy mirando, que roposa sobre los brazos de Ignacio todo el peso de la Gloria. Oh soberano favor! oh grande Iguacio excelente! como se ve claramente lo que excede tu valor! Tu pecho por superior merece eterno laurel; pues de glorias al tropel de descansar desmayó mi pecho, y el tuyo no, de que descansen en él, De los favores que hoy vi, al tuyo la palma doy; yo para la gloria soy, mas la gloria es para ti: el favor que me hace a mí la Gloria Divina, es (porque más yfano estés) de tu favor un ensayo, pues toma de mí el desmayo para dártele después. De la Gloria en la asistencia yo el ser menor descubrí, pues al fin desfallecí a su divina presencia: Pero en ti la diferencia. (valiente Ignacio) es notoria, que pues te da la victoria desmayada en tu poder, dice, que vienes a ser gloria de la misma Glaria. Es tu blasón soberano, a mayor Gloria de Dios, y bien ayudáis los dos a que el serlo esté en tu mano: Yo tengo, Ignacio, por llavo, que al desmayar su vigor, de tu brazo en el valor niña se quiso mostrar, S por acercarse al lugar onob donde ha de hacerse mayor. Bien mis favores divinos se celebran, si le gozan: Ay. Dios, qué glorias tan dulces! Qué dulzuras tan gloriosas! El Celo soy de las almas, que vengo (Divina Gloria) a quejarme, que dos rayos en blandos ocios escondas. Ten lástima de tu Fe, pues, como ves, la aprisiona la profana Idosatria. en cadenas rigurosas. Parte si quiera con ella, y de dos Soles que gozas, el uno al Asia concede, que el otro le basta a Europa. Ay de mí! qué tantas gentes habiten en ciegas sombras, sin haber quien de mi luz les muestre la clara antorcha? Constante será mi imperio mientras que con hebras rojas el Sol luciente bordare el raso azul de su zona. No pienses, Fe, desatarte de las prisiones que lloras, que has de ser esclava siempre del oro de mi Corona. Ay, Bárbara Idolatria, qué injustamente malogras las luces de mis verdades, qué tus tivieblas estorban! Qué decís, amantes míos? Yo, yo, dirina señora, iré a socorrer la Fe. Sí, mas no con tu persona; porque si de Europa faltas na de suspirarte Roma, y más tu presencia acá a mis intentos importa. Jabier, esta empresa es tuya. A ti, Franciseo, te toca ensalzar la Fe en Oriente con tus hozañas heroicas. Ya mi fervor reventaba, mas quiso esperar la boca, para que tan noble empleo fuese de obediencia sola. Ay, que de mi perdición parece que dio la hora. Para mí, qué apetecida! Y para mí, qué dichosa! Yo de ti no me despido, pues en tus acciones todas me tienes contigo siempre. Quién olvidará su gloria? Dame, Franciseo, los brazos. Adiós en lumna famosa del Orbe. . Adiós, Sol de Oriente, cuyas luces vencedoras serán terror del Infierno. Del fuego con que me informas aprenderán a ser rayos mis centellas amorosas. Parte, Soldado valiente. Adiós. Mil miedos me asombran. Mil esperanzas me animan. Victoria, Cielos, victoria. Ya que a solas Iguacio, hemos quedado, quiero muy de espacio decirte en este día las glorias que tu heroica Compañía, por quien augmento espero, tendrá en el siglo de su edad primero. Tanto favor estimo, y tus razones en mi pecho imprimo. Pues aquí te retira, y los blasones de tu gente mira: el Mundo te dé cuenta de lo que tu escuadron en él se augmenta. Ya tienes, Gloria bella, en tu presencia, al Mundo dedicado a tu obediencia, conmigo traigo a todas cuatro Partes, pues de Ignació la Gloria en mi repar- tes: las gracias cada una darle quiere de la gran luz que en este siglo adquie- Esta es Europa, a todas eminente; está el Asia raliente, esta África fogosa, esta América, en término espaciosa. Europa, pues, comience, que a todas juntas en grandeza vence. d , Señores, aquí contaben las Glorias del mejor siglo las cuatro Partes del Mundo, pero hablaban infiniro. Tanto, que de los ensayes estaba yo tan molido, que de puro escuchar coplas. me sudaban los oídos. Ya saben estos señores, que los Domine Teatinos tienen Mártires, Misiones, Doctores, Catedras, Libros, Púlpitos, Doctrinas, Santos, gobierno de gran tapricho, y grandezas superiores, no hay para que sepetirlo. Mas pues esto es para el gusto, no cansemos los amigos, que si yo fuera muy largo, no fuera tan buen Gustillo. Y así; señoras Regiones, que hablen poco les soplico, y a fe, que para mujeres no es poco lo que les pido. Europa soy, y en mí, Ignacio, vive el explendor fecundo de tus letras, pues de libros siete mil cuerpos te junto. Tu gobierno admira Roma, de tus Santos los triunfos, Borja, Stanislao, Gonzaja, y otros de la fama asunto. En todo el Septentrión, Lutero, y Calvino impuros, por Canisio, y otros, lloran yados errores difuntos. En mi dístrito de Europa veinte y tres Provincias fundo, con cuatre cientos Colegios, para diez mil de los tuyos. Ignacio, no es gran lustre, que tanta ciencia a tu familia ilustre? Señora, a mis Soldados aún más los quiero Santos que letrados. Diga el Asia triunfante tu gloria, Ignacio, y tus grandezas cante. , El Asia valiente soy, por cuyo sitio caminan los Apustoles grandiosos, Ignacio, de tu familia. Es el ejemplar de todos tu gran Javiera que ilumina en Japón setenta Reinos, y un millón de almas bautiza. Mártires me das ilustres, mas en todo el Orbe brillan, pues que la palma sangrienta mas de trecientos conquistan. Abrazaré en mi distrito cinco estendidas Provincias, a donde mil de los tuyos en sesenta casas vivan. Esta es ilustre gloria, pues muriendo se alcanza la victoria. Dentro en mi pecho sidia con el contento una piadosa envidia. El África prosiga, y las grandezas que le tocan diga. Yo soy el Africa ardiente, madre de invictos Leones, y en tus grandezas, Ignacio, no me juzgo la más pobre. En mi vivio Andrés de Oviedo, que convirtió diez mil hombres, el que el suelo fertiliza, leca ríos, muda montes. Abrahán, Martir insigne, que en el Almaizan se esconde, y Silveira echado al mar con un peñasco disforme. En Ángola, Cabo Verde, Cungo, y Magor, se recogen solos ciento de tus hijos, que me valen por millones. Del África también la gloria estima, pues con tantos trabajos se sublima. Si así el mérito crece mas dichoso será quien más padece. Ya la estendida América derrame tus excelencias, y tus glorias clame. América soy, Iguacio, en cuyo extremo se eulazan los mares del Sur, y el Norte, con cinta estrecha de plata. Siete Provincias encierro Pir, y la nueva España, donde des mil de los tuyos viven en ochenta casas. De estos fue Joseph de Ancheta, el que Leones amansa, y a pie enjuto se pasea sobre las ondas saladas. En Filipinas, en Chile, Méjico, nueva Grañada, Lima, Brafil, Paraguay, la fe los tuyos ensalzan. Gócese tu escuadrón en glorias tantas, pues para este fin solo le levantas. Sus más dichosas palmas han de ser siempre conquistar las almas. Ignacio, en tus Soldados no han sido los cien años mal logrados: sus vueltas dio la rueda, tu primer siglo has visto, a diós te o Culto Europa te ofrece. pues tanto en sus grandezas por ti crece. El Asia dilatada hoy se postra a tus plantas obligada. El África valiente venera tus triunfos obediente. América estendida, gracias te rinde, a Cristo reducida. Pues de tu Compañía has visto los progresos este día, mírala ahora a ella, que aquí parece milagrosa, y bella. Iguacio, aquí te conozco por padre, y esposo mío. Esta es tu prenda. . Señora, toda a ti te la dedico. No ha de llamarse de Ignacio, que en ella no hay nada mío; solo de Jesús se llame, que es su fin, y su principio. Así crecerá hasta el Cielo. Ya el valeroso Francisco triunfante en el Cielo pisa sus esferas de zafiro. Caminó doce mil leguas, convir tió un millón de Indios, resucitó treinta muertos, fue a un tiempo en dos partes visto, tres horas detuvo el Sol, guardó el fuego en agua, vivo, sosegó el mar con su voz, y obró estupendos prodigios. Murió al entrar en la China. Qué trabajos tan lucidos! Ignacio, también es tiempo, que descanses . Solo pido, Gloria mía, que dispongas de mí a tu gusto, que estimo mas tu augmento, que mi Cielo, y este afecto así le explico. Si ahora Dios seguridad me diera; y desde aquí a su vista me llevara; pero al partirme allá me asegurara, que con quedarme acá más le sirviera: Si la Gloria de Dios se prometiera algún augmento en mí, que la en salzara, mi eterna salvación aventurara, porque ella más gloriosa se estendiera. Y si para evitarse acá en el suelo las ofensas de Dios, fuera importante; me entrara yo a penar en el Infierno: Y aún me causara allí más desconsuelo ver blasfemado a Dias, solo un instante, que padecer aquel incendio eterno. Oh Ignacio, perfecto amante, de las edades prodigio! esa fineza auticipa tu premio, vente conmigo. Al Celo, y a la Virtud, que encomiendes determino tu Compañía . Los dos siempre a su lado vivimos. Adiós, mi Padre. Hija, adiós. Ven, Ignacio. Ya te sigo. Qué dichoso fin alcanza un amante a lo Divino! Grandes ejemplos me deja Ignacio, y Javier, invictos; mas con la Virtud, y Celo felizmente los imito. Yo siempre contigo estoy. Yo juntamente te asisto. Tente, Gracejo, no salgas, que ya se acabó tu dicho. Pues qué quería el Poeia, que me que dase escondido, y no viese la apariencia? pues sacome yo a mí mismo. Mira, heroica Compañía, la gloria donde han subido tus padres, y atiende ahora a sus gozos excesivos. Ya mis famosos Soldados descansan. . Y yo milito, señora, siempre por vos. Yo con mis ruegos continuos, alentando tus empleos, tus augmentos solicito. Yo con mi ruego te valgo, y con mi ejemplo te animo. Señora, para Gracejo hay por allá un rinconcillo? No hay Gracejos en el Cielo. Ni Chanzas, cara de mico. Pues gustos allá los hay. Sí, mas eres tu Gustillo. Empinareme, y seré un Gustazo como un pino. Hágame lugar, señora, . y diré mis cantarcitos, para que pueda cantando corter plaza de Augelico. De la tierra, señores, me subo al Cielo, que en el mundo los gustos son pasa- jeres. Pues qué remedio? Despreciar gustos breves por los eternos. Pues adiós, mis señores, yo me convierto, abrenuncio de Canza, salvarme quiero. Cuál es tu intanto? Conquistar a la Gracia más que al Gracejo. Adiós, hija. Adiós hermana. Ay, Padres dichosos míos! Ya se cerró la cortina. Dónde vas? A ser Teatino. Contigo voy. Compañía. Yo siempre tus pasos guío. Y aquí, Senado, dan fin las glorias del mejor siglo. De hoy en cien años, señores, a otra Comedia convido, y de limosna, si quiera, le den al Gustillo un victor.