Texto digital de Las galas a la vejez
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las galas a la vejez. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/galas-a-la-vejez-las.

LAS GALAS A LA VEJEZ
JORNADA PRIMERA
Aquí tenéis de cantar, juntó a esa esquina estaréis Lindos músicos seréis si os ahorráis el templar. Rodulfo aquí nos lleguemos. ̱. Qué tracista es el amor! Este es el tono mejor. Ya escombran. . Pues escuchemos. Hurta el Sol rayos hermosos JORNADA PRIMERA a los ojos de Amariles, que per las vidas que han muerto de negras sombras se visten. A su grave movimiento las almas a su amor rinde prisión, de donde jamás con los favores se libren. Su divina honestidad, con su belleza compite; R9 mas donde piedad no cabe, la hermosura de qué sirve? Deja de ser hermosa, mi Amarilis, y de piedad el duro pecho viste. No sale nadie al balcón? Pues si ella quisiera oírme, qué faltaba? . Llamar quiero. Detente necio, que dices; llamar en casa tan noble? A aquestas horas no piden muchos pobres vergonzantes? JORNADA PRIMERA pobre pretendo fingirme. Tu seraslo sin vergüenza. Trá otra letra? . Decildle lo que padezco por ella. Tu esperanza resucite; el balcón abren. . Ay cielo. Ludónico, donde vive la honra que en esta casa. R9 Las galas a la vejez, las músicas se prohiben; id con Dios. . Es Celia? . Sí. Como tan desapacible conmigo? . ya Ludóvico dejaréis de persuadirme. ya mi señora ha dejado la vanidad insufrible, del mundo; ya sus luceros en otro otiente residen, a imitación de su río Abramio, a quien apercibe el cielo divino asiento por penitente, y humilde, Aa dejado la ciudad, y en su propósito firme de no casarse, en el yermo a Abramio el hábito pide. Olvida tus esperanzas, deja que a Dios sacrifique María el alma, que es suya; a tus pasiones resiste, y a diós. . Oye Celia. . A mi pudieras oírme, que soy tuyo. . Ahora necio, con tus locuras me impides? Vive Dios. . Tenté señor. Ludóvico, poco sirven las voces, María escogió la via, el mejor estado elige; no hay si no tener paciencia. Cayó la máquina insigne, que hicieron mis esperanzas, nadie en arena fabrique. Sin fruto fueron mis trazas, confieso que engañar quise a María. . De qué suerte. Ludónico aquí venistes, diciendo que erades rico, de noble sangre, y origen. Mentí Rodulfo, mentí, siempre engañan a quien finge, Quise buscar rico dole, Las galas a la vejez, y ansí las galas prevines que una heredad en el Zante, isla entre Rodas, y Chipre, vendida, me pudó dar; vine al Esponto, fingime hijo de padres ilustres, con embustes increibles. En la ciudad de Lampasco, rica, y noble, en cuanto ciño el mar con líneas de plata, entre embates de salitre; entrando a Misa en el Domo vi a María: que mal dije, vi la maravilla otaba, que con las siete compite; el Coloso con las piras, Eselo, y Delfos se olviden; el muro a quien dio argamasa la laguna de Asfaltrite, que los ojos de Mería mayor alabanza piden; entró al alma por los míos, vi que era justo, y rendime. Infórmeme de su dote, hablé a su padre, y pedile, que por mujer me la diese, para que mi suerte envidien. Diome alegres esperanzas, y esperando a que se brinden con el gusto las riquezas, por la sed que el alma aflige. Pasé alegre algunos días, hasta esta noche infelice, que me desengaña Celia, porque mi error se castigue. Rodulfo, que Abramio es este, para mi engañosa Sirte, donde se rompió mi nave, después de Scila, y Caribdís? Qué Sirena de Lesponto, que Cocodrilo que gime; que Hiena que me habla, De Juan de qué preguntadora Esfinje, que ansí las almas se lleva, porque su fama eternice, y me quita con la hacienda la esposa que me previne? De vuestro engaño me espanto. Es otro segundo Ulises, mal le conocéis. . Los hombres, los más engañando viven. Abramió nació en Lampasco, tan rico en bienes raices, y muebles, que encarecerlo, parece cosa imposible. Fue su virtud admirable, llegaron a persuadirle sus padres, que se casasa, quiso obedecer humilde. Mas el día de la boda, al tiempo que en el convito estaban padres, y deudos de las familias insignes, hablole Dios en el alma, y mandándole, que olvide padres, y esposa, al desierto, solo, y pobre se retire. Levantáronse las mesas, huyó al desierto, y elige una cueva por palacio, de ricos techos, y rimbres. Buscáronse muchos días, y hallándole, se resiste a la voluntad del padre, diciendo, que en ello sirven a dios; al fin le dejaron, y a cincuenta años que asiste, adonde sus penitencias en bronce, y mármol se escriben. Convirtió a Tenia (lugar que ocupoban los Gentiles) a la Fe, donde mostró ser una paloma simple. Tuvo otro hermano menor, Villegas. con él la hacienda divide; este es padre de María, a quien engañado sirves. La parte que cupo a Abramio, haciendo que se edifique una suntuosa Iglesia con renta, que la administre de la ciudad; lo demás dejó a un amigo, y permite, que hasta el tiempo que él la pida, su necesidad alivie. Si quisiera por extenso toda su vida decirte, fuera contar las arenas de las márgenes del Tigris. Vistió su barba, y cabeso el tiempo, con los jazmines que brota la primavera en los amenos pensiles. y sus oraciones, creo que han causado, que se libre María de tus engaños, y por tal senda camine. Ese es Abramio, Rodulfo, ese mi bien contradice? Pues por vida. . Tente. . Deja que añsí mis penas alivie. En el golfo más cruel, que montes de espuma entice, emulación del Olimpo más altos, aunque movibles, que con las estrellas choquen, rompiendo tiernos viriles; en roto leño me vea ir sin esperanza a pique, o esta música que han dado, sea para mí del Cilne; muera luego, y de mi cuerpo, voraz se harte un caribe, si a María no gozare, que los alegres rubies de sus labios, no es razón A 2 Las galas a la vejez, que entre peñas deposite. sus ojos soles de Oliente, no es razón que un monte eclipse, y que viva una cordera enfre leones y tigres. Han de ocultar su belleza los peñascos insensibles, cuya alma vejetativa no sienta mis quejas tristes? Esto es hecho, a verla voy. Advierte. . No me repliques; hoy conocerás mi industria, de monje quiero vestirme, y pedir licencia a Abramio, de que a María visite, yo la encantaré, si puedo; mis palabras son de Circe. Eso intentas? . Esto quiero, ven, si pretendes seguirme; Rodulfo a Dios. . No nos paga? Eso intentan, eso piden, no ven cual está este hombre, quieren que el estoque vibre, y los dé cien estocadas? En eso mi bien con iste. Volvámonos, y callemos. Mirad, que el Alba se ríe. Decid que llora por mí sobre flores de Amatiste. El hábito te prevengo Cruel María, apercibe resistencias, que yo haré que me quieras, y te olvides. . Este es el monte donde Abramio vive, honrado de sus plantas, aquí para hablarle te apercibe, alza el rostro María. Sus maravillas santas el reparo han de ser del alma mía; monte venturoso, Las galas a la vejez, donde vengo a buscar mi dulce espo aquí vendrá saltando los montes, y collados, y a mi puert ha de estarme llamando el tierno esposo mío, bañado su cabello del rocio. Yo entonces, con las manos llenas de mirra, le abriré gozosa, con triunfos soberanos, donde aunque negra, espero ser hermo teniéndole guardadas manzanas en el árbol sazonadas. Sus ojos de paloma, bañada en el arroyo cristalino, cuando el Aurora asoma, para mi bien me enseñarán camino, porque suba contenta adonde sus ganados apacienta; cargada de las rosas del Emón, y Sanir, a mi querido, con ansias amorosas pienso aguardar en lecho tan florid donde su vista medro, en salas de cipres vigas de cedro. Tu religioso celo premie el cielo María. A tal sombra se olvida mi recelo. Esta es su cueva, aquí con osadía llega, y llama. . Ay Otabio, si su oración perturbo, o si le agravio herida vengo a la piadosa fuente de divina corriente; flechas de amor el alma atravesaror y en sus plumas volaron los pensamientos míos, Este es el monte donde Abramio vive, a aquestos montes altos, y sombrío Llamaré? . No me atrevo. Llega animosa, pues su amor te an Abramio, Pablo nuevo, (mi divino Anacoreta, a quien estima el cielo soberano, Eremita Hierosolimitano, o De Juan Bautista de Víllegas. la puerta, y los oídos abre, con tierno afecto, a mis quererlas; alumbra mis sentidos, más bien que puede el Sol con sus estrellas, pues tórtolas conoces, que en las ramas del bosque te da voces. , Jamás negó mi puerta la entrada a quien llama tiernamente, de par en par abierta la ha visto el Sol en su rosado Oriente, cincuenta años, a todos cuantos me llaman por diversos modos, Mujer es, que me quieres; dónde vas por el monte peregrina? Escucha, no te alteres, a la Sion eterna me encamina, pues con Dios puedes tanto. Bien podrás, si caminas por tu llanto. Su honestidad me admira, que de aljófar los ojos esmaltados, al rostro no me mira; declárense conmigo tus cuidados. A mi favor te inclina, mira que soy María tu sobrina. Pues qué es esto María; huyes de la ciudad, dejas acaso a Babilonia? Guía para Jerusalén el débil paso, fervoroso el deseo; diez y seis años ha que no te veo. Quérido padre mío, Lucero de estos montes, cuya voz obedocen los contrapuestos Orbes, Misagro de abstinencia, pues los estivos soles resistes, y la nieve, cuando llueve a bellones. Tú a la Fe volviste los Gentiles seroces, De Juan Bautista de Víllegas. padeciendo tres años tormentos tan inormes. Tú, que altivo rompiste los bultos de los dioses, las sierpes de Mercurio, el Águila de Jobe. Tú, que solas las fuentes, que despeñadas corren, ya tropezando en piedras, ya descansando en flores. te dan de sus cristales la vebida salobre, y las plantas siluestres el sustento que comes. El que ya cincuenta años, del Alba a los Triones, ha visto el padre rubio, viviendo brutos robles. A quien humildes sirven los soberbios leones, desde el ligero tigre al animal de Adonis. Tú pues, piadosamente, a mi intento socorre, si es fuerza que mi llanto a piedad te provoque, para seguir tus pasos, que a la celeste Corte, por tan derecha senda caminan sin temores, huyendo de Lampasco, donde las pretensiones de máncebos ilustres mis intentos desdoren. Llego a tus pies, pidiendo, que me des en los bosques o en esta altiva sierra, donde quietudes goce, alguna celda, o cueva, donde con traje pobre tu penitencia imite, y réspete tu nombre. Las galas a la vejez, No quiero, que el encanto de algún sascivo joven, que con más ojos miran, de los Argos pabones, me incite de manera, que en piélagos me engolfe, donde la infernal Scila perdidas almas sorbe, que en escollos de culpas mi navecilla choque, sin que en golfos de gracia felicemente aborde: y que en vez de la oliva, me muestre el limpio estoque. sentado sobre el Iris, el Juez de los hombres. Mas quiero en estas sierras una celda de adobes, y de cortezas pardas de un rústico alcornoque, que el Alcázar más rico de Corintias lavores, altivos capiteles, y de soberbias torres. Que si deshace el tiempo los fuertes, y leones, más fuertes son las peñas, y habitación más noble. Aquí veré de estrellas guarnecida la noche, en campo de zafiro, bordadura de bronce. Aquí, del alma mía, ofreceré oblaciones, y víctimas al cielo, para que bien la logre. Contra el común contrario, las virtudes tremolen sus cándidas banderas, venciendo sus legiones. Cuando para vencerme, airado al arma toque, Las galas a la vejez, haré, que resistencias, de laurel me coronen. El hábito te pido con activos fervores, deja, que de las galas me desnude, y despoje. Tu favor no me niegues, pues mi intención conoces, que nunca a las ovejas desprecian los pastores. Mira al bueno, cargado con la que vio en el monte; la sal le dan sus manos con requiebros, y amores. A su rebaño llego, porque mis culpas borre el Pelícano santo, que sus entrañas rompe, el Corderillo manso, porque león no asombre el Neblí de los cielos, que come corazones. Alza del suelo María, deja mis indignas plantas, pues al cielo te levantas donde tu fervor te guía: mas oye, sobrina mía, que en mujeres delicadas, a su regalo enseñadas, quietudes son excelencias, porquie muchas penitencias no deben ser imitadas. Que la suprema virtud, nos sabe querer, y amar, tanto, que manda guardar la propiia vida y salud; da al espíritu quietud, que en penitencia infinita, la vida el hombre se quita, como la tuvo Daniel, sin el auxilio, más fiel, y Simeón Estelita. De Juan de Si acaso te has de cansar, no lo llegues a emprender, pues es el obedecer, mejor, que el sacrificar: bien te pudieras casar, y con debida decencia, y viviendo con prudencia; llegar con justa razón aestado de perfección con la divina obediencia. Dos santos Monjes hacían más penitencia que yo, y un Ángel les reveló, que más con Dios merecían dos casados, que vivían en un lugar, tan contentos con su estado, y tan atentos al trabajo, y la quietud, que era en los dos la virtud deiguales merecimientos. Dale ala imaginación lugar, a que considere, que no es caso que requiere breve determinación: y si es verdad, que ya son impulsos de tu animoso pecho, y el divino Esposo buscas en este lugar, mi celda te quiero dar, pues ampararte es forzoso. Qué dices? . Que no merezco tanto bien, dispuesta estoy. Pues yo mi casa te doy, que no tengo más que ofrezco. Con el alma lo agradezco: entra Otavio, porque aquí, el vestido que te di me ponga. . Llegad los dos; pídele auxilios a diós, y que te libre de ti. Hoy altas sierras, que de nieve fría Villegas. coronáis las cabezas por seis meses, y a las peñas armáis limpios arneses de hielo contra el Sol, padre del día. Tendrán otra amigable compañía vuestros fresnos, alisos, y cipreses, tu claro arroyo, a quien las plantas beles, si mereces tocar las de María. Ruego a Dios, que a la Egipcia milagro- en santidad imites, pues te animas (sa, a empresa, al parecer, dificultosa. mas si el trabajo, y padecer no estimas, yugo suave es, carga sabrosa, y seré en la sierra tu Socimas. No vengo bien disfrazado? Al menos, bien atrevido, en demonio convertido, perturbar el estado de perfección, que María busca con tantó desvelo. Hoy, aunque lo impida el cielo, Arnesto, la verás mía. Por las señas que me han dado, este es Abramio? . Evidencia te da su noble presencia; que venerable, y honrado! si penetra tu intención, como te has de defender. Cómo lo puede saber? Cómo? Por revelación. Tan santo te ha parecido? Su traje con su opinión, dan a temer ocasión. No hace al Monje el vestido. y esa opinión puede ser salsa, en mi industria confío. Dadme a besar, padre mío, si los puedo merecer, los pies, que han podido tanto en sus cumbres, y orizontes, que han hecho cielo estos montes, siene Las galas a la vejez, siendo templo de tal santo. No es buena esa adulación, levantad, porque sepáis, que a un gusano humilde habláis, libre de esa presunción. Extranjero parecéis. Desde el Libano he venido por las nuevas que he tenido de la vida que hacéis; donde son el lor, y el Dan, madres del dichoso río, cuyo cristal limpio, y frío, fue santo espejo de Juan; adonde los cedros son, corona a su altura entera, después que dieron madera al Templo de Salomón. Vine a Lesponto, y allí en Lampasco me informé de quien sois. . Pues para que, mejor supierais de mí, que yo os dijera quien soy con relación verdadera. De vos vuestra patria espera auxilios. Contento estoy, porque también he sabido, que dando divina muestra, María sobrina vuestra, al desierto se ha venido. Sangre vuestra en fin. . Espero que sea su santidad honra de nuestra ciudad, y de estos montes lucero. Llamar a su puerta quiero Su honestidad es divina, y de su belleza esmalte. Yo haré que presto le falte; . por buenos pasos camina. Cómo no llega? . He querido que hable el primero. . Ea pues. Dalde padre vuestros pies, Los relámpagos y truenos a aqueste pobre tullido. Alce hermano. . Ya voy viendo, Las galas a la vejez, que salgo del monte sano, pues me toca vuestra mano. En este monte pretendo estar por algunos días, que quiero que me enseñéis. Varias cuevas hallaréis en aquellas cumbres frías, que con mi celda os sirviera, que es la que miráis vecina, si a María mi sobrina, dádosela ya no hubiera. Pues en esta celda está? En ella vive María, verme podréis otro día, amigo, que es tarde ya, y me llama la oración. En ella padre, recelo, que os remontéis hasta el cielo en alta contemplación. Acordaos de mí. . Jamás del enfermo me olvidé, el cielo su gracia os dé. No tengo que aguardar más. Aquí vive la cruel, que tampoco me estimó; aquí gozar presumió del victorioso laurel; pero no ha de ser ansí. Vive Dios que un rayo temo, que tan obstinado extremo me tiene fuera de mí. Llamar a su puerta quiero pues ya la noche ha venido. Por no verte se ha vestido de nubes cualquier lucero. Con notable escuridad la negra noche ha cerrado. Ansí lo que yo he trazado tiene, más seguridad Los relámpagos y truenos los montes atemorizan. Mi ventura solenizan mejor, De Juan de Víllegas. mejor, que estando serenos los cielos; vete a esa cueva, que entre esos robles está. Esto es hecho. . Ello dirá, que esta es la primera prueba. Industria, en esta ocasión os pido que me ayudéis; noche, que amparar sabéis al amante, y al ladrón. el favor me podéis dar, que en vuestras sombras espero; dote, y hermosura quiero, y un honor vengo a robar. de esta vez me determino, el cielo mi mal repare: no hay quien socorra, y ampare a un mísero peregrino. La vida sustento en vano, que ya el temor me la quita; en esta celda no habita algún devoto Ermitaño. Padre, cualquiera que seas, ser compasivo es forzoso; abre la puerta piadoso, porque mi desdicha veas, No permite la piedad qué os deje: Qué es esto amigo? Jesús, Jesús sea conmigo. Tened por Dios, animad. Si es muerto, triste de mí, alguna culpa tendré, pues luego no le amparé, que su tierna voz oí Hermano, amigo. . Los cielos me valgan padre piadoso, en la soledad dichoso, Dios te pague estos consuelos, llega a mi boca tus manos, dame los brazos, anima mi temor. . En mucho estimo De Juan de Víllegas. el haber salido, hermano, a amparar, y defender tu vida. . Dices verdad. Recato, y honestidad mayor debe la mujer. yo lo soy, y así querría, que tú miedo asegurases, y que adelante pasases. Aunque en mí no hay osadía, al punto de aquí me fuera, por huir de ti no más, si de la tierra en que estás seguras sendas supiera. Mas en noche tan oscura, viviendo sierras, y oteros tigres, y leones fieros, el irme fuera locura. Mujer eres? Cómo estás de este monte en el extremo? tu conversación no temo, porque una santa serás. Quien duda, viviendo aquí; y puedesme agradecer hablarte, siendo mujer, que es cosa muy nueva en mí. En el Libano he vivido, monte en santidad famoso, y un afecto servoroso a esta sierra me ha traído. Quién eres. . Sobrina soy de Abramio. . Suspenso quedó, ahora con menos miedo tiernos abrazos te doy. Llega, no temas. . De ti, Padre, no fuera razón. Diferente corazón ay del que parece en mí, que por dicha, si fiel, conocieras su intención, vieras que no era razón apartarte tanto de él, En Lampasco me dijeron, que Las galas a la vejez, que al desierro te veniste y que los pasos seguiste, que asombro del Asia fueron. María te has de llamar. Ese es mi nombre. . María, el nombre solo podía los corazones robar. Llega a la luz, que deseo verte, que eres celebrada de hermosa en extremo, y nada de encarecimientos creo, si la vista no asegura lo que por sus muestras fío. La del alma, padre mío, es la perfeta hermosura. No mires la corporal, de mí tan aborrecida. Oye María querida, advierte que dices mal. La corporal perfección a los sentidos dispone, porque lo hermoso supone quietud en la condición. Alma, y corazón templado, en ti la hermosura aviva; porque de la intelectiva, la corporal es traslado. Quien mira un hombre feroz, en la faición imperfeto, que no crea, si es discreto, del algún delito atroz? Que si en algún crimen fiero tienen indicio forzoso, un hombre feo, otro hermoso, darán tormento primero al feo. Porque estás mal, María, con tu hermosura? imagen divina, y pura de la esfera celestiel. De esta voz de este decir, no tan santo afecto fío, como de Abramio mi tío: Las galas a la vejez, padre bien os podéis ir, La tempestad ha cesado, ya el cielo con luces bellas descubre algunas Estrellas, flores de ceseste prado; en este monte, no siento ve solos estamos bien. Las resistencias te den, hija, mas merecimiento. Deja, que la tentación méritos aumente en ti; no debes huir de mí. Qué falsa proposición. Quién en la ocasión se pone de pecar, peca también; luego tú no dices bien? mal tu ingenio lo dispone. La tentación resistida, meritos da. . Sí, mas no en aquel que la buscó, poniendo a riesgo la vida; debe el corazón fiel huir de donde se queme; quien el peligro no teme, las más veces muere en él. Vete con Dios. . Pues María, así apartarte pretendes, y no conoces que ofendes la piadosa hospedería? Obra fue de caridad el hospedarme. . Es ansí, pero más me debo a mí, quiero tener más piedad de mí. La lluvia pasó, aquí la duda se allane, que no porque a ti tegane, es bien que me pierda yo. Cierra la puerta. . Detente, a mayor piedad disponte, enséñame en este monte. una cueva solamente. Mil en la sierra hallarás. De Juan de Poco alcanza mi porfía, pues permite que de día a hablarte vuelva no más. Qué es lo que quieres de mí? Verte mejor, y que veas, que mal tu rigor empleas en el que re busca ansí. Vete ahora, que después de día puedes venir. No excuso ahora el medir con mis labios esos pies. Alza. . Deja que los bese atrevido, y animoso. Vete luego, que es forzoso que mi turbación confiese. Vérete mañana? . Sí. Dame la mano, y no más, en señal que lo harás, Qué incrédulo! vesla aquí, no la Beses. . Porque no, si alcancé tanta ventura? No voy de mí muy segura; quien vence se coronó. . No va muy malo hasta aquí, favoréceme fortuna; ya a los rayos de la Luna, menos temeroso vi estas sierras: quiero ver que hace Arnesto. . Triste estoy, no viene, a buscarle voy, pues ya dejó de llover. Es Arnesto? . No lo ves? ya se aplaca mi cuidado: dime ya lo que ha pasado. yo te lo diré después. Soy yo Inés? Dímelo ahora, Palabra me ha dado ya, que mañana me hablará. No mehas de hablar? . Quién ignora que de la conversación he de pasar a vencer, Villegas: el oír, en la mujer, es el primer escalón. Presto me verás triunfar. Esto es callar, y servir; ya que no hemos de dormir, no dejemos de cenar. La alforja está proveida, y la bota otro que tal; de aquel bendito animal, de san Antón la comida te he prevenido, siambre está como una conserva; no es mala mesa la hierba, cuando es muy buena la hambre, Ven antes que llegue el día. Antes alegre le espero, por ver, después del lucero, los dos soles de María. Nuevo edifición me ofrece esta peña, donde son las yambas, y los linteles de la natural lavor. Marfuertes son los cimientos, que los del alto Ilión, los techos, y pavimientos naturaleza labró. Colgaduras pone el tiempo, maravilloso pintor, a sus paredes, de musgo, que la humedad somentó. Que maravillas excelsas, hasta en la más débil flor, son las vuestras, Señor mío, a quien de mi corazón, y a quien de nuevo le ofrezco. Cantad vosotros, que yo, por la vanagloria quiero intentar su perdición. Cincuenta años ha que intentas oscurecer el candor B2 de Las galas a la vejez, de Abramio, y vencido sales, como Miguel te venció. Yo, que viendo mi hermosura, igualar al Criador quise, y Dragón arrogante, forma tomé tan seroz, y con la cola furiosa derribé primer Faetón, la tercer parte de Estrellas, y el cielo, se estremeció, cuando me dijo Miguel armado: Quién cómo Dios? Jamás de Abramio he podido ser un punto vencedor: pero pagará María lo que Abramio me ofendió: que ya tiene por contrario su misma imaginación. Vencérala Ludóvico: ya las rodillas dobló este viejo mi enemigo, ya se ha puesto en oración. Prevenid los instrumentos, diviértale vuestra voz, que yo a tomar nueva forma para derribarle voy. Abramio, luz de estos montes, y de aquestos valles sol, escucha tus alabanzas, alegre de este favor. Bienaventurado eres Abramio, porque lo son los que tan limpios caminan por la santa Ley de Dios. Si tú mismo lo confiesas, y esa verdad se halló en tu boca de mentiras, inejorable Escorpión: Cómo a Dios no reverencias? como no sigues veloz el camino de su Ley? quién tanto ignora enseñó? Las galas a la vejez, Ejemplo fue tu abstinencia, y ya tus obras lo son, glorifica tus sentidos, libres del mortal temor. Sobre el Vasilisco, y Áspid, (dice el Rey en su lección) andarás, y pisarás la Serpiente, y el León. Mis plantas sobe vosatros estarán, con el favor divino. . Vencido quedo, fuerzas invencibles son. . Libre de su guerra quedo, gracias inmensas os doy por mércedes tan notables, si hay humana estimación, para favores divinos: mas que nuevo resplandor mi pobre cueva ilumina? qué soberana visión? Bienaventurado eres Abramio, justo varón, que ninguno de tu tiempo en santidad te igualó. Qué es esto, no me contenta tan nueva salutación, cuando conozco de mí, que soy grande pecador. Tu santidad es notable. No pueda la presunción en mí más que la verdad, que también apareció en Ángel de luz a Cristo el demonio, y le pidió que le adorase: no dice con tu rostro esa razón, que las gentes me cercaron, como David lo cantó, diré, y salí con victoria De Juan de en el nombre del Señor. No hay defensa contra ti, en tiniebla y confusión se vuelva la luz que tengo: segunda vez me venció. Nunca cruel enemigo, usaste instustria mayor; GUNDA Villegas. mas al fin huyendo vuelves; la nube despareció. ya muestra su luz el día, a darle el parabién voy, pues que se le dan las aves, que el Aurora despertó. Si Dios su favor me da, cobarde contrario sois, que la sierpe de Moises quita el veneno al Dragón. .
JORNADA SEGUNDA
JORNADA segunda De que te sirve, María, que oscurezcas con tu llanto los soles que envidia el día, después que pudieron tanto el amor, y la porfía? Ya que fui tan venturoso, de nuevo el alma te ofrezco, mas rendido, y amoroso: noble soy, y bien merezco, dueño mío, ser tu esposo, no haya más ojos divivos. Bien los cielos castigaron sus soberbios desatinos, pues a Abramio no miraron modestos, y peregrinos, y a ti te pudieron ver, para que al amor pagase tributo por su poder: rogásteme que te hablase, y fui en efeto mujer. Dite lugar, y ocasión: miente, pues ve tan extraño suceso en mi perdición, quien dice que no hace daño sola la conversación. Ay intentos mal perdidos, hay bien llamados antojos, hay errores bien sentidos: alcé por verte los ojos, SE GUNDA abrí los necios oídos. Qué he de hacer ya sin honor. Mucho me afrentas María, dorado queda tu error, solo con ser mujer mía: en hacienda, y en valor te igualo, vuelve a Lampasco, donde mi esposa serás; viste telas, y damasco, donde mejor vivirás, que en este bruto peñasco. Vuelve a gozar la ricuoza, que sin casarte perdías, y mitiga la tristeza, que en el monte, en pocos días se acabará tu belleza. ya no hay remedio mejor, vuelve, y cásate con él, que ansi remedias tu honor. En desdicha tan cruel, todo es dudas, y temor. Mi padre, que ha de decir viéndome volver conmigo, Todo, se ha de prevenir, Rodulfo es leal amigo, a su casa habemos de ir. Él a tu padre hablará, y sin que nadie lo entienda nuestra boda se hará. Hoy mi honor se te encomienda. Las galas a la vejez, Esto es hecho, vamos ya; deja ese tosco vestido, que oscurece tu belleza. No fue de mi merecido; con que dolor, y tristeza, sayal, de vos me despido! Adiós montañas altivas, de quien despeñadas corren claras fuentes fugitivas. Esas memorias se borren, para tu contento esquivas. Bien a Dios puedes servir casada. . Qué mal me aplico a callar, y no sentir! Lindo dote. . Ya soy rico, aquesto es saber vivir. Hacienda, y mujer hermosa tengo ya. . Saber después que eres pobre, es cierta cosa. Qué importa, si ya la ves mía, rendida, y piadosa? Calla: aquesta si es ventura. Quiéresla bien. . Bien la quiero. Esa es riqueza segura, porque sin gusto, el dinero hace la pasión más dura. Qué bien, Abramio divino, me aconsejaste: dejé el verdadero camino: con que rostro te veré, si a hablarte me determino. Deja quejas excusadas. Apenas de aquestas fuentes; que corren apresuradas, puedo mirar las corrientes: o esperanzas mal logradas! Aunque me admiro de hallarte, siendo milagro de honesta, en conversación, María, escucha mis tristes nuevas. Todos pienso que han sabido Las galas a la vejez, mi huiandad y flaqueza; porque al pecado, es forzoso que le siga la vergüenza. Dime Otabio lo que quieres, que los males no me alteran. Este no es criado suyo? Yo le vi en su casa misma. Vuélvome a fingir devoto, para no darle sospechas, de lo que pasa. . Los ojos clava modesto en la tierra. Ya yo sé que eres. María, cuanto hermosa, discreta; los que a Dios aman, y sirven, con los trabajos se alegran. Ahora será forzoso, que ejercites la paciencia, pues que sabes, como sabia, que nadie es justo sin ella. De tan grandes prevenciones, grandes desdichas se esperan; pero ya con la pasada Quiéresla bien. . Bien la quiero. no habrá ninguna que tema. No la tengáis más confusa. Tu padre. . Qué bien empieza, si diciendo murió acaba, y te ha dejado su hacienda. Sospecho que adivinaste. Con ese nombre te quedas en los labios? Ay Otabio, ansí el sufrimiento pruebas? Tu padre pagó en efeto, el mortal tributo, y deuda, que el no verte, fue ocasión para morir más apriesa. Cosas son que hace Dios. Esa ventaja nos lleva. Si la ha dejado la mosca, vaya muy en hora buena. Bárbaro, pues eso dudas? ella es forzosa heredera, pues que no tiene más hijos. De Juan de Víllegas. Hermoso dinero pescas. No te espantes, si el dolor ha impedido, que la lengua diga lo que siente el alma con enternecidas quejas. Pero como las corrientes de un río en montes, y peñas se detiene, y después parte con más ímpetu, y violencia. Ansí la voz que detuve, sobresaltada, y suspensa, ahora con más aliento lamentaciones empieza. Haced ojos vuestro oficio. No ofendáis las niñas bellas, regalos son del señor. Lindo santo la consuela. Ay mi padre. . Tu desdicha no digo que no la siental, que es padre al fin. . Y que padre Dios en su gloria le tenga. Pero puede consolarte. Mas que dice, que la herencia. Sin duda. . Las obras pías que de salvar se dan muestra. Trecientos pobres vistió, y casó honradas doncellas, dándoles dote bastante para que vivan contentas. En algunos hospitales bastante remedio deja. Mas que se va en obras pías esta soñada riqueza. Tres mil, y más, son las Misas que por el decirse esperan. Cuerpo de Dios con su alma no le bastaban cincuenta. Al sin como vio, señora, que dela ciudad te alejas, y que de Abramio tu tío imitas la penitencia. Y que por no recibir De Juan de Víllegas. esposo, en aquestas sierras eclipsaste la hermosura que rayos al sol le presta. que dejarte sus bienes Yo era hacer notoria afrenta al habito que tomaste, y a la vida que profesas. Cuanta hacienda tenía, con espiritual largueza dejó a pobres, y conventos con devoción, y prudencia. A criados, y criadas con igual magnificencia pagó, dándoles a todos el semedio que desean. No hay cosa de que dispongas porque cuidado no tengas, esta memoria de todo te envían sus albaceas. Todo el daño viene justo, que bien mi error se remedia, pero quien adios perdió todo es justo que lo pierda. Qué te parece de aquesto? Ay desdicha como aquesta. Aquesto es saber vivir, rico dore, y mujer bella tengo ya. . Ahora te burlas, vive Dios. . Su reverencia no se aire, ni de nota. Ese, es dragón, no culebra. No me respondes María? No se que decirte pueda. Mira de aquesta memoria las mandas justas, y cuerdas. Para qué? . Muestre buested, que será justo leerlas porque tomemos ejemplo. Obras son que el cielo premia. Trecientos, y veinte pobres vistio de paño. . Ay tal bestia. De a dos florines la vara, padre Las galas a la vejez, padre quiere hacer la cuenta? Que este necio no me deje Yo voy a que Abramio sepa que murió su hermano, y haga por el oración. Alienta el sufrimiento María. Vete con Dios, y no vuelvas a verme, porque a llorar quiero encerrarme en mi celda. El cielo te de consuelo. Oh cuerbo de malas nuevas, mi maldición os alcance Rabiando quedo de pena. Qué has de hacer pues ya está pobre. Calla, que aquesta bellaca mas doblones me ha de dar que tiene ojas esta selva As de decir, qué eres pobre? Aquí importa la prudencia, porque si la desengaño ase de entrar en la cuenta para no abrirme jamás. Pues, que has de hacer. . Eso queda a mi cargo. . Mis desdichas al último extremo llegan. y padre del alma mía, Av si mi deshonra supieras, el dejarme remediada cuanto mejor obra fuera. Ya no tengo sufrimiento en los males que me cercan, estoy, porque el cuerpo mío de una en una se suspenda. Loca estoy, daré mil voces, Eso dices, eso intentas, yo no estoy aquí María, no soy tú querida prenda. Si tu padre inadvertido te ha dejado con pobreza, yo te adoro, rico soy, para ti es toda mi hacienda. Antes te viene mejor, Las galas a la vejez, porque a la ciudad no vuelvas adonde naciste; y todos tu error, y desdicha sepan. Ven, que en llegando a mi patria oro pisarás, y perlas. En algunos versos, donde pinte a su dama un poeta. Hay mayor enredador. Ludóvico, ya se entregan mis sentidos a tu gusto; lo que debes, considera, a mi honor, mi calidad Sabes esta es la respuesta que te doy. . Pues ven conmigo; Qué has de hacer pues ya está pobre. no llores, no te enternezcas: presto verás, que el sayal conviertes en rica tela, y que en dorada carroza tu hermoso sol se pasea. Ya me tienen obligada tus palabras, y finezas. Hasta la falda del monte que a pie camines es fuerza. Ya no sentiré contigo pasar de Libia la arena. Vamos Arnesto. . Par Dios que has hecho gentil hacienda. . Que ha sido padre amado causa de la tristeza con que vienes a ver de aqueste prado, fuentes que dan al alba parabienes, cuando sobre esos montes líneas termina en varios orizontes. Si por saber la muerte de tu hermano te afliges de ese modo; que es deuda antigua, advierte, a Dios se debe dar gracias por todo, ya te ha contado Otabio que dispuso sus cosas como sabio. Ya de mí no te fías, ya no quieres decirnos tus secretos. De Juan de Víllegas. Adviertan tus porfías, viendo que son tan grandes los efectos, si es la causa bastante, y el ver mi sentimiento no te espante. En lo poco que el sueño es, mi querido Efren, en nochefría, de mis sentidos dueño, pues siempre miro bostezar al día luces amortiguadas, entre nubes en partes destroncadas. Tres noches ha que veo, si ve quien sueña con la idea triste, portentos que no creo: pero, tal vez, deidad secreta asiste en sueños tan precisos, porque del cielo suelen ser avisos. Pues tú, que no has temido el poder del infierno, y has triunfado las veces que ha querido vencer tu devoción, te has espantado de un sueño? . Si me espanto, que es tan confuso, que le temo tanto. Una blanca paloma veo en un prado ameno, y deleitoso, que con el pico toma, ya el jazminblanco, y el clavel hermoso, o en las rizas espumas, con perlas de agua borda castas plumas. Copo de tersa nieve ostenta sobre ganchos de corales; gravemente se mueve, y sus ojos, estrellas celestiales, muestran en bellos giros, esmeraldas en campos de zafiros. Y cuando más ufaña, el prado mide con el paso lento, sobre los pies de grana, un furioso Dragón, rompiendo el viento llega arrojando llamas, rugiendo dientes, y batiendo escamas Apenas se termina el color de sus conchas; ya parecen De Juan de Víllegas. de verdinegra encina, y que a manchas de gualda le guarnen y a veces le imagino edificio de jaspe peregrino. Llega pues, esta fiera, oh Fitón infernal, a la paloma, que tímida le espera, porque su carne despedace, y coma; tragala en fin, hambriento, sin que una pluma sola deje al viento Tres noches he soñado esto mismo, y presumo que amenaza de la Iglesia el estado; persecución es, pues despedaza este Dragón furioso, a quien paloma llama el dulce Esposo, Dejasme suspendido; mas ay Padre, que es esto, que es la causa de este orrendo ruido? Pon al temor, Efren amado, pausa; el que vive soñando, el aire con las alas va cortando. Válgame Dios! . No temas, llega a mis pies que no me admiran las llamas con que quemas, ni aquellos siete cuellos que respiran veneno, furia, y muerte, con aquesta señal he de vencerte, Muerto quedó a tus plantas; la boca abrió; qué es esto santo cielo? Paloma que levantas a la región celeste altivo vuelo; dichosa tú, si has sido alma que se levanta, y ha caido. Que notable alegría. me da verla volver del vientre airado ma Las galas a la vejez, más hermosa que el día salio. . Por ti, sin duda; de pecado ha de salir alguno. Dele el cielo lugar, tiempo oportuno. Ver quiero a mi sobrina, y sabrá la visión de que me espanto; su prudencia divina puede ser que con Dios alcance tanto, que aclare aquestas dudas. Es gran razón, que a consultarlo acudas. La celda donde viví es aquesta, tantos años, por ganarla, la perdí; librose de los engaños del mundo, de quien huí. Sal de tu celda María, verás con la luz del día el rostro de quien te escondes: como, hija, no respondes obediente a la voz mía? Quizá estará en oración. Confieso que estoy turbado; que notable confusión, la puerta abierta ha dejado, ciertos mis temores son. Entra, si la quieres ver. Hay engañada mujer, a mi sueño cierto vi. No responde. . No está aquí, como me ha de responder. Qué dices. . Entra, y verás mi mal, y su perdición: mansa oveja dónde vas? en la boca del Dragón, o paloma simple, estás. Tómaras consejos míos, y huyetas los desvaríos que causaron tal error: aquí el llorar es valor, aumentad ojos los ríos. Suspenso salgo, y turbado, Esrén amado, esta es Las galas a la vejez, la paloma que he soñado, vuelta el Dragón a mis pies, salga libre del pecado. Peñas, que cuenta me dais, pues escuchándome estáis, de aquella que os entregué? sin duda, porque os dejé, tan mal mi sangre tratáis. Présteme el cielo valor. para sufrir tanta pena. No te aflijas más señor, buscar a María ordena, que es lo más cierto, y mejor, que yo, si gustas, yre por servirte, y buscaré las ciudades comarcanas. Dieras crédito a mis canas. Vuelve en ti señor. . Qué haré? Efren esta es la ocasión adonde te he menester. Tuyas mis acciones son. Búscame aquesta mujer, que no olvidarla es razón, que no por ser sangre mía, es mi tormento este día; mas porque gane mi llanto alma que a Dios costó tanto. Yo te buscaré a María Muda el traje, y parte luego. Mi diligencia verás. Si no estoy del llanto ciego. No llores. . No puedo más; que cuidado tengas ruego. Voy a mudar de vestido. Yo a llorar enternecido. Con justa causa lo siente. Hay tortolilla inocente, que presto dejaste el nido! Esas granas os traigo desde Tiro. Dias ha que dudoso os aguardaba; mas De Juan de mas ya de la tardanza no me admiro, pues el camino mal seguro estaba. Siempre de los peligros me retiro, y por algunos pasos que pasaba, donde de salteadores fama había, aguardaba segura compañía. (do, Es marrajo el amigo. . no hayáis míe que le quede por corta y mal echada. De esa correspondencia alegre quedo. Por lo menos la grana es extremada, Bien hará que le paguen. . Hablad que- do. Cuándo os partís? El Lunes, si os agrada. Escrebid a Doñató lo que importe. Haced la cuenta, y pagáreos él porte. No hay que regalear, eso está llano. Quién está en esa sala de la reja. Ua noble pasajero Veneciano. Mucho pedís, mas no quedéis con (queja. Señor huespad, cebada. Vaya hermano, pídala aque lla moza. . A buena vieja, siempre tenéis de estar arrellanada? tengo de ir yo también a dar cebada? Hay posada sor huésped. Y famo- Buena cama? (sa. Excelente limpia, y fresca. Entra no estés turbada, y melindrosa, alza ese rostro, y corazones pesca; Cristo con todos. . Linda moza. Hermosa, Oh es vergonzosa, o tiene de Tudesca las colores. . Es propia, o es malera? Un enjerto es de todo. Lin la sera. Celio, no vi jamás mujer tan bella. Porqué partes me llevas Ludovico? Maria los temores atropella; metí cuando te dije que era rico, ni llueve nube, ni Agricultor huella Villegas. en cosa mía, solo por mi pieo, (cual dicen muchos) me sustento, y vivo a que has de enriquecerme te apercibo cómo, qué dices? no preguntes como ese rostro, donaire, y gentileza, al que camina con los pies de plomo en dar, hará que tenga ligereza; sigue el camino, que industrioso tomo, adorna de despejo tu belleza, que presto tendrás plata, coche, y casa. Qué dices Ludóvico? . Lo que pasa. Y traidor. . No des voces. Qué ruido es ese? . No es nada, está llorando por una sortijuela que he perdido, dice que me la dio, mas no sé cuando. Hidalgo, sois acaso su marido? Su hermano soy: aqueste va picando. Pues dalde, por mi vida este diamante. Hay falso amigo, y lisonjero amante Besoos las manos. Porque más no llore; te dan esta sortija. Aquí María, es forzoso callar. . Estos errores, jamás los mereció la lealtad mía. Mira que quieren verte estos señores, descubre bien el rostro; ea, desvía el lienzo, que te ecliipsa esos luceros. Dichosa el alma que merece veros. Oh bien haya la madre cien mil veces, que tal parió. . mi perdición se order? en qué reparo, sin temer jueces? el alma en este mar se desenfrena. Ser una Reina, vive Dios, mereces. Arn yo voy por de cenar. . yodarécena. Arsenia regaladla por mi cuenta. Por Dios que va picando la pimienta, La merced que me hacéis os agradezco. Basta aquese favor de vuestra boca, y toda el alma en recompensa ofrezco, ya por la luz de vuestros ojos, loca. Huéspeda tan hermosa no merezco, a darle mil abrazos me provoca: abre la sala baja Licia amiga. Las galas a la vejez, Entrad a descansar. Mucho me obliga término tan afable, y amoroso. Picado estoy, a fe de Caballero. Que compitáis conmigo es ya forzoso. Querelda vos al paso que la quiero: yo parto a preveniros cuidadoso, la cena. . Y yo a que pueda mi dinero, mas que esas excusadas gallardías. . Era aquesta la hacienda qué decías? Ea boba, por Dios que de este modo robes esta ciudad. . Yo lo aseguro. Ahora bien, a tu gusto me acomodo. que enriquezcamos en Alsún procuro. Hija, como una plata queda todo. A saberlo de cierto me aventuro. Vamos. Una palabra, si es servido. Antés que diga nada le he entendido. Quién es aquesta mujer? los tres solamente estamos, En el modo con que entramos, no lo han echado dé ver? es mi dama, en buen Romance. Bien haya lengua tan clara: tiene lindo talle, y car- vuested echó lindo lance. y pues, dónde va con ella? A que las pobrezas mías remedie. No ha quince días que era honesta como bella, y que su signo tenía; es noble, y de calidad: pero de una liviandad, qué discreta se desvía? Extremado picaron. Esa es desdicha común. Tiene en la ciudad de Alfún, de ilustre, y rica, opinión. Aquí de asiento querría Las galas a la vejez, estar. . Pues se ha declarado, aquesta casa del lado, que está a manderecha, es mía, si en ella quiere posar, sepa que es sitio extremado; sillas, colgadura, extrado le darán en el lugar, por lo que fuere razón, alquilado. . Dice bien, y me informará también de las personas que son mas ricas en la ciudad. Eso ha de ser lo primero. Porque yo busco dinero, no nobleza, y calidad; porque le basta a María la que tiene. . Buen error; no hay tan buen perro ventor, si de mi industria se fía. A nuestro cargo dejad lo que toca al avisaros, de heridas, y de reparos. Yo serviré la amistad. Estos hidalgos, quién son? quiero empezar a saber, Floro es rico mercader, de crédito, y opinión. Celio es noble Caballero, conocido en la ciudad, que le sobra en calidad, lo que le falta en dinero. Pues arrópese con ella, mas al dinero me inclinó. Yo os enseñaré el camino. Jamás vi mujer más bella. 1. Creolo por cortesía. Sin ella podéis creer, que es la más bella mujer que ve el Sol, padre del día. 2. Picados están los dos. De Juan de Qué, habemos de competir? Competir; y no reñir; yo hablaré, y hablad vos. Allí dos pajes tenéis con no se que niñería; Arsenia, por vida mía, que cuidadosa os mostreis en regalar esa dama, y en rogarla, que después. No es necesario que dés mayor muestra de tu llama. De asiento viene al lugar, después despacio hablaremos. Huésped, aquí nos lleguemos. A su hermano has de agradar, que a lo que me ha parecido, es un hombre muy de bien. Dárele el alma también. Voy a ver lo que has traido. . Esto se ha de hacer por mí. Calla, que despacio está en Alsum. . En mi hallará cuanto se le ofrezca aquí; y vos de la misma suerte, si mi bien solicitáis. De la pasión en que estáis vuestra presencia me advierte. Dejadme a mi negociar, y mostraos con el hermano liberal, y Cortesano. Piénsole una joya dar aquesta noche. . Eso importa. Vive el cielo que la adoro. Entremos a verla Floro, y de pláticas acorta. Ya Celio ha tenido celos. Señores, tanta merced! Que soy muy vuestro creed. Mas se aumentan mis desvelos. De aquestajoya os servid. después nos podemos ver. Villegas. Aqueste es el mercader, y este es el seguro ardid para negociar mejor; sin duda, que tray, infiero la música el Caballero; lindo amante Ruy señor. Muy mal ha de negociar con músicas y paseos: estos amantes Orfeos, al infierno a enamorar. Voy a avisar a mi hermana. 1. Muy buen talle el hombre tiene. 2. Ella se adorna, y previene. No ha menester arte humana tan celestial hermosura, presto os desengañaréis, pues en su cara veréis púrpura entre nieve pura. Ánimo, pesar de mí; mira que joya tan bella. Ya mi temor se atropella. Dije bien? . 1. Mil veces sí. Cuál la dio? . El que está detrás. Muestra tu pecho animoso. Dígolo, porque es forzoso el favorecerle más. Cuando nuevas no tuviera de esta ciudad, bien podía hacer vuestra cortesía, que su valor conociera. Bescos a todos las manos. A todos hacéis merced. No llega vuesa merced? No hay estilos Cortesanos, ni conceptos advertidos, que no estén en noche oscura, que en viendo vuestra hermosura se suspenden los sentidos. Bueno está de adulación. Aquí un estrado fenéis, no como le merecéis; pero Las galas a la vejez, pero supla mi intención. Arrímate al mereader, Floro se llama. . No ignoro. lo que importa: llegad floro. Es fácil en la mujer el aprender estas cosas; presto maestra sará, A Floro se inclinan ya sus dos estrellas hermosas. Desdichado del que os mira, si favores no le dais; mas no hay méritos humanos para podernos gozar. Celio, no más por mi vida; ved que a despeñaros vais; las colores de mi rostro os digan mi honestidad. En esta ciudad me quedo, lugar de venos habrá; y de que os pueda servir. Yo la casa la he de dar, es buena, mas no hay adorno. Paños de Corte os traerán mañana, alfombra, y cojines, recibid mi voluntad. Cuando son tales las obras, ellas se agradecerán. Hija no es malo el principio, un Potosí has de llevar a tu tierra. . Esta lo es, que no he de volver jamás a mi patria. . El mercades hecho un Portugues está. Mucho te divierte Celio, Floro es el que ha de importar. No ha andado malo hasta ahora Cómo? . Luego lo sabrás. De que es la melancolía, Floro? Si no me miráis, cómo queréis que esté alegre? Buena fineza en verdad. Las galas a la vejez, Si rompiendo todo el pecho pudiera el alma enseñar, vierais un amor en ella, que no ha de tener igual. Ay María, nunca viera ese rostro celestial. Pues porque os pesa de verle, si os pretendo remediar? De que os afligis tan presto, no me quedo en la ciudad, donde despacio tendréis remedio de vuestro mal? Floro tened sufrimiento, no lloréis, ni os aflijáis. Tan alegres esperanzas, vida, y aliento me dan. ud a mi tienda señora, por la mañana, y sacad tela para dos vestidos. Sois discreto, y liberal, No las ha labrado tales en muchos años Milan; todo es vuestro, pues lo soy. Ansí, quien no ha de olvidas los disparates pasados. Qué herencia, ni que caudal, como tu cara María? Ya me comienzo a alegrar. Mira quien llama a la puerta. Señores, por caridad me abrid. . Pasad delante. Quedo, no le despidáis, mirad que parece pobre. Oh qué donosa piedad; s muchos llegan de esta suerte, que desnudan un altar. Por amor de Dios, abrid. Si se queda en el portal, qué daño puede haceros? No puede desarraigar del alma algunas virtudes, De Juan de Poco a poco dejarán de resplandecer en ella. Abran, pues que vos gustáis. No son malas esperanzas, señora, las que me dan vuestras entrañas piadosas. Para con vos tendré más. Sois tan piadosa con todos? No sé, mas ello dirá. Agradeced a esa dama haueros dejado entrar. Dios os lo pague, señora: mas ay Dios, que novedad es aquesta. Ay ojos míos, crédito no os quiero dar. No es María? . Si pedís limosna, por mí os darán algo aquestos caballeros. No tengo necesidad de dineros: ya hallé lo que he venido a buscar. Qué buscabades? . Posada. Pues allá fuera os quedad. Dejade, qué os hace aquí? Imagino que jamás dejarás tu hipocresía; en lo que te importa está. Apenas pueden mis ojos excusarse de llorar ay de ti Jerusalén, que sola y de sierta estás. Qué nuevas oirá tu tío? tú su muerte has de causar, como a tu padre la diste huyendo a la soledad. Hay semejante desdicha? La cena os espera ya. Vamos todos a servirla, y volveréis a cantar. Son excelentes favores; amigo aquí os esperad, Villegas. que vendréis sin duda alguna cansado de caminar, yo enviaré que ceñéis. El cielo vuelva a alumbrar tus sentidos. . Ven María. Mirad que mañana vais a mi tienda. . Quién lo duda, Podremos mañana hablar. Por la tarde podrá ser. Ay tan grande libertad! Yace en él suelo de Sion altiva, el Templo santo, donde nunca oyeron martillo, ni cincel, ni falta vieron en pórtico, o cimientos en que estriba, Adónde vas oveja fugitiva? oye los silbos, que en el monte diero, vuelve a lamer las manos que tuviero siempre divina sal entre la oliva. Oh variable, y vil naturaleza! mujer que tanta fama ha destruido, que aunque hay alguna ejemplo de firmeza, Y a mayor parte en hierros ha caído, mayormente si ayuda la belleza, a que se ensoberbezca su sentido, Aquí os habéis de sentar. Estimo tanto fevor. El abreviar es mejor. Ea volved a cantar. Despertad, quitando vidas, ojuelos negros, pues no hay ninguna que pueda vinir sin ellos. Brindis a vuestra salud. Por ella haré la razón. Hy tan grande perdición! cual andará la virtud entre Ceres y entre Baco, con quien Venus toma aliento. otra vaya. . Vengan ciento, con menos la sed no aplaco. Las galas a la vejez, JORNADA A buen hombre, dónde estáis? Qué es, señor, lo que queréis? Que aqueste plato toméis, y que un bocado comáis, que mi señora os lo envía, Bien su caridad se ve. Más caritativa fue en otro tiempo María, mas todo se va acabando. Decid por amor de mí, vive esta señora aquí? La casa están ordenando, estos mozos chapetones, donde tiene de vivir. En fin aquí ha de asistir. En solas dos ocasiones. Aquesta noche le han dado cerca de dos mil florines, que tales lerán los fines, si también ha comenzado. vos quedáis en el lugar? Algunos días pensé parar, mas no hay para que, ya me acabé de informar de lo que saber quería. Comed. . No estoy enseñado a este manjar regalado. Menos lo estaba María: pero con tales excesos sabe gozar la ocasión, que cogió gordo un capón, y le ha dejado en los huesos. Las galas a la vejez, Sus traguillos ha bebido, y solo enseñada estaba, al agua que destilaba un peñasco endurecido. habéis de veber? . yo no. Pues veámonos después: o qué melindroso que es? pesar de quien lo parió. Que tengo ya que aguardar, luego me quiero partir, que es imposible asistir en tan inmundo lugar. No no, no habéis de salir. Pues no os he de acampañar? Mejor será descansar; mirad que os he de servir. Y yo os soy aficionado. Vase con su hermana? . Sí, vivo en ella, y vivo en mí. . Pues que tenéis concertado. Por la tarde la he de hablar? y por la mañana yo. Goce el que más la sirvión, ventura, tiempo, y lugar. Vaisos hermano? . Si amigo, pues la caza tengo cierta, Socarrón cierra esa puerta, echa la aldaba al postigo. Entrado se ha la ventura por las puertas. . Esta vez nos dará buena vejez este talle, y hermosura. tu intento fue peregrino.
JORNADA TERCERA
JORNADA tercera Esta es la mejor posada de Alsún. . Pues todos entrad; hermosa es esta ciudad, y en extremo celebrada; tu intento fue peregrino. T Logre el cielo mi intención, Nobles forasteros son, que han llegado de camino. Salidlos a recibir, De Juan de Villegas: que después que granjeáis con María, os olvidáis de este modo de vivir, Seáis señor bien venido. Y vos, huésped, bien hallado. Aquí seréis regalado, y con voluntad servido. sentaos, mi señor, aquí, mientras un cuartó os prevengo. Venís de prisa? . No vengo, que tengo que ver. . Ansí, mucho me alegro, por Dios. ud mi gente a acomodar, que hemos de comunicar un negocio entre los dos. En tondo os he de servir. Qué intentas de esta manera? Aquesta oveja quisiera al rebaño conducir. De la parte que tenía de hacienda, dada a guardar en Lampasco, por pensar, que en algún tiempo sería necesaria te mandé, que caballos me compraras, y que diamantes buscaras por símbolos de mi fe. Joyas, cadenas, anillos, y galas, jamás usadas de mí, y ahora buscadas con pensamientos sencillos. Si no sabes mi intención, por ventura juzgarás, viendo lo exteror, no más que vuelvo a la confusión. Pero si por dicha vieras el corazón abrasado en fervoroso cuidado, nueva admiración tuvieras. Calla, y déjame. . Obedezco lo que mandas padre mío, de ti aquesta empresa fío, De Juan de Villegas: a tu voluntad me ofrezco. Todo está ya prevenido, en este cuarto estaréis señor, adónde seréis con puntualidad servido. Hola solos nos dejad. Dudoso y confuso voy. Aunque no sabéis quien soy, os puedo hacer amistad, si en lo que os dijere aquí me sabéis favorecer. Si es cosa que puedo hacer, seréis servido de mí. Aunque del aspecto mío no se presumen engaños, ni las canas, ni los años hacen que desmaye el brío. Qué copos de nieve son barba y cabello, no niego, pero no apagan el fuego de mi altivo corazón. Todas estas prevenciones importan que me escuchéis, para que no os admiréis después, de mis pretensiones. s ya me tenéis con cuidado. Soy de Sidón, mi riqueza es igual a mi nobleza, y de entrambas celebrado. Tras las alabanzas voy de una hermosa mujer, que tuvo en mí tal poder, que me ha sacado dé mí. Y tanto crecio el deseo, que el sentido me turbó, y ha cincuenta años que no me he visto, como me veo, Prívome de la quietud, en que seguro vivía. Pasión es, que os costaria gran parte de la salud. Las galas a la vejez, Al fin yo vine a saber, que estaba en esta ciudad este extremo de beldad, este monstruo, esta mujer. Y que se llama María, que vos sabéis donde vive, y que en lo que da, o recibe, por vos se gobierna, y guía. Mucha verdad os dijeron; María, cuerpo de tal, creed, que belleza igual, humanos ojos no vieron. Ven si es grande su belleza, pobre vino a esta ciudad, y ya tienen igualdad, su beldad, y su riqueza. En fin, que es lo que queréis. Admírame que seáis tan cuerdo, como mostráis, y ver que no me entendéis. Si por verla vine aquí, si a vuestra casa llegué, y mi amor os publiqué que hay más que saber de mí. Preguntad a estos escudos lo que podéis ignorar; bien os podrán informar, aunque los tengáis por mudos. Y si luego a verla vais, decilda, que esta cadena se ponga, pues de mi pena con otra mayor me halláis. Principio de paga es para inclinar su belleza, que ya sé que no hay riqueza que no atrompellen tus pies. y dad aqueste diamante a vuestra esposa. . Señor, bien mostráis vuestro valor, y que sois perfecto amante. Bien merecéis la afición Las galas a la vejez, de María no la temo, que sois galán por extremo. Ya empieza la adulación. Aquí en una casa mía vive: luego a verla voy, y esta cadena le doy. Si viene a verme, y se fía de mí con modos más llanos, y con liberal largueza, yo le prometo riqueza y tesoros más que humanos. No penséis que es engañar, que si en verme persevera, yo la pondré de manera que estrellas pueda pisar. Tóndrela en lugar supremo del Sol y Luna adornado. El viejo, de enamorado tiene de dar en blansfemo. Basta ya el encarecer, bien os podréis alegrar, que yo la traeré a cenar, ya que no puede a comer. Sabed que tiene un hermano, a quien agradar conviene, que por ser mayor, la tiene con píguelas en la mano. Mas yo le divertiré esta noche. . En el dinero no reparéis, que yo espero, que con él le ablandaré. Y porque esta noche pueda divertirse, le daréis estos doblones. . Tenéis seguro, con tal moneda el imposible mayor. Por lindo agradar no espero, y ansí, a peso de dinero quiero comprar el amor. Mirad que estoy esperando esta doche. . No dudéis; o qué mal me conocéis! De Juan de Como lo estoy deseando, viendo lo que en ello gano, mi esperanza se desmaya; y temo que se me vaya el pájaro de la mano. Esplendida cena apresto. Entrad, señor, qué hacéis, que vuestro cuarto tenéis aderezado, y compuesto. Bien me sabéis obligir. Saber serviros quisiera. Vamos pues. . Arsenia espera, que tengó que te contar. Lo dicho. . Es razón, que todo el oro lo doma. O si salieses, paloma, de la boca del Dragón. Qué quieres Liseno? . Vive el cie que apenas puedo tener la risa; (lo, que quepa tanto fuego en tanto hielo. Acaba pues, con brevedad me avisa! Está este viejo. . Dilo. Enamorado de María, de suerte, que ha venido desde Sidón a verla, y a traido preciosas joyas, que gastar con ella. Si es rico, los peligros atropella. Este diamante para ti me ha dado, y para Ludónico estos doblones. No es dejar perder las ocasiones, pescale cuanto puedas. . Esta bolsa, llena de escudos, por primera paga, me ha dado, y es razón que satisfaga tan grande obligación, pues a María esta cadena liberal le envía. (no, Hombre tan liberal, no es hombre huma- Ángel debe de ser, mostrad hermano. Oh varón santo, seas vienvenido, tu dejarás las plumas en el nido. Maríaha de venir aquesta noche. si justicia me vale. . Será boba Villegas. si al viejo las entrañas no le roba con favores fingidos. . De importancia le será, si es tan grande la ganancia, Que en tal edad caricias solicite, Si contra amor no hay fuerza, ni consejo, y aqueste es niño ya de puro viejo, como ha de resistir sus flechas fieras. Parte, y tray a María, ya qué esperas? Que dos extremos junto en una cabma, en él la nieve, como en ella llama. Cuando no fuera, María, conocido por mudable el amor de la mujer, pudiera en ti acreditarse. Ya no me miras alegre, si alegre llego a mirarte, ofendente mis requiebros, desestimas mis verdades. En que han podido ofenderte unas finezas tan grandes, pues haberte enriquecido tan poco puede obligarte? yo soy el mismo que fui, vuelve esos ojos suaves, cuyos rayos peregrinos bastaron para abrasarme. Floro, no todos los tiempos están en un ser iguales, no siempre de pardas nubes vemos ocupado el aire, ni los zafiros celestes, adonde sirven de esmalte estrellas, que aún ellas mismas se suelen llamar errantes, una claridad obstentan; y los líquidos cristales de un arroyo, a veces corren turbios dentro de la margen. Los verdes prados se secan, florecen los secos valles; todo se muda en efecto; Las galas a la vejez, no hay cosa que no se acabe. Principios, medios, y fines, todas las cosas que nacen han de tener; y en los gustos hay esta ley inviolable, Libre nació mi albedrío, porque quieres sujetarle a que por fuerza te quiera, y aquí a mi pesar te agrade? Si me has dado algunas joyas, que riquezas hay que basten a pagar gustos de el alma, que precio hay que los iguale? No es acción de pechos nobles, Floro amigo, el acordarse de lo que dieron; mas eres mercader en trato, y sangre. Si tienes libro de caja, por ventura, en que asentaste, lo que he recibido, asienta para descuento, a la margen, muchas horas, que en mi cielo, lleno de gloria te hallaste, y verás que no hay hacienda con que mis favores pagues. Bien te declaras conmigo. no quiero ingrata, cansarte, porque a un pecho endurecido, no hay ternezas que le ablanden. Qué es lo que mandas! qué haga? Que vengas de tarde en tarde a verme; y si hallas vifita, que veas oigas, y calles. En fin que no me sustentes, y que los tiempos abraces como vinieren. . Corrido estoy de que ansi me trates. Ea pues. . Ya te obedezco, que aún no me dejan quejarme esos ojos tan crueles, como adorados, y graves. Las galas a la vejez, Buen despacho lleva el necio. No hice bien? . Muy bien, que ya se le acaba el plus; busque gusto en otra parte. Ya en la ciudad se murmura, su pobreza tu causaste, sánguisuela de su bolsa, que a correspondencias falte. Despediste a Celio. . Sí, porque de aquestos galanes, que por lo lindo se juzgan dueños de la libertades. Grande cosecha hay de tontos, pero vamos adelante, que esto a satira me huele. y no he dicho mal de nadie. Que hay Márica, que te dice: rica estás, . Ahora sales con eso? . Disz mil escudos tienes en oro, y diamantes. Todo es tuyo Ludónico. Cómo va hijos? . Oh padre, tú seas muy bienvenido: hay algunas novedades, que tú no vienes a verme sin causa. . Ya de mí sabes, que solicito mi aumento. Porque le toca su parte. Antes que te diga nada, toma esta cadena. . Enlace mi cuello tan rica joya. y el hermano en Cristo, agarre estos cincuenta doblones. A que Potosi llegaste, qué mina se ha descubierto? Ay un espantoso lance. Un Caballero ha venido a mi casa, tan amante, y tan rendido, que pienso que un millón ha de dejarte. Aquesta noche has de verle. De Juan de Tan presto? . Pues ay que aguarde quien con trecientos escudos empieza a desayunarse? yo soy un hombre de bien, mi palabra he puesto. . Baste. rSí es tu gusto, no replico. y el hombre tiene buen talle. Ahora entra el diablo, y dice; por el Dios que ha de salvarme, que pasa de ochenta. . Qué? Años. . Pues no me lo mandes. Jesús, Jesús. . Qué te alteras; acaso has de enamorarte, oh chuparle cuanto tenga? A un viejo quieres que hable, que hecho tierra, se vuelve al centro; a su propia madre, que todo sea escupir, desde que empieze a acostarse? Ay, por Dios no pidáis tal. Anda, que eres ignorante. Aunque tan viejo, es brioso; ello ha de ser, no repares en nada. . Vaya, María, por Liseno es bien que calles, fuera del gran interes que se sigue. . El adornarte es forzoso. . Qué he de hacer, si los dos queréis, rogarme? Voy, aunque no por mi gusto. Muéstrate alegre, y tratable, para que no le des muestras de que por fuerza lo haces. Puesta en la ocasión, no dudes de que risueña, y afable le sepa prestar en gusto cuanto en dinero me pague. No entréis vosotros allá, o almenos, no entréis en parte donde os pueda ver el viejo. De esas cosas no me trates, Pues María, ya es denoche, Villegas. ven, que quiero acompañarte. Voy a quitarle mil canas, que hartas habrá que quitarle. . La cena está prevenida; vendrá María a cenara Sí, que el oro la convida, y espero verla mudar muy presto de estado, y vida. Podrá conocerte? . No, porque el día que me habló, viniendo a la soledad, fue tanta su honestidad, que al rostro no me miró. Tras esto, haberme quitado barba, y cabello, asegura tu temor, y mi cuidado; y ella altiva en su hermosura, olvidará lo pasado. Los músicos han venido. Estimo vuestro cuidado, y estoy muy agradecido. Si acaso os agrado, A los míos buenos han sido. 1. Bescos las maños. . Seáis bien venidos, que alegráis mi pecho. . 2. Géntil consejo, que se enamore este viejo? 1. Necio de eso os espantáis? Qué hará quien andar puede? y no se hubiera teñido, siquiera. . A mi cargo quede, que todo está prevenido. Qué contento al mío excede? No ponen la mesa? . Sí. Amigos poneida aquí, los manteles igualad; Las galas a la vejez, que torpe sois, aguardad. 1. Bien sirve. 2. Pesar de mí, no ha de servir, si ya tiene adelantada la paga. 1. Saberle agradar conviene, porque bien nos satisfaga. Qué es eso? . Mariaviene, Mudose todo el color; el cielo me dé favor, sea en buen hora bien venida. Oh qué mudanza de vida! Qué bien se muestra tu amor! Seáis hermosa señora, bien venida, a la porfía del amante que os adora, pues siendo acabado el día, en vos renace la Aurora. Miente mil veces, la fama que hermosa, y bizarra os llama, y en lo humano desatina, que yo os conocí divina con más fervorosa llama. Quitad el manto, o el velo, con que a celajes mostráis vuestro rostro, y mi consuelo, que no quiero que tengáis cosa que os encubra el cielo. Galán sois, y Cortesano, ya con más gusto me allano a serviros obediente. Eso quiero solamente, hoy para la gloria os gano, pues con veros me la dais. No tratéis de cumplimientos. Oh cielos, que consintáis en la edad tales intentos! bien vuestra piedad mostráis. Hermosas manos tenéis, quiero que las adornéis con estos diamantes. Las galas a la vejez, Bueno. Esta es ventura Liseno. Callad vos, no la aojéis. A pecho tan liberal, dónde habrá satisfacción Advertid que decís mal, mi bien, que el galardón que yo espero es celestial. Venid, la mesa os espera. Que voluntad verdadera. No sé que os diga, señor, vuestra fragrancia, y olor, todo el sentido me altera. No al ámbar artificial, sino a las flores nacidas junto al risueño cristal de las fuentes, guarnecida; del aljófar Oriental. Mas de vos me maravillo; porque al rústico tomillo huele el vestido galán, cuando los campos están con matices de amarillo. El camino que he traido, como es ya la Primavera, mi bien, la causa habrá sido. Ya la comida os espera, y yo que os sentéis os pido. Quéreisme bien? . Bueno a fe. en mis ojos no se ve. Solamente veo en ellos sus luces y rayos bellos. Perdida estoy. . Ya lo fe, sentaos, si queréis los dos. Por nosotros, no te aflijas. Gran bien espero de vos. Qué ha dado más? . Tres sortijas! De Juan de ̱. Eso sí, cuerpo de Dios. vace Troya por el suelo, sin que la puedan valer las armas de Ector altivas: la Riqueza de su Rey, el Ilión abrasado del cimiento al capitel, en pardas cenizas trueca su soberbia y altivez, que no hay humano bien, que por pensión no tenga el padecer. Que bien han dicho María, que humano gusto se ve, que no tenga fines tristes, hablad, qué os entristecéis? Divértime, imaginando en la letra que escuché. Comed ahora, señora, Aguado ha sido el placer, que no hay humano bien, que por pensión no tenga el padecer, A vuestra salud María, Vaya. . La razón haré. Pues cómo hagáis la razón, de esta confusión saldréis. Vino beves padre mío? En esta ocasión Efren, mucho más que con ayunos, ansí puedo merecer. dad luego a aquesos señores veinte escudos. 1. Dios os dé veyere mil siglos de vida. Bueno es vivir por beber. El amor con dilaciones, es tormento el más cruel, que se puede (maginar, bien es que el gusto logréis. Alzarán las mesas? . Sí. Aquí será menester Señor vuestro valor santo. Villegas. 1. Adiós señor. . ud con él. Yo voy a cerrar la puerta. Venid, y os desnudaré. No es razón dejarnos solos, que tengo un poco que hacer. Quieres tú que te desnude? No, no. . Déjanos también, y acude a lo que te dije. Lo que me mandas haré. Pues solos queréis quedaros, Dios os deje amanecer con salud. Quiero animarme; a qué aguardáis, qué hacéis? Tampoco estimáis mis brazos, que con tardo proceder rhusáis el acostaros? No habláis, no me respondéis? No sé que arguya de vos; vergüenza no puede ser, sino es, que la sobra de años ocultas faltas os dé. Si queréis que yo os desnude, medrosa de ese desdén, llegar quiero a descalzaros. Dónde vas? Tente mujer, no llegues a mi María. Sus pendida me quedé a tu voz, que me parece la del supremo Juez. Quien eres hombre, que tengo, desde el punto que te hablé, alterado el corazón, toda la sangre en los pies? Holiome el vestido tuyo al Nardo, dime porque lloras, gimes, y suspiras? Ay de ti Jerusalén. Sola estás pabre ciudad, y llena de pueblo ayer, y señora de las gentes, como viuda te ves. Con el santo Jeremias tu perdición lloraré, pues que todos tus amigos enemigos han de ser. Oprimida de amargura; todas tus puertas se ven destruidas, y sus fiestas ninguñó las viene a ver. Ricos son tus enemigos de tus bienes: que interés aguardas de tus maldades, cómo te podrán valer? De ti hija de Sion, ya la hermosura se fue, y hacen burla tus contrarios de tus fiestas, y altivez. Oh qué intratable te has hecho? porque tu pecado es causa de que te desprecien los que buscaron tu bien. Echó mano el enemigo de tus virtudes; no ves que te has hecho vil? No hay joya, que pueda resplandecer. Oh vosotros, que pasáis por el camino, atended, si habrá dolor como el mío, ni con más razón cruel? Quién eres padre, quién eres? No me podrás conocer, porque por ti me he vestido las galas a la vejez. Abramio soy. . Ay de mí, Padre amado, no podré mirarte; las hojas busco que cubran mi desnudez; porque Señor, contra vos, contra vos solo pequé, Las galas a la vejez, y desante de los ojos, que lo más ocultó ven. hice mal. . Llora María. Confieso que a Dios negué, contra mí está mi pecado, no acierto a librarme de él. Si como Pedro le niegas, llora con su misma sé, visitárate el Señor, perdonárate también. Vuelve al desierto conmigo, y solicita el laurel de la gloria, que tu culpa te coronó de cipres. Volverás a ser hermosa, aunque negra, por haber guardado viñas, gastando el Sol tu hermosa tez. Como Padre, si es tan justo el que juzga, alcanzaré perdón de tan grandes culpas? Mas le puedes ofender con esa desconfianza: eso temes? . Pues no tengo Oye, porque más te animes, aunque temerosa estés. Cincuenta años ha María, que a los montes entregué mi cuerpo, buscando hierbas entre el lirio, y el clavel, de que poder sustentarme, carne, ni vino prove jamás, que las fuentes frías refrigeraban mi sed. Tres años me dieron guerra enemigos de la Fe, hasta que los convertí a la verdadera Ley. Los azotes, el silicio, si pudieron merecer algo con Dios, desde ahora todo por tu cuenta esté. De Juan de Villegas: Mis buenas obras son tuyas, mi sufrir, y padecer, a ti te sirva, María, el cielo el premio te dé. Que yo todos tus pecados, por muchos que puedan ser, recibo sobre mis hombros, yo por ti los lloraré. Adiós daré cuenta de ellos; y si puedo más hacer por tu salvación, María, habla, que todo lo haré. Toda el alma me consuelas. El Dragón tengo a mis pies, libre saldrá la paloma. Tus pisadas seguiré. Pero dime padre mío, de mis joyas que haré? Déjalas todas perdidas, pues te quisieron perder. Sácame luego de aquí. Amigo, querido Efren. Señor. . Están los caballos a punto? . Ya los saqué. Pues salgamos hija mía, que ya quiere amanecer. La casa está sosegada, la puerta abierta dejé. Aay causa de mi remedio, mis ojos señal te den del nuevo arrepentimiento. El perdón alcanzaréis. Yo voy a llorar por ti. Ya mis dudas olvidé. Que notable efeto hicieron las galas a la vejez. Con el Alba te levantas? No descansa mi cuidado, quiero ver lo que la ha dado. Con tu codicia me espantas, De Juan de Villegas: De aquí a dos horas pudieras saberlo mucho mejor. Tienes flemático humor, no te consumes si esperas. Yo miro por mi salud. Mucho su fineza infama, quien ausente de quien ama tiene descanso, y quietud. Vístele al viejo la cara cuando entraste? . Ni le vi, ni apenas su voz oí, el ser liberal le ampara para el bien que ha poseído. Dime ya, por vida mía, casaraste con María? Si yo, sin ser su marido, la poseo, no es mejor que prevalezca esta llama; porque al fin, siendo mi dama, no me ha quitado el honor, que siendo esposa, pudiera. Abierta la puerta está del mesón. . Pues entra allá; temprano han salido fuera. Qué es aqueso quién abrió? aquesta puerta. . Hablad paso. Abrístesla vos acaso? Ahora he llegado yo. Arsenia. Qué voces dáis! Abristeis la puerta vos? Linda pregunta por Dios. Pues bien; de que os admiráis, esta pregunta os enfada? Callad, que despertarán. También abiertas están sus puertas. . Ya estoy turbada. Entrad sin hacer ruidó. . Esto el mozo me ha contado. Harto bien nos ha pagado de Las galas a la vejez, de celos pierdo el sentido. Este huésped, y el hermano, tienen la culpa de todo. Que la entieguen de ese modo a un caduco. . El caso es llano. a este hermano he de matar. Señores. . Qué traes mujer? Ya me has dado que temer. Pues más tenéis que llorar. Ni el viejo, ni vuestra hermana, ni caballó, ni criado, en el mesón han quedado, Qué me dices? . La verdad llana. Vive Dios que lo temí. Triste, qué tengo de hacer? Antes del amanecer, sacar caballos sentí, mas pensé que los sacaban a beber. . Triste de mí, hoy toda el alma perdí, mis esperanzas se acaban. Llegad, qué es este ruido. Abramio sin duda es, que por burlarme después, aqueste amor ha fingido. Qué es esto? . Qué puede ser? Todo el mal junte ha llegado, con engaños me han robado, no a mi hermana, a mi mujer. Amigo Celio, generoso Floro, no era como pensastes, mi María, mi hermana, pues su sombra adoro, era todo mi bien, y prenda mía: no me case por adquirir el oro, que su hermosura darme pretendía; del monte la saqué, con la cautela, que ahora me consume, y me desvela. Su tío Abramio, vino disfrazado para robarme el bien por quien suspiro; otra vez a la sierra la ha llevado, y de nuevo a quitársela conspiro: Las galas a la vejez, ya no estimo las joyas que habéis dado los Diamantes, y púrpuras de Tiro; Ayudadme a que cobre aquesta ingrata que porque la enriquezco ansí me trata A la sierra venid, adonde abrase al que mi gusto temeroso impide, que no es razón que en soledades pase el tiempo una belleza tan querida, no os enoje, que avaro os engase; ayudadme a cobrar mi propia vida. Caso notable! . Acom pañarte espero, que si la adoras, yo por ella muero. Yo voy tras ti, no temas. Pues partamos. No dejéis vuestra casa, estad quieto. que no es justo que a un santo persigamos, Es vuestro parecer cuerdo, y discreto, Postas prevengo. A acompañarte vamos. Ya felices sucesos me prometo. Buen dinero nos deja. No consienta el cielo, que tan presto se arrepienta. Aquí, querida María, deja las costosas galas, solo para tu remedio, con solicitud buscadas. Esta es tu celda, mas rica que los palacios, y casas Reales, si en ella esperas breve vida, y gloria larga. Vuelve de nuevo a tu esposo, que ya gozoso te aguarda, y con los brazos abiertos te rcibe, y te regala. Resiste las tentaciones, pon en Dios tus esperinzas. para robarme el bien por quien suspiro; Padre, a mi esposo divino alegre le ofrezco el alma, con este sayal me alegro. De Juan de Víllegas. Vamos Efren, a dar gracias a Diós, por tantas mercendes; contigo quedas guardada, yo voy a llorar portí. Claras fuentes, rizas aguas, dadme el parabién, pues vuelvo ya con amorosas ansias Llega, y con amor la habla, a veros; altivos montes, vuestras robustas entrañas se ablanden con mis suspiros, si el llanto solo no basta. El Prodigo vuelve humilde, gran Señor, a vuestras plantas, del profundo de mis culpas, esposo, mi amor os llama. Conforme a vuestra piedad juzgad mis culpas pasadas, que tan presentes las tengo, que el ingerno me amenaza. Paz, paz, dichosa, y santa, a los hombres en el suelo, y a Dios en el cielo gracias. Si paces hacéis conmigo, qué dichas habrá tan claras? Mostrad el ramo de oliva, y el Iris alegre salga. Vuestra oveja, temerosa del lobo, que la acobarda, vuelve, divino Pastor, al redil adonde estaba. Qué animosa estoy, señor, mas ay cielos, que se abrasa la cueva en que está mi tío. Viejo loco, que te encargas ahora de tantas culpas, qué piedad de Dios aguardas? Pequé Señor. . Por mis culpas El demonio le maltrata. De Juan de Víllegas. Hay tío del alma mía. Esta es la cruel, y falsa, que rigurosa me olvida por un viejo que la engaña. Defendedme Esposo mío. Llega, y con amor la habla, que regalos enternecen las mujeres obstinadas. Qué es aquesto dueño mío, querida prenda adorada, tan presto mis brazos dejas, tan ciega de mí te apartas? Mi bien, vuelve a la ciudad, que tus donaires, y gracias, no están bien en estas sierras. Gran Señor, juzga tu causa. De esa suerte me respondes? pues aunque el cielo te valga, has de volver enemiga, a quien te sirve, y regala. No importa, que el loco viejo con engañosas palabras, impedir quiera mis gustos; yo haré que del monte salgas. Por los dorados cabellos, viva afrenta del Arabia, he de llevarte. Mostrad. Señor vuestras fuerzas. Pequé Señor. . Por mis culpas Piedad cielos. No me dejes María, que envuelto en llamas veo Las galas a la vejez, veo el infierno, que quiere dar al cielo la venganza. Ludóvico vuesve en ti, mira bien en lo que paran los deleites de este mundo. Maravilla estraordinaria! Padre acudid. . No temáis. De este peligro me saca, que yo doy palabra al cielo, de que en desiertas montañas lloraré las culpas mías. Pues dame la mano, y baja libre del común contrario, donde cumplas tu palabra, Las galas a la vejez, Danos esos pies mil veces, Si las lágrimas alcanzan el perdón, puedan las mías enternecer tus entrañas. El hábito, Padre, pido. Edificadas las almas, a nuestra ciudad volvemos. Yo, Padre, beso tus plantas. Partid hijos, y tu viste este sayal, que te ensalza; y empiece tu penitencia donde la comedia acaba.
