Texto digital de El galanteo al revés
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El galanteo al revés. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/galanteo-al-reves-el.

EL GALANTEO AL REVÉS
JORNADA PRIMERA
Qué horror es este! cáese la montaña? riñe una suegra? enójase un cuñado? sacude el viento la Marcial campaña laberinto de flores intricado? un Fucar pierde? un Ginoves se engaña? inmóvil quedo a tanto asombro helado: elose amor? adónde está su fuego? como es eterno, si se apaga luego? Si no es esto, será sin duda alguna algún enamorado, que dejando al sol de sus amores a la luna, ahora, como a sol, le va buscando: los aires de esta vez se hacen a una para admirar lo qué quedo admirando; mucho crece el rumor, temo un desastre, es ánima que llevan de algún sastre? Tira, Sabado. . No puedo, (aunque todo me hago manos) tirar más, según te hincaste en aqueste verde encanto. Vive Dios (Dafue) que entiendo que estabas borracha, cuando te entraste a laurel; hoy quedas al hasta ciento, y un año. Tira, que ya falta poco, cómo salida no salgo? que se me cuaja la sangre. Pues arráncote de cuajo. Que dirá Apolillo (aquel mozo casquilucio y vano, la botarga de los cielos, pues viste de colorado. Aquel pues, que en los amores o melindres de antañazo te seguía a puto el postre, y le huiste a puto el árbol por cáminos y jarales, paso, a paso, y tranco a tranco) si te ve? Diga lo que quisiere, cuando yo hago mi gusto: pues he de estar moza de anillo en un palo siempre, sin que haya co- metido ni haber sacado un delito? aqueso fuera tras esotro, apaleado. A más, que si del laurel dejé los honestos brazos, fue picada de un desprecio y de un desdén abrasado el pecho; que hasta en un tronco se pega lo despegado. Que a pesar de tantos versos como se anecho, y de tantos conceptos como se han dicho, sobre tu embeleco casto, hayas dejado el laurel, vagamundo de los campos, (que antes con tenerte a ti, se tenía harto trabajo) para que en la primer leva nos le lleven por soldado? buen pago le has dado cierto! Sabado; ya bueno, o malo, no más laurel en mi vida, del verde verdades saco. Y aún lo culto me parece, pues que juegas de vocablo. Pero que quidames este, que con flechas, y con arco cuadrillero de la legua y de peralbillo hermano. Espera. . Eso me previenes, cuando sabes que me llamo Sabado, nombre que puede esperar, Dafue, con cuanto pescador la caña empuña? Aqueste no es (caso extraño) Cupido? . Un algo le tira pero yérrale dos algos, para serlo en los vigotes que este es niño muy barbado; pero aúranle puesto viejo los años que a que es muchacho. Quieres que le llame? . Sí. A señor Dios, fondo en trasgo. señor deidad, ruin señor en la comida y el trato, pues le situen de vianda los corazones picados? Qué es lo que mandáis? decid? Digo que sirvo y no mando, y que mi señora os llama. El verme os habrá admirado. Y tanto, tanto me admira, que me admira muchos tantos. Sois Dafne? . Si soy, Cupido. Digo que Dafnes son diablos como bolos, y que estoy ya por no ignorarrabiando la ocasión, o causa porque así os habéis desojado. Pues escuchadme. . Será con mi atención lo callado un chismoso, y lo silencio pregonero de tres altos. El natural de las hembras es tan lo de arriba a bajo, que solo con la contraria tal vez se le encuentra el vado. Yo pues hembra, como todas, que de pencas no me hago, por no salir de un laurel para ir a entrar en un cardo. Reconociendo que Apolo por mí el bose andaba echando, al paso que me adoraba, a ser tronco me fui a pasos. Desesperado su amor con verme tan verde, al árbol se daba, y aún pienso que le tomaba y todo el diablo. En mis trece me quedé. catorce, o quince de ramos, y él se fue (qué vulgar cosa!) A dóndo? . A espulgar un galgo Dejome en fin para ser librería de los prados, donde hoja a hoja leían el Céfiro, el Noto y Austro. Yo (pieada de su estudio, o de estudiantes tan malos, que eran todos cosa de aire, mira tú que buenos cascos) traté de dejar aquella verde estancia, para lauro de aceltunas Sevillanas, o escabeche de lenguados. Avivó a este picadillo, (sin ser jígote, o guisado) ciertos desprecios de Apolo, que me hiua ya olvidando. Resolvime (soy mujer, con esto, os he dicho harto, si es que hambriento no os lo he dicho, que el amor ayuna a ratos) Y para poder salir de aquel entedo de palos, a Sabado, un criado mío, que es aquese que veis, llamo; y en fin para dar fin ya a mi verde historia, arranco mi persona de raiz, pies, cabeza, cuerpo, y brazos. Esto es al cuanto no ser laurel; pues oye ahora al cuanto de estar siendo cera el pecho por el mismo a quien fue mármol. De aquel verde purgatorio el desdén dejo colgado, ya solo el cariño empuño ya solo el amor embrazo. Amante de Apolo soy, aunque al mundo cause espanto que tan dulce se haya vuelto de mis despegos el agrío. Y así, Cupido, pues eres quien tiene el palo y el mando de las voluntades todas, haz que merezca sus rayos. Dafne, no se que te diga, porque vienes a tan raro tiempo, que pienso que no has de tener buen despacho. Cómo no, cuándo le adoro? Pues por ese mismo caso: pienso, Dafne, que en el verde se quedó tu ingenio en blanco según preguntas; a más de que tiene un embarazo terrible tu pretensión. Y es? . qué Apolo en lindo ha dado mira en solo una palabra cuantos males te relato; pues en mi opinión un lindo es tan horrible contagio que puede apostar a peste con el año del catarro. Solo Juno (cierta moza, que le sirve de estropajo, porque es quien le limpia) es la que le merece algún tanto. No prosigas, que me has muerto, cierra el riguroso labio por quien estoy ya de azul si hasta aquí de verde he estado. Cupido, esta empresa es tuya, no ai sino animo y al arco; que conquistar este lindo espero en fe de tu amparo. Háblale tú de mi parte, y dile como me enfrasco aser candelero de sus luces. . Deja a mi cargo Dafne aquesa diligencia, que yo lo haré, a fe de hidalgo, y por el arco que tengo que es como decir el ábito. Cupido, a Dios, y a lo dicho. Pues Dafne, a diós, y a lo hablado Pues Sabado, a hacer morcillas, o a picar panzas al rastro Qué te sangraste? valiente as andado. . Y con razón te causara admiración si la de coral corriente visto hubieras doña Juno, desperdiciando sutil los granates mil a mil, los claveles uno a uno. Y que el amor lisonjero, entre uno, y otro embarazo, su venda para mi brazo le prestó al feliz barbero. Y que allí su hierro agudo con recelos, y temores, pudo sacarme colores, pero picarme no pudo. De tu belleza quien duda esa, y cualquier maravilla? pues yo se quien cierta obrilla tiene al asunto, no aguda, más razonable. . Di pues, que no inoro que habrá sido, su autor tu ingenio lucido. Pues lo mandas esta es. Hoy breve punta cruel desata en rojo raudal por montañas de cristal, tanto animado clavel: a su impulso más infiel incienso ofrece mi ardor, pues si ejecuto el rigor de su tiranía en ti, también tu veneno en mí abrió puertas al dolor. A tan desigual corriente hoy apuestan por despojos los raudales de mis ojos, río a río, y fuente a fuente: este que informa torrente el rojo humor, que venero, antes le previne acero, mas ya acero, y homicida, pues ocasiono su herida el achaque con que muero. Buenas las décimas son, su estilo no admile igual; mas a tan belloraudal son rasgo, no adulación: porque si el jazmín miraras del brazo correr corales, pienso, Juno, que a mis males todos tus bienes trocaras. Qué hermoso soy? cierto amiga que es descuido, aún más que grande que mi perfección no ande con tejoncillo y con higa. Todo lo pienso comprar antes que pase mañana. Tu amor en ello es quien gana porque me pueden a ojar. e Señor cierta tapada, que aún antes de sudar viene arropada, dice que hablarte quiere. y que por cuenta tuya vive, y muere. Hase errado en la cuenta, por mi vida, que nunca he dado cédulas de vida, y en cuanto a lo de hablarme, nin dile que no hay lugar. . Disimularme quieres aquí negándole la puerta, de cólera estoy tuerta, que a la tal no conoces? pesa, al dolor de celos tan atroces, Juno, si no es mentira cuanto tu corazón siente y admira, no tenga dicha en nada y si a la tienda fuere por pomada, no la halle de Valencia; y si riño, se me aje en la pendencia, con ser lo que más quiero, el copete, guedejas, y sombrero. No tenéis que cansaros, yo trairé un guardasol para guardaros. Advertid. . Yo he de entrar aunque le pese Hola, qué ruido es ese? Aquesta dama, que sin más se ha entrado. Pues, si se entró sin más, sola habrá entrado. De mi amor y mis celos estos los dueños son, paciencia cielos, si es que cabe paciencia en quien su agravio tiene en su presencia. Quién sois, Señora, que sin reparar más en mi fama. poco atenta en mi retrete os habéis puesto de patas, Cuando hay vecino que a un lince da dos vistas de ventaja a todo mirar, y aunque a todo mirar le gana. Si estáis picada por mí, y traéis gígote el alma: yo no como bien gigotes de otra manera guisalda. Oir esto, y durar mi vida, es, sin duda que las parcas en vez del estambre flojo la hilaron de hilo de cartas. Respondéd mepues, sois muda? No soy muda, si mudanca. . Yo soy la quebeis. . Qué miro! o la vista me hace trampas, o esta es Dafne: mas aquesto es juzgarlo por las ramas, como andar; pero ella es pues Dafuel Dafne que causa te ha sacado de adonde eras ramera aunque casta? La de verme árbol sin fruto, y verde sin esperanza, y el quererte a ti, que eres como un sol. . Óyeme, dama, acorte aquí de requiebros, si no quiere requebrada sacar la cabeza, que resoy y aquesto rebasta. Muchas erres tiene Reina, a que respondo, que errada debe de ser, pues las tiene. Pues dígame, tan mulata le he parecido, señora? Oh cómo es materia lasa! sin ser mulata no puede. no, ser buena y ser. . que. . Mala Mala yo? viven los cielos, que nunca he estado más sana, y que soy. . Quedo, qué es esto? advertid Ninfas urracas, que antes que todo es mi honor, y el crédito de mi casa. Porque voces a la puerta de un lindo, son como espadas, y aún peores vez y media a la puerta de una dama: y dos al instante, y dos Adónde, di. . A picar panzas. Poco de panzas, que hay aquí quien pueda guardarlas. Pues quién sois, que eso decís? Yo? Sabado. Do el nombre os basta, hombre sois de poco pecho. Nunca he pagado alcábala. Y vos? . Domingo. . Será fiesta oiros. . Tengo gracia: ordinariamente andamos juntos todas las semanas. que aquesto escucho de quien . llena de amorosas ansias me vio correr algún día, aunque no me vio picada! Señor, Cupido (aquel Dios que con ser nieto del agua, como si fuese del vino; a las gentes emborracha) quiere verte. Apos entre en buenhora el casamentero de almas tal vez, y tal vez el que las dinorcia, o las descasa. Quiero cubrirme, por ver (. si me cumple la palabra de hablar a este ingrato: amor buena (me corres y paras. Seor Cupido, como va de pescas enamoradas? Antes era pescador de red; ya lo soy de caña. No hay un amor en el mundo, ni una voluntad se halla, nadie quiere bien a nadie; con lo cual se está mi aljaba flecha sobre flecha. . Ay tal! todo el tiempo lo baraja. Y ahora, que viento ha sido el que le ha echado a esta casa? ofrécese en que le sirva? ha menester algo? . Tanta merced, seor Apolo? estimo en el cuerpo, y en el alma, y en todas las partes, que fuere posible estimarla. Lo que vengo a suplicaros es, que Dafne (esa muchacha esa, que sin ser su alcurnia, se apellidó Valderrama) se acomodase, si gustas, en tu pecho, o en tu espalda en la plaza que quisieres, haciéndole a su amor praza, sirviéndote de tu moza de servicio, o de soldada. De su respuesta pendiente (. tengo toda mi esperanza. Señor Cupido, yo he dado en quitarme de las damas con tanto extremo, que soy mas para casto, que casta. Fuera de esto, esa mozuela me canso hasta las entrañas cuando yo corrí Tarquino, y ella Lucrecia volaba. Yo no tengo más mujer que a Juno, y esa no es para lo que vos podéis pensar, sino para hacerme randas, tomarme puntos a medias, cuidar de mi ropa blanca, aderezar mis balonas, y ponerme hasta la pasa: y esto con aquel recato debido. . Miren la mandría; . por un calvo que es más hembra que las que se hacen preñadas. Pues esto oigo, y no reviento? . poco me aprieta la rabia. Esta es mi resolución, y venid, que dos palabras, o tres tengo que deciros a solas. . Sigo tus plantas. . Oh como queda la tal, y la cual! si no se arañan esta vez, no han de arañarse las fruteras cuando travan batalla naval por los navos que en ella se gastan, Domingo? . qué decís? .Qu hagamos la retirada, mientras que aquestas señoras dan la celosa batalla. Yo haré lo que más gustare, y él sus mondongos haga. . Qué dese la Dafne, entiende? para ser libro de caja, que no merecen sus ojas quedarse para otro para. . Esto si cielos, en mí todos vuestros rayos caigan, pues ya no hay laurel que impida lo vio ento de sus llamas, Buena he quedado, dónde está el laurel? Mas pues ya mi fortuna está en un fil, No puede ser peor, ni ser más vil, Después que desasí los brazos de él. Apolo me ha mirado con zumbel, Porque ya en la lindeza es un don Gil, Ya más quiero alumbrarme concandil, Que a la luz de sus rayos ser Luzbel. Hame abrasado sin echarme cal, Que más cal que la luz de su farol? Mas aunque salte ichasque como sal. No he de dejar decir que quiero al sol, Que no ha de sucederme todo mal, Pues hay lechugas entre col, y col. , Marte, yo quiero Apolo, yo le adoro, e Juno (que es tu mujer) con él se abraza; eres, Marte, valiente como un toro cuando furioso corre por la plaza: mas quiero del de Delo aquel tesoro. que esa fiereza que tu rostro embraza; y así procura no cansarme en todo, que me acometes de diverso modo. El picón que me das, no me a cogido, como suelen decir (Palas) de susto, como de esos valientes habra habido, que reciban dos puntas por su gusto: las que yo recebí, no me han herido, mas si tu amor no pasa a lo que es justo, yo haré (Palas) por Marte, que me quieras. Espera, aguarda, díceslo de verás? Esp Pero una mujer allí penosamente suspensa, ni se concede al consuelo, ni a la suspensión se niega. Pero no es aquella Palas, cuya inquietud manifiesta, sino penas que la afligen, cuidados que la atormentan. Mas yo la digo mi agravio. Yo la refiero mi pena. Yo mi cuidado la explico. Yo la advierto mis ofensas. Para que esta fe se imprima. Para que se esculpa aquesta. Llama en tan helado pecho. Rayo en tan rebelde esserá Ninfa gentil, cuya beldad pudiera prestar luz a la esfera del planeta argentado, cuando el Cenir barrena duplicado de animados fulgores, informando planetas sus ardores. Palas, deidad más bella, animado esplendor, solida estrella del más omnipotente progenitor ambiante succesiva flamante del planeta mayor del cielo Atlante, de un desdén ultrajada, si no a su diente venenoso ajada, bastardamente herida, id que dos enés. de un desprecio obligada y ofendida. equivoca mi suerte, mi pena escucha, mi tormento advierte, porque mujer que llega a un cobarde galán, y nocia ruega, bien merece le paguen sus ardores. con injurias, desprecios y rigores. Tu desdicha me cuenta, mientras que el alma atenta al forzoso remedio, busque fin a tu mal, a tu amor medio. Di acaba. . Ya prosigo. Tesalia, región valiente, a quien cerca Macedonia. por él un lado, y por otro la dilatada Beoncia. Perrehe, antigua, según varios Poetas la nombran; y según otros también Ásica felizo Emonia. En quien soberbios se erigen gigantes, Olimpo, y Hosa tan arrevidos, que escalan esas lucidas antorchas. Cuyas cerbices se atreven a coronar de la heroica luz, que en ese cuarto asiento vive eterna, y nace hermosa. Por estos, pues, divertida entre acantos y amapolas, entre espadañas y lirios, entre acucenas irosas. Desata en tersos cristales. sacra corriente, a quien horlan álamos blancos a trechos negros perales a tropas. De las raíces del pindo grande atalaya del Boreas, supremo escollo del viento, pujante asombro de Etolía. Este, Palas, es Peneo a quien la volante trompa entre los cinco prepara anticipada corona. Este es mi padre, de quien divinas me heredo glorias, cuya nobleza compite con sus cristalinas ondas. Mucho cristal a su imperio el Ganje el Tigris, y el Bolga ministran rendidos, y el que pasa por Pabilonia. Ya pues, que padre y nobleza, hechos y patrias no ignoras, oye el más liniestro caso que ejeplo amedrenta historias. Porque el lamento, el prodigio, o la acción más lastimosa, si mancha embaraza un libro, tormento al que estudia informa. Mi nombre es Dafne (ay de mí!) expuesta a tanta cozobra, que parece se anegaron en mí las desdichas todas. Sino que tomando puerto en el corazón gloriosas, se entraron por mí las penas como por su casa propia. Tanto, que para explicarme tantos suspiros me ahogan, que las razones se hielan en el umbral de la boca. Que una hermosura se estime vaya con Dios, que animosa se oponga rebelde a cuantos amantes su amor le otorgan. Que venda al uno desprecios, y que al otro con lisonjas engañe, sin que a su imperio nunca atrevidos se opongan. Que en premio de estos despegos examine la tal Diosa desprecios que la persiguen, y celos que la baldonan; no hay que espantar, que es efecto que de aquella causa propia procede, como del trueno nace el rayo que se aborta. Mas yo, que al tormento expuesta examino en tan notorias penas el decreto, que los sacros Dioses blasonan. Que porque Apolo intentase, soborbado de sus glorias, privar de carcaxy flechas al Dios que venera Troya. Que por redimir aquesta sino estorsión, deshonra Cupido un Dios tan menique, que aún lo menique le sobra. Padezco yo (qué desdicha!) siempre expuesta, siempre pronta a los llantos que me anegan, a las penas que me ahogan. Qué violentando mi estrella el que todo lo viola, el Sol se viste de incendios, a mí de olvidos me adorna. Con cuya acción vengativo, banderá al aire tremola, dejando sujeto a mí el que esos cielos adorna. Innoble a sus pensamientos, imposible a sus congojas el sol me sigue brillante, el sol deidad me enamora. Él sol estrella me emprende, el sol me persigue heroica, Diana de estos contornos, Venus sacra de estas fosas. Mas como el aborrecerle era violencia forzosa, si no del hado inviolable, deidad que no se nombra. Así me huya remisa, así me escondia sorda, a tantos volcanes nieve, a tantos combates roca. Hasta que un día (gran lance) cuando las purpúreas horas aún no del todo heredaban sacras porciones de a jofar, En la margen del Peneo, mi padre peinaba en conchas de cristales hilo a hilo aquesta madeja intonsa. Cuyas divididas hebras al astro destino asombran, a cuyos rayos depende aquel que por ellos llora. Estando pues, divertida, (o nunca, amen vagarosa me concediera al descuido, cuando el cuidado me importa) Estando pues (trance fuerte! aquí mis desdichas todas, o me apuren, o me irriten, o me ahoguen cautelosas) El Dios a hablarme comienza en tan soberano idioma. que lograra el Dios su dicha a ser entonces ahora. Porque aunque le aborrecía por causas segundas toda, todabía me alegraban las finezas, las lisonjas. Porque no se que se tienen las locuras amorosas, que halagan las voluntades, y cautivan las personas. En fin, esquiva, o turbada, afligida, triste, o loca, viendo que el lance es pesado, traté de escurrir la bola. Siendo hacícate los miedos, siendo espuelas las congojas; rayo animado corrí esas campañas montosas. Mas aunque (oh suerte cruel!) hice cuanto a mujer toca, no pasaron de mujer mis velocidades todas. Porque el Dios, que en su epicielo le sacudió la discordia, como trisulco que impele, tonante deidad sonora. Así cumbres igualaba. así media la herbosa subida esfera del valle, fragante vulgo de rosas. Cuando yo en el rando vuelo pensé me igualaba sola, el Sol vencedor me hizo jurar de humana persona. Viéndome pues en las manos de la ocasión más forzosa, imploré el mayor remedio, si le alcanza quien le implora ne dos palabras, Al mundo, a mi padre, al cielo, a las deidades, que adornan, ese ejército de lumbres, este páramo de sombras, socorro alternaba, cuando luego me anunciaron ojas de verde laurel, mi nueva fortuna en segunda forma. Vista laurel mi hermosura, y vista cortezas toscas mi rara beldad, el Sol llamó a juicio, y dejola. Fuese, y dejome en el campo hecha atalaya frondosa de las iras de sus rayos, mas nunca avaros me tocan. Viéndome pues olvidada, o aborrecida por otra, juré de mujer, quitando me de laurel la maárlota. Troqué los campos agrestes a ciudades populosas, y los árboles también los dejé por las personas, Mas viendo (ay de mí) que Apolo con Juno parte sus tortas, y que no hay entre los dos tan sola una cosa propia; hablarle en mi amor traté, encaminando mis cosas por la humildad, que es el lazo con que se pescan las bogas. Mas, cielos, quién tal creyera! me respondió de tal forma, que aún el modillo me está acusando una peleona. Señora Dafne (me dijo) ya para mí aquesas cosas acabaron, por que yo soy lindo, y no hay quien me coma n M Bueno estuviera por cierto, que aquesta flamante pompa se abatiera a una mujer, que ayer enramaba chozas. Bueno fuera, que este garbo me lo ajaras tú, y que tosca (al intentar abrazarme) me torcieras la balona, Mas, señora Dafne, estimo tener un palo seis horas en la mía, que tener del cielo la mejor boca. Esto supuesto, mi Dafne, luego al momento, a la hora se ausente vuesa merced de mi casa, y mi persona. Aquesto, y mil cosas más, en mal confitada prosa, sorbiendo jaleas me dijo este galán melcocha. Esto siento, aquesto imprime en esta vivaz memoria el esmétil del desprecio, el buril de la ponzoña. Aquesto, Palas, me rinde, aquesto avasalla todas cuantas potencias incluye este rayo, que se aborta de las esferas del pecho, cuyo estámpido rimbomba ruidosamente sonante allá en las calientes zonas. Aquesto, Palas, te pido, aquesto sacra Belona humilde a tus plantas ruega quien con tus plantas se honra Que me animes, que me aindes, que me ampares, me socorras contra un traidor aleve, que mi opinión deroga, que mi beldad menosprecia, que mis altiveces postra, que lindo a fuer de cobarde aún a los cielos minora. Ansi gloriosa sucedas en la Monarquía heroica del gran Júpiter tu padre, rayo a quien todo se postra. Enpuña tu lanza, Palas, embraza escudo Belona, sienta el bote de tu pica todo el cielo si te enoja. Grande amor! notable incendio es Dafne hermosa el que sientes, y mucha mayor templanza es la del que te aborrece. Yo vengaré tus agravios, yo haré que gima ardiente en racionales volcanes tanto desprecio rebelde. Yo haré que de tus pechos herede un amor, que altere confusamente abrazados sus más ocultos retretes. Eso, Minerva, me importa. Esto a tu amor, conviene. Aqueso mismo procuro. aquesto propio te advierten mis abrasados sentidos Contra Apolo aunque se altere. Contra luno, y contra cuantos. Menguar procuran aleves, sino tu esplendor, tus dichas, Y qué ultrajarme pretenden!
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Dafhne (señor) aquella, con quien tuvo tu amor tan mala estrella, aún siendo Sol, cuando quisiste dalle su ajo, y que pico sin esperarle; ya desensanreada y arrepentida ya de ser honrada, mirando que perdía estando en él, un verde cada día, aqueste me dio para que te le diese a ti. . Para, y repara vergante en mis recatos, soy lindo a caso yo de aquesos tratos? que ha visto en mí esa moza sin juicio para enviarme un papel tan en perjuicio de mi honor y decoro. (oro. Yo lo diré. . Di pues. . Ser como un En fin ella te quiere de suerte, que por ti (señor) se muere. Quiérame en hora buena, o nora mala, que bien hay que querer en esta gala: aún eso pase, yo se lo permito, mas no quiera quererme por escrito. A mí, que proto lindo de lindura, sin aceptar razón toda hermosura, brindo; dime se atreve una mozuela por quien mi voluntad se calzó espuela; cuando en su seguimiento a malas noches se quedó mi intento; ya aún no admito muchachas como un Sol, que por este se hacen gachas. La más hermosa pene. que aunque el ojo le llene esta lindeza superior a todas, verá su muerte, pero no sus bodas. Yo admitir un papel? qué lindo es eso edon M para un lindo profeso! hay tales desenvoltura? Dueño te quiere hacer de su hermosura. Que más quieres, señor, goza su fruto, o entenderé. . Di, que . que has dado en puto. A una mujer desechas, que es hermosa, y hermosa a las derechas: enternécete mármol de lindura a la red barredera de hermosura, que lo es Dafne por Cristo. En vano mi furor, cielos resisto. Pues cómo, di, villano. vil tercero liviano, y en fin lividinoso, delante de mi rostro siempre hermoso te atreves a decir cosas tan feas? primero que en mi gracia ya te veas por tan gran desacato, verás muy entendido a un mentecato. El papel a su dueño vuelve al instante, y dile que el empeño excuse en que se ofusca, si es que a caso no busca su perdición, y quédare advirtiendo que el dejarte con vida, es que temiendo estoy que no se me ajen estas vueltas, que si no yo te diera lindas vueltas. Digo. . Que no digáis, es lo que quiero, que me abochorna un digo majadero. . Dejome el Sol a la luna de este papel, cuya estrella es tal, que aún siendo tan linda su ocasión, no llegó en buena. Con un verde y otro verde una esperanca le niega su suerte a Dafne, porque tiene suerte de discreta. Mejor que no su persona darle su verde pudiera, que un lindo mejor merece, un verde que no una perla. Pasos siento, esconder quiero el papel aunque parezca el mi Domingo esta vez en guardarley yo lo sea (. Señor Rey chico de embustes en la más granada empresa, y Dios, que cabe en cualquier parte, por ser de apaleta. Señor páluela del gusto, y no como otras pajuela, pues todas encienden cuando dan luz, y él si enciende, ciega. Señor tuerto, y con razón, porque bien no pareciera, que no le hicieran un tuerto a quien tantos hace; sepa que tenemos mal despacho. En eso paró tu atenga, cuando entendí que dijeses: ya Apolo acetó la letra, ya el lindo (matriculado en afeitadas escuelas, en cuyos cursos se aprende facultad de gola, y vueltas) a Dafue se quiere dar; solo me das malas nuevas que llamándote Domingo nombre que en todos es fiesta, seas mi pesar; o pesí a mi arco, o mi ballesta, pues como admitir no quiso el papel? . Mucho me aprietas y si reviento, será por parte que bien no huela. Como preguntas, y es como. que me das de dos maneras, uno en preguntar, que es como, que vale por comos treinta; y otro en el pues cómo, que es como como sobre apuesta. Tiene Domingo razón, aunque de guardar no sea, que en este tiempo aún en un Domingo no se celebra. Pues quien le mete al sustento de toda gente plebeya, en dibujos, que no ha de labrar, harto mejor fuera: id, que dos palabras, al revés, irse a sí mismo a sacar tripas como al rastro. . Ea seor Domingo, bueno está, excuse aquí la pendencia y el hablarme gordo; pues le hablo menudo por fuerza. Yo excusaré lo que a mí me pareciere, y no tenga tantas retóricas, que le haré romancista. . Esta no es parte Domingo para armar ruidos, ni canteras. pero qué rumor es este? Si no me mienten las señas, parece Dafne que viene siguiendo al todo lindeza. Pues escondámonos donde veamos, sin que nos vean, a Apolo tieso que tieso, y a Dafne tierna que tierna. Vamos: o vueltas del mundo! quien pensara, quien dijera, que Dafne siguiese al Sol, mas es el Sol todo vueltas. . Dafne, en verde te quedaste cuando quisiste ser necia, y ahora que del saliste, en blanco Dafne te quedas. Escúchame por quien eres. y perdona si te digo mi amor entre sequedades, que todo Sol causa Estío. Cómo escucharte? primero verás que un río de anillo, como es Manzanares, se sorbe del mar los abismos. Primero tendrá una dueña milagros sin basiliscos, primero verás que un necio deja de ser presumido. Primero verás que no alcanza un cuarto un Judio, y que se coma las manos por comerse dos tocinos: Y que dejen de alcanzar los cuartos en este siglo cuanto quisieren, primero que te escuche. . Vive Cristo que estaba por darle con aquestos dos veces cinco. Pero amor disimulemos, porque en mostrándole bríos, menos le podré alcanzar, pues se pondrá tamañito. Pues como (di ingrato amante) corresponde a mis servicios tan mal tu fe, que parece que le huelen a lo mismo. Cuando por tu causa sola ̱̱Excusa priesa tan salí de mi verde sitio, mas no de habérmele dado en él, pues fue mi cuchillo. Tú con Cartujo recato, y con mirar Capuchino, y con más melindres, que una dama a lo novicio; aún responderme no quieres? Dafne, porque no me estimo de hablar con mujer, que tuvo más ojas, que no el archivo de Simancas; y porque no es mi gusto harto te he dicho, si me quieres entender; proveate el Dios Cupido, que no tengo un sus de gaita que dar, porque me ha cogido Juno la mía, y la toca mejor casi que un Corito. p de repente te vas? más que me espanta si eres padre de coplas, y como en ellas, en los pies te soplas? En detenerte tu opinión pretendo, pues si te vas así, te vas corriendo. Fuese, y fuese con Juno, no iguala a mi dolor dolor ninguno: o quien ahora fuera quita sol, por quitársele si quiera! Ahita estoy de celos, y no puedo trocarlos sin que Apolo meta el dedo: o plegue a Dios ingrato, pues que te vas sin darle de barato una oreja a mis voces, que ni goces a Juno, ni te goce! y que cuando te pongas la balona, el copete descompongas. Como un puño es mi enojo, voy a aleanzarle, aunon Dafne, a dónde tan de priesa? Cúpido, a tomar el Sol. Antes que a tomarle, a que te admira, sospecho yo. Como te va con Apolo, y te viene con amor? de las Indias de este lindo eres Cortes, o Colón? Qué hay de nuevo, no me hablas? juras de mujer dé Lot? No juro de nada, porque se paga hasta el jurar hoy. Ay. Cupido, yo estoy muerta. De qué? . De estar viva yo, que oir un desprecio grande y no morirse, en rigor, es cumplir con la lasud, mas no con la obligación. Tienes más razones que brindis un borracho. . A vos quién os mete en eso. . Esotro no puede ser metedor, como no sea en perjuicio de barras cualquiera? . No, que metedor, y pañal una misma cosa son, y cosa que nunca ha olido bien a nadie. . Pues, señor, hijo de una panza, si no es hijo a caso de dos, sobre que parde cabezas, de manos, sobre que non de mondongo, se nos mete cómo de hoz y de coz? No respondo porque nunca me precié de respondón, y porque no estorbe al sí- e me cueste unojo. lencio de mi ama mi voz. Cupido. . qué quieres, Dafne? Escúchame, y sabras lo. Pues dime, que ya te escucho, Pues ya va de relación. No ignoras como dejé la habitación de aquel tronco, porque mi gusto en sus ramas estaba como en el rollo. No lo ignoro, y se también, que andas tras saber de Apolo, si es hombre, o mujer; es esto? Sí, digo que eres demonio. En fin como yo le quiero, (esto para entre nosotros) quisiera que me quisiera, y el me quiere de otro modo, De tu ayuda necesito, tu ayuda, Cúpido, invoco para dar del cuerpo en el de estelindo, enjerto en tonto. Hazle que estudie en mi libro, y que pase solió a solio estas que en ojas se vieron, y que ya se ven enojos. Lágrimas son de pesar cuantas doy al suelo, y solo te pido des modo para que tenga conmigo modo. Dafne, vete a recoger, que ya son las cuatro y ocho, y en tu negocio ve cierta que voy a hacer tu negocio. Porque me la das, Cupido; esa palabra te tomo. Oh si todas las mujeres tomasen! . qué, di? . Lo propio Cupido, para los hombres era fuerza ser a horro. Dafne, y para las mujeres, que era fuerza ser? . Qué? como, Ea, Cupido, a Dios y manos a lo dicho. . Eso es forzoso, pues queda conmigo cuando menos un Sabado todo. Mátase Dafne porque no le da el Sol Junto al lugar que el Sol no ve, rabia la pobre, y dícele que ce, y él no responde a su dolor que ha. Su pan bendito en mi buscando va, cuando yo saludarla no podré; que es lindo el Sol, si boquirrubio fue, y si antes la siguió, récula ya. Si Dafne al Sol un tiempo despreció cuando en ella desdenes escribí, el plomo de mis flechas la regló. A plomo en sus afectos me caí, pero si a oro me cayera yo, como en la voluntad estaba el sí. . Buenos habemos quedado. Pues no hemos quedado buenos, y miente. Tiene razón, y digo que soy un puereo. Señor Domingo, está bien. No si mal, y es un grosero. Esa es falta que me coge cuando mucho, todo el cuerpo, Sabe qué saber quisiera? No pero dígalo, y luego se lo diré, como sea cosa que yo sepa. . Acepto. Mi pregunta es, saber porque le llaman Sabado, siendo día más que de guardar, de aguardar; y que sabemos, que si le guardan algunos, son algunos pasteleros, y estos a no poder más, con ser a no poder menos. A preguntado como una persona; y responder pienso, si me escucha. Digo que le escucho. . Pues va de cuento Sabrá, que tuve una madre, que fue gran mujer de aquesto que llaman adevinar, mas no por cámino bueno. Murió la pobre en su oficio, aunque murió como un Hector, pues echaba chispas cuando estaba echada en el fuego, Esta pues, que fue tenida por archivo de embelecos. muy tenida por sus cosas, y aún muy mantenida entiendo. Ocupada en vaticinios, quiso saber lo que el cielo le chismeaba en la estrella de mi zordo nacimiento. Súpolo, mas por su mal, tanto que supo en saberlo, que nacia destinado a ser galán aquí es ello; no se como te lo diga, mas pues no puede ser menos, dírelo como pudiere, que aunque tanto lo encarezco, no es sino una menudencia, y un emplearse mi afecto en gente de sangre; saca tú por el rastro el concepto: Es ser galán de mondongas mi estrella y mi nacimiento, cayó en él mes de mi madre, pues me ensangrentó el deseo. Mas aunque el mal adelanto, muy atrasado le dejo, pues desde el vientre nací con tan desdichado agüero. Mi madre entonces, que no se dormía en los enredos, rastreando las desdichas, de signo tan carnicero, previno que me llamasen Sabado, queriendo en esto remediar en parte lo que en todo está sin remedio. Porque persuadida a que el Sabado es vivo ejemplo de las mondongas, y yo nací a galán perpetuo suyo, quiso confrontar mi nombre con mi tormento. También sin esta razón; o sin razón, lo más cierto fue, porque el Sabado es fiesta, que guardan aquellos que esperan tanto, que esperan a Cristo, y con ser tan bueno lo que esperan, les condena su esperanza a los infiernos. Por lo cual quiso tuviese de los tales un remedo. para poder esperar en palacio, aquel eterno querer, sin que pueda un hombre querer para parecerlo; y aquel mirar en quien solo se había de ocupar un necio, y un capón, porque en los dos ni palabras ay, ni hechos. Esta pues Domingo, fue la causa porque me dieron Sabado por nombre, y este de mi parola él laus Deo. Ya me tenía hasta aquí su relación, y ya quiero que me destenga, y que sa que esa del lado al momento. Ahora sin más ni más sale Domingo con eso? escuselo si es posible. Ea pongámela en cueros. Pues en que pecó mi espada para sera dónde hierro? Peque, o no peque, esta vez la ha de sacar. . Obedezco, pero de tan mala gana que no lo creerá. . Si creo, aunque me espanta, que no sea hombre muy de hecho quien lo es de tantas manos. Qué importa, si de carnero son y de oveja; con que no me aprovechan un bledo? Fuera de que no es lo dicho para no reñir el riesgo mayor. . Pues qué eslo que teme? Pues que es lo que teme es bueno; no es para temer un hombre a quien guarda todo el pueblo? Gracia ha tenido, y por ella que no riña le concedo, con tal que se vaya al punto. Digo que el partido acepto, y que me voy como un rayo; aunque me voy como un hielo; que como el miedo es tan malo, es muy amigo de extremos. . Ya estaba rabiando por que se fuese este ignorante, para poder saber que será este papel de Dafne. Ser Domingo me disculpa lo curioso, porque nadie en Domingo deja de sacar sus curiosidades. Y así con este reparo en piezo a decerrajarle ya está abierto, leer le quiero, y saber que dice. Grande es el pesar de unos celos, no se quien pueda tragarle aunque tenga opilaciones, y tenga cuatro mil hambres. Pero no es este Domingo? A pasos me huele el aire, quiero esconderle. . Primero villano, que tal acabes de pensar, viven los cielos, que tengo yo de acabarte. Señora luno, yo estoy muy cabal, y así no trate de tomar ese trabajo, que será echarlo en la calle. Burlaste conmigo cuando tan llena estoy de coraje, que si me echan más, es fuerzao papel o demonio pase. qué se vierta, o se derrame? Digo que usted tiene mucha razón de encolerizarse, pero digo también, que no es razón que yo lo pague. Quién te dio aqueste papel? Señora, Diómele Dafne, y con esto para yi me vos licencia también dadme. . Que esta mózuela haya dado en ser gitasol constante del sol para que mis celos mas que sus rayos me abrasen. Y para que sea mi pecho un Etna con dos volcanes, tres monjivelos, y para otros muchos paraques. Pero mi cólera agora un poco de flema gaste, y asaber que dice aqueste Sol mío desde que saqué de raiz mis desdenes, ando echando la hiel por ser tú sola si bien con intentos de ser tu acompañada. Razón fuera pagarme amor tan justo con deseo más pecador, y no responderme al cabo de tanto tiempo, temprano y con sol. Si lo haces por la pasada esquivez, hagotesa. ber, que más que desdén fue favor; porque persuadida a la frialdad de mi pa dre, me convertí en árbol porque pudieses sacar algún fruto de mí. Todos dicen que me arrime a buen árbol; pero mi intento no fue que me cobijase buena sombra, si que me cubriese buen sol. Yo te adorn; y esto es tan cierto, que luego que supe que tus rayos no llegaban a ma laurel, le deje; porque quien bien quiere a Beltrán bien quiere a su can. Hay más larga desuergüenza! mucho será, si a esta infame el Sol no calienta o cubre, que en fin es bellaca y grande. Que mi valor y hermosura de esta mavera se ultrajen! sin duda, esta desollada el pellejo ha de costarme, Y Palas, cierta mozuela, que confiada en llamarse Palas, pretende que él sol tire con ella algún cabe. No permitas que le gocen Dios Cupido, aunque le hablen, haya dimes y diretes, mas no darés y tomares. Por qué das voces, Juno? Marte, por el dolor más importuno que pueden dar los cielos. Pues qué dolor te han dado? . Él de los ce los mira si es bien terrible. Pues hay más de llevarlos apacible, pues ves en mi paciencia que te consiente agravios de evidencia? No por celos te mates que matarse por celos, disparates son ya por vida mía, y el non plus ultra de la bobería. Eso dices? que mucho si marido a lo del tiempo, y aún a lo sufrido eres por ser de aquellos que no se corren por poder correllos: No quieres que me queje de que Apolo me deje por una picarona, que ayer se vio jurando de gorrona, y hoy renegando de laurel se mira? Calla Juno, que puede ser mentira. No hay mentiras aquí, verdad es Marte, que este papel (el alma se me parte) en sus manos tenía Domingo para el Sol, que se le envía aquella Dafne, aquella redomada. Pues por eso no más es asentada cosa el que el Sol la quiere? de eso no más infiere tu vocinglero amor la habrá admitido? poco lo que es un lindo han discurrido, tus sin causa, desuelos. Poco, o mucho, yo quiero tener celos, Bobao discreta sea yo quiero ver en Dafne si pelea como escribe papeles, que no me espantan montes de laureles, ni ejércitos de balas, ni que en su ayuda venga la tal Palas. Ande el paloteado, que a ellas les pesara de que haya andado; y tú quédate en fin para quien eres, que yo voy a buscar estas mujeres. Vete en buen hora madre, que yo me afuso encas de mi comadre; porque es en mi costumbre el no tomar por nada pesadumbre; y cuando más me enojo, con tres de atres la cólera remojo: y en fin como yo logre tragantona, ardan los celos hija y aún Vayona. Cielos, dos mujercillas tan soeces unos celos me dan como unas nueces, y en dichosos ardores pescar quieren un Sol como unas flores, y yo los sufro, cielos? pues dónde mi valor está y mis celos? a buscarlas voy hecha dardo con moño, y con enaguas flecha. Pues de todo ese trabajo. hoy quiere excusarte Palas, por lo que le toca a ella, y lo que a Dafne le canta. Y quiere también, que sí eres mujer hombre, salgas a darte con ella dos paloteados de Arganda. Quién eres mujer quien eres que entre dos luces el habla ni te aclaras a las verás, ni te anublas a las chanzas? Yo soy la que en el certamen de Paris perdió por zamba, como tú por ser bellosa, aquella rica manzana. Yo soy la Diosa valiente, la temerona, la guapa la que es Narnáez por la negra, y por la blanca Carranza. Y soy por decirlo todo de una vez, y en dos palabras, Palas; y a buscarte vengo para sacarte a campaña. Pues Palas de tu venida me pesa cierto en el alma, porque a mi cólera mucha le ha servido de natanja Pues Juno por vida de esa esfera tachonada, en quien las estrellas son terlos bullones de plata, que habemos de andar a eloques, porque en extremo me cansa que seas moza del Sol siendo vieja . Esa no es falta, porque las cosas más viejas son siempre las más tratadas. Pues por la hija de un río hombrecillo de dos de agua fierno del mundo, pues hace corriendo cuanto le mandan, que me dejase querías. Dafne, es muy buena muchacha, ya más de muchacha, es quien se ha visto laureada. Tú que tienes bueno? no eres quien celosa de una Vaca se hizo desastre, pues para vengarte la ojalás. Una cosa es venira desafiarme, oyes Palas, y otra cosa también es el no ser muy bien hablada. Y así para excusar estas sin guante o fuente demandas, yo las armas llevaré, tú el puesto y hora señala. Mi casa nombro por puesto, la hora señaláranla nuestras manos, pues iremos como relojes armadas. Y esto aunque tema, es volver por la razón, que me agravia ver a Dafne destruida, y verte Juno asolada. Por ti y por mis puños pienso ser asunto de más jacaras que piden en las comedias, y Antonia, y Rufina cantan. Ea, a callar y a obrar; porque de aquesta vez Palas se ha de ver la que se lleva como el gato el sol al agua. Eso digo yo en el campo, con las manos en la masa se sabrá quien es callejas, sin que lo averigue Vargas. Vamos, y agradece. . Que. Que se acaba la jornada.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Escúchame pues. . Seré Domingo la atención misma. Apolo el señor de Delfos, y dueño de cuantas brillan en esa campaña azul, luces de quien son bujias. El que por dorados rumbos, y por sendas cristalinas, vecino es de astros y signos, pues que tanto los registra. El que fue galán de Dafne tan corriendo, que imaginan muchos que no iba a agradarla, si a malas nuevas decirla. El Apolo pues, el que es lindo, y varón fondo en almibar, y de quien tira ración mi persona, y no la tira. Atento a que aquestas mozas su opinión desautorizan con públicos galanteos, y amor a censura vista. Manda que te avise Marte, que te prevenga y te diga, que esta tarde a ti y Cupido por árbitros jueces cira. Para el más extraño duelo y más extranjera riña, que han guardado archivos, o que han escrito Coronistas. Y es que Palas, hecha un diablo por Dafne, quiere hacer riza con Juno; y así animosa la reta, y la desafía. La condición de la gresca, es, que cierto tiempo riñan limitado; y si en el tal la pendencia queda ambigua, ninguna goce de Aposo, y él su pureza consiga siendo Ninfo, dedicado a su hermana doña Cintia. Esto es todo mi recado y esto sin pulla, o malicia, sin que le falte ni sobre cosa, ni grande ni chica. Por las buenas nuevas, que me has dado de que se inclina Juno mi mujer) a darse en tal circotal paliza; que le pueda costar si no su dinero su vida: esta sortija te doy. Yo la tomo, porque es linda cosa y gran destreza, Marte, el llevarse la sortija. Dime, esta Dafne, esta moza, esta dama, o esta Ninfa que causa que esgrima Juno, y por quien ya todo es grima. es muy hermosa? . Así, así. Mucho gustaré me digas sus partes. . Pues, si ha de ser, mi obediencia te la pinta. Aunque le cueste, Marte, algún desuelo, ella es una muchacha cuyo pelo es de color castaño, mas qué importa el color, cuando es tamaño? La frente, nunca he visto peor cosa, porque aunque blanca es, es espaciosa. las cejas son muy grandes y pobladas, mas a perder las echa lo arqueadas. los ojos negros, pero no lucidos, porque toda la vida andan rompidos: pues su boca es tan ruin, que avergonzada de estar junto a ella, está tan colorada: su mejilla enfadosa, que no dirán a Dios, si no que es rosa: la garganta, o aquello pordo bene, no es flaco, pero está como una nieve: el talle es espigado, pero es de cintura muy delgado: cortas las manos a diversos fines, mas tienen por diez dedos diez jazminos, descollada de cuerpo y de buen trato, mas échalo a perder su garabato: las colunas de todo este edificio tienen buen parecer, mas no artificio: el pie de los juanetes nunca es dueño, mas tiene una gran falta, que es pequeño. Sin esto, es entendida, mas sin esto, también no es presumida: ella pues, Marte en fin pintiparada es como está pintada. Pues, Domingo, considera. que si es así, que es bonita, y que es el Sol un llado mentecato, en no admitirla: Ella es como te lo cuento, lo demás por cuenta mía no corre. . Vamos Domingo. Tus plantas siguen las mías, ( Apolo si esta jornada consigue su autor, dedica dos comedias a tu templo de cera, y aún de inventiva. Dafne ya la ocasión se va acercando de vernos Juno y yo con los aceros en la palestra donde peleando de lenguas servirán los golpes fieros: ya Dafne, mi furor se está ensayando para que al envestirnos los primeros rayos, que desenvaine mi cuchilla, le hagan jurar de huevos en tortilla. Antes que ese farol que alumora el cielo, enferme en las campañas de Neptuno, a donde en piras de cristal hi hielo sepulta sus fulgores uno a uno: pienso (vive mi rabia y mi desuelo) hacer tantos pedazos a esta Juno, que aunque se halle en tal lance, si, presente el guarismo, el guarismo no los cuente. Por tu valor, gran Palas, hoy confío verme segunda vez con más lauteles que tuvo la primera el cuerpo mío, sirviéndole sus ramas de laureles. Espera Dafne en mi vasiente brío, y en los valientes filos y qrueles de esta que al sol desnuda da desmayos, porque aún matan sus rayos a sus rayos. Verte tan presto alegre, y vencedora, que no pasen dos horas de por medi por mi aliento tu suerte se mejora concluyendo un negocio sin remedio, y con esto con Dios te queda ahora, que voy a armarme. . El hado de algún medio a tanto horror. . Si hará, porque es el hado. palas? . Dafne un hombre muy honrado. . De esta vez espero a Apolo, y de aquesta vez espero decirle de amor a amor como de peapa mi incendio. Sepa este lindo de un golpe, aunque no de golpe recio, las finezas que me debe, los amores que le presto. Salga en voces dilatada esta pasión, que en mi pecho aprensador que le pica es a quien yo doy los hierros. Ya deje el laurel, y así ya es mi amor, amor y empeño, con lo cual si pierdo al sol, hoy a la luna me quedo. Pues Dafne, sepa la fama, alado clarín del viento, que segunda vez adquieres el laurel tuyo primero; Clicie seré de sus rayos, aunque examine desprecios en su condición, y en ella tenga una legión de suegros. No siempre el hado, no siempre ha de estar de hieles hecho, y cuando lo esté, mis manchas sacar con el hado pienso. Primero que se mitigue este ardor, en que me quemo, se verá el mundo sin guerras, y con paces el infierno. Mas si a caso no me engaña e norado. la vista, como el deseo, este es Apolo; parece que le ha llamado mi intento. Dafne es esta, y estoy solo, . mi hermosura correriesgo, quiero volverme. Detente, . que no te has de ir vive el cielo, sin que primero me escuches. Mi decoro está en aprieto; . digo que te escucharé como me hagas juramento de no tomarme una mano, y jugar a cepos quedos. Así lo juro. . Pues habla. Pues oye. . Pues va de cuento. Después que en el verde margen del siempre claro Peneo mi padre, cuyos cristales al cielo sitven de espejos, me viste (ay de mí) me amaste con tan nunca visto incendio, que con ser hielo a tus quejas, temblé a tus quejas cual hielo. Tu pena dijiste en llantos, tu mal repetiste en fuegos, siendo ardores duplicados los repetidos acentos. Bien pensarás que esta llama era fino amor (o cielos) cuantos se pagan del caso sin la evidencia del hecho. No amor, no era rayo no, que de alta venganza hambriento desde la esfera de un arco bajó a la esfera del pecho. Si tú al Dios faretrado, que siendo en las causas ciego, estrella le informa, que tenga vista en los efectos; con ilusiones alteras, o equivocas con pretextos, sobre que deponga el arco, o que someta el acero. Que mucho sí, que a tu impulso corresponde el Dios violento, pues no siempre a las deidades se han de guardar los respetos? Esto supuesto, no amor era el tuyo, si no exceso; porque amor extremo acaba, pero no comienza extremo. Viéndome pues compelida de tu loco desconsierto pues a vengativo arpón aún el sol se iguala al viento. Y viendo que con palabras no se aplacaba tu incendio, que es irremediable el daño cuando se ignora el remedio: Traté de huirme a tus iras, y de ausentarme a mis riesgos, pues aquel llora el peligro que no previno el consejo. Estos temores cobardes, estos presagios adversos de mi nacieron si antes de ajena causa nacieron. Porque si te aborrecía, era este aborrecimiento forzosa ley del destino, del hado esencial decreto, Luego según esto, como yo cariciosa a tu ruego, corresponderte podía cuando los hados violentos en mi castigos preparan, en mi multiplican ciegos rigores, que acá en el alma nacen llama; y mueren hielo. Mas viendo que para amarte era el remedio postrero buscar paces al cuidado, buscar treguas al incendio. Traté trasformarme en árbol, en quien sucesivo el tiempo con el buril de los días culpas borre, escriba aciertos, Mas como acá mis potencias unanimes resolvieron sino el lance más preciso, el más absoluto empeño. En quien ni tú, ni esos Astros, que en el claro pavimento rayan superiores luces, fragran animados fuegos, tienen potencia, ni alcanzan de algún mortal el concepto, pues el Sol no por deidad puede arbitrar los secretos, Pues a penetrarme tú el alma de este secreto, fuera muy cierto premiaras sino la pena el intento. Apenas pues con las ojas confundí tantos cabellos, y con cortezas me armé de tronco a tu injusto ruego, Cuando tú (o nunca el labio diera leves movimientos para pronunciar agravios el más desmayado aliento.) O nunca, amén, a la boca por los organos del pecho agravio en sí se exhalara, si no te naz en el centro. Pues quien pronuncia el agravio sin prevenir el remedio, o tiene poco de honrado, o tiene mucho de necio. Cuando tú, Apolo, tú, que vibras del cuarto cielo, rayos sacudes al orbe, nunca fijo, y siempre el mismo. Cuando mortal en tu olvido fuiste tan hombre, que puedo negarte el Dios, y afirmar; más perdona los excesos de mi loco amor, que en llamas se ventila desde el centro compelido del agravio, o violentado del peso, o del golpe que me aslige, de pesares y tormentos, pues si no llegara a amarte, no supiera lo que es esto. Esta es la primer fineza, este es el primero riesgo que por tu amor intente, juzga ahora si te quiero. Pues quien al principio da muestra con tales extremos, en las escuelas de amor muy bien puede ser maestro. Vista pues ojas, y vista tu mudanza en otro Reino, pues el negarte a mis ojos era para mí lo mismo: Ausente el laurel, me fui a buscarte, ingrato dueño; pues lo que un favor no alcanza, no lo alcanzará un imperio Hallete en fin (a rigores, como de parte del miedo cobardemente os pasáis para añadir más tormentos!) Hallete si, mas no como mis finezas prometieron, pues si ellos firme decían, yo mudanza experimento. En fin con Juno tan otro del que mis ojos te vieron; pero que mucho si de hombre tienes andado lo medio! Seguite pues envidiosa, o amante, si es lo mismo, porque para mí lo claro viene de sobra al concepto. Seguí tus rayos celosa seguí tus pasos violentos, sin que jamás alcanzara de tus rayos el remedio. Viéndome pues olvidada, por otro segundo empeño pedi socorro a mis ojos, a mi pena, a mis afectos. Que hay calidad de pesares en su esencia, y nacimiento, que negados al encanto suelen paliar el veneno. Cansada pues de los llantos, aflicciones, y tormentos, que si afligen es porque no acaban con el sujeto: A Palas deidad sagrada, en quien activos contemplo tantos repetidos rayos, tanto brillador incendio: expuse mi pena; y mis nunca colmados deseos, pues lo que esperanza anima, jamás colmados se vieron. Díjele mi amor con llantos, dije mi mal con anhelos, pues en un noble el suspiro as el agente más cierto, Mostrose afable a mis penas, reprimiendo mis afectos; al que es calidad en el grande amparar al que lo es menos. Toda se ofreció a mi ayuda, anteponiendo sus riesgos a mi amor, si suele un Dios siendo deidad padecerlos. Hablote en mí más injusto, desleal ingrato y fiero negaste mi amor y aún tú te negaste a ti mismo. Mas perdona, que el agravio me baraja los aciertos, pues quien pretende, no alcanza, si pretende por soberbio. Frustradas pues a mis ojos mis esperanzas y medios, tomé por remedio al fin irme al último remedio. Sabiendo pues, que ocupabas en castísimo silencio de las plantas y las flores el más fragante recreo; y sabiendo que en ti solo vive todo mi sosiego, y sabiendo que estas cosas quien las acierta, es su dueño. a hablarte vine de parte de mi amor cuyos incendios pasan plaza de volcanes allá en la región del viento. Esta. Apolo, es mi porfía, este el pesar, este el fuego, este el volcán, y la llama, este el rayo, aqueste el trueno, que sacudido del alma, que despegado del pecho, cruel me atormenta a giros, mortal me fulmina a truenos. Mira pues a estas finezas que me debes, y que alego; qué respondes? . Que soy lindo Dafne, y que tengo de serlo mientras que estas carnes fueren moradoras de estos huesos. Qué en aqueso te resuelves? En aquesto me resuelvo. Mi postema eres, pues que por resolverte me has muerto. Solo a tu duelo le queda Dafne, alivio en otro duelo: y así aprieta bien los puños (. si empuñar quieres mi cuerpo. Así ingrato me dejas, socobrando en los mares de mis quejas? o fortuna contraria solo constante en varia! Oh estrella rigurosa! de que sirve lo hermosa, si me falta la dicha, que es hija la beldad de la desdicha! Mas corazón cobarde, tan presto del dolor no hagáis alarde, que hoy el brazo de Palas valeroso de desdichado os puede hacer dichoso, Amor, consuelo alcanza, pues tu desesperar tiene esperanza: mi aliento, Palas, en tu aliento extrina, o vence a Juno, o no me dejes viva. Esta es la estacada, o circo donde la tal Juno, y Palas, la cual hoy, sin ser Lucrecias han de darse de las hastas. Aquí, Sabado, las Diosas tienen de verse las caras, y aún asir por los cabellos la ocasión, si es que se arañan. (to, Grantarde ha de ser. . Yo apues- que es tarde como una casa. Hoy se han de ver los porrazos por los ojos de la cara; y aunque tan caros han de darse solo por dos blancas. Domingo, que papel haces en aquesta mogiganga? En baraja de tal juego soy Sabado, el Rey de espadas; y aún Rey de todos los palos, pues he de ser el Rey de armas. Tú qué puesto has de tener? El que ocupare sin falta y sin chancear, yo tengo de pregonar de mi ama cierto papel cuya letra no de bellón ni de plata será, si no de redondo; de ligítima o bastarda. Pero ya los instrumentos belicos sueñan que rabrían; ya el clarín se desgañita, ya la caja se desgaja; que por esto remendado tantos a su parche llaman. Ya el nieto de las espumas entra, y sigue sus estampas el seor Marte, Dios tan bravo que parece de jarama. Ya el Planeta boquirrubio a cumplir las carabanas viene de lindo, que quiere serlindo al uso de Malta. Y ya la señora Dafne, más verde que su esperanza entra a ver si su fortuna se convierte, que es muy mala. Y ya finalmente, ya las dos Diosas Juno, y Palas llegan, para darle, y no, pienso que las buenas Pascuas. Ea, manos a los golpes, y mídanse las espadas partiéndoseles el sol, como es costubre. . No partan que por quererle yo entero es toda la zalagarda, Yo me hallo entero muy bien, y la costumbre se engaña si entiende otra cosa. . Es Aunque sea rueca, o alpa muy buenas están las ojas. Ninguna es mayor de marca, ni están como suelen otras muy de en par en par de vainas. Conlicencia de los Dioses. padrinos de aquesta cambra, antes que estas dos señoras se hagan rastillas, o rajas quiero leer esté cartel de doña Dafne mi ama, que también las Dafnes pueden tener don como las Ciaras, las yemas, o las Franciscas, las Aldonzas, o Constanzas. Lea muy en hora buena. Sea muy en hora mala porque se lea de todas maneras la tal libranza. Leo que son las dos razones de perilla, o de manzana. Dafne, atenta a que sus fuerzas están ya muy estragadas, por razón de haberse andado las tales de rama en rama, ha pedido, y suplicado a Palas Diosa del hampa, se salga por ella a esta riza telao escarchada. Mándame lo publicar, porque nadie ponga tacha en su honor, porque es del duelo quinta esencia de la fama. Todo eso es verdad tan pura, que no tiene gota de agua. Pregunto, hanse ya acabado todas las tracamundanas de las ceremonias? . Sí. Pues cardémonos la lana. No se carden Diosas mías, que esto todo ha sido chanza, que yo estimo a Dafne mucho. Tarde Apolo se declara. Yo me vuelvo a mi laurel, que no quiero andar a caza, mas de lindos, que es peor que andar a caza de gangas. Y ya te sigo, que no puedo ver los hombres mandrias. Señor Apolo, estas cosas las hace la suerte abara; quédese con Dios, que yo volveré a verlo mañana. Marte, fenézcanse cuentos y seamos camaradas, porque se quede el seor Sol a la luna de sus chanzas. Eres. Juno hembra de bien, toca, y ya sigo tus plantas. a Sabado a holgarme me voy Que mucho, cuando te llamo Domingo! pobre de mí, que voy por molde de panzas. Esto ha durado, señores, lo que don Melchor Zapara ha sido servido, y con esto la comedia acaba del galanteo al revés, perdonad sus muchas faltas,
