Texto digital de Galantear a todas y no amar a ninguna
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Fulgencio Rodríguez Esquivel
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Galantear a todas y no amar a ninguna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/galantear-a-todas-y-no-amar-a-ninguna.

GALANTEAR A TODAS Y NO AMAR A NINGUNA
JORNADA PRIMERA
Villanos, aqueste acero A una mujer afligida, Porque sirvan de escarmiento Huyamos, que de esta suerte sabrá defender su vida. sacad de lance tan fiero. Con grande valor huyeron, dadles sin que huyan la muerte. frustra el Teniente su intento. más reparé con cuidado, que todo cuanto pisaban atrás se lo iban quedando. Si no llega la justicia tan aprisa, voto a tantos, que no le habían de quedar) Orejas en los zapatos, A uno que se me llegó, por señas que era un mulato, tuerto, corcovado, y cojo, sordo, tartamudo, y manco, le tiré tal cuchillada, que fue cosa de milagro, no haberle enviado a hacer buñuelos al otro barrio. A este instante, otro se llega, mas yo tirándole un tajo, la cabeza le corté, Y anduvo (suceso extraño) sin cabeza el picaron, tirándome unas abajo estocadas tan espesas, que yo viendo tal fracaso, previniendo la colera. Las chanzas, Turrón, un rato deja, por tu vida, pues ves el lance en que estamos. Ya estáis libre, dueño hermoso, del peligro en que os miré, mas lo que deciros sé, que de vos estoy quejoso con razón, si valioso fui atlante de tanto Cielo, como pagáis mi desvelo, no con ser agradecida, si con quitarme la vida, libertad, dicha, y consuelo? Confieso, que agradecida me tiene vuestro valor, y en precio de tal favor, nada haré en daros la vida; y el título de homicida que me dais, es sin razón, que en quien es noble, el blasón mayor, es agradecer: luego, como puede ser ingrato mi corazón? Y aunque vuestra acción gallarda de noble hizo información, que a un ilustre corazón, ningún peligro acobarda; y aunque en ir a casa tarda mi recato, os pido, y ruego; porque tanto como os debo pague, que quien sois digáis; porque quiero que sepáis, que sé agradecer yo luego. Va dos cuartos, que esto para en decir, te tengo amor, yo te estimo, te idolatro, mas no en toma este doblón; y confieso le estuviera hoy a mí amo mejor una onza de oro, que cuento tiene el mundo amor; porque a ello ser estudiante, sequitur, ser gastador; y esto de amar las mujeres, no es para su condición. No fuera en mi urbanidad, señora, el no obedeceros; y así, pues mandáis, que diga quien soy, oíd, que ya empiezo. En Ávila, Ciudad bella, (no tanto por lo soberbio de sus edificios, como por mapa de Caballeros.) nací, de padres muy nobles, bastan te he dicho con esto, para que sepáis que soy desdichado, pues yo creo, que en un sujeto no se hallan dichas, y nobleza a un tiempo. Libre de amores vivía, y me burlaba contento de sus lazos, pues juzgaba no caer jamás en ellos Mas qué importa prevenciones si contra mí el hado adverso puso mayor batería; mi defensa conociendo. Rindiome, pero rindiome a una, que con ella Denus no tiene comparación: y esto que digo es muy cierte; pues está no es más que Estrella y era aquella más que Cielo. Perdonad Ángel divino, si he atropellado el respeto debido a vuestra hermosura, alabándoos el empleo de mi amor, pero creed, que no es este grande yerro, pues el pintar su hermosura, no es borrar en vos lo bello. Digo, pues, que a esta beldad. seguí, tan amante; y ciego, que aunque empleé algunos años señora, en el galanteo, no me cansé de esperar; porque es ya natural nuestro, si hallamos dificultad en aquello que queremos, no desistir de la empresa, aunque se atropelle el riesgo. Rindiose, en fin, que no trene nunca el corazón la mujer, para mostrar si quiera agradecimiente; más precedió la palabra de ser su esposo, que en esto no iba a perder mi noblez; porque había parentesco muy cercano entre los dos; por lo cual, aunque mis deudos y los suyos, no ignoraron de los dos el fino afecto, nunca estorbarlo intentaron; y fue, porque conocieron, se guiaba nuestro amor, para un dichoso himeneo. Una noche, entre otras muchas que estaba hablando a mi dueño por una reja (que de ambos sabía bien los secretos hacia mí se viene un hombre, desenvainando el acero; yo conociendo el peligro, salgo a recibirle diestro, tuve tan corta fortuna, que a los primeros encuentros no halló defensa mi punta, y se le entró por el pecho. Con la penetrante herida, cayó difunto en el suelo, volví a la reja, a dar cuenta a mi dama del suceso; hallé que estaba cerrada, y fue tanto el sentimiento qué me ocasionó esta pena. que pienso quedé más muerto, que aquel cadáver, que estaba sin alma ya, y sin aliento. A la casa de mis padres, difunto casi, me acerco, conteles lo sucedido, y eno, conociendo el riesgo en que estaba mi persona, al instante dispusieron, me partiese a Salamanca con ese criado, y luego montamos en dos caballos, que eran abortos del viento. Llegamos a esta Ciudad, y aún no seis días enteros que en ella estabamos, cuando un aviso tuve cierto de mi padre, en que me dice, ser el muerto un Caballero, en Ávila emparentado con muy principales deudos, que la causa de intentar darme muerte airado, y fiero, fue ver, que yo amaba a Laura, y que Laura con extremos me pagaba tanto amor; con que diré bien, que el fuego en sus celos le dio muerte antes, que mi limpio acero. No para aquí mi desdicha, pues es esto lo de menos. También, por cierto me avisan, como se apagó el Lucero de mis ojos, pues murió (para decirlo no tengo lengua, porque se entorpece con el grande sentimiento, Digo, pues, que murió Laura que así diciéndolo presto, me bebo de golpe el vaso, para mí tan de venono. Fue la causa de su muerte, según me avisan, y creo, el grande amor que me tuvo, pues cierto es, que presumiendo que era el muerto yo, le dio un desmayo, tan sangriento, que la vida le quitó, sin poder hallar remedio. Ahora consideraréis, si con razón decir puedo, que soy desdichado, pues viva sin tener consuelo. Ya os he dicho mis desdichas, mi nombre es, Don Juan de Trejo en la calle de la Sierpe es donde posada tengo. Esta noche, el hado, quiso alivio dar, y consuelo a mi pena, pues, dispuso, que acaso a rondar saliendo, viese como os ultrajaban dos hombres, que desatentos, después de haber hecho huir a vuestros criados, luego os intentaron robar; pero permitiendo el Cielo que se hallase allí mi espada, rémora fue a sus intentos. Ahora os pido, señora, si vuestro favor merezco, estiméis mi voluntad, y que en agradecimiento quien sois me digáis; porque tenga entendido, a quien debo servir en toda mi vida, y que me tengáis os ruego (si esmos dignáis de matarme) desde hoy por esclavo vuestro. Den ustedes cuanto ha dicho mi amo, pues es tan cierto cómo parió San Cristóbal, como ve Fúrtolo el ciego, como hay hombre que sea firme, ni mujer de entendimiento. Siempre oí, señor Don Juan, que en los nobles, resplandecen unánimes, y conformes, lo cortés, y lo valiente; mas de voz, con mas razón todo esto decirse puede, pues tan cortés obligáis, a quien defendéis tan fuerte; y para que conozcáis que el favor se os agradece, adonde vivo, y quien soy os diré, para que a verme podáis ir algunos días, que tanto favor merece, quien arriesgando su vida a una mujer favorece. Doña Leonor es mi nombre, mi padre, el Doctor Gutiérrez: en la calle que pisamos vivo, donde podréis verme cuando quisiereis, y ahora licencia me dad, que me entre en mi casa, que es aquella que casi miráis enfrente, Como el explendor hermoso de vuestros soles brillantes, tanto luce, sus diamantes han vencido lo horroroso de la noche, y ausentarse ahora vuestra Belleza, es despreciar la nobleza, por de ingrata acreditarse, pues si antes estara oscura la noche, y la volvió día el fuego que despedía vuestrá divina hermosura; más oscura (bien se sabe) que dará con vuestra ausencia, y yo sin vuestra prosencia, como sin timón la nave. La lisonja os agradezco, pero a mi padre es forzoso, que el fracaso cuidadoso le tenga, y pues no parezco, dudoso esté de mi vida, con que es preciso ausentarme, vos señor, podéis mandarme, y que estoy agradecida os prometo. Obedecer, es fuerza a vuestro, mandato Él ha puesto su cognato, en mentir a esta mujer. Pero para acompañaros, no habrá razón, que lo impida. Señor Don Juan, por mi vida, que me haréis gusto en quedaros. Señora, el alma me llevas, yo no me puedo quedar, sin que me vuelvas tal prenda. Ya es eso Señor Don Juan, querer que os permita a fuerza acompañarme, y advierto de paso a vuestra nobleza; que ha de ser con condición, que no paséis de la puerta, porque será lo demás, tomaros mucha licencia. Hoy mi corazón consagro a vuestros divinos ojos, pero juzgo, que os da en ojos la grande fe con que os amo, de hermosura sois un pasmo! No admite a vuestra beldad, el ver la facilidad, con que a adoraros me inclino, porque mi amor imagino se iguala a vuestra deidad. No dudo de vuestro afecto: más confusa me ha dejado, el ver, que hayáis intentado, la paga, señor, tan presto; y que habéis errado en esto, os digo, porque sepáis. en otro lance enmendar lo que aquí no eis acertado, pues seréis más bien pagado, si supiereis esperar. Sin más, ni más de Judíos, nos trata, pues que esperemos nos dice, vaya la bruja a esperar ella al Infierno. Pero dejando estas cosas, señor, o diablo yo quiero saber la causa, porque fingiste tantos enredos: tú de Ávila natural! tu matar a un caballero! tu amar a una Laura! y tu llamarte Don Juan de Trejo! Cuando eres de Badajoz, eres Don Carlos Guerrero, no has muerto, si no algún piojo ni has amado si no a un tuerto, por defender a esta dama, tu vida pones en riesgo, finges que mucho la adoras, diciendo la mil requiebros, cuando a las mujeres puedes ver, como si fueras ciego: ahora señor, yo te pido, por un Santo, o por docientos, que digas todo lo que hay que saber en este cuento. Sabes con la antipatía, que aborrezco a las mujeres, y te admiras, di, no quieres, que las engañe a porfía: si es tanta su tiranía, tan crecido su rigor, que al que ven muerto de amor, preciado de muy amante, aún cuando esta más constante hacen de él burla mayor. No ignoro, señor, que tienes una inclinación, bien rara, un capricho singular, y una idea de la trampa, y es señor, que a las mujeres, de tal género las tratas, que tienes puesto el cognato solamente, en engañarlas, y eres tan afortunado, que siendo ellas las que engañan, en metiendo tú el montate, las quedas como unas santas. Y yo lo que he discurrido, en que Dios te dio tal gracia, para que a los hombres vengues de su condición taimada. Hoy galanteas a Clarilla, a Doña Isabel, a Juana, a Antona la corretera, a Marica la Peinada, a la mujer del Gordillo, a la hermana de nuestra ama, a Andrea la Portuguesa y a marica la mulata; y pienso, si se descuidan; tienes de galantear traza, a el lego de San Esteban, del Viejo a el gran Parriarca, Mariseca, Papamoscas, la mula del Doctor Parra, y ni aún yo me hallo seguro, con tan bellísima cara, pero todo lo alegado, de la duda no me saca; porque fingiste tu nombre, tu calidad, y posada, pues, podías adoras falsamente, aquesta dama, mas no fingirle otro nombre, ni decirle otra posada? Es verdad, que nada importa el segundo fingimiento, pero es tanto lo que siento decir la verdad más corta a las mujeres, que es llano, el que me hallo más contento cuando a las mujeres miento, que con un cetro en la mano: téngolas tal aversión, que para explicarme, intento decir, que en ponderación, es imposible, Turrón, quepa mi aborrecimiento. Va ahora otra duda mayor, porque si las aborreces, a esta dama favoreces, esta noche, de los dos capeadores, que intentaron robarla, sin más, nimas, si tú no llegas conezas, y les quitas de las manos la presa, dando recibo. No ves, que soy caballero, y que incurriera en grosero, no amparando a el enemigo. A razón tan conocida, no te quiero replicar, que nos vamos a acostar pido, señor, por tu vida. Mejores, que a la posada nos retiremos, pues es hora ya, vamos Turrón. Mis señoras, ahora bien, a ustedes, que les parece el odio que a la mujer tiene el santo de mi amo. Yo diré, que aquesto es el grande amor, que las tiene, dirán; como puede ser, porque a un sujeto repugna el amar, y aborrecer? como Galeno lo dice, capite cincuenta, y tres; pruebo, que mucho las quiere: diciendo bien cierto es, que a el amor se pintan ciego; ubí sequitur muy bien, que las tiene tanto amor, que nunca las puede ver. Yo a las señoras mujeres las estimo tanto, que si las viera ahorcar a todas, las tírara de los pies. XXX . Poca fortuna tuvimos, Don Pedro amigo, en qué hubiese luego quien favoreciese a Doña Leonor, pues vimos ya la piesa en poder nuestro, si con valor tan esido, no llega aquel embozado, a estorbarnos nuestro intento. Firme la adoro, y constante, mas paga mi amor tan fino, con tal desdén, que imagino volverme loco de amante. esta noche ocasión tuve de robarla, porque iba a visitar a una amiga; según de un criado supe de su casa, a quien mi pecho, porque me pueda avisar fie, y también por estar con dedivas satisfecho, hablé con vos de quien fío, (cómo amigo tan leal) de secretos el caudal que encierro en el pecho mío, bizarro condescendisteis con mi ruego, y a el lugar donde habíamos de esperar, el primero, señor, fuisteis: no logramos la ocasión, porque al tiempo, que alentados hicimos huir los criados, el otro la defendió. Conozco, amigo Don Diego, fue corta la dicha nuestra, pero si ya no hay remedio, os ruego, tengáis paciencia, que no faltará ocasión en que como amigo pueda serviros, que siempre estoy, como amigo a la obediencia, y si no hay en que ocuparme, quiero con vuestra licencia irme acasa, y así aDios, Tened. Don Pedro, que es fuerza e que os vaya, acompañando que debo a vuestra nobleza tenor aquesta atención. Señor. Don Diego, e mí es deuda el serviros, y así os ruego, me tratéis con más llaneza, que para el íntimo amigo el cumplimiento es afrenta. Can obedecer os sirvo, a Dios. .. id en hora buena A su hermana adoro ciego, mas muéstrase tan ingrata, que con desdenes me mata, cuando me anima Don Diego, porque su amistad, no niego me ha sido siempre leal, con que es cierto, de mi mal remedio en el hallaré, si él la manda que me de, la mano, pues soy su igual. ̱ multum tempranun videtur, pues nadie en Esquelas veo con que mientras gente viene va un poquito de paseo: aquel es el General donde explica mi Maestro en la materia de urinis, a quien yo sigo tan diestro, que dentro de dos mil años, curaré como un jumento. Tiene una gran propriedad, y es, que visita a un en fermo, tómale muy bien el pulso, y le pregunta muy tieso: usted tiene mal de orina? Tiene algún impedimento en la via? él le responde, señor, yo tal mal no tengo, porque lo que me molesta es un embargo muy fiero, y esta es, señor, la verdad, socargo del juramento: él le réplica, fruncido, mire, es un gran majadero, ha de tener mal de orina, y sino, voto a mi abuelo, que yo le haré, que le tenga, supuesto que puedo hacerlo, como, locuendo de urinís. lo dicen más de seiscientos, Hipócrates, Avicena, Aristoteles, Galeno, Maroja, con otros muchos Autores, que hablan en eso. Yo le replique una vez, seo Doctor, para qué es eso? por cierto, siempre ha de estar con mal de orina el enfermo? él me dijo: si señor, y sino, repare en esto: Yo no explico la materia de urinís, aquesto es cierto? pues ha de haber mal de orina, seo Turrón, en todo el tiempo que de vrinis explícate, y que todos tengan quiero este achaque, porque salga yo con mucho lucimiento. Pero si no me he engañado, que en el patio entraron creo, estudiantes, y es mejor esconderme, porque es cierto que si me ven ha de andar. daca nuevo, y toma nuevo. Muy temprano es; pues que nadie hay en el patio. . Yo creo. que habran entrado ya en Prima No, porque el general veo de Leyes desocupado, y si os parece que entremos en él, mientras se hace hora, vamos Don Pedro, que es cierto que es insufrible este frío. Válgame todo mi miedo, sin duda se entran acá; esta vez sale mi cuerpo de entre estos dos picarones molido. . Señor Don Pedro, no reparáis en aquel, que nos quiere hurtar el cuerpo? Sin duda que es novatón; vamos a darle un careo. Ello es hecho: mas quisiera ser doblón de un avariento, que ser nuevo en Salamanca, por no estar con este miedo. Vaya a fuera el novato inso- Vaya el puerco. Yo nuevo? Por vida mía que no hay tal, porque soy viejo, Viejo dijo: la patente pagará, y por el dinero, si le falta, la sotana ha de quedar, y el marteo. No se ponga colorado, que es muy bonito por cierto, que lin a cara que tiene! Ea, resuélvese a esto? A qué? A pagar la patente. Señores, voto a Sn Pedro, que no me acompaña un cuarto. Ea, pues ir recibiendo muchos gargajos, a cuenta de la patente de nuevo. Yo desde luego, confieso por mejor oficio el puto, que no el del año de nuevo. Calle el vergante sopista. Diendadgy, Cjallans, (tente con quien se burlan ustedas? Con este vergante nuevo, matriculado en miseria. Turrón: Muy bueno está eso, cuando aquí, por esperarte, la badana me han compuesto. Don Pedro, Don Diego, amigos, que reparéis, os advierto que Turrón es mi criado, y siéndolo mío, vuestro. Por ambos, señor Don Carlos, el favor os agradezco: más bien sabéis que en Escuelas, por divertirnos, solemos tener semejantes zumbas. Caballeros, yo no niego, el que los nuevos merecen pagar patente, y es cierto, que grande gusto me haréis, de que vamos en saliendo de escuelas, a refrescar. Que dieron las ocho, creo, vamos a entrar en lección, con que después nos veremos. . Señores, que cosas viejas tan poco valgan, y luego, solo en Salamanca sea dónde es odioso el ser nuevo? . El que nos sigue, es aquel que te he dicho muchas veces, Flora, que ha causado en mí, no se que, y sé, que de verle, recibe mi voluntad un gusto, que no aprende mi discurso, si es cariño. Pues ahora, señora, puedes, con el amparo del manto, decirle algunos sainetes, saber de él si es Caballero, y luego dé adonde diere. Apartad la noche oscura del manto, de vuestros soles, que en negar sus arreboles, a el que os ama con fue pura, agraviáis vuestra hermosura; pues cuando, por singular, era fuerza el admiras portento tal de belleza, por no admitir mi fineza; a ella le hacéis un pesar. Tan presto os enamoráis? Sí señora. Pues es bueno. Y sin saber si soy fea? digo, que eso es fingimiento. Apriétale, que este pez, ya va tragando el anzuelo. Ser afable, y ser hermosa, nunca se vio en un sujeto, ingratitud, y belleza, siempre juntas concurrieron; luego si vos sois ingrata, que seréis hermosa, es cierto, que sois ingrata, es verdad; pues cuando rendido os ruego, que vuestro cielo divino destapéis, a tantos ruegos, en lugar de ser humana, imagen de piedra os veo. Pero diré con razón, que no es propio amor el vuestro, pues en duda de sí soy hermosa, o no, vuestro afecto, decís, que se inclina a mí con tan amoroso extremo, esto no podréis negarme; y así, señor, no pretendo descubrirme; porque sois mas que amante, lisonjero. Si aprieta más, me descubro, . que ya resistir no puedo. Mientras mi amo está allá ejerciendo sus enredos, yo por seguirle el humor, en fin, como a tan buen pecho criado, le he de imitar, diciendo a esta mil requiebros: mi señora, por San Blas, Sa linés, San Nicodemus, y todos los Santos que hay dentro en la Corte del Cielo, que vuestro ojo, tan depuente descubráis, porque yo creo, que si se iguala a mi amor, será como el mundo entero. A este pícaro busón, lo he de poner como un puerco, señor galán, yo tres ojos os aseguro que tengo, y me mandáis que descubra uno, no es todo esto cierto; Eso pido en conclusión. Y si lo descubro, un beso me daréis en él? . Ay tal! pues me tiene por jumento? Eso duda! le daré, no uno, si no trescientos. Ella se me va inclinando, . no hay que temer, esto es cierto. Digo, que suy muy galán, quiéreme, que es un portento: ea, descubra el otro ojo, mas no sea el ojo ciego. Dígame, Juan Estropajo, donde juzgaba el jumento, que yo me había de dignar de mostrarle mis luceros Vaya con Dios el sopista, y agradezca, aquesto es cierto, que por no ensuclar mi mano en un, como él, tan gran puerco, no lleva, como merece, lu cara llena de dedos. Bien se te emplea Turrón, lo que te sucede, y esto, no es todo lo que mereces; pues quieres con grande aseo requebrar, y no has sabido jamás decir un cor cepto; pero yo me vengaré de esta picaña, pues pienso hacerle una bursa, en que se acuerde del que jumento llamó, y juro por mi madre, que ha de dar al diablo el cuento. Lindamente le he burlado, . que fruncido está, y qué tieso! Hoy usted, por vida suya, que me haga aquí dos conceptos. Asales serán, sin duda. Ahora entra mi desempeño. . Una décima saqué el otro día, creyendo poder dársela a una Dama; no la ha visto; y así quiero decírtela a ti; porque conozcas mi grande ingenio: vela va, ren atención. Con grande atención atiendo. A tus ojos, tan rendido, Doña Aldonza estoy, que pienso, que alguna vez de suspenso, he de quedarme dormido: y que aquesto es conocido, afirman, en varios modos, cuantos Reyes hubo Codos; y si aquesto no bastare, quédese como quedare, sin sécula seculorus. Por su vida, que me explique, si entiende, esos disparates. Entenderlo, es el busilis; porque el decirlo, es muy fácil. A tan atentas razones, como discretas, negarme no es razón, y así, señor, me descubre; pero antes quiero, señor, que sepáis, que no porque el manto aparte, atribuyáis liviandad esto en mí; porque no cabe en mi sangre aquesa mancha, ni en mi honor aquese ultraje. Si ha que soy agradecida, y os estimo, que galante, me intentéis favorecer, que esto es debido estimarse, que no soy de las mujeres, que en melindres, y ademanes tienen fundado el honor, y es imposible constantes le mantengan, pues le tienen siempre fundado en el aire. Ya estoy, señor, descubierta. De hermosura sois un Ángel! De entendimiento, un prodigio! y un portento de donaire! Con juda razón el alma os sácrisica constante, por víctima, y holocausto, sus potencias, en volcanes. Mas me mortifica, el ver, no concurren en mi partes, para que os dignéis, señora, de como esclavo mandarme. F Qué cortés, y que galán! que entendido es, y que afable! como que en el alma, Flora, voy trasladando su imagen. Pues, señora, sabe de él quien es, no sea algún Castre; porque encubre muchas faltas el habito de estudiante. Caballero, aunque conozco, (según muestra en vos las partes de entendido, y de galán, que os ilustra noble sangre, que nunca estas partes se hallan en quien no tiene estas partes. No obstante, gusto me haced, (si con vos mi ruego vale) de decirme de adonde sois, como os llamáis, y en que calle de Salamanca posáis: Señora, fuera negarme a hacer lo que me mandáis, ir contra el favor que me hace vuestra belleza: pues cuando decís, soy cortés, negarse mi voluntad a serviros, grosería fuera grande. V así ya empiezo, atended. Señora, por esa calle veo venir a tu hermano, con Don Pedro, y al instante, te suplico, que nos vamos, que el conoceros es fácil. Caballero, perdonad, y dejad para otro lance decirme quien sois: porque de aquí no mucho distantes, veo venir a mi hermano, con un amigo, y es fácil que me puedan conocer. adiós. . Esperad, y antes, decidme quien sois; porque pueda buscaros constante. Pues mandad a este criado que nos siga vigilante, sin que nos pierda de vista. . En fin, que maza me haces de estas monas, vive Dios, pues acaso son imanes, y yo hyerro, voto a Cristo, que en razón, esto no cabe. Síguelas, que yo no quiero que yo no he de dar un paso, aunque San Pedro lo mande. Haga el pícaro busón. lo que yo le mando, y calle. Den esta ración, señores, pues no acostumbra de darme otra, Belcebú le lleve; en fin, es amo estudiante. Por cierto, señor Don Carlos, que podemos tener queja de vuestra amistad, pues vemos que parece se nos niega. Tres veces a su posada hemos ido, sin que pueda haberos nuestro cariño hallado jamás en ella. Cuál de estos será el hermano de aquella dama, pues ella . dijo, que cerca venían, y sin duda que estos eran; caballeros, yo os estimo, como debo la fineza, y creedme, que el serviros ha sido, y es en mi deuda; el no haber estado encasa, os aseguro, me pesa, supliccos, me perdonéis, pues que fue corta mi estrella. Nosotros sí, que debemos tener bien fundada queja de nuestra fortuna. . Amigos, déjense elas cumplimientas, que entre estudiantes, y amigos, es bien haya más llaneza. Digo, que tenéis razón, y os pido, medéis licencia de irme acasa, porque tengo que hacer una diligencia. Id con Dios Señor Don Diego. Seo Don Pedro, usted sequeda? Tenéis algo en qué ocuparme? Yo no. . Pues id en horabuena. No igaoráis, señor Don Carlos, que ha sido la amistad nuestra firme, desde habrá tres años, que un día, estando en Escuelas, nos conocimos, sin que haya habido jamás en ella, un obice, que la estorbe, pues siempre se ostenta estrecha; también pienso que sabéis lo ilustre de mi nobleza. Este se quiere casar conmigo, mas no lo acierta. Digo, que todo eso se, conque excusáis la advertencia. Pues no sabéis, que yo adoro, con voluntad firme, y tierna, a el más hermoso prodigio, a la criatura más bella; pero ímplica que mi labio os dibuje su belleza, y es imposible que halle mi entendimiento, a quien pueda compararla; que ella sola es imagen de sí misma. A lo que importa pasemos, que eso ya es impertinencia. Digo, pues, que esta beldad, Doña Diolante Morera es, y hermana de Don Diego. Bien me dijo mi sospecha, . que era uno de estos dos su hermano, pues que se muestra, en decirme ahora Don Pedro, que Don Diego de Morera hermana tiene, y será sin que haya duda la misma. Parece que estáis suspenso. No es suspensión en mí esta, ya aguardo a que prosigáis. Prosigo, de esta mancra: firme adoro su hermosura, pero paga mi fineza. con disfavores tan grandes, que me maran, y atormentan. Todo aquesto remediarse puede, con solo que quiera su hermano que sea mi esposa, pues que le igualo en Robleza; y aunque como amigo, yo a él pedírsela pudiera, no obstante, quiero balarme de vuestras heroicas prendas pues por vuestra intercesión, espero, Don Diego quiera hacerme aqueste favor (si no es contraria mi estrella) esto os suplico rendido; fío de vuestra nobleza, me haréis aqueste agalajo, pues os deboe tras finezas. En esto había de parar; en pedirme, que yo sea casamentero, porDios, que debo de tener buena habilidad, para el caso; pero el acetarlo es fuerza. Lo que me mandáis, Don Pedro, si hacer me negara, fuera no págaros mi cariño, debiéndoos tantas finezas. Siempre esperé, amigo mío, de vos tan cortés respuesta: dadme los brazos. . Tomad, y quiera Dios lazos sean, en que unida la amistad, siempre firme permanezca: Adiós amigo Don Carlos. Don Pedro a vuestra obediencia. A esperar, hasta que llegue a conquistar su belleza. A engañar, hasta que acabe, de vengarme de estas fieras. Seguiste las damas? . Sí. Supiste quién eran? . No. Viste la casa en que entraron Escucha un raro, señor.
JORNADA SEGUNDA
ACTO SEGUNDO. Mandásteme, que siguiese a las damas, porque yo biese, en la casa que entraban, y quien eran; de estas dos cosas, supe la una, por la cual, supe las dos; porque vi, señor, que entraron en la casa, de un tal Don, válgate Dios, por el nombre! al Cielo se me subió, llámase, yo no me acuerdo. Pícaro, acaba. Señor, repara, que la memoria es frágil, y así, que no me acuerde, no es de admirar, pero tú tienes razón de reñirme, que pudiera tener gran memor a yo, según lo poco que como; pero si las señas doy, podrá ser, que quien es sepas este tan santo varón. No te acuerdas de aquel, que primero nos visitó, cuando a esta Ciudad llegamos, desde nuestra Badajoz? Es un mozo algo moreno, de cuerpo un poco mayor que yo, mas no tan galán (esto es cierto porque yo, soy el mozo más galán, que se halla de sol a sol) tiene corbas las narices, y un ojo, creo, mayor que el otro, y si no me engaño, se llama, válgate Dios! Que es Don Diego de Morera se, mas pues este busón no lo sabe, ya de nuevo me haré, siguiendo su humor. es ese acaso Don Diego; Por las señas le sacó, . y se parece a las señas, como un fraile a un bodegon: Bendito sea Dios, que diste en quién es! Digo, señor, que en la casa de esta tal, vi que se entraron las dos, infiero yo ahora de aquí con mi ingenio superior, que ambas serán sus mujeres, pues se entraron de rondón; pero aquí viene Don Diego, sin llamar acá se entró. Señor Don Carlos, amigo; Don Diego, tanto favor os estimo, como debo, siempre obráis como quien sois. Dejemos los cumplimientos, como habéis dicho, que yo, acasaros solamente, y a que me hagáis un favor vengo, y así no estincia esta visita, que no os la vendo por fineza y así tened atención. Siempre debo obedeceros Yo, señor Don Carlos, soy quien el ser vuestro criado fuera mi dicha mayor. Un cuento, si es que gustáis que en Badajoz sucedió, contaré, que viene a el caso. Deja las chanzas, busón. Dadle licencia, por mí. Por vos, licencia le doy En un lugar, no distante de la insigne Badajoz de probetas, digno amparo, y de nobleza blasón. Eso, no le toca al cuento, Al cuento la vuelte doy: digo, que en este lugar había, y juzgo que hay hoy, pues vive, si no me engaño, y casado con Leonor, ajuella, que años pasados junto a tu casa vivió. Oh contar el cuento breve, o no contarlo. . Señor, que también esto es del cuento, a el cuento la vuelta doy: este hidalgo, es muy cortes, y su presunción, llegó a presumir, que no había que él otro cortés mayor; a este tiempo, tubo nueva, juzgo que se la llevo Juan Simón el Zapatero, el que atrevido mató a Carrasco el Valenciano, y es cierto, fue compasión, pues sin tener un remedio ciento, y veinte hijos dejó. Señor Don Diego, a este loco no oigáis. . Hacedme favor de que prosiga, que gusto de oír su conversación, Tubo este hidalgo noticia, de que había en Badajoz otro hidalgo muy cortés, de estupenda presunción, diole gana de ir a verle; porque al tal, le pareció, que era imposible, que hubiese quien le igualale; llegó a Badajoz, y después de apcarse en al mesón, fue en casa del cortesano, muy malifluo: preguntó, vive, acaso, en esta casa, el afamado señor, Don Eusevio Habellanedo? Aquí vive, respondió, puesta en tiple una criada: el cortés le replico. diga usted, que visitarle Don Leonardo de Quiros quiere, si le da licencia: dijo la criada: voy sin dilación a dar cuenta del recado a mi señor; vino al instante su amo, y a recibir le salió a la puerta de la calle; dijo: venga usted: yo no, dijo el cortés forastero; hacedme aqueste favor: vaya usted, por vida suya; el otro le replicó: no he de entrar por vida mía; porque solo os toca a vos. En demandas, y en respuestas, asidos fueron los dos hasta un lodazar, en donde se tienden como un lechón: ensuciáronse muy bien, míranse con atención; y viéndose tan hermosos, dijo el forastero; yo solo venía a saber, amigo, si érades vos que yo más cortés: mas ya desengañado me voy, que, ni uno, ni otro lo somos, pues con tan poca razón cagamos la cortesía: el cuento es este, los dos podréis pasarle, pues veis que le traigo con razón Está el cuento como tuyo, Esté el cuento bueno, o no, que él viene a pelo, porque amigos siendo los dos, andáis con más cortesías que un pretendiente, así yo juzgo, que en el lodazar daréis de tan necio error. Qué mandáis, señor Don Diego? Sómos amigos los dos? Corrome de que dudéis de mi amistad, que aunque no os he servido, creed que lo hiciera, vive Dios, si me lo hubierais mandado: pero presumo, que soy de poca importancia; pues me preguntáis sin razón, dudando de mi amistad, si soy vuestro amigo, o no. Preguntar, si amigos somos, no es duda, si prevención, para mi suplico. . Sea lo que quideréis, que yo por no volver a la tema, por concluido me doy. Este, sin duda ninguna, ha conocido, que soy casamentero, y me quiere que le case vive Dios. A lo que importa volvamos. A el cuento la vuelta doy. Yo amigo, adoro a una dama con imponderable amor, mas lo que más me atormenta, lo que es mi pena mayor, es ver, que no he merecido de ella, ni un corto favor. No lo dije: aquesto es hecho, gran casamentero soy. Hija es de Don Juan Gutierrez, llámase Doña Leonor, presumo la conocéis, y así cansarme, es error, en pintaros su hermosura, su donaire, y discreción; y si no la conocéis, no ha de pronunciar mi voz perfección alguna suya, y es la causa, el que yo soy apasienado, y diréis, viendo mi exageración: más grande que su hermosura, Don Diego, es vuestra pasión A esta beldad soberana, a este tan divino Sol, es, a quien rendido adoro, es, a quien mi corazón he ofrecido, y he entregado; pero es tanto su rigor, que a el paso que mis finezas, se aumenta su disfavor. Por mil modos, he intentado merecerla, pero soy desdichado; porque cuando se lograra mi afición, con pediría por esposa (aquí se aumenta el dolor) en bandos las dos familias, tan opuestas están hoy, los Gutierrez, y Moreras, se miran con tanto horror; que es imposible estos quieran darme a mi amada Leonor: Además también, que aquellos tienen la propia razón para impedirlo: ahora ved, si hay remedio a tanto amor; pero lo que más me allige (de que atormentado estoy) es ver con la ingratitud que me paga mi Leonor, que si ella correspondiera con el más leve favor, atropellara mil riesgos, dichoso fuera mi amor, no temiera los bandidos, que es la fortuna mayor que me puede suceder, ver, que la hermosa Leonor corresponda a mis finezas, quiera ablandar su rigor, se ostente menos ingrata, y que pague tanto amor. Jesús, que amante tan tierno! estuviera de primor lardeado con tocino, y puesto en un asador- Qué consientan estos hombres, hombres dije, voto a Dios, digo, que aquestas mujeres engertadas en varón, se consientan en España! yo las juro, que si yo tuviera el mando, y el palo, se habían de acordar, por Dios, todos estos femeninos del esforzado Turrón; que habían de ir los malvados hechos todos salpicón, a ser cena de los diablos; pues gallinas, vive Dios, que máricas en calzones parecéis, si no lo sois, pese a vuestro tierno afecto; si tan blando el corazón tenéis, que luego al instante os quedáis muertos de amor en viendo cualquier mondonga con dos parches de color. Sino queréis peligrar, meteos en un bodegón. Siento, Don Diego, el cuidado que os da vuestro tierno amor, y si para remediarlo me habéis menester, estoy, como amigo, a la obediencia: mandad, y veréis, por Dios, por la experiencia, si es Carlos vuestro amigo, o no. Fiado en vuestra nobleza, y en la emistad de los dos, a suplicaros me atrevo, me hagáis, Carlos un favor: y es, que per la tarde, suele salir la bella Leonor sola con una criada, a fin de tomar el Sol, (si bien a afrentarle sale con su divino arrevo!) a la Virgen de la Lega: quisiera, pues, que los dos saliesemos a encontrarla, y allí, vuestra discreción le dijese de mi parte; mas no es necesario a vos el repetiros mis ansias. A que hombre le sucedió, lo que me sucede a mí! todo es conforme? mi humor. Don Pedro pide, a Don Diego hable, porque su amor pague, dándole a su hermana, y espera en mi intercesión, el logro de aquesta empresa; y es tan buena ocasión, que parece se me inclina, según las muestras que dio. Ahora Don Diego me dice: que firme adora a Leonor, y que la hable en sus amores, cuando es la dama, a quien yo di la vida la otra noche, y tan fina se mostró. Ahora bien, discurso mío, salida me dad, por Dios, para no mudar de intento, pues se ofrece esta ocasión. Dudáis en favorecerme, que os causa esa suspención De suspenderme la causa, es el hacer reflexión de si conozco a esa Dama, y me acuerdo, vive Dios, de que la he hablado una vez; porque como es el Doctor Don Juan Gutierrez su padre, me acuerdo, en una ocasión, fui a ver un amigo mío, su pasante, y yendo yo, acaso, a entrar en un cuarto, mi fortuna la encontró, a el entrar, donde la dije, con no poca turbación: haber venido a este cuarto, Señora, lo causáis vos, pues me cegaron los rayos de vuestro luciente Sol. Ella me dijo discreta: id, caballero con Dios, aunque por ser lisonjero, no se os debía el perdón: con que se ha ofrecido pie, amigo, para que yo os sirva en lo que mandáis. Vuestro esclavo, amigo, soy. A la tarde nos veremos. Adiós, Don Carlos. . Adiós. Adiós, Don Carlos, adiós. Buenos vais, pobre Don Diego, tú, y tu querida Leonor. Hay tal embuste, señores, cómo este de mi señor? Yo juzgué, que a las mujeres solo engañaba su humor: pero también a los hombres se las pega, vive Dios! Ostedos no repararon con la priesa que ideó aquello del aposento, cuando al entrar la encontro? Y también los disparates, de ciego, turbalo, y Sol? Yo no entiendo sus entedos, aunque se porque fin son. Allá se las haya, y vamos a ver si en un bodegón hay algo de gaudeamus, que es el veré, y propie amor Por vida tuya, señora, que dejes ella tristeza. Ay Flora, que es imposible; porque mi pecho es un etna. Luego, lo del forastero, de chanza ha pasado a verás? ha le te entrado en el pecho? Y con tanta violencia, que como en su propia casa, dueño absoluto se alberga. Mal has hecho: porque puede ser, que este, señora, sea algún pícaro de playa; porque suelen las bayetas cubrir este mundo, y otro. Flora, disparates deja. Dime: lo cortés? Lo afable? Lo entendido? No dan muestras de ilustrarle noble sangre? Luego, las heroicas prendas, de entendido, y de galán, solo da naturaleza prodiga a aquellos, en quien hay sangre ilustre, y nobleza! Tan falsa como una Roma, señora, es consecuencia. De muy entendida, Flora, juzgo que has de dar en necia, porque bastante adelantas de lo que alcanza, y penetra nuestro corto entendimiento. Argumentos, Flora, deja, porque solo a ti te toca saber coser. Ello es fuerza que si en Salamanta estamos, emporeo ilustre de ciencias, sepan las mujeres algo de lo que olvidan las piedras. Pero si yo no me engaño, tu hermano a este cuarto llega. Este paño nos esconda, que importa que no nos vea. Si estará en casa Don Diego? La pregunta está muy buena, cuando sin decir palabra te subes por la escalera, y te entras hasta esta sala. Para esto me da licencia el amistad de los dos: a dos damas encubiertas he visto, si no me engaño; y por si es alguna de ellas la dama tapada, quiero que ahora me valga la treta del hacer gorda la vista. No la habemos hecho buena? repara, que el forastero es el que entró, en mi concleecía! Ya le he visto, y de reñirle, tomar el pretexto intenta mi amor, para hablarle. Quien os dio tanta licencia, que oséis entrar atrevido con demasiada llaneza en mi casa sin llamar? Santa Inés, Santa Quiteria. de aquí salimos bromados, malaya la pura perra que me parió, para ser criado de este loquera! La grande amistad, señora, que mi cariño profesa con el dueño de esta casa, que es Don Diego de Morera, me obligó a este atrevimiento, que a saber que tu belleza, (con esto la pico más) tuviera esto por ofensa, de ningún genero yo atrevimiento tuviera, Pero cual se pone ahora. Hecha está una verenjena. También digo yo, señora, que si el gran Turrón supiera os ofendía en entrar, su majestad con llaneza no hubiera visto esta casa, que como se entienda verla, por no pasar por la calle, rodearé trescientas leguas. Para volverme, señora, os pido me deis licencia, pues conozco os ofendéis de que esté en vuestra presencia. Oiendo la satisfacción que dais, tan cortés, y atenta, fuera grosería en mí, y aún se pasara a vileza, enviaros desairado; y más, cuando la fineza os debo, que no ignoráis; y también, cuando me alient el decir, que sois amigo de Don Diego de Morera mi hermano, cuidado penas, . para merecer más dignas no os declaréis tan apriesa: y así, si con vos merezco algo, señor, yo quisiera que me dijerás quien sois, para que serviros pueda. Ya disimular no puedo, . que hace el amor grave fuerza. Albricias, costillas mías, que ya piadosa se muestra: ahora me parece hermosa, y no antes, que era una perra. Ya que más humana quiere vuestra singular belleza trocar severos desprecios, en razones tan atentas; y ya que miro propicia, señora, a vos, y a mi estrella; y cuando el serviros, es en mí, como en todos deuda. Doy principio a obedeceros, un rato me estad atenta. Ea discurso, ayudadme, . para que finja en mi idea algo, que sin ser verdad, a lo menos lo parezca. La suspencioncilla, es rana? . señores, pondré una oreja, que ideando mil enredos está para engañar esta. Empezad, que ya os escucho. Tiento dé Dios en tu lengua. Un homenaje humbroso, del Paraíso retrato primeroso, cuya hermosa arboleda, impide al Sol que visitarle pueda. Un valle muy ameno, de fragrancias, y olores siempre lleno, cuyas lucidas flores, al fombra forman de dos mil colores. Una selva fecunda, a quien con sus cristales Jerte inunda cuyas fuentes sonoras aprende el oído, cual canoras. Una obstentación verde, que a los sentidos su color suspende, tuya esmeralda rica, como con sus cristales la sálpica el abundante Jerte, imagina la vista, y casi advierte, viéndosa rutilante, que está toda engarzada en un diamante. Yace en la Extremadura, en pintar no he acertado su hermosura, pues es cosa imposible que dibuje mi engua lo apacible de esta amena floresta, aunque para pintar fuera más diestra, que de el famoso Apeles, los sutiles, y celebres pinceles. Junto a este pensil tan admirable, junto a esta amenidad imponderable, junto a este ameno sitio, junto a este, pues, jardín sin artificio, está una Ciudad famosa, a un tiempo fuerte con lo que es vistosa; porque su muro altivo, terror, y espanto causa a el enemigo, cuando sus torreones, de adorno sirven con sus perfecciones: es mapa de nobleza, donde se estima más que la riqueza. El observar las Leyes, preceptos, y mandatos de sus Reyes; pues con bizarro aliento, sus Caballeros son el firmamento de nuestra Monarquía, obstentando bizarros cada día, en hazañas, y en hechos, lo leal, y lo noble de sus pechos. De ingenios abundante, pues sus hijos, con ánimo constante, son emporeos de ciencia; sin decirlo, te he dicho que es Plasencia; porque de tantas glorias, lleva a todos Plasencia las victorias. En esta Ciudad bella, para ser más feliz, quiso mi estrella, de sus nobles familias, en la una naciese, y goce la fortuna, que quiera tu belleza oír de mi discurso la rudeza. Soy único en mi Casa, un Mayorazgo gozo, que sin tasa da cada año contados, sino me acuerdo mal, seis mil ducados. De Carbajales es mi Ejccutoria; que por ser su nobleza tan notoria, y mi lengua incapaz de exagerarla; porque no he de acabar, no he de empezarla; y solo decir quiero; que para información de caballero, baste ser de Plasencia, y de las más antiguas mi ascendencia. Mi padre, descoso de que yo en este archivo tan famoso, de ingenios aplaudidos, y en el mundo, por celebres tenido, en tan varias que ciones, añadiese a mi iugenio perfecciones. El que siga a Minerva, manda a mi inclinación a ello proterva: pues puedo asegurarte, que con fuerte pasión me inclino a Marte, siendo con osadía, de Denus burlador, hasta aquel dío, en que vi tu belleza, donde quedó postrada mi firmeza, puesto, que no he podido resistirme a las flechas de Cupido; juzgo no fui villano, en hacer resistencia a el soberano impulso del Dios ciego, pues de este dulce, y amoroso fuego, saqué por evidencia, que si le hace a Cupido resistencia, quien se imagina fuerte, presto se halla e los brazos de la muerte: no es muerte, si dulzura, la que recibo yo de tu hermosura: y si no te da enojos el verme esclavo de esos divinos ojos, más firme que el diamante, que Eurídice, y Orfeo más constante, postrado mi albedrío; pero cómo mi voz le llama mío? Si de todo, en despojos, son dueños absolutos esos ojos. Digo, pues, que si humana, quisiere tu belleza soberana, mostrarse agradecida, dándome en sus favores nueva vida: yo rendido a tus plantas, conociéndome indigno a dichas tantas pues soy un mongivelo, astro seré luciente de ese cielo. Pero si rigurosa, olvidando lo noble, y no lo hermosa, que no pare a tu vista, me mandares, prométote no insista porfiando grosero, por vida de Don Pedro, que no quiero recibas tal disgusto; pues perderé mil vidas por tu gusto: perdona lo cansado, que en darte cuenta de quiien soy he estado; pues conozco habrán sido molestas mis razones a tu oído; porque es impertinente siempre, dueño adorado, el pretendiente. Engañola con verdad, y ánduvo corto, en conciencia, en alabar a Plasencia, que es un pasmo esta Ciudad. Ánimo, amor, pues le ilustra . discreción, gala, y nobleza; no emplco mal mi fineza, mi esperanza no se frustra, hierro es ya disimular, salga del pecho mi amor, no sea escaso el favor. Señor Don Pedro, a negar, que compasiva me inclino a dar lugar en mi pecho, hasta aquí de bronce hecho a vuestro amor, imagino, que me culparáis de ingrata; y más, cuando os he escuchado, que nunca habéis profesado de amor la escuela, y que os matan ya las flechas de Cupido, según decís, desde que visteis en mí, no se que, que solo se que yo he sido la dichosa en mereceros. Buena estás, pobre Diolante, tu revientas ya de amante, y Carlos dice: en non queiro. Ánimo, pues, que vencida . está esta ya de mi engaño. Mil y trescientas este año van con esta, por mi vida, Deja, señora, que bese tus tan invisibles plantas; y pues gozo dichas tantas, mi amor de amarte no cese. No estéis así, levantad, señor Don Pedro a mis brazos, y estos tan dichosos lazos, solo divida fatal la Parca. Y usted, Señora, es posible, tan tirana ha de estar, que no se humana a darme un abrazo ahora? Tiene usted muy poca barba, para comprar mis favores, pretendidos de señores de muchísima importancia; pero melindres dejando, que también tengo mi llama: diga usted, cómo se llama? Yo me llamo, y yo me llamo. Breve lo diga, el tronera. Preguntármelo, es en vano Ay señora, que tu hermano ya sube por la escalera. Pues esta noche, señor, podéis venir a las doce; porqué por la reja goce yo de vuestra discreción; y os encargo mi recato, y si vos sois firme amante, vuestra es, y será Diolante. Despachemos, por San Pablo, La experiencia lo dirá. De vuestra sangre lo fío. Adiós dulce dueño mío. Al fin, todo se verá. Ya Don Diego en vuestra casa ha dos horas que os espero. Obráis como caballero, dando favores sin tasa, y solo de vos quejoso, (aunque es queja cariñosa) estoy, que en ninguna cosa me ocupáis, pues deseoso, como amigo verdadero, me hallo, Carlos, con razón de que se ofrezca ocasión en que os sirva, como espero. Siempre vuestro amigo he sido, y en esta amistad fiado espero salir premiado con el favor que ahora os pido: y sentarnos es mejor, pues me parece temprano para ver el soberano Cielo de vuestra Leonor. Sentémonos, y mandad, que a ley de quien soy, os diga Carlos, que soy vuestro amigo. Pues ya prosigo: escuchad. Aún Don Pedro se está hablando con mi hermano, quiero ver que hacen, que soy mujer, Señores, estoy temblando, por si acaso mi señor decir quiere algún embuste, y me hace a mí sin ajuste criado de cazador. La nobleza es conocida de Don Pedro Altamirano; pienso que me canso en vano, pues sabéis vos que es lucido, es galán, y muy discreto, has generoso, y valiente, su mayorazgo decente; todo esto, sabéis que es cierto. Este, pues, rendido amante, adora con gran extremo a el Sol hermoso, y supremo de vuestra hermana Violante; y por mí os pide su mano, si es que merece esa dicha. Hay mujer con más desdicha, ni hombre más vil, y tirano! Es posible, que en el pecho de quien presume de noble, se engendra tal trato doble, ni se imagina tal hecho? Don Carlos, cuando en Don Pedro no se ballara la nobleza que me consta por certeza, y que soy yo el que medro, bastaba haberlo mandado vos, para que yo os sirviese, pues siempre, el que se ofreciese ocasión he deseado. Que hoy Carlos le llamó mi hermano, con que es fingido el nombre ah vil fementido; en todo, al fin, me engañó! Don Diego, a tantos favores, me confieso agradecido, y más con este, que ha sido, amigo de los mayores. Ya me parece que es hora, si gustáis, para que vamos a ver si a Leonor hallamos, que es a quien rendido adora mi afecto. . Vamos Don Diego. Vamos, y permita amor, que halle mi afecto en Leoncr remedio para su fuego. Vamos, y quiera la dicha, que remedie mi pasión, hallando en un bodegón buena porción de salchicha. Déjame dar voce, Flora, deja que llore mis males, pues no hay desdichas iguales, a las que padezco ahora: que haya mujer que confíe de las finezas del hombre! y que no tema, y se asombre de escucharle! pues se ríe más cuando nos ve penar burlándose fementido, después que se ve querido de nosotra,! El negar, señora, sus falcedades, lo tengo por ignorancia, son hijos de la inconstancia, y enemigos de verdades; pero que atiendas, te ruego, a ti, y así no te trates haciendo esos disparates, tan mal Ay Flora, que muero, cuando reparo lo fino, y lo preciado de amante, con que ofreció ser constante. El que estás loca, imagino, pues viendo su fingimiento, quieres, siendo sin razón, dar alivio a tu pasión, y engañar tu entendimiento; sigora dudas, que al instante que volvemos la cabeza, se olvidan de la firmeza, y a otras pretenden amantes? Luego, que este es conocido, fue su intención engañarte; y se conoció, en el darte luego con nombre fingido. A la noche, juzgo Flora, el despicar mis enojos. No se te entró por los ojos? Pues ya no saldrá, señora. Del Tormes a las orillas, para que del Sol gocemos, Celia, es bien que no sentemos. Es, señora, maravilla, ver lo ameno de este prado, el ver correr los cristales en tan líquidos raudales. Ay Celia, que a mi cuidado no le dan ningún alivio! Dias ha, que con tristeza, veo señora, tu belleza, y te culpo el amor tibio que me tanes, pues pudieras, viendo mi voluntad buena, darme cuenta de tu pena: por tu vida, que refieras la causa, que puede ser te halle yo alivio; y consuelo; que aunque soy criada, el Cielo me es testigo, que soy fiel. Porque veas que me fío de ti, te diré mis males; mucho temo a los cristales no parlen mi desvarío. s. Bien te acuerdas de la noche que fue a visitar mi afecto a Doña Ana de Águilar, que estaba enferma, y creyendo, (por estar clara la noche) el que nadie desatento, a violar se atreviera mi sagrado, y mi respeto: mandé, dejaran el coche, y acompañada de Arnesto, Leoncio, Lisardo, y Juana: y porque mi padre (a Cielos!) a la continua tates de sus estudios atento, no me quiso acompañar, cuando quizás el respeto de sus canas, estorbara de algunos el vil intento; poco habíamos andado, cuando dos hombres groseros, se vienen hacia nosotros, en la mano los aceros: hicicronles resistencia mis criados, a el encuentro primero, mas como soy criados, al fin, huyeron; pero tuve la fortuna, que al instante, un Caballero con el ucero en la mano, se opone bizarro a ellos. A este instante, la justicia, intentar quiere el prenderlos? ellos huyen recatados, con que mi defensor, viendo, se cebaba la justicia, solo en seguirlos a ellos: dimos la vuelta a otra calle, y entonces Don Juan de Trejo, que este es el nombre de aquel esforzado Caballero, me dio a entender con razones, hijas de su entendimiento, que me adoraba constante; y yo de una parte, viendo recibido el beneficio, y ser valiente, discreto, y noble (según me dijo) a él me incliné, con afecto tan grande, que exagetarle, Celia querida, no puedo; a esto se sigue, no haber podido verle, que es cierto, para mí ha sido la pena mayor, y mayor tormento; no se si se habrá olvidado de mí, conque razón tengo para llorar, y sentir; pues siento, que almisino tiempo que hallé, perdí mi esperanza, mira si alivio, y consuelo podrás hallar a mi pena, pues sin esperanza muero. A las orillas del río. junto a la Iglesia del bello Prototipo de pureza, Dirgen de la Vega, veo dos mujeres, y serán. Han de ser por fuerza Cielos? serán algunas mondongas, y sin duda es esto cierto, que vendrán a que les den los Cólegas un refresco. Turrón deja disparates, siempre has de estar para ello? A las mujeres he visto, por si son ellas me acerco. Y yo contigo que soy siempre maza de este perro. Amor permita se ablande de mi ingrata el blanco pecho. Repara en dos estudiantes que allí se apartan, y creo que hacía nosotras se viene, sino me engaño uno de ellos. El que se acerca a nosotras, es Celia, Don Juan de Trejo: albricias amor, pues ya al dueño que adoro veo. Es el otro que se queda, si no me engaño, Don Diego, aquel que te he dicho Celia que me cansa, y aborrezco, y es hermano de Diolante, amiga mía, a quien suelo visitar, aunque es Morera; pero es contanto secreto, de modo que no lo saven ni los míos, ni sus deudos ni aún él porque no lo sepa quiere Violante, temiendo no la castigue por ser, como soy, de bando opuesto; porque yo nunca la he dicho, que amor me tiene Don Diego; pero ya llega Don Juan. Al ver, señora, ese cielo, he vuelto a resucitar, pues he vivido muriendo el tiempo que no os he visto, aunque maldige, en mi pecho tan vivo retrato asiste. Save Dios, que en todo miento, . vuestra singular belleza que he vivido todo el tiempo, que no he visto el prorotipo, solo con mirarme al pecho. Porque solo escucho aquí no las voces, si los ecos, ir acercan dome más por ver si lo entiendo quiero. No quisiera, que Leonor. . digera algo que Don Diego lo entendiese; pero ya no puedo poner remedio. Atributo es de nobleza, siempre el agradecimiento, y cuando blasono yo de noble, fuera gran yerro no agradecer, escuchad. Ya quiso, piadoso el Cielo, según oí de Leonor mostrar agradecimiento a mis penas, y a mis ansias; pues como yo de contento no me vuelvo loco, pues ya se causó el hado adverso de perseguirme; Fortuna, hoy te dedico mi pecho por templo, para que avites en él: y tu prodigio, y ejemplo de amistad como no pides albricias a mi deseo? Por la reja que os he dicho, a las doce en punto espero. Solo respondo, señora, sirviendo, y ovedeciendo. Y para Turrón no habrá, señora Celia, un requiebro? Habrá mil, porque yo siempre por comer Turrón me muero Deja, señora que vese tu pie, tu pata, y tú. . Quedo. no se suba tan apriesa, si no sufra el majedero, galante, pene muera, y siembre, cogera luego. Que es coger, cien diablos cojan su alma, que yo no quiero. Agradecerlo, que os juro que por vos solo, esto es cierto, hago la mayor fineza, pues pongo mi honor en riesgo. Él ser constante en serviros de mi parte yo os prometo. Deja amigo que tus plantas bese. . Bueno está eso, levantaos por mi vida, y no me tratéis Don Diego de etal suerte, cuando sey vuestro amigo verdadero. Dime, amigo, si Leonor premiar quiere mi amor tierno. Al principio muy esquiva se me mostró; pero viendo razones bien alegadas de vuestros merecimientos refiriendo vuestras ansias, y vuestras penas sintiendo, arguyéndola de ingrata en no pagar vuestro afecto, y rogándola la hiciese, tanto la obligó mi ruego, que ya con menos rigores obstenta su hermoso cielo. Desde hoy amigo Don Carlos vuestro esclavo me confieso, mandad, y pedid, porque todo cuanto tengo es vuestro. Debo con muchas finezas pagar el favor, que eis hecho por suplicaros lo yo, a nuestro amigo Don Pedro. El serviros en mí es deuda. Y en mi obligación Don Diego. que siempre soy vuestro amigo. Yo Carlos, esclavo vuestro. Si no tenéis que mandarme. Si me dais licencia quiero. Retirarme a la posada. Iros Don Carlos sirviendo. Ya os he dicho muchas veces que dejéis los cumplimientos. Y si no escuchen, que ba si no lo dejan el cuento A más ver señor Don Carlos. Id con Dios, señor Don Diego. Como no me falté industria, fortuna, y entendimiento pondré tales las mujeres a engaños, y fingimientos, que digan desesperadas, viendo mueren sin remedio, este entendió nuestras mañas; pues escarmentado, y diestro hiere por los propios filos matándonos con desprecios. Eso si véngate de ellas, porque ellas hacen lo mismo si cogen a algún probete que no entienda sus enredos. .
JORNADA TERCERA
ero micrro. Noche para mis ficciones. Noche para mis trabajos. Un milagro por lo oscuro. Por lo verdinegro un pasio. Para vengar a los hombres. Para fingirme mi amo. Tus sombras meden ayuda Me de tu capuz amparo. Esta noche por la reja, hablar a Violante aguardo. Esta noche, en Caballero Jume revisto, por San Pablo, sepan señores el cuento: Bien han visto, que mi amo galantea con extremos pero con extremos falsos a Leonor, y Diolante, damas de tal garábato, que prenden todas las almas, dejando la de mi amo por cojer, porque no es fácil que la pesquen sus engaños, y esta noche pagar quieren sus cariños afectuados, permitiendo, que las hable por una reja, y el caso es, que ambas por la hora a las doce señalaron: miren, si tal suceder le pudo a todos los diablos. Mi amo se halló perplejo, mas yo como buen criado (si es que los puede haber buenos) viendo que es forzoso caso el cumplir con ambas, para el buslis del engaño, y que un cuerpo en dos lugares, el poder estar negamos. le dije: Dime, Señor, en este lance a que vamos, no es a engañar, y a fingir a hastas damas? Está claro, pues tú verás a Violante, y yo fingiendo ser Carlos, (digo Don Juan) a Leonor diré favores tan altos, y mentiras tan fundadas, que no heche menos tu garbo. Paraciole buena treta, y mi consejo aprobando, él a Violante va a ver, y yo (que donoso caso) voy metido a Caballero, más hueco que un veinte y cuatro. Pienso decir agudezas; porque tan solo he cenado un canteron de cuchillo, y una tajada de plato. Ya me parece que es hora, quiero a la reja ir llegando. Pero ya darán las doce, quiero ir, porque estoy rabiando, por decirla dos requiebros. Pero ya, si no me engaño, he visto un bulto en la reja: con un poco de cuidado me tiene, si habrá Turrón ido, que al fin es criado. Mas si la vista no miente, que se engaña a cada paso, como anda en poder de niñas, parece que he visto blanco en la reja, y puede ser, sea de mis tiros el blanco. Por si es Violante me acerco. No será malo acercarnos, por si es la bella Leonor. h Sois vos, acasó Don Carlos? qué es lo que he escuchado, Cielos! sin duda que oyó a su hermano, cuando Carlos me llamó: ayúdenme mis engaños. Soy el que hasta ver los soles del hermoso, y soberano cielo de vuestra hermosura, siempre en tinieblas ha estado, mas ya todo es claridad, a vista de vuestros rayos. Don Pedro de Carbajal sy, no señora Don Carlos. Ce, sois vos Don Juan de Trejo; Ego sum, quísum, Rabsum. No os entiendo que decís. Que sí, quereislo más claro? Digo, que me llamo Trejo, Trejo, Trejillo, y Trejazo soy, el que en vuestra hermosura pretende, dueño adorado, tener todo su caudal. Si dijera esto mi amo. . Luego, me habéis de vender? Pues soy yo Judas, acaso: digo, que sois mi caudal; porque con vos siempre gano. Infame, mal caballero, mas que Sinón, en engaños, mas que Ulises, en astucias, vil en todos vuestros tratos: como decís, que os llamáis Don Pedro, si hoy a mi hermano, que (con qué dolor lo digo!) os dijo: amigo Don Carios, cómo decís, que me amáis? si fementido, y villano, a mi hermano le pedisteis, que a Don Pedro Altemirano, un hombre, a quien aborrezco, y a quien he dicho, que en vano se cansa en pedir favores, pues de su vista me canso, me mándase, que de esposa le diese palabra, y mano, cuando primero a una sierpe, (para que de ella ha bocados fabrícase su lustento) se la diera. Es eso, acaso, ser vuestro dueño, y mi amante vos, cómo decís, tan falso? Adonde está la nobleza, de que blasonáis bizarro; más de proceder, el modo vuestro, me dice bien claro, que todo engañáis, pues que se conoce en vuestros tratos. Seréis constante, Don Juan? Soy yo tieso como en ajo. Parece que habláis de chanza? Es gracia, que habrá tres años me la hallé en la faldriquera, metiendo, acoso la mano, mas aunque de chanza estoy, señora, de verás hablo. Pues tan presto la belleza de Laura habéis olvidado? No quiero cuentos con muertos, que son tan poco mirados, que después que con su vista causan a todos espanto, vienen a pedir, y es cosa que me da muy gran enfado, Nunca sin oír lar partes, el más perito letrado, pudo sentenciar el pleito, y ya que habéis acusado a mi amor de mal nacido, os ruego, atendáis un rato a oír la satisfacción (ahora aquí de mis engaños) . si Don Diego me nombró, no Don Pedro, si Don Carlos, fue, porque yendo una tarde a la Dega a pasearnos un amigo, y yo a dos hombres vimos, que con desacato trataban a una mujer, y como nobles, airados, de que hubiese quien pusiese a las mujeres la mano: les mandamos lo dejasen; pero ellos más temerarios, vuelven a tratarla mal, y viendo, no era hacer caso de nosotros, en volves a castigarla, sacamos los puñales, que en su pecho poca resistencia hallando, abrieron bastantos bocas para publicar su agravio. Agrandes voces pidieron confesión, con que a el frncaso, luego acudió mucha gente, y nosotros, por librarnos, huimos: a la sazón, que nos conoció un muchacho, y dijo: como Don Pedro de Carb jal, y un hermano de Don Francisco barmiento, de Galicia Consiliarlo, eramos los agresores, y dando cuenta del caso a el Juez de Estudios, al puntó, mandó fuesen a buscarnos, llamándonos por edictos; mas yo entonces, reparando, en que solo por el nombre me conocían, en Carlos mudé el nombre de Don Pedro, y aunque sabe vuestro hermano, como amigo, este suceso, pudo ser llamarme Carlos, no fuese en él prevención, si el hábito ocasionarlo. Creo estaréis satisfecha, en que no me llamo Carlos. En cuanto el haber pedido vuestra hermosa, y blanca mano para Don Pedro, llamarla prevención podéis, no engaño, pues con esto, en vuestra casa, y delante vuestro hermano, os podré hablar, sin que tenga presunción, ni haga reparo; pues no es de creer, que habiendo pedido, que a Altamirano vuestra mano le conceda, pretenda yo vuestra mano; y después, si conociere, (pues es fuerza tanto engaño) con una mano, y un sí, pues en nobleza os igualo, y para vuestra decencia, gozo, no mal mayorazgo: siendo vuestro, me parece, nunca quedará agraviado. , y A quién la fleche de amor. A quien el arpón sagrado. El corazón le ha pasado Le ha herido su corazón! Nunca descansa, y sosilega. Nunca halla alivio, y favor. Qué es poderoso el amor. Que Cupido es Deidad ciega. A la calle de Leonor. A la calle de Violante. Porque me precio de amante. Porque es terrible mi amor. Doy, que como agradecida, Voy, que como en disfavores. Quiere ya darme favores. Quiere quitarme la vida. Con verla vivir, espero. Mataranme sus enojos. Yo vivo con ver sus ojos. Con ver sus ojos yo muero. Agrado cidas las flores, de ver como al generoso, Plancta más luminoso, deben la vida, y olores, el primor de sus colores, pierden en viéndole ausente, y viven, cuando en o riente lucen sus hermosos rayos, volviendo de sus desmayos las flores, con lo luciente. Luego si espero en favores, debel a Leonor la vida, no di ré que es mi homicida, diré, que a los resplandores de sus rayos, cual las flores vivo, y muero de tristeza, en no viendo su belleza: suego el decir, no fue antojos, que me dan vida sus ojos, si la espero en su fineza. Perdida, y enamorada del fuego la mariposa, nunca descansa, y reposa: ni de dur vueltas se enfada, de la belleza asombrada de la luz, hasta que explica su amor, pues se sacrifica, siendo su propia homicida, diciendo: en perder la vida, que amar, ni vivir implica? Luego si yo tan constante, perdido, asombrado, y ciego en el amoroso fuego de mí adorada Violante, siento el corazón amante, abrasado, con razón, viendo mi fuerte pasión, y a su beldad tan ingrata digo: Violante me mata, y abrasa mi corazón. Gracias a el amor le doy, pues os miro satisfecha. Si de la adorada flecha de Cupido herida estoy, que mucho me satisfaga tu disculpa! Dulce dueño, pues te miro ya sin ceño, deja que locuras haga. Quién la dicha ha merecido que yo, pues eres mi amante? Firme lo seré y constante, lindamene lo he fingido. . Llegarme a la calle quiero. luzgo en la calle estoy ya. Qué gente? Quién es? Quién va? Dígalo por mí el acero. Don Pedro? Don Diego, amigo Tiráis fuertes estocadas. Dos tirabaáis cuchilladas, como a real de enemigo. Pésame haberle encontrado. . Haver le hallado he sentido. Don Diego, si sois servido (si Carlos con él ha estado? . no, pues que no me lo dice) de que os va ya acompañando, mandad, que solo mandando vos, me llamaré felice. Siempre, Don Pedro, he debido favores de vuestra mano, que he de pagarlos es llano, según lo tengo entendido (cómo le doy a Violante) . creo Carlos no le ha dicho, y aunque parezca capricho no se lo diré; porque antes Carlos se lo diga; digo Don Pedro, que soy dichoso, pues estaba deseoso de veros; porque el amigo Don Carlos, ayer me dijo, yendo los dos en mi coche, que le veréis esta noche, y puesos importa colijo; porque no intente tenaz . ir conmigo, he discurrido este remedio, y ha sido, según entiendo eficaz. Albricias alma, qué escucho! si será mía Diolante, mas soy indigno, de amante, con mil pensamientos lucho. Adiós Don Pedro. Don Die tened por cierto he sentido, que ocasión se haya ofrecido de dividirnos, más luego abuscaros volveré, sabe Dios, que es fingimiento. . Dejad tanto cumplimiento, y adiós. Dichoso seré si ya Don Diego la mano me concede de Diolante, feliz me llamaré amante, con favor tan soberano; pero si ella con tal ceño, me mitó siempre, esposible que tan presso en apacible se ha de mudar, y alagueño? ha de ostentarse su cielo? pero sí; que mi fineza casi iguala a su belleza, y no ignora mi desvelo, en tanta duda ofuscado. En mis dichas divertido. Junto a la reja he venido A la carle ya he llegado De violante De Leonor. A Carlos he de buscar primero. Quiero llegar a la reja, Que mi amor ya no sufre dilación contraria de mi deseo. Pero desdichas, que veo! Mas que miro, corazón Hijo de desconfianza llamó un discreto a el amor, y como el mío el mayor es, teme la inconstancia. Revozado en un favor un disfavor me habéis hecho, pues que teméis, que mi pecho en quien se hóspeda el amor vuestro, sea desleal, será firme, no inconstante: siempre vuestro sino amante, Don Pedro de Carbajal. Aunque en lo noble confío de vuestra sangre, señor, no se que teme el amor. El temer es desvarío de un hombre de tal despejo, y os hago pleito homenaje, que me tengáis por salvaje, si acaso Don Juan de Trejo no fuere firme: señores, quien aunque lo sueñe a visto embusteros, voto a Cristo, que mi amo, y yo mayores! Un hombre he visto a la reja, si es sueño, o es ilusión, no; porque mi corazón de darme avisos no deja, valedme divinos Cielos! Apenas amor dispone agradecer, cuando pone el nublado de los celos. En la reja, qué dolor! he visto aún hombre, a inconstante! Apenas a el más amante, a el más verdadero amor, quieres pagar los desvelos, cuando sin razón condenas, a su corazón, a penas! a su amor terrible, a celos! He de matarle al instante, porque avista de los ojos de esa tirana, en despojos quede la vida el amante. Seo hidalgo, escuche primero, si es que gusta una razón. Despachad, que dilación no sufro con el acero. Ah desdichas! Que mi amante riñe con un hombre. Cielo permíteme por consuelo su vida, y mi muerte antes! El reñir en esta calle no me perece decente para el valor, que la gente lo estorbara: para que halle vuestra osadía escarmiento salgamos a despoblado donde veréis castigado vuestro grande atrevimiento. Aunque las leyes del duelo mandan, que se de el castigo adonde se agravia, digo, que vamos porque recelo, juzgaráis de mi valor; si ir al campo no aceptara, que yo os temía, y quedara manchando mi limpio honor; que aunque muy presto se hallara. lo contrario conocido, solo el haber presumido tal de mí, me avergonzara. En estasis los enojos han estado, hasta que viera si era sueño, o verdadera, mas pues veo que mis ojos no se engañan, vive el Cielo, que aunque mil mundos lo impidan he de vengar en su vida lo ravioso de mis celos. Un hombre he visto (a desdicha!) a mi amante (qué pesar!) que presto con un azar, se echa a perder una dicha, con el acero en la mano quiere matar, (qué pasión!) quiero irme, que el corazón parte el dolor in humano. . Caballero en cortesía anteponiendo el perdón si he errado en algo. Turrón. Mi amo es, por mi vido, y me he de hacer temeron, que Turron? navo sería primero, en la alogería venden seo guapo Turrón. Él es, mas aún no sosiego, . sabré de él sin dilación, con quien hablaba, Turrón no me conoces? Don Diego soy. . Descuidado un ratillo si vuesa merced se hubiera en dar el nombre, estuviera hecho todo picadirlo. Prevón cholla mil enredos para el interrogatorio. Ánimas del Purgatorio haced que ande, acepos quedos, Con quién en la reja hablabas? dilo presto, si no quieres ver tu muerte: si digeres la verdad prometo darte un bolsillo de doblones. Qué discretamente arguyes? que fácilmente concluyes? que fuerza hacen tus razones? (no te negaré un minuto mas que la verdad) señor, . a mí me ha cobrado amor (si confesare sea puto) una tal Celia, criada de una dama de primor, que juzgo llaman Leonor, en hermosura afamada, y viendo, es caso negado el que se logre el intento de hablarnos; porque un convento es esta casa, ella ha hallado modo, y es porque no deja de discurrir la cuitada, con que en dejando acostada a su ama, a aquesta reja viene en pasos de pabana, y yo sabiendo la hora, hasta que avisa la aurora de que viene la mañana; de su grande entendimiento gozo con felicidad, y esta, es señor, la verdad, so cargo del juramento. Toma, pues que tu leal pecho la verdad no me ha negado. Señor, si tú vas pagado, yo quedo muy satisfecho. La mentira es dulce cosa, . mas es de tal condición, que solo el señor doblón hace a su merced dichosa. Pues que ya aclarada veo ap la duda que me ofuscé, con razón pediré yo, albricias a mi desoo. Ya se fue, y porque recelo que está mi amo con Violante, en lo exterior muy amante hablando aquello de cielo, yo abreviando de razones; porque siento, que el sueñillo me anda rodando el bolsillo de mis queridos doblones los atare al jarapal, y ya que están de esta suerte a el señor sueño la muerte daré en batalla campal. Pues en sitio oculto estamos, ea, arreñir em pecemos. Y las lenguas de esta vez den su vez a los aceros. Riñe con destreza suma. Pelea con grande aliento. Tropece, terrible láncel Levantad; pero qué es esto, Don Carlos? Qué me sucede? Sois vos, amigo Don Pedro? Carlos estar a la reja . de mi Violante, y Don Diego decir, que Carlos me busca, no entiendo esta enigma Cielos Yo la aclararé, o la vida le he de quitar. Si suspenso, porque a la reja me visteis de Violante, estáis, confieso que es causa de suspención; pero creo saldréis presto de ella, con tal que me oigáis, Con toda el alma os atiendo. Fiado en nuestra amistad, me mandasteis, que a Don Diego le pidiese por esposa vuestra, a Violante, y del ruego mío, y de mi intercesión fiastela de este suceso tener buen logro, y astuto como amigo, conociendo que si lograba esta empresa daba a vuestro amor remedio. Fuy a visitar al instante a nuestro amigo Don Diego, quien viendo vuestra nobleza, y que conourren aún tiempo en vos lo rico, lo noble, el valor, y entendimiento, luego os concedió la mano de Violante; pero cuerdo dijo, era razón saver si su hermana gusta de ello. Por lo cual, yo deseoso de serviros, hice empeño de hablarla pero fue en vano, y que era imposible: viendo, hablé a una criada suya, en quien dádivas hicieron prometer, que la diría a su ama los incendios de vuestro amor, y que habíais pedido con rendimiento su blanca mano, y también, como su hermano Don Diego, os la prometió, con tal, que su soberano cielo confírmase la palabra. Y esta noche en aquel puesto que me visteis, la respuesta darme prometió, y al tiempo que dijo, como Diolante respondía que era dueño de su voluntad su hermano, llegasteis señor Don Pedro, esto he podido por vos hacer, y si he errado en esto, rendido a vuestra obediencia, del yerro el castigo espero, En albricias toda el ulma os doy, y que es corto premio a tanto favor, amigo, una, y mil veces confieso que ya el rigor de Diolante es favor, aún no lo creo: especie de cobardía, con razón llamó un discreto a el amor, pues cuando yo, logradas mis dichas veo, aún no el corazón sosiega, desconfío, dudo, y temo. Don Pedro, lo que yo valgo, mi persona, y este acero siempre está a vuestra obediencia. Tanto favor como os debo, no se con que he de paguros. Corrome, señor Don Pedro, que eso toméis en la boca, cuando sabéis que deseo daros gusto. Ea, dejad amigo esos cumplimientos. Sois de nobleza blasón, y sois de amistad ejemplo. Vámonos a recoger Pues adiós. Adiós Don Pedro. . Plegue a Dios, discurso mío, que algas de tanto entedo: mas ea, no hay que temer, que si no miente el proverbio, quien bien ata, bien desata, como en él sin verlo espero. Mas que le habrá sucedido a Turrón con sus enredos? habralo echado a perder, con bufonadas. Qué es esto? Quién va, qué gente, quién es? Quién ha de ire Un hombre muerto Muerto, y habla? Buen embuste. Pues ahora duda que el sueño es imagen de la muerte: Es Turrón? Voto a mi abuelo: descuidaraste en hablar, y vieras por el pescuezo irte dos mil estocadas, pues me coges a buen tiempo, que te juro, y voto a Dios, por no hechar un juramento, que por seguirte el humor, señor, estoy dado a perros. Tudado a perros? Por qué? Porque sí. Pues te prometo, que es razón que hace gran fuerza. Atiende, mientras te cuento desde que nos apartamos, mis no sabidos sucesos, Muy amante en lo exterior, muy metido a caballero: armado de falledades, vestido de fingimientos, lecciones que tú me diste, como en mentir buen maestro. Fui a hablar a Doña Leonor, por sacarte del empeño en que estabas, pues te hallaste de una, y otra dama a un tiempo, (para hablarlas a las doce) avisado, con que viendo era impolible cumplir con ambas junias a un tiempo, que aún que tienes muchas caras, no te hallaste con dos cuerpos. Fuiyo, fingiendo ser tú, a hablar a Leonor: en esto conocerás que te sirvo con lealtad; pues te prometo, fingir ser tú tan de verás, que fui el mismo fingimiento. Todo esto sabes, y así, a lo que importa pasemos. Llegué a la reja, en la cual, hallé a Leonor, que al momento, ceceándome, a la usanza, dijo: Sois Don Juan de Trejo? Dige que sí, con palabras tan discretas, tan del tiempo, que confusa, y admirada, viendo tal entendimiento, me imaginó un Cicerón, y que me hizo agravio, creo; porque Cicerón conmigo, que fue un dotrino, es muy cierto. Promecila, como astuto, que siempre Don Juan de Trejo sería firme, y quedó satisfecha por extremo. En esto estábamos, cuando ve aquí llega Don Diego, muy metido a temeron, y la causa fue, el que viendo estaba a la reja, un hombre, de Leonor, luego los celos de tal forma le picaron, que arrancando el arnés fiero dijo: quién va? Respondí: quien ha de ir, voto a mi asuelo Irá el diablo, irá el demonio, irá Judas, o el infierno. Conociome en lo valiente, que es gran cosa un hombre serlo; y dijó: Turrón, amigo: yo le repliqué muy tieso: sino hablaráis voto a Dios, que podías al momento, prevenir la sepultura; pues se hiciera vuestro entierro mañana, sin falta alguna Él me dijo: que ha que efecto en aquella reja estaba; Yo buscando mil enredos, le dije, como la causa era, el tener sino afecto a una tal Celia, criada de Leonor, y que aquel puesto estaba predestinado para hablarnos, con que luego, haciéndole mis razones fuerza, se fue satisfecho. Callarele que me dio los doblones, que no quiero, lo que ganó mi mentira, que lo gasten sus enredos. De todo lo cual, Leonor nada vio; porque a el tiempo que arrancamos las espadas, cerró la ventana, y creo, la hab an llevado los diablos, viendo a su Don Juan de Trejo en peligro, con que así saluremos de tanto entedo; pues que si la causa falta, fuerza es que falte el efecto; de esto conoce si hay causa para yo estar dado a perros. Casi lo propio que a ti, me sucedió con Don Pedro, estando en la teja hablando a Violante; pero diestro, le engañé con la verdad, con que se fue satisfecho. Pues nosotros, si es que gustas; es mejor nos retiremos, pues también lo hemos fingido. Vamos, Turrón, y mi ingenio pues que me metió, me saque de caos de tantos en redos. Dias ha, hermano, que he visto en ti un color demudado un no hablarme con cariño, y un despego, que ha causado en mi grande admiración, pues cuando con agasajo tal me tratabas, que casi de los límites de hermano, a los de amante pasabas; no se qué causa ha mudado en odio tan grande amor, en ira, cariño tanto y así, rendida te pido, como a padre, y como a hermano, como amante, como a dueño, como a quien desde los años primeros se sujetó mi albedrío, pues faltando nuestros padres, que de el Cielo pisan el Globo estrellado, muy niña yo, fuerza fue quedar sujeta a tu amparo. Ea, señor, no le niegues a mi afecto tu cuidado; porque ya de esas congojas hallar el remedio aguardo. Dejanos tú solos, Flora, y nadie en aqueste cuarto entre, sin que yo le llame. Obedezco, aquí escuchando . estaré; porque nosotras tengamos, es fuerza, el raro genio de gustar de aquello que nos privan nuestros amos. Aunque cuidados me afligen, no por eso mis cuidados me privan de que os estime como debo, pues hallando honestidad, y virtud en ti tan grande: tirano me llumaras con razón, si a tantas prendas, ingrato correspondiera, y así has hecho mal en pensarlo. Paso a decirte mis penas, si bien miro más templado el hermoso Cielo, a quien adoro rendido esclavo. Este es, pues, Doña Leonor Gutietrez, que aunque de bando opuesto a nuestro linaje, eel yo ha unn g ue ba pudo tanto, que venci al fuego de fa, que osudo, en Gutienez, y Moreras, ejecutó tal estrago, que ya; aunque no arrepentidos, a pocos ha reservado. Venció el amor, que sus flechas hieren más a aquel, que osado se opone a sus puntas fuertes, intentando temerario resistir a tal deidad; y está el ejemplo bien claro en el rayo, que furioso siempre ejecuta su estrago, o ya en el árbol más fuerte, o en el risco levantado, que presumido de Estrella en hombros de otros peñascos, por Rey suyo se corona de verse en la cumbre vano; y como son semejantes en todo el amor, y el rayo, así el amor una seda vuelve a aquel que fue peñasco. No ignoro, hermana, que ofende lo que he dicho tu recato, pero mi mal, la advertencia me quitó de que escuchando estabas, y que perdones, te ruego, hermana, el agravio, pues no hay cordura en quien ama. Digo, pues, que contemplando perfecciones tan divinas. pues concurren, por milagro, lo hermoso con lo discreto en Leonor: yo Ícaro osado, me atreví a subir a el Sol, pero vide temerario, en mares de disfavores tan grande amor sepultado. Pero después un amigo me dio la vida, que es claro, que solo un amigo basta para alivio de cuidados. Este, pues, habló a Leonor, y supo su ingenio raro darle cuenta de mi pena también, que ya más humano, prometió su hermoso Cielo ser a mis enfías más grato. No he podido hablarla yo, y esto, a mi amor ha causado tal disgusto, que por eso, hermana, en mí has reparado lo pálido en el semblante, lo poco afable en el trato, mas nunca puedo olvidar que soy tu padre, y tu hermano, este, en tenerte cariñío, y aquel, en buscar tu amparo. Con justa razón quejosa estoy, en que tus cuidados me ocultes, aunque se oponen los de amor a mi recato, pues siendo el fin tan honesto es cierto, que has hecho agravio a mi pecho en ocultarle tu más mínimo cuidado, y más, cuando con Leonor tengo yo el estrecho lazo de amistad, que no te he dicho, por ser de contrario bando, presumiendo el ofenderte, y tu cuidado ignorando, pero prometo decirle tus ansias para que en pago de tan bien nacido amor te de piadosa su mano. Voy a visitarla luego. Vivas hermana más años que el fénix vive en la Arabia, y de tal fineza, en pago, sabe, que ya estas casada. Yo casada? Fuerte caso! si será Don Pedro; Ah Cielos! Qué te admires, no me espanto, y saque tu honestidad los colores encarnados a la cara, pues si nunca advertida has profesado las escuelas de el amor, es fuerza, cua a tu recato, cogiéndole tan de golpe, le cause tal nueva enfado. Dichosa eres, pues mercces a Don Pedro Altamirano, noble, galán, y entendido, él solo, digno del jaro prodigio de tu hermosura. Respóndeme, sin cuidado él sí, o el ño, que tu hurmano soy, y así puedes sin miedo decirme tu intento claro. Válgame amor, qué diré? . si digo que no, está llano, que pues mi hermano lo ha hecho he de agraviar a mi hermano; Si digo que sí, al instante han de hacer que a Altamirano, a quien siempre aborrecí, dé sin remedio la mano, y será darme la muerte, de uno, y otro modo, es claro, que pierdo a mi Carbajal, a quien rendida idolatro. En tanta duda, el discurso . todo, se mira ofuscado. Qué haré? Pero ya discurro remedio a petigro tanto. Perdona hermano, y señor, lo mucho homisa que he estado en decirte mi sentir, que como el casarme, es caso, no para de golpe, así, dentro de mi idea he mirado muy bien los anconvenientes. Pero cuerda reparando en lo mucho que te debo, discurro, que como hermano lo habrás mirado muy bien, y así rendido, y postrado a tu gusto mi albedrío, libra en ni todo su amparo. Con esto avisar podré . al dueño de mis cuidados. Don Carlos: Señor Don Diego! cuenta me dio de el favor, que liberal a mi amor hacéis, pues si adora ciego a vuestra hermana. Violante, vos dais colmo a mi esperanza, que solo en vos confianza, como mi amigo constante tuve, para no morir de lo intenso de mi ardor, y de vos merced mayor ya no puedo recibir, y es imposible que pague el favor que me habéis hecho; pero vuestro heroico pecho; dar sí, más cobrar no sabe: ser esclavo, no es empleo de tal favor, y por eso la deuda, amigo, confieso, y hiporeco mi deseo. Don Pedro, si la nobleza, lo valiente, y lo cortés, tanto es ilustra, fuerna es, que esa que llamáis fineza, haga por vos, pues deudor que quedo vuestro, bien se de otro mayor, y así, el que toméis; si es este favos, a cuenta de lo que os debo, os suplico, y mi cuidado hará, que quedéis cafado esta tarde, y así, luego voy a advertir a mi hermana, se prevenga a tanta dicha. . Ya se acabó mi desdicha, si alcanzo, la soberana belleza de mi Diolante, a quien adoro rendido, pues feliz he merecido ser de su hermosura amante. Pues ya casada te miro, albricias Flora te deba. No con chanzas me atormentes, Flora, cuando ves la pena con que estoy, pues de mi amante no sé que el alma recela, pues avoche, qué pesar! estando hablando en la reja conmigo, un hombre, ah traidor! con el acero, qué pena! en la mano, qué dolor! el dar a mi dueño intenta la muerte, y mi corazón para ver no tuvo fuerzas tal desdicha, conque luego cerré la ventana, muerta, conque no pude saber, Flora, el fin de la pendencia: mira si estoy para chanzas. Mi cariño te aconseja, que dejes las pesadumbres, pues ilustre sangre alienta a tu dueño, y salir bien de todos lances, es fuerza, el que tiene noble sangre; y a salir mal, cosa es cierta, que ya se hubiera sabido. Por vida tuya, que adviertas, que estás ya junto al estrado de Violante. Tanto es, Celia, el ahogo que padezco, el dolor que me atormenta, desde anoche, que a mi amante, (aquel, que adora, y venera el alma; con tal extremo) vi que un hombre, de la reja me le quitó, sin poder ver más; porque con la pena, por no mirar tal desdicha, cerré al istanta la reja, quedando: no has reparado, cuando una tórtola alberga con las alas sus hijuelos, que los ánima, y requiebra con amorosos arrullos: Y que un gavilán, ligera exasación de los aires, con ira inhumana, y fiera, a vista suya, le quita uno, y con ambre sangrienta le despedazan sus uñas, y hecho ya menudas piezas, se le come, sin poder la madre hacer resistencia, publicando tal desdicha, y haciéndole al hijo exequias, con tan fúnebres arrullos, con tan lamentables quejas, que sin admitir consuelo do las aves compañeras, en el mar estéril ramo, pública a voces su pena? Así yo, viendo a mi amante en tal peligro, por fuerza, pues una simple avecirla, a saber sentir enseña, he de sentir tal desdicha. Y así, no es mucho, mi Celia, que no sepa a donde estoy, pues aún de mí me enajena. No temas, porque Don Juan es valiente, con que es fuerza aiga salido muy bien, pero ya Violante llega. Querida amiga del alma? Siempre me tenéis en deuda, pues al instante que pago, (si hay paga a tantas finezas) con el cariño, favores debidos a esa belleza; vos: entonces generosa, tantos estentáis, que piensa desesperar mi deseo, aunque más ansioso auhela, por satisfacer en algo a tan continuas finezas. En vos, Diolante, lo hermoso, siempre ha corrido parejas con lo atento, mas quisiera yo lo estimo, y lo cortes que me mandaráis en que mi afecto serviros pueda, Puesto que vuestra amistad me ofrece la puerta abierta para suplicaros yo mi afecto, rendido os ruega, que a mi hermano vuestra mano deis, pues sabéis, que en nobleza os iguala; y mayurazgo; para pusar con decencia tiene, aunque de mereceros por indigno se confiesa, esto rendida os suplico; y ya mi cariño espera que le haréis este favor Mucho este testigo aprieta . Amor me valga, que haré . si digo que no: grosera no cumplo lo que prometo, pues pide por mi promesa. Si digo que sí, es engaño, pues es obrar con cautela, amando tanto a Don Juan. Mil confusiones me cercan, mas ya de lo que he de hacer mi discurso me aconseja. No ignoráis la oposición de Gutierrez, y Moreras, y que las dos (quebrantando leyes que el rencor ordena) hemos sido siempre amigas: si hay alguno que se atreva a hacer la amistad prometo ser luego cuñada vuestra. Pues eso quede a mi cargo. Pues lo otro a mi cargo queda. A Leonor no he hallado he casa. y así a Diolante a dar cuenta, porque estará con cuidado vengo de que la pendencia de esta noche no fue nada. Por Dios, que la has hecho buena, mi Leonor, y tu Diclante Flora, y mi dama supuesta están aquí vive Dios Quiero, pues sin que me vean lo puedo hacer, retirarme. Ignoro qué causa os mueva, Don Pedro para ausentaros. Don Juan, por cosa muy cierta tengo, que huiréis de mí. Diste con tu engaño entierra. Válgame toda mi industria. . El lance, que tanto aprieta no huyo yo de quien adora el alma con tantas verás; si el discurso no me ayuda. . muy fuerte ocasión es esta. Por mí lo dice sin duda. . A voces amor quisiera publicar el regocijo de ver que de la pendencia salió bien a quien adoro. Que lo dijo es cosa cierta . por mí, pues es a quien aman, y veneran sus potencias. Creo explicarán los ojos que son del amor las lenguas el grande gozo que siente el alma de ver su prenda ya libre de aquel peligro. Si es que no causa molestia, a comversación un rato os sentad. Es preciso que obedezca, aunque indigno a tanta dicha. Habrá quién más feliz sea? . Felice yo pues me adora. . Señor Don Pedro, quisieta. Señor Don Juan, yo gustara. no se cual la causa sea, para que Leonor os llame. Don Juan. Es que uno comedia hicimos unos amigos aquestas carnestolendas, en casa de Doña Clara, de Leonor prima, y en ella el papel de un tal Don Juan me tocó hacer, y la buena de Leonor desde aquel día me llama Don Juan. Quisiera que me dijeras, porque os llama Diolante bella Don Pedro? No es para ahora el decíroslo, que es fuerza si todo os lo he de decir que algún tiempo se divierta, y es el hablar los dos solos, dar a Diolante suspecha. Suplicons señor Don Juan. Cada loco cen su tema. . Que os merezcamos, pues que quien ama siempre es poeta, que digáis algunos versos. Va un soneto, estádmententas. Ya os atiende toda el alma. Ya el alma os escucha suspesa. bien deseado, l Gozaba amor de un bie. mas como de él hucer nada hay distante, preston guó el gusto, pesar no imaginado. Poro amor obró lille no esforzado, y unéndose lo noble con lo amante, que es, aunque niño, en fuerzes un gigante, sale de triunfos siempre coronado. lograba dicha, que alcanzó constante, Y aunque pudiera amor estar celoso, como aclaró la duda, mas adora (rindiendo obsequios) a tu sol hermoso. De quién es tu beldad divina aurora, y del favor en pago, que alcanzó dichoso, te halla incapaz amor de hacer mejora. he soneto gozando de sus favores tento, A mi dama est saqué, porque sucedió estando en la reja tierno, gozando de sus favores el que un hombre de esa sin saver lo que se hací hacia a mí con el acero se vino, y por darse cuenta que nada resultó de esto, este soneto escribí. Qué amante sin fingimientos! . Qué dueño tan sin caucelas! . El soneto es digno empleo del ingenio que os asiste, Por mí lo dijo. . Confieso que está el soneto admirable, hijo a el fin de vuestro ingenio. Por milo dijo, no hay duda. . Hasta ahora bueno va esto. . Ya se olvidaba el poeta, de mí, pues ha tan to tiempo que no he hablado una palabra. Celia, Flora, que es aquesto; Pues nosotros tan ociosos, sin murmurar? Bueno es eso. ejerzamos nuestro oficio. Yo desde luego me ofrezco. Pues yo también soy criada, a murmurar nos sentemos. Yo ya estoy sentada vamos. . Pues yo me encajo aquí en medio. ahora se puede decir lo de virtus, pues es cierto, no quitando lo presente, que hay gran vicio en los extremos. Tome el sopista piojoso. Tome el gorrón majadero. Yo no quiero ser virtud entre mujeres, que es cierto, no la pueden ver pintada. No puedo explicar, Don Diego, como el alma os agradece el favor que le habéis hecho. Mas merece vuestra sangre, Malo. Don Diego, y Don Pedro, que esta vez sale mi amo con dos sotanas, es cierto. Caballeros, fuerte lance! . aquí me ayude mi ingenio, apenas libro de Scila, cuando en Caribdis tropiezo! Don Pedro, Don Diego, amigos! Divinos Cielos, que veo! . Lenor, estar en mi casa! del corazón el contento revienta ya por los ojos; porque no cabe en el pecho. Dichoso, y feliz, llamarme desde hoy, dueño hermoso puedo, pues de honrar aquesta casa quien os venera por dueño. No se que el alma me anuncia, que casi a decir me atrevo, no sé que: vos lo entendéis. Toda me ha cubierto un hielo. cuando por dueño obedece el alma a Don Juan de Trejo, Don Diego ahora en su presencia me requiebra, ya los celos en su corazón amante, apuran el sufrimiento. Estimoos (no se que diga!) el favor (pierdo el aliento!) que me hacéis, (fuerte dolor!) quién se vio en lace más fiero? . Aún no me mira Violante, . mil confusiones padezco. Abraba ocasión, Don Carlos, bella Leonor, a buen tiempo os he hallado en esta casa, pues en este punto, quieron cue Don Pedro Altamirano, noble galán, y discreto, le de la mano de esposo a Diolante. A un mismo tiempo toda la nieve del Ecna, del Etna todo el incendio; este, de cólera, y rabia contra el hado, tan adverso, que me persigue, y aquella, de verme en lance tan fiero; pero solo el hablar claro, es a mi dolor remedio. Atended; que aunque a mi hermano que le di palabra, es cierto, de dar de esposa la mano a Don Pedro, fue mi intento no cumplirla, pues la di primero a el señor. Don Pedro. a quien adoro rendida, pues supo con tanto extremo amarme, que sin poder resistirme a tanto ruego, le prometí ser su esposa, y amante correspondiendo a lo grande de mi amor, él me prometió lo mesmor si bien esto no pasó los términos del respeto. Y si palabra te di de dar la mano a Don Pedro, y si también la pidió para él mi adorado dueño; fue, porque no presumieses que él me amaba; y así es cierto, que solo suya es mi mano. Tened desdichas, que veo! También me prometió a mí ser mi esposo, y os advierto que lo ha de ser, aunque el mundo lo estorbara. Malo es esto. Gori gori por mi amo. Qué es lo que me pasa, Cielos! salio amigo, como engañas. Ah vil amigo, qué es esto? cómo a mí me has engañado? Descúbrase tanto enredo. . Satisfaré a vuestras dudas: pídoos que me estéis atentos, Desde que uso de razón ilustro mi entendimiento, a las mujeres, tal odio, y tanto aborrecimiento tuve, por su proceder tan lleno de fingimientos, tan vestido de interes, tan armado de desprecios, pues cuando más adoradas se ven de el amante ciego, que en la copa de sus ojos bebió de amor el veneno, entonces se burlan de él, y cuando está más sediento de favores, con desdenes pagan amor tan inmenso. Discípulo de su modo de proceder, me resuelvo, así como ellas a el hombre, matarlas yo con desprecios, amando a ninguna de ellas, aunque a todas galenteo, pero es verdad, que el engaño nunca atropella el respeto, con que obrando como noble, las engaño, como diestro. A Leonor hablé una noche, que supo airoso mi acero dar la vida, y ocasión hallando para mi intento, dije, ser de Avila, y que era mi nombre Don Juan de Trejo. A Violante viotra vez, y al instante, astuto, y diestro, me vestí de enamorado, creyoso, por pasatiempo, Don Pedro de Carbajel, y ser de Plasencia luego fingí, cuando ya sabéis, que soy Carlos Don Guerrero, natural de Badajoz. En cuanto si os ofendí, o engañé, que no, os prometo, pues obré como quien soy, lo uno, a Diolante pidiendo, lo otro, que si vengar a los hombres fue mi intento, me debéis agradecer aquello mismo en que ofendo, pues con esto, los desdenes con que os trataban, es cierto, que viendo tal desengaño, conocerán que fue yerro, no corresponder amantes, siendo tan digno el emplo, con que cumplo con mi humor, y la ley de Caballero. A demás, que mi intención fue, que aquesto descubierto, pues no he agraviado el honor de estas damas, digno empleo es el de vos con Leonor, el de Diolante, y Don Pedro, Y yo rendido a esas plantas, que me perdonéis, os ruego, si no he acertado a serviros, protestando, fue mi intento, engañar, como mujeres, a estas damas, no por eso negué la veneración que se les debe, y respeto, por ser quien son, que eso fuera no obrar como Caballero. Por concluido me doy, por lo mucho que intereso. Si intereso tanta dicha, que me hallo atajado, es cierto, Pues que no supe estimar quien me amó sin fingimiento, bien es que sufra este agravio, y si confesando el yerro, merezco ser vuestra esclava, esta es mi mano, Don Pedro. Feliz yo, pues de este engaño conseguí el mayor acierto. Esta es mi mano, que el amma, que os la entregué ha mucho tiempo Si el perdón de no haber dado logró amor tan sin enredos, merezco con vuestra mano, esta es la mía, Don Diego, que los bandos con mi padre, ajustarlos yo prometo. El alma, indigna a tal dicha, siempre os tuvo por su dueño. Ahora bien, señores míos, esto todo se ha compuesto; porque a enfermedad de embustes emplasto de casamientos. Y así, la que yo escogiere ha de ser mía. Prometo. Pues tú Flora, no te acuerdas que me llamaste jumento, en la primera jornada? pues en esta lo veremos. Usted se vaya con Dios. Tú, Celia, toca esos huesos. Tuya soy, Bravo torillo. . Pues yo muy contenta quedo. Vaquí la Comedia acaba, y que perdonéis, os ruego, tantas faltas, que el Autor, solo ha librado su acierto, deseando daros gusto, y esto no se alcanza, es cierto, solo logrando, pues hoy él lo ha adquirido emprendiendo. Y las mujeres perdonen, que el sobarlas el coleto, no es porque ellas lo merecen, si, porqué verlas no puedo.
