Texto digital

Texto digital de Galán, tercero, y marido

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Alonso de Sousa
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Galán, tercero, y marido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/galan-tercero-y-marido.

Logo BICUVE

GALÁN, TERCERO, Y MARIDO

JORNADA PRIMERA

Poca noticia nos dan, por demás es el buscarle. En hallarle, y en hablarle mis esperanzas están. Pierdo, Martín, el sentido, y casi enfadado estoy. A Madrid llegaste hoy. y ya te das por vencido? Por allá no te he culpado ser en la cólera un Cid, mas has de ser en Madrid flemático declarado. Tu enojo no se anticipe, que la Corte, a tal violencia, da por piedra de paciencia las gradas de San Felipe. Has llegado a alguna aldes, donde se descubre presto lo que se busca, qué es esto? ignoras que aquesta sea Corte del Cuarto Pelipe, donde en una misma casa no se sabe lo que pasa, ni hay quien del mal participe del vecino, aunque porfien voces, pues todas se ignoran; de suerte, que si aquí lloran, en el otro cuarto ríen? Hoy has llegado, y hoy quieres salir con bien del suceso? que me admiras te confiesos mas porque no desesperes, y averigüemos quien es don Luis, y adonde es su casa, hacia la comedia pasa, pues es hora, como ves, que allá sabrás del mejor y más si es comedia nueva, porque la nueva le lleva aquel día al buen Autor toda gente maleante, todo galante mancebo, todo hermosísimo cebo, y toda beldad brillante. Todo crítico discreto, y todo mozo holgazan, de estos que vienen, y van a todo tiempo, en efecto, a los trucos, a la casa. de cualquier conversación, estos te darán razón de cuanto en la Corte pasa, Estos te dirán quien es, porque en las casas de juego, todos se conocen luego. Hacia la comedia, pues; poco a poco caminemos. Cerca del Príncipe estás. Pues entra, no aguardes más. Mucho mejor lo sabremos, que aquí acuden los señores, y entre ellos mil caballeros. de Madrid, y forasteros. Si cesarán mis temores? Aquesta que miras es la puerta, llégate allí. Hay tantos coches aquí, que temo salir después. Damas salen, y es sin duda que la comedia acabó; que relampagó arrojó esta loca, y que sesuda esa estrella la acompaña! Qué hon estidad! qué hermosura! El traje bien la asegura, No se que. Quedo, en España no se enamoran tan presto. No digo tal, mas al bella dice el corazón si es ella la que busco, . Mas modesto, por don Luis Portocarrero pregunta, y déjate ahora de esas locuras. . Qué Aurora? Y es barro el tercer lucero? Que en la Corte, Martín, aye beldad que viva sujeta a una ropa de vayeta, y de estameña a una saya? Que despreciando rubies, oro, y diamantes, al fin haya quien gaste, Martín. estameña por tabies? Oh qué poca vanidad! o tiempo mudable, y vano! traje das tan ordinario a tanta sola beldad, sin que el oro la abrigara, que seda a pedazos dora? quien pensará que esta Aurora del lecho se levantara? Aguardaremos aquí hasta que vuelva el cochero. (vida Buena comedia. . En mí tuve en ellas más contento. Yo no, que salgo enfadada. Con quién, prima? Con Vireno, que a las finezas de Olimpa correspondió muy grosero. Eshombre, de qué te espantas? Temor me ha dado elejemplo; buena salió la Velera. Tan de su amiga me precio, que no la clavo, porque parecerá que me dejo llavar de alguna pasión, Agrádame por extremo. Que descarado, el Oluna, dijo, doña Ana, aquel verso: No hay amor, pasado el gusto. Eso es lo más cierto en ellos. Llega a preguntar. . Martín que me he turbado confieso, Pues yo llegaré por ti. Fáltate merecimiento, yo llegaré, si no esvo que en tanto esplendor me pierdo: sino fuere cortesía, que me disculpéis os ruego. qué mandáis? . Recién venido a Madrid, del modo ajeno con que se debe llegar tan cerca de tanto cielo, pregunto si han acabado la comedia, mas no pienso, que aunque me niego medroso, poco cobarde me veo: perdonad si en la pregunta algo en desairado peco. En breves razones digo, señor galán forastero, que ya dio fin la comedia, si bien cúlparos pretendo, pues cuando veis tanta gente como sale, y como pienso que ya ha salido, ignoráis que ya dio fin. . Si me atrevo a responder por mi amo, perdonad, no anduvo necio en preguntar si dio fin, pues muchas comedias vemos que le tienen al principio, y se va la gente luego. Nunca prometió ese fin de esta comedia su dueño, pues en todas las que escribe anda seguro el acierto. Obligación es lacáia hablar al papel tercero, llego a la luz motilona, Hable poco, y con respeto, Con él, o sin el querría, a fuer de buen regodeo, darme aquí un filo rabioso. Ya le he dicho lo que quiero. (che. qué aguardáis? . que venga un co que ya tarda. . Si yo puedo serviros, iré a avisarle, aunque, vive Dios, que temo no acertar con él. . Por qué? Porque a tanta luz atento estoy, que por Dios que dudo, al apartarme de veros, que de turbada mi vista ha de errar el movimiento. Os habéis enamorado, que nos respondéis tan tierno? este es paso de comedia. que verse, y amarse es luego? No son milagros de amor, ni siempre cobarde ingenio el que pinta tan briosos los amorosos afectos, amor no nace de ver? Quién lo duda? . Pues si veo y amo, las obligaciones cumplo de amante discreto. El que es tardo en encenderse, nació de parto grosero, y ese tal ha menester, para que se incline al fuego, con el eslabón del trato irle combatiendo el pecho: porque la yesca del alma, con uno, y con otro incendio, encienda luz, y se incline al amoroso deseo, pero quien nace entendido, la voluntad rinde luego. No me parece muy mal el forastero. . Pues quiero darte mi lugar, que yo nunca me inclino tan presto. Yo me precio de entendida. Yo de muy necia me precio. Al menos, vos merecéis. que os amén, y si es tan cierto que el entendido se rinde en viendo, deciros puedo. que me amáis. . No si no que también tengo entendimiento. El alma erró . qué decís? Que tengo rudo el ingenio. Cómo, si aquí os confesasteis discreto? . Yo lo confieso, mas no discreto con todas, con una solo discreto. (táis. Pues yo sola estoy. . No es Pues me declaro primero; sola soy. . No para mí; que aunque ese amor agradezco, no importa morir por mí, si yo por otra me muero. Qué necia tenéis el alma! Dos veces sabia la tengo. Cómo? . Como el eslabón que tocó al alma primero; fue esa vecina hermosa, si ella me ha sacado el fuego, porque queréis que la luz que ella ha encendido en mi pecho salga a alumbraros a vos, y deje a escuras su dueño? Luego sabia fue dos veces el alma, la una, rindiendo la voluntad con la vista, y la otra, satisfecho solo de amarla, ser firme, sin que tenga movimiento de amaros a vos, aunque ella no me de entrada en su pecho. No parecéis de Madrid. Pues en que no lo parezco? En no jugar a dos manos, que por acá los más tiernos no se precian de tan firmes. Yo de tan firme me precio. Prima, ponte en tu lugar. Son otros mis pensamientos, si bien a tanta merced no ser ingrata pretendo; sois de Madrid? . No señora, de Sevilla soy, y vengo de las Indias a Madrid, por un extraño suceso. Qué de las Indias venís? Tenéis por allá algún deudo? Tengo, al menos, en las Indias. quien desasosiegue el pecho, aunque en España, mil veces, me han afirmado que es muerto. (bres Cómo se llama? . Es su non pero después nos veremos, que viene aquí cierto estorbo, y declararme no puedo. Con quién me dices qué hablaba? Con aqueste forastero. Don. Luis es, mala ocasión. Dónde visitaros puedo? A San Basilio vivimos, quedaos, que puede perdernos el seguirnos. . Vuestro soy. Qué disgustos que padezco por estas locas porfías de don Luis Portocarrero! En qué quédamos? . Adiós, que responderle no puedo. . Si es esta mujer el alma por quien a la Corte vengo? A caballero. . A ti dice. Lo que me mandáis espero. Conocéis estas mujeres? Si a la Corte ahora llegó, y solo he estado en Madrid dos horas, tened por cierto que no las conozco, acaso a preguntarlas me atrevo cortés a donde vivía un caballero, a quien pienso darle un pliego que me importa; estaban haciendo tiempo, mientras un coche llegana, y detuve con respeto la conversación, en tanto que dio la vuelta el cochero. Bien está: pero advertid que en la Corte con más tiento se deben poner los ojos a donde obliga el deseo. Porque aquí, aún la cortesía en amoroso desuelo ofende, que no hay amor tan reportado, y discreto. que juzgue bien del corrés, de todo hace infame duelo: porque con menos ofensa suelen reparar en menos los celos, aquesto basta, y pues que sois forastero, entrad más cuerdo en Madrid, que os importará el ser cuerdo. Y porque sepáis mejor, si otra vez el Ángel bello que adoro topáis, a quien habéis de guardar respeto por mí, de las dos, sabed que es la que en el traje honesto afrenta cuanto se precia hijo del Sol heredero. Esto os digo, por si acaso tuvieredes otro encuentro, que no os sirva de disculpa la ignorancia. . Yo agradezco el desengaño; ay amor, apenas nacido, muerto; pero para poder verla he de usar de este remedio. La verdad es, que esa dama nome llevó el pensamiento, porque no sé que se tiene el adorno en lo más feo; que lleva la inclinación, lo que no tiene lo bello, que sin el ropaje rico mueve poco, y luce menos. Y así sucedió está vez, pues más me llevó el deseo lo profano de la una, que de la otra lo honesto; de modo, que a daros pena aún pensando no me muevo. Ese desengaño estimo. Con el suplícaros quiero me digáis a donde vive un don Luis Portocarrero, caballero de Sevilla. Yo soy ese caballero Dadme vuestros pies ahora que he llegado a conoceros, y por los ojos pasad, perdonándome; este pliego. Será del Conde mi primo. D él tanto favor merezco. Yo voy a Palacio ahora, en mi casa nos veremos; (porta vuestro nombre? . El que im- hoy es don Juan de Acevedo. Luego otro nombre tenéis? De espacio informaros quiero si bien lo ha de hacer por mí ese pliego. . Aguardo luego en mi posada. . Dónde es, señor? . Poso con mi deudo el Márquez de Alcala. Bien, mil veces los pies os beso; que te parece, Martín? Sabes, señor, lo que siento, que aqueste sol de estameña tiene su cierto embeleco. Quien te mete a ti en preguntas, ni en creerte de ligero, que quien no brilla tabies, trae los pensamientos quietos? De achaque de Corte sabes muy poquito, eres moderno, en sus polvos; y en sus lodos, porque hay sol estameñero, con griñóncito arrugado, que hace madrugar al pueblo. Loco estoy, válgame Dios, Martín, la esperanza pierdo, y aún en mi honor. . No prosigas Algunas sombras recelo. Pues porqué? . Díceme el alma que es esta mujer el dueño que de las Indias aquí trae locos mis pensamientos. Eso dices? loco estás, por Dios que fuera muy bueno, que por una alma cismosa, amiga de audar en cuentos, ntreyeras que está tu honor can tan débil vidrio puesto; que determinas? . Hablarla, Y don Luis Portocarrero? Su respeto me perdone, hasta asegurar mi miedo. Que venga un hombre buscando a su mujer, santos cielos, sin que a su mujer conozca! imposible es el creerlo. Que la busque, y no la halle en Toledo, si Toledo es su patria, y que a Madrid por tan extraño suceso se venga, y en el apenas señas de encontrarla veo, cuando las señas me infamen? pero no, pues no estoy cierto de qué es ella, duro trance! pero, cárcel del silencio no os abráis, que importa mucho, y me ponéis en gran riesgo, busquemos el desengaño sin que se rompa el secreto. Tu buscas un disparate, y de uno has de dar en ciento. Vamos tras ellas. . Adónde? A san Basilio. . Ya pienso que hemos perdido de vista el coche. Pues caminemos hasta alcanzarle, Martín. Oh qué marido tan necio! no busques a tu mujer, que es un enemigo menos. Esto por cierto he sabido. que al fin es muerto mi esposo? Porque yo viva dichoso, y menos aborrecido: favor es bien merecido el que pretendo de ti, si has conocido de mí en el amoroso trato, que a tanto desdén ingrato amante firme asistí. En Nueva España murió, de quien lo sabe lo sé, verdadero me informe, pero cauteloso no; la hacienda que allí dejó, tan poca, y tan empeñada, que no viene a quedar nade para lo que tú mereces, mas si a mis brazos te ofreces, has de vivir mejorada. Mejor, señora, estarás en poder de quien te estima, que no en casa de tu prima; a donde a peligro estás de venir a perdermás, que pueda medrar tu honor, que de don Luis el amor no aspira a lo que deseas: mujer eres, no lo seas en escoger lo peor. Mira mi amor sin desdén, siempre en la firmeza igual, huye el peligro del mal. llega a los brazos del bien, que el ser quien eres también te obliga a lo mismo ya; tu honor disculpa tendrá, si miras lo que le importe, que mujer sola en la Corte, dice el peligro en que está. Vuestro amor, y cortesía merece mucho, don Diego, si al sentimiento me niego que al ser mi esposo debía; no ha sido tibieza mía, ni a otro tiempo le dilató, no juzguéis que el pecho ingrato hará lo mismo con vos, pues nunca hubo entre los doy conocimiento, ni trato, Cáseme, como sabéis, y como sabéis, perdí la patria donde nací, y vine donde me veis; se la merced que me hacéis, pagarla es justa razón, haced esa información de como es muerto mi esposo, para que os llaméis dichoso, si es dicha esta pretensión. El peligro en que me veo no me ofende, aquesto es llano, y así hasta daros la mano burlare cualquier deseo. Y yo que tan bien me empleo, sabre guardarte, y celarte: aunque para asegurarte, poco en mis extremos fío, que no importa el brazo mío si tú no sabes guardarte. Si a costa de tantos daños he defendido mi honor, no dudes de su valor. Ciertos son los desengaños, mas después de muchos años, aunque tu valor advierto, temo el peligro más cierto, que después de defenderse, suele la nave perderse cuando va llegando al puerto. Si la nave se perdió a la vista del remedio, y a tanto mar de por medio valiente se resistió, no pienso imitarla yo, que en este mar he de ser roca, para deshacer su furia cuando me importe. Bien harás, porque en la Corte la que no es roca, es mujer. Prima. . Doña Ana. Qué hacías? Aquí con don Diego hablaba, que de avisarme acababa el fin de las ansias mías. Prosigue con sus porfías? Dice, que sabe que es muerto mi esposo, y que esto es tan cierto, que a la información se obliga, porque con ella consiga tomar en mi mano puerto: No dilates, si es así. el casarte, y al tratarte como suya, y declararte, sin que vivas más aquí sin tu nombre, y sin que a mí no me permitas tu nombre; no es bien que tanto te asombre aquel suceso pasado, ya con el tiempo olvidado, pues fue para más renombre. Que librar de la prisión a tu padre, no es malicia, para que a ti la justicia te ponga en más confusión; confieso que grandes son tus contrarios, más advierte, que en excusarle la muerte a tu padre, fue debida acción, y darle la vida, ha de mejorar tu suerte. Mas esto quede a una parte, porque para más de suelos a duiertas que me das celos. Nunca pretendí enojarte. Ya se que no es de tu parte el disgustarme, mas es tu hermosura, como ves, la causa de mi accidente; que este nuevo pretendiente por ti me pone a sus pies. Yo te confieso de mí, que al verle, hablarle, y tratarle, fue, direlo? sí, fue amarle, y el poner el gusto en ti, batalla fue, en que salí más abrasada, y vencida, porque amar a quien olvida, no es causa de aborrecer, que en el amor suele ser nuevo linaje de herida. Dar celos, es aumentar en el que de verás ama la llama, que no le llama el no quererle a olvidar; el arder, el suspirar, el negarse al dulce ruego, es Volcán en que me anego, yo doy aliento a esta llama; que el suspirar en quien ama, es encender más el fuego. Casi me has enternecido, tan enamorada estás? Poco he dicho, y siento más. Tanto el hablarle ha podido? No solo el hablarle ha sido, el despreciarme es mayor dolor, que no hay más dolor: quien la quisiere vencer, desprecie a cualquier mujer, y alcanzará su favor. Sírvase vuesa mereed de decir que soy lacayo, hablando con el debido respeto del mentecato forasterillo novel, que en la comedia, excusado pudo estar, pues sucediera, a detenernos entrambos, con vuesarcedes alguna de las que llaman del año; hame entendido? . Yo soy: licencia pide este hidalgo para hablaros. . Ay amiga, este es del tal el criado, di que llegue, Inés; ay cielos, si le obligaste mi llanto? Vuesas mércedes me den, yo soy poco cortesano, miren lo que suelen dar a los que traen un recado, y aqueso me den a mí. Entran besando las manos. Pues pídolas por justicia. Decí el recado. En besando Pídenlas, pero no besan. Yo, señoras, digo, y hago, si ellos no belan, y piden, yo pido, y beso de espacio. Tomad la mano, Con guante, eso no, Iglesia me llamo, venga ese cristal desnudo, ese cielo sin nublados, Pecáis en necio, acabad. Necio soy, soy un bellaco: dice el tal. . Alegre sois, Preciome de despejado. hauía un hidalgo así; Dios me tenga de su mano, que os iba a contar un cuento, mas no quisiera sor largo, y así, con vuestra licencia, para otra ocasión le guardo. En efeto, a qué venís? El cielo me dio por amo a aquel cortesano nuevo, poco en la Corte cursado, y él, y yo, sin más, ni más, hemos seguido los pasos de vuestro coche, hasta que en esta casa parando, usando de lo cortés, en su nombre vengo a daros un recado, y la respuesta está en la calle esperando. A cuál de las dos traéis el recado? Aquí entra el diablo, y dice. . A cuál de las dos? Lugar me dad de pensarlo, que os veo a las dos, direlo? Decidlo. Con tanto cuanto de braserillo de amor. De mi parte os desengaño, que ni por pienso he tenido tal desuelo. . Pues yo he dado con todo el recado en tierra. Ay de mí, celos villanos. Por qué os habéis detenido? Dírelo, porque mi amo es mercader de estameñas, vio en vos la que habéis honrado con vuestro talle, y así, que era una propia pensando la que en él está tejiendo un deseo enamorado, y la que vos descubrís en ese traje bizarro, enviome, como digo, por una muestra, y un tanto de la vuestra, para ver si se conforman entrambos pechos, a donde el amor suele tejer de ordinario; he visto en vuestra respuesta, que las tramas se han errado, y que tejéis a otro gusto lo que el suyo está aguardando, y así volveré a decirle, que mude en la Corte el trato. Qué concepto tan grosero! No hilo yo más delgado. Habéis sido tejedor por dicha? . Bien preguntado; pero díganme por que? Porque cuanto habéis hablado es de tramas, y telares, y estameñas. . No fue acaso; allá en soledad amena, orillas del claro Tajo, fui dos meses aprendiz de tejedor, mas el diablo. me tentó con unas ubas, y el trato desbaratamos. Conubas, cómo? . Por Dios que aunque he querido excusallo no he podido, oigan el cuento. Es el hombre despejado. Con pesar gusto de oírle. Sea breve, y limpio, hermano. Han de tenerme atención. Decidle, que ya escuchamos, Para todo hay tiempo, oigan, Ya he dicho que fue mi amo un tejedor, y que yo fui su aprendiz, voy al caso, matávame el tal de hambre. porque era nuestro ordivario libianos fritos, y eran los libianos muy libianos, Tenía en una apotes tendidas, así a lo largo, grande cantidad de ubas; solo para su regalo, sin que tuviese remedio el darme una uva; andando el tiempo, viendo que estaba el tal desban muy cerrado, di en una brava tramoya, y fue, que cogiendo ungato, atándole por los lomos con un bien seguro lazo, le metía, a su pesar. por la gatera del cuarto adonde estaban las ubas, y dándole dos porrazos, huía de mí, de suerte, que como yo le iba dando cuerda, el iba corriendo sobre el regalado campo de las ubas, y después que estaba bien a lo largo, tiraba del tal cordel, y tráíale arrastrando hacía mí, y el con las uñas, gruñendo a lo gateado, me traía cada vez dos cargas de ubas, y en tanto que yo me comia aquellas, volvía por más recado, de suerte, que en pocos días no dejé tan solo un grano. Lo que sucedio en el vientre da pesadumbre al olfato, y así pasará en silencio, porque no quiero enfadaros. Cogiome el amo una vez con el hurto entre las manos, y diome tal diciplina, que era entonces yo muchacho que hasta ahora se me acuerda del cordelejo del gato. Por eso no fuisteis más tejedor? . Para dejarlo, no bastaba no comer? Idos pues, y a vuestro amo decid, que licencia tiene para vernos; como callo lo que siento, si el sentillo lleva tan mal el callarlo? Y no podré prometerle de esos ojos cual que rayo? Estos dan luz a otra parte, que me cuesta más cuidado. . Buen despacho, por mi vida. Pues no ha sido buen despacho? Aquí estabas tú, morena? Aquí le he estado escuchando. No te he parecido bien? Paréceme gran bellaco. No dirá voace que en eso nos parecemos entrambos! No tanta conversación, baje la escalera hermano, harele que a su pesar baje rodando. . Rodando? tan redondo te parezco? pues di bien vestido handrajo, átomo de la hermosura, y pensamiento enmoñado, dij con enaguas, y cota, estornudo con zapatos, menique puesto a mujer, tilde llevando recados; chispa con saya, y con ropa, grano de mostaza hablando, suspiro de monja en pie, y mujer que no te hallo, que eres la mujer primera que eres poco, siendo tanto, no merezco que me quieras? responde, molde de enanos. Oye; amigo, poca prosa, porque si una estaca agarro, le haré que sueñe, que soy, con el tamaño que alcanzo, la tarasca de las vidas, si los ojos desemvaino. Ay de ti, si desembozo lo parlero, y lo tahilado, hombre entre la noche, y día, ni bien tinto, ni bien blanco, Barbas de hilo desteñido, a puro tomar tabaco, y chorizo con oficio, si es oficio el ser lacayo. Dios te perdone, que quiero, hombre, mirarte a lo zaino, pero es muerte muy hontada, si con mis ejos te mato, y así, por no merecerlo, voime, y la vida te alargo. . Díjolo, y fuese, hay tal chispa? pero a lo que importa vamos, este es don Juan, venga, y sepa lo que pierde, y lo que alcanzo, En buena conversación te habrás estado, Martín, sabiendo que otro es mi fin. Para alcanzar la ocasión de hablarla, fue menester, todo el tiempo que he tardado, al fin licencia te han dado, pero muda parecer, porque el Ángel de estameña ha respondido que nones, que a mayores ocasiones otro cuidado la empeña. La otra más amorosa da licencia a que la veas, y así si hablarla deseas, entrar puedes. . No reposa el alma, hasta preguntar quién es aquesta mujer? yo, Martín, lo he de saber para poder reportar el corazón, que me dice; o siempre necio desuelo! que es de mis ansias el cielo, o jozgáreme infelice si la ocasión no he topado. Dónde me lleváis recelos, digo declarados celos? este forastero ha estado enfrente de aquesta casa, donde se enciende el deseo, y ahora hablando le veo; toda el alma se me abrasa, con este mozo a quien vi que de allá dentro salió. pero estorbarele yo, si intenta mi agravio aquí; o más valiente hermosura! como para eterna calma traéis este cuerpo sin alma? Desengañarte procura. Entro pues. . A caballero Qué mandáis? A dónde vais? Quién sois que lo preguntáis? otro Moro? Saber quiero que ocasión os da lugar, pues en vos de extremo pasa, para entrar en esa casa? Para poderlo estorbar, qué intención os ha movido? porque a no entrar no me allano, si sois deudo, o sois hermano? No bastará ser marido? Solo pudiera ese nombre torcer mi intento, por Dios, pero de cuál de las dos? mi pregunta no os asombre, y respondedme cortés, porque por dicha podría ser otra la empresa mía: La que luz de luces es, la que despreciando soles, solo a lo honesto so aplica, la sola en belleza rica, de quien hurtan arreboles cuantas en Madrid bellezas deidades humanas viven, pues de ella sola reciben, para engandrar altivezas, luz que las pública bellas en el Imperio Español, y hurtando luces al sol, son de aqueste sol estrellas. Y al fin, la que en traje honesto, despreciador de lo altivo, es dueño de lo que vivo. harto os he dicho con esto. Su nombre os pido no más? Doña Antonia de Miranda, este es el nombre que manda la vida que viendo estás. Y estáis con ella casado ya? . Muy presto lo estaré. Erré, engáñeme, pense que era cierto mi cuidado. Esto os suplico, y adiós. Quién se nombra su marido, licencia tiene. . Ah lucido bien el engaño en los dos. El desasosiego mío cesó en mi pena, Martín, Qué dices del Serafín de estameña? no me fío de nadie, dos en un día, si esta fuera tu mujer bueno estabas. . El saber su nombre, la pena mía reportó, voy a buscar a do Luis. . Qué tierra es esta, si la que anda tan honesta tiene dos? a todo andar, la que rua muy brillante cuantos tendrá? . Calla necio no hagas de su honor desprecio: Lleve el diablo el hombre amante que se preciare de bueno, porque todas son así, yo, por Dios, que desde aquí tengo de ser un Vireno.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Admirado he quedado del suces Ah sido con exceso (so. mi desdicha; señor. El caso es raro. Solo a vos le declaro, porque a tanta nobleza, encubrir la verdad fuera vileza, (to siendo, señor, tan cierto, que habéis de ser de mifortuna el puer minobre osdeclare callad minombre. Don Juan ese cuidado no os asón El de mi oculta esposa (bre, es el que os dije. Empresa es cuidadosa, vos sois recién venido. que la congoja reportéis os pido; alguna noble casa, donde más recogida el tiempo pasa encubre ese misterio, o en algún Monasterio; yo haré la diligencia, tened, don Juan, paciencia, que Madrid es muy grande, y no es mucho, don Juan, que oculta vuestra ignorada prenda (ande pero porque se entienda S cuanto cumplir estimo lo que manda mi primo, a la experiencia dejo mi cuidado, yo tengo en el Consejó de Indias amigo, aseguraros puedo de vuestra pretensión, que es vano el esto; don Juan; a parte, (miedo: pretendo preguntarte si aquella dama hermosa, prima de la que tiene cuidadosa el alma, dio cuidado a tu desuelo? No tanto, que ha dejado mi memoria cautiva. Porque la has obligado a que me es que la estimes, y veas, (criba y no me estaba mal si lo deseas, Si a ti te importa, harelo. Pues oye la ocasión de mi dés Las pretensiones que traigo, (uelo. el valor de mis parientes, y el ser quien soy; enefero, libertad no me conceden para que sin mucha nota dé la rienda a mi accidente. Y así, para que el recato ande sobre aviso siempre, de ti el alma he de fiar, porque se que lo mereces. Y pues con tantos afectos me has contado lo que sientes, quiero decirte los míos desde su primer Oriente, donde nacieron de fuego, y a dónde de fuego vuelven? Vi una mañana, al salir el Planeta más luciente, viviendo de Atocha un día, que Imperios de grana, y nieve hace Mayo, que a matar tanto Serafín despierte, y a deshacer en lo hermoso lo que pálido le miente. Bien puede el búcaro loco desde hoy más desuanecerse, pues con su mentido gusto tanta púrpura oscurece, y a tocar sartas de perlas en divididos claveles, mano de cándidos copos hermosamente le mueve. Vi, al fin, cerca de San Elas, un Ángel, pero pues tienes ya de su beldad noticia, solo quiero encarecerte como la vi, porque digas, si me rendí fácilmente. Mi amor tengo de contarte, porque los males, y bienes, unos contados son menos, y otros referidos crecen. Ella, y su prima doña Ana, con galas bien diferentes, venían solas, la prima compuesta bizarramente, mas no como a ti lo rico me movió, que más atiende el alma al cuerpo animado, que a lo que abrigarle puede, porque moverse al adorno, interes, no amor, parece. En el traje que la viste la vi, deshecho el copete, y reducido a una cinta el cabello por la frente. Cierto melindre de nácar. y juzgué, don Juan, al verle, Iris la cinta, que muestra en cielo de sangre, y leche, la paz, aunque no fue paz, pues dentro la muerte viene, Cuerda del arco de amor debió de ser juntamente, la frente el arco, y la flecha un cabello que despende de la cinta sobre el nácar al descuido, de tal suerte le flechó, que fue bastante a abrasarme, y deshacerme, que un cabello en rostro hermoso el alma más hurta enciende, Iris de paz fue la cinta, y también flecha que hiere, que cuando mata lo hermoso, es paz, vida, guerra, y muerte, Llegó a san Blas fatigada, perdido el color, tan débil, que los brazos de la prima, fueron de este sol Oriente. Mas tan a pique de ser Ocaso, que pudo en breve reírle recién nacido, y llorarle sol ausente. Dio voces, llegué, y turbado, viendo que el día escurece, muerte el nácar, y ya helada la que fue Volcán de nieve, Dije, del dolor llevado, loto accidente, detente. que lo más bello del valle, si la profanas, le pierdes. Goce rigores, y llantos lo caduco del Deciembre, el Mayo no, pues el Mayo es Monarca del deleite. Nunca más cándida rosa, de Adonis rubí caliente, a trechos manchó, y a trechos hizo que el jazmín se quede. Respeta lo más milagro para atención del viviente, mira que efimera loca tosa deshojada muere. Fuente al nacer al mar llevas, sin que más caudal herede, deja que al mar llegue río, no que se malogre fuente, Contra la naturaleza grosera Parca parece querer deshojar un árbol antes que el invierno llegue. Si almendro juzgas temprano el que deshojar pretendes, caduca estás, la que es rosa no la juzgues flor siluestre. No ultrajes sus verdes años, piadosa a su llanto vuelve, o diré que ya por ti pierde el Mayo el ser que tiene; Oyome amor, y obligado de ver que el alma le ofrece holocaustos en sus aras, piadoso a mi llanto vuelve; que hasta los Dioses desean que con ruegos los coechen. Viste, don Juan; por Agosto fiera tempestad moverse, juntarse tropas de nubes, gimiendo pesadamente, y que oscureciendo el dío, todo monte se estremece de los bramidos que dan, por abortar los crueles rayos, henderse las nubes, y arrojar de fuego sierpes? Y viste después templado el fiero enojo, correrle la cortina de las nubes, y salir el sol luciente, que crece más la alegría, cuanto fue el pesar más fuerte? Pues lo mismo sucedió, fue el desmayo escurecerse el sol, juntarse las nubes, y mis suspiros ardientes fueron gemidos de rayos; pero apenas el sol vuelve, cuando cesa la congoja, y todos quedan alegres. Desde entonces; loca el alma, la solicitó, y parece que descompuesta a mi afecto, cuanto la obligo me ofande, Solo el hablarla me deja, y esto tan honestamente, que me abrasa más el alma, que no sé qué hechizo tiene la conversación honesta, que no obliga a que la dejen; antes despierta el deseo; y la voluntad enciende, y así verás de ordinario dejar presto, y burlar siempre, las que negando el recato solo viven de mujeres. Tú, don Juan, por la razón que he dicho, quiero que celes en mi nombre este predigio, que la guardes, que la acuerdes lo que le debe a mi amor, lo que al ser quien soy le debe, porque el alma sospechosa que aspira a otro gusto, teme. No es posible que de día la visite, porque excede a mi amor la voluntad de quien mandado me tiene, porque logre pretensiones, que no mira las paredes de su casa, bien que yo vivo cuidadoso siempre, que por mí no le suceda lo que puede sueederle, que es desdicha de una dama que en público la festejen. Y así, ni eriado mío en su calle le consiente mi amor, y padece el alma de no saber lo que quiere. Tú podrás hacer por mí, pues no pueden conocerte, por cosa mía, lo que a mi amor no se concede, Pues el amor de su prima, a quien quiero que le muestres, será mi mejor tercero, sin que humano inconveniente te suspenda, pues a todos puedo yo satisfacerte con la vida, y con el alma. Por quien soy, y por quien eres, he de hacer por ti, y por mí, sin que a mi ruego te niegues, has de hacer, yo pido un gusto, ni de mí te favoreces, para que ampare tu honor, este a mi cargo se quede, mi gusto se quede al tuyo, porque veamos quien vence, yo en solicitar tu honor, o tú en lograrme placeres. Que en algo pueda servirte, es dicha mía, señor, y aunque no fue amor mi amor, sino solo persuadirte no ser mi afición la dama de quien tan piendo estás, sabré fingirle de hoy más, porque al calor de esta llama te pueda servir mejor. Tiene cierto pratendiente, que aumenta más mi accidente, y da sospecha a mi amor, tan poco fenorecido, que es dueño de sus favores, porque los goza mayores quien pretende por matido, Como yo no puede ser, respeto mi calidad, quien goce tanta beldad con título de mujer. Me enseña tanto rigor, mas una vez empeñado, es desaire del cuidado volver atras sin favor. Pero yo tengo poder, y el dineto que no allana? de tu parte está dona Ana, y ella en efeto es mujer. yo parto, don Juan, seguro, en Palacio me hallaras. Con la experiencia verás cuanto servirte procuro. Notables desdichas son las que me van sucediendo, yo a mí mismo no me entiendo, aunque entiendo mi pasión; que apenas la inclinación me llevó aquesta mujer. cuando la llego a perder! buenas mis fortunas van, pues comencé por galán, y tercero vengo a ser. Qué secreta pena siento de verla solicitar, pues la que vengo a buscar no me lleva el pensamiento con más abrasado aliento? pero cesa, loco amor, que es de rigores rigor, y trato a mi honor injusto, por obligarme de un gusto, olvidarme de mi honor. Oh dura pena! oh violento sentir! oh suceso raro! pues en la vida reparo, mucho ignoro, y poco siento; en la pena me sustento, y de mi temor me olvido, qué he de hacer? pierdo el sentido sin hallar, sin conocer una mujer, que es mujer, y temo como marido. Bien quisiera el corazón, si el decirlo no ofendiera, declarar mi pena fiera, mas tales mis penas son, que en la misma suspensión hallan los cielos serenos, de nuevo tormento ajenos, no son menos declaradas, antes mis penas calladas, en mí vienen a ser menos Gracias a Dios que te veo. Oh Martín, cómo tardaste? Bravas diligencias hago para aliviar tus pesares. Agradézcote el cuidado. No he dejado en Madrid calle lejos, o cerca, don Juan, donde no intente informarme de cuantas Beatrices hay. Pésame de que me canses. Es cansarte divertirte? Cuando las penas son grandes, poco divertirse pueden. Deja cuidados a parte, porque si das en pudrirte, daremos con todo al traste. Diviértete, que es locura, porque de un mes a esta parte se te ha puesto aquesa cara de las de aumenta pesares. Conocite yo en las Indias con una cara de un Ángel, y ahora estás, vive Dios, más consumido que un sastre, cuando la mitad del Moro se llevan los oficiales. Óyeme aqueste arancel, tenme bien de aquesa parte, todo, señor, está escrito de Beatrices, o si hallases entre ellas a tu mujer, es imposible escaparse. porque no hay más en Madrid. Confiésote que es donaire tu curiosidad, Martín, di; porque quiero escucharte. La primera Beatriz es una moza brillante, algo cascada del tiempo, que está para desposarse con un freneró, esta vive en la plazuela del Ángel, Iten más, otra Beatriz, de catorce hijos madre, sin haber sido casada, y es de los hijos tan grande la diferencia; que pueden, andando el tiempo adelante, decirse unos a otros, si sucede el encontrarse, que en el valor cada uno nació hijo de su padre. En la calle de las Fuentes, otra Beatriz con un parche en un ojo, la natiz algo toma, y al remate cumo un huevo un lobanillo: es esta? Qué disparate! para, necio, no me digas pesadumbres en donaires, ven a Palacio conmigo. Vamos por aquesas calles a daza de más Beatrices. si aquestas no son bastantes, Ven, y sabrás como soy de aquel cielo, de aquel Ángel, tercero por don Luis. Alcáguete, en buen Romance, querrás decir. . . Solo digo; que no hay desdicha que iguale a la mía . Ensancha el pecho que cuando todo te falte, no te importará dos clavos, como a tu mujer no halles. . siartad aramiro Este papel escreví, Ignorancia tuya fue. Igoorancia? pues, por qué? Rogar te está bien a ti? Si muero de amores, si, si me desprecian también: si le amo, y me olvida, quien mi pena ha de remediar? luego acertado es rogar, para templar el desdén? La hermosura, sin temotes de perderse, se declara, que obliga mucho una cara que al Alba conserva flores; si estas son de las mejores, la voluntad va segura, pensar parece locura, que hallará sujeto a olvido, hombre desagradecido a ternezas de hermosura. Recateando el mirarle, harás que amante prosiga, porque el hombre no se obliga; si tardan en maltratarle; este modo de obligarle amor tiene decretado, el camino mas trillado es este, si le deseas, que en las que nacieron feas está el rogar vinculado. Oh qué necia es la hermosura! bien se pierde mal lograda; o que discreta, y que hallada vive la fea! segura de su parte, la ventura está en los trances de amor, y lo merece en rigor, yo soy de este parecer; que aunque es a más no poder, es su recato mayor. Pierda el brío; pierda el talle de la hermosa, que asegura por su beldad, que locura? ser la rica flor del valle. y no procure envidiarle la que nació sin primor, pues vemos que elije amor mil veces en su vergel la flor más humilde de él, y desprecia hermosa flor. Luego si aquesto es verdad, d aromenos lo merece, porque la hermosa se ofrece segura de su beldad? que suele la voluntad mostrarse más amorosa, a flor que es menos hermosa, y muchas veces la vi, inclinarse a un alhelí, y despreciar una rosa. Si de discreta se precia la voluntad, pongo duda, que a flor en el valle ruda el gusto le entregue necia; cual no elije, cual no precia, bien satisfecho de sí, la rosa de carmesí? si es discreta, es cierta cosa; que admita ruegos de rosa, no recatos de alhelí. A la rosa siempre deba el discreto estimación, segura está su elección cuando a sus manos se atreva, pues ella sola se lleva lo más hermoso, y suave, si tiene valor, y sabe quien a despreciar se atreve, la que fue copo de nieve, y viste púrpura grave. No me puedo persuadir que haya, prima, voluntad que no se obligue a beldad, y llegue el almala rendir: a quien no sabe lucir la elección de la mejor, no puede negar amor: luego cierta de ganar, bien se puede convidar cuando es hermosa la flor? Si una sola flor hubiera, ninguno la despreciara, mas si en el valle repara, y ve tanta Primavera, quien duda que el hombre quiera entre tantas escoger la de mejor parecer; luego andará inadvertida la rosa que se convida, dónde tantas puede haber? Tú, pues, si rogar pensaste, sin reparar que hay más flores, teme de amor los rigores, y confiésame que erraste, si flor sola te juzgaste, y en tal quimera reposas, tiempla llamas amorosas; y de perder no te olvides, ama, mas no te convides, que hay en el valle más rosas. Aquel galán forastero está llamando a la puerta. Como la niegas abierta a quien con el alma espero? Siendo gusto de mi prima, como en sus ojos lo ves, dile que entre luego, Inés, El alma se desanima sin humana resistencia, intercede tú por mí, que a no valerme de ti me túrbare en su presencia. Detrás de aqueste cancel te quiero, prima, escuchar, mira que sepas mostrar lo que me quieres con él. Daré, prima, sin engaños, de que soy tu amiga indicio, aunque para tal oficio aún no son muchos mis años. Para bésaros las manos, de otra suerte no pudiera, sino con orden de quien con amorosas finezas me trae la veros, y a hablaros. De tanta estima es la prenda, que solo el entrarme a ver, ella puede dar licencia. Estimo el veros hablar en su amor de esa manera. Pues quién merece mejor estos extremos? . . Ni fuera justo, y yo de su parte deseo que amor os mueva el alma a su gusto solo, por lo que el mío interesa. Él viene ya enamorado. Enamorada se muestra. Él le agradece a mi prima que me estime, y que me quiera, el tiempo todo lo rinde, mucho obliga una belleza. Excusada será ya con vos cierta diligencia que me mandaron hacer, porque me dicen las señas, que un papel ha hecho ya lo que yo acabar quisiera. Forzoso es decir que sí, pero por Dios, que me pesa, porque a despecho del alma solícito esta belleza para don Luis; decís bien, que el alma no es tan grosera, que a ternezas de hermosura no se obligue, y no se mueva. Albricias, amor que ya viene vencido a mis quejas. ̱ . Oh es que la conversación me parece de manera, que casi enternece el gusto, o su agrado, o su presencia, que se me arrepiente el alma de hablarle de esta manera. para que quiera a mi prima, o es que como ya confiesa que la quiere, me he corrido, que es decir que me desprecia, y es honor de una mujer, y llevo mal que se pierda. Yo venía a suplicaros, mas que con gusto, con fuerza pensando que de don Luis pudiera causaros pena hablar de su amor, que a tanta bien empleada terneza os mostrasedes gustosa, pero ya mi diligencia es excusada, si aquí el alma vuestra confiesa que sabe a lo que he venido, y que lo estima, y desea. Yo os he dicho tal, don Juan? No fue la razón primera, cuando os dije que venía a veros con su licencia, que pronunciasteis gostosa; de tanta estima es la prenda, que solo el entrarme a ver ella puede dar licencia, Eso os dije, imaginando que vuestra venida era con el gusto de doña Ana; que también, si se os acuerda, después de aquesta razón, me disteis vos por respuesta; estimo el veros hablar en su amor de esa manera. Es verdad, mas fue pensando que eran por don Luis las vuestras. Yo no lo dije por él. Ni yo lo dije por ella. Quién esto escucha, y no muere solo vive de ser necia. En fin por don Luis rogáis. Forzada el alma, aunque muerta, Tan desconfiado sois? tan mal ingenio os gobierna, que para otro solicita lo que para si pudiera? Y vos peináis tantas canas, que pudiendo hacer sin ellas en la comedia de amor las damas, y las bellezas, dejáis el papel de dama por el papel de tercera? mal lo mirasteis, por Dios. Ay amor, que la requiebra, en vano porfío, en vano solicita diligencias, amor; a un papel remito obligarle con cautela, fingiéndole de mi prima, pues no conocen su letra. Perdone honor, que el amor tan de su parte me lleva, que la opinión despedaza, y la razón atropella. Que el verlos hablar ha sido, no para engendrar tibiezas, para deshacer el alma en nuevo modo de penas. Dícenme que sois casada, o que os casáis. . Eso intenta cierto pretendiente mío, como de mi gusto fuera, mas ni lo consiente el gusto, ni quiero que lo consienta, si bien para ser mi esposo información tiene hecha. Y vos sois casado? . No pluviera a Dios no lo fuera, hubiera sufrido menos las congojas que me cuesta. En fin, qué diré a don Luis? dadme piadosa sentencia. Lo que os pareciere a vos, como mi honor no se ofenda; y yo que diré a doña Ana? Lo que mejor os parezca. Diré que no la queréis. Y yo diré que no os quiera. Esa licencia me dais. No os engaña la licencia, que en mi vida vi mujer que a mí tan mal me parezca. Cómo es posible, ay amor! que busque a quién me desprecia? Yo vendré a veros mañana. Qué buen talle! Qué belleza! Ya puedes salir, doña Ana. Celosa, abrasada, y muerta, oficio de amiga has hecho. Tengo yo de hacer por fuerza que te quiera, si el no quiere? Yo se lo que hacer pudieras. No debe de ser amigo de las rosas que le ruegan, más apetece alelies, y recatadas violetas. Déjaran de ser las rosas rosas, porque él no las quiera? Pero estarán despreciadas, coloradas de vergüenza. Mañana se olvidará, que pobres flores se secan entre las manos, y así, rosas de fragancia llenas aperecerá don Juan. Tu presunción está buena. Con alhelí presunción. Yo con rosas competencia, Dame capa de color, resolución es terrible. Es la mujer invencible, Ya es enojo lo que amor. Vive Dios, que he de matar al pretendiente atrevido. que quiere ser su marido. En qué te pudo agraviar? En que de su intento nace ser conmigo tan cruel; dame, pues, capa, y broquel, que la noche oscura hace, Un Lucifer está hecho. Mucho le temo, Martín, la Corte ha de ser mi fin. Gozarela a su despecho. Válgate Dios la mujer, lo que me olvidas de mí, que espíritu vive en ti, o que secreto poder, que cuanto en tu ofensa veo hago duelo de mi honor? si es amor, es fuerte amor. Lograré así mi deseo, vamos don Juan. , A la puerta es aguardarle mejor. Quién está allí? Yo señor. Qué buscáis? . Esta recer traigo a don Juan, de mi ama. Quién es vuestra ama? Ay de mí. Pues no me conoce? . . Sí y se que tu ama es la llama que me abrasa los sentidos. En fuerte lance me veo, si me escribe su deseo, mis intentos van perdidos. Doña Ana, al fin, me le dio; que es de doña Antonia dijo, para don Juan. . Que me aflijo si la muerte busco yo? si lo podré remediar de esta suerte? trae ahi sobre escrito? . . No. . . Pues sí no le trae, no hay que dudar, que quedamos de concierto, cuando alguno te escribiese, que cerrado a mi viniese, y sin sobre escrito. . Abierto lo declarará mejor; de doña Antonia es, la firma lo declara, y lo confirma. Ya es recelo mi valor. No es menester terceros para quien como yo os estima, ved me esta noche, que agradecida de vue stras finezas, no quiero parecer in- grata: a las once espero, que ya la casa estará recogida. Dios os guar- de, don Juan, que este nombre es el que quiero solo que me solicite, que es menos sospechoso para mi deseo. No se si el papel me culpa. Entendido está el papel. Así es verdad, porque en él pienso que amor la disculpa, Hase dado por sentida de declararte mi pecho: Sí, porque más satisfecho amor por si se convida, mejor que a humanos terceros. Aquella respuesta airada fue, sin duda, de agraviada, porque siempre son parleros los amores declarados. Sucedió, sin duda, así. Declara también aquí, que para burlar cuidados de los que mis pasos siguen, don Juan me llame, que así amor va seguro en mí contra los que me persiguen, porque es menos sospechoso, dice, este nombre, qué aguardo? cómo a tanta dicha tardo? Corrido estoy, y quejoso, que con afición me hablase, y este papel escribiese a don Luis, que amor fingiese, y que esto en la Corte pase? Mas que me puede importar qué trate verdad, o no? puedo ser su esposo yo? no, pues sufrir, y callar. Muy tarde es. Y yo tan tarde dónde tengo de cenar? Cien escudos te he de dar. Cién escudos? Dios te guarde. Quedaos en casa esta noche, que ya es tarde para vos: Mil años os guarde Dios. Detente, dorado coche, que mis dichas duraran lo que de la noche el fin: llévale a cenar, Martín, vente conmigo, don Juan. . La casa está recogida, y mi pena tan grosera, que hace que a sus manos muera el honor como la vida; el alma una vez perdida, de que me sirve el honor? no hay valor donde hay amor, tengo amor, y soy mujer, como me he de defender si me ha faltado el valor? Pues no le ha obligado el ruego, quiero que mi honor le obligue, porque mi fuego castigue el negarse a tanto fuego; ya mi discurso está ciego, y entre la llama celosa, el corazón no reposa, salga esta pena de mí, y no venza un alhelí los extremos de una rosa, Deje cenando al vejete, y luego vine a buscaros. Gente sentí. Aquí, don Juan te queda solo guardando esta calle. . Haré a tu gusto, ya en obedecerte tardo. Llego, La noche es escura; pero aquí, si no me engaño, se acerca un hombre; es don Juan? Soy, señora, vuestro esclavo. Tomad esta llave, y abrid, que yo me voy a esperaros. Escuchaste? Qué, Martín? Que abrieron, y se zamparon. Vive el cielo. No des voces. Que me obligue, ay cielos, tanto el haverle menester! Pues esto pesar te ha dado? esta es tu mujer, por dicha? mérete tú en tus cuidados, y no juzgues los ajenos. De enojo estoy reventando. Ay tan grande disparate? mas que se los lleve el diablo. Triste del que por la calle pasare, que por los altos cielos, de vengar en él la pesadumbre que paso. Dicho; y hecho, Moros hay en la costa, . Santiago, aura, y a ellos, Martín. Con los recelos que traigo, no dejo de visitar esta casa con cuidado; dos hombres veo a esta esquina, sospechas me dan. . Hidalgo, si trae gana de reñir, saque la espada, que ando algo cansado de vida, y quiero buscar descanso. Díjolo el hombre, y lo hará. Dos venís. Yo soy un tanto, quien va conmigo va solo, siempre soy número en blanco, Paréceme que os conozco, escuchadme, y reportaos, no sois vos un forastero, que en aqueste mismo paso vi ayer? . . Bien podría ser. Pues yo quien quise estorbaros. el entrar en esa casa, porque su dueño me llamo. Qué vuesarced es el novio? pues hallará buen despacho, Yo soy el mismo, y así cortes vuelvo a suplicaros de socupéis este puesto. No puedo desocuparlo, porque si ayer le deje, ya los tiempos se han mudado, si hemos de reñir por esto, no hay más si no que riñamos. Notable resolución! No soy yo más reportado. Alno tocarme el honor de quien vive dentro, tanto, yo os cumpliera ese deseo, pero el respeto que guardo a esta casa; no consiente, ni yo, y vos alborotarnos. enfrente de ella, y así podréis conmigo apartaros; y sin despertar vecinos, nos mataremos entrambos. Habláis como hombre de bien pero ha quedado a mi cargo este puesto, y no es posible el seguiros, ni el dejarlo, y así, si reñir queréis, aquí ha de ser. No quedamos bien los dos, ni yo en partir, ni vos tampoco en quedaros. Con una satisfacción podréis iros. . . Ya la aguardo Con que no os ofendo a vos en estar aquí parado. Y si averiguo otra cosa? Con el acero en el campo satisfaré lo que digo, defendiendo lo contrario; don Juan de Acevedo soy. Ya dónde puedo buscaros? En la casa del Márquez. de Alcala. Seguro parto. A qué te obligas? que has dicho si ha de saber qué es engaño? El honor de esta mujer importa, Martín, y cuando sepa que engañado ha sido, le sustentaré que es falso. Que le está mejor, Martín, defender con pecho hidalgo el honor de una mujer, que la vida, al que es honrado. Quién de esta suerte le pierde, que le importa el murmurarlo? Calla, que la puerta abrieron. Muy aprisa ha negociado. Don Juan. Señor. . Ven conmigo. Cómo sucedio? De espacio don Juan, te pienso contar todo lo que me ha pasado. . Martín, disgustado sale, Disgustado sale? malo. Malo, por qué? Cuánto va que la gozo? . Peno, y tabio de celos: hay tal mudanza? mas es mujer, no me espanto. Sabes señor, como son estas mujeres de hogaño, como, los balles que vemos, que ballan en los teatros, que endando la vuelta el hombre, ella se pasa a otro lado, y lo que vailó con este, con aquel está bailando. Pues así son las del siglo, hoy ballan contigo un rato, y a cada vuelta que das, bailán con otro otro tanto.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Fuese don Luis a Palacio, y aquí te mandó esperar. Martín, no pienso aguardar en Madrid a más espacio. de don Luis la diligencia, la mayor que puede ser, no fue bastante a saber de la tirana violencia que de las Indias aquí me trujo, la pretensión, que es mi segunda ocasión, me tiene fuera de mí: Pues siendo tanto el favor de don Luis, todo es penar, todo es sufrir, y gastar con el dinero el valor. Búscame para Sevilla viaje, que estoy cansado, perdone el necio cuidado, que nada me maravilla. Que estoy tan hecho a pasar pesadumbres, y desuelos, que ni me acaban recelos, ni penas me han de matar. Que aunque son, de injurias llenas ocasiones de morir, temedios para vivir son en mi pecho las penas. Hate; por dicha, contado lo que anoche sucedio? Lo que dentro le pasó, de suerte me lo ha callado, o por no darme pesar, o porque toca a su honor, que ha aumentado mi dolor: parte, Martín, a buscar mulas, que reviento ya por irme, no he de saber, ni de honor, ni de mujer, pues todo perdido está. Este es su cuarto, señora, y aquel que miras don Juan. De dicha mis penas van. Quedo, que sale el Aurora, vuelve los ojos. , . Quién es? Yo soy. Aquí, qué mandáis? Vos me traéis donde estáis. Yo, de qué suerte? Vos pues. Yo? a don Luis, mirad mejor lo que decís. . Esto es cierto, en vos vengo a tomar puerto, No tengo tanto valor. Ocasión anoche disteis para mi pena, y mi llanto. Que tal me digáis me espanto, en que por mí os ofendisteis? Quién os encontró en mi calle anoche tarde? . Por Dios, que cese el enojo en vos. Al que fue, fue justo dalle ocasión, para que crea bajezas de mi valor, y hablando mal de mi honor, como veis, ocasión sea para salir de mi casa, a donde defensa os pida contra su lengua atrevida? Qué me decís, eso pasa? vive Dios, que he de matarle, Eso es echarme a perder, mejor, don Juan, ha de ser, satisfacerle, y buscarle, Intenta mi casamiento, sabe secretos de mí, que hasta el alma los sentí, y si mudase de intento, fuera publicar quien soy, y aventurarme a perder. Pues quién sois? Una mujer, que un mar de tormentas voy navegando. . No diréis quien sois, y lo que pasáis, pues ya que de mí os valgáis, justo será que me deis parte de vuestro dolor. Mañana parto a Sevilla, y de allí a las Indias voy, donde vivo, y donde soy la desdicha de Castilla. Que a mí me sigue también la fortuna, como a vos. Que a las Indias vais? ay Dios allá se perdió mi bien. El alma se maravilla de los extremos que hacéis. Cómo palabra me deis de ampararme, y que a Sevilla me llevaréis, yo prometo, si sabéis pagar mi amor, que le tengo a tal valor de descubrir mi secreto. Que si en las Indias vivís, conoceréis, por ventura, el dueño de esta hermosura. En las Indias? qué decís? válgame el cielo! acabad, que el secreto guardaré, y aún desde aquí os llevaré a las Indias. . Pues mirad que no quede nadie aquí. Martín, aguarda allá fuera, Ven conmigo, lanzadera . con manto. . No estoy en mí, solos estamos, hablad. Quién soy, con quien me case, donde es mi patria, y porque me mude el nombre, escuchad. Nací, valiente don Juan, de la nación Española, en la ciudad más insigne, en aquella antigua roca, Pirámide de los cielos; donde las nubes se abollan: Aquella coluna firme, vestida de Templos toda, y el uno de ellos tan puro, en la Religión devota, que si no es cielo en la tierra; mucho de cielo le sobra. Cuyas piedras son estrellas, que si estrellas son alfombras de la Reina de los cielos, también lo fueron sus losas, Cuando partidas por medio sus naves, y claraboyas, a su Capellan le dio la Casulla milagrosa. Con esto he dicho su nombre, que grandezas tan heroicas, el todo del mundo son, luego Toledo las goza? Mi nombre: no te diviertas, suplícote que me oigas, porque te mueva mi pena, y por mujer me socorras, ya que estoy determinada para seguir tu derrata. Doña Beatriz Palomeque, estirpe ilustre, y famosa; que a la casa de Toledo añade glorias a glorias, soy: mi padre don Alonso Palomeque: murió moza mi madre por cuya causa. trataron luego mis bodas. De las Indias llegó entonces don Gónzalo de Inestrosa, grande amigo de mi padre, cuya hacienda era notoria, la calidad ya la dice su apellido; y donde sobra hacienda con calidad, la ganancia era forzosa. Tenía un hijo en las Indias, y sin dilación conforman los dos amigos sus pechos, y con manos generosas proponen las condiciones, y los conciertos otorgan. Era yo sola en mi casa, y por esta causa propia me casaron con don Pedro, que así mi esposo se nombra, porque era solo, y las dos se juntaban gananciosas. Cáseme, al fin, por poderes, pero apenas me desposan, cuando partió don Gonzalo a Sevilla, por la posta, y luego para las Judias se fue en la primera Flota: con orden de que en llegando, volvía a cortar las ondas del mar su hijo don Pedro, que con los brazos, gustosa, le quedaba yo esperando, ni enamorada, ni loca, porque no le vi en mi vida, ni por retratos me informa, solo el gusto de mi padre fue entonces quien me enamora, que es ley el obedecerle, y guardarla es justa cosa. Llevó don Gónzalo, en prendas de mi amorosa congoja, un Fénix que de diamantes sembraba las plumas todas, y de rubies al pie brasas que encienden aromas, y padre de sus cenizas, Fénix muere, y Fénix torna. Prendas fueron de mi mano una carta, y esta joya: pero al quererse partir, la fiera Parca envidiosa quitó a su padre la vida, y por entonces le estorba la venida; porque a mí fuesen mil siglos las horas, Apenas aquestas nuevas llegaron, no perezosas, o como verdad ha sido, que ellas vuelan, cuando esotras hijas del bien se descuidan, y tarde los gustos logran: cuando puso en mí los ojos (que bien que lo siento ahora!) un mancebo Toledano, muchos bríos, y edad poca. La calidad desigual, la presunción injuriosa, pues todo lo que el no era, lo juzgaba oscura sombra. Y estando un día en la Iglesia; en la nave San Cristobal (así se llama en Toledo una de cinco que forma la fábrica más insigne, mas rica, y más suntuosa.) Díjole a mi padre, al fin, que hubiera sido más honra suya casarme con él, pues fueran ciertas mejoras, y no casarme con quien hijo de tierra remota oscureciese mi fama, y ultrajase mi persona. Respondió mi padre, y tanto, desde una palabra en otra fue enlazándose el disgusto, que alzó la mano a ser sombra de las canas de mi padre: cuando con acción briosa, reparando con la izquierda, le sacó su espada propia, y atravesándose el pecho, puso silencio a su boca. Prenden a mi padre luego, y con guardas le aprisionan en una torre, que el Tajo, besándole el pie, la adora. Rieo era el muerto, y yo pobre, mal el que es pobre negocia, claro está que del contrario era la justicia toda. Vengo a Madrid, hablo al Rey, y el Rey el perdón me otorga, como la parte perdone: o sentencia rigurosa! Hablo al padre del difunto, pero el con mano traidora me cogió de los cabellos, y entre sus plantas me arroja, y yo sollozando pido al fiero misericordia, retotnando a injurias gracias, y favores a congojas. Despaché luego una carta a mi esposo, tan llorosa, que se borraban las letras con el llanto, o con la aljófar. Y advirtiendo cuanto tiempo tantas mal sufridas ondas dilataban la respuesta, hecha una Tigre, una Onza, me detérmino a librar a mi padre: aquí se arrojan a nuevas ansias mis penas, aquí me ultrajan, y postran. Dormia yo con mi padre en la torre, y una sola guarda, en su mismo aposento, pero las demás en otra pieza; y así desde entonces, fui con ellos más gustosa, que antes el pesar me trujo con mil penas, y zozobras. Pudo el dinero alcanzan con ellos, sin mucha nota de mi contrario, quitarle las prisiones; que no borra de lealtades el dinero? en él mi dicha se apoya, porque para con las guardas no me valió ser hermosa. A propósito del caso, mirando a las claras ondas del Tajo, dio una ventana a mi intención ingeniosa lugar; no faltó un pariente, que para la misma hora me previniese caballos en la Vega, al fin, las cosas necesarias prevenidas, faltó la que más importa, de negociar un posible, que ni dineros la estorban, ni ruegos la vencen, y era, que la guarda cuidadosa, que dormía en mi aposento, hacía perpetua posta guardando a mi padre, aquí, si valiente, cautelosa, intente dejar atras cuantas celebran historias. Y en la noche más oscura, viendo que todos reposan y duerme a gusto la guarda, porque mejor no nos oiga, con un cuchillo de monte le segue el cuello yo propia, que mi padre, con la edad, hizo el papel que me toca. Gusto le hice, que andaba falto de sueño, y ahora dormirá sin despertar: echo de arriba una soga, atan abajo la escala, baja mi padre, y sin otras prevenciones, dos caballos nos meten detro en Lisvoa, Si bien quise en el camino, por ir menos recelosa, vestirme en hábito de hombre, hasta que en salvo se, ponga la vida; llegamos pues, y vendiendo a gunas joyas, para la India mi padre quiso embarcarse, no poca pena, para quien dejaba su esposo, y patria: mas logra tan mal aqueste designio, que a pocos días se borra con su muerte; aquí, don Juan, aún no me permite ahora paso para hablar el alma, que la embarga la congoja, Mira tú que sentiría una mujer sola, y moza, sin hacienda, sin marido, sin nadie que la socorra, y en tierra ajena; ay de mí, determíneme animosa a dar la vuelta a Castilla, y con algunas personas, honradas vine a Madrid, tan afligida, y tan otra, que mi prima desconoce su sangre, y vive dudosa siendo verdad que la sangre es la que mejor informa. Cuéntole todo el suceso, y porque jamás se rompa el secreto, mudo el nombre, y ella con alma piadosa, de mi llanto enternecida, me dio su casa hasta ahora. Veme don Diego, pretende, veme don Luis, poco importa, vienes, don Juan, a Madrid, tiene el alma sospechosa de ti don Diego, y desprecia por esta causa mis bodas. Sabe este suceso, y temo, que su intención es dañosa; y así vuelvo a suplicarte, si bien me quieres, dispongas el ir contigo a las Indias, que temo que es engañosa la información, y que vive, y viva adades dichosas, mi esposo; muévate el ver tanta irritada discordia. Aquí es menester prudencia, y paciencia, aunque he topado mi mujer en tal estado, que me ha de faltar paciencia: hay tan injusta sentencia, que encuentre en el bien el mal? que estando de sed mortal de mi honor, llegue a temer, pues cuando quiero beber hallo turbado el cristal! Pero piadosos los cielos, si hasta aquí fueron tiranos, me la ponen en mis manos para castigar recelos: ya lo que brasas, son hielos, de amigo soy enemigo, no puede el amor conmigo ser a mi honor desleal, si fue mi pena inmortal, inmortal será el castigo. Qué decís? no respondéis? De vuestro extraño suceso. que me he admirado os confieso, pero presto del saldréis, y porque segura estéis, Martín. Señor. . Mi aposento abre. . Parto como el viento. Aguarda, y a aquesta dama deja dentro. . Haré la cama? Bien diferente lo siento, allí quedaréis segura; hasta que yo vuestras cosas disponga, que son forzosas a tan divina hermosura. Mucho, don Juan, me asegura vuestro término valiente. Pasarase este accidente, porque deis la mano hermosa a don Diego, de su esposa. Antes que tal cosa intente, perderé, don Juan, la vida. Yo sé que la perderéis? ahora bien, si no queréis, cafiad de mí, y escondida, hasta llegar la partida, en ese aposento estad. Que soy quien sabéis pensad, no he de hacer cosa mal hecha. Eso muy poco aprovecha a quien sabe la verdad. Ya, honor, habemos topado conda causa de mi pena, y de sabes que no es buena he quedado consolado: más pena me hubiera dado el toparla, sin saber su modo de proceder, pues fuera todo dudar; y así, el venirla a topar mala, mejor viene a ser, Pues escapará el sentido de si fue buena, o no fue, con saber que mala fue, queda mi honor redimido; dudándolo, divertido anduviera el parecer, con hallarla viene a ser menos prolijo el cuidado, pues matándola, he quedado sin cuidado; y sin mujer, Queda en tu cuarto encerrada Ya dónde dejaste a Inés? Fuese a su casa después; que te ha contado? No es nada; ni de ti me he de fiar. Cuéntame lo que ha pasado, Está aquel su desposado, con lo que viste pasar anoche, algo defabrido, que debe de ser honrado. Si repara en lo gozado, poco tiene de marido. El corazón me atormenta esta palabra no más; no hablemos en esto más, Martín; y sin que lo sienta la tierra, has de prevenir viaje para Sevilla. Tu presteza matavilla: pues cuando quieres partir? Búscame las mulas luego; que muy poco tardaré. Pues tú lo mandas iré. . Todo soy monte de fuego; ni Martín ha de saber mi venganza, ni conmigo ha de ir, porque el castigo tan a mi salvo ha de ser, que todos le han de ignorar, para que sirva de ejemplo de la fama honrosa al Templo. Aquí le vino a buscar. Claro está, porque su amor a esta parte la traería, que para desdicha mía goza don Juan su favor. Aquí está don Juan. Quién duda señor don Juan, que estaréis, con la prenda que tenéis, que a gusto nuevo, se muda; contento? aunque no es lealtad la que usais con don Luis, pues la prenda le encubrís que ocupó su voluntad. No entiendo lo que decís, que es diferente mi intento. Yo os he dicho lo que siento. No sé yo lo que sentís. Yo vengo aquí por mi prima Ya vuestra prima se fue. Vos la escondéis. Para qué? Para que el alma la estima. Es verdad que estuvo aquí; mas ya digo que se fue. Hombre ingrato a tanta fe, vuelve por ella, y por mí. Por mí, que te estoy queriendo por ella, que esta esperando a gozar su esposo, cuando yo por tu causa la ofendo. Por ti su opinión padece, y a mí la culpa me das, declara, declara más, no encubras lo que merece. Tú, y yo tenemos la culpa de padecer su opinión. Tú, y yo? pues por qué razón? No me está bien la disculpa, y pues don Luis lo calló, según el efeto veo, calle mi ciego deseo. Buscar mulas te mandó? Señor, sí, con toda priesa, porque según me mostraba, partir mañana intentaba. Qué prisa en don Juan es esa? don Juan. . Señor. Pues doña Ana, qué aguardáis en mi aposento? pero pues que yo lo sé, mal pregunto? habéis dispuesto los lances de vuestro amor, de manera, que contentos, o prosigáis las finezas, o se acrediten los celos? Hallé a don Juan ignorante de aquel pasado suceso, y así no le dije nada, que presumi atrevimiento hablarle en mi amor, juzgando que si vos, siendo su dueño, hicisteis lo que os pedí, y le hallaba tan severo, declararme yo sería, después de vos, lance necio. Pues yo no le he dicho nada, que es tan grande el sentimiento que de perder la ocasión, que juzgaba cierta, tengo, que llevado de mi amor, no me he acordado del vuestro. Son desengaños, o engaños, aquestos que estoy oyendo? pues que os pasó con doña Ana anoche? . . Decirlo quiero, como ella me de licencia, Yo, señor, os la concedo, que tan declarado amor no le consiente respeto. El papel que redebí no fue de mi amado dueño. Pues cuyo? Fue de doña Ana. De doña Ana? y a qué efeto le firmaba doña Antonia? Consistió mi engaño en eso. Viendo doña Ana imposible su amor, por dicha advirtiendo que doña Antonia te mira, (estos, don Juan; no son celos, que no tienes tú la culpa de que ella muestre más tierno a ti su pecho que a mí, que son del cielo secretos) escribió el papel doña Aña para ti, don Juan, fingiendo la firma de doña Antonia, no sin causa, y sin misterio, que el valerse de su firma, fue el ver en tus pensamientos, (esto es hablar claro) que te inclinaba allí el deseo; pero siendo cosa mía, si esto fue, no fue bien hecho? Pareciole que obligado de la firma suya; luego irías a ejecutar lo que yo engañado pienso que venía para mí. Ya sabes que el escudero preguntó por ti y que dijo, si bien te acuerdas, que el dueño del papel era la llama donde arder el alma siento, y que se le dio doña Ana para ti. Muy bien me acuerdo. Tú dijiste, que en tu nombre quedabades de concierto que viniesen los papeles, Verdad es, Conforme a esto, abrí el papel, y leí, y comentándole luego tú, y yo; se entendió por mí todo el rigor del contento. Es así. . . El papel es este, mirad, don Juan, mas discreto, si esa letra es de doña Ana. Yo cómo puedo saberlo? que no le escribió su prima, por las cartas que yo tengo, jurare: ven desengaño, resucita un hombre muerto: Fui; pensando que era yo el llamado, entré allá dentro, salió doña Ana sin luz. y al darle los brazos, siento en el vestido extrañeza. y apartado me suspendo. Pregunto, quién es, y dice; yo soy, don Juan, yo, que llego, loca de amor, a mostrar para ti tales extremos. Pense que era doña Antonia, y casi se ofende el pecho, cuando me dijo, doña Ana soy; detuve el movimiento, advertile de su engaño, cóntome todo el suceso referido; vuelvo a abrir, y contigo a casa vuelvo. Albricias amor, y honor, que salís los dos más bellos: si os dieso satisfacción tan grande, que nunca menos os confeseis ofendidos, aaba qué diréis? Que estoy contento, Licencia pide de hablarte un cierto galán don Diego. A mí? dile que entre. Entrad . No parezca atrevimiento, sino gana de serviros, lo que pediros pretendo. , Decid. Pues me dais licencia don Juan de Azevedo ha hecho tan baja acción a su nombre, que en el honor, cuando menos, me ha ofendido: supe ahora que estabs en el cuarto vuestro, no pide espacio mi honor, y así me he entrado grosero, si bien con vuestra licencia, cortes a pedirle vengo, que pues se precia de honrado, salga al campo, donde quiero mostrarle su villanía, como noble, cuerpo ascuerpo. No me diréis la ocasión? Bien sabéis vos que pretendo por esposa a doña Antonia @ al il de Miranda. Así lo creo. Hállele anocho en su calle, pedile dejase el puesto, ni dejarle, ni reñir no fue posible; y queriendo satisfacerme, me dijo que podía sin recelo creer que estaba seguro mi amor, y honor, advirtiendo que si esto no fuese así, lo remitiese al acero Dij bien Pues sues así, como de su casa ha hecho falta doña Antonia, y dijo esa criada, volviendo por doña Aña, que quedaba con don Juan en su aposento? En su apolento? Es así; pero llegado este tiempo, satisfacción he de daros, pues ya yo estoy satisfecho: Martín, tomal aquesta llave; trae esa dama al momento, Satisfacción es posible al engaño en que me veo? Conmigo no puede haberla si no se me da riñendo. Para todo habrá lugar. Sí; mas no para mis celos. o aole Aquí está esta dama. Ay tristo! en más confusion me veo. No temáis, que he de ampararos, si el alma; y lal vida pierdo; ya sabéis que de las Indias a Madrid, buscando vengo a mi esposa. . Yadorse, Disfragando, y encubriendo mi nombre, Todo es verdad. Porque mi nombre es don Pedro de Inestrosa. . . Los papeles que presentción el Consejo de Indias, por vos me lo afirman: pero, quedo satisfecho, con que sepayo quien sois. Qué escucho, piadosos cielos! Sí, porque sabréis ahora, que de quien os fui tercero, y fui galán al principio, soy el legítimo dueño; ya cesaron mis cuidados, esta joya, y este pliego mirad, y dadme esos brazos. Admirado estoy, qué es esto? Doña Beatriz Palomeque, mi esposa, es la que estáis viendo, que oculto el nombre vivía, por un forzoso respeto. Dadme los brazos, que sois de la honestidad ejemplo. El Conde me ha prometido vuestro despacho muy presto, porque volváis a las Indías con más gusto, y más contento. Tuyo soy. No nos casamos. Yo mi libertad acepto? Pues yo no pienso casarme. Y aquí, Senado discreto, galán, tercero, y marido, pide perdón de los hyerros. Los dos ya estaban casados, no ha acabado en casamiento,