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Texto digital de El galán sin dama

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Atribución tradicional
Antonio Hurtado de Mendoza
Atribución estilometría
Antonio Hurtado de Mendoza Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El galán sin dama. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/galan-sin-dama-el.

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EL GALÁN SIN DAMA

JORNADA PRIMERA

ORNADAT ERA Tolen guisada está la noche. Do Pues hay noche bien guisada. La que está bien estrellada. Por cuanto dejará el coche un punto, siendo mujer, la señora Doña Luna: no es por Dios tan importuna una dueña. . No es de ver con que garbioso desvelo, sale este vulgo de estrellas todas las noches? . Son ellas al fin las sombras del Cielo. En que es un huevo repara. Toda es graciosa tema. El Sol pagizo es la yema, siendo la Ituna la clara. Diz que está ausente el marido? Ausente está? . Brava dicha! En tal guerra a mi desdicha treguas por ahora pido: yo sospecho que es celoso el hombre. . A mi parecer, espuela es en la mujer el saber que lo es su esposo, No es justo que un hombre sabio prevenga contra su honra, con vesperas la desbonra, con temporás el agravio. Los daños imaginados jamás han de ser creídos, bien parecen prevenidos, pero no facilitados. No bien, el marido ciego teme (que no teme en balde) cuando su mujer Alcalde, dice: ejecutese luego. Y en efecto, poco fía de su mujer, quien la cela. Honrado es el que recela, más vil el que desconfía; por acciones recatadas a ningún hombre aniquiles, que si sospechas son viles, advertencias son honradas. Pese a tal, animate, que si es celoso el marido, del vencimiento te pido las albricias? . Yo no sé si lo es, mas si no fía, ni las tardes, ni mañanas sus retiradas ventanas de la clara luz del día, que he de esperar? . Dices bien, aún puede un hombre horado; sin celos, ser recatado! Ay imposible, mi bien Tito la quieres? .Quí la adoro. . Y ell Su hermana dice que sí, mas ella muestra que no, Si va a la Iglesia, o al prado, y la sigo, en ella veo, enfados de mi deseo, y quejas de mi cuidado. Aunque esta noche, su hermana que aquí canten me ha pedido, saldrá el bello sol dormido (lla. al mundo más de mañana. Hermana tiene? . Y muy be- Qué estado? . Doncella es. Doncerla siempre? . Es Inés muy recatada doncella. Si tiene tan buena cara, antes que para tercera, para prima la quidera. Si de casarme tratara, no fuera el ser su marido milagro. . Cuando hay belleza con menos amor empieza a despertar el sentido. No hay gente en la calle alguna, aguardas a qué amanezca? A lo menos, a que escurezca la clara luz de la Luna. Pues no será en quince días, que es hembra, y querrá saber, cuanto esta noche has de hacer. Canten, pues que tu porfías. Gracias a Dios que te piso o gran Madrid, común Patria, noble admiración desmundo, Corona ilustre de España. O centro del alma mía, bella esposa, duice, y cara, suspensión de mis formentos, puerto de ausencia tan larga. Mal casada, y bien hermosa, costumbre del mundo ingrata que siempre tan juntas vivan bien hermosa, y mal casada. Para Salucio, no muevas mas los pies, amigo, para, y ocupa aquí los sentidos, que importan más que las plantas. Ya estoy atento. No escuchas, casi al umbral de mi casa, aquellas voces, y en mí las que da el honor al alma? música a mi casa, cielos! Si el oído no me engaña, aquí cantan. No me hace efecto la imaginación; sin causa a este di a entender mis celos, qué mal hice! no cantaban ahora? . Sí. . Llora honor al ver que a tus puertas cantan. Pues tu verado se ausenta, poco te estima zagala, mal te quiere quien te deja, quien no te adora, se agravia. Pues tu velado se ausenta, dicen los versos, repara honor en lo que has oído. Pobre señor! Qué bien cantan! Muy bien. . Ah cielos! que mi afrenta, y mi desgracia la mire yo, y la haya visto hombre de prendas tan bajas: a quién cantarán? . Yo pienso que en esas rejas doradas vive una casada bella. cuyo esposo está en Jtalia. Por ella servir? . Quién duda, porque mi señora. . Calla necio, infame, mal nacido, a Hipólita no la igualan las que honestas apelaron al puñal, laurel, y brasas. Pues eso no es cierto. . Había de ser por ella, no basta ser mi mujer, no es la luz del Sol, mas pura, y más clara que Hipolita. . Mi señora, quien duda que es una santa: te mí. . No lo digas, yo de un Ángel desconfianza? que bien hice en deslumbrarle. . Alivio fue en pena tanta, . haber puesto aquesta nube a la luz que dio mi infamia. Nadie esta música escucha? Sí señor. . Quién? Son dos damas, y un galán: Galán, qué dices? Un cántaro, y dos garrafas. Vienes borracho? Allí abrieron: Qué abrieron? No abrieron nada. que bien le encubrí mi afrenta. . que bien le engaño; y se engaña. . Pues lo vi, pues lo escuché, . inútil, cobarde espada tiene el honor, si no toma con sufrimiento venganza: nunca de Sierra Morena los altos montes pasara, o sepultura me diera en sus rígidas montañas! o nunca viera en San Lucar el soberbio mar de España, gigante que al Cielo mismo se atreve con montes de agua! Paso celos, no os entiendan. Piensa que no se dispara. . a su honor aquella flecha, mas es vil de anfame casta el que en su señora pone culpa alguna; aunque la haya. Y más infame el marido, que lo escucha, y no le mata. Volved a cantar: mas dejadlo, que hay en la calle parada gente. . Será por ventura alguna que al Prado pasa. Dos hombres son, haz la cuenta, si de partirse no tratan, a como vendrá a caberle, entro dos, tres cuchilladas. En esta calle estás loco? propia acción de gente baja, inquietar con armas viles avena; y segura fama. Celos de marido, siempre han de estar ocultos, hasta que a la puerta del pedirlos llamando esté la venganza: disimular es cordura. Ya conoces, que quien ama de los átomos sutiles del Sol, celoso se agravia. Tomemos estas esquinas, Márcelo, hasta la mañana, por ver donde entra esta gente, o adónde va? Bienlo trazas: vamos . Esto de mujeres, es materia incierta, y varia, que tal vez la liebre, es Porcia, y Flora la recatada. Ya se han ido. Entremos. Será en brazos del Alba nuevo Sol. Aunque sospechas, las más veces salen falsas, no ha de ser un hombre noble en las que son tan villanas, ni loco para creerlas, ni nocio para negarlas. Que venía mi marido creí, cuando me llamaste tan de prisa. . Mira. Baste, lo que jamás han podido ni libres años, ni pocos en mí, habían de poder de una ignorante mujer unos consejos tan locos? yo músicas? abrir yo a estas horas mis ventanas? Si en sangre somos hermanas Inés, en costumbres no. Yo admirir de nadie amor? tú dices esas locuras? Advierte bien, que aventuras de tu cuñado el honor, por seguirtus pareceres. Si le quiero, qué he de hacer? Aventura una mujer, pero no tantas mujeres, porque puede a mi señora, y a mí, venirnos gran daño. Si a Fernando desengaño, pues tanto a mi hermana adora perdérele. . No es mejor, si así no es tuyo, obligarle, señora, con declararle tras de su engaño, tu amor? que ya por agradecido, o por despreciado, hará mudanza. . A un hombre que está por otra mujer perdido, quien le atreverá a decir que le quiere? Amor extraño! Matárame el desengaño: quiero engañada vivir, porque no eslo más, que hacemos las mujeres, el querer. Pues cuallo más viene a ser? Mas es decir que queremos. Llaman a la puerta? . Creo que llaman. . Abran aquí. Si llaman en casa? . Sí. En cala ahora? el deseo aún no me quiere engañar con pensar, que es Don Rodrigo, Pues cuerpo de tal conmigo, no están oyendo llamar? Bueno, sales. . Bueno salgo, hecho un Hector: abrité la puerta? . No, porque no sé quien es. . Pues a fe dehidalgo, Qué juráis? . que yo tampoco. Miedo tenéis? Pardiez miente, tengo un tío muy valiente. Ah de casa. . O yo estoy loco, o es Salucio. . Abre que él es? albricias no me pidieras? Han cenado adormideras? Mi señor. . Mi bien: Inés. Hermano? Basurto, Juana, abrazadme todos, buenos estáis. . De sentido ajenos de verte en tu casa. . Hermana que buena estás, y que hermosa, dame otro abrazo. . Y a mí no me abraza nadie? . Aí tienes Salucio a tu esposa, pide a tu mujer los brazos, Oh qué cosa tan cruel! que son buñuelos sin mi el de la propia los abrazos. Salucio? . Señora mía, tanta merced. . Yo dejo sen viejo! estar alega Parézcolo todabía? Reirme del hombre quiero, que engañándose a sí mismo, mas que al libro del vautismo da crédito a su tintero. Lográndose los engaños si hubiera (fiando en ellos) como para los cabellos, disfraces para los años. El decir por pasatiempo un pesar, mil veces daña, que al fin, porque desengaña está tan mal quisto el tiempo. Señora, no será nada, no os dé cuidado. . Ay, señor, acabaldo con mi amor, o mal haya la jornada! Por ver quien mancha mi honor, hago fingimiento igual. En vos, señor, está el mal; pero en mí vive el dolor. Solo es un desasosiego del pulso: aquí dormiré en esta sala. . Yo iré a armaros la cama luego: Juana, Inés, conmigo entrad. Oh nunca hubiera venido, que a un bello rostro vestido de tan pura honestidad así procuro ofenderla! pero engaño podrá ser? mas ay, que da que temer mujer moza ausente, y bella! Gran cosa fue que creyese, . que cantaban allí. Dichoso en tanto mal fui, . en que este no lo entendiese. Oféndame, o no, más precio, (aunque no aventuro poco) serdesconfiado loco, que no asegurado necio. Linda noche. . No advertís, que pudiera ser mejor para materias de amor? De amor, Celio, qué decís? los más finos Amadises pasaron ya su carrera, porque en esta edad corriera la de los falsos Ulises. Ya no hay celos, ya no hay quejas, ya cesó esa hobería, si el mar Leandro bebía, y daba a Ninfís las rejas, y aún pienso que de ese yerro les debió al fin de quedar, el tener monstruos el mar, y las rejas ser de yerro. Decislo de verás, Fabio? pues engañado estáis, y hacéis, si lo imagináis a mi amor notable agravio: no las llaméis cosas viejas, que de mi puedo deciros, que yo menté los suspiros, los requiebros, y las quejas. Fabio, en esta casa viven dos doncellas. Doncerlas? Dios me defienda. . Son bellas, divierten hablan, y escriben. Abernuncio, el escarmiento de ese sueño me despierta, que está al umbral de la puerta prevenido el casamiento. De qué las conocéis vos? Importaos algo. . Y no poco No son estas? . Estáis loco? son cosas mías las dos. Siendo hermanas? . Si lo son, qué hay en eso? . A dos? Y atres, que para amarlas, no es menester di pensación. Aquí con tocas felices vive una de gran gobierno, que buscando mueble el yerno le da en su hija raíces, y ella, porque no la riña, hle despide, y manda a ratos. Aquí un gigante en zapatos; porque la tengan por niña. Una moza, que no pierde la vieja costumbre allí. Y cierta madura aquí, que se trata como verde. Yo connozco quien descubre en cada sien un Moncayo, y tiene en el alma un Mayo, aunque en el cuerpo un Octubre. Todas estas que yo digo, no duermen solas por Dios. Mirad como habláis los dos, que son cosas de un amigo las que decís. . Cuyas. Mías. Qué en eso dais otra vez? Aún no hemos contado dies entre sobrinas, y tías. Aquí vive una casada, que a su marido desprecia, y es muy honrado. . Por necia, o por soberbia, es honrada, que la mujer que lo es, no desestima al marido. Mir veces se ha resistido a un escuadrón de interés, mil doblones Castellanos. la ablandan comosa una roca. Veelos en ajena boca, pero no en sus propias manos. Hanla ofrecido quinientos, Indias, . Dádivas locas. cuatro mil Jndias son pocas para solo ofrecimientos; de esas dádivas reniego, decid a tantos escudos que estén en las bocas mudos, y hablen por la de un talego. Es un milagro de amor. Y aún de belleza lo es. No conoce al interés, No me espanto, tiene amor. Amor tiene? pues jamás tal de esta mujer se oyó. Cosa es mía. . Como yo. Pues no lo apuremos más. Aquí un hombre consentía, y se holgaba de estorbar. Permisión, y no lugar, marida bachilleria. En aquella esquine posa un hombre favorecido del cielo, por ser marido de la mujer más hermosa, y más honesta, que mira el mundo. . Qué gran ventur Es una honesta hermosura, por ambas cosas admara. No es mujer de un Don Rodrí, que está en el Andalucia? La misma. Qué es también mía con algún recato os digo, no lo creéis, tengo estrella con mujeres. . Poco a poco vendréis a enfadar por loco: mujer tan honrada, y bella os quiere a vos? . No le vais a la mano, si sabéis que tiene este humor. . Querer si acaso en su casa entráis a su hermana hablar por mí? A su hermana, lindo es eso, pierdo yo por ella el leso. Viven los Cielos! si aquí sin él no os viera también le perdiera como vos. No hay mujer, Fabio, por Dios, que a mí no me quiera bien. Si nací con tal ventura, que he de hacer? . No consideras que lo dice muy de verás? Qué igno ancia! . Qué locura! a todas las hace iguales. Dejadme aquí solo. Adiós. No he visto en mi vida dos tan conformes animales, tontos de un parto parecen, como ellos no alcanza nada, ver mi dicha les enfada; pero si no la merecen, envidien, que su cuidado es, porque a todas las rindo; soy galán airoso, lindo, piso recio, y tengo agrado; vístome al uso, hablo bien; yo nalzo cerrado, y somo bien la negra, y blanca tomo; manejo un potro también. Desprecian mis musas solas en numeros Castellanos los dos Tajos Isalianos, las dos Vegas Españoras. No hay que dudar, aquí entraro. Ello es cierto, infame cosa; esta es santa, y virtuosa? o cuanto aquellos erraron, que por sola la apariencia juejaron los corazones! Son terribles ocasiones, conta edad, y sarga ausencia. Si es su marido que pudo venir? . Dijo ayer loés, que no vendría en un mes, ello es verdad, y lo dudo. Hipolita mujer vil? es posible? cosa extraña, cuanto la apariencia engaña. Señor, señor. . Qué hay Motril? De allá parece que sale aquel hombre. . Quién será? Gran gente en la calle está, mas no a quien mi dicha iguale. Yo reconocerle quiero, apartaos todos. . Saber quisiera quién puede ser. . Nadie legue: a caballero. . A mí será, que en lacarle no hay otro, y también lo soy. De vuestre buen talle estoy. Decís bien tengo buen talle. De verás hablo con vos. Yo hablo de verás también. Esta bien. . Esta muy bien. Solos estamos las dos, decidme lo que aguardáis en esta calle, y si acaso para que os guarden el paso queréis genter si gustáis, aquí con mis compañeros os serviré. . Dios os guarde, venís para hacerlo tarde, a vos, y a estos caballeros beso las manos. . Qué casa en esta calle buscáis? Todas. . En todas entráis? En todas digo, esto pasa; todas me quieren, que soy con mujeres muy dichoso; mandaisme más? . Sospechoso, si os he de hablar claro, estoy de que en esta casa ahora entrastes. Bien sospecháis. Vos en esta casa entráis? Sí, que su dueño. . Os adora? Si me adora, o no. . Sois vos el que entró esta noche allá? Si entré, o no entré bueno está yo daré la cuenta a I Él vive, que la que toco. Riñen? . Sí, qué es esto? afuera Yo os matara, si no fuera que os he tenido por loco. Vos lo sois, pues apuráis verdades tan apuradas, vestid, vestid las espadas, y sabed quien soy. . No hagáis de él caso, no lo conocéis al galán de la plumilla? Es este el de la amarilla con banda, y calzas? tenéis gran ventura. . No hay persona que no lo conozca así. En toda mi vida vi tan gran simple, no hay fregona, no hay dama, no hay vieja, o fea, de quien no finja favores, y aún a mí, me dirá amores como con tocas me vea. Nadie persuadirme quiera, a que por mí no se pierde. Yo haré que de mí se acuerde. Aunque reírme quisiera lloro, que a Hipólita tuve por Penelope, y es Flora: o cuanto quien ama ignora, pues con amor ciego estuve! Dejemos ahora este loco, que es cosa cuerda el temer a la más noble mujer, y al más apacible loco. Fuese? lindo majadero, (. piensa que podrá alcanzar algo sin perseverar? yo sí, que se iran primero, que yo, paredes, y tejas, casas, calles, y cimientos, que han de ser mis pensamietos amágenes de estas rejas, Levánteme a ver (ay triste!) a Don Rodrigo, que ya fuera de su casa está, de miedo el alma se viste. Si ha traído alguna dama consigo sí, quien lo duda, pues de la propia se muda. a ocupar ajena cama. Apenas entra en su casa; cuando la deja. . Allí veo, sino me engaña el deseo una dama. . Un hombre pasa. Si es acaso Don Rodrigo? pero no, que es Don Fernando, que tan vanamente amando, es de mi honor enemigo. Quiero hablarle, y suplicarle, que mire más por mi fama: a Caballero? . Quién llama? o cuante puede un buén talle! . Suplicoes, señor, no seáis, pues sabéis el honor mío. Con cuanta dazón confío, . La nube que le eclipsáis, no seáis, pues Troya ha sido mi honor, Sinon Español, que no está como él el Sol de tantos rayos vestido. Yo, tengo marido honrado, de noble sangre, y valor, que al rayó de vnestro amor sirve, de laurel sagrado. Qué loca esperanza os ciega, que ofende por ser tan vana a una Lucrecia Romana, a una Penelope Griega? Lastimeos mi sentimiento, no deis con pasos perdidos ejemplo a los atrevidos, y a los locos escarmiento. Quién siempre, ahora he de ser, que guarda en mi honor ha sido, el alma de mi marido del cuerpo de la mujer. Señora, señora mía, oíd, oíd, caso extraño! él ha sido lindo engaño, que por mí no lo diría. Yo, Sinón? quién fue Sinon? tal nombre en mi vida oí, ni en mujer, ni en hombre vi tan brava resolución. Mas confuso ahora quedo, más suspenso, y más turbado; el Sinón me da cuidado, a este Sino tengo miedo. (. Dudando he estado grantrato, si saldría, que sospecho, que me ha de ser de provecho mas que el cuidado, el recato. Cómo, cielo, qué permitas que duerma un hombre jamás! si propia mujer le das, porqué el sueño no le quitas? No es cuidado más pequeño guardar un muro una bela, la despierta centinela sorda a las voces del sueño? De esta casa sale un hombre, . linda desvergüenza pasa, tiene un hombre dentro en casa, y quiere de honrada el nombre. Porque salir no le viese, me habló de aquella manara; si es este el Sino? . Quisiera . que el aire aún no me sintiese. Bien dijo el otro, a fe mía, que estaba un galán allá, Un hombre en la calle está. . Mal haya quién de estas fía! . Quiero ver quién es, ha hidalgo? Coballero soy. . Decid, que sois más noble que el Cid. Tanto basta. . Queréis algo en esta calle, qué es mía? Y sus casas? . Mías son. Con tanta jurisdicción sois hombre Chancilleria; no hasta que la tengáis en esta? Él me ha conocido. Qué gran dicha habéis tenido! a cuantos envidia dais! No soy, señor, quien pensáis. Pues no salís de esta casa ahora? no de tan divina Aurora sois el dueño? . El dueño yo? no tengo tal dicha: está su dueño en Sa Lucar. . Bueno, ese no: mas otro ajeno no podéis ser? . Cielo, ya tiene tan vil opinión mi casa! Al fin, no salís de esta casa, ni os decís Don fulano de Sinón? Esta es mujer principal: perded, señor, la malicia, que fue porque vi justicia mi sagrado su portal. Sois delincuentes advertid, que os puedo dar granfavor. Huélgome que tengáis valor. Tengo gran mano en Madrid: en suma no habéis entrado mas que al portal? . No por Dios. Grandes amigos los dos habemos de ser. .. Ya headado en que este es simple, o es loco. Ya que os tengo por amigo, que no habréis entrado digo, pues yo no he entrado tampoco, que si a mí que eternamente falto de aquí, no me admite, pemiad, que ni el Sol permite, que la vea estando ausente. Aquí duermo, y me recojo, no sale a mirarme un gato, y todos dicen que mato hasta las ventanas de ojo. Cierto Caballero tiene terribles celos de mí. Qué, quiere a esta dama? . Sí, con grandes músicas viene todas las noches, mas mira siempre que viene a su intento, mas que bolsa de avariento. Cerrada esta casa, admira, su prudencia, y su valor, su recogimiento, y tanto, que es admiración, y espanto, ya de la Corte, su honor. Si sale a Misa, la salva de pájaros, aún no empieza, porque tase su belleza, los privilegios del Alba. Siendo con tanto aviso, huyendo del ramo seco, su dulce voz en eleco, cada pájaro un Narciso. Y cuándo sale de Misa? Se vuelve a su casa ufana, de que aprenda la mañana de sus dos labios, la risa. Que aunque es tan honesta, y poca son con belleza gentil, sus dientes, florido Abril, Oriente galán, su boca. Vos, que pretendéis? . Yo, nada, que por su virtud la quiero, pretendo ser pregonero, de la mujer más honrada, que ha visto el mundo, no iguala con mi amor ninguna pena; yo quiero una mujer buena, como muchos a una mala, Este es loco, bien se ve en sus palabras, y acciones; y que hay de las pretensiones del otro a él hace mil desatinos, y así da que sospechar, obligando a murmurar, a más de cuatro vecinos. Que si bien, por tan honrada entre ellos es conocida, dicen, que de ser querida ninguna mujer se enfada. De que lo digan me espanto, que es muy santa, yo lo sé. Pues si lo sabéis, por qué me habéis preguntado tanto? Ninguna de ser querida se enfada, dicen muy bien: la paciencia honor detén, tenla, porqué va perdida. Mataré a este hombre? mas no que tiene el seso perdido, y pues le falta el sentido, tan loco está como yo. Con lindo necio encontré, que basta preguntador. Esto le importa a mihonor porque más seguro esté. Caballero, hidalgo; acierte, o no, vuestra incierta sangre, de que tan soberbio, y loco hacéis vanamente alarde: Cuando los blasones vuestros menosprecien arrogantes, Castros, Toledos, Gitones, Cerdas, Laras, y Guzmanes. Cuando para cañas nuestras, belicosos estandartes, como lo son en los Templos, fueron adorno en los aires. Y en vez de ser en Madrid, embarazo de sus calles, vana inquietud de sus plazas, de sus casas ocio infame. Cuando vuestro nombre fuera en los campos, y en los mares, del Turco en Levante miedo, terror del rebelde en Flandes. Necesidad no tenían, estos honrosos umbrales, de vuestra loca alabanza, que no hay honor que les falte. Que estas ilustres paredes, del tiempo gallardo ultraje, publican del dueño suyo, honras, y blasones grandes. Y no es menester que vos; con demostraciones tales, acreditéis la nobleza, que a par de los cielos yace. Y advertid, que el matrimonio tiene de Dios esta parte, que solamente un deseo para ofenderle es hastarte. Enfrenad los locos bríos, no con pasos arrogantes, penséis que engendráis honores donde solo afrentas nacen. que por la Cruz de esta espada; que no ha nacido cobarde, que ha de decir vuestra muerte; donde vuestra lengua calle. Si miráis a estas paredes, si pasáis de aquí adelante por esta calle, o mentáis mas sus dueños. . Baste, baste, yo haré porque se me acuerde, que mis músicos me canien: Mira Zaide que te aviso, que no pases por mi calle.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA No tan inquietamente, dulce tórtola en tronco, en seca rama, busca al esposo, que con quejas llama; cuando hallándole ausente, se ercuentran almomento sus alas, y sus quejas en el viento. No el Rey de dulces aves de la selva sintió dulce armonía, al cielo alegre, al parecer del día, su amor en quejas graves celabra entre las flores, infuso el mismo amor, en sus amores. Como yo, que adorando mi dueño, soy ya triste, ya quejosa Tórrola, y Ruiseñor con voz llorosa; más moriré callando leyendo mis enojos en mis lágrimas letras de mis ojos. No enfermedad, no cárcel importuna, ni fiero peligrar en mar undoso, ni proseguir con llanto vergonzoso, los primeros semblarte ni el despertar sin esperanza alguna la ya dormida ley del poderoso, ni sufrir el seyero, y riguroso cin desigual proceder de la fortuna. Ni el ser de lo que es fruto de la tierra lo más necesitado, es bien que asombre al hombre, todo el mal que en el sepencierta; porque en él de mayor merece el nombre, que cuanto la mujer por fácil yerra, por desdichado lo desdich Mi esposo está aquí, no entien- que de celos suyos muero. (da, Aquí está Hipólita, quiero . callar, porque no se ofenda. mi honor, con la suspensión del castigo, sin mostrar lo que no es justo fiar aún de la imaginación. Mi señor, en hora buena vuelvas a tu casa. . Amiga, y señora: mi enemiga dijera nejor. . Con pena me ha tenido el ver que vienes tan tarde, no estando bueno. Ah disfrazado veneno! . Mi bien, parece que tienes alguna melancolía, mas con el mal no me espanto. Donde sobra amiga, tanto, siempre falta la alegría. Mas traigo cierto disgusto, de haber hallado un amigo de los que tienen conmigo imperio sobre mi gusto, y me contó no quisiera que me lo hubiera contado, pues tanta pena me ha dado. Qué te coto? . No pudiera dármela mayor, si a mí me sucediera, que estoy lastimado, porque soy o padezca el hombre. muy gran su amigo, y sentí su mal, con noble amistad; y porque para el consejo siempre el buen amigo es viejo, aunque con falta de edad, le aconsejé lo mejor que supe, mas no aprovecha, el consejo en la sospecha, cuando se atreve al honor. Yo tengo, Hipósita mía, tan grande fatisfacción de tu ingenio; y discreción, que comunicar quetría contigo, el mal de mi amigo, porque no sé si acerté en lo que le aconsejé. Sin saberlo (amores) digo que le diste boen consejo con sabia, y cuerda amistad, que al hombre, mas que la edad le hace la prudencia viejo. Pocas noches ha, topó cantando un hombre a su puerta, a falsa opinión abierta, aunque a la música no. Miro tres mozos perdidos, más atentos a sus quejas con los ojos a las rejas, que a la voz con los oídos. No vio ninguna ventana abierta más en las culpas de honor, no admite disculpas la vil condición humana. Que el mundo lleno de antojos es en los casos inciertos, juez de oídos abiertos, como de cerrados ojos. La infamia ajena pregona, aunque el engaño lo diga, oye el mal, y lo castiga, mira el bien, y no perdona. Señora, di por tu vida lo que tú le aconsejarás, si con ser de hombre te hallaras? Quién hay que a una mujer pida parecer en eso? . Yo, que en ti mi Hipólita siento con belleza entondimiento. En mujer, y prupia, no; pero por darte este guito, digos que yo le dijera, que él de sí mismo se hiciera juez, porque es injusto el mundo en su parecer, dando a su imaginación fuerza de ley, y razón. Pero quien llega a temer, que no es muyhonesta, y casta su mujer, y lo sospecha, y el serlo no la aprovecha, (porque la propia le basta) que tendrá suspensión necia su castigo, si imagina, que es su mujer Mesalina, aunque aventaje a Lucrecia. Y quien tiene confianza piense, pues está seguro, (to, que no es quien dio a Roma el mú sino a Besulia venganza. Él la salva, o la condena, que si la tiene, y señala por mala, para él es mala, y cuando por buena; es buena. Quién con tal belleza encierra entendimiento en el suelo, admiración es del cielo, novedad es de la tierra, Dame un abrazo, señora, que eso mismo respondí, pues el que te imira a ti, nada yerra, nada ignora. Jesús, qué galán andáis conmigo! pues no penséis que así me desvadecéis: yo soy muy necia esto digo que le dijera. . Contemplo en tus palabras mi ejemplo: de mi mal no hay más testigo, que el estar yo sospechoso; bien creo que esta es honrada, pero si es solicitada, con razón estoy celoso. Oh quién pudiera contarle. . los celos que lloro, y siento! Oh quien a mi pensamiento . pudiera desengañarle! Quiero corre tantos desvelos recatado, y temeroso, ser un discreto celoso; si le puede haber con celos. Qué convos ensi topo el coradoso galán? Es por ventura truan? Pues tan trío os pareció? Hacedme si hay covuntora su amigo, porque sospecho que me ha de ser de provecho su amistad, y su locora. Aunque está loco imagino que hay aquí (y aún digo pocos) mas de novecientos locos por este mismo camino. Que estáis tan favorecido de aquella hermosa casada? Es la ausencia ocasionada de un descuidado marido. Ni en ausencia, ni en presencia ha de dar un hombre honrado ocasión, con gran cuidado, ni con descuido licencia. Esa es ignorante duda: si es la mujer como debe, ni grande interés la mueve, ni larga ausencia la muda. Si en su firmeza confías, bien de su ignorancia ignoras, que está sujeta a las horas, que es largo plazo los días. Bescos las manos, amigo. Buen nombre, quién es profeso dice mucho. . Qué os las beso yo también, señor, os digo. Quién es, Celio, el personaje que me habla: que quería tratarle de Señoria: es hombre de gran linaje? aunque tiene tal prudencia mi discreta cortesía, que al varón da Señoría, y al más vano da Excelencia. Es grande Caballero, aunque algo divertido de dinero. Ya no hay pobre Caballero, al pobre, bástele hidalgo. Mirad que os habla el señor Don Fernando de Salcedo. Por el nombre, y talle, puedo conocer bien su valor. Soy muy vuestro aficionado. Porque camino ha querido . decirme que es entendido: sois hombre muy bien hablado. En mucho por Dios estimo el serlo . Por vida mía; o que gran fuera aquí, llamarle primo! debéis de ser muy discreto? Tan falso os he parecido? Luego el ser uno fingido le hace discreto? . En efecto es diligencia que hace el que quiere parecerlo. Luego yo no podré serlo, si todo me satisface? El mostrarse descontento de todo, es un puoro grave Di para publicar que sabe. Yo no quiero entendimiento, si solo me ha de servir de que nada me contente. Mas discreto es quien más miente, Puedo ensayar yo a mentir a quien trata un casamiento. Oh qué bien que mentiréis! vos en qué os entretenéis? Todo mi entretenimiento es amor. . Qué en fin amáis? a quién? . A quién decís? no hay dama en todo Madrid que no me quiera. . Alcanzáis alguna? . Con las más bellas, (aunque no soy presuntuoso) os digo que soy dichoso. En qué? . En reírme de ellas. No es poca dicha el saber reirse de ellas. . O! yo tengo tal industria, que me vengo de toda hermosa mujer. Si soberbia la imagino, considero que será vieja, y que no durará en el rostro más divino diez años, la tez más bella; y fingiendo en mis engaños, que han pasado los diez años, vengo así así a burlarme de ella. No vi talnecio jamás! hay tan extraña locura! Cada día la hermosura tiene un enemigo más. Al fin imaginación (abía de vuestro ingenio. . Algo de hacer la discreción mía. Vuestros ejercicios son comedias? . Comedias? dos mil veo cada instante, que el mundo es representante de farsas, y de tragedias. Ya representa venturas, ya desdichas, ya favores, ya dichas, ya disfavores, ya verdades, ya locuras, son grandes imitadoras de las antiguas que alaban, pues conforme el arte, acaban en solas veinte y cuatrohoras. El mundo pone en su lista, hoy el mundo representa tal honra, dicha, o afrenta, falsa nueva, nunca vista. No hace persona alguna su propia figura en él, cada uno estudia el papel, que le encarga la fortuna. El pobre estudia humildades, el humilde, sumisiones, el válido presunciones, el ya rico vanidades. En comiendo el escudero, caballero es la figura, y luego estudiar procura enfados de Caballero. Todo es representación, y unos en ella han tenido aún menos de lo que hansido, y otros más de lo que son. Pues se muda el tiempovario, los que tan soberbios vemos, de radlos, después veremos, que son en el vestuario. Moral estáis, y profundo. De esto poco no hagáis caso, que este es solamente un paso de la comedia del mundo. Las cómunes no las veis? Comunes? gusto de oírlas, y sé también escribirlas, que soy gran Poeta. . Haréis ventaja a Lope? Es mi amigo, no hablemos en eso ahora, que nadie su ingenio ignora. Con vuestra licencia digo, que es malfácil que se rope en el mundo a cada paso, un Plauto, un Virgilio, un Taso; que en muchos siglos un Lope. Habrá escrito novecientas comedias. Cómo es posible? Pienso que por imposible lo admiras, y no lo cuentas. Yo no he hecho tantas, más ser puedo al templo igual coluna, Cuántas habéis hecho? Ninguna; D10 pero puedolas hacer. Por tan difícil se halla? hay más que pliego, con pliego, coser hasta doce. . Y luego? Escribir hasta acabarla. Todo es fácil para yos. No hay talmenguado en España, Nadie ahora os acompaña? no tenéis criado? . Dos, un tiempo quise tener, más nunca tuve ninguno. Pues yo quiero daros uno entre necio, y bachiller, que os sirva, y os entretengas sabe mucho, es gran persona. Balla, el ser vuestro le abona; pero no es bueno que tenga mucho ingenio, que jamás querrá bien, ni tendrá amor a su criado el señor, si sabe, que sabe más. Ah de ser para servir al criado, humilde, y necio, que disimule un desprecio, y solo sepa sufrir. No digáis mal de señores, que es de gente baja. . Así, he dicho yo mal de mí? Son del mundo los mejores. Sin imperfección alguna lograron en su grandeza, su amor la naturaleza, su cuidado la fortuna. Digo, que os quiero muy bien: dónde esta, pues, el criado? Motril? . Señor? Ya te he dado nuevo dueño. Nuevo, a quién? A este Caballero iras desde esta tarde a servirle, Quiero, pues, los pies pedirle; en mí un lacayo tendrás, porque en mí no tendrás dos. Muy bien de cuenta sabéis, yo haré, que presto contéis grandes, cosas. . Vive Dios que le tiemblo! Poco a poco sabréis mi humor. Si no es cuerdo, qué importa? que yo me pierdo por servir a un amo loco. Aunque ya sé el pensamiento de Don Fernando, en que venga donde por ventaja tenga tan buen entretenimiento, Ce, Motril, con discreción aquesta carta has deidara Comenzadme a acompañar. Presto tomas posesión. Sabéis bien citancabarlos? Tú señor, sabes tenerlos? Sé pedirlos, y conterlos. Pues yo sé brujulcarlos. Hay habilid. . Sotil. Nunca fiéis compañero y del Sol claro por Fabrero, ni flor de naipe en Abril . Limpia esos ojos serenos de lágrimas, donde vas, señora (uo llores más, que así te remedias menos: no estés con esta pasión de tu discreción ajena. A una porfiada pena. no hay valor, ni discreción, esta es ya del dicha mía, pues vino ayer Don Rodrigo, y le parece conmigo mil largos siglos un díar su inquietud él la confiesa; y que ha hallado sospechoso campo de batalla el lecho, monte, de áspides la mesa; sin duda trajo el cruel, de la Andalucia ahora otra, que menos le adora, y es más dichoso con él. Cómo de tide asegura tiene descortés rigor para despreciar tu amór, para ofender, tu hermosura. Con la gala de Sevilla, con el brío, y el donaire, no parece de buen aire la bellaza de Castilla, Un hechizo Sevillano fundado en hablar ceceoso, un pie en el chapín airoso, gallarda al manto una mano, negros ojos, blancos dientes, casa, y dueño a la malicia, diez galanes de justicia, de gracia cuatro valientes. Una cara entre dos luces a fuerza de arte, y ardid, que en la hambre de Madrid son sainetes Andaluces. Un jubón de blanca tela, de cilicio una basquiña; muchos años para niña, poca virtud para abuela. Es la deidad Sevillana, que traerá tan divertido a tu cansado marido, y que bien cansado hermana. No es mucho que te aborrezca, que la beldad no ha tenido, quien la estime agradecido, quien discreto la merezca. De cualquier manera, él es. mi marido, y yo le quiero. Cualquier querido es grosero. No hables más en esto, Inés. Si él tuviera en vez de buena, mujer que le disfamara, ni tu beldad despreciara, ni procurara la ajena. Habla tú, aunque sea fingido, a Don Fernando esta tarde, hablale, así Dios te guarde. Pésame de haber oído, de quien es mi hermana, cosa tan baja, y tan vil; tú piensas que he de vengar con ofensas mi imaginación celosa? la mujer que es principal, y lo es de un hombre de bien, quiere a su esposo más bien, cuanto más la trata mal, que aquella que mala es, por disculpas semejantes, no pudo ser buena antes, pues que le ofendió después. Vive aquí, que no estoy cierto mi señora Doña. . Quién? Comó no está escrito bien el sobre escrito, no acierto. Pues decid, hasta acá arriba os subís de esa manera? de abajo no se pudiera llamar? . Señora, así vivas, que no llamé . Qué buscáis? Él es lindo majadero. Soy, mi señora, cartero. Vos sois quien las cartas dais? De Don Fernando el criado es. . Yo mismo soy el que ya las cartas doy, y si mal no lo he mirado a Doña Hipólita dice de Guzman, mi mujer, creo. Qué perezoso correo: que mal en abrirla hice. Por qué? . Porque mi marido vino anoche, y llega ahora la carta. . Siempre, señora, descuidados hemos sido los carteros en el dar las cartas, ha pese a mí! que su marido está aquí. El porte os quiero pagar, y que la carta os llevéis, porque no es para mí. . No? Que te engañas pienso yo, que cuatro días, o seis suelen estar detenidas las cartas, y siempre han sido, aunque tarden, del marido las cartas bien recibidas; este ha sido enredo tuyo, papel es de Don Fernando. Vive Dios, que estoy tenblando! Será atrevimiento suyo, que yo. . Calla, nohables más; posible es, que esto ha de hacer tan bien nacida mujer? si en tan libre, y necia das, un Convento pondrá tasa a tus infames locuras. En horas tan mal seguras, . ni sosiego dentro, en casa, ni fuera tengo sosiego; pero qué es esto? ay de mí! leyendo Hipólita aquí un papel. . que esté tan ciego este mozo, que se atreva a una mujer como yo? . Tu marido . Quién? Quién vio de su mal tan cierta prueba? no, lo escondas el papel, muestra Inés. Hermano. l Acaba: esto solo me faltaba. Terrible suerte! . Cruel. Ciérrame Juana esa puerta. Ay Motril, ojo al postigo. Cuerdo, y sabio es Don Rodrigo y mi honor sabe. Estoy muerta! Si mimal en esto es cierto, . también será Inés culpada. Yo temo unacuchillada, . y cien palos de concierto. Hasta que esté satisfecho . de la verdad, esto importa; ay como es distancia corta para el alma, ahora el pecho! vete, Juana, vete Inés. Yo voy muerta! . Y el cartero no se iría? aguardad, que quiero hablaros a vos después. Malo es esto . Qué miráis? Que pequé, Juanilla hermosa. Habilidad achacosa. Esta vez, y nunca más. ̱. Señora, ya visto habéis la ocasión en que me ha puesto vuestra hermana, que el honesto recato que vos tenéis, sigue tan mal, que he sentido ver su proceder liviano, con más que celos de hermano, con afrentas de marido? que no está del todo honrada, casa que llega a tener, (aunque honesta la mujer) atrevida la cuñada. Un marido, o un Convento han de evitar estos daños, que son freno de los años, Religión, o casamiento. Tome Inés estado, y vos el cuidado perderéis, que perturba, como veis, el sosiego de los dos, Andad, señora, decidle que haga en esto como cuerda; no soberbia ahora pierda lo que ha de ganar humilde: id, y decídselo luego. Oh mal venido papel! A ver una letra de él, que cobardemente llego; él me dirá de su dueño el nombre, o su vil criado. En mí la borrasca ha dado: vive Dios que temo un leño. De qué rígidas montañas, de que blanda nieve fría, de amor desnuda naciste, de tanto rigor vestida: Oh dulce ingrata! que siempre te ofenden, y desobligan tantos bien servidos años, tantos bien gastados días. Ya me parece que escribe . con una pluma de encina, letras azules, y rasgos, en papel de mis costillas. (letra. Un romance es, mas no hay en él que mi agravio diga; pues qué temo! más no basta qué mi mujer le reciba? Quién viojamás en el mundo . por Agosto disciplina? yo pienso que hay de este miedo en mis calzones reliquias. Ah villanos pensamientos! . ha sospechas mal nacidas! qué me queréis? que mentís, aunque más los celos digan. No hay algún Santo abogado . de lacayos? qué desdicha! al templo de amor ofrezco un alcahuete de alquimía. Qué sedas Granada inventa? . o Milan, qué telas finas? Nápoles, que diferencias por la variedad tan lindas? que blancas perlas que vienen entre el nácar escondidas? o que diamantes que vencen la luz del sereno días que novedad en las galas, que ya la Corte platica: que oculta riqueza, a costa de la opinión adquirida: o que riquezas poseen las más nobles, las más ricas, que Hipólita no las tenga, siempre de mi bien servidas pues porque tanto estos celos, mis temores acreditan; dejadme por Dios, dejadme (dos? imaginaciones mías. No hay gateras; no hay teja- Hombre sin duda imagina. Válganme cuarenta Santos! Que aquí dieren fin tus días, si a lo que te preguntaré, verdad no me dijeres; mira, que en tu mentira, o verdad, está tu muerte, o tu vida. Di, a quién sirves? Sirvo a un hombre, que su familia, como los diez Mandamientos, en dos se encierra, la mía, y su persona no más somos en casa. No digas mentiras, porque esta daga abrirá con mildieridas, puerta a tu pecho villano. En vano me atemorizas, que mi señor es persona en Madrió tan conocida, que es por sus famosas partes, fábula de sus esquinas. Cómo se llama? . Su nombre no lo sé (digo el de pila) que en Madrid hay muchos hombres que por puntos se baurizan: Y hay hombre que se ha llamado Pedro treinta años, y aspira luego a Don Pedro; que el Don se va por su pie a la pila. Para quien te dio el papéls Para quien: para una Ninfa de esta casa. . Di su nombre. No sé el nobre, ni en mis días eniré aquí otra vez. Sí mismo te le dios Qué bien temía ser medio martir, pues tantas preguntas me martirizan. Dime, donde le hallarés Podría ser que estuviese en el prado, ahora que el Sol declina. Ve conmigo, y quiera Dios, . que estas experiencias mías, cuando el honor no me cuesten, que no me acaben la vida. Ven por aquí. Ve delante; hay honra! que hacer obligas, si necio al que es confiado, villano al que desconfía. Quién sufre a un preguntador, . sufrirá una melecina, un ministril por vecino, y suegra sin ser vecina. . Que se casaron la bella Lisarda, y el Toledano? Y apenas le dio la mano, cuando los pies puso en ella. En el casar, comunmente no hay (y de ello amor se ríe,) ni fealdad que desconfíe, ni hermosura que escarmiente. Venciéronla ajenos ruegos, no hay belleza con ventura, que en la elección, la hermosura nació con los ojos ciegos. Lo que bela lavecina a su barbado marido. De eso estoy muy ofendido, y por Dios que me amohína, que de un monte tan espeso de barbas besada quede, que como en un bosque, puede perderse en ellas un belo. s Aquél es. . Cuál? . Él de la banda. Espera sin moverte de aquí, que hablarle quiero. Aquí, señor, aguardaré; quisiera poderme escabullir. . A caballero. Es a mi? . Sí, a vos. . Muy necio fuera . quien le aguardara más, no más cartero, Morril, pues que te escapas de estas olas. . Si a solas me queréis, ya estoy a solas. Decid a esos hidalgos, que un momento nos dejen. . Esta bien, ya se lo digo: amigos, escuchad. . Mi pensamiento, ya de esa vez a la venganza obligo. No puede mi sútil entendimiento penetrar que será. . Es vuestro amigo? Mi amigos no le visto otra vez. . Vamos, que a la fuente del Duque os aguardamos. Ya estamos solos. . Conocéis por dicha a Don Rodrigo de Miranda? . Y tanto, que envidio lo que goza, y de su dicha en hermosura, y en honor, me esp que cuñada, y mujer tiene. . Hay desdichada! Qué os deshacéis ahora en nuevo llanto? Por qué me lo decís? . Amigo, yo me lo sé el porque, aunque no lo digo. Aveisme conocido? . No por cierro, mas digo que lloréis, si por ventura de amor de alguna de ellas estáis muerto, que soy competidor en su hermosura. Pues vos quién sois? . A discurrir no acierto, si esa ha sido ignorancia, o es locura: yo soy deudo del Rey, soy de los Godos, que en el cumprole Regia entramos todos. Conocéis esta letra? . No la he visto. No la escribisteis vos? . Mi Secretario ni yo no la escribimos: vive Cristo que sois preguntador muy temerario! A mis celos en vano resisto, que teme el alma su mayor contrario, y lloro, que el amor que ajeno toco, le tiene un cuerdo, y le pública un loco. Este es el necio, que encontré a la una anoche en una calle, a fe bien tarde. A noche os hablé yo, sin duda alguna, haciendo vos de amor tan vano alarde. Tenéis la condición tan impo tuna, que un hombre apenas, hablaréis, que aguarde vuestras preguntas a temeros torno; o cual sois para Monjas en un torno! Que esta letra no es vuestra, ni escribistes este papel? . No, juro a Dios, y sobre lo que anoche en preguntas me molistes, vos sois más necio, que un hidalgo pobre. Si tan necio conmigo anoche fuistes, tan nueva enmienda haré, que ahora cobre vuestra locura, que os pondré por mengua, recato en el mirar, freno en la lengua. Aquí me habéis de dar palabra, y mano, de no pisar la calle eternamente, y que a nadie diréis, ocioso, y vano, los celos que escucháis, y el alma siente, que vuestro pecho pasaré villano. Con este acero hidalgo. . Tente, tente hombre, que lo has con uno que de hecho te ensartará esta espada por el pecho. , n ; Loco insolente, vil. . Tente custado: qué es eso? a matar tiras? no lo hiciera. yo con tus cosas, ni contigo. . Has dado la ocasión, y aqueso dices? . Hombre espera; a un Caballero como yo en el prado, y en la Corte del Rey? . Desdicha fuera: qué eso pasó! que vino Don Rodrigos Ella sin culpa lloraba el castigo; que le ha de suceder, si tardáis, creo una desgracia. . Ay tal suceso! . Extraño. En tus palabras, tus costumbres veo. Oh mal haya el papel, y el necio engaño! Hombre, no huyes? . Paz. . Hola, correo, mozo: hay desengaños con más engaños! Ah gallina! . Ah cielos! que faltan discreción, y sobran celos; ningún discreto puede haber cesoso. Voyme no me conozcan . Fuera, fuera Ya se fue. Por mi fe que estáis gracioso, que ya huyeron, decid. . Era mas que un hombre? . A no ser tan animoso, a sus manos inútiles muriera; eran quince gallinas. . Vivas todas? No fueron tantos Torcos sobre Rodas. La paga me excusó vuestra venida de algunas muertes, porque el cielo quiso a tantas liebres dilatar la vida. Por qué fue una ocasión tan de improviso? Siendo por tanta gala conocida, en mí la viva imagen de Narciso, tenéis en preguntármelo desvelos? todos me quieren mal, que les doy celos. Qué de esto no os reis? tenéis mal gusto. Carrancino le tiro con que midió la tierra el más robusto, más veloz, que del trueno baja el rayo; pienso (y a fe, que siento algún disgusto) que barrené a los tres; pero al lacayo. Qué le hiciste? . Le di con tanta gana, que es burla lo que cuenta la Araucana. Al lacayo, porqué? . Porque me enfada, que un hombre bajo quiera ser valiente; mas tírele tan fuerte cochillada, que le oí yo mismo dar diente con diente: estaba mi persona tan airada, tan furiosa, tan fiera, y impaciente, que por no ver su muerte se me fueron, y las espaldas todos me volvieron. Gente viene. . Linterna han descubierto. No basta de piedad no haberlos muerto? La justicia parece. . Cada uno se vaya por su parte. . Quedo, quedo, que estoy yo aquí, no tengan miedo alguno. Yo solo a la justicia tengo miedo. Que aquí ha habido pendentia. qué importuno, y que necio que estáis, deciros puedo, que esta gente cortés a mí se humirla, aún más que al Presidente de Castilla. Ténganse a la justicia; Caballeros. Tenidos somos ya. . Digan, que gente. Yo Don Fernando soy. . De conoceros tan tarde, estoy corrido extrañamente, perdonadme por Dios: los compañeros quién son? . Señor, ninguno es delincuente. Yo Márcelo. . Yo Celio Fa Yo soy Fabio. Habéis hecho a mi amor notable agravio: lesus! mirad, señores, si serviros puedo yo en algo. . Guardeos Dios mil años, que con las armas, es razón venditos sois? las vidas, porfavores san extraños. . Vos quien Que no puedo aquí adventiros de mi nombre, ni mi talle, al fin picaños, Don Crisóstomo. El talle no lo niega. Soy Caballero de la Iglesia Griega. hasta que os traduzca quien se ha preciado de saber el Griego, dadme las armas. . Quién? . No es peregrina la persona? rendid las armas luego. Ah indecente Alguácil! . Si me amohína, sin que de estos señores baste el ruego, le prenderé. . Será, si me prendieres, porque tienes oficio de alfileres. Conocesme, Alguácil desalumbrado? Asilde: y él quién es? . Yo? . Sí, que espera? Yo soy de este señor recién criado. Dé la espada también. . Por la primera cosa que os he pedido, y suplicado, os ruego le dejéis. . Pesado enfado fuera, sino os sirviera en esto, aunque es muy poco cuerdo, y cortés. . Es mentecato, y loco. Tomad, señor, las armas; y otro día venid con nombre al uio. . Grande ha sido vuestra necia, y civil descortesía: estoy muy enojado, y ofendido: la gallarda, y gentil persona mía, dejáis de conocer: y conocido habéis a Fabio, y Celio! que son hombres que en comedias no más, pasan sus nombres, Ea, que no haya más. . Cómo un discreto Cortesano se enoja de esto? . Acaso Motril. . Señor. . Perdieronte el respeto: siendo criado mío? . Lindo paso, eso habían de hacer? . Yo te prometo que me enojará mucho, a cada paso con palabras tan graves, y gentiles castigo exorbitantes Alguaciles. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Sosiega, pierde el cuidado hermana, y no desconfíes, aunque tan poco te fíes de este nombre de cuñado. Yo soy tu hermano, y tu padre, tu remedio es honra mía, desde aquel postrero día de los años de tu padre, Quiérote bien, y procuro que de nuevo dueño honrada viva tu beldad premiada, y duerma tu honor seguro. Inés, mira, yo no extraño los efectos de la edad, que son de la mocedad el peligro, y el engaño. Ya sé que estás calles, llenas de envanecimientos tantos, son soledad de encantos, son un golfo de Sirenas. Ya sé que no estás segura de la ociosa juventud, ni despierta a la virtud, ni dormida a la hermosura. Del ver, y mirar, hermana, no hay culpada honestidad, que malicia de Ciudad, es licencia Cortesana. Ya sé Inés (no me lo niegues) que eres mirada, y que miras, que deseas, que suspiras, y quiera Dios que no ciegues. Ya sé que tienes amor, ya sé como quieres bien; hija, amiga, dime a quien, que yo te ofrezco. . Señor. Ea, no lo encubras, piensa, para que no estés dudando, que te lo está preguntando tu remedio, no tu ofensa. Casarte quiero a tu gusto, porque después de casada, no blasones de forzada, con el primero disgusto. Tus cuerdos acertamientos, si es noble celebraré, si es humilde, premiaré sus honrados pensamientos. Pues ser tuyo ha me recido, tendrele, aunque sea villano, afición como a mi hermano, y amor como a tu marido. Riqueza tengo, esta toda tienes a tus pies rendida, mi honor, mi hacienda, mi vida, todo es triunfo de tu boda. Si es malicia, si es engaño, si es verdad, o si es fingido? Oh tú has de tener marido, . o yo tendré desengaño. No mé estés más vergonzosa, habla ya. . Qué novedad es esta? Dime, es verdad, has hecho elección de hermosa? es hombre bajo? qué dudas? responde ya estoy atento, que al tratarlas casamiento hay poras doncellas mudas. Hurmano; Padre, y Señor que este nombre has merecido, inclinación he tenido, que es primer paso de amor, dentro del término justo abrí los ojos al gusto; pusele en un Caballero, que en esta calle. Ah libiana! . a (Por asegurar mi hermana) . que me quiere decir quiero. Me pasea noche, y día, hallando en mi pensamiento, menos que agradecimiento, pero más que cortesía. Con él, si tu amor procura hacerme tanto favor, tendré sin riqueza, honor, con gusto tendré ventura. Que al galán que nuestra calle pasea tú quieres bien? maldígate Dios, amén, . qué juició! qué honor! qué talle! Jesús, qué infame mujer! Qué dices? Que has acertado: yo tendré muy buen cuñado, . mas por Dios que lo ha de ser, para castigo siquiera de una elección tan culpada. No estaré muy bien casada? Si está loca? Escucha, espera, trátalo luego. ̱ Ella está . como el nobio que ha elegido. Don Fernando es mi marido. . No tiene remedio ya. . Casese, que vive Dios que no agraviaré a ninguno! y en juntarlos para en uno castigo daré a los dos. Sabes quién es? No es el hombre que siempre te está rondando? Este mismo es Don Fernando. Qué Don Fernando es su nombre? al momento voy a hablarle. De contento el seso pierdo. . Si el loco en lapena es cuerdo, que pena como casalle: esté mi casa segura, lo demás todo se pierda, ella no es venganza cuerda; pero es forzosa locura. Perdón, esposa, te pido, que tuve, siendo ignorante, de sconfianzas de amante, y sospechas de marido. Qué vas a tratarlo? . Sí. Dios te guarde. De tener mas en casa tal mujer. Celos tan pocos secretos, cobardes, y sospechosos, miente (pues sois maliciosos) quien dice, que sois discretos. Señora, qué te quería? qué has dicho que ha sucedido? Mil venturas he renido, todo, Juana, es dicha mía. Mi marido es Don Fernando. Tu marido? estás en ti? No amiga, que él está en mí. Pienso que te está burlando. Cómo burlando? ahora, ahora lo ha de ser, tú lo verás: burlando? graciosa estás. Tu hermana viene: señora no hables más en eso. Ah necia! venga todo el mundo aquí. otro amor tiene, ay de mí! . quien a su mujer desprecia. Aquel placer mal fingido, aquel pesar bien mostrado, aquel dormir desvelado, aquel desvelo dormido. Aquella blanda tibieza, aquella caricia helada, para la nueva estimada, propia segura belleza. Aquel semblante de enojos, con que a mis tiernos abrazos, grosero esconde los brazos, traidor, retira los ojos. Todo dice, y asegura, que en otros brazos durmió, de quien más quisiera yo la dicha, que la hermosura. Ya es gala de los casados, ya son preceptos injustos, lograr a fuera los gustos, y en su casa los enfados. Y tal es su demasía, y de nosotras el daño, que el tratarnos con engaño, tenemos por cortesía. Ese desatino hiciste? gran mal señora! . Pesada mujer. Que soy desdichada aún sin ser hermosa? ay triste? Mueres por turbar mis dichas, Señora no estás con esto? Qué ay Juana? Diselo presto. Hay más mal que mis desdichas? De aquel papel sospechoso tu marido me ha mandado, que a mi elección tome estado, y elija a mi gusto esposo. Con blandura, con caricia, con agrado, con amor, descubriendo en el favor más llaneza; que malicia, me pidió que le dijese mi inclinación, soy mujer, no sé callar, sé querer: hablé, decláreme, y fuese a buscar a Don Fernando, con quien dije que sería, gloria la obediencia mía, y el yugo apacible, y blando. Hermana, amiga, y señora, yo le adoro, yo le quiero, por él vivo, por él muero: dame el parabién ahora, que ya estará concertado, sino es que este Don Rodrigo tenga apariencia de amigo, y falsedad de cuñado. Hay locura semejante! tú a Don Fernando la mano, siendo de tu hermana, en vano necio aborrecido amante? mi señor, sin duda quiso descubrir una verdad, y halló en tu facilidad mucha luz, y poco aviso. Ya conozco en su tristeza, que ha sido la de estos días celos, y melancolías, y no amorosas finezas. Que me maten si no ha ido a matar a Don Fernando. (do, De un sueño estoy désperta- en que engañada he dormido: no hay que dudar, su cuidado es sospecha, hay Don Rodrigo! mas te quisiera enemigo, que no tan desconfiado. Que son menos mal templadas en la ofensa, que sospechas el darlas en ti por hechas, que en mí por imaginadas. Ciega, falsa, necia, loca; que para causarme enojos, al descuido de tus ojos, y aún más peligro en tu boca; que has dicho infame? qué has hecho? que has puesto con tu elección; un hielo en mi corazón, una bibora en su pecho. No me veas en tu vida, y pues atrevida; y vana; lo verras como villana; callalo como entendida. Así alevosa, cobarde, aunque aventure mi daño; no lograréis el engaño. Celos de mí! Dios me guarde: llama a tu marido luego, él a casa irá conmigo del padre de este enemigo atrevido, loco, y ciego. Direle sus inquietudes. Dírasle dos mil verdades de sus necias mocedades, (bien a quien eres acudes) haz que a ese mozo reporte; que estos con su libertad, infaman con vanidad muchas honras de la Corte. Galán por tu vida sales. Ahora adviertes en ello? la república del cuello tiene los quiebros iguales. No es cuello muy de amistad. Qué dices? Del cuchillo digo, que no es bueno para amigo. Por qué? No tiene igualdad. El descuido, y desenfado en las galas, es gran cosa; está la golilla airosa? voy pulido? voy peinado? voy de buen arte? Excelente. Oh cómo tienes buen gusto! mucho de tus cosas gusto: doite una dama. Detente. Qué quieres, que me detenga? Dama tuya? Dama mía. Qué nación? Doncelleria; pon la que mejor te venga. Es vestido? Y muy estrecho; has los papeles llevado a mis damas? Treinta he dado. Poca diligencia has hecho. Sola en una calle son pocas treinta? Eso me enfada, y aún en calle junta es nada: no eres hombre de facción. Qué dijo Doña Mariana? Que eres gallarda persona. Extremada rapagona! y que respondió su hermana? Que eres la flor de la Villa. No dijo de la canela? qué solemne bellacuela! que sabrosa picarilla! y Doña Luisa? Mil males dijo de ti. Quién lo oyera. Y dijo que te dijera estas palabras formales. Es de Paje muy pesado, por no decir Escudero, contar cuento verdadero, y dar cabal un recado. Doña Isabel la graciosa? Señor, pienso que esa dama salta ya de rama en rama. Mudanza? achaque de hermosa, Si es que a enamorar se llega perecerá la señora, que dama que se enamora, es garitero que juega; servistela? Con primor. Diote celos la taimada? De nadie recibo nada, que soy ministro de amor. Tuvístela voluntad? Hacia picadillo estuve: media voluntad la tuve, mas si va a decir verdad, mas que mármoles, y bronces sufrieron las penas mías, quísela bien cinco días, que yo era muy firme entonces. Ea, señor, date prisa, que es muy tarde. Dame, pues, los favores de este mes. Las tres son. Hallaré Misa? Vísperas, si sales luego. Hola, quién es hoy de guarda? El Ángel de ayer; aguarda, un hombre se ha entrado aquí. Hasta el camarín se entró: Motril, despide al Portero. Yo? . Si no, despídete a ti. Puedo hablaros? No lo veis: vive Dios que es Don Rodrigo, despide al Portero, digo. Pienso que me conocéis. Conoceros no es posible hasta que preguntéis algo: pesada cosa! un hidalgo puntualísimo. Insufrible. Vengo a que me conozcáis por muy vuestro servidor. Descansaos Morril, Señor, conocesle? Vos seáis, hidaldo, muy bienvenido: qué querrá este majadero? . Pero cansaros no quiero: digo, señor, que he sabido el gusto con que miráis a Doña Inés mi cuñada, rica, hermosa, cuerda, honrada, de que satisfecho estáis. Hasta saber el estado, y la intención que tenéis, he sido, como sabéis, atrevidamente honrado. Sé que sois gran Caballero, amable, honrado, y lucido, galán, cortés, entendido. No despidas al Portero. Y así os vengo a proponer por vuestro gusto, y su fama, que a la que servís por dama, la merezcáis por mujer. Y porque mi casa entienda la calidad que tenéis, aquí una memoria haréis de vuestros padres, y hacienda; que esta noche honrosamente quedaréis capitulado, donde iréis acompañado de poca, o ninguna gente. Pasárase ese verdor, que es un fruto el casamiento, que al árbol en un momento le despoja de su flor. Y así, en cuidado tan nuevo, perderéis bien ocupado, con las leyes de casado, esenciones de mancebo. Y pues sois tan generoso, no dudo yo que serán las finezas de galan, estimaciones de esposo. Sois atinado advertido, sois un hidalgo muy cuerdo, abrazadme, que me acuerdo, (porque soy muy prevenido) que esa memoria está hecha: Motril, hola, un escritorio. Yo trato este desposorio: . hay cara infame sospecha! qué dirá el mundo de mí? mas diga lo que quisiere, Inés, al fin, no lo quiere, su amor la castiga así. Tan apresuradamente te casas? terrible intento! La purga; y el casamiento se han de tomar de repente. Señor cuñado, advertid, que toca muy grande historia un papel de estos: memoria de los dotes de Madrid, de decir su pensamiento el que enamorado está; estilo, bienjuzgará vem a atrevimiento. De cólera se deshace. Modo de pedir prestado por estar tan confiado de la que vamame hace. Válgate Dios por papel, si te acabase de hallar! este es por Dios, no hay que hablar, tomad, que lleváis en él todo lo bueno de España, todo lo de ilustre cepa, que no hay letra en que no quepa un solar de la Montaña. Todo lo tengo entendido; dadme los brazos, y adiós. Prevengámonos los dos para la boda. Hase ido ese borracho? Picaño, a mi cuñado, qué esperas? Piensas que te hablo de verás: vive Cristo que es engaño. Sin duda quiere el traidor quitarte el amor de allá. Si me casa, claro está, que me quitará el amor. qué has de hacer con estas bodas. de tus damas, y doncellas? Mótril, para aborrecerlas irme casando con todas. . Baste, pues que ningún día Fernando sosiega en casa; ya de desvergüenza pasa, de ofensa, y descortesía. Solicite damas bellas muy preciado de su talle, y desamparen su calle mas temprano las estrellas. Haga públicos alardes de sus penas amorosas, ya con músicas ociosas, ya con espadas cobardes. Y no lo esté yo esperando siempre a comer, y a cenar, el tardar, y yo aguardar, no pide justicia Hernando. Márcelo, al padre, y la dama. del hijo, y dueño, les pesa, a él, el que falte a la mesa, a ella, el que falte a la cama. Todo lo demás se olvida, se disimula, o se ignora. Señor, Don Fernando adora tú solo sosiego, y vida. Sin duda es ese, sin duda; hay quien dar crédito pueda a lágrimas del que hereda, y a suspiros del que enviuda? Hablarte a solas desea aquí una hermosa mujer. Andad, andad, bachiller: cosa que a Hernando sea! mujer a solas, y a mí! que mal informada viene, entre, que licencia tiene, Bien puede quererte a ti, que aún no tienes mucha edad. No me faltaba otra cosa, buscarme mujer hermosa: o qué hermosa necedad! para esas burlas estoy. Ven, que el viejo se remoza Vive Dios qué es linda moza! . Aunque no sepáis quien soy, basta solo ser mujer, para que me honréis ahora. Serviros sabré, señora: qué mandáis? qué es menester? que os da cuidadosa un hermano pensad que pedís consejo, no dije padre a lo viejo, pues no lo soy, aunque cano. Hermano, favor grosero, . el buen viejo tiene humor. Yo estoy casada, señor, con un noble Caballero, tan bueno, tan cuerdo, y sabio, que antes mirara rendida a mil peligros la vida, que la fama a un solo agravio. Soy a su valor fiel, y aunque obligada nací a serlo solo por mí, por mí lo soy, y por él, que tan honrada he nacido, que dos veces lo he de ser; una, por ser su mujer, otra, porque es mi marido. Vuestro hijo, que se fía en las galas, y en la edad, es con necia libiandad tirano de la honra mía, que no han podido en dos años moderar sus pasos ciegos, llantos, quejas, voces, ruegos, desdenes, y desengaños. Desuerte, que ya su amor, o voluntad atrevida, pone en peligro su vida, vuestra quietud, y mi honor. Halo sabido mi esposo, y en busca suya ha salido, mirad vos para un marido noble, ofendido, y celoso de tantos males el medio: pido, señor, con su ausencia castigo a vuestra prudencia, y a vuestras plantas remedio. Jesús llevantad, yo haré que viváis con mucha paz: yo reñiré a ese rapaz. Qué es eso de reñiré? linda flema, cuando sale a matarle mi señor, y aún no será gran rigor si él, de sus pies no se vale. Bueno es reñir cuando es poco hacer un castigo nuevo. Está borracho, mancebo? es menguado, es simple, es loco? sé respetar la belleza de esta dama, y su valor, y a un escudero hablador sabré romper la cabeza. Qué es valerse de sus pies bergantón, un hijo mío? Reportaos. Gracioso brío: mi señor sabe quién es? Sea el diablo. Majadero, quién os mete en eso a vos? Grande novedad por Dios, que en Madrid un Caballero quiera una mujer casada, donde se ve (combatida) guardarse la más servida, y servir la más guardada. De imaginar, o ver algo se alborota, y pierde el sueño? debe de ser vuestro dueño muy escrupuloso hidalgo. Cuerpo de Dios con su honra, sepa aquel que desconfía, que es muy baja astrología anticipar la deshonra. Que sirve andar por rodeos, temiendo ajenos antojos, hecho alguácil de los ojos, y alcalde de los deseos? si castiga de ese modo el desear con el ver, quien tiene hermosa mujer acuchille al mundo todo. Y ahora comience, pues, con Fernan Diaz, y verá, que con sus manos, tendrá necesidad de los pies. Para mi humor linda cosa. Aguardad por vuestra vida. Qué regalos de querida, y que melindres de hermosa. Ay desdicha más cruel! Saber será buen consejo, si tiene padre este viejo para ir a quejarnos de él. Ya llevan las penas mías mas miedo, mas confusión. Todos los hidalgos son libros de caballerías. A muy buen tiempo has venido. No he tardado? No has tardado. Tanto vela el despreciado, como reposa el querido; ay tal amiga! mil veces me da los pies. No los pies, las manos. Ay Doña Inés, y que albricias que mereces! De tan perdida esperanza, quién gozó fruto mayor? Lo que no pudo el amor, pudo en mujer la venganza: cuantos suspiros te debe mihermana, en tu fe constante, contra muros de diamante han sido flechas de nieve. Y ahora, que la locura de su esposo ingrato, y necio castiga con tal desprecio su mal premiada hermosura. Que tras dos años de ausencia, con la dama que ha traído, tiene su amor ofendido, y agraviada su paciencia. De ti ha querido fiarle, procurando hablarte, y verte; y lo que no por quererte: ejecuta por vengarse: Porque las más recatadas, más firmes, mas presumidas, sufren ser aborrecidas, pero no ser despreciadas. Bien haya del necio; amén, la ignorancia, y grosería, causa de esta gloria mía. A las nueve en punto ven, que yo estaré a una ventana, que hasta las once, ocupado está el señor mi cuñado con su linda Sevillana: gozarás la más esquiva mujer, y yo de un traidor la venganza, y de mi amor el premio. Mujer altiva, al sin, que más que quererte, puede contigo el vengarte, pues ya deseo gozarte solo por aborrecerte. Albricias querida Inés. Hay otra nueva traición? de que las albricias son? En este papel que ves: de la hacienda de tu esposo, y calidad, traigo ya relación que te dará en leyéndole reposo: Tómale, que no he querido abeirle sin que le leas; y alégrate que te empleas, en un notable marido. . Tabla de todas las damas, que en Madrid me pertenecen, repartidas por las calles en Parroquias diferentes. Qué papel; o qué memoria es esta? qué te suspendes? válgame el cielo! qué es esto? Con segundo entodo vuelves. Diez Juanas, solio primero; tres Luisas, ocho Ilabeles, seis Marías, siete Antonias, dica Fránciscas, doce Ineles, todas discretas, y hermosas, y pruébolo lindamente, hermosas, pues que las quiero, discretas, pues que me quieren. Toda la runfla del gusto, lo sazonado, lo alegre, lo entretenido, lo blando, larga paga, plazo breve. Cuarenta de ojos azules, y cincuenta de ojos verdes, que me enfada de los negros, lo valido de la plebe. Gasto las rubias en Julio, las trigüeñas en Diciembre, en el Invierno al carbón, y en el Verano a la nieve. Las casadas para Mayo, las viudas para el Setiembre, las doncellas para nunca, las solteras para siempre, son mis válidas ahora, de tantas, no más de veinte, que he dado ya en retirarme, que me enfada que me ruegen Y sobre todas mis damas, Doña Hipolita, que tiene marido ausente, y celoso, bien celoso, y mal ausente. Aquí, cielos, no hay paciencia! maldiga Dios quien consiente estos ociosos mozuelos, libres, locos, insolentes. Ingratitud de las virtudes, sobresalto de las gentes, descrédito de las honras, menosprecio de las leyes. Parleros de lo que tratan, vanos de lo que no pueden, públicos de lo que ignoran, soberbios de lo que emprende. Que ya los hombres; no solo callar la verdad no quieren, si no en público a sí mismos, victorias de amor se mienten; y vive Dios, loco atrevido, que si aquí llegara a verte, hecho mil piezas quedaras, cual tus infamespapeles. s Quitáteme de delante, enamorado insolente, que esta elección, hija sola de tu liviandad parece. Ved que caudalosa hacienda, que padres, y que parientes, que nobleza de los Godos, que familia de los Reyes A coces he de matarle, porque en Madrid escarmienten tantos viles ofensores de tantas nobles mujeres: qué esto sufro? qué esto pasa? . Fuese el traidor, loco vuelve; desespérate, que yo me voy, y aguardo a las nueve. No menos que esto me dijo. Que fue con su autoridad a decir eso. Es verdad, es cosa de burla un hijo. Mira, señor, que es mujer principal. Con eso sales? todos somos principeles; qué importa el mirar, y ver? matar a Hernando querian- Puede ser que le buscasen. Y pues, y cuando le hallasen. Quizá le acuchillarían. Acuchillar: vive Dios que los quemase! qué bueno! Estas voces condeno. No me conocéis los dos? Para qué con él porfías? El que de vil casa viene, metida en el cuerpo tiene una legión de hidalguías. Por si tratan de aguardarle, aquí le vengo a esperar, y vive Dios que han de hallar todo un infierno en la calle. Si está entre aquellos hablado? El viejo tiene valor. Don Fernando mi señor. Quién busca aquí a Don Fernando? Motril es. Oh Motrilejo! qué hay de nuevo? No está aquí mi señor Acaba, di. Solemnísimo es el viejo. Vengo a decirle un suceso de aquel amo que me ha dado. Parla, pues eres criado. Es para perder el seso. No estás con Hernando bien? Prestome como a caballo, pesea tal, que no le hallo. Di, con quién estás? Con quién? yo soy quien menos lo sabe; quedo que llega embozado: qué entero! qué mesurado! qué misterioso! qué grave! La noche que me caso en todo el año, un criado tan nuevo, que es flamante, se descuida, se tarda, y se pasea, a peligro me huele la librea. El quitarle la cama, es gran donaire. Será, descomponerle con el miedo. No le descompondrán quince envidiosos. Venga la capa; hidalgo. No recibo a estas horas camarero. Ea, denos la capa. . Es ferreruelo. Pues venga el ferreruelo. Que el ferreruelo os dé, cosa escogida: que me habéis dado vos en vuestra vida? Diga boacé, qué busca en esta calle? Sois vos el que volvéis lo que se pierde? Alargue la cama el muy. C. Quedo, quedo Soldado, o la pedís, o la tomáis? Ofrezca. . Esto de S. Martín, no les agrada. Oh la capa, o la vida, o todo, o nada. Lo postrero es mejor, y más ligero. Paso, que es Don Crisostomo. Nombrome, seguro quedo ya. Dadme esos brazos: cómo venís tan lindo? Aunque es costumbre, me desposo esta noche, y todo el día, para, que me acudáis os he buscado: rogad a Dios por mí, que me he casado. Parece que salís del Purgatorio? Antes entro, que es luego el desposorio: rogad a Dios por mí, que esta es mi hora. Ay tal gala! . Ay tal seso! Ay tal simpleza! Que buen aire os lleváis en la cabeza. . Las nueve son, ya tarda Don Fernando. . ve ahora din, con tiempo vengo No hay segura lealtad, ni amor cobarde; un hombre entró en mi casa, y desde arriba le avisó una mujer: esto estoy viendo? en tus manos (ay honra) me encomiendo. uYo. tú me has engañ Aunque más, señora mía, de la luz os retiréis, de vos misma no podréis, mi bien, retirar el día. Hipolita, que rigor tuvo jamás tal mudanza. Ya es amor, si fue venganza; detente un poco, señor, que siento gente. . Aunque fuera ya vuestro propio marido, qué importa? Aquí es el ruido; e . amor, ni teme, ni espera. Repórtate, así te goces. Dejadme sacar la espada mi vida, y no temáis nada. Pasos siento, y oigo voces: válgame Dios! quién será esta mujer? . Tente, espera. Pero la que fuere, muera. un Hipólita, sueltala. Ah infame, suelta los brazos! Mi señor ha entrado en él un grande alboroto siento. (aposento. En mi aposento ruido, qué es esto esposo, y mi bien? El cielo te pague, amén, tanta luz como has traído. Unos ladrones oí. No son ladrones, yo soy, que con mi marido estoy. Tu marido? . Di que sí, no ves el peligro. . Inés, ñiad Eva, di que te engañó. Sois su marido? . No lo ves? su marido soy: ahora importa que lo confiese. Alegrome, aunque me pese. Ah vil mujer! ah traidora! si a Don Fernando queréis, que le estabas engañando? Este mozo es Don Fernando? todo es ignorancias mías. Basorto, llamadme al punto los primeros que encontréis en esta calle, entendéis? Obedezco, y no pregunto, Quiero que sean testigos de que me pedís a Inés, porque no tachéis después a mis criados, y amigos. Vuestro padre, aunque es tan noble, con su prudencia, y sus canas, verá el honor de mi sangre, y el agravio de mi casa. Yo os digo que tengo miedo a su condición tirana. Esto ha de ser, aunque venga todo el valor de Vizcaya. Entren ya vuesas mercedes, que ha rato que los aguardan; (. aquí están seis Caballeros. Cuadrilla para unas cañas. Motril, desenvaina presto; dame esposa esas gallardas, esas nobles, esas bellas, esas dulces manos blancas. (lindo Quién es este hombre? . Oh que mesindre de desposada! Qué es esto hidalgo? las burlas aún de los amigos cansan. Qué burlas? quedo cuñado, que vienen a honrarme. . Basta, que ya no es justo que sufra de vos necedades tantas. Heme de casar por hoy, aunque pese a toda España. Graciosa cosa! . No solo el mentecato se engaña, sino en vez de la doncella, da la mano a la casada. Oh qué donaire! . Este viejo os llamó, y sabed que os llama para que seáis testigos, que Don Fernando se casa con esta señora. . Cómo, Don Fernando? . Qué os espanta? yo que Don Fernando soy, me caso con esta dama. Mi hijos gran maldad, sacad todos las espacas. No es con mi dama, ún me quedan dos arrobas de esperanza. Casarse sin mi licencia, y de esta suerte? . No hagas demasías, que esta gente es muy rica, y muy honrada. Sosegaos por vida vuestra; una mujer tan hidalga, para un grande de Castilla. fuera pequeña desgracia. Ven aquí, tu gustas de ello? Es deuda, señor, y paga mi mano el honor que debe. Rapaz, miradme a esta cara, no digáis que sois mi hijo, que os haré sacar el alma. . Señor. Si el viejo no quiere, yo me caso con entrambas. Ea, señor, esto es justo. Tu mucha fiereza amansa. Hh sido bellaquería. Hablad, señor, con templanz perdonadlos, admitidlos, tenedlos en vuestra gracia. Por no sufrir que me ruegue me echaré por las venianas. Cásense, que ya es castigo. Albricias, ya los abraza: viváis mil años, señor: Ahora mi boda falta: aqui teréis un esposo, sin suegra, o suegro. . No acá de echar de ver que es un loco qué es aquesto? . Basta, basta, quiere reñir cómo el otro? para padre, pocas barbas. No ves qué es casada? . Buen la dificultad me agrada; descrsese, que ya es fácil. Paciencia, aunque no te casas Qué en efecto no me caso? huélgome, que nesme alcanza la maldición de mi paore: (plegue a que te cases, guarda. Señores, si dais licencia. nos iremos. . Esta casa está aquí a vuestro servicio, con los dueños que la mandan A recoger, Caballeros, que a fe que ha euado gallaro la fiesta; uas que se ha hecho este son en las pasadas. Ah señor galarren pena, ha señor nobio fantasma; casese conmigo. be, que para mi tocas bastan. Señor, nuestros deseos en esta farsa retratan, infinitos que en Madrid ya son amantes sin dama.