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Texto digital de El galán de su mujer

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
Atribución estilometría
Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El galán de su mujer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/galan-de-su-mujer-el.

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EL GALÁN DE SU MUJER

JORNADA PRIMERA

̱r. O me dirás, por tu vida, por qué intentas disfrazarte, y valiéndote del arte, así embozas tu venida? Aunque no era para ti tan grande satisfacción, que la sepas es razón, para que entiendas así, que un poderoso motivo me obliga solo a ocultarme, porque importa asegurarme de la sospecha en que vivo: un aviso se me dio, que la que ha de ser mi esposa, en la opinión achacosa, vive en Madrid; y así yo, de Toledo disfrazado, vengo a apurar con secreto su virtud, a cuyo efecto me quiero fingir criado de mí mismo, y así hacer lo que mi respeto ordena, que si la mujer no es buena, es veneno, y no es mujer. No tengo que responderte, pues eres tan advertido. Nunca se dan ha partido el pundonor, y la suerte. Dejemos, señor, a un lado ahora este discurrir, y empiézate a divertir, pues que ya estás en el prado. No sé si hallaré con quien, que puesto que hay mucho aquí, no habrá nada para mí. Esas penas no te den cuidado, que esta palestra dicen, que hace a la letra vista, fácil, a la que es más lista, mortecina a la más diestra; que es, señor, grande ocasión, tinieblas, campo, y mujer, y más si se sabe hacer aquel juego del chitón, porque yo no diferencio el tener del desear, si el que se atreve a buscar, busca primero el silencio. No temas neutral vaiven, que bien puede conquistar un hombre, que sabe hablar, y que siempre huele bien. Pues hay Dama enamorada, Cérote, solo de olor? No, pero es Embajador, de que es la persona honrada. Si de esta razón te vales, presto la yerás vencida, que esa alhaja está adquirida por precio de veinte reales; yo estoy, sin gusto, y no quiero mas que mirar estas fuentes, en cuyas bellas corrientes. el mayor bien considero, pues el que está por venir apenas sabe llegar, y no ha empezado a parar cuando se vuelve a partir. Debe de ser, que en tu Blanca pienso que voy acertando: imaginas, que esperando te está con la puerta franca? aunque esto no puede ser, porque ha, señor, que llegaste seis días, y no intentaste aún siquiera el irla a ver. No sé en qué piensas, por Dios, pues ella es ya tu mujer, y autoridad, y poder os capítuló a los dos. Por eso solo no quiero. ir tan aprisa a buscarla, pues no he de poder amarla si no la escucho primero: que aunque basta su retrato bello a triunfar de mi vida, no se ha de dar por vencida sin la dulzura del trato; porque es el mayor tormento, que puede a un hombre aquejar, hallar mujer, y no hallar mujer con entendimiento. Esta es la mayor beldad, porque es deidad con razón, pues nunca su perfeción se desluce con la edad; quien sufre, busca esta suerte, y sabrá hallar repetida una beldad, toda vida, no una mujer, toda muerte. ̱. Pues dí, como la has de hallar si nunca la vas a ver? Porque el más cuerdo temer hace mejor acertar; ven acá, si llego a verla, y sin alma la examino será fácil el camino de galantearla, y quererla? No es fuerza, aunque lo dilate, visitarla cada día, y esta molesta porfía, me desespere, o me mate? Pues qué, si a fuer de marido, que ya acercando se va, como imagino que está, tengo cuarto apercibido? cenar en casa, y comer, venir trempaño a acostarme, y al vestirme, y desnudarme, de mi suegro, y mi mujer, un recado, otro recado, y todo lo he de sufrir? En fine, no quiero vivir tan presto desesperado, con la duda, o el engaño. aguardaré más contento, y hágase el casamiento, de aquí a unmes, o de aquí a un año, Pues como has de estar oculto tanto tiempo sin sospecha? Hay más de mudar la fecha? ninguna acción dificulto: a mi padre escribir quiero, que dige,, que no he podido salir de allá, y escondido hacer buen informe espero, y aunque le parezca exceso mi designio le diré: Eso importa, para que ninguna os coja con queso: vive Dios, que este mi amo. . tiene notable capricho, nunca supo lo hecho, y dicho, yo sí que antuvión me llamo: un informante es de amor, y según llego a entender, mas que no a buscar mujer, viene a hallar Embajador: si confiesa que es hermosa, basta para preferida, pues para buscar la vida no es menester otra cosa. Un entendimiento claro es una alhaja muy cara, como tengan buena cara, nunca en lo demás reparo; pero ya las doce han dado: tarde esta, noche veniste, y ya está el prado muy triste, porque está sin gente el prado. Ya te querrás acostar. Luego me quisiera ir, porque más que de dormir, tengo gana de cenar. No será tarde a la una, que a buen hambre no hay malpan. Ni la ocasión, ni el refrán, me depara empresa alguna: señor, cuando has de acabar, que ya me tienes molido? piensas, que arroz he comido, para tanto pasear? Deja el paseo importuno, que son terribles fracasos, después de cenar, mil pasos, pero antes de ello, ninguno. Gracias a Dios, que llegamos: has visto tal fuego, Inés? ̱. El Can del Cielo parece que está rabiando de sed, y sin tener ambición, se transforma en Lucifer. Bien pudieran saludarle. ̱. Tiene poco de cortés, y la oración en su cielo jamás se despacha bien. Abrasadas del calor, aunque nuestra casa es tan cerca, llegamos siempre. Si tu pudieras tener en casa aqueste jardín, gozaras con quietud de él. Mejor en el campo están estas casas de placer; de más, que por el silencio, gusto que apartado esté. Esto supuesto, y que esotro ahora no puede ser, y es el salir de mi casa, con el recato que ves, solicito divertir la imaginación cruel, que de inclinada a grosera se suele pasar tal vez. Quedó mi padre acostado? Recogido le dejé. Y Clara? Tu prima Clara, atenta como cortés, de tu casa, y mi señor, es siempre guarda fiel. Por eso la dejo en ella. Bien pudieras una vez traerla, que este agasajo la debes a su merced. Volviose el coche, Tristán? Desde la esquina se fue. Pues entremos, que esta noche temprano me he de volver. Señor, ya hay caza en el soto. Lleguemos. No hay para qué, porque en el jardín se entraron, Sin duda debe de ser de estas Reinas embozadas el Pensil, o Aranjuez. otras vendrán. No hayas miedo en el tiempo que yo esté en el Prado, que aunque nunca con ellas fui descortés, me sigue aquesta fortuna. Es una vinagre, y es una loca, y una ciega, una varia, y es por quien se ve el mérito abatido, y premiado el interés. Trae un necio en la cabeza, un entendido a los pies, y con andar de esta suerte, da los pasos al revés. Suele en el monte volar: suele en el llano caer; y al fin, entre estas, y esotras, es una pobre mujer, primogenita de Adán, más arrugada la tez, que el debañador de siglos dichoso Matusalén. Calla, loco. En estas cosas no me puedo contener: en un mísero, en un calvo influya aquese desdén; pero en ti, ni yo lo entiendo, ni sé la causa por qué. Ya es tarde, y la soledad puede dispensar, Inés, que se diviertan de un alma los sentidos otra vez. La tardanza de Don Juan me ha dado casi a entender, o que ya está arrepentido, o que buen galán no es: pero de esta fantasía aquí me divertiré: siempre lo que me está mal, llego más presto a creer. Repite en ecos suaves la hermosura del clavel, de la azucena, y la rosa la púrpura, y candidez. De aquel gírasol amante la inclinación más fiel, pues viniéndole al Sol rayos, muere mientras no le ve. Soleniza más atenta la dicha de aquel laurel, que merece ser corona, porque llama de amor fue. Y si alguno, como suele, quisiere hablar, y tener conversación? Sea quien fuere, le habremos de responder: si es necio, para reirnos; pero si discreto es, oír para divertirnos, y escuchar para aprender. Canta entre tanto aquel romance del Poeta Cordovés, que en su siempre acorde lira a los números dio ley. Ya te obedezco, señora, y si te sé entretener, romance en toda mi vida habré cantado más bien- Guarda corderos, Zagala, Zagala, no guardes fe, que quien te hizo Pastora, no te excusó de mujer. La pureza del armiño, que tan celebrado es, vístela con el pellico, y desnudala con él. Pues que escuchándolo estás, no es la voz en el jardín? Sí señor, y un serafín pareció. No cantes más. En los acentos suaves. Porque ya se llega gente. No cantan más dulcemente, ni las fuentes, ni las aves: quédate atrás, porque quiero llegar solo a la ventana. Será diligencia vana. Siempre has de ser majadero? Ya no daré un paso más, si el acercarme os ofende, pierda una vida la gloria, que de oír esa voz tiene. Nunca rompieron las flores la cárcel del botón verde, dando su hermosura al prado, para volver a esconderse. Nunca negó sus cristales. al pasajero la fuente, que fuera piedad avara correr para suspenderse. No canta, no, el ruiseñor sus dulcísimos motetes solo a su consorte amada, que a un tiempo a todos divierte. Bebido el cristal, mitiga los ardores vehementes: oído el pájaro, enamora: tocadas las flores, huelen. Permitid con este ejemplo, que canten, y que me acerque, porque el agrado no os ganen las flores, pájaro, y fuente. Retórico Caballero, (aguárdate, Inés, no cierres) que con palabras medidas habláis tan discretamente, las flores desabrochadas, si se tocan, y se huelen, en esas dos diligencias, olor, y hermosura pierden. Si la fuente al pasajero remediar sus ansias suele, tal vez la deja turbada el mismo que el cristal bebe. Si el Ruiseñor canta ufano, por eso para en las redes, y a manos de su dulzura esposa, y libertad pierde. Buscad, pues, para obligarme, algo que pueda vencerme, que en esos ejemplos hallo sentidos muy diferentes. A tal discreción señora, no habrá quien pueda atreverse. Tan presto os dais por vencido? No es presto, que en un instante, de vuestra alma lo galante, me ha dejado suspendido: no quiero ser atrevido a la luz, que me avasallo, porque en mi discurso hallo, que en esta empresa, que sigo, mucho más de lo que digo, puede lo menos que callos Esta vez he de callar, que aunque me puedo atrever, suele una verdad perder, si se permite explicar: ni se acobarda mi osar, ni enmudece mi decir, pero en tan noble sentir, es más cuerdo proceder, callar para no ofender, y escuchar para vivir. Si así calláis, poco importa: no es Inés, muy bobo el hombre? lo entendido, y gentil hombre. Mal mi afecto se reporta: . dejad que peque de corta esta vez mi lengua ruda, porque ya mi ingenio duda. No habrá mucho que dudar, que poco sabe obligar, una lengua, si está muda. Enmudecer de escucharos, es respeto, y no es temor. No deja de ser error: no tenéis que disculparos. La primera vez que hablaros merecí: yo estoy perdido! queréis que sea atrevido, y más siendo forastero? No quiero tal, Caballero, vos andáis muy advertido: forastero sois? a qué habéis venido a la Corte? Quiera amor que me reporte: hasta ahora no lo sé: pero ya que el alma os ve, ya lo sé, señora mía, todo su poder le fía a ese raro entendimiento. Jesús, y qué atrevimiento! Jesus, y qué cortesía! queréis que llegue a pensar, que ya estáis enamorado? muy mal lo habéis estudiado. No tengo más que estudiar, pues que ya os merecí hablar, ya os quiero, ya me abrasé, ya de una vez me cegué. Pues rece a Santa Lucia. Toda es vuestra el alma mía. Por mi fe? Por vuestra fe. El primer enamorado sois, señor, por el oído. Y no me basta un sentido para quedar abrasado? demás, que me persuado a que seréis muy hermosa. Ciencia tenéis prodigiosa: y me lo sabréis decir? Cómo lo queréis oír? Es la ocasión muy forzosa. Da vida el Sol, y no toca al cuerpo en que predomina, que a su influencia divina, solo el ser Rey le provoca. El monte, el prado, la roca, se alientan a su luz pura; más perfecta criatura sois vos por la discreción: pues qué grosera razón os negará la hermosura? No fuera el Astro lucido, si también no fuera hermoso, que es lo desigual odioso al uno, y otro sentido: viviera desvanecido, si a él solo le diera Dios belleza, y luz, y en los dos, con disonancia cruel, viera que gozaba él, lo que no gozabáis vos. No ha de ser dificultosa la persuasión gallarda de un alma que se acobarda, de advertida, o de medrosa. Acaso, no es poderosa una palabran una acción no bastó a mi presunción, si se perdió de atrevida, ser cada acento una vida, y un alma cada razón? No estaré desauciado, ya que de lo más gozáis, de que muy bella seáis; antes vivo confiado, que cuerpo, que está ilustrado, de un alma en todo tan clara, la naturaleza avara os dejara sin belleza, y que aquella gentileza, compitiera a vuestra cara. Muy bien lo habéis discurrido, aunque sois muy confiado, al fin estáis en el prado, y sois muy reciénvenido. Obligaros he querido. Mitigad esos desvelos, que hay espías en los Cielos, cuantas él contiene estrellas: entreteneos, pues, con bellas, porque tengo a quien deis celos. Vamos Inés, Dios os guarde. . No he visto en toda mi vida mujer más bien entendida. Vamos, señor, que es ya tarde. Aguarda, ya el alma os sigue. Si es así; de qué se queja? Haré pedazos la reja. Algún diablo nos persigue. Vive Dios, que me ha picado aquesta mujer, Cerote. Hay más de pegarla un trote, pues la tienes en el prado? aunque si picado estás, tú eres el que has de correr, que tiene traza de hacer, que trotes, y aún corras más, que el más ligero rocín: yo lo fío, si aquí vuelves: qué es, señor, lo que resuelves? Adorar este jardín; pero antes que aquí venga, quiero a Blanca conocer, porque ya es tiempo de hacer, que mi industria se prevenga: lograré así mi intención. Y si las dos fueren bellas? Hará mi maña con ellas catedra de oposición. Tu bien lo puedes hacer; pero es terrible indecencia, que no sufre competencia con la dama, la mujer. Ni Blanca ahora es mi esposa, ni esta señora mi dama, y así de las dos la fama, no puede quedar quejosa, demás, que con mis disfraces, nadie lo podrá saber. Ya la empiezas a ofender, pues no ignoras lo que haces. No repliques, majadero, que ahora no es ocasión: haz oficio de busón, y deja el de consejero. Mucho, señor, me has honrado: por Cristo que se enojó. Este título doy yo, si es bachiller, al criado. Oficio de calidad tengo con ese ejercicio. Siempre reparto el oficio conforme la habilidad; lero ya no hay que perder sempo, manos a fingir: hora no puedo ir, tero mañana ha de ser, se noché tengo de entrar. Gusto tienes de señor. Con las tinieblas, mejor pe podré allí disfrázar. . 1. Esto en fin, señora mía, Idiréis: que no es razón, he pase mi inclinación, pamor, a ser grosería, pe yo me sabré morir, ves que infeliz llego a ser, a que así veo perder, que pensaba adquirir. la los papeles entrego, he en esta Secretaria, hiere la desdicha mía, he deje el oficio luego. iempre, Clara, lo temí, pes siempre mi amor la hallado on el semblante enojado, hando de día la vi: les consecuencia muy clara e ser fingido el favor, fuer solo en el rigor esembozada la cara. lo quiero dar el retrato, on lo demás podéis iros, orque le gané a suspiros, (no me costó barato. pecídselo así a mi ingrata, pes darla no será justa, bú el retrato otro gusto, darme la muerte trata. lmundo lo ha de saber, voces lo he de decir, or que no se ha de reír hirándome padecer. perabía, y de celos muero, huera de rabia, y de agravios, lo gocen de amor sus labios, Juando yo me desespero. si no es verdad que me amó, jara qué me hizo favores, y con fingidos amores civilmente me engañó? Esto ha de ser, Doña Clara, ya no tengo sufrimiento, feneció mi entendimiento, mi vida en nada repara. Pregonero atroz seré, déjame perder el seso, que de mi enojo con eso capaz disculpa tendré. Estas las promesas son tantas veces repetidas? así las veo cumplidas? ha villana condición! Reportaos por vuestra vida: o suerte infeliz, y avaral No hay que aconsejarme, Clara, mi Blanca una vez perdida. Tan presto lo habéis creído? todo se ha echado a perder. . Pues podrá dejar de ser, si es ya Don Juan su marido? No es, que no hay más de un concierto, y uno a otro no se han visto. Qué mal mis penas resisto! Qué mal mis celos divierto! No puede ser, que al mirarse no se conformen los dos, y prefiriéndoos a vos deje Blanca de casarse? Porque aún vivís en su pecho, y pues que nada os ha dicho, es muy terrible capricho elegir ese despecho. Qué hay en esto que dudar? bien os podéis persuadir, empezad, pues, a vivir, y dejaos ya de matar. Aunque puede ser así, temo, Clara, un grave mal, que ventura, y gloria tal, no querrá llegar a mí. Espera, y vuelve a leellos, y haz que tu amor persevere. Por si así no sucediere, quédate, Clara, con ellos, y a Dios, en tanto que voy a morir, y padecer: que de otro ha de ser mujer! qué desdichado que soy! Adónde vas, ansias mías? volveos atrás pensamientos: ha de hacer una quimera lo que una verdad no ha hecho? Cómo es posible, que yo favor tan vil apetezco, pues al decoro de Blanca, y a mí, tan liviana ofendo? Yo he de apetecer favores, (de decirlo me avergüenzo,) que para ajenos oídos se estudiaron, o se hicieron? Yo he de aguardar que se sepa la fealdad de mis excesos, y he de deber a una injuria, lo que a mí misma no debo? Don García a Blanca adora, Blanca ignora sus deseos, yo le engaño, y en la culpa, lo mismo que gano, pierdo. Tomando el nombre de Blanca, algunas noches le veo al balcón, que de los míos casi murmuran sus yerros. Como no he podido verle cuatro noches ha, sus celos a obediencia se han pasado del tratado casamiento. No he de poder remediarlo, porque mi tío Don Pedro en el cuarto de los novios ha metido el aposento, cuya ventana servía al más bien perdido tiempo, y para todas las puertas las llaves de nuevo ha hecho. Qué haré, pues, que sin alivio en mí mismo agravio peno, y a manos de lo que toco, no sé si vivo, o si muero? Ya feneció de mi amor el más piadoso remedio, y ya al dolor que me oprime se añadió el mayor tormento. Todo ha de ser imposibles, sin que baste el privilegio de amor, y sin que mis ansias den alivio a tanto empeño? Direle mi amor, direle, mis bien nacidos desvelos, que es dueño de mi albedrío, y de mis potencias dueño. Direle, que de esta llama, aplaque el preciso incendio, pues sobra para holocausto el más leve pensamiento. Diré a Blanca, que me abraso, y que es un volcán mi pecho, sin que nazca salamandra de lo activo de su fuego. Direla de mis cautelas mi alevoso atrevimiento, publicando mis congojas, y dando a entender mis celos. No lo diré, muera el alma de tanto pesar en medio, pues ya para tantas penas vive casi sin aliento. Si a él se lo digo, quien duda, que ha de irritarse? y que haciendo donaire de mis locuras, solicitará su empleo? Pues que vive persuadido, que Blanca le adora, siendo un desengaño intimado causa de otro desacierto. Si a ella se lo digo, es fuerza, que sepa todos los medios que he tenido, y todos juntos se atreven a su respeto, porque es fuerza errarlo todo, si las circunstancias niego: qué desdichada es la causa, que en la verdad tiene el riesgo! Pues qué hemos de hacer, desdichas en laberinto tan ciego, si no hay remedio que sea de tanto enigma el Teseo? Morir de una vez, fenezcan los cobardes instrumentos, que a tanto osar temerario, infame principio dieron. Mas átomos os haré, que arenas tiene el Imperio de esa diáfana campaña, de ese salobre elemento. Morí así, beban los ojos los pesares mas disueltos, que a quien le sobra la vida no teme ningún veneno. Mas ay de mí, y de mi enojo, que entre lo mismo que siento, cuando un enemigo mato, me mata el mismo que venzo! y entre el pesar, y el agravio, entre el amor, y los celos, todo es muerte, y nada es vida, todo es golfo, y nada es puerto, Clara, cesen tus enojos, porque ha rato que te escucho, y temo, que el mal es mucho, pues que te sale a los ojos; los suspiros mal pagados, y las penas repetidas, a ellas sobran de sentidas, lo que a ellos de llorados. Mas pues lo cupo el perdón, guardaré yo este papel, que querrás hacer con él un Auro de Enquisición; verele, que considero, que quien así te ha ofendido, está pobre de entendido, cuanto rico de grosero. Prima, señora, no es justo. No te dé, Clara, cuidado, que no te ha de dar enfado C el que pretende tu gusto. Cuando algún padre se irrita con el hijo inobediente, el vecino, o el pariente de las manos se le quita: Yo en riesgos tan inhumanos, como el padre está cruel, porque no muera el papel, se le quito de las manos. Tuya es la letra, y arguyo de tan precisas señales, que aunque no en meses cabales; ha sido el hijo muy tuyo. Mas disimula, que viene mi padre Blanca, sobrina, de qué tratáis? qué doctrina vuestro discurso entretiene? Cómo estamos tan de boda, todo es hablar de casados. Huélgome, que a esos cuidados tu inclinación se acomoda. Pero dame grande pena de que no venga mi esposo. Ellance ha sido forzoso, y porque no estés ajena, así la divertiré. . Ay amor más desgraciado! a un delito averiguado, qué descargo prevendré? Ya está hecho; ya no tiene absolución esta culpa: ha de faltarme disculpa: tan poco mi amor previene: no supe el papel guardar, desde hoy empiezo a fingir, y si no basta mentir, habreme de declarar. Un mozo muy cortesano, aunque mozo de camino, pregunta por ti, imagino, porque la trae en la mano, que quiere darte una carta. Dise que entre. Entrad, galán, que justos todos están. Déjale llegar, aparta: si es de Don Juan de Albarado? Oh qué bravo Embajador! Traza tiene de señor. Y brújula de alentado. Esta carta, señor mío, es de Don Juan de Alvarado, mi señor. Galán criado! Bellístima cara, y brío! . ya de color le dejé, y muy presto ha de venir. Y cuándo habéis de partir? En Madrid le aguardaré: el almd en su incendio vive, . porque así me lo ha mandado. Está muy bien ordenado: quiero ver lo que me escribe. En verdad, que el sobre escrito del reverendo escudero trae porte de Caballero: desde hoy le solicito. Blauca, de Don Juan estás favorecida, y así, la cubierta es para mí, y para ti lo demás. Qué descortés sinrazón . le propone a mi ventura, en una cierta ventura una dudosa opinión! Válgame el Cielo! a no estar de su fama sospechoso; la diera luego de esposo la mano: ha fiero pesar! Escucha lo que me escribe, porque tú has de responder. Señor, con ese poder mi obediencia se apercibe. Lee Don Pedr. , , Qué no os habéis de volver? Aquí me mandó esperar, que poco se ha de tardar en mirar, y conocer. . Vamos, Blunicas y vos, Tristán, dad buen aposento a Antonio, del régalo testimonio de que es cosas de Don Juan. El Cielo, señor, te guarde. Bachillerejo es el hombre, Nada, prima mía, te asombre. Venid las dos, porque es tarde. Quiera amor que venga luego, y que con ella se case, porque de una vez me abraso este apetecido fuego. El aposentarme en casa ha sido cosa encelente; mas quiero ser obediente . veré mejor lo que pasa. Con el forastero me albor lo que se rusa quiero hacer; . para qué soy yo mujer si el criado no me caleo? . y ollog en obos Que no intentará quien ama, si entre confusas pasiones está vivo en lo que siente, y muerto en lo que conoce? Humana deidad, que ultrajas los pensamientos más nobles, permitiendo que en su agravio se resuelvan, o se ahoguen; de que sirvieron aquellos tan repetidos favores, hermoso hechizo de un alma, veneno dulce de un hombre? Muriera yo de adorarte, murieran mis pretensiones de finas, que así mi vida no temiera el fatal golpe; pues para afligir el alma es el más cortés estoque, no el que penetra más vivo, sino el que hiere más dócil. Tan allá vives, y dejas, que así un amante zozobre en el mar de sus desdichas a manos de sus rigores? No, Blanca, vuelve pon ti, y por si acaso me oyes, responde, porque mi amor tanto afecto no malogre. Sí no me engaño, hacia allí me parece que está un hombre: callar, y escuchar importa. Autoriza esos balcones, Blanca hermosa, vuelva el día antes que pase la noche. Cielos, qué es esto que escucho? Pirata de tus amores he vivido, mariposa, tan en el riesgo conforme, que siempre acusé de tibios los rayos que bebir entonces. Que siempre acusé de tibios los rayos qué bebí entonces? Ah vil mujer! así manchas tu honor con un trato doble? Oh industria; y lo que has podido! quiera amor no se malogre la diligencia. A la reja, de mujer una voz se oye. El cuarto se dejó abierto Inés, yéndole a cerrar. Quierome un poco acercar, porque a entenderla no acierto. Si estuviera aquí García? Ya la ventana han abierto; es Blanca? Mi bien es cierto. También la desdicha mía. Qué dudas? tu Blanca soy. Dudo, porque considero::: Que yo nací Caballero, y que esto escuchando estoy! Que es violencia de una gloria. Morirá antes de ir de aquí. Mirarme ofendido allí, y hallarme aquí con victoria? Si es que os habéis de casar, por qué me favorecéis? no es mejor que me dejéis morir, y desesperar? No procede con engaño la que es priacipal mujer. Qué fácil fois en creer! mucho menor es el daño. Pues no es verdad que os casáis? No tengo de ello intención, quejoso está el corazón solo en que vos lo creáis. Qué escuche tal insolencia! qué dudo? qué me acobardo? para qué en matarle tardo si la culpa es evidencia? Que estabáis muy enojado me dijo Clara, y por Dios, que estoy quejosa de vos, pues sin haberme casado::: Dice bien: para qué quiero, porque sea más dichoso, de arrojado, u de celoso dar muerte a este Caballero? Una culpa, y otra culpa me acumuláis, sin razón, y mi noble corazón aún no previene disculpa, porque solo a vos adora, y como al alma os estima: perdone esta vez mi prima. . Mi bien, mi Blanca señora, en tan amorosa calma aperecen mis sentidos, para ser agradecidos, tener duplicada el alma; pero la que tengo es vuestra, Blanca, habéis de ser muy mía. Cómo lo es la luz del día: bien claro mi amor lo muestra. Vive Dios, que ya me enfado de que sean tan amigos, y para ser enemigos sobra el concierto tratado. Y Don Juan? . No le nombréis. Dígolo; porque es mi amigo. Pues ya sobra ese testigo ya que libre no quedéis. . Para que otra vez villano correspondáis de otra suerte a vuestro amigo, la muerte os he de dar de mi mano. Cualquiera que eres, traidor, morirás, viven los Cielos. Conmigo riñen mis celos. . Conmigo riñe mi amor. . Adelante el daño pasa. Que tantas desdichas mire! forroso es que me retire, que se alborota la casa. . Qué tarde en matarte tanto! Ah traidor, y falso amigo! . Qué tanto dures conmigo! de mi cólera me espanto. Acia aquí siento ruido. Aquí te vendré a buscar, que me es forzoso ocultar, para no ser conocido. Por eso mismo lo acepto. Saca esa luz, Tristán, presto: es Antonio? pues qué es esto? Perdió aquí un hombre el respeto a una mujer, y enfadado de que se haga tal vileza, le rompí la cabeza: disimulemos cuidado. De su amigo (acción cruel!) escuché que era la dama, y así volví por su fama, pues no lo supo hacer él. Mejor fuera sosegado estar, pues nada os importa. Mal el hombre se reporta, cuando se precia de honrado, Por Dios, que estás atenciones en sentir, y en responder, . de hombre sin duda han de ser de muchas obligaciones. Quién la quietud de mi casa, Cielos, tan tarde alborota, y da luga? que mi padre salga a la calle a estas horas? Señor, señor. Ah enemigal Blanca, de qué te alborotas? Oí a la puerta ruido de cuchilladas, y a costa de esta poca de inquietud salí de mis dudas todas: Antonio, que es muy valiente, da ocasión a tales cosas. Antonio, con quién, o cómo? Supuesto que tú lo ignoras, mal lo podré yo decir. Ah cruel, falsa, alevosa! Pues yo por qué he de saberlo? Porque parecéis curiosa. Mas tenéis vos de arrojado con temeridades locas. Tienes razón, soy un necio, Blanca, retírate ahora, que ya se acabó el cuidado. Ya te obedezco. Esa honrosa vanidad, que sin respeto a temeridad se asoma, podréis excusar, Antonio, y otra vez que andéis de ronda, apartaos de aquesta puerta, de esta calle, y aún de todas las que están al rededor, porque es muy escrupulosa la reputación, y aquesto tal vez al reves informa: recogeos, y reportaos. Vamos. Venid, que ya es hora. Por Cristo, queel tal Antonio me parece de la hojal Ya os sigo: pesares míos, que me dais tan por la posta a creer un desengaño, que no puede ser lisonja: sospechas, que confirmadas, sois crisol de la deshonra, y la llama, que os alumbra, nace luz, y muere sombra: vamos a huir de este encanto, de esta firena engañosa; de este traidor cocodrilo, de esta lisonjera rosa, que el rigor de las espinas sabe encubrir con las hojas? de este embeleso sin gusto, de este afán sin vanagloria, de este sol sin hermosura, de aquesta mentira hermosa, D que mata, rinde, despide, atrae, engaña, aprisiona, atormenta, halaga, obliga, martiriza, y enamora el almas, el gusto, el honor; y en fin, de la que en sus sombras afeó con liviandad la hermosura de su honra. N UNDA lo obroredor lo

JORNADA SEGUNDA

Vele aquí que ha más de un hora, que a mi amo aguardo, señores: úsanse tales amores en quien ama, y en quien llora? mnp Por esta ninfa encantada está siempre suspirando, y ayer vino renegando de estar con su desposada, que en esta opinión la tiene, aunque no está desposado, y sin haber consumado, de marido se mantiene. Apenas de verla vino, cuando me dijo molesto: Cérote, sácame presto el vestido de camino. Apercibete al viaje, y preven esas maletas, que mis potencias inquietas anhelan a otro paraje. Muerto estoy, y daba gritos, que aunque sordos estuvieran, tan bien como aquí, lo oyeran mas allá de Leganitos. Señor, qué tienes? el diablo me dijo, y de dos cachetes me barajó los molletes, que no sé como aquí hablo: p y prosiguió, ve al jardín, adonde a noche estuvimos, y pues que un demonio vimos, busquemos un serafín. No hay que aguardar, yo estoy loco, y yo también, vive Dios, locos estamos los dos, señor, repórtate un poco. No hay que tratar, no hallo medio, ya todo a pique se echó, el achaque se empezó, y ya seneció el remedio. Conocile en sus desvelos, y en lo más de lo que hablaba, que en el pecho le picaba el aguijón de los celos. Una sombrilla con pies, estando su amor en paz, diz que le ha manchado el haz, y le ha vuelto del emves, Mandome, queraquide espero, porque me puede mandar en fin, yo le he de esperar, y venga cuando viniere. Qué tuvo, Inés, aquel hombre, que condenó a mis sentidos severamente a un desvelo, costosamente a un peligro? Qué tuvo (ay Cielos!) su lengua, pues con tanto rigor hizo mas en un hora, que hicieron los demás en todo un siglo? En la ventana de a noche parece que aigo ruido: quiero llegar, y entre tanto que mi amo llega a este sitio, relamiéndome de voz, y puliéndome de estilo, con estas cultilatinas me entretendré dos poquitos. Oh como él entendimiento logra presto, sus hechizos, que es alimento, que el alma recibe por el oído! y como es puro el manjar, con ignorado artificio l se granjea en el agrado las dulzuras de bien quisto. Mas qué es esto? de una sombra que ayer fue, y aún hoy no ha sido, forma conceptos un alma, y en confuso laberinto. quiere averiguar enigmas, que aún apenas he sabido? si ya se perdió, a qué anhelo? si ya feneció, a qué aspior? Si esa alhaja, mi señora, que decís que se ha perdido, dais licencia, que la sepa, a buscarosla me obligo. Quién sois? lindo atrevimiento. Siervo, señora, aunque indigno, del Hidalgo de antenoche. Pues bien, y con qué designio os atrevéis a estas rejas? Aguárdole, y como y he visto, que idecéis como Aurora entre nácares, marmiros, a dar vida aquestas flores, he querido del rocío participar, que no siempre de este apacible prodigio han de gozar ellas solas, que en rigor, lugar más digno puedero tener en un pecho, que en sus hojas, y capillos. También sois vos bachiller? El grado tomar me hizo en sus escuelas mi amo, R y su ingenio peregrino me abonó de luficiente. Y adónde esta entretenido a estas horase Estará en la casa de sutío dando a el diablo, a su mujer. mal: Pues es casado? Quedito, y preguntadme con tiento, que tiene el cuento peligro. Pues por qué Porque alseridías, que de Toledo ha venido a casarse: antes de hacerlo, examinó unos testigos de la virtud de su esposas como él pretende no han sido, y así mañana se vuelve. Mala fortuna han tenido las pruebas de esa señora. Tan malas, que nos partimos al amanecer, sin falta. Pues en verdad, que antes de iros me habéis de decir quien es vuestro amo. . Lindo aliño tenéis, pues si yo pudiera: si me aprieta yo lo digo, que en los días de mi vida guardar secreto he podido. Ea, acabad, por mi vida. A vuestro gusto rendido estaré; pero en aquesto, no sé, señora, en qué os sirvo. Hareisme mucha lisonja. Allá va, yo me deslizo. No me lo decís? Inés, no sé qué internos avisos, el recato de este hombre, en mi pecho han producido temores, venenos, ansias, que groseros, y atrevidos ya me atormentan el alma: no acabáis? . Un parasismo, que me ha causado el respeto, me detiene. Este bolsillo, con el oro que atesora, os curará. . Jesucristo, y qué bravo sacabuche! si yo os lo digo pasito, no guardare e el secreto? No saldrá de aquí en un siglo. Pues va de cuento, ha dinero, las vilezas que se han visto por ti! siendo tan hermoso estás lleno de delitos. Don Juan de Alvarado es, señora; mi amo, hijo de Don Luis de Alvarado, y demás de esto, sobrino de Don Diego de Alvarado, y es de los Albarádicos este venerable joven, la postre, sino el principio. En casa de su mujer p se ha alisfrazado, y fingido, que es Antonio su criado, y solo a mí me lo ha dicho, porque sabe hacer papel de criado, y de marido. Que una fantasma de moche le ha dado ciertos indicios de recelos, que no entiendo, y temores, que examino. Hombre, vete poco a poco, que me haréis perder el juicio. . Y por eso las afufas porque es pesado aliño, traer, sin ser de provecho, en las sienes los cimillos: bien haba amen su elección. Y mal haya amén tu pico. . Ya señora lo sabéis; porque estorbo, me desvío. Todo lo que pasó anoche este infamé ha repetido:p vive el Cielos infame, vil, bárbaro, aleve, atrevido, que te mate. . Pues por qué? Porque miente en cuanto ha dicho. Así señora ha pasado: prosigamos, pues lo ha oído . Perdonad a este horracho, porque él no sabe otro estilo V de hablar, al fin es un loco, y pronuncia desvaríos Inés, qué es esto que escucho? cómo he podido sufrirlo? que hubiese de conocerle al tiempo que está ofendido? pero detenerle importa; la en tanto que lo averiguo. Qué os suspende, mi señora? Como miro vuestro brío, T00 y vuestro ingenio, señor, me pesa, que sea tan tibio un hombre, que es tan discreto, pues con tan pequeño indicio, como es mirar una sombra, os disteis ya por vencido. Hay sombras, señora, que hablan: vive Dios, que aún en decirlo me corro: dejemos esto. Como fueredes servido: con tanto golpe despenas no puedo, aunque me resisto. Si gustáis que convalezca de este afrentoso martirio, y que muera mariposa a vuestros ojos divinos, haced que la llama crezca, y que el calor más activo, sin reparar en el riesgo, me convide al precipicio. Mucho vuestro atrevimiento hidalgo esta vez ha sido. Si lo fue, culpad a un alma, que vive solo de oíros. Pues sabré yo enmudecer, porque cese ese delirio. No ha de ser vuestra la pena, si yo confieso el delito No estoy para dispuras: no haré poco si do finjo. . Para partirme mañana, es muy bueno ese desvío, que estaba para ausentarme, y en él he hallado el camino. Resueltu estáis a ausentaros? Desde, aquí lo determino. Qué haré, Cielos! que me abraso! antes quisiera pediros pero ya no os pido nada, id con Dios yo desatino. Él os guarde, Inés, escucha: ya sabes, que al honor mío importa que nn se vaya, y aquí advierto, que es preciso, que pues Don Juan, del criado anda siempre dividido; cuarto en alguna posada tiene para sus designios. Eso es llano? . Pues ahora no se ofrece otro camino, al criado le pregunta, como que lo haces de oficio, donde viven. . Ah hidalgo, aguardad, si sois servido: dónde vive vuestro amo? De la calle el apellido, tiene un poquillo de riesgo, en la del Lobo vivimos: Muchamerced me habéis hecho. Vienes? . Ya señor te sigo: Dios os guarde. Y con vos vaya Vamos, dolores esquivos, a huir de un bien, que idolatro, y de un engaño, que finjo. . Vamos, paciencia, con tiento, porque hay muchos enemigos: hallé esta vez la prudencia, entre quejas, y suspiros, entre ahogos, y tormentos, entre penas, y delirios: este dolor que me ofende, temerario, y atrevido, que ignorando de su origen el desatento principio, me aflige, como buscado, me ofende, como temido. En medio de mi cuidado, sin que el arrojo me asombre, el intento de aquel hombre me tiene con grande enfado: porque callan, y embestir con destrena, y don valor, dar al dilencio el dolor, y esforzar tanto el reñir, no puede ser desvarío; pero qué puedo! yo hacer, si no pude conocer, quién fue el enemigo mío? Pero allí de buscaré, pues así me lo advirtió, y con esto venga, o no, up cones duelo cumpliré. Y pues que mayor tormento, el alma me ocupa grave, respiremos, que no cabe en la esfera de mi aliento. Blanca, a buscan tu rigor vengo, en tu hermoso desdén, si te ofendes, culpa a quien es aliento de mi amor. lab Culpa en tus hermosos ojos el imán de mis sentidos, mira como están rendidos, y cesarán tus enojos Culpa de un alma rendida la inclinación más fiel, que mirándote cruel, la cansa su misma vida. No culpes, hermoso dueño, a quien nada vive en sí, sino a quien estando en ti, hace preciso el empeño, Y en fin, si ya tu cuidado Sila se enoja de mi porfía, a trueca por el ansia mía, la desazón de tu enfado. Ah pluguiera mi dolor, que estás finezas, que he oído, por Blanca no hubieran sido! o qué desdichado amor! Despechada estoy, qué haré? mas ya me ha visto García: como ciega pasión mía, de usta visita saldré? Clara, esta fuerte pasión me ocasióna a entrar aquí, que estoy tan fuera de mí, oísque ya no tengo elección. Su ardor un volcán no iguala, y arrastrando a mi despecho, sin advertir lo que ha hecho, me ha metido en esta sala. Veré esta nothe a mi bien, da buena nueva a mi amor, apláuuese este rigor, no crezca con el desdén. Que no pueda mi porfía, poreque se lo he rogado; ni Ciar ni en él prado habierla una vez de dial Aunque si sus ojos bellos dos so esson, yo he mentido, quien podrá estar advertido, cuando está pensando en ellos? Decid que salga acá fuera, que merezca yo esta gloria, porque cante la victoria. Ya mi amor se desespera. . Id, Clara, por vuestra vida. Ya que no me basto yo: piérdase todo, pues no o tiene otra cura la herida: Don García, (bien se ordena) Blanca esta noche ha querido, (tanto su amor ha podido) dar alivio a vuestra pena: en casa quiere que entréis, ya sabéis la falsa puerta, a las doce estará abierta, por eso no os descuidéis, y a Diós, porque está ocupada. Él os guarde: amor qué es esto? Echó mi fortuna el resto, . pues vivo desesperada. Clara está aquí, echarla importa; Clara, qué tienes que hacer? Yo, solo en obedecer tus mandatos: mal reporta que se trezca Qae no O en su ca larla n unque sí ales qui pasión lo que la aqueja. e. Ya lo sé, mas con Inés gngo que hacer, ven después, vahora a solas nos deja. Inés, en esta pena que me aflige, padecen dos, mi amor, y mi decoro: usentarse de aquí Don Juan elige, paunque la causa sé, la causa ignoro. si pundonor aquí un remedio elige, quiero saver el daño, pues le lloro. Este papel al punto a Don Juan lleva, porque aquesa fineza más me deba: las advertido, Inés, a los criados, que a Don Juan del Jardín nada le digan? Del secreto quedaron encargados, e todos a ocultárselo se obligan. En eso solo estriban mis cuidados: que tantas penas juntas me persigan! qué te dijo Tristán? 1. Que bien lo pasa, sero que el huésped nunca duerme en casa. Él es Don Juan sin duda. Caso es llano. Pues la industria esta vez ha de valerme, handa a Tristán, Inés, cerrar temprano, porque así de Don Juan pueda esconderme: son esta traza mi sálida allano, hues quedándose fuera no ha de verme. lTambién la puerta falsa lo asegura. ̱. Todo lo he de fiar de tu cordura, si la casa supiste, al punto parte, porque según le vi determinado, pirá muy presto. Siempre desea darte justo mi amor, sosiego mi cuidado. No sé si Inés del daño entra a la parte: . sen me lo debes, pues que te he fiado Y mío, y mis desvelos, vete al punto; piera Dios no lo pierdas todo junto: . fira que al jardín me voy, se con la respuesta allí. Ya, penas, no estoy en mí, oda en vosotras estoy: impecemos, honor mío, l defendernos los dos, qe aunque estáis sin culpa vos, bultraja un desvarío. iste es el papel que a Clara quité, y en cuya malicia le declara mi justicia, y mi ofensa se declara. Veré su letra infiel, por si alivia mi cuidado: rigor es, que un condenado traiga consigo el cordel. La segunda vez (ay Cielos!) que por el jardín me viste, Don Juan, a entender me diste, mis agravios, y tus celos: y así en penas tan esquivas, puede tanto este tormento, que no tengo sentimiento de que disfrazado vivas: que quiere mi pundonor ser a mi amor preferido, pues no hay amor bien nacido, donde está enfermo el honor. Presto lo averiguaré, leamos este testigo, y luego en otro enemigo, examen segundo haré. Qué me queréis, pensamiento? qué pretendéis, corazón, si murió ya mi razón a manos de mi tormento? Tan otra de lo que fui, el mal a que me avasallo, me ha puesto, que no me hallo por más que me busco en mí. Entenderle no he podido, lleno está de confusiones, volvamos a sus renglones; pero ya Clara ha venido: Clara, a lindo tiempo vienes, que te deseaba ahora: mira este papel. Señora. Llega, por qué te detienes? escribes Clara tan culto, que aunque bien le acierto a leer, no le he podido entender, y el sentido dificulto. No estés turbada, que a fe que es una curiosidad. Mucho puede la verdad: yo turbada? pues por qué? leele, si te divierte, que yo el sentido te diga. Claro está, que eres mi amiga: dice, Clara, de esta suerte, No te puedo querer más, que Blanca suele ser fina, mi voluntad imagina, lo que debiéndola estás. Blanca quiere (caso es llano) lo que tú también deseas, sufre, que en amor te empleas, presto te daré la mano. No reparas en los puntos, y le das otro sentido? Mejor que ella lo he entendido: y comprende donasuntos, Yo le volveré a leer, pues que tú me das licencia, y en él verás mi inocencia, si lo quieres entender. No te puedo querer más, que Blanca suele ser fina, mi voluntad imagina lo que debiéndola estás: que no puedo querer más: esta copla da a entender a quien va, que eres mujer, y que de mi parte estás. Blanca quiere (caso llano) lo que tú también deseas, sufre, que en amar te empleas, presto te daré la mano: y dando fin a tus dudas, conmigo casarse quiere, aconsejole que espere, y avisole que me ayudas: has quedado satisfecha? Si por cierto, está muy claro, no tengo que hacer reparo. Lo que una industria aprovecha. Dos sentidos ay, y llenos (. de equivocos repetidos, y a fe, que tantos sentidos, . no están de malicia ajenos. Quiero guardarle, que ahora publicarle no conviene, que en las palabras que tiene, mi sosiego se atesora. Ya que entendiste el papel, dameler qué te desvelar Aunque no ha de ser mi escuela, ni yo he de aprender en él, de he de guardar, porque es tuyo, no tengo en esto razón? Sí señora, en su intención segunda malicia arguyo. Recogete, que ya es hora de que yo te haya entendido, disimular no he podido. . Ya te obedezco señora. . Pero vamos (ay de mí!) honor a vivir al prado, que aunque aquí habéis enfermado, también os curaré aquí. Aún apenas he llegado, yo no lo puedo creen, y me busca una mujer. Por el olor te ha sacado. Dila que entres a tales horas raro modo es de buscar. No tienes, que te admirar, que tales Embajadoras tienen ya sus estaciones: entre usted. Buen desenfado. Aquella dama del prado os pide, que estos renglones paséis, y lo que os suplica seréis servido de hacer. Reina, para obedecer ningún imposible implica. Y así, con vuestra licencia. Pues no aguardáis qué responda? No, que esta señora ronda, y tiene poca paciencia. No puedo estar un instante, ni aguardar. Ay tal porfía! Pues tomad por vida mía este pequeño diamante, que aunque no he leído el papel, basta ser Embajador de quien me hace este favor: veré lo que manda en él. Bien vale el ser alcahueta: desde hoy de mujer me visto, y con el primero envisto, por, si me vale la treta. Decid a vuestra, señora, que yo la iré a responder, pues no os podéis detener. Guardeos Dios. Id en buen hora. Señor, si en este ordinario muchos papeles te vienen, muy grande peligro tienen tus jojas, y mi salario. Quisiera, ya que me habéis ha- blado dos veces, que os sirvieran de algo las visitas, si el despecho no pasa adelante, y puedo algo en vuestra cortesia os suplico me veáis luego: en el mismo lugar aguardo: Dios os guarde. Mereció bien el diamante, trae muchísimos conceptos, son los discursos discretos. Vamos al prado, ignorante. ̱. Vamos, ignorante, al prado. Qué lindo barpado eres. Trata con esas mujeres, que tú serás el barbado. Bueno me pones a fe. Ahora soltero estás, y tan soltero, que vas volando, aunque estás a pies eres, señor, convidado, o vas a Misa a la una? han te de pagar alguna de cuatro mil de contado? tengo yo piernas, de hierro? no se da por entendido, algún suegro ha fenecido, y le ha tocado el entierro. Vive Dios, que no te siga, pues que sin haber cenado, me das este paloteado: es Cartujo mi barriga? En aguijar persevera, no le puedo detener, en fin él me quiere hacer, que camine a la ligera. Señor, estas estaciones son buenas para la hijada, buscarás una opilada, o un enfermo de risiones. Ya llegamos, anda, cuero. Pluguiera a Dios que así fuera, porque con eso estuviera valiente como un acero: por Dios que están con cuidado. Ce,ce. Mas ya te han llamado. Apártate, bestia, allá: por Dios, que no había creído tal alivio en penas tales. Para que estemos cabales. Estás Cérote dormido? Todo vuestro amor lo allana. Mientras pastáis la carrera, mandad a la Camarera, que pase a esotra ventana. ̱ . Ya desea mi señora, el alma, que os ve, y no os ve, que la receléis en qué os pueda servir ahora: solo vuestro gusto adora, y hará por él::: Guardeos Dios, amigos somos los dos. Si ese favor merecí, no me busquéis más en mí, todo me hallaréis en vos. Quisieraos yo muy soltero, y no sé como os halláis. Poco a mi amor deseáis, pues mirad que no es grosero: vuestro feliz prisionero desde hoy seré, no dudéis, que aunque tan libre le veis, con eso que le decís, de nuevo le persuadís, y así otra vez le prendéis. Pues túvele alguna preso? Sí, mas luego le dejasteis. Poco la cárcel amasteis. Juzgué estar en ella exceso, no haciendo vos el proceso. Volved a ella norabuena; pero mirad que una pena hace a el preso más sufrido, si no se entrega advertido, romper grillos, y cadena. No tengo con qué rompellos, porque de diamante son, y acertando la elección viviré contento en ellos por esos dos soles bellos. Soles, que están tan dormidos, no viven a esos sentidos. No importa en tales despojos, que estén dormidos los ojos, si me sobran los oídos. Y vos, Reina, que encantada vivís en este jardín; sois de aqueste serafín servidoral, o camarada? Todo lo soy; si os agrada. Que sois muy mañosa infiero. Y vos, señor forastero, curioso preguntador, servís a vuestro señor de lacayo, u de escudero? Sírvole de negociante, oficio que es más decente. Ya lo entiendo, sois su Agente, en los negocios de amante es maña muy importante. Por lo menos socorrida, con ella paso mi vida. Contador sois del amor. Y tan diestro Contador, que ajusto cualquier partida. Y si en la enferma opinión de aquella dama halláis, cura? Será, aún pensarlo, locura, porque no hay satisfacción. Tal vez una discreción desvanece una quererla, que el hombre que se atropella sin uno, y otro testigo:: Si estáis hablando conmigo, para qué abogáis por ella? Y no os parece muy justo oo. este acertado temor? De lo que no puede ser, para qué tomáis disgusto? Yo te perdonaré el susto, pues me hallo de tal suerte, que si no quiero perderte por fuerza me he de ocultar; . y al fin, no poderte hablar, también me ha de dar la muerte, Entre cristales, y olores vive vuestra hermosa Flora: es de estos campos señora? No, amigo, ni de estas flores, es hacienda de menores, conoce a su curador, y por huir del rigor del tiempo, aquí a divertir se viene, que no hay vivir en Madrid con el calor. Yo conozco a quien se abrasa, y el alivio se desnuda, y bien hallado en la duda no quiere mudar de casa. Quién es? Yo soy. . Eso pasa? vos sabéis enamorar? No basta oír, y escuchar, para encender un deseo? Apartaos, que a lo que veo se quieren ya retirar. . Digo, que estoy muy ufana con la merced que me hacéis. Advertid, que me ofendéis: yo soy, señora, quien gana. Habéis de iros mañana? Como mi Alcaide quisiere. Esto es decir que os espere. Eso es decir que me aguarde. Mi amor en Don Juan se arde. Mi vida en sus ojos muere. Ya os quedáis, señor, conmigo. Con quién mejor, que con vos? Ya somos uno los dos. El mismo Cielo es testigo. Habrá en el campo enemigo? Nada habrá que os acobarde. Será venturoso alarde: Adiós, dueño de mi vida. Adiós, mi dulce homicida. Guardeos Dios. El mismo os guarde. Inés, haz lo que te he dicho. Qué mandáis a una criada? cumpliré con mi embajada, pues nace de su capricho. Que digáis, como se llama esta señora. . Si haré. Hareisme mucha merced. Es un nombre de gran fama. Doña Inés de Salazar; pero esto es poca cosa, otra haré yo más famosa, si me sabéis obligar. Para que prendado esté, además de enamorado, mi señora me ha mandado, que aquel retrato le dé, que importa tenerle a raya, y que no se vuelva atrás, y la importa mucho más, que ofendido no se vaya. No veo que me obligáis, ni alhaja me prometéis: quedaos con Dios. Qué queréis? Muy tibio, señor, estáis. Haced vos sola el contrato, que yo me obligo a pagar. Obligaos vos a callar, y os daré aquí su retrato, que esta mañana el Pintor le trajo, y no lo ha sabido, aquí le tengo escondido: qué me respondéis, señor? Qué, si no os puedo pagar con diamantes, oro, y vida? Tomadle, que estoy perdida, porque me na vuelto a llamar. Aguardad, que ya me dan sus luces algún aliento. No puedo estar un momento. Mámola el señor Don Juan. Hermosa resolución, aunque le puedo mirar. Señor, antes de cenar tenemos otra estación. La oscuridad no me deja, que distinga sus facciones. Que por estas ilusiones no haga caso de mi queja! Señor, que me ha de matar pagar cuarto de vacio. Aunque sea desvarío he de volver a rondar. Eso me faltaba ahora: qué desatino le inflama! si acaso quiere otra Dama, y tiene puesta la hora? Ya en la mitad de sus sombras la funesta noche vive, y coronada de horrores, su negro mongil se viste. Cómo no viene García? quien le detiene, y le impide? como el que estenta que adora, así puede divertirse? No lograr una ocasión, o es tibieza, o es melindre, o es (ay de mí!) que me ofende, con mí mismo amor compite. Mujer soy, ya de una vez mi culpa, y disculpa dije, si tanto yerro me absuelven los decretos femeniles; pero cuando yo me arrojo atropellando imposibles? y más, que de bien nacido, se precia mi amor de libre. Remiso García se tarda; pero, si supe rendirme, por este, y otros desaires he depasar, pues lo quise. A Clara no hallé en su cuarto, y pudiera persuadirme a otra cosa: venza ahora mi honor la empresa que sigue. Llegué hasta aquí, sin que nadie haya podido sentirme, que anda sin pies el cuidado, y no permite que pise. La puerta es esta, amor quiera, que la tardanza no implique el logro de mis amores. Oh las tinieblas lo fingen, o ya hay un hombre en la calle. Pues no hay quien pueda impedir- yo llego. Quién es? . Don García. Entrad, porque así se firmen las paces de nuestro amor. Cielo, qué este mal permites! quiero llamar a mi padre, porque antes que vuelva a irse, al uno, y otro conozca, y el delito se averigue: quien tuviera aquí a Don Juan! Bien podéis hablar, señor, no hay que tema vuestro amor, durmiendo todos están. No he podido, Blanca hermosa, dar treguas al alma mía, y enmudece de alegría, porque se ve tan dichosa. No ha de quedar pieza alguna, que mi cuidado no mire. Forzoso es que me retire: pero ya:: Triste fortuna! Don García es, no ha podido encubrirse con la prisa. Este embarazo me avisa, que ya me habrán conocido. No venís, Inés, Tristán? ayúdeme aquí mi honor, y válgame mi valor: o si viniese Don Juan! Ya estamos aquí los dos; pero qué es esto? Ay de mí! No habéis de salir de aquí antes que sepa de vos. Vaces después de cerrado? no puedo entrar por la puerta, pero la falsa está abierta: ya estoy, señor, a tu lado. . No es este Don Juan? qué espera ya mi infelice cuidado? Qué ahora aqueste criado me hallase de esta manera? Pues entro, ya es necesario . dejar mi honor por mi honor, este es el medio mejor: Caballero temerario, razón será que me asombre, pues descortés, y arrojado decís, que el hombre aquí ha entrado, y queréis que os den el hombre. Descubrios, que ese arrojo no se averigua embozado. Valeroso es el criado. Yo cumpliré vuestro antojo, si acía la calle salís. Pues en la calle os aguardo. Teneos, que aunque sois gallardo a guardarme no venís. Y ese ya es atrevimiento; dejad que llegue. Apartad, que es mucha esa libertad. Mas es vuestro sufrimiento, Válgate Dios por criado, qué cuidadoso que está: vive Dios, que ya me da, su valor mucho cuidado: y dice bien, como ignora el designio de mi pecho: esté, o no esté satisfecho, e vamos al remedio ahora, que después habrá ocasión para dárselo a entender: ya hidalgo no puede ser, que venguéis vuestra pasión: Supuesto que nadie ha visto aquí el hombre que buscáis, en vano es lo que intentáis. Linda flema, voto a Cristo. Andad con Dios en buen hora. Qué es lo que me ha sucedido? . Qué es esto Cielos que he oído? . No os vais? Ya me voy: ahora es tiempo de obedecer; pero no de replicar. En fin, yo me vengo a hallar en ocasión, que el ceder puede al valor preferir. Acabad. Parece encanto; pero pues me aprieta tanto, yo también quiero fingir. jurara que entrar le vi, pero si decís que no, no he de ser grosero yo, ya que a vos os hallo así. Perdonad el encubrirme, que buscando a mi enemigo, porque esté oculto el castigo, no es lícito el descubrirme. Muy bien sabréis, Caballero, que es grosera una pasión. No habéis tenido razón. De pena, y de dolor muero. . Quién lo podrá averiguar? . Buscarele, vive el Cielo: ya no hay que temer desvelo, bien os podéis retirar. Qué atrevimiento! Qué enojos! Qué pena! Qué sinrazón! Que pueda hacer confusión en lo que miran los ojos!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Qué norable confusión! estos retratos me dan, tan parecidos están, que me ofuscan la razón. Pues de dos dueños no son? Si: porque ya yo tenía este de Blanca, a este fía aquella dama del prado todo su hermoso cuidado: es verdad, o es fantasía? Adonde me he de inclinar, corazón, que estoy perdido, pues todo un mar me he bebido, anégueme todo un mar: pero si me he de anegar, y ya mi naufragio es cierto, en medio del golfo advierto, aunque es la pena violenta, que si este ofrece tormenta, este me encamina al puerto. Noche, y Dia, Infierno, y Gloria, cuando fueron parecidos? no se engañan mis sentidos, no se olvida mi memoria, llevaos solo la victoria, pues ya la palmaros he dado, que fuera poco acertado en lance tan riguroso, dejar un Ángel hermoso, y elegir un condenado. Copia infeliz de una ingrata, efigie de un Sol hermoso, veneno el más poderoso, dulce hechizo, que ide mata, tormento, que me maltrata, hermosísima violencia; pero acabe mi paciencia, quiero guardarte homicida, que un veneno, y una vida no han de tener competencia. Mentida llama de un alma, que me quitó mil enojos, hablad, pues que vuestros ojos tienen mi espíritu en calma; pero no, llevaos la palma de que excedéis al vivir, pues en tan mudo afligir, con eterna duración, sobráis a la ejecución de matar, y de sentir. Donde añima vuestro dueño sois propiedad, o traslado, que me tiene embelesado vuestro imán, y vuestro ceño. Salga salga de este empeño tan dulce temeridad, porque mi neutralidad dice de vos, cuando os mira, que sois la mejor mentira en la más tibia verdad. Cuando a hablaros me provoca el deseo de escucharos, espero (prodigios raros!) respuesta de vuestra boca, Allí un desengaño toca el alma, como calláis; pero luego me llamáis: o qué defectos que hacéis! si os miro, me suspendéis, si no os miro, me matáis. Antonio, qué es lo que hacéis? qué divertido que estaba! Aquí, señora, aguardaba a que en algo me ocupéis: Hay cosa más parecida? yo debo de estar soñando. Sabed, que se va acercando de vuestro amó la venida. Ayer Don Luis escribió, que dentro de cuatro días vendrá, y las venturas mías lo desean como yo. El cuarto está aderezado, y en él habéis de dormir, que ya es tiempo de vivir, Anconio, con más cuidado. Cama tendréis para vos, mejor que la de Tristan: esto debéis a Don Juan. Mil años os guarde Dios. Quiero que dormáis en casa, que dicen que andáis inquieto, esto importa a mi respeto. Qué es esto que por mí pasa? Así lo averiguará, que a ello le obligaré: bien así lo dispondré, presto sin duda será. Rigor parece obligarme a que venga: estoy perdido, . siendo tan recién venido, siempre a las diez a acostarme; perdonad mi atrevimiento, que como no soy casado, no sé que viva obligado a tanto recogimiento. Pues señalo yo hora cierta? Digámoslo de una vez: no; pero siempre a las diez está cerrada la puerta; y en él mes de Julio es, señora, penoso afán: parece por Dios, Tristán; portero de Ginovés. Es porque no te conoce tan inclinado, a rondar. Si él me quisiera aguardar aún siquiera husta las doce, pudiéralo al fin sufrir. Quién de esa suerte al Doctor, dice, Antonio, su dolor, gana tiene de vivir; pero estas las llaves son, cuidado en el recogeros, que así pretendo poneros en mayor obligación. Advertid bien lo que pasa, que hay en casa mucha gente, y un disgusto es contingente, cuando es tan grande la casa. Si de vos tanto he fiado, es, porque os he conocido, y con esto he pretendido teneros más obligado. Desde luego a obedecer me dispongo, y a pagar lo que me dejare hurtar. Eso sin duda ha de ser: id con Dios. Muy bien está. Advierto, que cuando entrares, la puerta, como la hallares, la dejéis. Así será. Honor, tengamos paciencia hasta averiguar la duda: nunca el achaque, si es grande, tiene tan fácil la cura. Las puertas francas hallé, porque en semejantes culpas, siempre se duermen las guardas al halago de la astucia: pero al fin; yerros con yerros, con facilidad se juntan, y más si el honor entonces, o se aleja, o se descuida. Doña Clara es quien me ofende, mi honor el remedio busca, y pienso, que de esta vez logrará lo que procura. Toque el desengaño, quien dice, que tocó la injuria, y él mismo en su diligencia halle también mi disculpa. Ay Don Juan lo que me cuestas de nesares, y de angustias! pudieran venir despacio, y no acometer tan juntas. Los gustos en mi anochecen, y los pesares madrugan, que hay engaños, que aún el Sol, ni los descubre, ni turba. Deshágase de tus celos esa máquina confusa, que en laberintos de agravios la mejor verdad ocultan. Poco puede una mentira: aquí está. Quién te acobarda? por qué te vuelves? aguarda? qué enemigo te retira? Yo no, que; pero qué digo! señora, una turbación. No tienes, prima razón, y más estando conmigo. Ya sé que me favoreces; pero el dolor con qué lucho? Toda soy tuya. Qué escucho! Porque todo lo mereces. El estar enamorada, no es delito, esa pasión nace muy del corazón, no tienes que estar turbada. Sosiégate por tu vida, merézcate este favos, que si la herida es de amor, disculpa tiene la herida. Este rigor inhumano; señora, que me atormenta, cuanto me indigna, me afrenta, porque está en ajena mano. No te entiendo. No me espanto, que yo tampoco me entiendo, y si me entiendo, me ofendo. Tanto poder tiene? Tanto. Suele un jardinero atento cercar de jazmín, y rosa una fuentecilla hermosa, porque esté el cristal contento; y en su vistosa armonía hace visos apacibles, porque aún en los insensibles hay su modo de alegría. Allí el sangriento clavel en su vecindad se alienta, y con su color afrenta la púrpura del vergel. El narciso, el alelí viven con el azucena, y el triste lirio su pena no puede apartar de sí. En fin, la mano fiel, por quien la cultura medra, de la siempre verde hyedra hace un hermoso dosel: y queda el vistoso espacio, de mátices, y colores, con república de flores, y majestad de palacio: y si adorno tan decente, preguntan por qué le hace, a cualquiera satisface, con que es solo por la fuente. De modo, que flor, ni rosa, de mano tan advertida, ni puede estar ofendida, ni deja de estar quejosa: que aunque es tan noble el favor, cuando mira otro respeto, si no varia el efecto, modera mucho el valor. Yo padezco estos rigores, mira si es pana inclemente tener ambición de fuente, y gozar favor de flores, Pues quién es, di, tan grosero, que siendo tú tan hermosa, te dé favores de rosa, y no te elija primero? la metaphora entendí. otro día lo sabrás. Muy apasionada estás. Ahora no estoy en mí. Ya escuché, que Don García . es causa de su cuidado: como he de tomar estado, quisiera yo, prima mía, que cesaran tus desvelos, y tú también. Ya lo entiendo, porque pretendo eso mismo; pero ahora tengo celos. Pues tú te sosegarás, y entonces más reportada, de Religiosa, o casada el estado elegirás, Siempre estaré a tu elección. No me ha de dar más disgusto. Vamos. Qué obedezca es justo. De las dos será la acción. Ya no puede más un alma, que en tantas penas zozobra, si enmedio de lo que anhela espira de lo que ignora. Ya, Blanca, el peligro quiero, hallé el peligro en las sombras, venga de una vez la muerte, será la muerte lisonja. Acabara en la sospecha, y no estuviera quejosa la vida, que allí perdida. quedara con vanagloria. Divino posible os busca, quien bello imposible os toca, que quiere mucho humanaros el que os ama a toda costa. Ya mi amor en vuestro incendio fue atrevida Mariposa, Y ya entregado la visteis a tanta fragrante aroma. Eternidades al Fénix apuesta en mejores glorias, porque el fuego de su hoguera, ni es material, ni se ahoga. Bébase todo ese riesgo, quien todo ese riesgo adora, morir de mucho apetezco, que hace la muerte dichosa. No hallé en su casa a García, y aquí le vengo a buscar, que ya no puede esperar la cólera, y rabia mía. Muéveme razón bastante a buscarle aquí, que el que ama, en la calle de su dama centinela es vigilante. Para adorar tu arrebol, que más, que el del Sol merece, nunca en tinieblas fenece la luz hermosa del Sol: que en saliendo a la ventana el que tus ojos obstentan, a las tinieblas afrentan, y alumbra su luz ufana. Un hombre embozado allí veo, si por dicha es él? De qué sirve ser cruel? Ya se aterca más a mí: fingir importa, que ya le he conocido, que pues tan noble, y bizarro es, su nombre no negará: y si él no fuere, qué importa? pues todo está sosegado: mal un pecho apasionado su mismo afecto reporta. Aquí hay un hombre: quién va? Quién os busca, Don García, que de tan loca porfía el fin ha llegado ya. Ya vuestra demanda aguardo. Dejemos este lugar, que aquí no se puede hablar. Nunta ún corazón gallardo dejó de escuchar, y oír, pero ved lo que mandáis, y si pendencia buscáis, pi habemos de reñir: eparad, que ando en esto y justamente advertido, es ya darme por vencido, he hacéis dejar el puesto. Que sois bizarro confieso: moceisme? Hasta ahora, no. Pues porque sepáis que yo igo a enmendar vuestro exceso, ed, que Don Pedro Hurtado y quejoso de vos, busco, porque los dos::: Mal lance habemos echado. . Hemos aquí de acabar Juna vez tantos desvelos, Ino, viven los Cielos, se nos hemos de matar. Decid a lo que venís, le daros gusto pretendo, rque hasta ahora no entiendo, son Pedro, lo que decís. Pues ya sabéis, que en mi casa inoche pasada os vi, sambién os conocí, le todo lo que pasa, de aunque allí disimulé, or entonces importó, porque entendáis, que no Escuido, o tibieza fue, y tengo ya averiguado, on ella os he de casar, bricias me podéis dar, bes estáis enamorado. Y si fue con otro intento, e mi discurso no alcanza, bmaré aquí la venganza, ae procedéis desatento. Hay hombre más venturoso! . cuando eso mismo deseo, por el más felice empleo, Jomo os dejaré quejoso? El alma, la vida, y mano: Iqué es esto que me sucede?) . desde luego os doy, y puede Estar mi amor muy ufano. Disponed a vuestro gusto de mi albedrío, y de mí. Nunca, Don García, temí, que negaráis lo que es justo. Decidme, Blanca, señor, os ha dicho que me habléis? Sí, García, no dudéis, que sabe bien vuestro amor. Y gusta en fin que se haga? Claro está. El alma lo duda. Hacedla que a casa acuda, para que se satisfaga, y con esta confianza satisfecho voy: adiós: bien se ha hecho. Ya los dos seremos uno, que alcanza premio mi dulce pasión: loco me tiene el placer, bien podéis, alma, ofrecer albricias al corazón. Hermoso dueño mío, de contento, y de amor ya desvarío, que una pasión vehemente, no es amor, cuando sabe ser prudente, porque será locura, querer que la mitigue una cordura, cuando de cuerdo es el mayor indicio saber perder a tiempo su juicio. Tu luz hermosa sigo, y pues que no me basto a mi conmigo, qué importa que me mates, o el alivio dilates, si al fin me has de dar muerte? pero no, que he llegado a merecerte. El fuego que me enciende, entre esas llamas mi atención suspende. Sois vos, querido dueño? Yo soy, mucho me cuesta vuestro empeñe Con mil almas lo pago, amor lo sab tanto afecto, mi bien, en vuestra cabe. Qué enfadosos desvelos! es ahora ocasión de tener celos? pues que ya lo he dejado, de qué me sirve estar tan desvelado? Mas pues ya estoy aquí, y no estoy celoso. quiero escuchar siquiera de curioso. (do! Qué enigma es esta, Cielos, que he escue ha- No hay más gloria que estar con vos casado, sabré dejar al mismo amor corrido. Mucho, García, siempre os he debido. Para esto me dijo tan severa, la puerta dejarás de la manera, Antonio, que la hallares. No olvidáis, Don García, los pesares? Sí, Blanca hermosa, porque en tu presencia no hay pena que me haga resistencia. Si García de Castro es mi enemigo? pero no, que lo sabe, y es mi amigo: entendila el intento, que este entretenimiento tiene ya su hora cierta. La puerta abierta hallé, dejela abierta, nunca se ha de quejar de mi obediencia; pero estando yo aquí, ya es insolencia, no la estorba un criado? sin duda que me tiene por callado. No hay que temer, pues él lo ha concedido. Aay pena más cruel! pierdo el sentido! . Adiós, mi luz hermosa. Presto seré, García, vuestra esposa. Mas pues tengo este cuarto por mi cuenta sin duda haré lo que mi industria intenta. Vuestro esclavo seré. Guardeos el Cielo. Quiera amor que se acabe este desvelo. Quién es? yo he de conoceros; porque tengo por mi cuenta este cuarto, y el guardarle, mucho cuidado me cuesta. Bien se logró mi cuidado. Quién da voces? quién altera la casa? Clara, qué es esto? Antonio de esta manera, de qué os suspendéis? qué os turba? Perdido estoy! Yo estoy muerta! Lo que engaña, desengaña: oh cuanto los hombres yerran! . si por todos los sentidos prudentes no se gobiernan: por cumplir, señora mía, tu gusto, con mi obediencia. Porqué de un alma la cura costosa, pero la pena, yo no puedo en tu respeto, la lengua; pero la lengua:: Aunque estás turbada, busca la verdad, la mejor puerta, y siendo el tormento mío, de lo medida confiesas, tu lengua, y mis oídos, mas de un pundonor afrentan, porque a ellos faltan de atentos, lo que a ella de modesta. Mal haya, amén, el cuidado, mal haya, amén, la cabeza, que fácil se persuade con la primera experiencia. Es lícito a fuer de guarda, con engañosas cautelas, disfrazar las osadías, tan locas en conocerla? Es acaso, Doña Clara, sujeto vil de sospecha? no veis, que quien a hurtar viene, menos habla, y más tropieza? Quien sin conocer la voz, a este estruendo se despeña? Clara trata de casarse, y puede tomar licencia para hablar con su marido, no es esta la vez primera, y pues que yo disimulo, vos disimular pudieras. Vamos, Clara, Antonio vamos, porque tengáis advertencia, o doctrinad los oídos, o cercenad las orejas. Peligra el caminante en la espesa del monte, padre de una, y otra encil y el miedo, en cada paso que camin un espantoso monstruo le figura. Arroja el Cielo en nieve, o agua pun desata la nube, y determina para no perecer en la ruina, el bruto arrimo de una peña dura. El escollo, la gruta, encina, o robre, que causa fueron de su horror, y espanto, nofrece dulce albergue a sus desvelos. Yo así, porque su honor atento cobre, Inaufragio entre las ondas de este encanto, (descanso hallé, donde te mí mis celos. Ello, está de Dios, o el diablo, que siempre en esta comedia haya de andar tras mi amo, Isin que delante le tenga. Diez noches ha, que a estas horas dme pega un trato de cuerda, y dándome pesadumbre, Inunca me da sobre cena. Dicen que no es hombre honrado del que de comer se queja, acomo, si en la ley del duelo ubiera ley que más duela. Punto en ambre, y punto en boca, Ino son una cosa misma, ay más cuando del alforja Itodos los puntos fe sueltan: (pero ya parece mal, (que un hombre de tantas prendas, quegue al Soldado de un ambre, imal hallada, y peor contenta. Asentarme quiero un rato Jobre esta menuda hierba, en tanto que dan las once, (o en tanto que mi amo llega. Mas qué fuera, si esta tarde uviera en esta palestra lalgún póbrete dejado sus vivientes menudencias? Aún fuera peor que sarna, que estás sabandijas entran, y saben a cierra ojos dejar un cuerpo de mezcla. Pero esto es bobería: si qué haré, pues, que me divierta? a discurriré? es cosa grave: que murmuraré? es cosa fea. Durmamos, pero cuidado, y que hay enemigo en la vega: vive Cristo, que es un puto el que en el prado se asienta. otra vez, hay es no nada, y por Dios pica de veras, mete bocados con alma, saca bocados sin ella. Déjame, que tienes traza de hacerme ver las estrellas, o de quitarme el juicio, por debajo de la pierna. Si has jurado de mostaza, métete a culto, y no tengas, con quien responder no sabe, tan sobradas agudezas. Sin duda, que aqueste hidalgo quiere correr por mi cuenta, él quiere ser cosa mía, pues que tanto se me pega. Yo lo acepto, que es muy justo, y si el pulgar no me yerra, hemos de ser uña, y carne, por pagarle esta fineza. Levántome, que he perdido, caro el esperar me cuesta, pues que sin haber jugado, picado el lance me deja. Así lo he determinado, Inés, ya que sus sospechas, de la duda satisfechas con la experiencia han quedado. No dejará de venir, que galán, y Caballero, pecar no puede en grosero, y menos podrá mentir: qué bien, gracias a mi amor! lo dispuso mi ventura. Fue la más dichosa cura, que pudo tener tu honor. Mandarele que me vea. Ya tan presto te declaras? Poco en mi gusto reparas. Ignoro lo que deseas. No has visto, Inés, en Invierno acusar de tibio al Sol, siendo ese mismo farol, tan flamante como eterno? Y que en poco tiempo luego, sin costarle una congoja, montañas de luz arroja, y promontorios de fuego? Causando estos accidentes, ni el gusto, ni la elección, sino el hacer su estación por cáminos diferentes? Si bien en él mes de Mayo produce menos cruel, con cada luz un clavel, una flor con cada rayo? Mi amor así en el Invierno padeció esta remisión, sin dar muestra el corazón, ni de amante, ni de tierno: por qué en la estación celosa de Don Juan, no pudo ser, que le pudiera encender la llama, aunque poderosa? Pero ya que de aquel hielo le ha sacado el honor mío, presto le pondrá en su estío, mejorándole de cielo, y con templados rigores, sin que padezca desmayo, haré de mi pecho un Mayo, donde coja su amor flores: mas qué ya me has entendido? El fin, pero el medio no. Basta que le sepa yo, y bástete a ti el sentido. Allí un hombre se pasea, si es él? Llama, y lo sabrás: amor mío, adónde vas? Ce, ce. Qué bien deletrea! pero si el nombre acabara, ya me hubiera persuadido: no me doy por entendido. Si Don Juan fuera, llegara; pero vuélvele a llamar. Ah hidalgo. Ya no hay hidalgo, que cualquiera es hijo de algo, pues que procedió de un par. Ah galán. Esto me obliga. Pero mejor es dejarle. Gran cosa es tener buen talle, buena pierna, y buena liga: ya estoy a vuestro servicio, aunque con poco dinero. Debe de ser escudero. De más caudal es mi oficio. Pues si es de más caudal, como tan pobre ha quedado? A todos nos ha igualado, porque es peste nuestro mal. No es poco dificultoso el lance que ahora espero. Es mi amo Caballero, y sabe ser generoso, que hasta ahora me he burlado; Cómo Cérote se tarda? pero parece que guarda la ventana otra envocada: a buen tiempo ha sucedido, pues que ya estoy satisfecho, y vive Blanca en mis pecho con amor más encendido. Por eso mi amo me estima, que ese brazo, y esta espada no tiene miedo de nada, que un rayo a los dos anima. En fin, eres tan valiente? Por la voz le he conocido. Soy de Toledo, el ruido. Mejor dijera el paciente, quiero ver como ejercita lo mismo de que blasona. Esto de una valentona, ni me inquieta, ni me irrita. Ah Caballero, el lugar dejad, que sois atrevido. Siempre fue descomedido el que así se atrevió hablar: algún diablo:: No se va? Él es muy lindo gallina. En qué piensa? qué imagina? no ve que me enfado ya? Pues dícelo usted deberás? Así entenderá mejor: defiéndase el hablador. A él le cascan para peras. Piensa, que aunque soy sufrido: Pues aún no estoy enojado. El quiere, que de templado, me convierta en sacudido. Cierra, y vámonos, Inés. Antes, señora, que os vais, si aquí licencia me dais:: Aguarda, que Don Juan es: quien trata a su siervo así señas da de riguroso. Es Cerote? Es muy gracioso. En fin, no te conocí. Dos noches ha que no os vemos. otras tantas ha que lloro, que como quien soy ignoro, me obligáis a estos extremos. Tanto es debo? no creía, que os daba tanto cuidado. Nunca en tan felice estado se vio la ventura mía. Mas merecéis: yo me obligo a pagaroslo mejor, que es muy hidalgo mi amor. J. Qué enigma es este qué sigo? no podré desconfiar de que me ha de hacer favores, pues con tan tiernos amores me acaba ahora de hablar. Cómo no me respondéis? vamos, amor, poco a poco. . J. Porque ya me tienen loco los favores que me hacéis: quien supiera cortesmente dejarla, y no verla más? no puedo volverme atras, este es cámino prudente. Enmudecido me tiene en medio de ese favor un poderoso dolor, que una desdicha previene: que aunque ahora el alma os tiene, y ama, sin saber a quien, morirá a vuestro desdén: que el amor no conocido, es áspid, que está escondido, y mata a cuantos le ven. Quisiera hablaros de día: así su amor atropello; pues no ha de venir en ello, perdonad esta osadía, que fuera mi cobardía, ya de remisa, grosera: bueno va de esta manera, que es ambición cortesana aperecer la mañana, y más cuando a el Sol se espera. El adivinó mi intento: no entiendo lo que decís, si otra vez no repetís, y aclaráis el pensamiento. Culpad a mi atrevimiento. Pues cómo no os declaráis? Pues que vos me lo mandáis, en vuestra casa quisiera veros. . Y todo eso era? hay más de que me veáis? pero no será en mi casa, que hay inconveniente grave, la de una amiga, que sabe lo que entre nosotros pasa. Ya está sentada esta baza. Treguas daré a ese cuidado, vive en la calle del Prado, es muy noble, y es muy dama. Cómo, señora, se llama? Cómo? Doña Blanca Hurtado. Doña? que no entendí. Atended, que estáis conmigo: Doña Blanca Hurtado digos qué bien se dispone así! Qué diré? no estoy en mí! Mirad, que os aguardaré, A gozar mi dicha iré. Pues a Dios, y sea temprano mañana. Pues soy quien gano, yo, señora, esperaré. Quedas muy bien despachado. Hay más grave confusión! . Acabose esta estación. Mas si acaso me ha burlado? pero lo que fuere sea, yo he de ver esta mujer. Hay otras pruebas que hacer? hemos de mudar librea? El mejor arbitrio ha sido, pues que me aguardan, diré, que llego entonces, y haré papel de recién venido: que aunque llego a persuadirme, que me podrán conocer, a tiempo ha llegado a ser, que no hay riesgo en descubrirme. Feneció ya esta partida? Vamos, Cerote. Y sea luego. Una vida es cada instante. Habrá alguna, que a este amante le sepa entender el juego? Mitigué así su desvelo, para que contento esté, y dese él mismo, a sí mismo, de su dicha el parabién. Tan grande alborozo tuvo, que aún no supo responder, besarme quiso la mano, no consentí, y él se fue. Mas quien duda, claro está, que había de suceder con un hombre enamorado este lance menos bien? Cásese con Doña Clara, pues que noble, y rico es, y acábese su desvelo, con que sea su mujer. No sé a qué efecto encubierto tuvieron su gusto, pues ni a Clara pudo agraviar, ni a mí me pudo ofender: pero siempre los amantes tienen un cierto interés en el silencio, que apenas aún ellos saben por qué. Ceremonia, que en iguales, ociosa, y indigna es, pues que nada se aventura en que se llegue a saber. No ha de pasar esta tarde sin que desposada esté, también gusta Blanca, y ella lo ha querido disponer: mas ya sale. Blanca mía? Tan solo, señor, qué hacéis? Aguardaba solo a verte. Y ya que aquí me tenéis, qué es, señor, lo que mandáis? Quisiera, Blanca, saber, como la boda de Clara esta tarde disponéis, porque ya yo a Don García apercibido dejé: la hora solo es lo que ignora. Muy presto lo ayisaré, no tiene que darte pena. No habrá nada que temer, si tu ingenio lo dispone: quiero dejarte, porque tengas lugar para todo. Mirad, que no os descuidéis, señor, en volver temprano. Aún antes de anochecer volveré: a Dios. Él os guarde: Inés, pues que ya se fue, llama a Clara, porque hoy tenemos mucho que hacer. No es menester, que ya viene, Esta es la primera vez, que supo Clara salir habiéndola menester: Clara. . Señora. Ah enemiga! mucho te deseaba ver, que tengo un negocio grave, y contigo es tan cortés mi amor, que te ha de hacer parte, para que así salga bien. En qué, señora, te sirvo? Ahora lo sabrás: Inés trae recado de escribir: impórtame, que un papel escribas por mí, que quiero, sin que puedan conocer mi letra, enviarle esta tarde. Tu gusto, señora, haré. B. A lo que se ve obligada . una principal mujer! Ya el recado de escribir aguarda. No hay, Clara, quien esté libre de un empeño, pues cualquiera frágil es: llega al bufete, y escribe, que yo dictándole iré. Oh lo que sabe mi ama! no la he podido entender, todas sus resoluciones son el libro del por qué. No me importa averiguarlo, solo importa obedecer, si bien antes de mil horas todo el enigma sabré. Como en Madrid tanto tiempo así se pudo esconder? Ciértale, que ese misterio, Clara, le sabrás después. Ya te obedezco. Eso importa: espera, qué vas hacer? El sobrescrito quería. Sabes lo que has de poner? No es a Don Juan de Alvarado? No, prima, a Don Juan no es. Pues dí, a quién? que no te entiendo. No es muy fácil de entender: di a Don García de Castro. Repara, señora, a quién? No tienes que alborotarte, porque tu negocio es: escribe, y dámele presto. Hay tormento más cruel! No pones el sobrescrito? acaba, que esto ha de ser. Ya está puesto, y yo mortal. . Pues parte al momento, Inés, y llévale a Don García. Como una cometa iré, porque para obedecerte, de alas me calzo los pies. eI No quiero a tu confusión añadir otro tormento, porque las penas que siento no sufren más dilación. En tu gusto desvelada 1a he vivido de manera, que he sido yo la tercera por ser tú la enamorada. Y si tercera no he sido en ese tu afán violento, basta haber sido instrumento, tanto tu industria ha podido. Tú quieres a Don García, y en mi nombre le has hablado, así me lo has confesado; y aunque ha sido grosería, sobrándote a ti hermosura, tomar un nombre supuesto, ya yo me reparo en esto, que con amor no hay cordura, y nunca la reprensión en este tiempo aprovecha, y quien así se despecha, ya vive sin elección. Solo te quiero rogar, que digas, que esto es así, a su tiempo, porque allí venga yo, Clara, a quedar de este empeño disculpada, pues conoces, que es tan justo, y facilitas el gusto de quedar con él casada: así por mí lo has de hacer. En obedecerte gano, deja, que bese tu mano. No ay, no, que me agradecer: vete a Dios, y quiera el Cielo, que yo cure tu dolor. Él te guarde: así mi amor dará fin a su desvelo. Ya es hora, Don Juan, que vengas, que quien por tu cuenta vive, en eso mismo que tardas, negada está a lo sensible. Quiera amor, que en tu presencia prudente el labiq se explique, y entre mi amor, y mi honor las verdades no peligren. Qué pusiste en los amantes, rapaz cieno? qué pusiste? pues cuando se adoran más, que digan menos permites. Si mudo está el que se abrasa, de qué el voraz fuego sirve? no le dejarás siquiera los privilegios del Cisne? Ah de morir, sin acentos? y en fin ha de convertirse en cenizas, sin que cante el dulce afán que le astige? No sea así, esta vez perdona de esta pena lo insufrible, y quede de todo un cuerpo siquiera la lengua libre. Albricias, señora, albricias, porque Don Juan de Alvarado, mi señor, ahora ha llegado: Dia de novio, bravo día. . Yo te las mando, Tristán: lindo disfraz ha elegido. Brava ventura he tenido en ver primero a Don Juan: ya sube por la escalera, y aún en la sala está ya. Quiera amor:: Ahora está Don Juan viviendo en su esfera. Tan suspenso me ha dejado, señora, vuestra hermosura, que ya digo a mi ventura, que perdí lo que he tardado: aunque pienso, que he ganado, porque aquí estoy tan perdido, que si me busco advertido, en mí no me puedo hallar, y así bueno fue tardan; porque eso más he vivido. Muerto estoy, pero viviendo a vuestros ojos divinos, que soles tan peregrinos vida me van adquiriendo. Ya, señora, no me entiendo, dadme cuenta de mi vida, que por vos está perdida, y por vos ganada está, aunque imagino que ya queréis, que esté dividida. Los enigmas, y favores, aunque lisonja, agradezco, y a pagároslas me ofrezco. Con agasajos mayores moriré en vuestros amores. Aveisme, favorecido con tanto ofecto, señor, que ya no sabe mi amor cual es el recién venido. Mucho os debo. Qué miráis? Está la sala extremada, mucho su adorno me agrada: mas cómo tan sola estáis? Mucho, señor, reparáis. A Don Pedro, mi señor, no he visto, y así mi amor, que como a padre le estima, desea ver, y a vuestra prima: disimular es mejor. Mi padre en casa no está, pero presto ha de venín No me puedo divertir. . Y Clara luego saldrá. Si aquella dama vendrá, que aquí me tiene perdido? disimular no he podido, nada falta donde estáis, si bien en la luz que dais peligra el más advertido. Raro sois por varios modos. Soy un bienaventurado. Contento me habéis dejado: cómo os llamáis? Para todos. Seréis la mala ventura. Mas dicha tengo en mi nombre. Decidle, porque me asombre, si el oficio lo asegura. Sabed, que mi nombre, amigo, generalísimo es, pues cualquiera entre los pies me lleva siempre consigo. Y es de tal naturaleza, que no hay quien sin él se halle, si alguno cae en la calle siempre conmigo tropieza. Es mi nombre linda alhaja para cualquier escudero, y aunque nació Caballero ha dado enser cosa baja. En fin, pobre, o Caballero, vivo sin tomar enojo perpetuamente en remojo en casa del Zapatero. Su enigma no os alborote, que ha sido gustoso ensayo, porque después de lacayo, me llamo también Cerote. Ahora, señor, lo sabréis, porque ha venido Don Juan: Cpero juntos aquí están. Mi padre. . Ya me teñéis a vuestros pies humillado, conoced un hijo en mí, el nombre no merecí, pero vos me lo habéis dado. Alzad del suelo a mis brazos: qué galán, y qué entendido! vos seáis muy bienvenido, Don Juan, dadme mil abrazos. Mucho me favorecéis. Vive Dios, que ha sido engaño. Reparo: Insufrible daño. En que mucho os parecéis, pero esto importa poco. Don García, vos aquí? Don Juan, ya no estoy en mí: . qué sueño es este que toco? muy bienvenido seáis. Ya es fuerza ser bienvenido. Amigos sen, dicha ha sido: . sillas, hola, no os sentáis? Ya te obedezco. Qué es esto? El demonio que lo entienda. Todo con esto se enmienda. . Acabe, y dígalo presto. Don Juan, y a que quiso el Cielo, que a este punto hayáis venido, que sepáis otro suceso es justo, como preciso, Sabed, pues, que Don Garcla, muchos días ha servido a Doña Clara de amante, con tan decente designio, que a ser su esposo aspiró: ella desea lo mismo, y así a los dos esta tarde desposarlos he querido. Mirad bien lo que decís, porque solo Blanca ha sido el objeto de mis ansias; y si no basta decirlo, para llamarme esta tarde, ella este papel me ha escrito. La letra no es de su mano. Haréismo perder el juicio. Verdad es, yo lo escribí. De importancia es el testigo. juntarle podéis con este, que ha quedado del residuo de unos, que vos le volvisteis, y yo le quité. . Por Cristo, que le dan con la de rengo. Y este retrato es fingido? negad también esta alhaja. Por otro que tiene, hizo el interés copiar ese, y yo os lo di. Señor mío, porque salgáis de este engaño, no habéis hablado conmigo en vuestra vida, que Clara escuchó vuestros suspiros: yo solo soy de Don Juan, con mi mano lo confirmo. Dádsela vos luego a Clara, porque es el lance preciso: con ella, y diez mil ducados viviréis, como sobrino, en mi casa. . Así lo acepto, pues Caballero he nacido. Llamad a Antonio, el criado de Don Juan. A tu servicio, señor, le tienes delante, que disfrazado he querido serviros a vos, y a Blanca, antes de ser su marido. Grande fineza! Y porque, Don Juan, no estéis pensativo de la dama del jardín, yo soy, porque de lo mismo, que vos valeros quisisteis, también mi amor se ha valido: de mi padre es, y así en él tan fácilmente os he visto. Lo que engaña, desengaña: perdonad, señora, os pido. Y el Galán de su Mujer aquí tiene finiquito.