Texto digital de El galán bobo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Cabeza
- Atribución estilometría
- Juan de Cabeza Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición de la Parte I de Comedias del maestro Juan Cabeza (1662).
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El galán bobo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/galan-bobo-el.

EL GALÁN BOBO
JORNADA PRIMERA
Vos en mi casa! on tolfo. os con tal silencio? . Es Vos tancansado? . Es alí Vos tan apriesa? . Est Vos tan sin alma? Es martirio. Vos con tal susto? Es cuidado. Vos con tal pena? . Bien gimo. No os entiendo vive Dios. Vive Dios, que ya os he dicho la causa de mis pesares, pues con lo que he referido, podéis saber que es amor, cuando en tan fuerte delirio de ninguna causa pueden tan contrarios, y distintos efectos nacer; y así de mi pena el incentivo es cariño, pues que de él nacen en un tiempo mismo matirio, ley, y temor, pena, cuidado, y alivio. Y decid, quién es la dama, a quien todos los sentidos El saberlo. sacrificáis? es negocio muy preciso, porque vos para mi logro habéis de ser el asilo. Que ama poco es cosa clara, pues se queda en el camino su dama, pordopasamos. Que amante fuera tan tibio que no llegara a su coche, y si acaso su capricho. del estribo te arrojara, con melindrosos cariños decirle: no es mucho que me llegue tan atrevido, pues para que me llegase me han dado pie los estribos? Puñete, muy mal conoces lo que con el alma estimo. a mi Doña Clara bella, que aunque juzgues que remiso me adelanté sin seguirla, no es circunst hacer de su amor alarde; y así en lance tan prolijo, con el cuerpo me adelanto, y con el alma la sigo. Pues de que modo ayudaros puedo yo Don Juan, amigo, de amor en tantos cuidados, de amor en tantos peligros? Hablad, decid vuestras penas, porque estoy en un abismo de pesares al miraros, y cuando el dolor resisto, solo sé que tengo pena, pero su causa no miro. Oídme, y esos cuidados. entre los dos repartidos. a cesarán, porque dará mi voz con ecos distintos, a un achaque dos remedios, a una pena dos alivios. Señor mío hablemos claro, de Zaragoza venimos a solo hacerte tercero, como dos, y tres son cinco. Era Laura en Zaragoza mi prima, en extremo bella, no la alabo, aunque la alabo, porque yo llevo en mi idea, que aquesto no es alabanza, pues a veces la belleza suele alentar a un acaso; y así de paso se advierta, que por muchas hermosuras, se hacen cosas que son feas. Don Baltasar de Reinoso, un caballero de prendas, (mas no las tenía, pues con desdoro, o con vileza, avaro fue de las suyas, o ladrón de las ajenas.) va a Laura, y yo juzgo, que no halló correspondencia en mi prima con su amor, no me espanta su tibieza, porque arguyendo el discurso con agudos entimemas, me dice: Laura es hermosa, no culpes su resistencia, con que conociendo en limpio de aquesta razón la fuerza, vengo a decir por mi prima, que no es mucho en tal empresa, que resista, si es hermosa, si se resiste una fea. Conoció Don Baltasar, que mi prima a sus finezas, pedernal era infrangible; y así quiso con violencia procurar su inclinación, porque hay cariños que fuerzan a que el galán en su dama intente hacer en tal deuda, lo que no hicieron los astros, o negaron las estrellas. Tuvo ocasión una tarde, en que Laura, siempre bella, con otras damas salió en un coche a la ribera, de aquel gigante de nieve, de aquel de espuma soberbia, o espejo de la Montaña, o penacho de la selva. Para ejecutar su intento, y así para no perderla, convoco algunos amigos, para que supuesto hicieran, robando a Laura mi prima, hiciéronlo, pues apenas en el cristal del Ibero, deshizo el Sol su madeja, ayudados de las sombras, ya entre pardas, ya entre negras, sacaron de la carroza a Laura, y aunque sus quejas equivocadas en llanto, pasaban plaza de penas, no por eso se detienen, antes bien luego la llevan a otra carroza, la cual de cuatro pías soberbias arrastrada con impulso, sacando iba de las piedras centellas, que equivocadas con el choque de las ruedas padeció engaño el discurso, pues confundiendo su idea, ya vio fuego lo que pino, ya lo que pino centellas; y así turbado no supo discernir en tal tragedia, si era fuego la carroza, o si era el fuego madera. Dejemos a Laura aquí, y vamos luego a la esencia de mi pena, que sabiendo tan lamentable cautela, busco medios, busco modos para conocer quien era el dueño de tanta infamia, pero como mi advertencia supo el desprecio de Laura con Don Baltasar, intenta buscarle en su casa misma. Por las tapias de una huerta, que tenía fértil Mayo; en su casa entré, y a penas pisé montes de claveles, pisé valles de violetas, cuando suave armonía de una voz, y de unas cuerdas, que les daba vida una arpa, escuché, mas tan suspensa se quedó el alma al oírlas, que pronunció medio muerta, o aquesta es voz de los Cielos, o es de los mares sirena. Acerquemé un poco más, quise ver desde más cerca aquel divino prodigio; o Astolfo quien no la viera, pues verlo, y quedar rendido, fueron una cosa misma. Podréis culparme de fácil, pues como os dijo la lengua, entré a dar la muerte honrado a Don Baltar, aquesa culpa deshace mi amor, solo con dar por respuesta, que apenas miré turbado del Cielo aquella belleza, lo que fue pesar, fue amor, fue cuidado, lo que tema; lo que fue rigor, cariño, deseo, lo que fue queja, gusto, lo que fue martirio, logro, lo que fue indecencia; lo que fue baldón, lisonja, alivio, lo que fue pena, lo que fue muerte, fue vida, dicha, lo que fue cautela, luz, lo que pasó por mancha, y fortuna lo que ofensa. Con que miré confundidos, en causa tan manifiesta, cuidado, pesar, recelo, deseo, cariño, tema, gusto, martirio, baldón, alivio, lisonja, queja, logro, muerte, dicha, vida, mancha, cautela, luz, pena, locura, indecencia, amor, fortuna, rigor, y ofensa. En estas penas estaba, cuando dejando en la hierba el instrumento, dejó aquella beldad la huerta, con que quedaron las flores muertas, pero no tan muertas, como yo, que me quedé con una parte pequeña de vida, porque no es muerte la muerte, cuando no deja alguna parte de vida, para que el dolor se sienta. Viendo que dejaba el puesto, cuidando más de mis penas, que de socorrer a Laura, salí por la pared misma por do pude entrar; y supe que aqueste prodigio era Doña Clara Enríquez, prima de Don Baltasar, que esperan sola la dispensación para casarse, aquí llega el dolor, que me da muerte, rinde, yere, y desalienta. Con Don Pedro Enríquez viene a Toledo, cuya esfera, o Sol la produjo en rayos, o en luces la doró estrella, Hoy vienen a vuestra casa a estar de posada, sea vuestro favor quien me alivie, vuestro valor quien dé fuerzas para ejecutar mi empleo, porque si en aquesta empresa vuestro favor me afianza, juzga mi esperanza atenta lograr la mayor fortuna que mis alientos desean. No perdáis la confianza en pena tan conocida, daros intento la vida, pues os doy ya la esperanza, Para el faver me acomodo, mas cómo os ayudaré? Yo Astolfo el modo daré, ello ha de ser de este modo. Doña Clara en Zaragoza, a mí nunca me miró, aunque mi amor la aclamó Sol luciente en su carroza. Tampoco su padre llega, que a Doña Clara acompaña, a conocerme, es extraña esta pasión, que me ciega, Don Baltasar a Toledo, juzgo que llevó a mi prima, aqueste pesar me anima, o ya pasión, u denuedo. No viene con Doña Clara quien sepa mis fantasías, porque estuvo pocos días en Zaragoza; aquí para del prevenir la entereza, que circunstancias tan varias, son todas muy necesarias, y aquí mi cuidado empieza. Me parece el mejor medio en uno, y otro rigor, para dar vado a mi amor este penoso remedio. Luego que llegue cansada, la diréis en tal azar, que hay en aqueste lugar un simple, cuya fachada de tonto con la divisa, usando de tosco estilo, es de entendidos jubilo, y de todo el Pueblo risa. Yo con aquesto vendré, que ya vengo prevenido de un redículo vestido, y así me introduciré. Direle con mis simplezas de mi amor mil maravillas, juzgará que son sencillas, no dirá que son tibiezas. Con esto a Toledo iré, siguiéndola como amante, seré a su rigor constante, será constante mi fe. Por simple seré tenido, a mi amor hallaré cara, lo que yo nunca alcanzara con darme por entendido. Vuestra ficción seguiré. Sois de corazón amigo. Por eso al corazón sigo. Bien vuestra amistad se ve. Intentáis muy buena acción. Hombres sois de muy mal gusto, que no es un hombre robusto amigo de corazón. Yo de vaca quiero un cuarto, que el corazón es pequeño, la vaca llena un barreño, solo con está me harto; y aunque me dé con el martes de la vaca la dureza, que es os diré con presteza animal de grandes partes. En lo que toca a hortaliza, toda una col me embañasto, yo no reparo en el gasto cuando mi gusto me atiza. Si es cara me salgo al Sol, y en tratando de embutir, vengo a decir sin mentir, que he comido cara col. 1. Para ese coche Fíneo. Ya Doña Clara ha llegado. Y ya creció mi cuidado, si se mirababa deseo. Que salgáis luego es mejor, sin que os vea Doña Clara. Que suben señor repara. Hay más pena, hay más dolor! Salid por aquesta puerta, por donde no os puede ver. Milagro es obedecer. Vuestra dicha será cierta. Pues voime luego a vestir de pena en tantos despojos. No somos tuertos, ni cojos, muy bien podemos salir. Daréis vida a quien murió. Tendréis en las penas calma. A qué amigo tan del alma! Soy quien siempre os estimó. Astolfo, amigo. . Señor, esta es dicha mui entera, que no es gozo el que se espera, ni el que se teme es dolor. Venís con salud? . Muy buena, y siempre a vuestro servicio. Solo serviros codicio, que así mi amistad lo ordena. Venimos algo cansados como es tan largo el camino. Qué descanséis determino de tan molestos cuidados. Doña Clara a la porfía del camino viene triste. Pues que ya lo conociste, alguna melancolía me aflije, oprime, y molesta, del cansació efecto en fin. Para nuestro intento, y fin . es muy buena ocasión esta, ahora puedo decir lo que me encargó Don Juan. Menos las penas serán . si os procuráis divertir. Hy en aqueste lugar un simple desvanecido, que al preciarse de entendido, es de genio singular. Habla cosas sazonadas, y sin pasar a molesto, es un simple muy compuesto, y de prendas bien miradas. Si de que venga gustáis, haré que lo llamen luego, yo busco vuestro sosiego, mirad lo que me mandáis? (nazo, Dejadme entrar sayo- no veis que soy mogiganga, dejadme entrar a vailar pues me ponéis en la danza. Este es el simple que dije. No me perturbéis la entrada, está en casa el seor Astolfo? mas si estará, pues señalan los astros, que en estas horas están los cuerdos en casa. Qué ridícula figura. Qué figura tan extraña? Las manos beso de todos, pero no las de esta dama, Tan poco favor me hacéis? No agravio vuestra fachada, pues se que vais a casaros, y parece cosa baja, porque no es cosa de paz ser novia, y llegar besada. Cómo sabéis todo aqueso? No os avisan mis andanzas, que soy Astrólogo? . Cómo? Mirando las siete Cabras, di en el signo de Carnero, y pronosticando el alma vuestra fortuna, o desdicha, hallé por cosa muy clara, que en lana tendréis fortuna. Vuestra conjetura es falsa. Pues el signo del Carnero, que puede dar si no lana. Pues adivinadme el signo en que nací. . No embaraza, que en el Cielo las Estrellas no muestren su luz avara, cuando esos ojos me dicen, Estrellas de más de marca, arrojando rayos finos, que nacisteis muy mirlada allá en el signo de Toro, porque sois muy linda vaca. Qué simple de tan vuen gusto. Introducción extremada. No acabo de entender esto, pues en su donosa chanza, términos tiene entendidos, aunque luego los profana. Fingir quiero que lo adoro, por ver siquiera lograda de un buen rato la ocasión, haciendo de su amor chanza. Sabed que os adoro tierno, que muero por vos. . El alma me dice que sois muy falso. Mirad que el alma os engaña, pues al ver aquel estribo, donde luz en giros dabáis, dije, Palas es aquella, y con inclinación varia, le dije a mi sayo largo, seguir quiero esta barbada, pues me quedaré en pelota, si no siguiere las palas. Queréis casaros conmigo? Ah señora, ha Doña Clara, como casarme con vos, si os mira ya mi desgracia en las vísperas de novia, con él humano fantasma de vuestro primo? Es muy falso. Yo sé en pena tan colmada, que allá en Toledo os espera, y cuando vais hecha rajas, con no tener vuestra mano, estáis con él mui casada. Pero os advierto, que tiene de amaros pícaras trazas, pues de Zaragoza dicen, según me informan las cartas, que ausentó a una prima mía, a quien ha dado palabra para casarse, y dirán los muchachos, y muchachas, que os casáis con un ladrón, pues robó a mi prima hermana. Desde luego lo repudió, si vuestra palabra honrada me dais para ser mi esposo, mas quisiera. . Qué duda vais? Saber si de casa ilustre os produjo sangre clara. Escuchad mi genitura: cuando me echó de la panza mi madre, vino a parirme en una casa tan ancha, que tenía en sus paredes mas de siete mil ventanas, cuarenta mil aposentos, mil y cuatrocientas salas, treinta y cinco cuartos bajos, mil y siete salas altas, y otras cosas que no digó, porque solo aquesto basta para que sepáis que yo vengo de muy grande casa. Pero me habéis de segnir a Toledo, que esa llama me traspasó el corazón, con que os quiero. . Si eso pasa, un caballo me aparegen, o una hyegua con gualdrapa, pero sin ningún remiendo, porque siguiendo esas plantas, ha de parecer muy mal ir con yegua remendada. Qué me seguís? Es muy claro, pues, como si fuerais natas, tras vos iré hasta Toledo, que una voluntad cuajada es para mí cos dulce, de más, que con esas patas sois linda yegua, y no es mucho el hacer yo ginetadas. Mas si habéis de ser mi esposo, que sepa yo como os llaman es preciso, para que cuando el alma os idolata, sepa por quien muero, y vivo, quien me anima, y quien me mata. Pues sabed, que me llamaron Don Toribio Cataplasma. Qué nombre tan exquisito, Por qué razón os espanta? a mí muy bien me conviene, pues mi madre Doña Urraca, dejando todo el embuste de las basquiñas, y bragas, de un golpe me echó en el mundo; y así con razón me llaman Cataplasma, pues mi madre para no verse preñada me echó en el mundo de un bote, aunque no fue botecaría. Licencia a mi padre pido, que sola nos hace falta para nuestro galanteo. Mui bien o Con el alma, para empleos tan honestos, como su lengua declara, le doy licencia al señor Don Toribio Cataplasma. Ya vuestra licencia tengo, mas esta sola no basta para que vaya a Toledo, porque si allá en vuestra casa no hay jardín, no puedo ir, Pues no es la primera causa. mi belleza la que os lleva? No señora Doña Clara, que si no hubiere jardín, donde la esfera nevada se registre, y mire a un tiempo con sus matices de nácar, es toda vuestra hermosura poca lana, y entre zarzas. Para que el jardín queréis, y ver la esfera de plata? Para mirar sus luceros, que en rayos, y luces varias, dirán a la Astrología, en hora muy desdichada ha nacido Don Toribio, pues de amor sus confianzas han de morir al desdén de Doña Clara, y mis ansias responderán a sus luces, de los Cielos telarañas: ya sé que merezco poco, pero no es novedad rara, habiéndome muerto a mí, que mueran mis esperanzas. Tanto amáis? . Es maravilla, mirad mi desconfianza; que es efecto del cariño, Para, para, y del dolor. porque tendrás buena suerte, si mis ecos lo dejaran, . lo echara a perder su lengua. Qué decís? . Mi treta valga pensé jugar a las pintas, y le dije que parara. Acaso sois, su criado? No os lo dice mi sotana, más raída que corona de Fraile de la Capacha. Dejadlo, que es un simplazo, y si vos lo escucháis, basta a llenaros las orejas de sarrampión, tiña, y sarna. Doña Clara, luego importa que nos partamos. . Tus canas son plata de mi obediencia, y que vos lo intentéis basta. otra cosa he de pediros antes de nuestra jornada. Hablad, que estoy obediente, Que si acaso en vuestra casa hubiere jardín, y en él esta ciencia estrafalaria, sale a mirar las Estrellas por ninguna suerte, o causa, mientras las miro salgáis a su florida morada, con luz de vela, o aceite, porque del Sol la campaña se enoja al ver esta luz, y conjura las arañas contra el Astrólogo a un tiempo (juego. de la celeste barraca. Tanto queréis? . Cuando Vuestro amor es una pasta. Pasta es mi amor, si señora, y si vos queréis, repasta. También me tenéis herida. De qué modo? . Con su aljaba arrojó el amor sus flechas, y al veros suspensa el alma, hicieron blanco a mi pecho gustosas, como tiranas. Finalmente, estáis herida? Y de mi herida sois causa. Vos sois enferma con dicha. Por qué razón? . Porque halla en el achaque el remedio vuestra herida, pues os basta que me apliquéis a vos misma para sanar; y si enfada el ser yo tan grande emplasto, sin ser emplasto de rana, dejadme a mí el Don Toribio, y aplicaos el Cataplasma. Qué simplezas tan donosas. No va muy mala la trama. Bien conseguirá su intento. Llevaremos linda alhaja. Bien empieza mi fortuna, pues ya confesó afectada que me quiere, aunque de burlas, porque la amorosa llama es veneno, y el veneno tomado, aún de burlas mata. Luego apriesa nos partamos. El simple va con matraca. Qué mujer tan de mi gusto. Qué simple de faldas largas. Que amante tan de mi cuerpo. Que amante tan de mi alma. Ah que lindo tonto es este. Ah que linda mermelada. Sois más galán que Gaíferos. Sois tarasca muy lozana, y dirán los que me miren siguiendo vuestras pisadas, que debo ser algún simple pues me voy tras la tarasca. . Don Baltasar ingrato mi llanto no te mueve? bien se ve que es aleve esa acción de tu trato, pues viéndome morir en tal herida los despojos pretendes de mi vida. Con tu prima te casas, y en tal desasosiego, cuando yo tengo el fuego más enciendes las brasas, y te quedas, aleve desatento, tú con el gusto, yo con el tormento. A fuerza me sacaste de mi patria felice, y aunque de ti desdice, (cierta, la vida me quitaste, que una mujer, en pena que es tan cuando no tiene honor, está ya Aquesta tarde llega (muerta. tu prima, ya es sabido. empezará el olvido, mi vida no sosiega, y nos será un sujeto en tanto susto, a mí de pena, cuando a ti de gusto. Dudarás que te adoro, por juzgar violentada mi voluntad turbada; pero advierte que lloro, pues hasta el leño llora sin sosiego, si llega a sus entrañas algún fuego. Laura, querido dueño, bien que adoro constante, el más dichoso amante por cariño, y empeño será del Sol la luz primero avara, que sea esposo yo de Doña Clara. Que te robé del Ebro en la margen frondosa, confieso fue dichosa la gloria que celebro, (rado, porque aquel bien que fue más procu- con dificultad pierde lo estimado. De Doña Clara es esta casa en que nos miramos, en Aragón dejamos da, esa mujer molesta, es mujer Doña Clara desprecia. no es mucho que me sea tan pesada. En esa misma pieza, en que hasta aquí has estado, estará tu cuidado. de amor con entereza, aquesto puede hacerse sin que sea la misma Doñ. Clara quien te vea, por que lloras bien mío? porque las perlas viertes? Mi desdicha no adviertes, (joro, que a mi llanto la fío; por si en dicha con lágrimas me. pues ablandarte puedo cuando llo- (ro. El amor es centella, y así en dolor tan cierto estas lágrimas vierto. (te, por ser tu prima bella, cuya alternada de cristal corrien- para apagarlo servirá de fuente. Seor. Don Toribio teneos, que ya en nuestra casa estamos. Ay Laura, grave desdicha, ya Doña Clara ha llegado, no puedes sin que te vea salir mi bien de este cuarto, porque ya suben, s. Espera, y me pondré aqueste manto, para que juzguen que ha sido. el estar aquí yo, acaso. Esas lágrimas advierte, del Sol aljófar hilado, tu amor las enjugue ahora, si las derramó tu llanto. n casa quien pe Aunque haya de ser notado, cumplir quiero con tu amor, y faltar al agasajo que le debo a Doña Clara. mira Laura si consagro a tu amor todo mi culto, porque cuando estoy mirando a Doña Clara que viene, y a ti que estás en mi cuarto, trocando el cortés estilo en un galán ordinario, no he salido a recibirla, con que se mira muy claro, que te adoro, y la aborrezco, si en lance tan apretado cumplo con quien no faltaba, y no cumplo con quien falto. Qué descuidado que sois. Sois Don Baltasar ingrato, Poco cuidado tenéis, pues hacéis tan poco caso de salir a recebirnos, cuando venimos de parto. Temblando estoy, vive el Cielo, porque no sé que descargo puede dar Laura. . Mi primo, si en el traje no me engaño, (. Don Juan de Lara es aqueste. Que penoso sobresalto, Estar con una mujer Don Baltasar, y llorando, ágüero es de mi desdicha, de mi fortuna es presagio. Mi prima Laura es aquella. . Cuando estáis para cásaros Don Baltasar es muy bueno, que atropellando el recato, con mujeres de ese porte profanéis este sagrado. Sin vida he quedado al verla. Sin vida al verla he quedado. La respuesta a mí me toca, no ha sido malo; que el manto . dejase yo en este puesto, pues cuando fundan agravio, para soldar esta pena, es de mi ficción el fallo. Al mirar aqueste hombre, que viene a parecer tanto a mi primo en las acciones, este medio he fabricado. Qué mal mirado que sois. Doña Clara idos a espacio, que para amor es muy poco, y para celos sobrado. Al llegar a vuestra casa, de vuestra carroza al lado, aquese hombre miré, tiemblo solo con verlo, y mirarlo, es en si tan parecido a un primo (el lugar disfrazo donde está mi primo, y finjo otro lugar señalado) que tengo yo en Alcalá, que sin mirar el recato, medio muerta; y medio viva, vueltos en nieve mis labios, corriendo entré en esta casa, no sé en tanto sobresalto, ni si en brazos del temor, ni si del dolor en brazos. No os admire que de él huya, porque sobre ser muy vano, es un simple, y dio en decir, que las cándideces mancho del honor, por esta causa en vuestra casa me hallo. Dejad tan pesados celos, pues cuando llego a miraros, por dos causas son sin causa, porque al veros he notado, que sois de belleza asombro, yo de fealdad milagro. Con que queda conocido, que sois en aqueste caso hermosa para tenerlos, y yo fea para darlos. Don Juan de Lara parece, pero suele hacer acaso naturaleza ingeniosa, propiedades separando, con una línea dos cuerpos, dos rostros con un retrato. A señora Doña Clara, con mi primita cuidado, es verdad lo que yo os dije? mi alma no hay que dudarlo, que yo hablo lo que digo, cuando lo que digo hablo. Qué presto tropiezo en celos. Qué presto en celos me abraso. Que presto llegan mis penas. Y qué presto que ha llegado esta mujer que me mata, turbando el bien que idolatro. Cómo va de tener celos? Si yo os adoro son vanos. Mirad, que aquesta es mi prima, y vuestro primo un picaño, que os la han querido clavar, y según estoy mirando, ya han juzgado que os la pasan, como hay martillos, y clavos. Pues miré que no es mi primo, ya sin pena, y sobresalto dejo vuestra casa. Idos, que aunque mis pesares callo, a este ingrato he conocido, ya vos os he penetrado. A mi prima seguir quiero, No es bien que la sigáis, cuando. sois objeto a mis finezas, sois de mi cariño rasgo. Con las primas no hay peligro, voy de la duda a sácaros, porque si es mi prima, tiene, no sé si en el drecholado un lunar como una plata, miento, porque es como un plato. Detened aquese hombre. Mucho me vais enfadando, porque amáis a vuestro primo, y tengo por asentado, que apretáis mucho la cincha, y si no la vais flojando, advertid, que para irme voy ya cargando los machos; tras mi prima voy. Tenedlo. Aunque pongáis a mis lados mas de cuatro mil puntales, no me tendréis, que ya caigo. . Qué hombre es este santos Cielos, que aunque a los ojos lo veo, me lo disfraza el deseo, y descubren los recelos? Parece al verlo Don Juan de Lara, de Laura primo, en poco mi dicha estimo, mil penas dolor me dan. Porque cese ese dolor, sabed ya Don Baltasar que el que llegáis a mirar viene perdido de amor por Doña Clara, no os dé celos aquese cuidado, porque es simple consumado, bien en su trato se ve, de simple mil cosas tiene, como simple viene herido, como simple fue admitido, y como simple se viene. De simple tengo las faldas, pero no estoy satisfecho, porque hombres de tan buen pecho, nunca murmuran a espaldas. Sois para mi desatentos, por vuestro simple me doy, pues simple de simples soy como allá cuento de cuentos. Gran competidor tenéis, no podréis tener tibiezas, pues Don Toribio en finezas, que os aventajaveréis, Y escoger en tal conquista Doña Clara determina la voluntad que más fina le pareciere a la vista. Pues obligar con amar, con modo, y estilo vario. Vaya a obligar un notario, que vive con obligar. Desde hoy somos enemigos. Poco mi amor se obligó de vuestro agasajo. . Yo nunca obligo con testigos. Me provocáis a tibieza. De aquestas celestes zonas traer un ato demonas, sería a caso fineza? Qué crecidas boberías, toscas, sin primor, ni aliño, Doña Clara, amor es niño, y gusta de smonerías. Vuestro crecido despego helando apriesa me va. Buena fineza será traerte un poco de fuego. Qué simplicidad sin arte. Es de provecho, y regalo, y así el fuego no es muy malo, pues pretendo calentarte. Procurad desempeñaros. Que así podáis competirme. Mirad que yo soy muy firme. Bien podré desencájaros. Veremos el desempeño en caso tan singular. Vamos luego a descansar. Descansad, que yo me empeño. Sí, Puñete, se fueron? y pues solos nos quedamos, dime, que es lo que pratendes con mostrarte tan simplazo, pues veo que no la rindes, que aunque es uso extraordinario para enamorar aquese, miro, conozco, he notado, que no son cosas agudas, y en ella no se clavaron. Digo pues, Puñete amigo, que al salir de aqueste cuarto hablé con Laura mi prima, que violentó aquese ingrato, sin que Doña Clara sepa, que en casa vive, ha intentado darle cuarto en ella, amor es loco, como tirano. En el jardín esta noche quiere hablarme su recato, si es que lo tiene quien rompe del casto honor los sagrados. A Don Baltasar diré, que Laura me ha dado mano para decir que esta noche en el jardín quiere hablarlo. También diré a Doña Clara, que vaya a ver este agravio, pues apagado su fuego, mi incendio podrá avivarlo. Viendo Doña Clara aquesto, que tendrá celos es claro, y los celos, aunque fuego, hielan si son demasiados. Esto intento. Bien intentas. e Febos asga Va escriba en papel de nieve, verás Puñete que hago que sepa ya Doña Clara de mi boca, voz, y labios, que como simple la sigo, y cómo entendido?
JORNADA SEGUNDA
Esfera con bo cuyo aljófar ver deten tu luz avara, no quieras competir con Don Clara. Flor, que en capillo tierno encapotada temes al invierno, siendo con puntas finas archeros de esmeralda las espinas, (res. no espacies tus colores, pues viene Laura, Reina de las flo Cristal del Sol reflejo, de plata condensada rico espejo, de amor en mi fortuna, dilata aquese curso de la Luna, (te. para que Faetonte no bosqueje la selva, dore el mon- Azul hermoso velo, matizado tapete de ese Cielo, ese color asombra de los celos que tengo viva sombra, advierte en mi tormento, que sufro, peno, lloro, muero, y siento. Es la que ven mis deseos. Es este que estoy mirando. Es aqueste que estoy viendo. Quiero llegarme a sus rayos. A su luz llegarme quiero. Hablárale mi esperanza. Darele a entender mis celos. Bien el simple me avisó. Bien se va entablando aquesto. Llégome a hablar a Don Juan. A Laura sino me llego. Laura mía. Don Juan, primo. Qué es esto que estoy oyendo? Qué es esto que estoy mirando? a cuando espera mi aliento, que no esparce las cenizas de la fragua de mi pecho? No Llegáis mi bien a hablarme? Ah fingido mongibelo, que en la nieve que te ciñe, estás fingiendo el incendio, Pues decid, cómo tratáis? Pues decid, cómo habéis hecho? Mi amor con tanta esquivez? A Laura tanto desprecio? Si es sabido. Si es constante. Si estáis cierta. Si estáis cierto. Que os adoro. Que os adora, Aqueso dudo. Eso temo. Bien se ordenan mis cuidados, pues Doña Clara con celos, pensando que soy su amante, en su amor me está arguyendo, díranle quien soy, mis voces, sin que mis vivos acentos den a entender que soy yo el que en la cárcel de hielo artícula con el alma aquestos vivientes ecos. Dos fines con esto alcanzo, pues Doña Clara con esto, que Don Juan de Lara soy sabe, con el menosprecio de su primo, amando a Laura, con que en su amor acreciento de los celos lo encendido, y consigo con su fuego la tibieza en adorarlo, pues de amor en los empeños, cuando es crecido el amor, celos lo hielan más presto, y un cariño helado, está cerca de aborrecimiento. Todas esas son lisonjas. Todos esos son recelos. Yo sé que adoráis a Laura. Si la adoro, no lo niego. Y lo confesáis? . Lo digo. Porque lo decís? Vi de Laura la hermosura, conocí ser milagrosa, y al mirarla tan hermosa, cómo pudo haber cordura? su luz fui siguiendo pura, ciego perdí mi sosiego, abrasome el vivo fuego, y cuando así la miré, como amante tropece, no es mucho si andaba ciego. De Zaragoza siguiendo vino; mi se conocida, yo sin alma, ella sin vida, yo sin vida, ella muriendo; su voluntad conociendo, loco me llegue a mirar, no puedo más adorar, pues por razón, y por drecho, como dueño de mi pecho, es mi pecho su lugar. Cuando llegaste a Toledo de ocultártela con fin, en el cuarto del jardín le dio albergue amor, o el miedo, dejarla de amar no puedo, esto es Doña Clara así, el alma al verla perdí; y así, que vivo prevengo, con el alma que le tengo, no con la que yo le di. Su primo Don Juan de Lara es el que con simple traje por tu amor padece ultraje, no con voluntad avara; mucho os ama Doña Clara, bien su amor se ha conocido, no deis su amor al olvido, entended su fino ardor, pues al mostraros su amor, pretende ser entendido. Esto os relata mi acento, no quererlo es crueldad, pues tiene gran voluntad, quien pierde el entendimiento: su simpleza es fingimiento, que por veros ha intentado, vease su amor logrado, tenga el cariño ganancia, y alcance la circunstancia lo que no alcanza el cuidado. De Laura he de ser esposo, que sino en tales ensayos, vibrará lucidos rayos, que me consuman medroso: no esté vuestro amor quejoso, que sola mi vida quiero, y esto con razón lo infiero, pues en lance tan esquivo, si amante la adoro, vivo, y si no la adoro, muero. Que esto confiese mi primo! salga del pecho la llama, que encendió el cariño ufano a soplos de la esperanza; no solo me ha confesado, cuando atrevido me ultraja, que no me adora, mas quiere introducir en el alma nuevo amor, siendo tercero, no entiendo aquesto que trata, pues siento más que pretenda. una acción que es tan villana, que no su grande tibieza, porque en tan penosas ansias, es no amar ingratitud, pero el ser tercero infamia. Mi voz dice lo que siento, no quiere el alma ser falsa, el corazón lo repugna, pero el alma no os engaña. Tan hermosa es Laura? Mue y aunque es su hermosura tanta, que fuerza como prodigio, y como Cielo arrebata, le estoy en obligaciones, pues sobre ser linda dama, me estima mucho, con que si yo trato de adorarla, me miro muy obligado, pues cuando fina me ama, nacen en un tiempo mismo, forzando mis esperanzas, de dos causas, un erecto, de dos causas una causa. Reviento de puros celos. Ponle de esas Cataplasmas, porque con ellas revienta. Estoy sin mí, estoy turbada. Señora, no tengáis pena, porque si yo tengo en Laura el alma, cuando la adoro, juzgo que Don Juan de Lara os dará el alma también. Si tú le tratas del alma, te pedirá algunas Misas, Es verdad lo que me pasa, Don Juan de Lara, aquel simple. Dale de aquesas ogazas, que se las lleva de calle, y come como una dama. No entiendo a Laura por Dios, porque en tales circunstancias trueca de amante el estilo, y el modo con que me trata; dejarela que prosiga para apurar esta llama de su pecho. . Ya os he dicho, como en aquella campaña, que el Ebro nieva en espumas por reliebe que la esmaltan, me robó Don Baltasar con quejosa repugnancia, ya del dolor en gemidos, ya de la pena en desgracia; mas ha sido tan ingrato, que esposo de Doña Clara pretende ser; esto digo, porque juzgo que me engaña, aunque quiere con lisonjas alentar mis esperanzas. Y pues tú, primo, Don Juan con esa simpleza, extraña de tu caudal noble, sigues los rayos de aquesa ingrata, algún tiempo esperaremos, por si cumple la palabra, siendo mi esposo, y sino el valor, y fuerza hagan lo que el cariño no puede, con una fe que es tan falsa. Ya lo he penetrado todo, el simple es primo de Laura, que con ese fingimiento, quiso hallar amante entrada con Doña Clara a su amor; darle muerte por dos causas me importa, pues cuando intenta forzar mi fina esperanza a que con Laura me case, ha de fiar a la espada lo que no alcance el cariñio. Y por otra parte trata conquistar el albedrío de mi prima, aquesto basta para quitarle la vida, que si a mi prima idolatra, no le haré ningún agravio, si la vida le consagra, porque los finos amantes están muertos por sus damas. Dónde estáis Don Baltasar? Doña Cl Pena atroz, No respondéis a mi voz? Qué es aquesto? Qué pesar! el alma quedó turbada, pues en tan fuerte tropel, truje del cuarto un broquel, y también aquesta espada, si Don Pedro me ve, junta a una sospecha un cuidado. Dame la espada a este lado. Y qué harás? Hacerle punta. Si acá llega estoy perdido. Estoy si llega medroso. Por si llega no reposo. Ya es mi dolor conocido. Pero el alma discurrrió lo que astuto puedo hacer, la ficción me ha de valer, porque si no acudo yo, Don Pedro a Laura verá, conocerá mis engaños, y en pesares tan extraños a su hija culpará; de esta suerte lo remedio, excusándome un desdoro. Mi grande desdicha lloro. Sea la simpleza el medio señor Don Baltasar. Quién sois en tan penoso alivio? Quién ha de ser? Don Toribio, que os excusará un desdén. En ese lado, celosa Doña Clara está llegad, y sus pesares quietad entre el jazmín, y la rosa, decid si queréis buen fin de celos en el dolor, que su carinoso ardor os ha traído al jardín. Pues a Doña Clara llego. Fuerte dolor me condena. No tengáis señora pena, que yo os buscaré sosiego. Sois vos Don Toribio a caso? Y porque no tengáis asma, vengo con mi Cataplasma a pegarla en este paso. Don Pedro no ha de pasar con la luz de aquesa puerta, mirad si con fe tan cierta os quiere Don Baltasar. Dame Leonor esa vela. Ya viene, y no están muy lejos de la vela los reflejos. Así ha de ser mi cautela. Yo haré que no os vea el viejo, pues en pena tan atroz como al torrezno el atroz, os quiero, grande festejo. La espada en tanta porfía para la ficción desnudo. Estoy al mirarte mudo. Válgame la Astrología, del Cielo miro las guellas, antes que llegue su llama. Poco te quiere tu dama, pues te hace ver las Estrellas. Socorranme en esta hola, porque este fiero dragón, con su cola es socarrón. Ese negocio trae cola. Que me mata este abestruz. Don Toribio que tenéis? Con aquesa luz no entréis, porque me daña esa luz; mis pesares no advertís? Pues la luz quede acá dentro, lo vuestro encuentro, pues el pacto pervertís, y es bien que esa luz me aburra, con cuyos lucidos rayos los signos hacen ensayos, y me cascan una zurra; no os dije en pesar tan vario, que los signos son malignos? Antes son buenos los signos. Eso es para los Notarios. A la escasa luz que dio la distante vela, vi, que fue mi primo el que oí, pues es el que se miró a mi lado; he de apurar en pena que no es avara, si es este Don Juan de Lara quien dijo Don Baltasar. Pues que puedo sin ser vista, irme importa. Estoy turbado, de celos nace un cuidado en amorosa conquista. Mi padre está divertido, y sin que me pueda ver, puedo la planta mover, dejando el jardín florido. Te vas prima? . Sí señor. Quedo, si te partes muerto. Y eso es cierto? Y esto es cierto. Y no es error? No es error. Pues sabéis también fingir, decid a Laura en tal calma, que os vuelva cortés el alma, porque deseáis vivir. Con vuestros locos desvelos, mirad que ya me entibiáis, pues a Laura el alma dais, a mí solo me dais celo Ya sabe mis esquiveces, porque mi muerte se arguya de mi pena, y de la suya, para que muera dos veces. Don Juan la muerte merece de simple en tal interes, que no es simple el que lo es, sino aquel que lo parece. Esperaré que se vaya Don Pedro, y entre las flores, será mí estoque rigores, pues mi brazo no desmaya. Dejando la poca suerte de haber con la luz entrado, decid, como os ha pasado con los signos? . De esta suerte. Aquesta espada arriesgado cogí, que en mi cuarto hallé, en el jardín me planté, puesto para estar plantado. Pues decid, porque ocasión la espada en tanta quimera? Porque en la lucida esfera predominaba el Dragón. A penas con la encendida pavesa os vieron venir, empezaron a gruñir, como una perra parida. Emvistiome el Dragón luego, y en lance tan singular, quiso venirme a quemar, porque vino echando fuego, De la vida en mi interés, un gran revés le tiré, con que al Dragón le llevé la cabeza de un revés. Con tal violencia, y desdoro, fue la cabeza volando, que los aires salpicando, llegó hasta el signo de Toro. Diole un cabe con destreza, y con fuerza señalada, se quedó al Toro fijada, y el Toro sin su cabeza. Dejome la acción con lauro, porque es valiente, y discreta, calle el Mino Tuaro en Creta, si en Toledo hay Dragón Tauro. Y del Toro en tal destreza, la gran cabeza después dónde paró? Aquesa es pregunta de gran cabeza. Fue con violencia arrojada, llegó al brásero del Sol, y al pasar por su farol, quedó a sus rayos asada. En circunstancias tan varias, voló lejos a mi acción, y paró en un bodegón. En Madrid? En las Canarias. Pero del Cárnero el signo, al mirarme torcida, quiso quitarme la vida con sus dos cuernos maligno, Vino balando su queja, y según lo que yo infiero, como se miró Carnero, vino con cinco de oveja. Yo lo quise mitigar, y no haciendo de ello caso, embistiome un golpe al paso, yo le dije, eso es tozar. Fuertes golpazos me daba, y con carnéril compás, dos pasos volvia atrás, pero no se retiraba. Parele el broquel a un lado, el broquel me defendía, y si el Cárnero corría, estaba el broquel parado. Esperelo con la espada, y al hacerle resistencia, arrojose con violencia, y tan fuerte cuchillada le di cuando lo arrojé, que se perdió de la vista, y en tan sangrienta conquista hasta la esfera lo eché; y con estas maravillas, cuando arrojado lo vieron, tras el cárnero se fueron todas las siete cabrillas. Disparates son crecidos, Doña Clara aquí no está, y a recogida estará en su cuarto. . Señor idos, porque me quiero volver a mi gustoso ejercicio. Déjaros solo codicio. . Pues sea decir, y hacer. El jardín dejó Don Pedro, y se queda Don Juan solo, con su muerte en mis pesares dos felicidades logro. Dejó el jardín Doña Clara, sin que haya tenido estorbo en su padre, mi ficción le dio vado en tanto enojo. Llégome, y dolle la muerte, y tantos claveles rojos aumentarán su carmín para amavecer hermosos. Pero un hombre. Pero un bulto. Se va llegando a nosotros. No hay si no fingir como antes. Tu buen dictamen apoyo. Señor Don Juan? A mi dice. Vive el Cielo, que en mi arrojo, sabe ya Don Baltasar quie sol. . Aquesos rebozos dejad, porque yo he sabido, que en un lance tan penoso, sois Don Juan de Lara. . Bueno. No señor, yo soy un tonto, que está enamorado. . Dale, que ya va corriendo a chorros, Pues quién sois? Soy Don Toribio, y por parecerme hongos los ojos de Doña Clara, me enamoré de sus ojos, y como es bueno el ojaldré, me he venido como un bobo. Y decidme quién sois vos? Don Baltasar de Reinoso, y caballero tan noble, que aquestas venas informo con sangre de Godos. . Yo nunca me hago de los Godos. Sacad ese acero. . Acero? Sacad la espada brioso, que os he de quitar la vida. Pues yo señor no os estorbo, tómaos la vos, yo os la doy. Es en los nobles impropio hacer acción semejante, sacad ese luminoso acero. . Yo nunca saco, Pues qué hacéis? Yo resto solo. No encubráis vuestra nobleza, si es que cobarde, o medroso no teméis mi acero limpio, cuyo valor, que es notorio, os dará mil cuchilladas, y aún no bastan a mi enojo. Aqueso es propio de sastres. Mas aqueste valeroso pecho excitáis, para que todos estos belicosos bríos, todas estas fuerzas, y todos estos enojos os den muerte. . Pues sabed, que yo no riño con todos. Haced como caballero, porque la ficción conozco, con que encubrís vuestra sangre. Ea, en penosos ahogos desnudad la espada. . Malo. En qué reparáis? . No oso a desnudar a ninguno. Por qué? . Porque yo no robo. Os mataré vive el Cielo. Pues que tan soberbio, y loco me excita, castigaré con mi valor sus arrojos. Ea riñamos cobarde, que cuando mis quejas formo, son justas, pues yo a mi prima sino idólatro, y gustoso, y si queréis adorarla, no puede ser de otro modo, que sacándola del pecho; y así con valor heroico pelead, pues sacaréis tan soberanos despojos. Decid qué cosa es reñir? Mi pesar veo, y lo ignoro. Por si alguien nos escucha quiero tenerlo por bobo, dando a entender que me burlo de él, por no tener estorbo. Sacad la espada al instante. Callad, que no somos sordos; que prontitud tan molesta; advertid que en tal ahogo yo no estoy aparejado, aunque vos estáis muy pronto. Pero obedeceros quiero con mí estoque, más mohoso que clocha de Colegiales, ni mesas de refectorios. Ya mi espada miro fuera. Pues mirad como yo formo estos compases, en cruz os poned. . Pues sois vos moro, qué queréis ponerme en cruz? Tiradme ya con arrojo, matadme. . Atitar no acierto, porque os veo tan donoso, que queréis llevarme el alma, y en él universo todo no ha de haber quien decir pueda, que aqueste valor de mono os quiso quitar la vida. Pues yo, si no hallare estorbo; os he de dar muerte. . Paso. Y aqueste valor heroico lo ejecuta, defended vuestra vida, que me arrojo. Eso es tirarme a matar. Reñid así. . Ya estoy docto en lo que es reñir. . Reñid. Probará mi valor todo. Qué valor tenéis tan grande, vive el Cielo que me corro, no puedo ya resistirlo, solo en aquesto conozco que Don Juan de Lara sois. No veis que soy un pantoso. A vuestros pies estoy. . Dale. Tened esa espada. Doblo. Que me matas. . Zapatazo. Yo soy muerto. . Famulorún. Qué queréis de mí? La dama. Doña Clara es vuestra. Cómo? Rendido estoy. No andar tan Ya con el temor medroso se me ha caído la daga, y con este estoque solo no me puedo defender, detened, pues ya me postro tanta centella que arroja aquese acerado monstro. Pues os confesáis rendido haciéndome cuatro momos, y pues llegué con mi espada a ser gallo entre repollos, vuestra espada es mía. . Darla a vuestro valor es logro. Vorme luego a Doña Clara, y he de decirla amoroso, que no se case con vos, porque a lo que veo, y noto, no sois varón, sois márica, y el casarse será impropio. Casi sin vida he quedado, quedo vive Dios corrido, pues quedo más que rendido, pues he quedado afrentado. Sin vida está mi cuidado, con vida está mi sentir, de donde llego a inferir, que quedo (tiemblo al decirlo) con alma para sentirlo, sin alma para morir. La afrenta siente el dolor, porque al mirar su destreza, sola la afrenta es vileza; pero el vencerme es valor. No es posible más rigor, porque en tan crecida herida, no fue, con ser mi homicida, pues con sosiego, y con calma, estoy sin vida, y con alma, estoy con alma, y sin vida. Mi padre está recogido, y del cuidado llevada, vengo a saber cuidadosa, si es este Don Juan de Lara. La voz de Don Baltasar me lo ha confesado ingrata al forzarlo la afición, que dice que tiene a Laura. Ya con Laura pude hablar, que como estuve avisada con la voz de aquese aleve, celos pudieron buscarla. En aquese cuarto habita, cuyas rejas, y ventanas salen al jardín, bebiendo todo su aljófar al alba. Llegar quiero. . Acá se acerca de flores por la campaña un bulto viviente. . Quiero confesarme enamorada, para que Don Juan se ablande, dejando la ficción vana. A mí se llega, quién sois? Quién puede ser? Doña Clara, que como os miro mi dueño, y como ha fijado el alma mis esperanza en vos, cuando en el jardín estabáis, no estar en él, era estar violentas mis esperanzas. Que yo soy Don uan sospecha, hasta que apure si trata mi fe con desprecio, intento no descubrirme. Si esmaltan tantas luces vnestra sangre, como permitís borrarlas con él borrón de fingiros, con simpleza tan extraña? No me conocéis seño Yo sé que sois de los Laras, y que no sois Don Toribio: el hacer eso, bastara sino fueráis tan calan, pero os ha mirado el alma, que a Don Baltasar ganáis en valor, destreza, y gala. Y me querréis si os adoro? Ay Don Juan, si yo os mirará con átomo de cariño, nunca de Venus la aljaba hiciera mayor herida; y esto fuera por dos causas; la una, por mi inclinación; la otra, porque en mi esperanza sois bizarro, y el cariño, viendo os galán se arrebata. Pues según eso, es violencia. No es violencia, porque basta que yo enamorada os busque, pues se distinguen con causa, inclinación, y violencia, de tal suerte en el que ama, que aquesta siempre es temida, y aquella siempre es buscada. Mas apuro mi desdicha, ahora he de preguntarla, quien la dijo, ser Don Juan. Vuestra tibieza es sobrada, cuando me declaro amante, mas vuestro amor empezaba poco a poco ardiendo ahora, yo intenté avivar su llama a soplos de mi cariño, pero murieron sus ascuás, pues el que quiere encenderlas, es el que suele apagarlas. Pero dudo. . Qué teméis? Quién, cuando se recataba mi cuidado, decir pudo que soy Don Juan, Mi esperanza lo preguntaba al cariño, y en esas confusas ansias, respondió Don Baltasar, de cuyas voces ingratas, que sois Don Juan he sabido. Qué es lo que esta mujer habla? Yo decirla que es Don Juan para que la adore ufana? miente su voz, y su labio, su labio, y su voz me engañan. Quitarle la vida intento, pues mi fe desesperada la mira imposible; ahora en esta fértil campaña la daré muerte; pues puedo sacar de ese cuarto a Laura para llevarla conmigo sin ser visto. . Y cuando daba noticia, que es tan gustosa a la fe que os idolatra, me confesó que veníáis por mi amor. No fiera ingrata, sino a quitarte la vida, por aqueso me ocultaba con la simpleza que viste. Que me matan, que matan. La daga no puedo hallar, porque falta de la vaina desde que el miedo, o la ira midió el suelo con su plata. El hallarla es imposibla, porque las sombras opacas, o confunden el jardín, o sus flores eumarañan. De Doña Clara a las voces salgo con la misma espada, que quitó a Don Baltasar, sino mi valor, mi saña. eñora, Leonor una luz. . que sustos os sobresaltan? así finjo, pues mis iras no pudieron acabarla, diré, que a darla socorro he venido. Una criada obedece vuestro imperio. . Sin voz, y con alma, estatuas del jardín, mármoles fríos con aliento, y sin palabras, quien me alivia, quien me ofende, quien me libra, o quién me mata? Yo señora. . Yo señora. Soy el que la vida os daba. Soy el que os daba pan tierno, porque soy de linda masa. Mas a los dos culpar puedo, pues con las luces escasas cómplices a los dos miro, porque al alumbrar su llama, vi al uno con el amago, cuando al otro con las armas. Yo a socorrerte he venido. También sin mirarte plaza, por hacer que no te dieran, te socorre esta Roldana. Mas a Don Toribio culpo, pues mirando aquesa espada, conozco en su guarnición hacer juego con la daga que miro en el suelo, indicio, que a más que sospecha pasa. Buena ocasión se me ofrece, para que sin arrogancia la diga lo que pasó. En esto está mi desgracia, vive Dios que se disculpa cuando con razón me carga, él lo dice. . Don Toribio tan mal mi fineza os paga? Hablemos claro señora, porque aquesta desdichada. es del que miras presente. En esta fértil campaña. de pepinos, y zanorias, de nabos, y calabazas mi brío se la quitó. Él se quedó con la daga, y pues sabéis esto ya, solo falta lo que falta. A vos solo las sospechas. en el delicto os infaman: pero Laura cantar quiere, . ya de Leonor avisada, porque concerté con ella, que cuando a mí me mirara con Don Baltasar, cantase, dándole a entender mis ansias; ya instrumento le previne, cuyas cuerdas concertadas me avisan, que cantar quiere sus quejas, y mi desgracia. Amor, y aborrecimiento, no caben en un sujeto, porque es incendio el amor, y el aborrecer es hielo. Laura es la que canta, penas! Laura es Cielos la que canta! Hago como que no escucho la voz, alzad esa daga Don Toribio, y advertid, que no se rinden las damas de un puñal al corte helado, que amor no tiene arrogancias, Escuchad estas disculpas, y serán todas fundadas en los versos que cantaron en aquesa reja baja. Pues versos sabéis hacer? No son de mi caprichada, porque los sé de memoria, en un Autor que se llama Don Capaterimocoso. Qué nombre tan largo, el alma nunca escuchó tal Autor. Es moderno, no me espanta; y aunque tiene grande nombre, es Autor de poca fama. Pues que os disculpéis permito, Aquesta copla cantaban. Amor, y aborrecimiento no caben en un sujeto, porque es incendio el amor, y el aborrecer es hielo. Quién la sangre de su dama quiere llegar a verter, trueca de su amor la llama, pues aunque piensen que ama, aquello es aborrecer. Con amor fino me siento, bien lo dice mi tormento, libre estoy, mi amor lo siente, que un sujeto no consiente amor, y aborrecimiento. Sujeto estoy por antojos, sujeto estoy sin ensayos, sujeto estoy en despojos, pues me sujetan los rayos de las niñas de esos ojos. Por sujeto me prometo, la dicha en aquesto aprieto, mirad las disculpas mías, pues tales alevosías no caben en un sujeto. Yo no quisiera morir, y era no vivir mataros, mirad quien puede decir que yo intentaba agraviaros, cuando deseo vivir? Si mi mano en tal porfía hiciera tal grosería con aquel activo ardor el amor me abrasaria, porque es incendio el amor. Mucho dista mi cuidado de querer daros la muerte, casi sin vida he quedado; y así trocando la suerte, yo mi vida os habré dado. Sin vida estoy en mi anhelo, sea el quereros consuelo, bien me llego a disculpar, pues es incendio el amar, y el aborrecer es hielo. Así lo sentís vos mismo? Así es justo que lo sienta, porque mi lengua es la miel, aunque aquella es la manteca. Mas Laura vuelve a cantar. Mas ya canta la Sirena, que en cisne se ha convertido, cantándome las exequias, que aunque es ella la que canta, yo solo soy el que pena. Si Don Baltasar me mata, justo es que muera, y no muera; que muera de mi desdicha, y no muera de su ausencia. Oíd Don Baltasar esto. Sin alma su voz me deja; que Laura quiera mi muerte con su desgracia, y mi pena! Escuchad, que canta. . Cierto que no hay Monja Recoleta, que haga mejores pasajes, cantando un requien eternam, Así se quejaba Laura a los yerros de estas rejas, que hierros han de excullarla, si de hierros se lamenta. Advertid la conexión de las coplas, pues aquella de ingratitud le quejaba, y esta de ierros se queja. Pues a mí, porque señora vuestra curiosa advertencia me lo dice? . Porque quiero, que adelantando finezas de las damas que queréis, no entibiéis correspondencias. Mas dejadme oír la voz, porque cuando gusto de ella, con ella dos gustos tengo, pues en dulce competencia lo armonioso me divierte, y el desengaño me alienta. Sacome aquel fementido de mi patria con violencia, no es libre el quererlo yo, porque el quererlo fue fuerza. De qué se os mudó el color? de qué es la turbación vuestra? una voz os sobresalta, cuando no os mata una pena? Señora, no estoy en mí, sea el silencio respuesta, porque este suele servir a la turbación de la lengua. Pues escuchad esta voz, que quiere proseguir tierna en decir vuestros engaños, en pronunciar mis ofensas. Prometiome ser mi esposo, y sus engaños intentan no cumplir con otra dama, sino lo adora, no es necia. Voz, que me quitas la vida, calla no prosigas, deja que no muera con tus ecos, ya que muero con tus quejas. per más? no puedo, porque si mi pena llega a escuchar mi muerte, quien sabe más después de muerta? Es bueno que mi decoro ultrajéis de esta manera, teniendo en casa una dama, vuestra inclinación soberbia; con ella os queréis casar, bien hacéis logren sus flechas. dos muertes con un amago, pues en tan crecida ofensa, yo estoy muriendo de celos, vos muriendo de finezas. Es cierto que os engañáis; yo con otra, aquesa esfera me confunda con más rayos que echan luces esas hebras, si yo intento. . Señor mío así lo dice la letra, así lo dice la voz, y así al yerro de esa reja. Laura la dama, a quien dais toda el alma en viva ofrenda con sus ecos lo repite, y yo con el alma entera. Prometiome ser mi esposo, y sus engaños intentan no cumplir con otra dama, fino lo adora, no es necia. Puede ser esto más claro? Para daros la respuesta pide el alma tiempo, ahora aunque la verdad os quiera decir, no puede, porque. lo que pronuncia la lengua, no lo dirige el discurso, la turbación le bosqueja. Cobrad aliento, y daréis la disculpa; y pues la idea conoce que Laura atiende, según las hojas me muestran. De aquesas parras que enlazan esos hierros, mi fe intenta fingir que me hirieron; Laura dando con lamentos quejas, fingirá que le dan muerte, porque yo le dije atenta, que aquesto fingiese, cuando en esta ocasión me viera. Porque las dos conseguimos en causa tan manifiesta, yo saber un desengaño, lograr un amante ella. Yo saber quien me mataba, pues si Laura se lamenta, me asistirá el que me quiere, y favor dará en tal deuda a Laura aquel que quería verme con su acero muerta. Qué en estos lances me mire! Qué en estos lances me vea! Virgen Pura, muerta soy, las heridas con violencia me quitan la vida. . Herida os miráis? fuerte tragedia, El pecho os pasaró? . Sí, y en tan crecidas cautelas, no quiso salir la sangre solamente por no verlas; el color pierdo, la vida voy perdiendo con las fuerzas, denme su lecho las flores, denme su color las hierbas. Muerta Doña Clara, Cielos! Cielos, Doña Clara muerta! Que me matan, socorredme Don Baltasar, a que esperas, si en el peligro mayor no logras una defensa? que espera que no voy a socorrerla? ya Doña Clara sin vida yace, y al mirarla muerta, solo el dolor la mató sin verter sangre sus venas. . Primo, la vida me quitan. Laura es la que se lamenta, voy a socorrerla luego, pero no, que aquí se queda en Doña Clara mi vida. La sangre en Laura vozea, el amor aquí me llama, qué haré Cielos? qué haré penas? dejaré a Laura? mas no, que es mi sangre; allá me llevan los pasos, mi fe resiste. Ya estoy cerca de la puerta; pero voluntad, qué haces? como puedes ir, si dejas en tu dama toda el alma? Quién te guía? quién te alienta? vuelve, que llama el discurso, mira que sin él vas ciega, socorre aquí a Doña Clara. Espera discurso, espera; ya vuelve la voluntad sin ninguna resistencia, no salir de aquí, es preciso. Si en penatan manifiesta, dejar a Laura es descuido, socorrer mi dama es deuda. Rosa deshojada hermosa, como me hieres tan tierna, si están muertas tus espinas, cómo me hieren tus flechas? Tu estar muerta, y yo vivir, yo vivir, y tu estar muerta, para que son los peligros, sino logran sus violencias? Ay Do ña Clara del alma, hay del alma fina prenda, si tú has quedado sin vida, cómo mi valor me alienta? Yo con vida, tú sin alma, yo con alma, tú sin ella, como me perdono el riesgo, no haciendo yo resistencia? Puñete mira estos rayos, viviente del Sol madeja; como mueres dueño mío, si viven aquesas hebras? Yo querer darte la muerte, el presumirlo es bajeza, porque fuera con un rayo, lograr de un golpe dos penas. No siento tu muerte ya, y no es aquesto tibieza, porque aquel que siente más, es fuerza que menos sienta. Perdiera yo aquesta vida, no se lograran dos deudas, pues muero por morir vos, y vos por mí no murierais. No sol Don Toribio, no me acompaña la simpleza, yo por lograr una gracia, me valí de la inocencia. Don Juan de Lara soy. Eso es lo que saber desea mi cuidado. Guarda, guarda, que se suelta la culebra, dame hisopo, y calderilla. Aqueso es darle moneda. Dejad esos fingimientos, pues ya dijo vuestra lengua, que Don Juan de Lara sois, no queráis con la cautela dislucir en mí el cariño, si en vos luce la fineza. Encubrir no puedo ya mis cuidados, y supuesta mi voluntad, diga el labio lo que os encubrió la idea. Yo os adoro fino amante, disculpa mis hierros tengan, lo que perdió mi esperanza, mi cuidado lo merezca. Vuestra esposa seré, y esto del silencio con la nema esté cerrado, hasta que logréis mi mano. . Azucena será, que engaste dos almas, y nieve que las encienda. Pero ha de ser prosiguiendo el fingir, sin que lo sepan Don Baltasar, ni mi padre. Vuestro gusto es mi obediencia. Yo he fingido estar herida para saber en mis penas quien deseaba mi muerte, o quien me adoraba. . Era no desear vivir yo daros muerte. . Qué agradez tanto cuidado, es preciso. Sois del corazón saeta. Sois del alma vivo rayo. Mas será fuerza que tema. qué teméis? . A mis desdichas. No podéis temer violencias, Y si tu padre te casa? En tal caso resistencia. Y si te fuerza tu padre? Contra el cariño no hay fuerza. Y si te falta el amor? Es grande, no hay quien lo venza Pues cuidados. . Pues deseo Pues voluntad. . Pues fin A pretender imposibles oseguir lo qu pre Porque aunque montes de llam Aunque rayos de la esfera. Seme opongan. . . Se atraviesen, Me molesten. . . Me detengan He de ser tu esposo fino. He de ser tu esposa tierna. Por que quien te tiene amor. nes muert Porque la que t No puede temer cobarde. No puede temer soberbia. Desdichas, violencias, rayos. Imposibles, montes, fuerzas. Pues al ver del cariño la grande quién podrá pelear con sus saetas? Pues al ver de mi amor laresistencia quien loco ha de chocar con una pe
JORNADA TERCERA
Sois atrevido mal mirado la fineza hacer el desprecio hace Contra la ley del re en mi casa? estoy corrido; no fueráis tan atrevido, si no fuerais tan ingrato. Del furor seréis despojos, idos, no os vea mi acción, que no siente el corazón, cuando no sienten los ojos. A qué esperáis? idos luego; no os vais ya de aquí? . Señor mirad, que aquese es suror, mirad, que el furor es fuego. Yo me conozto sin culpa, cuando vuestro amor me deja, y pues os sufrí la queja, sufridme vos la disculpa. Que me culpáis he notado, porque de mi amor, la llama decís, que oculto una dama en ese cuarto cerrado. Informado estáis muy mal, el que por simple es tenido oculta así Doña Clara, abed que es Don Juan de Lara, yo lo tengo conocido. Él esa dama ocultó con Doña Clara cruel, padezca la culpa él, no padezca el dolor yo. Esta noche cuidadoso abierta la puerta hallé, con cautela al cuarto entré, en el cuarto entré celoso. A penas pues moví el paso, me dijo: esposo, Don Juan; que tal vez un grande afán no alcanza lo que un acaso. Que Don Juan era fingí, y cuando me recaté, de todo lo que escuchó cuidadoso conocí que intenta vuestro desdoro, que mi mayor susto ordena, que os va buscando una pena, y que os manchará el decoro, si sus grandes desvaríos como cuerdo no atajáis, pero vos mismo le dais ánimo, valor, y bríos. Con esto ahora lo incito a un grande enojo, y castigo. Y vos sois de esto testigo? con grande razón me irrito. Si señor, y su cabeza, porque no crezca su intento será a mí estoque escarmiento, será a mi espada vileza, que si racional se nota, no como el árbol será, él herido morirá, si el árbol cortado brota. Que el simple no es Don Toribio? estoy con corazón suspenso, vivo, y muero si eso pienso, a un tiempo es pena, y alivio, Hay mayor atrevimiento? que inténtase tal ficción; si se queja el corazón para que hubo sufrimiento? 1. Dadle con barro al simplón. 2. En la cara le he pegado. 1. Virgen pura cual lo he puesto. 2. Tome aqueste tapozano. Retirarme es lo mejor, pues según estoy mirando, acá viene el simple, y puedo a esta parte retirado, o saber una verdad, o conocer un engaño. . 1. En la frente he de pegarle. 2. Yo todo un ojo le tapo. Yo abatido de esta suerte? yo de esta suerte ultrajado? yo así Puñete? Señor, déjalos, que son muchachos. Yo todo de barro lleno? yo en la cara, cuerpo, y manos tan asqueroso? . Eres hombre, y así te hicieron de barro. Hasta cuando ha de durar el padecer mi amor tanto? si estoy muerto, cómo peno? si peno, porque me agrado? Cuando el plazo a mis desdichas ha de llegar? . No lo aguardo. Pues di por qué? . Porque tú acá veniste sin plazo. Quejome de mi fortuna, pues cuando fino idolatro, hizo que mi grande amor pasase a ser sobresalto, mas mi vanidad castiga. Según eso, tus cuidados te culpan de vano. . Es cierto, Pues de todo aqueso saco, que cuando triste te quejas, serán tus quejas en vano. Pero no quiero quejarme, sufra yo tantos agravios, que no son dolor las penas, cuando es alivio el cuidado. No suele cándido armiño, de barro sucio cercado dar la vida por quedar puro, limpio, terso, y blanco? Pues si aquesto hace el armiño de agudo instinto avisado, aquel que tiene razón cómo logrará igualarlo? Cómo? sufriendo estas penas, sufriendo tantos amagos, que con la vida me dejan, y la vida me quitaron. No muere por no mancharse el armiño? es asentado, pues si por aqueso muere, yo más que el armiño hago, No vine muerto de amor, siguiendo lucidos rayos de Doña Clara? es constante, pues la razón heche el fallo en mi favor, cuando es cierto, que en mis penas lo aventajo, pues él muere por ser limpio, y yo por morir me mancho. Ya voy conociendo astuto lo que antes dudaba ufano. Don Baltasar dijo bien, sin causa llegué a culparlo, Mas apuraré mis penas, escucharelo hasta tanto que este cuidado se mire como yo tan apurado. Límpiate el barro señor de la cara. . No hagas caso, porque si el esclavosuele, en señal de ser esclavo, llevar señal en la cara, es contravenir al pacto de amante, limpiar el rostro, que cuando rendido me hallo a tan divina hermosura, mas que esclavo soy, es llano, pues dejó aquel de ser libre, y yo soy libre, y esclavo. Si no te limpias, dirán que tiene tu sangre ramo de Judio. . . Por qué causa me podrán negar el lauro? Porque no te miran limpio, y en tu dama es embarazo no ser limpio, porque miro, que aquel que la dé la mano, pues ella se mira Clara. Qué había de tener? . Ser claro, mas ella sale, verá si son los hombres ingratos; dila ahora, que por ella no has reparado en los barros. Don Juan, bien mío, señor, vos por mí tan maltratado, como padecéis la pena, si yo ignoraba el agravio? Vos tratado de este modo. vos padecer, yo ignorarlo, acreciéntese el dolor a cuenta de lo ignorado. Ay Don Juan, hay dueño mío, quien se miró tan ingrato, que en vos ejecutó el golpe, y en mí no cumplió el amago? Declaraos ya con mi padre, que no os negará mi mano, no temáis lo peligroso, pues no teméis lo arriesgado, Yo ser causa de tal pena, yo a tal pena motivando, para cuando es el dolor, si hay en las mujeres llanto. . Lágrimas viertes mi bien? aljófar riega tus labios? Que mucho es que haga pucheros, si tú no quitas el barro? No puedo saber más ya, pues en lo que estoy mirando el lamenta sus desdichas, y Doña Clara su estrago. Llégate querido dueño, y el barro que te ha manchado limpiaré del rostro. . Eso es volverte en hombre blanco. Tu desdicha tierna lloro con el corazón, y el alma, que eres su ídolo en tal calma, pues tan rendida te adoro. Como tan cruel desdoro llegas bien mío a sufrir, sin que llegue yo amorir? pero al llegarlo a temer, tú llegas a padecer, y yo lo llego a sentir. Esta es ocasión forzosa para salir, pues la cara le limpia allí Doña Clara con su pasión amorosa. El alma tengo quejosa, sin valor, sin gozo, y gusto, pues padeciendo un disgusto, que a tal dolor te condena, te guardas toda la pena, y solo le das un gusto. Doña Clara, Don Toribio, Mi padre, pena cruel! Haré que no los he visto. Turbada al susto quedé, señor, yo estaba. . Turbada en mi presencia no estés, levanta el lienzo del suelo, como lo dejas caera de que está lleno de barro? A Don Toribio con él limpié el rostro, señor, no pienses otra cosa, pues, no sé lo que digo, cuando en aquesta pieza entre, no puedo hablar, la repuesta solo el silencio te dé. Para que la turbación? puede embarazo tener el decirme: padre ahora en aquesta parte hallé lleno de barro en la cara a don Toribio, la tez con el lienzo limpiar quise, entraste tú, aquesta fue la razón porque me hallaste turbada cómo me ves? Albricias, porque mi padre . aún no ha llegado a entender que a don Juan adoro tierna, pues como en su acción se ve, no ha llegado a sospechar que es Don Juan. . . Fingiré, pues . ignoran que los oí. Yo también prosiguiré en fingirme don Toribio. Decidme, aquí como fue el venir lleno de barro en cara, manos, y pies? De más de tres mil muchachos, un fuerte enjambre cruel me cogió, que yo soy simple, y soy fácil de coger. Todos se armaron de barro, fuime en la calle a meter, apuntáronse a mi cara, y como suele un cartel de mala comedia estar salpicado, así quedé, No estó hermoso? no estó lindo? que lindas manos, y pies; es aquesta cara barro? no digo la verdad, he? Que bien que finge don Juan. Por Dios que lo finge bien, si yo no hubiera escuchado lo que enchuierto escuché. Bien se prosigue el engaño, De este modo he de saber si don Juan de Lara ha sido el que con tan poca fe, en ese cuarto encubrió. esa dama, y si no es el dueño de tal infamia. al punto lo premiaré con la mano de r la industria me ha de valer. doña Clara. . . Señor. . . Hoy he dispuesto, que le des la mano a tu primo. . No quiere darla. . . Pues por qué? Porque quiere tener mano, y otro, es quitarle el poder. Las sospechas que tenías de que don Baltasar fue el que ocultó aquesa dama son falsas. . . Pena cruel! pues dime cómo lo sabes? Así lo pude saber. A solas tu primo hablaba, yo sus razones oía, las palabras reprimia, pero en fin las pronunciaba. Escuché que concertaba de su furor con, la llama, dar esta noche a esa dama la muerte con fe traidora, de aí saco que no la adora, que quien no estima, no ama, Juzga, siendo su homicida; tener, hallando su suerte, un logro con una muerte, con una muerte una vida. Su intención es conocida, mi valor es limitado para doblar su cuidado, pues cuando así de él me quejo, para el valor soy muy viejo, y él está determinado. Aqueso intenta mi primo? Eso intenta. . . Fuerte cosa, que quiera comprar mi mano de una muerte a la lisonja. Con el consejo pretendo reprimirlo, y si no estorba mi voz sus intentos, pienso dejarlo obrar. . . Y si lo su muerte, que harás? . . Mañana intento, que sin zozobra le des la mano. . . La mano? antes en lucida antorcha será cenizas, pasando a carbón, lo que fue aljófar. Antes cenizas tu mano? tal atrevimiento formas? Eso es señor encenderla. De qué modo? . Por que soplas. Tú has de casarte, no hay duda. Casarse señor? ponzoña ha de ser su casamiento, que me mate, y mis congojas, mis cuidados, mis anhelos, mis pesares, mis zozobras, mis sobresaltos, mis dudas, mis parasimos, mis glorias. Cuerpo de Dios, no hagas fuerza que se te suelta la alforza. Y si acaso. . . Ya va obrando. Mi calidad, que es notoria, igualase con su timbres a la sangre que os informa? Tápate, no te descubras, que enseñas la calva toda. Que vuestra sangre es tan noble? A seis ducados la onza se venderá en las boticas, si me sangro; grande cosa: la sangre de dragón calle, porque la mía más monta. El vuelve a su fingimiento; con lo que le dije ahora sabré si es el que ocultó aquella dama, que sola del jardín habita el cuarto, porque si su favor goza, acudirá a socorrerla; solo falta que conozca don Baltasar también esto, pues con una ceremonia podré salir de dos dudas, luego sabrá de mi boca lo que a don Juan he propuesto. Mas de otro modo. . . Medrosa estoy por mi padre, y temo que su poder en tal gloria ha de hacer violencia el gusto, y la violencia ponzoña, que al primer susto me mate con sus puntas venenosas. Mañana habéis de casaros, de esto gusta mi memoria, y aunque en vos el gusto falte en mí la voluntad sobra. Mañana habéis de casaros, de esto gusta mi memoria, y aunque en vos el gusto falte, en mí la voluntad sobra? Hay más pesar, dueño mío! Hay más penas? estoy loca. Puede el dolor ser mayor? Puede haber mayor congoja? Para que quiero la vida, si al ofrecértela toda, tú a don Baltasar mañana has de darla mariposa? muera a tus rayos primero, que si esta muerte se logra dos penas a un tiempo mismo, aquesta muerte me estorba, pues no le darás mi vida, ni yo veré que lo adoras. Tú, bien mío, de esa suerte desconfías? . . Es muy propia del que adora la desdicha. Pues cuando quieran notorias violencias darme la muerte, para que son llaves sordas, para que se acaba el día, para que empiezan las sombras, para que hay jardín con puerta, para que hay calladas horas, para que son los arrojos, para que son las memorias, para que son los cuidados, y para que tanta historia, que en bronce helado nos muestra. notables hechos, si borra mi cariño una violencia, mi cuidado una zocobra? Y qué me dices con eso? Que esta noche cautelosa por la puerta del jardín me saques, y a Zaragoza tu Patria me lleves. . . Cómo a tanto pesar te arrojas? Eso es quererme don Juan? aquesta ocasión malogras? o tu temor es muy grande, o tu voluntad muy poca. Ay temor, que no es temor, y así doña Clara, ahora lo que temor parecía fue cuidado, y pues las sombras nos encubren, esta noche saldrás al jardín. . . Las joyas voy a prevenir, cuidado con acudir a la hora. En fin irás al jardín? Sí, después que en tan penosa fortuna, a Laura mi prima con esta espada socorra: aquesta noche casada quedará, porque conozca aquel traidor, que es mi prima la que engañoso baldona. No perdamos la ocasión con doña Clara. . . Mui pronta mi fortuna acudirá. Advierte, que en tal derrota tiene joyas, y si aciertas nos llevaremos las joyas. Porque con tanto secreto a este puesto me has traído? Oye, si eres entendido, escucha, si eres discreto. Estoy con el pesar loco, poco cuerdo me arriesgué, Así la verdad sabré, de esta suerte lo provoco. A Don Juan llegué quejoso, y en la pena que me aflige, que no era simple le dije. Él me respondió medroso, cuerdo en fin me confesó, que su simpleza es fingida, su voluntad es crecida, pues a tanto lo obligó. Llegó constante a negar, con riesgo, valor, y fama, que él no trujo aquesa dama; que puedo pues sospechar? Quise apretar más su fe, y con temor, o cuidado, al verse de mi obligado, esto a su voz escuché. Porque sea conocida de mi amor la vida, y ser, esta noche a esa mujer he de quitarle la vida. Si a esa mujer adorara, no le causara la muerte, antes bien en tanta suerte con su vida le pagara. Ya determinado está, bien esta desdicha siento. Cómo tengo sufrimiento? Esta noche morira; si la adora, a socorrerla será preciso acudir. n . Yo soy quien llega a morir, iré luego a defenderla. Y así, pues habéis quedado sin Doña Clara atrevido, pague lo desconocido lo que causó lo arriesgado. . La voz ha quedado helada, pero yo tener temor? como puede haber dolor, habiendo valor, y espada? Voy a socorrerla luego, pues ya alumbran las estrellas, mi espada será centellas, y mi valor será fuego. Voy Laura a favorecerte, y en pena que es tan crecida, yo voy a darte la vida, aunque tú me das la muerte. Eres Laura? . Eres Don Juan? Soy tu primo. . Soy tu prima. Sabes a qué vengo? . No. Pues me trae una desdicha. Don Baltasar esta noche darte muerte determina; y así Laura, luego importa, si quieres librar la vida, que te salgas con Puñete de este cuarto, y a camina hacia esta parte, que yo aquel traidor en cenizas he de volver con mi fuego, que arroja centellas vivas. Dónde está Puñete? . Y me ha parecido que pisa con sus plantas este cuarto. Fuerza será que lo siga. La puerta abierta, qué es esto? quién pudo cobarde abrirla? si es Laura muerta? aquesta dama que miras es mi prima, harás con ella lo que te dije. . Qué finja me aconsejan mis cuidados, pues con aquesto se libra Laura de la muerte. . Laura, ya Puñete te apadrina, sigue sus plantas a donde te llevare en tal fatiga, pues ya sabe de mi boca lo que ha de hacer, no resistas lo que dispuso el dictamen. Seguirlo mi fe codicia. Y tu señor, no nos sigues? No sigo, que pues me brinda la ocasión, he de esperar, pues he tenido noticia, que quiere Don Baltasar quitar la vida a mi prima, a que venga, y pues mi acero rayos, y centellas vibra, haré que luego se case, y si resiste tal dicha, ha de quedar sin aliento al incendio que fulmina. Llevaré a Laura conmigo, que aunque su primo me avisa de que no quiere matarla, tiene en su pecho mi vida, y el librar a Laura, es restautar mi vida misma. Puñete camina. . Laura yo soy el que aquí te guía. Quién eres? . Don Baltasar, que sabiendo en tal desdicha, que aquí tu primo intentaba darte muerte, con fe tibia, he venido yo alibrarte; que te detienes, camina, como no sigues mis pasos. Cómo quieres que te siga, señor, si eres quien me lleva a dar muerte? Que eso digas? puedo yo vivir sin ti, cuando tu aliento me anima? Camina Laura, mi bien, prosigue, no te resistas, pues si te quedas, la sangre, inocente corderilla, has de verter a un puñal, tal juzgas? tal imaginas? quien por lograr un peligro quiere despreciar la dicha? Qué tengo de hacer? si sigo en tan penosa fatiga, no evito el riesgo a mi muerte; sino lo sigo indecisa, en grande peligro quedo, pues en penas tan precisas, seguirlo escojo, el discurso a que lo siga me incita, diciéndome, fue tu amante, y aunque las centellas vivas de su amor no estén ahora, su fuego dejó reliquias, y puede el llanto en tus ojos hacer arder las cenizas, No vienes Laura, qué esperas? Ya sigo tus plantas fijas, ni sé si a buscar mí, muerte, menos cuerda, y más altiva. Ya el mayor riesgo evité, pues de la muerte se libra Laura yendo con Puñete por la diligencia mía. Que ese traidor intentara darle muerte con vil ira, para que parase en odio su más violenta carici Esperarelo, y si a caso con repugnancia se entibia para dar la mano a Laura, mi cólera vengativa le dará muerte, y después, este fuego que respira mi corazón en incendio, volverá a infundirle vida, haciéndole de la mano, porque en penas tan crecidas. quede dos veces honrada; pues casándose, en tal dicha, una venganza se logra, y su mano sacrifica. Toda la casa en sosiego, y con grande quietud dejo, de las canas el espejo me guíe, porque voy ciego. En esta ocasión veré quien ocultó esa mujer, pues quien la adore, ha de ser quien la defienda con fe. En aquesta parte espero examinar mi dolor. Vive Dios que aquel traidor vino ya, de pena muero, llegaré porque no tarde en borrarse mi baldón; que un corazón con razón nunca puede ser cobarde. Un hombre viene arriesgado, no sé que tema. . Yo llego, y pues llevo tanto fuego; quién no quedará abrasado? Atrevido, sin valor; reprime aquesos intentos; pero si tienes alientos, será para ser traidor. Cobarde, que solicitas una muerte con deshonra; mas no debes tener honra, cuando cobarde la quitas. Bien os tengo conocido, pues sois, cuando el furor arde, por atrevido cobarde, y por cobarde atrevido. Don Juan es, en tanta mengua espere mi acción turbada. Advertid, que tengo espada, y advertid, que es viva lengua. Y con ella qué decís? así examinarlo importa. Que con sus palabras corta, si acaso no lo advertís. Mi razón es conocida, cuando mi valor la labra, pues será cada palabra en esta espada una herida. No sé lo que estáis diciendo, si yo no os ofendo. . Es bueno que me estéis dando el veneno, y me lo estéis encubriendo? Sacad el cobarde acero, pues los dos solos estamos. Eso es querer que riñamos. Muy bien decís, eso quiero. Decid en dolor mortal la razón que os motivó. Mejor lo sabéis que yo, y yo no la sé muy mal. Yo no la sé, mi homicida seréis, yo quiero morir. Pues si yo la he de decir la sabréis en la otra vida. Llegadla ya a pronunciar, para que muera sin susto. Por no daros ese gusto la detérmino callar. Antes que yo me provoque sacad la espada. . Advertid Cómo yo riño, reñid, pues tenéis al lado estoque; pero en desdichas tan llenas, porque os mato iré diciendo, con que a un tiempo iréis muriendo con una herida, y dos penas. A Laura cobarde. Espera. La muerte. Notable aprieto. Vienes a dar en secreto como ensangrentada fiera. Esa pena que os provoca dejad, y escuchad mi labio. No lo permite mi agravio, yo os haré en el pecho boca. Su grande furor resisto. Solos estamos los dos. Que me matáis vive Dios. Eso intento vive Cristo. En notable aprieto estoy; si mi pecho se descubre, mi cautela no se encubre, un helado mármol soy. No sé qué hacer, fuerte error, detened, que ya estoy muerto. Pues yo no vivo, no es cierto. Qué he de hacer en tal rigor? ya está mi valor postrado. Es vuestro valor villano. Detengaos aquesta mano. Es su valor limitado. Mi pena, que no es avara os detenga. . No podrá. Pues yo sé qué os detendrá el nombre de Doña Clara. Solo su nombre es desvelo para quietarme capaz, porque es el Iris de paz en su arrebolado Suele alterar el Zafir un vapor, y al ver su rayo, deja el pesado desmayo, volviendo quieto a lucir. Vuestra grande sinrazón mi pecho ufano inquietó, con que también se altero con el pecho el corazón. De mi dama luces bellas me alumbraron en su nombre, porque juzgo que no es hombre, quien no teme a sus estrellas. Ya la confesé mi dama, culpad mi desasosiego, que nunca es grande aquel fuego, que encubre, y guarda su llama. Yo a Laura saqué de aquí, porque conocí en tal suerte, que le queríáis dar muerte, con que la vida le di. Quedaréis aquí encerrado, yo a traer mi prima iré; y así juzgo lograré una vida, y un cuidado. La vida, si se repara, pues no fue Laura despojos; y el cuidado, al ver los ojos de paso de Doña Clara. Luego os habéis de casar con Laura, por ella voy. En notable aprieto estoy, estoy en grande pesar. Yo he de quedar satisfecho, porque en dolor que es tan llano, o a Laura daréis la mano, o a un esto que vuestro pecho. La puerta cerró, y se fue, y yo en el riesgo he quedado de que sepa mis caute! y conozca mis engaños. En el segundo aposento a la pieza de mi cuarto sale otra puerta, por ella han de salir mis cuidados, si acaso estuviere abierta, luego voy a ejecutarlo: que yo me buscase el riesgo sin temer el sobresalto! A Don Juan esperar quiero al lado de aquestos ramos, esmeraldas de los aires, y de los aires penachos. Qué quieta la noche está, de las Estrellas los rasgos parece que con sus luces beben el aliento al Austro. Todas mis joyas previne; en aqueste lienzo atado las llevo, concha de nieve para sus lucidos rayos. Camina mi bien. . Aquí con temorosos cuidados quiero quedarme, pues temo, que con su mentido halago me lleva a quitar la vida: pues sé de mi primo el cuarto, quiero a su cuarto volverme, sospechará aqueste ingrato, que me perdí con las sombras, monstro de los vientos pardo. Camina Laura. Qué es esto? Don Baltasar es, que aguardo que no me taladro el pecho, haciendo puñal del llanto? Cómo, bien mío, las plantas no mueves? su buril manso bosqueje el clavel sangriento, matice jazmines blancos. Fingir quiero que soy Laura, para que en aprieto tanto no conozca mis intentos. Estoy, dueño mío, ufano de haberte dado la vida; sino llegara mi brazo a librarte, ya tu primo, ejecutando su estrago, con el carmín en la nieve hiciera de coral rasgos. Dudo, y temo a un mismo punto. Todo se mira cerrado, esta puerta del jardín, que podía darnos paso, está sin la llave, ignoro lo mismo que estoy dudando. Decid lo que resolvéis? El camino, que más llano le parece a mi dictamen, es que te vuelvas al cuarto en que estabas, pues en él estará más sosegado el logro en aquesa vida; yo mañana, despreciando a Doña Clara, de esposo te daré amante la mano. Qué ingrato pecho, que aleve! Sigue Laura aquestos pasos. Sigo tirano tus plantas, muerta con solo un amago. . No tengo por do salir, hallé cerrada la puerta, temo que Don Juan vendrá, y entenderá mi cautela; vive Dios que estoy corrido, no quisiera que supiera que fue ficción de mis canas tan costosa diligencia; pero la puerta se oye, que puedo responder? sea el cuidado mi disculpa en la pena que me alienta. Ya salió de aquí tu primo, aunque en la cerraja misma dejó la llave, aquí puedes en esa segunda pieza esperar, hasta que yo traiga la llave que cierra las dos puertas del jardín, porque el amor me aconseja, que nos ausentemos luego, porque si Don Pedro llega. a saber estos intentos, hará el cariño violencia. Qué es lo que escucho? Obedezco lo que con tu amor ordenas. Por no hacer más ruido, ya abierta queda la puerta, que pues he de volver luego no hay riesgo. Que te obedezca es preciso; fuerte lance! En ese aposento queda una mujer; aunque está al riesgo abierta la puerta, no quiero salir, intento apurar estas sospechas. Ni mi primo está en su cuarto, ni hallo alivio en tantas penas, que es el dolor para un triste, rayo, acero, punta, y flecha. Hasta que el Sol transparente la escuadra de sombras negras destruya con tanto rayo, que en ese azul campo peina; he de esperar, pero entonces, mi labio, mi voz, mi lengua, han de ser contra un ingrato, veneno, puñal, saeta; que la queja no es injusta, cuando es notoria la ofensa. Ese segundo aposento la seguridad me ofrezca, en él estaré. Ya viene, según las luces me muestran, Don Juan; aquesa mujer da fundamento a la idea para fundar la disculpa, de estar yo aquí, en una queja. Venid a casaros luego con mi prima (fuerte pena) Don Pedro aquí? Qué os turbáis? dejad ficción tan molesta, que no es cuerda la ficción, cuando es clara la cautela. Hanme avisado, cobarde, que en aquesta noche misma queréis llevaros mi hija con tan costosas finezas. Por esta ocasión me halláis muerto a tan grandes ofensas; que aumenta siempre el dolor las circunstancias que lleva; ya vuestros cuidados sé. Os engañáis, si eso piensa vuestro cuidado. . Advertid que ya sé vuestras cautelas. Quién le avisó mis cuidados, cuando esperó mi firmeza, dejar casada a mi prima, para acudir a la deuda de Doña Clara, que está esperando entre violes del jardín? Sois atrevido. Sin causa, en pena tan nueva, me cargáis ese delicto, y pues sabéis mi fineza, sabiendo que yo soy noble, sabréis mi correspondencia. Señor Don Juan, ya he sabido, que de Laras en las venas tenéis sangre, y que tenéis en aquesta misma pieza a Doña Clara, . Mirad las partes más encubiertas. Levantad ese tapiz. Así logro una obediencia; pero Doña Clara aquí! Doña Clara aquí encubierta! Mis hyerros señor perdona, porque cuando menosprecia Don Baltasar mis cuidados, temiendo vuestras violencias, intenté un arrojo loca. Pues conozco la nobleza de Don Juan, sea tu esposo. La mano le doy contenta, Y yo la recibo humilde. Si no está la vista ciega un riesgo estoy recelando; la mano a Don Juan, que intentas aleve? . Darte la muerte, si luego a Laura no llegas a dar la mano también. Aquí Laura está encubierta. No está Laura, que yo fui la que con tantas cautelas trugiste desde el jardín. Aquí está Laura, y pues tierna Doña Clara dio la mano a mi primo, ahora atenta reciba tu mano yo. El corazón te la ofrezca; pero pidiendo perdón a Don Pedro en tanta deuda de haber encubierto a Laura; pero la disculpa tenga en su hermosura crecida, que con tanto rayo ciega. Yo también perdón le pido, de atreverme en su presencia a fingir por alcanzar la deidad hermosa, y bella de la que mi esposa miro. Todos perdonados quedan, y yo gustoso, pues tiene Doña Clara quien la quiera, estimando los favores, que alguno sin ley desprecia. Ya Laura es mía cuidados. Ya Doña Clara es mi prenda Cómo alcanza la victoria Don Baltasar, se laurea. Y aquí llega a tener fin en sus yerros la Comedia, porque algunas ocasiones, más vale que amor cautela,
