Texto digital de La fuerza de la verdad
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco de Malaspina
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La fuerza de la verdad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fuerza-de-la-verdad-la.

LA FUERZA DE LA VERDAD
JORNADA PRIMERA
Aa de ese centro oscuro horrores encendidos: Ha de la eterna gloria espíritus caídos: Hh de Dios, y del hombre invictos enemigos: como, decid, al ronco acento que respiro, no obedecéis, rasgando los aires cristalinos? Ya a tus pies postrado, Emperador altivo, Astaror obediente atiende a tus designios. Con el infierno todo, y conjunto el abismo, habla, si tu deseo hoy quieres ver cumplido. Pues tú, y todo el infierno escuchad mis motivos. Del Reino del espanto alentados ministros, que con vivir muriendo, vivís más que los siglos. Vos sobre las estrellas del cielo habéis nacido, y con eterna afrenta habitáis un abismo. De la altivez de un Trono postrados, y caídos, adonde son las glorias tormentos encendidos. Como olvidar podéis, cielo que habéis perdido, sillas que habéis dejado, pena que habéis sufrido? Pero mayor congoja nos atormenta, amigos, que no hay mayor tormento, que mirar lo que envidio. El cielo a vos negado, al hombre es concedido; y se le dan en premio, de qué? de un suspiro. Ya contra Dios pecamos, al Criador ofendimos, y sin lugar de enmienda al infierno caimos. Y el hombre cada instante hace su Dios al vicio; y porpoco que llore, es al cielo admitido. Un bajo entendimiento, que de lodo es vestido, sentado en vuestras sillas goza un bien infinito? Qué más queréis? un hombre tan vil como Francisco, la propia silla espera, que se debía a mí mismo? Y se está nuestro esfuerzo por el suelo abatido; y yo con tanta envidia lo sufro, si lo miro? Que corra el mundo loco, tras un hombre afligido, que hace alarde de ayunos, vigilias, y martirios? Que enfermo de esqueleto, parece apenas vivo? que desnudo, y descalzo, su gloria es ser mendigo? Que con esto vuelva Religioso el siglo? los mal hechores, santos? lo profano, divino? Y arrastre un mundo entero allá donde caimos, y se quede el infierno despoblado, y vencido? Pesia vuestro coraje, para cuando es el brío? ea, que sois cobardes; pues triunfa el enemigo. No veis como en Verona, de Italia pueblo invicto, sus hijos (qué dolor!) se miran admitidos? Partid, partid veloces, y al punto en sus vecinos sembrad cizaña fiera, poned discordia amigos. Fácil será el remedio si labráis al principio, haced, pues, que desechen los míseros mendigos, el medio será, César, un hombre allí muy rico, soberbio, poderoso, vano, cruel, y altivo. Un hombre, a quien el cielo le concedio benigno. bienes con que pudiese ejecutar sus vicios. Ea, al arma al arma, fuertes soldados míos, que no es aquesta injuria de ponerla en olvido. Seguida Astarot todos, que a él doy por caudillo: la discordia, y la envidia le sigan asímismo. Saquen todos sus fuerzas, el infierno ofendido; y que de ese vil hombre de todos perseguido, para vencer a un pobre no se encuentran peligros, y la victoria es cierta, si es vil el enemigo. Príncipe tenebroso, pues el afecto mío hoy te debe el que sea de esta empresa candillo. Yo vengaré tu agravio, y a pesar de Francisco, verás sus hijos todos del pueblo perseguidos. No quede sombra, amago, No quede rastro, indicio, Que no examine el brazo. Que no penetre el brío. Para hacer, que postrado. Para hacer; que rendido. Se mire ese contrario, Se advierra ese enemigo. Pues parte a la victoria. Al triunfo me encamino. Publique el clarín ronco. El parche diga herido. Contra Francisco guerra, y querrá al cielo mismo. Aquesta resolución, aunque peligrosa es, Flora, he de tomar. Pues señora, tanto puede una afición de amor en ti, que te arrojas al precipicio tan ciega? A tal grado tu amor llega, que sin ver; que te despojas de tanto lustre heredado, a una pasión darte quieres? Y al fin que Rosaura eres, mira bien, y que un Condado (Jesús que necia porfía) no se debe despreciar por César, que es gran manjar, un plato de Señoria. Que enfadosa estás, y necia; yo consejos no te pido, comunicarte he querido lo que el alma solo aprecia. Ya me ocupó este furor, ya a César el alma di, ya al amor le resistí, ya apagar quise su ardor; mas amor dicen que es rayo, que donde halla resistencia, hiere con mayor violencia; y así Flora en este ensayo de amor, que al alma abrasó, no hables, que aumentas la herida, y antes que mi propia vida, he de ser primero yo. Ya pretendo obedacerte, ni quiero más replicar. Me excusarás un pesar, cuando lo hagas de esa suerte. Que rendido está a aquel ciego, que es de las almas tirano. . Mira, si Carlos mi hermano sale, porque vayas luego a llevar este papel a César, donde le aviso, que para un caso preciso es fuerza verme con él; y antes, Flora, de llevarle, cuida de dejar abierta de aquese jardín la puerta; porque quiero en él hablarle. Y que procures te encargo, apresure su venida, que en ella me va la vida. Ya me parece, que largo mi señor, en vestirse es; pues si salir yo le viera, en alas me pareciera al Vergantín Ginovés? más hetele por dó viene, con una cara, que creo, por lo triste que le veo, que trato de luegras tiene. Guardo el papel al momento, tu ariende a disimular. He de saber su pesar, por si importare a mi intento. Hay honor! y quien creyera, que eres carga tan pesada, cuando te tienen juzgada por la cosa más ligera? Quien te dio formas tan varias, teniéndote, das tormento, y huyendo vuelas, cual viento, dos cosas en ti contrarlas? Qué es esto hermano, y señor? vos tan rendido a la pena? la risa en vos tan ajena? tan pronto en vos el dolor? no me habláis? pues no merezco saber el ansia de vos? Melancolía es (ay. Dios!) este mal de que adolezco. Comunícala conmigo. Mas que se enreda algu chiste. . No halla más descanso un triste: que malas horas consigo. El veneno repartido, no es tan eficaz el mal. Procuras saber en vano, la pena que me ha oprimido. Luego ese mal sin más medio, al silencio se condena? Es, que si digo la pena, la he de aplicar al remedio, y a tu costa. Qué importa? Sabrás lo hermana ahora: retírate adentro Flora. Malo, parece que aborta . cuñados, por boca, y ojos; voyme, y estaré a la lerta. . Pues que ya fiera cruel, con fementida clemencia, toda la ponzoña al vaso apuras de mi tristeza: saldrán del pecho a la boca todas juntas mis ofensas, si antes no muero infelice, tristemente de la queja; pues la debe el dolor poco, a quien su agravio confiesa, siendo el filo más agudo, para un noble, el de la ofensa, Que alegría, o regocijo, quieres, ingrata, que tenga, cuando advierto, que ya el plazo de tu boda está tan cerca, que seis días solamente faltan, y que alegre espera ese día el Conde Otavio, parcial de la facción nuestra; pues a los Guelfos ampara, y a Gebelinos desprecia, siguiendo el odio heredado, que en estas familias reina? Y tu soberbia, y altiva, loca, y necia le desprecias, cuando mi palabra he dado, y cuando el cumplirlo es deuda? Dime, es aquesta ocasión, para que yo gusto tenga? viste algo alguna vez, o te enseñó la experiencia, que de raiz venenosa nazca saludable verba? Y aunque esta es cansa bastante, para que triste padezca tales penas, y tormentos, hay otra aleve (la lengua al quererla pronunciar, torpe en colora tropieza.) Hay otra, digo, mayor, que más al alma atormenta; pues he visto, que pesar? que ese monstruo, o ese César Gebelino, altivo, y vano, a esta calle, y a estas rejas se atreve con mil paseos (en rabia el pecho se anela) de día, y de ello blasona, y con músicas serenas, de noche, y a tanto arrojo el falso no se atreviera, sino hallara en tu semblante asable correspondencia? Pues tirana, en él que ves, mas que poder, y riqueza? a que fin, de la fortuna vienes, que avarienta niega con un fácil movimiento, que de ser mudable rueda? Y dime, cuando ese monstruo, pongo caso que no fuera, de bando tan encontrado, y de facción tan opuesta, tanto, que se viera el Cielo antes carecer de estrellas, y falta se viera, y pobre de flores la Primavera, primero que Gebelinos se junten con sangre Guelfa; pues fuera faltar al odío, y rencor, que con sangrientas llamas siempre ha nacido de una en otra descendencia? Tú de un hombre tan soberbio? tan altivo, que se empeña en ultrajar a los pobres, y que a los ricos desprecia, que hasta la Iglesia aborrece, y al mismo Dios no venera? Tanto, vive Dios, la ira al decir esto, se aumenta, que a saber (mas que locura!) a presumir (mas que pena!) que fuese cierta mi duda; pero como digo cierta? un breve rasgo, o amago en tu imaginación, de ella hubiere, de las mujeres eterno escarmiento fueras, solo tres cosas, Rosaura, por saber ahora te quedan, que has de dar la mano al Conde, o elegir luego una celda, o probar de mis furores las crueldades más severas. Mírate en ello, y elige de las tres, cual te convenga. Carlos, Carlos, oyo, aguarda, el cucha, detente, espera; más haz lo que tú quisieres, que amenazas no amedrentan al pecho, y aunque te pese, seré, vive Dios, de César; pues no fuera yo mujer, si un arrojo no emprendiera. A voces llamo la muerte lisonjeando mi dolor, y del morir la esperanza tal vez la vida me dio. Suspended el acento, no gima herido de ese tono el viento: idos de aquí villanos, o el castigo os daré con estas manos. A toda el alma asombra, siempre que muerte ante mí se nombra. Viva allá con su suerte, quien del nombre se paga de la muerte, que yo gustos deseo, que el pensar en morir, es de vaneo. Roberto. . Señor mío. Que en fin Márcela se rindio a mi brío. Y su altivez postrada, por los desprecios pasa de burlada. Que fácil, que fue Laura! Venciola tu poder? O si Rosaura a mi amor se rindiese! para que más feliz mi dicha fuese. A ta amor? cosa extraña! mira, señor, que la pasión te engaña: siendo tu Gebelino, y ella Guelfo, por Dios, que no adivino, como amor haber puede? Y cuando en otro obleto no concede tu condición altiva, que el alma en las prisiones de amor viva; pues si burlas a todas, como a tener amor hoy te acomodas? Mira, si amor te dije, es un amor, el cual solo se rige, no de afecto, y fineza, si no es por ver si puedo la dureza labrar de ese diamante, como rendido, y verdadero amante. Con esto yo conngo, hacer aquesta injuria a mi enemigo, quitarla al Conde Oravió, y lograr mi deseo con su agravio. Espera, que hasta la sala se ha entrado una hermosa ninfa. Y esa es Flora, pues sin duda que viene a anunciarme el día. Yo soy, que vengo: mas antes has de darme las albricias. Pues Flora, yo te las mando. Pues yo volveré otro día. Espera, espera, que ya veo la ignorancia mía, y así a enmendar este error, Señor, conforme me pagan, me aconselaba una tía, que hiciese lo que me mandan, soy obediente sobrina. En prometido me diste, y dije que volvería, y al propósito va un cuento, escucha por vida mía. Fue a confesarse un Soldado, que al pasar por una Villa, por un pequeño abujero, vio asomada a una gallina. Quiso hurtarla, y su intención, la hiciera cierto cumpiida, si cuando la iba a cojer, ella atras no se retira. Que la restituya el padre le dice, y que es culpa indigna, y por fin le mandó dar, limosma para dos Misas. Sacó el dinero el Soldado, (aunque no tan sin malicia) y al tiempo que codicioso, a tomarlo el padre iba, el Soldado retiró la mano con mucha prisa. Enojado dijo el padre, como la mano retira, y él respondió, padre mío, así hizo la gallina. Digo que tienes razón, mas ya pecas en remisa; y así Flora mía acaba, no me suspendas la dicha. Espera, espera, que ya veo la ignorancia mía, y así a enmendar este error, y contra cólera sirva, de Rosaura mi señora, esta receta divina. Digo reina, puesto que es, vuesarce tan para vista, no habrá para mí una mano, para que el afecto imprima, de un amor firme y leal, con que adoro a una Florilla? Aunque agora vale caro, tome, y cuanto guste, escriba, porque yo no soy logrera, que niegue mi mercancia, hasta cento, por chento, mi done Unseñoria. Vamos, que ya en el jardín, la rosa estará ma rchisa, culpándome negligencias, y acusando rebendías. Pues señor, mi ra qué Carlos, es un sacre de malicias, y también de estos amores, tiene ya alguna noticia, y anda dado a mil demonios; mi señora te lo avisa, porque entrar en el jardín no te vea alma nacida. Y así por Dios, recatada sea señor, tu venida, porque no avisado Carlos, nos tenga la trampairdida. De todo estoy avisado. Y yo estaré prevenida; a Dios pues. A Dios, a Dios. Digo, digo, oyes Florilla, si voy no haré yo mi baza? Linda bestia por mi vida; faltar te puede, pues eres de esta baraja espadirla? A los siernos del Señor, den su limosna bendita. Qué infausta, y que triste voz! ya me ha turbado la dicha. En engaños, y cautelas, en cizaña, y en envidia, . a dar a Francisco guerra, comienza a obrar la malicia. Odio, y rencor, derramando contra esta turba mendiga, invisible les asisto, ejecutando mis iras, porque toquen su miseria, y porque su orgullo riodan. Este es el monstruo soberbio, a cuya cerviz altiva, he de avivar con el fuego, de mil dichas repetidas. Porque dure en los oprobrios, y en acciones siempre indignas permanezca, y persevere, y para que a esta indigna Religión, desterrar haga de la Ciudad, pues que quita el tributo de las almas que a mi Rey se le debía. La paz del Señor gustosa, siempre en esta casa asista. Y siempre le libre, y guarde, del infame de patillas. No es bueno, que este tiñoso, haga que a las diez del día, tenga por desayunar a mis tristes alforgillas. Si le tuviera en mis manos, le diera tal diciplina, voto a Cris. Téngase hermano, posible es, que así se irrita? Ya no me detuve al tó, un perro hacer más podría. Qué es esto? pues en mi casa padres que buscan? Qué linda cara padre Fray. Alberto, le ha causado nuestra vista. Callad hermano Marforio, y con la fe siempre viva espere, que no nos falte la providencia divina. Señor, la miseria grande, en nosotros repetida, hoy a tal grado ha llegado, que a la mísera Familia el alimento más tosco, para coniervar la vida le falta, y triste padece, continuadas vigilias. Vos, señor, en quien compiten la noblece, y bizarría, pues la piedad en un noble, es acción la más lucida. Ejecutad lo piadoso, y aliviad nuestras fatigas: así el Cielo multiplique, vuestros bienes, con la dicha que suele el campo labrado multiplicar las espigas. Pues ciento, por uno vuelve, desmintiendo a la avaricia, y el pago de esta limosna, por cuenta de la infinita bondad quedará, la cual nunca las deudas olvida. Y en las oraciones nuestras, (aunque personas indignas) le pediremos, que os pague tal bien, con futuras dichas. El lo hará como agora llueve guebos en torrilla. Aquella humildad tumenta . el incendio de mis iras: pues yo armaré de rigor a César, porque abatidas, se vean todas sus fuerzas. César, di, como no miras, que te engaña aqueste gente, con fingida hi pocresía? no ves que de las haciendas, son codiciosas polillas, y puede ser excusado, de que en la Ciadad asistan? Pues solo con decirellos, que su regia les limita, el no manejar moneda, y que de limosna vivan, les manda todas las cosas, lleva a un precio sucodicia, y a los pobres miserables, aquella limosna quitan. Remedia tú, aqueste daño, pues eres piadoso, y mira que es el remedio eficaz, si a los principios se áplica. Hay más de ponerles fuego, y después a sus cenizas, en átomos por el aire con un aliento esparcirlas? Ea Césaranimoso, no a la repuesta desistas, hasta cortar las cabezas, de aquesta dañosa hidra. Pues yo prometo de obrar. hasta hacer que mas no asistan en la Ciudad, o en mis venas, no habrá sangre Gebelina. Perezcan, pues que las almas, al reino de horror le quitan. . Padre Guardian, pues lo piensa, el nos dará en las costillas. Viven los Cielos, infames, que si acaso la atrevida planta ponéis otra vez, en mi casa que la vida, ha de ser corta venganza, para apagarme las iras. Pues no es bien que con conciencia, que por buena ellos predican, anden usurpando haciendas, como avarientas hormigas. Trabajen, si es que pretenden hacer rica su Familia, porque el ocio, padres míos, siempre mísero mendiga: Roberto, vamos agora, a vencer otra porfía. Que crueldad! alguna fiera, en sus entrañas habita. En infierno, que el agravio, ya le venga mi malicia, y pues os doy la victoria, tiencid que yo solo viva. Porque el odio padres míos, siempre mísero mendiga; hauemos que dado buenos, digo agora se marchita? Aquesta es causa del Cielo, y él cuidará de asistirla. Que en cuantas casas entramos suceda una cosa misma. De gracias a Dios por todo. Fuera carantoñeria, pues mal podré darle yo, lo que no tuve en mi vida; vela aquí que se ha cumplido lo que cierta viejecita, me dijo una vez muy tierna. Si a un Sastre, hijo (decía) encontrares al salir de tu casa, en aquel día, no esperes que cosa buena; te suceda; y por desdicha, esta mañana via uno, de la angustia esencia quinta. Olantes viera un demonio, o a una tigre de Hircanía, mas no, que una tigre es gato, y efectos de Sastre haría. No des crédito a esas cosas. Como que no, por la vida de una suegra, que no hay cosa que más al tiempo resista, que son más que verdaderas. En la Majestad Divina fue, que siempre consuela, a las almas aflijidas. Y entre tanto padre mío, lo han de padecer mis tripas? Entremos en esta casa, no desconfíe tan apriesa, del poder de Dios inmenso; diga, en el campo no mira, como viste tantas flores, y de colores matiza? como en la región del aire, sustenta las avecillas? No advierte pues, como al hon- que es su se meranza misma, (bre, quiere que falte? ea ande, pretende una diciplina? Nequeuácuám, digo, señor, que será como lo afirma, más por Dios que lo del Sastre, que es verdadero, y ainda. Aguarda pálaro aleve, que después que te cebaste con mi sangre, veloz mides la baja región del aire. Pero qué digo? (ay de mí! que dolores me combaten) con quien hablos dada veo, desváncclo sombra fácil. O qué mal rato he tenido! que muche al anegarme, en un dilo epenas, y un píélago de pesares! H Ya señora, gar dí, confueme tú me mandaste, el papel pero que veo? señora, quien fue el cobarde, envidioso Austro, o s O, ladrón, o Pirata infam que tanto jazmín, y rosa, que en ti florecían fragantes, sin que temiesen tu enojo, se han atrevido a robarte? Es una duda, un temor, es un rayo penetrante; mil dolores, mil tormentos, que las entrañas me parten. Comunicalos conmigo, serán menores tus males. No sé si podré conmigo, sin que a deshacerle basten, en la garganta apretado, y sin que de ahogar me acabe, no deja tejer razones, ni las palabras formarse. Apenas partiste Flora, para que a César llamases, cuando a este jardín bajé a esperarte, y a esperarle. Acerqueme al cenador, pidiendo que te prestase, por un rato amor sus alas, porque con ellas volases. Y sobre un cipres infausto, treparé de allía un instante, que una tórtola cantaba, con gemidos tan suaves, a un tiempo cantando triste, y al mismo llorando grave, con instrumento de llanto, al compas de sus pesares. Hacia un concierto de entrambos, tanto al oído agradable, que en la requemada alfombra, de tanto florido esmalte, me suspendia poco a poco, el dulce canto de el ave. Y de mí, propia homicida, gustosa quise entregarme, del sueño al triste letargo, y de la muerte a la imagen. El golfo del sueño (a pena!) iba rasgando mi nave, pareciéndome que al mundo, sombras le ceñían cobardes. O bien parecía un trono, a quien funesto ropare vestia, y en cuyo Solio, por espacio no muy grande, quería el triste silencio, subir él, a gobernarle, Cuando (oh triste memoria!) alaja inútil, e infame, que a un desdichado le cobras, cuando le acosan los males? Yo sé que no le dejaras, si altivo pudieras darle, en una intrincada selva, de fuertes robles, y sances, me parecía que estaba, ejecutando impiedades, ya en la tierra, con los brutos, ya en el viento, con las aves. Y al fin de ser fatigada, llegué donde los cristales, de un arroyo me brindaban, en vez de copa fragante. Acerqueme, yy en su espejo (aquí empiezan mis pesares! me vi (qué dolor tan fuerte!) el rostro (qué triste lance!) bañado (qué cruel ansia!) en rojo, y púrpurco esmalte, dilatándose en fuentes, iba aumentar sus raudales, un nobsi; reparé luego, torpe, hambriento, y que a la margen, del arroyuelo atrevido se cenana con mi sangre. Y sin que el vuelo pudiese, alzar de suelo cobarde, noturno palaro luego vi, que en vez de mis corales, le ofrecía al nebsi un cebo, más que el mismo Sol brillante, y él después (qué largo mal!) dio muestras de no acetarle. Llegó al fin, y le gusto, y al punto (prodigio grande!) de nueva gala adornado, se vio el que torpe era antes, el que postrado se vio, iba midiendo los aires. Yo entonces, de ver airada, que el ingrato me dejase, después que su furia hambrienta, había apagado en mi sangre. Yna repitiendo quejas, y acusándole de infame, al mismo tiempo que tú Flora a este sirio llegaste. Mira si tantos tormentos, ansias, sustos, y pesares, bastan para anegarme (dales? . Pues ya esta cerca, si vos de llanto propio en liquidos ran. para consolar tus males, y que tu melancolía, aquesos efectos hace. Ay Flora! que este es aviso, que solo del Cielo nace, y temo que ha de ser César, aquella torpe, y vilabe: pero la puerta han abierto. Y es tu deseado amante. Pues guarda tu esotra puerta. No habrá en estar vigilante, ni en acechar lo que hubiere, vecino que se me iguale. No en valde dueño querido, al entrar por la agradable, estancia de este vergel, conocí vuestros pesares. Pues el estar sin acierto, toda esa escuela fragante, el vestir luto las plantas, y gemir roncas las aves. De qué proceder podía, si no es de ver que arrogante nube de disgusto eclipsa, al Sol que adoran amantes? bien finios y así señora, decid, decid de que nace. vuestra pena? y el ladrón, que el carmin rojo al semblante, de vuestra rara hermosura; para que pague el vitrale? A déndote visto, César, desvanecieron mis males. la Oácabe ya de llegar aquel día, en que la errante estrella que nos oprime. fija en las dichas se halle. sois como decís amante. Basta decirte que es sueño, . Que apenas me des la vida, cuando quitármela trates? porque causa has presumido, con dudas que te combaten, que yo pudiese fingir, este incendio que en miarde? Mas ya tu razón conozco, y que no es posible amarte, pues vivo sin corazón, porque tú me le robaste. Y no es mucho te parezca, mi amor de tan bajas partes, si tienes dos corazones, tu para poder amarme: dame el uno, y sea el mío, verás si yo sé adorarte. Puer a pesar de los Astros, que nuestras dichas combaten, hoy las hemos de lograr, postrando dificultades. Qué hay de nuevo, por tus ojos, mucho tuviera que hablarte, más es fuerza que si viene Carlos, que juntos nos halle, Y fuera grande locura, siglos de felicidades, arriesgar por breve rato, que puede causar pesares. Y así brevemente César, te diré que vigilante, en tus acciones mi hermano, anda, y noticias muy grandes tiene, de cuantas finezas, por mí en todas partes haces. Y como sabes que tiene, ya tratado de casarme, con el Conde Otabió, que es uno de nuestros parciales. Y a este tiempo los extremos (que pudieran excusarse) tuyos, sabiéndolos él, motivo ha sido a que antes, de lo tratado apresure, lo que no ha de ser muy fácil, que consiga, aunque la vida, que amenaza de quitarme, si a su gusto no me allano, mil veces llegue a costarme. Y así, César, esta noche, te esperaré más constante, para poder conferir, sin que nos lo impida nadie. El modo para surcar, este piélago de afanes, en que naufraga, padece el alma tantos pesares, pues sin ti no quiero vida, que ha de ser para matarme. Con esa resolución, envano temes cobarde, pues serás mía a pesar, de quien impedirlo trate: ya va acercándose al puerto, . de mis deseos la nave. O qué dichas me prometo! . Oh cuantos te esperan males! Y dime, firme serás? Y tu di, serás constante? Competiré con las rocas. Excederé los diamantes. Pues noche, apresura el velo. Sombras, ocupad los aires, Porque a los lances de mor. Porque a las almas amantes. Las tinieblas son horrores. La noche es Sol más amable. Señores, que viene Carlos, vámonos de aquí el instante. Pues César, a Dios, a Dios. Él a vos, señora, os guarde. O quiera amor, que no seas tú, el égnima de las ave! O quiera amor perseveres, sin los riesgos de mudable!) O quiera amor que estás cosas. al fin no nos de calabren!
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA d Si el sentido no me engaña, que van mácuinando sombras, en el cuarto de Rosaura, hablar he escuchado agora. Hay honra puesta en mujeres! cual en un árbol las hojas, que al primer Cierzo se rinden, y el Euro blando las sopla. Ya me questas un cuidado, y ya vengarle me importa, pues si un escrúpulo queda, queda con él la deshonra. is, , Onunca señora o nunca apareciese la Aurora, bordando el campo de perlas, para darme a mi congojas. O nunca lozana; y bella, viviese auyentado sombras y pintamente con ellas el alma, y vida me roba, no gozaba en la Noruega de esta suerte tan dichosa, donde dicen que en seis meses, no pasea su carroza. O no tuviese las llaves, de la habitación hermosa, a donde ufana reparte, la luz con que el campo dora. Yo hiciera, pues es mujer, aunque se aclamase Diosa, que aprendiera a estar en casa, sin faltarme de ella un hora. Y despojandola luego de los rayos que la adornan, hiciera mi dicha eterna, sin estorbos, ni zozobras. Señor lo dices deberas? De nuevo siempreblasonas; pues me preguntas lo que sabes que finjo con todas. Yo te creo esa fineza, y agradezco la lisonía; vete si bien no reparas, como despierta la rosa, viendo que se acerca el Alba, pues deidad a quien adora, y Sacerdotiza el manto, de Real púrpura se adorna, por querer sa crificarla, víctima haciendo ella propia, holocaustos de fe, en humos. de su fragancia olorosa, sacrificio que al sin dura, hasta que surqué las olas, y a darluz a otro emisferio, de su presencia se esconda, y entonces ella rodeada, ya de mortales congojas; inclinado el verde cuello, y desmayadas las hojas, el espíritu fragante envía la deidad que adora, Si lo adviertes, como, como de la mamoria lo borras? vete mi bien, vete, vete, no te detengas agora, mira que dichas de un año, un instante las malogra. Ya me voy, mas temo cierto, que pues eres tú mi Aurora, en faltándome tus rayos, se desvanezca mi pompa. A Dios dueño mío; y cuando al Alba veas a solas, dila que pues presto vino, no se vuelva perezosa, que es mujer, y fácilmente os servis unas a otras. Que yo entre tanto estaré preveniendo algunas cosas, porque en llegando la noche, cuando más la ciñan sombras, para llevarte a mi quinta, aquí traigo una carroza, y a si oculta como sabes estarás. Aquesta es otra, él la cabeza la llena de viento, sin ser pelota. Señor, señor. Qué tenemos? Que es lo que te asusta Flora? Un hombre se va acercando, siéndole Norte una antorcha, y salir será imposible, sin que antes nos reconozca. Mi hermano es, triste de mí! Que lo sea, poco importa. Para provar mi inocencia, aquí desdoblo la hoja. Yo sabré provar la mía. Cómo? Escurriendo la bola. Oh como infaustos sucesos anuncia el alma a mi costa! Ya amor descubrió el secreto, en miende el acero agora, en advertencias causadas de estas plantas perezosas. No te muevas por mi vida, con Roberto entre esas hojas, César, puedes esconderte; pues hallándome con Flora, diré que entre aquestas plantas divertía mis congojas. Y si tu hermano me ha visto, acción fuera generosa, que libiando yo mi vida, librabe yo tu persona. Eso no, yo he de guardar esa vida a toda costa: aquí detrás te retira. Lo mismo te digo, Flora, digo, que milagro es este? Esto es hacer que conozca Carlos su agravio, y que soy quien la venganza le estorba, y venga lo que viniere. Vaya, y manos a la obra. Toda la casa he mirado, nia Rosaura hallé, ni a Flora; mas si no es ilusión mía, ruido siento entre estas hojas? Hojas, si fuistes testigos de alguna acción afrentosa, para que el agravio vengue, sed ojos de Argos agora, y descubridme el ladrón, que mi honor luciente roba; pero que veo? aquí está la causa que me deshonra? Monstruos, que el templo sagrado profanasteis de mi honra, lavaré con vuestra sangre la mancha que la inficiona. Mal conoces mi valor; más desluciérase ahora, si derrámara mi acero sangre de tus venas sola vete libre, que por uno aquí el valor te perdona. La razón llevo conmigo. Él a la muerte se arroja. Qué haré yo? válgame el cielo! en tantas desdichas, Flora? Eso dudas: a la vida acudir, que es ante omnía, mientras se dan de las astas: huyamos presto, señora, saquemos nuestras reliquias, y luego árdase Troya. Vamos, pues, así en un punto la fortuna el bien mal logra. Muerto soy, Cielos piadosos) No madrugara a deshora. Ufano el brazo ha quedado, de verter la sangre roja de aquese atrevido loben: pague la vanidad loca de impedir el feliz logro a mi afición amorosa; pero donde esta Rosaura? Rosaura, mi bien, señora. Aquí no está, vive Dios, que no son ellas muy bovas. Pues el buscarlas. Roberto, es primero lo que importa, y en hallándolas, tratar de salvar nuestras personas. Paréceme que las doce serán ya, grande congosal no hay almirez que no avise, que está cocida la olla; y que seancpará mi tan menguadas estas horas; que siempre de claro en claró las pasacon luz en boca? Sin duda nací en menguante de aquesta Luna roñosa; y fue menguado mi padre, menguada mi madre propia; pues menguando cada día doy en recoger limosna. Dime estrella Marimenga, hay qué menguar otra cosa? ménguame un poco la hambre, o si no, a la más remota parté del mundo me lleva, aunque sea a Calaorra, que es la mayor maldición, que jamás echó persona. Seis meses ha que no pruebo, ni aún un mal caldo de zorra, consiente que para hacerlo, un corro siquiera coja. Que esta mañana saliese a pedir con mis alforias, y con más de mil perdones volviera, sin ira Roma? Pues fortuna; di, hasta cuando en lo bajo de tu bola me has de tener, sin que un día me dejes harrar de sopa? Pero tratemos hermano de espulgar nuestras alforias, y ver si hay algo con qué entretenernos ahora; mas no sea que algún Fraile nos eche a perder la obra. Lleve el diablo al que me ve; alto, pues esta es la bota: que talle? qué bien parece? a fe que está muy airosa, y que en tener mucho aliento muestra ser grande persona. Este es un pastel de a cuarto, que me dieron de limosna; estaba por no comerlo, porque el alma se congoja en pensar en este muerto, que era tan bueno en sus cosas, que él, y un jumento decían, que eran una cosa propia, estos mendrugos, y queso. Deo gracias; pues tan a solas, que hace el hermano? Yo, nada: que hubo de venir ahora? B Qué es eso que está ocultando, vuelva, vuelva, no lo esconda. No, no es cosa de importancia. Averiguarlo me importa. Es Vargas su Reverencia. En tiempo de tal congoja, de tal angustia, y miseria, guarda para su persona las limosnas? Yo guardarlas? a entregarlas iba todas al Padre Resitolero; y esta es verdad tan notoria como hay en ventas garazos, como hay calbas en las monas, como hay sarna entre estudiantes, como mulas ay Dotoras más que sus amos mil veces, como en pasteles hay moscas, y como es verdad, que nuzca Poeta la halló en la bolsa. T. . Muy bien está; en penitencia, todo eso al cuello se ponga. Que no soy creído? Obedezca, y no responda. Ya obedezco, y ya me voy, a Dios pastel, y a Dios bota, puesto que habéis peligrado de las manora la boca. Padre, y Señor soberano dulce amor, tierno cariño, consuelo de nuestras almas, y en nuestra pobreza abrigo, padre de amor tan inmenso, que al hijo que va perdido, una, y mil veces le acoges, como vuelva arrepentido. Señor, tan piadoso, y franco, para tus siervos indignos, que por que tus hijos sean, a muerte entregaste al Hijo. Hoy tus hijos, y tus sigrvos desobedientes, y huidos a tu rebaño se vuelven vergonzosos, y contritos. Muchas han sido las culpas, grandes fueron los delitos; mas tu gran misericordia absuelva al arrepentido; y para darnos en tu pecho abrigo valganos ser tus siervos, y tus hijos. Vuelve, Señor, por nosotros, danos tu favor, y aujilio, para poder abatir las fuerzas del enemigo. Señor, esta causa es vuestra, solo sois el ofendido; pues persigue vuestro culto, y quiere verle abatido. No venza la feroz bestia, perezca este monstruo indigno, arropellense sus furias, ríndale sa orgullo altivo, no triunfante; y vencedor, no ufano, ni presumido se vea; porque soberbio tanto nos ha perseguido. Y para darnos en tu pecho abría go, valganos ser tus siernos, y tus hijos. Tú, Señor, que tan piadoso librastre a Adán del abismo, y libre sacaste a Pedro del piélago de Zafiro, y a Pablo le libertaste de fe, y caridad prodigio. Tú nos defiendes, y amparas, danos sustento, y abrigo; pues eres el que a tu pueblo lloviste dulce rocío, y diste a mano mortal virtud, que eminente risco rompiese, y sacar del monte humor puro, y cristalino. Renueva, pues, con tus siervos tanto milagro, y prodigio; y pues no es el mérito uno, que supla tu graciar pido. Y para darnos en tu pecbo abrí- go, valganos ler tus siervos, y tus hijos. Y vos Serafin humano, retrato de Cristo vivo: tú que el trono, y solio ocupas, que gozó aquel monstruo altivo, vaso de amor, y humildad, y de Jesús tan valido, que él en Francisco se mira, y tú te miras en Cristo. Sed el medianero vos, pera alcanzar este auxilio, que si Frandisco lo pide; ensalzado al culto miro; y para darnos en tu pecho abri- go, valganos ser tus siernos, y tus hijos. En vano lo esperas ver; pues se arma contra Francisco todo el poder del infierno, y todo junto el abismo. Cómo, si vuestro padre es, no vuelve pues por sus hijos, viéndolos desamparados, pobres, tristes, y abatidos? Decidle, que al campo salga, que solo le desafío; porque conozca mis fuerzas, y nunca domados bríos. Salga a vengar sus injurias, pruebe a torcer mis disignios; mas pues me escucha, y no sale, teme sin duda el castigo. Vosotros alada turba de sequaces, y ministros, que me asistis invisibles a ejecutar mis arbitrios. Al punto partid, y al punto buscad sus lagos estigios, penerrad el centro oscuro, y llegad hasta el indigno sitio, a donde está la Regia de nuestro Monarca invicto. Referidle las hazañas, los hechos, y casos dignos, los sucesos, y tragedias con que dañamos al siglo. Decid, como ya en Berona, a los hijos de Francisco, ya el pueblo les aborrece con tal rencor, que colijo, que ellos les persiguen tanto, y aún más que nosotros mismos, Que las limosnas les faltan, y al verse tan abatidos, es fuerza que errantes vayan miseramente mendigos. Que en término de seis meses nuestras fuerzas, y designios obraron tanto, que todos, hombres, mujeres, y niños no se acuerdan ya de Dios, mas pecan inadvertidos. Y al fin, decid que los bandos de Guelfos, y Gebelinos, por César, con más rigor arden, y están encendidos; y que en la campaña asiste, haciendo viles delitos. Esto, con lo que yo callo, pues habéis sido testigos, a nuestro Rey le decid, repitiendo el aire herido, al son de tartarea trompa, vitoria por el abismo. Mas como, decidme, inmobles, y perezosos os miro; mas ay de mí! ya conozco la causa de este prodigio; pues reparo, que una nube, acercándose a este sitio hojas de púrpura, y nacar despliega, y un Paraninfo en ella viene cantando, lo que aflige a mis sentidos. Quín sirviere a Francisco, le abrigará en su pecho, como a su hijo. Espíritus insernales, monstruos soberbios, y altivos, los rayos no conocéis con que Dios os da castigo? o en desprecios, y en afrentas en que os miráis oprimidos de la miseria mayor; y aunqueréis ser presumidos. Eijo está, que haya de ser la Religión de Francisco la Coluna, que sustente la Iglesia de sesu Cristo. A qué resistir al hado, y al cielo irritar divino: id al Reino de las muertes; y de pena oscuro asilo; y allí en las del mar nocivas usad de vuestro dominio. Así moved guerra, y bandos, dadles penas, y martirios, presto dejad la luz bella, y sepúlteos el abismo. Y a mí porque me detienes? o que volcanes respiro! déjame, o verás que el mundo cruje flaco a mis bramidos. A ti, que de estas legiones eras infame Caudillo, quiere Dios agora darte un nuevo, y mayor castigo. Y pues a los siervos suyos tanto les has perseguido, y en esta Ciudad sembraste cizaña, y en sus vecinos, Dios te manda, que al momento a la Casa de Francisco. vayas, y que en ella asistas de su habito vestido, que prediques, y publiques la dotrina de sus hijos; de su Religión las obras, que enojos quitan a Cristo, y a todo el pueblo, que agora cámina errante, y perdido; el temor de Dios adviertas, y sus divinos castigos. Esto de parte de Dios te mando, y te doy aviso, para que conozcan todos, que hace su poder divino, al instrumento de ruina, instrumento de edificio. Oye, espera, escucha, aguarda, so que dolor tan activo!) como es posible que yo (infierno socorro os pido) pueda ser predicador, y de su habito vestido? Antes muera yo viviendo mil veces, con mil martirios: como les podré decir, ni enseñar el buen camino, si mi oficio es solamente guiarles al precipicio? Pues cómo, bruto, réplicas, sin tener nuevo castigo? Ay de mí! ya te obedezco, y ya mi orgullo corrijo: ay de mí! rabiando muero, ay de mi! rabiando vivo, Quién sirviere a Francisco, le abrigará en su pecho, como a su hijo. Ah de las Ciudadanas de ese monte, rústico Rey de todo este horizonte, a cuya pesadumbre ya parece, que creje el mar, la tierra se estremece. Aa de ese escollo, que fulmina rayos, del pasajero, horror, susto, y desmayos. Ah de los pechos, que yo estimo fuertes, mientras que son crueles en las muertes. Ha del monte otra vez, furor insano, dejad su cumbre, pues, bajad alllano; y mientras retirado en esta parte, yo excedo la crueldad del fiero Marte, sed Argos que veléis en mi venganza, la piedad olvidando, y la templanza. No perdonéis al peregrino errante, no a la flor de la Aurora dulze amante, no a la fiera que habita en la maleza, no aleve, aunque se fíe en su presteza; mueran todos afuerza del destino, la flor, el ave, fiera, y peregrino. 1. Dinos que mandas? 2. Tu intención declara. Habla, que ya nos tienes cara a cara. Compañeros valientes, osados, valerosos, y prudentes fieles amigos míos, al corale añadid hoy nuevos bríos; pues necesito de bizarro aliento, para lograr un animoso intento. El hablaros por modo tan extraño, no es porque César tema ningún daño, que el temor no se alberga en pechos nobles, allá vive entre plebe, y entre robles; y pues mi gente guarda la floresta, oíd, pues, porque la causa es esta. Del suceso de aquella noche oscura; por quien la libertad, y la hermosura de Rosaura perdí, tenéis noticia, que se empeño en bulcarme la justicia, que Carlos de la herida. sanó y cobro otra vez aliento; y vida, que juró noble, y fuerte. que ha de vengar su agravio con mi muerte; y visteis todos luego, de los bandos arder el tibio fuego, y aquel volcán en la irascible fragua, adquiriendo la sangre virtud de agua, resucitó otra vez con mayor llama, tanto, que a sangre, y guerra el pecho infiama. Que ese sirio escogí con mis parciales, donde el bien se destierra, y viven males; y donde vimos a esa estrella errante, seis veces de luz rica, y seis menguante. Superflvo es resistiros, este caso, pues le sabéis, a lo que importa paso. Desde la noche que bañó la tierra (quien cámina entre sombras, que no yerra? Don Carlos con su sangre, en un Convento vive Rosaura, y del poder violento se guarda, y del tirano rigor, con que amenaza el fiero hermano: palabra le dio a Cristo de ser su esposa; mas después que ha visto, que la Regla es estrecha, y la clausura, quiere dar libertad a su hermosura; y al sin quiere que venza este cuidado yo con la industria, que ella me da avisado, para que en la Montaña, por Reina la aclaméis de la campaña. Yo amigos, que pretendo, que mi furia a mi enemigo añada nueva injuria, cuando precipitado el tubio coche, muere en el día, y reina ya en la noche, iré al fin con vosotros, y la pena con que amor a Rosaura la condena, desterraré. . 1. Tiradles, y de ese precipicio despeñadles. Pero qué nuevo ruido es este, que apercibe nuestro oído? 1. Una tropa es de pasajeros. A socorrer a nuestros compañeros vamos, mientras la noche se apresura, Vamos por el atajo a la espesura. 1 Obiervaré cual leyes tus preceptos. 2. Conocerás con obras mis afectos. , , no he de estar un hora en casa, es hecho Padre mío, no he de estar un hora en casa soy tántalo acaso yo tener mucho y probar nada Posible es Marsorio, hermano que tenga ignorancia tanta, que no advierta, que el demonio de esta manera le engaña? Que ha de engañar, es acaso de Camalcón mi panza, que a bocanadas de aire se sustente regalada? Si no hay que comer, que quiere? déjeme Padre, que vaya a buscar por ese mundo, quien mi hambre satisfaga: aunque no hiciera muy poco todo el junto en apagarla, que el mar se me hiciera un sorbo, y la tierra una ensalada. No esperará cuatro días, pues sabe, que ya se aguarda la orden de nuestro Padre. General, que en Rómase halla, para ver que determina en miseria tan estraña? Pues como Padre piadoso, conociendo nuestras ansias, es fuerza que otro lugar nos señale por estancia. Qué espere? linda comida es un plato de esperanza, para quien tiene la boca del comer tan olvidada, que como cosa vacia, y en diez años no alquilada, pueden sacudirla el polvo, y limpiar las telarañas. Ay de mí! que ya comienza este dolor, y esta rabia a abrasarme el corazón, y a deshacer las entrañas! O si pudieran de un golpe destruirme aquestas ansias, que sin que vivir me dejen, nunca de matarme acaban! Crie Dios nuevos tormentos, y nuevos infiernos hag y quíteme este sayal, que más que el fuego me abrasa. Mas ay de mí! ya reparo, que ejecutar lo que manda es fuerza; y así rabiando, ya obedezco su palabra. Allí está el Padre Guardían: yo llego, ay de mi! Deo gracias; mas como gracias le doy. puesto que perdí la gracia? Pardios que es esto muy bueno, y esto solo nos faltaba, que se añadiese una boca, cuando no hay media pitanza. Nuestro Padre General, desde la Corte Romana, por Predicador me envía de aqueste Convento, y casa, está mi obediencia es, y para el Padre esta carta. Si a Dios fui desobediente, . cómo esta obediencia me ata? Llegue, pues, Padre a mis bra que yo quisiera en el alma (zos, por ser hijo de Francisco, darle más digna morada. Pues de mi condición creas, que es tan sencilla, y tan llana, que se paga solamente de ver que me ofrece el alma. Oh cómo a saber quien soy, . ella al guésped reusara! El alma se regocija al romper la sobrecarta: sin duda viene algún bien, conforme a nuestra esperanza; Pues por boca del contento el alma ya lo declara. A mí todo me entristece, iodo me esusta yar nn, que mucho, si aún las Gallegas, (conserlo en cuanto ellas trata) (y que ya en afrentas pasa) estos que sin ser cuadrupedos, Gallegas coces desparán. (y es lo bueno que de todas, de su mano antes se pagan) dicen que el gusto no entra, hasta estar la panza farta. Pues no está bueno elhermano? y así padre, un compañero así el Guardían le señala. Antes por ser yo tan bueno, . A cepos quedos jugamos, que me he ido en hora mala, pues cuando aquestas limosnas, y de cepa de verdugos, lleno para en regárselas, me halló el padre, y dijo que de comer me las trataba, y me trató como a un niño, pues dijes hace que traiga. Es verdad, y a un hay quien diga, No se aflijan, no se afliran, que todo lo ha hurtado en casa: o fuerza, y poder violento, . que a fingir así me arrastras! El diablo se lo dirla, que es padre de las patrañas: bachillérito es el padre, que nos ha venido a casa. Como el oro, que en el fuego, se apura, limpia, y aclara, así con persecuciones, dice la virtud se ensalza. Y así en aquestas tan grandes, que prosigamos nos manda, nuestro padre General: y al fin para remediarlas, de este padre el medio elige, por ser de vida muy santa: la divina providencia, alienta mi confianza. Tan Santo fui, que llegué . . Deje padre, que postrado de la Trinidad Sagrada, a un tiempo agozar, y ver, boe os giganza. la estencia, que otro Aunque por el odio grande de este pueblo, la miseria que nos aflile, es ya tanta, que da Dios, que de la guerta se ha alimentado la casa. El morir será la menos, antes que volver la cara; tendremos más en las ansias. cena seré yo borracha, decenderé yo, y mi casta, y en un cepo yo me vea, entre suegras, y cuñadas, si en no habiendo que comer, no colgare la sotana. porque el sustento les falta, por agora padres míos, tomen aquestas viandas, que de limosna me han dado. (o pena fuerte, y tirana!) Y aquestas persecuciones, con que el pueblo les maltrata, en alagos, y cariños, esperen verlas trocadas. Que deun enfermo remedios. . cuando para si no le halla? y que yo el ministro sea, que me martirice el alma! o pesia solo a mí mismo, pues solo he sido la causa! O divina providencia, y cuanto hierra, y se engaña, el que de ti desconfía, y aparta sus esperanzas. la boca ofrezca a esas plantas, pues la restituye oficio, de que estaba juvilada. A escárpines del infierno hieden, por Dios que traspasan; y así Dios le libre, y guarde, de Dueñas, Sastres, y trampas de pleitos, y de soplones, me diga como se llama, para escribirle un elogio, que atrompetece la fama. Levante hermano del suelo, y esos extremos no haga, Fray Ángel Infeliz soy. Antes feliz le llámara, pues nos sabe hacer felices, remediando nuestras ansias. Fui válido, en otro siglo, de un Rey, que me hizo de nada, una batalla perdí, y al fin con ella la gracia: desterrome de sus Reinos, y por tan grande mudanza, siempre me llamo infelice. Cierto que fue gran desgracia. Ea hermano, deje agora, a una parte aquesas chanzas, y entremos a consolar, los obejuelas que balan, y sea de hoy más compañero, del padre Fray Ángel. Santa elección, con gusto grande obedezco lo que manda, que yo no meire, si hay olla aquí, y en ella grasa. Yo a otra parte me encamino, porque a pesar de mi rabia, es fuerza que yo repare, ruinas hechas por mi causa. Aquí podréis esperarme, y un tiro será la seña, si algún acaso os empeña, que daréis para llamarme, Parte ya, que prevenidos estamos, y tus intentos logra pues que siempre atentos estaremos, y advertidos. Y tu divina hermosura, agradece este desvelo, pues voy a librar tu Cielo, de tan estrecha clausura. Mas que temor por las venas, casi inmoble me ha dejado, todo el pecho me ha ocupado, que vivir me deja a penas? Allí cruzan por el viento, monstruos, cometas, y rayos; aquí me causan desmayos, el ver al Cielo sangriento. Allí se rasga una nube, arrojando vivo fuego; veo aquí confuso, y ciego, una exhalación, que sube. Allí aquel Templo Sagrado, sobre mi caer parece; la tierra aquí se extremece, y al centro me enseña airado. Mas qué importa, que el infierno, se le oponga a mi valor? si no han de causarme horror, todos los monstruos de Averno, Bárbaro espera, detente, donde vas? qué determinas? que piensas? o qué imaginas? arrojado neciamente? Quieres el Templo, y Sagrado, profanar de esta clausura? mira, que aquella hermosura, a Cristo palabra ha dado, de que ha de ser su esposa, seréis adultero a Dios, cuando en otro sabéis vos, que es acción tan afrentosa? Tuerze, pues, tu pensamiento, no miras al Cielo airado, su luz en horror trocado, al ejecutar tu intento? teme su castigo justo. Y aunque tarde la venganza, será muy loca esperanza, creer que falte: por un gusto una eternidad malogras? Mira que Dios en su nombre, el bien, o el mal, simpre al hombre, reparte según las obras: y no sabes imprudente, si para ser condenado, el cometer un pecado, te falta a ti solamente? Monstruo, sombra, o fantasía, que el paso impedirme intentas, con lo que dices me aumentas, y me añades osadía. Vete, y no estorbes mi intento, si no es que tienes antojo, Si por mitarte vivo, abres los ojos, de que irritando mi enojo, átomos te esparza al viento. Pues ya que al aviso mío resistes, los ojos vuelve a ese esqueleto con alma, que con silencio elocuente, con desengaño te avisa, para que ese arrojo enfrenes. Válgame Dios! qué he escuchado? que miro? qué asombro es este que me acobarda los pasos? cuando a los ojos se ofrece, unos renglones se miran a sus pies, que mudamente, rémoras son de la vista, qué mis impulsos suspenden? misterioso es el aviso; leo, dicen de esta suerte. porque los cierras, cuando te ves muerto? duermes, cuando conviene estar despierto? y velas solo en dar a Dios enojos? A las flores suceden los abrojos: el que ayer fue jardín, es hoy desierto; tú solo piensas que el vivir es cierto, y que a tu fin no debes tus despojos. Dime porque, si a este cadaber miras, aunque nunca te dio temor la muerte, gime tu corazón, y tu suspiras? Hay que tú ser! de tú no ser te advierte, y verás si en ti mismo te retiras, que un sepulcro es la cifra de tu suerte. Pero qué importa este aviso? harto tiempo el hombre tiene para enmendarse, que agora resistir mi amor no puede, esta advertencia, que tarde llega ya, pues solamente, áspiro al triunfo dichoso, de conseguir ims deleires, logrando solo mi guito, y venga lo que viniere. O monstruo el más prodigioso, a quien no ablanda, ni mueve, la amenaza del castigo, ni el semblante de la muerte. Entra a logras tu deseo, camina, cámina alegre, a romper esa clausura, y a conseguir tus deleites. Que si a pesar de mi rabia, te a consejé, que no fueses, cumpliendo de Dios el orden, y a el consejo con desdenes despreciaste; y así agora, pues el Cielo me concede, esta licencia, obraré como quien soy finalmente. Y este esqueleto, que ha sido, despertador mudo siempre, de los vicios de Rosauta, ocultarle me conviene, pues siendo fuerza el pasar, por aqueste sitio, puede, al mirar su triste aspecto, piadosamente moverse. Y lo que en César no obró, en ella obrar al fin puede; y invisible iré a inspirarlos, con las furias más crueles de mi pecho; que procuren, solo lograr sus deleites. Suelta César, quita, aparta, déjame, porque yo siempre, quiero aquí vivir llorando, ofensas hechas aleves, contra un Dios que por borrarlas; piadoso su langre vierte. Pesia mi cora el agora de llamarme te arrepientes? y de tus culpas agora, hacer penitencia quieres? Harto tiempo después queda, para hazarla, si quisieres: ea cámina Rosaura, que en vano más te detienes. , Espera César, espera, y atento, mira, y advierte, que a Cristo palabra he dado, de que seré eternamente su esposa, y así tu agora, no te arrojes imprudente, a hacer que de esta clausura, profane las sacras leyes. Y tu di, como no miras, que palabra de ser siempre mía, me diste? y que tú faltar a ella no puedes? y pues antes me la diste, antes cumplir me la debes? Si yo, pero; cómo? o cuando? tu razón, que indiferente, y que neutral está el alma, sin saber que resolverse! No dades, que mi razón, es la que más fuerza tiene. No, que el alma es sobre todo. y a Dios dársela conviene. Y la palabra? Fue viento. Y mi razón? No la tienes. La religión es estrecha. En ella yo vivo alegre. Y el mundo? Dejarle quiero Y los gustos? Son muy breves, y una eternidad me aguarda. Dios misericordia tiene. Y justicia. No lo dudo; mas su piedad siempre vence. Con aquesa confianza, pecado hacerno se debe. Luego quieres vivir triste? Sí, que hay castigos crueles. Así por Dios no me dejas, si no es que el castigo temes. Tengo culpas. Tiempo hay largo. Ligera es siempre la muerte. En un punto Dios perdona, Ese punto, faltar puede. Piérdase todo. Eso no. Pues sígueme. Eso es perderme. Pues tú me has llamado hijo, sin ti ya no he de volverme. Con sofísticas razones, hombre (ay de mí!) me convences. Ven, y no temas cobarde, que piedad hay en Dios siempre. Ya voy, que pues Dios me deja, haré lo que tú quisieres.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Muere atrevido a mis manos, y aquestas ásperas peñas, te sirvan de sepultura. Valedme Virgen inmensa! Así al que huella estás cumbres, domo la ceruiz soberbia. p. Quién Rosaura hermosa, ha sido el que enojó tu belleza? El que desde el Monte al llano, miro su altivez deshecha, pues al penetrar del bosque, la enmarañada maleza, con ese hombre de Berona, que espía sin duda era, encontré; y porqué a mi hermano, con el aviso no fuera, de la parte en que nosotros asístimos de esta Sierra, fue despojo lamentable, de mi vengativa diestra. Pues podía con la gente, que a Carlos parcial se muestra, asaltarnos de improviso, y cuando de que está cerca, de aqueste sitio su bando, tenemos noticias ciertas. Como el oído regalas con acciones tan sangrientas; como el eco del que muere, al pecho apacible sueña; por Reina de la campaña, bien la corona te asienta. Quien no aprenderá cuuelda. en tan honorosa escucla? (des, hasta Flora, con sus ojos está arrojando saetas. Y he le muerto? Muchas veces. Cómo vive? Aquesa es buena, con lo que matan algunos, no vivimos todos, reina? Parécele buena vida? No me parece muy buena; porque cierta cofadría, o hermandad, si nos encuentra, como a pierna de carnero, el cuerpo nos clavetean. Deben de ser liberales, pues que gastan tanta especia? Eso macho, aunque parece que la tiran por baliesta. A la sombra de estas hayas, que con su copa altanera, ser. Ganimedes pretenden, y subir hasta la mesa de Inpiter, para darle en ella, el roció por nectar: podemos todos sentarnos, mientras que pasa la fiesta. Bien podemos, que en la cumbre puestas están centinelas, y la gente repartida, está por esa Floresta. Ea camaradas todos, asiento haced de esas peñas. 1. Ya todos tu gusto hacemos. No hay quien no te obedezca. Para divertir las horas. perezosas, y molestas, centa Flora alguna cosa, y nuestras dichas celebra. Bien has dicho por mi vida, vaya Flora. En hora buena. Flora aquella zacarilla, del Estudlante poeta, que ha asentado aquí su rancho, puedes cantar, porque es nueva, Vaya par Dios, y atención, porque lajácara empieza. De los rayos de estos montes, . Mi hermano es, que conduce, de Rosaura, digo, y César, las más heroicas hazañas; todo valienté me atienda. Tres años ha, que entre riscos viven, y entre duras peñas, matando a cuantos parciales, . Santa Tecia, del contrario bando encuentra, Sin perdonar a los viejos, ni a los niños de edad tierna, pues es causa muy bastante, el que tengan sangre Huelfa. O que ruidosa armonía, un nuevo ser en mi alienta, al oír de mis contrarios, las injurias, y tragedias, Prosigue con sus victorias, porque todo el mundo sepa, que se allá entre aquestos montes, un nuevo, y segundo César. Carlos, de Rosauta hermano, con amenazas soberbias, cada día con su gente, les asalta entre estas sierras. Mas yo en los Cielos espero, que ha de dar triunfos sin quenta, a los dos fieles amantes, que edades vivan eternas. Vivan. Mueran los traidores, que mancharon mi nobleza, Pero qué clarín es este? y que voz confusa es esta, que con armonía, y estruendo, los aires agora pueblan? Allí estan, seguildos todos. Al cerro, al monte, a la sierra. por esta frondosa selva, una numerosa escuadra, y ya a este lado se acerca, al arma otra vez tocaron. Malo es esto. . que con pelotas de plomo, el viento aingar empieza. Este amigos, es el día que fortuna nos presenta, para que a pesar del tiempo, nuestra fama inmortal vea. Ya esta la ocasión presente, y así todos se resuelvan, para encontrar el troseo, que su valor le haga senda, Todos seguirte queremos. Niego aquesa consecuencia, porque no hay más honra que vivir, aunque sea en galeras. Mas que troncos son los hobres, que descubro en la Fioresta. Valgámonos de este monte, por cuya inculta aspereza, será imposible seguirnos. Tu vida el Cielo defienda. Sígueme hermosa Amazona. Presto señor, que se acercan. Apriesa cuerpo de Cristo, que cercarnos aquí intentan. No os libraréis de mis iras, aunque os sepulte la tierra, ni aunque pretendáis subir a habitar con las estrellas. A tan loco arrojamiento, respondo de esta manera. Muera el bando Gebelino, El bando de Hueltos muera. Amigos al otro lado del monte, junto a la selva, vamos todos a atalarlos. Soldados a ellos. Cierra. Guardad ese paso estrecho, porque escaparse no puedan. Rosaura. César. Del monte, toma esa escondidasenda. Por irsiguiendo el alcanze de ese monstruo, y de esa fiera, que con su aliento empañaron, el cristal de mi nobleza. Me he apartado de mi gente, y solo entre aquestas peñas, me he perdido; mas no importa, fortuna cruel, y adversa, que apesar de las mudanzas, de esa tu voluble rueda, no les baldrás esta vez, aunque ampararles pretenda, en sus pielagos el agua, en sus entrañas la tierra, en sus regiones el viento, y el fuego en su ardiente esferas Pues Delfin sulcare glosos, León mediré las selvas, rayo bajaré abrasando, infausto seré cometa, que contra el estrago suyo, en venganza de mi ofensa, conjurarán mis razones, agua, viento, fuego, y tierra. Daca un ochabo Manquillo, que el cuarto dío para entrampos, Mientes con ambas córcobas, que solo a mí me dio el cuarto. Mientes, a míl toma infame. Ay que me ha abierto los cascos! No teniendo calabaza. se excusa de algunos tragos, que siendo al princicio dulces, acaban siempre en amargos. Soldadillo arcabucero, que en tu vida no has gastado, tornillos para las llaves, por hucerlos tu volando; yo solo contra los dos, he de vengar este agravio. Pues di padrón de los días, porterillo de Pilatos; bisaguelo de Longinos, y tío carnal de Malco. Quien te mete agora en ser de aquesta defensa el vasco, cuando estoy yo de por medio? y sabes, que temerario soy tanto, que si te cojo de los pies, con esta mano, te he de arrojar hasta el Cielo, y fiiarte en él por Astro, porque seas, estando allá la estrella de los catarros? Veremos agora, como cumplirá lo que ha parlado: manquillo valor, y a ellos. A ellos, señor Soldado. Deo gracias, qué es aquesto? ténganse a la olla hermanos. A ese nombre venerable, venos aquí reportados: ea padre, en esta ortera eche unos tragos de caldo. Sosiéguese usté un poquito, que esto quiere más espacio; y demos antes las gracias, a quien esto nos hadado. Gracias a ti gran Señor, que por aquel Siervo Santo, que a este Convento enviaste, nos das verza, chicha, y nabos, Si acabó ya, eche pues. Hay tal prisa! Estoy rabiando, padre, acabe, o vive Dios. A la priesa que está dando, para la olla parece, que él ha enviado el recado: sosiéguese usté un poquito, que esto quiere más espacios venga buen viero, el primero. Ya estoy aquí, vaya echando. Antes, de qué en calvecio, me ha de decir? Sabrá hermano, que de una tiña que tuve, he quedado así pelado. Lo mismo le hubiera hecho, el trato de un Escribano. Tome pues, qué harto mal tiene, y mejor le hubiera estado, haber quedado tiñoso, que no haber quedado calbo. Paguéselo San Gerundio. Pasese de estotro lado. Deme a mí, Padre. No quiero. Por el Cielo Sacro Santo. Más cuanto va, que la olla le he de quebrar en los cascos? no le he dicho ya diez veces, que esto quiere más espacio? venga acá él, digame de que tiene así ese brazo? De un tormento que me diero, quedé de esta mano manco. Y fue por ladrón? Si padre, y por ladrón afamado, y así le ha quedado el vicio, del andar con garavato. Padre, que rabio de hambre, Reviente por los costados: vive Dios que hasta la postre, no ha de llevar un bocado: y vive Dios otra vez, que esto quiere más espacio: venga tio por la sopa. Aquí estoy a su mandado. Qué es aquesto, son alforias? Huesos algo levantados son Padre. Y qué, fue desgracia? No Padre, por mis pecados, que fue un antojo. De quién? Mío padre. Guarda. Pablo, de aquese vicio padece? Oígame, téntome el diablo. Y ejecutolo? Si Padre. Hay tal, estaba borracho? Pues acabe de parirlo: Antojoseme un Verano, Padre, de aprender oficio, que no fuese muy pesado, yo escogí el de volatín, que se hace lo más volando. Acontecio un día; que quise colgarme de los izancajos, que más ligero que un plomo vine con mi cuerpo abajo; pero por mi buena suerte di en unas piedras de mármol, y quedé así, que si no, me hiciera dos mil pedazos. Pesia su higado, con eso acuerda al cabo de un año, tome, y pase con esotros. Paguéselo San Macario. Hay más que despachar Padre, Hay hombre más porfiado, si señor, otros trecientos. que afuera están aguardando. Quiere verme muerto, diga? Y en el Limbo sepultado. hombre, si eres pretendiente al canzarás cualquier cargo; porque por impertinente dirán, desele el despacho. Antes no pido dos veces. Será, porque pide cuatro. Y que causa de la guerra aquí así le ha trasportado? Mis mismas fuerzas, y aliento son los que más me han dañado; pues que por una desgracia que me sucedio, invernando, por huir de la justicia, dejé la guerra, y el campo. Y que fue por vida suya? Fni en un día convidado con otros diez camaradas, a un banquete regalado. Sucedio, que a los principios trujeron puesta en un plato una cazuela de arroz muy hirbiendo, y abrasando. Yo por templarlo al calor, sople con esfuerzo tanto, que esparciendo como balas todo el arroz grano a grano, derribó a los hombres, sillas, tabiques, tapias, tejados, y cayendo el edificio los dejo allí sepultados. Y usced, diga, como pudo librarse de aquese estrago? Porque yo con otro soplo aparté la rvinaa un lado. Pues según eso no puedo darle la limosna hermano. Pues Padre mío, porqué? Por que es arroz cuanto traigo, y como está tan caliente, y son tan duros sus granos, si sopla con tanta fuerza, podrás todos derribarnos. . El soldado con su brío Por lo menos tiene usted Ecor Cabo de escuadra a Provincia, que allí iera uste estimado. . gentil arroz ha llevado. . . Pues por la muerte de aquellos, que aquestas uñas mataron, un oficio muy finchado. . que me ha de dar la limosna, o me he quedar en blanco. Hasta cuando queréis, Cielos divinos, castigar con tormentos mi impaciencia? cuando me quitaréis estos indignos habitos, que me dan tanta dolencia? cuanto quizás teméis mis desatinos; pues los ponéis aquesta resistencia, quitadme aquestos lazos, y sayales, y entremos en la lucha estando iguales. Será mucho rendir mis fuertes bríos, y esta cerviz, que nunca fue domada, sia ados tengo los allentos míos, y sustento esta máquina pesada? O en libertarme sean los hados píos, y Francisco a la lid ya comenzada venga a vencerí; mas sin ventala alguna; pues no es valor con ella mi fortuna. Y si el suceso teme del conflito (porque en las lides siempre fue dudoso) quíteme este sayal, y mi delito envíe a penar al centro tenebroso; pues del ardor, mas el semblante invicto de Lezbel me será (ay de mí! ) espantoso; mas si lo advierte, para gloria basta, decir que contra ti blandido ha elasta. En el centro me ponga más profundo, y allí mil veces viva yo muriendo, vergonzoso me irevaaqueste mundo al perocevo martirio, y al estruendo; y este tormento, y dento en que me mudo, aumentarase ante aquel Trono horrendo; pues al que fa su Rey guerra, o concierto, no huelva sin peroria, o vuelva muerto. Predicando haque vulo yatres años (si es vivir padeciendo este tormento) ya en ricos bienes ves mudar los daños, Francisco, de que fui yo el instrumento, y el pueblo ya conoce sus engaños, y justo vive, que es lo que más siento; que más pretendes? déjame que vaya a tomar puerto en la estigiosa playa. Si de estos bandos el furor ardiente. tanta sangre aplacar no se ha podido, no es mía la culpa; pues que cautamente del error en que están, les he advertido, y a César, y a Rosaura con su gente, amenacé con sombras que he fingido; pues Cielos, baste cuanto ha predicado, el que es Rey de la culpa, y del pecado. y así pos su resistencia Cierto Padre, que ha dos horas, que adentro le voy buscando. Pues nunca al que a mí me busca dejo de salir yo al paso: Qué quiere? Este Labrador, quiere hablarle. Llegue hermano. Escoche su empertinencia. hacemos todos los años en la villa de Belflor una fiesta, que es un pasmo; a la Virgen poderosa, que llaman de los Milagros. No la nombres, que fue quien . me hirió mi ceruiz domando. Qué cara le hace, parece . que esto le ha descalabrado. En pus, sabrá Padre mío, que hicieron Plostro autaño, todo el llugar mancomún; al Regidor Gil Catrasco. Hizo una fiesta muy fuerte, y han me ogaño empriosado a mí, y tengo, voto a crivas, a Gisillo enquillotrarlo, haciendo mayor la fiesa, que no es nueso campañarios se tenga por avisado, para que vaya allá a hacernos un Salmonazo muy bravo. Y cuando es aquesa fiesta? Pardiobre se me ha olvidado, así, a ocho de Diciembre, cuando alegres celebramos de su Conceción bendita, el candor inmaculado. Pues irno puedo. Por qué? Ese día he de estar malo. Siempre el predicar parece que lo tiene por enfado: debe de ser este estilo de los Predicadorazos. Qué es lo que murmora, ige? Decia Parse, que vamos, porque hay linda comida, y echaremos lindos tragos. Eso fuertas, y en la tarde hemos de correr seisgansos. Ya le he dicho, que irno pando. Mas que se le llene el diablo. Deo grucira, Padre Fr. Ángel, aquí detrás retirado he escuchado su respueste y esto no debe excusarlo; pues sabe, que siempre a Dios es obra de mucho agrado; y así, pena de obediencia, vaya, y deje al cielo el cargo de su salud. Lo haré así. Qué humildad! Dolor tirano! que a esto este sayal me obligue? que yo iré. Pues deme antes para besarle una mano, por tal favor; por Dios, qué le huele a azufre, que es asco, debió de ser pajvelero en Caramanchel de Abajo. . Padre Guardiany vengase conmigo, que es fecesario para cierta diligencia. Muy en hora buena, vamos. Venga él también. Mihi quo que promptus sum, y aparejados. Para que vea que vea quizás el fin de tormento tanto. Para que sea testigo de algún portentoso caso, puesto que todo cuanto obra son peregrinos milagros, Todo ese bosque frondoso Qué monte habrá que me oculte, talad, y ponedle fuego. No habéis de logrartraidores si habrá peligrado César? hoy de mi vida el trofeo. Todo está dado al demonio, yo peor que él todo mesmo, de podas mis camaradas, quien esta muerto, y quien prese, que harás Roberto? qué harás? agora dudamos? bueno, salto de mata, y fiar en los pies a todo el cuerpo. váyase con Dios hermano, . De vuestras manos aleves, así salvarme pretendo: válgame el cielo mil veces! pero qué es esto que veo? donde estoy! tú me defiendes, santo, y Divino madero! Tú en mi naufragió eres tabla, que me conduces al puerto! antes de serviros, como vos me anticipáis el premio? Mas sois Arbol de la vida, y el librarme de este riesgo, no es mucho; porque sois noble, y el que tiene hidalgo pecho, para amparar a un rendido no atiende al merecimiento. Adónde infelice iré, para negarme al incendio de las iras de mi hermano, que me amenaza soberbio? para sepultar mis hierros? Quién repite por los vientos mi nombre? Que te he encontrado amado, y querido dueño! Yo te hobiera agradecido él no llegara este tiempo. Por qué? Porque arrebatado de un extraño pensamiento estab a, y me has perturbado. Pues como tú aleve pecho otro pensamiento alberga mas que el mío? cruel tormento! que me recibieras tierno, Es de mayor Gerarquía. Agora matas con celos? No es de esa esfera mi duda. Nace de temor, o miedo, de ver, que mi airado hermano, no las pagaron los hombres? ha nuestra gente deshecho, y venganzas aclamando, muerte repiten los ecos? Aquel que noble ha nacido no le acobardan los riesgos. Pues oféndete mi vista? Siempre fuiste mi consuelo. Haste mudado? Eso fí. Luego dejasme? Eso niego. Habla claro. Ignoro el modo. Quién lo estorba? Mi remedio. De qué adoleces? De un mal. Quién le ha causado? Yo mesmo. Y es peligroso? Es mortal. Declarate. Ese es el riesgo. Quién te ha de sanar? La muerte. Cómo puede ser? Viviendo. Muerte en la vida has de hallar;, y puede ser, que tus ojos y vida en a muerte a un tiempo? mas me ofuscas. Es muy fácil. No te entiendo. Yo me entiendo. O pesia a las ansias mías! con ese desabrimiento me hablas, cuando juzgaba, compadeciendo mis malas, y sintiendo mis tormentos? pero cuando las finezas, con desdenes, y desprecios No son, Rosaura, los tiempos siempre unos; y así te pido, si es que algo puede mis ruegos contigo, que te retires en la gruta, que ese cerro sabes que oculta, que allí segura de todo riesgo puedes estar por ahora, que ir luego allá te prometo. Noble soy, ya tú lo sabes, y si la deuda confieso, el dejar yo de pagarla, muerte solo podrá hacerlo. Válgame Dios, que trocado . el estilo en César veo! Si acaso una llama activa, que me está abrasando el pecho, y el pensamiento que dice, y el mío, uno mesmo fuese? Bien puede ser, que no tiene él las entrañas de acero, para resistira tantos avisos, que nos da el cielo. . César, lo que tú me has dicho, sea fingido, o verdadero, nada importa, queda en paz, que ya a tu gusto obedezco; (si acumplir llego un intento) mas a mirarme no lleguen; Porque asido al, alma llevo, un áspid, un no sé qué, que ha nacido de mis hierros. . Con razón va despachada, juzgando que fue desprecio de in beldad, lo que dije, movido por otro celo. Hoy con mi predicación mil almas a Dios le he vuelto, y que yo mover no pueda la de este monstruo soberbio? Oh redúzgale esta vez, o acábeme mi tormento; que con aquesto he cumplido con los preceptos del cielo; pues a pesar de mi furia ley tan áspera obedezco. César, César. Quién me nombra? Entrena ese vano imperio, y escúchame. Que me quieres, que tantas veces molesto me vienes a importunar? Que me oigas. Ya te atiendo. Monstruo, o prodigio abortado de las furias del infierno; pues en lugar de engendrarte con los placeres de Venus, juzgo que te concebiste con el veneno de Alecto. Hombre; pero mal he dicho, pues no goza de hombre el fuero, quien de la razón no usa, y hace a la pasión su dueño. Pero se as lo que fueres; pues te cubre humano velo, dime mal aconsesado; como no enmiendas tus hierros? como cuando al precipicio vas caminando indiscreto, no te enfrena el grande amor de todo un Divino Verbo, que te dice, que su Esencia gozarás tiempo sin tiempo? y si esto no te detiene, como, di, a tu pensamiento no aflige, el que has de penar en llanto, y dolor eterno? Es para menos tu vida? tu pecado es para menos? mira estas flores regadas con la sangre, que tu acero derramó bárbaramente del errante pasajero, que por no ver tus delitos a tierra inclinan sus cuellos. Mira estas fuentes, y arroyos, que eran lucientes espejos, donde esos cielos narcisos galanteaban a sí mesmos, verás, que tristes que corren, murmurando de tus hierros. Escucha el bruto, que tuje, le oirás publicar su miedo, diciendo: si no perdona la especie de qué es él mesmo, como estaré yo seguro, puesto que soy tan diverso? Oye el soto, mira el valle, atiende a este prado ameno, que al adverrir tu soberbia repiten en triste acento, que en la escuela de las iras fue algún áspid tu Maestro. Pues cómo, di, no te enmiendas al ver que acusan tus hierros flores, brutos, fuentes, sotos, valle, arroyo, y prado ameno? juzgas, que eres inmortal? O qué vano pensamiento! tanto presumir un hombre, que es de lodo vil compuesto, cuando las Ciudades caen se precipitan los Reinos, y a la muerte se avasallan las Tyaras, y los Cetros! y cuando, por darte vida, el mismo Encarnado Verbo, quiso el tributo pagarla en cuanto al humano velo. Velo humano, que caduco es flor, que el más breve aliento le vence; pero mejor el corto espacio de tiempo, que hay del nacer al morir, y de las penas lo inmenso, que el hombre padece en él, te explicara así mi acento, Abre el hombre los ojos, cuando nace en esta vida, de miserias lllena, antes que al Sol, al llanto, y con gran pena, luego entre fajas prisiónero yace. Niño después, que el pecho ya no pace, a rigida enseñanza se condena, llega a edad más robusta, y más serena, y en Fortuna, y Amor muere; y renace. Cuantas sufre después pobre, y mendigo ansias, y afanes, con dolor no escaso, hasta que el hombro arrima a un tronco amigo) Encuentra en poca tierra al fin su ocaso con tal presteza, que exclamando digo, de la cuna a la tumba hay solo un paso? Pues si crees, que has de morir, y solo al deleite atento te mueves; solas dos cosas de tu partinacía pienso; o que juzgas que no hay Dios, o piensas que no hay infierno, o el más mísero gusano, que tanto osaste soberbio. Mira que estás engañado, vuélvete al manso Cordero, que es su piedad tan inmensa, y te ama con tanto extremo, que si tuvieras más culpas, que tienen Astros los Cielos, que flores la Primavera, y átomos encierra el viento, por un suspiro, un pequé se las bortará contento. Mas bien te está atí, que a mí aquesto que te aconsejo, la Fuerza de la Verdad se imprima en tu entendimiento Hay infelice de mí! pluviera a su ser inmenso, que como tú, yo pudiera tener arrepentimiento. Pues quién eres, que eso dices? y al escuchar tus acentos, ni por hombre te señalo, ni por humano te creo. Estrella soy derribada del más alto firmamento, y tu salvación procuro a pesar de mi tormento. Valedme mi Dios! Oh comó se estremece solo al trueno de mi voz: a si provará del rayo el activo fuego. Triste, y absorto he quedado, muda estatua soy de hielo, la primera vez es esta, que he visto la cara al miedo, o qué abominable que es! o qué cobarde es su aspecto! Sobresaltádose ha el alma, apenas respirar puedo: para agora es el valor, ea, aquí pues de mi esfuerzo. Qué dices? no te convences a tan fuertes argumentos? Sí, no, tú, yo, ni una voz articular no la puedo. Hombre, aquesta es la verdad, y yo he cumplido el precepto de Dios, en aconsejarte tu bien, mira tu resuelto, si es que quieres gozar de Dios Eterno, o penar para siempre en en el in- fierno? Resolverme? más que siento, que me turba el corazón? que quieres alma? qué quieres? quien te enciende un nuevo ardor? donde se han ido mis bríos? ya se ha muerto mi valor; ya pasaron mis alientos; ya estoy postrado al temor; ya voy rendido a las manos de un desmayo interlor. Ay de mí! que ya me vence disimulado el horror: que es esto César? qué tienes? yo tiemblo? yo temo? yo? como sobre tanto esfuerzo hay otro esfuerzo mayor? Ya te entiendo mundo, ya, en todos lances traidor? ya me dejas? ya te apartas? ya te ves inferior? El cielo, que así me llama, te ha vencido, engañador: al Sol que me enciende el alma ya se marchitó tu flor. olos, a quien vos miráis con tanta pena, y dolor: es el mundo, que os engaña con fementida color. , a Volveos a Cristo, y mirad, que en él solo reina amor, el es quien de tantas culpas a su perdón os llamó. Señor, si yo te ofendí, mi delito me engañó, ya te veo, y te conozco ya lloro el pasado error, A tipido mi remedio, pues eres mi Redentor, huigo ya del mundo loco, en ti busco Padre, y Dios. Mas si el infierno merezco, a quien dedique mi honor, como me atrevo infelice hoy volverme al Criador? Sí, que de toda mi culpa es tu clemencia mayor, y te pagas con que llore, y borre miculpa yo, Hechos ya a mirar la sangre, que mi mano derramó, miradla agora en sus llagas, que también mi culpa abrío. La fuerza de la verdad me ha vencido con tu amor: quien tuvierados mil vidas, para darlas por ti hoy! Esta que tengo perezca con cuchillo de dolor; pero ya el ansia me ahoga, no se pierda esta ocasión. Venid venía sentimientos, traspasadme el corazón; lleguen en tropel las ansias, obren con su furia atroz. Sienta la angastia, y martirio, el cuerpo con aflición; más el alma que a ti vuelve, a tus pies llegué señor. Dadle a Dios el parabién, hombres, de que un pecador, conociendo la verdad, ha muerto de contrición. Que música celestial, es del aire población, Todo el monte está encendido, con dicino resplandor. En esta parte se oye. De aquí ha nacido el ardor: pero aquí está mi enemigo, muera el infame traidor, ni le valga este sagrado, pues que vengo así mi honor. Detente Carlos, y todos oíd atentos mi voz. Ya sabéis, y sabe el mundo, la grande persecución, que padeció a un mismo tiempo Francisco, y su religión? También sabéis que yo he sido, quien tal ruina reparo? pues sabed agora todos, que yo me llamoa Astaror, espíritu atormentado, en la obscura habltación. Yo fui instrumento del daño, y por precepto de Dios, de aqueste sayal vestido, quien os ha ensalzado soy. César que fue tan soberbio, hoy con mi predicación, a Cristo se ha convertido, pudiendo tanto el dolor de sus culpas, que llorando ha muerto de contrición, y morada eterna goza, en la celestial Sion. Rosaura ha dejado el monte, y conociendo su error, a cumplir va la palabra, que de esposa a Cristo dío. Con aquesto he ya cumplido, cuanto el Cielo me ordeno, y agora para honra suya; y porque alabéis su amor, y le aumenten más mis penas, hacer tal declaración me mandas advertid vosotros, cuantos escucháis mi voz, que enaquel día horroroso, de la miseria mayor, os haré cargo tremendo, que mi voz os declaro la verdad, y que suvides, el diablo predicador. Que esparo! en el centro mismo, la tierra estancia le dio. Y el habito de mi padre, aquí el bruto le dejó: sepa todo el Orbe un caso, tan digno de admiración, San Lesmes, que compañero, de un demonio fuese yo, y no me ahorco? qué pena! Qué angustia! Qué ansia! Qué horror! Dadle a Dios el parabién hombres, de que un pecador, conociendo la verdad, ha muerto de contrición. De todos los Gebelinos, amigo soy desde hoy; y a mi hermana la perdono. Aquesa es cristiana acción Y aquí da fin esta historia, mas si os merece el perdón, acabar, para empezar, será al poeta, y autor.
