Texto digital

Texto digital de Fuerza de amor y venganza

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Tapia y Ballesteros
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Fuerza de amor y venganza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fuerza-de-amor-y-venganza.

Logo BICUVE

FUERZA DE AMOR Y VENGANZA

JORNADA PRIMERA

Muy propinquos a la Quinta ya, hermosa Clorinda, estamos. Var mul cansada, señora? Yendo con vos, no hay cansancio, que a mi diversión se atreva, mayormente, cuando vamos por nuestro acomodo así. Mejor fuera en un caballo. Presto saltaste, Clarín: siempre has de sacar dal plato los ples? . Y qué se te da, si los mete, si los saco? Ya estarán, bella Clorinda, los Monteros aguardando, ya tendrán reconocidos montes, selvas, y ballados, para ponernos los sitios. No hallo más gusto, Octablano, que es el tenarte presente. Señora, a la u porque los Monteros todos ya nos están aguardando, y por lo mucho, señora, que nos hemos retirado, desde aquí, aún los diviso buscándonos por el prado. Y yo también los columbro, y no veo, ni un Cristlano. Con qué yo me engañaré? Te engañas, y has engañado. No dispares más, Clarín. Utínam, que disparando estuviera ya Violante, que era indicio, que cazando ya estaba. . Vamos, señora, irás con tus rayos dando luces a estos Horizontes, amenidad a este prado, alegrías a estas fuentes, y rosicler a este campo. Como son finezas tuyas, son en éxtreme, Octaviano: Vamos pues, acía la Quinta. Tu placer, as mi mandato. . Vamos señora Violanta. Eso no has de su cuidado, que yo andaré, si quisiero. Vendrás pisando ese prado, con esas flores, que encierra la suela de tu zaparo; y tan alquiva no seas. Déjate de enamorado, y vámonos a la Quinta. Pues si ha de ser eso, vamos! Qué te parace. Leonor, la novedad de Palacio? Cuando la sepa, de espacio te responderá mi amor. Mucho extraño el que la ignores, Si no me la has dicho tú, de quién querela, que la sapa? De la axtrañeza, y ramor, que en al Palacio se adblarte. Jamás tuve inclinación en averiguar noticias. Pues ten por clarto, Leonor. que nuestro Ray se va a España, porque su hermano murió al Señor Fernando el Sexto, (que en al Cielo guarde Dios) y como único haredero, va a tomar la Posasión de ser Rey de las Españas: y con sobrada razón, todos lo aclaman por Rey, y juran por su Señor. Extraña es la novedad, siéntolo de corazón, pues ahora será forzoso, habiendo revolución, que salgamos de Palacio; y el salir lo siento yo. Pues axcusata el santirlo, porque a la España vol yo con mío Tlo el Duque Don Basco, que allí está: y to, Leonor, no querrás venir conmigo? Aunque a Argel vayas te ligo, porque te profeso amor. Tu lealtad, mucho agradezco, pues si conmigo te vas, a antender con eso das, que voluntad te merezco. Mas una cosa adecuan viene a vuestro intento. . Qué? Es cosa, que yo la sé. Pues dila. . Qué enamorada de ninguno estás, señora, que si acaso lo estuvieras, era forzoso sintieras el Irte a la España ahora. Dices bien, mas no sol yo de aquellas, que en un instante pasan al estado amante. Eso es porque no llegó ninguno a agradar tu Sol. Por tan ligera me tienes? Eso dirás mientras llagues a mirar un Español. Siempre ese humor has gastado, Y siempre lo gastaré. Vamos, Leonor, y sabré lo que de esto se ha tratado, y cuando la marcha es, En serviros, no hago nada: ya estará la orden dada, cuando será. . Vamos, pues. nonte. 2. Al prado. 2. Al valle, Al mí Por aquel repecho va el Jabalí. 2. Ya va herido. A un tiempo le disparad. E Cazando, y entretenido, con Clorinda, está Octaviano: pero la haré por mi mano, que pasa de divertido a estar triste, y pesaroso. pues lo que el pliego praviene, en viendo lo que contiens, al que lo sienta es forzoso. Con esto dividiré este lazo tan unido, y pues me veo tan rendido mis intentos lograré: que ana Mujer, es constante, an viendose perseguida, y con éxtramo querida, de algunas muestras de amante. O a lo que obligas amor! Con que fuerza me acometes! Pues lisonjero me metas, que emplece a tener rencor. Como (ay Dios!) puedo yo amar; sin que sea correspondido? En qué lazo estol metido, que no me puedo asce Clorinda me aborrace, y a Octaviano es a quien ama, qué culpa tiene mi fama, que por adorar padeci? Pero, en fin, por este medio, espero lojear mi fin: por allí viene Clarín, ampiece ya mi remedio. No vi mayor Jaball! Qué traas, Clarín? Dios te guarde. Pero se mató, aunque tarde. Señor Eduardo, aquí solo por estas malezas? No está este lance en mi manos adónde queda Octaviano? Tirando con mil destrezas en este monta le tengo. De qué parte la buscáis? Puesto que lo preguntáls, de parte del Duque vengo. Buscarele luego al punto: esperad que presto vengo. Que vanga solo prevengo, porque es mul arduo el asunro, Decidla, que en aquel llano sigulando mía pasos vol, y que allí aguardando estol. Todo lo diré de plano. . Mucho, Clorinda, me debes; y aunque mi amor aborreces, veré si tu asquiveces, en él convertirlas quieras. Yo mismo al Duque inclina, para que sin omisión diese a Octaviano el bastón de Capitán, y daré este lauro a su persona, pues a mi intento conviene, e interín, que se detiene Octavlano en Barcelona, Clorinda, estando él ausente, no será tanto su ardor, y podré emprender mejor cuanto mi cariño intente. Con qué qué dijo Eduardo? Qué tanla que darte un pliego, y a solas hablar contigo, pues venía con grande empeño; y otra palabra me dijo, que por Dios que no me acuerdo. Flaca, pienso, es tú mí ría. Hasta flaco tengo el cuerpo. A Eduardo se parece la voz, que me dijo, y creo, que punto tenla después: ya me vino al pensamiento, por el punto me acordé. Díjome sin más, ni menos, que era muy arduo el asunto, con que yo lo que ahora infiero es, que arderele los dos juntos. Bien coliges. . Soy ásperto para esto de cologir. Eduardo, como un trueno, se va acercando acla aquí: Lo que esto será no infiero, ni puedo siguificar esta prisa, y este piiego. Buscándeos muy presuroso por estas malezas vengo. En qué tenéis, que mandarme? Es necesario quedemos solos los dos. . Pues, Clarín, retírate. . Ya obedezco. . Ya sabéis, noble Octaviano, la estimación, que os profaso, y que vuestro gran valor me usurpa todo mi afecto. Y movido solo de él. ansioso vengo por veros, por dar lauro a la nobleza, y a vuestro valor obsaquio; pues ahora con el motivo de estar a Carlos Tercero, nuestro Dueño, y nuestro Rey (que mil siglos guardo el Cielo) aguardando en Barcelona, para su recibimiento, es forzoso que las Tropas, se vayan aperciblendo: y considerando yo vuestros crecidos talentos, de valor acompañados, precediendo para ello el celo con que servía de nuestro Rey los preceptos, al mismo Duque empeñé, para que os diesen empleo de Capltán, como es justo, de cuya parte este Piiego, que ratifica esto mismo, en vuestra mano os lo antrego, Siglos el Cielo os conceda que vuestro honor agradezco y más cuando habéis venido, por hacerme a mí este obsequio, pasando tan malos rator. Bien sabe Amor lo que siento esta noticia. . Octaviano, ha sido hacer lo que debo, pasar mal rato por vos, ha sido tenerlo bueno, por lo mucho, que os estimo. Esa fineza la agrego a las muchas, que de vos he recibido. . Y espero, mediante vuestro valor, varos en más alto empleo. Cómo de vos la fineza con el corazón la aprecio: Ireme a ver que contiene, y lo que ordena este pliego. Acompañando os iré, Su contenido, yo crao, que será para marchar a Barcelona. . Oh qué pena! . como vasallo obadezco; mas siéntolo, como amante. Así lograré mi intento. . Así llegará el pesar. . Así llegará el racreo. Vamos, pues, veré la orden para evacuar este empeño. Hasta llegar a Madrid, gustoso os iré sirviendo. Desda el áspero monte, pirámide mayor del Horizonte, hasta esta selva hermosa, cuya florasta apacible y olorosa, asa fuente, que cristales borda, con su corriante sorda, regando los matices de las flores, enriquece famosa sus primores, a Octablano he buscado; y en lo que ya del monte llevo andado, ha tenido, augmentando mi desvelo de no haberlo encontrado, el desconsuelo. Qué le habrá sucedido (triste suerte!) si alguna fiera fuerte la muerte le habrá dado (fatal pena!) mi desgracia a su centro me condena. Qué será de Octaviano, claros Cielos? Empiecen ya de nusvo mis desvelos; cese ya mi alegría, con la triste, veloz melancholía, que ingrata me acomete, y tirana me mete en su lago profundo, e inhumano, llamaré, como loca, a Octaviano; octivianos Ostala ninguno ha rerponddo a mis Ya cesaron mis placeres. Quién con la boca o la mano ha nombrado aquí a Octaviano? Clarín? . Señora? Tú eres? Cese ya mi pena fuerte donde dejas a Octaviano? Ahora queda muy ufano en Madrid. . Pues de qué suerte ha sido? Qué sucedió? Que os soseguéis os prevengo, que a daros noticia vengo, de todo lo que acacció. Di, Clarín, vamos, acaba, que el alma saber desea, que es lo que este lance sea. Mi atención tu mano alaba, y después beso tu pie, y luego sin detención, que diga será razón. lo que escuchadme, y diré: Yo me vine por aquí con una suerte propicia, porque pongo en tu noticia, que he matado un Jabalí: Ma encontré con Eduardo, por mi señor preguntó, y a mí mismo me contó, que era el asunto muy arduo; foi, y a Octaviano llamé, el que vino luego al punto, y para hablar del asunto, (que cual sería no sé) dijo Eduardo, que allí solo Octaviano estuviera, y a mi enviáronme fuera, que fue lo que más sentí: y cuando acordé por mí, a nadia en la Quinta hallé, fui al prado, pensando que estuvierais vos allí. Por esos Montes perdida os andaba yo buscando. Y después la vuelta dando, puse en Madrid mi partida, y con impensado ardid, y corriendo a troche, y mocha, antes que fuera de nocha me hallé dentro de Madrid:: Y a Octaviano (lance fuerte!) le encontraste? . Sol costal? Pues acaba liberal de darme la vida; o muerte. Como un viento fui a Palacio, y por allí le busqué:: Y le hallaste? . Si le hallé. Y qué te dijo? . De espacio, Ya mi pena se mitiga. . Díjome, que me viniese al instante y te dijese, que a Barcelona se iba. Y no ha de verme primero? Qué dolor tan de improviso! . Que a las tras, me dio el aviso, que como un viento ligero vendría a veros, y me embía para que aquesto os dijese, y acompañando estuviese a vos, interín venía: con que no tangáis cuidado, y sea menos tu dolor; que si ausenta está el señor, tienes presente al criado. Así sucede, Clarín, a quien el amor desvela, que estando ausente el amante, ver cosa suya se alegra. Con que al verme aquí, señora, no os causará mayor pena? De ello no dudes, Clarín. Prodigiosa cosa es esa: y ahora, señora, que acuerdo, adónde Violante queda? Por esos montes perdida, y esa enmarañada braña buscándoos anda. . Qué bueno, si lobos se la comieran! En dejándome en la Quinta, puedes ir por esa selva a buscarla. . Yo, si iré, que presto daré con ella. Vamos, pues, acía la Quinta: qué oscuridad tan tremenda! parace, que hasta el brillar han perdido las Estrellas: todo es sustos a quien ama: válgate Dios por ausencia! Ya voy siguiendo tus pasos? que por mi vida, y la vuestra, que no sé por donde voy. Dios dé tino a mi mollera. Oh Amor, y como atormentas; a quién dominas! Mal haya tu frenasí: y pues no puedo mitigar tan grande ardor, ahora cauteloso intento tenerme por Octaviano, por ver si por este medio, lograr puedo alguna dicha: Ahora seguro le dejo en Madrid, y no podrá desocuparsa tan presto. Clorinda (oh qué dulce nombre!) que estará en la Quinta pienso, allá pretendo acercarme. por si cauto hablaría puedo: y pues la noche me ayuda, que con luctuoso velo da a entender, que sepultado yace en el ocaso Pebo: fingiendo ser Octaviano, con ella hablaré, y aún tiempo empezaré a despreciarla, y será el eficaz medio, para que total lo olvida; pues es constante, que viendo, que la desprecia Octaviano, ella pague con lo mismo. Ea, Amor, para esta industria, ayúdenme tus dasvelos. Acia la Quiota camino: Mas qué es, Cielos, lo que veo! Un hombre con una luz a este sitio va viniendo: qué lo traerá por aquí? Si será algún Montero? Mas ya llega: el ocultarmo es fuerza para mi intento. Dondé estará este Demoño? sullado vengo de miedo. Qué escucho? Clarínas esta, examinarlo pretendo por si ha venido Octaviano, pues mucho importa saberlo. No he visto noche tan fiera! Qué buscas? . San Pitoclero, San Chicharron, San Juanete, Santa Flauta, y San Baquero me valgan. . Calla, cobarda, que hacerte mal no pretendo. Pues qué pretendes hacer? No más, que me digáis quiero quien eres, de donda vienes, solo, con luz, y a que efecto? y no has de mentirme en Yo lo cantaré al momento. Habéis de saber, señor, que yo de esa Quinta vengo de buscar una mujer, que me busca ella primero. Y quién en la Quinta quada? Queda Clorinda, y Monreros, que la Quinta la circondan, y un Jaball, que yo he muerto, también allí se me queda. Parace, que sois charlero? Es humor. . Y a quien servío Soy de Octaviano Escudero. Escudero? . Si sañor, y le sirvo con acierto. Y dónde ahora lo dejas? Dos horas hay poce menos, que me lo dejé en Madrid; y según lo que yo entiando, es el asunto mul arduo. Pues, caminad, Escudero, y seguid vuestro camino. Ved. si otra cosita tengo en qué poderos servir, Andad con Dios. Voy corriendo. . Todo en mi abono lo hallo; ahora lograré mi intento. Por la reja de la Quinta, ser Octaviano fingiendo, a Clorinda le hablaré, presteme Amor sus tropeos. Qué nocha tan tenebrosa! Aún por donde voy no veo! Qué será de mi señora! Dónde iré? Válgame el Cielo! Por estos montes perdida, ir a la Quinta no acierto. Si Octaviano habrá venido? Clorinda, que se habrá hecho? Todo es pura confusión. Ya no tengo otro remedio, sino es dormir, como el lobo, en el monte, y al sereno. Buena has quedado, Violante! Ir a acogerme pretando al abrigo de una rama, si es acaso, que la encuentro: y al amanecer, verá los esparragos el tuerto. Mas viniendo acía este sitio, una luz, y un hombre veo: aquí pratando aguardarlo, por si as algún Montero, que acía la Quiata me guía: ya se acarra como un trueno. Bercibsí lleve mi alma, si a Violante yo la encuentro: Ánimá del Purgatorio ma parece, que se ha hecho. Clarín, amigo, tu ares? Trompeta de los Infiernos, dónde Demonios te fuiste? Que por buscarte me veo poco menos, que defunto. Ya no esparé ver tu cielo: Qué, Clarín, te ha sucadido? Un Diablo de un meremuertos que me encontró en ese monte, y si no digo tan presto donda iba, como, y cuando, me hubiera un gigote hecho. Pero con eso estás vivo? Puer no ves, que no estoy muerto Vámonos, pues a la Quinta, que para rondar el puesto Octaviano me ha enviado, porque yo en Madrid le dejo, que es el asunto muy arduo, Político, y con Imperio vienes, Clarín, de Madrid. Quién anda con Caballeros, y señoras Eduardos, no ha de ser tan tonto, y necio, que no ha de hablar que retumbe algún tármino de aquestos. Vamos, pues. . Y mi señora? De espacio hablaremos luego, Ya te sigo. . Cuidadito. que tropiezas. . No tropiezo. Ya estoy dentro de la Quinta; y en la ventana, yo creo, que Clorinda puesta está. Es Octaviano mi dueño? Octaviano es, Cloriuda. Ya en cuidado me había puesto tu tardanza: ve al postigo, que ya lo tienen abierto. Ya mi intento lo he logrado: ahora haré, que la aborrezce. Qué oscuridad tan tremenda! a mucho, Amor, me sujeto; pues tus flechas admití: a nadie en la Quinta acía al postigo hablar oigo: Quién será (válgame el Cielo!) Será Violante, o Clerín: pero no sé lo que siento en el alma: volma allá a ver, quien en ella encuentro. Con que, en fin, ahora marcháis, para darme sentimiento, al Puerto de Barcelona? El que me vol es mul cierto; y que será contingente, señora, si vuelvo a veros. Tanta pena queréis darme? El que penéis no lo siento. Qué ascucho? Cielos, qué veo! Eso decís, Octaviano? Y me ratifico en ello. Qué es asto, Cielos Divinos! Viven esos Firmamentos, que este Villano atrevido. al que soy yo está fingiendo, y Clorinda le está hablando. Que ya (oh tirano dueño!) . me olvidas así, y me dejas? Ya me enfadas. . No hay remedio; Qué esto tolere mi brío! Viven los Sagrados Clalos: Qué maldad, qué villanía, se está en esta Quinta haciendo? Para fingirsa Octaviano, quién tiene el atrevimiento? Vive esta Cruz de mi espada, y vive Dios, que he de hacerlo, con mi furia, mil pedazos. Violante, Clarín, qué es esto? Sacad aprisa una luz. que yo veré, vive el Cielo, quien en esta estancia está, Ay de mí! Cielos, qué es esto? Perdido sol: De fenderme, . para salir fuera, pienso, porque no sea conocido, Qué será? Fatal suceso! Ya traigo aquí la perdida: mas qué bultos son aquestos? Acerca la luz. . Suerte adversa! Que yo veré (vive el Cielo) quien es aquesta traidor, Qué traidor? Aquí hay enredo; Mi espada te lo dirá. Vive Dios, que serás hecho, en mis manos mil pedazos. Ay de mí! . Yo, no me muevo. Rinda, villano, tu vida. Uerete primero muerto. Qué confusión será está? Ir tras de Cctaviano planso a ver en lo que esto para. . Violante (válgame al Clelo!) para decirte, valor, una palabra no tengo. Señora, qué es lo que pasa? Qué impensado mo vimlanto ha sido este? Qué causa ha habido para este efecto? Déjame sentir, Violante, este contrarlo suceso, esta injuria, esta traición, este dolor tan acerbo, que atraviesa mis sentidos, No robe el posar, señora, de eso diamante lo terso. Retirémonos, Violante, y te daré por extenso noticia de lo acaecido. Tu gusto sea mi precepto: vamos donde vos gusteis. Qué sacesos serán estos? . Oh Amor, y lo que produces! No deis al dolor augmento: vamos adentro sañora. Sin mi estol (Válgame el Cielo!) Con qué no has sabido quien fue ese Nerón atrevido? Quién ha sido no he sabido, Eso yo lo sé tamblén. Llávame todo al cuidado a Clorinda, y la atención, pues temible es la aflicción, que el lance le habrá causado. Si lo tendría eltado? mas no, que si eso fuera, él hablando no astuviera, como que era Octaviano. El creer está en la mano de que algún villano era, que a Clorinda tendrá amor, Pero decir yo no sé, como a la Quinta se fue ese alevoso tra pues era un enorme error, sin sabar si amante era, de Clorinda, se fingiera, que era su amante Octaviano: con que el creer está en la mano, que quien fue, sabidor era de la hora prevenida. Si alguno nos oyó hablar? Aquí es forzoso callar. . Por los días de mi vida, que eso sería, señor. Y tú que estabas allí:- Direle que a nadia vi. . No vistes a este traidor? Yo a nadis vida, señor. Pues dónde estabar? . Sería; cuando eso pasaria de entrarse ese malhechor, mientras yo ful por el prado, por si encontraba a Violante. Oh adversidad de un amante! Y qué contrario es mi hado! Que esto venga a suceder, cuando es tan pronta mi ida! Cuándo es, señor, la partida? Cuando al amanecer vanga la Aurora riendo, iremos, Clarín, marchando. Pues ya yo estoy deseando, que el Arba venga naciendo. Quién tuviera tus cuidados! También cuidadoso soy. Pues mientras, Clarín, yo voy a alistar a mis Soldados, a Clorinda iras a ver, y que en la Quinta me aguarde, que luego en fiando más tarda, que no haya nada que hacer, acía la Quinta ma iré; y puesto que es el camino donde va nuestro destino, desde allí me partiré. Todo lo diré cantado, no haya temor. . Pues en fin, yo me retiro, Clarín. que ya me llama el cuidado. . El Cielo os guía, señor: De esto no muy mal salí; mas si he dicho, los que vi, y canté por el temor, en buen cuidado me mete, y buenos muertos me pinta; pero vamos a la Quinta. como un honrado alcahuete. Qué mi adversa fortuna sea tant que a la mayor desdicha me levanta Qué aquesto por Clorinda me sucida Pero mientras mi amor su ardor no de tan ardiente calma, no tendré yo descanso, pues que el a quiere perseverar, aunque abrasada, (del lance anterior no escarmentad,) adorando a Clorinda; mas qué mudo si aunque con esta llama brego, y ludo no puedo sunnamente mitigarla, y de lazo tan fuerte separarla. Conocerme Octaviano no ha podido que el hacer mi defensa me ha valido para poder su espada detenerla, que fue fortona de reparar poderle: y apenas hallar, pude coyuntura, cuando pude escaparme con ventún Pero, o fuerza de amor a lo que obliga que previendo estos lances, aún mesigo Mas ya andará tu riesgo más humano pues ya llega la hora, en que Octavian a Barcelona vaya; y es constante, que tenga más lugar de ser amante. A la Quinta me iré, que es contingano que ocasión a mi intento conducim halle, y también que saber pueda si viene Octaviano, o an Madrid se que Leonor, ya ha llegó el día. Qué a España vamos, en fin? Ya ves, que estamos de marcha; que sientes ahora al partir? Yo no siento el ir a España, solo lo siento por ti. Pues no te canses, Leonor, en hacer duelo por mí, pues no extraño mi partida, Ya veo que como vas, tu ausencia no santirás. Luego tú sientes la ida? No dejo yo de extrañarla, que como mi patria es esta (aunque lágrimas no cuesta) tiento, señora, el dejarla. Es pena bien somentada, hablando por lo formal, pero por lo material, yo, Leonor, no siento nada. El que no quiero es constante, ni el fuego de amor me irrita; pero este efecto no quita el ser a mi patria amante. Pero es posible, señora, que no hayáis tenido amor? Los efectos de su ardor no me han vencido hasta ahora: tengo grandes experiencias de sus muchas falsedades. Esas son contrariedades de amor a sus influencias, pues su ardor inexpugnable ninguna lo ha despedido, ni rechazarlo ha podido. Eso, Leonor, es probable, que es de voluntad efecto. Tú la tuvieras también, si uno os pareciera bien, que en eso estriba el defecto, de que no tengas amor. No me causará desvelo, porque sol toda de hielo; y no me toques, Leonor, de este asunto, que me enfada. Pues si ahora enfado os cansó, algún día os diré yo, si el ser amante os agrada. No daré nunca lugar, qué eso me digas. Señora, bien se conoce, que ahora eso dices sin amar. Lo mismo siempre diré, y en fin, de eso no hables más, que ya enfadándome var: vamos me despediré de los que en Palacio quedan, pues ya no puede tardar la hora, que hemos de marchar. Para que mis ojos puedan llamarse en veros dichosos, ya os voy siguiendo, señora. Tengan mis fuerzas ahora los ánimos valerosos. No tengais tan grande pena, prestad, señora, el aliento, porque augmentáis mi dolor. Ay Violante! Que no puedo desechar este pesar, que lúgubre monumento para cantar las exequias a mi dolor ha dispuesto. En notable confusión, y en gran culdado me ha puesto esta impensada tragedia, este incesante tormento, este lance, este dolor, que mitigarlo no puedo, Si esa villano atrevido Cctaviano le habrá muerto? En qué vendrían a parar? Sin mí estoy (válgame el Cielo!) Qué habrá pensado Octaviano? Qué discursos habrá hecho? El que serla villanía; pues él mismo estaba viendo, que con la vos de Octaviano le estabáis vos respondiendo. Quién eso ha de averiguar? ni menos discurrir puedo, si era Octaviano al que hablaba, o el que salió defendiendo la causa. . No tengáis duda de que era Octavlano, el mismo que tirando de la espada, salió de cólera ciego, como decir; pues si fuera al contrario, nunca creo saliera a temar demanda, siendo de la prenda el dueño quien con vos hablaba. . Sí: pero confusa me quedo, porque el traidor, que tal hizo, como saber pudo (ay Cielos!) que había de hablarme Octaviano; No dudéis en nada de ello, que ese alevoso enemigo andará perdido, y muerto, señora, por tu hermosura: y como es claro argumento, que si alguno tiene amores apraenda, que tiene dueño, anda siempre vacilando, con invenciones, y anhelos, como soplarle la Dama, de cuyo es al tablero: ese se andaría oculto en algún rincón de aquestos, y tal vez oírla a Clarín lo que a vos venla diciendo de parte de su señor. Salvar a Clarín pretendo, . porque si le digo ahora lo que dijo del encuentro, que anoche tavo en el monte, lo pongo en un grande aprieto; Dices muy bien: pero tengo el alma entre dos tiniablas. Vuestros pies, señora, beso. Qué traes, Clarína Y octaviano? Dejadme, que dé el resuello, que si no vine volando, vengo, señora, corriendo. Queda vive? . Vivo queda. Ya de penas vol saliendo. . A buena ocasión llegué, oír lo que dicen pretendo, para ver lo que he de hacer. Y el que se estaba fingiando ser Octaviano quién era? No se ha sabido, que presto se aligeró de los pies. Qué cobarde atrevimiento! Ya he selido de mi duda. . Y ahora a preveniros vengo, que estels esta noche alerta, porque ha de venir a veros Octaviano antar de irse. Yo le frastraré su intento. Veamos en lo que esto para. Tan pronta as su marcha? Creo, que antes del amanecer hemos de partir. . Ah Clelos! qué pesares tan continuos: esto se agraga al tormento del lanca, que aún todabía con mil fatigas padezco? Y porque nada suceda, como el anterior suceso, será la seña segura desdoblar un blanco llenzo. Quedo, Clarín, enterada: dile que penas padezco mientras no lo vean mis ojos y dile, que sola quedo sin corazón, porque an él, si yo le busco, le encuentro; y en fin dile que soy suya hasta morir. Si direlo, y sabed, que le daré grandisilmo gusto en ello, porque cuando algún recado de vuestra parte se llevo, está con manos, y boca, marices, y ojos abiertos, ascuchando. . El cuidado mucho, Clarín, te agradezco. Ved si otra cosa mandáis. Que siglos os guarde el Cielo, Por vlasonar de obediente, dadme licencia primero para partir. . Id con Dios. Y vos quedad con el mismo, Adiós señora Violante. Adiós, señor Clarineto: hasta cuando no has de verme? Hesta verte poco menes distante de mí tres varas, si por ventura no ciego. Ya se mitigón mi pena; Violante, pues he sabido. que quien me habló fue el traidor, y Octaviano queda vivo: Pero o fatigas de amor. que aunque siento algún alivio, vuelvo a mis panas crueles, cuando, amorosa, imagino esta ausencia de Octaviano, porque será mi martirio. No tengáis pena, señoras que me la dobláis a mí, más pesares fueran, si la partida, que hace ahora fuera más larga. . Ay, Violante!) que es la ausencia tan sensible, que te aseguro es temible, aunque sea por un instante, Sirvaos de consuelo, que será firme en adorar. Quién pudiera asegurar eso, que dices. . Creeré, que será así, que es discreto. La discreción no equívale. Pues qué a la firmeza vale? El ser el amor perfecto. Y cómo es su perfección? Adorar firme, y constanta. Luego es razón aleganta, no vale la discreción? Para enamorar sí sirve; mas tan, Violante, entendido, que aquel que es más advertido, suela ser el menos firma, porque el que es nacio en su ses, fubsiste su necedad, y es constante cualidad, que saa nacio an el querer. Decís bien; mas mi desvelo os afirma, que Octaviano, no ha de andar tan inhumano, pues se mira en vuestro Cielo. Vámonos, Violante, en fin, y mientras viene Octaviano, me divertirás así. Vamos, señora: si gustas nos Iremos al jardín. y darás con tu ermosura amenidad al pensil: Verás a las flores bellas perder el olor subtil, de tu ermosura invidiosas; Verás el blanco jazmín dar las últimas fragrancias, avergonzado de ti: Verás los tojos claveles (no pudiendo subsistir) sepultarse en su capullo: todas las flores, en fin, que encierra ese campo ameno, tienen invidia de ti. Ese has efecto, Violante, del amor, que te debí. Solo es causa tu hermosura. Vámonos pues, al jardín, Tus pasos sigo, señora, como el engarce al rabí. A buen tiempo llegaron mis anhelos: ya oí, a pesar de mis desvelos, el amor de Clorinda incontrastable: su querar a Octaviano es immutable: no sé como pretendo inadvertido deshacer este lazo tan unido. Mas pues sol tan amante, los medios dispondrá mi amor constante, y pues tango el consuelo de saber, que a la seña del pañuelo vendrá Octaviano a hablarla cuidadoso, el lance aviraré dificultoso, divertiré a Octaviano, mientras llega la hora de su marcha, porque sea mi industria coronada, si consigo feliz esta jornada, que sabiendo la cita por extenso, laaros a mis Idras darles planso,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Cómo dejaste a Clorinda? Como dejaste aquel Cielo, que causa mis inquirtudas, y el incesante desvelo, que me asiste? pues sin verla insufrible lo padezco. Dejela algo sosegada, porque le di un gran consuelo, con decirle, estabas vivo, sin embargo del apriato memorable: ya me entiendes, que recordarlo no quiero; y que aunque estás de partida, hay las de verla primero. Mul ser sible me es la ausencia; mas si tarda mucho tiempo, es posible, que la parca corte mi vital aliento. Estás, señor, sin juicio? No estoy si no es en mi acuerdo. En los días de mi vida, no ul mayores extremos. Es sin segundo el amor, que rendido la profeso. Pues hay más, qué sujetarlo? Es ya tarde para ello. No se pueda detener un caballo, que violento sigue rápida carrera (por brioso, y corpulento que sea) solo al impulso de una lujeción al freno? Pues hazte cargo, que ahora es un caballo violento tu amor, qua desenfrenado corte, sin mirar el riesgo, que hay en clavarse las manos, y por no verse en extremo semejante, cuidadoso puedes tirarle del freno. Bien se infiere, que no tienes, Clarín, el grande tormento de los efectos de amor. Pues dime, señor, qué efectos pueda causar un querer, para no poder cedarlo? No pende de voluntad? Quién lo duda? . Pues si es eso, y el tenerlo está pendiente solo en el querer tenerlo, cómo de él no te desistes? Porque ya es pasado el tiempo. Cómo pueda ser? . No has visto cuando se emprende algún fuego en una casa, que al punto acuden con grande anhelo muchos con agua a extinguirlo, y por un acaso adverso, cuando pretenden salir, no puedan, porque del fuego todos se ven circundados? Pues lo mismo sucediendo a mí me está; pues pensé que adorando con exceso la hermosura de Clorinda, apagaría el Incendio de mi amor, y cuando quisa apartarme de este fuego, me vi todo circundado, que la ir de él ya no puedo. Pues paciencia, y barajar: Yo, señor, en lo que pienso as, en prevenir mis botas, morral, corbatín, sombrero, porque he de hacer un Soldado tan estirado, y tan tiedo; que os aseguro, y no en vano, que ya de fuerte reviento. Quién tuviera el corazón tan desahogado, y ajeno de las penas que me cercan! Señor, si hamos de ir primero, que marchar, a ver la Quinta, empezar a andar podemos. Dices bien: vamos, Clarín, a ver por quien peno y siento, que ya las sombras nocturnas, tcuyas pantarlas de negro vestidas dan a entender, no tardará mucho tiampo, que el explendor de Diana, borre su lugubre velo. Teneos, Gctaviano amigo, que a haceros visita vengo. A estas horas? Cuando ya me está ejecutando el tiempo para marchar? Este lance . faltaba a mi sentimiento! Qué desgraciado nací! Pues ahora es cuando debo, Octaviano, acompañaros. otra causa da este efecto. . Todo es contras a mi amor! . Este favor que os merezco, si lo hubieras excusado, quedara bien satirfecho, pues mediante la amistad tan recíproca, que os debo, aunque ovviaráis el cansancio, estuviera muy bien hecho, que cuanta más amistad, tanto el cumplimiento menos, No pretendáis limitar los extremos de mi afecto A nada límites pongo. Ni el Diablo con sus entedos pudiera haber luyentado semejante contratiempo. No queráls quitarme el gusto con ese desabrimiento de venir a acompañaros. Mejor fuera haberme muerto. Aquí hay algún embolismo. . Así engañarle pretendo. . Pues ved si algo me mandal;, porque ya al partirme intento. No os vais con esa fuga, que aún todabía no creo es la hora de marchar, aunque falta poco tiempo. Quién te trajo a mi presenda; para augmentar mi tormento! . En este tiempo, que queda, ver a un sujeto pretendo, que le debo mil finezas. Y quién as, para saberlo? Habrá hombre más temerarlo! . Es amigo mío, y deudo. Siendo pariente de vos, aunque os ratiréis sin verlo, es acción disilmulable. Habrá mayor majadero! . Que hasta que os deje en camino (aunque os parezca molesto) no os dejará mi amistad, Qué amistoso está el mul necio! Ya es forzoso irme sin verla! Qué pesar tan sin consuelo! jamás págaros podré tan repetidos anhalos, en servirme, y obsequiarme. Nunca pudiera mi afecto dispensar esta atención. Mucho el favor agradezco. No sé cómo puedo hablar! . O adversidad del desao. Yo, celebraré, Octavlano, que Ganeral vengáis hecho. Como de vos la fineza, nunca la esperaba menos. Quedad con Dios. Qué ya os vais? Volme ya (dolor violento!) que la hora muy propinqua para mi marcha la veo. Esperad, que todabía de fultar no pueda menos. Lléveme Dios, si no hay lante . Ya se acercó mi tormento! . lo n la dete ha burlado mis intentos. Ahora es hora, Octaviano. Ya he podido complaceros, ahora ved, que me ordenáis. Serviros son mis deseos; Dios os dé feliz viago. Guárceos. Eduardo, el Cielo: Vamos pesar a sentir. . Vamos, Amor, al intento. . Esto estaba yo aguardando. . Esto estaba yo previendo. . La desgracia ha andado diestra. . El cuidado ha andado diestro. . Vamos a vivir penando. . Vamos a vivir tiendo. Ea, Clarín, ya saliste de ser un poco tercero: Adiós Madrid de mi vida, que de tu campo me ausanto: a Dios querida Violante, que por un gran majadero, no he podido ver tus ojos: pero me queda el consuelo, de que no he sido yo solo el que se va tan ligero: A Diós Quinta de alcahuetes? a Diós amigos Monteros, pedid a Dios por Clarín, y rezarle un Padre nuestro. . Sabes la hora, Violante? Discurro serán las tres. Por el campo alguno ves? Qué dolor tan penetrante! Un bulto veo por allí; que acía aquí derecho viene. Pues vamos a ver si tiene mi tristeza (ay de mí!) alivio en ver a Octaviano. A la reja nos iremos, y por la seña sabremos si es, o no. . Oh; qué inhumano anda conmigo el Amor! Oh fuerza de voluntad, y sin segunda laaltad! Mucho ofrece este dolor. Ya a Octaviano lo dejé marchando con sus Soldados, ya son menos mis cuidados, ahora mi fin lograré: Dentro de la Quinta estoy, mitíguese mi desvelo: desdoblar pienso el lenzuelo, que con él la señardol. Llague dueño de mi viva, que ya el alma lo está ansiando. Ahora irela despreciando. . Qué llegó vuestra partida: Cómo venír? Ya no vengo, como cuando amor tenía, que estar sin alma solía, y ahora continuo la tengo. Cielos, qué es lo que he escuchado! . Qué olgo? no es Octaviano? Sí, que la seña hizo fano. Con qué me habréis olvidado? Bien, señoras discurrís, que ya se enterró mi amor. Quién vio tan fiero rigor! . Pues a qué a verme venís, si me tenéis olvidada? Porque sepáis con verdad, que os digo esta novedad antes de hacer mi jornada. Buena, señora, has quedado! . Cielos es sueño? Qué escucho. se me hace, Octaviano; mucho, que así me hayáis olvidado. Ya, señora, dio mi amor su fin postrero. . Este es sueño, Y no os faltará otro dueño con quien lo paséis mejor. Sois un villano; un necio, un grosero, y un ingrato, puesto; que burláis mi trato con ese aleve desprecio. No me vengaré por mí; ni jamás lo pensaré; mas puesto que te adoré, vénguese el Cielo de ti. Sea tu desprecio en buen hora? cerró la reja, y se fue: ya entendida la dejé de que Octaviano era ahora. De esta industria bien salí, ahora intento el idear el como la ha de obligar, para que me quiera a mí. Clorinda queda enterada de que Octaviano la olvida; este lance me convida. a que siga mi jornada. Qué pesares tan contina Qué confusiones son estas, Violante, que me perliguen! Qué nunca esperada pena, que el arma me traspasó! Qué confiada, qué agana de este lance estaba yo Ya los extremos se observan de mi desgracia. . Señora, sosegad la triste pena. que el corazón os aflige, que yo no sé como crea, que siniejantes palabras, Octaviano, las dijera. No dudes de ello, Violante, pues que viste hacer la seña del lenzuelo. . Ya la vides Pero, señora, no sea tu pesar tan doloroso, y tan ardiente tu pena, que a ti te quitas la vida, y a mí el dolor me lo augmentas, A, Violante, que no puedo, ni menos sé como pueda sosegar de este dolor, que al corazón me atraviasa. Quieras, señora, que canten, que tal vez será la letra adecuada a vuestro gusto, y siendo así, dará treguas vuestro dolor? . Yo no sé como darte la respuesta. Aguardad, señora, un poco, mandaré que desde afuera canten. . . Ve donde gustes, que aunque la Música sea dulce en la voz, he instrumento, no podrá aliviar mi pena, Eran estas las palabras! Eran estas las firmezas, que Octaviano: Ay de mí! que cuando esta voz la lengua pronuncia, siento en el alma una llama, que me quema: Oh penalidad de amor! como defunir no dejas a un ingrato. Mas qué digo? Donde voy con mi influencia! Aquién adoro diré, que otra cosa no me daja decir mi amor. A él no culpo, sino es a mi suerte adversa, Oíd, señora, que ya la Másica está dispuasta, Olrela por darte gusto, aunque me dé más tristeza, Si ai la causa la hermosura de padecer tantas penas, has de sufrirlas prudente, hasta que falsas se vean. Oh quién pudiera decir a mi corazón, que penas , . Ah de sufeirlas prudin hasta que falsas se vean: Si falsas fueran las mías, el sentir no lo sintiera. Os ha agradados señora? Algo me gustó la letra, y más si en abono mío aquesa verdad dijera. Pueda ser seas comprendida en su concepto. . Oh si fuera, este dolor fuera falso. Puede ser que falso sea. He nacido desgraciada, y esa verdad está opuesta. Pues a ti gracia te falta, para que sin gracia seas? Siempre chanzas has tenido; Esto es por ver si te alegras, No hay alegría para mí. Quién tal, señora, dijera! Venios, pues, al jardín, y os contaré una Novela. Qué más Nóvela, Violante, que la que ahora en mí se observa? En fin, uamos a sentir estas insufriblas penas. Qué no ha de encontrar, señora; nada con que te diivartas! Válgate Dios por amor, que de temer son tus vueltas. Ya hemos llegado, Clarín, a Barcelona, y hay nueva, de que nuestro Rey está muy prejimo a aquesta tierra. Todo esta mul bien, señor, si la lengua de esta tierra la entendiera; pues me veo en una pública afrenta. Que no la entiendes, Clarína Yo no entiendo, ni una letra: Qué quiere decir Miñona? Una mujer. . No pudieras decir mujer claro, y liso, y no andar con Miñoneras? Para ellos es cosa clara. Claras tengan las molleras: qué Diablos de algarablas: pero vamos a otra cuenta; Qué te pareció Eduardo con su amistad, y paciencia? buena quedaría Clorinda. Oh, desconsolada pena! No atormentes mi memoria, que los pasares se augmentan. Como quedaría aquel Sol, que de risplandores llena mis sentidos? Qué diría de mi tardanza! Oh, qué Estrella tan funesta que me sigue! Quedaría sin tiendo ella su hado, que también es malo, pues dos vecer, que citela, diciendo, que habías de ir, no fuistes una siquiera, Quién lo cabió? . Tu fortuna, Oh, de la desgracia fuerza! Una me quitó el traidor, y otra Eduardo me ordana; y entre tantas confusiones, para mi mayor tristeza, me acomete rigorosa traición amistad, y ausencia. Saldremos presto, señor, de esta Catalana tierra? Qué será pronto el regreso es lo que mi pena alienta, para sufrir con la vida. Y a mí, pues de esa manera podré salir cuanto antes de esta incomprensible tierra, Viva nuestro Rey Don Carlos; que ya la Armada se acerca a este Puerto victoriosa. Ea, Clarín, ya se llega nuestro Rey a Barcelona, pues esta voz, que ahora sueña, Índica, que los Navios a la Bahía se acercan: Sígueme. . Vamos andando, veremos cositas nuevas. . 1. Viva nuestro invicto Rey. 2. Ita la Nave. 3. Amaina. 4. Aferra, Atonito me he quedado! Quién vio mejor apariencia! Perece que los Navios por cima del agua vuelan. Viva nuestro gran Monarca, y toda la Corte Regia. Viva aunque sea por mi! siglos, y pase tanta tormenta de Naviós: uno dos, tres, cuatro, cinco, cincuenta. Válgame Dios, cuantos pasan! ya discurro van milenta. 2. A la Capitana sigan todas las Naves ligeras. 1. Ya estamos en la Bahía. 2. Viva el Rey. 3. Aferra, ferra. Qué hermosos van los Naviós! Qué rumbosas las Vanderas tremolaban con el viento! Vive Dios que un brazo diera por haber sido Navio, para andar con tal presteza, Pero no puedo entender aquello de guiza, aferra: pero con asto dirían, que irían a guisar a fuera; Válgame Dios cuanta gente de los Navios se apea! Qué bien relucen las galas! Todos salen para afuera: Qué bullicio tan tramendo! Ya sale el Rey, qué grandeza! Qué victores, y qué aplausos, toda la gente le muestra! Quién esta función se pierde? Ya por la Ciudad se entran: qué Máscaras, y qué Vivas, desde aquí se ven y observan! Cuerpo de Cristo conmigo, y cual andan las gorretas, y sombreros por el aire! Qué bien la Música sueña! Yo vol a hallarme en la entrada; por dar an la Quinta cuenta. Ya hemos llegado, Leonor, felices en el viage, a tierra de España. . Ya miro sus ballas Ciudades. Como a esta tierra la llaman, que es digna de que la alaben? A esta llaman Barcelona, bella Ciudad, Puerto grande, donde la España feinosa tiene sus seguridades. Merece muchos aplausos; y que función tan loable ejecutaron, a tiempo, que entraron sus Majestades! Hh sido hacer lo que deben; mas, Leonor, no reparaste en aquel noble Soldado, cual Español arrogante, que cuando desembarcamos estaba junto a la Nave? Ya hice el reparo, y qué quieres decir con eso? . Volcanes de amor me despide el pecho desde que pude mirarle: ya connimo lo que dijo. Nada más, que el alabarle; pues esta efecto, Leonor, de su gallardia nace. Parres que enamorada de él estás? . Tal disparate nunca piensas, ni imagines. No pienso contrariedades; antes yo creo, que bien imagino, que es constante, que quien alaba, un sujeto, está mui cerca de amarle. Qué bien dice! mas pretendo . por ahora mi amor negarle. El alabar no es amar, mayormente, cuando sabas, que al amor le soy opuesta. Nunca eso ha sido durable, señora: si te agradó, para qué quieres negarle, mayormente, cuando sol de tus secretes la llave? Cielos! no sé lo que haga, . ni sé si lo diga, o calle: Pero si lo ha de saber, que ahora lo sepa más vale. Pues has de saber, Leonor, (y lo que digo no extrañes) que aunque tanta oposición hice al amor, como sabes, fue, porque nunca sus flechas me pudieron dar alcance, como tú misma decías. Me alegro, que mis verdades las confirmes en ti misma, pues tanto las despreciaste. Castigo de Dios, parec pues apenas pude darme ansiosa a las velas, cuando miran mis ojos afables aquel Joben tan gallardo, tan valeroso, que Marte era en su aliento, y Adonis en su gentileza, y talle. De él mul pagada me siento, Leonor, y tanto en mi arde esta amorosa pasión, y esta llama inexpugnable, que aunque ha sido de improviso; son mis ardoras tan grandas que siendo toda de hielo, éxhala el pecho volcanes. Y qué remedio, señora? El Padecer como amante. Y él se retira a la Corte? Eso, Leonor, es constante, que únicamente ha venido para ir con sus Majestades. Sabrile el nombre? . Octaviano le llaman. . Y le has hablado? Muy poco he podido hablarla; mas díjele, que viniese a este retiro esta tarde, diciendo, me hiciera el gusto de toda España informarme. No has elegido mal medio, para que él emplece a amarte, si otra belleza no adora. Eso es lo que siento. . Tales pudieran ser sus amores, que olvide, por adorarte, otra Dama. Quién pudiera; (si es amante) anticiparle mi amor. . No podrá sar menos, que tu hermosura le agrade. Un papel le tengo escrito, que es una arrogancia grande, para que digan las letras, lo que la vergüenza embargue, Deos el Cielo, señora, colmadas felicidades. Qué gallarda gentileza! . Qué galán! . El Cielo os guarda, Obedeciendo el mandato, señora, qué me ordenasteis, gustoso vengo. En el alma estampo finezas tales. Qué os parece esta Ciudad? Es digna de que la ensalcen. Paro es forzoso ta la tierra donde os criasteis. Un placer se la antepone a la pena indispensable de la extrañeza, y por tanto no ha sido pena durablo. Pues yo celebro, señora, que placer os acompañe, que dais a entender con eso, que este Firmamento os place. Perdóneme aquí el decoro, que más claro quiero hablarle. Apenas pude dejar esos líquidos cristales, para pisar las arenas, cuando quedé tan amante, tan rendida, que yo misma ignoro, si este ardor yace en mi pecho, no os admira, que palabras semejantes diga, que la que al amor sujeta sus voluntades, la mejor voz, que pronuncia, es el mayor disparate. Es así: mas esa causa, que produce efectos tales, muy atractiva sería; pues tan pronto dio el engarce a vuestro amor. . Tanto atrajo, que afirmo, que ponderarle mas no puedo . Es fineza digna de ser agreciable, mayormente en quien causó ese enajeno tan granda de voluntad. Y si vos fueráis de ella el causante, qué hicieráis? . Yo lo tuviera por favor inseparable (no sé lo que a esto responda!) de apreciarle. . Y de amarle? (oh fuerza de amor!) . Señora: (quién vio más estrecho lance! ) Yo no puedo desechar a la que en mi pecho yace. No respondéis, Octaviano? qué os suspendéis? En qué lance . tan fiero estoy! . Me suspenden, que unos favores tan grandes, como de vos:: Mas qué digo! . Señora:- Viva Don Carlos, de nuestra España el Atlante, los Músicos se aperciban, para celebrar afobles a nuestro Rey. . Estas oces obligan el ausentarme: quedad con Dios. . Él os dé colmadas prosperidades. Este papel, Octaviano, para leerlo tomadle, él os dirá lo que yo por mi pundonor lo calle: la osadla perdonad, que fuerza de amor lo hace. Éllo nunca ha de faltar villeres, que mudos hablen. . Esto faltaba al pesar. para más bien coronarle: yo adorar otra mujer es imposible, pues yace tan viva en mi corazón, Clorinda, que se me hace cosa imposible olvidarla. Nise en el fuego se arde del amor: no ré qué hacer, ni sé si lo rompa, o guarde: más parece grosería, que más ha hecho ella en darle, que yo en recibirlo: quiero con un modo el aceptarle, que nunca pare en desprecio, ni menos en amor pare. Ocultarlo ahora pretendo, para de espacio pasarle. Quisiera, hermosa Clorinda, que supieses este lance, porque vieras, que aunque ausente, es mi firmeza constante. Triste, con mi pesar, nada me alienta, Eduardo, señora, hablarte intenta. Déjame ya, Violante, porque nada puede ya mitigar mi pena airada. Qué te dijo Eduardo? Qué quería hablar con vos, por si hallar solía un género de amor. . Oh triste suerte! Quién está entregada en brazos de la muerte no puede amar, pues es constante, que me quitó la vida (ay Dios!) mi amante; y pues dejome con su olvido muerta, no puedo para amar estar despirita. Y así puedes decirle, que es en vano (oh fuerza de pasión, por Octaviano!) que tenga pensamiento semejante, pues nunca dejaré de ser constante a un hombre, que adoré (oh desdichada!) aún viéndome de su memoria despojada: que aquella que leal, adora y quiere, aún viendo el desprecio por amar sem Esto es decir, señora, lo que dijo, que yo que la queráis jamás elijo. Ahí puedes estar, y cuando venga, decirla puedes que su amor detenga, y que el hablarme excuso, que es forzoso, que nunca de su empreda salga airoso: que yo vol a buscar la coyuntura, para sentir mi triste desventura. . Como a Edurido diré, pues me ofreció las albricias, estas contrarias noticias? ignoro lo que a esto haré: el lanca es un poco fuerte, él desuerte me obligó con lo que pronto ofreció, que yo no sé de que suerte se la tengo de tramar, que no esté fuera del todo, y este será al mejor modo, para que pueda tomar. Cómo estamos del asunte? Guardeos Dios. . Y a vos también: antes que mal, vamos bien, pero as dalicado el punto: Palabras indiferentes son las que me respondió. Pero algunas muestras dio? Diome muestras tan prudenter, que yo no sé lo que infiera. No dijiste, que quería hablarla? . Es hoy mal día, porque una tristeza fiera le acomete; y por lo tanto, otro día podéis volver, y ufano entraréis a ver su hermosura. . Qué quebranto . as amar sin ser amado! Esta cadena te doy. Mul agradecida os sol. Porque disteis el recado. al despacho pongo en vos, qua en elló podela mediar: al Cielo os guarde. . Quedad desculdado: guardeos Dios, Ya la cadena pillé, y si le fingí el recado, fue por habarla logrado: que nunca jamás saré, ni serviré de tercera, y aunque el error comatí, muy poco me importa a mí, que la quiera, o no la quitra, Qué nunca hemos de salir, Clarín, de ser alcahuete! Gran simplón es mi señor; pues si él a Nise no quiere, no le pudiera decir boca a boca claramente, y no me trajara a mí, con trae, y lleva papeles: pero no se funda mal, porque las letras parece, que son quita la vergüenza: májimé, que es mayormente, cuando va el papel cantando claro, y liso, que no quiere ser su amante, y el de ella en el suyo le devuelve. Miren la Napolitana, qué presto de amores muere: no se entró por las narices, que salga, cuando se sueñe. En fin, si yo no me engaño, el cuarto da Nisa aste: . ha de casa? Quién llamó? Salga usted, si verlo quiere, Guardeos Dios. El Cielo os guarde. Qué buscáir? Unos papeles entregar. . Quién sois? Yo sol un criado reverente de Octaviano. . De Octaviano? Sí señora: muy alagre de oír su nombre ha quedado: todas de amores padecen. Pues aguardaos. Esparo. Señora? . Famosa suerta! . Qué es lo que quieres, Leonor? Ego sum quien a vos quiere: bescos vuestras blancas manos. Entretenido parece el criado: Dios os guarda. Con sumisión reverente os entrego este papel. Y de cuya parta viene? De parte de mi señor, que es Octaviano. . Parece, . que todo el placer del Mundo he recibido: mereco ser premiado tu cuidado. Si suplera lo que viene . en él? . Esta sortija, para que de mí te acuerdas, te doy. Gran tentación: . antes que lea los pepeles, es necesario escaparla. Agradezco la sortija: vuestra vida el Cielo augmente. Esperad, a ver si tiene respuesta. . Quedad con Dios, que no puedo detenerme, por aguardarme Octaviano. . Ahora veré que contiene este papel: con que gusto rompo la nema: laerele: Señora: . Con qué tibleza empieza a escribir! . Leedie, que el papel, y la mujer, hasta el pie tiene de verse. otro papel viene dentro; mas leeré primero esta. Si el Amor pudiera detener sus flechas, nunca me hubiera herido con más rigor, que al haber visto vuestra hermosura: pero tengo tan entregado mi corazón a una Daidad a quien venero, que es inseparable mi amor: vuestro papel os debuel- yo, que es la mayor estimación, que le puedo dar Perdonad::: Pues que ya he visto mi muerte estampada en el papel, arrojarela cruel: . o pese a mí triste suerte! Quián mi infondió a mí este amor para quitarme la vida! Habéis quedado lucida. Quién vio tan fiero rigor! A nadie puedas quejarte, pues tú misma lo quisiste. Ya en tus anuncios me viste. Hiciste un gran disparate. Fuen fuerza de voluntad, la que a escribir me obligó, y la pluma se excedió a que dara liviandad: pero yo me vengaré, ya que padezca mi foma. Cómo? . Diralo su Dama, que quien es, yo lo sabré. Quién tanto aliento os prestó! Soy un Áspid venenoso, y el que me vengue es forzoso? Quién tan fiero lance vio! de galán las veces hice: o Amor donde me llevaste, que tan pronto despeñaste a una mujer que lr felice por su desgracia se nombra! Pero empiece mi venganza con notable vigllancia. Tu resolución me asombra! Señora, qué culpa tiene, Octaviano, de tu amor? Calla, y sigue mi rigor, que esto a mi honor le conviene, Con obras no ha de vengarme, encobrir quiero mi idéa, . y quiero, si así no sea, con palabras desahogarme: sígueme. Adónde ordenas? A sentir este rigor, pues apenas tuva amor, cuando fue aspirar a penas. . Ya dejamos, pues, Clarín, de esta gran Ciudad lo ameno; y espero ver a Clorinda, que as el único consuelo. Pero no ves mi sortija, cual me reluce en los dados? Dístele el papel a Nise? Díselo muy reverendo, y al punto que se lo di, fulme con maña escurriendo, antes que las letras viese. Mucho ha sentido su arresto, Sientes el verte querido? En esta ocasión lo siento, pues a su crecido amor, corresponderle no puedo, y parece grosería, mayormente, cuando vao fue segunda Partenopa, que con su Páis ameno pretendió atraer a Glises, y este despreció su celo. Mas perdone Nise, y perdóneme el Mundo entero, que he de ser fiel a Clorinda, como amante verdadero. Feliz viaje ya va toda la gente siguiendo a sus Majesta des, que salen con bien de este Puerto. Vamos marchando, Clarín, que ya llegará el consuelo de ver a Clorinda: el Rey, según la voz, va partiando. . Vamos, pues, que yo a Violante tengo de verla desro: Adiós, bella Barcelona, que ya cesó el Miñoneo. Qué atractiva está la Quinta, y que gustoso paseo sus estancias; mas que mucho, si las alumbra el Lucero, que causa mis inquietudes: todo apacible lo vae: qué favorables los troncos se muestran a mis deseos; los arroyos cristalinos, cuyas corrientes Peneo les prestó canten mi amor. Las floras, que de su ameno sitio, esparcen las fragrancias, que de Amaltea recibieron, den a entender olorosas, que a una Dridad amo, y quiero, Y los Pajarillos todos con armoniosos gorjeos, en sus cánticos publiquen, que es Clorinda, a quien venero, Con las ballas flores, que el jardín encierra, se está divirtiendo la hermosa Amaltea. Qué bien la voz pronunció; porque si Clorinda bella es la que está en el jardín, ser á segunda Amaltea, y dará con su hermosura fragrancias a la floresta. Cercarme quiero al jardín, por si puedo hablar con ella. . Con las bellas Azucenas, que el jardín produce amano, con suspiros dolorosos astá penas divirtiendo. Si tan continuas cadenas me tienen atormentada, como he de aliviar mis penas, aunque me ieo acompañada con las bellas Azucenas? Si cada día a mayores penas, y ansias me condeno, como divertirme ordano, si aún no purdo con las flores, que el jardín produce ameno? Si pesares amorosos no los divierto con nada, siendo los llantos forzosos, sentiré mi pena airada con suspiros doloroso:. Todo opuesto lo estoy viendo, a que gustos lograré, y pues que hallarlos no sé, con suspiros estaré estas penas divirtiendo. Señora no os congejéis, ni derraméis asas perlas. que a vuestra Aurora ofendeis, porque aunque perlas vertris, siente, señora, el perderlas. Déjame, Leonor, sentir, este pesar que me mata: yo no puedo divertir esta pena, que a morir me está apropincuando ingrata. No sé como a tus dolores pueda divertir mi amor: queréis que os coja unas flores No quiero más que rigores, deja solo a mi dolor, que sola quiero penar. Eso es, señora, morir. Nadie me ha de acompañas, que sola fui para amar, y sola quiero sentir. Mis gustos son tus mandatos. Por si divertirme puedo quiero sacar el retrato de un aleve, de un ingrato; mas donda va mi desvelo, si no le sol desleal? y así con razón diré, que es de quien más adoré, que si él me paga con mal, yo con bien le pagaré. Dime sombra inánimada, en qué te ofendió mi amor, para que con tal rigor, me tengas así olvidada? Respondo: Mas dónde voy! Triste de mí, qué rigores! Oh fuerza de mis amores! Qué frenesí! sin mí estoy. Mas mis penas augmentó la vista de este retrato: descansar pretendo un rato, que la pena me rindió. Daré a Morpeó mi aliento, que los sentidos dormidos, me faltarán los sentidos, para santir mi tormento. Ya estoy dantro del jardír; mas Cielos, qué es lo que miro. Clerinda dormida está: quién vio tan bello prodigio! Qué nunca vista hermosura! Todo sol un fuego vivo, Etnas dáspido del pecho: o qué lance tan propicio! Así. Cctabiano, dejaste a mi corazón, que fino te adoraba? Qué rigor. Aunque el sentido dormido está, sueña con su amante: o, qué lazo tan unido. Pero qué pecho amoroso tólera este ardid altivo? Yo he de tocarle una mano. Suelta, tirano, enamigo, no agravies a quien adoro. Hasta en sueños das aviso a qué tolere mi ardor? Detener quiero mi brío; pues si despierta lo estorba, dormida me da el aviso. Mas quién vio tan fuerte lance! Ayúdenme los delirios de mi amor, que he de tocarle una mano. Suelta, villano atrevido, que segunda vez ofandes a Cctevianc. . Mármol frío de oír su voz he quedado; mas que ilusión, es prodigio. Mi ardor soslego veloz, porque con ecos dormidos, me sorprendió de traidor; mis furores, ya mitigo; Mas un retrato en sus manos, aunque dormida, se miro, verle pienso. Quién pudiera ser si no tu (hado impío!) Octablano en este lienzo esta gravado: indeciso está mi ardor: qué constante eres hermoso prodigio (aunque olvidada te sientes) para adorar: no imagino de ningún modo obligarte: semejante amor no he visto! que aunque advertida se halla, que usó Cctaviano de olvido, con más constante lealtad la veor en balde animo las cautelosas ideas, que mi grande amor previno, Ocultar pienso el retrato, pues es mi ardor tan crecido, que con él he de estorbar este amor con otro arbitrio, Mas quién vio tal hermosura! Quién vio tan bello Narciso reclinado entre sus hojas? De tu vista me retiro; que no pretando agraviarre, porque es noble el pecho míos que te ofendo, no lo ignoro, pues pretendo inadvertido, el separar a Octavlano de tu amor: pero es cariño, mas que ofensa. volme ya: perdóname peregrino objecto, que tu hermosura causa talas desatinos. Cielos, qué es esto? ay de mí: pesado sueño he tenido: todo es sustos a quien ama: mas se augmentó mi martirio, mal pensé, pues que dormida discurrí tener alivio. Ya nuestro Rey victorioso se va acercando a este sitio, salgamos a recibirle: Viva Carlos, Rey invicto. Qué es esto Divinos Cielos! Estas voces dan indicio del que el Rey va ya llegando: ya vendrá, por quien delirios amor padezco, y serán mis pesares más continuos, porque no estando a la vista, menos fuera el dolor mío; no obstante, se alegró el alma con esta voz: el sentido me ha arrebatado, aunque veo me despreció Inadvertido. Oh fuerza de mi amorosa pasión, que aún viendo ase Signo, el alma ansia ya por verla. Señora, por el camino viene cubriendo la tlarra Ejécelto lucido, que fue Barcclona, en él vendrá Octaviano. . Ya he oído al estruendo, y el rumor. Venid, porque divertiros podáis con verle. Sentidos, dejadma por un instante, apesar del duelo mío, que mi desdichado amor me lleva desconecido a ver por quien peno, y siento, para refrenar el brío del pesar que me acomete, aún que jamás lo mitigo.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Muy sensible me es, señora, él tener inconveniente, pera no corresponderos. Hablando de aquesa suerte, no os entiendo yo, Octaviano. Cómo no habéis de entenderme? Porque habéis sido un grosero. Ahora emendar pretende . su parro. . Yo grosería? en qué forma, o de qué suerte, con vos la he usado? . Señor, que ahora llegamos advierte, y que ya yo quiero ir donde sabes. . Callar puedes. Aunque un papel envié, y os hablé de aquella suerte, fue por divertirme en algo: No sé como fingir puede . mi amor lo que está negando; paro a mi honor le conviene. Yo he tenido la costumbre desde niña, entretenerme en hablar con Caballeros. A esta criada (que tiene la culpa de ese papel, y erros que excusar no pueden) le mán dé que me escribiera un político billete para vos, que en él se hallaran otras cosas diferentes de las que iban, en el que a vos di como innocente: escribiolo, como dice, y entre otros varios papeles (que uno de ellos es el dicho) lo equívocó y yo en este concepto, a vos os lo di, por ser estilo, que entre los Caballeros, y Damas se usa, donde crieme. Recibl de vos respuesta, pensándola conducente, dile a Clarín las albricias. Y están muy resplandecientes: No he visto mayor enredo. . Por instrumento me tiene de su error. . Abrí el papel, y miro lo que contiene, cuando me hallé despreciada. No sé lo que responderle. . Sin haber tenido amor; pues como había de excederse una mujer de esa forma, aunque sin juicio estúviese? Y en caso que se excediera de ese modo, responderle no era bien con tales letras, ya que erró tar fuertemente. Espera, señora, tente, dejadme, que yo os responda. Muy buen desenfado tiene. . Sati facciones no aguardo: yo he venido solamente, a deciros el error, que en el billete se advierte, y no juzguéis, que mi amor se rinde tan fácilmente. . Aguarda, espera, señora, no os retiréis de esa suerte. Válgate Dios por desgracia, que favorable andas siempre para mí. . Callad, señor Quién vio lance cómo este? Hazte cargo, que el papel lo sabla tan lindamente, que me atrevo asagurar, que hasta las comas supiese; eso fue fingir negocio: lleve el Diablo si no tiena mas de tras reales de amor: estas al revés se entirnden, si le hubieras admirido su amor, vierais que breve no tuviera tantos usos, como dice que ahora tiene. Solo siento las palabras, que me pronunció imprudente. Ahora sientes, cuando esperas ver aquel Sol transparente de Clorioda? . Dices bien, que ningún pesar me puede abatir, cuando ya espero ver, por quien el alma muere. Sola me traen mis cuidados, por si mis intentos pueden imponerse, con oír alguna voz conducente. Quiero escuchar. Ya ansia el alma entre tantos gustos verse: caminemos a la Quinta, por ser allí donda suele estar de continuo el Cielo, que mis inquietudes mueve. . Ya mi intento lo graré: esta es la Dama que quiere. Gustoso te voy siguiendo, que yo también sol doliente, y ver hermosis Violantís ánima mea pretende: Sus pasos sigo celosa; mi amor su venganza emprenda, que una mujer despreciada jamás prevré inconvenientes: la fuerza de amor lo hace, que en el alma infunde ardimta un ánimo valeroso, agraviada vengarima: de nuevo alientos me dad: en mí las pledades ceser, que ha de ser otra Medra en mis impulsos ardientes. . Calla, Violante, que todos los pesares me acometen: no hallasteis en el jardín el retrato? . Yo no hallele en cuanto encierra la estancia. Qué necia, qué permanente se ve la desgracia en mí! No ré dones ocultareme huyendo de mis desdichas: Dormida con él quideme, y apenas me entregué al sueño, cuando señé (qué crueles fatigar!) que este Eduardo tirano, atravido, aleve, dentro del jardín entró, y furioso tocar quiere una mano; y yo entonces, llameba, que me valiesa con sollozos, y suspiros a Octaviano, y excederse con mis gemidos no pudo; y entre penas tan crueles desperté y halleme sola; y que entonces, con tan fuerte dolor, no eché menos el retrato, y ahora hallime sin él, ignorando como, o en donde se me pardiase. No sé qué Estrella es la mía! En todo el jardín no hallele; lo que os puedo asegurar, es señora qua sar puedo verdad, lo que habéis soñado. No es marabilla creerle, Y más, cuando no ignoráis, que Eduardo por vos muere: Todo es, Violante, con gojar, todo pesar me acomete; ninguna, por desdichada, que sea, igualarse pueda conmigo: Ya entró Octaviano en Madrid (ansias crueles!) Acía este sitio, señora, dos con pasos diligentes, se van acercando: a Clarín, y a Octaviano se parecen. Dudosa estoy que ellos sean, porque el uno me dio muerte, y no será blen, que venga, a dármela por dos veces. Pues ya llegan, y ellos son, si mis ojos no me mienten. Gracias al Cielo, que el alma entre tanto gusto verse pudo dadme los brazos. Vuestro arresto detenerse puede. . Qué he escuchado, Cielos! . Bercebú mi alma lleve, sino es verdad lo que miro. . Como detenarse puede un alma, qué os idolatra? ahora me dar tan cruelas penas cuando ya aguardaba en vuestros brazos, poderse recobrar el sentimiento, que me ha molestado ausente? Y ahora, después que la vida me quitasteis imprudente con un desprecio, venís a emendarlo de esa suerte? ̱ Cielos que pesar es este! . Yo despreciar a quién amo? ignore como ser puede. Reconciliad la memoria, si acaso tan fácilmente os olvidáis de que fuisteis tirano, ingrato, y aleve. Qué es esto (ay Dici!) que aquí oigo? mi amor menos os entienda: yo is grato con tu hermosura? Vive ese globo Celeste, que le quitaré la vida a quien piensa de esa suerte: Yo olvidar, yo despreciar a quien extremadamente adoro? (el juicio pierdo!) . Señora decidle puedes como pasó que yo creo, que en ello culpa no tiene. Y gasta usted el mismo humor? Yo estoy de la misma suerte. Quedamos mul igualados. No os acordáis, cuando a verme venisteis, antes de iros? Yo, Clorinda? En eso miente quien tal dice. . No enviasten un recado, a que estuviese en el jardín aguardando, que antes de iros, queriáis verme? Es así pero no pude, pues tuve el inconveniente, que me detuvo Eduardo, y no pudr desprenderme, con harto dolor del alma. Señora, en eso no miente: que estuvo tan porfiado, que hasta que nini neciamen en el camino dejole no se fue. . Cielos! ya vuelven a. mis suspiros a su centro. Basta ya que conocerse ya pudo el bárbaro engaño. Qué pasó? Cuando crueles venenos, con esas voces me has dado. . Antes ya puedas llegar donde te negué: que ya infitro lo que puede ser, con lo que ahora dices, y pasa mi advarsa suerte. Ellos serán mi descanso. Se mantirne usted en sus trece, señorísima Vlolante: Muy pulcro parece vienta. Ya harás memoria, Octaviano, que para venir a verme antes de irte a Barcelona, (ausencia que el alma siente aún todabía) a Clarín, (que lo mismo decir puede) enviastela con recado; y porque yerro no hubiese, (aunque fui tan desdichada, que enormísimo se advierte) habías de hacerme la seña con un lenzuelo. De esa sunta lo envié. . Así lo dije. Pues fue tan adversamente, que estando yo confiada, (porque nadie saber puede pensamientos de ninguno) aguardé (oh adversa suerte!) y apenas vi que llegaron, yo entendida, que tu fueses. (porque sacando un lenzuelo al aire dio sus dobleces) amorosa le llamé, y apenas se acerca a verme, cuando empieza a despreciarme: (oh qué traición tan aleve!) y en medio de penas tantas, contempla tú de que suerte quedaría: Apasilonada entrambas puertas cerrele, y éntreme a sentir las penas, que hasta esta hora, que verse ha podido la traición, ha tenido, y claramente ir fiero que es Eduardo, quien tantas tristezas mueve, que atrevido, con Violante, enviome a decir alave, que le admitiese su amor. Señor, cuando a entretenerte vino ese firro Eduardo, que sabría, blen se irfiera, que habías de venir aquí, pues quien tiene amor no duerme, y en algún árbol de aquestos se andaría ocultamente, y sin duda oyó el recado: y si verídicamente tengo de hablar, ona nocha (Violante decirlo puede, pues fue cuando fui a buscarla) a cierto quidam halleme, y amenazándome a palos examinarme pretenda, diciendo donde quedabas, donde iba, y de qué suerte? Yo que le entendí la treta, porque mal trato no diese, singlle no sé que entedo, y de su furia escapeme. Y lo demás, no lo dices? Calla, Violante, si puedes. Quién vio tan fiero rigor! . Serla ese Eduardo aleve. Yo medio lo conocí. Quién vio tan adversa suerte! De oírte absorto he quedado: que ese traidor ofenderme ha intentado cauteloso, cuando al verme se me ofrece por un recíproco amigo! Qué así me engaña, y me ofende! Vive ese rojo Planeta, cuyos despojos ardientes, son rayos que deshilados explendidos enriquecen la ermesura de Diana, que haré que mi acero muestre su inhumana alevosía. Obró cautelosamente, pues su mal fundada industria el que sería bien se infiere, porque te olvidara a ti, y su hálago la admirlose. Antes que olvide tu Cielo, me será más fucilmente, quitarme fino la vida, pues que la pierdo en perderte. Jamás pude yo creer, que obraráis vos de otra suerte, El desdoblar el lenzuelo, hizo a mi amor, que creyese los desprecios del tirano. De su traición vengareme. No ré qué Signo es el mío. Se ve desdichadamante nuestro amor. Ya estoy en parte donda mi desvelo puede saber lo que solicita: mi celo escuchar pretende. Yo os estimara, Octaviano: Esta es la Dama que él quiere: presteme amor atención. Puesto, que tantos alaves émulos se nos presentan; porque estás desdichar cesen, me concedierais un gusto. Un alma que por ti muere, qué cosa la pedirás, que no lo haga eficazmente? Cesarán tantos disgustos, como este amor nos ofrece; y es que an esta noche misma, cuando Diana en Cintla muestre su retiro, me saquéis de mi casa: amor me vence. Qué buena resolución! . Resueltos esfuerzos tiene. . Con estas voces que cigo, mi industria venganza emprende, Porque vivir con disgustos, es tener vida con muerte: Eduardo nos persigue; en mi padre indiferentes muestras veo, pues yo creo, que a mi amor está rebelde: tuya soy no digo más, disponer de mí ya puedes. Clorinda, tu esclavo sol, y aunque mil vidas arreste, te daré el gusto, que ordenas: tuya el alma se te ofrece, y tanto fina te adora, cuanto promta te obedece. Resuelta estoy como amante, pues es mi amor de tal suerte, que sin verte, temo todo, y nada temo con verte. Todos los gustos del Mundos pues que ninguno compete al de tanerte a mi lado, dejaré, y ya que quieres, que de tu casa te saque, uando al día su luz deje, admitiendo las tinieblas, que el manto nocturno ofrece, saldré a este efecto. . Ya el alma te tributa parabienes. Dar una seña segura, que ninguno la falsee. Yo le estorbaré este gusto. La Música servir puede de sañal fija. . Si alguno estará agachadamente escuchande? Ah del monte? Todos de escucharme tiemblen, si alguno escondido está, aquí salga promtamente. Pues esta noche os aguardo: retirome, porque puede salir mi Padre, aunque el alma contigo se queda siempre. Me dejarás en tinleblas, pues si ts vas oscurece. Y a mí me dejas sin vida, porque la pierdo en no verte. Me olvidarás? . En la vida, quererte hasta la muerte. Tu esclavo sol. . Sol tu esclava Siempre constante en quererte. Siempre fina en adorarte. ̱ Sin temer riesgos presentes. Sin preveer tantas desdichas. Con un amor obediente. Con una fina lealtad. Quédate aDios. . Él te lleve. . Siempre fino a mi Violante. Y yo siempre, como siempre, No sigues tú a tu señora? No sol yo tan obediente, Quedo, señora Violeta, no se ensanche de esa suerte, que yo no la quiero mal. Ni yo blen he de quererle. Pues anda con Belcebú. El vaya, si verlo quiere. A buen tiempo mi cautela llegó, pues sé ciertamente, la cita de aquesta noche, yo lo compondré de suarta, que dé lauros al deseo, que me molesta, cruelas son mis intentos; mas miro que sosegarse no pueda al animo, que me influya, el impulso seguir quiero mi pasión: o cruel amor, cómo tanto me acometes! Mas son tales tus efectos, que he de hacer que en mí sa obsarb, Fuerza de Amor, y Venganza. Al arma toquen cruelas mis ardores, que he de hacer lo que mi pasión me ofrece. Vive Dios, que ahora verás transformada en el acero mi ver ganza. . Tu valor rinda mi espada, y mi esfuerzo. Ríndeme, ingrato, tu vida, No hay para que. Mas qué veo! Detén la espada: la insignia, que tienas pendiente al cuello, me ha suspendido. . Yo extraño, que te partas tan ligero, antes de que yo te informe, que es mul contrario el suceso. No sé lo que signifique. . quedo confuso, y suspenso: el retrato, que a Clorinda di, parece qué será esto! Decid, quién os dio esa prenda? Ahora engañarle pretendo. . Vestid la desnuda espada, y sosiegad vuestro aliento, y sabréis lo que ignoráis. Todo he quedado de hielo. . Señor, el Duque Don Basco viene aquí que quiere veros. Pues retirome, Octaviano, que dando lugar el tiempo acabaré lo empazado. Guardeos, Eduardo, el Cielo: . todo es pura confusión! Y no has muerto a ese manlero? Deja, Clarín. . Pesie al alma de mi abuela, ya ta dejo. Qué quetrá el Duque? . Vendrá a concederte algún premio, por tus honrados serviclos. Guardros, Octaviano, el Cielo. Vuestra vida, Duque invicto, tenga mil siglos de augmento? buscándome Vuexcelencia? Cuando mereció mi afecto tal honor? . Muy marecido lo tenéis. . Mi fiel deseo de serviros os lo rindo. Octaviano, vuestro celo en servir Reales Mandatos. vuestro valor, vuestros hechos, me estimulan a que os premia. No tengo merecimiento, para que me hagáis tal honra. Basta que os tanga el afecto (aunque fuera lo contrario) Octaviano, que os profeso. Vuestras finezas, señor, las estimo, como debo. Estando solos los dos quiero hablaros a este efectos ahora conmigo os vendréis, porque esta nocha un festejo, en celebración del Rey, tengo en mi casa dispuesto. Esto falta a mi desdicha! . Ya se me frustró el intento de ir a la Quinta: Qué Astro, que me sigue tan advarso! Siampre gustoso, señor, os seguirán mis deseos, dando triunfos de la dicha, que a Vaexcalencia merezco. No dije, que el señor Duque, ahora sa venla con premios? . Saguid mis huella:. . Ya os sigo, señor, como esclavo vuestro, para muriendo vivir. . Ya al compás de sus paseos vol yo estirando mis piernas: pesia al alma del festejo. y que a buen tiempo llegó: todo entejado lo veo. La oscuridad de la noche me vale para mi empeño; un pájaro no se oye: toda la Quinta en silencio está: válgame la idea: a Octaviano ahora la dejo seguro con mí tío el Duque, que yo ignoro qué secretos tiene que comunicarle: ahora se irán al fastijo, que a mis influzos dispuso, para lograr yo mi intentos indispuesta me he fingido, para que no me echen menos? Seguir quiero aquesta senda. que va al jardín, que pretendo fingir, que sol Octaviano: la Música, ya he dispuesto, qua es la seña concertada: deme el amor nuevo aliento; que ha de sacar a Clorinda a impulsos de mi desvelo. Ya estoy, Vielanta, dispuasta, mi casa, y mis padres dejo, por irme con Octaviano. Digo, que está mul bien hecho, pues es tu gusto. Es mi gusto, y por ser gusto lo acepto: la fuerza de amor me vento, que haga samejanta arresto. Entrémonos, pues, Violantes y cuando olgas al aecento de la Música, avisarme puedas, que yo an mi aposento tango que hacer. . Ya te sigo, que con él oído atento estaré y yo discurro no tardará mucho tiempo. Ya estol dentro del jardín, presteme amor sus alientos: Ya a la Música he avisado. que dé al aire sus accantos, para dar labro a mi ideas (cuando agena de recelos me veré en lance tan fuerto?) amor produee este efecto. Salga ya la Aurora con sus rayos bellos, alumbrando afabla todo el Fmispario. A la dulce malodia, que produce el instremento; vengo amorosa, Octaviano. Clorinda, mi bien, mi dueño, aquí estol con toda el alma aguardando tu consuelo, Y yo como Corderilla, cuando el Pastor con su celo, con el silvido la llama, me vango a tu dolce eco, alado que por astara riquizas, y padres dejo: los extremos de mi amor lo hacen y más deseo estar pobre, si te miro, que rica, sino te veo. Tu amor, hermosa Clorinda, está muy bien satisfecho, que si te miro, descanso, sino te veos padazco. Vamos, pues, que en ese monte, que aquí confina su extremo, mientras que la noche pasa, allí nos albergaremos, que en dando Aurora sus luces a los ímpetus de Pebo, tomaremos el camino de Portugal que allí tengo unos parientaes cercanos, que favorazcan mi empeño: para que publique el Mundo, que honores y patria dejo por amar una mujer. Donde gustas nos iremos, que yendo en tu compañía, octa viano, nada temo. No sé qué impulsos me dan, . que atras vuelva mis deseos: pero el seguir ya es forzoso. Dios me dé gracia, y acierto: Violante se queda atras, mas ella me irá siguiendo. Qué pronto que se escaparon, aún no me dejeron tiempo para recoger mis trapos: pero yo ya no los veo: seguíralos mi cuidado: de mis lealtades reniego, que por le con mi señora, tanto regalo me dejo. . Muere, para que cecon mis desvelos. Piedad (ay de mí.) valedme Cielos. Ya se vido en mis bríos la venganza, y mi furioso amor su dicha alcanza. Paro ay de mí! que muerta la he dejado, tarda al arrepentimiento me ha llegado: astimomo de verla reclinada, y an brazos de la muerte así entregad:; como siento blanduras en mi pecho, uino he de hallar ramedio ya a lo hecha Aquí la dejaré a la inclemencia, porque todos conozcan su innocenda: tenga mi amor el ánimo más fuerte, para poder llevar tan dura muerte. Retiráreme cauta así encubierta, por no ser de ninguno descubleta. El Cielo te perdone (oh desdichada!) y perdona mi furia desgraciada. Dónde se habrán escondido, que no los veo por aquí? No obstante sigan mis pasos por si los hallo. . Ay de mí! Qué lamentos serán estos? Quién se cuaja? . Una infeliz, Violante. . Qué es esto, Cielos. Señora? Triste de mí! Tu piedad me favorezca. Válgamo el Cielo! Qué vil desgracia es esta, señora? Quién te ha maltratado así? Qué es esto? . Qué triste Astro me persigue? Ay de mí! Así te ha puesto octaviano? No tra octaviano (sufrir no puedo tantos rigores.) Acábame de decir este dolor, que me llava de sentimiento a morir. Tercera vaz (qué rigores!) Violante, engañada fui. Pues quién era? . Una mujer; que a Octaviano (el decir me impide la dura pena.) Soltiega, señora, y di, que el corazón me atraviesas con tan desdichado fin. Adora; según ingrata ma pronunció, y al sobir por ese intrincado Monte, (haciendo alarde de mí) me ha arrojado vengativa, y cual Paetonte me vi: y fue permisión Divina no haber sido este mi fin, a su falda, como has visto, accidentada caí: veniste tú y me has hallado vuelta de mi frenasí. Oh, qué triste desventura, señora, se observa en ti! Poco siento ya el penar, como tan hecha a sentir: ya no tenemos más padre, más casa, si no es vivir en la inclemencia del monte, plantas y fieras, y en fin, ya no hay más medio. Violante, que es ir buscando el morir: ya erré en haberme dejado mi casa: donse he de ir? Discorí hallar la fortuna, y encontré un engaño vil. Alivia la triste pena, que esto es tu Signo cumplir, En esta Quinta vecina, poco distante de aquí, esta noche pasaremos, que mañana discurrir lo que hemos de hacer podremos, Dices bien: triste de mí! Si esto supiera Octaviano, qué hiciera? Vamos en fin, y no os deis tanto al pesar. Sin mí estoy y voy sin mí. Estamos bien con el Duque, que ahora premiarte quiere con desposarte con Nise? No es premio que ha sido muerte: Yo ha de dejar a Clorinda? o pesir a mi adversa suerte, qué contrarios son los hados, que me siguen! . Pronto quiere, que con ella te desposes, porque las bodas previene para mañana. . Este tiempo tardará en llegar mi muerte. Octaviano; no quisiera (a llanto el pesar me mueve) . narte una infausta noticia, que también mi alma siente. Pues qué ne vedad traéis? Qué inocentito, que viano! Anter te quiero decir, te he sido ingrato, y aleve. Aií? me lo confesáis? Por el perdón merecerte, confiesote así mi yerro. Has de saber, que dos veces, fingiéndome que eras tú, hablé a Clorinda: . Ya puedes cerrar el labio, que sé lo que decirme preten es, que si ofendes con hacerlo, también con decirlo ofendes. Este retrato, que es tuyo, sin que Clorinda lo viese. le quité con mis industrias, para que con él pudieste hacer que tú la olvidaras, diclando, que ella lo diese, que era lo que iba a decirte, cuando el Doque vino a verte, por lo que no pede hablarte. Ah cantado lindamente. Y: . Calla, y no me ofendas ma Ahora perdonarmee puedes, que ya nada puedo hacer, pues casió. . Qué te detienes? Te ha de seí mi accento agrio, que también en mí se advierte, porque la estimaba mucho. Acaba, y dido que quieres decir con estas palabras, y dame: Clerinda es muerta; Con esas voces la muerte. Qué es lo que has visto Clarína La pena tan fuertemente le ace metió, que ha caído. Quién miró lance tan fuerte? Octavieno, amigo mira. Señor en tu acuardo vuelve, Ay de mí! que el corazón se me contristo de suerte, que ya no quiero la vida, y a voces pido la muerte. Triste de mí qué he de hacer sin aquel Lucero ardiente, que alumbraba mis sentidos? Señor, mira por tu vida; otra puesta a tiro tienes. Sosegaoa. Cctiviano. Como sesegarse puedo. mi sentimiento si ya él mismo se desfallece? Quién la vida le quitó? Ello ha sido de tal suerte, que aún hoy la causa se ignora. Oh pebe a mi desdicna y pesio a la pena que me ahoga! Despuésis formarte puedes como sucedio: que Niso, porque a ti te lo advirtiasa, me lo dijo en este instante. Nise me da muchar muertes: triste de mi delventura: el santimiento ya venca el ánimo que inmutado el dejarme ya pretende. Volme a sentir el posar, que me encamina a la muerte. Y yo, Octaviano, también, buscaré quien me con suela, pues tanto amor le tenía, (perdona que le confiese) que en mi amante corazón, este pesar tendré siempre. El corazón se me oprime. . Los ojos se me humedecen. Y sabe usted si Violante, ese mismo mal padeca? Lo que te puedo decir, es, que tampoco parace. Pues vaya usted en hora buena; que cuedamos lindamente. Quién vio tan fuerte desdicha! se me han doblado mis malas, pues supe por el Montero, que con Nise (qué pesares!) Octaviano se desposa: qué dolor tan inmutable! No hay otro arbitrio, señora, que es, el que el Duque asta tarde se viene por este monte a cazar, que ya lo sabas, pues que lo dijo el Montero, que nos habló, y contarle puades, lo que te sucede, que tal vez podrá ampararte, No has discurrido muy mal, porque sabiendo los lances, que me suceden, ser puede que le muevan sus piedades, El Cielo permita, que cesen tantas crueldades. 2. Por la falda de este monte va el venado, id al valle. 2. Por la floresta camina. 3. Todos sigan; y disparen. A ocultarse en la espesura del monte va he de mataria, Mas qué miro? . No extrañal, an estos montes hallarme. Quién te trajo por aquí, luz peragrina? Qué lanco te suceda? Dónde vas? que me suspendo al mirarte. Si tu atención Duque invicto, queréis un rato prestarme, os referiré la causa, que a estas desdichas me tras, El acero, con los pasos suspendo para escucharte. Sí para hallar el favor, en quien usa de piedades, es bien, entre penas tantas, refarir de donde nacen. Yo soi, invicto señor, el centro de adversidades, sol Clorinda, que nací muy desdichada, mi patria as esta, mis padres los homito, por no ser en este asunto importante, Para evitar dilaciones digo, señor, de que amante quiso mi desdicha fuera, profese este amor constante a Octaviano: ya lo dije, si os ofendo, perdonadme. Quarlámonos muy conformes, y en madio de gustos tales, le vino impensadamente la orden de que marchaso a acompañar nuestro Rey (que el Cielo mi! siglos guarda) a Barcelona, y su ausencia motivó tan duros lances, que referir no pretendo, por no adquirir más pesares? solo te digo, señor, que fue mi pena tan grande, que bastará con que diga, pasé ausencia de un amante. Vinose a Madrid, en fin, y aunque presenta, no obstante, fue tan adverso mi Signo, que la pena favorable, ingrata me atormentaba; y cuando pensaba hallarme en brazos de la fortuna, vine a dar en los fatales extremos de la desgracia: Es el caso, que una tarde. viéndome tan perseguida, como rendida, y amante, cité a Octaviano viniese cuando las oscuridades de la noche, a Diana sus explendores borrase, a fin de que me sacara de mi casa, y me llevasa donde viviera con él, que fue arrogancia, que nace de mi amor, aunque dejando joyas, casa, patria y Padres. Al punto acoptó mi arresto: llegó la noche, a esperarle salí con esta criada: oí accantos suaves, que fue la seña, que dimos, aunque fue señal en balde, que si fortuna no ayuda, excusada son señales: vofme al eco de la voz: pretendieron engañarme: lográronlo, pues segal, pensando que era mi amante. Sabimos por ese monte, cuando, alevosa, e infame, me hallé con una mujer, que no conocí (Negarle es forzoso que fue Nise, que mucho porde importarme) y luchando con su furia intentó precipitarme: consiguiolo, y quiso el Cielo, que no pudiara agraviarme: yerta caí a su falda, a cuyo tiempo Violante, vino, y me favoreció, y vuelta en mí, pude hallarme engañada, y sin refagio, ofendida, y sin amante. Ocalteme en este monte, donde jamás viera a nadie, para sentir las desdichas, que en mi mueren, y en mi nacen. Y ahora para más somento, un cazador, que esta tarde pasraba estas malezas, dio notiria, que mi amante con Nisa se desposaba mañana: pesar, que yace mul estampado en mi pecho, para la vida quitarme. De vos me valgo, señor, muevaos mi amor a piedades, obliguente tantas penas, muevante tantos pesares: , d; vos poderés, y yo males: y una mujer desdichada de vuestro favor se vale, para que le deis, señor, en medio de estas crueldades, la vida, con concederle, o la muertr, con negarla. Absorto, hermosa Clorinda, de oírte he quedado, y aunque pusiera mi vida a riesgo, tu prometo el ampararte, ya que tu adversa fortuna te ha traído a tantos lances. Auq Nise es mi sobrina, haré que ceda el enlace, que para mañana estaba prevenido, y tu rescates lo perdido, como es justo, que haciéndolo así, le hace, que tú no pierdas tu honor, ni a ella tampoco la falte. El Cielo, invicto señor, os conceda etarnidades. Por lo que a mi parte toca, el Cielo siglos te guarde. Ahora retirarte puedes en esor espasos sauces, mientras que en una carroza vuelvo yo para llevarte, para que logres tus gustos, y tengan fin tus pesares. Favores tan sin segundos el Cialo, señor, os page. Ya vuelve Dios por tu causa. Ya mi corazón afas rasgos de placer produce: entrémonos, pues, Violante, en esa varde espesura, en donde el remedio aguarde. Si a aguardar es el remedio, el seguirte a mí me place. . Qué ya tus bodas llegaron? Mi muerte dirás más bien, pues que ya he perdido, a quien mis sentidos adoraron. Oh, Lucero el más brillante! Qué hado fue tan esquivo? Como tu muerta, y yo vivo? Pero, oh desdichado amante! No estés tan contemplativo: cuando ahora esperas verte desposado, de esa suerte te das al pesar esquivo? No tengas tantos conflictos, que hoy ha de pasar mi panza de ser tamboril de danza, a ser corral de cabritos. No puedo, Clarlo, amigo, soportar esta croeldad: que haré en tanta adversidad? Yo, meterse Fralle, digo. Querido esposo, señor, qué tristeza te acomete, que en gran confusión me mete? Mas no ignoro su dolor. . Cuando ya os aguarda el alma fulminan do los deseos de lograr grandes tropeos entre la amorosa calma, andáis huyen da veloz? Qué os atormenta? Ya en veror mi amor se alien o qué fingir tan atroz! . (tas Penosa melancholía reinaba en mí; mas he visto, que con veros la conquisto, señora, con tu alegría. Pues ya solo vos faltáis, porque el Duque está aguardando, Puas ya os sigo, iré penando. Y que poco a poco vais? andad aprida, señor, que ya os dol el parablén: y si yo puedo, también me casaré con Leonor. Salga en buen hora el Sol brillando. y alumbre afoble tan dulces lazos. Va los accentos pablican en acordes consonancias, a mis placeres las glorias, y a mi amor las alabanzas. No sé como tengo vida . en ver suerte tan amarga, Oh como triunfa el deseo con dicha tan ignorada! Aay amor, Doña Leonor? Antes sobra que me falta Mandad, señor que el accento rapita esta dicha. Es vana porfía repetir dichas, que no se han de ver logradas. A esta ocasión ha aguardado, para ver verificadas ciertas cosas, que he sabido, y siendo así, es justo, que haga lo que la justicia dicta en ocasión tan extraña. Octaviano? Duqué invicto? Cielos, qué será esta pausa? . Ya mis dichas van llegando. Escucha, señora, y calla. Quisiste tú en algún tiempo mujer alguna Y repara, que en todo digas verdad, pues es caso de importancia. No respondes? . Ay, señor, y cuanto duelo hace el alma (en medio de sus tormentos el repetir tales ansias. Cielos, qué es esto? . Aquí q si mi sentir no me engaña se desatan los entedos. . Parece ser, que Octavlano en sus palabras desmaya. Amé, señor, ya lo dije, amé para mi desgracia, (pardone vuestra presencia) a la más hermosa Garza: Pero la pena me ahoga. Oh pesie a mi acción tirana! Pero ya en mejores Reinos pira globos de esmeraldas. Y si ahora viva la vieras, qué hicieras? . Perder el alma de placar. . Válgame el Cielo! todo el ariento desmaya. . Pues es forzoso, que segas, que esta viva. Y postrada a vuestros ples. Duque invicto Octvy de mí! Omistes ansias! A uno el placer desmayó, y a otra la suerte contraria. Extraña apariencia! Cierto que ya ve a Violante el alma, Extraño caso! . Qué es esto? Ya. Leonor, no quiero nada, Qué dicha con tanta pena! Niser Octaviano? (para, Ay de mí! que aquí tienes a Clorinda. Eso solo me alentara: paro la dicha de verla robó a mi aliento las ansias. Oye, Nise, mira, escucha. Ay JEsús! ya desdichada no puedo estar nunca en mí. Rayos me despide el alma. . Que se despose Octavlano con Clorinda, es justa causa, Y yo con mi Violantarum es mul rejusto se haga Esto, señor, no me aflige; que lo que ahora siente el alma es, el que yo fui la misma, que de mis celos llevada, a Clorinda despeñé, y por muerta (oh desdichada! la dejé en medio del monte, colérica, y despechada; la fuerza de amor lo hizo, que yo de mi parte, nada puse; pues ahora viendo mi arrogancia temerarla, (aunque ha sido dicha grando salir la suerte trocada me sorprendió tanto el yerro, que cometí tan alrada, que mirando (ay de mí! una innocencia esmaltada en el amor de Clorinda, caí en tierra desmayada: y puesto que mi intención, por dicha se ve frustrada: a vuestras plantas, señor, y a las de la beldad rara de Clorinda, y Octaviano humilde vedme postrada. Y dando aliento a mis pena solo con ser perdonada, una, y mil veces repito humildad, pesares, y ansia Quién vio lance más treven Mis agravios siente el alp Levanta del suelo, Nis. que por mi asvans perdonada e. pues confesió. De todo ignerante estab, Yo también hago lo min Y yo con vida, y con alp Pues ya que estas cor fusioro estan de un todo aclaradas, dale, Octaviano a Clorinda la mano. Con toda el alma. Y mil siglos os gocela. Qué dicha tan impensada Y a ti. Eduardo, aNise mi sobrina muy amada, te dol por esposa. . Buen júntense las dos alhajas. Gustoso acepto tal dicha Doíte la mano, y el alma. Y yos señor excelente, quiero también mi muchacha Tuya soy. Dos mil ducados te libro desde mañana, por tus honrados serviclos. Acepto moneda, y plata: centenares de millares vivas, señor, por tu data. Ya con gusto os dejo a todo ahora con Dios, y su gracia quedad, y viváis mil siglos. Besamos, señor, tus planta Y aquí acaba la Comedio Señado ilustre: ahora Tapia se os rinde, y besa las manol, prometiándoos otras varias, si es que ha acertado a agradaro Fuerza de Amor, y Venganaa y que por ser la primera, perdonéis sus muchas faltas,