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Texto digital de La firme lealtad

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Diego de Solís
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La firme lealtad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/firme-lealtad-la.

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LA FIRME LEALTAD

JORNADA PRIMERA

E Seáis bien venido, Señor, a esta Aldea, pues con vuestra vista el campo se alegra. Quietud mansa, apacible, en vos espero, no el rumor de la Corte fastidiosa, que abriga al envidioso, y lisonjero, y fomenta una vida licenciosa; sino el pardo sayal, tosco, y grosero, que a sombras de esta música graciosa, cómpite con el Cetro, y Trono Augusto, en bondad, en quietud, contento, y gasto. Si el Bretánico Rey; en mi destierro, rompe dificultades, y atropella quizás mi honor, y en su envidioso hierro descubre ser su pecho de centella, obre, fabrique en mi inocente entierro, lo que este campo por inútil huella; que estas flores diversas son señales del bien presente, y de pasados males. Reine en su corazón de mármol guerra, que yo (aunque desterrado) me contento con ver la altura de esta Atlante Sierra, y la nieve en su cumbre puesta al viento. Qué bien mayor el Orbe junto encierra, que de esta fuente hermosa el sordo accento, y ver en su corriente cristalina el diamante, coral, y perla fina? Si en el soberbio trono Enrique huelga, yo con ver entre peñas esparcido el cristal que por ellas se descuelga, en nacarado aljósar convertido: Si en la ambición su noble blasón cuelga; yo en el mirar, suspenso, y divertido, esta quietud de tantos deseada; pero de pocos nobles imitada: Cantad amigos, que este es el recreo que el alma pide para mayor gloria; conozca Enrique mi dichoso empleo, en medio de su triunfo, y vana gloria. Justo es que de este gusto a mi deseo, que el triunfar de sí mismo es más victoria, que no la que se gana a costa ajena, reinando envidia de traiciones llena. Solo el darte contento se procura, gran Señor. . No hay aquí quien no te diera, si ser pudiese, el cielo, y su luz pura, y cuanto él en su celeste esfera mira desde su hermosa arquitectura, Poco dijiste. Cómo? . Yo quisiera veros, Señor, vivir tan virtuoso, que en la muerte se os diera lauro honroso; pues sin virtud no hay cosa bien fundada. Dices, Leonardo, bien. . Y yo público el valor de otro Marte en esa espada. Con la quietud, Elena, estoy más rico. Si la verdad al que es prudente agrada, que seas un crisol te certifico desea el alma, gran Dionis famoso. Cantad amigos, mientras yo reposo. Turbado vengo, y no sé si será bien declarar a Don Dionís mi señor su deshonra, y mi lealtad: pero fuerza es advertirle, que es grave la enfermedad, pues donde honor se atraviesa, no hay que esperar mayor mal. Que confiado vivía de la mucha honestidad, que mostraba en lo exterior su esposa Blanca! Cantad amigos, por darme gusto, Allí mi señor está, llegar quiero. Que nos pides? Que cantéis. Qué han de cantar? O Gladio, criado fiel! Qué hay de nuevo por acá? Eso dices, y no ves mi turbación, y pesar? Déspide aquestos Pastores; porque te tengo de hablar cosa. . Calla, que me tienes suspenso. . Si he de callar, seré mudo, no hablaré. Solo un poco me dejad amigos. . A Dios te queda, Ya se han ido, di, qué hay? está doña Blanca mala? como ahora mudo estás? no respondes? Vive Dios, que el alma te he de sacar por la lengua. Espera un poco; que si callo, es por no dar nuevas alas al dolor. Sabes si podré esperar? Di, como queda mi esposa? Buena. Pues si buena está, que puede haber que me impida el gusto, y me dé pesar? . Tu honra. Quién? . Tu honor. Calla infame, i no hables más, Yo sin honra, santo cielo! Lo que te digo es verdad. Ven acá. . Perdido soy. Llega Gladio, donde vas? que gusto que te declares. Mal me podré declarar, si no estás quedo, Señor; piensas que soy pedernal, y que he de poder sufrir tu mucha temeridad? Dime la verdad; o haré que este sangriento puñal te atraviese el corazón. Escúchame, y lo sabrás. Después, Señor, que el gran Rey de Bretaña, aconsejado de envidiosos lisonjeros, polillas del ser humano, te desterró de su Corte, sin premiar servicios largos, y a mi quisiste dejarme en mi lealtad confiado, por centinela perdida de tu honor, con ojos de Argos, quise obedecer tu gusto; pues no es perfecto criado aquel que no se desvela, por dar contento a su amo. Blanca, tu esposa querida, cuya perfección, y ornato, de castidad, y virtud, era del cielo retrato, lloro tu penosa ausencia, y con mortales desmayos dio a entender ser tu partida, de su Sol hermoso, Ocaso. Mostraba su casto celo; más sin constancia no hay, casto proceder virtud, y honor, según opinión del Sabio; y así se mudó. . Qué dices? Qué se mudó, oye el caso: Seguro de tu desgracia, viendo el tenebroso manto desplegar, y al bello Apolo esconder sus rayos claros, me recogia al silencio, mensajero del engaño; llámole así, porque el sueño es otro sireno canto, Acaba, porque me tienes, cual mísero condenado, que espera en un breve asiento ver de Cloto el fiero mando, Digo pues. Espera, tente mensajero temerario, deten la sentencia cruda. que es bien irla dilatando, para quien espera el fin de un suceso desastrado, Prosigo, Señor? No, y sí: Pero que escucho turbado? acaba. . Digo, Señor. Espera, que estoy temblando, Es esto enseñar a un niño? calla, habla, ve de espacio: oye, si quieres, el fin, o quédará sepultado en mi pecho, hasta que el tiempó te sirva de desengaño. Prosigue. En medio del sueño (proprio, y natural descanso) oi gente en el jardín, y sin género de espanto me levanté presuroso, y con la espada en la manó Salí al tiempo que subia un Caballero embozado por la tapia, apercibido, y armado de un fuerte saco, Detúveme, por saber de su pensamiento vano el fin; cuando él, mas ligero que un sacre, hizo de un salto al jardín bello, y hermoso su cautivo, y tributario. Por el valcón que a él cae (arrogante amphiteatro de este suceso, que estriba sobre columnas de barro) iba a subir, cuando yo, con furor determinado, me opuse a vengar tu afrenta, hazaña de un pecho hidalgo. Detúvose, y con presteza, valor, y es fuerzo gallardo me acometió, descubriendo el rostro, de un velo claro cubierto, clara señal de ser ladrón disfrazado. Deféndime, y al ruido acudieron sus criados, con cuyo favor, y ayuda, sin hacerme ningún daño, me quitaron el broquel, y la espada de las manos. Descubriose el delincuente, y vi, medroso, y turbado, ser el Rey; el cual alegre, aunque con pecho tirano, quiso que me redujese a su gusto, declarando, que le guardase el secreto, pena de un inmenso daño. Disimulé por entonces, y con fingidos halagos. dije, que le serviria. con vigilancia, y recato: y él confiado, aunque ciego, Qué (que no hay cuerdo enamorado) su pecho me descubrió diciendo, venía llamado de tu esposa, a quien servía, casi por modo forzado; porque la mujer que ruega de mil desdichas es blanco. Prometile mi asistencia, pero fue con pecho cauto, que en casos de tanto peso, ha de ser un hombre sano. No efectuó por entonces su designio; porque el carro de Apolo se descubría venir del bárbaro Indiano. Treinta leguas he corrido, desde el punto de las cuatro, hasta ahora, por llegar a tiempo, que remediarlo puedas; pues si diligente mides el camino largo, que hay desde este puesto a Londres, les quitaras de las manos la ocasión, que por la frente la piensan coger entrambos. Con avisarte he cumplido; verdad es cuanto he contado; mira, Señor, que te importa. No digas más, basta Gladio, que pienso que has infundido en mi pecho un Etna airado. Ten cordura mi Señor, que el sufrir es de hombres sabios. Que Blanca a mí me ofrende que a mí me ofende Blanca siendo de mi contento el crisol puro que así mi honor se vende cuando con mano franca obedecer su volunta a procuro? Mas quien vive seguro de una desdicha, sombra de aquesta infeliz suerte? Y quien será tan fuerte, que viendo que es su honor el que le asombra, no cause el sentimiento mil quimeras, sin fruto, por el viento? Mi honor oscurecido, y yo aquí imaginando como subirle al cristalino cielo? Que cuando quietud pido, venga a dar, trompicando con pies de fuego, a la región del hielo! Que mientras tomo el vuelo, como Fénix de Arabía, única, y sin segunda, con ceguedad profunda, Blanca mi honor a rienda suelta agravia! cuando sus luces bellas, poniendo freno al Sol, pisan Estrellas! Maldito Enrique sea; pues con poder tirano usa de la suprema Monarcía; sin Estado se vea, y el más tosco villano, que calza abarca en Scitia, o Berveria le mate a sangre fría: o cuando sus banderas, con victorioso alarde del contrario cobarde, ganen los hondos fosos, y trincheras, muera él anegado en un celoso ardor, pena, y cuidado. Si cual ligeras plumas surcar en sus galeras el ancho mar, les falte el bastimento, y entre blancas espumas miren las hondas fieras competir con el alto firmamento; a en su caberno asiento, confuso barbarismo, den al cruel Nereo las vidas en trofeo, siendo sustento de su inmenso abismo jarcias, y remos rotos, Marineros, Soldados, y Pilotos, En la más ardua empresa su Real Consejo yerre, y se siga llorar después su infamia, y con armada gruesa el Frances le destierre; y en la muerte, conforme con Leodamía, o encarrujada Lamia, descuidado le asalte, y entre sus fieros brazos le haga mil pedazos, y el verde prado con su sangre esmalte; o en el corriente Nilo le engañe un cauteloso Cocodrilo, Mas dime, Gladio amigo, posible es que sin honra vive el blasón antiguo de mi casa; Que tu fuiste testigo de mi daño, y deshonra? Habla falso, que el alma se me abrasa. Lo que te he dicho pasa: quien no fuera nacido! . qué mi deshonra es cierta? Que Blanca vive muerta en su antigua opinión, y yo ofendido? si Señor. , calla infame; o haré que el cielo otro Nerón me llame! Pasito, que me matas, piensas que soy de hierro, y que podré sufrir tu inmensa furia? Si de venganza tratas, es conocido hyerro, que pague mi inocencia aquesta injuria, Cese el. Rey de Biguria de su continuo llanto, con ver mi sentimiento: mi dolor, y tormento suspenda el más acervo del espanto: esté a mi pena queda del soberbio Jción la infeliz rueda. Pero en qué me detengo, cuando todos me llaman cobarde, temeroso, y para poco? Armas, y brazos tengo; mueran los que me infaman con proceder tirano, ciego, y loco, Ya pecho al arma toco, no mostreis cobardía, que aunque un celoso encuentro quiere haceros el centro de esta pena mortal; que mejor día tendréis, que el empleado en restaurar la honra a un afrentado? Gladio. . De esta vez muero. Villano no respondes? Tengo un dolor, señor, en la garganta, y no puedo, aunque quiero. Por qué, Gladio, te escondes? Eso preguntas, cuando al Orbe espanta tu cólera? . Que tanta amigo te parece? . Para mi demasiada, pero es cólera honrada, que como el mar soberbio, mengua, y crece; que a estar siempre de un modo, sufrir no te pudiera el mundo todo. Quieres que te acompañe? que por solo agradarte, pondré a los pies pesados prestas alas; y haré se desengañe el turbulento Marte, de que la espada estimo, no las galas. Bien sé que al viento igualas, cuando en tu hermosa Pia, bravo, ufano, y brioso corres el valle umbroso; pero saeta cual yo, no alumbra el día. Vamos Gladio y sombre desde el escita al inglés, mi fama y nombre ero saeta, que Vamos Gladio, y desde el Scita al Ingles Ya te olvidas de Leonida? Si procuras enojarme, lo harás, con solo acordarme su hermosura aborrecida. Que en fin porfiar pretendes? Hasta morir. . Considera. No me repliques. . Quisiera decirte, Señor, que ofendes a tu Real proceder con esta resolución. No hay prudencia, no hay razón, si reina amor, y poder. Ahora sabes que es amor poderoso, y invencible, y que no hay cosa imposible para su fuerza, y rigor? Bien sé que mi atrevimiento oscurece el ser quien soy; pero como ciego estoy, fáltame el entendimiento. Si a Don Dionis desterré, forzado de mi afición, es bien perder la ocasión? Sí, donde quiebras la fe? que si tu consideraras, que eres como el Sol al día, luz del común, no tendría la fuerza amor que declaras. Aunque mozo, ha de ser viejo el Rey en el proceder; pues mirado, viene a ser del humilde plebe espejo. Dime, en siendo un Rey tirano, que diferencia hay del Rey, al que con azada, y buey íama, y nombre. . labra el campo, y siembra el granor Todos nacimos mortales; y en cuanto al ser que tenemos, no hay diferencias, ni extremos, que al morir somos iguales, Pues si está la diferencia en la virtud, no está llano, que es tan señor el villano, si al Rey le falta prudencia? Dos cosas debe tener el que Reina; y estas son, libre el pecho de pasión, si quiere prevalecer: Y la que es más esencial, que no quebrante la ley el Rey, con decir, soy Rey; porque es dar clara señal De ser tirano, y injusto; que aunque es verdad que las leyes son hechuras de los Reyes, después de hechas, cesa el gusto, Si considerar quisieras, gran Señor, tu obligación, y que obrando una traición de ser, y ley, degeneras: Yo sé que solo el pecado del escándalo templara el fuego, que en ti prepara un amor desordenado. Mira, Señor, por su honor, el apetito refrena, y advierte, que se condena, sin ser juzgado, el traidor, Si Dionis es Caballero, tan honrado, y principal, no ves que parece mal? Paso, pues sabéis que muero; el replicarme es en vano, Conde, basta que he sufrido, que me habléis tan atrevido, no os dando yo tanta mano. Señor (aunque me perdones) te tengo de responder; porque es bien eches de ver el peligro a que te pones. Nunca cierres las orejas al que te trata verdad, porque es falta de bondad, y abrir la puerta a mil quejas. Dirás que soy obstinado, y prolijo, lo confieso; mas tanto es un Rey trabieso, cuanto es mal aconsejado: Y el vulgo, que a su Rey ve en livianas pretensiones, culpa nuestras intenciones. Tenéis razón, mas que haré? que el alma tengo abrasada, desde que su esposa vi, y estoy tan fuera de mí, que el gusto, y placer me enfada. Si todo mi bien consiste en gozar con tiernos lazos sus regalados abrazos, que gana quien me resiste, Como soy criado fiel, y en tu servicio constante, te puse, Señor, delante la inocencia de este Abel: Pero supuesto que quieras, de rigor, aventurarte, por fuerca auré de agradarte, aunque son pesadas verás. Con advertirte he cumplido; porque fuera desleal, ni te aconsejara mal; perdona si te he ofendido: Que el criado de valor debe primero advertir el daño, y después seguir el gusto de su Señor. Conde, advertid que esta puerta principal os encomiendo; entendeisme? . Ya te entiendo gran Señor. . . Si por la huerta ha entrado el Rey, mal podrá gozar de la coyuntura; más pienso que me asegura el que allí embozado está. Es el Rey mi Señor? . Sí; que hay de nuevo Palisandro? Que entreis, segundo Alexandro, Duerme el bien que reina en mí? Si Señor, y las criadas se han retirado a acostar; quédito habéis de pisar, porque hay tres dueñas taimadas, que están casi siempre en vela, y tienen su alojamiento no lejos de mi aposento. El corazón se me hiela. El cuarto de mi señora está de ordinario abierto. Y eso, Palisandro, es cierto? Si Señor, que como adora a su esposo, que es su cielo. y de esta desenvoltura está inocente, procura vivir sin ningún recelo, Aunque (según he entendido) para decir su pasión, suele pedir atención a aqueste jardín florido, al salir la hermosa Aurora: Y en él derramando perlas, que el cielo baja a cogerlas, el esposo ausente llora. i Baja sola? A lo que entiendo, nadie, Señor, la acompaña, Bien veo que amor me engaña; ardua empresa es la que emprendo, que forzar una mujer, que bien quiere, es fuerte caso, mas si en sus ojos me abraso, que remedio he de tener? Rey soy, y poder, y fuerza dan alas a mi temor; pero si en el que es traidor, un mosquito hace que tuerza de su gusto, y se acobarde; que mucho que tema yo? Señor, no venís? . Sí, y no. Advertid, que se hace tarde: no temáis, cuando os presenta la ocasión modo, y lugar. Aura quien llegur a intentar, sin temor, alguna atrenta? Pero ya que aquí he llegado, que me detengo? qué dudo? es que el modo darme pudo el amor, mas no el vedado. Posible es que la pasión de manera al alma ciegue, que deslumbrada se entregue a su cierta perdición? Pero es de suerte este ardor, que llega a costar la vida sola una ocasión perdida; tanto puede un loco amor. Entrad, Señor, pues que en popa tenéis el viento. Desde hoy dirá el ciego amor, que soy de su fuego blanda estopa, Amor tirano, niño, siendo Alcides, inventor de maldades, y de enojos rosa entre espinas ásperas, y abrojos, rémora vil, que nuestro bien impides. Cual recto Juez, al parecer, presides; mas con engaño ofreces en despojos, fuego en el alma, flechas en los ojos; y donde hay firme unión, el ser divides. Desde el más alto Rey al quieto arado atropellas, y en sus humildes nidos, temen las Aves tu amorosa suerte. Los peces huyen, quéjase el ganado, y por señas publican con gemidos, que en el poder te igualas a la muerte. Ya a ver mi deshonra llego, y desterrando el sosiego de mi pecho a padecer, pues solo podrá vencer la parca fiera mi fuego: Corazón, de qué teméis? si es porque a Blanca perdéis, advertid, que Blanca está muerta en mí, pues que me da las penas que padecéis, Subi esta Blanca de precio; pero fui mercader necio pues solo el nombre pudiera declarar, que Blanca era moneda de menosprecio. Ay esposa de mi vida! prenda del alma querida! no te estuviera mejor ser tesoro de mi amor, que de un Rey Blanca perdida? Mal mi afición agradeces; más pues mi honor oscureces, el rigor justo perdona, porque tu traición pregona, que vivir más no mereces. Ua hombre a la puerta veo, y entre mil penas peleo: Que esto mi pecho consiente? Pero corazón prudente tened la rienda al deseo, pues será más acertado saber si es del Rey criado, o el que me des honra en tabla. Conocerás en la habla, si es el Rey el embozado, Gladio amigo? . No lo sé, pero no me engañaré, si jugando de rebes llego a preguntar quien es: espérame, y lo sabré; parece al Conde Roberto. ̱. Testigo de mi honor, muerto en este puesto, que guardas? mas daré, si es que me aguardas, castigo a tu desconcierto. Señor, sin duda que el Conde te ha visto, y de ti se esconde. Aunque se esconda en el cielo, pagará su infame celo: que este vil por el Rey ronde? Pienso que debe de estar el Rey dentro; y si llegar me dejas, yo inventaré cierto enredo, con que haré que desocupe el lugar. Y tendrás habilidad? Que gentil barbaridad, fáltame a mi discreción? Quien la tiene, en la ocasión obra con facilidad. Dame presto ese herrervelo, pues nos favorece el cielo. Aque fin? . Gracioso estás; retírate, y lo sabrás. El alma tengo de hielo! Ya el Rey gozará su prenda, dando al gusto suelta rienda. Muerto estoy. Un hombre viene; saber quien es me conviene. De aquí saco una Encomienda del glorioso san Andres. Dígame hidalgo, quién es? El Rey. O. Señor, que ha avido; dime lo que ha sucedido. Yo te lo diré después; solo asegurarte puedo, que de mi amoroso enredo sali bien. . Que tuvo fini tu empresa? . Por el jardín he salido, aunque con miedo, de ser de su gente visto: ve volando, y di a Doristo, que me enbíe luego un coche; porque antes que en esta noche encubra su luz Calisto, he de llevar por empresa de mi amor a la Marquesa. Si consiste en la obediencia tu gusto, y mi diligencia, voy volando. Ven de priesa. Fuese? . No lo ves, ahora puedes entrar, que una hora tienes de tiempo, Señor; porque aquel Embajador va despachado a la Aurora. Dentro el Rey está. Qué aguardo? mas con razón me acobardo, que es un Rey el enemigo. Gustas de que entre contigo? En celos me abraso, y ardo. Seguirte quiero, Señor. Solo, Gladio, iré mejor; con los caballos me espera en medio de la carrera, que guía hacia Miraflor, porque concluyendo aquí, te halle. . Mira por ti, Señor, que yo aguardaré, hasta que su luz nos dé (. el claro Apolo. . Hazlo así. Mirad, Señor, que ofendéis mi nobleza. . Blanca hermosa, centro en que el alma reposa, con un Rey no os extrañéis. Vuestra beldad me ha vencido, y esas niñas como estrellas son causa de mis quererlas, pues me tienen sin sentido. Confieso mi atrevimiento, y sé qué vuestro valor juzgara ciego mi amor, pero no culpéis mi intento; que si el alma os entregué, desde el instante que os vi vos obráis, porque ya en mí sola su sombra se ve. Mirad mi desasosiego, que según penetra, y cunde, en él su rigor infunde toda la esfera del fuego. Dad alivio a mi tormento, y veréis a vuestros pies, con mi gusto, el Reino Ingles, Qué atrevido pensamiento! Mirad prenda regalada. Tened, Rey, la mano queda, que aún no ha nacido quien pueda eclipsar mi sangre honrada. Bien sé no tenéis poder para darme más valor; porque Blanca, y sin honor, que precio vendrá a valer? Blanca soy, y soy tan Blanca en virtud, sangre, y firmeza, que no estimo mi belleza, sin honra, en solo una Blanca. Y advertid Rey, y Señor, que aunque soy de poca estima, por ser Blanca, soy la prima, de la nobleza, y honor. Si pensáis, que porque ausente vive el esposo que adoro, no es esta Blanca un tesoro, es pensamiento imprudente: porque si es cierto, es la ausencia de un amor puro el crisol, es ausente el Marqués, sol que traigo siempre en presencia. de suerte el alma le adora, que aquí luego me matara, si en el pensamiento hallara. sombra de serle traidora. Y aunque es encarecimiento, perdiera la salvación, por mostrar que mi afición adora su pensamiento. Dejad ese intento vano. Paso, Blanca, que mi amor no pide tanto rigor, ni ese es trato cortesano. Es honrado proceder. Turbado estoy, no me atrevo. En ambos pies fuego llevo; debe de causarlo el ver, que mi venganza se tarde; ánimo, pues, corazón, que ya en aquesta ocasión no es bien que os mostreis cobarde. Mas ay, cielos, que allí miro la causa de mi dolor, y entre régalos de amor, la infame por quien suspiro. Dejadme rabiosos celos, que la venganza será de suerte, que alcanzará fama eterna hasta los cielos. Ya os considero, ojos bellos, eclipsados; mas no es bien castigue vuestro desdén, pues tengo por los cabellos esta ocasión; muere infame. Hay prenda del corazón! quién me ha muerto? Tu traición. Mi inocencia al cielo clame; muciza soy. . Tente cruel. Tú quién eres? . Acá fuera te lo diré. . Hombre espera, que te sigue un justo Abel. Señora mía, qué es esto? (ga. Mi esposo me ha muerto amí: El cielo, Amen, le maldiga. Llevadme, amigos, depresto. Yo voy por el Cirujano. De mi muerte son señales, ser las heridas mortales. Qué más hiciera un tirano? Tened la espada Marqués, que soy vuestro Rey. Quién? . Yo. Nuca a mí el Rey me agravio, y así eso es falso. . No es, si conocerme queréis, que lo que os digo es verdad. No cabe en mi Rey maldad, no es bien que vos le hurcéis el nombre en esta ocasión. Miradme bien Don Dionís, que soy el mismo. . Mentis, que en Rey no cabe traición, La cólera reportad, o haré que ese fementido pecho pague el atrevido proceder. . Tu Majestad era? no te conocía; mas como he de conocer a quien pretende ofender la antigua nobleza mía? Es aqueste el galardón que le debe a mis victorias? Son aquestas las memorias de mi invencible blasón? Si tu gusto procurabas, poco hiciste en desterrarme; porque mal podías honrarme, si mi deshonra trazabas. Cuando en la campal batalla, que con Escocia cuviste, por ver mi valor me diste tus Reales bastón, y malla. Como no se te acordó, al tiempo que me afrentaste, que si de Escocia triunfaste, fue porque lo quise yo? Cuando a tu gallarda flota rompió el valor, Flor de Éis; no sabes que Don Dionís salvó en una barca rota la vida, con diez heridas en el pecho, y que delante del Rey Francés, arrogante, quitó este brazo cien vidas? Pues como miro eclipsada por tu Sol (que en justa ley, es Sol del común el. Rey) mi noble sangre, heredada de un padre, que al gran Romano Scipión en todo ímito, y en el valor excedió al arrogante Africano? Aunque eres mozo, me espanto que te ciegue un amor loco; porque Rey que tiene en poco al cielo supremo, y santo, merece que el misno cielo de vida, y Reino le prive; que el Rey que vicioso vive, es vil escoria del suelo. Quédate Rey homicida de mi honor, que pues mantengo ley, y fe, poder no tengo para quitarte la vida. Solo Dios tu Inez ser puede, que aún, hasta en lo temporal, pende de su Tribunal, el que por Rey nos excede. Brazos tengo suficientes; y cuando manco me hallara, el alma aquí te arrancara, Rey tirano, con los dientes; a no mirar que ofendiera mi nobleza con matarte: basta que la que fue parte de mi deshonra te espera, envuelta en su sangre vil. Quédate, que yo me voy, a donde dirá quien soy el Estió de este Abril. La lengua he tenido atada, y es evidente señal, que en siendo un Rey desleal, hasta el alma tiene helada. Sin poderme disculpar, se fue el Marqués enojado; pero es noble, y agraviado, harto fue no me matar, Ya de lo hecho me pesa, no porque le tema a él, que es vasallo noble, y fiel, sino porque la Marquesa vino a pagar inocente la culpa que yo tenía: Aa ceguedad; y porfía de un corazón imprudente! Ya el alma afligida llora, viendo a su día sereno de sordas tinieblas lleno, con luto al Sol, y a la Aurora. Rojo el cándido jazmín de su hermoso cuello, y frente; ocaso su alegre oriente, y helado el verde jardín de mi esperanza florida; y a mi aflicción, firme roca contempla su hermosa boca, de Blanca nieve vestida. El rubide sus mejillas, que Apolo envidiar pudiera, cuando del Orbe, en su esfera, ve grandiosas maravillas, vuelto hermoso, y blanco azar, y el estrellado sandastro de sus labios, alabastro puro entre espumas del mar, Que haya yo la causa sido de su muerte? Si podré hablar al Rey? . Bien se ve, que en triste clima he nacido. Allí está, o Señor mío! Qué hay, Palisandro, expiró mi querida Blanca? . No, que aún tiene valor, y brío. Pienso que tendría remedio, si se dejase curar; pero es tanto su pesar, que no admite tan buen medio, Nueva vida al alma has dado con tan venturosa nueva. A esforzarte, Señor, prueba, que ya han llevado un recado a su padre el Almirante, para que el ser paternal remedie el presente mal. Bien esta. Ya fuerte Atlante te aguarda el coche, Bien Conde os disculpáis: Es bien hecho, que habiéndoos mi guarda hecho, me dejéis? Mal corresponde al amor que os he tenido, Conde, vuestra obligación, pues en tan grave ocasión ponéis mi amor en olvido. Primero, el cielo me falte: No me mandaste que fuese por un coche, y que volviese; porque antes que el verde esmalten del prado descubra el alba, cubierta de argenteria, a quien con suma alegría hace el Orbe alegre salva, querías robar esta Elena, como hizo Paris Troyano, por tener ya cierto, y llano el destierro de tu pena? Pues como tu Majestad me culpa de descuidado? Sin duda que habéis soñado, Conde, aquesa novedad: Yo os he dicho me traigáis coche? Mirad que es error. Viven los Cielos, Señor, que sin causa me culpáis; pues sin ser de vos mandado, un paso no me moviera de este puesto, aunque supiera perder vida, honor, y Estado. Basta, Conde, que yo os creo Sin duda que me engañó un hombre, que aquí fingió ser tu Majestad. . El reo yo le conozco. . Y quién es? Gladio, Señor, que ha tres días que falta. . Miren que vias busca un villano interés, para perder el camino de su sosiego: ello es cierto, que este infame ha descubierto mi secreto. Así imagino. Haced que con prompritud se busque el traidor. . Haré lo que mandas mas de qué procede aquesta inquietud Rey soberano? . Testigo de mi pena haceros quiero. Siempre merced de ti espero. Palisandro ven conmigo,

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Tras ti, honor perdido, voy corriendo; y mientras más el presto paso alargo, menos te alcanzo, que es el tiempo largo, y eclipsado caminas siempre huyendo. Restaurarte, querido honor, pretendo; y en trance tan mortal, triste, y amargo, yo te busco gimiendo, y sin embargo, vuelas tú, cuando estoy sin ti muriendo. Detente un poco, el presto curso para, que una inocencia honor pide justicia, según contempla en su vergüenza pura. Aquesta ceguedad inmensa aclara, que a haber en Blanca culpa de malicia, viérase en ser su hermosa luz oscura. No tendrán fin mis traiciones, hasta tanto que el Rey goce a mi señora, y destroce sus honestas prevenciones. Aquí le vengo a esperar, que vive Dios he de hacer que goce aquesta mujer, o el alma me ha de costar. Como está convaleciente, y vive ya escarmentada, siempre asiste retirada, llorando el esposo ausente. Pero a mi industria se humilla; que de un casero traidor no está seguro el honor. en tan fragil navecilla: Y así sin dificultad. esta llave falsee, que nadie sabe que sé esta buena habilidad. Al Rey se la vengo a dar, porque conozca en la llave el ingenio que en mi cabe; y también le he de avisar, que entrando por el jardín, hay menos dificultad. Perdido honor descansad, que espero un dichoso fin. Si no me engaño, es aquel que allí está; llegarme quiero. Palisandro, el escudero es este. . Sin duda es él. Paréceme, que turbado, y receloso se llega, algún interés le ciega; quiero hablarle disfrazado, diciéndole, que el Rey soy, que algo el corazón sospecha. Mucho la industria aprovecha; es el Rey? . Sí. . Desde hoy tienes segura la entrada; porque esta llave que ves ha de humillar a tus pies aquesta Blanca obstinada. Hay falsedad semejante! Mas mi pecho te promete. (te, De dónde es? . De su retre- y con la demás bastante, para que entres tan seguro, que nadie pueda estorbarte. Traidor, así he de premiarte, que no es bien viva un perjuro. Muerto soy. . Aquí tendrán fin tus traiciones, y enredos, que no están los brazos quedos, donde hay un traidor Aman. Ya el miserable expiró, quiérole aquí retirar, porque al Rey he de aguardar: que traición más vil se vio! Ya vivo desengañado, de que en Blanca mal podía caber, siendo sangre mía, la traición que he sospechado. Tirano Rey, que procuras de esta simple corderilla; pues la ves, cual tortolilla, ablandando peñas duras? Cómo, cruel, no te mueve ver destilar hilo a hilo más perlas que cría el Nilo, entre peñascos de nieve? Qué bárbaro en el Brasil, o rústico Sayagues, se te iguala, Rey Ingles? Rey dije? Nerón Géntil! Ruido en la calle siento, él será, sin duda alguna; ayudame Blanca Luna, abominando su intento. Por qué ojos me matáis, si vida darme podéis? no advertís que me tenéis rendido, pues me abrasáis? Si crueles os mostráis, en lugar de ser piadosos, celestes Soles hermosos, como podré yo miraros, si temo que han de enojaros mis suspiros amorosos? Templad en las niñas bellas (claros espejos del Sol) el rigor, pues el crisol del cielo se mira en ellas. Humillense las estrellas; y cuando la blanca Trivía ablande el rigor de Livia, os ofrezca, hermosos ojos, su luz Fébea en despojos, pues la vuestra al orco alivia, Que no miréis con rigor, dormidos ojos, os pido, pues veis os mira rendido mi interno llanto, y dolor, sombra de ese resplandor es mi bien, después que os vi, que como el alma ofrecí a vuestra veldad divina de esa vista Serafina reservo el ser que hay en mí. En este simple retrato sois, no siendo originales, dos luceros celestiales ojos de aquel rostro ingrato, Sois de benévolo trato al parecer ojos caros, por ser en velleza raros; pero vistos, sois de suerte, que solo en darme la muerte os mostráis no ser avaros. De hermosos os dan la palma; y sin duda es por mostrarme, que hago mal en fatigarme viviendo mi gusto en calma. Rescatar quisiera el alma de tan dura sugeción; pero es tal mi obstinación, que con darme bellos ojos, penas, tristezas, y enojos descanso en vuestra prisión. Es posible que a piedad no os mueve mi fuego eterno, y que queráis ser infierno de mi amor, gran crueldad! Ojos, el rigor templad, porque no puede sufrir mi pecho tanto morir, o acabadme de una vez, pues no hay tan severo juez que atormente con vivir. Qué embebecido que viene! aún no me ha echado de ver; el Rey es, y al parecer unretrato le entretiene, Un hombre, y arrebozado guarda de Blanca la puerta, si la razón me despierta es el Marqués disfrazado. En la presencia, y el talle muestra ser él, pues por Dios, que estamos solos los dos, y por testigo la calle. Pero, no es temeridad ver al Marqués lastimado, y aguardarle confiado en mi necia ceguedad. Llegarme quiero. . Quédate que a mí se viene. . Quien va? El que arrebozado está. Diga quién es? . Por mi fe que estáis gracioso. . Acabad? Paso, no tanto rigor, que el Rey solo es superior donde Reina cuálidad. Yo se que tengo poder para hacer que me digáis, quien sois, o que os descubráis. Concedo que puede ser; pero que os importa a vos saber que quiero, y quien soy? Un ladrón buscando voy de mi honor. . Bueno por Dios!) aqueste es el Almirante. Y pienso, pues disfrazado me habláis, que sois el culpado; o si no, su semejante. Yo jamás ladrón he sido. Mirad bien lo que decís. Corazón, que esto sufris! Hidalgo, que os vais os pido, porque os pienso descubrir. Que me vaya, mal prodré: y si me descubrose que os habéis de arrepentir. Cuando el mismo Rey pusiera las plantas en este puesto, Cuanto, y más, que es tan compuesto, que a su virtud ofendiera si cosa tal de él pensara. Yo con el valor que heredo de mi sagre, decir puedo, que de la calle le echara. Supuesto pues que sabéis mi resolución, os ruego, que dejéis el puesto luego. Mal por Dios me conocéis. Porfiado sois. . Vos necio? Sin duda alguna, ignoráis quien soy, pues así me habláis. Vuestra arrogancia desprecio. Advertid, que en la justicia es el primer atributo, fuerza, y poder absoluto: Ya ha llegado a mi noticia, Pero justicia soy yo, y con poder, que pudiera, hacer, si me descubriera, que callasedes. . Vos? Yo. Que a justicias arrogantes se ha de perder el respeto. Para que, si sois discreto, dais excusas ignorantes? Cuando esta calle tuviera salida, yo os disculpara; pero él no haberla, declara que vuestra malicia espera lo que es justo que yo evite. Oh justicia porfiada! Caballero, aquesta espada con la de Enrique compite: Y pues que mi cortesía puede tan poco con vos, que no os mueve; vive Dios que ha de vencer mi porfía. Ya me voy. . Será acertado. Valor tenéis. . Más tuviera, si ocasión se me ofreciera. Bien aquí lo habéis mostrado. irme conviene, y perder, , la ocasión que el escudero me ofrecio. De rabia muero. Que si llega a conocer que el Rey soy, el Almirante podrá culpar mi intención; que a él le sobra razón, y yo soy Rey, aunque amante. . El Rey se ha ido corrido, y como es discreto, y sabio, sufrio de mi justo agravio el responderle atrevido. Bien puede ser que entendiese que yo no le conocía: que a saber que sí, podría darme ocasión que me fuese. No le culpo en que bien quiera, que una cuartana de amor, como es tanto su rigor, la sangre más quieta altera; Pero culpo el imprudente proceder su obstinación, y ver que tan sin razón ofenda al Marqués valiente. Pues bastaba ser mi yerno para que fe le guardase, y arrepentido enmendase de su vida el mal gobierno, A Blanca quisiera entrar a ver; pero recogida la considero, y rendida del contino suspirar. Quiero, fingiendo la traza del traidor que aquí maté, ver el amor firme, y fe que un pecho ta casto abraza. . Jardín bello, y hermoso, de tan diversas flores adornado vuestro círcuito umbroso: (do, que más parece ser cielo estrella. o celestes tápices vuestras varias colores, y matices. Dejad la hermosa vista, el olor, la apariencia, y las colores, que un pecho no conquista res, con tristeza, y dolor hermosas flo- si no melancolías: profundo centro de las penas mías. Rosa, que el Mayo verde dáis en tributovuestro olor suave, y en el estío pierde su gallardía, y la belleza grave: fuego os da el pecho mío, más riguroso que el del seco estío. Cándidas azucenas, (uadas que aquí más parecéis sierras ne- de blanco aljófar llenas, violetas pagizas, y moradas; hermosos alelies, que excedéis a las perlas yrubies. Clavel, siendo amatiste, lirios vistosos, que robáis al cielo la color con que viste su inaccesible, y transparente velo: olorosas mezquitas, (tas. en la hermosura, y parecer perfe- Rosas de Alexandría, jazmines olorosos, y preciados, aguas, cuya armonía (dos corriendo entre peñascos jáspea- publicáis murmurando, (do. que ausente de mi Sol vivo penan. Quiero, y manso arroyuelo que entre conchas de nacar, y orien- perlas rompéis el hielo, (tales que engendra en el Invierno los bellos de aquesta fuente, (cristales siendo otro argos vos de su corrien- Laureles que del rayo (te. celeste no teméis, ni a sus centerlas. y desde el Junio al Mayo mostráis las verdes ojas ser más que ricas esmeraldas (bellas. (naldas. de quien hace la aurora mil guir- Si a compasión os muevo, mostrad el sentimiento que requiere quien con tormento nuevo ausente de su amado esposo muere y vistanse de luto, (to. jardín, fuente, laurel, arroyo, y fru- Sola está, y desuelada. del contino padecer. Hay querida hija amada! solo desdichada en ser de un Rey tirano estimada. Considero tu aflicción, y siento con tanto extremo ver tu suprema aflicción tan mal lograda, que temo. he de ser otro Sansón, que como el hizo, derrive el templo de Mármol Pario (aunque del gusto me prive) a este Rey, fiero contrario de la lealtad que en ti vive. Ruido siento, ay de mi triste! un hombre se ha entrado aquí, ola gente? . Mal resiste, mi aflicción el frenesí que en ver tus ojos me diste. Cielo hermoso, y soberano el Rey soy, no te alborotes. Pues qué pretendes tirano? Que aunque de cruel me notes conozcas no está en mi mano este agravio que te hago: porque amor del ser me priva; da a mi aflicción justo pago, si no permitís que viva en el infernal estrago. No ardio la invencible Roma, Blanca, como arde mi pecho, ni el Sol al oriente asoma desde su estrellado techo con más fuego que el que doma mi Corazón: tente fiera. Qué quieres cruel Tarquino? Que me quieras. Qué te quiera? primero el Sol cristalino dejara su eterna esfera. Primero el infernal seño, que por ser cruel se aflige se verá de gloria lleno, y el que cielo, y tierra rige a la suya pondrá freno. Primero la nieve cana perdera la cuálidad, y con alfombras de grana se verá la claridad del Sol al velar Diana. Primero el cielo triunfante dejara su movimiento, y como otro fuerte Atlante sustentará el firmamento ese tu cuello arrogante. Y primero que yo rompa la fe a mí querido esposo verás con funesta trompa publicar el temeroso fin de tu tirana pompa. Que tan constante he de verte roca que mi amor desprecia, que no he de poder vencerte! Si insistes, seré Lucrecia, tirano en darme la muerte. Dame hija mía los brazos, llega honor de las mujeres, que con tan honestos lazos me honras; pues sola eres digna de aquestos abranzos. Padre, y señor de mi vida. Deten las perlas, no llores hija del alma querida, que harás que lloren las flores viéndote tan afligida. Pero mal podrán estar las lágrimas en tu pecho siendo tu dolor un mar de llanto, tormentas hechó del gemir, y suspirar. Vive Dios, que si pudiera restaurar mi vida corta, el alegría que espera el alma de verte absorta, que al punto te la ofreciera, Pero confianza ten, que el cielo se ha de mostrar restaurador de tu bien. Solo él puede remediar mi dolor inmenso. . Ven, hija querida, y sabrás quién era el traidor cruel que te vendia, y verás que pagó su pecho infiel la culpa. . Dónde tú estás, segura vivir podré de la tirana violencia de este Rey ciego, pues se que sabes ya mi inocencia. Y tu honestidad, y fe. . Pardiez que los importuno, quieres que deje el bacuno ganado, que ha ya seis años que a sombra de estos castaños gobierno, sin daño alguno por una oveja pesada, y más, que el diabro taimada? Casarte tienes hermano. Cásese algún Luteriano, que a mí, el ser libre me agrada. Porfiado eres. . Par Dios que harto más neciosos vos en pensar me he de casar, aunque sopiese ganar el cielo para los dos. Déjare de esas razones. Digo que tres condiciones tengo, querido cuñado, no buenas para casado. Mas pienso son inuenciones. Di el primer inconveniente. So, Doristeo, impotente. Jesús, y que desgraciado! Él no haberme ejercitado es causa de este accidente, y no hay marido feliz si sujeta la cerviz a su mujer sin ser diestro, que se halla luego un Maestro a costa del aprendiz. So la segunda, ignorante. Y es esa causa bastante para no casarte? . Sí. Cómo? . O que bueno. . Di? no sabéis que es mal sonante, que un mozo necio se case: porque no hay fuego que abrase mas, que estar dos necios juntos; pues en solo contrapuntos hacen que el año se pase? Y si es mujer entendida? Será loca, y presumida, y habiendo yo de regir querrá ella destruir, honra, gusto, hacienda, y vida. Y la tercera, cuñado? So mal acondicionado. No es esa de tanto peso. Cómo no? pues yo os confieso que venís mal informado: porque está de suerte el tiempo, que solo por pasatiempo hay mujeres que se casan, porque hallan quien las descasan sin razón, razón, ni tiempo: y es lo bueno, que el cuitado del marido, descuidado de esta potestad Papal, riñe, y riñe por su mal pues se halla al fin descasado. Digo que tenéis el diablo en el cuerpo, amigo Pablo, y que os pueden imprimir. Mucho más hay que decir, que no es nada esto que hablo, Ea, por me hacer placer, esta vez lo habéis de her. Que gentil majaderia, pues decidme, que hombre auría, Licenciado, o Bachiller cuerdo, que me aconsejase que dos veces me casase? juro al soto, Doristeo, que es como hablar en Guineó, decir que una vez me case. Sabéis este mercantil trato comó es? . Por S. Gil, que estoy de oíros suspenso: decid Pablo. . A lo que pienso, es cosecha melonil, que solo es el engañado el que compra, y no el culpado que vende la mercancia, Declaraos, por vida mía; o quien no hubiera casado! Compráis un bello melón, que según vuestra opinión, es el mejor de la plaza; pero os salió calabaza probado. . Tenéis razón. Lo mismo, cuñado, gana, quien de una mujer libiana se fía, que en la apariencia es melón; pero en la esencia, mas que calabaza vana. Pablo, advertid que Lucinda. es discreta, limpia, y linda, y que a verla el Sol se para. Digo, que a su hermosa cara es bien que esta alma se rinda: Pero aunque Dios la crió tan hermosa, no nació, Dóristeo, para ser vuestra prima mi mujer. Resuelto estáis. . Siempre yo lo hui en estas ocasiones, que no quiero bendiciones, amigo, matrimoniales; pues con trabajos mortales, se truecan en maldiciones. Mas ya que me resolviese a casar, y me estuviese bien, había de escoger, Doristeo, por mujer, quien tres defectos tuviese. El primero aguardo. . Muda. Muda? qué condición ruda! pues como la habiáis de hablar? Por señas. . Gentil azar: discreción por cierto aguda, Y en esto pienso acertar; porque más llega a pesar sola una palabra airada de una mujer deslenguada, que la pena del callar. El segundo espero. . Ciega, que como el niño amor juega con los ojos, por mejor tengo que guarde mi honor una mujer muda, y ciega. El tercer de efecto? . Flaca. qué tanto? . Como una estaca, que para cualquier marido casado, y arrepentido, es saludable triaca ver, que viendo en su figura la muerte, tendrá a ventura poderse siempre acordar de su fin, y mejorar de vida en la sepultura. Jesús, yo fui un insensato en casarme. . De este trato, solo el que es cuerdo escarmienta? porque hay mujer que sustenta siete vidas como gato. Siete vidas? juro al soto, que he sido suspenso coto de mi quietud. Ahora digo, que no te cases amigo; pero escucha el alboroto que se oye al pie de este monte. Aunque fuera este Horizonte otro grandioso emisferio, tendría a gran vituperio no ser segundo Creonte, Guarda el loco. . Gente vil, esperad. . Camina Gil, que el diablo tiene este hombre en el cuerpo. Ese ese es mi nombre, y basto para cien mil. No basta que hasta en las mieses, trabajo de tantos meses ejecutes tu rigor! Soy loco por el honor. Ojalá demonio fueses. Guardaos hombres de mi ira. Tu soberbia a quien no admira? Huid del loco Pastores. Estabez muero. . Traidores. Yo no lo soy, qué me mira? No señor, que es el Alcalde, que si es menester, debalde le dará cuanto pidiere. Así. . Sí señor. Pues quiere darme un poco de albayalde para que baje afeitado a dar al limbo un recado. Al limbo queréis bajar? Sí, que allí pienso remar mientras que soy desdichado. Alto, que Blanca mi esposa honesta, casta, y hermosa, dará el albayalde. . Calla casta de infame canalla, que no hay Blanca virtuosa. Que me aoga, Pablo ayuda. Ayudete Dios; sin duda que este hombre es algún demonio voime. . Favor S. Antonio. . P Aunque todo el cielo acuda villano vil a librarte has de morir. . Feroz Marte, digo que no hay Blanca buena. Dices bien. . Qué mortal pena Agora quiera abrazarte. . Conoces al Cura? . Sí. Pues dile que venga aquí con Estola, y barni hecho, que quiero que de mi pecho arranque, y traspale en ti un infierno, en que penando estoy. . Yo voy. . Ven volando. Direle que solo venga. Dile que no se detenga, por que me estoy abrasando. . o. Parad dolor un momento, cobrad el entendimiento que perdido ya tenéis, no puedo, que no podéis? como? falta el sufrimiento. No hay quien llore aquí conmigo? no, que es el cielo testigo de mi afrentas robles secos, no respondéis a mis ecos? tenéisme por enemigo? si; porque un hombre afrentado de ninguno es estimado, y estándolo yo, me basta para saber que contrasta a mi gusto el monte, y prado. Mas en una simple rama, llena de amorosa llama, una tortolilla llora, y despertando a la Aurora su difunto esposo llama, Espérame, solitaria ave, pues mi suerte varia quiere que por compañera te tenga, aguárdame, espera, no me seas también contraria. Qué huyes? es por mostrarme, que aún con ti no he de alegrarme? si: porque mi estrella fiera declara a voces, que muera quien contento puede darme. Perdido voy, y buscando al Marqués mi señor. . Cuando tendréis de mi compasión prados de recreación, que mi pena estáis mirando? Que haya perdido el sentido, daño grande! . Si afligido os ruego que me ayudéis, montes, como no os movéis a mi llanto enternecido? Allí está, temblando llego: porque es otro Achiles Griego en la valentia, y fuerza; pero el ser leal me es fuerza. Cuanto hay en mí todo es fuego. O señor. . Gladio querido a muy buen tiempo has venido: porque tengo de bajar al infierno a restaurar el contento que he perdido; Al infierno, estás en ti? De qué te admiras, en mí no hay un infierno abreviado? no soy yo el acuchillado de su rigor? . Señor sí: pero vas sin fundamento, que el penar todo es tormento. Son mis penas insufribles tales, que en los imposibles buscan amigo el contento, Caminemos; pero espera, que de su negra frontera las puertas llorosas abren, guarda, no te descalabren. Descalabrar; guarda, fuera. No ves el sitio infernal? A ser el original el que aquí pintas, no hubiera quien ir al cielo quisiera: puede haber locura igual! Cuenta Virgilio que vio el infierno Eneas. . Mintió, que fue invención del Poeta a mil fábulas sujeta, solo en que allá está acertó, Esta es la primera entrada; mira Gladio, que adornada esta de abrojos, y espinas? y advierte como caminas, que es toda tierra hechizada. Allí se muestra el lamento, congojas, y ansias sin cuento, y la que con rabia ciega, los tiernos hijos entrega al cuerpo humano en sustento. vejez, dolencia, y trabajo son las que están más abajo. Es toda muy buena gente. La pobreza ves presente. Es un gentil espantajo. Aquella que cual aguja se muestra. . Dirás que es bruja? Es la muerte, no te espante, y el que está más adelante es quien su aspecto dibuja. La que allí ves laureada, y de las furias cercada es cancer de la concordia; pero mira la discordia cual se muestra ensangrentada. En el zaguan que atraviesa al patio de niebla espesa están las Scilas, Briardo, las arpias de Fineo, tan señoras de su mesa. Las marinas, los centauros llenos de infernales lauros, y la que Bellorifonte hizo guarda de Acheronte, y vence mil Minotantos, Mira el ambriento varquero, con horrible aspecto, y fiero, siecho un portento, y prodigio del infernal lago stigio, y al furioso Cauceruero, En aquel campo espacioso, aunque escuro, y tenebroso, es donde el cierno Cupido, muestra el premio fementido que ofrece a un pecho amoroso, La Ciudad que ves ardiendo, llena de furor, y estruendo, es guarda de Proserpina; Fue unamona peregrina, parece que la estoy viendo. Ciñe el fuerte Phelegueronte al abrasado orizonte, de esta Ciudad invencible, con fuego más insufrible que aquel del tinacrio monte. La senda del diestro lado es aquel campo, nombrado Eliseo, en que fingia la gentilidad, tenía gloria el bien aventurado. De esta Ciudad fiero Janto es cabeza Radamanto, y la bestia que allí ves es la hidra, que siempre es guarda del eterno llanto, Mira a Titio. . Ya le veo: pero en sí es el debaneo. Amante fue de Latona. Y una gallarda persona. Premió su torpe deseo Apolo. . Ya se el porque. El que adelante se ve es Tántalo; que en la boca tiene el agua, y no la toca. Si fuera vino, yo se que le hiciera más provecho. Sisifo en llanto deshecho es aquel que en la Montaña se despeña. . Cosa extraña! debe ser de fuerte pecho. El temeroso Ijión. Es buo, o camalcón el que nombras? . Ignorante? es un soberbio Gigante que forzar quiso a traición a Juno. . Gallardo paso! y que sucedio del caso? Qué él está allí pedeciendo como ves. . Y yo temiendo tu locura. . El campo raso que allí como ves se muestra. (tra. Qué parte? . A la mano dies- Ya le veo, qué hay en él? El pozo eterno, y cruel que déclaro de Epermuestra la lealtad, y el homicidio (que tanto abomina Ovidio) de cuarenta y nueve hermanas, viles bajas, y inhumanas. Ya entre el miedo, y pena lidio. Detente, que han atrojado del infierno un rayo airado. (ro Aquí es Troya. . Llamar quien al espantoso varquero; ola, cancerbero hilchado; Di que llegue acá la varca ese varquero que embarca las almas que he de provar si me puede remediar la atrevida, y fiera parca. Porque vil villano huyes? no echas de ver me destruyes si en esta playa me dejas, o de oír mis tristes quejas, de poco valor me arguyes. Miente, si es que piensa tal todo el incendio infernal. A publicar mis dolores vengo al campo, monte, y flores, y a estas fuentes de cristal. Hay amor en que me has puesto! Mira señor que depresto del infierno te han imuiado en Seráfin transformado. un demonio. . Rostro onesto. Devenir con embajada esta hermosa endemoniada para ti, señor, da indicio. Qué miráis, loco juicio, Gladio. . Señor. Oh eclipsada tengo le vista, o nací para más mal. . Cómo así? No es la que allí ves mi hermana? El ser ella, es cosa llana. Retírate Glaudio allí, que quiero antes de matarla con mucha cordura hablarla. Oye señor su disculpa, que el dar castigo a su culpa no es justo sin escucharla. Pues ella se ausentó que de tu casa, y te dejó, no fue sin causa bastante. Consejo es ese importante, vete. . Si amor me cegó, . . y de un Rey el alma ingrata con tanto rigor me trata, prados, montes, que he de hacer? Callar, sufrir, padecer quien del mal no se recata. Oh gallarda labradora, . luz del Sol, hermosa Flora, a vuestras quejas movido, vengo como gamo herido, o torrosilla que llora. No os turbéis, que aunque este trajen muestra un proceder salvaje, soy tan bueno en lo interlor, que pienso el Rey no es mejor que yo en virtud; y linaje. Decidme vuestra pasión, que vos ofrezco atención, y el gusto, vida, y hacienda, hasta que gocéis la prenda dueña de ese corazón. Aunque ningún bien merezco, con el alma os agradezco esa merced, y favor, y escuchad de mi dolor la causa, y por quien padezco, Yo soy, Caballero noble, hija de padres tan buenos, que en nobleza, solo el Rey pudo competir con ellos. Es el Marqués don Dionís mi hermano, de cuyos hechos, no solo está lleno el Orbe; pero los cielos supremos, Debajo de su tutela. me crié: porque murieron mis padres, siendo tan niña, que aún no pude conocellos. Crieme, con mil regalos: porque siendo el claro cielo de mi gusto don Dionís, venía yo a ser su lucero. Pero este amor que atropella, arados, Noblezas, Cetros, fue ocasión de mi ruina; porque no hay amante cuerdo. Henrique, Rey de Bretaña, tan galán como discreto dio en servirme, y sabe Dios (qué es testigo de mi yerro) cuantas veces desprecié su dolor, fatiga, y ruegos; pero donde un Rey por fía, no hay fuerte, ni casto pecho. Desuerte llegó a adorarme, que ciego bebía los vientos, hay con suspiros al aire me enviaba rayos de fuego. Confiaba don Dionís su honor de mi casto celo; y así nunca imaginó del Rey, mi esposo el intento, Oblígome su dolor, tristeza, y desasosiegos: porque era ya de mi alma Rey, por amor, y derecho. Permití que me viniese a hablar, cuando con silencio dormía la gente, y velava, mi deseo un argos hecho. Llegó al fin, y temeroso presente el Conde Roverto me dio de esposo la mano. Y no solo paró en esto, que de su sangre firmó un papel que suyo tengo, en que declara, y afirma ser mi esposo verdadero. Dile entrada; fuese el Conde; triunfo de mi pecho onesto, que ya adoraba su sombra mi atrevido pensamiento. Casose el Marqués mi hermano con una dama, que el cielo . puede envidiar su hermosura, hija heredera de Aurelio, (do Almitante de Bretaña. Qué tenéis? lloráis? . No pue, mas con migo. . Hay ocasión. A no haberla, caso es cierto que no mostrara el semblante el presente sentimiento; pero proseguid señora. Después de este casamiento vi en mi esposo gran mudanza, y yo perdida de celos publicaba al viento vano mi desgraciado suceso. Llegue a saber que adoraba a mi cuñada. . Teneos, que ya no puedo sufrir tan insufrible tormento. Pues no me diréis la causa? No agora, decid, que atento os escucho por mi daño. Este engañador Vireno, este ladrón de mi honor, porquien sin rienda padezco, una noche me sacó de mi casa, y con enredos me entrego al villano Conde, quien en un coche ligero me dejó en aqueste monte sin humano refrigerio. La ocasión yo no la se, mas sin duda (a lo que entiendo) debió de ser, porque yo no inquietase su amor ciego. Ya va para quince meses que asoy en aste desierto publicando con suspiros tan riguroso destierro. Por ocasión de mi hermano (cuyo justo enojo temo) no me atrevo a ir a la Corte; aunque el animo que tengo es tal, que fuera otra Dino de aqueste Troyano fiero si entendiera hallar amparo en su péchomoble, y tierno. Aquí con mil aflicciones, pidiendo al cielo consuelo, paso los dias, y noches en afligidos desvelos. En casa de un pastor pobre vivo en el traje grosero que veis, aunque merecido de mi lodo atrevimiento. Esta es mi historia señor; mirad si mi llanco interno no tiene bastante causa para mayor senvimiento. Qué es esto cielos piadosos? piadosos cielos, qué es esto? que he de ser tan desdichado cuando agradaros pretendo! Vive Dios que estoy rabiando por atravesarla el pecho: porque acompañe en la muerte a la cruel por quien muero, Piero cólera detente, que un Rey mozo, y sin consojo rompe diamantinos muros, cuanto y más castos deseos Nunca tal de ella pense, que a no ser su amor secreto, antes que el Rey la gozara dejara su movimiento el Sol, y el movil divino midiera el humilde suelo: y así publiqué en su ausencia que estaba en un Monasterios, porque del daño, el menor debe seguir el discreto. Su disculpa está en damano, que aunque la engaño, el conciento fue (según ella declara) de ser su esposo, y es cierto que sitiesito a su honor condar a su firma crédito; que las palabras Reales son humanos Enangelios. Lo mejor seró mimalta, diciendo le soy el concro, de su desgracia, y la mía; y aguardar que ofrezca el tiempon comodidad en que pueda hacer que este infiel teseo cumpla la palabra dada, o pierda la vida, y Reino: que vasallos afrentados. no temen muerte ni infierno, Cómo no me consoláis? Descubrirte amiga quiero que soy tu hermano. . Señor, perdona. . No tengas miedo, levanta, y dame los brazos. Indigna de merecerlos llego hermano a obedecerte; pero que traje funesto es este que muestras? . Vamos y sabras la causa de ello. Temblando voy. . Te valor que remediar tu honra espero. D a ha sido extremada. Yres la Sama can igual, que no duerencia en nada e la suya original. Tu diligénciame agrada, cuando se fue? Al reir el alba le visalir. Pues tú su Maestro has sido, uno hay duda que irá advertido del orden que ha de saguir. El va de todo informado. Agradezco tu cuistado: corre, y llama el aamante; y advierte, que en el semblante conozca que estás turbado. Él viene a buena ocasión. Cuanto puede una afición, y una honrada resistencia! Vive Dios, que la paciencia pierdo, en viendo este Nerón! dame tus pies. . Alzad primo. Bien estoy. No; que os estimo como padre. . Gran Señor, a ser perpetdo deudor, con bien tan alto, me animo. Mucho siento el dar lugar a una nueva de pesar. De pesar, cómo? El Marqués Es sueño rindió el alma. . Nueva es, Señor, que me ha de costar la vida. . No os aflijáis. Qué bien, Señor, consoláis a un corazón afligido! eo. Poco, primo, habéis perdido, si a un Reypor hijo ganáis, su paeste con orquedad, y a mi Bianca consolad que ya que el Marqués taltó, ninguno me jor que yo merece su calidad. Mi espola ha doser, . Señor, que nicos? o. Que el interior amor que os tengo veréis, cuando la mano beséis por Ruina a Blanca; que amor mas que esto puede. Tus plantas, pues con tal favor levantas, fuerte. Btlante, mi humildad, he de bosar. . Levantad. Deja que mercedes tantas. satisfaga aquí, rendida el alma, de amor vencida. Consolad mi esposa padre, que ya solo es bien me cuadre. dar gusto a quien me da vida, aque ho bido, n con mi hija casarse el Rey pretende? o está ciego de amor, o no se entiende, quien deja a Francia, y atropella a Ungría. Confuso estoy, no sé si desvaría; pero mirado bien, en que se ofende, si su sangre, y valor Real desciende. de la stirpe, y nobleza antigua mía, Ánimo, pues, Historiadora Clio, pregonad por el Orbe mi grandeza, digna de verse escrita en bronce, y jaspe. Ves el galán Frances, y Alemán frío que se estiende, y propaga mi nobleza desde el Danubio hasta el indiano hidaspe Verdad es lo que te digo, gran Señora; y que expiro en mis brazos, es testigo el cielo. . Mi bien murió? Su buena muerte bendigo, que espiró como un San Blas: esa carta me encargó que trajese al Rey. No más? Y a lo que el alma entendió, eras muerta, y viva estás. Con mil suspiros decía, que a las peñas ablandara, mal sin ti estar podía, esposa querida, y cara; porque el alma en ti vivía. De que fui mal informado no dudo; y esto se infiere, de verme al plazo llamado; porque el que sin culpa muere, cita a juicio al culpado. Perdón de mi hyerro pido, Blanca mía, a tu inocencia, que pues el cielo ha querido dar castigo a mi imprudencia, justo es muera arrepentido. Esto dijo, y el mortal velo cubrío su faz clara. Vete Correo infernal, que ya mi dolor declara ser cierto el presente mal. Queda con Dios. Gloria mía, posible es que me dejaste? Aleman fríe ga mi nobleza, el Indiano Hidaspe. Como no consideraste, que sin ti bien no tenía? Si en la mortal agonía, de tu esposa te acordabas, señal, mi bien, que me amabas; porque donde una afición muestra más su perfección, es en el paso en que estabas. Date gloria el corazón, por ser los dos una esencia, que la mayor excelencia del matrimonio es la unión. Las almas divisas son; pero el contemplarse unidas, aunque reinen divididas, es la razón, que al obrar, sola una alma ha de reinar, y obedecerla dos vidas. Pues cómo podré creer, que eres tu muerto, y yo viva, si en tener tu vida estriba tener yo espíritu, y ser? Muerto tú? no puede ser; porque viviendo yo en ti, desde que el alma te di, siguese, que al espirar te había yo de acompañar, y no estar con vida aquí. Pensando estoy si hallaré, la ocasión; que viva yo, y que el que el alma adoró gozando del cielo esté! Pero ya la causa sé, que él no haberle acompañado, lo esterbó mi adverso hado, para que con padecer, procure satisfacer la fe de mi esposo amado. No llore por su Sicheo la famosa Reina Elisa, y la nombrada Artemisa olvide el gran Mausoleo? Y aunque suspende al Letéo, río infernal, la desgracia, de la esposa del de Tracia, y hace que se muestre pío, callen, que es el llanto mío de más fuerza, y eficacía. A mi amor no se compare la cuñada de Tiphón, aunque su honesta afición por única la declare. Tanaquil bella repare, en que pública salía, que sobrepujó a María; y que a la esposa de Admento, con ser su amor tan perfeto, Blanca al campo desafía. Semiramis Babilónica, Cenovia, Julia, Teojena, y la que al de Ponto enfrena, con más que humana Corónica: Céucas, Mónima, y Verónica, Livia, Parlina; y Pantea, a quien Jenophón laurea de constante, y valerosa, no igualan con la amorosa llama que asiste en mi idea. Pues como no te acompaño esposo? en qué me detengo? sin duda que amor no tengo, pues de la muerte me extraño, Vease ya el desengaño. de mi amor; con imitarte, que mal podré yo pagarte, si en la muerte no te igualo? espérame mi regalo, que ya el alma a verte parte. El gran Marqués Dn Dionís, lleno de rabiosas quejas, con mil suspiros al aire, pública su pena inmensa. Atentamente le oyen animales, prados, selvas, que según él la declara, mueve a lástima a las piedras. De mi esposo es la Canción, llamar quiero esta Sirena, porque movida a su canto, con más animo me ofrezca a la muerte: ola criados, Qué mandas? Que con presteza salgas, amiga, a la calle, y a un hombre que canta en ella me llames. Yo voy volando. Parece que mi tristeza se convierte en alegría, algún bien el alma espera; pero como si esta firma asegura mi sospecha? Este Labrador, Señora, hallé cantando a la puerta. Hasme hecho un gran placer; salte, Floris, allá fuera. Obedecerte procuro. . Di, Pastor, así te vea con cumplido gusto, y gozo ser mayoral de tu Aldea, y con más ganado en casa, que el padre de Rachel bella. Así la cándida leche te ofrezca, brotando perlas, oro Arábico en tributo, y el queso fresco en la encella. Así en el Estio seco cojas de frutas diversas más copia que tiene el cielo resplandecientes estrellas, Así el trigo que sembrares, de suerte se aumente, y crezca, que de una anega sembrada cojas millares de anegas. Así tu lagar hermoso un río de vino sea; de tal gusto, que se cuente por maranilla en la tierra. Así tú querida esposa de suerte te adore, y quiera, que en paz, contentos, y alegres. viváis edades eternas. Que me declares si son de Dn Dionís las osequias, esa Canción que cantanas di amigo, no te detengas. Señora el Marqués es vivo. Qué dices? Qué es cosa cierta que vive, si en cuatro días no le ha tragado la tierra. Y dónde está? De esta Corte ay, Señora, treinta leguas hasta su estancia, y podéis aseguraros que queda con, salud, aunque el juicio le falta a veces, pues piensa conquistar su inmensa furia el Firmamento, y Planetas. De suerte está, que un salvaje es, Señora, en la apariencia; si bien lo interior descubre su virtud, sangre, y nobleza. A veces con mi rabel se canto su historia adversa, que es la muerte de su esposa, símvolo de su tragedia. Y el con mil suspiros tristes, lágrimas, y quejas tiernas, acompaña el instrumento, ablandando duras peñas. A vender vine a la Corte de carbón seis grandes serás, y me vuelvo a partir luego, dadme. Señora, licencia, que es tarde, y tengo que hacer Amigo, el alma desea ver al Marqués; por tu vida que me acompañes. Quisiera valer más para serviros: fad en mi diligencia, que yo con él os pondré, antes que la faz risueña del albaborde en dos cursos el campo, y flores amenas. Vamos Pastor, y confía que he de premiarte. Sujeta tenéis el alma, Señora, pues is esclava se contempla de ese gusto. Y yo restauro la vida con tales nuevas,

JORNADA TERCERA

jornada tercera Que tal oigo! Esto es verdad. De ira, y cólera reviento. Señor, vuestra Majestad se reporte, que el intento de Blanca. . No más, callad, que este es trato de los dos; y vive el Supremo Dios, que estoy ya desengañado de que sois vos el culpado en este caso. . Yo? . Vos? Gran Señor, cuando llegué a hablar a mi hija, hallé escrito aquese papel; y por lo que he visto en él, es vivo el Marqués. . Yo sé, que esto es verdad Almirante. Creolo así. e, quitaos delante. Qué me mandes solo espero: escuchar desde aquí quiero, Ay desdicha semejante! Que de todo mi poder triunfe una flaca mujer! De que me sirve el Reinar, si no llego a ejecutar cosa de gusto, y placer? Que ofreciendo ser su esposo, con proceder riguroso me desprecie? estoy sin seso: igual puedo ser a Creso desdichado, y poderoso. Quien el viento sútil fuera, ingrata, porque siguiera tu velocidad divina! más quien con temor camina, vuela con alas de cera. Ícaro soy, si se advierte, Blanca querida, en la suerte; pues lleva mi presunción por guía, tu fe, y razón, temor claro de perderte. Pero al fin te he de seguir, aunque supiese medir el firmamento sereno; pues viviendo de mi ajeno, es sin fruto el resistir, que amor es quien me sujeta, Conde, haced que con secreta diligencia a punto estén tres postas, y que también se busque una guía discreta, que nos tenga compañía. En mi diligencia fía, Rey poderoso; y haré, que con brevedad este presto todo. Hay prenda mía! Ya el Rey declarado está, y en busca de Blanca va, que como he estado escondido; sin ser de los dos sentido, les entendí. Bien será, qele pidiendo alas al viento alcance a Blanca, pues siento, de esta loca obstinación, que quien hizo una traición, no hay que dudar hará ciento. De mí os pensáis escapar? No señor. . Que gra pesar! A tus pies los dos estamos, que nos mandas? Qué veamos (tro: como sabéis pelear. Yo hablaré en provecho vues- Señor, Ergasto es Maestro de niños; y en conclusión, será en la guerra un Platón, quién es en la escuela diestro: y es. . Qué? Brava centinela. Que enredo! Aquesto os desvela? Pues no? Qué razón donosa! hay guerra más enfadosa, que ser uno Maestre escuela? Parecéis hombre valiente. Y en la guerra tan prudente, que todos nombre le dan de espantoso Capitán. Vive Dios, señor, que miente, que yo siempre me he criado gobernando el simple arado, y sé que a vivir más anos, que una mujer tiene engaños, no aprendiera a ser soldado: y en cuanto a la valentía, soy un gallina, a fe mía. No te ha de valer la excusa. El alma tengo confusa: Señor, su bachilleria que le trato verdad crea. En cuánto Apolo todez suigual, Señor, no hallaras; juro al soto sabe más, que la hechicera Medea. Sabe de fortificar. Qué decís Pablo? . Callar, y para fuertes, y minas tiene trazas peregrinas. De enojo he de reventar, Señor, no lo creas, . Tiene cuanto a un soldado conviene; porque es discreto, sagaz, v igilante, y tan capaz, que en todo virtud mantiene. Y pues veis que es de los dos el más prudente, y que a vos os importa, que le honréis os suplico, y que me deis licencia; quedad con Dios. Esperad. . Esto es peor. Hay mayor enredador; gozar de esta ocasión quiero. Qué se va mi compañero? Con vos me havendré mejor, Esto es caer en el lazo, Mira que se llega el plazo de la batalla. . Pues bien, que he de hacer? Que a punto estén mis soldados. Tengo el bazo algo enfermo, y cierto sé, que servirte no podré con satisfacción. . Acaba. Pasito, que me burlaba. Ya mi contrario se ve. Qué contrario? no te entiendo. Alto, no oyes el estruendo de Marte? . Ello es cordura seguir aquí su locura, Lo importante previniendo para el efecto, se acierta en la guerra. . Es cosa cierta. Mi Teniente General llama. . Y quién es? Animal, mi afición. . Vivid alerta corazón; porque parece, que vuestro daño se ofrece: y a tu afición está aquí. Quién? El Temiente. . Así, di que mis brazos merece. Quiéres le bien? No lo ignores; a los Sargentos mayores me llama, que he de saber, que gente podrán tener mis tercios. . Lleguén señores. sus nombres saber quisiera. Vigilancia verdadera es el uno; y diligencia. que es hija de la prudencia, se llama el segundo. . Espera, que y a forma el escuadrón tu Teniente. . Es un Catón: que gente aura? . Apercibidos catorce mil escogidos soldados. . Pues de razón, serán los arcabuceros seis mil. . Y los mosqueteros? La mitad. Según lo áplieas, serán cinco mil las picas, sin furrieles, y barberos. Mira mi arcabucería. Es extremada, a fe mía. Para las mangas saldrán dos mil. . Qué nombre tendrá? desvelos que el alma envía, Es el escuadrón volante mi honor, y será importante, que de otros dos mil guarnezca su valor, y a él se ofrezca la nobleza Militante. Que he de hacer de los demás? El escuadrón firme harás. Por frente cuantos? Ocenta. El nombre? El que me atormenta. Declarate. . Ciego estás; confianza. . Y las banderas? En medio de las hileras irán, y de sangre escribe por mote: Ninguno vive sin honra, morir pudieras. La Caballeria ligera falta. . Esa es la trinchera del valeroso escuadrón, y la que en viendo ocasión, ha de cerrar la primera, Qué puesto le hemos de dar? Debe a lo largo marchar del ejército. . Está bien; el nombre espero también. Suspiros. . Triste pesar! Qué falta? . La artillecía. Aquesa marchar podría, la mitad en la vanguardía. (día. La otra? . En la retaguar. Saber por qué gustaria. Porque viniendo a traición el enemigo escuadrón, le resisten, si reparas, con solo volver las caras, quedando en su proporción. En ciencia le vas fundando. Y mi contrario marchando viene en orden. . Aa elegido ya Teniente? . Amor fingido viene Blanca publicando. Sargentos mayores son de su vana presunción, falta de fe, ingratitud. Deles Dios poca salud, y mueran sin confesión. La arcabuceria es un ciego, y loco interés de un vano consentimiento; nave que con poco viento pierde el tino, y da al traves. Es el volante escuadrón perdida reputación; su caballeria ligera, atrevimiento. . Quisiera saber, sin más dilación, del firme, el de propiedad. Engañosa liviandad, pues no hay mujer tan honrada, que al fin no se halle engañada, si eclipsa su honestidad. Este es el campo enemigo, que presente ves, amigo. Pues dime, ahora que haremos? qué a nuestra gente animemos. A ser tu esclavó me obligo. Mira con que bizarría sale mi arcabucería. Direles que se preparen? Si amigo. Cuando disparen me avisa. . De mí te fía. No ves como anda travada la escaramuza? . Y me agrada su extremada gallardía. No oyes la mosqueteria? es la polvora mojada, y no la oigo. . Ay de mí! El diablo me trajo aquí, Qué fue? Mi desdicha es cierta. Hay alguna gente muerta de la nuestra? . Amigo sí. Mi arcabuceria huye, y en los contrarios influye furor el quinto Planeta. Qué se ha de hacer? Que acometa. Conmigo ahora concluye. El escuadrón arrogante, Cuál de los dos? El volante. Ya acomete. Qué bien cierra! Quién me metió en esta guerra? Ni el firme será bastante, dice mi contrario fiero: Cierte lo demás, que muero de rabia. . Yo de temor. Ánimo, perdido honor, que alcanzar victoria espero. Ya juega la artilleria. Di que la Caballeria cierre, dando envidia a Marte. Mas ligera que el Sol parte. Grande es la desdicha mía! Cómo? No ves, que turbados, dan en huir mis soldados, Qué es la causa? Mi desdicha; porque no hay hombre con dicha, siendo contrarios los hados. Claro se deja entender, yo pienso aquí perecer. Si con amor lisonjero pelea Blanca. . Mal agüero. Cómo puedo yo vencer? Es el pensarlo ignorancia. Diligencia; y vigilancia puse tanto en recatarla, como en servirla, y amarla, confiado en su constancia: Pero el ver me desengaña su ingratitud en campaña, y que al sangriento rebato, muerto el honesto recato, fe engañosa la acompaña, Eran mis justos desvelos hijos de amor, y de celos; porque como la adoraba, hasta en su sombra miraba si via color de los cielos. Pero a que es verdad me allano, que un consentimiento vano, justos desvelos no mira; porque es el blanco a que tira, un vivir aucho, y liviano. Pudiera ser resistiese mi amor, y fuerzas tuviese, si de mi Blanca querida, la reputación perdida, mi amor solo lo supiese. Pero una vez publicada, es razón, averiguada, que donde es público el mal, esta en vidrios de cristal la más firme honra guardada. Poner freno pretendí, con los suspiros que en mí reinaban. . Triste lamento! A su loco atrevimiento: pero en vano padecí; que la mujer confiada, de que es hermosa, y amada, a un daño se determina, porque hermosa se imagina, de un mundo solicitada: y la solicitación promete una destruición, que son esperanzas necias, pensar todas ser Lucrecias, Esa es también mi opinión Prometía su humildad afición pura, y bondad, pero murió mi esperanza, que es necia la confianza, donde reina libiandad. Ves aquí por que razón triunfa el bárbaro escuadrón de mi campo, y que desmaya es cierto, amigo. . Mal haya quién es, Señor, la ocasión! Todos huyen por los llanos, Dios me libre de tus manos. Dónde, cobardes, huis? P. Al infierno. . Bien cumplis vuestra obligación villanos. Ay! . Qué fue? Que me han volado un brazo. . Eres desgraciado; muestra, rezarele un Plalmo. Luego curas por ensalmo? mi daño está declarado. Muestra, o vete en hora mala, Ay de mí! Qué hay? . Una bala me ha llevado un ojo, Muestra. No lo ves? Desdicha es nuestra. Sin duda esta vez me empala. Mas yo dos ojos te veo. Qué es de vidrio el uno creo. Pues a mi burlas traidor? Huir quiero, qué es mejor: valedme Ninfas de Orpheo. Aunque en el veloz Pegaso volarás al cielo raso, en su esfera he de buscarte. Soy en ligereza un Marte. Y yo, en su furor me abraso. Al entrar de aqueste monte, de espesos robles cubierto, me perdió el Conde Roverto; y en su grandioso orizonte no veo a quien preguntar por la ingrata por quien muero. Cansado estoy, dormir quiero; pues el sordo mormurar de esta fuente me convida a su corriente apacible. Ay Blanca! tú fe invencible me ha de costar honra, y vida. En el mar de mis lágrimas navega, mi amor, de dos contrarios perseguido: es el uno mi ausente, bien perdido; y el segundo, una envidia loca, y ciega. A tomar regalado puerto llega en mi esperanza, cuando embravecido se muestra el Occeánico brarnido, midiendo el cielo, y la bonanza niega. No por eso mi firme amor desmaya, que es más fuerte que al mar constante roca, y aguja mareante es su paciencia. Y aunque no goza la arenosa playa, favor a su inocencia el alma invoca, porque es cielo del alma la inocencia. lber Después que me dejó, mceto, como sin guía camino. por este monte, no atino a salir de él, que cubierto está de hermosas enceñas. sin duda es el puesto aqueste de mi esposo; Orbe celeste, con vuestras luces divinas me ayudad, porque el dolor de mi pecho se refrene, ya que a buscar gusto viene: pero allí duerme un Pastor. Ay, de mi! turbada estoy, el Rey es; cielos que haré? Huir quiero. Para qué, si tu amparo, Blanca, soy. En tu seguimiento vengo, porque el Rey. . Padre querido. Temerosa estás, que ha avido? Helado el corazón tengo. Allí el Rey duerme. . Tras ti, según he entendido, viene, y así el volverte conviene; sígueme, que pues que aquí tu esposo el Marqués reside, yo le volveré a buscar. Hay suerte, siempre en azar! Tu honor, Blanca, aquesto pide. Dónde caminas ingrata? Aguárdame Blanca, espera; que aunque tu rigor me trata con desdén, poner quisiera a tus pies montes de plata. Cómo te vas? no te mueve mi dolor, llanto, y suspiros? Ser de bronce el pecho debe: mas de que sirve afligiros corazón? mi furia pruebe, que a pesar de sus desdenes he de triunfar de su honor. Mas fuego en tu centro tienes, pecho fuerte, que el ardor que adorna a Febo las sienes. Ay Blanca, tú fe me ha muertó! A Blanca he oído nombrar; estoy durmiendo, o despierto? Tu rigor me ha de matar. Ya en que la nombro estol cierto: el eco he sentido allí. Válgame Dios! el Rey es; temeroso estoy. . Si en mí tanta pena, y dolor ves, por qué no me premias, di? Que notable confusión! No hay quién me responda? Sí. Di a Blanca, que ya es razón se acuerde, y duela de mí, en pago de mi afición. Pues no es muerta Blanca? No. No la has gozado? En mi vida. Quién lo certífica? . Yo. No te quiere? Es mi homicida. Y diote audiencia? No dio. No la has hablado? Si hable. Quién te dio entrada? Un traidor. Cuántas veces? Una fue. Resistiose? . Con valos. Hubo testigos? Su fe. Quién se engañó? Su marido. Cómo? Porque anduvo ciego. Qué es leal? Siempre lo ha sido. A quién desprecia? A mi ruego. Quién te atormenta? Su olvido. Está ella aquí? Aquí está. A qué vino? A ver su esposo. Déjala. . Morir será. Qué esperas? Un fin dudoso. Advierte. . Déjame ya. El despierta, irme quiero. Por qué te vas sombra vana? Pero estoy en mí; qué espero, si ya acerca Diana, sin haber visto el Lucero. Profundo sueño he tenido, y en sueños me parecía, que alguién me hablaba, y dormido, mil verdades le decía; ilusión sin duda ha sido. Quisiera topar con quien nuevas alegres me diera de aquel deseado bien, Vive Dios, que más quisiera ir a pie a Gerusalén, que estar en esta montaña hecho un salvático bruto. Todo es nuez, pera, y castaña, manzana, el níspero enjuto, fría, y lóbrega cabaña. Agua clara de estas fuentes, que a un mármol darán tercianas, y a mi diez mil accidentes; pues de romper habellanas, y beberla, estoy sin dientes. Cansado, y más que aburrido vivo ya. . Un Labrador, para más bien, se ha ofrecido; pues informándome amor, sabré de mi casa Dido. Hola, Pastor gallardo, que en este monte sosegado, y quiero; con paso alegre, y tardo, guardas con más donaire que el de Admento tus sinceras ovejas, libre de engaños, y amorosas quejas, Así te ofrezcan ellas más jaballes, y mansos corderillos, que el cielo tiene estrellas, hi erbas el campo, el Orbe pajarillos, y en divididas tropas, formen de nieve montuosas copas. Así tus regalados cabritillos, brincando te obedezcan, y veas estos prados. tan llenos de novillos, que parezcan formados escuadrones de Ciros, Darios, Jerjes, y Scipiones. Así te de en tributo la tierra trigo hermoso, en copia tanta, que sustente su fruto, hasta donde la sola Fenixcanta; y veas tus colmenas con más avejas, que en el mar arenas: Que me digas si has visto un bien, que fatigado voy buscando, una alma adonde asisto, cuyo desdén público suspirando, Esta merced te pido. Vive Dios que es el Rey! yo soy perdido, Una Dama es, que al cielo puede dar hermosura. . En qué reparo? el Rey es, no es desvelo. Mi amor la busca, la verdad déclaro. Que no conozca temo, que Gladio soy, y me condene a un remo, Quiero hablarle a lo conzo. La respuesta que aguardo no dilates, Si pide algún responso, dirésele con votas, y acícates; pero Dama no he visto, desde que me echó al mundo el Ante Cristo, Sabe que soy Tudesco, y que vengo a ser Rey de diez mil monas, Por mi fe que estoy fresco. Espéreme, y le haré veinte mamonas. Simple es este villano. Advierta, que mi padre fue Persiano. O la vista me engaña, o conozco aqueste hombre. . Una borrica me dio leche en España; y después me crie en una bótica de un sucio boticario; y así soy, tras Pintor, bravo Hervolario, A buen puerto he venido. Para avisarte, gran Señor, prevengo el aliento perdido, Qué hay Conde amigo? . A darte aviso vengo. como tu Blanca amada vuelve del Almirante acompañada a la Corte: procura te de el viento sutil su ligereza. Dichosa es mi ventura. Sujeta la has de ver a tu grandeza. Vamos, pues el ocaso de mi dolor se trueca en cielo raso. Confuso me han dejado, que Blanca es viva, si es verdad, o enredo; pues yo no lo he soñado, que aquí el Conde lo dijo; y así puedo dar al Marqués aviso de la intención de este amador Narciso; y yo en esta ocasión ganar por zonzo más fama, que en derecho, el Rey Alfene Qué me quieres? Y te adoro. Hablas de verás? Y es cierto Qué me ofreces? Un tesoro. Qué padeces? Estoy muerto. . Por quién? Por tus hebras de oro. Pues yo no ta puedo amar, Hárasme desesperar, ingrata, y cruel Leonida. Déjame ya por tu vida, que será agotar el mar, pensar que te he de querer. Eres peña? . Soy mujer. Solo el nombre me condena; pues mujer, infierno, y pena, una esencia suelen ser. Acordaste, Pablo, tarde. Que alibio, para quien arde. en celoso amor por ti, omo. . El Marqués descubro allí. Algún demonio le aguarde, Hermana del alina mía! Señor! . Con el alegría, no es mucho restaute el seso. Pues ser tu esclava profeso; declarate. . Cuando el día iba dejando el oriente, vi junto a una hermosa fuente durmiendo al Rey; y afligido, tuve atento el casto oído: porque al son de su corriente, oí que en sueños nombraba a mi esposa, y declaraba de su honor el casto celo; diciéndome, por consuelo, que al Sol puro le igualaba. Dijo, no hay quién me oiga? Sí, al eco le respondí: y él en sueños declaro, que yo fui el que se engañó, pues a mi Blanca ofendí: Que era viva, y que vivía tan casta, que hacer podía ventaja a la antigua Griega; que su afición loca, y ciega, en vano siempre porfía. Que una vez sola la ha hablado, que fue cuando yo engañado ejecuté el darla muerte, al tiempo que firme, y fuerte vencia su pecho obstinado. Ves aquí, querida hermana, como el alma vive ufana con nuevas de tanto gusto. Que yo le reciba es justo; pues en tenerle tú, gana el mío contento, y gloria. Tuya ha de ser la victoria, Leonida, ven a la Corte. Basta que a tu gusto importe. Y el tuyo está en mi memoria, Oh Señor! Qué hay, fiel criado? De correr vengo cansado, tengo mucho que decirte. Y yo tengo que reñirte; y en conmigo. . Voy turbado. El Rey nos sigue, hija mía. En todo soy desgraciada. Respóndele con prudencia, que ruegos peñas ablandan. Responderele de suerte, que merezca eterna fama. En este traje, Señora? Con mi padre salí a caza de un halcón, que en aquel monte despliega las prestas alas, y sin cazarle doy vuelta. Hólgara saber la causa. Opúsose al mejor tiempo una Águila fuerte, y brava; y yo temerosa de ella, vuelvo con veloces plantas a la Corte; que hasta en esto la fortuna me es contraria. Águila sois vos que al Sol miráis, sin volver la cara; que a vuestra hermosura inmensa, que Sol hay que no haga salva? No muestra la hermosa Aurora más beldad, al reír el alba, ni Scintía de rayos llena, pisando velos de plata, descubre más perfección, que esas mejillas de nacar? No alumbra el Sol en su esfera quien os pueda igualar, Blanca, desde la abrasada Livia, hasta la Germanía helada. No merece mi humildad, gran Señor, mercedes tantas. Tened compasión de mí, dulce prenda. . Yo ganara, Señor, no solo en ser vuestra, sino sirviéndoos de esclava, si a la afición de mi esposo no naciera tributaria. Él es vivo, yo lo sé. Y yo os diera en porte el alma, si olvidada de su amor, dieráis alibio a mis ansias. Él está loco, Señora, dadme de esposa palabra; pues sin juicio, mal puede poseeros, prenda amada, Yo no sé, Blanca, en que estriba! Es su condición extraña. Dejar un Rey no es locura? Quiere bien, y aquesto basta. Señor, vuestra pretensión, (aunque imposibles allana) halla en mí tal resistencia, que es escribir en el igua, medir el viento sútil, y ver la celeste Machina, escaño humilde del suelo, pensar que mi afición casta podrá olvidar al Marqués, ni vivir en su desgracia. Rsuelta, enemiga, estás. Soy otra Julia Romana. Pues vive el cielo, cruel, que a pesar de tu constancia, ya que mi pena, y dolor no te mueve, palma ingrata, he de ser otro Narciso, que a la sombra de mis lágrimas. vea mi vida en despojos, o lograda mi esperanza. Pues primero que tus ruegos hallen en mi pecho entrada, verás que en la muerte imito a la Romana Cleoparra. Enojado se va el Rey. Y Blanca queda turbada. Quedad con Dios. El os guie. Que le dijiste? Que estaba dispuesta a darme la muerte, antes que rendirle el alma. Mucho puede un firme amor. Cuando es la mujer honrada, padre querido, no estima Reales Cetros, ni Monarcas. Volver conviene a la Corte. El darte gusto me agrada. Tu esposo verás muy presto. No duda mi confianza. . La noche es clara, y serena, y apacible el viento sueña. Mira que estés advertida en lo propuesto, Leonida. Pues yo te obedezco, ordena, Pero di, que estás mirando? Gozoso estoy contemplando estos balcones divinos; porque en verlos tan beninos, mil glorias estoy gozando. Posible es que te he de ver, bella esposa? puede ser, que llegue, tras tantos daños, al fin de mis desengaños, con poderte merecer. Mas ay, que cuando me acuerdo que te ofendí, el seso pierdo; porque es leve la disculpa, cuando dio entrada a la culpa un hombre prudente, y cuerdo, Cesen pasados agravios, y pondré a tus pies mis labios; pues si piadosa perdonas, tú sabia virtud coronas, que el perdón es de hombres sabios. Un hombre viene. . Será Gladio. . No es él. Quién podrá ser tan fuerte, que me impida? Quiero; antes de mi partida, ver a Blanca: si estara recogida? . Al Rey parece. Buena ocasión se te ofrece. Dos hombres ruan la calle. El Rey es. . quieres hablarle? Su obstinación me enmudece. Dudoso estoy, no lo sé. Su atrevimiento veré, dejando abierto un postigo. Entro? . Una vea. Oh enemigo! Hermano, repórtate. Cómo, si al Rey considero dentro en mi casa? Primero te informa, quizá es su padre. Ya no hay razón que me cuadre; aguardame. Aquí te espero. Oh cuanto puede el honor! Siempre de mal en peor voy, Conde. . De aquesa suerte, de que es bien dejarla advierte. Fuera el remedio mejor; pero en afición excedo al antiguo amante Griego, descendiente de Repiso. Si ser loco el Griego quiso, que no le imites te ruego. Considera un imposible, Señor, en tu pretensión, que es argumento infalible; pierde el ser una afición, no siendo el modo posible. Tienes razón; pero advierte, que amor es como la muerte, que donde halla resistencia, hiere con mayor violencia: Yo lo que más siento es verte adorar. . Qué necio estás! fuera de mi gusto vas; y así te quiero advertir, que con tanto resistir, mi afición merece más. No es más una cosa amada, de cuanto costo alcanzada; porque afición resistida, en más estima es tenida, que la fácil conquistada: Y así, aunque ves me aborrece Blanca, mi afición más crece: porque despreciado entiendo, que ella ofrece resistiendo, lo que un firme amor merece. Un hombre está allí. Podría ser su padre el Almirante. Si es el Rey, gran bien sería, Hablarle será importante. Quién va? Quién saber querría si sois el Rey. . Para qué? Eso a él se lo diré, Es nueva de gusto? . Sí. Pues yo soy el Rey. . En ti su propia imagen se ve. Qué queréis, que él mismo soy? Más qué temerosa estoy! Acabad, no habléis turbada, De Blanca. . Qué? Soy criada. Nueva vida al alma doy. Y en este traje que veis vengo, para que me deis crédito a una verdad. Decid de presto, acabad. Digo, gran Señor, que entreis conmigo, que mi señora ya os quiere, estima, y adora, y en vuestra busca me envía. Si es fingida está alegría? No os detengáis, que ya es hora. Como detener? Alberto, aquí me aguarda. . Ve cierto, que en todo te he de servir. Que no conquista un sufrir, pues llego a tan dulce puerto. No hay poder como el de amor. No vuela más un azor; vive el cielo que he corrido como un gamo, y no he podido dar alcance a mi señor. Ya estará en casa, entrar quiero. Deténgase Caballero, que no puede entrar acá, Y quién me lo estorbará? Quién pregunta: aqueste acero. Mirad que me importa entrar. Ya mí más el estorbar vuestro gusto por agora, volver podréis a la aurora, que hasta entonces no hay lugar. Como no? dejad la entrada franca, y libre, o vive Dios que haga el pago aquesta espada. Atrruido sois. . Y vos quien ya me enoja, y me enfada. Dadme para entrar licencia, que pierdo ya la paciencia, Id con Dios, hombre de bien. Mataré primero. . A quién? Que gentil impertinencia! a vos, y al infierno junto, si me de tenéis un punto la entrada más. . Estáis loco? Esto es tenerme ya en poco. No sin causa os lo pregunto, pues sin saber lo que valgo respondéis tan desenvuelto. Sois noble? . Soy Hijodalgo en lo que emprendo resuelto, y a cuanto quisieris salgo. Pues seguidme, que este puesto nos impide. . Pronto estoy, que juega mi enojo el resto. Ciego de cólera voy. (. Mi valor veréis muy presto. La pena al entrar perdí cuando al Almirante vi: porque me he desengañado de que él solo es el que ha entrado, quiero escuchar desde aquí, que ya mi querida sale. . Mucho una firmeza vale; Ya se es tu amor sin segundo. Padre querido, en el mundo no ha nacido quien te iguale. Partirme mañana pienso en busca de tu marido. Dárasme un contento inmenso. Tu gusto verás cumplido, y tú fe miro suspenso. Con la Abadesa tu tía, mientras vengo, quedarás recogida, Blanca mía. Gran gusto en eso me das, acero su compañía, Mira señor, que al Marqués cumplida satisfacción será justo que le des. Déjalo a mi discreción. La carta del Rey después le podrás mostrar. . Y es justo. Declarale mi disgusto, su imprudencia, mi lealtad, su engaño, mi honestidad, y que es mi gloria, mi gusto, mi alegría, mi esperanza, norte del alma, bonanza del corazón afligido: que nunca en mi pecho ha avido. pensamiento de mudanza. Que cuando el Rey intentó ser mi esposo, desprecié sus ruegos, y aunque probó) por la firma que hay ve su muerte, no me venció. Y en conclusión le declara, que a no haber Dios, le adorara. como a suprema deidad. Haré con puntualidad lo que mandas; hija cara. Es verdad esto que he oído, corazón; o son quimeras? que pruebas más verdaderas de que Blanca firme ha sido! Yo soy quien culpa ha tenido pues di crédito a un recelo, culpando su honesto celo, pudiendo considerar, que mal me podía agraviar siendo yo el Sol de su cielo. Vese su inocencia clara en su suprema aflicción, que la mayor perfección, de un amor casto se ampara. Segunda vez la culpara si en este honesto desvelo no hallara el alma consuelo, y que no dejara a un Rey, por un esposo sin ley, sin ser yo el Sol de su cielo, Arguye insigue valos: esperarme confiada, que quien no se halla culpada destierra de si el temor. Síguese pues, que su honor sube con heroico vuelo, rompiendo el celeste velo, hasta la esfera más alta, y que en Blanca no hubo falta, por ser yo el Sol de su cielo. Pues cómo puede ofenderla, y de traídora culparla, pudiendo consideralla mas que el Sol, celeste Estrella. Culpa pudo haber en ella, siendo luz que alumbra el suelo, no; y así, mi desconsuelo procede, de que ofendida esté la que me da vida, y llama Sol de su cielo. Sin duda que la ocasión fueron celosos cuidados, que como al Sol los nublados escurecen la razón. Bastantes indicios son de su fe, y honesto celo ver trocado en fuego el celo de mi pecho: declararla quiero, que vivo de amarla, y soy el Sol de su cielo. Gente sueña aquí. . Tus pies, regalada esposa pido, pues soy el que te ha ofendido aún que humilde aqui me ves. Mi esposo, mi bien, no estés. de esa suerte, que los firazos te aguardan con mil abrazos, que es posible que te veo? no puede ser, no lo creo. Ciñe con honesos lazos. gloria mía el cuello, indigno de merecer tanto bien. Aunque mis ojos te ven un imposible imagino. Si con amor tan benino me obligas, he de rogarte perdones si en el premiarte fuere corto. . Soy tu esclava. De abrazarle hija acaba, que también tengo yo parte, El alma padre os ofrezco. Que alegre vistal Dion Confio en vuestro amor señor mío. Con el intento enmudezco. Aunque merced no merezco, suplicoos con humildad perdonéis mi ceguedad, No solo hijo el perdón te doy, mas el corazón, centro de la voluntad. Aquí, gran señor me aguarda. Oh cuanto mi gloria tarda! ven volando, que aquí espero. Soy más que un sacreligero; ver su olvido me acobarda. Mi hermano es el que está allí; quiero decirle, que aquí viene el Rey. La industria es esta. A servirte estoy dispuesta. Daré mil vidas por ti: ella viene: qué hay Leonida? Que al que es dueño de mi vida dejo esperando en la sala. Quién en firmeza te iguala hermana, prenda querida? Tú fe, que al cielo suspende, Solo imitarte pretende. Ven señor. Yo estoy sujeto. Di que entre. Qué inmenso apuieto! más amor, mi hielo enciende. Puedo llegar? . Sin temor? que te impide? . Su rigor. No temas. . Quién habla al? Un alma que vive en ti. Vos en mi casa señor? A gozar el desengaño de mi amor vengo. Es engaño: porque mi esposo está aquí. Vuestro esposo? . Señor sí. Tus pies pido. Caso extraño! sin duda engañado he sido. Perdón, gran señor te pido, ya que no por ser Leonida: porque en llanto convertida sufro tu desdén, y olvido. A tus pies puesta de inojos suplico, que no te muestres riguroso a mis ojos, pues entre grutas siluestres han sido fuentes mis ojos. Confiesa, que mi humildad no te merece, señor, mas es tanta mi lealtad, que suple mi mucho amor la falta de cuálidad. Aqueste papel firmaste cuando el honor me robaste, mas tan desgraciada fui, que al papel dijiste sí, no al alma que adoraste. Con romperle se confirma la fe que mi pecho afirma; que aunque somos desiguales, donde hay palabras Reales, no es necesario la firma. Ya tuvieron fin los plazos de mi muerte, y tu amor tibio; y así en hacerle pedazos, mi tormento; y pena alibio, pues no merezco tus brazos. Antes yo el perdón te pido, mi buen, pues tuyo he nacido; y ya que el cielo ha ordenado, que sin buscarte te he hallado, quiero que lo prometido tenga muy cumplido efeto. Deja, mi bien, los enojos, que ser tu esposo prometo; pues no hay ya para mis ojos, mas Blanca que tu sujeto. Que te puedo merecer, Rey, y Señor? . Y has de ver puesto mi Reino a tus pies; y a vos valiente Marqués he de premiar, y querer. Tu hechura soy. Levantad. Bien estoy así. . Llegad, dadme los brazos, que es justo tenga fin vuestro disgusto; y vos Blanca, de bondad espejo, que me abracéis os ruego, pues que tenéis. en mi un hermano: Leonida es ya mi esposa querida. Muchos años la gocéis. Hérmana? . Señora mía. Abrazadme. . La alegría del corazón te dirá el gozo en que el alma está. Tan vuestra soy, como mía. Dadme, Reina de Bretaña, las manos. . Más justa hazaña hermano, será abrazarte. Las plantas he de besarte. Qué virtud no te acompaña? De aberos, Gladio, topado, estoy contento. . Si fui descortés, creed me ha pesado. No sin causa os traigo aquí. Soy, Señor, vuestro criado. qué es aqueso? . Aquí traía a Gladio; porque sabia que te daba en ello gusto. Antes el premiar es justo su lealtad. . Es fantasía lo que miro? . Qué aguardáis, Conde, que no me abrazal? Dudando estaba por Dios, gran Marqués, si erades vos. Justamente os disculpáis. Debeisme toda afición. Conozco mi obligación. Besad la mano a Leonida, por Reina. . Es deuda debida: abrázaros es razón. Cuatro mil ducados doy de renta a Gladio. . Y yo soy, Rey poderoso, tu esclavo. Tu celo leal alabo. Con cuatro mil rico estoy: comprar pienso un Marquelado, que es suma felicidad. Y aquí; prudente Senado, da fin la Firme Lealtad. Y el esposo disculpado.