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Texto digital de Fingir lo que puede ser

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Atribución tradicional
Román Montero de Espinosa
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Fingir lo que puede ser. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fingir-lo-que-puede-ser.

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FINGIR LO QUE PUEDE SER

JORNADA PRIMERA

Buena, Señor, la has hecho. No es el cansarme ahora de provecho, Que no lo digo advierte, por ver la adversa muerte del que fuiste homicida; por esta callejuela sin salida, en que entraste, lo digo. No importa, ven conmigo; bajas las tapias son. Y viene gente muy apriesa buscando el delincuente. Este es el mejor medio. ̱. Por fuerza he de acetar ese remedio. Qué rigor tan inhumano! y que desdichada suerte! Temiendo estoy que en la muerte haya halládose mi hermano; Prosigue presto: Allí enfrente hay una casa de juego; cuchilladas hubo, y luego salió de tropel la gente, Sobre el que una suerte gana, empezaron a reñir; yo en oyéndolo decir, quíteme de la ventana. Que no sabes quien ha sido el muerto, ni el matador? A lo curioso, el dolor del caso nuso en olvido, mas dejando la pendencia una pregunta perdona, que el sentimiento la abona, y el tuyo me da licencia. En despedir mi señor esta mañana a Lucia te ha dado tan triste el día que das celos a mi amor. Si fue guarda del secreto que mi desvelo interpreta, bien pudo ser más discreta, más supliralo mi afecto. Y a mi corazón se es fuerza por ser preciso el hablar, y después has de estimar, que no es gusto, si no fuerza. Que si agora te doy cuenta hago el daño voluntad, y amor la necesidad, Dilo pues. . Estame atenta, Don Pedro de Lara ha sido en mi pecho venerado, del corazón estimado, como en el alma querido. Es tan oculto este ardor, que en su ignorada centella la voluntad se quererla de ver sin locura a amor. Lucia guardó el secreto, y a quien se entregó mi amante fue a un primo suyo, galante, cortés veliente, y discreto. A gozar nuestra fortuna viene el dueño de mi vida: por la callé sin salida las tapias sube a la una, Por estorbar se previno en tan amoroso trato, que el descuido del recato no de cuidado al vecino. Hizo mi amor confianza del suyo, y en este emplo, ni detérmino el deseo, ni conozco la esperanza: Pues siempre tan uno es, recato, amor, y respeto, que es tímido de discreto, y cobarde de cortés. V , Mas aguarda, que allí están don Diego, y él, o estoy ciega. En un callejón nos ruega aprendiendo a gabilan me envaine. Ya he visto gente, Trabajos, en esta sala. El deseo los señala cuando el temor los desmiente. Como don Pedro se niega a sacarme de esta calma, todo es cogobra en el alma, y así, entanto que se llega La pena a saber si es cierta mi desdicha, ten cuidado. Ay señora que han llamado! Ya lo escucho, y ya soy muerta que es mi hermano. No hallo modos, con que decir que se vayan. O para locas se ensayan, si estamos borrachos todos, (abra? No hay quién responda, o quien ̱ , l- aquesta evidencia sobra, y así remito a la obra averiguar de palabra. Hermano, dueño, señor, tente, aguarda, adonde vas? Ya si me detengo más es vergüenza de mi honor. Quien osado, y atrevido? Cielos, qué es esto que veo? Satisfaceros deseo, y que os soseguéis os pido. ̱ . Qué nueva sospecha hallé, . que el alma toda me abrasa; y que halle gente en mi casa cuando una muerte en la calle, que sin haber conocido aquel que rindio la vida, ni el que en la acción fue omicida, solo mi afrenta he sabido, que siendo sin tan violento, tan triste, y tan desdichado el que la fortuna ha dado al que de el último aliento, es más fiero mi dolor, mas horrible, mas cruel pues pierde la vida aquel, y en mi peligra el honor. Ya no espere la paciencia. mas penosa conjetura, pues este lance asegura que es mi revelo evidencia, Todo el corazón es fuego; ha fiera hermana, y cru el? que al venir por el broquel hallé nuevo indicio. Luego no es n Pedro aqueste hombre? No, y así, prueven disculpa para el temor que nos culpa. Esta bien. Aunque os asombre ver en la calle el ruido muerta en la vela la llama la turbación de esta dama saber que estoy escondido, daros parte de mi empeño vuestro al parecer indicio, llámaros al beneficio, ser en esta casa el dueño, no abriros cuando llamáis, y salir donde me veis en las dudas que tenéis, no la aura si me es cucháis. De lo que he llegado a ver) y pudiera imaginar, ni topo en mí que dudar, ni en mi hermana que temer, y solo por vos, atento estaré para serviros, Pues niéguese a los suspiros aquesta vez el aliento, A escrúpulos que al honor, sino muerte, sois desmayos. Si no mienten los ensayos atiendan a mi señor. Valladolid siempre ilustre me dio padres, y principio, es don Fernando mi nombre, y Cardenas mi apellido: bien pudio a divertirme en contaros discursino el árbol de quien se anima la rama del honor mío, más cuando oérmite el cielo, por riguroso motivo, que se logre la fortuna en la pena, y el peligro, es necedad presumida, y en mucha parte delirio, que el tiempo, de cuidadoso, se gaste en desvanecido. Saliendo, pues, esta noche a dar al enfado alivio, que en una casa de juego le gané; de haber perdido, fui buscando, de picado, en otra parte lo mismo pues se ve con evidencia en los que son de este vicio, como el jugar lo forzoso, que es el perder lo preciso. Llego a esa casa de enfrente, y entre los que estaban, miro donde cumplir mi deseo, entro, juego, paro, digo: En una suerte se ofrece la duda, de quien ha sido el que la gana, y condena en mi favor quien la ha visto. Colérico el que la pierde, así en hechos, como en dichos, fue para todos cansado, solo para mi atrevido. Yo, contra aquella opinión, que divulgan los sufridos, pues que la ofensa en el juego no la tienen por delito, más arrojado respondo, la espada saqué, y el dijo, mientes, cuando tan a un tiempo la punta en su pecho, grimo, perdiendo su vida el nombre, siendo su aliento un suspiro, que dudo cual fue primero, el agravio, o el castigo. Doy con la mesa en el suelo, y en el confuso ruido de los mismos que me siguen, me desienden ellos mismos, Salimos todos a fuera, en la confusión unidos, y yo quedé tan absorto del oscuro laberinto, como el que ciego, y osado, bárbaramente atrevido, quiere del Sol distinguir la luz toda, giro a giro. En fin, a la turbación entregados los sentidos, dejándole de alimentos a la vida solo el brío. Por salir de entre mirones, en mi desgracia testigos, viendo el rumor duplicado, y el que ha muerto repetido; en la desdicha animoso, y llevado del destino, a la libertad me niego, por entregarme al asilo; pues dando vuelta a una calle, Trabajos, más advertido, alumbrado de la Luna, repara, que donde sigo los pasos, no puede ser favorecerme, que al mismo puesto, en un riesgo de tapias tiene paso mi peligro, dice él, que tenemos, cuando venir a la calle vimos, de una turba muchos bultos, más confusos que distintos, conozco que es imposible deshacer mi desatino; que advierte en esta fortuna aqueste vagel perdido, tormenta la que esperanza; y el que era puerto vagio intentó subir las tapias, postrero, y forzoso arbitrio; y tuvo fin el deseo, en prevenir el principio, que el susto, el riesgo, la pena, que oprime a un tiempo el sentido, es carga con el plabeyo y para para el noble es alivio. Desde un aposento a otro nos llevó nuestro designio, trayendo siempre por guía la oscuridad del camino, En aquesta sala entramos, sin saber donde venimos, cuando turbada esta Dama, en aquella muerto el brío, llamando vos a le puerta, yo sin sentido el sentido, viendo, para más asombro, en cada parte un prodigio. Tened, que me toca a mí dar cuenta de lo que he visto, Juana, que desde el valcón ha escuchado lo que ha dicho. Este Caballero estaba refiriéndome lo mismo, cuando en esa cuadra siento gente; mas atenta miro dos hombres, quedara absorta, a no valerme el indicio, de que divulgan la muerte, ver el rumor, y el ruido, señas bastantes de ser los dueños del homicidio: Varonil en la cordura, piadosa en el beneficio, valiente por el suceso, restada por lo preciso: Saber la ocasión intento, de mi nobleza me ánimo, opóngome a su fortuna, a darles favor me inclinos llamas Luis al instante, que es la justicia imagino, piadosa lo teme el alma, mudo lo padece el brío. Quién repitiera el asunto, que dio a mi pesar motivo? más de lo mucho que siento, oye lo poco que digo. Suele de las pardas peñas, tal vez el tosco vestido, de su dureza olvidado, tener el cristal por hijo; y él hallando la ocasión, sin temer el precipicio, dividirse presuroso, y ausentarse fugitivo, llega el rigor del Juierno; y si fue por el Estio, en libertad dilatado, le mira en prisión cautino; porque en vientos rigurosos, con el humor esparcido, la naturaleza es arte, y a soplos le forma vidrio? Así al correr mi valor, presuroso, y compasivo en el golpe de la puerta, de ser la justicia indicio, helado quedo; y absorto, bien como el arroyo limpio al embargo del Juierno, condensado, y oprimido. Entre los mismos temores, de esta causa procedidos, piadosa, como asustada, la oscuridad solicito; y a penas ve mi deseo el logro de su principio, cuando me estorba la mano dar a tu voz el oído. En el crédito que aguardo para tenerle, es indicio, que en esta la llama dejo cuando en aquella la quito. La más bastante razón de todas cuantas han dicho, que sin andar por rodeos, si ya la hubiera sabido vuesa merced estuviera de lo dudoso contrito. es, aquí se encaja el nombre que me puso quien me hizo, es saber, que soy Trabajos, y que están todos con migo. Ya no puede estar dudoso en lo que mi gusto oyó de la disculpa, ni yo, ni el que fuere más celoso. Y a todo indicio descarto, y si alguno puede haber perderá el nombre de ser con que me aguarde en mi cuarto, Vuestra desgracia no ignora la casa que a honrar venís, y así hallaréis a Don Luis vuestro esclavo desde agora estar en mi obligación para serviros conforme dio mi sentido al informe, y le nego a la razón. Que si recelo tuviera, o duda en mi honor hallara, ni a mi hermana la escuchara, ni a vos señor os oyera. Y como en vuestra desdicha gusto de serviros gano, ya pesaroso, y ufano hallo en mi pena mi dicha. A esta voluntad que empieza, y que siempre veréis una me llama vuestra fortuna, y me guía mi nobleza. Y así, de vuestro recelo y hoy a ver lo sucedido, principio a mi promotido, y fin a vuestro desvelo. . Dame el broquel, y adereza dónde esté en mi cuarto. . Voy. Mil parabienes os doy en tan honrosa fineza, pues que llega a conseguir vuestro noble proceder, quien paga en agradecer la deuda de recibir: que en quien tiene por oficio, estar a quien es atento, es el agradecimiento, el logro del beneficio. Los favores que me hacéis estimo como de vos, y el mayor para los dos es, que agora los dejéis. Será menor vuestro enfado con reducirle al sosiego, y si a examinarle llego daremos fin al cuidado. Tú Leonor ve a recogerte, y yo el más dichoso amante a ver la hermosa Violante, a ver mi vida en mi muerte. Es no aguardar otro día la más temeraria cosa que hizo locura amorosa, ni endemoniada porfía. Nada importa a mi valor, Trabajos, esto ha deser, yo he de ver esta mujer, ello es tema, no es amor. Si fuera mayor el daño navegaré mi locura hasta hallar en su hermosura el puerto del desengaño. Pues ya que habemos de ir, si aqueste hombre se va, habiendo cerrado ya, pordónde hemos de salir? La criada que fue a ser en nuestro sosiego parte entro por la misma parte, que me escuso de perder. Cuando me vaya acostar por esta puerta he de ir; pues quien estorba el salir por donde se pudo entrar? Porque esa tema encubierta la tiene tu pensamiento, dile a Don Luis ese intento, y saldremos por la puerta. Cuando busco mi desvelo, esta casa por sagrado fue para Don Luis cuidado el que para mi consuelo. Dio crédito a mi verdad, deshizo todo su engaño, y en el mismo desengaño conocíó su necedad. Si agora ve que me voy, no ha de pensar que es valor, y es grave duda en su honor el recelo que le doy, Pues pensará que es disculpa la satisfacción presente, sabiendo que a un delincuente no le embaraza su culpa. Berbatida l importuna es la que intentas señor, Quién se da todo al temor que se deja a la fortuna? Con mi leal osadía bien sabes que no te dejo aunque pierda en el gracejo lo que gano en valentía. Arrojarme tras ti quiero, nada me aflige, ni ahoga, que he de ser criado soga, pues eres amo caldero. Ya puse en ejecución lo que mandaste. . Y ya puede la dicha que me sucede no parecerme ilusión. Ya mi pesar a porfía con vuestra grande fineza, o desmiente mi tristeza, (tento o descubre mi alegría. Ya siempre hallaréis mi in- para serviros al doble. Nunca busca quién es noble en la piedad escarmiento. Licencia aguardo de vos para irme; que va es tarde. Dios para mandarme os guarde Para hontarme os guarde Dios Yo hallé en mi susto mi vida. Yo a lograr voy lo que adoro. Yo he de saber lo que ignoro, Yo tengo hiuda partida. Ya salimos del temor en que nos puso el cuidado. Ya sigo, aunque soy criado el gusto de mi señor. Ya son las doce, y no puede Luis tu amante tardar, tan el gusto en esperar, que al que tiene amor sucede, No admite mi corazón ese bien en su tardanza, que la sobra de esperanza, es falta de posesión. Quien no puede conseguir lo que desea alcanzar, cobre en censos de esperar alimentos de vivir: Mas en quien ha poseido la dicha que ha deseado, ofrece amor al cuidado, lo que le niega al sentido? Por qué tu hermosura tarda en gozar el fin dichoso, si merece ser tu esposo? o que su ventura aguarda? Que es no llegar a casarse, cuando vienen a quererse, crecer el vicio de verse, y menguar el de estimarse. Mi padre, en esta ocasión, no está en Madrid, y no es justo, que por conseguir mi gusto, atropelle su elección. A mi amoroso desvelo, menos le importa esperar, que entregarme a aventurar mi opinión en su recelo. Bien sé que no hay que temer De dos pe en lo que llego a estimar, mas su prudencia ha de estar a donde lo pueda ver: Que siempre el padre es espejo a donde se advierte el daño, y se mira el desengaño en la luna del consejo. Está muy bien, que en tu hono el precipitarte evires, aunque a tu gusto le quites el tálamo de su amor: Mas yo, si fuera deshonra, le tuviera por marido, que está muy bien recibido; lo de mi gusto es mi honra. Y dejando esta razón, dime, cuando fue aquel susto, que dio la sopa del gusto en la miel de la elección? Dime, en que ocasión tu amante fue de tal deidad devoto? Di? cuando Luis fue el roto, y el descosido Violante? Mira que es en mi desgracia, que te niegues la memoria; y pues te queda la gloria, párticipe de tu gracia. Oye en mi ventura aquel día feliz de mi suerte, y en el mal bosquejo advierte, Bien atrevido pincel, si quito a la tabla el aire, con afecto desigual, perdona el original, que está en la mano el desaire, echos traidores descado, os viles intentos impelido, de dos puntas aleves asaltado, de dos infames hombres persuadido, sacó . Luis la espada; y al cuidado, ofreciéndole parte del sentido en el logro feliz de su deseo, mi vida dio principio a su trofeo. No vibra el rayo, que radiante gira, el vago glovo, o el ligero viento, con tal velocidad, ni así suspira el Uracan, intrepido elemento, como él mide el acero con la ira, dando noble el castigo, y escarmiento, pues huye el uno, que su yerro advierte, cuando el otro le paga con la muerte: Noble en eternidades de memoria, del vencimiento mereció la palma; galán en las acciones de victoria, absortos los sentidos dejó en calma; valiente merecía mayor gloria, que la que amante tuve en darle el alma? pues le apoyaba el súbito accidente de noble, de galán, y de valiente. Tal esgrimia el noble, y limpio acero, que aquel debido asombro de mi susto, si feménil temor era primero, con su bizarro aliento volvió gusto, que el diestro brazo, y el compás ligero, el brío airoso, el ánimo robusto. La seña han hecho. Abre, Ines, la puerta, pues tiene la del alma siempre abierta. A la puerta están dos hombres, Luis será, voy; abre la puerta. . Acaben en mi duda la congoja, y en mi recelo la imagen. Ya ves el riesgo en que estoy, y la causa ya la sabes; pues quien eres, no lo ignoras; no es menester encargarte que guardes aquesta puerta. Y aún es prevención infamen la que has hecho, pues conoces, que en ocasión semejante, de algunos que te seguían, y tu Señor, te fiaste, ninguno fue de tu guarda, mejor que yo, sino el Ángel: Asiste lo que quisieres en ese desvelo, y dame, para los que vieren, hombre, en la de esta puerta margen, por valiente de relieve, o lacayo de cadaber. Pues como ahora, Señor don Fernando, en mis umbrales, sin mirar? . . En vuestro aliento, que empieza a formar el Áspid el ambar corto, atendedme, y esta culpa perdonadme. De mi deseo el principio, la amistad de nuestros padres, vuestra resistencia firme, aborrecimiento grande; nunca mudable lo ingrato, lo esquivo siempre constante; dejarse adorar difícil, y el aborrecerme fácil; de mi fortuna evidencias, de vuestro poder desaires: Ya los sabéis, pues ahora, que en los efectos, Violante, ninguno ignoráis, oídme, seréis en la causa parte: Ya tema lo que fue amor, de ver las dificultades, que fabricó en la hermosura el designio de lo grave. Ya la voluntad porfía, ya terquedad lo constante, ya delirio lo amoroso, ya locura lo agradable; asistió en mi pecho, solo porque un desengaño acaben de una duda la congoja, y de una mujer el arte. Este he conocido ahora, pues de una seña que hace la curiosidad, se ofrecen efectos que desengañen, evidencias que se logren, indicios que se declaren, principio de tantos bienes, y fin para tantos males. Vuestro deseo, Señora, aguardaba que llamase, quien más que yo ha merecido ser el venturoso amante. Y para que conozcáis, que no es amor el que traé mi voluntad oprimida, fiera, del sentido cárcel, iré, si decís quien es, agradecido a llamarle, que es envidia de la suerte, en mujer de vuestras partes, y en un hombre tan dichoso, como se ve, en aguardarle, que vuestro gusto zozobre, ni su ventura se tarde. Basta, señor don Fernando, que queréis en este lance, para hacer la acción bizarra, apártaros del desaire; Pues con el cuidado mismo os he de seguir galante el gusto, y así os suplico, ya que el desengaño hallasteis, el poco amor os anima, y os alienta noble sangre, que la palabra cumpláis, muerte de nuestros pesares, pues acabáis de cansaros, y a mi cesáis de enfadarme. Vive el cielo que está dentro un hombre, a mujer infame! y no alcanzo a verle. . Ahora mil años el cielo os guarde, para que. . Pues como sufro conjeturas tan infames? Para darle civil muerte a tu atrevimiento grande, quisiera ser, boto a Cristo, el molde de los cobardes. Este es Trabajos, yo voy a perderme, o a librarle. Vamos, Ines, que estoy muerta. Tened a dicha que baje la gente, que viene a ser en nuestro disgusto parte, pues estorban al castigo, en acción tan ignorante, que vuestro pecho le cobre, y que mi espada le pague. No se disculpe en la turba, quién es en la acción cobarde. Pierda esta vez su derecho lo que me obliga a matarle, . que puede ser la justicia, y ser desdichado lance. Si me dejaras le virlo, aunque en su defensa hallase de Sosa los puñalejos, los cuchillos de Juan Grande, de Aragón los pistoletes, y de S. Pablo el montante. sígueme apriesa Trabajos. . Vamos, y Dios le depare a aqueste hidrópico rayo donde beber mucha sangre, y en tanto, voy a esconderme con mi amo, donde antes, que es mejor irpor las tapias, que no por los andurriales. . De Don Fernando me informan la voz, el criado, el talle, y en mi casa oculto queda, por él súbito desastre: Pues como la vida muere adonde la dudanace, como puede un imposible dejar mi aliento cadaber? Todo el sentido lo sienta, todo el recelo lo abrace, hasta que examine absorto, hasta que advierta sin frando, o en mi parecer lo inútil, o en su natural lo fácil,

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Cómo, Don Pedro mío, tibia la voluntad, helado el br con disfrazado ser, con mudo aliento, temerosa la acción, el paso lento, te mira en esta calma absorto el entender, confusa el alma: Cuando procura, vergonzoso el arte, darle a don Luis de nuestra dicha parte, y tejer en los brazos del matrimonio santo dulces lazos; que del rigor se burlen, de la suerte, y solo los desate el de la muerte, sin dichoso, que al tiempo le haura dado el amor, la ventura, y el cuidado; Cuando al fin del deseo nos ofrece himeneo, en el tálamo alegre que no alcanza; traducir posesión nuestra esperanza. se advierte en tu silencio la esquiveza, se ignora en tu silencio la fineza: Cuando ves mis favores, que al recato, degeneran de ingrato, y al vastidor de mi ventura labra tu mano, y boca en cédula, y palabra, del olvido te arrojas a su abismo, encubriendo tu ser aún de tí mismo. Acabe en el recelo la congoja, que mi vida se enoja del presagio, en el susto que recivo, pues desmiente a la la vista que estas vivo? Qué es esto? Lance extraño! . Paso fuerte! Errose el lance. . Desdichada suerte! Debia de aguardar por estas partes, y llevó su merced con la del Martes. Esto es peor que lo demás ha sido, que ha llamado tu hermano. Ya el sentido se ha perdido en mi ser, Juana, estoy muerta. Abre apriesa la puerta: yo lo he de remediar, vayan conmigo, Yo no pienso ir allá, que estoy sin migo. El mucho riesgo, y poca cortesía, más será necedad, que valentia; y ya mi señor viene, donde vea, lo que el atrevimiento en vos desea, Qué ruido es este Juana, Pues como aquí mi hermana? Vos don Fernando aquí? Qué ha sido esto? Si escuchas la ocasión, la sabrás presto; A que vinieses aguardando estaba, con el sueño luchaba, cuando confusa, y asustada siento, que abrían tu aposento; a mi señora llamo, y a las voces: Yo soy, no me conoces? Don Fernando me dijo viene al ruido Leonor, y yo me aflijo; porque si había quedado en su riesgo por guarda tu cuidado, por las tapias se fuera, no le hallaras, y a mi descuido con razón culparas, viendo que se había ido, sin haberle, aunque pude, detenido; Ahora estoy segura, haga lo que quisiere su locuras pues tú, Señor, le has visto, dispense el Papa, y obre Jesucristo. Cómo esta noche mi vivir advierte, cielos, anuncios tristes de la muerte, y en el fatal estrago, al golpe niega lo que da al amago? Esta causa que os mueve, para que al riesgo la pasiónos lleve, es en vos tan forzosa, como a mí me parece peligrosa; dejarla, no es posible. No conseguir mi intento, es imposible. Será fuerza, por ir con vos. No os de cuidado, solos hemos de ir yo, y mi criado. Pues estad advertido, que don Pedro del Hya el muerto ha sido, y es primo de don Diego, a quien el alma, por amigo, entrego. Queda con Dios hermano: Oh rigor inhumano! Él, hermana, te guarde. Muera del sentimiento, y muera tarde. Dificultad ninguna importa nada. Hay triste! que ha caído desmayada; y si la ve don Luis, será forzoso, que sea el parasismo sospechoso, Volved, antes que el alba, en racimos de aljófar haga salva al Sol radiante, y al ardiente rayo. Ay de mí! que no vuelve del desmayo. Hallaréis vuestro gusto, donde pierda la causa de mi susto. Yo estaré prevenido, como estoy del favor agradecido. Yo estaré endemoniado, si prosigo en llamarme tu criado: Donde vamos ahora? A que no se descubra lo que ignora Don Luis. . Pues a qué efecto guardas, sin importarte, este secreto? y ya que no le digas, por que a salir te obligas, donde es fácil suceso verte, y llevarte preso. Si yo peligro a un tiempo, y esta Dama; arriésguese mi vida, no su fama: Quedad don Luis con Dios, que se hace tarde. Él, don Fernando, os guarde. Qué obligue el pan a aquesto? vive Cristo, Ahora la ha de ver, si no la ha visto, Qué quieres Juana? . Yo, Señor, ahora. Qué te enmudece? acaba. Mi señora, en un desmayo el ánimo valiente, rendido postra al súbito accidente. Quién intenta empuñar con un suspiro . el celeste zafiro? Quien la región del aire sin él deja, por duplicar alientos a su queja? Quien con el ser de hielo éxhala por la vista un mongivelo con más causa que yo, pues siempre una, advierto mi fortuna; y la vez que desmiente, o diferencia, la duda muere, y nace la evidencia? Oh acabe ya mi vida, siendo yo el homicida; pues del amor los celos, se encubren del honor con los recelos, cuando entiendo que queda con Violante Don Fernando! Don Luis? Ponte delante: Ya la ocasión de su venida advierto; Don Diego, que mandáis? Mi primo es muerto en la casa de enfrente de una estocada: al pecho más valiente, la mejorable, en el fatal trofeo, dejó sin esperanza su deseo. Ya la pena, Don Diego, riguroso sepulcro del sosiego, hizo en término breve espíritu de nieve, aqueste, que de fuego en la venganza, alientos le concede la esperanza, Sabéis el que arrojado, sin deberse al cuidado, en el sangriento engaste de la suerte, el poder ha esmaltado de la muerte. Don Fernando de Cardenas pública, el que la acción explica; este voy a buscar, para que sea, de quien morir desea, pues lo fue de mi primo, el homicida. por deberle en la muerte nueva vida; o he de ser el factor (venid conmigo) si él de mi pena, yo de su castigo, Este es mayor aprieto; mas yo guardo el secreto, que si amistad me obliga a que se le descubra, y se le diga, es mal estilo, y su vileza labra aquel que a nadie rompe la palabra? Y sabéis donde hallarle? En su culpa mi pena ha de buscarle, Conocéisle por dicha? Ese el extremo es de mi desdicha; pues cuando os busco a vos para saberlo, también se ignora en vos el conocerlo. Quiero llevarle presto, pues excuso con esto de Don Fernando el daño, y dislumbro a mi amigo del engaño, ve a recogerte, yo echaré la llave. O el sentimiento, o el vivirse acabe. Qué bien; con Don Fernando; mi discreto fingir se iba logrando, si no fuera verdugo del tormento, en el potro de amor, el sentimiento; pues confesó en la calma, en afectos del ser, robos del alma: Parece que mentia con ensayo. . Ay Ya dejó el desmayo: Señora, era ya hora de faltar el eclipse del Aurora? Juana, mi hermano queda recogido. . Con Don Diego se ha ido, que le vino a buscar, y le ha llevado para que le acompañe en su cuidado. Pues tu hallarás en mis si me dejares quien te deba el consuelo en sus pesares. Es fuerza hacer tu gusto, nor ancho, largo estrecho, an por aucho, largo, e Ya que a mí querido dueño el hado sangriento usurpa de mis ojos, no del alma que será su eterna tumba. Ya que de muestra el cadabes en el simil que me busca el poder de mi desdicha, y el rigor de la fortuna. Vibre el sentimiento rayos, y en mi corazón las puntas siempre ejecuten el golpe, acaben la vida nunca. Cómo, o tu segur cruel cortaste en afrenta tuya. el indisoluble lazo que nuestros amores junta, Cómo de rigor armado in exorable ejecutas en una herida dos pechos, dos muertes en solo una? Como más donde me lleva este afecto, si la turba de los males que me cercan, poco honorosame juzgan? De este volumen de penas saqué el discurso en las dudas, epilogos de la afrenta, catalagos de la injuria. Cese el sentimiento, cese, hágase lugar la industria, para que en mí obligación con anteponerla cumpla. Ya de mi hermano el recelo ingosto, y justo. . en la propiedad se funda, pues halla un hombre dos veces donde le ha temido muchas. Que en su honra cuidadoso, si discreto disimula para consigo examina cuando a todos lo dislumbra, Aquí peligra mi ser, y de aquesta conjetura es Don Fernando la causa, y en mí se advierte la culpa. Esta memoria me importa: porque Don Luis no presuma, que al Sol de mi sangre empaña de recelos niebla oscura. Pasemos más adelante, porque al honor restituya en la apariencia de infamia lo que robó la calumnía. Esta noche, cuando estaba, ay de mí! menos confusa, logrando en glorias pasadas presagios de la fortuna, veo que bienen dos hombres (aquí de la voz se turba el acento, y la congoja en la garganta se anuda!) Llega sin sentido el alma a ver porque serchusa embozado el rostro aquel que a la voluntad disgusta en la tardanza; y halleme. ablorta, asustada, y muda en el desengaño, como el que atodo el Orbe alumbra, Cuando siguiendo amoroso de Dafue la onesta fuga en el fin de su deseo tronco miro la hermosura. Advierto, que mal logrado, está el amor, que me escucha un hombre donde mi agravio no hay quien lo desmienta, o supla. Pues es lance sin estorbo, como es evidencia justa, que mis requiebros le advierten, siendo infames conjeturas? Este dio muerte a don Pedro, este a mi hermano la duda, este a la parca trofeos, este a mi engaño disculpa. Pues entréguese el discurso a la obligación que ilustra la memoria en estos lances a quien del gusto la oculta. Prevenga el honor remedio que a satisfacción reduzga lo que en daño de mi honra puede imaginar la suya. No del descuido me lleve a donde el mirar pronuncia el descrédito, y se pierde en la pleve, voraz furia. Él más venerado honor que siempre la infame turba, no como noble le advierte, si como vulgo le juzga. En don Fernando ha de hallarse (mi resolución me ayuda) quien la zozobra minora, quien el recelo dislumbra. Quien no crea lo que ha visto, quien ignore lo que escucha, y quien desmienta a sí mismo por satisfacer la injuria. Mi esposo ha de verle el mundo, no porque ignoro la injusta determinación, ya veo el tálamo, y sepultura. Esto a mi hermano le importa, y si el honrado allá duda en mi deseo, que es justo, y es infame si la excusa, Entonces mi vida espera a que la verdad descubra en mi pena la intención más noble, constante; y pura, Que licenciosa nobleza desmintio de la cordura, hallará ninguno el riesgo, y suplirá mi fortuna los lances que en mi desdicha son de inumerable suma y en mi aliento me acrisolan, me eternizan, y me ilustran. Muy necio estás, que porfías? ya no vuelvo? qué me quieres? Demonios son las mujeres, y diablos las cortesías, después que penas, y peno, en este lance fingido, donde los dos emos sido vagamundos del sereno; tu gusto no se mejora. tu lengua no se ejercita, ni tu delirio se quita con haber más de una hora. Agora en el mal humor lo discursino se mete, cuando el nombre de alcagueté le adquieres con tal valor. Cuando porque satisfaga aquella dami doncella en la deuda que atropella, los dos servsmos de paga. Y vamos en la disculpa de toda verdad ajena, a la parte con la pena sin el gusto de la culpa. Que te obliga a la tristeza que de muestra tu semblante, sinduda que de Violante sientes carga en la cabeza. Vde advertido el oficio se causa enfado, y es mengua, que le publique tu lengua negándose a su ejercicio. Siénteslo, y yo no me quejo, padeciendo el mismo mal, siendo de tu original en la desdicha bosquejo, Y tengo más ocasión; pues en aqueste vislumbre me queda la pesadumbre, te llevas el galardón. No mi pensamiento intenta, que de cobarde me asombre, que pierde el peligro el nombre donde es el temerla afrenta. No nuestro riesgo es bastante para estorbo de mi gusto, ni puede causarme susto lo que divierte a Violante, Antes deslumbrada veo en mi causa la tristeza con saber en su esquibeza lo que incito a mi deseo. Con la voluntad en la calma me tuvo siempre el desdén, y aqueste es el mismo a quien le debe el soñego el alma. Ya conocí de su amor más libertad que recato, y en el proceder ingrato no me quejo del rigor. Que si en el oscuro engaño estaba la afición mía, se dislumbró la porfía a la luz del desengaño. otro pesar me en loquece, otra desdicha me enoja, otro incendio me congoja, otro hieló me entorpece al alma. . Señor, detente, que si no lo se, yo quiero que salga todo tintero línea recta de mi frente. Que me curzan por detras, que me zampuce la gura, y por ahorrar de figura, que me lleve Satanas. La causa de tu capote la ha ocasionado, Leonor, hizote blanco el amor, y hate acertado el virote. Lo radiante del cabello, del preciso pie el donaire, del grave mirar el aire, la nata tersa del cuello. De los dientes la blancura, de los labios la color, de lo compuesto el honor, y de todo la hermosura te tiene cómo te veo. Y pues de aquesto en soqueces, dichoso tú, que mereces ser de tal deidad trofeo. Déjate todo al destino, sigue tu desdicha ufano, que si el impulso es humano, el pensamiento es divino. No ha sido adversa mi suerte, siendo el asunto Leonor, en ver que vivo de amor por darme el amor la muerte. Próspera fortuna ha sido la que me ofrecen sus ojos, pues que me ofrezco en despojos, y me restauro ofrecido. En este de dicha amago, que la apariencia descubre, el áspid fiero se encubre fatal de mi vida estrago. En esto jamás se muda de mi pesar la experiencia, y conozco en la evidencia, que la fomenta una duda. Esta nace de que al verme por otro fue a descubrirme, y no acabo de morirme porque no pierda el perderme. Pues si por dicha has tenido verte del amor tirado, y del arpón desparado en la voluntad herido. No la des nombre de ingrata a tu fortuna, señor, que es justa paga en tu amor la duda de medianata. Mas dime, como ignorante haces a tu mal la cama, y eres con aquesta dama antes celoso que amante? En los males que te abrasas tus sentidos los distingan, que otros no asán, y pringan, y tú no pringas, y asas. Cuando hace tu suerte alarde, y llegas a conocerla, aún no has gustado de verla, y ya te pesa que aguarde. En la amorosa prisión, que es fuerza de mi albedrío, aunque el accidente es mío, le debo a la inclinación. En este bien que reparas, pues que de tanta hermosura ser mi esperanza procura sacrificio de sus aras? O se ignoraba mi suerte, o la enfadó lo omicida, o me repitió la vida por replicarme la muerte. Mas advirtió con recelo en el descuido el engaño, y el remedio para el daño le acreditó su desvelo. Y por seguir el asunto he conocido en su intento que para cobrar aliento dejó su rigor difunto, Viste de un mancebo el aire que con su ligera planta a las huellas de Atalanta hace súbito desaire, Que cuando el aliento esfuerza en lo que a la acción le obliga, da treguas a la fatiga, para cobrar mayor fuerza. O si mi fortuna advierte, pues se olvida en su poder para alentar el correr hasta alcanzar a la muerte. Y porque en mí nunca estén la pena, y el gusto igual, el bien le traduce en mal, y al mal le acrecienta el bien. Que es necedad de evidencia el desmentir la desdicha cuando efimera la dicha no pasa de una violencia Pláticas deja de amante vulgar, y ocioso cuidado, y mira que hemos llegado a la casa de Violante, que esa afición que te abrasa nos hace apacible robo divertidos bobo a bobo, descuidados casa a casa. Y si no lo miran mal estos que al sentido informan me distinguen; y me forman dos bultos en el umbral. Cierto en lo que digo quedo, pues que me lo parecio, que si soy Trabajos yo no fuera ilusión del miedo. Quieres que vaya, o que aguarde; que dicta la voluntad? Mal conoces mi verdad. Vamos aprisa, que es tarde. Señora, donde te lleva con tal tiempo, y a tal hora el pesar desprevenida, y el deseo cuidadosa? Como en tu recato olvidas con esta acción la memoria impelida de la imagen, que tu locura te forma? Cuando está el Verano haciendo a quien es la oreja sorda, porque a las dos en el aire algunos alivios corran. Cuando vienen a gozarlos. de cuantos Madrid blasona, pues que se acrédita madre de los hijos que la honran. Sales pareciendo una de tantas como se ignoran cen el honor que heredaron, o sin discurso mal logran, Y vas tan aventurada, violante, y tan peligrosa, que no ha de haber mozalbito, platicante de la oja; sacabuche de la valna, inventor de peleona, que no te nombre por suya llevado de verte sola. Señor; lo que allí descubre esa de la noche antorcha. si puntiaguda menguada, y crecida si redonda, es el tribunal de amor. Hay de los pleitos que botan, hay del reo que se juzga, hay del punto que se toca, donde es Ines consejera, y doña Violante Oidora. Estas dos son las que tiene aquella puerta a su sombra, conócelas mi cuidado, distinguelas mi memoria, por evidencia la una, por conjetura la otra: Calla Trabajos, y atiende. a lo que responde agora Violante. . Pluguiera a Cristo. aún que diferente mosca como la tiene tu alma que la tuviera mi bolsa. No por Dios, que en este lancen la mocedad, y la honra en lo curioso fuerzan, y obligado me sobornan. Yo no he de estar discursina donde el aliento zozobra el alma siente la otensa, la vida su ser ignora, el crédito sufre injurias, padece el honor congojas. Siendo del daño remedio, desmintiendo la deshonra, acrilolando quien soy, y haciendo al amor lisonja mas esta acción de atrevida, que el nombre de temerosa, vamos presto. . Pues aguarda, ya que resuelta te arrojas, que dos hombres. . Ya los veo, y ya el peligro me informa lo que he de hacer, Caballeros a mí me fuerza, y me importa por una ocasión precisa el salir a tales horas de mi casa, y os suplico, porque vamos las dos solas vengáis con migo. Y tan cierto está el serviros, señora, como el gusto lo agradece, y la obligación lo otorga. Trabajos, demuda el habla para que no nos conozcan. Don Fernando, Dios nos saque con bien de tantas tramoyas. Solo vuestra cortesía pudiera hacerme dichosa. Bien haya Madrid, que en fin ay de todos, y de todas. Ocioso ha sido el buscarte. Para que la vida importa, si en la desdicha, y disgusto no la quitó a quien me enoja? Dejad n Diego, más como están, o muerte penosa! cuatro bultos a la puerta estatuas de mí deshonra? yo he de saber quien me agravia. Qué pesar os ocasiona que vuestro aliento le turba, y vuestro sentido postra? Vamos señor, que me lleva una pasión rigurosa que hace los instantes lustros, y vuelve siglos las horas. Esta no es voz de Violante? pues quien duda; quien ignora que la artícula en mi agravio? ya la desdicha afrentosa me trae forzado la suerte a que la advierta, y la oiga. Sinduda son estos hombres los mismos que mi zozobra halló esta noche en su casa, cuando mi ilusión celosa los tuvo por Don, Fernando, y su criado, pues ponga a cuenta del desagravio la venganza mi congoja. Halle en su muerte la ofensa la satisfacción que cobra el que esgrimiendo su acero la noble esperanza logra. Don Diego de Lara, estos son los que dejan absorta mi vida: porque en el alma su fiera intención me toca. Aguardadme Caballero, que ya mis sentidos gozan la voz que busco perdida, el bien que siento amorosa. Pues que en el cuidado vuestro la satisfacción estorba. Dueño mío. Vive el cielo Trabajos, que aunque la sombra del hombre que ves me engañe, y desmienta su persona, que la voz está diciendo que es Don Luis. Pues qué te importa, eres tú quien de valiente en cuanto al amor blasona? Eras tú quien despreciaba a Violante, y quien agora por doña Leonor tenía hecha el alma pepitoria? heccho Portugues el gusto, hecha saliva la boca, el corazón con azucar, y los ojos con cevolla; Galante no me dijiste, ya mi tema rigurosa se acabó, ya no hay Violante en lo que incluye mi historia para mi cuidado, ni en toda la terrestre bola. Necio, vil, y porfiado como enfadoso te arrojas en tu discurso al que hyerras, y lo que alcanzo mal logras. Por lo que Don Luís me obliga a que mi pesar conozcas; es por ver que de su casa hice en mi pena custodia. Ofrecio tenerme oculto, tuvo el lance por lisonja, y si noble en su palabra, siendo infame la deroga. Pues volviendo de saber quien el muerto fuele nombra, diciendo que un primo suyo nombre verdadero goza de ser su amigo, salimos por ser la ocasión forzosa, y el fue a buscarle pues viene acompañándole agora. Han seguídonos sin duda, pues sin haber otra cosa de nuevo, llama a Dn Diego para hacer breves mis horas, sin mirar que soy bastante a castigar su deshonra. Jesús, y qué vadulaque, . Don Fernando está en la troba. Tu pesadumbre me espanta siendo dos pobres escorias, que han de morir a estas manos valientes, y pecadoras. Aúnque para la defensa, porque al temor los socorran, campañas pueblen de suegras, muros borden de langostas. Decir que no los conoces ha sido engaño, traidora, aparta. . . Mayor le miro en vuestra industria afrentosa, pues de la amistad llevado vuestra sangre se desdora. Si las espadas señores, .̱ . esta ilusión engañosa de mi amante la fomentan en los golpes que me asombran. Sois tiranos homicidas de quien a paz os provoca. Vive Dios que es Don Fernando a quien Violante mañosa. quiere encubrirme, y Dn Diego ha de conocerle agora. Ya no dudo que me agravian, y si la venganza toma mi acero, se justifica con la razón que me abona. Cóbrela el alma, mas como mi obligación esta sorda, como quiebro la palabra de defender su persona? Dos lances hay en mi agravio; pues el mayor se socorra, que es encubrirle, y los celos serán al buscarle antorcha. Hay más desdichas for tuna? aquesta ocasión me estorbas? porque le encubro a don Diego, de favorece su sombra? Siendo fuerza que le deje, fomentando mi deshonra con ella, porque mi amigo se valió de mi persona, para irle acompañando, y es obligación forzosa seguirle; porque dejarle, no era justo, y era nota. Vamos amigo, que es otro quien me obliga a acción tan loca, como el furioso accidente. A Luis? a dueño? oiga un pesadumbre su fin. Mirad que os llaman, No es cosa de importancia. (me importan. Solo a mí todos los males Señora, el que está contigo es n Fernando? Posponga mis disculpas la desdicha, triunfe el engaño de todas. Decid, señor don Fernando, de mi desdichada historia lo que sabéis, que a las penas sirvo de animada roca, por qué encubristeis quien sois? Escuchadme, pues, señora, diré solo lo que alcanzo. Sucinta pido parosa. En vuestra casa esta noche explicaba las lisonjas, que mi curioso deseo nos hace en la luz que cobra, cuando don Luis vuestro amante que tanta ventura goza, de vuestro favor armado, grave aliento que le exorta, llegó, y en mi recelaba opuesto ser a su gloria. Zeloso, amante, y valiente, mi noble intento malogra, su temeridad fomenta, y mi justa acción estorba: Mas la verdad, que imprimia en vuestro gusto mi boca; caracter de la nobleza, que le escribe la memoria, aquesta ocasión me afrece, por salir de escrupulosa; que no permite su nombre, en la envidia, o la zozobra estar al remedio oculta, bien como la blanca Aurora, cuando deslombra tinieblas, y de las tejidas sombras renace al curso del tiempo, siendo Fénix de si propia. Vamos, señora, al eustante, pues de acompáñaros cobra satisfacción vuestro dueño, sosiego vuestra congoja, dicha el gusto de serviros, nombre mi acción generosa. Y de aqueste trato doble, pues tanto valor me sobra, castigaré la malicia de acción tan ignominiosa, si los rayos de su hermana No fulminan mi victoria. Noble, galán, y advertido os halla el pesar ahora; tanto, que aunque sois el dueño de mi tragedia amorosa, agradezco en las palabras, lo que me infama en las obras. Aguardara la Inesilla, doncella casi, y fregona, a que la diga en su aparte, lo que las dicen a otras: Y aunque en el Teatro estemos trece millones de horas, los diablos lleven mi alma, si yo la dijere cosa. Venid, señor, porque quiebre este lazo que me ahoga. Vamos, porque el alma halle la venganza que le importa. Aguarda don Luis, espera. Leonor, mi intento perdona. No seas ingrato al ruego. Que su vileza me exorta. Para qué tenga en tus brazos fin mi suerte rigurosa. Para derramar la sangre, que en sus venas te deshonran. . Que no me hablaste pobrete? No has de hacerb aca buscona; y por aquesta jornada, aquí panza, y después gorda,

JORNADA TERCERA

jornada tercera Hasta el cuarto de mi herma- por una vela me llego, (na aguardadme aquí don Diego. Id con Dios. Suerte inhumana! . que haya estado porfiando apartarme de mi amigo, y se venga a ser testigo, de que encubro a Don Fernando, Que a la venganza me niego, porque allíno se descubra, y que mis celos encubra, persuadirle a don Diego, Que a quien yo sirvo galante, me agravie en honor, y amor, con las dudas de Leonor, y evidencias de Violante. O adversa, y esquiva suerte! cuando yeré en tu violencia, TERCERA que próspera diferencia, siendo el consuelo la muerte. . Ya aurá sabido Leonor esta del sentido calma, y lo que en mi siente el alma, se duplicará en su amor. Quién creyera, cuando el coche, que en la luciente región fue castigo de Faetón, dejó respirar la noche, Que no diera a su hermosura don Pedro honestos abrazos? que tan amorosos lazos no los bordó la ventura. A quien dio en la inclinación tantas glorias el destino, en objeto tan divino, por tan forzosa elección, Que de todas cuantas huella estrellas el sol Sol ardiente, si no fue la más luciente, fue la más dichosa estrella? Quien hallará en la venganza, cuando estamos tan ajenos, sino la parte alomenos. alientos de la esperanza. Ya, ni el corazón, ni el labio la desdicha repitieran, si en Don Luis no conocieran el alivio del agravio, Que firme siempre al consuelo, es el verdadero amigo, ayuda para el castigo, cuidado para el desvelo. Ya se ignorara el vivir siendo del sentido ausente, que el mayor mal que se siente es la pausa del sentir. Desdicha, que me procuras cuando, quien va? Como abierta está a estas horas la puerta, y toda la casa a escuras? No son mis pesares tardos, lo que puede ser colijo. Por esta ocasión se dijo. todos los gatos son pardos. Aquesta noche esperaba. Leonor al que temo yo, cuando por otro me habló, y era este el que aguardaba. Yo quiero saber su nombre, y conocerle después, el que responde quién es? Quién me lo pregunta? Un hombre. Poco el responder me questa a tan fácil conclusión, pues que la misma razón puede tener por respuesta. Yo ha de saber con quien hablo porque me importa. También yo quiero saber con quien. (blo Que han de hacer otra del día este gallo, y aquel pollo. Yo también muy nora mala tengo mis pies en la sala como mi piedra en el rollo, quien sois vos? o a que venís? Buen torrente de curioso. Rabiando estoy de celoso, Un amigo de Don Luis, y he de saber quien me niega en esta cesa su nombre. Sosíguese gentil hombre, portero de la Noruega, símvolo de confusión, oculto, y impertinente, y sin bautismo inocente del limbo de esta ocasión. Conoces la voz Ines, Cómo tú, confusa estoy. no he de decirle quien soy, y ha de decirme quien es, y si encubre su persona en satisfacerme tardo. Mal fin de este caso aguardo. Yten otra peleona. Pues cómo así me responde? Este es riguroso trance, yo he de remediar el lance: Caballeros vamos. Donde? que advierto por esperiencia, pues demudáis la color, efetos que hace el honor cuando se va de pendencia. Es dispañate, por Dios, que es cierto nogocio mío, y si fuera desafío fueramos dos, pues son dos. Ha Luis? señor? Aparta Espera tirano dueño, aguarda Don Luis ingrato, no te ocasionen los celos cuando te miente la vista en la ilusión que me afrento. Ha señor? como ignoráis, la desdicha que padezco, y el engaño que le lleva precipitado a su riesgo? Solegad señora el alma, cobre la congoja aliento, que no remedian las voces sino es culpas del silencio. No me procuréis piadoso en mi fortuna remedio, que fuera querer tomarle falta de conocimiento. Advertid si tiene causa el disinio del incendio, que las cenizas esparce llevadas de mi deseo para empañar en suspiros todo el distrito del viento. Aquesta noche en mi casa aguardaba que mi dueño fuesea los ojos traslado del original del pecho. Cuando, ay de mí! con la espada la seña en la reja siento precursora de mi amante, y muerte de mis deseos. Engañose la esperanza, pues sin saber el efeto, quien llamó fue Don Fernando de Cardenas. . Santo cielo! Aquel que Don Luis agora lleva celoso, y resuelto ha de ver a la ignorancia espectáculos sangrientos. Guarde el silencio señora tanto imposible portento, que se estremece el discurso, que tituvea el ingenio, en dar crédito a la lengua, o desmentir al acento. Como a la amistad quebrantas Don Luis inviolables fueros, cuando esperaba imprimirla en los anales del tiempo? Cómo niegas lo que debes a tu obligación pues fueron nuestros pechos tan unidos que excedian los que el tiempo, en laminas de memoria contra el olvido hace eternos? Vengan más penas desdicha, fortuna logra tormentos en quien no muere en pasarlos por padecer en tenerlos. Todo sucede esta noche, que parece que se hicieron las sombras que la dan nombre de humo horrible del infierno, pues sucedan las venganzas, sirvan al mal de remedio, y sea Don Luis al mundo de traidores escarmiento. Mas como ha de ser alebe, yo fácil mente lo creo de quien su noble progenie está mi voz desmintiendo. Si tiene el alma en la mía cómo ha de injuriarme, cielos? o yo me agravio a mí mismo, o yo en ofenderle miento. Mas si lo dice esta dama, si yo la acción estoy viendo, si los llevo vielentados, si dio el color al recelo. Si tuvo turuado el brío, si se suspendió el aliento, si todo en fin le condena, que es lo que dudo? Qué es esto? a estas horas en mi casa; quién interrompe el silencio? vos quien sois hermosa dama? que aguarda? ay de mí! qué veo? otra memoria fortuna? que proceder tan grosero? por ser mujeres las dos entiendes que no me acuerdo? Ya me ofrece mi esperanza en aqueste llanto, el medio que pide mi desagravio, que busca mi pensamiento. Pues le ha causado la muerte de mi primo, y como viendo. está en mí de aquel amor, al herario del secreto, produce en lágrimas, tiernas bien nacidos sentimientos. De ellos nace que me acuerde por la parte que Don Pedro subio a gozar sus favores, y yo a examinar su empleo. Y así agora he de valerme para el logro de mi intento de aquellas tapias que han sido adlante de sus deseos. Muera a este brazo quien guarda de mi desgracia el objeto, de mi primo el omicida, A de Leonor el sentimiento. Y muera también al propio aquel agresor sangriento, feroz tirano, que debe a su fortuna el acierto, Y su desdicha a mi pena si yo su castigo al cielo. Salida feliz aguardo en la venganza que emprendo, pues de la razón los rayos se vibran contra sus pechos. Que repentino accidente os lleva, señor Don Diego? aguardad, que vuestra pena me ofrece el último aliento, Síguele Juana, y advierte donde, le guía mi ejemplo pues de una causa proceden mi pesar, y su tormento. Yo voy, y a Juan de la Encina todo este paso encomiendo, más él se tendrá cuidado. de que conozcan su dueño. Y vos señora que sois en este delirio nuestro testigo que le acredite: porque el justo sentimiento no pueda ser de él olvido. ignorándose trofeo. O ya sepáis la ocasión, o ya confusa de vernos, nuestra obligación padezca en vuestro discurso el riesgo, que tiene en quien no la sabe el que se pierde en su acuerdo. Decid quien sois, que a esta hora en tanta deidad no advierto, ni en la venida la causa, ni de la estancia el efecto. Una mujer desdichada soy, señora; en tanto extremo, que a descortes me reduce pues no basta conoceros, para que en esta tormenta a donde bajel padezco mala fortuna, y piloto se pierde el entendimiento, siendo vuestra vista calma niego a mi esperanza el puerto. Señora por esas tapias, que de tus amores fueron en la honestidad testigos, aunque del gusto terceros. Don Diego salio a la calle tan arrojado, y resuelto, que le buscaba pensando solo fue el pensamiento. Juana, salir no te espante tan presuroso, aunque ciego, que a la esperiencia le debe el fácil fin del suceso. Sacadme de aquesta pena, que la paso, y no la entiendo, os escucho, y no os conozco, vi a mi hermano, y le veo, Siento el pesar que os aflige, miro el de aquel Caballero, asómbrame su locura, y el tema de ella no advierto, Si me prestáis el oído haré en sucinto proemio relación de lo que alcanzo. Pues ya que es fuerza saberlo, venid a mi estrado, donde halle el cansancio sosiego. Cuando no le tiene el alma mal puede admitirle el cuerpo. Ha perdidas esperanzas! . Aa ganados sentimientos! Ahorrémonos de razones, en esta causa excusadas, y hagan brebes las espadas prolijas satisfacciones. Yo estoy celoso, y amante, y esto ha de quedar de suerte, que al uno embargue la muerte, y al otro otorgue Violante. Esto ha de ser, vive el cielo, lo demás es desuario, y así remítase al brío tanto enfadoso desvelo. Bien pudiera dar razón de no tomar la venganza cuando logre la esperanza de hallar la satisfacción. Y venir tan cuidadoso si estuve tan descuidado, pues estando enamerado no obré la acción de celoso. Mas no os la quiero decir, que temo que ha de faltar el tiempo para matar por no haberle de vivir. Señor Luís, no atribuya vuestro necio pensamiento, que procuro al ardimiento que en palabras se concluya, Por satisfacer galante a vuestro coraje adusto, no de parte de mi gusto si de parte de Violante. Porque a una dama es rigor de quien nació Caballero, que a los golpes del acero sirva de broquel su honor. Que es tan firme la fineza con que os tiene por amante, que comparado el diamante ignora le que es firmeza. Sea indecisa esta llama, y la pendencia conmigo dudadlo para el amigo, creedlo para la dama. Si la disculpa que os doy En Violante no admitis, vos hacéis como don Luis, yo hago como quien soy. Y agora porque veáis lo errado en vuestra opinión, si aquesta satisfacción temor en mí la juzgáis, Sacad la espada, que quiero por lo que en vos he notado, a vuestro honor opilado hacer que tome el acero. Que cuando a callar me niego, y a vos mi pésaros digo, no en la disculpa de amigo cabe decirle a Dn Diego. (cia Cuando es tan cierta evide que me ofendéis en mi amor, querer culparme traidor es dilatar la pendencia, y ya en desagradecido vuestra lisonja se muda. Por qué salgáis de la duda, mirad si lo he conocido, . cosa que fuere en mi agravio. Quien lo contradicemiente. Que un remedio no me ofrezca la fortunilla cruel, aún que al entregarme en él todo el crédito perezca! Apártare, o vive Dios. si asistes en lo importuno, que como he de matar uno reboque el intento en dos. Busco cuidadoso yo para no reñir un medio, y cuando ignoro el remedio Don Fernando le topo. . Aquestos son vive el cielo. Ha traidor. A qué venís? apartad? . Callad Luis, Ay Jesús que desconsuelo! . mas ya una invención me indicia el deseo de topalla; yy no hay cosa como buscarla, finjo que viene justicia, con esto al socorro llamo, pongo fin a la cuestión, quédase en pie mi opinión, y no derriban a mi amo. Hacia aquí señor Tiniente. coléricos, y crueles, con espadas, y broqueles riñe un tumulto de gente. Vayan todos prevenidos, será nuestra fama eterna, encubrase la linterna, los córchetes repartidos. Acudan con diligencia para cogerlos en medio, acudamos al remedio, que hay muchos en la pendencia. Señores, si en el suceso que os ha obligado importuno, no quiere ser cada uno muerto, resistido, o preso, I dos de aquí diligentes, mirad que os buscan sutiles diez montones de alguaciles, y veinte y cinco Tinientes, aprisa que van llegando. Pues venid os vos con migo, que la palabra de amigo cumple agora don Fernando, y para el caso sangriento en que mi intención estampo, mejor testigo que el campo es cerrado un aposento. venid Diego. . Ya os sigo que intenta hallar mi esperanza a mi enemigo venganza, y a vuestra traición castigo. Fortuna, no he de perderte que he de ver si hallo omicida, si topo en la muerte vida, pues tengo en la vida muerte. En fin Violante decís en lo que estamos hablando, que negáis a Dn Fernando el amor para Don Luis. Que ya con gusto le oís por ser tema aquel amor que se acabó su rigor. Y para que más me cuadre, que conocéis a su padre grave timbre de su honor. Digo que su atrevimiento de aquella tema nacido, en velle ya fenecido me da de estimarle intento. Y su claro nacimiento es aplaudirle bajeza: porque es tanta la nobleza, y de tan alto hemisforio, que es decirla vituperio, como callarla fineza. No la ves como amorosa se ha quedado embelesada, y al trance de descuidada la llevó lo cuidadosa? Sin duda esta dama hermosa ofrece al amor la palma, y deja al sentido en calma de celos alguna herida; Que si lo calla la vida lo esta publicando el alma. Señora vuelve en tu acuerdo si olvidándote no quieres darles a aquestas mujeres noticia del desacuerdo. Lo que en el crédito pierdo restauro en esta pasión, que es en mi pena blasón dejarme toda al olvido, pues la falta del sentido es gusto del corazón. Ya en el motivo que llevo para el alma trato doble he conocido que es noble a quien mi pesar le debo. Con más ocasión me atrevo a usar conmigo el rigor de casarme sin amor: porque si noble no fuera, antes el honor perdiera, que restautara el honor. Abono ha sido bastante, y dicha en el grave susto ver que no crece el disgusto como lo explica Violante. Porque si fuera su amante, aunque sin amor me veo, fuera desdichado empleo el que intenta mi venganza, viendo viva su esperanza, cuando muerto mi deseo. Cómo absorta la deidad, Leonor divina, ha quedado, y tiene en vos el cuidado apariencia de verdad. El extasis perdonad, que inadvertida, después que vuestra relación es alivio, que ignoro yo, la novedad me llevó a parecer descortés. Y acabose ya el desvelo, alimentado en suspiros? Como del Sol rojos giros borran el nublado al cielo; así yo de mi recelo la majima he dislumbrado, mis dudas eran nublado, claro Sol lo que he sabido, acerto el rayo al sentido, y fulminó mi cuidado; más aguardad, que la puerta quieren abrir. Pues las cuatro, para escuchar, nos entremos a otro aposento del cuarto. Hallar mi remedio espero. Saber su intención aguardo. Este es el primo del muerto? Yo soy el hijo del diablo. Ya que hace treguas el brío, en este pequeño espacio, con la vida, que pretendo hacar inútil estrago de la muerte, y al cumplirlo, celos sobran, si yo falto: Decidme, señor don Diego, por qué valiente, y bizarro, a la obligación de amigo rompéis el estrecho lazo? Si queréis dar por disculpa, que eran dos los que sacaron mis celos, y que los mismos pensasteis eran contrarios, lugar os dio lo advertido, y tiempo tuvo el cuidado, para saber que era solo el que se opuso a mi brazo. De arrojarme a defenderos, de persuadirme a buscaros, para saber que me obliga, muy lejos estáis del blanco, Dos causas tuvo el honor, dos obligaciones, cuando me llevó mi sentimiento en la venganza la mano, en ninguna la amistad, me dio don Luis vuestro lado, solo por mí os defendía; pues si diera a don Fernando la muerte, de lo que espero gozara el gustoso lauro, y pudiera en este lance tener la suerte, fiado vuestro fin, y ser del mío, si no ejecución, presagio, viendo en mi pena perdida. la esperanza de mataros. Vive Dios, que mi sospecha . ha sido ilusión, y engaño, pues tiene queja su amigo de encubrirle a su contrario; y que al verme con Violante, siendo en la venganza tardo, fue la causa que tenía a mi enemigo a su lado. Ahora que no es posible valeros más de mi amparo, sabrá mi amigo don Diego, porque os guarde, do Fernando, ya que noticia bastante tenéis en lo que ha pasado, que he cumplido Caballero, lo que ofrecí cortesano: Cuando don Pedro esta noche hizo de su deuda pago; y fue su postrero aliento nuestro primer sobresalto? Cuando empezó la fortuna el perezoso letargo, donde la muerte se mira, de tanto valor erario: Sin saber quien fuese el muerto, a mi casa vine, cuando por unas tapias la hizo custodia suya el contrario. Luis, en vuestra disculpa no prosigáis, ya la alcanzo; recibid esta fineza, de no aguardar el descargo, en recompensa de haber dado crédito al engaño: Y así, dejad que la sangre que está en mi pecho clamando, ya en la venganza el castigo, y ya en la ofensa el agravio, o postre su atrevimiento, o en otro perpetuo pasmo pierda a un tiempo la esperanza, vida, intención, y cuidado, No es nada. Cuando nos visteis, fue con la espada en la mano; pues como dudáis ahora, si el pesar no se ha acabado, que hubo ocasión, y la misma ha de mantenerme, o matarlo? Ya escampa; por Jesucristo, que según juegan del garlo, para que ensarten pobretes, no tiene la espada palmos; y estoy, porque aquesta noche vuelva a revolverse el caldo, que no es bueno industrias, donde son mejores chincharrazos. (to. Yo he de reñir, pues le he vis- A mí me toca. . Despacio, que hay mucho hombre para todos, y no es razón el cansaros, adonde fuera más justo, que no lo obrasen los labios. Don Luis, yo he reconocido a lo que estaré obligado, en tanto que vuestro acero corte el hilo de mis años; que del enojo que tuve, ciega ilusión de un agravio, en vuestras palabras veo distinguido el desengaño; y del celoso ardimiento, que os tiene el pecho abrasado, propuse satisfaceros, quise la pena estorbaros; cuando resuelto, brioso, ignorante, ciego, bravo, con el delirio de sobra; como de discurso falto, fue vuestra espada el estorbo, que tiene el desengañaros. No me preguntéis la causa, que en vuestro sosiego hallo, que vuestra quietud es cierta, que fin de pesar tanto; porque ya estoy persuadido a deciros la en el campo, o en este aposento; adonde quedará, todo acabado, Y vos don Diego, que estáis con justa causa enojado, pues que la sangre os obliga, procurad el desagravio, como don Luís, que estoy pronto en satisfacer a entrambos. Acabe el mar de las penas, donde es mi vida naufragio; sea el santelmo las espadas de tan valientes contrarios, que con tal ventura muere el que nace desdichado, que es aliento de la vida, el que es de la muerte amago. Es fiarse en estar solo, por ser los dos agraviados. Hablar, sin poder reñir, es intentona de aplauso. Ya que ustedes tienen gana de dar de comer al diablo, y ser con tanta presteza, en el de Aqueronte varco, para pasar al infierno; y no pagar el barcazgo, en espesas zambullidas, hacienda de contrabando. No les estorbe a su gusto, ver mi señor solitario, que el Poera que me hizo, en esta ocasión fiado, a los humos de valiente me echo polvos de Bernardo: Y así, de mi parecer, el de vuesastedes salvo, demos manos a labor, o demos a labor manos, que me rebosa lo crudo, y me abochorna lo honrado. Si verme solo os detiene, y es para el brío embarazo, no le tengáis, pues a mí me acompaña mi criado. (dido. Pues muera quien me ha ofen- Pues muera quién me ha inju- (riado Pues que la soberbia aguarda? Pues veréis quien es Trabajos. Aguardad, señor don Diego. Espera don Luis ingrato. Trabajos no te adelantes. Deteneos don Fernando, porque la atención de todos nos importa para el caso, A don Pedro de Lara; que esté en gloria; (ay infeliz memoria!) en amoroso empeño, el nombre le entregaba de mi dueño. Dos años ha que alcanza, de ser mi esposo amante la esperanza; y esta noche el deseo, ambición recatada de himeneo, aguardaba a la una el estilo dichoso en mi fortuna? Dos veces el engaño gaño; hizo en mi honor costoso el desen pues hallaba mi culpa, don Pernando, con darte la disculpa; y tu viendo el relo duplicado, mi crédito peligra en tu cuidado, que degenero de quien soy entiendes, temeroso me ofendos, creyendo que es el dueño de mi vida, quien fue de quien lo era el homicida: Des honorada estoy contigo mismo, pues acabe en las penas el abismo; tomese puerto en mar tan proceloso; pues tengo hermano, si me falta esposo. Ya, señor, vuestra sangre he conocido, ya, señor, mi tragedia habéis sabido, ya, hermano, sabes el que fue mi amante, ya sé que tú lo eres de Violante, todo se sabe; ya nada se oculta, mucho ignora; quien algo dificulta; y ya explicado veo: para que tú le adviertas, mi deseo, Es en tanta desdicha mi recurso; aprovéchate ahora del discurso, que si no se lograre aqueste intento, tendré dichoso fin en un Convento. Bizarra resolución. Ánimoso proceder. Bien haya tan lindo brío, Pegonosla, dos pontres. Emprece el alivio, cielos! Fortuna acabe el desdén. Señor don Fernando, ahora que en esta ocasión se ve lo que yo os puedo pedir, lo que vos podéis hacer no demos el tiempo al ocio, con el cansado tropel de palabras, excusadas en el remedio esta vez. Resuelto, noble, y galante este lance os ha de ver, y si os excusáis a mí, fiero, tirano, y cruel, Con mi hermana he casaros. satisfacción suya es, fin al litigado mal, principio al honroso bien. Misangre es tan conocida como la vuestra; no sé, para ser propia alabanza, otra mas grande, y cortés. Con esta resolución, mis celos pierden el ser, re ucirase don Diego. gusto en Violante hallaré, Leonor logrará su intento; en fin, señor, responded, y sabré de la respuesta lo que me importa saber. Juro a Cristo que el mozuelo, discreto, airado, y cortés, en la. Comedia de honor hace muy bien su papel. qué temo, recelo, y dudo, cuando yo vine a saber esta noche, por engaño, lo que ahora la escuché? La vida debo al amparo de aquesta hermosa mujer, a la inclinación el gusto, a su designio mi bien: Pues halle el pesar descanso en mi desdicha esta vez, si halló el deseo mudanza en lo esquivo, y lo cruel. Don Luis, en lo que mandáis, esta la respuesta es, y ya agradezco a mi pena véniros a merecer. Aquesto si que es preciso, pues tan abrebiado fue, que del santiamen que goza, basta santí, y sobra amen. Con vuestra resolución, yo el dichoso vengo a ser. Ahora señor don Diego, que en este lance sabéis de don Fernando el empleo, y el logro de mi deber, haced noble por don Luis, por mí, por vos, y por él, las amistades que pide la ocasión en que nos veis. Sí miro en mi amigo el gusto, si en vos el alivio hallé, piérdase el odio que tuve en esta acción de cortés, No solo os he de servir, en ser amigo de quien no lo entendí; mas me obligo con todos a componer la muerte, para que sea bien conocida mi fe. Dichoso yo, pues que veo, sin llegarlo a merecer, el amable desengaño, que en mi esperanza ignoré; Y así, Violante divina, por excusar que otra vez quiera, envidiosa la suerte, tanta dicha deshacer. Dame la mano, si el alma no me niega aqueste bien, y de ignorante perdí, lo que dichoso gané. Porque en mi agravio no quedé, ni en mi gusto, otro balben, aunque atrevida a mi padre, no escuche su parecer, te la doy. Yo no me caso con usted, ni con usted; porque en tres horas no es justo tal disparate, sin que haya otro lance momento, como el de mi dueño es: Y así, gustoso, y soltero, os pido que perdonéis: de parte de este Poeta, los hierros que hubiere, pues con esto aurá conseguido Fingir lo que puede ser.