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Texto digital de Fieras de celos y amor

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
Género
Zarzuela
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en Obras cómicas, obras póstumas de D. Francisco Bances Candamo II (1722).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Fieras de celos y amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fieras-de-celos-y-amor.

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FIERAS DE CELOS Y AMOR

ina, que nos! perdemos. Oso, guarda el Oso. . Dioses, piedad, . Favor, Cielos. . Piadosos Hados, socorro. 1. A la escota, a la triza, al chafaldete. 2. A la cumbre, a la falda, al Valle, al Soto. A los lamentos, que escucho. A los lamentos, que oigo. Que el Monte murmura en ecos. Que en bramidos bebe el golfo. Mal sacudido a esperezos lo soñoliento a mis ojos. Roto en bostezos el sueño velozmente perezoso. De las quiebras de esa roca. Del concabo de ese escollo. Salgo veloz. Pronto llego. Cuando repiten ansiosos. . Dioses, piedad. , . Favor, Cielos. Piadosos Hados, socorro. Según distingo, al primero albor del Alba mal roto. Según en sombras diviso al crepúsculo dudoso. Allí con un Galán Joven un bruto corre furioso, rayo veloz disparado de aquella nube de polvo. Allí a una mísera Nave, ya en rasagas, y ya en soplos, de un sorbo el Mar se la bebe, y la escupe de otro sorbo. Es el desbocado bruto tan hijo veloz del Noto, que al aire de la carrera va sacudiendo los chopos. A chocar vuelve la Nave, adonde el piélago undoso, de caduca edad de espuma, encanece un promontorió, Y así en el Monte repiten los estruendos venatorios. Y así náúticas faenas dicen en rumores sordos: A la escora, a la triza, al chafaldete, a la cumbre, a la falda, al Valle, al Soto. Y pues mi furor depuesto le advierto. Y pues yo le noto, depuesto por Galatea lo inhumano, y lo horroroso. A la selva, en su defensa, penetraté el verde coto. Al Mar, rompiendo cristales, osadamente me arrojo, para que vean todos los troncos de esta selva los Astros de este globo, (Monstruos. que amor hace apacibles aún los Qué es esto, Satiro? Fauno, yo al pie de estos verdes olmos, a los filos de mi sueño, desollando estaba un Zorro, las voces me han despertado, a mi pesar. Y a mí, y todo, y entre la Luna, y el Alba, aún los bultos no conozco. Qué son estas tropelías? Yo lo dudo. Y yo lo ignoro, y solo por preguntar es gran regalo ser tontos. Allí Circe, toda pieles, sale al paso con arrojo, a aquel Joven, que se obstenta en el precipicio airoso de la Silla, dio en sus brazos del bruto al menor corcobo. Le echaría en sus conjuros algún garfio del Demonio; pero allá va Polifemo, que despertando los sollos, olas enciende, y quebranta con un pino, y con un ojo. A una derrotada Nave aplica robusto el hombro; y en sus costillas la Quilla el espolón deja roto, despadazado el Bajel, dividido queda en trozos; así nos lo miente Ovidio, y así lo creerán los bobos; dígalo al ver que repiten al lamentable destrozo. Dioses, piedad. Favor, Cielos. Que me anego. Que me ahogo. Con un Joven carga a cuestas, que encaramado en sus hombros no alcanza, aunque el Mar se encun- a ver su sombra en el golfo. (bre Por esotro ladó Circe. viene también con el otro; y así, Satiro. Así, Fauno. Si tememos su enojo. Chitón. Chitón. Quedito, y en silencio modorro, veamos Ciegos, hablemos Mudos, y oigamos Sordos. Joben felice, respira. Alienta, Joben heroico. Que del Aire te arrebato. Que de las hondas te cobro. Si tu favor, mas qué miro! Si tu piedad, mas qué noto! Valedme, Cielos, qué susto! Dioses, valedme, qué ahogo! Qué miedo! Qué pasmo! Qué fiera! Qué monstruo! . Qué os suspende? , . Ay, ay, ay, qué oprimido el aliento del asombro, al horror al pasmo, al susto, cláusulas busca, y halla sollozos, Mas asombro, más horror examino, miro, y toco, (oh Joben! y en tu presencia, si en tu bulto prodigioso, mil trágicos vaticinios, están bebiendo mis ojos; Circe soy, de las Estrellas oráculo escandaloso, que a los Árcanos del tiempo los velos celestes corro. Las Montañas de Sicilia, que Pirámides frondosos coronan el Lilibeo, el Páquino, y el Peloro, a solo un conjuro mío se estremecen; y en abortos de fuego, en concabidades bramando el aire furioso, revienta el Etna corriendo Sierpes de fuego en arroyos. A mis Magias, a mis Ciencias? se desquician los dos Polos; pues yo todo el Aire muevo, todo el Piélago trastorno, gimiendo el Mar en báibenes, y la tierra en terremotos, Ves de aquestas verdes selvas el laberinto espacioso; pues cuantas fieras confunden los ecos de su contorno, ya con rugidos horribles, y ya con bramidos roncos, hombres infelices fueron, que para mayor oprobio, a sus almas racionales, la forma vestí de Monstruos. Cuantos árboles contiene la clausura de ese Soto? Ninfas son, que encarceladas por médula de sus troncos, se quejan a aquel suave blando, susurro; canoro, que al murmúreo de sus hojas va suspirando el Fabonio, leyendo de mis fortunas el oróscopo en el globo, que ese Planeta dorado debaña en azules tornos; hallé, al repetirlo tiemblo! que un garzón, por desdeñoso, sería mi nuina; y viendo sus señales en tu rostro, titubea torpe el labio, el pecho pálpita ansioso, late intercadente el pulso, lánguido agoniza todo cuanto es vital; y así, huyendo con iras, rabias, y enojos, veré si en mi entendimiento de mi destino me escondo. . Aguarda, detente, espera. Anda con dos mil demonios, que temo, que me conviertas en Perro, en Espín, o en Corzo, y de miedo en tu presencia no me hallo, aunque me toco. Sin mí estoy. Oh hermosa Scila, si Peregrino amoroso, lo que pasé por acaso, me recibieses por voto! Dime, a quien debo la vida, al ver este portentoso Cícople, el pecho con susto, la sangre con alboroto están pulsando presagios. Oíd, si ya cuando formo la voz no tembláis!, al ver, que con ímpetu furioso, al ambiente de mi aliento la Esfera del Airerompo, Peregrino Extranjero, que vagando las olas en las espumas diste tu esperanza al Mar, que brama, al Céfiro, que sopla Polifemo te libra, aquel, cuya persona con su frente ilumina todo el Aire, y la Tierra anochece con su sombra. Hijo soy de Neptuno, que del centro me arroja; porque aún a mi estatura son estrechas las Bóbedas profundas de sus hondas, Cárbunelo es de mi frente un ojo, que la dora, que con llamas por rayos visuales, el día enciende, las tinieblas borra. Un Pino es mi cayado, que como junco azota el Aire, y aún pudiera con mi mano en las Estrellas encender su copa. Esta prolija barba humano coral borda, como otro dijo, o mal, o tarde, o en vano, harado a surcos de la mano propia, Humana carne ha sido mi aliento hasta ahora, y bebiendo la sangre fue mi vida viviente sepultura de las otras. Mas después que mis ansias a Galatea adoran, renuncie las crueldades, advirtiendo, que lo feroz, aún más que admira, asombra. Al crepúsculo, cuando de mi bárbara Choza a derramar salí por estas peñas mis penas muchas, y mis cabras pocas, Te libre del naufragio; y pues por ella sola, en mi cupo piedad agradecido, a tus plantas (oh Joven!) hoy te postra, Aquel escollo pardo, que cubierto de conchas verdes, mariscos, y corales tiernos, al Horizonte azul del Mar se asoma. De su beldad divina es Marina Carroza, tan veloz en el agua, que a Neptuno, aún no rompe las canas espumosas, Y pues rompiendo el Alba, o. el Cielo se corona de marinos vapores, que en cambiantes, el soñoliento Sol aún no arrebola. Voto a sus Aras, Huésped errante, en muestra obsequiosa, por víctima mi amor, tu vida ponga. Tamañito he quedado. Qué voz tan espantosa! Oh qué estatura, Cielos, tan horrible! taladra el Aire, el Firmamento abolla. Las Nubes desollina, y los Aires escombra, si a la moda feroz de sus juanetes, por tacones se calza cuatro Rocas. con lo que Ya cercan el Escollo Sirenas, que sonoras cantan. Y ya con nácares torcidos, escamados Tritones le coronan. Y pues que su venida interrumpe mi Historia, quede pendiente. Y quede aquí la mía, (nan. en tanto, que otros casos se eslabo- . Ninfas de Sicilia, mi voz os convoca; porque a Galatea saludéis sonoras: y en cláusulas dulces el eco responda. El eco responda. Responda. Esta es voz de Scila, que dulce, y canora, toda el Alma asusta e alboro? Venid, y gustosas aplaudid su venida; porque ella sola a las Fuentes désate la risa. (siona, Risa. En los bullicios, que el hielo apría En los bullicios, Venid, que hacia tierra las espumas corta el Escollo errante, que viste por concha, de lejos se escuchan sus voces sonoras; cuyo último acento se beben las olas; pero allí está Glauco. Pues me mira, ahora por su vista puede beber mi memoria. Venid, y gustosas, Ya que en esta peña la venera hermosa de bruñido nacar, el trono me forma; y ya que bebiendo su llanto a la Aurora, lo que en Perlas cuaja, concibe en Aljófar. A tierra lleguemos, adonde la Rosa, parpados de grana de Aljófares borda; y pues soñolienta, tierna, y vergonzosa ámbar espereza, púrpuras deshoja, désate a las fuentes, que a tu planta corran, de labios de plata risa bulliciosa. Aborda a la orilla, y pues nos invocan de Ninfas de Scila las voces sonoras; ya que me acompaña, para mayor pompa, de tanta Sirena la escamada tropa, usurpen sus ecos, para que no rompan la tez transparente de las claras ondas, que el Céfiro encrespa, que el Fabonio entorcha en la espuma riza, que el Aire trémola; y en cláusulas dulces el eco responda. Él eco responda. Responda. Ven hermosa Deidad, ven. Ven hermosa Deidad, ven. Ven. Y deja las Grutas ondas. Y deja las Grutas ondas, Ondas. A coronarte en la tierra. A coronarte en la tierra. Tierra. De Jazmines, y Violas. De Jazmines, y Violas. Violas. Aplaudid su venida, porque ella sola, a las Fuentes, y ocupando la tierra su beldad hermosa, todo el Coro Mativo naufraga, fluctua, y zozobra. Ya que estas arenas tus estampas copian, besando su nieve con labios de Rosa. Vamos a las Fuentes, que esa populosa frondosa Alameda de cristales bordan. Vamos repitiendo en confusa tropa. . Y alternando todos sus voces sonoras. . Nosotros siguiendo sus pies, y su troba. . Aplaudid su ver porque ella sola a las Fuentes desata la risa. Risa. En los bullicios, que el hielo aprisiona. En los bullicios, . . h , , h Ya que a esta alameda, cuyas altas copas, el día oscurecen con la fresca sombra, viene Galatea; he de ver si ahora, ya que no de amante, me oye de piadosa. Diciendo en su aplauso, con las voces todas: aplaudid su venida, porque ella sola, a las Fuentes desata la risa, Cómo eres de Fuentes la Deidad que adoran, con dulce, y con tierna travesura undosa. Cristales producen, y aljófares brotan; porque siendo Deidad de las Fuentes, a tu vista sola, las Fuentes líquidas, en blancos mármoles vertiendo aljofares, dulces, y undosas, con tierna risa de blando bullicio, salten, salpiquen, murmuren, y corran. Porque siendo Deidad de las Fuentes, Ay, que me salpican. Ay, ay, que me mojan. Ay de mí, que tírito, tírito, Hola. Hola. Agua va, valga el diablo la Ninfa Fregona, que desde los Árboles vacía a estas horas. Que me bullén, me pican, y me retozan, cosquillas de nieve, bullicios de aljófar. Rompan rompaña 1. Qué es esto que sueña en las Fuentes todas? Que a su Diosa aplauden, dulces, y obsequiosas en las cristalinas diáfanas alcobas, las Nayades bellas Napeas hermosas. Deidades de vidrio, que el Céfiro sopla. . Rompan, rompaña Cada Fuente de estas una Ninfa brota, vapor de sus limfas, Deidad de sus olas. Rompan la diáfana tez de su corriente espumosa, en transparentes viriles, que de los cristales forman, Nayades, y Napeas, para que todas, con pausas, con fugas aplaudan su Diosa. En citharas de plata, en nitidas Tiorbas, con Músicas de nieve, con cláusulas de aljotar; porque siendo Deidad de las fuentes, a su vista sola, las Fuentes líquidas en blancos mármoles, vertiendo aljófates, dulces, y undosas, con tierna risa de blando bullicio, salten, salpiquen, murmuren, y corran. Ninfas, yo agradezco tantas cariñosas festivas señales de lealtad heroica. Cuando sobre ti la rosada Aurora azahares nevando, púrpuras deshoja, las Fuentes producen en corriente copia. Nayades, y Napeas, para que todas, Bella Galatea. Ay Dios, qué congoja! Monstruo, qué me quieres? Solo que me oigas: Esquiva dulzura, en cuya hermosura, de la mansión pura el Cielo gastó, a la Estrella el influjo, y al Sol. Yo soy el que fiero, cruel, y severo, cualquier Extranjero, que aquí naufrago, tragaba voraz, destrozaba feroz, El Joven hermoso, que miras airoso, al golfo espumoso mi cólera hurtó, bramando sus olas, con bárbaro horror. De Monstruo abortivo, tan cruel, y esquivo, por ti humilde vivo cuanto antes atroz, vestia de asombros a la admiración, Y así te lo ofrezco, y no te encarezco, si acaso merezco, piedad, o rigor; pues ya solo conmigo cruel soy. Y así Peregrino; pues hoy tu destino, librar te previno dale adoración, a la Deidad, que el milagro influyó. Ten ingrata a mi vida compasión, y por mi deja esquiva tu fiereza; pues yo por ti he dejado mi furor. Ay infelice de mí! que entre dos sustos, y dos escándalos del sentido aún no sé cual es mayor. A este Monstruo ser pudiera, igual contraposición a la fiereza, que lleva, la hermosura, que dejó: qué es esto, que siento Cielos, que de este hermoso Garzón, en la nieve de la tez, incendios leyendo estoy! No vi más rara hermosura! absorto, y helado estoy, y ella, leyendo el semblante, toda el alma me entendió, según visible el silencio me abulta en la admiración. Ya Glauco; que hemos quedado adonde nunca estorbó la amistad de Galárea nuestra comunicación, dime, qué es esto? Venir solicitando mi amor beber en tus dos luceros todos los Rayos del Sol. A las riberas del Mar me alejé, con ocasión de la caza; pero apenas tras una Garza voló en las puntas, y escarceos de uno, y otro caracol, un vago alado Pirata de la diáfana Región, cuando desvocado el bruto en la carrera excedió al Trueno, por lo ruidoso, y al Rayo, por lo veloz, amenazaba mi vida, cuando al Aire me robó una hermosa Fiera. Tente, y no de mi confusión sosiegue alguna sospecha, cuanto el peligro asustó. Y tú, quién eres? Yo, hermosa Deidad de esta Playa, soy Acís, Joven Extranjero, de Creta humilde Pastor, que a sus Montes en rebaños, nevando, y manchando voy la cumbre con el pellico, la falda con el bellón. Embarqueme en fin, dejando la deliciosa mansión de mis tiernos Corderillos, que alternando su color, ya cándidos, y ya negros, selpa de los Montes son; al Templo de Delos iba, adonde ese rubio Dios del metal de sus Estatuas, viste el Aire de su voz, a consultar la amenaza, que un Adivino leyó a mi vida en las eternas láminas de resplandor. Dijo, en fin, que moriria de una amorosa pasión, desvanecido en cristal, o exhalado en un vapor, a cuyo susto, y a cuyo fiero pasmo, a cuyo horror, palpitando esta presagios Astrólogo el corazón. En fin, de una Tramontana, impelido el Bajel dio, a las arenas la quilla, y a una roca el espolón; pero llegando a tus plantas, tan agradecido estoy al acaso, que me ha dado dicha de tanto valor, que yo votara el naufragio en premio de mi elección. Ya llegó, Satiro, el tiempo de saber, quien son los dos. Ya lo estaba deseando algún curioso Lector; pero donde somos muchos, se ha de hablar en procesión. Bellísimo dueño mío, cuyo poder superior, con suave imperio hace violencia a la inclinación: Yo te adoro tan rendido. . No has de proseguir, Traidor. Qué es esto, quien de los labios me ha arrebatado la voz, que no encuentra mi discurso la senda de mi razón? No has de proseguir repito, y todo el Aire veloz se inficione en el aliento de ese escamado Dragón, en que culebreando rayos círculos de fuego doy, siendo en mi furor, Rayo mi suspiro, y Trueno mi voz. Siendo a su furor, Mis celos escuche, oyendo de este Joven el amor; y en mí ha podido su envidia, mucho más, que mi afición: y ya que a tierra desciendo, esparce, o bruto feroz, en el Aire el siempre ardiente caliginoso vapor; porque puedas hoy, Cometa de fuego, abrasar la Región. Porque puedas hoy, Las Fuentes, que de estos troncos corren cristalino humor, arroyos de fuego bañen la Campaña, porque no haya al ardor de mis celos incombustible licor, y el incendio atroz, a ceniza cana reduzca el verdor. Y el incendio atroz, Qué es esto, Cielos, qué es esto? qué portento convirtió, a fuerza de tanto incendio, mis cristales en ardor? Dioses, qué prodigio es este, que parece, que del Sol, aún para abrasar el día, se hizo rayo el explendor? Qué es esto Divino Baco, que me abraso de calor? Qué bochorno es este, Cielos, que soy vivo chicharron? Vamos todas a las Fuentes, mas, ay Dios! que se volvió en fuego todo el raudal, en llamas todo el humor, Que me abraso. Que me quemo. Piadosos Cielos, favor. Agua, agua. Fuego, fuego. Qué asombro, qué confusión! Todo es fuego. Todo es llama. Quién causa este incendio? Yo. y para que no busquéis reparo a tanta aflicción, gima a rafagas el Aire, cúrbese la luz del Sol, y en rayos en relámpagos y truenos, todo sea estruendo, oscuridad, y horror. Y en rayos, Qué susto! Qué horror! Qué pasio! Qué miedo! Qué confusión! que aún para norte el oído pierde el tacto de la voz. Quién va allá? Quién me ha tentado? Eres Satiro? Yo soy; los ojos traigo en los dedos y en traje de tentación, aún la oscuridad no veo, y solo toco el temor. Acís? . Galatea? Glauco? Scila? Fanno? Dónde voy? Que me abraso, Que me quemo. Piadosos Cielos, favor. Agua, agua. Fuego, fuego. Qué asombro! qué confusión! que aún para norte el oído, pierde el tacto de la voz. Todos se pierdan, y solo quede Glanco; porque yo de mis Jardines le lleve a la florida prisión. Tom. Il Qué delirio! Qué letargo! Qué embeleso! Qué pavor! Que en rayos, en relámpagos, y truenos, todo es estruendo, oscuridad, y horror. Agua, agua. Fuego, fuego. Qué asombro, qué confusión Despeje de sombras graves todas las Esferas sumas con mis acentos suaves, (mas para que cobren en hondas, y plu- su risa las Fuentes, su canto las aves. Vuelva el agua a producir, vuelva el cristal a brotar, vuelva su raudal a ffuir; porque a la Aurora le beba el llorar, la Fuente, que al agua le copia él reir. . El Ave vuelva canora, a trinar dulces concentos; porque la muestren ahora, Clarín de los Aires, Violín de los Vientos, gorjeos, que cauta, y quiebros, que llora. De un jardín vagos primores fabrique mi canto astuto de coloridos verdores, (to, para que en él, sin las flores, ni el fru- la sombra se vea de fruto, y de flores; tanto engañe del jardín lo vario, y lo artificioso, que se vea en su confín, en púrpuras, y ampos al viento oloroso, la Rosa encender, y nevar el Jazmín. Aquí, a Glauco, conducir, con la oscuridad, espera mi amor, por si reducir a su inclinación mi fineza pudiera, llegando a servir el amar de influir. Y pues vi su arquitectura, salgan de su centro cuantas Ninfas ya mi voz conjura, llegando a servirle de norte a sus plantas, el blando atractivo de dulce. hermosura. Corran, pues, transparentes las líquidas Fuentes gorjeen suaves las parleras Aves, y murmuren lentos en hojas los vientos; porque Vientos, y Aves, Flores, y Fuentes, ufanos, gustosos, suaves, y alegres, en cristal, en fusurro, en gorjeo, en olor, respiren, y alienten dulzuras de amor. . Adonde divinas, hermosas Deidades, conduéís de entre las sombras, la huella infeliz de mis plantas errantes. Venga enhorabuena Glauco, donde halle, en estos jardines florido hospedaje. Adónde estoy, Cielos! confusión notable; pues salgo de las Tinieblas, donde la luz es Tiniebla más grandre. Qué jardín es este, que en piramidales, frondosas, y verdes puntas, aún Júpiter teme, que el Cielo taladre? Qué Deidad habita su hermoso paraje, con mil floridos Luceros, que los enciende la luz que los abre. Yo soy esa. Ay triste! Oye, y no embaraces, todo el gozo de los bienes, con la memoria infeliz de los males. Ay de mí! qué miro? que aún halla el caracter, mi memoria en el asombro. que al Alma le infunde presaga tu imagen. Hija soy del Sol, a quien da radiante las venas de sus tesoros, del rubio metal en la pálida sangre. A tu vista haré, que sus senos rasgue la Tierra en vapores densos, llenando los vientos de Nubes fra- Oh vosotras tres, (grantes. Furias Infernales, que asistís a mis conjuros, poblando de asombros la Esfera del Aire. A tu voz obedientes respirando volcanes, vienen. Tesifone. Alecto. Y Mejera. Al horror de tu Imperio auxiliares. Mostrad desde el centro en sombras fatales, fingido en las apariencias, todo el dorado Artesón de mí Padre. Y no es objeción, si al curso variable, es de la tierra el Abismo, la rubia oficina, que engendran metales. Congélense sombras, que a la vista engañen, formando el Alcázar de oro, en luces oscuras, y densos celajes. En su Arquitectura vencida del Arte, quede aún la materia dura, orlada de bronces, sembrada de jaspes. Llenando la tierra su fábrica grave, al concabo de los Cielos, el bulto se ajuste de sus homenajes. Que a tu voz obedientes, respirando volcanes, La diáfana Arquitectura, de los Astros Celestiales, brilla en incendios, luce en reflejos, y en myos arde. Qué Palacio es este, en cuyos cristales el Sol, cuando reberbera, cegando con luces, estorba el mirarle? Dígalo la Luna, que sus claridades dilata creciente, y oculta menguante. Y Marte lo diga, que influye en el Martes, el belico horror en estruendos marciales. Y Mercurio, Nuncio de Sacras Deidades, que influye benigno las Ciencias, y Artes. Y el muy poderoso Júpiter tonante, que iufuye apacible las Jovialidades. Venus amorosa, Estrella, que arde, a ser el dulcísimo influjo de Amantes. Y el cano Saturno, que al tiempo traslade, las plantas que mueve, las alas que bate. Y dígalo finalmente, de toda mi luz flamante, en el círculo luciente, las luces que brilla, los rayos que esparce. con rumbo constante, que gira once Cielos, que baña dos Mates. Yo, sabia, y hermosa Circe, soy Apolo, tu gran Padre, que a declararte por hija, si rompo los senos, ocupo los Aires, te en trono tan grave, que abrazan rubies, y encienden diamantes. Si en dulcísimo himeneo, con Glauco te desposares, yo, de todos mis tesoros, haré, que la tierra su Archivo te rasgué en los Minerales, que influjos condensen, que lagrimauajen. Todo el Sacro Consistorio de Planetas Celestiales me acompaña; y a este efecto en las Columnas frondosas de Dafne, el Trono descanse; diciendo otra vez en estruendo suave: La diáfana Arquitectura, te escuche embelecos Ven a ser mi Esposo. Mi muerte verás antes, que pueda olvidar a Scila, por más que te e afables. Venga en hora buena, Glauco, donde halle en estos jardines florido hospedaje. La diáfana Arquitectura de los Astros Celestiales, . Glauco? Scila? Esa voz, que el viento tte, confunda el marcial estruendo. gima sonoro el bronce, y cruja el parche. Gima sonoro, Dejadme, pues. Ninfas venid, y llevadle, donde contra su porfías ha de tener mi fineza por Cárcel. Por más que enemiga. Por más que arrogante. Muestres tu crueldad conmigo. Muestres lo esquivo de tus libertades. Diciendo los ecos. Diciendo los aires. La diáfana Arquirectura, He de ser crunel. He de ser constante. . Aunque a confundir mis ansias, y voces. estruendos marciales, gima sonoro el bronce, y cruja el parche. Gima sonoro el bronce, y cruja el parche. ##### JORNADA SEGUNDA Ya les digo a los necios, que no me cansen. Que te canses pretendo Tom. Il. de despreciarme. Mira, que nunca de despreciar se cansan las hermosuras. Cierto, que es cosa fiera, a todas horas, ponerse a la tarea de desdeñosas. Será tarea, en quien pone cuidado cuando desdeña. Un desdén al descuido mi afecto siente, que si cuestan cuidado no son desdenes; puesto que entonces, hacen el mismo gasto, que los favores. Un desdén por costumbre, y no por arte, se hace naturaleza en las Deidades. Baco me acuda, qué mal natural tienen las hermosuras. Siempre podrá lo bello mal defenderse, siendo más atractivo las esquiveces. Y es mejor arte, por no ser perseguidas ser agradables. Ninfa soy de esos Coros de Galatea, y hoy, que es su Boda, hago falta en la fiesta. Dejemos, digo, a bóvedas de nieve, romper los vidrios. Satiros de estos Montes somos nosotros espantajos del Prado, duendes del Soto Asombramos a todas Ninfas errantes, por visiones, que ofrecen las soledades. Demonios de los Valles dicen las gentes: que somos; y así, somos Diablos muy verdes. Con las Ninfas bailamos adonde campan, campanela, y cabriola del pie de cabra. Vimos tus bellos ojos, por cuyas llamas, a cosquillas de fuego retoza el Alma. Pero somos tan fieros, que aún en tus ojos, de sus Niñas venimos a ser los cocos. Y pues he de rendirte entre mis brazos, si por trato no quieres, sea por asalto. No veis, que la belleza no ha de partirse. Son los Satiros gente muy comedible, de la hermosura nunca avaros somos, que lo bueno lo cría Dios para todos. No sabemos de celos las tropelias, que es de los ruines pechos tener envidia. No nos traen las sospechas, con linces ojos, ni somos desvelados, ni maliciosos. Querer lo que queremos no nos da sustos, que a nadie le quitamos tener buen gusto. El que quiere a quien quiero, siempre es mi amigo, y aún le debo el que aprueba lo que yo elijo, Callad viles, que en burlas, que seano temo contagio de mi oído vuestros afectos. No hay quien me libre, de estos atrevimientos dos veces viles! Ven con migo. Soltadle. Ay Dios, qué es esto? Esto es esto, y estotro, eso, y aquello Usted me ha convencido, con mil primores, que cierto que son fuertes esas razones. Yo socorro a esta Dama, pues soy Centauro. Para socorros entran los de Acaballo. Sabe que los Centauros por Ninfas lidien? Sí, que son todos estos medios rocines. Por Vaco, que le cueste la burla cara. No lo digo por tanto. Daca la Maza. Ven conmigo, Dorinda, deja esos necios. Ven aquí lo que importa siempre un tercero. Quédense para ruines. Usted nos honra. Vamos. Ya tras la Maza, se va la Mona. . Aguardad, Furias, qué es esto? 3. . Es ausentarnos de aquí que deshecho nuestro pacto, no podemos asistir. Rústicos verdes Satiros de este ameno Páis, que penetráis lo aspero de todo su confín. Bárbara, Circe, Mágica, me supo prevenir esta Cárcel fantástica del florido jardín. Pálidas las tres lugubres, Furias eran allí, los más fragrantes Céfiros de aquel verde Pensil. Mísero en estas Cárceles oprimido viví; bien que fingiendo Alcázares el oscuro síbil. Celebre astuta Mágica, de mi Padre feliz, Mercurio Dios Alipero del Celeste viril. En Sándalos, y púrpuras, me supo construir este Ramo odorifero de uno, y otro matiz. Su aromático tosigo, quitar puede sutil, a conjuros cientificos, la fuerza contra mí. En cóleras frenetico, con él le destruí, de todas sus Piramides la más alta cerviz. Con júbilos al Piélago iré, por ver si allí, Cicilia copia Nácares, las plantas de Marfil. Rústicos, bárbaros, horridos, que atentos me oís: Si Circe enemiga, con sañas, y cóleras, os preguntaré por mí. Silencio, secreto, callad, y advertid, que solo el callar, os importa el vivir. Cosquillas me hace el hablar. Y a mí, Satiro, el reír. Pero no ves, qué furiosa viene Circe por allí. Vamos de aquí. Vamos de aquí. Si solo el callar, nos importa vivir. El dulcísimo Enemigo, que loca de amores sigo, ay infelice de mí! Volando veloz, ni aún hoy de mi voz se deja seguir. De mi Encanto los rigores deshizo con unas flores, que del Celeste viril Mercurio le dio; y ufano burló, prisión, y jardín. A la Gruta de los celos, donde curiosa infeliz, bien a mi pesar, voy a averiguar, lo que he de sentir. Cuanto voy a examinar, quisiera adrede ignorar; mas cómo; si ardiendo así la imaginación, mi propia razón no puedo sufrir. Y pues en la fantasía de celos la Monarchía supo el amor construir, visible he de hacer todo su poder, con mañoso ardid. Ah de la Cárcel oscura, donde miro a su pared, tanta cadena vestir, tanto eslabón esconder? Ah del horroroso centro, adonde ocultar miré de los celos, y la envidia la siempre pálida tez? . Quién llama? quién llega a buscar, a saber, lo que ignorar quisiera después? Yo llamo, y yo solicito, que puesto que siempre es Patria la imaginación de los celos, que engendre en fantástica apariencia bulto a mi discurso des, formándome de su Gruta la profunda lobreguez. Con mis celos quiero hablar, adonde consultaré las penas de un vacilar, y las ansias de un temer. l , , - Quién llama? quién llega a buscar, a saber, lo que ignorar quisiera después? Oh tú, infeliz hermosura, que tanta belleza ves, de un desengaño infamada, desmentida de un desdén. Yo soy los Celos, Fantasma del Enrendimiento, a quien da cuerpo tu sospechar, y da bulto tu temer. Mil Áspides me coronan, que en una, y en otra sien, en roscas se ven rizar, y en crespas hondas torcer. Gusano interior del Alma mi voraz rabia se ve, mi imaginación mirar, y mi corazón roer. Ninguno me solicita curioso en sus males, que lo que no quisiera hallar, no se fatigue en creer. Soy una vaga ilusión, que falsa, ni cierta es, tan sin realidad alguna, que en siendo, dejo de ser. Ni vivo, ni he de morir, porque nunca me engendre, y lo que es nada, no vive, mas no puede fenecer. Tal vez adoro con rabia, tierna aborrezco tal vez, y mi afecto aún no se sabe, si es amar, o aborrecer. Mis ilusiones, pensando mal de lo que quieren bien, pretenden, que el infamar, sea crédito del querer. Y así, si vienes ansiosa a inquerir, a pretender lo mismo, que no deseas, contrati repetiré. Quién llama? quién llega, 3. . Las tres infernales Furias aquí asistimos, porque el Infierno de los celos, el mayor Infierno es. Yo, que soy la tenaz Duda de los celos lo diré adonde es el vacilar más mártirio, que el creer; pues siempre mi veloz curso de un vaiben, y otro vaiben, con ansia de averiguar, y con temor de saber. Yo soy la Imaginación, que a los celos doy poder, creyendo lo que imaginan primero, que lo que ven. Siempre doy por cierto el mal, con esfuerzo tan cruel, que me mató en desear lo que no quiero tener. Yo soy la sospecha vil, que con inquietud infiel, por no sufrir una duda, de una verdad moriré. Es tan instante mi vida, que entre acabar, y crecer, si hay satisfacción, doy fin, y si evidencia, también. Yo soy la Desconfianza, y quien me llega a tener, sus aprensiones dilata, a no pensar de sí bien. Creyendo de sí, y dudando, entre miedo, y altivez, se sabe desfigurar, sin poderse conocer. Yo soy el Temor cobarde, que al rendimiento más fiel voy aguardando el gozar, con el susto del perder. Por malograr lo feliz, con humildad descortés, sé traslucir el pesar, por lo hclaro del placer. Yo soy la rabiosa Ira, y hago con injusta Ley obsequioso lo impaciente, y fineza lo cruel. Neutral en odio, y cariño, ciega procuro traer en mi despecho una injuria; por crédito de una fe. Y así todas en tus dudas, te diremos otra vez: Quién llama?. Dejadme, fieros vestiglos, que aunque aquí curiosa entré, me defiendo en el dudar, del dolor de comprender; y así, huyendo de vosotras, he de ausentarme. Ten, ten, que el entrar aquí es muy fácil, pero no el salir después; que quien una vez a los celos admite, despedirlos no puede otra vez. Oh nunca en mi fantasía os llegara a proponer, que hicierais visible cuanto dichosamente dude. Quiero ver, si los sentidos, por no ver nada, podré, en lo interior del discurso de la vista retraer. Mi entendimiento me valga; mas como (ay de mí!) si él me está en la curiosidad, haciendo fuerza a saber. Vete, pues. Cómo he de irme, si aunque mis celos no sé, con dejar de averiguar, no me libro del temer? Por eso a tu obstinación, en voz de todos diré: Ten, ten, que el entrar aquí es muy fácil; pero no el salir después. Y pues mágicos los celos, siempre saben fingir bien, apariencias, que notar, ilusiones, que creor, a ese espejo de los celos, de cuyo cristal la tez la imaginación gradua, por lo que juzga que es; llega, y verás lo que temes. s Ay infeliz! Qué ves? . Las Bodas de Galatea, Deidad del Mar, a quien fue todo el piélago la Cuna, y todo el Cielo Dosel: Venid, celebrad, volad, corred. Las Bodas de Galatea, Esto repite la voz, a tiempo, que allí miré de un Banquete la notable generosa explendidez. No previlegió la gula la profundidad al pez, ni lo rápido a la pluma, ni lo veloz a la piel. Mas ay infeliz, qué miro! que distingo al parecer, de todos los Convidados, entre el sequito cortés, a Glauco con Scila (oh rabias! que por los ojos ponéis un tosigo al corazón, y a la garganta un cordel; que amoroso está con ella, cuando en mi pasión fiel, del contento de los dos mi dolor inferire. Las Bodas de Galatea, Mas como está mi pasión tan templada, sin romper del fantástico cristal la diáfana redondez? (mite, Ten, ten, que quien una vez a los celos ad- despedirlos no puede otra vez. Dejadme todas, dejadme su cristal desvanecer. Si está en la imaginación, mal podrás librarte de él, que quien una vez, Pues me retratáis mi mal, de vosotras huiré. Tampoco podrás, que todas contigo iremos también. Si yo no os quiero llevar, Tiranas, qué me queréis? Que no nos puedas dejar, aunque nos quieras perder. Huyendo voy de mí misma. Todas iremos, a que sepas. Ya sé por mi mal, y digo con todas: , . Ten, ten, que el entrar aquí es muy fácil; (los, pero no el salir después, que quien una vez admita a los ce- despedirlos no puede otra vez. Cuando podré lograrte Ídolo de beldad, más temo que el deseo antes me acabará. Nunca está más expuesto mísero un triste al mal, que cuando más dichoso tiene que perder más. Siempre con mil recelos presago mi pesar, halla en lo afortunado miedos de lo fatal. Tiene mi amor tal gloria, tímido en su solaz, que el susto de perderla no la deja gozar. Quiero olvidar la pena del anuncio fatal, y vuélvense memorias las ansias de olvidar. Todo cuanto en ti logro, es con zozobra tal, que hasta del poseer, mi amor se ha de asustar. Ay, ay, que es pena la ventura, sino está segura la felicidad. Ay, ay, ay, que es pena, Mi Bien; mi Señor, mi Esposo, n Dueño, en quien compiten con tanta igualdad, todo el primor sutil de Discreto, con todo el donaire gentil de Galán. Yo aquella Ninfa, que ingrata, y esquiva, burlé del amor el dorado carcaj, sin que jamás le debiese a mi pecho, alivio la queja, ni el llanto piedad. Al ver en tus ojos, de ardiente bullicio, dos Cupidillos de luces flechar, sirviendo de influjo sus dulces Estrellas, rendí lo seguro de mi libertad. Unidos los dos, en dulce Himeneo, para tu hospedaje hice conjelar de este Palacio al Salón transparente, en mármol la espuma, y en roca el cristal. Debajo del golfo su fábrica tiene por artesón de su bóbeda el Mar, tachonado de peces, que cruzan el diáfano espacio a su capacidad. Mariscos, y Conchas, sus frisos guarneren, adonde se ven con primor salpicar, sus Basas de cándidas lluvias de perlas, y sus Capiteles de rojo coral. Al líquido espacio de sus pavimentos, las ondas se ven en tranquilidad, condensando su clara materia en losas de nieve su espuma cuajar. De vidrio el Palacio, mi amor te fabrica, porque duplique con su claridad, tu sombra a mis ojos, al ver sus paredes, tu bulto beber, y tu imagen copiar. Nosotras también a tus celebridades venimos festivas en dulce solaz; porque podamos en Coros, y en Himnos, los unos tejer, y los otros bailar. No hay Garzón en la Playa arenosa, bellísimo Acís, que no venga ya a aplaudir, en feliz regocijo, de tu comorcio la felicidad. De Barcos, y Lanchas se puebla la orilla; en donde las Ninfas vienen, y van a este Palacio, oyendo a su rumbo, los remos gemir, y la espuma azotar. En Góndolas de oro, Deidades Marinas, el claro Artesón se ven coronar con músicas dulces,a cuyos acentos enfrena sus furias el golfo voraz: felice mi amor, que huyendo las redes dé aquella enemiga de mi libertad, mas dulces hechizos agotó en Scila, llegando a servir de influir, el mirar. Ay de mí! que entre tantas venturas el corazón se ve palpitar, pulsando en anuncios, latiendo en presagios de un trágico fin, la memoria fatal. Pues advertís tan inútil recelo, Ninfas venid, y festivas bailad. Venid, y en Canciones, y Himnos alegres poblad de dulzura el espacio borcal. Tened, parad. Qué es esto, que veo? que en golfos de espuma; el piélago undoso se mira elevar, compitiendo con túmulos vanos de aquesas agujas lo piramidal. A bórbotones espumas escupe el centro horroroso, y aún se oye soplar en las entrañas más ondas del golfo, aliento feroz de un oculto bracán. Desvaneciendo la vista la espuma un Gabínete se mira formar, que empezando en vapor transparente, en nácar prosigue, y acaba en coral. a Tened, parad. y el Aire veloz, que alienta mi voz, del Mar estremezca la concavid Bellísima Galatea, a cuya rara beldad, cenizas son las arenas de los incendios del Mar: Yo soy tu Padre Nereo, la más antigua Deidad, que pisa trono de espumas en los Reinos de crist Del verde cabello mío, cada rizo es un raudal, arroyos me ves latir, y torrentes palpitar. Hoy, al ver, que ese Extranjero tu mano quiere enlazar, que entre contactos de nieve, un nudo de fuego da. Llevado mi anciano afecto de aquel amor paternal de mis Palacios, dejé la clara profundidad. En el empleo, que eliges, o que infelice serás, pues que tienes el perder tan vecino del gozar. Polifemo, aquel altivo, atroz Cícople Jayan, que a tu hermosura rindió su adusta barbaridad. A Acís quitará la vida, donde un Escollo dará en la Playa a sus cenizas la Tumba piramidal. Y tú, Joven infelice, a las hondas volveras, adonde el golfo tirreno, la vida te beberá. A daros vengo este aviso, con tanta celeridad; por si acaso el prevenir, bastare paralevitar. Tened, parad; y el aire veloz, que alienta mi voz, del Mar estremezca la concavidad Aguarda, Padre, mal haya tu mal nacida piedad, puesto, que con el aviso anticipas el pesar. Aguarda, mas ay de mí! que en Mármol helado ya, o me siento estremecer, o me miro tiritar. Y de este centro profundo, me advierto en la frialdad, en sudor desvanecer, y en vapores destilar. Ay infelice de mí! Tente, mi bien. . Dónde vas? A morir, donde no vea de mi muerte la senal en el agua. Id con él todos, diciendo, en su ceguedad: Ay, ay, que es pena la ventura. Ay, ay, si no está segura la felicidad. En su seguimiento iré, por si pudiere estorbar su desdicha. Y en su alcance, repita la suavidad: Ay, ay, que es pena, En esta desierta Playa, donde un Escollo eminente le sirve al Mar de Atalaya, y de espuma a la alta frente, en hombros del viento raya. Mi amor, pretendo sacar de sus ocultos retiros, donde pueda respirar; y el Aire de mis suspiros será borrasca del Mar, sobre la eminencia suma de esta roca singular, donde es verdinegra bruma; en mil pedazos de espuma, bramando se rompe el Mar. Mi amor descubrir desea el golfo, porque atalaya lince mi esperanza sea, por si a encender esta Playa sale del Mar Galatea: Escuchen, atiendan, que es la Fiera el Amor, que vence las Fieras. 4. Ay como gime, mas hay como sueña, el remo a que nos condena el Niño Amor, Clarín, qué rompe al albor, no sueña mejor. . Sí sueña mejor el tarara, que rompe los Aires, inspira en gorjeos, cadencias de Amor, no sueña mejor, si sueña mejor. Pues llegando a la orilla, entre Alpes, y entre brumas. rompensolas, y espumas los remos, y la quilla, ya que a tu pie se humilla la Playa más serena. Ay como gime. . Mas hay como sueña. 4. El remo a que nos condena el Niño Amor. Clarín, que rompe el albor, no sueña mejor. . Si sueña mejor, el tarara, que rompe los Aires, inspira en gorjeos, cadencias de Amor, no sueña mejor, si sueña mejor. Ya que en la espesura fría es del viento inspirada la Góndola dorada nadante Galería, pues el remo porfía a embestirla en la arena: Ay como gime. . Mas hay como sueña. 4. El remo a que nos condena, Marmos Ruy. Señores, si no dulces sonoros, sueñan leños canoros los remos gemidores; y pues con sus rumores acompañan mi pena: Ay como gime. . Mas hay como sueña: 4. El remo a que condena, Pues la Barquilla ahora grme nuestros lamentos. en rústicos concentos urna será canora; y pues mi voz sonora el Mar, y el viento enfrena: Ay como gime. . Mas hay como sueña. 4. El remo a que nos condena el Niño Amor. 2. Clarín, que rompe el albor, no sueña mejor. . Si sueña mejor, el tarara, que rompe los Aires, inspira en gorjeos, cadencias de Amor. no suena mejor, si sueña mejor. Dioses, qué es lo que veo? parece desvarío, y por consuelo mío, lo que miro aún no creo. 4. A tierra, y pues mi empleo mi albedrío enajena: hay como gime, Ah de la Playa? 4. Quién llama? Oíd, escuchad mis tristes desvelos, mi fiero dolor, que quien fue Fiera de Amor ha de ser Fiera de Celos. Piadosos Cielos, qué veo? Injustos Hados, qué miro? Viva estatua soy de hielo. Inmóvil la planta animo. Oh tu advenedizo Joven, que loco, y desvanecido te atreves a ser dichoso, donde es la dicha delito, en qué confianza has hecho tan grande traición conmigo? Oh como vives, teniendo a Polifemo ofendido? Mas como siempre persuade el influjo al precipicio, siempre da para los riesgos fatal valor el destino: por vengarme de esa ingrata darte muerte solicito, que Amor en sus iras, hace fineza lo vengativo. Bárbaro, Monstruo cruel, baja, y verás que te quito, que sea lo formidable consecuencia a lo atrevido; Sin valor para vivir, sin temor para el peligro, mi vida amparo en la muerte del susto de un vaticinio. No aguardan tanto mis celos, Huye, dulce Dueño mío, Acís, huye los rigores del fiero Monstruo abortivo. Qué he de huir, donde tu miras, ni hacer cobarde lo fino; cansado ya del temor ansioso estoy del peligro. Pues desgajando a esta roca a violencias de mi brío, la punta que la corona pardo del Mar obelisco, despedida de mis brazos sobre ti la precipito, aún tiempo sepulcro, y muerte volante te da este risco: muere a mis furias. Ay triste! Piadosos Cielos, qué miro? Traidor mas torpe la lengua, y aún el aliento remiso, el que gasto en lo que hablo, me falta a lo que respiro. Galárea? Galatea? Planetas, Astros, y Signos, Luna, Sol, Montes, y Valles, Mares, Atroyos, y Ríos, que visteis mi afrenta todos, mirad también mi castigo, mi furia, mi horror, mi rabia; todos me sed testigos, que quien fue Fiera de Amor, Fiera de Celos ha sido. Que quien fue Fiera de Amor Fiera de Celos ha sido? Este Oráculo del viento, parece, que habla conmigo. Y pues en Glauco no tienen todas mis iras dominio, por tener de aquellas flores el ramo preservativo, en Scila mis iras muestre. Atiende, infeliz prodigio. Vuelve, beldad despreciada. Mas, pues a los dos he visto, empiece aquí de mis rabias el veneno más nocibo, inficionando las aguas; desvanezca de ese risco la machina, que del tiempo yace bárbaro edificio esa roca, vuele a ser de los vientos desperdicio; porque un racional escollo, pueda ocupar su vacio: muere, tirana. Qué es esto? Valedme, Cielos Divinos! Huye, Scila, Circe, tente. En vano la planta animo! mas a sus iras será el Mar sagrado de vidrio. No imagines, no, tirano, que tus brazos no deshizo por tu violencia, sino porque a mi loco delirio, el que es de la lucha abrazo, le parece del cariño. Pues suelta, suelta, que Scila, ya en el centro cristalino, Tom. Il segura está. Ay, que no sabes, que mi Ciencia ha pervertido en su daño sus cristales, a fuerza del Artificio. Ninfas del Mar, recibidme; mas ay! que a lo fugitivo, a pesar de mi ardimiento, un hielo la calza grillos. Dioses, qué es esto? parecé, que en mármol endurecido se me transforman las plantas; con que pereza respiro! El pecho me cubre un hielo; con que a pesar de mis bríos, quedo entre pasmos de nieve, vestida de un mármol frío! Las palabras se endurecen, y si la queja repito, de la garganta a la voz, se me cuajan los suspiros! Qué haces, tirana Enemiga! Vengar los desprecios míos. No podrás, que yo a las hondas arrojarme determino en su socorro. Es en vano. En este mortal conflicto, mi bien, mi señor, mi dueño; con cuantas ansias lo digo! Dame los brazos; mas ay! que congelados los míos en pardos escollos, donde el Mar conciba bramidos, ya muero, y ya por la boca, vertiendo el alma en delirios, y en pedazos el aliento, ha trocado, o dividido. cubre mis ojos el sueño del último parasismo. Ya convertido en Escollo su hermoso bulto divino, él mismo ha sido el cadáver, y la sepultura él mismo; tirana, si te vengaste de mí en el afecto mío, de ti en mí, y en tus afectos, también a vengarme aspiro; y así, pues la vida sobra, en esta tumba de vidrio, a sus pies me dará el Mar monumento cristalino. Muere, pues murió mi afecto; y así, cumbres, valles, riscos, arroyos, plantas, y flores también me seréis testigos, que quien fue fiera de amor, fiera de celos ha sido. Tente Monstruo, aguarda, espera mas ay Dios! que de un delirio, a pesar del sentimiento, vuelvo a cobrar el sentido: Acís, mas ya del escollo, adonde quedó oprimido, arroyos de sangre bordan de Corales estos Lirios. En su reciente humor quiero trasladar al pecho mío, cuanto ardor imprimir pudo en su sangre mi cariño. Mas ya del raudal purpúreo, con precipitoso ruido, se vuelve en líquida vena de aquel Escollo pativo. Aguarda, y advierte, que Amor ha querido, borrando lo fatal, premiar lo fino. Enjuga, pues, Galatea, de tu rostro en lo florido de los Áspides del llanto los furcos humedecidos. a Acís, por instancias mías, verás transformado en Río, que en líquido parentesco sus ondas mezcla conmino. Donde de mi fino amor, así en este curso frío, no podrá templar lo ardiente de mis ondas el bullicio. Felice yo, que a mis ansias tan dichoso fin he visto. Y Scila en ardiente Estrella se coloca en el Olimpo. Desde donde con mis rayos, si a las ondas soy peligro, pues doy al Bajel el riesgo, daré al Bajel el aviso. Y Glauco en mis Reinos tiene, imperio por Dios Marino. Dónde adoraré el Escollo, que ocultó mi amado hechizo. Y los Satiros, y Faunos por aplanso, y regocijo. Con las Ninfas de la Playa un báilete os prevenimos. Sea aquí, para que acabe lo trágico en lo festivo. Pues el festejo acabado, digamos todos rendidos. Que Amor ha querido, borrando lo fatal, premiar lo fino.