Texto digital de Fiar de Dios
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Martínez de Meneses y Luis de Belmonte Bermúdez
- Atribución estilometría
- Antonio Martínez de Meneses Probable yLuis de Belmonte Bermúdez Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Fiar de Dios. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fiar-de-dios.

FIAR DE DIOS
Ahora falta que don Luis, pues yo sé que ha pretendido a dona Clara, le dé la mano. Quién será digno de alcancar tanto favor? Vos, que lo habéis merecido. Pues esta es mi mano. Y esta es la mía. Abrázame hijo: Jesús que grande te has hecho. Don Luis habiéndome herido una noche, ya veis que no queda bien puesto el brío sin tomar satisfacción. Cómo fueredes servido, que aquí para todo estoy. Que os reportéis os suplico, pues tiene ajuste tan fácil, que es duelo mal entendido, que le haya donde no hubo, ni ventaja, ni motivo, mas que un lance casual, y fuera contra y s mismo p te equivoca armonía el juzgar que hizo el valor lo que la fortuna hizo; y a estar la causa pendiente pudiera haber algún viso: pero si falta la causa, casándose quien ha visto que competencias amantes no cesen cuando hay marido? Ea señor. . . Digo, que eso me satisface, y que amigo soy de don Luis. Y yo vuestro. Y tú qué dices Tobillo? Yo, que me caso. Pues yo también. Sea luego, que he oído el reloj, y dan las doce, y puede ser en perjuicio de la boda, a no apelar a otro reloj más tardió. Y aquí el Poeta da fin, y si es que os han divertido los Sucesos de tres horas? pide delimosna un victor. mi oído a esc icha allí indicios de tristeza, y así señas de alegría. Aquel un bien interpreta, y este anuncia un grave fin: sonoro ríe el clarín, ronca llora la trompeta. Dos tropas marchando veo, y a los ojos se suplica, una del despojo rica, y otra pobre del trofeo. Veloz la vencida, y tarda la que vence el suelo guella, como que huyemarcha aquella, y estotra como que aguarda. Placido son, y Adriano sobrino mío. . Mi amor, . si es Placido el vencedor, quedará desde hoy ufano? De su amor la competencia, quedará determinada, pues ya tiene declarada su fortuna la sentencia: el que venció sabio, y fuerte, hoy tu mano ha de adquirir, puesto que antes de partir se dispuso de esta suerte. A obedecerte señor; mi gusto dispuesto se halla, por sobrina, y por vasalla, que uno es lealtad votro amor: mi justo recato ordena este silencio advertid, mas si es Placido el vencido hallará mi propia pena: quien será el que mereciendo viene aplausos vencedores? llena estoy de mil temores. otra vez sueña el astruendo. s s, A ti divino Trajano. A tus pies César famoso. Yo Placido el venturoso. Yo el infelice Adriano. Llego en orden, bien regido. Vengo en tropel mal formado. Con el crédito apoyado. Con la afrenta desválido. Grave del parche el rumor, la voz del clarín gallarda. Ronca la trompa bastarda, desemplado el atambor. Lleno de todo blasón. Sin fama. Con atributo. Cubierto el campo de luto. Y de ánimo el corazón. Para mostraros quien soy, César, atento; en dos plazos, a Plaeido doy abrazos, la mano a Adriano doy; porque así premiados veo, pues los dos servicios son, en el vencedor la acción, y en el vencido el deseo. Y yo mis dudas crueles vencí, y pues ciertos están, también mis brazos serán. para su frente laureles. Dos triunfos he conseguido, pues cierta esta dicha tengo. Dos veces vencido vengo, pues a Teodora he perdido. Placido venció la empresa; es mi amo, y en rigor, pues voy tras el vencedor seré de segunda mesa, y aunque no es a mi medida, por su criado protesto, que esta victoria me he presto que el deshecha por traída entre otras, que ser aseos de una familia copiosa pueden, que tienen famosa recámara de trofeos. Por tal dueño es bien confiese, que el criado honores cobra. Un pie me basta, y me sobra, déjame que se le bese: pues dando a su fama asuntos, quien César del mundo es, para todos tiene pies aunque calce pocos puntos. Queréis ya que soy el Juez, que en ocasión tan forzosa vuestra discordia amorosa quéde resuelta esta vez? Eso es justo, si señor, mía la victoria ha sido. No ha de llamarse vencido quien se pierde con valor. Teodora es mi esposa ya, pues vencí. Cuando se arguya, que vengo por culpa tuya. . . Vencido no lo será: señor, mi disculpa advierte. Siendo el César sabio, y justo, para causarme disgusto no habrá competencia fuerte, la dicha yo he de adquirirla, Julio? . Señorm. Ve al instante CIRVC Con doce mil caballos, que dite denco, llegué siguiendo el norte de tu idea al Eúfrates dragón, que corpulento se arrastra por la Siria, y la Caldea, hasta que muerde a Babilonia hambriento, y enroscándose en ella la rodea, con tan estrecha acción, que mal seguro las escamas se roza con el muro. Vi en un monte, pirámide de flores, cuando el alba a vencer sombras venía, a ese quinta, que distante tengo de Roma una milla, y avisa que presuroso partirme a su sitio quiero, que intento si como espero de Teodora soy esposo, llevarla allá, con licencia del César. . Al punto iré, y con Silvia ajustaré ciertas cuentas de esta ausencia. . Para saber cual me obliga con derecho aquí más llano su estrago cuente adriano, su triunfo, Placido diga, pues en duda tan notoria veré con discurso atento, si hace aqueste vencimiento, perjuicio aquella victoria. Venceré sus restitencias. . Apoyaré mi razón. En Adriano ya son en vano estas diligencias. Placido hable. Aunque me queda por triunfador (como arguyo) ese honor, por deudo tuyo: que Adriano me preceda es justo. . Pues diga en tanto que nuestra atención desvelo. Pues atendedme, que el velo corro allienzo del espanto. soepó ii del Persa el campo lleno de colores, que ella manchaba, y el amanecía, pues escuadras formaban los albores, y el ejército, cielo parecía, cada arrebol porpúreo era un plumaje, cada bonete bárbaro un celaje. Con su escuadrón de apie, con ser preciso, no me seguía Placido, y yo viendo que polvo de sus tropas no diviso, ni de sus cajas oigo el ronco estruendo, me resuelvo a embestir, que si él remiso se conformaba mal a irme siguiendo por las ideas de su amor inormes, yo, y mi valor, ya estamos conformes. Mandó tocar al arma, y acosado del militar rumor huyó el sosiego, que aunque por boca de metal helado, el clarín persuadió con voz de fuego; sagaz el Persa, apenas provocado, cuando cobarde volvió el rostro, y luego tras aquellos milanos, que asía en pluma, fueron sacres las Águilas de Numa. Verde Islaforma el río con torcidos lazos, porque la edad no los disuelva; pues como por allí con más crecidos raudales, sin que planta; o tronco, absuelva, va entrando a saco, términos floridos recela la venganza de la selva: y por guardarse más cubre su espalda con aquella corteza de esmeralda. Nuestros contrarios pasan con ligera fuga, ocultando bárbaros designios, hasta la Isla, desde la ribera, por un puente que hacían bastos leños, quiero arrojarme a él, y ellos confiera rabia, muestran valor, que eran ya Islenos, y les daba a escoger el furor mío, sin paso el puerto, o con la hondura el río. Pero apenas mi tropa pisa el puente, cuando su tosca fábrica rechina: y hombres, y troncos, al veloz corriente caen hajando la pompa cristalina; Capa Grande Trajano, a quien da fama el bronce, honor el jaspe, patria España, feudo el mundo, Roma Imperio, laurel Dafne. Confiésote que Adriano correspondiendo a su sangre, en la vanguardía marchaba; pero aunque bien distante, con la vista, y el oído, iba atendiendo en su alcance: sus caballos, y clarines, formando al equivocarse: unos en la tierra acentos, y otros guellos en el aire. Mas yendo su gente en brutes veloces, que al engendrarse su curso al viento le beben, la falda al Besubio pacen: no la alcanzaban los míos, pues apie marchando es fácil que áspero monte los lisie, o muelle arenal los canse. aquí el estrago fue, pues brevemente para pintar la trágicaruina, con el rojo color de los granates, sirvió de inquieta lamina el Eufrates. Arrojome yo al río en un ligero bruto, de blanca piel hermoso, y fuerte cisne de aquellas hondas extranjero, pues a relinchos secan solamente: o embarcación veloz llamarle quiero: ved si en tan duro trance de mi muerte, se fue apique el bajel, el casco roto, cual quedaria naufrago el piloto. Mas aunque con sus flechas puebla el viento el Persa victorioso, y alentado, sobre la tabla de mi propio aliento, tomé puerto, vencido, y derrotado, y peregrino, al son del bronco acento, perdido tu guión, mi honor postrado, llego a tus pies, donde con causa alguna mino a Placido aún más que a mi fortuna. Si bien la causa más cierta es, que no quiso aguardarme Adriano, por juzgar, que si yo llegaba a darle socorro, y con él vencia, partía el triunfo en dos partes, y neutral entre los dos se quedaba como antes la hermosura de Teodora; y así quiso por librarse de contingencias vencer por si solo; ahora dame breve atención, y sabrás que yo con cuerdo dictamen atendí, solo al suceso, ya que de Adriano sabes, que las leyes de soldado, confundió con las de amante. Con mi armada infantería salí de un bosque tan grande, y espeso, que aunque el Sol siempre con sus barrenos trabaje, es imposible que nunca, o le yenda, o le taladre. Comencé a marchar a tiempo, que del negro horror la imagen, sus caballos sobre el mundo, destroncados, los esparce; y aún no bien pasé la rasa. campaña, cuando marciales ecos escucha mi oído de algún reñido combate, a mi atención prevenida, rota de puro encontrarle: al pasar por tantas peñas. llegaba la voz del parche, Grande confusión se via, y con la noche a la parte entraba el polvo, pues hera segunda sombra del aire. En un ligero caballo veo un Romano acercarse, que su mi ma diligencia pudo a su peligro hurtarle. Y entendiendo de su aviso el secreto lamentable de Adriano, sin que un punto su tragedia me desmaye, con deseo de encontrar al Persa, paso adelante, por saber que ganancioso estaba, que cuando trae el enemigo adquirida mucha fama que quitarle, puede andar licitamente muy codicio so el corale. Hallele, pues, que orgulloso tremolaba, y arrogante si débiles con el tiempo fantásticos taferanes. No quise embestille entonces, por ver que en aquel instante declarada ya la noche, venció las neutralidades, Y por estar más seguro de sus designios sagaces, de la tienebla ayudado, empecé a desalojarme de aquella estancia, y pasando: la palabra de que marchen los solda los a la sorda, incorporando bagajes, y carros, con las banderas, cuanto pude retirarme al bosque, de donde había salido dos horas antes. Supe alsí, que el enemigo. se alojó de esotra parte del río, pues aunque corre tan hondo, a los naturales les hace (el difícilvado) su misma experiencia fácil. Viendo yo que no tenía para pasar sus raudales, ni guía, que me asegure, ni puente que me aflance, por estar el mismo bosque tan vecino del Eufratres, que lava en él las raíces, que revienta por su margeni Con seiscientos gastadores corté cuantos vejetables cuerpos tuvo su espesura, de fresnos, pinos, y sauces: los troncos cayendo al río iban, y al precipitarse os recogia en sus hombros, con que al tiempo que en fraganto: pira de jazmín, y rosa, Fénix el alba renace, hallamos tan sin cuidado de la trabazón; y el arte, formado un puente; por dondo con veintey dos mil infantes pasé a dar los buenos días al Persa, que a saludarme ambió un dilubio de flechas, siendo cada una antes de salir del arco astilla, rayo ardiente al dispararse, pájaro al cortar el viento, y en llegando al pecho áspid. La bárbara muchedumbre, ya para el sangriento trance, sobresaliendo lo rojo de sus tocas, y cendales, se empezó a mover del modo, que turba su pompa frágil, vulgo espeso de amaposas, del campo flores alarves, que traviesas, y asustadas, del viento al menor envate, unas con otras sacuden sus carmesies turbantes. Su caudillo, que era Asirio, valiente envistió delante, sobre un morcillo carbón, con qué pretendió abrasarme, pues para encenderle fueron centellas los acícates. Pero yo enntinrando un fresno en su acercado remate: salí a reciville osado, y por estar de rozarse deslucido ya el matiz, que el múrice la reparte la grana de su almalzar la retiño con su sangre. En viendo los Persas muerto su General, al instante por la espaciosa campaña. augitinos se reparten, y nosotros admirando, que pretendíán cobardes dar con solo un accidente asunto a muchos desaires; fuimos en su seguimiento hasta los muros, gigantes. de aquella Ciudad, adonde la gran Semíramis yace. Y viendo que para darlos. ayuda, las puertas abren, apresurando mi gente, pude sin estorbo entrarme tras ellos, y verme dueño de una población tan grande. Cante victoria en tu nombre, y entre muchos memorables despojos, que quité al Persa; gané el Cesario estandarte, que perdió Adriano; siendo cuvivalente rescate mi valor para librar sus Águilas Imperiales. Dejé puesto en Babilonia presidió, y de militares aclamaciones, honrado salí de Asiria en las naves, que hallé en el puerto de Tiro; y llegué con favorable viento, a la playa Romana, donde recogí el velamen. Esta ha sido mi victoria, y todas las que me aplauden, de Partos, Medos, y cuantos ay desde el Nilo hasta el Ganjes. Y desde el Rodano al Ebro, las que conseguí en ultraje del Cristiano; pues a Europa tengo bañada en su sangre. Todas invicto Trajano, te las pongo por delante, para que en esta ocasión más obligado te halles a cumplirme la palabra: merezca a Teodora, alcance mi feo la mayor victoria, para que mi frente enrame el laurel, que cultivó la esperanza, y porque enlace. blando yugo nuestros cuellos, que será premio bastante sola una palma de amor, a tantos triunfos de Marte. La sangre me incita en vano; pues teniendo tal razón Placido en esta ocasión; no es mi sobrino Adriano: él cobró el crédito mío, O si hablase en mi favor! Qué aguarda el Emperador? Pues duda, no desconfío. Placido? . Señor: Yo quiero cumplir lo que prometí. Qué escucho! Amor, yo vencí. Repara señor primero. Qué dices? . que así se ciegue, cuando a desdenes le abraso? Qué hace de ponerse al paso, porque mi dicha no llegue. . No hay hombre que le abentaje en la hacienda que atesora. Es tu sobrina Teodora. Y él es de ilustre linaje. Qué ha de ser? Esto es preciso, y que así lo entiendas quiero. Este es el rayo primero que mata con el aviso. Teodora, hoy quieren los Cielos que a Placido des la mano. Justo te muestras Trajano. Eso no dirán mis celos. Para darte en vez de palma cuanto valgo, y cuanto soy, es la mano que te doy cifra abreviada del alma. Desde hoy; en suerte no adversa nos ciñe apacible lazo. Que para tan breve plazo me diese la vida el Persa? Con lo que intento, seguro viviré en mi nuevo estado? (Señor) ya que me has premiado, con tu licencia procuro llevar (puesto que conoce su amor, que el alma la adora) fuera de Roma a Teodora, para que posea, y goce mi hacienda de campo rica, que culpa mi larga ausencia, pues del dueño la presencia las cosechas multiplica. Ya que así me persuades, justa la licencia es; vamos al Templo, y después que ante las Sacras Deidades devotos efetuéis las ceremonias forzosas de vuestras bodas dichosas, partiros luego podréis, verás Placido lograda de esta suerte tu intención: descanse un rato el bastón, cuelga entretanto la espada, que contra el rebelde aliento que el Cristiano otra vez toma, las dos Águilas de Roma graves trémolan al viento. Ya sabe esa pertinaz doctrina, y bárbaro error, que soy su perseguidor. Blando yugo os junte en paz, y en recíprocos desvelos vuestro amor los siglo cuente. El Cielo tu Imperio aumente. Qué se va, mas justos Cielos! como si me mata el fuerte mal de llegarla a perder, que quita la vida el ver que se me ausenta mi muerte? Ea dignas esperanzas, a lograr, y a conseguir. Amor vamos a vivir. Celos a trazar venganzas. Ven Teodora. En mi poder fío. . Vamos soberano dueño. . Con esto Adriano sabrá enseñarse a vencer. Yo camino al venturoso estado que el Cielo ordena, Yo a la dicha. Y yo a la pena, que es la patria de un celoso. Que con Tirso aquel salvaje, en mi ausencia te entretienes? Cómo de la guerra vienes, muy roto traes el lenguaje. Si serompen los que ruedan el mundo, y le van a ver, también se saben romper las que por acá se quedan. Con duda tan declarada, muy mal pagado se ve lo que al partirte lloré, Silvia, la mujer taimada, que entiende cualquier guarismo teniendo con fraude, y dolo, uno que piensa que es solo, y otros dos que creen lo mismo. Si llora; por dar sospechas (al que se va de leal, para ganalle el caudal juega con lágrimas hechas. Tu llanto, con cuyo alarde. te mostrabas compasiva, no era sentir que me iba, si no que me iba tarde. Cualquier discurso que toco, me advierte que me engañaste, yo confieso que lloraste, pero lloraste tan poco, que al empezarse a enturbiar despidiéndose de mí tus ojos, yo no los vi llover, si no lloviznar. Y mucho a Tirso le debes, supuesto que serenó lo que mi ausencia anubló: y pues que aclaras, y llueves todo junto, como infiero en el instante menor, lo mismo es creer en tu amor, que en un día de Febrero. Yo agraviarte con ingratos términos, falsa, y perjura, con otro, soy por ventura mujer de tan malos tratos? Silvia el tener afición a muchos, no es culpa en ti, que haces quitada la,, Silva de varia lección, mas que mi buen celo arguyas quiero en casos semejantes, goce Tirso mis vacantes, que yo gozaré las suyas; que aunque poseyendo esté al volverte yo a cobrar, tan Silvia te vendré a hallar, como cuando te dejé. Pesado estás. . Tu ligera. Pero que nueva alegría altera la Caseria? De una carroza, galera terrestre, o veloz canoa, que con dos remos por banda, no sé como vuela, y anda pues trae sus vientos por proa: Placido con su querida esposa se apea. . Y ya con la música les da el campo la bien venida. Este prado que Flora autoriza con pompa gentil, su florido imperio eterniza, pues hoy le matiza de colores mil la bella Teodora; de la tierra Aurora, y del Cielo Abril. En vez de augustos honores, con rústicas alegrías Reina de estas praderías te aclaman mis labradores, y del mundo tu beldad desde hoy el Laurel tuviera, si de deseos hiciera Imperios la voluntad. Mas ya esposa que carezco de Cetro, y Corona alguna, lo que me dio la fortuna en esos campos, te ofrezco. Las vides atiende allí, hoy fruta, y después tesoro, pues rinde líquido el oro, y dan potable el rubí. Las mieses, cuyas lucientes espigas, en tu presencia, por hacerte reverencia, bajan sus doradas frentes. Los dulces, rabios licores, que son con registros vivos, de corcho en huecos archivos la hidalguía de las dores. Mira el ganado que marcha tan espeso, que no en vano piensa equivoco el Verano, que no es vellón, si no escarcha. En las ramas te presento de esa verde población, lo que para admiración es más que para alimento. Tendrás de aquel bosque inculto el animal que arma sabio de alfanjes corbos el labio, de parda carroza el bulto. Y el ciervo que al viento apuesta siendo pintada, y gentil, si su piel, prado en Abril, monte en Diciembre su testa. Verás que entre ovas, y lamás al río en su fría alcona, pirata la red le roba plata embreada de escamas. Las aves a volar hechas, veloces no las presumas, que aunque se vistan de plumas, hay plumas para las flechas, Y tendrás, señora, en fin, en uno, y otro vergel, apasionado el clabel, enamorado el jazmín; pues son suspiros también sus fragancias olorosas; conque a las vecinas rosas publican que quieren bien. Señor, en más digno empleo es para mi posesión de mayor estimación la de tu mismo deseo; aunque admito satisfecha en dulce nectar la flor, el grano en líquido humor, el trigo en fértil cosecha, el ganado en res copiosa, la fruta que el ámbar huele, la caza, y a corra, o vuele, el pez, el ave, y la rosa. Iré a ver, con tu licencia desde ese monte cercano cuanto he referido ufano. No sea larga tu ausencia. No la nombres de esa suerte, una breve dilación será, que en esta ocasión siendo ausencia fuera muerte. . Dale tu mano en quien arde la nieve a tanto lucero, a Silvia, hija del casero. de esta cuenta. Dios te guarde. Silvia. El valle está contento de que tu luz le dispensas. No sabes que en las ofensas, se engendra el atrevimiento. Si vuelve Placido. Traza aparente mi amor tiene para la excusa, pues viene el Emperador a caza, y que avisarle he querido diré demás, y que en volviendo; que no me vea pretendo, que aunque inferior es marido. En la huerta se han entrado dos hombres. . Adónde vas Adríano? vuelve atrás, porque el camino has errado, pues tú incrédula torpeza con pasos de ceguedad busca la facilidad, y aquí vive la firmeza. Diciendo mi queja impía, quiero pues la causa fuiste, ver si se puede por triste mover, ya que no por mía. Placido me dio su mano, y yo la mía le di, con que el honor selló en mí su carácter soberano: y aunque tus quejas me piden, que oiga sus voces violentas, no es posible, pues atentas nuestras dos manos lo impiden, que como estamos unidos con la que me dio fiel, y la que yo le di a él, me tapo ambos oídos. Pues para que nunca dudes Teodora de mis rigores, ya que no me das favores, pretendo darte inquietudes: inmediato vengo a ser al Imperio, y es Trajano mi tío. Poder humano, contra el honor no es poder. Yo haré del mío experiencia; Qué has de hacer? Verás que osado lo que no debí al agrado, se lo debo a la violencia. Mas corre al rigor los velos, y harás dichosas mis penas. Cielos! qué es aquesto? apenas venturas cuando desvelos! quiero escuchar mientras rema, en cruel golfo mi derrotado bajel. Cuando en tus rayos se quema el pecho, este premio alcanza? El resistirme es empeño. Ya en favor del pobre leño, un poco el mar abonanza. En mí la porfía es ciega. Y en mí el blasón más horoso la estimación de mi esposo. Ya viento en popa navega. Yo sabré trazar su daño. Yo guardarle eterna fe. Ya descubre tierra, y ve el farol del desengaño. Que a persuadirte no acierto. Daré de honrada primicias apesar del mundo. . Albricias, honor, que ya entró en el puerto; volverme, y dar señas quiero de que vengo, pues es llano irse oyéndome Adriano, que pues el honor que adquiero en la primer prueba fundo, a ella no le doy lugar, para que pueda dudar en el examen segundo. . Sin que puedas estorbarlo, sendas mi amor abrirá Por eso las cerrara mi honor. Tenedme el caballo. Este es Placido, y por ti podré retirarme yo a esotra cuadra. . Eso no, mi esposo ha de verte aquí, que oculto al recelo ayuda quien visto ha de ocasionar, y más le quiero obligar al empeño, que a la duda. Teodora? . Señor? Que aún no se ha ido, ya es despreciarme: Adríano, pues tú ahonrarme? Trajano a caza salió, y porque estés avisado tomé esta breve fatiga. Con su disculpa me obliga a parecer reportado, y más estando presente mi esposa. El verme ha sentido, pues sin voz ha enmudecido. Su enojo encubre prudente . más voyme, por si previene decírsele cara a cara, que aún de oírle me agraviara: puesto que Adriano viene, porque tu amistad le incita, a mi cuarro voy señor, que a ti te toca en rigor el recibir su visita, Dices bien (que cuerda ha estado) Para creer que libre estoy lo mismo es saber quien soy, que si me hubiera escuchado. . otra industria es importante para asegurarle más: parece que a entender das Placido con el semblante que te ha disgustado el verme aquí, cuando por juzgarte mi amigo, he venido a darte este aviso Ya ofenderme puedo, pues me da ocasión con decirme lo que creo: yo te agradezco el deseo, más culpo la presunción; pues a juzgar poco sabio, aún decirlo es desairarme, que humana fuerza agraviarme pudiera, mas qué es agravio? Hablé con término injusto, si creyera, si pensara que hubiera quien disgustara mi sosiego, qué es disgusto? Herror fue del pensamiento; si se atreviera conmigo solo a intentarlo, que digo? Aún es ofensa el intento: viven los Cielos que hiciera en mí su riesgo seguro, y otra vez por ellos juro, que al que profano ofendiera estas paredes bizarras que al tiempo hermosas asisten, pues de mármoles se visten, y se tocan de pizarras: estos techos, que aunque mudos dan de mi nobleza avisos, ya el sincel habla en sus frisos, o el buril en sus escudos, antes de salir de aquí con su sangre lo manchara, y a ofenderme te matara a ti también. A mí? A ti, que al que osado estima en poco este padrón, que honra el viento si su mismo atrevimiento Dédalo soberbio, y loco, que en los peligros no teme: fingidas alas le dio, sabré cortárselas yo antes que el Sol se las queme. Por si acaso has disparado ese arpón contra mi esfera, yo por mí; y porque me espera de Roma el laurel sagrado, en tu casa, aunque blasones. las obren como tú piensas, no solo no causo ofensas, pero doy estimaciones; y no es vanidad la mía, pues para cualquier trofeo, que diligencie el deseo; o que emprenda la osadía, el pensar es vituperio que otras alas he buscado, cuando las suyas me han dados las Águilas del Imperio. Con que hasta el cielo temido del poder, sabré volar, donde hay rayos que arrojar contra el que fuere atrevido. Ya en vengar su impulso tardo. Este lance es el que quiero. Pues me provoca a qué espero? Pues me ocasiona a qué aguardo? Yo en mi brazo fío: Tienes hechas pruebas mi valor. Pues esta El Emperador. Gran honra. Digo, que viene a caza por esos cerros, con sus perros atraillados, que unos con otros atados parecengatos, y perros. Que así se haya dilatado la venganza de mi injuria. Que para estorbar mi furia entrase aqueste criado. Pues Adriano disponte a que vamos a encontrarle, en el monte he de matarle. Darele muerte en el monte. Julio mi enojo no entienda. Disimular determino. Yo salgo al real camino. Y yo tomo aquella senda. Castigue tanta locura. Vengue mi celosa pena. Dónde aguardo? El puesto ordena. Pues al bosque. A la espesura. Toma el caballo. Hoy venció mi enojo. Hoy muere el cobarde. Guiete el cielo. Él te guarde, para que te mate yo. Voy tras ellos, que a entender me dan, aunque lo han callado que aquí el disgusto han sembrado, y allá le van a coger. Ya el jabalí cruza el monte Ataja hacia la maleza, que según el viento pisa, mas que animal es comesa. Desde la región de un risco todo el boscaje penetra el bruto rayo, que espuma éxhala en vez de centellas: pero ya él lebrel manchado, que antes gemia en lacuerda, mas que los otros le sigue, calzado el pie de prestezas, ceñido el cuello de puas, armado el labio de presas; ya parece que acosado busca sagrado en las peñas: y así porque le atajemos, prevenid todos las flechas, y al encuentro le salgamos: y el que pudiere le advierta a Adriano cuando llengue, que me siga por la senda del bosque. Aunque yo lo escucho el aguardar aquí es fuerza a mi contrario, pues ya atadas dejo las riendas del caballo en aquel tronco, mas ya presuroso llega Placido, y para buscarme ligeramente se apea. Pues nos encubre Adriano aquesta verde trinchera de esmeralda, que abrió el Mayo, por fortificar la selva: de la lengua la arrogancia remite a la diligencia de la espada. Eso deseo. Entre aquestas árboledas se emboscan. Esto es, que vienen siguiéndonos ya. Pues entra tú por ese laberinto, que ha enredado la maleza del monte, que yo te sigo en sabiendo que se alejan. Menos estorbo hallaremos así. Luego doy la vuelta. Para lograr mi venganza es más remota, y secreta aquesta parte del bosque: mas penetrar su aspereza tan intrincada, Adriano no ha de poder, y así es fuerza para salir al camino volver a cobrar la senda, aunque el Sol quiere ponerse: hacia aquel rebazo sueña el estruendo de la caza. A tan espanto a fiera alcanzarla no es posible, que atrás el viento se deja. Ruido siento entre las ramas debe de ser que se acerca mi enemigo, pues el brío, y la espada se prevengan. Mas viendo un ciervo enramado de puntas, me elevo en el vejetativo bajel es de jarcías, coronado del Dios que persigo osado. en su frente la figura veo, y mi discurso apura, que labra en sola una pieza la vasa naturaleza, y la imagen la escultura. Como tiemblan a mi voz las aras de ese, que ignora mi fe? por librarse ahora, su cruz funda en la feroz testa de un bruto veloz: ya aunque al cielo que contemplo me atreva con duro ejemplo, al quererle derribar, como alcancaré el Altar siendo fugitivo el Templo. Luego si halla resistencia en tan adversa fortuna, ya va descubriendo alguna vislumbre de providencia: y quien hace, que en prensencia mía el animal aguarde, borrara con nuevo alarde en mí las señas de infiel, pues pado quitarle a él los resabios de cobarde, Adore este coronado Rey, que mostrando seberos en ojos, en vez de archeros viene de ganchos cercado: sino es que me ha presentado (sabiendo que le persigo) la batalla, y trae consigo de picas ese escuadrón, para que las armas son si se rinde el enemigo? Halla el más viejo anima! de esa especie, en los ganchosos números de sus copiosos años la suma cabal; mas tú por ser inmortal, sin cuenta a tu frente añades el que autor de las edades las cifra en ti todas juntas? y ansi no suman tus puntas lustros, si no eternidades. Mas bruto veloz, porque me dejas tan presto? espera. como es viento tu carrera cuando ya es fuegó mi fe? pero yo atrás te dejé, aunque tu igualas al viento, que puesto que alcancé atento al Dios con que ufano vas, en menos distancia, mas corrió mi conocimiento. Qué haré, que ya con la fría noche el mundo se cegó, y el Sol para mi salió, cuando a otros se muere el día; aguardaré la porfía de Adriano; mas si he visto la nueva luz, que conduisto porque tan remiso estoy? buscando el Bautismo voy para Confesar a Cristo. JORNADA SECUNDA Teodora? Placido, que te cansas en porfiar, mis dioses he de adorar, y entrega al tuyo tu fe, que son pensamientos vanos, que tenga culto debido un Dios que no es conocido entre los Dioses Romanos. Perdona justas licencias, y advierte que los sentidos de la urilidad vencidos estiman las experiencias. Apolo ese Dios luciente, que por nuestro bien camina, siendo su estación divina. salud de la humanajente, da en cada rayo un tesoro en nuestra común fatiga, el rojo campo lo diga, sazonando espigas de oro: y para el comercio humano en divtintos Horizontes, vuelve el alma de los montes rubio metal grano agrano. Baco en pan; panes opimos, si de su poder teríes, da colecha de rubies de sus dorados racimos. Flora, porque más te admire, hace en suaves olores monumentos de las flores adonde el Fénix espire: y si en su muerte olorosa las aromas escogiera, por calámbucos pidiera los capillos delarosa. Si efectos tan claros ves, y el Dios que tu pecho abona da espinas en la Corona, y da clavos en los pies, y esto lo advierte el sentido de ese Dios que has confesado, que aunque fuera imaginado me diera horror lo creído; como tu engaño desea que nos perdamos los dos, si los bienes de ese Dios no hay sentido que los crea? Si me tuvieras amor como Dios manda, perfecto, tuvieras mejor concepto de lo que te esta mejor. Aunque te estimo Teodora, por tu agradable hermosura, otra belleza más pura es la que mi pecho adora. Tu alma imagen de Dios adoro, mi amor advierte, porque viva de esta suerte amor eterno en los dos Ese Dios lucero ardiente que ve Regiones distintas, hace el mismo bien que pintas a los de ley diferente. Si le ultraja, si le adora el bárbaro más feroz, verás que en curso veloz le alegra, y sus campos dora. Pues si es repetida luz, sin premiar, ni castigar, y es luz que pudo eclipsar el Dios que murió en la Cruz, será su hermoso arrebol bello precursor que diga; que hay solo un Dios que castiga a los que adoran al Sol, Luz de Dios el Sol recibe, del solo es bien que la espere, y es turbarse cuando muere confesar que muere, y vive: porque acabarse, y morir sin majestad superior, no le diera al Sol temor para dejar de lucir. Mas confiesa la verdad, viendo que Cristo padece, y en cada luz que escurece pregona su eternidad. Pues si este Dios ultrajado por nuestra eterna salud, pudo en su misma virtud dejar al Sol eclipsado. Si tu Fe este bien merece, dime que poder tendrá si resucitado esta quién muriendo le escurece? A estas flores (dueño mío) blancas, azules, y rojas, que en las conchas de sus hojas beben al Alba el rocío, les dice esa luz vestida de resplandores tan claros, mirad que salgo a avisaros que debéis a Dios la vida. Y ellas que aliento reciben con cada nuevo arrebol, pasan más allá del Sol a confesar por quien viven. Dos hijos por prendas bellas de nuestro amor nos ha dado el Dios que yo he confesado, Dios del Sol, y las Estrellas. Advierte el bien de los dos, que sobre esas luces puras ofrece glorias seguras a quien le confiesa Dios. Confesarle, es merecer; sin fe, quién podrá gozar? La escala para alcanzar es comenzar a creer. Bienes ofreciendo estas eternos; pues dile aquí que me dé algunos a mí, por señal de los demás: que si estriba el merecer en llegarle a confesar, dile que me empiece a dar, y le empezaré a creer. Y pues tiene el bien sobrado, haganos bien a los dos, o pensaré que no es Dios quien se paga adelantado. Si en esos Cielos serenos tanto bien tu Dios guardó, para que aguarda que yo le pida, teniendo menos? Sabes que vengo a creer? Que tu Dios quiere sacar de lo que yo le he dar el bien que me ha de volver; conque la verdad infiero que necesita de mí, pues esta aguardando aquí a que yo le dé primero. Y si se compra el tesoro de los Cielos, con la Fe, con ella lo compraré de los Dioses que yo adoro. Perdone lo entretenido, porque en semejantes casos desterrar lo lastimoso fuera descortés agravio. Pierda el gracejo la voz, que fuera necio embarazo, cuando el dolor los ocupa que tropezara en los labios. Tus campos señor, o Cielos! si dividio vuestra mano la tierra del fuego, como son un elemento entrambos? Todos talados se miran al incendio de los rayos, pues con mayor monarquía el fuego en su Globo cuarto, que con tirano poder quiere elementos vasallos. Bajo a llevarse la sierra, y temiendo lo pesado, la ha reducido en pavesas, para que suba volando: tan polvo, y cehiza son, señor tus mieses, y campos, que es un dolor cada espiga, y una mememoria cada árbol. A los cuartos de tus casas, de Troya ardientes a magos, por huéspedes de apolento Salemandras les echaron. En los cedros olorosos, de tantos techos dorados, pudiera el Fénix caduco hallar últimos descansos. Mas aunque viviera el Fénix, solo pudieran hallarlo en la invencible paciencia con que tú me has escuchado. Y mis hijos? . Los pastores del incendio los sacaron, por dar a entender los cielos, que hay en desdichas milagros. Muda me tiene el dolor. Toma Julio, que regalos de Dios, se han de agradecer con las obras de sus manos; todo es de Dios, todo es suyo. Mira que soy tu criado, y nací para servirte. Pues esa lealtad te pago, con albricias de que Dios se acuerda de mí. Sitanto valor te dan las desdichas, corazón tienes bizarro para provar un donaire por falsa de tus trabajos. Perdiósele a un labrador toda la cosacha un año, y por consuelo un amigo le dijo, advertid fulano, que Dios se acuerda debos: y respondió despechado, en otra vez que se acuerde quedo destruido. Alabo el donaire, más condeno los pensamientos tan bajos, de quien tesoros divinos los busca en bienes humanos. Hay semejante locura! cuando tu Dios te ha quitado tantos bienes aún te excusas de la ocasión de llorarlos? Señor, lo que dejo el fuego no fue piedad, fue cuidado, pues pasando por el aire dio veneno a sus espacios. Tan inficionado queda, que parecen tus ganados. que respiran basiliscos, y todos se están mirando. Tan inmóviles los vimos, que presumen los collados para preciarse de montes, que son los toros peñascos. Tus blancas ovejas, siendo pura nieve por lo helado, aún no la derrite el Sol, porque ya la nieve es mármol. La que los cristales bebe, siendo las aguas contagio, por duro cristal de roca, vende sus bellones blancos. La muerte hambrienta, y feroz, siendo las vidas su pasto; disfrazada en los tomillos, dio acada pímpollo un lazo. Dice el encarecimiento viendo sin dueño un rebaño, como obejas sin pastor, y aquí pastores sobraron: tan suspensos, y tan mudos, que los montes largo espacio los juzgaron atalayas de los extranjeros campos. Tu caudal todo has perdido, y si alguno te ha quedado, está en poder del veneno, que lo volverá matando. Porque el monte, es prado, el tío guardan negros, y agoltados, la hierna, para tu luto, y el cristal para tu llanto. A ser yo tú, muy bien dices, pero yo Libio que alcanzo de qué brazo es esta flecha, de qué esfera es este rayo, doy gracias a su castigo, que aunque me tiene por blanco, veo lucirlo piadoso, aún más que lo soberano. Toma amigo este diamante, que con divino cuidado quiso Dios dejaro libre, porque yo pudiese darlo. Tú eres pobre, y aunque yo llego ahora a serlo tanto, lo generoso es muy presto, para poder olvidarlo. Que un bizarro corazón, hasta que mide los pasos del no tener, al pedir, siempre piensa que está dando. Con las razones me vences, aún más que con los trabajos, y yo pienso que son míos, pues me das para aliviarlos. . Esposa, voy por mis hijos. Llevales de estos regalos que te da tu Dios, a Cielos! si es vuestro poder tan alto, cómo permitís blasfemias? Pero ya las castigaron veneno, y fuego. Veneno, y fuego, qué dices? Pues te ves tan desdichado te digo que a donde has de ir, si has de llevar a tu cargo dos hijos, y una mujer, cuando en tan ilustres paños nacieron? Volvera Roma a los ojos de Trajano, César del mundo, y mi tío, la vergüenza, y el empacho de nuebras desdichas cierran a la nobleza los pasos. Parece que tus razones se las hurtaste a mis labios; eres cuerda esposa mía, y espero ver coronado de lauteles inmortales tu sufrimiento. Qué engaño tan visiblenadón de están los celebrados aplausos, mas de cuerdo que valiente, siendo en lacampaña un rayo contra bárbaros Asirios, que de tus armas temblaron? Ve Placido por tus hijos, y en viéndonos todos cuatro ticos hoy, mañana pobres, me dirás de cuya mano es el pincel que dibuja con tan infelices risgos la tabla más lastimosa que vio el escarmiento humano, Vos sabéis lo que me importa? Qué haré entre piélagos tantos de mortales confusiones? Dios lo ha hecho, y Dios es sabio, Julio, acompaña a mi esposa. Preciome de fiel criado. Condeiré abatida, y pobre? Oh quién templara su llanto! Conque tristezas me aparto. Aún no merezco pediros, señor, mas si pueden algo ruegos humildes, os pido. no que desatéis los lazos con que mi esposa me aflige, que sob fue justo, fue Santo, y su mujer permitisteis que fuese el mayor trabajo de los suyos, ella sola fue el contrapeso de tantos regalos como le hicisteis; de su alegría admirados, de su paciencia venditos, siendo vuestra vez sus labios. No pido que no me aflija, porque es perder un regalo que hicisteis a vuestro amigo, cuando yo quiero imitarlo; solo pido que os conozca, mas será un Polo contrario, que en llegando a conoceros, quien duda que llegue a amaros. Y si os ama, como puede negar, que no son regalos. los que me hacéis, encubiertos con máscara de trabajos? Y entonces si; claro está que iré diciendo, y amando: serán sus voces consuelos, serán sus penas alagos, alegrías sus despechos, y sus lástimas descansos. . Si es Corsario de este mar, cómo esperas del favores? De unos pobres pescadores que venganza ha de tomar? su poderoso bajel derrotó una trasmontana. Toda esta playa Romana está ya temblando de él. Favorable tiene el viento, y ya se quiere partir. Pues yo hasta verle medir con la quilla su elemento, no tendré el alma segura. Presto el temor te desmaya, el va saliendo a la playa, su buen trato me asegura. Mal podrás llevar despojos de hombres, que tan pobres ves. Sabes que venganza es de los mortales enojos, que me enseñó la crueldad contra Roma, y me aconsejas. sientan con mortales quejas, que en venganzas no hay piedad? Aquel Placido, caudillo. del fiero Imperio Romano, mató en Afiria a mi hermano; como podré repetillo sin un vengativo aliento? Pues rompidas sus banderas, sirvieron a las riberas del Eufratres, mas que al viento de alfombras, en sangre tintas: con que las manchadas flores, estragaron sus colores, que el Sol mostraba distintas; ya que en Placido no puedo vengar a mi hermano, sea en mí la hazaña más fea, quien dé a Roma espanto; y miedo. Que mará de este Horizonte todo albergue mi fiereza, que los labró la pobreza, con los tributos del monte. Que en el intento, que sigo? para lograr mi deseo fuera en el grande trofeo, y es en lo humilde castigo: estéis en buen hora. Seas tan bien venido señor, como merece el valor, con que tu persona empleas. Aprestado está el bajel, . harás lo que he pecvenido. Simple temorte ha vencido. Pues la causa es más cruel. Gielo, hay más que padecer! Hasta el nombre he de mudar, Estacio me he de llamar. Quién te podrá conocer transformado en tu castigo? La cadena que me dio a pobres la repartió; y no repartió conmigo. Treinta, o cuarenta eslabones siquiera, para alquilar, con que poder caminar sin saberlo los talones. Mas soy criado leal, su fortuna he de seguir, porque no puedan decir, que sigo lo general: pida porque es gente honrada salvo, mejor parecer. No hay más desdicha que ver! Adiós la paciencia agrada, si os mueve nuestra pobreza, que nos deis limosna os ruego, Que a tanta desdicha llego! No les pidas con tibieza. Tened piedad, pues la esperan mis dos hijos, y su madre. No serán los dos de un padre? En tu madre no lo fueran. Calla Julio. Un pescador te ha de estimar en tampoco, pues ya soy Febrero loco, mas con el mismo calor de Julio, vengan los dos, que han de ir sin piedad alguna a hablar mal a la laguna estigia, votado a Dios. Por ver pobre una mujer, hay quien sin honra la llame, en una mujer infame se ve porque puede ser. Mas tú siendo uno no más, y un imposible en las madres, tienes más de ochenta padres, que no se ha visto jamás. Qué hombre es este? Humor gracioso. Que no haya quien te sujete? Sí señor, mas lo pobrete no ha de estorbar lo brioso. Si hubiera un empeño ahora, cual me viera yo por ti! Denme de palos a mí, y hablen bien a mi señora. Sus palabras fueron vanas, que es un simple. Pues si es loco yo le haré. Mas me provoco con aqueste pesca ranas. Bueno esta, llegad buen hombre, que decís? o qué queréis? que todo favor tendréis. Dilate el Sol vuestro nombre por cuanto sabe alumbrar, que ya sé que sois el dueño de ese poderoso leño, monte en selva; y roca al mar. Tuve hacienda, y las perdí, y en tal estado me veo, que aún se acobarda el deseo de pensar en lo que fui. Los deudos ricos, y honrados que tengo, aunque poderosos, se han de ver cuando envidiosos, mas no cuando lastimados, Que los que están abatidos, vense un día agasajados, el segundo son cansados, y el tercero aborrecidos. Y así (con razón me fundo) en sus agasajos quiero excusar el día primero, por no esperar el segundo. Pobres como veis venimos. que el cielo así lo ordenó, donde nuestros deudos no puedan saber que vivimos. Si quiero porves señor padecer, hasta morir. no me esta bien admitir, favor del Emperador. Mi pobreza, pues os ruega. si obligar un pobre sabe: que si acaso vuestra nave al mar de Egipro navega; que a su tierra nos llevéis, Coasí os galardone el cielo. Si a vuestra pena es consuelo dejar a Italia, tendréis franco el pasale, que yo Pla Egipto he de navegar. Vuestros pies he de besar: quien tanto bien mereció? Temiendo vuestra partida con la prisa que advertimos alentados pasos dinjos, dejando en esa florida margen del bosque hasta ver si de embarcarnos gustáis, Comis dos hijos. Qué dudáis? Y emuy bien los podréis traea Qué intentas? Vengarme intento de cuanta gente pruduce Roma, y estos que conduce, dando a mi venganza al iento. Pues deja los pescadores. Hante sabido obligar, libres se pueden quedar. Pues me haces tantos favores: voy por mis hijos. Lugar tenéis, aunque llama el viento. Con vuestro favor me aliento: tú te puedes embarcar con Teodora, por tener cuando vuelva menos prisa. Ya la que nos dan te avisa. Dios nuestro norte ha de ser. . Ya no tenéis que aguardar, Yo Sirenas, yo Tritores: lleva el capitán limones, que me suelo marear? y oler un limón, es cosa celestial para el mareo. Cumplírase tu deseo. Providencia misteriosa. Has te otra vez embarcado? Y aún dos. . Dóndes En una arresa, allá en la costa Francesa! y en estando mareado, para que volviese en mí me caban una sustancia. porque tasajos no más de vaca es lo que tendrás. También vuelvo con rasajos; Este es pobre socarrón. Ea, que espera el bajel. Tenoras, o pena cruel! mis desdichas por blasón. . Ya que por tu gusto dejo. la gente de estas riberas, verás cautelas más fieras sin pedirte a ti consejo: vente a embarcar, y sabrás. lo que ha trazado mi furia. Dime, señor; Ya es injuria que tú me aconsejes más: verá el salobre elemento juntos venganza, y poder, de quien dueño viene a ser un bárbaro pen samiento. . Ves tu engaño? Aún no se ha ido. Pues de piedades tan claras. quieres sospechar? No quiero, pero dudalas el alma hasa que las vea cumplidas. Nocio estás, si ya se embarcan, para no volver a tierra, de qué temes? Pues no faltan. el pobre; y los niños? . Sí, pero a que se embarque aguarda, sin dar las velas al viento. Espera, el Cielo me valga! no ves que el áncora levantan envuelta en espumas blancas, y dan al Austro el trinquete? Ya hizan la vela de gabía, y dejan el Puerto, a Cielos! que al pobre llevan robada su mujer, y él queda en tierra; viéronse maldades tantas en humanos pechos? Ves que el corazón no se engaña? Dónde está el bajel amigos? Muerto estoy, estoy sin alma! No le ves dando las velas, por la ausencia de las playas? Cómo es posible? ay de mí! si han sido ciegas fantasmas, para turbar mis sentidos? Mas no, que evidencias hablan; Capitán, señor, amigo, vuelve a las arenas pardas: la proa de te bajel, y si temes por pesada la carga de un desdichado, envárcale sola el alma, que no ocupará lugar, y cuando alguno ocupara, fuera el pecho de mi esposa donde podrán ir entrambas. Deja bárbaro cruel rocar la tierra mis plantas; aunque me quites la vida en los brazos que me aguardan. Ay esposo, hay dulce dueño! hay hijos de mis entrañas! Madre, que nos deja solos sin mi padre, no se vaya. Madre, que soy chiquítico, y me hará su ausencia falta. Que roca no enternecieran estas lastimosas ansias? Señor vuelve. Duelante estos suspiros que causas, Si fue robarte mi intento, como a tu loca esperanza daré el remedio que pides? Haré sepulcro las aguas siguiendo el bajel; mas no que yo soy Cristiano. Larga vela mayor. Qué crueldad tan bárbara, y tan tirana! Su vista aumenta mi pena. Procuremos excusarla. Esposo a diós. Ruegón al Cielo que se engendre una borrasca de mis cortientes suspiros, que serán vientos que abrasan, y que dé la quilla al tope cuerdas, maromas, y jarcias, roto el bajel, y desecho junte al costado las gabias. Que el mar piadoso a mis ruegos forme en su líquida plata un escollo de sus ondas, porque se rompa en sus aguas, y en ellas mismas se anegue. Mas quien el naufragio pasa soy yo, ofendiendo a los Cielos. con maldiciones, o guarda Celestiallo Eterno Dueño de las vidas, y las almas! mi vida es vuestra, vos solo sabéis, Señor, gobernalla. Hijos, huérfanos quedáis sin madre, en pobreza tanta: que roca no se enternece, o que monte no se ablanda al sentimiento más vivo que ven lástimas humanas? El Sol hacia el mar camina, y en estas desiertas playas no está bien tanta pobreza: en aquella verde falda de aquel collado pequeño descubro pajizas casas de alguna rústica Aldea: venid pedazos del alma, mientras Dios remedio envía a mis penas, y a mis ansias. Llevaré el menor primero, que aunque es dulce, es grave carga porque es áspera la cuesta, y las piedras la embarazan: quien juzgara mis lágrimas por flaqueza viniera a saber la causa, y su piedad por ventura a mi llanto acompañara: luego volveré por vos flor marchita, aunque tempraba Padre, que un león me lleva: padre, padre, Prenda amada, Cielos! qué he visto? Ay de mí! fiera, a mí solo me mata, deja la presa inocente, aquí los pesares pasan a blasonar de inmortales, por saber que lo es el alma. Perdí de vista la fiera en la maleza intrincada del bosque, ya no hay dolor aunque diligencias haga, por nuevo, que tenga asiento adonde tantos me acaban. Los Cielos sean en mi ayuda, que la otra mitad me ralga del corazón, hijo mío. Padre, que me lleva el lobo. otra fiera, ya desmayan con tantos pesares juntos el valor, y la esperanza. Ya no hay en mi parte alguna, Cielos, que no esté postrada al desmayo, y a la pena, . que son mis fuerzas humanas, como es mortal el sujeto, y a tanto dolor no bastan. Mas o gran Señor, adonde fin vos veré asegurada esta pobre navecilla, que tantas olas contrastan? sin vos la ira, y el temor, el discurso me arrebatan, para repetir locuras del dolor imaginadas, de la desdicha admitidas, y todas debos me apartan; que perdí? nada perdí, si a mí me hicisteis de nada, y soy hombre racional, más poseo que me falta: hijos hacienda, y mujer, vos me los disteis, no agravia dueño, que vuelve a pedir las prendas que dio prestadas: pues de quien me quejo yo siendo vos la fuente, y causa. de todo bien, a vos solo caminen mis confianzas, a vos se ofrezcan mis obras; a vos busquen mis palabras, a vos vayan mis deseos, y a vos mis discursos vayan. . Aunque ayer nos embarcamos porque en el mar no te aflijas; quise que en esta emboscada con tanto Mayo florida, cuyos márgenes alegres prosiguen la costa misma, te alientes Romana hermosa, pues lo ameno te convida a olvidar necias memorias, que sin fruto te lastiman: si te ves en mi poder, ya puedo llamarte mía, mas no quiero que la fuerza. pueda más que las caricias. Ríndeme tu voluntad, aunque lisonjas la finjan, y goce favores tuyos te daré un alma en albricias. Bárbaro viviendo en ti, crueldades que el Sol pública, como no las ejecutas viendo sobrada una vida? Porque quiero que a mis ruegos voluntad, y amor me rindas, Primero las imposibles, que por serlo se eternizan, del fuego espirando hielos, rayos esas ondas frías, y soplándolas el viento den por espumas cenizas, los verás fáciles todos antes que en tus tiranías logres el menor deseo de tus linsonjas lascinas. Pues baldreme de la fuerza. otras hay que te la quitan. Cuáles son? Las del dolor, para que el alma se oprima, y desatando sus lazos, vuele a otra región más limpia, en los brazos de mi honor. Que sin fruto desperdicias palabras al viento, cuando espero en tu imagen viva lograr violencias de amor. Así deidades le olvidan: a quien pidiran favor las últimas ansias mías? válgame el Dios de mi esposo. El de mis brazos te libra. JORNADA TERCERA Allí veo el que a mi amor se opone en dura contienda. Por aquella verdesenda baja mi comperidor. Que altivo se muestra, y grave. Qué arrogante viene ahora. Y su principio se ignora. Y apenas quien es sabe. Que tan libre esté a mis ojos? Qué incite así mis recelos? Pensaras darme desvelos. Vendrás a causarme enojos. Pues porque sulga tu engaño del ciego abismo en que está, mía a tu pesar será la que guiando un rebaño, porque beba cuando ata en eco todo raudal, su luz derrite en cristal lo que causa el hielo en plata, ̱. Vanamente te aconsejas a queterme competir; pues a mí ha de elegir la que pacentando obejas: si atrima a un blanco bellón la mano, hay quien la ha juzgado brinco de perlas, guardado entre copos de algodon. Un año ha que está en la aldea, y solo a mí se ha inclinado. En este tiempo ha mostrado que su amor en mí se emplea. La suerte que es juez supremo favorece mi afición. Si dicha tu presunción castigara. No la temo. No hay partes en ti capaces de igualarme? Ciego estoy? tan bueno como tú soy. Yo haré. Qué es esto rapaces? traviesos andáis, y locos, siempre en celos desafíos: como tenéis tantos bríos siendo los años tan pocos? He de sufrir vuevto aliento solo porque os he criado: pensáis que orgullo os ha dado algún alto nacimiento? Pues Leonido, que queréis con vuestra loca pasión, que así os engréis? Ursón, para que os desvanecéis pues la causa lo autoriza? Que aunque tiene brío, y gala, es una humilde zagala, que por ser advenediza a esta aldea, a cargo tiene a pacentar sus ganados; en buen hora sus cuidados dejad: y pues veis que viene el ejército Romano, con esos bríos lucir podréis, saliendo a servir al grande César Trajano. Pues yo dejaré esta tierra huyendo tus sequedades. Por no ver esas verdades ir? gustoso a la guerra, y nuevo aliento me ofrece ver degalas adornados esa tropa de soldados. Gente lucida parece con tantabanda, y plumaje. Ya mis alientos desean imitarlos. Ya se apean, quién se viera en este traje? Mientras marchan por lo llano las tropas, que acargo tengo, buscando aquel hombre vengo, de quien fía el soberano oráculo, herorco alarde contra ese pirata fiero; informarme de estos quiero: e de estos quiero Ya sabéis, que un Corsario de horror lleno, escándalo mortal del Martireno, toda escuadra nabal, y armada flota, pirata usurpa, y huracan acosa. Acaudillando treinta mil soldados, que ricos con las presas; y alentados, se embarcan bandoleros, y amarinos, en Selva inquieta de embreados pinos: Y así Trajano, por tenerle a raya, como asaltado a saquear la playa, viendo que rinde en fiera competencia, cuantos van a oponerse a su violencia: Y temiendo con dudas agoreras, como aprisa inficiona las riberas, que ese cancer del mar, contagio inmundo, cunda hasta Roma corazón del mundo, al cielo acude en ocasión tan fuerte, y su favor invoca de esta suerte. Yace sobre una cumbre, que el Sol vaña, de un rústico pirámide, o montaña, Templo eminente, que en modelo vario, es Placido edificio, o Santuario, Epllogo de linias y niveles: o alcázar sacro! cuyos capiteles el viento trepan, el bacio espacio, a ser Abriles del marín topacio: a aqueste, pues, que forma el artificio, Santuario, Palacio; o edificio, donde al Planeta, que las luces cría, pura sustancia, que alimenta el día, del metal hijo suyo, estatua dura, del labraron el cielo, y la escultura: Como ahora cielo santo. amigos, el cielo os guarde. Seas, señor, bien venido. A una grave diligencia me trae mi justa obediencia, y así la respuesta os pido de una duda en que me empleo. Forzoso el serviros es. Oídme, porque después satisfagáis mi deseo. Estacio? no he conocido en esta tierra tal hombre. Para mi es nuevo ese nombre. Todo el valle he discurrido, y no conozco quien sea digno de arributo tal. Pues no dejaré casal, choza, bellale, y aldea, donde el dueño de esta acción no busque con mi asistencia; y para que a la obediencia para esta causa que nos turba tanto, el César se postro, y el Dios inmenso propicio a los perfumes de su incienso hablo siendo su acento llama ardiente, pues como le obligaron igualmente, ja religión con vista, el uno ciego, preguntado en vapor, respondió en fuego. Dijo, pues, la deidad con voz no ingrata, que nadie vencería ese pirata. sino un Varón, que Estacio se llamaba, que en traje de pastor la Selva honraba. Y así guardando el orden soberano por expreso mandato de Trajano, vengo buscando con veloz desvelo este caudillo, que nos dicta el cielo: Con un copioso ejército degente, que osado ha de regir como valiente, con libreas, recámaras, y aseos, de cuya pompa, en fe de sus trofeos He de adornarle, pues el cargo toma de ser Generalísimo de Roma: y pues capaces ya quedáis del caso, hombre tan grande, conoceisle acaso? que el nombre es Griego, y que le hará he juzgado, mas conocido, el ser menos usado en Italia, y si no vencéis mi duda, celo elocuente, y diligencia muda: Me llevarán siguiendo este cuidado, desde aquese Imperial río sagradado, hasta donde argentado Cocodrilo, con siete bocas se lamenta el Nilo. agravie la dilación, no agravie la dilacio. quedad en paz. El Dios guíe tus pasos. . Mas alentado quedo de aberle escuchado. Y yo con nueva osadía. Si os queréis ir, resolberlo es justo aquí entre los tres, pues la acción de todos es. Bien ha dicho. Vengo en ello. Desde ese prado florido, con pasos acelerados, huyendo de los soldados hasta la aldea he venido. Y yo, que como hecho estoy, después que en ella te vi a andar delante de ti, siempre tu víspera soy; contento de haberte hallado, ya que saliendo del mar, por más que he andado a buscar a Estacio no le encontrado. Para mí, el mayor consuelo que tienen mis ansias, es el hallarme tu después, que por milagro del cielo me libré, cuando previno darme aquel bárbaro abrazos violentos, pues de sus brazos me arrebato un torbellino; y en aquestas caserias, porque al Dios que adoro alabes, me hallé, donde como sabes, he vivido tantos días; llamando me Laura, y siendo guarda a un rebaño copioso, y sin saber de mi esposo, ni de mis hijoos. Pretendo así vencer su pesar, baste la pena por Dios; diviértete en ver tus dos amantes por madurar; tan lampiños, que es congoja ver su Abril tan olgazan: pues sus barbas siempre están como al caer de la oja. Aunque en rebatos penosos con mis tristezas peleo, me alegro cuando los veo; que son muchachos briosos; después que con rumbo extraño desde esotra que dejé, peregrinando llegué a esta aldea, que habrá un año, con su puetil afición me entretienen. Mal resisto el placer. . A Laura he visto, que dicha! Laura, ya Ursón, y Leonido, en amistad conforme van a la guerra. Noble impulso los destierra: pero es muy tierna suedad. Si saben tener cuidados; y hacer cuando se enfurecen tanto ruido, que parecen duendes, mas que enamorados. Marchar, y cortar fagina. sabrán, salid, y veréis el mundo, no os enlacéis de amor con la golosina, que las hembras, mancébitos, son manjares tan pesados, que enferman de enamorados los más, y mueren de abitos. Saco a Laura, humana estrella, y heroica excepción, que entablo de esta regla, y solo habló de las que viven sin ella; de una Silvia, que el naufragio de mis mocedades fue, en los infiernos esté, que esto es hacerla un su fragio. Viome pobre, hizo descarte, que aunque yo su Julio fui, Marzo ella fue para mí, pues volvió de mala parte: y al cabo, al cabo, en tener inconstancia baladí, todas son Silvias, y así id a la guerra a coger la garrama, y yo alentado también con los dos iré, y en la guerra pelearé como valiente soldado: venid los dos. Muy distante designio es el que llevamos. Solo a ganar honra vamos. Pues venid, porque al instante aunque es pobre mi caudal os busque armas, y vestidos, que quiero que vais lucidos. De tu deidad celestial volver pienso a la presencia lleno de honroso trofeo. Yo en nombre de mi deseo. Estacio, ya los soldados se van acercando en tropas, y pues nuestra caseria esta en estos campocas sola, en guardarla es necesario, que mucho cuidado pongas. Pues qué me mandas? Después, que peregrino los años cuento, y por no ver mi afrenta huí del mar latino, sirvo a ese Mayoral, que me alimenta: y entre tanta, o Señor! borrasca impía, es vuestra mano el norte que me guía, con pena repetida, me cuestan llanto; en tierras extranjeras mi esposa ya perdida? muertos mis hijos de boraces fieras, solo a mi Fe, que en vos el ser recibe, nunca la lloro, porque siempre vive. Qué llames que es más que amor reverencia, para que los antorices con los rayos de tus ojos, te ofrezco muchos despojos. El cielo os haga felices. Para ver como proceden he de ir en su seguimiento. Triste de su luz me ausento. Qué apartarme de ella pueden mi pasos? qué dura empresa! Una inclinación decente me fuerza tan igualmente, quede verlos irme pesa. Muerto voy! Parto cobarde Que así de ti me desvíe? Ay Laura! La suerte os guíe, y el Dios, que yo adoro os guarde. la demás gente, que ahora en las labranzas se ocupa, que juntos daremos forma mejórpara defendernos. Yo voy. Su obediencia apoya, que fiel; después que me sirve, los dioses mi hacienda colman; pero un tropel de soldados de la caseria toma a senda, y muy cerca viene? solo estoy, ellos me roban, volveré a llamar a Estacio, que la defensa es muy corta, aunque les cierte las puertas: ya llegan, Estacio torna, vuelve Estacio. Oh voz divina! que en tantas dudas me informas: quién llamaba a Estacio? Yo. Señor? . Quién es el que goza tal nombre? El que ahora llega. Ya vuelvo a ver quién te enoja? Este es Estacio? Qué miro! no es Adriano? Aunque borra el tiempo algunas señales, según las que la memoria me acuerda, no he visto imagen más parecida, y más propia de aquel Placido infelice: ya no saber que en las ondas del mar se anegó, creyera ser el. . Mis acciones copia, pues con la vista una a una me las va robando todas: mas no ha de saber quien soy, que pues así me transforma el cielo, no sin cuidado quiere que no me conozcan. Tú enes Estacio? . Señor, yo soy Estacio. No hay cosa en que no se le parezca, si bien unos rostros toman de otros lasemejanza: y pues decretó la boca de la deidad, que buscase un. Estacio, que en la forma, y trase rústicas señas daba, y estas son las propias; fuera el examen delito, que en las soberanas obras, la fe ha de juzgarse ciega, la duda a de hacerse sorda, pues Estació la respuesta, del oráculo, te nombra por General del Imperio. Qué escucho! No turben sombras de temor tu entendimiento, caudillo has de ser de Roma. Si es diabólica virtud la que da voz fabulosa al oráculo, porque he de creer que el cielo toma para honrarme ese instrumento, mas como crédula, y loca, la Gentilidad da fe a su error, para que pongan por efecto la piedad, que hoy me muestra; la incorpora o la disfraza en la voz, que impuro espíritu informa al Ídolo con que luce mas de su poder la antorcha, pues por conductos de abismos explica misericordias. Qué dudas? La admiración me deja con alma absorta: pero ya obedezco al cielo. Pues porque con fausto, y papa recibas el bastón, entra en esta tienda que ahora han armado en la campaña, y en ella galas costosas hallarás conque adornarre. Ya te obedezco, nororia es de Dios la providencia, pues mi enemigo me honra. Premisas da de qué fuerte vencerá con mano heroica ese bárbaro, que turba de el mar de Italia las costas. Ya se ejecuta el precepto de la deidad, y se logran los deseos de Trajano: y en cumplimiento de todas sus órdenes Imperiales, despojándole la tosca jerga, con pronto respeto de aleos ricos le adornan; y como imagen que el cielo libró con su milagrosa mano, la veneración en sí misma le coloca. Que liberal restituye Dios lo que provido toma, y pues así me engrandece, por él admito estas honras: acabadme de vestir. Que majestuoso apoya la dignidad que le espera, parece que en el noindova, ni de caballero el traje, ni de General la pompa? Será esta espada en mi mano rayo que abrasa, y destroza; pues el Dios que me la envía de menos los rayos forja. Y yo para respetar su deidad en tu persona; arrodillado te entrego este bastón, hoy te nombra nuestro General el cielo, y Trajano, con devota l religión lo aprueba? . Y yo le tomo, y pongo en mi boca, en fe de quien me le ha dado, que no es bastón desde ahora, si no sagrada reliquia enseñada a dar victorias. Este prodigio otra vez a mis sentidos asombra con las milataresgalas una viva estarba forma de Placido, cuando entró triunfando del Persa en Roma. Adónde está el General? Quién es el que aplausos goza por acuerdo de los cielos? Veisle allí. Pues señor, honra nuestro valor. Aunque somos, bisoños, prueba notoria daremos en la ocasión de alentados. Qué orgullosa. juventud, alzad del suelo: demodo, que aunque es tan poca vuestra edad, a ser feldados venís? . Ya dejar famosa mi opinión; mas con la espada lo verás cuando se oponga ese soberbio pirata a tus armas vencedoras. Para que yo vencer pueda no tiene el mundo victorias. Mirad, que vuestros alientos mas que vuestros años montan. Aunque no hay años hay bríos. Si edad falta valor sobra. Paso no os anticipéis, ved que no despide aromas, el clabel, hasta que el Alba no pocas veces le ronda: pimpollos sois, no brotéis, que os faltan muchas Auroras, Si yo perdido no hubiera mis hijos; pero memorias no os paréis, hacia el olvido corred, corred, presurosas; cómo os llamáis? Yo Leonido. Y vos? . Ursón. Enamoran mi afición tales muchachos. Verás que al nombre conforma con los hechos. . Callar quiero, y remitirme a las obras. Si llegaran a esta edad no fueran menos briosas las dos sangrientas ruinas de mi corazón, las joyas, que de mi pecho arrancadas; más dolor al cielo enojas! y Si tantas veces destrocé laureles al Águila de Roma en los bajeles, que coroné de palmas vencedoras, turbando Soles, y eclipsando Auroras; pues los Romanos de mi aliento heridos, empañaban sus luces con gemidos, y queriendo más glorias, nos salteaba en tierra sus victorias: tomando yo a pesar de sus banderas sangrienta posesión de sus riberas; pues que pretende Italia ver otra vez los campos de Farsalia, vuélvete luego a la orilla, que peligras si te engolfas. Llegad los dos a mis brazos, Ursón, y Leonido, y todas las fortunas que os esperan, desde hoy por mi cuenta corran: marchad a mi lado siempre, y todos que sois conozcan mis camaradas. . Favor grande. . Al cielo me remontas, Y tu advierte si podemos partir? Ya esperan las tropas para darte la obediencia, y así Estacio, a ti te toca el mandar. Pues den señal de marchar las cajas roncas; venid los dos junto a mí. Pronuncién voces sonoras los clarines, viva Estacio. Viva Estacio. Hoy vence Roma. Válgate Dios por Ursón, y cuanto el verte aficiona: válgate Dios por Leonido, que ansí la atención me robas. Pe s, Veréis bárbaros, que Roma vuestro furor desvanece con escarmientos mortales, Quien hay que a Roma no tiemble. Yo tuve la culpa, ay cielos! que tal consejo les diese ha rapaces, no le deis victorias con vuestra muerte a la envidia, que os malogra en vuestra edad floreciente: dejad la guerra, ha muchachos. con que valor que acometen, para que su vida acabe donde mi dolor comience. Pastor aquién llamas? viendo. llegue, y verá que en uno, y otro pino soy asombro fatal del mar latino, haciendo en su mayor ansiteatro, eterno mi blasón de Tile albatro. El poderoso ejército Romano; que hollando el bosque, y llano, con las escuadras, que feroz concierta, para matar las flores las despierta: a tu encuentro se ofrece en la campaña, que ese arroyuelo de temores baña, pues sus cristales son escarcha, y hielo, que los heló el temor más que los cielos, Tu pareces cristal en lo medroso, no miras nuestro campo numeroso: pues de qué te acobardas? vive el cielo, que he de hacerte padrón del arroyuelo, porque aunque hagas de tu esfuerzo alarde la vista de su miedo teacobarde. La voz de sus clarines nos provoca. Pues al arma señor. . Al arma roca: que los campos se acometen, adonde solo se escuchan gemidos que da la muerte? Llamo aquellos dos muchachos que son por su mal valientes. Son tus hijos? . No señor, pero mucho amor me deben, porque yo los he criado con sujetos diferentes: quité el uno a una Leona, y aún oso en su mismo albergue le quitó el otro un pastor. La alegría me suspende, cielos, estos son mis hijos! ha soldados dereneldes, guardad esos dos muchachos, que los cielos me los vuelven porjoyas que hanía perdido, para que mi fe se aumente; mi voz escuchan, que bien los soldados me obedecen. En saberque eres su padre, voy en sus dichas alegre. Qué es esto? señor, tan mal nuestros alientos proceden, que nos sacáis por cobardes, de donde todos merecen, tintos en sangre enemiga tantos Romanos laureles? Si por muchachos lo hacéis, dañosa piedad os mueve; pues comenzando temprano se pierde el miedo a la muerte: y en sacarnos de la guerra, Roma dos Césares pierde. Ursón, Leonido, advertid que sois mis hijos, y puede tanto en mí el amor, queos quita todo el honor, que os adquiere el valor con que os he visto; porque si el cielo os ofrece tan dichosamente hallados, no es bien que deje a una suerte, tan dudosa vuestras vidas. Pues, señor, si os obedecen en lo cobarde los hijos, que ya es razón que os hereden como la sangre el valor: que dirá el mundo, que os tiene por coluna del Imperio? sentirá muy bien, si siente, que le quitáis dos soldados, que ya vuestra sombra vencen. Si no conociendo padres mas de esos rroncos siluestres, buscamos fama inmortal: cuanto mejor es que piensen, que somos hijos de un monte, que nos prestó lo valiente lo bruto de sus peñascos, que no que murmuren siempre, que un General nuestro padre, porque nuestras vidas teme, nos enseña a ser cobardes, y tan afrentosamente. Qué valor en tiernos años! el que mejor obedece es mejor soldado; yo soy el que mándaros puede, por padre, y por General. La guerra este freno tiene: pesia la obediencia! que nos mandáis? Que en ese verde bosque os encubráis, en tanto que el campo enemigo pierde el porfiado tesón con que se obstenta rebelde, peleando tantas horas. Pues padre, desde hoy se cuente por vuestra esta cobardía, si hay proceso que la enseñe, en lo ilustre, y militar, adonde hazañas se aprenden. Ven hermano a ser cobarde, pues nuestro padre lo quiere. . La prisa de la batalla no me dejó que les diese mil abrazos. . Ah Romano, mucho siento que te alejes del cuerpo de la batalla: pues conociendo, que tienes el oficio superior en tus escuadras, parece cobardía que te excuses, y sin caudillo las dejes: yo te he venido buscando por si cuerpo a cuerpo, quieres que demos fin a la guerra, Tu muerte buscando vienes tan apriesa, que el valor hará poco si te vence. Breve ha sido tu victoria, ya es forzoso que confiese que tu valor me ha vencido. Cielos, qué miro? no es este el Cososario, que robó a mi esposa? aún con la muerte no me pudieras pagar una traición, que suspende, los cielos, y hasta los montes no es maravilla que tiemblen a su noticia feroz. Si es que matarme prentendes, que más ocasiones buscas que las que el furor te ofrece? Levanta: en esas riberas para que el Sol te avergüence, no robaste una mujer? No es justo, que yo te niegue la verdad, aunque en decirla la vida, y honra me cueste: robé la mujer, que dices. Ah habido lance más fuerte! dónde la llevaste? . El cielo permitió, que no perdiese su casto honor; salí a tierra, y en un apacible albergue, que en la misma costa cifran arrayanes, y laureles: a mi honor la persuadí, mas ella constante siempre, me llegó a obligar a que de la fuerza me valiese; apenas llegué a sus brazos, cuando cifrando claveles las vergonzosas mejillas, al Sol, y al viento suspende, para que sus tiernas voces los puros cielos penetren: y mirando al Sol hermoso; como las Águilas suelen, pronuncio al beber sus rayos con fe pura y celo ardiente; válgame el Dios de mi esposo dijo, y un ministro breve del viento, en ligera nube, que las luces escure, la nego a mi vista, y yo porque confusiones viese, partícipe del portento, me hallé en mi bajel alegre de que los cielos guardasen la que obligarlos merece; esta es la verdad, si ahora la misma verdad te mueve a piedad, aunque el delito está llamando la muerte, te ruego que me perdones. Aunque eres el que me ofendes, eres el que me desvías del dolor más inclemente que cupo en pecho mortal: y así tales nuevas, tienen mejor lugar que la culpa, pues tu castigo desmienten: La vida tienes segura por mi parte, pero advierte, que lidiando las escuadras, quiere el cielo que te deje en manos de tu fortuna, para que de ella te quejes: no intento vengarme ahora, levanta tu espada, y vete. Dasme licencia, que vaya a dar esfuerzo a mi gente, para mueran honrados los que osados acometen? Vete, pues, por esa parte, que no quiero que me encuentres que peleando podrá ser que mi furor no se acuerde de las nuevas que me diste, por quien el perdón mereces. Esa es merced como tuva, porque si volviesea verte me he de volver a rendir. Y yo a perdonarte siempre. Ya tu victoria deseo. Al Dios que adoro se debe. Entra a vencer. Ve a guardarte. Tu ausencia ha de ser mi muerte. Mércedes no merecidas me hacéis, gran señor, pues entre en el número de tantas, que átomos, y arenas vencen el ver a mi esposa; pues es vuestra, que ella os confiese por Dios. . Victoria, victoria, Roma vence, Estacio vence. Dios venció, que solo pudo: tropa de caballos vienen a esta parte, el Cesares. Estacio, ofrecerme puedes aloricias, el César llega, que estuvo a la vista siempre, con dos mil caballos, dice, que la corona te debe, por el mejor Capitán, que ciño sacros laureles. Estacio. . Placido, soy señor. Qué feliz suerte! No salió mi duda en vano, cuando intento conocerle. Pues para colmar tus dichas, después de tantos báibenes, con que la fortuna quiso dar a entender lo que puede: yo mismo traigo a tu esposa, que medrosa en los albergues de esa aldea, salió al paso, para que la socorriese, contra el bárbaro escuadrón, mas siendo tú quien le vences, tu socorres a tu espoa. Que han podido merecerte mis ansias. Del que librarte pudo con estas mercedes. Vien conozco lo que dices. A vos las vidas os deben, Placido, y Teodora: y estos soldados, que ya os previenen mas triunfos en tierna edad, son mis hijos. Bien te puedes llamar coluna dichosa de mi Imperio, y a tu frente doy este laurel sagrado, porque entrando en Roma muestre la aclamación popular, la libertad que te debe. Estas honras por ser vuestras mi humildad os las merebe: ves Teodora como el cielo. Ya te entiendo, pues los bienes del Cielo son los que busco. Oh Señorlo quien se viese morir en Ronma por vos, para vivir para siemmpre. Marche el ejército a Roma coronado de laureles. Dónde dos humildes plumas segunda parte os ofrecen, del más glorioso martirio, que vio entre luces ardientes ese luminar hermoso, que sobre cristales duerme.
