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Texto digital de El fénix de Tesalia

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Gabriel de Roa
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Gabriel de Roa Probable
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El fénix de Tesalia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fenix-de-tesalia-el.

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EL FÉNIX DE TESALIA

JORNADA PRIMERA

Quede solo conmigo el Almirante, y retiraos vosotros. . Qué accidente pudo alterar, señor, vuestro semblante? no porque Febo, General valiente de esa Armada que infesta nuestras mares, y por fines quizá particulares al Reino de Tesalia se avecine, valor falta en la vuestra, que hoy previne para salir al mar, que aunque es tan breve cuando es forzoso, aventurarse debe, y yo aunque piense allí perder la vida, que por mi Rey la doy por bien perdida, he de oponerme a su furor violento. Ni hago caso de un bárbaro ardimiento; ni una amenaza mi semblante altera, cuando Marte a mis Armas se opusiera, Rey de Tesalia soy, y no me falta poder, y esfuerzo que mi sangre esmalta; mal dije sangre, pues volcán la veo y en lo que Febo a mi pesar emprendo mi sangre propia es la que me ofende, Vuestra sangre, señor? Mi sangre digo que es contra mi doméstico enemigo. a quien temo, Almirante, mucho más que a ese bárbaro arrogante. otro que Febo, que a intimar nos viene la guerra, y al cómvate se previene, no sé qué tenga vuestro Reino ahora- Oye, y sabrás lo que aún mi pecho ignora, pues todos mis cuidados, y aflicciones no han palado hasta aquí de presunciones, y pues la llave de mi pecho eres, oye lo que presumo, y si me vieres. apasionado, a tu consejo apelo. Al Rey debo servir después del cielo. Febo, pariente del Rey de Colcos, y de su Armada general, contra la liga que ha firmado con Tesalia, corre agora nuestras costas, y condos naves armadas dicen que ha llegado al puerto de paz, con bandera blanca, que del muro las pudieron descubrir las atalayas, y no sé con que disignios esperando está en la barra la permisión para verse conmigo, y si no la alcanza (que no hará) poner al punto sus bajeles en batalla, y esto sin orden del Rey su deudo, que por sus cartas me consta, para romper la paz, que capitulada dejó él propio, cuando vino a mi Corte a efectuarla, y juntamente a pedirme a Fénix para casarla con el Príncipe heredero de Colcos, y en la distancia de un mes que trató las bodas llegó aviso, que la parca se atrevió a troncar la flor de su juventudlozaro. Muerto su Príncipe, alienta Febo una vana esperanza, de que ha de heredar el Reino de Colcos, y en su embajada mostró tan granlucimiento, que se llevó de las damas los ojos, principalmente en el festín, y en la valla, siendo en la justa un Rujero, y un Adonis en la sala: y aún de la Princesa Fénix mi hija, si no me engañan los ojos, note en los suyos alguna amorosa llama, que hoy me abrasa el corazón, y a ella no se si le abrasa el pecho, pero sé bien que desde entonces la cansan fiestas, músicas, jardines, y la que me llega al alma es que al Príncipe de Tebas, que está sobre mi palabra para eféctuar sus bodas con ella, se las dilata, o se las niega, sin ver lo que pierde, y lo que hoy gana mi Reino, pues le defiende con su esfuerzo, y con sus armas de estas nuevas invasiones, que nuestro poder contrastan: Esto es lo que temo en Fénix heredera de mi casa, pues un vasallo apetece, y un Príncipe no le agrada, que a obedecer mis preceptos como su hermana Diana por primogenita hubiera ganado más en mi gracia. Y en fin, por decirlo todo de una vez, esta es la causa porque os dije que es mi sangre quien más me ofende, y me agra- Pero allí vienen las dos, quía aunque a Fénix esperaba sola, que hablarla quisiera, mas no faltará una traza para examinar su pecho sin que lo escuchen sus damas. Seáis hijas bienvenidas, que ha rato que os aguardaba, y principalmente a Fénix. Si gustáis de que me vaya, y quedar solo con ella siendo el caso de importancia; No, Diava, que no puede embarázar una hermana, y más como vos, que siempre os veo tan retirada, ya mis leyes tan sujeta, que ni os altera, n e novedad este accidente, que nuestro Reino amenaza. Vuélvete a mi cuarto, Astrea, y tú, Florilla. . Que haya de acompañar día, y noche a Fénix sin que me valga si quiera oír un secreto! soy chismosa, y esto basta; y tales cosas no deben fiarse de las criadas. Ha llegado a tunoticia, Fénix, que licencia aguarda Febo para hablar conmigo? Bien sé que las paces trata de su Rey con Vuestra Alteza, de que ya vengo informada. Mas pretende, que tú seas, como primera en mi casa, quien las acete, y las firme. Y no es esa circunstancia para negarle, pues yo soy también interesada en la paz de aqueste Reino, Y podrás tu ver la cara de quien antes de firmarse comienza por amenazas? No bastó haberse valido en la primera batalla, de que salí victorioso, de Naciones tan extrañas, de que aún tengo prisioneros, sin pedir hoy libre entrada en mi Palacio, y lograr quizá lo que teme el alma? Esto es lo que yo temía, ha cielos! ya me espantaba que con gusto de mi padre sus deseos se lograran. Qué respondes? Que si hoy Febo pelas paces jurad no solo no me ha de ver, mas diré que su palabra no es de noble, ni aún de amante, pues cuando ruega amenaza. No lo trates de esa suerte, que viene de estirpe clara (si bien sus padres ignoro) que así lo dice la fama, y el Rey de Coscos lo muestra en los puestos que hoy le encarga. No es noble quien lo que más desea, olvida sin causa. Según lo que me ha gontado, Fénix, mucho se declara, y cauteloso mi padre dice mucho en lo que calla. Siempre le tuve por cuerdo, pero dicen que hoy se alaba. de que llegó a merecer los favores de una dama, y esta es la ocasión sin duda. de volver hoy a Tesalia. No le tengo por tan vano, si esos favores alcanza, que no trate de encubrillos. Mal disimala quien ama. . pues a imposibles aspira El Prino pe mí señor aguarda en esa resala vuestra licencia. A mal tiempo llegó, que ya Fénixdaba muestras del oculto fuego en que al parecer se abrasa. Entre el Príncipe de Tebas, que no hay parte reservada para quien por Fénix deja sus vasallos, y su patria. Después de besar tu mano, permite, señor, que haga a dens cortesa a la Príncela, y rui que una mi! honrar me ha heche y de otra debo esperarlas. Guardeos gran señor, el cielo Y a mí de lisonjas vanas, . que no ha de lograrme libre. La voz que corre en la playa, Príncipo, saber quisiera. Ya es pública la demanda de Febo, que a Moraburo, aquel Arabe pirata que hoy tienes por prisionero, le deslibertad, que es tanta la obligación que le tiene, que con menos no le paga el haber por el de Coscos perdido toda su Armada. en el tesón porfiado de vuestras guerras pasadas; o si esta gracia le niegas, a vista de tus murallas, juntará sus naves todas, y no quedará en Jesalía, piedra sobre piedra, tanto sía en su esperanca vana, Ícaro de ajenas alas, y aunque fueran suyas propias, el Sol de mi ardiente espada las pudiera resolver en cenizas, y a esas playas dar nombre, como dio el otro, del Eridano a las aguas. Esto, y más haré, que el nombre de Febo no me embaraza, siendo del Reya quien sirve la luz que ofrece prestada un vastallo del de Colzos, Isla que Neptuno abrasa, y tan corta, que aún se corré de honrar su breve distancia, A dos Coronas se opone de Tebas, y de Tesalia, y por cobrar un cosario rompe las paces que trata; Pero sin duda no estima su sangre, que tanto alaban, ni aún de General el nombre quien librar quiere un pirata, Dar libertad aún cosario, que tuvo tan infestadas las costas del mar Engino, será poner a mi patria en riesgo, y del bien comun romper las leyes sagradas. Demás que ya le llevaron a la más distante placa de mi Corte, y puede ser que haya muerto. Con tal rabia le vi yo entrar en aquella prisión, que no lo extrañara; y si es que murió, no es bien darle a Febo anticipada la noticia, y que hoy procure hacer mayor su venganza. Cuando vengarle pretenda, en mi ha de hallar su arrogancia tal contrario, mas ya tengo vergas en alto mi Armada, y al primer orden, de velas poblaré esa azul compaña, Eso, y más de vos confío mas bien será que a la playa vais los dos, y sepáis de él, en que funda esa de manda, pues no es justo que me vea, ni a la presencia le traiga de mis hijas. . No, señor, no hemos deber a quien trata de hacer la paz con que deis la libertad a un pirara, oh ganar a fuego, y sangre de vuestro Reino las plazas, pero donde ve el de Tebas ociosa está su amenara: O si le debiese a Fénix lo que le debo a Diana! Confuso voy hasta ver en lo que estás cosas paran. . Vamos al Templo entre tanto de nuestra Diosa Diana. Siempre a lo mejor te inclinas Yo al de Venus me inclinara, que de la Luna que puedo esperar, si no inconstancias? No es faltar de su asistencia cuando en Fénix dejo el alma, Vamos, hijas; que los cielos defenderán nuestra causa. Hasta mañana tenemos permisión de estar aquí con las dos naves, y así con seguridad podemos aguardar en la marina la resolución del Rey. Secvir a mi amo es ley, pero yo soy un gallina; y dime, has de rescatar, señor, en esta ocasión a Morabuto? . No son materias que he de fiar de ti. . Replicar no puedo pero si le llego a ver libre, y me mandas volver a su sernicio, me quedo de la agalla. . Eso temías? aunque en aquesta ocasión saliese de la prisión el cosario a quien servías, conmigo has de estar, Piquete; La mano a besar me da que Píquete ya no está para servir de grumete. En mi serdicio te quiero diste el papel al soldado? Sí, señor, ya le habrádado a Bolardo el jardinero de Palacio. Bien está. De una carroza se apean dos, y al parocer desean hablarte. . Ya le verá? El Almirante es el uno, Y el otro? No sé quién es. Dos llegan, y somos tres, pero ya no soy ninguno, Cuando podré pagar a Vuecelencia tantas honras? No, Febo, en la presencia del Príncipe de Tebas, a quien vengo acompañando, y por mi amparo tengo; que me tratéis os pido con llaneza. Deme a besar su mano Vuestra Alteza. Dejad esos extremos, Febo, y las ceremorias excusemos, que no son de importancia, y no quisiera que un instante de tiempo se perdiera. En efeto pedís de un vil pirata la libertad, cuando las paces trata con vuestro Rey el de Tesalia, y hallo, que ni sois buen vasallo, ni General valiente, pues hoy veo que tenéis una infamia por trofeo, y quien tales acciones apetece, su nombre, y sus victorias oscurece. Las armas auxiflares, aunque sean de un Arabe cosaio, si se emplean en servicio de un Rey, debe estimallas, y con razón, pues ya llegó a emplearlas. contra las de un Monarca soberano; y no os parezca que es intente vano pedir la libertad de quien ha sido, tan infeliz, que el crédito ha perdido, con su Armada Naval, ni en mi es exceso, pues la guerra cesó, pedir que un preso libréis hoy de prisión tan importuna, pues la paz ha enmendado su fortuna. Y por las conveniencias entre Reyes, al derecho común rompéis las leyes, que cosarios prohiben, y más de Arabia, que de insultos viven. No, Febo, no pidáis por un pirata, y más en tiempo que de paz se trata, que si una vez nos halla desarmados, quién vivirá seguro en sus Estados? Esto ha de ser. . Sabré yo defenderlo, pues no me faltan medios para ello; y si tenéis tan cerca vuestra Armada, no está lejos la mía, que aprestada la tengo, y brevemente probaréis mi valor, y el de mi gente. Mas cerca están mis naves, y yo intento en ellas castigar suatrevimiento, que quien la razón lleva de su parte, no ha de te merle, cuando fuera un Marte. No es lo mismo, Almitante, haber vencido a un cosario, y su Armada destruido, que a Febo en sus bajeles, coronados de palmas, y laureles, que ha ganado mi gente, que yo no es bien que mis victorias cuente. Todo lo deslbéis con empeñaros en pedir lo que puede acreditaros de agradecido, pero no de cuerdo; mas si mal no me acuardo, el Rey me dio a entender, que la Princesa Fénix, en quien más triunfos interesa, viene a ser lo que más pretende agora, y el Príncipe lo ignora, pero no es bien cua en dudas, y recelos empiece amor, y que rémate en celos. Tan poco caso hacéis de mí? en tan poco estimáis mi valor, cuando os provoco? Almiran te, con vanas suspensiones me respondéis? Acortad de razones, General, que mañana nos veremos en la mar, y si vences, te daremos el consario. . Au no solo venceria, pero tal puede ser la suerte mía, que rendido a mis pies se desengañe, y en la prisión al Arabe acompañe. Vamos, señor, que al Rey pedir intento licencia para dar velas al viento al despuntar la Aurora. Vamos, pues, y tu ahora elige Febo, entre los dos extremos la paz, o el pelear? . Que peleemos. Pues yo pienso vencerte. Yo por mi Rey no he de temer la muerto. Dale, pues de morir no tiene gana, de limosna que viva hasta mañana. Vamos, Píquete, que esta noche espero de una empresa de amor salir primero victorioso, o quedar desengañado, no lo permita el cielo, hay dueño amado! . logre hoy el tiempo en que mis dichas fundo, yarda mañana el mar, humee el mundo. No dirás, hermana mía, de que vienes tan suspensa? en tus conveniencias piensa, y no en tu melancolía; no volvió tu amante? dí, que más puedes desear? Ay Diana! de un pesar quieres que me alegre? . Sí, que la experienel nos dice que el fin del mal suele ser paincipio al bien, y a mí ver no eres tu más infelice que yo, pues a tener vienes entre dos a quien amar, pero yo no he de aspirar al que hoy por esposo tienes. Yo esposo? qué es lo que dices? El de Tebas. . Es un loco en porfiar . Con cuán poco . se alientan los infelices! quien a servirte se ofrece, no es loco. . Pues no ha de ser, ni yo he de favorecer a quien tu afecto merece, que en fin mi padre trató con él tus bodas primero que mutiese el heredero de Colcos, y es bien que yo la esperanza no te impida de lograr tan justo amor, que el primero es el maror, y tarde, o nunca se olvida. No es bien que conmigo arguyas, pero algo al tiempo fiemos, que ejemplo en las plantas vemos del jardín que honran las tuyas, que del Invierno al rigor marchitas vimos, y ahora vemos nacer con la Autora, una estrella en cada flor. No hay seguridad alguna, pero a cada Sol que nace prodigios el tiempo hace, y mayor es la fortuna. Todo se puede mudar por unaccidente nuevo, mas hay que si pierdo a Febo que bien podré yo esperar? Y sirva de ejemplo en fin, que hoy por sola se ha secado aquella palma, que ha dado nombre a este hermoso jardín. Bier Pero el bien más de ordinario, y así yo todo al contrario lo espero. De qué manera? Madruga el Sol con la Aurora, por celajes de oro, y grana, toda es luces la mañana, valles, y montañas dora, y apenas pasa una hora, cuando a cubrir el farol celestial, y su arrebol se levantan nubes densas, que de tinieblas, y ofensas, aún no está seguro el Sol. Dégala el Mayo vestido al Iris vence en colores, con tanto vulgo de flores, que parece que ha venido a ser del Alba marido, como si a una tramontana no fuera su pompa vana, quedando en espació breve. gualda lo que antas fue nieve, topació lo que fue grana. Corre una fuente cristal, y en aljófar se desata, desperdicia undosa plata por márgenes de coral, cuando el más fiero animal, Rey entre los animales, llega a enturbiar sus raudales. de la presa tan sangriento, que infama con torpe aliento, plata, aljófar, y cristales. Lo cierto es que un noble ardor es ciaro, florece, y luce en cuanto no le desluce ausencia, olvido, o temor: Y así mi mal en peor se ha convertido al presente, siendo uno, y otro accidente nube, tramontana, y fiera, a casto amor altera que de y el Sol, el Mayo, y la fuente. Los cristales son cristales al fin, las flores son flores, luces las luces menores, y sus prendas celestiales no son las horas iguales, sereno ha de verse el cielo, la fuente, y el arroyuelo se han de aclarar, y el jardín ha de florecer, y en fin adonde hay mal, hay consuelo. Ruido siento. . No receles gente aquí, el viejo Belardo será que prolijo, y tardo labrando está estos cuarteles de hortaliza. . Y tiene talle de cantar, que en él no es nuevo Desde que nos faltó Febo no hay quien pueda consolarle, y así cantando divierte su pena en la soledad. Y ya su proliia edad. luchando está con la muerte, dejómele aquí (ah cruel!) al partir su dueño ingrato, y solo me alegro el rato que estoy a solas, con él; mas si a olvido me condena Febo, y hablo como suelo con él, en vez de consuelo será doblarme la pena. Hortelano era Belardo en el jardín de la Palma, segundo Cipre, y Retiro de la Fénix de Tesalia, Labrando está sus cuarteles con tal fatiga, y tal ansia, que con sudor de su frento riega lo mismo que labra, con el continuo trabajo se le ha endurecido el alma, pues no sale por los ojos, y esos terrones no ablanda; pero ya Febo amanece a dar alivio a sus canas, y en lágrimas de alegría su corazón se desata. No prosigas la canción, cesa jardinero, calla, que tu voz es de Sirena, pues los sentidos me encanta. De cuando acá, gran señora, os ofenden mis cantares? No me dobléis los pesares. Siempre os he llamado Aurora, y ahora más, que este es el nombre de quien derrama esas perlas, que hoy vendrá el Sol a cogerlas; Febo digo. . No le nombre tu voz. . En que os ha ofendido vuestro amante, cuando sé que ha desembarcado, y fue tan atento, y advertido, que alcanzó la permisión del Rey de estar en el puerto hasta mañana, y es cierto que ha de lograr la ocasión. Decid quien pudo informaros de eso? . El mismo en un papel. Y que más os dice en él? que vendrá esta noche a hablaros por este jardín. Yo hablar con mi enemigo? . Confía en su valor, que ya el día poco nos puede durar. Yo he de aventurar mi honor. Porque si a obligarte viene? esto alentar, me conniene . que es lo que me está mejor. Mientras que se pasa el día, que te retíres te ruego, que yo te aulsaré luego con la seña que solía. Cuál es? Mi canción. . Bien dices. Con que avisaré a los dos. Pues a Dios. Belardo. A Dios. Hagaos el cielo felices. Sin guardas está el jardín, mas no es mastín, y que tal: tus, tus; pero no hace mal un mastín a otro mastin. Porque has entrado en la huerta? Y aún me entrara hasta el abismo Di perro? . Por eso mismo, porque hallé la puerta abierta, Qué buscas? Vengo buscando a Belardo un jardinero. Yo soy. Vor? volverme quiero, que de mí os estáis burlando: Belardo vos? bueno es eso, dejad que de ello me asombre. No lo soy más que en el nombre, que en lo demás fuera exceso, aunque envidiar sus primores no son presunciones vanas, pues con sudor de las canas brota la experiencia flores; quién sois? . Piquete. El grumete del Corsario? . Y ahora estoy con Febo, y buicando voy a Fénix como un cohete, que esta noche la ha de ver en oyendo una canción. No ha llegado la ocasión, mas ya quiere anochecer, y en tanto saber querría que te parece el jardín? Bien otra vez al mastin le hablaré en algarabía; pero es un bruto ordinario, y yo traté con mastines del gran Turco en sus jardines, donde me compró el cosario. Sabréis plantar? Con primor, que aunque yo nací vasallo del de Arabia, en el Serrarlo me crie del Gran señor. Luego sabréis las guaridas del Fénix? . Conseja sabia, pero mi avuela en Arabia le vio que mar por oídas, ya creerla no me aplico, ni pude alcanzarla yo, que ha cien anos que murió con más atrugas que un mico; Pase el Fénix por novela, que quien más de Arabia sabe, menos conoció este ave, que yo al mico de mi avuela. Y bebéis vino? . Alponerlo: a la boca si es de ubas. Puro? . Al salir de las cubas. Y hazeos mal? . Él no beberle, Pues tenéis firme el cerbelo? beberéis del moscatel? Pura fue el alma de aquel que plantó aquese majuelo. Y beberá antes que coma? La pasa dejo, y el higo por un trago, pero amigo. no parléis nada a Mahoma. Ya es de noche, ten cuidado si viene. . Quién? mi señor? ya de sus pies el rumor nos avisa que ha llegado. Sin oír la canción? . Sí, pues halló la puerta abierta, que fue la seña más cierta; ya viene con otro allí. Que te acompañe permite, Solo he de quedar en fin, que hay guardas en el jardín, y no es bien que solicite. mi peligro, si aquí os ven, que yo me sabre ocultar, no tenéis que replicar que esto ha de ser. . Esta bien, Antes quisiera que al punto de aquí, Florante, partieses a Colcos, y al Rey le dieses cuenta de que ya está junto su Ejército, y lo que emprendo le callarás, que no es ley ir contra el gusto de un Rey? Servirte solo pretendo. . No es Belardo? Sí, señor. (llarle Mucho me ha importado ha- con vida . Llego a besarle los pies; ay dicha mayor! que tal he llegado a ver? Subid, llegad a mi pecho. Salga el corazón deshecho en lágrimas de placer. Llorad más quedo, que hay modo? de acechar, y descubrir a mi amo. . A prevenir voy los jardineros todos, que quiere bajar su Alreza al jardín, para que estén retirados. . Dice bien, él tiene gentil cabeza, bien puedes fiarte de él. Ya conozco su lealtad, y no me hace novedad, que es un criado fiel. Ya es la seña impertinente, y no he menester cantar, que a Fénix podre avisar en retirando la gunte. . El viejo vale un diamante: con que lealtad, con que amor te sirve! y con que valor lleva el trabajo adelante, rompiendo aquesos terrones, y acudiendo a tu servicio! y afen que no es ejercicio de viejos, ni de poltrones. Demás de haberme criado, agradecido le estoy de haberme dicho que soy aún más de lo que he pensado. Y aún no has llegado a sabello de cierto? . Hasta agora no, mas si no se declaró, razón tendrá para ello. D. Todos quedan retirados, y allí vuestra Alteza tiene a Febo. Sí, más hoy viene a darme nuevos cuidados. Rendido a tus pies, divina Fénix, no pienses que hoy vengo a lograr nuevos favores, que ya sé que no merezco tal dicha . Alzaos, General, y excusad tales extremos, que no le está bien a un Marte, lo que a un Adonis. . No tengo nombre yo? Marte me nombras? Genetal solo, y no Febo? Que más honráis pretendéis, que nombraros por el puesto de que blasonáis, y a quien debéis la gloria en que os veo? pues ya de mí, y de los míos victorioso os considero; y así, o él puesto dejad, o excusad esos extremos. que amaros es ofenderos, y adoraros más, pues yo, ni por ofensa la tengo, ni por exceso; mas hay que en temer, y amar padezco, pues ya todo es contra mí lo que amo, y lo que temo. Vos teméis? . Sí, que de amanta presumo. Y más de guertero, pues queréis con esa Armada, no solamente oponeros al Rey, sino a mí; que ociosa pretensión! qué vano intento! pero si con él aquí a parlamentar empiezo, no estoy lejos de rendille la muralla de mi pecho. Qué es lo que decís? teméis que os escuchen? . Nada temo que ya conocéis a Flora, y ese esclavo, pues le veo, con vos. . No tenéis de que recelaros, que bien puedo fiarme de él, oye, y calla, Cómo callar? mas que un muerto, si hablan quedo, guardareles mas que mí ley su secreto: hablemos, Florilla, un rato mientras hablan nuestros dueños. Tenga, que huele a almo haza, y aún peor, que huele a perros. Muertos, o vivos? que yo mas me atengo a darlos muertos: no lo digo por ti, Flora; que dulce nombre, y que fresco! y más dulce sile toco la mano, y me chupo el dedo: la mano tiene de alcorza. Y tú de oso colmenero, pues chupaste el uno, y vuelves a lamer los cinco dedos. a buscar la flor del berro. Por vida de mi señora, y por el Dios en quien creo, que he de quererte; quemar. . Y cual Dios tenéis por bueno? los de Tesalia? . La Luna. Y eso es poco más a menos, que un Dios entero adoráis, y nuestros Moros el medio. La vuestra es Luna menguada. Los menguados son dos vuestros, que un Dios adoran; que tiene mas manchas que un perdiguero, por la requa de Mahoma, y aquel descarnado hueso. Ya está dicho. . Pues hay más. que aforrar el juramento? por la piedra imán que al aire tiene el cancarrón suspenso, y la caja donde yace la fija de medio a medio. Aguarda, que es gran milagro, llévame contigo ha verlo. Yo te llevara, mas ya, ya lo se, el cofre de acero querrás untar con el diente de una cabeza. . No entiendo. Si llevas ajos, darás con el milagro en el suelo. No son razones bastantes las que me dais, ni yo puedo creer que tan gruesa Armada pongáis a vista del puerto, según me habéis dicho, solo para vuestro lucimiento, que quien pretende obligar a un Rey, y tenerle afecto, no es bien ponerle en cuidado con esos monstruos de Abeto, de plomo; y polvora ardiente preñados, y de pertrechos. de guerra, pero sin duda venís con otro pretejto. Por llegara vuestros ojos triunfante, a ofrecerme vengo con tanta pompa; y no es justo que lo tengáis por exceso; que quien un cielo conquista, no se contenta con menos. Esta es la causa, o por ver si ganar la gracia puedo de vuestro padre por armas, ya que no aprovecha el ruego. Esto me aconseja amor, o sino, aunque arriesgue en ello mi propia vida, robaros, que será el último esfuerzo. Desuerte, que me obligáis, y ofendéis a un mismo tiempo? Que más huce el segador tan cruel, como alagueño, que las espigas abraza para destroncarlas luego? que más hace el cocodiilo, la voz humana fingiendo, Que empezar por lo lloroso, y tematar en lo fiero? Y en fin, que más hace el áspid en las flores encubierto, que a un tiempo alagar con uno, y morder con otro extremo? Que obligar para ofender, y por tan contrarios medios, hoz; y abrazos, llanto, y presas. alhago, y mortal veneno. No digo yo que os obligo, pero tampoco os ofendo; oy si de mí no os fías, de las finezas, y empeños. de un casto amor, en reenes mi corazón os ofrezco. Vuestro corazón admito, y quisiera, precediendo la voluntad de mi padre, que con vínculos estrechos el amor nos enlazara en recíptoco Himeneo: mas que dirá de mí el mundo, mis vasallos, y mis deudos, si del Reino, y de sus ojos por daros gusto me ausento? Cielos! qué haré en el estado, y en la duda en que hoy me veo? . pues no os permitis al robo elijamos otro medio, sino más fácil, más digno de mi sangre, y de mi aliento. Permitidme, hermosa Fénix, que prosiga por lo menos la guerra, como antes hice contra este dichoso Reino, y desdichado, que todo Caber puede en un sujeto. Dichoso? si, y con razón, pues os tiene a vos por dueño: y desdichado, pues ya tendrá por contrario a Febo. Pero advertid, que las armas, que en vuestra ofensa prevengo, solo han de servir después de aumentaros los trofeos, pues si alcanzo la victoria, y humilde a esos pies la ofrezco, de vuestras manos el Rey la tendrá la ley, cumpliendo de hija, y yo de los dos quedaré por prisionero. Y podré, yo sacar gloria de mi propio vencimiento? Algo habéis de hacer por quien os adora. . Basta, Febo; y si mi padre quedase mas ircitado, que haremos? Prenderame, pero allí tendré la dicha de veros, que la prisión en los nobles no suele tener más hierros, que la misma confianza que el vencedor funda en ellos, No, Febo, yo he de cumplir con mi noble nacimiento, que romper la paz jurada, querer conquistar mi Reino, es quererme conquistar a mí por armas, y en ello vuestro valor ofendéis, y el mío en tan grave empeño, pues a ninguno está bien, y de esta suerte lo pruebo antes de entrar en la lid vos me armáis contra vos mismo armándoos contra mi padre; y aunque me dais armas creo contra mi propia, y aún contra vos, pues no hay guerra sin riesgo; pero empezad el cómbate, desnudad, Febo, el acero, que contra mi honor son flacas las fuerzas de vuestro aliento Honor decís? escuchadme, que los de Arabia solemos usar de los Anagramas, y aqueste allá es uno de ellos, Nada es honor, si las letras notáis de que está compuesto, la Aes aspiración, que es nada; la O es un cero, la N esmiente en Italia; y la segunda, O es cierto que es otrocero; y las? tien, que es nada si créemos a los Franceses; de modo, que de letras cinco infiero, que el honor no es otra cosa que tres nadas, y dos celos. Deja esas impertinencias, Píquete . Soy un plebeyo, S qu no se me diera a mí un bledo. En tanto el honor estimo, que defendéis, que aún yo mismo fuera contra el mío, si hoy no mirara por el vuestro. Y si estáis interesada en que él viva, y yo no puedo sin el dejar de morir, pues más que el vivirle aprecio, y sin vos ya no es posible, que más que a mi vida os quiero, partid ese corazón que tenéis mío, y haciendo de él dos partes, escoged (que a vuestra elección lo dejo, porque no os quejéis de mí) la ternura, o el esfuerzo, pues con la una os obligo, y con el otro os fendo. Esfuerzo, y ternura en él me agradan, que no apetezco amor sin valor, y el uno sin el otro no le quiero. Pues quedaos con las dos partes, y le gozaréis entero; pero no, que para amaros le he menester en mi pecho. Si vos tenéis allá el mío, no os puede hacer falta el vuestro Si el corazón es origen de la vida, y yo le tengo de vos, él será la causa por quien vivo, y por quien muero, De esa suerte os quedaréis con los dos, y yo muriendo, pues me habéis quitado el mío; pero si el uno está dentro del otro, sí, yo por vos, y vos por mi viviremos. Tener yo el vuestro, y el mío todo es posible, y con esto será mi pecho invenciblo, y en la batalla sin riesgo podré entrar más confiado, pues dos corazones llevo. No sé, Febo, que deciros en esa parte, más tiemblo en pensar, que si quedáis victorioso, pierdo un Reino; y si vencido, un esposo; vida, y honor, pues lo atriesgo, y en cualquiera que me falte de los tres, todo lo pierdo. Todos saldrán con victoria. Ay, Febo, quiéralo el cielo! que esta sela es la esperanza que debo al amor, mas temo que si os pierdo, he de perder la vida; y si mi honor pierdo, el juicio, y si a mi padre, me acabará el sentimiento. Ese temor es acioso, pues vuestro padre no creo que ha de hallarse en el convate Si es vencido, no es lo mismo qué perderle? . Paz, señores, no lleguéis más a lo estre. hos paz, que ya metió el montante de la mañana el Lujero. Engañaste, que serán de Fénix los ojos bellos; y si es uno el que me aparte, me detienen dos lujeros. Ya es forzoso el dividirnos. No es posible, aún que lo intente; que al fin tengo de ausentarme, y quizá para no veros jamár? Qué infeliz presagio! Vengan males, vengan riesgos, que si es muerte el dividirnos, no tengo ya que temerlos. Señor, y ha de ira la guerra Piquete? N a el viejo quedarás en el jardín. Y Florilla verá el ruego de Mahoma, y a la vuelta de Mécanos casaremos. Novió tú? Novio, o no vio, pues me han dicho, que en habiendo. . No me culpes (ay de mí!) visto el hueso, han de que marnos los ojos, y quedar ciegos. Y quedaraste a la Luna? No, Flora, que tiene aquellos. Quédate aDios, dueño hermoso y a una Reina le está mal A Dios imposible dueño, A vencer voy, o a motir. No vayas con ese agüero. Venceré, si tú me alientas. Ya te siguen mis deseos. Esto basta, y tus memorias. No te vas? . Si tu primero no me dejas, no es posible, que ausentarme, y quedar muerto a estas horas considero para mí todo es lo mismo. . peleando, y más le quiero Muramos los dos a un tiempo vencido, que no triunfante. Aprende, Flora, a querer. Tú a no temer los extremos. de la Luna, que a quien más. los teme, nacen más presto.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Déjame llorar, Diana, y temer a un tiempo mismo, hasta salir de este abismo. de penas. Excusa, hermana, ese llanto, que inhumana. estas en la opinión mía contra ti propia, confía. en tu amante, y en el cielo, que ha de llegarte el consuelo autes que se puse el día. Deja de sentir ahora lo que está por suceder, que aunque se debe temer, no es mal el mal que se ignora. Deja ese llanto a la Aurora, no estés por Febo tan triste, pues tú la ocasión le diste. pues cuando dichosa fui, alegre me conociste. Al perder esa alegría cobraste un color mortal; tan larga melancolía; pues quien viere que porfía en ti esa ardiente pasión, conocerá tu afición, y aún dirá el más ignorante, si hay ceniza en el semblante, que hay fuego en el corazón. Ay, hermana, que a mi aman La fortuna es inconstante, y uno, y otro puedeser, mas n haces bien en temer, ni en dudar de su valor, que es dichose en el amor, y en la guerra lo ha de ser. No digas a tu señora tan aprisa todo el cuento, salto, y bailo de contento. Qué es eso? . Reñir con Flo que se cree de ligero, y apenas llegó a escucharlo, cuando viene achismearlo, Lo he de contar. Yo el primero. Comenzó Febo el comvaso Comenzo Febo a reñir Cuando en campos de zafir. Cuando en campos de tomate, Junta su Armada, prosigue la batalla comenzada. Prosiguió junta su Armada. No me ataje. . No me obligue, pero de su hijo espero, Escucha, Píquete, o vete, Irse, o escucharme a mí. Yo lo sé. . Yo no lo via Calla, Flora, y tu Piquete: sucesos temo infélices! Yo la atajaba por eso. Prosigue, Flora, el suceso. Venció tu Febo. . Qué dices piensas que me obligas, Flora, en decirme que ha vencido? Apenas ha sucedido, y lo cuenta a su señora. Y en la Batalla Naval nuestro Almirante murió, pero en la muerte cobró su valor fama inmortal. De su desdicha nos pesa, pero el morir con valor, es la fortuna mayor que un noble pecho interesa. La Arma habemos perdido, y aunque el pueblo se inquieta, el fuerte de la Roqueta solamente ha combatido Febo, y el Gobernador murió al asalto primero, que resista con valor a un enemigo tan fuerte, y aún creo que ha de venga? la rota que dio en el mar, y de su padre la muerte. Eso hubiera yo contado, que el mismo aviso me dio un soldado, que hoy llegó en un bajel destroncado. Vete de aquí; ah injusto amor? que no quiero por leal, que hoy te alegres de mi mal, y del bien de tú señor. No pensó Febo ofenderte, venza mi amo, y mejore . de fortuna, y Fénix llore. No tevas? . Si por no verte, Florilla, venir con cuentos. Vete, pues. . Ya van dos vetes voyme, y honra los Piquetes, que es calidad a los cientos. Hh cruel homicida! ay, Diana, yo muero, quitárasme la vida, pues ya vivir no espero, y no tantos blasones, y el honor a mi padre, a quien te opor Yo perdí nuestra Armada, yo asalté la Roqueta, ay Fénix desdichada! hay patria mía sujeta! yo maté al Almirante, mate al Gobernador, y no mi amanta mi amante; sí, mas fiero, pues a matarme aspira; mas que dudo? a que espero, que no crece mi ira al paso que ha crecido mi amor; mas contra quien venganza pido! Contra quien? contra Febo? mas contra mi sería, y a ofender no me atrevo la vida que fue mía, y aún lo ha de ser; qué digo? vida yo de un cruel, de un enemigo? Victorioso pudiera quedar, y no tan vano, como le considera mi discurso; ah inhumano! a fuego, y sangre intentas perder el mismo corazón que alientas, Mas yo la culpa tengo, que las armas te fío, tarde a conocer vengo, que fue gran desvarío creer, si me ofendieras. que me obligaras, pero son quimeras. Mi corazón me vuelve, no riñas con ventajas, que en humo se resuelve tu gloria, y en tan bajas acciones comprendes, a ti te ofendes más, cuando me ofendes No es posible que sea ni amante, ni valiente quien contra mi pelea, pues en tal accidente que yo pierda es forzoso, o Reino, padre, honor, vida, y esposo. Basta, hermana; que ahora la vida con el seso podrás perder. . Señera, mira que ya es exceso, que quien su sin previenes mas disimula, que tu padre viene. Quedaos todos allá fuera; no quiero que me acompañen mis griavos, ysonozcan de Fénia en el semblanto sus afectos, mas que veo? aún no se atreve a mirarias, tu llores, Ténix? . Pues no he de llorar en un trance como aqueste? Hh ingrata, hija! . todos mi victoria aplaudea, y ella sola se entristece debiendo agora alegrarse mas que todos, no la entiendo, cuando pensé que te hallase alegre, lágrimas vierte?? Cuando alegran los pesares? Pelares? qué es lo que dices? No son míos los que un padre debe tener, mas no alteran sin duda pechos Reales baibenes de la fortuna. Qué baivenes, cuando sabes que hoy la tengo en sus mudanzas mas que nunca favorable? Lo que yo sé, que has perdido una Armada, un Almirante, y una plaza en la marina, y de las más importantes de tu Reino. . Basta, Féniz, ninguno ha venido a darte nuevas del suceso? Nuevas de aquel infeliz cómbate me dio, Flora, y no te admires que en tal ocasión derrame ágrimas, que soy tu hija, El del mar, y de la tierra y así no debes el irme. Ya, Fénix, ya no te culpo, pues hasta ahora no sabes la victoria que el de Tebas ganó, poblando esos mares de velas, que ya estánjos de tanta enemiga sangre; pero ya el Príncipe viene, y podrás de él informarte, pues el suceso ninguno como él podrá contarle. Qué es esto que escucho? ah cielo que poco tuve un amante victorioso, uno sentía, y ahora espero muchos males. Llegad, Príncipe, a mis brazos, que pues fusteis el Arlante de mi honor, en vuestros hombros bien será que un Rey descanse. Gran señor, con tantas honras, ya es mi victoria más grande. Hijas, no hacéis más favor al Príncipe? . El cielo guarde a vuestra Alteza, que ha sido a quien hoy debe mi padre sus Estados. . Y nosotras, y el Reino victorias tales, Contad, Príncipe, el suceso, que será honrarlas, y honrarme, os diré a un tiempo; escuchadme: Después de haber perdido el Almirante vuestra Armada, y ganada la Roqueta Febo, llegó la mía tan pujante a despecho del mar, que la inquieta, y a pesar de los bronces tan volante, y a mi orden tan prompra, y tan sujeta, que la suya en seis horas descubrimos, y a su vista en batalla nos púsimos. Disparó un cañonazo mi Almiranta, que fue allí la primer señal de guerra, co tal rumor, que aún referido espanta, con otro me responde Febo, y cierra contra los míos, y en el mar levanta mil penachos la vala, que de tierra líquido polvo le juzgara alguno, siendo la gala entonces de Neptuno, Uno, y otro clarín a envestir toca, instrumento de cólera, y de saña, y al cómbate los ánimos provoca, en el teatro de esa azul campaña, cada bajel nos pareció una roca, pero inconstante, que tal vez se engaña la vista, pues chocando estos, y aquellos vio la fortuna su retrato en ellos. Declarose conmigo en la distancia de una hora, y a Febo se le opuso abatiendo su bárbara arrogancia, salvar su gente con valor dispuso, mas la fortuna en la primera instancia turbado le dejó, triste, y confuso: perdió su Armada en fin, y ardiendo en ira, con cien hombres al fuere se retira, donde al hijo encontró del esforzado Gobernador, que el fuerte había perdido dentro de un totreon tortificado, que con tanto valor le ha defendido de la invasión de un enemigo airado, y yo os confieso que gran parte, loa sido para ganar la plaza; pues le debo el tener siempre con cuidado a Febo. El resto de su gente desembarca, y a socorrer la plaza se encamina, pero siguiolos hasta allí la parca, que a postrar su altivezse determina, sin perdonarle al mar sola una barca, vengativos discurren la marina, y al ver los míos; tan rabiasos llegan. que en polvo; en sangre, y en sudor se anegan. Fuentes los unos de coral vertían, tanto que corren púrpura caliente los valles donde tímidos caran, por no acabar a manos de mi gente: otros que a ejemplo suyo concurrian del rojo humor crecieron la corriente, y estos, y aquellos mueren en los valles por faltarles la sangre, y por sobrarles. De un lance en otro al riesgo despreciamos; de poder apoder nos envestimos, tantos después herimos, y matamos, que apenas para huir paso les dimos: huyeron, y los muertos sepultamos, no de piedad, mas porque nos temimos de algún contagio allí, que troncos hiertos matar quisieron, aún después de muertos. Guarnecemos, cegamos, combatimos las trincherar, los rosos, la muralla, disponemos, jugamos, proseguimos los asaltos, las minas, la batalla: tanto nos empeñamos, y nos dimos tanta prisa en batilla, y asaltalla, que cobramos la plaza, y Febo luego sangre escupe, humo anhela, suda fuego, Prisionero le traigo, y mal herido, con que tu Reino quedará seguro, presto veréis al vencedor vencido, y en su desdicha de constancia un muro, feliz yo que a los cielos he debido tal victoria, si bien no me aseguro, que si hoy de Fénix un favor no tengo, ni soy feliz, ni victorioso vengo. Su mano será el favor, que a quien llego a conquistarla por armas, y por finezas, no es bien que se le dilate. qué es lo que escucho? ay Diana! mi padre intenta casarme con lo que más aborrezco. Muda, hermana, de semblante, aunque lo finjas . Bien dices, Re Razón será que descanse vuestra Alteza, que las bodas que tengo firmadas, antes que venga la noche quiero que lleguen a eféctuarse, Descansad, Príncipe. Ah cielos! que aprisa quiere apartarme de sus ojos; ya señora, ya os obedezco, aún lo afable en esta ocasión me niega cuanto me ofrece su padre. Dejadme aquí ese soldado, que un negocio he de encargarle de importancia. . Bien podes? de Poliarco fiarle. De mis vasallos podía . nombrar para Febo Alcabde, mas hoy conuene que sgan de teca Nacional de España el Príncipe los que guarden la prisión, con que le obligo y yo podré asegurarme: otra vez vuelvo a pedir, a vuestra Alteza. Mandarme. podéis, señor; que descanso, ni que alivio en sus pesares, tendrá quien del bien que adora se aparta solo un instante? . Esto a mi quietud conviene, oídme, Fénix, aparte. Qué es lo que mi padre intenta? . No os alteréis, escuchadme. Preso han de traerme aquí a Febo, y aunque es tan graí a dicha de ella proceden mil dudas, que hoy me combaten. Sin orvenes de su Rey, dicen que arriesgo sus naves, y i llegase a entender que las perdió en el cómbate, pensará que yo he rompido, y no Febo nuestras paces, y así llego a persuadirme que otros disignios le traen a Tesaría, mas ya el cielo sus altiveces abate, y aunque en mi poder le tengo, no es susto que hoy me declare- con él, ni es bien que presuma que en un Rey temores caben; si de un vasallo lo fío, se ha de ofender, y negarle la respuesta, y más teniendo. tan esclarecida santre, yo sé, Fénix, que en el tiempo de su embajeda empeñarse llegó en un bello imposible. gran señor (qué pesares!) no tuve más parta en ello. Claro está que de tu parte no hubo más que haberte dado el cielo hermosura, y tales perfecciones, que él sería necio si las ignorase. Tú te has de ver hoy con él, y procurar con el arte que os dio el cielo a las mujeres, pues de ti debo fiarme, que te descubra su pecho: aquí veré en este lance si lo rehusa, o lo aceta. Yo he de verle? yo he de hablarle yo a Febo? yo al enemigo de la patria, y de mi padre? ni a ti, ni a mi nos conviene. No hay, Fénix, que replicarme. Qué intenta el Rey? No he hermana; la vida intenta quitarme, pero el honor me aconseja, que obedezca, sufra, y calle. Esto habéis de hacer, y a Febo en este jardín dejarle con Fénix, y con Diana; y volved después a darme cuenta de lo que o encargo, y advertid no sepa nadie mis intentos. . Confiarlos de mi lealtad, es honrarme. Haz. Fénix, lo que te mando, pues no hay de quien recelarse, cuando te a iste tu hermana. Yo con Febo? no me mandes cosa tan contra mi gusto. Que de obedecerme trates conviene, que obedecerme será Fénix, obligarme. . Que es lo que has dicho de Febe Que hoy me permite que hable con él, y en esta ocasión es aumentar mis pesares. De verle antea vencedor te quejabas, y ahora haces. mas extremos? . Y no es ya causa para quejarme de la fortuna, y mi estrella para mi siempre inconstantes? Vencido Febo en la guerra, y agora expuesto al ultraje de una prisión rigurosa? mas que prisión hay suave? y herido? qué es lo que más debo sentir, pues la sangre que vierte, acusa la mía, que a recibirlano sale. Ya se acabaron señora, las brasas, y los puñales, que el tiempo todo lo cura, y la locura es matarse. Allí está Fénix, y en mí se ha vuelto el gozo en pesar, ya no hay bailar, ni saltar de contento. Aún vuelves? . Sí, y agora confuso, y triste, Florilla, y de mal humor de haber visto a mi señor. Y dime, dónde le viste? Mándome allí adelantar a decirte que ha vestido del fuerte preso, y herido, y aún no le quiere curar, La gente que ha venido en vuestra guardia, retirada queda. Preso, ha cielos! sin honra, y mal herido sus hijas me han de ver? sí, porque exceda este dolor a cuantos he pasado. Este, Febo, es el orden que me hadado. Llevareisme primero al Rey, que honrar debiera a un prisionero, y no tratarme agora de este modo. Con dejaros aquí respondo a todo. Quelserá de los dos, Flora, el primero que llegue a hablar en paso tan severo? La confusión es tal, y sus enojos; que aún no se han atrevido a alzar los ojos, Al Febo? . Ay Fénix bella? Qué infausto amor! Y qué infeliz estrella! Febo a los cielos mira; y Fénix llora: ven, Píquete, ven, Flora, que entre esas murtas aguardar podremos a que vuelvan por él. Todo es extremos amor, y no es delito aquí el dejarlos. Ni es dejar de asistirlos no escucharlos, Ay, Fénix, quien pensara verse en esta prisión, cuando bastara la que amor en tus ojos me había dado. Tú eres el preso, y yo quien lo ha causado; herido vienes. . No son las heridas tan graves, aunque en penas tan crecidas fuerza es morir. Por que? De no haber muerto por ti en campaña, ya que no he sabido conservar el laurel que había adquirido en el primer cómvate, pero es cierto, que de cualquier manera la esperanza perdiera de volver a cobrar muerto, o triunfante, como primero el nombre de tu amante. Muerto Febo por mí? basta cautivo. Y no es morir, si ya sin honra vivo? Ser de Fénix querido honra se llama: Honra será en amor, mas no en la fama, La que Febo ha ganado en tan grandes empresas que halogrado, no ha de perderla, aunque salió vencido, pues hoy gana lo mismo que ha perdido, logrando mis favores, que en la guerra de amor son las mayores victorias, pero tú no las estimas, pues te acobardas cuando más te animas. Y porque manda el Rey que a tu presencia me traigan, y me niega la licencia de hablarle? A que me digas con que intento diste velas al viento sin orden de tu Rey siendo sus naves: No me preguntes, Fénix, lo que sabes, pues ni fue por librar ese pirata, ni concluir las paces que el Rey trata, sino por ver si hallase (como la hallé )ocasión en que te hablase, y por haber tal dicha conseguido, piérdame que me doy por bien perdido, aunque más digan que hoy tu padre intenta cargarme de prisiones, y de afrenta, Sí a aprisionarte, en mi podrás vengarte que soy su hija, pero no quisiera que te libraras, ni que yo saliera de donde amor me tiene aprisionada, que estoy en sus cadenas bien hallada; y librarme, o librarte, ya es perderte, y mi pena mayor fuera el no verte. Yo estimo la prisión en que hoy me veo, y tanto, que está ocioso ya el deseo, ni tengo ya más penas, que no hacer de tus brazos las cadenas, mas ay que estoy sujeto de un Rey a la violencia, y si hoy de tu presencia me aparta el dulce objeto del ídolo que adoro, vengo a perder, y si los hierros doro de esta prisión con la esperanza, temo que de un extremo pase al otro extremo, que es tan cruel mi suerte, que a sombras de mi vida está mi muerte. No hables de hierros más, ni los cometas en los temores vanos que interpretas, que Reales Perionas gastan oro, y no hierro en sus Coronas, que de viles metales no han de valerse las personas Reales; y más contigo, Febo, pues no ignoro que quilares dará tu frente al oro, y cuando el Rey te ponga en esa torre de Palacio, si el cielo me socorre, medios no han de faltarme con que vea lo que tanto desea el alma; y si esto fuese imposible, y hablarte no pudiese en tan dignos empleos, te asistirá mi amor, y mis deseos. Solo temo que el Príncipe de Tebas ha de esforzar con diligencias nuevas la pretensión que tiene, y por tu esposo le juzgan todos ya, pues victorioso del cómvate ha llegado, y aún se dice que serán hoy las bodas: ah infelice de mí! múroto de envidia quedaría, y el vencedor dos veces en un día. Casaro yo con tu enemigo, Febo? De un dichoso, ay de mi! temer lo cedo, que hoy te asiste, y del Rey tiene licencia. Yo no podré negarme a su asistencia. Y a todas horas le tendrás presente. Y es tenerte en mi pecho estar ausenrte? Una Corona hereda, y me ha vencido. Tu Corona es haberla merecido. Tiene a un Rey favorable, y yo le tenyo. Tú al amor, le es deidad, y Rey supremo. Ya vuelve Poliarco, y daros quiero este aviso primero, no aguarbéis a que llegue, mas ya viene Diana, y les conviene, quefra solas están Venus, y Marte pensará el Rey, mas yo soy trasto aparte. Bien ha hecho Píquete en avisaros, que vuelve Poliarco. . Mesuraros conviene, que ya llega. Ciego es amor, y su pasión los ciega. Ol den traigo del Rey para llevaros en Febo, a esa torre de Palacio, y daros aquel cuarto que cae a la marina, que así lo determina el Rey! que vuestro Pcaide me ha nombrado, y perdonad, si bor, que soy mandado. Vamos; pues un volcán llevo en el pecho, y el Rey no me ha de ver? . Tiene capticho, En la torre os verá, y así lo ha dicho. Perdón, señora, si licencia espero, y vos no os olvidéis de un prisionero, Fénix, ni del favor que hacerme ofrece vuestra piedad, que en los rendidos crece, Yo hablaré al Rey por vos. Y de él espero que os ha de honrar por noble, y extranjero. Dónde está vuestro esclavo? Yo en la guerra no estuve, que aljardín rompo la tierra, y aún romperé la cárcel, si allá entramos. Vos le habéis de asistir, que las prisiones no han de ser para vos. . Cuatro razones tengo que hablarte, Flora. Señor, vamos, que hacia el cuarto del Rey tiene una puerta la torre, y otra al mar, que dejé abierta, y por ella entraremos, que está es la orden que del Rey tenemos. Flora, para después, que las Ineses no se han de alzar con todos los despueses, Febo en la torre, y yo sin él ha cielos! que hará un alma entre dudas, y recelos? bien podrá el Rey tratarle como a enemigo, pero yo he de hablarle, aunque esté en la prisión, que darle espero el aviso primero; que fuerce mi albedrío el Reil tan poco en mi fortuna fío; y si esta noche intenta efervallo, podré morir, mas no podré excusarlo. Y las guardas? El oro, y las promesas lograron más difíciles empresas, Ya, Fénix, es de noche, y si has de ver al Rey . Sí. Quiera el cielo dar consuelo a tus penas. Que consuelo puedo esperar, si no es la muerte, hermana? Fénix, no aguarde el Rey. Vamos, Diana, que si me aguarda el Rey para casarme, ya viene a ser lo mismo que matarme. Ya esta todo prevevido, y ya las guardas esperan aque legue nuestto Alcaido con el preso; mas ya sueña rumor; quien entra en la torre? Quién excusarlo quisiera. Qué bulcáis? Contra mi gusto vengo a la cárcel apriesa a prevenirle a mi amo la cama, y antes la cena, que si yo no ceno, es todo soñar, sapos, y culebras. Entrad, Febo, que esta es la estancia que el Rey ordena que tengáis, guardeos el cielo, y os dé valor, y paciencia. . Por dónde veniste? . Yo por el Parque, diligencia que podrá ser de importancia, Notables son tus quimeras. Señor, si quieres librarte de esta prisión con la treta que yo he pensado. Estás loco? librarme? de qué manera? Yo sé nadar como un pez, y allí he visto una tronera, que está sin artilleria, y ambos cabremos por ella. Doy que por ella quepamos, que harás después? Con presteza ir juntos al mar, que yo te sacaré a la ribera. Y si nos ven? . Buen reparo, que están las guardas alerta. Parece que siento pasos: no es mi Fénix? Sí, y la niega tu Alcaide el paso, y la entrada. Cumple lo que el Rey le ordena Si ha entrado el Sol en la cárcel, ya están demás esas velas, voy a matarlas. Qué haces? Despacilar, las liternas quese decir, para ver a Fenir, que a hablarte llega. Basta que vos lo mandéis, Cran señora, mas no sepa el Rey que lo he permitido. Yo quedo a la recompensa obligada. . Y yo a serviros, que es lo que un noble interesa Fénix con Febo en la torre, de esto conviene darcuenta al Príncipe, que es mi dueño, y con tales evidencias no será bien que hoy prosiga sus bodas con la Princesa. Yo vengo, Febo, yo misma, y no os parezca indecencia, a deciros, que esta noche mi padre casar me intenta. Con mi amo? . Calla, loco. Con el Príncipe de Tebas, y antes faltarán al Sol sus rayos, a las Estrellas la luz, que las comunica, a la mar conchas, y arenas, flores al Mayo, y al Alba llanto en diluvio de perlas, que yo te olvide por otro, que yo falte a la promesa de ser tuya, ni ala fe que cumplir debo, y no ereas que son presunciones vanas, pluguiera a Dios que lo fueran Toda su Corte juntando, y con festines intenta celebrar en vez de bodas, de tu Fénix las exequias, y no para renacer, como se dice de aquella, que a los rayos de otro Febo leños, y pluma encomienda, ya sus ojos muere, y vive sucediéndose a si melma, pero la imito en lo sola, pues muero, y no en tu presencia. Basta, Fénix, no me mates, mas si es forzoso que muera; muera yo a espacio, que aquello viviré, que lo difieras; pero sin verte, no hay vida, venga ya mi muerte, venga, pero mátasme de envidia, y morir de amor quisiera. Desuerte que el plerto es sobre morir más apriesa? llamen al Médico. Aguarda: . qué es aquello? . Que allí suena el plaza, plaza. . Qué dices? Que dimos con todo en tierra. Mi padre aquí? amor, y el cielo me valgan, yo, yo estoy muerta. Aquí está Fénix mi hija, . cuando la espera el de Tebas, y con él toda la Corte, que ha de hallarse a las entregas? Si hoy se casan, yo me ofrezco . a la muerte antes que venga. Yo saturare a la duda que le suspende, y le altera, o me culparé a mí misma, sino queda satisfecha. Oidme aparte, señor, que esto no es bien que lo entienda ninguno: no me ordenasteis que hablase a Febo en presencia de mi hermana en el jardín? Sí, Fénix, y la respuesta no me habéis dado hasta ahora. La ocasión de suspenderla, es, que no quiso allí Febo declararse donde oyeran secretos tan reservados, que aún recatarlos debiera de sí mismo, cuanto más publicar su inobediencia, pues presumo que su Rey la paz que firmó, con erva, y así vengo a la prisión prosiguiendo la licencia que tuve entonces de hablarle. Calla, Felix, no te ofendas a ti propia en presumir, que te doy crédito. . Advierta vuestra Alieza. . No prosigas, basta, Fénix: que imprudencia es querer dorarme ahora con un engaño una ofensa! Poliarco, a que venís? A cumplir lo que me ordenar Me aguarda el Príncipe? Antes. le suplica a vuestra Alteza, que se suspendan las bodas porhoy. Corazón, alienta. Respire el alma. , Y deciome, sabe que está la Princesa conmigo aquí? Sí, señor. Bastante ocasión es esta . para de hacer las bodas: de enojo el pecho revienta, mas yo vengaré este agravio en Febo, y después en ella; cuando menos lo presuma: vamos, Fénix. No se acuerda. de ti, señor, ni aún te ha vuelto a mirar. . Piquete, espera: cómo, señor, sin hablarme se va de aquí vuestra Alteza? y Pensé, Febo, que os hallara solo, pero aquí en presencia de Fénixno es bien que os hable ni de vuestras conveniencias, ni del rigor con que deben llevarse tales materias: luego hablaremos, Alcaide. Siempre estaré a la obediencia de un Rey, a quien debo tantos favores. Venid, Princesa. . Malo, Princesa, y no hija? no va el Rey muy bien con ella. Su padre va sospechoso mas de lo que yo quisiera, y temo que a la venganza remita lo que sospecha. Lo que yo temo, es que ya no han de venir con la cena, ni aún escucho el tiquitaque del gígore. Ay Fénix bella! mucho temo que ha de ser esta la acasión postrera de poder vernos . Yo más no ver a Flora en la huerta, y romperle la palabra del despuér: tener paciencia. Perdonad, Febo, y creed que os excusara esta pena Poliarco, pero es justo que al Rey obedezca. Traéis acaso firmada de mi muerte la sentencia? Poco menos, el Rey manda que al fuerte de la Roqueta os lleve, y esto ha de ser antes, Febo, que amanezca. Querrá allidarme la muerte. Que viváis muriendo intenta, que en vuestra vida consiste el hacer su fama eterna, y que dure su verganza lo que os durare la mesma viva que él tanto aberrece, con que la esperanza os niega de veroslibre jamás, y a Dios que mi gente espera, que ha de prevenir dos naves en que vais a la Roqueta seguro, porque no haya quien salga en vuestra defensa, Malas Roquetas te dé Mahoma, pues tales nuevas nos traes valor, señor; ahora cuentas las Estrellas, tuerces las manos, los dientes crujes, y muerdes la lengua? Vivir yo sin Fénix? yo en prisión, y tan estrecha? sin esperanza de verme con libertad, y que muera viviendo, para aumentarle al Rey la victoria? ah pesía mi fortuna! para cuando son los rayos, los cometas, que unos me asombren, y otro en cenizas me resuelvan? Acábese ya mi vida, toquen la línea postrera mis aliensos, y Aqueronte su infernal barca prevenga para Febo, que hoy sus bodas convierte amor en tragedias. Perdí la ocasión, y el alma he perdido, y la paciencia, perezca todo, y no Fénix, que es alma de mis potencias; mas ya para que las guardo? perezca Febo con ellas; que como es posible que yo no perezca, si un Sol me retiran, y un cielo meniegan? Perdí a Fénix, y es fuerza, si estoy sin alma, que la vida pierda. No se hicieron para Febo en el Averno su Ocaso, que si hay en la cuarta esfera un Febo que el mundo ilustra, otro Febo en sus cabernas aya, que sombras, y horrores de eterno eclipse padezca. Siga mi espíritu allí de Ixión la instable rueda, de Ticlo el Buitre me asombre, y en el caucaso la hambrienta Águila de Prometeo, que en sus entrañas se ceba, de Sísifo el duro escollo, y de Tántalo apetezca el agua, y la dulce fruta, que convida, y nunca llega, Píquete toma esta espada, que hoy en señal de nobleza me ha dejado mi enemigo para que muera con ella. Qué dices? Toma la espada, y este pecho me atraviesa. Para guardarla de un loco la tomare, pues es fuerza, que no es segura una espada en la mano de un tronera. Acaba, pásame el pecho, que dudas Piquete? llega. Yo cruel contra mi amo? yo he de dar la muerte fiera a quien quiero más que a mí? Sí, por esa razón misma, y en esto echaré de ver que me quieres quues la afrenta me excusas de una prisión, de que mi ene migo tenga su gloria en verme abatido; y lo que más me atormenta, que no he de ver más a Fénix; lácame tú de estas penas, pues no las darán mayores Sisifo, Aleto, y Mejera. Vuelve en ti señor, y cuida de aquesta pobre cabeza, que está ya desvanecida de no haber cenado. Ea, que aguardas? dame la muerte. Llevarle el humor quifiera, y engañarle. No me matas? Ya comienzo. Tente, espera Si huyes el golpe . No ves que si el pecho me atraviesas donde está mi Fénix, puedes matarla? Bien dice, vuelva la espalda, y mataré entonces a mi amo a espaldas vueltas. Así lo haré, y no me burles. Yo burlar? . Ay dulce prenda, por ti muero, y no hago mucho, pues la vida que hoy pudiera conservar, sin tino es vida, y nada pierdo en perderla, con que por ti vengo a dar lo que ya no me aprovecha. . Ya espera como un Tudesco la muerte, pero en la escuela de esgrima llegué a saber la gayada, y en la tierra la he de probar, bien está, yo le apunto a la rodela de la espaldilla, y le tiro; doyle con mi nombre, y ser toda la herida un Piquete, va de gayada, y con fuerza. Cayó en tierra y daré al mar con él antes que en si vuelva, ánimo, yo seré un mandría, si hoy no salgo con mi treta. Rumor siento en la prisión, acudid todos apriesa. Ahora conviene apagar la luz, que las guardas llegan. La luz han muerto, traed un acha, y al puano sea. Vaya al mar Febo, y tras él su esclavo, y pague la pena de haber muerto a su señor, que aunque lo ha mandado, esnría mejor, y yo excusaré disculpa, y quien matar pudó a su amo tras él muera. Ya no es menester lo luz, que en dos razones se abrevia, un vil esclavo es la causa de tan infeliz tragedia.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA El Rey aquí nos ordena, que a la Princesa esperemos, y si es posible aliviemos con la música su pena: Y aun que nada la entretiene, será fuerza obedecer a tu padre, y suspender las lágrimas; mas ya viene. Digo, que en vano lo intenta. Tu pesar quiere aliviar Con la música, un pesar, mas que se alivia se aumenta: y más no habiendo sabido, desde anoche que le hablé, como está Febo, y no sé lo que le habrá sucedido. Que le dejé de tal suerte confuso, y desesperado, que en su prisión le he soñado. batallando con la muerte! Fénix, de ilusión tan vana no hagas caso. No señora, oye la música ahora. Si es gusto del Rey hermana, di que canten; pero ordena que sean canciones graves, y de lejos, pues ya sabes que así la música suena que me vean hacer extremos. Ya lo están, que cantaremos? La canción que os escuché ayer; y tú del de aquí Flora ayudarlos podrás. Sí, gran señora, y verás la armonia que hace así. Si descubro mi dolor, temo un injusto castigo, y muero si no lo digo, que me aconsejas amor? Si descubro mi dolor temo un injusto castigo, y muero si no lo digo, que me aconsejas amor? Ay de mí! qué acobardado esta el amor en su empleo, pues aún dentro del deseo aprende a ser recatado. Y aún no se ha desengañado, que entre el valor, y el temón pero sin duda es mejor morirzallando en mi engaño, que vivir de un desengaño si descubro mi dolor. Si descubro mi dolor Lemo un injusto castigo, y muero si no lo digo, que me aconsejas amor? Vida me pudieradas un desengaño fiel, y el remedio es tan cruel, que le pretendo excusar. No lo quiero aventurar, mas ay que para conmigo soy el más fuerte enemigo, pues cuando más me consuelo, dudo, presumo, recelo, temo un injusto castigo. Temo un injusto castigo Y muero si no lo digo; que me aconsejas amor? Callar mi mal, y no verme con Febo, muerte se llama, decirle, y morir sin fama, será dos veces perderme. No sé, hay hermana, que hacerme, que a mi propia me persigo, pues en la empresa que sigo, ni hablar, ni vivir espero, porque si lo digo muero, y muero si no lo digo. Y muero si no lo digo. Qué me aconsejas amor? Menos mal fuera el olvido, la ausencia menos también, pues aunque ninguno es bien, presúmese que lo han sido. Con todo no me despido, Niño Dios de tu favor, valor corazón, valor; pero no sé que elegir, que es callar, y hablar morir, que me aconsejas amor? Qué me aconsejas amor? Qué me aconsejas amor? No es Belardo? dónde vas? lágrimas tú? . Si señora, jardín, y música ahora, cuando. No me digas más, sola quisiera quedarme, que aguardáir? no me canséis, que las exequias me hacéis cuando pensáis alegrarme; habla Belardo. . No sé como empezar. Ves hermana, que no ha sido ilusión vana lo que esta noche soñé? De verle turbado infieres tales desdichas? Ay triste, si tantas lágrimas viste en sus canas, que más quieres? No intento daros enojos; pero estas lágrimas son pedazos del corazón, que han sálido por los ojos; Febo. Qué mal ha empezado! Viendo que tu padre ordena que oy le lleven. Qué más pena? Al fuerte que había ganado, y que ni hablarte, ni verte podía . Qué crueldad! Ni verse ya en libertad. Sedió a sí mismo la muerte? Si ya lo sabes, no es bien dudar lo que ha sucecido. Nuestro amor un sueño ha sido, y su desdicha también; y en fin de desesperado se mató a sí mismo? . No, su esclavo lo ejecutó por habérsele el mandado; pero anduvo tan fiel (quién le pudiera imitar) que arrojándose a la mar, perdió la vida con él. No fue hermana su homicida Piquete! yo sí, a que aguardo si es muerto Febo? ay Belardo, de que me sirve la vida! Y aún más de lo que ha pensado . Fénix ha perdido en él; pero en trance tan cruel, muera un Príncipe ignorado. No sabremos lo que dice Belardo? . Nada señora; de que sirve hacer yo ahora . su muerte más infelice? . Yo tristes las aguardaba, mas no tan infaustas nuevas. Sufre, y calla, que el de Tebas. Esto solo me faltaba, que impedirme un sentimiento que es tan justo, no es querer obligarme, este ha de ser para mí el mayor tormento. No debe de haber sabido . lo que en la torre ha pasado, pues en sus ojos no ha dado muestras de haberlo sentido. Si vengo a ser el primero, que tan mala nueva os doy, me pesara, que no soy. tan cruel, ni tan severo enemigo, aunque lo fui en aquella lid sangrienta, que de un General no sienta muerte, que yo no le di peleando, y le estuviera mejor, pues era forzoso quedar yo más victorioso, y él con más honra muriera. Que mal finge quién bien ama! Tenéis Príncipe razón, que una desesperación quita la vida, y la fama. Mucho ha sentido su muerte, ya sentirla me sujeta una inclinación se creta, que de su valor me advierte, y al verle con tantos bríos me pesó allí de vencerle, y más quisiera tenerle de mi parte, que a los míos. Bien mostráis Príncipe en eso la Real sangre que os dio el cielo, y que mereció vuestro valor tal suceso: Quién despedirle pudiera, y quedar sola conmigo! En vida fue mi enemigo, y en muerte no le quisiera competir, pues me ha vencido en llegaros a obligar. Eso es querer me culpar en haber obedecido a mi padre en el jardín, y en la prisión donde hablé con Febo, y si aquella fue acción indigna, a que fin os tomáis vos la licencia de hablarme aquí? reparad, que ahora en mi es indignidad lo que entonces fue obediene No quisiera importunaros, que sin gusto no hay favor, y en mí el delito mayor, será Fénix disgustaros, que tan soberana empresa bien sé que no es para mí. Oh quién le echara de aquí a costa de una promesa, que no le podré cumplir aunque palabrale dé, que quien como yo se ve solo apetece el morir! No os quiero ser importuna No vais Príncipe quejoso, que si vos no sois mi esposo, no lo será otro ninguno, Qué tanto favor merezco? cúmplitalo quien lo ignora. Eso ofreces? . Yo sé Flora, yo sé bien lo que le ofrezco. El Rey manda que a Diana so llame, que aguardando está pui saber como le va con la música a su hermana. Diré al Rey cuando le viere dil la dicha que a lograr llego? Sí, déjeme sola, y luego . diga el Rey lo que quisiere; bien podéis acompañar ya mi hermana. Y es razón l cumplir con mi obligación, pues no la puedo pagar tanto honor como la debo. Yo soy la que le recibo. . Ya es mucho tiempo el quevivo, yme esta esperando Febo; ya voy infeliz amante; no oyes Plora que me llama? yaque fui sorda a sus ruegos ncho lo he de ser a sus ansias; s,ssin alma estoy, claro está, pues la de Febo me falta. Qué dices? l. Que no es posible que viva un cuerpo sin alma: no has dicho que se acabaron los puñales, y las brasas? pues mar ay donde me anegue, y no es mucha la distancia que hay del jardín hasta el muro adonde baten sus aguas; recíbame en sus abismos inelmar. Gran señora, aguarda, que no has de encontrar a Fedo por más apriesa que vayas, Ya que en la mar no le encuentre, le hallarán mis esperanzas entre horrores, y entre sombras, donde hoy su espíritu vaga. Desde allí Fénix pronuncia, desde allí me l lama ingrata, y dice bien, pues yo he sido de su perdición la causa. Que un vil esclavo tuviese tal valor, que se arrojara al mar por su dueño, y Fénix, que en el amor le aventaja, y en la sangre, cuanto va desde un esclavo a una Infanta, no habiéndolos menester, la vida, y el juicio guarda? Ya es eso haberle perdido. Por cierto, muy buena alhaja para quien está sin vida. Locura es ya confirmada. Más que veo! aparta Plora, yo me engañé, y tú te engañas, en decir, que es muerto Febo; vesle llegar a mis plantas, y no le haces cortesía? alzaos Genetal. Repara. Que no le está bien a un Marte lo que a un Adonis. Qué agravias la Real sangre que tienes, y aún al mismo amor infamas, que en el mayor imposible. caber puede una esperanza. Qué esperanza? tú eres Flora la que estás sinquicio, aparta: déjame hablar con mi amante. Aquí es forzoso engañarla. mas yo saldré con mi intento si se me logra una traza; no ves que murió tu esposo, y que es una ilusión vana pensar que has de hablar con él, si a ti misma no te matas, como hel hizo . Qué bien dices bien ajas, Flora, bien hayas tú, que el morir me aconsejas. Sí, mas no ha de ser con armas, ni arrojándote a la mar, que es fuerte elemento el agua; yo conozco en el jardín una hierba, que a Tesalía trujo un pescador de Colcos, conque arrimo ya la caña, que a los peces adormade, y en breve tiempo los mata. De esta se valio Medea para dar sueño a la rabia de quel dragón vigilante, que el Bellocino guardaba, y aplicándola al sentido del olfató en la distancia de una hora, dulcemente al mortal sueño se pasa. De Colcos tula de ser la hierba con que hoy me sacas de esta vida, y de allá vino también quien mi muerte causa qué aguardas? trae esa hierba. Y con ella de mí ama conservo la vida, pues dormirá en la ver de estancia de este jardín, y con esto saldrá Flora con su traza. . Solo en pensar que hay muero aflaquean ya las basas de este humanó edificio, pensión forzosa en la flaqueza humana, Ya el corazón, hay iriste! ven el pecho se pasma, y ya para cogerlas! con estruendo máator baré sus alas. Mas yo temo una muerte de mí tan deseada? tu corazón, la tiemblas, y don te asiste amor, falta constancia? Cuando por mi pelea Febo, y pierde una Armada, y a un asalto rendido sangre escupe humo anhela fuego endas Y en fin cuando a esos mares se arroja, tu desmayas? no vienes, Flora? hay triste! buscando está la hierba, y no la halla, No importa, que yo misma; pues ya el juicio me faita, moriré, tras que veo? dando se están allí cruel batalla las hierbas extranjeras cuaba hage eaas, sobre cual más veneno contiene, mas ya salen a campaña las flores, que son pompa del Mayo, y mis vasallas por guardarme la vida, y no es lisonja para mi el guardarla, Y aún de envidia las flores a puñaladas andan sobre cual de ellas deba llevar en favor mío la banguarda. Allí una frescarosa; de las flores Monarca, no muera Fénix dice; y si muriere, que después renazca. Mas no, al aber no vamos, donde hallen mis desgracias algún consuelo, allí veré de un mismo estoque atravesada por su Píramo a Tisbe, a Porcia con las brasas por su Bruto, y a Ero, sin otras muchare su nombre infaman. A Elo ejémplo mío veré desesperada caer de aquella torre por su Leandro, que perdió en las aguas. Aquí tienes la hierba, y con solo aplicarla a un sentido. . Qué haces? morir quieres también desesperada? No es ese, no, mi intento, más bien será obligarla: muriendo tú, señora; no ha de vivir quien más que a si te ama. Tú no has hecho porque, Basta ser tu criada. Para mormurar luego, si vives de los hierros de tu ama. Yo he de morir contigo. Será fineza extraña: hablas de verás, Flora? Y tan de verás, que al olfato. . Basta; no huelas más la hierba. No haré más su eficacia obrar suele con menos. Dámela, Flora, y tengan fin mis ansias. Qué dirá de mi el cidlo? que dirá cuando salga. la Luna, y me halle muerta, siendo la que adoramos deidad casta? Y tu feliz, amante, desde la oscura estancia, donde por mi padeces, ove mi voz, atiende a mis palabras. No dirás que hoy elijo, la hierba de tu patria, porque en esto conozcas, que aún morir quiero con tus propias armas, Vamos a morir Flora, porque diga la fama, que ejemplo de amor fuimos, en Colcos Febo, y Fénix en Tesalias . Vaya a morir sin susto, y yo a dormir sin gana, mas ya la yarvecilla, tejiendo va pestaña con pestaña. Ya no me asombro de ti, según lo que me has contado. Vivo estoy, y ya te he dado nuevas de que Febo allí te quiere hablar, y aún procura pasar hoy por jardinero. Que fue lo del Cancerbero? No lo rengas por locura, que aunque allá soy alma en pena, entro cuando quiero, y falgo, Por qué? Corte más ungalgo, que tres dogos en cudena, Como pudiste escapar, y enque veniste? En un prado cueantré un rocín aguado? el vinagre en fiar de los que aní se condenan. Rocines allá? . Y muy ruines almas penan de rocines sin saber lo que se penan, y pasan con testimonio de caballos, con pensar que al demonio han de engaña? y ya es un diablo el demonio. También al infierno irá quien bebe el vino Cristiazo. Si allá van por eso, hermano, todos fueramos allá Tueres el rocn fin. que agua bebes de continno. Dice bien, que hoy está el vino mas aguado que el sumín. No hay ozras allá? . Zarato; que siar armaado ls usclos, y me harán pagar el pato. Pquete, aguarda, que allí Fénix duerme. ̱. Y junto a Flora, pero no está su señora, si duerme con ella, en sí. Quédate aquí mientras yo (llamo a Febo. Eres mi amigo: despierta, Flora; a quien digo; a Flora, ya se volvió del otro lado, qué enojos! lavanta, y a verme llega: ya se levanta, y refriega con dos manos los dos ojos. Quien llama a Flora, que al sueño rendida entre aquellos cuadros; mas no es Piquete? qué asombro! sin duda que se ha pasado mi sueño al últimio, pue voy en sombras tropezando. a No suisombra, soy tu amante, que hoy te aguardo con los brazos abiertos. . No, no te acerques, Ies huye, espíritu malvado, fugite partos adversa. Ni soy bizco, ni adversario. ( Sa matoques, que prejumo que estás entre los dañados. lñar L. Yo dañado? ú lo estás, y el miedo es quien lo ha causado, El sueño es tan pesado, Por muerte ma tiene, y yo proseguir quiero el engaño; ya veo gque otro mundo, Fora, y me manda Vulcano, Dios que echách unas, y aún yo las echo, sim mostazo que no desprecies Piquetes por pajes, ni por lacayos, que aquellos son la medores, y aún no curan el catarro del amor; y a esotros, Flora, no les alcanza el salario para vino, y quieren más que mil Florillas, dos tragos. También Febo al mundo vuelve? Y en figura de hortelano. Piquete, aparta, y tu Flora, pierde el temor, que Belardo te dirá nuestro suceso. Luego estáis vivos? . El caso digo que sabrás después: dónde está mi Fénix? Duado sus ojos al sueño, y piensa que ha de recordar en brazos de la muerte. . Morir. Fénix? Y por ti, mas yo la hedado cierra hierba, que adormece, y que es veneno pensando, quiere acabar con su vida, mas no con su amor. Oraro prodigio de fe o portento de honor, y de amor milagro! ve a despertarla si puedes; Flora. que no haré poco en volverla en sí: ven, Piquete, vamos los dos. . Dila tú al oído, Febo, Feno, y Fracando, sino está muerta, verás que a dos Fegos negociamos A quién debiblas luces, que la ignco, el Sol, si no a otros dos más superiores de la que alitentre sombras, y cnrre horrorza depunes gpuaz anguen, nduala A quién risueño alfojar, cuande llora el alba, a quien debió nuevos primores. la Primavera, si aún las mismas flores que óptime las alienta, y las mejora. Durmiose al fin, y en noche tan precisa, tía, su risa el Alba, el Sol su luz espera, pero si Fénix no amanece aprisa, ni luzca el Sol en su dorada esfera, ni el alballore aljófares de risa, ni dé flores de hoy más la Primavera. Adónde me llevas, Flora, Y así que apenas llegué . la yervecilla al olfato. Parece que a la gallina ciega venimos jugando. Quién ha de poder sufrillo? pero al verme, el sobresalto podrá hacer más que la hierba. Todabía estás soñando: abre los ojos Ay, Flora! no es luz esta? sí, y los rayos de Febo serán que aún lucen en la región del espanto. Y aún le dura el frenesí. Sabes lo que he imaginado, Flora? que en mí, y en mi amante, aunque nos desesperamos, no fue tan grave la culpa, que como es Dios soberano, amor los sinos ampara; y es cierto, pues luce tanto mi Febo entre las rinieblas, y yo entre flores me hallo, y así estos jardines creó queson los Eliseos campos. Solo yo penando vivo por te . Ay cielos soberanos! que es lo que veo? . No temas. Por mí está Febo penando. ̱. uque en ti, señora, hadvierte. Sayal tan humilde, y basto visten almas tan heroicas. no ves que aún no he despertado? No ves que está de hortelano tu Febo? . Y tú siendo Alarbe, como no te has condenado? No habrá menester Plutón por ahora más vasallos, ni aún sabe el señor Mahoma, que estaba entonces borracho. Luego pecaste? El del vino, Florilla, es chico pecado. No diste a Febo la muerte? pues cómo? Te han engañado, vivo está más que un acogue Piquete, y vivimos ambos hasta morir. . Calla loco, no adviertes, Fénix, que estamos en el jardín de la Palma, que con sus verdes penachos barrer quiete de los cielos las estrellas, y los Astros? En el arte, y lo florido no conoces esos cuadros, de los sentidos llionja y verde estación del Mayo? Sobre esa fuente no miras aquel Cúpido de mármol, que en vez de arpones despide cristales, y en brevé rato bajar en perlas menudas flechas que al cielo volaron? Ya te olví las del acento, de mi voz? ay Fénix! cuantos lo que va de ayer a hoy, que hasta en las flores notaron, a ti lo aplicaran, pues tan gran diferencia hallo de ayer que a Febo admitiste, de hoy que le has extrañado. No es hoy el mismo que ayer en esos derúleos campos de Tetís perdió por ti sus navas, y sus soldados? No es el que ayer prisionero, y rendido en los asaltos de un fuerte llegó a los pies de tu padre, que indignado: parece que no me atiendes. Prosigue, yo estoy sonando . sin duda, pues cuanto ha dicho lo tengo tan olvidado. Oveme, Fónix divina, y si piensas que te engaño en decir que hay vivo; advierte, que en los tormentos que paso, si no me han muerto las penas, moriré de amor . Andarlo pabas: despierra tenora, que hapla de lo azucarado, y si aquí amores muere, que daremos ahullando. Esto me escucha, pues es lo que más importa al caso. Apenas con el Rey fuiste, cuando volvió Poliarao a intimarme la sentencia de que fuese aprisionado. al fuerte de la marina para aumentar los aplausos al Rey a mí los pesares. y los temores a ontrampos, Perdida en sin la espetana de verte más a ese esclavo mande que me atravelara el pecho, y yo imaginando quedar muerto al mar meerroja de donde escaven nadando con su ayuda: o no me cree, o ya de mí no hace caso, ni me responde, ni aún vuelve los ojos: dime, que agravio te hice, Fénix, en querer morir por ti? Flora, vamos a cumplir con este sueño, que en el segundo que aguardo veré a Febo, que esta es ilusión que se ha formado en la idea, ven conmigo, y advierte lo que te mando, no me despiertes, pues tú de la hierba te has librado, y hasta encontrar con mi esposo, durmamos, amor, durmamos. P. Mientras no pierde el veneno su fuerza, y cesa el letargo que le ha cansado la hierba, será el recordarla en vano. . Doqde vas. Fénix? aguarda; eres Pasitea acaso, que del sueño te enamoras, y ahora vuelves a sus brazos? Mas no, que aquella fue una de las tresgracias que han dado a Venur, y en ti los cielos todas las gracias jntaron Gracia, Fenixibo señor, no es gracia el irse, y dejarnos a los dos hechos vaberas, durmamos, amor, durmamos; pero aguarda, que el Rey viene al jardín, y esta dos pasos de nosotros, yome cientro; mas ta que espas de villa no te podrán conocer de espaldas, vamos volando señor, que no está muy lejos la cabaña de Belardo. Vamos, y el cielo con bien me saque de riesgos tantos. Qué es lo que dices, Diana? Lo que Flora me ha contado, y yo vi, que en ese prado está durmiendo mi hermana; y de tal suerte dormida, que da compasión el bella, pues aún no descubro en ella la menor señal de vida. Ea, terirenla luego entre sus damas, y Flora lleven la a su cuarto ahora, y duerma allí con sosiego, ve tu Diana con ella, y avísame cuando hubiere vuelto en sí. Vivir no espere Fénix con tan mala estrella. Muerta Fénix, y entre flores! No será el sueño mortal, ni es aqueste el mayor mal . pues los aguardo mayores, que aunque se ha desesperado Febo, su Rey me ha de dar toda la culpa, y quedar mi enemigo declarado. Agora entiendo, ay de mi! la palora que me dio Fénix pero si murió cumplió lo que dijo allí, viéndome tan importuno: no vais Príncipe quejoso, que si vos no sois mi esposo, no lo será otro ninguno. Por el Rey de Coscos quiere hablarte allí un Capitán. Cuando los Reves no están en sutrono, di que espere. no reciben, ni es decencia Embajadores. Quién viene a lo que tanto os conviene, consigo trae la licencia. Polejandro Rey de Colcos, en la amistad, y en las paces confiado, que firmadas quedaron por ambas partes, salud te envía, y desea que queden tan inviolables, que ni él tiempo las cáncele, ni la envidia las contraste. Tubo, Gran señor, noticia, que perdió Febo sus naves sin orden suya, y quizá por fines particulares; y con ler grave el delito, es ya la ocasión tan grave, de ampararle, y defenderle, que hoy no ha podido excusarse de pedir que le perdones, y de la prisión le saques donde está, y que le remitas a Colcos, que ha de heredarle su Reino, por las razones de que informaré adelante. Basta Capitán, no aumentes con sus dichas mis pesares, solo te podré dar vivo aquel Pirata . Ese Alarbe no es lo que más nos importa en ocasión semejante; pero si excusarte quieres con mi Rey, y no entregarle a Febo. . Como es posible, si él mismo a dalespetarse llego en la prisión: Qué escucho! nuestro Príncipe en la cárcel desesperado? Y yo; ah cielos! lo estoy más, pues a matarse llegó Fénix por su causa. Y eso más cuando casarle con ella es lo que intentaba mi Rey, que el empeño sabe de amor? . Capitán, cesad; que no es calidad bastante la de un vasallo. . Advertid, gran señor, que ni en la sangre le excedeis, ni en los Estados que heredaba, ni es más grande que mi Príncipe el de Tebas. Qué decís? . Ni mejor padre tenéis, pues es uno mismo. Yo hermano, y de prendas tales De Belardo un jardinero que le ha criado, informarse podrá su Alteza. Allí viene. . Dinos, Belardo, tú sabes. que Febo era hermano mío? Desde aquellos verdes sances. escuché cuanto ha propuesto en su embajada Florante. Y en efeto, qué respondes? Gran señor, que vuestra madre cuando el de Tracia pensó de Tebas apoderarse, a su hermano el Rey de Coscos le remitió tierno infante, por si un Príncipe muriese que otro aquel Reino heredase, y el guardar este secreto debió de ser importante, o por criarle en la escuela de tan gran Rey, o emplearle en las armas, donde ha sido ejemplo de Capitanes, o por causas que en los Reyes no deben examinarse, y aún a mí que le he criado me ordenó que lo callase mi Rey, pena de la vida, que ha querido conservarme el cielo hasta la ocasión que su heredero le hace. Yo enemigón de mi hermano! vencerle yo en el cómvate? competirle yo en finezas? yo contra mi propia sangre cruer? no en vano quería tenerle más de mi parte que a los míos: yo la causa fui de que al mar se entregase? Ya mi hermana despertó del sueño, confusa imagen de la muerte, y volvió en sí con remedios eficaces. Ve Flora, y di que la espero; que me importa que hoy se halle donde logre su fortuna. Qué aguardas? Voy al instante. . Gracias al cielo, pues vive, que hoy podré desempeñarme con él de Tebas, y el Rey de Colcos . No será fácil, muerto Febo. Si a su hermano la doy, y llego a pagarle con esto haber defendido. mis Estados, sabré dalle satisfacción a tu Rey, de que no he tenido parte en que a la mar se entregara Febo; que en su centro yace. No yace Febo en el centro que allí está vivo, y en traje de jardinero, a señor bien puedes llegar! Notable. suceso! Aquí está mi amo, ni os admire, ni os espante, que nadamos, y el amor, y el nodar misagros hacen. Dadme a besar vuestra mano, gran señor, y perdonadme los disgustos. Alza, Febo, mis brazos tu cuello enlacen, que hoy en ti he cobrado un hijo, y en tu Fénix cobré un Ángel. Y Fénix, señor, que al fuego de un amor casto renace. Y tú eres Febo en el nombre, y en los efectos, que hoy sales después de una noche oscura más lucido, y todos saben, que aunque parece que espira en tres sombras, y celajes, no muere el Sol que se pone, y tú has venido a imitarle. Merezca un hermano, Febo, tus brazos. Llega a abrazarle, señor, que luego sabrás lo que hasta agora ignoraste. No es descarme la vida querer por fuerza casarme. Aquí está mi hermana. Fénix, como Rey, y como padre, de tu salud, y ru empleo con razón debo alegrarme. Sí, más forzar mi albedrío, gran señor. Cómo forzarle? dale la mano de esposa a Febo, y no, no lo extrañes hija, que ansi lo han dispuesto los cielos. Yo con mi amante casada? Sí, Fénix mía. Dar la mano, y abrazarse fuerte, fuerte. Y yo a Diana cumplo ahora lo que antes capituié. Soy dichosa. Y a tu esclavo que has de darlo La libertad. Más quisiera servirte, señor, de balde, que no soy yo el mancibito preciado de libertades. Será como tú quisieres, y aquí la Comedia acabe de la Fénix de Tesalia, y a su Autor para alentarle, perdonad sus hierros, pues mas perdona quien más sabe.