Texto digital de El fénix de España, San Francisco de Borja
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- Diego Calleja
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- Diego Calleja Segura
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- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XLIII de Nuevas escogidas (1678).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El fénix de España, San Francisco de Borja. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fenix-de-espana-san-francisco-de-borja-el.

EL FÉNIX DE ESPAÑA, SAN FRANCISCO DE BORJA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Mil veces, amigo Carlos, me da los brazos. . Mil veces señor Don Sancho, los vuestros me horan con lo que me prenden. Cómo estáis? Para serviros, bien que entre trabajos siempre. Te busca el Virrey? Me busca, que he dado en ser con Virreyes más desgraciado que con Herodes los inocentes. El primero que intentó en Cataluña prenderme, fue el gran Duque de Gandia, Francisco, que hoy suspende a España, con la mudanza de vida, pues los laureles de su sangre, y sus Estados, depuestos gloriosamente, se entró en una Religión, que nueva al mundo amanece. Cuentan, que la Compañía de Jesús se llama: aumente Dios su sagrado Instituto, pues me dicen, que el que tiene, es ayudar a salvarnos en la vida, y en la muerte. Y ya que yo soy tan malo, que en vida no me aproveche, quizás lo habré menester, para el día en que me cuelguen. Dios te oiga. Con los caballos retírate tú, Calvete. De muy buena gana, porque ha ratillo, que me vence cierto sueño tan mortal, que parece de los siete. . Pero dejando a una parte mis fortunas: que se ofrece, señor D Sancho, en que pueda serviros, quien tanto os debe? la vida es no menos; pues en Barcelona valiente, de un suplicio amenazado, la libraisteis, y ahora viene llamada de vuestro aviso a este bosque, por si puede a su dueño, que sois vos, restituirse obediente. Ya me tienes en Vizcaya; cuanto de provecho fuere mi persona, todo es vuestro: nada mandarme recele, quien si me pide la vida, cobra lo que se le debe- Trajiste los camaradas que te avisé? . En diferentes cuadrillas, por todo el bosque disimulados se estienden. Quién los acaudilla? . Yo, y mientras estoy ausente, cierto Catalán hechizo, beldad tratable, que viene, en airosos disimulos, favoreciendo a quien vence. Pues ya que pueden mis ansias desahogarse libremente, Carlos, sois mi amigo? (gue. Nada por vos habrá que no arries- Cuando me vieras morir, que hicieras? . Dar yo mil veces mi vida por vuestra vida. Pues esa estriba en la muerte de un hombre. Que mueran cuantos os agravian. . . Y si fuese también enemigo tuyo? Mejor que mejor. . Atiende. Si al díctamen de mis ansias hubiera de resolverse aquella questión: de cual amante es quien más padece, o aquel que sufre olvidado, o el que aborrecido siente? que presto (ay de mí!) al olvido coronaran de laureles; pues ha dos anos que adoro de un Ángel, no los desdenes, que a merecer yo sus iras, que le faltaba a mi fuerte; sus olvidos si tan mudo ha estado en mi pecho siempre este, no amor, si no monstruo de amor, pues de diferentes naturalezas compuesto, ni sé si hiela, o enciende mi corazón, que volcán arde entre llamas de nieve. Si me atreviere a decir, o bien loco, o mal prudente (pues en delirios tan sabios, no hay yerro que no se acierte, ni en tan cuerdos frenesíes acierto que no se yerte) que mi amor, cuantos la fama celebra finos, excede. No me atrevo a mucho, pues la causa a excedor se atreve cuantas beldades celebran las plumas, y los pinceles. Mienten los rayos del Sol, si presumidos dijeren, que de sus luces sus ojos negros bozales aprenden a lucir más (ay de mí!) que poco otros rayos mienten, si dicen que estudian de ellos la violencia con que hieren. Mi prima Doña Featria Enriquez, que por la muerte de su padre, el Marquesado hoy de Alcañices posce, es el respetado templo, de cuyas nobles paredes los hierros de mi cadena, bien como milagros penden. Ya os oigo dificultar la razón de no atreverme a declararla mi amor a mi prima, mayormente cuando por tan deudo suyo vivo desde mis niñeces en su casa, pues sus padres con mira a que no anduviese pobre yo, y pariente suyo ajados indignamente sus blasones, me acogieron, ni bien criado, ni huésped, pasando plaza de hospicio lo que fue en sustancia albergue. Bien de esta razón la duda pudiera satisfacerse; que el ser pobre, es la mordaza, que al más discreto enmudece. Pero no es esta la causa. de mi silencio; cual debe de ser (ay Dios! ) pues con ella no es ser pobre inconveniente! con que dejando esta parte, paso a la que me detiene. Muerto mi tío el Marqués, por más cercano pariente se encargó de la tutela de Beatriz, mientras cumpliese su edad pupilar, el Duque de Gandia, Español Fénix, que de Imperiales cenizas segunda vida establece. Trataba entonces el Duque de dejar (como lo tiene ejecutado) del mundo vanidades, y altiveces, trocando en la humilde ropa de la Compañía, el siempre heroico blasón de tantos generosos ascendientes, que aún de Coronas Reales se ciñó alguno las sienes. A este efecto era su casa frecuentada comunmente de Hijos de su Religión, cuya virtud; pero cese su alabanza, que en mis labios no poco a lisonja huele, pues no sé qué oculto hechizo me obliga a que los venere tan poco libre, que el alma su mismo afecto no entiende, Fuese el trato de los padres del Duque, el ejemplo fuese al fin mí prima creció tan escrupulosamente debota, y con tal recato en sus acciones procede, que no saben sus oídos, aún la plática más leve sufrir de amores profanos; y en tanto extremo le ofenden, que levísimos descuidos la he visto severamente castigar en su familia: ved, pues, que apelación puede hallar mi amor, que a otros me cerrada la puerta tiene. (díos En los obsequios comunes de ansias, finezas, papeles, con que amantes desvalidos sobornar la piedad suelen tal vez, que haciéndose sordo, a tantos inconvenientes quiere mi amor declararse, necio, y restado en perderse, un mal entendido hielo me embarga la voz desuerte, que si no es en ayes mudos, no me permite que aliente. En este estado me hallaba, padeciendo los desdenes del amor, y la fortuna, dos verdugos tan crueles, que atormentan, solo a fin de que calle el delincuente, cuando los Cielos (ay Dios! vinieron a que entendiese, que no hay mal donde no hay celos, en el triste que padece, a trueque de que ellos falten, todos los males son bienes. Don Albaro, hijo del Duque de Gandia, que prenderte, siendo su padre Virrey, ya sagaz, y ya valiente, intentó por tantos medios, es el dichoso, que tiene tan cerca su casamiento con Beatriz, que solamente esperan a que en el deudo el Pontifice dispense. Yo, que en mis males tenía sobrada causa a una muerte, no del todo tan forzosa, que no fuese contingente: por las ciegas esperanzas que soñarse un triste suele, a vista ya de mis celos, que remedio habrá que espere? que mal a que no me exponga? que despecho que no intente? Yo me muero, amigo Carlos, y el corazón que padece, pienso que para librarme, quiere de una vez perderme, Pues piérdame de una vez, y alívieme tantas veces, cuantas de mis pensamientos me librare de esta suerte. Muera Albaro (amigo) que aunque él no intenta ofenderme, el que de celos me mata, sobrada culpa comete: y más en Tribunal, donde celos, y envidias son Jueces. A visitar a su padre, manana dicen que viene cerca de Oñate, a una Ermita, en cuyo deboto albergue dos leguas de aquí distante, habita tan pobremente, humilde, y mortificado, que ya de sus excelentes virtudes, por toda España nobles fragancias se estienden. Leatriz, que desus virtudes tantas experiencias tiene, a consultar no sé que devoción, también a verle viene hoy con su familia, donde es fuerza que se encuentren Albaro, y Beatriz: o nunca lo quiera amor, si no quiere, que la nube de mis celos rayos de enojo reviente! De tu resolución, Carlos, toda mi vida depende; tu enemigo es mi enemigo. Yo he de morir si él no muere, yo no puedo por mí mismo matarle, porque se pierden de una vez las esperanzas de mi triste amor; tú eres, por más desimaginado, quien solo aliviarme puede. Restituyeme la vida, no Carlos la que me debes, la mía sí, que a las manos de ajenas dichas fallece. Y si a ti, o a otro, mi intento fiereza le pareciere, tome mi dolor, veremos si lo piensa más prudente. Por cierto, yo estoy quejoso, señor Dn Sancho de vos, y me pesa vive Dios, veros tan ceremonioso. Para decirme: al momento este hombre habéis de matarme, que es menester enterarme tan por menudo del cuento? Digo, señor, que os prometo matarle, y que al punto iré, y si es menester, traeré testimonio del efecto. Amigo. Que no hay que andar en cumplimientos conmigo. Mi pecho. . Por un amigo me dejaré yo ahorcar: fuer ade que son premisas, que esto a Don Albaro cuadre, y vaya luego a su padre, que se lo diga de Misas. Mi amor rendido. . Ya veo, que estáis muy enamorado: el camino de Castilla no ha de traer? . Y con gente vendrá. . que no es tan valiente, yo también llevo cuadrilla; idos al instante vos. Y este criado? . Es secreto. Dígolo, porque en efecto es pícaro: a Dios. A Dios. Como celoso me írrito, no veo mi sinrazón: que violenta es mi pasión, pues obra mal sin delito! pero la senda he perdido del bosque inculta maleza! todo mi pecho es tristeza. Cálvete, si se ha dormido? que soledad! cuanto toco mas horrores me renueva. Señor, señor, que me lleva el Diablo. . Detente loco. Jesús, Jesús, qué modorra! De qué te asustas, Calvete? De que te soñé bonere, y te vuelvo a encontrar gorra. Estás borracho? . Y lo in- de mi susto demasiado, (fiero que ser el sueño pesado, es de cargar delantero. Y Carlos, qué pretendía? Travesuras suyas son, en no sé que pretensión, que le ayudase quería: que soñabas? . Mil quimeras; soñaba que Belcebú a él le llevaba, y que tú de la Compañía eras. Mira que más desatino pudo el Diablo haber pensado, que hacerle a él condenado, por hacerte a ti Teatino. Que de veces (ay de mí!) lucha con mi pensamiento este Religioso mtento! pero es vano frenesí. Albaro muera; por más . que me intente reprender, pues tan fácil me ha de hacer matarle. . No mataras. . Qué es esto? (to. Una Vizcaina, que a un muchacho le dio un gri- Todo le asusta al delito! a nosotros se encamina: pon los caballos, y guía a la Ermita. Ay corazón! . donde hallará mi aflicción descanso? En la Compañía Doctrinas aprenderas, Juanchos, o te he de moler; Santos Duques dijo ayer, el quintos, no matarás. De un casual accidente locura es formar agüeros. Bendigas Dios, Caballeros. Dónde va la buena gente? A Ermitas de Oñates vas, donde Padre Borja esperas, que aunque Duque en Cortes eras muchísimo Santo estás; enseñas las oraciones, y sabiendos a quien hallas das Rosarios, y Medallas. Y con cañas coscorrones. También a los pueblos sales, y riñes mucho el pecar, y luego vas a posar con pobres en Hospitales. Ayunas, y azotas mucho, y en obras que tienes nuevas, tierra, y agua acuestas llevas. Cielos, todo esto que escucho obra es de vuestra grandeza, porque al vernos acusados, no tengan nuestros pecados escusa en nuestra flaqueza. Emperador, y Señores vienes hoy a verle, y vamos a ver cara a Emperadores. qué a verle viene? . que espanto esto te causa? Es, señor, mucho, que un Emperador venga a ver a un Padre Santo? Fue en el sin. gro lu privanca, justo premio de su celo; esto que estorbe recelo . el logro de mi esperanza. Con que licencias nos das nos vamos; Juanchos, caminas, andas, y dices Doctrinas. (. El quintos, no mataras, Mudas aldabas han sido estas voces, que su calma, me están despertando el alma por las puertas del oído. Vamos a montar, señor; que llevas? démonos priesa, que llegara la Marquesa primero que tú. d. . Ay amor! y cuantas tragedias diste de horror, y melancolía, que representar al día en el corazón de un triste! . Muy bien venido a esta casa señor D Albaro sea V . . No es mucho, mi Hermano Marcos, que venga con bien a esta casa, donde mi mayor dicha se encierra. Pues perdonará, señor, las faltas que hallare en ella; porque hasta mañana, no le esperabamos . Fue fuerza adelantarme, sabiendo que el Emperador desea ver a mi Padre, y como hoy pasa de Oñate tan cerca su Majestad, he querido prevenir la contingencia. También supe que mi prima hoy viene a verle, y hiciera a mi sangre, y a mi amor dos desaires en no hverla. Cómo está mi padre? . Santo; tenemos en su modestia un vivo ejemplo de aquellos antiguos Anacoretas, que en Egiptos, y Tebaidas libros debotos nos cuentan. Su oración casi es continua, y el rato que de ella cesa, pide a Dios con lo que obra, aún más que con lo que ruega. Desde media noche está postrado el pecho por tierra orando, hasta que a las cuatro la Comunidad despierta a oración; y otras dos horas la prosigue, estando en ella con servor do quien la acaba, y ansias de quien la comienza. Sus penitencias son talos, y tantas, que la obediencia me ha hecho a mí su Superior, para que se las detenga, porque no acabe su vida: y no en vano lo recela, pues os prometo, señor, que de aquella gentileza, y antigua robustez suya, no tiene ni la apariencia. Tan flaco está, que tal vez, que aplicarse ha sido fuerza yo mismo unas medicinas por sus continuas dolencias, le he visto que sobre el pecho, ya en arrugas, y ya en vueltas, mas de media vara dobla de piel amarilla, y seca: su humildad no la creerá si no es quien la experimenta. Para este cuarto que hacemos, tierra por sí mismo lleva, friega, y barre en la cocina, y ajustado a nuestras Reglas, al Hermano más humilde, como a Superior respeta. Del amor que con los hijos puso la naturaleza, vive ya tan olvidado; que en la dispensación vuestra hablándole cierto día, le pedí que interpusiera su autoridad con el Papa, que tanto estima sus prendas, y solo me dijo: Dios hará lo que más convenga: que hay en mi hijo más que en otro, para que le favorezca? Y en fin descender a cosas particulares, que muestran de sus heroicas virtudes la perfección grande, fuera no acabar nunca, y yo espero en Dios, que esta planta tierna de la Compañía, tanto al abrigo suyo crezca, que hasta el Indio más remoto sus hermosas ramas tienda. Para, para. . Este es el coche de mi prima. . A que prevenga lo forzoso a su hospedaje, me daréis, señor, licencia. A Dios, y haced que mi padre que habemos venido sepa. Hora es deque esté en la obra trabajando. . Habrá quien crea tan alta humildad de un hombre criado en tanta grandeza! i, , , Parece que no ha llegado Don Sancho? Que nunca venga, si ha de ser a entristecerlo todo. . Extraña tristeza de unos días a esta parte le ha dado. No hay quien le entienda: escrupulosa nuestra ama, y él triste, por cierto buenas dos figuras hay en casa, para alegrar una fiesta. Gracias a Dios que me veo en la Compañía, y llega mi alma donde en el Padre Francisco de Borja tenga tantas virtudes, que imite en su ejemplo. . Vuecelencia sea bien venida, a hacer dos dichosos que la esperan; uno es mi padre, que tanto de sus visitas se alegra, debe de ser porque estudia muchas virtudes en ellas: otro soy yo, que esperando, sufro unas horas eternas; porque como los amantes, mal Aritméticos, cuentan la dilación de sus dichas, no en vano mi amor se queja, de que en dos instantes ha mas de mil siglos que espera. Que apostamos que responde Dios os pague la fineza? Aunque es preciso, señor Don Albaro, que agradezca vuestra atención; quien se halla indigna de merecerla; también os estimaria, que a cierta suplica, puesta en las capitulaciones, muy puntual estuvieráis, por ruego, mas que por pacto, pedi a la cordura vuestra, que el agasajo omitiese de las públicas finezas mientras la dispensación otorgada no viniera; no fue menos que del Duque mi señor esta advertencia; que su espíritu es de todas mis resoluciones regla. Hallarme acaso en la Ermita y esperar a que vinierais para bésaros la mano, no es galanteo, que es deuda, y excusa de obligaciones, que por mi sangre me empeña, no debisteis de pedirla, que no pude yo ofrecerla. otra cosa he de pediros. Pues no sabéis mi obediencia. Que le pedirá? . Que sece algunos Psalmos a medias. Párate, que a quien buscamos hemos hallado, Márcela. Te conoce? No. . Ventura fue en la primera venta nos dijesen, como había pasado ya. . La Marquesa es sin duda con quien habla. Pues en viendo ocasión, muera: yo me retiro a la entrada de este bosque, donde esperan los camaradas de escolta: y oyes, Carlos, ojo alerta, menear muy bien las tabas: pues mira, que si te pescan te ha de hacer aire el bederre; y otro más, que como cerca tenemos a los Teatinos, si acaso colgarte intentan, por falta de quien predique no se quedara la fiesta. . Mátele yo una por una, y lo que viniere venga. Albaro, y Beatriz, sin duda, que fue la noticia incierta de que esta mañana no había de venir; que pena! volcanes respira el pecho: miente mil veces quien piensa, que la iras de un celoso de su albedrío dependan: estoy por ir, y perderme de una vez. . Si su Excelencia no se aparta presto, estoy por tirarle junto a ella. En fin, queréis que no os hable cómo amante? Sola esa merced os pido, señor; debajo de la tutela me crié de vuestro padre, donde aprendí cuanto intenta, para introducir el vicio honestarse de apariencias. Llamarse galanterias, no escusa que culpas sean los delirios de un amor, que cuando menos arriesgan. Pues es bien que el santo yugo, que nuestros cuellos esperan, se le ofrezcamos a Dios manchado con sus ofensas? No es poco lo que se vence pues porque los agasajos han de añadirle otra guerra? Ni vale decir, que el uso de semejantes finezas las hace lícitas, pues mi temor no las condena, porque ya sean delitos, si no es porque los fomentan: Aún el alivio de oirla . mi desdicha no me deja. Prabra de obedeceros osy, tanto que parezca, que aún mis ojos al olvido le han turbado las ribiezas. Que no haya amores pretende. Esta mujer en qué piensa? Es espíritu. . Es melindre, capricho, locura, y tema; si ya no es mira a sacar de su quicio las Comedias. El Duque mi señor viene, ̱. Qué humildad! Rara modestia! Yo me despeño, fortuna. . Ya me falta la paciencia. A vuestra sabiduria gracias, Señor, doy inmensas de verme como merecen mis culpas; como una bestia, como un brutillo de carga: que venturosa tarea! en la Compañía sí. que conocen mis miserias. El corazón se me ha muerto! mi pecho con vuestra ausencia: . Muda estatua soy de piedra! b. No me deja hablar el llanto!) Deme a besar Vuecelencia la mano. . A tus pies, señor. i Jesús, Jesús! quién dijera, que habían de estar al paso. Hijos, Albaro, Marquesa, levantaos: válgame Dios! . y como que son cautelas del enemigo traidor! qué harias con la grandeza, si de la misma humildad me fábricas la soberbia? No os levantáis? u sin lograr esta dicha mal lo esperas. Vuestra bendición pedimos. Sea muy en hora buena. Dios a entrambos os bendiga, y espero de su clemencia, que el yugo que ya os aguarda, muy de su servicio sea. Ay de mí, cielos! Confieso; que su presencia me hiela. Vuestro impedimento, ya le ha dispensado la Iglesia; muy presto vendrá el aviso, yo lo sé por cosa cierta. Si contra el cielo se atreven mis pensamientos, que esperan? Más puede conmigo Santo, de lo que Virrey pudiera. De tal nueva os doy las gracias A Dios se las dad, y a cuenta también de que os ha librado hoy de un riesgo, en que murieráis, si no os hubiera librado su altísima providencia. Qué es lo que oigo? mi traición ya está (ay de mí!) descubierta. Ni aún aliento me ha quedado para huir de su presencia. O quien avisar a Carlos de esta novedad pudiera. Queden hasta mejor tiempo todas mis iras suspensas. . Parece que está empeñado el Cielo en que yo padezca. . Ahora de Roma un correo llega con cartas. . Y está pidiendo que se las pela no sé que albricias: mas oigan, por Dios que está su Excelencia bravo peón de albañil. De su Santidad es esta: lea Vuesa Feverencia, y diga si es bien el darle pesames, o norabuenas? De la dispensación dice algo? . También viene en ella. Si la dispensación viene, bravas albricias me esperan de la Maquesa. . Un Rosario te rezará por las nuevas. Tiensas, Juana, que sería dadiva de poca cuenta? Válgame Dios! pues Señor otro castigo no hubiera que dar a este pecador? Capelo a mí? . Santa Tecla. Yo Cardenal? Pues de eso, Santo te pesa? no es lustre para tu casa? No es servicio de la Iglesia? Hijos, no para que ciegue me estéis dorando la venda; que aunque es verdad que agradezco al Papa honra tan suprema, la Compañía no admite estas Dignidades; fuera de que yo me hallo por mí incapaz de merecerla. Cardenal yo? . Allí le duele. Pues digo, que más hiciera a tener de una pedrada el Cardenal en la pierna? Esa púrpura, Señor, dejo por vos, y quisiera, que la de mi sangre fuera vertida por vuestro amor: vergüenza en mí su color, y no estimación sería; pues muy mal parecería, aún al lustre de mis venas, mendigar honras ajenas, cuando he dejado la mía. Vuestra dispensación viene concedida aqui:a la Iglesia id al punto a darle gracias muy de espacio a Dios por ella. Yo, señora, el parabién solo recibir debiera, pues sola es mía la dicha. No tan sola, que no tenga mi ventura más acción, señor, a las norabuenas. Muy cortesana codicia me ha parecido la vuestra. Por qué, señor? Porque hurtáis la dicha a quien no le pesa. No reparas con el tiento que los novios se requiebran? Y aún pienso que por huir de tan graciosa impertinencia, en la primera jornada los ha casado el Poeta. . Padre, aunque hay junto gran con- (curso L. de la gente Vizcaina, hoy no puede haber Doctrina. Dios le haga Santo; por qué? Porque a instantes esperamos, que el Emperador, que pasa a Flandes, llegue a esta Casa, y no es bien le recibamos así, porque atribuirán muchos de su Compañía, el recibo a hipocresía. Luego teme el que dirán? Y no faltará quien gruna la cana. . Pues eso extraña? más estimo yo la caña, que el bastón de Cataluna. Cuando con ella en la mano, de hombres, y niños me veo cercado, entonces, me creo Príncipe más soberano. Si guerra el Cielo, y la tierra traen, va allí mi desvelo, como Embajador del Cielo, a dar ajuste a esta guerra Como entonces Dios me ha dado sus veces, soy su Virrey, y amonestando su ley, soy Consejero de Estado, A ser Capitán me obligo General en este empeño, pues allí a vencer enseño, las armas del enemigo. Y en esta guerra el pendón es bandera; y al seguilla, trompeta es la campañilla, que me esfuerza el corazón. Pues decid: trae algún Rey, quien sea con dicha igual Conseleto, General, Embajador, y Virrey? Y en efeto, Hermano mío, Cristo nuestro Adálid es: de su Compañía somos, hagamos lo que hizo él. Su ley a enseñarnos vino, pues enseñemos su ley, y no hay de humanos respeto que hacer caso: para qué? El mundo es ciego, y los ciegos que todo está oscuro ceen: fuera de que Carlos Quinto mi señor, muy cuerdo es. (eos, No haya miedo, Hermano Mar- que se ofenda de que esté ocupado un Religioso en lo que le toca hacer. Los dos nos comunicamos cierto día (a solas fue que habíamos de este mundo hollar la loca altivez. Yo he empezado ya a cumplir mi palabra, mal que bien; su Majestad no es tarde, no me maranillo, que son cadenas tan de oro difíciles de romper Deme la caña, y los niños al punto llame. . Este es en un Príncipe notable vervor! voy a obedecer. Mas la estimo que su Cetro el más ambicioso Rey Alabado sea el Señor. Vengan, mis hilos, con bien; quién se ha de persiguar? .̱1. Yo. 2. No, Padre, que no sabe él. Pues cómo acusa a su hermano? 2. Que no es mi hermano, que es mi vecino. . Luego ellos no son prójimos también? 2. No, Padre, si no vecinos. Qué graciosa sencillez! La priesa de me viaje no me permitirá ser padrino de vuestras bodas, de que os doy el parabién. Para dicha nuestra, basta, señor, besar vuestros pies. En ellos logra su suerte nuestra fortuna. Por ver vuestro padre vengo? antes que yo cumplió afe . lo que nos comunicamos. Válgame Dios! no es aquel? Si señor. . El corazón me ha enternecido: qué humildad! dejadle, no le llaméis; él no sabe quien le escucha, y pues se deja entender desde aquí lo que prédica, llegadme una silla, ciré, sin ir mezclado en respetos, el desengaño una vez; sentuos Marquesa. No hables, Juana, atiende. . Ya yo sé la Doctrina, que mi avuelo me la enseñó en mi niñez. Por cierto muy linda holgura? Para esto el traernos fue? Bercebú lleve la vida que acá viniere otra vez. Veamos si se han olvidado de lo que les dije ayer; hemos todos de morir? 1. Padre, todos. . z. hasta el Rey Ni la majestad se libra, y el Emperador? . También. Yque apriesa me lo anuucian los males, y la vejez La Majestad, la hermosura, que envidia a los ojos fue, reducida a polvo fácil, mortal horror vendrá a ser. Esto lo prueba el ejemplo: nueve anos habrá, o diez, que al Panteon de Granada yo mismo a enterrar llevé el cuerpo de la señora Emperatriz Isabel. Triste de quién la perdió! memorias, que me queréis? Siendo en vida muy hermosa. Ángel era, no mujer . Al entregar el cadaber, trocado el semblante hallé, y en macilentas arrugas das sigurada la tez. Desfigurada? pues yo me acuerdo que jazmín fue, donde hermosamente el nácar manchaba la candidez. Era el olor de la boca al olfato tan cruel, que estorbando el respirar, quito el gemirla también. Tanto infestaba? pues de ella pudo algún día aprender sus fragrancias el jazmín, sus ámbares el clavel. Tan sea monstruosidad todos llegaron a ver en sus ojos, que el espanto aún más que la pena fue. Sus ojos? difuntos sí, feos no, no puede ser: quien dos astros de azabache apagar pudiera, quien? callad, Francisco, callad. Gran señor. . No me quitéis la vida con las memorias de mi difunta Isabel. Qué es esto? sin libertad del dolor me arrebate. Dejadnos solos. Notable afecto! Despejad, pues. Qué es esto, invicto señor? vos lloráis? . No os espantéis, secreto os estaba oyendo; triste una memoria es. Pero hablemos de otra cosa: muy alegre os vengo a ver, que aunque enojado al principio con vos estuve, porque dejando otras Religiones, resolvisteis escoger la Compañía, que nueva, y no conocida es: creo de vuestra cordura, que lo habréis mirado bien. No puede una Religión, señor, por nueva perder; antes por eso será mas su observancia; la ley del Evangelio lo diga, que más bien guardada fue al principio. . Esta materia trataremos orra vez Ya se ha llegado, Francisco, el tiempo de resolver lo que ya os dije, y que vos solo en el mundo sabéis, A Brúselas voy, a donde mis Reinos renunciare en Felipe mi hijo, tiempo es ya de recoger. Pero decidme, Francisco, tan fea estaba Isabel? es posiole que aquel rostro dónde el Alba? mas tened, no respondáis, prosigamos. Ya os he dicho (aquí quedé) que a Prúselas voy a donde mis Reinos renunciaré en Don Felipe mi hijo, tiempo es ya de recoger este leño, que cansado. de un baiben, y otro baiben se va a pique, y si aguardamos nos habemos de perder, que siempre llegaron tarde los remedios de después. Yo no hallo como estimaros, gran señor, tanto placer como en tal nueva me dais, sino echarme a vuestros pies. Llegad, Francisco, a mis brazos. que al fin hemos de romper con el mundo. . Si señor, tratarle como quien es. Es un traidor. . Un ingrato. Es un aleve. . Un cruel, y tan injusto, que en tantos Reinos como poseéis de tan dilatado Imperio, querrá en esta muerte él, de tanta tierra que os quita, págaros con siete pies. Ha Duqué! Que no soy Duque, un siervo inútil soy, que recogió la Compañía para fregar, y barrer. Que el ver difunta a mi esposa os dio el desengaño? . El ver su cadaver fue mi vida. Fédix de España seréis, pues de tan nobles cenizas empezáis a renacer.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Justicia de Dios. . Márcela, primero es mi vida. . Ay! misericordio, Señor peque, Dios mío, piedad. Comprar a costa de una dos vidas, no es mal comprar; no te han muerto tus delitos, sino mi seguridad. Malo es esto, de la cuadra golpes a la puerta dan. Carlos, abrid. Don Sancho es, ya es menor (Cielos! el mal. Abrid, Carlos. . Venís solo? Solo vengo. . Pues entrad. Qué es esto? Cierra la puerta en tanto que os admiráis. Esta es Márcela? . La misma. Quién la a muerto? . Este puñal. Pues qué ocasión? . Si me oís, dejaréis de preguntar, y tomo el agua en su frente para mayor claridad. Después que aquella ninción de Onate nos salió mal, que lo que no está de Dios, intentarlo es por demás. La Marquesa, vuestra prima, se vino a la Corte ya con Dn Albaro casada, harto es lo que lo lloráis. O lleve el diablo el amor, que no se sabe mudar a otra casa, aunque la busque prestada en un arrabal. Por haber vos heredado no sé que hacienda, y estar ya en mejor fortuna, casa apartasteis; mi amistad tras vos se vino, Márcela me siguió, no lo ignoráis: harto siento su desgracia, que por Dios que era leal. Mozo, y recién heredado, empezasteis a triunfar, siendo vuestra casa abrigo de travesuras, que imán son de semejantes hierros dineros, y mocedad. Dígalo yo, que a la sombra de vuestro lado, no hay en la Corte quien me diga, que hacéis aquí Catalán. Nada bastó a resfriaros del amor con que adoráis a Beatriz, antes quisisteis tener de puertas allá confidente a una criada, que algunos en decir dan, que es bateria de amor por cerca más eficaz. A este fin entró Márcela a servirla, con disfraz de hija de buenos padres, y moza de honestidad. Yo me holgué por tener quiel me avisase puntual, para concluir la obra, que en Vizcaya salió azar. Y al sin como el Padre Borja en Valladolid está, y en predicando convierte aún pechos de pedernal. (Esto dicen por al, que yo no lo oigo jamás) parece ser que Marcela le oyó un día predicar, (según dijo) y como cantan las coplas de Escarraman. No aguardó a que la sacara calabera, ni otro tal; que se convirtió de miedo al primero Satanas. Aquí vino esta manana diciendo, que mi amistad se había acabado, y que se quería confesar. Hubo lo de arrepentida, yo propongo, no habrá más, el infierno, y algún día se había esto de acabar. Mezclando con su sequete su poco de eternidad: oíla, y como soy hombre, que en dándome, que me da una cosa mala espina, nadie me la hace tragar; la dije, algo mesurado, y hecho el nigado un volcán: Valerte de la virtud para mudarte es andar, Márcela, la mi Márcela, haciendo hechizo el San Juan. Seis años ha que soy tuyo, y con fina voluntad he sido todo este tiempo uno de aquellos que han menester los Jueves Santos revir para confellar. Pero ya que te resuelves en quitarme el habla, y ya que soy yo el que está sin voz, y tú la que en muda estás, quiero, no por inquietarte, sino solo porque das, como salgo de lo oscuro en quererme deslumbrar, decirte que aunque mi gana engañarse dejará de tu intento, que por justo pienso que ha de reventar, no mi malicia, porque se mormura por acá, que hay mil virtudes que tienen veneno en la cualidad. Hija, si en cas del Marqués algún Rodrígote hay que te mira, es otra cosa, para que es disimular? Yo no doy satisfacciones respondió con ademán, que me obligó a que la diese un torniscón venial. Alzó el bramo, y dila otro, y aquí fue el descascarar diciendo, que a la justicia avisaria, que estás trazando de dar la muerte a su amo, por gozar la Marquesa, y que yo era asesino criminal. Yo que ya estaba de hieles, y hecho un mismo rejalgar, y en no atender a razones tengo rabias de Alcorán. Viéndola, que a voz en grito iba la puerta a tomar, la tiré una puñalada, y pienso que fue al compas por el lado de la ciencia, porque no ha vuelto a chistar. Entrasteis vos, y este es todo el caso de pe apa: lo que resta es, que a un amigo que me la ayude a enterrar esta noche, a buscar voy, quedad con Dios. . Esperad, que a no mirar, vive Dios! Pues aquí que hay que mirar, si aseguré así mi vida, y la vuestra, que es lo más? . No con lisonjas presumas, Carlos, que me has de quitar el enojo que me ha dado tan bárbara crueldad. Pues la permisión de Dios me deja (ay de mí!) ocupar el cuerpo de esta mujer, con quien fue tan eficaz la predicación de Borja, que a despecho mío está gozando el bien que per dio mi rebeldía tenaz, cuando Ángel de Luz, mis ansias afectaron la Deidad. Válido de mi cautela, y su forma, he de turbar de sus obras la eficacía, de sus virtudes la paz, de su santidad lo heroico. Oh pese a tanta humildad, que siendo en Francisco luz, rayo es en mí! Qué alcanzar no le pudiese! Márcela? pues cómo? Qué os admiráis? por librarme de la furia de ese bárbaro rufían, fingí cuanto los ha contado de mi mudaza. . Y estás heri- (da? No desmentido de la cotilla el puñal pasó. . Tu vida a mi muerta esperanza alientos da Qué hay de Beatria? Que esta noche presunto, que ha de lograr vuestro deseo el vencer la primer dificultad de declarar vuestro amor. Albricias alma. . Y quizás, quiéralo mi industria, el fin que atrevido deseáis, Si por lisonjarme engañas, Márcela, miénteme más, que en promesas que de parte de los delitos están, por más que engañen a un triste, no echa menos la verdad. Como en lo que habéis de ver os podía yo engañar? por Embajador a Roma hoy Don Albaro se va. Ya lo sé. . A la puerta falsa del jardín habéis de estar esta noche, hasta que os haga yo una sena, que será (disimular solicito mi cautela más sagaz con lo natural del lance) tocar una arpa, y cantar a una reja. . El Padre Borja pide licencia de entrar a verte. Pese a mi rabia! Desoir su nombre no más se néshiela el corazón, oque teme en él un siscal mi vida; turbado estoy! Pidiendo limosna va con sus alforjas al hombro. Despedidle, no le oigáis. Dijiste que estaba en casa? ̱. Si señor. . Hiciste mal. Volveré a decir, que dices que estás fuera. . No le oigáis. Pues como a la cortesía, Márcela, puedo faltar? Eso se quieren los Padres, con capa de urbanidad vendrán a veros, y luego la plática parará en preguntaros, que cuando os habéis de confesar? Yo no me atrevo a negarme; vete, y prevenida está, en lo que has dicho, estanoche. . Yo procuraré estorbar . la plática con dos lances que ahora sucediendo están. Mientras por la puerta falsa te vacio, no me dirás, en que estado está contigo mi pretensión de galán? Sienta todos mi maficia; . si mata a Carlos, tendrá su futura sucesión. Pues mujer de Barrabás, siendo causa tan civil, te nos haces criminal? Que esto sufra mi soberbia! toma lacayo truan . Ha pícara, que de un golpe molido, y quemado me has! Dirás que traigo abrasando las manos? . Antes están frías, que quiebran los dientes; derribado me ha un quijar. Vaya con su amo esta noche. Pícara, no me dirás, (. que mondonga te ha enseñado con la mano a requebrar? , s, La visita extrañaréis, No sé si es susto, o enfado; . siempre tiene en mí un criado Vuecelencia. . No me habléis, señor, con tal reverencia, porque en un pobre que pide, ya lo veis, muy mal se mide limosna con Excelencia. ̱. Pues no tiene que argüir, que en la Corte perecieran mas de dos, si no tuvieran tanta excelencia en pedir. A solas os quiero hablar. Llega unas sillas, y vete. s, Padre, con tanto zoquete no va mala la talega. A pedirlos nos envía la obediencia. Harto es por Dios, que siendo zoquetés los recibe la Compañía. Y el Duque, de estos retazos come? . Amigo, es con exceso de pobreza. . Y aún con eso se muere por sus pedazos. . Dias ha que solicito (deme su eficacia Dios) que nos veamos los dos. ̱. Qué cobarde es un delito! . De qué es vuestra turbación? No es de causa, porque . como teme lo que ve, se retira el corazón; que enfado! . Señor D Sancho, sollegaos, que mi visita, de vuestra inquietud, querrá Dios que sea medicina. Este efecto es natural de mis tristezas prolijas, que yo estimó mucho el veros. Ha si supieras la dicha que os aguarda; y como fueran gozos las melancolías! A mi dicha? Dicha, y grande, que hoy de mi habéis de oírla. Donde, cielos (muerto estoy!) . estas prevenciones miran? No os entiendo, No me espanto; mas porque de una vez os diga a lo que vengo, y sepáis cuanto de Dios ofendida tenéis a la Majestad Padre? Válgame Dios! que le obliga a entrar así? . qué es la causa tan triste como precisa; este criado. . A buscar a Vuecelencia me envían, para que le dé una nueva harto amarga . Pues decidla Casi de repente acaba de pasar a mejor vida. Quién? La Condesa de Lerma, mi señora, y vuestra hija. Válgame Dios! río Triste nueva! La prenda que más quería el Padre Borja era. . Dios nos la dio, Dios la quita; démosle gracias por todo; cobró lo que le debía. Idos, pues, decid que ya me habéis dado la noticia. Qué entereza! Qué constancia! Esta constancia os admira? cuando se murió mi suegra tuve yo casi la misma. . Este hombre es de mármol, Cielos! Pues como diciendo iba, muy irritada, señor, tenéis de Dios la justicia. Vuestra casa, dicen que es de bándidos acogida todo el año, y vos señor, quien sus duelos apadrina. Esta, y otras travesuras, que a la Corte escandalizan por liviandades, y vos las llamaréis bizarrías, como si el mudarles nombre, las quitará la malicia. Oh cuanto de un Dios que sufre, las penas, y las fatigas arman las tremendas iras! o como debéis temer que su espada ejecutiva, que en los corazones duros bien como en piedra se afila, cansada ya. . No pretendo estorbaros; mas me admira, que tanta perdida, os deje lugar, si no es a sentirla; que a mí, aún sin tocarme, el alma se puede llamar desdicha. me hiere tanta desdicha. Qué desdicha? Pues, señor, por haber muerto mi hija se ha alzado Dios con su gloria? creedme, que en esta vida, no hay bienes que no sean males, si de ver a Dios nos privan, ni males que no sean bienes, si en su amor nos ejercitan. No solo esta hija, prenda de mi alma tan querida, que a hurto de la conciencia tierno el pecho la suspira, y por no darle a Dios celos, la llora como a escondidas; si no es que todos mis hijos, y las mayores delicias que finge el mundo, por más dulces que el traidor las finja, daré yo, y de buena gana, solo porque arrepentida llore un alma sus pecados. Porque una noche (decía mi gralodatriarca Iguacio) o que amor! qué fe tan viva! deje de ofencer a Dioso una de esas mujercillas, que aún cuando le sirven más las llama el mundo perdidas, daré por bien empleadas de toda mi vida; esto dice Ignacio: el que algún día, mozo, y galán fue, el mirado de la Corte, y la malicia, por discreto, y por valiente, como hoy vos, Dios os bendiga. Desuerte, señor Sancho, que en los males de esta vida, si no es el pecado, nada Para el lance que esta noche . aguardan las ansias mías, buena plática por cierto: si no se despide aprisa, aunque grosero parezca, le he de cortar la visita. En fin, abreviando lances, mirad cual es la Divina bondad de Dios, que después de hallarse tan ofendida. de vos (qué clemencia! yos quiere hacer de su Compañía. Qué. Religioso? Y qué bueno lo seréis. Y esa es la dicha que decís que me aguardara? De Palacio, a toda priesa, con, un Caballero, ahora a llamar, Padre, os envía el Emperador, que a Yuste pasa, donde se retira, Qué iré le decid. Volved, señor, atomar la silla No me dejó la impaciencia . mirar en la grosería. Mirad que ejemplos tenemos, en Carlos Quinto a la vista: con qué valor deja un mundo. quién todo lo poscía! Finalmente, Padre mío, si Dios quiere que le sirva me llamará, que ahora tengo. las vocaciones muy tibias. Tibias son las vocaciones? pues por más que se resista vuestra voluntad, y sorda se dé por desentendida. ha de ser. .̱ Cómo por fuerza? Reídos, pues, que algún día vos mismo, y con hartas ansias, me pediréis que os reciba en la Compañía. . Yo? Sí señor, y de rodillas; quedad con Dios. . Vuecelencia; que le acompañe permita hasta su casa? . Queddos. Gran Dios, bondad infinita, no en esta dureza caiga el rayo de vuestras inas. Por más (ay de mí!) que el pecho afecta lo que se anima, o en cuantos de haberle oído, turbados miedos vacila! Si has, señor, de despedirte de Don Álbaro, ve oprisa, que aún pienso que ya ha partido. Ay si pidieras albuicias! . hace tanta falta en Roma su persona, y tan precisa es la priesa del viaje, que hoy a que parta le obligan aún muerta su hermana. C. O es que tiene la pena misma el hermano de la hermana, como el padre de la hija. Von, que si hubiere partido daré el pésame a mi prima de la Condesa. . Me huelgo de ir allá, que a Marcelilla la tengo a cargo una cosa, que pienso restiruirla si la hallo a mano. . Qué torpe camina el cirso del día! unque darde le amanece a un triste la sombra amigal . Muy agradecida os queda mi voluntad, por la prisa, Marqués, con que habéis dispuesto a Italia vuestra partida. No es hazaña, gran señor, servir bien, a quien obliga solo con mandar, premiando no más de con que le silva. Qué cortesano! hilo al fin sois del Duque del Gandia. Imitarle en agradaros, serán mis mayores dichas. el Pontífice le envía; nadielo sabe, que quitro ganarme yo las albricias en oraciones. . Señor, puede ser que le resista, que otro de Julio Tercero dejó de Oñate en la Ermita Há, qué buen padre os dio el cielo! no hubo en su tiempo en Castilla, Caballero más cabal; virtudes, y bizarría hermanó tan felizmente, que a fe que me daba envidia. Habla era en Palacio entonces, que al entrar en las visitas, donde en lo hermoso, el deseo si no cae, tal vez desliza, De acero a raiz del cuerpo un silicio se ponía; mirad que ejemplo! o cual temo, que nos le ponga a la vista el día del juicio Dios a muchos! y que nos diga: Si este fue Santo, aún en medio del mundo; y de sus delicias, porqué decís, que la Corte casi a obrar mal necesita? Id conDios, Marqués, que he visto por entre esas celosías a vuestro padre, y en Poma os de el cielo muchas dichas. De serviros bien dependen las felicidades mías. . Llamad al Duque; y dejadnos solos. s . El suelo que pisa Vuestra, Majestad, señor, a mis labios le permita Un Capelo, a ruegos míos, . Sentros Duque. ̱. Gran señor, muy bien estoy de vodillas. Francisco, alzad. Con, un pobre favor tanto? . Qué os admira? ya yo soy pobre también. Gran señor. . Por vida mía. Ya, señor, os obedezco, que importa mucho tal vida, y es bien que está mi soberbia para sus aumentos sirva. . Dícenme, que Comisario General de las Provincias de las Indias, y de España os ha hecho la Compañía? Sí, señor, que son mis culpas, aún de más castigo dignas. Castigo llamáis las honras? Sí, gran señor, que son mías, y a quien le dan en que hierre, claro está que le castigan. Un Capelo, por mi orden, su Santidad os envía, pero trae ina pensión. Para mí, señor, la misma honra de la Diguidad,, es la pensión más prolija. Pienso que la resistis por la carga? . qué es? decidla. Que me encomendéis a Dios. Esa en mi es deuda precisa; y si Vuestra Majestad de la Dignidad me alivia, le ofrezco pagar doblada la pensión todos los días. Invictísimo señor, esa miseria, que estima el mundo tanto, y que al fin gozaba yo como mía, dejé por seguir a Dios, dejad que pobre le siga. Mi hacienda di, por comprar esta bella Margarita, que entre nácares humildes produce el Sol de Justicia. Ya la compré, y si la vendo por menos, me perdería: fuera de que mi Instituto con precepto nos obliga a no admitir Dignidades. Esa excusa no es precisa, pues con pasaros a otra Religión que las admita se vence. . Jesus! señor, Vuestra Majestad no diga tal, por amor de Dios. Hago yo tan alta estima de mi Religión amada, dulce prenda, y madre mía, cuyos dulcísimos pechos, a vida mejor nos crían: que no solo ese Capelo, pero aún la Tiara misma: no sé cómo lo encarezca! Hay más que ser en la vida, que ser Carlos Quinto? nada vu estra grandeza compita; pues aún la dejara antes, que dejar la Compañía. No habla muchos Cortesanos Francisco, con tanta estima de ella? . Todo, señor, nace de que no la comunican: fuera, señor, de que el mundo siempre con enojo mira a los que desengañados en lo que obran, y predican, reprenden sus vanidades, y sus vicios siscalizan. Muy bien lo creo; y de aí sin duda nace el que digan, que no es bien que algunas noches (mirad cual es la malicia) salgan con un Santo Cristo (y aún dicen que vos saliáis) a predicar por las calles: que hay en esto? Que está misma noche tengo de salir, señor, si Dios me da vida, porque importa. . Para mí cuanto hagáis se santifica, solo con ser obra vuestra; y ya que humilde no admita vuestra persona el Capelo, quisiera que de orden mía fuerades a Portugal, que con Doña Catalina, la Roina mi hermana, tengo que tratar cosas precisas, y tales, que si no es vos, no es bien que otro las asista. Mañana me parto a Yuste, que no veo, Duque, el Dia de prevenirme a la muerte, que ya cercana me avisa. Dios la vida os dé, que tanto la Cristiandad necesita. Tan solo como ya estoy, que puede haber en qué sirva? Mas decid, que reparé (no sé cierto si lo diga) que al entrar, al compañero dabáis no sé que valija: la verdad, pedis limosna? Sí, señor, porque os admira. De ternura a ablar no acierto. Qué un pobre limosna pida? No tener mucho que daros, es forzoso que me aflija; pobre estoy, ya lo sabéis, cien escudos, que os remitan haré; y creedme, que en cuanto os he dado en esta vida; no os hice merced jamás de agradecerme más digna. Vos de verme pobre a mí lloráis? Y a mí de que diga el Májimo Carlos Quinto, cuya valiente cuchilla, aún envainada, del Orbe el ámbito atemoriza, que está pobre el corazón no me cabe de alegría. Ya os entiendo. . Si señor, ladrón llaman de la vida a la muerte; y para que no los asuste su codicia, será bien que cuando venga halle la casa vacia. Así, de las penitencias cómo os va? que os certifica mi amor, que como estoy viejo las siento más cada día: No me espanto; Dios en quenta aprender, y tan aprisa os tomará las fatigas, que en Alemanía tuvisteis, persiguiendo la heregia. Esto sí, la gloria a Dios, nada omiti en perseguirla. Acuerdome, que una noche (y que mal tiempo que hacía) sobre un carro armado, toda la pasé, y el Alba misma, a verme temblar de frío, madrugó alegre sus risas: si ya no salió a mirarme galán, porque guarneción mi arnes de flores de piara sus escarchas ateridas. Mas pienso que mi trabajo no se perdió, que a fe mía, que llevó muy gentil rota la canalla tornadiza, que a su Dios, antes que a mí, volvió la espalda enemiga. Cual venía el de Sajonía? (sospecho, que es muy sabida su historia, no la refiero) y el Lansgrave, cual venía? selva hicieron la campaña; de mosquetes, y de picas. Y que a punto el Luterano jugaba la artilleria? pero yo (dejad, Francisco, que esto no más os repita) me entre por sus batallones con sola media lancilla en la mano; y a fe afe, que nos llevamos el día. La gloria, señor, a Dios solo habéis de atribuirla. Decís bien, no me acordaba, llevome la fantasía: que queréis, no todos pueden la perfección, en que os pone allá vuestra Compañía. Amiga, Ines, pues señor ya se ha ido descansemos de tanta cordura. . Extremos son de prudencia, y honor los dos cuerdísimos amos, que dio el cielo a mis enojos. Qué hay, amigas de mis ojos? es bien, por no estar ociosas, Márcela, solas estamos, la Marquesa está distante, canta un tonillo discreto, y alegre, que te prometo bailarle el agua delante. ̱. Y si lo oye? . Está el jardín de su Oratorio apartado, y aún creerá si se ha arrobado, que la habla algún Será fin. que Borja en tal perfección, . contra los fueros de edad, hermosura, y calidad, la haya impuesto? qué aflicción! Venga el arpa: mis cautelas . sus obras estorbaran. Amor es bandolero, y de esto lo conozco, que me roba, y me mata en la sierra Morena de unos ojos Lindo va De cuando en cuando acecha, que estoy temiendo, lo venga a pagar rezando. Sus luces imposibles. tan atrevido adoro, que a la voz del respeto (dos. mis deseos se está haciendo sor- La Marquesa. . Ay! que la fiesta pago ayunando este mes. Qué es esto, Márcela? Ines, Juana, qué locura es esta? Del ocio son. Ea, callad. Disculpados ejercicios, Sí, que de todos los vicios es madre la ociosidad. Y emplearos (qué locura!) en canciones amorosas, en necias descomposturas? No extraño, que cuando ausente está mi esposo cantéis, ni que más dolor mostréis de la desgracia, presente, como es (ay Dios!) el morir en tal edad tal señora; solo es lo que siento ahora llegar en mi casa a oír versos de amores, que en calma, son inquietud de él sentido, y solo hiriendo el oído suelen dar la muerte al alma: cómo os atrevéis? . Señora, en un romance discreto la agudeza del concepto, es solo lo que enamora. Siendo torpe el pensamiento, es vana seguridad querer que a la voluntad no arrastre el entendimiento, Si el entendimiento teme, la voluntad, no acertó, que aunque más la alumbre, no está de Dios que la queme; y él albedrío es tan mío, que del mal sabe apartarme. Pues si le empleo en cegar- de qué sirve el albedrío? (me, De resistir su violencia. Luego es cierto que he empeza- pues en eso está el pecado. (do; de que procuro apartarme. No empezó tal, ni se vicia la voluntad, que en efeto la deleita en lo discreto lo agudo, y no la malicia. Siempre al daño me aventuro. Hay hasta él mucho intérvalo. . Lindo régalo de pluma. negarás que no es seguro? Poco tu prudencia fía de su entereza. . Es así; nada temo más que a mí. que en vano mi error porfía. . . En ellas se leen del bueno Esto en fin quede asentado; quien conmigo ha de vivir ha de procurar huir aún la sombra del pecado. Y porque veáis las tres cuanto daño trae consigo; (así a enmendarlas obligo) . traeme tú aquel libro, Inés, que el Padre Borja ha compuesto, y el Espejo del Cristiano le intitula. Será en vano, que yo en su lugar he puesto otro, que su intento tuerza. Yo tengo que hacer ahora. Juana, espérate Señora, yo he de ser santa por fuerza? Cuanto es peligroso, y feo os quiero leer a las dos un pecado. Sea por Dios, señora, que yo lo creo; creo que es figura rara; y creeré (si es que irme deja) que no hay en el mundo vieja, que tenga tan mala cara. Su monstruos dad espanta. Ya está aquí el libro, señora. Qué dirá viéndole ahora? Sentaos, que es lección tan santa y piensa que no ha de estar digna de atenderla; pues tal pluma la escribe en suma. Pues doite que no sea malo; . Qué libro traes aquí, Ines? Yo no le abrí, en una almohada del estrado le encontré. Comedías son. . Lindo a fe, lee si quiera una jornada. siempre las obras premiadas, y del malo castigadas. Márcela, el peor veneno en muy sabrosa bebida se suele disimular. Id al punto, hacedle echar en el fuego. . Por tu vida, que leas un rato en él, hallarás en sus escritos siempre odiosos los delitos, la virtud siempre muy fiel, las palabras muy compuestas, muy atento el pundonor, y las pláticas de amor, aunque finas, muy honestas: que el ingenio tan medido, aún lo indecente dispone, que o no lo escribe, o lo pone como debiera haber sido. Y el alma suele beber en las historias Divinas disfrazadas las doctrinas con máscara de placer. (no. Ves cuanto has dictado bue- Aún más en silencio paso. Pues todo es dorar el vaso para darnos el veneno? Rabioso enojo me abrasa. Al punto le has de quemar, quien las leyere en mi casa. . Vete; y pues que ya se ve descender la sombra fría, bien mi cautela confía que fin esta noche dé Don Sancho a tu honestidad: que fuertes contrarios son de esta virtud la ocasión, la noche, y la soledad! . Oscura noche! . Parece, que de sus nublados negros la corto el vestido el aire al uso de mis deseos. Señor, vámonos a casa, que es tan bellaco este tiempo, que poniéndonos de lodo, tratándonos como negros, y dándonos un catarro, él se queda muy sereno. Qué temes? Entre mil cosas, señor, que al presente temo, dejando a una parte el frío, que es de lo que yo más tiemblo, una es, que vi al pasar en la Compañía abierto, y alguna gente a la puerta. Pues qué dices? Yo me entiendo No seas Calvete, cobarde. Señor Saneno, si quiero, que ningún gallina he visto morir sin sus Sacramentos. Por las relas del jardín a hablar a Márcela vengo, por si acabo el que con Carlos ajuste su casamiento, y salgan de mal estado. Por convertir almas? bueno; que sale, señor, parece mi sueño de matras cierto, de que has de ser Teatino. Deja esas locuras, necio. Que me den dos mil azoses si tú vinieres a eso. Válgame Dios! qué aún buscando algún fingido pretento . con que ocultar mi delito, me hallase este pensamiento, Harto más locura es en un barrió tan desierto audar, señor, a estas horas solo, y cargado de hierro. Dije solo, porque si te envisten, yo no me encuentro de noche (y que tal es ella) pisando lodo, y a riesgo de que un contrario, de tantos (que en la Corte solos tengo los enemigos del alma por amigos de tu cuerpo) te de al pasar de una esquina un hurgonazo, y laus Deo. Pero al fin ya me consuela tu conciencia, que en efeto tú vives tan ajustado, que si te mataren, luego, sin rocar el Purgatorio, te irás derecho al infierno. Vuélvete, Cálvete, a casa. Aún peor que esotro es eso. Por qué? . Por lo que dirá a este propósito un cuento. Decia un padre a un muchacho, cuando vas por vino, pienso que te lo bebes; a que respondió el ni ño gimiendo: Yo nunca me bebo el vino, señor, cuando voy por ello, que así Dios me salve, que no es si no cuando vuelvo. Aplico, pues. Si al ir solo, que a palos me maten temo; no está el risgo en la salida, si no en la vuelta está el riesgo. Qué frialdad! Pues calentarla, que yo, si mal no me acuerdo, debajo de estos portales creo que hay un poyo, y pienso mientras hablas a Márcela dormirme: pues dicho, y hecho, tiéndome, y sacó el Rosario: por la senal, ya bostezo: no hay almendrada mejor, que un Rofario para el sueño. Mucho se tarda Márcela, y apenas mi pensamiento, confundido de mis ansias, sabe hacer firme concepto de a que vengo, si a perderme desesperado no vengo. De Beatriz no hay que esperar, que se rinda a mis deseos; mas de mi resolución ay que esperar el remedio de mi mal, si a verme a solas con ella en su cuarto llego. Y que sé yo si a la vista de la ocasión, del secreto de la fineza en mis ansias, de la ternora en mis ruegos, se cansará su virtud de sufrir su pensamiento? No es mujer? pues que sé yo si la noche, si el silencio? mas ay, que es Ángel Beatriz! Y que sé yo si al extremo menor de su resistencia cobarde la espalda vuelvo? de . que sé yo? mas nada sé, que en tanta lucha de afectos, amante, y desesperado, yo solo sé que me muero. Quiero, i no saben que quiero. La seña es; albricias alma. Yo solo se que me muero. Márcela? Señor Don Sancho, porque hay en la calle riesgo: de malograr mi engaño . es solo, porque los ecos ya de las voces se escuchan, cuyo ruido (ay de mí!) siento, con no menor impaciencia, que las penas que padezco. Entrad por ese postigo del jardín, que ya esta abierto, que yo por disimular a cantar otra vez vuelvo: no es sino porque no escuche . la enemiga voz que temo. Márcela, mi amor. Aprisa. . Te estima. Eso es perder tiempo. A suspirar por la causa de mi dolor no me atrevo, porque no de lo que gimo conozcan lo que padezco: quiero, y no saben lo que quiero. Con el alborozo, apenas cobro de la calle el tiento; ya encontré el postigo; amor, en tu piedad me encomiendo. Temed, mortales, el castigo (eterno, infierno, pecador, infierno, infierno. Ya la voz de Borja he oído; que no haya un rayo en el Cielo para mí! . Válgame Dios! que amenaza, y que a mal tiempo! la voz del Padre Francisco me hahelado los movimientos! Si entraré? más porque dudo? resuelto estoy: no me atrevo; pero ocasión tan feliz tengo de perder? yo entro: mas ay! que si entro, me avisa la voz, que es más lo que pierdo. Mas que su terror me ha dicho, que yo no sepa? estoy ciego. Si no me resuelvo aprisa, las luces que trae el pueblo, que siguiento al Santo Cristo va con deboto silencio, me han de descubrir: Márcela me aguarda: aentrar me resuelvo Temed, mortales, el castigo eterno. Ya su voz sobre mi tiene mas que natural, imperio. Un monte muevo (ay de mí!) en cada planta que muevo! En vano a que se resuelva, si no le provoco espero. Desde que perdí cobarde la ventura con el tiempo, eché de ver que era muerte la quietud de mi sosiego; yo solo sé que me muero. Pues si me muero, y me arrastra, casi por fuerza, mi afecto, por más que el yerro conozca, porque ha de ser culpa el yerro? Pec aré yo porque ahora me asista un conocimiento, cuya pobre, y tibia luz se confunde en tanto incendio? Qué importa que la razón me esté tirando de un freno, tan flojo, que aún sin querer, casi por uso le quiebro? Doy que me despeño a entrar; quien me imputara el despeño a delito? El cielo. Pues quisiera saber del cielo, porqué, o como me permite, ya en la luz, ya en el deseo, para gobernar lo bruto de un apetito violento, aquel freno tan de seda, y esta espuela tan de hierro? Mas ay! qué bastante luz para refrenarme tengo de mi yerro, que aunque más sea torpemente feo, como le he de conocer, si me le doro yo mismo? Nada entiendo, y solo sé, que inquietamente suspenso, ni aquella voz me detiene, ni me despeña este acento, por más que decirlos oigo; luchando en confusos ecos. . Quiero, y no saben que quiero. . . Temed, mortales el castigo eterno. . Yo solo sé que me muero . . Infierno, pecas dor, infierno, infierno. Que no dejarán dormir a un Cristiano! mas que veo? la procesión de los Padres sobre nosotros! ya tiemblo! la campanilla, y los gritos: señor, eres tú? . Calla, nocio. Ay de mí! que vanamente sus cobardías aliento. Señor, señor, eres tú? . Si soy. No hables tan quedo, a un hombre, que es mal criado no sabes responder recio? Con que devoción camina mudo el acompañamiento! horror infunden las hachas! Lacera es la que yo siento. Ahora bien, yo estoy temblando; si tú te quedas, tras ellos escurro, porque debajo de la artilleria, pienso que no hacen daño los tiros, por más que aturda los truenos, Si se resuelve a dejar esta ocasión que le ofrezco, le ha de detener ahora la voz de Peatriz, fingiendo que le llama. . Me parece que habla con mis pensamientos cuanto el Padre Borja dice: Ay de mí! seguirle quiero, yo no puedo más, amor. Engaños, ahora es tiempo. Sancho; primo, señor. Beatric es, qué es esto Cielos? que aguardo, que a conseguir tan alta dicha no entro? Señor Don Sancho. Ah pesares! No seguis a Dios? . Siguiendo a Vuecelencia, yo Padre, cómo, ya voy, estoy muerto! Venid, que si Dios quisiera deshacer los singimientos de quien traidor os engaña (piedad que humilde le ruego) bien podía. . Contra mí, claro está, que ha de quererlo, pues de tu humildad me arroja vergonzosamente huyendo. Y porque en España conste mi mal, y tu vencimiento, en los hierros de esta reja, quedará memoria al tiempo. No admiro que tu malicia huya de mí, que en efecto, aún el demonio se espanta de un pecador tan soberbio como yo. Vamos, señor, que nos llama Dios. Qué es esto? tan sin uso el albedrío me arrastra a seguirle, Cielos! que ni yo percibo como, queriendo ya, y no queriendo; los umbrales de esta puerta do lorosamente dejo, solo (ay de mí!) porque Borja, me diga en confusos ecos: Temed, mortales, el castigo eterno infierno, pecador, infierno, infierno
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Lindo Sermón! . Para mí, cierto es, Cálvete, que ha sido la primer cosa del mundo. Por qué? . Porque si te digo la verdad, es el primero que en toda mi vida he oído. Ah buen Cristiano! el amor que tuvo el Padre Francisco al Emperador, que el Cielo para si llevarle quiso, bien le ha mostrado en sus honras. Mucho es haverse atrevido en Roma, donde no era el Imperador bien quisto, a decir sus alabanzas. Esa es propiedad de amigo, que hablar yo bien de uno donde tengo de ser bien oído, y morderle mi pedazo si estoy con sus enemigos, no es de Santos, si no es ruin política del siglo, que refiere Saabedra en su tomo bien escrito a solio cuarenta, y aunque me mormure algún ladino, que no cito bien, me estoy en las hojas que ya he dicho, porque si no es de cuarenta, yo no sé leer otro libro. No he sacado del Sermón, mas que salir muy mohinó. Por qué? . Porque el . Dorja allá con los arrificios del Sermón, o que sé yo, me enfado, diciendo a gritos: Carlos hoy has de morir; Carlos, el mayor peligro te amenaza, y Carleaba, encarándose conmigo: cuerpo de Dios tras el Carlos; pues por el otro lo dijo, para no matarme a mí, no sé acordará del Cuinto? Pues oyes? suelen salir muy ciertos sus vaticinios. Pues que los tema Sancho que va dando en aturdido. Dentro de la Porteria le esperaremos, que ha dicho el Hermano Marcos, que hoy saldrá. . Cierto que han sido estos ejercicios, bien impertinente capricho en D Sancho. . De conciencia dicen que andaba enfermizo, y para desopilarse se acogió a hacer ejercicios: fuera de que a las instancias que el Padre Borja le hizo, ninguno se resistiera, menos que a ser un precito. Que se venga un hombre, cielos, siguiendo el hermoso hechizo de una majer tan honrada, y amante de su marido, que no sufriendo su ausencia a Roma seguirle quiso! y salga con esto al cabo de un año, que no ha sabido tomar, aún estando en Roma, una lición de Tarquino! Vive Dios que no le entiendo; porque si este hombre ha querido arrepentirse, no había medio como el que yo he dicho porque, yo como me enfado al instante que consigo, no encuentro con el dolor, si no es buscando el fastidio. Mucho se tarda, y yo temo que se meta Teatino. Por qué? . Poro le ha de dar en la conciencia algún frío que le obligue a pedir Ropa. De lo que yo más me admiro, es, que Márcela, que a Roma también con nosotros vino, pues la casa del Marqués por no sé que dejar quiso, y hechas ya las amistades esta corriente conmigo, per suadir no le pudiese a dejar tal desvarío! Y cual parló la bellaca! Qué llamas parlar? no he visto . Antes han dicho, después que Dios me crió moza de tan bello pico! y que airoso la está el traje de hombre en que la he traído! . Al Capelo Ves, que de tan elocuente la alabas? pues yo malicio, que la tal para oraciones no tiene muy buen estilo. El Embajador de España, que a las honras ha asistido del Emperador, aquí sale ya. . Como es buen hijo, los Sermones de su padre estima. . Yo me retiro, porque aunque no me conoce, ni yo temo ese peligro, mientras no vengo mi ofensa, que estoy, confieso, corrido: y más cuando considero, que por él (un basilisco el pecho me abrasa, ando desterrado, y fugitivo de mi patria; quiera el Cielo lograr los intentos míos. . y. Bien con las obligaciones del respeto, y del cariño que a Carlos tuvo mi padre, en sus honras ha cumplido. Y es más de alabar, en tiempo y esto va con un tonillo, que las cargas de su oficio la mayor parte del día le ocupan. . Bien lo coligo. Cuando se hace la elección de Genetal? . Imagino, señor Marqués, que mañana ha de quedar elegido. Y mi padre ha de tener algún voto? que para que no le nombren toma medios exquisitos. Buen pretendiente. tres veces se ha resistido, y su Santidad le ama con muy singular cariño. Que mucho, si de la Liga que el Católico Felipo, y su Santidad han hecho con Venecianos invictos, por su religioso celo. promotor único ha sido? Dios nos de feliz suceso, que si vence el enemigo, temo que quede mi padre con la Cristiandad mal visto. Algunos Padres de casa temen, señor, eso mismo: y como sus Reverencias son en todo tan leidos, refieren, que a San hernardo le tuvo muy afligido otro caso semejante. , - . Y a eso mi padre, qué ha dicho? Qué ha de decir? está el otro, señor, con un regocilo, que no le cabe, y les dice: No se aflijan, Padres míos, que presto vendrá la nueva; que pienso que la victoria, mas que la espera, la ha visto. Qué hace ahora? Está Don Sancho de Castilla en ejercicios. Ya lo sé. . Pues le estará alentando, que imagino (si yo no me engaño) que; mas no me atrevo a decirlo. Quiere entrarse Religioso? la verdad. . Yo se lo digo, que hace muchas penitencias, y lo sé, porque lo asisto, que de escrúpulos pregunta cosas que las sabe un niño. Que está muy modesto, y anda entre santo, y aturdido; con esto digo, que no le falta para novicio si no es la sotana parda, y quebrar jarras, y vidrios. Diréselo a la Marquesa, que se ha de holgar infinito porque como le criaron en su casa desde niño, sentía notablemente verle andar tan destraído. A Dios. El Cielo con bien os lleve. . No habrá un resquicio mi Padre Marcos, por donde un amo que Dios me hizo vea yo? . Presto saldrá: dígame, Calvete. . Digo. Cuando se confiesa? . Yo, Calvete? . Este pajecillo dirá como él, y yo nos confesamos el Domingo. Mancebo, es esto verdad? Di que sí, y el Teatino quizá te dará un Rosario. Vaya de al, Padro mío, que aquí no le piden nada. Oíganle, y que sacudido. Tiene lindo entendimiento; pero es bravo picarillo. De dónde es? . Es Italiano. M. Cómo se llama? . Périco, Una reliquia que traigo de San Ignacio conmigo se ha de llevar, señor Pedro; tómela, y le certifico. Rabiando estoy de coraje! . Que sé, que es del Santo mismo Tómala, que esta engastada. Padre Marcos, ya le he dicho que me deje. En busca tuya. ahora, Cálvete, he venido. Mira que es de S. Ignacio. De oír su nombre me irritol. quítela de ar: que rabia! mas almas quita al abismo que estrellas cuenta la noche. M. Deja esos extremos, hijo. Y agarralos del engaste, que parecen de oro fino. No la quiiere? No me espanto, el muchacho es un perdido; démela a mi . M. Tome: cierto que es lo personal muy lindo, y es lástima que no sea mas deboto el ángelito. . Pues esto arrojas, Márcela? Quieres que el aprecio mío haga estimación de prenda de un Clerigo cojo, y vizco? Pues harro fue siendo cojo el no sanarse a sí mismo; pues cuentan, que de patillas algunos males deshizo. Mas para qué me querías? Ya para nada, Al peligro . en que va a ponerse Carlos también exponerle quiso mi enojo, pero si lleva tan santa al haja consigo, que mal puede sucederle? Vete, pues. . Qué olor tan rico! si le llevo a la Marquesa, me ha de valer un vestido. . Aquí de todo mi enojo: Sancho (tiemblo el decirlo!) casi reducido (qué ansia! esta (venenos respiro!) a dejar (que no haya muerte para mí!) su amor, y el siglo, hechizado del veleno de estos santos Ejercicios, que en Mantesa escribió Ignacio, aquel Vizcaino Soldado, tan arrogante que de Pamplona en el sitio, los Leones de Castilla tiñó de Francia en los Lirios. O mal hubiese la bala, que irritó alquitrán benigno, pues partiendo para estrago llegó para beneficio! O los libros mal hubiesen! pues aún del ocio leidos de Ignacio, a la Compañía, dieron felice principio. Mas que acaso, que su ser hubo de empezar en libros? agüero que a mis cautelas amenazó los escritos que en tanto docto volumen me hacen guerra! Quién ha visto, que hayan de sudar las prensas las fatigas del abismo? Oh cuanto me ofende Ignacio en ver que corran sus Hijos desde el Anathema Ingles, al Cismático Abisino, los siempre helados del Norte carámbanos ateridos, las siempre ardientes arenas que el Can enciende maligno! O como Borja, no menos hoy me ofende, cuando miro, que el tierno plantel de Ignacio tanto debe a sus cultivos! Que mucho; si de cuatenta de sus Martires invictos, cuya sangre, en solo un día bebió sediento el cuchillo, hoy nuevamente se adorna este humano Paraiso tiernas flores, de que el Cielo a Borja un presente hizo; como quien dice. No hayas miedo que el tiempo, marchitos ponga los rojos claveles, que en sangrentados te envío, si en el humor de su sangre llevan el riego consigo. Mas hay! que de cuantas glorias, envidiosamente gimo en Borja, la que más siento es, que el Cielo mi enemigo me adelante las noticias (ay de mí!) del feliz siglo en que ha de canonizarle el gran Vicario de Cristo, y a Borja desesperado de vencer, me desobligo: a D Sancho no, que en él a Borja un lauro le quito. Invisible el aposento donde está Sancho asisto, que suspensamente yace en la lección divertido, De sus antiguos cuidados no muestra el menor indicio; yo se los despertaré, introduciendo en el libro los instrumentos, que un tiempo fomentaron sus delitos. Que no vive el que peca, aquí he leido; luego si estuve siempre en mal estado, aún no he nacido yo Tanto he pecado? Válgame Dios! y el tiempo que he perdido. Que bien Espejo intítula Borja este deboto libro, no porque las fealdades. en el de mis culpas miro, ni porque a su luz mi alma componga sus desaliños, si no es porque estando en duda, si estoy muerto en mis delitos, o vivo en mis desengaños cuando a su cristal me aplico (pues a sollozos le mancho) bien se conoce que vivo. Vuelvo a leer. O si encontrase el papel, que áspid nocivo, mordiéndole la memoria, vierta el veneno en el juicio! Dice, que al pecador no haber nacido le estuviera mejor: luego la nada aún no es bien con la culpa con- para da? álgame Dios! y el tiempo que Vhe perdido. El libro ya por las hojas abre, donde está el peligro. Qué papél es este? algún apuntamiento imagino de algún deboto. No son si no es versos, y son míos! Retrato (dice) a Beatriz; quien los habrá aquí traído? acaso yo entre las hojas puse el papel por registro. Ya es otro tiempo: qué ciegos obraban mis desvaríos entonces! y qué locuras! (perdido. Válgame Dios! y el tiempo que he Señor Don Sancho. Ay de mí! Cómo os va? Ya, Padre mío. Su vista huyendo, a mejor tiempo mi engaño remito. Roras veo las cadenas, quebrados siento los grillos, que de voluntarios hierros me hice prisiones yo mismo, No imagino ya las cosas como de antes; y en mi juicio otro nuevo ser parece que tiene cuanto imagino. Miraba yo la hermosura como a Deidad; ya la miro Ídolo, que de mi muerte compone sus sacrificios. Al poderoso del mundo, que poco ya que le envidio, aquel deseado riesgo de su alma, si es preciso despeñar en el sepulcro tanto el pobre, como el rico! Qué viene a ser el ser pobre? por cierto yo no colijo que sea más que tener más bajos los principios. Y en fin, Padre, que por tantas razones os llamo mío, ya que a quebrar con el mundo de una vez me detérmino; y ya que aún mi pensamiento anda huyendo de mis vicios, quisiera en la Compañía (bien que me conozco indigno) de vida tan mal gastada satisfacer los delitos. Aunque yo, Dios mío, nunca . dudé de lo prometido, esto de cumplirse el plazo, cierto que alegra infinito. Muy bien, señor, me parecen (y tanto que el regocijo se derrama por los ojos) vueltros debotos disignios. Pero sabéis vos si acaso querrán acá recibiros? si querrán, que ha de ser uno . de sus muy ilustres hijos. Bien sé yo que no merezco la felicidad que os pido; pero este llanto que arrojo, las verás con que os suplico merezcan. . Y que sabemos si es ese llanto fingido? Padre, no he de levantarme de esos pies donde me rindo Acabemos; que eso solo faltaba a lo prometido. Llegad, señor, a mis brazos, que pues toca esto a mi oficio, desde luego, y muy gustoso, digo, señor, que os recibo pero mirad, de una vez hagamos burla del siglo: os atreveréis? . A cuanto sepa yo que en ello sirvo a Dios, y de mis pecados descuento el justo castigo. Ello si veis la alegría que de haberos convertido hace el cielo? pues mi parte también de ella participo. Qué mandáis que haga? A la puerta de la casle los novicios van sacando aquel ribazo de tierra; id, introducios con ellos; tomad una espuerta, y con ese traje mismo en que ahora estáis tan bizarro, que a Dios mil veces bendigo, ayudadles a sacar tierra; y ved lo que os aviso, que los novicios reirán mucho de veros, reídos vos también, que así entraréis en posesión del oficio. Voy a obedecer. Ajadle sus vanidades al siglo. Fendito, sea Dios, que ya oyó su amoroso silvo este perdido ribal: mas hay Dios! como me olvido de rogaros por el alma de mi señor Carlos. Quinto? A esta Cápilla, en que tengo colocado un Crucifijo (mas que de favores debo a su piedad! ) me retiro. O que de cosas mi alma lleva, Señor, que pediros! Rico sois, y somos pobres, Padre sois, y somos hijos; claro es que no extrañaréis en mis suplicas, Dios mío, ni que un hijo pida a un Padre, ni que un pobre ruegue a un Rico. El alma se me oscurece de dejar la Compañía. Esto es mejor, a fe mía. Qué dices? . Que no parece el cochero, a lo que infiero. Pues estarse no pudiera en la Iglesia? . Si quisiera también deboto al cochero? Que esto, señora, permita tu paciencia? qué atrevido. Sin duda que se habrá ido a rezar a alguna hermita. Mientras que van a buscarle, quitémonos de aquí ahora, que andan sacando, señora, los novicios a la calle tierra; y con el polvonos cegarán? . Antes deseo verlos, que en cada uno creo un templo vivo de Dios. it Ay qué bellos Ángelitos! Todos son como una plata. El corazón me arrebata verlos Santos, y bonitos, señora, llamémoslos. Qué modestos van! que bellos! pero Dn Sancho con ellos? qué es esto? válgame Dios! No ves tu primo, señora? Dudando estoy lo que toco! Si se hubiese vuelto loco? Esto tenemos ahora? Gente mirándome está; no sé si a salir me atreva; pero no es Dios quién me lleva? que dudo? . Con ellos va. Hoy salia de ejercicios. Oh es devoción, o imprudencia. Si le han dado en penitencia ayudar a los novicios? Pues sease quien se fuere, veamos si mi corazón puede hacer que la razón se salga con lo que quiere. Don Sancho, primo. Ay de mí! Señor, alentadme vos. Qué es esto? Que todo un Dios bien es menester aquí. Qué a salir así os obliga? que en una duda tan grave, aún la admiración no sabe, ni que piense; ni que diga. Temblando estoy. La duda el pecho me apura, pregúntale si es locura? Sí, señora, un loco soy, tan loco, que en cierto intento la vida (ay de mí!) perdiera, y el alma, si no me hubiera atado mi encogimiento. Loco tuve un pensamiento, y el faltarme hoy la cordura, lo conozco, en que me dura terca, a mi pesar, su infrancia, que alguna vez la constancia había de ser locura. Cierto dolor me tenía fuera de todo mi acuerdo, que en vez de ponerme cuerdo la pena, me enloquecia. Della sane, porque había cuenta de ella a Dios de dar; ahora podéis vos pensar, que grande locura tuve, pues el juicio de Dios hube menester para sanar. No os entiendo: pero qué en esa tierra decís con que en público salís? Yo, señora, os lo diré: En alta mar embarqué aquel vano pensamiento; y Borja, al ver que mi intento, me hizo por liviano guerra, me ha echado un lastre de tierra, porque no me pierda el viento. La Comunidad está; pero Vuecelencia aquí? Menos ahora os entendí. Pues el Padre os lo dirá. Qué es esto? . Que tiene ya la sotana prevenida, Qué decís? qué el alma, herida de placer, turba el sentido: gracias a Dios! no he tenido gozo mayor en mi vida. Qué lastima? . Qué dolor? Qué vuestra imprudenciarlo Ruégale, por Dios, señora, (ra? que no haga tal. Si el Señor le llama, quien su fervor impedira? . Quién te mete, Juana, en eso? ̱. Que en un brete tal mozo a meterse va! Ay Dios! qué malo estará pelado, y con el bonete? Señor Don Sancho, aunque no entendí, ni hay para que, que locura aquella fue; gracias al Cielo, que os dio feliz luz, que os alumbró: llamola feliz; pues siento que no hace un entendimiento obra de bien más extraño, que comprar un desengaño, sin costa de un escarmiento. Ya me entendéis? Si señora. . Discreto sois. Loco fui. . Sed Santo. Tiempo perdí. Pues logradle bien ahora. El alma por eso llora. A Dios, pues. . Nada os im- mas oíd por despedida; (pida: primo, encomendadme a Dios. Que no me acuerde de vos. será lo que yo le pida. Tan santa resolución, que buen día me ha traído; que verle andar tan perdido, me quebraba el corazón. A Dios. Vuestra devoción esta dicha le ha logrado. Padre. . Qué dice? ah calla- En cortándole el cabello, (do? guárdelo, que he de hacer de ello dos trenzas para el tocado. . En eso pensaba. Voy a avisar al Padre Boria, que ya Sancho estará recibido. Elta es la hora de hallarle en esta Capilla, donde la Imagen debota de un Crucifijo de hechura exquisita, y primorosa tiene colocada; aquí. acude siempre con todas sus tribulaciones, no es maravilla; pues notoria fama es, que hablarle suele. Y como récela ahora que la Compañía nombre por General su persona estará muy afligido. Abierto esta: que medrosas mis plantas pilan el suelo, donde de sangre que arroja el Santo en sus penitencias, están con manchas, que adornan no menos que enoblecidas, santificadas las losas. Válgame Dios! en su frente llama de luces copiosa ardiendo está; y en el aire otra hermosa llama forma una Mitra, que con brillos misteriosos le corona. No la luz me maravilla, que muchos la han visto en otras ocasiones de esta suerte, la Mitra si más ahora, ay Santo glorioso mío! el pecho temo me rompa el corazón, que en ternuras por los sentidos se asoma. Piadosísimo Señor, de cuya divina boca ete pecador recibe sin mérito tantas honras. Pues me mandáis que reciba este cargo, a vos os toca darme las fuerzas que basten a no perderos la obra, que en la Compañía hicisteis, Señor, para vuestra gloria. La Mitra; válgame Dios! sonando siempre canoras músicas, sobre su frente desciende su luz hermosa. A gloria vuestra, Señor, aceptare, si me nombran, este cargo, de que juzgo tan indigna mi persona. Que ahora en la porteria llamen! responder me toca por mi oficio: pero quien dejará tan feliz gloria? Ea, que allá querrá Dios, que haya alguno que responda. Vaya, Hermano, vaya aprisa. Padre mío? . Pues ahora (Dios le haga Santo) andaen eso? sepa quien es, porque importa, sino me engaño. . Ya voy. Como si Dios no le informa; . supo que yo estaba aquí? Voy volando. Extraña cosa! Albaro muriera a manos de las valas rigurosas, si no lo hubiera estorbado, Señor, tu misericordia. Mas Dios mío, si de un hombre peligra el alma, esta es hora de hacer con el amistades; y tu piedad lo disponga de suerte, que no D Sancho riesgo por cómplice corra. Aquí está. . qué ha sucedido? Pues las balas, y las postas . le desfiguran de suerte, que no hay quien le conozca, yo callaré que era Carlos. Que al bajar de la carroza a Albaro tu hijo le desparó una pistola un traidor; no le dio lumbre; quiso huir; pero con otra un criado de tu hijo le desparó en tan buen hora, que le embarazo la fuga; y como el paso le corta, conocí que no son siempre buenas para huir las postas. Allí le acabaran, sí la Marquesa mi señora a este tiempo no llegara, que se lo estorbó piadosa, por si confesar podía: a cuyo fin, que recojan mandó el herido en un cuarto, y dejándole en custodia, por quien le confiese envía, porque reniega, y arroja unas blasfemias que espantan: que como al traidor ahora en mal Larín le cogieron, echa verbos por la boca; que aún en salud, el Carlillos, . tuvo de ellos una copia. Traiga, Hermano, mi manteo, y pues ya tendrá la Ropa el Hermano Sancho, avise que va conmigo. Quién? . otra historia es esta, Calvete. Cuénteme, Padre, esa historia. Ya es su amo Jesuita. Que lo soñé! solo ahora falta, que el diablo a Carlillos se le lleve por las costas. . El alma, señor, de este hombre, que esta en lucha rigurosa de la muerte, y de su culpa, batallando entre dos sombras, hechura es vuestra, Dios mío. Pues como la imagen borra el golpe de tu justicia, que hizo tu misericordia? Piedad, Dios mío, piedad; rompan, Cristo mío, rompan los raudales de tu gracia esta empedernida roca, que las corrientes la alagan de tu auxilio, y las estorba. A ganaros voy un alma, que dormida yace, y sorda en los brazos de la torpe ramera de Babilonia: vuestro auxilio me acompañe, Llévame contigo, Borja Tanto es menester, Dios mío, que ese Trono, en que os adora reverente la piedad, dejáis gustoso por sola su conversión? más que mucho, si el Trono aún de mejor gloria por convertirla dejasteis? Vamos, Señor. (mano Qué responda no es posible. . Ya el Her- Sancho espera. . Si la boca guarda así en el refectorio, no hará en casa mucha costa. Encomiende, Hermano Marcos al Marqués? mas que me importan este hombre a Dios, y disponga estos discursos a mí, que los Hermanos novicios apliquen sus fervorosas penitencias a este intento; porque si ellos no lo logran, mucho me temo que Dios mis oraciones no oiga. . ya que Sancho ha dejado Yo avisaré. Gran cuidado . el mundo, y sus vanaglorias? lleva mi gran Padre ahora; algún gran mal pronostican sus palabras, y sus obras. Tras él ire, que no sufre mi amor, saber que le ahoga una pena, y no saber que es lo que se la ocasiona. , pues azótola por mía, Vamos a ver en que para, prevención tan misteriosa; pero mientras llego, tengo que discurrir en dos cosas. La primera, es, qué le habrá movido a Carlos ahora a intentar darle la muerte Que no le han conocido? El rostro de las balas tan herido quedó, y desfigurado, que no es posible. . Mas si habrá llegado quién le confiese de la Compañía? cuando sé que en Barcelona a Carlos el Marqués quiso despacharle con la horca? La otra me importa más: que he de hacer de mi persona Meterme Fraile? eso no; guarda Pablo, que se azotan, y yo no me sé pegar, si no es cuando meto gorra. Ahora bien, si Carlos muere Márcelilla queda sola; y llegue entre estas, y estotras en cas del Embajador, que con la Marquesa ahora hablando viene, direles como viene el Padre Borja, y en todo acontecimiento, callar que es Carlos me importa, Desesperado dije que moría, y el Padre Borja apenas lo oyó, cuando su manteo tomó; salió volando: y yo por más ligero, aunque con él salí, llegué primero, o porque tengo en el correr más maña; o porque así convino a la maraña, si ya no fueron estas diligencias, por darles una nueva a Vuecelencias. Y que la nueva es? . Bien la adivino. Que mi amo se ha entrado Teatino, y veisle allí de Hermano Compañero, que con el Santo viene. . Salir quiero a recibirlos. Bien en esto fundo, que Dios le trae a ver, que el moribundo es Carlos, porque dé fiel testimonio de cual trata a los suyos el demonio. Ay qué reniegos el cuitado arroja! Si aquí se muere, el miedo, y la congoja me han de hacer esta noche, a lo que infiero; que me vaya a rezar con el cochero. Encomendadle a Dios. Oírle espanta. Señora, pues el Cielo te hizo santa, ruégale a Dios (porque mi miedo crece) que no me acuerde de él cuando le rece. Señora. . Hermano Marcos, asustado parece que venís? Con gran cuidado el Padre Borja me tenía al ver la turbación con que salía; que es causa extraña la que puede tanto, que le hace mudar semblante a un Santo. En el cuarto de a fuera, luchando le hallarás con una fiera, cuyo pecho, mas duro que una roca, infiernos está echando por la boca. Voy a ver en que para: Santo Cielo, a su intento ayudad, pues veis su celo! Resolución, señor, menos prudente nunca esperé de vos. No este accidente turbe el placer de veros empleado en tan feliz, en tan dichoso estado. Al Padre Borja siempre agradecido confesaré, que vuestra casa ha sido el todo de mi suerte: Gracias a Dios que mi dolor advierte, en los recuerdos de mi vana hiltoria, que anda sin mi deseo mi memoria! Qué feo está pelado! Si Marcos el cabello habrá guardado? El esta que da miedo. Pues ves, cierto que yo tuviera más temor a un muerto; Triste cosa, señor. . Qué ha sucedido? No puede el Padre Borja a ese perdido persuadirle a que deje con sus ruegos sus juros, sus blasfemias, sus reniegos. Socorrerale la piedad Divina. Por Dios que el hombre huele a chamusquina, y tal es de sus votos el exceso, que yo pienso que es ya diablo profeso. Pues como su porfía se resiste a la recia bateria, que con tan vivo celo, por boca de mi padre le da el Cielo? Como su terquedad extraordinaria siempre a Borja le da por la contraria: dicele, que perdón pida rendido, y sale con decir, venganza pido. Ya con rígida voz, ya con voz tierna, la muerte temporal, la muerte eterna le acuerda; mas con voces repetidas, si Borja echa por muertes, él por vidas. Posible es, que a resistir se atreve a aquel Dios puesto en Cruz? que no le mueve la ansia con que mi padre arrodillado clava los ojos en su Dios clavado? Eso no me lo acuerdes, porque es mengua; que yo no le sacase allí la lengual Dos mil visajes al mirarle hacía, y si del Santo Cristo se movia (no dejando blasfemia que no ensarte) era solo a volverse hacia otra parte. Que cierta es la verdad tan mal creída, que es la muerte del hombre cual la vida, y que a una vida en culpas empleada, corresponde una muerte desastrada. No caiga en mí, Señor, ley tan severa; dame lugar que llore antes que muera. Qué hay Juana? Qué hay Ines? . Estoy temblando; mañana antes que el Sol, salgo volando, y a confesarme voy. No hay que en cubrillo: A la verdad, Inés, hay garbancillo? Sí, y te toca también, que cada hora mormuramos las dos de mí señora. Digo, que dices bien. Y este Calvete, es muchísima bulla la que mete cuando entra, y sale; y no sé si he pecado, que unas veces me río, y otras me enfado, Él es un loco. A confesarse se inclinan, y mis pecados son los que examinan, y en vez de, por mi culpa, con golpete, han de decir, . Señor! Que hay Hermano Marcos? El caso más lamentable que ha visto el mundo, y la fama gualda en eternos Anales, Murió ese infeliz? . Murió tan infeliz; pero mande Vuecelencia que despelen, que no quiere el Santo Padre, que tan apriesa el suceso por la Ciudad se derrame. Idos y cuidad, Calveré, de que esa puerta se guarde. Pien está. Qué impertinecia!. como si acaso importase, que se supiese temprano, lo que ha de saberse tarde; mas esto va tal, que pienso, que sn poder remediar me, al fin, al fin tengo de venir a parar en Fraile. . Hémos de ir, Juana? Antes que . los señores se levanten. Contadnos el caso ahora; que tan atonito os trae. Ya sabéis que el Padre Borja a ese agresor miserable, vino en el lance postrero el postrer socorro a darle. Que procuró su remedio, usando todas las artes que en Dios; y en su amor estudia aquel espíritu grande. Y que no pudiendo el Santo, con la espada penetrante de su palabra, hacer mella en un corazón de carne. Viendo que por el oído le halla tan incontrastable, muda de intención, y intenta por los ojos el cómbate. Saca un Santo Crucifijo, para que mire en su Imagen, no menos sus culpas propias, que las Divinas piedades. Mas tanta luz, tanto fuego en su duro pecho hace la impresión, que en su escollo los blandos soplos del aire. Hasta aquí sabéis: y yo prosigo: pero guardadme todas las admiraciones para lo que aún no se sabe. Porque aquí el Padre Francisco con ansias inexplicables, de la obstinación del hombre acude a Dios a quejarse. Habéis de querer, Señor, que se pierda aquel rescate, con que en esa Cruz las deudas de este infelice pagastes? Si después había de ser su condenación más grave, para que al hombre tomabáis la perdida oveja errante? Que costa os tiene, Dios mío, de vuestros auxilios grandes, dejando los suficientes, pasar a los eficaces? A estas voces (rato asombro!) el Sagrado Eulto abre los labios, y en dulces ecos a sus quejas satisface. Pídame perdón, y haremos por ti, Francisco, las paces, que yo mi piedad le ofrezco, si el de mi piedad se vale, A tan amorosa afrenta, aquella furia intratable, que estaba ya poseida de las furias infernales. No quiero piedad (responde) ni perdón, que d el capaces no son mis culpas, y solo siento morir sin vengarme. Mas aún con esto no cesa de su empeño el Señor, antes le da de su amor más nuevas, mas evidentes señales. Pues repitiendo prodigios, que en la admiración no caben, sus cinco heridas desata en cinco rojos raudales. Ya fuese sudor sangriento, que aquella alma vil le hace, que vierta con la congoja del peso de tanto ultraje. Ya fuese apac ble riego, que en la ingrata tierra esparce, porque con él, la dureza de su obstinación ablande. Ya renovar las heridas, señalando así al infame agresor que le dio muerte el Sacrosanto Cadáber. En fin, viendo que no basta el haber rompido en mares de la común providencia la misericordia el margen. Que a la sangre del Condero aún se resiste indomable en su obstinación, aquel endurecido diamante. Del madero el Crucifijo suelta un brazo, y a la parte del roto costado aplica la mano, que llena sale, y el rostro atrevido estrella con un puñado de sangre, diciendo: Pues derramada por tu amor la desprecialte, caiga sobre ti en rigores la que se vertió en piedades. De esta acción, y esta sentencia, a los dos rayos fatales del cuerpo infeliz, qué mucho que la torpe alma se arranque! Murió entre rabiosas ansias, y aún hay indicios bastantes, en el negro humo que deja, del fuego infernal en que arde. Este es el caso, señor, el cual es justo que pasme dé a las futuras edades. Señor, señora. Qué es eso? Unos sobre otros los males! Que en el Horatorio está vertiendo tu Santo Padre a mares el llanto, y los suspiros a tempestades. Pareciome que no era razón dejar de avisarte, que pues él no lo ha pecado, es lástima que lo pague. Vamos allá, por si acaso sirviese el acompañarle, de que su dolor se temple, o que su llanto se ataje. , . . todo el humano linaje. Vamos todos. O que fuerte En fin se perdió aquel alma sobresalto me comvate viendo a Dios tan enojado! pero bien puedo ampatarme en presencia de Francisco de las iras celestiales. Oh cuanto debo, Señor, a tu voluntad amante! pues cuando de tu consejo el secreto inapeable permite que este se pierda, dispone que yo me salve, Oh cuanto a tu amor me obliga el ver que tu piedad trace, que de castigos ajenos mis escarmientos se labren. . Que se admiren tanto todos de que el diablo se llevase a un renegado, y no haya quien llore, ni quien se espante de que cada día se lleve tanto número de sastres? . al mundo, y que ejemplo eterno , - Que en vuestros ojos, Señor, sean mis delitos tan graves, que el enojo de mis culpas aún a mi prójimo alcance? Que no solo contra mí os provoquen mis maldades, si no que aún a herir en otros vuestra mano airada alarguen? Mas no me espanto, Dios mío, que vuestro rigor se ensanche, pues cabiendo en mí la ofensa, en mí el castigo no cabe. Y dado que a culpas propias ajenos castigos cuadren, yo solo a condenar basto por mí? qué cargo tan grande! quien tanto os llego a quitar, cómo es posible que os pague? Envuelto en tristes sollozos pensé encontrar a mi padre, y hallo que todo resueña en músicas celestiales. Pensé hallar el Oratorio envuelto en oscuridades, y hallo que todo se viste de resplandores el aire. No os admiréis, que con Borja usa el Cielo extremos tales. que estos que aquí veis, son ya favores en él vulgares. O qué dúlcees Dios! y cuanto en sus retiros amables, para aquellos que le buscan, esconde de suavidades! Pensé que venía a fruncirme entre llantos, y pesares; pero este son, antes es cosa de venir al baile. Jesús, Inés, que contento! qué hermoso que baja el Ángel! bello tapapies se hiciera de aquella ropa que trae. Levanta, Borja, del suelo, donde tu humildad te abate, que a quien como tú se humilla, justo es que Dios le levante. Qué es esto, Señor? que el cielo a favorecerme baje, cuando indigno, juzgo que sobre mi el Cielo se cae! Hay tal favor! . HAy tal dicha! Hay gloria quea esta se iguale! O qué lindo era el ser Santo, si fuera una cosa fácil! Llegad todos, porque el cielo, para que a todos alcancen, de las glorias de Francisco quiere hacer público alarde. No a culpa tuya atribuyas, o Borja, el que naufragase el bajel que se perdió, porque no quiso salvarse. Dios hizo mucho por él, ya tú lo viste: y el darle tan recios toques, fue efecto de tus ruegos eficaces. Viendo tu afición humilde, me manda, que de su parte, como a triste te consuele, y como a humilde te ensalce. General te quiere hacer de su Compañía, y fiarte el cargo de aquel, tan suyo lucido Escuadrón volante. Manana, antes que del Sol el carro luciente baje a bañarse de Neptuno en los cerúleos cristales, se hará la elección dichosa, y sin que un voto te falte, el Bastón te entregaran los congregados Vocales. Oh cuanto la Compañía crecera a tu sombral cuales de las huestes del abismo serán los triunfos que alcance! Por tu celo se verá, en todas sus cuatro partes, bañado de luz el Orbe, tintos de coral los mares. El Evangelio esparcido desde el Danubio al Fufrates, del Hereje más ladino, hasta el Indio más salvaje. Veranse entre los Cristianos, por tu prudencia admirable, extínguidas las discordias, y concordadas las paces. Glorioso fruto será de tus sagrados afanes la victoria que en Lepanto han de conseguir sin sangre, de la Católica Liga los Cristianos Estandartes. Pero aún a más quiere el Cielo que el feliz anuncio pase de tu gloria, y que por ti hoy sincopada se halle, la sucesiva tarea de los círculos solares. Porque cuando vea España un Sol Segundo, que nace a consolar las memorias de Felipe Cuarto el Grande, que tanto llanto, no pudo a menos Sol enjugarse, verá la Española Corte de reverentes Altares, de númerosos concursos, ya en sus Templos, ya ensus calles, que a tu Canonización hermosos vergeles nacen. Aquel Templo sumptuoso, que en vuelos piramidales, escalar pretende el cielo, pues para trepar el aire, le prestaron su altivez las Águilas Imperiales, parecerá en sus adornos, milagrosamente grandes Hibleo mejor, a donde las flores por desquitarse de que a su costa la abeja fabrique hermosos pañales, querrán de ceras hermosas ellas también fabricarse. En cuyos honrados celos, y enemigos maridajes, contemple la admiración (a los aliños del arte) no que las ceras florecen, si no que las flores arden. Todo será fiesta el triunfo, tanto que llegue a violarse el coto al melindre exquivo de la farsa; y sin quebrarle a la urbanidad sus fueros, ni a lo natural sus frases, hasta tus hijos escriban comedias, para mostrarle al mundo, que están ajenos aún de lo que están capaces. Para que sepan todos los mortales cuanto honra Dios a quien pro- cura honrarle. Aguarda, Nuncio Divino. Vos a mí, Señor? mas calle mi lengua, cesen mis dudas, porque con favores tales bien mi indignidad declaran vuestras liberalidades: pues siempre elige el acuerdo de vuestro sabio dictamen, para el más divino asunto el instrumento más frágil. Toda el agua ha echado el cielo a las glorias de mi padre: Marquesa? Sancho? todos, como no llegáis a darme mil parabienes, de que hijo de un hombre me llame, a quien así Dios franquea sus tesoros celestiales? En los dos, Marqués, las dichas las mismas son, que no iguales, Para mí los parabienes pienso yo, primos, tomarme, pues de tan crecidas glorias me toca la mayor parte. Pues yo se los doy a todo el mundo, que ha de gozarse de celebrar reverente sus grandezas, donde halle en sus virtudes heroicas ejemplo el más admirable; y en su poderoso auxilio remedio a todos sus males. Yo también, que no era justo, no salir yo en este lance, que está es Comedia Sermón, y es bien que con gracia acabe. Tenga, pues, fin la Comedia del gran Duque, que si antes entre los Grandes fue Santo, ya es entre los Santos Grande.
