Texto digital de El fénix de Alemania, vida y muerte de Santa Cristina
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El fénix de Alemania, vida y muerte de Santa Cristina. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/fenix-de-alemania-vida-y-muerte-de-santa-cristina-el.

EL FÉNIX DE ALEMANIA, VIDA Y MUERTE DE SANTA CRISTINA
JORNADA PRIMERA
Pésame que os resolváis a renunciar el intento de las letras, pues albiento tantas esperanzas dais. Esta es mi resolución, Cristina ha de ser mi esposa. Ella será venturosa si alcanza vuestra afición; pero Ricardo, no ha sido, su hermana mayor Teodora, cuya hermosura hasta ahora en su amor os ha encendido? Sí, Alberto. . Pues que ocasión os obliga a tal mudanza? la ofende vuestra esperanza? la cansa vuestra afición? o acaso habéis descubierto falta en ella, o liviandad, que os mueve a tal novedad? Honrada es Teodora, Alberto, y la misma gallardía, discreción, y compostura miro ahora en su hermosura que cuando en su fuego ardía. No nace de culpa suya, esta mudanza en mi amor, a causa más superior es fuerza que se atribuya. En una conversación de máncebos dellugar, ayer se dio en alabar la virtud, y discreción que en Cristina resplandecen desde sus años infantes, y en sus pequeños instantes de su edad a siglos crecen. Y es de suerte, que podría, según se ha solido ver, sin saber leer, leer en escuelas Teología. Que a liciona su inecencia el encendido fervor con que ama a Dios, que su amor es la verdadera ciencia. Y a los mayores Letrados admira el verla argüir, responder, y distinguir los puntos más dilatados. Esa fama engendro en mí cuidado, y admiración, con cuya imaginación, cuando al sueño me rendí me pareció que la via más agradable, y hermosa, que envuelta en jazmín, y en rosa la mensajera del día. Y que en su amoroso ardor abrasada mi memoria, gozaba la mayor gloria, que da en Chipre el Dios de Amor: Fue tan poderoso en mí este fuego, amigo Alberto, que en el corazón despierto el mismo efecto sentí. Y así a pedirla ha venido, creyendo que será el sueño verdad, en ser yo su dueño, como en amarla lo ha sido. Extraños efectosson, aunque no fois el primero a quien dio amor verdadero una soñada ilusión. Yo estoy resuelto, a Manfredo su padre pretendo hablar. A solas se han de tratar esos negocios. . No puedo. mover los pies de temor. Porque si tal dicha alcanza? Es conarde la esperanza; si es verdadero el amor. . Entrad, pues, que aquí os aguardo, imposible me parece el vencerla, aún que merece mas alta esposa Ricardo. Que en la sangre principal, como en riqueza también, ninguno puede en Brusten jactarse de que es su igual. Y ella es humilde pastora, aunque rica, mas de modo sabe preferir a todo la virtud, que por Teodora, sospecho que la venganza, su desprecio ha de tomar, y su desdén castigar, de Ricardola mudanza. No me persigas Antón, que se lo diré a mi padre. Tu padre quiere a tu madre; la liebre quiere allebrón; a la coneja el conejo; sigue a la gallina el gallo; ama la iegua al caballo; a la corneja el cornejo; mil veces al burro vi por la bórrica roznar; pues porque me has de culpar de que yo te quiera a ti? Porque no te quiero yo; mas qué he dicho? espera. Espero. Cómo projimo te quiero, pero como amante no. Aquí la cojo en el lazo, soy yo tu projimo? . Sí. Puésdame Cristina aquí, como a projimo, un abrazo. Si tu pensamiento fuera fincero, te diera ciento. Digo, que es mi pensamiento, y mi voluntad sincera, venga el abrazo. . No Antón, que es tu intención peligrosa. Ves como eres maliciosa, pues las malicias no son de Cristina, ya has pecado santurrona. . Si tú mismo dices que un ardiente abismo de amor te tiene abrasado, no es juicio temerario el darte crédito a ti? Primero lo dije así, y ya digo lo contrario, pues de dos cosas que digo dar crédito a lo peor, no es malicia . Qué furor del común, fiero enemigo de linaje humano Antón, a tu rudo entendimiento inspira tanto argumento para mi perturbación; vete de aquí. . otro pecado. Cuales el otro. . Llamarm rudo, porque es injuriarme, Si la intención me ha faltado de injuriarte, no se entiende, que peco en decirlo Antón? No disculpa la intención en lo que de suyo ofende, Decir que es rudo el que es rudo sin ánimo de ofender, pecado no puede ser, que es verdad, y nunca pudo por si misma ser pecado la verdad. . Eso condeno, porque si el agravio ajeno, de decilla, ha resultado, y el más necio, y más discreto, con propio amor natural es cierto, que lleva mal que le digan su defecto por si misma es instrumento, esa verdad de ofender, y pecado viene a ser aunque le falte el intento. Cuando naturales son las faltas, quien los padece por ellas no desmerece, ni comete sinrazón si de escucharlas se afrenta, y yo no he de presumir, que ninguno ha de sentir lo que no es justo que sienta: luego si el cielo te dio ese rudo natural, tú en ofenderle haces mal, que yo en decírtelo no. Si el no sentirlo es razón. es natural el sentirlo, y ansí has pecado en decirlo, que debió tu discreción prevenir, que siendo ansí como dices mi rudeza, podrá la naturaleza mas que la razón en mí. El hombre más rudo es hombre, y en el hombre es ley tan fuerte la razón, como la muerte; pues si aunque rudo te nombre, eres hombre, no debí temer tu ofensa en decirlo, siendo razón no sentirlo; luego está la culpa en ti? Mas si acaso te he ofendido, aunque en ello la intención me haba faltado, perdona arrodillada te vido. Vencido soy. . Tan agudo. ingenio en una mujer, quién lo vio? quien tal saber en un villano tan rudo? Del infierno es tenración, que en vano intenta vencerla, que algún Ángel habla en ella, y algún demonio en Antón. Qué haces Cristina? . Espero que me perdones. . De qué? De querudo te llamen. Si lo un villano grosero, un leño, un brute animal, en eso que me ofendiste? levanta. . Tú lo dijiste, Yo Cristina he dicho tal? No me has árguido aquí, probándome que he pecado? Yo arguido? o lo has soñado, s otro te ha hablado por mí, Estas, infernal serpiente, trazas tuyas son sin duda; pero yo si Dios me ayudo pienso pisarte la frente. Vaste? . Sí, a pedir a Dios que mude tu pensamiento. No hay para mi más tormento, que apartarnos a los dos, tras ti voy. . Déjame Antón, teme del cielo la ira, abre los ojos, y mira, que buscas tu perdición . Válgame Dios! embustera, hipócrita, papasantos, piensas con esos espantos hacerme que no te quiera? Pues eso no me embaraza seguírete noche, y día, pues dicen, que la porfía es la que mata la caza. Detente, espera villano. (to. Hay que me ha escuchado Alber. Vuelve, y mira que te advierto, que solicita su mano un hombre de tal valor, que ni aún mirar sus despojos les permitirá a tus ojos. También le advierto, señor, que según corre esta edad, quien aspira a ser marido, siendo tan poco sufrido, hace muy gran necedad. Malicia al fin de villano. Aquí sale mi señor, yo le confieso mi error, y le doy palabra, y mano si lo calla de enmendarme. Delitos de amor Antón, alcanzan justo perdón, yo callaré. . Yo en guardarme pienso ser más avisado a seguir mi loco intento, pues dicen que lleva el viento palabras de enamorado. Hablando ha estado en secreto Ricardo a Manfredo, ahora tiene sin duda, Teodora, tu amor venturoso efecto. Solo os respondo Ricardo, que no puedo, como es justo, encareceros el gusto de la ventura, que aguardo con tal yerno, mas aquí está Alberto vuestro amigo. De mi intención es testigo, porque es la mitad de mí, y ansí quiero que lo sea de la merced que me hacéis, puesto que me concedéis el bien que el alma desea. Llegad a participar Alberto de mi alegría. La dicha, Ricardo, es mía. Parabién os quiero dar de este concierto a los dos, pues si al efecto llegáis, vos tal esposa alcanzáis, y alcanzáis tal yerno vos. (cielo, Cierto es ya. . Permita el que quiera ser venturosa siendo de Ricardo esposa Cristina, que ya recelo de la esquiva condición, y la devoción ferviente, con que al cielo solamente la lleva su inclinación, que cuando estimar debía lo que vuestro amor concierta, ha de cerralle la puerta a su ventura, y la mía. Esto tenemos ahora? hay tal falsedad! qué aguardo? la mudanza de Ricardo voy a decir a Teodora. . Ya ponéis dificultad? Yo sé bien lo que valéis, y avos mismo os ofendéis si dudáis mi voluntad. Antes de ella es bienque sea este temor la probanza, porque siempre la esperanza duda lo que más desea. Y porque sepáis si fundo en razón estos temores, atended a los mayores prodigios que admira al mundo en las pasadas edades, y presentes, y seréis vos mismo quien me ayudéis a poner dificultades. El año de mily ciento y setenta nació al mundo Cristina, en quien hoy florece de suedad el tercer lustro. Y aún no de su tierna infancia cumplió el Sol el quinto curso, y en articuladas voces explicarse apenas supo, cuando el cielo, anticipando en ella el lejo, y el uso de la razón, dio un espejo a los años más maduros. Auxilio eficaz de Dios, y extraordinario concurso, de su voluntad divina de tal suerte la dispuso, que aún no fue flor de la tierra cuando al cielo rindió fruto, temiendo la muerte, cuando apenas la vida tuvo. Con este, pues, celestial instinto, y divino influjo, fueron presto ejecuciones sus fervorosos impulsos. Y con santa emulación, del gran Bautista, se expuso apenitentes rigores, si bien rigores ocultos. Que tejiendo en una soga de esparto cabos agudos, un silicio dio a su cuerpo, ya su salud un verdugo. Pues esto, y la disciplina, que con pedernales duros en córdeles ingeridos, para el cuerpo más robusto fuera desigual martirio, desangró de suerte el suyo, que sus desmayos al fin despertaron mi descuido. Pues cuando para acostalla casi muerta la desnudo, hallé de la muerte en ella sangriento, y vivo trasunto. Y cuando sus asperezas, por excesivas acuso, mansamente me responde, hay padre! pues esto es mucho? Cuantos más graves tormentos. pasan en el centro oscuro del Purgatorio las almas a quien yo de mis ayunos, disciplinas, y silicios, los méritos atribuyo, porque sé que de sus penas rédimo siglos apuntos? Dejáronme estas razones tan vencido, y tan confuso, que en ardiente devoción trueco el enojado impulso. Conla efusión de la sangre, y le sión de los corruptos nervios, perdió de los miembros su pasmado cuerpo el uso. Mas no por eso faltaron a sus movimientos justos las fuerzas contra sí misma; pues apenas el nocturno silencio nos daba el sueño, cuando su cuerpo desnudo, y enfermo, del lecho blando trasladaba al suelo duro. Y piorque advertidos de esto, nuestro cuidado le puso centinelas, cogió un leño poblado de ásperos fiudos, que entre la mullida lana de los colchones oculto la atormentaba cruel, y la despertaba mudo. Su fervor en la oración, su constancia en el ayuno, su piedad en la limosna, con tan devoto concurso se compiten, y se ayudan, que con justa causa arguyo, que en la fe la Madalena aventajarla no pudo, Ved pues ahora Ricardo, si con razón dificulto, que nuestros justos intentos hallen dispuestos los suyos. Aunque por esas razones lo dudáis, y yo lo dudo, la duda aumenta el deseo, y la resistencia el gusto. Y an sí, pues no es imposible, aunque difícil lo juzgo, llore amor su resistencia, y no cause mi descuido. Intentemos, que no es roca a los colpes de Neptuno, si no frágil barca expuesta a los naufragios del mundo. De parte de mi deseo, yo os doy la mano, y os juro, que de justas persuasiones pase rigores injustos hesta vencerla; y por daros indicios de que procuro honrarme convos, os doy permisión desde este punto para verla, y para hablarla, y obligar su pecho duro con cuantos lícitos medios permita mi honor, y el suyo. Yo acepto la permisión, y vivir podéis seguro, que jamás mis diligencias pasen del termino justo. Ya me he escapado, y lo dudo. qué es esto Antón? . Enterrado estoy antes que difunto, no más Cristina, que el cielo la guarda, yo la renuncio, y me vuelvo a mi Bartola, pues que somos para en uno. No nos dirás lo que ha sido? Un milagro, que me aturdo de empezarlo. . Dilo presto no nos tengas más confusos, Cristina entró en el pajar, y yo señor que barrunto, que iba a sacar, como suele, paja para dar a alguno de los pobres, a quien siempre hace socorros ocultos, a darla al demandador de las almas, con quien tuvo devoción desde la edad, que aún apenas hablar supo, voy a entrar en el pajar para cogella en el hurto, miento, que iba a resquebrarla, . pero mi error disimulo, y en buen hora sea enmentado, paredes, y techo juntos dieron consigo en el suelo. Y mi hija? . Yo presumo que se ha dormido en las pajas. Ay cielo santo! qué escucho Vamos presto a socorrerla, Ya es tarde, que es el punto; que por nieve blanca, y fría, le dan las pajas sepulcro. Hija de mi corazón. Padre. O cielo soberano: viva está, dadme la mano. Milagros del cielo son, que la pared sustentada en el viento la venera. No quiere el cielo que muera quien es buena emparedada. Hija, dame mil abrazos, que estoy loco de alegría. También pudiera la mía merecer tan dulces lazos. Dichoso seréis, Ricardo, si tan dichosa mujer alcanzáis a merecor. Menos espero, y más ardo contemplando la ventura, la gloria, y seguridad, que junta a tal santidad, me dará tal hermosura. A dar por tantos favores gracias a Dios parto luego, y hacer que en aras de fuego, ardan sabeos olores. Todos a tan justo intento, os hemos de acompañar ahora os podéis quedar, porque vuestro pensamiento, entre razones sentidas, le propongáis a Cristina. Ven, que es hora de llevar a las heras la comida. . Vamos. . Cristina, una vida primero has de remediar, y un alma triste, de quien consiste el bien en tu mano. Quiera el cielo soberano, concederme tanto bien, que el suyo consiste en mí, que es poco perder la vida, por un alma redimida por Dios. . Pues escucha. Di. . Tu hermosura celestial conmigo. . Ricardo, ten, que no puede acabar bien, el que comienza tan mal. Oye. . Suelta. Aguarda un poco, escucha mi mal no más, que estoy loco. . Si lo estás, que quieres que escuche a un loco? Si no me escuchas, advierte, que he matarme, y perder el alma, y ha de pober Dios a tu cuenta mi muerte. Qué ciega resolución! Qué has de perder en oír? si es mérito el resistir, porque huyes la ocasión? Porque si hay peligro en ella, es más virtud evitarla, que aspirar con aguardarla al mérito de vencerla. Y fuera culpa notoria el aguardar, donde advierto, que siendo el peligro cierto, es incierta la victoria. Y si es mérito el vencer, es de mérito aguardar, y no es buen medio pecar, para el fin de merecer. Es verdad, mas si es intento justo el que yo solicito, ni el agardar es delito, ni el huir merecimiento, Al matrimonio sagrado aspiso, y en tratar de esto, nada te arriesgas, supuesto, que es meriterio su estado, La pureza, y castidad dedicada a Dios, merece mas alto nombre, y ofrece más perfeta santidad. Yo, pues, se la he destinado, y aunque de merecimiento, el tratar el casamiento, por ser de Dios aprobado. En mí viene a ser perder, lo que en otros es ganar, pues el casarme, es bajar un grado de merecer. Pues siendo caso notorio, que hay mérito en ser casado, como puede un mismo estado, ser culpable, y meritorio? Por diferentes respetos, hay en una misma acción mas, y menos perfeción, supuesto que son perfetos. Los estados más, y menos, y el que más perfecto trueca por el menos, si no peca, pierde el mérito a lo menos mayor, y ansi desmerece, respeto del más perfecto que renuncia, aunque respeto del que recibe merece. Pues si al virginal estado, ofrece Dios aureola, y no la da, aunque acrisola, con otro premio al casado. Pordiferente respeto gana, y pierde el que se casa, pues del más perfecto pasa a estado menos perfecto. Proposición me parece peligrosa; pues con ella pruebas, que cualquier doncella, que se casa desmerece. Respondo con distinción, que no el virginal estado, solo por si alcanza el grado mas alto de perfeción, que es menester el intento de conservarlo por Dios, y juntándose estos dos, se goza el merecimiento. Y ansí, quien ya prometió adios en él conservarse, desmerece con casarse, pues más por menos dejó. Mas quien sin esta intención ha vivido, si se casa, antes merece, pues pasa a estado de perfección. Luego yo, que plugo a Dios, que mi castidad le ofrezca, es fuerza, que desmerezca, si me casaré con vos. Y ansi es de mérito oír lo que es de mérito obrar, pues es ponerse a escuchar, principio de consemir. Aguarda, que aunque vencido me juzgues en esta parte, por otra es fuerza obligarte a darme piadoso oído. Yo tengo aquí de matarme, si la mano no me dar: mira, pues, si debes más resistiendo condenarme a estar en eterna pena, que salvarme consintiendo. A la gloria que pretendo, no he de preferir a la pena, pudiendo salvarre yo: sin desmerecer en ello, estoy obligada a hacerlo, mas desmereciendo no. Que no puedo persuadirte? que salvarme es caridad, y no hace a la eminencia de esta virtud competencia en grado a la castidad. Caridad en propio modo, es un amor encendido, con que Dios es preferido, como sumo bien a todo. Pues si más amor le muestro, doncella yo, que casada, y es caridad ordenada, prefetir mi bien al vuestro. Conservarme en este estado, será caridad mayor, que por vuestro bien, o amor perder del de Dios un grado. Por saluarme, no es perderlo, antes será acrecentarlo, pues por Dios, y por amarlo, no por amarme has de hacerlo. Y pues salvaraos dos por amor suyo, será mas caridad, y el que está en caridad, está en Dios. Mas mérito ganarás casada, que virgen dejas, puesto que de Dios te alejas, solo por llegarte más. A ser cierto, con casarme salvarte a ti, como es cierro, alejarme de él advierto, que pudieras obligarme. Mas si en habiéndolo hecho, queda incierta la victoria, no he de dar mi cierta gloria por tu dudoso provecho. La intención recibe el cielo, y en salvarme con casarte, no debes dar de tu parte el efecto, si no el celo. Solo a Dios toca el salvarme, y a ti solo el disponerlo, y si es cierto de no hacerlo, el matarme, y condenarme. Ya que no mi salvación asegures de esta suerte, es cierto impedir mi muerte, y mi cierta perdición. Y esto te debe mover, no solo habiendo probado, que pasas de grado a grado, donde es ganar el perder. Mas aunque ganando nada, mucho de gloria perdieras, si un ejemplo consideras de la Escritura Sagrada. Pues dijo Moisen, un hombre tan justo a Dios, perdonad la culpa al Puelo, o borrad de vuestro libro mi nombre. Pues aquí el santo Moisén, no solo a su accidental gloria, mas a la esencia! prefirió el ajeno bien. Si nacer la salvación; del Pueblo cierta, supuesto, que solo alcanzaba en esto, de aquella culpa el perdón. Luego te has de resolver a librarme de este mal, aunque gloria accidental. te arriesgaras a perder. Y para confirmación, por librarme del infierno, se hizo hombre Dios Eterno, sin quedar mi salvación cierta, por esto supuesto, que aún me puedo condenar, pues como puedes negar, que te concluyo con esto, pues cuanto Dios bajó más, del suyo al humano ser, que tu puedes descender, desde el estado en que estás, al que yo te persuado, con tanta mayor razón, te obliga mi salvación, a descender ese grado. En Moises, fue modo aquel de encarecer el deseo, de que al Pueblo suyo Hebreo perdonase Dios por él, teniendo por cosa clara; que Dios no le borraría del libro, pues merecía verle a él mismo cara a cara. Demás de que allí tocaba por Capitán a Moisen, instartanto por el bien del Pueblo, que gobernaba. Pero de ti; porque parte me toca el cargo, o porque debo salvarte, si sé, que está en tu mano el salvarte? Dios, que es la suma justicia, no lo impide el condenarse, a quien pudiendo salvarse, se condena de malicia. Luego no me has de obligar, a no hacer lo que Dios hace, pues de tu malicia nace, el quererte condenar? Y si del mérito argures, y no de la obligación; de impedir tu perdición, mas con esto te concluyes, que si no estoy obugada; Ricardo, a salvarte a ti, y porque a Dios le ofrecí, lo estoy ha no ser casada, fuera en mi desmerecer, si por tu bien me casara, pues lo que debo dejara, por lo que no debo hacer. Y esta misma solución hace el argumento vano, de bajar al ser humano, Dios por nuestra salvación. Qué Dios no dejó, bajando a ser hombre de ser Dios, que fue Dios, y hombre, ya dos naturaleces, juntando por hipostatica unión: y yo bajando al estado que intentas, perdiera el grado de más alta perfeción. Y ansí con darte la muerte, no importa que me amenaces, supuesto que si lo haces, por tu cuenta has de perderte. Que no puedo persuadirte? Un monte intentas mudar. . Pues no me quiero matar, por vengarme en perseguirte. Ricardo, falso, traidor. Esto me faltaba ahora. Tente. . Déjame, Teodora. Si no me deja tu amor, cómo te puedo dejar? escúchame, pues me dejas, mátame oyendo mis quejas, ya que me quieres matar. Di, quéjate, si con esto me has dejar. . Enemigo, bien merece este castigo, quien por ti ha perdido el seso. Porque lantraquilidad, inquietaste de mi Estado? porque, falso has despertado mi dormida voluntad? Provocaron tu albedrío, por ventura mis favores, tus promesas tus amores, no fueron causa del mío? No me detuve dudando, no te entretuve temiendo, no resisti prebiniendo, que me hablabas engañando? Con Cristina, con mi hermana, me ofendes falso, no halló, ya que mi amor te cansó tu condición inhumana, en quien poner tus antojos, sino en quien haga mayor, de mi tormento el rigor, con ofenderme a mis ojos? Óyeme, Teodora hermosa, que en lo que me has acusado, quiero quedar disculpado, ya que tu quedes quejosa, Es el ciego desvarío, de la amorosa pasión, fuerza de la inclinación, no elección del albedrío. No hay en el mundo firmeza, todo corre, pasa todo, que dispuso de este modo su ley la naturaleza. No dura más cada acción, de lo que la gente dura, la sed el agua procura, y su objeto la afición Mas cuando el rigor ardiente, de una, y otra haya cesado, nadie para el mal pasado busca remedio presente. Con esto, Teodora, creo, que disculpado tu error, yo solicite inamor, mientras duró mi deseo. Pasó, como todo pasa, y con nueva inclinación, sin culpa de mi elección, Cristiana en amor me abrasa. Busca el presente apetito, remedio a su ardor cruel, dejo de buscar aquel, de que ya no necesito. Este efecto no fue mío, de causa nació más fuerte, queréllate de tu suerte, y no acuses mi albedrío. Con esto disculparás mi mudanza, si pudieres, muda intentos, que si quieres; mujer eres, y podrás. Escucha: yo te confieso, que en cuanto amar, no podrás más contigo, mas no estás bien disculpado con eso, porque a los que nobles son, empeña el solicitar, y no cesa porcesar el amor la obligación. Qué empeño tan grande ha sido el que incurrí con amarte, o que te afrenta el dejarte, después de haberme querido? Si en la gran desigualdad, que hay entre los dos reparas, pues todos si no me amaras, culparan tu necedad. Y aunque te ponga en olvido, de más a más has ganado la estimación que te ha dado el haberte yo quer ido. Y más poniendo mi amor en quien es hermana tuya, porque en esto el Pueblo arguya, que no falta de tu honor. Si no de mi gusto ha sido causa del nuevo accidente, y no pierdes el pariente, aunque pierdes el marido. Si marido no te gano, pariente no te deseo, que no fundaba mi empleo en mi honor, si no en tu mano. Mas pues la pierdo, traidor, no has de ver, viven los cielos, que yo a precio de mis celos compro aumentos de mi honor, El agravio que me ordenas no ha de lograr tus antojos, no ha de vivir a mis ojos quien alimente mis penas. Cuando Cristina te quiera, manos tengo, y tengo rabia, matarela si me agravia, antes que agraviada muera. Antes os quiero quitar a las dos de diferencia, y pues que su resistencia, y tu amor vienen a dar a mi pecho igual tormento, yo me iré donde jamás la veré, ni me verás, que ansí de mi sentimiento será la causa menor, y menores mis enojos, dejando de ver mis ojos sus desdenes, y tu amor. . Vete, y no quieran los cielos que a Brusten vuelvas jamás, que yo quiero morir más de aviencia, que no de celos.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Qué dices, válgame Dios, que me has muerto? Adiós pluguiera, que Cristina no estuviera mas muerta que lo estáis vos. Que en juventud tan florida, tanta belleza murió? Tal fue la prisa que dio con penitencia a su vida, Tan flaca, y debilitada estaba ya su hermosura; que a la primencalentura dio la postrer boqueada. Y ya el cadaverelado en tumps funesta yace, y las obsequias le hace todo el Pueblo lastimado con desdicha tan exraña, pues llora en ella Bnasten, perdido todo su bien; toda su gloria Alemanía. Para esto enemiga suerte me di tal prisa a venír? tanto como ella a morir, corrí yo a saber su muerte? Porque no cayó conmigo la posta, cielos? porque en la campaña no fue cada tronco un enemigo, un abismo cada paso, cada peñasco una fiera, antes que a saber viniera, tan triste, y funesto caso? Qué locura? yo conmigo nunca me llego a enojar, porque en el mayor pesar al revés de todo digo. Tan mal estoy con el mal, después que perdí mi bien; que el bien me parece bien, y el mal me parece mal. La muerte no os ha enseñado su amarilla calabera, que a la fe que ella os hiciera temblar como un azogado. Una mujer, que ya via su amado esposo espirar; la muerte espenzó a llamar, y despechada decía, llévame, y deja mi amante. La parca que oyó sus voces, vino en sus alas veloces, y se le puso delante, diciéndola, vesme aquí, que me quieres? mas la dama dijo apuntando a la cama: mi enfermo esposo está allí, acábale de llevar, que para eso te he llamado, que es tormento muy pesado verle tanto agonizar. Es mi amor más verdadero, que el que tuvo esa mujer. Ay del decir al hacer mucha distancia: yo infiero, que esto de querer morir los amantes es tramoya, que no hay en el mundo joya más preciosa que el vivir. En tu grosera intención. Sin pensar hemos llegado a la Iglesia, a quien ha dado soberana presunción, el tesoro de Cristina, pues porque le satisfaga, la sepultura le paga con reliquia tan divina. Ay de mí! podré vivir, si muerta la llego haber? Que aventuráis a perder si es que os pretendéis morir? la esperanza ya perdida de un tan verdadero amor, que dicha tendrá mayor, que irla a ver a la otra vida? Entrad, Ricardo, siquiera por ver tan gran novedad, que el invierno de su edad produce una Primavera. Pues a tal extremo llega su hermosura, que parece más rosa que Mayo ofrece, que espiga que Agosto siega. Podrela ver? . Descubierro tiene el rostro, y un sagrado sayal Carmelita ha dado, mortaja al cuerpo, y es cierto, según muestran los indicios, que aún no la boveda oscura la habrá dado sepultura; pues están en los Oficios. Ojalá que el sentimiento, como me pudo matar, pudiera resucitar la causa de mi tormento. . Qué es esto? Válgame el cielo! Sacristan, agua bendita. Del alma, que el cielo habita sigue el cadaver el vuelo, Viva está, si mi deseo no acredita la ilusión. Aclara la confusión, hija a mada, en que me veo. Oíd, oíd, Alemanes el milagro prodigioso, de aquel poder inexausto, Legislador de ambos Polos. Oíd del raro portento, que están viendo vuestros ojos, la confusión los impíos, la exhortación los devotos. Ya sabéis, que de mi vida consumí el término corto, siendo mi alimento apunos, y siendo mi lecho abrojos, mis regalos el silicio, mis galas el sayal tosco, las disciplinas mis gustos, y la oración mis tesoros. Suplicando siempre a Dios, que de mis méritos pocos, las almas que para el Cielo purifica el Purgatorio, goz asen la mayor parte, porquie a mi pecho piadoso daban los tormentos de ellas, más compasión que los proprios. Llegado, pues, de mis días el estatuto forzoso, que en límite impertransible siembra la estambre del Cloto. Apenas del temporal adulador matrimonio del cuerpo vio el alma mía el nativo lazo roto, cuando el espíritu puro de mi celestial Custodio, con modo intelectual, que es en explicable modo, se me mostró tan alegre, que de mi estado dichoso; sin ver el de Dios entonces, me dio evidencias su rostro por particular decreto, del que lo previene todo, Antes que me presentase a su soberano trono, no a padecer, sino a ver, fui transportada a aque hondo seño, a aquel horrido abismo, a aquel barrando espantoso, donde entre esperanzas cietas de alcanzar eternos gozos ofrecen a Dioslas almas tormentos satisfactorios. Allí, pues, (oh quien pudiera en dilatados elogios pintaros un rasgo breve de sus inmensos asombros!) porque a cuerdos escarmientos, trocando descuidos locos, en ellas los remediéis, y los temáis en voostros. El fuego, cuando en la fragua, con impulso arrificioso con impulso artificioso del cañón piramidal, lo agitan violentos soplos, entre las iras de Marte, goza templanzas del Eolo. Breve es su esfera, y los grados. de su actividad son pocos, si con aquel lo comparo; bastones de áspero tronco, rabiosamente impelidos, hacen sangrientos destrozos, impuestos montes oprimen, hieren supuestos escollos, amenazan precipicios, amedrentan terremotos, atormenta la memoria, representando a los ojos el desperdicio de puntos, que a siglos dieron el logro, Aflige al entendimiento el conocimiento propio; de lo que el presente daño dista del futuro gozo. A la voluntad el ver, que en los Astros meritorios. quiso poco cuando pudo; cuando quiere; puede poco. Todo es suspiros ardientes, todo trémulos sollozos, nunca saludó las puertas. aquella Región el ocio, Los pacientes invidiados, los verdugos invidiosos, tan indefensos los unos, cuanto indefensos los otros. Cambialas alas de plumas el tiempo allí en pies de plomo; de suerte, que a eternos años apuestan instantes cotos. Solo la firme esperanza de que al celestial reposo tan duros males conducen, fuera lisonja de todos. Si no aumentara rigores a los demás este solo; pues cuanto más bien se espera es el tardar más penoso. Infinitos más tormentos, que ni Retórico elogio puede pintar, ni sumar el guarismo numeroso; que con noticias confusas de mi entendimiento corto, imaginado me daba sentimientos tan piadosos. Mi pecho compasionaron; cuando informaron mis ojos con tan eficaz afecto, que sentí el ánimo pronto a padecerlo, y por ellas, si en epllogado emporio quisiese Dios todos juntos. trasiadados en mis hombros. Apenas deliberé este pensamiento heroico: de piedad, cuando me vio en el rutilante sollo de aquel en cuya hermosura los Querubines absortos, de júbilo inexpugnable gozan eternos arrobos. Y mientras eternidades de gloria en instantes gozo, de sus ojos, de sus labios, en dulces acentos, oigo estas palabras: Cristina, el mismo fervor conozco, que te abrasa por las almas, que acrisola el Puegatorio. Y porque compadecidos las miran también mis ojos, este partido jamás visto otra vez te propongo. Que espíritu permanezcas, donde estás del mortal polvo del cuerpo restituida para acrecentar a el oro De tu diadema quilates de gloria, con meritorios actos, y a el Limbo de penas, hacer soberano robo, Vuelvas a vivir pasible, con reservación de todos los dotes de beatitud, menos el de ver mi rostro. Porque implica en un sujeto; términos contradictorios, siendo pasible mortal y humano verme glorioso, dijo Dios, y yo al instante con indecible alberozo! de tan opuestos extremos. el de padecer escojo. Apenas este concepto se produce, cuando informo del alma el cadaver frío, y la vida mortal cobro. Y porque de estas verdades os de claro testimonio con la terrestre porción, ligera los aires rompo. A padecer por las almas vuelvo al siglo, ayudad todos, siendo mis fieros verdugos; mi gensamiento piadoso Ofreced al cielo en mí penas, tormentos, y enojos, aflicciones los crueles, los incrédulos oprobios, Los maldicientes afrentas; injurias los maliciosos, opresiones los impíos, y sufragios los devotos. Detente. . Aguarda. Cristina. . Hermana. Extraño portento, No más visible, que el viento por sus esferas camina. En mil confusiones quedo. Cristina. . qué diabro hacéis, dejadla, no la llaméis, que estoy tembrando de miedo, Sin rompelle penetro del Templo sagrado el techo. La experiencia ha satisfecho a lo que la lengua habló. Argumentos son forzosos, porque la penetración de cantidades, es don solo de cuerpos gloriosos. Mas tales contrariedades hallo en lo mismo que veo, que las ilusiones creo, que astán mintiendo verdades, No lo entiendo. . Claramente lo entiendo yo. . De qué modo? Porqué puede hacerlo todo el que es Dios Omnipotente, y si se ausentó Cristina debió de importar. . En vano discurre el ingenio humano en la voluntad divina. Y al fin estas cosasson, como no vistas jamás, no entendidas, a Tomas, Abad de Santo Turón, que es Teólogo, y es Santo; voy al punto a consultar; que por mí no quiero errar en cosa que importa tanto. Y que efecto ha producido en vos caso tan extraño? Tocando está el desengaño a recoger al sentido, que o ya haya sido verdad, o ya ilusión la que veo, es ya locura el deseo, y el amor temeridad, Muerta se mostró Cristina viva penetro da esfera; sino murió, es hechicera; si resuritó, es divina. Y si no resucitó, y miente aliento vital, algún Ministro inferna el cadaver ocupó. En cualquiera caso veo, que no solo será vano más temerario, inhumano, y terrible mi deseo. Y aunque en duro cautiverio me tiene el amor de suerte, que más allá de la muerte quiere dilatar su empleo. Mudar entiendo en intentos de Cristianos los de amante, que no hay pecho de diamante a aldabadas de portentos. Pueden tales ocasiones encender almas de hielo? Dones desprecia del cielo, quien no logra vocacion es. Cosas. Cristina, tales me refieres, que con la explicación de repugnancia, me anegan en contrarios pareceres. Afirmas, que del cuerpo desasida con muerte natural, la mortal vida cobró el alma otra vez, y yo colijo, que o no fue natural, y verdadera tu muerte, o otra muerte no te espera, que a los hombres, según San Pablo, ha sido el morir una vez estaruido. No niega que morir más veces puedan, que es morir una vez forzoso afirma, y por muchos ejemplos se confirma, que este lugar se entiende afirmativo como sueña no más, no negativo; pues los que antes de Cristo resurgieron, es cierta cosa que otra vez murieron: que él el primero fue, según San Pablo, que de la muerte vencedor triunfante, inmortal resurgió; pasa adelante. Que viste has dicho la Divina Esencia, la pura, y simplicísima sustancia de Dios, sin velo, y hallo repugnancia en que vivas después, bien lo colijo de las palabras que a Moyses le dijo en el Ejodo Dios: el rostro mío no podrás ver, que no me verá el hombre, y vivirá luego si tú le viste, vivir después Cuistina no pudiste. Ese lugar, y el de San Pablo veo en la Epístola escrita a Timoteo, que dice: a Dios ninguno de los hombres vio, ni ver le podrá; pero se entiende del hombre en carne, no del alma pura, libre del peso de mortal criatura. Mi espiritu le vio, porque desnudo de la porción terrena verle pudo, y así le vio el espíritu sagrado de Pablo al tercer cielo arrebatado, como él lo da a entendera los Corintos, ansí le vio San Juan, cuando en él pecho dio Cristo a su cabeza dulce lecho, y vivieron después los dos mortales, demás que no hay hazañas desiguales; Pedro, Juan, y Jacob, an si le vieron, cuando a la cumbre del Tabor subieron, y para darte información más clara, Moisen no le habló en carne cara a cara: luego bien puedo yo vivir, no obstante que mi alma le vio, pasa adelante. Cómo se compadece haber gozado de beatitud el inmudable estado, y volver a vivir mortal pasible (tible, y humana? . A un tiempo fuera incompa- mas no repugna en tiempos diferentes, de que son argumentos concluyentes los demás que te he dicho, que pues vieron a Dios, bearos por entonces fueron. Vencísteme, Cristina, en tus razones admiran tanta luz mis confusiones, que prueban tu verdad, y que la ciencia que muestras, en el cielo fue aprendida del soberano libro de la vida. Pues advierte Tomas, que yo te he dado, por ser mi Confesor, y mi Prelado, esta satisfacción, porque reveles las verdades que escuchas a los Fieles. Después de muerta yo, que mientras vivo, que las deja el silencio te apercibo, porque si me defiendes, y acreditas, teniendo tanta autoridad, me quitas los méritos que espero en los baldones, y injurias que han de hacerme, atribuyendo a mágicos encantos, he invenciones la novedad que han visto. . Ya te entiendo, y an sí mientras pudiere, no mintiendo, estorbo no seré pues lo que intentas es voluntad de Dios a tus afrentas. Pues satisfecho estás, da me licencia. Yo te la doy, Cristina. Adiós te queda. Él me de gracia, que imitarte pued- Lleva el pana los pastores, Antón. . Si conmigo vas. Mas arre allá . Necia estás; de que nacen tus temores? Yo por el campo contigo, ya solas? . Qué perderías? pues con un Abad no irías mas segura que conmigo. La ocasión hace al ladrón, necia fuer? en confiarme. Bien sé, que eso es avisarme, que goce de la ocasión, si en ella me vengo a ver. Mal año. . Qué malañeas? bien sé yo que lo deseas, pero no lo pienso hacer. Bártola, que de Cristina el caso me ha convencido, que me ha dejado atordido novedad tan peregrina, y por eso te pedía que me acompañes, que estoy tan medroso, que no doy un paso sin compañía. Que confieses tu remor. Soy mortal. Los labios cierta, que pecho para la guerra? Aún bien que nací pastor. Por mi fe que estoy corrida; p. tú eres hombre? . Es cosa nue ser hombre, y no ser a prueba de cosas de la otra vida? Pues yo que te he de valer siendo mujer? . Los difunto nunca embisten a dos juntos, aunque el uno sea mujer. Pues eres tan gran lebrón, yo iré contigo. . A Bartola, cojaos yo en el campo sola, y veréis si es hombre Antón, vamos. . Que priesa te das. Es hora. . Pedirle quiero licencia a señor primero. Es ido a ver Tomas, Abad de Santo Turon- Sí mas no puedetardar. Lalicencia ha de negar. Pues iraste solo, Antón. Yo vengo a saber ahora, si a Brusten tu padre ha vuelto, lo que Tomas ha resuelto en nuestras dudas, Teodora, no a escuchar tus querellosos amores, que cuando al suelo está amonestando el cielo con casos tan prodigiosos. No es razón que endurecidos los pechos a sus antojos, por dar al amor los ojos, nieguen a Dios los oídos. Ricardo traidor, después que has burlado mi esperanza, como a tu injusta mudanza ninguna disculpa ves? Con el mentido dolor de la denoción, has dado en acogerte a sagrado contra las leyes de amor. Pero la queja que tengo, se ha vivía en lo que pretendes, que lo mismo en que me ofendes es en lo que yo me vengo. Pues con fe tan verdadera te atormentas por Cristina; si resucitó divina, y si no murió hechicera. Ni confesar, ni negar, son aquí intentos discretos, el tiempo con los efectos te vendrá a desengañar. Mi padre es este. . Llegó señor, Bartosa, pidamos licencia. Aguarda, veamos lo que el Abad respondió. Manfredo, amigo, seáis bien venido. . Estéis, Ricardo, en hora buena. . Yo aguardo, que el parabién nos digáis de Tomas. . A la verdad, no con menos confusión, que lleve a Santo Trudón, vuelvo a Brustren, que el Abad después que el suceso oyó, con lugares que propuso de Escritura más confuso que yo estaba, se mostró. Dice, que cosa imposible parece lo que Cristina refirió, que ser divina, y humana, no es compatible, Y que tal vez del monso con mañosas intenciones fábrica estas ilusiones, de que es claro testimonio. Que se suele transformar en Ángel de luz, y es cierto, que puede en un cuerpo muerto, fingido aliento inspirar. Con que su engaño acredita, y también puede inducir a un parcial suyo a fingir que muere, y que resucita con particular intento, y su virtud aplicando motiva hacer que volando penetre veloz el viento. En fin concluyó el Abad, diciéndome, en Dios espere, que él cuando más conviniere descubrirá la verdad. Mas esto con tal acento, que aunnque en las palabras no, en el modo entendí yo que siente mal del portento. Pero como es tan prudente, temiendo desconsolarme, se excusó de declararme la verdad de lo que siente. La maravilla es tan nueva, y el caso tan singuiar, que no habrá nadie, que a dar firme parecer se atreva: mas que gente albororada da voces e . A la hechicera A la loca? . A la embustera. Él a la resucitada. Cristina debe de ser. Ya los muchachos la han dado en persiguir . Habrá hallado, pues pretende padecer, quien ejecute su intento. Entre muchachos te veas, que si padecer deseas, este es el mayor tormento. Cuando merced tan colmada, dulce esposo merecí? Acá se ha entrado, ay de mí! Toda viene maltratada. Ay tal deshonra! (to? Ay tal pena! . Ha cielo san- qué es aquesto que estoy viendo? Cuál la han puesto la naranja, y verenjena. Qué es esto, Cristina, di? Es de Dios la voluntad. Hipócrita, la verdad es la que dice de ti públicamente la fama. Ni ella lo entiende, ni vos. Si no quien? . Dios. Voz de Dios, la voz del Pueblo se llama, y él te pregona hechicera, todo es falsa hipocresía, que Dios para afrenta mía este milagro no hiciera, pues te ha hecho de Brusten la fábula, y cuando a ti te pierde el respeto ansí, me le pierde a mí también. Si tanto mal os he hecho, padre, aquí estoy, castigad mis errores, inspira mi Dios, rigor en su pecho. Con esa humildad fingida, no me pienses mitigar, que tormentos te he de dar con que te quite la vida. Oídme Dios! Siempre ha sido prodiga de nuestro honor. Que espero aquí, si el dolor, el sufrimiento ha vencido? cesad ojos, no me deis tan dura muerte mirando, id a descansar, llorando lo que viendo padecéis. . Antón. . Señor. Al corral n lleva esta falsa hechicera, y enciérrala. . Guarda fuera, queréis que un hombre mortal, córchete se atreva a ser de un preso de la otra vida? Siendo de mi conocida tu voluntad, yo he de ser quien la ejecute, y ansí a cumplirla al punto voy. V Ya estoy vengada, el veneno fabricará en breve espacio al corazón, que es principio de su vida, y de mis daños: Bártola. . Señora, has visto a Cristina? . En el cercado de la leña, entre los troncos, pagando está los encantos con que el honor, y el amante, como sabes me ha quitado. Bien merece tu venganza, si tu virtud es engaño; pero yo no sé que diga. Puede ser virtud causarnos tanto mal, que de nosotros aún nuestros mismos criados huyen, y nos desamparan, diciendo todos; veque es caso de menos valer servirnos. Son desleales, y falsos de Antón, y de mí; a lo menos no se dirá, que olvidamos el pan que habemos comido. Ya lo reconozco y pago, que agradecida a los dos, con el Bártola te caso. A mí con Antón, qué dices? Él te adora, y yo te hago, (para obligarle con eso, adarte luego la mano, donación de cien quejas. De cien ovejas? si tanto nos honra, señora, digo que te obedezco, y me caso. Teodora, Bartola. . Antón, qué es esto? qué voces das? Ven acá aprisa, y verás lo que puede la invención del encanto de Cristina. Pues qué ha sido? Para el pan daba efectos de alquitrán, del horno la seca eficina corrió, y arrojó dentro, y entre la llama encendida, esta imitando en suvida, la salamandría en su centro. Notable caso! . Señora, ven, y verasla. . Que tanto poder alcance el encanto? ̱. Si queda con vida ahora, vano será tu rigor en matarla, que ella ha dado en vivir de prevendas, cuando tiene coadjuror. Hay milagros más patentes! ̱. Ves la señora? . Y no creo, Antón lo mismo que veo. Los tres Naños Inocentes. imita. . Que poco caso hace del fuego . Ella alcanza entre su rigor templanza, y yo fuera de él me abraso, que se aumenta en sus portentos mi rabia. . La actividad, mi Dios, al fuego esforzad, y acrecentad mis tormentos, que aunque abrasada me veo entre llamas tan ardientes, aún no sus ansias fervientes satisface mi deseo: yo castigaré, embustera, tu fingida santidad: la boca al horno tapad, que la experiencia postrera de sus artes quiero hacer, pues quitándole a su aliento, el refrigerio del viento el fuego la ha de vencer. .
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Desuerte me desespera, padre, la rabia de ver, que hemos llegado a perder por esta falsa hechicera el lugar, y estimación, que en los Pueblos comarcanos entre nobles, y villanos, nos daba nuestra opinión. Que no he de gozar contenta un instante de la vida, antes de ver redimida con su muerte nuestra afrente. Nadie ya en Brustren visita los umbrales nuestros hoy, y si por la calle voy, nadie el sombrero me quita. Apenas me atrevo a entrar en la Iglesia, porque allí burlando todos de mí; ninguna me hace lugar. Y la más vil labradora dice con lengua villana, sin recato, esta es la hermana de la hipócrita invardora. Pues quien por una embustera tanta infamia ha de sufrir? los dos no hemos de vivir, o habemos de hacer que muera. que estoy de otro parecer piensas que no hecho de ver las desventuras que paso? La leche, la lana, y queso, que me rinde mi ganado, salen sin fruto al mercado, que como si este suceso fuera peste, ansí en Brustren han cobrado todos miedo a las cosas de Manfredo, aunque de balde las den; y tras esto, lo que siento mas, es ver, que antes de ahora juzgaban todos, Teodora, por feliz tu casamiento. Y con estos casos hoy, no hay hombre que lo pretenda, ni te quiera, si mi hacienda toda contigo le doy. Y viendo que tantos daños son mis verdugos mortales, siendo en favor de mis males, contra mi vida mis años. Aflígeme cuanto puede ver, que sin padre, ni esposo, es el dejarte forzoso, y según todo sucede, sin hacienda que es peor, y an sí también de mi afrenta quitar Alemania intenta esta ocasión mi rigor. Por cobrar mi honor perdido, que un agravio declarado restituye castigado mas que quito recibido. Muera Cristina, y entienda el vulgo mormurador, que en defensa de mi honor, no hay hazaña que no emprenda, Tomada resolución, solo resta ejecutarla. De quién podemos fiarla, que por la mala opinión con que nos mira lagente, hallar Teodora no espero un amigo verdadero, ni un criado considente, que es talla declinación de nuestro mísero Estado, que solamente ha quedado en nuestro servicio Antón. Pues él ha do ejecutarlo. Qué dices hija? no ves, que es un mentecato, y es cobarde? . Yo he de obliga de suerte, que su valor te admire. . Pues no tenemo otro de quien vos fiemos, eso es fuerza. Antón. Señor. Oye, que hicieras por mí, si a Bártola por esposa te diera. . No hubiera cosa? que yo no hiciera por ti. Y si con ella te diera cien ovejas? . Si me das la mitad de ellas no más, pesia tal, hay es quien quiera, pasar de pobre pastor a ser rico ganadero. Todo lo que he dicho quiero darte, si tú con valor haces una cosa sola, que de ti quiero fiar. Qué valor no me han de dar cien ovejas, y Bartola? declárate ya. . Una muerte has de hacer. Si es de algún lobo, que con atrevido robo destruye el ganado, advierte, que es ya mi mujer Bartola, porque nadie mejor tira la ballesta, que una vira, no suele perder tan sola. No es lobo, si no Cristina la que has de matar. . Señor, cuéntase de un hablador, cuanto ignorante gallina, que un día que amaneció muerto un hombre, sin hallarse el agresor, dio enjactarse de que él la muerte le dio. Queriéndose de valiente acreditar, agarrolo la justicia, y presentolo en tres palos a lagente. A este, pues, que le sirvió la opinión, que de este modo ganó? . Nada, porque todo con la vida lo perdió. Pues y que vendrá a importarme que a Bártola de esta suerte gané yo, si por la muerte sin gozarla han de ahorcarme? De eso no tengas temor, que el mandarlo yo te abona, pues si la parte perdona, absuelven al agresor. En eso hay mucho que hablar, que el Alcalde el otro día ese estilo me decía, y afirmaba, que es quitar el freno a los homicidas, porque vivan licenciosos; y hacer a los poderosos árbitros de ajenas vidas. No harás Antón, porque es cierto pues Cristina, como sabes, con las fieras, y las aves habita el monte de sierto. Que puedes ser su homicida, secretamente, demás que si se sabe, dirás supuesto que anda vestida de pieles, que por creer que esfiera, en tirarla hiciste lo que a buen pastor debiste; y al fin para merecer a Bártola, y cien ovejas, algo Antón has de atreverte, Cierras Teodora de suerte los pasos, que no le dejas, ni a mi ingenio una respuesta, ni una sombra a mi temor, y ansí tomo de mi amor el ánimo, y la ballesta. Yerba lleva cada arpón a el que la menor herida para acertar a la vida, todo el cuerpo es corazón. No tienes más que advertir, yo la mataré Teodora, más falta saber ahora si ella se querrá morir. Pues eso está en su albedrío? No está claro, si en la hacena que despedaza una peña con el ímpetu del río, la hemos visto dividida en átomos, y al momento, venciendo alegre el tormento, entera volvió a la vida. Y cuando entre los lechones por difunta la túvimos, sin niugún daño la vimos volar por esas Regiones? Eso no te cause espanto, que por todo Antón ha sido vana ilusión, que al sentido sabe engañar por encanto. Y no tendrá fuerza tal, que la libre de que muera, si la herida es verdadera, y es el veneno mortal. Ahora bien, digo que quiero hacer por los dos la prueba. Pues ya yo Antón con la nueva, y con el premio te espero. Hoy he de ver cuanto estima tu amor a Barrola. . Sola me obligara a esto Bartola, con cien ovejas éncima. . En este monte fragoso tengo de habitar. Alberto, hasta averiguar lo cierto de caso tan espantoso. Que según la fama, en él vive aquel raro portento, con hierbas por alimento, y por vestido una pielo Pues quien hay que a verla espere, si ella se quiere esconder, puesto que se sabe hacer invisible cuando quiere? Pues eso también deseo averiguar, que el encanto no creeré que puede tanto, si yo mismo no lo veo. Y cuando lo llegue a ver, estaré en esto más firme, porque vendré a persuadirme, que es divina esta mujer. Y que fue pura verdad todo lo que refirió cuando en la Iglesianos dio tanta confusión. . Mirad de los pinos más crecidos las altas cumbres, que allí segúna algunos oí, en arrobos, o fingidos, o verdaderos, del día cónsume la mayor parte. Si no es invención del arte, y acción de la hipocresía. Develo de hacer Cristina, porque se aleja del suelo mas de esa suerte, y al cielo mas para orar se avecina; pero aguardad, que imagino, que la hemos hallado ya Dónde? . Coronando está aquel levantado pino. Ella es, Ricardo. . La vista fija en el cielo, parece que o sus favores merece, o sus secretos conquista. Pues la hallamos ya, pensemo lo que hemos de hacer. . Ocult entre esos ramos incultos sus acciones observemos. Ni las señas, ni el deseo me engañaron, que imagino que en la cima de aquel pino? es Cristina la que veo. Verdad dijo el cazador, en fin se anda la hechicera, como si pájaro fuera, rama en rama, y flor en flor. Vos no sois la que tan mal mis resquiebros admiristes, y tan poco caso hicistes de mi amor? pues voto a tal, que aunque ahora estés tan alta, pues sola en el campo os veo, como pide mi deseo, si el ánimo no me falta, y si retíro la cuerda a la nuez, y la vira encajo, y pongo la mira, y con la ventaña izquierda apunto, y con apuntar disparo, y con el arpón os doy en el corazón, que me lo habéis de pagar. La verdad es, que no puedo mover de temor los pies: ánimo que peor es tener a estas cosas miedo. Para apuntarle mejor sin que ella me pueda ver, de espaldas la he de coger, no hay de que tener temor, que mujer es, y está sola, y al fin bien hecho, o mal hecho, guizgándome están el pecho cien ovejas, y Bártola. . No se mueve. . Ya he creído, que es verdad cuanto ha contado, que arrobo tan dilatado, es mucho para fingido. qué es esto? . Válgame el cielo! dudando estoy si cayó, o si a la tierra bajó en apresurado vuelo. Hazaña es de alguna mano traidora, que herida está de una saeta. . Allí va venciendo el viento un villano, Cruz soberana, favor, remediadme en este trance, porque el demonio no alcance victoria de mi fervor; seguilde, alcazade. . Alberto, dejade. No le dejéis, si de mi pena os doléis: ya de este suceso advierto tus invenciones Cristina, que sujeta no estuvieras a ser herida, si hubieras resucitado divina. De padecer solo trato, que de acreditarme no. No he tenido culpa yo. Pues quién la ha tenido? Ingrato, villano, a la misma hija de tu dueño, de esta suerte has querido darla muerte? Mi sufrimiento corrija vuestros rigores, que estoy cierta, que está disculpado. Tras un oso, que acosado de los ganaderos hoy, por este monte fragoso se entró, he venido, y ansí como en el árbol la vi, sospechando que era el oso, de las pieles engañado, sin más respirar tiré a matarle, y acerté solo por ser desdichado, que un pastor no supo ser jamás traidor, ni tirano, si fuera yo Cortelano pudieradeslo creer. Perdonadle, pues ha dado disculpa tan suficiente. Tú lo mandas solamente, puesto que el mal ha causado, a llevarte le condeno en sus hombros aBrusten. Sobre mis ojos también la llevara, que estoy lleno de piadosa compasión, solo que el caso calléis os pido, que ya veréis el riesgo que el pobre Antón correrá, si de este daño saben que ha sido el autor. Si haremos, pues que tu error disculpa tan justo engaño. Ven Cristina, bien ansí vengo a pagar lo que debo, pues sobre mis hombros llevo y a la misma que ofendí, vengo a verme abrazado con quien me dio tal temor. Cuando os pagaré, señor, beneficio tan colmado? Que por quererme casar, tan gran exceso emprendiera? a que más riesgo pudiera ponerme por enviudar? Qué os parece? . Las acciones medi, la humana, y divina. Toda es enigmas Cristina. Y yo todo confusiones. . Válgame el Señor mil veces. De qué te estás santiguando, Bártola? . De lo que ahora me estaba diciendo Bato. Y qué fue? . Dice, que un día cuando el Cierzo a sus ganados, en conchas de blauca escarcha ocultaba el verde pasto, cuando a los corrientes aguas parando el curso, era campo de bruñida plata el tío, en el hielo aprisionado, se arrojó Cristina en él, y como en un lecho blando, deleitada en sus rigores, los agradeció en abrazos. Y ya que la actividad del hielo en prolijo espacio penetró, y venció las fuerzas de sus miembros delicados, arrastrando se acercó a la orilla, donde en cambio de remedios tan forzosos, se esforzó a mayores daños. Que entre pujantes espinas, zarzas, y abrojos, en granos de vivo coralvertido, paga al velo sus agravios. Alegre se complacía de tantas fatigas, cuando los mastines, que son guardas vigilantes del ganado, como toscas pieles visten, en vez de tejidos paños, y arrastrando por la tierra, le sitben de pies las manos, Lobo voraz la imaginan, y llenando el viento vago de ladridos, arremeten al mal defendido engaño. Lloraba el pastor su muerte, cuando vio; notable caso! convalecer la ruina, y restaurarse el estrago. Que volviéndose a juntar las partes, que por el campo los colmillos carniceros de los mastines sembraron, Cristina cobró la vida, y en el cándido alabastro del rostro, aún las cicatrices de tantos sangrientos daños borradas, despareció trocando con esto Bato el dolor de la desdicha en confusión del milagro. Si de solida virtud, y no de engañoso encanto son estos milagros; cielos, como siento tan helado el pecho? cómo me enciendo en venganzas? cómo al paso que me exhorto en sus prodigio me endurezco en sus agravios Gracias a Dios, no vi plomo en mi vida tan pesado, Qué es esto? . Secretos son, que toco, y no las alcanzo. Una saeta, Manfredo, hizo jaspe el terso mármol, que se publicó divino, y aquí se confiesa humano. De curio sidad movidos, Alberto, y yo por el campo, para observar sus acciones, fuimos siguiendo sus pasos. Y os la traemos ahora de la piedad obligados, mas que primero dudosos de su verdad, o su engaño: vamos Alberto. . Dios sabe amigo Manfredo, cuanto me lastiman vuestras penas. Oíd Alberto, Ricardo, escuchad, no acrecentéis las desventuras que paso, tratando con esquiveza a quien os estima tanto. Porque me tratáis ansí? porque los dos, imitando a la plebe, castigáis, cómo culpas mis trabajos? es infamia la fortuna? es la desdicha pecado? Manfredo, no os espantéis, porque en semejantes casos vence la razón la fama, y la opinión es contagio, que inficiona de una suerte los nobles, y los villanos. Que esto he de sufrir por ti! que me pongan tus encantos en tan desdichado extremo! Dios lo permite, llevadlo vos en paciencia por él. Ah falsa, hipócrita! cuando me deshonras me predicas, y haces virtud el agravio? Entra enemiga, hechicera, que para verme vengado no he de curarte la herida, y en lugar de lecho blando, troncos de fudosa encina te han de dar funesto mármol, entra. No puedo moverme, Llévala, Antón, arrastrando. Señor. . Acaba, obedece lo que mi padre ha mandado, Habrelo de hacer al fin, supuesto que pesas tanto, que parece más tu cuerpo muerto que resucitado. . Tal fortaleza en los males, tal paciencia en los trabajos, y humildad en las injurias, tienen fundamento falso? Como puede ser, y más cuando con adornos tantos de santidad floreció desde sus primeros años? Son desleales, y falsos: de Antón, y de mí, alomenos no se dirá, que olvidamos el pan que habemos comido. Ya lo reconozco, y pago, que agradecida a los dos, con él Bártola te caso. A mí con Antón, qué dices? Él te adora, y yo te hago para obligarte con eso a darle alegre la mano, donación de cien quejas. De cien ovejas, si tanto nos honras, señora, digo que te obedezco, y me caso, Teodora, Bártola. Ancón; qué es esto? qué voces das? Venid aprisa, y verás. lo que puede la invención del encanto de Cristina. Pues qué ha sido? . Para el pan daba efectos de alquitrán al horno la seca encina: corrió, y arrojose dentro, y entre la llama encendida está, imitando su vida la Salamandra en su centro. Notable caso. . Señora, ven, y verarla. . Que tanto poder alcance el encanto! Si queda con vida ahora, vano será tu rigor en matarla, que ella ha dado en vivir de Prebendado, cuando tiene Coadjutor. Hay milagros más patentes? Verla, señora. Y no creo, Antón, lo mismo que veo. Los tres niños inocentes imita. . Qué poco caso hace del fuego. . El alcanza entre su rigor templanza, y yo fuera de él me abraso, que se aumenta en sus portentos mi rabia. . La actividad, mi Dios, al fuego esforzad. Vengo, Alberto, convencido en mi opinión, de una cosa, mas que todas milagrosa, de que Cristina he sabido. Decid, Ricardo, veré, si es la que a mí me han contado. Su viejo padre irritado de la afrenta en que sé ve, la trata con tal crudeza, que no la cura la herida, nu da sustento a su vida, mas que una breve corteza de pan, que ya endurecido del tiempo viene a ser tal, que en forma de pedernal, la del pan ha convertido. Ved que favor tan notable a Cristina Dios ha hecho, mana de su casto pecho un oleo tan saludable, que es medicina a la llaga, que le hizo el arpón cruel, y el pan ungido con él, en tierno manjar le paga, la reliquia que le ha dado su pecho. . Milagros son, que truecan en denoción el descrédito pasado: más escuchad lo que de ella me han referido. . Ya atiendo Mientras descansa durmiendo la penitente doncella, sueña con tal melodía dentro del pecho su aliento, que suspende el pensamiento, su celestial armonía. A tan claras maravillas, no hay pertinaz corazón: entrémosla a ver, perdón la he de pedir de redillas de haber su virtud dudado. Bien es, que a tal santidad restituya la verdad lo que la duda ha quitado. Alberto, y Ricardo son. Posible es que merecí, qué os acordaséis de mí? Sí, Manfredo, que es razón, no visitar solamente, más servir, y venerar a quien mereció alcanzar prendas, que al siglo presente, y a la venidera edad han de dar admiración; sino entendéis la ocasión porque lo digo, escuchad. Qué novedad, que mudanza es esta que viendo estoy. cuando en vano aliento doy a mi perdida esperanza? La culpa a la fe, Teodora, la tiene solo tu amor, pusiérasle en un pastor, pues que naciste pastora, y no en Ricardo, que piensa, Caballero en su hidalguía, que es el mirarte osadía, y que es el amarle ofensa. No fue, Antón, la culpa mía, él me despertó amoroso. Antojado el poderoso, engaña a quien de él se fía. Todo lo que habéis contado es verdad. . Pues si es verdad, como de la santidad de Cristina habéis dudado? Pero qué es esto? que celestial alegría es esta, que los sentidos suspende? Qué luz divina con su resplandor nos ciega? (chas. Todo es cielo! . Todo es di- Nuevo prodigio del mundo, esa milagrosa herida de tu pecho, ha dado celos al mismo Dios que la mira. Y porque sus cinco llagas no se vean desunidas en tu misterioso cuerpo, pues una tienes, me envía a imprimir en ti las cuatro que su Cuerpo participan; que quiere sellarte Dios con su sello Real, pues vivas le ofreces tus esperanzas. Llégate a mi pecho, amiga, tus brazos junta a los míos, para que tu despedida sea gloriosa, y triunfante de tus deudos a la vista. A tan poco merecer, tan grande premio? pendigan plantas, fieras, aves, hombres vuestra bondad infinita. que ; Cielos, tanto bien he visto? Prodigiosa maravilla! Manfredo, dadme los brazos, para que en ellos os pida, más gustoso por esposa a Teodora vuestra hija. Porque tenga sin dichoso la mi agrosa Cristina, cuya historia verdadera Laurencio, su tío, y Fray Dimas Jacobo, Obispo de Ancona, la escriben; y la acreditan: si lo s hierros perdonáis, nuestra vendrá a ser la dicha.
