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Texto digital de Favores que hizo Dios al señor conde Fernán González

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Favores que hizo Dios al señor conde Fernán González. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/favores-que-hizo-dios-al-senor-conde-fernan-gonzalez.

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FAVORES QUE HIZO DIOS AL SEÑOR CONDE FERNÁN GONZÁLEZ

JORNADA PRIMERA

JORNAR Divierta vuestra grandeza continuas melancolías, pues pasa todos los días en una viva tristeza; del admirable edificio, que Vexcelencia hizo en Lara, Ciudad eminente, y rara, no tema su precipicio. No hace temblar vuestro nombre la inhumerable Morisma? Ay alguno en ella misma, que si os nombran no se asombre? Si teme vuestro valor tanta gente, que acaudilla esa Morisca cuchilla, que rige el Rey Almanzor, vos sois el Cristiano Marte, que puede desbaratarlos, y totalmente acabarlos si enárbola su Estandarte. Decidme vuestro cuidado, vuestro amigo soy, señor, ved, que se alivia el dolor si fuere comunicado. Pues primo Gónzalo Bustos, porque sé, que eres mi amigo comunicaré contigo tanto género de sustos: no proviene mi sentir de ver de la hermosa Lara sus muros, que cara a cara se me pueden combatir; porque ellos son materiales, y la materia es indicio, que el más soberbio edificio está dispuesto a mil males: no son esos mis cuidados, teniéndola guarnecida, con desprecio de la vida, mis valerosos soldados: no me asusta la arrogancia de la multitud contraria, si da la fortuna varia en más Moros más ganancia: mi pena viene (ay de mí!) y tú me la renovaste cuando Marte me llamaste, tocándote el nombre a ti: digo, que viene mi susto, llamasme Marte Cristiano, de ver, que no está en mi mano ser participe del gusto. Cuando veo; que el Castillo, que es propio mío, y mi Casa (aunque el alma se me abrasa) nunca puedo combatillo; esto me asusta, y quisiera, que esos Bárbaros sin ley perezcan, y que su Rey en esta conquista muera; porque puede suceder, que a nuestra Cristiana gente S con halagos fácilmente la hagan en su secta creer. Es una gente muy rara, agarráronme a mi ayer, con que iba perdiendo el ser, y cuasi, que renegara. No tuviste tu ocasión, ni los pudiste encontrar. Es, que es malo de guardar, cuando es de casa el ladrón: aquella insigne victoria, que tuvisteis de Almanzor, donde se probó el valor, do alcanzasteis tanta gloria, estaba en casa pintada, yo pasaba por allí, y en un clavo; y no le vi, quedó mi capa trabada, y una garraza de un Moro pintada juntito al clavo, pasome de cabo a cabo el miedo del perro Dogo: dícenme también, que encantan, yo no los quisiera ver, pues temo me han de comer, que a mi pintados me espantan. Ya, pues, que habéis, gran señor, explicado vuestro mal, buscar el remedio igual a vuestra pena, es mejor; que os juro por ese cielo, tan tachonado de Estrellas, compuesto de antorchas bellas para gobernar el suelo, que si tuviera mil vidas, para tan noble conquista, sin que el temor lo resista, las diera por bien perdidas. En eso yo delirara, que a tenerlas, voto a Dios. Qué hicierades, Vasco, vos? Que todas me las guardara. Tan agradecido estoy, Gónzalo, a vuestro favor, que vos seréis el señor de toda Salas, desde hoy: también desde hoy regiréis de General el Bastón, y estos premios cortos son, cuando tanto merecéis. Beso tus Reales plantas por tan sobradas mercedes, ved, señor, que las paredes envidiarán honras tantas. No habrá envidia, amigo Busto, que si por Dios, y la Ley a un soldado honra su Rey, a todos les es de gusto; además, que sois mi primo, y sois de sangre Real, y no temáis algún mal tebiendo tan buen arrimo. Qué presto le da grandeza! étele Príncipe ya, y a mí no me faltará quien me rompa la cabeza. Gran señor, pues habéis puesto tan gran carga en mi cuidado, a un Áquiles comparado subiré al Castillo presto; escalaré sus almenas, derrotaré su edificio, ejecutaré mi oficio, porque se templen tus penas; porque se sepa, que en Lara no tiene Almanzor, que hacer, y que le sabré vencer yo solo, sí, cara a cara; la peña le he de quitar en que estriva su poder, las murallas he de hacer por el suelo derribar. Señor, a Basco te pido, que será muy buen soldado. Yo siempre estaré a tu lado, mas ha de ser escondido. . Ea, Basco, Alferez eres, que es honrosa dignidad. Mas quisiera en soledad hallarme entre seis pasteles. . Pues no me agradeces, Vasco, las mercedes, que te hago? Los diablos te den el pago, y el ser General te dé asco. . Pues no puedes responder una palabra siquiera? Pues pregunto, allá en la guerra de qué fruto puedo ser? Bustos, vamos al intento. Al intento, gran señor, pruébese hoy nuestro valor. Y vease nuestro aliento. A fuerza de armas, señor, le podremos combarir? A veces suele seguir la buena industria al valor; yo sé, que el Castillo está de poca gente ocupado, y solo con vuestro lado en breve se entregará: tres Reyes Moros le habitan con Ejércitos campales, estos causan nuestros males, aplausos, y honor nos quitan; y sé, que los dos están a Cascájares a bodas, llevaron sus gentes todas, sé, que mañana vendrán. En esta suposición seguiremos la fortuna, que como en esta, en ninguna tendremos tal ocasión: cuando el Padre de las luces en el Occeano se esconda, y dé a la Luna la ronda, y a las Estrellas capuces, nos vestiremos de Moros, y tomaremos los nombres de los dos Reyes; no asombres, Gónzalo, falta en decoros! Que en tales necesidades, nada se pierde del ser, pues en esto vengo a hacer grande copia de piedades: el que en el Castillo está se llama el fuerte Amurates, con quien tendremos combates, y la Fama lo dirá: los que están a Cascajares, Fatimán se llama el uno, y este es el que uno por uno nos causa tantos pesares: este nombre es para ti, di, que eres Fatimán Rey, llámase el otro Amuley, y este será para mí; y con este fingimiento le mandaremos abrir, y se vendrá a conseguir con esto doblado intento. Qué lindamente lo traza, quien le echara al Moro perro, aunque ella fuera de hierro, una bien pesada maza. Muy buen medio has elegido; no será bueno, señor, que el Escuadrón, que es mejor le tengamos prevenido? En eso también aciertas. Ese perro es guzco, o galgo? pues también yo le hiciera algo si le cogiera entre puertas. Gónzalo Bustos, a diós, a la tarde nos veremos, y por nuestra Ley haremos lo que toca a mí, y a vos. . Con que ya eres, Vasco, mío? Y ya tú mi señor eres, mándame lo que quisieres. Un secreto de ti fío, y eso ha de ser con tal modo, que a nadie le has de decir, ni me le has de descubrir, aunque importe el mundo todo. Eso, señor, yo lo haré por estar puesto en razón, sino se ofrece ocasión, cierto es, que lo callaré. Conoces a Doña Sancha, qué es espejo de mujeres? Sí, señor, parece, que eres de los de la conciencia ancha. Ahora la has de ir a avisar, que esta tarde la he de ver, que mañana podrá ser no me dé el cielo lugar; y tú luego al punto vete. Así me das mil placeres, no me mandes ser Alferez, mándame ser alcahuete. . Niño ciego, Dios vendado, que al punto, que hieres matas, y tan diestramente tiras, que no te hace falta aljaba. A ti digo, hijo de Venus, el de la sacra prosapia, que en el tienes tu silla, y morada. De ti me quejo ofendida y después que me vio una tarde Gónzalo Bustos de Lara. Si te precias de ser Dios, porque injustamente tratas tan cruelmente los gustos con ideas, y fantasmas? Las potencias tengo opuestas, la memoria me maltrata con los respectos ideales, y la voluntad me mata. Al entendimiento torpe toda la razón le falta, y en el mar de los discursos a cada paso naufraga. Ya, pues, que con violencia tan continuamente me hajas, no me darás un remedio, que tempere estas borrascas? Mas no quiero cosas tuyas, que si es de mi mal la causa tu crueldad, como pido el a ade guarnecidas de esmeraldas, descansar en mis tormentas; más tendreisme por liviaba. Mejor es, que mi tormento de mi pecho no se salga, pues dicen, que las paredes descubren cualquiera falta. Beso, señora, mil veces los zapatos, que te calzas, los ladrillos en que pisas tus chicas, y blancas plantas. Quién eres, que te has entrado con frívolas en mi sala? Soy; no sé quién me diga, que cuasi que no soy nada, soy el corré, ve, dile, soy el porta pataratas, soy liga de los maridos, soy quien pesadumbres causa, cuando dos, o tres galanes a una dama la agasajan; soy concorda voluntades, mas esta no es mala maña, soy a quien fía secretos Gónzalo Bustos de Lara. Ya qué has venido? Señora, dijo mi amo te avisara, que esta tarde viene a verte, y esta es toda mi embajada. Venga muy en hora buena; ya me parece, que tarda. Al cabo tiene razón, para que ha de ser rogada? Mucho tarda en llegar tu amo, dime, acaso alguna dama le detuvo en el camino? No le he visto hablar palabra con alguna, solo sé, que con la Música estaba, y a un viejo muy mucho cano, sin tener pelo de barba, le dijo, que se sirviese venir con él a tu casa, para festejarte a ti, como a su prima, y su dama. Mucho estimo su agasajo, y le imprimiré en el alma. Pues en tu casa han entrado, que ya la Música canta. Ya, que entre peñascos secos, ecos de voz alternada nada alcanzan de tu pecho, hecho de piedra, mis ansias. Cierto, que me gusta el tono. Es una copla alentada, y de extremada invención, que es hacer de una palabra dos, pues dividida en ecos del uno al otro, retratan a dos erradas, que suelen sacar de los pozos agua: escucha, verás también como del metro te extrañas. Ya, que a ver tu luz hermosa, osa el amor, que se iguala a la luz de su fortuna, una atención pide en paga. De quién es la letra? Mía. Y tú haces versos? Qué pasman, y seis resmas tengo escritas a la virtud de la araña. Qué virtud tiene? Ninguna. No hay materia de alabanza. La araña de quien escribo, es metafora a las damas, que andan siempre tras la mosca, y aún son de más ruin canalla; que aquellas con tesas curan, mas estas con telas matan: por cierta Ninfa lo digo, que me ha pedido una gala. Ya, que esas letras son tuyas, que las dijeras gustara sin música, que las voces la inteligencia embarazan. Se han olvidado. Tan presto? Que no me acuerde, no es tacha, que unos hay de juicio gordo, y otros de memoria flaca. Señora, si vos gustáis, que os las refiera, en el alma veréis del que las pública la queja justificada. Queja? Sí, del desdén vuestro. Decidlas, Escuchad. Vaya, y échalas de cuando en cuando su poco de patarata. Ya, que entre peñascos secos, ecos de voz alternada nada alcanzan de tu pecho, hecho de piedra, mis ansias. Ya, que a ver tu luz hermosa, osa mi amor, que te iguala a la luz de tu fortuna, una atención pide en paga. El amarte no es desdicha, dicha, sí, si se repara, para quien con tus enojos, ojos en llanto anegara. Pobre de aquel, que a cuidados, dados a hermosura ingrata, ata en el amor desnudo de nimies do lo como escirra. ve se barallas a ya, que por ser tuyo or de de gracia. eo ijusto, a y en coraje, tanzas. aje en flos mís e De amor tirano unas flechas, echas de olvido, que abrasa, brasa haré yo, que consuma fuma de memorias vanas. Que aunque a veces las consiento, ento que el pecho desmaya: ya, pues tan poco valgo) algo en tu amor, que me valga. Mas tú el mío recibiendo, viendo, que amarte no basta, hasta con tus esquiva veces infinir quertos. Pues otro ror gala e chula. he hecho yo to tu gracia Rel suele div pr mis ponas. dr estos de chaga: Ha lo ablandarte, chula, no do M es de una Tigre Hircana. Aunque el premio me detienes, tienes en tu frente branca anca, y no vale un cacao. Hao aunque eres de caracas, jamás por tu color, pardo ardo, que su tez picaña caña parece en lo que, o qué linda mermelada! Es tu boca como espuerta; puerta que a los hombres pasma; asma tienes, pues no cesa esa boca de echar babas. Conmigo tu ingrato pecho, hecho de dos calabazas bazas no hará, que en el juego ego suin quien las empara. Quiéreme o beldad esquiva, iba a decirte tarasca, rasca con otro ese chasco, asco horrible, que me espantas: estos son los versos, que hice a tan bella mulata. Los de Bustos me agradaron, el decir, que aquesa dama os desprecia, no tengáis sospecha tan mal fundada. Si amor tuviera instrumentos por donde pintar mis ansias, vos, señora, lo supierais mas en obras, que en palabras. Luego me queréis? De suerte, que primero esa peña alta mudará de su firmeza, que mi amor, pues en vos para como en su centro el objeto de mi dichosa esperanza: testigos de este cariño serán las fuentes, y plantas, que unas en hojas lo escriben, y otras con risa lo parlan; y pues tanta dicha tengo, que he llegado a ver al Alba en tan feliz galanteo, veréis arderse en batallas gloriosos los elementos, porque hasta el Sol. Bastan, bastan hipérboles lisonjeros, que quiero esta vez osada (aunque lo extrañe el decoro) dar crédito a vuestras ansias; y asentado, que lo estimo, ya sé, que quedo obligada con vuestro amor, y fineza a no parecer ingrata. Corresponderás piadosa? Mi voluntad nunca es varia. Y si a vuestra luz no llego? El amor todo lo iguala. Y si es temeroso el mío? El mismo os dará las alas. Según eso esperar puedo premio de empresa tan alta. Mi primo el Conde es quién puede dar logro a vuestra esperanza. Y bastará su elección? La mía en él se traslada. Por él el triunfo aseguro. Pues cómo? Vivo en su gracia. La que os quiere nada pierde. Mucho quien os ama gana. Id con Dios. El cielo os guarde. Ay, qué ternezas del alma! N Pensiones son de enamorados vivir con sobresaltos, y cuidados; y del amor el brazo fuerte pocos, o ninguno huyen la suerte. Bajé ayer a Lara, y rebozado, dejando el Castillo descuidado, por guardarle Fatiman mi amigo, y el grande Amuley quedó consigo. Bajé a pasearme a Lara; ojalá, ay de mi! nunca bajara, pues traí acompañado siempre el gusto entre sus placeres mucho susto. Sale el Conejuelo por la tarde confuso, temeroso, y bien cobarde a pacer la grama, y a ver el consorte, que le llama, cuando más divertido en sus festejos, juzgando, que el contrario estará lejos; y cuando más enbebido, y puesto en los bohordos su sentido, llega el astuto Cazador al puesto, y al réptil viviente deja muerto presto. Así yo, que bajaba con sentidos, en breve tiempo los hallé perdidos: llegué junto a la plaza, marabilleme de arquitectura, y traza, vi (aún con ser de noche) que dejaba un coche una hermosura rara, que en robar corazones no repara, llégueme un poco: mas saliome en vano. Preguntele a un Cristiano, quién era aquella deidad bella? Y él me respondió, que era aquella lo la hermosa Doña Sancha, afrenta pura de toda la hermosura. Cerráronse las puertas de Palacio, y abrióseme a mí el pecho a poco es- pacio, repara mi atención el mejor modo, como descubrirla mi amor todo; y hallo un imposible muy seguro de conquistar el fuerte muro de Lara, Ciudad nueva; y aunque el discurso prueba modos, no los halla, sino que el mejor modo es roballa. Mañana vendrán mis compañeros, direles, que a estos fieros pesares, que me asustan, les den algún alivio, si es que gustan. Propondré, que en Lara hay un tesoro, y que bastara a sus socorros, si haberle pudieran, y que quedaran ricos, si este hubiera; porque al oro, tan bien como cualquiera quiere el Moro. Direles la casa donde se halla, pues todo lo avasalla la canina hambre del dinero; y de esta suerte la joya, que quiero, he de robar sin duda alguna, y esto solo pido a la fortuna; y aunque estoy divertido en estos entes, para mi bien reales, no aparentes; voy con el soldado de mi guarda a cerrar el Castillo, y mañana arda Lara, y sus primores, que fuego sobrará, donde hay amores. Mas ya todos los trinquetes, y posti- gos cerraron mis amigos, y ya puedo seguro sosegar el duro peso, que el veleño introdujo en las gentes, que es él sueño. Dejaste ya prevenidos en todo nuestros soldados? que luego al punto que entremos esté el Castillo cercado? Sí, gran señor, todos ellos están fuertemente armados, Troyanos son, y algo más, solo por ser Castellanos, en este repecho quedan tan humildes, y animados, que juzgo, que les parece poco el mundo, a valor tanto. También a mí me parece bien estrecho, pues no hallo un secreto en que meterme, mientras se pasa el asalto. Válgate el diablo, por guerra, porque me persigues tanto? que a cada paso me topas, y más que te busco te hallo. Oyes, Vasco, llega, y llama, A los que están allá bajo? los iré a llamar al punto, y más ligero, que un gamo, No digo eso, si no que en ese postigo falso del Castillo, des dos golpes. Si no me los dan, no es malo. Que te detienes; por Dios, que te arroje de aquí abajo. Pues tú te enojas también? ello es preciso, que vamos: mas aquí miedo: ay de mí! que no está el Moro acostado, De qué lo sabes? Que he visto un perro Moro acechando; y si muerde sin ladrar, que será del pobre Vasco? Qué necio, y pesado estás! Yo quisiera ser liviano, para ponerme de un brinco donde no temiera tanto: mas ya llego, aunque difunto. Eso no es llamar, borracho. Ni quiero, que me lo llamen, cuando no lo estoy. Llama alto. Parece, que no me entienden, pues vaya con este canto. . Eso sí, que me contenta. Pues voyme, que ya he llamado; pero casi, que lo yerro, que sé yo si algún perrazo está fuera del Castillo, y me agarra del zancajo? Quién llama? Nosotros somos. No entiendo, si no hablan Amuley, y Fatimán, y tu socorro esperamos. Cómo tan solos venís, y con tan poco aparato? ̱. Porque junto a Cascajares hallamos unos Cristianos, embestimoslos briosos, opusiéronse bizarros, defendiéronse valientes, y tanto valor cobraron, que nos hicieron huir, pensando de cautivarlos; y aún juzgamos, que nos siguen con algunos de su bando; abre apriesa, y hablaremos allá dentro de más largo. Pues ya voy por una luz, aguardad un poco en tanto. . Lindamente se dispone, válganos el cielo santo. Y a mí me valga un colchón si me arrojan de aquí abajo. Oyes, Vasco. Gran señor. Tendrás notable cuidado, que al punto, que se haya abierto, des aviso a los soldados. Digo, señor, que estaré como un vecino acechando; escápeme yo de aquí, a ellos, que los lleve el diablo. . Ya podéis entrar, amigos. Y tu salir, pues entramos. Pero cómo con traición? No es traición, pues restauramos, perro Moro, de esta suerte lo que tú has tiranizado. . Ira de Dios cual se cascan, Jesús! Jesús! qué Cristianos son estos dos! ellos solos van el Castillo gazando. Válgame Dios, y quien fuera valiente, para ayudarlos: mas quién os meterá en eso? estados aquí Don Vasco. Ya llegaron los demás, que está a mi cargo avisarlos; pues a fe, que si no llegan, que por mi tardan un año. Mas no sea, que algún Moro venga por aquí escapando, y me lleve a mí, o me mate, y pague yo por mi amo. Mas etele: ay de mí! que me pesca vaya un cuarto, y ha de venir donde estoy, según soy de desgraciado. Alá divino; que ordenas contra mi gusto los Astros, como influyes tanto mal contra un hombre desgraciado? No le bastaba a mi mal el tenerme enamorado de un imposible, que adoro sin provecho, y con cuidado? No le bastaba a mi pena verme vilmente engañado de solos Cristianos dos de tanto Moro triunfando? Si no, que también a mí de mi poder me han echado, y cuando busco la vida la muerte voy encontrando? Lo que más siento: ay de mí! el verme imposibilitado de descubrir mi cariño a Doña Sancha, a quien amo. Mas supuesto, que la noche es la que me causa amparo, de ella sola me valdré para buscar mi descanso: entre estos ramos un poco me esconderé, porque en tanto pase el cerco del Castillo; pero que bulto, o que encanto está también escondido? Pescome el perro bellaco, que bueno era para caza, pues me ha hallado por el rastro; fuego de Dios, que podenco si le pescara Carrancho. Cómo se esconde el gallina, quedando por suyo el Campo? Ojalá, que yo lo fuera, que ya me hubiera acostado. Bueno será, que mi rabia descargue en este Cristiano. Tito, tito, toma pan, no me muerdas por Dios santo, que ya me has visto otra vez, para que me ladras tanto? Pues tú de qué me conoces? ni me has visto, ni has hablado. En el Monumento estabas en un tapizón pintado. Vengarme en ti es gran locura, y juzgo será acertado un negocio, que me inquieta, dejártele a ti encargado. Si acaso es llevar billetes, déjalo eso a mi cuidado. A Doña Sancha Gonzalez la has de llevar un recado, diciéndola, que Amurates en su amor se está anegando. Muy bien dices con la lengua, así dijeras de manos. Toma, amigo, esta cadena, y proseguirás, bizarro en hacerme este servicio, que no perderás el pago. Que me importa decir si: . digo, que estoy pronto, y llano a hacer todo lo que mandes, hasta ponerme yo en salvo. . Mahoma guíe tus discursos. Cargue contigo ese santo; pero ya se fue: que miedo, que se papó el pobre Vasco! Los Serafines, SEÑOR,. os den las glorias, y aplausos, y todos los Querubines os aclamen Santo, Santo, por las mercedes, que hacéis a vuestro Pueblo, librando en tan poco poderio de dos hombres, los Cristianos. A Vos, DiVIDO SEÑOR se dediquen triunfos tantos, pues vos sabéis abatir a los castillos más altos. Influjo vuestro es, mi Dios, y concurso simultaneo el que pudiesen dos hombres vencer tantos Africanos. Gónzalo Bustos. Señor. En qué estabas ocupado? Dándole estaba las gracias al Dóminus Deus Sabaot. Qué valientes se opusieron qué gallardos! qué bizarros! a no temer el castigo del Ommpotente Brazo, las vidas les perdonara, al verles tan animados. A Saul le castigó porque no hizo su mandato; que sé yo, si Dios me ha hecho azote de estos Paganos? Uno se nos escapó; pero ya estaba cercado el Castillo, con que infiero, que ya le habrán encontrado. Sí, señor, yo le encontré, y fue el encuentro tan malo, que me hizo, que rodara desde aquí más de mil pasos: y luego al punto se fue corriendo por esos campos, como un Ciervo, que va herido mas que mucho si era galgo? Burrares juzgo se llama. y a ti te dejo un recado. Recado a mí? no lo entiendo. No? es, que estás desafiado. Ese es el gusto mayor, que tiene cualquier soldado. Sin duda alguna, que va a dar cuenta del asalto al Rey Almanzor, y ahora se nos sigue otro trabajo. No importa, señor, que venga, cuando nos ampara el Brazo del Omnipotente Dios. Ofrecéseme otro caso, la peña importa se gane; y aunque dificultoso lo hallo, lo hemos de intentar, tu mira si alcanzas el como, y cuando. Por Cubillejo, señor, es el camino más llano; pero tiene dos murallas muy soberbias, y aquel paso por donde se va al Castillo le guardan muchos Alanos. No está en ellos el peligro, que fácil fuera el matarlos, mas los horrendos latidos despertaran a los amos. Gran señor, vaya un remedio en caso tan apretado. Dirás algún disparaste. Acaso podrá acertarlo. Fernan Gonzalez, buen Conde, bien sabe todo Cristiano, que de los tres enemigos el de la carne es más malo, Unas Alanas, que estén in cupidine ululando hemos de buscar, y echarlas a esos rabiosos Alanos. Entonces enfurecidos, por ver su mayor contrario, embestirán contra ellas, dejándonos paso franco, Digo, que no descontenta la industria, que ha dado Vasco. Toma, Vasco, cien escudos, y prevente de contado para buscar las Alanas, que la peña está a tu cargo. Créame vuestra grandeza, no saldrá el capricho falso, pues de cojear de este pie bien pocos nos escapamos. Cónzalo Bustos. Señor. Supongo, que habrá llegado a Cascájares el Moro, y a su Rey le habrá contado, todo el infeliz suceso, y creo habrá publicado guerras, de sumo po contra nosotros, en el asalto de la pena nos importa, en tante que luego le ejecute para que salgas al pasto al Rey, con lo mejor que haya en todo el poder Cristiano, Vamos, señor, haya guerra el cielo guíe tu mano, para que sepan los Moros, que ampara Dios al Cristiano. Han visto mayor locura! que deesee tal trabajo! pide para ti la guerra, y pide paz para Vasco. Qué mala, qué es la ambición! y que fiera tan infame! pues quedan pocos discursos, que no inquiete, y no maltrate. Hasta en los cielos se halló, según se dice del Ángel, que orgulloso pretendió junto a Alá mismo sentarse. Y también es muy antigua, que hasta los primeros Padres cogieron una manzana con ambición de endiosarse: y es cierto, que el poderoso de ella es más participante, y juzgo, que está arraigada en corazones Reales. Dígolo esto por mí mismo, que he llegado a coronarme, sino fuere en todo el mundo, por lo menos en tres partes; y esta vivora ambición hoy llega tanto a inquietarme, que con todo mi poder nunca llego a contentarme; y es tan poco lo que intento, de este áspid, que me combate, penas tiene materia poder sustentarse. ad nueva es estos pesares, a; que en ella hombres caben. ra, que ahora hizo Conde Fernan Gonzalez; o la quiero para mí, o le he de hacer mil ultrajes: nviarle quiero a decir, que me rinda vasallaje, y el tributo, que le pida, o sino, yo he de tomarle: el Embajador irá. Señor, en tantos pesares me vengo a valer de ti, por ser padre de piedades. Qué importa tener grandeza? no importa ser Atlante de toda la media Luna, si hoy ha llegado a eclipsarse? oscurecieron tus Lunas, y matizadas en sangre las dejaron los Cristianos, por mi desgracia ayer tarde. El Castillo te han quitado, y aún llegaron a matarte mas de nueve mil hombres, que estaban para guardarle, solos dos hombres entraron con tanto valor, como arte, que a otro caballo de Troya he llegado a compararles. Envistieron con tal furia, que no se puso delante ningún Moro, que a su arrojo no tuviese infausto trance. En tanto grado, señor, los dos Cristianos triunfantes herían, que a cada golpe quitaban muchos Turbantes. Yo, señor, también me opuse con intento de librarme, y vi, que todo el Castillo le cercan de parte a parte: los Cristianos, y yo entonces busqué modo de escaparme, bajé por una muralla para venir a avisarte. Que a tanto se haya atrevido el Conde Fernan Gonzalez! que con tanto vituperio a mi Corona la ultraje! Por Mahoma, en quien confío, por el Sol, que ha de alumbrarme, por todos los once cielos, por sus luces, y celajes, que no ha de quedar Cristiano, que mi rencor encontrare, que no convierta en pavesas, aunque los cielos le amparen; y hasta que vengue esta injuria, tendrás por cierto, Amurates, que no he de dormir en cama, hasta llegar a vengarme. El más impensado susto, que ha llegado a imaginarse, la tragedia más funesta, que en tu poder pudo hallarse, y el mayor atrevimiento, que se cuenta en los Anales te vengo a decir, señor, (aunque siento disgustarte) sabrás como los Cristianos con valor, y con coraje, después que el Alcázar fuerte, que con tu sangre ganaste, te han vuelto a quitar, señor, con oprobrios, y desastres, la que era la Fortaleza de tu Corona, y tus haces: hablo, señor, de la peña, que también tú la ganaste, hoy con fuerte bizarría el Conde Fernan Gonzalez la ha ganado con su gente; la tuya en atrocidades ha perecido vilmente, pues al que no quiso darse. al cautiverio Cristiano, al precipicio le abaten. Aquel ingenio, y industria, que tuvieron estos tales Cristianos para ganarla, es justo que se relate. La escala del artificio, que allá hacia el Castillo cae, la guardaban los Alanos, que para el caso tu enviaste. Viendo ellos, que era imposible el entrar, sin que avisasen con los latidos las guardas, que estaban a aquella parte, trajeron unas Alanas, y los fieros animales, como faltos de razón, de su instinto allí se valen. Fuéronse, pues, a las perras, sin que un latido lanzasen; los Cristianos cuando vieron el buen paso, que les hacen, entraron con gran silencio, llegaron a los valvartes, donde las guardas estaban, y con sus propios alfanjes se dice, que los dejaron auegados en su sangre, Envistieron a las casas, y con violencia notable, con ánimo de arruinarlas, unas queman, y otras hacen, que a aquellos que las habitan de sepulcro les bastasen. En esta ruina, señor, tenían hacia la parte de Cubillejo en celada (entre las oscuridades de las encinas, y enebros) otro socorro bastante. Abrieron, pues, las murallas, y entre polvo, y entre sangre no quedo ninguno tuyo, que a la muerte no pagase aquel feudo tan común, que introdujo el primer Padre; sino yo, que aquella noche acaso salí a pasearme, y viendo tantas desdichas vengo, señor, a avisarte. Sin duda, que conjurados los Astros a mis pesares, hoy quieren darlos aumento con mil géneros de males! Cómo sufro tanto horror? como no tiembla al mirarme enojado todo el mundo en vez de darme pesares? Por vida de Almanzor mismo, que un escarmiento notable ha de ver en mí el Cristiano, y del bien ha de pesarle. Vive Alá soberano, que el corazón se me parte, ver, que tan pocos Cristianos han causado tantos males. Por Mahoma poderoso, que me corro de que me hablen, que una suprema grandeza padezca penalidades. Ea, Amúrates valiente, si quieres verme, y hablarme, no dejes ningún Cristiano, que no hieras, que no mates, que no cautives, y prendas, para beberles la sangre, que juro por mi Corona, y lo que puedo jurarte, que cuilquiera, que me traiga al Conde Fernan Conzalez, o preso, ha descabezado, que yo le prometo darle de mi Reino la metad, y otros tesoros muy grandes, daré por cada Cristiano tantas perlas, y diamantes, si me le trajeren vivo, como el Cristiano pesare, que quiero ser un Herodes contra esta Nación infame, que me ha eclipsado mis Lunas lo que no pudo hacer nadie. Y porque toda la gente, que fuere de nuestra parte tome valor, yo en persona, he de salir al combate, para que nuestró poder anquile, borre, acabe, destroce, pierda, y abata, corte, hiera, rinda, y mate, confunda, postre, desprecie, máltrate, destruya, abrase a esta Nación, que se opone hoy al Príncipe más grande, para que conozca el mundo, el Sol, el viento; y las aves, tierra, y agua con sus peces, y las cosas sublunares, que al poder del Africano todo debe sujetarse,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA En que ha pasado, señor, vuestra grandeza estos días? En contemplar muy gustoso, que tenemos tales dichas; ya no tengo, que temar. pues lo que más pretendía, la suprema Majestad me lo va dando a medida de mi deseo, tu ahora has de tener prevenida toda la gente Cristiana, por ser cosa conocida, que el Rey Moro querrá darnos la batalla bien aprisa, y los Escuadrones tiene en Penilla, y en Acinas. Poco merece, señor, la gente de Infantería, que presto se te olvidó de dar buenas albricias a Valco! cuando por él tienes la peña rendida! Que puesto te puedo dar, si aborreces la Milicia? Está obligado el Cristiano a estar fuera de malicia, que el ser sencillo, señor, ha sido inclinación mía. No quisiste ser Alferez, oficio en que tu podías valerte, Qué bravo premio para lo que yo quería. Alcaide eres del Castillo. Alcade yo? oh qué gran dicha! que ha días, que deseaba conseguir una alcaldía; que de alcaldadas me esperan! a fe, que he de hacer justicia, y se han de acordar de Basco mis vecinos, y vecinas, No hay alguno, qué responda? es desprecio, o cobardía? En el ladrido conozco, que es él perro, que quería morderme, cuando escondido yo estaba, y él se salía del Castillo, o a él le echaron (a mi dictaen! a prisa: válgame Dios! si es verdad lo que mi abuela decía, que si algo quiere rabiar se representa la misma imagen del mordedor: Dios de Abrahan, si yo estaría rabioso por el presente; mas no, que tengo alegría. No habrá alguien, que me enseñe al gran Cónde de Castilla? Cualquiera puede enseñarle, como a ti la cortesía, que esa soberbia, que traes, que la trocaras, sería justo en llamar con más modo, y saber, que convenía entrar con mucha modestia, y si le falta, pedirla. Como te hallas en tu casa hablas seguro, algún día te hallaras en donde pagues tan atrevida ignominía. Perro Moro, si tu gustas, yo me iré a tu tierra misma, y allá en pavesas deshecho te resolverán mis iras. . Deteneos, Gónzalo Bustos, porque no es justo, que diga el mundo, que quebrantamos el fuero de la Milicia; y a este Moro, que ultrajáis, decid, que le den la silla de Embajador, que es muy justo, y dejadle, que prosiga en la embajada, que trae; vos, noble Moro, decidla. Noble Conde, porque sepas quien soy yo, y el que me envía, para no serte molesto te lo diré bien aprisa. Yo soy el Rey Amurates, y Túnez es patria mía, que coronado me han visto en ella sus torres mismas. Hechura soy de Almanzor, que es todo lo que podía pretender cualquiera, que hoy quiere tener paz tranquila. A ti me envía, buen Conde, con ánimo, que te diga, que tiene el mayor rencor contigo, y toda Castilla, que ha podido tener hombre, después que el mundo se habita. Pero como Almanzor tiene tantos Reyes, que le asistan, aplacaremos su enojo, mitigaremos sus iras, comó queráis vos, señor, capitular lo que diga. Lo primero, que el Castillo, que tú se le tiranizas; y esto lo sé yo muy bien, que soy testigo de vista, le has de dar, también la peña. que ganaste con industria, que la maña, no el valor, es lo que más le amotina. Los estragos, que le has hecho, la hacienda, que le confiscas te pide también, que es justo, cuando a ti nada te quita. Dice también, que de Lara, porque está en su tierra misma, le has de dar todas las rentas, que para ti mismo aplicas. otra cosa pide el Rey, y pues en ella se cifra toda la paz, y concordia, el darla es cosa precisa, a la hermosa Doña Sancha, afrenta del Sol, y risa de las flores, que ella sola es la que las califica, y las Estrellas lo saben, que nace una clavellina en donde estampa la planta, cuando el verde campo pisa; las suentes lo están parlando, cuando deshechas en cintas argentadas, se despeñan del cristal, que las aliña, te pide para mi esposa, y de esa suerte eternizas tu fama, en ver coronada una mujer, que es tu prima. Esto pido yo por mí, que si consigo esta dicha, seré yo el mejor tercero, que puede tener Castilla. Pero si al contrario obrares, de ti y toda tu Provincia serán despojo a la parca vuestras miserables vidas. Ducientos mil Africanos están en su compañía, que no hay espacio en tu tierra en que quepa esta Morisma. Mira bien lo que resuelves, porque mi piedad te avisa, ahora tú, afable, o benigno, o cruel, te determina; no aguardes a pedir treguas, cuando la paz te es propicia, mira, que si no concedes, grande mal se te avecina, pues perdiendo tus Estados con ellos pierdes la vida. De que el Conde a sus locuras le sufra tanto, me admira! Este perro mucho ladra, no es tan fuerte como íntima. A vuestra embajada, Rey, con la atención, que pedía e el decoro; que me asiste, atendí, como debía. Estranome de que el Rey con tan nobles bizarrías granjee mi voluntad, cuando me busca la vida, Es llegando a vuestro Rey Ccie de parte ía, que toda vuestra embajada, mas que enojo causa risa. En lo que me habéis propuesto, que maña, no valentía ha la peña conquistado; direisle, que yo sabia, que como eran todos perros, viéndome se escaparían; y que tengo grande gusto, cuando la espada se limpia tenida en sangre de Moros, y por esa razón misma no les avisé, que entraba a hacerles esa visita. De los tributos de Lara, di también, que yo quería llevárselos en periona, y esto será bien aprisa. El daros a Doña Sancha, del Abril afrenta misma, direisle, que no es mi gusto, y que fuera dosa impía, que se junte noble sangre con quien le falta la Crisma. Y el número, que decís, a la verdad me placia, que esos ducientos mil Moros vengan en su compañía; que el número si es cobarde mas presto va de fugida, y así menos enemigos de aquellos, que se oponian a la Católica Fe, espero en Dios se hallarían. Direisle, que cuatrocientos, o poco más acaudilla el Capitán Castellano, mas si toda la Morisma a su valor se atreviera, fuera para mi gran día, que para cada Cristiano mil Moros es niñería, que mi Capitán es Cristo, y mis Vanderas la insignia de su Pasión sacrosanta, y mi Ejército confía de tan supremo poder, que nadie peligraria, y que les venzan tan pocos serales más alegría. Vete, y sin más dilaciones le has de decir, que Castilla con más valor, que palabras esta respuesta le envía. Amurates, en la guerra se acabará nuestre riña. Allá te espero, y allí tu muerte ha de ser tu ruina. . Esta mámosela el Moro, pensando, que iba a las Indias a buscar lana prestada, lindamente le trasquilan. Vasco amigo, yo me muero, perdí la esperanza mía. Pues llamemos al Barbero, que te haga una melecina. Sancha mía, dueño ingrato, causa injusta a mis fatigas. Oyes, señor, qué mal tienes? te ha dado mueso de tripas? Porque me pagas tan mal, siendo Adonis, qué te estima? Parece, que ha dado en loco; oyes, señor, qué imaginas? Eres mujer, y eso basta a ser liviana, y boltiza. Ese dicho no es de loco, que es cosa cierta, y bien fija. Estos eran los cariños, que algún día me ofrecías? Oyes, señor, una dama hacia nosotros camina, y en el garbo, y el aliño me parece, que es tu prima. Fingiendo, que a la Condesa . vengo a hacer una visita, a Gónzalo Bustos quiero reñirle la grosería de poco amante, y de tibio, que han pasado muchos días, que corresponde muy mal a mis honestas caricias. En esta sala me dijo una criada, le había visto hablar con su criado, y es cierto, que allí estaría; pero ya le veo, como fingirá la industria un modo, para reñirle mi pena, y su cobardía. Sin duda, que Doña Sancha . a ver a su Rey vendría, que él había de venir quién duda, que lo sabría? Oyen, soldados. Quién llama? Juzgó la ignorancia mía, que erades cierto Escudero, que a la Condesa servía. Sal tú, Vasco, hacia allá fuera, Yo lo haré por vida mía, por no ver, que a tal amante con desastres le despidan. . Gocéis, señora, el reinado con tanto gusto, y tal dicha, que no se os mude el estado, como a otros les entibian amores mal prometidos, y pasajeras caricias, que el veros en ese estado no me pesará algún día. No entiendo, Gónzalo Bustos, hipérboles, o fingidas razones, que proponéis; teméis acaso, que os riña los descuidos, que habéis hecho, faltando a lo que debía cualquiera, que estima, y quiere, y hace extremos? más fingida ha sido la voluntad, que mostrasteis algún día. Confieso mi cortedad, que como a Reina, y a prima bien sé, que estaba obligado a pediros albricias. Gónzalo, por vida vuestra, que me expliquéis ese enigma, que yo no entiendo esos terminos; y si juzgáis, que sabía otra cosa mi cuidado, es engañosa noticia: decidme, primo, y señor, lo que esas palabras cifran. Señora, de aquí salió un Rey Moro, que venía a pediros por esposa; quien duda, que ya sabría vuestra voluntad el Moro, supuesto, que tal pedía? Pues acaso, Don Gonzalo, tan poco atenta me había considerado tu amor? o acaso tu fantasía no sabia, que yo entiendo la obligación, que tenía, siendo de estirpe Cristiana la sangre, que me infundía tan generosos alientos para resistencia fina? Y aunque mi primo gustara unirme a la tiranía de ese Bárbaro, sin Dios, primero la sangre mía salpicara mis estrados, sabiendo, que conseguía la corona del martirio, y el Reino de mejor vida; fuera de que aunque ese Príncipe fuera de nuestra Ley misma, y fuera señor del mundo, seguro poder tenía vuestro discurso, Gonzalo, que todo lo pospondría a una segura palabra; que a vos solo se debía. A tanto favor, señora, como podrá la alma mía daros la satisfacción, qué merece tanta dicha? Haciendo tanto por mí, como mi afecto os explica. Pues perdonadme, señora, haberos dado fatiga, pues los celos aún injustos discursos, y razones quitan. A mí siempre me hallaréis más amorosa, que esquiva. Y mi voluntad, señora, por vuestro me sacrifica. Hemos de tener más celos? No los tendré por mi vida. Señor, que viene tu primo. Siempre ha de haber quién me impida! Estate con esos cuentos, que por Dios, que viene aprisa. Al cuarto de la Condesa me retiro, y prevenida estará mi inclinación para servirte rendida. En dónde está tu amo, Basco? Ahora coger quería moras con la cesta rota, quiera Dios, que lo consiga. En cualquier parte, señor, con la voluntad prontísima me podrá vuestra grandeza mandar, para que le sirva. Ya sabes lo que me importa, que la gente prevenida esté, porque la batalla será de aquí a pocos días, y ahora mientras se recoge, por esta estancia florida quiero salir a la caza, que gusto mucho en seguirla. Gustáis, gran señor, que yo vaya en vuestra compañía? Estimo vuestro agasajo, mirad si la Infanteria está toda junta ya, y ponédmela por lista. Obedecerte, señor, es cosa justa, y precisa. Por Dios, señor, me concedas una cosa, que te pida. Qué puedes pedirme, Basco? Que en la lista no me escribas, no me lleves a la guerra, aunque de balde te sirva. Divertido con la caza, a esta selva tan sombría el gusto me ha dilatado; pero qué es esto, que miran mis ojos! un jabalí por las breñas baja aprisa, pues tengo tal ocasión, es preciso, que le siga. Tibi solí peccabí, . maluncoram te feci- SEñOR, contra ti pequé con mil géneros de males, con pecados, y con vicios, con desatinos notables. SEÑOR, conozco mi culpa; vos sois Fuente de piedades, en donde me lavaré con vuestra preciosa Sangre. Yo soy la oveja perdida, que tantas veces sacasteis del abismo del error, y otras tantas volví a entrarme. Ahora vuelvo, SEñOR, por conoceros afable a pediros humilmente, que os dignéis de perdonarme. Esos brazos, buen Esus, que me estáis mostrando amante, reciban este individno de mil ofensas causante. Ya sé, SEÑOR, que buscáis, no la muerte del que os hace mil ofensas, SEño Rimio, la vida buscáis: constante lo hallamos en Jeremías, que habla por vos, en el trance de aquella santa Ciudad, que tanto amor la mostrasteis. Ya sé, SEñOR, que la gracia con el pecado combate, mas vuestro inmenso poder muy bien puede anihilarle. Dulce IESUs, yo os prometo cuanto fuere de mi parte, a tantas ofensas hechas ser piélago de pesares. No se malogren, SEñOR, aquellos rubios caudales, que en el Ara de la Cruz por el hombre derramasteis. Pongo delante de vos todas las calamidades, que en treinta y tres años, Dios, por mis pecados pasasteis. Pongo delante de vos a vuestra preciosa MADRE con mil congojas, y angustias, cuando de la Cruz bajasteis Por todas estas acciones, efectos de amor tan grande, que mostrasteis a los hombre que de tan grandes piedade (aunque indigno, y pecador) que me hagáis participante Ea, SEñOR, ea DuEno de todas las voluntades, el hijo Prodigo soy, VOS, SEÑOR, el mejor Padro Pésame de haber perdido esos divinos quilates de la gracia, que me disteis, puestos por mi culpa al traste, Ya sé, mi dulce Esus, que en cualquier tiempo, que hallares : si no que antes has permitido, S que lágrimas, y pesares sean imán de tu gracia a aquel, que contrito hallares. Yo prometo, mí JEsús, que el tiempo, que me restaré, le ocuparé solamente en servirte, y adorarte. Fiera fugitiva, ya de la muerte te libraste, no te quitaré la vida, pues del sagrado te vales: mas qué asombro es este, cielos! que cuando vengo en tu alcance humillada su altivez viene al Altar a postrarse! toda mi vida es presagios! mas cuando este santo Monje está pidiendo a su Dios, es justo, que le acompañe. . Válgame Dios! tanta dicha! el Conde Fernan Gonzalez es este! cuanto me huelgo, . que tengo mucho, que hablarle. Padre, vuestra bendición os dignéis de que me alcance, y el parabién de esta dicha, que el cielo ha querido darme. Quién sois, noble Caballero, que a este monte inhabitable habéis venido? pues solo le habitan las soledades? referid por vida vuestra cual es la causa, que os tiue, que sois Persona Real me muestra vuestro semblante. Ya, pues, que ha querido Dios de que yo a gozar llegase de tan suprema fortuna, la causa diré, escuchadme. Yo soy (santo Anacoreta) el Conde Fernan Gonzalez, a quien el favor divino prodigo ha querido honrarle, Ese Castillo de Lara ocupaban los afanes del altivo Rey Morisco, causándome muchos males. Yo estuve considerando, discurriendo por mil partes, como poder evitar de Lara sus crueldades. Resolví con otro primo de morir, o de quemarle, quiso el Autor de las cosas, que muy feliz le ganase; y no dejé ningún Moro, que a la muerte no pagase aquel general tributo, que introdujo el primer Padre, Tenia otra fortaleza de Morisma innumerable en la peña, Guarnición prevenida a cualquier parte. Dije entonces a mi primo, que importa mucho se gane este invencible edificio, intentamos asaltarle. Finalmente le ganamos, murió un número notable de aquella bárbara gente, a nuestro fin importante. Llegó la nueva infeliz a su Rey, y él arrogante me pide de la conquista lo que yo gané triunfante. También me pide otra cosa (lo que más llega a enfadarme) que la Corona Cristiana con la Otomana se enlace, Díjele al Embajador ofendido, disparates que merecía el arrojo de embajada tan infame, Por estas causas el Rey ha enviado a desafiarme, y yo admití el desafío con más gusto, que pesares. Mientras, que mi poca gente en Lara se me juntase, a suspender estos sustos al campo salí ayer tarde; y divertido en la caza registré los materiales de la peña, me hallé presto en una estancia agradable para mi intento, que cae de Cubillejo a la parte. Veo, que de un denso enebro con velocidad se sale ese jabalí, seguile; y también he de notarte las cosas, que sucedieron cuando venía en su alcance. Cuando camino, camina, y cuando me paro, él hace muestras de cansado, y era aviso para buscarte. Volvime en otra ocasión, y pónese a los cristales de una fuente, que a Mamblillas le es de importancia bien grande, que este diáfano elemento sus secas aristas bañe. Allí bebe sin cuidado, y juzgando le alcanzase, le volvía seguir, mas él con diligencia pujante trepava por los repechos tan ligero como la abe del Alcotán acosada, busca puerto favorable. Sube el cinto, entra en el monte, yo procuro de acosarle, ya le sigo, ya estoy cerca, ya le apunto, mas él hace, que me estorbe algún enebro, porque no pueda tirarle. Ultimadamente él va buscando quien le ampare, en tu santo centro está junto las Aras, y Altares, diciéndome, que el sagrado no se viola con sangre. Esta es la causa, porque he llegado a los umbrales de tu Ermita, y ahora pido, que me des licencia, Padre, para volverme a mi gente, que si bien lo reparares, quien duda, que tendrán pena siendo vasallos leales? Esta noche me has de honras esta celda, y darte parte quiero de tanta fortuna, como el cielo quiere darte. La batalla más sangrienta, que se cuenta en los Anales te espera, mas la piedad del cielo quiere ayudarte. Esforzarás a tu gente, prevenles, que a Dios le place, que pocos Cristianos triunfen de un Ejército tan grande. Reñida será la lid, verterase mucha sangre; también antes de la guerra verás algunas señales. Ultimamente por tuya la victoria ha de quedarse, dos veces has de ser preso, y esto en diferentes partes; pero quien te favorece te librará de mil males. Y con esto Dios te guíe, y cuando a Lara llegares, has de hallar a tu Escuadrón con sollozos, y pesares; porque el amor, que te tienen, ten por cierto, que es tan grande. que hasta que te vean libre ninguno ha de consolarse. Y después que hayas salido de la batalla triunfante, acordaraste de mí, y de otros Monjes, que aquí hacen estrecha vida por Dios, llenos de penalidades, cuya religión es tanta, su fe tan incontrastable, que espero en Dios, que su Iglesia en ellos tendrá más Martires. Yo os prometo, Padre mío, que a las mércedes tan grandes no seré ingrato, antes bien verán las eternidades, que agradecido de vos he de hacer acciones tales, que digan, que a vos se debe el vencer Fernan Gonzalez. Vete muy en hora buena. Más gustara de quedarme. No es posible, porque Dios te guía por esta parte. Obedezco tu precepto. Los de Dios siempre se guarden. Pídele, que me socorra. Suplicaré, que te ampare. Adiós, santo Anacoreta. . Id con Dios, Cristiano Marte. SEñOR, que poco he dejado, dejando el mundo por vos; pero que digo, mi Dios, si soy de vos yo el buscado? Que si mi maldad no ofusca. la verdad, que miro aquí, quien por vos huye de sí entonces mejor se busca. Que estoy en muy buen Palacio esta soledad me avisa, que allá se vive de prisa, y aquí se muere de espacio. Allá en cláusulas suaves se oían libres acentos, y aquí al compás de los vientos me dan música las aves. Aquellas con sus primores al sueño hacían la salva, y estas al rayar del Alba son fijos despertadores. En ceremonias profanas allá dudaba aplaudida el alma, si era fingida la voz de lisonjas vanas. Aquí la verdad me enseña la fuente, que se desata, y con claridad me trata con ser hija de una peña. Pues al retórico estruendo, que hace sin doblez prolija, por sus hondas guija a guija el corazón la estoy viendo. Allá el ropaje entallado me afligia de ceñido, y aquí siendo ancho el vestido me viene más ajustado. En vez de platos extraños, me da este monte alimento, que para el común sustento produce todos los años. Libros leo aquí muy buenos de esta Floresta en la falda, donde en papel de esmeralda son rojas letras las flores. La vista allí cuidadosa pongo, y a la primer plana con majestad de oro, y grana me está enseñando la rosa. Encendida en color vano, que no es su incendio hermosura, sino ardiente calentura para morir más temprano. Permitidme, gran SEÑOR, de cielo, y tierra Monarca, que hasta que venga la parca os sirva con gran fervor. Todo corre por tu cuenta el vencimiento, Amurates, cada día se me juntan pesares, a más pesares. Que con tanto desahogo, y tan libremente hablase el Cristiano a la embajada cuando yo buscaba paces! Sin duda, que algún dilirio a que ingrato se mostrase le forzó, que de otra suerte no imagino, que ultrajarte se atreviera, pues temblara hablándole de mi parte. Vuestra grandeza, señor, mejor será, que descanse, y no hagas caso de poco, pues mañana has de vengarte. No, Amurates, no me digas, que al ocio entregue las llaves de mi cuidado, pues veo mil desprecios por instantes, que hasta que llegue a beber de los Cristianos la sangre, aunque quiero divertirme no me dejan los afanes. Manda, que toda la gente esté junta en Cascajares mañana a las siete en punto, y dirásles de mi parte, que la promesa, que he hecho he de cumplirla, avisarles otra vez, que la codicia acaso podrá animarles. Cuanta gente me dijiste, que nuestro contrario trae? Quinientos son de a caballo, peones bien pocos hacen de esta Nación ejercicios en oficios Militares. Y dime, cuantos soldados tendremos de nuestra parte? Algunos ducientos mil; y si tu gustas, que llame otros tantos, fácilmente pueden, señor, alistarse. No; y de esos ducientos mil a la mitad, si gustaren, dirásles de parte mía; que no vayan al combate; no quiero, que diga el mundo, que con tanto exceso se hace la guerra, pues me parece, que no es el triunfo tan grande cuando se llega a reñir con las armas desiguales. Gran señor, si solos dos para nueve mil, bastantes fueron, no me parece conveniente, que no se hallen todos cuantos prevenidos de tu servicio gustaren. Vayan muy en hora buena, mas no siempre favorable les ha de ser la fortuna, siendo inconstante, y variable, Que nuestro grande Profeta con auxilios singulares, de tantas ofensas hechas espero, que ha de vengarme. Y si vuestra Majestad desnuda el dorado al fanje, han de tener vuestras Lunas luz, y reflejos bastantes; que si han tenido esa dicha los Cristianos, en ganarte esas ricas Fortalezas fue, para que más triunfases. Ya has visto en un claro día, que el cielo llega a turbarse con nubes, que le oscurecen, y con nieblas, que le abaten. Mas el Sol vibrando rayos a la oposición deshace, y luego se queda el cielo mas lucido, y más brillante. Así, pues, aunque tus Lunas hayan oscuros celajes padecido, poco importa, cuando luego han de llenarse de luz, de victoria, y fama; y aquellos eclipses, que antes las impidieron la luz, esos mismos hoy causantes han de ser, para que muestren tranquilas serenidades. Por Alá, que te agradezco, que me hables así, Amurates, y no sé como podré ese cariño pagarte; no tengo más, que te dar, pues mi voluntad ganaste, cuando muestras de valor hallé en ti, y razones tales. El Capitán general has de ser de nuestras haces, que este premio bien se debe a tan valeroso al fanje, que a las Africanas Lunas libra de eclipses de Marte. Pues, gran señor, me parece, que tu Majestad descanse justo, porque esta guerra no es cosa para inquietarte. Huerfana has quedado Lara, el mejor Padre has perdido de todos los Caballeros, que han tu tierra ennoblecido. Dime, señor, porque arrojas celemines de suspiros, que a un Miserere pareces, según estás compungido? Acaso de Doña Sancha tuviste algún poquitito de celambre, pues no sueles explicarte bien conmigo, como ahora no me dices, señor, lo que te ha sucedido? Que nuestro Conde está muerto, o por lo menos cautivo. Hiciera lo que hago yo, y no fuera atrevidito; o que bien dijo la vieja la dicidura, que dijo: Mas vale salto de mata, que ruegos de buen amigo. Basco, ayúdame, a llorar este bien, que se ha perdido. Aunque a mí se me murieran padres, hermanos; y p damorrías; y familiares, mi linaje, y mis amigos, tanto sentimiento hiciera como al morirse un pollito. Que no fuera yo en tu alcanco siguiéndote, primo mío! Que bien hice yo en quedarme, que si no no fuera vivo. Nunca mi atención sufriera el haberte obedecido. Siempre me suceda a mí, como ahora ha sucedido. Yo he de arrojarme a buscarte, aunque se ofrezcan peligros. El que yo me esconda bien, será más cierto camino. Hasta el Palacio del Moro he de ir sin temer castigo. Yo me tengo de ir a Jauja, que no quiero tal amigo. Yo tengo de ir a buscarle, anda, Vasco, ven conmigo. Yo bien quisiera asistirte, mas se ha muerto un primo mío, y el asistir al entierro ya ves, señor, que es preciso. Pues yo me tengo de ir solo. Pues solo eso es lo que pido. Voyme, pues, a despedir de Doña Sancha, prodigio será el que yo la deje, cuando rige mi albedrío. Pero sí, aunque ella no quiera ha de hacer el valor mío milagros, pues hoy espero, que he de vencerme a mí mismo. , Milagros? a fe, que se hallan, mas en los libros escritos; milagrero quieres ser? Dios te libre de dos chirlos. A soldados de mi guarda, dónde estáis? pero afligido está todo mi Palacio, ya se cumple el vaticinio, que al tiempo de despedirme el santo Monje me dijo. Jesús! Jesus! ayudadme, válgame San Casimiro! el Conde es este, que ha vuelto del otro mundo; Dios mío, en donde me esconderé, pues juzgo, que no me ha visto! voyme por estotra parte, Dios me libre de peligro. Oyes, Vaseo, dónde vas? aguarda. Qué aguarde dijo? válgame Dios! quien tuviera para responderle brío! Tu amo, Vasco, dónde está? Llorando ha estado conmigo tu muerte, y para buscarte a despedirse, me dijo, que se iba de cierta dama; porque hasta el Palacio mismo de Almanzor, para buscarte dijo, que tenía brío: de tu suceso, señor, mucho me huelgo, y me admiro! solo enterrarte ha faltado, que harto has sido bien plañido. Oyes, Vasco, sal pondrásme iguales estos estribos. Para que los quieres ya? que ya está en casa el perdido. Vuestra grandeza, señor, hoy sea tan bienvenido, como ha menester su Estado confundido en laberintos. Así como en pardas sombras, después que se ha oscurecido nuestro Emisferio está opaco por habérsele extinguido aquel dorado Farol, que el Artífice divino para gobernar al hombre con tan solo un Fl ahizo, quedan las cosas tan tristes, tan funebres, que peligro parece todo, lo que antes fue deleitable al sentido. No de otra suerte, señor, al ver ausente al más fino Príncipe, que tuvo Europa puso tan grande motivo en tus gentes, que pasmaran las tristezas, y suspiros, sollozos, y lamentaciones, lágrimas, que hoy ha vertido toda Castilla por ti: mas qué mucho! si en ti ha visto virtud, valor, y prudencia desde tu primer principio? Dime, gran señor, si gustas de que causa ha provenido, que dejases a tu gente con tan impensado olvido? Ya sabes, que por las breñas me fui en la caza embebido; y a pocos pasos saliome, a conveniencia de tiro, un cerdoso jabalí, atravesando los riscos, codicioso con la empresa, de seguirle determino: el puerco montés se escapa de las artes, que previno la astuta naturaleza, madre de los artificios. Yo prosigo en acosarle, y veo, que de improviso en una Ermita; que estaba con guarnición a lo vivo de una hiedra rodeada, el animal fugitivo se metió, mas yo animoso me entré tras él, y allí miro un hombre, que acá en mi ides de penitencia es prodigio. Veo, que junto al Altar estaba el puerco rendido; cifra, que a mí me decía, que me obligaja lo mismo. Levantose el Varón santo, y con afable cariño me profetizó presagios de eterna memoria dignos, que una soberbia batalla con los Afrícanos dijo, que espera al Pueblo Cristiano; pero que será propicio el cielo, me aseguró, a nuestra gente, y benigno me despidió el santo Monje, y que con muchos conflictos hallaría mi Escuadrón, por no saber mi designio. Esto supuesto, tu ahora has de tener prevenido, y ordenado todo el Campo, y que tengan por muy fijo, de que serán vencedores, pues el mayor poderio tenemos de nuestra parte, cuando nos ampara el mismo brazo del supremo Rey, que confunde los abismos. Ya, señor, estaban todos armados, pues ellos mismos de espontaneo natural matar Moros, les es vicio. Si el matar es valentía, yo cada día me quito mas de mil piojos, y pulgas, y los deguello yo mismo, Al Castillo, y a la peña los dejas bien guarnecidos? Ducientos dejo en la peña, trecientos en el Castillo. Bastante. Guarnición es si son soldados de brío. De Infanteria son todos, de Caballeria quiso el Señor de los Ejércitos, que para tan excesivo número de tu contrario, dos mil le tocan a cinco, También hay pocos de apie; pero yo siempre confío en lo que dice San Lucas, no hay que temer . Cómo que no hay que temer? también por eso se dijo, mucha gente para el Rey, mas para comer poquitos. Tú, Vasco, irás con nosotros, y llevarás un oficio. Aunque yo vaya a la guerra soy de bien poco servicio. Quédate, pues, y serás quien defienda del Morisco poder a Lara, si acaso algún Moro fugitivo viene a vengarse inhumano en las mujeres, y niños. A fe, que está el pobre Vasco en mucho aprieto metido, si me voy han de zurrarme, y si me quedo lo mismo. Válgame Dios, que desdicha tuve, en no haber nacido en el tiempo, que reinaba el dichoso Rey Perico! Entonces no había guerras, todo era paz, y buen vino; que es mucho, que paz hubiera cuando era el vino tan lindo; los ríos diz que manaban agua de cepas, y frío; mas ya juzgo, que han llegado a las tabernas los ríos. Pero ya me aprietan más, señor, íreme contigo, porque si me han de matar procurare hacer lo mismo. Los Moros, señor, están para la lid prevenidos, ya la seña han descubierto, y ya es preciso salirlos al encuentro, y a ordenar lo que estuviere diviso: vamos, Vasco. Yo, señor, de caridad te suplico me entres en la faltriquera, si me has de llevar contigo. Vamos, pues, y ampare Dios a su Pueblo. Pobrecito te considero Don Vasco si te encuentra algún Morillo. Dime, Amurates, la espía ha totalmente mirado con atención el poder, que tiene nuestro contrario? Sí, gran señor, y él risueño viene, de que ha contado toda la gente de guerra, y dice, que todo el Campo de nuestro enemigo es nada, es un sueño comparado con el supremo poder, que Alá divino te ha dado. Pues hoy, soldados, es justo, que mostréis como Africanos lo ilubte de la Nación, que tenéis, con honor tanto, pues siempre de vuestras Lunas se temieron los amagos en toda la redondez de la tierra, y aún los Astros, por lo que tenéis de Lunas, tiemblan, al ver enojados vuestros semblantes, y ahora a unos pocos de Cristianos ya sé, que no temeréis, antes sentiréis hallaros en una empresa tan corta inútilmente ocupados. Ea, soldados, valientes, cumplid con lo profesado en el sagrado Bautismo, pues dijisteis, que rociados seríáis con vuestra sangre, antes, que ver ultrajado el nombre de vuestro Dios, de quien recibisteis tantos favores, pues que piadoso con su sangre os ha librado del perpetuó cautiverio a que estabáis condenados. No temáis por ser tan pocos, cuando sabéis, que ha triunfado tantas veces de esta gente el Pueblo de Dios; y claro lo hallaréis los que habéis leído el capítulo sagrado nono de los Macabeos al primer libro, donde hallo mil mercedes, que a los suyos el supremo Rey ha dado. Que dé en este disparate, que con tan pocos Cristianos el Conde Fernan Gonzalez a millares de Africanos hoy quiera hacer resistencia, y viendo el peligro claro no retroceda, o le pida paz, o treguas! más es llano, que no querrá concederlo cuando Almanzor le ha rogado con la paz, mas él soberbio con ultraje, y temerario al Embajador envió; ahora le costará caro, no tiene remedio alguno, trágicamente acabaron a manos del enemigo todos los nobles Cristianos; yo pretendo, que mi vida se logre, aunque más notado este hecho publique el mundo, y así he de trocar el bando, pasarme a los Moros quiero, aunque deje a los Cristianos, que esto de morir altera al pecho más alentado. Que lindamente encajó, anda con cuatro mil diablos. Segura está la victoria, cuando vemos, que al contrario hasta la tierra le, sume los valerosos soldados. Buen indicio de favor en este prodigio hallamos. No por eso ha de turbarse vuestro valor hoy, vasallos, antes bien este suceso es un argumento claro, que al que no sufre la tierra menos sufrirá el contrario. Estas senas me previno el santo Monje Pelayo, y ahora me arrojo el primero, para que veáis, que es claro, que hemos de vencer, los Moros mirad como hiero, y mato. Es sin provecho esa fuerza. Ese valor es en vano. Ahora veréis, perros Moros, la fuerza de los Cristianos. . Ahora te traigo el tributo en la espada, y lo ganado, a tu indiscreta embajada te respondo. Mahoma santo socorreme, dame auxilio. Si le dará, y tan bien dado, que puedes al Zancarrón forrarle en fuego, en llegando. No hay fuerza para tal fuerza. No hay valor para tal brazo. Jesús! Jesús! cuál se cascán, Barrabás el que ha quedado en todos ellos con vida, sino los que se escaparon. Pues tú te huelgas también, págaras, perro villano, a cuchilladas las vidas, que hoy han quitado tus amos? mientras, que ellos divertidos están con los de mi vando, te ho de hacer tantos minutos, que nadie pueda contarlos. Oyes, oyes, no me mates, ( - porque yo no vengo al Cas. a pelear, sino a buscante, porque te traigo un recado: solo pretendo engañarle, . hasta que vuelvan mis amos. No te acuerdas, que una noche dejaste muy encargado, que a Doña Sancha dijera, que por ella estás penando? Es la verdad, y por ella la guerra se ha levantado. Pues yo queriendo servirte tu cariño la he pintado, y ella risueña me dijo. No los perdonéis, matadlos. Dime a prisa, que te dijo. Ya casi me veo en salvo, así él se estuviera aquí; . que yo alargara el recado. Doña Sancha dijo en fin, que te quiere. Bien. Tostado. Huir esta ocasión pretendo, que en otra podré vengarlo. Aguarda, perro, pondrete una maza, y en llegando dirás al Rey, que se vuelva otra vez, y que el buen palo echa a perro del molino. Quién te causa enojo, Vasco? Señor, aquel perro Moro, que se escapó en el asalto del Castillo, para mí e debe de estar encantado, en todas partes me encuentra, y ahora ya estaba enfadado con él, y quería fuerte quitarle todo el encanto. Que poca dicha tuvimos en no le haber alcanzado! mas ya se escapo, no tiene remedio. Tu ahora; Gonzalo, has de recoger el oro, y la plata, que han dejado los Moros, y luego al punto has de llevar un recado, y has de dar cúmplidas gracias al santo Monje Pelayo; dirasle, que la palabra, que le dije, en tanto grado la he de cumplir, que le deje bien satisfecho, y pagado. Darasle la traza, y oro, término, y lo necesario, para que haga un Monasterio como Fuerte sublimado. Darasle bastantes rentas, que yo algo me hallo cansado de la batalla pasada, y a ti fío este cuidado. También le dedicarás a San Pedro Apostol santo, y el sobrenombre de Arlanza, que andando a caza he notado, que en donde se halla la Ermita los Pastores le han llamado este nombre. A mi cargo, Excelentísimo Conde, toca el hacer tus mandatos: mucho siento, Sancha mía, partirme sin ver tu agrado; basco, manda, que compongan luego al punto dos caballos. Partid muy en hora buena, porque estará nuestro Santo cuidadoso del suceso, sacadle de este cuidado. También has de ir tu conmigo, gustas de eso, amigo Vasco? Partiré con mucho gusto, iré saltando; y bailando, A que en semejantes batallas o medianícamelite me halló: yo a Arlanza! qué bravo día; yo con Frailes bravo caso, allí daranme a lo menos, aunque esté espeso, buen caldo. Partid luego al punto, primo, y rogaréis a aquel Santo, que no me olvide, y que implore el auxilio soberano. El cielo guarde tu vida. Y a ti te ampare, Gonzalo. Para que a su Cristiandad. Para que su celo santo. Atlante sea siempre. Defienda tu fuerte brazo. Para asombro de los Moros. Para auxilio de Cristianos. . Para que pase su vida (como no haya guerras) Vasco; plegue a Dios, que llueva paz, hasta que yo al otro barrio me haya pasado, y después mas que lluevan ladrillazos. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Que estés triste, corazón, razón es, pues traspasado, pasadohas dos mil ultrajes, ajes de un amor tirano. Gónzalo Bustos de Lara ara fue de mis cuidados, dados a todo mi pecho, hecho a temores, y amagos. Después que fue a la batalla halla mi alma un torpe asalto, alto, poniendo el discurso, curso en entes mal formados. Antes, que llamarle esposo oso siempre vacilando, ando discurriendo bien en que este amante fue falso. Aunque en su amor me confundo, fundo en mi sumo cuidado ado, que el Dios de este hechizo hizo para enamorados. Prometiome con donaire, aire fue, sería esclavo, clavo fue, que sin remedio medio pecho me ha pasado. Prima? Gran señor. Qué hacéis? De la batalla pasada mi atención está turbada, por la dicha, que tenéis. Pues esta espada, que veis, ha de ser el escarmiento del Morisco atrevimiento, pues veo, que Dios me ayuda, y para que yo concluya, me ayude tu entendimiento: vengo un dolor, que me inquieta, a comunicar contigo, porque no hay mejor amigo, que una dama, si es discreta, en una pena concreta me has de dar alivio, prima, porque un temor se comprima, que en sumo grado me asusta, porque el que de alivio gusta, el remedio siempre estima. Al santo Monje Pelayo llevó un recado Don Bustos, despidiose con mil gustos; mas como es del Moro rayo, y de los Cristianos Ayo, temo algún suceso extraño, que le haya causado daño, pues no viene, ni me escribe, y un tormento en mi alma vive, y con lágrimas me baño. En semejante ocasión, que modo puedo tener para llegar a saber, si está muerto, o en prisión? Cómo vives, corazón! cuando ves se está acabando la vida, y que palpitando está el espíritu vital! Y para consuelo igual un medio estoy deseando. El medio, señor, mejor, que alcanza mi corto ser; como podré responder . si me muero de dolor? es, que se junte el valor de toda Lara a buscarle, y hasta que lleguen a hallarle, que registren, y examinen las mazmorras, y que arruinen al que se atreva a ocultarle, que yo prometo ponerme hoy armada en la campaña, que no será cosa extraña: no por eso han de tenerme por peor, antes en verme trocar la rueca en la lanza, veréis, señor, cual alcanza ver una mujer en guerra, mas triunfo para tu tierra, al conseguir la venganza. Voy a componer las haces, porque se abrasen en riñas hoy las Estrellas más niñas, con las flores más rapaces, y no han de tener más paces mis soldados, vive Dios; también lo juro por vos, hasta que vea acabado este tormento impensado, que padecemos los dos. . Acompañen las tristes soledades, a quien de borrasca, y tempestades de amor, acompañada, vive una vida articulada con pasiones funestas, y disgustos, pasando los más días entre sustos, sin enjugar los tristes ojos por estar cautivos entre enojos, letales efectos de tristezas, teniendo los pesares por proezas, y con triste temor más que cobarde entre frías cenizas veo, que arde i triste corazón muy afligido, por consideran; que hoy ha perdido: fatal desdicha! sentimiento fuerte! la gloria, los placeres, y la fuerte, esperanza, alegría; y el consuelo, que favorable quiso darme el cielo. Oscureciose a la Luna el mejor Sol, que en tranquilas luces Girasol fue de mi cuidado sin provecho, solo por dar pesares a mi pecho; desdicha ha sido acelerada, veome antes viuda, que casada, a los tristes arrullos, que en tronco seco son orgullos; a la Tórtola triste faltando el consorte, que la asiste me he de contemplar en este acaso, para apagar el fuego en que me abraso; agua pediré a mis tristes ojos, y al corazón enojos, para llorar tan triste como amante, más temo, que en diamante con tantos golpes se habrá vuelto, y en pedernal resuelto, en vez de arrojar agua arrojará centellas, como es fragua mas al mal padecido, no el compendio le da satisfacción, sino el remedio; y para vengar este coraje Sancha en Sancho mude el traje, que no seré la primera, que lo ha hecho para quitar rencores de su pecho. Un Monarca tan supremo ha de hacer aprecio tanto por perder una batalla! cuando te hallas coronado Príncipe en toda la tierra, y todo lo que ha ganado Fernan Gonzalez no importa, hallándote tan sobrado de todas felicidades, en que se puede hallar apto el deseo del vivir: no eres el señor más alto de todos los que han regido el corvo al fanje Africano, todo es cosa, que no importa, no desmerece tu estado, porque en tan pequeña monta hayas tenido adverso ado. Ya sabes, fuerte Amurates, que al animal coronado (que es el León) no le asustan el oso, el Tigre, ni el Pardo, porque todos se le rinden, sabiendo, que son vasallos, Una Abispa no sabemos, que le inquieta, y él ufano de ella se quiere vengar, y el animal desbocado, para matar una mosca así con sus propias manos con los alfanjes agudos, que su natural le ha dado se despedaza, y acaba a su enemigo buscando, que por pequeño que sea el más humilde es bien malo: no de otra suerte, a la fuerza más soberbia, que se ha hallado Fernan Gonzalez se atreve con bien pocos Castellanos; y cuando nuestro poder le busca, más esforzado, entonces gana más gloria, siendo nada comparado con tan supremo poder, que estoy rigiendo, y mandando, El ejemplo del León no te le he propuesto en vano, que como aquel da las armas, nosotros también las damos. Esta mañana le dije al que administra el Erario, cuanto sería el tesoro, que perdimos en el Campo? Él me respondió, no puedo tan presto, señor, sumarlo. Cuanta habrá sido la gente, las armas, y los caballos, los cautivos, que perdimos en tan infeliz acaso? los muertos es lo que siento, que lo demás hago caso, que en casa nos lo tenemos, y que está depositado en Lara, donde hoy espero nos hallaremos vengados. Todo el poder de Turquía está, señor, convocado para el desquite, que intentas, de Moros el resto traigo, y aún parece, que hoy el mar ha los muertos bomitado, o a lo menos sus arenas en gente se han transformado. Ya lo sé, y también espero darles el premio tan alto, que merecen, cuando es justo agasajar, los soldados. Es necesario los pongas en lugar desenfadado, que temo no cause peste el hallarse juntos tantos. De la campiña de Solas a las peñas de Carazo mandé pusiesen las Tiendas por ileras, pues es llano, gran señor, que de otra suerte es imposible alojarlos: y en Acinas, gran señor, a vuestro Armero he mandado, que esté con toda decencia vuestro Real aparato. Pues con todo eso se está el corazón congojando, que no sé, que fuerza incluye el poder de los Cristianos. Señor, es la fantafía, y el discurso imaginario, que se opone entre los entes de razón; pues veis, que es llano, que considera los montes, que son de oro, siendo falso. Una Bandera, que traen con el Hombre, que clavaron (digo su Esigrellos que eran de nuestro Pueblo Judaico, siempre me causa temor cuando la veo, no alcanzo donde proviene este miedo. Sé, señor, que han alcanzado con ella muchas victorias, lo demás yo no lo alcanzo. Vamos, y a la mañana, que esté prevenido el Campo, que he de vengar de esta vez tantas ofensas, y agravios. . Quiera Alá, que en esta guerra no perdamos otro tanto. Gracias a Dios, que me veo en tierra de los Cristianos, y casi, que no lo creo, según soy de desgraciado. Gana tuve de ir a Arlanza, y a fe, que he pagado el caído, a todos los alcahuetes les depare Dios tal pago, tres días en sin comer en una torre encerrado me han tenido, y esto solo por ser atrevido mi amo. A casa de Doña Sancha es preciso, a dar descargo, el ir, porque no me note por grosero, cuando ha tanto que no la he visto, y no ha sido culpa de amor. Buenos palos las den a todas, señor, que no puede un hombre honrado tratar con ellas un punto, noventa y nueve agasajos, que las hagas, falta en uno; que presto tendrás buen sayo? Para el dolor que me asusta algo parece, que es tardo el Conde, y yo quiero sola ir a buscar a Gonzalo. estido de Moro me disfrace, y haga paso para toda la Morisma, para buscar a quien amo. Oyes, señor, no reparas, como se apropinqua un guapo, y de la casa en que vive Doña Sancha, sale armado? Ya le veo, y este es Moro, no le mataré hasta tanto, que sepa si es Amurates. Ya se acerca. Oye, soldado, yo he menester esta calle. Pues cargue con sus guijarros. O me ha de decir quién es, o le he de moler a palos. Hay cosa más desdichada! cada instante, a cada paso ha de ser este peligro, De esta manera respondo, que de hablar yo no hago caso. Peligrarás, miserable, . que más que digo siempre hago. A registrar el Ejército: mas qué miro! dos soldados están compitiendo fuertes, yo he de serles embarazo; cuando el Moro está tan cerca, esos alientos bizarros, que se gastan sin provecho, ahora es tiempo de emplearlos. Pésame, que haya lugar en las calles, cuando hay campos, haciendo guerras civiles, cuando está el crimen cercano. Mas ya quien seréis presumo, porque los hombres honrados no vierten sangre Cristiana, que es favor al Otomano. El empacho no me deja, que le dé ningún descargo. El respeto, que le tengo me estorba el ser más osado, Que no tuviese lugar para hacerle mil pedazos! Que me estorbe de saber quién puede ser este barbaro! No me respondéis? Señor, a vuestros pies postrado me he de poner, hasta que el perdón haya alcanzado de tan atrevida ofensa: sabed, que soy Don Gonzalo Bustos de Lara, a quien vos hacéis beneficios tantos. Gónzalo Bustos? qué dicha! ven, primo mío, a mis brazos. Tus plantas beso, señor, como el más humilde esclavo. Decidme, qué causa ha habido para llegar a inquietaros? Este Moro, gran señor, o valiente, o temerario se puso conmigo aquí, yo quise matarle, es llano, que a vuestra Excelencia debe el que viva. Cielo santo tanta dicha! el descubrirme le repugna a mi recato: aunque en el traje de Moro, gran señor, me habéis hallado, no lo soy, antes presumo, que soy como vos Cristiano. Decid, quién sois? y el motivo de haber el traje trocado. Conde heroico de Castilla, el nombre, que tengo es Sancho, y de vuestra propia sangre; la causa de haber tomado este traje, no es traición si a imaginarlo has llegado, Doña Sancha mi señora me mandó, que disfrazado a registrar la campaña fuera, de nuestro contrario, que bien sabe Vexcelencia, que entre los dos han tratado, de que a Don Gónzalo Bustos habían de ver en salvo. Fuego de Dios como miente, . mas esto las ha quedado de la engañosa manzana, que hizo para todas plato. En esta suposición, armada de punta en blanco está Doña Sancha hoy con un Tercio de Cristianos. Su resolución estimo. Y yo estimo su agasalo. Id, Escudero, en buen hora, y decidla, que ha llegado nuestro primo con salud, y vos estadle estimado, de que no os quito la vida el que se la quita a tantos. También me la quita a mí. . Qué decís? Qué es eso llano. . A estos, que hablan entre dientes no los tengo yo por sanos. De vuestro suceso, primo, estoy confuso, y dudando, que ha sucedido, después que a nuestro santo Ermitaño fuiste con tanto placer a llevar aquel recado. Sucesos de la fortuna, gran señor, me han acosado. No: si no, que se hizo agudo, y los agudos: mas callo. Salí de Lara, gran señor, muy de- seoso de darte gusto, y venturoso me hallé presto en la Ermita, en donde espantosamente habita aquel Varón Angelico, y estando como mandaste, disponiendo, y dando términos, y rentas al Convento ya fundado, y con contento estando divertidos ambos juntos en la margen del río en unos juncos, vi de lejos cuatro, o seis Moriscos, teniendo por defensa ciertos riscos para que no los viera; mas yo a la ligera con solo Vasco los embesti fuerte, y a poco espacio, de la muerte los hice, que gustasen, y que el debido feudo la pagasen. Fui en alcance de otro fugitivo, porque ninguno vivo de los Moros quedase, más ligero se escapa de los filos de mi acero, mas yo sin embarazo llegué a las torres de Carazo, hallé dentro unos Turcos, hice, que les sirviesen de sepulcros; y veo, que una gruesa Armada tiene aquella torre rodeada, y cuando pretendo de escaparme, veo, que no hay remedio de librarme, Mas bien se sabe, es cierto, que en cualquier aprieto la necesidad ha sido siempre recordadora del olvido. Hallé de Contreras unas cabras en las torres, y hicimos en sus astas seis faroles, poniendo en cada una tres candelas; y al ver tanta luz las centinelas, juzgaron ser el poder de los Cris- tianos, y que todos moririan a sus manos: nos abrieron camino, y huir este riesgo determino; y apenas llego a Lara, cuando se me opone cara a cara ese criado arrogante, y loco, que el dejarle la vida, no fue poco. De tu fortuna favorable estoy gustoso, y es loable la discreción, y el arte, que tuviste, Gónzalo, de librarte, Sabes, que Almanzor soberbio, muy más que valiente ufano, con gran poder desde Acinas guerras nos ha publicado? No, señor; pero me huelgo, que vuelva, pues no descanso sino descabezo Moros. Hay gusto más temerario! Todo el poder de Castilla tengo junto, y bien armado, que vayan a Piedrahita tiene el orden todo el Campo. Yo quiero partirme ahora a San Pedro a hablar al Santo, con devota oración el auxilio soberano implore, que de otra suerte dificultoso está el caso, por ser número excesivo el Campo del Africano: tú te quedarás, yo iré acompañado de Basco, y mirarás por las Armas conforme tienes el cargo. Si me tendrán prevenido otro tan lindo regalo? Adiós, Bustos. Guarde el cielo tan noble, y tan fuerte brazo. Rueguen también por mí adiós, pues de peligros no salgo. . Voy a ver a Doña Sancha, pues me hallo desocupado; no hay duda, que juzgará, que después de un tiempo largo, que no la he visto, presuma, que de ella estoy olvidado. Mas no es así, antes más viva la simpatia en que me ardo me hace Fénix cada día, y cada día me abraso. También he de ir a explorar en que estado está mi Campo, que al soldado de valor el desvelo le es descanso. A un Príncipe tan excelso se le han de correr las lágrimas! No es mucho, que se conviertan mis ojos en fuentes claras, cuando vemos, que ha perdido tan fuerte Columna Lara. El santo Monje Pelayo pasó ya a la mejor playa, dejando el fictilio vaso, que la vida articulaba. Pues, señor, si por ventura para enterrarle hago falta, yo te ayudaré, por ser cosa tan justa, y tan santa. Quiero pedir a mi Dios . por mí, cuando ya me falta el Oráculo divino, que tanto por mi rogaba. Yo me voy a la cocina a ver si acaso me saca el Sellerizo algún recipe, y le he de decir con mana, que soy el mejor soldado, que pasea la campaña, y veré si el Cocinero de las raciones, que capa quiere (como es cosa ajena) darme algo con mano franca. Vasco, aguárdame allá fuera. Eso es lo que yo esperaba, échese él en oración . mientras yo saco la raspa, que juzgo, que ha veinte días, que no he dormido una ojada. . Divino SEñOR, a quien los Serafines aclaman por Señor de los Ejércitos, y Príncipe de batallas. A ti, que al Pueblo de Dios libraste de aquella bárbara rabia del Rey Faraón, cuando su furia intentaba hacerlos pedazos vivos, porque Señor te aclamaban. A ti, pues, que dividiste del Mar Bermejo las aguas, hasta que los Israelitas a pie enjuto le pasan. A ti, que viste, SEÑOR, que Faraón intentaba el injusto seguimiento, didl aquella gente tirana de la Egipciaca soberbia, que con ambición malvada a la inocencia quería confundirla, y acabaría. A ti, que al santo Moises hiciste mercedes tantas, te pido tengas piedad ̱ ̱ py e defenderla, y ensalzarla. Ya sé, SEñOR, que por mí no merezco me des nada; pero tu suma piedad me da atrevimiento, y alas para pedirte; pues veo, que en tu Evángelio nos mandas, que pidamos, y pulsemos, y hallaremos puerta franca en vuestra misericordia, a socorrer tan usada. Vea el bárbaro Otomano, que nuestro Dios nos ampara, que libra siempre su Pueblo de naufragios, y borrascas. Y vos, muy fanto Pelayo, Abogado de esta causa, sé Intercesor del Cristiano, presentaréis en la Sala de la divina justicia este memorial, pues halla mi fe, que según vivisteis, moririáis, y la palma de Anacoreta tendréis, por vida tan bien gastada. Pero qué letargo es este, que los sentidos me pasma! y por más que lo resisto, las potencias elevadas con un repentino sueño la voz me dejan helada. Mas no es posible dormirme, cuando dejo mi campaña en tanto peligro puesta, mas la resistencia es Descansar un poco quiero, que los cuidados de la alma me despertarán, que son tan grandes, que me traspasan. Si duermes, Fernan Gonzalez, despierta, porque te llama tu amigo Pelayo, que hoy de la fuente de la gracia te he alcanzado la fortuna, que tu anhelo deseaba. Hoy te concede, que venzas la Sarracena canalla, que trágicamente ofrece a nuestra gente Cristiana. Y mira, Conde, que place a su Majestad sagrada, que perezcaán de los tuyos algunos en la batalla. De tan justo Tribunal (- no hay apelación, que valga. (, Ten por cierto, que será la victoria dilatada, mas al cabo de tres días por ti será declarada. Si estoy despierto? mas no, que no he salido de Arlanza. Y para que no desmayes, su gran piedad sacrofanta ha permitido a Santiago (que es Patrón de nuestra España? a San Millán, y con ellos a mí, para ser tu guarda; y un Ejército sin numero de Ángeles; que en batalla pelearán en tu favor, verásles con armas blancas. . Válgame Dios! este sueño cuanto placer me causaba! Ea, levántate a prisa, . que el sueño es verdad muy clara, y sin que haya dilación al punto te parte a Lara; y mira, que Dios te dice. que a aquella gente tan mala no des treguas, ni perdones, pues su Majestad lo manda. Pondrás tu gente en tres Tercios, y en la parte más quebrada estarás tú, y yo estaré contigo; pero mi espada matará cuantos se atrevan oponerse a quien te guarda. Santiago en el otro Tercio se hallará con fuerza tanta, que a tan divino poder cien mil mundos no bastaran. San Millán guiará el otro, y allí verás cara a cara mil Ángeles, que traerán brillantes armas cruzadas, Y sabe, que este Decreto te le envía la sagrada Providencia, de aquel, que hizo todas las cosas de nada. Por tan sobradas mercedes, por todas partes exhala con tan divino suceso mil regocijos el alma. Gracias os doy, SeñoRmio, pues hacéis mercedes tantas a un pobre, y vil gusanillo, que tu Majestad ensalza. Permitidme, gran SEÑOR, que este gusano, que ensalzas no se vuelva Mariposa, que de una oruga formada por verse con tanta pompa peque de soberbia, y vana; pues cuando se ve compuesta con las matizadas alas, tanto llega a remontarse, que viene a encontrar las llamas. No permitáis, que yo sea ingrato a mércedes tantas, ni que me remonte tanto, que de vuestra gracia caya. La fuerza de tu contrario puedes ver de esta atalaya. No gusto de eso, Amurates, más gusto de aniquilarla, hasta que vea regas con su sangre la esmetalda de estos campos, guarnecidos otros días con la escarcho, y hasta que vea también mi púrpura salpicada al manotear el caballo cuando la erradura estampa, La antipatia, que tengo con esta gente Cristiana, no se acabará, hasta tanto, que esté en su sangre anegada. Ni cesarán las molestias, y fatigas engendradas en el rencor de mi pecho, por las ofensas pasadas, No hay día, que no deseo, que se logre la venganza, y por hallarme vengado perdiera el Reino de la Asia. A menos costa, señor, de la atrevida arrogancia de esta gente has de alcanzas despojos para la parca: que si en otras ocasiones quiso la fortuna varia hacerte esa oposición, poco importa, cuando alcanzas: que te estime la fortuna, que la pongas a tus plantas. Lo que ahora importa, Amurates, es, que la gente mañano en la Vega de Penilla para la lid preparada esté, porque allí deseo, que se logre la venganza. En Piedrahita, señor, la gente más esforzada tiene prevenida el Conde. Tu dejarás en celada un Ejército, y que luego acometan por la espalda: tu ejecuta lo que digo, que yo he de partir a Salas, pues juzgo, que Fatiman la habrá ganado, o cercada por lo menos la tendrá, que llevó fuerza sobrada para combatirla, y él con bien discreta arrogancia me dijo, que se partía para ganarla, o quemarla. Mueve, pues, todas las haces, y dirás a las Escuadras, que no me han de ver contento, si algún Cristiano se escapa. Todos, señor, deseosos, que tus Lunas soberanas señoreen todo el mundo han dado evidencias claras. Pero qué estruendos son estos? Que tu gente alborotada se ha puesto, mas el contrario se descubre, y desbarata nuestro Ejército, y es fuerza, que estando desordenada toda nuestra gente, logren a nuestra costa más fama. Vamos disparando rayos. Vamos, y acábese España. El que quisiere alcanzar con una acción gloria, y fama, imite en esta Bandera, que con tanto amor nos llama, y verá cuan obligados por las mércedes tan altas estamos a padecer por el que sin deber nada, no menos que con su sangre del cautiverio nos saca. Ea, Cristianos valientes, si en la Sierpe, que ensalzaba el valeroso Moises tanta salud se alcanzaba, figura era de esta insignia, que es la que virtud la daba; porque aquella en realidad hora una Esigie, sin alma, hoy está puesto a los ojos en que grado está estimada aquella sangre preciosa por nosotros derramada. Hoy se verá si se estima el que con un poco de agua quiso este Rey se lavasen pecados, y manchas tantas. Hoy se verá si se cumple la prometida palabra, que en él sacro Fuente disteis al tiempo, que allí os lavaban, Ea, Espáñoles bizarros, la Fe de Dios nos ampara, no hay que temer riesgo alguno, fiad en la ayuda santa, que a socorreros vendrá si vuestra nave naufraga. Católicos, ya sabéis, que la limpieza del alma es precisa, que esta sola puede ganar mil batallas; Publicarase en pregón, que todos a la manana se confiesen, y reciban aquel Maná, que la gracia encierra en aquella especie, y al mismo Autor, que la causa. En la Virgen de la Vega, que es Patrona, y Abogada de Castilla, tengo puestos Sacerdotes, y allí vaya el doliente de aquel mal, que nos causó la manzana. Diga también el pregón, que aquel, que con fe tirana se rinde a nuestro enemigo el ser Cristiano le falta, y son bastantes indicios, que quien falta a la Fe santa, que será también traidor, pues por evidencias claras da a entender, que engaña al Conde quien a su Dios engañaba. Ninguno se dé aprisión, muérase, que así se gana la corona del martirio, y la Fe santa se ensalza. Tú, Gónzalo, pues has sido brillante Planeta en Lara, no faltes a tanta luz, qué tienes depositada. Yo, señor, con los reflejos de tu luz, tengo sobradas las influencias, que con ellas espero verás logradas a pesar de tu enemigo tus honradas esperanzas. También hará mi valor, que se vean coronadas tus sienes, si tu gustares, con los laureles de la África. Y también haré, señor, que las Lunas anubladas se vean con los vapores de la sangre Mahometana. Pues con el favor divino, en quien pongo mi esperanza, voy a componer mis huestes, que va ya rompiendo la Alba. . Vamos en su seguimiento; Santiago, socorre a España. . Qué tengo de hacer aquí, escurriré la vadana, que de esta suerte no incurro en la sentencia tan clara, que ha dado el Conde, pues dijo, que el que a la prisión se daba era traidor, aunque a mí poco para serlo falta. Mas en sin voyme tras ellos, que aunque la fuerza me falta, haré como otros valientes, a quienes sirve la espada mas de adorno, que de brío, y se valen de la fansa. No importa, que seáis muchos, si mayor fuerza me ampara. Llamad toda la Morisma, porque toda os hace falta. Despojos habéis de ser de la furia, que me abrasa. Hidra he de ser, que el veneno he de vertir por España. Mucho ladrán estos perros, su mordedura no es nada, Vaya vuestra Majestad a esforzar a su campaña, que yo a este soberbio Bustos he de poner a mis plantas. Vuestra grandeza gobierne nuestro Escuadrón, que ganada le prometo la victoria, si este perro no se escapa. Yo me he de quedar aquí solo, por ver en que paran los aullidos de este perro. Es tu resistencia vana. Aquí te esperan, traidor, favores de Doña Sancha. Mas válgame Alá, caí. Que buena fue la pedrada, no le acertara tan bien si mordiera, y no ladrara. Vengad, nobles Africanos, este oprobrio, esta desgracia, que ha padecido Amurates, muera esta Nación Cristiana. Ya acabó el medio poder, y sin tuvo la arrogancia de él atrevido Amurates: mas qué es esto! mis Escuadras temerosas se retiran, Pelayo de tu palabra estoy pendiente, socorro, auxilio me dé tu gracia. Válgame Dios, qué habrá sido! si la Trinidad sagrada acaso habrá suspendido la prometida bonanza. No desmayes, Conde amigo, vuelve, vuelve a la batalla, que grande ayuda te viene de la celestial Armada. Con tal socorro quien puede retroceder? cuando tanta gente de la alta Sion socorre a la parte flaca. Llegaron a lindo tiempo, que no sé yo en que parara, que los que son hombres puros el que más puede, más mata. Bárbara canalla, no huyas, respeta, teme, y aguarda a los Cristianos, y mira, que santiago los ampara. Rebeldes a vuestro Dios, dejad la ciega arrogancia, que aunque más poder traigáis, faltando Dios todo es nada. Y puesto, que sois ingratos a la Pasión sacrosanta, temed desde hoy el orgullo de la gente bautizada. Que vuestras oposiciones son, como cuando dispara coces contra el aguijón es buey, con que más se cansa. Y vos, Conde de Castilla, dareisle mil alabanzas al Rey todo poderoso, pues de peligros os saca. Yo en todas las ocasiones (si a su Majestad le agrada, me ofrezco ser Protectos de la Católica España. A tan divino favor, gran SeñoR responda la alma, que el torpe ser de ser barro con tales dichas se pasma. Vamos, pues, a recoger los despojos de importancia, que ha dejado el enemigo. Oh qué sabrosa palabra! ha, señor entrola de horos, ya la entraste tu de espadas, ahora sí, que se ha de dar el gran Vasco buena maña. Todo tu pueblo, señor, por la pasada batalla a darte mil parabienes ha venido a la campaña. Y yo en el nombre de todos, como más interesada, y la obligación lo pide, os rindo mil alabanzas. Estimo vuestra atención, como es justo, Doña Sancha, pues juzgo, que en esta guerra vos también influjos dabáis. Tres días ha, que me ocupo en espolios de importancia, que han dejado estos Moriscos; pero, señor, te espantara el ver tanto Moro muerto, tanta sangre derramada. Hoy me vino a la memoria el capítulo, que trata de cuando los Israelitas la mortandad traspalaban de tanta Codorniz muerta; y pienso, que en la campaña quedaron muertos más Moros, y imagino, que turbada ha de quedar la Arismética, si de numerarlos trata, Señor, tu gente te pide (para llevar a su patria) todos los muertos, tu mira si en eso haces repugnancia. No, Gónzalo, no conviene, que aunque sé, que en la campaña hay pocos muertos, yo gusto, que se entierren en Arlanza; que también pretendo yo, cuando al cuerpo deje el alma, que me prevengan allí, en siendo cadáver, cama. Y porque deseo honrarte, pídeme lo que te agrada, que aunque sea mi Condado te le daré con fe llana. Gran señor, si es que merezco el ponerme a vuestras plantas, a vuestra grandeza pido por esposa a Doña Sancha. Pésame, que hayas pedido una cosa, a que no a canza mi albedrío; si ella quiere, casadoos mañana en Lara, Yo, señor, se y la dichosa, y también soy la que gana. Yo seré vuestro padrino. Y aquí, Señado, se acaba una parte de la Historia, con que el Autor deseaba dar a entender los favores, que nuestro Dios hizo a Laras FINIS.