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Texto digital de El estudiante de día y galán de noche

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Atribución tradicional
Cristóbal Lozano Sánchez
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Cristóbal Lozano Sánchez Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El estudiante de día y galán de noche. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/estudiante-de-dia-y-galan-de-noche-el.

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EL ESTUDIANTE DE DÍA Y GALÁN DE NOCHE

JORNADA PRIMERA

Mendrugo, aquí me entro huyendo, por no topar cierto hidalgo, que a mis señoras, y a mí nos cansa con sus recados. Sea, Belilla, bienvenida, y por siglos, y años largos, sea para ti esta casa refuglo, asilo, y sagrado; mar quien es el Caballero de quién te vienes guardando? Es Don Lope de Ribera. Ya lo estaba adivinando; mas me admira que huyas de él, cuando según dice el barrlo, y aún no sé si lo murmura, es al que a lo de bizarro a lo de galán, y rico, y aún a lo de respetado por Regidor de Madrid, entra con desembarazo en tu casa a todas horas; allí parla, allí hace tancho allí come, allí merienda, y allí, en fin:- Mendrugo, paso, no tu lengua se deslice, ni precipiten tus labios a decir cosa, que ofenda de mis amas el recate; que si Don Lope entra allí, aunque está mal opinado, no ha excedido de lo justo, ni le ha permitido el trato arriesgarse a demasias, porque pienso, que a intentarlo, o ha cuchilladas saliera, o le echaramos a rayos. Buenas Pascuas te dé Diot. La causa de haber entrado ya la sabes. No te enojes, que ya sé que por los bandos, que entre Don Diego Contreras tu señor, y entre los Lasos, ha habido, casi aún cenizas de pleitos ya eternizados, se ha entremetido Don Lope, EL ESTUDIA de tio para apadrinarlos, como personas que puede, y tiene en la Cortemano, Ya sé que esto es la verdad, y que tl uiejo es temerarlo, tu cuanto acelar sus hizas, y que no hay más limplos astros, que Margarlta, y Teodora, que son los Sales del Prado: Tode estortes pero dime, qué causa nueva te ha dado Don Lope, para esconderte? Temes selo de encontrarlo, que curloso me pregunte por mis señoras, que han dado en salire darmañanas a ver las fimos de Mayo por el Prido y el Retiro, y me tienen encargado el secreto, y que no tome ningún papel de su mano. Viote entrar? No pudo verme. Quiero pues ver si ha pasado, que también estoy temiendo. que aquí nos coja mi amo, que es Cartujo, aunqua Estudlante, y si suplira que ha ellado mujer de esta puerta adentro, sé que me meliera a palos: Mas cagionos, vive Dies, etel: aquí. Quién? . El diablo, mi señor, cuerpo de Cristo; suientras privenga un engaño éntrate aquí en el estudio. Ay! si me eltán esperando mis señoras? . Que se ahorquen: entra aprisa. . Vey temblando. Amor, bastan las heridas, no me flechas más ti arco, perr traigo tan muerta el alma, y tanton do otes traigo: Mendrugo, con quién hablabar? Par Dios, que nos ha escuchado, va de ficción: por Martinez . he de andar yo a cada paso P pendenciándome con todos? qué está eruñendo, y rezando? Decidlo tengo, decidlo. Qué dice? estás botracho? con quién hablas? Yo me autiendo: por ella desafiado, por ella yo desmentido? y que calle, malos años. Na se os da nadal ni a mí, ni a mí se me da un cornado; ni esto, ni esto se me da. Ya de escucharte me canso: por qué riñes con el ama? Porque yo soy un gran asno. Qué te ha hechos acaba, dilo. Sepa usted, que andan rondando. por Martinez nuestra puerta, un zurdo, un tuerto, y un calvor hela reñido mil veces, y otras tantas la he rogado que los despida, o sa casa, y no nos tenga espentajos en las esquinas; no sirve, pues hallé ahora parado. alll enfrente al uno de ellos retorciendoso el mostacho, haciendo piernas, y haciendo mincos a lo de bravo. Apesadumbreme en verle; díjele dos sepan cuantos, y mirando a lo de jaquí dijo tomando tabaco: miente el gorron, y aquí espero a la arpaldas del santo. Tiro hacia el Prado con esto, y ahora considerando, que salir al duelo es fuerza, para no quedar quebrado, y que de salir se puede temer quizás un fracaso de que me quiten la vida, o que me quidbren los ciscos: amorinado conmigo, y hacho conmigo mil diablos de las astas con Martinez ahora me estaba dando. Dame, pues, tu bandición, iré a buscar mi contrario, sino es que con tu prudencia quieres evitar el daño, saliéndole tú a buscar, y tratarlo de quietarlo, puesto que nunca estos duelos obligan a los criados. Mas qué se dirá da mí! no señor, al campo salgo, vaya el miedo para puto, y muera Mendrugo honrado, Esperate. . No hay remedio, Tente, loco, y no hagas caso de duelos y desafíos contra el pundonor Crilllano. Abre ese estudio, y verás preceptos de muchos santos, pareceres de Doctores, con sejor de muchos sabios en que los duelor no obligan, y que queda más honrado el que Cristiano los huya, que el que los busca bizarro. Pues reduciéndolo a leyes, por más ajustado hallo al que por la ley de Dios quiebra las que el Mundo ha dado. A mas peligroso duelo vengo también provocado, y si vallente me irrito, temeroso me acobardo. Nentral está la victoria siendo un rapaz mi contrario, que me amenaza castigos sin haberle hecho yo agravios. Y aunque es común opinión de los Doctores, que cuando, que acepte, o no el desasío, le corte a la vida daño, puede aceptarse, por ser la defensa en todo caso Permitida; yo con todo en vez de salir al campo donde en florida palesira el puesto me han señalado, del campo me vengo huyendo, que temo mucho a un muchacho, cuando hay Soles que le prestan para que me ofanda rayos. Abre, acaba, aquese estudio, divirtamos los enfados estudiando esta materia; miremor a Cayetano en la secunda secundae, o si no más a lo largo en Alciato, y Florono, en Sanchez. y en Reginaldo Por Dios, que es linda tu flema para un gentil renegado, deja los libros ahora: ayúdeme aquí el Calvario, porque si entra soy perdido. Apártate. . En lo que ha dado. Gusto de esto. . Yo no gusto. No me enojes. . Pues yo abro, y a huir que azoran diré. Qué es esto? . Jesús! qué espanto! Qué me miran juro a diós. que estoy más libre que un santo. Huyendo de un Caballero me entré aquí a buscar sagrado. Llegaste tú al mismo tiempe, y como eres tan mirado, procuré. . Basta, Mendrugo. La culpa tengo Y yo el pago. Amor, ya no sé qué hacer, pues huyendo de tus brazos, hasta aquí me pones lazos para poderme coger: yo te procuré vencer retirándome cobarde; mas tú has hecho tanto alarde de tu dulce tiranía, que el alma que estaba fela, ya en vivas llamas suarde. Poniéndome la ocasión, has despertado al deseo; bríndame el dichoso empleo, y anímame el corazón. Case, amor, mi confusión, pues para quien se enamora, no puede haber mejor hora que topar sin prevenlrla tercera, con quien decirla sus penas a la que adora. Voyme con vuestra licencia. Oye Belilla. Pensando estoy más de veinte cosas de ver lo quieto que ha estado mi señor, cuando pensé, que me hubiera temerario dado una tunda de coces, o alguna vuelta de palos. Pienso, pues, y no mal pienso, que está del amor tocado, y si él se desaboruja. por Cristo, que me desafuo. Si él se arruga, yo me arrugo: si él se encaja, yo me encajo, si él se mete, yo me meto, y si se ha enmargaritado con Margarlta, yo, y todo con mi Bililla me embarco. Detado voy advertida. Yo pagaré tu cuidado: Ay, Mendruje! ya es forzoso contarte mi pena en pago de rigores que has temido, y de sustos, que has pasado, Nací, como sabes, pobre, aunque de padres honrados, vinculando an mis niñeces procedimientos hidalgos. Ya sé tu principio, y sé, que con sus bueyes, y arados, sustentaron tus estudios, que te han dado puestos altos Ya sabes, que renuncié los oficios, y los cargos, por darle a la emulación unos días de descanso. Que tus Padres se murieron, que huérfano te dejaron, que has andado entre doy luces de ser Cletigo, o casado. Que a esta calla del Retiro nos retiramos ogaño, donde hacemos una vida, como de Frailes Capachos. Que eres perpetuo Estudiante, que siempre estás encerrado, que no visitas a nadie, que con una ama pasamor. Tado esto sé, dime ahora si hay de nuevo algún cuidado. Supuesto lo sabes todo, oye ahora. . Atento aguardo. Salí al Prado esta mañana a estudiar, entre dos luces, defensas para reñirle al amor mil pesadumbres. Y fue, que señaba anoche, que blasonando de ilustre, y olvidado de mi ser (que en esto ser dueño supa me partí a cierta Provincia, donde por trma, o costumbre la más hermosa es la Reina, sin que nadie la priturbe. De ella, pues, enamorado, sin que los riesgos me asusten, para rendirla prevengo fuerzas, y solicitudes. Aguardo cogerla a solas que siempre en empeños dulces se ha de procurar que todos, o lo ignoren, o lo duden. Píntame amor la acasión, dame un tapiz que me oculte, échese a dormir el día, de horror la noche se cubre, la Reina se va a su cama, las Damas matan las luces, voy tentando las paredes, oigo que las sedar crugen; tomola una hermosa mano, asustada me la huye; ya a dar voces, yo la impido, quiera hacerlo pesadumbre, con hálagos la enternezco, oblígola a que me escuche, y después de mil coloquios mi esposa se constituye. Mas apenas cariñoso a la luz de las viilumbres de sus ojos, hago que entre mis brazos se arrulle. Apenas, pues, de su boca, clavel que los labios pulen, procuro buscar las perlas, que recatadas se huyen; cuando me miré despierto, y hallé, que del sueño dulce solo quedaron al alma amorosas inquietudes. Dejo el lecho con enfado, vistome con pesadumbre, voy al Prado a divertirme, al tiempo que ya ver puda, que los albores del alba lban rayando las cumbres, Allí me amanició el día, cuando por velor azules rompe el Sel haciendo a rayos, que las aver le saluden. Fuime a este tiempo al Retiro, maravilla en quien se incluyen proezas, que se consagran al Baltasar más ilustre. Páseole sus jardines, cuando mis ojos descubren entre aljofaradas hierbas de un pie estrecho los pespuntes. Viendo tan hermosa huella, atento a verla me puse, porque como algunas flores antes que se desarruguen de la escarcha que las hiela, de selo que las aturde, suelen estarse dormidas en el votón, que las cubra, como sintieron hollarse del pleque hermosuras pule, se despertaron aprisa, y a sar rolas le conducen, solo en los espacios breves donde las huellas se esculpen. Curioso, pues, por hallar la imagen de tales lustres, por la guarnecida senda me obliga amor que la busque. A pocos pasos que di asustado me detuve, viendo al margen de un cristal, que entre las guijas, que mulis se va tocando tiorba, deslizado en quiebros dulces, dos damas, o dos deidades, que pintarlas no me cumple, cuando ré, que saben todos, sin que ninguno lo duda, que no hay en la Corte otras an hermosas más ilustres. Son Murparita, y Teodora. de Contieras, las que infunden muchos días ha en mi pecho guerra de amorosas lumbres. Estaban, pues (oye atento, que no es razón, que se oculte una acción, cuando hay quien, ni se ofenda, ni se injurle) dando las manos al agua torcian con man sedumbre en cristales de sus manos los cristales que sacuden. Y aunque el agua de ordinario bulliciosamente huye, allí se cuajó cristal, que no es milagro que gusta, si hay plata que se la pegue, que unas manos la trabuquen. Acabaron de labarse, y al tiempo, como es costumbre, que a un lienzo quisieron darle facultad, que las enjugue, sopló airoso un vientecillo, y a Margarita, que encubre de sus cabellos hermosos la más rica muchedumbre, remiendo quizás, tamiendo en peligros tan comunes, que el Sol no se los ahoga o el Alba no se los hurte, tanto se los esparció, que atramándose en las luces del Sol, que en hilos dorados entre unos rosales vide, paño de mano les dio, haciendo con inquirtudes, que no las enjugue el lienzo, si hay oro, que las enjugue. Púsose a cortar Tedora rosas, que a un pomo reduce, y Margárita a este tiempo, sin iver, que hay quien lo mermurta quedo dormida, tan rosa en lo hermosa, y en lo dulce, que un Gilguerillo, que estaba riñendo mil pesadumbres a su consorte, por ver que otros a rendarla acudan, olvidado de sus celos la mira, las plumar pule, y puesto sobre sus faldas, ya se acerca, y ya se huye, hasla que determinando, sin que los riespos le turben picó el clavel de su boca, que ya en rubies se construis. Abrió los ojos entoncer Margarlta vibró lumbres. con que abrasado el Gilguero entre las luces se aturde. Mas por vengarse cruel de los incendios que sosre, se queda asido del labio, con tan bien dado pespunte; que no pueden desasirle por golpes que le sacuden. Siente el dolor Margarita, llama a vocer quien la ayude, acude Teodora, y yo la digo sin que me escuche: Señora, por qué os quejala de que el pajarillo os pique, si ya el pobre se va a pique con los rayos que tiráis? con dol Soles le abrasala, procurando con enojos, que os dé la vida en despojca, y él por vengar sus agravios cogió coral de los labios por tiraros a los ojos. El labio mordió, y mirando lo dulce que en él halló, pendiente de él se quidó a estaros siempre gozando; y aunque pudiera volando ponerse en seguridad, tiene tal capacidad, que más quitre en la partida, un bocado de tal vida, que un año de libirtad, Vos diréla que anda sobrado, y él os dirá con despecho: señora, si mal lo he hecho aquí me teneir colgado; por pícaros, se ha picado, y por despícaros vos decís se vaya con Dios, mar el cual sagaz, confieso, pendiente se está de beso, por si no os puede dar dor. Esto la dije a mis solas cuando satlifecho el buche del coral, vuela el Gilguero de un sauce a la hojosa cumbre, Enojadas a lo hermoso, y corridas a lo dulce las dos hermanas celebran con risa su pesadumbre. Quise hablarlas, no acerré, quise seguirlas, no pude, vanse, en fin, quedome muerto, vengo a casa, te confandes, finges enojos, te creo, estorbasme que no estudle; porfío, mas me resilles, hallo que a Belilla encubres, por cuyos presaglos quiero, que mis juicios escuches. La Reina, con quien anoche entre sombras, y capuces me tequebraba amorosa, y me regalaba dulce, es Margárita, y yo soy al Gilgüero, no lo dudes. Con la acción me enseñó a ser atrevido, diome luces de que ha de ser el galán, sin que nada le perturbe el que se arroja bizarro a las amorosas lumbres. Como resistí al consejo, con miedos, con inquietudes, hallo aquí que amor me dice, que a sus impulsor me ajuste, ya que con cabellos tantos lograr la ocasión no supe. Y así, Mendrugo, pardonen recatos de mis virtudas, perdonen recogimientos, que aunque los astros murmuren, galán de noche he de ser, basta que no me desdudo astor ábitos de día, por los puestos que ya tuve; que aunque se mude de intento, y se mude costumbres, mientras no se muda estado, no es julto, no, que se muden ábitos, que dan más honra, vestidos, que dan más lustre. Desde esta noche empecemor a andar con solicitudes, busca espadas, y todelas; pero advierte, que las basques con recato, que no quiero que nadie de mi barrunte que voy a rondar Deidades, cuando hay Cielos, que lo culpan. Tan admirrdo he quedado con la relación, que he oído, que pienso que estás dormido, o juzgo que yo he soñado: Al fin, te has enamorado? Y con axtremo lo estoy. Pues a apercibirte voy un jacos espada, y broquel. Yo a escribir voy un papel. Quién vio día como hoy? desde hoy tiendo la tizona, desde hoy me voy a galán, desde hoy a ser rufian, desde hoy basco una gorrona, desde hoy hago vida bona, desde hoy a rondar me ensayo, desda hoy me meto a lacayo, y pues el Cielo le plugo, hoy con Belilla me arrugo, y más que me mate un rayo. Qué es lo que te dijo, di turbada estoy, y perdida. Que le dieser tú la vida, pues te daba el alma a ti: dio un suspiro, y tal le vi de la pena y el dolor, que demudado el color, y muertos los labios rojos casi dijo con los ojos, como le ha muerto tu amor. Harto más muerta estoy yo, y muy más enamorada, que si le maté mirada, él sin verle me mató: por el oído me entró el veneno, que me has dado, pues sin haberle mirado, ya me miro tan en calma, que aquí se me ha muerto el alma, o él allá me la ha robado, Qué haces, hermana! Ay Teodora! triste estoy, y es de placer. Eso como puede ser, que as imposible? . Oye ahora: cuando un alma se enamora de quien sabe que la quiere, si algún estorbo tuviere, que lograr su gusto impida, lo que el amor da de vida con aquel estorbo muere. Así yo viéndome amante de quien dice que me adora, y que el placer que en mi mora anda entre miedos errante, hallome en un mismo Instante, muy triste de este placer; porque vengo a conecer, que puedo querer de suerte, que el querer me dé la muerte por no lograr mi querer. Atrevida mariposa, precipitado Faetonte llego a tocar con los ojos las lumbres de tantos Soles. El alma murió por verlos, que a este sagrado se acoga, por si puede hallar a quí la vida que perdió entoncas. De noche busco la luz, porque hay también ocasiones, que no se hallan con el día luceros, que da la noche. Felix soy, no os admiréis que vuestros umbrales ronde, que a no ser yo tan dichoso me enejara con mi nombre. Atrevido como amante, aunque haya mil que lo estorben vengo al jardín del amor a buscar hermosas flores. Tan divinas os contemplo, que ya os tindo adoraciones, aunque hermosuras se agravien, y aunque Deidades se enoien. Recibid unos deseos, M que os juro que son tan nobles, que solo busca ser vicios que a vuestras plantas se logren, cómo estáis? . Vos nos cogéís, tan sin pensar, tan de golpa, que para satisfacercs apenas hallo razenes: hable por las dor mi hermana Alegre el alma la oye. Tú, Belilla, que me dicer? Que soy tuyo. . No hay turronea como un tu desnudo encueros, y sin mal remifaloles. Stáis, señor, bienvinido a esta vuestra casa, adonda. si hay temoras que lo Impiden, hayelientos que es recogen. Armado venís a verme, que ser mi pecho de bronce, pensará que con violencias pretendíáis mis amores. Vuestro recado entendí, aunque el alma os corresponde, no erecutéis tan aprisa, dejad, que me desahogue. Yo es confieso, que me amáis; mas no es razón que me arroje, que plerde una mujer muche, y no pierde nada un hembre, Confieso, que para verme habrá recato, que sebre; mas nunca faltan vecinos, que registran las acciones. Excusad por Dios, visitas, que suele haber quien las note, y mal se limpia una favia cuando hay languas que la borten: mi padre es muy receloso, mi honor a pique se pone, hay criados, que nos miran, hay paredas, que nos oyen, hay orejas, que se ofenden, hay recatos, que se corren, hay riesgos, que se amenazan, hay peligros, que se oponen; y así, Felix, excusad, excusad por túil razones el verme; pero qué digo? Mirad Félix, que de noche podréis venir requitiendo puertar, calles, y cantones, de modo que nadie os vea: mas no os vengáis (dellizose . la lengua al sentir del alma) venid, digo, aunque me enoje, que es quiero bien, y he puedo disilmular mis amores. Pero no, mejor será, que aunque los ojos lo lloren, aunque el corazón lo sienta, y aunque el alma se alborote, no me veáis; muera yo, eternicese mi nombre, muera amor, viva la fama por timbre de mis blasones. Y si acaso; mas qué es esto? Que quiebran la puerta a golpes. Ve, Belilla, a ver quién es. Este es sin duda Don Lope, Que enfado. Qué hemos de hacer? Di esta hecha nos esconden. Abrirle es fuerza, y en tanto cruzad estos corredores, señor Felix, y salid por la otra cuadra. . Mayores son los golpas de estos celos, que no del rigor los golpes. Yo voy a abrir. Y nosotro; a huir, que tocan a azotes. Duerme nuestro padre? . Sí. Quiera el Cielo que repose, hasta que echemos de aquí a este cansado Don Lope. Muy presto cerráis las puertas cuando hay peregrino errante, que a la luz de vuestros Soles pudiera perdido hallarse; mas no es mucho, si estos días os amanecéis muy antes, y Soles cuando madrugan no han de ponerse muy tarde. Al Prado dicen, que vais, muy bizarras, muy galantes amatar floras de envidia, y a matar de amor galanes. Como a Auroras os saludan todas las parleras aves, que unas por gusto os requiebran, y otras por fuerza os aplauden. Buen secreto habéis guardado, pues siendo tan vigilante en vuestro amor, vengo a ser el último que lo sabe. Hasta que Balilla me huye, a quien quise preguntarle adonde haciadéis día, viendo oscura vuestra calle. Por cierto, señor Don Lopa, que pudierais excusarles las ocasiones que dais a los desvelos insames, que sin mirar sus acciones registran las que otros hacen. Aunque estamos en la Corte, que es adonde todo cabe, por lo menos para el barrio nunca falta quien repare. Venir mil noches a vernos, y aunque lo sabe mi padre, los que os miraren entrar como sabrán que él lo sabe? fuera, que aunque lo permita, y os habla, y recibe afable, estimando los que a todos favoras nos hacéis grandes, os prometo, que después nos cuesta tan tos ultrajes, que pagamos inocentes, mas pena que a estar culpables: y así señor. . Yo oy lo ruego. Excusad. . No hagáis a larde. El vernos. . Dadme este gusto. Por Dios, que estáis criminales, y no sé que causa hay nueva para hacerme estos desaires. Belilla, dame una luz. Qué es esto? . Nuevos pesares. Cómo hablar nos ha sentido, querrá ya saber mi padre quien es el de la visita. No acabas moza! ah infame? Anda ve tu Margarita. Mejor será que se aguarde aquí Don Lope, y las dos tratemos de ir a quietarle. Dicer bien. . Yo aguardo aquí. Toma la luz. . Ve delanto. Fuerza es que me quede a oscuras cuando vuestras luce falten. Aunque pudiera salirme sin que me estórbara nadie, pues ya Belilla me puso a la puerta de la calle: celoso volví a entrar dentro, en tanto que fue a llevarle luz al viejo que reñía, cuya prisa fue tan grande, que aún no le permitió tiempo de dar la vuelta a la llave. Y ahora a oscuras buscando, si acaso puedo atinarle, vengo al cuarto, donde están en campo abierto mis males. A oscuras vengo, quizás, palabras que han de matarme; mis qué amante no es curloso? y qué celoso no es martir? Mendrugo. . Señor. . No atinas? Qué diablos ha de atinarse, si al primer día de amar estos desatinos haces? O me ha engañado el oído, o sueña gente a esta parte, o es sospecha que me inquieta, oes miedo, que me combate. Pero cómo, como dudo cuando hay indicios bastantes, que pasan ya de sospechas, y llevan a ser verdade? Tardarse tanto en abrirme, no recibirme como antes, estar Teodora con ceño, Margarita con desaire, despedirme tan resueltas, llamar al punto su padre; asustarse las palabras, turbárseles el semblante, quitarme de aquí la luz, irse las dos, y dejarme, que puede ser, si no haber aquí quien las visitasa. que ya atrivido me ofenda, o ya celoso me agravie? Yo he de ver toda la casa, no me repliquéis, infames, que sé que hay dos hombres dentro. Acabaron de probarse con esta voz mis recelos. Qué es esto? si el viejo sale, y nos halla, soy perdido, puer es forzoso enojarse Teodora y mi Margarita. De esta los Cialos me escapen, y si me metiere en otra Y piena al Cielo que me empalen. Mendrugo! . Señor. Volvamos a la puerta de la calle, Tras ti voy; pero qué es esto? Sígueme, y no sear cobarde. Quién va allá Dios me perdone, ya pueden ir a doblarme: Don Lope es este. No habláis? pues yo os haré: . Tenga, aguardo, No hay que aguardar. Juro adios, que me tira a los gaznates; tiro también, anden todas, y tope con quien topare. Cuchilladas en mi casa, mis hijas sin acostarse, mi puerta abierta a estas horas, y no tengo de enojarme? quién va? quién soií qué es aquesto? Caso adverso! Fuerte lance! Don Lope soy. No os conozco, que hidalgo de tantas partes, no sé que pague en ofensas los servicios que le hacen, Pues mi amo se escapó, con mi industria he de salvarle. Yo, Don Diego, no os ofendo, antes bien, como quien sabe estimar vuestros favores, guardar vuestras amistades, entré aquí como otras veces, al despedirme llamastes, quedé a oscuras, sentí pasos, pregunté, no me habló nadie, busqué a tiento, topé un hombre, y aquí tiñendo me hallastes; lo demás averiguadlo. Ay, Trodora, y si no hallasen a Felij! Dios lo permita. Quién sol: vos? Un Estodiante. Este es el paje de Felix; a qué vendría este paje? Pues qué bascáis en mi casa? Si esto ha de ser consesarme, debajo per signun Crucia digo, que al cruzar la calla, hallando la puerta abierta vi a Belilla, que me trae con las tripas en la mano, llegué a alirla, huyó al instanta, seguila, topé a Don Lompe; no hay más, así Dios me guarde. Lindamete lo ha fingido; ea, temores, dejadme. Si estáis satisfecho, adios. Id svos. Que me replace. A sentir voy mis afrentas. A llorar voy mis pesares.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Ya que venimos a verle, ya, en fin, que a buscarle vengo, no está Felix en su casa. soy infeliz, qué me quejo? Pues si mi señor supiera, si él imaginara esto, no os estuvitra esperando con mil ansias, y deseos? Pero ya que habéis venido os suplico, pido y ruego, que no os vais lin que él os vea, que yo le traeré en un Crido. Ve, pues, llámale. Mendrugo, que en tanto le miraremos toda la casa. . Ellla está, como de Estudiante, en cueros; solo topareir con libros: entraos en estr aposento, que pretendo darle un como en pago de un bravo miedo, que me pasé cuando halló ruetida a Relilla dentro. Cerrad la puerta, y tenedma cuando llegue gran silencio; lo demás ya lo viréis, dejádmelo a mí y al tiempo. . Detenernos tanto aquí, no sé si ha de ser acierto. Pues ya nos determinamos, qué hay que temer? aguardemos, Y si nadia nos vio entrar, de que hay que tener recelos? Trabuquémosle los libros, al bufete trastornemos, delarmémosle la cama, y echemos la ropa al suelos mi! males hemos de hacerle. Siéntolo aunque sea en juego. Parece que sueñan pasos. Entrémonos, pues. Entremos. Pensamiento, qué me quieres? dónde lavantas los vuelos? si te has de abatir humilde, adónde vuelas soberbio? Si es Margarita mi prenda, si ya la adoro por dueño, para qué es buscar más glorias quien tiene por suyo un Cielo? Para qué es poner escalas a sus hermosos luceros, cuando para su defensa tiene tantes rayos dentro? Para qué es buscar rubles, cuando hay deidad, que a un aliento quitara vida a un valor, y echara a rodare fuerzos? de qué sirve buscar perlas, y los aljosares bellos. si hay para custodia suya muros de coral por medio? Pensamiento, contentaos, mirad que lo bueno el bueno, y querer subir a más os puede abatir a minos. Ved que estáis en los principios, y que si no andáis muy cuerdo, puede un enojo quitaros las ganancias que habéis hecho. En fin no hay si sosegaros, si queréis andar discreto; tomad solo lo que os dieren, lo demás dejadlo al tiempo. Oh pesia a mí! amén amén, que en un Ciedo no he dejado calle prado, ni retiro, que no te he andado buscando. Para qué, y con tanta prisa? Para declite con cuantos adornos, galas, y aseos por nueltra puerta han pasado las dos niñas de tu amor con mi Juanilla a su lado. Margárita? Margarita, tan hermosa, que ha dejado muertos por aquísas calles, mas galanes, que burrajo; oye como te la pinto. Ya te escucho. . Va de garbo: salió hoy Margarita al Prado, afuera que va de Soles, aparta que va de rayos. No paina el Alba cabellos, tan galantes, y bizarros, pues que por el suelo arrastran las vidas que va matando. Con ir sueltos, van prendiendo a cuantos la van mirando, que aún sin lazos aprisionan los que saben bien ser lazos. Flores hay tan advertidas, que viendolor tan a mano los cogen por la ocasión, y se hacen de ellas penacho. Invidioso el Sol los mira, que aunque él loos tiene dorados, ni el Sol tiene tanto monte; ni peina el Sol oro tanto. Sobre un vaquerillo al uso, guarnecido, y plateado, tan bellos se desaliñan, cuanto se aliñan ufanos. Los que más largos se apracian las basquiñas van bordando, haciendo en dorada: ondas aguas, pinturas, y ramos. otros que pierden por cortos se aprovechan como sabios, pues colgados de los pechos se comen el manjar blanco. otros hay tan advertidos, que al descuido, y con cuidado se arrebozan por la cara solo por besar sus labios. Tan pomposa como he dicho, tan bella cual la he pintado, salió hoy pimpollando Abriles por dar a las flores Maioa. Mas entra aquí en el estudio. Espera, quién ha llamado? Es Don Diego de Contreras con Don Lope: voto al diablo; . que sin saber mi amo nada nos han de pagar a entrambos. Qué te turbas! di que entren. Ya están aquí. Yo me planto en esta puerta, aunque eltoy como un azogue temblando: Estad Félix, en buen hora. Siño, a excesos tamaños, como que esta casa honréis, no poder pagar es llano. Dejemos de cumplimientos, y vamos, Felije al caso, que tengo que señir mucho, y el tiempo podrá faltarnos. Yo quisiera proponer, que soy desapasionado. Si el agraviado soy yo, mejor diré yo mi agravio. Sin duda me conocleron la nocha que disfrazado salí huyendo de su casa de más celos, que contrarios. Decid señor vuestra queja, que me tenéis con cuidado. Señor Félix, cuando un dueño se precia de buen Cristiano, con la vara de justicia mide siempre a sus criados. Vara, y medirí vive Dios, . que es pronóstico de palos. Qué importa vuestra modestia? qué sirve vuestro recato, si a sombra de esas virtudes vive quien procura osado, o dar riesgos a la honra, o poner la fama en daños? Este, paje que tenéis, con hábito disfrazado le hallé en mi casa una noche, a lo que iría, pensadlo, que si no me fue a robar teniendo cual tengo a cargo hijas, y criadas, puedo presumir a fuer de honrado, que iba a buscar mis afrentas, por medio de algún agravio. Y no es razón, no por Cristo, que por ser vuestro criado se arroje a aquestos excesos, que sabré yo castigarlos. Demás de aquesto me han dicho, quien lo ha vido, y lo ha notado, que han entrado aquí mis hijas; que mal hago, que mal hago en decirlo de este modo, que quien se precia de vidalgo no ha de referir su injuria antes de haberla vengado. Tened, Don Diego, la lengua, y no queráis temerario amenazar los castigos antes que os hagan agravios, No de estar en vuestra casa mi criado, cuyo cargo no le admito hasta saber las causas, que le obligeron, habela de cargarme a mí culpas, de que me harán salvó los que saben mis costumbres, los que conocen mis trator. Mi ejercicio son mis libros, solo con ellos me paso; yo no trato de vilitas. yo no rondo, yo no salgo, en mi retiro me estoy; pero dijo bien un sablo, que no hay que buscar retiros, que hasta en el retiro hay diablos. Qué importa, que me retire, si aquí me vienen buscando para afligirme inquietudes, para inquíetar me cuidados? Al cargo que hacéis segundo, que ya veráis que es engaño, satisfago con deciros, que las damas que yo guardo, las damas que me visitan, las que entran en mi Palacio, las que galán solicito, y las que Estudlante amo son las de esta librería: apartata. Ya me aparto; mas mira, señor. Qué dices? Mira mírame, no hallo la llave en las faldriqueras, ni en los bolsillos: un asno me hubirra entendido ya. Abieto ha de estar. Hay paso cómo este? cerce, calla. Qué dicer? Que no la hallo; hay talí hay talí no me entiende, . Mira la llava, borracho, por dentro entre en la cerradura y me estás aquí cansando. Pueden echarme una albarda; pero tu mereces cuatro. Qué es lo que miro? Qué es esto? Muérta estoy! Toda soy mármol! Confirmóle mi sospecha. Esto miro? aquesto callo? No acierto a hablar, vive Dios, Imposible es disculparnos. Oh quién trazara un entedo! Oh quén supiera un engaño! Oh quién pudiera escaparse! mas pues todos se han turbado, va de verdad, y hecho un reto, Habla Mendrugo. Ya hablo: Aunque es verdad, que la causa es medida para enfenos, y que para dar disculpas apenas ha de haber rastro. Con todo, a ley de Estudiante, juro por tantos, y cuantos, que no hay en lo sucedido una brizna de pecado. Mi señar no ha estado en casa, y estas señoras pensando que estaba aquí, entraron dentro a comunicarle un caso. Dicen ellas, que yo juzgo, que fue achaque que tomaron, por esconderse de alguno, que las venía espiando. Fuy a llamar a mi señor, vine, y hallando cerrado el estudio, cual ya visteis, quise darle un bravo chasco, con decirle, que tenía des damar en su Palacio. Entrasteis al mismo instante, pasa lo que ya ha pasado, nadie acierta a hablar palabra, todos os estáis callando. Y yo por lo que me toca, reto, desafío, emplazo a cualquiera, que de mí hubiere dicho, o pensado, que voy a robar las casas, o a ser paje de recaudos. Esto he dicho, y lo sustento, si hay quien quiera demandarlo, sígame, que armarme voy, y allá hacia Atocha le aguardo. Buena está la desvergüenza. Lindamente se ha escapado. . Padre, no es este lugar de satisfacciones, vamca a casa, y allá podréis, si halláis culpa, castigarnos. No acierto a hablar de corrido: el caso es tan apretado, la culpa tan contra mí, que remito los descargos a la prueba, que hará el tiempo. Siempre Felix, habéis dado buena cuenta de quien sois, y que la daréis es llano. Quedaos con Dios. Él os guarde. Dónde vais? A acompañaros. No habéis de pasar de aquí: andad vosotras. Ya vamos. Felix, perdona el dispusto, que no he podido excusarlo. Conozco vuestros deseos: pero yo les daré el pago. Ce, señor, se han ido ya! Sal aquí, infame. Ya salgo: mas qué ma das ya la culpa? Pues quién la tiene, borracho? quien la tiene si no tú? Quedo quedo: voto al Diablo, que aún para burlas no son de sufrir estes porrazos. Teniendo tiempo ballante. para avisarme del caso, me andabas con dilaciones? Si lo hice bien lo pago No has de estar más en mi casa: vete al punto; Pues hagames cuenta primero, y a diós, Cuánto te debo? Diez años de servicio, y bien servidos. Y cuánto tendrás gastado? Pero déjame, Mendrugo, que estoy sin alma, pensando, cual tendrán a Margarita, sustos, penas, y cuidados? Cuidados del que será, penas de lo que ha pasado, sustos del rigor de un padre, que mata solo mirando. Mirando estuve sus ojos, mas los vi tan eclipsados, que siendo soles, apenas me acertó a flechar sus rayos, Rayos dulcas son del alma, si miran desenojados, mas si dulcemente hitieron, tristemente me mataron. Matáronle los enojos todo el contento, quedando muertas rosas las mejillas, pasmado clavel los labios, Labios fueron tan corteses, que apenas se despegaron a disculpar inecencias, por ser clares los agravios. Agravios suyos, y míos son lo que estoy rapasando para sentirlos mejor, o para mejor vengarlos. Vengarlos tengo, si pruebo, que es Don Lope quien me ha dado a mi dueño este disgusto, y a mi amor este mal rato. Rato ha que os estoy oyendo, rato ha que estoy aguardando, A sacar voy las espadas. Y hasta nombrarme no he entrado, Entrado habéis a buen tiempo, mas no quiero que riñamos en casa las pesadumbres, cuando tenemos buen campo. Campo hay harto, donde hay celos. envueltos con los agravios; pero no es hábito el vuestro para reñir más que hoblando. Hablando no es buen reñir. Ya está aquí mi sucatrapos, y tu espada; hazte un Nerón, Pero también tenga manos. Manos para mír esto sufro? Reñid, si sabéis, callando. La puerta deje cerrada; no hay si chitón, y ande el palo. Valiente suis, Félix. . Riño con razón. . Qué bravo tajo!) Caí. . Por esto estoy yo más fuerte aquí que un Bernardo. La muerte os daré a los dos. E soy ya en pie. Y yo soy barro? Mas ya el barrio se alborota. Qué es esto? Que están echando nuestras puertas en el suelo. Qué hemos de hacer? Solegaos: si aquí os coge la jasticia no os ha de ser bien contado, que estoy, al fin, en mi casa, y siempre en aquellos casos las defensas más urgente; se condenan por desgarros. Salios por el azotea, y del tejado a piellano saltaréis a la otra casa, de donde os pondráis en salvo. Acepto vuestro consejo. La puerta han hecho pedazos. Justo es que conezcá el mundo tu del vergüenza, villano. Quedo, señor: no verán como vengo yo a pagarlo? Qué es esto? téngase, afuera. Este pícaro: Misamo. Me trae apurado así. Defenderme no es pecado, Es muy gran bellaquería: acero desenvainado contra el dueño! En, quitadle aquesa espada, y llevadlo preso, al punto, a un calabozo. 1. Suelte el pícaro taimado. 2. Camine, que es un brivón. Por Dios, que es la de Juan Grajo. Mireusted:- No hable palabla llevadle. . Si acaso valgo, señor Alcalde con vos, os suplico: Es excusado pedirme ahora por él. Mirad, señor, que me agravio, que es mi criado. . Por eso tengo de hacer azotarlo. Y lo hará como lo dice: a señor, hablemos claro. Calla, Mendrugo. Qué calle, y me azoten! malos años. Calla, fiate de mí. Hasta hacer quitarme el sayo callaré, porque no el justo pague yo lo que ha hecho el diablo. Esto hago por serviros porque cuando los criados se descomponen así, o es menester, por lo menos, tenerlos amedrentados. Mañana os lo echaré fuera. Y no esta noche? Es temprano: voyme por quietar la gente, que está junto todo el barrio, pensando era más pendencia. Yo os quedo muy obligado. Que no han de faltarnos sustos? qué hay Belillal qué traes? di Traigo que contar mil penas. Comienza, pues, a decir. Partí como me mandaste, con el mado más sutil a dar tu billete a Felix, ese que muere por ti, y apenas entré en la calle, cuando en su casa entrar vi a Don Lope demudado como quien sale a reñir. Llegó a la puesta temblando, al tiempo que ya la lid se comenzaba en palabras hechas confuso morío, Vi a Mendrugo en el zaguán con dos espadas, y allí dándole el papel, le dije, lo que le acerté a decir. Sálgome ciertan la puerta, y comienzan a esgrimir con tal furia las espadas, que a ver curiosos el fin llegan hombres a montones, ciento a ciento, y mil a mil. Llega también la justicia. con uno y otro Alguácil, manda derribar las puertas viendo no quieren abrir. Entran dentro, y cuando yo imaginaba (ay de mí, sacarán preso a Don Lopo solamente vi salir a Mendrugo rodeado de mil corchetes, y oí le llavaban a la Cárcel, no sé porque triste fin. Esto traigo que contaros, esto ha pasado, esto vi, mirad si es causa bastante de llorar, y de sentir. Y dime, no viste a Feliz? No señera, no le vi. Y no supiste la causa? Ne hubo lugar de inquirir. Pues no aguardaras? No pude, que vi a mi señor allí. Cercada de confusiones, muerta el alma en penas mil, siento tanto, que aún no acierto por donde entrar a sentir. Sentir si han muerto a Don Lopo no quisiera, porque así siento lo propio que guslo, que es la muerte más civil. Civil muerte es para un alma, si para poder vivir le ha de dar a quien la ofende lo que se desea a sí. Así yo de mi contrario busco suceso feliz, porque si Felix le mata es darme con que morir. Morir Felix mayor mal, porque se me acaba allí todo el bien, y no hay más bien, si un grande amor llega al fin. es fuerza que sienta aquí tanto el mal de quien mata, como el de quien vive en mí. Hijas. . Señor. Estas puertas se me cierren ya con Sol, su más lucido arrebol no me las registre abiertar. Ya hallé mis sospechas ciertas, ya supe, ya conocí, que el venir Don Lope aquí no era virtud, si no amor, haciéndose celador de lo que me toca a mí. Con Felixsé que ha reñido, aunque pecor lo han notado, y siendo yo el agraviado es harto haberlo sabido. En daño tan cenocido es el remedió impertante, y así de hoy en adelante guarduo: de su trato infiel, corra por vosotras él, y a mi cuenta el Estudiante: y tú, Belilla? . Señor. No, no te me santifiques. Pues yo en qué? No me repliques, oye, y teme mi rigor: las llaves, del, corredor, y de la puerta, que pasa al jardín anden con tasa, ponla: a mi cabecera; sabré en fin de esta manera quien sale, y entra en mi casa. Aunque os vi tan enojado, pues tanta deidad me mira, sin miedos de vuestra ira me acojo a vuestro sagrado. A qué mal tiempo has llegado. . Da qué os maleáis Decid. A rogaros vengo aquí, dejando atengas prolijas. Tened, venir a mir hijas, o venís a hablarme a mí. Solo vengo a hablar con vos, pero viniendo a rogar. tengo a mucha dicha hallar aquí estos Ángeles dos. Requiebros? bueno por Dios: Es Ea, vosotras, qué hacéis! Idos de aquí. Qué miráis es justo. . Padre. Señor. Eso es mirad por mi honor: decid lo que me queréis. juzgándoos desengañado, si mi riña habéis sabido, quiseos pedir comedido rogasáis por mi criado; mas hallcos tan indignado, vecor con tal demasía, que a no mirar que aquí había deidadas que se enojarán, mis razones se tomaran a manos la cortesía. Cómo es eso? oíd, tened. Os raverencio por padre, y así este respecto os cuadra para hacerme más merced. Traiga espada vuesasted, que aunque viejo, vive Dios, que me se tener con dos. Es ya caduco ese brío. Pues al Prado os desafío. A quién? a mí! . A vos, a vos. De llaves prevenido, vengo amante, a abrir de este jardín la oculta puerta, que si amor esta dicha me concierta. salgo de un Cielo hermoso el más triunfante. A sus luces áspiro scaro errante, y aunque la empresa es ardua como incierta, el alma muere por hallarse muerta entre brazos de un Sol deidad matante. Al mar me artojo de peligros ciertos, la perla busco, Margarita hermosa, aunque el Cielo lo tenga a pesadumbre, que no es mucho romper en desaciertos, cuando un alma se abrasa maripesa, sin poder del amor matar la lumbre. por si peligros encuentra, Voy probando, pues, las llaves, por ver si se ajusta alguna; Fivoréceme fortuna en pensamientos tan graves. Esta pruebo; mas qué es esto? abierta la puerta está; válgame Dios, quien me da tales favores tan presto? Ánimémonos, valor, que será gran cobardía, cuando es la ocasión tan mía, perder logros de mi amor. Solo siento, solo temo el que haya Felix entrado para aumentarme agraviado los celos con que me quemo. Pero si discurro atento, si Felix entrado hubiera, la puerta a cerrar volviera; si: mas hay otro argumento, que es muy cuerdo el prevenir quien en casa ajena entra, puerta por donde salir. Pero ya descuido sea de las criadas, o ya sea Felix quien me da nueva ocasión de pelea, determinado me arrojo, o a gozar a Margarita, o a hacer que se quede escrita mi venganza en campo rojo. Que har de ser tan necio; di, que has de ser tan descuidado, que habiéndote el papel dado, no me lo has dicho hasla aquí? Si viste cual ma llevaron los satelites malditos, que porque les di dos gritos una cadena me echaron. Si he estado entre mil ladrones, que por cobrar la patente me dejaron santamente sin sayo, y aún sin calzones. Si en negociar mi soltura, hasta ahora no te he visto, y todo el día, por Cristo, he estado con calentura, porque me culpa: de homiso cuando no hay nada pardido, pues del papel has sabido tan a buen tiempo el aviso? Es ya más de media noche, y temo vengamos tardr. Yo te aseguro, que aguarde hasta que el radiante coche aseme por el Oriente. Miremos, pues, si la puerta está cual me dice abierta. Victor. . Cómo? Elta patente. Entremor, pues, que Juanilla es quien nos ha de guiar. Abierto vuelvo a dejar, no nos armen zancandilla. Qué es esto, señor, qué es esto? conmigo descomposturas? conmigo, en vez de finezas, osáis de aquestas injurias? Violencia queréis hacerme, cuando pensé, poco astuta tener con ves (ay de mí!) mis saguridades juntas: Por eso la luz matasteis, porque no hay duda, no hay duda, que una maldad se atreviera si no es mirándose a oscuras. Habladme, señor, habladme, y no con acciones mudas atropelléir la razón, cuando mi razón es mucha. Para qué es tener silencio quien intenta travesuras, pues lo que calla la sengra, los despartes lo divalgan? Ea, Felix, ea, Felix, baste baste ya la lucha, que si las iras que templo, si las que reprimo furias, comienizan a fulminarse contra vos, haré que cumplan la obligación que le corre a un honor cuando le injurian. Pero aguardad, estaos quedo, que siento (ay que desventura!) pasos que entran por la sala, y si acaso (estoy difunta! es mi padre (y de mí triste!) mil muertes temo con una. Seguidme con lentos pasos hacia esta parte. Fortuna, pues ya estoy en el palenque donde mi amor se aventura, triunfe yo de la victoria, y hágame la muerte tumba. Solo sin luz, y sin guía pisando sombras confusas basco a un Sol, que está dormido, supuesto que no me alumbra, Mendrugo dejó mi lado diciendo a Belilla busca; son criados uno, y otro, y así los dos se descuidan. Al eco de un razonar, cuyas palabrar tan mudas por lo secretas, apenas parecen que se pronuncian, he llegado hasta esta pieza, donde jungo entre mil dudas, o que callan los que hablaban, o son miedos que me turban. Pero aquí de amor, cuidados, decidme como se ajusta, que me llame Margarita, que yo su mandato cumpla, que esté entendida su hermana, que a Belilla se descubran, y que ninguna parezca por matarme todas juntas? Pero también puede ser, si amor admite disculpas, que andemor te des perdidos, porque con miedos, y a oscuras, por bien que se busque un alma. se halla mal lo que se busca. Esperar quiero aquí un rato. Que yo me engañé, no hay duda; pero basta estar despiertas mi hermana, y Belilla, a cuya amistad, no e justo que le hagáis también esta injuria Ea, señor, Felix mío, mi dueño, tened cordura, y no querráis profanar el sagrado, donde muchas reliquias de un amor casto a Diós se consagran puras. Qué no os obligan razones? Que no os ablamlan ternuras? que no os venzo con hálagos? que no os ispanto con furias? voy, pues, al nostrer remadio, doy voces pues de esto gustas. Tendora, Trodora, Padre? Vive Dios, que aunque te acuda z todo el Mundo he de gozarte. Aparta ingrato. No huyas. Te cansas, Felix, en vano. Amá qué es esto que escucho; oh Margárita me vende, o es que soñando se asusta, o ti que algún traidor la agravia, o es que su padre la injuria. Ea amor, mirad que hatemos: breve hagamos la consulta, que ni el caso es para burlas. Padre hermana, Haré, que calles. Qué aqueso los Cielos sufrá Hola, quién anda en mi casa? quién me roba? quién me asusta? Belilla saca una luz. Terdera, dame aquí ayuda. Ay Margurita del alma, quien atrevido procura ofenderte, cuando son mías las ofensas tuyas? Hacia dónde estár? Adonde se forman tus quejas justas? Dile, dile al qua te agravia, como hay aquí quien le busca. Saca esta luz, presto, presto. Suéltama ya. No, no huyas, sépanse aquí tus maldades, pues se han de saber mis culpas. ̱ Saelta, acaba. No te has de ir. Presadme Cirlos ventura de hallar la puerta antes que mi delito se descubra. Margarita? Aguarda, espera. Eres mi bien? ̱ . No haya burlas. Quién te agavia? Esto es muy bueno; ahora te distimulas? Mira, bien mío. Ah tirano? Es sueñor di o es locura? Presto lo verás. Qué es esto? No te han de valer industriar. Por qué das voces: qué es esto? quién te ofende? y quién me injuria? Hermana? Señora! . Padre, Teodora, hermana, si alguna voluntad me debris, matadme, porque es locura cuando es patente el derito rebazarlo con disculpas Quién te ha herido? Eso es lo menos. Vive Dios. Templa la furia, Cuál de estos? No sé cuál es. Pues di com? Estoy confusa: a estar Felix solo aquí, a solo Felix culpara, o y en venganza le sacara un alma que yo le di: mas puesto que miro allí que está Don Love embozado, sin duda que me he engañado. y es Lope quien me ha ofendido, porque siempre huye corrido quien se precipita osado. Don Lape aquí, y Margarita dar voces, y luego alirime, como padre disuadirme, que mi muerte solicita? Pero si por él me quita lo que amé con modos sablos quien de sus hermosos labios derrama púrpura helada, que a tener amor espada, la vengara estos agravios. Acaba ya, Margarita. sácanos de aquesta duda; que se aumentan las ofensas si los castigos se excusan. Entre dos luces estoy como pudiera en la tumba; no me mates padre más, pues no hay mar que ellar difunta. Difunta! pues mueran todos. Tened. Don Diego, la punta, que injuriado como vos he de vengar dos injurias. Injurias solo las hace quien con Mergarita a oscuras descompuesto ha estado tanto cuanto ella misma lo culpa. Cúlpame a mi Margarita, porque no creyera nunca, que vuestra traición esara violar la inocencia suya. Suya, y mía es la venzanza por obligaciones muchas, que tengo a esta casa. Aquí no se han dedar las disculpas, Disculpas no has menester, y si habéis de darme algunas, seguidme. Ya voy tras vos, que esos retos no me turban. Don Diego, tres veces son las que diréis os heidado cuidados, que os han causado agravios del corazón: padece vuestra opinión, soy culpado, habiendo sido en igual grado ofendido, y así siento justamente que padezca un inocente las culpas de un atrevido. Culpa tengo, no la niego, da entrarme aquí sin licencia, aunque el entrar fue clemencia si estaban tocando a fuego: apagué el desasostiego de Margárita, y salí muy herido, y pues ya aquí está el daño por los dos, Margárita os toca a vos, dejadme a Don Lope a mí. Belilla, si esto no es sueño diablos andan que se cruzan. Cerradme todas las puertas. que hasta averiguar la culpa no he de volverme a la cama. . Hay tragedia más confusa! Hay caso más lastimoso! Hay Mujer más sin ventura!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Acaba, Margarita, deja el llanto, no con tus penas me hagas penar tanto; qué te pasó con Felici como ha sido el hallar a Don Lope aquí escondido? sino es que os descuidasteis con la puerta dejándosela abierta. Señor, se fue tras ellos indignado para aumentar cuidado con cuidados. Cuéntame antes que venga lo que pasa, porque huyamos de casa si te sientes con culpa, que aunque el yerro mayor tiene disculpa, en los delitos el mejor remedio es poner, como dicen, tierra en medio: Ea di, no te aflijas. . Ay Teodora! pues que ya tu he escuchado, escucha ahora Por saber el enfado, que Belilla contó, que había pasado entre Don Lope, y Felix en su casa el alma se me abrala) escribise, cual sibes, que viniera a vertos esta noche (oh pena fiera!) dejamos del jardín la puerta abierta y esperándole en fin (toda estoy muerta) Belilla le guió (oh qué dáspecho hasta que encostró casi con mi lecho todo esto sabes ya, déjole a un lado, oye acrá el fin de mi mayor cuidado. Medio dormida, el alma en desconsuelos ya repasando sustos, ya recelos, (que en lances semejantes el temer es prudencia en las amantes me hallaba tan del todo desabrida; que aún del todo dormida penté mil veces, que despierta estaba, según el sobresalto me aquejaba, porque me atermentase es cosa cierta, tanto dormida como al fin despierta. Llegó, pues, Feliz, si es que Ferij era muy emborado a mí (quién tal creyera? y juzgando la luz serle embarazo al descuido la apaga con el brajo, siéndeme hasta la luz contraria mía, pues a suspires, que esparcí, podía resucitar su llama, pues ya entonces penré a suspiros encin der los bronces. sin hablarme palabra, ni aún decirme un como estás a secas, llegó a asirras las manes con tal suria, que ya su amor lo imaginé injuria, que hasta en el modo de un tocar de manos sa se ve si los impulsos son villanos. Pero como yo entoncas no pensaba, si era violencia, o no, la que intentaba, antes pensando, si el callar sería, por si al viejo dormía, o no dermía, amorosa le habló, y con hálagos resisto del incendio los amagos, aunque en siendo de amor una violencia; mas se el furece en viendo resistencia. No contento con manos, ni con brazos, que estos son del honor primeros lazos, como que en el tocarme no repara, a lo intacto se atrave de mi cara, cuya distancia poca. no sé si le dio entrada hasta la boca, que como eran a oscuras los agravios lo que sintieron cállanlo los labie Apenas conocí su aleve intento, cuando e ferzan in aliento con allento, y trocando en rigores los que halta allí engañada le hice amores, camenzó a fuinsinar mil aminezas, aunque ya en lance tal no valen trazas. Mas irritado, mas embravecido de mí se abraza, pierdo aquí el sentido; porque atendiendoa que si voces daba, a nuestro viejo pidte despertaba. temí este mal; mar viendo que callando el honor se iba a pique ya anegando, temí el mayor peligro, así incierta supe lo que son visperar de muerta. El libro de valor descuadornado, cada oja de aliento por su lado, barajadas del alma las potencias, cada sentido haciendo intercadencia, la sangre por las venas ya cárpida, cada espíritu, en fin, con pera vida, viendo que en el callar escá mi engaño, la voz ánimo, y llamo al menor daño, Mas apenas la voz (oh qué maldades!) tocó a rabato por vengar mis males, apena: dije: padre? (el alma llora) ajenas dije: hermana: (ay mi Teodora!) cuando sacando un lienzo (oh furia loca!) tapa la voz, tapándome la beca. Cual tigre herida ya de aquesta injuria tanto me res esí de nueva furio; que sin que lo estorbaran sus desvelos a venganza llamé todos los Cielos, que me aiudaron por secretos modos. pues a este puito despertastris todos. Cuál hera oyó el señor, que voceaba, cual hora uio la luz que se acercaba, quiso escaparse huyendo; pero yo aún no creyendo, que era Felix aquel que cometía tan grande villanía quise antes que se hay ese conocerle, y apenas travé de él para tenerlo, cuande con mil halajer te medido amoroso me habla (es advertido) y quiso colorir con modes sabios, por lo menes, lo más de los agravios, Cen cirle hablar, se me quisó la duda con verle ya a la luz me quede muda; marechando la vista al otro lado, vi que Don Lope estaba allí embezado; discúlpanse los dos dan sus razones, déjanme el a ma enpuelta en confusiones var se desafindas; este supuelto, pues, ve de cuidados. Si Friix fue conmigo al des compuelto, por donde entró Don Lope aquí tan presto? y si Don Lupe ha sido el atrevido, a donde estaba Felis tan dormido: Si el uno penar tale: me causaba, como secorro el otro no me daba? Si Belilla guió a Fálix comopudo ser Don Lope el traidor que se hizo mudo? El uno fue cobarde eten insolente, y de los dos me agravio justamente, mas como al fin es Felij el que adoro muero de pena, y de coraje lloro. No me puedo persuadir a que Felix te agravio, que no hace violencia al alma quien es ya de ella señor. Matar la luz, y no hablarte bastantes indicios son, de que está Felix sin culpa, y que es Don Lope traidor. Y en prueba de esta verdad puedo también decir yo, que cuando a Felix entré hasta la puerta en que estoy, la luz estaba ya muerta, y aún me acuerdo que los dos, oyendo tu razonar con no pequeño rumor colegamos que soñabas. Qué dices? válgame Dios! Que es verdad lo que te informo. Pues como no te encontró Don Lope, si entró primero? Es muy fácil la razón: yo me dormí en el zaguán, o si me vio, o no me vio, como sabe bien el tiento logró tan bien la ocasión. Digo, pues, que me persuado a lo que sentís las dos; mas quién causa este ruido? Es que ha entrado mi señor; pero no sé con quien riñe. Con dar sola una razón se ahorró Don Lope mil palos: mi amo lo dirá mejor. Para, qué os volvéis aquí, cuando agraviado de vos con heridas de la honra. traspalsado el corazón vengo de pedir justicia: antes que el tormento atroz; o me acabe pena a pena, o ya dolor a dolor? Cuando pensé que advertido (que no son disculpas, no, decir me agravio Don Lope puesto me agraviáis los dos) os huyeráis de mi casa, y tuvierais atención a mis canas, a mis prendas, a mi sangre, a mi valor, os volvéis tan libremente? os tornáis tan sin razón? Soy yo el dueño de esta casa? o decidme si lo sois? que solo falta me echéis de mi casa, vive Dios. Don Juan de Contreras es mi deudo, a quien pueden hoy rendir vasallaje cuantos Jueces ilustra Catón, a cuyas justicias claras limpia a sus rayos el Sol, a vos, y a Don Lope os busca para prenderos, que no sois Estudiante de noche ya que de día lo sois, ni la corona hace libres. los delitos, que lo son. Cárcel hay de todo estado, y se examina mejor una inocencia en la Cárcel, que una culpa sin prisión. Y a saber (mirad que os digo) que eráis el culpado vos, tantos bríos da el agravio, tantas fuerzas la razón, que sin buscar más castigos, a estocadas, vive Dios, tantas puertas os hiciera, que en males del rojo humor tragara la vida a sorbos las muertes del corazón. Quién creerá en todo Madrid, cuando todos a una voz de Estudiante recogido. os dan el laurel mayor, sin que haya podido nunca la mordaz emulación deslucir vuestras costumbres, ni mancharos la opinión? Quien creera, decid ahora, que de noche, Felix, sois el escándalo del barrio, Es y de mi casa el ladrón? o inquietéis más a mis hijas, que aunque me digas que son vuestras visitas honestas, mirad, Felix, si hay amor, no esta segura el más santo de dar un gran tropezón. Este viejo me parece Soldado, y Predicador: las tres son de la mañana, respóndele, y vámonos. Yo soy Felix, mas no sé si me trocó el Cielo el nombre, pues en montes de desdichas ando cada día a monte. Solo Estudiante, tan solo, que me gradué por pobre: dejé gobiernos, que otros con ellos se hicieron hombres. De poca renta ayudado vivía yo aquí en la Corte recogido, hasta que un día (que en rosados arreboles salió el alma a sacudirse los horrores de la noche) vi a Margarita tan bella, que con ser mi pecho un bronce le ablando rayos a rayos, y le hirió Soles a Soles. Abrevió los episodios; tanto, en fin, enamorome, que la he visitado amante las voluntades conformes; mas con honrada intención, que los que se precian nobles, solo a lo que sienten justo ajustan las intenciones. Viniendo esta noche a verla hallé con ella a Don Lope, sacasteis luz al ruido diéronme la culpa entonces. Fui a reñir desafiado, vengo muerto con traiciones, a Margarita va esto, vuestro respeto perdone. Al ponernos firme a firme, al desnudar los estoques, al embrazar las rodelas, y al ir a amagar los golpes, se tuvo Don Lope, y dijo: porque sepáis que no os corren de lo que reñir queréis ningunas obligaciones, yo he gozado a Margarita, porque me pidio esta noche, que cuando fueseis a verla os diese muerte en su nombre; viome tibio, hizome cargo, no la obedecí, enojose, y por vengarse de entrambos despertó la casa a voces. Esto pasa, ved ahora si estáis en reñir conformes, pues me acreditan disculpas lo que me achacan traiciones. Esto Don Lope me habló, esto escuché, y embargose toda furia en los agravios, todo enojo en los dolores. Visteis el León, que cuando en lo fragoso de un monte, porque las fieras le rindan el feudo que reconocen, arrogantemente bravo, de entre las garras feroces desenvaina los aceros, que bastan a partir bronces, al ejecutar la saña tan de improviso le coge la cuartana, que le hace; que sin blasonar de noble esparza en gemidos tristes, los que antes vendió rigores? pues yo de la misma suerte tan helado quedé al golpe del sentimiento, y tan muerto, tan sin alma las acciones, que he tenido a mucha suerte recabar, que no me ahoguen las penas, sin que mi agravio publique su afrenta a voces. Y así, vengo, ingrata, vengo a decir, que no blasones de las virtudes que ostentas, pues con delirios atroces, no hay lastre que te acompañe, ni hay nobleza que te honre. Si fue delito el quererte (que si lo fue, pues Don Lope era el galán de tu casa, testigos toda la Corte, y no hay mayor disparate, que entrarse a querer un hombre la dama que a otro galán reconoce obligaciones) si el quererte, pues, fue culpa, qué castigo más conforme, que no acordarte de mí, pues siendo, cual eres, Norte. de mi vida, claro estaba haber de morirme entonces; pero mandarme matar, qué tigre te dio licores para hacer sangriento estrago en quién tantos te hizo amores? Quédate a Dios, homicida, y plegue el Cielo, que tornes a aborrecer al que adoras, porque tu amor se malogre. Plegue al Cielo, que padezcas, iba a decir, mis dolores; mas no, que te quiero bien, y he de sentir cuanto llores. A morir me parto, ingrata, a morirme parto, a donde, ni tus rigores me busquen, ni tus crueldades me asombren. Qué esto escucho, y me reporto! Señor, templa los furores. Vive Dios, traidoras hijas: Ea, señor, no te enojes; sufro yo, siendo mujer, estas que escucho traiciones, que me llamen ya sin honra, que me digan mata hombres; y hombre tú, y hombre prudente, te apuras al primer rope. que aún no aguardas las disculpas de una inocencia tan noble? Vive Dios, viven los Cielos, que si aquí no me socorren, que a fuego de mis suspiros, que a rayos de mis furores he de mover tal incendio, que va los vivientes lloren amagos de las ruinas, que han de consumir los Orbes. Vive Dios, vuelvo a decir, que si no valen razones, que haga que los palos crujan al estruendo de mis voces. Dios mío, escuchadme, oídme, mirad, que hay obligaciones de amparar a la verdad; y que no es bien, que se logren los engaños, aunque más levanten soberbias torres. Mirad, que sois solo el Dios, a quien nada se le esconde, y es bien remediar a un alma. cuando tal tormenta corre. Yo matadora de Felix? yo violada de Don Lope? yo su amiga? yo sin honra? yo sin fama? yo sin nombre? yo que a promesas fui un áspid? yo que a ternuras fui un Fronce? yo que a fuerzas fui un gigante, yo que a violencias fui un monte? yo, pues, he de perecer, y me han de faltar favores? Mas sí, que soy desdichada, y en el mundo que ahora corre, aún los dichosos no están seguros de los traidores. Mas de qué sirve cuajarme? esto es hecho, nadie estorbe un intento temerario, cuando hay causas que le apoyen. Dame, padre, aquesa espada, que más vale que se llore muerta una hija en los brazos, que no verla en opiniones. Repórtate, Margarita. Esto ha de ser. No des voces. Hermana? Señora mía. Pues los Cielos no me oyen; o acábenme aquí las penas, o mátenme los dolores. Tenedla, que se desmaya. Margárita, hermana. Hay hombre mas desdichado que yo? Ea, ca, nadie llore; mortal me siento:ESús, qué congojas tan atroces! Hija, hija, Margarita, Y sosiégate, hija, oye, vamos a casa, que allí podrá ser, que te mejores. Válgame Dios, yo me muero! No tanto te me apasiones, que con tu vida yo vivo. Hay más lastimosa noche! La, llevadme a la cama, vamos a morir, rigores, que ya se ensanchan las penas, y los alientos se encogen; pero no es bravo rigor, que he de ir a morir de noble, y a quien me da las heridas he de conceder perdones? Y C Las copsas son extremadas para el intento, y quería, que antes que llegase el día quedasen también cantadas. 1. Si es que están aseguradas las calles, qué hay que temer? Es hora, a mi parecer, que no hay que tener cuidado. 2. Pues supuesto hemos replado, la ocasión no es de perder. Ya el mucho dolor me mata. A vos apelo Dios mío, pues sabes, que mi inocencia: El alma se me ha encogido a la voz de aquesta ingrata. 1. Pienso que se desbarata al suspiro la canción. Se acobarda el corazón de oprimir lo que ha adorado; mas a agraviado declarado no hay que tener compasión. Volvamos a la otra calle, porque lo escuchen mejor de las ventanas, que es flor a amor que mata matarle. Buen remedio vas a dalle a quien se queja afligida. Quién siendo de mi querida me agravio determinada, pierda su vida agraviada, y desagravie mi vida. Mendrugo, Mendrugo, amigo, a priesa, que me va en esto la vida, que ti túbea entre pengros, y riesgos. Guarda, no he de obedecerte, aunque me quemes, que el fuego de ser Confesor sin orden a Inquisición me va oliendo. Tira, tírame esta manga; suelta, suelta que recelo, que ha de desnudarme otro zurrándome mi pellejo. Qué tal está Margarita, Belilla? Queda muriendo. Todo será mal de madre, que hasta hoy ninguna ha muerto de aquestas pesadumbrillas; pero veme ya diciendo lo que he de hacer. La ocasión es quien te ha de hacer maestro: sagaz eres, y advertido, preguntas muy a lo cuerdo en la materia, que sabes, que es blanco de estos empeños. Muéstrate padre benigno, que esto suele ser anzuelo, para que con desahogo publique un alma sus hierros: fingete sordo en llegando cual te he dicho, porque quiero yo mismo satisfacerme del mal, o el bien que pretendo. Eso solo me acobarda. No tienes que tener miedo, que en despojando el Palacio podrá Belilla en secreto meterme tras las cortinas. Cualquier traza buscaremos, aunque se arriesguen las vidas. Yo no quiero aquesos riesgos, no quiero ser Consesor, Demonio de los Infiernos. Ponte esta capa, y acaba. Qué te parece? Muy bueno. Pareceré Sacristan, o algún gorrón despensero; mas póngome estos antojos, que me suplirán un tercio de autoridad. Vas divino. Siendo Mendrugo, me temo, no quieran, cual pan bendito, desmenuzarme los huesos. Alá, olvídame las chanzas. No te he dicho, que no quiero burlas con la Inquisición: yo Confesor? ni por pienso. Yo tengo mejor industria para saber el secreto. Cuál es? Ya tú lo verás, y alabarás mis enredos: tú verás divinidades. En ti fío, caminemos. Repórtate, Margarita, no te aflijas, ni te canses. Si el quejar sirve de alivio, porque me impides quejarme? no es dolor para callado este que el pecho me parte, pues solo deja de vida lo que recaban mis ayes. Ay de mí! No te atormentes. Escucha: quien en la calle toca instrumento a estas horas? Música vendrán a darme, puede ser, los que me han muerto, para aumentarme pesares, Ya cantan. Solo conmigo anda la muerte cobarde. Niña hermosa del retiro, ea, oíd quien es tu hombre, Es Estudiante de día, y Galán de noche. Niña hermosa del melindre, la preciada, la garrida, ea, di, quién es tu hombre? El Estudiante de día. Pues ya eres su Licencido, no le encubras sus favores, dale las manos de día, y los brazos a la noche. Pero di, quién es tu hombre? El Estudiante de día, y Galán, Galán de noche. JESUs mío. Margarita. Desmayose. Cómo padre siento su pena, y cual noble en iras el pecho arde. Cuida de ella muerta, o viva. que al dueño de estos ultrajes voy a bucar para hacerle mil pedazos en la calle. . Margarita. Ay! déjame. Oye, mira. No te canses. Extremada suerte ha sido, pues sin encontrar a nadie me he entrado hasta el aposento donde yace enfermo un Ángel. A tormentos, y martirios la he puesto en aquestos lances, que quiero, pues es tan casta, que muera virgen, y inartur. No ha de gozar, vive el Cielo, el atrevido Estudiante la hermosura en quien yo puse todas mis potencias antes. Muera por la Margarita, quiebren la concha pesares, no viva para otros brazos la que despreció mis partes. No he dado con el infame que busco, cuyo delito, el acero de mi espada todabía tiene filos, y con su sangre lavara las machas de honor tan limpio. Margárita, Margarita; cómo estás Cielo divino? Para cuando son los rayos? ahora en mí son precisos algunos, que mi dolor acaben con su incentivo. Margárita, vuelve, escucha, mírame, atiende. El sentido a veces, señor, le falta, y luego vuelve en su juicio. A averiguar he venido mis celos: o quiera amor, bello monstruo de ti mismo, que en tirana crueldad impiadosa, e infiel conmigo, amor halle algunas luces, que disculpen tu delito, que a noca costa hará amor en mis afectos su oficio! No sé que tiene lo bello, TE DE DIA tirano, bello enemigo, que aunque lo traidor ofenda, se perdona lo ofensivo, y el dolor con el afecto, aunque dé el dolor más gritos, las que son por fuera quejas, son por de dentro cariños. Oh ingrata homicida, como siendo tan bella has podido en traición tan conocida faltar al afecto mío? Plegue al Cielo, bella ingrata, que por esos mismos filos; pero no, vive, y permita ese Zafir cristalino darte vida, aunque mi vida falte en tus ojos divinos por tu causa, pues tu causa es causa de mi delirio. Desde este paño escondido veré lo que discursivo Mendrugo, que es muy sagaz. con su industria ha prevenido para saber el secreto. Margárita, Margarita. Ya le vuelve el parasismo. Antes parece, que es sueño, y que descansa un poquito. Traidor Don Lope, enemigo. Qué escucho, Divinos Cielos? o qué infelice principio! A medida del deseo aqueste concepto vino. Tu fuiste el infame aleve, que con pecho fementido quiliste burlar mi honor. que esto el alma me lo ha dicho. Acabó se ya el veneno, de una vez me dio este aviso. Mas no pudiste lograrlo. Cielos, qué es esto que he oído? Alma, qué es esto( qué escucho! Celos, ya yo me he perdido, pues ella me conoció, G y ya me llama enemigo. Yo adoro a Felix, tirano, no saldrá del pecho mío, aunque a costa de mi sangre rompa riesgos infinitos. Bien te vide retirado, arevoso, y fementido, y te conocí la noche, que intentastes atrevido: Cielos, ya estoy descubierto; ya está el secreto entendido, y ya salí de mis dudas. Quién en el Mundo habrá visto cosa cómo ella? Ah tirano! . tu fuiste el aleve, impío? a vil Don Lope! Cómo puede ser esto? el juicio pierdo! porque aquella noche: pero como lo repito, sin que primero no lave con su sangre su delito? no hallé a Don Felix, infame. Es cierto, y aunque es indicio Y vehemente, aquella noche vide yo, que al tiempo mismo, que a las voces de mi ama los criados acudimos, antes que entrase Don Felix, un hombre se huyo atrevido, retirándose embozado, por las señas conocido, y es cierto, que era Don Lope. Ya aquí el salir es preciso: albricias; corazón mío. P Yo después castigaré o atrevimientos indignos. El dolor lleva a matarme: yo a este traidor fementido he de dar muerte, a pesar de quien quisiere impedirlo. Margárita, Margarita. S Cesa, espíritu infernal, suspende el impulso, cesa, que aunque mi valor es tanto, como mi sangre demuestra, me he de deber a mí mismo esta hazaña, y así, cesa, que no, no sé qué impulso, que acá en el alma vocea, es el que ahora me obliga a que diga aquí mi lengua, y que yo mismo confiese, que fingiendo la cautela de ser Don Felix, entré, donde hallé tal resistencia, que tapándole la boca, para que voces no diera, hasta teñírsela en sangre, fue bárbará mi inclemencia; y todo esto fue, porque siendo primero esta bella Margárita, ídolo bello, que adoraron mis potencias; y viéndome despreciado, y que por otro me deja, picado, y celoso al tiempo que hallé la puerta abierta del jardín, éntreme dentro, y en la amorosa contienda, falsa, alevosa, y celosa, cuanto tirana, y resuelta, a las voces, y al ruido, viendo, que en la cuadra entran luces, y criados, y yo embezado, y encubierta la cara, me retiré a las voces, antes que la comitiva viniera; y hallándole a él con la espada, y discurriendo, que él era hasresor de este delito, a él le culpan, y condenan los vehementes indicios de ocasiones como aquestas; mas viendo, que no es culpado, vuelvo yo por su inocencia, y el honor de Margarita, con quien las puras Estrellas, comparadas con su honor, no parecen son tan tersas. juro por los altos Cielos, por esos doce Planetas, esos once azules Globos, y refulgentes Estrellas, que ni los rayos del Sol, ni la luz de esas Esferas, ni del Alba la pureza, tienen que ver con su honor, a cuya honrosa pureza no podrá culpar infame aún la invidia más violenta. Esto es verdad, y pues yo perdí esta joya suprema, tened, señor, vuestras iras; y así, Margárita bella, Don Diego, Felix, amigos, perdonadme, pues confiesa ya Don Lope su delito. Sea muy en hora buena. Hay más extraño suceso! NTE DE DIA y. Hay más extraña cautela! Señor, esto es la verdad. Y esta cinta lo comprueba, que hallé en el cuarto la noche dicha caída en la tierra; y esta es cinta de Don Lope, porque yo se la vi puesta. No lo puedo negar. Ea, hijo Félix, llega acá, dale a Margarira bella la mano de esposo: hija, tú la misma diligencia quieres hacer? Sí, Padre, que siempre inquieta me tuvo su amor el alma. Cimilecerra, cimilicerra: tú, Belilla, ven acá, quieres que Mendrugo sea tu esposo? dame esa mano, o cabo de sarteneja. No me faltará un Mendrugo, aunque de hambre me muera. Laus Deo, y acaba aquí la Comedia, de Lozano, quien suplica perdonen las faltas de ella.